Pío Moa

Noviembre 2009


La enfermedad de nuestra democracia

27 de Noviembre de 2009 - 08:45:01 - Pío Moa - 524 comentarios

La transición democrática en España se hizo contra las pretensiones de ruptura con el régimen anterior y por reforma "de la ley a la ley". Lo que significa, lisa y llanamente, que se negó la legitimidad del Frente Popular, se reconoció la del franquismo, traspasando esta a la democracia y a la monarquía. La oposición antifranquista prefería la legalidad del Frente Popular, que, en su mezcla de ignorancia y mala fe, identificaba con "la república", y durante todo 1976 hicieron cuanto estuvo en sus manos para imponer la ruptura, aprovechando las libertades que, no de derecho pero sí de hecho, ya existían. Fracasó (o fracasamos) ¡afortunadamente!, porque la sociedad, de forma muy mayoritaria, no quería saber entonces nada de eso, aun si había olvidado lo que había sido la guerra y sus causas, y apoyó la reforma. Por ello, la democracia viene del franquismo, de lae excelente situación social y económica creada por ese régimen, y de la desaparición de los odios de preguerra.

La oposición tuvo que resignarse sin, en el fondo, olvidar sus viejos tópicos: así, no le importó renunciar al marxismo o al leninismo por pura razón de oportunidad, sin sustituirlo por nada y sin el más mínimo análisis del pasado; siguió basándose en una burda propaganda. Ni siquiera la caída del Muro de Berlín le indujo a la menor reflexión crítica.

En cuanto a la derecha, tan pronto consiguió el éxito histórico de la reforma, que impidió una deriva como la de la transición de 1930-31, renunció a él en el terreno de las ideas, y poco a poco se unió a la corriente que denigraba el franquismo –el origen, repito, de nuestra democracia, una de las poquísimas de Europa que no se deben directamente a la intervención useña--, o callaba ante tal corriente y retrocedía. Muchos, que venían de aquel régimen por familia y fortuna, se ponían muy solemnes diciendo que, claro, el franquismo había sido una dictadura, todas las dictaduras eran iguales de malas, y con eso no tragaban: ni el franquismo ni el comunismo, faltaría más. ¡Que no tragaban con una dictadura, los señoritos, cuando venían de ella, se habían beneficiado al máximo de ella, y si viniera otra se las arreglarían para trepar en ella, como siempre han hecho! Coincidían con la izquierda en que nada les debía a ellos la democracia, pero la explotaban a fondo.

Otra parte de la derecha, muy minoritaria, se dedicó a defender los méritos del anterior régimen, pero, como la izquierda, sin el menor análisis aparte de la habilidad paranoica para descubrir por todas partes la huella de la masonería y cosas por el estilo. Pero difería de la izquierda y los separatismos en que apenas era capaz de otra cosa que de quejas inanes, e incapaz de extraer de sus conclusiones "teóricas" ninguna estrategia a largo plazo, ni aun a corto, fuera de organizar misas y algún terrorismo, por suerte débil y que contribuyó a hundirlos aún más.

La izquierda y el separatismo sí fueron desarrollando una táctica a partir de su fracaso inicial y de sus rupturistas concepciones de base, a las que nunca han renunciado. Concepciones basadas en la falsedad y que, como tales, solo han creado lo que podían crear: la cultura de la trola, el choriceo y el puterío. Ha estado muy en su punto que terminasen reivindicando a Negrín: nada los retrata mejor. Y, por supuesto, la extrema derecha les ayuda: para ella, la trola, el choriceo y el puterío son, precisamente, la marca de la "democracia". Con toda alegría dejan a la izquierda y los separatismos la bandera democrática, proponiendo como alternativa un régimen en que ellos silenciaran cualquier voz contraria (masónica o cosa parecida, por definición). Y se extrañan de que la gente no les siga.

Pero por mucho que la hayan estragado los antifranquistas retrospectivos, la democracia, insisto, viene del franquismo, viene de la propia evolución interna del país, al contrario que casi todas las demás de Europa occidental (por supuesto, si Usa no hubiera vencido en la II Guerra Mundial, nada de ello se habría producido, aquí ni fuera; pero esa deuda está muy bien pagada por la neutralidad española durante aquella guerra, sin la cual los acontecimientos podrían haber seguido otro rumbo). No reconocer este origen, o callarlo, ha sido precisamente lo que ha degenerado el sistema creado en la transición. Ha sido una enfermedad moral e intelectual con las más graves consecuencias. Imaginemos que en Usa la corriente principal de opinión se dedicase a denigrar sistemáticamente a los fundadores y principales figuras de su régimen político, a tacharlos de asesinos, idiotas y ladrones. La descomposición política del país estaría asegurada a plazo no muy largo.

Pues en esa enfermedad de nuestra democracia, en la negativa a reconocer su origen y proponer a cambio la miseria de un Frente Popular legítimo, descansa la justificación moral, ideológica y política del terrorismo, el separatismo, el ataque a Montesquieu, a la unidad de España, a los derechos de las personas. Es una manipulación de la historia que genera de forma espontánea la manipulación sistemática del presente. En la que están inmersos tanto la izquierda y los separatismos como el PP rajoyano.

Evolución anterior al 11-m

24 de Noviembre de 2009 - 08:33:20 - Pío Moa - 436 comentarios

El PSOE hizo la campaña electoral de 1982 bajo el lema "Cien años de honradez y firmeza", faltando con osadía a la verdad. Publicitariamente el lema era espléndido, y conectaba de lleno con el anhelo de la sociedad, pero su eficacia solo podía descansar sobre una ignorancia histórica casi generalizada en el país y favorecida por la crisis de UCD. El PSOE ganó 10 millones de votos y mayoría absoluta en las Cortes. La derecha derivó parte de su voto a AP de Fraga, que subió a 5,5 millones. UCD perdió casi 5 millones, quedando en 1,5 y el PCE descendió de casi 2 millones a 850.000. El PSOE ganó en todas las provincias excepto en Gerona (CiU), Vizcaya y Guipúzcoa (PNV), y siete provincias de Galicia y Castilla-León (AP). La derecha tardaría años en reponerse de su crisis, y los socialistas iban a sostenerse en el poder catorce años.

En 1982 el PSOE estaba en condiciones de hacer casi lo que quisiera. Y algo que hizo pronto fue intervenir Rumasa, uno de los mayores consorcios empresariales españoles, asestando un golpe a la legalidad y al Tribunal Constitucional, cuyo crédito se tambaleó al aceptar el hecho. Rumasa costó al estado la suma fabulosa de más de un billón de pesetas, y generó un chorro de corrupción. El PSOE dueño de los poderes legislativo y ejecutivo, se aprestó a controlar el judicial. A las críticas, el vicepresidente Alfonso Guerra respondió ilustrando el designio gubernamental: "Montesquieu ha muerto".

Felipe González había amenazado con "auditorías de infarto" a las empresas públicas provenientes del franquismo, pero la investigación no detectó anomalías importantes y en cambio las denuncias por la corrupción socialista se multiplicaron. El PSOE replicó a ellas con la arrogancia de los votos, y para frenar la denuncia de los escándalos diseñó una arbitraria Ley Antidifamación, que no logró imponer. Todo ello atentaba contra la democracia liberal puesta en marcha durante la transición, y la habría liquidado de no haber topado con resistencia social, gracias al mantenimiento de las libertades.

En el plano económico, la actuación socialista fue más positiva. La reconversión industrial que el PSOE no habría permitido hacer a UCD, pudo hacerla él entre multitud de huelgas y enfrentamientos, cierre de fábricas, privatización de empresas públicas y subida del desempleo hasta los tres millones (el 21% de la población activa, algo nunca visto). Pero la reforma, aun juzgada insuficiente por sus críticos, permitió un repunte del PIB dos años después y durante siete años, con crecimiento del 3,5 al 5%, modesto por comparación con los años 60 o los 50, pero superior al de la CEE. A pesar de ello, aun con la renovada prosperidad se mantendría una tasa de paro muy elevada.

Los hechos clave de la política internacional del PSOE fueron la entrada de España en la CEE y la ratificación de la adhesión a la OTAN, en 1986. Contra una opinión común, la CEE no supuso ventajas económicas: fuera de ella, España había prosperado mucho más deprisa, el crecimiento desde 1985 nacía de reformas estructurales internas, y algunas condiciones de entrada empeoraban el acuerdo preferencial de 1970. Contra la realidad histórica, se forjó la imagen de la "entrada en Europa", que satisfizo a millones de personas sugestionadas por una activa propaganda sobre la "anormalidad" del país y un aislamiento inexistente. Tuvo un coste en soberanía, con la renuncia de hecho a Gibraltar, colonia británica a la que se otorgaron ventajas que la enriquecieron a costa de los intereses españoles. Otra consecuencia fue el reconocimiento de Israel, uno de los pocos estados que Franco había rehusado reconocer --sin mostrarle por ello hostilidad--, debido a la política de amistad con los países árabes. Además, en Madrid había sentado muy mal que Israel hubiese votado contra su admisión en la ONU, en 1949, habiendo sido España uno de los poquísimos países que salvó a miles de judíos del Holocausto y luego facilitó la huida de otros miles de Marruecos a Israel, en 1948.

En cuanto a la OTAN, las encuestas mostraban una opinión popular contraria a ella, por los inmensos beneficios de la neutralidad española en las guerras europeas. Franco había roto esa tradición, pero solo parcialmente: no pidió el ingreso en la OTAN, pese al interés de Washington, ni participó en la guerra de Vietnam como se le pidió, mantuvo el comercio con la Cuba castrista y presionó sobre Gibraltar. La izquierda también rechazaba el ingreso, aunque más por simpatía tradicional a la URSS que por los intereses hispanos. Mantenerse al margen de la Organización atlántica no implicaba hostilidad a ella, como había demostrado Franco, sino retener una cuota mayor de soberanía y libertad de decisión. Leopoldo Calvo, sucesor de Suárez durante un año y medio, había metido al país en la OTAN simplemente por decreto. El PSOE, presionado por la diplomacia useña y europea, cambió de postura. La inicial oposición popular fue moldeada por una intensa propaganda, y en el referéndum al respecto triunfó el Sí con un 52,5% sobre una votación menor del 60%: poco más del 30% del cuerpo electoral.

Al terminar el franquismo y con él la censura, muchos esperaban la salida a la luz de obras maestras guardadas en cajones, y el florecimiento de un talento antes reprimido. Pero la censura había sido ligera, enfocada a la pornografía y a pocos puntos políticos (los libros de Marx, Engels y muchos otros marxistas, y las interpretaciones históricas stalinistas de Tuñón de Lara habían sido legales y circulado sin trabas), y no apareció ninguna obra maestra. Más decepcionante fue la escasez de talentos a la altura de los de la época anterior, si bien abundó lo que en términos mercantiles se llamó "oferta cultural", subvencionada a menudo por el estado: festivales, conciertos de rock, exposiciones, museos de arte moderno, etc., y una cultura del entretenimiento de bajo nivel intelectual y a menudo chabacana. En literatura, arte, ensayo, pensamiento, ciencia o cine, proliferó la hojarasca, con las obligadas excepciones. Las universidades y universitarios se multiplicaron su número, con calidad a la baja. El diario El País se convirtió en foco de la nueva cultura, y el panorama fue dominado por la intelectualidad progresista –persistía otra más seria, en segundo o tercer plano--, que salió apuntándose al marxismo o exhibiendo un profundo respeto por él, para poner luego de moda una curiosa afición a "la utopía" o al anarquismo, más tarde al postmodernismo, dejando tras de sí muy poco material recordable. Desde tal situación se calificaba a la etapa anterior de "páramo cultural", con arrogante y cómica injusticia.

Parte de la "nueva cultura" fue la sustitución, ya en 1977, del Instituto de Cultura Hispánica por el de Cooperación Iberoamericana, que, con el Hispano-Árabe de Cultura, pasaron al Ministerio de Exteriores con el título de Agencia Española de Cooperación Internacional. Dichos institutos perdieron autonomía y carácter cultural e hispánico, para adquirirlo económico y burocrático. Desapareció de las universidades españolas el alto número de hispanoamericanos y árabes que antes estudiaban en ellas.

Durante ese período, y hasta hoy, continuó la crisis de la institución familiar con el constante aumento de los divorcios, de niños criados en familias monoparentales, de abortos y embarazos de adolescentes, enfermedades de transmisión sexual, violencia doméstica, fracaso escolar, etc. El alcoholismo, la droga y la delincuencia, no cesaron de expandirse, al igual que la pornografía y la telebasura, indicadores todos de mala salud social. El ambiente social y cultural tomaba un tinte anticristiano o acristiano, que quería identificarse como democracia. Los templos y seminarios seguían despoblándose y nadie agradecía a la Iglesia los servicios prestados a la oposición antifranquista.

Ante el terrorismo, corrosivo de la democracia, los gobiernos insistieron en negociar. En la primera etapa confusa propia de toda transición, la negociación pudo cumplir un papel, de hecho lo cumplió al desaparecer así una de las ETAs, llamada poli-mili, varios de cuyos militantes ingresaron en el PSOE. Pero la persistencia de esa política minaba el estado de derecho. A última hora, la UCD había recurrido a policías franquistas, y los asesinatos habían bajado en 1981 a un tercio del año anterior. El PSOE, ambiguo ante los atentados, creyó que la ETA se contendría ante un gobierno de izquierda. Su error le llevó a una reacción característica: incrementar las ofertas de negociación y al mismo tiempo responder a los atentados con terrorismo gubernamental.

Entre tanto, en 1989 AP, que había cambiado su nombre por Coalición Democrática y luego por Coalición Popular, superó su prolongada crisis con el nombre como Partido Popular (PP), y en 1990 José María Aznar imprimió mayor eficacia a la dirección.

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El suceso histórico más importante de los años 80 fue el derrumbe del bloque soviético en Europa, a partir de la caída del Muro de Berlín en 1989. Durante largo tiempo, los atroces sacrificios para construir el socialismo y el comunismo, pudieron parecer a muchos la medida de la sublimidad de la meta, perseguida a través de una lucha titánica contra las oscuras fuerzas del pasado, de la explotación del hombre por el hombre y de la religión; pero el resultado solo fue una vida plomiza, enyugada y pobre. La historia interna de la URSS había sido una sucesión de vaivenes entre medidas colectivistas u aperturas parciales a la iniciativa individual, sin alcanzar nunca un equilibrio. El fracaso de Jrúschof en superar a los países occidentales dio paso, desde 1964, a Brézhnef, con quien los bandazos se aceleraron hasta 1982. Tres años después, Mijail Gorbachof puso en marcha reformas que suscitaron un afán liberalizador inasimilable por el sistema. La clase política se desmoralizó mientras la URSS perdía decisivamente la carrera económica y técnica con Usa. Quedó de relieve que todo el sistema descansaba en la fuerza militar y la vigilancia policial, y al aflojarse ambas, el régimen simplemente se desplomó, algo que casi nadie había sido capaz de pronosticar. 

El derrumbe del bloque soviético tuvo que ver con un cambio de política en el mundo occidental, personificable en el papa Juan Pablo II, en Ronald Reagan y, en menor medida, por el menor peso de Inglaterra, en Margaret Thatcher. El papa, elegido en 1978 cambió la orientación dominante desde los años 60. Procuró un nuevo movimiento evangelizador a escala mundial, un entendimiento con otras religiones y una mayor firmeza hacia el marxismo. Hizo retroceder la Teología de la liberación y tendencias análogas (aunque persistieran los jesuitas y otros) y presionó sobre su país de origen, Polonia, que, por emplear la terminología leninista, constituía "el eslabón débil" de la cadena de estados comunistas. La resistencia popular católica obró en Polonia como una cuña que agrietó el sistema soviético entero. Así lo entendió, Moscú, y de ahí el intento de asesinar al papa, que estuvo cerca de alcanzar su objetivo.

En 1979 Margaret Thatcher subió al poder en Reino Unido, tras un largo declive político y económico del país, atribuido a las políticas laboristas y el poder sindical. Thatcher propició una liberalización económica profunda, activa oposición a la mentalidad socialista dentro del país y a la Unión Soviética en el exterior, y estrecha cooperación con Usa y el mundo anglosajón después de que Reagan ganase las elecciones, en 1981. Hasta había dominado en Europa la aceptación del comunismo como un hecho histórico irreversible a largo plazo, tendencia propia de los partidos socialdemócratas, que nunca habían perdido una vaga afinidad con el experimento comunista, como ocurría con los movimientos salidos del "mayo del 68", y una tendencia democristiana al acuerdo. En la década de los 80, Usa, apoyada por Inglaterra, incidió más sobre los derechos humanos, desplegó una tecnología militar inasequible para los soviéticos, y otros países europeos siguieron, sin demasiado entusiasmo y con protestas de los pacifistas. El avance comunista por el mundo fue deteniéndose, Afganistán resultó un Vietnam para la URSS, y finalmente esta se desmoronó. Uno de sus efectos más importantes fue la reunificación de Alemania, muy poco deseada por sus aliados Francia e Inglaterra. La reunificación creaba la mayor potencia económica y demográfica de Europa, con ulterior proyección política.

Estos sucesos, en verdad asombrosos, dejaban a Usa como única superpotencia, con superioridad económica, política y militar inaudita en la historia. El ensayista Francis Fukuyama expresó en un influyente folleto lo que muchos pensaban: el próximo triunfo global de la democracia tipo Usa y la CEE (que en 1993 se rebautizaría Unión Europea) y el fin de la historia tal como se la había conocido. Fin de la historia ya predicho por Marx y los utopistas a partir de sus respectivos sistemas. Seguiría, advierte Fukuyama, "un tiempo muy triste. La lucha por el honor, la disposición a arriesgar la vida por un fin abstracto, la lucha ideológica mundial con sus virtudes de audacia, valor, imaginación e idealismo, será reemplazada por el cálculo económico, la inacabable resolución de problemas técnicos, la preocupación por el medio ambiente y la satisfacción de complicadas exigencias consumistas. En la época posthistórica no habrá arte ni filosofía, sólo la perpetua vigilancia del museo de la historia humana". Y, sin decirlo, regímenes de modelo anglosajón, con el inglés como idioma político y cultural.

Mas, por el momento, el mundo no iba a seguir esa dirección, y las cosas habían de complicarse mucho más de lo previsto.

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La caída del Muro de Berlín y poco después del Imperio soviético tuvo en España repercusión escasa y casi nula reflexión en la izquierda. PSOE y PCE habían rechazado superficialmente el sistema soviético, hacia el cual persistía una soterrada admiración: no en vano compartían semejanzas doctrinales y una versión de la guerra civil y del Frente Popular. La derecha, siempre inane, tampoco sacó las debidas conclusiones ni procuró una clarificación histórica de algún calado. No obstante, la caída del Muro mejoró el clima social para la derecha, junto con la denuncia de los escándalos de corrupción y terrorismo de estado por parte de un grupo de periodistas demócratas.

Los gobiernos del PSOE menoscabaron seriamente el sistema. En Vascongadas la democracia casi desapareció, en Cataluña retrocedió por un nacionalismo agresivo y victimista, y en Andalucía la corrupción caciquil y clientelar alcanzó sus mayores cotas. Al menos tres causas explican el prolongado poder socialista: el reasentamiento de viejos mitos de la lucha de clases, según los cuales la izquierda representaba a los pobres, a los trabajadores y al progreso frente a una derecha retrógrada explotadora y franquista; al veloz aumento del tamaño del estado, que creó cientos de miles de nuevos funcionarios, sinecuras, corrupción y una vasta clientela política; y, sobre todo, a la semiparálisis de una derecha que no había superado el síndrome de Romanones.

Así como en 1982 la gente esperaba honradez y firmeza para enderezar la situación, por los años 90 se extendía la demanda de una regeneración democrática ante los escándalos económicos, el terrorismo de gobierno y la degradación del poder judicial. En 1996 ganó las lecciones el PP, por estrecho margen, si bien sería quizá más adecuado decir que las ganaron para el PP unos pocos periodistas influyentes que denunciaron con perseverancia la corrupción e ilegalidades del PSOE y le impidieron promulgar leyes contra la libertad de expresión.

Mucha gente esperó del PP la anunciada regeneración del sistema, pero esta apenas se produjo. Aun así, Aznar volvió a ganar las elecciones, esta vez por mayoría absoluta, el año 2000. Razones de su éxito fueron, aparte el apoyo de algunos medios, un cuádruple logro: superó la nueva crisis económica y rebajó a la mitad el desempleo, que el PSOE habían calificado de estructural; rebajó a menos de la mitad la corrupción; aplicó una eficiente gestión económica, que permitió construir magníficas infraestructuras y alcanzar el superávit presupuestario; y arrinconó a la ETA, ilegalizando sus terminales políticas, persiguiendo su financiación, desarticulando sistemáticamente sus partidas y, sobre todo, restringiendo o anulando la política de "negociaciones": hacia el final de su segunda legislatura se preveía el fin del grupo terrorista a plazo no largo.

Este último logro fue el de mayor trascendencia porque la ETA y las negociaciones habían asolado la democracia. El éxito pareció completo cuando el PSOE, liderado por Rodríguez Zapatero, aceptó esa política y propuso en 2000 el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Desde su mismo enunciado, el acuerdo alarmó a los nacionalistas vascos y catalanes, que poco antes habían resucitado el viejo pacto entre ellos y con los gallegos, con vistas a minar más a fondo la unidad española. El hecho de que PSOE y PP resolvieran defender las libertades y derrotar a la ETA, parecía anunciar un efectivo enderezamiento de la deriva seguida durante tantos años. No obstante, el PSOE traicionó pronto lo firmado, iniciando tratos con los terroristas a espaldas de Aznar

La política exterior del PP procuró una relación estrecha con Usa e Inglaterra, firmeza con dictaduras como la castrista, acuerdos con Argelia frente a presiones de Marruecos –como la ocupación de la isla de Perejil, en 2002–, y con Polonia frente al eje París-Berlín. Aumentó el peso de España en la UE mediante el Tratado de Niza, de 2001.

Los aspectos cultural y social continuaron su deterioro. Persistió una "oferta cultural" abundante y mediocre y la escasez de talento. Una reforma de la enseñanza para combatir el elevado índice de fracaso escolar, analfabetismo funcional, etc., fue ruidosamente combatida por la izquierda, con argumentos populistas.

***

Para acosar al gobierno del PP, Rodríguez empleó profusamente la movilización callejera, a menudo violenta, sustentada en informaciones dudosas, hasta rondar la desestabilización. Así contra la reforma educativa, o so pretexto de un derrame de petróleo en las costas gallegas, y con motivo de la guerra contra la dictadura irakí en 2003. El año 2001 el terrorismo islámico había destruido las Torres Gemelas de Nueva York, uno de los más rutilantes emblemas del poderío useño, matando a 2.800 personas. Washington, en respuesta, invadió Afganistán y derribó al régimen fundamentalista talibán. Y en 2003 atacó al dictador irakí Sadam Husein, sanguinario aunque no integrista, que ya en 1990 había ocupado Kuwait, dando lugar a una contienda con Usa y otros países occidentales, que derrotaron pero no derrocaron a Husein. Se acusaba a Husein de fabricar armas de destrucción masiva, y si bien este obstruía los controles al respecto, no había pruebas claras de su existencia, por lo que el objetivo real solo podía ser la eliminación del tirano acusado de genocida para imponer una democracia como barrera frente a Irán y el fundamentalismo islámico, y seguro para Israel.

Aznar tomó partido por el presidente useño George Bush, como el primer ministro británico Tony Blair, pero no envió tropas. La guerra levantó multitudinarias protestas por toda Europa, y el PSOE vio ahí una ocasión de desgastar a Aznar, pese a que Felipe González había participado con tropas en la guerra de 1990-91. El apoyo español era difícil de evitar una vez el PSOE había renunciado totalmente a la neutralidad, y Aznar pensaba que así ganaría mayor peso internacional. Con motivo de esta guerra, el PP volvió a demostrar su flaqueza intelectual e ideológica: esperó a que la lluvia de protestas escampara, sin hacer casi nada por convencer a la población de su postura.

La pronta caída de Husein pareció disolver los nubarrones, y cuando llegaron las elecciones, en 2004, el PP salió con una ventaja muy sustancial, gracias a los éxitos anteriores de Aznar. Las encuestas le daban al comienzo una probable mayoría absoluta en las Cortes. Aznar cumplió su promesa de no presentarse por tercera vez, imitando la norma useña para evitar tendencias despóticas, y dejó como sucesor a Mariano Rajoy, político gris y sin convicciones definidas, pero que parecía propio para un gobierno tranquilo que parecía asegurado. Sin embargo la campaña de Rajoy, puramente economicista, le hizo bajar rápidamente en las encuestas, y en vísperas de las elecciones su contrincante Rodríguez casi le alcanzaba.

El sentido histórico de la involución

23 de Noviembre de 2009 - 08:37:32 - Pío Moa - 192 comentarios


En la situación electoral descrita ocurrió el “atentado de Atocha”, el 11 de marzo de 2004, justo tres días antes de las elecciones. Fue el mayor atentado de la historia de España y de Europa, con 191 muertos y 1.900 heridos y mutilados. Atribuido por todos a  la ETA en un primer momento, pronto las sospechas recayeron sobre el terrorismo islámico, de lo cual sacó partido el PSOE para sugerir la culpabilidad de Aznar, por haberse alineado con Bush en Irak: el atentado sería una reacción musulmana implícitamente justificada. Asombrosamente, los socialistas lograron encauzar contra el PP la furia de millones de personas, desviándola de los autores de la matanza, lo que aseguró a Rodríguez una victoria que ya rondaba antes del atentado.

  
Lo que puede decirse hoy del atentado es que la instrucción judicial fue irregular, y no menos el juicio, que no aclaró el objetivo ni los autores intelectuales. En todo caso, el nuevo gobierno obró como si hubieran sido los islámicos, e inmediatamente retiró de Irak las tropas españolas que defendían a los  irakíes de terroristas que causaban allí masacres como la de Madrid, lo que equivale a premiar la masacre.

   
Son ya demasiado inmediatos los sucesos posteriores  para que entren en la historia más que de un modo muy provisional. La política del gobierno de Rodríguez puede describirse como la inversión total de la de Aznar e incluso de la transición. Excepto en economía, que se mantuvo con notable éxito, pero sin corregir distorsiones cada vez más acentuadas hasta desembocar en una crisis, ciertamente internacional pero que en España ha tomado caracteres particularmente agudos: el desempleo escaló cotas incluso superiores a las de los primeros años 80 hasta cuatro millones en 2009.

   
 
La política internacional cambió a favor de las dictaduras de izquierda, empezando por la de Castro, y de gobiernos populistas antidemocráticos latinoamericanos, de Rabat, de  Irán, del terrorismo que amenaza a Israel, etc., bajo el título de “Alianza de civilizaciones”. En Europa, el PSOE apoyó el proyecto de Constitución europea de Giscard d´Estaing, político francés acusado de corrupción y extrañas connivencias con déspotas africanos, y que había mantenido el santuario etarra en Francia en plena democracia española. El proyecto anulaba el peso político de España conseguido por Aznar en Niza, y  fracasó ante la opinión pública europea. Pero la burocracia de Bruselas lo sustituyó por un Tratado de Lisboa, muy parecido, obligando a Irlanda a repetir, bajo fuertes presiones, el referéndum que lo había rechazado. Aznar había vuelto a reclamar Gibraltar, pero Rodríguez concedió aún más ventajas a la colonia y redujo la protección de Ceuta y Melilla.

 
 
En el interior, la reforma educativa del PP fue sustituida por un recrudecimiento de la enseñanza populista anterior y la implantación de una instrucción ideológica de tipo socialista llamada “educación para la ciudadanía”.  Se instrumentaron medidas de promoción de la homosexualidad, el aborto y concepciones tendentes a socavar aún más la familia (matrimonio homosexual, etc.), con resultado de un mayor impulso a todos los índices de mala salud social ya mencionados. El ataque a la Iglesia tampoco ha conocido tregua, y entre sus métodos están las facilidades a la inmigración musulmana, vista por el gobierno como un instrumento contra el cristianismo, y que llega a menudo con la convicción de que España puede o debe transformarse de nuevo en Al Ándalus.

  
Quedó de relieve el designio global de la nueva política con  la llamada popularmente memoria histórica,  imponiendo el gobierno por ley –es decir, totalitariamente—su versión de la historia, según la cual el Frente Popular representaba la república y la democracia. Esa ley establecía indemnizaciones en dinero a las “víctimas” y a sus familiares, lo que sin duda estimulaba recuerdos de sucesos difíciles de documentar. Igualaba, en calidad de víctimas demócratas, a inocentes fusilados en la posguerra con los numerosos chekistas caídos en poder de los nacionales al verse abandonados por sus jefes, así como con los etarras detenidos o muertos bajo el franquismo. Y olvidaba a las muchas víctimas causadas por el terror entre las propias izquierdas. Pero la verdadera trascendencia política de esa ley consistía en anular de raíz el espíritu de la transición y de la reconciliación lograda bajo el franquismo. Como se recordará, la reforma “de la ley a la ley” suponía aceptar la legitimidad del franquismo, traspasada así a la democracia, un hecho paradójico solo en apariencia; y negaba la legitimidad del Frente Popular. La “memoria histórica” pretendía exactamente lo contrario, es decir, volvía al espíritu de la ruptura, con lo cual quedaban deslegitimadas la democracia y la monarquía salidas de la transición, que de este modo quedaban como una etapa provisional y de futuro incierto. Tal orientación satisfacía a la  ETA, a los separatistas y a los comunistas, aunque muchos pedían más todavía

   
 No menos caracterizaría al nuevo gobierno su actitud hacia la ETA: del acoso a que la había sometido Aznar volvió a las negociaciones, incrementadas como nunca y presentadas como “proceso de paz” y “diálogo”. Sus  concreciones fueron, entre otras, la legalización de las terminales terroristas, a las que afluyó, además, una corriente de dinero público; la reducción a mínimos de la persecución policial y obstrucción a algunos jueces; la consideración de los etarras como víctimas del franquismo, o la proyección internacional otorgada a la ETA en el Parlamento europeo. Estas y otras acciones se completaron con el intento de silenciar, mediante amenazas, a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, la cual sufrió campañas de descrédito desde los medios de comunicación próximos al gobierno.

  
 Todo ello volvía a justificar el asesinato como forma incluso privilegiada de hacer política, mucho más que bajo Felipe González. Nunca se habían concedido a la ETA tales ventajas ni hecho promesas tan inauditas, condensadas en un nuevo estatuto de Cataluña, que ampliaba las competencias autonómicas hasta dejar en residual la presencia del estado español, según resumió alegremente el socialista catalán Pasqual Maragall. El estatuto no respondía a ninguna exigencia social, fue aprobado con un corto número de votos populares y era abiertamente anticonstitucional al instaurar una nación catalana (la nación es la base de la soberanía); pero respondía al interés del PSOE: su oferta a la ETA consistía igualmente en rebajar a niveles residuales la unidad nacional de España en el País Vasco y probablemente Navarra. Comenzaba así un proceso disgregador o balcanizante, y el PP denunció el estatuto ante el Tribunal  Constitucional, presidido por una juez política próxima al PSOE y al separatismo vasco.


 
Tal “diálogo” solo puede llamarse, en términos realistas, colaboración con la ETA, y colaboración en un grado que jamás había alcanzado el clero separatista vasco, ni el PNV, ni ningún gobierno francés o argelino. Si fracasó, de momento, se ha debido a que los etarras no se conformaban con tan exorbitantes concesiones y rechazaban incluso el barniz de unidad  de España que necesitaba el PSOE para mantenerse en el poder. Pero el proceso, junto con la “memoria histórica”, ha dejado en ruinas el estado de derecho y los avances de la transición. La Constitución ha sido anulada en gran medida por la vía de los hechos consumados y en alianza con el terrorismo y el separatismo. Y ha propiciado nuevos pasos en la “liquidación de Montesquieu” querida por el PSOE, así como ataques a la libertad de expresión para acallar a comunicadores opuestos a tales hechos, vigilancias ilegales, etc.  

  
 Estas políticas, que la ex diputada socialista Cristina Alberdi calificó en su día de “estafa” y “alta traición”, dan forma a una verdadera involución antidemocrática, bien visible a los treinta y cinco años de la muerte de Franco. La deriva chocará a un observador imparcial, pero no tanto si conoce el historial del PSOE, que Rodríguez ha reivindicado íntegramente, sin excluir a figuras como  Largo Caballero o Negrín. Ese partido comparte con la ETA hasta un 90% de ideología: ambos se declaran socialistas, antiimperialistas, antifranquistas incondicionales (y retrospectivos en el caso del PSOE),  progresistas... La ETA es visceralmente antiespañola, y la unidad e historia de España  nunca han suscitado fervor en el internacionalista PSOE. Sobre esas bases comunes, el “diálogo” no resulta difícil, como tampoco con las “civilizaciones”. Pesa igualmente en todo ello la personalidad de Rodríguez, clásico profesional de la política con ideas muy sumarias y cierto iluminismo, convencido, además, de ser un salvador de la mujer. Una grave carencia de la izquierda española y el separatismo ha sido su precariedad intelectual. Como quedó indicado, no han  producido un solo pensador de alguna enjundia, limitándose a convertir en tópicos fanatizantes sus teorías importadas.

   
La facilidad con que esta involución destrozó la política de Aznar y el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que corregía defectos graves de la  transición, se debe al práctico desvanecimiento de la oposición.
En una democracia, la inclinación de los gobiernos a abusar de su poder es frenada por la división de poderes, por la prensa libre y por los partidos de oposición. Hoy, la separación de poderes está muy  deteriorada, la prensa crítica acosada y el PP de Rajoy no ejerce como oposición, sino que también ha seguido una política bastante contraria a la de Aznar y siempre detrás de la iniciativa del PSOE. No se opone a la ley de “memoria histórica”, sino que la cumple; tampoco a la degradación del poder judicial, cuyo control quizá espera heredar si llega al poder; sus críticas al “diálogo” con la ETA fueron insignificantes, y a su denuncia del Estatuto catalán le siguió la imitación de él en regiones como Valencia y Baleares, con gobierno PP,  y el apoyo a los socialistas para crear un nuevo “hecho nacional” en Andalucía; ha contribuido a hostigar a medios de comunicación independientes, y se ha visto afectado seriamente por la  corrupción. La resistencia al involucionismo ha provenido de algunos medios de comunicación, de parte del Episcopado y de asociaciones diversas, y se ha manifestado en varias de las manifestaciones más multitudinarias y pacíficas registradas en España. Hasta que el PP se puso a la cabeza de ellas y las condujo al marasmo.

  
 
Rajoy, que intelectualmente se parece mucho a Rodríguez, amplió la renuncia de la UCD a la batalla por las ideas, clave de las averías posteriores del sistema, pues la pretendida legitimidad del Frente Popular e ilegitimidad de Franco ha sido la justificación moral y política tanto del terrorismo como de los separatismos y de la involución. Los lemas orientadores del nuevo PP como “mirar al futuro” o “la economía lo es todo”, rebajan la calidad del debate político a niveles  inferiores a los del mismo PSOE. De ahí la falta de frenos a la política rodriguista y un retroceso aún mayor de la democracia, causado en este caso por el nuevo PP.

   
Vistos los hechos con perspectiva histórica, ofrecen una reveladora continuidad. El PSOE, los separatistas y los terroristas actuaron como verdaderos torpedos contra la Restauración y la II República, y parecen dispuestos a repetir suerte en la actual democracia, con métodos en apariencia menos violentos (solo en apariencia, porque se han apoyado sobre la explotación política de los cientos de asesinatos etarras, y han logrado el control de la violencia del estado).
Algo ha cambiado, no obstante: el anarquismo y el republicanismo de antaño se han casi evaporado, y los viejos ideales revolucionarios han acabado de derrumbarse junto con el Muro de Berlín. Si en los primeros cuarenta años del siglo XX el mayor reto  para la sociedad española fue el revolucionario de izquierda, siempre acompañado de terrorismo,  desde la transición el desafío principal pasó a ser el separatista, también acompañado y hasta sostenido por el terrorismo. Las fuerzas centrífugas existentes en toda sociedad han adquirido mayor fuerza que nunca, alentadas por unos partidos nacionales que han perdido la visión histórica al respecto.

 
 
La perspectiva actual para España, su unidad y su democracia, es harto  oscura. Aunque seguramente no la más oscura que haya logrado superar en su historia.

 

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****A la chita callando, la banda de Rajoy está depurando el PP de cuantos podrían oponerse a su  política de colaboración con los colaboradores del terrorismo y con los falsificadores de la historia. Lo que revela que los futuristas están organizados y tienen claras las ideas o  ideúchas. Y los otros no tienen claridad ni organización, en un partido cuyo funcionamiento interno no es democrático.

 


****Cataluña, paraíso okupa. ¿Por qué ocurre esto? Porque los políticos, con excepciones, como es natural, son delincuentes. Y porque la gente no se dedica a okupar las casas de los politicastros. Los responsables tienen así doble ventaja.

 


****Zapo detesta a los empresarios, les hacen culpables de la crisis y en su “educación para la ciudadanía” los pone a caer de un burro. Y es natural: los empresarios crean empleo y él solo crea crea funcionariado inútil y parasitario, que le proporciona una gran bolsa de votos. Lógicamente, la actitud del empresariado le parece un insulto.

 

Educación sexual

22 de Noviembre de 2009 - 10:13:27 - Pío Moa - 148 comentarios

En Época

Nuestros gobernantes y gobernantas se interesan mucho en la masturbación y, más ampliamente, en la educación sexual. No se sabe bien si porque se consideran mal educados en ese terreno y quieren que los demás lo estén mejor o si, por el contrario, se creen muy bien educados y se ofrecen –modesta e implícitamente– como modelos. En cualquier caso deberían explicar al público ya sus frustraciones, ya éxitos sexuales, pues nada hay como predicar con el ejemplo. Cuando sacaron aquellos anuncios de "póntelo, pónselo", todos echamos de menos a los ministros y ministras de turno explicando en televisión cómo el condón les había librado del sida, la sífilis, las purgaciones y esas cosas, porque, liberados-as como son, su manejo del tema les habría hecho pillar de todo, inevitablemente, de no ser por el salvífico condón. Y después de aclarar con palabras su apasionante historial en cosas de sexo, deberían haber pasado a los actos, mostrando al inculto público cómo funciona en la práctica lo del póntelo-pónselo, porque aquí la teoría sin práctica sirve de poco: sería como el cura que apremia a rezar pero jamás se le ve haciéndolo; o como un intelectual que recomienda leer y nunca aparece con un libro. Sin el ejemplo visible, esas educaciones suenan a charlatanería, y el gobierno debe ser consciente de ello.

No hablo en broma. Por pura coherencia lógica y digamos ética, ministros y ministras tendrían que exponer pedagógicamente, ante las cámaras, cómo se lo montan, y no pagar a cuatro "estrellas" del porno para ello. Aquí las estrellas son los políticos y las políticas, que promueven esas cosas con dinero que no es de ellos, por cierto. Si bien, tal como cunde por los partidos eso que llaman corrupción, tales monetarismos han llegado a hacerse normales. El dinero público, teorizó una pensadora del gobierno, no es de nadie, así que ¿por qué no iban a apropiárselo ellos-ellas? Marica el último, digo heterosexual el último-a. Es más, la educación sexual podría completarse con una educación económica en ese sentido. Porque ambas se complementan, y nadie puede ignorar el lado económico del sexo, del que tanto saben y tan bien se les da a nuestros políticos-as.

Claro que, piensan algunos, la política no debía meterse en la vida privada, no digamos íntima, de la gente, y un señor llamado Isaiah Berlin habló de la libertad negativa, que podría definirse como el derecho del ciudadano a que los políticos no se entrometan, con buena o mala intención, en tales asuntos. Porque yo no puedo dudar de la buena intención de los ministros y ministras tan dedicados al dinero público y a la sexualidad de los niños, masturbarlos y demás; y no puedo dudar, si ellos me lo dicen, de que su sexualidad ministerial es estupenda, de que se lo pasan muy bien y viven un sexo pleno y feliz, de que el condón les salva y ellas abortan a troche y moche sin el menor problema, haciendo uso de sus derechos. O de que el dinero que dedican a esas cosas y a sí mismos, se lo concede la población con el mayor de los gustos, solo por verlos tan contentos. Pero, aunque todo eso sea indudable, ocurre que mucha gente, posiblemente retrógrada, tiene otras opiniones sobre la sexualidad, sobre el uso del dinero público, los límites de la política, etc. Y en una democracia –siempre incómoda– los políticos-as deben tener en cuenta y respetar las opiniones discrepantes, y moderar sus entusiasmos sexo-crematísticos, limitándolos a su clientela de partido y sin imponerlos a toda la población.

Como fuere, opino que, para sus cofrades de partido y con fondos del mismo, deberían realizar los honorables y honorablas miembros y miembras del gobierno y la gobierna unas sesiones televisivas de instrucción sexual: resultarían divertidas (¡imagínenlo!) y los vídeos tendrían demanda internacional y la consiguiente entrada de divisas. Sugiero al gobierno que lo piense: ¡se forraba!

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**** Al reivindicar a Negrín, Zapo y su banda hacen el más perfecto autorretrato que podría esperarse.

**** Qué cosa tan distinta, los ingleses y los españoles anglófilos.

La asignatura pendiente de la democracia

20 de Noviembre de 2009 - 09:11:08 - Pío Moa - 352 comentarios

Algunos recordarán aquella película, bastante penosa, pero que no dejaba de reflejar cierto progresismo antifranquista tontorrón, que en su ala radical se expresaba en las peregrinaciones a Perpiñán y a Biarritz a ver cine pornográfico. Pero el título hizo fortuna y después se encontraban cada dos por tres "asignaturas pendientes" a este "tema" o al otro.

Y, a decir verdad, el título resulta útil para aludir, por ejemplo, a una enorme falla en la democracia actual, que puede terminar por dar al traste con ella, está dando ya al traste con ella, con nuestra democracia, una de las muy pocas de Europa conseguida por evolución interna y no por intervención useña.

Como es sabido para todo aquel que conserve una pizca de memoria y de criterio, la democracia se organizó a partir del franquismo, por unos personajes salidos del franquismo, y gracias a las condiciones sociales y económicas creadas por el franquismo, a su progresiva liberalización y a la superación de los odios de la república. Se organizó sobre la base "de la ley a la ley", que evitó convulsiones como las de los años 30 y que suponía el reconocimiento de la legitimidad del régimen anterior, legitimidad que se traspasaba al nuevo.

Frente a la transición por reforma se situaban los partidarios de la "ruptura", suponiendo que la reforma contaminaba a la democracia precisamente por poner el origen de ella en una dictadura. Pero ¿quiénes eran los rupturistas? ¿Tenían algo de demócratas aparte de emplear la palabra a troche y moche? Pues no: eran los marxistas del PSOE, los marxistas-leninistas del PCE y otros muchos parecidos o que se adherían a los tinglados montados por esos partidos. Eran los que se consideraban herederos políticos de quienes destruyeron la república y se unieron en un Frente Popular de orientación totalitaria y corrupto hasta las cejas. Los que sentían admiración y respeto por el sistema del GULAG, como dejaron en claro cuando Solzhenitsin vino a Madrid.

Pero si Suárez y demás lograron una gran victoria política inicial sobre los rupturistas, perdieron enseguida la batalla ideológica, o, mejor, renunciaron a ella y dejaron el campo libre a la demagogia de la izquierda. Tras haber reconocido la legitimidad del franquismo, se unieron a la corriente denigratoria de él, deslegitimándose implícitamente, mientras otra parte de la derecha se hacía "la loca" y "miraba al futuro", comenzando de paso el baile de las falsificaciones biográficas y autobiográficas. De ahí ha salido esa inmensa falsificación del pasado que envenena el presente, el impulso a los separatismos como sustitutos de los viejos revolucionarismos, las complacencias con el terrorismo, la conversión de la política en farsa, presentando todo ello como la auténtica democracia, en fin, esos fenómenos que han permitido a Zapo y compañía organizar una involución en regla, apoyada por una oposición que ha dejado de serlo.

Opino que mientras no se clarifique el pasado y el origen de nuestro sistema de libertades, estas se hallarán en permanente peligro, como ocurre y vemos a cada paso. Hoy es un buen día para recordarlo. También a los que creen en la vuelta a un régimen autoritario, que ya cumplió su misión histórica y hoy es imposible, salvo a un coste en que es prefrible no pensar.

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**** De la Vega acusa al PP de ponerse "del lado de los piratas"

¿Habrá sido Rajoy quien pagó a los piratas? Ya no sabe uno qué pensar. El nivel de la política.

**** Defensa reconoce que los piratas escaparon del dispositivo para su captura

Es que los piratas tienen una tecnología tan avanzada que a ver quién puede con ellos.

**** Cospedal: "Tenemos el líder que tenemos y Rajoy es como es"

La vániti es una pensadora, por lo menos eso ha quedado claro. Rajoy bien podía cambiar su puesto con ella, porque, desde luego, son equivalentes. Pero ya sabemos que es un machista inveterado.

**** "El PP nunca dijo que el PSOE estuviera al lado de los terroristas de Atocha"

Pues en cambio el PSOE sí ha venido a decirlo: asegura que los terroristas eran islámicos como los que en Irak estaban masacrando a la población con otros atentados. A estos, el PSOE les ha premiado retirando de Irak las tropas que ayudaban a sus víctimas. Con lo cual salta a la vista que el PSOE estuvo al lado de los terroristas de Atocha, no sabemos si antes del atentado, pero por lo menos inmediatamente después.  

La transición y sus problemas

18 de Noviembre de 2009 - 10:04:36 - Pío Moa - 49 comentarios

La transición desde una dictadura presentaba peligros, bien reflejados por la de 1930-31, que habían conducido a un caos. Como entonces, era posible construir sobre lo mucho avanzado en la dictadura, con la ventaja, además, de que el entorno europeo era mucho más estable que en los años 30. Pero también era posible un desencadenamiento de los odios y la demagogia, que lo echase todo a perder.

Inevitablemente, iban a adquirir bastante protagonismo las fuerzas de la oposición a Franco, siendo las más destacadas y activas de ellas el PCE y la ETA, descartables por principio. El primero, con todo, intentó ganar la iniciativa creando, ya en 1974, una Junta Democrática con diversos grupúsculos y personajes, y fue distanciándose de algunas posturas soviéticas en lo que desde 1977 sería llamado eurocomunismo. Pero seguía siendo un partido marxista-leninista, es decir, stalinista. A la muerte de Franco, la ETA (o las ETAs, pues había dos ramas) se hallaba malparada por los golpes recibidos, pero iba a aprovechar la transición para recomponerse.

Neutralizar esas dos fuerzas exigía oponerles opciones más moderadas, y los partidos más adecuados serían el socialista y el PNV. Este había renunciado, en apariencia, a su antiguo racismo, integrándose en la Democracia cristiana. Los dos partidos, así como el nacionalismo catalán, tenían la ventaja de no haber luchado apenas contra el franquismo y sufrido, por tanto, escasa represión de él, lo que en principio debía hacerlos menos radicales. Pero eran grupos virtualmente inexistentes, por lo que recibieron un trato de favor. Desde principios de los años 70 se reorganizaban con permiso tácito de la Guardia Civil. El partido decisivo era el PSOE, con la ventaja añadida de estar muy infiltrado por la policía. Fue preciso sustituir a la vieja guardia procedente de la guerra por nuevos líderes surgidos del interior, acaudillados por Felipe González. El modo como se hizo es ilustrativo: los del interior recibían ayuda externa, sobre todo de Alemania, con la que "pagaban" cuotas de militantes imaginarios, cuyos votos fantasmas sirvieron para desbancar a los viejos dirigentes. Desde ahí, cayó sobre el PSOE una lluvia de dinero propiciado por la Internacional Socialista y hasta por la extrema derecha alemana, y unas facilidades mediáticas en la prensa española, gracias a las cuales el PSOE salió con una imagen ajena a su historial y como demócratas perseguidos por el franquismo (no había ningún o casi ningún socialista en las cárceles). El PSOE cumplió las expectativas al rehusar integrarse en la Junta del PCE y rivalizar con ella mediante una Plataforma de Convergencia Democrática. Y se proclamó partido "de clase, de masas, marxista y democrático". "Clase" muy mayoritariamente burguesa en sus círculos directivos, sin masa alguna en aquellos momentos, y nada demócrata a fuer de marxista. Empleó una retórica bastante más extremista que la del PCE, incluyendo la "autodeterminación" de varias regiones, pero nadie la tomaba en serio, juzgándola una táctica para arrebatar clientela a los comunistas.

También el PNV, deploraban varios dirigentes, había desaparecido prácticamente de las Vascongadas, aunque en este caso hay pocos datos sobre el origen de sus fondos. El nacionalismo catalán se integraba en la Asamblea de Cataluña, montada por los comunistas y que aglutinaba asimismo a grupúsculos terroristas, pacifistas y cristianos progresistas. Los catalanistas disponían de dinero gracias a la Banca Catalana orientada por Jordi Pujol, con fondos parcialmente originarios del tesoro del Vita, expoliado durante la guerra por Negrín, a quien Prieto lo había quitado limpiamente en Méjico. 

Dato poco tranquilizante fue que toda esta oposición ostentase un antifranquismo radical, descartase a Juan Carlos, el rey designado por Franco, diera por negativos e ilegítimos los casi cuarenta años del franquismo y exigiera una ruptura política para enlazar el régimen en gestación con el Frente Popular. Ello auguraba una repetición del proceso de 1930-31. Y, como entonces, el desenlace iba a depender más que nada de los políticos en el poder o cercanos a él, algunos de los cuales daban, como los de 1930, signos de propiciar la descomposición interna del régimen.

***

Dentro del franquismo había existido vacilación entre considerar al régimen la superación de la democracia liberal y el socialismo --posición prevaleciente en la Falange--, o bien una dictadura transitoria, impuesta por la necesidad de afrontar la histórica de los años 30. La primera posición, llamada el búnker por sus adversarios, rechazaba cualquier cambio sustancial, temiendo una repetición de pasado, mientras que la segunda creía inexistente ese peligro y pensaba en una democracia homologable a las de la CEE, en la cual el propio franquismo había pedido ingresar, de modo incongruente y en balde, por más que había alcanzado un acuerdo económico muy ventajoso para España. Conforme se había estrechado el contacto con CEE y no aparecía un sucesor a la altura de Franco, la segunda posición tomó vuelo.

Fallecido Franco, siguió gobernando Arias Navarro, quien creaba confusión política con sus pasos adelante y atrás, por lo que Juan Carlos buscó otro jefe de gobierno. En la última década los políticos más reformistas en política y economía habían sido varios ligados al Opus Dei, que parecían lo más adecuados para orientar el pos posfranquismo; pero quedaron desplazados por dos ministros de Arias, Manuel Fraga Iribarne, procedente de la Falange y hombre fuerte del régimen, y José María de Areilza, franquista de primera hora y luego monárquico de Don Juan, que se había distanciado de Franco y colaborado con los comunistas, postura reminiscente de la de los conservadores que habían conspirado con los anarquistas contra Primo de Rivera.

Juan Carlos aceptó la dimisión de Arias el 1 de julio de 1976. Mas, para sorpresa general, no contó para sucederle con Fraga ni con Areilza, sino con un gris Adolfo Suárez, ex secretario general del Movimiento Nacional, de base falangista. Se interpretó como un paso atrás en la reforma y la oposición se alarmó, pero Suárez iba a dirigir la transición con políticos de la Falange, muchos de los cuales evolucionaban con rapidez, y con sectores democristianos y liberales del régimen, o próximos a él.

Quedaba por superar la resistencia de los franquistas conservadores y la de una oposición ansiosa de ruptura. La primera fue vencida en la sesión Cortes del 18 de noviembre, para votar la Ley de Reforma Política. El procurador Blas Piñar denunció que se iba a liquidar la obra de Franco y crear un estado liberal, lo cual era cierto en el plano de las instituciones, pero no en todos. Fernández de la Vega censuró a una "misérrima oposición que con su resentimiento a cuestas ha recorrido (...) el camino de las cancillerías europeas denunciando el pecado de la paz y el progreso de España". El ex ministro Fernando Suárez replicó: "No vamos a intentar disimular con piruetas de última hora nuestras ejecutorias en el Régimen. Pero hemos pensado siempre (...) que los orígenes dramáticos del actual Estado estaban abocados desde sus comienzos germinales a alumbrar una situación definitiva de concordia nacional (...) [rebajando] el concepto de enemigo irreconciliable al más civilizado y cristiano concepto de adversario político, pacífico". Votaron la ley 425 procuradores, contra 59 y 13 abstenciones. El franquismo cedía voluntariamente su poder en pro de una concordia nacional, suceso con escasos precedentes históricos.

El núcleo significativo de la reforma era que se producía "de la ley a la ley", como expresó uno de sus diseñadores, Fernández Miranda, sin dejar vacíos que pudieran causar un derrumbe. Lo que suponía asumir como régimen legítimo el de Franco y transmitir esa legitimidad al nuevo.

Contra la reforma y por la ruptura hicieron campaña la Junta de Carrillo y la Plataforma de González. El carácter de aquella oposición y su ruptura había vuelto a suscitar inquietud cuando, en marzo, Solzhenitsin había contrastado en Madrid el sistema soviético con el español. La respuesta casi general de la oposición, comunistas, cristianos dialogantes, intelectuales como Cela, consistió en andanadas de insultos al premio Nobel ruso: la URSS era para ellos un mito reverenciado.

A lo largo de ese año 1976, la oposición hizo llover libremente su propaganda sobre el país y convocó manifestaciones por la amnistía, libertad en abstracto y estatutos de autonomía, aspirando a desbordar el reformismo del gobierno. Algunas manifestaciones se tornaron violentas y ocasionaron muertos. Forzando la mano, la oposición llamó para el 12 de noviembre a la huelga general, acción por naturaleza revolucionaria. La huelga fracasó, prueba de que el país no comulgaba con esa orientación. Ello daba buenas posibilidades al referéndum que debía decidir sobre la ley el 15 de diciembre.

Había dentro del régimen, sobre todo entre los militares, resistencia a legalizar a un PCE cuyo líder, Santiago Carrillo, había sido responsable del acto de terror más brutal de la guerra civil, la matanza de Paracuellos. Felipe González dio a entender que no pensaba unir su destino al del PCE, y Carrillo, temiendo quedar descolgado (el Partido Comunista estaba prohibido en Alemania Occidental, por ejemplo) multiplicó los gestos de moderación para demostrar que el peligro comunista era agua pasada: entró en el país secretamente y el 10 de diciembre garantizó ante la prensa la aceptación de la monarquía, la bandera nacional, la economía de mercado...la reforma, en suma. Días después fue arrestado, lo que resultó un trámite para su legalización al poco tiempo.

La transición parecía marchar viento en popa hasta que, el 11 de diciembre, cuatro días antes del referéndum sobre la reforma, el PCE (r)-GRAPO que secuestró a Antonio María de Oriol, ex ministro de Franco y cabeza de la mayor familia económica del país, exigiendo su canje por presos de varios grupos terroristas. Al revés que casi todo el resto de la oposición, el GRAPO no estaba infiltrado entonces por la policía. El propósito de fondo era arruinar el referéndum y todo su proceso, considerado simple cambio de fachada "fascista". No obstante, la votación transcurrió con normalidad y un alto porcentaje, el 77,4 %, con un 94% de síes: el franquismo reformista ganaba la batalla política y concluía el régimen instaurado cuarenta años antes.

Con todo, el secuestro de Oriol alteró la vida política. El GRAPO secuestró el 24 de enero al general Emilio Villaescusa, y ese mismo día la extrema derecha asesinó a cinco abogados en un bufete comunista de Madrid. El PCE volvió a exhibir moderación en una multitudinaria manifestación silenciosa, pero el GRAPO asesinó el día 28 a tres policías. Estas y otras violencias habrían dado al traste con la reforma si el gobierno hubiera cedido a las exigencias del GRAPO y la opinión se hubiera polarizado. No fue así, el pueblo permaneció tranquilo, verdadero respaldo al proceso, y la policía terminó por capturar a los secuestradores directos y a los secuestrados, ya en febrero*.

El camino quedó despejado para elegir unas Cortes constituyentes. Suárez había creado el partido UCD (Unión de Centro Democrático), y Fraga AP (Alianza Popular), considerada más derechista. En la izquierda competían el PSOE y el PCE; el segundo seguía despertando recelos pese a su circunspección, y más aún al cargar no solo con sus responsabilidades históricas, sino también con las del PSOE, cuyo pasado todos mostraban interés en blanquear. Pero el PCE disponía de una organización más amplia y bregada, y cierto prestigio por haber luchado contra Franco, al revés que el PSOE. Contendían, por tanto, cuatro grandes partidos y otros de menores expectativas.

Las elecciones se celebraron el 15 de junio de 1977. Por efecto de potentes campañas de imagen y del deseo casi general de un sistema no convulso, el partido más votado fue UCD, con 34,75% de los votos, seguido del PSOE, con 29,30. AP alcanzó el 8,21, y el PCE el 9,24. Los catalanistas de Pujol (futura CiU) ganaban en Lérida y Gerona, el PNV en Vizcaya y Guipúzcoa, el PSOE en Barcelona, Valencia, Alicante, Asturias y cinco de las ocho provincias andaluzas, y la UCD en las 37 provincias restantes. Republicanos y falangistas quedaban marginados, y el anarquismo no despegaba. El paisaje político difería mucho del de los años 30, y con ello se disolvía el temor de las derechas a una radicalización social como la de entonces. Pero había otros peligros.

Uno de ellos era el paro y la inflación galopantes, reflejo de la crisis internacional desatada en 1973 después de la guerra de Yom Kippur, y que ofrecían a la izquierda la posibilidad de una agitación social demagógica. El deterioro se contuvo un par de años gracias a las reservas y la inercia de la prosperidad anterior, pero no podía seguir igual. La izquierda, consciente de que el sistema, aún poco consolidado, podía derrumbarse sobre las cabezas de todos, aceptó los Pactos de la Moncloa propuestos por Suárez: contención de salarios, facilidad a los despidos --muy difíciles bajo el franquismo--, devaluación de la peseta, mayor control del gobierno sobre el sistema bancario, etc. Eran precisas reformas de mayor calado, pero se evitó así una posible desestabilización. 

***

La oposición había insistido en la amnistía por descalificar al franquismo como represor de las libertades. Al morir Franco había unos 400 presos políticos (770, en otras versiones), cantidad baja para un país con 36 millones de habitantes y después de las recientes ofensivas terroristas. El indulto al subir al trono Juan Carlos, en noviembre de 1975, los había disminuido, si bien aumentaron por las violencias posteriores. Los últimos 300 fueron liberados en tres amnistías. Ninguno era demócrata, ni socialista, pese a lo cual nadie desmintió el bulo de que antifranquismo equivalía a democracia.

El gobierno se había resistido a liberar a los presos con delitos de sangre, pero una semana de frenética agitación en Vizcaya y Guipúzcoa, previa a las elecciones del 77, le obligó a soltarlos. Fue una primera claudicación. La ETA había alcanzado popularidad en las Vascongadas y menor, pero real, en el resto de España, debido a los nueve años de adulación propagandística por parte de la oposición a Franco y de periódicos legales. Tal colaboración partía de un cálculo: los etarras servirían de fuerza de choque y, una vez desaparecido el régimen, se contentarían y dejarían las pistolas. También creyó la UCD que las concesiones calmarían sus exigencias o bien los aislarían socialmente. Sin embargo, la ETA nunca había pensado servir de carne de cañón a sus aduladores, a quienes despreciaba. Y, como el GRAPO y otros, repudiaba la reforma que el resto de la oposición se había visto obligada a aceptar en vez de la deseada ruptura.

Las dos ETAs habían salido malparadas del franquismo, pero la subsiguiente tregua de hecho les permitió rehacerse y rodearse de asociaciones paralegales que el gobierno aceptó, esperando presionasen contra la violencia. Se hizo casi general la idea de que el conflicto se arreglaría mediante negociaciones, posición abanderada por el diario El País, el ejemplo más destacado de un nuevo periodismo, junto con la revista porno-política Interviú. Nada podía satisfacer más a los etarras, por cuanto mostraba debilidad de los políticos, les daba esperanzas de alcanzar sus fines a base de golpes y justificaba el asesinato como forma de hacer política. Al mismo tiempo dio a los nacionalistas del PNV e, indirectamente, a los catalanes, la oportunidad de utilizar la acción etarra para obtener más y más concesiones del estado y debilitarlo progresivamente.

Todo ello conectaba con la tendencia de Suárez y la UCD, tras haber desbaratado la ruptura, a distanciarse o denigrar al franquismo, cuya legitimidad heredaba. Esto era difícil --no imposible-- de evitar, debido a la presión de Europa occidental, que no debía su democracia a sí misma y creía el mito de una república española derrocada por el "fascismo". La izquierda percibió ese punto débil y pinchó en él, aludiendo al pasado de los líderes de derecha y arrojando dudas sobre su sinceridad democrática. También muchos jefes del PSOE venían del franquismo, alguno había sido confidente policial, pero la falsificación biográfica y autobiográfica empezó a generalizarse. Las veladas acusaciones a los "demócratas de toda la vida" de UCD y de AP expulsaron a estos de lo que los marxistas llamaban "lucha ideológica", esperando que una buena gestión económica "mirando al futuro", les ganara los votos. Ya Suárez había engañado a los generales legalizando al PCE a sus espaldas después de haberles prometido lo contrario, y creando la imagen de una resistencia militar al cambio, "ruido de sables" en realidad débil, con el que intentó aparecer más progresista e impresionar a la izquierda.

La Constitución reflejaría esas debilidades. A diferencia de las anteriores, se elaboró por consenso de los principales partidos, lo que le daría mayor autoridad y vigencia, pero salió confusa, larga (169 artículos), con toques socialdemócratas y la contradicción de proclamar la unidad nacional y mencionar "nacionalidades" dentro de ella. Las competencias otorgadas a las autonomías, que venían a sustituir a las regiones tradicionales, eran más amplias que en la república, abarcarían la enseñanza, y abrían la puerta a un progresivo vaciamiento del estado. Muchos vieron ahí una bomba de relojería destinada a hacer estallas la unidad de España. La prédica separatista no halló obstáculo, explotando el terrorismo y la renuncia derechista a la lucha por las ideas. La unidad del país pasaba en ámbitos crecientes por consigna "franquista" o "fascista", y se afirmaba la inexistencia histórica de España o su reciente, superficial e indeseable realidad. En ese despego coincidían el grueso de la izquierda y los nacionalistas. Dato relevante fue la exaltación de Blas Infante a "padre de la patria andaluza" por parte del PSOE y la UCD, en una región donde no existía nacionalismo. Infante había querido una Andalucía arábiga y hasta musulmana, y la bandera adoptada fue una mezcla de la omeya y la almohade; bandera similar se inventaría en Extremadura.

El refrendo popular a la Constitución, el 6 de diciembre de 1978, fue menos lucido del esperado, con votación del 67%, diez puntos menos que la ley de la reforma dos años antes. El porcentaje de síes fue de un 87%, equivalente al 59% del cuerpo electoral. El PNV, en cuyo obsequio se habían hecho fuertes cesiones constitucionales, llamó en las Vascongadas a la abstención, donde esta llegó al 54,5%, solo superada en Galicia. Aunque abstención no era rechazo, como luego pretendió el PNV, y la abstención política no pasó de un 25%, descontando la abstención técnica. En solo el año y medio entre las elecciones del 77 y la Constitución se perpetraron 65 asesinatos terroristas, frente a 48 en los últimos diez años del franquismo.

Así la transición, comenzada de modo tan esperanzador, culminaba con debilidades y contradicciones de mal agüero.



* He expuesto los detalles de estos hechos en el libro autobiográfico De un tiempo y de un país, y en Los crímenes de la guerra civil.

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**** Informa Zapo el Rojo que en el caso Alakrana ha debido tomar "decisiones no fáciles". ¿Qué decisiones habrán sido? Porque recompensar a piratas y terroristas es algo que a él se le da muy bien, vamos, que es lo que mejor sabe hacer.

Y la Vice asegura: "Si supiéramos donde están los secuestradores, los detendríamos. Afortunadamente no lo sabemos, ni ganas". La última parte no la dijo, en realidad, probablemente se le olvidó, la muchacha no puede estar a todo.

**** Dice el tal Moragas que a él le encanta la forma como actúa Rajoy. Hombre, y a Zapo también le gusta mucho, como que está sin oposición.

**** "El fin de la ley del aborto es evitar que las mujeres vayan a la cárcel", dice Zapo. ¿Las mujeres? El tipo cree que todas las mujeres liquidan al feto. Por ese camino tiene que hacer también una ley que evite a los etarras, a los piratas o a los ladrones socialistas ir a la cárcel, para evitarse el trabajo de interpretar y retorcer la ley actual. El futurista seguramente le apoyaría, siempre que la nueva ley se extendiera al caso Gürtel, por ejemplo.

**** Costa preguntará "por qué no le escucharon antes de suspenderle como a Cobo". Porque Rajoy es todo un demócrata.

Democracia, franquismo e izquierda

16 de Noviembre de 2009 - 09:30:31 - Pío Moa - 240 comentarios

Un individuo socialista o comunista me acusó en un periódico de Extremadura de "denigrar la democracia" y explotar indebidamente la oportunidad que la democracia "que hemos conseguido a pulso", me da de exponer libremente mis "falsedades". Seguramente el hombre cree que la democracia la ha "ganado a pulso" la izquierda, cuando la verdad evidente es que la trajo la clase política franquista por reforma, y en contra, precisamente, de la oposición antifranquista, que deseaba una "ruptura" que retrotrajese al país al caos antidemocrático del Frente Popular. La reforma "de la ley a la ley" significaba justamente esto: reconocer la legitimidad del franquismo, legitimidad que se traspasaba al nuevo régimen. Por tanto, la izquierda solo habría podido "ganar a pulso" lo que de hecho viene ganando, a base de explotar indebidamente una situación que se debe a esfuerzos ajenos: corrupción, compinchamiento con el terrorismo y con dictaduras como la de Castro, falsificación totalitaria de la historia, enterramiento de Montesquieu, etc.

Muchos, sin ser de izquierdas, se ponen estupendos y "condenan" al franquismo y al socialismo real "por ser dictaduras". Pero en las cárceles del franquismo no había demócratas, y esos estupendos demócratas que se benefician de lo creado por otros sin dar un palo al agua, jamás habrían sido capaces de afrontar una crisis como la de los años 30 en España, o la de la guerra mundial, la del maquis o el desarrollo del país. Corresponden a los españoles "gárrulos y excitables", que decía Walters.

Pregunta alguien en el blog, con típica concepción no democrática, qué le habría pasado en el franquismo a un periodista que llamara "chorizos" y "puteros" a los procuradores en Cortes. Pues seguramente nada bueno. Pero aunque el franquismo no era un democracia, si la hay ahora es por lo que aquel régimen construyó, algo que los gárrulos jamás entenderán. Sin embargo no puede considerarse democrático el hecho de llamar a muchos políticos "chorizos", "puteros" o "colaboradores con el terrorismo", a no ser que estos asertos se demuestren. De otro modo serían injurias y calumnias, penadas por la ley. Pero, ¿hay que esforzarse mucho para ver qué está pasando en el mundo de la política y la chusma que mangonea el país? ¿O sería más democrático callarse "respetuosamente" y dejar que siga su rumbo la corrupción intelectual, económica y sexual, y anegue a toda la sociedad?

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**** Dice Rajoy que no hay revisión en los valores del PP. Por supuesto: los valores del futurismo, de la nena angloparlante y la economía lo es todo. El tipo no piensa revisarlos, obviamente, es lo más que da de sí su caletre.

**** Que el Tribunal Constitucional siga deliberando sobre un estatuto tan clamorosamente anticonstitucional como el catalán pone bien de manifiesto lo que realmente es ese tribunal, dañado tan fuertemente desde el caso Rumasa que no se ha repuesto todavía. Con Zapo y con Casas ha empeorado.

**** Obsérvese cómo Rajoy y sus traidorzuelos están traicionando a Aznar, a quien deben una herencia que están echando a perder. "Ciertos controles internos no funcionaron hasta 2004", afirman, tratando de echar la actual corrupción sobre los hombros de Aznar. ¡Ah, Gürtel, Gürtel...!

**** Los trajes de Camps han ocupado miles de portadas y noticias. Su estatuto a la catalana, casi ninguno. Así de serias son hoy la información y la política en España.

**** Trinidad Jiménez anuncia que la educación sexual empezará a los 11 años. Imaginen la educación sexual que pueden dar estas tiorrillas y tiorrrillos. Podrían exhibirse ante las cámaras de televisión, dando ejemplo a los niños, y contar sus apasionantes vidas "amorosas". Antes se llamaba a esto corrupción de menores, y, la verdad, la corrupción intelectual, económica y sexual es el signo de identidad más profundo de esta gente.

**** Lo que es pecado no tiene por qué ser delito, dice Pepiño Blanco el de los corrutos. Según, naturalmente. El robo tan practicado por su partido es pecado y debiera ser delito. El asesinato es pecado y debiera ser delito. Y el aborto es una forma de asesinato. Lo que quiere decir es que los "corrutos" son quienes deben decidir qué es delito y, si les dejan, hasta qué es pecado.

Negrín, modelo del PSOE

15 de Noviembre de 2009 - 09:00:26 - Pío Moa - 192 comentarios

Un grupo de tertulianos del Ateneo de Valencia y un corresponsal de Canarias me piden que escriba algo sobre Negrín, en vista de los esfuerzos del PSOE por reivindicar su memoria. Yo creo que está muy en su punto que el gobierno y el PSOE se identifiquen de ese modo con aquel personaje, suma de todas las corrupciones. Sobre el asunto ya he escrito otros artículos, aparte de la información expuesta en mis libros sobre la guerra civil.

Hay un hecho que define a la perfección a Negrín y al PSOE entero, y es la disputa entre Prieto y él por el tesoro del Vita: las cartas cruzadas entre ambos los retratan a ambos.

Véanse algunos artículos:

http://revista.libertaddigital.com/a-vueltas-con-negrin-1276201792.html
http://revista.libertaddigital.com/realizaciones-financieras-de-negrin-1276202493.html
http://www.libertaddigital.com:6681/opiniones/opinion_44646.html
http://www.nodulo.org/ec/2009/n090p11.htm


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**** No se puede respetar lo que no es respetable. Si usted lo hace, termina inevitablemente perdiendo el respeto a lo que sí lo es. Pero la cosa no es tan fácil, pues cada cual cree respetables cosas distintas: para el gobierno, por ejemplo, la ETA es respetable y sus víctimas no, la corrupción es respetable si le beneficia a él, Montesquieu no es respetable en absoluto, Fidel Castro es muy respetable y la oposición cubana no lo es, la alcahuetería en política es respetable y la intimidad de las personas no, el Frente Popular y Negrín son respetables, y quienes los vencieron y eliminaron de España una revolución de pesadilla no, y así sucesivamente.

**** Rubalcaba: "El proceso contra López Garrido va a acabar en nada"
¡Si lo sabrá el portavoz del GAL y de la colaboración con la ETA, cosas menos antagónicas de lo que pudieran parecer!  ¡Ah! Y portavoz de la corrupción económica. El sociata perfecto.


**** Aído, a los obispos: "En España no se legisla desde los púlpitos"
¡Cuánto sabe, la tiorrilla con mando! Nunca se ha legislado desde los púlpitos, pero en una democracia se opina desde los púlpitos, desde los blogs y desde cualquier sitio. Yo opino, por ejemplo, que quienes legislan en las Cortes son una buena panda de mangantes (as), troleros (as) y puteros (as), y colaboradores del terrorismo, con las excepciones de rigor, no muchas. Pero, claro, mi opinión no tendría el menor valor si no pudiera demostrarla, y el caso es que no hace falta mucho esfuerzo para ello: lo demuestra esa gentecilla todos los días. Ellos creen que tener votos les da una especie de salvaguardia moral, porque jamás han entendido lo que es la democracia. Moral e intelectualmente son la pura miseria. Peste.


**** Un camarero catalán se ha enzarzado con un cliente porque este le ha llamado Jaime, en lugar de Jaume. En España se le puede llamar, como siempre se ha hecho, de las dos formas. José o Josep Pla, Lluis o Luis Companys, por ejemplo. Otra cosa es si el cliente le ha llamado catalán de mierda, como afirma. Si es así, el camarero tiene toda la razón, incluso para ponerle un ojo morado al cretino. El oficio de camarero es muy duro y sufrido, y una cosa es ser servicial y otra servil.


**** El caso Casas. Últimamente se ha publicado que la presidenta de esa parodia de tribunal que es el Constitucional, o bien su marido, no recuerdo bien, tenían una buena relación sentimental con la familia de un etarra. Naturalmente, eso no es ningún problema para un ciudadano corriente. Pero la Casas no es una ciudadana corriente: tiene un cargo político de la mayor relevancia, lo cumpla bien o mal, es una feminista enragée y muy próxima al separatismo racista vasco, así como al PSOE, al que debe, en definitiva su cargo. Esas circunstancias la hacen simplemente poco idónea para su tarea, por decirlo suavemente. Lo que es un mérito para el PSOE es una abyección para la justicia. 

Vietnam y el muro

14 de Noviembre de 2009 - 10:54:08 - Pío Moa - 123 comentarios

La pugna entre Occidente y el comunismo se centró cada vez más en Vietnam, convertida en símbolo mundial. Usa empleó allí todo su poderío, excepto el atómico, y nuevas tecnologías (de ellas saldría la informática). La URSS y China ayudaron a los comunistas locales, pero aun así era muy desigual la lucha entre una superpotencia y una sociedad atrasada, pese a lo cual la superpotencia fracasó. La guerra agrietó a la sociedad useña con incesantes protestas juveniles autodenominadas pacifistas, y revueltas de la minoría negra, y por Europa cundieron movimientos parejos. En 1973, Usa tuvo que aceptar la retirada, y todo Vietnam y Camboya pasaron a poder comunista. Parecía demostrarse que, en palabras del dirigente vietnamita Ho Chi.Min, un pueblo pequeño, dirigido por un disciplinado partido comunista, podía derrotar a una superpotencia burguesa. El fracaso useño pareció a muchos la prueba del impulso imparable del comunismo y la decadencia inevitable de la democracia occidental.

Sin embargo esa impresión era errónea. Tres años después de la muerte de Stalin, su sucesor, Jrúschof, leía ante los oligarcas un informe secreto admitiendo varios crímenes de aquel, sobre todo dirigidos contra los propios comunistas, propuso flexibilizar el sistema y, debido al poder destructivo de las armas atómicas, renunciar al choque armado como método principal, excepto en los países coloniales. La lucha con el capitalismo debía desarrollarse ante todo en el plano económico: pronto la superioridad soviética se haría manifiesta y causaría la quiebra de las potencias imperialistas y burguesas. Pero sus ideas abrieron una brecha en el comunismo internacional. Albania y China defendieron a Stalin, acusaron a Moscú de querer supeditar a sus intereses a los demás partidos y países socialistas y de promover en la propia URSS el "revisionismo", es decir, la vuelta disfrazada a un sistema capitalista. La discusión llevó a una ruptura radical hacia 1962, creándose numerosos partidos "pro chinos" o "maoístas" al modo de los partidos leninistas contra de los socialdemócratas después de la I Guerra mundial.

La URSS pudo jactarse de enviar al espacio el primer satélite artificial, en 1957, y el primer hombre en 1961. Pero no podía disimular la represión interna, la escasez y la vida dura y gris de los soviéticos, privados de libertades en un grado difícil de concebir en Occidente. La URSS había evolucionado a través de bandazos entre costosísimos ensayos colectivistas y concesiones a la iniciativa privada, a las que volvía Jrúschof; pero la esperanza de superar a Usa y a Europa en el terreno económico resultó vana.

China, en cambio, entraba en los años 60 con una colectivización radical bajo el lema del Gran Salto Adelante, con el que se calculaba alcanzar en breve a las economías más desarrolladas. El "salto" produjo un inmenso desorden económico y la muerte por hambre de 14 millones de chinos, oficialmente, entre 20 y 40 millones, según otros estudios. La catástrofe debilitó a Mao y animó el revisionismo. Aun así, Mao retomó la iniciativa y conmocionó al país desde 1966 mediante la Gran Revolución Cultural Proletaria, a fin de castigar a sus rivales en el partido. Millones de personas sufrieron persecución política; intelectuales, profesionales y políticos ingresaron en campos de reeducación, y en torno a un millón fueron asesinados. En aplicación de la tesis de Marx de que la cultura pre-socialista es ideología al servicio de los opresores, aquella revolución causó una asombrosa destrucción del riquísimo legado cultural chino.

El socialismo real quedó en exhibición permanente desde 1961 con la construcción del muro de Berlín, muro no defensivo, sino alzado para impedir la huida del paraíso a unos habitantes absurdamente empeñados en padecer los horrores del capitalismo. No menos valor ilustrativo tuvo el régimen castrista, que anunció ritmos de crecimiento aceleradísimos y en la práctica hizo huir a la mayor parte de los profesionales. Hasta el 20% de la población se exilió y aún más lo intentarían después de una sangrienta represión, supresión de libertades y confiscación de propiedad privada que afectó, entre otros, a miles de negocios de españoles. El pueblo cayó bajo un sistema de vigilancia policial manzana por manzana de casas, en la pobreza y racionamiento, salvo una oligarquía privilegiada que compraba en tiendas reservadas los productos importados de Occidente. En 1962 se produjo la "crisis de los misiles", cuando el presidente useño Kennedy exigió la retirada de proyectiles soviéticos de la isla y forzó una situación de extremo peligro mundial, obligando a Moscú a retroceder).El castrismo resultó muy costoso a la URSS, que lo sostenía a cambio de su hostigamiento a Usa y acciones militares en África Otros ingresos que permitían a los cubanos sobrevivir eran y son las remesas de los exiliados a sus familiares.  

Sorprende que el conocimiento de las hambrunas, matanzas, genocidios y exilios causados por el comunismo desde 1917, no haya impedido a esos regímenes gozar de popularidad en medios intelectuales y universitarios de Occidente durante tantos decenios. El estudiantado fue la masa movilizada tanto en la Revolución cultural como los movimientos anti guerra de Vietnam y antisistema en Usa, Europa y Japón. A lo largo de los 60 se sucedieron disturbios estudiantiles masivos en Italia, Francia, Alemania y Gran Bretaña, flanqueados a veces, en las dos primeras, por huelgas generales y ocupaciones de fábricas promovidas por los comunistas. El movimiento culminaría en la "Revolución de mayo del 68" o "mayo francés", en cuyas ideologías se mezclaban ideas marxistas y freudianas, anarquismo, "liberación sexual" y "lucha anticapitalista". Resultaba chocante, por cuanto los obreros, lejos de vivir en la miseria predicha por Marx, habían alcanzado unos niveles de sueldos, derechos y consumo sin precedentes, y algo similar podía decirse de los estudiantes, verdaderos niños mimados del sistema, que accedían a la universidad por millones en Europa y Usa. También caracterizó a aquellos movimientos una difusión masiva de la drogas, de música rock, la proliferación de sectas más o menos místicas, y auténticas peregrinaciones a lugares como Nepal, en las que se dejaron la piel miles de jóvenes.

La repulsión a los valores occidentales solía justificarse afirmando que la prosperidad eurouseña descansaba en una explotación de los países pobres, saqueados y condenados a la miseria por un "comercio injusto", "intercambio desigual" y otros mecanismos. Así se transfería el esquema marxista de burgueses-proletarios al de países burgueses-países proletarios. La corrupción, las tiranías y las fracasadas vías socialistas de los países pobres no entraban en el análisis, y los déspotas locales eran loados si atacaban al "imperialismo occidental". Pero el caso cubano ilustraba otra realidad: los castristas denunciaban el comercio "expoliador" practicado por Usa, y simultáneamente culpaban de las penurias al embargo decretado por Washington, que impedía tal comercio.

Aquella Europa vivía en la paradoja. La parte sovietizada y la occidental coincidían en una concepción materialista de la vida, con la economía como factor determinante; pero en Occidente, el éxito económico contrastaba con las estrecheces y miserias del lado contrario, y creaba una ideología del consumo y la diversión; por supuesto, casi todos los radicales europeos o useños disfrutaban sin remilgos de las ventajas de sus países, y su admiración por regímenes de socialismo real, árabe o africano, rara vez les inducía a marchar a vivir bajo ellos. Con todo, la rebeldía juvenil podría expresar un vacío de tipo espiritual, ya que el sistema no parecía ofrecer mucho más que dosis elevadas de consumo y elecciones entre políticos poco inspiradores, mientras el cristianismo estaba en franco retroceso, acaso ayudado por algunas iniciativas del Concilio Vaticano II. Bajo los regímenes totalitarios, la inquietud espiritual se expresaba obligadamente en el culto al dirigente supremo, verdadero dios sucedáneo, y en apelaciones rituales a un porvenir radiante; en Occidente se expresaba en la idealización de tales regímenes, en modas orientalizantes, movimientos como los beatniks o los hippies, que utilizaban la droga como supuesta vía de acceso a percepciones superiores, y otros medios típicos.

Excepto el Concilio Vaticano II, que tendría profundos efectos políticos, estos movimientos llegaban a España de forma atenuada. La droga no cuajaba entre los jóvenes, los movimientos revolucionarios atraían a muy poca gente y el comunismo despertaba escasas simpatías. La sociedad era también atípica con respecto a Europa occidental: la familia seguía siendo una institución firme, la delincuencia escasa (menos de 11.000 presos entre 30 millones de habitantes, en 1966), los índices de alcoholismo, suicidio y otros, también eran bajos y apenas afectaban a los jóvenes. La estabilidad matrimonial era muy alta, fenómenos como las familias monoparentales, embarazos de adolescentes, abortos o violaciones, que se iban extendiendo por Europa, lo hacían mucho menos en España. Estos y otros datos semejantes pueden medir la salud social, y España era sin duda uno de los países europeos con mayor salud de ese tipo. Probablemente la Iglesia tenía algo que ver en esta situación.

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**** Sea masturbando, sea trincando, para los socialistas la cuestión es no dejar las manos quietas.

**** Cospedal replica a Aznar: "Tenemos todo lo que necesitamos"

Trola, choriceo y puterío, en concreto, eso tienen y necesitan, como sus maestros del PSOE. Felices ellos, pues ahí está la fórmula de la felicidad: conformarse con lo que se tiene.

**** Dice la Cospe que Rajoy es un líder "capaz, cualificado, honrado, sensato, que no engaña a nadie y que no miente nunca". Exactamente igual que ella misma. O que Luis Candelas. La chica no ha mencionado siquiera la inconstitucionalidad del estatuto catalán, ¿cómo iba a hacerlo si el PP lo ha copiado en varias comunidades? El PP futurista: la alternativa.

**** ¿En qué consiste hoy ser antifranquista? Fíjense en ellos: corruptos, terroristas o pro terroristas, masturbadores, futuristas, abortistas, separatistas, liquidadores de la independencia judicial, perseguidores de la libertad de expresión... No es broma ni exageración: eso es el antifranquismo.

**** Gabilondo: "Hay que encerrar a Camps en la comisaría o el manicomio"

¿Y a Gabilondo, el admirador y premiador del héroe de Paracuellos? ¿Dónde habría que encerrarlo? 

"El español excitable y gárrulo" / La infancia de Franco (y de cualquiera)

13 de Noviembre de 2009 - 11:54:55 - Pío Moa - 115 comentarios

"Estoy entre los españoles que piensan que ver morir a Franco en su lecho sería una injusticia histórica. Existen pocos pueblos en Europa que hayan luchado tanto por la libertad como nosotros y no nos merecemos verle morir con la ilusión de que su tiranía sea indestructible. No debe tener esa satisfacción. Debe ver con los ojos abiertos el fin de su tiranía... Yo no he esperado nunca que Franco muriese y he hecho todo lo posible para echarle antes. Todavía cuento con realizarlo antes de que muera... La condena de muerte de Franco la firmaría".

(Santiago Carrillo, líder histórico del Partido Comunista de España, héroe de Paracuellos, doctor honoris causa por la Universidad autónoma de Madrid, tertuliano de la SER)

"El general Franco se levantó para indicar que la reunión había terminado (...) [Me aseguró que] no habría una segunda guerra civil (...) Al irme me estrechó la mano y me dijo, casi en un susurro: "Mi verdadero monumento no será la cruz del Guadarrama. Mi verdadero monumento será lo que no encontré cuando me encargué del Gobierno de España, la clase media española" (...) Fue la última vez que vi a Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España y Generalísimo de los Ejércitos. Según volvía a Madrid en coche me preguntaba cuántos estadistas serían capaces de discutir sobre su propia muerte de modo tan desapasionado como él. Su carácter no correspondía al del español excitable y gárrulo imaginado por tantos noreuropeos y norteamericanos".

(Vernon Walters, embajador especial y consejero con Eisenhower y Nixon)

De las opiniones sobre Franco, cabe constatar que casi todas las favorables provienen de personas que lo trataron directamente y casi todas las desfavorables de gente que nunca lo conoció. Una forma típica de la propaganda izquierdista consiste en sustituir la visión de conjunto y los datos reales por anécdotas particulares, pretendiendo de paso que tales anécdotas solo ocurrían en el franquismo. Con seguridad las policías actuales, centrales y autonómicas, han dado y siguen dando más palizas que la de tiempos de Franco, por lo menos después de los años 40 (de vez en cuando sale alguna en vídeo, la punta del iceberg, ciertamente). Aun tienen más gracia los estudios "psicológicos" de los dictadores, como si todos fueran iguales o tuvieran una base psíquica igual, generalmente en la infancia. Como decir que todos los gobernante demócratas tienden a la corrupción necesariamente y por algunas experiencias de cuando eran pequeños. Vivimos una época de fraude sistemático, ya lo señalaba Revel. Queda el hecho de que Franco salvó a España del comunismo, de la guerra mundial, de una nueva guerra civil, y dejó una sociedad próspera, con un estado pequeño y no asfixiante como el actual, y con los odios de la república olvidados. Dentro de este conjunto de cosas, lo demás son anécdotas. Pero estas son lo único que suele percibir "el español excitable y gárrulo".

Stalin sabía que muchas cosas venían de la infancia, y así acusaba a sus enemigos en el partido por venir de familias "burguesas" y ser, por tanto, agentes de la Gestapo ya desde pequeñitos. También Freud daba una importancia desmedida a los traumas de infancia. Y algunos creen que garantizando una "infancia feliz", todo el resto de la vida va a marchar sobre ruedas, a marchar según la opinión que ellos tienen de lo que debería ser la vida. Todo esto es, evidentemente, charlatanería de feria. La vida siempre trae logros y frustraciones, tristezas y alegrías, caricias y golpes, luchas y descansos... Unos superan bien los traumas y otros no. Evidentemente, quienes peor los superan son quienes imaginan que la vida tiene que ser un baño de rosas, y se desconciertan, indignan y deprimen cuando comprueban que no es así. Lo cual ofrece un amplio margen de negocio a cuantos les prometen maravillas.

Franco mostró toda su vida "el máximo grado del valor", que decía Prieto: "serenidad en la lucha". Además de ponderación, prudencia y patriotismo. A lo mejor eso provino de traumas de infancia mal asimilados, vaya usted a saber. No un cualquiera, no un cantamañanas podría haber superado las pruebas que él superó y dejado al país un legado como el que él dejó. ¡Y los "cualquieras" y cantamañanas se empeñan en estigmatizarle como si hubiera sido uno de ellos! Pero no, no era el típico español "excitable y gárrulo".

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**** Galicia Bilingüe ofrece un ejemplo de lo mucho que puede hacer una asociación tenaz y con las ideas claras. Su acción ha tenido la mayor importancia para llevar al poder a Feijoo, quien, como es natural en los señoritos futuristas del PP, ha traicionado a sus votantes. Pero asociaciones como esa son escasas, y debería haberlas a cientos, independientes por completo de los partidos actuales. Propongo una que se dedique a denunciar la colaboración del gobierno con banda armada, los resultados políticos de esa colaboración, y a procurar el procesamiento del gobierno por todo ello.

Castilla del Pino y Fernández de la Mora sobre Franco

12 de Noviembre de 2009 - 09:13:20 - Pío Moa - 103 comentarios

"A Franco lo he odiado durante cuarenta años (...) Gracias al odio, la humanidad ha progresado".

"Francisco Franco Bahamonde ha sido el personaje más nefasto de la historia de España desde el neolítico".

Así decía Carlos Castilla del Pino, psiquiatra, comunista, y no hay más remedio que admirarse de los extraños vericuetos de la mente humana. En parte es lógico que lo creyera nefasto, porque Franco derrotó al comunismo en España, pero de un intelectual se espera una mayor ecuanimidad. Castilla, cuando decía estas cosas, ya no osaba confesarse comunista, había caído el muro de Berlín y estaba de manifiesto lo que esos regímenes habían significado, por lo que la victoria de Franco en la guerra civil solo puede considerarse una hazaña que salvó a España de una pesadilla. Y no fue su único mérito, como sabemos: libró a España de la guerra mundial, otra hazaña invalorable; derrotó al maquis en pésimas condiciones internacionales y en una época de penuria, otro mérito extraordinario cuando tan difícil o imposible se demostró en muchos países vencer las guerrillas comunistas; dejó una España próspera y sin odios... ¿Es que se pueden pasar por alto estos hechos absolutamente objetivos? Ningún otro estadista hizo más por España en dos siglos.

Y en esa España que prosperó como nunca desarrolló Castilla, sin problemas, una notable carrera, a pesar de que su ideología marxista lastró sus obras, haciéndolo un Lisenko de su especialidad como ha ocurrido con tantos historiadores. No tenía ningún motivo de odio racional, salvo lucubraciones sobre la represión y similares, que chocan en un comunista, habiendo sido su ideología la más sangrientamente represora del siglo XX.

Su autobiografía es deprimente, su actitud hacia sus hijos tiene algo de espeluznante. Y era psiquiatra.

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"No amaba el poder, despreciaba profundamente la politiquería y solo hacía uso de su autoridad cuando era absolutamente necesario. Resolvía después de escuchar diferentes opiniones y de sopesarlas. Era pragmático, objetivo y más bien lento en la toma de decisiones, pero muy seguro (...) Le gustaba delegar y que cada uno se responsabilizara de su propia jurisdicción (...) Si psicología era muy compleja; pero básicamente me pareció un sentimental, más bien tímido, regido por una voluntad de hierro, una razón muy respetuosa con los datos y un coraje sobrehumano. Cuando estaba relajado, que era casi siempre, gustaba de la chanza y la ironía, características de su tierra galaica (...) Aunque ello haya sido malo para España, Franco tuvo la fortuna coyuntural de estar emparedado entre Negrín y Suárez, lo cual ha contribuido, si cabe, a agigantar, por contraste, su alta talla histórica".

"No era un dogmático, ni siquiera un doctrinario, sino un hombre de principios éticos y patrióticos que se plegaba a la realidad como el soldado al terreno. Rectificaba cuando se equivocaba, se adaptaba con mesura a las cambiantes circunstancias y evolucionaba; pero siempre sin caer en el oportunismo, sin abdicar de sus creencias esenciales, la principal el catolicismo".

Es preciso reconocer que este retrato, hecho por Gonzalo Fernández de la Mora, concuerda mucho más con los evidentes méritos históricos de Franco.

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Cuando hice el viaje por la Vía de la Plata no encontré a nadie más que lo hiciera. No es que la Vía fuera desconocida, pues había varios estudios académicos como el de Roldán Hervás, y también alguno turístico, que destacaba el valor histórico y artístico de ciudades de la ruta, como Zafra, Mérida, Cáceres, Salamanca, Zamora o Astorga, pero eran propuestas para hacer el recorrido en coche. Parece que a muy poca gente se le ocurría la idea de hacerlo a pie, como tampoco por entonces, o al menos unos años antes, casi nadie andaba el camino clásico de Santiago. Hacia 1982 yo salí de Jaca con intención de llegar a Santiago, pero tuve que abandonar en Burgos, harto de marchar por la carretera al lado de coches y camiones, y tampoco encontré a nadie que hiciera la ruta. Entonces escribí algunos artículos en Diario 16 y en ABC proponiendo que se preparase una red de sendas para caminantes, ciclistas y jinetes, que podría dar pie a un turismo cultural de gran interés, pero la idea no tuvo ningún eco. Después de recorrer la Vía de la Plata, elaboré con una arqueóloga un proyecto para convertir las sendas algo dispersas en un camino señalizado, que recuperase trozos de calzada e instalase albergues al modo de las antiguas posadas o mansiones romanas. Es más, proponíamos hacer una red de sendas por todo el país, señalizadas con árboles y siguiendo en lo posible las calzadas romanas, que, como sabemos, fueron los cauces por los que España tomó forma como nación cultural. En diversos países europeos hay desde hace muchos años numerosas sendas señalizadas, generalmente con carácter deportivo, pero en este caso tendrían además un sentido cultural del mayor interés. Presentamos la idea aquí y allá, pero nuevamente sin el menor éxito.      

Sin embargo hoy han cambiado algo las cosas. El camino de Santiago se revitalizó cuando Fraga Iribarne, que entonces mandaba en Galicia, puso mucho empeño en darle propaganda nacional e internacional aprovechando un Año Jacobeo, y hoy la mayor parte del camino transcurre por sendas fuera de las carreteras.

Y he podido constatar que la Vía de la Plata, que es también un camino de Santiago, está señalizada y pasan por ella muchas personas de todas las edades y de muy diversos países. Quizá le faltan posadas, cuyo modelo podían ser los albergues juveniles, pero hay que suponer que todo se andará. En otros países europeos existen desde hace mucho tiempo redes de caminos señalizados, generalmente de carácter deportivo, pero los aquí propuestos tendrían además un carácter cultural extraordinario.

Decía que cuando seguí la Vía de la Plata casi nadie viajaba a pie en España, y cuando hablaba de promoverlo a otras personas les parecía algo absurdo y primitivo, pudiendo irse tan rápida y cómodamente en coche. Y es que el viaje a pie, debe reconocerse que tiene sus incomodidades. Uno tiene que cargar con el equipaje, soportar el cansancio, los soles o los fríos y, sobre todo al principio, las ampollas en los pies, a veces hay que dormir al fresco o seguir andando más de la cuenta si no se encuentra una pensión o fonda donde se esperaba; los bichos tienen más oportunidad de picarle a uno y es fácil también desorientarse, ahora menos, con la señalización. A mí me ocurrieron todas esas cosas y muchas otras. Recuerdo un libro de Gregorio Morán, escritor asturiano afincado en Barcelona y titulado expresivamente Nunca llegaré a Santiago, sobre el que hice una reseña hace tiempo. "La portada nos muestra al muy laico peregrino con una cara que es un poema. Se ve que no estaba habituado a andar y sufría mucho, a pesar de que salió con otra persona. Ya en Pamplona comprenderá que ha cometido un grave error: "No nos consuela nada que los dos curas y una empleada se admiren de nuestra voluntad por hacer la Ruta Jacobea. Incluso se me atraganta la bilis cuando uno de los sacerdotes añora nuestra libertad para poder hacerlo. (...) Me arrepiento de no haberle dicho lo que pensaba, y posiblemente hice bien. No habría entendido nada y se habría escandalizado de que alguien le dijera que se engañaba a sí mismo, o era un cínico, o ambas cosas". No obstante, el viaje tuvo su belleza: "Después de unas horas de marcha no había a nuestro alrededor más que fábricas y talleres y algún descampado con basura". También hallazgos notables, como este cartel ante un minifundio navarro: "Zepo en la tierra si lo pisas te arranca la pierna". Y encuentros novelescos: "Llegamos (...) derrengados y helados hasta las ingles. Tras mucho insistir, al timbre y a las voces aparece un conserje que nos mira con una sonrisa de superioridad y nos espeta (...). "Vagos". Sin mochila y en otro estado le habría dado sin piedad una patada en los cojones. Lo repitió dos veces. "¡Vagos! ¡Vagos!" y añadió como colofón: "¡son las ocho!".

Con tantas emociones, el autor persiste en su dura marcha, y el lector agradece ese tesón casi heroico, pues le proporciona bastantes carcajadas, levemente culpables porque es bien visible que el caminante no busca en absoluto hacer gracia. Morán, que ha escrito varios libros interesantes de historia reciente, es un descreído, no le sobra humor ni ánimo aventurero, y su sensibilidad choca con la tradicional del camino. Sólo en León se da por vencido, y tomando el autobús, deja a un lado Santiago y termina en Finisterre. Real como la vida misma. Y uno se pregunta entonces cómo pueden estar entre sus mejores recuerdos los viajes a pie que ha hecho.

Y es que las compensaciones son muy superiores a las incomodidades. Cuando uno echa a andar por campos y montes, sin otro objeto que llegar a algún lugar a una hora poco concreta, sale de lo cotidiano con mucha más fuerza que cuando va de vacaciones. Parece como si entrase en otra dimensión, el espacio y el tiempo se perciben de un modo muy distinto, y se experimenta una sensación de libertad que no existe en los viajes en coche, o en tren, o programados. Uno se siente en cierto modo dueño del paisaje percibe con mucha más agudeza el paso de las horas, la marcha del sol, la llegada de la tarde y el caer de la noche. Cada jornada parece una vida a pequeña escala, desde el entusiasmo y la fuerza juvenil de la mañana hasta el cansancio por así decir senil del atardecer, con el ocaso del sol como símbolo de otros ocasos.

A mi entender conviene hacer estos viajes en solitario. Por supuesto, se pueden hacer en compañía, lo cual tiene muchas ventajas, pero el carácter del viaje cambia entonces. Yo fui solo la mayor parte de ellos: la sensación de libertad es mayor, uno paga sus propios errores y no los ajenos, las sensaciones del entorno son más nítidas y los encuentros ocasionales más vivos. Claro que a veces es más aburrido, y no es aconsejable para las personas que no soportan la soledad.

Me aficioné a este tipo de viajes después de leer el Viaje a la Alcarria, de Cela, una verdadera obra maestra. Cela hizo buena parte del viaje en compañía, pero el libro está escrito como si hubiera ido solo todo el tiempo, un truco literario que, en definitiva, le da mayor viveza. Luego leí otros libros de viajes suyos que ya no me parecieron tan buenos. En todo caso, como digo, me aficioné e hice bastantes más viajes por el estilo, aparte del que relato en el libro que ahora presento...

**** Empresas contra la libertad

La empresa que gestiona el monopolio de la publicidad en los autobuses urbanos de La Coruña ha rechazado nuestra oferta de contratación, conforme a su tarifa de precios, de una campaña por la cooficialidad lingüística -que es la regla general- también en la toponimia -que es la excepción. Una excepción carente de justificación-.La campaña llevaría el lema "La Coruña, con L de Libertad", y en ella se explicaría que lo que pretendemos, con el respaldo de asociaciones de vecinos, comerciantes, cívicas en general y ciudadanos a título singular, es la cooficialidad de los nombres en los dos idiomas, allí donde existen, y no, como hicieron los normalizadores compulsivos,sustituir el nombre oficial actual, por el expulsado de la cooficialidad. No es una campaña revanchista, sino reparadora. Pero no ha sido posible: el que manda en la publicidad de los autobuses públicos -una extensión directa del poder municipal- ha dicho que nada de política antes de las elecciones.

En el archivo anexo lo relatamos.

Gracias por su interés.

http://www.corunaliberal.es/

Pilar Pato, presidente de Coruña Liberal.

**** Aído gasta 845.000 euros en "investigaciones feministas". Convertir la ideología en negocio (con dinero público) ha sido el gran hallazgo de esta gente. Las "investigaciones feministas" son desde hace décadas un fuente considerable de ingresos para unas cuantas y unos cuantos, en las universidades. La tiorrilla va a impulsarlas más aún. Nunca les llega el dinero que, según afirman, "no es de nadie".

Castilla e Inglaterra

11 de Noviembre de 2009 - 08:51:44 - Pío Moa - 82 comentarios

Observa en el blog lead  que hablar de Inglaterra en lugar de Reino Unido, aunque se haga con frecuencia, no sería del todo correcto, y equivaldría a llamar Castilla a España. A mi juicio, la comparación no es válida. Inglaterra fue siempre una nación bien diferenciada y es, con enorme diferencia, la fuerza hegemónica política, cultural, económica y demográficamente del Reino Unido, por lo que llamar a este con aquel nombre es solo una incorrección relativa, lo cual de paso permite abreviar la expresión inmanejable de Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que recuerda a Antigua República Yugoslava de Macedonia. Castilla, en cambio nunca fue una nación propiamente hablando (pudo haber llegado a serlo, como Portugal, pero el hecho es que nunca lo fue), y su hegemonía en el conjunto de España desapareció hace siglos. Hay otra diferencia crucial: Irlanda y Gales fueron sometidas a sangre y fuego por los ingleses, y Escocia solo se unió mediante cierto chantaje y soborno, y después de muchas guerras sostenidas para reducirla a la obediencia inglesa. La historia en España fue muy diferente. 

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Las dificultades de Primo de Rivera no vinieron de los partidos que habían acosado a la Restauración, sino de conservadores que con su corrupción o ineptitud habían desacreditado al régimen constitucional, pero decían añorarlo. Conspiraron políticos como José Sánchez Guerra, Niceto Alcalá-Zamora o el conde de Romanones, que creían buenos todos los caminos para mandar, según frase de Cambó, y no vacilaban en buscar alianza con los mismos anarquistas; o militares republicanos, o masones, o enfadados con los ascensos por méritos, a muchos de los cuales calificaría de "sencillamente locos" Miguel Maura, quien jugaría un papel mayor en la venida de la II República. Volvía aquella clase de locura a la que había aludido Amadeo de Saboya. Alfonso XIII, de quien dependía legalmente Primo de Rivera, podía apostar resueltamente por este o inclinarse hacia sus enemigos, pero procuró nadar entre dos aguas. El dictador proyectó un régimen que funcionase mediante un partido conservador, la Unión Patriótica, y un partido socialista, pero el PSOE lo rechazó y el primero no llegó a cuajar. Por otra parte, Primo sufría gravemente de diabetes, y al terminar la década tuvo la ocurrencia de consultar la continuidad del régimen con sus colegas militares, que le desautorizaron, como lo hizo el rey. Y en enero de 1930 se exilió a París, donde murió en marzo.

Puesto que la dictadura había barrido las viejas plagas, sobre su herencia podría construirse una normalidad constitucional más sana, y el rey lo intentó. Los enemigos de la Restauración renacieron, achacándole su colaboración con la dictadura, pero se trataba de grupos minoritarios, dispersos y desconfiados entre sí. Sin embargo, el rey apenas halló auxilio entre sus mismos seguidores, fieles a su tradicional frivolidad y oportunismo, por lo que hubo de encargar la transición a Berenguer, militar poco brillante y político aun más mediocre, y luego al almirante Aznar, todavía más inepto, bajo la guía de Romanones, uno de los "politicastros" más irresponsables.

Para empeorar, dos políticos monárquicos hasta la víspera, Alcalá-Zamora y Miguel Maura, unieron a republicanos, socialistas y nacionalistas catalanes en el Pacto de San Sebastián en agosto de 1930. Su típico acuerdo crucial fue organizar un golpe militar para romper la transición constitucional e imponer la república. El golpe fracasó en diciembre, pero esa victoria no benefició nada a Alfonso XIII, ya que se transformó en un éxito de propaganda para sus adversarios. Aun así, la transición prosiguió y el 12 de abril de 1931 se celebraron comicios municipales, ganados abrumadoramente por las candidaturas monárquicas, salvo en las capitales de provincias. Mas para entonces la crisis moral de la monarquía alcanzaba su ápice. Miguel Maura convenció a los republicanos de tomar sin más el poder, mientras Romanones convenció al rey de que debía marcharse y entregar el poder a los perdedores de las elecciones, caso con muy pocos precedentes en la historia del mundo. Solo el ministro Juan de la Cierva advirtió a Alfonso: "El rey se equivoca si piensa que su alejamiento y pérdida de la corona evitarán que se viertan lágrimas y sangre en España. Es lo contrario, señor". 

La república pasó por tres etapas: un bienio de gobierno izquierdista, otro bienio derechista y unos meses de derrumbe desde febrero a julio de 1936.Empezó, pésimo augurio, con una oleada de incendios de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza católicos, que ocasionó pérdidas invalorables y dividió al país. Las primeras elecciones dieron la victoria a las izquierdas, que elaboraron una Constitución democrática muy defectuosa, pues vejaba la religión de la mayoría, hacía de los clérigos ciudadanos de segunda, prohibía la enseñanza católica y disolvía a los jesuitas. Pasó a gobernar una conjunción de republicanos de izquierda y socialistas, presidida por Azaña y marginando al partido republicano más tradicional y votado, el Radical de Lerroux. Como jefe del estado o presidente de la república quedó Alcalá-Zamora. El PSOE, gracias a su colaboración con la dictadura, era el partido más fuerte, pero se radicalizaba por momentos: solo aceptaba la república burguesa como un instrumento pasajero con vistas a la "dictadura del proletariado", es decir, de su propio partido. 

Siguieron dos años de medidas mal atinadas, que solo muy parcialmente tienen que ver con la crisis económica mundial, que afectó a España mucho menos que a otros países del entorno: una reforma agraria realizada con demagogia e ineficacia; leyes de corte feudal en el campo, pensadas para proteger los salarios pero con efectos contrarios; una reforma militar bien enfocada, pero averiada por su aplicación arbitraria; una autonomía catalana, ideada para resolver la cuestión planteada por los nacionalistas, pero que estos entendieron como simple hito en un camino que llevaba mucho más allá; una reforma educativa poco eficaz, envuelta en retórica anticristiana y supresión de prestigiosos centros de enseñanza católicos, entre ellos el único centro superior español de Economía ; una Ley de Defensa de la República que estrangulaba las libertades públicas; una ley electoral diseñada para asegurar la permanencia de la izquierda en el poder (aunque se volvería contra sus autores). También se concedió, con renuencia de la izquierda, el voto generalizado a la mujer. Y aumentaron el desempleo, la delincuencia y los atentados. El hambre volvió a cifras de principios de siglo.

Versiones corrientes acusan a la derecha de atacar a la república desde el primer momento, pero no fue así. Solo después de la quema de conventos hubo conspiraciones militares, insignificantes, y oposición monárquica. El grueso de la derecha se unió, tan tarde como marzo de 1933, en la CEDA, Confederación Española de Derechas Autónomas, liderada por José María Gil-Robles. El general Sanjurjo, que había contribuido a traer la república más que casi cualquier líder republicano, dirigió un pequeño y frustrado golpe en agosto de 1932, en el que solo una mínima parte de la derecha estuvo complicada, resultando de él un robustecimiento de la izquierda.

Quienes más perjudicaron al gobierno de izquierda fueron los anarquistas, que se convirtieron en una plaga del régimen como lo habían sido de la Restauración. Una de sus insurrecciones, en enero de 1933, abocó a una matanza de campesinos perpetrada por la republicana Guardia de Asalto en Casas Viejas. El suceso hundió la popularidad de Azaña y en menor medida del PSOE. En las elecciones generales siguientes, de noviembre de 1933, los desórdenes, pobreza y fracaso de las reformas pasaron su factura a las izquierdas, que perdieron por tres contra cinco millones de votos en cifras redondas. Durante la campaña electoral, la izquierda asesinó a varios derechistas, sin réplica equivalente. La CEDA fue el partido más votado, seguido por el Radical de Lerroux, entonces de tendencia centrista, y entre ambos se entendieron para reconducir al régimen a una posición más centrista, comenzando la segunda fase de la república.

La izquierda rechazó el veredicto de las urnas. Azaña intentó dos veces el golpe de estado, los nacionalistas catalanes se declararon "en pie de guerra", el PSOE preparó la guerra revolucionaria (excepto del grupo moderado de Besteiro, que fue marginado), y los anarquistas lanzaron su insurrección más sangrienta hasta el momento: un centenar de muertos. En verano de 1934 se sucedieron las maniobras de desestabilización contra el gobierno legítimo por parte de azañistas, socialistas, nacionalistas vascos y catalanes, culminadas en la insurrección de octubre de 1934, protagonizada por los socialistas y los catalanistas, con participación de ácratas y del PCE, y respaldo de los republicanos de izquierda, algo muy distinto del golpe de Sanjurjo. Los socialistas pretendían su propia dictadura; los nacionalistas catalanes querían una república federal o la secesión; los anarquistas catalanes se abstuvieron, por aversión a los nacionalistas; el PCE trató de dirigir el movimiento. El alzamiento, planteado por el PSOE y los nacionalistas catalanes como guerra civil, fue vencido, dejando 1.400 muertos y enormes destrozos materiales. La izquierda pudo haber recogido la lección y cambiado de actitud, pero no lo hizo, por lo que aquella revuelta fue "la primera batalla de la guerra civil", que se reanudaría más tarde con mayor fiereza. En aquella ocasión la derecha y el general Franco defendieron la legalidad republicana, aun si esta no les gustaba.

El centro-derecha gobernó dos años, en los cuales la economía mejoró algo, pese a la continua convulsión: el hambre retrocedió, crecieron la renta per capita y el presupuesto de instrucción pública, y después de la insurrección del 34 remitieron los atentados y la delincuencia. Pero los planes de reforma de la Constitución y otros quedaron en nada, por la división entre las propias derechas y el boicot de Alcalá-Zamora, celoso de Lerroux y Gil-Robles. Y tal como en el primer bienio fue la izquierdista CNT-FAI la que hundió al gobierno de izquierdas, en 1935 sería el presidente derechista quien saboteara al Partido Radical y a la CEDA. En otoño, abusando de sus prerrogativas, Alcalá-Zamora expulsó a la CEDA del gobierno, nombró otro sin apoyo parlamentario, hubo de disolver las Cortes y convocó nuevas elecciones para el 16 de febrero de 1936.

Republicanos de izquierda, socialistas, comunistas y otros partidos fueron a las elecciones en coalición pronto llamada Frente Popular, denominación comunista, aunque el PCE era minoritario en ella. No se publicaron las votaciones, pero dicho frente se atribuyó la victoria, y la deprimida derecha se sometió. Habían ganado los mismos que habían asaltado la legalidad republicana en 1934, y habían ganado con una campaña electoral virulenta, basada en acusaciones a la derecha por la represión de Asturias en el 34, acusaciones falsas casi todas, pero que exacerbaron los odios: en 1934 muy pocos habían seguido la insurrección izquierdista, pero en 1936 las furias estaban desatadas. Aquellas elecciones acabaron de demoler la república de abril del 31.

La tercera etapa republicana duró cinco meses frenéticos: cientos de asesinatos, incendios de iglesias, de registros de la propiedad, de centros políticos y prensa de la derecha, ocupación ilegal de fincas, paro rampante, terrorismo, milicias... Alcalá-Zamora, que había llevado al poder a las izquierdas, fue ilegalmente destituido por estas, que arrebataron escaños a la derecha mediante una ilícita revisión de actas. La situación era peor que la previa al golpe de Primo de Rivera. El ejército se dividió entre izquierdistas y derechistas, y algunos militares, encabezados por el general Mola, conspiraron contra el Frente Popular. Muchos se decidieron solo cuando policías y milicianos socialistas asesinaron al líder de la oposición José Calvo Sotelo, el 13 de julio. El 17 comenzó el golpe militar, que fracasó a los tres días, al quedar en manos de las izquierdas la parte mayor, más industrial y poblada del país, el grueso de la aviación, de la marina, la mitad del ejército de tierra y la mayoría de los cuerpos de seguridad. Y se desató la revolución y el terror contra el clero y la derecha. 

**** La Junta de Extremadura enseña a masturbarse: "El placer está en tus manos"

Es sabido que estos fulanos y fulanas, cuando no dedican sus manos al trinque las dedican a... a eso, y todo les da placer. Es más fuerte que ellos, ¡son hedonistas! ¡Qué no harán cuando se reúnen! Habría que verlos en sus sesiones de "trabajo", que debieran ser televisadas para que los muchachos y muchachas aprendiesen de maestros tan consumados el uso de las manos. Política de alcahuetes. Los mierdecillas.

Homenajes a Franco

10 de Noviembre de 2009 - 10:49:05 - Pío Moa - 116 comentarios

Cuando los chorizos retiran los honores a Franco, ¿acaso no le están rindiendo tributo? Cuando Zapo el Rojo, el iluminado de la trola, el choriceo y el puterío, colaborador de la ETA, compara al régimen de Franco, de donde procede la democracia, con el muro de Berlín, que fue necesario destruir para que algo de democracia llegara al este, ¿acaso no está homenajeando a Franco y poniéndose en evidencia a sí mismo? Como ya no le queda el muro, apoya cuanto puede a Fidel Castro.  En el fondo, Zapo es un pobre diablo resabiado, que para nuestra vergüenza manda en el país. El grotesco niñato.

**** Carod contrata traductores para hablar con una delegación nicaragüense:  La política como payasada.

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La dictadura duró algo menos de siete años y, poco después de su fin, Ortega y Gasset la despidió con el artículo El error Berenguer (por el nombre del general que trataba de volver a la Constitución). Siguiendo su tópico de la “anormalidad” de España, afirmaba que el país “ha sufrido durante siete años un régimen de absoluta anormalidad”, lo nunca visto “dentro ni fuera de España, ni en este ni en cualquier otro siglo”, ni siquiera entre los pueblos salvajes, pues “La situación del derecho público en que hemos vivido es más salvaje todavía”. La dictadura había sido una gran viltá (vileza) propiciada por Alfonso XIII, por lo cual la monarquía misma debía caer: el artículo terminaba con un Delenda est monarchia, remedando el Delenda est Carthago de Catón.  También Unamuno ostentaba su aversión al dictador, a quien caricaturizaba sin piedad.

Como reconocía Ortega, sin concederle la menor importancia, la dictadura no había sido sanguinaria. Y había más: nunca había crecido tanto la renta. Por primera vez desde principios del siglo XIX, se había reducido la distancia con los países más ricos, pues incluso durante el período acumulativo de la Restauración, aquellos países habían crecido más deprisa que España. En tan pocos años se construyó una de las mejores redes de carreteras de Europa, se triplicó el número de teléfonos, se duplicó de sobra el de automóviles y la producción de energía eléctrica, y se pusieron en marcha vastos planes de regadíos. El hambre bajó a menos de la mitad de principios de siglo (volvería a crecer luego). Mejoró la sanidad popular, y la esperanza de vida al nacer pasó de 40 a 48 años, al descender la mortalidad infantil. La población empleada en la industria y los servicios sobrepasó por primera vez a la del sector primario. El analfabetismo decreció hasta un 32%, el número de universitario aumentó en un 30%, duplicándose la presencia femenina; y en casi medio millón los alumnos de primaria (hasta 2,150.000). Se concedió un voto restringido a la mujer y la elegibilidad para cargos públicos, con quince mujeres en la Asamblea Consultiva creada por el dictador. 

Las mejoras coincidieron con el mejor período cultural desde las guerras napoleónicas, al coincidir las generaciones del 98 y del 14 con una nueva y copiosa, la del 27, el mejor generación de poetas que produjo España en muy largo tiempo y hasta hoy, junto con algunos ensayistas, y  artistas: García Lorca, Guillén, Salinas, León Felipe, Miguel Hernández, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Jardiel Poncela, Gómez de la Serna,  Buñuel, etc. Se publicaron más obras de mérito que antes, y de la más variada ideología lo cual expone cierto liberalismo del poder en literatura y propaganda: circulaba incluso propaganda anarquista y comunista, pese a estar prohibidas sus organizaciones.   

No menos trascendente fue la supresión del terrorismo,  la guerra de Marruecos y el separatismo, los tres cánceres de la Restauración.La guerra de Rif acabó en la derrota final de Abd El Krim; los anarquistas abandonaron el pistolerismo, pese a que la represión sobre ellos fue escasa, y, aún más sorprendente, los socialistas colaboraron con la dictadura; y los separatistas, a punto de rebelarse en 1923, optaron por una discreta inacción, menos el grupo catalán de Macià. Este, ex coronel del ejército, organizó un “ejército” de almogávares, como los llamaba, para invadir Cataluña desde Francia. Los almogávares se dejaron detener mansamente por los gendarmes franceses, y a continuación vino un juicio bien orquestado en que Macià advirtió al mundo que “no habrá paz internacional mientras haya naciones esclavas” como Cataluña, a la que España, país “atrasado”, consideraba “un país conquistado y la última de sus colonias a explotar”; y prometió una Cataluña “amiga eterna de Francia”. Lo decía en un país que mantenía un enorme imperio colonial y había casi erradicado el catalán del Rosellón.

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A la época de la ruina de la Restauración y de la dictadura en España, correspondió en el conjunto de Europa una paradójica mezcla de euforia, reactivación económica desde 1925, y crisis moral y política, sobre todo en las capas medias-altas. La gente quería olvidar la durísima prueba de la guerra, se debilitaron los valores e ideales tradicionales, todo lo antes considerado respetable y decente fue objeto de burlas, se impuso una especie de épica del estómago o del sexo. Fue desdeñado como nunca lo burgués y pequeñoburgués, palabras de significado sumamente elástico y que en gran medida apuntaban al cristianismo, y en los ambientes más dispares se admiraba la Revolución rusa. Proliferaron las drogas y el alcohol, el exhibicionismo sexual, el juvenilismo, el feminismo y los giros revolucionarios en política y en arte (las vanguardias). Simultáneamente continuó la brillante efervescencia intelectual y científica de pre guerra, en los círculos de Viena, Berlín,  Oxford y Cambridge o Copenhague, y París retenía su prestigio cultural. La diversión se convirtió en una industria gracias al cine y la radio, y el estado se expandió imparablemente sobre las sociedades. Llegó a Europa la cultura useña, a través del jazz y el cine sobre todo. En Francia se llamó  “locos” a aquellos años (années folles), también conocidos como “los felices 20”.

Para evitar la repetición de una guerra como la pasada, se creó en 1919 la Sociedad de Naciones como foro de negociación internacional y con propósito de encauzar una mejora económica generalizada. No obstante, la paz establecida en Versalles era considerada un Diktat humillante e injusto por Alemania, mientras que Francia, que había sufrido en su territorio las mayores destrucciones, con pérdida del 10% de su población masculina, quería hacer pagar el coste a su vecino y en enero de 1923 ocupó el Ruhr, principal región industrial y minera de Alemania. Esta entró en un período de inflación monstruosa, que arruinó su economía hasta 1925 y creó una desmoralización generalizada. La descomposición interna hacía temer a muchos un finis Germaniae tras solo medio siglo de existencia como nación unificada, lo cual crearía un peligroso desequilibrio en el centro de Europa y abriría paso a la revolución  por lo que los vencedores cambiaron de política: Alemania solo pagaría una parte menor de las reparaciones, y recibiría préstamos, sobre todo de Usa, para reorganizar su economía. 

Al terminar la guerra se instauró en Alemania la República de Weimar. Su principal partido fue el Socialdemócrata, que reprimió drásticamente las intentonas comunistas. En 1923, después de la ocupación del Ruhr por Francia, un desconocido Adolf Hitler intentó tomar el poder mediante un golpe (putsch) en Munich. Fracasó, pero fue solo el comienzo de una carrera que le convertiría diez años después en dictador, de un estilo muy distinto del de Primo de Rivera. Su ideología combinaba un exaltado nacionalismo, racismo y odio a los comunistas, los judíos y la “plutocracia” internacional, que a sus ojos representaban lo mismo y habían causado la derrota alemana en 1918.

El país que más sufrió fue Rusia, constituida en Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La guerra europea había causado una crisis ligera en la II Internacional, socialdemócrata, al relativizar sus partidos la idea de que los obreros no tienen patria y la guerra solo interesa a los explotadores,  para apoyar el esfuerzo bélico de sus respectivos países. La excepción habían sido los bolcheviques rusos, que, con la consigna de transformar la guerra imperialista en guerra civil, habían tomado el poder, después de lo cual la guerra civil se prolongó cuatro años y provocó daños mucho peores que los de la guerra mundial. Se calcula  que murieron un millón y medio de soldados, pero las víctimas civiles causadas por las hambres y el terror, especialmente el de la Cheká pudieron acercarse a los quince millones. Con la economía destrozada, los comunistas debieron retroceder de su “comunismo de guerra” y permitir la iniciativa privada (Nueva Política Económica), que alivió el desastre. Pero la NPE, peligrosa para el régimen, fue abolida en 1928 por Stalin, sucesor de Lenin, y sustituida por planes de industrialización y colectivización del campo, que causaría nuevas hambres y terror, con hasta siete millones de muertos en Ucrania y otros más en diversas regiones.

La revolución en un país atrasado como Rusia se había justificado como espoleta de la esperada revolución alemana, cuya potencia industrial garantizaría el triunfo comunista en Europa. Al fracasar esa esperanza, Lenin cambió su estrategia a la defensa del propio régimen a toda costa, estímulo a los movimientos revolucionarios externos y promoción de luchas anticoloniales. Con ese objeto creó en 1919 la III Internacional o Comintern (Internacional Comunista) que debía desbancar a la II Internacional, calificada de traidora al proletariado. Por toda Europa cundió el miedo a nuevas revoluciones en unos, el deseo de hacerlas, en otros. Hubo insurrecciones comunistas en Finlandia, Alemania, Hungría, graves huelgas, sabotajes, disturbios y atentados en numerosos países. Se sumaron a la Comintern partidos y fracciones socialdemócratas en Alemania, Noruega, Suecia, Francia, Italia, España, Hispanoamérica, China, Indochina… Polonia, recién recobrada su independencia, estuvo a punto de perderla en 1920 por una ofensiva soviética que llegó a las puertas de Varsovia. Pero allí la derrotó el general Pilsudski, antiguo socialista revolucionario evolucionado a un nacionalismo conservador. En 1922, Polonia se constituyó en república a imitación de la francesa, pero el experimento derivó a un gran desorden, por lo que en 1926 Pilsudski dio un golpe de estado e impuso un régimen autoritario, muy popular y no muy disímil del de Primo en España.

En Italia, el débil régimen liberal sufrió la radicalización de socialistas, comunistas y anarquistas, con grandes huelgas, atentados y ocupación de fábricas. En 1919 surgió también el fascismo de Benito Mussolini, antiguo socialista y receptor de subvenciones del servicio secreto británico. Mussolini consiguió popularidad por su origen humilde y por proponer el mérito, y no el origen social, como base de promoción;  y recibió apoyo de los empresarios y los liberales al defender la propiedad privada. Exigía, entre otras cosas, la  generalización de la jornada de ocho horas, el salario mínimo y el voto para la mujer. Sacudido por la agitación fascista y obrerista, el régimen liberal se tambaleaba, y en 1922 los fascistas marcharon sobre Roma para reclamar el poder. La marcha transcurrió pacíficamente, y el rey Víctor Manuel III dio su confianza como jefe del gobierno a Mussolini. Pero solo desde 1925 se convirtió el Duce en dictador. El fascismo preconizaba una sociedad jerarquizada, plebiscitaria, con escasas libertades políticas, y su aparato de propaganda típicamente totalitaria consiguió un alto grado de consenso social. El régimen que predicaba la violencia, la usó en pequeña medida, porque la oposición a él fue escasa, consiguió un modesto pero significativo crecimiento económico, y recibió el aplauso de figuras tan dispares como Churchill o Gandhi.

Uno de sus logros fue la regularización política del Papado, en situación incierta desde 1870: se constituyó el estado independiente del Vaticano, una de las siete colinas de la antigua Roma, donde había existido un oráculo etrusco: los estados pontificios habían llegado a ocupar casi un tercio de Italia, y ahora se reducían a medio kilómetro cuadrado. Sin embargo su influencia espiritual e indirectamente política, se mantendría y crecería. Y, por lo que respecta a España, iba a pesar muy considerablemente en su historia posterior, como lo harán la propia Italia, Alemania y la URSS.

En Francia, la anticlerical III República fue inestable y cobró fama de corrupta. Temerosa de un revanchismo alemán, invirtió la política de Bismarck, tratando de aislar a Alemania mediante alianzas con Polonia y Checoslovaquia. . En 1925 el tratado de Locarno reforzó la paz de Versalles asegurando las fronteras mediante acuerdos entre Gran Bretaña, los países vecinos de Alemania y esta misma: quedó desmilitarizada la región renana y confirmadas las limitaciones que privaban de capacidad ofensiva al ejército alemán; si bien este vulneraba los acuerdos con ayuda de la Unión Soviética.

En Gran Bretaña, como en casi todo el resto de Europa, avanzó la socialdemocracia (Partido Laborista) que desplazó al Partido Liberal como rival del Conservador. Los grupos revolucionarios pesaron menos que en el continente. Pese a ser la potencia europea más netamente triunfadora, comenzó su declive político, debiendo modificar incluso sus fronteras metropolitanas. En 1800 se había convertido en Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, pero hasta 1829 no se permitió a los católicos acceder al Parlamento, y hasta finales del siglo se les restringían los estudios universitarios. En 1916, tropas inglesas habían aplastado una insurrección en Dublín, pero desde 1919 el Ejército Republicano Irlandés (IRA) organizó guerrillas que por primera vez iban a alcanzar, en 1922,  la victoria, después de tantas revueltas fracasadas durante siglos, y la mayor parte del país se independizó. El mismo año 1919, tras la matanza de Amritsar, perpetrada por el ejército inglés contra manifestantes desarmados (murieron entre 400 y 1500 hombres, mujeres y niños) creció el movimiento de independencia, que Gandhi acaudilló desde 1920 mediante una táctica de no violencia. 


En Escandinavia aumentó el peso de la socialdemocracia, gobernante en Suecia y desde 1924 en Dinamarca. En Noruega, las tendencias comunistas ganaron auge durante unos años. Finlandia, única república entre los países escandinavos, sufrió en 1918 una corta pero muy intensa y sangrienta guerra civil, al intentar los comunistas una revolución como la soviética, que fue derrotada por el general Mannerheim.

Como puede verse, España fue entre 1923 y 1930 uno de los países europeos más tranquilos y prósperos, situación que iba a alterarse de raíz en el decenio siguiente. Es preciso decir que al llegar a este período entramos en un terreno donde la distorsión propagandística de la historia ha llegado a lo delirante. 

El PP-PRISA

9 de Noviembre de 2009 - 09:41:40 - Pío Moa - 110 comentarios

Veo que, según una encuesta de El Mundo, la mayoría de los votantes del PP piden un congreso extraordinario para elegir un nuevo candidato de ese partido a las próximas elecciones. Estas encuestas valen lo que valen, poco, realmente, a menudo son simples montajes, que en este caso podría dirigirse contra Esperanza Aguirre; pero siempre son indicativas, en este caso del carácter boyuno y desinformado de una gran parte de los votantes del PP. Los tres candidatos propuestos, Rato, Gallardón y en último lugar Rajoy, son parte del PP-PRISA. Es decir, son hombres de PRISA en el PP (al principio Rajoy no lo era tanto, pero es hombre "realista" y sabe plegarse). Rato es el preferido porque da más imagen de líder con pegada, pero carece de principios políticos exactamente como los demás, y ha hecho a PRISA los mayores favores, en contra de la ley. Los próximos, posiblemente desde CajaMadrid.

El grupo PRISA siempre ha atacado al PP, pero el PP no ha atacado a PRISA, salvo, hasta cierto punto, con Aznar, de quien todos quieren olvidarse. Posiblemente estos maquiavelillos de aldea piensen que ahora que el PSOE y Cebrián se llevan mal, puedan heredar a su vez los favores del sindicato del crimen. Pero así como los señoritos del PP carecen de principios o de convicciones intelectuales y políticas, Cebrián, como Zapo, sí las tiene, por burdas o estúpidas que puedan parecer. Será el sindicato del crimen quien se lleve el gato al agua. ¡Qué digo!, ya se lo está llevando desde que Rajoy mangonea el partido. Y el rescate de PRISA solo puede costar un pastón...a los ciudadanos.

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En Época:

POR QUÉ ESA "CONSTANTE MENTIRA" (II)

Marañón, uno de los llamados "padres espirituales de la república", que sabía bien de qué hablaba, resumía la miseria de los "rojos" –rojos como el gobierno actual– diciendo que "han hecho la revolución en nombre de Caco y de caca", lo que, para quien conozca un poco los hechos, es una definición muy precisa. Y encontraba especialmente repulsiva su "constante mentira". Lo cual no impide a canallas semejantes acusar de mentir al gobierno de Aznar, por ejemplo, en relación con el 11-m. Acusan los mismos que habían firmado el Pacto Antiterrorista engañando a toda la población, pues apenas seca la tinta de la firma ya estaban conchabándose a escondidas con la ETA. Conchabamiento es la palabra adecuada, no en vano PSOE y ETA se definen como socialistas y "rojos": tienen demasiado en común. Y, nuevo embuste, a esa colaboración entre socios –nunca se trató de otra cosa– la bautizaron "proceso de paz" o "diálogo" (una de sus especialidades consiste precisamente en pervertir el lenguaje, edulcorando con bellas palabras la vileza y el crimen), mientras intentaban amordazar a la AVT por medio de Peces Barba, y ponían a las víctimas del 11-m bajo la batuta de una comunista, nada mejor que una nazi, insistamos en ello, la cual culpaba de la matanza, no a sus autores reales, sino a Aznar.

La mentira se extiende a todos los terrenos, incluso al biográfico, cuya falsificación u ocultación se ha convertido en otra especialidad de la izquierda, como cuando la Vice afirma que su padre, honrado servidor del franquismo, había sido un "represaliado de la dictadura". Y cuando llegamos a la república y la guerra civil, la mentira simplemente no tiene límites: han instalado la falsificación como ley. Nada podría definir mejor el carácter mafioso que ha adquirido la política en España.

Uno tiene que preguntarse de dónde sale todo ese chorro de embustes que producen de manera natural unas gentes que, en definitiva, no son diferentes de las demás, tomadas individualmente. Creo que la clave está en su ideología. Ellos proceden del marxismo, cuya auténtica verdad consiste en el Gulag, las chekas, la pobreza racionada y el muro de Berlín. Semejante tinglado no podría mantenerse sin una mentira industrializada, y así fue. Nuestros rojos han sido marxistas hasta hace poco, han dicho que abandonaban esa doctrina, pero lo hicieron por mero interés electoral, en el fondo siguen donde estaban. El hábito es más fuerte que ellos, y ¿cómo podrían justificar su afinidad con el terrorismo, con dictaduras como la de Fidel Castro u otras tercermundistas, su aversión visceral a cuanto huela a libertad y democracia, sino con la mentira sistemática? La caída del muro de Berlín pudo haber sido una ocasión para reflexionar y analizar con detalle su trayectoria anterior y todo lo que había significado aquella utopía, pero no lo hicieron y, por lo tanto, continúan siendo "rojos".

Hay que decir que en todo esa fantochada contaron con la complicidad de una derecha para la cual "la economía lo es todo" (viene de lejos, no es solo cosa de Rajoy), por lo que cedió tranquilamente el campo de la política, la historia y las ideas, invadido por la falsedad y el disfraz. Cabe recordar el caso de Ricardo de la Cierva, que, hostigado sin tregua por la izquierda, era aislado y apestado por gran parte de la derecha, ansiosa de pasar a su costa por "progresista" y "civilizada". Algo semejante ocurre conmigo mismo: el boicot es mucho más fuerte por parte de esa derecha cómplice del embuste que por la propia izquierda.

Se ha dicho que alguien puede engañar a pocos durante todo el tiempo y a todos durante un corto tiempo, pero no a todos durante todo el tiempo. Eso, en España, se cumple menos, porque quienes tienen la mayor fuerza para oponerse, prefieren colaborar a su modo en la degradación del país, de la que esperan no se sabe qué beneficios.

**** http://www.intereconomia.com/noticias/facultad-ciencias-politicas-complutense-polvorin-terrorista

****La mala fe y  miseria moral que suele exhibir la masonería y sus adictos solo puede ganar bazas con la tontería y esterilidad intelectual de los maniáticos antimasones.

Zapo y el chorizo / La masonería

8 de Noviembre de 2009 - 10:40:45 - Pío Moa - 110 comentarios


**** Me han pasado esta información: "Zapo va a proponer que en las escuelas, en lugar del crucifijo, se exponga un chorizo. "Nada podría expresar mejor el nuevo espíritu pluralista y democrático que nos domina y que debe imponerse en el país, porque hay chorizos de muchas clases, satisface todas las opciones, no levantaría polémicas innecesarias y sería una bandera de unión y solidaridad dentro de la diversidad", ha explicado. El PP le ha felicitado por la modernidad de la idea: "El chorizo es muy nutritivo, es el mejor símbolo de la economía, que a su vez lo es todo, en fin, y debemos mirar al futuro y dejar atrás las antiguallas. ¡Ah, y aprender inglés! Que eso se la ha olvidado a Zapo, y nosotros, que somos la oposición, tenemos la obligación de señalarlo. De modo que la etiqueta del chorizo debe estar escrita en inglés. De no ser así, no tragamos e iremos, si es preciso, al Constitucional. En conversaciones íntimas con su gente, Zapo ha expuesto, con su profundidad habitual: "El enemigo máximo del progreso y de la mujer es el cristianismo, sobre todo el catolicismo. Desde que mataron a Hipatia, la precursora de Galileo, y después quemaron vivo a Galileo...Perdonad, pero es que se me saltan las lágrimas al recordarlo... Afortunadamente tenemos expertos en interpretar la Constitución, así que hay que erradicar el cristianismo de la formación de los niños, así que, por supuesto, nada de crucifijos en las escuelas, pero es que, además, cada vez que va uno a cualquier ciudad, coño, todas están plagadas de iglesias y porquerías de esas, y hay que pensar en eliminar ese abuso, ese insulto permanente al progreso, a la mujer, al socialismo, al rojerío, al aborto, al proceso de paz, a la ecología, a Obama, a... a...a todo lo bueno y digno que hay en el ser humano... De momento debemos promocionar las mezquitas y que vengan a instalarse en el Estado español cuantos más musulmanes mejor, que ahí les duele a esos cabrones cristianos, ¡Jo! Les temen a los musulmanes más que a una vara verde...Tenemos que conseguir que haya por lo menos tantas mezquitas como iglesias. Aunque me temo que, a la larga, no bastará, y la mejor solución va a ser la de nuestros predecesores, los rojos del Frente Popular, aquellos sí que sabían hacer bien las cosas...¡No dejaron una iglesia sana! Porque cualquier día los padres retrógrados nos montan otra como esa de hace unos días contra el derecho de las madres a cargarse al feto, como si el feto fuera un ciudadano que pudiera votar... En fin, que todo se andará. No hay como emplear la Constitución contra una democracia asquerosa, que permite que los padres reaccionarios vengan aquí a fastidiarnos... Rubalcaba sugirió que podría indicarse a los de la ETA que empezasen a poner bombas en las iglesias, en lugar de seguir dando la tabarra, pero Zapo no era de esa opinión: "La idea estaría bien si fuera bajo un gobierno de la derecha, pero con nosotros, nos acusarían de no mantener el orden. Aunque todo se andará. Lo dicho, creo que la sustitución del crucifijo por el chorizo vendría muy bien; además, un chorizo ligeramente combado sugiere de forma delicada una media luna, con lo que nuestra alianza de civilizaciones daría un nuevo paso". Rubalcaba objetó que los musulmanes podían mosquearse, por aquello de la carne de cerdo, pero Zapo supo contestar correctamente: "Junto a cada chorizo en cada escuela y en cada despacho ministerial, habrá una nota explicativa: "No contiene carne de cerdo". ¿Veis qué fácil? Rubalcaba insistió: Pero nos dirán que, claro, cerdo no mata a cerdo... En este momento, Zapo se enfadó un poco: Mira, Ruba, ¿quieres dejarte de pejiguerías? Con esos escrúpulos y tal y tal nunca habríamos llegado al poder, y tú lo sabes mejor que nadie.
¿Qué les parece a ustedes? Yo no acabo de creer que esta información sea auténtica Demasiado verosímil para ser real: los políticos nunca hablan tan claro.
 
 **** Hay un gran salto entre reconocer que la masonería ha jugado siempre contra la Iglesia, y que en España ha sido casi siempre nefasta, y pretender que encarna el mal. Lo último entra en una posición simétrica de la masónica, y desde luego no cristiana, aunque tiene la ventaja psicológica de que, al concentrar el mal en un enemigo concreto, nos permite sentirnos automáticamente entre los buenos y los elegidos, propuesta, por otra parte, de todo grupo gnóstico. Pregunta alguien que qué de bueno ha hecho la masonería. Si, como ellos dicen, es la autora de la democracia liberal, entonces algo muy bueno ha hecho, porque la única alternativa a esa democracia es una dictadura de algún tipo. Por lo demás, según ellos, la masonería ha creado igualmente el comunismo, el estado de Israel, la poesía modernista de Rubén Darío y quizá la Teoría de la Relatividad (¿No era Einstein masón? Por lo menos era judío sionista).
 
Estas condensaciones del mal, aunque psicológicamente satisfactorias, tienen el defecto de que impiden defender racionalmente las posiciones atacadas y esterilizan el pensamiento. Ante la cuestión del aborto, por ejemplo, no me planteo si lo defiende la masonería, sino cuál es la concepción de base al respecto, y para eso no necesito ser creyente. No estoy contra el aborto porque lo defienda la masonería o el feminismo, sino porque me parece un crimen, aunque admito que otros empleen argumentos puramente religiosos. Pero si alguien va haciendo propaganda contra el aborto explicando que es malo porque lo defiende la masonería, puede tener la seguridad de que no convencerá a nadie: los proabortistas, al contrario, se sentirán inclinados hacia la masonería.
 
**** El PSOE, ante las encuestas: "El desgaste del Gobierno está siendo francamente leve". Pero no es mérito suyo. Es mérito del PP rajoyano. ¡Y en vez de agradecérselo, se cachondean de él! 

No siempre era agudo Fernández de la Mora

7 de Noviembre de 2009 - 09:02:25 - Pío Moa - 198 comentarios

Del un viejo artículo de Fernández de la Mora, recogido ayer en el blog:

"El testimonio más apodíctico es el del almirante Cervera. El 30 de enero de 1898, siendo comandante general de la escuadra, escribe Cervera que, en caso de conflicto armado,«¡podemos y debemos temer un desastre». El 25 de febrero comunica al ministro de Marina: «Creo que el rompimento con los Estados Unidos acarrearía una gran catástrofe para la pobre España, que ya no puede más y no está preparada para tan rudo choque, que seguramente le seria funesto.» El 16 de marzo remacha,: «Creo del mayor interés que todo el Consejo de Ministros, sin exceptuar absolutamente ninguno, estén iniciados con toda claridad en nuestra triste y desconsoladora situación para que no quede la menor duda de que la guerra nos conducirá seguramente a un desastre, seguido de una paz humillante y de la ruina más espantosa.» El 6 de abril precisa: «Presentarles una batalla naval con carácter de decisiva sería el mayor de los desatinos porque sería buscar «una derrota cierta.» Poco después se le ordena levar anclas. El 25 de abril se declara la guerra. Al zarpar de Cabo Verde, en cumplimento de la orden recibida, rumbo a Cuba, telegrafía a su ministro: «Con la conciencia tranquila voy al sacrificio.» Del previsto final levanta acta en el dramático parte del 4 de julio desde la Playa del Este: «Toda mi escuadra quedó destruida."

"Podemos y debemos temer un desastre": en toda guerra se puede y se debe temer un desastre, incluso cuando se va a ella con superioridad material. Hay multitud de ejemplos en la historia. Pero la advertencia de Cervera no es la de un militar responsable, sino directamente derrotista, que juega a hacer de político y lloriquea sobre "la pobre España que ya no puede hacer más". La "pobre España" disponía de una flota nada despreciable, al menos según la juzgaban otros países, y en "la pobre Usa" hubo bastante preocupación y ciertos movimientos de pánico en algunos lugares, pero nunca se permitió a los jefes militares ese repulsivo lloriqueo. "España no está preparada para tan rudo choque". Si alguin lo hizo rudo y calamitoso fue el propio Cervera, que no solo no tenía el menor espíritu que se espera de un jefe militar, sino que consiguió reducir la flota a una situación en la que el choque no podía tener sino el resultado "más funesto". Un elemento clave de la "triste y desconsoladora situación" era precisamente el mando de las flotas por Cervera y Montojo. "Presentarles una batalla naval con carácter de decisiva sería el mayor de los desatinos". Ahí acierta de lleno. Él tenía algunas ventajas que le permitían eludir el encontronazo frontal y marcarse otra estrategia, pero fue a la batalla decisiva anulando sus propias ventajas y procurando que el contrario pudiera sacar el máximo fruto de las suyas. Si alguien buscó "una derrota cierta", fue él. "Con la conciencia tranquila voy al sacrificio". Con la conciencia tranquila debió haber dimitido irrevocablemente, porque lo que mandó al sacrificio fue la escuadra. Su única excusa es que los ministros le nombraron. Después, él y otros darían a entender que el gobierno quería la derrota, lucubrando con tales y cuales intereses políticos. Pero el único argumento serio a favor de esa tesis fue el nombramiento de Cervera y Montojo: no pudieron encontrar mejores instrumentos para asegurar la derrota.

Ni siquiera acertó en lo de "la ruina más espantosa" que predecía. En definitiva, la pérdida de Cuba fue económicamente muy rentable. Lástima que se diera en tales condiciones.  

El testimonio de Cervera es apodíctico, pero en un sentido distinto al que creyó Fernández de la Mora.

**** Blog "¿Te obligan a entrar en esas iglesias? ¿Te obligan a poner un crucifijo en casa? Si la respuesta es "no", ¿por qué te van a obligar a tener un crucifijo en la escuela?" Mal razonamiento. Te obligan a soportar la presencia de las iglesias y catedrales en el espacio público, no hace falta que entres en ella. Por eso en la república y la guerra civil aquella gente, tan consecuente, las quemaba, y liquidaba a los curas, por oscurantistas, retrógrados y enemigos del pueblo. Ahora no se atreven a expresar su deseo de hacer lo mismo, pero solo porque no les salió todo lo bien que pensaban. Si toleras las iglesias, debes tolerar los crucifijos en la escuela, pues del mismo modo que nadie te obliga a entrar en aquellas, nadie te obliga a hacerte cristiano por la presencia del crucifijo. De lo que se trata es de borrar la presencia del cristianismo, y lo del los crucifijos escolares es una nimiedad al lado de las iglesias, catedrales, procesiones, etc.

Otro mal razonamiento: "Ponen un crucifijo en la primera página del BOE? ¿Hay crucifijos a la entrada de las bibliotecas públicas? ¿Y en las señales de las carreteras? ¿Llevan crucifijo los coches oficiales de los ministros? Entonces, ¿por qué va a haberlos en las escuelas, a menos que sean escuelas de la Iglesia?" Obviamente, porque las escuelas son centros de formación de las nuevas generaciones, y lo son en una cultura cuya base es el (nefasto) cristianismo. Desde luego, que intenten quitar los crucifijos, es una insignificancia al lado de lo de las iglesias; aunque quizá sea solo un paso para llegar a lo otro, a lo que realmente les importa. Entonces ya tiene más sentido. Digamos también que resulta extraño que en una democracia, unos cuantos burócratas decidan sobre estas cuestiones totalmente al margen de la opinión de la gente y de la tradición cultural del país, sin siquiera molestarse en consultar a los padres. Pero ¿qué importa la democracia al lado de los altos intereses de estos chorizos, digo políticos? ¿No son ellos los promotores de la trola, el choriceo y el puterío, a lo que llaman "educación para la ciudadanía"? La palabra "político", ¿no va equivaliendo en el lenguaje popular a la de "mangante"? ¿Por qué interesa tanto a los chorizos quitar los crucifijos?

**** http://porlaestanteria.blogspot.com/2009/10/arturo-perez-reverte-patente-de-corso.html

**** La Universidad de Nueva York niega al Tribunal Supremo los datos sobre sus pagos a Garzón

Lo que revela dos cosas: que en Nueva York desprecian a la justicia española, y que en esos pagos hay gato encerrado. 

Generación del 14 / Garzón / Crucifijos e iglesias

5 de Noviembre de 2009 - 07:30:00 - Pío Moa - 360 comentarios

Para que los expertos se despachen a gusto:

La "Generación de 1914" exhibirá actitudes y preocupaciones bastante diferentes de la anterior, menos artística y más ensayística, con Ortega y Gasset, su jefe de filas, Gregorio Marañón, Salvador de Madariaga, Eugenio d´Ors, Manuel Azaña, Américo Castro; novelistas como Ramón Pérez de Ayala o Gabriel Miró, el poeta Juan Ramón Jiménez, futuro premio Nobel, el inclasificable Ramón Gómez de la Serna, los humoristas Julio Camba o Wenceslao Fernández Flórez, y otros.

La mayoría de ellos comparte un resuelto europeísmo, entendiendo por tal una admiración acrítica hacia los tres países europeos más pujantes, modelos a imitar por España; también exhiben una mayor estima por el racionalismo, preocupación por la prosa pulida y la obra bien terminada y, entre los literatos, una concepción del arte en función de sus valores estéticos y al margen inquietudes sociales, menos, hasta cierto punto, en Pérez de Ayala. Parte de ellos, ante todo Ortega y a partir de él, se consideraban una minoría selecta que debía encauzar la vida del país, empezando por la política, con orientación predominante republicana.

Ortega, influido por la filosofía alemana de la época, en varias de cuyas universidades estudió, fue, junto con Unamuno, aunque con orientación distinta, el filósofo español más destacado del siglo XX. No está tampoco muy alejado del existencialismo. Su pensamiento parte de la "realidad radical" que es la vida, invirtiendo el "pienso, luego existo" en "vivo, luego pienso". La razón no es puramente intelectual, sino relacionada con la vida y dependiente de ella, es "razón vital"; y la vida del individuo se desarrolla en una posición determinada dentro del mundo, en su circunstancia, por lo que el sujeto solo puede concebirse dentro de su situación y relación con el mundo ("yo soy yo y mi circunstancia"). Desde esa posición o circunstancia el sujeto aprecia y entiende al mundo y a sí mismo con una perspectiva particular (perspectivismo), que no tiene por qué ser falsa ni meramente subjetiva, sino que contiene una verdad objetiva, aunque parcial. La verdad general, composición de esas verdades parciales solo sería accesible a Dios (Ortega era agnóstico) si bien la filosofía acerca al hombre a ella. La circunstancia no es solo espacial, también temporal: el hombre es fundamentalmente histórico, no tiene propiamente naturaleza, sino historia, y no puede comprenderse como una foto fija, sino en su dinamismo a lo largo del tiempo: la razón vital es razón histórica.

La circunstancia, la realidad exterior en que se desenvuelve la vida del individuo, limita a este, crea un conflicto o tensión dramática entre la necesidad impuesta por las cosas y la libertad anhelante de la persona. Hay una adaptación mutua, nunca completa, pues el hombre también adapta la naturaleza a sus intereses mediante la técnica. Siempre las posibilidades del individuo están restringidas por el peso de la realidad, de otro modo la libertad se convertiría en arbitrariedad; pero el peso de lo real no es tan absoluto que impida una libertad relativa: ofrece diversas posibilidades y el sujeto libre elige entre ellas su destino, se forja un "proyecto de vida", aun si gran parte de los individuos prefiere dejarse llevar por lo convencional y socialmente adquirido, sin apenas esfuerzo consciente. La libertad, en definitiva, consiste en asumir un destino. La filosofía orteguiana difiere del idealismo alemán, a su juicio demasiado absorbido por el yo, y del realismo que margina el yo al examinar el mundo. También difiere de concepciones nietzscheanas que privilegian el impulso de la voluntad, mientras que Ortega mantiene la razón como un componente esencial de la vida, y no debe gran cosa al darwinismo. Puede encontrarse en ello un eco de la diferencia entre el catolicismo, siempre atento a la razón y predominante en la Europa latina, y el protestantismo predominante en los países germánicos, centrado en la voluntad y la fe.

Ortega, atento a las transformaciones de su época, denunció en La rebelión de las masas el crecimiento imparable del "hombre masa", el hombre trivial, ignorante y sin elevación, bárbaro especializado producido en apariencia por el aumento de la riqueza, sin proyecto vital, que cree tener todos los derechos y ninguna obligación. El hombre masa señalaría un declive de la civilización europea, al cual opone un ideal aristocrático de "minorías selectas", que incide sobre los propios deberes, el conocimiento general, la creatividad. Llegó a analizar la historia hispana, en su ensayo, un tanto disparatado, España invertebrada, achacando el problema a la ausencia de tales minorías socialmente vertebradoras y suponiendo que en este país el pueblo "lo ha hecho todo". En función de ello se lanzó a empresas cultural-políticas, algunas mejor fundamentadas que otras, con una condena explícita al "descarriado vagar" y la "tibetanización" del país durante siglos, que lo habría apartado de "Europa", es decir, de Francia, Alemania e Inglaterra, ignorando de paso las profundas diferencias entre cada una de esas naciones. Para Ortega, como para el regeneracionismo en general, lo que realmente había ocurrido en la historia de España no "debía" haber ocurrido, con lo que empezaban, como decía el mismo Ortega de los utopistas-racionalistas, por "no aceptar el problema –lo real– según se presenta, e imponerle a priori una forma caprichosa".

Por más que Ortega y la mayoría de los ensayistas de la generación se proclamaban liberales, ya quedó indicado que se trataba de un liberalismo sui generis, y su influencia intelectual, realmente vasta y en gran medida fructífera en el ámbito español e hispanoamericano, y en menor medida en Europa, se extendería con bastante naturalidad a la Falange, el partido español más próximo al fascismo.

Figura muy importante es la de Eugenio D´Ors, influido por filósofos como Bergson, por la ciencia de su tiempo y por el pragmatismo useño, que le parecía una teoría endeble y no obstante fructífera. Mucho de su pensamiento se orientó a encontrar el fondo de la religiosidad y a buscar una concepción del hombre que armonizase la ciencia y la filosofía. Distinguió entre la potencia –el yo– y la resistencia –el mundo exterior–, que se opone a los deseos del yo. El método científico da cuenta del mundo exterior, pero no basta para entender al yo, que en lo más íntimo se concibe como libertad pura, fuera de toda coerción, y captarlo exige una experiencia vital más allá de los métodos empíricos. De esa libertad radical pero no plenamente aplicable debido a la resistencia brota la religión: la ciencia explora y representa la fatalidad, la religión expresa la libertad. Quiso renovar el pensamiento filosófico y apartarlo del racionalismo, asumiendo que el pensamiento y el lenguaje van más allá de la razón, la cual, con su lógica, no basta para dar cuenta de las realidades fundamentales humanas, como la religión, el arte o la vida de cada cual. Debía concebirse la filosofía como diálogo y tensión entre la razón y la vida, sin reducir una a la otra. Buscó renovar también la lógica señalando que las realidades no se dejan limitar por los principios de contradicción y razón suficiente, sino que van más allá de su significación estricta y están en función de otras realidades. En relación con el pragmatismo, quiso completar su visión utilitaria del hombre con la visión estética y lúdica, por lo que una de sus facetas más interesantes fue su crítica del arte.

Al igual que Unamuno, entendió el lenguaje mismo como filosofía, en un sentido algo diferente del que tomaría la orientación analítica, originada en Alemania y que había de hacerse hegemónica en el mundo anglosajón durante el siglo XX, que ha tendido a subordinar la filosofía a las ciencias naturales y a excluir como carentes de significado real la metafísica e incluso la ética.

D´Ors se pareció mucho a Ortega como activista de la cultura, pues quería renovarla en Cataluña dentro del plan nacionalista de convertir a la región en centro hegemónico del resto de España; pero encontró la mentalidad catalanista un tanto roma (fue acusado de malversación), por lo que marchó a Madrid, donde creyó encontrar un ambiente más propicio, y pasó a escribir en castellano. En política evolucionó desde el nacionalismo catalán a una posición liberal españolista y finalmente a la Falange.

Una característica de la civilización europea ha sido la pugna constante de opiniones e ideas en torno a las cuatro cuestiones básicas de la filosofía, derivadas a su vez de la religión: qué es el mundo ("filosofía natural"), qué es el hombre (ética y política), qué hay más allá de lo sensible (metafísica), cómo alcanzar la verdad. Naturalmente, estas cuestiones están presentes de un modo u otro en todas las culturas, pero en ninguna, fuera de la griega, habían sido abordadas con tanta pasión y tesón. Las preguntas nunca han sido contestadas de modo plenamente satisfactorio, y los sistemas de ideas que pretendían abarcar la realidad siempre han resultado incompletos o contradictorios, de ahí que a veces se haya dado por inútil la ocupación filosófica. Pero salta a la vista que ella ha contribuido poderosamente a conformar y evolucionar las sociedades occidentales, y dado lugar al pensamiento científico, entre otras cosas. En el siglo XX la inquietud filosófica daría lugar a orientaciones muy variadas.

En el pensamiento español solo la segunda pregunta (qué es el hombre) y la tercera (en forma de teología) ha recibido atención permanente, aunque irregular, quedando las demás un tanto al margen, pues el hecho del conocimiento no suscitaba demasiadas dudas, y la filosofía natural era reducida a la técnica y a un plano secundario. Ortega, Unamuno D´Ors, Maeztu y otros permanecen en esa tradición. 

Las fuertes peculiaridades histórico-culturales de España, tenidas por grave defecto, exigían una aclaración. En la moda regeneracionista, quizá la explicación más curiosa la diera Américo Castro, ya en los años 40: la esencia de España se formaría en la "Edad Media", y no a través de la reconquista, sino de una supuesta simbiosis de "las tres culturas, judía, musulmana y cristiana". Ni la época romana ni la visigoda habrían sido españolas, y el triunfo cristiano, con expulsión de judíos y moros, habría llevado a España a un marasmo subrayado por continuas guerras civiles. La teoría iba más allá de la habitual añoranza por los comuneros, y es notable por dos cosas: por la osadía con que desdeña los más evidentes datos históricos, y por la amplia aceptación que recibió durante décadas, prueba por sí sola de la inanidad de un vasto sector intelectual hispano.

Por esos años se dibujaron en España tres orientaciones político-intelectuales que iban a conformar en alto grado la historia posterior: la tradicionalista, auspiciada por la Iglesia; la liberal-regeneracionista, un tanto contradictoria; y la revolucionaria de ácratas, socialistas, comunistas, así como, de otro modo, republicanos y nacionalistas catalanes y vascos. Esta última careció casi por completo de pensamiento propio, guiándose por ideas de teóricos extranjeros reducidas por lo común a tópicos. Mayor enjundia tuvo el pensamiento tradicionalista, y sobre todo el liberal-regeneracionista. Las incoherencias de este último ayudarían a arruinar la liberal Restauración para verse pronto rebasado, en la práctica, por el oleaje revolucionario.

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**** El caso de Garzón. El personaje ha sido el juez de Zapo el rojo y de la colaboración con la ETA, y de pronto dirige sus dentelladas a los socialistas y separatistas catalanes. ¿Qué hay detrás de ello? Un amigo sugiere: se trata de una advertencia del juez al gobierno, con el cual sus relaciones no serían tan buenas, sobre todo después de que el hombre se viera amenazado por un proceso por prevaricación. Conviene recordar que Garzón es masón y tiene grandes agarraderas, y que ha rendido muchos servicios al gobierno. Pero, en definitiva, dentro del PSOE hay también muchos que se la tienen jurada por el caso GAL. Recordemos que este juez intentó hacer carrera política al lado del PSOE en los momentos en que este alcanzaba el ápice de la corrupción, y que solo cuando Felipe González cortó su carrera política se volvió contra su gobierno destapando de nuevo el caso GAL. La ambición, ansia enfermiza de notoriedad y vanidad de este juez político y antidemocrático le han llevado a crearse demasiados enemigos por todas partes, y lo de Cataluña parece una huida hacia delante.

**** No es que la corrupción sacada a la luz por Garzón sea falsa: seguramente es solo una parte mínima de la existente, como se ha molestado en aclarar Pujol, uno de los políticos más nefastos del país: "Si otros tiran de la manta también puedo hacerlo yo, y todos resultaremos perjudicados". Es un llamamiento a la "honorabilidad" común de los chorizos, temerosos de quedar todos con el culo al aire. ¿Y qué me dicen del PP? ¡Qué gran espectáculo, a un tiempo doloroso, cómico y esperpéntico!

Me sorprende mucho que algunas personas se sientan ofendidas por la presencia de crucifijos en las escuelas. Después de todo, solo van a verlos los niños, que por lo común no están ilustrados en las profundas ciencias ateas y anticristianas, y por lo tanto no sienten el crucifijo como una ofensa. Decía no sé quién que el conflicto podría resolverse o bien por votación de los padres o, mejor aún, construyendo escuelas aparte para quienes no quisieran crucifijos. Pero esto sería un camino erróneo: una persona mínimamente civilizada no tiene más que pasearse por cualquier ciudad europea para encontrar cada poco iglesias, incluso ostentosas catedrales, con sus símbolos de la superstición, el oscurantismo, las inquisiciones y todas esas cosas. ¡Y están ahí, a la vista de todos, de los adultos, ocupando desvergonzadamente el espacio público, vestigios de tiempos siniestros que ofenden a la ilustración y a la ciencia más elementales! Peor todavía: ¡se consiente, incluso, que se construyan nuevas iglesias! Debe admitirse –con profunda tristeza– que, por desgracia, el pasado europeo, y no digamos el español, ha sido cristiano, pero precisamente por ello debe borrarse radicalmente su insultante presencia en el espacio público, como en España está haciendo Zapillo el rojo con los restos franquistas. Quien quiera cristos, que los guarde en sus casitas. Demoler esos símbolos y recuerdos de pesadilla es un deber de la nueva Europa. Sobre sus solares podrían alzarse útiles bloques de apartamentos, productivos talleres, plazas con juegos para los niños o incluso burdeles subvencionados, que es otra cosa a la que hay que llegar, si queremos que la sociedad se rija por la razón libre de tabúes. Y uno se pregunta qué coño hacen en Estrasburgo, por qué las autoridades europeas pierden el tiempo de esa manera en chorradas como los crucifijos en las escuelas. No sabe uno adónde iremos a parar.

Generación del 98

4 de Noviembre de 2009 - 10:28:19 - Pío Moa - 98 comentarios

A ver, los que más sepan:

El paso del siglo se manifestó en España en el noventayochismo y el modernismo, dos actitudes contrapuestas, aunque a veces se las reúna como Generación del 98, por haberse dado a conocer sus integrantes en torno a esa fecha. Si a la primera mitad de la Restauración había correspondido un florecimiento literario e intelectual, la segunda lo consolidó y reforzó con dos generaciones seguidas, la citada del 98 y la de 1914. En la primera suele incluirse a escritores como Pío Baroja, acaso el mejor novelista español del siglo XX y uno de los primeros en introducir el género social y el de aventuras, el inclasificable Azorín, los filósofos Ramiro de Maeztu y Unamuno, Ramón del Valle-Inclán, el dramaturgo premio Nobel Jacinto Benavente, Carlos Arniches, Gabriel y Galán, Manuel y Antonio Machado, Menéndez Pidal, uno de los máximos filólogos e historiadores españoles, músicos como Isaac Albéniz o Enrique Granados, o pintores como Zuloaga. No hubo un científico descollante, a no ser Santiago Ramón y Cajal, uno de los mayores histólogos de todos los tiempos, descubridor de la neurona como elemento clave del sistema nervioso y premio Nobel de medicina en 1906. Quizá valga la pena señalar su convicción, nada popular en España, de que en la investigación científica el esfuerzo personal es lo decisivo, y los medios materiales lo secundario.

El modernismo fue un movimiento europeo que reaccionaba contra el realismo y el naturalismo de la época anterior. Ajeno a las ideologías ansiosas de instrumentalizar el arte, cultivaba un preciosismo artístico, erótico y vital, el adorno, la sensualidad, el cosmopolitismo, un ademán de hastío de la vida, el desdén por lo burgués y lo cotidiano, vistos como vulgares y antiestéticos. El poeta catalán Joan Maragall lo expresó a su modo en su conocida queja: él había querido "ser como Byron o Heine y tirarme a mujeres casadas (...) y correr mundo y no vivir más que para la Belleza y el Arte"; pero su ciudad no se prestaba: "¡Ah, Barcelona, símbolo de toda medianía, ¡¡¡Bien me has jodido!!!". Recordaba a un romanticismo sin impulso aventurero ni atracción por lo heroico y sombrío. En arquitectura, Gaudí y otros convirtieron a Barcelona en capital europea del modernismo, que desde allí se expandió a otras ciudades españolas. En literatura, el estilo llegó de Hispanoamérica a través del poeta nicaragüense Rubén Darío, y su mayor representante español puede ser Valle-Inclán.

Espíritu bien distinto exhibe el noventayochismo, más específicamente español, con un realismo diferente del de Galdós, Valera o la Pardo Bazán. Es menos cosmopolita o "europeo" que el modernismo, y más castizo, sensible al paisaje, hostil a los adornos, a veces con cierta tosquedad deliberada y matices anarquizantes y nietzscheanos. Varios de sus representantes buscaban, anacrónicamente, la esencia de España en la entonces polvorienta Castilla, con un tono regeneracionista e inamistoso hacia la Restauración. La diferencia entre noventayochismo y modernismo queda patente en los hermanos y colaboradores literarios Manuel y Antonio Machado. En Manuel es bien visible la actitud modernista, indiferente a la política o al regeneracionismo y preocupado por la estética formal, incluso en su costumbrismo andalucista (el flamenco estaba en pleno auge y sería visto en el exterior como la representación más propia de la música popular española, a la que, erróneamente, se le atribuían raíces árabes); en Antonio, el interés derivará hacia Castilla, con tono regeneracionista --llegaría a simpatizar con el comunismo soviético—y sin mucho esteticismo, aunque no menor expresividad. Opone demasiado drásticamente la España tradicional a la que caricaturiza como "de charanga y pandereta / cerrado y sacristía", frente a  "la España que alborea / con un hacha en la mano vengadora / la España de la rabia y de la idea". Si bien había en todo ello mucha rabia, al menos retórica, y poca idea.

Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu, los dos vascos, fueron los filósofos de la generación, ambos antítesis de Sabino Arana, también pensador a su algo pedestre modo. Maeztu fue ante todo pensador político, anarcoide en su juventud y conservador en la madurez, en la onda tradicionalista de Donoso Cortés, Balmes y Menéndez Pelayo. En todos ellos cabe distinguir tres aspectos: la crítica, con frecuencia aguda, a las ideas liberales y socialistas; la reivindicación de los siglos gloriosos de España frente a su sistemática denigración por las corrientes más diversas; y sus alternativas reales. Todos ellos atribuyen al catolicismo la más íntima esencia de España, al punto de que la merma de ese factor imposibilitaría la continuidad de la nación. Con lo cual incurren en la doble contradicción de identificar al catolicismo con una doctrina o al menos concepción general política, idea no cristiana, y al propio tiempo diluyen la nación, puesto que el concepto del catolicismo no es nacional, sino universal. Y no distinguen bien entre la vivaz e inspiradora religiosidad del Siglo de oro y su débil brillantez posterior, y oscureciendo el hecho de que el pensamiento católico español en su mejor momento tiene aspectos fundamentales no alejados del liberalismo.

Estas contradicciones convertían su alternativa social y política en una poco atractiva tutela eclesiástica sobre la sociedad, bajo una monarquía absolutista ajena a las libertades políticas. De hecho, el primer tercio del siglo presenció la crisis del liberalismo en toda Europa, y surgieron alternativas como la "democracia orgánica", opuesta a la liberal, acusada de allanar el camino a revoluciones totalitarias. Sobre la democracia orgánica teorizarían representantes de la Institución Libre de Enseñanza como el socialista Fernando de los Ríos, el intelectual de la generación siguiente Salvador de Madariaga y el propio Maeztu. Según este, el liberalismo fomentaría una inestabilidad permanente al dejar a la arbitrariedad del individuo la verdad y la moral, y señalaba la pérdida de integración social del individuo, así indefenso y manipulable, y proponía su integración política a través de las asociaciones en cierto sentido naturales de la familia, el municipio o el sindicato. Sin embargo el liberalismo, aunque mina en parte las instituciones tradicionales, no las liquida, y multiplica en cambio todo género de asociaciones, contrapesando la desintegración social y anomia que teóricamente produciría. Maeztu proponía la acción política a través de sindicatos o gremios, a través de los cuales los individuos, conocedores de sus intereses y representantes, controlarían mejor el poder, superando la corrupción propia del sistema de partidos.

Aportación crucial de Maeztu fue la idea de la Hispanidad, que tomó del obispo vizcaíno Zacarías de Vizcarra, para sustituir el absurdo de la "raza" hispana. La Hispanidad, cultura o subcivilización euroamericana, podría reorientar las peligrosas derivas de Europa o bien establecer una fórmula civilizatoria propia. España la había creado en siglos pasados, y elementos de ella, ante todo la lengua y el catolicismo, podrían alumbrar una alternativa cultural. Pero la Hispanidad permanecía estancada desde hacía mucho tiempo, y por más que la eclosión cultural de principios de siglo en España e Hispanoamérica demostraba que no había muerto, estaba muy por debajo del impulso de Francia, Inglaterra, Alemania o Usa en ciencia, bastante por debajo en pensamiento e incluso en literatura. Solo en pintura, con Picasso, Dalí y otros, se mantendría al nivel más alto en los decenios siguientes.

Unamuno, filósofo original y asistemático, errático en política, buscaba al hombre concreto, "de carne y hueso", suma de sentimientos, razones e intereses contradictorios, como opuesto al "ser pensante" de las abstracciones racionalistas y cientifistas, que rompen la esperanza propia de la vida y empujan al suicidio: no basta pensar, es preciso sentir el destino humano, pues la comprensión del mundo procede del "sentimiento de la vida", en el que no solo interviene la razón, sino también las pasiones, los intereses, las necesidades. La vida humana es paradójica, no se deja reducir a un rasgo preciso, y la base de su contradicción radica en su conciencia de la muerte frente a su anhelo irreprimible de inmortalidad. El hombre vive permanentemente en una agonía o lucha entre el sentimiento y la razón, entre la duda y la fe, opuestos y complementarios.

Su concepto de la fe difiere del protestante, no parte de la gracia ni la predestinación, pues es a un tiempo imaginación y voluntad acosadas por la duda: la fe desprovista de razón embrutece, pero la razón introduce al mismo tiempo la duda. Y esa lucha es la misma vida, en cuyo principio no se halla la acción, como hizo decir Goethe a Fausto, sino el Verbo de la Biblia, es decir, el orden, el sentido. La aparente locura de Don Quijote certificaría una voluntad vital que se hunde al volver a la cordura, a la paz consigo mismo en el último momento, pues la paz y la armonía caracterizan el reinado de la muerte. La vida, lucha por la inmortalidad, es trágica porque no conduce a una victoria definitiva, sino al agotamiento de su propio impulso. El sentido de la vida es precisamente esa agonía o contienda, idea diferente de la mencionada del andalusí Ibn Hazm, que entendió la vida como esfuerzo por distraerse de la muerte. Unamuno ve la clave del pensamiento español de los buenos siglos, no en la Escolástica, demasiado racionalista, sino en la mística, que a su juicio encierra intuiciones más profundas y completas. Era creyente, pero de un modo que no encajaba bien en la Iglesia.

En Unamuno es visible la influencia del filósofo danés Kierkegaard, precursor del existencialismo. Este movimiento filosófico no busca ni parte de una esencia abstracta de lo humano, sino que intenta abordar su existencia concreta, individual, subjetiva, rubricada por su libertad y su carácter pasajero, el modo como existe en el mundo.

Las posiciones unamunianas alejaban a un segundo plano muchas preocupaciones típicas de la época, en particular el desarrollo científico y técnico, y de ahí su célebre boutade "que inventen ellos (los otros europeos)", muy criticada sin que los críticos inventaran tampoco gran cosa. Coincidía parcialmente con Maeztu en la reivindicación del espíritu y la cultura españolas, al proponer, contra la moda de la "europeización" de España, la "españolización" de Europa; y con el mismo problema no resuelto: la debilidad de la cultura española de entonces para una meta tan ambiciosa.

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Do you speak English? Los políticos suspenden en formación

¿No son políticos españoles? ¿Por qué tendrían que hablar inglés? ¿No hay ya traductores? ¿O se sugiere que la política española no depende ya de España sino de países de habla inglesa? En efecto, eso es lo que se sugiere. Y se les compara con los directivos de grandes compañías que sí hablan inglés. Pero el problema no es que lo hablen, hablar idiomas es siempre útil. El problema es que la cultura superior se hace en España, cada vez más, en inglés, desplazando al español, a cada paso más relegado y echado a perder, también en la cultura popular. Diríamos, parodiando a Antonio Machado, que el español medio, y más si es directivo, intelectual o político, desprecia cuanto ignora. Y lo que ignora y desprecia es su propia cultura, de la que solo conoce, aprecia y cultiva la telebasura, el "arte" de los titiriteros, el botellón y similares. Puede ser que hablen muy mal el inglés, pero lo reverencian asnalmente y en su esterilidad intelectual repiten como un mantra: "Es que el inglés, en el mundo de hoy, es fundamental". A su lado, los afrancesados eran patriotas fanáticos.

**** Las sectas gnósticas, como la masonería, suponen tener verdades y virtudes exclusivas, que exigen iniciación y separación del común de los mortales para entrar en el mundo de los elegidos. El cristianismo rechazó desde el principio las doctrinas gnósticas, pues su mensaje, se supone, no es oculto, sino abierto a todos; y supone que el bien y el mal no se hallan concentrados en colectividades distintas, sino que están presentes en cada individuo. De modo que no puede estar concentrado en la masonería: eso sería, a su vez, una especie de gnosticismo, conducente al fanatismo: todo el mal es de origen masónico, y todo lo que hacen los masones es necesariamente malo, luego basta denunciar a la masobería para entrar en el reino de los justos. Es cierto que, en general, la masonería ha atacado a la Iglesia y divulgado ideologías "progres". Pero De Maistre, pensador totalmente reaccionario, era masón y se consideraba al mismo tiempo católico.

Cómo los anarquistas hundieron a Azaña

3 de Noviembre de 2009 - 09:57:58 - Pío Moa - 140 comentarios

Ya está dicho, pero conviene repetirlo y difundirlo al máximo:

Por lo que se refiere a los anarquistas cabe señalar que, al revés que los socialistas, llegaban muy debilitados a la república si bien, como ya indiqué, su sindicato, la CNT, recuperó fuerza de masas con rapidez inesperada, llegando a convertirse en el más numeroso, aunque sus disensiones internas y escasa disciplina hacían de él un enemigo del régimen menos peligroso que el PSOE. Suelen atribuirse a la CNT un millón y hasta un millón y medio de afiliados, y casi otros tantos a la UGT, pero se trata de datos propagandísticos, por más que hayan circulado mucho. Las cifras reales no llegaban probablemente a la mitad, como indican sus congresos. Aún así, se trataba de verdaderas masas, que podían imponer huelgas y arrastrar a otras muchas personas. Dentro de la CNT funcionaba una organización secreta o "específica" particular, la FAI, Federación Anarquista Ibérica, que intentaba manejar el sindicato siguiendo una tradición de sociedades de ese estilo que se remontaba ya a los tiempos de Bakunin. Había otros grupos de afinidad, de los que el más influyente era el de de García Oliver, Durruti, Ascaso y algunos más, poco afectos a la FAI.

Los conspiradores republicanos buscaron en 1930 la colaboración de los ácratas, pero estos no llegaron a participar en el Pacto de San Sebastián. Su postura en aquel momento era vacilante, pues suponían que la república sería un régimen débil en el que podrían desenvolverse con más facilidades que en la dictadura de Primo. Al llegar el nuevo régimen surgió una corriente conciliatoria y posibilista, encabezada por Ángel Pestaña, que planteó una posición similar a la del PSOE: respetar por un tiempo y en cierta medida la república burguesa para, en cuanto se creasen condiciones propicias, acabar revolucionariamente con ella. Sin embargo esta posición se vio agresivamente arrinconada por la de quienes decidieron desde el primer momento hostigar sin tregua a los gobiernos republicanos, de izquierdas o de derechas, pues en todo caso serían siempre capitalistas y explotadores. De ahí también la denuncia constante a la colaboración del PSOE con Azaña, que tanto preocupaba a los socialistas. Ciertamente esta actitud de hostigamiento era más coherente con los postulados anarquistas que la actitud digamos oportunista de Pestaña, pues a diferencia de los marxistas, los ácratas consideraban que el poder, todo poder, debía ser derribado de una vez por todas, y que ese hecho abriría por sí mismo una sociedad emancipada de los males del pasado.

Así, los anarquistas compartieron con los comunistas, aunque un poco después de ellos, la hostilidad de principio a la república, y no cejarían en ella hasta la reanudación de la guerra en 1936. Y como tenían una fuerza de masas de la que carecía el PCE, los efectos de esa hostilidad se notaron enseguida. En Cataluña, los nacionalistas de Macià y Companys, esperando atraerse a la CNT, se mostraron afectuosos con ella y le permitieron limpiar el mundo obrero de adversarios no anarquistas, en particular del Sindicato Libre, varios de cuyos militantes fueron asesinados impunemente y otros muchos expulsados de su trabajo y condenados al hambre. Pero los anarquistas rechazarían también a los nacionalistas catalanes, para quienes se convirtieron en una pesadilla, como asimismo para los gobiernos de la república.

El terrorismo ácrata había sido una causa mayor de la ruina de la Restauración, pero ahora iba definiéndose una nueva táctica que explicó uno de sus líderes, el citado García Oliver: sustituir la "acción individual de atentados y sabotajes" por una "acción colectiva contra las estructuras del sistema (...) mediante la sistematización de las acciones insurreccionales, la puesta en práctica de una gimnasia revolucionaria". La cual golpearía una y otra vez al poder hasta derrumbarlo y abrir paso a la revolución social liberadora.

Una de sus primeras acciones de masas fue la huelga de Pasajes, en Guipúzcoa, a finales de mayo de 1931, que se saldó con ocho muertos y bastantes heridos. A principios de junio, otra huelga en la Telefónica de Madrid, se desarrolló con movimientos de guerrilla urbana. A finales del mismo mes tuvo lugar una intensa agitación en Andalucía, incluso con consignas separatistas, que derivó en un movimiento insurrecional en que estuvo mezclado Ramón Franco. Hubo un frustrado intento de robar 500 bombas de instalaciones militares, y tiroteos que causaron la muerte de varios guardias civiles y obreros. El gobierno declaró el estado de guerra en Sevilla y aplicó la ley de fugas contra algunos detenidos. La intentona costó 20 muertos.

A continuación vino la primera insurrección en forma, en el Alto Llobregat, desde el 18 de enero de 1932. Azaña, exasperado, empleó el ejército para aplastarla, con órdenes de actuar, según consigna en sus Diarios, "con toda rapidez y con la mayor violencia. Se fusilaría a quien se cogiese con las armas en la mano". Hubo 30 muertos, cientos de presos fueron internados en barcos convertidos en cárceles flotantes y 104 jefes anarquistas fueron deportados a las colonias africana, lo que dio ocasión a una huelga general en Barcelona. Azaña afirmó ante las Cortes que la insurrección estaba organizada por fuerzas extranjeras en connivencia con la extrema derecha, dato desde luego falto de veracidad.

Esta represión no acabó con la gimnasia revolucionaria, si bien por unos meses solo se produjeron incidentes menores, como atentados, sabotajes y huelgas. En agosto del mismo año, Azaña había vencido fácilmente el golpe derechista de Sanjurjo, éxito del que había salido muy reforzado, al igual que toda la izquierda, y estaba convencido de que la situación de había estabilizado a su favor. También creía "haber sofocado por la fuerza el movimiento anarcosindicalista", como escribió, pero se engañaba. El 8 de enero de 1933 se vinieron abajo sus ilusiones ante una nueva insurrección ácrata en Cataluña y Andalucía. En Barcelona, la Guardia Civil logró capturar a tiempo a los dirigentes, pero en Cádiz la represión dio lugar al conocido y antes mencionado episodio de Casas Viejas, donde la republicana Guardia de Asalto asesinó a numerosos campesinos apresados. Se levantó entonces una marejada de protestas, provenientes más de grupos de izquierda que de las derechas, contra lo que ha solido decirse, y el gobierno se encontró acorralado. Azaña intentó impedir que se realizase una investigación oficial de los hechos, y ello empeoró su posición. El resultado final fue que en Casas Viejas, solo cinco meses después de su victoria sobre Sanjurjo, hundió por completo su prestigio y la coalición republicano socialista empezó a hacer agua, yendo de mal en peor hasta ser disuelta por el presidente Alcalá-Zamora en septiembre.

La historiografía no ha solido dar toda su trascendencia a las insurrecciones anarquistas y acostumbra exagerar, en cambio, la del golpe de Sanjurjo, que estuvo vigilado por Azaña desde el primer momento y fue vencido enseguida, con un saldo de diez muertos, casi todos rebeldes, para gran ventaja política del gobierno. El constante hostigamiento ácrata, por el contrario, creó una impresión de inestabilidad profunda del régimen, acentuada por las disputas y la demagogia de los políticos. Contra una impresión difundida, no fue la derecha la causante de la caída de Azaña, sino la agitación de la CNT, combinada con la reacción visceral del gobierno y las disputas y rivalidades en el seno de este.

Tuvo otro efecto importante la represión de Casas Viejas: aumentó el odio de la CNT hacia los socialistas y azañistas, odio mutuo, por cierto, y extendido también a los nacionalistas catalanes, cuya complacencia inicial con los asesinatos anarquistas se había transformado en una represión que no dudaba en utilizar métodos ilegales y asesinatos a su vez. Por esa razón la mayoría de los anarquistas no participó en la insurrección del 34 en la mayor parte de España. No obstante sí lo hizo en Asturias, aunque con muchos roces y desacuerdos con el PSOE. Sin duda esta abstención contribuyó a facilitar la tarea al gobierno legítimo, presidido entonces por Lerroux.

La razón profunda de la actitud anarquista se encuentra, como la del PSOE y el PCE, en sus principios doctrinales, como quedó indicado. Al revés que los marxistas, los ácratas rechazaban una dictadura del proletariado o algo por el estilo, que permitiese la transición al comunismo. A su juicio todo poder es malo, y la dictadura del proletariado o cualquier otro régimen intermedio no haría sino que prolongar e incluso empeorar la existencia del poder. Por consiguiente, se oponían a todos ellos, por más que la lógica de su teoría conducía a imponer las concepciones anarquistas, algo imposible si no conseguían a su vez un poder absoluto.

No hace falta mucha perspicacia para entender por qué la historiografía de izquierdas ha solido minimizar el alcance de las acciones anarquistas: porque, presionada por el peligro que todas las izquierdas corrieron durante la guerra civil ante el avance de Franco sobre Madrid, la CNT-FAI abandonó sus ideas, antes irreductibles, para integrarse en un gobierno común de izquierdas, entrando de hecho, aun si no de derecho, en el Frente Popular. Juan Simeón Vidarte lamentaría hipócritamente la represión de la intentona anarquista del Alto Llobregat, en particular la deportación de Durruti y Ascaso con este asombroso análisis: "¿Hay alguien capaz de pensar que estos hombres, que habían de dar, pocos años más tarde, su vida en defensa de la República, eran enemigos de ella?". El grado de disparate alcanza la comicidad, si olvidamos otras realidades trágicas. Los anarquistas contribuyeron como pocos a la ruina de la república, y jamás murió ninguno de ellos defendiéndola; como tampoco luchó Vidarte por ella, sino que fue uno de los jefes de la insurrección de octubre, que la dejó malherida, y luego del proceso revolucionario que siguió a las elecciones de febrero del 36. Se ve que la palabra república tiene para ellos un significado tan ancho como el de democracia para Stalin.   

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**** Feijóo: "Tenemos que ganar a los socialistas, no a nosotros mismos". Ganarles estafando a los votantes. Pero si no sois más que una parodia de los socialistas... Panda de señoritos sinvergüenzas.

**** Tanto Rato como Gallardón son los hombres de PRISA, que van al rescate del sindicato del crimen. Los dos, con Cebrián y con Rajoy, han ganado esta partida.

**** Comparada con los señoritos del PP, Esperanza Aguirre es la única que vale. Dos graves defectos: es feminista zapotesca, y es una patriota useña, que no española.

**** La corrupción como seña de identidad de la política actual. Corrupción intelectual (la trola) económica (el choriceo) y sexual (el puterío). En el PP, es

**** La idea de que existe un centro planetario (la masonería) en la que se encarna el mal, es una idea anticristiana.

El PSOE ante la II República

2 de Noviembre de 2009 - 12:28:38 - Pío Moa - 153 comentarios

Ya ha sido dicho, pero conviene repetirlo y difundirlo ampliamente:

Empezaré por examinar al PSOE, debido a su importancia determinante en la época. A la llegada de la república solo existe un partido organizado, masivo y disciplinado, y es justamente el PSOE, y ello ocurre debido a su anterior cooperación con la dictadura de Primo de Rivera. Solo otro partido, el Radical de Lerroux, llegaba a aquellas fechas con cierta solera y prestigio de masas. Los demás, republicanos, y Esquerra catalana, se fundaron apresuradamente en unos pocos meses. El PNV se rehízo con bastante rapidez tras haber quedado en muy poca cosa durante la citada dictadura, después de haber amenazado, en vísperas de esta, con emprender la lucha armada. Algo parecido ocurrió a la CNT, que, a pesar de su extrema peligrosidad en tiempos anteriores y de ser sus continuos atentados una de las causas principales del derrumbe de la Restauración, mantuvo durante la dictadura en actividad muy discreta; pero inesperadamente creció con ímpetu al marcharse Primo de Rivera. En cuanto a la derecha, estaba casi desarticulada, aunque pronto tomó cierto impulso Acción Popular, eje de la CEDA que no se fundaría hasta 1933.

En 1930, cuando Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura, hasta poco antes políticos monárquicos, deciden coordinar un frente general por la república y convocan el Pacto de San Sebastián, en agosto de 1930, el PSOE estaba dividido entre quienes deseaban colaborar con los republicanos y una mayoría que lo rechazaba o se desentendía del asunto. Los dirigentes Largo Caballero y Besteiro tenían un amargo recuerdo de la huelga insurreccional de agosto de 1917, cuando se habían visto desasistidos por sus aliados republicanos, y consideraban que las conjuras de estos eran dignas de un vodevil, por lo cual rehusaban mezclarse en ellas. Pero Indalecio Prieto pensaba de otro modo, y asistió al Pacto de San Sebastián, aunque sin mandato oficial. A partir de ahí, consiguió enredar a Largo Caballero mediante hechos consumados. Besteiro, en cambio, permaneció reticente y con poco respeto hacia los republicanos. El Pacto de San Sebastián acordó llevar a cabo un golpe militar que liquidara el proceso de transición emprendido por Alfonso XIII, e impusiera la república. Al intentarse el golpe, con mala coordinación, en diciembre de 1930, Besteiro, encargado de la huelga general en Madrid, la saboteó, algo que Largo Caballero y Prieto no le perdonarían.

Después, la monarquía entró en una acelerada crisis moral cuyo último episodio sería la entrega del poder a los republicanos después de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, elecciones ganadas muy mayoritariamente por los monárquicos. Entonces el PSOE pareció volverse, a su vez, republicano, Largo Caballero, Prieto y Fernando de los Ríos tendrían cargos ministeriales, y Besteiro presidiría las Cortes. A menudo leemos que la postura del PSOE se volvió entonces moderada y socialdemócrata, pero, como veremos, fue al revés. Solo bajo la dictadura de Primo de Rivera respondieron los socialistas a esos calificativos, mientras que en la república se radicalizarían de modo acelerado, y solo Besteiro y su grupo, cada vez más aislados, seguirían moderados.

Al revés que otros partidos socialistas europeos, el PSOE mantenía con bastante pureza, y también simplicidad, los principios de Marx en torno a la lucha de clases y la desembocadura revolucionaria de esta en un régimen de dictadura del proletariado o en un socialismo algo indefinido pero siempre ajeno a cualquier régimen democrático burgués. No obstante, al llegar la república existen en dicho partido tres orientaciones divergentes. La de Besteiro se volvió favorable a una colaboración estrecha y prolongada con el nuevo régimen, considerando que abría las puertas a una evolución pacífica que, mediante la educación de las masas, llevaría casi por sí sola al socialismo. Prieto, nada teórico, voluble y muy personalista, se inclinaba asimismo por la colaboración, ante todo para mantenerse en el poder, sin poner plazos ni objetivos generales más allá del desmantelamiento de la derecha y de las tradiciones. En esto seguía a Azaña, hacia quien sentía más amistad que la recíproca. Largo Caballero, si hemos de creer sus declaraciones posteriores, consideró desde el primer momento que la república burguesa solo podía ser utilizada durante un tiempo no muy largo, para desengañar a las masas de las "ilusiones democráticas" y crear condiciones propicias para pasar al socialismo, concebido como poder absoluto del PSOE. Dentro de las filas socialistas, educadas en un marxismo simple, pero efectivo, predominaba la orientación de Largo. El 1 de julio de 1931 el órgano oficial del partido, El socialista, exponía la doctrina: "Ante todo somos marxistas. Nuestros enemigos son todos los partidos burgueses. Sin embargo, por ineficaz, no por otro motivo, renunciamos a la pretensión de imponer nuestra política violentamente y sin dilaciones". No especificaba cuándo empezaría a ser eficaz dicha pretensión, pero los sucesos la harían madurar pronto. Un dirigente, Wenceslao Carrillo, lo expuso a su vez: "Nos interesa afianzar la República para seguir hacia la instauración de la República social". La opinión común en el partido era la marxista: la república burguesa tenía un valor meramente instrumental.

Por lo demás, la república no acababa de afianzarse. Los desórdenes crecían, también el hambre y los encontronazos entre las propias izquierdas, lo cual abonaba la impresión de muchos socialistas de que se acercaba con rapidez la ocasión de liquidar la etapa de colaboración con los burgueses de izquierda, es decir, con el gobierno de Azaña. En octubre de 1932, en el XIII Congreso del partido, la impaciencia se expresó con claridad: "El ciclo revolucionario que ha significado plenamente la colaboración socialista va rápidamente hacia su terminación. Se aproxima y se desea, sin plazo fijo pero sin otros aplazamientos que los que exija la vida del régimen, el momento de terminar la colaboración ministerial. Estabilizada la República, el Partido Socialista (...) encaminará sus esfuerzos a la conquista plena del Poder para realizar el socialismo". La república no estaba en modo alguno estabilizada, pero precisamente su inestabilidad favorecería la radicalización del partido. La tesis expuesta en el congreso alarmó a Prieto, y en aquellos días también a Largo, pues les parecían precipitadas. Prieto calificó de "verdadera locura" y "suicidio" el intento de tomar inmediatamente el poder. Aunque su postura ganó, una minoría considerable exigió que el PSOE saliera cuanto antes del gobierno.

Los socialistas se sentían presionados, además, por la actitud anarquista, que les acusaba de colaborar con un régimen capitalista y explotador, y temían estar perdiendo apoyo de masas. No debe olvidarse que una de las razones de su anterior colaboración con Primo de Rivera había sido la de aprovechar la benevolencia del dictador para sustituir la influencia de los sindicatos anarquistas por la de la UG T (oficialmente colaboró la UGT, no el PSOE, pero a efectos prácticos era exactamente igual). En enero de 1933 se presentó al PSOE una situación difícil, por la matanza de campesinos anarquistas en Casas Viejas. De la matanza fue responsabilizado el gobierno de Azaña y, por tanto, los socialistas, que formaban parte del mismo. El desconcierto ayudó a extremar las posturas cuando en abril, las candidaturas de derecha ganaban unos comicios municipales parciales. Un supuesto, casi un dogma de la izquierda, era que las derechas solo representaban a una ínfima minoría de explotadores, clérigos y militares, y por tanto no podían ganar las elecciones; pero ocurría lo contrario, y la sensación popular de que las izquierdas en el poder lo estaban haciendo muy mal sería percibida con creciente preocupación a lo largo de ese año.

El descrédito de la coalición gubernamental republicano-socialista fue agravándose a lo largo de 1933, y dentro del PSOE cundió la impresión de que la república burguesa ya había dado de sí todo lo que podía en el papel que le adjudicaban como régimen cuya misión histórica sería crear condiciones para el socialismo. Esta orientación se manifestó con plena fuerza en el verano de ese año, cuando aún duraba la conjunción republicano-socialista en el poder. Largo Caballero habló el 26 de julio, en un mitin en el cine Pardiñas, de "la guerra civil que se está iniciando en España" y acusó a sus colegas ministros republicanos de abrir el camino al fascismo. El diario El socialista decía el 5 de agosto: "Los conceptos de democracia y libertad sobre los cuales descansa el llamado orden capitalista son unas perfectas mentiras". Once días después afirmaba que el PSOE era "más genuinamente marxista y revolucionario que los bolcheviques". La supuesta amenaza fascista se convirtió en eje de su propaganda.

La radicalización se expresó sin tapujos a mediados de agosto en la Escuela de verano socialista de Torrelodones, donde se formaban expertos políticos entre los jóvenes. Besteiro intervino para desechar tanto el pretendido peligro de fascismo en España como la "dictadura del proletariado", que calificó de "vana ilusión" y de "locura colectiva". Prieto, que habló al día siguiente, halagó demagógicamente a los extremistas sugiriendo que la república debía haberse impuesto mediante "un cortejo sangriento" para afianzarse desde el principio, pero que, no habiendo sido así, no se podía pensar en una revolución inmediata, aunque todo llegaría. Estos discursos no gustaron a los oyentes, que hicieron ir a Largo Caballero para que aclarase la política a seguir. Largo, que ya empezaba a ser llamado "el Lenin español", condenó la democracia burguesa y reivindicó la dictadura del proletariado, llamó a emplear métodos legales e ilegales y defendió la política interior soviética –que ya había causado montañas de muertos, como era bastante bien conocido—y afirmó: "Las circunstancias nos van conduciendo a una situación muy parecida a la que se encontraron los bolcheviques".

El debate, órgano oficioso de la CEDA, denunció: "¡Está en el poder un partido comunista!", a lo que el órgano del PSOE replicó con sarcasmo: "Sin duda nos tenían por socialdemócratas inofensivos, cargados de prejuicios seudodemocráticos".

Todo esto era una evolución natural a partir de las premisas ideológicas del partido, y ocurría, téngase en cuenta, cuando el PSOE todavía estaba en el gobierno. Dentro de la estrategia revolucionaria se contemplaban periodos de retroceso y tranquilidad, como había ocurrido bajo Primo de Rivera, y otros en que las circunstancias ofrecían oportunidades para avanzar resueltamente hacia la dictadura del proletariado, es decir, del partido. Tales circunstancias las estaba proporcionando la evolución de la república, según el análisis que hacían la mayoría de los dirigentes, y en particular Araquistáin, el analista y teórico del PSOE, que llevaba la voz cantante en estas cuestiones.

Aquí debe hacerse una observación importante: numerosos historiadores han concedido un peso importante, incluso decisivo en este proceso, a la alarma por sucesos exteriores como el triunfo de Hitler a principios de 1933 o, al año siguiente, el fracaso y la represión de un levantamiento socialista en Austria. Como lamentaba el dirigente socialista Vidarte, en el partido había poca preocupación y poco conocimiento sobre las cuestiones internacionales, y tales hechos fueron simplemente explotados por la propaganda con el doble fin de enardecer a las masas, y de paso paralizar a la derecha, poniéndola a la defensiva con acusaciones de fascismo. En España la única derecha que se oponía a la república era la muy minoritaria monárquica y, desde finales de 1933, el grupo casi insignificante de la Falange, más afín al fascismo. Pero el PSOE insistía en que el verdadero peligro venía de la CEDA, ciertamente mucho más poderosa, pero muy moderada en la acción, si bien a veces algo menos en las palabras. En su escalada de acusaciones, el PSOE llegó a tildar de fascistas a los propios republicanos de izquierda. El mismo valor nulo tenía la denuncia a Gil-Robles por no declararse republicano, a lo que no tenía ninguna obligación democrática, y menos siendo los denunciantes los socialistas.

Los dirigentes del partido eran perfectamente conscientes de la falsedad de sus acusaciones. Largo Caballero declaró en junio de 1933 ante una delegación de representantes hispanoamericanos ante la Organización Internacional del Trabajo: "En España, afortunadamente no hay peligro de que se produzca ese nacionalismo exasperado (...) No hay un ejército desmovilizado (...) No hay millones de parados que oscilen entre la revolución socialista y el ultranacionalismo (...) No hay nacionalismo expansivo ni militarismo (...) No hay líderes". Ya en abril de 1934, cuando las acusaciones de fascismo llegaban a la histeria, Araquistáin exponía el mismo análisis que Largo, en un artículo para la revista useña Foreign Affairs: Al revés que en Alemania o Italia, señalaba, "en España no hay un ejército desmovilizado (...) No hay cientos de miles de universitarios sin futuro, no hay millones de parados. No hay un Mussolini, ni siquiera un Hitler; no hay ambiciones imperialistas ni sentimientos revanchistas (...) ¿A partir de qué ingredientes podría obtenerse el fascismo? No puedo imaginar la receta".

Naturalmente, estas conclusiones podían exponerlas en el extranjero, pero dentro del país predicaban justamente lo contrario. Ellos sabían muy bien que la situación de España tenía muy poco que ver con la de Alemania o la de Austria, pero sus incesantes acusaciones a la derecha constituían un arma inapreciable para crear un ambiente revolucionario, esto es, de guerra civil.

El 2 de octubre de 1933, Prieto anunciaba en las Cortes que "la colaboración del Partido Socialista con gobiernos republicanos, cualesquiera que sean sus características, su matiz y su tendencia, ha concluido definitivamente", decisión que calificó de "indestructible e inviolable". Y cuando las izquierdas perdieron desastrosamente las elecciones de noviembre de ese año, a causa de sus desaciertos y demagogias anteriores, el proceso revolucionario del PSOE cobró el máximo empuje, los llamamientos a la guerra civil menudearon, y Besteiro y los suyos fueron desalojados de los puestos de influencia en medio de una virulenta lucha interna, mientras se creaba un comité insurreccional secreto. Prieto, demagogo habilidoso y sin principios, apoyó en primera línea esta radicalización, contribuyó de modo efectivo a neutralizar a Besteiro y tomó parte activa en la preparación de la guerra civil que estallaría en octubre de 1934.

Sería extenderse demasiado mencionar aquí la gran masa de declaraciones, medidas secretas y abiertas, etc., que por entonces realizó el PSOE. Las he citado más extensamente, y aun así resumiendo, en el libro Los orígenes de la guerra civil. Lo que me importa destacar es que, en contra de lo pretendido por algunos historiadores, como Paul Preston o Santos Juliá, no se trató en modo alguno de palabras sin intención ni de medidas puramente formularias y sin ganas, sino de un proceso deliberado y concienzudo de marcha a la guerra civil, nacido de unas premisas ideológicas y del análisis de la situación concreta republicana.

La verdadera causa de la decisión revolucionaria del PSOE la expuso con claridad el líder revolucionario Amaro del Rosal en discusión con besteiristas: "Pregunto si por encima de nuestra voluntad hay una situación objetivamente revolucionaria (...) Existe un espíritu revolucionario; existe un Ejército completamente desquiciado, hay una pequeña burguesía con incapacidad de gobierno (...) en descomposición. Tenemos un Gobierno que (...) es el de menor capacidad, el de menor fuerza moral, el de menor resistencia (...) Ahora todo está propicio". Esa era la razón: estaban convencidos de que por entonces todo estaba propicio para hacerse con el poder absoluto.

Debe añadirse que si en octubre de 1934 no cayó por tierra definitivamente la república, se debió a la actitud moderada y legalista de la derecha, incluyendo a Franco. El fracaso de la insurrección fue la oportunidad para que el PSOE rectificase y se impusiera la línea de Besteiro. Como sabemos, no fue así, por causas que he examinado en otra ocasión. Por lo tanto, y pese a la moderación política de los vencedores, el régimen quedó malherido, y cuando se formó el Frente Popular y este llegó al poder en febrero de 1936, en unas elecciones anómalas, la legalidad republicana fue sistemáticamente demolida, ocasionando la guerra civil o, más propiamente, la reanudación de la guerra civil emprendida por la izquierda en octubre del 34.

Cambios en Extremadura / "Esa constante mentira"

1 de Noviembre de 2009 - 08:15:42 - Pío Moa - 60 comentarios

En Hoy, de Extremadura:

CAMBIOS EN EXTREMADURA

Con motivo de la presentación de mi libro Viaje por la Vía de la Plata,  a algunas personas les ha irritado mi afirmación de que Extremadura no había cambiado gran cosa de veinte años acá, salvo en el número de coches. La afirmación requiere sin duda algunas matizaciones. Por "coches" entendía un cierto aumento de la riqueza, visible también en las autovías y otras infraestructuras (que tanto molestan a los nacionalistas catalanes, pues dicen que han sido construidas con dinero que se roba a Cataluña). Pero, en definitiva, estos son simples cambios acumulativos que se han venido desarrollando a partir de los años 60, cuando sí se produjo una evolución mucho más radical: la gente común empezó a tener coches (el mítico "seiscientos"), electrodomésticos, televisores, mucha más gente accedió a la enseñanza media y a la universidad, que empezó también a masificarse, con sus pros y sus contras. Decenas de miles de personas que vivían en un campo que no podía sostenerlos tuvieron la suerte de poder emigrar a las ciudades donde encontraban empleos mucho mejor pagados (un tópico "progresista" siempre ha presentado la emigración como una tragedia, cuando fue una gran fortuna para la mayoría: la tragedia era la de la república y antes, cuando ni el campo daba para más, ni en las ciudades se encontraba trabajo). Aquellos cambios fundamentales fueron los que sentaron la base sobre la que se ha seguido desarrollando la región de forma ya casi espontánea.

Pero hay, naturalmente, otros cambios bien visibles y no tan agradables, desde que recorrí Extremadura de sur a norte hace poco más de veinte años. El botellón, que ya empezaba entonces, se ha extendido mucho más. Ha crecido el alcoholismo, sobre todo entre los jóvenes, así como la circulación de la droga y la delincuencia. Las familias se han desestructurado bastante más, con sus consecuencias de malos tratos, hijos mal atendidos o criados en familias con un solo progenitor, etc. No sé cómo irá el número de abortos, divorcios, embarazos de adolescentes o enfermedades de transmisión sexual, pero me extrañaría que fueran al revés que en el resto del país, donde no cesan de aumentar. La impresión es de más ruido, estruendo y aturdimiento en las fiestas y no solo en las fiestas: he podido comprobar en varios pueblos cómo es difícil dormir por esos ruidos nocturnos supuestamente musicales, sobre todo los fines de semana, que en cualquier país civilizado están estrictamente prohibidos. Hay sin duda más estudiantes, pero en cambio ha bajado notablemente el nivel intelectual de la universidad (con las excepciones de rigor), y también se ha extendido notablemente la pornografía. Ha aumentado mucho el número de funcionarios, sospecho que en mayor medida de lo necesario. En ciertos ambientes se han resucitado artificialmente antiguos odios que llevaron a la guerra civil, a base de falsear constante, deliberada y subvencionadamente la historia. Hay muchos más antifranquistas ahora que ya no existe el franquismo. No sé cómo irá el índice de suicidios, pero imagino que al alza también.

Estos y otros son indicadores de salud social. A mí me parece que indican un cambio a peor, pero, por lo que se ve, son muchos los políticos y otras personas que los ven como una mejora, incluso como una "modernización" o "liberalización" y procuran estimularlos por todos los medios, usando para ello el dinero de todos, el dinero público, que, según una pensadora socialista "no es de nadie".

Claro está que esta clase de "modernización" no es exclusiva de Extremadura, sino que ocurre por todo el país, y quizá esta región vaya incluso algo más "atrasada" que otras. Supongo que los extremeños tendrán que decidir si ese es un buen camino o no.

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En Época:

POR QUÉ "ESA CONSTANTE MENTIRA" (I)

Como los casos podrían llenar muchas páginas, citaré solo algunos recientes. Una tiorrilla con mucho mando, que diría Unamuno, y aficionada a cantar el himno del genocidio, ha atribuido a su partido, el PSOE, "más de un siglo de decencia, dignidad y de trabajo" (los "cien años de honradez", ya saben). La misma persona ha achacado las críticas que sufre a que "es mujer, joven y socialista". Conde Pumpido, fiscal político del PSOE y vergüenza del poder judicial, ha dicho que "los fiscales no admitirían jamás presiones políticas", quizá porque a él el gobierno actual no necesita presionarle. El ministro del Faisán da a las Cortes informaciones perfectamente falsas (ya es costumbre) sobre algún policía protegido suyo. La penúltima tomadura de pelo ha sido la declaración de bienes de los ministros, gente más pobre que los ciudadanos medios...

Pueden hacerlo porque cuentan con que la inmensa mayoría de la gente ignora la historia del PSOE, tiene además muy poca memoria para hechos recientes, el gobierno goza de una oposición política que no es tal, y de unos medios de masas y periodistas que, en su mayoría, apenas cumplen la misión de informar y poner al ciudadano al corriente de unos mandamases de acentuadas inclinaciones mafiosas. La declaración de patrimonio de esta gente, por ejemplo, debería haber desatado una campaña de investigaciones periodísticas a fondo, pero apenas ha dado lugar a unas gracietas.

La "decencia, dignidad y trabajo", de que se jactan ahora consiste en el historial más golpista, corrupto y directamente criminal que pueda exhibir partido alguno en España, y ya es decir. El PSOE nació en la órbita del marxismo, la ideología más genocida del siglo XX, y no la abandonó oficialmente hasta hace unos treinta años. Abandono en falso, sin sustitución por otra ideología, por lo que en espíritu, y en gran parte también en retórica, continúa tal cual, como ha indicado no solo la individua en cuestión, sino también el jefe del partido.

Siendo oficialmente marxista, el PSOE participó en la Semana Trágica de Barcelona, incitó en las Cortes al asesinato de uno de los mejores políticos del momento --Antonio Maura--, organizó la huelga insurreccional de 1917 –con actos terroristas como el descarrilamiento de un tren, con numerosos muertos--, etc. Eso, en una época de libertades, las cuales saboteó sin tregua. Vino la dictadura de Primo de Rivera, y el PSOE no solo cooperó con ella y obtuvo cargos relevantes, sino que por primera vez se civilizó un poco, adoptando una política mucho más ordenada.

Pero volvió otro régimen de libertades, aun si muy limitadas, la II República, y de nuevo volvió al PSOE a su querencia. Colaboró dos años con él, amenazando desde muy pronto con la guerra civil, y ya antes de perder las elecciones de 1933 se decantó por la insurrección para alcanzar la "dictadura del proletariado", es decir, del propio PSOE. En esos años practicó ampliamente el terrorismo, y cuando llegó al poder el Frente Popular, extremó sus violencias hasta asesinar a Calvo Sotelo. Durante la guerra puso el oro español bajo el control de Stalin, organizó un sinfín de chekas, destrozó a mansalva el patrimonio histórico y artístico y robó a manos llenas. Aunque la competencia es dura, ningún partido español llegó jamás a tanto.

Durante el franquismo, el PSOE no hizo casi nada, y lo hizo muy bien: cualquier cosa que hubiera hecho habría sido peor. Salió en la transición pidiendo la "ruptura", es decir, el enlace con aquel Frente Popular en que tan bien se desenvolvía con sus rapiñas y crímenes. Vuelto al poder, desató una marea de corrupción, con terrorismo desde el gobierno, y hoy prosigue su colaboración con los terroristas, las dictaduras de izquierda, la "muerte de Montesquieu", la corrupción...

Esta historia debiera ser bien conocido de todos los ciudadanos. Por la salud de la democracia.  

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