El blog de Federico

Ayanta Barilli y la muñeca que viajó al Teatro

11 de Marzo de 2010 - 21:30:18 - Federico Jiménez Losantos

Ayanta Barilli no es sólo una persona maravillosa con la que trabajo desde hace años y que los seguidores de Libertad Digital y esRadio conocen todo lo que se puede conocer a una persona. Pero detrás de esa persona, de la profesional incansable, trabajadora hasta la extenuación y perfeccionista hasta lo inhumano, Ayanta es también un personaje: el de una gran persona empeñada en quitarse importancia. Tal vez por eso lo suyo sea lo del bolero: puro teatro. Teatro, sí, ese invento patentado, que no inventado, por los griegos y cuyo fin íntima y contradictoriamente humano es elevar lo abatido y abatir lo elevado, agavillar lo disperso y dispersar lo unido, subir el telón para que caiga todas las noches. Toda la vida. Todas las vidas.

Hasta las víctimas de la LOGSE saben que en griego Persona es Máscara, y que de esa máscara griega primigenia sale la civilización de las personas, la nuestra. Tal vez por eso, acercarse a la raíz del teatro, no de la tragedia griega al modo nietzscheano sino de la representación primitiva, desnuda, del ser humano que se pone frente a otro y del otro que acude al envite, produce en nuestro almario un oscuro temblor que viene de lejos, demasiado rápido, demasiado profundo, agridulce cuando no amargo, porque lo agradable casi nunca es verdadero; y porque la verdad conforta poco. Tal vez el teatro es defenderse de la verdad, sin ocultarla. Y esa es su razón de ser, su gracia y su misterio: una forma desencajada de humanidad.

Con Kafka y la muñeca viajera, Ayanta Barilli, esa persona subida a los hombros de su personaje, se estrena como directora, aunque como ayudante de dirección haya participado ya en algunos de los grandes éxitos teatrales de estos últimos años. Pero no es lo mismo ser parte de la dirección que dirigir. Y no hay forma de hacerlo del todo si el guión no es o lo haces tuyo. Por eso ha partido de una novela corta de Jordi Sierra i Fabra, Kafka y la muñeca viajera pero la ha reescrito en "teatrés", es decir, como guión para el escenario, sin incurrir en las habituales e innecesarias concesiones palabreras a un género distinto y a veces opuesto al de las tablas. No se trata de reescribir la obra sino reinventarla para que su sentido pueda vaciarse en otro género, otro balcón, otro punto de vista. Así que la flamante directora –que no ha podido ponérselo a sí misma más difícil– ha reescrito su guión, para que una preciosa historia corta, mejor un cuento largo, pueda subir –y sobrevivir– a las tablas.

En el escenario, los medios que utiliza Barilli son de una sencillez casi exhibicionista: luz, sonido, algunos –pocos– preciosos juguetes visuales inspirados en el guiñol y cuatro actores, de los que sólo uno es adulto: Luis G. Gámez, que yo no conocía y que está soberbio en el papel de un Kafka nada kafkiano, al que sólo le falta el cazamariposas para escaparse a Tintín con el Profesor Tornasol. Álvaro Sánchez Gijón es un joven que sale sólo al final para decirnos que la obra ha terminado, pero antes hace un trabajo formidable con esas figuras guiñolescas que permiten dar la vuelta al mundo en un cambio de luz. Mario Prennushi es un violinista estatua, un aparente recurso musical que funciona como pieza escénica clave; y borda el trabajo más difícil: el de anillo donde se engastan y lucen las piedras preciosas. Y, en fin, está Caterina Mengs, diez años, la niña que pierde su muñeca y que hará perder el corazón a todos los que la vean.

La historia es maravillosa y casi real: un señor mayor, pintoresco y amable, se encuentra en el parque a una niña llorando porque su muñeca ha desparecido. Y la única forma de consolarla que se le ocurre es decirle que su muñeca sólo ha salido de viaje, pero que él es cartero de muñecas y le traerá cada día una carta en la que le cuente lo que va viendo. La niña se  maravilla y se consuela con las aventuras de su muñeca que cada día le cuenta el cartero y al final... no lo contaré. Baste decir que es un teatro de niños también para mayores o teatro adulto para todas las edades. Porque el argumento de fondo es la maduración a través de la verdad, no desnuda, sino vestida como una muñeca, con amor y esa forma de compasión que es el humor. Todo en esta obra es tan inteligente, tan delicado y tan, en el mejor sentido de la palabra, bueno, que uno sale del Teatro Lara con una sonrisa de mañana de domingo, con esa luz en la que todas las penas tienen remedio. Salvo la de vivir, claro, que es oficio de pena y de sonrisa. Ayanta Barilli nos presenta el teatro de la vida en sus primeros pasos. Y estoy seguro de que hay algo más, mucho más, pero todavía no sé qué es. Tendré que volver a verla.

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Una nota vomitiva del Congreso sobre el último asesinato castrista

24 de Febrero de 2010 - 22:53:20 - Federico Jiménez Losantos

Esta casta descastada, mansa y pregonada, resabiada de la vista y con querencia a toriles, que no merece llamarse española pero que representa muy bien esa continua limpieza de corrales, lidia de saldos y procesión de cornigachos, bizcos y escobillados en el ruedo político, ha producido tras el asesinato de Orlando Zapata en Cuba una birrionota que autoriza cualquier fantasía higiénica si no fuera a ensuciar lo que limpiase, antes incluso de tocarlo.

Cuatro parrafejos, cuatro mojoncillos, cuatro flatulentas naderías componen este monumento al deshonor gramatical, la prosa rufianesca y la cobardía politiquera. Helo aquí:

La noticia de la muerte del preso de conciencia Orlando Zapata que ha sido difundida con profusión por los medios de comunicación españoles, ha causado consternación entre las fuerzas políticas y en la sociedad española que mantiene un vínculo muy sólido con la sociedad cubana.

La Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados quiere mostrar, en primer lugar, su más profunda condolencia al familia y amigos de Orlando Zapata y manifiesta su honda preocupación por la situación de los presos de conciencia, en Cuba, Cuya libertad, hoy, vuelve a pedir.

Asimismo, condena las limitaciones a las libertades políticas y la falta de protección de los Derechos Humanos en cualquier parte del mundo. En el caso de Cuba apoya las gestiones realizadas por todas las instancias políticas a favor de los presos de conciencia, que también se ha producido en le caso de Orlando Zapata.

La Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados, reitera su compromiso con Cuba, con la defensa de los Derechos Humanos y con la democracia.

Vayamos por partes, mojoncillos o parrafejos. En el primero no se proclama, quiá, que los supuestos representantes de la soberanía nacional española se sientan indignados por el vil asesinato, tras torturas salvajes y abandono criminal, de un preso político cubano. Lo que se dice es que la noticia de la muerte de un preso de conciencia difundida por los medios de comunicación españoles ha consternado a las fuerzas políticas y a la sociedad que mantiene relación estrechísima con la sociedad cubana. Hemos oído al matasanos habanero y comunista Llamazares explicar que a los que molesta esta noticia –no el hecho criminal sino que se cuente–, es a los amigos del régimen castrista. Pues el Congreso es todo Llamazares, molesto por esta noticia que dificulta el trato con los asesinos e impide la marginación total de los que se juegan la vida luchando contra ellos.

En el segundo párrafo, la vileza de la pandilla parlamentaria alcanza lo artístico. ¿Cómo se atreve a decir el PSOE que se conduele y preocupa por los presos de conciencia en la isla-prisión de Cuba si es el representante del régimen asesino de los Hermanos Castro en Europa, si se niega a recibir a los disidentes en la embajada española, si proclama –Moratinos el 22 de Diciembre– que las reformas en Cuba van por buen camino, si Zapatero, su jefe, no ha tenido ni una palabra de condena para el régimen comunista más antiguo del mundo y el más asesino de Iberoamérica? ¿Qué ha hecho la harka progre, con el sociata y castrista Miguel Ángel Martínez a la cabeza, más que defender a la dictadura de los Castro? ¿Alguien puede citar una docena de dirigentes socialistas españoles que se distingan por su apoyo a la lucha de los disidentes del régimen? ¿Media docena? Ni eso.

El tercer párrafo bate todas las marcas de la ignominia intelectual. Para no hablar de Cuba como régimen criminal empiezan condenando en general a todos lo que hagan algo malo contra las libertades políticas. ¡Por eso creamos la Alianza de Civilizaciones! Y se aplauden a sí mismos por las "actuaciones de todas las instancias políticas" a favor de los presos de conciencia cubanos. ¡Miserables! ¿Cuándo han apoyado los comunistas a los presos políticos cubanos? ¿Cuándo los partidos de extrema izquierda aliados al PSOE? ¿Cuándo el PSOE? ¿Cuándo ha sido severo y no servil Moratinos con los Castro? ¿Y por qué firma esta basura el PP? ¿Por Fraga y demás amigachos de la dictadura habanera? ¿A qué está jugando Rajoy?

El cuarto párrafo puede servir como emético si algo ha sentado mal al estómago, porque es una trola vomitiva. España, o, más exactamente, su descastada casta política, no apoya la libertad de Cuba sino la libertad de acción de los asesinos que hace más de cincuenta años convirtieron la isla en campo de concentración y paredón interminable. Véanse en los Horrores Monumentales los erigidos al asesino Che Guevara, símbolo del asesinato como política básica del socialismo real, es decir, del comunismo. Ese es el apoyo de los políticos dizque españoles a la causa de la libertad en Cuba.

Zapatero no ha dicho una palabra contra los Castro en su última perorata autocomplaciente, esta vez sobre la pena de muerte. ¿Por qué no se va a predicar a La Habana? Ni el Rey ni los Príncipes fueron a Honduras a la toma de posesión del nuevo y legítimo Gobierno, enemigo de los Castro, Chávez y demás gorilas. Pero a Castro no le fallan en las cenagosas cumbres iberoamericanas. Aún recordamos a Juan Carlos y Fidel abrazados y achispados brindando en Oporto. ¿Por qué brindaban? ¿Por los Orlandos Zapata asesinados en la Isla-Cárcel? ¿Dirá algo el Rey contra los asesinatos castristas, o dirá lo de siempre, o sea, nada? ¡Qué pena ser cubano, pese a la gloria de sus mártires! ¡Qué triste ser español, representado por esta piara!

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Fotos de la nieve y sus peligros

22 de Febrero de 2010 - 08:57:38 - Federico Jiménez Losantos

Estas fotos, que prometí hace un mes largo pero nunca entregué porque se perdieron, han sido  recuperadas por el mago Whopper, son de mi teléfono móvil y muestran dos días bajo la nieve. En la primera parte, un paseo con mis hermanos al atardecer, una calle del pueblo bajo la ventisca al anochecer, la mesa de escribir haikus y la plaza de la Fuente del Gallo, nevada. En la segunda parte, al otro día, la misma calle antes de salir y como nos metimos temerariamente en el ventisquero. Las últimas fotos, de noche, volviendo al pueblo entre la nieve, las saqué tras tras llegar a Cella y encontrar todas las carreteras cerradas. Hay más fotos que añadiré si las encuentro, pero con esto, espero volver de una vez a una cierta normalidad en el blog. Aunque si aprendo a editar fotos, estoy pensando en cambiar el perfil y colgar muchas más imágenes.

(Pinche en las fotos para acceder a la galería)

 

 

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Horrores indiscutibles y muy discutibles

10 de Febrero de 2010 - 00:01:34 - Federico Jiménez Losantos

Estamos a punto de alcanzar los 250 Horrores Monumentales y estimulado por las intervenciones de los lectores, a veces tan desternillantes que si el concurso, como ya nos piden, se convierte en libro, deberían figurar como antídoto del veneno estético, y otras veces críticas con lo que unos llaman horrores y que a ellos no se lo parece, voy echar mi cuarto a espadas. Creo que en general –digamos un 80%– la condición horrorosa está justificada por la mera exhibición del adefesio. Hay horrores más controvertidos, que a muchos les parecen estéticamente inocuos, defendibles o incluso preciosos. Y por último hay lectores con ganas de fastidiar o fieramente ideologizados que proclaman horror monumental lo que, si monumental, no es horroroso. O al menos a mí no me lo parece y a la mayor parte de los lectores que los comentan, tampoco. En cualquier caso, la opinión debe ser libre. Démosla.

Seguramente no es casualidad que el más horroroso de todos los horrores monumentales, el que encabeza el "Top Ten" del descacharre estético, se refiera a la guerra civil. Y el menos horroroso, a mi juicio, de los puestos en la picota, también. Justísimo es que se considere horroroso al que hasta ahora está siendo el más votado como adefesio tridimensional: el monumento a los represaliados de la guerra civil, posguerra incivil, maquis desmaquisado o lo que sea que estropea las vistas en una carretera de León. El monstruo es adecuado a su propósito: cultivar el odio cainita replantado políticamente que el falso leonés ZP ha dado en llamar memoria histórica. No tiene la monumentalidad espeluznante de la llamada patata atómica de Amorebieta, ni la estridencia ridícula de los Simpsons de Castelldefels, para mí candidatos indiscutibles al mayor horror monumental de España, pero entiendo que lo feo se una a lo desagradable y encabece la lista.


Monumental es el Valle de los Caídos y hasta monumentalísimo, pero horror, no. Naturalmente, entiendo que por razones políticas o religiosas pueda parecérselo a muchos. Ahora bien, basta visitarlo una vez para quedar impresionado. "Vive dios que me espanta esta grandeza", dijo el clásico ante un muerto célebre. Pues bien, aunque espante el propósito, el resultado estético del Valle de los Caídos es grandioso. Otro es el caso de otra cruz, la de Hellín en Albacete. Que no es un adefesio original, sino un original convertido en adefesio. Es la clásica cruz, severa y austera, cuando no directamente pobre, que homenajea a los Caídos en el bando nacional. Pero un Ayuntamiento aquejado de memoritis leve –grave es, por ejemplo, quitar la estatua de Franco en Madrid para halagar al Héroe de Paracuellos– le quitó la placa que lo identificaba y le añadió una iluminación de colorines más digna de un puticlub español o un cabaret tunecino que de un monumento funerario. Vuelva la placa, ilumínese austeramente de noche, lo justo para no estrellarse y queden los muertos en paz. Como estaban.



Me uno al rechazo de muchos lectores por colocar al ala-pivot de Vitoria entre los horrores monumentales, porque a mí también me gusta. Es discutible, faltaría más, pero no estéticamente indigno, cosa que no puede decirse de miles de monumentos modernosos de estas últimas décadas. Otro tanto me sucede con el monumento de Lucena, que si no entorpece la circulación en el cruce o la rotonda me parece bastante notable. También tengo debilidad, aunque las reconozca cutres, por esas estatuas realistas, a tamaño natural y a ras de suelo, como la del tío en una esquina de un banco o el piano de cola herrumbroso. Hace muchos años que no bebo, pero si lo hiciera, o los que lo hagan, seguro que hallarían compañía y consuelo en una noche alumbrada por el alcohol con semejante compañía. Qué charlas entrañables, que discursos en el vacío con el subrayado del herraje humano.

Horrenda sin paliativos es la Monstrua de Albacete que algunos lectores creen representación de María Antonia Iglesias y yo considero homenaje al mal gusto al modo de Botero, pero como si Botero fuera un homenaje al colesterol y no existiera la Adipesina. Horrendo con recochineo es el Escombro de Botorrita en la carretera de Fuendetodos, pueblo natal de Goya, genio monumental que por desgracia, ya no puede defenderse. Yo donaría el escombro a cualquier asociación romaní que trafique con hierros y si ni para eso servía, lo donaría a la sede del partido del munícipe que lo aprobó. Con obligación de verlo a la entrada durante diez años y un día.

La Pantera Rosa con calavera de macho cabrío, sita en San Andrés de Rabanedo (León), se sitúa, como el monigote de nieve, el osito verde y el tanque con margarita en el cañón, entro otros engendros madrileñoides, en una dimensión nueva, que es la de la estética de guardería. Creo que está justificadísima su presencia entre los diez peores horrores monumentales, pero dentro de un subgénero que podríamos llamar psicopatoestético que requiere tratamiento especial: psiquiátrico, estético y económico. Echo en falta, por cierto, que no se nos dé el precio cobrado por el creador del HM (Horror Monumental) y el político que lo pagó. Averígüese. Ah, gracias a Chávez ya tenemos sentencia para el delito de lesa estética: "Exprópiese".  

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Tarde, mal y nunca, como la independencia de Cataluña

28 de Enero de 2010 - 23:46:18 - Federico Jiménez Losantos

Por querer adjuntar las fotos de la odisea en la nieve –que ya me han llegado, así que, como vuelve a nevar, las dejo para la semana que viene– he ido retrasando la puesta al día del blog. Y como dar a luz una nueva radio, amén hablar seis horas y escribir a troche y moche, es tarea para la que no bastan veinticuatro horas diarias, héteme convertido en prófugo, desertor o absentista del blog. Mil disculpas. También querría haber tenido tiempo y tranquilidad para comentar la referencia en el blog de Pío Moa a mis últimas referencias sobre Cataluña y la que me parece independencia ineluctable, aceptada y financiada por el resto de España, lo que invitaría a abreviar el trámite y no a dilatarlo. Pero como no tengo tiempo para hacer todo lo que debo –de lo que quiero, ni hablo– apuntaré al menos dos o tres cosas sobre el problema español en Cataluña para no obviar el reto dialéctico de Pío Moa, siempre digno de leer y meditar.

Como digo antes –y he dicho siempre– España no tiene –o no tenía– un “problema catalán”. Lo que padecemos desde hace mucho –el siglo de vida del nacionalismo catalán– es el problema español en Cataluña, que consiste en no tener clara la idea nacional española y, por tanto, no saber, poder o querer abordar el reto del separatismo catalán, que tiene una debilidad esencial que convendría recordar: el nacionalismo como proyecto de secesión siempre fue un proyecto de élites y no de la mayoría del pueblo. Sin embargo, los Prat de la Riba, Cambó, Pujol o Montilla han acabado convenciendo a la clase dirigente madrileña –política y mediática– de lo que no han podido convencer a la mayoría de los ciudadanos de Cataluña. Sin embargo, en las últimas décadas –y sobre todo en estos tristes años zapateriles y rajoyanos– el proyecto secesionista ha ido legitimándose, afianzándose y creciendo a medida que Cataluña iba corrompiéndose y, lógicamente, aceptando o resignándose al futuro diseñado por sus élites.

Naturalmente, esa aceptación de hecho del separatismo catalán, pero con la cláusula nada secreta de colonizador económico del resto de España que parece último lazo de unión cuando no pasa de primer dogal chantajista se ha producido en la medida en que todas las instituciones del Régimen han desechado la idea nacional española, la soberanía popular y la igualdad de los ciudadanos ante la Ley. España ya no es, como anunció Zapatero, un concepto discutido y discutible, sino desechable y lógicamente desechado. El Estatuto de Cataluña, votado en Barcelona y en Madrid, es la prueba de esa metástasis del cáncer españicida. Y sea cual sea el pastel que nos sirva el Tribunal Constitucional –siempre genuflexo ante el nacionalismo–, nadie tiene la menor duda de que el liberticidio secesionista continuará, porque ni la Izquierda en el Gobierno ni la Derecha que podría sustituirlo van a poner en duda la legitimidad del separatismo catalán para deslegitimar a la Nación y a la idea misma de España. Si una región, país, ente o lo que sea pero en proceso de abierta secesión, puede poner y quitar gobiernos y los que pueden gobernar, PSOE y PP, lo aceptan de derecho o de hecho, creo que la primera obligación intelectual que tenemos es constatarlo. Y tras la constatación, por desgracia, yo no veo solución a lo que ninguno quiere que la tenga.

El editorial conjunto de los once periódicos catalanes insultando al Constitucional y afrentando trapaceramente a la verdad histórica y política es para mí el hito irreversible y la prueba más clara de que en Cataluña han quemado sus naves. Lo de los toros, el cine y las multas salvajes por rotular en castellano los comercios o empresas son sólo piedrecitas en el camino que ha llevado de Pulgar en una mano, la española, abierta o cerrada pero mano y no dedo, a este Pulgarcito extraviado en el bosque del separatismo institucional que no es solamente la verdad oficial sino una realidad política a martillazos, contra los que, en Madrid, yo sólo veo cabezas de clavos.

Dice Pío que yo soy demasiado pesimista pensando que en Cataluña no se puede hacer nada y demasiado optimista pensando que el resto de España está mejor que Cataluña. No. Yo soy pesimista porque veo que el resto de España está hecho, es decir, deshecho a imagen y semejanza de la Cataluña oficial, contra la que no se alza la Cataluña real. La única duda ante este desolador panorama es si la amputación catalana podría revivir, siquiera por el dolor, a este cuerpo enfermo, afiebrado, de la pobre España. Es una posibilidad, pero lejana y, ésta sí, discutida y discutible. Yo siempre voy a defender la libertad, sea cual sea la relación entre Cataluña y el resto de España, pero, sinceramente, creo que el modelo de progresiva negación de todas las libertades en la España de las Autonomías es el catalán. Y que de ese modelo despótico, cuanto más lejos, mejor. Hemos pagado durante demasiado tiempo el peaje de que queremos que se queden con nosotros. Y yo no tengo ya más ganas de semejante compañía. El desdén con el desdén.

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Siete horas atrapado en la nieve

10 de Enero de 2010 - 16:47:01 - Federico Jiménez Losantos

Héteme aquí de vuelta a la ida. O de ida a la vuelta, que es igual. Después de tratar de llegar por todos los medios a Madrid para volver a los micrófonos y a los juzgados el lunes 11, escribo otra vez desde mi pueblo, sitiado por la nieve, incomunicado se decía antaño, con menos razón que hoy. Ayer, a eso de las once del mediodía, salí en un convoy de varios coches de Orihuela camino de Cella, a veinte kilómetros de Teruel, en la nacional que lo une con Zaragoza, Madrid, Valencia y el orbe todo. Estaba cortada la carretera por Molina de Aragón y Guadalajara; cortada también la carretera de Orihuela a Santa Eulalia del Campo, medio habitual de acceder a la nacional; no estaba menos intransitable la renovada vía por El Pobo; total, que de las usadas habitualmente por el ser humano o el turista, sólo nos quedaba la carretera a Cella por Monterde para tratar de llegar a alguna vía segura o autovía de esta España de banda estrecha y manga ancha.

Si han visto "Caravana de mujeres" o cualquier película del Oeste que trate de la forma de agruparse los carros de colonos en familia y aventureros solteros para atravesar territorio comanche, sioux o chiricahua con alguna posibilidad de defenderse, les evito el relato de cómo íbamos agrupándonos en la plaza los coches detrás de un camión municipal con una pala quitanieves que nos llevaría hasta los límites de su jurisdicción, concepto discutido y discutible como casi todo lo que no se debería nunca discutir. En la caravana de coches había un cierto optimismo sobre el resultado del viaje. Lucía un sol magnífico, aunque estábamos bajo cero y con un metro de nieve hasta donde alcanzaba la vista. Hasta Bronchales, ocho kilómetros, nieve y viento, hermosísimos paisajes, aires de Siberia pasados por Ketelbey, evocaciones de Pushkin y Chéjov.

Pero, ay, pasado Bronchales, en el puente del río, que no sé si es puente porque nunca vi el río, pero donde se forma un ventisquero famoso, nos atrapó la nieve por primera vez. Gracias a nuestro paisano y amigo del camión salimos del trance después de tres cuartos de hora de inmovilización vagamente angustiada. De no ir tan acompañados, angustiosa. Pero la nieve es tan hermosa como peligrosa, si es que alguna vez la belleza no lo fuera, así que tras una lenta travesía por las estepas de Monterde, embarcados ya en el camino de lo que el Cantar de Mío Cid denomina "Celfa la del canal", ahora Cella, caímos en otro ventisquero, arteramente disimulado por el llano, el sol y la aún leve ventisca. La pérfida condición de la nieve y su peligro letal para el ser humano aunque sea serrano empezaron a ponerse de manifiesto. En primer lugar, porque si te atrapa un ventisquero no puedes ir hacia delante ni hacia atrás. En segundo lugar, porque el tiempo se detiene: todo es lento, todo cuesta, todo se dificulta y, al final, casi todo se para. Así sucedió con el camión, que no podía pasar con pala o sin pala. Y ahí estábamos todos, empezando por Ramón Sánchez, uno de los pocos maderistas de mi pueblo capaces de sobrevivir a las crisis del sector durante las últimas décadas, su yerno Pepe y yo, en un todoterreno, tirando de móvil para ver si alguien nos sacaba del ventisquero, que empezaba a parecer imprecisamente largo. Pero, en estos tiempos, con tantísimos medios, con móviles, quitanieves, Estado, Autonomía, Municipio, DGT, ciento diez y ciento doce al teléfono, ¿cómo no iban a sacarnos de ahí? Además, que aún era mediodía, poco más de las doce.

 Teníamos además de nuestro lado al alcalde de Orihuela, mi vecino Rafa, que nos había acompañado en la formación de la caravana hasta el límite del municipio y se subió de nuevo al cruzarse con una quitanieves, por si había otra caravana de náufragos del invierno que rescatar. ¡Ah, palabra extraordinaria: "quitanieves"! ¡Quitamiedos la deberíamos llamar! Pero el caso es que, poco a poco, la quitanieves se convirtió en nuestro Godot. Pasaba de la una y ni Rafa conseguía localizarla. El camión nuestro no podía con el ventisquero. Total, que nos quedamos quietos, a la espera del rescate. Pero, hombre ¡cómo no iban a rescatarnos, con los medios materiales y tecnológicos de hoy!

 Total, que pasaba el tiempo, se hacían las dos y aquello no se aclaraba. Nos iban llegando, vía Orihuela, noticias contradictorias y vagamente inquietantes sobre las quitanieves comarcales, que son las que tienen cuña central como Dios manda y pueden realmente sacarte de un ventisquero. Al parecer, llegaba una a Cella con la nobilísima intención de rescatarnos pero una rotonda a la entrada recentísimamente hecha, pero, según Ramón y demás paisanos, con los pies y por algún ingeniero lelo, la hizo volcar. Nuestra salvadora quedó pues, a la espera de ser salvada, esperando a su Godotnieves.

En ese momento comenzó a tornarse literario lo que hasta entonces hubiera pasado por simplemente periodístico. Llevábamos dos horas largas y seguíamos allí atrapados, sin saber por cuánto tiempo, aunque suponíamos que no mucho, porque, hombre, en estos tiempos, con tantos móviles, con tantos medios, con las quitanieves, claro que sí con las quitanieves, faltaría más. ¿Pero qué quitanieves?

En ese momento, Ramón, que el día anterior había rescatado a media familia de la nieve en Cella y ahora volvía a por la otra media, divisó algo en el horizonte. Pepe le confirmó que, en efecto, era un tractor con pala. "Grande, con dos tracciones; este sí que nos saca, sin esperar a la quitanieves". "Sí, hombre, sí, ya verás como aún llegamos a Cella a comer". "De eso, nada, coger un bocadillo y de vuelta a Orihuela mientras haya luz". "Bueno, a ver de dónde viene el tractor". "Grande parece". Desde luego, grande, grande". "Y está llegando ya a nuestro camión". "Las ruedas son enormes". "Sí, sí, sí".

Pero no. Cuando había abierto camino hasta el camión, que iba por delante de nosotros, y en un ventisquero el orden jamás puede alterarse, el tractor se paró. Tras un rato largo, porque todo en la nieve se ralentiza, morosea y eterniza, nos llegó la noticia de que se le había acabado la batería. Ahora, nuestro salvador necesitaba ser salvado.. Y lo salvó mi hermano Julio, que volvía a Italia y que allí había comprado un cargador de baterías. "No sé si funcionará con un tractor tan grande. Ojalá no se le queme". Pero no se quemó y de nuevo el tractor emprendió su tarea, digna de Hércules, entre cuyos siete trabajos no consta, probablemente porque en ese de domeñar la nieve, Heracles fracasó.

El Hércules en que confiábamos no pertenecía a ningún estamento oficial. Era y es, ojalá que por muchos años, un rumano que vive y trabaja en la Masía de los Gatos, entre Monterde y Cella, con su mujer y un hijo. El hombre había bajado a la farmacia a por una medicina para el niño, se apenó de nuestro desamparo y decidió sacarnos del ventisquero, que cada vez parecía más grande. Nuestro benemérito tractorista rumano debió afrontar, sin embargo, el destino fatal del que lucha noblemente contra el níveo elemento, porque al rato de volver al tajo, empezó a soplar una ventisca tremenda, que no dejaba ver a un metro; y nuestro desatascador acabó también atascado. El tractor se hundió en la nieve, las gigantescas ruedas empezaron también a girar en el vacío y, al final, se paró. Eran casi las cuatro de la tarde.

Desde entonces se desarrollaron cuatro acciones simultáneas: nuestro hermano rumano tiró de pala para sacar del ventisquero al tractor; nuestro alcalde Rafa trataba de saber dónde se metían las quitanieves de la comarca para que nos rescataran; Ramón, Pepe y yo nos comimos unas mandarinas y unos plátanos donados por mi hermana Encarna, porque hay que comer algo aunque sólo sea para seguir llamando al móvil. Dos tractores pequeños pasaron un par de veces por una pista paralela a la carretera, pero debían de estar en misión informativa para el CNI porque pasaban y pasaban y no se acercaban a preguntar, aunque llevábamos más de tres horas atrapados allí. Estuve por llamar a Raúl del Pozo para que ordenase a su antiguo alumno Sanz Roldán que se dejase de mirar y nos rescatara de una vez, pero ¿y si eran los servicios de la Benemérita o de la Policía? ¿Y si Rubalcaba nos rescataba para secuestrarnos? Decidimos, como los ucedeos piadosos, que lo urgente era esperar. Pero, como a ellos, se nos iba viniendo la noche encima. Eran las cinco, en una hora estaríamos a oscuras. El hermano rumano paleaba con denuedo. Alejandro, un yerno de Ramón, llegó andando desde Cella, veinte minutos por la nieve, con varios bocadillos. Nadie sabía que hacer porque nadie sabía nada. Ni dónde se habían metido las quitanieves, ni si alguien podía sacarnos de allí o si, al menos, se daban por enterados. Llamada que fue la Guardia Civil, remitió al 112. Y el 112 recomendaba paciencia porque había muchos casos similares. O sea, que en vez de paciencia, provocaba en los que llevábamos seis horas ya de ventisqueros, una impaciencia cercana a la histeria. Ni Estado, ni Autonomía, ni guardias, ni nada de nada.

Y empezaba a irse la luz. A ratos, arreciaba la ventisca. Dos perros del convoy iban y venían hasta el tractor del hermano rumano, que paleaba, intentaba salir del agujero, no podía, volvía a intentarlo, volvía a no conseguirlo, insistía y volvía a insistir... El móvil no era un instrumento de comunicación sino de melancolía. Y cuando asumimos que ni autoridades ni instituciones a las que pagamos infinitos sueldos iban a hacer nada por nosotros, al menos pronto, el noble tractor hispano-rumano consiguió salir del agujero.

Quedaba menos de una hora de luz, que el tractorista empleó en abrir poco a poco un camino en el ventisquero. Lentísimo, porque lo que abría trataba de cubrirlo de nuevo la nieve, que empezó a caer, y el viento, que no paraba. Pero al final, lo consiguió. Justo al entrar en Cella, ya prácticamente de noche, nos encontramos con una quitanieves que subía, supuestamente a por nosotros, aunque no estaba claro porque seguía, pero no nos podía decir si iba a llegar hasta Orihuela. "Hablen con mi jefe". En el mentidero de los móviles corría la especie de que había una huelga encubierta de quitanieves porque Fomento no quería pagarles sus cincuenta euros por hora, pero nadie sabía nada. El caso es que, llegados a Cella, mis escoltas nos confirman que las autoridades, sea cual sea lo que eso signifique, prohibían tomar la nacional de Teruel en cualquier dirección. Por todas partes, al parecer, había camiones cruzados, coches abandonados, árboles y otros obstáculos al discurrir humano, entre los que destacan las placas de hielo. Había que tomar una decisión: quedarnos a dormir en Cella o volvernos a Orihuela aprovechando el rastro de la quitanieves y confiando en que hubiera llegado, al menos, a Bronchales.

 Yo me quedé unos minutos en el atestado bar "El Cubata" para conocer a Juan, nuestro buen amigo rumano, que se negó a coger un solo euro de agradecimiento. O sea, como las burocracias onerosas y despóticas que nos saquean y abandonan, pero al revés. A oscuras, entre enormes farallones de nieve amenazante, con la ventisca racheada entre los faros, seguimos el rastro de la quitanieves hasta que desapareció, en Bronchales, que era lo que temíamos. Pero nuestro cupo de catástrofe debía de estar ya completo, porque llegamos al pueblo. Junto a la estufa, con un chocolate caliente, vi el final de "Canción de Juventud". No era peor aquella catalanada franquista que la criminal incompetencia posfranquista y autonomicomicona a la que acababa de sobrevivir, pero el mero hecho de compararlas me preocupó. Así que me fui a dormir con una novela de Chandler y dejé para hoy la crónica del ventisquero. Hecha está. A ver cuándo vuelvo por Madrid.

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Una foto que retrata a civiles y militares

7 de Enero de 2010 - 16:15:20 - Federico Jiménez Losantos

Desde que en el Parlamento se lee y los mítines se dan para el Telediario, los discursos políticos nos dicen poco, y eso las pocas veces que nos dicen algo. Para compensar, hemos de fijarnos en el "lenguaje no verbal" que hace décadas estudiara Flora Lewis y que ahora han divulgado las series de crímenes y bioquímica que nos mandan los USA. Esta foto de la Pascua Militar es una joya, casi un joyero de revelaciones sobre algunas de las instituciones básicas que, contra lo que permitirían suponer sus cargos, sueldos y juramentos, están liquidando aceleradamente España, tanto la nación como el Estado.

En primer lugar, el anfitrión, o sea, el Rey, no está. Y tras su penoso discurso de Nochebuena, casi mejor que no esté.. Así no se crean falsas expectativas y no se envaran los invitados, aunque está claro que algunos vienen ya envarados de casa. Pero como el Jefe del Estado ha brillado por su ausencia en todo el proceso españicida, que siga ausente y a lo suyo, que, por desgracia, hace mucho tiempo que no es lo nuestro. Al contrario.

Pero vayamos a la foto y empecemos, como es lógico, por la Izquierda. Rubalcaba, eslabón nunca perdido del felipismo, el polanquismo y el zapaterismo sigue encarnando un gobierno que no cumple, gestiona adecuadamente ni llena el cargo. El cuello del chaqué se le va para atrás, como si no fuera suyo o sólo pudiera serlo con cuatro kilos más. Y a falta de esa talla menos, el cuello se le adelanta en un gesto mitad de afecto mitad de buitre, levemente inquietante como a él le gusta parecer, pero que en realidad sólo manifiesta lo evidente: que la responsabilidad le viene grande.

El centro de la foto lo ocupa el Poder, distinto de la rama civil o militar de la Cúpula del Estado. Chacón no es la ministra de Defensa de España sino la ministra de Cataluña en España por deferencia del PSC. Ha ensanchado caderas, y a sus anchas se siente con pantalones, porque no me la imagino abriendo así el compás con falda. Pero mujereando, sintiéndose alta y guapa, se hombrea con los dos varones que la escoltan, atienden y obsequian. Y el gesto es de mando en plaza y aun en plazas: Barcelona y Madrid. Es el suyo un poder real pero brumoso, indudable pero impreciso, amenazante por ilimitado. La única nota discordante en tanta facundia es la que parece amputación de pies o desaparición del contacto con el suelo. Porque zapatos, lo que se dice zapatos, no lleva. Alzas, coturnos o leticios, sí, porque está como encaramada a sí misma, pero como el nacionalismo catalán o el zapaterismo de los que es emblema, no toca "de peus a terra". Es como un globo que no se sabe si se posa o se eleva y se va. Adiós, adiós.

Pero la postura más elocuente es la del JEMAD, o sea, el jefe técnico o mecánico de los ejércitos españoles, viva imagen de la nación a punto de venirse abajo. ¿Ante qué se inclina don Julio Rodríguez? ¿Ante el Gobierno representado por Rubalcaba? ¿Ante el Poder representado por Chacón? ¿Ante la endecha del Gobierno al Poder, con el que se identifica a medias, como si sus pies juntaran lo que la Ministra separa? ¿Ante el peso histórico de la representación de los ejércitos españoles, tan venidos a menos? ¿Ante la comprometida situación de un estamento, el militar, que tiene como misión última la de garantizar la unidad de España por mandato constitucional y que se reconcome en su impotencia? El gesto es de sumisión clerical, de cura con ambición de obispo o de fraile misionero a punto de que le subvencionen la ONG, razón última de tanta obsequiosidad. Aunque el gesto recuerde a Fernán Gómez adulando al jefe de cualquier cosa, no tiene nada que ver con "Balarrasa", aquella película de los 40 en la que el golferío civil y la briosa beatitud eclesial se citaban en el más allá de todos los escalafones Este mílite no parece haber roto nunca un plato. Pero, por si acaso, se asoma al suelo para comprobarlo. Este hombre no tiene Poder ni poder, ya no puede ascender más y no podría ser más acicaladamente sumiso. Pero, en su interior, sabe que su uniforme despertará siempre recelo en la Izquierda, por lo que todo mimo siempre será poco. No sabemos lo que le pasa de lumbago para abajo, pero manos tan juntas no veíamos desde la Primera Comunión. De lumbago para arriba, un pálido rubor, un obsecuente sofoco, una virtuosa voluntad de rendición ante todo, aunque sea nada. Salvo el viento, que a lo mejor es lo que le ha torcido el tronco. Es el único que parece invitado a última hora pero agradecidísimo de que le dejen figurar en foto ajena. La Pascua Militar, dicen. Ya.

En fin, sin palabras, esto es lo que hay, lo que sobra y lo que falta. No sé qué pinta peor.  

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Que el 2010 sea como 2009, pero algo menos heroico

1 de Enero de 2010 - 12:08:59 - Federico Jiménez Losantos

Ya sé que las felicitaciones tienen algo de banal y que cuando todos se felicitan es como si no se felicitara nadie, pero quiero daros las gracias, de verdad, a los que en este año tan duro, tan hermoso, tan inolvidable, nos habéis acompañado en la aventura de esRadio, la más quijotesca de todas y la que menos se parece a las desventuras del personaje cervantino, espero que por parecerse algo más al libro. En los peores meses del tránsito de la COPE a la nueva radio –de final de mayo a final de agosto–, he entrado a menudo en el blog para animarme con la confianza de Vicky y demás blogueros buenos, que sois muchos. Lo habríamos intentado en cualquier caso, pero hay apuestas que, por arriesgadas, necesitan a veces algo más que la voluntad o la única ambición a la que nunca renunciaremos: decir lo que nos dé la gana. Y en ese riesgo, anima mucho comprobar la confianza, la buena compañía tanta buena voluntad.

No creo que el 2010 que llega sea mejor que el 2009 que se va, pero si nos permite asentar e ir consolidando lo que, casi de milagro, hemos puesto en marcha, nos daremos por satisfechos. A cada uno de vosotros, y en vosotros a cada uno de los lectores de nuestra revista y de nuestro periódico, a cada veedor de nuestra televisión y a cada escuchador de nuestra radio os agradezco, todos os agradecemos a todos todo. Como símbolo de amistad y buen humor os regalo esta foto de los primeros años 80, en Las Ventas, cuando el gran Andrés Amorós aún no era el crítico taurino de ABC, aunque lo merecía.

Postpost: En aquellos años, había tal decadencia de la afición que podían comprarse abonos en cualquier parte de la plaza y media entrada era buena.

Sin embargo, en los medios de comunicación, los predios intelectuales y en los Aficionados de Guisando, que eran, como los toros o verracos célebres, vettones, numantinos y prerromanos en general, cundió un movimiento de represtigio de la fiesta, es decir, de recuperación del toro bravo y del arte de jugársela a la fiera según los cánones. Andrés y yo alternábamos en una columna titulada “Al alimón” dentro de la de toros de Diario 16 que llevaba Alfonso Navalón y luego Barquerito. Dragó pastoreaba “Disidencias” en el mismo diario y escribía de toros a menudo; como él, muchos otros buenos.

Pero no estábamos solos: en “El País”, aparte de las críticas de Joaquín Vidal –el mejor crítico si no habías visto la corrida- podían leerse durante la Isidrada a Javier Pradera y M.A. Aguilar, con los que coincidíamos en antoñetismo. En “ABC”, donde recalé en 1987, además del titular Vicente Zabala (q.e.p.d.) y del procónsul en Sevilla Antonio Burgos, afilaban sus péñolas futuros columnistas como Ruiz Quintano, Tomás Cuesta y Oti Rodríguez Marchante. En Antena 3 de Radio grandes aficionados eran Martín Ferrand y José María García, y el que no iba a los toros no ascendía.

En fin, que aquello como la España de hoy pero al revés: se hundía pero había fuste para rehacerlo. Y se rehízo. Lo poco que yo sé de toros lo aprendí con Andrés durante aquellos años, disfrutando catástrofes. Porque las catástrofes, como los mansos, tienen su lidia. Y, sin ser de Esquilo, puede ser interesantísima.

Lo esencial era mirar con lupa al toro y abroncar a la Presidencia cuando no cumplía los requisitos de envergadura -física y de la otra-, que merecían las Ventas. En la foto, Andrés y yo estamos o fingimos estar cumpliendo el rito de escandalizarnos ante la birriosa condición del toro. Diálogo o fraseo más que posible:

- ¡Utreros en Las Ventas! ¡El año que viene, erales y el siguiente, añojos!.

- Pues yo toros no veo. Un gato por el ruedo, errabundo como Melmoth. ¿O es sardina?

- No. Vertebrado no es y a raspa no llega. Será babosa zaína. Mira, mira cómo se arrastra, pobre criatura.

- Para mí que es bacteria. Traeré mañana el microscopio, no sea virus y nos contagie. Desde luego, en el Arca de Noé no estaba.

- Es que los del Antiguo Testamento eran veterinarios. Y no esto.

- ¡A lo que ha llegado la primera plaza del mundo!

- ¡Primera y última! ¡Qué vergüenza!

- ¡Eso: qué vergüenza!

- ¡Y qué gentuza!

- ¡Eso: qué gentuza!

Total, que lo pasábamos divinamente.   

 

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Que TV3 se fusione con RTVE y colorín, colorado

19 de Diciembre de 2009 - 21:27:54 - Federico Jiménez Losantos

Las dos cadenas de TV creadas de la nada y contra el espíritu de la Ley por Zapatero –la Cuatro y la Sexta– han sido absorbidas simultáneamente por Tele 5 y Antena 3 mediante una operación entrañablemente navideña, con dos ricachos avarientos compadeciéndose de dos pobretones manirrotos, ahorrándoles así la quiebra, el concurso de acreedores y otros lances de la prestidigitación empresarial política, abocada casi siempre a la mendicidad. Es un placer malsano, si alguno no lo fuera, leer los elogios de la alianza, que en rigor es venta barata o sumisión comercial, de Prisa a Berlusconi, reciente huésped desvestido de sus portadas veraniegas. A mí es que con Cebrián me da la risa: ¡pues no culpa al Gobierno de haber creado la Sexta para sus amigos! ¿Y el regalo de cambiar la televisión de pago Canal + por la Cuatro en abierto? ¿No ha sido otra ruina no semejante sino todavía peor? Es tan fatuo el hombretón de Prisa que si estuvieran a punto de cocerlo los caníbales les impondría la cantidad de sal necesaria para condimentarlo de forma progresista. Por mandar, mandaría hasta que le cortaran la cabeza.

Pero lo cierto es que el regalo a Prisa y el regalo a Mediapro han acabado en manos de Berlusconi y Lara, con la diferencia de que los catalanes, que ya han mostrado su obediencia al Tripartito, han ganado un dinero que no tenían –Roures y demás– o van a ganarlo –Lara– vendiendo el fútbol a las colonias de la metrópoli cataláunica y editoúnica. Los progres de Barcelona se han forrado y le han traspasado el chollo al Grupo Planeta mientras que los progres de Madrid se han arruinado y se ha hecho con sus despojos Berlusconi. Diferencia notable: unos, de todo a nada; otros, de nada a todo.

¿Pero y las libertades? ¿Y el pluralismo al que se supone que debería servir el sistema de concesiones políticas de licencias de emisión de radio y TV? Pues si antes amenazaba ruina, ahora se ha venido abajo con estrépito. Zapatero presumía de que con él habíamos pasado de cuatro cadenas nacionales a seis. Y era verdad. Progres e ilegales, pero ahí estaban. ¿Y ahora? ¿Volvemos a las cuatro de Aznar? Sí. Y pueden quedarse en dos, pero con veintitantos canales de TDT de pago, que acabarían con cualquier pluralidad en el sector privado. En el público, Zapatero y Montilla podrían fusionar RTVE y TV3 con todos sus canales de TDT, gratuitos o de pago, que serán seiscientos mil, y por fin habríamos conseguido el eterno sueño totalitario de nuestra clase política: volver al Parte. Y, encima, pagando.

Lo menos sórdido entre tanta indecencia sería que si dos cadenas se fusionan, una licencia salga de nuevo al mercado. Y si son dos pares, dos licencias. Todo lo que no sea eso, supondrá una vuelta de tuerca más a este tornillo que nos falta, que es el de la libertad. Esperaremos sentados, no sea que nos cansemos esperando la tradicional lucha por el pluralismo de los partidos de la Oposición. Lo mismo piden una sola cadena. Para ahorrar.

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Remedios Morales, crisis política y consuelos psicointelectuales

6 de Diciembre de 2009 - 19:15:24 - Federico Jiménez Losantos

Pase lo que pase, siempre nos quedará la Red. Y a los liberales, Libertad Digital. En el penúltimo aniversario –sólo un sádico iletrado lo llamaría cumpleaños- de la Constitución de 1978 todos los signos ominosos de un futuro sin futuro se multiplican. En parte, por cosas remediables pero sin remedio, como la crisis política española por consunción del régimen o de sus regentes. En parte, por cosas irremediables, como la propensión del ser humano a la supervivencia a cualquier precio, con tal de que sea barato. Y no se me ocurre remedio social más barato que la corrupción moral. Con suerte, no se entera ni el que lo paga.

Pero en el Fin de Semana de LD he podido comprobar que, pase lo que pase, siempre nos quedará la sociedad civil. Me llevaron a tan amable seguridad dos firmas recentísimamente incorporadas a nuestro periódico: Carmen Grimau y Remedios Morales. De la primera, recomiendo su crítica de Boris Vian en su última reencarnación editorial: No me gustaría palmarla, aunque me gusten más la preciosa edición y la brillante crítica que el libro mismo. De la segunda, los cinco artículos (aquí, aquí, aquí, aquí y aquí) que hasta ahora ha publicado en nuestro especial semanal sobre la sexualidad humana. Al menos, de esa mitad de la humanidad –"la mitad del cielo", hubiera dicho Mao Zedong, el más famoso e ignorado de los criminales sexuales en   serie–, por la que siempre ha sentido rencor o curiosidad buena parte de la otra mitad.

No quiero privarles del placer del descubrimiento a quienes no hayan visto estas joyas. Sí me atrevo como lector a pedirles un par de cosas. A CG, que empezó escribiendo sobre el argelino Yasmina Khadra y hace esta semana referencia a la famosa canción de Boris Vian "Le deserteur", le pido la última o mejor bibliografía sobre el único con derecho a semejante título franco-argelino, que es Charles De Gaulle. ¿Cabe mayor deserción que llegar al Poder a lomos de la indignación militar por el abandono político de la Argelia Francesa y asegurar su "golpe de Estado permanente", un Vichy aceptable para los aliados, en esa parodia de la famosa "noche de los cuchillos largos" (cuando Hitler asesinó a Rohm y la aristocracia de las SA) que fue la matanza de Salan y los generales golpistas de la OAS? Como los datos sobre el asentamiento en el poder de De Gaulle se hicieron públicos en Mayo del 68 –involuntariamente gaullista al canonizar la V República– y tras el éxito de la novela y la película Chacal, historia del fracaso de la venganza de la OAS en Notre-Dame, donde debía ser asesinado De Gaulle, y ambas fuentes son de limitada fiabilidad, me gustaría leer lo que realmente pasó o se va sabiendo de lo que pasó. Simple curiosidad. ¿Hay un François Furet de la Algèrie Francaise?

En cuando a Remedios Morales, nombre o pseudónimo, sólo le pido que lo mantenga y siga aquí. Las sorpresas de la vida y las recompensas de la sociedad civil, que es como decir internet, son eso, sorpresas: remedios intelectuales contra la desolación moral de este tiempo menguado; remedios materiales contra la flacidez política de la arruinada España. Pero siempre nos quedará París, o sea, Madrid. Casi estoy por firmar:  

Consuelo de la Red.

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