Nos
tiene acostumbrados este Gobierno a hechos bochornosos, y no me refiero a la
fuga de Kosovo, que ha sido objeto de crtica de todo el mundo, sino a la
reaccin que ha tenido juntamente con la izquierda progre ante las palabras del
Papa en su viaje a Camern. Suele ser vergonzoso y ofensivo el lenguaje que se
utiliza por los progres espaoles, en temas que afectan a la Iglesia catlica, pero en
este caso se han pasado mucho. Hemos podido ver, cmo en lugar ofrecer una
informacin objetiva y veraz de la visita que el Papa ha hecho al frica
catlica, se ha pretendido ridiculizarlo con el cuento del condn, y con el
envo, con gran dosis de demagogia, por parte del Gobierno espaol de 125.000
euros para proveer de preservativos a los pueblos que visitaba el Papa, como si
ese fuera en estos tiempos el problema de Espaa, y echando as una cortina de
humo sobre el atormentado paro.
En
primer lugar convendra saber lo que ha dijo el Papa y luego los resultados que
ha tenido su enseanza, precisamente, en muchos pueblos de frica. Lo que dijo
el Papa yendo hacia Camern respondiendo a una pregunta de un periodista
francs, y que se difundi por los noticiarios que informaron bien, fue que: No
se puede resolver el flagelo del SIDA con la distribucin de preservativos: al
contrario, el riesgo que se corre es el de aumentar el problema. Ciertamente,
no se atuvo a lo polticamente correcto inventado por los progres, sino que
habl sobre datos de una experiencia y de estudios cientficos hechos en frica,
cuando dijo: que es
mucho ms efectivo para luchar contra el SIDA una educacin sexual responsable,
que potencie el papel del matrimonio y la familia, que la difusin del uso del
preservativo y la destruccin de la familia tradicional, que, adems, es a la
que se recurre cuando una vida de despilfarro, como la que se ha promovido, hace
quiebra, pues tambin en esta materia es efectiva la familia
tradicional. Claro que esta doctrina est en
contra de lo que tienen que predicar los profesores de la Enseanza para la Ciudadana, que en
realidad promocionan una educacin sexual, que camina hacia la promiscuidad.
Luego
debemos recordar los movimientos de cientficos, que ya estn de vuelta de estas
teoras progresistas. El mayor experto en epidemiologa del SIDA, profesor en
Harvard, Edward C. Green, despus de grandes estudios sobre esta materia en
frica, manifiesta sin paliativos que a mayor disponibilidad de preservativos,
aumenta la tasa de contagio. As que a pesar de tantas crticas, el criterio
vlido avalado por los cientficos es el que el Papa aconsej en Camern.
Entrado en algunos datos de los estudios, el citado experto en epidemiologa del
sida Edward C. Green, especialista en la integracin de indgenas y en modernos
sistemas de sanidad, y que ha sido director de numerosos proyectos de USAID, el
pasado mes de abril publicaba en la revista de pensamiento First Things, que
el SIDA se ha reducido en Uganda, Kenia, Haiti, Zimbabwe, Tailandia y Camboya, y
en zonas urbanas de Costa de Marfil, Etiopa, Zambia y Malawi. Y cul haba
sido el tratamiento? Sencillamente, el haber impulsado en la poblacin la vuelta
a las costumbres de la familia tradicional, reduciendo el nmero de parejas, y
aumentando la fidelidad, la monogamia y la abstinencia.
Es
una materia que se viene trabajando desde hace ms de 20 aos y se han lanzado
programas como el trazado en 2004 en la revista mdica The Lancet, donde 140
expertos de 36 pases proponan el mtodo ABC, es decir, (Abstinence, Be
faithfull -s fiel- y Condom) comprometindose con una actuacin uniforme.
Del estudio se conclua que lo ms seguro y eficaz eran los modos A y B, puesto
que el condn no elimina el riesgo sino que lo sumo lo reduce. En
otra ocasin con motivo de una entrevista en el National Review Online, Edward
Green reconoce que la mera distribucin de
preservativos, sin un cambio de comportamiento, puede aumentar el peligro de
contagio de de SIDA, pues a
mayor disponibilidad de preservativos, aumenta la tasa de contagio por
desidia de las personas. El preservativo no elimina
el riesgo de contraer la infeccin, sino que solamente lo reduce, y
cuando se usa alguna tecnologa para reducir un riesgo, como el
preservativo, a menudo se pierden los beneficios asumiendo un mayor riesgo que
si uno no usara esa tecnologa, porque puede
propiciar conductas irresponsables que incrementan el riesgo de contraer la
enfermedad.
Hay
una creencia generalizada que la Iglesia condena el preservativo por
ser pecado, conste que eso es un error, pues el preservativo ni quita ni pone
nada a los pecados sexuales. Lo que la Iglesia condena directamente, como se
deduce de toda la enseanza bblica, es la fornicacin y el adulterio, con
independencia del uso de condones. Adems, no s por qu se ponen nerviosos los
progres, pues esta enseanza o precepto se dirige slo a los fieles de
la Iglesia, y
a los que la escuchan libremente, a los dems no les afecta en nada, por lo que,
a qu viene tanto enojo y enfado. En cuanto a los catlicos, que es a quienes se
dirige, lo que est prohibido son los pecados sexuales lo hagan con condn o sin
l. El uso del preservativo nicamente puede afectar a una pequea cantidad de
catlicos casados, a aqullos que por estar enfermo el otro cnyuge con el SIDA
u otra enfermedad contagiosa puede tener problema. Y a estos casos la moral
cristiana da alguna solucin, pues se puede aplicar la doctrina del mal menor
que el cardenal Javier Lozano Barragn, siendo Presidente del Consejo Pontificio
de Pastoral Sanitaria, expona as: Si en la legtima defensa de la propia vida
se puede llegar incluso a matar al agresor. En el caso de un marido enfermo de
SIDA, la esposa tiene derecho a que su cnyuge utilice el condn.
La
doctrina de la
Iglesia tiene recursos para los casos conflictivos, pero la
proliferacin de preservativos, por el peligro en general, es no slo peligroso
sino perjudicial, como dice el citado Edward C. Green y los expertos que
investigan esta materia, lo ms eficaz en frica ha sido educar en abstinencia y
la monogamia, como demuestra desde hace aos el caso de Uganda y, recientemente,
el de Kenia, pases que han invertido en estos valores y han visto reducirse los
contagios. As sostienen que el modelo en la lucha contra el SIDA sigue siendo
el ugands, donde el Gobierno adopt en los aos 80 un programa que deca
qudate con tu pareja o s fiel, y se ha reducido la enfermedad del 20% al 6%, con la vuelta a los valores
de la familia.
Francamente resulta
extrao que nos quieran meter ahora una nueva sala de los Derecho Humanos en el
edificio que utiliza la ONU en Ginebra, y que fue en otro tiempo
de la
Sociedad de Naciones, porque ya en dicho edificio existe una
Sala con este ttulo, y decorado por un pintor espaol. Por mediacin de Salvador de
Madariaga, el pintor espaol Jos Mara Sert y Bada se encarg de la
ornamentacin de la gran Sala del Consejo del Palacio de la Sociedad de Naciones en
Ginebra (1935-1936),
desarrollando una serie de alegoras de la Guerra y la Paz, del Progreso de la Humanidad, de
la Justicia y
del Derecho Internacional. Qu pretende el Gobierno espaol
con la nueva Sala de Barcel? Ignorar y olvidar la obra de Sert? Ms bien parece por una gran
incultura, impericia e ignorancia de lo que tenemos en Ginebra, o a lo mejor se
pretende matar la autntica idea de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones
que plasm nuestro gran pintor Sert con un gran
simbolismo.
Por las fotografas que
se han publicado en los diversos medios, la nueva sala que se ha embadurnado de
pintura y la antigua del pintor Sert no tienen ni punto de comparacin.
Difcilmente en los montones de pintura de Barcel se puede ver el simbolismo de
los Derechos Humanos y menos una Alianza de Civilizaciones. Entonces a qu
responde ese gasto de 20 millones de Euros, que no quiero traducirlo en pesetas
porque supone una barbaridad, cuando tenemos ya en Ginebra una magnfica
creacin artstica sobre el mismo tema, y que no se va superar? Gastos
polticos de un Gobierno megalmano? No es el momento para tales gastos cuando
los centros de Critas se llenan de gente que solicita lo elemental para
comer. No es cierto que el arte no tiene valor, como deca el Ministro
Moratinos. Tiene el que el pblico comprador quiera darle, pues el pintor puede
valorar su trabajo en el precio que quiera, pero tendr que guardarla en su
propiedad o darla al precio que se le d el comprador. Por tanto tiene el valor
que la sociedad le d. En este caso de donde procede que la picarda, la
ineptitud y la incultura califiquen esta obra como la Capilla Sixtina del
siglo XXI? Quin iba a soar, como les ha pasado a algunos artistas, que el
apoyar ciertas polticas era un oficio tan rentable? Es evidente que cuando no
se alcanzan los fines pretendidos y no se simboliza la realidad, hay tapar y
calificar con rimbombante eptetos.
Si nuestros polticos
han estado en Ginebra cmo no han visto la Sala dedicada a los Derechos Humanos
decorada por Jos Mara Sert? Pintada en reconocimiento de la labor de
la Escuela de
Salamanca a favor de la paz mundial y los Derechos Humanos, parece que nadie ha
advertido cmo ste pintor plasm en el techo de la Sala del Consejo del Palacio de
la Sociedad
de Naciones en Ginebra, hoy Sede de la ONU, una gran alegora utilizando, como
era propio en l, colores
moncromos, sepias y dorados, y con
figuras colosales en las que los
volmenes se muestran con progresiva desnudez.
El
plafn central es una alegora de los continentes, donde cinco colosos simbolizan las cinco partes del mundo, unidos con
sus manos en un amplio espacio. Esas cinco gigantescas figuras que destruyen un arco -smbolo
de la guerra- representan
las consecuencias de las
guerras, con su doble versin de vencedores y vencidos, mientras en los extremos
avanzan las alegoras de la paz muerta y la paz resucitada. En los laterales se representan los
xitos de la humanidad y las virtudes que los guan. En el centro del plafn el Derecho Internacional de
Francisco de Vitoria. ste personaje forma la unin de la
clave de la bveda alegrica de la
sala, que como describe L. Perea: A sus pies, sabios espaoles
discuten, rodeados de alumnos, en la famosa Universidad de Salamanca, donde enseaban en el siglo XVI, los
principios de la paz y fraternidad. El artista representa al maestro Francisco
de Vitoria mostrando el camino a los juristas que, inspirados en su doctrina,
formularon las normas de Derecho Internacional. El objeto de exaltacin tena por fin
honrar la figura del gran maestro Francisco de Vitoria desde su ctedra de
Salamanca, fue el primero que formul la nocin del Orbis concibiendo el mundo como una
unidad poltica que tiene el poder de hacer leyes aplicables a todas las
naciones y a todos los hombres. En una poca tan atormentada por los conflictos
religiosos y las guerras de conquista, Vitoria afirmaba que la diversidad de
religin no era causa justa de guerra, ni lo es tampoco el deseo de ensanchar
el imperio, ni la gloria o cualquier otra ventaja del prncipe; que no
existirn la paz y la concordia
entre los pueblos, hasta que la violencia no quede eliminada como arma de
razn.
Es la Sala de la paz, donde la
declaracin de Vitoria sobre los derechos del hombre y de los pueblos an
resuena como en aquellas lecciones de Salamanca. Se recuerdan los principios
jurdicos de su doctrina, que merecen ser contemplados despacio, pues dieron
lugar al Derecho Internacional y a algo que no se ha afirmado tan claramente, a
las bases y a la estructura de los Derechos Humanos, hoy tan en boga. Cuando el
maestro dictaba las Relecciones sobre el problema indiano, como ejercicio de las
lecciones magistrales que los catedrticos tenan que dar cada ao en
la
Universidad de Salamanca del siglo XVI, se enfrentaba con unos
sucesos nuevos: el descubrimiento de un continente y el encuentro con otras
culturas y unos pueblos desconocidos hasta entonces. Ante estos hechos presenta
una pregunta fundamental: Qu consideracin jurdica hay que dar a todos los
hombres y a todos pueblos? Su
respuesta que fue la va clara para
llegar a los Derecho Humanos est plasmada en la Sala del Palacio de
Ginebra.
Segn dicen las
crnicas, el martes se ha inaugurado otra sala en el mismo palacio de Ginebra
que pomposamente califican de Sala de los Derechos Humanos y de la Alianza de Civilizaciones.
A los que hayan asistido a esa inauguracin les rogara sencillamente que
visiten la sala de los Derechos Humanos de Jos Mara Sert, y que hagan una
reflexin y un estudio comparativo entre una y otra pintura, con independencia
del gasto que cada una haya tenido, examinando el simbolismo que han sabido plasmar uno y
otro pintor.
Hay en la realidad social de estos tiempos
muchas cosas difciles de comprender, pero ninguna como la sin par salida del
juez Garzn. Hablo de la providencia de 28 de agosto de 2008, por la que oficia
a innumerables entidades pblicas y privadas, para que informen a las personas que
l enve de las muertes violentas, desapariciones, enterramientos annimos y
exhumaciones presuntamente incontroladas hasta ahora, por lo que el jurista
Horacio de la Oliva extraado exclama:
Escribo porque, como ciudadano y
como jurista, me parece que no debo pasar en silencio un episodio judicial de
grave ilegalidad y de an ms grave tolerancia del abuso de poder.
Son muchas las razones por
las que no tiene ni pies ni cabeza, desde el punto de vista procesal, esta
pretensin del referido juez. Aunque es cierto, que si Garzn se siente
historiador puede hacer una investigacin sobre todos los hechos que se presumen
en su providencia, y sobre cualesquiera otros de la historia. Pero que lo haga
como una labor privada, de la que es libre toda persona que quiera entrar en
este tipo de estudios, si es por su cuenta y riesgo, no con recursos del Estado,
mandando a la Polica Judicial a
recoger datos, y, adems, teniendo
en cuenta, que las personas a quienes pregunte tienen plena libertad para
facilitarle datos o no. Lo que no puede hacer es urgir mediante una actuacin
judicial y utilizando los medios pblicos que le concede su funcin de juez.
Pero
parece que se ha propuesto llevar esta accin utilizando el derecho procesal, lo
que constituye tal incoherencia que hace dudar del juez. Y por si fuera poco, a
quien primero dirige el requerimiento es a la Conferencia
Episcopal. Pero
parece que se ha propuesto llevar esta accin utilizando el derecho procesal, lo
que constituye tal incoherencia que hace dudar del juez. Y por si fuera poco, a
quien primero dirige el requerimiento es a la Conferencia
Episcopal Espaola,
para que comunique a las parroquias que permitan el acceso a la Polica
Judicial
que l designe, con la finalidad de identificar las posibles vctimas
desaparecidas
a partir de cierta fecha, y lo hace en virtud de lo que el Centro
Documental
de la Memoria
Historia informa en fecha 14 de agosto de 2008. Se ha dirigido
a quien debe saber que por sus estatutos no tiene poder sobre las dicesis,
que
son independientes en sus actuaciones y mucho ms en la administracin de las
parroquias. Cmo esta ignorancia de un juez? Es que no sabe que
la Conferencia
Episcopal Espaola no tiene facultades en esta materia? Item
ms, es que no sabe que los registros de las parroquias no llevan libros de
desaparecidos, sino slo de las personas que se han enterrado en su cementerio?
Y lgicamente stos, los enterrados en el cementerio, no son los que le interesa
requerir a las parroquias porque ya las tienen sus familias. Qu puede buscar
con esta peticin de muertes violentas, desapariciones, enterramientos annimos
y exhumaciones presuntamente incontroladas, sino acusar a la
Iglesia?
Adems, el procedimiento
judicial, con el que debe actuar un juez, tiene unos elementos precisos que no
pueden faltar, como son los sujetos, el objeto, la competencia y un proceso por
cauces claramente definidos, pues bien ninguno de estos elementos se cumplen en
este caso.
En primer lugar, como
enuncia la providencia, no hay ningn sujeto a quien incriminar, esto es, que
pueda figurar como acusado, ya que en este caso han muerto todos los posibles
acusados y no hay a quien citar en el juicio para que siente en el banquillo. O
mejor dicho, si hay uno que es Santiago Carrillo sobre quien pesan las matanzas
de Paracullos, hechos fciles de probar, por lo que s quiere, ah tiene una
persona a quien incriminar, porque estuvo implicado en estos crmenes. Y aun
ms, no hace mucho se present escrito de acusacin contra l, como presuntamente implicada, por lo que se poda
introducir una causa. Pero no, el mismo juez Garzn se neg a admitirla Y si
neg a esta causa, cuando ah estn los crmenes. Cmo va ahora a introducir
una causa sin ningn acusado? Realmente producira risa estas pretensiones, si
no fuera que el Gobierno apoya su actitud, aduciendo la buena intencin del juez
para cerrar heridas histricas Es que el Ejecutivo no lo ha intentado con su
Ley de la Memoria Histrica
para que venga ahora a incitar a un juez en lo que l est fracasando? Es
deseable que desde el Estado no se confunda el ejercicio de la potestad
jurisdiccional con un paliativo
histrico-social.
En segundo lugar, hay un error no menos rechazado en el proceso
como es la
inquisitio
generalis, es decir, la falta de concrecin del objeto. Cmo no sabe un juez,
que un proceso penal tiene que tener como objeto, incluso en su fase inicial de
instruccin, un hecho delimitado con apariencia delictiva y merecedor de
investigacin, y que parezca que tiene una pena? El hecho puede ser simple,
complejo o muy complejo pero siempre ha de estar delimitado y con apariencia
delictiva. Y lo que aqu pretende el juez es una inquisicin general sin fines
claros. El proceso es un mtodo de investigacin con lmites muy definidos, y
que proporciona la posibilidad de que todas las partes puedan intervenir
posicionndose como acusacin o defensa. En este caso no s si se ha hecho una
peticin de auxilio judicial, que acaso se ha hecho por algunos sectores,
entonces debe limitarse a esa peticin, pero repugna la amplitud que el juez
propone.
En tercer lugar, a esto hay que aadir, que no puede ser
objeto de instruccin este proceso, porque en 1978 hubo una amnista general,
que, segn los tcnicos, inclua todos los delitos anteriores, tambin los que
se citan en esta providencia, y que fue para poder alcanzar el consenso que dio
paso al actual sistema democrtico, lo que imposibilita entrar en el estudio
procesal de este tema.
Todava hay algo ms, la falta de competencia de
la Audiencia
Nacional en este tipo de asuntos. Su competencia es
extraordinaria y por tanto tiene unos lmites muy determinados entre los que no
se incluye esta materia. Y si alguien quiere hablar de genocidio, que ningn
buen jurista lo hara, es un tema que se sale de su competencia, y tendra que
pasar a un tribunal muy especial que no existe en
Espaa.
Como conclusin, D. Baltasar Garzn puede
hacer como, tambin, cualquier
persona interesada por tener familiares entre esos muertos o desaparecidos, o
por simple aficin a estudios histricos, una investigacin histrica de los
fallecidos y desaparecidos, as como dedicarse a trabajar en las fosas comunes y
tratar de identificarlos en cuanto resulte posible. Pero debe costearse este trabajo por su cuenta
o consiguiendo subvenciones de entidades y fundaciones para llevar a cabo sus
pretensiones, pero no es legtimo que esto lo haga por medio de un proceso
judicial y valindose de su categora de juez, ni tampoco utilizando los medios
Aunque
no es extrao por toda la trayectoria que ha recorrido el profesor Peces-Barba,
causa estupefaccin la interpretacin que hace de las relaciones Iglesia-Estado,
uno de los Padres de la Constitucin. Le aconsejara
que lea y estudie la magnfica leccin que sobre esta materia ha tenido estos
das el Cardenal Rouco Varela al entrar como Miembro en la Real Academia de
Doctores. Sin afirmaciones extemporneas y atenindose a la historia y al
significado de los trminos de la legislacin ha hecho una brillante exposicin
de toda la problemtica de las relaciones Iglesia-Estado, poniendo las bases
para dialogar y tratar el tema.
Muy de
otra forma es como se ha expresado el profesor y exrector de la Carlos III. Da la
impresin que no domina el tema, y que recita lo que le prepara el equipo que
tiene en la ctedra Fernando de los Ros, que s defiende, aunque con poca
lgica, eso de que los acuerdos con la Iglesia catlica son
preconstitucionales porque fueron estudiados y acordados antes la Constitucin.
Pretende acusar ahora una irreal inconstitucionalidad de los
acuerdos, lo que no hizo en su momento, cuando fueron aprobados, con Peces-Barba
como uno de sus fautores, por el Parlamento con todos los requisitos de los
tratados internacionales. Y qu es lo que se acusa? La formalidad o la materia
de fundo, pues es irrelevante cundo se estudia y prepara un tema, lo decisivo
ser su aprobacin. Si la formalidad, qu es lo que hay acusar, si se aprob por
el Parlamento con todos los requisitos para ese tipo de acuerdos. Y si se trata
de la materia de fondo, que parece que es a lo que se refieren sus impugnadores,
por qu en 1992 elabor Dionisio Llamazares, brazo derecho de Peces-Barba en
esta materia y entonces director General de Asuntos Religiosos, los acuerdos con
Evanglicos, Judos y Musulmanes que son una reproduccin de los acuerdos con
la Iglesia
Catlica, y se aprobaron. Y por qu no impugnan tambin estos
acuerdos?
Tuve la
oportunidad en otro artculo (LNE. 29/10/2007) de mostrar cmo Peces-Barba no
saba interpretar la objecin de conciencia del artculo 30 de la Constitucin, objecin
al servicio militar que se haba introducido por expresa propuesta suya, pues
bien, en esta ocasin tambin tengo que decir, por la interpretacin que ha
hecho estos das en el Seminario Laicidad y Democracia en su ponencia de
Laicidad, libertad de conciencia, pluralismo y pacto para la convivencia, que
no conoce el contenido del artculo 16,3 CE a pesar de haber intervenido en su
elaboracin como Padre de la Constitucin. Este
artculo en ningn momento habla de un Estado laico, y mucho menos de la
laicidad. La
Constitucin tiene que decir expresamente las cosas no
sobreentenderlas para una interpretacin tergiversada de algunas
ideologas.
Si el
profesor Peces Barba hace su interpretacin diciendo que la Constitucin afirma la
laicidad, hay que concluir que no supo lo que copiaba cuando colabor en la
redaccin de nuestra Carta Magna, pues la expresin: ninguna confesin tendr
carcter estatal (art. 16,3 CE), es una traduccin literal de la Constitucin alemana
de Weimar, y en Alemania nadie cree que se afirme una laicidad. Esta expresin
tena justificacin en aquel pas porque las religiones admitidas eran del
Estado, para las que tena su Departamento de donde dependan, y con esta norma
lo que se hizo fue dar libertad a las confesiones, para que en el futuro no
dependieran de la
Administracin del Estado. En Espaa no haba tal problema y se
debera haber encontrado otra frmula que respondiera a su tradicin, porque
aqu nunca hubo Iglesias del Estado. Por tanto, lo que dice la Constitucin en esta
materia es que las confesiones son libres y que se rigen por sus propias normas
sin ninguna dependencia del Estado. Y nada ms.
Se
puede dar mayor independencia a las confesiones? Si se hace una nueva ley de
Libertad Religiosa, lo nico que se puede intentar es filtrar limitaciones en su
texto, sino se pretende llegar a que las confesiones dependan del Estado, o lo
que parece ms probable hacer de la laicidad una confesin que se imponga a
todos los ciudadanos, desde donde el Partido del Gobierno domine la ideologa de
la sociedad. Lo que se intenta, no ser que se pretende imponer una ideologa?
En cuyo caso cmo se puede negar o prohibir la objecin de
conciencia?
Acusa
adems a la
Iglesia de no aceptar al Estado como educador de la ciudadana,
y que la nica beligerancia que ve es la de la Iglesia catlica contra el Estado.
En verdad muestra una vista miope y unilateral que le incapacita para realizar
tantas funciones como se le han encomendado. Antes se le confi aquel
Comisariado de las Vctimas del terrorismo, y ahora llevar a cabo la laicizacin
de la sociedad. Todos conocemos el fiasco que fue aquella misin, con una visin
tan parcial de la realidad, a nadie se puede extraar que el tiempo nos llevara
a contemplar el fracaso a donde le condujo su escorada postura. Ahora ha
emprendido la batalla para poner en manos del partido del Gobierno la enseanza,
no para ordenarla con una legislacin adecuada, sino para adoctrinar en una
laicidad inventada. Pero no puede ser que, a pesar de toda la fuerza con que
cuenta, pueda llegar a imponerse en uno de los derechos humanos originarios, el
derecho de las personas y en caso de menores de sus padres a elegir el sistema
de educacin que est de acuerdo con sus convicciones (art. 27,3
CE).
A esta
actitud de Peces-Barba y de su equipo, que quieren justificar la sinrazn del
Gobierno de construir una sociedad laicista, sin duda se puede oponer una
persona con toda razn. Una objecin de conciencia, que en otro tiempo tanto le
gust defender cuando se refera al servicio militar, ahora la niega cuando se
refiere a la secularizacin de la sociedad mediante la enseanza unilateral de
un partido. Quin puede dudar que cuando el Gobierno y su equipo transgreden
una norma como la del artculo 27,3 de la Constitucin necesariamente
tiene que admitirse la objecin de conciencia?
Debera
saber el exretor de la
Carlos III y el Gobierno, que lo que define a un Estado como
democrtico es la posibilidad de objetar ante una tropela de las autoridades.
Si se niega la objecin de conciencia se niega la democracia. Si contra una ley
que contradice una norma enunciada y protegida por la Constitucin se impide la
objecin de conciencia estamos ante un Estado no democrtico sino autoritario,
ya que la nota ms radical que define a un Estado como democrtico es la
existencia de la objecin de conciencia.
Todava recuerdo a don Jos Jimnez Lozano,
viniendo con frecuencia a la librera Sandoval que estaba debajo de mi casa en
la plaza San Salvador de Valladolid. Llegaba despacio y con tranquilidad para
ver y examinar los libros de las novedades que llegaban. En aquellos tiempos era
el director de El Norte de Castilla, y entonces empec a escribir en su peridico.
Siempre he admirado sus libros en un perfecto castellano, con una gran
profundidad y con una visin de la actualidad que cincela en sus numerosas
publicaciones. Ha ganado un montn de premios literarios: el Premio de Castilla y
Len (1988), el Premio
Nacional de las Letras (1992), el Premio Luca de Tena de Periodismo (1994),
la
Medalla
de Oro al Mrito en las Bellas Artes (1998), el Premio
Nacional de Periodismo Miguel Delibes (2000) y, finalmente, el prestigioso
Premio Cervantes
(2002), que obtuvo despus de una reida y polmica, debido a motivos ms
polticos que literarios votacin. Publica una media de dos libros por ao, amn de las
colaboraciones en peridicos y
revistas.
Huye de la vorgine poltica, pero medita y
contempla la sociedad desde su retiro castellano de Alcazarn, a pocos
quilmetros de Valladolid. Y no deja nunca de sorprender con sus atinadas
observaciones de la realidad que se mueve a su alrededor. Quiero glosar aqu un
pensamiento suyo que se ha publicado en la Razn y que muestra como vive y da su
criterio sobre la realidad de los problemas que vivimos.
No deja de sorprender, para empezar, el
comentario que hace con estupor: Este pas es un pas donde siempre ocurre lo
mismo. Y, dada la precisin que tiene en sus
expresiones, afirma como con cierta incredulidad: No pens que estas cosas
todava estuvieran de actualidad. Por lo que se ha animado a reeditar un ensayo
de 1978: Los cementerios civiles,
con algunas modificaciones para acomodarlo a las cuestiones de hogao. Era una
reflexin sobre la libertad de cultos, que en aquellos tiempos era de gran
actualidad, y, cuando crea superada aquella mentalidad, resulta que con las
manifestaciones de la
Vicepresidenta viene a ser, con estos disparatados anuncios del
Gobierno, un tema de mxima actualidad. De modo que, con unas correcciones
oportunas, vuelve a ser una novedad, un libro actual, con objeto de participar
en el debate Iglesia-Estado. Y claro, al introducirse en la discusin poltica
el problema religioso, no puede menos de manifestar: que est fuera de poca ser
antirreligioso.
Encuentra motivo para avisar y prevenir el mar
de fondo que asoma en las declaraciones del Gobierno, que estn alterando
y trastornando la sociedad espaola: Parece que se
olvida lo dramtico que ha sido en el pasado. Volvemos otra vez por esas
esquinas, a los encontronazos entre Iglesia y Estado. Habra que recordar que la
democracia no tiene ideologa. Slo tiene que resolver los problemas
materiales.
Pero no parece entenderlo as el Gobierno,
ya que anhela volver atrs con su Memoria histrica, y en esta materia Zapatero
pretende ir por sus propios atajos. Quien no le oy gritar hace pocos meses en
un mitin en plena campaa: Yo soy laico? Supongo
que no saba lo que deca, pues de diccionario no suele andar muy bien, por lo
que no creo que quisiera decir que era laico, sino, ms bien, lo que querra
decir es que l era laicista, que son cosa muy distintas. Como ya va advirtiendo
mucha gente ltimamente, vamos a necesitar un diccionario de traducciones para
entender a nuestro Gobierno. Laico, en sentido original y primario, significa:
Fiel cristiano que cumple con sus obligaciones religiosas.
Y si se le
quiere usar con un sentido profano, pero teniendo en cuenta que es un
significado derivado e indebidamente usado, se ha de entender como lo hace
Jimnez Lozano cuando dice que: Laico es algo neutro, no est tintado por
ninguna ideologa; el laicismo es lo que est impregnado por cierto tinte
antirreligioso. Por eso, cuando un Estado es laicista, no es laico, y es lgico
que los cristianos, como cualquier confesin, quieran defenderse.
Y abundando en
la indebida derivacin que se ha hecho del trmino laico, insiste: Ojal fuera
un pas laico. Un Estado no debe meterse en lo que piensa la gente. Eso es lo
que hacen las dictaduras. Se ve a travs de la historia. No se puede imponer el
laicismo, porque el Estado no ser laicista, sino totalitario. Espaa no es
laica. Ahora mismo existe una confrontacin con las cofradas. El Estado no
puede tener una filosofa, porque esa es una realidad que no le compete.
Francia, por ejemplo, nunca ha sido laicista, sino laica. Hay que distinguir el
acuerdo religioso de las manifestaciones religiosas. La poltica debe ser
neutral y no caer en un confesionalismo
ateo.
Adems, el
laicismo que se propone el Gobierno meter en la sociedad, va contra los derechos
fundamentales, porque como dice Jimnez Lozano: Las personas deben tener su
propia voluntad para elegir que le dejen el espacio. No es necesaria ninguna
filosofa con tal o cual nombre, bien por intereses o por dominio, porque puede
ser un foco de conflictos. Si se vive en paz, en calma, nunca habr problemas,
porque se conoce al otro, se le entiende, se ven sus costumbres, y eso evita los
conflictos. Espaa, en este aspecto, ha sido histricamente un pas
catlico.
En conclusin,
no se puede olvidar que sta es una batalla en toda regla, que el objetivo
inmediato del Gobierno se dirige contra el mbito catlico porque es el ms
visible, pero que no se va a parar ah, se va a intentar barrer todo sentido
religioso de la vida, y para ello se habla de crear una sociedad laica, y se va
camino de ello con enseanzas de
adoctrinamiento. Los que creen que esto es algo pasajero se equivocan, ser
mejor que pierdan toda esperanza de volver atrs los que entren por este
sistema, como Dante al entrar en el infierno en su Divina Comedia. Una vez que
se ponga en marcha ya se apunta la limitacin de la libertad frente al Estado,
para ello ya se ha empezado a conformar las conciencias de los jvenes, aunque
sea con cierta hipocresa, y con violencia de los mismos pensamientos. Hoy da
el nico escudo que se puede blandir frente a este Estado es la lucha con
decisin por la libertad.
¿A QUÉ VIENE EL EXPULSAR A LOS CAPELLANES DE LOS HOSPITALES?
Por JUAN GOTI ORDEANA
Estamos oyendo a altos cargos socialitas levantar
la voz hasta lmites insospechados. Por una parte, la Vicepresidenta del Gobierno,
pblicamente, ha pedido al Fiscal General y a los Abogados del Estado que
inicien un expediente para expulsar a los capellanes de los Comits de tica de
los Hospitales, para ello se ha servido del ltimo acuerdo del convenio del
Arzobispado y la
Comunidad de Madrid. El cual no es ms que, simplemente, el
cumplimiento de la ley que hizo Ernest Luch all por la dcada de los ochenta.
Por otra parte, al socaire de esta salida
desacompasada, lvaro Cuesta dice tener repugnancia frente a un acuerdo que tilda de
inquisitorial, fundamentalista e inconstitucional, y que tacha de mentes
podridas por el dogmatismo. Para estos exabruptos no le haca falta haber
estudiado Derecho! A un poltico le
conviene argumentar no insultar. Da muestras de conocer el derecho por la
explicacin de dos horas en una tarde. Por respeto a quienes estimbamos a
lvaro Cuesta, cuando estudiaba en la Universidad, debera reflexionar
lo que dice, porque nos avergenza que no sepa lo que fue la Inquisicin, menos lo
que es el fundamentalismo. Fundamentalista es quien defiende sus ideas con
denuestos no con razones. Y es fcil serlo desde el poder. Y no digamos lo de
inconstitucional, que no es lanzar invectivas al aire, pues si tuviera que
probar lo que ha dicho, vera que se ha dejado llevar por algn inconfesado
prejuicio u odio.
All
por los ltimos aos de la dcada de los ochenta, no recuerdo exactamente el
ao, vino invitado a la clausura de un curso de verano de la Universidad de Oviedo,
en la Granda
(Avils), el recordado Ernest LLuch. Era una semana sobre derechos humanos que
dirigi Peces Barba. Ernest Lluch, haba cesado como Ministro de Sanidad y en
aquel momento era Rector de la Universidad
Menndez y Pelayo de Santander. No estuvieron ni Mara Teresa
de la Vega ni
lvaro Cuesta, fue una pena. Los estudios de aquella semana no haban sido de
sanidad, sino de derechos humanos en general, pero Ernest Lluch, se senta tan
satisfecho y orgulloso de la
Ley de Sanidad que haba sacado, y en especial de la materia de
la asistencia religiosa en los hospitales, que dedic toda su alocucin a
elogiar la labor de la
Iglesia en la atencin de los enfermos y necesitados. Hizo tal
glosa de la labor de los capellanes en los hospitales y de la Iglesia en la atencin de
los enfermos, que en verdad uno se pregunta Estamos ante el mismo socialismo o
esta tercera generacin de socialistas es otra
cosa?
Recuerdo cmo consideraba que una poltica social
sanitaria avanzada, deba dedicarse a favorecer un modelo integral de asistencia
sanitaria, y progresar en el mtodo de ayuda clnica pastoral. Cmo hablaba de
una poltica de integracin de la asistencia religiosa, y no de expulsin, de
quienes representan la ms alta humanizacin de la salud y del hombre desde su
naturaleza trascendente!
Cada da que pasa se encuentra este Gobierno
socialista ms lejos de sus propias normas y antecedentes. El convenio de
la Comunidad
de Madrid no ha tenido otro referente que el firmado por los Ministros de
Justicia y Sanidad y Consumo y el Presidente de la Conferencia
Episcopal Espaola el 24 de julio de 1985. Un acuerdo sobre
asistencia religiosa catlica en centros hospitalarios pblicos, publicado en el
BOE de 21 de diciembre de 1985. El primer convenio del que el de ahora es una
mera repeticin fue firmado por el presidente socialista de la Comunidad de Madrid,
Joaqun Leguina, dato que los socialistas de la tercera generacin no slo han
olvidado, sino que parece que quieren culpar a otros y, aun ms, quieren por esa
alienacin freudiana que padecen acabar con sus antecedentes, y encauzar sus
actuaciones contra los derechos humanos. Pues cada enfermo que sea cristiano no
slo tiene derecho a recibir asistencia de un sacerdote de su propia religin,
sino, tambin, a que en las decisiones de la Comisin de tica se tengan en
cuenta sus creencias cuando se refieran a una decisin que afecte a su
vida.
Esta actitud del partido socialista muestra bien a
las claras, cul es el camino que se quiere seguir propiciando con su
propaganda: la muerte legal, la eutanasia que se avecina. Con la expulsin de
los sacerdotes de los hospitales consideran que ya queda el terreno expedito
para llegar sin limitacin alguna a la cultura de la muerte. Hemos lamentado el
holocausto de los judos del siglo pasado, y conocen bien stos lo que sucede el
da despus de que la eutanasia se convierta en prctica comn.
Con este talante tenga todo ciudadano la
conviccin, que stos polticos nos quieren notificar la claudicacin de la
tica de la medicina frente al materialismo, pragmatismo y utilitarismo de las
polticas sanitarias que nos proponen para el futuro.
Los cristianos, aunque sean del
PSOE, no tomen esta invectiva del Gobierno a la Iglesia catlica ligera, a pesar de
la visita del Presidente al Nuncio. La ofensiva de Z va en serio, quiere emular
las fiebres dictatoriales de los gobiernos de izquierda del siglo pasado. Su
actitud no es nueva, sino una repeticin de tantos polticos marxistas que han
querido alcanzar una dominacin del cuerpo y de la mente de las personas. A un
dictador no le basta tener el poder poltico, tiene, tambin, necesidad de
dominar las conciencias de los ciudadanos.
Ya lo ha dicho en sus diarios
sermones el predicador don Jos Blanco, adverado por el Presidente: que si ganan las elecciones nada ser igual. No hay duda
que hay muchos que viven pensando que son exasperaciones de un momento de
irritacin, porque se les ha torcido algo el camino hacia las elecciones. Eso es
slo el motivo para estos alardes, debajo hay unas declaraciones formales no
slo contra la Iglesia sino contra la razn ms acreditada de la sociedad
espaola. No hay ninguna duda que durante
este Gobierno se ha expandido la moral pblica del relativismo, y no slo se ha
introducido a travs de los medios de publicidad sino que se quiere imponer como
asignatura en los estudios. Se ha propiciado, por tanto, una confusin de lo
moral con la norma poltica, y una identificacin de la ley con lo moral, siendo
una peligrosa arma de manipulacin de las conciencias.
Y que
suceder si ganan las elecciones, lo estn diciendo: nos llegar el frente
nacional-socialista, con la pretensin ya iniciada de conquistar la totalidad de
la ideologa poltica que bulle en los entresijos del Gobierno. Pero nada de
esto es nuevo, pondr en orden de batalla a todas sus huestes laicistas para
hacer realidad las nfulas salvadoras de Z. Volver a la tradicin pagana de la
unin de lo poltico y lo religioso en manos del poder poltico, intento que se
ha repetido innumerables veces en la historia, con ello podr configurar las
formas de vida en la que los resortes del poder estn presentes en cada una de
las acciones del espaol, aparentemente libre y liberado de toda esclavitud del
pasado, pero privado de su pensar y actuar libre en la sociedad
presente.
Las
pretensiones de este Gobierno no es acallar a los obispos, esto es accidental,
simplemente para que sirva de advertencia, pues bien sabe Z que tienen el
legtimo derecho a hablar y que, adems, han dicho algo muy coherente con su
estilo de manifestarse durante muchos aos. Lo que pretende es, algo que han
hecho muchos gobiernos socialistas en Europa y en la actualidad en China,
establecer una iglesia nacional al servicio del poder socialista y bajo su
frrea mano, sirvindose para imponer una religin socialista. No es extrao que
suee con el islamismo porque stos estn ciegamente sometidos al poder
poltico, y a lo mejor, hasta piensa en un Sultanato donde puede imponer un
poder absoluto.
No
puede soportar el ejercicio del realismo al que nos han invitado los obispos, y
su propuesta como un ejercicio de autenticidad. Z y sus corifeos socialistas no
perdonarn a los obispos que hayan denunciado el riesgo de una religin
sustitutoria, civil, positivista, que tenga como cabeza visible a un seor que
con sonrer cree imponer su ideologa.
Es que
todava no sabe esta sociedad que bajo la Z quienes salen ms perjudicados son
los trabajadores, y las personas ms dbiles? Cmo no se sabe que est
destruyendo la libertad, la justicia, la igualdad y la solidaridad bajo la
accin de un partido tomado por una pandilla de arribistas y
pre-totalitarios?
Me ha causado gran
sorpresa el eslogan de la prxima campaa del PSOE: Motivos para creer. Resulta que un partido poltico laico tiene que
recurrir a la fe para ganar las elecciones. Es algo digno de admiracin! Cuando
pretendidamente se promueve el laicismo en argumentos cientficos y sus
dirigentes se declaran laicistas, en momento de apuro recurren a la
fe.
A lo mejor la retahla de declaraciones
contra la Iglesia despus de la concentracin a favor de la familia del 30 de
diciembre, era porque queran competir en materia de fe, emulando la
doctrina de Gramsci: de que ellos tambin tienen una fe frente al cristianismo.
Y no se trata de una peregrina interpretacin, porque hubo quien recurri a la
Biblia y su a disposicin de dar lecciones de fe al Papa. Por lo que al salirnos
con un eslogan pidiendo no slo el voto sino tambin fe, tiene ms fondo de lo
que se puede pensar. Ahora bien la fe cristiana tiene su fundamento en la
predicacin de una persona, Jesucristo, que expuso una doctrina de verdad, amor,
paz y entrega desinteresada al prjimo, y ensearnos: Yo he venido al mundo para dar testimonio de la verdad;
todo el que es de la verdad oye mi voz (Jn. 18, 37), y dio testimonio de
su palabra con su muerte en la cruz.
Aqu tenemos el
testimonio de los socialistas en estos cuatro aos, y los motivos por los que
nos piden la fe, que no aparecen claros como los del cristianismo. Debe tratarse
de hechos convincentes, que constituyan entrega por el bien de los dems hasta
el sacrificio. Vamos, por tanto, a examinar los hechos que nos ofrece el PSOE
para exigirnos fe: Se inici su actuacin con una trasgresin del da de
reflexin, lo que en democracia supone un grave delito, aunque en este caso no
haya llegado a los tribunales.
Se sigui con una
ilusoria negociacin con Eta-Batasuna, contra la opinin de la mayora de los
ciudadanos. Tratos que han sido un tnel oscuro no aclarado en ningn momento,
ni ante pueblo, ni siquiera ante sus representantes, cuando deberan ser con luz
y taqugrafos. Y en esta materia no slo se ha ocultado, sino que Zapatero confes impunemente hace poco a Pedro J.
Ramrez, en el reportaje de El Mundo, haber mentido cuando dijo que las
negociaciones con los etarras haban quedado rotas, o suspendidas. Amen de
negociar con un Otegi que era hombre de paz, y privilegiar a De Juana Chaos
queriendo mostrar que estaba a punto de morir de
hambre...
Aun
hay ms. Se puede creer a quien confunde la realidad con la ilusin, como
cuando el da anterior al atentado de la T-4 de Barajas, nos asegur que los
contactos con ETA iban por buen camino y estaban casi solucionados? A quien en
materia econmica asegura que tenemos una situacin envidiable la mejor de
Europa, y a los pocos das hay un crack econmico? A quien habla que tenemos
una fantstica situacin de empleo, y a penas decirlo se revela que sta ha
cado, hasta una situacin de alarma, con dos millones de parados? A quien por
boca de la
Ministra de Cultura dice que el dinero del erario pblico no es
de nadie y como tal lo gastan? Idea que confirma Zapatero con la oferta de 400
euros si le votan.
Y qu decir del
11-M? En la Comisin del Parlamento estaba clarsimo para el Presidente, porque
no sali nada. Pero se ha llegado a la decisin de la Audiencia, y quien lea la
sentencia encontrar que no hay un hecho probado, y se ha resulto con el
argumento del: Vale ya!. Todo el Gobierno, en particular el ministro de Justicia,
la vicepresidenta y otros altos cargos polticos, como el Fiscal General, han
despreciado y acosado, cuando no insultado, a las vctimas del terrorismo, pero
ahora dicen que siempre las han tratado con cuidado exquisito.
Como ciudadano no
estoy dispuesto a depositar actos de fe: exijo un programa que responda a la
realidad de Espaa, porque es una necesidad, y ante esta exigencia de fe recuerdo a
Unamuno: Lo que mata es la mentira y el
error, y hay mentiras que tiemblan de reconocerse tales, mentiras que temen
encontrarse a solas consigo mismas. Hay gentes que vislumbrando que viven de
mentiras, rehuyen examinarlas, y repiten: no quiero pensar en eso! No quieres
pensar en eso?, pues ests perdido!.
JUAN GOTI ORDEANA, es catedrtico emrito de Universidad