El adiós de ‘Breaking Bad’: el orgullo del perdedor

Martes 1 de octubre de 2013 - Bárbara Ayuso - 12 Comentarios
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Sí, vamos a hablar del final de Breaking Bad y vamos a hacerlo bien: sin racanear en espoilers. Traducción: si no has visto aún Felina (5×16), huye.

El final de Breaking Bad no ha sido la muerte de Walter White. Tampoco la de Heisenberg, ojo. Sospechábamos que ocurriría y los últimos capítulos nos mecieron hasta la certeza: Tenía que morir. La pregunta era cómo, y sobre todo la pregunta era pero antes antes qué. En lo que haría en los últimos compases de su vida estaba el verdadero meollo de esta serie, la respuesta ante lo que en mi opinión planteó Breaking Bad desde el principio: ¿El que la hace la paga?

A Walter podría haberlo matado el cáncer, Jesse o la banda de matones de Todd. Algunos, incluso, señalaban a su hijo, Skyler, o la DEA. Podría haberse encajado un tiro en la sien. Pero Vince Gilligan ha elegido el final más honesto y coherente con todo el desarrollo moral -que es de lo que realmente iba la cosa- de la serie: a Walter lo mata Walter. O lo remata, porque ya está muerto. Perdido en aquél ignoto bar de New Hampshire, diseña el plan que precederá a su desaparición: el sustento de sus hijos, la libertad de Skyler, el destino de su imperio de la blue meth. Todo lo planea, salvo la muerte. Porque eso ya está concertado. Y no hay hombre más libre que el que sabe esto: “Live free or die“.

Hubo un momento fugaz, durante esta temporada, en la que Walter White pensó que podría expiar sus pecados y llevar una vida normal. Acabar con el imperio de la droga, compensar a Jesse… Pero es en el magnífico Ozymandias donde asume su destino y deja de rumiar mentiras. En la soledad de la cabaña, lo constata: todo está perdido para él y hay facturas por pagar. Pero ahí Walter está consumido, dominado aún a por estertores del irreversible final. “Mañana”, se dice a sí mismo. Mañana saldará cuentas. Y ese mañana no llega cuando empaca el dinero y hace esa estremecedora llamada a un hijo que ha perdido para siempre. El empujón se lo da Heisenberg, que vuelve a emerger con la entrevista a la pareja que posee lo que considera suyo. Emerge de sí mismo algo (alguien) que nunca se fue. Porque, y permitidme que ahonde en esto, Walter White nunca vuelve a ser Walter White. Una vez desciende a los infiernos y se convierte en Heinsenberg, independientemente si sobre su cabeza reposa ya el mítico sombrero o no, es un nuevo ser. Y esto, al menos para mí, no es baladí.

 Heisenberg vs Walter: ¿Jekyll y Mr. Hyde?

¿Ha muerto Walter White o Heisenberg? se planteó en la frikitertulia tras el último capítulo la pasada noche. Pareciera que, con la pregunta, asumimos que el personaje tuviera un doble papel de Jekyll y Mr. Hyde: el noble Walter es el que se preocupa por su familia y haría lo que fuera por ella; y un Hyde-Heisenberg que disfruta siendo el jefe del mayor imperio de la droga. El demonio que se ha comido al hombre. Y no.

Walter es un fracasado que encuentra en el laboratorio de droga todo lo que no tuvo y siempre ambicionó. El respeto, el poder, el dinero, el orgullo, el amor propio. La blue meth le proporciona la posibilidad de saldar cuentas con su perra vida -que entonces cree ya finiquitada- y resarcirse con un mundo que le ha dado un destino que considera injusto, impropio de su valía. Recordemos a ese Walter de la primera temporada: humillado por sus alumnos, por su jefe en el lavado de coches, incluso por su mujer en el lecho marital . Y él podía haber sido mucho más. Tenía (y tiene) el intelecto para haber pisoteado a todos los mediocres que le vituperan. Pero es un perderdor. Y de repente, buscando una alternativa que no haga perdedores a los suyos, se siente vivo cocinando metanfetamina. “I am awake”, dice en el ya lejano primer episodio. Y es esa poderosa y adictiva sensación la que le hace sobrepasar todo designio moral, buscando más. Sumergiéndose más y más en el pozo del orgullo y la ambición de ese universo delincuente donde erige su imperio.

Todo lo hace por él. Tarda cinco temporadas en reconocerlo, pero lo hace. Y lo hace en una de las mejores escenas de toda la serie, en este último capítulo.

Por eso Walter White y Heinsenberg no son dos dualidades en una misma persona. El demonio no se ha comido al hombre, sino que el hombre ha soltado amarras con la frustración, y por una vez ha hecho lo que quería, despojándose de todo tipo de límites, incluidos los morales. Pero es hombre. La preocupación por su familia es genuina y la nobleza de sus sentimientos también. Tan genuino, como el placer que siente al verse poderoso, respetado y temido.

Muere Walter y también muere Heisenberg, no nos dejemos engañar. Son la misma persona. Si en ese cuerpo consumido por el cáncer sólo hubiera estado el profesor de química, en su último acto de este capítulo le habría bastado con dejar todo atado a su familia. Habría engañado vilmente a la pareja para que le entregaran el dinero a su hijo, y habría acabado con los matones que podrían vengarse de su familia cuando él se hubiera ido. No hacía falta más. Pero, donde demuestra que también es Heinsenberg es en ese sobre de Stevia. No basta con que su familia esté a salvo y guarecida económicamente, hay otra gran preocupación: su criatura, su legado, su creación. El imperio de la blue meth. Hay orgullo en ese Walter que mata a Lydia para que nadie jamás pueda recrear lo que su genio, tanto tiempo menospreciado, creó de la nada. Walter se va con orgullo, quizá arrepentido de alguno de sus pecados, pero satisfecho. No era cuestión de dinero -ya que rechaza saber dónde está el resto- sino por haber construido algo que no supo hacer nadie más. Suyo, y sólo suyo.

¿Todo salió mal?

El final me ha gustado por muchas cosas. Entre otras, porque creo que es un portazo en las narices a los moralistas que pedían a gritos la muerte de Walter por todo-lo-malo-que-había-hecho. “¡Ha matado fríamente, no puede acabar bien!”. Quedarán satisfechos, si así lo desean, porque muere y no goza de una vida feliz en Las Bahamas. Bien… si quieren verlo así.

Yo, me quedo con esa media sonrisa de un tipo al que no mata ni el cáncer, ni la justicia ordinaria. Ni se pudre en un calabozo, ni en la cama de un hospital. No le habrá proporcionado todo el colchón económico a su familia que buscaba, pero tampoco le deja en la indigencia. Ni siquiera muere a manos de ese Jesse que se libra de su yugo manipulador cuando decide hacer lo contrario de lo que le pide. La amargura de la muerte, de no ver crecer a sus hijos la tiene. Pero ya la tenía en el primer capítulo. Ahora también se va, pero ha encontrado, en todo este descenso a los infiernos, algo que no tenía entonces: el orgullo y la dignidad.

Me es indiferente saber si Walter habría hecho lo mismo de saber cómo acabaría. ¿Quién lo haría? Lo que sé es que este hijo de puta perdedor se ha ido con un triunfo entre las manos, y no es uno pequeño. Permitiéndose un acto de bondad salvando a Jesse, admirando su creación con nostalgia y abrazando a la muerte sin miedo. Todo salió mal. ¿O no? Yo me pensaré volver a llamarle perdedor.

Adiós Walter, y gracias Breaking Bad.  Le habéis dado a esta gran serie un final coherente y fiel a lo que nos enganchó de la historia, machadas de McGyver al margen. Ahora toca decidir si nos quedamos con James Gandolfini o con Bryan Cranston como la mejor interpretación de la pequeña pantalla en los últimos años. Ardua tarea.


12 Comments

  1. Antonio's Gravatar Antonio
    1 octubre, 2013 at 4:42 | Permalink

    Adiós Breaking Bad, ha sido una serie increíble de principio a fin. Todos podemos llegar a identificarnos con alguno de sus personajes. Es un muy buen drama con toques geniales de comedia y el final es perfecto, no debía suceder otra cosa. Hasta siempre!

  2. Gabriel Y.'s Gravatar Gabriel Y.
    1 octubre, 2013 at 7:56 | Permalink

    Hay una cosa de la que no hablas. Y es que el propio capítulo, al comienzo, da una señal de lo que va a ocurrir. En la matrícula de New Hampshire reza: “Live free or die”.

  3. Nacho Arribas's Gravatar Nacho Arribas
    1 octubre, 2013 at 8:15 | Permalink

    La mejor serie de la historia y la mejor interpretación. La primera secuencia del primer capítulo es de lo mejor, la banda sonora, la acción, los planos cortos… es la caña.
    Me encanta tb los inicios de cada capitulo hasta las letras de las tablas periódica; son como minicapitulos aparte… buenisimos.
    Las cinco temporadas se salen!!
    Van a sacar una serie con Saul como protagonista??

  4. Jose's Gravatar Jose
    1 octubre, 2013 at 8:28 | Permalink

    Obra maestra. Cierto, paga sus correspondientes tributos comerciales de vez en cuando, al fin y al cabo, el artista -Shakespeare- tiene que alimentarse. Pero este viaje desde la más triste insignificancia del Walter White profesor y lavacoches, hasta el Heisenberg triunfante en un principio y vengador al final, ha sido maravilloso.

    En realidad, Ozymandias es el capítulo final. Pero los dos capítulos a modo de epílogo eran necesarios.

    La secuencia dentro de casa de Gretchen y Elliott es demoledora, es donde se ve el genio del personaje.

    En cuanto a Jesse, me gustaría pensar en la escena de la caja como un flash forward, lo que será su vida una vez que aparque los fantasmas de su asociación con WW.

    ¿Y ahora qué hacemos?

  5. perolo's Gravatar perolo
    1 octubre, 2013 at 8:37 | Permalink

    Efectivamente, tendrías que replantearte el llamar “perdedor” a Walter, al menos al “Walter” del último episodio. El Walter que muere después de recorrer el tortuoso camino que va “más allá del bien y del mal” ya no era un perdedor, sino una hermosa bestia rubia. Sin el cáncer, sin el providencial aviso de que la muerte se cernía sobre él, Walter “el perdedor” no hubiese sentido jamás la necesidad de dar sentido a su existencia. Seguramente hubiese seguido siendo, hasta el final de sus días, el ser mediocre que hasta entonces era, humillado y frustrado, resentido con quienes sí supieron ser y triunfar (sus antiguos socios). Al final, pero, Walter dejó de ser un perdedor para poner todo su talento de brillante científico a la noble causa de “ser él mismo”, porque Walter, en el fondo, siempre fue Heisenberg, por más que la pedagogía social le condicionara (civilizara) para que aceptara el innoble destino de ejercer de timorato y humilde profesor de instituto.
    Por último, Walter no mató a Lydia por el vano orgullo de no permitir que su imperio siguiera “vivo” sin él. Fue necesario matar a Lydia para salvaguardar a su familia. No olvidemos que la pérfida Lydia ya había intentado convencer a Todd para que matara a su esposa, Skyler, y quizás también a sus hijos. Heisenberg supo, como bien lo supieron los antiguos romanos o como lo saben las frías mafias, que era necesario erradicar hasta el último enemigo (Lydia incluida) para garantizar la pervivencia de su propia estirpe familiar.
    “Breaking Bad” es una serie irrepetible de la que se podrían extraer numerosas lecturas y que, sin duda, seguirá dando mucho que hablar.

  6. 1 octubre, 2013 at 9:02 | Permalink

    Sublime final. Desde luego no está al nivel artístico de ozymandias (que sería de 11 sobre 10) pero le daría un dignísimo 8 a este capítulo. Soberbio en todos los detalles (con el envenenamiento hacen click un montón de piezas que parecían anecdóticas, por ejemplo).

  7. p_solar's Gravatar p_solar
    1 octubre, 2013 at 9:19 | Permalink

    O Jimmy McNulty :P

    Aun así, gracias, Walter.

  8. Surrender's Gravatar Surrender
    1 octubre, 2013 at 10:32 | Permalink

    Buen artículo. Pero creo que falta una mención a su relación con Jesse. Jesse no era consciente de ello, pero en realidad Walter le quiere y de ahí su salvación. Para mí es de lo más importante en el último capítulo.

  9. AntonPirulero's Gravatar AntonPirulero
    1 octubre, 2013 at 17:20 | Permalink

    La única amargura con la que Walt podría morir es saber que Jesse le considerará siempre un asesino por haber envenenado a Brook para matarle, cuando no es cierto. Y es que recordemos que Walk, realmente, no intenta asesinar a Brook envenenándole. Lo que sí hace es utilizarle para poner a Jesse en contra de Gus, le suministra a Brook una sustancia de una planta del desierto que provoca efectos similares al ricino, pero que no es letal, recordad la planta que tenía en su piscina y de la que se acaba deshaciendo. De hecho el ricino está intacto hasta que se lo coloca a Lydia en el sobrecito de Stevia. Jesse acaba la serie no sabiendo esto, y siempre creerá que Walt intentó envenenar a Brook, lo que no podrá perdonarle nunca.

    Grandísima serie que merece un revisionado en el que seguro encuentraremos mil detalles que cobrarán valor a la luz de los sucesos posteriores.

    • Joako's Gravatar Joako
      10 marzo, 2014 at 15:30 | Permalink

      Jesse si sabe que el ricino se lo ha dado a lydia, en el último capítulo walt sale hablando por el movil antes de que jesse suba al coche y jesse oye como walt habla con lydia. Jesse se va llorando porque sabe que Walt va a morir y para mi eso es como si le perdonará. Hasta siempre Breaking Bad!

  10. DeSade's Gravatar DeSade
    24 diciembre, 2013 at 19:47 | Permalink

    Imposible decidirse entre James Gandolfini o Bryan Cranston, entre Tony Soprano y Heisemberg/Walter. Los dos son grandes en sus feudos.

  11. Fede's Gravatar Fede
    28 abril, 2014 at 17:16 | Permalink

    Parece ser que Heisemberg/Walter finalmente muere… pero realmente muere?… más allá del cáncer, del disparo que recibe en el final y de verlo tirado en el piso ensangrentado cuando la policía entra al laboratorio, nunca se dice que está muerto y sabemos que tiene varias vidas!… pudo haber sobrevivido, ser enjuiciado, vuelto a tratar su cáncer y seguir adelante… y recibir una condena menor en su juicio como simple cocinero, ya que la bala que tiene Hank es del arma de Jack, el dinero (los restantes U$S 70 millones a los que renuncia) puede que la policía los encuentre en la vivienda de Jack y ser esa la evidencia de que él (Jack) era el capo mafia y no Walter.
    Para mí, Heisemberg puede resucitar algún día!…. estaré esperando ese momento!

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