Pío Moa

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Auxiliares de la tiranía

20 de Abril de 2007 - 17:41:27 - Pío Moa

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Quienes quitan importancia a lo que ocurre ante nuestros ojos suelen presentarse como personas de ideas abiertas, progresistas, partidarias de la paz y la concordia. Pero no resultan muy convincentes el progreso, la paz o la concordia que nos proponen. Esas personas rara vez muestran verdadera preocupación por la ruina de las libertasdes en las Vascongadas, provocada con imposiciones y crímenes; o por el acoso a los derechos de los castellanohablantes en Cataluña; también sorprenden sus destemplados ataques a la Iglesia en nombre del progreso, en contraste con su simpatía o despreocupación ante la expansión del islam, considerando simples diferencias culturales prácticas como la poligamia, el burka, el velo facial para las mujeres y hasta la ablación del clítoris o la lapidación; o la falta de libertades en los países musulmanes, todos ellos regímenes policíacos extremadamente corruptos, a menudo pro terroristas, con la muy relativa excepción de Turquía, semidemocracia tutelada por los militares.

Haciendo memoria encontramos poca novedad en tales actitudes. Durante la Guerra fría las democracias occidentales hicieron frente al Imperio del Gulag, hasta la quiebra de este gracias a la resolución de los líderes occidentales más clarividentes, como Ronald Reagan o el Papa. También entonces un vasto movimiento "progresista"  empleaba argumentos parejos a los que ahora oímos: condenaba sin apelación, como "agresivas" o "contrarias a la paz" las medidas de defensa ante el expansionismo comunista, que en solo medio siglo llegó a imponerse sobre un tercio de la humanidad y amenazar al resto. Los supuestos pacifistas tildaban de paranoia imperialista los informes sobre el carácter tiránico y agresor de los regímenes del "socialismo real", disimulaban hechos tan patentes y probatorios como el muro de Berlín, los campos de concentración, la conversión de países enteros, desde Cuba a Vietnam, en auténticas cárceles para sus habitantes, los genocidios de Camboya y China, etc. O titulaban "progresistas" a feroces dictaduras del Tercer Mundo, si estas ostentaban un ropaje "anticapitalista" y "antiimperialista". También utilizaban banderas de paz y de progreso los que, en los años 30, abogaban por la claudicación ante el nazismo.

Esos movimientos cumplieron entonces una función desmovilizadora, auxiliando así a lo agresivos enemigos de la libertad. Unos la cumplían con deliberación, integrando el aparato de provocación y propaganda de la URSS, y otros con inconsciencia, sugestionados por las bellas palabras de una agitación incansable y alborotadora. Así, más o menos, vuelve a ocurrir ahora con respecto a los problemas de España.

("Contra la balcanización de España")

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Veo que nuestro amigo Robredo (http://bilbaopundit.blogsome.com/) no hace mucho caso de mis recomendaciones y persiste en atrincherarse tras lo muros de Bizancio. Bien, está en su pleno derecho, no tiene ninguna obligación de hacerme caso, pero me resulta demasiado fatigoso alejarme constantemente del tema y tampoco tengo tiempo para ello; así que seguiré con mis comentarios, según me sea posible.

Bien, prosigamos con nuestros problemas. Ante la existencia de ateos liberales, no totalitarios por tanto, debemos considerar dos hechos: en primer lugar, no son los únicos ateos, pues los hay, y en mayor número, abiertamente totalitarios; en segundo lugar no son los únicos liberales, pues hay muchos liberales, seguramente también en mayor número, que no son ateos, sino creyentes o agnósticos (lo cual no se sabe bien si es una forma de ateísmo o de creencia). Por consiguiente, hablar de liberalismo ateo no es una redundancia, como sí lo es hablar de marxismo ateo.

Ahora bien, ¿de dónde les viene el liberalismo a esos ateos? ¿Les viene de su ateísmo? Esto suena muy improbable. Si el ateísmo, insistamos, afirma que la creencia religiosa es un mal, y un mal terrible (un cúmulo de falsedades que aliena y confunde al ser humano, una fuente de crímenes y servidumbre), no puede adoptar una postura de “cada cual que piense lo que quiera al respecto, todos con igual derecho”; tiene que adoptar más bien la misma postura que ante la esclavitud: ningún liberal dice que la esclavitud es cuestión de opiniones y que allá cada cual: la ley y el estado deben intervenir. Máxime si, como se pretende, la ciencia está a favor del ateísmo. Hay una contradicción en considerarse liberal ateo y no adoptar ante la religión el mismo punto de vista que los marxistas. A menos, claro está, que se tenga la creencia religiosa por una serie de falsedades inocentes y sin consecuencias prácticas, lo cual me parece que no ocurre.

Visto de otro modo: el marxismo es consecuente, y el liberalismo ateo no. Sin embargo es cierto que la abolición de la esclavitud no ha llevado a ningún totalitarismo, más bien al contrario, mientras que los intentos de abolir la religión por parte de  los regímenes ateos-ciencistas, sí.

¿Es esto una paradoja? ¿Acaso el ciencismo ateo, al oponerse a la religión, se opone también a la libertad? Cabe sospecharlo. El otro día hacía un comentario sobre Pinker. A ver si encuentro tiempo y lo amplío un poco más, mañana u otro día próximo.   

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Odiseus:

La lucha es por la opinión pública. Si no conseguimos explicar claramente nuestras posiciones a la gente incomprometida o que no piensa como nosotros, no podremos luchar contra la influencia abrumadora de la mayoría de los medios de masas. Cada uno tiene su responsabilidad en su círculo de conocimientos y de influencia, y debe ejercerla. Lo que cada cual puede hacer es mucho más de lo que parece a primera vista, y un gramo de acción vale más que muchos kilos de lamentaciones.
 
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Comentarios (51)

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51 taraza, día 21 de Abril de 2007 a las 10:18
En algún comentario anterior - creo que fué "denebola", se hace mención al Ejército español.
Vamos a ver: la Constitución dice que el Ejército garantiza la unidad de España. Seguramente, impuesto por alguno, algunos, que conocía muy bien a los habitantes de la tal España. Hijos de Iberos, celtas, vándalos, romanos, godos, árabes, bereberes... ¡Claro está!, sólo el Ejército sería capaz de enderezar lo que, con toda seguridad, empezaría a retorcerse, que es la unidad de España. Pero quien hace la ley hace la trampa, dice el paisano. Y para alguna ley, varias trampas. "Jubilamos generosamente a los oficiales duros, formamos adecuadamente a los nuevos, y por si no fuese suficiente, dejamos un Ejército pequeño. Y si no es suficiente, mercenarios. Y si no es suficiente, relajamos la disciplina. Y si no es suficiente, admitimos mujeres. Y si no son capaces de pasar la pista de aplicación, suprimimos la segunda mitad". Si el Ejército es reflejo de la sociedad y del Gobierno, y no tiene por qué ser de otra manera, debe ser un Ejército de risa. ¿Qué puede garantizar un soldado de cartón-piedra?. ¡Y, lo que es más importante, los nacionalistas saben que es un Ejército de cartón-piedra! Si no, ¿de qué...?.

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