El blog de Federico

Tarde, mal y nunca, como la independencia de Cataluña

28 de Enero de 2010 - 23:46:18 - Federico Jiménez Losantos

Por querer adjuntar las fotos de la odisea en la nieve –que ya me han llegado, así que, como vuelve a nevar, las dejo para la semana que viene– he ido retrasando la puesta al día del blog. Y como dar a luz una nueva radio, amén hablar seis horas y escribir a troche y moche, es tarea para la que no bastan veinticuatro horas diarias, héteme convertido en prófugo, desertor o absentista del blog. Mil disculpas. También querría haber tenido tiempo y tranquilidad para comentar la referencia en el blog de Pío Moa a mis últimas referencias sobre Cataluña y la que me parece independencia ineluctable, aceptada y financiada por el resto de España, lo que invitaría a abreviar el trámite y no a dilatarlo. Pero como no tengo tiempo para hacer todo lo que debo –de lo que quiero, ni hablo– apuntaré al menos dos o tres cosas sobre el problema español en Cataluña para no obviar el reto dialéctico de Pío Moa, siempre digno de leer y meditar.

Como digo antes –y he dicho siempre– España no tiene –o no tenía– un “problema catalán”. Lo que padecemos desde hace mucho –el siglo de vida del nacionalismo catalán– es el problema español en Cataluña, que consiste en no tener clara la idea nacional española y, por tanto, no saber, poder o querer abordar el reto del separatismo catalán, que tiene una debilidad esencial que convendría recordar: el nacionalismo como proyecto de secesión siempre fue un proyecto de élites y no de la mayoría del pueblo. Sin embargo, los Prat de la Riba, Cambó, Pujol o Montilla han acabado convenciendo a la clase dirigente madrileña –política y mediática– de lo que no han podido convencer a la mayoría de los ciudadanos de Cataluña. Sin embargo, en las últimas décadas –y sobre todo en estos tristes años zapateriles y rajoyanos– el proyecto secesionista ha ido legitimándose, afianzándose y creciendo a medida que Cataluña iba corrompiéndose y, lógicamente, aceptando o resignándose al futuro diseñado por sus élites.

Naturalmente, esa aceptación de hecho del separatismo catalán, pero con la cláusula nada secreta de colonizador económico del resto de España que parece último lazo de unión cuando no pasa de primer dogal chantajista se ha producido en la medida en que todas las instituciones del Régimen han desechado la idea nacional española, la soberanía popular y la igualdad de los ciudadanos ante la Ley. España ya no es, como anunció Zapatero, un concepto discutido y discutible, sino desechable y lógicamente desechado. El Estatuto de Cataluña, votado en Barcelona y en Madrid, es la prueba de esa metástasis del cáncer españicida. Y sea cual sea el pastel que nos sirva el Tribunal Constitucional –siempre genuflexo ante el nacionalismo–, nadie tiene la menor duda de que el liberticidio secesionista continuará, porque ni la Izquierda en el Gobierno ni la Derecha que podría sustituirlo van a poner en duda la legitimidad del separatismo catalán para deslegitimar a la Nación y a la idea misma de España. Si una región, país, ente o lo que sea pero en proceso de abierta secesión, puede poner y quitar gobiernos y los que pueden gobernar, PSOE y PP, lo aceptan de derecho o de hecho, creo que la primera obligación intelectual que tenemos es constatarlo. Y tras la constatación, por desgracia, yo no veo solución a lo que ninguno quiere que la tenga.

El editorial conjunto de los once periódicos catalanes insultando al Constitucional y afrentando trapaceramente a la verdad histórica y política es para mí el hito irreversible y la prueba más clara de que en Cataluña han quemado sus naves. Lo de los toros, el cine y las multas salvajes por rotular en castellano los comercios o empresas son sólo piedrecitas en el camino que ha llevado de Pulgar en una mano, la española, abierta o cerrada pero mano y no dedo, a este Pulgarcito extraviado en el bosque del separatismo institucional que no es solamente la verdad oficial sino una realidad política a martillazos, contra los que, en Madrid, yo sólo veo cabezas de clavos.

Dice Pío que yo soy demasiado pesimista pensando que en Cataluña no se puede hacer nada y demasiado optimista pensando que el resto de España está mejor que Cataluña. No. Yo soy pesimista porque veo que el resto de España está hecho, es decir, deshecho a imagen y semejanza de la Cataluña oficial, contra la que no se alza la Cataluña real. La única duda ante este desolador panorama es si la amputación catalana podría revivir, siquiera por el dolor, a este cuerpo enfermo, afiebrado, de la pobre España. Es una posibilidad, pero lejana y, ésta sí, discutida y discutible. Yo siempre voy a defender la libertad, sea cual sea la relación entre Cataluña y el resto de España, pero, sinceramente, creo que el modelo de progresiva negación de todas las libertades en la España de las Autonomías es el catalán. Y que de ese modelo despótico, cuanto más lejos, mejor. Hemos pagado durante demasiado tiempo el peaje de que queremos que se queden con nosotros. Y yo no tengo ya más ganas de semejante compañía. El desdén con el desdén.

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Siete horas atrapado en la nieve

10 de Enero de 2010 - 16:47:01 - Federico Jiménez Losantos

Héteme aquí de vuelta a la ida. O de ida a la vuelta, que es igual. Después de tratar de llegar por todos los medios a Madrid para volver a los micrófonos y a los juzgados el lunes 11, escribo otra vez desde mi pueblo, sitiado por la nieve, incomunicado se decía antaño, con menos razón que hoy. Ayer, a eso de las once del mediodía, salí en un convoy de varios coches de Orihuela camino de Cella, a veinte kilómetros de Teruel, en la nacional que lo une con Zaragoza, Madrid, Valencia y el orbe todo. Estaba cortada la carretera por Molina de Aragón y Guadalajara; cortada también la carretera de Orihuela a Santa Eulalia del Campo, medio habitual de acceder a la nacional; no estaba menos intransitable la renovada vía por El Pobo; total, que de las usadas habitualmente por el ser humano o el turista, sólo nos quedaba la carretera a Cella por Monterde para tratar de llegar a alguna vía segura o autovía de esta España de banda estrecha y manga ancha.

Si han visto "Caravana de mujeres" o cualquier película del Oeste que trate de la forma de agruparse los carros de colonos en familia y aventureros solteros para atravesar territorio comanche, sioux o chiricahua con alguna posibilidad de defenderse, les evito el relato de cómo íbamos agrupándonos en la plaza los coches detrás de un camión municipal con una pala quitanieves que nos llevaría hasta los límites de su jurisdicción, concepto discutido y discutible como casi todo lo que no se debería nunca discutir. En la caravana de coches había un cierto optimismo sobre el resultado del viaje. Lucía un sol magnífico, aunque estábamos bajo cero y con un metro de nieve hasta donde alcanzaba la vista. Hasta Bronchales, ocho kilómetros, nieve y viento, hermosísimos paisajes, aires de Siberia pasados por Ketelbey, evocaciones de Pushkin y Chéjov.

Pero, ay, pasado Bronchales, en el puente del río, que no sé si es puente porque nunca vi el río, pero donde se forma un ventisquero famoso, nos atrapó la nieve por primera vez. Gracias a nuestro paisano y amigo del camión salimos del trance después de tres cuartos de hora de inmovilización vagamente angustiada. De no ir tan acompañados, angustiosa. Pero la nieve es tan hermosa como peligrosa, si es que alguna vez la belleza no lo fuera, así que tras una lenta travesía por las estepas de Monterde, embarcados ya en el camino de lo que el Cantar de Mío Cid denomina "Celfa la del canal", ahora Cella, caímos en otro ventisquero, arteramente disimulado por el llano, el sol y la aún leve ventisca. La pérfida condición de la nieve y su peligro letal para el ser humano aunque sea serrano empezaron a ponerse de manifiesto. En primer lugar, porque si te atrapa un ventisquero no puedes ir hacia delante ni hacia atrás. En segundo lugar, porque el tiempo se detiene: todo es lento, todo cuesta, todo se dificulta y, al final, casi todo se para. Así sucedió con el camión, que no podía pasar con pala o sin pala. Y ahí estábamos todos, empezando por Ramón Sánchez, uno de los pocos maderistas de mi pueblo capaces de sobrevivir a las crisis del sector durante las últimas décadas, su yerno Pepe y yo, en un todoterreno, tirando de móvil para ver si alguien nos sacaba del ventisquero, que empezaba a parecer imprecisamente largo. Pero, en estos tiempos, con tantísimos medios, con móviles, quitanieves, Estado, Autonomía, Municipio, DGT, ciento diez y ciento doce al teléfono, ¿cómo no iban a sacarnos de ahí? Además, que aún era mediodía, poco más de las doce.

 Teníamos además de nuestro lado al alcalde de Orihuela, mi vecino Rafa, que nos había acompañado en la formación de la caravana hasta el límite del municipio y se subió de nuevo al cruzarse con una quitanieves, por si había otra caravana de náufragos del invierno que rescatar. ¡Ah, palabra extraordinaria: "quitanieves"! ¡Quitamiedos la deberíamos llamar! Pero el caso es que, poco a poco, la quitanieves se convirtió en nuestro Godot. Pasaba de la una y ni Rafa conseguía localizarla. El camión nuestro no podía con el ventisquero. Total, que nos quedamos quietos, a la espera del rescate. Pero, hombre ¡cómo no iban a rescatarnos, con los medios materiales y tecnológicos de hoy!

 Total, que pasaba el tiempo, se hacían las dos y aquello no se aclaraba. Nos iban llegando, vía Orihuela, noticias contradictorias y vagamente inquietantes sobre las quitanieves comarcales, que son las que tienen cuña central como Dios manda y pueden realmente sacarte de un ventisquero. Al parecer, llegaba una a Cella con la nobilísima intención de rescatarnos pero una rotonda a la entrada recentísimamente hecha, pero, según Ramón y demás paisanos, con los pies y por algún ingeniero lelo, la hizo volcar. Nuestra salvadora quedó pues, a la espera de ser salvada, esperando a su Godotnieves.

En ese momento comenzó a tornarse literario lo que hasta entonces hubiera pasado por simplemente periodístico. Llevábamos dos horas largas y seguíamos allí atrapados, sin saber por cuánto tiempo, aunque suponíamos que no mucho, porque, hombre, en estos tiempos, con tantos móviles, con tantos medios, con las quitanieves, claro que sí con las quitanieves, faltaría más. ¿Pero qué quitanieves?

En ese momento, Ramón, que el día anterior había rescatado a media familia de la nieve en Cella y ahora volvía a por la otra media, divisó algo en el horizonte. Pepe le confirmó que, en efecto, era un tractor con pala. "Grande, con dos tracciones; este sí que nos saca, sin esperar a la quitanieves". "Sí, hombre, sí, ya verás como aún llegamos a Cella a comer". "De eso, nada, coger un bocadillo y de vuelta a Orihuela mientras haya luz". "Bueno, a ver de dónde viene el tractor". "Grande parece". Desde luego, grande, grande". "Y está llegando ya a nuestro camión". "Las ruedas son enormes". "Sí, sí, sí".

Pero no. Cuando había abierto camino hasta el camión, que iba por delante de nosotros, y en un ventisquero el orden jamás puede alterarse, el tractor se paró. Tras un rato largo, porque todo en la nieve se ralentiza, morosea y eterniza, nos llegó la noticia de que se le había acabado la batería. Ahora, nuestro salvador necesitaba ser salvado.. Y lo salvó mi hermano Julio, que volvía a Italia y que allí había comprado un cargador de baterías. "No sé si funcionará con un tractor tan grande. Ojalá no se le queme". Pero no se quemó y de nuevo el tractor emprendió su tarea, digna de Hércules, entre cuyos siete trabajos no consta, probablemente porque en ese de domeñar la nieve, Heracles fracasó.

El Hércules en que confiábamos no pertenecía a ningún estamento oficial. Era y es, ojalá que por muchos años, un rumano que vive y trabaja en la Masía de los Gatos, entre Monterde y Cella, con su mujer y un hijo. El hombre había bajado a la farmacia a por una medicina para el niño, se apenó de nuestro desamparo y decidió sacarnos del ventisquero, que cada vez parecía más grande. Nuestro benemérito tractorista rumano debió afrontar, sin embargo, el destino fatal del que lucha noblemente contra el níveo elemento, porque al rato de volver al tajo, empezó a soplar una ventisca tremenda, que no dejaba ver a un metro; y nuestro desatascador acabó también atascado. El tractor se hundió en la nieve, las gigantescas ruedas empezaron también a girar en el vacío y, al final, se paró. Eran casi las cuatro de la tarde.

Desde entonces se desarrollaron cuatro acciones simultáneas: nuestro hermano rumano tiró de pala para sacar del ventisquero al tractor; nuestro alcalde Rafa trataba de saber dónde se metían las quitanieves de la comarca para que nos rescataran; Ramón, Pepe y yo nos comimos unas mandarinas y unos plátanos donados por mi hermana Encarna, porque hay que comer algo aunque sólo sea para seguir llamando al móvil. Dos tractores pequeños pasaron un par de veces por una pista paralela a la carretera, pero debían de estar en misión informativa para el CNI porque pasaban y pasaban y no se acercaban a preguntar, aunque llevábamos más de tres horas atrapados allí. Estuve por llamar a Raúl del Pozo para que ordenase a su antiguo alumno Sanz Roldán que se dejase de mirar y nos rescatara de una vez, pero ¿y si eran los servicios de la Benemérita o de la Policía? ¿Y si Rubalcaba nos rescataba para secuestrarnos? Decidimos, como los ucedeos piadosos, que lo urgente era esperar. Pero, como a ellos, se nos iba viniendo la noche encima. Eran las cinco, en una hora estaríamos a oscuras. El hermano rumano paleaba con denuedo. Alejandro, un yerno de Ramón, llegó andando desde Cella, veinte minutos por la nieve, con varios bocadillos. Nadie sabía que hacer porque nadie sabía nada. Ni dónde se habían metido las quitanieves, ni si alguien podía sacarnos de allí o si, al menos, se daban por enterados. Llamada que fue la Guardia Civil, remitió al 112. Y el 112 recomendaba paciencia porque había muchos casos similares. O sea, que en vez de paciencia, provocaba en los que llevábamos seis horas ya de ventisqueros, una impaciencia cercana a la histeria. Ni Estado, ni Autonomía, ni guardias, ni nada de nada.

Y empezaba a irse la luz. A ratos, arreciaba la ventisca. Dos perros del convoy iban y venían hasta el tractor del hermano rumano, que paleaba, intentaba salir del agujero, no podía, volvía a intentarlo, volvía a no conseguirlo, insistía y volvía a insistir... El móvil no era un instrumento de comunicación sino de melancolía. Y cuando asumimos que ni autoridades ni instituciones a las que pagamos infinitos sueldos iban a hacer nada por nosotros, al menos pronto, el noble tractor hispano-rumano consiguió salir del agujero.

Quedaba menos de una hora de luz, que el tractorista empleó en abrir poco a poco un camino en el ventisquero. Lentísimo, porque lo que abría trataba de cubrirlo de nuevo la nieve, que empezó a caer, y el viento, que no paraba. Pero al final, lo consiguió. Justo al entrar en Cella, ya prácticamente de noche, nos encontramos con una quitanieves que subía, supuestamente a por nosotros, aunque no estaba claro porque seguía, pero no nos podía decir si iba a llegar hasta Orihuela. "Hablen con mi jefe". En el mentidero de los móviles corría la especie de que había una huelga encubierta de quitanieves porque Fomento no quería pagarles sus cincuenta euros por hora, pero nadie sabía nada. El caso es que, llegados a Cella, mis escoltas nos confirman que las autoridades, sea cual sea lo que eso signifique, prohibían tomar la nacional de Teruel en cualquier dirección. Por todas partes, al parecer, había camiones cruzados, coches abandonados, árboles y otros obstáculos al discurrir humano, entre los que destacan las placas de hielo. Había que tomar una decisión: quedarnos a dormir en Cella o volvernos a Orihuela aprovechando el rastro de la quitanieves y confiando en que hubiera llegado, al menos, a Bronchales.

 Yo me quedé unos minutos en el atestado bar "El Cubata" para conocer a Juan, nuestro buen amigo rumano, que se negó a coger un solo euro de agradecimiento. O sea, como las burocracias onerosas y despóticas que nos saquean y abandonan, pero al revés. A oscuras, entre enormes farallones de nieve amenazante, con la ventisca racheada entre los faros, seguimos el rastro de la quitanieves hasta que desapareció, en Bronchales, que era lo que temíamos. Pero nuestro cupo de catástrofe debía de estar ya completo, porque llegamos al pueblo. Junto a la estufa, con un chocolate caliente, vi el final de "Canción de Juventud". No era peor aquella catalanada franquista que la criminal incompetencia posfranquista y autonomicomicona a la que acababa de sobrevivir, pero el mero hecho de compararlas me preocupó. Así que me fui a dormir con una novela de Chandler y dejé para hoy la crónica del ventisquero. Hecha está. A ver cuándo vuelvo por Madrid.

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Una foto que retrata a civiles y militares

7 de Enero de 2010 - 16:15:20 - Federico Jiménez Losantos

Desde que en el Parlamento se lee y los mítines se dan para el Telediario, los discursos políticos nos dicen poco, y eso las pocas veces que nos dicen algo. Para compensar, hemos de fijarnos en el "lenguaje no verbal" que hace décadas estudiara Flora Lewis y que ahora han divulgado las series de crímenes y bioquímica que nos mandan los USA. Esta foto de la Pascua Militar es una joya, casi un joyero de revelaciones sobre algunas de las instituciones básicas que, contra lo que permitirían suponer sus cargos, sueldos y juramentos, están liquidando aceleradamente España, tanto la nación como el Estado.

En primer lugar, el anfitrión, o sea, el Rey, no está. Y tras su penoso discurso de Nochebuena, casi mejor que no esté.. Así no se crean falsas expectativas y no se envaran los invitados, aunque está claro que algunos vienen ya envarados de casa. Pero como el Jefe del Estado ha brillado por su ausencia en todo el proceso españicida, que siga ausente y a lo suyo, que, por desgracia, hace mucho tiempo que no es lo nuestro. Al contrario.

Pero vayamos a la foto y empecemos, como es lógico, por la Izquierda. Rubalcaba, eslabón nunca perdido del felipismo, el polanquismo y el zapaterismo sigue encarnando un gobierno que no cumple, gestiona adecuadamente ni llena el cargo. El cuello del chaqué se le va para atrás, como si no fuera suyo o sólo pudiera serlo con cuatro kilos más. Y a falta de esa talla menos, el cuello se le adelanta en un gesto mitad de afecto mitad de buitre, levemente inquietante como a él le gusta parecer, pero que en realidad sólo manifiesta lo evidente: que la responsabilidad le viene grande.

El centro de la foto lo ocupa el Poder, distinto de la rama civil o militar de la Cúpula del Estado. Chacón no es la ministra de Defensa de España sino la ministra de Cataluña en España por deferencia del PSC. Ha ensanchado caderas, y a sus anchas se siente con pantalones, porque no me la imagino abriendo así el compás con falda. Pero mujereando, sintiéndose alta y guapa, se hombrea con los dos varones que la escoltan, atienden y obsequian. Y el gesto es de mando en plaza y aun en plazas: Barcelona y Madrid. Es el suyo un poder real pero brumoso, indudable pero impreciso, amenazante por ilimitado. La única nota discordante en tanta facundia es la que parece amputación de pies o desaparición del contacto con el suelo. Porque zapatos, lo que se dice zapatos, no lleva. Alzas, coturnos o leticios, sí, porque está como encaramada a sí misma, pero como el nacionalismo catalán o el zapaterismo de los que es emblema, no toca "de peus a terra". Es como un globo que no se sabe si se posa o se eleva y se va. Adiós, adiós.

Pero la postura más elocuente es la del JEMAD, o sea, el jefe técnico o mecánico de los ejércitos españoles, viva imagen de la nación a punto de venirse abajo. ¿Ante qué se inclina don Julio Rodríguez? ¿Ante el Gobierno representado por Rubalcaba? ¿Ante el Poder representado por Chacón? ¿Ante la endecha del Gobierno al Poder, con el que se identifica a medias, como si sus pies juntaran lo que la Ministra separa? ¿Ante el peso histórico de la representación de los ejércitos españoles, tan venidos a menos? ¿Ante la comprometida situación de un estamento, el militar, que tiene como misión última la de garantizar la unidad de España por mandato constitucional y que se reconcome en su impotencia? El gesto es de sumisión clerical, de cura con ambición de obispo o de fraile misionero a punto de que le subvencionen la ONG, razón última de tanta obsequiosidad. Aunque el gesto recuerde a Fernán Gómez adulando al jefe de cualquier cosa, no tiene nada que ver con "Balarrasa", aquella película de los 40 en la que el golferío civil y la briosa beatitud eclesial se citaban en el más allá de todos los escalafones Este mílite no parece haber roto nunca un plato. Pero, por si acaso, se asoma al suelo para comprobarlo. Este hombre no tiene Poder ni poder, ya no puede ascender más y no podría ser más acicaladamente sumiso. Pero, en su interior, sabe que su uniforme despertará siempre recelo en la Izquierda, por lo que todo mimo siempre será poco. No sabemos lo que le pasa de lumbago para abajo, pero manos tan juntas no veíamos desde la Primera Comunión. De lumbago para arriba, un pálido rubor, un obsecuente sofoco, una virtuosa voluntad de rendición ante todo, aunque sea nada. Salvo el viento, que a lo mejor es lo que le ha torcido el tronco. Es el único que parece invitado a última hora pero agradecidísimo de que le dejen figurar en foto ajena. La Pascua Militar, dicen. Ya.

En fin, sin palabras, esto es lo que hay, lo que sobra y lo que falta. No sé qué pinta peor.  

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Que el 2010 sea como 2009, pero algo menos heroico

1 de Enero de 2010 - 12:08:59 - Federico Jiménez Losantos

Ya sé que las felicitaciones tienen algo de banal y que cuando todos se felicitan es como si no se felicitara nadie, pero quiero daros las gracias, de verdad, a los que en este año tan duro, tan hermoso, tan inolvidable, nos habéis acompañado en la aventura de esRadio, la más quijotesca de todas y la que menos se parece a las desventuras del personaje cervantino, espero que por parecerse algo más al libro. En los peores meses del tránsito de la COPE a la nueva radio –de final de mayo a final de agosto–, he entrado a menudo en el blog para animarme con la confianza de Vicky y demás blogueros buenos, que sois muchos. Lo habríamos intentado en cualquier caso, pero hay apuestas que, por arriesgadas, necesitan a veces algo más que la voluntad o la única ambición a la que nunca renunciaremos: decir lo que nos dé la gana. Y en ese riesgo, anima mucho comprobar la confianza, la buena compañía tanta buena voluntad.

No creo que el 2010 que llega sea mejor que el 2009 que se va, pero si nos permite asentar e ir consolidando lo que, casi de milagro, hemos puesto en marcha, nos daremos por satisfechos. A cada uno de vosotros, y en vosotros a cada uno de los lectores de nuestra revista y de nuestro periódico, a cada veedor de nuestra televisión y a cada escuchador de nuestra radio os agradezco, todos os agradecemos a todos todo. Como símbolo de amistad y buen humor os regalo esta foto de los primeros años 80, en Las Ventas, cuando el gran Andrés Amorós aún no era el crítico taurino de ABC, aunque lo merecía.

Postpost: En aquellos años, había tal decadencia de la afición que podían comprarse abonos en cualquier parte de la plaza y media entrada era buena.

Sin embargo, en los medios de comunicación, los predios intelectuales y en los Aficionados de Guisando, que eran, como los toros o verracos célebres, vettones, numantinos y prerromanos en general, cundió un movimiento de represtigio de la fiesta, es decir, de recuperación del toro bravo y del arte de jugársela a la fiera según los cánones. Andrés y yo alternábamos en una columna titulada “Al alimón” dentro de la de toros de Diario 16 que llevaba Alfonso Navalón y luego Barquerito. Dragó pastoreaba “Disidencias” en el mismo diario y escribía de toros a menudo; como él, muchos otros buenos.

Pero no estábamos solos: en “El País”, aparte de las críticas de Joaquín Vidal –el mejor crítico si no habías visto la corrida- podían leerse durante la Isidrada a Javier Pradera y M.A. Aguilar, con los que coincidíamos en antoñetismo. En “ABC”, donde recalé en 1987, además del titular Vicente Zabala (q.e.p.d.) y del procónsul en Sevilla Antonio Burgos, afilaban sus péñolas futuros columnistas como Ruiz Quintano, Tomás Cuesta y Oti Rodríguez Marchante. En Antena 3 de Radio grandes aficionados eran Martín Ferrand y José María García, y el que no iba a los toros no ascendía.

En fin, que aquello como la España de hoy pero al revés: se hundía pero había fuste para rehacerlo. Y se rehízo. Lo poco que yo sé de toros lo aprendí con Andrés durante aquellos años, disfrutando catástrofes. Porque las catástrofes, como los mansos, tienen su lidia. Y, sin ser de Esquilo, puede ser interesantísima.

Lo esencial era mirar con lupa al toro y abroncar a la Presidencia cuando no cumplía los requisitos de envergadura -física y de la otra-, que merecían las Ventas. En la foto, Andrés y yo estamos o fingimos estar cumpliendo el rito de escandalizarnos ante la birriosa condición del toro. Diálogo o fraseo más que posible:

- ¡Utreros en Las Ventas! ¡El año que viene, erales y el siguiente, añojos!.

- Pues yo toros no veo. Un gato por el ruedo, errabundo como Melmoth. ¿O es sardina?

- No. Vertebrado no es y a raspa no llega. Será babosa zaína. Mira, mira cómo se arrastra, pobre criatura.

- Para mí que es bacteria. Traeré mañana el microscopio, no sea virus y nos contagie. Desde luego, en el Arca de Noé no estaba.

- Es que los del Antiguo Testamento eran veterinarios. Y no esto.

- ¡A lo que ha llegado la primera plaza del mundo!

- ¡Primera y última! ¡Qué vergüenza!

- ¡Eso: qué vergüenza!

- ¡Y qué gentuza!

- ¡Eso: qué gentuza!

Total, que lo pasábamos divinamente.   

 

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Que TV3 se fusione con RTVE y colorín, colorado

19 de Diciembre de 2009 - 21:27:54 - Federico Jiménez Losantos

Las dos cadenas de TV creadas de la nada y contra el espíritu de la Ley por Zapatero –la Cuatro y la Sexta– han sido absorbidas simultáneamente por Tele 5 y Antena 3 mediante una operación entrañablemente navideña, con dos ricachos avarientos compadeciéndose de dos pobretones manirrotos, ahorrándoles así la quiebra, el concurso de acreedores y otros lances de la prestidigitación empresarial política, abocada casi siempre a la mendicidad. Es un placer malsano, si alguno no lo fuera, leer los elogios de la alianza, que en rigor es venta barata o sumisión comercial, de Prisa a Berlusconi, reciente huésped desvestido de sus portadas veraniegas. A mí es que con Cebrián me da la risa: ¡pues no culpa al Gobierno de haber creado la Sexta para sus amigos! ¿Y el regalo de cambiar la televisión de pago Canal + por la Cuatro en abierto? ¿No ha sido otra ruina no semejante sino todavía peor? Es tan fatuo el hombretón de Prisa que si estuvieran a punto de cocerlo los caníbales les impondría la cantidad de sal necesaria para condimentarlo de forma progresista. Por mandar, mandaría hasta que le cortaran la cabeza.

Pero lo cierto es que el regalo a Prisa y el regalo a Mediapro han acabado en manos de Berlusconi y Lara, con la diferencia de que los catalanes, que ya han mostrado su obediencia al Tripartito, han ganado un dinero que no tenían –Roures y demás– o van a ganarlo –Lara– vendiendo el fútbol a las colonias de la metrópoli cataláunica y editoúnica. Los progres de Barcelona se han forrado y le han traspasado el chollo al Grupo Planeta mientras que los progres de Madrid se han arruinado y se ha hecho con sus despojos Berlusconi. Diferencia notable: unos, de todo a nada; otros, de nada a todo.

¿Pero y las libertades? ¿Y el pluralismo al que se supone que debería servir el sistema de concesiones políticas de licencias de emisión de radio y TV? Pues si antes amenazaba ruina, ahora se ha venido abajo con estrépito. Zapatero presumía de que con él habíamos pasado de cuatro cadenas nacionales a seis. Y era verdad. Progres e ilegales, pero ahí estaban. ¿Y ahora? ¿Volvemos a las cuatro de Aznar? Sí. Y pueden quedarse en dos, pero con veintitantos canales de TDT de pago, que acabarían con cualquier pluralidad en el sector privado. En el público, Zapatero y Montilla podrían fusionar RTVE y TV3 con todos sus canales de TDT, gratuitos o de pago, que serán seiscientos mil, y por fin habríamos conseguido el eterno sueño totalitario de nuestra clase política: volver al Parte. Y, encima, pagando.

Lo menos sórdido entre tanta indecencia sería que si dos cadenas se fusionan, una licencia salga de nuevo al mercado. Y si son dos pares, dos licencias. Todo lo que no sea eso, supondrá una vuelta de tuerca más a este tornillo que nos falta, que es el de la libertad. Esperaremos sentados, no sea que nos cansemos esperando la tradicional lucha por el pluralismo de los partidos de la Oposición. Lo mismo piden una sola cadena. Para ahorrar.

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Remedios Morales, crisis política y consuelos psicointelectuales

6 de Diciembre de 2009 - 19:15:24 - Federico Jiménez Losantos

Pase lo que pase, siempre nos quedará la Red. Y a los liberales, Libertad Digital. En el penúltimo aniversario –sólo un sádico iletrado lo llamaría cumpleaños- de la Constitución de 1978 todos los signos ominosos de un futuro sin futuro se multiplican. En parte, por cosas remediables pero sin remedio, como la crisis política española por consunción del régimen o de sus regentes. En parte, por cosas irremediables, como la propensión del ser humano a la supervivencia a cualquier precio, con tal de que sea barato. Y no se me ocurre remedio social más barato que la corrupción moral. Con suerte, no se entera ni el que lo paga.

Pero en el Fin de Semana de LD he podido comprobar que, pase lo que pase, siempre nos quedará la sociedad civil. Me llevaron a tan amable seguridad dos firmas recentísimamente incorporadas a nuestro periódico: Carmen Grimau y Remedios Morales. De la primera, recomiendo su crítica de Boris Vian en su última reencarnación editorial: No me gustaría palmarla, aunque me gusten más la preciosa edición y la brillante crítica que el libro mismo. De la segunda, los cinco artículos (aquí, aquí, aquí, aquí y aquí) que hasta ahora ha publicado en nuestro especial semanal sobre la sexualidad humana. Al menos, de esa mitad de la humanidad –"la mitad del cielo", hubiera dicho Mao Zedong, el más famoso e ignorado de los criminales sexuales en   serie–, por la que siempre ha sentido rencor o curiosidad buena parte de la otra mitad.

No quiero privarles del placer del descubrimiento a quienes no hayan visto estas joyas. Sí me atrevo como lector a pedirles un par de cosas. A CG, que empezó escribiendo sobre el argelino Yasmina Khadra y hace esta semana referencia a la famosa canción de Boris Vian "Le deserteur", le pido la última o mejor bibliografía sobre el único con derecho a semejante título franco-argelino, que es Charles De Gaulle. ¿Cabe mayor deserción que llegar al Poder a lomos de la indignación militar por el abandono político de la Argelia Francesa y asegurar su "golpe de Estado permanente", un Vichy aceptable para los aliados, en esa parodia de la famosa "noche de los cuchillos largos" (cuando Hitler asesinó a Rohm y la aristocracia de las SA) que fue la matanza de Salan y los generales golpistas de la OAS? Como los datos sobre el asentamiento en el poder de De Gaulle se hicieron públicos en Mayo del 68 –involuntariamente gaullista al canonizar la V República– y tras el éxito de la novela y la película Chacal, historia del fracaso de la venganza de la OAS en Notre-Dame, donde debía ser asesinado De Gaulle, y ambas fuentes son de limitada fiabilidad, me gustaría leer lo que realmente pasó o se va sabiendo de lo que pasó. Simple curiosidad. ¿Hay un François Furet de la Algèrie Francaise?

En cuando a Remedios Morales, nombre o pseudónimo, sólo le pido que lo mantenga y siga aquí. Las sorpresas de la vida y las recompensas de la sociedad civil, que es como decir internet, son eso, sorpresas: remedios intelectuales contra la desolación moral de este tiempo menguado; remedios materiales contra la flacidez política de la arruinada España. Pero siempre nos quedará París, o sea, Madrid. Casi estoy por firmar:  

Consuelo de la Red.

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Culpables y responsables de lo que está pasando en Cataluña y el resto de España

26 de Noviembre de 2009 - 23:14:29 - Federico Jiménez Losantos

En 1979, treinta años ya, publiqué en Barcelona Lo que queda de España. Nada ha sucedido después que no me haya dado la razón, salvo una cosa: entonces tenía la esperanza de frenar una deriva que acabaría llevándonos a una dictadura lingüística y política en Cataluña y a la liquidación de las libertades en España. Hoy, esa esperanza no está en absoluto justificada. El régimen constitucional de 1978 está muerto. Muerto en pie, pero cadáver. El problema –moral y material– es que quieren hacerle pagar al difunto su propio entierro. Y los albaceas del fiambre están dispuestos a hacerlo.

Cómo hemos llegado a esta situación lo he analizado en diversos libros, en especial la última versión de Lo que queda de España (Temas de hoy) y La dictadura silenciosa (también Temas de Hoy) que defendió Lara Padre ante el déspota Pujol. Y para los que no creen que haya existido hace sólo tres décadas una Cataluña habitable por todos los españoles y propicia a todas las libertades, escribí La ciudad que fue (también Temas de Hoy). Por supuesto, en los libros de artículos y ensayos he dedicado centenares de piezas al proceso liberticida en Cataluña y fatalmente libertófobo en el resto de España. He escrito tanto que estoy aburrido de acertar.

No voy, pues, a repetirme. Pero cuando caen las caretas, la corrupción se envuelve en la bandera de una patria inventada y la sedicente nación catalana se convierte en el último refugio de los bribones, de Barcelona y de Madrid, debemos constatar una realidad que el populacho ovino se niega a ver: una casta política apestosa ha liquidado el régimen constitucional del 78. Y lo ha hecho sin reforma legal, sin alternativa política, y sin darnos siquiera la posibilidad de votar si lo enterramos. Y como decir "casta" es demasiado genérico, señalaré los que, a mi juicio, son los tres autores principales de este inmenso magnicidio que es el asesinato de España.

Las responsabilidades son muy fáciles de establecer: el máximo culpable es Zapatero; su cómplice necesario, Rajoy. Y el máximo responsable, el Rey.

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Rajoy, Arenas, Cospedal y Tal y Tal: ¿cuándo expedientáis a Fraga?

9 de Noviembre de 2009 - 23:48:28 - Federico Jiménez Losantos

Vaya por delante que decir lo que uno piensa sobre la dirección del partido, sea cual sea el partido y sea cual sea la dirección, me parece saludable, democrático y lo manda la Constitución. Pero ya que el marianismo en pleno, incluido el Álvaro de Luna de Rajoy, que es Camps, ha decretado la Ley del Silencio dentro del PP, tras la embestida de Fraga contra los presidentes del PP y la Comunidad de Madrid y Valencia –a Camps le imputa los delitos de trajeo y trajineo, como el dizque espiado Cobordón hizo con Aguirre, aunque no a satisfacción de Fraga– el Politburó del PP debe demostrar que la amenaza iba en serio. Y, naturalmente, abrirle expediente al Presidente Fundador, Veterano o Terry.

Arenas, al que se le está desmandando el rebaño, acaso porque no se atreve a pastorearlo con todas sus consecuencias, ha vuelto a decir, casi al tiempo del exabrupto de Fraga, que "los micrófonos no están para criticar a los compañeros de partido". Bien es verdad que dentro del partido tampoco se puede criticar a Rajoy y sus Marianos Automáticos, así que lo que Arenas predica realmente es que en el PP todo el mundo chitón y mucho cuidadito.

Todavía resuena la crítica de la Fatal Cospedal a su "madrina" Aguirre por no haberse presentado ante el gangbang de Génova 13, Rue del Percebe, donde habría sido maltratada por los siempre derrotados caudillitos del PP. Todavía resuena el ensordecedor silencio de la pandilla genovesa sobre el respaldo inmediato e incondicional de Gallardón a las mentiras de Cobo, cuya suspensión de pagar las cuotas, siendo tan escandalosamente ridícula, bien podría haber compartido su amo moral, ese enemigo de la libertad, amante del amor y amigo del déficit y la deuda ruina, sito en Ambiciones. Y todavía, al escribir esto, no tengo noticias de que Rajoy, Arenas, Cospedal y Tal y Tal le hayan abierto expediente a Fraga, gran protector de Gallardón, al que hizo sustituir a Verstrynge tras su hazaña como abogado del líder de AP al secuestrar por dos veces la revista Cambio 16, que había publicado que Almirón, escolta de Fraga, era o había sido de la Triple A. Ya se sabe que el respeto a la libertad de expresión, sobre todo si la ejerce la derecha liberal, es una de las características más acusadas de Gallardón.

Si no expedientan a Fraga, como no expedientaron a Gallardón ni exigieron dejar el cargo de portacoz del Ayuntamiento al expedientadito Cobo, los del Politburó del PP ya no tendrán excusa ni siquiera cuando los atropellen a ellos. Que los atropellarán.

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Rajoy, hacia el II Congreso de Bulgaria, capital Madrid

1 de Noviembre de 2009 - 21:59:22 - Federico Jiménez Losantos

Me gustaría equivocarme, porque no siempre es buena en política la ley de los desesperados: cuanto peor, mejor. Sin embargo, parece inevitable en el destino de España, es decir, en el actual curso desordenado de sus cosas, que la desaparición de un sistema yerto aunque insepulto se produzca por la lenta degradación de las funciones vitales en lo que un día fue -o creímos que era- cuerpo constitucional vivo; pero que hace ya tiempo que es sólo cáscara vacía, dolor sin esperanza y sin ilusión de cura o de milagro. El momento clave del fin del régimen constitucional español llega cuando la Oposición a la liquidación nacional se rinde a los liquidadores, es decir, cuando el PP se rinde ante el PSOE porque no puede, no quiere, no sabe o no le conviene seguir resistiendo. No es que previamente no hubiera renunciado ya a muchas cosas: la más importante, desde el principio, es la igualdad de derechos (primero lingüísticos, luego todos) de los españoles. Sin embargo, al menos su discurso político parecía mantener dos ideas: la legitimidad de la Nación española como fuente única de toda legalidad y la libertad de los ciudadanos garantizada en igualdad ante la Ley.

Hoy ni los ciudadanos son iguales ante la ley, ni tiene garantías su libertad, ni tenemos, en consecuencia, Estado de Derecho, ni hay posibilidad de apelar a la legitimidad de la Nación para restaurar o reformar el Estado. No estamos en un proceso revolucionario o constituyente, sino arteramente anticonstituyente, que desmonta por la sucia vía de los hechos consumados el Estado de Derecho que diseñaba la Constitución de 1978, refrendada por una amplísima mayoría del pueblo español, titular único de su soberanía. No asistimos al cambio de un régimen por otro, sino a la demolición del Estado previa destrucción de la soberanía popular y la legitimidad nacional. Y siendo esto gravísimo, hay algo todavía peor: no existe proyecto alguno para España, salvo el de ir encadenando Presupuestos y Elecciones como si no pasara nada. Más vil: sabiendo que pasa y proclamando que no pasa. Estas circunstancias, denunciadas por el principal partido de la Oposición, podrían haber desembocado en la esperanza y la posibilidad de volver a la letra y al espíritu del régimen constitucional si el PP ganaba las elecciones. Era el espíritu que alentaba el recurso contra el Estatuto de Cataluña, para el que recogió más de cuatro millones de firmas. Pues bien, eso es lo que, en el espíritu desalmado de estos tiempos, ha desaparecido también en el PP. Y lo hace sin avisar, rectificar o explicarse ante la ciudadanía, y muy en especial ante los diez millones que votaron al PP de Rajoy hace un año.

Desde entonces, Rajoy ha traicionado su programa electoral y, por tanto, a sus votantes. Y lo ha hecho sin dar oportunidad democrática de votar a los militantes y orquestando un congreso "búlgaro" en Valencia para seguir en el cargo a cualquier precio. Y el precio ha sido altísimo. Ha dado la espalda a Zaplana y Acebes, triturados ferozmente durante cuatro años por el PSOE como símbolos del PP, diciendo que "se presentaría con su propio equipo", negando de paso cualquier relación con Aznar, justo el que lo nombró. Ha echado del PP, previa campaña de demolición orquestada desde Génova 13, a María San Gil. Ha despreciado en el parlamento a cualquiera ligado o identificable con Aznar, empezando por Pizarro, su número 2 por Madrid.

Se ha identificado hasta extremos risibles con Gallardón, al que negó previamente ese número 2, para tener el mismo trato de favor de PRISA que el alcalde de Madrid. Impidió que hubiera alternativas a su candidatura de Valencia con un sistema de compromisarios que era una burla a la democracia y un canto al caciquismo. Se apoyó en Arenas y Camps al precio que Gallardón y PRISA le pedían, que era doble: en primer lugar, atacar a los medios que más le habían apoyado hasta la voltereta búlgara, El Mundo y la COPE (donde presionó a través del pío Jorge Fernández para lograr la salida de los periodistas críticos con él) por decirle, supuestamente lo que debía hacer; pero, en segundo lugar, él sí hizo lo que mandaban Cebrián y Gallardón, que era romper con Esperanza Aguirre. Así lo hizo en el discurso de Elche tras la farsa búlgara, cuando retó a irse "al Partido Liberal o al Partido Conservador" al que no quisiera seguir el nuevo guión político del PP, "moderado" y "centrista", o sea, el de PRISA y Gallardón. También a satisfacción de ambos se cargó a Sirera en el PP catalán para romper la línea de confrontación con los nacionalistas, plasmada en el recurso al Constitucional contra el Estatuto. Y lo sustituyó por Sánchez Camacho en una grotesca operación que estuvo a punto de lograr, de rebote, la victoria de Nebrera, que ha acabado yéndose del PP.

Estalló el Caso Gurtel, y Rajoy mantuvo al implicadísimo Bárcenas, como tesorero del PP. Tras negar toda evidencia, hizo también bandera del apoyo a Camps en las elecciones europeas (Mayor lo proclamó el hombre "más honrado de Valencia y de España") y todavía en Septiembre montó otro mitin gigantesco y una paella multitudinaria para identificarse con el PP de la Comunidad Valenciana. Mientras respaldaba a los afectados por Gurtel, Rajoy –con el explícito y habitual apoyo de Gallardón– apoyaba un grotesco montaje de El País contra Esperanza Aguirre y llegaba a abrirle expediente, que archivó sólo cuando El Mundo demostró las falsedades del supuesto espionaje contra el gallardonismo, al que ha vuelto Cobordón.

Cambió el clima gurteliano y cambió Rajoy. Dejó de apoyar a Camps pese a haberlo pactado en el indiscreto almuerzo del Parador de Alarcón, en la línea exhibicionista del mitin-paella. Se proclamó engañado por Camps y acabó echando al secretario general, Ricardo Costa, al que por otra parte reconocía su honradez y no imputaba delito alguno. Pero el PP valenciano se negó a respaldar la defenestración y no firmó su cese como secretario general. El pasado lunes, último de octubre, Gallardón, aunque con fotos de archivo de su "esclavo moral" Cobo, cargó de forma soez contra Aguirre por no mantener a Blesa o poner en Cajamadrid a Ignacio González, nada afecto a PRISA, que debe a la caja 750 millones de euros de los 3.000 que hacen imposible su supervivencia (el grupo vale 2.000 y debe 5.000). Rato, aunque alineado con Esperanza frente a Gallardón, siempre fue devoto de PRISA, como demostró en el clamoroso incumplimiento de la sentencia del Supremo contra el "antenicidio" a cambio del apoyo para suceder a Aznar.

Rajoy y Cospedal apenas disimulaban su apoyo a Cobo y Gallardón (que respaldó públicamente los insultos –"vómito", "gestapillo"– contra Aguirre) escudándose en un supuesto reglamento de garantías del PP, pero provocando que 107 de los 110 alcaldes de Madrid apoyaran públicamente a su presidenta y pidieran la expulsión de Cobo, cosa que estuvo a punto de suceder en el propio Ayuntamiento de Gallardón. Que, por cierto, salvó a Cobo con una votación "a mano alzada" y ante él mismo, una fórmula que hubiera resultado groseramente antidemocrática en la mismísima Bulgaria. Tuvo entonces la ocurrencia Ricardo Costa de hablar como lo que era y es legalmente: secretario general del PP de Valencia, pidiendo muy respetuosamente que le dijeran de qué se le acusaba. A los pocos minutos era suspendido de militancia, mientras Cospedal proclamaba sus palabras mucho más lesivas para el partido que las de Cobo y Gallardón. Y tras la alcaldada, anuncia ahora Rajoy un discurso "muy duro" para el martes. Será duro, pero nada nuevo: ya lo oímos en Elche. Todo indica que Rajoy prepara el II congreso de Valencia, pero esta vez quiere que la capital de Bulgaria sea Madrid. Veremos. Madrid es Madrid y hasta el rabo todo es toro.

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Mankell pierde la memoria de Wallander

18 de Octubre de 2009 - 23:01:00 - Federico Jiménez Losantos

El hombre inquieto es posiblemente la última novela de Henning Mankell con Kurt Wallander como personaje. Más de una vez he comentado aquí esta serie del gran novelista sueco, incluidos los intentos de enterrarle por parte de su autor. No es raro; les pasa a muchos novelistas creadores de un detective que se sienten agobiados por él cuanto más sea el afecto del público. Quizás el caso más claro es de Kay Scarpetta, de Patricia Cornwell. Pero casi nunca se impone el autor –una excepción puede ser la de Anne Perry– y esa suerte, o sea, esa muy mala suerte ha corrido Mankell, que lo ha intentado todo: desde buscarle sucesora en su hija Linda, también policía, y buscarle sucesor en uno de sus ayudantes, que sólo sobrevivió un título. Lo realmente extraordinario es la fuerza de ciertos personajes, sobre todo cuando el autor los quiere matar.

En esta novela, la novedad es que Mankell va describiendo de una forma muy cuidada, detallista y perfectamente verosímil el proceso de envejecimiento o, más bien, el del deterioro físico de un hombre que sólo acaba de cumplir sesenta años pero que, además del estrés a cuestas como buen policía, lleva una vida muy poco saludable: sobrepeso, alcoholismo, diabetes (asuntos ya tratados en otras novelas de la serie) y el elemento realmente decisivo: las lagunas o fallos de memoria que preludian desde las primeras páginas el proceso de lo que, de forma algo imprecisa, entendemos como Alzheimer.

No quiero entrar en los detalles de la trama. Pero sí adelanto dos asuntos: la reflexión política sobre Suecia y el futuro de Occidente es más clara o vuelve a la claridad de las primeras novelas, aunque sin la angustia socialdemócrata que les confería un perfil especial; y, el más importante, uno no puede sustraerse a la impresión de que Mankell nos está contando su propio entierro, que el extravío de la memoria de Wallander es el suyo propio y que la forma minuciosa de describir el proceso de extravío intelectual o, mejor, mental, responde a una experiencia no sólo del personaje (verosímil porque ya en una o dos novelas trató de la diabetes de Wallander) sino del propio novelista.

A lo mejor es una impresión mía, porque cuando seguimos a un autor de novela negra y a un detective en concreto durante varios libros, tendemos a adivinar sus movimientos o, al menos, a creer que los adivinamos. Pero esta es una de las ventajas del blog: si todavía no lo han leído –ha salido esta semana pasada– asómense a la novela y cuéntenme qué les parece. Se lo recordaré.

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