Pío Moa

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La persecución religiosa en España

2 de Abril de 2008 - 13:02:24 - Pío Moa

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Ayer, conferencia en Jerez patrocinada por las hermandades y cofradías de la ciudad, en el ciclo sobre II República y religiosidad popular. Lleno total, con mucha gente de pie y en el pasillo inmediato. Algunas intervenciones de izquierdistas, siempre interesantes (no capciosas, como varias de Zaragoza, aunque las preguntas capciosas suelen ser las mejores). La prensa, algo menos sectaria que en la ciudad de los Sitios. He aquí el texto de la conferencia. Ruego a los lectores que estén de acuerdo le den la máxima difusión, como a la de Zaragoza:

LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA EN ESPAÑA
 
Como es sabido, durante la guerra civil española se produjo una de las mayores persecuciones religiosas de todos los tiempos, marcada por muy numerosos actos de vesania y de crueldad extrema con fines explícitos de exterminio del clero y de los fieles más militantes, abarcando la matanza incluso a gente por el mero delito de ir a misa. Hubo además un programa deliberado de erradicación de cuanto recordase la religión cristiana: incendio de iglesias y monasterios,  destrucción de las cruces y lápidas con signos religiosos en los cementerios, destrozo o robo de objetos valiosos de culto, de bibliotecas valiosísimas, etc. Dada la enorme acumulación de cultura y arte debida a la Iglesia, la persecución causó daños invalorables al patrimonio histórico, artístico y bibliográfico de la nación.
 
Esta persecución no irrumpió como un rayo en un cielo sin nubes. Al contrario, fue preparada por un hostigamiento permanente desde el siglo XIX, que alcanzó su máxima intensidad durante la II República. La acción anticristiana comenzó, apenas llegado el nuevo régimen, con la célebre quema de conventos, bibliotecas, obras de arte y centros de enseñanza, protegida por la inhibición de la fuerza pública. Pero lo más grave no fueron los delitos mismos, con ser gravísimos, sino la autoidentificación casi unánime de las izquierdas con los delincuentes, a quienes otorgaron el título de “el pueblo”. Y como el pueblo es soberano, los delincuentes se convertían así en soberanos de la nueva situación. No creo exagerar en lo más mínimo, pues tal identificación constituye el prólogo de actos todavía peores. Luego las izquierdas rompieron las normas democráticas que decían representar, con una Constitución no laica sino anticatólica, la cual reducía a los clérigos a ciudadanos de segunda y permitía usar el poder, ilegítimamente, para asfixiar a la Iglesia, vulnerando de paso las libertades políticas.
 
Los años siguientes, sobre todo con ocasión de la insurrección de octubre de 1934 – verdadero comienzo de la guerra civil– y el triunfo del Frente Popular en febrero del 36, volvieron los incendios de templos y comenzó la matanza de clérigos, más de treinta en Asturias; y episodios significativos como el de los caramelos envenenados, cuando algunos agitadores soliviantaron a las masas con el cuento de que las monjas distribuían tales caramelos a los niños, provocando así un motín con algún muerto y heridos. La propaganda anticatólica cobró mayor virulencia. Es decir, la sangrienta persecución lanzada al reanudarse la guerra civil en julio de 1936 solo culminó una preparación de años. Poco después de la victoria del Frente Popular, el periódico satírico La traca publicó esta encuesta: “¿Qué haría usted con la gente de sotana?”. Vale la pena citarla como botón de muestra, pues incluye 345 respuestas del siguiente tenor: “Cocerlos como se cuecen los capachos; los prensaba y luego el jugo que soltaran lo quemaba, y con las cenizas y pólvora cañoneaba el palacio del Papa”. “Pelarlos, cocerlos, ponerlos en latas de conserva y mandarlos como alimento a las tropas italianas fascistas de Abisinia”. “Darles una buena paliza de quinientos palos a la salida del sol de cada día”.
 
“Lo que se hace con las uvas: a los buenos colgarlos, y a los malos pisotearlos hasta que no les quedara una gota de sangre”. “Castrarlos, hacerles tirar de un carretón, hacerlos en salsa y darlos a comer a Gil Robles y al ex ministro Salmón”. “Hacerles sufrir pasión y muerte, como Cristo, a ver si, como dignos representantes suyos, lo sufrían con aquella resignación del Nazareno. Si le imitaban en todo, entonces, después de muertos, sería cuando creería en ellos”. “¡Pobrecitos curas! Es tanto lo que les quiero, que uno a uno los haría colgar de la torre de mi pueblo para que no hicieran más crímenes, que bastantes han hecho ¡Canallas!”. “Ponerlos en los cables de luz eléctrica, rociarlos con gasolina, pegarles fuego y después hacer morcillas de ellos para alimento de las bestias”. “Castrarlos. Molerlos. Hervirlos. Hacerlos zurrapas. Echarlos a la estercolera”. 
 
Y así sucesivamente. Las respuestas venían de todo el país, con sus correspondientes firmas, lo que revela dos cosas: el profundo “envenenamiento de la conciencia de los trabajadores”, denunciado por el socialista Besteiro, y la sensación de impunidad que se iba adueñando de aquella gente. De ningún modo se trataba de desahogos grotescos y bravucones, pues actos muy similares se pondrían en práctica pocos meses después. Aquella propaganda incesante creó el ambiente para la gran matanza.
 
El anticatolicismo, no simple anticlericalismo, era el rasgo más propio de las izquierdas y los separatistas catalanes, su cemento de unión por encima de tantas rivalidades como los separaban hasta llevarlos a verdaderas guerras civiles entre ellos. No toda la izquierda, claro está, odiaba a la Iglesia con el mismo grado de intolerancia, pero incluso la más moderada veía con simpatía o indiferencia aquellas conductas y, en el mejor de los casos, se contentaba con abstenerse. Los más tradicionales comecuras eran las izquierdas republicanas, la Esquerra catalana y los anarquistas, mientras que socialistas y comunistas sostenían conceptos algo más pragmáticos que, desde luego, no excluyeron, llegado el momento, su participación de primera fila de la persecución.
                                      
***
 
Este hostigamiento brutal, antidemocrático y sistemático, inclinó al grueso de la Iglesia al bando nacional, que salió en su defensa, frente al revolucionario empeñado en exterminarla. No fue, con todo, una postura unánime. Algunos sacerdotes izquierdistas y bastantes otros separatistas vascos y catalanes trataron de disimular la masacre o justificarla con diversos argumentos y, en esa medida, contribuyeron a ella.
 
Me extenderé un momento sobre estos últimos: en Cataluña se dio el caso curioso de que la Esquerra, pese a su intenso jacobinismo, hiciera lo posible por salvar a los curas nacionalistas. Un informe al cardenal Gomá, guardado en su archivo y recientemente publicado por José Andrés-Gallego y A. M. Pazos, dice: “Ha llamado poderosamente la atención el hecho de que los sacerdotes militantes del catalanismo hayan salido todos indemnes, mientras sucumbían a centenares sus hermanos”. Cabe dudar de que todos los nacionalistas salieran indemnes, pero hubo una operación política para favorecerlos, excluyendo a los curas catalanes no nacionalistas. El propio Vidal i Barraquer pudo librarse, dejando abandonado, al parecer por un malentendido, a su obispo auxiliar, Manuel Borrás, asesinado poco después. El nacionalismo de Vidal, comenta Azaña, “llega a extremos chistosos. No ve con malos ojos la disolución de los jesuitas, pero estima que ha podido hacerse una excepción con los jesuitas de Cataluña, que son de otra manera, y, por supuesto, mejores”.
 
La solidaridad de los clérigos nacionalistas con los martirizados fue escasa, si acaso existió. Madariaga cita a una de sus “lumbreras”, como lo llama, acaso el mismo Vidal i Barraquer: “Los revolucionarios han destruido las iglesias, pero el clero había destruido primero a la Iglesia”. No se entiende cómo pudo ocurrir aquello. Los revolucionarios no solo destruyeron iglesias, sino que masacraron a los sacerdotes. ¿Por qué tenían que hacerlo si los sacerdotes habían servido tan bien a sus designios de arrasar la Iglesia? ¿No debieran haber premiado y felicitado, más bien, a aquel clero tan conveniente para ellos? Al final de estas retorcidas justificaciones queda, de un modo oscuro y contradictorio, la vieja pretensión de presentar a las víctimas como culpables. Posturas que seguimos viendo hoy en el fraile ideólogo Hilari Raguer, por ejemplo.
 
O en el clero nacionalista vasco. Buena parte de él se sentía estrechamente ligado al PNV, en el cual veía un defensor de la religiosidad de los vascos, considerados una especie de nuevo “pueblo elegido”. Quien quizá expresó mejor su insolidaridad radical fue el muy católico Irujo, ministro de Justicia en el Frente Popular, con una propuesta de decreto encaminada a mejorar la imagen de las izquierdas en el extranjero: “La pasión popular, confundiendo la significación de la Iglesia con la conducta de muchos de sus prosélitos, [hizo] imposible en estos últimos tiempos el ejercicio normal del derecho de libertad de conciencia y práctica del culto”. La matanza y destrucción sistemáticas quedaban reducidas, para ventaja de la propaganda de los perseguidores, a la simple eliminación del derecho al culto, atribuido, además, a una “confusión popular”. Las víctimas, por su “conducta”, habían merecido de algún modo el castigo.
 
Al revés que los nacionalistas de Álava y Navarra, los de Guipúzcoa y Vizcaya, creyendo en la victoria de los revolucionarios, optaron por éstos a cambio de un estatuto de autonomía, que se proponían conculcar aprovechando las circunstancias. Cuando los navarros ocuparon Guipúzcoa, la autoridad militar fusiló a 12 ó 14 sacerdotes nacionalistas por sus actividades políticas. El PNV y el clero adicto hicieron grandes protestas en la prensa extranjera y en el Vaticano, apoyándose en sectores “progresistas”, especialmente franceses, pese al carácter tradicionalmente muy reaccionario y antiliberal del nacionalismo vasco. Franco cortó los fusilamientos, pero el clero peneuvista persistió en su campaña para negarle el carácter de defensor de la Iglesia. En realidad, el clero separatista se desentendió de la suerte de los sacerdotes perseguidos, justificando de diversos modos su matanza.
 
El proyecto de decreto de Irujo señalaba, además: “Una parte de la Iglesia católica, concretamente la de Euzkadi, ha sabido en todo momento cumplir su misión religiosa con el máximo respeto al Poder civil (…) Por eso no ha sufrido el más leve roce con sus intereses”. Estas frases eran tan falsas como la anterior. En la zona bajo autoridad del PNV habían sido asesinados nada menos que 55 sacerdotes que, por ser ajenos al separatismo, no merecieron atención reivindicativa ni protesta del clero ni de los políticos sabinianos, tan clamorosos por los fusilados en Guipúzcoa. Otros muchos religiosos vascos fueron masacrados en el resto del país ante la misma fundamental indiferencia de los clérigos nacionalistas.
 
Desde luego, Irujo hizo aquí y allá algunas gestiones en favor de los perseguidos y algunas denuncias ocasionales. Por ellas ha recibido un reconocimiento algo excesivo, si las comparamos con su política básica de ocultación de la verdad, de connivencia con los perseguidores desde el gobierno, y de apoyo a la propaganda revolucionaria, todo ello sin protesta alguna de los religiosos peneuvistas, que yo sepa. Pues esta connivencia de hecho constituía la contrapartida de las vulneraciones del estatuto por el PNV, como exponía el lendacari Aguirre ante las protestas de las autoridades izquierdistas: “Euzkadi sirvió con su ejemplo de único argumento en el exterior, invocado tantas veces en la Sociedad de Naciones y por numerosos políticos, incluso comunistas, como la señora Ibárruri en sus mítines de propaganda exterior”. Los servicios prestados por el PNV y su clero al Frente Popular fueron muy estimables, pero las izquierdas creían excesivo el pago que por ellos se tomaban los sabinianos. Estos precedentes, creo,  ayudan a entender sucesos más recientes.
 
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La persecución, tan apasionada y sistemática, no respondía al odio político, pues la inmensa mayoría de las víctimas no pertenecía a partidos más o menos fascistas, de los que las izquierdas pudieran temer agresiones. Su utilidad desde el punto de vista bélico fue nula, y políticamente perjudicó en extremo a sus autores, al dejar en evidencia sus pretensiones de libertad, humanitarismo y cultura, y alimentó la desgana de Gran Bretaña, Usa y Francia por ayudar al Frente Popular, pese a los clamores "republicanos" y "democráticos" de éste. Esa aparente irracionalidad, unida a una crueldad tan extrema, ha obligado a buscar explicaciones al fenómeno, que a menudo han derivado a críticas a la Iglesia perseguida, y no tanto a sus perseguidores.
 
Entre ellas apenas trataré el bulo de que las iglesias y conventos servían de polvorines o de fortalezas desde donde curas y frailes disparaban contra "el pueblo". El evidente infundio continúa una larga tradición, iniciada en la primera mitad del siglo XIX, cuando los frailes fueron acusados de envenenar las fuentes públicas. Erraríamos al atribuir tales patrañas, por su tosquedad, a mentes incultas "del pueblo", pues, por extraño que suene, han sido divulgadas y más o menos creídas por intelectuales. Con ocasión de la magna pira de conventos, bibliotecas y escuelas a comienzos de la república, Rivas Cherif cuenta una frívola charla entre él y Azaña, en la que éste, "si se le argüía aduciendo la matanza de frailes del 34 del siglo pasado so pretexto de haber envenenado las aguas, decía que él no lo creía así; pero que si el pueblo lo aseguraba, era desde ese momento una verdad histórica irrebatible". En realidad, los bulos partían de círculos relativamente cultos y politizados, que los utilizaban para incitar a masas sugestionables, por lo común del lumpen. No se trata, pues, de una explicación, sino de una parte de la persecución misma. 
 
Madariaga hace una acusación en la línea de la “lumbrera” por él aludida: en la Iglesia predominaría un estilo rutinario, hipócrita y hueco,  sin apenas contenido espiritual, y un nivel cultural muy bajo. Pero el mismo autor se contradice, al menos en parte, al observar cómo las provincias de mayor cultura popular, donde el analfabetismo estaba erradicado, eran las muy clericales de Santander y, especialmente, Álava, “la provincia más devota de toda España”. No obstante, insiste: “Que la Iglesia española, un tiempo gloriosa y liberal, que con Vitoria y Suárez fundara el derecho internacional, y con Mariana definiera al príncipe democrático, viniese a degenerar hasta producir los curas guerrilleros y las monjitas místicas (...) La Iglesia española fue grande mientras se nutrió de la cultura de las grandes universidades del siglo XVI”. Pero ese hecho, aun en el caso de que fuese cierto, de ningún modo podría justificar la persecución. Además, aunque la Iglesia española tuvo parte muy importante en el despliegue intelectual del siglo XVI, y son extremadamente apreciables sus contribuciones a un pensamiento pre liberal, para su propio criterio, religioso y no directamente político, se trata de méritos derivados y no esenciales. Por otra parte, si bien la Iglesia no atravesaba su mejor momento en la II República, suponerla, entonces o en el siglo XIX, compuesta fundamentalmente por curas guerrilleros y monjitas místicas, distorsiona la realidad. La Iglesia mantenía numerosas publicaciones y trabajos de investigación muy variados, e instituciones culturales de primer orden, como la universidad de Deusto, donde se hallaba lo único parecido a una facultad de Economía en el país, cerrada sin mayor reparo por el gobierno de Azaña, tan afecto a la cultura. También se esforzaba la Iglesia en formar élites profesionales y políticas, y por contrarrestar intelectualmente las doctrinas laicistas y revolucionarias, como reconoce Martínez Barrio. Esfuerzo mejor o peor encaminado, pero en conjunto notable. Sin vivir una etapa de brillantez intelectual, tampoco estaba el clero tan decaído como se le achaca, ni mucho menos.
 
En cuanto a la presunción de una religiosidad formulista y hueca, choca con la evidencia de las víctimas, que muy a menudo aceptaron el tormento y la muerte antes que renegar de sus creencias, y lo hicieron perdonando expresamente a sus asesinos. Los célebres versos de Claudel sobre los miles de mártires "y ninguna apostasía" parecen bastante próximos a  la realidad. Pues, como una muestra más del extraño carácter, por así decir antipolítico, de la persecución, a menudo se ofrecía a las víctimas salvarse si hacían algún acto simbólico como pisotear un crucifijo o blasfemar. Sea cual sea el punto de vista con que se trate el hecho, está claro que la fe de los católicos no era superficial y formularia, al menos la de un sector amplio de ellos.
 
Y cualesquiera fueran los defectos culturales o espirituales de la Iglesia, resulta grotesco el intento de justificar o explicar por ellos la sanguinaria y obsesiva persecución a la que se libraron sus enemigos. Como si los nazis hubieran perseguido a los judíos acusándolos de no cumplir como era debido con su religión.
 
Otra acusación común destaca una supuesta enemistad de la Iglesia hacia la república. Este argumento ha calado profundamente, también en la derecha, y ha originado una abundante literatura sobre la cerrazón eclesial. J. Caro Baroja afirma: "El clero español dio unos cuantos diputados avanzados, otros reaccionarios. Pero en conjunto, al menos en el Norte, la campaña más sorda y necia contra la República se hizo en las sacristías, utilizando la amenaza, la idea de persecución, etc. (...) La retirada de los crucifijos de las escuelas, las leyes acerca de licencias para procesiones y otras sancionadas por las Constituyentes, los incendios de iglesias y conventos, dieron lugar a interpretaciones torcidas o equívocas, que irritaban a hombres y mujeres, según los cuales, los castigos de Dios eran inminentes. Todo quedaba englobado bajo la misma interdicción clerical: desde "bailar el agarrado" o ir en el "correcalles" a leer La Voz de Guipúzcoa”. Puede ser, pero todo ello no pasa de pintoresquismo inocente al lado de las propagandas y actos anticristianos, realmente violentos y agresivos. Y hechos como las quemas de conventos, bibliotecas y escuelas por los supuestos adalides de la cultura, o las leyes que vulneraban las libertades ciudadanas para reducir a los clérigos a ciudadanos de segunda y a la indigencia, no admitían la menor “interpretación torcida o equívoca”: su realidad e intención estaban clarísimos. 
 
A decir verdad, la acusación dicha tampoco encuentra respaldo en los hechos. La postura eclesial no fue homogénea. Las diferencia podrían personificarse en los cardenales Segura, por un lado, y Vidal i Barraquer por otro. El primero, impregnado del espíritu tradicional, pidió a los creyentes colaboración con las nuevas autoridades, sin dejar de recordar con gratitud a la monarquía. Aunque sus expresiones hacia la república no pasaban de frías, eran perfectamente legítimas en un sistema de libertades, y el gobierno le respondió con menos tolerancia de la que los republicanos habían disfrutado bajo la monarquía: le respondió con auténtico despotismo, resultando una colisión en la que Segura llevó las de perder. Vidal, próximo en algunos puntos a la democracia cristiana, prefería olvidar el pasado, aceptaba más abiertamente el espíritu del siglo y cerraba los ojos a muchas asperezas anticlericales, esperando que el tiempo las limase. Esta posición fue en parte auspiciada por el Vaticano –representado en Madrid por el mundano nuncio Tedeschini– y en el conjunto de España predominó la actitud intermedia de Ángel Herrera, con mucho peso en el episcopado y cofundador de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, de los diarios El debate y Ya y del partido de Acción Popular, embrión de la CEDA, en la cual influía ideológicamente.
 
La Iglesia adoptó, pues, una actitud respetuosa y contemporizadora, aunque, claro está, disgustada por las injurias que sufría no de la república, concebida inicialmente como democracia liberal, sino de los partidos izquierdistas, nada liberales ni demócratas, aunque no cesaran de invocar la libertad. La argucia de Azaña cuando alude  al peligro, puramente inventado, de un gobierno de obispos y abadesas, o explica la persecución por la supuesta "intransigencia, la ferocidad del todo o nada" que achaca a los católicos, falsea por completo la realidad. Ni siquiera cuando la tremenda agresión de la quemas de conventos en mayo del 31, respondieron el clero y los partidos católicos con la violencia o la subversión, que no habrían dejado de estar justificadas como legítima defensa.  La CEDA no sólo acató el nuevo régimen, sino que lo salvó literalmente en octubre de 1934, cuando lo asaltaron las propias izquierdas, como está hoy bien documentado. No fue la Iglesia la que hostigó a la república, sino las izquierdas de la república las que hostigaron sin tregua a la Iglesia.
 
***
 
Una tercera explicación afirma que la Iglesia se ganó la animadversión de amplias capas populares, de los pobres, por haberlos olvidado, por no haber atendido a sus necesidades. Pero esta acusación ignora dos cosas: que los autores de la persecución no fueron “los pobres”, sino unos partidos y políticos que decían hablar en nombre de ellos. La inmensa mayoría de los pobres no participó en las matanzas, y una gran parte de ellos siguieron sintiéndose cristianos. Y por otra parte la Iglesia no estaba tan alejada de los necesitados como se pretende. Sostenía, entre otras cosas,  una red muy considerable de asilos de ancianos y desvalidos, y de asistencia a enfermos, tanto más apreciable en una época en que apenas existía seguridad social, desarrollada más tarde, en época de Franco. Además dirigía centros de formación profesional y de enseñanza a obreros y jóvenes sin recursos, de ambos sexos, etc. Lo que hacía el clero en este orden, mucho o poco y desde luego no era poco, casi nadie más lo hacía. El argumento podría tener algún peso si el objetivo del exterminio hubieran sido las jerarquías eclesiásticas o los sacerdotes de los barrios y zonas acomodadas, pero no fue así. Los perseguidores detestaban especialmente las actividades eclesiásticas en las zonas populares, pues las veían como una intromisión en el campo proletario, que ellos creían monopolio suyo. Los curas y frailes dedicados a esas labores fueron también asesinados, a menudo con verdadero sadismo. Ya en mayo del 31 los incendios se dirigieron, significativamente, contra centros de formación profesional o escuelas salesianas y jesuitas para obreros, y Azaña quiso prohibir incluso la beneficencia eclesial.
 
Pese a estos hechos, la acusación permanece con fuerza, completada con la de haberse aliado la Iglesia tradicionalmente con los “ricos”, con los poderes “reaccionarios”, “explotadores”, con el “capitalismo”. Hace poco un ex sacerdote o ex seminarista pasado al socialismo, el historiador Santos Juliá, criticaba las beatificaciones de los mártires cristianos, asesinados muchos de ellos por socialistas, apoyándose en el intelectual católico francés Maritain, de quien citaba: "Es un sacrilegio horrible masacrar a sacerdotes –aunque fueran fascistas, son ministros de Cristo– por odio a la religión; y es un sacrilegio igualmente horrible masacrar a los pobres –aunque fueran marxistas, son cuerpo de Cristo– en nombre de la religión". Le repliqué en un artículo de Libertad Digital: “Un historiador con algún sentido crítico no puede emplear de ese modo la sentencia de Maritain oponiendo sacerdotes y "pobres". Los sacerdotes eran asesinados por el mero hecho de ser sacerdotes, pero, ¿de dónde saca Maritain que los pobres sufrían matanzas por serlo? Eso es propaganda stalinista, y su falsedad resalta no ya  para un historiador, sino para cualquier persona con sentido común. Ello aparte, los muertos por la represión de los nacionales durante la guerra ascendieron a unos 70.000, según los cálculos más solventes de Martín Rubio: ¿tan pocos pobres había en España? Como sabe todo el mundo, cayó entonces gente acomodada, de clase media y de escasos recursos, pero ninguno de estos últimos lo fue por su posición social, sino por considerársele enemigo político o por venganzas personales. Lo mismo vale para la represión del Frente Popular (unas 60.000 víctimas, más proporcionalmente que sus contrarios, al haberse ejercido sobre un territorio menor), la cual sacrificó también a numerosos obreros y campesinos desafectos. La persecución de los clérigos y monjas se emparenta cualitativamente con el Holocausto perpetrado por los nazis contra los judíos, pues en ambos casos las víctimas eran asesinadas simplemente por ser judíos o clérigos. Un historiador serio debe tener en cuenta otro detalle que Juliá también olvida, y que ayuda a explicar la evidente falsificación del intelectual francés: la preocupación de este por su país, pues le alarmaba la influencia alemana e italiana en España en detrimento de los intereses franceses, y por ello presentaba a Franco como un títere de Hitler. Pudo tratarse de una mentira inconsciente, pero desde luego faltaba a la verdad y escondía que, en cambio, el Frente Popular sí fue dominado por Stalin desde el envío del oro español a Rusia”.
 
Maritain, por cierto, tenía bastante influencia en el Vaticano, donde, según Sainz Rodríguez, “nos consideraban un pueblo al que se tiene seguro, en el que no existe peligro de que se aparte de la disciplina católica, pero al que no hay que prestar excesivas atenciones. En cambio, el elemento francés pesaba enormemente en el Vaticano”, e incluso “los asuntos españoles eran interpretados a través de lo que se decía en Francia”. Tengo la impresión de que Sainz no iba aquí del todo descaminado.
 
Terminaba mi artículo: “Juliá y tantos otros  desvirtúan la espeluznante persecución religiosa con argumentos especiosos, han pretendido durante años que la Iglesia pidiera perdón a sus torturadores y ahora se oponen a que honre a sus mártires. ¡Imaginemos que en Alemania se hiciese hoy algo semejante con los judíos! El envenenamiento de las conciencias prosigue, con las mismas falsedades de los años 30. Juliá y compañía no revelan el menor sentimiento por lo que entonces hizo el Frente Popular, y uno queda con la sospecha de que repetirían, si hubiera ocasión. Después de todo siguen demostrando una vocación en verdad fanática por defender a los pobres”.
 
Además, aunque la Iglesia se hubiera desentendido efectivamente de los pobres o los trabajadores, ello tampoco justifica en modo alguno la persecución. Al revés, sus enemigos deberían estar muy contentos de esa actitud.
 
Debemos atender a otra faceta de la acusación, muy próxima a la teoría marxista de la lucha de clases. Según ella, nada más natural que el compinchamiento de la Iglesia con los llamados explotadores, pues servía a estos para suministrar a los explotados el opio religioso que les hiciera resignarse, en lugar de rebelarse contra su triste situación. Esta doctrina incidía sobre algunos rasgos tradicionales del cristianismo, y no ha dejado de seducir a algunos sectores religiosos, que propugnaban el arrepentimiento por la identificación eclesial con los ricos y los poderosos. La Iglesia debía regenerarse para ganarse a los pobres, a los trabajadores manuales, a los desheredados del Tercer Mundo y, en el caso español, pedir perdón por haber apoyado en la guerra civil a quienes la estaban salvando del exterminio, en lugar de apoyar a sus exterminadores, los partidos llamados obreros del Frente Popular. Las víctimas de la persecución debían recibir así la suprema injuria de un olvido despectivo.
 
Se trata de un enfoque, ya digo, aproximadamente marxista, esto es, materialista, y creo que conducía a la Iglesia al suicidio teórico y práctico. Teórico porque le hacía renunciar o dejar en segundo término su legado espiritual, no materialista; y práctico porque los partidos marxistas quedaban como los auténticos defensores de la justicia social, de los pobres, mientras la Iglesia debía purgar su larguísima identificación con los opresores y solo muy a última hora reconocía su error y pretendía rectificar. Al estar la verdad, en lo esencial, al lado de aquellos partidos, el mensaje de la Iglesia se volvía redundante, quedaba a la defensiva o se diluía, y tal efecto tenía la célebre consigna de la cruz en una mano y la hoz y el martillo en la otra. El llamado diálogo con el marxismo, así planteado, benefició mucho a este y perjudicó a la Iglesia, en cuyo seno introdujo una notable confusión. En fin, hoy debiera estar bastante claro que los partidos autodenominados obreros nunca representaron nada parecido a unos “intereses históricos” del proletariado, que se combatieron y asesinaron entre sí y que nunca los pobres sacaron nada bueno de ellos.
 
***
 
En mi opinión hay tres factores que explican suficientemente la persecución y sus rasgos criminales. En primer lugar, la tradición jacobina. En España, mucha gente identificó el liberalismo con la invasión napoleónica y la Revolución francesa, identificación errónea en general, pero apropiada en el caso de la fracción de los liberales llamados exaltados, luego progresistas y republicanos. Para estos, en efecto, la Revolución francesa constituía el modelo, y un punto fundamental de ella consistía en el aplastamiento de la Iglesia, como había ocurrido en Francia y habían predicado algunos ilustrados, particularmente Voltaire: écrasez l´infâme! Esta concepción difería de la de la Revolución useña o de la experiencia inglesa, que no conocieron tales convulsiones y persecuciones; en la misma España, el liberalismo tenía corrientes moderadas y enlazaba con la tradición  intelectual española de los siglos XVI y XVII, eclesiástica en tan gran medida. Sin embargo el sector republicano, de estilo muy jacobino, propugnó la eliminación de la Iglesia, a la que presentaba como el obstáculo mayor a la modernización del país, a la razón y al progreso. Ese fue su objetivo esencial, causa de matanzas y quemas de iglesias ocasionales, así  como de  una copiosa propaganda. Debe destacarse que la literatura anticlerical en España nunca tuvo la altura intelectual de la francesa, y si destaca por algo es por su carácter soez y pedestre. No obstante, su persistencia y masividad le fueron ganando un influjo social considerable.
 
En segundo lugar, las nuevas corrientes revolucionarias, desde finales del siglo XIX, adoptaron un punto de vista parecido al de nuestros jacobinos. Los anarquistas miraban la creencia religiosa como un enemigo incluso mayor que el propio sistema capitalista, y desde muy pronto hizo objeto a la Iglesia de una hostilidad incondicional, mediante atentados con bombas y otras manifestaciones violentas. Probablemente fueron los más entusiastas incendiarios de templos (no los únicos, ni mucho menos). Los marxistas manifestaban una oposición menos frontal, pues daban la importancia decisiva al factor económico, al derrocamiento del sistema capitalista, después de lo cual la religión debía ir disolviéndose de forma natural, ayudada, eso sí, por la dictadura del partido, llamada del proletariado. No obstante, los marxistas creían necesario apoyar a los republicanos más radicales a fin de cumplir la “revolución burguesa”, preludio necesario  de la proletaria, y por tanto apoyaban su anticristianismo, participando, como ateos militantes, en la propaganda y el hostigamiento a la Iglesia, así como, a su debido tiempo, en las matanzas. Como señalé al principio, este era el único punto de coincidencia entre todos aquellos grupos, y su influjo sobre sectores de la población  no cesó de crecer en el primer tercio del siglo XX.
 
Estos dos factores, que se reforzaban, podían ser mantenidos relativamente a raya mientras persistiera la legalidad que convencionalmente llamamos burguesa, una legalidad no utópica o revolucionaria. Pues en una sociedad repleta de intereses, creencias, aspiraciones y sentimientos muy dispares, solo el mantenimiento de la ley garantiza una convivencia razonablemente pacífica, aun si con crisis naturales. Pero la república, nacida en principio como democracia liberal, sufrió desde muy pronto un proceso de derrumbe cada vez más agravado, que he descrito en tres fases: una fase de desbordamiento, de origen sobre todo izquierdista, durante el primer bienio (quema de conventos, insurrecciones anarquistas, golpe de Sanjurjo desde el otro lado, fracaso de algunas reformas razonables, pero aplicadas con ineptitud y transformadas en pura demagogia…). Una segunda fase de asalto de las izquierdas y los separatistas al poder que las urnas les habían arrebatado en 1933 (intentos de golpe de estado por Azaña y los republicanos, preparativos de guerra civil en pro de un sistema soviético por parte del PSOE, movimientos de rebeldía de los nacionalistas catalanes y vascos), culminada con la insurrección de octubre del 34, que dejó 1.400 muertos en solo dos semanas y en 26 provincias. Y una tercera fase al volver al poder las izquierdas agrupadas en el Frente Popular, tras las elecciones anómalas y no democráticas de febrero de 1936, para desatar de inmediato un movimiento revolucionario desde la calle, con cientos de asesinatos, incendios, ocupación de fincas etc., más la liquidación por el gobierno de la legalidad republicana, antes concebida como una democracia liberal.
 
Este proceso arruinó la convivencia social en España, acabó de quitar toda legitimidad al gobierno de izquierdas y motivó la rebelión de las derechas, reanudándose la guerra civil. Importa subrayar que la rebelión de julio de 1936 no fue un pronunciamiento militar al estilo de los del siglo XIX y algunos del XX (la gran mayoría de ellos, contra un tópico común, tuvo carácter izquierdista, es decir, exaltado, progresista o republicano), sino una verdadera sublevación de una parte muy amplia del pueblo en torno a un sector del ejército. Y que no ocurrió frente a un gobierno legítimo y democrático, como siguen pretendiendo diversas propagandas, sino contra un gobierno despótico y un proceso revolucionario. No sería la democracia, como a menudo se pretende, sino la revolución, la que saldría derrotada.
 
Fueron, pues, las izquierdas y los separatistas quienes hundieron la legalidad republicana, aunque persistieran luego en llamarse republicanos, un artificio de propaganda para retener una legitimidad ficticia y obtener apoyo exterior (solo lo obtendrían de Stalin, que convirtió al Frente Popular en protectorado suyo). La ruina del ideal demoliberal dejó una pugna entre dos ideales dictatoriales, el totalitario de las izquierdas y el autoritario de las derechas. Este último, muy preferible para cualquier demócrata, ganó la contienda, mantuvo a España fuera de la guerra mundial y facilitó un importante desarrollo económico y la disolución de los viejos odios de la república, para dar paso, son el tiempo y  de forma bastante normal, al actual sistema de libertades políticas. No me extenderé aquí sobre estos hechos, hoy suficientemente documentados.
 
La caída de la ley tiene siempre o casi siempre los mismos resultados: el desencadenamiento de los odios y las pasiones, y con ellos, de los crímenes. El levantamiento derechista fracasó al principio y quedó en posición casi desesperada, recurriendo al terror para asegurar su retaguardia, mientras que el Frente Popular, seguro de su victoria empleó el terror como aplicación de un programa de “limpieza” acariciado y preparado por su propaganda desde largo tiempo atrás.
 
A mi juicio, estos tres factores, es decir, las concepciones jacobinas, su reforzamiento por las ideas revolucionarias marxistas y anarquistas, y la destrucción de la legalidad republicana por el Frente Popular, explican suficientemente la matanza de religiosos y muchos otros fenómenos de la época. Podemos hablar del pensamiento utópico y mesiánico detrás de tales actos, pero aquí dejaremos ese aspecto de lado.
 
¿Cuáles fueron los fallos de la Iglesia en relación con todo este proceso? Como he indicado, no creo que fueran los que habitualmente se le achacan. La Iglesia perdió mucho terreno en la sociedad española durante aquellos decenios, como lo ha vuelto a perder ya desde antes de la transición democrática, y eso requerirá seguramente un análisis interno. Pero no abordaré esa cuestión, pues no enfoco el tema desde el punto de vista del creyente, sino del demócrata. Como tal, considero que la Iglesia tiene el mismo derecho a expresarse y organizarse que cualquier otra asociación, máxime teniendo en cuenta su extraordinaria relevancia en la historia y la cultura españolas. Y estoy convencido de que los ataques que ha venido sufriendo y que sufre hoy nuevamente, perjudican seriamente no solo a la Iglesia, sino a la democracia misma,  a la estabilidad de la sociedad y a la integridad del país. 
Comentarios (136)

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51 Momia, día 3 de Abril de 2008 a las 02:52
Se trata simplemente de recordar lo que pasó, todo propiciado por mentalidades muy laicas, muy republicanas, muy democráticas, muy socialistas, todo bajo el siniestro y criminal mandil de la Masonería, por el odio a Dios de sus enemigos.

La analogía con el caso del Holocausto de los judíos a manos de los nazis. ¿Alguien se imagina que los judíos hubieran olvidado esa terrible experiencia del Holocausto?. Los judíos no lo han olvidado. Han montado una memoria histórica permanente, con instituciones que hacen perdurable esa memoria. No se han limitado a peregrinar cada cincuenta años a una ciudad. Han editado cientos de libros, miles de artículos en revistas, han montado exposiciones permanentes que están ahí de forma continua para que el recuerdo.
52 Momia, día 3 de Abril de 2008 a las 03:02
Como dijo el Premio Nobel Elie Wiesel, judío superviviente de los campos de concentración, y autor del libro "La noche", donde cuenta su terrible experiencia de perseguido:

"Si olvidamos a las víctimas del holocausto, las habremos exterminado por segunda vez" .

Eso estamos haciendo los católicos españoles con nuestros mártires de siglo XX, por tenerlos marginados en el olvido.

Los católicos españoles no podemos doblegarnos ante el totalitarismo del PSOE y la Masonería, como hicieron los católicos alemanes ante el nazismo. Los Obispos alemanes, en su Declaración Colectiva con ocasión del 50 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, dijeron que:

"Los cristianos alemanes no ofrecieron la resistencia adecuada al antisemitismo racial de los nazis".

53 Sherme, día 3 de Abril de 2008 a las 07:48
Gran artículo, D. Pío. La barbarie anticatólica (y antireligiosa en general) durante toda la nefasta II República fue tremenda. alimentada una y otra vez con ese espíritu tabernario y criminal que lo tiñó todo de sangre y odio, en todos los lados del espectro. El ODIO es el carácter más marcado de la época. No solo en España, pero sí en lo que nos toca.
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51 y 52# ¡Cómo no! Van Helsing a lo suyo, a su "cruzada"... Pues nada...:

http://www.geocities.com/logiagenesis33cali/chesst...

LA PERSECUCIÓN A LOS MASONES

Del libro “Los Secretos de la Inquisición” , hemos tomado para reproducirlo un capítulo dedicado a la persecución de los Masones, páginas 198 a 202. Este libro que recomendamos especialmente, relata la Historia y legado del Santo Oficio, desde Inocencio III a Juan Pablo II. Su autor Edward Burnan, un inglés nacido en Cambridge, con estudios de filosofía en la Universidad de Leeds, actualmente se dedica al estudio de las herejías del siglo XIII . La obra ha sido editada por Ediciones Martínez Roca, S.A. Barcelona, España, 1988.

En el siglo XVI la guerra contra los herejes extranjeros tuvo por blanco a los luteranos, y toda secta que propagara doctrinas heréticas de parecida índole era eliminada rápidamente. Más adelante, entre los enemigos estuvieron los jansenistas, adversarios particulares de los jesuitas, y la Inquisición continuó actuando contra ellos incluso después de que la Compañía de Jesús fuera expulsada de España en 1767 por oponerse a Carlos III. Las ideas que emanaron de Francia bajo la égida de la Ilustración, fueron suprimidas implacablemente.

Cuando la Masonería inició una rápida expansión en el decenio de 1730 y empezaron a fundarse Logias en toda Europa, la Iglesia católica fue presa de una pánico casi igual al que los cátaros le infundieran varios siglos antes. En Roma, el día 28 de abril de 1738, el Papa Clemente XII promulgó el decreto contra los Masones que fue publicado por el inquisidor Pedro Romolatius. Su título completo era La condenación de la sociedad o conventículos De Liberi Muratori, o de los Masones, bajo pena de excomunión ipso facto; la absolución de la cual se reserva exclusivamente al Papa, exceptuando en el punto de muerte. En este decreto se describe pintorescamente a los Masones como hombres que >, usando un lenguaje casi bíblico, lo que era señal de que representaban una amenaza seria para la hegemonía de la Iglesia católica. El decreto continúa diciendo:

“Deseamos además y ordenamos, que tanto obispos como prelados superiores, y otros ordinarios de lugares particulares, como los inquisidores de la depravación herética universalmente designados de cualquier estado, grado, condición, orden, dignidad , o preeminencia, procedan e inquieran, y restrinjan y coerzan a los mimos, tan vehementemente sospechosos de herejía, con merecido castigo”.

Los efectos de este decreto expresado en lenguaje de la Iglesia medieval fueron inmediatos: el oficial de la Logia de Roma, que había celebrado su última reunión el día 20 de agosto de 1737, fue detenido por la Inquisición >; en Florencia, un hombre llamado Crudeli fue detenido, encarcelado y torturado por la Inquisición, que le acusó de haber dado asilo a una Logia masónica. La Inquisición española se apresuró a seguir el ejemplo e incrementó la vigilancia de que hacía objeto a los Masones en España y Portugal. En 1742 un Masón francés llamado Jacques Mouton y un inglés nacido en Suiza, John Coustos, fueron apresados en Lisboa. Todos los recursos disponibles fueron lanzados contra este nuevo enemigo en un momento de inactividad relativa de la Inquisición. Cuando en 1751 se promulgó otra bula renovando las estipulaciones del decreto de Clemente XII, un inquisidor español llamado Pedro Torrubia se introdujo en la Masonería. Fue Iniciado en ese mismo año y permaneció en ella el tiempo suficiente para informarse bien del ritual Masónico y de los nombres de los suscriptores de la Logia. >.

La mayor acusación que se lanzó contra los masones era la de ser una sociedad secreta y, por lo tanto , >. Esta acusación paradójica, proferida por una de las organizaciones más secretas y , por ende , literalmente ocultas, era el origen de la estipulación según la cual los >. La persecución que sufrieron los Masones refleja el temor y la incertidumbre profundos que anidaban en la sociedad española más que cualquier peligro real que representara la Masonería.

El más célebre de los prisioneros Masónicos fue John Coustos, a quien ya hemos citado. En 1746, Coustos publicó en Londres The Sufferings of John Coustos, for free - Masonry , and for his refusal to turn Roman Catholic, under the Inquisition at Lisbon. Su crónica, teñida por el odio que le inspiraba la Inquisición, y quizá exagerada si tenemos en cuenta que fueron pocos los Masones perseguidos así, es interesante porque da muchos detalles sobre el procedimiento inquisitorial en fecha tan avanzada. Coustos nació en Berna, pero se naturalizó inglés y vivió veintidós años en Londres antes de irse a Portugal, donde trabajó de diamantista. Llegó a Lisboa en 1742, en el momento culminante de las persecuciones contra la Masonería a raíz del decreto del Papa Clemente, y cuenta que al principio sus cartas eran censuradas. Luego la Inquisición decidió >, y Coustos, que ya era Maestro de la Logia, fue elegido junto con su amigo Alexandre Lacques Mouton. Primero detuvieron a Mouton y luego al propio Coustos, en la noche del 5 de marzo de 1743, en un café.

Coustos comenta lacónicamente: >.

Después de registrarle, le tuvieron encerrado varios días en una celda; durante su permanencia en ella, le afeitaron y le cortaron el pelo. Con la cabeza rapada, le llevaron ante el presidente y cuatro inquisidores para un interrogatorio preliminar. Coustos dio información sobre su nombre, lugar de nacimiento, religión y oficio. Luego, tras suspenderse el interrogatorio durante otros tres días, prosiguió la paciente degradación. Al comparecer de nuevo ante el tribunal, le preguntaron si había examinado su conciencia y descubierto alguna transgresión contra el Santo Oficio en el pasado. Al darse cuenta de que le estaban acusando de pertenecer a la Masonería, Coustos recitó una breve historia de la hermandad. La astucia de los inquisidores se hizo manifiesta cuando sugirieron >.

Coustos fue acusado formalmente de ser Masón, >, y de afirmar que la Masonería era un bien en sí misma, >. Luego encerraron a Coustos en su mazmorra otras seis semanas, antes de comparecer ante el inquisidor general portugués, el cardenal Da Cunha. Al negarse otra vez a justificar su posición, le amenazaron con torturarle:

“A esto fui llevado inmediatamente a la cámara de torturas, construida en forma de torre cuadrada, donde no aparecía luz alguna, salvo la que daban dos bujías; y para impedir que los horribles gritos y espantosos quejidos de las infelices víctimas llegasen a oídos de los demás presos, las puertas estaban forradas con una especie de colcha”.

Coustos fue sometido al tormento del potro hasta que sus ligaduras hicieron brotar sangre. Entonces le dejaron en su celda durante seis semanas más, antes de someterle al trato de cuerda. Después de otros dos meses, fue llevado de nuevo a la cámara de tortura para aplicarle un nuevo tormento:

“Los torturadores rodearon dos veces mi cuerpo con una gruesa cadena de hierro, la cual, cruzando por encima de mi estómago, terminaba luego en mis muñecas. Seguidamente apoyaron mi espalda contra una gruesa tabla, en cada uno de cuyos extremos había una polea por la que pasaban una soga que sujetaba los extremos de las cadenas en mis muñecas. Luego los torturadores, estirando estas sogas mediante un rodillo, apretaron o magullaron mi estómago, a medida que se juntaban las sogas. Esta vez me torturaron hasta tal punto, que se me dislocaron las muñecas y los hombros”.

Después de esta tercera sesión, se dio por terminada la tortura y el cirujano de la cárcel le vendó las heridas.

(sigue)
54 Sherme, día 3 de Abril de 2008 a las 07:49
(y 2)

La crónica refleja de forma muy viva el proceso continuo de humillación y espera. Después de otro lapso de tiempo que no se especifica, el sábado 20 de junio de 1744 Coustos recibió la orden de prepararse para el auto de fe que iba a tener lugar el día siguiente. Eran unos miembros de la inquisición con la misión de buscar herejes vistiendo una túnica amarilla con rayas encarnadas, acompañado de familiares a izquierda y derecha, siguió en procesión a los dominicos por las calles de Lisboa. Fue sentenciado a cuatro años de cautiverio en las galeras, que le parecieron un gran alivio: él y sus compañeros >; es un alivio comprensible que puede compararse con la felicidad que experimentó Pignata al alcanzar la frontera de Nápoles. Continúa Coustos:

“La libertad que tenía de hablar con mis amigos, después de haberme visto privado incluso de verles durante mi tediosa e infortunada permanencia en la cárcel de la Inquisición; el aire libre que respiraba ahora, con la satisfacción que sentía al verme libre de las temibles aprensiones que siempre cubrían mi pensamiento, cuando quiera que reflexionase sobre la incertidumbre de mi destino; estas circunstancias, unidas, hicieron que para mí los trabajos de la galera fueran mucho más soportables”.

Sus palabras ponen de relieve que la aprensión y la incertidumbre eran lo que más afligía a los prisioneros de la Inquisición. La tortura psicológica era mucho peor que los efectos de los instrumentos de tortura física, que tanto impresiona a los lectores modernos.

Lo peor había pasado ya. Coustos pudo sobornar a los guardianes para que le eximieran del trabajo cotidiano de la galera, que transportaba agua a otras prisiones. El ministro británico en Lisboa tocó alguno resortes diplomáticos y se presentó una petición de libertad al rey de Portugal. Coustos fue puesto en libertad a finales de octubre de 1744, sin cumplir toda la sentencia.

Sin esperar permiso, pues temía que los portugueses se echaran atrás, partió a bordo de un barco holandés que se encontraba cerca de la costa de Lisboa y en él volvió a Inglaterra. Por fin se había librado de lo que él llama >.

Pero la persecución de Masones continuó. El miedo que inspiraban se intensificó durante los años que siguieron al paso de Coustos por la cárcel, e incluso se llegó a identificarles con sectas maniqueas o dualistas: otro eco lejano de los cátaros. En 1752 se publicó un panfleto con el título de “Verdadera cronología de los Maniqueos que aún existen con el nombre de Francmasones”. Poco después, esta paranoia fomentó la creencia de que los Masones estaban detrás de la Revolución Francesa. Según un historiador español de la época, Llorente era Masón, por lo que sus motivos para publicar una historia crítica de la Inquisición española eran sospechosos: los sentimientos contra él eran especialmente fuertes, porque se pensaba que la abolición del Santo Oficio formaba parte de un complot Masónico cuyo objetivo era descatolizar España.

La abolición sería la primera maniobra de esta supuesta estrategia.
55 Sherme, día 3 de Abril de 2008 a las 08:41
YY... (no puedo poner el enlace, porque es más largo que los caracteres que me permite)

Al contrario de lo que sucede en otros países, donde la masonería es una asociación muy respetada, en España sigue envuelta en el misterio, y su mención aún despierta recelos, odio y temor. Y, de hecho, en pocos lugares ha sido tan perseguida y reprimida como en el territorio español.

El 17 de abril de 1728, en la Gran Logia de Inglaterra se recibía una carta procedente de España, en la que un grupo de ciudadanos británicos afincados en la península solicitaban la constitución oficial de una logia en Madrid. Aquella misiva, redactada apenas once años después del nacimiento de la masonería "moderna" en 1717, convertía a España en el primer país del continente que solicitaba la creación de una logia regular. Aquella logia, que no recibió la legitimización hasta un año después, fue bautizada con el nombre de French Arms -también es mencionada como Las tres flores de Lys nº 50, nombre del hotel en el que se reunían sus miembros, en la madrileña calle de San Bernardo-, aunque es más conocida como "logia matritense".

Su fundador fue el inglés Duque de Wharton, coronel británico al servicio de la corona española. Wharton, que había sido Gran Maestre entre 1722 y 1724, y formó parte del primer Club del Fuego del Infierno, murió el 31 de mayo de 1731, siendo enterrado en el monasterio de Poblet.

El mismo año que se "legalizaba" la logia de Wharton, la Saint John of Jerusalem solicitaba su constitución en Gibraltar. Algunos años más tarde, en 1750, 1755 y 1772, varios grupos de ciudadanos extranjeros intentaron crear logias o celebraron reuniones masónicas en Madrid, Barcelona y Cádiz.

Sin embargo, y a pesar del papel "pionero" de algunas de estas logias radicadas en España, lo cierto es que la presencia de la Fraternidad fue prácticamente anecdótica -o casi nula- a lo largo del siglo XVIII, al contrario que en otras naciones europeas. ¿La causa? Muy sencilla: la prohibición y persecución dirigida por la Corona y la Inquisición...

Una fraternidad proscrita

En 1738, el papa Clemente XII condena de forma rotunda a los franc-maçons o Liberi muratori en su bula In eminenti, con castigo de excomunión. Poco después, Andrés de Orbe y Larreategui, Inquisidor general en España, emite el edicto de prohibición sobre la Orden del Gran Arquitecto. Comienza así un periodo de persecución que se prolongará -aunque con algunas interrupciones- hasta 1833.

Tras la condena eclesiástica, llegó la de la Corona. Primero con Fernando VI y su hermano Carlos III, cuyo Real Decreto de 2 de julio de 1751 convertía a los posibles masones del territorio español en criminales proscritos. Más tarde, Fernando VII mostró una obsesión enfermiza, llegando a promulgar catorce decretos contra la Orden. Con la derogación de la liberal Constitución de Cádiz, el primer Real Decreto (mayo de 1814) prohibía cualquier tipo de asociación clandestina, y ese mismo año se restablecía el tribunal de la Inquisición, para luchar contra "las sectas anticatólicas introducidas durante la guerra de la Independencia". Según el historiador Ferrer Benimelli, fue el periodo antimasónico más duro y prolongado de la historia de España. En este tiempo hubo dos periodos de "calma", con los paréntesis de la invasión napoleónica -cuando aparecen las logias de militares bonapartistas y de españoles afrancesados- y el Trienio Constitucional (1820-23).

Tras la muerte de Fernando VII, acaecida en 1833, la persecución contra la masonería se suaviza un poco y, de hecho, la regente María Cristina de Borbón amnistió mediante decreto a los masones. Sin embargo, continúa vigente la condena para todos aquellos que, a partir de esa fecha, sigan formando parte de una sociedad secreta. La "tregua", sin embargo, duró poco, pues la persecución volvió a endurecerse, manteniéndose hasta 1868. Uno de los sucesos más destacados de esta época se produjo en 1853, cuando los miembros de la logia San Juan de España (Barcelona) fueron detenidos, juzgados y condenados a penas de cárcel de hasta 7 años, aunque más tarde fueron indultados por la reina Isabel II.

La revolución de septiembre de 1868 trajo consigo un nuevo panorama para la masonería española. Las recién adquiridas libertades acabaron también con las persecuciones para la Orden del Gran Arquitecto, y las logias aumentaron en número en muy poco tiempo. Este aumento del número de logias supuso también la "alineación" de cada una de ellas en distintas obediencias, provocando cierto caos e incluso enfrentamientos entre algunas de ellas. En concreto, había cinco obediencias principales: el Gran Oriente Nacional de España, con Ramón Mª Calatrava como Gran Maestre; aquellas logias adscritas al Gran Oriente Lusitano; el Gran Oriente de España, con Carlos Magnan y Clark como Gran Maestre; la Gran Logia Independiente Española y, finalmente el Gran Capítulo Catalán.

Ya en la época de la Restauración (1875-1896), y hasta la pérdida de las últimas colonias -desastre del que se culpó, cómo no, a la masonería española-, las obediencias se multiplicaron aún más, aunque el catedrático Miguel Morayta logra reunir a buena parte de ellas dentro del Gran Oriente Español.

También florecieron entonces algunas "logias de adopción", como Las Hijas de los Pobres (Madrid) o Las Hijas de la Regeneración (Cádiz), con las que nace la masonería femenina en España. Además, algunas logias masculinas -siempre de masonería irregular- comienzan también a aceptar la presencia de algunas mujeres en los trabajos de las logias.

Masonería y Segunda República

Después de la crisis que supuso la pérdida de Cuba y Filipinas para la masonería española -las acusaciones sobre su participación en ambas independencias hicieron que el número de masones y logias se redujera drásticamente-, a principios de siglo XX sólo quedaban dos obediencias: el Grande Oriente Español (GOE) y la Gran Logia Regional Catalano-Balear. Ésta pasó a denominarse, a partir de 1920, Gran Logia Española, aunque el GOE tuvo más importancia.

Especialmente importante fue la presencia de miembros de la masonería entre los órganos directivos de la Segunda República (1931-39), tal y como recoge Benimelli en su libro La masonería en el Parlamento encontramos un importante número de diputados masones. No menos de 120 en la legislatura de 1931 (es decir, algo más de la cuarta parte de los integrantes de la cámara), 55 en la legislatura de 1933, y más o menos los mismos en la de 1936". Y, entre los partidos políticos, la presencia masónica fue igualmente notable en varios de ellos: "Acción Republicana, Partido Republicano Radical, Partido Republicano Radical Socialista, Partido Socialista Obrero Español y, en menor medida, la Izquierda Republicana de Cataluña y Federación Republicana Gallega".

Según este especialista, "existieron entre el republicanismo y la masonería conexiones importantes y una colaboración que podrían apuntar hacia una posible, aunque no directa, utilización de la masonería por el republicanismo con fines propagandísticos o incluso electoralistas, aunque es éste un extremo que habrán de confirmar investigaciones futuras".

De la Guerra Civil a la transición

El comienzo de la Guerra Civil dio inicio a una de las etapas más oscuras en la historia de la masonería española.

Antes del conflicto armado, Franco ya había manifestado tendencias antimasónicas cuando, en 1935, tras su nombramiento como jefe del Estado Mayor, destituyó a seis generales por su condición de masones, tal y recoge el periodista Pepe Rodríguez en su libro "Masonería al descubierto" -Se sabe que dos hermanos de Franco, Ramón y Nicolás, habían pertenecido a la Fraternidad y, según algunas versiones no confirmadas de forma alguna, la fobia del futuro dictador por la masonería habría nacido después de que le fuera denegada su admisión en la logia Lukus de Larache, en Marruecos.

Iniciada ya la contienda, la persecución de los masones por parte de los sublevados fue brutal. Según el historiador Francisco Moreno Gómez, "el fusilamiento de masones no esperó a ninguna legislación al respecto. De la logia Helmantia de Salamanca fueron fusilados 30 masones. De la Constancia de Zaragoza, otros 30. Del "triángulo" Zurbano de Logroño, 15...", y así hasta completar una larga y siniestra lista. Algunos estudios recientes cifran en unos 2.500-3.000 los masones españoles fusilados o asesinados. (¡y se calcula que, en total, habían en la época unos 5.000 masones en toda España!, pero esto no parece interesar a nadie. Como tampoco la existencia de 18.000 fichas de "supuestos masones" en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca... ese episodio para los "Momias y Van Hélsines" y demás no merece la pena más que ser callado... (añadido mío))

Tras la guerra llegó la ley, en 1940, "para la represión de la masonería y el comunismo", reflejo de la obsesión que Franco manifestó durante toda su vida por el célebre contubernio judeo-masónico- comunista. En función de dicha ley se iniciaron más de 18.000 procesos y expedientes contra supuestos masones, cuando se estima que antes de la guerra apenas había unos 6.000 masones. Muchos de estos procesados murieron también fusilados.

La prohibición de la masonería durante el franquismo tuvo una llamativa excepción: con el establecimiento de las bases norteamericanas en territorio español, Franco se vio obligado a aceptar, muy a su pesar, la presencia de logias de militares en dichas instalaciones. En Torrejón de Ardoz, "levantó columnas" la logia Arthur T. Weed nº 59, la Liberty en Morón, Pyrenees nº 77 en Zaragoza, etc...

Ya en plena transición, la masonería tuvo que esperar hasta el 3 de julio de 1979 para ser legalizada, cuando el Tribunal Supremo ordenó al Ministerio del Interior la inscripción del Grande Oriente Español en el registro de asociaciones.
56 martsal, día 3 de Abril de 2008 a las 10:04
Sin quitarle ni un gramo de mi conformidad a todo lo expuesto por D. Pío, quiero manifestar también mi total acuerdo a lo expuesto por Rafael S.V. en el post nº 7.
Nadie se ha preocupado , y alguien tendrá que hacerlo algún día (buena oportunidad ¿eh D. Pío?), por explicar la persecución que han sufrido las Iglesias Evangélicas en España.
Dejando aparte los muchos sacrificados en la hoguera en el siglo XVI (por quedar ya muy lejos), baste con llegar al siglo XIX y al XX para tener un material abundantísimo para estudiar dicha persecución.
Tras la Guerra civil fueron numerosos los casos de evangélicos fusilados o encarcelados, no por comunistas o contrarios al Régimen, sino por el simple hecho de ser evangélicos.
Hasta 1967, en que se promulga la Ley de Libertad Religiosa, el pueblo evangélico tenía que vivir en las "catacumbas" de sus iglesias, mantener ocultas sus creencias, y los valientes que se atrevían a proclamar su fé sufrir las represalias correspondientes.
Todo lo que relata D. Pío sobre la persecución a la Iglesia católica es cierto, pero creo que alguien debería hacer justicia algun día a la persecución sufrida por el pueblo evangélico.
Con lo que no estoy de acuerdo con Rafael SV es en la relación con la masonería.
En las Iglesias evangélicas en las que me he reunido hasta hoy, la masonería es considerada anticristiana.
57 mescaler, día 3 de Abril de 2008 a las 10:13
#Mescalero

¿Y eso basandote en? ¿La constitución de Cadiz?

En que únicamente en el siglo XIX aparecen los conceptos actuales de nación y ciudadano. Antes había sólo vasallos o súbditos.

¿Me estas diciendo que en febrero de 1812 no habia españoles y justo en abril millones de ellos? Y supongo que entre ellos tenemos que incluir a cubanos y resto de americanos.

Antes de 1812 había españoles y después de 1812 también. Por supuesto, la Constitución de Cádiz habla de españoles "DE AMBOS HEMISFERIOS".

Vaya así que ahora te has olvidado de Carlos y demas "reyes de los francos" jejeje

Una vez que te he demostrado que Carlomagno nunca fue rey de Francia, no hay nada que añadir.

Pues solo tienes que responder a la misma pregunta otra vez ya que has cambiado de opinión ¿Desde cuando existe Inglaterra y desde cuando existe Francia? Venga tengo curiosidad.

Podemos hablar de Inglaterra desde el siglo XI, cuando se unen los distintos reinos anglosajones y las zonas dominadas por los daneses. Todos esos territorios pasan a depender en 1066 de Guillermo el Conquistador. De Francia, a partir de mediados del siglo IX, cuando el imperio carolingo se desgaja en tres partes. Por supuesto, lo que acabo de decir no implica que en esas épocas existiera una "nación inglesa" o una "nación francesa".

Y no voy a escribir más para que no tengas que leer mucho. Solo responde a esa simple pregunta, asi puedo situarme.

Se agradece. Los tochos, mejor se los dejamos a Moa

Saludos y buen día,
Mescalero

58 Sherme, día 3 de Abril de 2008 a las 10:26
Rajoy podría otorgar a Gallardón la secretaría general del PP, ocupada por Acebes

¡Marianooo! Cuenta con mi baja ipso-facto.
59 Sherme, día 3 de Abril de 2008 a las 10:30
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_4...

Uhmmm, tal ve me espere a junio...

Tensiones internas

Salta la gaseosa del PP

No es una exageración decir que hay mucho mar de fondo. Por primera vez, incluso los más sosegados dentro del PP empiezan a dar a entender que podría surgir una candidatura alternativa a Mariano Rajoy en el congreso de junio.
60 Sherme, día 3 de Abril de 2008 a las 10:34
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_4...

"No demonicen a Soraya diciendo que es del PP"

Para hallar a alguien vagamente similar a un votante convencido del PP en la estructura oficial del PP hay que desechar más gente que en la identificación de la última reencarnación del Gran Lama.
61 Momia, día 3 de Abril de 2008 a las 10:36
HOLOCAUSTO ANTICATÓLICO EN LA II REPÚBLICA.

http://es.youtube.com/watch?v=Plhq5_U69oE&feat...
62 mescaler, día 3 de Abril de 2008 a las 10:39
Más grave es pretender incrustar en el presente realidades dudosas procedentes de siglos pasados.

Por ejemplo, la supuesta nación española creada por Leovigildo, las apariciones de Santiago Matamoros, el Cid como caballero cristiano, etc. Material suficiente para que Moa escribiera un libro titulado "Los mitos del nacionalismo español".

El que sea una potencia de segunda fila no altera ni su legitimidad histórica ni su legitimidad política: para los españoles y para el resto del mundo.

Me temo que lo que a los españoles y al resto del mundo lo que les interesa son cosas mucho más concretas y palpables que eas "legimitidades", como la libertad, la justicia o la prosperidad.

Las glorias pasadas no hay que buscarlas: son patentes. Están a la vista en cualquiera de nuestras ciudades.

¿En qué quedamos? ¿Son pasadas o presentes?

Por otro lado, si España es una potencia de segunda fila las causas no habrá que buscarlas en la economía, sino en que muchos españoles están enfermos de tu mismo mal. Ya no creen en España. Son españoles defectuosos, castrados en lo más profundo de su conciencia. España era una nación muy pobre cuando se alzó a reina del mundo. El factor diferencial era antaño en la exaltación como lo es ahora en la humillación un factor puramente espiritual. La enfermedad de los españoles de hoy tiene muchos nombres. "mescaler" es uno de esos nombres.

Las guerras no se hacen con "exaltación". Las catedrales no se construyen con "exaltación". Se necesita dinero. Y cuando se acaba el dinero, no hay "exaltación" que valga. La monarquía hispánica no era pobre. Contaba con las riquezas de Flandes y de Italia, con las minas de América. Cuando la monarquía hispánica quedó reducida a España, en el siglo XIX, se acabó lo que se daba.

"O buscando "credenciales" inverosímiles."
¿Cuales son esas credenciales inverosímiles? ¿Cual es la verosilimitud de las "credenciales" de los fascismos periféricos vasco, gallego y catalán?

Añade el fascismo centralista español. Ya te he dicho que todas esas credenciales son poco o nada verosímiles.

Parece que es los fascismos periféricos a los que les obsesiona la carencia de profundidad histórica. Si no les importase, dirían. "somos una nación porque queremos serlo... desde 1920"

Lo mismo se puede decir del fascismo centralista español. Obsesionado con el pasado. Lo que demuestra que todos los nazionanismos son iguales.

No hay nacionalistas españoles. Hay patriotas españoles y nacional-socialistas periféricos. Son ellos los que buscan legajos fósiles. Nuestras credenciales como digo son patentes.

No esperaba menos. La típica frase del fascista centralista español. Aplicada al campo de la religión, nosotros somos piadosos, ellos son sectarios, supersticiosos, infieles. Y sólo porque su doctrina no es la misma.
63 Momia, día 3 de Abril de 2008 a las 10:54
El secretario general de la sección española de la III Internacional Socialista, José Díaz, afirmaba en Valencia el 5 de marzo de 1937: “En las provincias en que dominamos, la Iglesia ya no existe. España ha sobrepasado en mucho la obra de los soviets, porque la Iglesia, en España, está hoy día aniquilada”. Ni el templo de la MACARENA, la Reina de Sevilla, respetaron, fué destruida.
64 Momia, día 3 de Abril de 2008 a las 10:59
Al ser preguntado el Presidente de la Generalidad de Cataluña, el gran masón Lluís Companys, a finales de agosto de 1936, por una periodista de L’Oeuvre sobre la posibilidad de reanudar el culto católico, respondió: “¡Oh!, este problema no se plantea siquiera, porque todas las iglesias han sido destruidas”.
65 mescaler, día 3 de Abril de 2008 a las 11:06
Al hilo de la religión y la superstición, me he acordado de un texto de Eduardo Galeano que no me resisto a copiar:

LOS NADIES

"Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy ni mañana ni nunca,
ni en llovizna cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no practican religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la Historia Universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata."

"El libro de los abrazos". Eduardo Galeano.
66 Momia, día 3 de Abril de 2008 a las 11:08
Testimonio de D. Eugenio Laguardia, párroco de Zucaina, un pueblecito de Castellón.

"Me cogieron de los brazos, me registraron y encontraron el breviario. Uno de ellos me pegó un culatazo en la cara, me rompió la nariz y me dejó el ojo izquierdo sin vista durante tres meses. Caí en tierra. Me pegaban y me hacían levantarme, hasta que ya no pude. Y, entonces, uno de ellos me pegó un tiro en la cabeza. La bala me entró por debajo del ojo izquierdo, me atravesó el paladar, la lengua, el cuello y quedó alojada en el pulmón. El otro le dijo que me volviera a dar otro tiro, porque estaba vivo, pero ya no me lo dio. Me echaron a un barranquito cerca de la carretera. Yo oía cómo se iban, riéndose de cómo yo rezaba a la Virgen".
67 Momia, día 3 de Abril de 2008 a las 11:19
Un testimonio muy elocuente es el que dio Manuel de Irujo Ollo, dirigente del Partido Nacionalista Vasco, ministro sin cartera -septiembre 1936-mayo 1937- en los dos Gobiernos de Largo Caballero, y ministro de Justicia en el gabinete de Negrín -18 de mayo de 1937-, que en una reunión del gobierno celebrada en Valencia el 9 de enero de 1937, presentó el siguiente Memorándum sobre la persecución religiosa:

“La situación de hecho de la Iglesia, a partir de julio pasado, en todo el territorio leal, excepto el vasco, es la siguiente:
a) Todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruidos, los más con vilipendio.
b) Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido.
c) Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron.
d) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de culto, los han fundido y aun han aprovechado para la guerra o para fines industriales sus materiales.
e) En las iglesias han sido instalados depósitos de todas clases, mercados, garajes, cuadras, cuarteles, refugios y otros modos de ocupación diversos, llevando a cabo –los organismos oficiales los han ocupado- en su edificación obras de carácter permanente.
f) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados y derruidos.
g) Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles, hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan sólo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las poblaciones. Madrid y Barcelona y las restantes grandes ciudades suman por cientos los presos en sus cárceles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote o religioso.
h) Se ha llegado a la prohibición absoluta de retención privada de imágenes y objetos de culto. La policía que practica registros domiciliarios, buceando en el interior de las habitaciones, de vida íntima personal o familiar, destruye con escarnio y violencia imágenes, estampas, libros religiosos y cuanto con el culto se relaciona o lo recuerda”.

Este Memorándum demuestra claramente que es históricamente falso afirmar que los asesinos eran grupos de incontrolados, ya que las masas más violentas que desencadenaron la ofensiva contra la Iglesia en el año 1936, nacieron, crecieron y se formaron amparados por la República, instigados por la Masonería, el Socialismo y el Comunismo.
68 Momia, día 3 de Abril de 2008 a las 11:31
Ángel Galarza Gago, alias "Víctor Hugo" en la Masonería, un mandilero asesino responsable de infinidad de crímenes frentepopulistas durante la guerra civil, dijo en el pleno de las Cortes del 1 de julio de 1936: "Pensando en su señoría, Sr. Calvo Sotelo, encuentro justificado todo, incluso el atentado contra su vida".

Semanas después, con la guerra ya en marcha, volvía a hablar Galarza en Mahón, concretamente el día 5 de agosto de 1936: "Tengo un gran dolor por la muerte de Calvo Sotelo. El dolor de no haber participado en ella."

69 Momia, día 3 de Abril de 2008 a las 11:40
La hostilidad contra la Iglesia, que arrastraba sedimentos de la revolución francesa y de las agresiones napoleónicas, se nutrió paradójicamente, en la segunda mitad del siglo XIX y en la primera del XX, de dos componentes más bien opuestos entre sí, pero ambos criminales y llenos de odio hacia la Iglesia Católica: El primero, un liberalismo racionalista, laicista, el de la Masonería; y el segundo un populismo obrerista y sindical que degeneró en marxismo-leninismo, aliado en ocasiones con el anarquismo radical.
70 Momia, día 3 de Abril de 2008 a las 11:49
El golpe de Estado y la matanza del 11 de marzo de 2004, y el buscado acceso al poder de la Masonería con Zapatero y el PRISOE han destruido en España el signo de la alternancia como ficción democrática.

El proceso de retrocesión histórica hasta la II República, abordado de inmediato por Zapatero, ha reactivado un proceso de inmersión histórica hacia la República del 31 al 36, comandada por masones y socialistas antiespañoles y anticristianos.
71 tigrita, día 3 de Abril de 2008 a las 11:50
Ayer tigrita escuchando el debate entre la senadora Clinton y el senador Obama, salió a relucir la posibilidad de que los EEUU entraran en recesión, fuen entonces cuando Obama dijo que la administración Bush se gastaba doce mil millones de dólares cada mes en la guerra de Irak. Esto corrobora lo que viene diciendo tigrita sobre la falta de liquidez del sistema: es esta guerra subprime y no las hipotecas la única y verdadera causa.


No se si lo he leído o soñado que al Criti lo habían baneado en el blok de Federico. Sí es así, no te apures Criti. Tigrita siempre ha creído que un poco de la medecina liberal te vendría bien para hacerte entrar en razón.
72 jlh, día 3 de Abril de 2008 a las 12:05
“Rajoy podría seguir con sus cambios en el PP ofreciéndole a Gallardón el puesto de Acebes.”

Parece que Rajoy se está convirtiendo en el mayor enemigo de la derecha, muy por encima de Zeta.
73 jlh, día 3 de Abril de 2008 a las 12:06
tigrita, ¿lo de que hables de ti misma en tercera persona a que se debe? ¿No serás aída nízar?
74 Momia, día 3 de Abril de 2008 a las 12:08
El primero de abril, festejamos los españoles la gran victoria de nuestra Nación ante las fuerzas de la Masonería, de la revolución marxista lenninista, es decir, frente a los poderes del odio, del crimen y la barbarie, a la que pretendieron -y pretenden aún hoy- destruir.

Por primera vez después de siglos, una Nación occidental, España, se enfrentaba a las fuerzas del odio de la revolución y venció -contrariamente a lo que había pasado en Francia y Rusia con las revoluciones francesa y comunista-. Y fue una victoria tan inesperada y contundente, que hoy ni la Masonería, ni el resto de esas fuerzas la han olvidado, ni el odio y el resentimiento que aquella derrota les generó: odian a España y quieren destruirla, basta ver el discurso del actual gobierno golpista y masón para comprenderlo.

75 jlh, día 3 de Abril de 2008 a las 12:14
“no hay casi nadie del PP en el organigrama del PP” , Jose Antonio Martínez-Abarca
76 lluisv, día 3 de Abril de 2008 a las 12:15
Veo que andan los ánimos revueltos. Ante la incertidumbre del PP, mejor nos ponemos con las matanzas de religiosos de la Guerra Civil. Y luego esos mismos, sin ni siquiera ruborizarse, acusan a los demás de estar mirando siempre hacia el pasado.

Interesaría también un libro sobre las persecuciones y discriminaciones encabezadas por el clero católico. No hace falta remontarse a al época de las Cruzadas o la Inquisición, simplemente revisar la historia española de los últimos 200 años.

Veríamos a clérigos integrados en partidas carlistas, de esas que no tenían ningún reparo en fusilar a sus prisioneros (eso si, antes de morir les permitían confesarse). Lo poco que hicieron para contribuir a calmar los ánimos antes de que empezase la guerra, o su colaboración gustosa con asesinatos en el bando nacional y represalias posteriores. No deja de ser curioso en una serie de personas que tienen como lemas cosas como "no matarás", "no robarás" o "perdonar a los enemigos".
Luego, esos mismos o sus sucesores quieren darnos lecciones de moral.
77 lluisv, día 3 de Abril de 2008 a las 12:20
Sobre el baneo en los blogs.

Personalmente, he podido comprobar que no se elimina tanto los insultos como las argumentaciones bien realizadas pero que discrepan (y dejan en evidencia) la línea oficial del blogger.

Un servidor ha podido ver como mensajes sin insulto pero que contenían verdades incómodas son eliminados si dan con ellos. Mescaler creo que puede afirmar algo parecido.

Los insultos, en cambio, no aportan nada más. Di que Moa es un "tipejo" y no pasa nada, habla objetivamente de su pasado en los Grapo y puede que el mensaje desaparezca.

Luego, resulta que son liberales. No quisiera saber qué harían si no lo fuesen.
78 lluisv, día 3 de Abril de 2008 a las 12:23
#74:

Creo que el que engendraba odios era Aznar. Sólo hay que ver los resultados de Carod-Rovira hace 4-6 años y compararlos con los de ahora.
En ERC, deben estar rezando para que ese vuelva a tomar las riendas del partido o, en su defecto, lo hagan Acebes, Mayor Oreja o Esperanza Aguirre. Encima, las finanzas del partido lo agradecerían, personas como las que he mencionado les hacen una campaña electoral que no se la hace el mejor experto que se pueda encontrar y, encima, gratis.
79 denebola, día 3 de Abril de 2008 a las 12:31
#62, mescaler

Hace unos meses expuse la estructura de tu insania. Aquello que dije sigue perfectamente vigente. Vives en un mundo irreal tejido de mentiras. El relativismo te ha vacunado contra la consideración de la realidad. El apriorismo te impide juzgar, pero sólo superficialmente, ya que ese apriorismo esconde un juicio previo, irracional, en contra de tu propia nación.

Tengo ahora abierto un libro muy interesante: "de locis theologicis". ¿Seguiré leyendo o gastaré ancho de banda en rebatirte una vez más? ¿Preferiré a mescaler antes que a Melchor Cano?

Adivina.


80 denebola, día 3 de Abril de 2008 a las 12:34
#76,luisillo

Puedes "escribir" tú ese libro. Seguro que no desmerece del paupérrimo nivel intelectual de tu tribu. Ánimo, escríbelo y luego se lo arrojas a la cara a los fascistas malos.

81 lluisv, día 3 de Abril de 2008 a las 12:36
#48, Danebola

Otra cosa que encuentro muy curiosa es que se acuse a los nacionalistas periféricos de recurrir a la Edad Media para justificar sus pretensiones y el nacionalismo español no tenga reparo alguno en hacer lo mismo para justificar las suyas. Lo que es malo en un caso no debería ser tan bueno para el otro.
Encima, luego vienes recordando las grandezas imperiales. Ya es para flipar. ¿De qué sirvieron? Únicamente, para arruinar el país y dejar su huella en forma de un reguero de sangre allá por donde pasaron.

Parece como si tuvieseis algo de megalomanía. Despreciais lo pequeño, las "nacioncitas". ¿Qué problema teneis con Dinamarca, Irlanda, Grecia, Eslovaquia, Holanda,...?




Respecto al post #47, decirte que el sistema ese de puntos mediante el que te expulsaron de un blog de izquierdas funcionaba en LD hace unos meses, por lo menos en ciertos apartados. El resto de usuarios valoraban tus aportaciones y, al perder los puntos, te quedabas sin participar. Tendrías que ver la de puntos que se pueden perder en un par de días si no les sigues la corriente a algunos.
82 lluisv, día 3 de Abril de 2008 a las 12:39
#80

Tampoco es que Moa se mate mucho. Se limita a reproducir la propaganda oficial del franquismo, añadiendo algunas alucinaciones adicionales que tampoco puedo asegurar que sean de cosecha propia.

Claro que, dado el nivel de crítica de su corte, que lo traga todo, tampoco hace falta más.
83 alonso_4, día 3 de Abril de 2008 a las 13:40
La persecución religiosa en España

Es para felicitar efusivamente al Sr. Moa por tan estupenda conferencia y tambien al Sr. Obispo de Jerez por propiciar el acto.

En su momento, la verdad sobre todos esos hechos, demoledora sobre todo para el PSOE y la UGT, fué silenciada para facilitar la convivencia entre nosotros, pero ahora, cuando se sacan de la manga las fabulaciones de la "memoria histórica", hay que responder como se pueda.

Y para ello desde luego que no contamos con el PP, que ellos son guay del paraguay.

En la Iglesia también se dió en el año 31 el fenómeno del apoyo a la República, sobre todo por el rechazo que se había ido fraguando contra la figura el impresentable D. Alfonso XIII, y también por seguidismo a los no menos impresentables líderes de la derecha de entonces. Aunque aquello se terminó en cuanto empezaron a quemar iglesias, colegios y bibliotecas.

Ahora tampoco estamos para tirar cohetes. El progresismo y el socialismo han infectado muy gravemente a buena parte de la Iglesia en España, pero eso está ya superado en gran medida, porque se están marchando al otro barrio los carcamales de la teología de la liberación.

Donde sigue el "inmovilismo progre" sin fisuras es en algunas órdenes religiosas, que se han apuntado a la subvención y al mamoneo, con el cuento de que hacen el bien, siguiendo eso sí con entusiasmo cuantas consignas anticristianas aparezcan. No se han marchado de la Iglesia porque ya no pueden: están fuera de ella, pero eso sí, encantados de haberse conocido. Otros más que ya se irán enterando.
84 gorgias_, día 3 de Abril de 2008 a las 13:52

#Mescalero

Mal debes estar cuando aprovechas ya la minima para salirte por la tangente. Primero con Carlos no me refería a Carlomagno si no a tu famoso "Carlos el Calvo". Y no has demostrado nada, solamente que en tu bienamada wiki dice que Carlos I el magno era "Rey de los francos" y Carlos II "Rey de la Francia Occidental" curioso... jeje

Es obvio que si dices que Inglaterra existe desde los tiempos de William The Conqueror o incluso antes con la unificación de los reinos sajones, España ya exisitía en tiempo de los godos pues no es ni más ni menos que un caso muy semejante. Y si no, tendras que explicar las diferencias entre ambos paises o entre ambos casos. Y no te menciono el caso de Francia porque es aun más complejo y entonces si que no darias pié con bola.

Cuando dices que una nación solo podia existir a partir del siglo XIX porque fué entonces cuando se creó ese concepto, supongo que te refieres a todas ellas y no solo a España. Por eso te pregunto una vez más ¿Cuando surgió la nación francesa o la nación inglesa o mejor aún cuando surgieron los USA como nación? ¿Así si lo entiendes?

Por cierto cuando dices que ya había españoles antes de Cadiz entiendo que te refieres a que España como reino o pais ya existía ¿No? Porque si no ya me diras como podían llamarse españoles. A no ser que salgas otra vez con la tontería del "concepto geografico" aplicable tb. al resto de paises europeos supongo. Convirtiendo al final el termino "español", "ingles" o "frances" en equivalente a "alpino" o algo semejante...

#Lluisv

Pues si tan tonto es Moa como debeis ser vosotros y como deben ser los "historiadores" progres que no son ni sois capaces de rebatir minimamente esa "propaganda" tan cutre. Desde luego te garantizo una cosa. Con toda certeza el no se quedaría en blanco en cuanto le presionasen un poco con respecto a sus teorias. De ti todavia estoy esperando que me contestes a lo último que te dije porque que yo sepa por ahora al callar, me estas concediendo el hecho que Cataluña no tiene ningun derecho a referendum porque no es, ni ha sido nación nunca, porque el referendum tendría que ser a nivel español y porque de hacerlo tb. el Ampurdan tendría derecho a autodeterminarse. Y por supuesto que si tu tienes legitimidad para decidir sobre tu nacionalidad yo la tengo para decidir si pago o no impuestos y a quien se los pago.
85 mescaler, día 3 de Abril de 2008 a las 13:58
Mira, gorgias_, España no existía en tiempos de los godos. Hispania sí, pero España no. ¿Vale? Cuando comprendas la diferencia, seguimos.
86 gorgias_, día 3 de Abril de 2008 a las 14:04


Mira Mescalero antes tendras que explicarme la diferencia entre la "Hispania" goda y la "Inglaterra" sajona o la "Francia" de los francos, normandos y borgoñones. Y porque segun tú unos si eran paises y los otros no. Es bien simple...
87 mescaler, día 3 de Abril de 2008 a las 14:25
Define "país", gorgias_.
88 vstavai, día 3 de Abril de 2008 a las 14:31
Lluisvo, sufridor, si esto tiene tan poco nivel, ¿por qué no te vas con la música a otra parte, donde aprecien más tus grandes méritos intelectuales y tú tengas que padecer menos? ¿Por qué sos tan memo, buen hombre? Idem para el mesca.
89 vstavai, día 3 de Abril de 2008 a las 14:32
Solo imaginen por un momento a Cataluña, con su gloriosa historia española, convertida en Catalufia y en manos de los lluisvis, mescas y asimilados...una pesadilla, ¿verdad?
90 mescaler, día 3 de Abril de 2008 a las 14:33
vstavai, lo he dicho más veces pero lo repetiré: porque me divierte. Porque sois unos friquis divertidos y simpáticos, Moa incluido.

Saludos,
Mescalero
91 vstavai, día 3 de Abril de 2008 a las 14:34
El mesca y lluisvo creen que España está muy mal, no está a su nivel, el de ellos, es una porquería y quieren ponerla a España o a Cataluña, a su excelso nivel.
92 vstavai, día 3 de Abril de 2008 a las 14:45
Otra de las aventuras de Ripollet i Bohigas, alias lluisvi:

Admirado profesor Bofarull i Bofarull

Aun sin haber tenido respuesta a mi carta, y después de los rebuznos del tal Eguaraz, me permito relatarle una nueva y dolorosa experiencia para que compruebe el atraso de muchos de estos bárbaros que se llaman antiespañoles y son más españoles que los españoleitors, con eso se lo digo todo. Este verano fui también a Galicia con dos amigos, también patriotas catalanes, a los que yo hacía de traductor, porque yo hablo y entiendo un poco, bueno, bastante, el castellano, qué remedio, me obligaron a estudiarlo, menos mal que eso ya va cambiando. Fuimos a una excursión por el río Sil que llaman Ribeira Sacra (¡sacra! ¿ve usted? En plan religioso y tal, a estas alturas). La carreterucha hasta allí era africana, qué africana, española, y nos preguntábamos los tres qué hace esta gente con la pasta que nos sacan a los catalanes y que dicen que es para mejorar a esas naciones atrasadas como Galicia. Ya te jod.e que encima de que nos roban los cuartos a través del Estado español, solo sepan hacer chapuzas… menuda panda de vagos e ineptos, estos gallegos. ¡Gallegos! Ya la palabra dice mucho. Ya nos íbamos calentando al comentar estas verdades, cuando dimos con un bache enorme, el coche medio se hundió y pegó un brinco, Oriol y Jordi se pegaron un hos.tión de cuidado con el techo y quedaron con tortícolis para todo el día, las ruedas de delante perdieron el paralelo, y así el coche iba por donde le daba la gana. Fue un milagro que no nos cayéramos por uno de aquellos barrancos. Conseguimos llegar al embarcadero, y algunos palurdos de estos se nos quedan mirando mientras maniobramos penosamente, y al ver los CAT de medio metro que llevábamos junto a la matrícula y en los dos lados del coche, va uno y comenta: “Ah, claro, es que son catalanes”, como diciendo qué otra cosa podían ser tales gili.pollas, cuando llegábamos así por culpa de ellos de sus put.as carreteras. Encima de lo que nos mangan, ¿eh?… Si mis compañeros no fueran medio lisiados por lo del bache, con la cabeza doblada sobre el hombro, creo que les habríamos enseñado lo que es la sangre almogávar y carolingia.

Pero lo peor fue cuando subimos al barquichuelo con el que dan paseos por un tramo del Sil. El sitio no estaba mal, me recordaba un poco a los fiordos noruegos en los que tanto disfrutamos hablando catalán con los naturales, tan amables y civilizados, seguramente de estirpe carolingia también. Bueno, el paisaje no estaba mal, ya digo, pero la chusma de por allí… Total, que la tipa que iba explicando las cosas hablaba con voz muy dulce pero resultó una arpía de no te menees. Voy y le digo que nos hable en catalán, y la tía borde nos contesta en gallego. Yo la entendía bastante, porque el gallego, aunque le dicen idioma, yo creo que es un castellano mal hablado y nada más. Me mosqueó que la tía se pusiera en plan chulo, y le dije que en Grecia y en Noruega, y en muchos sitios más, los guías y tal nos hablaban normalmente en catalán, y no comprendía cómo dentro del Estado español, mucho más cerca, no se nos atendía igual en nuestro idioma, y que luego encima nos llaman separatistas, cuando son ellos los separadores, los que por la p.uta envidia no reconocen la pujanza internacional de nuestro idioma. Y la tía, que no nos hace pu.to caso, se da la vuelta y se mete en la parte cubierta del catamarán, así le llaman, creo, que si estuviéramos en Cataluña llevaría ya veinte años desguazado.

Entonces nos subimos a la cubierta de arriba, que tenía unos bancos al aire libre, para olvidar los sinsabores y disfrutar un poco del paisaje, ya digo, lo único algo bueno, por no decir lo único soportable de todo aquello, aunque el pasaje era demasiado caro. En mala hora se nos ocurrió ir a esta maldita nación. Oriol y Jordi, por lo del cuello, tenían que hacer números para mirar arriba hacia aquellos picachos, se retorcían, gemían y sufrían lo indecible. Y en estas, que la tía burra, por la megafonía, interrumpe las explicaciones turísticas y suelta: “Atención, hay aquí tres golfos que no han pagado el pasaje, y para que no siente precedente y sirva de advertencia, voy a decir sus nombres”. Y suelta mi nombre y el de mis compañeros. Porque olvidé decirle que los billetes hay que reservarlos en el hotel, y en la reserva venían nuestros nombres. Hervíamos de indignación, ¿así tratan a los turistas por estos pagos? ¿A los que les damos de comer? Pero Jordi dijo: “Hagamos como que no hemos oído, no hay mayor desprecio que no hacer aprecio”. Y entonces va la arpía y grita por el altavoz: “Son esos tres que van sentados en el banco segundo de la izquierda, dos de ellos con el pescuezo torcido”. Y la gente mirándonos y cuchicheando. Uno me pareció que hablaba de tirarnos al agua. Aquello ya era demasiado, señor Bofarull, aquello ya no podía ser. Descendimos bajo cubierta, donde hablaba la maldita individua, y le dije:

– Ha de saber usted, señora, que sí hemos pagado ya, que no debiéramos haberlo hecho, porque no se respeta nuestro derecho a recibir las explicaciones en catalán. Es la primera vez en mi vida que nos tratan de esta manera, voy a protestar a…

– ¡Qué car.allo van a haber pagado ustedes! ¡A ver si creen que soy tonta!

– ¡Le digo que hemos pagado, y que vamos a presentar una protesta…!

– ¡Pues si han pagado, vuelven a pagar, qué cara.llo! Primero me obligan a decir por megafonía lo que he dicho, que es algo muy violento, créanme, muy desagradable para mí, y encima vienen aquí a llamarme mentirosa y a amenazarme. ¡Carqueixo! ¡Carqueixo!

Y que sale de no sé donde una especie de bestia parda con un cuchillo de monte al cinto, un cuchillo como un alfanje, vamos, y nos dice posando la mano en la empuñadura:

– Qué pasa aquí, ¿quién está amenazando a mi perlita del Caribe? ¿Quién se atreve a llamarla mentirosa?

Y la tía, que se echa a llorar diciendo:

– Me han obligado a tener que decir que había tres golfos que no pagaban, con lo desagradable que es tener que decir esas cosas… Y no quieren pagar…

¿Usted cree que se puede razonar con semejantes bestias, señor Bofarull? ¡Esos ni se habían olido el talante carolingio, se lo puedo asegurar, estoy seguro que se lo dices y ni saben de qué les estás hablando! Estuve por darle una patada en los huevos al tío, pero Oriol, con la cabeza penosamente doblada, me advirtió al oído: “Tranquilo, Jaume, tranquilo, que nos pierdes. Que luego viene la Guardia Civil, y ¿a quién crees que va a darle la razón? ¿Nos va a dar la razón en cuanto sepa que somos catalanes? Ni de co.ña, nos empapelan a los tres y nos meten en chirona. Si hay que pagar otra vez, pagamos y ya está”. Me di cuenta de que era un aviso lleno de seny, señor Bofarull, aunque muy amargo, cada vez que pensaba en la borrachera que iban a coger aquella pareja de piratas con el sobresueldo que tuvimos que aflojarles, porque lo único que deben saber hacer bien por esta desdichada tierra es empinar el codo, bueno, es que me daban ganas de volver y hacerles un agujero en el barco, con ellos dentro atados y amordazados.

En fin, señor Bofarull, así están las cosas por esas naciones que dicen que se solidarizan con nosotros. Creo que hay que montar una campaña de boicot turístico para que, al menos, no se beneficien de nuestros euros en estos países de salvajes. Y por supuesto, escribiré a la Generalitat para que tome cartas en el asunto, porque no puede permitirse que traten así a unos ciudadanos catalanes, y menos en un país de mie.rda como Galicia, de donde han venido tantos muertos de hambre a que les demos de comer en nuestra nación, y los cab.rones así nos lo agradecen. Después de volver a casa, gastándonos una pasta en paralelar las ruedas y en linimentos y tal, todavía me hierve la sangre, cada vez que me acuerdo. Después de esto ya no me extraña nada de los Eguaraces y Carballeiras, los creo capaces de cualquier cosa, hasta de declararse españolísimos el día menos pensado.



b29

b29
93 vstavai, día 3 de Abril de 2008 a las 14:46
Mesca, no parece que te diviertas mucho, pero si tú lo dices... cuando un tonto sigue una linde, ya se sabe.
94 gorgias_, día 3 de Abril de 2008 a las 14:47

#Mescalero

Perdona, pero si eres tú el que dice que Moa y demas decimos sandeces y/o estupideces. Eres tú el que le das la condición de nación o pais o como quieras llamarle a Francia o Inglaterra y se la niegas a España. Recuerda que en este blog somos unos ignorantes y unos fanaticos, frikis y simpaticos, así pues supongo que eres tú la mente clarividente que debe ilustrarnos.

Por tanto sigo esperando tus lecciones. Que me digas porque la Hispania goda no y la Inglaterra sajona sí y que me ilustres sobre cuando Inglaterra o Francia o USA comienzan a ser naciones (supongo que en algún momento a lo largo del siglo XIX) según tu teoria.

Si no lo haces entenderé que solo repites como un loro alguna que otra consigna progre gastada y manida ya de tanto usada. Que no entiendes ni sabes justificar lo que dices, y que no eres más que como dicen por ahí un "flamer" sin ningun otro merito.
95 mescaler, día 3 de Abril de 2008 a las 14:55
Perdona, gorgias_, pero yo no os he llamado ni ignorantes ni fanáticos.

Define "país".
96 mescaler, día 3 de Abril de 2008 a las 14:57
Ya tenéis la solución:

GRUPO DE VOTANTES DEL PP CREAN UNA WEB
'Esperanza2012': Rajoy no, Aguirre sí'

ESTHER MUCIENTES

MADRID.- "Esperanza2012.com nace para promover la candidatura de Esperanza Aguirre a la presidencia del Partido Popular y al gobierno de España en 2012". Esto es Esperanza2012, el último recurso al que varios votantes y afiliados del PP han recurrido para pedir un 'cambio' en su partido.

"Esta web no está promovida por Esperanza Aguirre, ni tiene ninguna relación con ella. Detrás de 'Esperanza2012' sólo hay un grupo de afiliados de base y votantes del Partido Popular que no ocupan ningún cargo político", se definen.

La 'guerra' entre Aguirre y Gallardón, los últimos cambios en la cúpula popular, con Soraya Sáenz de Santamaría al frente de estos, y el enfado de algunos, han desencadenado reacciones como las de este grupo de votantes que apuestan por el sector más conservador del partido.

Creada un día después de las elecciones generales del pasado 9M tras la derrota 'popular', los creadores de esta web lanzan un llamamiento para buscar un candidato que no sólo sepa "moverse por los pasillos de su partido" -en referencia a Rajoy-, sino un candidato que impida que "el PSOE vuelva a ganar las elecciones de 2012" y para ellos, Esperanza Aguirre es la idónea.

A través de post y comentarios, los lectores, creadores y asociados a esta web analizan su partido y critican a su actual líder. Uno de ellos se titula "¿Dónde está Mariano Rajoy?", en él repasan en varios puntos lo que Rajoy ha hecho "desde que perdió las elecciones. (...) Ni se le ve ni se le oye (...) Que hagan el favor de no interrumpir su siesta (...) A Rajoy le da igual. A mí no". Estas son solo algunas de las lindezas que le dedidan los que se suponen afiliados.

Pero, las críticas no quedan ahí. Quién quiera puede enviar una carta a Rajoy, de momento la única publicada 'ni fu ni fa'. Le agradece "su esfuerzo", le asegura que podría "haber sido un buen presidente", pero le dice que "ha fracasado" y le ruega que "no se presente a la reelección".

Si tenía pocas cosas en la cabeza el líder de los 'populares', ahora le ha salido un nuevo escollo que saltar: sus propios votantes o por lo menos unos pocos que no le quieren como líder ni le ven capacitado para gobernar.

Todo lo contrario que a Aguirre, de la que no dudan, a la que alaban, piropean y quieren como futura presidenta, "porque es la única capaz de ganar las elecciones". Esperanza ya tiene su club de fans.

97 gaditano, día 3 de Abril de 2008 a las 15:16
Aburres a un tonto mescaler y LLuis V.Lo que más sorprende, bueno no sorprende, es la clarísima voluntad de meter a todos en el lecho de Procusto apriorístico que os habéis hecho de quien no comulgue con vuestros estereotipos izquierdistas o separatistas. Lo tuyo mescaler con lo de que quien diga que España existe antes de 1812 es un "facha" por definición es patético. Lee algunas de las excelentes réplicas, pero léelas, de quien sabe algo de historia. No conozco ninguna definición de "nación" o "país" que al ser aplicada a cualquier nación o pais concreto no admita distingos, salvedades y contradicciones. En todas partes hay una nebulosa histórica que es voluntad de dogmáticos querer terminar en torno al origen histórico exacto de la existencia de esa nación, En todas partes hay comunidades de diverso origen étnico, idioma,religión etc...
Una posible respuesta es decir que no existe ninguna nación, otra admitir que todo es cuestión de grado, de acumulación de trayectorias históricas y de voluntades individuales. Y en ese respecto España no es precisamente la nación con menos argumentos para ser aceptada. Bastantes más, muchísimos más que Cataluña, Galicia y el País Vasco.
98 riesgo, día 3 de Abril de 2008 a las 15:30
Co ño Mesca, Pais, periódico golbal que se compra en los kioskos de prensa, eso lo sabemos todos, no?
99 lluisv, día 3 de Abril de 2008 a las 16:24
#88 vstavai:

Yo estoy aquí para reírme un poco, los frikis ultras son más divertidos que el "Polonia" de TV3 y dura más. Desde luego, para debatir con seriedad y con gente de cierto nivel ya están otros foros.
Algunos podrían haberse postulado para irse a Eurovisión de coristas con el Chikilikuatre ese. Lo bordarían. Cuatro o cinco personajillos, bajitos y con bigotito, ataviados con un traje oscuro y gafas de sol, coreando consignas como "Zapatero al vertedero", "una grande y libre" o "viva Cristo rey", darían el golpe (aunque no fuese de estado, pero todo llegará).
100 Ronin, día 3 de Abril de 2008 a las 16:25
¿Que se puede esperar de alguien que es capaz de escribir algo como esto?:

Mira, gorgias_, España no existía en tiempos de los godos. Hispania sí, pero España no. ¿Vale? Cuando comprendas la diferencia, seguimos.

Ni el chikilicuatre.

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