Pío Moa

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Sobre la Escuela de Salamanca

5 de Julio de 2009 - 12:50:27 - Pío Moa

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Lo someto a su dura crítica:

España llegaba a Trento con poder político y con la autoridad de haber reformado su Iglesia ya en tiempos de los Reyes Católicos. Ello la convirtió en el principal escudo y espada del catolicismo, si bien chocaría aún con el papa Pablo IV, enemigo de la hegemonía hispana, que dejó empantanado el concilio durante su pontificado, de 1555 a 1559. De ahí que, al lado de los italianos, llevasen la voz cantante en Trento teólogos españoles como los jesuitas Diego Laínez y Alfonso Salmerón, los dominicos Melchor Cano y Domingo de Soto, y otros como Francisco Torres, Turriano o Arias Montano. Los jesuitas citados habían estado entre los siete que formaron el núcleo de la orden jesuita, y el soriano Laínez había sucedido a Ignacio de Loyola como general de la orden desde 1558 hasta 1565 (la enemistad del papa Pablo IV mantuvo a la orden dos años sin superior general, tras la muerte de Ignacio en 1556). Bajo el mandato de Laínez los jesuitas se extendieron por Francia y Polonia, aumentaron las misiones y crearon colegios en varios países. Laínez preparó una lista de "errores protestantes" y estuvo a punto de ser elegido papa, pero huyó para evitarlo. El toledano Salmerón, estudiante en Alcalá y París, nuncio papal en Irlanda, ante la Dieta de Ausburgo de 1555, en Polonia y en Bélgica, y predicador prestigioso, enseñó en la universidad bávara de Ingolstadt y en Verona, y fue provincial de la orden en Nápoles. Entre muchas obras, interpretó al modo católico la Epístola a los Romanos, de San Pablo, en la que Lutero se había inspirado de preferencia para su tesis de la salvación solo por la fe.

Francisco Torres, palentino, fue un teólogo renombrado, a quien comisionó el papa ante el concilio. Domingo de Soto, Melchor Cano y, más tangencialmente, Arias Montano, forman parte de la llamada Escuela de Salamanca.

La autoridad hispana en Trento no procedía solo del poder político y el prestigio de su previa reforma eclesial, o de la militancia de la orden jesuita, sino aún más de la potencia del pensamiento teológico-filosófico de sus numerosas universidades, sobre todo la Complutense y la Salmantina. Dentro de ellas tuvo la mayor notoriedad la inquieta y creativa Escuela de Salamanca, que tomó cuerpo durante varias generaciones e hizo aportaciones decisivas al derecho, la economía y otras disciplinas.

Los mayores protagonistas de la Escuela fueron dominicos y jesuitas, que renovaron los laureles de la Escolástica, a la que se suponía agotada tras las controversias de la Edad de Afianzamiento. Si el protestantismo venía a derivar, al menos en parte, del nominalismo y el occamismo, la Escuela de Salamanca derivó del tomismo, dándole una fecundidad inesperada en la especulación moral, el derecho, la política, la economía, incluso en las ciencias naturales, mezclada del espíritu convencionalmente llamado humanista.

Un problema clave no solo en la polémica con Lutero, sino más amplio, era el de la existencia del mal. El mal se presenta como daño causado por la naturaleza, tal una peste o una inundación, carentes de valor moral pero que arrojan una sombra sobre la justicia divina, pues en ellas perecen indistintamente justos y pecadores (no pocas veces se consideraban esas catástrofes como castigos divinos). Y se presenta ante todo como el daño causado por los hombres por ir contra los mandamientos y revelación divinos, contra el sentimiento de que entre las diversas tendencias e intereses de los individuos debe haber un equilibrio que llamamos justicia, querida por Dios. El malvado obra así contra la voluntad divina, o prefiriendo unos intereses y valores inferiores a otros superiores, pero ello ¿no pone en entredicho la omnipotencia de Dios? Francisco de Vitoria, a quien suele considerarse fundador informal de la Escuela, abordó este mal desde el punto de vista del libre albedrío: Dios ha dotado al hombre de libertad para elegir, lo que significaba que podía optar por el mal en lugar de por el bien, y así condenarse en lugar de salvarse. Es decir, se puede hacer el mal aún conociendo la voluntad de Dios expuesta en las Escrituras, y por otra parte se puede hacer el bien, aunque de modo incompleto, sin conocerla, como podía ser el caso de los indios americanos. El problema, como ocurre con los grandes problemas filosóficos, no queda del todo resuelto, pero encuentra cierta base razonable y fecunda. 

También provocó disputas entre los salmanticenses, particularmente entre dominicos y jesuitas, la cuestión protestante sobre la predestinación y la gracia. Los jesuitas y fray Luis de León pusieron el énfasis en el libre albedrío, en detrimento del pecado original, a un nivel que pareció herético al dominico Domingo Báñez, el cual les acusó ante la Inquisición. A su vez, Luis de León denunció a Báñez como próximo a Lutero por proclamar una esencial corrupción humana por el pecado original, que daría valor exclusivo a la gracia. Estas intrigas indican idea de cuán agrias podían volverse las polémicas. Uno y otro terminaron exculpados por la Inquisición, pero el debate continuaría con otros protagonistas, en particular por el jesuita conquense Luis de Molina, que insistió en el libre albedrío desde una posición intermedia: Dios puede prever tanto las posibilidades de la decisión humana como las decisiones que efectivamente tomará el hombre, y con ello admite cierta forma de predestinación. A esa versión se opusieron con calor los dominicos y más tarde la corriente jansenista, próxima al calvinismo en cuanto al papel de la gracia y de la predestinación. La controversia, llamada De auxiliis, continuó hasta el que papa Pablo V, ya a principios del siglo siguiente, admitió ambas posiciones como matices de una misma actitud, al modo como la Iglesia había admitido las de nominalistas y realistas siglos antes; pero prohibió continuar la discusión. La relación entre la gracia, la predestinación y la libertad, o la existencia del mal, fue siempre muy difícil de aclarar, aunque los esfuerzos al respecto dieran otros frutos.

Un punto básico de la Escuela fue el del gobierno legítimo, la tiranía y el origen divino del poder. Desde San Isidoro al menos, la idea de que el poder venía de Dios se expandió por la cristiandad. No obstante, el aserto podía interpretarse de varios modos: como un poder absoluto del monarca sobre sus súbditos, caso de la autocracia rusa; como la unión del poder religioso y político en un solo soberano, al modo del anglicanismo inglés; como el derecho del monarca a dirigir a la Iglesia como en la Constantinopla cristiana o Rusia, menos acentuadamente en el Sacro Imperio, Francia o España. Y no faltaban otras interpretaciones.  

El caso ruso tiene considerable relevancia: si Iván III había asentado la autocracia, su sucesor Iván IV el Terrible lareforzó imponiéndose sangrientamente sobre la oligarquía de los boyardos. Este zar, contemporáneo de Carlos I y de Felipe II (reinó de 1547 a 1584), organizó un cuerpo militar adicto en exclusiva a él, los streltsí, y después la opríchinina, especie de guardia pretoriana autora de un terror masivo que creó un clima de sumisión temerosa (sus jefes también sufrieron represiones brutales, y a veces se la considera un precedente de la policía política de Stalin en el siglo XX). No por ello dejó Iván de procurar la lealtad de una parte de las oligarquías urbanas y de nobles menores, convocando el primer Zemski Sobor, asamblea semejante a las Cortes españolas; y organizó un concilio de la Iglesia ortodoxa para asegurarse la colaboración de esta, promulgó un nuevo código legal y fijó los campesinos a la tierra en condiciones de completa dependencia. Emprendió grandes campañas hacia el este, sobre Siberia, y hacia el oeste, para abrirse una salida al mar Báltico. Aunque el janato de Crimea llegaría a incendiar Moscú, Iván acabó definitivamente con la amenaza turco-mongola de los janatos de Kazán y Astrakán, y dio impulso a la magna expansión rusa más allá de los Urales. En cambio sus ofensivas por el oeste resultaron baldías ante la oposición de Suecia, Polonia, Lituania y la Liga Hanseática.En España nunca se puso en cuestión la primacía religiosa del Papado; y aunque la expulsión de los judíos y la Inquisición entran en la misma concepción de los príncipes y reyes protestantes, no era del todo así, porque permanecía una considerable minoría morisca pese a lo ficticio de su conversión y a su colaboración con la plaga interminable de la piratería magrebí. En cuanto a la soberanía regia, muy robustecido por los Reyes Católicos tras el período de anarquía oligárquica, tampoco se parecía en casi nada al de Iván el Terrible, pues la interpretación del origen divino del poder tomó en España un rumbo muy diferente del de Rusia o el de Inglaterra. 

Las consideraciones de la Escuela llevaban directamente al concepto de los que más tarde se llamarían derechos humanos: puesto que todos los hombres, sea cual fuere su grado de civilización, comparten una misma naturaleza, tienen los mismos derechos básicos. Y el derecho natural debe prevalecer sobre el derecho positivo de los gobiernos, si estos debían considerarse justos y no tiránicos.

La actividad y crueldades de Iván, de rasgos a veces alucinados, dejaron el país exhausto, pero no impidieron al zar, hombre instruido, teorizar sobre el origen divino de su poder en cartas a los reyes polaco y sueco y a Isabel de Inglaterra, y sostener una feroz polémica con el príncipe Kurbski, rebelde a la autocracia, en la que aquel acusa a los boyardos, y no a la política absolutista, de ser los destructores de Rusia. Iván consideraba su poder otorgado directamente por Dios, y por ello no admitía límites al mismo, pues ¿qué clase de soberanía era la que admitía asambleas de ciudadanos u otros poderes intermedios con capacidad decisoria? "Todos los súbditos son iguales ante el zar, y están obligados por Dios a ser los esclavos del zar". En compensación, el zar debía a su vez hacer el bien y cumplir la voluntad de Dios, premiando a los buenos y castigando a los malos. Claro que él mismo, como portavoz de la voluntad divina, fijaba el bien y el mal, y lo hacía de forma expeditiva: eran buenos quienes se plegaban ciegamente a las exigencias del soberano, y malos quienes se oponían o mostraban reticencia. Este concepto radicalmente autocrático solo fue relativamente frenado por la resistencia pasiva, rara vez activa, de la Iglesia y otras instituciones.
La corona inglesa  mantenía una posición de principio no disímil de la de Iván IV: el monarca reunía directamente el máximo poder político y religioso. De acuerdo con ello, Enrique VIII e Isabel I aplastaron sin misericordia cualquier oposición, si bien no llegaron a aplicar una represión tan masiva y en parte demencial como el zar. Por su parte, el protestantismo tendía a crear iglesias nacionales bajo el lema cuius regio eius religio, que daba a los príncipes la potestad de imponer su religión a sus súbditos. El principio no concordaba mucho con la libre interpretación de la Biblia, pero ayudó a la expansión protestante, por las prerrogativas concedidas a los potentados. Por lo demás, garantizarse la religión de los súbditos en una época en que los conflictos de fe tomaban tan inmediato carácter político-militar, propiciaba la estabilidad social interna.

La Escuela de Salamanca distinguió siempre el poder temporal del espiritual, idea arraigada en la mentalidad española, que la alejaba de programas como el anglicano. Francisco de Vitoria, tenido por fundador informal de la Escuela, consideró que el papa tenía solo autoridad espiritual, y no debía utilizarla para entrometerse en la temporal del emperador o de los reyes. El emperador carecía de potestad para dictar la acción eclesiástica, como solía pretender desde Carlomagno; y no representaba políticamente a la cristiandad, sino solo a la parte de ella bajo su control directo.

Esta teoría fue desenvuelta, entre otros, por el citado Luis de Molina. Según él, Dios no otorga el poder directamente al monarca, que viene a ser más bien un administrador de la soberanía. Esta recae en los individuos del pueblo, los cuales nacen libres y con derechos naturales que el rey no puede oprimir. Su teoría destacaba la individualidad en un grado desconocido hasta entonces. No obstante, Molina justificaba la esclavitud en casos excepcionales, por ejemplo como alternativa a la pena de muerte o en caso de guerra, para resarcir al bando "justo" por los daños causados; pero rechazaba como ilegítimo y motivo de condenación eterna el tráfico de esclavos organizado por portugueses, ingleses y holandeses, en el que los españoles participaban poco, pero no dejaban de comprar tal mercancía humana para sus plantaciones.

Al poco de terminar el siglo XVI, estas ideas tuvieron un nuevo despliegue con motivo de las ideas expresadas por Jacobo I de Inglaterra, sucesor de Isabel. Jacobo amplió en sentido absolutista las ideas anglicanas del poder divino, afirmando al monarca como "anterior a cualquier estado, parlamento o ley", y propietario inicial de toda la tierra, de modo que "los reyes fueron los autores de las leyes y no las leyes de los reyes"; ideas parecidas a las de Iván IV, aunque en la práctica el inglés siguiera una política bastante moderada. Pero en 1613 obligó a sus súbditos a prestarle juramento de fidelidad como rey y como máximo jefe religioso.

En réplica, el jesuita granadino Francisco Suárez escribió Defensio fidei catholicae adversus anglicanae sectae errores, en cuya tercera parte, dedicada a la soberanía política, teoriza en sentido contrario al ruso o al inglés: Dios no concede el poder directamente al monarca, sino al pueblo, que lo transmite libremente al rey mediante un pacto modificable. Por ello, el poder "es de derecho humano", no directamente divino, y más o menos amplio según establezca el libre pacto. El rey no media entre la voluntad de Dios y el pueblo, sino al revés, el mediador es el pueblo. Suárez también se opone a Maquiavelo, quien concibe el poder político como una realidad con sus reglas particulares e independientes de la moral: el poder está sometido a la ley moral y a la obligación de servir al bien del pueblo que lo ha otorgado. Por tanto, el poder político es limitado, y en este sentido y en su origen popular, democrático. No es que Suárez creyera a la democracia, en su equívoca acepción desde Aristóteles, el mejor de los sistemas, pero la admitía como legítima y en la práctica sentaba sus principios antes de que los mismos u otros parecidos fueran expuestos por pensadores como Locke. El libro de Suárez fue quemado públicamente en Inglaterra y Francia, y prohibida su lectura.

Hay una diferencia entre la idea de Molina y la de Suárez, pues este último considera al pueblo como un todo, sin admitir la soberanía de partes de él, y disminuye el papel de los individuos, lo que lleva a dificultades, ya que el pueblo nunca se manifiesta como un bloque. Con ello abre una vía posible –no forzosa– a concepciones como las defendidas más delante por Rousseau, verdadero padre de los totalitarismos del siglo XX. 

Este pensamiento alumbraba nuevos problemas en torno a la organización práctica del poder, la concepción del pueblo y del individuo, o la acción frente a la tendencia tiránica del poder, algunos de los cuales habían originado mucha especulación desde al menos San Isidoro. El jesuita Juan de Mariana, nacido en Talavera, formado en Alcalá de Henares y solo tangencialmente relacionado con Salamanca, expuso los deberes del rey y su necesaria sumisión a la ley moral y la del estado, como cualquier súbdito, la obligación de moderar los impuestos, etc. Algunos de sus escritos justificaban el tiranicidio, por lo que sus libros fueron quemados en Francia. En España solo fue prohibido uno suyo relacionado con la moneda y la economía. Las ideas políticas de esta escuela contrariaban la corriente hegemónica europea, que justificaban el directo derecho divino de los reyes, defendido también por Lutero, y conduciría en los siglos siguientes de las monarquías autoritarias a las monarquías absolutas.

En tiempos relativamente recientes, investigadores de la corriente austríaca de economistas, y en particular de la historiadora británica Marjorie Grice-Hutchinson, han descubierto la contribución de la Escuela de Salamanca al pensamiento económico. Quizá sea esta la faceta a la que más atención se ha prestado recientemente, aunque sus aportaciones en otros terrenos no sean menos brillantes.

El problema de la economía y su relación con las prescripciones evangélicas era ciertamente muy antiguo, y en la práctica dichas prescripciones pocas veces se habían aplicado en su literalidad, que aparentemente se infringía, sin que se entendiera bien por qué la realidad marchaba por vías diferentes de los mandatos teológicos y conciliares que prohibían, por ejemplo, el interés, llamado indiscriminadamente usura. Diversos pensadores eclesiásticos italianos habían cambiado o matizado notablemente esos conceptos, pero la cuestión exigía nuevas explicaciones en el siglo XVI, cuando la economía experimenta un tremendo impulso merced a un comercio de amplitud sin parangón con ninguna época anterior y a continuos avances técnicos, cuando la plata española de América relaciona a China y a Europa a través del Pacífico y el Atlántico, y se producen hechos extraños como la elevación incontrolable de los precios o crisis de origen oscuro, cuando decisiones políticas bienintencionadas podían tener efectos ruinosos.... Al abordar estos temas, los de Salamanca pueden optar con bastantes razones al título de fundadores de la ciencia económica, tal como del Derecho internacional o de la apertura de nuevas vías teológico-metafísicas.

Al parecer, en 1517 algunos mercaderes españoles de Amberes preguntaron al dominico Francisco de Vitoria si la moral permitía comerciar para acrecentar la riqueza particular. La consulta afectaba a la prédica de la pobreza, tan popular en la Iglesia, lo que obligó a Vitoria y a otros a investigar y especular al respecto. Los dominicos tomaban una postura menos estricta que los franciscanos, más apegados a la pobreza evangélica (si bien, como vimos, el franciscano Eiximenis había ensalzado dos siglos antes los comerciantes y la riqueza). Vitoria y sus continuadores Azpilcueta, Molina, Suárez, Domingo de Soto, Mercado, Pedro de Valencia, Pedro de Oñate, Mariana, Saravia de la Calle, Felipe de la Cruz, etc., sentaron las bases para un reenfoque científico de la economía: así la concepción de que la esta tenía sus propias normas implícitas, independientes de la voluntad y las leyes de los políticos; que la propiedad privada sobre los bienes y los beneficios extraíbles de ellos, es no solo justificable sino un derecho natural beneficioso para la sociedad y los bienes son mejor cuidados por el propietario que si fuesen comunes; propiedad que, ligada la libre circulación de mercancías y personas, acerca y hermana a los seres humanos y beneficia a la sociedad en general, no solo a los particulares; que el interés privado es justificable moralmente, y necesario; que el precio justo de una mercancía no equivale, como antes se pensaba, a su coste de producción, sino que es variable, al depender de la valoración subjetiva que dan a la mercancía compradores y vendedores en libre negociación, sin monopolios ni interferencias políticas; que, en general, el precio tenía relación con la escasez de la mercancía, de modo que su abundancia rebajaba su valor, como mostraba la llegada de la plata americana, que abarataba esta y por tanto hacía subir los precios de los bienes comprados con ella; que el salario se medía como el precio de las otras mercancías; que el interés en los préstamos, cuestión espinosa, se justificaba como beneficio del capital, semejante al que podría obtenerse de la tierra, y como valoración del tiempo y el riesgo del préstamo, y del lucro que dejaba de obtener el prestamista al prescindir de él por un tiempo (lucro cesante, o coste de oportunidad); y así sobre los impuestos y otras cuestiones.

Con ello, los escolásticos de Salamanca cimentaron pilares del pensamiento económico como la propiedad e interés privados, el mercado libre, la oferta y la demanda, o una teoría cuantitativa del dinero (relación entre la cantidad de este y el nivel de precios). Lo notable es que abordaran correctamente estas cuestiones en estrecha dependencia de consideraciones teológicas y morales, aplicando la razón, cuyo papel siempre defendieron los tomistas, aunque en algunos puntos contradijeran a Tomás de Aquino. Estas ideas quizá no guardaban mucha coherencia con la perfección evangélica, pero se daba por supuesto que la perfección estaba al alcance de pocos. La teorización salmanticense contraría la tesis de Max Weber, hoy en declive, que atribuye el interés por la economía y la práctica capitalista a la ética protestante, en contraste con la católica. Los logros del pensamiento de Salamanca cayeron luego un tanto en el olvido, para alcanzar su desarrollo más completo en otras latitudes y en el siglo XVIII, concretamente en la Escocia de Adam Smith, ya unida a Inglaterra. 

Otra faceta del pensamiento salmantino fue la del derecho internacional, a partir de las cuestiones planteadas por la conquista de América, ya aludidas. En ese orden de cosas trataron el problema de la guerra justa, estableciendo criterios que hoy perduran aun si apenas se cumplen. Siendo la guerra un mal, solo debe admitirse como último recurso y para eliminar un mal peor. Aun así, debe respetar normas morales, y no incurrir en crímenes como la masacre de civiles, de prisioneros o de rehenes. Una guerra es injusta si, entre otras cosas, la mayoría de la población la rechaza, y en tal caso el pueblo tiene derecho a destituir y procesar al gobernante. Suárez propuso una ley internacional basada en las costumbres y criterios no escritos, pero más o menos generalmente aceptados, derivados indirectamente de la ley natural.

Algunos miembros de la Escuela cultivaron la ciencia natural, aunque este extremo apenas ha comenzado a estudiarse hoy. El dominico segoviano Domingo de Soto hizo una aportación notable al estudiar formas de movimiento uniformes y "disformes", esto es, aceleradas, y describió la aceleración de los cuerpos en caída libre, por lo que en alguna medida fue precursor de la mecánica que luego desarrollarían Galileo y Newton. También es reseñable la intervención del teólogo y matemático toledano Pedro Chacón en la reforma del calendario acordada por el Papado, es decir, el establecimiento del calendario gregoriano, aceptado casi universalmente. La reforma exigió cálculos astronómicos y matemáticos muy precisos, tomando como referencia las Tablas de Alfonso X el Sabio, que se aproximaban con muy poca diferencia al cálculo real del tiempo empleado por la Tierra en cada giro en torno al Sol. Por otra parte las exploraciones geográficas y los libros sobre ellas y sobre la naturaleza de los nuevos territorios, así como sobre la historia y costumbres indígenas, son otras tantas aportaciones de alto valor a la ciencia.

Como Vitoria y varios más, Soto participó en la fructífera polémica entre Sepúlveda y Las Casas, la cual resumió de forma neutral, con alguna observación crítica al segundo. Otra contribución intelectual de relieve fue la Historia General de España, de Juan de Mariana, obra no siempre crítica pero en conjunto ejemplar y una de las mejores historias escritas en su época en Europa, por su penetración y fiabilidad general. Fue acusada de poco patriótica por unos y de excesivamente castellanista por otros, de modo que el barcelonés Esteve Corbera y el valenciano Gaspar Escolano reaccionaron contra quienes (como Mariana), "quieren angostar la majestad y grandeza de España en los cortos límites de Castilla", en palabras de Escolano.

La combinación de las ideas económicas y las políticas de la Escuela, ofrece un esbozo bastante completo de lo que andando el tiempo se llamará liberalismo: relevancia a las decisiones del individuo, a la libre circulación de bienes y al mercado libre, el rechazo al poder absoluto, tesis de que el poder, si bien originado en Dios, llega a través de la sociedad; o la agudeza de los debates y la propia audacia con que eran expuestas las conclusiones . Lo último arroja de paso alguna luz sobre el carácter de la Inquisición. Los dominicos, a quienes estaba encomendada, destacaron en la formulación de las ideas aquí sumariamente reseñadas, y sus querellas con los jesuitas, por más que a veces peligrosas, no llegaron a impedir una discusión más libre y sobre temas más enjundiosos, que cualesquiera de los siglos siguientes en España. Sus libros, en general, no fueron prohibidos, y es significativo que tampoco lo fuera el de Mariana que justificaba el tiranicidio, y sí en cambio otro de materia económica del mismo autor, que ponía en entredicho políticas gubernamentales. 

Vitoria, Suárez, Mariana y Molina fueron algunos de los filósofos y pensadores políticos más influyentes de su tiempo, y a pesar de que varios de sus libros fueran quemados en Londres o París, sus obras de tema político y metafísico, en particular las de Vitoria y Suárez, se divulgaron por las universidades europeas, incluidas las protestantes, y contribuyeron poderosamente a formar corrientes ideológicas y filosóficas que habían de marcar al continente los siglos posteriores. La escuela estuvo muy ligada a la universidad portuguesa de Coímbra, donde enseñaron varios de sus profesores, y tuvo proyecciones relevantes en el pensamiento económico de Hispanoamérica, en particular la llamada Escuela de Chuquisaca, de Bolivia, según ha estudiado el economista argentino de origen rumano Oreste Popescu.

Los logros intelectuales de una escolástica renovada y racionalista en España, nacidos de la valoración de la razón y del libre arbitrio, fueron realmente brillantes y precursores de evoluciones más tardías en Europa. No desarrollaron varias de sus ideas en una teoría completa, pero iban por el mejor camino, suministraron cimientos para posteriores edificios teóricos, y si no los completaron se debió a la decadencia, casi colapso, del pensamiento español hacia finales del siglo XVII. Pues extendió su actividad durante casi un siglo y medio. Suele considerarse al teólogo Pedro de Godoy, muerto en 1677, su último representante.

Cabe señalar que el valor de muchas de las aportaciones de esta escuela ha permanecido ignorado durante siglos, efecto achacado a veces a una ocultación interesada por parte de protestantes o franceses; pero que en realidad tuvo mucho más que ver con el mencionado semicolapso intelectual español.   

Comentarios (62)

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51 jjvr, día 5 de Julio de 2009 a las 22:08
#46 ShinBeth

Pues ahora que está con Correa, Cristina, Insulza y Lugo, solo falta que se reúnan con ellos Chavez y Zapatero. Más adelante, se les podría "facturar" a todos a Cuba, y santas pascuas.

¡No caerá esa breva!, pero soñar es gratis.

Para mí que Zapatero ha gafado al pobre de Mel, ya que según "El País":

http://www.elpais.com/articulo/internacional/jefe/...

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Zapatero ofrece a España para favorecer un acuerdo nacional si vuelve Zelaya
El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha avisado hoy de que "no valen paños calientes" en Honduras, y ha sido tajante al sostener que Manuel Zelaya debe de ser restituido en su cargo. Zapatero ha ofrecido a España para impulsar un diálogo y un acuerdo nacional que dé una salida democrática a la situación, que se perfila como "de gran tensión".

Zapatero ha advertido de que "no se puede reconocer ni al Gobierno de Honduras ni a ese presidente", en referencia al jefe de Estado 'de facto' de Honduras, Roberto Micheletti, instaurado tras el golpe del pasado 28 de junio que derrocó al presidente Manuel Zelaya.
********

Un saludo

P.S. Por cierto, el bueno de Evo parece que se ha escaqueado de ésta mascarada.
52 lead, día 5 de Julio de 2009 a las 22:23
[Formas de considerar y ejercer el poder: Rusia vs. Inglaterra, con Francia en medio]

Dice Moa:

Iván consideraba su poder otorgado directamente por Dios, y por ello no admitía límites al mismo, pues ¿qué clase de soberanía era la que admitía asambleas de ciudadanos u otros poderes intermedios con capacidad decisoria? "Todos los súbditos son iguales ante el zar, y están obligados por Dios a ser los esclavos del zar". En compensación, el zar debía a su vez hacer el bien y cumplir la voluntad de Dios, premiando a los buenos y castigando a los malos. Claro que él mismo, como portavoz de la voluntad divina, fijaba el bien y el mal, y lo hacía de forma expeditiva: eran buenos quienes se plegaban ciegamente a las exigencias del soberano, y malos quienes se oponían o mostraban reticencia.

Esta era, también, la concepción de Stalin donde "Dios" es el Partido que le ha dado el poder. Iván acostumbró a los rusos a aceptar mansamente una manera tiránica de gobernar que Stalin no hizo sino seguir.

En general, todos los totalitarismos funcionan con este esquema: desde Platón, con su casta gobernante inamovible y educada para ello (tiranos incluídos, como el de Siracusa), hasta el régimen soviético, con su casta de la "nomenklatura", pasando por los jacobinos franceses, cuyos dirigentes son los fieles intérpretes de la "voluntad general" del "pueblo" (JJ Rousseau), en cuyo nombre le gobiernan despóticamente, es decir, arbitrariamente (pues la voluntad del "soberano que interpreta la voluntad general es ley").

El caso inglés es diferente, pues a pesar de ser el Rey también cabeza de la iglesia anglicana (desde Enrique VIII), toda la Historia de Inglaterra desde 1215, fecha de la adopción de la Carta Magna, es la historia de la progresiva limitación del poder, una historia que Francia no ha tenido hasta muy tarde. De hecho, Luis XVI habría salvado la cabeza si él y sus consejeros hubiesen entendido lo que había ocurrido en Inglaterra 100 años antes, con la Revolución Gloriosa de 1688 (ceder el Monarca el poder legislativo al Parlamento, éste como representante de la soberanía de la nación, reteniendo el Ejecutivo, con un Judicial independiente basado en la consuetudinaria common law). Cedes algo, pero conservas otra pate...y la cabeza.
53 ShinBeth, día 5 de Julio de 2009 a las 22:31
lead #49

Con el juicio de Galilei los progres tienen una empanada mental tremenda.

A quien se le ocurre en plena epoca post-concilio de Trento poner a caer de un burro a Aristoteles ?

Pues a Galileo !

Lo del movimiento de la tierra y la discusion que si geocentrico que si heliocentrico ya formaba parte del discurso cientifico dentro de la Iglesia y sus doctores.

Galileo tenia el Imprimatur para su obra , obtenido directamente de Urbano II .

Urbano II leyó la obra antes de su publicacion y sugerio el titulo que al final se puso , que fue bastante mas acertado que el titulo que habia pensado Galileo , dicho sea de paso.

Galileo queria poner en el titulo su obsession por las mareas marinas.

Que por cierto, es la parte mas floja de toda la obra , el tercer capitulo, que va sobre las mareas.

Ahi es donde pega patinazos estripitosos.
54 ShinBeth, día 5 de Julio de 2009 a las 22:38
jjvr #51

Parece que Zelaya quiere entrar por pié!

Micheletti denuncia que Ortega ha movilizado tropas hacia la frontera

http://www.libertaddigital.com/mundo/honduras-advi...


Na, no hay problema , el Sr.Escoto , como presidente de la asamblea de la ONU , convoca una reunion a medianoche con 5 minutos de antelacion , se junta con el representante de Venezuela y el castrista y suelta una resulocion de la ONU por mayoria absoluta en un santiamen, respaldando a los sandinistas en su marcha sobre Tegucigalpa.
55 lead, día 5 de Julio de 2009 a las 22:47
[Películas enteras de Eisenstein]

Mi mpost #34:

Por si no os habeis dado cuenta, el enlace Kaosenlared.net de mi post #34 tiene la versión completa de "Iván el Terrible" y "La conjura de los Boyardos".
56 lead, día 5 de Julio de 2009 a las 23:06
[Galileo y la comprobación o refutación empírica]

ShinBeth #53

Así es. En el prólogo actual al libro de Galileo "Carta a Cristina de Lorena" se explica que el Concilio de Trento suponía un nuevo celo dentro de la Iglesia, siempre abierta a la Ciencia. En ese clima tridentino se movió Galileo.

En cualquier caso, el cardenal Belarmino le dijo que no tendría ningún problema con el heliocentrismo copernicano si lo presentaba como hipótesis (que es lo verdaderamente científico; toda teoría científica es una hipótesis hasta que se pueda comprobar o refutar con un experimento con predicción de resultados; por eso el darwinismo y el calentamiento global antropogénico siguen siendo meras hipótesis, mal que le pese a Al Gore--que no le pesa, pues se está forrando con ello):

Aunque no se le inquieta personalmente, se ruega a Galileo exponer su tesis presentándola como una hipótesis y no como un hecho comprobado, cosa que no hizo a pesar de que no le fue posible demostrar dicha tesis. Esta petición se extiende a todos los países católicos.

La intransigencia de Galileo, que rechaza la equivalencia de las hipótesis copernicana y de Ptolomeo, pudo haber precipitado los eventos. Un estudio del proceso por Paul Feyerabend (ver por ejemplo el Adiós a la Razón) muestra que la actitud del inquisidor (Roberto Belarmino) fue al menos tan científica como la de Galileo, siguiendo criterios modernos.


http://es.wikipedia.org/wiki/Galileo_Galilei

57 lead, día 6 de Julio de 2009 a las 01:38
[La Escuela de Salamanca, un mentís a la supuesta "excepcionalidad española"]

Suelo circular a mi grupo de amigos (unos 20) los posts y las informaciones que considero enriquecedoras. Entre ellas ha habido varias relativas a la Escuela de Salamanca, como el trabajo de Marjorie Grice-Hutchison, que menciona Moa (trabajo publicado hace unos años en La Ilustración Liberal), otro del economista americano "austríaco" Murray Rothbard (en liberalismo.org) así como otros de Rafael Termes. En España, hace varias décadas, el famoso economista José Larraz también dió a conocer las aportaciones de la Escuela a la ciencia económica moderna, en clave liberal, como señala Moa.

El trabajo de hoy de Moa es muy completo en cuanto describe esquemáticamente, como no puede ser de otra manera en un resumen, las estimables y novedosas aportaciones de la Escuela en diversos campos del pensamiento. Algunas cosas ya estaban incluso en los libros de Bachiller (por lo menos del mío, de los años 50) como que Francisco de Vitoria y otros españoles crearon el Derecho Internacional; o la teoría del tiranicidio del padre Juan de Mariana.

Algunas cosas había sobre el origen del poder, pero no estaban escritas de forma contundente o concluyente. También, sobre el libre albedrío en oposición a la predestinación de los calvinistas y luteranos, pero tampoco nos quedaban claras las consecuencias de uno y otra.

De Economía, ni mención, por si acaso, que "el liberalismo es pecado", como nos decían que decía la Rerum Novarum y otras encíclicas de León XIII o de su antecesor, Pío IX (y siguen afirmando aquí, algunos de forma muy contundente, varios blogueros).

En general observo en amigos y conocidos (gentes universitarias de cultura media) un relativamente escaso conocimiento de esta Escuela, frente a abundantes detalles de la filosofía alemana o de la Ilustración Francesa (de la Escocesa, poco también). Los tópicos y una "versión oficial" del pensamiento , la Historia y la cultura están bien enraizados en los medios intelectuales y en la sociedad, que reacciona con incomodidad ante la matización discrepante (como le ocurre a Moa -y nos ocurre a los que le seguimos- con la historia de la República y de la Guerra Civil).

Por ejemplo, he podido constatar en conferencias universitarias recientes, supuestamente de altura, el tópico de que es la Revolución Francesa la que inicia el ciclo de las revoluciones burguesas; cuando he podido hacer uso de la palabra y hablo de la Ilustración Escocesa o de las Revoluciones Gloriosa inglesa de 1688 y la Americana de 1776 (ambas anteriores a la Francesa) he notado cierta perplejidad, cuando no incomodidad, en algunos, quizá por poner en entredicho dogmas bien establecidos en los ambientes supuestamente intelectuales. En un caso tuve que precisar que la Declaración francesa de los Derechos del Hombre y el Ciudadano procede de la Declaración de Virginia de Junio de 1776, es decir, de 13 años antes. Esto es parte, quizá, de la tendencia "afrancesada" de la cultura española, bastante ignorante de las aportaciones anglosajonas.

Volviendo a España; en general ha calado en la opinión española, desde hace por lo menos 300 años, esa pretensión de Masson de Morvilliers de que España no ha contribuído con nada a Europa ("¿Qué se debe a España? ¿Qué ha hecho España por Europa? Nada").

Por eso es muy necesario difundir trabajos resumidos como el de hoy de Moa para probar la necedad de la "excepcionalidad española". Yo, por lo menos lo voy a distribuir.
58 Hegemon1, día 6 de Julio de 2009 a las 08:50
Curios e interesantísima la Escuela de Salamanca. En España, como siempre, menospreciadad pero para muchos autores foráneas auténtica Escuela de pensadores adelantados a su tiempo. John Lynch, en su primer volumen de "Los Autrias", la empodera y la califica como la verdadera reforma de la Iglesia por delante de las rebeldías de Luero y de Inglaterra. Ya los Reyes Católicos se dieron cuenta que la Iglesia Carólica necesitaba una reforma en profundidady que la moral que se predicaba no se cumplia en el seno de la Iglesia y sus ministros. Lynch dice que la Contrareforma española es la auténtica revoplución católic adentro del seno de la Iglesia y no fuera como las que he emcionado antes.

De la Escuela de Salamanca dice cosas parecidas, como la que he mencionado de que estba adelantada a su tiempo, y lo que explica Moa de que en aquellos timepos por toda Europa muchos soberanos y monarquías cinculabna su cargo a la voluntad de dios, aquí en Epaña, en la Escuela de Salamanca se pregonaba el regicidio si el Rey o su Gobierno no controlabana los precios y la inflación "porque es robar en el propio bolsillo a los pobres". Además de estas premisas en la Economía dictaron muchas más en el Derecho, como bien dice Moa, y ya no digamos en la Religión. Erasmo es un ejemplo claro.

Esa Escuela de Salamanca tiene mucho que estudiar y que empoderar y está aquí cerca en España.
59 Hegemon1, día 6 de Julio de 2009 a las 09:15
Particularizando en lo expuesto por Moa, podemos publicar esto de Azpilcueta, perfectamente asumible en los tiempos actuales:

La "teoría cuantitativa" en la Escuela de Salamanca
Después del descubrimiento de América, la llegada de gran cantidad de metales a España generó inflación y carestía. Era la gran paradoja: el descubrimiento de abundante oro y plata tenían sumido a España en condiciones de pobreza.

El dominico Martín de Azpilcueta o, como a él le gustaba llamarse, Doctor Navarrus, en alusión a su tierra natal, Navarra, analizó los efectos monetarios que se estaban produciendo en su tiempo y relacionó, por primera vez en la historia, la cantidad de dinero en una economía con su nivel de precios. Azpilcueta expresó algo muy básico para la economía actual, pero hasta ese momento nadie había reparado en ello: la abundancia de dinero en una economía es lo que genera la inflación de los precios. Y la inflación genera grandes males para la sociedad.

Las primeras universidades se desarrollaron durante la Edad Media. Bajo los cánones de la Iglesia Católica se dedicaron a la investigación de diversos temas, siempre desde una perspectiva moral. Una vez finalizada esta época, a comienzos del siglo XVI, en la Universidad de Salamanca se generó una interesante reflexión económica en la escuela que lleva su nombre, siguiendo los antiguos métodos escolásticos.

Así, la mayor genialidad de este profesor de Salamanca está en haber sido el precursor de la teoría cuantitativa del dinero (ecuación desarrollada en el siglo XX por Irving Fisher bajo la identidad M x /=P x Y, es decir, que la masa monetaria por la velocidad de circulación es igual al producto nacional por el nivel de precios). Esta ecuación, que se ha convertido en uno de los pilares de la economía moderna, tiene —por lo tanto— su raíz primitiva en Azpilcueta. Además, el español hizo una de las primeras exposiciones del concepto de la preferencia intertemporal del dinero, es decir, que a igualdad de circunstancias,

los bienes presentes siempre se valoran más que los bienes futuros. Esta idea está en la base del concepto de interés de la Escuela Austriaca del siglo XX, y es por eso que los economistas austriacos lo consideran uno de sus precursores.

60 Hegemon1, día 6 de Julio de 2009 a las 09:27
El Zelaya incitando a las masas hondureñas a salir a la calle para que haya derramamiento de sangre.

Como decía ayer un catedrático, "tanto follón y tanta indignación internacional por lo que es una defensea constitucional del Parlamento Hondureño hacia un presidente tiránico que ni siquiera tiene el apoyo de su partido y nada dicen de las masacras y la sospechosas elecciones en Iran"
61 jjvr, día 6 de Julio de 2009 a las 10:13
El regreso de Zelaya

Una pena los muertos, aunque parece que era lo que algunos buscaban.

Aquí:

http://www.radiomundial.com.ve/yvke/noticia.php?27...

, el punto de vista "bolivariano". Imprescindible ver, y oír, los vídeos adjuntos. Sin animo de hacer bromas, creo que deberían contratar los servicios de "Palliwood".

De todas formas, los chinos:

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/06/internaci...

si que saben hacer las cosas a lo grande. Será interesante comparar la reacción que ésto produce en la "opinión pública internacional".

Un saludo

62 vuelvoAl, día 6 de Julio de 2009 a las 11:21
“No obstante, Molina justificaba la esclavitud en casos excepcionales, por ejemplo como alternativa a la pena de muerte o en caso de guerra, para resarcir al bando "justo" por los daños causados; pero rechazaba como ilegítimo y motivo de condenación eterna el tráfico de esclavos organizado por portugueses, ingleses y holandeses, en el que los españoles participaban poco, pero no dejaban de comprar tal mercancía humana para sus plantaciones”.

Con respecto a esto, me encuentro enfrascado en la lectura (hasta ayer excelente) del libro la riqueza y la pobreza de las naciones, que creo es de reciente aparición y de un anglosajón.

Cual seria mi sorpresa cuando de una exposición magistral de cómo en la edad media se inventaron muchos de los grandes logros que luego atribuyeron los humanistas al renacimiento (ya que de la edad oscura del dominio eclesiástico no puede surgir nada mas que atrasos y quema de brujas), entre ellos el reloj y la imprenta que revolucionaron Europa y permitieron (en mi opinión) que se produjeran una serie de cambios que la llevaron a ejercer la hegemonía mundial hasta que decidieron pasarse un siglo entero prácticamente degollándose entre si y se fue todo al carajo en un mar de talante y deudas.

Cual seria mi sorpresa cuando de una exposición tan buena me encuentro al siguiente capitulo con una plaga de prejuicios anti españoles que uno esperaría de algún izquierdoso en mitin de quinto centenario o de marxistoide anglosajón tipo preston. Vamos que de resumen al final del capitulo se permite descartar que exista la leyenda negra, los españoles resulta que solo fuimos a america a violar, saquear y arrasar y a cultivar con esclavos negros, y los portugueses fueron en contraposición grandes descubridores que seguían la gran visión de su monarca, que era una especie de mezcla entre renacentista (la versión que se tiene de los renacentistas que no concuerda con la realidad histórica de saqueo robo etc,. Tirando de condotierros mercenarios etc...)

Al autor se le escapa en cualquier caso principalmente dos cosas que los portugueses y los españoles eran(son) en realidad lo mismo (demonios estuvimos unidos cerca de 100 años) y que la esclavitud de negros en el nuevo mundo los que lo institucionalizaron y funcionaron a nivel industrial por medio de ello en las plantaciones sobre todo de azúcar fueron obviamente los franceses y sobre todo los ingleses. En el ascenso del dinero, Nial Ferguson llega a afirmar que fue el azúcar el motor de la creación de riqueza que permitió desarrollarse al imperio británico, y el cultivo del azúcar es tan horrible que obviamente solo un esclavo iba a dedicarse a ello.

Ferguson es escoces y por tanto se desetiende (aunque mucho menos de lo normal en estos asuntos) un poco de las maldades que las “hicieron los ingleses”, algo como ocurre aquí con los libros subvencionados en cataluña en donde los de la leyenda negra fueron “los españoles” del imperio que nunca existió asi que si acaso hable mal el tipo este del imperio sera por sus prejuicios marxistas (que alli lo de atacar al imperio como es el mal derechoso equivalente al caudillo aqui) pero aun asi me sorprenderá luego que lo haga.

Que lastima y que increíble que la gente siga con sus prejuicios enquistados, inmunes estos a cualquier prueba en contrario y a que se hayan vistos ya increíblemente desacreditados, como la inmensa mayoria de las teorías marxistas o la leyenda negra. Fastidia porque empieza uno un libro con toda la ilusión y en 3 o 4 frases dignas de barrio sesamo en versión changa se auto-desacreditan ya en el resto. Pero bueno, se intentara no caer en la misma trampa y acabaré la lectura porque cuando no entra en esos prejuicios la verdad es que estaba siendo una lectura apasionante.

Sobre Rousseau:
http://en.wikipedia.org/wiki/Rousseau

Destaco un par de frases:

“Resulta interesante también la idea de que el hombre en estado natural no actuá moralmente. EL autocontrol y términos como la justicia o la maldad no se pueden aplicar a sociedades pre-politicas. La bondad del animal humano en su estado natural es autosuficiente y no esta sujeta a los vicios de la sociedad política, no son ni buenos ni malos.

EL paso del estado natural a el estado civil produce un cambio muy marcado en el hombre, sustituyendo la conducta instintiva por la justicia, lo cual le da a sus acciones una moralidad de la que antes carecían. Solo entonces la voz de el debe toma el lugar de los impulsos físicos y el derecho al apetitito, que hasta entonces solo se había considerado a si mismo, se ve forzado a actuar bajo principios distintos, y a consultar con su razón antes de escuchar a sus inclinaciones”.

Desde mi total desconocimiento sobre el personaje y en general sobre los jacobinos y sus precursores, me permito un par de comentarios.

En primer lugar da la impresión al leer cosas de este tipo que caía en el excesivo optimismo y simplificación tan característicos de los humanistas, en el sentido de pensar que el hombre era bueno en su estado natural y es la propiedad (y otros clásicos “grandes males” de la civilización como la religión y las leyes supongo).

Después de haber encontrado los restos de algunas tribus salvajes donde mas del 60% de esta había sucumbido a la guerra (y las guerras entre salvajes no son tratados de paz firmados por trajeados de la ONU para mejorar su currículo, son incursiones de guerrilla de saqueo, pillaje, violación y sacrificio de los prisioneros ojo) pienso que debería desterrarse ya para siempre el mito ese del buen salvaje, de nuevo resucitado por los ecologistas para atacar a la industrialización (en otras cosas tienen toda la razón pero en esta no ojo).

Sin embargo mas que acusarle de ser el padre del totalitarismo tiene toda la pinta de ser uno mas de esos casos en donde golfos de toda índole han usado lo que les conviene de sus teorías (y malentendido a posta o no lo que no les conviene) para hacer sus fechorías, o como me ha encantado decía en el blog hoy, para hacer el mal, habiéndonos dado dios el libre albedrío para poder escoger entre este o el bien.

Sobre cabe señalar que hace 2 o 3 años se demostró empíricamente que el libre albedrío no existe, o cuando menos tiene muchísima menos influencia de la que nos gusta pensar, pues o a menudo se toman decisiones primero según lo que mas convenga y luego se racionalizan estas, y los impulsos que dan ordenes a los miembros para actuar llegan antes a estos de que el cerebro sea consciente de ellos (las implicaciones de esto para la justicia y los crímenes son interesantes).

Por otro lado, como ocurrió en España en el 34 o con la invasión huna de europa, cabe recordar siempre que los hunos (o las milicias socialistas que salieron a pegar tiros a la calle y a ajustar cuentas) solo se ven como unos salvajes para sus victimas, es decir para los que pierden...Esos tipos cabalgando con mujeres secuestradas a los lomos de sus caballos blandiendo las espadas al pasar por entre los pueblos en llamas solo son unos salvajes para los labriegos que les pilla de por medio, para ellos y sus descendientes y en muchos casos los gobernantes que se plegaron a donde soplaba el viento para evitar que este les partiera el tronco eran unos héroes (libertadores o como se quiera llamar). No se trata de justificarlo se trata solo de señalar que mal o bien depende del punto de vista. Si de un lado están unos que defienden la ley y el estado actual de las cosas y del otro están unos que les da por empezar el saqueo y prenderle fuego a todo ambos bandos nunca van a ver los hechos de igual forma obviamente.

El golfería esta en querer hacer pasar a esos por demócratas, o por libertadores como los ejércitos de napoleón o las hordas comunistas que arrasaron toda Europa del este en 1945.

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