53 pedromar, día 28 de Enero de 2010 a las 22:57
De la entrevista en el semanario:
"¿Listas abiertas o distritos uninominales?"
"Las dos cosas creo que mejorarían el panorama actual, aunque no hay que creer que sean panaceas."
Las listas abiertas son un fraude, y en eso tiene razón Trevijano. ¿Quién elabora las listas?
Como me decía un conocido al hablar de este problema, y de quiénes serían los que aparecerían en esas listas "lo mismo me da mocos que babas".
Y en cuanto a los distritos uninominales sospecho que funcionan en países de larga tradición democrática, como Gran Bretaña o Estados Unidos. Y en el caso de Estados Unidos es conocida la corrupción en la compra del voto de los senadores. En España tengo la impresión de que el común de la gente transformaría al diputado en algo así como un superalcalde, un Gran Conseguidor. "Y de lo mío, qué", que es eslogan de los que se meten en política para que les den algo a cambio. Las redes clientelares funcionan con ese principio, y en nuestro país hay infinidad de redes.
Y es que en España es muy frecuente el tipo que pasa olímpicamente de la política, pero, eso sí, vota; y el tipo que cree que la política es algo que tiene que estar a su disposición, tal y como ocurrió con algunos elementos de Ciudadanos y también dentro de UPyD; lo que pasa, que en este último caso, Rosa Díez es lista y los vio venir.
55 1132CPCF, día 28 de Enero de 2010 a las 23:23
11-M
El olvido es la base de la injusticia
Gabriel Moris
Si los distintos órganos que configuran nuestro Estado de Derecho no nos hubieran olvidado, con toda seguridad las pesquisas e investigaciones sobre los atentados de los trenes de cercanías seguirían de plena actualidad.
2010-01-28
Hace unos días se difundió en los medios de comunicación la información sobre un acto organizado por el Ministerio de Justicia para dar comienzo al mandato temporal del Gobierno de España en la presidencia semestral de la Unión Europea. En el acto estuvieron presentes, entre otros, el juez Bermúdez y alguna asociación de víctimas del 11-M. No creo equivocarme al afirmar que uno de los objetivos era el de demostrar que la justicia europea, representada ahora por España, actuaba como tal en delitos de terrorismo.
Supongo que la representación casi exclusiva de las víctimas del 11-M significaba que los máximos responsables, tanto de la política española como de la europea, habían aplicado o deseaban aplicar las leyes en vigor a los inductores, autores y encubridores del mayor atentado terrorista de la historia de España y de Europa. A ningún lector le pasará inadvertido que para aplicar las leyes y hacer justicia hay que descubrir previamente a los delincuentes. En este caso no resulta evidente que se alcanzara ese objetivo; no obstante, no vamos a renunciar a la esperanza de que no se demore el día en el que se alcance.
"El olvido es equivalente a injusticia. El olvido es la base de la injusticia". Estas palabras las pronunció Javier Gómez Bermúdez, presidente de la Sala que juzgó la masacre del 11-M que también participó en el reciente seminario sobre terrorismo organizado por el Gobierno de España. Mi coincidencia con la manifestación del letrado es total. Tal afirmación me sugiere una pregunta: ¿No vivimos en el olvido las víctimas del terrorismo?
Si los distintos órganos que configuran nuestro Estado de Derecho no nos hubieran olvidado, con toda seguridad las pesquisas e investigaciones sobre los atentados de los trenes de cercanías seguirían de plena actualidad. El punto y final practicado desde la sentencia del juicio y ratificado por el Tribunal Supremo habrían sido un mero comienzo de una etapa nueva en las investigaciones de la terrible masacre. Si el olvido es la base de la injusticia, con las víctimas del 11-M y de otros muchos atentados terroristas se está practicando la injusticia más despiadada, la del olvido.
"Odio quiero más que indiferencia". Recuerdo una canción hispanoamericana que contenía esta frase. Las víctimas que ya tenemos algunos años a nuestras espaldas podemos comprender que en ocasiones sentimos de parte de nuestros representantes políticos y sociales una mezcla de olvido e incluso de indiferencia. Yo me atrevería a decir que el odio también se hace presente cuando reivindicamos con fuerza y con convicción aquello que nos corresponde por ley, por justicia y por sentido común: ¿Quién asesinó a nuestros seres queridos? ¿Quiénes y por qué nos ocultan la verdad y nos escamotean la justicia? ¿Quién y por qué eliminaron y falsearon las pruebas del atentado? ¿Quién podría creer que un Estado que permite el crimen organizado y se inhibe de su persecución y castigo, e incluso deja sospechas fundadas de colaboración con él, puede pervivir en el tiempo?
Próximamente se cumplirán los seis años de la masacre en los trenes. Estoy convencido de que no me equivoco al pensar que para unos esa fecha será motivo de tristes recuerdos. Para otros, los que vivieron más directamente la tragedia, será una fecha en que rememoren el horror padecido. Para muchos, puede ser una fecha de oración y de recogimiento. Para todos, creo que debía ser una fecha para tomar el compromiso de esclarecer totalmente lo ocurrido, pedir perdón por lo hecho hasta el día de hoy y tratar de buscar una reconciliación a nivel nacional. En mi opinión los males que nos aquejan como país justifican la frase que reza: "Desde el 11-M todo es 11-M".
P.D.
Mi agradecimiento personal a todoslos que me apoyan con sus comentarios a mis artículos en Libertad Digital.
http://www.libertaddigital.com/opinion/gabriel-mor...
61 alruga, día 29 de Enero de 2010 a las 09:45
¿Diario Público... o privado?
por Carlos Tena
Ya ha transcurrido el tiempo suficiente, aunque a miles de ciudadan@s, escaldados por experimentos previos ya lo habían decidido, para asegurar que el diario madrileño Público, comandado por el periodista Félix Monteira (en la foto), ex corresponsal y redactor de su colega El País, cumple con unos mínimos deberes a la hora de recabar la opinión de periodistas y/o personalidades variopintas del campo cultural internacional, ubicados desde la derecha rancia a la izquierda parlamentaria, con tímidos coqueteos hacia el mundo de la sociedad combativa, pero encerrando a sus corresponsales (con la excepción única del colega Antonio Albiñana, destacado en Colombia) en una jaula ideológica, cuyas rejas permiten el paso de cierta cantidad de aire, mientras quienes dan de comer a los inquilinos indican a estos la conveniencia de aplicar Tolerancia Cero para con el conflicto político en Euskadi, o con las medidas que aplican mandatarios como Raúl Castro, Hugo Chávez, y en menor medida Rafael Correa y Evo Morales, pero colocando paños calientes a las promesas incumplidas por el grupo Barak Obama y Sus Desayunos Religiosos, su mañana monaguillo Zapatero, Sarkozy, el FMI o Alan García, así como sobre los crímenes, invasiones, ocupaciones y otros desmanes varios en Irak, Palestina Haití o Afganistán, pontificando y manipulando en sentido inverso, cuando se aplica una normativa de obligado cumplimiento en los medios de comunicación de la TV mundial, no sólo la venezolana, clausurando una emisora que, entre otras lindezas, llama a la rebelión militar para derribar, como en Honduras recientemente, entre la infame comprensión de muchos mandatarios.
¿Qué hubiera ocurrido, qué editorial hubiera aparecido en Público, si se aplicara aquí la misma medida, en una estación de TV de alcance nacional, cuyos servicios informativos hubiesen llamado a la asonada militar del ejército español? Y para colmo, dos jóvenes chapistas, asesinados en una reciente manifestación contra la revolución bolivariana, a manos de mercenarios de los llamados escuálidos, aparecen en la prensa europea (El Mundo, en cabeza), con la excepción honrosa del diario vasco Gara, como víctimas de los ciudadanos leales a la democracia venezolana y a su Constitución. Manipulación constante, descarada y humillante para unos medios de un viejo continente que aún se autoproclama civilizado.
Público se ha enfangado también, desde hace meses, en el muladar de esa estrategia desinformativa, con la misma alegría con la que el Rey Juan Carlos acostumbra a pronunciar las memeces propias de la ralea borbónica, en medio del aplauso generalizado de colegas que se niegan a defender la objetividad.
Público chantajea de forma descarada a los lectores colocando firmas de reconocido prestigio como articulistas esporádicos, mientras los llamados habituales no hacen otra cosa que lanzarse contra los populares y ad láteres, para justificar un trasnochado izquierdismo de salón, repleto de euros donde pastan los contratados. Aparentar progresismo por lapidar con frases despectivas o irónicas a Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre o cualquiera de los franquistas que se solapan bajo las siglas del PP, dejando incólume al resto del inane espectro político del Parlamento y el Senado, ya que en el fondo los partidos allá representados, también defienden idénticos intereses (los empresariales), no es otra cosa que agarrar en marcha la máquina del tiempo, colocando el punto de mira a comienzos de la década del 80, cuando la realidad es que la cobardía y pusilanimidad del PSOE permitieron, en pleno siglo XXI, que el Borbón, que jamás ha condenado el genocidio cometido por su padrino, se halle tan satisfecho porque Franco, como Pinochet en el Chile traicionado de la patética Michelle Bachelet, son aún promocionados y vistos con buenos ojos por buena parte de esa sociedad anclada en la venganza, la apología del terrorismo y el odio a la memoria histórico.
Tal vesania, que humilla y traiciona la el recuerdo imperecedero de los verdaderos demócratas, que quienes entregaron su vida por una España en libertad, es culpa de la parálisis política en torno a una Carta Magna manchada de sangre inocente, algunos de cuyos artículos son intolerables en un estado democrático. Una constitución injusta, pacata, inútil y sectaria que jamás acataré como ciudadano.
El concepto de libertad informativa sólo se encuentra hoy en dos polos antagónicos: el Norte, donde abunda el dinero, las influencias y la manipulación, y el Sur, en el que los trabajadores, sin cobrar una moneda o recibir otra cosa que la mera solidaridad para con la sociedad más castigada por este gran teatro de la democracia representativa, se enfrentan a esa desnivelada situación sin bancos que les respalden, pero con la voluntad indispensable y la firmeza de quienes saben que la razón está de su parte. Dos conceptos sobre la libertad también antagónicos: el de aquí-vale-todo, y el de contrarrestar esa inmensa cordillera de falsedades.
En el centro, los trabajadores que no desean pasar penurias o fatigas, obedeciendo al patrón sin rechistar, esperando que algún día pueda ser alguno de ellos, como la hija del empresario Juan Luís Cebrián (el nepotismo es la virtud más destacada de ese tipo de espécimen, que ojalá se hallara en peligro de extinción), pueda ocupar la dirección de programas de la televisión pública española, para asegurarle un contrato blindado millonario, que consiente, ampara y protege un gobierno que se dice socialista. El propietario de un medio de comunicación internacional privado, situando a su vástaga (que diría alegremente Bibiana Aido), en un cargo público.
De nuevo queda demostrado el matrimonio, civil y religioso, entre los miembros de la patronal y el ejecutivo de una nación, a la hora de entregar a los primeros una sustancial parte del dinero que pagamos de nuestros impuestos. Casos y cosas con aroma inequívocamente norteamericano.
Si en la BBC británica, por cierto cada vez más vergonzante en su carrera meteórica hacia sus homólogas yanquis, el puesto de Director/a de Programas fuese ocupado por una hija/o del empresario Robert Murdoch, pongo por caso, a pesar de todo, se hubiera armado la de San Quintín. Es el gramo deontológico que aún queda de la vieja y otrora neutral British Broadcasting Corporation.
Por mi parte, comprendiendo y respetando a los habituales lectores del diario Público, entre quienes hay algunos amigos personales, debo sonreír cuando, con cierto aire masoquista, me comentan en voz baja: “Siempre lo mismo, tío; comienzan pareciendo una cosa y a los seis meses se les caen los pantalones”.
Hay que decir con rotundidad que el diario Público nos ha privado de otra pequeña parcela de libertad, de mínima ilusión, aunque sigo constatando que la maravillosa manía de la lectura obligue, en determinadas ocasiones, a preferir un periódico tramposo antes que la ausencia de todos.