Los enigmas del 11-M

Noviembre 2009


Palabras contra la “unanimidad”

26 de Noviembre de 2009 - 17:28:40 - Regina Otaola - 5 comentarios

España se deshilacha poco a poco. Como un traje que tiene un hilo colgando, tirando del cual podemos quedarnos con un ovillo pero sin traje. Está claro que cada cual es libre para decir lo que considere oportuno, ¡hasta ahí podíamos llegar!, pero que las radios y periódicos catalanes lancen al unísono una andanada contra el Tribunal Constitucional y un órdago al Estado autonómico es algo premeditado, calculado y, desde luego, digno de que muchos españoles (catalanes incluidos) sintamos cierta indignación. No todo vale, aunque todo les parezca permitido a los que jalean identidades y lenguas pero sólo son capaces de pensar en clave de Poder y Territorios.

 

A los españoles, seamos de la comunidad autónoma que seamos, nos preocupa la crisis económica como no podría ser de otra manera, pero a muchos nos preocupa y a todos nos debería preocupar lo que está sucediendo en nuestra Nación, de la que Cataluña es una parte fundamental. Creo que es una responsabilidad de los políticos que digamos las cosas tal y como son, que hablemos desde la verdad sin tapujos y por tanto deberíamos insistir por activa y por pasiva en llamar la atención a los ciudadanos sobre el auténtico desgarro social y político que se está produciendo en nuestro país.

 

Hablamos de crisis económica y de crisis institucional, la más grave sin duda la propiciada por el dichoso Estatut nunca reclamado por la mayoría de los catalanes, que sin embargo nada parecen contar para su propia clase política. Pero hablamos también de que ahora, con la aquiescencia del PNV, el Congreso vota a favor de un nuevo “derecho” como es el de abortar con toda la libertad del mundo durante las primeras 14 semanas y después… pues, también; o ya se verá.

 

Ésta es la nueva cultura política, la de la progresía más progre: “haz lo que te venga en gana siempre y cuando no nos des problemas”. Y miente, miente mucho o todo lo que puedas. O disimula. Pero ni se te ocurra pensar de forma diferente, ni se te ocurra defender que el aborto no es un derecho sino un crimen; ni se te ocurra defender la vigencia de España, su Constitución y sus instituciones, o la misma razón de ser del Ejército en la defensa de los españoles frente a los ataques externos, incluidos los de los piratas. Ni se te ocurra decir que es una vergüenza que se esté poniendo en marcha lo que contiene un Estatuto que liquida, en primer lugar, la Soberanía Nacional del Pueblo Español.

 

Pero ¿cómo no se nos va a ocurrir decir lo que pensamos?

El relativismo de ZP desalma al PNV

6 de Noviembre de 2009 - 13:00:00 - Regina Otaola - 4 comentarios

El PNV ha dejado atónitos a muchos, comenzando por sus simpatizantes y afiliados, con el apoyo pactado a la Ley abortista del Gobierno a cambio de “sacar tajada” de los Presupuestos. Pretende justificar además su postura con unas enmiendas que no van a mejorar en lo sustancial un proyecto que da por bueno el aborto libre, y se ampara el propio Iñigo Urkullu en el “mal menor”, ¿cuál es entonces el “mal mayor”? Con su apoyo el PNV respalda el objetivo último de Rodríguez Zapatero, que no es otro que hacer de la sociedad española una sociedad relativista –más que “laica”-, una sociedad zombi de individuos sin responsabilidad ni criterio moral. Todo está permitido, ninguna cuestión merece reflexión o debate una vez que la dictadura progresista establece qué está bien y qué está mal, aunque en realidad oculte sus intenciones reales con el abuso del “talante” y la “tolerancia”. Una tolerancia entendida como sinónimo de indiferencia.

 

Pero jamás una sociedad que se respete a sí misma, que defienda los derechos fundamentales puede ser indiferente ante un proyecto que permitirá matar a un ser humano con total impunidad legal y absoluta tranquilidad moral. Y en lo que atañe al PNV, antaño “democristiano”, supone un insulto a la inteligencia que su presidente y otros significados dirigentes se declaren cristianos pero justifiquen la práctica abortiva por la supuesta “evolución” de las opiniones de su electorado potencial. ¿Cómo es posible la actual postura del PNV cuando siempre ha buscado apoyar parte de su ideario en las doctrinas y enseñanzas de la Iglesia Católica?

 

Sólo hay una explicación posible, y va más allá de la coyuntural necesidad del PNV de seguir ejerciendo su función de “conseguidor” de favores “en Madrid”: el PNV ha decidido desembarazarse de todas aquellas cuestiones, de todos aquellos principios que –según consideran ahora los jeltzales- le impiden seguir ensanchando su base electoral. Este giro copernicano del PNV es tan relevante como aquel que le condujo al Pacto o Frente nacionalista de Estella -a las órdenes de ETA por vez primera en la historia-, por lo que revela de absoluto desprecio a su propia tradición e identidad como partido.

 

Habiendo ensayado estos años una política económica más bien socialdemócrata, con su proyecto frentista y soberanista y con el actual apoyo a la Ley abortista, el PNV demuestra algo más que “posibilismo y realismo”: demuestra que la Identidad vasca y la absolutización de los derechos históricos “como Pueblo” son sus únicas señas de identidad y sus únicas reivindicaciones políticas y electorales. Ahora ofrece este apoyo al Gobierno respecto al aborto, justificado para más escarnio en el “contexto en cada momento” que somete tanto la política como la ética al único juez o patrón moral de las estadísticas. Al parecer, en las encuestas los valores tradicionales, los valores morales y religiosos ya no cotizan al alza y por lo tanto es mejor no defenderlos. Vende más ponerse la capucha relativista en cuestiones espinosas como el aborto, mientras no se deja de entonar alto y fuerte el Gora Euzkadi, eso sí, ni se deja de acompañar a los batasunos en una nueva exhibición de apoyo a ETA.

 

Llegados a este punto, creo oportuno destacar que el relativismo es un riesgo al que están expuestos todos los partidos y los políticos de las sociedades occidentales. Un relativismo contra el que cabe y debe rebelarse la sociedad porque, lejos de favorecer la tolerancia y el respeto, el pluralismo o la libertad, sólo genera indiferencia nihilista. El “todo vale” al que todo le da igual porque todo le parece lo mismo; el “sálvese quien pueda” y la torticera alusión al “quien esté libre de pecado…” para justificar las peores decisiones, los errores más trágicos y la preservación de esa buena conciencia que sirve lo mismo para disculpar el aborto que para pedir el reagrupamiento de los etarras.
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