Pío Moa

« Imagine la sandez… de las monjitas | Principal | La puta vieja Celestina... »

El Valle de los Caídos y los neochekistas

5 de Febrero de 2010 - 12:17:22 - Pío Moa

Compartir:
Menéame Tuenti

Mañana, en el comentario que tengo con Luis del Pino, entre 8,30 y 9,00 de la mañana, en Es-Radio, hablaré del Valle de los Caídos y la persistente ofensiva de los neochekistas del gobierno contra él. Son los equivalentes en España de los talibanes, y son chekistas porque han elaborado una exaltación de los asesinos en su ley totalitaria de memoria antihistórica, y porque han sido los mayores colaboradores de los asesinos etarras en toda la historia de esta organización. Si pudieran, volarían el Valle de los Caídos como hicieron los talibanes con las estatuas de Buda. De hecho, algunos afines ideológicos al gobierno ya han colocado allí varias bombas, y Gibson y otros han manifestado su deseo de destruirlo.

El Valle de los Caídos es uno de los monumentos más notables del siglo XX en todo el mundo, impresionante y severo pero al mismo tiempo armonioso, integrado en el paisaje, muy superior artísticamente a, por ejemplo, el monumento a la batalla de Stalingrado o a tantos otros conmemorativos de una guerra en Europa. Es, además, un monumento a la reconciliación nacional, cierto que bajo el signo de la cruz, algo que repugna en extremo a quienes atacan a la nación española, en la que no creen, y se sienten herederos de los que destruyeron todas las cruces durante la contienda civil y arrasaron y robaron cuanto pudieron del patrimonio histórico-artístico español, llegando en su desvergüenza a presentar como "salvamento" uno de sus más sucias fechorías contra el Museo del Prado, bien denunciada por Azaña o por Madariaga.

El Valle de los Caídos es parte muy importante de nuestro patrimonio histórico y artístico, y su conservación no es solo asunto de los monjes, a quienes el gobierno está hostigando para que se vayan, a fin de que el conjunto se vaya arruinando o puedan transformarlo en alguna mamarrachada neochekista de las suyas. Es asunto de todos los que se sientan españoles y demócratas. Por ello es preciso movilizarse y acosar a los acosadores, entre otras cosas llevándolos a los tribunales por ataques al patrimonio común de la nación, en lo que son tan especialistas.

Como es propio de su mentalidad, empezaron hace unos años su campaña a base de falsedades: que si el monumento había sido construido por 20.000 presos políticos en régimen de trabajos forzados, con numerosos muertos y enfermos debido a las pésimas condiciones, etc. etc. Hace poco Juan Blanco publicó un libro con los datos reales de la obra, que nada tienen que ver con esas leyendas. Trabajaron allí muy pocos centenares de presos, condenados por crímenes diversos, en condiciones de redención de penas por el trabajo y cobrando el sueldo correspondiente, muchos de los cuales siguieron como obreros libres cuando cumplieron la condena. Uno de los condenados fue el padre de Peces Barba, el colaborador de los negocios Gobierno-ETA contra las víctimas del terrorismo. Peces Barba padre estaba allí por formar parte de los "tribunales populares", que ni eran tribunales ni populares y que cometieron mil desmanes. La gran mayoría de las condenas a cadena perpetua de entonces no duraron más de seis años.

Pero el libro de Blanco apenas ha recibido publicidad y difusión, porque quienes debieran dársela o bien con cómplices de hecho de la memoria chekista, como el PP, o son tan timoratos que se sienten justificados con solo enterarse, sin hacer un poco de campaña. En cambio los neochekistas sí saben moverse, y no solo porque dispongan hoy de muchos más medios y de una caterva de periodistas corruptos o fanatizados. También se movían mucho más cuando no disponían de todo eso.

Pero, insisto, o quienes nos sentimos españoles y demócratas debermos oponernos a los talibanes neochekistas, o estos se saldrán una vez más con la suya.

**** Leo: "No veíamos nada parecido desde los viejos tiempos en los que la censura franquista dejaba en blanco retales de los periódicos por los artículos suprimidos" Rara vez habrá pasado eso en el franquismo. Pasaba mucho, en cambio, en la república, como puede comprobarse en cualquier hemeroteca.

Comentarios (212)

« 1 2 3 4 5 »

201 lead, día 7 de Febrero de 2010 a las 01:19
[Libertad y Justicia]

Timoteo en #186:

El individuo adquiere y desarrolla su conocimiento y medios de subsistencia y mejoramiento en sus relaciones sociales. El yo vive y se desarrolla en el nosotros. No tener conciencia clara de esta realidad es la fuente de la conflictividad social, y causa de la confusión tan generalizada sobre el concepto de libertad y del modo de ejercitarla

En principio suena bien. El otro día hablamos de libertad como la ausencia de coacción sobre el individuo de forma que éste, sin esa coacción, pueda llevar a cabo sus planes. Si todos respetan la libertad de los demás, no hay problema. La "fuente de la conflictividad social" procede de no tener ese respeto, de tener resentimiento y envidia de lo ajeno. Y procede de una interpretación sesgada, quizá inevitablemente, de la Justicia, que es que cada uno tenga lo suyo.
202 lead, día 7 de Febrero de 2010 a las 01:24
[Castañuelas]

Aunque España no está precisamente como unas castañuelas, aquí va esta "Boda de Luis Alonso", con Lucero Tena con una interpretación excelente:

http://www.youtube.com/watch?v=nf9ypRpbZMA

(atención a 1:11 y a 2:33)

con un tema central que Glinka recogió en su "Noche en Madrid":

http://www.youtube.com/watch?v=PD4vzS_cJIc&fea...


203 menorqui, día 7 de Febrero de 2010 a las 01:47
Lead, 169

Ojo al tercer enlace que puso en el post. El final es una locura.
204 DeElea, día 7 de Febrero de 2010 a las 02:17
La una, vender lo que no es, ni tiene precio, es claramente injusticia, y cien ducados prestados no valen más de ciento; los cinco más se llevan de balde. No me diste tú cosa que valiese aquellos cinco, si te vuelvo los ciento. El que arrienda las casas, dado se quede con ellas, sírvome yo de ellas, servicio que, sin la casa, vale al año cien escudos. Pero el servirse el hombre de mil ducados, o no vale nada o vale solamente mil ducados; los cincuenta que se añaden a la vuelta se dan sin ningún porqué.

Para más deslindar o alegar, como dicen los cirujanos, esta razón, digo que en emprestar cien escudos hay dos cosas: la una es los cien escudos, la otra es el prestar. Los dineros, bien saben todos que valen sólo ciento, no se puede llevar el interés por ellos, pues ya se vuelven; el prestarlos no vale nada, es acto que no tiene precio ni valor, que o no se ha de hacer o se ha de hacer gratis. Y es conforme a razón no valga de suyo nada, porque ni tiene trabajo, ni gasta tiempo, ni aun hace movimiento alguno; no hay en fin en él fundamento que le haga de algún valor. Do se colige que gana sin causa y por consiguiente lo roba, cogiéndose contra justicia la hacienda del otro.

Así muchos doctores llaman la usura hurto y al usurero, ladrón. San Ambrosio y San Agustín dicen que lo mismo es hurtar al pobre su ropa robándosela y al rico su hacienda prestándole con usuras. Y aun nuestro mismo Salvador, si no expresa, a lo menos casi expresamente los llama tales cuando, echándolos del templo, dijo, escrito está, «Mi casa es casa de oración y vosotros la hacéis cueva de ladrones», llamando ladrones a los usureros que con el azote expelía y mandaba salir fuera.

Y porque se ofrece buena coyuntura, quiero advertir una curiosidad provechosa: que muchas veces se distingue la injusticia de la usura y acaece pecar contra justicia y no ser usurero. Injusticia es llevar por la mercadería más de lo que vale, pero usura es llevar precio por lo que no tiene precio ni vale. Vendes un caballo, y, valiendo realmente docientos escudos, llevas docientos y veinte. Es venta injusta, pero en fin llevaste todo aquello en precio de lo que tenía precio, aunque no tanto. Mas si prestas cien doblas y te vuelven diez más, estas diez más llevas de balde por lo que no vale nada. Dirás que me diste materia con que pudiese ganar; también me diste materia con que pudiese perder, que la moneda sin la industria humana y la ventura fingida, que dicen, indiferente es de suyo y expuesta a peligro y riesgo.

Demás de esto, yo confieso me diste materia con que ganase, pero no valía esta materia, que es los dineros, sino cien ducados, que ya te vuelvo. ¿Por qué me llevas diez más? Si dices que por lo que gane con los ciento, no tienes tampoco derecho para participar de mi ganancia. Pregunto, si perdiera, como muchas veces sucede, con tus ciento, ¿habías de ser partícipe de la pérdida? Cosa es de reír que, por recibir de ti dineros con que gane, te he de dar diez ducados, y, recibiendo con que perdí, no has de perder tu nada. En esto resplandece que no interesas por mi ganancia, en que, dado pierda, siempre tú ganas, y, también, en que si gano, comúnmente gano más y yo seguro que, según eres avaro, no te contentases con solos cinco, si pretendieses ganar por este título, sino que quisieses participación, como si fuera compañía. Así queda concluido que no hay razón ni causa por donde puedas llevar más de lo que diste, y por consiguiente lo llevas de balde. Sólo puedes responder recibirlo por lo que tú dejas de ganar en el tiempo que yo me sirvo de ellos, mas este título, tan común y universal, se examinará después que muy raro tiene lugar, como veremos.

La segunda razón tiene particular fuerza y lugar en el dinero, y creo parecerá a muchos tan nueva que la juzguen por extraña, mas es cierta y muy verdadera. Vicio es contra natura y ley natural hacer fructificar lo que de suyo es esterilísimo, y todos los sabios dicen que no hay cosa más estéril que el dinero, que no da fruto ninguno. Todas las demás multiplican y, como dicen, paren. El trigo, si se siembra, multiplica doce y quince por uno, y, si no se puede sembrar, ni tornar de nuevo a nacer, a lo menos hay esperanza crecerá con el tiempo su valor y valdrá más. El vino, aceite y trigo que sale ahora barato, de aquí a cuatro meses valdrá caro; en fin, es variable su estima y precio, que es un género de multiplicación. Mas el dinero, negocio es de espanto, nadie puede ganar con él mientras en dinero lo tiene, ni fructifica sembrado, ni su valor se muda con los días; siempre tiene una ley, jamás medra con él su amo, mientras en dinero lo posee.

Es menester, para granjear la vida con él, emplearlo en ropa, en mercería, en bastimentos, que le pueden ser fecundos y dar algún interés con su empleo. Si se echó en trigo a la cosecha y costó a cinco reales, por marzo y abril vale a ocho y a nueve. El trigo fue, no el dinero, quien causó inmediatamente aquella ganancia, que fue como fruto suyo. Si tuviera el dinero en el arca, como tuvo el trigo en la troje, aunque lo tuviera un año, no le interesará blanca. Do pueden ver a la clara cuán ninguna cosa se puede ganar con solo dinero. Es necesario emplearlo en alguna suerte de ropa para que interese. Por lo cual es violentar y forzar, según dicen, la naturaleza, ganar con sola moneda, como hace el usurero que, prestando oro o plata, interesa. Hace por fuerza -y fuerza en esta materia se entiende injusticia- que fructifique y multiplique el dinero, que, siendo de suyo infecundo y seco, para y engendre.

Así Aristóteles, y universalmente los filósofos, llaman siempre este pecado contra natura, como al pecado nefando. Y consiente con ellos Santo Tomás, y síguelos en el tercero de las Sentencias, porque en su género y, como dicen, en su tanto, es fuerza que se le hace a la moneda. Y así, por explicar la malicia exorbitante de este vicio, en su propio nombre lo llaman tochón, que quiere decir parto de moneda, porque la maldad de este pecado consiste en hacer parir la moneda, siendo más estéril que las mulas.

Este es el modo y forma que se tiene en filosofía de probar la doctrina, conviene a saber: traer argumentos y razones que, según lumbre natural, si no quieren ser pertinaces, muestran y conocen ser algunos actos y costumbres buenas o malas. Y estas dos que aquí he formado y traído son de tanta eficacia, que dice Cicerón no haber género de hombres más perverso y detestable que usureros, porque en todo es contra buena razón su contrato. Cuenta una respuesta de Catón el Mayor muy notable. Preguntáronle un día qué era lo más provechoso y convenible a una hacienda. Respondió «Apacentar el ganado». Dijéronle «¿Y tras eso?». Dijo «Apacentarlo bien». Replicáronle «¿Y luego?». Respondió «Vestirse y, lo cuarto, labrar la tierra». Entonces preguntáronle «¿Qué te parece del prestar con interés?». Respondió «¿Qué te parece a ti del matar los hombres?», dando a entender ser el mismo delito la usura y homicidio, que todo es matar. El homicida quita la vida con hierro; el usurero, quitando la hacienda y el pan con que se mantiene y conserva. Aristóteles juzgó estas razones por tan evidentes, que dice errar en todo el usurero, en el interés y en la materia. Gana, dice, do no conviene más de lo que conviene -sentencia de mejor sonancia en su fuente griega.

Mas, dado que en su género sea esta forma excelente, proceder por razones y argumentos, nosotros tenemos otra más eficaz y breve para probar lo que se enseña, que es la sagrada escritura, entendida y expuesta como los santos, llenos del mismo espíritu con que se escribió, la expusieron, y por los sacros cánones y decretos que la Iglesia católica ha establecido y promulgado. Y, lo primero, este pecado es tan enorme y escandaloso que en ambos Testamentos, viejo y nuevo, como testifica el papa Alejandro, está prohibido y condenado: en el Éxodo veinte y dos, en el Levítico veinte y cinco, en el Segundo de Esdras quinto, en Ezequiel en el capítulo diez y ocho. Y en el Salmo catorceno, una de las condiciones que Dios pide para salvarse uno es no sea usurero, ni dé a usuras, porque cosa tan fea no es justo entre en el Cielo, donde todo es tan hermoso que dice el mismo Dios, que tiene excelentísimos ojos, que no hay en ella cosa que tenga mácula o se pueda reprehender y tachar.

Los santos no hallan palabras, no digo yo para exagerar este vicio, sino aun para explicar su gravedad, malicia y bajeza. Tratan de ello San Agustín sobre los Salmos, San Jerónimo en Ezequiel, San Ambrosio en el libro tercero de oficios, San Crisóstomo en la sexta homilía sobre San Mateo, San León papa, San Gregorio en muchos lugares, Santo Tomás y San Buenaventura, con todos los escolásticos, sobre el Maestro de las Sentencias. Y una de las mismas leyes civiles dice: Porque se halla que el logro es muy gran pecado y vedado así en la ley natural como de Escritura, y desgracia y cosa que pesa mucho a Dios porque vienen daños y tribulaciones a las tierras do se usa, y consentirlo y juzgarlo y mandarlo entregar es muy gran pecado.

Mas esto, a la verdad, es ya prueba demasiada y encender, como dicen, hachas a mediodía, porque no hay quien, aun sin doctor, no sepa ser gravísimo delito, pues por ciegos que fueron los gentiles e idólatras, lo entendieron y abominaron. Mas cuan poco hay que detenernos en probarlo, tanto hay que confundirnos los fieles de cometer crimen que aun entre étnicos y gentiles fue siempre tenido con razón por infame."

Tomás de Mercado
205 menorqui, día 7 de Febrero de 2010 a las 02:21
Se escribe tanto cuando no se puede probar lo que no es. Al final también apela a por lo que se ha tenido. Pobreza y cobardía.
206 carbo1, día 7 de Febrero de 2010 a las 02:24
El dinero tiene un precio. Tal vez resulte abstracto pero el dinero se compra y se vende. Además como la cosas van subiendo su precio, el dinero de hoy vale menos que el de mañana. El valor del dinero esta en función de quien lo acuña y en el pasado primitivo en la materia prima con que se fabricaba. En la edad media las monedas de oro tenía su equivalente en trigo, vino, aceite, cabras, etc. Los mercaderes que transportaban sus mecancías por mar como los fenicios, necesitaban un genero que no pereciera, que fuera lo más duradero posible: el aceite dura mucho, el vino tambien, el grano, pero los minerales son lo más duradero. De ahi el interés de los fenicios por los minerales, ya fuera en forma de alajas o de moneda (que se puede fundir para crear alajas). A partir de aquí el prestamo de dinero dependerá mucho de la confianza que se tenga entre los contratantes. El caso de los judíos es particular, ya que en la diaspora a menudo se les prohibía comprar tierra, solo arrendar, asi que desarrollaron otras formas de negocio. Claro que en la edad media española, cuando se llamaba a alfonsado había que arrimar el hombro. Cuestión aparte es la ayuda al necesitado, que por cierto, en el Talmud aparece contemplada.
207 DeElea, día 7 de Febrero de 2010 a las 02:41
"Las características de la moneda metálica de nuestra época son completamente iguales a las de
la moneda que ya en la antigüedad facilitaba el intercambio de las mercancías. Así se explica
que las monedas encontradas entre los escombros de Atenas, Roma y Cartago equivalgan a las
que circulan actualmente en Europa o América. Haciendo caso omiso de posibles diferencias
de quilate, un kilogramo de monedas con el sello de los césares romanos equivale a un
kilogramo de monedas terminadas de acuñar en Europa o América. Todas las cualidades de
aquella moneda que Licurgo dé Esparta condenó, las tiene en forma idéntica nuestra moneda, y
esta es, quizás, la única institución del Estado que desde la antigüedad más remota se ha
conservado intacta hasta nuestra época.
Sin embargo, nuestros conocimientos acerca de la esencia del dinero no responden, de ningún
modo, a tan venerable antigüedad de nuestra moneda. No es nuestro ánimo discutir el
radicalismo de Licurgo, consistente en la destrucción de la moneda metálica, al comprender
que esta divide al pueblo en ricos y pobres envenenando, así, toda la vida social. Pero hasta
ahora no se ha avanzado mucho más allá que Licurgo en el reconocimiento del mal que se
atribuye al oro. Nos conformamos siempre con la exclamación de Pitágoras: "Honor a Licurgo,
quien condenó al oro y a la plata, los causantes de todos los crímenes". Desconcertados
repetimos todavía con Goethe: “Del oro depende todo; hacia el oro corren todos. ¡Pobres de
nosotros!”
Y de ahí no pasamos. Cuándo se inquiere, ¿cuál es el mal del oro? y ¿a qué se debe que el oro
sea una maldición para la humanidad?, todos enmudecen. Estas preguntas desconciertan a los
mismos sabios en la materia, a tal punto que prefieren ignorar sencillamente a Licurgo y a
Pitágoras, atribuyendo sus ideas sobre el mal del oro a observaciones imprecisas. Así se moteja
de chapucero monetario al Moisés espartano y de iluso al gran matemático.
Este fracaso de la ciencia no es, sin embargo, una consecuencia de la falta de comprensión del
espíritu humano, sino más bien del resultado de condiciones objetivas que entran en juego y
que no favorecen la investigación científica de la teoría monetaria.
En primer lugar es el asunto mismo el que causa aversión a la mayoría de la gente. Hay
ocupaciones más divertidas para los espíritus de alto vuelo y de naturaleza distinguida. La
religión, las ciencias naturales, la astrología, etc., todo esto es infinitamente más grato y más
promisor que la investigación sobre la moneda. Sólo un matemático sobrio puede sentir
atracción por esa hijastra de la ciencia, lo cual explica que aun se cuenten con los dedos los
investigadores que tuvieron la honra de penetrar muy adentro en este intrincado terreno.
10
Si a esto agregamos la manera desacertado con que hasta ahora se ha pretendido tratar
científicamente la cuestión monetaria. Si tenemos presente, además, que en ella se introdujo la
creencia en el valor intrínseco felizmente por extinguirse comprenderemos por qué iba en
aumento cada vez más el menosprecio general por ésta rama de la ciencia. La cuestión
monetaria está desacreditada a causa del trato confuso que le han dispensado los eruditos, y
ello nos explica el desinterés de la opinión pública por esta cuestión de tan vital importancia
para el desenvolvimiento de la humanidad. (Las publicaciones, hoy ya olvidadas, sobre el
bimetalismo constituyen una honrosa excepción). Para la gran mayoría del pueblo, en efecto, el
dinero amonedado no es, hoy por hoy, más que cierta cantidad de oro fino; y no obstante, para
el mismo pueblo el oro, como metal, es un material de escasa significación. Desde que el
objeto de la teoría monetaria se ha tenido en poca estima, nadie se interesa por literatura
monetaria y el riesgo de publicar obras de esta naturaleza no escapa a la mayoría de los
editores. Cabe suponer que mucho y bueno se haya escrito sobre la materia sin que, por la
razón apuntada, se hubiera podido publicar. Esta es otra razón mas que aparta a los
investigadores de la cuestión monetaria.
Por cierto que la regla tiene sus excepciones. Las obras de nuestros profesores universitarios,
por los menos adquiridas por los estudiantes y las bibliotecas públicas, suelen ser costeadas por
los editores, pero las publicaciones de esta índole se encuentran con la valla de que los
problemas que afectan los intereses creados, han de ser eliminadas de la enseñanza
universitaria. Así es como estas obras, dado su destino nunca pueden penetrar hondo en los
misterios de esta ciencia. Con el dinero sucede lo mismo que con las teorías de la renta
territorial, del interés y salario respectivamente; y un profesor universitario que se atreviese a
tocar el fondo político de estos problemas convertiría su aula pronto en un verdadero campo
de batalla donde sé repartiesen palos de ciego. No; cuestiones que se prestan a la discusión
política, las teorías del salario, de la renta territorial, del interés y del dinero, no tienen, en
efecto, nada que hacer en las universidades. Consecuentemente, esta ciencia tiene, pues, que
atrofiarse en manos de nuestros catedráticos. El "hasta aquí, y no más" se les opone siempre
que intenten escarbar más hondo (1)."

Silvio Gesell
EL ORDEN ECONÓMICO NATURAL
208 DeElea, día 7 de Febrero de 2010 a las 02:48
"Si las inscripciones en las monedas tienen por objeto enseñarnos la naturaleza del dinero, el
trabajo fué hecho muy ligeramente. Estas inscripciones dicen: "10 marcos" o "10 francos" o
"10 pesos", y quien por ellas no logra reconocer la naturaleza del dinero, menos se ilustrará
con las anotaciones marginales de las monedas que rezan: “Con Dios” o (en las francesas)
"Libertad, Igualdad, Fraternidad", etc.
Comparando las inscripciones de las monedas alemanas actuales con aquellas de los antiguos
“Táleros” prusianos, obsérvase que se ha omitido la indicación del peso del metal fino qué
contenían ¿Por qué? Con esta omisión se perseguía alguna finalidad, y ello cabe suponerlo con
tanto más certeza, cuanto que la indicación del peso puede resultar en muchos casos de
verdadera utilidad (1).
Es incuestionable que la indicación del peso en la forma como figuraba en el "tálero prusiano"
sugirió muchas cuestiones que no pudieron aclararse con los conceptos que aun hoy
predominan acerca de la esencia del dinero y que con la omisión de la indicación del peso en
las monedas nuevas se ha orillado el peligro de enredarse en contradicciones.
Si "XXX" es un libra fina (2), una libra fina también será XXX, y el concepto "Taler" se
convierte con tal inscripción en una simple unidad de peso reservada para la plata, como aun
hoy existen en Inglaterra unidades especiales de peso para ciertas mercancías. (Diamantes, por
ejemplo, se pesan por kilates. En Neuchatel, una arroba de manzanas o de papas contiene 20
litros; una arroba de cereales, en cambio, contiene solamente 16 litros).
Pero, si una libra de plata fina equivale a 30 táleros, si una moneda es igual a un peso
determinado de plata (según inscripción y teoría de los táleros), ¿cómo puede desmonetizarse
la plata; cómo separar del tálero la 30ª parte de una libra de plata fina? ¿Cómo puede
desdoblarse un concepto en dos: Tálero y Plata? Antes del año 1872 "XXX" era una libra de
plata fina, y después de esta época dejó de serlo. Si esto último es posible (que lo es), lo
primero jamás fué verdad, y la inscripción del tálero nos ha hecho aparentar como un concepto
lo que en realidad fueron siempre dos: el tálero y la materia de la cual ha sido elaborado. El
tálero pesaba la 30a. parte de una libra de plata fina, esto era todo. Se necesitaba para la
elaboración de los táleros una libra de plata fina por cada treinta Táleros, de igual modo que
para forjar una herradura se emplea una libra de hierro. El tálero no era una cantidad
determinada de plata, como una casa no puede ser, en su esencia, un montón de ladrillos, ni
mucho menos un par de zapatos el sinónimo de un metro de cuero. El tálero era un producto
de la casa de moneda alemana completamente diferente de la plata. Y lo era, a pesar de su
inscripción, tanto antes como después de la des monetización de la plata."

Silvio Gesell
EL ORDEN ECONÓMICO NATURAL
209 DeElea, día 7 de Febrero de 2010 a las 03:00
"La inscripción del tálero reunió a éste y a su materia en un mismo concepto; la
desmonetización de la plata nos demuestra que los conceptos contenidos en el tálero eran dos.
La derogación del derecho de la libre acuñación de la plata presentó al tálero transparente, de
manera que a través de la plata reconocimos su substancia. Hasta aquel entonces creíamos que
el tálero fuera sólo plata, pero, luego, descubrimos en él, por primera vez, el dinero. Se negaba
que el tálero tuviera un alma, hasta que al desaparecer se desprendió de ella a la vista de todos.
Mientras no se derogó el derecho de libre acuñación, los súbditos prusianos no vieron más que
13
plata; ahora se les reveló en la unión de la plata con la ley la existencia de un producto extraño:
el dinero.
Antes de la derogación del derecho a la libre acuñación de la plata, nadie contradijo la
explicación que sus defensores daban del patrón metálico (oro, así como bimetalismo); la
desmonetización de la plata demostraba que, aunque las monedas se acuñaban de barras de
metal, no por eso tales barras ya eran monedas.
Chevallier, La monnaie, p. 39: “Las monedas son barras de metal cuyo peso y quilate está
garantizado por el sello."
Otto Arendt: "Nuestro Reichsmark no es más que el nombre para la 1/1395ª Libra de oro."
Olvidábase que la libre acuñación de la plata, cuya característica consistía en convertir las
monedas en barras y éstas en monedas, tiene por base una ley naciónal, emanada de la voluntad
soberana de los legisladores. Olvidábase que el tálero era un producto, un fruto de la
legislación, y que la plata no era más que la materia, nada más que la materia prima
arbitrariamente elegida para el tálero. La ley creaba el tálero y la ley lo destruía. Y lo que
acabamos de decir respecto del tálero vale naturalmente también para su sucesor: el
Reichsmark. El derecho a la libre acuñación de oro que aun hoy convierte la moneda y el oro
en un concepto es creación de nuestros legisladores. Así como apareció puede desaparecer,
puede ser derogado, si algún día se llegase a demostrar que tantas cosas aceptadas sin mayor
estudio como axiomas en materia del patrón oro no resisten ya ningún examen.
Pero si esto sucediera - me refiero a la derogación del derecho de acuñación libre - (la
declaración del billete de Banco como medio legal de pago es el primer paso hacia ese fin) ¿
qué relaciones subsistirán, entonces, entre el oro y nuestro dinero? Una sola: la de que así
como el cobre, la plata, el nikel y el papel, el oro sirve de materia prima en la fabricación de
nuestra moneda, es decir, la misma relación que existe entre la piedra y la casa, entre el cuero y
los zapatos, entre el arado y el hierro. La más leve apariencia de igualdad entre la esencia del
dinero y su materia desaparecería y la diferencia entre el oro y el Reichsmark sería tan evidente
como entre tálero y plata, sombrero y paja (3).
Tenemos que distinguir, pues, estrictamente entre el dinero y su materia prima, entre el
Reichsmark y el oro. Ambos - el dinero y su materia prima - nunca pueden declararse como
una sola cosa, dado que entre ambos existe la ley, que el día de hoy une a ambos, y que
mañana los puede separar.
Esta diferencia entre el dinero y su materia ha existido siempre. Existía ocultamente en la
época del derecho a la libre acuñación de la plata; ocultamente flota también en el sistema
actual del patrón oro. Pero la diferencia resalta cuando ese derecho de libre acuñación de la
plata es derogado arbitrariamente por la ley. Y ella es, asimismo, evidente hoy para todo aquel
que aprendió de la historia de la plata, que las prerrogativas del dinero no son inherentes a
metal alguno, sino que pueden ser transferidas por vía legal de una materia a otra.
Y ¿qué opinan ahora nuestros legisladores del sistema monetario alemán cuando toman en sus
manos un marco oro y lo contemplan? ¿Se darán cuenta, acaso, que ese Reichsmark carece aún
de un concepto legal, que ninguna definición escolástica de la esencia del dinero cuadra al
sistema monetario alemán, que la declaración del billete de banco como medio legal de pago
14
priva a la teoría del patrón oro del último punto de apoyo, y que la leyenda de nuestros billetes
de banco ya resulta un absurdo?
"El Reichsbank paga al portador y a la vista y sin legitimación 100 Reichsmark", así reza la
leyenda, y la teoría del billete de banco dice que tales billetes circulan y son aceptados sólo en
virtud de su promesa de pago. Ahora, esta leyenda se ha tachado con una raya gruesa,
declarando al billete como medio de pago legal y, no obstante ello circulan en la misma forma
que antes. ¿Cómo se explica ésto? ¿Cómo se explica que el campesino alemán que ya vendió su
vaca por 1000 marcos de plata, los que, llevados al crisol sólo le hubieran producido por 400
marcos en plata, venda ahora su mejor caballo por un billete de banco que material y
teóricamente carece de valor?
¡Póngase pues la leyenda de los billetes de banco en concordancia con los hechos, imprímase
sobre el papel, como se hizo con las monedas de plata y de oro simplemente 10 - 20 - 100
marcos y bórrese todo lo demás, y especialmente la palabra ¡”pagar ”! Esta palabra úsase en
reconocimientos de deudas, pagarés, intimaciones de pago, y el billete de banco no es
precisamente un pagaré. Reconocimientos de deuda, especialmente fiscales producen intereses
en favor del poseedor; en cambio en el caso del billete de banco es el fisco, en su calidad de
librador, el que percibe los intereses (4). En vez de imprimir "El Reichsbank pagará al portador
etc.", escríbase sencillamente "Esta billete representa 100 marcos". Sería demasiado ingenuo
creer que con esa leyenda el billete de banco se convierte en un documento de crédito. Hoy no
es posible imaginar un documento de crédito sin el interés. Y sin embargo, en todo el mundo
sólo la leyenda del billete de banco habla de documentos de crédito que al poseedor (acreedor)
cuestan intereses y al librador (deudor) aportan intereses, y que circulan a la par con los
verdadéros papeles de crédito. Los empréstitos del Estado alemán, que al poseedor le aportan
regularmente el 3% anual, se cotizan hoy (1911) a 84,45; el billete de banco alemán que al
poseedor (acreedor) le cuestan anualmente 4-5-6 y hasta 8,5 % está en 100 (a la par) (5). Y
ambos se confunden igualmente ante la ley y la teoría; ambos documentos son considerados
teórica y legalmente como reconocimientos de deuda entregados por el mismo librador.
Termínese, de una vez, con leyes y teorías pseudocientíficas, que conducen a contradicciones
tamañas.
El papel de los billetes de banco es, como el cobre, el nikel, la plata y el oro, una materia prima
para la fabricación del dinero; todas estas distintas formas de dinero ostentan derechos iguales,
son recíprocamente intercambiables. Se encuentran todas bajo la superintendencia igualmente
eficaz del Estado. El papel-moneda no se compra ni se paga con metal-moneda del mismo
Estado, sólo se canjean entre sí. De ahí que lógicamente ha de ser borrada toda clase de
promesas de pago en la leyenda de los billetes. “Estos son: Diez, cien, mil Reichsmark". Así
debe rezar su leyenda.
No es a causa, sino a pesar de la promesa de pago que el billete de banco circula a la par con la
moneda metálica. (6)
¿ De dónde surgen las fuerzas que mediante el billete de banco convierten al librador en un
acreedor que percibe intereses, y al poseedor en un deudor que paga esos intereses? El
privilegio de ser dinero dota al billete de banco de estas fuerzas, ha producido el milagro. Por
consiguiente, debemos considerar la naturaleza de ese privilegio."

Silvio Gesell
eL ORDEN ECONOMICO NATURAL
210 carbo1, día 7 de Febrero de 2010 a las 03:06
DeElea,
No piense que no entiendo su mensaje. Solo hace falta voluntad de querer comprenderle. Las virtudes de la moneda, que en su origen no era como la entendemos hoy, sino una materia prima más, que se puede fundir. Dire que la virtud principal de la moneda es su perdurabilidad. Acumular grano en un granero ya es un avance, el aceite de oliva lo mismo, el vino. En verdad le digo que no debemos crear un mito sobre la moneda, que es buena. Pero lleva asociada la codicia por su durabilidad. En nuestros días se nos exige saber conducir un vehiculo, hablar varios idiomas, poder usar un ordenador, etc. Y vemos la complejidad de la economía. Que si los tipos de interés, plusvalias, declaración de la renta, etc. Y toda esta complejidad que resulta angustiosa. La moneda, hoy, ya no tiene relación con su valor como materia prima. Depende del prestigio de quien la cuña, de su poder militar y de su deuda pública.
Pero que vamos a descubrir sobre la falta de ética en la sociedad. Y le digo, a mi también me preocupa más la ética que la estética. Usted piensa bien, viva sin pensar en el interés, trabaje sin pensar en un resultado monetario, que le llegará. Pero agradezca a la moneda que es el mecanismo por el cual se acumula la riqueza de generaciones pasadas, hasta el punto de que hay ciudades que solo se dedican a los servicios, que no producen riqueza, solo hacen circular la moneda acumulada en el sistema. Gracias a esta acumulación de moneda, hoy son posibles profesiones dedicadas al entretenimiento, el espectáculo, la investigación, etc.
Lo que si me gustaría es que los económistas le dieran más al seso, sobre las dificultades profesionales y de trabajo. Cómo es posible que personas con capacidad y con ganas de trabajar no puedan hacerlo, ¿que barreras hay?.
211 carbo1, día 7 de Febrero de 2010 a las 03:25
Ya es hora de ir a descansar. En el texto que escribí antes, de alguna forma di a entender que los servicios no crean riqueza, no es correcto. Al mezclar antiguedad con nuestros días caí en ese error. En fín, les deséo un buen descanso.
212 menorqui, día 7 de Febrero de 2010 a las 03:46
211
La riqueza la crean los hombres con su esfuerzo, individual y común, bien en las condiciones de libertad de pensamiento, de libertad de acción y de libertad de mercado o bien en la imitación de lo que procede de eso, que viene a ser lo mismo pero menos.

« 1 2 3 4 5 »

En formato RSS© Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.
Tel: 91 409 4766 - Fax: 91 409 4899