31 de Agosto de 2009 - 14:31:16 - Pío Moa - 258 comentarios
Los rasgos generales que hemos visto para la Ilustración en Francia, Inglaterra y Alemania se manifiestan asimismo en España, pero de forma mucho más atenuada, cuantitativa y cualitativamente. La influencia mayor vendría de Francia, tanto porque así ocurría en la mayor parte de Europa como por la estrecha relación política creada con la instalación de los borbones en el trono. No obstante se distinguen en la Ilustración española otras influencias, italianas e inglesas.
Al igual que fuera de España, es difícil decir dónde empieza y termina la Ilustración. A menudo se pone el comienzo en los años 60 del siglo, cuando el movimiento se compacta más, con una proto Ilustración anterior, pero resulta algo arbitrario. En la primera mitad del siglo hubo pocos intelectuales a quienes cupiera emparentar con el movimiento europeo, pero no son desdeñables. Feijoo, Mayans y pocos más de cierta envergadura. Hicieron un trabajo notable la Regia Sociedad Médica de Sevilla, así como los novatores de Valencia, que venían ya de la época de Carlos II. A lo largo del siglo las ciudades con un mayor contacto exterior y cosmopolitismo serían Cádiz, Barcelona y Bilbao, y sin embargo, como observa el historiador Antonio Domínguez Ortiz, la actividad y la polémica cultural tuvieron por centro ciudades más "apagadas": Oviedo, Sevilla y Valencia.
Pese al triunfo de Felipe V y la creciente imitación de Francia en modas (pelucas y corbatas, por ejemplo), el ambiente se había vuelto aún más hostil a cualquier novedad intelectual. Al revés que en Francia, la monarquía mostró poca iniciativa cultural: surgió la Academia de la Lengua en 1713, sobre la huella de la francesa, y la de la Historia en 1735, pero no por iniciativa del estado, como en Francia, sino a partir de tertulias de particulares. No se formó, en cambio, una Academia de las Ciencias.
Los renovadores encontraron fuerte oposición de los tradicionalistas, opuestos a cualquier novedad, que, a su juicio, socavaba la religión y prestigiaba a autores y universidades extranjeras protestantes, ateoides o deístas. En realidad, la cerrada actitud de los tradicionalistas, básicamente temerosa, tenía muy poco que ver con la tradición del siglo XVI y parte del XVII, y procedía sobre todo de sectores eclesiásticos, cuyo carácter se manifestó indicativamente en su presión constante para acabar con el teatro, una de las glorias de España durante siglos, so pretexto de que fomentaba el vicio. En cambio la monarquía protegería en general a los ilustrados o protoilustrados. Los novatores (palabra que les aplicaron sus adversarios con autodefinitoria intención peyorativa) y otros, percibían con claridad el atraso creciente del país, la corrupción e hipocresía que causaba en la sociedad aquel peculiar tradicionalismo. Querían traer a España las nuevas ciencias y las matemáticas (estas últimas habían quedado reducidas a la nada en la universidad), introducir una medicina más avanzada, etc. Fueron protegidos, en general, por el poder, pero no llegaron a crear un verdadero movimiento. Fue una época de decaimiento general de la enseñanza, en la que solo los colegios de los jesuitas mantuvieron una altura digna de consideración.
También aparecieron entonces o continuaron diversos periódicos, unos populares, llamados almanaques y pronósticos, con informaciones variopintas; de otro nivel, continuó la Gazeta de Madrid, fundada en 1661, y salieron otras gacetas en las ciudades importantes; en 1737 apareció el Diario de los literatos de España, dedicado a reseñas, generalmente objetivas y críticas, de los libros que se publicaban: y al año siguiente el "Mercurio histórico y político", copia y en parte traducción del Mercure de France. En 1758 salió a la calle el Diario noticioso, un hito en la prensa española.
La mencionada actitud cerrada de la Iglesia no fue, con todo, general, como demuestra el hecho de que gran parte de los ilustrados a lo largo del siglo fueran clérigos (la jerarquía eclesiástica había sido el único grupo social que había apoyado con pocas fisuras a Felipe V en la Guerra de Sucesión). Benito Feijoo y el padre Sarmiento, benedictinos gallegos (el segundo quizá berciano) recobraron en cierto modo la mejor tradición de los monjes desde la Edad de Supervivencia: grandes estudiosos y eruditos, se preocuparon de combatir la ignorancia y la superstición popular, de divulgar las nuevas ciencias y el espíritu de la observación empírica y el razonamiento. A veces emplearon el gallego, caído en desuso como lengua de cultura. Feijoo fue considerado un sabio no solo en España, sino en Europa occidental, y su Teatro crítico universal ("teatro" en el sentido escenario o panorámica) alcanzó una difusión inaudita: se dice que llegó a vender 400.000 ejemplares. En él aborda los temas más varios, desde asuntos científicos al estado de la sociedad, falsas creencias populares o la defensa de la igualdad intelectual de las mujeres. Feijoo proponía implícitamente una reforma patriótica que mejorase el clima social, político e intelectual del país. Vivió la mayor parte de su vida en Oviedo, en cuya universidad tenía la cátedra de teología. Empezó a escribir sus obras a los 50 años y permanecería en plena actividad intelectual cerca de 40 años más. Como los novatores, sufrió una cerrada oposición, a veces por contradictores nada desdeñables, hasta que el rey Fernando VI, sucesor de Felipe V, prohibió que se le siguiera atacando. No obstante sus enormes méritos, Feijoo fue un divulgador y un crítico y no propiamente un pensador ni un científico.
El valenciano Gregorio Mayans, está a caballo entre las dos etapas de la Ilustración. Más radical que Feijoo en la denuncia del atraso español, de las ideas absurdas circulantes sobre muchos asuntos y de la falsificación de la historia de España, dependió menos de los aportes foráneos –conocía bien a Descartes y a Locke, entre otros– y buscó más enlazar con el pensamiento y literatura del siglo de oro español, oponiéndolo a su época barroca posterior a Cervantes, cuyo retorcimiento literario y conceptual repudiaba. Sus empeños frustrados por renovar la rutinaria y estéril enseñanza superior ilustran bien el áspero ambiente intelectual en que hubo de desenvolverse. Su primer plan de reforma en ese sentido no parece haber sido siquiera examinado por el gobierno y él mismo quedó relegado en Valencia, entre la hostilidad de la mayoría de sus colegas universitarios. Con el rey Carlos III pareció cambiar su suerte, pues fue invitado a preparar un plan de modernización de la enseñanza, pero los acartonados rectores universitarios supieron sabotearlo con toda eficacia. Fue un brillante analista de la literatura y la historia de España, escribió y rescató obras sobre retórica, y publicó la primera biografía de Cervantes. Personalidad independiente y consciente de su superioridad intelectual, vivió casi siempre hostigado por la envidia y malevolencia de sus mediocres colegas, que agriaron un tanto su carácter. Murió en 1781, octogenario.
También entre las dos épocas debe destacarse al agustino burgalés padre Flórez, erudito e investigador en variadas disciplinas, buceó a fondo en los archivos eclesiásticos y visitó los lugares históricos, de los que extrajo una ingente información que aplicó con rigor y buen juicio crítico en la confección de su monumental España sagrada, historia de la Iglesia española que acabarían otros a su muerte, en 1773. Su libro constituye la mayor aportación ilustrada española a la historia.
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Chekismo plañidero
Una especialidad chekista ha sido siempre plañir e invocar la "dignidad" de las víctimas que les convienen, como pretexto para crear o resucitar odios. Veo a un sujeto, con expresioncita lastimera, explicar que quiere "rescatar la dignidad de las víctimas colaterales de la guerra civil", y va por ahí espabilando supuestas memorias de viudas, huérfanos (de izquierda, por supuesto) "marcados por el espanto". Forma parte, oficial u oficiosa, de la campaña del gobierno más colaborador que han encontrado los asesinos de la ETA en toda su historia. El gobierno que ha querido sobornar ese tipo de memoria con subvenciones y "compensaciones" pagadas por todos y que abarcan, cómo no, a los etarras. De la memoria que pone en el mismo plano a los inocentes y a los chekistas (¡y por algo!).
El individuo en cuestión habla de "Pío Moa, que tergiversa y miente. Si existiera un código deontológico, él debiera ser sancionado". Como vemos, detrás de sus palabritas de gratuita e interesada compasión, asoma inevitablemente la mentalidad de la Cheka. No especifica, naturalmente, cuáles son esas "mentiras", pues un método de esos personajes es el de difundir calificativos indemostrados, sabiendo que calan en los más simples, que no son pocos. Y no resalta menos cuando habla de "sanciones". Pues no vayan a creer ustedes que la Cheka actuaba porque sí. Lo hacía siempre en función de una ética elevada. No hace mucho otros de su estofa pretendieron meterme en la cárcel y reeducarme por mis opiniones, intolerables para gente de tan elevada moralidad. No quiero decir que el caballero sea un chekista, para eso se requieren actos concretos, sino solo que exhibe en alguna medida esa mentalidad, como tantísimos otros en la izquierda.
Estos señores nunca han entendido qué es la democracia. A mí, desde luego, nunca se me ha ocurrido "sancionarles" de otro modo que demostrando sus mentiras, una y otra vez. Les duele, desde luego, y por eso piden contra un servidor la censura y sanciones de otra clase. En todo caso no le será posible a este sujeto "sancionarme", por ahora: todavía estamos en una democracia, por más que crecientemente adulterada y en plena involución. Tendrá que esperar todavía algo para sus sanciones, y entre tanto es posible que la democracia se estabilice, aun si de momento no se le ve mucho la traza.
30 de Agosto de 2009 - 07:57:46 - Pío Moa - 132 comentarios
En una reunión entono con mi mala voz un par de viejas canciones políticas: "La Falange de las Jons / luchará con fe y con brío / contra el pérfido judío / el marxista y el masón..." Y "Somos la joven guardia / que va forjando el porvenir / Nos templó la miseria / sabremos vencer o morir / Somos los hijos de Lenin... Mi mujer observa que con la segunda canción se me humedecen los ojos. Sin embargo no tenía conciencia de la menor emoción, cantaba más bien en plan "de coña". No nos conocemos tan bien como creemos.
Hace tiempo me hablaba Ramón Pi de no recuerdo qué película famosa acerca del Juicio de Núremberg, que suele proyectarse eliminado un trozo en que la pantalla quedaba en negro y sonaban marchas nazis. Esas canciones provocaban un escalofrío emotivo, tenían, digamos, un "efecto de arrastre", y contribuyen a explicar la conducta de millones de alemanes. "Claro, la música llega directamente al sentimiento sin pasar por la razón".
La razón parece fría, pero ¿lo es? Como últimamente hemos hablado en el blog de la Ilustración y sus problemas, cabría plantearse si la razón es razonable o surge, como tantas otras cosas, de un fondo emotivo difícil de controlar. El famoso cuadro de Goya podría titularse igualmente "La razón produce monstruos". Porque también los ha producido.
En fin, aquí tienen un par de marchas nacionalsocialistas y otro par soviéticas. Son parte de una historia difícil de comprender:
http://www.youtube.com/watch?v=B6HrvkuwY7g
http://www.youtube.com/watch?v=IQBhxOFjCn0
http://www.youtube.com/watch?v=bmgpeotYeHU
http://www.youtube.com/watch?v=H8aNv1XNv9c&feature=related
La Horst Wessel lied, himno nacionalsocialista, creo que era una adaptación de una canción de Hamburgo que también tenía letra comunista. El himno de los partisanos está adaptado de una canción zarista. Para terminar, "Llamamiento de la Comintern" y otra no sé si nazi o simplemente alemana:
http://www.youtube.com/watch?v=JJ48EEzORZ4&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=B_uASSnVWxg
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**** Los nacionalistas catalanes "prescindirán" de un fallo que cuestione el Estatuto
Es decir, se colocan de antemano fuera de la ley --siempre lo han estado, en mayor o menor medida--. Y viene el ministro de no sé qué diciendo que con el estatuto no ha pasado nada extraordinario. Pues para los separatistas catalanes y para los sociatas, conculcar la ley es lo más normal. Por cierto, ya lo hicieron en la república de modo sistemático, unos y otros. Si todos loan a Companys, uno de los más conspicuos liquidadores de la ley republicana y mártir de no sé qué, es por algo.
**** El PSOE: "La subida de impuestos beneficiará a la mayoría de ciudadanos"
Y ciudadanas, no se olvide... del partido.
**** Dice Rajoy que rechazará las subidas de impuestos de Zapo. Tipo enérgico y duro este futurista. Y sobre todo, gracioso. Seguro que monta una huelga de impuestos. Y todo por unas "gracietas", como él llama a la nueva fechoría de Zapo.
**** Rajoy evoca el "cordón sanitario" y lo compara con las "detenciones televisadas"
Pero no menciona las escuchas. Lo que interesa a los ciudadanos son dos cosas: ante todo si la corrupción indiciada es real o no; en segundo lugar, si son verdad esas escuchas, propias de un estado policíaco. Esto interesa al ciudadano. Al futurista de "la economía lo es todo", parece que solo le interesa desviar la atención haciendo ruido. ¡Ah, y ser admitido en el club de bergantes socialistas y separatistas! Son patéticamente ridículas sus quejas por el "cordón sanitario" que han montado al PP entre unos y otros. Parecen estar suplicando: "¡Por favor, no nos marginen, dense cuenta de que somos tan golfos como ustedes!".
Unos de los grandes problemas que ha tenido España, ya desde Aznar, ha sido el silencio mutuo sobre la corrupción entre los dos grandes partidos. Ahora que el PSOE ha roto ese pacto entre caballeros y madamas de industria, quizá asistamos a un destape de miserias entre ellos. Si así ocurriera, sería un gran bien para la democracia. Sería un ejercicio de democracia. Muy a pesar de caballeros y madamas. Pero sería bueno que la sociedad tomara cartas en el asunto, por ejemplo con una asociación contra la corrupción que se ocupase de detectar esas actividades y denunciarlas en su caso ante el juez y, por supuesto, a la prensa libre. O lo que quede de ella, cada vez menos, es cierto.
29 de Agosto de 2009 - 07:54:01 - Pío Moa - 39 comentarios
Hoy va de enlaces, el primero en la revista "El Catoblepas", de Gustavo Bueno:
Pío Moa Rodríguez, La quiebra de la historia progresista, El ... (se ruega a los lectores le den la máxima difusión)
Incisivo, como siempre, y muy recomendable, aun si en algunos puntos cabe el desacuerdo, como es natural. “Sopa, teta y violencia”:
http://vinamarina.blogspot.com/
28 de Agosto de 2009 - 08:36:36 - Pío Moa - 229 comentarios
Para su acerada crítica:
Por la difusión de periódicos y libros, y las actividades de las sociedades, abiertas o secretas, la especulación intelectual de la época tendría efectos políticos bastante rápidos y crecientes. Temas clave de esa especulación fueron la naturaleza de Dios, del mundo, la posibilidad del conocimiento y el tipo correcto de gobierno, que dieron lugar a tendencias poco compatibles entre sí, pese a invocar todas la razón. Descartes, anterior a la Ilustración, fue un punto de partida. Su método para alcanzar verdades inconcusas le llevó a reducir la realidad a dos sustancias o entidades últimas y no precisadas de ulterior fundamento: la res cogitans, o "yo pensante", y la res extensa, o los cuerpos, el mundo exterior. Pero fue imposible relacionar ambas sustancias, es decir, fundamentar el conocimiento del mundo extenso por el yo pensante, y para sortear el escollo hubo de introducir a Dios, una de cuyas perfecciones consistía en no engañar a los humanos. Caracterizado el yo pensante por su capacidad de conocer, el problema del bien y del mal se reducía al del conocimiento: el mal es ignorancia, punto de vista con mucho futuro en los movimientos utópicos, y ajeno al del libre albedrío.
Spinoza resolvió el problema de otro modo: declaró una sola sustancia, la divina, atributos de la cual serían el pensamiento y la extensión, aparte de la infinitud, eternidad, etc. A su vez, identificaba a Dios con la Naturaleza, enfoque panteísta: el mundo era autoconsistente y cognoscible por la ciencia, lo cual excluía al Dios distinto de la naturaleza y creador de ella, y le valió anatemas de los judíos (él era holandés de origen sefardí) y de los cristianos. La libertad se esfuma, salvo como conocimiento y conformidad humana con las leyes naturales-divinas. El bien y el mal no son absolutos, sino relativos y subjetivos, siendo nuestra insuficiente comprensión de la naturaleza-Dios, lo que nos hace creer malas desgracias particulares que dejan de serlo en un plano más general y profundo. La perspectiva sobre el bien y el mal se difumina, por cuanto ambos son expresiones de la naturaleza-Dios; y por la misma razón la diferencia entre verdad y error. En cuanto al gobierno, la democracia sería el sistema racional-natural.
El autor escocés David Hume intentó demostrar la imposibilidad de la existencia de Dios, afirmó que la religión procede del miedo y la ignorancia ante los hechos naturales, propuso una moral basada en la utilidad pública, el placer y la felicidad, defendió una democracia moderada y el comercio como base de una riqueza que asegura la mayor felicidad social, equivalente a mayor moralidad. Por ello se le considera un ilustrado, y empirista en la tradición inglesa. Pero él no atiende tanto a los datos empíricos como al modo como nuestra mente los maneja ("ciencia del hombre"). Y al hacerlo demuele los fundamentos del pensamiento ilustrado y hasta del pensamiento sin más. La razón no sirve para entender el mundo, pues uno de sus fundamentos, la idea de causalidad, solo es una suposición mental empíricamente incomprobable; tampoco sirve de orientación moral, porque permite relacionar medios y fines, pero no distinguir el bien y el mal en estos. No es posible, por tanto, una ética racional. Asimismo atacó la inducción, pilar del empirismo y del pensamiento científico: de impresiones concretas y repetidas no es posible inferir una norma de validez futura. Su ciencia del hombre todavía disuelve el "yo pensante" de Descartes: la idea del yo se forma con impresiones cambiantes, sin continuidad esencial. Claro que su crítica debe aplicarse a sus propias conclusiones, las cuales solo pueden provenir de la razón y la inducción, un "instinto inexplicable" que la naturaleza ha puesto en nosotros. Pero la razón se destruía a sí misma, y el programa ilustrado de hallar verdades seguras se tambaleaba.
Kant, considerado la cumbre de la filosofía del siglo XVIII y uno de los máximos pensadores de la historia, reivindicó la razón y la experiencia, y señaló sus límites, para solventar los problemas filosóficos desde Grecia. La experiencia se nos presenta como un caos de datos (fenómenos), que solo se transforman en conocimientos por la acción ordenadora que sobre ellos ejerce el entendimiento, mediante el tiempo y el espacio (condiciones a priori, es decir, ajenas a la experiencia) y las categorías o conceptos básicos de calidad, cantidad, relación, etc. Esto refina la "ciencia del hombre", de Hume: condiciones a priori y categorías están en el sujeto, no en el mundo exterior, y son universales y necesarias, no arbitrarias. A esta solución la llamó "idealismo trascendental", lo primero porque no parte de la materia empírica, sino del sujeto; y lo segundo por su carácter general y necesario. Los fenómenos son así "las cosas para nosotros", y por tanto un mundo de apariencias no falsas, pero que presupone algo detrás de ellas, las "cosas en sí" o "noúmenos", inaccesibles a nuestra capacidad de intelección. Como Hume, descarta las pruebas de la existencia de Dios o del alma, que no son fenómenos sino noúmenos o entes metafísicos fuera de nuestras posibilidades de conocimiento. Aún así encuentra posible una "fe racional": la ley moral en el interior de los hombres –que sí es fenoménica– no podría fundamentarse sin recurrir como postulados a Dios y la inmortalidad del alma, y así la contradicción interna de la expresión "fe racional" desaparece: es fe porque su objeto no puede conocerse, y es racional porque no parte de la revelación, sino de una exigencia de la razón. De modo similar la ética, que se volvía arbitraria en el caso de Hume, encuentra una base: el deber o imperativo categórico, más allá de la conveniencia, la utilidad o el placer.
Francia aportó al pensamiento ilustrado menos que los británicos y alemanes, pero fue la placa giratoria de la Ilustración, de donde se difundieron sus ideas por casi toda Europa. En Francia, la cultura fue pronto entendida como una actividad del estado, dentro del despotismo ilustrado; sin embargo sería allí donde la Ilustración tomara un carácter más político y subversivo; también con un tinte antiespañol, acaso como revancha intelectual por la anterior hegemonía hispana. Su empresa más característica fue la Enciclopédie, con ambición de reunir todos los saberes humanos (un lejano precedente se encuentra en las Etimologías de San Isidoro) y fuerte sesgo ideológico.
Voltaire, discípulo y divulgador de Locke, pero con estilo propio, ha quedado como un modelo europeo de intelectual ilustrado. Defendió la tolerancia, salvo para la Iglesia, a la cual deseaba aplastar (écrasez l´infâme!), y nunca pronunció la frase "detesto lo que dice, pero daría la vida por su derecho a decirlo". Sus punzantes sátiras contra clérigos, nobles, militares y reyes le ganaron algún encierro en la Bastilla y un destierro en Inglaterra, pero en conjunto recibió mayor tolerancia de la que él preconizaba, pudo moverse con bastante tranquilidad y amasó una de las mayores fortunas de su tiempo.
Tenía a la religión por negocio de "imbéciles y bribones". Los judíos serían una "horda de ladrones y usureros", y el canibalismo "la única cosa que ha faltado al pueblo de Dios para ser el más abominable de la Tierra". Pero la religión cristiana "es, sin discusión, la más ridícula, absurda y sanguinaria que haya infectado el mundo". Jesús fue "un jefe de partido, un mendigo, ansioso de formar una secta". El motivo de las Cruzadas fue el afán de lucro, y la Iglesia apenas había hecho nunca otra cosa que fomentar el oscurantismo, la crueldad y la miseria. Sus invectivas provocaban en los afectados irritación y protestas, que él tachaba de muestras de fanatismo.
Aunque escribió un ensayo contra Mahoma, más bien como disfraz de su ataque a la Iglesia, contrastó la "ineficacia de la revelación judeo-cristiana", con el "dinamismo islámico", al que elogió como doctrina "sabia, severa, casta, humana, tolerante, indulgente", calificó a Mahoma de poeta y lo comparó con Alejandro Magno. En su obra más conocida Candide, los protagonistas concluyen sus desgracias tomando ejemplo de un sabio campesino turco que les incita a "cultivar su jardín" y mantener un trabajo que les libre de "tres grandes males: el tedio, el vicio y la necesidad". Todo ello pese a que el islam era un despotismo anquilosado, lo más opuesto imaginable a la Ilustración –nacida en y del cristianismo aun si a veces contra él– cosa que Voltaire no podía ignorar: en Turquía habría sido fácilmente empalado por sus ideas.
También choca con la imagen volteriana su admiración por el absolutista y muy poco tolerante Luis XIV, cuya etapa comparó con las de Pericles, el Renacimiento, César y Augusto. Voltaire concibió la historia como un camino hacia la Ilustración, debiendo discernirse en cada época los elementos más o menos ilustrados. Sus obras rebosan un didactismo algo simple y una crítica social basada a veces en falsedades, como cuando describe las misiones jesuitas de Paraguay como un sistema de esclavitud. Consideraba útil cualquier medio en su misión de écraser l´infâme.
Aún detestando la religión, Voltaire no compartía el ateísmo de otros ilustrados como Diderot o D´Holbach. Rechazaba la revelación, pero argüía que el universo (el "reloj") necesitaba un "relojero": una vez creado el mundo, Dios se manifestaría en las leyes naturales, sin más interferencia. Su Dios es utilitario: sin él, la sociedad se hundiría en el vicio y el crimen (o, en Descartes, no tendríamos acceso a la res extensa). La cuestión remite a la muy antigua de si Dios es una invención de la psique humana (útil según unos, perjudicial según otros), o bien una realidad especial que nuestra psique reconoce a través de una intuición supraconsciente. En cuanto a la ética, Voltaire creía el sentimiento de justicia innato en el ser humano, el cual tiende a ella como por instinto, sin aclarar bien de dónde sale la injusticia; y no solo el sentimiento, también el interés inclinaría al hombre a la virtud. Poco antes de morir se hizo masón, aunque pudo haberlo sido antes; por entonces escribió: "Muero adorando a Dios, amando a mis amigos, sin odiar a mis enemigos, detestando la superstición". Superstición y religión eran para él sinónimos, aunque sus tres primeros propósitos procedían de la tradición cristiana. Falleció en 1778, con 84 años, solo once antes de la Revolución francesa.
Fuera de su visceral anticatolicismo, Voltaire no daría lugar a especiales movimientos políticos, algo que en cambio ocurriría con Jean Jacques Rousseau. Este halló una explicación para la injusticia del mundo: el hombre nace bueno y libre, pero en todas partes la sociedad lo malea y sojuzga. Esta idea ha ejercido un inmenso poder sugestivo. Al igual que Hobbes y Locke, otros dos teóricos políticos clave, teoriza sobre la sociedad civil a partir de un imaginario "estado de naturaleza", pero de ese estado saca cada cual conclusiones distintas. El hombre hobbesiano, especie de máquina gobernada por los deseos, es "lobo para el hombre", y el estado de naturaleza una guerra de todos contra todos. Tal situación solo puede mejorar por medio de un contrato social que crea un poder totalitario (Leviatán), con todos los poderes concentrados en el soberano, pues solo así cesaría la guerra permanente. Locke, al contrario, cree que los individuos en estado de naturaleza son más bien pacíficos y razonables, y disfrutan de derechos naturales; el contrato social que crea la sociedad civil tiene por objeto establecer un poder neutral que garantice esos derechos. Más aún que Locke, Rousseau considera a los hombres buenos por naturaleza –no hay pecado original, aunque tal estado excluye la moral y el derecho–, pero la sociedad civil, basada en la propiedad privada y la desigualdad, no los eleva, como creía Locke, sino que básicamente los pervierte, aunque al mismo tiempo haga brotar las ideas de justicia, ética, etc. Voltaire se burló de Rousseau acusándole de pretender que el ser humano volviera a andar a cuatro patas.
Según Rousseau, el hombre dejó la situación de naturaleza cuando alguien declaró que una porción de tierra era suya y encontró a ingenuos que lo aceptaron, en lugar de oponerle que los frutos de la tierra pertenecen a todos y la tierra misma a nadie. Aquella declaración de propiedad inauguró el proceso de crímenes, guerras, horrores y desgracias característicos de la civilización, cuyo contrato social y leyes están hechos al servicio de los ricos y los poderosos. De ahí la necesidad de un nuevo contrato que remedie esos males. Ese contrato debería basarse en la "voluntad general" de la sociedad, interesada en el bien común y a la que debían someterse los individuos para salvaguardar su libertad e igualdad, y no tener que subordinarse a la voluntad de particulares. La democracia no sería representativa, sino directa, asamblearia, pensada para ciudades-estado y obviamente inútil en naciones grandes.
Rousseau se ocupó mucho de la pedagogía. La misión de esta debía ser la formación de personas virtuosas y con autocontrol y, sobre todo, debía enseñar a razonar. Si bien la evidencia de que el ejercicio de la razón produce resultados tan diversas, podía haberle inducido a cierta cautela.
Las teorías de Rousseau no explican cómo individuos buenos crean sociedades malas, o cómo han prosperado de tal modo la desigualdad, la servidumbre y el fraude social, siendo el hombre bueno y libre por naturaleza. A menos que se le considere también algo necio, fallo que posiblemente pensaba corregir el propio Rousseau. La idea de la voluntad general es lo bastante volátil como para que se la hayan atribuido luego partidos e ideologías opuestos, derivando a estados totalitarios como en Hobbes, pese a partir de concepciones del hombre contrarias. La enorme influencia de Rousseau proviene tal vez de la insatisfacción constitucional del ser humano, que hallaría una vía de escape en la localización de un culpable (la "sociedad injusta", más tarde "la burguesía", etc.) y en la esperanza de un cambio radicalmente satisfactorio que, por asentarse en "la razón", sería también seguro. No obstante, Rousseau apela asimismo al sentimiento, iniciando un alejamiento de las posturas típicamente ilustradas. Él y Voltaire finaron el mismo año, pocos antes de la revolución que tanto debería a ambos.
Al revés que Voltaire, Rousseau consideraba a todas las religiones, más o menos por igual, fundamentos de la moral y la virtud. Un buen representante de la tendencia católica fue, en cambio, Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu, no menos influyente que los anteriores, aunque en otro sentido. Montesquieu no se ocupó de la naturaleza de la libertad política, sino que, dándola por supuesta, investigó las normas que debían asegurarla. Tampoco especuló sobre los orígenes de la sociedad, sino que partió de un estudio empírico y comparativo, no siempre objetivo, sobre las sociedades conocidas. En cuanto al poder, distinguió tres formas, el legislativo, el ejecutivo y el judicial, y encontró que el modo de salvaguardar la libertad consistía en la división entre ellos: debían estar interrelacionados, pero ser independientes; de otro modo la sociedad se vería abocada al despotismo. Esta división subvertía la división tradicional, heredada de la Edad de Supervivencia aunque muy evolucionada, entre los tres estamentos, clero, aristocracia y gente común, representados en los Estados Generales y que por así decir formaban tres cuerpos nacionales separados: ahora formaban un solo cuerpo con tres poderes comunes. También sustituyó la división aristotélica de monarquía-aristocracia-democracia, por la de monarquía-república-despotismo. La primera se apoyaría en el honor, la segunda –que puede ser democrática o aristocrática– en la virtud y la tercera en el miedo. Monarquía y república son sistemas de libertad, más la primera que la segunda, no así el despotismo, caracterizado por la concentración de poderes. Como Voltaire, Montesquieu está próximo a Locke y al liberalismo pero su método es más empirista que racionalista, y, como católico, carece de la fobia antirreligiosa de aquel.
El hecho de que en el siglo XVIII predominase el culto a la razón, no impide que a lo largo de él crecieran corrientes contrarias, que criticaban la ausencia de conclusiones universales a partir de la razón y sus problemas exasperantes, y cargaban el acento en el sentimiento, la emoción y la fe. El más destacado fue el filósofo Johan Georg Hamann, promotor del movimiento Sturm und Drang ("tormenta e ímpetu"). Por decirlo de modo alusivo, el rechazo que a las mentes ordenadas, cívicas y racionalistas de los ilustrados causaba Shakespeare, con su impulso vital, su "desorden", creatividad y fuertes sentimientos se convertían para Hamann y otros en motivos de exaltación.
27 de Agosto de 2009 - 09:32:04 - Pío Moa - 208 comentarios
México borra la conquista española de los textos de primaria
La oposición del PRI ha dicho que con ello "se omite uno de los episodios más importantes de la historia de México como lo fue la muerte de cientos de miles de indígenas Azteca y la colonización de todo el territorio mexicano por parte de los españoles". "¡La muerte de cientos de miles de indígenas!" Querrá decir de los millones que entonces hubiera, porque no ha quedado uno vivo, todos han muerto, y lo mismo los conquistadores. Ese partido de insaciables corruptos aspira a pasar por virtuoso a base de acusaciones imaginarias a otros. Y fíjense en lo de "indígenas Azteca", ¿en qué idioma estará dicho? ¿En azteca?
¡Y la colonización del territorio mexicano! No existía entonces nada parecido al Méjico o México de después de la conquista. Lo que se omite es precisamente el nacimiento de esta nación, que fue una creación de los españoles, no de los aztecas. Estos progresistas resucitan cualquier día los sacrificios humanos y el canibalismo.
Pero, en fin, los progres mejicanos marcan el camino: dentro de poco en España se eliminará la conquista romana de los libros de texto y se fomentará la antigua división entre íberos, celtas, celtíberos, vascones y lo que caiga. En un concurso de estupidez, no sé qué progres ganarían, si los de acá o los de allá. El problema es que son ellos los que mandan.
http://209.85.229.132/search?q=cache:XI68hLCbg1gJ:revista.libertaddigital.com/capitulo-xii-una-tercera-via-ii-920.html+%22Moa%22,+%22M%C3%A9jico%22+Tocqueville%22&cd=2&hl=es&ct=clnk&gl=es
**** Exigen a la presidenta del Constitucional que dé la cara ante los ataques desde Cataluña
Un nuevo deporte en España: pedir peras al olmo. La presidenta es pro separatista.
**** Garzón dice haber visto violaciones de los derechos humanos en Honduras
Y tiene razón: la llegada a Honduras de un juez amigo de la Cheka es ya un ataque a los derechos humanos.
**** ¿Qué presiones habrá sufrido el (mal) juez Velasco? Bien analiza el caso Luis del Pino. Verdaderamente, cuánto y cuán revelador interés en contarnos que aquello fue cosa de un grupillo de pirados y chapuceros a quienes un buen día les dio por ahí, sin más. ¿Conspiraciones? ¡A quién se le ocurre que detrás de un atentado terrorista haya una conspiración! Tiempos de abyección y vergüenza.
**** http://www.hispanidad.com/noticia.aspx?ID=130800
**** "Nos hemos equivocado en muchas cosas", dice la Camacho. Y tanto. Y no piensan enmendarse, sino profundizar en los errores. Saben que sus boyunos votantes solo desean que les tomen el pelo. Ahí no se equivocan.
**** Ya he hecho algunos comentarios sobre la publicidad de la Comunidad de Madrid, típicamente homosexualoide y pueriloide al mejor estilo Zapo. ¡A ellos y ellas les van a dar lecciones los socialistas! ¡ Si son mucho más progresistas que el gobierno y hablan mejor el inglés! Ahora los mandamases, con ese toque totalitario blandito, afirman que su política "requiere el compromiso de todos, hombres y mujeres". No me digan. Lo mismo venían contaban Stalin y Hitler: el rebaño debe seguir unánimemente a los ilustrados e ilustradas mandamases, que solo quieren "el bien de todos". Y se llaman liberales.
Dentro de esa miseria, la estupidez: a un tipo con expresión de tonto le preguntan si piensa quedarse embarazado, y afirman que la pregunta tiene que llegar a ser igualmente absurda para una mujer. ¿Quiere decir que las mujeres deben dejar de tener hijos? Por ahí van los planes. Pues la realidad es que, pese al igualitarismo, la naturaleza se empeña en que las mujeres puedan quedar embarazadas, y los hombres no. Y que el embarazo de una empleada puede tener efectos económicos sobre la empresa. ¡E incluso si ellas deciden no tener hijos, las diferencias entre mujeres y varones persisten! ¡La maldita naturaleza!
Hace días salió en la prensa otra petición al ministerio de Defensa, en nombre de la igualdad, para que los soldados pudieran llevar el pelo largo como las chicas. Gente inconsecuente: deberían exigir que los soldados "tuvieran que" llevar el pelo largo, pues de otro modo persistiría una evidente desigualdad. ¿Y exigir que ellos se pusieran tetas de silicona, para "avanzar" en una igualdad "necesaria"? Todo se andará ¿Por qué será que esas cosas se les ocurren siempre a los promotores de la trola, el choriceo y el puterío en general?
26 de Agosto de 2009 - 10:10:23 - Pío Moa - 124 comentarios
El siglo XVIII europeo es conocido como el de la Ilustración, término discutido para el que se han dado fechas diversas, extendiéndolo a la primera mitad del siglo XVII o restringiéndolo a los últimos tres cuartos del XVIII, cerrados por la Revolución francesa o por Napoleón. Se ha negado también su realidad o distinguido varias ilustraciones. Suele definírsela como una época en que primó la razón ("Edad de la razón") como la facultad humana capaz de explicar el mundo y la sociedad, con profundos efectos transformadores sociales y políticos, o progreso, otra idea clave de entonces. La Ilustración cundió desde Portugal a Rusia y de Escandinavia a Italia, como otrora los monasterios, el Románico, el Gótico y el Humanismo, exceptuando de estos a Rusia. Sus focos más creativos fueron Inglaterra, Alemania, Escocia y Francia. Su arte peculiar se denominó Neoclásico, originado en Italia y venía a ser una vuelta a la norma grecorromana interpretada de modo muy restringido, que buscaba construcciones "lógicas", racionalistas, excluyendo lo meramente ornamental. El desnudo idealizado proliferó, como muestra del interés del ser humano por sí mismo. Sus críticos posteriores encontrarán esa arte fría, algo artificiosa y poco emotiva.
Se ha atribuido a la Ilustración la apertura de una "opinión pública" y de un "espacio público" mediante el debate de ideas, antes constreñido o impedido por la religión. Algo así se ha dicho también del Humanismo, por más que el ámbito católico llevaba siglos siendo escenario de discusiones teológicas y filosóficas muy agudas, de las que procedían las nuevas; y que no todos los ilustrados denostaban la religión. Por lo demás, la "opinión pública" era la de las personas que se consideraban ilustradas, no la del "populacho".
En ese siglo, en parte como efecto de una mejora económica bastante generalizada, se formaron en varios países unas élites cultas más nutridas que antaño, impresionadas por los avances científicos y llenas de curiosidad intelectual. Nunca antes se habían impreso tantos libros, y el contrabando de ellos volvió casi inútil la censura; ni surgieron tantas tertulias y sociedades informales, vehículos de discusión libre y transmisión de ideas y conocimientos: fue un siglo de cafés, clubs de debates en Inglaterra, salones en Francia (regentados por mujeres aristócratas), academias y otras asociaciones. La Académie Française había sido creada en 1636 por Richelieu para reunir a literatos notables y purificar la lengua, a imitación de la Accademia della Crusca florentina, que había hecho del toscano el italiano modelo. Treinta años después, Colbert había fundado la Academia de las Ciencias, a fin de promover la afición científica y prestigiar a sus cultivadores.Estas academias promovían concursos literarios, científicos y de ensayo sobre temas políticos y sociales. Francia marcó la pauta en el continente –no así en Inglaterra– con sus modas e instituciones de cultura.
Nada de ello era demasiado nuevo: lo nuevo era su amplitud, diversificación, la menor influencia de la religión y el clero, y la rapidez con que llegaron a circular las ideas gracias a la prensa, innovación crucial, aparecida como diaria en Inglaterra. Brotaron "repúblicas de las letras" que discutían y difundían valores nuevos de tipo racionalista, igualitarista o liberal. Estas élites sentían que representaban al "hombre" o a lo mejor de él, a veces disgusto por los poderes políticos y religiosos e insatisfacción por su propio escaso poder. El movimiento se radicalizó, sobre todo en Francia, contra la autoridad tradicional, o bien abocó al despotismo ilustrado.
La autopercepción de la Ilustración la expone el filósofo prusiano Immanuel Kant, de familia protestante: "Es la salida del hombre de su minoría de edad", minoría salida de la renuncia a usar el propio entendimientoEste fallo, inducido por autoridades políticas y eclesiásticas, se sustentaría en la cobardía y pereza de los individuos: "Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando esta no viene de un defecto del entendimiento, sino de la falta de decisión y ánimo para usarlo con independencia, sin conducción de otro. ¡Sapere aude! (¡Atrévete a saber!)".
La definición traía consigo bastantes problemas: ¿el hombre no había hecho uso de su razón antes de los ilustrados? Y estos, ¿eran "el hombre"? Ni Kant ni nadie podía esperar que el individuo común emplease a fondo la razón, sino solo una élite poseedora del tiempo, la posición y el gusto por ese empleo –así había sucedido siempre–. Por otra parte, ¿podía la razón, realmente, sustituir a la fe como, por ejemplo, fundamento de la ética? Y las conclusiones que extrajeran Kant o los ilustrados de su particular uso del entendimiento ¿tenían validez general?
Además, ¿qué es la razón? Si la concebimos como una lógica que lleva a conclusiones tan ineluctables como las leyes que la ciencia descubría en la naturaleza, ¿dónde quedaba la libertad del individuo? Esta parecía reducirse a una ilusión causada por la ignorancia y disipada por el conocimiento. Y si, por el contrario, las personas debían confiar solo en las conclusiones que ellas mismos obtuvieran, ¿no fracasaría la razón como orientadora general si dichas conclusiones fueran variadas y aun opuestas (como de hecho ocurría)? ¿Valdrían las conclusiones racionalistas de Kant más que las de cualquier otro que se "atreviera a saber" por su cuenta? El problema recuerda al de Lutero con el libre examen: cualquier individuo podía creerse más sabio que él o que San Pablo en la interpretación de las Escrituras. Tocqueville expondría más tarde una de esas evidencias en las que no suele repararse: hasta los hombres de mejor intelecto y afición descansan por fuerza en "ideas dogmáticas", esto es, ideas y conocimientos a los que se da crédito sin investigación y crítica propias; pues si cada cual admitiera solo las conclusiones a que llegara por sus medios, poco llegaría a saber a lo largo de su vida.
El fervor por la razón, el rechazo a la autoridad tradicional y el elitismo se traducirían veces en una especie de culto o mística, manifiesto en sociedades secretas como la orden masónica o francmasónica. Esta invocaba la razón, la filantropía, principios de igualdad, libertad y fraternidad, todo lo cual quedaba negado en su propia organización. Pues esta no era pública, como parecía exigir el ideal ilustrado, sino secreta, y la razón sufría un tanto con sus barrocos rituales e iniciaciones, sus juramentos y amenazas truculentas a quienes revelasen sus misterios, y su pretensión de conocer saberes esotéricos de los gremios de albañiles (masones) medievales, de los templarios, del templo de Salomón, de los egipcios y hasta de Adán. La sociedad nació en Escocia e Inglaterra y sus logias se extendieron con rapidez por el continente a partir de 1734. Numerosos intelectuales y políticos entraron en las logias, quizá porque sus normas y fraternidad secreta creaban formas ocultas de apoyo y promoción social y a puestos de poder, o por la idea de estar trabajando por el bien de la humanidad un poco a escondidas de esta, o por gusto de poseer arcanos inaccesibles al vulgo. Se trataba de una sociedad iniciática que rodeaba de misticismo las aspiraciones racionalistas en boga, uno de esos gnosticismos que la Iglesia había condenado siempre.
La masonería tendía a integrar a personas de poder social y político, y su sociedad semejaba un estado oculto dentro del estado A lo largo de la historia se han fundado incontables grupos secretos, pero ninguno tuvo un éxito tan prolongado y duradero. Su secretismo dificulta saber hasta dónde alcanzó su influencia, perceptible, no obstante, en los numerosos masones que aparecerán mezclados en los sucesos históricos desde entonces. De ahí el recelo que ha despertado, sobre todo en medios católicos, pues la masonería atacaba generalmente a la Iglesia. Abundan las teorías conspirativas que pretenden explicar la historia reciente por conspiraciones masónicas, pero estas no parecen haber estado muy centralizadas, y las reyertas entre sus miembros y tendencias han llegado a ser violentas; aparte de que la mayoría de esas conjuras fracasan. Tampoco está clara la relación entre la producción intelectual o la política de diversos personajes y su afiliación masónica. Otra sociedad de este tipo fue la de los Illuminati, fundada en Alemania, que preconizaba objetivos en parte coincidentes con los de la masonería, pero llevaba otros más allá, hasta la abolición de la propiedad privada, de la religión y de las naciones, en pro de un gobierno universal; ideas que, entroncadas o no con esta secta, se divulgarían ampliamente en los siglos XIX y XX. Al parecer, los Illuminati trataron de controlar a la masonería, pero fueron rechazados, y algunos les atribuyen una influencia secreta en USA, visible en símbolos como los del dólar.
Se ha acusado al catolicismo de haber impedido o desviado la Ilustración, originando la corriente despótica y absolutista francesa. Del protestantismo y su libre examen de la Biblia habría derivado, por el contrario, la libertad de conciencia y el espíritu liberal propios de Inglaterra u Holanda. Pero el esquema dista de estar claro. El despotismo ilustrado y el absolutismo no solo se practicaron en la católica Francia, sino también en la protestante Prusia o en la ortodoxa Rusia. Y hay diferencias entre el anglicanismo inglés y el calvinismo holandés. Por lo demás, el libre examen no producía libertad de conciencia, sino más bien grupos confesionales rígidos y enfrentados entre sí. La tolerancia de Locke no nacía tanto de un concepto de libertad de conciencia como de la necesidad de acabar con las luchas y persecuciones entre grupos protestantes, pues la experiencia indicaba que no tenían solución; la tolerancia excluía al catolicismo, desde luego. Y la tolerancia holandesa tuvo relación con el interés económico y con el mismo fenómeno de Gran Bretaña: la imposibilidad de aplastar la disidencia, tras haberlo intentado largamente. Mucho menos tolerante se mostró el protestantismo allí donde pudo aplicar a fondo el principio cuius regio eius religio, dejando su confesión sin rival serio, como en Escandinavia, Escocia o regiones alemanas.
Existen, además, diferencias sustanciales entre el catolicismo francés y el español, por ejemplo. Las concepciones políticas hispanas en los siglos XVI-XVII muestran una inclinación pro democrática y pro liberal más próximas a la que se desarrollaría en Inglaterra que al absolutismo francés, se preocupaban más de la libertad que de la felicidad del individuo, esta última objetivo del despotismo ilustrado. En Francia, la orientación galicana siempre había sido muy fuerte, y se concretaba en un verdadero culto monárquico, inexistente en España.
25 de Agosto de 2009 - 08:44:36 - Pío Moa - 296 comentarios
Hoy, en El economista:
FANÁTICOS Y MANIPULADORES
Hace unas semanas, con motivo de un show de doña Leire Pajín y otros socialistas, explotando con toda desvergüenza el fusilamiento de las "trece rosas" en 1939, hice un comentario en Libertad Digital exponiendo al respecto algunos detalles importantes, de los que los progres, en general, no quieren ni oír hablar. Por ejemplo, que las trece mujeres (y 42 hombres de los que nadie se acuerda) fueron fusiladas en relación más o menos lejana con un atentado terrorista (pese a ello fue un crimen legal). Y, sobre todo, que ellas y ellos no murieron por la libertad sino, indiscutiblemente, por el totalitarismo staliniano, ya que estaban reorganizando las Juventudes del PCE, el sector más fanatizado de este partido, que se gloriaba de ser un partido agente de Stalin. El asunto lo he tratado con bastante atención en el libro Años de hierro.
¿Es que Pajín y compañía ignoran estas cosas? De ningún modo. Las conocen perfectamente, mucho mejor que la mayoría. Y es precisamente porque saben que la gran mayoría --inmersa en la televisión basura y similares-- ignora estos y tantísimos hechos más, por lo que ocultan la realidad e inventan una leyenda barata. Porque ellos no son fanáticos, sino manipuladores. Y lo que persiguen es difundir un fanatismo del que esperan sacar rentas electorales, ya que ese es precisamente su negocio: sus cargos, sus beneficios, sus prebendas, dependen de su habilidad en manipular la ignorancia. También dependen de ello sus bien conocidas corrupciones. Esta manipulación es ella misma una corrupción.
Reconocer que el fusilamiento de la mayoría de aquellas personas fue un crimen legal no puede servir de pretexto, en una democracia, para falsear la historia. Sí en un régimen totalitario. Al obrar como lo hacen, ya sabemos con qué y con quiénes se identifican nuestros socialistas. No en vano vuelven a llamarse "rojos" estos personajes.
**** Chomsky cree que en Venezuela se construye "ese otro mundo posible"
"Otro mundo es posible", claman las izquierdas. Por supuesto, tienen razón: hay otros muchos mundos posibles fuera de la democracia, no hay más que echar una ojeada al planeta y a su historia. La cuestión es si son preferibles. Al voceras Chomsky, enamorado del totalitarismo, el embrutecido ignorante Chavez le parece ideal, después de todo ha sido un buen promotor de alguno de sus libros. Parece que está pensando en irse a vivir a Venezuela, aunque su talante de resistente heroico le inclina más bien a seguir en Usa, afrontando los más terribles sacrificios y amenazas en ese país insoportable.
24 de Agosto de 2009 - 08:21:11 - Pío Moa - 113 comentarios
Calibrar la decadencia española exige compararla con los países exitosos, pero no menos con su propia "edad de oro" entre los Reyes Católicos y Carlos II. Podemos resumir así el contraste: durante su auge, España no cesó de producir un alto número de personajes de gran talla en la política, las artes, el pensamiento, la milicia, la literatura, la religión, las exploraciones y conquistas..., a los que aquí hemos hecho muy somera alusión; desde finales del siglo XVII, y durante dos siglos más, descuellan muy pocas figuras de primera fila. El nivel general, sin ser desdeñable, resulta mediocre, y el país solo en pequeña medida se sumó al desarrollo científico y tecnológico.
Decadencia, a pesar de que las condiciones materiales mejoraron notablemente. A principios del siglo XVIII España contaba con unos 7,5 millones de habitantes, y al final con 10,5, lo que se debió a medidas racionalizadoras de origen francés, a una menor incidencia de las epidemias y a un mayor conocimiento de las normas de la economía, pues la riqueza del país también aumentó. Durante milenios, los saberes económicos fueron menores que la inquietud por las razones de la escasez y por las alternancias, duras de explicar, entre prosperidad y miseria; pero a lo largo del siglo XVIII diversos misterios de la economía se irán desvelando, hasta dar lugar a una nueva ciencia, aun si no muy exacta. Mas, como vemos, explicar la historia por la economía viene a ser como explicar a Cervantes por las curvas de sus ingresos a lo largo de su vida, o por sus querellas "de clase": el siglo XVIII español se parecería al XVI en el aumento demográfico y económico, y se diferenciaría en que no fue acompañado de una eclosión cultural ni de lejos semejante.
Un decaimiento tan sorprendente como el español, ha suscitado mucha discusión. Stanley Payne ha señalado en su libro sobre el catolicismo español: "Los que se adhieren a la tesis de Weber referente a la relación entre el protestantismo y el capitalismo afirman que un país tan católico como España era inevitablemente incapaz de llevar a cabo, en el siglo XVII, las drásticas transformaciones de su estructura económica y de su marco sociocultural. Esto es sin duda cierto, pero no solo a causa del catolicismo español. La católica Francia (...), padeció la misma incapacidad, y en el siglo XVII desarrolló una de las economías más avanzadas del mundo, dejando a España en una posición por completo dependiente. La católica Bélgica fue, más tarde, el único país que se industrializó con tanta rapidez como Inglaterra. El obstáculo a un nuevo desarrollo en España no radicaba en la religión como tal, sino en la cultura española, en la cual estaba encajada la religión".
Como indica Payne, el decaimiento de la católica España no puede oponerse a un esplendor protestante general, pues ni todos los países protestantes ni todos los católicos experimentaron auge y declive respectivamente. Inglaterra y partes de la Alemania protestante se hicieron ricas y productivas en casi todos los terrenos, pero otras zonas alemanas permanecieron pobres, así como Escandinavia o Escocia, y Holanda decayó notablemente. En conjunto, el desfase entre países protestantes y católicos no fue demasiado grande; y, políticamente, la división religiosa de Alemania contribuyó a mantener a esta como un conglomerado de pequeños estados impotentes.
Se han dado muchas descripciones de los retrasos españoles, como el rutinarismo y retracción de la enseñanza superior y media –acentuada, pero no causada, en 1767 por la expulsión de los jesuitas–; del aumento de la vida marginal, de la prostitución, de la baja calidad del clero –aunque la Inquisición tuvo poca actividad en el siglo XVIII–, de un tipo de caridad que fomentaba la vagancia, puesto por Calderón en labios de un labrador ante un pedigüeño en El gran teatro del mundo: "Decid: ¿no tenéis vergüenza / que un hombrazo como vos / pida? ¡Servid, noramala! / No os andéis hecho bribón. / Y si os falta que comer, / tomad aqueste azadón / con que lo podéis ganar... En otros países se buscaban remedios más prácticos, si bien a veces brutales. Hay mil indicios más de degradación social, como una obsesión enfermiza por el honor, cada vez más convertido en afán incluso delictivo de aparentar, la corrupción del poder, la ostentación parasitaria de los poderosos en contraste con la (relativa) vieja sobriedad, etc.
Al principio de este libro he expuesto la hipótesis de que entre los elementos que conforman las culturas, el religioso es el focal, en contra de la opinión corriente que atribuye ese carácter a la economía, o a versiones eclécticas que valoran por igual a economía, religión, arte, política, etc. Tal hipótesis considera al hombre condicionado por su peculiar posición en la naturaleza y la incertidumbre (excepto la muerte) introducida por el tiempo; el ser humano se halla "acuciado no solo por las necesidades, la enfermedad y mil desgracias, al igual que los animales, sino también por una inquietud espiritual acerca del sentido de su vida y de la vida y el mundo en general, de su origen y destino. La calma de esa inquietud nace de las explicaciones religiosas, básicamente imaginativas pero hemos de suponer que verídicas de algún modo, pues en otro caso habrían conducido a un fracaso esencial de las culturas humanas". Cierto que no es fácil concretar de qué modo preciso la religiosidad crea valores y moral, y condiciona la variada actividad de la gente.
Podría objetarse que el siglo XVIII, precisamente, marcará un progresivo alejamiento de la fe hacia la razón y la ciencia, una progresiva relegación del clero y secularización de la cultura y de la vida común. Sin embargo cabría contraargüir que la relevancia otorgada a la razón y la ciencia nace del cristianismo, y que ni una ni otra chocan o se apartan de la religión salvo cuando se convierten, a su vez, en fes sustitutorias. Sin entrar en más disquisiciones, me inclino a pensar que la eclosión de personajes brillantes durante la edad dorada española tiene mucho que ver con aquel espíritu religioso que produjo las disputas y especulaciones de la escuela de Salamanca, la poesía mística, la reforma de Trento o una vida universitaria inquieta; mientras que la decadencia reflejaría una religiosidad ritualista y formal, anquilosada y a la defensiva, cada vez más milagrera, "popular" hasta extremos grotescos, con acentuado contraste entre el estilo más rigurosamente cristiano y la superstición, la popularidad de la blasfemia y las conductas inmorales. No hubo, desde luego, un cambio radical entre las dos épocas, y los mismos fenómenos de religiosidad degradada se daban en el siglo XVI; solo que en menor proporción y contrarrestados por el impulso reformista eclesiástico, lo que fue dejando de ocurrir en el siglo XVII.
Surge la pregunta de a qué obedeció este constatable anquilosamiento religioso. No parece que se explique por la economía ni por la cantidad. Los clérigos abundaban a finales del siglo XVI, quizá el 1,2% de la población; pero a mediados del siglo XVIII pudo llegar al 1,5 (no el 3, o hasta el 10% como a veces se lee); y la economía empeoró durante el siglo XVII, cuando se aprecian esos factores de degradación, mientras que mejoró en el XVIII, sin que dichos factores desaparecieran. No encuentro una respuesta clara, pero el hecho parece indudable.
Debe matizarse, finalmente, que la decadencia no supuso una quiebra. La nación conservaba un imperio que por sí solo la convertía en gran potencia, aunque ya no de primera línea, y sería capaz de sacudirse en buena medida la presión satelizante francesa, de reconstruir una marina poderosa tiempo después del desastre de Vigo-Rande, de ampliar el imperio, explorar nuevas tierras, e infligir una humillante derrota a Gran Bretaña cuando esta creyó, prematuramente, que la América hispana estaba lista para caer en sus manos. Su infraestructura educativa, aunque en muy mal estado intelectual, seguía existiendo y nunca dejó de haber una élite instruida e inquieta, surgió algún pensador y divulgador como Feijoo o un genio como Goya. La Iglesia, pese a su semiparálisis intelectual, conservó su impulso evangelizador. La abolición de los fueros catalanes y valencianos liberó un impulso de iniciativa comercial y productiva que contrarrestó algo la abulia prevaleciente en otras regiones...
23 de Agosto de 2009 - 08:58:39 - Pío Moa - 77 comentarios
Franco fue el producto de una niñez represiva e infeliz. Su padre, pese a sus ideas liberales, era autoritario y represivo; y la madre es muy difícil que fuera una madre perfecta, debió de ser muy religiosa y muy fría. La política de Franco hacia las mujeres, a través de la Sección Femenina, denota una actitud vengativa. A pesar de la difícil relación que mantuvieron, Franco interiorizó la violencia y el estilo autoritario de su padre y asumió esa dureza en su relación con los más débiles que él; por ejemplo, los soldados a los que mandaba. Más tarde, como jefe de Estado, mantuvo una actitud represiva contra todo el pueblo español.
(G. Ashford Hodges, psicóloga freudiana, esposa de Paul Preston, recogida en Franco para antifranquistas)
¿Cómo sabe que tuvo una niñez "represiva e infeliz"? ¿Y qué hay que entender por "represiva"? La madre, naturalmente "debió de" ser como esta señora la quiere imaginar, para que cuadre el asunto.
Cierto que Franco ejerció una cruel venganza sobre "las mujeres". La Sección Femenina no era, desde luego, feminista. En lugar de despreciar las tareas del hogar y de la educación de los hijos, como hacen los feministas, les daba gran valor e importancia; y al mismo tiempo trataba de promover cultural y profesionalmente a la mujer y hacerlo compatible con los trabajos del hogar. En lo que tuvo un notable éxito: bajo el gobierno de Franco, y casi desde el primer momento, hubo más presencia femenina en la enseñanza media y superior que en ninguna otra etapa anterior, y lo mismo ocurrió con su presencia profesional, mientras que la esperanza de vida media entre las mujeres se puso entre las más largas del mundo, superando a la de Gran Bretaña, por ejemplo. Al lado de logros como estos, algunas restricciones en función de la unión familiar, tienen importancia menor.
Cabe medir la insatisfacción femenina y las deficiencias educativas con datos como las separaciones conyugales o la delincuencia específica: la delincuencia femenina era mínima, y ha aumentado en muy alta proporción bajo gobiernos posteriores que, de paso, han venido socavando la familia y la democracia. Y las separaciones y divorcios eran escasos. Cierto que los católicos solo podían divorciarse si apostataban antes, pero lo cierto es que, en contra de las expectativas, cuando el divorcio se hizo libre, fueron muy pocas las peticiones, que solo han crecido de modo imparable años después, en una verdadera manifestación de falta de salud familiar y social.
En cuanto a los soldados, el mismo Jay Allen, agente propagandístico del Frente Popular, reconoce la popularidad de Franco entre sus tropas. Claro que a lo mejor se trataba de soldados masoquistas. Lo de "todo el pueblo español" es aún más gracioso, a la vista de los índices de crecimiento económico y de todo tipo. Pero, ¿qué cuentan todos estos datos al lado de la coherencia teórica de la señora Hodges?
**** Rajoy dice que el Gobierno "parece saber" cuál será la sentencia del Estatut, y pide "celeridad". No pide un veredicto justo, sino "celeridad". Cualquiera que sea la sentencia, teniendo en cuenta la composición del TC, será mala. Es decir, mala para España y la democracia, buena para el gobierno y su seudooposición futurista.
**** Basagoiti, sobre el PSE: "Hemos pasado de sexo a pareja de hecho"
Pronto llegarán a matrimonio. Homosexual, por supuesto.
**** Cebrián acusa a Zapatero de presidir un Gobierno de "república bananera"
Este es como el PP de la Nena angloparlante: solo cuando le tocan el bolsillo se percata un poco de la bellaquería de la banda de Zapo. Los intereses generales del país no les interesan. Más aún, tanto el Futurista como Cebrián han colaborado y siguen haciéndolo en la demolición de la democracia española. Estas cuadrillas forman nuestra "clase política".
**** Fraga ve "inaceptable" que una caja gallega llegue a ser absorbida por una "de fuera"
¡El nacionalista gallego! Los demás españoles son "de fuera". ¡El que luchaba contra el franquismo "desde dentro"!
**** Cospedal: "Toda España" conoce datos que prueban la "persecución del PP"
¡Caramba! ¿Y cuáles son esos datos que conoce toda España? ¿Hay corrupción o no hay corrupción en el PP? ¿Y cuánta? La señora Cospedal está sugiriendo que debieran mantenerse la "buenas formas", una especie de pacto entre caballeros (de industria) por el cual cada partido evita denunciar la corrupción del otro. A eso le llaman "sentido de Estado".
Y por supuesto que el PSOE ejerce una persecución mafiosa, no podía ser de otro modo, teniendo en cuenta el carácter de ese partido.Y ello es en cierto modo satisfactorio, porque el PP ha liquidado mafiosamente, a su vez, la oposición al gobierno, la AVT y la COPE tal como era. Ojalá esas camarillas se pelearan furiosamente entre ellas. Insinúan sus jefes que ello perjudicaría al país. Al contrario. Mucho más le perjudica su complicidad.
22 de Agosto de 2009 - 07:50:47 - Pío Moa - 15 comentarios
También entraban en decadencia Polonia, Suecia y Holanda, en vivo contraste con el auge francés e inglés. Francia hubo de superar a mediados del XVII una nueva guerra civil ("de la Fronda"), pero, restablecida la paz interna, se expandió en todas direcciones, contra España, Holanda y el Imperio. Luis XIV, el Rey Sol sostuvo tres guerras internacionales de envergadura contra numerosos enemigos, de las que salió bastante bien librado, aunque la última, la de Sucesión española, le llevó a la bancarrota financiera. Aun así, el país se repuso con rapidez y seguía en primera línea europea al morir Luis XIV, en 1715, dos años después del tratado de Utrecht. Dejaba un país engrandecido, comienzos de un imperio americano en la cuenca del Misisipi (Luisiana), enclaves en India y África, y relaciones políticas y comerciales con países tan alejados como Siam. La vida intelectual y literaria de Francia (Corneille, Racine, Molière, Boileau, Descartes, Pascal...) la hacían el centro de Europa, y del francés una lengua franca cortesana hasta en Rusia. Las reformas económicas de Colbert, dirigistas desde el estado, triplicaron los ingresos estatales sin arruinar al país, y serían imitadas en Europa. Luis XIV doblegó también a los Austrias y en alguna medida satelizó a España.
La hegemonía francesa venía, más que de su abundancia de hombres y recursos, de las reformas acumuladas desde Richelieu. Durante siglos, la historia de Francia había venido marcada por la pugna entre la autoridad real y la de los oligarcas, que disponían de ejércitos privados y estaban dispuestos a aliarse con países extranjeros contra el rey, como harían hasta la Guerra de la Fronda. La realeza había obtenido victorias hasta hacerse casi absoluta, para volver una y otra vez a la situación previa. Pero Luis XIV obtuvo una victoria definitiva: supeditó efectivamente a los nobles, los alejó de sus posesiones y creó una nobleza cortesana en parte sufragada por el estado, y por ello dependiente. La centralización se extendió al terreno religioso por dos vías: por una parte se eliminó el potencial foco hugonote de disensión, incluso de guerra civil, revocando el Edicto de Nantes. Ahora se prohibía cualquier manifestación pública de protestantismo, los hijos de los hugonotes debían bautizarse por el rito católico, sus clérigos debían hacerse católicos, etc. Era prácticamente una ley de persecución y expulsión, pese a que se les prohibía salir de Francia: unos 200.000 hugonotes huyeron, lo que causó pérdidas económicas, si bien no muy graves. Por otra parte, la autoridad del Papado en Francia fue reducida a casi nada, agravando el galicanismo, siempre presente en la política francesa, aun sin llegar a crear una Iglesia nacional a la anglicana.
Cabe comparar estas reformas con las de los Reyes Católicos, que cimentaron el auge español. Las de España acabaron con el carácter banderizo de los nobles, hicieron indiscutible la autoridad regia, y lograron, por medios no disímiles de los de Luis XIV, la unidad religiosa y una considerable identificación del poder eclesiástico con el político. De ahí la fortaleza del estado y la casi ausencia de contiendas civiles (las revueltas comuneras, de las germanías o la guerra de Cataluña –más bien un conflicto con Francia–, tuvieron poca monta al lado de la sufridas por los países del entorno). Las reformas españolas fueron menos extremistas que las francesas, la economía menos dirigista, la autoridad del Papado más respetada, y la monarquía no pasó de autoritaria, lejos del absolutismo de Luis XIV, que serviría de modelo a otros países.
El símbolo del poder francés fue el colosal palacio barroco de Versalles, fuera de París, adonde se trasladó la corte, y en el cual el monarca se rodeó de un minuciosísimo protocolo y de una pompa con cierto matiz oriental. El diferente espíritu y época del apogeo francés y el español se revela bastante bien en el contraste con otro edificio de funciones similares: El Escorial, construido por Felipe II. El propio Felipe orientó a sus arquitectos: quería una construcción sencilla, severa, noble sin arrogancia y majestuosa sin ostentación. Versalles, tres veces más grande que el ya impresionante Escorial, resulta a un tiempo noble y arrogante, majestuoso y enormemente ostentoso, con una decoración que apenas deja espacios vacíos. El Escorial fue concebido como palacio, basílica, biblioteca, centro de estudios, monasterio, pinacoteca y panteón, con la iglesia como centro. Versalles es propiamente palacio y corte, y a esta función se supeditan estrictamente las demás. Las torres de El Escorial, armoniosamente conjuntadas, crean una impresión de elevación, mientras que sus muros exteriores recuerdan una fortaleza. Nada más lejos de Versalles, cuya armonía se basa en las proporciones de un edificio sin torres, que refleja suntuosidad y poder, frente a la sobriedad del edificio hispano. No menos significativo es el contraste del paisaje entre los feraces y verdes llanos franceses y las estribaciones de la sierra de Madrid, sugestivas de un modo muy distinto. El Escorial nunca fue imitado, Versalles sí, en bastantes países europeos.
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También Inglaterra experimentó un auge extraordinario. Pasada la dictadura de Cromwell, el rey Carlos II –se convertiría al catolicismo en su lecho de muerte– procuró la tolerancia hacia los "papistas", pero el Parlamento impuso la oficialidad anglicana, la exclusividad de sus liturgias y el cese de los funcionarios no anglicanos. Hubo nuevas persecuciones contra los católicos y tomaron forma en el Parlamento las tendencias whig y tory, la primera más transigente con los no anglicanos y más intransigente con los católicos. En otro orden de cosas, la pugna con Holanda causó graves pérdidas a Inglaterra, pero mejoró cuando Luis XIV subsidió al gobierno inglés para que siguiera peleando, prometiéndole parte del imperio holandés.
Sucedió a Carlos, en 1685, Jacobo II, a quien, por ser católico, depuso el Parlamento tres años después, en la llamada Revolución Gloriosa. Fue sustituido por su hija María y su esposo Guillermo III de Nassau, estatúder holandés. La revolución concedió mayor tolerancia a otras confesiones protestantes, no así a la romana, y fue subrayada por el sangriento aplastamiento de resistencias en Irlanda, donde más tierras pasaron a manos de ingleses, y por hechos como la matanza de Glencoe, en Escocia. Guillermo III finó en 1702, sucediéndole la reina Ana, bajo la cual Inglaterra tuvo un triunfo de gran envergadura en 1707 al unirse con Escocia en un reino, el de Gran Bretaña, con un solo parlamento, aunque los dos países conservaran leyes, moneda y religión distintas (anglicana y presbiteriana). Londres consiguió su objetivo con una mezcla de promesas de ventajas comerciales, de amenazas de cortar el comercio, y de sobornos; pero la unión demostraría ser efectiva y crearía un poder británico fuerte. No obstante persistió en Escocia una resistencia llamada jacobita, por mantener la legitimidad de Jacobo II.
Sería con a la Guerra de Sucesión española como Gran Bretaña iba a alcanzar una clara supremacía sobre los mares y la plenitud de su primer imperio, centrado en las colonias de América y con aspiraciones sobre las posesiones españolas.
Aspecto decisivo de este período fue una evolución constitucional opuesta al absolutismo y al dirigismo estatal francés, manifiesta en la Declaración de Derechos del Parlamento, impuesta a Guillermo III y a María, por la cual la monarquía quedaba limitada con nitidez: sin aprobación del Parlamento, el rey no podía promulgar leyes, impuestos, obtener su propio dinero personal o reclutar tropas en tiempos de paz; no podía presionar las elecciones ni rechazar las decisiones parlamentarias, y el Parlamento debía ser convocado con frecuencia. En conjunto, Inglaterra se acercó más que el resto de Europa a lo que hoy llamamos democracia, aunque permaneció como una sociedad aristocrática, cuyo trato a la gente común podía ser despiadado.
La tendencia se vería teorizada por el filósofo John Locke, a quien suele llamarse padre del liberalismo. Según él, la soberanía reside en el pueblo y se expresa en el Parlamento debiendo separarse los poderes legislativo y ejecutivo. El estado debe amparar el derecho del individuo a la vida, la propiedad, la libertad y la búsqueda de la felicidad, que expresan la ley natural instituida por Dios –concepción poco protestante–. El estado debe aplicar la ley con espíritu tolerante, teniendo en cuenta la diversidad de intereses y opiniones, aunque su tolerancia no abarcaba al catolicismo, para el que propugnaba un duro tratamiento. La vida social se cimenta en un contrato que permite al hombre salir del "estado de naturaleza", en el cual no existe protección de los derechos; y a ese estado se vuelve si el poder público incumple el contrato.
Hay similitudes y discrepancias entre estas teorías y las de la Escuela de Salamanca. Locke concreta un sistema práctico para conciliar el principio de la soberanía popular con la disparidad de intereses sociales y frenar la tendencia del poder a hacerse absoluto, repartiéndolo. Los pensadores españoles no habían encontrado un medio de evitar la tiranía, salvo matar al tirano, remedio en general poco práctico. Por su parte, el sistema de Locke no permite explicar la evolución histórica anterior, que quedaría como un dañino "estado de naturaleza", y debe recurrir al mito del contrato. Para los de Salamanca, no existe contrato ni estado de naturaleza, el hombre es por constitución sociable, vive necesariamente en sociedad, y las distintas formas de organización social y política son válidas siempre que no vulneren la ley natural y se conviertan en tiranía. En todo caso el pensamiento de Salamanca, tan prometedor, quedó paralizado en el primer cuarto del siglo XVII.
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Tiene interés asimismo la decadencia holandesa. El país vivió entre 1650 y 1672 como república no declarada, con intensa rivalidad entre la casa de Orange, a la que pertenecían los gobernadores o estatúderes, y los "regentes", potentados comerciantes. Esos años gobernó el país Johan de Witt, político y matemático distinguido. El choque comercial con Inglaterra, que aspiraba a desbancar a Holanda, motivaría tres guerras. El año 1672 , conocido como "el del desastre", el país sufrió derrotas ante Inglaterra y Francia juntas, y los Orange culparon a Witt, le organizaron una encerrona y un motín supuestamente popular, que linchó con la mayor crueldad a él y a su hermano Cornelis, en La Haya. Los cuerpos desnudos, mutilados y desventrados, quedaron expuestos públicamente, y durante más tiempo los corazones de ambos, a modo de trofeos. El crimen fue maquinado probablemente por Guillermo III, que sería rey de Inglaterra.
Witt había presidido un tiempo de esplendor. La riqueza de Holanda había atraído a gentes de la Europa más pobre, y el interés económico creó un clima de tolerancia; floreció el arte, en especial la pintura, con Rembrandt, Vermeer y muchos más, y la filosofía con Spinoza. Holanda había hecho cruciales innovaciones económicas como la Bolsa y la sociedad anónima (primacía disputada por Inglaterra), y Ámsterdam fue el mayor centro financiero de Europa. Su tecnología naval era la mejor, sus exploradores llegaron al norte de Canadá y al sur de Australia, y sus compañías comerciales, en cuyos ingresos entraba también la piratería, forjaron un imperio por África, América y el Índico, en gran parte a costa de Portugal. En él, los holandeses no se mezclaban con los nativos, a quienes trataban sobre la base del beneficio crematístico que reportaban.
Al subir Guillermo III al poder inglés, la hostilidad entre los dos países dio paso a una relativa alianza, que se vendría abajo en 1713, al cambiar los intereses británicos. Para entonces Holanda había perdido su poderío naval, la hegemonía esclavista, que heredó Gran Bretaña, y la primacía financiera, que pasó de Ámsterdam a Londres. En adelante hubo de limitarse a defender su independencia, amenazada por Francia, y su brillo cultural se fue apagando. Retuvo, no obstante, buena parte de su imperio.
21 de Agosto de 2009 - 07:55:55 - Pío Moa - 53 comentarios
Al morir Felipe IV en 1665, España estaba en crisis no solo por sus reveses exteriores sino también por la sucesión en un niño, Carlos II, con serias taras físicas y mentales. La desgracia no habría sido grave si existiese una élite política de buena calidad, lo que no ocurría. Quedó como regente la madre de Carlos, Mariana de Austria, poco acertada en sus decisiones y nombramientos. Su primer valido, el padre Nithard, hombre carente de iniciativa, aceptó la independencia de Portugal y otros retrocesos ante Francia; el siguiente, Fernando de Valenzuela, afrontó los problemas generales y su propia débil posición recurriendo a una mayor corrupción e intrigas cortesanas. España, que había sido capaz de arrostrar la coalición de las grandes potencias emergentes europeas y del Imperio otomano, se veía obligada a jugar con las rivalidades entre sus enemigos, lo que hizo con cierta habilidad, para no sufrir demasiadas pérdidas. En 1677 el declive pareció corregirse cuando el hijo bastardo de Felipe IV, Juan José de Austria, dio un golpe militar, hizo desterrar a Valenzuela a las Filipinas y alejó del poder a Mariana.
Juan José tenía tras sí un buen historial: en 1648 había derrotado una rebelión en Nápoles y a los franceses que pretendían ocupar el reino; en 1650 había vencido otra insurrección en Sicilia y arrebatado a los franceses plazas fuertes de la Toscana; en 1652 había recuperado Barcelona y en años siguientes la Cataluña peninsular. Como gobernador de Flandes había logrado victorias sobre Francia, hasta que la intervención inglesa invirtió la situación y dio el éxito a Francia en Las Dunas. Había conducido pasablemente una campaña en Portugal, pero en 1663 la alianza luso-inglesa le había desbaratado, siendo relevado por intrigas palaciegas. En conjunto, superaba en méritos a los de los demás políticos y despertó una oleada de esperanza popular. Pero falleció a los dos años, con su popularidad mermada por las intrigas y las epidemias, y por la desfavorable paz de Nimega, en la que Francia logró nuevos avances en su designio de conquistar Flandes, y España perdió el Franco Condado. Los años siguientes vinieron marcados por nuevas y en general exitosas agresiones francesas, e intentos poco fructíferos de reformas hacendísticas. La paz de Rijswijk, en 1697, volvió a favorecer a Francia, que ocupó la mitad (Haití) de la isla Española.
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Al empezar el siglo XVIII el mapa político de Europa había cambiado de modo sustancial con respecto a su comienzo. Portugal había vuelto a separarse de España, Holanda, potencia marítima, disputaba el mar a Inglaterra, construía un imperio colonial en América y en Asia, sostenía un comercio variado y hegemonizaba el lucrativo tráfico de esclavos. Inglaterra había consolidado su poder en Irlanda y con menos dureza en Escocia, y dominaba cada vez más el mar. Una Francia engrandecida heredaba en cierto modo el papel de España como gran potencia católica, y contra su expansionismo se aliaron el Imperio, Inglaterra, Holanda, España, Suecia y Portugal, en la Guerra de los Nueve Años (1688-1697). España mantenía sus posiciones y la paz vigilante en el Mediterráneo. Los turcos, todavía en 1683, habrían ocupado Viena de no habérselo impedido el rey polaco Jan Sobieski. Suecia dominaba el Báltico, ocupando amplios espacios costeros alemanes, polacos y de la costa este, así como provincias noruegas y danesas. La confederación polaco-lituana había dejado de ser una gran potencia tras la invasión sueca de mediados de siglo, conocida con el expresivo nombre de "El Diluvio", y había perdido territorios del Báltico y en Ucrania; caída en un estado semianárquico, aún fue capaz de salvar a Viena de los otomanos. Rusia, por el contrario, había superado el "Período de los tumultos" y las guerras con Polonia y Suecia, gracias a su fuerte burocracia; una nueva dinastía, los Románof, acentuó la autocracia y la servidumbre, provocando revueltas campesinas, pero convirtió a Rusia en el país más extenso de Europa. A finales del siglo reinaba Pedro I el Grande, que iba a emprender una drástica modernización del país y trató de abrirlo al Báltico; los suecos de Carlos XII le derrotaron en 1700, pero aprovechó una nueva guerra sueco-polaca para ocupar una pequeña zona costera, donde, en 1703, comenzó a construir San Petersburgo.
España, a su turno, había pasado de ser protagonista a convertirse cada vez más en objeto de las apetencias de otros países, y Francia permanecía como su mayor enemiga. Por ello, al fallecer Carlos II en 1700, se abrió una agudísima crisis internacional: España seguía siendo una potencia muy considerable y la sucesión a su trono pesaría en el equilibrio continental. Luis XIV de Francia y el emperador Leopoldo I de Austria alegaban derechos: las madres de ambos eran princesas españolas hijas de Felipe III, y sus esposas eran a su vez hijas de Felipe IV. Si la sucesión recaía en el hijo de Luis XIV, este reinaría sobre Francia y España --esta en posición subalterna--, lo que resultaba inaceptable para Holanda e Inglaterra. Y si el sucesor era Leopoldo I o su heredero, renacería el Imperio habsburgo que el emperador Carlos V había dividido en su herencia, lo que Francia rechazaba.
A espaldas de España, unos y otros prepararon un reparto: el Borbón Felipe de Anjou, futuro Felipe V, nieto de Luis XIV, se quedaría con las posesiones españolas de Italia, que pasarían a Francia, la cual ocuparía además Guipúzcoa; y España y sus posesiones ultramarinas pasarían al archiduque habsburgo Carlos, que no estaba el primero en la línea sucesoria del Imperio. El acuerdo, que revela hasta qué punto consideraban a España un corpachón sin nervio, se vino abajo cuando la facción profrancesa de Madrid preparó a Carlos II un nuevo testamento que hacía rey a Felipe de Anjou, a condición de que renunciase a heredar también la corona de Francia: esperaban que así los dominios hispanos no se dividirían. Luis XIV se declaró protector de España y proclamó su bondadosa decisión de "restablecer la monarquía española al más alto grado de gloria que haya alcanzado jamás". Como primera medida ocupó plazas españolas en Flandes, y declaró que su nieto mantenía la opción a la corona francesa. Su claro designio de satelizar a España alarmó a sus competidores Inglaterra, Holanda y el Imperio, que declararon la guerra a Luis XIV en apoyo del habsburgo Carlos. En la alianza entrarían Dinamarca y Portugal, que ofrecía una base excelente para intervenir en la península.
La guerra, de doce años desde 1701, se extendió por Europa, Flandes, el océano y zonas de América, y en España se desdobló en guerra civil entre los partidarios de Carlos (que tomó el título de Carlos III) y los de Felipe (Felipe V). En Castilla predominaban los pro borbónicos, que creían asegurar la integridad de los territorios hispanos y resentían los saqueos de iglesias por tropas protestantes habsburguistas; en Aragón la mayoría se inclinaba por el archiduque, pensando que respetaría más los fueros. Esto ocurría sobre todo en Cataluña, cuya experiencia durante la guerra de mediados del siglo anterior había dejado un agudo sentimiento antifrancés. En cierto sentido resurgían tradiciones ya olvidadas, anteriores a los Reyes Católicos, cuando Aragón era acérrimamente hostil a Francia, mientras Castilla solía aliarse con ella. Y también se manifestaba la pérdida de autonomía de España en su conjunto.
Fue un conflicto con muchas alternativas. En 1702 la armada angloholandesa al mando del almirante Rooke acorraló en la ría de Vigo a la flota de Indias, protegida por barcos franceses, con intención de capturar el tesoro, pero éste fue desembarcado a tiempo; no obstante los buques se perdieron, hundidos por los angloholandeses o por los mismos españoles. Dos años después, Rooke intentó tomar Barcelona con una potente escuadra, pero fue rechazado. En su viaje de vuelta atacó a Gibraltar, defendida por solo unos cientos de milicianos. El lugar fue tomado en nombre del presunto rey de España, el archiduque Carlos, pero Rooke la convirtió, de modo piratesco, en posesión inglesa. Londres intervenía con idea de facilitar el desgaste de los contendientes y ganar posiciones estratégicas. Por la misma razón, y a pesar de su conducta en Irlanda, se definió como protectora de Cataluña y garante de sus fueros, pues veía en ello un factor de ulterior debilitamiento de España. Aprovechando la pugna, también se apoderó de la isla de Menorca. En Flandes y Alemania, los ingleses dispusieron de un hábil general, el duque de Marlborough, que infligió numerosas derrotas a los franceses.
El archiduque Carlos consiguió instalar una base sólida en Barcelona, y por dos veces entró en Madrid, estando muy cerca de la victoria; pero por fin ganaron los partidarios del Borbón, ya convertido en Felipe V. El archiduque, no obstante, accedió al cargo de emperador por la inesperada muerte de su hermano, el emperador José I, por lo que sus aliados, recelosos de una refundación del Imperio de Carlos V, le hicieron desentenderse del trono español. Al final, Francia estaba exhausta y llegó a un acuerdo a espaldas de Madrid: Londres reconocería a Felipe, pero se quedaría con Gibraltar y Menorca, y Felipe renunciaría al trono francés.
El acuerdo se oficializó en la Paz de Utrecht, de 1713, de la mayor repercusión histórica: como vencedores aparecían Inglaterra, el Sacro Imperio y Francia. Ante todo la primera, que quitaba a España las citadas Gibraltar y Menorca, a Francia las posesiones canadienses y una pequeña isla en las Antillas, obtenía el monopolio de la trata de negros para América hispana y otras ventajas comerciales, y se convertía en la primera potencia naval en el Atlántico y el Mediterráneo. El Sacro Imperio, a cambio de renunciar a la corona española, recibía casi todas las posesiones hispanas en Europa: el Milanesado, Nápoles, Cerdeña y el Flandes católico (Bélgica), por cuya salvaguardia tanto había peleado Madrid. Francia ganaba una baza fundamental: el establecimiento en España de una monarquía afecta y en alguna medida subordinada.
Otros resultados de la máxima repercusión ulterior fueron el reconocimiento del título de reinos a Prusia y a Saboya. Con ello, Prusia se separó del Sacro Imperio y formó el embrión de la unificación alemana que se operaría en el siglo XIX. Su primer éxito, con Federico Guillermo I fue la eliminación de la hegemonía sueca durante la Gran Guerra del Norte, que siguió paralela a la española, aunque duró hasta 1721, y en la que se enfrentaron a Suecia los alemanes, daneses, noruegos, rusos y polacos. En cuanto a Saboya, su duque se convirtió en rey de Cerdeña después de cambiarla por Sicilia, que le había tocado en el reparto. La casa de Saboya como reino de Piamonte-Cerdeña también desempeñaría un papel crucial en la unificación de Italia un siglo largo después.
Una potencia perdedora fue Holanda, cuyo "siglo de oro" empezaba a declinar: solo obtuvo una barrera de plazas fuertes contra Francia, muy costosas de mantener, y quedó reducida a potencia naval secundaria. El embajador francés se permitió burlarse con la expresión: "De vous, chez vous, sans vous": las negociaciones trataban de Holanda y se realizaban en ella (Utrecht), pero sin ella.
La gran perdedora fue, desde luego, España, que se veía reducida a potencia de segundo orden y no solo se veía despojada de sus posesiones en Europa de los enclaves de Orán y Mazalquivir, que los turcos conquistaron aprovechando la confusión bélica en la península, sino también de trozos de la misma metrópoli. La guerra continuaría aún en España, donde una parte de los catalanes resistían en nombre de su candidato a rey de España, el archiduque Carlos, que ya era emperador y se había retirado de la puja. Nadie les había informado ni contado con ellos, e Inglaterra, muy satisfecha con sus ganancias, olvidó sus promesas de ayuda. Durante nueve meses Felipe V organizó un bloqueo naval de Barcelona, muy poco efectivo, y finalmente asedió la ciudad por tierra. Los barceloneses lucharon heroicamente durante dos meses "por su rey, por su honor, por su patria y la libertad de toda España", considerando que la nueva dinastía iba a esclavizar el país. Los dirigía el general Antonio Villarroel, de origen gallego, y el alcalde Rafael Casanova, este más vacilante. En el asalto final, el 11 de septiembre de 1714, Casanova fue levemente herido y escapó vestido de fraile. A los pocos años, tras obtener el perdón regio, volvió a trabajar provechosamente como abogado, adaptándose sin problemas a la nueva situación, en la que Cataluña iba a prosperar notablemente, después de siglos de anquilosamiento.
Hasta el reinado de Carlos II se percibe en España un nivel considerable de reacción ante los retos, y auténtica brillantez artística y literaria, pese al deterioro económico y demográfico. A partir del citado rey, el descenso de España se ahonda en el terreno político y militar y se extiende a la cultura. El formidable impulso tomado por la nación desde los Reyes Católicos parecía agotarse. La recuperación económica y demográfica que se prolongará durante el siglo XVIII resultará, sin embargo, poco productiva culturalmente y no elevará al país de su posición internacional secundaria. El declive del siglo XVII pudo haber sido un bache pasajero, pero se transformó en una prolongada decadencia general hasta el último cuarto del siglo XIX.
20 de Agosto de 2009 - 09:05:30 - Pío Moa - 205 comentarios
El asunto plantea la cuestión delicada de los límites de las libertades. No recuerdo qué juez advertía a alguien: “Su libertad de mover los puños en la dirección que usted quiera, termina donde empieza la nariz del prójimo”. ¿Valdría aquí?
Ocurre que en España quienes emplean con más audacia la libertad de expresión y la llevan al extremo provocador son precisamente los liberticidas, los mismos que simpatizan y colaboran con los terroristas, con la Cuba castrista o el Irán de los ayatolas… y como las cosas sigan así terminarán aproximando España a ellos. Ya han avanzado mucho en esa dirección.
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****Anda el PP embarcado en denuncias sobre el supuesto espionaje de que son objeto sus políticos. La verdad es que ese espionaje es muy probable, dadas las costumbres del PSOE, un partido con un historial repulsivo. Pero el PP no acaba de demostrar sus acusaciones, ni tampoco su inocencia en las que recibe. Y demuestra que le importan un rábano los estatutos balcanizantes, la colaboración gubernamental con el terrorismo y sus resultados, la corrupción del PSOE, el socavamiento de la familia, la corrosión del poder judicial, etc., pero en cambio le preocupan en extremo los problemas de imagen y los votos que puedan perder en estas pequeñas historias típicamente mafiosas.
****Blog.- Ayer puse un comentario, esbozo de un capítulo de un libro, que esperaba provocase comentarios, críticas o aportaciones inteligentes (otras veces ha ocurrido), pero cuatro provocaciones ridículas llevaron la discusión a olvidar por completo el tema y a un cruce de insultos infantil. Si los comentaristas mejor preparados se dejan arrastrar por esas tonterías, la sección de comentarios se vuelve aburrida e innecesaria, porque pueden ustedes imaginar que un lector normal pasa por completo de ella, y tendría que acabar por cerrarla. Por desgracia, en la mayoría de los blogs que conozco, los comentarios suelen mostrar una especie de estupidez furiosa, que dice mucho de la situación intelectual del país. Recomiendo a los participantes del blog un esfuerzo por responder a los argumentos con otros argumentos y datos, y tener la sangre fría de pasar de las sandeces irritantes. Las provocaciones reflejan a los personajes y está bien que quede en el blog rastro de ellas; pero se repiten demasiado, son casi siempre iguales y la muestra es ya más que suficiente.
****“Señor Moa, creo injusto lo que ha dicho usted de que sus lectores no son capaces más que de hablar y no van a la opinión pública. Yo difundo a mis conocidos y en otros blogs muchos de sus comentarios y otros que me parecen interesantes. Me parece que no soy el único. Por experiencia sé que discutir con los fanáticos y malintencionados de izquierda y nacionalistas es perder el tiempo y cabrearse, así que he preparado un pequeño dossier con muchos artículos e informes con buenos argumentos y buenos datos, y se los suelto. Por ejemplo, cuando hablan de la memoria histórica les pongo cosas sobre los asesinatos entre las propias izquierdas. Se ponen hechos una furia, porque eso es lo que les duele. Me han baneado en algunos foros, y eso que nunca me molesto en contestar a sus insultos. Porque con lo que disfrutan ellos es insultando o soltando insolencias y datos falsos. Además, los datos y los documentos llegan a los lectores más neutrales, que son los que importan, esos que pasan de las peleíllas de los blogs y quieren informarse”
J.L.G., Pontevedra.
****“Teodosio venía de una familia aristocrática de Cauca, en la actual provincia de Segovia, y su reinado marcó el apogeo del cristianismo en Roma. Tolerante al principio con los paganos –que estaban en decadencia intelectual y política desde mucho antes--, el consejo de Ambrosio le llevó a decretar, en 391, el cristianismo de Nicea como única religión oficial, culminando el proceso iniciado por Constantino. Fueron prohibidos los sacrificios con sangre, extinguido el fuego eterno del templo de Vesta y despedidas las vestales, castigadas la adivinación y la brujería, retirados los subsidios a templos y congregaciones politeístas, y clausurados los Juegos Olímpicos desde 393. Un año antes, soldados y monjes fanatizados arrasaron el Serapeum de Alejandría, uno de los más grandiosos templos paganos, junto, supuestamente, con su famosa biblioteca, aunque esto último parece ser una inferencia de Gibbon, sin base real. Alejandría sufría desde siglos atrás luchas entre griegos, judíos y cristianos. Otras destrucciones siguieron por Egipto. En 415, sería cruelmente asesinada en Alejandría una notable profesora de la filosofía de Plotino, Hipatia, por una turba conducida por monjes fanatizados y pese al prestigio de la mujer entre diversos intelectuales cristianos.
Estas agresiones no nacían de un desquite por las persecuciones paganas, sino de fanatismos y de la misma motivación de las viejas persecuciones, ahora invertida: el cristianismo aparecía como garantía del orden político y el paganismo como un peligro. Si bien la identificación religioso-política cristiana no adquiriría la intimidad anterior: el césar ya no era divino, su voluntad no era ley absoluta, y debía someterse al mandato moral de la Iglesia”.
Los milicianos sudorosos violadores que tanto gustan a la afusilaora Almudena Grandes estaban convencidos, como la misma Almudena, de que la Iglesia es contraria a la ciencia, y se indignan por tamaño crimen…aunque no entendían, ni entiende ella, ni jota de ciencia ni de historia.
19 de Agosto de 2009 - 08:50:38 - Pío Moa - 227 comentarios
Nuevamente, a su aguda crítica:
Desde un punto de vista amplio, el siglo XVII es crucial sobre todo por el nacimiento del pensamiento científico. Aunque la ciencia parece tan connatural al hombre como el arte, nunca antes, salvo más parcialmente en
Durante el siglo anterior figuras como el noble danés Tycho Brahe, y sobre todo el sacerdote católico polaco Nicolás Copérnico, avanzaron normas para la observación sistemática del universo. Copérnico, mediante cálculos cuidadosos, estableció que el sol no giraba en torno a la tierra, sino esta y los demás planetas en torno al sol. No era una idea nueva, pues ya en Grecia y aun en la antigua India y en el islam algunos habían especulado con ella, y durante
Se suele citar la “revolución copernicana” como un cambio radical filosófico, psicológico y científico, por haber desplazado al hombre del centro del universo; pero antropocentrismo y heliocentrismo no son incompatibles: la humanidad será siempre el centro, por cuanto de sus capacidades y posición surgen las observaciones y teorías sobre el universo. Y cabe concebir un universo donde todos sus puntos fueran el centro, como sugería Nicolás de Cusa, o como en la superficie de una esfera.
El despliegue de estas ideas es bien conocido. Johannes Kepler perfeccionó las observaciones de Brahe y la teoría de Copérnico; pero si alguien merece llamarse padre del pensamiento científico es probablemente Galileo, no solo por sus invenciones y descubrimientos pasmosos, sino por haber sentado bases fundamentales de la concepción y el método científicos, entre ellas la sistematización del experimento o la noción, no nueva pero expuesta con la mayor fuerza, de que “el gran libro del universo está escrito en el lenguaje de las matemáticas”.
Contra versiones interesadas, Galileo disfrutó casi toda su vida del interés y apoyo de la jerarquía eclesiástica, nunca dijo eppur si muove, y su conflicto con
El papa Urbano VIII, preocupado por el asunto, pidió a Galileo, a quien protegía y admiraba, un informe con los pros y contras de las dos teorías, que daría lugar al celebérrimo Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo. Este, publicado en 1632, no era un simple informe sobre los sistemas geocéntrico y heliocéntrico, sino una apología del segundo y, para colmo, retrataba al papa en el personaje de Simplicio, defensor poco espabilado, como el nombre indica, del geocentrismo aristotélico. El Diálogo es una contribución al pensamiento científico, pero su demostración del heliocentrismo no era concluyente porque para ello precisaba introducir la rotación de la tierra, por entonces ignorada; y aducía la prueba falsa de que las mareas proceden de la traslación de
La condena a Galileo revela el miedo de
La ciencia parece nacer, por una parte, del sentimiento religioso, mezcla de maravilla y de miedo ante el mundo, ante la vida y la muerte, el paso del tiempo, etc., sentimiento motivador tanto de la especulación como de la observación. Con las civilizaciones, la observación y la especulación se refinaron, tratando de interpretar el gigantesco, variado y cambiante espectáculo del mundo en relación con la moral y viceversa. En algunas civilizaciones, como la griega, la especulación y la observación tomaron mayor vuelo y tono más abstracto. Otra raíz de la ciencia se encuentra en la observación utilitaria del entorno, con vistas a subvenir necesidades inmediatas, origen de la técnica.
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Si es así, junto con la ciencia y la técnica debió surgir una oscura y profunda intuición de sus peligros, que hoy percibimos con acuidad. Intuición “supraconsciente”, plasmada en mitos como el de Prometeo, por seguir la interpretación de Paul Diel. Prometeo (el Previsor), alegoría del ser humano, es un titán, ligado a la tierra y rebelde al espíritu, proclive a reducir sus aspiraciones a las satisfacciones terrenas o materiales. El titán que el hombre lleva dentro enseña la técnica y a engañar a los dioses, es decir, la técnica ajena a la moral. Pero la capacidad de previsión titánica tiene corto radio, limitación representada en Epimeteo (el Imprevisor), hermano de Prometeo, es decir, su otra cara. Zeus, --la ley moral--, castiga al titán encadenándole a una roca (a la materia, a la trivialidad), castigo implícito en la opción exclusiva de Prometeo por los deseos terrestres, y enviándole un águila que le come el hígado, símbolo del remordimiento por la traición al espíritu. Completa el relato la intervención de Pandora (irónicamente, Donadora de todo), hecha de barro, nueva alusión a la tierra sin espíritu. Simbolismo parejo puede encontrarse en la historia de Adán y Eva. Materia y espíritu son dos conceptos intuitivos de ardua definición, pero con los cuales es posible entenderse.
Lo nuevo del siglo XVII, pues, no es la ciencia o la técnica, practicadas de modo por así decir instintivo, sino el pensamiento científico entendido como conjunto de normas y conceptos aproximadamente sistemáticos para adquirir un conocimiento seguro. La observación del medio es una base de la ciencia, pero conduce a frecuentes errores: de modo desconcertante, los sentidos suelen engañarnos, al igual que las emociones y las pasiones. Y la misma razón que ordena la experiencia partiendo de principios generales supuestamente sólidos, a menudo retuerce los datos de la experiencia para adaptarlos a aquellos principios, o los pasa por alto si no concuerdan con estos.
Fue en Grecia donde de forma explícita se planteó el problema de cómo alcanzar verdades firmes, no dudosas ni opinables. Platón concluyó, por analogía con la geometría y las matemáticas, que existe otra realidad más allá de la confusa e insegura que nos ofrecen los sentidos: un mundo de entes ideales o “ideas”, de los que el mundo habitual sería una copia grosera. Así, la observación perdía valor, ya que la lógica interna de las “ideas”, a semejanza de las matemáticas, produciría un grado de certeza muy superior al de cualquier dato directamente observable. El valor de las matemáticas para alcanzar un conocimiento no opinable es una de las grandes concepciones de la ciencia, pero la teoría de las Ideas funcionaría peor, pues, como señaló Aristóteles, no explicaba cómo del mundo eterno e impalpable de los entes ideales podía salir el mundo sensible y mutable, por lo que el primero es innecesario para explicar el segundo. Con lo cual la observación empírica del mundo sensible volvía al primer plano. Al final, los dos enfoques, formalmente opuestos, resultarían complementarios.
La cuestión del conocimiento seguro (“científico”) despertó menos interés en Roma, cuyo genio sintió poca atracción por especulaciones de aire tan escasamente práctico, y prefirió ocuparse de la técnica, la ordenación social y el destino humano. Luego, las circunstancias de
En el siglo XVII se formulan, pues, las condiciones intelectuales necesarias para alcanzar verdades indudables, y no meras opiniones, respecto del mundo y del hombre mismo. Así lo plantea Descartes, como un método, casi como una máquina intelectual productora de certezas, semejante en alguna medida al Ars Magna de Ramón Llull… que Descartes despreció, aunque el propio método cartesiano también resultase poco productivo. Suele describirse el método científico como una serie de pasos: observación de hechos, hipótesis sobre lo observado, predicción de resultados o efectos posteriores, experimentos que confirmen (o no) esas predicciones, y teorización más amplia que encaje las conclusiones particulares en un orden más amplio. En la concepción de Platón y en la predominante hasta entonces, predominaba el método deductivo o racionalista, por el que se alcanzaban verdades particulares desde principios generales. Ahora, el método se invertía en parte, induciendo de lo particular lo general, de los datos observados las hipótesis. Pero este método no es puramente inductivo, ni equivale a una máquina de adquirir certezas, ni deja de lado la especulación: la acumulación de datos no genera por sí sola hipótesis válidas, sino que estas incluyen una especulación implícita, que a su vez condiciona en alguna medida la selección de datos. De hecho, la mayoría de las hipótesis resultan falsas e interviene en ellas la personalidad de quien las hace: los grandes científicos escasean, como los grandes artistas.
El pensamiento científico prima la observación empírica, refinada en el experimento sistematizado y la cuantificación y medición exactas, y relega en apariencia a la razón; pero tampoco puede prescindir de esta. Las observaciones e hipótesis conducen a la razón que las ordena y relaciona lógicamente, aunque ya no en principios inamovibles. A pesar de que la razón, necesidad de ordenar los datos del mundo para entenderlos, haga que con frecuencia nos aferremos a la teoría y menospreciemos o dobleguemos a ella los datos incómodos, sigue siendo necesaria, pues sin ella los datos e hipótesis se presentarían como un caos indescifrable.
El filósofo inglés Francis Bacon estableció normas que permitieran acceder a un saber objetivo eliminando los “ídolos”, es decir, los prejuicios individuales y sociales, las emociones, el lenguaje equívoco o el argumento de autoridad religioso, filosófico o político. Bacon tiene expresiones como que “Cuanto más contradictorio e increíble es el divino misterio, mayor honor se hace a Dios creyéndolo”, o “un poco de filosofía inclina al ateísmo; una filosofía más profunda devuelve la religión”. Sin embargo define cierto ideal científico típicamente prometeico y tecnicista, enormemente influyente en el mundo anglosajón.: “El conocimiento es poder”; “La imprenta, la pólvora y la brújula han cambiado la faz de la tierra (…) Nada ha ejercido mayor influencia en los asuntos humanos que estos tres inventos mecánicos”. Imaginó una Nueva Atlántida, utopía organizada en torno al conocimiento puro y aplicado, movida por el afán de adaptar el mundo al gusto e interés que supone propios del ser humano. A esa sociedad le atribuye, algo arbitrariamente, el summum de la “generosidad e ilustración, dignidad y esplendor, piedad y espíritu público”. Consecuencia lógica de esas ideas era la extirpación de las personas y grupos reacios a ellas, y Bacon, hombre coherente, propugnó una “guerra santa” para aniquilar en el mundo a cuanto se opusiera a su modo de entender la civilización; tarea que, como ultranacionalista inglés, consideraba un “honor divino” destinado a Inglaterra. Proponía por ello, entre otras cosas, la guerra a España, cuya actitud personaliza en Séneca: resignación ante los accidentes y hechos desagradables de la vida, que él creía esencialmente superables mediante la invención técnica.
El nuevo pensamiento desvinculaba las teorías científicas de los principios morales y anulaba la misma noción de finalidad, la “causa final” aristotélica. De ahí brotaban problemas que se harían conscientes con el tiempo: ¿Hasta dónde sería posible obtener certezas científicas? ¿Estaría todo el universo y el ser humano al alcance de ellas? Ante lo ajeno de la materia inerte, algunos pensadores habían concluido que el hombre debía renunciar a entenderlo, y concentrar el esfuerzo intelectual en la vida y el propio ser humano; y sin embargo la vida y el hombre resultarían mucho más difíciles de investigar y entender que la materia inerte. ¿Iría la ciencia reduciendo con sus certezas el mundo opinable, hasta acabar con él, o bien existiría un doble mundo, uno asequible a las certezas científicas y otro sujeto por su naturaleza al yugo de la opinión y de un cálculo de probabilidades demasiado amplias? El método parecía implicar la idea de un mundo consistente e inteligible por sí mismo, sin necesidad de una intervención exterior, de un Creador, que poco a poco iría pareciendo a muchos una “hipótesis innecesaria”. ¿Reflejaba ello la realidad del mundo o era solo una exigencia metodológica? Lo mismo cabría decir de la exclusión de la finalidad, y por tanto del sentido, ¿respondía ella solamente al método, o exponía la naturaleza real del mundo y de la vida? Aunque tardó mucho tiempo en oponerse la religión a la ciencia, los prodigiosos resultados del pensamiento científico sugerían que la misma idea de sentido de las cosas era un mero prejuicio, por lo que el mundo perdía todo lazo con las cosmologías religiosas y con los imperativos morales, quedando privado de cualquier finalidad, y la propia vida parecía convertirse en una veloz carrera hacia ninguna parte.
***
Se ha popularizado la idea de que el cristianismo rechazó la ciencia, y que esta solo pudo consolidarse deshaciéndose de ligaduras religiosas. Pero si bien el pensamiento científico se conforma apartándose un tanto de la filosofía y de la religión, no puede ser casual su nacimiento en
Si el pensamiento científico surgió en
El hecho difícil de explicar, es que, pese a la decisiva contribución de la católica Italia y de eclesiásticos a la formación del pensamiento científico, el mundo católico, con excepción de Francia, quedase retrasado con respecto al protestante. Una causa podría radicar en el mayor énfasis dado a la fe en el protestantismo, que excluía a la razón y la libertad humana, pero con ello abría, paradójicamente, un campo mayor a la especulación mundana. El modo como el protestantismo abordaba la religión abría también un flanco mayor que el catolicismo a posturas ateas o agnósticas, al separar la fe de la vida práctica por cuanto la voluntad de Dios quedaba inaccesible al ser humano: al final, la religión podía reducirse a una hipótesis innecesaria.
Derivaciones del pensamiento científico fueron el fortalecimiento de las corrientes ateas y el agravamiento del viejo conflicto entre razón y religión. Desde el siglo XVII y sobre todo desde el XVIII, creció en Europa un movimiento contrario a sus raíces y tradiciones religiosas, sin precedentes en otras civilizaciones. Esta corriente llegaba a transformar la ciencia en una nueva religión, con una fe apasionada en la redención del hombre en este mundo y a través de la técnica, yendo unos pasos más allá de Bacon.
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Otro problema histórico es el de por qué no tomó cuerpo en España el pensamiento científico, pues el país quedó bastante más retrasado que Italia, no digamos que Francia. El atraso no guarda relación, desde luego, con la expulsión de judíos y moriscos, como sigue sugiriéndose con tinte racista: dichas expulsiones, más la desconfianza hacia los conversos y su postergación por los estatutos de limpieza de sangre, habría aniquilado la potencia intelectual de España; aunque, contradictoriamente, los numerosos talentos que produjo el país entonces, y que no pueden ignorarse, serían casi todos…¡conversos! Al parecer la “raza” española daba para muy poco.
Más habitual es achacar esa deficiencia a
Por otra parte, España, con Portugal, se había adelantado un siglo al resto de Europa en la exploración del mundo y en la colonización, tareas seguidas de estudios científicos sobre la naturaleza, la historia y la etnología de los nuevos territorios, tales como
Quizá esta limitación, que tanto habría de contar en la decadencia hispana, obedeciera al carácter más romano que griego de su cultura, si bien debe señalarse que tampoco fue nunca muy destacada la atención a la técnica, incluida la tecnología militar, que tan relevante papel ejerció en la época en Europa. Muy posiblemente el retraso español naciera del hecho de que el pensamiento científico fuera desplegándose por unos pocos países de Europa –y en pequeños círculos de aficionados— en una época en la que el declive de España se transformaba en decadencia. En el siglo XVI la sociedad española se había enfrentado con éxito a grandes desafíos, pero a lo largo del XVII se sentía desbordada por ellos. Ello ocurría en parte por efecto del mismo éxito anterior, que se intentaba mantener con una caricatura de las viejas virtudes, y en parte por la repulsión a los nuevos factores en que destacaban y que daban poder a las potencias rivales. Uno de esos factores era precisamente el desarrollo científico y tecnológico. Más que un problema de condiciones materiales volvemos a encontrar una deficiencia de actitud o mentalidad que impedía abordar esas condiciones con alguna audacia o imaginación; una mentalidad contraria a novedades (novedad, no verdad, se decía con vacuo juego de palabras). La decadencia española se traducía, en el terreno intelectual, en incapacidad para plantearse nuevos problemas, en erudición vacua y en la concepción de la alta cultura como un simple medio de promoción y lustre social o profesional, sin excesivo interés por ella misma. Rasgos no inevitables pero bien visibles en la sociedad de finales del siglo. El espíritu parecía haber abandonado a España.
18 de Agosto de 2009 - 08:52:38 - Pío Moa - 243 comentarios
“Muchas creencias populares respecto a Franco son falsas. No fue el general más joven de Europa después de Napoleón. No fue el valiente artífice de la neutralidad española en
“ Sus armas fueron una astucia instintiva, una despiadada sangre fría con la cual dirigió las rivalidades entre las diversas fuerzas del régimen y con las que derrotaba todos los retos que pudiera presentarle cualquiera – desde Serrano Suñer hasta Don Juan [de Borbón] – que fuese superior a él en inteligencia e integridad moral. Las victorias de Franco no fueron las de un gran benefactor nacional, sino las de un hábil manipulador del poder que velaba sobre todo por sus intereses”.
“Era conmovedora, de tan ingenua, su fe en los trucos mágicos”.
(Paul Preston, historiador inglés)
Quien parece creer en trucos, mágicos o no, es el señor Preston. “No fue el valiente artífice de la neutralidad española”, afirma. ¿Quién sería ese artífice, pues? ¿O ha descubierto Preston que España entró en la guerra mundial? Pero, en fin, él lo explica en otra ocasión: el artífice fue Hitler. Preston ha conseguido saberlo a pesar de que Hitler decía todo lo contrario: prodigios de una buena "metodología".
“No fue el arquitecto del crecimiento español de los años sesenta”. Contra una creencia popular falsa, no solo hubo crecimiento en los años sesenta, sino, a pesar de todas las leyendas, también en los cincuenta e incluso en los cuarenta, cuando España tuvo que bregar con el semiboicot comercial británico y luego con el aislamiento internacional, mientras otros países se beneficiaban del Plan Marshall, ofrecido también a los totalitarismos del este. ¿Quién sería el artífice de esos logros? ¿Quién el que, cuando se agotaron las recetas proteccionistas que, no obstante, habían permitido un crecimiento bastante rápido en los cincuenta, autorizó un cambio en la política económica? ¿Quién el que creó las primeras promociones de economistas en la primera facultad de economía de España? Aquí sí que no pudo ser Hitler.
“Las victorias de Franco no fueron las de un gran benefactor nacional”, asegura el señor Preston. Bueno. Pero beneficiaron a la nación mucho más que las de cualquier otro político en dos siglos o ahora mismo. “Franco velaba sobre todo por sus intereses”. Pues se ve que sus intereses coincidían notablemente con los de la nación.
Cree el señor Preston que con “astucia instintiva y despiadada sangre fría” se derrota a la inteligencia. En política, la inteligencia se muestra en dos planos: la lucha por el poder y los beneficios para la nación. En los dos planos Franco se mostró muy superior tanto a sus contrarios como a sus correligionarios. En cuanto a la lucha por el poder, después de la guerra civil y de la guerra mundial, no tuvo que luchar demasiado por él, a tal punto le respetaban amigos y enemigos, sobre todo estos últimos, muy pocos de los cuales se sintieron con arrestos para hacer otra cosa que esperar a que muriese.
¿Y era tan despiadado? Aunque siempre se habla de la represión de postguerra, esta descansó en tribunales militares, con pocas garantías jurídicas pero muchas más que las aplicadas por el Frente Popular o por los vencedores en Francia o en Italia. Y de las condenas a muerte conmutó aproximadamente la mitad. ¿Era más despiadado que Hitler o que Stalin? Pero la comparación no es buena: ¿era más despiadado que Churchill o que Roosevelt? Considérenlo ustedes.
Y el texto de Preston, ¿retrata a Franco o al autor?
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Hoy en El economista:
IMPULSOS SUICIDAS
Por un artículo de José María Marco me entero de que están proliferando por Europa los monumentos a los desertores. Sarkozy ha explicado al inaugurar uno de ellos que no se trató de cobardes ni de individuos sin honor, sino de personas al límite de sus fuerzas. Esto es comprensible: hay pruebas casi imposibles de soportar para muchos. Pero una cosa es reconocerlo y otra muy distinta erigirles estatuas, es decir, ensalzar y exaltar su actitud. Los desertores dejan desamparados y ponen en peligro la vida de sus camaradas, ayudan de ese modo al enemigo, y el monumento es una invitación a imitarles. Esos monumentos tendrían sentido desde un punto de vista comunista (según los comunistas, los soldados que no movilizaban ellos defendían a los explotadores burgueses), o desde una óptica anarquista (todo poder es malo y debe ser atacado, se supone que en este caso sin deserciones). Pero es evidente que la misma actitud por parte de políticos que en teoría defienden las libertades y demás logros de la civilización occidental, revela un verdadero espíritu de traición.
Podría quizá explicarse si nuestros países y civilización carecieran de enemigos, y aun así sería una frivolidad muy peligrosa y un insulto a quienes sentían estar cumpliendo con su deber y arriesgando o perdiendo su vida por unos valores de los que ahora se mofan los beneficiarios de su sacrificio. Pero nuestros países y formas de vida sí tienen enemigos resueltos, que seguramente disfrutarán con tales declaraciones explícitas de una decadencia moral quizá irremediable. Aunque, puestos a eso, los enemigos más peligrosos están dentro, y no en grupos marginales utópicos, sino en el núcleo del poder.
Nuestras sociedades están plagadas de impulsos concomitantes: corrosión de la familia, aborto masivo, droga, corrupción política… Tal vez su destino no sea la destrucción desde fuera, sino el suicidio.
17 de Agosto de 2009 - 10:10:28 - Pío Moa - 129 comentarios
Diego Hidalgo sobre Franco (en Franco para antifranquistas)
“Capacidad de trabajo (…) Clara inteligencia (…), comprensión y cultura (…) De sus virtudes, la más alta es la ponderación al examinar, analizar, inquirir y desarrollar los problemas (…) Es exigente y a la vez comprensivo, tranquilo y decidido (…) Uno de los pocos hombres de cuantos conozco que no divaga jamás (…) Nunca lo vi jubiloso ni deprimido”
Debe reconocerse que esta descripción ayuda a entender sus victorias políticas y militares mucho mejor que aquellas que lo retratan como un zoquete ignorante y bruto, de astucia aldeana. No obstante, Franco sabía divagar, sobre todo cuando se encontraba presionado por alguien con quien, por otra parte, no quería romper. Así lo retrata su cuñado Serrano Súñer en su conversación de Hendaya con Hitler o cuando José Antonio quería comprometerlo en un golpe contra la república.
Resumamos de nuevo algunas evidencias que no acaban de entrar en la cabeza de muchos: Franco no venció a la república, sino al Frente Popular que había acabado con su legalidad. No venció a la democracia, sino a un proceso revolucionario. Mantuvo a España al margen de la guerra mundial. Derrotó al maquis, que fue un peligroso intento de volver a la guerra civil. Derrotó el aislamiento internacional al que pretendió someterlo la ONU. Dejó un país próspero y reconciliado, mucho más culto que ante, gracias a lo cual fue posible pasar a la democracia sin otros traumas que los ocasionados por los rupturistas: terrorismo en unos casos y desvirtuación del espíritu democrático en otros. Considérenlo fríamente: ningún personaje histórico español de los últimos dos siglos ha acumulado tantos méritos. Ni siquiera Cánovas
****Caamaño, ministro de Justicia de Zapo (una broma, sin duda) dice que no ha pasado "nada excepcional" en dos años de Estatut. Ha pasado que ha aumentado la presión separatista, el ataque a los derechos y libertades ciudadanas y a la unidad de España, que los separatistas han convertido a Cataluña en una “nación” oficialmente, atacando la Constitución… Pero nada de eso es excepcional para quienes han dejado un campo de ruinas políticas en su colaboración con los asesinos de la ETA.
16 de Agosto de 2009 - 09:00:44 - Pío Moa - 40 comentarios
FABRICIO.- Lo que sospechaba. Es la novelilla esa Los hombres que no amaban a las mujeres, de que tanto hablan.
SIMPLICIO.- ¡Cómo, novelilla, con casi setecientas páginas! Una novela no se dedica a poner estadísticas, hombre. Es un informe, un reportaje. Y me he permitido cambiar el título por los suecos porque sucede en Suecia, se trata de los hombres suecos, por lo menos en eso me darás la razón.
FELICIO.- ¿De qué va?
FABRICIO.- Bueno, es un cuento muy largo y algo enrevesado, una chica desapareció hace muchos años, los protagonistas toman mucho café, follan bastante, le dan al ordenador, hay torturas y violaciones, unos capitalistas perversísimos y unos periodistas honradísimos que descubren el pastel y al final todo termina muy bien, los buenos triunfan, se forran y echan algunos polvos adicionales, la tía desaparecida aparece en Australia convertida en la dueña de una gigantesca empresa de ovejas y de no sé cuántas industrias... En fin, un culebrón algo infantiloide, si quieres saber lo que opino.
MAURICIO.- Entonces tiene el éxito asegurado
SIMPLICIO.- Perdona, Fabricio, pero el autor del informe, insisto en que se trata de un informe, lo explica muy bien: reconoce Estiego Larsón que su informe, insisto, deja a Shakespeare en un cuento para niños, y yo lo creo. A ver dónde encuentras a un padre que se dedica a torturar y asesinar en serie a mujeres, porque es nazi, y que por esa razón también viola a su hijo y a su hija, y el hijo sigue los pasos del padre, viola a su hermana y como tiene mucho dinero, se hace una cámara de tortura en el sótano de sus casa, y allí tortura, viola y asesina a montones de mujeres, y las hace desaparecer, y así durante decenas de años, creo que porque tiene instintos de cazador o algo así. Yo no he leído a Shakespeare, de acuerdo, pero me extrañaría que hubiera escrito algo semejante.
MAURICIO.- ¿Mataban a muchas mujeres y nunca se encontraba la pista? ¿Desaparecían otras sin dejar rastro? ¿Tan incapaz es la policía sueca?
SIMPLICIO.- Pues no, no las encontraban porque los tíos, padre e hijo, eran muy malvados, pero muy inteligentes, eso lo explica muy bien Larsón, claro que no tan inteligentes como el periodista y, sobre todo, su amiga, que además son de una honestidad a prueba de bomba. Yo leí en El Pis una crítica muy buena.
FABRICIO.- Los héroes del cuento son la repera. Hay una tía, especie de marimacho furiosa y perfectamente estúpida, pero que tiene algo así como superpoderes, vamos, que el autor le confiere superpoderes. Apenas empieza a describirla me recordaba a Pippi Calzaslargas, aquella serie gilipollesca, demasiado infantil incluso para niños muy pequeños. La Pippi, ya sabéis, un contrapeso imaginario anarquista para una sociedad como la sueca, tan ordenada, según cuentan...
SIMPLICIO.- ¡Para el carro, para el carro! Yo de pequeño veía esa serie y me gustaba mucho.
FABRICIO.- Porque ya desde pequeño estabas predestinado a ser lector del El Pís, y eso tiene mal remedio... Lo que me hace gracia es que luego el autor dice que a la chica no le gustaría que la llamaran Pippi etc.
MAURICIO.- ¿Y cómo eran tan honrada aquella buena gente? Hoy ya no se estila.
SIMPLICIO.- El periodista es honrado porque es más bien socialista, y ya sabemos que los socialistas han sido siempre modelos de honradez, capaces de soportarlo todo por sus principios... Y la chica parece más bien ácrata, ahí le doy la razón a Fabricio. Y los ácratas son todavía más honrados, si cabe.
SULPICIO.- La sabiduría y la experiencia hablan por tu boca, Simplicio...
SIMPLICIO.- Por eso me cabrea que, frívolamente, se eche la culpa del maltrato a las mujeres en Suecia a los socialdemócratas y no a los nazis, como es evidente. Los socialdemócratas son suaves y respetuosos.
MAURICIO.- Bueno, hay que reconocer que la socialdemocracia sueca siempre ha sabido respetar suavemente. Durante la II Guerra Mundial colaboró con los alemanes, pero solo hasta que se vio claro que estos no iban a ganar, entonces fue cambiando suavemente de postura para acomodarse sin traumas a la nueva situación. Y hacia los soviéticos siempre mostraron una notoria simpatía, después de todo, los comunistas y los socialistas siempre han estado por los obreros...
SIMPLICIO.- Y no me negarás, Mauricio, el carácter profundamente democrático de la socialdemocracia sueca, bien explícito en su aversión a la España de Franco, vamos, que es que no podían ni verla, recordarás a Olof Palme, que también lo cita el informe, y por eso insisto en que no es una novela, aunque tenga algunos rasgos de novela, para hacerlo más ameno... Recordarás a Palme pidiendo dinero con una hucha para la ETA y demás, cuando el régimen franquista cometió aquel crimen horripilante con el que cerró su carrera de asesinatos...
FELICIO.- Algunos no lo recordaréis, por ser tan jóvenes, pero yo me acuerdo muy bien: el franquismo asesinó a cinco luchadores por la libertad del FRAP y de la ETA, por el supuesto delito de haber ajusticiado a unos cuantos policías, ya se sabe, pistoleros del fascismo.
SIMPLICIO.- Yo es que no paro de admirar a los socialdemócratas suecos. Fijaos: los capitalistas malvados del informe tenían una característica: nunca se divorciaban. ¿Cómo no iban a ser unos asesinos en serie? Y parece que leían mucho la Biblia, otra mala señal. Os leo algo más: "No había conocido a una sola chica que no se hubiera visto obligada a realizar algún acto sexual en contra de su voluntad en, al menos una ocasión". O sea, que allí violan a casi todas. ¿Alguno de vosotros puede imaginarse siquiera a un socialdemócrata o a un anarquista haciendo tales cosas? ¡Vamos, eso no le cabe a nadie en la cabeza! ¡Esos son nazis, hombre! Es la evidencia misma.
MAURICIO.- Pero reconocerás, Simpli, por pura lógica, que resulta muy raro que los nazis no ganen en Suecia todas las elecciones, siendo tantos...
FABRICIO.- Es por la chica esa de los superpoderes, que se lo impide
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En El economista, el martes pasado:
SÍNTOMAS Y CAUSAS
Los síntomas de mala salud social abundan y empeoran: desarticulación familiar, maltrato doméstico, proliferación de matrimonios uniparentales, delincuencia, consumo de droga, alcoholismo, audiencia de la telebasura, aborto masivo, terrorismo o colaboración con él, fracaso escolar, radicalización política, auge de la pederastia, embarazos de adolescentes, enfermedades de transmisión sexual, juego, corrupción política, desprestigio de la justicia, desatención a la ley, etc.
Estos y otros males se han instalado de tal modo en el paisaje social que apenas se les presta atención, fuera de algunas retóricas deliberadamente inanes. Hasta se los presenta como costes inevitables del "progreso" o incluso como un progreso. Pero sus causas saltan a la vista, a poco que se profundice: son precisamente esas ideologías y políticas que se dicen progresistas: la "muerte de Montesquieu", la simpatía por regímenes tiránicos o por la penetración islámica, o la complacencia de los políticos con el delito, se reflejan en el aumento de la delincuencia, de la colaboración con el terrorismo, el descrédito de la función judicial o la corrupción de los profesionales del poder. El homosexualismo militante y el feminismo están sin duda en la base de la desarticulación de la familia y sus mil consecuencias: aborto y divorcio masivos, consumo de drogas y alcohol entre los jóvenes, maltrato doméstico, delincuencia juvenil, embarazos de adolescentes... O en los índices de fracaso escolar, en los que pesa no menos la demagogia política.
El creciente radicalismo manifiesto en las insolencias y agresiones separatistas, en la reaparición de amenazas de quemar iglesias, en los discursos políticos, etc., proviene del intento de imponer la "ruptura", querida en la Transición por la izquierda para enlazar con el nefasto Frente Popular... Mientras un PP huero de sustancia intelectual o moral, ayuda.
15 de Agosto de 2009 - 08:56:49 - Pío Moa - 67 comentarios
(Diálogos pastoriles. Anterior, 19 de julio)
PATRICIO.- Venga, Mauricio, no repliques ahora al enamorado Salicio o será el cuento de nunca acabar...
FELICIO.- ¡Eh, muchachos, mirad! Ahí viene Complejicio por el sendero, leyendo cual suele, a punto de romperse la crisma en algún tropezón. Cuando no lee El Pis, lee algo de más enjundia todavía. Menudo culturón se está trajinando el gachó...
SULPICIO.- ¿Qué lees, Complejicio?
SIMPLICIO.- ¡Si no dejas de cachondearte vamos a acabar aquí a hostias! bien sabes que me llamo Simplicio, y si a alguno le fastidia, que se aguante.
SULPICIO.- Perdona, hombre, también a mí me llaman Suplicio...
SIMPLICIO.- Leo un informe muy especial, Los suecos no aman a las mujeres, de Estiego Larsón. Os vais a caer de culo: el 46% de las suecas ha sufrido violencia por parte de algún hombre!
SALICIO. ¡Rediez! ¡Y luego hablan de los países islámicos...!
SIMPLICIO.- ¿Te parece una barbaridad? Pues escucha esto: "El 13% de las suecas han sido víctimas de una violencia sexual extrema fuera del ámbito de sus relaciones sexuales.
MAURICIO.- ¿Y eso qué quiere decir?
SIMPLICIO.- Ni idea. Pero me quedo con lo del trece por ciento y la violencia sexual extrema. Supongo que quiere decir violaciones o algo así.
SALICIO.- ¡Por todos los demonios...! ¿Y cuántas habrán sufrido violencias sexuales menos extremas?
SIMPLICIO.- Atended, atended: El 18% han sido amenazadas alguna vez por un hombre
MAURICIO.- Aún lo entiendo menos. Normalmente la amenaza precede a la violencia, y si es el 46...
SIMPLICIO.- Deja de buscar cinco pies al gato, racional Mauricio. Fijaos: en Suecia el 92% de las mujeres que ha sufrido abusos sexuales en la última agresión, no lo han denunciado a la policía
FELICIO.- ¿Tan poco se fían de la policía?
SIMPLICIO.- Ten en cuenta que la mayoría de los policías son hombres, y por tanto...¡Igual, si van a denunciar, las violan otra vez, no me extrañaría un pelo!
MAURICIO.- Pero vamos a ver, Simpli, querido colega, ¿quiere decir que en la agresión penúltima denunciaban más? ¿O menos?
SIMPLICIO.- ¡Y yo qué sé! Es lo que pone el informe. Parece claro que los suecos no aman a las mujeres... Bueno, supongo que algunos sí.
MAURICIO.- Pues pocos serán, porque si el 46% les pega, habrá que suponer que otro porcentaje parecido pasará de ellas, le serán más o menos indiferentes, no voy a entrar en las razones, así que no sé si quedará un 8 ó un 10% de excepciones. Lo digo por la campana de Gauss y esas cosas, ya sabes.
FELICIO.- ¡Quién nos lo iba a decir! Aquí parece ocurrir al revés, fíjate en lo que le acaba de pasar al pobre Salicio, el destrozo moral que le ha causado Amartilis... ¡Y por aquí todos convencidos de que las suecas eran unos pendones verbeneros que se divertían de lo lindo...
SIMPLICIO.- Bueno, un poco putones, sí parecen. Según el informe, apenas conocen a un tío que les gusta se van con él a la piltra, y casi siempre por iniciativa de ellas. ¡Y a mí me parece muy bien, que conste, yo soy hombre progresista de amplia visión, no como algunos de vosotros... Lo que no parece claro es que se diviertan tanto.
MAURICIO.- Pues yo creo que debemos establecer relaciones lógicas: los suecos llevan casi toda la vida con la socialdemocracia, quitando unas pocas temporadas, y eso, seguramente, explica muchas cosas.
SIMPLICIO.- Pues el informe dice que quienes maltratan a las mujeres son los nazis
SALICIO.- ¡El diablo me lleve! ¿Tanto nazi hay en Suecia?
FELICIO.- ¡Voto a tal, que son raros estos suecos! Pues yo afirmo y sostengo que la naturaleza no ha hecho cosa más bella que un par de buenas tetas.
SULPICIO.- ¡Profundas y acertadas palabras, Felicio! Por lo cual yo propongo que en adelante no califiquemos a la naturaleza de "sabia", sino de "sapientísima".
PATRICIO.- Abundo en vuestra opinión, que hago propia. Más aún: entre nosotros podemos referirnos a la naturaleza como "la Sapientísima", sin más, y ya sabríamos de quién hablamos. Una vez arraigue la cosa en Porriño, no tardará en extenderse al mundo entero, en esta época de globalización
MAURICIO.- ¿Pero no os dais cuenta de que con vuestras chorradas desdecís del increíble nivel intelectual y racional de nuestra amada villa de Porriño? Como sigáis así, habrá que instar a la autoridad competente a que os expatríe.
FABRICIO.- Vamos a ver, Simplicio, cacho bergante, ¿Cómo dices que se llama el autor de ese gordo informe?
SIMPLICIO.- Estiego Larsón
FABRICIO.- Déjame ver ese tocho, maldita sea.
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Dos canciones para quienes van abandonando la primera juventud:
http://www.youtube.com/watch?v=PQrJYLMO-64
http://www.youtube.com/watch?v=YwxsWIYJI2A
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Sobre la ley del aborto: "Estamos dispuestos a ir a la cárcel antes que acatar una ley criminal" Es una ley criminal, hecha por los colaboradores de la ETA y los mayores corruptos y corruptores de la historia contemporánea de España.
****Acuerdo PNV, EA y ARALAR Guernica protestará en sus fiestas contra la prohibición de homenajear a etarras Hombre, no ofendamos a Guernica. Quienes protestan por la prohibición de homenajes a los asesinos son los recogenueces, aquellos que tan íntimamente se sienten identificados con los héroes del tiro en la nuca, a quienes consideran "héroes vascos", insultando así a todos los vascos. Saben que sin ellos habrían recogido muy pocas nueces, y lógicamente se sienten agradecidos.
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En Franco para antifranquistas:
Dice de Franco la señora historiadora Andrée Bachoud: "No tiene amantes ni parece habers sentido jamás el deseo de tenerlas; carece de vicios y de pasiones, y su cultura es escasa; ni siquiera le atraen los pequeños placeres; no bebe, no fuma, no parece apreciar la buena mesa ni el placer de la conversación, excepto tal vez en su primera juventud cuando asiste a las tertulias. Tampoco destaca por sus cualidades"
Doña Andrée, por su forma de expresarse, poniendo en un mismo plano las amantes, la cultura, etc., parece participar de eso que llaman "inversión de valores". Por eso se equivoca en su diagnóstico: la fidelidad conyugal pasa a convertirse en vicio, y los vicios en general en virtudes. Desde ese punto de vista, Franco era notablemente vicioso. En cuanto a su cultura, parece que le bastó para sus objetivos, mientras que otros aparentemente más cultos no pasaban de ser unos asamantecas; y nunca en España habían aumentado tanto las escuelas, centros de segunda enseñanza, población universitaria, ni en el acceso de la mujer a ella, a todos los niveles. Otra gente que conoció a Franco mucho más directamente que la señora Bachoud da una impresión distinta de sus cualidades, ya veremos algunos casos.
9 de Agosto de 2009 - 09:28:41 - Pío Moa - 534 comentarios
–Pero usted justifica la Inquisición, usted la salva.
–Yo no me dedico a justificar nada, eso queda para los jueces de la historia, que están muchos escalones por encima de mi humilde persona. Y en cuanto a salvar o condenar personas o hechos de la actualidad, tiene un sentido, pero referido a personas y hechos de hace siglos, me parece que no está en mi mano. Yo solo trato de entender.
–Pero algunos aspectos de la Inquisición le parecen bien.
–Seguro. Me parece bien que evitase la quema de brujas, la cual apenas se dio en España y sí en mucha mayor medida en los países protestantes...
–O sea, que la Inquisición es buena porque mató a menos gente.
–No digo que sea buena, pero entre matar a mil y a cien mil media gran distancia. Y, por supuesto, todos los sistemas políticos han matado a gente.
–Pues 5.000 víctimas me parecen a mí una suma terrible.
–Esa cifra es especulativa y en general de mala fe. Se sabe con certeza de un millar aproximadamente, más lo que se puede calcular de algunas épocas sobre las que no hay datos precisos o completos. Usted puede suponer que entonces fueron matadas 500, 1.000, 4.000 o 10.000 personas. Hay que distinguir entre datos seguros y otros especulativos, montados sobre indicios. No quiero decir que los especulativos sean desdeñables, siempre hay que recurrir a especulaciones razonables cuando los datos son insuficientes. Pero en mi opinión casi siempre esas especulaciones tienen un sesgo de "venganza": puesto que las cifras conocidas son tan bajas comparadas con las decenas y hasta cientos de miles que solían atribuírsele, se tiende a especular con las cifras más altas posible entre las desconocidas, abusando de los indicios. Rara vez son estudios imparciales.
–¿Alguna otra cosa le parece bien?
–Me parece bien que ayudase a evitar a España las guerras civiles que hubo en otros muchos países de Europa, una guerras brutales y que causaron muchas veces más víctimas que la Inquisición española y represiones sin juicio alguno; me parece bien que sus tribunales impusiesen más garantías y empleasen mucho menos la tortura que los tribunales civiles de cualquier país de Europa en aquella época; y que dispusiese de cárceles mucho mejores. En ese sentido creo que la Inquisición marcó cierto progreso, aunque insuficiente. Me parece bien que no impidiese un florecimiento cultural como no ha vuelto a ocurrir en España; me parece bien que contribuyese a ese florecimiento mediante el mecenazgo, si no como institución directa, pues no era su objetivo, por actividad derivada de los dominicos y de muchas personas ligadas o próximas a la institución.
–Pero, ¿dice usted que gracias a la Inquisición hubo aquel florecimiento?
–Solo digo que no lo impidió y que en alguna medida contribuyó a él, o al menos contribuyeron muchos de sus personajes destacados. Y eso es muy importante, porque se le acusa constantemente de haber asfixiado la cultura. Pero quienes dicen eso suelen ser ellos mismos gente intelectualmente mediocre, no pocas veces de mala fe y con un desprecio de fanáticos por los hechos. Cuando los oigo hablar con esa furia, dos siglos después de terminada la Inquisición, me entran dudas: ¿serán esas personas víctimas a larga distancia temporal de la Inquisición? ¿Producirá esta todavía, después de dos siglos de desaparecida, tal cantidad de brutillos?
–Pero bueno, eso que usted dice nadie lo dice hoy.
–Si no lo dicen, debo concluir que esas personas atacan a la Inquisición porque ellas desearían que en España hubiera habido quema masiva de brujas, que hubiera habido guerras religiosas como en Francia o Alemania, que la cultura hubiera sido encorsetada y oprimida...
–Alto ahí, nadie desea eso.
–¿Cómo que no? Las guerras civiles las deseaban los protestantes, eso lo explicó muy bien Lutero. Y los que más detestan a la Inquisición han sido los comunistas, los exaltados y los utópicos de los siglos XIX y XX; y todos ellos aspiraban a crear sistemas que asfixiaran la disidencia. Cualquier régimen "progresista" de esos ha asesinado a muchísima más gente, y muchas veces sin juicio, que víctimas ha hecho la Inquisición en tres siglos, y ha oprimido mucho más la cultura.
–¡Pero si hasta Juan Pablo II pidió perdón por la Inquisición!
–Me parece muy bien, pero yo no entro en esas cuestiones religiosas. Me parecería mejor que los protestantes, los comunistas, los socialistas y todos esos pidieran perdón por las víctimas que han causado, que son muchísimas más. Aunque a efectos prácticos eso es igual que nada. Ni una de sus víctimas va a resucitar ni a sentirse mejor en la tumba. Solo satisface el narcisismo moral facilón de alguna gente.
–¡Venga!, ¡a usted le parece bien la Inquisición, en definitiva!
–No muy bien, no me gustaría que volviera, y menos todavía que volvieran las circunstancias en las que se creó. Pero si usted quiere tener una visión ecuánime y desprejuiciada sobre el asunto, debe observarlo desde diferentes puntos de vista y no aceptar por las buenas versiones muy estruendosas pero poco fiables. Ahora que si se siente usted a gusto con sus prejuicios, pues nada, adelante, no voy a meterme en su conciencia, como dicen que hacían los inquisidores. Tampoco le aconsejo cultivar ese narcisismo bobote de creerse moral o intelectualmente superior a base de condenar enérgicamente esto o lo otro. En fin, la historia es otra cosa. ¡A saber qué habría hecho usted, o yo, en aquellas circunstancias! De muchos que condenan la Inquisición y justifican terrorismos o regímenes más o menos totalitarios de hoy mismo, sé muy bien lo que harían: serían los inquisidores más sañudos.
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**** ETA amenaza con más muertes si el Gobierno no vuelve a negociar
La ETA es perfectamente coherente: Zapo y su pandilla justificaron el asesinato como un modo de hacer política, no solo lo justificaron, lo premiaron política y económicamente de forma desmesurada, trataron de silenciar a la AVT (y finalmente lo consiguieron, con ayuda del Futurista de la Nena), etc., dejando en la ruina las instituciones y el espíritu democrático. La ETA, a pesar de todas las ventajas, colaboraciones y premios que ha recibido de un gobierno por eso mismo ilegítimo y delincuente, quiere más aún, y lógicamente presiona con sus modos de hacer política, que ya le han sido reconocidos y han demostrado tanta eficacia gracias a un gobierno con quien comparte un 90% de ideología. A ver cuándo los politicastros vuelven a su cantinela: "¡Hay que acabar con esto! ¡Diálogo!" ¿Aún no se le ha ocurrido decir a nadie que los males del diálogo se combaten con más diálogo?
Por cierto, parte de la colaboración entre los asesinos y el gobierno ha sido la "Ley de memoria histórica". Como justamente ha dicho el juez Adolfo Prego, uno de los poquísimos que se atreven a hablar en una democracia cada vez más atemorizada y desvirtuada, la historia no se impone por ley. Es decir, sí, se impone por ley en países totalitarios, tipo la Cuba de Castro, que tanto admira la ETA y tanto respeta el gobierno. Gobierno grotesco de cotorras y tiorrillos, y ojalá fuera solo eso.
8 de Agosto de 2009 - 07:57:50 - Pío Moa - 69 comentarios
La vicepresi presumiendo de "padre represaliado por el franquismo". La afición chekista de siempre. El franquismo represalió a los chekistas o a los asesinos etarras con quienes se identifica el PSOE en su famosa ley. ¿Perteneció a esos grupos el padre de esta señora? No. Por el contrario, el padre se rehabilitó, consiguió cargos oficiales de cierta importancia bajo el franquismo y en su momento fue cesado, como ocurrió con tantos cargos parecidos. Lo único claro de este enredo es la irreprimible afición de los socialistas a la trola: el deporte de falsificar sus propias biografías y las de los padres es un dato clave de la mísera personalidad de estos elementos y elementas. ¡Y son los que mandan en el país!
Aunque debe reconocerse que la miseria del PP es mucho mayor. Estos individuos escupen sobre las tumbas de sus padres, y se quedan tan anchos. Todo por hacerse los "progresistas, centristas y avanzados". La farsa grotesca y sin la menor gracia en que se ha convertido la política en España.
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De nuevo, lo someto a su severa crítica:
La producción de Calderón es muy varia en temas, tonos, géneros y tensión dramática (comedias de enredo, de amor, filosóficas, etc.). Casi siempre mantiene un alto nivel poético, a menudo algo retórico, que priva la expresión de los personajes de la naturalidad de Lope o del vigor de Shakespeare. En cualquier caso, interesan aquí dos aspectos, el "popularizante" y el, digamos, metafísico. El primero se expresa sobre todo en El alcalde de Zalamea, donde aparece el honor como propiedad de cualquier hombre que sepa apreciarlo y hacerlo valer, don de Dios por encima de los linajes aristocráticos, y en materia del cual el alcalde villano Pedro Crespo, da lecciones a un aristócrata de los tercios, uno de cuyos hombres ha violado a su hija. La opinión de un hombre común tiene el mismo valor que la de un noble, pues no hubiera un capitán / si no hubiera un labrador. El honor va ligado además a otras virtudes: la humildad, la cortesía, la amistad. Y Crespo da a su hijo otro consejos: "No hables mal de las mujeres / la más humilde, te digo / que es digna de estimación / porque al fin de ellas nacimos".
En su obra quizá más conocida La vida es sueño, y en otras, enfoca la enigmática condición humana en relación con los problemas de la libertad, la voluntad y el destino, núcleo de la gran controversia católico-protestante. El delito fundamental del hombre –el pecado original—consiste en haber nacido, su mayor enfermedad es él mismo, que camina sobre su sepultura. La vida se presenta como una ficción frenética, un sueño, un teatro en que los personajes, siempre distintos, se reparten papeles reiterados. La voluntad y la libertad no bastan para abrirse camino en medio de ese caos, cuya salida se encontraría mediante la esperanza en Dios. En otro tipo de comedias, como las que tratan los celos u otras pasiones, sabe expresar la lógica consecuente que lleva al desastre por basarse en premisas erróneas: se aproxima a la argumentación de la tragedia griega, aun sin alcanzar la grandiosa ambigüedad de esta. Calderón sería más y mejor apreciado en Alemania, a partir de Goethe, que en España, otro signo de declive intelectual.
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Es significativa la evolución de Gracián. Su primera obra, El héroe, expone con intención didáctica y estimulante ("sacar un varón máximo") el perfeccionamiento moral e intelectual que debe seguir el hombre de excepción caracterizado por la virtus romana: el valor y la capacidad de razonar, hablar y obrar con excelencia. Propuesta optimista en la tradición de El cortesano, de Castiglione, que desarrolla en El político, cuyo modelo sería Fernando el Católico, como para Maquiavelo --o Saavedra y Fajardo--, aunque no llega, como el italiano, a considerar la política un ámbito ajeno a la ética. Su Oráculo manual condensa sus enseñanzas para una vida lograda. A la sagacidad y experiencia del héroe no puede escaparse que los hombres, en su mayoría, son necios, falsos e interesados, aunque no propone para ellos la tiranía como mejor solución (al estilo de la antigua escuela legista china, por ejemplo); más bien el héroe debe contar con ese rasgo inevitable del mundo real y saber desenvolverse en él sin dejarse contaminar ni caer en una ingenuidad próxima a la tontería. Debe ser capaz de explotar ese lamentable medio con fines más elevados, como hacía Fernando el Católico. En contraste con otras tendencias filosóficas, encomia la apariencia en las conductas: no basta la virtud interior, es precisa su apariencia, porque esta garantiza la existencia de la primera; e incluso si no es así, puede sustituirla en parte. Parece justificar la hipocresía y el engaño, aunque él, hombre sutil, los evita: no se debe mentir, pero tampoco decir la verdad completa, y es lícito inducir a los demás a creer lo que convenga, pues en definitiva la gente no ama la verdad. En cierto modo adelanta la actual "cultura de la imagen", sin la banalidad y falsa ingenuidad de esta. Su concepción toma nota del ambiente de su tiempo que él percibe moralmente degradado, en contraste con el anterior "siglo de oro de la llaneza".
Su última obra, El Criticón, es ya abiertamente pesimista. Entronca con el Blanquerna de Raimundo Lulio, en cuanto describe una evolución vital, si bien ajena al básico optimismo luliano: "¿Cuál puede ser una vida, que comienza entre los gritos de la madre, que la da, y los lloros del hijo, que la recibe?". "Pocos aceptarían la vida si tuvieran estas noticias antes. Porque ¿quién, sabiéndolo, quisiera meter el pie en un reino mentido y cárcel verdadera, padecer tan muchas como varias penalidades? En el cuerpo hambre, sed, frío, calor, cansancio, desnudez, dolores, enfermedades y en el ánimo engaños, persecuciones, envidias, desprecios, deshonras, ahogos, tristezas, iras, temores, desesperaciones y salir al cabo condenado a miserable muerte, con pérdida de todas las cosas, casa, hacienda, bienes, dignidades, amigos, parientes, hermanos, padres y la misma vida, cuando más amada". Idea contradictoria, pues compensa los males con los bienes, y si estos están destinados a perderse, lo mismo los daños. El libro recuerda al Quijote, pues la acción se define a partir de dos personajes contrarios, aunque en Gracián es un Sancho Panza ilustrado y desengañado, Critilo (hombre de juicio) quien guía a Andrenio (hombre sin más, ignorante de la civilización), el cual comparte con Don Quijote un carácter iluso e idealista. La inversión, muy radical, extrema y simplifica el mensaje del Quijote, en el fondo ambiguo, mediante la reducción de los personajes a símbolos morales o filosóficos.
Critilo y Andrenio peregrinan -- alegoría de la vida, en la tradición cristiana-- por diversos países en busca de Felisinda, madre de Andrenio y con quien aspira a casarse Critilo. Felisinda simboliza la felicidad, y ambos llegan a comprender que nunca la encontrarán, por lo que se ciñen a mantener la virtud en un mundo lleno de maldad e hipocresía, descrito en diversos episodios bajo la dialéctica ilusión-desengaño; y cuya ilación viene dada por el protagonismo de los personajes, siguiendo en ello y en la sátira social el esquema de la novela picaresca. La virtud sostenida les dará finalmente el triunfo sobre un mundo despreciable, les permitirá superar los desengaños y alcanzar la Isla de la Inmortalidad, aunque solo al final de sus vidas. En este sentido resulta en cierto modo una apología del idealismo.
Advertir lo inalcanzable de la felicidad y mantener no obstante la virtud, viene a ser una actitud estoica, y Séneca es ciertamente uno de los modelos de Gracián en esta obra. Se inspira también en autores griegos paganos y en algunos más modernos como Trajano Boccalini, satírico agriamente antiespañol, o John Barclay, franco-escocés católico, pero antijesuita, lo que puede explicar el enfado de los superiores de Gracián. La novela, que algunos comparan hoy al Quijote – quizá exagerando algo— fue largo tiempo semiolvidada en España, y solo en tiempos recientes vuelve con fuerza a suscitar interés, aquí y en Europa.
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Velázquez realizó su obra en una época de grandes pintores, particularmente en Flandes, Holanda, Italia (algo en descenso después de Caravaggio) y España. Fue contemporáneo de Rembrandt, de Rubens, de Vermeer o, entre los españoles, de Zurbarán, Murillo y Ribera.
Si la relación entre la literatura y la vida o la realidad nos parece bastante evidente, por más que indefinible, aún más indefinible con la pintura: esta no ocurre en el tiempo, como el relato literario, sino que arrebata al tiempo sus escenas, inventadas o realistas. Esas escenas reflejan tanto una realidad como la subjetividad del artista. Según algunas teorías, es la relación entre la subjetividad y la sociedad de la época lo que da valor a una obra artística, pero de ser así no despertaría entre las personas de siglos distintos más emoción que la que nos produce una herramienta o un contrato de compraventa antiguos. Parece más adecuado suponer que el valor de la obra estriba en la capacidad del autor para transmitir su visión subjetiva e impactar con ella la subjetividad del espectador, impacto a un nivel no racional. Y es eso lo que hace perdurable la obra de arte, capaz de ser apreciada por personas de otras culturas u otras edades. Una pintura o una novela muy expositiva de su tiempo puede tener un valor documental alto, y artístico bajo. El arte apela al sentimiento del mundo y de la vida, y siendo este subjetivo y en gran medida irreductible a la razón, sus obras nunca encuentran la misma resonancia en unas personas que en otras.
El cuadro La rendición de Breda, o De las lanzas referido a un acontecimiento al que se dio entonces gran trascendencia, en España y fuera, tiene el valor documental de los trajes y armas, no tanto por la fidelidad de la escena, que Velázquez no presenció, pero sí por recoger un espíritu no limitado a la época: el vencedor, Spínola, saluda con afecto al vencido, le evita la humillación, mientras las tropas hispanas permanecen contenidas y casi respetuosas, lejos de la clásica pintura épica. Podría tratarse de una idealización propagandística, pero se sabe que así ocurrió, más o menos: una escena caballeresca. Si nos impresiona la pintura es por la combinación de la fuerza, representada en las picas enhiestas, la miseria de la derrota, la magnanimidad del vencedor y el fondo del paisaje y las nubes como indescifrable aviso ante las acciones humanas.
Entre tantos otros logros, Velázquez descuella por sus espléndidos retratos, en particular por el del papa Inocencio X, tenido por uno de los mejores de la historia de la pintura, incluso por el mejor según algunas opiniones. Inocencio, favorable a España y atemorizado por Francia, había rechazado el tratado de Westfalia, concluido sin darle voz alguna y, según él, contrario a la fe en algunos puntos; pero, signo de los tiempos, apenas se le prestó atención. Otro signo: al subir al solio pontificio acusó a la familia del papa anterior, los Barberini, de haberse apropiado bienes eclesiásticos; dos miembros de dicha familia buscaron en Francia la protección del cardenal Mazarino, y este amenazó a Inocencio con enviarle un ejército. Antaño, Roma podría haber replicado recurriendo a España, pero la situación ya había cambiado también, por lo que hubo de ceder. Sobre este papa ejerció pesada influencia su avara y codiciosa cuñada Olimpia Maidalchini, con la cual mantendría relaciones carnales, según le acusaban sin mucha base protestantes y galicanos. Inocencio procuró aliviar la suerte de los presos y pidió al zar Alexis I que liberase a los siervos de la gleba o mejorase su dura la suerte. Condenó el jansenismo, doctrina antijesuita próxima al protestantismo, y festejó la conversión de Cristina de Suecia al catolicismo. Cristina fue hija de Gustavo II Adolfo, y su reinado preludiaba el despotismo ilustrado. Al revés que su padre, buscó una alianza con España, aunque los dos reinos estaban demasiado alejados para que fuese eficaz. Terminó abdicando y convirtiéndose al catolicismo, en lo que tuvo parte su estrecha relación con el embajador español en Estocolmo, el militar Antonio Pimentel.
Volviendo al retrato, Inocencio comentó al verlo: Troppo vero! Se supone que un buen retrato debe expresar el interior de la persona, idea arriesgada porque no son infrecuentes rasgos faciales "fuertes" en personalidades débiles y viceversa; pero si el mismo papa encontró el suyo demasiado veraz, sería por algo. Se ha dicho que Inocencio aparece allí como un personaje despiadado. Desde luego, no deja la impresión de persona calma, bondadosa o majestuosa, pero acaso sugiere la desconfianza y la inquietud íntima de quien guarda un secreto íntimamente perturbador.
Naturalmente, la técnica cuenta mucho en la transmisión de impresiones y emociones, pero, una vez conseguidas estas, pasa a segundo plano; y la misma perfección técnica caracteriza a pinturas de muy distinto valor.7 de Agosto de 2009 - 08:30:20 - Pío Moa - 245 comentarios
Ha escrito Savater: "La Inquisición inauguró unos procedimientos de buceo en la intimidad de las mentes y castigo de los disidentes que después culminaron en el Terror revolucionario, el Gulag y demás abusos totalitarios que recientemente algunos hagiógrafos han cargado nada menos que a cuenta ...¡de la Ilustración!"
Ocurre que el "buceo en la intimidad de las mentes y el castigo a los disidentes" es tan antiguo como la civilización misma, por lo que no se entiende que Savater los fije particularmente en la Inquisición.
Y da la casualidad de que ni los autores del terror revolucionario ni los del Gulag reivindicaron jamás la Inquisición, sino, precisamente, la Ilustración: se consideraban ilustrados consecuentes ¿Estarían equivocados? Es más: tenían a la Inquisición por un organismo criminal, como el propio Savater.
En realidad, los del terror y el Gulag no estaban equivocados más que en una cosa: en considerarse los únicos consecuentes con la Ilustración. De ninguna teoría se deduce una consecuencia rectilínea, una conducta social, política o moral férreamente determinada. Cualquier teoría abre más de una dirección posible incluido el camino a la catástrofe, aunque no necesariamente. Una de las vías abiertas por la Ilustración lleva claramente al terror y al Gulag. Savater no es partidario de esa vía, lo que le honra, pero dice poco de su perspicacia que no la vea, o haga como que no la ve. Y encima la achaque gratuitamente a la Inquisición.
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**Baltasar Gracián, hijo de un médico, nació en 1601 cerca de Calatayud, patria también de Marcial, el ingenioso escritor satírico hispanolatino. Estudió en Calatayud, en la universidad de Zaragoza y en Toledo. Con 26 años se ordenó jesuita, y como tal enseñó en Calatayud, Valencia, Lérida y Gandía, llevándose mal con sus cofrades de Valencia. En 1636 fue enviado a Huesca, donde publicó su primer libro, El héroe, con apoyo de un mecenas local, Vincencio Juan de Lastanosa, un personaje interesante: erudito, políglota, interesado por las ciencias y por la alquimia, que lucharía en la guerra de Cataluña al frente de tropas de Huesca; coleccionaba en su palacio un verdadero museo con cuadros de Tintoretto, Rubens, Ribera, Tizianoy otros artistas célebres, monedas griegas y romanas, estatuas romanas, armas antiguas, fósiles y piedras raras, etc. En su gran biblioteca de 7.000 volúmenes, mayoritariamente de temas científicos, reunía una tertulia literaria a la que acudían varios de los mejores intelectuales aragoneses, incluyendo la monja poeta Abarca de Bolea. Años después de su muerte, su palacio fue derribado y dispersada su biblioteca.
Gracián formó parte de la tertulia de Lastanosa hasta 1639, cuando volvió a Zaragoza y pronto a Madrid. En la corte se relacionó con los círculos literarios, un ambiente bastante áspero, como indican las sátiras y disputas entre sus miembros, y no fue bien comprendido en ellos. Allí publicó en 1640 El político, y preparó Arte de ingenio, tratado de la agudeza. En 1642 pasó a Tarragona como vicerrector del colegio jesuita, y ejerció de predicador de los soldados que lucharon en Lérida contra el ejército franco-catalán. Enfermó y fue a curarse al hospital de Valencia, que disponía de una buena biblioteca, de la que se sirvió para escribir El discreto. Este lo publicó en Huesca, adonde volvió como profesor de teología hasta 1650 y allí preparó la primera parte de El Criticón. La obra le valió quejas de los jesuitas valencianos por haberla publicado sin permiso de la superioridad. La segunda parte el libro aumentó las protestas, y la tercera acabó de enojar a sus superiores, que le impusieron penitencias a pan y agua y lo desterraron al pequeño pueblo de Graus. El Criticón se difundió rápidamente por Europa occidental, sobre todo por Alemania. Otro libro suyo, el Oráculo manual y arte de prudencia ha sido reeditado una y otra vez en Inglaterra y otros países, incluso hasta nuestros días en Usa, y ha llegado a ser traducido al chino y al japonés. Es conocida la admiración que profesaron al Oráculo Schopenhauer ("Un libro absolutamente único"), Nietzsche ("Europa no ha producido nada más fino ni elaborado en sutileza moral"), y el autor ha influido hasta el presente en autores tan diversos como Voltaire, Gide o Lacan. Posiblemente nuestro autor haya sido más apreciado fuera que dentro de su patria.
A raíz de los castigos impuestos por sus superiores, Gracián pidió pasarse a otra orden religiosa pero no se le permitió, y, encontrándose muy enfermo, falleció en Tarazona, con 58 años, el mismo del siglo y de la batalla de las Dunas o Dunquerque.
** Pedro Calderón de la Barca nació en Madrid, de padre alto funcionario (secretario del consejo de Hacienda) y madre de ascendencia noble alemana o flamenca. Más longevo que los anteriores, vivió 81 años, y presenció el paso del declive a la franca decadencia con Carlos II. Estudió con los jesuitas en Madrid luego en las universidades de Alcalá y Salamanca, donde adquirió una vasta erudición, reflejada en sus obras. Su temprana afición a la poesía y la comedia no evitó que su juventud fuese algo turbulenta, habiéndose visto mezclado en un homicidio y en el quebrantamiento de sagrado en un convento de monjas, al perseguir a un actor que había dado una puñalada a un hermano suyo (a veces los perseguidos por la justicia se acogían "a sagrado" en iglesias donde no podían ser arrestados). Esto último le valió la enemistad de un conocido predicador, que lo atacó desde el púlpito, y de quien se burló Calderón en una comedia.
Su desahogo económico disminuyó por gastos en pleitos por enmendar el testamento de su padre, que se había casado en segundas nupcias al enviudar. Se le ha atribuido alistamiento en los tercios y combates en Italia y Flandes entre 1625 y 1635, aunque si fue así se trataría de acciones ocasionales, pues hay constancia de su presencia en Madrid por esos años. Sí es cierto, en cambio, que se distinguió como soldado en el sitio de Fuenterrabía en 1638 y en la guerra de Cataluña en 1640, donde fue herido en el sitio de Lérida, y no escatimará elogios de tinte democrático a los soldados: "Porque aquí a la sangre excede / el lugar que uno se hace / y sin mirar cómo nace / se mira como procede. (...) Fama, honor y vida son / caudal de pobres soldados; / que en buena o mala fortuna / la milicia no es más que una / religión de hombres honrados.
Al igual que en el caso de Lope y de Velázquez, la calidad de las obras de Calderón fue pronto reconocida y le ganó el aprecio de Felipe IV, tan aficionado a coleccionar arte como a la comedia y a las actrices. A Lope ya en sus últimos años le disputaba Calderón la primacía entre los dramaturgos, y se le supone haber dado formas más perfeccionadas a la originalidad y espontaneidad de aquel. En cuanto a su vida íntima, cabe suponer que, dada su juventud alborotada y el libertinaje atribuido a la farándula, Calderón compartiría en alguna medida esa circunstancia, pero en realidad se sabe tan poco de ella como de la de Velázquez, salvo que tuvo algún hijo ilegítimo. Como fuere, a los 51 años, acaso por efecto de alguna crisis personal, se hizo sacerdote y llegó a capellán mayor de Carlos II. No por ser sacerdote dejó de componer teatro de tono más religioso, como autos sacramentales, que llevó a su perfección aprovechando sus profundos conocimientos teológicos; pero siguió escribiendo obras más profanas, lo que le valió críticas a las que prestó poca atención. Hacia el final se orientó a los temas mitológicos, orientación interpretable como evasión ante la áspera realidad de la decadencia del país. Escribió más de 200 obras entre dramas, autos sacramentales, entremeses y zarzuelas, un género que alternaba recitación y canto, comenzado por Lope. Vivió sus últimos 30 años como sacerdote y, pese a su popularidad y la protección regia, en sus últimos tiempos parece haber sufrido apuros económicos. En su testamento mencionó "las públicas vanidades de mi mal gastada vida".
** De las tres biografías aquí esbozadas, solo la de Calderón guarda similitudes vitales con las de los otros tres autores citados más atrás en relación con la tónica cultural del cambio de siglo. Puede señalarse otra similitud más común: la cercanía, al menos espiritual, de todos ellos con la Inquisición. A Calderón le llamó "poeta inquisitorial" Menéndez Pelayo, por buenas razones, aunque no fue familiar del Santo Oficio, como sí lo fue Lope de Vega. Esto obliga a replantear, como indica el ya citado J. Dumont, algunas realidades habitualmente pasadas por alto. Como se ha observado a menudo, la Inquisición no impidió el espléndido florecimiento cultural de España en el Siglo de oro (ni la abolición de la Inquisición, a principios del siglo XIX determinó nada parecido a un florecimiento intelectual). Pero no solo no lo impidió sino que contribuyó a él. Muchos altos inquisidores se dedicaron a algo más que a perseguir herejes, también promovieron bibliotecas, escuelas, estudios y practicaron el mecenazgo, faceta que no suelen citarse. El Greco y Zurbarán, entre otros, recibieron encargos o fueron protegidos por los dominicos, el oficial valenciano de la Inquisición, Vicente del Olmo, escribió algunos de los infrecuentes libros de geometría en España, Jerónimo Zurita, el célebre historiador aragonés, fue secretario inquisitorial, el padre Mariana, primer historiador español de entonces, fue consejero de la institución. Al revés que en otros lugares, no fueron prohibidos en España pensadores como Giordano Bruno, incluso Hobbes, a quien el Parlamento inglés impidió continuar su obra, por considerarlo ateo.
También se ha querido ver en la Inquisición un precedente del totalitarismo, pero eso es muy difícil de sostener. Tal interpretación aparece, por ejemplo, en el relato "El gran Inquisidor", de Dostoiefski, profético (como su Demonios) pero que confunde al protagonista, a quien describe con un discurso demasiado próximo al de un utópico de los siglos XIX y XX; también la negación de la libertad o libre albedrío, que le achaca, lo asimila más bien al protestantismo.
6 de Agosto de 2009 - 08:12:14 - Pío Moa - 203 comentarios
En Franco para antifranquistas:
"Franco se domina a sí mismo y domina las cosas. Para él lo sustantivo es la persona y lo adventicio el hecho. Entre lo inextricable y peligroso, el Caudillo se mueve con increíble facilidad".
La adulación es evidente, pero tiene una parte de realidad: Franco tuvo que hacer frente a situaciones mucho más complicadas y peligrosas que ningún otro político español en dos siglos, y salió con bien de ellas. Ciertamente libró al país de la revolución, de la guerra mundial, de las guerrillas comunistas y superó el aislamiento internacional, situaciones todas ellas extremas y ante las cuales habría desfallecido o tomado las decisiones más erróneas cualquiera de los políticos españoles de estos siglos en que pueda uno pensar. Políticos por muy flojos, con contadas excepciones. Franco mantuvo el equilibrio en medio de los remolinos históricos de su época y salió indefectiblemente vencedor de todas las pruebas, aun si con alguna inevitables heridas.
La flojera de los políticos e intelectuales de hoy resalta en sus ridículas poses de desprecio u odio a Franco, en la retirada de honores con la que involuntariamente le rinden homenaje. En su sandez justifican su aversión proclamando que fue un dictador, como si la democracia se debiese a ellos, pobres diablos corruptos y retorcidos, que si en algo son expertos es en transformarla en demagogia.
**** Dos actitudes Si se fijan en las gasolineras, cada vez hay más que ponen sus indicaciones en inglés, sobre todo si son inglesas: Carwash, Shop, etc. Lo mismo ocurre en establecimientos ingleses, como Marks & Spencer cuando tenía su tienda en la calle Serrano de Madrid, o Galerías Preciados cuando, después de ser robada por el gobierno de Felipe González fue prácticamente regalada a un amigo de este, que la revendió, no recuerdo si por 40.000 millones de pesetas a una compañía inglesa (esto es algo más que los trajes de Camps). La compañía llenó aquello de indicaciones en inglés (Mothercare, etc.) En un vuelo interno de Oviedo a Madrid daban las indicaciones primero en inglés y luego en español. Protesté al encargado y me dijo que la compañía era inglesa y tenían aquellas órdenes. Está claro que los ingleses aprovechan su penetración comercial para penetrar al mismo tiempo con su idioma.
No conozco ninguna compañía española que haga lo propio, sino justamente lo contrario. Quien empezó con lo de shop y similares fue precisamente Repsol (Repshop) cuando uno de sus jefes creo que era el cantamañanas ilustrado Leopoldo Calvo Sotelo. Hace poco estuve en la torre del hotel que domina Benidorm: las indicaciones habladas en los ascensores se daban primero en inglés , ¡y eso que a Benidorm va sobre todo turismo español! Veo ahora Zara, en Serrano, y está llena de lo mismo...
Obviamente, yo no compraré nunca de Zara ni en sitios parecidos. Por supuesto, eso no sirve de nada, a menos que hubiera un movimiento de boicot que hiciera entrar en razón a esos serviles robaperas. Pero la inconsciencia e ignorancia de la propia cultura a que han llegado las actuales boyunas generaciones de españoles lo hace prácticamente imposible. Veo ahora el supuesto mapa grabado en una cueva de Navarra e interpretado así por una tal Pilar Utrilla: en inglés, naturalmente. El español no es idioma adecuado para la ciencia, ni siquiera para la seudociencia. Más aún, oigo a unas señoras hablar con entusiasmo de España... con una canción useña de fondo.
Hasta quienes se dicen "españolistas" ven todo eso natural, porque "no puedes negar que el inglés, hoy, es muy importante". Contra la estupidez, los mismos dioses son impotentes, decía Schiller.
**** Blog, Hegemon: "Lo que ha hecho la izquierda, la ETA, el PSOE etc., ha sido manejar la propaganda de forma magistral". No tanto. Parece magistral porque la contraria ha sido muy torpe. Y muy poco activa. "La distorsión de la verdad o la sustitución directa de esta por la mentira, es lo que les ha hecho fuertes". Discrepo: les ha hecho fuertes en unos casos la pasividad de la derecha y, en los casos en que esta ha sido más activa, su pesadez. No puede uno acusar al adversario de ser más espabilado y activo, y quien no sabe defender la verdad no tiene derecho a adjudicársela. El avance de Elisabeth, la edad de oro: ¿Alguien ha hecho en España algo parecido en sentido contrario? Falta talento y falta valor, esa es la realidad; pero entonces, ¿qué se gana con quejas? Las quejas todavía acentúan la miseria propia: la vuelven ridícula e indigna.
**** Hace tiempo puse en el blog la lamentación de un estudiante que llevaba forrado Los mitos de la guerra civil a la universidad, "porque, si no, enseguida te llaman facha". Los comunistas bajo el franquismo, llevábamos bien visibles libros de Marx, Engels, Marcuse etc. (eran legales), aunque el ambiente al principio no fuera favorable. Y el ambiente iba cambiando. He aquí una diferencia.
5 de Agosto de 2009 - 09:22:00 - Pío Moa - 196 comentarios
Recogido en Franco para antifranquistas:
“Franco carecía de calor humano: helaba a su interlocutor no con la majestad de Felipe II, sino con su frialdad de pescado. No fue un asceta; con frecuencia abandonaba la mesa de su despacho atiborrada de papeles para dedicarse a la caza o a la pesca; su verdadera pasión era el poder y la satisfizo más allá de toda expectativa” (Antonio Domínguez Ortiz)
*La impresión personal que transmite la gran mayoría de quienes trataron directamente a Franco es distinta por completo de la que afirma Domínguez Ortiz. Frases parecidas a la de este provienen más bien de personas que nunca le conocieron y que no expresan otra cosa que un prejuicio o una falsedad deliberada.
*La implicación de que un estadista debiera ser un asceta es, por lo menos, curiosa.
*Franco tenía un poder teórico enorme, pero no lo practicó con pasión, ni muchísimo menos. Nada remotamente parecido a los dictadores totalitarios que tanto agradan a nuestras izquierdas. Fue un dictador autoritario y moderado, gracias a lo cual su dictadura dio paso a la democracia con muy poco trauma: exactamente el trauma que produjeron las izquierdas con sus pretensiones de “ruptura” y su terrorismo.
Aquí, Domínguez Ortiz, autor de trabajos importantes sobre otras épocas históricas, traiciona el oficio de historiador. Lo hace, cabe suponer, no por convicción sino por efecto de ese extendido temor a desafiar las versiones historiográficas tipo Lisenko. Versiones tan estúpidas como agresivas.
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**** Cospedal: "Con este Gobierno la democracia está en un serio peligro"
¡Y tanto! Ahora se da cuenta esta lince. Con este gobierno y con esta “oposición”. Con el gobierno y con la señora Cospedal, sin ir más lejos.
**** Blog: Sorel: “¿Y cómo se les hace frente? Controlan todos los mecanismos e instituciones que deberían velar por la integridad de la Nación. Han logrado prostituir a la Justicia (anhelo secular del Psoe) y desactivar a la oposición. Disponen de la mayoría de los medios a través de los cuales se lanzan campañas continuas de agitprop.
Stratoca : “Hay un método: votando”
jjvr: Mejor que votando, botando (botar: arrojar, tirar, echar fuera a alguien o algo).
Algo que la derecha nunca alcanzará a entender es que el dominio de los medios y demás mecanismos, y de la opinión pública, ha sido un proceso en que las izquierdas han ido de menos a más, y la derecha de más a menos. Unos creen que votando ellos, que hoy son cuatro gatos, se puede cambiar la situación, o que el voto al PP constituye una alternativa; y otros sueñan con algún golpe de fuerza. No llegan a percibir que en democracia las batallas se ganan en la opinión pública, es decir, que se precisan muchos votos, y que ello no se produce de la noche a la mañana. Pero, ¿para qué van a tomarse esa molestia si Dios les inspira de tan especial manera y saben perfectamente que la masonería o el sionismo son los culpables de todo y la democracia un engaño, ideas que, apenas expuestas, debieran convencer y arrastrar a las multitudes, aunque inexplicablemente no sea así? También son capaces de discernir claramente qué errores cometieron Franco, Carlos V o Viriato, errores que estamos pagando ahora, aseguran. No son capaces ni de organizar una buena red de difusión de muchos textos que aparecen en LD, que es hoy casi el único reducto de oposición algo influyente. La pasividad quejumbrosa y una confusión abismal son sus rasgos más característicos, junto con apelaciones a cortar por lo sano que tampoco cumplirán nunca.
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La ETA como piedra de toque de los políticos
En España, el terrorismo ha sido casi exclusivamente de izquierda: anarquista, socialista, comunista (el maquis fue fundamentalmente terrorismo), ETA, GRAPO, FRAP, Terra Lliure y otros más. Y cuando no ha sido el terrorismo ha sido la complicidad con él. La derecha no solo no lo ha practicado, excepto la Falange, en pequeña medida y de forma defensiva, sino que en la mayoría de los casos lo ha alentado con una política por lo menos tibia, como en la Restauración (salvo el período corto de los sindicatos libres, que practicaron también un terrorismo de respuesta, y en el franquismo), o después de la transición, salvo, hasta cierto punto, en tiempos de Aznar.
Con el GAL, los socialistas volvieron a la práctica más cómoda del terrorismo: desde el poder. Contra la opinión común, no se trataba de castigar a los asesinos dándoles su propia medicina, sino que era parte de la política general del PSOE de colaboración con ellos: el GAL trataba de liquidar a los sectores más irreductibles para dejar paso a los que aceptaran hacer negocios sobre la base de la “generosidad” del gobierno, es decir, de mil concesiones a costa de la democracia. Algo que la derecha, en su total quiebra intelectual, nunca entendió ni supo denunciar.
La ETA ha tenido gran apoyo de una parte de la Iglesia (no de “la Iglesia”) y no solo la vasca, y fue fundada por cristianos socialistas (no por “la Iglesia”), admiradores de Fidel Castro y de la tiranía argelina (esto último es curioso: según una teoría, los vascones descienden de unos miles de soldados bereberes de Aníbal que desertaron de su ejército y se establecieron allí, mezclándose con población anterior de habla celta. Lo indicarían otras características genéticas. También ocurrió allí, a la caída del Imperio romano, un fenómeno muy parecido al del Magreb: los grupos que habían permanecido en las montañas descendieron sobre los valles y las costas romanizadas y acabaron con la civilización, aunque en España se sumarían luego a la Reconquista. El origen magrebí de los vascos es una posibilidad, desde luego, no una certeza).
No solo una parte de la Iglesia (y no solo jesuita) apoyó a la ETA. También la apoyaron la oposición antifranquista y una parte de la propia prensa española de entonces. También los gobiernos argelino, cubano y francés y, moral y propagandísticamente, al menos, el sueco y otros. De todos estos apoyos, el más eficaz fue el del gobierno francés, gracias al cual la ETA pudo rehacerse varias veces de los duros golpes que sufrió bajo el franquismo. Después, incluso cuando muy poco a poco Francia cambió de actitud, el apoyo principal vino de los gobiernos socialistas españoles, que con Zapo ha pasado del apoyo a complicidad sin remilgos, en una sociedad donde la oposición ha sido liquidada por los futuristas de la Nena angloparlante, que de paso han neutralizado a la AVT. Sin que los descontentos consigan ver estos hechos más que de modo muy confuso y sean perfectamente incapaces de hacer nada al respecto, más allá de gimotear y maldecir… a la democracia.
La ETA ha sido llamada a menudo “descerebrada”, pero ha demostrado mucha más inteligencia y sentido estratégico que la clase política española, singularmente estulta y sin principios, a la que bien pronto tomaron la medida los terroristas ¿Cómo, si no, habrían podido mantenerse estos tanto tiempo? La ETA ha sido la piedra de toque de la izquierda y de la derecha salidas de la transición, ha demostrado que estas han ido degenerando en una auténtica chusma. Sin que se perciba una alternativa hoy por hoy, ni en un futuro previsible.
4 de Agosto de 2009 - 10:40:59 - Pío Moa - 158 comentarios
El declive político, económico y militar, poco perceptible en los dos primeros decenios del siglo y acelerado en los siguientes, hasta convertirse en plena decadencia, no se dio con la misma intensidad en el plano intelectual. La escuela de Salamanca perdió creatividad, si bien daría un teólogo como el cacereño Pedro de Godoy, autor de comentarios sobre Tomás de Aquino. La sensación de decadencia originó un pensamiento político bien representado por Pedro Saavedra y Fajardo, viajero por Europa y embajador de Felipe IV, además de crítico literario y autor de Idea de un príncipe político cristiano, opuesto al de Maquiavelo, si bien coincide con él en proponer como modelo a Fernando el Católico, visto desde una perspectiva distinta. Entre otras cosas, defiende el equilibrio presupuestario y la reducción del gasto público, por cuanto considera al poder loco e insaciable económicamente. El libro fue traducido a varios idiomas europeos. Pero en el plano artístico y literario no existe decadencia alguna, sino el apogeo del Siglo de oro. Valga aquí la muestra de tres figuras, nacidas justamente al comenzar el XVII: Velázquez en 1599, Gracián en 1601 y Calderón de la Barca en 1600.
El sevillano Velázquez vivió 61 años. Aspirando a hacerse noble (caballero de la Orden de Santiago) solo pudo lograrlo por dispensa papal e interés del rey en honrarlo, pues la investigación sobre sus orígenes indicaba que era plebeyo por parte de ambos padres. En Sevilla existía una brillante escuela de pintura, y, tras sus primeros estudios, Velázquez entró un año en el taller del anti italianizante Francisco Herrera, y muy pronto en el de Francisco Pacheco, generalmente considerado peor práctico que teórico (escribió un libro sobre el arte). Ya en Sevilla, Velázquez se labró una reputación, y con 23 años marchó a Madrid, donde seguiría su magnífica carrera artística.
Lo que Cervantes es a la literatura viene a serlo Velázquez a la pintura, en el sentido de ser las primeras figuras de España en su época y estar entre las máximas de la humanidad. En cambio sus biografías no podrían ser más distintas. La de Velázquez, afortunada y muy poco agitada, apenas registra pequeños contratiempos por envidias. Su genio artístico fue muy pronto reconocido: con 28 años llegó a pintor de cámara de Felipe IV –gran aficionado a la pintura, como sus antecesores– tras ganar un concurso con el tema de la expulsión de los moriscos. Le benefició que Olivares mostrase predilección por paisanos suyos andaluces para ocupar cargos políticos y asimilados.
En 1629 viajó a Italia, donde permaneció un año y medio, para aprender de su pintura, tan apreciada y coleccionada en la corte de España. Volvería en 1649-51, comisionado para adquirir pinturas italianas. En Nápoles conoció al pintor valenciano José de Ribera, uno de los grandes del siglo, que vivió en Italia. Aunque solía firmar como "español", Ribera declaró: "Mi gran deseo es volver a España, pero hombres sabios me han dicho que allí se pierde el respeto a los artistas cuando están presentes, pues España es madre amantísima para los forasteros y madrastra cruel para sus hijos». Esto no podía decirse de Velázquez, que no cesó de prosperar en la corte, pintando numerosos cuadros que figuran entre los más conocidos de la historia del arte.
Si la carrera profesional de Velázquez es bien conocida, no así la privada, que parece haber sido tan regular y ordenada como la artística. Se casó con Juana Pacheco, hija de su primer maestro Francisco, teniendo él 19 años y ella 16, con quien tuvo dos hijas, una muerta en la infancia. No parece haber tenido amantes ni hijos ilegítimos, salvo una y otro que se le suponen en Italia, en relación posible con su único desnudo femenino, La Venus del espejo. Por su biblioteca se sabe que, aparte de las artes plásticas, tenía afición a las ciencias (matemáticas, geometría, anatomía, mecánica). En 1660 acompañó a la infanta María Teresa a la frontera, donde debía encontrarse con Luis XIV, su futuro esposo. A la vuelta enfermó, al parecer de viruela y murió en Madrid ese mismo año. Su mujer, Juana, le siguió a la tumba pocos días después.
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**** Un sacerdote, Antonio Hortelano, "que confiesa haber sido espía para el Vaticano y el Mossad" (¡toma ya!) dice: "ETA la fundó la Iglesia". Solo esta frase es ya todo un certificado de necedad.
**** El pensamiento simplón:
Arenas ha promovido, entre otras cosas, el "hecho nacional andaluz" y los homenajes al necio Blas Infante. Eso basta para definir políticamente al personaje, dispuesto a vender el derecho de primogenitura (de otros, de España) por un plato de lentejas (para él). Para explicar y criticar la conducta de este personaje, ¿necesito pensar que pertenece a la masonería o al sionismo? ¿O que está manejado por los "servicios secretos"? En absoluto. Pudiera ser un masón oculto, pero lo que cuenta es su acción real y constatable como político. Sin embargo el pensamiento simplón no se contenta con tan poca cosa y se resiste a analizar las evidencias –esto es muy pesado, y a menudo lleva a conclusiones poco agradables–: necesita crer en algún centro demoníaco casi omnipotente. Es un modo de pensar singularmente estúpido, pero muy difundido a derecha e izquierda: tiene la ventaja de que lo explica todo sin necesidad de probar nada, y da la satisfacción psicológica de creerse al tanto de terribles secretos que los demás, pobres, ni vislumbran. Hace tiempo la izquierda solía achacar todos los males a la todopoderosa CIA, siempre detrás de cualquier movimiento "reaccionario" o de cualquier "desviacionismo" en las filas marxistas. Este tipo de pensamiento gira en círculos: no puede probar lo que dice, pero afirma que es natural, porque se trata de entes muy secretos que, claro, no van a difundir sus misterios así como así, pero ellos, los enterados, perciben sus efectos por todas partes. El MAL está centralizado. Un paso más y se encontrará en alguna persona determinada.
**** Una especialidad de la chusma política ha sido, durante casi todos los treinta años pasados, negar que estuvieran en negocios con la ETA, cuando sí lo estaba, como la propia ETA demostraba de cuando en cuando. La ETA decía la verdad y los politicastros mentían a la opinión pública, sin que nunca fueran a la cárcel por colaboración con banda armada. Siguen en ello. En la sociedad boyuna actual pueden repetir el mismo juego hasta la náusea y siempre les dará resultado.
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Hoy, en El economista
FALLOS DE ANÁLISIS
Por alguna razón inexplicable, los análisis sobre la ETA suelen prescindir de datos tan esenciales como las concomitancias entre ella y el PSOE, o del mismo historial de este. Los socialistas practicaron abundantemente el terrorismo en la república, contribuyendo a hundirla, algunos participaron en el maquis, apoyaron moral y propagandísticamente a la ETA bajo el franquismo, crearon el GAL... No es que el PSOE sea hoy propiamente un grupo terrorista, pero sus afinidades ideológicas con la ETA son clamorosas, y ningún análisis serio puede pasarlas por alto.
El gobierno y la ETA comparten, para empezar, un ferviente antifranquismo, lo que les lleva a detestar la transición realizada por reforma y no por la ruptura que ambos ansiaban; a detestar, por tanto, la democracia salida de ella. Los dos se llaman socialistas, simpatizan con las tiranías de izquierda, son muy feministas, atacan a la Iglesia, la ETA odia a España y al PSOE le es indiferente, van contra el "imperialismo", achacan la culpa del 11-m a Aznar, y así otros puntos nada anecdóticos. Hay, pues, una muy amplia base para el diálogo entre ellos, que persiste a pesar de ratos de enfado como los actuales, algo que pasa en las mejores familias.
Sin atender a estos puntos no se entenderá nada del actual problema terrorista. El "proceso de paz", de momento suspendido, ha dejado ya su balance: estatutos que reducen a residual la unidad de España, como vino a confesar Maragall, falsificación del pasado reciente y recuperación de muchos odios olvidados, auge de los separatismos, neutralización de la AVT, división y socavamiento del poder judicial, acoso a los comunicadores incómodos, etc. La estrategia del gobierno se condensa en un punto: transformación del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo en Pacto con los terroristas y separatistas contra las libertades, la Constitución y la unidad de España.
**** Ares: "No hay posibilidad de un final dialogado con ETA"
Nunca lo hubo: siempre se trató de hundir la la constitución y el estado de derecho en beneficio de los asesinos. Llamar "diálogo" a ese auténtico crimen es una muestra más de la perversión del lenguaje.
3 de Agosto de 2009 - 08:38:30 - Pío Moa - 64 comentarios
En medio siglo España había pasado de la pax hispanica a una situación ruinosa, con un imperio todavía enorme pero sin energía, que podría recordar los versos de Quevedo: Y no hallé cosa en que poner los ojos / que no fuera recuerdo de la muerte. No llegaba tan lejos la decadencia, sin embargo. El país había perdido el rango de primera potencia europea y en cierto modo mundial, pero demostraría seguir siendo una gran potencia.
El siglo XVII se presenta para España como un declive prolongado, no tanto en territorio, pues la expansión imperial continuó por América, casi duplicando la del siglo anterior, pero sí en los órdenes demográfico, económico y político.
Suele estimarse que, por efecto de las epidemias, Alemania perdió 6 millones de habitantes, Italia 1,7, Francia, Inglaterra y Escocia tuvieron varias recurrencias, y solo la peste de 1655-6 acabó en Londres con 100.00 personas. Viena, Praga, Nápoles y muchas ciudades más sufrieron igualmente, como también el mundo islámico y China, donde una terrible peste remató a la dinastía Ming por los años 40. Tal vez influyó en todo ello el empeoramiento de la Pequeña edad del hielo, extendida de mediados del siglo XIV a mediados del XIX. En varias ocasiones las cosechas se perdieron por veranos demasiado frescos, o alternativas de sequía y lluvia excesiva.
España pudo perder por estas causas 1,2 millones de vidas, sin contar las de América, también duramente golpeada. El siglo empezó con una peste venida de los Países Bajos, que causó medio millón de víctimas; la de 1647, importada del norte de África, hizo unas 30.000 en Valencia, 50.000 en Málaga y 60.000 en Sevilla, que quedó arruinada. En 1676-85, enfermedades y hambres pudieron segar un cuarto de millón de vidas. Los muertos en acción de guerra debieron de ser relativamente pocos, pero las levas solían incluir una considerable mortandad por epidemias. En toda Europa la población se estancó o retrocedió algo, y en España parece haberse estancado en la periferia y disminuido en el centro. Los pesados tributos empobrecieron al campesinado y capas bajas de la población, no solo en Castilla, que cargaba con los dedicados a la defensa común, sino en Aragón, por las exacciones internas de sus oligarquías. En el último tercio del siglo, bajo el último rey Habsburgo, Carlos II, la economía parece haber mejorado, si bien acompañada de un mucho más profundo declive político y cultural.
La implicación española en Flandes y en Alemania parece la causa de la decadencia político-militar del país; Francia, principal instigadora de la Guerra de los treinta años, salió en cambio muy beneficiada. Se ha criticado la decisión española de continuar la guerra de Flandes después de la Tregua, pero difícilmente se habría evitado. Entre los calvinistas dominaba el partido belicista y sus aspiraciones abarcaban a todo Flandes. Y la admisión de la independencia holandesa por Madrid habría acarreado un desprestigio letal, justificado la imagen difundida por saboyanos y venecianos, de "un elefante con el ánimo de un pollito", estimulando a las potencias protestantes y a Francia a atacar con más decisión. Si España no defendía su posición exterior con alguna eficacia, tendría que librar la lucha en su interior, como en parte sucedió.
Una vez descartado la amenaza otomana (aunque requiriese vigilancia permanente), el enemigo más peligroso pasó a ser Francia, por su posición geoestratégica y su poderío, casi siempre detrás o al lado, con dinero o agentes, de cuantos podían perjudicar a España y al Sacro Imperio: turcos, moriscos, rebeldes catalanes, andaluces y portugueses, holandeses, ingleses, italianos descontentos, protestantes alemanes, daneses o suecos; cuando no entraba en liza directamente. Madrid tenía conciencia de ello, y cuando Francia pasaba a la acción, supeditaba los demás problemas al francés. El semifracaso español en Flandes y en la Guerra de los treinta años se debió ante todo a que, por esa causa, hubo de combatir casi siempre en varios frentes, al que se añadió el abierto por holandeses e ingleses en los océanos. Lo realmente notable es que el país infligiera tales reveses a sus adversarios y resistiese tanto tiempo.
Cuantitativa y cualitativamente, los adversarios crecieron mientras España se estancaba. Más que las dificultades demográficas y económicas, que en mayor o menor medida padecía la mayor parte de Europa, la causa del declive español puede achacarse a un cambio de mentalidad. La del XVI había sido abierta y animosa ante los problemas religiosos, morales y políticos –la guerra justa, la conquista, la economía, las relaciones internacionales, las cuestiones planteadas por el protestantismo, la reforma eclesial...–, en el XVII la religión tiende a hacerse cerrada, formulista y pomposa, rasgos extendidos a la clase política. Los títulos que antaño expresaban disposición a combatir por el país, se convirtieron en honores vacuos y a menudo comprables, y en todas las capas sociales creció la corrupción y resistencia a la recluta, en un clima pesimista bien distinto de la confianza e iniciativa del siglo anterior. La actitud general se volvió rentista, defensiva, contraria a novedades (novedad, no verdad, se decía con vacuo juego de palabras) y aferrada a recetas anticuadas en política, economía y milicia.
Paradójicamente, este cambio de actitud nacía del propio éxito anterior. Parece una ley de la vida humana que un gran éxito modifica la situación preexistente, y en la nueva pierden valor los recursos que antes dieron el éxito, a los que se tiende a seguir aferrado.
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**** Duran: "Sería muy bueno que pueda haber ministros catalanistas"
¿Más todavía? Quiere decir catalufistas, obviamente. Sin esos ministros catalufistas, el retroceso de las libertades en Cataluña no habría llegado adonde ha llegado.
**** Rubalcaba: "Acabaremos con ETA sin diálogo". Vaya, ahora los apóstoles de la trola, el choriceo y el puterío se han vuelto enemigos del diálogo. ¿Cómo es posible? Pero no importa, esta gente tiene licencia para mentir diez veces al día y seguir gozando de la aceptación boyuna de la opinión pública. Para eso tienen la ayuda del PP futurista.
**** Ian Gibson encontró en la madre de algún asesino etarra "ojos implacables, llenos de odio: los de una fanática capaz de todo (no por nada procede el término del latín fanus, templo)". El hombre no da puntada sin hilo. Pero la ETA está contra el templo, precisamente: es socialista como lo es Gibson, el hombre que "comprende" la matanza de Paracuellos y que pondría una bomba en el Valle de los Caídos, es decir, en un símbolo de reconciliación y probablemente el monumento más logrado del siglo XX en Europa. Gibson vio su propia imagen en los ojos de aquella señora, y no acertó a reconocerse.
**** Dice también el hombre: "Acabamos de ver que ETA sigue hoy en lo de siempre, pese a saber que salirse con la suya es ya imposible". ¿Imposible? Con sus colaboradores del gobierno nada le es imposible. De momento, entre todos ya han logrado mucho: grandes avances en la desarticulación de España y de la democracia. Pueden estar contentos. Y, por supuesto, siguen en las mismas, pues las diferencias ideológicas entre los "dialogantes de la paz" son mínimas, más bien circunstanciales.
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Opiniones sobre Franco
Recogido en Franco para antifranquistas:
"Durante la mayor parte de su larga carrera Franco fue plenamente consciente del papel que le habían asignado como ogro por excelencia de la Europa occidental. Resulta instructivo comparar a este respecto las actitudes hacia Franco con las actitudes hacia Tito a partir de 1945. Tito, como Franco, se había hecho con el poder en una guerra civil en la que –a pesar de la propaganda en sentido contrario– dedicó más energía a luchar contra otros yugoslavos que contra los alemanes e italianos. El baño de sangre que sufrió Yugoslavia en 1945 fue comparativamente mucho mayor que el ocurrido en España en 1939, y la nueva dictadura mucho más dura y represiva (...) Hasta el final mismo de la vida de Tito el régimen yugoslavo siguió siendo más exhaustivamente controlado y represivo que el de España (...) y no consiguió el progreso económico, social y cultural logrado por el régimen español. Tras la muerte de Tito no se produjo una democratización, sino una forma colegiada de dictadura. Sin embargo, Tito es aclamado con frecuencia (...) como un gran reformador e innovador, una especie de hito del logro progresista y, debido a circunstancias internacionales concretas, obtuvo más ayuda occidental y en una época más temprana".
(Stanley Payne, historiador e hispanista useño, recogido en Franco para antifranquistas).
* Franco era bien consciente de esa hostilidad, que no obstante supo resistir y doblegar. La opinión europea ha estado manipulada por una izquierda que fingía horrorizarse ante una dictadura autoritaria como la de Franco y simpatizaba con las dictaduras totalitarias. Pasaba algo semejante con los antifranquistas en España: detestaban al régimen no porque fuera una dictadura, sino porque era una dictadura floja y no férrea como la que ellos deseaban: como la cubana o la soviética. Solo hay que recordar el episodio Solzhenitsin.
2 de Agosto de 2009 - 08:04:03 - Pío Moa - 51 comentarios
De Westfalia salían como grandes triunfadores Suecia –dominante sobre el Báltico y dueña de regiones alemanas, mientras Dinamarca perdía extensas posesiones–, y sobre todo la Francia de Luis XIV, que sustituía a España como poder hegemónico europeo. Holanda afianzaba su independencia, reconocida por España en junio. Alemania había sufrido más que nadie (solo los suecos arrasaron 1.500 poblaciones). Se dice que por pestes, hambre y guerra murió un tercio de la población, y la mitad de la masculina. Llegara o no a tanto, la catástrofe fue sin duda apocalíptica.
Francia ganaba territorio, aproximándose a sus límites actuales, y en el sur, gracias a la revuelta de la oligarquía catalana, se quedaba con Rosellón y Cerdaña, donde anuló las instituciones y usos catalanes, y el empleo oficial del catalán. Felipe IV aprovechó el descontento popular con los franceses para tomar Barcelona en 1652, volviendo la mayor parte del principado a España. Además, Francia se anexionaba Alsacia y Lorena, cortando el Camino español a Flandes, por lo que Madrid continuó luchando después de Westfalia. El Sacro Imperio, muy feliz de acabar su sangría, dejó sola a España, que tanto le había ayudado antes. El conflicto prosiguió sin decisión varios años, hasta que lo resolvió una alianza francoinglesa en 1657.
Pues entre tanto los puritanos habían ganando la guerra civil inglesa el mismo año de Westfalia, no sin que surgieran entre ellos impulsos igualitaristas similares a los de anabaptistas y campesinos cuando la rebelión de Lutero. En enero de 1649, Carlos I era decapitado tras un juicio preparado por sus enemigos, hecho revolucionario en Europa. No era buena noticia para Madrid, pues Cromwell, político y militar muy hábil, odiaba especialmente a España. Dictador de hecho, atacó primero a Irlanda. Su ejército parlamentario confiscó casi todo el territorio y lo repartió a los suyos, desmanteló la naciente industria textil, las iglesias y las escuelas, provocó adrede hambre y matanzas, y vendió como esclavos a entre doce y cuarenta mil prisioneros. El rito católico fue prohibido y sus clérigos ejecutados apenas descubiertos. Se calculan las pérdidas irlandesas entre un 15 y un 30% de su población. En 1650 Cromwell derrotó a los escoceses que se habían declarado por la monarquía, pero actuó con más moderación, por el calvinismo común. Después, entre 1652 y 1564, venció a los holandeses, convertidos en rivales comerciales.
Al año siguiente atacó por fin a España. En 1655 sus barcos destruyeron parte de la flota de Indias en Cádiz y tomaron un galeón cargado de plata. El mismo año fracasaron con graves pérdidas en La Española, pero tomaron la apenas guarnecida Jamaica, "daga apuntada al corazón del Imperio español". En 1657 volvieron a destruir gran parte de la flota de Indias en Tenerife, bloquearon Cádiz y, junto con los franceses, ganaron en Flandes la batalla de Las Dunas o Dunquerque, en 1658. Ese año murió Cromwell, y dos después Carlos II fue nombrado rey. En el aniversario de la ejecución de Carlos I, el cadáver de Cromwell fue a su vez decapitado, y su cabeza expuesta en un poste.
La derrota hispana en Dunquerque abocó al Tratado de los Pirineos en 1659. España perdió la Cataluña transpirenaica, partes de Flandes y su Camino. Luis XIV no impuso condiciones peores porque tenía otras ambiciones, manifiestas en su casamiento, en 1660, con María Teresa de Austria, hija de Felipe IV. Madrid combatió en vano la independencia portuguesa, que hubo de reconocer en 1668, y el mar de las Antillas conoció el auge del filibusterismo inglés, cuya mayor figura sería el célebre Morgan.
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**** Dos canciones de adolescentes, la segunda un poco menos; pero noten la enorme diferencia de enfoque (parece que la primera no funcionaba, a ver si ahora):
http://www.youtube.com/watch?v=cexJpSYTTeQ
http://www.youtube.com/watch?v=5BGY6k4Aphs
**** Unos científicos han encontrado diferencias en la percepción visual del hombre y de la mujer, lo que atribuyen a las ocupaciones primarias de cada cual, la caza y la recolección. La explicación suena más a lamarckiana que a darvinista, la primera basada en la adaptación al medio, la segunda en el tiempo, en un sentido distinto del de Lamarck, y que es quizá uno de sus puntos débiles.
**** Virtudes de la transición:
a) a la muerte de Franco el franquismo no podía resistir ya mucho, tanto por la falta de una figura de repuesto como por la descomposición interna –inducida por la Iglesia, fundamentalmente–, como por una presión exterior que solo Franco habría podido resistir. La continuación del franquismo habría llevado a una salida traumática antes o después, máxime teniendo en cuenta el carácter antidemocrático de su oposición..
b) La transición trajo las libertades políticas y las elecciones. Estas han aprovechado más a la izquierda que a la derecha, pero no es culpa de la izquierda el desarme ideológico de la derecha ni su torpeza política. Y ha aprovechado más a los separatistas, pero tampoco es culpa de estos la pasividad y falta de ingenio de los unionistas (por así llamarlos) en defender sus posturas.
c) La democracia procede del franquismo por una evolución bastante natural, pues el franquismo no fue totalitario, sino autoritario. Pero no es culpa de los antifranquistas que los franquistas, una vez lograda la democracia, se hayan quedado sin saber qué hacer, se hayan demostrado, unos, tan flojos y oportunistas, tan dispuestos a escupir sobre la tumba de sus padres a cambio de algunas ventajillas materiales; y otros tan incapaces de ir más allá de quejarse, de murmurar contra la "maldita democracia" y de esperar algún salvador militar o la intervención divina.
d) La alternativa a la democracia solo puede ser alguna forma de despotismo; en estos momentos el despotismo creciente de la izquierda y los separatistas.
1 de Agosto de 2009 - 07:46:05 - Pío Moa - 53 comentarios
Escribe Cristina Losada: "La falta de una rectificación explícita, de un reconocimiento expreso del extravío por parte del presidente constituye un error añadido al que cometió. Esa indefinición respecto del pasado lastra la política antiterrorista futura con una incertidumbre".
Por esta vez no estoy de acuerdo con ella. El "proceso de paz", es decir, de colaboración con los terroristas para desmantelar la Constitución y el estado de derecho no fue ningún error ni extravío, sino una política coherente que, por supuesto, se mantiene. Esa política parte de la muy amplia base de "diálogo" que ofrece la ideología compartida entre la ETA y el PSOE, una evidencia a la que me he referido en otras ocasiones y que no repetiré ahora. El "error" ha consistido simplemente en que la ETA quiere algo más de lo muchísimo que Zapo ya le ha dado, destruyendo de paso el mejor legado de la transición.
El proceso de paz no ha sido de ningún modo un fracaso para sus promotores, pues ha conseguido gran parte de sus objetivos, dejando un rastro de ruinas políticas: unos estatutos que reducen a "residual" la unidad de España; la vejación, infiltración y neutralización de la AVT; la resurrección de odios y radicalismos antes olvidados, gracias a la "memoria histórica" –parte del proceso de "paz"–; la expansión y radicalización de los separatismos; la división y corrosión del poder judicial. Y tantas cosas por el estilo. Mientras el Futurista de la Nena Angloparlante colaboraba liquidando la oposición y acosando a los comunicadores incómodos.
Zapo y su pandilla han convertido el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo en su contrario exacto, y no por error, sino por coherencia ideológica; aunque en estos tratos de mafiosos suele haber peleas, naturalmente, como ahora mismo. Decirle que rectifique es como si, después de haber puesto a la zorra al cuidado del gallinero, se la mantuviera en tal cargo, eso sí, advirtiéndole "seriamente" que debe dejar en paz a las gallinas.
**** Las obscenas declaraciones de los politicastros cuando hay un atentado, siempre las mismas miserias. Las patéticas, por no decir absurdas, manifestaciones "contra la ETA". ¿Es que solo están contra la ETA cuando esta asesina? ¿Por qué no están manifestándose todos los días mientras la ETA exista, puestos a eso? Seguramente resultaría cansado. ¿Y por qué no se manifiestan contra el gobierno que transformó el Pacto contra el Terrorismo y por las Libertades en Pacto con los Terroristas contra la Democracia? Nos guste o no, vivimos en un pueblo moldeado por la telebasura. En todos los aspectos.
**** Un anuncio vilmente estúpido sobre la ETA, termina, en plan solemne: "No son separatistas" "No son nacionalistas" "Son terroristas". El anuncio miente de forma repugnante. No solo son separatistas y nacionalistas, sino que viven en gran medida de otros nacionalistas y separatistas. ¿Y a qué viene, a estas alturas, aclararnos que son terroristas? ¿Es que hasta ahora no se habían dado cuenta los autores de esa basura? Ah, y ante de llegar ahí, ofrecen un repaso ambiguo de las hazañas de la ETA, que bien podría dar lugar a la conclusión del PSOE: "Hay que acabar con esto: ¡Proceso de paz!".
Lo correcto habría sido terminar el repaso de muertos con algo así como: "Todo esto no habría sido posible sin la colaboración de nacionalistas, separatistas y políticos partidarios de la solución política. Sin la corrosión del estado de derecho y la burla de las víctimas por esos políticos". Propongo este anuncio a quienes puedan hacerlo, en youtube, por ejemplo, aunque ya sé que es proponer por proponer.
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**** Una corrección: "Usted escribe que el rey sueco Gustavo Adolfo había vencido a Dinamarca. No es cierto. Gustavo Adolfo nunca venció a Dinamarca, por no haber estado él en guerra con éste país después de 1613. Un año antes, muy joven (17 años) había sucedido a su padre Carlos IX como rey. Carlos sí era en guerra contra el rey danés Cristiano IV, quien lo había atacado en 1611 a fin de restablecer la unión de los reinos escandinavos (1397-1521) so dominio danés. Gustavo logró con esfuerzo ciertamente no ordinaria en hombre maduro, pero extraordinaria en un muchacho, detener la invasión danesa y conseguir una paz "statu quo ante" que salvaba a Suecia, mas que no podía considerarse una victoria.
Lo que ocurrió tras aquella paz fue que Gustavo continuó su carrera de guerrero y jefe militar excepcional, venciendo sí a los rusos y los polacos (tomando Riga en 1621) y fijando el dominio sueco en todo el litoral oriental del Mar Báltico desde Estonia a Danzig. Por eso, la situación estratégica de Dinamarca empeoraba continuamente. Peor, la derrota catastrofal de Cristiano de Dinamarca en la guerra alemana (1626, Lutter am Barenberge cerca de Hannover), demostró que mientras el rey sueco era guerrero afortunado, su primo danés no lo era. El pundonoroso Cristiano no lo podía olvidar, pero nada podía hacer; su protagonismo en la escena de gran política europea había terminado.
Su derrota en Lutter am Barenberge fue causada por la imprudencia del rey por haber dejado demasiado lejos a sus aliados protestantes alemanes, cuando se acercaba el genial jefe católico flamenco, Jan Tserclaes Tilly, a quien venció más tarde Gustavo en 1631 en Breitenfeld cerca de Leipzig.
Cordialmente
David Gress
(Copenhague)
**** Los años 40 resultaron fatales para España, al repercutir dentro del país las tensiones externas. Frustrada la pax hispanica, Olivares había intentado drásticas medidas para afrontar las angustias financieras y el acoso en Europa y los océanos. A su juicio, la monarquía no podía durar si no se reformaba moral, administrativa y económicamente, eliminando la corrupción y adoptando una administración más centralizada y leyes homogéneas, de modo que los reinos de España contribuyeran en proporción a sus recursos. Intentó la Unión de Armas, una reserva de 140.000 soldados mantenida equitativamente, plan que las oligarquías de Aragón y Portugal miraron con malos ojos.
El malestar creció cuando, en 1638, los franceses atacaron Fuenterrabía. Castilla y Aragón reaccionaron, pero la Generalitat se desentendió. Al año siguiente, Richelieu atacó el Rosellón y en 1640 tomó la fortaleza de Salses. Olivares mandó 9.000 soldados y la fortaleza se recobró, pero los nobles atizaron el descontento entre la población, que debía soportar a unos soldados malpagados que a veces se portaban con vandalismo. El 7 de junio de 1640 (Corpus de sangre), la oligarquía propició la entrada de unos cientos de segadores en Barcelona, que con gritos como "¡Viva el rey de España y muera el mal gobierno!", mataron a cerca de veinte funcionarios, en su mayoría catalanes, incluyendo al virrey, Dalmau de Queralt. Hasta aquí, nobles y burgueses podían frotarse las manos, pero los campesinos les odiaban por los nunca desarraigados "derechos de abuso y maltrato", considerados en Aragón "libertades del reino"; y la revuelta tomó un sesgo antiseñorial menos satisfactorio para la Generalidad, pues debía de recordar la rebelión de los remensas del siglo XV.
Ante el peligro, un osado líder rebelde, el obispo de Urgel Pau Clarís, se pasó a los franceses y proclamó una república catalana protegida por Richelieu, para enseguida aceptar la soberanía de Luis XIII, a quien adjudicó por su cuenta el título de conde de Barcelona, rehaciendo una dependencia que los catalanes se habían sacudido siglos atrás; y un ejército franco-catalán desbarató en Montjuic al de Felipe IV. Richelieu trataba de explotar aquella providencial revuelta y profundizar hacia Valencia y Aragón, con mínimo gasto para Francia: exigió que los catalanes pagaran las tropas francesas, las cuales cometieron más desmanes que las de Olivares; y nombró un virrey francés.
Y en diciembre de 1640, el portugués duque de Braganza se proclamaba rey de Portugal con el nombre de Juan IV, rompiendo la unión con España. Hombre moderado, su audacia provino más bien de su esposa, la andaluza Luisa Guzmán, de los Medina Sidonia. La situación favorecía a Braganza, por la dispersión española en varios teatros bélicos y porque le apoyaron Francia, Roma e Inglaterra (esta cual recibiría luego por su apoyo las posesiones lusas de Tánger y Bombay).
En 164, los éxitos secesionistas de Cataluña y Portugal animaron al duque de Medina Sidonia y el marqués de Ayamonte a tramar la secesión de Andalucía. Olivares, sin recelar del duque, le encargó del contraataque a Juan IV, pero Medina Sidonia saboteó la concentración de tropas, facilitando así la separación lusa, mientras Ayamonte negociaba el apoyo de Portugal y de las escuadras francesa y holandesa. Tuvieron la mala suerte de ser descubiertos algo antes de la arribada de la flota franco-holandesa. Detenidos, Ayamonte culpó de todo al duque, el cual, en una grotesca maniobra, retó a duelo a Juan IV. Ayamonte fue decapitado y el duque salvó el cuello: en Inglaterra lo habrían pasado mucho peor los dos. Su fracaso sugiere la idea fácil de que su intento no tenía futuro, pero estuvo muy cerca de abrir un nuevo frente en el sur de España, de consecuencias imprevisibles dada la dificilísima situación.
En cuanto a Inglaterra, la querella entre Carlos I y el Parlamento se recrudecía. La clave del conflicto estaba en el dominio del Parlamento por los puritanos, minoría calvinista no menos dinámica y audaz que la hugonote en Francia. Los puritanos, radicalmente hostiles al papismo, detestaban solo algo menos al anglicanismo, en el cual encontraban demasiadas reminiscencias católicas, y trataban de infiltrarse entre los anglicanos para reformarlos a su modo. Jacobo y Carlos los consideraban un peligro para la monarquía, y los habían hostigado a menudo. En 1620, un grupo de puritanos había huido en el barco Mayflower para instalarse en la actual Usa, suceso de futura trascendencia histórica; y en el decenio de los 30 unos veinte mil emigraron en la misma dirección (Nueva Inglaterra), donde pensaban fundar la bíblica "ciudad sobre la colina" cimentada en principios y valores calvinistas. En Inglaterra boicoteaban con su fuerza parlamentaria al monarca y se presentaban como abanderados de la libertad frente a la tiranía, aunque eran probablemente más intolerantes que los anglicanos. A principios de los 40, los puritanos estaba agriamente dividido en tendencias, que podían reducirse a los intransigentes o "separatistas" y los partidarios de mayor colaboración con el poder anglicano. Entre los primeros estaba Oliver Cromwell, que iba a acaudillar la revuelta.
El rey replicó al boicot puritano dejando de convocar al Parlamento durante once años, hasta 1640, cuando necesitó aprobación legal de nuevos impuestos para sufragar la Guerra de los obispos en Escocia. Obviamente no lo consiguió, hubo de aceptar una tregua desfavorable con los escoceses y cerró el Parlamento, llamado "corto". Un nuevo revés le obligó a convocar un nuevo Parlamento, el llamado "largo". Este socavó sin miramientos la autoridad de Carlos, exigió ser convocado cada tres años y no ser disuelto por voluntad regia, declaró ilegales algunos impuestos y suprimió los tribunales del rey. Y fue más allá, aprobando una lista de ilegalidades achacadas al monarca. El choque solo podía terminar en guerra civil, y así fue, en octubre de 1642.
Ese año murió Richelieu, formidable enemigo de España, y al año siguiente Luis XIII. París festejó con luminarias la defunción del primero, pues era muy odiado, aunque dejó un legado imponente: monarquía absoluta –con un espionaje interno que casi la conformaba como estado policial– nunca antes conocida en la Europa del oeste, y que Luis XIV perfeccionaría; y las bases del Grand Siècle de Francia, en sentido político y cultural, pues protegió con empeño las artes y las letras. Su gran antagonista Olivares, caído en desgracia y procesado, fallecería tres años después, habiendo fracasado sus reformas, que serían parcialmente retomadas en el siglo XVIII.
Con el sucesor de Richelieu, el también cardenal Mazarino, italiano que había estudiado en Alcalá y Salamanca, la suerte se volvió aún más adversa para los hispanos. En mayo de 1643 estos fueron vencidos en Rocroi, victoria costosa para los franceses pero de enorme repercusión moral. Aun si los franceses volvieron a ser derrotados en noviembre y los tercios retuvieron bastante eficacia, Rocroi marcó en tierra lo que la batalla de los Bajíos en el mar. Las luchas se arrastrarían indecisas hasta que entre mayo y octubre de 1648 la Paz de Westfalia puso fin a la Guerra de los treinta años.