Los enigmas del 11-M

Enero 2010


Memoria selectiva

25 de Enero de 2010 - 14:49:04 - Regina Otaola - 6 comentarios

Tenemos un presidente de Gobierno empecinado en que la "memoria histórica" –o al menos esa memoria sesgada que utilizan constantemente los socialistas como arma arrojadiza- esté presente en la vida pública y privada de los españoles todos los días del año. Contrasta su actitud con el afán por olvidar del lehendakari Patxi López, que hoy en una entrevista en El Mundo es capaz de argüir, para no tener que responder sobre el escándalo del "caso Faisán", que "en el País Vasco no hay una atención puesta sobre este asunto, hemos superado esta etapa, que para nosotros es pasado". ¿Memoria ahistórica? Más bien selectiva, sobre todo teniendo en cuenta que este asunto está de plena actualidad y que, aunque Patxi no se acuerde, tiene que ver con los apaños mantenidos por el Gobierno de Rodríguez Zapatero con ETA.

Tiene además el lehendakari la osadía de usar como coartada el escaso interés del "País Vasco" por este asunto, pero resulta que el hecho inquietante de que agentes de Policía hayan ayudado a ETA para evitar frustrar la negociación política del Gobierno con los terroristas no es un asunto del que queramos olvidarnos buena parte de los vascos y la mayoría de los españoles, porque afecta a la misma esencia del Estado de Derecho, a sus garantes y defensores, como afecta al buen nombre de las Fuerzas de Seguridad del Estado y supone, una vez más, un insulto a la inteligencia de los ciudadanos y a la dignidad de las víctimas del terrorismo que siempre han confiado en la Justicia y en el Gobierno para acabar con ETA.

Cuando el Estado de Derecho se deja en suspenso para permitir una negociación política con una banda terrorista, nuestra Democracia se resiente, queda al albur de las decisiones extraparlamentarias y secretas de unos pocos. Ni luz ni taquígrafos.

Siendo grave y dolosa la desmemoria selectiva del lehendakari, no es menos grave la actitud del Gobierno al pretender restar importancia a estos hechos que no sólo afectan, como digo, a la sociedad vasca. Porque cuando el Estado de Derecho es utilizado torticeramente, cuando es puesto al servicio de unos muy determinados intereses de partido, las consecuencias afectan a la seguridad y a la estabilidad democrática de todos los españoles.

Actualmente PSE y PP gozamos de un entendimiento de base como alternativa a los nacionalistas en el Gobierno vasco, lo que me parece estupendo, pero no se puede decir desde ese mismo Gobierno que el "caso Faisán" está superado en nuestra Comunidad cuando no sólo no es así, sino que además tampoco puede valer de justificación para pasar página sin que se depuren las debidas responsabilidades –que, como vamos viendo, al parecer parten de la mismísima cúpula del Ministerio del Interior, como en el "caso GAL"-.

El Lehendakari quiere sentar las bases para "una nueva Euskadi" de forma que sea "solidaria, sostenible, competitiva y con mayores cotas de justicia y libertad para todos". Pero para ello lo que necesitamos sobre todo y ante todo es el respeto escrupuloso de las autoridades políticas hacia el Estado de Derecho. Sin esa premisa difícilmente se podrán poner las bases para un País Vasco donde imperen la libertad y la justicia.

Algo llevamos ganado

15 de Enero de 2010 - 11:16:35 - Regina Otaola - 3 comentarios

Recuerdo que en las elecciones municipales y forales de 2007 estuvimos de campaña en Lizarza en un par de ocasiones y acuñamos por entonces toda una declaración de intenciones: "Nosotros no abandonamos el terreno a los terroristas", en una alusión directa a la jugarreta tramada por el PNV con Joseba Eguíbar al frente, quien no sólo desistió de volver a presentarse a la Alcaldía sino que pidió el voto en blanco a los suyos para imposibilitar que la única lista legal y democrática que se presentaba a aquel Ayuntamiento, la del PP, pudiera alcanzar el porcentaje necesario para hacerse legítimamente con el gobierno municipal.

De entonces a ahora, mediada la legislatura, muchas cosas han cambiado en el panorama vasco, algunas para bien y otras para mal, pero lo único que parece inamovible es la presencia de los cómplices de ETA en multitud de ayuntamientos vascos. Nosotros como Corporación de Lizarza, en cumplimiento de nuestro cometido democrático de representar a los ciudadanos y en atención a las obligaciones que la Constitución impone a los cargos públicos, no hemos renunciado en ningún momento a ejercer nuestra responsabilidad para con los vecinos del municipio, pese a las amenazas y las agresiones, el acoso y los sabotajes.

De entonces a ahora, hemos borrado como prometimos los vestigios de la coacción terrorista: se limpian periódicamente las paredes de pintadas; se ha cambiado el nombre de la Plaza del pueblo, antaño (y aún con Eguíbar de alcalde) denominada como un terrorista etarra y a día de hoy conocida ya como "plaza de la Libertad"; se retira repetidamente toda propaganda, cartelería y simbología proetarra de la fachada del Ayuntamiento... Pero también hemos instalado nuevos juegos infantiles; hemos construido un puente en sustitución del anterior; hemos resuelto litigios entre vecinos que se encontraban en punto muerto desde hace prácticamente décadas; y hemos allegado recursos suficientes para que Lizarza sea a día de hoy un ayuntamiento con las cuentas en orden y no en manos de "gestores" cuyo único objetivo es financiar actividades relacionadas con el programa ideológico de ETA: del euskera a las ayudas a presos, de las actividades juveniles a la propaganda política.

Conviene recordarlo ahora, cuando descubrimos hasta qué punto estaba vinculado con los terroristas Pedro María Olano, otro de los que podría haber llegado a concejal en ese pueblo que todas las fuerzas políticas menos el PP, y de manera especial el PNV que lidera en Guipúzcoa el anterior alcalde, Joseba Eguíbar, decidieron dejar abandonado a su suerte, en manos de ETA y de sus listas y gestoras, como por cierto vuelve a suceder en estos mismos instantes con el caso de Zaldibia.

Conviene recordarlo porque es la muestra más acabada de cómo los demócratas podemos acorralar al entorno de ETA y hacer cumplir la Ley en todos y cada uno de los municipios vascos frente al permanente chantaje terrorista de los que durante demasiado tiempo se han sentido impunes. Esto es y en esto consiste la deslegitimación de ETA: en no ceder a sus presiones, en combatirlos con la Ley y la palabra, en denunciar sistemáticamente la perversión ideológica de sus compañeros de viaje. Si queremos, podemos liquidar el terrorismo nacionalista vasco. Pero no estaría de más que, para tal fin, el Gobierno socialista se decidiera por su parte y de una vez por todas a disolver los ayuntamientos que todavía controla ETA.

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