Pío Moa

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Los nietos y los pitonisos

10 de Agosto de 2007 - 08:44:17 - Pío Moa

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Con típica y radical deshonestidad, (“cien años de honradez”) Gibson y compañía no paran de hablar de los “nietos” de los fusilados. Se diría que hay un movimiento espontáneo de nietos (de izquierda, por supuesto) por todo el país,  a quienes de repente les ha dado por desenterrar a sus abuelos, todos ellos inocentes defensores de la libertad y la democracia asesinados y enterrados a millares “como perros” por los "fascistas". Ellos, los políticos e historiadores lisenkianos, lo único que hacen es servir, dándole voz,  a ese movimiento nietista, tan razonable,  digno y democrático. Pero ocurre exactamente lo contrario: esos políticos y lisenkos de la historiografía se dedican a falsificar la historia para crear un movimiento de intereses políticos muy actuales y concretos, explotando el cuento de los nietos.

  Ocurre exactamente como con el terror izquierdista durante la guerra. Según estos individuos, fue “el pueblo”, sin duda harto de “la explotación capitalista y de los señorones”, el que se libró a venganzas y excesos, lamentables pero perfectamente comprensibles. De este modo encubren la realidad, justamente contraria: fueron gentes como las de la “memoria histórica” las que sembraron la propaganda fratricida y organizaron las checas y los asesinatos, que achacan luego, justificándolas y encubriéndose de paso, “al pueblo”,; así eluden  su  responsabilidad particular y justifican de paso el crimen, pues el pueblo, ya se sabe, en definitiva siempre tiene razón. La misma jugada ahora con "los nietos", a quienes  achacan su memoria falsaria. En cuanto se entiende el truco, el timo se viene abajo.

    La hipocresía sin límites de los gibsons y compañía sabe poner a la defensiva a los pitonisos: una derecha “moderada”, unas personas “cristianas” tienen que comprender, cómo no, este anhelo irresistible de los nietos por “la dignidad” y esas cosas. De otro modo serían "extremistas",  la "extrema derecha", como dice el fascistoide Cebrián.

    Y ahí tenemos al pitoniso Cosidó replicando que el gobierno, con estas historias “reabre heridas” y comete un “error”, porque centra la atención del público “sobre una de las páginas más negras de nuestra historia”.  Vamos a ver, señor Cosidó, centrar la atención en una página negra de nuestra historia no es nada malo, no todo va a ser  cánticos de gloria. El terror, tanto de las izquierdas como de las derechas, existió y no hay por qué apartar la vista de él para “mirar al futuro” como recomienda Rajoy. Y no es un error, en todo caso no es un error de los sociatas, que saben que por estos medios ponen al Partido Pitoniso a la defensiva con tanta facilidad y eficacia como se está demostrando, y lo desacreditan como “extremista” ante millones de personas. El error, si acaso, es el de ustedes.

   La cuestión, señor Cosidó, es la que ustedes rehúyen sistemáticamente: la aclaración de la historia frente a su desvirtuación sistemática. Y la verdad podrían explicarla ustedes de manera sencilla y convincente para todos los públicos, si no les temblaran las piernas cada vez que surge el tema: En España, como en toda Europa y en todo el mundo, se cometen atrocidades cuando la ley es conculcada sistemáticamente y cae por tierra, y esto afectó a izquierdas y derechas. Pero  quienes destruyeron la ley republicana y todo lo que tenía de democrática –que era bastante--  quienes quisieron y organizaron la guerra civil, según prueban sus propios documentos, fueron las izquierdas y los separatistas en conjunción.  Tal como vuelven a conjuntarse ahora, vueltas a su viejo extremismo,  para liquidar la Constitución… Por cierto que con la ayuda del PP.

  Ocurre que la izquierda tiene una política con respecto a la historia, y los pitonisos --como su propio nombre  indica--, no la tienen. Como no la tienen sobre casi nada, excepto sobre el futuro (hacer promesas no cuesta nada, y ustedes recordarán la sorprendente campaña electoral de Rajoy). Los pitonisos creen que la historia no importa: están comprobando que sí importa, pero creen que quien comete “un error” son las izquierdas. Creen también que, como tienen asegurados millones de votos negativos contra la izquierda, siempre conseguirán las poltronas necesarias. Que es de lo que se trata.   

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Ayer en "El economista":

¿QUIÉNES SON LOS PERDEDORES, DON IAN?

 Pio Moa

   Dice Ian Gibson, atacándome de paso, que el PP debe ser “magnánimo con los perdedores de la guerra civil”, con los cuales el franquismo se portó “muy cruelmente”. Cabe preguntar, ¿quiénes son esos perdedores? ¿Serán, por ejemplo, los anarquistas y poumistas masacrados por los comunistas en Barcelona, en mayo de 1937? ¿Serán los campesinos de Aragón fusilados, según afirman los comunistas, por negarse a entrar en sus comunas? ¿Serán los numerosos fusilados por los comunistas, y luego los comunistas fusilados o entregados a Franco por los autores de la rebelión de marzo de 1939? Estos sí son auténticos perdedores, los auténticos olvidados en este carnaval de “memoria” montado por, entre otros, tantos personajes que hicieron su agosto durante la dictadura.

   Como el señor Gibson ignora puntos básicos de nuestra historia, ni más ni menos que otros historiadores progres, le daré tres pistas:

 a) Hubo un terror en los dos bandos durante la guerra, causado por el derrumbe de la legalidad republicana; y esa legalidad la destruyeron las izquierdas y los separatistas, no Franco.

b) Los vencedores  juzgaron y fusilaron a numerosos enemigos suyos al terminar la guerra. Con certeza cayeron inocentes, pero también muchos asesinos realmente sádicos. ¿Cuáles de ellos fueron las víctimas para usted? ¿O lo fueron todos?

c) La represión franquista no fue más cruel, sino bastante menos, que la practicada por los comunistas en cualquier sitio donde  hayan triunfado. Menos, incluso, que la aplicada en Francia o Italia al acabar la guerra mundial, puesto que allí se resolvió casi siempre mediante asesinatos, sin juicio. ¿Fueron los juicios franquistas poco garantistas? Depende. Comparados con los actuales, sí, pero comparados con los de los “tribunales populares” fueron un verdadero avance.

    Tres pistas para que mediten los adrede desmemoriados de la “memoria”. 

 

 

Comentarios (200)

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1 vstavai, día 10 de Agosto de 2007 a las 09:35
El cuadrado Momia, Madriles, Quixote, Castella es una logia masónica. Su especialidad es desacreditar la justa crítica a la masonería mediante una exhibición de obsesividad y fundamentalismo "antimasónico".
2 Contable, día 10 de Agosto de 2007 a las 09:45

Me permito recordar, que TODA mi familia, mis abuelos y bisabuelos, hicieron la guerra en zona "republicana".

Estuvieron en el frente hasta el último día. Ninguno huyó al terminar la guerra.

De modo fortuito, y a pesar de ser una familia muy numerosa, ninguno fue muerto ni herido durante la contienda.

Franco les metió en un campo de concentración al acabar la guerra, del que salieron sin ser juzgados en un tiempo muy breve (sobre 2 meses).

Siempre afirmaron que durante la guerra nunca se habló de los sucesos de Paracuellos del Jarama y otros lugares. Y que ya finalizada la guerra, pensaban que era propaganda del Régimen.

Poco a poco se fueron persuadiendo de la verdad. Y antes de su muerte, TODOS estaban convencidos de que los jefes "republicanos" les habían engañado, para así poder perpetrar sus crímenes impunemente.

Murieron de viejos abominando la infame tomadura de pelo de que les había hecho objeto el Segundo Reich Stalinista Español (la 2ª república).

La "república" de Azaña y el Reich de Hitler, regímenes paralelos.

Pues eso.

3 tachuela, día 10 de Agosto de 2007 a las 09:47
1. Vstavai.

Estoy de acuerdo con lo que dice.

Y se lo dice alguien que siente antipatía por la masonería de hoy y un desprecio radical hacia la que tanto daño ha hecho a España.

4 Arbol, día 10 de Agosto de 2007 a las 09:53
Una vez más, me parece como si el señor Moa adivinase mi pensamiento, pero expresándolo con una claridad envidiable.
Como él mismo parece apuntar, los que pensamos así somos los actuales perdedores, dado que se filtran o vetan nuestras opiniones y comentarios en la mayor parte de los medios de comunicación. Lo que no se conoce es como si no existiera.
Al final va a llevar algo de razón el impresentable filo-catalán que recientemente ponía por los suelos a los españoles. Algo maldito arrastramos los españoles cuando consentimos este estado de cosas, esta degeneración de la verdad que nos dejamos inyectar por "expertos" foráneos y no foráneos.
5 tachuela, día 10 de Agosto de 2007 a las 09:57
2. Contable.

Tengo familiares militares de carrera asesinados en los dos bandos. Nunca me podía imaginar que varias décadas después se hablaría con tanto encono de su muerte. Y eso es una responsabilidad gravísima del tándem Psoe/ZP.

6 Contable, día 10 de Agosto de 2007 a las 10:03

Como se puede apreciar de mis textos de hoy, y de fechas anteriores, yo entro dentro de la categoría "Nietos" y "bisnietos", de los "perdedores".

Y afirmo que el Sr. Gibson no me representa con su charla huera y tendente a crear crispación.

Y afirmo que no me siento represaliado ni perjudicado por el Régimen de Franco, sino antes al contrario.

Y afirmo que a mí no se me ha regalado (ni a mi padre, nacido tras la guerra), mimgún puesto de funcionario, ni de Abogado del estado, como a López garrido y otros.

Y afirmo que el Franquismo no nos ha regalado nada, fue el trabajo de mis antecesores, el que les dio todo lo que tuvieron, que no fue poco.

Y afirmo que los "represaliados" por la causa General ellos solitos se lo buscaron. Mi familia ENTERA, quedó fuera de cualquier causa General, o de cualquier "persecución" o acoso.

Hala, Gibson, a defecar a la vía.

7 Contable, día 10 de Agosto de 2007 a las 10:15

Tachuela:

En mi caso, ningún familiar era militar, ni policía, ni funcionario.

Eran civiles.

Y trabajadores por cuenta propia.
8 Contable, día 10 de Agosto de 2007 a las 10:17

Y mis familiares, TODOS se libraron de cualquier "persecución".

¿Casualidad?

Me temo que NO.

9 Hegemon1, día 10 de Agosto de 2007 a las 10:19
¡¡Que cansinos estos neofascistas de la izquierdona!!!...es que ya se les ve el plumero, la gente pasa de ellos, por lo menos la mayoría y sus razonamientos, basados en la mentira, tergiversación y el insulto YA CANSAN!!

Para quitarme este malestar por los fascistas como Gibson me voy a comprar un libro de Pío Moa para completar la trilogía sobre la República.
10 Hegemon1, día 10 de Agosto de 2007 a las 10:28
El Sr. Gibson en vez de tocar tanto las narices a los españoles con un fascismo que nunca existió, debería dedicarse a analizar las atrocidades, estas si, de los británicos y de otros como el que van de izquierdistas y que son el mismo perro pero con distinto collar. De ahí el cambio de mentalidad de los familiares de momia. Los altos cargos de la izquierda, además de ser unos analfabetos en su mayoría, eeran unos egositas y caiques. Quitaron a unos para ponerse ellos y encima perder la guerra.
11 Contable, día 10 de Agosto de 2007 a las 10:30

Hegemón, Hegemón:

Lo siento, pero no soy Momia.

12 Hegemon1, día 10 de Agosto de 2007 a las 11:04
Tienes razón, lo siento. ...los familiares de Contable.
13 Momia, día 10 de Agosto de 2007 a las 11:29
Ruego a la dirección del blog que no se admitan a blogeros como tachuela que no son más que reventadores, y que no aportan nada, ningún argumento, nada más que insultos y amenazas.
14 unrebeld, día 10 de Agosto de 2007 a las 11:40
¡Qué razón tiene señor Moa!

Los socialistas tienen muy clara la linea a seguir para imponerse definitivamente: mentiras sobre la historia (para consolidar la supuesta superioridad moral de la izquierda) y acuerdos con los nacionalistas o más bien disputarle el puesto a los nacionalistas convirtiendose ellos en nacional-socialistas.

Mientras tanto la derecha sigue floja, muy floja, por supuesto honrada, pero no es suficiente. Hay que luchar por la ideas, no sólo por la correcta gestión de la cosa pública. Y no lo hacen.

Esperemos que en el futuro se vaya imponiendo en el PP la línea liberal que empieza a asomar poco a poco la cabeza. Pero no sólo en economía, como algunos piensan, o se es liberal en todo o no se es.

Mientras tanto seguiremos trabajando para denunciar las mentiras de la memoria histórica socialista y sus actuales tentaciones totalitarias.

Pueden seguirnos en:

http://memoriahistorica.rebeliondigital.es/

Es un servicio de www.rebeliondigital.es
Rebelión Digital, por España y por la Libertad
15 Sherme, día 10 de Agosto de 2007 a las 11:44
13# ¿y tú qué aportas, Momia? como no sea SECTARISMO o necedad....

Tu post, me da la oportunidad de repetir mi contestación a Quixote, y a ti mismo, que parece que quedó algo "descolgada" al haber se cambiado el hilo:
Por si alguien lo dudaba, la intervención 50# del tal Quixote (en el hilo anterior) tiene de "católico" lo que yo de submarinista. NAZISMO HITLERIANO puro y duro.

Anda, majete, bájate con e-mule Los PROTOCOLOS DE LOS SABIOS DE SIÓN.avi y si tienes algo por remoto que sea de seso o de creencia religiosa cristiana, ¡PIENSA de verdad con la cabeza! y no con las orejas.

Hay también unos artículos de César Vidal verdaderamente buenos sobre el mismo tema. No voy a decir que aquí sea ilegal el discurso que menteneis, (como lo es en Alemania) pero sí digo que es GENOCIDA tal discurso.

¿Hay que aguantar que estos tíos pidan, una y otra vez, el EXTERMINIO de judíos y masones (cómo no) por sus SUCIOS prejuicios?

A ver si os enterais de una vez la B´nai´Briz es una masonería "étnica", como lo es la Prince Hall. La segunda estaba mayoritariamente compuesta por negros y la primera mayoritariamente de judíos. PUNTO. Ni es un "Poder oculto" ni nada parecido.

¿Alguien, en sus sano juicio, puede pretender que unos tíos mayores (si fueramos una secta perniciosa buscaríamos gente infantil o infantilizada para adoctrinarla, ¿no?) que se reúnen 3-4 horas, un par de días al mes, para cenar y practicar un rito que incluye una apertura, lectura de acta anterior, iniciación, si procede, turno de palabra, circulación de saco de beneficencia y cierre. Y después ágape puedan siquiera "conspirar" para destruir no se qué? ¿Pero, qué "pugnetas" creeis? ¿que nos comemos un niño o qué? ¿como se puede ser tan infantil o genocida absurdo? Nos reunimos para estar con amigos y charlar con gente que de otra forma no se reuniría o de no mediar esto jamás se hubiera podido reunir. Desde un médico a un electricista o un albañil y éste con un abogado o con quien sea. En ámbito de IGUALDAD. Practicamos la AMISTAD (nosotros lo llamamos "fraternidad") y lo hacemos libremente, cualquiera puede marcharse cuando quiera. Nada de sectas ni conjuramientos estúpidos.

Y pedís que se nos EXTERMINE o se nos erradique por vuestros PREJUICIOS. ¿Queréis de una vez iros a un juzgado y denunciarnos? Y si hubiera alguna ilegalidad por nuestra parte o hiciéramos la más mínima cosa ilícita, que se nos encarcele o disuelva. Ahí teneis el Archivo de Salamanca. de ser una organización "secreta" o ilícita ¿cómo y porqué ibamos a tener LISTADOS completos de gente? No encontrareis, ni se encontró, "planes secretos" para nada. Y sin embargo por esas listas se metió en la cárcel o se fusiló a gente por estar ahí. Nada más que por haberse iniciado. Si en la masonería se "bautizase" ¿qué harían, según vosotros, los anticlericales o anticatólicos, encarcelar o asesinar niños por haber sido bautizados? vosotros en lo que preconais para con nosotros, judíos y masones.

Vuestras intenciones son crear por repetición "un enemigo" que no existe y que JAMÁS existió. Ni por intención ni por número. La masonería en España jamás llegó, fuera de las cabezas de los muchísimos ANTIMASONES, a tener entidad suficiente para hacer NADA, ni malo ni bueno. Desgraciadamente por lo último. Lo poco que recaudamos SIEMPRE lo damos o empleamos SIN PUBLICIDAD. Lo hacemos y punto, igual que nadie sabe lo que otro echa en el saco de beneficencia.
No es así en los USA, por ejemplo, y podeis consultar muchas obras que allí pueden hacer, y hacen, los masones. De hecho se dice que los USA es un "Estado masónico" (bueno, y la masónica Francia, y la masónica Inglaterra, cómo no, y cuando convenga) y que desde los "padres fundadores" norteamericanos, que si se hubieran quitado dos o tres, hubieran podido hacer una "Tenida ritual" el resto. Así les va a ellos y así nos fue a nosotros. Aquí todavía no ha calado el concepto de LIBERTAD (desde fernado VII, el "deseado" rey felón. El de las "caenas"). Y el de IGUALDAD y Fraternidad, por lo que se ve con los "nazi-onanistas", mucho menos. Sabino Arana y los nazionalistas "catalufos" (que no catalanes) eran ANTIMASONES RADICALES. Como vosotros.

16 tachuela, día 10 de Agosto de 2007 a las 11:48
13. Momia.


Aceptaré encantado mi expulsión del foro. Mientras posea un login, esos ratones de sacristía como usted, Momia, me tendrán enfrente.

La imagen que da LD con unos usuarios insultantes que más parecen clérigos islamistas que católicos del siglo XXI no es muy edificante.

Independientemente de ello, deseo hacer constar, que son ellos los que están continuamente insultando a otros usuarios, como en mi caso.

17 Momia, día 10 de Agosto de 2007 a las 12:01
Se quiere a amordazar a Castella, Qixote, Madriles, Momia y otros; y se quedarán con sherme, tachuela, vstavai y otros; ¿qué menos que escribir sin que están acosando, amenazando e insultando continuamente? Yo no voy a perder más el tiempo.

Saludos.
18 Soren73, día 10 de Agosto de 2007 a las 12:02
13 - Momia,

No me esperaba yo eso de tí. Andar pidiendo expulsiones. Eso lo figuraba yo más de algún fundamentalista, pero no de tí.

Recapacita, por favor.
19 Sherme, día 10 de Agosto de 2007 a las 12:03
Del libro "Los gángsters de la guerra civil":

MARTY, EL CARNICERO DE ALBACETE


Nick escrutaba la temblorosa mirada del comunista francés André Heusler, antiguo comisario de la XIV Brigada Internacional a las órdenes del general Walter.

Si algo impedía conciliar el sueño al depuesto capitán belga Nick Gillain, tras su regreso de Albacete tres semanas atrás, era pasar a la historia como un desertor. Sus proezas en los frentes de la Guerra Civil española eran ya pura nebulosa en las conciencias de muchos de sus jefes y de buena parte de los interbrigadistas que combatían aún en la península bajo el mando supremo de André Marty.

¿Era Nick, en verdad, un ladrón, un demagogo, un oficial antifascista capaz de comportarse de modo indigno? Cuando el tribunal leyó la sentencia acusatoria, su corazón le sacudió un latigazo. Tenía delante de él a una delegación de todas las unidades de la brigada: a la izquierda, los de su escuadrón de caballería; a la derecha, el XIV batallón belga.

Sus soldados de confianza habían sido aleccionados por él para no manifestar indignación. Ellos obedecieron; no así sus compatriotas belgas, que rompieron filas y le rodearon aclamándole para que fuese también su capitán. El propio Gillain tuvo que poner orden para evitar medidas disciplinarias.

Semanas después, en una invernal mañana de 1938, Gillain permanecía de pie ante André Heusler, un comunista intransigente, cobarde y malicioso que arremetió contra el capitán Delesalle durante el injusto proceso que costó a éste la vida.
Heusler apuraba uno de esos cigarrillos Gauloises que con tanta fruición consumía. Había ordenado a Gillain que se personase en su despacho para decirle, ladino:

—¿Quieres volver a España? Tenemos necesidad de buenos oficiales; si aceptas te nombrarán comandante de una media brigada de caballería.
En otras circunstancias, un gladiador como Gillain habría accedido con los ojos cerrados; pero esta vez no tuvo más remedio que reaccionar con pundonor:

—Te agradezco tu proposición —dijo con gesto severo—; aunque te advierto que lo único que ahora me interesa es verme rehabilitado ante mis compañeros. ¿Cómo quieres que te diga que no acepto el simulacro de juicio en que se me condenó? ¿Crees acaso que puedo consentir que un consejo de disciplina me prive de ser capitán, empleo para el que fui nombrado por el Ministerio de la Guerra?

—Está bien —repuso Heusler tratando de calmarle voy a hacer que se revise tu proceso, pero es imposible hacerlo en Francia... a menos que regreses a España, claro está.
Nick estaba dispuesto a todo con tal de recobrar su dig¬nidad; no se lo pensó dos veces:

—Acepto —resolvió, desafiante—. Pero a condición de que tú me garantices la imparcialidad del tribunal que me juzgue. No quiero volver a caer en las garras de Dumont ni de Bastien.

—No temas. Tengo que viajar a España en automóvil y te llevo conmigo; me conoces bien y sabes que mi palabra tiene valor.

Era extraño que a esas alturas, después de la encerrona hecha al capitán Delesalle, en la que Heusler había tenido un papel fundamental arrojando improperios que llevaron a la tumba al desgraciado militar, el joven Nick Gillain siguiera confiando en un hombre como aquél. Pero el destino, una vez más, resultaba insondable.

Ambos quedaron citados para el lunes siguiente.
Nick era incapaz de borrar de su mente el brutal trauma que supuso para él la sangría de Lopera.
El 27 de diciembre de 1936, tres batallones de la XIV Brigada Internacional lanzaron su terrible ofensiva contra el pueblo andaluz ocupado por tropas nacionales. Los tres batallones se habían concentrado en la carretera de Andújar a Córdoba, por debajo de la estación de ferrocarril de Marmolejo.

El comandante de la brigada, el polaco de nacimiento y nacionalizado ruso Karol Swierczewski, conocido entre sus hombres por «general Walter», envió astutamente en vanguardia patrullas de caballería para reconocer el terreno y localizar las posiciones enemigas.

Por la izquierda, una de estas patrullas alcanzó Lopera y pudo comprobar que el pueblo estaba en ese momento deshabitado y libre de enemigos. Otra patrulla avanzó hasta las inmediaciones de Villa del Río, pero tuvo que retirarse ante las acometidas de los nacionales. Al anochecer, Walter en persona inspeccionó Lopera a bordo de su Chevrolet negro, pero esta vez fue rechazado por fuego hostil.

Antiguo militante del Movimiento Obrero Polaco, Walter había tomado parte en la guerra civil rusa y recibido luego formación militar en la célebre Academia Frunze de Moscú, de la que llegó a ser instructor. Tras el alzamiento del 18 de julio fue enviado a París para reclutar voluntarios desde un despacho situado en la rue de Chabrol.

En noviembre de 1936 llegó a España.

Disciplinado y con una envidiable formación militar, era una persona afable que desde el primer momento supo hacerse querer por sus hombres, entre ellos Nick.

Su rostro era enérgico y lucía un cráneo rapado, recorrido por sinuosas cicatrices a modo de ciempiés. Igual que Nick, odiaba a Marty y a Dumont por su crueldad e ineptitud militar.

También Ernest Hemingway, en su célebre novela Por quién doblan las campanas, aborrecía sin disimulo a los dos; a Dumont, a quien apodaban Kodak por su afición a dejarse fotografiar, lo retrataba bajo el seudónimo de Goltz:
... Pero si era en el Estado Mayor de Goltz —escribía Hemingway— donde Marty apoyaba su dedo en el mapa, se contraían las mandíbulas del general de la cara blanca, de la calva reluciente y llena de cicatrices, mientras pensaba para sí: «Deberían fusilarte, André Marty, antes de permitirte que pusieras ese dedo inmundo sobre mi mapa. ¡Que te lleve el diablo para que respondas de todos los hombres a los que has enviado a la muerte por entrometerte en asuntos de los que nada entiendes! ¡Maldito sea el día en que dieron tu nombre a la fábrica de tractores y a las aldeas y a las cooperativas, convirtiéndote así en un símbolo intocable! ¡Vete a otra parte a sospechar, a exhortar, a intervenir, a denunciar y asesinar, pero deja en paz mi Estado Mayor».

Aquella noche, Walter dispuso que la brigada se estableciese frente a Lopera, con el 13.º Batallón en el centro, el 10.º a la derecha, y el 12.º a la izquierda.

Como recordaba Gillain, «el terreno del ataque había sido mal escogido. Era un estrecho desfiladero, entre dos alturas, frente a un cerro desnudo, sobre el que se alzaba el antiguo castillo de Lopera, en el que se habían instalado los nacionales. Cogida bajo el fuego de los cañones portugueses, que reconocimos por la marca Arsenal de Lisboa en un obús sin estallar, ametrallada de frente y desbordada por los flancos, asaltada por la aviación que descargaba a placer sobre ella, fue milagroso que la brigada no quedase totalmente aniquilada».

Al amanecer, el 12.º Batallón comandado por el capitán Gaston Ernest Delesalle se lanzó al ataque. La compañía inglesa marchaba en cabeza. Los jóvenes trabajadores y estudiantes de Londres y de Lancashire alcanzaron las primeras casas del pueblo, pero fueron obligados a retroceder ante la tempestad de hierro y fuego.
Los combates fueron inhumanos. Al cabo de unas horas el 12.º Batallón se adueñó de la cota 320, desde la que se dominaba Lopera. Los nacionales sufrieron cuantiosas pérdidas pero las internacionales fueron aún mayores. Entre éstas, la del escritor británico, de 36 años, Ralph Fox, comisario del 12.º Batallón bautizado como Pierre Brachet en homenaje al abogado belga que corrió la misma suerte en la defensa de Madrid.

Se vivieron momentos de heroísmo en los que el valor se sobrepuso a la derrota en algunas unidades como el 13.º Batallón, al mando del valiente alsaciano Joseph Puzt; capitán del ejército francés y miembro del Partido Comunista, este tozudo militar se estrelló una y otra vez contra el inexpugnable muro de su adversario.

Páginas de gloria escribió aquella jornada la compañía inglesa que dirigía el capitán George Montagne Nathan, un homosexual que mandaba a sus hombres atacar al grito de «¡Adelante, señoras!». De origen judío, Nathan luchó en la Primera Guerra Mundial donde se licenció como sargento mayor.

En 1920 fue expulsado del ejército, al parecer por ponerse de parte de unos soldados indisciplinados; sufrió en propia carne las penurias del desempleo durante la crisis que asoló al Reino Unido aquella década. Trabajó al fin en una carnicería londinense y vistió luego el uniforme de portero en unos grandes almacenes hasta emigrar a Canadá con escasa fortuna, para regresar cabizbajo a Inglaterra.

El capitán inglés Wintringhan lo describía con desprecio: «Bastante flaco, de larga nariz, con la cabeza erguida, se notaba enseguida que era un soldado. Pero la mezcolanza de sus prendas civiles y militares, su jersey y sus zapatos baratos, lo hacían parecer también un mentiroso en la cola de los parados. Esto es lo que había sido poco antes de venir a España».

Comunista por convicción, la vida le enseñó a odiar todo lo que oliera a burgués. Fue en España donde se produjo su reconversión interior y donde se erigió en un gallardo luchador que hallaría una muerte honorable en la batalla de Brunete.


20 Soren73, día 10 de Agosto de 2007 a las 12:04
15 - Sherme,

A mí ese post me recordaba más al contubernio judeo-masónico de otros tiempos felizmente superados.
21 Soren73, día 10 de Agosto de 2007 a las 12:06
Sherme,

"... circulación de saco de beneficencia..."

¿Pasais el cestillo, como en misa?

No te ofendas. Es que me ha recordado a eso.
22 Soren73, día 10 de Agosto de 2007 a las 12:09
17 - Momia,

¿Quién te ha amenazado? ¿Quién ha amenazado a Castella, Quixote o Madriles?
23 Sherme, día 10 de Agosto de 2007 a las 12:13
(2)
Pero antes de que le llegara su hora, durante el acoso a Lopera, Nathan se lanzó al ataque hasta cinco veces con los suyos, arma en ristre. Y por cinco veces fueron todos ellos rechazados con violencia. Llegó un momento en que sólo quedó en pie una veintena de hombres; un puñado de adalides que mantenían el frente sin esperanza, sobreponiéndose a la extenuación.

De noche, ochocientos cadáveres yacían acribillados bajo los olivos. Más de 500 brigadistas habían desertado presas del miedo. Fue entonces, en la oscuridad, cuando Nick Gillain supo que había comenzado la caza del hombre. Desde un automóvil blindado, el comisario Heusler tomó la iniciativa y el mando; la caballería batió los matorrales y procedió a detener a los fugitivos. Ingenuos: más les hubiera valido a todos ellos morir defendiendo el estandarte de su batallón, que fenecer bajo la férula de Marty.

Los combates continuaron al día siguiente, 28 de diciembre. En esa jornada maldita muchos inocentes cayeron entre las lomas, al pie de los olivares o camuflados entre la maleza. Los requetés, con sus boinas rojas, intensificaron sus contraataques con tropas de refresco marroquíes que sembraron el pánico en algunos brigadistas. Ante la mirada aterrada de Jules Tormeau irrumpieron, como monstruosos espectros, los moros. Corrían con la boca abierta por los alaridos, inaudibles a causa del fragor de la batalla, con sus turbantes y chilabas pardas, la bayoneta calada, empuñando el Máuser que abría profundos boquetes por todo el cuerpo.

La compañía inglesa que resistía en la cota 320 fue batida sin conmiseración por la aviación y la artillería nacionales. Las piezas de los brigadistas, en cambio, erraban continuamente en el disparo. El comandante Delesalle dispuso entonces que se rectificase de inmediato el tiro. Fueron instantes aciagos en los que tampoco atacó, como debería haberlo hecho, el 10.º Batallón.

El día 29 los ingleses perdieron la cota que con tanto esfuerzo habían conquistado. Walter ordenó a la artillería que protegiese el repliegue, pero casi fue peor el remedio de unas piezas que carecían de las coordenadas precisas. En medio de la confusión se produjo un tiroteo entre los batallones 12.ºy 13.º. Fue entonces cuando corrió el rumor de que Delesalle había estado en Lopera en contacto con los mandos naciona¬les para traicionar a los suyos.

El desastre fue tan evidente, que alguien quiso buscar falsos culpables, cuando los verdaderos responsables fueron los que lanzaron a la brigada contra un enemigo del que se desconocía su número y posición. Combatir así, a ciegas, era una misión suicida.

Rasquin, jefe del 10.º Batallón que debió entrar en combate, quedó inexplicablemente libre de cargos. Igual que el comandante del 9.º Batallón, el búlgaro Stornatov, que llevó a quinientos de sus hombres a la muerte mientras él huía a bordo de una balsa por el Guadalquivir. Sus tropas, en cambio, merecieron que se las motejase «el batallón mártir».

Tanto Rasquin, capitán del ejército belga, como Stomatov, antiguo obrero que combatió en la Primera Guerra Mundial, eran perros fieles del comunismo. «Mérito» que les salvó al final la vida.

Sin embargo, Delesalle no profesaba simpatías al comunismo. Había sido reclutado en Francia por François Vittori, más tarde comisario de la XIV Brigada, que le convenció en agosto de 1936 para que luchara en España, tras prometerle ascensos, fama y dinero.

Fue así como Delesalle, sin adscripción política y con escaso aprecio entre su tropa por su excesivo celo militar, fue señalado con el dedo por los mandos comunistas de la base en Albacete.

El mismo 29 de diciembre, Delesalle fue detenido en su propio puesto de mando; cuatro días después se inició el jui¬cio contra él en la escuela del pueblo de Arjonilla. A las nue¬ve y media de la mañana, el acusado compareció ante el tribunal presidido por el recién ascendido teniente coronel Joseph Putz, asistido por el italiano Aldo Morandi, jefe de Estado Mayor de la XIV Brigada, y por el francés Marcel Fontaine.

El fiscal era un viejo conocido, André Heusler; de intérprete actuaba el holandés políglota Piet Jansen. Una docena de «voluntarios de la libertad», como se autodenominaban los brigadistas, fueron designados para formar parte del jurado. Tanto éstos, como los miembros del tribunal, eran comunistas.

Heusler se despachó a gusto: acusó a Delesalle de enviar coordenadas a su propia artillería para desorientar el tiro du¬rante la defensa de la cota 320; le denunció también por ordenar a su batallón que disparase contra el 13.º, y por lanzar a sus hombres al ataque después de obligarles a dejar las municiones. Pero lo peor de todo no fue eso. Heusler pronunció una palabra que a Delesalle le hizo arrojar espuma por la boca: «Traición». Fue necesario que los guardias se abalanzasen sobre el acusado para obligarle a permanecer sentado en el banquillo.

El comunista francés aseguró al jurado que el detenido, de acuerdo con el enemigo, había colocado banderas rojas en las posiciones para que los nacionales pudieran ametrallar a discreción a los voluntarios cuando salieran de sus trincheras. Tras llamarle «cobarde», el fiscal añadió que el capitán belga se marchó a Lopera para maquinar su perfidia con los mandos franquistas.

Nick pudo relatar luego aquella insufrible pantomima de juicio:
Expresamente —recordaba—, había llegado de Albacete el espíritu maléfico de las Brigadas, el diputado de París, Marty. Era portador de un voluminoso expediente que sometió al tribunal.

Pero si el expediente era imponente por su volumen, se hallaba completamente virgen, pues en él no había escrita ni una sola letra.

Además, el abogado de oficio a quien se encomendó la defensa del comandante Delesalle no fue autorizado para consultarlo.

En realidad, los cargos contra Delesalle no eran más que un cúmulo de patrañas. Se presentaron varios testigos, entre ellos el doctor Domanski Dubois, jefe de sanidad de la XIV Brigada, que se hizo eco de los rumores y bulos que circulaban entonces por la brigada. Uno de los que más se ensañó con Delesalle fue el holandés Piet Jansen: aseguró que el capitán se alejó de la posición mientras hacía una guardia nocturna para entrar en Lopera, donde fue recibido por el «comandante fascista del pueblo» con el que acordó la forma de traicionar a sus hombres.

Como dato curioso puede alegarse en descargo del acusado que ningún relato nacional recogió luego la versión de Jansen, la cual sin duda habría constituido, de ser cierta, un eficaz medio de propaganda en medio de una guerra.

El simulacro de juicio alcanzó su clímax cuando el presidente del tribunal leyó la sentencia y pronunció la palabra final: «fusilado».

Fuera de sí, el acusado se volvió hacia Marty, gritándole: —¡Marty, Marty, mientes, tú sabes que mientes! ¿Por qué me condenas a morir?

Pero el corpulento jefe de las Brigadas se retiró de la sala alzando los hombros en señal de desprecio.

Delesalle se dirigió entonces al presidente del tribunal: —¡Puzt!, ¡sálvame! ¡Tú no puedes dejar que se haga una cosa semejante! ¡Tú sabes que soy inocente!

Los guardias arrastraron fuera de la estancia al procesado, empeñado a toda costa en justificar su inocencia. Luego, un hombre regresó a la sala y dejó sobre la mesa del tribunal un reloj y algunas monedas... En un instante se oyeron varias descargas de fusil.

Meses después, Nick Gillain mantuvo una reveladora conversación con Putz, recién ascendido a coronel y destinado a jefe adjunto de una División.
—El coronel —recordaba Nick— se expresó con reticencias que no me impidieron comprender que Delesalle había sido ejecutado no por traición, sino por concomitancias con los anarquistas catalanes. Pues, como los internacionales, feroces individualistas, se sentían más cerca de los anarquistas que de los comunistas, había el riesgo de que se pasaran con armas y bagajes a las brigadas de la FAI.

»Por eso, se aprovechó el fracaso del combate de Lopera para sajar el absceso y fusilar a aquel a quien se suponía el principal instigador de esas inclinaciones.

»"Entonces —exclamé yo—, como los anarquistas forman parte del Frente Popular, Delesalle no ha sido traidor."

»El coronel Putz no respondió y, tras un corto silencio, reanudamos la conversación con otro tema.

24 Sherme, día 10 de Agosto de 2007 a las 12:26
21# No, no me ofendo Soren. Sí nosotros SIEMPRE circulamos un "cepillo" como en misa, para la caridad o beneficencia. Lo llamamos "Tronco de la viuda" o "saco de beneficencia". Lo guarda el que llamamos "Hermano Limosnero". Y se le da el uso, siempre benéfico, que la logia decida.
Por decirte algo, nosotros lo donamos a cruz roja cuando el "huracán Mitch", y otras veces a conventos de monjas que trabajan ayudando niños y ancianos, etc. Nunca decimos de quién procede.
Sigo...
25 Sherme, día 10 de Agosto de 2007 a las 12:38
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El asunto Delesalle no quedó en Albacete; cruzó los Pirineos. La madre del capitán, la señora Duet, interpuso una querella criminal contra Marty ante el procurador de la República francesa, aportando los testimonios de Putz y de Morandi, comandante del 13.º Batallón y jefe de Estado Mayor de la XIV Brigada, respectivamente.

Por este motivo Marty fue interpelado en la Chambre des Députés de París, el 17 de marzo de 1939. Una vez más, mintió al declarar: «La seguridad militar —alegó— me informó que había descubierto quince días antes toda la red de enlace que permitía a Delesalle comunicarse con el enemigo; una red que pasaba por diferentes centros de la retaguardia».

Gracias también a los diputados franceses Tixier-Vignan¬court, Herriot y Barnegaray, y a sus gestiones para que Marty resultase interpelado, la reputación internacional del ex jefe de las Brigadas quedó seriamente dañada.

Pero los desmanes de Marty, que le harían pasar a la historia con el sobrenombre de «el carnicero de Albacete», no acabaron ahí. Su siniestra figura —alta y desgarbada, de cabeza pequeña y ojos diminutos sobre una nariz chata que le daban un aspecto simiesco— se proyectaba como una sombra tenebrosa sobre cada uno de los crímenes perpetrados en la base de Albacete.

Con una desfachatez sin límites, sólo para figurar como modélico guardián del orden y la disciplina ante sus jefes de Moscú, el propio Marty envió un informe al Comité Central del Partido Comunista, al que aluden autores como Andreu Castells o Vidal, en el que admitía sus crímenes y los justificaba así:
En España —decía el Carnicero de Albacete el 15 de noviembre de 1937—, mezclados con magníficos militantes comunistas, socialistas, antifascistas italianos, emigrados alemanes y anarquistas de diversa condición y raza, hemos recibido a centenares de elementos criminales internacionales, y mientras algunos de ellos se han limitado a tratar de vivir cómodamente sin hacer nada y sin combatir, muchos otros iniciaron, aprovechándose del desorden de los primeros días, una innumerable serie de delitos abominables: estupros, violencias, robos, homicidios por simple perversidad, secuestros de perso¬nas, etc.

No contentos con esto fomentaron sangrientas rebeliones contra las autoridades de Valencia, y no ha faltado alguno que se ha dedicado a ser espía de Franco. A medida que la policía de Valencia iba dominando la situación, estos elementos fueron perseguidos y enviados a Albacete, centro de for¬mación de la Brigadas Internacionales, bajo mis órdenes. Y si ciertos elementos de los aludidos redimieron sus culpas combatiendo valerosamente y cayendo en los choques más encarnizados que las Brigadas han sostenido por la salvación de Madrid, otros dieron pruebas de ser incorregibles. Pretendían continuar en Albacete las criminales empresas que habían llevado a cabo en otros parajes; una vez detenidos, se escapaban del campo de concentración en el cual me vi obligado a recluirlos, agrediendo y matando a los guardias.

Ante estos hechos no he dudado en ordenar las ejecuciones necesarias. Estas ejecuciones, las que han sido dispuestas por mí, no pasan de quinientas, todas ellas fundamentadas en la calidad criminal de los acusados.


Era evidente que muchos de los interbrigadistas que llegaron a Albacete no eran precisamente hermanitas de la caridad. En este sentido, como en cualquier otra unidad militar, los piquetes de ejecución estaban justificados, previa celebración de consejos de guerra; siempre que se probase, por supuesto, la culpabilidad de los brigadistas en delitos de deserción, sabotaje o cobardía frente al enemigo.

Pero cosa diferente era, como advertía Castells, cuando se fusilaba simplemente por delitos comunes como robo o estupro. El aviador británico Oloff de Wet corroboraba este extremo: «El pelotón de ejecución era casi el único medio de corrección, por insignificante que hubiese sido la infracción cometida».

De Wet era aún más explícito al asegurar: «La pena capital era en ocasiones la pena de muerte para la embriaguez ... La suya [en alusión al pelotón de ejecución] era una existencia infernal, sí, infernal. Uso la palabra no como simple exclamación, sino como descripción, la única que para ello me sirve. La vida de aquellos voluntarios era algo que excede a todo lo imaginable».

Pero ¿quiénes eran en realidad los brigadistas? En la propaganda de las Brigadas abundaban imágenes de hombres pertenecientes a las razas de los cinco continentes. Se decía que había voluntarios de más de medio centenar de países diferentes; una auténtica torre de Babel. Con razón, Albacete empezó a ser conocida como «la Babel de La Mancha».

La mayoría eran franceses, italianos, belgas, alemanes, polacos, centroeuropeos y balcánicos; pero había también ciudadanos nórdicos, bálticos, griegos, australianos, etíopes, y hasta asiáticos. Con semejante mezcolanza de razas y religiones no era extraño que se produjeran enfrentamientos, violentos a veces, entre ellos.

Casi todos eran de extracción humilde: obreros industriales más que campesinos. Muchos polacos eran mineros, y entre los balcánicos proliferaban los campesinos; no así entre los americanos, la mayoría de los cuales eran marineros.

Respecto a los franceses, había muchos despedidos de las fabricas de Renault y de Citroën por haber participado en huelgas. Y por supuesto, entre los voluntarios proliferaban los oficiales profesionales y de complemento que habían combatido en la Primera Guerra Mundial y que entonces eran reservistas. Su reclutamiento en las Brigadas obedecía, la mayoría de las veces, al interés por ganar un buen sueldo y obtener rápidos ascensos, más que a razones estrictamente ideológicas.

Como es natural, entre ellos se contaban algunos indeseables expulsados del ejército que intentaron probar fortuna alistándose en las Brigadas Internacionales. ¿A éstos se refería Marty en su informe a los altos mandos de Moscú?

Aun mereciendo un castigo, era difícil justificar las «quinientas ejecuciones» reconocidas por el propio Marty; si es que al final no fueron más.

El Instituto Nacional de Estadística, en su estudio titulado Movimiento natural de la población en España editado después de la guerra, cifraba en 804 el total de homicidios y ejecuciones judiciales registradas en la provincia de Albacete entre 1936 y 1938. Otras 432 defunciones aparecían clasificadas como «muertes violentas o casuales»; y 404 más, debidas a «causas no especificadas o mal definidas».

Los brigadistas eran ante todo combatientes, muchos de ellos comunistas a las órdenes directas del Komintern. Personas tan heterogéneas como los 389 voluntarios que integraban el batallón Chapaiev, sin duda el más variopinto de las Brigadas: de ellos, 79 eran alemanes, 67 polacos, 59 españoles, 41 austríacos, 20 suizos, y otros 20 palestinos.

De este crisol de ciudadanos del mundo formaban parte también 14 holandeses, 13 checos, 11 húngaros, 10 suecos, 9 daneses, 9 yugoslavos, 8 franceses, 7 noruegos, 7 italianos, 5 luxemburgueses, 4 ucranianos, 2 belgas, 2 rusos blancos, un griego y un brasileño. Todos ellos de su padre y de su madre.

Al poco de llegar los voluntarios, aparecieron en las fachadas de Albacete los primeros graffiti escritos en todas las lenguas imaginables: «Proletarios de todos los países, uníos», «Prolétaires de tous pays, unissez-vous», «Proletariar alle lán¬der, Vereinigt entch», «Proletari di tutti paesi, unitevi», «Wor-kers of all lands, unite»...
Las Brigadas Internacionales formaban también una auténtica Babel musical. Los interbrigadistas cantaban las melodías de moda entonces: los americanos, por ejemplo, entonaban «You are mi lucky star» o «The music goes'around and around»; los alemanes «Meki Meser»; los franceses «C'est le chaland qui passe»; los eslavos «Ochi chornie»; los irlandeses composiciones revolucionarias de su tierra. Todas esas piezas musicales inspiraron luego, con la guerra, el propio cancionero brigadista: la Thaelmann Kolonne de Dessau o las baladas de Busch. Un paso más fueron los coros que servirían de recordatorio a la sangre derramada en el Jarama, en Boadilla, o en el parque del Oeste.

Las Brigadas eran, además, una formidable Babel de alimentos. A los ingleses y norteamericanos les apasionaba el té y la mermelada; italianos y franceses se desvivían por el café y el vino; los alemanes por la cerveza, mientras los voluntarios de otras nacionalidades rechazaban la pasta italiana.

Al final, se imponían los guisos provenientes de los fogones de restaurantes como La Copa de Oro, Casa Firmas o La Palma, en la explanada de la estación. Además de las tabernas de la justa, de Lucas y del Abuelo, o de los muy populares bares Marcial y Manolo, en los que un menú costaba una peseta.

A los interbrigadistas les encantaba el vermut a granel, cada uno de los cuales les salía por cinco céntimos. La bebida más cara era la cerveza: noventa céntimos el litro.

Los interbrigadistas no eran en modo alguno la escoria de la sociedad ni de la política, como creía Marty. En sus filas se contaban cinco futuros jefes de Estado (Tito, Gottwald, Mamhmet Shanu, Ulbricht, y Ferenc Munich), ocho vicepre¬sidentes (Rudolf Slansky, Haldos, Laco, Henrich Rau, Rasko Darnianov, Ernö Gerö, Ferdinand Kozovsky, Pietro Nenni y Szyr), además de once ministros en sus respectivos países (Pacciardi, Malraux, Laslo Rajk, Swierozewski «Walter», Dimo Dichev, Joseph Pavel, Remer Hoffman, Charles Tillon, Zais¬ser, Weiner, y Costa Popovich) . Por no hablar de las decenas de diputados, senadores y altos mandos militares en que se convirtieron otros muchos brigadistas al regresar a sus países tras la guerra de España.

Tampoco eran el desecho de la intelectualidad.
26 Sherme, día 10 de Agosto de 2007 a las 12:49
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Había cientos de franceses, alemanes, italianos, ingleses, americanos y suizos con estudios superiores. De abogados a profesores universitarios, ingenieros, arquitectos, médicos, periodistas o químicos. Incluso algunos descendían de personajes ilustres, como Esmond Romilly, sobrino de Winston Churchill; Cornford, nieto de Charles Darwin; Jevis Clive, pariente de Clive de la India; o David Hadenques, hijo de lord Haven.

En los batallones de las Brigadas se encontraban también escritores y periodistas más o menos célebres: los húngaros Kantoroviz 0 Lukács; el checo Frantisek Halas; los ingleses Cornford, Summerfield, Fox, Caudell, o Keneth Sinclair; los alemanes Regler y Raoul Einstein; los franceses Malraux y Lecour; los italianos Roselli, Renzo Guiuda y Aldo Garosci; los americanos Caldwell, Clide Lenway, Louis Fischer, Edwin Rolfe, Ralph Bates...

Algunos de ellos jamás regresaron; y otros muchos, que no acataron las consignas de Moscú y se alejaron del comunismo ortodoxo estalinista, cayeron en las garras de Marty.

La misma fatalidad que se cebó con Delesalle, acabó con las esperanzas e ilusiones del capitán Rudolf Beckman, un alemán nacionalizado francés que mandaba una batería internacional.

¿Su «delito»? Redactar un informe a las autoridades españolas denunciando la represión y los fusilamientos arbi¬trarios que Marty organizaba en Albacete.

Semanas después de su osadía, Beckman fue detenido en el café Acuarium de Madrid y enviado a Albacete, de donde nunca más volvió. Un día lo descubrieron ahorcado en una dependencia del hospital provincial. Nadie supo cómo consiguió la llave de aquel depósito de ropas y efectos personales. Su cuerpo, lacerado, mostraba las señales inconfundibles de la checa.

Horas antes, amigos de Beckman, al corriente de su detención, habían pedido auxilio a las autoridades de la República, que ordenaron a sus representantes en Albacete liberar al detenido.

Pero cuando éstos se personaron en la base, ya era demasiado tarde. El teniente Copic, jefe de la represión y hermano del comandante de la XV Brigada Lincoln, intentó jus¬tificarse alegando que el prisionero se había suicidado. Copic sería destituido en el verano de 1938 y juzgado por el Tribunal de Alto Espionaje, aunque se libró de un trágico final gra¬cias a su hermano.

Éste y otros hechos insólitos movieron al gobierno republicano a iniciar una investigación, en marzo de 1937, sobre la represión en las Brigadas Internacionales. Pero Marty se las arregló con habilidad para posponer las indagaciones hasta que la caída de Largo Caballero y su relevo en la presidencia del gobierno por el socialista Juan Negrín, amigo de los comunistas y de la URSS, forjó una impenetrable coraza sobre el asunto.
(...)

¿Quién era ese energúmeno que a nadie dejaba indiferente? ¿Por qué le temían y odiaban muchos de los que sirvieron a sus órdenes? ¿Era un agente de Stalin camuflado en las Brigadas Internacionales? ¿Se había ganado a pulso que le motejasen el Carnicero de Albacete? ¿Era acaso una persona cegada por sus pasiones políticas, e incluso un enfermo mental, como había asegurado el escritor soviético Ilia Ehrenburg tras entrevistarse con él en Albacete? ¿Por qué había querido acabar con Nick de forma tan maquiavélica?

Henri Store, uno de los combatientes que mejor le conocieron, compatriota suyo y antiguo comisario del 13.º Batallón de la XIV Brigada Internacional, arremetió contra Marty en el congreso de ex milicianos franceses «De retour de l´Espagne», cuyo extenso informe se publicó en Jeunesse de France los días 16 y 23 de julio de 1938. Allí Store trazó ante cientos de antiguos brigadistas el perfil de un auténtico villano:

Yo acuso —denunció— a André Marty de ser el responsable de la matanza de todo el 12.º Batallón y de una gran parte del 13.º Batallón de la XIV Brigada.

Yo acuso —repitió— a André Marty de haber instaurado en las Brigadas la injusticia y la delación. Por haber defendido al camarada Pierrecourt, castigado injustamente por Marty el primero de febrero [de 1938], me he visto obsequiado por este último con el título de fascista, asegurándome que me trituraría.

Sabiendo que semejante palabra de Marty significaba el control, en primer término, y luego un pequeño paseo al amanecer que resultaría el último, he preferido aventurarme a una muerte más digna y, habiendo pedido salir del hospital, volví a juntarme a la Brigada de Hierro delante de Teruel.

Yo acuso formalmente —concluyó Store— a André Marty de ser el asesino de 40.000 jóvenes franceses.

Aun siendo exageradas las cifras de Store, dado que algunos autores han estimado entre 30.000 y 35.000 el total de voluntarios extranjeros que vinieron a luchar a España, no es menos cierto que otros, con menor fundamento, elevaron la cantidad a 150.000, como el ex brigadista William G. Ryan. En el otro extremo, David Conte proporcionó la cifra más baja y ridícula de tan sólo 3.000 extranjeros.

¿Quiénes se ajustaron más a la realidad? Tal vez, según advertía Alcofar Nassaes, la mayoría de autores extranjeros sim¬plificase en exceso la cuestión al considerar que, como habían existido cinco brigadas internacionales con cuatro o cin¬co batallones cada una, no se formó más que una veintena de batallones aproximadamente; eso significaría, según ellos, que el total de hombres no superó los 35.000.

Sin embargo, las brigadas llegaron a ser siete y hubo batallones sueltos, entre ellos los divisionarios; además de unida¬des de caballería, grupos de artillería antiaérea y anticarro, seis compañías de sanidad, siete secciones de ingenieros, algunas más de municionamiento, unidades de automóviles y blinda¬das, y medio centenar de hospitales y residencias.

Finalmente, el propio Servicio de Organización de las Brigadas Internacionales efectuó un recuento, tomado como base para un libro escrito por André Marty, según el cual hubo en total 32.103 voluntarios en España; de esta cifra, 8.950 eran franceses, seguidos en número por los polacos (3.110), italianos (2.944), norteamericanos (2.336), alemanes (2.212), balcánicos (2.089, sobre todo búlgaros, yugoslavos y griegos), ingleses (1.824), y belgas (1.712), entre otros. Pero entre los 32.103 brigadistas no se contabilizaron los centena¬res de palestinos y de judíos de diversas procedencias que lucharon también en España.

La Comisión Militar de Control de la Sociedad de Naciones proporcionó un guarismo casi idéntico en octubre de 1938: 32.165 brigadistas; cantidad basada, como es lógico, en las estimaciones de los altos mandos de las Brigadas.

En definitiva, todos querían saber si, como denunciaba Store, Marty era el asesino de 40.000 brigadistas. Sin duda, una acusación desorbitada; sobre todo teniendo en cuenta que probablemente ni siquiera llegaban a un tercio de esa cifra los franceses que cruzaron los Pirineos.

Además, el 12.º y 13.º batallones que, según Store, habían sido liquidados por Marty, no sumaban más de 1.500 hombres de los 3.500 que aproximadamente había en toda la XIV Brigada.
De cualquier forma, la frase lapidaria del propio Marty: bastaba para que muchos le tildaran de asesino. Sobre todo, cuando no existían garantías judiciales en los lugares más recónditos de la base de Albacete.

Martínez Amutio, que fue gobernador civil de la provincia durante el gobierno de Largo Caballero, así lo daba a entender en sus memorias:
«Quiso hacer —recordaba de Marty—, desde su llegada a Albacete, un cantón soviético de la ciudad y su zona, donde dominaría como un "Napoleoncete de vía estrecha" ... Era la verdadera "bestia negra" de las Brigadas Internacionales, en las que dominó y se impuso por el terror. Y como se dio cuenta de que empezaba a ser odiado tanto como temido, se recrudecería cada vez más la violencia de su temperamento.»

Tampoco el periodista soviético Ilia Ehrenburg le apreciaba. El ucraniano Ehrenburg tenía cuarenta y cinco años cuando llegó a España; había sido corresponsal durante la Primera Guerra Mundial en el frente francés, pero cuando se produjo la insurrección de octubre regresó a la Unión Soviética.

Tras una de sus visitas a Albacete, describía así a Marty: «Era un tipo autoritario y muy irascible, que suponía que todos eran traidores. Cambiamos impresiones durante un par de horas y después de esta entrevista me sentía amargado: hablaba y seguramente actuaba como un psicópata».

Los testimonios sobre el horror en Albacete se amontonaban; algunos tan expresivos como el del norteamericano de ascendencia húngara Sandor Voros, comisario de la XV Brigada: «El terror —aseguraba Voros— cunde en las Brigadas Internacionales. Para detener la ofensiva fascista necesitamos aviación, artillería, tanques blindados, transporte, oficiales preparados, suboficiales y combatientes. Los líderes del Kremlin piensan de otra forma; aunque nos proporcionan material, confían sobre todo en el terror. Oficiales y soldados son implacablemente ejecutados siguiendo sus órdenes. El número de víctimas es particularmente elevado entre los polacos, eslavos, alemanes y húngaros, sobre todo entre los que vinieron a España desde Moscú. Son ejecuciones sumarias que el SIM [Servicio de Investigación Militar creado por el ministro Indalecio Prieto y dominado por los comunistas] lleva a cabo en secreto en la mayoría de los casos».

El ex comandante de la Brigada Garibaldi, Carlo Penchienati, confirmaba lo manifestado por Voros: «La checa funcionaba a pleno rendimiento en aquella época», sostenía.



27 Cthulhu, día 10 de Agosto de 2007 a las 12:52
Primero, advertir que yo soy ateo. Ateo y de derechas. Una cosa que, creo, no es contradictoria. Las discusiones religiosas en general me parecen una pérdida de tiempo. Uno tiene unos principios, que va a defender, y el otro unos distintos con los que va a hacer idem. Por lo que paso de meterme en la discusión de cristianos si, masones no. Que con completo sectarismo llevan algunos miembros del foro.

Sólamente, quiero aportar algunos datos, comprobables por quien así lo desee. Para empezar, en la guerra civil, masones hubo en los dos bandos. Puede que en uno predominasen sobre el otro. Pero no se puede negar que algunos de los generales de Franco lo eran. Para defendera España de unos asesinos, sólo había que estar convencido de que el otro bando era mejor. Ahora no voy a decir el listado de personalidades del Franquismo que militaron en la masonería, pues no me la se de memoria y no viene al caso. Sólo recalcar, que, al igual que hubo republicanos tradicionales en ambos bandos, también hubo cristianos y masones.

Criticar actualmente a la masonería por cosas que sucedieron hace sesenta o setenta años es un ejercicio de completa hipocresía. Nó sólo porque, al igual que el cristianismo, la masonería ha evolucionado a lo largo de este periodo. Sino porque tampoco estamos seguros del papel que realmente jugaron durante la república. Puede que en los partidos republicanos hubiese una mayoría de masones. Pero, ¿en el PSOE? ¿y en los comunistas? y no digamos ya en los anarquistas, autentica lacra del régimen. Y que me decís del PNV y la Esquerra catalana.

No lo digo por ofender a nadie, sólo quiero dejar claro que tanta crítica sin sentido no puede ser buena.
28 Sherme, día 10 de Agosto de 2007 a las 13:00
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Los testimonios sobre el horror en Albacete se amontonaban; algunos tan expresivos como el del norteamericano de ascendencia húngara Sandor Voros, comisario de la XV Bri¬gada: «El terror —aseguraba Voros— cunde en las Brigadas Internacionales. Para detener la ofensiva fascista necesitamos aviación, artillería, tanques blindados, transporte, oficiales pre¬parados, suboficiales y combatientes. Los líderes del Kremlin piensan de otra forma; aunque nos proporcionan material, confían sobre todo en el terror. Oficiales y soldados son implacablemente ejecutados siguiendo sus órdenes. El número de víctimas es particularmente elevado entre los polacos, eslavos, alemanes y húngaros, sobre todo entre los que vinieron a España desde Moscú. Son ejecuciones sumarias que el SIM [Servicio de Investigación Militar creado por el ministro Indalecio Prieto y dominado por los comunistas] lleva a cabo en secreto en la mayoría de los casos».

El ex comandante de la Brigada Garibaldi, Carlo Penchienati, confirmaba lo manifestado por Voros: «La checa funcionaba a pleno rendimiento en aquella época», sostenía.

Tampoco el ex comunista alemán Gustav Regler, comi¬sario político de la XII Brigada Internacional, tenía pelos en la lengua; en su opinión, Marty se había ganado a pulso el apodo de Carnicero de Albacete:
«El resultado —le confesó Regler a Burnett Bolloten¬ fue que la brigada francesa, cuyo comisario político era un joven comunista ambicioso protegido por Marty, enviaba a todos los disidentes a la base, donde eran encarcelados y algunos ejecutados. En mi brigada se intentó hacer lo mismo, pero el general comunista Paul Lukacz, que murió a mi lado en 1937, se opuso enérgicamente. En Albacete reinaba un régimen de terror; incluso había una compañía de castigo en la que Jef Last [un comunista holandés] sirvió durante algún tiempo; me contó cosas que prueban que Albacete era utilizado como centro de ejecuciones y al final no había en el Estado Mayor ningún miembro de otro partido que no fuera el PC».

Sin duda el velludo y corpulento Marty, con ojos globulosos, labios gruesos que hacían ruido al pegarse y despegarse cuando hablaba y un espinoso bigote de morsa, no era la viva imagen del hombre ecuánime. Vestido con un mono azul —como el iris de sus ojos, que parecían surgir del fondo de un estanque—y cubierto con una gran boina negra que le caía hacia el hombro derecho, llevaba siempre un pistolón en bandolera.
Había nacido en 1886 en Perpignan, ciudad del sudeste de Francia, capital de la Cataluña del norte y del antiguo condado del Rosellón, donde hallaría la muerte casi setenta años después en la localidad de El Catllar, tras ser expulsado, acusado de corrupción, del Partido Comunista francés.

Él mismo se consideraba catalán; era hijo de un obrero condenado a muerte en rebeldía por su participación en hechos revolucionarios durante la Comuna de París en 1871.

La casa paterna era refugio de los revolucionarios catalanes que huían de España. Marty participó, en 1907, en la rebelión de campesinos vinícolas del Midi y se involucró en el asalto a la Prefectura y a otros edificios oficiales.

Con treinta y tres años se hallaba a bordo del torpedero francés Le Protet, en las costas rumanas de Galatz. En 1919 los ejércitos blancos del general Denikin luchaban en la propor¬ción de uno contra diez frente a los comunistas rusos. Para apoyar a los blancos, los países aliados decidieron ocupar el litoral del mar Negro; en concreto, las ciudades de Odessa y Sebastopol. Nadie dudaba que las divisiones francesas liquidarían la resistencia comunista en cuestión de horas.

Pero ocurrió algo inesperado. La flota gala izó por sorpresa la bandera roja y el alto mando ordenó evacuar la Ru¬sia meridional. El lamentable espectáculo de ver a un gran ejército batiéndose en retirada sin mando y sin valor, cuando cuatro años antes había sido capaz de someter a un enemigo poderoso, dejó una huella indeleble en las generaciones venideras. Como subrayaba Nick Gillain, «el motín de la flota francesa del mar Negro es el más bello florón de la gloria de André Marty».

El oficial de máquinas de El Protet no era otro que André Marty. Si en aquella aciaga jornada no hubiera resquebrajado la moral de la marinería francesa, provocando un incontrolado motín en el barco, las tropas comunistas de Trotski habrían sucumbido casi con seguridad ante los ejércitos enviados por las naciones victoriosas en la gran conflagración mundial concluida el año anterior. La misión de los aliados era servir de apoyo moral y material a los rusos blancos que, comanda¬dos por un corajudo elenco de generales —Denikin, Kornilov, Kolschak, Wrangel, Petliura y Yudenitch— pugnaban por desbolchevizar a Rusia.
Pero Marty, traidor a su patria, simpatizaba entonces con el fundador del Ejército Rojo y con el resto de seguidores de Lenin.

Fue a raíz de este episodio como Marty conoció a Gaston Delesalle, quien, en su calidad de agente del deuxiéme bureau de la flota francesa (servicio de contraespionaje), impidió que prosperase la maniobra del maquinista de Le Protet en el mar Negro, acusándole de traidor. Marty fue descubierto por Delesalle y transferido al buque Waldeck-Rousseau, donde intentó fomentar otra sedición.

Los rivales de entonces se reencontraron, diecisiete años después, en Albacete; ambos aseguraron haber olvidado el pasado. Delesalle informó a Marty de su ingreso en el Partido Comunista francés, y éste le estrechó la mano. Luego se abrazaron teatralmente. Pero la sección de investigación de la base de Albacete no se olvidó de Delesalle y rebuscó en sus entrañas políticas pese a que su solicitud de ingreso en las Brigadas Internacionales contaba con el aval del comunista François Vittori.

Según testimonio de Putz, en Albacete poseían información sobre las supuestas relaciones de Delesalle con los anarquistas catalanes, lo cual era el peor delito que un brigadista podía cometer.

Por otro lado, Tom Wintringham y Vital Gayman sostenían que Delesalle había sido fusilado por cobardía, pero su tesis no concordaba con los hechos. Tampoco de la investigación efectuada por supervivientes del 12.º Batallón se desprendía que Delesalle hubiese ordenado a sus hombres descargar las armas antes de lanzarse al ataque.

Delesalle se convirtió así en la víctima y Marty, en su verdugo. Rencoroso y vengativo, el Carnicero de Albacete jamás olvidó la afrenta de Delesalle hasta que se la hizo pagar con su vida.

En julio de 1919, tras ser degradado de su rango de oficial por los sucesos del mar Negro, Marty pasó a cumplir condena de veinte años de reclusión en un presidio francés. Eludió el fusilamiento alegando que padecía una enfermedad mental, dado que su abuelo materno había fallecido de un ataque de demencia.

Desde entonces, sus hermanos de las logias francesas emprendieron una admirable campaña de agitación para liberarle de la cárcel; pugnaron sin desmayo por incrustar el clavo de la amnistía en las conciencias de la gente.

Eduardo Comín Colomer recordaba que fue un ingeniero de Obras Públicas, el hermano Mognier, quien abrió a Marty las puertas de la masonería.

Marty se inició en el taller La Perfecta Unión de Marsella, integrada en el Grande Oriente; poco después quedó supeditado a la disciplina de la Gran Logia de Francia y se afilió a la junta San Juan de las Artes y de la Regularidad.

Su localidad natal de Perpignan albergaba la sede de esta logia, situada en rue Petite la Réal, número 13.

La primera acción legal de los francmasones en auxilio de su hermano consistió en aferrarse al artículo noveno de la Carta Magna de la República francesa, promulgada el 16 de julio de 1875; en alegar, sin desmayo, el precepto constitucional que decía: «El presidente de la República no puede declarar la guerra sin el consentimiento previo de las dos Cámaras».
Los defensores del condenado argumentaron así que «la guerra contra los bolcheviques se había realizado sin cumplir el importante requisito de la Constitución».

Dos años después, el 18 de diciembre de 1921, el Grande Oriente de Francia asumió el acuerdo de La Concordia (logia que funcionaba en Bois de Colombes, rue Raspail, número 1 bis) y difundió por todos los talleres de su jurisdicción el dictamen para conseguir la libertad de Marty.

Tras comenzar su alegato con la transcripción del precepto constitucional aludido, se daba paso a una serie de razonamientos como el siguiente: «El artículo 31 de la Declaración de los Derechos del Hombre dice: "Cuando el gobierno viole la Constitución, el primero y más sagrado deber de los ciudadanos es la insurrección"».

El escrito concluía intercediendo para que «el hermano Marty y los marinos del mar Negro, que han obrado conforme a los principios republicanos, sean inmediatamente amnistiados».

Abierta la discusión, se concluyó que, como las Cámaras no llegaron a pronunciarse sobre la guerra al bolchevismo, el gobierno era responsable nada menos que de haber violado la Constitución. La protesta quedó articulada así:

Reunido un gran número de voces de todos los puntos de Francia, para obtener del Gobierno amplias medidas de amnistía que exige la opinión pública, particularmente en lo que concierne a los incidentes militares surgidos con posterioridad a la firma del armisticio, el Consejo del Orden del Gran Oriente de Francia se asocia plenamente a este movimiento de opinión, tratando de procurar el apaciguamiento y la reconciliación. Cree su deber hacer notar que la representación nacional no ha sido nunca en este punto, hasta ahora, llamada a pronunciarse sobre la legalidad y la justicia de las operaciones que han dado origen a la efervescencia en el Ejército del mar, efervescencia muy duramente reprimida, por lo que pide sea instaurado un fin sobre las transacciones y expediciones donde el renombre de Francia ha quedado gravemente comprometido.
29 Sherme, día 10 de Agosto de 2007 a las 13:11
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Resultaba paradójico que las logias defendieran a un masón tan poco ejemplar como Marty, que incumplía todos los puntos recogidos en la Declaración de Principios formulada por los Supremos Consejos Confederados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado reunidos en Lausana en septiembre de 1876, según la cual la masonería era «una escuela mutua cuyo programa se resume en vivir honradamente; obedecer las leyes del país; practicar la justicia; amar a sus semejantes; trabajar incesantemente para el bienestar de la humanidad, y procurar alcanzar por medios pacíficos y progresivos su emancipación».

Tampoco era Marty un devoto, como luego demostró él mismo en España, de las tres máximas de la Revolución Francesa —Libertad, igualdad y fraternidad»— que la masonería adoptó como guías de conducta para sus miembros.

Pero la «operación Marty» siguió adelante, si cabe con más dedicación e insistencia que nunca. Se creó un comité en favor de su causa presidido por los miembros de las logias Óscar Bloch y Bernard Wellhoff.

En febrero de 1922, este organismo adoptó el nombre de Comité Masónico de Defensa Social, el cual estableció numerosas «tenidas blancas» (reuniones de trabajo a las que asistían tanto masones como profanos) en el Grande Oriente y en la Gran Logia.

El nuevo comité, más beligerante que el anterior, insistía en que debían ser «amnistiados todos aquellos que durante los sufrimientos de la guerra se mostraron débiles en un momento dado; y, sobre todo, los marineros del mar Negro y André Marty, que rehusaron luchar en una guerra que no correspondía a las exigencias de la Constitución».

El hostigamiento de las fuerzas masónicas en pos de la libertad de Marty llegó a convertir el asunto en una especie de affaire Dreyfus. Pero aun así, el presidente, de la República, Alexandre Millerand, aguantó inalterable la presión social sin claudicar y mantuvo a Marty en la cárcel.

Curiosamente, Millerand había sido colaborador de Georges Clemenceau, ex presidente del Gobierno y defensor en el caso Dreyfus. Fundador del Bloque Nacional conservador que le dio la victoria en las elecciones, Millerand contó en el caso Marty con el apoyo incondicional de su jefe de Gobierno, Raymond Poincaré, que había sido presidente de la República durante la Gran Guerra.

Lejos de rendirse, los defensores del traidor del mar Negro crearon numerosos comités de amnistía. Uno de éstos, instalado en el cantón de Hyéres, abrió una suscripción pública que se extendió a las logias, a las secciones de la Liga de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y a los partidos de orientación izquierdista.
Todos los esfuerzos eran pocos. El propio Gran Maestre de la Gran Logia de Francia, Bernard Wellhoff, dirigió una carta al presidente Poincaré que reprodujeron en sus páginas La Era Nueva y La Linterna, el 30 de julio y primero de agosto de 1922, respectivamente. La misiva de Wellhoff concluía con una auténtica declaración de guerra al gobierno: «He de hacerle constar —advertía el gran maestre—, que la Gran Logia de Francia, por la palabra, por el escrito y por todos los medios en su poder, se esforzará en defender las libertades republicanas y en obtener justicia para uno de los suyos».

Marty fue erigido en baluarte del comunismo. Las proclamas y hojas de propaganda invadían las calles mostrando su efigie con el atuendo comunista. Las logias eran conscientes de atraerse así a un fuerte núcleo de opinión poco amigo de los francmasones: el formado por los seguidores de la III Internacional, fundada en marzo de 1919 como consecuencia de la crisis de la II Internacional socialista a causa de la Primera Guerra Mundial y del triunfo de la revolución de los soviets que dio el poder a Lenin en Rusia. De hecho, Trotski y otros destacados bolcheviques renegaban de la francmasonería.

Llegó entonces el mes de septiembre de 1922. La función en el majestuoso templo de la Gran Logia de Francia, en la rue de Puteaux, se preparó con todo el esplendor requerido. En la sala del Gran Consejo lucía el monumental busto que representaba a la República, con su gorro frigio, cruzado por una banda grabada con tres fechas simbólicas: 1789, por la gran Revolución francesa, artífice de la Tabla de los Derechos del Hombre y del Ciudadano; 1870, cómo no, año de la proclamación de la III República, y 1871, año de la célebre Commune de París.

El gran maestre Wellhoff presidió las sesiones del Gran Convento; en su discurso ensalzó a Marty, y arremetió contra el presidente Millerand:
... Nuestro A. Marty —dijo—, a pesar de vuestros votos y de los favorables sentimientos de los ciudadanos franceses, expresados en plebiscitos altamente satisfactorios, sigue todavía en la cárcel, sin que se haya remediado su situación con el llamamiento del Senado.
¡Ah, mis hermanos masones!; recuerdo una época y un hombre que se llamaba Mayor Labordere y que no temía desobedecer a sus superiores, con tal de no prestar su concurso al Gobierno del mariscal Mac-Mahon, que acababa de consumar un golpe de Estado contra la República, y cuya actitud se estimó honrada y mereció los plácemes de los republicanos. ¡Cuánto han cambiado los tiempos! Nuestro «hermano» Mar¬ty, por haberse negado a violar la Constitución, está entre rejas. No es preciso que nos digan que se equivocó. Le bastaba al presidente de la República recordar los tiempos en que asistía a nuestras logias.


Ante más de doscientos delegados, el gran maestre de la logia pretendía hacer creer a sus miembros que Millerand rechazaba las medidas de gracia para Marty por un simple acto de despecho, propio de quien ya no pertenecía a la masonería.

A continuación, el vicepresidente del Consejo del Orden, monsieur Lanquine, sometió a la aprobación de la asamblea la siguiente propuesta:
El Consejo del Orden del Grande Oriente de Francia se siente conmovido por la decisión del Gobierno de la República de no aplicar a Marty la gracia de la amnistía, y protesta con todas sus fuerzas contra esa medida gubernamental y contra la abominable campaña de la Prensa, que se ha negado a poner en juego, al mismo tiempo que los votos del Parlamento, la voluntad netamente manifestada de la opinión pública republicana.

Los francmasones jamás se rendían. En el fondo, Marty era un eficaz instrumento en sus manos para atacar al gobierno conservador de Millerand. La propuesta era la mejor prueba de esa animadversión hacia los gobernantes del momento:
Ahora —prosiguió Lanquine que tantos crímenes cometidos por jefes militares durante la guerra han quedado impunes; ahora que tantos aprovechados de la guerra escaparon a la aplicación de las leyes penales que les molestaban, negar la amnistía a Marty constituye un atentado flagrante a las tradiciones de justicia y generosidad en que todo gobierno democrático debe inspirarse.
El Grande Oriente de Francia, que se honra de haber contado entre sus miembros a los Collignon, los Jacquet, los Surugue y tantos otros que han dado los más bellos ejemplos de patriotismo y de civismo, faltaría a todas sus tradiciones si no expresara su indignación por tamaña injusticia.
Confía, sin embargo, en que los parlamentarios, ansiosos del buen nombre de Francia, harán lo posible para que ese injusto rigor sea reparado lo más pronto posible.


La propuesta fue aprobada por unanimidad y se difundió entre todos los talleres. Llegó un momento en que el intenso clamor masónico ya no fue sólo para interceder por Marty. La Federación del Grande Oriente, reunida el 23 de septiembre en la rue de Cadet, apeló también a la paz social. Cualquier argumento valía si quería conseguirse el perdón para los militares del mar Negro, incluido Marty; y para arremeter de paso contra el gobierno acusado de vulnerar la Carta Magna:
El Convento del Grande Oriente de Francia —se informaba—, en su reunión de 23 de septiembre de 1922, en nombre de la Federación enteramente representada por los masones de todos los Departamentos, de todas las clases y de todos los matices de la opinión republicana;

Considerando:

1.º La necesidad urgente de restablecer en el país, destrozado por la guerra, la paz social;

2.º La justicia, somera o demasiado parcial a menudo, que ha pronunciado las condenas de militares que tuvieron un momento de debilidad o rehusaron participar en una guerra encaminada al desprecio de las leyes constitucionales; y de ciudadanos acusados por delitos de ideas y pensamientos;

3.º Las manifestaciones electorales, tan frecuentes, que indican claramente el deseo de justicia y de apaciguamiento de la gran mayoría de los ciudadanos franceses;

Solicita de nuevo el voto de amnistía plena y entera a favor de los militares y de los ciudadanos supervisados.

El Convento de Grande Oriente de Francia invita a los parlamentarios francmasones a intervenir rápidamente y con una insistencia justificada por el doble carácter de este hermano y por las manifestaciones electorales recientes, para obtener la libertad de André Marty.


Entre los masones ilustres presentes aquella tarde estaba precisamente Mognier, delegado de la Perfecta Unión de Marsella, quien había iniciado en los ritos al antiguo maqui¬nista de Le Protet:

Creedme —dijo Mognier—; no deseo más que ver salir de la cárcel al hermano Marty. Ha sido mi alumno; lo he formado yo, y gracias a mis consejos forma en los cuadros de la francmasonería. Con esto digo la afección que siento por él y no seré yo quien le retenga, por mis actos, ni un minuto más en prisión.
La gracia de la amnistía es deseable para continuar luego con la revisión del proceso, porque tenemos que conocer, paso a paso, en qué se fundamenta la terquedad del Gobierno. Ésta es causa de algo muy profundo que radica en los propios mandos de las fuerzas militares en Oriente. Es preciso conocer al culpable y examinar los móviles de su acción.

30 tachuela, día 10 de Agosto de 2007 a las 13:20
27.Cthulhu.

Al menos yo, no he discutido de religión en este foro ni en ningún otro, pues es un tema en el que no quiero entrar.

Lo que sí he hecho es calificar adecuadamente a los que no tienen más argumento que el dicterio extemporáneo.



31 Sherme, día 10 de Agosto de 2007 a las 13:22
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La siguiente iniciativa partió de la Federación de Combatientes Republicanos, organismo presidido por A. J. Fontey, de la logia Pro-Solís, cuya secretaría general desempeñaba Jean Semac, miembro activo de los talleres Diderot y Nord Midi.

Se acordó que una delegación de la propia Federación de Combatientes Republicanos y de la Gran Logia de la Liga de los Derechos del Hombre y del Ciudadano visitaría al presidente del Gobierno, Raymond Poincaré, para interceder por Marty.

Previamente se recogieron 128 firmas de diputados, entre los que figuraban algunos célebres masones como Frédéric Brunet, Adolphe Cheron, Paul Bernier o Pierre Robert.
El 16 de enero de 1923, Poincaré recibió a la delegación; el 14 de julio daba al fin su brazo a torcer y concedía a Marty el perdón.

La decisión fue comunicada de inmediato al maestre de la logia de San Juan de las Artes y de la Regularidad, el her¬mano Costes, quien a su vez la extendió con gran júbilo a los familiares del liberado, entre ellos a sus hermanos Juan y Miguel.

Marty era por fin un hombre libre. Y lo más increíble de todo fue que, apenas tres meses después, premió la admirable perseverancia de las logias en defensa de su causa de la forma más ingrata posible: ingresando en el Partido Comunista francés y solicitando su baja en la masonería.

Semejante decisión la fundamentó en la incompatibilidad entre las logias y el Partido Comunista, declarada oficialmente en el IV Congreso de la Internacional a propuesta de León Trotski.

Nueve meses después de abandonar la masonería, Marty se quejaba ante Bernard Wellhoff de la campaña de acoso que sufría en los medios de comunicación a manos de sus antiguos hermanos; hostigamiento que cesaría al poco tiempo:
"He dimitido de la francmasonería —escribía Marty al gran maestre de la Gran Logia de Francia— por razones numerosas e importantes. Creo era mi deber.
Un miembro de la Logia de Perpignan replicó ante mi negativa a retirar la dimisión presentada: «¿Nos deja? Antes de tres meses será usted arrastrado por el lodo».
Han pasado nueve meses, y una campaña digna de jesuitas de la «Acción Francesa» ha sido dirigida contra mí en los periódicos de izquierdas afectos a la francmasonería.
Le Quotidien cuenta que pongo bramantes a mis zapatos y l'Oeuvre empieza el gran bombo del chantaje.
He tenido siempre hacia la francmasonería una actitud franca y leal. Vuestra campaña no me molesta, mi conciencia no me reprocha nada, y si algunos juzgan útil rebajarla, no seré yo mismo.
La amenaza de arrastrarme por el lodo ha sido puesta en ejecución. No se extrañen ustedes, en consecuencia, que responda a esos procedimientos jesuíticos de la misma manera. En el caso de que tales procedimientos, que no quiero calificar, continúen, me defenderé por los medios que me parezcan apropiados.
Atentamente le saluda, André Marty."


Marty se había convertido en un astro que refulgía dentro del Partido Comunista francés desde el mismo día de su ingreso. El Kremlin lo tuvo enseguida en cuenta y lo designó jefe del Am-Apparat o Institución político-militar; una especie de organización clandestina de los comunistas que se ocupó del armamento, alojamiento encubierto, y falsificación de documentos para sus miembros.

Tenía cierto predicamento con Stalin, que lo consideraba un hombre de confianza y le mostraba gratitud por haber hecho gala de la solidaridad francesa al negarse a combatir con¬tra la Unión Soviética en 1919.

Había fábricas en la URSS que llevaban su nombre, y hasta un barco de guerra había sido bautizado André Marty.

En 1924 fue elegido diputado por Seine-et-Oise, por el Seine en 1929, y por el distrito XIII de París en 1936.

Desde 1932 formó parte del Comité Ejecutivo del Ko¬mintern, del que fue secretario de 1935 a 1943, fecha de su disolución.

Su meteórica carrera dentro del partido marcó un punto de inflexión en el verano de 1935, cuando visitó Moscú en calidad de miembro de la Comisión Permanente que regía los designios de la Internacional Comunista para asistir al VII Congreso del Komintern. Durante su intervención ante la multitud enfervorizada alabó la obra imperialista de Stalin, quien, siguiendo la estela de Pedro el Grande, buscaba subyugar a la civilización occidental europea.

Su discurso «pacifista» traspasó las fronteras y fue recogido en las páginas de los diarios franceses bajo el título «Pour la paix, pour la défense de l´URSS».

Marty exaltó en Moscú su participación en la revuelta del mar Negro; e incluso tuvo la osadía de felicitarse por la insurrección de Abd-el-Krim en el Marruecos español.

Curiosamente, al año siguiente se plantaba en España para ponerse al frente de las Brigadas Internacionales. Su nombramiento de comisario jefe superior partió seguramente del Komintern, y no del gobierno español, como manifestó él mismo:
En septiembre de 1936 —relataba Marty—, el ministro de la Guerra me hizo llamar a su despacho del Ministerio en Madrid y me dijo: «Yo estoy asediado por las numerosas de¬mandas de extranjeros que desean venir a combatir a España. Estas peticiones suponen para nosotros problemas muy complejos, ya que conocemos a los españoles pero no a los extranjeros. ¿Querría usted encargarse por cuenta mía, como ministro de la Guerra, de organizar a estos extranjeros, resolver los numerosos problemas que se producen a su llegada y que nuestra autoridad militar y nuestro comisariado no pueden organizar? ¿Quiere usted encargarse de esta tarea?».Yo le respondí: «Todas las tareas para un militante antifascista son un honor».

Si tal conversación se produjo, probablemente se refiriese a los extranjeros que llegaban entonces de forma aislada a España, más que a los que en un futuro se encuadrarían en las Brigadas Internacionales, como advertía Alcofar Nassaes.

Tomada la decisión de constituir las Brigadas Internacionales e iniciada la recluta, llegaron a España los miembros del llamado Comité Organizador, entre ellos el italiano Luigi Longo, apodado Gallo.

Contaba éste treinta y seis años; con veintitrés ya había fundado, junto a Palmiro Togliatti, el Partido Comunista italiano. «Su actuación —decía de él Martínez Bande fue eficiente y efectiva, quizá por ser más inteligente, cordial, abierto y humano, y dotado de sentido común.»

Longo se trasladó a Albacete el 12 de octubre de 1936. Dos días después, miércoles, llegaban allí los primeros quinientos voluntarios que la jornada anterior habían arribado al puerto de Alicante en el buque Ciudad de Barcelona, procedente de Marsella.

Desde el primer momento el Komintern y Moscú hicieron todo lo posible por mantener bajo su control a las Brigadas y procuraron que la mayoría de sus miembros fuesen comunistas. No en vano en un informe remitido por el dirigente del Komintern, Manuilsky, a Stalin en noviembre de 1936, se confirmaba que de los 3.000 primeros voluntarios llegados a España, el 80 por ciento eran comunistas y socialistas.

La influencia sobre los mandos revestía especial importancia. Moscú había enviado ya a un puñado de oficiales del Ejército Rojo para dirigir a los interbrigadistas y, a petición de Marty, enviaría aún más. Las autoridades soviéticas actuaron con gran cautela para que no se pudiera acusar a la URSS de participar en la guerra. Por eso eligieron a oficiales nacidos fuera de la Rusia soviética. Emil Kléber era así en realidad Moshe (Manfred) Zalmanovich Stern, comandante en jefe de la XI Brigada, natural de Bukovina. El general Walter era Karol Karlovich Swierczewski, nacido en Polonia, a quien se encomendó la XXXV Brigada. El general Lukács se llamaba en realidad Maté Zalka y se le puso al frente de la XII Brigada. Por último, el general Gall, de nombre Janos Galicz, era otro oficial del Ejército Rojo a quien se encomendó la XV Brigada, que incluía al Batallón norteamericano Lincoln.

La ciudad manchega había sido elegida como sede de las Brigadas Internacionales por estar discretamente alejada de los pasos más frecuentados; al mismo tiempo poseía buenas comunicaciones y estaba próxima a los frentes de guerra más activos de Andalucía y Madrid, en donde hasta el verano de 1937 se habían librado las batallas más importantes de la guerra: la del Jarama, en febrero; la de Guadalajara, al mes siguiente; y la de Brunete, en julio.

Otro factor decisivo en la elección había sido su cercanía de los puertos de Alicante y Cartagena, donde se desembarcaban víveres y armamento procedentes de la URSS. En la provincia de Albacete se estaban formando también las nuevas Brigadas Mixtas que constituirían el núcleo del Ejército Popular.

Por último, el corredor manchego era la única salida que podía permitir al gobierno, en caso de caer Madrid, como así sucedería, llegar de forma segura hasta su nueva sede en Valencia.
Albacete era entonces una pequeña ciudad de apenas 60.000 habitantes, que a Nick Gillain le pareció el fin del mundo:
Mis peores recuerdos datan de Albacete —aseguraba—. Imaginaos una ciudad sin carácter, en una gran llanura desnuda, invadida por una multitud de 10.000 milicianos. Seis meses de revolución han sembrado por todas partes la ruina y desorden. Y a pesar de todo, no tendréis idea exacta de lo que era Albacete a principios de noviembre de 1937, si no conocéis el cuartel de la Guardia Republicana ni la Plaza de Toros.
El primer edificio está situado cerca de la estación y servía de principal acuartelamiento a las brigadas internacionales en formación; el segundo, a extramuros de la ciudad, albergaba las cocinas y los comedores de estos internacionales. Diferentes por su arquitectura, los dos edificios se parecían por la suciedad y el desorden.
32 Sherme, día 10 de Agosto de 2007 a las 13:35
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Nick llegó de noche a la estación de tren de Albacete; instantes después fue conducido con sus compañeros al cuartel de la Guardia Republicana, donde los voluntarios se recostaron en parejas sobre unas colchonetas con intención de dormir. Cada habitación, pensada para cuatro personas, albergaba entonces a nada menos que veinte. Era paradójico que pese al sofocante hacinamiento toda la planta inferior, según se entraba a la izquierda, estuviese vacía. Pero un simple vistazo al entorno bastaba para comprender esa aparente contradicción: los tabiques, en los que eran aún visibles las salpicaduras de sangre, habían sido utilizados como paredón por los pelotones de fusilamiento.
«Los voluntarios —recordaba Nick— mostraron una repugnancia invencible a estar en aquel piso bajo y preferían aglomerarse en las alcobas desbordadas antes que dormir entre los muros de aquellas habitaciones trágicamente ensangrentadas.»

Luigi Longo eligió los edificios que albergarían a las Brigadas Internacionales, entre ellos el cuartel de la Guardia Civil, varias iglesias y escuelas. Luego ocupó la plaza de toros, las instalaciones de la feria, la parroquia de la Purísima, y el colegio de monjas dominicas terciarias de la Annunziata.

Desde el estallido de la Guerra Civil, Albacete acogía a numerosos refugiados. Los milicianos campaban a sus anchas por las calles durante todo el día, pero a las ocho de la tarde, al toque de retreta, se apagaban todas las luces por miedo a las incursiones aéreas. Los bancos de la ciudad habían sido requi¬sados por el Frente Popular, que controlaba también los comercios. Era raro ver deambular por las calles a personas con apariencia burguesa o acomodada; la mayoría, por no decir todas, habían sido ejecutadas o estaban en prisión. El que te¬nía dinero era tildado de fascista y sus propiedades acababan siendo incautadas por el Comité del Frente Popular. Las dos grandes iglesias de la ciudad habían sido destruidas en agosto de 1936, y el culto religioso estaba prohibido.

A finales de octubre llegó allí André Marty; entonces, el Comité Organizador se transformó en Comité Militar.

Al principio los interbrigadistas que se incorporaban a sus batallones apreciaban a Marty por su prestigio revolucionario. Eran conducidos a la plaza de toros; allí, en medio del ruedo, Marty, con su bonete caído sobre la nuca, su imponen¬te corpulencia y sus penetrantes ojos garzos, les daba la bienvenida: «Cuando venzamos aquí, venceremos en nuestros países», les decía con voz resonante.

El voluntario italiano Adami recordaba así el recibimiento:
Después del saludo y de las órdenes de Vidal [lugarteniente de Marty], una imponente figura se adelanta en medio del ruedo. André Marty, el creador de las Brigadas. Su voz es fuerte, clara. Saludo de compañero y amigo. El tono va de lo severo a lo familiar. Os conozco a todos, nos dice. Venís de distintos países, pero estáis animados de una misma fe. Sabéis lo que esperan de vosotros la España republicana, el Frente Popular de Europa y del mundo. Y las notas de la Internacional se elevan por la bóveda oscura. Tenemos la impresión de que nos hallamos en el centro del mundo.

A Marty le encantaban los discursos. Desde que llegó a la base organizaba mítines casi a diario. El brigadista británico John Sommerfield daba fe de que así era:
Habló con fuerza y facilidad. No había nada de nuevo ni de notorio en sus palabras; su discurso no fue más que lo justo, dándonos la bienvenida, haciendo resaltar nuestros trabajos y recomendando la disciplina con que debían ser realizados. Pero, intercaladas con las frases características del orador revolucionario —que pronunció con tanta fuerza y seguridad que nuevamente cobraron su sentido y su significación originales— hubo regocijantes palabras de sarcasmo y alusiones que demostraban lo bien que conocía, entendía y participaba en las maneras de pensar de sus oyentes.

Pero pronto su carácter altanero e irascible, que le hacía ser agresivo muchas veces, le granjeó antipatías y temor entre muchos voluntarios que empezaron a llamarle le Boucher, il Macelaio, el Carnicero de Albacete... Además de los brigadistas, numerosos autores han coincidido después en que era un personaje siniestro y sádico, responsable de las purgas que se cometían en la base.

Hugh Thomas, por ejemplo, aseguraba que «era el agente ideal de la política soviética de aquella época de purgas». Y añadía: «Hasta Stalin poseía un temperamento menos inclinado a las sospechas que André Marty».

Penchienatti, por su parte, resaltaba que era «hombre de gran corpulencia, dotado de una buena voz de barítono, pronto a los accesos de cólera durante los cuales no era deseable estar cerca de él; tenía siempre en la boca la palabra fusilar. Sin piedad por nadie, demostraba, a la moda rusa, que la vida de los demás no tenía para é1 ningún valor».

Gustav Regler, sin ir más lejos, relató a Hemingway cómo dos voluntarios perdieron sus cabales durante un combate cerca de El Escorial; empezaron a ver enemigos por todas partes en medio de la niebla y, fuera de sí, gritaron a sus compañeros que huyeran:
Les hice arrestar —comentaba Regler— y llevar al cuartel general... Decidí enviarlos a un hospital e informé de ello a Marty. Me respondió enseguida que conocía un lugar adecuado, cerca de Alcalá de Henares. Se les llevó allí y hace dos días supe que los había fusilado en el castillo un pelotón de ejecución ruso. «¡Cerdo!», exclamó Hemingway, y escupió en el suelo.

Ese gesto me convirtió en su amigo y desde entonces no perdí la ocasión de demostrarlo. Le conté las interioridades de las operaciones y las crisis que había presenciado antes. Le daba a conocer nuestras pérdidas y le proporcionaba información por adelantado siempre que podía, con la seguridad de que él comprendía de qué se trataba.

Le facilité material secreto relacionado con el partido, al que él respetaba porque luchaba más activamente que cualquier otro grupo, aunque despreciaba a sus Martys. Más tarde utilizó mi material en Por quién doblan las campanas e infini¬dad de lectores se enteraron por las brutales interpolaciones en una obra de ficción romántica de cosas que no querían escuchar en la vida real.


Hemingway recogió, en efecto, las confidencias de Regler en su célebre obra ya citada, en la que se refería así a Marty:

Un anciano corpulento y muy alto, cubierta la cabeza con una boina de las que suelen llevar los chasseurs á pied del Ejército francés, envuelto en un capote, llevando una cartera y calzando al cinto una pistola.
—Puede que sea una gloria y todo lo que quieras —admitió el cabo colocando una mano sobre el hombro de Andrés— pero está más loco que una chinche. Tiene la manía de fusilar gente.
—¿Fusilar...? ¿En serio...?
—¡Como lo oyes...! ¡Ese viejo mata más que la peste bubónica...! Pero no mata a los fascistas como lo hacemos nosotros. ¡Qué va! ¡Ni en broma! Mata bichos raros como trotskistas y divagadores. ¡Toda clase de bichos raros!

Andrés no entendía palabra de todo aquello.

—Cuando estuvimos en El Escorial nos hizo fusilar a no sé cuántos --continuó el cabo—. Siempre nos tocó a nosotros cumplir las ejecuciones. Los de las Brigadas, especialmente los franceses, se negaron a fusilar a sus propios compañeros y, para evitar complicaciones, siempre lo hacíamos nosotros.

Hemos fusilado a franceses, belgas y gentes de todas las nacionalidades y de todos los tipos. Tiene la manía de fusilar gente, siempre por motivos políticos. ¡Purifica más que el salvarsán!


Casi nadie apreciaba a Marty. Tampoco otro autor como Alcofar Nassaes:
Era sin duda —aseguraba de él— un hombre receloso y desconfiado, pero seguramente su mayor defecto era la falta de inteligencia, tacto y sentido común, que le hicieron tratar a sus hombres siempre de la manera menos adecuada. Con muy pocos conocimientos pretendía saberlo todo y controlarlo todo, formándose elementos de juicio y consignas personales disparatadas, cuando en realidad llegaba a poco y para poco servía. Algunos lo presentan como individuo propenso a la ira, capaz de soltar los más tremendos insultos y amenazas, para luego irse apaciguando, no acordándose de nada. Hombre débil, a pesar de las apariencias, estaba seguramente dominado por subordinados más inteligentes, tal vez más poderosos y, desde luego, más fríos y calculadores.

Aun así, considerar a Marty el único diablo sobre la tierra era pasar por alto el inconfundible sello made in Moscú de los procesos y purgas estalinistas. Es probable que el jefe de las Brigadas Internacionales acatara órdenes superiores del Komintern, sin que por ello quedase exculpado de sus crímenes; tampoco es menos cierto que la indisciplina reinaba en algunos batallones y que el terror era sin duda el mejor antídoto para combatirla. Pero eso, desde luego, no eximía a Marty de su responsabilidad en los asesinatos de cualquiera que ante su enfermiza mirada de sospecha apareciera como un desviacionista.
33 bremon, día 10 de Agosto de 2007 a las 13:38
“Pero quienes destruyeron la ley republicana y todo lo que tenía de democrática –que era bastante”—
El pueblo engañado moría no por la libertad y la democracia sino contra ella, por el comunismo. Y eso hay que proclamarlo sin cesar.

“quienes quisieron y organizaron la guerra civil, según prueban sus propios documentos”,
No fueron unos Generales a los que después se une Franco los que organizaron la Guerra Civil.

“Fueron las izquierdas y los separatistas en conjunción”
quienes rompieron la ley republicana y con ella la convivencia convirtiendo al pueblo antes del Levantamiento en lobos criminales.

“Tal como vuelven a conjuntarse ahora, vueltas a su viejo extremismo, para liquidar la Constitución”
¿Hoy, quien ha traído de nuevo la división no ya de las dos Españas si no la ruptura total entre Autonomías? El Pesoe. Es una traición a la paz y a la alternancia democrática, en una sola Nación.

“Por cierto que con la ayuda del PP.”
¿El PP no es españolista, ni defiende la Constitución?
¡ES EL ÚNICO!
¿Debe usar hoy la Guerra civil como argumento político? Para unos sí, para otros sería dar más carnaza a los lobos.
¿Que debe ser más enérgico? Creo que esto lo habrán estudiado lo suficiente para adoptar el camino más pacífico pero siempre firmes en sus principios. Es de esperar que ante las elecciones el panorama sea vivo y contundente. Es absolutamente necesario.
¿Que hay que adaptar la Constitución a tiempos más modernos en algunos de sus aspectos? Todos estamos conformes. Pero contando con todos. Lo contrario es dictadura.
Al final el Pesoe es el que está perturbando la convivencia y la solidaridad como ahora afirma el mismo inconsecuente Alfonso Guerra, pues así como votó el Estatuto de Cataluña, hoy lo volvería a votar tal cual insolidario e injusto es. Siempre mienten.
La izquierda aunque vea la verdad gusta, regusta de la mentira porque parte del pueblo, sus votantes, son hijos de ella.
Ni tienen ni quieren la libertad. Están anquilosados en el 36, en el mismo radicalismo criminal de entonces, y dictatorial, sea como sea, de siempre.
El cacareado progresismo izquierdoso es para bobos y lobos, es antidemocrático y contra la libertad.
34 Sherme, día 10 de Agosto de 2007 a las 13:48
(y 9, para no cansar. Más en el libro, 10 euros en edición de bolsillo)
(...)
Los informes de Martínez Amutio y del comandante jurídico enviado por el gobierno republicano eran coincidentes; no así, como era lógico, el remitido por Marty. Largo Caballero llevó el caso al Consejo de Ministros, donde sólo los dos representantes comunistas, Vicente Uribe y Jesús Hernández, justificaron la matanza de Pozo Rubio. Se pidió al Comité de Enlace de las dos Internacionales que la Komintern relevase a Marty como jefe político de la base, pero los dirigentes, soviéticos rechazaron la petición del gobierno. Marty se salió así una vez más con la suya.

De su carácter, estilo y aptitudes hacía Martínez Amutio la siguiente composición: «Carecía de inteligencia y toda su cultura era un amasijo de frases de Lenin y Stalin con sentencias y amenazas. Su oratoria estaba salpicada de palabras soeces; era el clásico orador mitinero y demagógico de aquella época». Un hombre que dependía en gran medida de su esposa, mujer de armas tomar, como advertía Martínez Amutio: «Su "materia gris", escasa y turbia, estaba moldeada por su mujer, Pauline, una barriobajera, astuta y decidida, sin escrúpulos de ninguna clase, demostrando que superaba en sus malos instintos a Marty, y como él, despótica y altanera. Manejaba a
Marty como si fuese una marioneta, y para ganarse a éste había que hacerlo primeramente a su mujer, que le acompañaba constantemente y le controlaba todos sus pasos y acciones, influyendo en todas sus decisiones. Sin embargo, ella "vivía su vida" sin tenerlo en cuenta para nada».

La descripción de Pauline no tenía desperdicio: «En las reuniones estrictamente comunistas —recordaba Martínez Amutio— siempre se sentaba a su lado [se refiere al de Mar¬ty] y tomaba notas sin cesar. Era activista destacada del Partido Comunista francés desde su fundación, muy sectaria y violenta, y cuando atacaba a alguien que consideraba adversario del estalinismo, empleaba un lenguaje rudo y soez, con insultos y amenazas constantes. Como físicamente conservaba cierto atractivo —podría tener unos cuarenta años—, sabía emplearse melosamente cuando deseaba ganarse el apoyo de alguien o conseguir alguna cosa, haciéndose agradable con ademanes y recursos de mujer bien experimentada. Costaba creer que aquella mujer dominase a aquella "bestia" y que, incluso, en algunas ocasiones le golpease y le maltratase delante de algunas personas».

Martínez Amutio conoció a una universitaria luxemburguesa que se hacía llamar Caroline. Afiliada a las juventudes Comunistas del Sena y recomendada por la dirección de L´Humanité, esta periodista de veinticinco años había llegado a primeros de noviembre de 1936 a la base de Albacete para enviar reportajes de las Brigadas Internacionales a la prensa francesa. Caroline se convirtió muy pronto en una excelente informadora para el gobernador civil. Le contaba con todo lujo de detalles episodios de Marty y, sobre todo, de Pauline: «Es una leona —le dijo—, pero con la astucia y la rastrería de una zorra, y como mujer es eso».

Desde luego, Caroline no tenía recato alguno al referirse a la esposa de Marty: «Sabe y practica —aseguraba— todos los vicios de las más abyectas prostitutas de Pigalle, y he visto que enfrentarse con ella abiertamente es peligroso, porque son una pandilla de hienas capaces de todo; por eso estoy en la base el tiempo indispensable para hacer mis informaciones y alejada en lo posible de esa gente».

(...)

La segunda ocasión en la que ofreció su mejor talante fue el 19 de febrero del mismo año, con motivo de un terrible bombardeo en el que murieron una treintena de brigadistas. Puesto en contacto con el Gobierno Civil, ofreció la ayuda de todas las fuerzas —salvo las que estaban entonces de guardia— en los trabajos de socorro y desescombro.

Algunos interbrigadistas, muy pocos la verdad, han salvado su buena memoria. Esmond Romilly fue uno de ellos; afirmó que Marty se mostró reacio a ordenar a la XI Brigada que entrase en combate porque la falta de instrucción acarrearía numerosas bajas. También el americano Colodny destacó que era «un estricto defensor de la disciplina», y añadía que «a veces se olvida que la llegada a España de miles de comunistas, socialistas, anarquistas y revolucionarios de toda clase ... a buen seguro [Marty] actuó como un imán para los servicios de espionaje de todas las potencias mundiales».
Pero sus buenas obras no bastaron para equilibrar la balanza de su conducta. Pronto, en el extranjero se divulgaron sus métodos maquiavélicos y coercitivos contra los voluntarios. A sus desilusiones domésticas y políticas se unieron las acusaciones por malversación y el dossier de quejas de los altos mandos internacionales. Marty tuvo que comparecer en Moscú ante su jefe Dimitrov a finales de marzo de 1937. Durante varios meses permaneció allí y más tarde llegó a París, desde donde regresó a España a finales de año. Al frente de la base fue reemplazado por François Billoux, del comité central del Partido Comunista francés, a quien luego sustituyó otro francés, Maurice J. Lampe.
Vidal también fue relevado: el búlgaro Karlo Lukanov, alias Bielov, que había sido jefe de la XII Brigada Internacional, ocupó su puesto el 27 de julio.

A comienzos de diciembre de 1937, Marty regresó a Albacete con su nueva compañera, Raymonde, treinta años más joven que él. A partir de entonces viviría momentos de gran tensión.
En los primeros días de abril de 1938 se desató el pánico en la base de las Brigadas Internacionales ante el inminente corte de las comunicaciones por tierra entre Valencia y Cataluña a consecuencia del irrefrenable avance de las tropas nacionales, que habían alcanzado los objetivos estratégicos de Gandesa y Morella.
Marty ordenó el desalojo de la base y su traslado a Barclona. Pero en ningún momento se hizo cargo de la magnitud de la derrota; en cuanto los interbrigadistas se encontraron en la margen izquierda del Ebro, reunió a sus hombres de confianza para organizar el contraataque. El veterano militar prusiano Hans Kahle, laureado por la Academia Militar de Leningrado, se opuso a semejante despropósito. La batalla había sido muy dura. Los hombres tenían la moral por los suelos. A las deserciones se sumaba la evidente falta de disciplina. ¿Cómo podía contraatacarse con esperanzas en semejantes circunstancias?

Algunos interbrigadistas habían huido como liebres y se habían internado hasta más de ciento cincuenta kilómetros en Cataluña. Fue necesario recurrir a controles para detener la retirada y reunir a los desertores. «Cuando llegamos —recordaba Carlo Penchienati— un centenar de desbandados de todas las nacionalidades se concentraban en el patio de una fábrica; habían perdido las armas, estaban heridos, hambrientos, en condiciones físicas que daban piedad. André Marty les arengó, cargándolos de insultos. Como sea que se elevaran algunas voces de protesta, el furor de Marty no tuvo límites, hizo salir de las filas a los que protestaban y abatió a cuatro a tiros de pistola.»

Igual suerte que esos cuatro desgraciados corrió el capitán Marchal, del batallón André Marty, integrado en la XIV Brigada. Acusado de cobardía frente al enemigo, y pese a reconocérsele su valor en el Cerro de los Ángeles, en el Jarama, y en el palacio de Ibarra, fue liquidado por el comisario de la Brigada, Hemmen, en presencia de otro comisario, Langlois. Marty, para evitar indagaciones incómodas, hizo regresar a Francia a los dos comisarios. Las purgas no se detuvieron. El capitán español González, comandante de la primera compañía del 13.º Batallón, también fue ejecutado entre Caspe y Maella. «Había allí —relataba Delperrie algunos voluntarios de su compañía; votaron. El oficial de justicia leyó la sentencia. Se hizo arrodillar al capitán González al pie de un árbol. Un comisario político le disparó una bala en la nuca.»

Llegó un momento, según Delperrie, en que el oficial francés Marcel Sagnier no soportó más las ejecuciones ordenadas en su unidad y dio a Marty un ultimátum: «Si esto se reproduce, me arranco los galones».
Pero los desmanes continuaron. Poco después de la retirada de Aragón se ejecutaron tres sentencias de muerte en la Brigada XI Lincoln. Las víctimas: un argelino, un español y un marinero americano, Paul White, cuyo verdadero nombre era John Quincy Adams. El pelotón de fusilamiento estaba al mando de un neoyorquino llamado Iwan.

En todas las ejecuciones planeó la siniestra sombra de Marty.

La trágica epopeya de los interbrigadistas en la guerra de España tocó casi a su fin el 7 de febrero de 1939. Ese día, mientras algunos voluntarios combatían aún en el Ter, casi un millar de ellos cruzaba la frontera por Le Perthus y setenta aviones republicanos buscaban refugio en Francia. La defensa de Cataluña se resquebrajaba sin remedio.
La tarde del día 9, André Marty, con un gran vendaje alrededor de la cabeza, «extenuado por la fatiga, enervado, medio loco», como recordaba Artur London, pasó revista con el presidente del Gobierno Juan Negrín y el general Cordón a los últimos interbrigadistas, quienes le entregaron las banderas apesadumbrados.

Los alemanes del batallón Thaelmann, los polacos del Dombrowski, los húngaros del Rakosi, los americanos de la XV Brigada fueron los últimos que combatieron en España. «Desarmados, fuimos desfilando —recordaba el brasileño Gay da Cuhna—. ¡XV Brigada...! ¡Vista a la derecha! Aquel saludo a nuestros jefes fue la última voz de mando en tierras de España.»

Luego, Marty cruzó la frontera tras haber escrito una de las páginas más negras de la Guerra Civil española; dejó tras de sí una estela de muerte y desolación, un verdadero ejército de víctimas inocentes.

Poco después, otro hombre atravesaba los Pirineos para ponerse a salvo cuando ya todo estaba perdido. (Se refiere a Negrín, que sigue en el siguiente capítulo, donde da cuenta de lo que ROBÓ y su vida de sexo, drogas y comilonas)
35 Hegemon1, día 10 de Agosto de 2007 a las 14:19
Otro libro más para leer Sherme. Parece interesante.
36 Ronin, día 10 de Agosto de 2007 a las 15:14
Es muy típico de los carniceros echar la culpa de los desmanes cometidos a los superiores, preferiblemente a uno sólo al final, en el que recaen todas las culpas y que misteriosamente estaba rodeado de inocentes hermanitas de la caridad que no tenían más remedio que cumplir sus órdenes. Los nazis le echaron la culpa de todo a Hitler, a Himmler y a algún otro mando de las SS. En la URSS el único malo parece que fue Stalin y aquí, en las asesinas Brigadas Internacionales tenemos al tal Marty que acapara todas las culpas y responsabilidades. Una buena forma de escurrir el bulto por parte de los "inocentes" subordinados. En realidad en la zona republicana había multitud de sádicos a todos los niveles que disfrutaban dando matarile a cualquiera que se les antojara. Y ahora quieren quedar como luchadores por la libertad y la democracia. La culpa de todo la tuvo el tal Marty. Je.

37 DeElea, día 10 de Agosto de 2007 a las 15:27
Chincheta, ¿Qué es un ratón de sacristía? ¿Quiénes son ratones de sacristía?

¿Es agricultor acaso Vd., un agricultor castellano leones de los afectados por la plaga de roedores? ¿No creerá Vd., que todo es culpa de los cristianos? Ya sabe, lo de las plagas de Egipto y eso…

Pues yo creo que en los conventos tienen que andar acojona-disimos, le veo a Vd., con una vitalidad tal, que vamos, ni cuatro madres superioras juntas pueden con Vd., y por si acaso intentan las novicias unirse a ellas, llame Vd., a su amigo Cthulhu-reta que entre los dos, vamos, lían ¡la de Dios!

¡¡Que fenómenos estos ateuchos!! ¡¡Que tíos!!

¡¡¡Vamos, con Dioses a ellos!!!

¡¡¡Le meten dos collejas a Hermes, dos bofetadas a Baal y cuatro patadas ahí al tal Yahvé, que se quedan solos!!!

Y como prueba irrefutable de que Dios no existe, es que se han cagado sucesivamente en Dios desde hace años, y todavía no los ha partido un rayo.

¿Se pueden pedir mas pruebas?
38 Cthulhu, día 10 de Agosto de 2007 a las 17:06
DeElea, yo no se si existe Dios. Pero, como es algo que no me importa, pues le otorgo la inexistecia, que acabo antes. Dios no ha hecho nada por mi, ni se lo he pedido, ni se lo pediré.

Por otra parte, respeto que otros piensen distinto, y no voy a insinuar ni decir nada por ello. Q
39 Cthulhu, día 10 de Agosto de 2007 a las 17:10
Por otra parte, no te importa si me he cagado en Dios o en su madre todas las veces que quiera. Es algo que, como persona libre que soy, puedo hacer si me viene en gana. Puede que te ofenda, pero seguro que a mi me ofenden otras cosas que tu haces.
40 riesgo, día 10 de Agosto de 2007 a las 18:14
perdón por repetir algo que he colgado en el texto anterior esta tarde


Desde luego todo mi apoyo a Tachuela, que espero esté por aquí mucho tiempo, de un tiempo a esta parte hay una cruzada anticristianos, donde en el mismo saco se meten a los anticlericales laicistas y al resto que no comulgamos con nuestra santa madre iglesia, aunque estemos de acuerdo con sus enseñanzas, otra cosa es que no respaldemos conductas contrarias a la fé que dicen profesar, o esa obsesión en buscar a una élite de masones que parece que están por eliminarlos de la sociedad, y por eso antes intentais eliminarles a ellos, claro que mala táctica es atacar a todo aquel que no esté por apoyar abiertamente un catolicismo ferviente

En un espacio de convivencia común en libertad para todos, que és lo deseable, lo que és deseable, es en vez de buscar quien te ataca para tratar de destruirle primero, habría esgrimir acciones que te hagan mejor que aquel que dices se comporta mal

Pero allá cada cual que ya somos mayorcitos


Y conociendo la alianza que se da entre aquellos que en otro tiempo trataban despretigiar al blog y a las ideas que aquí se defienden, se hace posible que algunos estén siendo arrastrados por otros a ese combate con quien no toca, para así olvidarnos del principal problema a dia de hoy de todos los que aquí defendemos que es Zp y su banda de cuatreros

Divide y venceras

Y nos están dividiendo, sabiendo que nunca fuimos unitarios, más que en algunos principios básicos, que en este blog, desde que yo lo conozco, son la defensa de la CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA COMO BUEN MARCO DE CONVIVENCIA

en el que cojen católicos y otros, sin problemas, los que no cojen son los delincuentes, o los saboteadores del sistema, o no deberían cojer, por que lo cierto que no solo cojen sino que cobran bien del estado en el que no creen

Al loro, o a lo que cada cual creo mejor, pero lo cierto es que si hoy tenemos un problema conjunto muchos de los que aquí debatimos es el gobierno del felón y traidor Zp, y su club de perpiñan

Son ya bastante problema y enemigo como para encima hacerles el caldo gordo tirandonos los trastos entre los únicos que podemos empezar a cambiar las cosas, los que el dia 14 votamos PP, claro que puede ser que el nucleo Momia, Triguita, Madriles o Quixote no estén en ese grupo

Creo que Momia si lo está, como Madriles, o como Quixote, me puedo equivocar , pero lo creo sinceramente, Triguita seguro que a ese grupo no pertenece, y en eso creo que no me equivoco nada de nada

SALUDOS ESPERTEYU
Por otro lado aprecio mucho los post, especialmente de Quixote, por lo documentados, por lo diversos, o por lo variados

Incluso he de reconocer que ha habido un tiempo que esa cofradia de gente de FE del blog me ha hecho ameno el dia con discursos que pudieran considerarse cursiladas por algunos, claro que no hay color con la realidad que nos rodea, que es algo mucho peor que cursi

Siempre hablo de impresiones mias, sin ánimo de ofender, y tratando de decir lo que sinceramente pienso, aunque algunos , con todo el derecho del munco puedan decir que me equivoco, soy un plasta, un palurdo, o un hijo de mala mafre, eso va por barrios y ya no és problema mio, lo único que puedo hacer es escribir como mejor se para expresar lo que pienso es mejor para todos, pero siempre una opinión personal, y totalmente subjetiva

Tambien es cierto que hay principios subjetivos en principio, que son evidentes para todos, pasando a ser objetivos

Y uno es que llamese como se llame el club que quiere desastabilizar la España de los ciudadanos soberanos en toda España ya, y en constitución y legalidad, exite, y se encarna en quien les lidera y da alas, que es nuestro presidente actual, alguno dirá que eso es mascarada y que Zp no cede a los nazionalistas nada de nada, pero lo cierto es lo cierto, les lidera gustoso contra la ciudadanía española, y sus simbolos comunes, eso no lo puede negar nadie, y eso es suficiente para quitar a este indecente de presidente de un pais al que no defiende, como va a pretender decir que defiende a sus ciudadanos, que somos los soberanos de tal pais

Y liderandolos no quita que no produzca el efecto contrario, es decir, hacerlos entrar en razón, no a sus dirigentes, que esos entran en razón rápido a cambio de un sillón, sino a los votantes de estos, que son los que posibilitan que estos lleguen a sentarse en ese sillón

La pinza de poli bueno y poli malo

Claro que por medio está el 11m, que hace que el poli bueno, sea un buen criminal, más que un buen poli, pero con placa de robar desde el parlamento, o de negociar desde este la rendición del estado que representa ante los terroristas de siempre, a los que teníamos vencidos los españoles y a los que estos han dado alas, empezando por hacerles inocentes del 11m acusando de culpable al PP

Despues de tanta infamia, de aguantar el sistema a la deriva radical de esta banda, vamos a darles la oportunidad de darnos la puntilla?
O vamos a ponernos todos a la tarea primera a emprender

QUE EN LAS PRÓXIMAS GANE EL PP

QUE NO ESTA EN EL CLUB DE PERPIÑAN SEGURO


Pronpondría una medida simbólica si el PP gana las próximas

ASEGURAR EL APRENDIZAJE DEL ESPAÑOL EN TODA ESPAÑA

CON LAS CLASES NECESARIAS PARA DOMINAR LA LENGUA MAYORITARIA EN ESPAÑA

POR QUE LO QUE MUCHOS TRATAN DE OBVIAR ES LA EVIDENCIA DE QUE EN CATALUÑA, GALICIA O EL PAIS VASCO LA LENGUA MAYORITARIA ES LA QUE ES EL ESPAÑOL

nunca las otras, que no son sino minoritarias en su tierra

eso lo dicta la sociedad , no los caprichos de los politicos de turno

y es un hecho evidente para todos


b29

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41 DeElea, día 10 de Agosto de 2007 a las 18:14
Una luz nueva, ilumina al hermano Clthu-reta,
Y un rayito de esperanza desgarra sus celestiales anatemas.
Y auque huraño de su intimidad, confiesa:

“como es algo que no me importa, pues le otorgo la inexistencia”

Y en la intimidad de mi casa me cago encima de la mesa.

Ya veremos cultlu-reta, si cuando agonizando en una tabla,
Como la de la cagada de la mesa de tu casa.
Mientras la vida se te sale por lo ojos,
Y de tus carnes notas escapar el alma.
En la intimidad, con las Parcas, te cagas tan ufano, en Dios, en su prima o en su hermana.
42 DeElea, día 10 de Agosto de 2007 a las 18:16
Sherme. Antes de nada, decir, que si todos los miembros de la masonería, fuesen como Vd., yo estaría encantado y tranquilísimo sabiendo que existen “asociaciones” de gente así. Porque no me negaran que existen “asociaciones” de gentes que de solo pensarlas dan escalofríos (de malhechores: mafiosas, satánicas, sádicas etc.….) Ya le comente que consideraba yo, que significaba para mi, la masonería en algunos mensajes antiguos.

Hace mucho tiempo, también, di mi opinión, sobre el democrático y tristemente huérfano de paz, pueblo israelí. También considero, que aquellos que tienen secuestrada la paz del pueblo israelita, son dos: el islamismo radical y el progresismo izquierdoso. Como prueba de lo primero toda la sangre derramada en cientos de miserables ataque terroristas contra ciudadanos indefensos, como prueba de la segundo el evidente apoyo mediático de los izquierdosos a los radicales islamistas. Como requeteprueba zETAp y todos los que le siguen a él.

Ten cuidado Quixote no termines echando una mano a estos híbridos de izquierdosos con turbante.


Ahora aparte de esto, me gustaría decirle, Sherme, que, en su buena voluntad, esta vd, confundiendo la “estrategia” y no creo que sea por gusto en discutir sin más, sino sencillamente por que no se ha percatado.


Toda “asociación” “comunión” “ayuntamiento” “iglesia” que no sea como las que mencionaba anteriormente. Tienes siempre unos fundamentos nobles, tanto como sus objetivos. Por que en caso de no tenerlos seria una simple asociación de malhechores. Esos basamentos, esas semillas, se estructuran dentro de ese grupo humano para diseñar el “método” para conseguir el fin buscado. Este “método” al ser el desarrollo de una causa noble, será así mismo, noble, noble como solo las
ideas abstractas pueden serlo. Pero ¿y los miembros de esa noble estructura? ¿Son abstracciones tan nobles como las de la “asociación” o son simplemente hombres…seres humanos? ¿Pueden estos hombres cometer impiedades y crímenes amparándose en la legitimidad que le da el pertenecer a una asociación que se fundamente en lo “bueno”?

La Iglesia Católica, así como los católicos, han pedido en boca de su máximo representante, perdón por todos los crímenes que hayan podido cometer en su nombre o por su causa (conocidos como desconocidos)
Y solo el que reconoce que se ha equivocado, puede rectificar. ¿Acaso aquellos y aquellas asociaciones que no reconocen sus equivocaciones, tienen intención de corregirlas? ¿Los borreeeeegos del zETAp, los Sociatas, los izquierdosos en general reconocen sus crímenes, sus miserias?


Esa defensa Numantina que realiza defendiendo toda y cada una de las acusaciones a la masonería, como si no tuviesen macula, siempre me ha sorprendido. Pero lo que siempre más me ha intrigado, es la connivencia respecto a este tema con los izquierdosos…..curiosamente ellos….los bienhechores de la humanidá, los izquierdosos nunca le han atacado como masón, en todo caso como masón le han defendido. Eso si, mira, que con la caña que los dabas no dejaban de llamarte nunca facha ¡como esta mandao!


Y como no es la primera vez que escucho los intentos de asimilación de cristianismo y catolicismo con nazismo (totalitarismo marxista/ocultista/satánico) te prevengo contra estas artimañas izquierdosas.

“Sherme Dijo:
Por si alguien lo dudaba, la intervención 50# del tal Quixote (en el hilo anterior) tiene de "católico" lo que yo de submarinista. NAZISMO HITLERIANO puro y duro.”

Un ejemplillo:

Soren73 dijo:

“El que el sr. Moa publique algo no implica que sea cierto. El nazismo, que ya veo por donde van sus tiros, no era ateo. Y eso sí que está demostrado. El régimen que sí lo era fue el comunista.”


Saludos.
43 riesgo, día 10 de Agosto de 2007 a las 18:24
Venir a decir ahora que hay que ser magnánimo con los perdedores, cuando YA SE HA SIDO TODO LO MAGNÁNIMO QUE SE PODÍA SER Y MÁS, AL ACORDAR LA CONSTITUCIÓN CON TODOS LOS SECTORES PERDEDORES DE LA CONTIENDA, a pesar de no existir tales ya, sino aspiraciones o legados usurpados por listillos politicastros

Yo tambien soy de familia republicana, y lo que siempre digo es que el abuelo que soltó franco para morir en casa, sentenciado a muerte, y liberado para que se cumpliera la condena en la cama de su casa, acabó sus dias renegando de los lideres que le enmbarcaron en tal contienda, mi abuela me aseguro que de Franco ni un reproche, hoy una mezcla de sentimientos que yo percibia en mi Mieres de niñez y era el ser ferviente comunista pero demostrar tener a Pachu un respeto especial, no tanto a los que se atechaban bajo su palio, o quienes le llevaban en él

Desde luego tambien había el fanático antifranco a muerte, siempre que no le oyera nadie que lo pudiera comprometer

Lo que sí tengo claro es que muchos de los que lucharon y murieron o sufrieron por defender la republica, por lo que lucharon fué por que sus nietos vivieramos con los posibles que tenemos ahora, eso sí que es algo que es objetivo para cualquiera que quiera reconocer la realidad de entonces y de ahora, o no?
44 Cthulhu, día 10 de Agosto de 2007 a las 18:31
Estoy conforme con lo expresado por riesgo. Las inclinaciones religiosas de cualquiera son cosa suya. Lo importante es defender España, conseguir que todos los españoles sepan Español, que no castellano, y hacer que esos nacionalismos destructivos sean cosa para el olvido. Defender la CONSTITUCIÓN es algo que implica tanto a ateos, agnósticos como cristianos y musulmanes. Todos los españoles deberíamos reflexionar sobre lo que de verdad permite la convivencia en el país.

Por cierto, España es un estado aconfesional, según su constituición, claro.
45 tachuela, día 10 de Agosto de 2007 a las 18:38
37 DeElea.

Usted me hace una batería de preguntas en cada uno de sus mensajes. Yo solamente le he hecho una y no la ha contestado: en mi mensaje 21 de ayer.

Usted me llama ateo porque le da la gana, ya que nunca me he pronunciado respecto a mis creencias religiosas y tengo por norma no compartirlas con fanáticos.

Lo que puede usted haber leído en alguno de mis mensajes, es la defensa del derecho de todos y cada uno de los usuarios de este blog a tener sus propias creencias religiosas (o no tenerlas) y eso es algo que unos fanáticos como usted, Momia, Quixote, Madriles y Castella no pueden permitir.

Hace unos meses, cuando los retroprogres campaban a sus anchas por este foro, Momia, DeElea, Quixote y Madriles eran el hazmerreir de los becarios de izquierda. Ustedes cuatro no aportaron jamás ni un solo argumento que tuviera cierta sustancia, y les ponían en ridículo seis veces al día. Ni siquiera tenían gracia para insultar, sosos, monotemáticos, meapilas sin nervio, blanduchos. Ustedes cuatro no merecían el esfuerzo de teclear para poner en evidencia sus carencias intelectuales. Hoy, cuando aquellos enemigos han desaparecido, se crean ustedes artificialmente otros enemigos entre los de su propio bando.

Su actitud no es de recibo, DeElea. Hará bien la Iglesia en considerar muy seriamente si le es rentable en estos tiempos asumir la imagen de un catolicismo radical y violento, como el que ustedes imparten sin rubor.

Y con ese integrismo suyo, llamando a rebato a sus mesnadas contra todo el que le parece ateo, se pone usted en ridículo.

Le saludo cariñosamente, DeElea.



46 tigrita, día 10 de Agosto de 2007 a las 18:45
40.. Riesgo: Si te refieres al grupo de los liberales por supuesto que no me vas a encontrar. Y no me importa repetirlo una vez más: Porque son más falsos que judas, no se creen ni a si mismos, mienten cada vez que abren la boca. En eso son como los socialistas, "To pa el pueblo" "Sí lo puede hacer el pueblo mejor que lo haga el pueblo" ¿Captas el matiz? tigrita no.
47 tachuela, día 10 de Agosto de 2007 a las 18:48
40.

Riesgo, agradezco sinceramente tu apoyo.


Saludos.

48 mescaler, día 10 de Agosto de 2007 a las 18:52
Son pocos y además se pelean entre ellos.
49 riesgo, día 10 de Agosto de 2007 a las 18:52
DeElea nunca ha sido, al menos en mi impresión, fanático de su Fe si eso significa tratar de imponerla a la fuerza, es más hay post de De Elea que son de los mejores del blog, al igual que de Quixote, Madriles es como és, o así me lo parece a mí, y Momia es un todo terreno, siempre una sorpresa para cualquiera

Cierto que siempre han defendido, al menos Madriles y Momia, que para ellos su labor es desenmascarar lo que creen la trama masónica en nuestra España de hoy
Cada cual puede defender lo que mejor le plazca y así hacen abiertamente

DeElea o Quixote nunca pueden ser hazmerreir de nadie, y menos de esa banda de indocumentados, más que nada por que para ser hazmerreir se tiene que estar falto de conocimientos, argumentos, o capacidad, y a estos les sobra y se nota


Triguita haber si captas el matiz

sabes lo que es un enzima catalizador?

pues aplicalo, por que sino el pueblo puede ser que lo único que sepa hacer es comerse los mocos muy ricamente , eso sí
50 mescaler, día 10 de Agosto de 2007 a las 18:56
Acracia, sin ninguna duda el mejor post que jámás se ha publicado en este foro es tuyo: el del "bebedero de patos".

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