« Educación sexual | Principal | Evolución anterior al 11-m »
23 de Noviembre de 2009 - 08:37:32 - Pío Moa
En la situación electoral descrita ocurrió el “atentado de Atocha”, el 11 de marzo de 2004, justo tres días antes de las elecciones. Fue el mayor atentado de la historia de España y de Europa, con 191 muertos y 1.900 heridos y mutilados. Atribuido por todos a
Lo que puede decirse hoy del atentado es que la instrucción judicial fue irregular, y no menos el juicio, que no aclaró el objetivo ni los autores intelectuales. En todo caso, el nuevo gobierno obró como si hubieran sido los islámicos, e inmediatamente retiró de Irak las tropas españolas que defendían a los irakíes de terroristas que causaban allí masacres como la de Madrid, lo que equivale a premiar la masacre.
Son ya demasiado inmediatos los sucesos posteriores para que entren en la historia más que de un modo muy provisional. La política del gobierno de Rodríguez puede describirse como la inversión total de la de Aznar e incluso de la transición. Excepto en economía, que se mantuvo con notable éxito, pero sin corregir distorsiones cada vez más acentuadas hasta desembocar en una crisis, ciertamente internacional pero que en España ha tomado caracteres particularmente agudos: el desempleo escaló cotas incluso superiores a las de los primeros años 80 hasta cuatro millones en 2009.
La política internacional cambió a favor de las dictaduras de izquierda, empezando por la de Castro, y de gobiernos populistas antidemocráticos latinoamericanos, de Rabat, de Irán, del terrorismo que amenaza a Israel, etc., bajo el título de “Alianza de civilizaciones”. En Europa, el PSOE apoyó el proyecto de Constitución europea de Giscard d´Estaing, político francés acusado de corrupción y extrañas connivencias con déspotas africanos, y que había mantenido el santuario etarra en Francia en plena democracia española. El proyecto anulaba el peso político de España conseguido por Aznar en Niza, y fracasó ante la opinión pública europea. Pero la burocracia de Bruselas lo sustituyó por un Tratado de Lisboa, muy parecido, obligando a Irlanda a repetir, bajo fuertes presiones, el referéndum que lo había rechazado. Aznar había vuelto a reclamar Gibraltar, pero Rodríguez concedió aún más ventajas a la colonia y redujo la protección de Ceuta y Melilla.
En el interior, la reforma educativa del PP fue sustituida por un recrudecimiento de la enseñanza populista anterior y la implantación de una instrucción ideológica de tipo socialista llamada “educación para la ciudadanía”. Se instrumentaron medidas de promoción de la homosexualidad, el aborto y concepciones tendentes a socavar aún más la familia (matrimonio homosexual, etc.), con resultado de un mayor impulso a todos los índices de mala salud social ya mencionados. El ataque a
Quedó de relieve el designio global de la nueva política con la llamada popularmente memoria histórica, imponiendo el gobierno por ley –es decir, totalitariamente—su versión de la historia, según la cual el Frente Popular representaba la república y la democracia. Esa ley establecía indemnizaciones en dinero a las “víctimas” y a sus familiares, lo que sin duda estimulaba recuerdos de sucesos difíciles de documentar. Igualaba, en calidad de víctimas demócratas, a inocentes fusilados en la posguerra con los numerosos chekistas caídos en poder de los nacionales al verse abandonados por sus jefes, así como con los etarras detenidos o muertos bajo el franquismo. Y olvidaba a las muchas víctimas causadas por el terror entre las propias izquierdas. Pero la verdadera trascendencia política de esa ley consistía en anular de raíz el espíritu de la transición y de la reconciliación lograda bajo el franquismo. Como se recordará, la reforma “de la ley a la ley” suponía aceptar la legitimidad del franquismo, traspasada así a la democracia, un hecho paradójico solo en apariencia; y negaba la legitimidad del Frente Popular. La “memoria histórica” pretendía exactamente lo contrario, es decir, volvía al espíritu de la ruptura, con lo cual quedaban deslegitimadas la democracia y la monarquía salidas de la transición, que de este modo quedaban como una etapa provisional y de futuro incierto. Tal orientación satisfacía a
No menos caracterizaría al nuevo gobierno su actitud hacia
Todo ello volvía a justificar el asesinato como forma incluso privilegiada de hacer política, mucho más que bajo Felipe González. Nunca se habían concedido a
Tal “diálogo” solo puede llamarse, en términos realistas, colaboración con
Estas políticas, que la ex diputada socialista Cristina Alberdi calificó en su día de “estafa” y “alta traición”, dan forma a una verdadera involución antidemocrática, bien visible a los treinta y cinco años de la muerte de Franco. La deriva chocará a un observador imparcial, pero no tanto si conoce el historial del PSOE, que Rodríguez ha reivindicado íntegramente, sin excluir a figuras como Largo Caballero o Negrín. Ese partido comparte con
La facilidad con que esta involución destrozó la política de Aznar y el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que corregía defectos graves de la transición, se debe al práctico desvanecimiento de la oposición. En una democracia, la inclinación de los gobiernos a abusar de su poder es frenada por la división de poderes, por la prensa libre y por los partidos de oposición. Hoy, la separación de poderes está muy deteriorada, la prensa crítica acosada y el PP de Rajoy no ejerce como oposición, sino que también ha seguido una política bastante contraria a la de Aznar y siempre detrás de la iniciativa del PSOE. No se opone a la ley de “memoria histórica”, sino que la cumple; tampoco a la degradación del poder judicial, cuyo control quizá espera heredar si llega al poder; sus críticas al “diálogo” con
Rajoy, que intelectualmente se parece mucho a Rodríguez, amplió la renuncia de
Vistos los hechos con perspectiva histórica, ofrecen una reveladora continuidad. El PSOE, los separatistas y los terroristas actuaron como verdaderos torpedos contra
La perspectiva actual para España, su unidad y su democracia, es harto oscura. Aunque seguramente no la más oscura que haya logrado superar en su historia.
****A la chita callando, la banda de Rajoy está depurando el PP de cuantos podrían oponerse a su política de colaboración con los colaboradores del terrorismo y con los falsificadores de la historia. Lo que revela que los futuristas están organizados y tienen claras las ideas o ideúchas. Y los otros no tienen claridad ni organización, en un partido cuyo funcionamiento interno no es democrático.
****Cataluña, paraíso okupa. ¿Por qué ocurre esto? Porque los políticos, con excepciones, como es natural, son delincuentes. Y porque la gente no se dedica a okupar las casas de los politicastros. Los responsables tienen así doble ventaja.
****Zapo detesta a los empresarios, les hacen culpables de la crisis y en su “educación para la ciudadanía” los pone a caer de un burro. Y es natural: los empresarios crean empleo y él solo crea crea funcionariado inútil y parasitario, que le proporciona una gran bolsa de votos. Lógicamente, la actitud del empresariado le parece un insulto.