Pío Moa

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Una vieja carta abierta

10 de Mayo de 2009 - 08:13:04 - Pío Moa

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Carta abierta a un bellaco

Señor Ibarreche:

En su reciente discurso ante las Cortes, usted terminaba: "Estoy orgulloso del pueblo vasco, de nuestra historia milenaria, de nuestra lengua, el euskera, una de las lenguas más antiguas de Europa, pero estoy aún más orgulloso de nuestros hombres y mujeres, de todos los vascos y vascas que hoy vivimos y trabajamos en Euskadi, como antes decía, hayamos nacido donde hayamos nacido y votemos al partido político que votemos. Es fundamentalmente a vosotros a quien quiero dirigirme para deciros que el futuro nos pertenece y que lo escribiremos nosotros, pactando con los demás, pero lo escribiremos nosotros de nuestro propio puño y letra".

Para empezar, habla usted con un tono impropio de un demócrata, un tono revelador del desprecio profundo que, bajo sus grotescos halagos, le inspiran los vascos. Usted se siente "orgulloso del pueblo", dice con soberbia de demagogo tercermundista. Un poco de humildad, señor Ibarreche. ¿No debiera ser al revés? ¿No debiera ser el pueblo vasco el que se sintiera orgulloso, si fuera posible, de usted? Usted invierte los papeles hablando como el maestro que expresa su satisfacción por la aplicación de sus niños. Me parece que los vascos con criterio propio jamás aceptarán verse tratados así, ni podrán estar orgullosos de quien lo pretenda.

Y menos podrán estar orgullosos de alguien capaz de concentrar tantas mentiras y tonterías en tan pocas líneas. Menciona usted "nuestra lengua, el euskera". Pero, señor Ibarreche, el vascuence no es la única lengua de los vascos, no es la lengua de la mayoría ni tampoco la de usted mismo. La lengua de usted, su lengua materna, es el castellano, y su vascuence, aprendido a matacaballo, no es fluido ni usted se expresa en él con naturalidad. No es su idioma, o por lo menos no es su idioma principal, en el que pueda usted razonar con alguna soltura. Renegar de la lengua materna, sentirse avergonzado de ella, de la cultura de sus padres, tiene mucho de bellaquería, una de esas que ya califican a la persona. Si hubiéramos de hacerle caso, usted mismo no sería vasco, o sería un vasco deficiente, un vasco averiado. No me extrañaría que así se considerase íntimamente y que, por una típica reacción psicológica, quisiera compensar esa sensación de inferioridad exagerando la nota contraria.

Pero eso es asunto particular suyo. La cosa cambia, y revela nuevamente un espíritu antidemocrático, cuando quiere dar por sentado que todos los vascos, por las buenas o por las malas, deben acompañarle en esa bellaquería, si quieren ser vascos "auténticos". Cuando trata de definirlos por ese idioma, como hacen usted y su partido. Usted emplea ilegítimamente los resortes del poder para proyectar sobre la sociedad unas ambiciones tiránicas y envenenarla con sus propios sentimientos de insuficiencia. Esto es también profundamente antivasco, pues equivale a mutilar la cultura regional de la mayor y seguramente mejor parte de su cultura, que siempre se ha expresado en castellano. Usted quiere reducir a muy poco la tradición vasca, de modo similar a como los sicarios de la Revolución Cultural destrozaban la cultura china en aras de utopías "populares". ¿Ve usted cómo bajo sus beatos elogios a unos vascos ideales y futuros se descubre fácilmente el desprecio y la agresividad contra los vascos reales e históricos?

Aunque ustedes suelen etiquetar de nacionalistas españoles a quienes les llevan la contraria, fíjese usted, señor Ibarreche, que a mí, como "nacionalista español", no me molesta la existencia del vascuence, o que en ese idioma se escriba más y, sobre todo, mejor. Las leyes autonómicas, derivadas de una Constitución que ustedes quieren destruir, admiten el vascuence como idioma cooficial en las Vascongadas, y a ningún "nacionalista español" se nos ocurre pretender que el castellano defina en exclusiva a los vascos, pese a ser la lengua materna de la gran mayoría de ellos, pese a haberse expresado en este idioma, repito, casi toda la cultura vasca, sin excluir la misma literatura, si así queremos llamarla, del PNV.

Y, a propósito, fue Sabino Arana, fundador de su partido, y a quien ustedes suelen o solían llamar "Maestro", con mayúscula, y de quien quizá ha heredado usted sus ínfulas, fue él quien, aparte de escribir casi toda su obra en castellano, expresaba una verdad pretendiendo ocultarla: "Aun en aquella fecha en que estas provincias vascas eran estados independientes, su lengua oficial era la española. Ni entonces los vascos amaban su independencia". ¿Cómo iban a amar una independencia que sólo existía en la mente perturbada de Arana? Los vascos se habían integrado voluntariamente en Navarra, y después en Castilla, ambos reinos españoles, y en castellano redactaron sus fueros, no un "fuero vasco", sino uno para cada provincia. ¿Qué país independiente negocia sus propias leyes con una autoridad extranjera y en el idioma extranjero?

Lo que demuestra este hecho, como tantos otros, es que ya en aquellos lejanos tiempos medievales los vascos no veían como extranjeros a los españoles ni al idioma predominante entre ellos. He aquí la historia real. Y los vascos reales, que se han sentido españoles durante siglos, prácticamente desde que existe España, no podrían estar orgullosos de quien, como usted, falsifica los hechos con tal descaro.

Precisamente por haber sido así la historia y sentimientos de los vascos, toda la doctrina, todo el empeño, toda la injuriosa prédica nacionalista queda sintetizada en las frecuentes lamentaciones de Arana, el "Maestro" de usted, señor Ibarreche, cuando clamaba furioso: "Ni parece que haya maketos y bizkaitarras, sino que todos somos hermanos", o bien: "El euskeriano y el maketo, ¿forman dos bandos contrarios? ¡Ca! Amigos son, se aman como hermanos, sin que haya quien pueda explicar esta unión de dos caracteres tan opuestos, de dos razas tan antagónicas". A crear ese antagonismo, a destruir la fraternidad entre "euskerianos y maketos" dedicó su vida aquel orate y han dedicado sus mayores esfuerzos sus seguidores, con tenacidad digna de mejor causa. Esa triste historia de fomento del odio es la única de la que gente como usted puede sentirse orgullosa.

Hoy Arana y sus seguidores, usted mismo, han alcanzado bastante éxito. Han convencido a muchos vascos –insuficientes para su designio, pero demasiados para la tranquilidad y la libertad de España– de constituir "una nación tan distinta de la española como de la china o de la zulú", una "raza singular por sus bellas cualidades, pero más singular aún por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española, ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo". Porque esto hay en el fondo de todas sus prédicas. Han fomentado sin tregua el agravio, la aversión, el sentimiento de una pretendida superioridad, y para ello han convertido ilegítimamente la enseñanza y los medios oficiales de masas en aparato de propaganda de su partido, costeado por todos los ciudadanos.

Su desprecio por los vascos reales, por la historia vasca real, se descubre igualmente, señor Ibarreche, en su plan de secesión. Con falsía de pícaro, usted ha declamado ante las Cortes: "La violencia de ETA es dañina, inhumana y, además, hace un daño inmenso, por supuesto, a las personas y a las familias contra las que se cometen atentados, y también a la imagen del pueblo vasco. Y nada ha hecho más daño, nada hace más daño a la imagen de un pueblo pacífico y trabajador como es el vasco que la violencia de ETA". Naturalmente, señor pícaro. Y por eso usted ha sacado adelante su plan en el Parlamento Vasco con el apoyo de la ETA, explicitado por uno de sus asesinos más sanguinarios, hoy prófugo de la Justicia, en carta leída en ese Parlamento cuya dignidad ustedes han pisoteado una vez más. Por eso ustedes apoyaron en su momento a dicho asesino para la Comisión de Derechos Humanos de su humillado Parlamento. Por eso la policía que usted manipula casi nunca ha perseguido a la ETA, ni a la kale borroka. Por eso ustedes desafían la ley en beneficio del sector político del terrorismo, y mantienen subvenciones, bajo uno u otro disfraz, a la banda asesina y a sus programas de adoctrinamiento. Y por eso tantas otras cosas más.

Entre la violencia etarra y la complacencia o connivencia de usted y su partido con ella, han llevado a la ruina la democracia en esa comunidad autónoma, donde cientos de personas han sido asesinadas, miles tienen que vivir con escolta policial, decenas de miles han debido huir de allí; donde sufren hostigamiento constante, no pocas veces mortal, los partidos no nacionalistas (excepto el comunista, y ya significa algo el dato). Mientras tanto ustedes afirman que "en Euskadi se vive muy bien". Y se come y se bebe muy bien, todo el mundo lo sabe, pero vivir significa algo más que eso. El PNV y la ETA, se ha dicho con justicia, han arrebatado a la mitad de los vascos su libertad y a la otra mitad su dignidad, sobornándola con eso de la "buena vida" o la "calidad de vida". Una "buena vida" muy similar a la proporcionada por los nazis mientras imponían su tiranía y su violencia en Alemania. Ese es el bien que han traído los nacionalistas a la sociedad vasca, de la que dice sentirse usted tan orgulloso. Si es verdad lo que usted afirma de la ETA, señor Ibarreche, usted es su primer cómplice político y moral, usted comparte el carácter dañino e inhumano del Terrorismo Nacionalista Vasco, usted es un enemigo del pueblo vasco, como han sido enemigos de sus pueblos tantos tiranos que no paraban de adularlos impúdicamente.

Termina usted con una majadería muy propia: "El futuro nos pertenece y lo escribiremos...". El futuro no pertenece a nadie, ni nadie puede escribirlo. Simplemente usted, con el apoyo terrorista, intenta llevar a su término el plan de Arana de romper definitivamente la fraternidad de los vascos y los demás españoles. Y con arrogancia de chiflado afirma que tendrá éxito en ello, adobando esa agresión a la libertad y la estabilidad común con fraseología hipócrita de "diálogo, mano tendida, amistad". Qué locura. Bellacos como usted han causado las desgracias en que tan pródiga ha sido la historia del siglo XX, en España y en Europa.

(La Ilustración Liberal, 8-II-05)

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La chusma política

**** Los nuevos consejeros del Gobierno vasco prometen lealtad a la Constitución

Por prometer que no quede. No cuesta nada y esa amontillada gente ha demostrado sobradamente su respeto a la ley. De momento juran sin presencia de la bandera española, solo del ikurriñesco engendro del racista Sabino Arana. Y recuerden a Basa, el traidor a María San Gil, diciendo que a él le importaba más lo de “Euskadi” que lo de Madrid. Un cambio histórico, dicen los interesados. Y les creen los simples.

**** Trinidad Jiménez dice que el aborto "es un derecho" y tiene que "garantizarlo"

Concibe a la mujer como asesina, igual que su gobierno y, qué menos, quiere garantizar el derecho a asesinar por capricho. Porque los abortos, en su inmensa mayoría, no tienen que ver con ningún peligro para la madre o grave deformación del hijo, sino que se hacen por simple conveniencia ocasional. Es normal que haya cada vez más abortos, porque la relación de pareja es cada vez más inestable, la irresponsabilidad más grande y la concepción de la sexualidad más "zoológica", en expresión de Julián Marías.

Un gobierno asesino e ilegal, ya lo demostró con su "proceso de paz". Y nadie lleva a esta gentuza ante los tribunales. ¡Aunque con tales tribunales...!

**** Lo que no perdona Zapo a la ETA es que le haya dejado sin el premio Nobel de la "paz"... Pero son peleas entre amantes, y la puerta a la alcoba siempre sigue abierta.

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**** http://www.youtube.com/watch?v=whRSfM0ZiVg

**** Por un error, atribuí ayer a perieimi la interpretación de Baltanás, que había traído idea. 

Comentarios (277)

« 1 2 3 4 5 6 »

251 bacon, día 10 de Mayo de 2009 a las 20:40
Arrow,
No sé casi nada de Arendt (aunque es con mucho la más conocida), pero ella sí que era bastante militante en relación con Israel frente a los otros, etc.
Voegelin era un filósofo, que se metió bastante poco en política real. Los conservadores intentaron hacerle aparecer como uno de los suyos, a lo que se opuso; nunca habría aceptado ser etiquetado como "neocon". Nunca, por lo que llevo leído sobre él, buscó ni enriquecerse ni tener influencia política, fue un estudioso honesto.

"En su más amplio sentido, la religión falsa es el naturalismo evolucionista y vagamente panteísta que seduce a las elites cultas, del cual el estatismo es su credo político. Un extraordinario filósofo político cristiano también austríaco aunque nativo de Colonia, Eric Voegelin (1901-1985) demostró en “La Nueva Ciencia de la Política” (1952) el origen de esta creencia religiosa: la vieja herejía gnóstica, que el cristianismo heredó del judaísmo."

http://www.analitica.com/va/politica/opinion/53564...
252 Sorel, día 10 de Mayo de 2009 a las 20:40
Saludo romano, ro-ma-no.
253 ArrowEco, día 10 de Mayo de 2009 a las 20:50
Ave
254 ArrowEco, día 10 de Mayo de 2009 a las 20:52
VV

Los católicos españoles decimos ¡Ave María!; los católicos que hablan el inglés dicen ¡Hail Mary!
255 mescaler, día 10 de Mayo de 2009 a las 20:56
#252 Sí, y el asesino pertenecía a la Legio XII Fulminata.
256 ArrowEco, día 10 de Mayo de 2009 a las 21:03
VV

Y el que se quedo seco a la Legio VII Fumeta.
257 riesgo, día 10 de Mayo de 2009 a las 21:15
"171 El que ataca es el terrorista nazi. ¿O es que tirarte un poco de la sudadera es un ataque?".
Tirarte de la sudadera roderado de diez amigos a uno solo, es la suficiente provocación para defenderte antes de que te apaleen, ES UNO CONTRA UN GRUPO, defensa legítima y debida, está claro
258 riesgo, día 10 de Mayo de 2009 a las 21:17
Y repito Mesca cínico, si fuera al reves, y el apuñalador fuera antifascista estarias defendiendo que se defendiera, eso está claro
259 DeElea, día 10 de Mayo de 2009 a las 21:24
Ya ha vuelto su Ilustrísima con sus difamaciones sobre España y la conquista. ¿Oiga su Ilustrísima cómo llamaba a esos que difaman a los judíos que no me acuerdo? … en fin le dejo una estampita para que se relaje.

http://es.wikisource.org/wiki/Archivo:Francisco_Pi...
260 Sorel, día 10 de Mayo de 2009 a las 21:27
Me despido por hoy.

Buenas noches.
261 bacon, día 10 de Mayo de 2009 a las 21:33
"Por lo tanto, las denuncias de Bartolomé de Las Casas fueron tomadas radicalmente en serio por la Corona española, lo cual la impulsó a promulgar severas leyes en defensa de los indios y, más tarde, a abolir la encomienda, es decir, la concesión temporal de tierras a los particulares, con lo que causó graves daños a los colonos.

Jean Dumont dice al respecto: «El fenómeno de Las Casas es ejemplar puesto que supone la confirmación del carácter fundamental y sistemático de la política española de protección de los indios. Desde 1516, cuando Jiménez de Cisneros fue nombrado regente, el gobierno ibérico no se muestra en absoluto ofendido por las denuncias, a veces injustas y casi siempre desatinadas, del dominico. El padre Bartolomé no sólo no fue objeto de censura alguna, sino que los monarcas y sus ministros lo recibían con extraordinaria paciencia, lo escuchaban, mandaban que se formaran juntas para estudiar sus críticas y sus propuestas, y también para lanzar, por indicación y recomendación suya, la importante formulación de las "Leyes Nuevas". Es más: la Corona obliga al silencio a los adversarios de Las Casas y de sus ideas.»

Para otorgarle mayor autoridad a su protegido, que difama a sus súbditos y funcionarios, el emperador Carlos V manda que lo ordenen obispo. Por efecto de las denuncias del dominico y de otros religiosos, en la Universidad de Salamanca se crea una escuela de juristas que elaborará el derecho internacional moderno, sobre la base fundamental de la «igualdad natural de todos los pueblos» y de la ayuda recíproca entre la gente.

Se trataba de una ayuda que los indios necesitaban de especial manera; tal como hemos recordado (y a menudo se olvida) los pueblos de América Central habían caído bajo el terrible dominio de los invasores aztecas, uno de los pueblos más feroces de la historia, con una religión oscura basada en los sacrificios humanos masivos. Durante las ceremonias que todavía se celebraban cuando llegaron los conquistadores para derrotarlos, en las grandes pirámides que servían de altar se llegaron a sacrificar a los dioses aztecas hasta 80.000 jóvenes de una sola vez. Las guerras se producían por la necesidad de conseguir nuevas víctimas.

Se acusa a los españoles de haber provocado una ruina demográfica que, como vimos, se debió en gran parte al choque viral. En realidad, de no haberse producido su llegada, la población habría quedado reducida al mínimo como consecuencia de la hecatombe provocada por los dominadores entre los jóvenes de los pueblos sojuzgados. La intransigencia y a veces el furor de los primeros católicos desembarcados encuentran una fácil explicación ante esta oscura idolatría en cuyos templos se derramaba sangre humana.

En los últimos años, la actriz norteamericana Jane Fonda que, desde la época de Vietnam intenta presentarse como «políticamente comprometida» defendiendo causas equivocadas, quiso sumarse al con­formismo denigratorio que hizo presa de no pocos católicos. Si estos últimos lamentan (cosa increíble para quien conoce un poco lo que eran los cultos aztecas) lo que llaman «destrucción de las grandes religiones precolombinas», la Fonda fue un poco más allá al afirmar que aquellos opresores «tenían una religión y un sistema social mejores que el impuesto por los cristianos mediante la violencia».

Un estudioso, también norteamericano, le contestó en uno de los principales diarios, y le recordó a la actriz (tal vez también a los católicos que lloran por el «crimen cultural» de la destrucción del sistema religioso azteca) cómo era el ritual de las continuas matanzas de las pirámides mexicanas.

He aquí lo que le explicó: «Cuatro sacerdotes aferraban a la víctima y la arrojaban sobre la piedra de sacrificios. El Gran Sacerdote le clavaba entonces el cuchillo debajo del pezón izquierdo, le abría la caja torácica y después hurgaba con las manos hasta que conseguía arrancarle el corazón aún palpitante para depositarlo en una copa y ofrecérselo a los dioses. Después, los cuerpos eran lanzados por las escaleras de la pirámide. Al pie, los esperaban otros sacerdotes para practicar en cada cuerpo una incisión desde la nuca a los talones y arrancarles la piel en una sola pieza. El cuerpo despellejado era cargado por un guerrero que se lo llevaba a su casa y lo partía en trozos, que después ofrecía a sus amigos, o bien éstos eran invitados a la casa para celebrarlo con la carne de la víctima. Una vez curtidas, las pieles servían de vestimentas a la casta de los sacerdotes.»

Mientras que los jóvenes de ambos sexos eran sacrificados así por decenas de miles cada año, pues el principio establecía que la ofrenda de corazones humanos a los dioses debía ser ininterrumpida, los niños eran lanzados al abismo de Pantilán, las mujeres no vírgenes eran decapitadas, los hombres adultos, desollados vivos y rematados con flechas. Y así po­dríamos continuar con la lista de delicadezas que dan ganas de desearle a Jane Fonda (y a ciertos frailes y clericales varios que hoy en día se muestran tan virulentos contra los «fanáticos» españoles) que pasara por ellas y que después nos dijera si es verdad que «el cristianismo fue peor».

Algo menos sanguinarios eran los incas, los otros invasores que habían esclavizado a los indios del sur, a lo largo de la cordillera de los Andes. Como recuerda un historiador: «Los incas practicaban sacrificios humanos para alejar un peligro, una carestía, una epidemia. Las víctimas, a veces niños, hombres o vírgenes, eran estranguladas o degolladas, en oca­siones se les arrancaba el corazón a la manera azteca.»

Entre otras cosas, el régimen impuesto por los dominadores incas a los indios fue un claro precursor del «socialismo real» al estilo marxista. Obviamente, como todos los sistemas de este tipo, funcionaba tan mal que los oprimidos colaboraron con los pocos españoles que llegaron providencialmente para acabar con él. Igual que en la Europa oriental del siglo XX, en los Andes del siglo XVI estaba prohibida la propiedad privada, no existían el dinero ni el comercio, la iniciativa individual estaba prohibida, la vida privada se veía sometida a una dura reglamentación por parte del Estado. Y, a manera de toque ideológico «moderno», adelantándose no sólo al marxismo sino también al nazismo, el matrimonio era permitido sólo si se seguían las leyes eugenésicas del Estado para evitar «contaminaciones raciales» y asegurar una «cría humana» racional.

A este terrible escenario social, es preciso añadir que en la América precolombina nadie conocía el uso de la rueda (a no ser que fuera para usos religiosos), ni del hierro, ni se sabía utilizar el caballo que, al parecer, ya existía a la llegada de los españoles y vivía en algunas zonas en estado bravío, pero los indios no sabían cómo domarlo ni habían inventado los arreos. La falta de caballos significaba también la ausencia de mulas y asnos, de modo que si a ello se añade la falta de la rueda, en aquellas zonas montañosas todo el transporte, incluso el necesario para la construcción de los enormes palacios y templos de los dominadores, lo realizaban las hordas de esclavos.

Sobre estas bases los juristas españoles, dentro del marco de la «igualdad natural de todos los pueblos», reconocieron a los europeos el derecho y el deber de ayudar a las personas que lo necesitasen. Y no puede decirse que los indígenas precolombinos no estuviesen necesitados de ayuda. No hay que olvidar que por primera vez en la historia, los europeos se enfrentaban a culturas muy distintas y lejanas. A diferencia de cuanto harían los anglosajones, que se limitarían a exterminar a aquellos «extraños» que encontraron en el Nuevo Mundo, los ibéricos aceptaron el desafío cultural y religioso con una seriedad que constituye una de sus glorias."

http://www.conoze.com/doc.php?doc=3450
262 bacon, día 10 de Mayo de 2009 a las 21:34
"El odio por ser español, tiene sus orígenes en la sumisión cegata a las ideologías invasoras, extranjerizantes y alienadoras que algunos ideólogos del oportunismo político lo utilizaron y utilizan como arma de lucha para alcanzar el poder. El odio a lo español, a España y a los españoles, aunque parezca absurdo, no ha venido de los enemigos históricos de España, inventores de la falsa Leyenda Negra, como podrían ser Francia o Inglaterra, sino de los propios españoles que consideraban más moderno y progresista la exaltación de lo extranjero y la denigración del prestigio histórico de la civilización española, siempre mucho más reconocida y admirada fuera que en la propia España.

Una de las características históricas de España es que ha sido receptiva y dialogante con las ideas y las corrientes culturales de otros lugares, pero sin haber renunciado a lo que da sentido a su ser histórico, como es el patrimonio de la tradición cristiana católica que multisecularmente le ha dado la unidad espiritual, social y cultural. El ejemplo es la tan denostada, desconocida y desvirtuada Edad Media española, en la cual transmitimos la cultura grecorromana junto a la cristiana pero también recibimos y asimilamos las influencias de la cultura árabe y judía. La España medieval del Románico y del Gótico, fue tanto o más europea que en otros siglos posteriores porque Europa entera estaba unida por la fuerza universal de la Cristiandad que permitía a los reinos mantener sus identidades sin renunciar a un proyecto común político, económico, espiritual y cultural. Éste fue el proyecto que quiso mantener el Imperio Español durante el Renacimiento y el Barroco que casi lo logró en los siglos XVI y XVII. Se derrumbó, cuando el cisma del Protestantismo rompe la unidad de Europa y con ello, España y Europa comienzan una andadura histórica cuyas consecuencias serán los enfrentamientos y las guerras entre los europeos que llegaron a provocar en el siglo XX dos guerras mundiales, originadas por las ideologías ateas y totalitarias del fascismo, del nacionalsocialismo y del comunismo socialista.

La pérdida de la identidad de Europa va unida a la pérdida de la conciencia del sentido histórico de ser español. Es hacia finales del siglo XVII , cuando los responsables de la cosa pública sienten una apetencia por la extranjerización de España. España, abandona la fuerza de renovación espiritual y político-cultural de la Contrarreforma y su afán de mantener vivo el Sacro Imperio Romano Alemán, cuando Carlos II (1661-1700) decide entregarse a Francia para asegurar la supervivencia del Imperio Español. De ello se aprovecharía el enemigo de España, el monarca absolutista Luis XIV (1638-1715), que coloca a su nieto Felipe V (1863-1746) en el trono de España. Con la dinastía de los borbones, algunos políticos del despotismo ilustrado pretenden convertir a España en otra Francia, y a partir de aquí, en los siglos XVIII, XIX y XX, el odio por ser español, es un medio político para conservar el poder y destruir al contrario que defienda a España y la reconozca, con orgullo, como una potencia transmisora de la civilización cristiana por casi todo el mundo.

En el siglo XVIII, con las ideas de la Revolución francesa, este odio a España también se lleva a América por aquellos responsables políticos españoles de ideas masónicas y jacobinas, por algunos clérigos jansenistas y por los negociantes y comerciantes, que siembran el independentismo en los pueblos de la Hispanidad, los cuales durante siglos estuvieron unidos por una misma conciencia moral, histórica y religiosa que les otorgó la obra misionera de la Evangelización . Las ideas revolucionarias de independencia de los librepensadores y libertadores, atacan a la monarquía católica y al ideal cristiano evangélico que había protegido y civilizado a los pueblos indios. El odio hacia lo español, el odio al bien histórico y moral de la Hispanidad, da lugar a que en América, como en España, se exalten los ideales laicistas de la Revolución francesa, como son el individualismo, el poder, el placer y la política que se esconden detrás de la filantrópica proclama, ya devaluada, de libertad, igualdad y fraternidad.

Así transcurriría el siglo XIX, las revoluciones liberales del odio a España y a la Hispanidad, traen la independencia a costa de guerras civiles en España y en los pueblos de Hispanoamérica, a los cuales se les intentó inculcar que ellos ya no eran los hijos de España sino los hijos de la Revolución francesa. Y en el siglo XX, con las revoluciones marxistas, socialistas e indigenistas, han querido hacerlos hijos de la revolución proletaria, hijos de un indigenismo primitivo, hijos del populismo bolchevique, hijos de las dictaduras militares, hijos del comunismo disfrazado de Cristianismo como fue la teología de la liberación.

El odio a España y por ser español es el odio fabricado en las ideologías foráneas del despotismo ilustrado, del laicismo de la Revolución francesa, de las revoluciones del liberalismo, del marxismo y su revolución sangrienta del proletariado, del fascismo xenófobo y racista, y cómo no, de los nacionalismos radicales y del terrorismo de los siglos XIX y XX, que viven a expensas de los anteriores porque buscan imponer la raza, la etnia por la fuerza y contra todo aquello que descubra las aberraciones de sus proyectos totalitarios y dictatoriales.

En nuestra denostada España constitucional, desde 1978, se ha permitido por parte del socialismo, del liberalismo, de los ultranacionalismos, y ahora, del nacionalsocialismo laicista, que siga dolorosamente viva aquella frase del autor de la Restauración de la monarquía borbónica y de la Constitución liberal de 1876(asesinado por un anarquista italiano, defensor del republicanismo federal): el conservador Don Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897) : «Son españoles... los que no pueden ser otra cosa». Tras la Restauración borbónica y después de la anárquica I República (1873-1874), en la II República (1931-1936), los revolucionarios socialistas, comunistas y anarquistas exaltaban la dictadura del proletariado de la madre patria Rusia, y odiaban a su legítima y natural Madre Patria: España. No querían más que el poder conquistado desde el terrorismo y las insurrecciones, odiaban la democracia, la legalidad, el Catolicismo, la monarquía, la convivencia pacífica, las ideas políticas opuestas, la unidad política y social de todos los hijos de España.

¿Cuándo entraremos en razón de que somos hijos de España y no somos hijos ni del despotismo ilustrado, ni de la revolución francesa, ni del liberalismo individualista, ni de la revolución socialista-bolchevique, ni del socialismo, ni del comunismo, ni del republicanismo, ni del laicismo antirreligioso, ni de la dictadura franquista del nacionalcatolicismo, ni de la dictadura del relativismo, ni de los nacionalismos violentos y terroristas? Somos tan hijos de España y de la Hispanidad, como lo son de sus respectivas patrias y naciones los hijos de Inglaterra, de Francia, de Estados Unidos... En todas las naciones civilizadas, se tiene la conciencia histórica de que la Patria es un valor universal , un bien común espiritual que se alimenta de las raíces de un pasado fecundo para afrontar con más fuerza los retos del presente y del futuro.

Algunos no han querido aprender la verdad de nuestra Historia, y sólo viven obsesionados por repetir sus errores porque no tienen argumentos, proyectos, ideas, principios, ni valores. Carecen de identidad y nos quieren arrebatar nuestra verdadera identidad histórica: España."

http://www.conoze.com/doc.php?doc=6064
263 DeElea, día 10 de Mayo de 2009 a las 21:36
La verdad Arrow, cuantas más cosas voy descubriendo del señor Voegelin más acertado me parece en sus opiniones. lo mismo tus opiniones sobre él te han llegado por malas referencias.
264 bacon, día 10 de Mayo de 2009 a las 21:49
DeElea,
"Que los arduos esfuerzos de Voegelin de restablecer la ciencia en la au-
tentica teoría y reconectar la razón con su fundamento en Dios caigan en
oídos sordos, aún está por determinar. Pero no cabe duda que, por reiterar
a su manera la invitación del oráculo de Delfos de conocerse a sí mismo, ha dado la cara no sólo por el patrimonio intelectual de la humanidad, sino
también ha participado en una empresa mucho más grande: una que re-
monta a veinte siglos, y gracias a la cual «podemos elaborar con confianza
una filosofía, una visión del mundo basada en esta prioridad de la razón,
en esta confianza en que la Razón creadora es Amor, y en que este amor es Dios."

http://www.upra.org/archivio_pdf/ec83-usselmann.pd....
265 ArrowEco, día 10 de Mayo de 2009 a las 21:57
VV

Pregúntale a Voegelin qué opina de la teocracia.
266 bacon, día 10 de Mayo de 2009 a las 22:07
Eric Voegelin tenía un profundo aprecio por la democracia como sistema de gobierno. Sin embargo, por su cercanía con los clásicos, siempre entendió a la perfección aquella vieja doctrina de la accidentalidad de los sistemas de gobierno. Comprendía, asimismo, que mucho más importante que el sistema político, que no es más que un medio, es el fin de toda sociedad: la perfección moral de sus ciudadanos.

Respecto al saludable escepticismo que tenía Voegelin respecto a la identificación de sociedad democrática con sociedad espiritualmente sana, se puede mencionar su crítica visión de los Estados Unidos –respecto de los países europeos, como Alemania y Francia, los consideraba en un lugar más bajo aún que Estados Unidos, por lo que todo lo que diga Voegelin del país del Norte, debe entenderse doblemente aplicable a su natal Alemania y a Francia-: “Voegelin encontró una abundancia de signos de enfermedad espiritual en la cultura norteamericana, pues la mayoría de lo que hoy se conoce bajo el título de ‘cultura popular’ eran, en el pensamiento de Voegelin, poco más que evasiones sin sentido de la responsabilidad humana. Las tendencias intelectuales a mediados de siglo, aunque no carentes de rayos de esperanza, indicaban una incapacidad general para tratar racionalmente los diversos temas. En educación, los norteamericanos ponían el acento más que nunca en su desarrollo personal, entendido de la manera más privada y narcisista. La América liberal operaba sin una metafísica –o, más precisamente, con una metafísica decapitada. Desde que Voegelin entendía que todos los ordenes sociales y políticos reflejan una ontología compartida, la América liberal debe ser entendida como un orden en rebeldía con Dios. Más aún, como la existencia política requiere una discusión constante acerca de materias morales, los Estados Unidos sufren de una carencia decisiva. Como sociedad en rebeldía con el fundamento divino y, por ello, sin participar en el nous divino, ella (esto es, la sociedad, en el sentido corporativo) es incapaz de acción moral”

En este sentido, la crítica voegeliniana al desorden espiritual de Occidente es muy cercana a la que en su momento hiciera Solzhenitsyn: ambos veían el mayor peligro del mundo libre no en la Unión Soviética, sino en la propia crisis espiritual occidental: “Voegelin, como Solzhenitsyn, tuvo que enfrentarse con aquéllos que negaban que el desorden social del siglo XX era sintomático de de una crisis civilizacional mayor. También enfrentó el problema de que, muchos de quienes reconocían que la crisis existía, la caracterizaban mal por no poder identificar sus raíces espirituales. En realidad, hablar de una crisis espiritual es típicamente inadecuado para una sociedad progresista liberal en la cual se trata la vida espiritual como una materia de elección personal que no tiene espacio en los asuntos públicos. Muchos críticos culturales parecen renuentes a considerar la conexión entre crisis institucionales y quiebres espirituales. En consecuencia, su análisis y respuesta prescriptiva está informada por los mismos factores ideológicos que causan la crisis. Muchos intelectuales liberales se enfrentan al totalitarismo, pero fallan en reconocer que su misma disposición ideológica comparte un fundamento común con el comunismo y nazismo”
Note247.

.



14El liberalismo es ciego al espíritu. Por ello, no puede comprender tampoco la esencia de los totalitarismos a los que se ha enfrentado, y con los que comparte presupuestos comunes. El liberal no es por ello un adversario de temer para los totalitarios, por cuanto no comprende la esencia de la ideología a la que combate, y pretende derrotarlo sin prescindir de la secularización moderna: “Es terrible escuchar una y otra vez que el nacionalsocialismo es una vuelta a la barbarie, a las Épocas Oscuras, a épocas anteriores a cualquier progreso hacia el humanitarismo, sin sospechar siquiera quienes así hablan que, precisamente, la secularización de la vida que acompañó a la doctrina del humanitarismo es el suelo en el cual podía prosperar un movimiento religioso tan radicalmente anticristiano como el nacionalsocialismo. Pare estas mentes secularizadas la cuestión religiosa es un tabú, y son renuentes a replantearlo seria y radicalmente –tal vez ellos considerarían esto también barbarismo y una recaída en las Epocas Oscuras”.

http://cybertesis.uach.cl:8080/sdx/uach/notice.xsp...
267 ArrowEco, día 10 de Mayo de 2009 a las 22:17
VV

¿El liberal no es un adversario a temer? Ya he leído bastante. Lo dejo por hoy.
268 alterego, día 10 de Mayo de 2009 a las 22:30
#261, bacon, una muestra de la "cruel colonización" española y lo "benigna" de la de los demás europeos es la película La Misión.
269 lead, día 10 de Mayo de 2009 a las 22:30
[Estar críticamente abierto a toda forma de pensamiento]

bacon #262

Azaña, Don Manuel Azaña, podría representar perfectamente ese "odio a España" (a la España tradicional e histórica, se entiende, no a la que él quería construir a su imagen y semejanza tras destruir la anterior). Entresaco de un post que puse el 21 Abril:

Veamos lo que dijo Azaña ese año 30, en su discurso "Tres generaciones del Ateneo"


= Concibo pues la inteligencia en el orden político y social como empresa demoledora. En el estado presente de la sociedad española, nada puede hacerse de útil y valedero sin emanciparnos de la Historia.

= Tan sólo que el presente y su módulo podrido se destruyan. Si agitan el fantasma del caos social, me río...Si me arrojan a la cara como un baldón que este punto de vista hace tabla rasa de lo español, evapora las esencias nacionales y maltrata nuestro carácter, me niego incluso a rebatir el argumento. No todo lo español merece conservarse por el hecho de existir.

= Ninguna obra podemos fundar en las tradiciones españolas, sino en las categorías universales humanas.

Volvamos a hoy, 10 de Mayo, para seguir comentando el texto que nos trae bacon. Habría que decir que al extremismo estúpido de hacer tabla rasa de todo el pasado español (como dijo querer y quiso hacer Azaña), tampoco podemos oponer el extremismo contrario de no aceptar nada del exterior y encerrarnos numantinamente a crear algo nuevo, diferente y "genuinamente español", cualquier cosa que esto sea.

¿Comprenderíamos algo así en Ciencia y Tecnología, es decir, no aceptar, por ejemplo, ni la electricidad, ni las telecomunicaciones, ni la aviación, ni Internet porque son creaciones extranjeras? Y si las aceptamos, ¿por qué sí en Ciencia y Tecnología, que al fin y al cabo, son producto de las ideas, pero no en las formas de organizar el Estado, la convivencia o la Economía, que también son el resultado de la aplicación de unas ideas?

Cierto es que todas las ideas no son igualmente respetables ni válidas. Aceptamos la Ciencia y la Tecnología extranjera porque sus resultados son comprobablemente buenos para mejorar las condiciones de vida del hombre, y rechazamos, por ejemplo, la alquimia, la quiromancia o la magia porque no resuelven ninguna necesidad del hombre (quizá alguna de tipo psicológico en mentes poco racionales).

¿Por qué no aceptar la democracia liberal o la economía de mercado cuyos resultados comprobables, en los dos últimos siglos, han sido tan positivos para, respectivamente, organizar la convivencia de una sociedad y producir enorme riqueza para TODOS sus ciudadanos, caricaturas aparte?.

Cierto que estar abierto a todas las corrientes del pensamiento, sea éste científico, tecnológico, político o económico, no quiere decir aceptar acríticamente todo lo extranjero sólo por el hecho de serlo. Pero tampoco debe hacerse lo contrario: cerrarse acríticamente (con apariencia de supercrítica) a todo lo extranjero sólo por el hecho de serlo.

270 DeElea, día 10 de Mayo de 2009 a las 22:30
Arrow salvando todas las distancias que se quieran en el fondo no dice nada muy distinto de lo que decía Donoso Cortés:

“Las escuelas socialistas, hecha abstracción de las bárbaras muchedumbres que las siguen, y consideradas en sus doctores y maestros, sacan grandes ventajas a la escuela liberal, cabalmente porque se van derechas a todos los grandes problemas y a todas las grandes cuestiones y porque proponen siempre una resolución perentoria y decisiva. El socialismo no es fuerte sino porque es una teología satánica. Las escuelas socialistas, por lo que tienen de teológicas, prevalecerán sobre la liberal por lo que ésta tiene de antiteológica y de escéptica, y por lo que tienen de satánicas, sucumbirán ante la escuela católica, que es a un mismo tiempo teológica y divina. Sus instintos deben estar de acuerdo con nuestras afirmaciones, si se considera que guardan para el catolicismo sus odios, mientras que para el liberalismo no tienen sino desdenes.”


“El error fundamental del liberalismo consiste en no dar importancia sino a las cuestiones de gobierno, que, comparadas con las del orden religioso y social, no tienen importancia ninguna. Esto sirve para explicar por qué causa el liberalismo queda de todo punto eclipsado desde el momento en que socialistas y católicos proponen al mundo sus tremendos problemas y sus soluciones contradictorias. Cuando el catolicismo afirma que el mal viene del pecado, que el pecado corrompió en el primer hombre a la naturaleza humana, y que, sin embargo, el bien prevalece sobre el mal, y el orden sobre el desorden, porque el uno es humano y el otro divino, no cabe duda sino que, aun antes de ser examinado, satisface en cierta manera a la razón, proporcionando la grandeza de las causas a la de los efectos y nivelando la grandeza de lo que se propone explicar con la grandeza de sus explicaciones. Cuando el socialismo afirma que la naturaleza del hombre está sana y la sociedad enferma; cuando pone al primero en lucha abierta con la segunda para extirpar el mal que está en ella con el bien que está en él; cuando convoca y llama a todos los hombres para que se levanten en rebeldía contra todas las instituciones sociales, no cabe duda sino que en esta manera de plantear y de resolver la cuestión, si hay mucho falso, hay algo de gigantesco y de grandioso, digno de la majestad terrible del asunto. Pero cuando el liberalismo explica el mal y el bien, el orden y el desorden, por las varias formas de los gobiernos, todas efímeras y transitorias; cuando, prescindiendo, por un lado, de todos los problemas sociales, y por otro de todos los religiosos, pone a discusión sus problemas políticos, como los únicos que son dignos por su alteza de ocupar al hombre de Estado, no hay palabras en ningún idioma con que encarecer la profundísima incapacidad y la radical impotencia de esta escuela, no para resolver, sino hasta para plantear estas pavorosas cuestiones. La escuela liberal, enemiga a un mismo tiempo de las tinieblas y de la luz, ha escogido para sí no sé qué crepúsculo incierto entre las regiones luminosas y las opacas, entre las sombras eternas y las divinas auroras. Puesta en esa región sin nombre, ha acometido la empresa de gobernar sin pueblo y sin Dios; empresa extravagante e imposible: sus días están contados, porque por un punto del horizonte asoma Dios y por otro asoma el pueblo. Nadie sabrá decir dónde está en el tremendo día de la batalla y cuando el campo todo esté lleno con las falanges católicas y las falanges socialistas.”


“Las escuelas socialistas sacan una gran ventaja a la liberal, así por la naturaleza de los problemas que se proponen resolver como por la manera de plantearlos y de resolverlos. Sus maestros se muestran familiarizados, hasta cierto punto, con aquellas especulaciones atrevidas que tienen por asunto a Dios y su naturaleza, al hombre y su constitución, a la sociedad y sus instituciones, al universo y sus leyes. De esta inclinación a generalizarlo todo, a considerar las cosas en su conjunto, a observar las disonancias y las armonías generales, procede una más grande aptitud en ellos para entrar y salir, sin perderse, en el laberinto intrincado de la dialéctica racionalista. Si en la gran contienda que tiene como en suspenso al mundo no hubiera otros combatientes sino los socialistas y los liberales, ni la batalla sería larga ni dudosa la victoria.”
271 alterego, día 10 de Mayo de 2009 a las 22:34
#269, lead, la izquierda ha copiado de Azaña ese odio a España que llega a negar su historia. Es una pena que no copie su oratoria.
272 lead, día 10 de Mayo de 2009 a las 22:37
[Reducciones jesuíticas del Paraguay]

alterego #268

Anteayer puse este enlace a las Reducciones jesuíticas del Paraguay, objeto de la película La Misión:

http://www.corazones.org/lugares/latino_a/paraguay...
273 alterego, día 10 de Mayo de 2009 a las 22:38
#272, lead, no lo ví, muy oportuno.
274 lead, día 10 de Mayo de 2009 a las 22:47
alterego #273

El comentario completo en el que incluí el enlace a Las Reducciones del Paraguay es éste:

185
lead dijo el día 8 de Mayo de 2009 a las 00:28:

[¿Cuál es la alternativa a la democracia liberal]

gaditano #161: Estamos en la misma onda. Estoy seguro que manuelp, egarense, HGE y Sherme, entre otro del blog, también.

Idea #163: Casi todo lo que dices ha ocurrido, como también Roma trajo la civilización a Hispania y a Galia a sangre y fuego. Es la humana naturaleza. Pero la civilización perduró a los desmanes de las legiones.

En #167 me parece adivinar que Vd. apunta a las monarquías cristianas del pasado como esa alternativa. ¿Qué monarquía cristiana, concretamente? ¿la de los católicos que pasaron a cuchillo a los hugonotes en la noche de San Bartolomé? ¿la de Felipe II de Francia que también acabó a sangre y fuego (justos incluídos) con los albigenses o cátaros? ¿la de Carlos I/V y Felipe II, a la greña continua con la hija predilecta de la Iglesia, la muy católica Francia? etc. etc. ¿cuál de ellas, pues?:

http://es.wikipedia.org/wiki/Cruzada_albigense

ArrowEco #165 Gracias por la contundente claridad: la alternativa es una Teocracia católica. A los protestantes, a los musulmanes,a los liberales, a los no creyentes, etc., etc., que les den. ¿o se les permitiría vivir dentro de esa comunidad teocrática, pagando permanentemente un impuesto porque te dejen respirar, como hacen los musulmanes de la Umma con los infieles?

Pregunta a ArrowEco: ¿Sería aceptable un régimen como el de los jesuítas en las Reducciones del Paraguay, de los siglos XVII y XVIII? :

http://www.corazones.org/lugares/latino_a/paraguay....
275 lead, día 10 de Mayo de 2009 a las 23:02
[Donoso Cortés y Noviembre de 1989]

DeElea #270

Entiendo que Donoso Cortés dijera lo que dijo a mediados del siglo XIX. Todavía hace 20 años muchos decían lo mismo...todavía hoy lo dicen.

Pero, lo quieran ocultar o disimular los socialistas, el 9 de Noviembre de 1989 se hundió el Muro de Berlín, demolido desde el Este por los que llevaban décadas "disfrutando" el Socialismo. Y con él se desmoronó ese monstruo que ya llevaba 100 millones de muertos en el intento de crear "el Hombre Nuevo" y un sistema sin clases (excepto la "Nueva Clase" de los dirigentes del sistema, beneficiarios de la expropiación de la riqueza, poco o mucha, más bien poca, de toda la inmensa población desposeída de esos países).

En ese momento, se evidenció el triunfo de la democracia liberal y de la Economía de Mercado: del Liberalismo, ese que Zapatero y sus numerosos votantes dicen que, bajo la fórmula "neoliberal", ha fracasado. Por de pronto se aprestan a salvarlo para seguir pudiendo poner el cazo ("el cazo y la rosa", como verdadero emblema del Socialismo)...aunque echándole las manos al cuello para que no se escape.
276 DeElea, día 10 de Mayo de 2009 a las 23:06
“[¿Cuál es la alternativa a la democracia liberal]”

Lo suyo sería reformar la democracia liberal y corregir sus defectos. Nos saldría una Democracia dogmática de inspiración cristiana católica.

¿Qué que pasaría con los que no fuesen cristianos? pues na, lo mismo que pasa en las democracias liberales con los que no son liberales, que mientras respeten la ley pueden estar perfectamente tranquilos. Lo mismo hasta con el tiempo incluso más, quien sabe lo mismo como antiguamente volveríamos a dormir en el pueblo con las puertas abiertas en verano.

Hace falta un verdadero liberalismo hispánico, sujeto a la ley de Dios.
277 gaditano, día 11 de Mayo de 2009 a las 02:06
un parrafillo para la madrugada después de tanto panegírico de los Conquistadores:
Para terminar, entre todas esas causas, ¿en cuál ubicar el maltrato a los niños, probablemente con propósitos de represalia y chantaje? Fray Marcos de Niza, por ejemplo, vio en el Perú a los españoles: tomar niños de teta por los brazos y [arrojarlos tan lejos] cuanto podían.

¿Exige acaso ese testimonio mayores abundamientos? A todos estos respectos, Cieza de León, uno de los más conocidos cronistas de los primeros años de la conquista, dijo:

[las crueldades de los pueblos de los Andes] son afirmaciones que los españoles hemos hecho para encubrir nuestros mayores yerros y justificar los malos tratamientos que de nosotros han recibido.

Es obvio que se equivocó Cieza de León.

Las crueldades y la violencia en la América precolombina no son un invento gratuito de los conquistadores. La violencia, incluyendo la más brutal y despiadada, formó y formaba parte de la historia de estos pueblos quizá desde la más antigua ocupación de estos territorios.

Con casi cuatro mil años de antigüedad, en las piedras de Sechín, en la costa norte del Perú, han quedado grabadas brutales escenas del seccionamiento por mitad de guerreros derrotados. Y hay innumerables testimonios de violencia en la cultura Maya.

En los Andes, en diversos pueblos, junto con los caciques muertos se enterraba vivos a algunos de sus guardianes. Y las crueldades en que incurrieron los ejércitos inkas durante sus conquistas y en la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa, fueron inauditas. Nadie pues pudo inventar lo que existiendo ya no podía inventarse. La objeción pues no es ésa.

La objeción grave y seria es que la cultura de la que formaban parte los europeos de la conquista era milenariamente más avanzada que la de los pueblos conquistados. Era, para quienes gustan de usar tan absurda expresión, una cultura “superior”.

¿No debía esperarse entonces un comportamiento también “superior”? ¿No se nos ha repetido hasta el hartazgo que los conquistadores eran católicos, apostólicos y romanos? ¿Estaba ese descomunal, sofisticado y truculento ensañamiento en el libreto de los cristianos de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII? ¿Estaba la venganza artera también en ese guión?

¿Puede seguírsenos diciendo que, habiendo sido masiva y sistemática, con millones de muertos, amputados y lisiados, se trató sólo de hechos aislados y el resultado de la violencia incontrolable de unos cuantos desadaptados y sádicos conquistadores?

El historiador franco–peruano Frederic Engel nos recuerda que en su testamento Isabel, la Católica, prohibió la venta como esclavos de nativos de las Indias; que el propio Carlos V, en 1530, dio órdenes con el fin de proteger a los nativos. Y que en 1537 el Papa Paulo III hizo otro tanto. Que en 1542 se dieron nuevas leyes con carácter protector.

Y, finalmente, que en 1544 Felipe II insistió en ese mismo sentido.

Pero –en el supuesto que categóricamente nos negamos a admitir, de que los reyes hubiesen de buena fe dispuestos esas restricciones –, ¿ni Isabel, ni Carlos ni Felipe contaban con la astucia de los conquistadores? Éstos practicaron el viejo proverbio “hecha la ley, hecha la trampa”. ¿No lo habían aprendido acaso de puño y letra de Isabel?

Tras millones de muertos en el Caribe, cuán gratuitas e inútiles fueron pues las palabras de los todopoderosos Reyes Católicos, que, dirigiéndose al Comendador Fray Nicolás de Ovando, le expresaron categóricamente:

Diréis de nuestra parte a los caciques y a los otros principales que queremos que los indios sean bien tratados (...); así lo habéis de pregonar; y si desde aquí en adelante alguno les hiciere algún mal, daño, o les tomaren por fuerza algo de lo suyo (...) lo castigaréis de tal manera que desde aquí en adelante ninguno sea osado de hacerles mal ni daño.

Esas instrucciones de la Corona –que hemos transcrito de Engel y Pereña–, precisas y indubitables, fueron dadas desde 1501. Es decir, cuando aún no se conocían ni el Perú ni México. Y fueron ratificadas por el no menos poderoso Carlos V en 1526, cuando todavía no se había iniciado la conquista del Perú.

Es decir, cuando recién en 1532 se inicia la conquista de los Andes, hacía ya 30 años que la Corona venía insistiendo en los límites dentro de los cuales debía desenvolverse la conducta de los conquistadores frente a los nativos.

Es razonable pensar que, tras 30 años de repetirse una orden tan precisa, que contenía además explícitas amenazas de castigo –“temor al rey”, lo llamaremos–, los conquistadores del Perú hubieran llegado con las consignas de la Corona perfectamente internalizadas y bien comprendidas.

Pero ni durante las correrías en vida –farra, robos y crímenes–, ni en el momento de la muerte, los asaltó nunca el “temor al rey”.

Los asaltó sí, pero sólo a las puertas de la muerte, el “temor a Dios”, que súbita y muy oportunistamente afloraba. En efecto, muchos españoles en sus testamentos se mostraron “arrepentidos”, algunos incluso –en magnífica confesión de parte– “piden devolver bienes a los indios”. ¿Les había dicho también la religión que su final arrepentimiento devolvía la vida a todos aquellos a quienes habían asesinado? ¿Se cumplió con su última voluntad de devolver bienes?

¿Cómo explicar, pues, que para algunos efectos –en realidad para la gran mayoría de los efectos–, la Corona tuviera tan grande poder, tanto en la península, como en Europa y en las colonias; y, en relación con el genocidio que se cometía en América, tuviese el mismo insignificante poder que tenían los propios nativos, es decir ninguno?

¿Hay alguna razón que le dé consistencia a tamaña incoherencia? Claro que la hay: los intereses de la Corona, los intereses de la metrópoli. ¿Por qué pudo la Corona deshacerse de Colón, retirar a Cortés de México, derrotar el movimiento separatista de Gonzalo Pizarro, y conquistar América desde el norte de México hasta la Patagonia? Porque le convenía y tuvo fuerza suficiente para hacerlo.

¿Y por qué pudo expulsar a los jesuitas de América? Porque también le convenía y tuvo fuerza suficiente para hacerlo. Mil preguntas similares recibirían las mismas respuestas: le convenía, pudo y quiso hacerlo.

Sin embargo, con el mismo poder y supuestamente también queriéndolo hacer, ¿por qué no pudo controlar el genocidio que llevaban a cabo los conquistadores y encomenderos? Pues porque no le convenía –por lo menos a la luz de su miope visión de corto plazo–."

Y éste es el enlace para el larguísimo texto.
http://www.eumed.net/libros/2005/ak4/1l.htm

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