La pagoda del chinito

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Enviado a las 08/05/2008 20:38:31
Un recado de Delacroi y una felicitación

Vuelve el chinito provisionalmente de su viaje por el tiempo de las guerras napoleónicas para cumplir un encargo que me ha dado nuestra compañera Delacroi y de paso para felicitar a mi primo Cualquie, ese monstruo de la Naturaleza ya entrado en años, pero que pasea su senectud dignamente cual trilobites o dinosaurio en su salsa (en su salsa de su ambiente, no a la cazuela).

A lo dicho, Delacroi ha intentado poner unas cosas en su blog, pero no le salen y me piden que las ponga un servidor. Son dos enlaces, uno a un blog muy interesante y otro a una presentación muy bella y de agradable música. La intención es animar a todos aquellos que necesitan cariño y que andan un poco tristes, como le pasa a nuestros buenos amigos Cualquie y Caminant, que andan un poco en horas bajas. A ellos y a todos siempre conviene recordar que tras la tempestad viene la calma y que no hay mal que cien años dure (ni cuerpo que lo resista). Además, para sobrellevar las penas, nada mejor que la amistad , uno de los mejores regalos de Dios.

Aquí dejo los enlaces. Abrazos a todos y felicidades al gran Cualquie.

http://hechosnoticiablesyconmovedores.blogspot.com/

http://pipedial.iespana.es/cantare.pps

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Enviado a las 07/05/2008 22:40:10
Bailén

Bailén es una población situada en la provincia de Jaén cuyo nombre siempre será recordado por haberse producido aquí la primera derrota del poderoso ejército napoleónico en los campos de batalla europeos, demostrando de este modo que las tropas imperiales no eran invencibles. La noticia de la victoria se extendió por toda España, elevando la moral de los patriotas y forzó la salida de Madrid del nuevo rey José I, que sólo pudo regresar cuando Napoleón entró en España con su ejército.

El héroe de Bailén es el célebre general Castaños, que habiendo organizado un ejército con tropas regulares y paisanos andaluces, se proponía cortar las comunicaciones con el centro de la península a las tropas imperiales que se hallaban en Andalucía, cuyo jefe principal era el general Dupont que se hallaba en Córdoba, después de haberla tomado y saqueado (de paso).

La estrategia española fue desplazar a sus tropas continuamente de dirección, desconcertando así al enemigo. Dupont envió una parte importante de sus fuerzas a La Carolina, para así proteger el paso hacia Madrid de un posible ataque, y el consiguiente corte de comunicaciones que antes se cita. Castaños logró así dividir a las tropas imperiales entre la Carolina y Andujar, donde se hallaba Dupont con el resto de su ejército. Éste prefirió no entablar batalla sino retroceder para enlazar con los refuerzos que venían en su ayuda, y que ya no llegaron a tiempo. En esta operación se hallaba cuando se encontró en Bailén con las tropas de Castaños el 19 de Julio de 1808.

A la victoria contribuyó enormemente la ayuda que los habitantes de Bailén proporcionaron, sobre todo suministrando agua a los soldados y a las piezas de artillería, que tuvieron un gran papel por su eficacia y destreza en la contienda. Precisamente en el escudo de la ciudad figura un cántaro agujereado que simboliza a María Bellido, cuyo cántaro fue perforado por una bala francesa mientras daba de beber a los soldados españoles. Es también importante destacar el valor de los caballistas andaluces que, armados con garrochas (varas de madera con un hierro en la punta que se usan para picar los toros y para conducir el ganado) hicieron grandes estragos entre los franceses.

Unos veinte mil franceses fueron hechos prisioneros. La rendición fue retratada años después por Casado del Alisal en el cuadro de estilo velazqueño que arriba puede verse, y que se conserva en el Museo del Prado. Dupont y los oficiales fueron liberados y trasladados a Francia, pero los soldados fueron deportados a la desierta isla de Cabrera, en las Baleares, y no fueron liberados hasta el final de la guerra. Allí murieron más de la mitad debido a la falta de víveres y a las duras condiciones de la isla. Un punto negro que empaña en cierto modo la victoria.

Historia militar de España

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Enviado a las 06/05/2008 20:50:04
El Bruc

En estos tiempos en que el virus separatista avanza, mal no viene recordar episodios como los que hoy se relatan, pues allá por 1808 los catalanes se batieron heroicamente como el que más, pero no por la independencia de Cataluña, sino por la de España. Por eso, para los que pensamos que Cataluña es España, sucesos como éstos nos afirman en nuestra creencia y refuerza la idea de la única Nación.

Al producirse el levantamiento en Cataluña sólo se disponía de unas escasas tropas del ejército regular español, pero, a cambio, desde su comienzo tuvo el gran apoyo popular de los somatenes (som atents, es decir “estamos atentos”), grupos de vecinos armados de cada pueblo o localidad que actuaban para la autodefensa contra bandoleros o alarmas, y cuya institución secular estuvo vigente hasta 1978.

Hubo en realidad dos batallas del Bruch (en catalán, El Bruc), una el 6 de Junio y otra el 14. En la primera, una columna al mando del general francés Schwartz había salido de la Barcelona invadida con la misión inicial de llegar a Tortosa, para allí estar en disposición de acudir a sofocar la sublevación de Valencia si su presencia era necesaria. Sin embargo el general Duhesme cambió de parecer y dio a Schwartz la orden de castigar a la ciudad de Manresa por su levantamiento y desacato al Emperador.

Los españoles sospecharon del cambio de dirección de las tropas imperiales y se produjo el toque a somatén en Igualada, Manresa y otras localidades. Parece ser que incluso los franceses oyeron el toque de las cornetas y las campanas que llamaban a somatén, pero al desconocer su significado, prosiguieron la marcha sin alertarse.

Al llegar a las gargantas del Bruc, los somatenes, que habían cortado el camino y se encontraban pertrechados en el bosque cercano, comenzaron a disparar. Schwartz mandó un batallón a desalojarlos de su posición y consiguió perseguirlos hasta Casa-Masana, donde se encontraron con todos los somatenes de la comarca, así como tropas regulares del ejército español (destacamentos de Wimpfen y de Guardias Valonas). El batallón se retiró en desorden hacia el Bruch, donde se encontraba el resto de sus fuerzas, que almorzaban despreocupados. El caos cundió entre los franceses.

En ese momento se produce la célebre escena del tambor del Bruc. El somatén del pueblo de Sampedor llevaba un tambor llamado Isidro Jussá, un mozo de 14 años que comenzó a tocar con frenesí de tal modo que el eco de las montañas hizo creer a los franceses que eran muchos más, interpretando que se acercaban tropas regulares al combate, y propiciándose de este modo su retirada definitiva. En realidad, no se sabe si la leyenda es cierta, o fue el sonido de todas las campanas de los pueblos vecinos tocando a rebato lo que atemorizó a los imperiales. En el lugar hay un monumento y una inscripción, que dice:

Viajero, para aquí, que el francés también paró, el que por todo pasó no pudo pasar de aquí.

El 14 de Junio hubo una segunda batalla en el Bruc. El general Duhesme envió una división entera a la zona, pero volvió a encontrarse con el coraje y arrojo de los somatenes y de los guardias valones y suizos, siendo nuevamente derrotado.

Las acciones del Bruc fueron el estímulo para que toda Cataluña se levantara en armas contra el Emperador. Es de suponer que esto se estudia en Cataluña, pero bueno sería saber la interpretación de los hechos. La verdad, no obstante, es bastante evidente.

http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_del_Bruc

Historia Militar de España

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Enviado a las 05/05/2008 20:29:57
Del Dos de Mayo a El Bruch

El levantamiento y la represión en Madrid son las gotas que colman el vaso de la paciencia popular, muy colmada por el resentimiento contra la presencia militar francesa, que fue siempre rechazada, así como por la inacción de las autoridades y del ejército ante la situación.

Tres son los hechos que desencadenan la insurrección. A la transmisión del bando de Móstoles se unen el conocimiento de los sucesos del Dos de Mayo en el resto del territorio español, y la noticia sobre las renuncias de Bayona, en virtud de las cuales la corona española pasa a manos de José Bonaparte. Todo ello origina la pérdida de confianza en la administración borbónica —que seguía teniendo instrucciones de cooperar con los franceses— y la asunción de la representatividad y la voluntad popular por las autoridades locales y las Juntas provinciales, que proclaman su lealtad a Fernando VII, al cual se le creía secuestrado en Francia.

De este modo, la Junta del Principado de Asturias se proclama soberana y es la que declara formalmente la guerra a Francia el 24 de Mayo de 1808, enviando asimismo una embajada a Inglaterra para sellar alianzas y pedir su ayuda. A la sublevación se irán sumando sucesivamente el resto de las Juntas (Cantabria el día 27, Galicia el 30, León el 1 de junio, etc.).

En Valencia, el 23 de Mayo se produce el grito de El Palleter (vendedor de paja) Vicente Doménech, que exhorta a la multitud al grito de: "Un pobre palleter li declara guerra a Napoleó". !Vixca Fernando sèptim y muiguen els traïdors! mientras enarbola un estandarte hecho con un trozo de su faja y en el que había puesto una imagen de la Virgen de los Desamparados y un retrato del rey. A los dos días se constituye la Junta de Valencia que se subleva asimismo contra el invasor. A la ciudad llegan también las tropas de Ingenieros de Alcalá de Henares que fueron las primeras en desobedecer las órdenes del poder central y que habían abandonado Madrid para incorporarse a la lucha en otros frentes, siendo recibidos con gran entusiasmo.

El Palleter

Comienzan las primeras acciones bélicas, fruto de los levantamientos en todo el país. Una de las primeras se produce en Valdepeñas, donde los paisanos inflingieron grandes daños a las tropas francesas que se dirigían a Andalucía e impidieron su llegada a la posterior batalla de Bailén, aunque los invasores  arrasaron e incendiaron finalmente el pueblo tras varios intentos de controlar a los furiosos habitantes. Aquella fue una de las primeras veces en que el invasor advirtió del enemigo que tenia enfrente.

Batalla de Valdepeñas

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Enviado a las 04/05/2008 18:52:07
La represión

Los sucesos del Dos de Mayo costaron la vida a numerosos madrileños; unos autores hablan de cuatrocientos, otros de más de mil, incluyendo mujeres y niños. El número de soldados franceses muertos o heridos fue obviamente inferior dada la desigualdad del combate, entre cincuenta y un escaso centenar. Sin embargo, el mariscal Murat fue inflexible, tal como demuestra en su diario:

El pueblo de Madrid se ha dejado arrastrar a la revuelta y al asesinato... Sangre francesa ha sido derramada. Sangre que demanda venganza.

Para ello se dictó un bando por el que se condenaba a muerte en el instante a todo aquel que hubiera participado en la sublevación o fuera encontrado con armas. Comienzan así los fusilamientos en la misma noche del día dos, extendiéndose la brutal represión hasta el día siguiente.

Las descargas de fusilería se producen ininterrumpidamente durante horas en varios lugares como en la actual plaza de España o en el Paseo del Prado. Sin embargo, es en la montaña del Príncipe Pío donde se producirán las horribles escenas que Goya inmortalizó en su célebre cuadro Los fusilamientos de la Moncloa (nombre que recibe esta zona del Oeste de Madrid y en la que se encuentra la montaña del Príncipe Pío).

Estudio sobre el cuadro de Goya

Gran parte de los mil madrileños muertos fueron por la cruel venganza de Murat, que sofocó la rebelión a sangre y fuego. Tal es el caso de la heroína Manuela Malasaña (curiosamente nieta de un panadero francés llamado Malasagne, cuyo apellido se españolizó posteriormente). Según unas versiones murió ayudando a su padre y otros defensores del cuartel de Monteleón, pero la mayor parte de autores estima que fue apresada por una patrulla francesa y fusilada por hallársele encima sus tijeras de costurera, que fueron consideradas como arma. Tenía diecisiete años.

En la montaña del Príncipe Pío se fusiló a unas cuarenta y tres personas. Destaca el sacerdote Francisco Gallego Dávila, que aparece en el cuadro de Goya como una figura gris al lado del hombre de blanco que se encuentra con los brazos abiertos. Al contrario que el resto de los asesinados en la Moncloa —elegidos a sorteo entre los prisioneros— a Gallego le escogió el propio Murat, por haber sido apresado trabuco en mano, matando franceses. "Quién a hierro mata, a hierro debe morir”, le dijo el mariscal. La historia da muchas vueltas y Murat fue fusilado a su vez años después en Italia tras ser depuesto como rey de Nápoles, cargo que obtuvo del emperador. Siempre se recoge lo que se siembra.

Interesante artículo sobre los fusilamientos de Principe Pío

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Enviado a las 02/05/2008 22:36:36
El bando de Móstoles

(Viene del post anterior)

A las pocas horas de producirse los sucesos de Madrid, la noticia ya había llegado a los pueblos vecinos y entre ellos a Móstoles (Hoy, con 200.000 habitantes, segunda ciudad de la Comunidad de Madrid, pero entonces un pueblecito de labriegos). Allí se encontraba el jurista Juan Pérez Villamil, que había salido unos días antes de la capital y se había instalado en esta localidad, donde tenía una casa, para marchar a América si fuera necesario.

En contra de la creencia general, no existía un solo alcalde en Móstoles sino dos, como era asimismo frecuente en muchos pueblos de España. Uno de ellos, Simón Hernández, representaba al pueblo llano, mientras que Andrés Torrejón lo hacía en nombre de nobles y notables. Los dos sin embargo eran pecheros (plebeyos) pues los nobles habían declinado en esta ocasión hacer nombramiento.

http://www.1808-1814.org/colabora/villamil.html

Pérez Villamil redactó el famoso bando que animaba a todos los españoles a seguir el ejemplo de Madrid y plantar cara al invasor. El escrito fue firmado por ambos alcaldes, aunque fuera Torrejón quien se llevara la gloria. Éste era un humilde labrador con escasos estudios, pero de gran nobleza y notable experiencia en las tareas municipales, que probablemente murió en 1811 a causa de la gran hambruna que la guerra trajo a muchas poblaciones.

Quiso la casualidad que se encontrar en el pueblo un postillón (miembro del servicio de postas que viajaba a caballo para cumplir su tarea) andaluz llamado Pedro Serrano. Él fue quien se encargó de llevar las copias del bando para distribuirlas en Andalucía y Extremadura. En cada pueblo que se detenía iba dejando copias, que se distribuían mediante el sistema de propios (recaderos) a los pueblos vecinos. De este modo, a última hora de la noche, ya había llegado a Talavera, distante unos 120 kilómetros de Madrid, y completándose la tarea en los días sucesivos

El nabo permitió conocer la noticia en todo el sur de España y contribuyó al levantamiento de gran parte del país. Se distribuyeron dos textos: uno, muy breve, para ser colocado en todos los cruces de caminos que es el que ha pasado a la posteridad:

La Patria está en peligro.

Madrid perece víctima de la perfidia francesa

Españoles, acudid a salvarla. Móstoles, 2 de Mayo de 1808.

 

El otro era el texto completo que se entregaba en cada pueblo a los alcaldes yq eu rezaba lo siguiente:

Señores Justicias de los pueblos a quienes se presentase este oficio, de mí el Alcalde de Móstoles:

Es notorio que los Franceses apostados en las cercanías de Madrid y dentro de la Corte, han tomado la defensa, sobre este pueblo capital y las tropas españolas; de manera que en Madrid está corriendo a esta hora mucha sangre; como Españoles es necesario que muramos por el Rey y por la Patria, armándonos contra unos pérfidos que so color de amistad y alianza nos quieren imponer un pesado yugo, después de haberse apoderado de la Augusta persona del Rey; procedamos pues, a tomar las activas providencias para escarmentar tanta perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos y alentándonos, pues no hay fuerzas que prevalezcan contra quien es leal y valiente, como los Españoles lo son. Dios guarde a V.S. muchos años. Móstoles dos de Mayo de mil ochocientos y ocho. Andrés Torrejón. Simón Hernández.

De este modo, toda España comenzó a enterarse de lo sucedido y comenzó a sublevarse contra el invasor, si bien el bando no puede considerarse una declaración de guerra como tal, que es lo que ha llegado hsta nuestros días. De todas formas, patriotismo, valor y nobleza no les faltó a los participantes de este hecho.

Para saber más

Copia del bando completo
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Enviado a las 02/05/2008 15:58:17
El Levantamiento

Es preciso batirnos, es preciso morir (Pedro Velarde).

 

El lunes Dos de Mayo de 1.808 amanece soleado en Madrid, después de una fina lluvia caída durante la noche anterior. A las ocho de la mañana, en la plaza de Oriente esperan en la puerta del Palacio Real varios  carruajes dispuestos por los franceses para llevarse a los últimos infantes de la familia real a Francia. La multitud comienza a congregarse y ve aparentemente tranquila como sacan a la princesa de Etruria, hija del rey. Sin embargo, el otro coche hace deducir al gentío que está destinado al infante Francisco de Paula, entonces un niño. Un cerrajero llamado José Blas de Molina da el grito de ¡Que nos lo llevan! y el gentío penetra en el palacio. El infante se asoma a un balcón aumentando el bullicio en la plaza.

En ese momento, aparece un batallón de granaderos de la Guardia Imperial con apoyo de artillería, que comienza a disparar contra el pueblo siguiendo las órdenes de Murat, que desde el palacio del marqués de Grimaldi, situado en una esquina de la misma plaza, ya ejercía el poder efectivo en contra de la débil junta de gobierno nombrada por Fernando VII, ese día presente en Bayona.

Se producen numerosos muertos, lo que enciende más aún la cólera popular, extendiéndose la lucha por todo Madrid. Durante varias horas, los franceses pierden el control sufriendo más de medio centenar de bajas entre muertos y heridos. Los paisanos sacan las escasas armas que poseen y las complementan con palos, cuchillos, tijeras y lo que se tercie. Desde las ventanas se arroja al enemigo macetas, aceite hirviendo y agua caliente. En los barrios se organizan partidas de vecinos al mando de comandantes improvisados que hostigan a los soldados de Murat. Es particularmente importante la resistencia en lugares como la Puerta de Toledo, donde las mujeres acuchillan a los caballos de los coraceros franceses para así derribar a los jinetes, y la Puerta del Sol, célebre por el cuadro de Goya que escenifica el combate de los madrileños contra los mamelucos, las temibles tropas egipcias de Napoleón.

Mientras tanto, las autoridades españolas impiden salir a combatir a las escasas tropas de guarnición, apenas unos dos mil hombres. No obstante, unas docenas de artilleros e infantes españoles del Parque de Artillería de Monteleón —situado en el barrio (hoy llamado del Dos de Mayo) que hay entre las calles de San Bernardo y Fuencarral— desobedecen las órdenes uniéndose al pueblo y entregándole armas. Entre estos héroes destacan los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde, así como el teniente Jacinto Ruiz, entre otros. Tras sacar tres piezas de artillería del parque, combaten denodadamente y hacen grandes estragos en las filas enemigas, repeliendo la primera ofensiva que estaba al mando del general Lefranc, para caer finalmente ante los numeroso efectivos de refuerzo que envía Murat. Allí cayó también la heroína Clara del Rey, que defendió el Parque junto a su marido y sus hijos.

2 de mayo de 1808

Monteleón

A las dos de la tarde, la rebelión ha sido sofocada, pero han sido necesarios más de veinte mil soldados franceses para someter a un pueblo casi desarmado y a unos pocos militares. La noticia de la masacre es trasmitida rápidamente y llega en las primeras horas de la tarde a los pueblos cercanos a Madrid, y en particular a uno: Móstoles.

Allí sigue el relato.

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Enviado a las 01/05/2008 20:56:50
Los antecedentes (II)

(Viene del post anterior)

En realidad, las verdaderas intenciones del emperador eran quedarse con toda la península Ibérica, destronando a Borbones y Braganzas para ceder ambas coronas a familiares suyos, tal y como había hecho en otros países europeos previamente invadidos y conquistados para así asegurarse su alianza y disponer de sus recursos. Fue Godoy el que acabó descubriendo, aunque tarde, lo que se proponía Napoleón.

Asustado, el valido traslada a la familia real a Aranjuez para, desde allí, preparar el desplazamiento a Sevilla y embarcar a América en caso de peligro. El viaje se ve interrumpido por el célebre motín de Aranjuez (17-18 de marzo de 1808), fruto de la ira popular contra las guerras y tratados con los franceses e instigado por los nobles y clérigos absolutistas que rodeaban al príncipe heredero, siempre conspirando en favor de sus propios intereses y contra su padre. El motín provocó la caída de Godoy y la abdicación de Carlos IV en favor de Fernando VII.  Al llegar la noticia a Madrid se producen numerosos disturbios en los días posteriores en apoyo de Fernando VII, siendo asaltados numerosos inmuebles de personalidades afines a Godoy y al depuesto monarca. Éste pide ayuda a Napoleón.

Motín de Aranjuez

El emperador aprovecha la situación y atrae con engaños a la ciudad francesa de Bayona a los enfrentados padre e hijo. Tras la reunión, Fernando se vería obligado a devolver la corona a su padre, y éste a su vez se la cede a Napoleón, que culmina el proceso nombrando rey de España a su hermano José Bonaparte (abdicaciones de Bayona).

Abdicaciones de Bayona

 

Mientras tanto, en la España invadida, los ánimos están muy encendidos y el pueblo se prepara para la lucha. Los soldados franceses muestran cada vez una actitud más prepotente y se dedican a la rapiña, al intimidamiento y a las violaciones, siendo frecuentes los enfrentamientos con los paisanos en muchos lugares del país. La Junta de Gobierno que Fernando VII había dejado en Madrid permanece indecisa, pues tenía instrucciones de colaborar con los franceses; además muchos de sus miembros eran cobardes y otros, afrancesados. Se llega incluso a sofocar varias conspiraciones cívico-militares en defensa de Fernando VII y contra los Bonaparte.

Sólo faltaba la chispa que prendiera el fuego.

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Enviado a las 01/05/2008 14:14:03
Los antecedentes (I)

Aunque todavía conservaba gran parte de sus posesiones de Ultramar, la España de principios del siglo XIX no era sino una pálida sombra del gran Imperio de los Austrias, debilitada militarmente y empobrecida en lo económico. Las clases populares eran muy incultas y malvivían como podían, en contraposición a los nobles y eclesiásticos. Sin embargo, todos odiaban al primer ministro Manuel Godoy, que había ascendido rápidamente —gracias a su “amistad” con la reina, según las malas lenguas— y que actuaba como todopoderoso valido del rey Carlos IV. En contraposición, la gran mayoría del pueblo sentía una especial veneración por el príncipe heredero Fernando, que pugnaba desde hacía tiempo por arrebatarle la corona a su padre. Tiempo habría de lamentarse después cuando el heredero reinó como Fernando VII, prototipo del absolutismo y, seguramente, el monarca más nefasto de nuestra Historia.

La debilidad de la monarquía borbónica la había llevado a una obligada alianza con la Francia napoleónica que, triunfante en los campos de Europa, sólo necesitaba ya la conquista de las Islas Británicas para completar sus designios imperialistas disfrazados bajos los ideales de la Revolución Francesa. La derrota en Trafalgar (1805) de la escuadra franco-española imposibilitó tal conquista, por lo que Napoleón intentó ahogar a su enemigo económicamente mediante el bloqueo continental de los puertos británicos.

Portugal, siempre aliado de los ingleses, hizo caso omiso del boicot. Ante ello, Napoleón se planteo doblegar a los portugueses, recabando el apoyo de Carlos IV, que siempre había soñado con la Unión Ibérica. Se firma así el tratado de Fontainebleau (octubre de 1807) por el que España y Francia estipulan la invasión militar conjunta del país luso, que se dividiría en tres reinos: Lusitania septentrional, centro y Algarve (ésta última para Godoy con la categoría de ducado), así como el reparto de las colonias portuguesas, permitiéndose para este fin el paso de tropas francesas por territorio español para llevar a cabo dicha invasión. Napoleón tuvo así via libre para entrar en España, y, a principios de 1808, treinta mil soldados franceses al mando del mariscal Murat entraron inicialmente por las fronteras del norte. Al poco tiempo ya eran ciento veinte mil que ocuparon las principales ciudades y comenzaron a hacer desmanes sin que nadie lo impidiera.

Tratado de Fontainebleau(Aquí abajo la pareja gloriosa).
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Enviado a las 30/04/2008 20:17:01
España y la Libertad

Como ya se comunicó hace unas fechas, a partir de mañana este blog cambia de imagen, de título y de temática. Hastiado ya de la política, es preferible dedicar el mes venidero a asuntos históricos, rememorando la gesta del Dos de Mayo  y los principales episodios d la guerra de la Independencia.

No viene mal recordar estos sucesos precisamente en el bicentenario de su comienzo para afianzar aún más la profunda convicción que aún reside en las almas y los corazones de los españoles de bien. Somos un gran pueblo y una gran Nación, por mucho que algunos se empeñen en cuestionar nuestra existencia y cataloguen a España como una entelequia que jamás se plantearon nuestros antepasados, gentes sencillas, humildes y, en muchos casos, analfabetas, pero de gran nobleza y coraje que suplen con mucho las otras carencias. Los bienes de la tierra y del cuerpo son efímeros, pero los ideales y los valores perduran a través de las generaciones.

El bicentenario nos recuerda también la fortaleza de la unidad, que va estrechamente asociada a la idea de Nación. Durante seis años, nadie se cuestionó si había hechos diferenciales por ser vasco, catalán o madrileño, pues todos luchaban codo con codo contra el invasor y sentían un destino común que trasciende mucho más allá del estrecho concepto de "territorio" al que ahora nos hallamos demasiado acostumbrados, por desgracia.

Otra lección a considerar es que el pueblo está muchas veces por encima de sus dirigentes, y cuando no puede ser manipulado gracias a las armas mediáticas es capaz de ver más allá de las simples luchas intestinas por el poder y advertir cuál es la realidad inmediata y las decisiones a tomar. Afortunadamente no había televisión en 1.808, pues de ser así, es muy probable que todos hubieran terminado afrancesados y los hechos hubieran sido otros.

Por ello, no viene mal poner al día aquellos tristes acontecimientos, que si bien enormemente sangrientos, fueron los que asentaron los cimientos de dos conceptos que hoy asumimos como irrenunciables: España y la Libertad.

Fuerza y Honor.

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