Pío Moa

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Un desacuerdo con Cristina Losada / Guerras de Cataluña y Portugal

1 de Agosto de 2009 - 07:46:05 - Pío Moa

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Escribe Cristina Losada: "La falta de una rectificación explícita, de un reconocimiento expreso del extravío por parte del presidente constituye un error añadido al que cometió. Esa indefinición respecto del pasado lastra la política antiterrorista futura con una incertidumbre".

Por esta vez no estoy de acuerdo con ella. El "proceso de paz", es decir, de colaboración con los terroristas para desmantelar la Constitución y el estado de derecho no fue ningún error ni extravío, sino una política coherente que, por supuesto, se mantiene. Esa política parte de la muy amplia base de "diálogo" que ofrece la ideología compartida entre la ETA y el PSOE, una evidencia a la que me he referido en otras ocasiones y que no repetiré ahora. El "error" ha consistido simplemente en que la ETA quiere algo más de lo muchísimo que Zapo ya le ha dado, destruyendo de paso el mejor legado de la transición.

El proceso de paz no ha sido de ningún modo un fracaso para sus promotores, pues ha conseguido gran parte de sus objetivos, dejando un rastro de ruinas políticas: unos estatutos que reducen a "residual" la unidad de España; la vejación, infiltración y neutralización de la AVT; la resurrección de odios y radicalismos antes olvidados, gracias a la "memoria histórica" –parte del proceso de "paz"–; la expansión y radicalización de los separatismos; la división y corrosión del poder judicial. Y tantas cosas por el estilo. Mientras el Futurista de la Nena Angloparlante colaboraba liquidando la oposición y acosando a los comunicadores incómodos. 

Zapo y su pandilla han convertido el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo en su contrario exacto, y no por error, sino por coherencia ideológica; aunque en estos tratos de mafiosos suele haber peleas, naturalmente, como ahora mismo. Decirle que rectifique es como si, después de haber puesto a la zorra al cuidado del gallinero, se la mantuviera en tal cargo, eso sí, advirtiéndole "seriamente" que debe dejar en paz a las gallinas.

**** Las obscenas declaraciones de los politicastros cuando hay un atentado, siempre las mismas miserias. Las patéticas, por no decir absurdas, manifestaciones "contra la ETA". ¿Es que solo están contra la ETA cuando esta asesina? ¿Por qué no están manifestándose todos los días mientras la ETA exista, puestos a eso? Seguramente resultaría cansado. ¿Y por qué no se manifiestan contra el gobierno que transformó el Pacto contra el Terrorismo y por las Libertades en Pacto con los Terroristas contra la Democracia? Nos guste o no, vivimos en un pueblo moldeado por la telebasura. En todos los aspectos.

**** Un anuncio vilmente estúpido sobre la ETA, termina, en plan solemne: "No son separatistas" "No son nacionalistas" "Son terroristas". El anuncio miente de forma repugnante. No solo son separatistas y nacionalistas, sino que viven en gran medida de otros nacionalistas y separatistas. ¿Y a qué viene, a estas alturas, aclararnos que son terroristas? ¿Es que hasta ahora no se habían dado cuenta los autores de esa basura? Ah, y ante de llegar ahí, ofrecen un repaso ambiguo de las hazañas de la ETA, que bien podría dar lugar a la conclusión del PSOE: "Hay que acabar con esto:  ¡Proceso de paz!".

Lo correcto habría sido terminar el repaso de muertos con algo así como: "Todo esto no habría sido posible sin la colaboración de nacionalistas, separatistas y políticos partidarios de la solución política.  Sin la corrosión del estado de derecho y la burla de las víctimas por esos políticos". Propongo este anuncio a quienes puedan hacerlo, en youtube, por ejemplo, aunque ya sé que es proponer por proponer.

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**** Una corrección: "Usted escribe que el rey sueco Gustavo Adolfo había vencido a Dinamarca. No es cierto. Gustavo Adolfo nunca venció a Dinamarca, por no haber estado él en guerra con éste país después de 1613. Un año antes, muy joven (17 años) había sucedido a su padre Carlos IX como rey. Carlos sí era en guerra contra el rey danés Cristiano IV, quien lo había atacado en 1611 a fin de restablecer la unión de los reinos escandinavos (1397-1521) so dominio danés. Gustavo logró con esfuerzo ciertamente no ordinaria en hombre maduro, pero extraordinaria en un muchacho, detener la invasión danesa y conseguir una paz "statu quo ante" que salvaba a Suecia, mas que no podía considerarse una victoria.

Lo que ocurrió tras aquella paz fue que Gustavo continuó su carrera de guerrero y jefe militar excepcional, venciendo sí a los rusos y los polacos (tomando Riga en 1621) y fijando el dominio sueco en todo el litoral oriental del Mar Báltico desde Estonia a Danzig. Por eso, la situación estratégica de Dinamarca empeoraba continuamente. Peor, la derrota catastrofal de Cristiano de Dinamarca en la guerra alemana (1626, Lutter am Barenberge cerca de Hannover), demostró que mientras el rey sueco era guerrero afortunado, su primo danés no lo era. El pundonoroso Cristiano no lo podía olvidar, pero nada podía hacer; su protagonismo en la escena de gran política europea había terminado.

Su derrota en Lutter am Barenberge fue causada por la imprudencia del rey por haber dejado demasiado lejos a sus aliados protestantes alemanes, cuando se acercaba el genial jefe católico flamenco, Jan Tserclaes Tilly, a quien venció más tarde Gustavo en 1631 en Breitenfeld cerca de Leipzig.

Cordialmente 

David Gress

(Copenhague)

**** Los años 40 resultaron fatales para España, al repercutir dentro del país las tensiones externas. Frustrada la pax hispanica, Olivares había intentado drásticas medidas para afrontar las angustias financieras y el acoso en Europa y los océanos. A su juicio, la monarquía no podía durar si no se reformaba moral, administrativa y económicamente, eliminando la corrupción y adoptando una administración más centralizada y leyes homogéneas, de modo que los reinos de España contribuyeran en proporción a sus recursos. Intentó la Unión de Armas, una reserva de 140.000 soldados mantenida equitativamente, plan que las oligarquías de Aragón y Portugal miraron con malos ojos.

El malestar creció cuando, en 1638, los franceses atacaron Fuenterrabía. Castilla y Aragón reaccionaron, pero la Generalitat se desentendió. Al año siguiente, Richelieu atacó el Rosellón y en 1640 tomó la fortaleza de Salses. Olivares mandó 9.000 soldados y la fortaleza se recobró, pero los nobles atizaron el descontento entre la población, que debía soportar a unos soldados malpagados que a veces se portaban con vandalismo. El 7 de junio de 1640 (Corpus de sangre), la oligarquía propició la entrada de unos cientos de segadores en Barcelona, que con gritos como "¡Viva el rey de España y muera el mal gobierno!", mataron a cerca de veinte funcionarios, en su mayoría catalanes, incluyendo al virrey, Dalmau de Queralt. Hasta aquí, nobles y burgueses podían frotarse las manos, pero los campesinos les odiaban por los nunca desarraigados "derechos de abuso y maltrato", considerados en Aragón "libertades del reino"; y la revuelta tomó un sesgo antiseñorial menos satisfactorio para la Generalidad, pues debía de recordar la rebelión de los remensas del siglo XV.

Ante el peligro, un osado líder rebelde, el obispo de Urgel Pau Clarís, se pasó a los franceses y proclamó una república catalana protegida por Richelieu, para enseguida aceptar la soberanía de Luis XIII, a quien adjudicó por su cuenta el título de conde de Barcelona, rehaciendo una dependencia que los catalanes se habían sacudido siglos atrás; y un ejército franco-catalán desbarató en Montjuic al de Felipe IV. Richelieu trataba de explotar aquella providencial revuelta y profundizar hacia Valencia y Aragón, con mínimo gasto para Francia: exigió que los catalanes pagaran las tropas francesas, las cuales cometieron más desmanes que las de Olivares; y nombró un virrey francés.

Y en diciembre de 1640, el portugués duque de Braganza se proclamaba rey de Portugal con el nombre de Juan IV, rompiendo la unión con España. Hombre moderado, su audacia provino más bien de su esposa, la andaluza Luisa Guzmán, de los Medina Sidonia. La situación favorecía a Braganza, por la dispersión española en varios teatros bélicos y porque le apoyaron Francia, Roma e Inglaterra (esta cual recibiría luego por su apoyo las posesiones lusas de Tánger y Bombay).

En 164, los éxitos secesionistas de Cataluña y Portugal animaron al duque de Medina Sidonia y el marqués de Ayamonte a tramar la secesión de Andalucía. Olivares, sin recelar del duque, le encargó del contraataque a Juan IV, pero Medina Sidonia saboteó la concentración de tropas, facilitando así la separación lusa, mientras Ayamonte negociaba el apoyo de Portugal y de las escuadras francesa y holandesa. Tuvieron la mala suerte de ser descubiertos algo antes de la arribada de la flota franco-holandesa. Detenidos, Ayamonte culpó de todo al duque, el cual, en una grotesca maniobra, retó a duelo a Juan IV. Ayamonte fue decapitado y el duque salvó el cuello: en Inglaterra lo habrían pasado mucho peor los dos. Su fracaso sugiere la idea fácil de que su intento no tenía futuro, pero estuvo muy cerca de abrir un nuevo frente en el sur de España, de consecuencias imprevisibles dada la dificilísima situación.

En cuanto a Inglaterra, la querella entre Carlos I y el Parlamento se recrudecía. La clave del conflicto estaba en el dominio del Parlamento por los puritanos, minoría calvinista no menos dinámica y audaz que la hugonote en Francia. Los puritanos, radicalmente hostiles al papismo, detestaban solo algo menos al anglicanismo, en el cual encontraban demasiadas reminiscencias católicas, y trataban de infiltrarse entre los anglicanos para reformarlos a su modo. Jacobo y Carlos los consideraban un peligro para la monarquía, y los habían hostigado a menudo. En 1620, un grupo de puritanos había huido en el barco Mayflower para instalarse en la actual Usa, suceso de futura trascendencia histórica; y en el decenio de los 30 unos veinte mil emigraron en la misma dirección (Nueva Inglaterra), donde pensaban fundar la bíblica "ciudad sobre la colina" cimentada en principios y valores calvinistas. En Inglaterra boicoteaban con su fuerza parlamentaria al monarca y se presentaban como abanderados de la libertad frente a la tiranía, aunque eran probablemente más intolerantes que los anglicanos. A principios de los 40, los puritanos estaba agriamente dividido en tendencias, que podían reducirse a los intransigentes o "separatistas" y los partidarios de mayor colaboración con el poder anglicano. Entre los primeros estaba Oliver Cromwell, que iba a acaudillar la revuelta.

El rey replicó al boicot puritano dejando de convocar al Parlamento durante once años, hasta 1640, cuando necesitó aprobación legal de nuevos impuestos para sufragar la Guerra de los obispos en Escocia. Obviamente no lo consiguió, hubo de aceptar una tregua desfavorable con los escoceses y cerró el Parlamento, llamado "corto". Un nuevo revés le obligó a convocar un nuevo Parlamento, el llamado "largo". Este socavó sin miramientos la autoridad de Carlos, exigió ser convocado cada tres años y no ser disuelto por voluntad regia, declaró ilegales algunos impuestos y suprimió los tribunales del rey. Y fue más allá, aprobando una lista de ilegalidades achacadas al monarca. El choque solo podía terminar en guerra civil, y así fue, en octubre de 1642.

Ese año murió Richelieu, formidable enemigo de España, y al año siguiente Luis XIII. París festejó con luminarias la defunción del primero, pues era muy odiado, aunque dejó un legado imponente: monarquía absoluta –con un espionaje interno que casi la conformaba como estado policial– nunca antes conocida en la Europa del oeste, y que Luis XIV perfeccionaría; y las bases del Grand Siècle de Francia, en sentido político y cultural, pues protegió con empeño las artes y las letras. Su gran antagonista Olivares, caído en desgracia y procesado, fallecería tres años después, habiendo fracasado sus reformas, que serían parcialmente retomadas en el siglo XVIII.

Con el sucesor de Richelieu, el también cardenal Mazarino, italiano que había estudiado en Alcalá y Salamanca, la suerte se volvió aún más adversa para los hispanos. En mayo de 1643 estos fueron vencidos en Rocroi, victoria costosa para los franceses pero de enorme repercusión moral. Aun si los franceses volvieron a ser derrotados en noviembre y los tercios retuvieron bastante eficacia, Rocroi marcó en tierra lo que la batalla de los Bajíos en el mar. Las luchas se arrastrarían indecisas hasta que entre mayo y octubre de 1648 la Paz de Westfalia puso fin a la Guerra de los treinta años.

Comentarios (53)

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51 bacon, día 2 de Agosto de 2009 a las 13:01
sinrocom 43
eso que Vd. dice se llevó a cabo literalmente durante la segunda república: se creó la Guardia de Asalto para no tener que emplear la Guardia Civil, que resultaba demasiado contundente, para reprimir los desórdenes. Naturalmente, me refiero a los desórdenes causados por la izquierda y los separatistas. Cuando el enemigo del gobierno eran las derechas, entonces los métodos eran distintos y la contundencia no era un problema, como tampoco lo era la legalidad, baste recordar a Calvo Sotelo.
52 lead, día 2 de Agosto de 2009 a las 19:05
[La ideología de los Derechos Humanos: Americanos( y británicos) frente a franceses]

Perieimi #85 de 31/7/09; #39, 40 y 41 de 1/8/09

[He estado fuera tres días, quedándome por ello muy rezagado del pelotón; he tenido que hacer un esfuerzo de aúpa para tratar de reintegrarme en el mismo]

Perieimi lleva varios días reproduciendo interesantes textos de varios autores, como Julius Evola, Dalmacio Negro y Guillaume Faye. De este último autor entresaca textos muy críticos con lo que el autor denomina "la ideología de los derechos humanos". Faye compara la filosofía de las Revoluciones Americana y Francesa, que se puede sintetizar, según él señala (y yo estoy de acuerdo, según he escrito en numerosas ocasiones en el blog en los últimos tres años) en (según el texto del post #39 citado):

= Americana, a favor del individuo y la Sociedad

= Francesa, a favor del colectivo, la Nación.

En el texto del post #85 citado Faye dice sorprenderse de algo harto conocido:

Es sorprendente constatar que la ideología de los derechos humanos fue formulada por la Convención de la Revolución francesa en imitación de los puritanos americanos.

Añado yo que esa referencia americana es la Declaración de Virginia, de 12 Junio 1776, como he destacado repetidamente en el blog.

Supongo que la sorpresa de Faye deriva de considerar una incoherencia que racionalistas colectivistas (y platónicos), como eran una parte de los ilustrados franceses, se dejasen contaminar por empiristas individualistas como Locke (el cual ya había contaminado al ilustrado francés Montesquieu, poco colectivista él, por cierto, por lo que éste no delató ninguna incoherencia en su manifestada admiración por el sistema inglés de división y limitación de poderes, para que así se hiciera el mínimo daño a la libertad del individuo).

Que Faye, francés, prefiera la "ideología de la Nación", a la que el individuo debe someterse al platónico modo, a la "ideología de los derechos humanos", centrada en el individuo, me parece entendible. Pero, siendo entendible, sus argumentos no aclaran esos miedos que expresa en el párrafo final de #39. Más bien los miedos los tenemos los demás con tanto ataque a los "derechos (individuales) del ser humano". ¿Qué es mejor para el hombre concreto e histórico, el Derecho positivo que emana de la soberanía de la Nación, es decir, de las mayorías, según lo formulara modernamente Hans Kelsen, es decir, la imposición a todos de lo que en cada coyuntura interesa a las mayorías, movilizadas y dirigidas por las élites minoritarias que las controlan?

NOTA: Si ideología es aquel conjunto de ideas utilizadas, como instrumnto de lucha, para defender los intereses de grupos y clases sociales, se puede entender que la "ideología de la Nación" pueda beneficiar a las élites que mueven a las masas (como es el caso de los grupos dirigentes de los comunitarismos, es decir, de los socialismos en todas sus formas o del nacionalismo). Pero ¿a qué grupos y clases beneficia la "ideología de los derechos humanos"? Porque si beneficia a cada uno de los hombres individualmente considerado de una sociedad, bien está entonces.
53 lead, día 2 de Agosto de 2009 a las 21:21
[Gillaume Faye]

Periemi

Los textos que nos trae Perieimi sobre este pensador francés parecen manifestar, con su crítica de lo él denomina "filosofía o ideología de los derechos humanos", el deseo de una vuelta a una supuesta edad dorada de los grupos, los "pueblos" y las "identidades".

Para contrarrestar su evidente antiamericanismo (y las raíces de la filosofía empirista e individualista del sistema americano), Faye también critica al marxismo tradicional al que, como hicieran algunos pensadores carpetovetónicos, asimila con lo básico del liberalismo individualista y burgués. Volvemos a la "identidad de los opuestos", de Heráclito, que utilizara Hegel con los juegos malabares y trileros de su Dialéctica.

Cuando se coloca al grupo y a la Nación por encima de los individuos que los componen, se echa mano de Nietzsche, Heidegger, la identidad y lo que sea con tal de poner obstáculos a la plena emancipación del hombre de aquellos poderes, prejuicios y atavismos que le limitan. Y si en el camino se acusa a los EEUU de todos los supuestos males del mundo, mejor que mejor para gloria, honra y prez de la grandeur de Francia y su civilización:

http://es.wikipedia.org/wiki/Guillaume_Faye

La pregunta a Perieimi es (juzgando por los textos leídos en los posts):

¿Te identificas en alguna medida con el pensamiento raccionario (y cambiante) de Guillaume Faye?

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