Pío Moa

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Insaciable afán calumniador de la izquierda / Crímenes en la guerra civil (I)

11 de Agosto de 2011 - 22:06:41 - Pío Moa

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Me lo hace llegar el señor Caballero Jurado:

 

Os remito un nuevo artículo de Núñez Seixas sobre la División Azul. Este está dedicado al tema del Holocausto y la DA. Apareció en el volumen colectivo THE HOLOCAUST IN SPANISH MEMORY.

Como siempre, Núñez se dedica a marear la perdiz. Todo el ropaje académico que le da... para nada.

Los dos fragmentos mas "incriminatorios" sobre que los españoles sabrían algo sobre el Holocausto son:

- YDIGORAS, en su ALGUNOS NO HEMOS MUERTO, dice que el personaje central de la obra llega con su moto hasta un campo donde hay encerrados miles de judios.
Con Ydigoras existe el problema de que mucha gente cree que su obra es autobiografica, que refleja sus experiencias... y no es asi. Alguien que sepa de la historia de la DA se da cuenta de que el personaje es pura invención (¡¡¡no se podia estar a la vez rechazando el ataque sovietico sobre Teremez y cruzando el Ilmen con Ordás... porque eran las mismas fechas). La obra es literaria, y en la escuela de Ydigoras, perteneciente a lo que se llamó el "tremendismo"... Ydigoras jamas vio eso, se lo inventó -como el 90 % del libro-.

- El "testimonio" de un guripa extremeño que recogieron Gragera e Infantes, que afirma que mientras estuvo en Vilna, como convalenciente, a los españoles les obligaban a prestar servicio de vigilancia de grupos de trabajadores judios, y que de un dia para otro cambiaban, porque los estaban matando. Ocurre lo mismo. Coges el texto, asi solo, y te impacta. Pero cuando uno lee todo el testimonio del guripa, te das cuenta de que es un mitomano. Inventa tanto que llegue a sospechar que no habia estado en la DA, pero si, lo verifique, habia estado (hasta le dieron la Cruz de Hierro). Lo que pasa es que el chico despues debio considerar que su historia se quedaba corta, asi que la fue adornando todo lo que le ocurrió. Por ejemplo, aunque fue con un Batallón de Marcha... dice que fue andando desde Alemania a Rusia (¡¡ningún batallon en marcha lo hizo!!, pero el no quiere dejarse de atribuirse el mérito de la larga marcha). Hay muchos mas detalles asi en ese testimonio, que demuestran que el guripa le dio a gusto a la imaginacion... incluyendo esto de que vigilaba judios. ABSOLUTAMENTE FALSO. Los guripas que estaban en la Compañía de Convalecientes de Riga SOLO PRESTABAN SERVICIO DE VIGiLANCIA EN EL HOSPITAL ESPAÑOL.

En cambio, es curioso, diria más, interesante, los pocos testimonios que SEIXAS ha recogido en Israel sobre el paso de los españoles por Grodno. No solo ninguno de ellos dice nada en contra de los españoles, sino que los recuerdan casi con simpatia...


Ah! Como Núñez le saca el maximo partido a cada articulito que escribe, parece que este mismo texto lo ha utilizado en una conferencia en Canada.

 

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****Blog, Gaditano: Cualquier ladronzuelo de los años cincuenta y sesenta le dirá que a los ladronzuelos entonces la guardia civil les daba palizas en los cuartelillos y ahora no, o mucho menos. ¿Se lo han dicho a usted esos ladronzuelos? En la actualidad un ladronzuelo tiene muchas más probabilidades de recibir cosas mucho peores que una paliza: el sida, la drogadicción, etc. Y hay muchísimos más ladronzuelos y ladronazos en la cárcel que antes.

 

***Sería excelente que en el blog desaparecieran los insultos e insolencias. Más que nada para mejorar la claridad de los debates.

 

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Un capítulo de Los crímenes de la Guerra civil y otras polémicas:

 

El siglo XX se inauguró con la invención de los campos de concentración, organizados por los británicos durante la guerra de los boers. En ellos fueron encerrados decenas de miles de mujeres y niños, tras ser despojadas sus familias de sus bienes, y a menudo incendiadas sus casas. La mortandad por agotamiento y maltrato fue muy elevada, y alzó una ola de indignación en Europa, indignación que no iba a impedir un próspero y tétrico futuro para esas instituciones.

Este siglo ha alcanzado, muy posiblemente, las más altas cotas de la historia en criminalidad de guerra. Muy groso modo, la proporción de bajas civiles respecto de las militares ofrece un buen indicio de la magnitud de estos crímenes en el siglo recién concluido. Así suele estimarse que de la I a la II Guerra Mundial el porcentaje de víctimas civiles saltó de acaso un 20 a un 50 por 100 o más, y ha seguido aumentando en las guerras subsiguientes como las de Argelia, Vietnam, etc. Aunque, obviamente, no todas las bajas civiles entran en esa categoría, y sí lo hacen muchas bajas militares: suelen considerarse crímenes de guerra los ataques deliberados a la población no combatiente, los asesinatos de retaguardia, el exterminio de prisioneros, el uso de armas de acción indiscriminada y especialmente destructiva, etc.

Los sucesos de la guerra civil española deben contemplarse en este marco histórico, si bien con rasgos especiales. Aquí hubo pocas víctimas civiles de bombardeos, o prisioneros exterminados por hambre y brutalidades. En cambio fue muy alto el número de asesinatos por motivos ideológicos.

Los bombardeos terroristas sobre la población civil repugnan especialmente, por implicar poco riesgo y aniquilar sobre todo a niños, mujeres, ancianos y trabajadores ajenos a la acción bélica. Un tópico archirrepetido presenta la contienda española como el ensayo sistemático de este tipo de crimen, pero las cifras no autorizan tal presunción: unos 15.000 civiles muertos en casi tres años y en centenares de acciones tanto por accidentes como en acciones deliberadas. El máximo de víctimas en un solo ataque (unas 800) correspondió a Barcelona, al caer una bomba sobre un camión de municiones, que magnificó la explosión (1).

Contra lo que suele decirse fue el Frente Popular el iniciador de estos bombardeos, de los cuales se jactó en numerosos partes de guerra, siendo Oviedo y Huesca las ciudades más masacradas. El mando nacional los prohibió, aunque no siempre. Pese a ello, los populistas denunciaron a todos los vientos los bombardeos nacionales, con el eco de escritores tan influyentes como Hemingway, sobre todo durante la batalla de Madrid (2). Allí, la Legión Cóndor fue autorizada a esos ataques, que en diez días causaron 244 muertos y 303 edificios destruidos o muy dañados. Guernica marcó otro hito, más que por los muertos -unos 120, como prueba la investigación, no superada, de Jesús Salas Larrazábal-, por su efecto internacional. Habitualmente se citan para Guernica trece y hasta treinta veces más víctimas que las reales, siguiendo a la prensa conservadora inglesa, que buscaba, probablemente, impresionar a la opinión pública británica, influida por el pacifismo laborista, para que aceptase la necesidad del rearme frente a Alemania )4).

Estos hechos no admiten comparación con los bombardeos terroristas de la II Guerra Mundial, en los que destacaron norteamericanos e ingleses, mitificadores, por paradoja, de Guernica. Ambos multiplicaron casi por mil la mortandad de Guernica en sus gigantescas incursiones sobre los suburbios de Tokio o sobre Dresde, y lanzaron decenas de otras acciones de exterminio contra poblaciones, aparte de las bombas atómicas. Si bien el método lo iniciaron los nazis, también es cierto que éstos encontraron discípulos en extremo aventajados, y que los norteamericanos no pueden alegar el argumento inglés sobre quién empezó.

Otro crimen típico fue el asesinato de presos y prisioneros. El más masivo fue el de Paracuellos del Jarama, durante la batalla de Madrid, y también fue muy sangrienta la represión inicial en Badajoz, aunque más que dudosa la matanza indiscriminada de que suele hablarse (5). En los campos de concentración durante el conflicto, y en la inmediata posguerra, menudearon los malos tratos y la escasa alimentación, ocasionando un número de muertos difícil de estimar, quizá entre diez y veinte mil.

Estas atrocidades, con todo su horror, tampoco llegan a ser un precedente de lo ocurrido durante la guerra mundial, cuando masas de prisioneros fueron eliminadas por hambre, tratos brutales y trabajo agotador. Suele calcularse que los alemanes acabaron así con entre dos y cuatro millones de soldados soviéticos, y éstos con dos millones de alemanes. Tema apenas tratado ha sido el del exterminio de prisioneros en los campos franceses y norteamericanos. En su libro Other losses, el historiador canadiense James Bacque da la cifra, difícil de creer, de un mínimo de 850.000 prisioneros alemanes así aniquilados (6).

Tampoco tiene parangón en España el asesinato de seis millones de judíos, además de gitanos y otros, en los campos de concentración de Hitler. Crimen que en rigor no fue de guerra, pues ni los judíos ni las otras minorías habían declarado la guerra a Alemania. Se trató de uno de los genocidios más espeluznantes de la historia, hijo de  razones ideológicas.

El crimen practicado con preferencia en España consistió en el asesinato de enemigos políticos en la retaguardia, una «limpia», como se la llamó, hecha con saña por uno y otro bando. El tema, especialmente siniestro, conserva en parte, aun hoy, el carácter polémico y confuso que le prestó la propaganda. Ese terror dio a los contendientes una poderosa argucia para descalificar al adversario como esencialmente criminal, y para aplicarle la misma represalia. Y volvió más tenaz la lucha, por la seguridad de que quien venciese ejecutaría una cumplida venganza. Prieto lo anunció tres días antes de la sublevación: «Será una batalla a muerte, porque cada uno de los bandos sabe que el adversario, si triunfa, no le dará cuartel». Es evidente que se trató de una explosión del odio ideológico acumulado desde muy pronto en la República, y especialmente desde el año 1934, cuando se sublevaron el PSOE y los nacionalistas de izquierda catalanes, y más todavía en los meses siguientes a las elecciones del 36, como hemos visto (7).

En ese ambiente, no ya enrarecido, sino enloquecido, cada parte exageró sin tasa la barbarie del contrario. Al final de la guerra Franco creía que sus enemigos habían sacrificado a 400.000 personas. La investigación oficial de posguerra, la «causa general» bajó el número a 86.000, para decepción de quienes deseaban mayor excusa a su ansia vengativa. Y aun había de bajar bastante, pues muchos nombres aparecían repetidos en varios registros. Pero en cuanto a exagerar, los republicanos superaron a sus contrarios. Todavía en un libro publicado en 1977, Vidarte considera «quizá» exagerada la cifra difundida por el novelista R. Sender, de 750.000 ejecuciones de izquierdistas hasta mediados del 38, y atribuye unas 150.000 a Queipo de Llano en su zona de Andalucía sólo hasta principios de dicho año, o suma 7.000 en Vitoria (ciudad de 43.000 habitantes). Si fuera cierto, los nacionales habrían matado a no menos de un millón de izquierdistas, incluyendo 200.000 en la posguerra, cuentas que darían visos de realidad a la propaganda del Frente Popular, según la cual Franco planeaba exterminar literalmente a los trabajadores. En 1965 Jackson no dudaba en cargar 400.000 muertes a la represión franquista, aunque posteriormente las redujo a la mitad. Tamames hablaba, en 1977, de 208.000. Preston, en su biografía de Franco, de 1993, repetía el bulo de las 200.000 ejecuciones sólo en la inmediata posguerra. Estas desmesuras, típica arma de propaganda bélica, pierden toda justificación en la paz, salvo que se pretenda alimentar un espíritu de guerra civil (8).

En ese maremagnum empezó a poner orden, en 1977, Ramón Salas Larrazábal, el primero en abordar de forma seria el asunto, apartándolo de la propaganda e introduciéndolo en la historiografía. En su concienzudo estudio Pérdidas de la guerra, Salas empieza metódicamente por demostrar la inconsistencia de los cálculos vistos, y de otros aportados por historiadores franceses. Calcula luego la magnitud global de la mortandad en la guerra, mediante un detenido análisis de las estadísticas demográficas y teniendo en cuenta las deficiencias del censo de 1940. Esta aproximación global tiene el mayor interés, pues marca ciertos límites máximos y descarta numerosas fantasías. De otro modo, el único método posible consistiría en acumular testimonios documentales, orales, rumores, etc., con obvia imposibilidad de comprobarlos fehacientemente (9).

Según las diferencias de población, las víctimas de la guerra tenían que ascender a unas 625.000, incluyendo las causadas por combates, represión, enfermedades, ejecuciones de posguerra, maquis y participación en la II Guerra Mundial. Si excluimos las de posguerra (159.000 por enfermedad, 23.000 por ejecuciones y 10.000 por el maquis y por la guerra civil), la cuenta se reduce a 433.000. De ellas, 165.000 se deben a enfermedades, con lo que las muertes violentas sumarían unas 268.000. Computados con bastante seguridad los caídos en combate (unos 160.000), quedan las víctimas de la represión, que rondarían las 108.000. Cifras aproximadas, pero orientadas correctamente, incomparablemente más correctas que las hasta entonces manejadas. Salas, pues, introdujo la cuestión en el ámbito del debate racional (10).

En cuanto a la distribución de ejecuciones y asesinatos, Salas estima en 72.500 los realizados por el Frente Popular, y 58.000 por los nacionales (incluyendo 23.000 en la represión de posguerra). Otro dato es que el 95 por 100 de los muertos serían varones, salvo en Barcelona, donde la proporción femenina más que dobló la normal en el resto de la zona populista: 13,05 por 100 frente a un 6,32 por 100 en Valencia. La proporción sería menor aún en la zona nacional.

Salas funda estos datos en los del Movimiento Natural de la Población y en un muestreo en los registros municipales. Para ello supuso que todas las víctimas habían sido registradas (con bastante posterioridad al conflicto muchas de ellas), y que las inscripciones en los registros habían sido hechas de manera correcta. Estos supuestos han sido severamente criticados por varios autores (11), pero no parece fácil que las críticas alteren en lo fundamental las cifras de Pérdidas de la guerra.

Sin embargo, aun si los datos de Salas hubieran de ser corregidos con cierta amplitud, no hay duda de que su investigación introducía por primera vez, como hemos dicho, el rigor científico en cuestión tan vidriosa. Ahora bien, este decisivo mérito, a cuyo reconocimiento obliga la honradez intelectual, ha sido despreciado en bastantes medios, proclives, en cambio, a creer fantasías que apoyen sus ideas previas. De lo vivas que en esos medios continúan las pasiones da idea la acogida a Pérdidas de la guerra, obra silenciada en lo posible o atacada con lenguaje reminiscente de las viejas contiendas, impidiéndose al autor la réplica en ciertas publicaciones (12). Parece que la guerra no acaba de entrar en el campo del estudio desprejuiciado y sereno.

Así las cosas, en 1999, veintidós años después del libro de Salas, ha salido otro, intensamente promocionado, de los estudiosos Julián Casanova, José María Solé, Joan Villaroya y Francisco Moreno, coordinados por Santos Juliá y titulado Víctimas de la guerra civil (aunque trata sólo las víctimas de la represión). Vale la pena compararlo con el anterior para constatar cómo no siempre el paso del tiempo mejora la historiografía.

Las tesis básicas de Víctimas son:

a) El terrror desplegado por el Frente Popular fue una respuesta al de los sublevados.

b) Fue un terror popular y en gran medida espontáneo.

c) Su responsabilidad última y definitiva recae sobre los franquistas, que lo provocaron al alzarse contra la legalidad republicana y democrática.

d) Las víctimas del franquismo fueron muchas más (en torno al triple) que las causadas por la república.

Estos asertos, nada nuevos, son, precisamente, los de Vidarte, elaborados por la propaganda republicana ya durante la guerra. Si fueran veraces, la represión populista tendría toda clase de atenuantes -en rigor, no podría hablase de crímenes, sino apenas de excesos-, mientras que la represión contraria cargaría con todos los agravantes posibles. Sin embargo, el examen de los hechos muestra una realidad algo diferente.

¿Fue el frentepopulista un terror «de respuesta», como asegura Víctimas? J. Casanova lo expresa así: «Para respuesta brutal, la que se dio contra los militares sublevados que fracasaron en su intento, y a quienes se consideraba responsables de la violencia y la sangre que estaba esparciéndose por ciudades y campos de la geografía española» (13). La tesis tiene suma importancia, pues claro está que a quien se ve agredido y con su vida en peligro no puede exigírsele un ánimo tranquilo y ponderado, sino admitir que reaccione con lógica y justificable furia. Pero, como creo que ha quedado claro en estas páginas, el terror populista tenía unas raíces propias y nada debía a las violencias franquistas. Fue practicado ya desde 1933 y sobre todo en 1934 y después de las elecciones de 1936, y nacía de una propaganda que cultivaba abiertamente el odio como una imprescindible virtud revolucionaria. Hemos visto el papel crucial que desempeñó la campaña sobre la represión en Asturias, eje de la política de las izquierdas hasta las elecciones de 1936 y aun después. Si el terror populista respondió a algo, fue justamente a esa propaganda martilleante, y Besteiro sabía de qué hablaba al prevenir contra aquellas prédicas que, a su entender, «envenenaban» a los trabajadores y preludiaban la matanza. Un estudio que olvide estas cosas queda también privado de cualquier rigor historiográfico.

Ese odio se manifestó en la primera mitad de 1936 en forma de varios cientos de asesinatos, en su mayoría cometidos por fuerzas afectas al Frente Popular, y en la destrucción de innumerables iglesias, obras de arte, asaltos a locales y prensa derechista, etc., no correspondidos por las derechas. Al estallar la guerra y derrumbarse los restos de legalidad republicana debido al reparto de armas a los sindicatos, ese ambiente se transformó en terror masivo, y la ola de incendios y asesinatos comenzó el mismo 18 de julio, sin aguardar noticias fehacientes de la represión en el campo contrario. Los dos bandos actuaban, ante todo, porque consideraban llegada la hora de una «limpieza» definitiva. El terror ha sido un rasgo acentuadísimo en todos los países y momentos en que se han desatado revoluciones socialistas o anarquistas, y España no fue excepción.

En cuanto a la derecha, el examen de su prensa y documentación a lo largo de la república no muestra, ni en intensidad ni en sistematicidad, y salvo excepciones, una comparable incitación al odio. Parece más veraz, entonces, sostener que si hubo un terror «de respuesta» éste fue más bien el de las derechas frente al que sus adversarios venían predicando y ejerciendo durante más de dos años, con numerosísimos atentados, incendios y amenazas, y una insurrección que en 1934 causó 1.300 muertos.

También alentó esas conductas la creencia -que ahuyentaba el escrúpulo o el remordimiento-, en una pronta derrota de los franquistas. Como por entonces escribía Araquistáin a su hija, «la victoria es indudable, aunque todavía pasará algún tiempo en barrer del país a todos los sediciosos. La limpia va a ser tremenda. Lo está siendo ya. No va a quedar un fascista ni para un remedio (14)». Idea sin duda muy generalizada.

El carácter «popular» de la represión republicana tiene similar sustancia propagandística: el lector tiende a alinearse instintivamente con «el pueblo», aunque sea «el pueblo en armas», como reza un epígrafe de Casanova. Así, los crimenes populistas constituirían una especie de «justicia popular», justicia histórica, acaso irregular y brutal, pero explicable y en definitiva justificable, máxime si era una respuesta a las fechorías contrarias. Esta idea, que empapa el libro citado, la exponen francamente en otro lugar dos de los autores, J. Villarroya y J. M. Solé: «La represión ejercida por jornaleros y campesinos, por trabajadores y obreros y también por la aplicación de la ley entonces vigente, era para defender los avances sociales y políticos de uno de los países con más injusticia social de Europa. Los muchos errores que indudablemente se cometían, pretendían defender una nueva sociedad. Más libre y más justa. La represión de los sublevados y de sus seguidores era para defender una sociedad de privilegios» (15). Estas frases renuevan el tono bélico, aunque mencionen «errores», bien comprensibles dadas las circunstancias. De ahí a gritar «¡Bien por la represión contra los explotadores!» no media ni un paso, pues la conclusión está implícita.

Claro que con ello Solé y Villarroya identifican al pueblo -¿y en cierto modo a sí mismos?- con la minoría de sádicos y ladrones (los crímenes solían acompañarse de robo) que al hundirse la ley obraron a su antojo (16). Ejercieron el terror "popular" los partidos y sindicatos, y dentro de ellos sujetos politizados y fanáticos, a veces también delincuentes comunes liberados por aquellos. No fue el pueblo, ciertamente. En las elecciones del 16 de febrero, los votantes se dividieron mitad por mitad, aparte un tercio de abstenciones, no identificables con ningún bando. Sólo apoyaba al Frente Popular, pues, una fracción del pueblo, alrededor de un tercio, y es probable que esta proporción disminuyese en los meses siguientes a las elecciones. Desde luego, ni siquiera ese tercio fue el que tomó las armas, sino, básicamente, los miembros de las organizaciones obreristas, de los cuales sólo una minoría, a su vez, cometió atrocidades: los que permanecieron en retaguardia, más bien que los que marcharon a los frentes.

Lo mismo vale el tópico de la espontaneidad. Nada de espontáneo tuvo el largo e intenso cultivo de una propaganda irreconciliable, llevada al paroximo ante la sublevación del 36, como refleja la prensa republicana de entonces. La rabia, apenas contenida durante meses, se desató por fin gracias al reparto de armas, acuerdo político con efectos de sobra previsibles. No sin razones de peso rechazó Casares el reparto mientras tuvo fuerzas. La decisión de armar a los sindicatos hace al último gobierno republicano, el de Giral, plenamente responsable de sus consecuencias, tanto si éstas se tienen por buenas (así lo pensaron y lo piensan muchos políticos e historiadores), como si se las juzga nefastas. Pero, además, ocurre que el terror fue organizado por los organismos oficiales del gobierno Giral, en rivalidad con los partidos y sindicatos del Frente Popular. Así aparece con claridad en la lista de «checas» que ofrece Javier Cervera en su documentado libro Madrid en guerra. La ciudad clandestina, 1926-1939. La «checa de Fomento», «la más importante de Madrid y sólo su mención producía escalofríos a los madrileños», fue montada por el director general de Seguridad de Giral. La disolvió Santiago Carrillo en noviembre, y no precisamente para disminuir el terror. La «checa de Marqués de Riscal» funcionaba bajo los auspicios de la Primera Compañía de enlace del Ministerio de Gobernación. Otras checas tenían carácter anarquista, comunista o socialista, y a menudo se interrelacionaban entre sí (17).

La tesis de que la responsabilidad de las atrocidades, incluso las realizadas por los republicanos, recae sobre los rebeldes, ya que éstos se habrían alzado, sin la menor justificación moral y política, contra una legalidad democrática y normal, es otra forma de decir lo anterior. En referencia tanto al golpe de Primo de Rivera en 1923 como al de julio del 36, S. Juliá dice: «La historia comienza realmente cuando los militares vuelven a intervenir en el normal desarrollo de la política con el propósito de imponer por las armas un cambio de Gobierno» (18). Definir como «normal desarrollo» la política española después de las elecciones de 1933, y sobre todo después de febrero del 36, debe ser una humorada. Hay que esperar que el propio Juliá no desee una vuelta de España a tales normalidades.

Vale la pena observar que casi todos los historiadores y políticos que defienden con puntillosidad extrema la legalidad republicana de 1936, muestran total desprecio por esa misma legalidad cuando se trata de la revolución de 1934, muy justificada a su entender. Pero todo indica que, desde ésta última, aquel régimen no volvió a ser normal: quedó tambaleante, y los hechos siguientes lo llevaron al colapso. Madariaga ha escrito que con la insurrección de Asturias las izquierdas habían perdido cualquier derecho moral a condenar el alzamiento derechista de 1936, pero hay que añadir que no sólo porque fueran las izquierdas las que empezaron a dinamitar la legalidad, sino, sobre todo, porque no cejaron luego en su actitud. ¿Puede escribirse la historia olvidando estos desarrollos?

Los autores de Victimas van más allá. Admiten que en julio del 36 se produjo una revolución en la zona populista, pero no ven en ella nada irreparable: la república del 14 de abril se habría rehecho a los pocos meses, cuando Largo Caballero sustituyó a Giral: «El golpe no derribó al Estado republicano, pero (...) destruyó su cohesión y le hizo tambalearse», opina J. Casanova; y detalla S. Juliá: «No es que la República quedara liquidada, sino que su Gobierno carecía de los recursos necesarios para imponer su poder, que se dispersó(sic) entre las manos de los comités sindicales (...). Sólo lentamente, y tras levantar de la nada un ejército en toda regla, pudo el Estado republicano recomponerse» (19). Ese ejército, el verdadero órgano de poder y única gran institución que funcionó con eficacia en el Frente Popular, era abiertamente político, y sin nada o casi nada en común con el que diseñó Azaña. Hay algo de extravagancia y de insulto a la inteligencia en la pretensión de que el régimen del 14 de abril fue recompuesto en septiembre o noviembre del 36 gracias a los esfuerzos conjugados de anarquistas -inconciliables con la república, a la que asestaron gravísimos golpes desde su implantación-, los socialistas -que hicieron otro tanto a partir de 1934-, o los comunistas, simples peones de Stalin como ha quedado demostrado desde la izquierda y desde la derecha; sin olvidar a la Esquerra catalana, coautora del golpe revolucionario de 1934. Santos Juliá y sus compañeros no vacilan en presentar a esos partidos como ardientes paladines de la democracia, quizá porque sea ése el tipo de democracia con que ellos simpatizan. Pero los tozudos hechos demuestran que la revolución de julio del 36 destruyó a la República en tal medida que el gobierno de Giral quedó como un simple adorno, y cuando en septiembre surgió un gobierno adecuado a la realidad, sus fuerzas determinantes eran precisamente las que con mayor insistencia y dureza habían vapuleado a la república los años anteriores.

El gobierno de Largo, que sucedió al de Giral, significaba el intento de asentar un nuevo régimen, no la república del 14 de abril. Necesitado de imponer su autoridad y consciente del enorme perjuicio moral que fuera de España le estaba causando la oleada represiva, procuró racionalizar ésta y someterla a trámites jurídicos. El fenómeno ocurrió en los dos campos después de la feroz siega de verano y otoño del 36, cuando cayeron la mayoría de las víctimas de uno y otro color. Ello no impidió que hasta el final mismo de la contienda siguiesen siendo frecuentes los asesinatos y muy discutible la legalidad de muchas ejecuciones, también en los dos bandos.

¿Cómo se distribuyeron las ejecuciones y asesinatos entre las partes? El estudio de Salas, pese a la hostilidad con que fue acogido por historiadores apasionados y de dudosa solvencia -aunque a menudo influyentes-, ha pesado por fuerza en los investigadores posteriores, destruyendo las exageraciones tradicionales. Aun así, a partir de él se desató en diversos sectores una carrera por recontar las víctimas y probar que en realidad los nacionales habían matado en retaguardia más que los populistas. Víctimas, en concreto, reduce las causadas por los populistas a 50.000 (72.000 en Salas), y aumenta las de los nacionales a unas 150.000 (58.000 en Salas), lo que hace sumando resultados obtenidos a menudo con métodos dudosos (informes orales, rumores, etc.) y sumando los obtenidos en diversas provincias, cuando es frecuente la doble contabilidad, al estar registrada una misma persona en la localidad de su ejecución y en la de su nacimiento. El investigador A. D. Martín Rubio ha echado por tierra esas cifras y, más comedido, calcula en 60.000 las víctimas populistas y en 80.000 las de sus contrarios, cifras siempre aproximadas y nunca del todo concluyentes (20).

La dificultad para establecer los datos precisos es muy grande, pues las estadísticas demográficas dejan un cierto margen de error, y el recuento caso por caso se funda a menudo en rumores o testimonios dudosos. Además, no son cifras bien comparables, porque la represión frentepopulista sólo pudo afectar a algo más de la mitad del país, en disminución según avanzaba la guerra, mientras que la contraria se extendió por el país entero, lo que significa menos víctimas relativas. También resulta incomparable la represión de posguerra, al verse los populistas imposibilitados de ejercerla. Cabría presumir que tampoco la hubieran ejercido de ser ellos vencedores, pero la presunción es más que aventurada si tenemos en cuenta los precedentes, las ideas de «limpieza» con que se planteó ya la insurrección del 34, y la llamada permanente al odio, mucho más masiva y tenaz que las ocasionales apelaciones de Azaña y otros a la piedad y el perdón.


Al establecer las cifras se detecta otro fallo importante en Víctimas, que pinta un cuadro, perfectamente irreal, de básica armonía entre los republicanos, y dedica muy escasa atención al terror desatado entre ellos mismos. Ese terror dejó, sin embargo una trágica carga de torturas y muertes, con frecuencia encubiertas como bajas en el frente o en intentos de deserción. Por ejemplo, el SIM (Servicio de Información Militar), fundado por Prieto y dominado por los comunistas y un sector socialista, destacó como una maquinaria especialmente cruel y mortífera, según testimonios anarquistas y socialistas. Véase, por contraste, cómo lo enfocan Solé y Villarroya: El SIM «ha sido juzgado de forma crítica incluso desde el propio sector republicano, pero lo cierto es que logró desenmascarar y desarticular casi todas las redes quintacolumnistas, o las dejó semiparalizadas. Sus éxitos se deben a la incorporación de técnicas rusas de contraespionaje, a la utilización de elementos tecnológicos innovadores en su tiempo, a la adecuada selección de personal policial y, quizá lo más importante, al uso del terror. En conclusión, técnica y terror al servicio judicial» (21). Descripción eufemística y burocrática donde las haya, en la línea, muy stalinista, de recalcar la eficacia. Pero si diversos republicanos, juzgaron al SIM  «de forma crítica», como dice también eufemísticamente, no se debió a sus éxitos contra la quinta columna, sino al uso de una extraordinaria brutalidad y provocación contra otros frentepopulistas, de la que hay casos significativos.

En fin, me inclino a creer básicamente correctos los datos de Salas, aun considerándolos más inseguros de lo que él los creyó. Pero sean cuales fueren los datos precisos, sabemos con certeza que en una y otra zona el terror fue masivo. Si resultase que uno de los bandos hubiera asesinado poco y el otro mucho, ello sería un poderoso argumento histórico, moral y político en favor del menos sanguinario. pero tal cosa no ocurrió. De ahí que sea escaso el valor historiográfico de esta carrera por demostrar quién derramó más sangre, y desproporcionada la energía que le han consagrado tantos estudiosos. Lo cual sugiere que en esa pugna ha influido menos el deseo de clarificar la historia que una motivación de otra de índole: política y propagandística. En contraste con los autores de Víctimas, Salas, bien consciente de una realidad lo bastante horrible, imposible de justificar con argumentos morales o políticos, no utiliza sus cálculos para disimular o justificar la represión nacional. Si alguna lección extrae es una llamada a la reconciliación: «Todos tenemos mucho de qué avergonzarnos y muy poco que reprocharnos» (22) en su conclusión, con la que nadie medianamente objetivo puede estar en desacuerdo. Actitud muy distinta, como digo, de la de Santos Juliá y sus compañeros, que justifican la represión izquierdista al extremo de cargar su responsabilidad sobre el bando contrario, en una retórica que quiere mantener la llaga en carne viva.

Sean cuales fueren sus inexactitudes o errores, Pérdidas de la guerra fue un trabajo científico y pionero, mientras que Víctimas tiene un carácter diferente. Ello se percibe desde el mismo lenguaje, sobrio, ponderado, cuidadoso de los posibles fallos u objecciones a su método, en el primer libro; apasionado en extremo, a menudo panfletario en el segundo. Y no es que un historiador deba ocultar su idignación ante sucesos crueles o injustos, pero cabe dudar de la sinceridad del sentimiento cuando el mismo se esfuma ante hechos semejantes si los comete el bando con que el historiador simpatiza.


 

Comentarios (76)

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1 Gece, día 11 de Agosto de 2011 a las 22:40
Un placer leer a D. Pío, por duro y difícil que sea el asunto, la claridad, sencillez y el rigor acostumbrados.
2 Fausto19, día 11 de Agosto de 2011 a las 23:37
"Perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen".

La ignorancia de la Verdad disminuye la responsabilidad del pecador. Pero ¿qué será de aquellos estudiosos que consagran sus conocimientos a mantener a los demás en la ceguera? Son sepulcros blanqueados. Para ellos no pidió Jesús perdón.
3 Aaiun, día 11 de Agosto de 2011 a las 23:40
"seis millones de judíos"
Es una pena, pero esa cifra invalida todos los demás argumentos.
Esa cifra no es histórica, es mera propaganda comunista primero y sionista después.
Aunque solo fueran cerca de medio millón los muertos en los campos de trabajo/concentración, como certificó la Cruz Roja Internacional en aquellos años de la guerra y tras inspecciones in situ, y tanto por violencia como por enfermedades, no es cifra "pequeña". Pero de medio millón a seis millones solo de judíos es una entelequia de la propaganda.
Puede ser duro para algunos, pero es más cierto que esa propaganda machacona y gratuita.
4 escade1, día 12 de Agosto de 2011 a las 00:14
Hace usted un análisis fundamentado de la magnitud de la represión por parte de los bandos enfrentados. No puedo discutir ninguna de sus afirmaciones porque carezco de datos y, por tanto, de argumentos. Sin embargo me llama la atención que es la primera vez que leo algo que yo considero fundamental para entender el comportamiento de uno y otro bando: los motivos de la represión y la diferente justificación entre ellos.

El bando frentepopulista fue, sin ninguna duda, quien desencadenó el terror como forma de actuación permanente. Su objetivo era usar la república y la democracia para instaurar una dictadura del proletariado al estilo soviético, donde la gente contraria o desafecta, religiosa y defensora de la propiedad privada y la libertad individual debe ser sometida o eliminada. Todo en ellos era dañino para el presente de entonces y para el futuro.

El bando nacional era la respuesta inevitable a tales designios. La sublevación evitó más muertes y más caos, aún a costa de llevar al país a una guerra. Nadie sensato y decente puede discutir la necesidad de dar una respuesta adecuada a todas aquellas atrocidades y amenazas.

Como bien explica usted no se puede pedir serenidad a quien se defiende de una ataque a muerte de quienes se declaran sus enemigos radicales. Sin justificar la injusticia y la desproporción de actos repugnantes, tengo que entender como inevitable, o muy difícilmente evitable, la existencia de desmanes y atropellos por parte de los nacionales en respuesta a los ataques soportados previamente.

Nadie puede discutir, como usted bien ha demostrado repetidamente, que el nivel de crueldad y sadismo por parte de los frentepopulistas no tuvo parangón en el bando nacional. Aún más, ese sadismo y esa crueldad la desataron a iniciativa propia, sin haberlos sufrido ellos previamente. Este detalle fundamental no puede pasar inadvertido a nadie, pues es clave para entender el comportamiento de unos y la respuesta de otros.

Hoy, la izquierda y los separatismos aldeanos, vuelven por los mismos caminos, justificando lo injustificable en materia de educación, libertad religiosa, cohesión nacional y terrorismo. En este último asunto ellos son parte activa, pues la connivencia ideológica con ETA, en sus fines y en sus medios para lograrlos, les lleva a realizar actos de una indignidad e ilegitimidad intolerables para las víctimas y el resto de españoles decentes.

Esta gentuza, comandados por ese ser deleznable que es zETAp y sus secuaces, nos asoma peligrosamente a un precipicio similar al que se asomaron nuestros mayores hace ochenta años.

En nuestra respuesta activa a estos desafíos estará el porvenir de todos.
5 menorqui, día 12 de Agosto de 2011 a las 00:21
Aaiun.
¿La cruz Roja iba a Auschwitz?
6 Askari, día 12 de Agosto de 2011 a las 00:34
menorqui #5

Si
7 lead, día 12 de Agosto de 2011 a las 00:37
[La comprensión de los crímenes de la "izquierda" por los "intelectuales: Nazis y Comunistas; artículo en "La ilustración liberal"]

[Acaba de salir el nº 48 de "La Ilustración Liberal", como señalé en #113 del hilo anterior "¿Novedades...?"; los números anteriores están disponibles en la Red].

Digo en #62 del hilo sobre "Nazismo y Comunismo":

"Durante siglo y medio, la característica brutalidad de "la izquierda" ha contado con la comprensión y la "buena prensa" de los medios llamados "intelectuales" (creadores de opinión). Cuando Stáphan Courtois publicó su "Libro Negro del Comunismo", con la contabilidad de los 100 millones de asesinados " por una buena causa", nuevamente se evidenció esa "comprensión" hacia el comunismo, mientras el nazismo, tan socialismo como su "gemelo fraterno", era el chivo expiatorio de la brutalidad genocida característica del Socialismo."

Acerca de esa "comprensión", el columnista de Libertad Digital Santiago Navajas publica en el nº 45-46 de la citada revista de Ideas de este grupo un artículo cuyo enlace pongo a continuación [sobre "Nazismo y Comunismo" y su identidad esencial, denunciada por tantos, ver los enlaces que pongo en #24 y #26 del hilo "Sobre la División Azul.."]:

"Las máquinas de matar ideológicas. Nazis y comunistas, retratados", Santiago Navajas

http://www.ilustracionliberal.com/45-46/las-maquin...

Dice Santiago Navajas:

La equivalencia de los instintos asesinos nazi y comunista era lo que denunciaba en 'La gran mascarada' Jean-François Revel, atentando contra el tabú que prohibe comparar siquiera al nazismo con el comunismo, que ya había sido puesto en cuestión por François Furet en 'El pasado de una ilusión' y antes por el alemán Ernst Nolte.

{{Uno de los méritos de Nolte es haber vencido la prohibición de establecer paralelismos entre comunismo y nazismo (...) En realidad, el veto impuesto sobre este tipo de consideraciones impide que se establezca la historia del fascismo (...) Al prohbir la crítica del comunismo, esta clase de antifascismo historiográfico bloquea también la comprensión del fascismo. Entre otros, Nolte tuvo el mérito de romper ese tabú [9]}}


Muy recomendable la lectura de este artículo de Santiago Navajas por las importantes citas y referencias que contiene respecto de un asunto que sigue siendo la gran asignatura pendiente de la llamada "izquierda": la tolerancia, la comprensión, la disculpa, incluso la JUSTIFICACIÓN de los terribles crímenes y genocidios que tal "izquierda" practicó con entusiasmo para conseguir "el hombre nuevo" desde que en 1793 Maximilien Robespierre se hizo con el poder y control total de la Revolución Francesa. Ya van para 220 años de comprensión y justificación, y ni señal de autocrítica dentro de la "izquierda"; el que la intenta, es rápidamente expulsado a las tinieblas exteriores.

8 Askari, día 12 de Agosto de 2011 a las 00:54
Crimen que en rigor no fue de guerra, pues ni los judíos ni las otras minorías habían declarado la guerra a Alemania. Se trató de uno de los genocidios más espeluznantes de la historia, hijo de las razones ideológicas.

http://4.bp.blogspot.com/-lxzeNW3A4VI/Tf-29rlysCI/...

Sin entrar en otros temas , esa afirmacion debe discutirse.
9 clavius, día 12 de Agosto de 2011 a las 01:45
10 clavius, día 12 de Agosto de 2011 a las 01:56
Con el permiso de don Pío voy a presentaros el blog que acaba de crear un amigo dedicado al cine (principalmente) y a la música.

Como os conozco un poco, y sé que os va el tema clásico, os enlazo su minuciosa crítica de "Lo que el viento se llevó":

http://cinemelodic.blogspot.com/2011/07/lo-que-el-...

Está dividida en cuatro partes, ésta es la primera, sólo tenéis que ir pinchando en los enlaces para leerla completa. Merece la pena.

Saludos para todos, que ya hacía mucho tiempo...
11 menorqui, día 12 de Agosto de 2011 a las 02:05
Conversación entre Menorqui y su esposa por la mañana.
-¿Has visto los mensajes que puse ayer en el blog?
- Antes vi que los deshaste para yo verlos.
-Tuve una noche inspirada, logré unas claras explicaciones acerca de las bellas artes, fue bastante impresionante.
-Patetiko.
-¿Por qué dices eso?
-Vos te deskuydas de ti, kale ke tengas mas meoyo, vos te fraguas kastiyos en Sefarad.
-No sé, se hace lo que se puede.
-Te mankan sesos a ti, ke deberias estar en otras kozas, faziendo alguna koza buena, no el perder el tyempo, asi es ke nunca empesijamos nada, perdiendo el tyempo.
-Hago lo que puedo, hermosa.
-¡Guay! esto es endecha ke no vyda.

(tubicontiniud)
12 clavius, día 12 de Agosto de 2011 a las 02:27
No le hagas caso, menorqui, eran mejor que buenos; tú ya sabes, a las mujeres el arte como que no SIRVE pá ná...

saludos.
13 menorqui, día 12 de Agosto de 2011 a las 03:04


-Yo siempre he tenido mis aficiones, igual que tú las tuyas.
-Lo tuyo son vaziyas ambiçiones, no amaturias, es un caçar el viento por mor de nada.
-O un vicio.
-Yo no savia ke fueras viçioso kuando te enkontre.
-Pues me he pasado la vida enviciado, y te digo que sin esos vicios no sería quien soy.
-Y deke ¿ken sois, acaso sois algun?
-¿Hubieras preferido a uno que no podía amar? En ese blog he hecho como un despliegue de amor, ¿qué quieres? Internet nos ha dado esa ilusión de que podemos alterar el rumbo de las cosas, o al menos influir en algo. Yo empecé a escribir en ese blog para tratar de alterar la estupidez del discurso general, y me dio por ese porque en él había una buena base para hacerlo.
-Parese ke mas bien propozas afamarte, fambrénto de elojio .
-O quizás de gente con la que poder entenderme.
-¿Kién, acedece?
-Lectores que están en mi línea, gente a la que puede interesarle alguna información de la que tengo.
-Yo Kreo ke sin pedromar te enfasyas bastante.
-Sí, con él nos hacíamos unas buenas luchas a puñal.
-Mi preferado sois vos.
-El mío son los otros.
Qué guapa estás cada día.
14 menorqui, día 12 de Agosto de 2011 a las 03:09
12
Las mujeres son el arte, como decía álvarez cascos.
15 menorqui, día 12 de Agosto de 2011 a las 03:11
¿o fue rajoy?
16 menorqui, día 12 de Agosto de 2011 a las 03:30
En cualquier caso tenían razón entrambosdos.
La mujer es el arte que precisa de su museo que se lo pone el Estado, que es il maschio.
Y las hay que lo merecen, como la mía, y que no se lo ponemos porque dejamos pasar los trenes que llevaban a dichos museos y a los jardines de marmóreas escalinatas. En la recherche de una vida quizás excesivamente particularizada, demasiado ambiciosa, e improbable. Que amamos. Mientras crecen los niños. Y se mueren los padres.
¿seremos un día el mundo por haber tratado de ser de verdad? Es que si no, es que el mundo es de mentira. Grandioso pero de mentira como los museos de arte contemporáneo.
17 menorqui, día 12 de Agosto de 2011 a las 03:50
Sea como fuera, gracias por el apoyo, clavius.
18 menorqui, día 12 de Agosto de 2011 a las 04:22
Askari
Yo creo que la intención era bastante clara, y las pruebas de ello son innumerables.
Me parece que para defender honradamente el nazismo, deberían ustedes defender sus matanzas de indefensos, que para el caso da igual los millones. Yo creo que se trata de un acto de bestialidad sin igual en la historia, acaso ustedes podrán ustedes dar sus razones y resultar convincentes. Explíqueme por ejemplo esta foto, subtitulada "el último judío de Vinnitsa":
http://www.worldsfamousphotos.com/index.php/2007/0...
¿Acaso no tenían esa intención y acaso no lo llevaron a cabo? ¿Eichmann miente en sus números?
Lo que parece desde tan lejos es que ustedes prefieren atraer al mal , que juegan al poder del mal. Es horrible. ¿Hay algo honrado en el nazismo?
19 menorqui, día 12 de Agosto de 2011 a las 04:28
«Todos tenemos mucho de qué avergonzarnos y muy poco que reprocharnos»

Pues sí.
20 Hegemon1, día 12 de Agosto de 2011 a las 08:20
Cuesta creer, al menos por mi parte, que los divisionarios supieran algo de lo que pasaba con los judios y cuesta creerse más que los alemanes encomendaran a los españoles misisones de vigilancia de algún tipo, menos de campos de concentración de judíos. Los alemanes siempre se quejaron de la falta de disciplina de los españoles para esas tareas más el que los españoles eran muy proclives, lo que se les recriminó, que todo el tiempo confraternizaran con los polacos, rusos y otras razas. En fin, que ahora no se puede venir escribiendo novelas de ciencia ficción.

Terminé ayer precisamente el libro de los profesores americanos Kleinfeld y Lewis A. Tambs y no mencionan nada de esas cosas. Es curioso su análisis final en el que concluyen entre otras cosas, que la DA fué el pivote en el que se sustentó el XXXVIII cuerpo de ejercito del 18º ejército de Lindeman en el norte gracias a su resistnecia, tenacidad y valentía. Que el soldado español tenía iniciativa propia en contra de la actitud "bovina" de los rusos. Que a pesar del sistema de castas en el ejercito español entre oficiales y tropa, estos encabezaban los ataques y estaban en primera linea en contra de lo que hacían sus homólogos alemanes que dirigian sus compañías y regimientos desde la retaguardia. Curioso es también que califiquen como mucho más racional y eficaz la táctica española de defensa en profundidadd basada en nidos o "en erizo" y no en linea como los alemanes. Esta forma de defensa y ocupación de frente era mucho más racional, economizaba fuerzas y era más dificil de atacar y romper. En fín, como dicen estos americanos, la DA fué un microcosmos dentro del frente del este y su historia es la historia de una de la unidades de combate más eficaces y mejores que lucharon en la II Guerra Mundial en cualquiera de los bandos.
21 jaito5, día 12 de Agosto de 2011 a las 08:34
Don Pío, sobre la doble contabilidad, cuando no triple, tenemos el reciente caso del “historiador (¿) y periodista” (así viene en su autolaudatoria biografía de la wikipedia) Jesús Gutiérrez Flores, con sus obras “Guerra Civil en los pueblos de Cantabria y Castilla” y "Relación de víctimas en Cantabria y pueblos de Castilla y León" .
En ellas aparece mi suegro, fallecido en 1975 (mi esposa nació en 1949), dos veces como muerto por la “represión franquista”: una en 1937 y otra en 1942. Ósea, que no sé con quién estoy casado porue no se como pudo ser engendrada mi mujer.
Y no creo que sea un caso único.

Quedo a su disposición para cualquier ampliación de datos
22 Hegemon1, día 12 de Agosto de 2011 a las 08:58
21# jaito5.

Tu suegro, tal vez, tenía complejo de Lázaro.

Otro caso curioso que observé hace unos años es que una asociación de estas que buscan huesos de víctimas de la Guerra Civil, concretamente en Oviedo, sumaban las víctimas de Oviedo con las de la provincia de Lugo. Se les puso en evidencia cuando miembros de esta asociaci´çon habían contado a simples muertos cuyas lápidas estaban en el cementerio de Lugo, como victimas de la guerra en Oviedo. Creo recordar que el total de los muertos, digo muertos, en Oviedo durante su asedio fueron unos 2.000. No estoy muy seguro porque con respecto a Oviedo creo que en muchos casos cuentan como víctimas del franquismo y su represión a las que murieron en los brutales bombardeos que el Frente Popular realizó sobre la ciudad asediada. Se llegó a decir, incluso, que el Parque San Franscico, en pleno centro de la ciudad, corrian rios de sangre de asesinados por los nacionales cosa que choca mucho en una ciudad que estaba asesidiada y que las baterias de los rojos machacaban de continuo. En definitiva, tirando de memoria y de cifras que en el caso de Oviedo, yo por lo menos, no he tenido muy claro, las victimas del franqusimo hay que contarlas dentro de las provocadas por los bombardeos de los frentepopulistas, tal vez bajo la premisa esta de que los nacionales, al sublevarse, se llevan las culpas de todo, de hasta los asesinatos que cometieron los rojos.
23 Askari, día 12 de Agosto de 2011 a las 09:29
menorqui

Esa foto ya tuve el honor de estudiarla.

Tres incidencias de luz diferentes , piernas que faltan , recortes con tijera , retoques y mas retoques.

Si esas son las pruebas que aportas , apaga y vamonos.
24 Arditi, día 12 de Agosto de 2011 a las 12:27
Quien mejor ha descrito la manipulación de la historia con fines políticos ha sido Orwell en su inmortal obra 1984. Uno de los lemas del partido gobernante era "Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado". Para el mundo descrito por Orwell era fundamental la continua alteración del pasado con fines de control político de la sociedad y con la evidente intención de "paralizar" la hstoria. Junto con la alteración del pasado también se utilizaba la manipulación del lenguaje. Ambas técnicas son utilizadas con intencionalidad política por nuestros socialistas de hoy, acompañados borreguilmente por nuestros populares. Lo que Orwell no pudo prever fue la utilización del pasado con fines lucrativos. En España hacer hoyos en la tierra es un negocio muy lucrativo.
25 Arditi, día 12 de Agosto de 2011 a las 12:33
#20
Hegemon1
Leí hace mucho tiempo "La división española de Hitler", que supongo que será el libro al que hace referencia. Muy buena obra sobre la División Azul. Lo que no recuerdo es la afirmación que hace sobre la oficialidad alemana, muy discutible por cierto y que me ha llamado la atención. En ningún ejército del mundo los ataques a nivel de compañía los dirigen los capitanes desde la retaguardia, y a nivel de regimiento no me imagino yo, es imposible, a un coronel español encabezando sus tropas. La imagen de los generales al frente de sus tropas valientemente acabó con Ulises Grant
26 Fausto19, día 12 de Agosto de 2011 a las 12:35
Una foto que apesta a trucaje. Pero no importa, está expuesta en multitud de páginas y en todas ellas los mismos comentarios bovinos, políticamente correctos, sobre lo malísimos que eran los nazis.

Cuando empecé a leer con atención los datos, testimonios y contradicciones del holocausto, lo que más me llamó la atención no fue la enorme cantidad de mentiras, sino lo terriblemente burdas que son.
27 Arditi, día 12 de Agosto de 2011 a las 12:49
Askari y Fausto19
¿lo que sostienen Vds., es que no hubo una manifiesta y clara voluntad por parte del nacionalsocialismo de exterminar a los judios? ¿qué todo ha sido una estupenda manipulación? ¿con qué finalidad?
28 manuelp, día 12 de Agosto de 2011 a las 12:58
# 25 Arditi

No solo coroneles, sino también generales alemanes atacaron a los soviéticos al frente de sus tropas en la batalla de Stalingrado- entre otras muchas- y cayeron en la lucha.

http://www.ww2incolor.com/german/HartmannAv-1.html
29 manuelp, día 12 de Agosto de 2011 a las 13:03
# 25 Arditi

No fue el general Grant precisamente el mejor ejemplo de general yanki que atacara al frente de sus tropas y, en general, furon muchísimo más proclives los generales del Sur a encabezar los ataques de sus tropas. Así en Gettysburg, los tres generales de brigada, Armistead, Garnett y Kemper de la division Pickett murieron en la carga de sus brigadas contra el centro yanki.
30 Arditi, día 12 de Agosto de 2011 a las 13:20
manuelp
Efectivamente, me ha entendido Vd., mal. Fue el General Grant el primero que dirigió sus tropas alejado del frente. Lo que cita Vd.,de Stalingrado es un caso desesperado, no me vale como ejemplo. Solo existe el caso del ejército israelí donde varían las "normas" sobre la oficialidad, pero también es un caso excepcional, desde luego en ningún ejército occidental un coronel encabeza un ataque
31 Hegemon1, día 12 de Agosto de 2011 a las 13:46
Arditi:

Efectivamente, como siempre, pone en duda todo lo que los demás decimos anque tire usted de memoria y los demás de datos. En las paginas finales de ese libro es donde comentan eso. Es evidente que a nivel de regimiento es muy difícil ver a un coronel o Teniente Coronel al frente de sus tropas, pero no tanto. En las Ardenas el grupo blindado de Peiper era mandado por él al frente de su tanque Tiger. El genral Student también era muy temerario y Panzer Mayer, un soldado SS que llegó a General de División, no digamos. A lo que se referían es a nivel de Capitan o de Teniente, mandos y oficiales que en la DA sufrieron un porcentaje de bajas muy elevado. Si tiene a mano el libro le recomiendo, para no poner a los demás de meneitoros, que relea esas opiniones. De todas formas, en la ofensiva del Tet uno de las causas del fracaso del ejercito vitnamita fué que al frente de los ataques iban sus oficiales incluso en misiones suicidas como el asalto a la Embajada americana lo que descabezaba las unidades. Los alemanes también perdieron muchos oficiales, coroneles y hasta generales. Los rusos ni le cuento asi que "imposible" no lo es todo. En el ejercito español, en Marruecos y en la Guerra Civil, era costumbre que los oficiales encabezaran y fueran los primeros en el ataque. Así fué por ejemplo en la batalla del Jarama entro otras muchas. Si no se lo cree no es mi problema, pero ya que hace tanto tiempo que leyó el libro y yo apenas lo acabé ayer, pues....
32 Hegemon1, día 12 de Agosto de 2011 a las 13:49
No sólo Grant sino Lee tampoco encabezó ningñún ataque auqnue estuviera presente y bien visible como lo estaba también Grant. En Viksburg no encabezó ningún aatque pero estuvo el primero en el paso de sus tropas por el rio. Y permítame que ponga en duda eso de que en "ningún ejercito occidental un coronel encabeza un ataque"...en fín Arditi...sus ocurrencias.
33 Arditi, día 12 de Agosto de 2011 a las 14:00
Hegemon1
Vd., solo quiere discutir, no debatir. Si lee mi comentario nuevamente observará varias cosas:
1- Hemos leído el mismo libro
2- Estamos de acuerdo en que es un buen libro
3- No niego que en el libro se diga eso, simplemente que me sorprende esa afirmación.
4- Está de acuerdo conmigo que la afirmación se refiere a tenientes y capitanes , no a coroneles ni a tenientes coroneles.
5- Estamos hablando de reglas generales

Pero como Vd., solo quiere que nos enzarcemos en una interminable discusión, busca la beligerancia en mis comentarios, cuando no hay ninguna y los descalifica con sus gracietas. Pero esta vez no lo va a conseguir, simplemente porque no me apetece discutir con Vd., porque es Vd., muy pesado, porque no me hace Vd., ninguna gracia y porque me están entrando ganas de hacer honor a mi nick; y no sigo porque el moderador del blog se enfadaría. Asi que amiguete que tenga Vd., un buen día
34 Hegemon1, día 12 de Agosto de 2011 a las 14:05
30# Arditi:

Lo que cita Vd.,de Stalingrado es un caso desesperado

¿A si? copmo todo el frente del este ¿o sólo fué un caso deseprado Stalingrado? Sr. Arditi, como le comenta Manuelp, hay muchísimos casos "desesperados" en que coroneles alemanes y oficiales se pusieron al frente de sus tropas. Le voy a decir uno, el capitan Wittmann, uno de los mejores mandos de blindados de los alemanes. Murió al frente de un ataque.

http://es.wikipedia.org/wiki/Michael_Wittmann

35 Hegemon1, día 12 de Agosto de 2011 a las 14:08
33# Arditi:

Ya estmos otra vez. A usted no le gustan mis gracietas ¿no? Pues a mi sus ocurrencias menos.

Adíos, Sr. mío. Cansino que es usted.

PD: Tranquilito está usted mejor y deje las amenazas para otros de su especie.
36 bacon, día 12 de Agosto de 2011 a las 14:10
Hace ya bastante que los historiadores afines al frente popular proclaman sin disimulo que el historiador no puede ser neutral, que necesariamente debe tomar partido y que en la guerra civil no puede hablarse de dos bandos, hay que dejar claro que etaban los defensores de la legalidad democrática por un lado, y por otro unos sádicos sediciosos oportunistas opuestos al progreso.
La obra de Salas Larrazábal intenta ser ecuánime y no hacer propaganda. Cuando al escribió el gobierno de Franco no necesitaba esa propaganda.
La propaganda la necesitaron los partidarios del Frente Popular durante toda la guerra, porque iban perdiendo, porque los países extranjeros no les apoyaban todo lo que ellos consideraban que debían hacerlo, porque en las opiniones públicas extranjeras no había sido acogida con aplauso la masacre de religiosos. Tras el final de la guerra necesitaron la propaganda porque así lo requería mantener activo el maquis, intentar que los países occidentales invadieran España, derrocando a Franco, algo que ellos llegaron a saber que nunca iban a poder hacer por sí mismos.
Durante ese tiempo, la propaganda más eficaz del gobierno de Franco fue que los países occidentales se alinearon contra el comunismo, que a pesar del aislamiento impuesto la economía fue mejorando, y que de los españoles que salían libremente al extranjero, prácticamente todos regresaban, algo que no puede decirse de los poquísimos que arriesgaron su vida para huir de los "paraísos socialistas".
37 bacon, día 12 de Agosto de 2011 a las 14:15
Y por supuesto, la propaganda guerracivilista decidió zp que le podría favorecer, y así estamos en lo que estamos.
38 Arditi, día 12 de Agosto de 2011 a las 14:16
Comentario eliminado por los moderadores.
39 Hegemon1, día 12 de Agosto de 2011 a las 14:56
A pesar del manejo de la propaganda, como dice Bacon, que hace la izquierda, a pesar de los libros que saquen con manipulaciones de la historia, creo, es mi opinión, que el mensaje que quieren transmitir se diluye o no tiene tanto eco como antes. Sinceramente lo creo. No pueden defender con tanta desvergüenza que el Frente Popular defendia la libertad, la legalidad y la democracia. Es cierto que muchos bovinos aún se creen esas mentiras pero creo que el número de personas que conocemos la verdad va en aumento. Obras como la de Moa y muchos otros hacen mucho daño a estos manipuladores a pesar de que no se difunden como se deverían.
40 bacon, día 12 de Agosto de 2011 a las 15:04
corazon
He leído tus comentarios al final del hilo anterior. Del insulto simple y llano pasas a una versión más sutil, aunque no mucho: te inventas una caricatura de mi y te ríes de ella. Por cierto, no aciertas en nada.
Como señalé tus insultos, dices que tengo la piel blanda, etc. Ten cuidado o aprenderás que si no contesto como mereces no es porque no sepa hacerlo, algo que aprendieron en su día algunos otros en este blog, sino porque Moa no merece que se llene esto de basura. Pero todos tenemos un límite en lo que podemos aguantar; traspásalo y te diré yo lo que tienes tú blando.

Si quieres discutir estaré siempre a tu disposición. Eso sí, elige tú el estilo que quieras para exponer tus opiniones, tus argumentos, o para contar lo que prefieras, pero no intentes decirme a mí cómo debo hacerlo. Tu podrás pensar que mi manera es peor, o ineficaz, o poco clara. Peor para mi, así no conseguiré convencer a nadie. Pero en mi opinión, es superior a tu manera de argumentar, que en realidad no argumenta nada, sólo se inventa un adversario ridículo, movido por el miedo y la ignorancia, al que con condescendencia expones tu saber superior. Ya ves, es lo que tiene la libertad y la disparidad de opiniones, que no todas te gustan.
La única recomendación que seguro que acepto es debatir civilizadamente, que es la que te hago yo ahora.
Te lo digo porque no dejaré de "contar anécdotas" o citar los textos que encuentre oportuno en apoyo de mi punto de vista, algo que esperaría hicieses tú, si es que sabes y puedes, como hace cualquiera que pretenda fortalecer su argumento o ilustrar su punto de vista. He citado en mi apoyo un texto de un catedrático de estética, filósofo y escritor de cierta popularidad, autor de un libro sobre el asunto que nos ocupa. No es nada radical, sino perfectamente matizado. Su pensamiento es, de hecho, progresista. No representa mis puntos de vista en general, sólo le cito porque dice algo que me parece muy razonable sobre el arte moderno.
Le descalificas sin más, no necesitas argumentos, ¿para qué, si tú sabes cuál es la verdad?.

No estoy de acuerdo en eso que dices de que lo importante es que exponga mi opinión. Por el hecho de ser mi opinión o la tuya no dejará de tener el valor que tenga en sí misma, y no merece más o menos respeto; el respeto se debe a las personas, aunque seamos anónimas, no a las opiniones, que están para ser discutidas.
Pued ser preferible exponer opiniones de otros, si informan sobre el asunto de la discusión o eran desconocidas por el interlocutor, o éste decidía ignorarlas, o si refutan lo que dice el contrario. Y hacerlo, al menos, muestra un respeto por el asunto tratado.
No tengo, sabe, ningún miedo al arte moderno, pero tampoco a expresar mi opinión sobre el mismo. No temo la libertad, pero la ejerceré como considere oportuno.
De sobra sé que los museos de arte moderno están llenos, pero eso ni quita ni añade valor a lo que en ellos se guarda, al igual que el hecho cierto de que determinados programas de televisión sean los más vistos no les hace buenos.
¿Cuál es al final tu argumento? ¿Qué el arte moderno ya es convencional y aceptado? A ver si ese esfuerzo mayéutico va a acabar en un parto de los montes.
41 Hegemon1, día 12 de Agosto de 2011 a las 15:04
Comentario eliminado por los moderadores.
42 lead, día 12 de Agosto de 2011 a las 15:06
[La Guerra Civil española, uno de los pocos mitos que le queda a la "izquierda"]

bacon en #36:

...los historiadores afines al frente popular proclaman sin disimulo que el historiador no puede ser neutral, que necesariamente debe tomar partido y que en la guerra civil no puede hablarse de dos bandos, hay que dejar claro que estaban los defensores de la legalidad democrática por un lado, y por otro unos sádicos sediciosos oportunistas opuestos al progreso.

Esto es parte de la "vulgata soviética" (Alain Besançon) que toma forma definitiva con el ataque de Hitler a Stalin, sitúando a éste, sin él pretenderlo (vamos, ni soñarlo cuando ambos atacaron a Polonia en 1939 y él a Finlandia a finales del mismo año, "contra los fascismos polaco y finlandés", como rezaba la propaganda soviética de entonces), sitúando a Stalin, digo, en el campo de "los defensores de la libertad y la democracia" [mi post #62 del hilo "Nazismo y Comunismo"].

Como ha señalado Stanley Payne, la Guerra Civil española se ha convertido en el mayor mito de la "izquierda"; hundido el Socialismo en todos los frentes y con best sellers como "El libro negro del Comunismo", de Stéphane Courtois (y "El libro negro de la izquierda española", de José Javier Esparza, con Pío Moa como uno de los colaboradores) lo único que les queda a los señoritos progres para seguir engañando a sus electores (que se dejan engañar --y robar-- muy gustosos) son esos mitos de que "la izquierda siempre ha luchado por los pobres, por la libertad y la democracia"; Robespierre comenzó, hace casi 220 años años, con esa lucha, levantando la guillotina en una plaza de París y masacrando a los campesinos "contrarrevolucionarios" de la Vendée. Los mal llamados "republicanos" españoles tampoco le fueron a la zaga con el genocidio de católicos durante esos tres años de 1936 a 1939 (hecho que, para los indignantes "indignados" que se van a manifestar en Sol contra el Papa --con la connivencia del Gobierno socialista dirigido por su autoproclamado líder, Rubalcaba--, debe ser parte de su gloriosa memoria histórica).
43 bacon, día 12 de Agosto de 2011 a las 15:16
Hay algunas fotos de la guerra en:

http://www.abc.es/especiales/guerra-civil/fotos.as...

Hay que hacer click en la región correspondiente
44 1132CPCF, día 12 de Agosto de 2011 a las 15:16
Ha muerto casi centenario

Roberto Busa, el jesuita profesor de robótica a quien debemos eso tan cotidiano de «hacer un clic»

Suya fue la idea, y en 1949 se plantó ante Thomas Watson, fundador de IBM, para que la realizara. Le dijeron que era imposible, pero...


Actualizado 12 agosto 2011


[...]

Cuando en 1955 murió Alexander Fleming, el descubridor de la penicilina, un diario milanés vespertino tituló: «Lector, detente. Ha muerto Fleming, a quien tal vez también tú le debes la vida». Una invitación análoga podría dirigirse hoy a todos los que en este preciso instante se encuentran ante un ordenador. Si existe una santidad tecnológica, creo que he tenido el privilegio de haberla encontrado: tenía el rostro del padre Busa. Por eso, arrodíllate también tú, lector, ante los restos mortales de este anciano sacerdote, lingüista, filósofo e informático. Si navegas en Internet, lo debes a él. Si saltas de un sitio a otro haciendo clic en los enlaces subrayados con color azul, lo debes a él. Si usas el ordenador para escribir correos electrónicos y documentos de texto, lo debes a él. Si puedes leer este artículo, lo debes, lo debemos, a él.

[...]

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?ida...
45 1132CPCF, día 12 de Agosto de 2011 a las 15:25
afirma que va a ser "segura"
Rubalcaba se jacta de que será la "primera campaña" sin atentados de ETA
Tras dictar medidas económicas al Gobierno del que hace pocas semanas formaba parte, Rubalcaba trata de arañar votos utilizando a ETA.

Audio: Rubalcaba y su campaña segura

http://www.libertaddigital.com/nacional/2011-08-12...
46 Askari, día 12 de Agosto de 2011 a las 15:27
Arditi #27

Lo siento , yo solo puedo hacer afirmaciones sobre voluntades mias , no sobre voluntades ajenas y de hace 70 años.

Asi que vuelve al nivel de las pruebas y los hechos y deja de hacer especulaciones.
47 Arditi, día 12 de Agosto de 2011 a las 15:30
Comentario eliminado por los moderadores.
48 Arditi, día 12 de Agosto de 2011 a las 15:33
#46
Askari
Era una simple pregunta que se infería de sus comentarios. La puedo formular de otro modo ¿existio el holocausto?
49 Askari, día 12 de Agosto de 2011 a las 15:38
Arditi #48

¿existio el holocausto?

defineme primero lo mas preciso posible lo que tu entiendes por "holocausto".

Despues podemos hablar sobre cosas que existieron o no.
50 Arditi, día 12 de Agosto de 2011 a las 15:44
#49
Askari, hombre yo entiendo que hablar sobre estas cosas en España es complicado, entre otras cosas porque rozamos el delito. La gran mayoría de los historiadores dicen que los nazis tenían intención de exterminar a la población judia en Europa,decisión que se tomó en enero de 1942. Existe otra postura, minoritaria, que dice que el holocausto (y todos sabemos de lo que estamos hablando Askari) no existio, que las cámaras de gas no existieron y que todo fue un montaje realizado con la finalidad de justificar la creación del Estado de Israel

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