Los enigmas del 11-M

Febrero 2009


Herrero, ese demócrata

16 de Febrero de 2009 - 18:36:24 - Regina Otaola - 11 comentarios

Que un tirano expulse de su país a quienes critican su régimen parece lógico, aunque desde una perspectiva democrática nos parezca condenable. Lo que no parece tan lógico es que el Gobierno democrático al que pertenece el ciudadano expulsado le eche en cara a éste su conducta democrática mientras se deshace en disculpas hacia el tirano... a menos que se trate de un Gobierno como el de Rodríguez Zapatero.

Luis Herrero, político y periodista español, demócrata de palabra y obra, ha sido censurado por el Partido Socialista precisamente por sus críticas hacia la vocación totalitaria de Hugo Chávez, una de las amistades peligrosas que mantiene el "rojo" que tenemos como presidente, junto a los Castro, Evo o Correa, sin olvidarnos de Ahmadineyad ni de los terroristas palestinos.

Ya casi no resulta ni contradictoria esta actitud con la que demuestran los socialistas día a día en España, donde el acoso a la oposición, a cualquier tipo de oposición (PP, víctimas del terrorismo, padres objetores a EpC...), se ha convertido en un recurso fundamental del Gobierno para eludir la presión de la opinión pública ante la grave crisis económica y política que atraviesa la Nación.

Ello unido a la perversión institucional, al vaciamiento del Estado de Derecho y a las mentiras sistemáticas de sus ministros hacen del Gobierno socialista el mejor aliado europeo de las tiranías de medio mundo, como han podido comprobar en sus carnes los disidentes cubanos a los que el Partido Socialista ha hecho marginar en su lucha en el seno de la propia UE.

Todo lo contrario de lo que ha buscado Luis Herrero con su valiente denuncia del régimen venezolano, alineándose con las víctimas en vez de jalear a sus verdugos. Una denuncia muy útil para apoyar a los demócratas venezolanos, pero más si cabe para inspirarnos a los demócratas españoles. Porque a veces parecemos olvidar que defender la Democracia es defenderla frente a sus enemigos, y que esta defensa implica hablar en voz alta para concienciar a los ciudadanos de que su implicación es necesaria.

Que los totalitarios de ETA persigan a los demócratas vascos también es lo lógico, aunque nos rebelemos. Lo que nunca aceptaremos con normalidad es que el propio Gobierno Vasco nos eche en cara nuestra conducta mientras se dedica a lavarle la cara a los terroristas y sus cómplices.

Y es en este punto donde PNV y Partido Socialista se encuentran decisivamente: todo su amor por la Democracia se esfuma cuando tienen que defenderla frente a los totalitarios de ETA, Cuba o Venezuela... en vez de frente a los "fascistas" del PP.

A Urkullu se le va la pinza

7 de Febrero de 2009 - 15:54:49 - Regina Otaola - 10 comentarios

Sugiere el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, que existe una "pinza" de PSE-PP y ETA para echar al PNV de Ajuria Enea, aunque matiza que el papel que les corresponde a los terroristas es el de "clandestinizar" a una parte de los votantes nacionalistas, que de otro modo votarían por una lista legal y podrían contribuir, como ahora el PCTV, a mantener a Ibarretxe en el Poder.

Confirma también Urkullu que "pase lo que pase el 1 de marzo, el día 2, el problema vasco estará esperándonos, con toda su complejidad", porque a estas alturas ya deberíamos saber todos que el "conflicto" es anterior a la Democracia, algo ajeno a la voluntad de las fuerzas políticas actuales, una especie de fuerza secular impersonal que nos tiene sumidos a los vascos en la inquina civil desde hace cuatro décadas o desde hace siglos, como sostienen algunos orates del nacionalismo vasco más etnicista.

La solución al "conflicto vasco", según Urkullu, "no puede ser otra que un pacto en el seno de la sociedad vasca y con el Estado", que los demócratas vascos identificamos sin problemas con el Estatuto de Guernica, pero que los nacionalistas prefieren asimilar al Pacto de Estella debido a su concepción totalitaria de "lo vasco". Así, toman a la "sociedad vasca" como un todo o sujeto soberano único enfrentado a España, aunque se refieran al "Estado" para disimular el antiespañolismo y la evidente negación de la pluralidad vasca que encierra esta visión.

"Yo me siento sólo vasco, me siento sólo vasco, respeto a quien se sienta otra cosa, a quien en Euskadi se sienta español", pero da por hecho que este sentimiento es cosa de inmigrantes o de una minoría ocupante, puesto que "hay un sentimiento mayoritario que es la suma de los que se sienten sólo vascos o vascos más que españoles". Un sentimiento que, apunto yo, es levemente mayoritario y sólo después de que la pinza de nacionalistas terroristas e institucionales haya logrado expulsar a cientos de miles de vascos de su tierra en los últimos 40 años.

En coherencia con ello, el respeto de Urkullu por la legalidad y el marco jurídico actual, así como por los cientos de miles de vascos orgullosos de ser españoles, se reduce a mera palabrería. Incapaz de desmarcar a su partido de los planes rupturistas de Ibarretxe, de la connivencia exasperante con los proetarras y de la ideología del odio antiespañol motriz de toda la acción política del PNV desde Sabino Arana a nuestros días, este "chico bien" protesta al entender que hacer cumplir la Ley de Banderas es "imponer un emblema por encima de los sentimientos y en base a la legalidad".

Pero es la Ley establecida democráticamente y no el sentimentalismo nacionalista o de cualquier otra índole la que permite preservar los consensos básicos en una sociedad plural y democrática. De otro modo, si los sentimientos particulares o colectivos se imponen a la Ley, desaparece la posibilidad de establecer un régimen en el que los individuos tengan los mismos derechos, reemplazado por otro en el que los sentimientos de las minorías organizadas son los que acaban por ordenar la sociedad a su conveniencia.

Esto es lo que pretenden todos los nacionalistas cuando exaltan las pasiones irracionales de "la diferencia" (o de su complemento, "la identidad") e intentan imponer sus sentimientos a todos. Esto es lo que han intentado los nacionalistas vascos mediante la historia-ficción, la ikurriña y el euskera batúa en todos estos años de su gobierno que hemos padecido los vascos: imponer una única identidad, monolítica, al conjunto de la sociedad vasca.

Y en este sentido, pese a todas sus declaraciones, cuando Urkullu se mira al espejo no puede evitar ver a Ibarretxe.

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