Pío Moa

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La ley natural

3 de Marzo de 2009 - 06:45:15 - Pío Moa

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Por ley natural se entienden unos principios impresos en la naturaleza humana, universalmente válidos y con arreglo a los cuales pueden juzgarse las leyes concretas. En su favor cabe decir que, si no hubiera esa ley o algo parecido, las normas tiránicas serían tan apropiadas y respetables como las contrarias, ya que no habría forma de comparar unas y otras. De hecho, la idea de la ley natural ha influido profundamente en todas las legislaciones occidentales, y una derivación de ella son los derechos humanos, que a su vez se consideran naturales.

La idea suele separarse de la de justicia natural, pero las dos cosas deben ir juntas, pues sin una justicia, la ley quedaría en nada. Quiero decir que la vulneración de la ley natural tendría su castigo, también de forma natural. De otro modo no sería una verdadera ley. A eso alude el dicho "en el pecado lleva la penitencia".

Una dificultad de esta concepción es que en la vida práctica y común vemos frecuentemente como se impone la injusticia, y cómo los injustos gozan a menudo de mejor suerte en este mundo que aquellos a quienes reconocemos más justos. Y si a veces tenemos también la impresión de que la justicia (o la verdad) termina imponiéndose, no es una impresión muy consoladora, porque significa que gran parte del tiempo triunfan la mentira y el abuso –el mal– ¡y precisamente el tiempo es lo que cuenta en la vida! Aparte de que lo que llamamos el triunfo final del bien nunca es final, solo da paso a nuevos males.

Las religiones suelen asumir que, aun en el mejor de los casos, la justicia nunca se cumple del todo, o se cumple muy poco, en este "valle de lágrimas", lo que suele ser un argumento para creer en otro mundo que compensaría la injusticia de este, restableciendo un equilibrio necesario para el funcionamiento del mundo y para su comprensión.

Sin embargo cabe observar que este mismo mundo en que vivimos no podría sostenerse si en él predominase la injusticia. De un modo u otro, aunque a veces sea difícil de percibir, la ley natural ha de restablecer constantemente el equilibrio, imponiendo, por ejemplo, un premio y un castigo también naturales, pues de otro modo el mundo –la sociedad– se derrumbaría. Pero esto es muy difícil de entender, pues tenemos constantemente la impresión de lo contrario, de que triunfa demasiado a menudo la "ley antinatural", vamos a llamarla así. No obstante, esa impresión nace a menudo del puro subjetivismo y de la propia injusticia en nuestro interior. Siempre hay algo que se nos escapa, como le pasaba a Job.

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****Al hilo del tema de ayer: "Cochero, no apresures los caballos" (Yamshchik, nie goni lashadiei)

http://www.youtube.com/watch?v=bMcB_u5uCAI

http://www.youtube.com/watch?v=6u76xjv42W8&feature=related

**** "Vuelco histórico en el País Vasco", nos cuenta El mundo. Como si Pachiló no fueran tan separatista y abyecto ante los asesinos como Ibarreche. Como si el PP no hubiera cambiado en la misma dirección. Hoy escribo en LD sobre la II Restauración: creo que Jorge Vilches nos ha dado una clave del cambio de la política pepera: hacia una confederación "unida" por la corona. Todos sus movimientos de los últimos años van, efectivamente, en esa dirección. Vuelco histórico, desde luego. 

****
–Podríamos hablar, creo yo, del carácter bovino de la masa votante del PP.
–Y del carácter caprino de la del PSOE.
–Podría hacerse todo un análisis político sobre esos conceptos.
–Quizá, pero no dejan de ser conceptos algo toscos.
–No más que el de halcones y palomas.
–Pero solo nos acusarán de insultar a los votantes de uno y otro.
–Es curioso, probablemente en ningún país se insulta tanto como en España. Y en ninguno hay mayor susceptibilidad ante el insulto: cualquier cosa se considera tal.

Pero en un plano general, sociológico como suele decirse, y dejando aparte los individuos concretos, esa caracterización tiene bastante interés, diría yo. Bueno, lo digo.

**** Platón es una base fundamental de la filosofía de Occidente, del cristianismo y del pensamiento científico. Pero sus soluciones políticas, aunque explicables por el desastre a que abocó la democracia ateniense, son muy poco recomendables.  Sería un prodigio que acertase en todo.

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Hoy, en El economista:

MUSEO DE LOS HORRORES

Una señora exige que el Valle de los Caídos se convierta en Museo de los Horrores de la Guerra Civil. La cosa parece un poco desorbitada, porque el monumento lo es a la reconciliación... cierto que bajo la cruz, algo muy ofensivo para los herederos directos de quienes perpetraron la más sangrienta y sádica persecución religiosa que se recuerda desde la antigua Roma.

Pero la idea, dejando aparte el Valle de los Caídos, es bastante buena y la secundo. Podría hacerse un museo que recordase cómo planificó el PSOE la guerra civil, o el terrorismo organizado por este partido, o cómo ocurrieron las nada democráticas elecciones del Frente Popular y la oleada de asesinatos, incendios y robos que siguió, hasta que "media España que no se resignaba a morir" se levantó contra los revolucionarios. Pues fue exactamente así.

El museo recordaría, desde luego, las matanzas de los dos bandos, explicando bien el detalle clave de quiénes empezaron y empujaron al precipicio destruyendo la legalidad. Y el sadismo de aquellos ilustrados frentepopulistas, no igualado por sus contrarios. Y cómo se asesinaron también entre ellos y desataron dos guerras civiles en su propio campo, dentro de la guerra general. Recordaría los miles de iglesias y edificios quemados por aquellos "demócratas", las bibliotecas arrasadas, los museos y obras de arte destrozadas. Recordaría la inmensa corrupción en la compra de armas, o el gigantesco saqueo del patrimonio histórico y artístico del país organizado a conciencia por los socialistas; y las peleas entre ellos por el botín una vez perdieron la guerra. ¡Tantos horrores ejemplares podría rememorar ese museo!

La señora en cuestión, una tal Josefina Cuesta, es catedrática, de esas que han destruido el crédito de la universidad como sus antecesores liquidaron la legalidad republicana. Pero su idea no es mala, repito. La historia debe recordarse.

Comentarios (209)

« 1 2 3 4 5 »

151 ArrowEco, día 3 de Marzo de 2009 a las 19:18
VV

"Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal»."

La serpiente mentía, y Adán y Eva lo sabían pues ya poseían esa capacidad de discernimiento. De ahí el castigo ìmpuesto por Dios. Si no hubieran estado en posesión de ese don, la medida habría sido totalmente injusta. Desde entonces el hombre arrastra las cadenas porque sabiendo que tiene que ser bueno, se empeña en hacer el mal y contrariar la voluntad de Dios.
152 mescaler, día 3 de Marzo de 2009 a las 19:21
#150 Tú no tienes fibra. Eres de cartón. O de papel higiénico, para limpiarles el culo a los obispos.
153 doiraje, día 3 de Marzo de 2009 a las 19:23
#140 ArrowEco

Así es. Más claro, el agua. Yo no quería entrar en los orígenes de la ley natural ahora, pues tampoco lo había planteado D. Pío y porque tal como está la cuestión, incluso en este blog, me doy con un canto en los dientes con que se reconozca al menos la existencia de nuestra naturaleza.

Muchas gracias, amigo, por echarle coj... y plantearlo a las claras.
154 ArrowEco, día 3 de Marzo de 2009 a las 19:23
VV

#152

Eres un poseído.
155 doiraje, día 3 de Marzo de 2009 a las 19:27
#149 egarense

Muchas gracias. No puedo entrar en detalles; no sabe contra qué ha tenido que luchar esta joven. Y aun hoy... Muchas gracias.
156 Arsbin, día 3 de Marzo de 2009 a las 19:28
Vaya, pues hace dos noches intenté mentar una moneda cuyo nombre hace referencia a la hembra del perro lo contrario de flaca, y me salió un mensaje diciéndome que no utilizara palabras malsonantes.

¡Esto de los ordenadores!
157 ArrowEco, día 3 de Marzo de 2009 a las 19:32
VV

p_erra gorda
158 Arsbin, día 3 de Marzo de 2009 a las 19:33
Arrow Eco

Ya veo que a tí tampoco te ha dejado. Jajaja.

Esto se pone divertido.
159 Arsbin, día 3 de Marzo de 2009 a las 19:40
mescaler:

Creo que La Sexta y La Cuatro te han comido la cabeza. También hay padres pedrastras que violan a sus hijos y no por ello todos los padres lo son.

También hay profesores que abusan de sus alumnos y no por eso podemos decir que todos lo hacen.

¿Lo dices sólo para insultar? ¿O es qué lo piensas?
160 mescaler, día 3 de Marzo de 2009 a las 20:10
#159 Lo digo para insultar. Y porque me han insultado antes.

No veo ni la 6 ni la 4. No veo la televisión. Os recomiendo que hagáis lo mismo.
161 doiraje, día 3 de Marzo de 2009 a las 20:19
Ya que D. Pío no nos va a banear jamás aunque nos acordemos de su misma ascendencia no precisamente en términos laudatorios, por qué no probamos a no insultarnos y a no rebajar el nivel de este blog. Nadie aquí merece caer tan bajo, caramba. Inténtenlo aunque sólo sea por puro orgullo personal.

Y denebola, apelando a su condición de católico, apóyese en quien ya sabe, el de arriba...
162 mescaler, día 3 de Marzo de 2009 a las 20:32
#161 Por mí, encantado.
163 doiraje, día 3 de Marzo de 2009 a las 20:36
#162 mescalero

Perfecto. ¿Y usted, denebola?
164 gracian, día 3 de Marzo de 2009 a las 20:45
Y siendo tantos de ustedes del atleti (como yo también por cierto)y con lo que eso une... no entiendo cuando se empeñan en fijarse solo en lo que les separa... en fin ...
165 manuelp, día 3 de Marzo de 2009 a las 20:46
Declarada nula la retirada de la última estatua de Franco de Madrid
El Tribunal Superior de Justicia de Madrid considera que no hay que reponerla porque carece de finalidad práctica
.

http://www.elpais.com/articulo/espana/Declarada/nu...

Anda que para salir diciendo esto ...., tener que empollar Derecho Natural, Positivo, Inclito y Pluscuamperfecto.
166 ArrowEco, día 3 de Marzo de 2009 a las 20:47
VV

Decía el Premio Nobel de física y fundador de la teoría cuántica, Max Planck, que "«Dondequiera que miremos, tan lejos como miremos, no encontramos en ningún sitio la menor contradicción entre religión y ciencia natural, antes, al contrario, encontramos perfecto acuerdo en los puntos decisivos. Religión y ciencia natural no se excluyen, como algunos temen o creen hoy en día, sino que se completan y se condicionan la una a la otra."

167 denebola, día 3 de Marzo de 2009 a las 20:48
#163,doiraje

De acuerdo. Y no es indiferente que me lo pregunte usted, a quien aprecio sinceramente.
168 denebola, día 3 de Marzo de 2009 a las 20:55
Nos, empero, estamos persuadidos de que estos males tienen su causa principal en el desprecio y olvido de aquélla santa y augustísima autoridad de la Iglesia, que preside al género humano en nombre de Dios, y que es la garantía y apoyo de toda autoridad legítima.

Esto lo han comprendido perfectamente los enemigos del orden público, y por eso han pensado que nada era más propicio para minar los fundamentos sociales, que el dirigir tenazmente sus agresiones contra la Iglesia de Dios; hacerla odiosa y aborrecible por medio de vergonzosas calumnias, representándola como enemiga de la civilización; debilitar su fuerza y su autoridad con heridas siempre nuevas, destruir el supremo poder del Pontífice Romano, que es en la tierra el guardián y defensor de las normas inmutables de lo bueno y de lo justo...


León XIII, Inscrutabili Dei consilio
169 doiraje, día 3 de Marzo de 2009 a las 20:56
#167 denebola

Me duele mucho que alguien como usted se enzarce en estas batallas. Usted posee un apoyo que otros no tienen, incluso en los momentos en que parece no sentirlo.
170 denebola, día 3 de Marzo de 2009 a las 20:58
#169,doiraje

Tiene razón.

"Siempre que estuve entre los hombres, volví menos hombre"

Tomás de Kempis, "De Imitatione Christi"
171 doiraje, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:02
#164 gracian

¡Otro atlético! Ya decía yo que este blog tenía algo especial...


#165 manuelp

¿No me diga que lee usted El País? No sabe que, como el tabaco, perjudica seriamente la salud (por lo menos, la mental).
172 doiraje, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:08
#170 denebola

Y, sin embargo, vivimos entre los hombres y somos hombres también nosotros. Mil cosas nos tironean en la vida en diferentes direcciones, pero hemos de volver siempre a lo que somos y a la raíz que nos constituye. Yo quisiera que mescalero, zimmie o alruga pudieran entender estas palabras.
173 setiles2, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:08
SOBRE LAS ELECCIONES GALLEGAS

Creo que hay datos en las elecciones gallegas que son y todavía serán más, se oyen las navajadas entre sociatas y nacionalistas, importantes. También lo serán para España, incluso más que los del País Vasco, creo yo. “Hemos” desmontado por primera vez un binomio que se veía invencible en España. Se daba por hecho que el PP iba a perder todo EL PODER que controla por no pactar con los nacionalistas y demás morralla política. ¡Amigo, qué lo ha vuelto a ganar en Galicia!, y no sólo la Xunta, huele a que puede aumentar muchísimo en otros PODERES.

Ahí van unos datos:

- PONTEVEDRA: % voto 71,2%, PP 20.566 (44,9%), PSOE 14.170 (31%), BNG 7.623 (16,7%) y eso que el alcalde es del BNG ¡Increíble! ligando con la PSOE.

- En 100 mesas electorales que había en Pontevedra: PP 93, PSOE 6, BNG 1 ¡¡¡¡!!!!.

- Pontevedra tiene 64 ayuntamientos : PP 62, PSOE 2, ”BNG 0” ¡¡¡Demasiado!!!

Olvidaros de Rajoy, Feijoo, y demás “líderes”, a mi personalmente me asquean en todas las facetas de la vida,. me gusta demasiado la libertad individual, y felicitarnos a los que de verdad hemos votado para que desapareciera el bipartito asfixiante y separatistas.

Pío decir “–Podríamos hablar, creo yo, del carácter bovino de la masa votante del PP. –Y del carácter caprino de la del PSOE.–Podría hacerse todo un análisis político sobre esos conceptos”, me confirma que no has sido capaz de desprenderte completamente del estabilismo. Lo siento.

Desde esta aldea gala mi perro Idefix y yo os mandamos saludos. Lo de los romanos ya llegará aunque veo muchos germanos mezclados.


¡Venga pues!.
174 manuelp, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:10
# 171 doiraje

Mejor no meneallo. Tal como están las cosas últimamente en este blog, se leen todo tipo de cosas....
No crea que es mejor EL Mundo. Lo miro, en la edición digital, porque yo contrasto todo lo que me llega, por sistema, casi nunca doy nada por definitivo. Opino como de los libros, que no hay ninguno tan malo del que no se pueda sacar algo bueno, aunque de algunos es dificilísimo hacerlo.
175 manuelp, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:13
# 173 setiles2

Como que la caballería de César era toda germana y ¡le metian unas palizas a la caballeria gala de aúpa!.
176 denebola, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:13

Más doctrina sobre la Ley Natural:

" Siendo ésta la condición de la libertad humana, le hacía falta a la libertad una protección y un auxilio capaces de dirigir todos sus movimientos hacia el bien y de apartarlos del mal. De lo contrario, la libertad habría sido gravemente perjudicial para el hombre. En primer lugar, le era necesaria una ley, es decir, una norma de lo que hay que hacer y de lo que hay que evitar. La ley, en sentido propio, no puede darse en los animales, que obran por necesidad, pues realizan todos sus actos por instinto natural y no pueden adoptar por sí mismos otra manera de acción. En cambio, los seres que gozan de libertad tienen la facultad de obrar o no obrar, de actuar de esta o de aquella manera, porque la elección del objeto de su volición es posterior al juicio de la razón, a que antes nos hemos referido. Este juicio establece no sólo lo que es bueno o lo que es malo por naturaleza, sino además lo que es bueno y, por consiguiente, debe hacerse, y lo que es malo y, por consiguiente, debe evitarse. Es decir, la razón prescribe a la voluntad lo que debe buscar y lo que debe evitar para que el hombre pueda algún día alcanzar su último fin, al cual debe dirigir todas sus acciones. Y precisamente esta ordenación de la razón es lo que se llama ley. Por lo cual la justificación de la necesidad de la ley para el hombre ha de buscarse primera y radicalmente en la misma libertad, es decir, en la necesidad de que la voluntad humana no se aparte de la recta razón. No hay afirmación más absurda y peligrosa que ésta: que el hombre, por ser naturalmente libre, debe vivir desligado de toda ley. Porque si esta premisa fuese verdadera, la conclusión lógica sería que es esencial a la libertad andar en desacuerdo con la razón, siendo así que la afirmación verdadera es la contradictoria, o sea, que el hombre, precisamente por ser libre, ha de vivir sometido a la ley. De este modo es la ley la que guía al hombre en su acción y es la ley la que mueve al hombre, con el aliciente del premio y con el temor del castigo, a obrar el bien y a evitar el mal. Tal es la principal de todas las leyes, la ley natural, escrita y grabada en el corazón de cada hombre, por ser la misma razón humana que manda al hombre obrar el bien y prohíbe al hombre hacer el mal.

Pero este precepto de la razón humana no podria tener fuerza de ley si no fuera órgano e intérprete de otra razón más alta, a la que deben estar sometidos nuestro entendimiento y nuestra libertad. Porque siendo la función de la ley imponer obligaciones y atribuir derechos, la ley se apoya por entero en la autoridad, esto es, en un poder capaz de establecer obligaciones, atribuir derechos y sancionar además, por medio de premios y castigos, las órdenes dadas; cosas todas que evidentemente resultan imposibles si fuese el hombre quien como supremo legislador se diera a sí mismo la regla normativa de sus propias acciones. Síguese, pues, de lo dicho que la ley natural es la misma ley eterna, que, grabada en los seres racionales, inclina a éstos a las obras y al fin que les son propios; ley eterna que es, a su vez, la razón eterna de Dios, Creador y Gobernador de todo el universo."


Libertas praestantissimum, León XIII, 1888

El texto completo:

http://www.vatican.va/holy_father/leo_xiii/encycli...
177 setiles2, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:22
#Manuelp

Todos sabemos como cayeron los romanos y quiene dieron las últimas palizas a quien. Aquí la paliza ha sido de no te menees.

Asterx. Obelix y nuestro queridísimo Idefix te saludamos ¡Ave Caesar!
178 sorel, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:22
¿Alguien duda de la decadencia de la civilización occidental?
¡Cuidadín, cuidadín!

El derecho de secesión renace en EEUU
Estados Unidos nació como resultado de una revolución secesionista de las Trece Colonias contra el todopoderoso Imperio Británico. El nuevo país se fundó sobre el derecho del pueblo a abolir cualquier forma de gobierno que atente contra la libertad, la vida y la búsqueda de la felicidad, tal y como se expresa en la Declaración de Independencia de 1776 y en la propia Constitución.

La principal preocupación de los Padres Fundadores era configurar un sistema político con unos contrapesos capaces de limitar, en la medida de lo posible, la acción expansiva de un Estado central. El temor residía en la concentración del poder en pocas manos. De ahí que EEUU se fundara sobre el principio fundamental del derecho de secesión. De hecho, la Declaración de Independencia es en sí misma un documento secesionista.

Jefferson y Madison vieron en dicho precepto una garantía básica frente al poder estatal. Por ello, defendieron la posibilidad de que los ciudadanos se separaran de un gobierno y fundaran uno nuevo, siempre y cuando éste atentase contra la vida, la libertad y la legítima búsqueda de la felicidad. Derechos básicos y esenciales que recoge la Constitución de EEUU.

Además, tal y como explica Alexis de Tocqueville en La democracia en América, la Unión se formó "por el acuerdo voluntario de los Estados (antes constituidos en colonias)", que al unirse no perdieron "el derecho a su nacionalidad ni [se vieron] reducidos a la condición de pueblo único e igual". "Si uno de los Estados elige retirarse del bloque, sería difícil refutar su derecho a hacerlo", añadía el pensador francés.
La secesión era un sentimiento en auge a mediados del siglo XIX. Por distintos motivos, muchos de ellos económicos, numerosos estados del Sur aspiraban a recuperar su soberanía política en detrimento de las crecientes competencias que, poco a poco, iba adquiriendo Washington como centro del poder político del país. Fue precisamente la amenaza separatista, y no la abolición de la esclavitud, lo que provocó la guerra civil en 1861. Sin embargo, esa vez triunfó el Estado central y, con él, dio comienzo el Imperio Estadounidense.

Thomas J. DiLorenzo, en su obra El verdadero Lincoln, expone magníficamente los entresijos y causas reales del conflicto fratricida que enfrentó brutalmente a los estadounidenses. La victoria de los unionistas terminó imponiendo el denominado Sistema Americano, defendido a ultranza por Hamilton, Clay y Lincoln, basado en un fuerte proteccionismo económico, la nacionalización monetaria y bancaria, la Hacienda Pública, las subvenciones al fomento interno (capitalismo de Estado) y, cómo no, la centralización política.

Siglo y medio después, parece renacer el espíritu secesionista sobre el que se fundó EEUU. La intensa crisis económica y financiera que vive el país y algunos puntos polémicos del programa electoral de Obama están despertando ansias de soberanía en algunos congresistas. Los rescates públicos y el creciente endeudamiento vienen acompañados de una nueva oleada intervencionista en el ámbito económico, lo cual es visto como una amenaza directa a los derechos fundamentales de todo individuo.

En la actualidad, cerca de 20 estados estudian introducir resoluciones en el Congreso en demanda de una mayor soberanía estatal frente a Washington. El último ha sido New Hampshire, mediante un documento en el que reclama los derechos estatales de secesión sobre la base de los más puros principios defendidos por Jefferson.

Curiosamente, el actual presidente de EEUU, Barack Obama, se declara un ferviente admirador del centralista Lincoln. La noria de la historia siempre nos depara sorpresas.
http://exteriores.libertaddigital.com/el-derecho-d...
179 manuelp, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:23
setiles2

Y yo me alegro, pero si van a hacer la misma política que hacia el PSOE ó muy parecida, para ese viaje no se necesitaban alforjas.
180 setiles2, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:26
manuelp

Aquí el PSOE hacía muy poca política, casi toda era del BNG. En el pecado ha llevado la penirencia.
181 manuelp, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:27
setiles2

Usted ya me entiende, no se me haga el gallego.
182 bacon, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:30
manuelp 165
¿creerá al gobierno que hay un "consenso amplísimo" en mantener la estatua de largo canallero?
¿se le ocurrirá al pp ponerlo en duda?
183 manuelp, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:32
# 182 bacon

Por eso decia, al hilo del hilo de hoy, que las disquisiciones bizantinas en el terreno de la Ley y el Derecho, pueden dar lugar a esperpentos.
184 doiraje, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:36
#174 manuelp

Ciertamente El Mundo no me apasiona tampoco.

No sabía que usted tuviera influencias tomistas. Ha repetido casi en su literalidad un juicio de Sto. Tomás de Aquino que afirmaba que hay que tomar de cada autor aquello que participe de la verdad, por pequeño que sea. Así, acabó adquiriendo una formación filosófica y teológica enciclopédica.

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#176 denebola

Atinadísimos los textos que aporta, como siempre. A pesar de la que está cayendo contra la Iglesia católica (¿o precisamente por ello?), lo cierto es que durante el último siglo y medio, desde Pío IX aproximadamente, ha sido dirigida por Papas que poseen la excelencia humana en su grado máximo: la santidad (estén canonizados o no). Incluyo, por supuesto, a nuestro querido Benedicto XVI.


Lo dejo por hoy. Buenas noches.
185 manuelp, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:40
# 184 doiraje

Pues nada, bienvenidas sean las influencias tomistas. Pienso seguir teniéndolas.

Yo tambien lo dejo. buenas noches.
186 gracian, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:43
Aldea gala?

Ya veo.

Asterix pretende y al parecer logra crear una apariencia de realidad que permite una fácil e inmediata identificación universal del francés con el anti-imperialista y permanente resistente.

Olvida conscientemente que a diferencia de lo que sugiere no solo los galos fueron ocupados por los romanos en una campaña sin mayores sobresaltos, sino incluso y sobre todo por los nazis unos siglos después sin que existiera aldea alguna que les resistiera.

Lo que me joroba es que recurramos a la metáfora de la aldea gala cuando resulta que fue Hispania quien si supuso para los romanos en su día y para Napoleón siglos después lo que los franceses nunca han logrado más que representar impostadamente como es propio de su naturaleza...
187 sorel, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:45
Desde mi profundo respeto a la Iglesia Católica, no me gusta el carácter catequético que está tomando el blog. Creo que existen otras vías más adecuadas para hacer proselitismo.
188 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:47
TEXTO 4d
Libro I República
(335ª-336ª)

-Así, pues, ¿pretendes que añadamos a la idea de lo justo algo más sobre lo que primero decíamos, cuando afirmábamos que era justo el hacer bien al amigo y mal al enemigo; diciendo ahora, además de ello, que es justo el hacer bien al amigo que es bueno y mal al enemigo que es malo?
-Exactamente -respondió.--; dicho así me parece acertado.
-¿Y es, acaso, propio del hombre justo ---dije yo- el hacer mal a quienquiera que sea?
-Bien de cierto --dijo-; a los perversos y malvados hay que hacerles mal.
-Y cuando se hace daño a los caballos, ¿ se hacen éstos mejores o peores?
-Peores.
-¿Acaso en lo que toca a la virtud propia de los perros o en lo que toca a la de los caballos?
-En la de los caballos.
-¿Y del mismo modo los perros, cuando reciben daño, se hacen peores, no ya con respecto a la virtud propia de los caballos, sino a la de los perros?
-Por fuerza.
-¿Y no diremos también, amigo, que los hombres, al ser dañados, se hacen peores en lo que toca a la virtud humana?
-Ni más ni menos.
-¿Y la justicia no es virtud humana?
-También esto es forzoso.
-Necesario es, por tanto, querido amigo, que los hombres que reciben daño se hagan más injustos.
-Eso parece.
-¿Y acaso los músicos pueden hacer hombres rudos en música con la música misma?
-Imposible.
-¿Ni los caballistas hombres torpes en cabalgar con el arte de la equitación?
-No puede ser.
-¿Ni tampoco los justos pueden hacer a nadie injusto,con la justicia, ni, en suma, los buenos a nadie malo con la virtud?
-No, imposible.
-Porque, según pienso, el enfriar no es obra del calor, sino de su contrario.
-Así es.
-Ni el humedecer de la sequedad, sino de su contrario.
-Exacto.
-Ni del bueno el hacer daño, sino de su contrario.
-Eso parece.
-¿Y el justo es bueno?
-Bien seguro.
-No es, por tanto, ¡oh, Polemarco!, obra propia del justo el hacer daño ni a su amigo ni a otro alguno, sino de su contrarío el injusto.
-Me parece que en todo dices la verdad, ¡oh, Sócrates! -repuso él.
-Por tanto, si alguien afirma que es justo el dar a cada uno lo debido y entiende con ello que por el hombre justo se debe daño a los enemigos y beneficio a los amigos, no fue sabio el que tal dijo, pues no decía verdad; porque el hacer mal no se nos muestra justo en ningún modo.
-Así lo reconozco -dijo él.
-Combatiremos, pues, tú y yo en común si alguien afirma que ha dicho semejante cosa Simónides,
o Biante, o Pítaco o algún otro de aquellos sabios y benditos varones.
-Yo, por lo que a mí toca --contestó--, estoy dispuesto a acompañarte en la lucha.
189 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:53
-¿Y sabes --dije- de quién creo que es ese dicho de que es justo favorecer a los amigos y hacer daño a los enemigos?
-¿De quién? -preguntó.
-Pues pienso que de Periandro, o de Perdicas, o de Jerjes, o de Ismenias el tebano, o de algún otro hombre opulento muy convencido de su gran poder.
-Verdad pura es lo que dices -repuso él.
-Bien ---dije yo--; pues que ni lo justo ni la justicia se nos muestran así, ¿qué otra cosa diremos que es ello?
Y entonces Trasímaco -que varias veces mientras nosotros conversábamos, había intentado tomar por su cuenta la discusión y había sido impedido en su propósito por los que estaban a su lado, deseosos de oírla hasta el final-, al hacer nosotros la pausa y decir yo aquello, no se contuvo ya, sino que, contrayendose lo mismo que una fiera, se lanzó sobre nosotros como si fuera a hacernos pedazos. Tanto Polemarco como yo quedamos suspensos de miedo; y él, dando voces en medio de todos: -¿Qué garrulería ---dijo- es ésta, oh, Sócrates, que os ha tomado hace rato? ¿A qué estas bobadas de tanta deferencia del uno hacia el otro? Si quieres saber de cierto lo que es lo justo, no te limites a preguntar y a refutar ufanamente cuando se contesta, bien persuadido de que es más fácil preguntar que contestar; antes bien, contesta tú mismo y di qué es lo que entiendes por lo justo. Y cuidado con que me digas que es lo necesario, o lo provechoso, o lo útil, o lo ventajoso, o lo conveniente, sino que aquello que digas has de decirlo con claridad y precisión, porque yo no he de aceptar que sigas con semejantes vaciedades.
Estupefacto quedé yo al oírle, y mirándole sentía miedo; y aun me parece que, si no le hubiera mirado antes de que él me mirara a mí, me habría quedado sin habla. Pero ocurrió que, cuando comenzó a encresparse con nuestra cliscusión, dirigí a él mi mirada el primero, y así me hallé capaz de contestarle y le dije, no sin un ligero temblor: -Trasímaco, no te enojes con nosotros: si éste y yo nos extraviamos un tanto en el examen del asunto, cree que ha sido contra nuestra voluntad. Porque si estuviéramos buscando oro, bien sabes que no habríamos de condescender por nuestra voluntad el uno con el otro y perder la ocasión del hallazgo; no pienses, pues, que cuando investigamos la justicia, cosa de mayor precio que muchos oros, íbamos a andar neciamente con mutuas concesiones en vez de esforzarnos con todas nuestras fuerzas en que aparezca aquélla. Persuádete,
amigo: lo que pienso es que no podemos; así es mucho más razonable que hallemos compasión, y no enojo, por parte de vosotros, los capacitados.
190 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:55
TEXTO 5b
Libro I República
(337ª-338ª)

Oyendo él esto, rióse muy sarcásticamente y dijo- -¡Oh, Heracles! Aquí está Sócrates con su acostumbrada ironía; ya les había yo dicho a éstos que tú no querrías contestar, sino que fingirías y acudirías a todo antes que responder, si alguno te preguntaba.
-En efecto, Trasímaco -dije yo-, tú eres discreto y bien sabes que si preguntaras a uno cuántas son doce y al preguntarle le añadieras. «Cuidado, amigo, con decirme que doce son dos veces seis, ni tres veces cuatro, ni seis veces dos, ni cuatro veces tres, porque no aceptaré semejante charlatanería, te resultaría claro, creo, que nadie iba a contestar al que inquiriese de ese modo. Supón que te preguntara: «Trasímaco, ¿qué es lo que dices? ¿Que no he de contestar nada de lo que tú has enunciado previamente, ni aun en el caso, oh, varón singular, de que sea en realidad alguna de estas cosas, sino que he de decir algo distinto de la verdad? ¿O cómo se entiende?» ¿Qué le responderías a esto?
-¡Bien -,dijo--, como si eso fuera igual a aquello! -Nada se opone a que lo sea -afirmé yo-; pero aunque no fuera igual, ¿piensas que si se lo parece al interrogado va a dejar de contestar con su parecer, se lo prohibamos nosotros o no?
-¿Y eso precisamente es lo que vas tú a hacer? ¿Contestar con algo de lo que yo te he vedado? -preguntó.
-No sería extraño --,dije- si así se me mostrara después de examinarlo.
-¿Y qué sería ---dijo él- si yo diera otra respuesta acerca de la justicia, distinta de todas esas y mejor que ellas? ¿A qué te condenarías?
-¿A qué ha de ser -repuse yo-, sino a aquello que conviene al que no sabe? Lo que para él procede es, creo yo, aprender del que sabe, y de esta pena me considero digno.
-Chistoso eres en verdad ---dijo-; pero, además de aprender, has de pagar dinero.
-De cierto, cuando lo tenga --,dije.
-Lo tienes --dijo Glaucón-; si es por dinero, habla, Trasímaco, que todos nosotros lo aportaremos para Sócrates.
-Bien lo veo -repuso él; para que Sócrates se salga con lo de costumbre: que no conteste y que, al contestar otro, tome la palabra y lo refute.
-Pero ¿cómo -dije yo- podría contestar, oh, el mejor de los hombres, quien primeramente no sabe nada, y así lo confiesa, y además, si algo cree saber, se encuentra con la prohibición de decir una palabra de lo que opina, impuesta por un hombre nada despreciable? Más en razón está que hables tú, pues dices que sabes a y que tienes algo que decir. No rehúses, pues, sino compláceme contestando, y no escatimes tu enseñanza a Glaucón, que así te habla, ni a los demás.
191 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 21:58
TEXTO 5b
Libro I República
(337ª-338ª)

Oyendo él esto, rióse muy sarcásticamente y dijo- -¡Oh, Heracles! Aquí está Sócrates con su acostumbrada ironía; ya les había yo dicho a éstos que tú no querrías contestar, sino que fingirías y acudirías a todo antes que responder, si alguno te preguntaba.
-En efecto, Trasímaco -dije yo-, tú eres discreto y bien sabes que si preguntaras a uno cuántas son doce y al preguntarle le añadieras. «Cuidado, amigo, con decirme que doce son dos veces seis, ni tres veces cuatro, ni seis veces dos, ni cuatro veces tres, porque no aceptaré semejante charlatanería, te resultaría claro, creo, que nadie iba a contestar al que inquiriese de ese modo. Supón que te preguntara: «Trasímaco, ¿qué es lo que dices? ¿Que no he de contestar nada de lo que tú has enunciado previamente, ni aun en el caso, oh, varón singular, de que sea en realidad alguna de estas cosas, sino que he de decir algo distinto de la verdad? ¿O cómo se entiende?» ¿Qué le responderías a esto?
-¡Bien -,dijo--, como si eso fuera igual a aquello! -Nada se opone a que lo sea -afirmé yo-; pero aunque no fuera igual, ¿piensas que si se lo parece al interrogado va a dejar de contestar con su parecer, se lo prohibamos nosotros o no?
-¿Y eso precisamente es lo que vas tú a hacer? ¿Contestar con algo de lo que yo te he vedado? -preguntó.
-No sería extraño --,dije- si así se me mostrara después de examinarlo.
-¿Y qué sería ---dijo él- si yo diera otra respuesta acerca de la justicia, distinta de todas esas y mejor que ellas? ¿A qué te condenarías?
-¿A qué ha de ser -repuse yo-, sino a aquello que conviene al que no sabe? Lo que para él procede es, creo yo, aprender del que sabe, y de esta pena me considero digno.
-Chistoso eres en verdad ---dijo-; pero, además de aprender, has de pagar dinero.
-De cierto, cuando lo tenga --,dije.
-Lo tienes --dijo Glaucón-; si es por dinero, habla, Trasímaco, que todos nosotros lo aportaremos para Sócrates.
-Bien lo veo -repuso él; para que Sócrates se salga con lo de costumbre: que no conteste y que, al contestar otro, tome la palabra y lo refute.
-Pero ¿cómo -dije yo- podría contestar, oh, el mejor de los hombres, quien primeramente no sabe nada, y así lo confiesa, y además, si algo cree saber, se encuentra con la prohibición de decir una palabra de lo que opina, impuesta por un hombre nada despreciable? Más en razón está que hables tú, pues dices que sabes a y que tienes algo que decir. No rehúses, pues, sino compláceme contestando, y no escatimes tu enseñanza a Glaucón, que así te habla, ni a los demás.
192 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 22:00
TEXTO 5c
Libro I República
(338ª-339ª)

Al decir yo esto, Glaucón y los otros le pidieron que no rehusase; ya era evidente que Trasímaco estaba deseando hablar para quedar bien, creyendo que poseía una contestación insuperable, pero fingía disputar por que yo fuera el que contestara. Al fin cedió y seguidamente:
-Esta es --dijo- la ciencia de Sócrates: no querer enseñar por su parte, sino andar de acá para allá, aprendiendo de los demás sin dar ni siquiera las gracias.
-En lo de aprender de los demás -repuse yo- dices verdad, ¡oh, Trasímaco!; en lo de que no pago con mi agradecimiento, yerras, pues pago con lo que puedo, y no puedo más que con alabanzas, porque dinero no tengo. Y de qué buen talante lo hago cuando me parece que alguien habla rectamente lo vas a saber muy al punto, en cuanto des tu respuesta, porque pienso que vas a hablar bien.
-Escucha, pues --dijo-: sostengo que lo justo no es otra cosa que lo que conviene al más fuerte. ¿Por qué no lo celebras? No querrás, de seguro.
-Lo haré -repliqué yo- cuando llegue a saber lo que dices; ahora no lo sé todavía. Dices que lo justo es lo que conviene al más fuerte. ¿Y cómo lo entiendes, Trasímaco? Porque, sin duda, no quieres decir que si Polidamante, el campeón del pancracio, es más fuerte que nosotros y le conviene para el cuerpo la carne de vaca, este alimento que le conviene es también adecuado y justo para nosotros, que somos inferiores a él.
-Desenfadado eres, Sócrates --dijo-, y tomas mi aserto por donde más fácilmente puedas estropearlo.
-De ningún modo, mi buen amigo -repuse yo-, pero di más claramente lo que quieres expresar.
-¿No sabes -preguntó-- que de las ciudades las unas se rigen por tiranía, las otras por democracia, las otras por aristocracia?
-¿Cómo no?
-¿Y el gobierno de cada ciudad no es el que tiene la fuerza en ella?
-Exacto.
-Y así, cada gobierno establece las leyes según su conveniencia: la democracia, leyes democráticas; la tiranía, tiránicas, y del mismo modo los demás. Al establecerlas, muestran los que mandan que es justo para los gobernados lo que a ellos conviene, y al que se sale de esto lo castigan como violador de las leyes y de la justicia. Tal es, mi buen amigo, lo que digo que en todas las ciudades es idénticamente justo: lo conveniente para el gobierno constituido. Y éste es, según creo, el que tiene el poder; de modo que, para todo hombre que discurre bien, lo justo es lo mismo en todas partes: la conveniencia del más fuerte.
-Ahora --dije yo- comprendo lo que dices; si es verdad o no, voy a tratar de verlo. Has contestado, Trasímaco, que lo justo es lo conveniente; y no obstante, a mí me habías prohibido que contestara eso. Cierto es que agregas: «para el más fuerte».
-¡Dirás, acaso, que es pequeña añadidura! ---exclamó.
-No está claro todavía si pequeña o grande; pero sí que hay que examinar si eso que dices es verdad.
193 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 22:02
TEXTO 6a
Libro I República
(339ª-340ª)

Yo también reconozco que lo justo es algo conveniente; tú, por tu parte, añades y afirmas que lo conveniente para el más fuerte. Pues bien, eso es lo que yo ignoro, y, en efecto, habrá que examinarlo.
-Examínalo --dijo.
-Así se hará -repliqué-. Y dime, ¿no afirmas también que es justo obedecer a los gobernantes?
-Lo afirmo.
-¿Y son infalibles los gobernantes en cada ciudad o están sujetos a error?
-Enteramente sujetos a error ---,dijo
-¿Y así, al aplicarse a poner leyes, unas las hacen bien y otras mal?
-Eso creo.
-¿Y el hacerlas bien es hacérselas convenientes para ellos mismos, y el hacerlas mal, inconvenientes? ¿O cómo lo entiendes?
-Así como dices.
-¿Y lo que establecen ha de ser hecho por los gobernados y eso es lo justo?
-¿Cómo no?
-Por tanto, según tu aserto no es sólo justo el hacer lo conveniente para el más fuerte, sino también lo contrario: lo inconveniente.
-¿Que estás diciendo? -preguntó él.
-Lo mismo que tú, según creo. Examinémoslo mejor: ¿no hemos convenido en que los gobernantes, al ordenar algunas cosas a los gobernados, se apartan por error de lo que es mejor para ellos mismos, y en que lo que mandan los gobernantes es justo que lo hagan los gobernados? ¿No quedamos de acuerdo en ello?
-Así lo pienso --dijo.
-Piensa, pues, también --,dije yo-- que has reconocido que es justo hacer cosas inconvenientes para los gobernantes y dueños de la fuerza cuando los gobernantes, involuntariamente, ordenan lo que es perjudicial para ellos mismos, pues que dijiste que era justo hacer lo que éstos hayan ordenado. ¿Acaso entonces, discretísimo Trasímaco, no viene por necesidad a ser justo hacer lo contrario de lo que tú dices? Porque sin duda alguna se ordena a los inferiores hacer lo inconveniente para el más fuerte.
194 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 22:03
TEXTO 6b
Libro I República
(340ª-341ª)

-Sí, por Zeus --dijo Polemarco-. Eso está clarísimo, ¡oh, Sócrates!
-Sin duda -interrumpió Clitofonte-, porque tú se lo atestiguas.
-¿Y qué necesidad -replicó Polemarco- tiene de testigo? El mismo Trasímaco confiesa que los gobernantes ordenan a veces cosas perjudiciales para ellos mismos y que es justo que los otros las hagan.
-El hacer lo ordenado por los gobernantes, ¡Oh, Polemarco!, eso fue lo que estableció Trasímaco como justo.
-Pero también, ¡oh, Clitofonte!, puso como justo lo conveniente para el más fuerte. Y estableciendo ambas cosas, confesó que los más fuertes ordenan a veces lo inconveniente para ellos mismos, con el fin de que lo hagan los inferiores y gobernados.Y según estas confesiones, igual de justo sería lo conveniente para el más fuerte que lo inconveniente.
-Pero por lo conveniente para el más fuerte -dijo Clitofonte- quiso decir lo que el más fuerte entendiese que le convenía. Y que esto había de ser hecho por el inferior: en eso puso la justicia.
-Pues no fue así como se dijo -afirmó Polemarco.
-Es igual ---dije yo-, ¡oh, Polemarco! Si ahora Trasímaco lo dice así, así se lo aceptaremos.
Dime, pues, Trasímaco: ¿era esto lo que querías designar como justo.- lo que pareciera ser conveniente para el más fuerte, ya lo fuera, ya no? ¿Hemos de sentar que ésas fueron tus palabras?
-De ningún modo --dijo-. ¿Piensas, acaso, que yo llamo más fuerte al que yerra cuando yerra?
-Yo, por lo menos --dije--, pensaba que era eso lo que decías al confesar que los gobernantes no eran infalibles, sino que también tenían sus errores.
-Tramposo eres, ¡oh, Sócrates!, en la argumentación --contestó--: ¿es que tú llamas, sin más, médico al que yerra en relación con los enfermos precisamente en cuanto yerra? ¿O calculador al que se equivoca en el cálculo, en la misma ocasión en que se equivoca y en cuanto a su misma equivocación? Es cierto que solemos decir, creo yo, que el médico erró o que el calculador se equivocó o el gramático; pero cada uno de ellos no yerra en modo alguno, según yo opino, en cuanto es aquello con cuyo título le designamos. De modo que, hablando con rigor, puesto que tú también precisas las palabras, ninguno de los profesionales yerra: el que yerra, yerra porque le falta su ciencia, en lo cual no es profesional; de suerte que ningún profesional ni gobernante, ni sabio yerra al tiempo que es tal, aunque se diga siempre que el médico o el gobernante erró. Piensa, pues,
que ésa es también mi respuesta ahora, y lo que hay con toda precisión es esto: que el gobernante, en cuanto gobernante, no yerra, y no errando establece lo mejor para sí mismo; y esto ha de ser hecho por el gobernado. Y así como dije al principio, tengo por justo el hacer lo conveniente para el más fuerte.
195 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 22:04
TEXTO 7a
Libro I República
(341ª-343ª)

-Bien, Trasímaco --dije-; ¿crees que hay trampa en mis palabras?
-Lo creo enteramente --contestó.
-¿Piensas, pues, que, al preguntarte como te preguntaba lo hacía insidiosamente, para perjudicarte en la discusión?
-De cierto lo sé --dijo-. Y no conseguirás nada, porque ni habrá de escapárseme tu mala intención ni, puesta al descubierto, podrás hacerme fuerza en el debate.
-Ni habría de intentarlo, bendito Trasímaco -repliqué yo--, pero para que no nos suceda otra vez lo mismo, determina si, cuando hablas del gobernante y del más fuerte, lo haces conforme al decir común o en el rigor de la palabra, según tu propia expresión de hace un momento; me refiero a aquel cuya conveniencia, por ser él más fuerte, es justo que realice el más débil.
-Al que es gobernante en el mayor rigor de la palabra --dijo-. Ensáñate y maquina contra esto, si es que puedes: no te pido indulgencia; pero aseguro que no has de poder hacerlo.
-¿Acaso piensas --dije- que he de estar tan loco como- para tratar de esquilar al león y engañar a Trasímaco?
-Por lo menos --contestó- acabas de intentarlo, aunque mostrándote incapaz en ello como en todo.
-Basta --dije yo- de tales cosas; pero dime: el médico en el rigor de la palabra, del que hablabas antes, ¿es por ventura negociante, o bien curador de los enfermos? Entiende el que es médico en realidad.
-Curador de los enfermos -replicó.
-¿Y qué diremos del piloto? ¿El verdadero piloto el jefe de los marínos o marino?
-Jefe de los marinos.
-En nada, pues, se ha de tener en cuenta, creo yo, que navega en el bajel, ni por ello se le ha de llamar marino; pues no por navegar recibe el nombre de piloto, sino por su arte y el mando de los marinos.
-Verdad es --dijo.
-¿Y no tiene cada uno de éstos su propia conveniencia?
-Sín duda.
-¿Y no existe el arte - dijo yo- precisamente para esto, para buscar y procurar a cada uno lo conveniente?
-Para eso -replicó.
-¿Y acaso para cada una de las artes hay otra conveniencia que la de ser lo más perfecta posible?
-¿Qué quieres preguntar con ello?
-Pongo por caso ---dije-: sí me preguntases si le basta al cuerpo ser cuerpo o necesita de algo más, te contestaría que «sin duda necesita; y por ello se ha inventado y existe el arte de la medicina, porque el cuerpo es imperfecto y no le basta ser lo que es. Y para procurarle lo conveniente se ha dispuesto el arte». ¿Te parece que hablo rectamente al hablar así -pregunté- o no?
-Rectamente --,dijo.
-¿Y qué más? ¿La medicina misma es imperfecta o, en general, cualquier otra arte necesita en su caso de alguna virtud, como los ojos de la vista o las orejas del oído, a los que por esto hace falta un arte que examine y procure lo conveniente para ellos? ¿Acaso también en el arte misma hay algún modo de imperfección y para cada arte se precisa otra parte que examine lo conveniente para ella y otra a su vez para la que examina y así hasta lo infinito? ¿O es ella misma quien examina su propia conveniencia? ¿O quizá no necesita ni de sí misma ni de otra para examinar lo conveniente a su propia imperfección y es la razón de ello que no hay defecto ni error en arte alguna, ni le atañe a ésta buscar lo conveniente para nada que no sea su propio objeto, sino que ella misma es incontaminada y pura en cuanto es recta, esto es, mientras cada una es precisa y enteramente lo que es? Examínalo con el convenido rigor de palabra: ¿es esto o no?
-Tal parece --- contestó.
-La medicina, pues, no busca lo conveniente para sí misma, sino para el cuerpo -dije.
-Así es --dijo.
-Ni la equitación lo conveniente para la equitación sino lo conveniente para los caballos; ni ninguna otra arte lo conveniente para sí misma, pues de nada necesita, sino para el ser a que se aplica.
-Eso parece --,dijo.
-Y las artes, ¡oh, Trasímaco!, gobiernan y dominan aquello que constituye su objeto. Aunque a duras penas convino también en esto. -Por tanto, no hay disciplina alguna que examine
y ordene la conveniencia del más fuerte, sino la del ser inferior y gobernado por ella. Reconociólo al fin también, aunque dispuesto a discutir sobre ello; y una vez que lo reconoció, dije yo:
-Según eso, ¿no es lo cierto que ningún médico en cuanto médico examina ni ordena lo conveniente para el médico mismo, sino lo conveniente para el enfermo? Ahora bien, convinimos en que el verdadero médico gobierna los cuerpos y no es un negociante. ¿O no convinimos?
-Confesólo así.
-¿Y en que el verdadero piloto es jefe de los marinos y no marino él mismo?
-Quedó confesado.
-Ahora bien, el tal piloto y jefe no examina ni ordena lo conveniente para el piloto, sino lo conveniente para el marino y gobernado.
-Reconociólo, aunque de mala gana.
-Y así, Trasímaco --- dije yo-, nadie que tiene gobierno, en cuanto es gobernante, examina ni ordena lo conveniente para sí mismo, sino lo conveniente para el gobernado y sujeto a su arte, y dice cuanto dice y hace todo cuanto hace mirando a éste y a su conveniencia y ventaja.
196 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 22:06
TEXTO 8a
Libro I República
(343ª-345ª)

Llegados a este punto de la discusión, y hecho claro para todos que lo dicho por él sobre lo justo se había convertido en su contrario, Trasímaco, en vez de contestar, exclamó:
-Dime, Sócrates, ¿tienes nodriza?
-¿A qué viene eso? --dije--. ¿No valía más contestar que preguntar tales cosas?
-Lo digo -replicó-- porque te deja en tu flujo y no te limpia los mocos, estando tú necesitado de ello, pues ni siquiera sabes por ella lo que son ovejas y pastor.
-¿Por qué así? ---dije yo.
-Porque piensas que los pastores y los vaqueros atienden al bien de las ovejas y de las vacas y las ceban y cuidan mirando a otra cosa que al bien de sus dueños o de sí mismos, e igualmente crees que los gobernantes en las ciudades, los que gobiernan de verdad, tienen otro modo de pensar en relación con sus gobernados que el que tiene cualquiera en regir sus ovejas, y que examinan de día y de noche otra cosa que aquello de donde puedan sacar provecho. Y tanto has adelantado acerca de lo justo y la justicia y lo injusto y la injusticia que ignoras que la justicia y lo justo es en realidad bien ajeno, conveniencia para el poderoso y gobernante y daño propio del obediente y sometido; y que la injusticia es lo contrario, y que gobierna a los que son de verdad sencillos y justos, y que los gobernados realizan lo conveniente para el que es más fuerte y, sirviéndole, hacen a éste feliz, pero de ninguna manera a sí mismos. Hay que observar, candidísimo Sócrates, que al hombre justo le va peor en todas partes que al injusto. Primeramente, en las asociaciones mutuas, donde uno se junta con otro, nunca verás que, al disolverse la comunidad, el justo tenga más que el injusto, sino menos. Después, en la vida ciudadana, cuando hay algunas contribuciones, el justo con los mismos bienes contribuye más; el segundo, menos. Y cuando hay que recibir, el primero sale sin nada; el segundo, con mucho. Cuando uno de los dos toma el gobierno, al justo le viene, ya que no otro castigo, el andar peor por causa del abandono en sus asuntos privados, sin aprovechar nada de lo público por ser justo, y sobre ello, el ser aborrecido de los allegados y conocidos cuando no quiera hacerles favor alguno contra justicia; con el injusto todas estas cosas se dan en sentido contrario. Me refiero, en efecto, a aquel mismo que ha poco decía, al que cuenta con poder para sacar grandes ventajas: fíjate, pues, en él si quieres apreciar cuánto más conviene a su propio interés ser injusto que justo. Y lo conocerás con la máxima facilidad si te pones en la injusticia extrema, que es la que hace más feliz al injusto y más desdichados a los que padecen la injusticia y no quieren cometerla. Ella es la tiranía que arrebata lo ajeno, sea sagrado o profano, privado o público, por dolo o por fuerza, no ya en pequeñas partes, sino en masa. Si un cualquiera es descubierto al violar particularmente alguna de estas cosas, es castigado y recibe los mayores oprobios; porque, en efecto, se llama sacrilegos, secuestradores, horadadores de muros, estafadores o ladrones a aquellos que violan la justicia en alguna de sus partes con cada uno de estos crímenes. Pero cuando alguno, además de las riquezas de los ciudadanos, los secuestra a ellos mismos y los esclaviza, en lugar de ser designado con esos nombres de oprobio es llamado dichoso y feliz no sólo por los ciudadanos, sino por todos los que conocen la completa realiazación de su injusticia; porque los que censuran la injusticia no la censuran por miedo a cometerla, sino a sufrirla. Así, Sócrates, la injusticia, si colma su medida, es algo más fuerte, más libre y más dominador que la justicia; y como dije desde el principio, lo justo se halla ser lo conveniente para el más fuerte, y lo injusto lo que aprovecha y conviene a uno mismo.
Dicho esto, Trasímaco pensaba marcharse después de habernos vertido por los oídos, como un bañero -, el torrente de su largo discurso; pero los presentes no le dejaron, antes bien, le obligaron a quedarse y a dar explicación de lo que había dicho. Y yo mismo también le rogaba con encarecimiento y le decía:
-Bendito Trasímaco, ¿piensas irte después de habernos lanzado tal discurso, sin enseñarnos en forma o aprender tú si es ello así como dices o de otra manera? ¿Crees que es asunto baladí el que has tomado por tu cuenta, y no ya el definir la norma de conducta a la que ateniéndonos cada uno podamos vivir más provechosamente nuestra vida?
-¿Acaso --dijo Trasímaco- no estoy y, en ello?
-Así parecía --contesté yo-, o bien que no te cuidabas nada de nosotros ni te preocupabas de que viviésemos mejor o peor ignorando lo que tú dices saber. Atiende, mi buen amigo, a instruirnos: no perderás el beneficio que nos hagas, siendo tantos nosotros.
197 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 22:10
TEXTO 9a
Libro I República
(345ª-347ª)

Por mi parte, he de decirte que no reconozco ni creo que la injusticia sea más ventajosa que la justicia, ni aun cuando se le dé a aquélla rienda suelta y no se le impida hacer cuanto quiera. Dejemos, amigo, al injusto en su injusticia; démosle la facultad de atropellar sea por ocultación, sea por fuerza; que no por ello me persuadirá de que ha de sacar más provecho que con la justicia. Quizá algún otro de nosotros lo sienta así, no sólo yo; persuádenos, pues, bendito Trasímaco, de que no discurrimos rectamente teniendo a la justicia en más que a la injusticia.
-¿Y cómo te he de persuadir? ---dijo-. Si con lo que he dicho no has quedado persuadido, ¿qué voy a hacer contigo? ¿He de coger mi razonamiento y embutírtelo en el alma?
-No, por Zeus, no lo hagas -repliqué yo-; mas, ante todo, mantente firme en aquello que digas; y si lo cambias, cámbialo abiertamente y no nos induzcas a error. Bien ves, Trasírnaco --consideremos una vez más lo de antes-, que después de haber definido al verdadero médico no te creíste obligado a observar la misma precisión en lo que toca al verdadero pastor, sino que piensas que éste ceba sus ovejas en su calidad de pastor, no atendiendo a lo mejor para ellas, sino a manera de un glotón dispuesto al banquete, para su propio regalo o bien para venderlas como un negociante, no como tal pastor. Pero a la pastoría, de cierto, no interesa otra cosa que aquello para que está ordenada a fin de procurarle lo mejor, puesto que, por lo que a ella misma respecta, está bien dotada hasta la máxima excelencia, en tanto no le falte nada para ser verdadera pastoría. Y así, creo yo ahora que es necesario confesemos que todo gobierno, en cuanto gobierno, no considera el bien sino de aquello que es gobernado y atendido por él, lo mismo en el gobierno público que en el privado. Mas tú, por tu parte, ¿piensas que los gobernantes de las ciudades -me refiero a los verdaderos gobernantes- gobiernan por su voluntad?
-No lo pienso, por Zeus ---dijo él-, sino que lo sé.
- ¿Cómo, Trasímaco? - contestó yo-. ¿No te percatas de que, cuando se trata de los otros gobiernos, nadie quiere ejercerlos por su voluntad, sino que piden recompensa, entendiendo que ninguna ventaja les ha de venir a ellos de gobernar, sino más bien a los gobernados? Porque, dime, ¿no aseveramos constantemente que cada arte es distinta de las otras en cuanto tiene distinta eficacia? Y no contestes, bendito mío, contra tu opinión, para que podamos adelantar algo.
-En eso es distinto.
-¿Y no nos procura cada una un provecho especial, no ya común con las otras, como la medicina procura la salud, el pilotaje la seguridad al navegar, y así las demás?
-Bien de cierto.
-Y así, ¿el arte de granjear nos procura granjería? Porque, en efecto, ésa es su eficacia; ¿o designas tú con el mismo nombre a la medicina y al pilotaje? O si de cierto quieres definir con precisión, como propusiste, en caso de que un piloto se ponga bueno por convenirle navegar por el mar, ¿vas a llamar en razón de ello medicina a su arte?
-No, por cierto --dijo.
-Ni tampoco al granjeo, creo yo, porque alguien se cure recibiendo granjería.
-Tampoco.
-¿Y qué? ¿La medicina será granjeo porque uno, curando, haga granjería?
Nególo.
-¿Y así confesamos que cada arte tiene su propio provecho?
-Sea así ---dijo,
-De modo que aquel provecho que obtienen en general todos los profesionales de ellas, está claro que lo sacan de algo adicional idéntico en todas las artes.
-Tal parece -repuso.
-Diremos, pues, que los profesionales que obtienen granjería, la obtienen por servirse en añadidura del arte del granjeo.
Aunque a duras penas, lo reconoció así.
-Ese provecho, pues, de la granjería no lo recibe cada uno de su propia arte, sino que, consideradas las cosas con todo rigor, la medicina produce salud y el granjeo, granjería; la edificación, casas, y el granjeo que acompaña a ésta, granjería; y así en todas las demás artes hace cada una su trabajo y obtiene el provecho para que está ordenada. Y si no se añade la ganancia, ¿sacará algo el profesional de su arte?
-No parece ---dijo.
-¿No aprovecha, pues, nada cuando trabaja gratuitamente?
-Sí aprovecha, creo.
-Así, pues, Trasímaco, resulta evidente que ningún arte ni gobierno dispone lo provechoso para sí mismo, sino que, como veníamos diciendo, lo dispone y ordena para el gobernado, mirando al bien de éste, que es el más débil, no al del más fuerte.
198 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 22:12
TEXTO 10a
Libro I República
(347ª-348ª)

Y por esto, querido Trasímaco, decía yo hace un momento que nadie quiere gobernar de su grado ni tratar y enderezar los males ajenos, sino que todos piden recompensa; porque el que ha de servirse rectamente de su arte no hace ni ordena nunca, al ordenar conforme a ella, lo mejor para sí mismo, sino para el gobernado; por lo cual, según parece, debe darse recompensa a los que se disponen a gobernar: sea dinero, sea honra, sea castigo al que no gobierna.
-¿Cómo se entiende, oh, Sócrates? -dijo Glaucón. Reconozco lo de las dos recompensas, pero lo de ese castigo de que hablas y del que has hecho también mención como un modo de recompensa no lo comprendo.
-¿No te das cuenta acaso -dije- del premio propio de los mejores, por el que gobiernan los hombres de provecho cuando se prestan a gobernar? ¿O ignoras que la ambición y la codicia son tenidas por vergonzosas y lo son en realidad?
-Lo sé ---dijo.
-Por esto -repuse yo- los buenos no quieren gobernar ni por dinero ni por honores; ni, granjeando abiertamente una recompensa por causa de su cargo, quieren tener nombre de asalariados, ni el de ladrones tomándosela ellos subrepticiamente del gobierno mismo. Los honores no los mueven tampoco, porque no son ambiciosos. Precisan, pues, de necesidad y castigo si han de prestarse a gobernar; y ésta es tal vez la razón de ser tenido como indecoroso el procurarse gobierno sin ser forzado a ello. El castigo mayor es ser gobernado por otro más perverso cuando no quiera él gobernar: y es por temor a este castigo por lo que se me figura a mí que gobiernan, cuando gobiernan, los hombres de bien; y aun entonces van al gobierno no como quien va a algo ventajoso, ni pensando que lo van a pasar bien en él, sino como el que, va a cosa necesaria y en la convicción de que no tienen otros hombres mejores ni iguales a ellos a quienes confiarlo. Porque si hubiera una ciudad formada toda ella por hombres de bien -, habría probablemente lucha por no gobernar, como ahora la hay por gobernar -, y entonces se haría claro que el verdadero gobernante no está en realidad para atender a su propio bien, sino al del gobernado; de modo que todo hombre inteligente elegiría antes recibir favor de otro que darse quehacer por hacerlo él a los demás. Yo de ningún modo concedo a Trasímaco eso de que lo justo es lo conveniente para el más fuerte. Pero este asunto lo volveremos a examinar en otra ocasión, pues me parece de mucho más bulto eso otro que dice ahora Trasímaco al afirmar que la vida del injusto es preferible a la del justo. Tú, pues, Glaucón --dije-, ¿por cuál de las dos cosas te decides? ¿Cuál de los dos asertos te parece más verdadero?
-Es más provechosa, creo yo, la vida del justo.
-¿Oíste -pregunté yo- todos los bienes que Trasímaco relataba hace un momento del injusto?
-Los oí --contestó-, pero no he quedado persuadido.
-¿Quieres, pues, que, si hallamos modo de hacerlo, le convenzamos de que no dice verdad?
-¿Cómo no he de querer? -replicó.
-Bien está --dije yo-, pero si ahora, esforzándonos en refutarle, pusiéramos razón contra razón, enumerando las ventajas de ser justo, y él nos replicara en la misma forma y nosotros a él, habría necesidad de contar y medir los bienes que cada uno fuéramos predicando en cada parte y precisaríamos de unos jueces que decidieran el asunto; mas, si hacemos el examen, como hasta aquí, por medio de mutuas confesiones, seremos todos nosotros a un mismo tiempo jueces y oradores.
-Bien de cierto --dijo.
-¿Cuál, pues, de los dos procedimientos te agrada? --dije yo.
-El segundo --contestó.
199 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 22:14
TEXTO 10b
Libro I República
(348ª-351ª)

-Vamos, pues, Trasímaco --dije yo----; volvamos a empezar y contéstame: ¿dices que la injusticia perfecta es más ventajosa que la perfecta justicia?
-Lo afirmo de plano ---contestó.- y dichas quedan las razones.
-Y dime: ¿cómo lo entiendes? ¿Llamas a una de esas dos cosas virtud y vicio a la otra?
-¿Cómo no?
-Así, pues, ¿llamas virtud a la justicia y vicio a la injusticia?
-¡Buena consecuencia, querido ---exclamó--, cuando digo que la injusticia da provecho y la justicia no!
-¿Qué dices, pues?
-Todo lo contrario -repuso.
-¿Que la justicia es vicio?
-No, sino una generosa inocencia.
-¿Y maldad, por tanto, la injusticia?
-No, sino discreción -replicó.
-¿De modo, Trasímaco, que los injustos te parecen inteligentes y buenos?
-Por lo menos ---dijo-, los que son capaces de realizar la injusticia completa, consiguiendo someter a su poder ciudades y pueblos; tú piensas acaso que hablo de los rateros de bolsas. Esto también aprovecha -siguió-- si pasa inadvertido; pero no es digno de consideración, sino sólo aquello otro de lo que ahora hablaba.
-En verdad --dije-, no ignoro lo que quieres decir. Pero me ha dejado suspenso que pongas la injusticia como parte de la virtud y la sabiduría; y la justicia, entre los contrarios de éstas.
-Así las pongo en un todo.
-Eso es aún más duro amigo ---dije yo-, y no es fácil hacerle objeción; porque si hubieras afirmado que la injusticia es ventajosa, pero confesaras que es vicio y desdoro, como reconocen otros, podríamos replicar algo, siguiendo la doctrina común, pero ahora queda claro que has de decir que la injusticia es cosa hermosa y fuerte y que has de asignarle por añadidura todo aquello que nosotros asignarnos a la injusticia, puesto que te has atrevido a clasificarla como virtud y discreción.
-Adivinas sin el menor error, dijo él.
-Pero no por eso -repuse yo -he de retraerme de seguir el examen en la discusión, mientras presumes que tú dices lo que realmente piensas. Porque en efecto, Trasímaco, me parece ciertamente que no hablas en broma, sino que estás exponiendo tu verdadera opinión sobre el asunto.
-¿Qué te importa -replicó_ que sea así o no? Refuta mi aserto.
-Nada me importa --dije yo.-; Pero trata de responder también a esto: ¿te parece que el varón justo quiere sacar ventaja en algo al varón injusto?
-De ninguna manera ---dijo-; porque, de lo contrario, no sería tan divertido e inocente como es.
-¿Y qué? ¿No querrá tampoco rebasar la acción justa?
-Tampoco -replicó.
-¿Le parecería bien en cambio, sacar ventaja al injusto y creería que ello es justo o no lo creería?
-Lo creería justo y le parecería bien -repuso-; pero no podría conseguirlo.
-No te pregunto tanto --observé yo--, sino si el justo, ya que no al justo, creería conveniente y querría sacar ventaja al injusto.
-Así es --dijo.
-¿Y qué diremos del injusto? ¿Acaso le parecería bien rebasar al justo y la acción justa?
-¿Cómo no -dijo-, siendo así que cree conveniente sacar ventaja a todos?
-¿Así, pues, el injusto tratará de rebasar al hombre justo y la acción justa y porfiará por salir más aventa- jado que nadie?
-Esto es.
-Sentemos, pues, esto ---dije-: el justo no tratará de sacar ventaja a su semejante, sino a su desemejante; y el injusto, en cambio, al semejante y al desemejante.
-Perfectamente dicho -asintió él.
-¿Y no es el injusto -pregunté-- inteligente y bueno, y el justo ni una cosa ni otra?
-Bien dicho también ---contestó.
-¿Así, pues -repuse-, el injusto se parece al inteligente y al bueno y el justo no?
-¿Claro está. ¿Cada uno, pues, es tal como aquellos a que se parece?
-¿Qué otra cosa cabe? ---dijo.
-Bien, Trasímaco; ¿hay alguien a quien tú llamas músico y alguien a quien niegas esta calidad?
-Sí.
-¿Y a cuál de ellos llamas inteligente y a cuál no?
-Al músico, de cierto, inteligente, y al que no es músico no inteligente.
-¿Y al uno también bueno en aquello en que es inteligente y al otro malo en aquello en que no lo es?
-Cierto.
-Y respecto del médico, ¿no dirías lo mismo?
-Lo mismo.
-¿Y te parece a ti, varón óptimo, que el músico, cuando afina la lira, quiere rebasar al músico en tender o aflojar las cuerdas o pretende sacarle ventaja?
-No me parece,
-¿Y al no músico?
-A ése por fuerza -replicó.
-¿Y el médico? Al administrar alimento o bebida, ¿quiere ponerse por encima del médico o de la práctica médica?
-No, por cierto.
-¿Y del que no es médico?
-Sí.
-Mira, pues, si en cualquier orden de conocimiento o ignorancia te parece que el que es entendido quiere sacar ventaja en hechos o palabras a otro entendido o sólo alcanzar lo mismo que su semejante en la misma actuación.
-Quizá --dijo- tenga eso que ser así.
-¿Y el ignorante? ¿No desearía sacar ventaja lo mismo al entendido que al ignorante?
-Tal vez.
-¿Y el entendido es discreto?
-Sí.
-¿Y el discreto, bueno?
-Sí.
-Así, pues, el bueno y discreto no querrá sacar ventaja a su semejante, sino sólo a su desemejante y contrario.
-Eso parece ---dijo.
-Y en cambio, el malo e ignorante, a su semejante y a su contrario.
-Tal se ve.
-Y el injusto, ¡oh Trasímaco! -dije yo-, ¿no nos saldrá queriendo aventajar a su desemejante y a su semejante? ¿No era eso lo que decías?
-Sí -contestó.
-¿El justo, en cambio, no querrá aventajar a su semejante, sino sólo a su desemejante?
-Sí.
-El justo, pues, se parece al discreto y bueno ---dije-, y el injusto al malo e ignorante.
-Puede ser.
-Por otra parte, hemos reconocido que cada uno es tal como aquel a quien se parece.
-En efecto, lo hemos reconocido.
-Así, pues, el justo se nos revela como bueno y discreto; y el injusto, como ignorante y malo.
Y Trasímaco reconoció todo esto, pero no con la facilidad con que yo lo cuento, sino arrastrado y a duras penas, sudando a chorros, pues era verano. Y entonces vi lo que nunca había visto: cómo Trasímaco se ponía rojo. Pero cuando llegamos a la conclusión de que la justicia es virtud y discrección y la injusticia maldad e ignorancia, dije:
-Bien, dejemos eso sentado. Decíamos también que la injusticia era fuerte; ¿no te acuerdas, Trasímaco?
-Me acuerdo ---contestó.-, pero no estoy conforme tampoco con lo que ahora vas diciendo y tengo que hablar sobre ello; mas si hablara, bien sé que me ibas a salir con que estaba discurseando. Así, pues, déjame decir cuanto quiera o ve preguntando, si quieres preguntar. Yo te responderé «¡Sí!», como a las viejas que cuentan cuentos y aprobaré o desaprobaré con la cabeza.
-Pero de ningún modo -dije yo-- contra tu propia opinión.
-Como a ti te agrade -dijo-, puesto que no me dejas hablar. ¿Qué más quieres?
-Nada, por Zeus, -dije-; si has de hacerlo así, hazlo: yo preguntaré.
-Pregunda, pues.
200 DeElea, día 3 de Marzo de 2009 a las 22:15
TEXTO 11a
Libro I República
(351ª-352ª)

-Y he de preguntar ahora lo mismo que hace un instante a fin de que sigamos sin interrupción el argumento. ¿qué es la justicia en relación con la injusticia? Creo que dijimos, en efecto, que la injusticia era algo más poderoso y fuerte que la justicia, y ahora -agregué-, si es que la justicia es discreción y virtud, pienso que fácilmente se nos va a aparecer como cosa más fuerte que la injusticia, siendo esta última ignorancia; nadie podría desconocer esto. Pero yo no aspiro a demostrarlo tan sencillamente, sino de esta otra manera: ¿reconoces, Trasímaco, que se da la ciudad injusta que trata de esclavizar injustamente a otras ciudades y las ha esclavizado de hecho y las conserva esclavas bajo su poder?
-¿Cómo no? --dijo--.Y la ciudad más excelente y que lleve a mayor perfección su injusticia será la que mayormente lo haga.
-Entiendo ---dije-; porque ésta es tu teoría. Pero lo que acerca de ello quiero considerar es esto: si la ciudad que se hace más fuerte tendrá este poder sin la justicia o le será la justicia necesaria.
-Si es como tú decías -respondió--, que la justicia es discreción, con la justicia; si como yo afirmaba, con la injusticia.
-Contentísimo quedo, Trasímaco ---dije yo-, porque no sólo apruebas o desapruebas con señas, sino que das perfecta respuesta.
-Quiero complacerte con ello ----contestó.
-Muy bien por tu parte; pero hazme este otro favor y dime: ¿crees que una ciudad o un ejército, o unos piratas, o unos ladrones, o cualquiera otra gente, sea cual sea la empresa injusta a que vayan en común, pueden llevarla a cabo haciéndose injusticia los unos a los otros?
-Sin duda que no -dijo él.
-¿No la realizarían mejor sin hacerse injusticia?
-Bien de cierto.
-Porque, en efecto, la injusticia produce sediciones, ¡oh, Trasímaco!, y odios y luchas de unos contra otros, mientras que la justicia trae concordia y amistad; ¿no es así?
-Sea así --dijo-, porque no quiero contradecirte.
-Muy bien por tu parte, ¡oh, varón ¿óptimo!, pero contéstame a esto otro: siendo obra propia de la injusticia el meter el odio dondequiera que esté, ¿no ocurrirá que al producirse, ya entre hombres libres, ya entre esclavos, los lleve a odiarse recíprocamente y a dividirse y a quedar impotentes para realizar nada en común los unos con los otros?
-Bien seguro.
-¿Y qué ocurriría tratándose sólo de dos personas? ¿No discreparán y se odiarán y se harán tan enemigas la una de la otra como de las personas justas?
-Se harán --contestó.
-Y finalmente, ¡oh, varón singular!, si la injusticia se produce en una persona sola, ¿perderá aquélla su especíal poder o lo conservará íntegramente?
-Consérvelo íntegramente, si quieres -replicó.
-Así, pues, la injusticia se nos muestra con un poder especial de tal índole que a aquello en que se introduce sea una ciudad o un linaje o un ejército u otro ser cualquiera, lo deja impotente para conseguir nada en concordía consigo mismo a causa de la reyerta y disensión y además lo hace tan enemigo de sí mismo como de su contrario el justo; ¿no es así?
-Bien de cierto.

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