Ya está, no hay remedio: House se ha ido, y no va a volver. Después de ocho años en antena, la serie del doctor cum laude en irreverencia ha emitido su último capítulo, un desenlace a la altura de la producción estrella de Fox. Pero no se me preocupen los que aún no han disfrutado de la season finale: no habrá espoilers en este post. O mejor dicho, los relegaremos hasta el final del texto, así que ya saben: si sobrepasan la señal indicativa, aténgase a las consecuencias. [Léase con risa malvada]
Aconsejados por un solvente equipo psicológico, en Seriemente no vamos a llorar la pérdida de House. Apetece algo de pataleo y melodrama, pero no. En lugar de eso, apostaremos por algo mucho más constructivo, rindiéndole un modesto homenaje a modo de balance, recordando algunas cosas que hemos descubierto a través de esta gran serie. Puede que con lo aprendido no nos alcance para el MIR, pero es innegable que House marca un antes y después en las series de médicos al uso, enseñándonos cuán absurda e insólita puede ser la práctica de la medicina, especialmente en el Princeton Plainsboro. Estrujándonos las neuronas, hemos recordado algunas de las enseñanzas que nos han dejado 149 capítulos, y después, hablaremos de ese último llamado Everybody dies.
Hemos aprendido que…



