Pío Moa

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Nacionalismos: circunstancias y líderes

23 de Junio de 2006 - 11:46:20 - Pío Moa

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Me perdonarán, espero, que reproduzca un viejo artículo mío:

Los nacionalismos vasco y catalán fueron incubándose bajo la Restauración, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando todavía nacionalismo y liberalismo parecían marchar unidos, salvo en Alemania. Sin embargo, en España tardaron mucho los regionalismos románticos en convertirse en nacionalismos, no ocurriendo ello hasta la última década del siglo, tardíamente con respecto a otros nacionalismos europeos, y con un tinte antiliberal.

Tanto en la población vasca como en la catalana había tenido mucha aceptación el carlismo. Sin embargo fueron sus regiones las más beneficiadas por el triunfo liberal, pues en ellas –en Barcelona y Bilbao– surgieron las minorías emprendedoras que mejor aprovecharon la estabilidad y el mercado nacional abierto por la Restauración. Por tanto cabía esperar que sus burguesías y la gente común hubieran reforzado sus sentimientos unitarios, y simpatizado con el liberalismo. En parte así ocurrió, desde luego, pero la prosperidad incluyó un fenómeno más alarmante: atrajo a Bilbao y a Barcelona a decenas de miles de trabajadores de otras regiones, mano de obra en su mayoría analfabeta, poco religiosa, a menudo desarraigada, explotada y proclive a actitudes revolucionarias. Ello despertaba en las crecientes clases medias autóctonas una sensación de peligro y desorden, mezclada, a menudo, con la añoranza por un idealizado ayer de tranquilidad y armonía.

El descontento con algunos efectos del liberalismo anclaba también en la tradición carlista, una de cuyas reivindicaciones había sido los fueros regionales o provinciales, leyes particulares de origen medieval que, entre otras cosas, fragmentaban el mercado único. Los fueros de Cataluña habían sido abolidos en 1716, tras la guerra de Sucesión, por haber apoyado la mayoría de los catalanes a la dinastía austriaca, en lugar de a la triunfante borbónica; y los vascos en 1876, después de la última guerra carlista.

Por otra parte el dinamismo de Bilbao y Barcelona provocaba roces con una administración madrileña plagada de viejas rutinas semirrurales y oligárquicas, deploradas por las pujantes capas industriales y comerciales. Se extendió la idea en medios populares y menos populares de que “catalanes y vascos” eran los únicos que trabajaban, viviendo las demás  a su costa. Por supuesto, la situación podía presentarse también al revés: Cataluña y Vasconia no sólo se beneficiaban del mercado nacional (más el colonial), sino que prácticamente lo tenían cautivo merced a unos aranceles muy altos, impuestos por Madrid para proteger, precisamente, sus industrias, las industrias españolas, en definitiva. Y quienes trabajaban allí eran, en gran parte, gentes de otras regiones.

Los nacionalismos iban a crecer, pues, en ese ambiente, explotando el orgullo por la prosperidad económica, el descontento con la pesada administración central, la inseguridad introducida por la inmigración, el miedo a los brotes revolucionarios, la aversión tradicional al liberalismo, y la nostalgia por un pasado ideal concretado en los fueros, en cuya abolición veían o querían ver el fin de la “libertad” catalana y vasca.

Sentimientos un tanto contradictorios, porque el progreso material se asentaba, precisamente, en la mano de obra barata llegada del resto del país y en la eliminación de los fueros, que, al ampliar los mercados, había dado alas a la industria textil catalana y la metalúrgica vizcaína. Volver a los fueros habría traído la ruina económica, por lo que su invocación funcionaba más bien como una querencia sentimental del pasado, justificadora del disgusto con las dificultades del presente. Y los defectos de la administración central podían verse como productos irremediables de una institución a destruir, o como males transitorios, superables mediante reformas.

Peculiaridad importante de estos nacionalismos fue la impronta clerical en su gestación. El nacionalismo catalán tuvo una raíz fundamental en medios de la Iglesia, aunque al principio no pasara en ellos de regionalismo. En Vascongadas se trató más bien de un acogimiento eclesiástico de las doctrinas, de matiz teocrático, elaboradas por Sabino Arana. En ambas regiones diversos seminarios, monasterios y parroquias llegaron a convertirse en focos de separatismo. Y mucho más tarde, por los años 60 del siglo XX, bajo el régimen de Franco, el clero iba a desempeñar de nuevo un papel crucial en el resurgimiento de los nacionalismos, aunque en un contexto muy diferente y por causas también diferentes.

Choca a primera vista el nacionalismo clerical, pues España había desempeñado durante siglos el papel de adalid del catolicismo en Europa y en medio mundo. ¿Cómo, de pronto, unos católicos fervientes desvalorizaban esa tradición y pugnaban por romper la vieja unidad hispana? Una explicación reside en las quiebras sociales y políticas del siglo XIX, y en el triunfo final del liberalismo. Esta ideología había llegado con la invasión napoleónica, inspirándose en la revolución francesa y con un componente antirreligioso y violento muy pronunciado, alzando contra ella un frontal rechazo en los ambientes más católicos, que por reacción se anclaron en una ortodoxia anquilosada. Al triunfar el liberalismo, diversos clérigos pensaron salvar lo salvable en sus propias regiones, donde tan fuerte había sido la influencia carlista. No insinúo una continuidad entre carlismo y nacionalismo. Por el contrario, el carlismo había defendido firmemente la unidad española, aun si la concebía al modo descentralizado del antiguo régimen; por lo tanto el nacionalismo suponía una ruptura con él. La relación es más bien indirecta y producto del ambiente. Las repetidas derrotas carlistas dejaban a finales del siglo poca esperanza de volver al antiguo régimen, y el nacionalismo clerical, considerando a Cataluña y Vasconia regiones privilegiadamente católicas, quería salvarlas de la general degradación. Hasta cierto punto los nacionalismos vasco y catalán nacieron como reacción regional contra el liberalismo triunfante en el conjunto del país.

Esta explicación resulta, no obstante, insuficiente, por cuanto la Restauración había creado un sistema moderado, ajeno a las antiguas exaltaciones, pronunciamientos militares y ataques a la religión, haciendo posible una convivencia espinosa, pero aceptable, entre la Iglesia y el estado. Pero fue precisamente entonces cuando tomaron cuerpo los movimientos anarquistas y marxistas, confirmando en apariencia la vieja crítica al liberalismo como puerta abierta a esas ideologías, que irrumpían prometiendo textualmente la sangrienta abolición de la religión, la propiedad privada y la familia.

El paso del regionalismo al nacionalismo entrañaba otro cambio radical. Como en todos los países, había existido siempre una rivalidad entre las regiones. El “contrario”, en Cataluña y, en menor medida en el País Vasco, había sido Castilla. Sin embargo la decadencia castellana en el siglo XIX era manifiesta, y su hegemonía en la política y la cultura se había desvanecido de mucho tiempo atrás. Los nacionalistas vascos y catalanes mostraban animadversión hacia Castilla, cuya historia y hegemonía pasadas zaherían y menospreciaban, pero considerarla una “nación opresora” sonaba por lo menos exagerado. Aunque la unidad española bajo los Reyes Católicos había mantenido una considerable diferenciación entre los reinos, especialmente el de Castilla y el del Aragón, esa diferencia se había ido diluyendo desde el siglo XVIII, como también la antigua preeminencia demográfica y económica castellana. Aun así, los nacionalismos vasco y catalán exacerbaron las quejas y diferencias, y dieron el paso de la tensión con Castilla a la oposición a España.

De todas formas, durante el último decenio del siglo XIX, ambos nacionalismos atraían a muy poca gente. Quedaban en cosa de algunos intelectuales y clérigos y, sobre todo en Cataluña, se confundía con el mero regionalismo cultural. Pero a finales de esa década, en 1898, ocurrió uno de los sucesos psicológica y políticamente más determinantes de la historia contemporánea española: la derrota frente a Usa, y la pérdida de las últimas colonias. Como se ha resaltado a menudo, el “desastre” no lo fue en el terreno económico –resultó incluso beneficioso desde ese punto de vista– pero sí en el orden moral: quebró la confianza y la seguridad de España en mayor grado todavía que las de Francia por su derrota frente a Alemania en 1870. Inundó el país una marea de autodesprecio y fueron puestas en cuestión la historia y la cultura españolas, y el valor mismo de su unidad. Ese momento psicológico marca el auge y consolidación de los nacionalismos catalán y vasco.

Siendo así, cabe preguntarse por qué cobró impulso el nacionalismo en esas dos regiones, y no en otras tan diferenciadas como Valencia, Baleares, Navarra, Galicia o Andalucía. Algunos encuentran la causa en la industrialización, la “burguesía”. Quizá, pero ambos nacionalismos tuvieron mucho de reacción a la industrialización, o más bien a uno de sus efectos principales: la llegada de una masa de inmigrantes. Y ambos enraizaron más bien en capas medias y campesinas que en el medio empresarial, sobre todo en el caso vasco. Además el progreso industrial fue previo al nacionalismo y no debió nada a éste, del cual sólo podía esperar peligros, al implicar una fuerte restricción del mercado para las empresas regionales.

A mi juicio, no basta con la existencia de condiciones generales u “objetivas” más o menos favorables para que una idea política cuaje. Hace falta un liderazgo lo bastante hábil y empeñado para explotar esas condiciones y superar los obstáculos. Y la presencia de líderes inspirados, enérgicos y tenaces no es algo previsible o automático en unas circunstancias económicas, sociales o culturales dadas. Es un producto azaroso de mil circunstancias, muchas de ellas estrictamente personales e impronosticables. Ese liderazgo no surgió en la mayoría de las regiones, pero sí en Vasconia con Sabino Arana, y en Cataluña con Prat de la Riba y Cambó. Los dos primeros elaboraron sendas teorizaciones sobre sus respectivas regiones, así como, más o menos explícitamente, sobre España. Y, no menos importante, combinaban con su dedicación teórica una completa devoción a la causa y la verdad que creyeron descubrir. El cambio real de regionalismo a nacionalismo se produce ya a finales del siglo XIX, y muy ligado a la obra de Arana y de Prat de la Riba, y por ello le daré en este ensayo mayor relieve que a disquisiciones eruditas sobre los antecedentes, inspiraciones o variantes de sus doctrinas.

No porque tales disquisiciones y estudios sean vanos, ni mucho menos. Al contrario, a menudo –aunque no siempre– clarifican las cosas, pero por no ser indispensables al objeto de este libro, me extenderé poco sobre ellas. Así, apenas trataré temas como la actual polémica dentro del nacionalismo catalán sobre la importancia relativa de Almirall y de Prat, o las implicaciones demo-orgánicas de las Bases de Manresa, o las raíces del mesianismo vasquista “limpiador de la tierra” desde Larramendi, estudiadas por M. Azurmendi, etc. Dicho en otros términos, parto del supuesto, a mi juicio evidente, de que fueron las ideas y fuertes personalidades de Arana y Prat, enfrentadas a un medio poco propicio, las fundadoras e impulsoras de ambos nacionalismos; y de que atendiendo a ellas podemos entender suficientemente –no exhaustivamente, claro, si eso fuera posible– los rasgos de cada uno y muchas claves de su desarrollo y repercusiones a lo largo del siglo XX.

Los dos personajes fueron prácticamente coetáneos, con diferencia de cinco años. Los dos murieron prematuramente, Arana con 38 años, en 1903, y Prat con 46, en 1917. Había entre ellos otras muchas semejanzas. Si, desde el punto de vista intelectual, nadie podría considerarlos brillantes, suplían esa deficiencia con el instinto, por así llamarlo, de los fundadores; con la convicción sin fisuras en sus ideas, cuya verdad redentora para sus pueblos tenían por irrefutable; y con una tenacidad extraordinaria, nacida de esa convicción. Ambos poseían dotes de organización y propaganda muy notables, y, considerando la unidad española perjudicial para vascos y catalanes, retrotraían a tiempos pasados, a veces un tanto brumosos, el ideal de plenitud nacional, para cuya recuperación habría sonado la hora. Eran, además, muy católicos.

Comentarios (141)

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1 valium, día 23 de Junio de 2006 a las 11:51
Josep, la envidia de Perogrullo. Boicot al ABC
2 esperteyu, día 23 de Junio de 2006 a las 11:57
El editorial de LD de hoy
Decía Julián Marías, en una frase que no nos cansaremos de repetir a nuestra acomplejada derecha, que "una estimación tibia ante lo que merece entusiasmo es un error; un mohín de displicencia o leve desagrado ante lo repugnante es una cobardía"

La diputada popular Dolors Nadal no ha reaccionado, precisamente, con inoportunas "medias tintas" ante la repugnante cobertura y justificación políticas que el ministro Montilla ha brindado al liberticida y violento acoso padecido por los miembros del PP catalán durante la campaña del Estatuto. En su comparecencia del pasado miércoles en el Congreso, Nadal ha exigido al ministro que "pida perdón o que se vaya con sus matones", al tiempo que le ha recordado el escandaloso trato de favor de La Caixa por el que el PSC "se ha embolsado mil millones".

Con la desvergonzada hipocresía de quien aún pretende ser el injustamente ofendido, tanto Montilla, como López Garrido, como el propio presidente del Congreso, Manuel Marín, han exigido una rectificación a Nadal por sus acusaciones, que la diputada catalana no sólo se ha negado a dar, sino que ha exigido que consten en el diario de sesiones. Aunque una golondrina no haga verano, con este valiente gesto, Nadal ha impedido que los socialistas le den la vuelta a la tortilla. Y es que a veces no hay nada más temerario ni irresponsable que no atreverse.


Mis felicitaciones a esta valiente catalana, aprende Rajoy a enseñar los dientes
3 Gelmírez, día 23 de Junio de 2006 a las 11:58
Coincido totalmente, como casi siempre, con don Pío Moa, aunque los posts y comentarios, cuanto más breves, mejor. En relación con el Boicot a ABC del que habla Valium, el director del mismo quiso "hacerse el encontradizo" con don Pío Moa y don César Vidal en un acto en favor de la unidad de Archivo de Salamanca, pero los dos grandes historiadores no acudieron, lo que supuso un chasco para Carcalejos.....
4 Juan Garcia, día 23 de Junio de 2006 a las 12:00
Plataforma Cívica “Cordobeses por la Libertad”

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Por una democracia auténtica

La Constitución Española de 1978 como referente y como fundamento del sistema que nos permite convivir civilizada y pacíficamente, en libertad e igualdad. La Constitución es susceptible de reforma, en el sentido de potenciar la unidad nacional y la libertad. La soberanía reside en el conjunto de la ciudadanía española, siendo la unidad nacional la única garantía de la paz, la estabilidad y la solidaridad entre todos los españoles.
5 zufs, día 23 de Junio de 2006 a las 12:12
no sé, pero esta vieja canción a lo mejor ilustra los nacionalismos. todos, hasta el francés.

"Veo casa, veo piedras,
veo árboles, veo policía,
en fin, veo el paisaje,
pero por mucho que miro
no veo crecer países
Por ninguna parte.
Un país es un invento,
un país es una estafa,
un país es algo, para
Lo que nadie me ha pedido mi opinión.
Un país no es nada.
Nada lo justifica,
ni sus p.utos muertos,
Ni sus p.utas medallas.

Yo no debo nada
a Dios ni al gobierno
por haber nacido por el
Coo de mi madre. "

por favor, no borréis el mensaje por el contenido, sino comentadlo si queréis
6 GoooooooooN, día 23 de Junio de 2006 a las 12:13
Falta decir que Arana es sus ultimos años de vida se convirtio en un Españolista convencido.
7 GoooooooooN, día 23 de Junio de 2006 a las 12:15
una pregunta, dice Moa de los nacionalismo que contaron cada uno con sus respectivos lideres que dejaron su impronta en cada uno de los nacionalismo, bien, quien fue el "fundador" del nacionalismo español ?
8 PAZ, día 23 de Junio de 2006 a las 12:26
Sr.Pío Moa,
¿No le gusta cuando no se le adula o se le adivinan sus propósitos? NUEVA CENSURA.Esta vez me ha dejado usted un par de horas.Gracias.
Por cierto: ¿La personalidad de Arana fue sugestiva o poco brillante? .Aclárese.
Todo lo demás lo conocen ,seguro ,sus lectores.
Me temo que su recorrido en hallazgos historiográficos es corto.

Entre ellos,sus lectores, hay gente muy preparada.
Dios le guarde
9 Francesco, día 23 de Junio de 2006 a las 12:30
#7#¿¿¿Realmente crees que existe un nacionalismo español???, yo no veo tal movimiento, lo unico que consigo ves es brotes de mucha gente que se siente española, pero no veo un nacionalismo español.Parece que con la decadencia que experimento nuestro pais eso se perdio o se durmio...
10 Francesco, día 23 de Junio de 2006 a las 12:35
#5#"un pais es un invento, un pais es una estafa"...realmente crees que no le debes nada a tu pais(no en sentido de que estes obligado a devolverle algo, sino de un modo mas abstracto),¿no eres capaz de ver lo determinante que es que hallas nacido en este pais y no en Suecia?¿tu crees que serias tu mismo habiendo vivido tu vida en Canada?....No entro en las tesis nacionalistas de que si no eres nacionalista te estas negando a ti mismo porque yo diferencio entre lo que es un movimiento nacionalista, que es un "empresa" humana, con lo que conlleva, y una cultura intrinsica a cada pais, de la cual eres producto.
11 lector, día 23 de Junio de 2006 a las 12:39
Lo nunca visto: Florentino Pérez cesa al redactor jefe de deportes del diario El País, Santiago Segurola.

Hispanidad 200606

Terremoto en el progresismo mediático español: Jaume Roures reta a Polanco. Mediapro se hace con los derechos de retransmisión del Real Zaragoza, con la operación inmobiliaria de La Romareda al fondo. Inquietud en el Gobierno por el enfrentamiento entre La Sexta y La Cuatro, entre el PSC y el PSOE. En España todo gira alrededor de la TV y el fútbol.

En España todo pasa por la tele y el fútbol o, para ser exactos, por el fútbol televisado y más en concreto por los derechos de retransmisión del fútbol. Sobre el Mundial Alemania 2006 se está construyendo un nuevo canal de televisión, La Sexta, propiedad de Mediapro y de Globomedia, con gran enfado de Jesús Polanco y Janli Cebrián. En el universo mediático próximo al PSOE hasta ahora sólo había un rey indiscutible, Jesús Polanco, por eso se decía siempre que no es que PRISA fuera socialista sino que el PSOE era “prisista”.Pero los tiempos cambian y la ambición de Zapatero aumenta. A Polanco le ha salido un competidor llamado Jaume Roures, el hombre de Mediapro, la productora catalana que junto a Globomedia y los mexicanos de Televisa han lanzado La Sexta.

Por cierto, que en esta pugna, que vamos a personalizar entre Roures y Polanco, por los derechos de fútbol y por la preeminencia televisiva se refleja a la perfección otra batalla paralela entre el periodismo mesetario y el nuevo progresismo catalán o, si lo prefieren en términos políticos, entre el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) y el PSC (Partit dels Socialistes de Catalunya).

Vamos con los datos. La llegada a la dirección de El País de Javier Moreno ha servido para ocultar un cambio que no obedece a los deseos del nuevo director sino a las presiones del presidente de ACS y ex presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. Hablamos de Santiago Segurola, redactor jefe de deportes de El País, que ha sido “condenado” a la sección de Cultura. Segurola era uno de esos extraños periodistas deportivos (la verdad que no tan extraños) con una pluma estupenda y que llegaba mucho más allá que el mero cronista dominical. Pero Segurola es también el hombre que saca de quicio a Florentino Pérez por la crítica a su gestión al frente del Real Madrid. Criticas en ningún caso insultantes.



¿Cómo es posible que el todopoderoso Polanco haya cedido a las presiones de Pérez? ¿De cuándo aquí un empresario cesa a un redactor jefe de El País? Si fuera al revés pase pero esto resulta inconcebible. La razón es muy sencilla: todo el imperio de Polanco, tanto en televisión en abierto como de pago, sigue pendiente de los redichos derechos de retransmisión de los partidos de fútbol y en El País están convencidos de que, gane quién gane a la presidencia del Real Madrid, Florentino estará detrás. La mayoría de los derechos de retransmisión vencen en 2008 y se están negociando en estos momentos. Se pagan cifras astronómicas por negocios que directamente no pueden amortizar la inversión, pero que representan la punta de lanza de la batalla mediática. Por decirlo de otro modo, entramos en una nueva época de la información y la política en España. Antes sólo había un periódico de izquierdas, El País, frente a unos diarios de derechas (ABC, El Mundo, La Razón) perpetuamente enfrentados, y lo mismo podía decirse de la radio. Por el contrario en la izquierda, El País y la SER controlaban el espacio sin competidor alguno. Repárese en que las dificultades del diario de Polanco para controlar el mercado catalán siempre han topado con la importancia en Cataluña de otro diario progre: El Periódico del grupo Zeta. En resumen, en la izquierda informativa empieza a ver competencia, especialmente en la televisión. Roures, antaño monaguillo de Polanco, quiere tener reino propio y Zapatero lo contempla con gusto. El campo de batalla es la televisión y los derechos de retransmisión del fútbol. Y que quede claro, si La Sexta y La Cuatro no han planteado batalla abierta sobre los derechos de retransmisión del Mundial sólo ha sido porque así lo prometieron tanto a La Moncloa como a los vendedores de esos derechos, Telefónica, aunque Alemania 2006 todavía no ha terminado.

Pero el Mundial es flor de un día, un acontecimiento importantísimo pero pasajero. En términos económicos es mucho más importante lo que se juega con los derechos de retransmisión de la Liga Española, que se firman con los clubes y para varios años, ese el fútbol de todos los domingos, banderín de enganche de la audiencia. Y entonces surge el caso de El Zaragoza. No es el principal club de España pero sí la victoria de Roures sobre Polanco. El todopoderoso de Prisa-Sogecable se ve superado en la oferta por el incipiente Roures que ya había conseguido la ratificación de algo mucho más importante: los derechos de retransmisión del Barça durante cinco años. A Roures se le puede decir lo de la vieja copla: ¿De dónde saca "pa" tanto como destaca? Y para que quede bien claro que todo pasa por la tele y el fútbol. Y así, miren por dónde, resulta que el acuerdo entre El Zaragoza y Mediapro coincide en el tiempo con el nombramiento del nuevo presidente del club que, por pura casualidad, es Eduardo Bandrés, consejero de Economía del Gobierno Aragonés,.

Pero la política es una cosa y los euros son otra. Dicho de otra forma, ¿cómo es posible hacerle la guerra a Polanco pagando las millonadas que se están pagando por los derechos de retransmisión del fútbol? Pues con ejemplos como el del Zaragoza. Porque, otra casualidad, la compra de derechos de Mediapro y la llegada del nuevo presidente coincide con la recalificación urbanística de los terrenos que ocupa La Romareda, estadio histórico del club maño
12 fauno, día 23 de Junio de 2006 a las 12:43
Ese comentario es tan inteligente como este otro:
Veo papel, veo tinta,
veo estantes, veo garabatos
Lo que no veo es una novela
ni un relato por ninguna parte...
Mentira, todo eso es mentira, etc.

O bien:
Veo cabezas, veo brazos
veo narices, veo cuerpos...
Lo que no veo es personas ni pensamientos..
Mentira, todo eso es una estafa, etc. .

La argumentación de estos bobos nunca supera niveles de esta clase. ¡A qué c.ojones vendrán aquí?
13 GoooooooooN, día 23 de Junio de 2006 a las 12:45
Francesco yo creo que si que lo hay, date una vuelta por este mismo blog y veras varios autenticos patriotas que terminan sus comentarios con VIVA ESPAÑA ! Y por ejemplo Esperazan Aguirre el otro dia hablo largo y tendido de la nacion española en contraposicion a la Catalana, si existe un nacion española habra de haber un nacionalismo Español.
14 larumbe, día 23 de Junio de 2006 a las 12:46
Ahí está el problema, fauno, con esta gente nunca se supera el nivel del patio de colegio o, como mucho, de discusión de taberna. Casi es preferible que se suelten el pelo y empiecen con sus injurias y sus gracetas sin ingenio, antes de que se pongan en plan "opinativo" y relamido.
15 Flipando, día 23 de Junio de 2006 a las 12:48
Sobre el post de Zufs (5): mira, me gusta la definición de país de esa letra. Total, los patriotismos y las religiones han sido y siguen siendo lacras de la sociedad.

Sobre el post de Paz (8): PM no censura, é deja el artículo (un cpy&paste esta vez) y se olvida de este foro, mientras se ríe pensando en cómo se ponen algunos por cualquier tontería. Es el administrador, que es fiel al ideario de PM y está bien entrenado en lo que ha de censurar. También puede ser un problema técnico, pero entonces habría qué buscar donde está, si en LD, el el proveedor, ...

Francesco (9): claro que hay un nacionalismo español. ¿Porqué no habría de haberlo? Si hay mucha gente que se siente española como tú dices, y reclama un territorio homogéneo, uniforme e indisoluble, y esas mismas personas se echan las manos a la cabeza porque Gibraltar no es español o Marruecos reclama Ceuta y Melilla ¿no es una forma de nacionalismo? Pregunto ¿eh? Yo de estas cosas patrias paso bastante.

Salut y feliz verbena a quien corresponda. Que la mágia y la música llene vuestras vidas (y olvidaros de la patria, coñe ;-)).

16 GoooooooooN, día 23 de Junio de 2006 a las 12:48
Francesco, es evidente que el lugar donde nacemos y vivimos nos forma como personas, eso es de cajon, pero de esto a tener un sentimiento de debito (aun siendo abstracto) hay un gran trecho.
17 fauno, día 23 de Junio de 2006 a las 12:49
Moa tiene algunos textos sobre el nacionalismo español, mejor dicho sobre los nacionalismos españoles, pues han sido varios y muy diferentes de los nacionalismos vasco y catalán.
No todos los nacionalismos son lo mismo, ni todas las dictaduras, ni todas las democracias. Por poner un ejemplo, Usa y Suiza son dos democracias con un grado de autenticidad muy superior al de las europeas, no digamos al de la española, que está siendo hundida por la Infame Alianza.
18 fauno, día 23 de Junio de 2006 a las 12:51
Hay quien no ama a su país ni cree deberle nada. Hay quie no ama a su madre y la culpa de todas sus insuficiencias... En fin, normal. Pero es más normal que la gente ame a su país.
Probablemente los países con un sentimiento patriótico más fuerte en Europa sean Inglaterra, Suiza, o Suecia. Y Usa, por supuesto.
Pero es un nacionalismo muy diferente de la suma de ignorancia y resentimiento de un Evo morales o un Chávez.
19 GoooooooooN, día 23 de Junio de 2006 a las 12:52
fauno, a parte de la infame alianza, en España no hay una verdadera democracia por culpa de la constitucion actual, que por ejemplo, no separa de forma clara los distintos poderes. Tampoco la hay por la ley electoral y por muchos otros motivos.

Y eso de que en EEUU hay democracia ... es muy discutible, Bush gano sin tener la mayoria de los votos, se vota en dia laboral y hay muchos (generalmente clase trabajadora) que no puede acudir a las urnas.
20 Flipando, día 23 de Junio de 2006 a las 12:53
A Fauno no le ha gustado la canción y acaba insultando. Tché, qué lástima. ¿Porqué lo de Fauno? ¿Aficionado a la mitología? Pregunto, sin ánimo de crear polémica por eso...

Salut.

Salut.
21 Francesco, día 23 de Junio de 2006 a las 12:53
Muy buena réplica fausto.

Dicen "si no sales por televisión no existes", dicho conocido, es decir, pese a lo importante que sea X, si no se da algunos elementos, como en el dicho salir por television no existe.
Aunque existiese nacionalismo español, a efectos practicos es como si no existiera, luego lo que no existe en la practica, termina diluyendose.
¿Acaso no ves ese sentimiento de "verguenza" y esquivo que a nivel general se ve en la calle con todo tema que implique el concepto de España?
22 El Critico, día 23 de Junio de 2006 a las 12:53
Bufff casi me pierdo leyendo a Moa, un texto casi para especialistas o historiadores.

De todas formas son varias las conclusiones: ese nacionalismo crece con apoyos de parte del clero vasco y catalán ( del catalán menos ) . Ese nacionalismo surge por la crisis de españa del 98, es lógico que con una España débil, los sentimientos nacionalistas se engrandezcan con la decadencia de la patria.

Será pues normal que crezcan los nacionalismos con gobiernos débiles como el de Zapatero. Débiles en el plano interno como en el intrnacional.

-> Cada día aprendemos más de usted Moa, si todos los Españoles tuvieran los mismos conocimientos y sabidurías que usted, esta nación iba a ser la nación más potente del mundo.
23 felipe, día 23 de Junio de 2006 a las 12:55
Moderador, hombre, que con estos cretinos no vamos a ninguna parte. ¡Qué forma de "razonar"!
24 RAJ, día 23 de Junio de 2006 a las 12:55
Por mas de acuerdo que esté, con lo expresado, por D. Pío, en el texto a debate de hoy, no puedo por menos que aportar otro par de ideas que, incluso, se adivinan apuntadas, entrelineas, en su propio texto, y que considero de máxima importancia.
Una de ellas, es la irresolución de las guerras carlistas. Ninguna de las tres finalizó con vencedor y vencido, en la verdadera acepción de los términos. La otra, es como consecuencia de la inmigración posterior, a las guerras.
Como, perfectamente dicta, “... mano de obra en su mayoría analfabeta, poco religiosa, a menudo desarraigada, explotada y proclive a actitudes revolucionarias. ... “. Estas gentes, enfrentadas con la primera pregunta existencial (a la que ningún ser humano puede sustraerse), son las que instintivamente, buscando una “patria” que las cobijase y les definiese, crearon la base social necesaria, donde se asentó la añoranza, de las tradiciones (en muchos casos, en vías de extinción y en otras desaparecidas, por obsoletas), que padecía la clase burguesa, que se menciona, la cual se encontraba en transito hacia una clase media moderna, ocasionando, que se juntaran “el hambre con las ganas de comer” y dio lugar a la idea del nacionalismo. Así, los segundos proponían las ideas y los primeros las defendían como propias, este concepto explicaría el desprecio de los segundos por los primeros, los cuales debía ganarse su derecho.
La irresoluta finalización de ambas, a tres, guerras, y el “agotamiento” que el enfrentamiento bélico produjo, tras tres guerras, sin ganas de ninguna mas, dio lugar, al enquistamiento del sentimiento diferencial entre los dos bandos en conflicto. Así pues, en el pensamiento de “... somos diferentes, y no lo podemos remediar ... “, enraíza, a mi modo de ver, la radicalidad del conflicto nacionalista español.
Creo, que lo que a continuación se expone, en el escrito de la referencia, no es el fondo del conflicto, sino los argumentos que lo alimentaron.

25 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 12:58
"Y así, volviendo un poco atrás, al llegar 1898 el nacionalismo y el regionalismo catalán, todavía sumidos confusamente en el movimiento catalanista, distaban de presentar un panorama brillante. Lo describe Francesc Cambó, que pronto descollaría en el nacionalismo: “el catalanismo tenía un carácter puramente platónico. Sus adeptos eran los soñadores y los protestatarios, los idealistas y los hombres de mal genio. En Barcelona eran catalanistas los literatos, los artistas, algunos catedráticos y algunos núcleos de juventud (…) Fuera, el catalanista que solía haber en cada pueblo, era generalmente un visionario de mal carácter, pero inofensivo (…). Ni en la masa ni en las corporaciones el catalanismo tenía ninguna influencia. (…) Como los catalanistas no estorbaban a nadie (…), y como entre ellos había personas de calidad, les rodeaba un ambiente de benévola consideración” .
En Vascongadas, a Arana le iban aún peor las cosas. Tras cinco años de intensa misión recogía parcos frutos, y caía a veces en el desánimo. Transcurrían “días y meses y años enteros sin que los vizcaínos rompan la venda que les impide ver su extravío, sin que conozcan la esclavitud de la Patria”. No sólo eso, “muchos bizkaínos, habiendo llegado a comprender la justicia y la bondad de la patria causa (…), encógense, no obstante, de hombros y la miran con indiferencia (…), si ya no demuestran su ignorancia riéndose como idiotas” . “Hemos convencido a muchas inteligencias; hemos persuadido a muy pocos corazones (…) Ya no hay corazones en Euskeria” . En fin, “¡Cuán difícil y penosa es la labor que nos hemos impuesto, de soltar la venda que ciega los ojos de los bizkaínos”.
Por eso, al llegar 1898, “el partido nacionalista no es por hoy nada temible por razón del exiguo número de sus afiliados”, y los vascos maketófilos seguían en abrumadora mayoría pese a las imprecaciones que no se hartaba de lanzarles Arana: “¡Malditos sean, malditos por el espíritu de sus antepasados, malditos por sus hijos, los que, percibiendo en sus oídos el grito santo, no lo fijan en su mente ni reciben en su corazón!” Quien no aceptara el “lema patrio (…) en todas sus partes, (…) bastardo es, y digno de ser arrastrado desde la cumbre del Gorbea hasta las peñas del Matxitxako” Con figura un tanto inapropiada, concluía: “No sabían los vizcaínos del siglo IX que con la sangre que derramaban por la Patria, engendraban hijos que habían de hacerles traición".
Pero había dicho también: “Si a esta nación latina [España] la viésemos despedazada por una conflagración intestina o una guerra internacional, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo”. Y ese júbilo estaba, por fin, a punto de llegar, y precisamente por una guerra internacional.

26 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:00
"Fue la guerra con Usa, por los restos del antiguo imperio hispano. De éste quedaban a España Cuba, Puerto Rico, Filipinas y varios archipiélagos en Micronesia. Posesiones considerables, pero dispersas, a enorme distancia de la metrópoli, sobre todo las del Pacífico, y de muy difícil defensa. Su retención obedeció a la conformidad de las poblaciones coloniales y a la desconfianza británica ante el expansionismo useño, más que a la escasa potencia española. Desde muy pronto ambicionó Usa dominar la región del Caribe, elaborando al respecto la doctrina del “Destino manifiesto”, cuyo contenido expresa suficientemente el título.
Conviene extenderse algo sobre aquel conflicto, porque ilustra la situación y mentalidad en España. En 1868 estalló en Cuba una rebelión, terminada a los diez años con la paz de Zanjón, cuyas cláusulas no cumplió el gobierno español. En Filipinas la rebeldía no comenzó hasta 1892, bajo impulso de la Katipunan, o “Asociación”, violenta desde 1896 y apoyada por Washington desde Hong Kong*.
A principios de 1895 volvió a estallar la guerra en Cuba, dirigida por José Martí y con fuerte apoyo useño, y adquirió enseguida una acentuada crueldad. Los rebeldes volaban trenes y destruían las plantaciones y el ganado, arrasando la economía y matando a los propietarios. El general Weiler, encargado de su represión desde julio de 1896, procuró aislarlos concentrando a la población rural en zonas fácilmente vigilables o en ciudades. El método, antecedente de otros como el practicado por Usa en Vietnam setenta y pico años después, permitió acorralar a los rebeldes, a costa de extender el hambre entre el campesinado. En “el coloso del norte”, la dureza de Weiler provocó indignación, espoleada por la prensa amarilla, si bien los métodos useños contra los pieles rojas, sólo unos pocos años antes, habían sido ciertamente más brutales.
Aquella guerra puede considerarse la primera de la serie de luchas coloniales que las potencias europeas iban a perder casi siempre, sobre todo a partir de la II Guerra mundial, terminada 52 años después de la del 98. En general, la estrategia militar española fue poco inteligente. En un ambiente burocrático, poco previsor y un tanto irresponsable, el gobierno envió hasta 200.000 soldados, que caían a millares víctimas del clima y sus plagas. Las bajas finales pueden dar idea del carácter de la lucha: de un total de 55.000 muertos en tres años, sólo unos 2.000 lo fueron en combate o por heridas, siendo los restantes causados por enfermedades tropicales u otras, en especial la temible fiebre amarilla, cuya transmisión por mosquitos fue descubierta por el médico español Carlos Finlay, aunque su descubrimiento no se aprovechara entonces.
Por lo demás, Cuba, prácticamente sin industria, dependiente en muy alto grado del cultivo de la caña de azúcar y secundariamente del tabaco, estaba integrada en la esfera económica de Usa, con la cual sostenía el grueso de su comercio, a pesar de los altos aranceles españoles, que irritaban a Washington. En estas condiciones, y con un gobierno inglés predispuesto a la sazón al entendimiento entre los países anglohablantes, pocas posibilidades tenía España de conservar la isla.
Bastantes políticos y militares españoles, como el general Polavieja, lo veían, y propugnaban una autonomía creciente que permitiera ir abandonando sin traumas las colonias, evitando pugnas muy costosas y a la larga imposibles de ganar. Pero Cánovas, el mayor estadista español del siglo XIX, cuya talla era también reconocida en Europa, hombre casi siempre moderado y hábil en el compromiso y la transacción, se empecinó en una política de todo o nada. Desde luego, los grupos económicos catalanes, en general, le apoyaban, por temor a perder un importante mercado, y también se habían opuesto a abolir la esclavitud. En la propia Usa existían grupos de presión prohispanos, como la Junta Patriótica Española, con ramificaciones en importantes ciudades, dirigida por José Navarro Arzac, un guipuzcoano que había hecho una carrera asombrosa, convirtiéndose en uno de los grandes millonarios useños: naviero, dueño de una cadena de hoteles, socio de Edison, fundador de la compañía de seguros “La Equitativa”, etc.
27 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:01
"Cánovas murió asesinado en 1897 por un anarquista italiano tras cuya mano siempre se ha sospechado al independentismo cubano y la masonería*. Entonces correspondió a Sagasta, también masón, afrontar el choque con el gigante americano, gobernado desde ese mismo año por el presidente McKinley. Sagasta ofreció la autonomía, abandonó el sistema de Weiler -- aplicado con notable éxito durante un año --, y destituyó a su autor, poniendo en su lugar al general Blanco, que ya había fracasado en Filipinas. Los rebeldes rechazaron la autonomía, y la situación militar empeoró con rapidez.
28 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:02
El asesino de Cánovas, Angiolillo, había tenido trato con el independentismo cubano a través del puertorriqueño Emeterio Betances, y había sido encubierto, en Madrid, por el republicano Nakens, que más tarde encubriría también a Mateo Morral cuando éste perpetró la carnicería de la calle Mayor, en 1906, con unos 30 muertos y cien heridos y mutilados. Aunque entre ellos había fuertes desavenencias políticas, Nakens, Betances y Morral, probablemente también Angiolillo, coincidían en su pertenencia masónica.

29 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:04
"El gobierno useño había intentado reiteradamente comprar Cuba y Puerto Rico, como si se tratara de mercancías, lo que a su parecer constituía una salida “honrosa” para España. Fracasado ese recurso sólo le quedaba la guerra, para la cual se preparaba activamente, faltándole sólo el pretexto. Lo encontró en la voladura del crucero Maine, de visita en La Habana en febrero de 1898. La explosión provino del interior de la nave, pero Washington la atribuyó, falsa e interesadamente, a los españoles, y rehusó una investigación imparcial. Algunos españoles sospecharon su autoría por los mismos yanquis. Todo indica que se trató de un accidente, pero resultó muy oportuno para la decisión de Washington de imponerse por las armas.
Luego, mediante un ultimátum cuyo cumplimiento supondría una completa humillación para España, McKinley forzó el conflicto bélico, que Madrid aceptó, a finales de abril. En realidad, Usa había comenzado ya la guerra antes de declararla, apresando cuantos barcos pudo en el Caribe. En España cundió una oleada de indignación por la conducta useña.
En principio, la contienda era enormemente desigual: un país de 74 millones de habitantes, en plena pujanza y ya la primera potencia industrial del mundo, contra uno de 18 millones, que sólo empezaba a reponerse de un siglo desastroso. Además, el teatro de operaciones se encontraba al lado mismo de la gran potencia y a miles de kilómetros de la pequeña. En estas condiciones una guerra larga sería ganada forzosamente por Usa. Así lo veían muchos en España, pese a lo cual la prensa y numerosos políticos y militares crearon un ambiente popular de victoria sobre los “tocineros de Chicago”.
Se ha acusado reiteradamente de demagogos sin escrúpulos a quienes fomentaron esperanzas de triunfo, y es la impresión que ha prevalecido. Sin embargo no se trataba de una idea descabellada si la guerra se resolvía con cierta rapidez, según han observado analistas cuidadosos, como Agustín R. Rodríguez. En cuanto a fuerzas de tierra, las españolas en Cuba (unos 200.000 soldados), si bien muy desgastadas y con la mitad de sus efectivos permanentemente enfermos, mantenían no obstante la disciplina y estaban bien entrenadas, no teniendo un enemigo serio en las tropas improvisadas en Usa, aunque llegaron a presentarse allí un millón de voluntarios y fueran movilizados de modo efectivo unos 270.000. Además, los fusiles Mauser de los españoles superaban netamente a los Springfield de sus enemigos, como éstos habían de comprobar dolorosamente. Debía contarse, no obstante, con el apoyo de los insurrectos cubanos a los invasores, de gran valor para éstos.
30 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:05
"El punto débil de la isla consistía en su dependencia de la importación de alimentos y muchos otros productos, por lo que un bloqueo naval podía rendirla en poco tiempo por hambre y miseria. Ello determinaba que la contienda se resolviese en el mar.
Según un mito, persistente hasta hoy con gran fuerza, la escuadra useña superaba netamente a su contraria, y por tanto la lucha estaba predeterminada a favor de la primera. Pero ello no es del todo cierto. La armada useña era superior a la hispana en acorazados, pero inferior en cruceros acorazados, superior en cruceros protegidos, pero inferior en unidades torpederas; superior en blindaje y cañones pesados, pero inferior en velocidad, y comparable en artillería media. Los principales barcos españoles eran buenos y modernos, aunque otros fueran anticuados y muchos mal mantenidos. Los enemigos padecían fallos análogos, sus mandos distaban de ser brillantes, y las numerosas deserciones en vísperas de la acción animaron en Madrid la impresión de unas tripulaciones poco aguerridas. En suma, la diferencia de poder, aunque a favor de Usa, distaba mucho de ser lo abismal que luego se pretendió, y diversos expertos ingleses, franceses o alemanes dudaban de su victoria.
En aquellas condiciones, los españoles podían jugar su mejores bazas haciendo uso de su movilidad, eludiendo el combate directo para hostigar el comercio enemigo, o atacar su litoral o desembarcar en él. De hecho, la conciencia de estas posibilidades provocó movimientos de pánico en algunas zonas costeras useñas. Sin embargo estas soluciones, aunque estudiadas, fueron rehuidas por motivos confusos, y marginados sus valedores en favor de mandos menos acometivos. En el desistimiento del ataque al comercio pesó la actitud hostil de Gran Bretaña, principal potencia naval de la época, que, oficialmente neutral, proporcionó a la marina useña inestimables ventajas. Por otra parte, aunque el conflicto se veía venir desde hacía años, los gobiernos españoles habían tomado pocas previsiones, y sus adversarios casi siempre fueron por delante.
31 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:07
"Un problema fundamental, aunque a menudo poco valorado, era para los españoles el ánimo de los dos almirantes, Cervera y Montojo, a cargo de las escuadras en las Antillas y en Filipinas respectivamente. Aunque valientes, en especial Cervera, caían en el pesimismo, por no decir el derrotismo, e iban a mostrar nula imaginación y escasa iniciativa. Tenían excesiva conciencia de la impreparación y falta de presupuestos con que se afrontaba la lucha, y sobreestimaban la capacidad del adversario. Rodríguez, en su estudio, cita una carta muy reveladora en la que Cervera, ya en 1896, prevé su destino, comparándolo con el de otros generales y almirantes italianos, españoles, franceses e ingleses que habrían servido de “cabezas de turco” para pagar responsabilidades ajenas. Pero aquellos mandos habían fracasado ante fuerzas inferiores. El caso más indicativo había sido el del almirante inglés Mathews, vencido en 1744, en el bloqueo de Tolón, por la escuadra de Juan José Navarro, “pese a que los españoles sólo contaban con 12 navíos (muchos de ellos mercantes transformados) que oponer a los 32 británicos”. Mathews fue sometido a juicio marcial, expulsado y deshonrado. Cervera parecía identificarse con Mathews y no con Navarro
Cervera advirtió sin tapujos que sólo esperaba la derrota de un enfrentamiento con Usa, y propuso emplear la flota en defender la metrópoli desde Canarias. La solución tampoco valía mucho, pues sus contrarios podrían entonces liquidar con mayor comodidad la resistencia en Cuba, y volverse luego con todo su poder sobre España, y el problema volvería a ser el mismo. Algún mayor sentido tenía su propuesta de trasladar los barcos a Filipinas, donde dispondrían de gran superioridad, pero a costa de perder Cuba y desproteger las costas españolas.
32 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:08
"Cervera advirtió sin tapujos que sólo esperaba la derrota de un enfrentamiento con Usa, y propuso emplear la flota en defender la metrópoli desde Canarias. La solución tampoco valía mucho, pues sus contrarios podrían entonces liquidar con mayor comodidad la resistencia en Cuba, y volverse luego con todo su poder sobre España, y el problema volvería a ser el mismo. Algún mayor sentido tenía su propuesta de trasladar los barcos a Filipinas, donde dispondrían de gran superioridad, pero a costa de perder Cuba y desproteger las costas españolas.
La guerra se decidió primero en Filipinas. La flota de Montojo, inferior a la contraria de Dewey, pero no tanto como se ha dicho (lo de los “barcos de madera” es una leyenda), podía utilizar a su favor las defensas costeras próximas a Manila. Dewey partió de Hong Kong, donde se benefició de una indisimulada ayuda de Gran Bretaña, pero debía jugárselo todo a una carta, pues, por falta de bases, no ya una derrota sino un simple fracaso en Filipinas le habría dejado fuera de juego. Para fortuna del useño, Montojo no supo aprovechar sus ventajas, hubo de perder tiempo lidiando con los mandos de infantería, y cometió serios errores defensivos, dispersando la no mucha artillería disponible en tierra. Al llegar la escuadra useña a Cavite, en la entrada de la bahía de Manila, el 1 de mayo, se produjo un intenso intercambio de cañonazos durante dos horas. Los useños llevaron la mejor parte, pero sin lograr hundir un solo buque enemigo, y recibiendo en cambio un enérgico fuego de respuesta. Muy preocupado por la difícil situación, y con peligro de agotar sus municiones, Dewey dio orden de retirada. Y fue entonces cuando Montojo, dándose por vencido, abandonó la lucha y marchó a Manila, desmoralizando a los suyos, quedando a su suerte algunos barcos, donde los incendios se propagaron hasta hacer estallar las santabárbaras. Animado por el espectáculo, Dewey hizo un segundo intento, pudiendo su flota tirar prácticamente al blanco contra la española, ya desorganizada y desanimada, hasta destruirla. La imprevisión de Montojo llegó al extremo de rendir el arsenal intacto, proporcionando a su adversario una base para ulteriores operaciones. En el telegrama a Madrid señaló: “Ha sido un desastre que lamento profundamente. Lo presentí y anuncié siempre por la falta absoluta de fuerzas y recursos”. No era hombre de recursos.
33 Francesco, día 23 de Junio de 2006 a las 13:09
Una de las muestras de porque (no lo hago por terquedad) me reitero en la "no existencia en la practica" del nacionalismo español, es como los políticos solo la nombran de "vez en cuando", si fuese una realidad con fuerza, los politicos la usarian en su discurso general, pues siempre van a tratar de ir en favor de la corriente.

Pese a todo reconozco el aparente rebrote de nacionalismo en algunos sectores sociales, aunque hay que esperar para ver, si es o no, un hecho temporal.
34 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:10
"Unos días antes Cervera recibía orden de marchar a Puerto Rico, orden avalada por la mayoría de los almirantes consultados por el gobierno en Madrid. Cervera escribió amargamente: “Con la conciencia tranquila voy al sacrificio, sin explicarme el voto unánime de los Generales de la Marina, que significa la desaprobación y censura de mis opiniones, lo cual implica la necesidad de que cualquiera de ellos me hubiese relevado”. No le faltaba razón, pues fue mantenido en su cargo. Estuvo tentado de dimitir, pero, pensando en la probable desmoralización de sus subordinados, aceptó el destino.
El Caribe se había convertido para entonces en un lago useño, dominado por las flotas de Shley y Sampson, que bloqueaban y bombardeaban Cuba y Puerto Rico –aunque con malos resultados para ellas-- y capturaban o hundían barcos. Cervera logró esquivar el bloqueo, para fondear en la bahía de Santiago, el 19 de mayo. La bahía era una auténtica encerrona, pues sólo tenía una estrecha salida, por la que debían desfilar los barcos de uno en uno, facilitando así su destrucción al enemigo que estuviera esperándolos fuera. Además, estaba en la región de mayor rebeldía de la isla. Varios subordinados instaron a Cervera a salir de tan peligroso lugar y marchar a La Habana, donde la base, las defensas y la seguridad del entorno eran mucho mejores, pero el almirante, de manera poco comprensible, rehusó. Aun así, pasarían diez días hasta que Sampson se percatase de su magnífica oportunidad y apostase su escuadra en torno a la bahía, inmovilizando a la española.
Un mes más tarde de la llegada de Cervera a Santiago, Washington decidía por fin atacar a fondo la isla mediante un desembarco -- que resultó caótico--, el 22 de junio, en la parte oriental. Tenía el objetivo de tomar la ciudad de Santiago, capital de la región. Los desembarcados contaban con la importante ayuda de los insurrectos cubanos, numerosos y buenos conocedores del terreno, aunque despreciados por los useños, por su gran proporción de negros*. Pequeños núcleos de soldados españoles, con una defensa heroica, causaron numerosas bajas a sus enemigos, poniéndolos en trance de reembarcar. Pero el jefe militar de la isla, general Blanco, no manifestó en Cuba mucha más diligencia que en Filipinas, evitando a sus enemigos males mayores, y permitiéndoles continuar sobre Santiago.
Cervera, acorralado, propuso, al parecer, desembarcar la artillería y con ella mantener a distancia a Sampson, dejando en las naves los marineros indispensables para volarlas en último extremo, y utilizar a los demás en socorro de Santiago; o bien, en otra versión, mantenerse pasivamente en el lugar hasta rendirse cuando Santiago capitulase por inanición. Pero el general Blanco le ordenó intentar una salida.
El resultado es bien conocido. El 3 de julio, Cervera envió un buque a atacar al principal de Sampson, con la esperanza de atraer sobre él el fuego enemigo y permitir a los demás escapar de la trampa, pero no lo logró: los barcos fueron incendiados y destrozados uno tras otro, sin que el fuego de respuesta hiciera mella apenas en los acorazados contrarios. Los españoles sólo pudieron embarrancar o destruir sus naves, para impedir su captura. Habían tenido 350 bajas entre muertos y heridos, y un muerto y algunos heridos sus adversarios*
Pocos días después, Blanco rendía Santiago y el gobierno español se apresuraba a hacer gestiones de paz. En agosto comenzaron las conversaciones, concluidas el 10 de diciembre en el vejatorio Tratado de París. España debió aceptar todas las condiciones del vencedor, y perdió Cuba y Puerto Rico, las Filipinas y Guam. Otros archipiélagos del Pacífico, las Marianas, las Carolinas, y Palaos, fueron cedidos a Alemania.
35 El Critico, día 23 de Junio de 2006 a las 13:11
Necesitamos de una España fuerte para que los pueblos vasco y catalanes vean que merece la pena seguir estando dentro de España-

España es la octava potencia mundial según un estudio reciente que atiende baremos de economía, potencia militar, bienestar social,etc.

España es cierto que perdió las colonias, pero también Inglaterra y también Francia. España tiene un futuro muy prometedor, pero para ello necesitamos a tod@s los Españoles, den un voto de confianza que España resurgirá, porque lo quiere, porque está en su derecho y porque de eso nos encargaremos los Españoles de a pie.

ARRIBA ESPAÑA!
36 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:12
"Esta gran desproporción de bajas, observa Rodríguez, es semejante a la tenida por chinos y rusos frente a la flota japonesa, e hizo creer en una escasa pericia de los vencidos. Sin embargo, a veces una pequeña ventaja permitió aplastantes victorias. En la I Guerra mundial, en la batalla de Coronel, cinco cruceros alemanes destrozaron a cuatro ingleses, causándoles 1.650 muertos, contra sólo dos heridos alemanes. Poco después, en las Malvinas, una escuadra británica superior derrotó a otra alemana, ocasionándole 2.000 muertos, con sólo nueve bajas de los vencedores.
37 Zamarro, día 23 de Junio de 2006 a las 13:15
Como anda suelto de nuevo el cretino integral, que pregunta quién es el fundador del nacionalismo español, se lo voy a decir:

El nacionalismo español que empieza a crecer desde hace 30 años, nace como revulsivo contra los nacionalismos periféricos. El nacionalismo español es una fuerza centrípeta que neutraliza a los apátridas irresponsables que muerden la teta de la que maman, como tú.

Cuando no habían problemas de secesión, los apátridas eran tolerados por ser una minoría un poco arbolaria, pero con cierta personalidad. En la actualidad se les ve faltos de talla intelectual. Pura basura, vaya. El proceso de desparasitación y desratización de España ha comenzado. En cuanto tengamos la primera prueba de la traición de ZP (y falta muy poco) la que se va a armar va a ser de antología.

Ya me imagino a la Canallería poniéndose la escarapela de patriotas de toda la vida.
38 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:18
"Lo principal de la contienda había durado unos tres meses, con sólo unos centenares de caídos en combate (y algunos miles por enfermedad) tanto por parte española como useña. Quizás la guerra era imposible de ganar para España, pero la manera como se desarrolló en el mar resultó en extremo amarga. Cervera y Montojo habían planteado una lucha defensiva y sin acometividad, contra la opinión de subordinados suyos como los capitanes de navío Bustamante y Villaamil, ambos marinos muy expertos, e inventores, el primero de una clase de mina* y el segundo del destructor, un tipo de nave de aplicación extraordinaria en todas las flotas del mundo en el siglo XX. Cervera había desechado la idea de emplear la superior velocidad de los navíos para hostigar la costa enemiga –empezando por Nueva York-- en ataques y retiradas rápidos, así como la propuesta de abandonar Santiago antes de que se cerrase la trampa, o, una vez en ella, de salir de noche y por sorpresa con los destructores para atacar a Sampson y causarle el mayor estrago posible, facilitando luego la salida de la flota en distintas direcciones para dispersar al enemigo. En cambio había ordenado la salida por la mañana, sin la menor sorpresa, dejando todo el día de claridad al enemigo, y enviando los barcos en una sola dirección. Por su parte el general Weiler había propuesto que, tan pronto se declarase la guerra, las tropas españolas tomasen la iniciativa desembarcando en Florida y avanzando sin pérdida de tiempo sobre la base de Tampa. Todas esas ideas fueron desechadas, y la línea de acción seguida resultó ser la que dio al enemigo las mejores oportunidades para sacar pleno partido de su superioridad material.
Cervera y Montojo fueron sumariados, pero no hubo intención de llegar muy al fondo, y superaron mal que bien la prueba. Cabe preguntarse, dados los precedentes, qué habría ocurrido si hubieran sido almirantes británicos. El único consuelo moral fue el extraordinario valor y estoicismo de los marinos frente a un destino aciago.
A Usa, la “espléndida guerrita”, como fue llamada, la convirtió en una potencia con intereses mundiales, demostrando de paso, según decían –y en ello estaba muy de acuerdo Sabino Arana--, la superioridad de la raza anglosajona sobre la decadente latina. Por otra parte cabe pensar: si la victoria hubiera costado graves pérdidas a los useños, ¿se habrían animado a intervenir en Europa en la I Guerra mundial, diecinueve años más tarde? En cuanto a España, retener sus colonias habría sido un éxito envenenado, pues le llevaría a desangrarse unos años más, provocando tensiones sociales crecientes en la metrópoli. Son sólo especulaciones, claro, pero indicativas de los complicados caminos de la historia.
39 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:19
"Ha habido cierto consenso entre historiadores españoles en una interpretación según la cual Sagasta y su gobierno optaron por una guerra que sabían perdida, para evitar el descrédito y probable hundimiento del régimen español, ante el rechazo del pueblo y del ejército a una rendición sin lucha*. La marina habría sido mandada deliberadamente al fracaso, debido a su evidente inferioridad, para terminar cuanto antes una empresa inútil. Algunos militares dijeron por entonces algo por el estilo, como Concas, subordinado de Cervera y muy partidario de éste. Según él, los marinos tenían “el convencimiento de que el Gobierno de Madrid tenía el determinado propósito de que la Escuadra fuese destruida lo antes posible, para hallar un medio de llegar rápidamente a la paz”
Pero, como muestra convincentemente Rodríguez, se trata de una típica racionalización a posteriori, poco acorde con los hechos. Renunciar sin lucha a una posesión como Cuba, tan ligada económica y sentimentalmente a España, máxime tras el duro esfuerzo anterior por conservarla, habría sido intolerable, no sólo para el pueblo presuntamente desinformado, sino también para el gobierno. Por otra parte, “la actividad política de los jefes de la escuadra de Cervera, antes y después del Desastre, y preferentemente en las propias filas del partido liberal, confirma la impresión de que muchas de sus críticas posteriores se debían más a un intento de salvar sus propias responsabilidades o a la Armada como institución”, y no a un deseo de clarificar los hechos.
Tampoco tiene mucho sentido el reproche a la prensa y a los políticos que excitaban a las masas. Lo mismo hacían los useños, y era normal que, mejor o peor, procurasen animar el espíritu de lucha, y no deprimirlo. Aparte de que la inferioridad bélica española distaba mucho, como muestra Rodríguez, de ser tan completa como después se dijo. Y, en fin, la guerra se libró en el mar no por una decisión deliberada del gobierno de acabar cuanto antes, sino porque, simplemente, lo imponía la situación estratégica.
Vista la cuestión en perspectiva, la derrota no dejaba de ser la salida más probable, aunque de ningún modo segura, y el mero hecho de que España poseyera una flota bastante fuerte y moderna desmiente las acusaciones posteriores de desidia e ineptitud insondables del régimen. Ello aparte, en los combates menores, los barcos enemigos, pese a su abrumadora superioridad, “sólo registraron dudosos triunfos y hasta fracasos, al enfrentarse a mandos más decididos y tenaces” que Cervera o Montojo; el servicio de inteligencia español mostró notable efectividad y audacia, suministrando buenas informaciones a Madrid y distrayendo fuerzas adversarias; y no faltaron algunas gestas como la de “los últimos de Filipinas*. En realidad, España estaba simplemente en recuperación después de muchos decenios de decadencia. Pero los partidos enemigos de la Restauración, del liberalismo o de la propia unidad española iban a aprovechar el “desastre” para cargar las tintas, ennegrecer los hechos y crear una sensación de fracaso colectivo, fortaleciéndose de paso ellos mismos.
40 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:21
"Se trató de un pequeño destacamento que resistió durante casi un año, completamente aislado (no sabían que había terminado la guerra) a fuerzas filipinas muy superiores. Tropas del crucero useño Yorktown intentaron rescatarlo, pero se vieron rechazadas con fuertes pérdidas por los sitiadores. El propio Aguinaldo, dirigente filipino, expresó su admiración por ellos. Dice Rodríguez: “Tales hechos, si es que son recordados, sólo provocan en algunos una imagen de celuloide rancio (…). Probablemente estos mismos, tan críticos o poco impresionables, aún se conmueven con la gesta de El Álamo, que, como es sabido, resistió unos pocos días a las tropas mejicanas, o desconocen que la gran fiesta tradicional de la legendaria Legión Extranjera francesa, el 30 de abril, “el día de Camerone”, celebra que un destacamento de 62 hombres resistió unas horas parapetado en unos edificios a una fuerza de caballería mejicana antes de ser aniquilado. Y no es que dudemos del heroísmo derrochado en estas y otras ocasiones por norteamericanos y franceses, de lo que sí tenemos serias dudas es de que los españoles seamos capaces de valorar adecuadamente nuestras propias gestas”
41 darwin, día 23 de Junio de 2006 a las 13:21
En el fondo de toda disputa separatista/nacionalista esta siempre el mismo debate: ¿Porqué un nacionalismo español, enemigo de los separatismos, es bueno y los nacionalismos separatistas son malos? ¿No se justifican ambos en los mismos sentimientos y razonamientos históricos, económicos, etc?
La evolución del hombre comienza en unidades de pequeño tamaño, unidas exclusivamente por lazos familiares. El paso trascendente se da con el “invento” de los sentimientos religiosos que producen unos lazos con capacidad de aglutinar a comunidades de mucho mayor tamaño. A partir de ahí, nace la política, aportando estructuras de poder que vuelven a hacer crecer las posibilidades numéricas de las comunidades humanas. De esas estructuras políticas surgen los embriones de naciones.
Siempre el proceso evolutivo es premiado por la capacidad de movilizar mayor número de recursos humanos y materiales para emprender proyectos colectivos cada vez de mayor envergadura, con el consiguiente beneficio para sus componentes. El límite es la capacidad de seguir formando una unidad funcional de humanos, cada vez mayor, con sus diferencias, intereses, etc. y por tanto con sus tensiones disgregatorias internas.
La eficacia, la inteligencia, el rendimiento, el beneficio siempre reside en que lo Grande es mejor que lo Pequeño. Lo difícil es el crecimiento, aunque el premio esta siempre asegurado en términos de eficacia y beneficio para los componentes de esa gran comunidad.
Europa así lo lleva intentando 50 años. Los EEUU pagaron un alto precio para conseguir su unidad. Los españoles trabajamos duro durante siglos para conseguir nuestro pequeño tamaño.
Ahí tenemos nuestra respuesta: todos los nacionalismos son malos para los ciudadanos si se ven impedidos a pertenecer a comunidades de mayor dimensión y potencia. Es cierto que los sentimientos y razonamientos que pone sobre la mesa un nacionalismo catalán son, en el fondo, idénticos a los que ponemos los españoles. Pero mientras que España intenta remover con nuestras leyes armonizadas con la UE y con nuestra evolución hacia estructuras políticas europeas todos los obstáculos que nos impiden hoy una integración con todas las comunidades de nuestro entorno, el nacionalismo catalán trabaja todos los días en ahondar diferencias, romper lazos, disgregar la hacienda, desarmonizar leyes etc con su entorno político español. El nacionalismo español tiende a integrarse en una unidad superior: es bueno. El nacionalismo catalán, vasco y el resto que los siguen, tienden a formar unidades homogéneas más pequeñas: son malos.
42 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:22
"En la revista La veu de Catalunya, donde escribían Prat de la Riba, Cambó, Verdaguer Callís y otros líderes, podemos seguir bastante bien la reacción del nacionalismo catalán ante el conflicto. El 17 de abril, cuando la tensión prebélica culminaba, analizaba: “No sabemos si vendrán los horrores de la guerra o si España seguirá en paz su camino al derrumbe. Venga lo que venga, España se va al fondo; si de los pueblos que la forman, alguno quiere volver a las alturas, que no se duerma: afloje los lazos y entréguese libremente a los dos grandes instintos de la vida, el de conservación y el de perfeccionamiento”. En fin, con paz o con guerra, “España va adonde tantas veces dijimos que iba, al naufragio, al abismo”.
Así, el país no tenía remedio, y Cataluña debía sacudirse solidaridades sentimentales. El llamamiento era insistente. El 8 de mayo, conocido el desastre de Cavite, repetía La veu: “Estamos clavados a una barca que hace agua; si queremos salvarnos, hemos de aflojar los lazos”. Sin embargo no llamaba a romper por completo aquellos lazos, que supuestamente arrastraban a Cataluña al hundimiento. Aunque la razón de esta inconsecuencia no es explicada, se entiende con facilidad: la dependencia de la industria catalana del mercado español era demasiado clara como para que la ruptura no pareciera una demencia a los industriales y clases medias, a quienes iban dirigidas de preferencia las consignas nacionalistas.
La veu cargaba sobre “Madrid” todos los males y culpas de la guerra, y exoneraba, o presentaba como víctimas de ella a los catalanes: 24-IV “Cada vez que, aprovechando la paz, el espíritu activo de Cataluña ha cobrado impulso, una guerra ha venido a detenerlo”.19-VI: “¿De qué vale que los productores catalanes creen una industria poderosa, orgullo de nuestra raza, que los payeses saquen pan de las piedras a fuerza de trabajo y energía, que los establecimientos de crédito sean ejemplo de buen sentido y administración, si una política interior y exterior, que se avergüenza del cálculo y la previsión, que no quiere pensar en el mañana y que hace gala y vanagloria de no sopesar las consecuencias de sus actos o la dificultad de sus empresas, pone a cada momento en peligro de muerte estas creaciones del genio catalán?”.
43 sobrarbe, día 23 de Junio de 2006 a las 13:27
"Es cierto que los sentimientos y razonamientos que pone sobre la mesa un nacionalismo catalán son, en el fondo, idénticos a los que ponemos los españoles."
Eso se llama no tener ni idea del asunto.El nacionalismo español tardó mucho en expresarse de forma doctrinal porque era un sentimiento normal en todo el país, que nadie discutía. En cambio el nacionalismo vasco y el catalán nacieron de una situación en que catalanes y vascos se consideraban españoles, no una nación distinta y oprimida. Y han tenido que hacer enormes esfuerzos durante un siglo para convencer a una parte de sus paisanos de que no eran españoles.
Y el nacionalismo español ha venido ligado a las libertades, luego a la república, aunque enseguida fue desbordada, y ahora a la democracia y la Constitución. El nacionalismo franquista lo fue por reacción a los otros, y adoptó algunas de sus formas, como la aversión al liberalismo.
Los nacionalismos vasco y catalán han representado siempre la destrucción de las libertades, de la unidad y la estabilidad de España.
j.oder, que no hay diferencias.
44 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:28
"Pero en realidad, los intereses catalanes habían estado entre los más inflexibles partidarios de la “mano dura” en Cuba, y habían pesado en todas las medidas al respecto, acertadas o desacertadas, incluyendo el retraso en la abolición de la esclavitud. Por otra parte, los combatientes voluntarios de esa región habían manifestado el mayor entusiasmo por la Cuba española*. Si había habido imprevisión, no podía separarse de ella a los catalanes, precisamente. Y quedaba sin respuesta, sin plantearse siquiera, la pregunta: ¿había sido posible la paz, cuando los grupos de presión hegemónicos en Washington habían resuelto provocar el enfrentamiento? La agresiva postura useña, no merece examen alguno de La veu, cuya actitud no pasaba del clásico 17-VII “ya lo profetizaban los catalanistas”.
Mientras duró la guerra, lamenta La veu, la propaganda nacionalista rebotó contra el sentimiento popular: 12-VI “La mayor parte de los catalanes se han dejado emborrachar como los gandules de la Puerta del Sol (…) mientras los norteamericanos tratan de conquistas las colonias de España, los castellanos van acabando de conquistar Cataluña”, pues “Cataluña recibe a los castellanos que la acaban de conquistar con alegrías y abrazos”. Cambó recordará también el sentimiento español dominante en respuesta a la agresión: “cuando salíamos del Círculo de la Lliga de Catalunya, encendidos de patriotismo catalán, nos sentíamos en la calle como extranjeros, como si no nos halláramos en nuestra casa, porque no había nadie que compartiese nuestras preocupaciones”.
Conocida la derrota, el ambiente en España cambió. Ante las condiciones adelantadas por Washington, los nacionalistas de La veu clamaban 4-XI en torno a “La noticia de la firma de la paz, o sea, de la consumación de la espantosa catástrofe (…) Tenemos la paz, pero una paz espantosa, tenemos la paz, pero una paz que no anima, ni tranquiliza, una paz como debe ser la tumba de los que allí bajan llevando sobre sí el peso de una gran culpa (…) La paz que tanto pedían los catalanistas antes de la guerra, ahora nos la traen los representantes de España, tal vez demasiado tarde”
No eran muy sinceros. La derrota, precisamente, daba a los nacionalistas una ocasión de oro, y no la dejarían escapar. Lo que para muchos era una paz efectivamente espantosa, para ellos llegaba como agua tras la sequía. Ya en octubre constataban: 4-IX “Con las desgracias que nos ha traído la última agitación del españolismo, ha ganado mucho en nuestra tierra el sentir catalanista (…) Es ahora general la tendencia a diferenciar la vida y el interés de Cataluña y los de los otros pueblos de España (…) Todo el mundo dice: “Cataluña, regida por los chiflados y simplones de Madrid, es el pueblo menos pobre y menos atrasado del Estado español; por tanto, si fuera un poco bien gobernado y administrado con inteligencia, sería un pueblo verdaderamente rico”. La propaganda nacionalista encontraba por fin terreno fértil.
45 cirus, día 23 de Junio de 2006 a las 13:29
Adios a Rocinante no se esperaban sus señorías tal atrevimiento: Una diputada intrépida entraba en el Congreso montada en BABIECA !enorabuena por fin!.
46 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:30
"En algunos medios, se complacía La veu, el nacionalismo tomaba tintes radicales: 10-VII “Es un hecho tan grave como queráis, pero cierto de toda certeza, que el separatismo ha hecho aparición en nuestra tierra. Y como nosotros somos al revés que los castellanos (…) que, cerrando los ojos a la realidad, no ven lo que hay, sino lo que fantasean, reconozcamos el hecho y estudiémoslo”. En apoyo a su tesis cita una reunión de empresarios, donde casi todos, bajo la impresión de que “Esta crisis no es de paréntesis, sino que es el hundimiento definitivo” mostraron acuerdo cuando alguien dijo que los catalanes debían haber aceptado a Napoleón (que intentó anexionarse Cataluña) en vez de rechazarlo”. Y La veu aprovecha para señalar: “España es el país peor gobernado y administrado del mundo civilizado”.
Aunque relata con gusto la “invasión de la idea separatista”, señala las causas y el posible remedio: “Qué fácil habría sido evitar estos extremos. Siempre que los castellanos y castellanistas nos han acusado de separatistas, hemos contestado: ¡Mentís! (…) En Cataluña no hay separatismo; pero lo habrá si seguís desatendiendo nuestros avisos y persiguiendo como criminales nuestras doctrinas”. Hablar de una persecución como criminales era tan evidentemente exagerado como pretender que fuera del nacionalismo no había salvación. En la misma onda, La veu narraba supuestas conversaciones populares, de buscados efectos soliviantadores, como ésta, de finales de agosto, cuando se preveían las exigencias useñas: 28-VIII “Ahora, sin las Antillas y quién sabe si sin Filipinas, ¿qué haremos con las nubes de empleados gordos y chicos que allá tenían la pitanza?” Cuestión respondida por un “hombre que había visto mucho mundo”: “¿No sabéis qué frase es ahora muy popular entre los pensionados de la administración y aspirantes a serlo? Dicen: Bueno; hemos perdido Cuba y Filipinas, pero nos queda Cataluña”.
En definitiva, el desastre general no dejaba de ser todo lo contrario para los nacionalistas: 21-VIII “La guerra (…) ha resultado para los catalanes una lección luminosa”. “Ha engendrado un nuevo estado de espíritu catalán”. “Es la hora de que el pueblo catalán tome grandes resoluciones”.
El origen de los males saltaba a la vista: “No hay símbolo como el Don Quijote para la raza que ha llevado a España a la actual ruina”. La imagen del caballero manchego aparecía como la negación misma del espíritu catalán, práctico y sensato, y no se le ahorraban desprecios, así como al idioma de los hidalgos.
“Hora es de que España aproveche la experiencia. Pero no tengáis miedo, no la aprovechará. Es la eterna patria de Don Quijote, como tal ha obrado y obrará siempre”. No era fácil identificar a los políticos madrileños, de un pragmatismo a ras de suelo, con Don Quijote, pero tampoco importaba mucho. Además, “para la gente de Madrid nuestra industria es una mina inagotable”, a cuyo florecimiento y seguridad nunca había contribuido lo más mínimo, según los nacionalistas. De ahí que criticase iniciativas como la del jurista catalanista Durán y Bas, que pensaba en una regeneración global de España. Los catalanes sólo debían ocuparse de sí mismos. Es más, el estado menesteroso en que parecía haber quedado Madrid, ofrecía las mejores oportunidades para imponerse a sus antaño arrogantes y siempre ineptos y necios políticos: 31-VII. “La situación del Estado español es desesperada”, analizaba ya el 31 de julio, y no tanto por la derrota como por la quiebra de la Hacienda. Ahora, 14-VIII “De Cataluña son la industria y el comercio (…) y su poder es tan importante que pueden y deben hacerse respetar por los políticos españoles”. Por todo lo cual creía oportuno aconsejar, en referencia a los tratos con Madrid 14-VIII: “conviene que nuestros fabricantes no olviden el carácter de los castellanos (…) Ellos son fuertes ante el débil, orgullosos ante el humilde, siempre soñadores, siempre idealistas”. Con ellos “son inútiles todas las razones nacidas de una convicción hija del cálculo y de la práctica”.
47 Zamarro, día 23 de Junio de 2006 a las 13:30
:)

La Canallería dice: todas las violencias son iguales. Para ellos, si alguien quiere pegarme y yo quiero defenderme, los dos somos igual de violentos.

La Canallería dice: todos los nacionalismos son iguales. Para ellos, si tenemos fronteras estables desde hace 500 años y ahora quiere la independencia una provincia, tan nacionalistas son los secesionistas como los que se oponen a la secesión.

Exigen libertad para decir majaderías, ellos mismos se leen y releen los propios mensajes varias veces y los encuentran bien argumentados y con sólido meollo.

Así es la raimondesca basura.

:)
48 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:31
"Yendo más allá, en un artículo comparaba el año 1714, triunfo de Felipe V, que habría arrebatado la “libertad” al principado, con el año 1898, en que las tornas habían cambiado drásticamente: 11-IX: “Es hora de que Cataluña, encarándose a los que gobiernan, les diga: “vuestra dominación me ha sido fatal; sólo puedo esperar la muerte de vosotros, y yo deseo vivir”. “España está definitivamente perdida. Su tan pregonada regeneración es un imposible”.
Se imponía, por tanto, un trato duro e intransigente a la Madrid ya humillada por la potencia yanki. Criticando claudicaciones de los republicanos ante el sistema de la Restauración, advertía: “Quienes hacen cambiar de camino a las naciones, quienes las elevan (…) no son quienes, con carácter afeminado, sólo saben luchar contra el enemigo haciendo inexplicables equilibrios, sino los caracteres sinceros que no se doblegan”.
En definitiva, el nacionalismo ofrecía a los catalanes la oportunidad de librarse del agobiante peso de la derrota y cargarlo enteramente sobre la detestada “Castilla”. Y como suele ocurrir, cierto número de personas recibieron con alivio la explicación y la incitación oportunista. Además, señala Cambó, “La pérdida de las colonias (…) provocó un inmenso desprestigio del Estado, de sus órganos representativos y de los partidos que gobernaban España”, y por otra parte, “El rápido enriquecimiento de Cataluña, fomentado por el gran número de capitales que se repatriaban de las perdidas colonias, dio a los catalanes el orgullo de las riquezas improvisadas, cosa que les hizo propicios a la acción de nuestras propagandas, dirigidas a deprimir el Estado español” (…) Como en todos los grandes movimientos colectivos, el rápido progreso del catalanismo fue debido a una propaganda a base de algunas exageraciones y de algunas injusticias, porque los cambios en los sentimientos colectivos nunca se producen a base de juicios serenos y palabras justas y mesuradas”.
En esa vía, el 27 de noviembre publicaba La veu una proclama que reproducía otras más antiguas, partiendo de las Bases de Manresa, con lenguaje rayano en la insolencia, y advirtiendo que ya no tolerarían los enredos y falsificaciones típicos de Madrid: “Queremos la lengua catalana con carácter oficial y que sean catalanes todos los que en Cataluña desempeñen cargos públicos; queremos Cortes catalanas, no sólo para estatuir nuestro derecho y leyes civiles, sino cuanto se refiera a la organización interna de nuestra tierra; queremos que sean catalanes los jueces y magistrados y que se fallen en Cataluña en última instancia los pleitos y causas; queremos ser árbitros de nuestra administración, fijando con entera libertad contribuciones e impuestos, y queremos, en fin la facultad de contribuir a la formación del Ejército español por medio de voluntarios o dinero, suprimiendo en absoluto las quintas y levas en masa, y estableciendo que la reserva regional forzosa preste servicio sólo en Cataluña”.
Algunas de estas exigencias resultaban extrañas. El concepto del ejército tenía más de medieval que de moderno, y suponía dotar a la autonomía de un verdadero poder militar, inaceptable para el estado. Por otra parte, los autores de la proclama no se oponían seguramente a que en otras regiones desempeñaran cargos públicos los catalanes. Además, ¿debían excluirse de dichos cargos a los venidos de otras regiones que no compartieran las tesis nacionalistas? ¿Y a los propios naturales de Cataluña opuestos a esas demandas? Evidentemente, por “catalanes” debía entenderse “nacionalistas” o afines, como así ocurriría en lo sucesivo, y de modo muy emocional.
49 Dzajic, día 23 de Junio de 2006 a las 13:36
Buenos días.

Alguien puede explicarme porque en un país como Alemania, formado por regiones, que si fueron Estados independientes deurante siglos, sea Sajonia, Hessen, Colonia,Brandemburgo...además, con continuas guerras entre ellos, son capaces de "superar" el estancamiento que aqui padecemos con el ¿"existo o no existo"?, ¿ser o no ser?.

Gracias.
50 illustrator, día 23 de Junio de 2006 a las 13:40
"Yendo más allá, en un artículo comparaba el año 1714, triunfo de Felipe V, que habría arrebatado la “libertad” al principado, con el año 1898, en que las tornas habían cambiado drásticamente: 11-IX: “Es hora de que Cataluña, encarándose a los que gobiernan, les diga: “vuestra dominación me ha sido fatal; sólo puedo esperar la muerte de vosotros, y yo deseo vivir”. “España está definitivamente perdida. Su tan pregonada regeneración es un imposible”.
Se imponía, por tanto, un trato duro e intransigente a la Madrid ya humillada por la potencia yanki. Criticando claudicaciones de los republicanos ante el sistema de la Restauración, advertía: “Quienes hacen cambiar de camino a las naciones, quienes las elevan (…) no son quienes, con carácter afeminado, sólo saben luchar contra el enemigo haciendo inexplicables equilibrios, sino los caracteres sinceros que no se doblegan”.
En definitiva, el nacionalismo ofrecía a los catalanes la oportunidad de librarse del agobiante peso de la derrota y cargarlo enteramente sobre la detestada “Castilla”. Y como suele ocurrir, cierto número de personas recibieron con alivio la explicación y la incitación oportunista. Además, señala Cambó, “La pérdida de las colonias (…) provocó un inmenso desprestigio del Estado, de sus órganos representativos y de los partidos que gobernaban España”, y por otra parte, “El rápido enriquecimiento de Cataluña, fomentado por el gran número de capitales que se repatriaban de las perdidas colonias, dio a los catalanes el orgullo de las riquezas improvisadas, cosa que les hizo propicios a la acción de nuestras propagandas, dirigidas a deprimir el Estado español” (…) Como en todos los grandes movimientos colectivos, el rápido progreso del catalanismo fue debido a una propaganda a base de algunas exageraciones y de algunas injusticias, porque los cambios en los sentimientos colectivos nunca se producen a base de juicios serenos y palabras justas y mesuradas”
En esa vía, el 27 de noviembre publicaba La veu una proclama que reproducía otras más antiguas, partiendo de las Bases de Manresa, con lenguaje rayano en la insolencia, y advirtiendo que ya no tolerarían los enredos y falsificaciones típicos de Madrid: “Queremos la lengua catalana con carácter oficial y que sean catalanes todos los que en Cataluña desempeñen cargos públicos; queremos Cortes catalanas, no sólo para estatuir nuestro derecho y leyes civiles, sino cuanto se refiera a la organización interna de nuestra tierra; queremos que sean catalanes los jueces y magistrados y que se fallen en Cataluña en última instancia los pleitos y causas; queremos ser árbitros de nuestra administración, fijando con entera libertad contribuciones e impuestos, y queremos, en fin la facultad de contribuir a la formación del Ejército español por medio de voluntarios o dinero, suprimiendo en absoluto las quintas y levas en masa, y estableciendo que la reserva regional forzosa preste servicio sólo en Cataluña”.
Algunas de estas exigencias resultaban extrañas. El concepto del ejército tenía más de medieval que de moderno, y suponía dotar a la autonomía de un verdadero poder militar, inaceptable para el estado. Por otra parte, los autores de la proclama no se oponían seguramente a que en otras regiones desempeñaran cargos públicos los catalanes. Además, ¿debían excluirse de dichos cargos a los venidos de otras regiones que no compartieran las tesis nacionalistas? ¿Y a los propios naturales de Cataluña opuestos a esas demandas? Evidentemente, por “catalanes” debía entenderse “nacionalistas” o afines, como así ocurriría en lo sucesivo, y de modo muy emocional*.

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