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09/05/2008 17:51:22
¿A QUÉ VIENE EL EXPULSAR A LOS CAPELLANES DE LOS HOSPITALES?
Por JUAN GOTI ORDEÑANA
Estamos oyendo a altos cargos socialitas levantar
la voz hasta límites insospechados. Por una parte, la Vicepresidenta del Gobierno,
públicamente, ha pedido al Fiscal General y a los Abogados del Estado que
inicien un expediente para expulsar a los capellanes de los Comités de Ética de
los Hospitales, para ello se ha servido del último acuerdo del convenio del
Arzobispado y la
Comunidad de Madrid. El cual no es más que, simplemente, el
cumplimiento de la ley que hizo Ernest Luch allá por la década de los ochenta.
Por otra parte, al socaire de esta salida
desacompasada, Álvaro Cuesta dice tener «repugnancia» frente a un acuerdo que tilda de
«inquisitorial, fundamentalista e inconstitucional», y que tacha de «mentes
podridas por el dogmatismo». ¡Para estos exabruptos no le hacía falta haber
estudiado Derecho! A un político le
conviene argumentar no insultar. Da muestras de conocer el derecho por la
explicación de dos horas en una tarde. Por respeto a quienes estimábamos a
Álvaro Cuesta, cuando estudiaba en la Universidad, debería reflexionar
lo que dice, porque nos avergüenza que no sepa lo que fue la Inquisición, menos lo
que es el fundamentalismo. Fundamentalista es quien defiende sus ideas con
denuestos no con razones. Y es fácil serlo desde el poder. Y no digamos lo de
inconstitucional, que no es lanzar invectivas al aire, pues si tuviera que
probar lo que ha dicho, vería que se ha dejado llevar por algún inconfesado
prejuicio u odio.
Allá
por los últimos años de la década de los ochenta, no recuerdo exactamente el
año, vino invitado a la clausura de un curso de verano de la Universidad de Oviedo,
en la Granda
(Avilés), el recordado Ernest LLuch. Era una semana sobre derechos humanos que
dirigió Peces Barba. Ernest Lluch, había cesado como Ministro de Sanidad y en
aquel momento era Rector de la Universidad
Menéndez y Pelayo de Santander. No estuvieron ni María Teresa
de la Vega ni
Álvaro Cuesta, fue una pena. Los estudios de aquella semana no habían sido de
sanidad, sino de derechos humanos en general, pero Ernest Lluch, se sentía tan
satisfecho y orgulloso de la
Ley de Sanidad que había sacado, y en especial de la materia de
la asistencia religiosa en los hospitales, que dedicó toda su alocución a
elogiar la labor de la
Iglesia en la atención de los enfermos y necesitados. Hizo tal
glosa de la labor de los capellanes en los hospitales y de la Iglesia en la atención de
los enfermos, que en verdad uno se pregunta ¿Estamos ante el mismo socialismo o
esta tercera generación de socialistas es otra
cosa?
Recuerdo cómo consideraba que una política social
sanitaria avanzada, debía dedicarse a favorecer un modelo integral de asistencia
sanitaria, y progresar en el método de ayuda clínica pastoral. ¡Cómo hablaba de
una política de integración de la asistencia religiosa, y no de expulsión, de
quienes representan la más alta humanización de la salud y del hombre desde su
naturaleza trascendente!
Cada día que pasa se encuentra este Gobierno
socialista más lejos de sus propias normas y antecedentes. El convenio de
la Comunidad
de Madrid no ha tenido otro referente que el firmado por los Ministros de
Justicia y Sanidad y Consumo y el Presidente de la Conferencia
Episcopal Española el 24 de julio de 1985. Un acuerdo sobre
asistencia religiosa católica en centros hospitalarios públicos, publicado en el
BOE de 21 de diciembre de 1985. El primer convenio del que el de ahora es una
mera repetición fue firmado por el presidente socialista de la Comunidad de Madrid,
Joaquín Leguina, dato que los socialistas de la tercera generación no sólo han
olvidado, sino que parece que quieren culpar a otros y, aun más, quieren por esa
alienación freudiana que padecen acabar con sus antecedentes, y encauzar sus
actuaciones contra los derechos humanos. Pues cada enfermo que sea cristiano no
sólo tiene derecho a recibir asistencia de un sacerdote de su propia religión,
sino, también, a que en las decisiones de la Comisión de Ética se tengan en
cuenta sus creencias cuando se refieran a una decisión que afecte a su
vida.
Esta actitud del partido socialista muestra bien a
las claras, cuál es el camino que se quiere seguir propiciando con su
propaganda: la muerte legal, la eutanasia que se avecina. Con la expulsión de
los sacerdotes de los hospitales consideran que ya queda el terreno expedito
para llegar sin limitación alguna a la cultura de la muerte. Hemos lamentado el
holocausto de los judíos del siglo pasado, y conocen bien éstos lo que sucede el
día después de que la eutanasia se convierta en práctica común.
Con este talante tenga todo ciudadano la
convicción, que éstos políticos nos quieren notificar la claudicación de la
ética de la medicina frente al materialismo, pragmatismo y utilitarismo de las
políticas sanitarias que nos proponen para el futuro.
Los cristianos, aunque sean del
PSOE, no tomen esta invectiva del Gobierno a la Iglesia católica ligera, a pesar de
la visita del Presidente al Nuncio. La ofensiva de Z va en serio, quiere emular
las fiebres dictatoriales de los gobiernos de izquierda del siglo pasado. Su
actitud no es nueva, sino una repetición de tantos políticos marxistas que han
querido alcanzar una dominación del cuerpo y de la mente de las personas. A un
dictador no le basta tener el poder político, tiene, también, necesidad de
dominar las conciencias de los ciudadanos.
Ya lo ha dicho en sus diarios
sermones el predicador don José Blanco, adverado por el Presidente: «que si ganan las elecciones nada será igual». No hay duda
que hay muchos que viven pensando que son exasperaciones de un momento de
irritación, porque se les ha torcido algo el camino hacia las elecciones. Eso es
sólo el motivo para estos alardes, debajo hay unas declaraciones formales no
sólo contra la Iglesia sino contra la razón más acreditada de la sociedad
española. No hay ninguna duda que durante
este Gobierno se ha expandido la moral pública del relativismo, y no sólo se ha
introducido a través de los medios de publicidad sino que se quiere imponer como
asignatura en los estudios. Se ha propiciado, por tanto, una confusión de lo
moral con la norma política, y una identificación de la ley con lo moral, siendo
una peligrosa arma de manipulación de las conciencias.
Y que
sucederá si ganan las elecciones, lo están diciendo: nos llegará el frente
nacional-socialista, con la pretensión ya iniciada de conquistar la totalidad de
la ideología política que bulle en los entresijos del Gobierno. Pero nada de
esto es nuevo, pondrá en orden de batalla a todas sus huestes laicistas para
hacer realidad las ínfulas salvadoras de Z. Volverá a la tradición pagana de la
unión de lo político y lo religioso en manos del poder político, intento que se
ha repetido innumerables veces en la historia, con ello podrá configurar las
formas de vida en la que los resortes del poder estén presentes en cada una de
las acciones del español, aparentemente libre y liberado de toda esclavitud del
pasado, pero privado de su pensar y actuar libre en la sociedad
presente.
Las
pretensiones de este Gobierno no es acallar a los obispos, esto es accidental,
simplemente para que sirva de advertencia, pues bien sabe Z que tienen el
legítimo derecho a hablar y que, además, han dicho algo muy coherente con su
estilo de manifestarse durante muchos años. Lo que pretende es, algo que han
hecho muchos gobiernos socialistas en Europa y en la actualidad en China,
establecer una iglesia nacional al servicio del poder socialista y bajo su
férrea mano, sirviéndose para imponer una religión socialista. No es extraño que
sueñe con el islamismo porque éstos están ciegamente sometidos al poder
político, y a lo mejor, hasta piensa en un Sultanato donde puede imponer un
poder absoluto.
No
puede soportar el ejercicio del realismo al que nos han invitado los obispos, y
su propuesta como un ejercicio de autenticidad. Z y sus corifeos socialistas no
perdonarán a los obispos que hayan denunciado el riesgo de una religión
sustitutoria, civil, positivista, que tenga como cabeza visible a un señor que
con sonreír cree imponer su ideología.
¿Es que
todavía no sabe esta sociedad que bajo la Z quienes salen más perjudicados son
los trabajadores, y las personas más débiles? ¿Cómo no se sabe que está
destruyendo la libertad, la justicia, la igualdad y la solidaridad bajo la
acción de un partido tomado por una pandilla de arribistas y
pre-totalitarios?
Me ha causado gran
sorpresa el eslogan de la próxima campaña del PSOE: «Motivos para creer». Resulta que un partido político laico tiene que
recurrir a la fe para ganar las elecciones. ¡Es algo digno de admiración! Cuando
pretendidamente se promueve el laicismo en argumentos científicos y sus
dirigentes se declaran laicistas, en momento de apuro recurren a la
fe.
A lo mejor la retahíla de declaraciones
contra la Iglesia después de la concentración a favor de la familia del 30 de
diciembre, era porque querían competir en materia de fe, emulando la
doctrina de Gramsci: de que ellos también tienen una fe frente al cristianismo.
Y no se trata de una peregrina interpretación, porque hubo quien recurrió a la
Biblia y su a disposición de dar lecciones de fe al Papa. Por lo que al salirnos
con un eslogan pidiendo no sólo el voto sino también fe, tiene más fondo de lo
que se puede pensar. Ahora bien la fe cristiana tiene su fundamento en la
predicación de una persona, Jesucristo, que expuso una doctrina de verdad, amor,
paz y entrega desinteresada al prójimo, y enseñarnos: «Yo he venido al mundo para dar testimonio de la verdad;
todo el que es de la verdad oye mi voz» (Jn. 18, 37), y dio testimonio de
su palabra con su muerte en la cruz.
Aquí tenemos el
testimonio de los socialistas en estos cuatro años, y los motivos por los que
nos piden la fe, que no aparecen claros como los del cristianismo. Debe tratarse
de hechos convincentes, que constituyan entrega por el bien de los demás hasta
el sacrificio. Vamos, por tanto, a examinar los hechos que nos ofrece el PSOE
para exigirnos fe: Se inició su actuación con una trasgresión del día de
reflexión, lo que en democracia supone un grave delito, aunque en este caso no
haya llegado a los tribunales.
Se siguió con una
ilusoria negociación con Eta-Batasuna, contra la opinión de la mayoría de los
ciudadanos. Tratos que han sido un túnel oscuro no aclarado en ningún momento,
ni ante pueblo, ni siquiera ante sus representantes, cuando deberían ser con luz
y taquígrafos. Y en esta materia no sólo se ha ocultado, sino que Zapatero confesó impunemente hace poco a Pedro J.
Ramírez, en el reportaje de El Mundo, haber mentido cuando dijo que las
negociaciones con los etarras habían quedado rotas, o suspendidas. Amen de
negociar con un Otegi que era hombre de paz, y privilegiar a De Juana Chaos
queriendo mostrar que estaba a punto de morir de
hambre...
Aun
hay más. ¿Se puede creer a quien confunde la realidad con la ilusión, como
cuando el día anterior al atentado de la T-4 de Barajas, nos aseguró que los
contactos con ETA iban por buen camino y estaban casi solucionados? ¿A quien en
materia económica asegura que tenemos una situación envidiable la mejor de
Europa, y a los pocos días hay un crack económico? ¿A quien habla que tenemos
una fantástica situación de empleo, y a penas decirlo se revela que ésta ha
caído, hasta una situación de alarma, con dos millones de parados? ¿A quien por
boca de la
Ministra de Cultura dice que el dinero del erario público no es
de nadie y como tal lo gastan? Idea que confirma Zapatero con la oferta de 400
euros si le votan.
¿Y qué decir del
11-M? En la Comisión del Parlamento estaba clarísimo para el Presidente, porque
no salió nada. Pero se ha llegado a la decisión de la Audiencia, y quien lea la
sentencia encontrará que no hay un hecho probado, y se ha resulto con el
argumento del: «¡Vale ya!». Todo el Gobierno, en particular el ministro de Justicia,
la vicepresidenta y otros altos cargos políticos, como el Fiscal General, han
despreciado y acosado, cuando no insultado, a las víctimas del terrorismo, pero
ahora dicen que siempre las han tratado con cuidado exquisito.
Como ciudadano no
estoy dispuesto a depositar actos de fe: exijo un programa que responda a la
realidad de España, porque es una necesidad, y ante esta exigencia de fe recuerdo a
Unamuno: «Lo que mata es la mentira y el
error, y hay mentiras que tiemblan de reconocerse tales, mentiras que temen
encontrarse a solas consigo mismas. Hay gentes que vislumbrando que viven de
mentiras, rehuyen examinarlas, y repiten: ¡no quiero pensar en eso! ¿No quieres
pensar en eso?, ¡pues estás perdido!».
JUAN GOTI ORDEÑANA, es catedrático emérito de Universidad
¿A DÓNDE VAMOS CON LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES? (yII)
Por JUAN GOTI ORDEÑANA
El primer foro que con grandilocuente título de Alianza
de Civilizaciones se ha celebrado en Madrid, cualquier persona que lo contemple
con un cierto nivel cultural, advierte que no responde a la realidad, por ello
naturalmente no han asistido los mandatarios de las grandes Naciones, sino
personas de segunda categoría pensando en algún provecho. El antagonismo entre
el título del Foro y la realidad histórica es tan evidente que parece mentira
que se haya encontrado alguien que acepte semejante dislate. Las pretensiones
del Presidente van por un camino muy distinto de lo que en realidad sería una
Alianza de Civilizaciones, pues de esto hay una gran experiencia, que bien podía
servir de reflexión. En realidad la historia que estudiamos, al menos en otro
tiempo, se ordenaba a mostrar cómo fueron evolucionado las diversas
civilizaciones y cómo cada una fue dejando un legado que heredaba la siguiente,
añadiendo a su bagaje cultural. Momento significativo de un encuentro de
civilizaciones fue el comienzo de nuestra era, con el cruce de tres
cosmovisiones: cuando la filosofía griega, la ideología religiosa judía renovada
por la doctrina de Cristo, y el derecho romano se fundieron para dar vida a la
cultura superior del Occidente cristiano, en la que más tarde se fueron
incrustando costumbres y normas de los pueblos del Norte, que llamamos bárbaros.
Pero esto no se hizo por una ley ni acuerdos políticos, sino por la natural
inclinación de las sociedades que al encontrarse trataron de armonizar sus
diferencias culturales.
En este progreso podemos resaltar la incapacidad que
mostraron, viviendo tantos siglos en paralelo pero de espalda, el mundo musulmán
y el Occidente cristiano, y hubo intentos de relación, entre otros podemos citar
varios: la Escuela de Traductores de Toledo que aportó el conocimiento de
Aristóteles a través de las traducciones árabes pero no se pasó a más, y sobre
todo las normas del Concilio de Viena (1311-1312) cuando los obispos fundaron
centros de estudios árabes en las universidades de París, Oxford, Bolonia y
Salamanca. Estos centros llegan a traducir el Corán al latín, así como otros
textos de intelectuales islámicos, pero hay que advertir que no tuvo eco ni en
Bagdad ni en Cairo. Esta iniciativa, a pesar de su interés, no dejó apenas
huella ni en el universo cristiano ni en el musulmán. Caso que se repite hoy: se
permite a los musulmanes levantar mezquitas y desarrollar su fe en Europa, pero
son perseguidos y martirizados los cristianos en países
islámicos.
Y viniendo a esta pretendida Alianza de
Civilizaciones, que inicia su andadura en Madrid, debemos preguntarnos: ¿Nuestro
Presidente Zapatero a qué Civilización representa? Está en un territorio que,
sin duda, es del Occidente cristiano, pero en múltiples manifestaciones se ha
declarado muy alejado de esta civilización, al propugnar un laicismo duro con la
creación de una nueva cosmovisión, que no constituye todavía una civilización.
¿Es pues el laicismo beligerante quien se va arrogar una representación del
Occidente cristiano? Es lógico que las naciones europeas hayan disculpado su
asistencia pues no se pueden considerar sujetos de tal desbarajuste ideológico y
cultural. Además, ¿el presidente de Turquía representa al mundo musulmán?
Sus intereses son muy concretos, se han visto en la primera idea que ha lanzado
en ese foro de Alianza de Civilizaciones, el apoyo para entrar como miembro de
la comunidad europea.
¿Cuáles son las aspiraciones de este Foro de
Madrid, cuando el título Alianza de Civilizaciones no responde a la realidad y
ninguno de sus promotores representa una Civilización? ¿Y cuando los objetivos
propuestos no son encuentros entre Civilizaciones, sino intereses
particulares?
¿A DÓNDE VAMOS CON LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES? (I)
Por JUAN GOTI ORDEÑANA
Estoy preparando material para dirigir un workshop
sobre Sociedad laicista y la Alianza de Civilizaciones en el Instituto de
Sociología Jurídica de Oñate, cuando he visto que se ha celebrado un Foro en
Madrid sobre esta materia, y no puedo menos de adelantar algunas breves
reflexiones.
Con gran aparato, que en el futuro promete ser
mayor, el Gobierno intenta reactivar lo que pomposamente llama Alianza de
Civilizaciones. Ésta es una de las políticas estrella de nuestras relaciones
internacionales, y ya están ahí las cincuenta y siete propuestas del Presidente
en el foro de Madrid: entre otras la creación de un cuerpo de voluntarios para
difundir las consignas del proyecto, y la promoción de Turquía para que sea
aceptada en la Comunidad Europea.
Estas acciones que afectarán a varios Ministerios, se
impulsarán en el ámbito de la Administración General
del Estado, y con la pretensión de ampliarlas a otras instituciones y aun a la
sociedad civil.
Ante el planteamiento que se hace, uno se
pregunta: ¿Entienden los promotores de este programa lo que es una Alianza de
Civilizaciones? Se trata de términos que en sentido estricto no casan entre sí.
Alianza es, según el diccionario, acción de aliarse y pactar, para lo que se
requiere voluntad en las partes; y civilización es el conjunto de caracteres y
costumbres propias de determinados grupos humanos, y no es cuestión del
voluntarismo buenista de un gobierno, sino fruto de una convivencia perseverante
de personas durante siglos.
Pero hay algo más, pues se suele dividir
el mundo en grandes áreas de pueblos que conocemos como civilizaciones, entre
ellas tenemos el Occidente Cristiano, las tierras de Musulmanes, el mundo Hindú,
el animismo africano, que suponen grandes áreas de culturas, cuyo núcleo
definidor es una religión por las que se califican. No se trata de voluntades
individuales que puedan determinar pactos entre estos ámbitos culturales, sino
encuentros y contactos entre civilizaciones que se están dando constante y
automáticamente, ya que por múltiples motivos se encuentran en todo momento. En
estas relaciones cada cultura aporta sus propias formas, que mutua e
insensiblemente, como por ósmosis, se filtran en las otras, sin leyes ni
programas de gobiernos. Y en una era de la globalización, este influjo se está
multiplicando instintivamente fuera de todo código. Voy a aplicar a nuestro caso
la acertada advertencia de Carlos Semprún en sus cartas desde París:
«La
Civilización señor Presidente, es algo muy serio,
que se construye durante siglos. Y no se decreta desde el poder, con tres
fórmulas; la civilización la va construyendo la sociedad civil, con sus
ciudadanos, sus intelectuales, sus científicos, muchas veces contra el
poder».
Los sujetos de la Alianza de Civilizaciones, tomando
alianza en un sentido amplio de relación, no son los gobiernos, sino las
sociedades como titulares de la cultura, y los que entran en relaciones con
otras civilizaciones, creando una mutua comprensión. Por tanto los que se
encuentran son los pueblos con sus diferentes idiosincrasias. Comunicación que
espontáneamente tiende a ensamblar cosmovisiones y a limar sus mutuas
diferencias.
El objeto del encuentro de civilizaciones son las
diferentes creencias, costumbres, conocimientos y formas de comprensión del
mundo. Estas materias son de carácter espiritual, por tanto están fuera de la
voluntad de los gobiernos, y pretender acaparar esta función por los políticos o
por los partidos es una aberración, que ya ha sufrido la cultura europea en el
siglo pasado, con rotundos fracasos y enormes crisis de los pueblos. Por lo que
queda la pregunta ¿A dónde va esta Alianza de
Civilizaciones?
No hace mucho tiempo comentaba en La Nueva España de Oviedo
(30/09/07) el caso de un militante de ETA que tras descubrir, por la relación
que tenía con un grupo de cristianos mientras trabajaba en la clandestinidad,
que la fe católica le exigía apartarse de toda violencia y ayudar a los demás,
había cambiado de vida, abandonando la banda terrorista, y entregándose a
la policía.
Pero ahora me he encontrado con otra noticia que me ha admirado
más, una militante socialista, a quien su conversión a la fe católica le lleva a
apartarse de la política que lleva el actual Gobierno.
El ABC del 30 de noviembre insertaba esta
nota: «después de tres décadas de militancia socialista, la
“radicalización” del PSOE de José Luís Rodríguez Zapatero ha podido con
la senadora
Mercedes Aroz, que ayer anunció su decisión de abandonar la
política activa. Durante esta legislatura, Aroz se ha abstenido por problemas de
conciencia en la votación en el Senado de tres de las leyes emblemáticas del
Gobierno, la del matrimonio homosexual, la de reproducción asistida y la de
investigación biomédica, porque “chocan frontalmente con la ética cristiana”».
La «conversión al catolicismo ha llevado a la senadora con más
votos de la historia (1.602.225 en la última legislatura, el 53,67%) a anunciar
que deja la política activa y aclarar, en conversación con ABC, que tampoco
seguirá trabajando a nivel orgánico». Reconoce,
no obstante: «Seguiré como simple afiliada en la confianza de que en el futuro
el partido vuelva a la línea de socialdemocracia moderada», lo que nos lleva a
hacer un breve comentario. No sé hasta qué punto será comprendida en el Partido
Socialista oficial, pero estimo que puede haber muchos militantes sinceros que
comulguen con ella, pues si estudiamos el origen del Partido Socialista creo que
los derroteros que ha tomado se apartan de la ideología de donde partió.
El socialismo
partió de los principios de la doctrina de Jesús de Nazaret, y por ello se
presentó como en lucha para alcanzar
la fraternidad humana. Pues como dice Díaz de Salazar: «la lucha por alcanzar
la fraternidad humana es muy anterior a la existencia de la izquierda como tal.
Dicha lucha proseguirá con el nombre o sin el nombre de izquierda, marxismo o
socialismo, mientras haya colectivos de humanos que se rebelen contra la
explotación, la opresión, la injusticia y el empobrecimiento de unos seres por
otros seres». El
socialismo auténtico tiene conciencia de que toma su base de la doctrina
cristiana, por ello ha tendido a acercarse a los cristianos ya mediante
encuentros, como otrora, «Cristianos para el
socialismo», ya
arrastrando a militantes cristianos de la JOC y la HOAC en quienes se había despertado una
conciencia social, cuando llegó al poder en
1982.
Ahora bien, si tienen
estas raíces comunes tanto la doctrina cristiana como el socialismo,
inmediatamente surge la pregunta: ¿Por qué el Socialismo español es tan reacio a
dialogar con la
Iglesia, y marcha en busca de hipotéticas «Alianzas de Civilizaciones» con los Musulmanes, que más bien se
oponen a sus principios? La respuesta creo que nos proporciona la tesis del
psicoanálisis de Sigmund Freud: el complejo de Edipo. Los Socialistas se ven
precisados a matar al padre y casarse con la madre, esto es, liquidar
la
Institución que ha creado las ideas y quedarse con su doctrina.
Fue el cristianismo
quien creó y elaboró los principios de libertad, igualdad y fraternidad entre
todas las persona, partiendo de que todos los seres humanos son igualmente hijos
de Dios y partícipes de esta dignidad, ciertamente con una base teológica pero
muy efectiva en la historia de las ideas. Luego fue elaborando los derechos
derivados de estos principios primeros, como algo propio de toda persona. El
socialismo, cuando entró en la historia, muy tardíamente en el siglo XIX, desde
un principio quiso ser el paradigma de los derechos humanos, y para ello ha
creído que tiene que eliminar a quien en verdad los creó, para atribuirse la
paternidad de estos ideales. Es lógico, por tanto, que el compromiso con
objetivos marginales y abstrusos por los que ha optado el Gobierno actual,
extrañe a muchos militantes y les
resulte inaceptable.
Observando la coincidencia básica entre los
fines de la
Iglesia y del Socialismo, donde encontramos la diferencia,
sobre todo, es en la cuestión de método, pues como dice Díaz de Salazar:
«Conviene dejar bien
clara esta idea en un momento en que hay que saber distinguir muy bien los fines
de las modalidades y métodos para alcanzarlos».
La iglesia renunció desde un principio a
adoptar el método político y eligió actuar en la sociedad como institución
religiosa, con un método propio, y así penetró profundamente en la sociedad. Todos
sabemos el papel que ha jugado en la creación de comunidades de personas e
instituciones de convivencia a través de la historia, promoviendo el
asociacionismo. Ha fomentado una red de participación de las personas en
agrupaciones sociales, con instituciones como la parroquia a cuyo alrededor
durante siglos se ha estructurado la sociedad, (en el País Vasco aún se conserva
el término de «anteiglesia» para denominar a las agrupaciones
municipales, y en muchas regiones los Ayuntamientos se dividen a su vez en
parroquia), amen de la ordenación que ha llevado a cabo en la enseñanza y en la
caridad o solidaridad con hospitales, orfanatos, atención de personas
desvalidas, etc., por lo que durante siglos, con los medios que disponía en cada
momento, ha promovido la convivencia social.
Los socialistas, por el contrario, creyeron que el método
de institución religiosa no respondía a sus tiempos, y eligieron métodos más
modernos: de Partidos políticos y Sindicatos. Y si en algún tiempo pensaron que
debían llegar al pueblo, crearon colectivismos que llevaron al materialismo y a
la despersonalización, y si en algún caso se acercaron a las asociaciones de
vecinos, como en los albores de nuestra transición, asentados en el poder abandonaron al pueblo, estimando que
desde la altura del poder les bastaba con la capacidad de dar decretos con los
que dominar, creando así el ciudadano objeto. Y aún más, han despreciado a la
Iglesia con su método de actuación religiosa, con experiencia de siglos, y su
asociacionismo le estorba, porque llega más hondamente a las personas, y tiene
un claro objetivo oponerse a esta institución
milenaria.
Visto así el problema, es lógico que al
despertar a la fe católica Mercedes Aroz haya dicho: «He querido hacer pública mi conversión para subrayar la
convicción de la
Iglesia católica de que el cristianismo tiene mucho que decir a
los hombres y mujeres de nuestro tiempo, porque hay algo más que la razón y la
ciencia».
Continuando con el estudio que Kapuscinski hace
del poder en su obra «El Emperador», y que traté en un artículo anterior, vamos
a apuntar algunos detalles más, que sirven para conocer hacia donde caminan los
despotismos. Y nuestro autor lo hace con tan magistral trazo de maestro que su
obra se puede valorar al mismos tiempo «como una crónica de la realidad en
Etiopía, una alegoría de la situación» de otros muchos países, «una parábola de
la autocracia, y como literatura del más alto rango: sutil, elegante, irónica,
absorbente».
Los dignatarios no suponían más que fichas en el
tablero del poder: «De todas formas no
tenía ninguna importancia de que el dignatario estuviera o no a la altura de su
cargo, siempre y cuando demostrara una lealtad a toda prueba» (p. 66).
También se hacían proyecto y obras pues había que
hacer inauguraciones: «Unos planificaban,
otros construían; en una palabra, el desarrollo con mayúsculas se puso en
marcha. El Incansable Señor iba de un lado para otro inaugurando aquí un puente
allá un edificio o un aeropuerto, así una construcción tras otra» (p.
109)
Hasta se atendían las quejas: «Si el pueblo se quejaba su Magnánima
Majestad amonestaba al Ministerio y cesaba al ministro, aunque nunca lo hacía de
inmediato para no dar la humillante impresión de que permitía que la chusma
desatada impusiera su orden en palacio. Más bien al revés cuando consideraba que
debía demostrar la prepotencia de su poder, designaba a los dignatarios más
odiados para ocupar los cargos más altos como si quisiera decir: “Rabia,
rabiña…para que os enteréis bien de quién manda en verdad y hace posible lo
imposible”» (121)
Pero cuando se va llegando al final: «Reconozcamos que en los últimos años del
reinado los éxitos fueron cada vez menos y los problemas, cada vez más». «En ningún momento se le pasó por la cabeza
la idea de abandonar el trono; todo lo contrario a medida que aumentaban las
adversidades y crecía la oposición, más atención dispensaba a la hora
militar-policíaca, en el curso de la cual fortalecía la durabilidad del Imperio
y el orden imprescindible» (p. 115). “Nadie presentía que se acercaba el fin,
aunque tal vez se detectaba algo que flotaba en el ambiente, tal vez algo que
nos rondaba por la cabeza, pero era tan vago, tan confuso que no se podía hablar
del presentimiento de algo extraordinario… Para colmo se habían producido en el
Imperio desordenes, que causaron muchos disgustos en el palacio mismo,
especialmente a nuestro ministro”
Este personaje Haile Selassie, Rey de Reyes, León
de Judá, el Elegido de Dios, y que era tratado de: Magnánima Majestad, Su
Graciosa Majestad, Bondadoso Señor, Su más Extraordinaria y Suprema Majestad,
etc. fue derrocado en 1974 por un Consejo Revolucionario, después de casi
cincuenta años de reinado, y dejando al pueblo en la mayor pobreza, del que
todavía no ha salido. El autor ha conseguido describir la realidad, recogiendo
los testimonios de los mismos empleados que estuvieron en su palacio, y
describir aquella realidad con las palabras que ellos mismos le dijeron. Pero hay algo más que anotar, si el lector, en este
estudio del poder en el imperio de Etiopía de Haile Selarie, encuentra cierto
parecido con algún poder de España, no es mera coincidencia, se trata de un
poder que camina hacia el despotismo.
¡Cómo no hacer memoria del gran maestro del
periodismo Ryszad Kapuscinski, Premio Príncipe de Asturias de Comunicaciones y
Humanidades en el año 2003, en el primer aniversario de su muerte (23/01/07)!
El director de esta Fundación Graciano García,
quien mantenía una fluida relación con el periodista y escritor polaco, dice con
emoción: «Una frase de él que jamás se
me olvidará: “que para ser periodista hay que ser buena persona ante
todo”».
Había en él algo de candidez y mucho de idealista;
algo de quijote y mucho de explorador; algo de misionero y mucho de vate; con
vocación de historiador, pero mucho más de periodista. En la nota introductoria
a su libro Ébano, escribe: «Viajé mucho,
siempre he evitado las rutas oficiales, los palacios, las figuras importantes,
la gran política», para poner los ojos en los humildes, los humillados, la
gente de la calle, los marginados en las historias escritas por los poderosos, y
era una expresión suya: «A mí me interesa la gente, los ciudadanos que no salen en
los medios. Si quiere usted hacer un reportaje, tendrá que conocer a las
personas que viven la realidad que usted describe: tendrá que vivir con
ellas».Y, frente a
presiones de todo signo, su preocupación fueron los sectores más desfavorecidos
e independientes cuyo mensaje se tergiversa sistemáticamente.
Tiene una obra histórica singular que refleja todo
un método de trabajo para el periodista y para el historiador, titulado: El
Emperador. Estudia la personalidad y últimos años
del soberano etíope Haile Selassie, el Negus. Se considera una obra clásica en
su género. Fue singular la recogida de datos, frente a presiones de todo signo: «Cada noche me dedicaba a escuchar a los que
habían conocido la corte del Emperador. En un tiempo habían sido hombres de
palacio o al menos disfrutaban del derecho a acceder a él libremente. No han
quedado muchos. Parte de ellos fueron fusilados. Otros huyeron al extranjero o
permanecen encerrados en las mazmorras de ese mismo palacio… Los visitaba al
caer la noche y para ello tenía que cambiar de coche y de disfraz varias veces: los Etíopes que
son muy desconfiados, no querían creer en la sinceridad de mis intenciones:
tratar de encontrar el mundo barrido por las metralletas de la IV División… Me repetían
constantemente que tenga cuidado: nada de direcciones, de nombres, ni siquiera
la descripción de una cara, si alto, si bajo, si flaco» (El Emperador, Barcelona, 2002, 4ª Ed.
p.11).
En este trabajo, que supone una obra
maestra, hace un estudio del poder. Sólo vamos a ir seleccionando los puntos que
describen con más fuerza el ejercicio de la autoridad. Llegar
no es fácil: «El Inigualable Señor supo
esperar, habilidad ésta importantísima. No hay político que sin esa capacidad de
espera, de resignación paciente e incluso humilde a que la oportunidad surja
aunque sea al cabo de años. El Honorabilísimo Señor esperó diez años para
erigirse en heredero del trono y luego otros catorce para proclamarse Emperador.
Sumado, casi un cuarto de siglo de maniobras cautelosas, aunque no por eso menos
enérgicas, para conseguir la corona» (p.26)
Pero es más profundo el ensayo de cómo se ha
de afirmarse. Primero dibuja así el límite al que llega la sumisión: «Era un perrito muy pequeñito… A veces en el
curso de alguna ceremonia saltaba de las rodillas del Emperador y se hacía pipi
en los zapatos de los dignatarios. A éstos les estaba prohibido mostrar, con una
mueca o un gesto, molestia alguna cuando notaban humedecerse los pies. Mis funciones consistían en ir de un
dignatario a otro limpiándoles los orines de los zapatos» (p.13).
Luego describe el principio de autoridad que
se ha de mantener a toda costa: «El
Emperador no sólo decidía personalmente todos los nombramientos sino que también
los comunicaba personalmente a cada elegido. ¡Él y nadie más que él!». Nunca
en estos nombramientos se guiaba por «el
principio de capacidad sino siempre única y exclusivamente por el de la
lealtad». Pero no era «reacio a las
reformas, antes al contrario: siempre manifestó una gran simpatía hacia el
progreso y las mejoras solo que no podía soportar que nadie las emprendiera por
su cuenta porque, en primer lugar, tal cosa podía desembocar peligrosamente en
la anarquía y la arbitrariedad y, en segundo lugar, dar la impresión que en el
imperio había otros bienhechores aparte de Su Magnífica Majestad»
(pp.45-46)
Sin dejar de valorar la hechura de los
ministros: «Pero por fortuna, ¡no todos
los ministros tenían la suficiente perspicacia! Hubo gente joven, nofamiliarizada con las tradiciones del
palacio, que, guiándose por su propia ambición, así como por el deseo de ganarse
el reconocimiento del pueblo -¡como si el Emperador no fuera el único digno de
cualquier esfuerzo!-, intentó reformar por iniciativa propia alguna que otra
cosilla. Como si no supieran que de esta manera violaban el principio de lealtad
y que se hundían no sólo a sí mismos sino también a la propia reforma, la cual,
al no contar con la autoría del Emperador, estaba sentenciada a no ver nunca la
luz del día». (p.46)
«Le
diré abiertamente que el Rey de Reyes prefería malos ministros. Y los prefería
porque a Su Majestad le gustaba que el contraste lo hiciera sobresalir a él. Y
¿cómo podría salir favorecido estando rodeado de buenos ministros? El pueblo se
sentiría perdido y no sabría en quién buscar ayuda ni de quién era la bondad y
sabiduría con que podía contar si todos eran buenos y sabios. ¡Qué desorden se
crearía en el Imperio! En vez de un único sol brillarían cincuenta y cada cual
rendiría culto a un planeta diferente, de personal elección. Y eso sí que no,
querido amigo; no se puede exponer a un pueblo a desamparo tan pernicioso. Debe
haber un único sol; tal es el orden de la naturaleza y las demás teorías no son
sino herejía irresponsable, enemiga de Dios. Sin embargo, puedes tener la
seguridad de que Nuestro Señor salía muy bien parado de cualquier confrontación,
de cuán importante y generoso resultaba, y por eso el pueblo no se confundía:
sabía quien era el sol y quien la sombra».(p. 46-47)
Por ello no todo el poder estaba en manos de los
ministros, pues «el Emperador tenía con
frecuencia colocados a sus hombres de confianza en puestos muy bajos y, sin
embargo, cuán poderosos eran gracias al gran número de accesos de que gozaban…
aquél que veía disminuir sus número de accesos ya sabía que el Bondadoso Señor
le había colocado en la pendiente… tenía unas orejas de considerable tamaño».
(p. 51)
En esta obra con tantas anécdotas y detalles
sugerentes delinea Ryszard Kapuscinski la base de su método de trabajo y forma
de escribir: «Buscando una escritura que sirviera
para describir lo real».
Cuando en la noche del 14 de marzo de
2007, a
pesar de aquella horrenda masacre, Rodríguez Zapatero aceptó el poder, proclamó
ante las cámaras: «Que el poder no le cambiaría». Con
ello mostraba una de las notas más peculiares de su personalidad: pensar que
comenzaba una nueva era en España, como si nadie antes de él hubiera ejercido la
gobernación en este país. Con esto indicaba ser un gran imitador de Franco, al
querer crear una sociedad nueva como si la anterior no hubiera existido, y
acaudillar la nueva convivencia social, y como aquél inventa una nueva
asignatura: La Educación para la Ciudadanía. Vicio que no es
sólo de él, sino que suele ser de muchos que llegan al poder, pero en él tiene
unas características especiales, propia de los políticos que piensan que todo lo
arregla con su presencia y su palabra, aunque su actuación no responda a la
realidad y llegue a ser desastrosa.
Lo que llena más
de admiración es cómo se ha embebido de la idea de «el poder», considerando que
el suyo es perfecto, mientras que el de los demás es por esencia corrupto,
porque los considera como políticos profesionales. Él no, puesto que es líder
nato y caudillo, por eso hizo correr en un principio la voz que tenía baraca,
una suerte especial. Así aspira a ser la representación del pueblo y, cuando
habla, a reflejar la «opinión del pueblo siempre justa y honesta», porque
representa sus reivindicaciones.
Hace gala de una
peculiar forma de hacer política, y ha inventado el modo más original de
populismo, por ello en sus justificaciones siempre alude a que lo que él dice es
la opinión de la mayoría de los españoles, claro que contemplado desde la
ventana de su despacho de la Moncloa, no desde la calle. Pero contemplado desde
lejos, desde un ángulo objetivo, considero que reviste un cierto fracaso, más
que por falta de pericia del promotor, porque la sociedad es impermeable a
cantos de sirena, y hay ya un modo tradicional de entender la política que no
puede cambiar las promesas de un iluminado, con la excepción de los
nacionalismos separatista, que han calado su ingenuidad y han descubierto lo
fácil que resulta sacarle sus reivindicaciones. De aquí también su fácil
sinergia con los populistas latinoamericanos, que tienen unas bases más reales
que este superfluo zapaterismo.
Este neopopulismo
de ZP o Zetapepulismo no ha llegado aún a calar en la sociedad española, aunque
es de temer un éxito mitigado que puede llegar al pueblo más por la
extraordinaria inversión que se está haciendo en publicidad, que por la
comprensión y aceptación del líder por el hombre corriente de la calle.
Posiblemente influya en este fracaso el entreguismo a los
nacionalismos agresivos e identitarios vasco y catalán, que parece que han
absorbido al líder en los agujeros negros por la excesiva contaminación del
egoísmo separatista, y las exorbitantes energías que ha invertido en
ello.
Lo que resulta un
misterio, es que dentro de su propio partido socialista, haya calado con fuerza,
como le califica Ana Nuño: «la confusa personalidad adolescente de ZP», con su
peculiar neopopulismo, que podemos denominar Zetapepulismo.
NO DEJES QUE LA VERDAD TE ESTROPEE UN GRAN NEGOCIO
Por JUAN GOTI
ORDEÑANA
Albert Arnold Gore, Jr., alias Al Gore, ha estado en Oviedo para recibir el Premio Príncipe de
Asturias de Cooperación Internacional, y ha leido un discurso que me ha llevado
a reflexionar. Con este motivo ha visitado esta Autonomía: «Mi esposa y yo hemos disfrutado mucho
visitando esta región con nuestras hijas». Hasta aquí todo el discurso
perfecto, pues es bueno admirarse de Asturias y agradecer a quien obsequia tan
espléndidamente.
Pero siguiendo adelante, como buen
retórico, se ha proclamado como portavoz de la verdad, afirmando que su verdad
es categórica: «Uno de los dichos
más categóricos en mi tradición es que tienes que saber la verdad y la verdad te
liberará». Esto me ha sonado a
conocido. ¿Por qué se atribuye esta expresión del evangelio de San Juan?: «conoceréis la verdad y la verdad os
hará libres»(Jn.8,32). ¿Por qué
omite la tradición cristiana? Usar así la palabra evangélica es una felonía,
porque es para montar un negocio muy rentable, en contradicción con el sentido
original. Sin embargo, sí cita a Mahatma Gandhi para decir «que la fuerza más poderosa en la
humanidad es la “agratha satya”, que se traduce por la fuerza de la verdad». Pero sin atender a la realidad,
porque a la doctrina pacifista se Gandhi siguió en la India un período de
violencia y discordias, y de aquí concluye que la humanidad se divide entre los
que aceptan su verdad y los que se oponen.
Una vez asentado el principio del que parte,
conviene reflexionar sobre la realidad de los hechos. Al Gore no es un
científico, no expone su propia investigación, sino lo que ha captado de algunas
revistas: «Science», «Nature» y otras
publicaciones prestigiosas a quienes debe su saber, pero no ha visto otras
teorías. No se trata de una investigación que le haya llevado a la verdad, sino
que siendo un profano en las ciencias, por unas lecturas, se ha proclamado en
adalid de la ciencia.
Luego sus afirmaciones categóricas no son fruto de su trabajo,
sino de lecturas, leídas en una sola dirección.
Con estos antecedentes conviene analizar los
argumentos que propone para ver si responde a la realidad. Si uno entra en
Internet y pincha Al Gore encuentra una gran cantidad de artículos de todos los
sentidos, pero muchos señalan cómo sus afirmaciones categóricas no responden a
la realidad o al menos no resultan demostrados, algunos casos de su video: el derretimiento de la nieves del Kilimanjaro,
los expertos reconocen que no es exactamente como él lo propone; las subidas de
concentración de CO2, que afirma que es la causa de la subidas de temperatura,
los peritos dicen que no es cierto, pues las emisiones de CO2 son posteriores al
comienzo de las subidas de temperatura; la
película muestra que el progresivo secado del lago
Chad ha sido causado por el calentamiento global, pero no se ha
demostrado que sea así; el video dice que un estudio demostró quelos osos
polares se ahogaban por
la desaparición del hielo en el ártico, pero resultó que el
señor Gore no había entendido bien el artículo, 4 osos polares se ahogaron por
culpa de una tormenta particularmente virulenta, por lo que
presenta la problemática de los osos polares con una animación por ordenador
donde se ve al pobre oso nadando mientras él comenta que muere ahogado buscando
un trozo de hielo; la película sugiere que el nivel del mar podría
subir 7m provocando el desplazamiento de millones de personas,
de hecho las pruebas muestran que se espera que el nivel del mar suba unos 40cm
en los próximos 100 años, por lo que no existe riesgo de migraciones masivas.
Además de estos argumentos contra su video, hay datos
históricos que muestran cómo la temperatura de la tierra no ha sido uniforme en
la historia que nosotros hemos estudiado. Ahora con el deshielo se encuentran en
los Alpes calzadas romanas que han estado ocultas por la nieve durante siglos,
por lo que en otros tiempos los romanos pasaban por esos caminos hacía Europa.
Groelandia, lleva el nombre de tierra verde, y ahora se encuentran edificaciones
porque en otro tiempo hubo allí población y se trabajaron sus tierras. Los
vaivenes de la temperatura, aun en los tiempos históricos, es una cosa conocida
a lo que no responde la teoría de la verdad de Al
Gore.
El
juego que ha querido hacer con los términos verdad y libertad en su discurso del
Teatro Campoamor llama la atención, declarándose poseedor de la verdad, y
afirmando que como tal va a «liberar a las personas y cambiar el mundo». Una
predicación con tales pretensiones hay que valorar con cuidado. Sus conferencias
muestran imágenes interpretadas a su manera de algo que sólo los ha visto en una
revista. Él no es un científico, es sólo portavoz de una ideología favorecida
por intereses más o menos bastardos. Si alguien quiere ver su trayectoria, puede
leer toda la literatura que ha dado lugar y los intereses que va creando. Nada
en él es improvisado va por España haciendo
buena caja; se ha reunido con 200 «notables» captados
para la causa medioambiental y cuida hasta los más mínimos detalles; apela a la
inteligencia de los presentes; juega con la luz para entrar en su emotividad y
finaliza con un tercer acto teatral en una penumbra que incluso provoca el
llanto. Además paga fortunas a su equipo para que todo salga según lo esperado y
sin un sólo fallo. Nada es improvisado.
¿A quien
interesa la propalación de estas doctrinas? Siempre la gente ha tendido a
admitir teorías apocalípticas, y normalmente se han montado sobre ellas negocios
rentables. Esta reflexión no se opone a la conveniencia de advertir a la población que utilice con
cuidado los instrumentos que tiene en sus manos, pues vemos cómo la civilización
lleva al uso abusivo de las cosas de que dispone. No hay duda de la dificultad
para eliminar todas las basuras que se generan en nuestra sociedad y el gasto
que supone su eliminación, pero de ahí a concluir las condiciones catastróficas
a que estamos avocados si no seguimos sus normas, hay un mundo de diferencia.
Jugar con la
verdad y la libertad, haciendo referencia, sin citar, al pasaje evangélico de
donde lo ha tomado, para un negocio fabuloso no es de ningún modo honrado, y no
se le puede aceptar sin hacer algunas valoraciones de las costumbres que se
están introduciendo en la sociedad moderna.
Ante todo esto se puede preguntar ¿Por
qué caminos habrá llegado a conseguir el Premio Príncipe de Asturias y el Nóbel
de la Paz?