Pío Moa

« Los suecos no aman a las mujeres (I) / Franco, vicioso | Principal | Un retrato plausible de Franco »

Los suecos no aman a las mujeres (II) / Síntomas y causas

16 de Agosto de 2009 - 09:00:44 - Pío Moa

Compartir:
Menéame Tuenti

FABRICIO.- Lo que sospechaba. Es la novelilla esa Los hombres que no amaban a las mujeres, de que tanto hablan.

SIMPLICIO.- ¡Cómo, novelilla, con casi setecientas páginas! Una novela no se dedica a poner estadísticas, hombre. Es un informe, un reportaje. Y me he permitido cambiar el título por los suecos porque sucede en Suecia, se trata de los hombres suecos, por lo menos en eso me darás la razón.

FELICIO.- ¿De qué va?

FABRICIO.- Bueno, es un cuento muy largo y algo enrevesado, una chica desapareció hace muchos años, los protagonistas toman mucho café, follan bastante, le dan al ordenador, hay torturas y violaciones, unos capitalistas perversísimos y unos periodistas honradísimos que descubren el pastel y al final todo termina muy bien, los buenos triunfan, se forran y echan algunos polvos adicionales, la tía desaparecida aparece en Australia convertida en la dueña de una gigantesca empresa de ovejas y de no sé cuántas industrias... En fin, un culebrón algo infantiloide, si quieres saber lo que opino.

MAURICIO.- Entonces tiene el éxito asegurado

SIMPLICIO.- Perdona, Fabricio, pero el autor del informe, insisto en que se trata de un informe, lo explica muy bien: reconoce Estiego Larsón que su informe, insisto, deja a Shakespeare en un cuento para niños, y yo lo creo. A ver dónde encuentras a un padre que se dedica a torturar y asesinar en serie a mujeres, porque es nazi, y que por esa razón también viola a su hijo y a su hija, y el hijo sigue los pasos del padre, viola a su hermana y como tiene mucho dinero, se hace una cámara de tortura en el sótano de sus casa, y allí tortura, viola y asesina a montones de mujeres, y las hace desaparecer, y así durante decenas de años, creo que porque tiene instintos de cazador o algo así. Yo no he leído a Shakespeare, de acuerdo, pero me extrañaría que hubiera escrito algo semejante.

MAURICIO.- ¿Mataban a muchas mujeres y nunca se encontraba la pista? ¿Desaparecían otras sin dejar rastro? ¿Tan incapaz es la policía sueca?

SIMPLICIO.- Pues no, no las encontraban porque los tíos, padre e hijo, eran muy malvados, pero muy inteligentes, eso lo explica muy bien Larsón, claro que no tan inteligentes como el periodista y, sobre todo, su amiga, que además son de una honestidad a prueba de bomba. Yo leí en El Pis una crítica muy buena.

FABRICIO.- Los héroes del cuento son la repera. Hay una tía, especie de marimacho furiosa y perfectamente estúpida, pero que tiene algo así como superpoderes, vamos, que el autor le confiere superpoderes. Apenas empieza a describirla me recordaba a Pippi Calzaslargas, aquella serie gilipollesca, demasiado infantil incluso para niños muy pequeños. La Pippi, ya sabéis, un contrapeso imaginario anarquista para una sociedad como la sueca, tan ordenada, según cuentan...

SIMPLICIO.- ¡Para el carro, para el carro! Yo de pequeño veía esa serie y me gustaba mucho.

FABRICIO.- Porque ya desde pequeño estabas predestinado a ser lector del El Pís, y eso tiene mal remedio... Lo que me hace gracia es que luego el autor dice que a la chica no le gustaría que la llamaran Pippi etc.

MAURICIO.- ¿Y cómo eran tan honrada aquella buena gente? Hoy ya no se estila.

SIMPLICIO.- El periodista es honrado porque es más bien socialista, y ya sabemos que los socialistas han sido siempre modelos de honradez, capaces de soportarlo todo por sus principios... Y la chica parece más bien ácrata, ahí le doy la razón a Fabricio. Y los ácratas son todavía más honrados, si cabe.

SULPICIO.- La sabiduría y la experiencia hablan por tu boca, Simplicio...

SIMPLICIO.- Por eso me cabrea que, frívolamente, se eche la culpa del maltrato a las mujeres en Suecia a los socialdemócratas y no a los nazis, como es evidente. Los socialdemócratas son suaves y respetuosos.

MAURICIO.- Bueno, hay que reconocer que la socialdemocracia sueca siempre ha sabido respetar suavemente. Durante la II Guerra Mundial colaboró con los alemanes, pero solo hasta que se vio claro que estos no iban a ganar, entonces fue cambiando suavemente de postura para acomodarse sin traumas a la nueva situación. Y hacia los soviéticos siempre mostraron una notoria simpatía, después de todo, los comunistas y los socialistas siempre han estado por los obreros...

SIMPLICIO.- Y no me negarás, Mauricio, el carácter profundamente democrático de la socialdemocracia sueca, bien explícito en su aversión a la España de Franco, vamos, que es que no podían ni verla, recordarás a Olof Palme, que también lo cita el informe, y por eso insisto en que no es una novela, aunque tenga algunos rasgos de novela, para hacerlo más ameno... Recordarás a Palme pidiendo dinero con una hucha para la ETA y demás, cuando el régimen franquista cometió aquel crimen horripilante con el que cerró su carrera de asesinatos...

FELICIO.- Algunos no lo recordaréis, por ser tan jóvenes, pero yo me acuerdo muy bien: el franquismo asesinó a cinco luchadores por la libertad del FRAP y de la ETA, por el supuesto delito de haber ajusticiado a unos cuantos policías, ya se sabe, pistoleros del fascismo.

SIMPLICIO.- Yo es que no paro de admirar a los socialdemócratas suecos. Fijaos: los capitalistas malvados del informe tenían una característica: nunca se divorciaban. ¿Cómo no iban a ser unos asesinos en serie? Y parece que leían mucho la Biblia, otra mala señal. Os leo algo más: "No había conocido a una sola chica que no se hubiera visto obligada a realizar algún acto sexual en contra de su voluntad en, al menos una ocasión". O sea, que allí violan a casi todas. ¿Alguno de vosotros puede imaginarse siquiera a un socialdemócrata o a un anarquista haciendo tales cosas? ¡Vamos, eso no le cabe a nadie en la cabeza! ¡Esos son nazis, hombre! Es la evidencia misma.

MAURICIO.- Pero reconocerás, Simpli, por pura lógica, que resulta muy raro que los nazis no ganen en Suecia todas las elecciones, siendo tantos...  

FABRICIO.-  Es por la chica esa de los superpoderes, que se lo impide

---------------------------------------------------

En El economista, el martes pasado:

SÍNTOMAS Y CAUSAS

Los síntomas de mala salud social abundan y empeoran: desarticulación familiar, maltrato doméstico, proliferación de matrimonios uniparentales, delincuencia, consumo de droga, alcoholismo, audiencia de la telebasura, aborto masivo, terrorismo o colaboración con él, fracaso escolar, radicalización política, auge de la pederastia, embarazos de adolescentes, enfermedades de transmisión sexual, juego, corrupción política, desprestigio de la justicia, desatención a la ley, etc.

Estos y otros males se han instalado de tal modo en el paisaje social que apenas se les presta atención, fuera de algunas retóricas deliberadamente inanes. Hasta se los presenta como costes inevitables del "progreso" o incluso como un progreso. Pero sus causas saltan a la vista, a poco que se profundice: son precisamente esas ideologías y políticas que se dicen progresistas: la "muerte de Montesquieu", la simpatía por regímenes tiránicos o por la penetración islámica, o la complacencia de los políticos con el delito, se reflejan en el aumento de la delincuencia, de la colaboración con el terrorismo, el descrédito de la función judicial o la corrupción de los profesionales del poder. El homosexualismo militante y el feminismo están sin duda en la base de la desarticulación de la familia y sus mil consecuencias: aborto y divorcio masivos, consumo de drogas y alcohol entre los jóvenes, maltrato doméstico, delincuencia juvenil, embarazos de adolescentes... O en los índices de fracaso escolar, en los que pesa no menos la demagogia política.

El creciente radicalismo manifiesto en las insolencias y agresiones separatistas, en la reaparición de amenazas de quemar iglesias, en los discursos políticos, etc., proviene del intento de imponer la "ruptura", querida en la Transición por la izquierda para enlazar con el nefasto Frente Popular... Mientras un PP huero de sustancia intelectual o moral, ayuda.

Comentarios (40)
1 mescaler, día 16 de Agosto de 2009 a las 09:13
Pole!
2 santigp, día 16 de Agosto de 2009 a las 09:45
Buenos días:
Recuerdo un chiste de Gila, decía así más o menos:
"Paseaba por la calle con mi mujer cuando vimos a cinco dandole una paliza a uno. Le dije a mi mujer ¿me meto?. ¿no me meto?.
Al final me meti y le pegamos una paliza entre los seis."
La mayoría nos comportamos de la misma manera. Queremos estar al lado del ganador.
Solamente así me explico la existencia en el blog de personajes como kufisto, mescaler y otros.
No son capacez de estar a la altura de lo que aportan otros, ni sus posturas estan tan bien respaldadas.
Son personajes políticamente correctos en los tiempos que nos tocan vivir. Hace cincuenta años hubieran perseguido todo lo que oliera a comunismo, Serian intransigentes contra todo el que criticara a Franco, al que hoy quieren vencer, como nuestro nefasto Zapatero.
Animo a los participantes que exiben una gran cultura y argumentos que no se aburran por este tipo de personajes que muchos visitamos el blog para poder ver sus comentarios y lo que dicen poco a poco calará en la sociedad y muchos se darán cuenta de que en realidad nos están recortando la libertad y que hay que dejar de callar y desenmascararlos de una vez.
Abajo la propaganda y lo políticamente correcto.
3 manuelp, día 16 de Agosto de 2009 a las 10:05
Bueno, yo opino que "Los hombres que no amaban a las mujeres" no está mal como novela de intriga y policiaca. Si se saca la impresión de que vivir en Suecia debe ser un autentico coñ.azo, por el clima que es horrible, por la gente que debe tener miles de complejos y represiones y por el ambiente social en el que lo "correcto" debe extenderse hasta limites tremendos.
A pesar de la socialdemocracia imperante, me parece que gobierna la derecha, ó lo ha hecho hasta hace poco y la historia de Suecia en el siglo XIX y primeros años del XX no tuvo nada de fácil, con una miseria generalizada y una tasa de emigración tremenda.
Como muchos nórdicos, noruegos y daneses, muchos suecos están muy orgullosos de su patrimonio racial, aunque jamás se les ocurriría manifestarlo y en las unidades de las Waffen SS hubo multitud de voluntarios de esa procedencia.
El personaje de Lisbeth Salander es francamente antipatico, por lo menos para mi, aún para los estándares suecos, lo cual ya es decir.
4 crowley, día 16 de Agosto de 2009 a las 11:09
Los bárbaros del norte nos abruman con su gélida sensibilidad: véase la película, estrenada hace unos meses, "Déjame Entrar" (Tomas Alfredson, 2008). Realismo rudo hasta el extremo pero que conmueve, sin aspavientos (Ay... Toda la magia de Bergman!). Me gustó más que "Los hombres..."

Como tantas otras veces, sólo los bárbaros (del norte o del sur) revitalizarán la esencia de la vieja europa. Es la primera ley de la civilización.

Saludos

PD: la película de Alfredson está basada en el libro homónimo del autor sueco John Ajvide Lindqvist, Espasa, 2008)
5 Perieimi, día 16 de Agosto de 2009 a las 12:04
LA ERA SOCIALDEMÓCRATA, por Dalmacio Negro, en “La Razón”, 2/07/02.

El siglo XX ha sido el siglo del socialismo y el del nacionalismo sin que ello implique contradicción: ya Fichte comprendió muy bien la estrecha relación existente entre estatismo, socialismo y nacionalismo y, como mostró Mises hace tiempo, todo régimen socialista en tanto colectivista, por muy internacionalista que se proclame, deviene inexorablemente nacionalista y todo régimen nacionalista tiene que ser socialista. Tras la debacle del socialismo real en 1989, la versión “occidentalista” del socialismo, la socialdemocracia se ha impuesto sin oposición: es “la era socialdemócrata, en la que hoy vivimos sin otra alternativa como ciudadanos” (P. Sloterdijk). El europeo es socialdemócrata igual que en otros tiempos se consideraba cristiano; pues, además, la socialdemocracia se rige por el principio de las mayorías: la mayoría es la fuente de todo poder y de las formas legítimas de expresión, siendo por eso la “política correcta” la política de la socialdemocracia. Política de escribas en la que las realidades acaban yendo por un lado y las palabras por otro y, en cuyo contexto las distinciones entre derecha e izquierda no significan lo mismo que en el lenguaje liberal. Ni siquiera designan caminos o vías diferentes: el camino es el mismo y derecha e izquierda son formas que reflejan simplemente la ley eterna del orden y el progreso que rige la vida colectiva de las sociedades en la que la derecha adopta, por decido así, un tono más pasadista como residuo del liberalismo, y la izquierda, en cuanto pretende ser más fiel al socialismo original, un tono más progresista.

La socialdemocracia sólo tiene hoy en contra una cosa: la historia. Aunque lenta, pues nunca tiene prisa el tiempo, que constituye su espíritu, devora todo y no hay evidencia de que la historia haya terminado. La socialdemocracia es una religión, pero una religión política; y mientras las religiones, por no estar sometidas al tiempo -la fe religiosa, en sentido estricto es ahistórica-, pueden inspirar a la cultura y a las civilizaciones durante milenios, con más o menos altibajos, que suelen consistir en la depuración o crisis de las estructuras, de los elementos políticos y sociales adheridos a la fe -un ejemplo es el Islam que resucita lentamente-, no hay evidencia de que las religiones políticas, que son colectivistas, de masas; perduren secularmente con fe viva durante generaciones. Pues, si en las religiones religiosas la fe, la religión o religación a lo divino es lo primero y fundante, la fuente de su vigor, en las religiones políticas lo primero es la política y la política pertenece a la esfera de la opinión. Y si bien la opinión puede operar emocionalmente durante algún tiempo como una fe viva, al cabo sólo opera como una fe muerta, como superstición en la que resulta imposible fundamentar nada.

Esta es seguramente la situación actual: la socialdemocracia pervive en las instituciones, en las costumbres y conductas, hasta en los hábitos, como se ve y se oye frecuentemente cuando, por ejemplo, se sustituye la palabra virtud por el concepto valor; pero como una opinión desvitalizada muerta, como tópico. Algo así como, paralelamente, la fe religiosa en el humanismo cristiano. La misma idea de ciudadanía no es más que un tópico, no una idea viva. No expresa la posibilidad de un conflicto auténtico con el poder, sino la mera adhesión supersticiosa a las reglas del poder constituido, ya que, en las religiones políticas el ciudadano se identifica con el creyente. La era socialdemócrata pervive en las estructuras, cada vez menos capaces de hacerse cargo de las nuevas realidades y de encauzar los conflictos auténticos que vitalizan las sociedades. Una sociedad sin conflicto es una sociedad muerta. El conflicto, en cambio, vitaliza las energías sociales. Es característico de la sociedad socialdemócrata que ella misma tenga que suscitar conflictos artificiosos que alimenten la lánguida vida política, como son la mayor parte de los conflictos actuales, que se gestan en el seno del propio Estado Socialdemócrata y a los que concede relieve como expresión de reivindicaciones de derechos -de avances, palabra militar-, que son en realidad favores o privilegios que piden las minorías alentadas por el mismo Estado al Estado Fiscal Socialdemócrata.
6 ArrowEco, día 16 de Agosto de 2009 a las 12:29
VV

Buenos días nos dé Dios.

"El siglo XX ha sido el siglo del socialismo y el del nacionalismo sin que ello implique contradicción: ya Fichte comprendió muy bien la estrecha relación existente entre estatismo, socialismo y nacionalismo y, como mostró Mises hace tiempo, todo régimen socialista en tanto colectivista, por muy internacionalista que se proclame, deviene inexorablemente nacionalista y todo régimen nacionalista tiene que ser socialista."

El siglo XX ha sido el siglo de la Masonería. Esa es la puñetera realidad. Lo demás son ganas de tocar los güevos, Dalmacio.
7 manuelp, día 16 de Agosto de 2009 a las 12:50
Y en cuanto a la inquina que parece tenerle Moa-Fabricio a Stieg Larsson por sus principios ideológicos, creo que no deberian llevarle a menospreciar absolutamente su obra, igual que la ideologia comunista de Dashiell Hammett no es óbice para que "El Halcón Maltés" ó "Cosecha Roja" se lean bien.
8 Perieimi, día 16 de Agosto de 2009 a las 13:42
"La idea de la pluralidad de civilizaciones y la de la relatividad de la civilización moderna, se presenta para muchos con los rasgos de una herética e impensable extravagancia. Pero esto no basta: es necesario saber reconocer que la civilización moderna no sólo podrá también desaparecer como tantas otras sin dejar rastro, sino que pertenece al tipo de las que, una vez desaparecida, igual que la vida momentánea, respecto al orden de las "cosas que son" y de cualquier otra civilización adherida a las "cosas que son", tiene un valor de mera contingencia."

(Julius Evola, "Revuelta contra el mundo moderno", 1934.)
9 mescaler, día 16 de Agosto de 2009 a las 13:51
#7 Pues lo que decíamos ayer: si el autor es "progre", sus obras son una mierda. El característico talante inquisitorial de Mr Millstone.

Saludos,
Mescalero
10 manuelp, día 16 de Agosto de 2009 a las 14:21
# 9

Si, usted debe saberlo, porque hace lo mismo pero al revés.
11 ArrowEco, día 16 de Agosto de 2009 a las 15:42
VV

"Las ideas del granjero


El gran tema, la gran disputa de la civilización occidental en estos momentos -y viene de lejos- se refiere a la oposición liberalismo-socialismo, o capitalismo-comunismo, o libertad-igualdad, o Estado pequeño-Estado grande, etc. La cuestión se presenta de diversas formas en ámbitos diferentes, pero es claro que se trata del mismo problema visto desde distintos ángulos, con perspectivas varias. Aparece como un gran dilema: los opuestos son tan irreconciliables, que casi no admiten solución que los armonice. Asistimos así a apasionadas discusiones de sordos, cada uno montado en el burro de su opinión, sin posible acuerdo con el contrario. Ofrecen al mundo, como única salida, optar entre una y otra, sin más alternativas.

El problema no parece cuestión baladí, porque ambos contendientes, por lo general, presentan sus teorías como un todo completo, que incluye una concepción acabada del hombre, del mundo, de la moral y de la vida entera. Es decir, se presentan como ideologías que dan explicación a todo y tienen respuesta para cualquier pregunta posible. Conocen el futuro y profetizan sin rubor alguno. Casi no dejan hueco a discrepancias; tienen la solución para todos los problemas. Aceptar o rechazar una u otra no es cosa de poca monta, porque si no aciertas destruyes el mundo y el hombre, pero si das con la buena se te abren las puertas del paraíso en la tierra: la disyuntiva tiene toda la tensión dramática del condenado a muerte al que se le ofrece salvar la vida si resuelve un dilema.

Algunos, cansados del estado de nervios que supone la situación, intentan una salida intermedia, de centro. Procuran conciliar, llegar a acuerdos; derraman aceite sobre las olas encrespadas. En fin, hacen todo lo posible por evitar la pelea, e1 enfrentamiento. Unos pocos de estos conciliadores, que los más miran como a irenistas y advenedizos, consiguen hacer un batiburrillo con recortes de uno y otro. Presentan así al mundo, para aumentar la confusión con terceros en discordia, nuevas ideologías. E1 panorama se oscurece, todo se confunde. Una nube de médicos rodea al enfermo grave, discutiendo a la vez en una Babel confusa de diagnósticos y tratamientos absolutamente distintos.

Siguiendo la última metáfora, al final del cuento el enfermo se levanta, expulsa a los médicos y discurre sobre el modo de remediar sus males. Después de un rato llega a la siguiente solución del dilema: ni uno ni otro sino todo lo contrario y ambos a la vez. Pero esta respuesta parece un trabalenguas, es más, no se entiende, por lo que será necesario explicarla.

Para que la aclaración no se alargue puede ser conveniente usar una nueva metáfora, casi una parábola sobre la ganadería del cerdo: es de ironía casi cruel, pero necesaria para desvelar e1 fondo del problema. Porque la gran discusión no es para hacer una rebelión en la granja, sino una disputa entre los granjeros sobre la mejor manera de organizarla. Si alguna vez se propugna una revolución -sea libertaria o socializante-, nunca es para convertirla de granja en sociedad de personas, sino para establecer la estructura óptima de explotación de la granja, estructura que ya sería definitiva y traería la felicidad al ganado porcino que la habita. Y esto último es lo que más emociona de los ganaderos: está repletos de buenos deseos, rebosan magníficas intenciones. Si discuten es sólo porque tienen una preocupación sincera: buscan, desean, anhelan dar la felicidad a sus cerdos, a los que no consideran más que eso: cerdos, unos simples animales.

Todos se desviven para que en su granja haya cada vez mas bienestar material. Producen y distribuyen todo tipo de bienes; procuran dar satisfacción a todos los gustos, deseos y pasiones. Las granjas no son mejores o peores por lo que enriquecen a sus dueños, no, ellos no son egoístas. Rivalizan entre sí comparando, no sus bienes, sino el nivel de vida que tiene su ganado. Salvo los mal vistos pero abundantes corruptos, no se construyen grandes palacios como los propietarios antiguos (aquellos escandalosos y prepotentes palacios de los reyes del Antiguo Régimen), sino que se enorgullecen sólo de que en su granja se viva mejor, con todos los cerdos satisfechos. Tienen la conciencia tranquila. Si, tras muchos años revolucionarios, han llegado a ser propietarios -expulsando a los antiguos o dejándolos de adorno en el salón- es por puro altruismo, no por interés propio sino ajeno, para que todos vivan mejor.

Procuran ver cuáles son las formas óptimas de producción y distribución; también averiguan cuál sea el número ideal de cerdos y regulan los nacimientos, para que no haya tantos que falten el espacio o los bienes. Resuelven las pequeñas peleas que surgen por la comida o el mejor sitio, cuidan de que los cerdos tengan un ambiente agradable. Les dan suficiente estiércol para que puedan disfrutar revolcándose en él, pero no tanto que peligre su salud y la de toda la granja. Procuran mejorar la raza e investigan nuevos métodos de selección mediante la fertilización artificial y las técnicas genéticas. Eliminan a los deficientes, que no podrían gozar de una vida plenamente porcina, impidiendo que nazcan; también lo hacen con los que tienen una vida limitada y caduca por la edad o la enfermedad; y facilitan todo tipo de placeres a los demás. En definitiva, son granjeros de intenciones modélicas.

Suelen discutir los propietarios entre sí, incluso llegan a pelearse. Todos justifican las guerras, pero siempre por motivos altruistas, hay que reconocer que no desean nada para sí, sólo anhelan extender a otras granjas la forma óptima de organización para que los cerdos tengan más bienestar. Aparte de muchas otras pequeñas disensiones, suelen agruparse en dos bandos fundamentales (que se pueden llamar, por ejemplo, izquierdas y derechas) de acuerdo con las dos grandes maneras de entender una buena explotación porcina feliz.

Para unos el cerdo debe estar en montanera, sin estabular, libre por el campo, alimentándose a su aire y buscando la vida según su parecer. Consideran que la intervención del granjero debe ser mínima: la indispensable para que los cerdos -esos felices inconscientes- no hagan daños mayores e impidan la vida feliz de todos. También la organización debe ser pequeña, sólo la suficiente para asegurar las cuatro cosas imprescindibles para todos. La vida del cerdo tiene así, es verdad, algunos riesgos, especialmente para los mas débiles; pero todo se compensa porque el cerdo da productos de más calidad, más genuinos, sin ningún sabor sintético. Para los otros, el cerdo debe permanecer estabulado, con zahúrdas normalizadas, piensos uniformes y controlados; todo dentro de una estricta organización. Sólo de esta manera, argumentan, se puede conseguir que todos, y no sólo los más fuertes, sean felices. La meta es que todos puedan alcanzar los mismos placeres y no haya desigualdades hirientes. Esta discusión, con tonos diversos y diferentes épocas de pelea, lleva ya un tiempo; es la gran cuestión que divide el mundo, en general, y a todos los altruistas que hay en él, en particular.

La parábola ha querido desvelar el fondo del problema, que es este: las dos grandes ideologías del momento, y sus subproductos y actualizaciones, son bienintencionadas, pero insuficientes.

Son ideas de granjeros que sirven para un mundo de animales, pero no de personas. Porque ambas tienen el mismo fondo común, y no son tan diferentes corno puede parecer. Las dos ideologías consideran que el hombre es un animal, algo más evolucionado que el cerdo o que el mono, pero no muy distinto. Es sólo materia; el espíritu es un mito.

Sólo importan los placeres materiales y el bienestar; cualquier otra cosa más elevada es irrelevante. Este es el error profundo y, además, es la causa de que el dilema se presente como tal, sin posible conciliación.

Partiendo de esta falsedad, ambas ideologías se han empeñado en recluir la moral al ámbito de lo privado; obligan a todos a tenerla escondida en el último rincón de la casa, siendo de mal gusto enseñarla a nadie.

Lo que no sea esto lo consideran dogmático, infantil, retrógrado, obsoleto y represivo. Sólo reconocen una moral: la impuesta por la organización eficaz de la granja. El cerdo debe obedecer en todo a los propietarios, en caso contrario llueven los palos; pero en su tiempo libre no importa lo que haga: puedo revolcarse en el estiércol que más le plazca. Ambas ideologías requieren esclavos sociales sumisos, mas sumisos en la socializante; en la otra basta con que sean buenos productores, consumidores e impositores. En ambos casos sólo se les pide cumplir su papel para que la maquina funcione: la moral de un buen engranaje económico.

(sigue)





12 ArrowEco, día 16 de Agosto de 2009 a las 15:45
VV

[...] Este es el drama: resulta sorprendente comprobar como en esos dos tipos de teorías sociales se cava alegremente la tumba que las sepultará, al intentar construir un organismo social vivo con células cancerosas, insolidarias. Porque con animales, sin personas, no se puede hacer una sociedad viable. Cuando la gran colmena se llena con hombres a los que no se les deja serlo, se acaba siempre derrumbando. Y es que el hombre no puede, por más que quiera, vivir como un animal, dejándose llevar por los instintos.

Es animal racional, espiritual, lo quiera o no. El libre juego de las pasiones no le lleva a ninguna parte; ni tampoco puede ser llevado por otro, ya que no es amaestrable: no se le puede domar manejando sus pasiones. Cuando intenta ser sólo animal, cosa que puede pretender precisamente por no serlo, nunca lo consigue y se acaba autodestruyendo. Para el hombre la existencia no tiene nunca la facilidad del automatismo instintivo de los animales; no se puede dejar llevar, tiene que ir él. Es irreductiblemente libre. La vida para el hombre no viene dada: es una tarea que debe asumir como algo propio. No tiene una Madre Naturaleza que vele por él. Si no toma las riendas de la propia existencia y la dirige con mano fuerte, no tiene un instinto mecánico que le impida acabar en el precipicio. Cuando renuncia a ser libre, nada le salva de la aniquilación personal.

Por eso es una tragedia social reducir la moral al ámbito privado, personal, ya que sólo lo personal es el fundamento de lo social. La moral no es algo privado, en el mal sentido cerrado y autista en el que se suele usar la palabra, pues la moral versa sobre los actos libres, que vienen de dentro, del señorío propio, no de fuera. Sólo por ese enseñorearse de si mismo es el hombre apertura radical; en tanto que hay un yo puede haber un tú, y sociedad, y proyectos compartidos, y diálogo, y amor... Precisamente por ser persona, interioridad, vive el hombre en sociedad y no en rebaño, manada o piara. Sólo se da sociedad entre personas libres, y la planta de la libertad crece dentro del corazón de cada hombre.

Tenemos desvelado el primer error de fondo del dilema: reducir la vida humana a material animalidad desprovista de ética, o dotada tan solo de la ética mínima suficiente para no dañar al bienestar de la manada. Junto a este hay otro no menos grave, que es consecuencia del anterior: porque si el hombre es sólo un animal, por muy evolucionado que esté, sin alma inmortal, resulta que toda perspectiva de futuro es intramundana; es decir, deja de esperarse un cielo eterno y se comienza a creer en dos mitos sustitutorios: el progreso o el paraíso socialista. Esto es gravísimo, ya que esta nueva fe, tan bienintencionada, paraliza al hombre en su actuar propio, libre, y hace que la historia comience a ir para atrás. Con el mito del progreso se inicia una alocada carrera hacia ninguna parte, y el del paraíso comunista conduce a la rigidez fría de la momificación.

La razón es la siguiente: ambos mitos dan la falsa tranquilidad de un seguro de vida, tranquilidad tan falsa como el mismo nombre del seguro, que si existe es sólo gracias a la muerte. Las compañías aseguradoras encuentran clientes en abundancia por el simple hecho de que lo más seguro es que todos han de morir. En realidad son seguros de muerte; aunque hacen bien en rebautizarlo con otro nombre para no intranquilizar, ya que prestan un servicio conveniente. pero tonto sería que quien tuviera una de esas pólizas se creyera de verdad asegurado contra la muerte, y actuase siempre con absoluta temeridad. Esto es lo que ha sucedido con los dos mitos: adormecen la viva vigilancia del existir auténtico y producen un actuar alocado, sin centro ni meta. Son como un nuevo fatum, una forma moderna del Destino inexorable, pero en versión optimista, que es mucho más grave.

Los liberalizantes creen en un progreso automático, mecánico; es algo que sucede, simplemente. No hay que hacer nada, sólo dejar que se sucedan los acontecimientos: le monde va lui-mème, y marcha siempre hacia un futuro mejor. Se supone que una fuerza misteriosa irá ordenando el caos de egoísmo que fomenta la sociedad permisiva. Para los socializantes son las estructuras adecuadas las que traerán el paraíso: únicamente hay que organizarlo todo, todo, para que se produzca el mayor bien posible. Ambos dicen a las buenas gentes del mundo: no os preocupéis, dejaos llevar, si me hacéis caso encontraréis la suprema felicidad en una tierra que, sola, mana leche y miel.

Los dos engañan, porque no hay ningún automatismo histórico. Nada está dado, todo está por hacer cada día. El protagonista de la historia es el hombre, cada persona, no una ciega mecánica de fuerzas o unas estructuras impersonales. La historia corre el mismo riesgo que cada hombre con su libertad, puede avanzar hacia el paraíso o hacia el abismo. No existe el seguro contra el fracaso histórico. El hombre, cada uno, es señor de su vida y de la historia; ésta marcha hacia donde aquel camine.

Una escatología intramundana, poner el cielo en la tierra, es un error paralizante. Menos mal que hoy ya son muchos los que no creen en esos mitos: el del progreso, porque el abismo se ve como cercano y posible en una destrucción total rápida -desastre nuclear- o lenta -desastre ecológico-; y el del paraíso comunista porque se le ha caído la careta al Gulag. Las ideologías, gracias a Dios, están muriendo. Vivimos una época confusa en la que mucha gente, perdidos los mitos, no sabe donde ir. Es el momento óptimo para que, destruidos los ídolos de la historia, se vuelva a poner el hombre en su centro.

Esta es precisamente la tarea que el cristianismo sabe hacer: formar personas. Sólo él enseña la ascética que forja a la persona y le permite ser libre con la única libertad que no es palabra vacía: la del señorío propio.

Sólo él dice a cada hombre que su vida es una tarea para hacer todos los días, igual que la historia. E1 cristiano sabe que el mundo es su trabajo, es la heredad que Dios le ha dado al hacerle participar en la creación, y de su libre actuar depende que progrese o se destruya.

También conoce que el cielo se da después, que la paz y el bien aquí en la tierra son frágiles y arduos, y debe cuidarlos en cada momento; no se puede dormir en falsas seguridades, pues la cizaña se multiplica. Tiene muy experimentado que nunca puede decir: ya está, lo alcancé, aquí me paro; debe luchar siempre, sin caer en la tentación de espejismos vanos, repletos de desilusión y amargura para quien los persigue.

Ha sido un error, una tremenda equivocación, querer expulsar al cristianismo de la civilización occidental, porque era su vida, su fuerza interior. Lo más curioso es que los dos mitos tienen su origen en ideas cristianas y, por eso, son tan atractivas. Son los peores errores: verdades que se han vuelto locas, destructivas, al desgajarse del tronco, del todo vivo al que pertenecían. Además, si en algo han triunfado ha sido gracias al cristianismo, a su sedimento social de siglos: han vivido de rentas ajenas, que ya se les están acabando y ahora puede verse con claridad que todo error es estéril a la larga. Sólo el cristianismo sabrá devolverlas a su lugar propio, y así vivificarlas. De nuevo la libertad será el mayor don dado por Dios al hombre, pues le hace semejante a Dios, le hace señor de si y capaz de amar, También así se descubrirá que solo es libre quien ama, quien vive para los demás, quien sirve al bien común.

Además, como consecuencia, se conseguiría que la política volviera a ocupar su sitio: el de ciencia de lo contingente que exige el ejercicio de la prudencia personal, y así dejase de inundar todo, ahogando la vida con asfixiantes plétoras legislativas. Los problemas de la sociedad se estudiarían en serio, sabiendo que no hay soluciones ya dadas, ideológicas y acartonadas, que encorsetan las cuestiones con prejuicios y enseñan al hombre a no pensar. La Universidad podría ser la Universitas Studiorum que su fundadora, la Iglesia, quiso que fuera; un miembro vivo de una sociedad viva, y no la Universitas Imbecillitatis que producen las ideologías, paralizando las mentes -riqueza primordial del hombre- con viejas monsergas que explican todo y no comprenden nada. Podría haber diálogo verdadero y fecundo; no un simple enfrentamiento que, para que no llegue la sangre al río, se procura paliar con compromisos, que más parecen treguas armadas. Se conseguirla así que cada parte del tejido social contribuyera a la vida de todo el organismo. La organización de la sociedad perderla rigidez y a problemas nuevos se buscarían soluciones adecuadas, no las tonteras decimonónicas que ahora se presentan como panaceas universales. Esas falsas respuestas, anquilosadas y rancias, no están a la altura de los problemas nuevos; es tonto y cruel obligar a la gente a elegir entre las dos: la misma historia las ha dejado obsoletas.

El cristianismo ha fecundado el mundo para que este dé sus mejores frutos. No ofrece soluciones concretas a ningún problema, no hace política, pero da al mundo el mejor regalo: personas libres, capaces de amar, que saben que están en la tierra para dar lo mejor que tienen dentro. Forma las personas que resolverán los problemas: los señores de si mismos y de la historia."


Autor: Tirso de Andrés Argente | Fuente: arvo.net
13 mescaler, día 16 de Agosto de 2009 a las 16:25
#10 Se equivoca totalmente. A mí, la ideología de un autor no me impide disfrutar de su obra literaria. Al contrario de lo que le pasa a Mr Millstone.

Saludos,
Mescalero
14 kufisto, día 16 de Agosto de 2009 a las 16:51
BB

buenas tardes señores
15 kufisto, día 16 de Agosto de 2009 a las 17:07
BB

vaya cogida de el Fundi

ánimo maestro
16 kufisto, día 16 de Agosto de 2009 a las 17:11
BB

me dan ganas de llorar
17 Gedeon, día 16 de Agosto de 2009 a las 18:40
La rumbita del estado de la Nación:

http://www.youtube.com/watch?v=n65sU0SljXE
18 kufisto, día 16 de Agosto de 2009 a las 20:32
BB

since I´ve been loving you

Led Zeppelin
19 kufisto, día 16 de Agosto de 2009 a las 20:35
BB

dioooooooooooooooooosssssssssss!
20 kufisto, día 16 de Agosto de 2009 a las 20:48
BB

# 0000000000000000000000002

glorioso comentario
21 kufisto, día 16 de Agosto de 2009 a las 21:08
BB

# 000000000000000000000000000000000000000000000002

sensacional el último párrafo

gran nivel
22 Momia, día 16 de Agosto de 2009 a las 21:16
Moa anda descentrado en este tema como en tantos otros; el problema no está en que los hombres no amen a sus mujeres -unos sí las aman y otros, desde luego que no, suecos o hispánicos-; el problema hoy día en la sociedad masónica laicista anticristiana que nos están cocinando, está en cómo el hombre -el macho para entendernos- puede sobrevivir a las mujeres, al feminismo rabioso que les han inyectado desde las malditas logias masónicas a través del socialismo y los mass media controlados por la masonería.
23 kufisto, día 16 de Agosto de 2009 a las 21:19
BB

# 22

hace cuanto tiempo que no tienes una erección, quitando la de cuando te despiertas?
24 Perieimi, día 16 de Agosto de 2009 a las 21:35
25 tigrita, día 16 de Agosto de 2009 a las 21:50
La historia de estos últimos 250 años, no se entiende si no se explica desde una perspectiva masónica. Los liberales, por mucho que saquen pecho, toquen el tambor y todo esto, en la práctica siempre están a las órdenes del poder político. Mucha teoría, mucha filosofía mucha doctrina muchos libros y mucha pasta eso sí, pero la realidad es que siempre han ido a remolque de la masonería que es donde reside el verdadero poder. Madoff por poner un ejemplo.
26 tigrita, día 16 de Agosto de 2009 a las 21:55
Y tú Kufisto deja de decir chorradas, lee atentamente y aprende.
27 silmo, día 16 de Agosto de 2009 a las 22:07

Está claro que el derecho de admisión y expulsión es irrenunciable en cualquier lugar serio de reflexión y discusión.
28 kufisto, día 16 de Agosto de 2009 a las 22:33
BB

# 26

since I've loving you

darling

encanto
29 kufisto, día 16 de Agosto de 2009 a las 22:37
BB

Whole lotta love

"you need coolin', babe"
30 kufisto, día 16 de Agosto de 2009 a las 22:41
BB

# 26

"What more you need?

loooooooooooooooooove"
31 Perieimi, día 16 de Agosto de 2009 a las 22:50
La mujer moderna para Julius Evola:

"Se ha considerado una conquista lo que es una abdicación. Tras siglos de "esclavitud" la mujer ha querido ser libre, ser por sí misma. Pero el considerado "feminismo" no ha sabido concebir para la mujer una personalidad, si no a imitación de la masculina, a pesar de que sus "reivindicaciones" enmascaren una desconfianza fundamental de la mujer nueva hacia sí misma, la impotencia de ésta para ser y valer como lo que es: como mujer y no como hombre.
[…]
La plebe no habría nunca podido irrumpir en todos los terrenos de la vida social y de la civilización si existieran aristócratas realmente capaces de empuñar la espada y ceñirse el cetro; así mismo en una sociedad constituida por hombres verdaderamente tales, la mujer nunca habría debido y podido tomar la vía de la actual degeneración feminista. Si consideramos los períodos en los que la mujer ha unido una autonomía y un primado, vemos que coinciden casi siempre con épocas de decadencia evidente de las civilizaciones más antiguas. Así la verdadera reacción contra el feminismo y contra cualquier otra desviación femenina no debería desarrollarse contra la mujer, sino es contra el hombre.
[…]
El mundo moderno nos muestra también en algunos de sus desarrollos más singulares el retorno a los temas propios a las antiguas civilizaciones ginecocráticas meridionales. El socialismo y el comunismo en la sociedad moderna ¿acaso no son más que reapariciones materializadas y mecanizadas del antiguo principio telúrico-meridional de la igualdad y de la promiscuidad de la Madre Tierra? Puramente físico y fálico es, en el mundo moderno, el ideal de la virilidad, propio de la ginecocracia afrodítica. El sentimiento plebeyo de la Patria afirmado con la revolución francesa y desarrollado por las ideologías nacionalistas como mística de la estirpe y, precisamente, de la Madre Patria, sagrada y omnipotente, es efectivamente la reminiscencia de una forma de totemismo femenino. Y los reyes y los jefes de gobierno privados de toda real autonomía, "primeros servidores de la nación", son productos de la desaparición del principio absoluto de la soberanía paterna y del retorno de aquellos que tienen en la Madre -en el gran totem materno de la "raza"- el origen de su poder. Hetairismo y amazonismo están igualmente presentes, bajo formas nuevas: es el disgregarse de la familia, es el sensualismo moderno, la continua búsqueda de la mujer y del placer; luego, es el neutralizarse y el masculinizarse de la mujer misma, la lucha por su emancipación y por la paridad de sus derechos en todos los terrenos, su bastardización deportiva. Aún hoy la amazona y la hetaira han suplantado a la madre y dominan sobre el hombre esclavo o animal de rendimiento práctico.”


(“Revuelta contra el mundo moderno”, 1934.)

”Es evidente que hoy, por regresión, se vive en una civilización en la cual el interés predominante no es el intelectual o espiritual, no es tampoco el heroico o el referido a manifestaciones superiores de la afectividad, sino a aquello, subpersonal, determinado por el vientre y el sexo. El vientre es, hoy, el fondo de las luchas sociales y económicas más características y calamitosas. Su contrapartida es la importancia que, en nuestros días, tiene la mujer, el amor y el sexo.”

(“Metafísica del sexo”, 1958.)
32 kufisto, día 17 de Agosto de 2009 a las 00:28
BB

parece ser que descartan una fractura craneal; abandona la UCI y es trasladado a planta.

me alegro, maestro. a recuperarse, y si hay que volver a ponerse delante hágalo cuando se encuentre en plenas facultades.

la mejor noticia del día. un abrazo
33 lead, día 17 de Agosto de 2009 a las 01:23
[Conquistar la sociedad: el programa de Gramsci y de la Escuela de Frankfurt]

Después de 3 días fuera, sin posibilidad de acceso a Internet, trato de actualizarme sobre lo escrito en el blog.

En relación con el artículo de Moa en El Economista donde se describe la (lamentable) situación de la sociedad española, el comentario es : estamos viendo los resultados del programa de Antonio Gramsci, hecho suyo por los poderes "progres", de conquista de la sociedad a través de la educación, la comunicación y la cultura, de forma insidiosa y lenta, pero inexorable, para hacerla dócil y apta para la toma del poder político, de forma exclusiva y permanente, por la "izquierda", una vez ésta ha percibido la práctica imposibilidad de la toma violenta del poder.

Los pensadores de la Escuela (marxista) de Frankfurt (Marcuse, Adorno, Fromm,...) estaban en la misma línea: "destruyamos desde dentro la sociedad occidental (familia, propiedad, responsabilidad, trabajo duro,...) que se configura en el siglo XIX, surgida de la revolución capitalista y de los valores ilustrados de los siglos XVII y XVIII, y el poder caerá como fruta madura en nuestras manos" (las manos de la "izquierda", que se opone a esos valores).

El articulista de Libertad Digital Pablo Molina cuenta en "Los orígenes del pensamiento progre" esta nueva táctica marxista, el marxismo cultural ( también llamado "lo políticamente correcto" ), para conquistar la sociedad (una vez fracasada la vía insurreccional) idiotizándola:

http://liberalismo.org/articulo/338/74/origenes/pe...

El artículo es un poco largo pero merece la pena leerlo para saber de qué va esto (aparte las tesis sobre poderes ocultos tipo masonería, Club Bildelberg, etc. que haberlos haylos pero que dudo que sean tan permanentemente poderosos y exitosos; nadie lo es, ni los progres gramscianos tampoco lo son; por eso la Historia es una obra humana en que nada está ni escrito ni predeterminado; sólo hay que participar activamente para evitar que lo que algunos quieren se consolide).





34 manuelp, día 17 de Agosto de 2009 a las 08:39
# 33 lead

Hola. El articulo de Pablo Molina está bien, pero en realidad lo que se describe en él viene sucediendo desde que el mundo es mundo, es decir las luchas entre paradigmas culturales opuestos. Tampoco hay que pensar que las consecuencias son definitivas. Cuando en Rusia triunfaron los bolcheviques hubo un breve periodo de "anarquia" socio-politico-sexual y despues las cosas volvieron a su cauce- todavia más estrecho que en el zarismo- hasta el punto que los matrimonios tradicionales españoles que iban de visita a la URSS en los años sesenta se asombraban de lo rancios y cursis que eran los rusos aún para los estandares de la España franquista.
A la sociedad no hace falta "idiotizarla"- en el sentido que emplea usted- pues ya es idiota, es decir no está dispuesta, la mayor parte de ella, a sacrificar ni lo más mínimo para influir en la marcha de las cosas, si vive en una comunidad de vecinos podrá comprobar la veracidad de esta afirmación, ya lo dijo un politico ó filosofo griego "Mis conciudadanos que tomados individualmente son astutos como zorros, cuando estan juntos se vuelven dóciles como corderos".
35 crowley, día 17 de Agosto de 2009 a las 10:04
Periemi 31

Tengo la impresión de que el feminismo "homogeneizador" ha fracasado. La mujer, por naturaleza, es lo que es, y los roles sexuales se distribuyen, en lo esencial, como siempre. Por ejemplo, la mujer sigue siendo muchísimo más selectiva y conservadora que el hombre a la hora de establecer una relación, y el "factor fulana" (el horror de una chica a que la consideren "fácil") sigue plenamente vigente. Lo veo cada vez que salgo de botellón o de garitos. Es más, creo que progresivamente las diferenciaciones sexuales en cuanto al comportamiento, van aumentando (i.e. la mujer tiene más libertad a la hora de elegir sus aficiones y, frente al fútbol, prefiere el cotilleo social o lo pseudoesotérico).

Una cosa es cierta: es sexualmente bastante más agresiva. Tanto que al hombre nos asusta y nos acompleja. No podemos dominar el animal insaciable que toda mujer lleva dentro, y los mecanismos de castración femenina han sido derribados y sustituidos por los de impotencia masculina. Que nuestra inanidad sexual no se extienda a la percepción que tenemos de nosotros mismos (causándonos trastornos serios de seguridad y autoestima) es la tarea que el hombre tiene por delante.

Por encima de esto, me parece un tiempo maravilloso para vivir y amar. Tendremos, al menos por un tiempo, libertad de trazarnos nuestro propio camino, antes que los talibanes impotentes y acomplejados triunfen en su intento de devolvernos a la época de las cavernas.

Saludos
36 crowley, día 17 de Agosto de 2009 a las 10:23
34

La sociedad no está "idiotizada" sino que hace gala de un principio esencial de la ecología: ante un exceso de recursos, por qué estrujarse la mollera? (en ley física, la tendencia de los cuerpos a ocupar los niveles de menor energía potencial posible)

Pero la sociedad cambiará ante una crisis de verdad (no esta pseudocrisis que tenemos). Recorta los recursos drásticamente y comenzará la brutal competencia, generadora del uso óptimo del recurso.

Es imposible en una sociedad establecer una cooperación deliberada dirigida a establecer un incremento sostenido de los óptimos (teoría de catástrofes). Por eso caen las civilizaciones. Frente a lo continuo y lo estadístico, el saneamiento (o transformación) de una civilización siempre se produce de forma brusca, merced a esos individuos extraordinarios y tan denostados por la historiografía vigente.

Pronto necesitaremos un Ramsés, un Alejandro, un César, un Colón...

Saludos.
37 manuelp, día 17 de Agosto de 2009 a las 10:42
# 36

Bueno esa teoría del "minimo esfuerzo" habria que matizarla bastante, tanto en fisica de particulas como en sociologia. Ciertamente los electrones de un atomo tienden a ocupar los niveles cuanticos de más baja energia, pero esto es así siempre que no haya estimulación energética y además dentro de su nivel electrónico, por ejemplo un electron de la capa p no podrá ocupar un nivel de la capa s, si esta está totalmente ocupada.
Analogamente la mayor parte de los componentes de la sociedad, no es que no se muevan por economia de esfuerzo, sino que no lo hacen por egoismo mal entendido que les hace desatender sus propios intereses, por ello el Estado crece imparablemente y se apodera de cada vez más ámbitos de decisión de las personas.
38 egarense, día 17 de Agosto de 2009 a las 14:40
#37 manuelp...
No obstante lo que dice Crowley es digno de tener en cuenta...
39 egarense, día 17 de Agosto de 2009 a las 16:05
Os presento a... AQUILINO DUQUE GIMENO

El motivo de hacerlo es porque voy a hablar, o vamos a dejar parte de su obra "CATALUÑA CRÍTICA", que me parece muy interesante...

Aquilino Duque (Sevilla 1931) es licenciado en Derecho y amplió sus estudios jurídicos en Inglaterra y Estados Unidos. Cómo poeta ha obtenido los premios Leopoldo Panero, del Instituto de Cultura Hispánica (1967), y Fastenrath, de la Real Academia Española (1972). Como narrador ha sido Premio Nacional de Literatura (1975) y finalista del premio Nadal (1974). Entre sus ensayos se encuentran La idiotez de la inteligencia (1982), La España imaginaria (1984), El suicidio de la Modernidad (1984), Andalucía Crítica (1989) y el Cansancio de ser libres (1992), y también El Mito de Doñana (1977),la obra fundamental sobre el Coto.
40 egarense, día 17 de Agosto de 2009 a las 16:06
MAQUIAVELO EN GRANADA

Siempre he pensado que la gran oportunidad de nuestra Historia fue la de haber podido llevar a Lisboa la capital de los reinos peninsulares. Esa iniciativa, nacida de la clarividente nobleza portuguesa, se empantanó en las indecisiones de Felipe II y Felipe III, con lo que Inglaterra no tuvo impedimento alguno para acabar saliéndose con la suya no sólo en el Atlántico, sino en el propio territorio peninsular.
En una visita que hizo a Granada, el actual jefe del Estado censuraba en un discurso a Maquiavelo por haber aconsejado al príncipe que arruinara a las ciudades o principados que antes de ser ocupados por él vivían con leyes propias. Granada es la ciudad menos indicada para que un príncipe critique a Maquiavelo.
Si el escriba que redactó el discurso hubiera sido un poquitín meticuloso, el secretario florentino habría salido mejor parado en el regio parlamento. Porque da la casualidad de que Maquiavelo, además de ese consejo, da al príncipe otros dos más adelante que, al sopesar los pros y los contras, se quedan en uno que es, si es que el príncipe efectivamente no arruina la ciudad, el de irse a habitar en ella personalmente.
Y esto es por cierto lo que en Granada y con Granada hizo el príncipe en cuya arte política se inspiró Nicolas Maquiavelo al redactar su tratado: Fernando el Católico, que en Granadda sigue, en la Capilla Real. Lástima que Felipe II y Felipe III no estén enterrados en los Jerónimos de Lisboa.
No sé qué juez militar dijo que nadie posee en exclusiva el concepto de amor a la patria; que a la patria, si no me equivoco, hay muchas maneras de amarla. Tiene toda la razón; a la patria, que me figuro es España, la aman tanto los señores del PNV como los de CiU como Su Majestad el Rey, lo que pasa es que cada cual la ama a su manera, y como quiera que algunas de esas maneras de amar a la patria son bastante inquietantes, como la de la falsa madre del juicio salomónico, que se contentaba con un pedazo de hijo, Su Majestad, que quiere a España entera y viva, no pierde ocasión cuando habla en público de invocar patéticamente su unidad.
Yo creo que el Rey puede hacer por la unidad de la Patria algo más eficaz que invocarla en sus dircursos, y es sencillamente seguir el segundo de los consejos de Maquiavelo, yéndose a residir al menos una parte del año en el palacio de Ayete y otra en el de Pedralbes.

Aquilino Duque
ESPAÑA CRÍTICA
En formato RSS© Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899