Los enigmas del 11-M

Julio 2008


A la espera de que se haga Justicia

29 de Julio de 2008 - 16:09:59 - Regina Otaola - 21 comentarios

He tenido la inmensa suerte de pasar unos días de ocio con algunas víctimas del terrorismo, tanto de ETA como del 11-M. Personas, algunas de ellas, a las que conocía por haber coincidido en alguna charla o algún acto. Personas que contaban ya con toda mi admiración y respeto y que ahora cuentan además con todo mi cariño y con mi compromiso personal de no dar un paso atrás en la defensa de la Memoria, la Dignidad y la Justicia que todas ellas reclaman.

Porque no podemos decirles que estamos con ellas, con las víctimas, y luego mirar para otro lado cuando se nos afirma que, por ejemplo, el 11-M es un caso juzgado y cerrado. Ellas mantienen que no está cerrado porque no se sabe realmente ni quién organizó la masacre, ni quiénes fueron los autores materiales, ni cuál fue el motivo de la misma. Quieren la verdad y el Estado de Derecho debe amparar, por lo menos, la búsqueda de esa verdad. Sin la verdad, difícilmente se puede hacer Justicia. Sin la verdad, difícilmente podremos conservar la memoria de lo que representan todas ellas.

Durante estos días hemos compartido vida. Hemos compartido alegrías, paisajes, pueblos palentinos maravillosos. Hemos charlado animadamente de muchas cuestiones, algunas sin trascendencia pero otras con mucha, porque lo que mayor trascendencia tiene para mí es verlas vivir con determinación, con coraje y valentía. Una de estas personas había perdido a su hija, asesinada por no se sabe quién; otra, a su marido, asesinado por ETA; otra, tiene parte de su cuerpo mutilado, como el de su propia hija, por una bomba asesina de ETA; otro quedó prácticamente sordo el 11-M, por lo que además perdió su trabajo; otro sigue viviendo con el objetivo de hacer la vida agradable a todos sus compañeros.

Sentados allí, entre chiste y chiste, yo me decía: "Qué poco hacemos el resto por estas personas, todas víctimas del horror, todas ciudadanas de una Nación democrática en la que, sin embargo, hay que recordar un día sí y otro también las injusticias que se cometen en contra de la Memoria, de la Dignidad y de la propia Justicia.

Porque es injusto, aunque posea apariencia de legalidad, que un sanguinario terrorista como De Juana salga a la calle después de 21 años en la cárcel por 25 asesinatos. Es injusto que un Estado de Derecho permita que se cometan semejantes atropellos por incapacidad a la hora de anticiparse o de desbaratar las triquiñuelas legales de los abogados de ETA; por incapacidad de legislar, ya no a favor de alargar las penas de los terroristas, sino teniendo en cuenta siempre y en primer lugar a las víctimas del terrorismo, sus necesidades, sus carencias sobrevenidas, su condición específica de víctimas de ideologías del odio, cuando ellas son la muestra palpable de las atrocidades que se cometen en nombre del totalitarismo.

Mientras las víctimas no sientan que se les hace Justicia a todas ellas, la Democracia española estará en deuda con ellas y cada uno de nosotros también. Todos los españoles, seamos vascos, madrileños, andaluces... todos nosotros debemos dar la cara y exigir que se busque, que se indague la verdad de lo ocurrido el 11 de marzo de 2004, y además que se legisle para que los terroristas paguen por sus crímenes sin que puedan eludir la acción de la Justicia amparándose en algún resquicio legal. Debemos reclamar que el Estado de Derecho no se deje engañar. No podemos olvidar lo ocurrido porque detrás están las personas, las familias que siguen padeciendo el horror sufrido.

Creo que sería justo y muy necesario que todos los españoles conociéramos en qué circunstancias viven la mayoría de ellas, con qué "monstruos" se enfrentan cuando están a solas... El resto, por muchos problemas que tengamos, jamás nos acercaremos a sus pesares, a sus miedos, a su radical incertidumbre. Pienso que, en este sentido, los medios de comunicación podrían hacer mucho contándonos hasta la saciedad, un día sí y otro también, cómo se vive esperando que se haga JUSTICIA.

Me gustaría terminar mostrando mi agradecimiento a todas estas personas por todo lo bueno y positivo que me han transmitido durante estos días. Hay personas, víctimas del terrorismo o no, que hacen que su comportamiento y su actitud ante la vida nos lleve a otras a seguir creyendo en las personas como tales, con su dignidad intrínseca, sus principios y sus valores por encima de cualquier otra consideración. Son en sí mismas la mejor lección de Memoria, Dignidad y Justicia que poseemos los españoles, y así hemos de considerarlas si pretendemos en algún momento saldar la enorme deuda contraída con todas ellas.

Lo siento, pero yo discrepo

11 de Julio de 2008 - 13:36:51 - Regina Otaola - 46 comentarios

Hace un par de meses sostuve que la crisis del PP tenía que ver con las personas, la estrategia y los principios del partido, porque todos estos elementos son los que deben ser considerados cuando hablamos de la acción política de un partido. Todos estos elementos configuran el proyecto del partido. Y este proyecto ha de ser defendido con liderazgo.

Parto de la premisa de que un partido está formado por personas de diversa índole, capacidad, preparación, personalidad… unas más pragmáticas que otras, pero todas necesarias y válidas para que un partido siga adelante. Junto a las personas, lo importante es tener un proyecto que pueda defenderse abiertamente, sin complejos, llamando a las cosas por su nombre. El tono del mensaje puede ser más o menos brusco pero el fondo del proyecto ha de ser claro. Porque un proyecto que ilusione tiene que ser defendido con claridad, con convencimiento y coraje, que no es lo mismo que defenderlo con violencia verbal o física (o ambas).

Al respecto, si los que formamos el PP Vasco creemos en España, ¿por qué no aparece “España” en toda la Ponencia política? ¿Da vergüenza hablar de España como Nación o se omite para no disgustar a los nacionalistas? Ellos deben de estar encantados, desde luego, porque han conseguido que ya ni el PP se atreva a hablar de España con reconocimiento. Ya han ganado una de las últimas batallas que quedaban por librar en el País Vasco.

Por mi parte, no me hago siquiera a la idea de un PP diseñado de cara a la galería, a una galería poblada de extremistas nacionalistas y de izquierda, compañeros de viaje de un Partido Socialista excluyente y totalmente alejado de las demandas reales de los españoles.

Por lo mismo, me parece censurable la manera en la que se está echando o dejando en la cuneta a personas valiosas que han trabajado para que el PP llegara a donde ha llegado. Ni estas personas, con María a la cabeza, ni otros muchos que seguimos por ahora en el PP somos radicales, extremistas, duros o inmoderados.

Porque los extremistas no hacen bandera de la defensa de la Libertad, la Democracia y los derechos individuales a la vida, a la propiedad privada y a la libertad de expresión. Y tampoco debe ser entendido como radical el defender un País Vasco como parte de España, la derrota sin concesiones de los terroristas o la denuncia del “cordón sanitario” aplicado al PP por el resto de las fuerzas políticas de la mano de ETA (esto es lo que consagra tanto el Pacto del Tinell como el “proceso de paz”).

Mantener estos principios hace del PP un partido auténticamente democrático, en el que los ciudadanos pueden confiar para encomendarle el Gobierno. De lo contrario, si esto es radicalidad, todo el PP hasta ahora ha sido radical, incluidos nuestros votantes, y sobre todo los 400.000 votantes más (respecto a 2004) que apostaron por el PP el 9-M. No se puede confundir radicalidad con defender abiertamente y de forma clara la Constitución Española, que es al final lo que defendemos los tildados ahora de “radicales”.

Además, es incomprensible que se hable ahora de “nuevo PP”, mientras en la práctica se cuenta con las personas de siempre, y que se pretenda una apertura del partido “al exterior” mientras a los de dentro se les cierra la puerta, sólo por el hecho de discrepar políticamente de la línea que se pretende imponer al partido. De la “no-línea”, más bien, si nos atenemos a la ponencia política del PP Vasco.

Mantengo la opinión de que en democracia es bueno discrepar, porque ésa es la base en la que se sustenta el sistema como régimen plural de expresión y participación política. Como digo siempre, el pensamiento único no tiene cabida en una democracia, es la perversión misma de la Democracia. De forma que los discrepantes deberían concitar el respeto de los demás, por lo menos, y también la atención, en el caso que nos ocupa, de los que aspiran a ejercer el liderazgo de un partido como el PP Vasco.

Pero, sin embargo, ante los retos acuciantes a que nos enfrentamos en la hora actual, el PP Vasco sólo parece dispuesto a confundirse con el paisaje mientras espera a que la probable caída de Ibarretxe alumbre un “nuevo PNV”, o por lo menos depare un escenario distinto en el País Vasco. La mejor traducción de esta actitud la representa el siguiente punto de su ponencia política:

En el Partido Popular establecemos el derecho de los vascos a seguir compartiendo la decisión, como ciudadanos iguales, con la convicción profunda de que la decisión compartida es siempre más rica y hace más fuertes a aquellos que participan de ella.

Así que, desde este mismo momento, al “derecho a decidir” del PNV de Ibarretxe, Urkullu y Egibar, y al “los vascos serán los que ellos decidan” de Eguiguren, López y Rodríguez Zapatero, el PP de Alonso, Barreda y Basagoiti piensa oponer “el derecho de los vascos a seguir compartiendo la decisión”, porque “compartir nos hace fuertes”. ¿Compartir el qué, con quiénes? ¿Compartir España con los vascos o “el derecho de decisión” con los españoles? Pues eso es lo triste: que no queda para nada claro. El círculo se cierra, y con nosotros dentro.

Sorpresas y coyunturas

3 de Julio de 2008 - 09:46:33 - Regina Otaola - 24 comentarios

Sorprende el renovado celo antiterrorista de Baltasar Garzón, quien, a cuenta esta vez de la trama de extorsión de ETA, se permite un día la detención televisada de José Antonio Jainaga y al siguiente la de Jesús Guibert, por cierto víctima de ETA al ser secuestrado en 1983 por los Comandos Anticapitalistas, como ha denunciado la patronal guipuzcoana ADEGI.

La verdad es que recuerda algo a la espectacularidad de la intervención de AFINSA protagonizada por la Agencia Tributaria (el Gobierno), cuyos miles de damnificados aún no han sido debidamente compensados por el Ejecutivo socialista. Y hasta podría ser considerada como una de las habituales cortinas de humo tendidas por los socialistas para tapar, en la coyuntura actual, la crisis económica o las nuevas sesiones judiciales sobre el 11-M, si no fuera porque las elecciones vascas están a la vuelta de la esquina.

Porque es realmente sorprendente que un juez como Garzón, que siguiendo las pautas del Fiscal General del Estado (el Gobierno), Cándido Conde-Pumpido, llegó a declarar ante los medios que los jueces debían atender a la coyuntura del “proceso de paz” (y colaborar con el Gobierno en la suspensión del Estado de Derecho), pretenda mostrarse ahora como azote de los presuntos “financistas” de ETA. Sobre todo cuando ha sido (al servicio del Gobierno socialista), capaz de tragarse sus propia doctrina sobre el entramado de los terroristas, lo que ha permitido a la banda colocar a sus franquicias (PCTV y ANV) en multitud de Ayuntamientos vascos y navarros, y pastar en sus Presupuestos.

Pero, en cualquier caso, los detenidos hoy serán puestos en libertad mañana, porque a diferencia de la operación del juez Marlaska contra los pagos de la extorsión a ETA (frustrada por un chivatazo que Garzón no quiso investigar), y de los procesos a Ibarretxe, López y Ares por reunirse con ETA-Batasuna, esto parece más bien una superoperación de imagen al servicio de la actual política “antiterrorista” del Gobierno. El PSE contra el “gran capital vasco”, pero no tanto por pagar a ETA como por su presunta condición de “capitalismo explotador” asociada a la adscripción nacionalista de algunos de sus miembros, que el PSE explotará en campaña dentro de ese giro que pretenden mostrar que han dado: “El PSE contra el empresariado nacionalista que paga a ETA”.

Porque ahora que el Gobierno socialista parece dispuesto a poner a Patxi López de lehendakari “como sea”, se encuentra con que el PSE no ha hecho nada en los últimos años que no fuera seguidismo del PNV y negociar con terroristas y proetarras (en el periodo de alegalidad que les concedió Garzón), y que en la actual coyuntura política y mediática su estrategia taimadamente ambigüa no parece servir para afrontar el desafío creciente de Ibarretxe.

 Demasiado cedieron antes los socialistas, tanto para echarse atrás ahora en su pretendido “vasquismo” como para demostrar que son alternativa al frente nacionalista. Y de ahí las muestras de pretendida firmeza del juez progresista al servicio del PSOE, imágenes para desprestigiar de manera indirecta a un sector del nacionalismo que goza aún de buena reputación entre los vascos.

¿Por qué los vascos pagan a ETA?

A mí, por el contrario, lo que me preocupa pero desde luego no me sorprende es que dos grandes empresarios vascos hayan padecido la extorsión de ETA, desprotegidos por un Gobierno Vasco que por su parte financia su entramado político, social y cultural por activa y por pasiva desde hace una década, desde que Juan José Ibarretxe gobierna Euskadi, en unas cifras que Mikel Buesa estimó -en un estudio del Foro de Ermua- la mitad del presupuesto total de ETA.

Pero aquí, ya lo sabemos los vascos, paga desde la señora de la tienda de chucherías al prestigioso cocinero, y del médico al dueño del concesionario de coches: pagan para proteger su vida, a su familia, y su propiedad. Y esto no es considerado delito, por lo menos no entre “nosotros los vascos”, que somos cabalmente comprensivos con los acosados por el terrorismo aunque parezca “síndrome de Estocolmo”.

Porque yo sé bien que esto que padecemos sólo tiene un nombre: chantaje mafioso. Y desde luego todos los vascos debieran resistirse a la extorsión, pero unos han sido asesinados por este motivo, y otros han decidido irse si la opción de quedarse pasaba por pagar a ETA, ¿por qué? Pues porque nunca, salvo con el PP en el Gobierno, se han sentido verdaderamente arropados y protegidos por las autoridades. Todo lo contrario: poco han importado a Ibarretxe los problemas de los empresarios acosados por ETA, cuando con ETA estaba Ibarretxe construyendo “el futuro de la Nación vasca”, en 1998 como en 2008; con Batasuna, con EA y EB, o con el PSE; en Estella como en Loyola.

Y qué esperar del Gobierno que trató de ocultar, durante los meses que siguieron al inicio del “alto el fuego permanente”, que ETA seguía enviando remesas de cartas de extorsión a los empresarios, aunque “en un tono más cordial” según el Ministerio del Interior (el Gobierno). Los empresarios navarros, sin ir más lejos, lo denunciaron públicamente ante el silencio cómplice de gentes como José Luis Rodríguez Zapatero Alfredo Pérez-Rubalcaba, Cándido Conde-Pumpido, Patxi López, Juan José Ibarretxe o el sorprendente juez Baltasar Garzón.

Por eso no sorprende que ETA goce de cierta impunidad a la hora de extorsionar empresarios en el País Vasco, ni que los que pagan sean después procesados por ello.

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