Pío Moa

Mayo 2009


Adversarios de España, siglo XVI (y V)

31 de Mayo de 2009 - 11:41:11 - Pío Moa - 27 comentarios

Durante los siglos anteriores, España, concentrada en resolver sus problemas, solo había participado tangencialmente en los conflictos de Europa occidental,  pero esa situación, en buena medida envidiable, cambió por completo durante el siglo XVI. De pronto el país iba a verse metido de lleno en el torbellino europeo y mediterráneo, debido a la involucración de la corona en Italia y, sobre todo, en los asuntos del Sacro Imperio. La asociación con el Imperio no fue bien acogida, y la partida de Carlos I para convertirse en emperador con el nombre de Carlos V, despertó un fuerte descontento. Las Cortes de Valencia hicieron saber al regente Adriano de Utrecht que consideraban la corona imperial “un perjuicio para España” causado por una “ambición inflada”, un “viento fatuo”, e hicieron este voto: “Pluguiera al cielo que esta quimera [del Imperio] hubiera caído sobre el francés [Francisco I]”. Pese a que el poder imperial era reducido y difícil, el prestigio del título parecía hechizar a los monarcas de las naciones del oeste europeo. Los comuneros, por confusa y particularista que fuera su revuelta, tenían muy clara su posición en este punto. Quizá hubiese recuerdo de cómo la misma afición por parte de Alfonso X el Sabio había traído ruina al país y finalmente al propio rey, aparte de que España había nacido marcando claramente su independencia del imperio de Carlomagno y de cualquier otro ultramontano.

La gente percibía que por esa vía el país iba a contraer cargas y conflictos difíciles de soportar, si bien terminó por aceptarlas, sin entusiasmo, pero con denuedo. Porque era inevitable la pugna con Francia, los protestantes, los turcos e Inglaterra, fuera por razones religiosas, geopolíticas o por las posesiones y rutas de América. La simple posición geoestratégica española, cerrando el Mediterráneo por el oeste, apuntando a América y a África, comprometía necesariamente al país en una situación histórica nueva. Y aunque su implicación en el centro de Europa  era vista con desagrado, a cambio el país ganaba la alianza del Imperio contra Francia y la Sublime Puerta.

Como se vería, España se las entendió ventajosamente, durante largo tiempo, con Francia,  con los turcos y las potencias protestantes; pero combatir en tantos frentes acabaría por agotar a un país que había empezado a protagonizar  con grandes energías la Edad de Expansión. Sus triunfos durante largo tiempo son bastante sorprendentes porque, como hemos visto, España no era en absoluto una gran potencia demográfica, resultaba casi insignificante al lado de sus adversarios y no compensaba esa inferioridad con superioridad económica: era un país bastante rico, con una economía agrícola, ganadera, comercial y manufacturera equilibrada, pero Francia o Inglaterra eran más ricas, no digamos el norte de Italia, Flandes-Países bajos y el norte de Alemania, las regiones realmente opulentas de Europa; las riquezas de América nunca compensarían ese desfase, y el esfuerzo de las contiendas terminaría por romper el equilibrio económico. Comparada con sus potentes enemigos, que además actuaban a menudo concertados, España resultaba casi ofensivamente débil, sin que la alianza con el Imperio lo contrapesara. Lo lógico habría sido que el país obrase como un satélite del Imperio, y  parece imposible el hecho de que tuviera el papel principal, luchando en cuatro o más frentes sucesiva o simultáneamente: Italia, Alemania, Países Bajos, el Mediterráneo y el Atlántico para proteger las rutas de comunicación.

Sin embargo el país tenía otras ventajas: era un país bastante culto, con más escuelas latinas y universidades proporcionalmente que ningún otro europeo, con un estado modernizado, una monarquía autoritaria aunque no tanto como otras,  una burocracia amplia y preparada, una cohesión social obtenida de la reforma religiosa y de la Inquisición que, con toda su intolerancia (nadie era tolerante en Europa) impidió la extensión a España de las llamadas guerras de religión, que asolarían por largo tiempo el continente. Además había diseñado un tipo de ejército pequeño pero superior a todos los demás por su disciplina, organización, tácticas y espíritu de combate. Estas ventajas, en particular la enseñanza, tendrían no obstante su talón de Aquiles, como empezaría a verse ya hacia el final del siglo.

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****¿Es mejor el PP que el PSOE?  En lo fundamental se parecen demasiado: misma política de disgregación del país, misma colaboración (más indirecta, pero real) con el terrorismo, bien visible en su actitud ante la AVT y con respecto a la legalización de II, misma actitud básica en torno al aborto, el matrimonio homosexual, en torno a la politización de la justicia, utilización de la justicia contra la libertad, etc. Es el partido de “la economía lo es todo”,  de la nena angloparlante y de la sorayada. Su programa consiste en apartar a los sociatas para ponerse ellos.

Pero siendo iguales en lo esencial, el PP es peor, porque engaña mucho más. No obstante debe reconocerse que a muchísima gente le encanta que  la engañen, incluso si la engañan con tanta torpeza y falta de gracia como los futuristas.

**** Iturgáiz anima a votar el 7-J para impedir que ETA vuelva a la Eurocámara

¿Podrán los votos contra la ayuda que prestan a la ETA el gobierno y el TC, también los magistrados peperos del TC? Y aunque así fuera, ¿serviría de algo? La UE no tiene por qué servirnos para nada, más bien al contrario, está acabando con la soberanía española. Aunque, dada la degradación institucional extrema de España alguna ventaja ocasional tiene. Así, el Tribunal de Estrasburgo dio una vergonzosa lección a los vergonzosos jueces que condenaron a Gómez de Liaño, y es de esperar que ahora se la den a quienes utilizan la ley contra la libertad, como en el caso de Jiménez Losantos. Pero son solo ventajas parciales.

**** ”Mujeres en el campo de batalla”: la grotesca inversión de los valores. Aunque, tal como están los tiorrillos...

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Pedagogía

"Descubrí muy pronto que el señor Kralefski era implacable en materia de trabajo y que estaba empeñado en educarme a pesar de cuantes ideas tuviere yo al respecto. Las lecciones eran pesadísimas, porque empleaba un método pedagógico que debió de estar  muy de moda allá por mediados del siglo dieciocho. La historia se servía en tajadas grandes e indigestas, con las fechas aprendidas de memoria. Allí sentados las repetíamos en monótona cantinela , hasta que se convertían en algo así como un ensalmo y las canturreábamos mecánicamente, con la mente ocupada en otras cosas.  En geografía tuve el disgusto de verme confinado en las Islas británicas (...) Había que aprenderse de memoria condados y capitales, acompañados de los nombres de los ríos más importantes, principales productos, poblaciones y mucha más información plomífera y absolutamente inútil.

–¿Somerset? –trinaba señalándome con dedo acusador.

Yo fruncía el ceño intentando desesperadamente acordarme de algo de aquel condado. Kralefski contemplaba mi lucha mental con ojos que se iban agrandando de impaciencia.

–Bueno –decía al cabo, cuando ya era evidente que mis conocimientos sobre Somerset eran nulos–, Bueno, dejemos Somerset y pasemos a Warwickshire. Vamos a ver, Warwickshire: ¿capital? ¡Warwick! Eso es! ¿Y qué produce Warwick, eh?

Por lo que a mí tocaba, Warwick no producía cosa alguna, pero a voleo me decidía por el carbón. Había descubierto que si repetía machaconamente un mismo producto (con independencia del condado o ciudad de que se tratase), antes o después resultaría ser la respuesta correcta. La angustia de Kralefski ante mis errores no era fingida; el día en que le dije que Essex producía acero inoxidable se le llenaron los ojos de lágrimas. Pero aquellos largos períodos de depresión quedaban más que compensados por el gozo y el placer sumos que le invadían cuando, por alguna extraña coincidencia, le contestaba bien a una pregunta.

Una vez a la semana nos torturábamos dedicando la mañana al francés.  Kralefski lo hablaba a la perfección, y oírme masacrar el idioma era  superior a sus fuerzas (...)

(G. Durrell, Mi familia y otros animales)

Adversarios de España, s. XVI (IV) Inglaterra

30 de Mayo de 2009 - 07:34:13 - Pío Moa - 35 comentarios

Un duro golpe a la posición hispana fue el cambio de Enrique VIII de Inglaterra, ya en la década de los 30, que afectó además a la princesa española Catalina de Aragón, cuyo matrimonio con el rey inglés pareció feliz durante dieciocho años. Siguiendo probablemente a su madre Isabel la Católica, Catalina puso de moda la educación femenina en Inglaterra, protegió los centros de enseñanza superior y propugnó la alianza inglesa con España. Seis veces embarazada, solo una hija sobrevivió, lo que arruinó la relación conyugal, pues el rey deseaba un heredero varón, y terminó por pedir la anulación del matrimonio al papa Clemente VII. El pontífice, quizá presionado por Carlos I de España, sobrino de Catalina, rechazó la demanda, y Enrique rompió con el Papado, hizo encerrar a su mujer y se casó con Ana Bolena. En 1534 se declaró a sí mismo cabeza de la Iglesia de Inglaterra y fundó el anglicanismo, ecléctico entre el protestantismo y el catolicismo, como una fe propia para los ingleses, un poco a semejanza de los judíos; y concentró en sí mismo el poder político y el religioso. De ahí la quiebra del acuerdo con España, de la cual se haría Inglaterra uno de los enemigos más tenaces, con pocos intervalos de mejor entendimiento.

El veleidoso Enrique se cansó pronto de Ana Bolena, la acusó falsamente de brujería, incesto con su hermano y relación sexual con otros cinco hombres, y todos fueron degollados, incluida Ana, en 1536. La sucesora de esta en el favor regio, Jane Seymour, falleció a poco de dar a luz. El rey hizo anular sus nupcias con la tercera, Ana de Cleves, a lo que ella tuvo el sentido común de no oponerse, si bien el noble propiciador del matrimonio fue decapitado. De inmediato se casó con Catalina Howard, que cometió imprudente adulterio, por lo que fue ejecutada –con solo 18 años–ella y sus amantes. La última esposa, Catalina Parr, sobreviviría al marido corto tiempo, tras lo cual casó con Thomas Seymour quien pronto sería ejecutado con especial crueldad, por haber intentado raptar al nuevo rey, Eduardo VI, aún niño; y Parr finó pronto, de parto.

Enrique fue un rey renacentista, protector de las artes y la cultura, poeta y músico (suele atribuírsele la famosísima melodía Greensleeves). No dudó en aplicar la mayor violencia contra protestantes y, sobre todo, católicos. Impuso pena de muerte o prisión perpetua a los disidentes, expropió los monasterios para ampliar su hacienda e hizo torturar y asesinar a numerosos monjes; también cayó el intelectual humanista Tomás Moro, amigo de Vives y de Erasmo. Fueron destruidos los gremios profesionales y saqueados sus bienes por la nueva nobleza, y aplastada una revuelta popular católica tras engañar a sus líderes con aparentes concesiones: 216 de ellos fueron ejecutados, aparte de los muertos en la represión general. El número de víctimas en un corto espacio de tiempo alcanzó a millares. También estableció este rey las primeras leyes contra la sodomía y la brujería, repelió ofensivas escocesas e invadió Francia. Rivalizó con Francisco I y Carlos I por el título de emperador, que recaería en Carlos.

Inglaterra podía tener por entonces tres o cuatro millones de habitantes, gozaba de excelente posición estratégica, defendida por el canal de La Mancha, lo que le permitía jugar con libertad en los conflictos europeos, y disponía de una fuerza naval apreciable. Después de la Guerra de las dos rosas, los Tudor habían asentado un firme poder monárquico y Enrique obró como un tirano, aplastando cualquier oposición pese a que el Parlamento ejercía mayor control político que en el resto de Europa. El país estaba en trance de reforzarse mediante la completa anexión de Gales, donde se impuso oficialmente el inglés, y el tenaz intento de conquista de Escocia y de Irlanda, esta última dominada solo a medias. Irlanda, de tan brillante cultura en la Edad de Formación europea, cuando sus monjes contribuyeron a civilizar a anglosajones y francos, rechazó el anglicanismo, y la resistencia a la dominación inglesa cobraría un marcado tinte católico.

Culturalmente, Inglaterra era una verdadera potencia desde la fundación de las universidades de Oxford y Cambridge y desde que, a finales del siglo XIV, empezó a cultivarse el inglés como lengua literaria. Disponía de una buena industria textil y manufacturera, y una marina comercial considerable. Aunque no el más importante de los adversarios de España, tampoco era un enemigo menor, como había comprobado Francia en la etapa de alianza hispano-inglesa, y comprobaría España cuando las alianzas cambiasen. Con Enrique VIII empezó asimismo la política inglesa de buscar, lógicamente en su beneficio, un equilibrio de poderes en el continente.

**** A propósito: Geeensleeves http://www.youtube.com/watch?v=EG8WFxAlXDE

**** En el artículo de ayer sobre "Los orígenes de la guerra civil" olvidé mencionar una entrevista que me hizo en ABC Cristina López Schlichting. Entrevista decisiva.

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La chusma política:
este apartado quiere dejar alguna constancia de la degradación de la política y la involución de la democracia a una demagogia extremadamente barata. La España de la trola, el choriceo y el puterío, en suma.

**** Contra lo que suponen los necios, si España saliese de la UE no por eso saldría de Europa: podría estar en Europa más que nunca. Como Suiza o Noruega. En cierto sentido, la UE marcha contra la Europa histórica y cultural, rumbo a una dictadura burocrática.

**** Mi recomendación para las elecciones europeas: abstención. En las normales, votar a partidos hoy casi marginales como UPyD y AES. No estoy de acuerdo con ellos, pero ahora no son un peligro, mientras que entre el PSOE y el PP están hundiendo todo lo bueno de la transición.    

**** Hay mil razones, desde luego, para organizar la desobediencia civil frente a los involucionistas de un gobierno pro terrorista. Mil razones. Con muchísimas menos ha organizado grandes enredos la izquierda. Pero la derecha es incapaz. Le faltan imaginación, redaños y capacidad organizativa, toda la fuerza se le va en quejitas aquí y allá. Y esto es lo que hay, al menos por ahora.

**** El TS niega a un juez el derecho a objetar para no tramitar bodas entre homosexuales

Ya lo decía la vice-vice: "Se acabó la moral. Por decreto"

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De Los orígenes... a Franco para antifranquistas

En Los orígenes de la guerra civil queda muy claro, creo, que Franco no aprovechó la insurrección socialista para replicar con un contragolpe, aunque tuvo una excelente ocasión, realmente inmejorable, y se lo propusieron algunos. Este es un punto clave para entender la lógica de los sucesos de esos años. Franco defendió una legalidad constitucional que no le gustaba, pero que respetaba y respetaría mucho más que cualquier político, empezando por Azaña, no digamos ya los socialistas.

En cambio Franco se sublevó en julio de 1936 en una situación prácticamente desesperada, participando en un golpe que fracasó a los tres días. La diferencia radica en que para entonces no había ya rastro de legalidad que respetar, como él mismo expuso en su declaración inicial: la Constitución no regía ni se respetaba en ninguna parte.

Mucha gente acepta, porque los hechos son testarudos, que fueron las izquierdas las que dejaron herida de muerte a la república en 1934, y que la remataron con el Frente Popular en el 36. Pero se niegan a sacar la conclusión evidente: Franco salvó al país de una revolución totalitaria, y eso debe reconocérsele como un mérito histórico de primer orden. 

Y, como no quieren entender el proceso social y político que llevó a esa situación, critican acerbamente a Franco por no instaurar a continuación una democracia. Ignoran que una democracia no puede funcionar sin demócratas, que la experiencia de la república había asolado cualquier posibilidad en ese sentido por largo tiempo. ¿Por cuánto tiempo? El dictador dejó un país próspero y reconciliado, excelente base para un régimen de libertades. Pues bien, ahí tenemos a todos esos antifranquistas retrospectivos, unos tratando de resucitar los viejos odios y otros, que jamás habrían hecho nada contra la revolución ni lo hacen ahora contra la involución política en marcha, poniéndose melindrosos con quien hizo al país más servicios que ningún otro político en dos siglos. El antifranquismo de quienes prefieren a Negrín se complementa con el de que fingen adorar una libertad...por la que jamás harán algo que merezca la pena. 

Hoy el antifranquismo es solo un pretexto para atacar la libertad.

¡Enhorabuena a algunos jueces!

29 de Mayo de 2009 - 08:36:49 - Pío Moa - 165 comentarios

Por supuesto, Garzón ha ido contra las normas más elementales de la justicia, en la cuestión de Franco como en tantas otras. En una democracia real, el juez estrella se habría estrellado hace ya tiempo. Y, por rara vez, hay que felicitar calurosamente a los jueces que han admitido la denuncia: "aún quedan jueces en Berlín".

Sin embargo falta la segunda parte, que no depende de los jueces: la explicación de la historia, absolutamente tergiversada hoy, a la mayoría de la población. Porque el antijuez y antidemócrata Garzón se apoya para sus desmanes en las acusaciones que han lanzado sobre Franco los tipos de Filesa, del Gal, de la expropiación de Rumasa, del entierro de Montesquieu, de la colaboración con el terrorismo, de la identificación con los organizadores de la guerra civil, etc. etc.: ¡los delincuentes haciendo de fiscales! Tal es el rasgo que mejor define la situación actual de España. Pero esa colosal campaña de embustes, medias verdades y exageraciones ha calado en mucha gente, con la colaboración pasiva de los futuristas.

**** García Ancos, juez y parte en el caso Liaño, defiende al "respetable" Garzón

Buen par de respetables, sí señor, con ellos se explica muy bien el no excesivo respeto de la opinión pública al poder judicial.¡Y son los que mandan! Porque dudo de que lo de Garzón vaya adelante como debiera. Aunque, al menos se ha dado un buen paso.

**** El País contesta a Almodóvar: "Se permite el lujo de compararnos con la Cope"

Tiene razón El País: la COPE no es un medio fascistoide, no hay comparación posible.

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Hoy, en Época

EL ORIGEN DE LA GUERRA CIVIL Y LA ACTUALIDAD

En 1999 salió a la luz Los orígenes de la guerra civil. Hace, pues, diez años; y con motivo de ese aniversario sale ahora una nueva edición con prólogo de Stanley Payne un “Epílogo para universitarios”. En su tiempo, el libro tuvo dificultades para publicarse, pues lo mandé a cinco editoriales y, aunque admitían que el texto tenía interés, lo rechazaban arguyendo que no estaba el horno para bollos. Y así era. La izquierda había conseguido imponer su versión sobre la república y la guerra hasta el punto que casi toda la derecha comulgaba con ella, más o menos matizadamente, o simplemente callaba y abandonaba el campo (con excepciones como Ricardo de la Cierva, que mantenía contra viento y marea el respeto a la verdad y era atacado con saña desde todos los lados). Desafiar aquella corriente de opinión resultaba muy arriesgado desde todos los puntos de vista. Además, el libro trataba de sucesos prácticamente olvidados, como las características de las elecciones de 1933, los intentos de golpe de estado de Azaña, uno de los cuales, antes ignorado, documenté; las campañas de desestabilización de la república organizadas por los socialistas, los separatistas catalanes y vascos, y Azaña, todos conjuntados, durante el verano de 1934, etc. O la propia insurrección de octubre, no solo en Asturias, de la que Tuñón de Lara, Jackson y muchos otros habían dado una versión supinamente falsa. La inmensa mayoría tenía una idea no solo remota, sino también errónea de los hechos, y no parecía mostrar empeño alguno en enterarse.

Por fin Ediciones Encuentro se atrevió a publicar el libro, aunque sin pensar en ningún éxito de ventas: “Si en un año se venden quinientos o mil ejemplares, la cosa estará bien.  Además, luego te citarán otros autores en las bibliografías y la tesis se irá asentando”. Hubo muy pocas citas en las bibliografías, buena prueba de la cerrazón y sectarismo predominantes en el pequeño, muy pequeño, mundillo intelectual español; pero en cambio se vendieron muchos más ejemplares y hubo varias ediciones rápidas y sucesivas, gracias en buena medida a sendas entrevistas que me hicieron Jiménez Losantos y César Vidal. Los cuales no tuvieron que aguantar el casi linchamiento que, con pasividad de las derechas, organizaron las izquierdas contra Carlos Dávila por haber osado entrevistarme cuando apareció Los mitos de la guerra civil. Estas reacciones son sumamente esclarecedoras. En Los orígenes queda bien documentado y retratado ese impulso totalitario de la izquierda, siempre ayudado por la cobardía moral e inepcia intelectual de la derecha (no olvidemos que la llegada de la república se debió ante todo a esas “virtudes” derechistas). Pues bien, los mismos rasgos de unos y otros perviven con plena fuerza en la actualidad, y están llevando a la ruina la democracia salida del franquismo. En España siempre ha sido muy difícil sacar lecciones de la experiencia.

Las investigaciones posteriores me llevaron también a cambiar la versión habitual sobre Franco y el franquismo, como he expuesto sobre todo en Una historia chocante, en Años de Hierro y, muy recientemente, en Franco para antifranquistas. Mi enfoque socava las interpretaciones que la izquierda y los separatistas han hecho circular masivamente, y creo que las demuele a fondo (al menos no han podido rebatir mis tesis, sino que las han atacado con insultos y peticiones de censura, clara prueba de la debilidad de sus posiciones y de su incapacidad para debatir racionalmente). Pero mi punto de vista y conclusiones también difieren de las más habituales en la derecha –la poca derecha que se ha atrevido a hablar de estas cosas–, pues yo centro el análisis en los aspectos democráticos de la república y la responsabilidad por su destrucción, mientras que la cuestión de la democracia apenas preocupa en los análisis derechistas.  

Adversarios de España en el siglo XVI (III) Los protestantes

28 de Mayo de 2009 - 09:12:47 - Pío Moa - 117 comentarios

El protestantismo hallaría poco eco en España, y no solo por la presión inquisitorial. La mentalidad española se había forjado cerrando filas contra el islam, y la unidad cristiana bajo la jefatura espiritual del papa se miraba como un valor no cuestionable. Por esto y por el clasicismo o humanismo en boga, chocaba de frente con ideas como la predestinación de las almas o la inutilidad de las obras piadosas (Jorge Manrique, por ejemplo, expone los méritos acumulados por su padre: "El vivir que es perdurable / no se gana con estados /  mundanales (…) /  mas los buenos religiosos / gánanlo con oraciones /  e con lloros; / los caballeros famosos / con trabajos e aflicciones / contra moros"). España había sido tierra de frontera y defensa de la cristiandad, y el panorama ideológico español difería mucho del de Centroeuropa. La reforma religiosa hecha por los reyes y Cisneros había acrecido la autoridad de la Iglesia y menguado su corrupción y la oposición popular al clero. Tampoco existía disgusto hacia Italia como el generado por siglos de roces entre esta y Alemania, ni un nacionalismo resentido por agravios más o menos reales, sino exultante y con sensación de triunfo; no existía una división política entre oligarcas tan acentuada como en Alemania, el monarca español tenía gran autoridad, y era poco verosímil que en alguna región los nobles le desafiasen invocando razones religiosas. Había, además, una raíz ideológica distinta: cuando las disputas del siglo XIV entre tomismo y occamismo, los países latinos, España entre ellos, se habían decantado por el primero, con su aprecio del libre albedrío y de la razón, mientras que la parte germánica había tendido más bien al segundo, asentado en la voluntad y la fe.

Para los españoles que, apenas tomada Granada ya se encaraban con el Magreb y el Imperio otomano, el protestantismo  constituía un crimen sin paliativo, porque solo podía desgarrar a la cristiandad y beneficiar al enemigo común. Esto, más el lazo repentinamente estrecho con el Imperio, haría de España la mayor defensora de la ortodoxia católica y del Papado, dando su cariz a la época. Pero el protestantismo sería un hueso muy duro de roer: en pocos años se impuso por gran parte de Alemania, Suiza, Escandinavia, Países Bajos, en menor medida Francia e Inglaterra. Su subversión interna se mezclaba con una creciente fuerza política, y España no tuvo más remedio que embarcarse en una pugna interminable con los “herejes”, los cuales a su vez  bien pronto percibieron a España como la mayor barrera a su triunfo total.

España se vería así enfrentada con gran parte de Alemania, incluso con Suecia más tarde, y pronto con Holanda e Inglaterra, conjunto de países ricos –salvo Escandinavia– y con una población dos o tres veces superior a la española. Cierto que la mitad de los alemanes y los flamenco-holandeses había permanecido católicos, y en ellos pudo apoyarse el emperador Carlos, y aprovechar las divisiones entre protestantes; pero ni con todo ello ni con el esfuerzo hispano sería posible ya erradicar la “reforma” iniciada por Lutero. Esta, a su vez, tampoco logró destruir a los “papistas”, quedando al final en tablas un conflicto de más de un siglo, causa de guerras por gran parte de Europa.

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**** En la feria del libro firmaré ejemplares de "Franco para antifranquistas", "Los orígenes de la guerra civil", "Viaje por la Vía de la Plata" y "Años de hierro". 

****Esto es saber hacer agitación y propaganda, algo que no puede exigírseles a las derechas ni a las extremas derechas. Y así un peligro que hace treinta años era muy escaso, va abocando a una crisis política general.

 "La Juventud Nacionalista de Catalunya (JNC) ha pedido que "todos los seguidores del Barça que estén en el estadio Olímpico de Roma que exhiban senyeras y esteladas para demostrar que el Barcelona es un equipo catalán y no español y que Catalunya es una nación. Asimismo, la Juventud Nacionalista de Catalunya también invita a todos los aficionados que en caso de victoria del Barça, cuelguen en el balcón la senyera o la estelada, además de la bandera azulgrana.

La rama juvenil de Convergència (CDC) repartirá este miércoles en Roma 2.000 pancartas con el lema Catalonia is not Spain y 2.000 senyeras, entre los aficionados del FC Barcelona en la final de la Champions League. La JNC, en un comunicado, ha añadido que "quiere aprovechar este acontecimiento deportivo de primera magnitud y que será visto por centenares de millones de espectadores de todo el mundo para explicar la realidad de Catalunya y el sentimiento de buena parte del pueblo catalán".

Diez años. Diálogos pastoriles

27 de Mayo de 2009 - 07:12:24 - Pío Moa - 95 comentarios

Ayer en El economista

DIEZ AÑOS

Hace ya diez años que publiqué Los orígenes de la guerra civil española, libro que creo, sin falsa modestia, ha cambiado sustancialmente la visión general sobre aquel suceso. No en el sentido de que los medios de masas, los políticos y muchos historiadores hayan aceptado los hechos y sus consecuencias que allí expongo, pues no ha sido así. Sí en el sentido de que ya casi nadie sostiene con la antigua desenvoltura la visión beatífica de la República, el Partido de los Cien Años de Honradez, la defensa de la democracia por las izquierdas. Antes de Los orígenes se estaba imponiendo una visión de la historia radicalmente falsa, aceptada también, de mejor o peor grado, por la derecha, hasta el punto de que, cuando mandé el libro a cinco editoriales, estas admitían que el libro estaba muy bien, pero... En fin, que no iban a ir contra la corriente. Sólo Ediciones Encuentro osó publicarlo, con un éxito inesperado: parece que hacía falta.

Los orígenes no solo echaba abajo la versión de la izquierda en boga: también completaba o llevaba en otra dirección una historiografía mucho más veraz, la de los hermanos Salas Larrazábal, Martínez Bande, Ricardo de la Cierva, etc., cuyas críticas a la república, muy documentadas y ajustadas a los hechos, dejaban de lado, o como aspecto secundario, la cuestión de la democracia. Cuestión que, a mi juicio, es la fundamental, y desde la que enfoco todo aquel pasado histórico... ¡tan actual, por lo demás! La investigación continuada me ha llevado a su vez a un reenfoque del franquismo en Años de hierro y en Franco para antifranquistas.

Con motivo de este décimo aniversario saldrá en la Feria del Libro una nueva edición de Los orígenes, con prólogo de Stanley Payne y un Epílogo para universitarios. El texto básico lo dejé sin cambios, porque en nada importante ha sido rebatido (aunque sí insultado, pero eso carece de relevancia intelectual).

**** Parece que este sábado por la mañana firmaré en la caseta de Vips, de la feria del libro Los orígenes de la guerra civil, Franco para antifranquistas y Viaje por la Vía de la plata.

**** La iniciativa Hazte oír va a más. Enhorabuena, muchas cosas así hacen falta.

**** Olvidé agradecer a algunos blogueros, con motivo de un comentario sobre La vía de la Plata, sus consejos sobre mi espalda, operada de dos hernias discales. El problema no tiene solución, y lo adquirí por no saber que los pesos deben levantarse del suelo con las piernas y no con la espalda. Por cierto que en aquellos tiempos no lo sabía casi nadie.

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La chusma política

**** http://www.abc.es/20090526/opinion-firmas/estudiante-ohnesorg-atocha-20090526.html

**** Dice Pons: "Sabíamos que Zapatero es un tramposo, pero no que además es un gorrón". Duro, el hombre. ¿Y no se ha enterado de que también es colaborador del terrorismo? ¿O no le conviene enterarse?

**** La Policía advirtió al Constitucional de la masiva presencia de proetarras en la lista de Alfonso Sastre

¿Necesitaba advertírselo? El TC, como el gobierno, lo saben tan bien como la policía y todo el mundo. Por eso, por eso precisamente, han legalizado a II.

**** Aído: "Una joven puede ponerse tetas sin que sus padres lo sepan"

Por supuesto, es lo que ella ha hecho, cabe suponer. ¿Y algún abortito también? Pero, ¿no se da cuenta de que así fomentan la desigualdad? ¿No tendrían que obligar a los varones a hacer lo mismo y a abortar de alguna manera? La ciencia debe encauzarse por ahí.

**** Dice Dívar que todos los jueces son competentes, eficaces y muy honrados. Todos, sin faltar uno. Empezando por, digamos, Garzón, el de las cacerías con no sé qué ministro o ex ministro. Y todos muy linces, empezando por el propio Dívar.

**** Una universidad pretende crear la carrera de Igualdad

Se ve que eso de la igualdad es complicado, requiere mucho estudio.

**** El PP pregunta si el "plan sostenible" del PSOE es "sostener a sus familias"

Pues claro, como el del PP. Y sostener a la ETA, y atacar la independencia judicial, y crearse una clientela votante, etc. etc. ¿o no se han dado cuenta estos águilas de la política?

**** Libro curioso: El negocio del poder. Así viven los políticos con nuestro dinero, de Federico Quevedo y Daniel Forcada, ediciones Áltera. Muchos datos.

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Diálogos pastoriles (anterior, 18 de mayo)

PICIO.- Pasmados nos dejas, Mauricio.

MAURICIO.- Y os diré más, las habilidades de Onán tienen otra virtud: el igualitarismo. Porque con toda evidencia el acto sexual a dúo revela la más profunda desigualdad entre la mujer y el hombre, mientras que en esta otra práctica, más racional aun sin acabar de serlo del todo, la desigualdad pierde todo sentido.... Creo que debería dar la idea a la ministra extranjera Pipiana Kagaperlas, supongo que me subvencionaría con generosidad; después de todo a ella no le cuesta un duro, digo un leru.

SULPICIO.- ¡Cuidado, Mauricio! Podrías hacerte de oro, se te subiría a la testa y te haría cambiar: abandonarías este oficio, quizá no muy lucrativo, mas no por ello menos repleto de encanto, te irías a vivir a la Citi o a Manjatan, o fingirías no conocernos si con nosotros te topases por esos prados o tabernas... Pero tienes razón, pocas cosas hay más desiguales que eso que llaman hacer el amor, y con más desiguales consecuencias. El gobierno debería tomar medidas contra semejante abuso...Te has librado de mi alegre cayada. Por cierto, siempre me ha asombrado que a las mujeres les guste que las follen. ¿No es como muy humillante ...?

MAURICIO.- Mira, Sulpi, esa es otra irracionalidad, y sobre eso hay mucho que decir, porque ¿acaso no es menos humillante para el sujeto masculino? Mas si te parece dejaremos el tema para mejor ocasión, pues si no, se pierde el discurso.

PATRICIO.- Pero aquí tenemos a Fabricio, antes tan parlanchín, y que no dice esta boca es mía. ¿Qué opinas, hombre, del asunto?

FABRICIO.- ¿Qué voy a opinar? Aquel gran poeta que fue Alberti ya elogiaba mucho las peras en sus memorias, se ve que las practicó a mansalva. En cuanto a mí, de puro irracional que soy, prefiero el amor mercenario, ya que las mujeres, debido a su ceguera para los valores espirituales y excesiva vista para los corporales, no quieren saber nada conmigo, a menos que les pague.

SALICIO.- Ja, ja, me imagino a Fabricio declarándose: T...t......te...te...q...q...quie...quiero. Tiene que ser un espectáculo.

FABRICIO.- Cállate, bestia, y mira en tu interior tus porquerías.

SALICIO.- Bueno, hombre, perdona. Ya sabes, como dice el refrán, la mierda ajena a todos nos huele peor que la propia.

PATRICIO.- Mas yo te diré, Mauricio, que lo que contaba Felicio esta tarde en los amenos praderíos, antes de que la galerna empezase a rugir, y que me habéis repetido poco ha, me refiero a las palabras de Moh Ul-sih, es completamente falso. Yo os diría que aún en ausencia de placer físico inmediato, la afición de los hombres por las mujeres y viceversa, dejemos aparte la cosa homo..., es tan fuerte que incluso sin ese placer nos apasionaríamos. Fíjate, si no, en la intensidad del amor romántico y del platónico, en la Laura de Dante o en la Beatriz de Petrarca...

FABRICIO.- Al revés, poetastro, al revés.

PATRICIO.- Bueno, da igual...

FABRICIO.- Además, Petrarca confesaba que le gustaría haber estado libre de los deseos de la carne, pero que mentiría si lo afirmase.

MAURICIO.- Lo cual multiplica, si posible fuere, la absurda irracionalidad de todo el asunto.   

Los adversarios de España en el siglo XVI (II) Los turcos

26 de Mayo de 2009 - 12:17:39 - Pío Moa - 80 comentarios

Al alborear el siglo XVI, el Imperio turco comprendía casi toda Anatolia, gran parte de la costa norte del Mar Negro y los Balcanes con la mayor parte de su costa sobre el Adriático, separada de Italia, en el sur, por solo 80 kilómetros de mar. Había borrado del mapa al Imperio bizantino, al último reino cristiano de oriente, el de Trebisonda, y a otros numerosos poderes cristianos en plena Europa. La capital turca se instaló en Constantinopla, cuyo centro político-administrativo se llamó "La Sublime Puerta".

Hasta 1512 gobernó el sultán Bayaceto II, que oprimió en extremo al campesinado, pero mantuvo una política exterior poco agresiva. Le derrocó su hijo Selim I, el cual mató a sus siete hermanos y a numerosos sobrinos para evitarse rivales. Selim, lleno de celo sunní, derrotó al Imperio chií persa, sin eliminar del todo su peligro, que resurgiría. Luego se volvió contra los mamelucos de Egipto, que pidieron en vano ayuda a los españoles de Nápoles, y los aplastó enseguida, en 1517, adueñándose también de Siria, Palestina y la costa arábiga hasta La Meca. El islamismo turco tomó un fuerte carácter fundamentalista. Por el oeste, su poderoso brazo alcanzó a la costa de Argelia, muy próxima a la Península ibérica. Poeta, Selim decía en uno de sus versos: "Si en una alfombra pueden acomodarse dos sufíes, el mundo entero no es lo bastante grande para dos reyes". Pero falleció pronto, en 1520, cuando preparaba el asalto a la isla de Rodas.

Le sucedió Solimán, llamado el Magnífico en occidente y el Legislador por los turcos. Fue a hombre culto, mecenas de las artes, creador de un sistema legal que perduraría siglos, y un destacado poeta. Aspiraba a imitar a Alejandro Magno y dominar el mundo al este y al oeste, llevar sus caballos a comer en las aras vaticanas y recobrar Al Ándalus. En 1521 atacó Belgrado, plaza fuerte del floreciente reino húngaro. Belgrado había resistido acometidas turcas anteriores y cerraba el camino hacia Transilvania y las llanuras de Hungría. La caída de la ciudad Solimán conmocionó a Europa. Ante la Dieta de Worms, que excomulgó a Lutero ese mismo año (que también lo fue de las revueltas comuneras en España) clamaba un enviado húngaro: "¿Quiénes pararon a los turcos en su avance devastador? Nosotros, los húngaros. ¿Quiénes prefirieron enfrentarse a su arrolladora fuerza y crueldad antes que permitirles invadir tierras de otros? Nosotros, los húngaros. Pero el reino está ya tan debilitado y los habitantes han sufrido tanto, que si de occidente no llegan refuerzos, no podremos resistir ya mucho". De momento se salvaron porque Solimán dirigió su atención a Rodas, isla pegada a Anatolia y base de la Orden de San Juan, que desde allí hostigaba a los otomanos. Movilizando un enorme ejército y armada, los turcos la conquistaron en 1522, tras cinco meses de lucha enconadísima. Los caballeros de San Juan trasladaron entonces su base a Malta.

Cuatro años después, Solimán reemprendió la ofensiva hacia el centro de Europa con unos 50.000 hombres. El ejército húngaro, aproximadamente la mitad de grande (incluía cierto número de españoles), le salió al paso en Mohacs y fue totalmente destrozado muriendo en la acción al menos 14.000 húngaros, entre ellos el rey Luis II, y ejecutados varios miles más que habían caído presos, entre ellos la flor y nata de la nobleza húngara. La aplastante derrota se debió en parte a la traición del gobernador de Transilvania, Juan Zapolya, que retrasó su llegada y recibiría del propio Solimán la corona como rey de Hungría, en calidad de tributario. Una pequeña parte del país pasó al Sacro Imperio, y Transilvania quedó sometida a vasallaje. El principal elemento de la victoria turca fue su artillería y mosquetes, que aniquilaron a sus adversarios. En 1529 Solimán volvió con un ejército de 100.000 hombres, y llegó hasta Viena. Defendida por unos 20.000, la ciudad se salvó in extremis por una resistencia encarnizada en la que se distinguió un contingente de los eficaces arcabuceros españoles.

El centro del continente no fue la única línea expansiva de Solimán hacia Europa. Más directamente peligrosa para España, fue la del Mediterráneo, donde la flota turca se hizo hegemónica e infligió serios reveses a los cristianos desde sus bases de Argel y Túnez, bajo la dirección de los corsarios hermanos Aruch y Jairedín Barbarroja; el último, hecho almirante de la flota turca, fue quizá el marino más destacado de su tiempo y el hombre más audaz y temido del Mediterráneo. Tenía el designio de volver a invadir España como en tiempos de los visigodos. Así, el poder turco atenazaba a Europa por el centro y el sur del continente. Turcos y españoles pugnaron sin tregua por dominar plazas fuertes en la costa magrebí, base para una eventual invasión de España por los primeros. Los españoles lograron ocupar plazas importantes y someter a vasallaje a Túnez, donde construyeron la imponente fortaleza de La Goleta; y también cosecharon algún terrible desastre como el de Argel en 1541. La peligrosidad de la armada turca, sumada a la permanente piratería berberisca, aumentó mucho más por la alianza de Francia con los otomanos contra España.

Aunque provenientes de las estepas del Asia central, como los hunos o los mongoles, los turcos otomanos crearían un imperio incomparablemente más consistente y duradero (se mantendría hasta el siglo XX); y no bárbaro, sino civilizado, con una destacada cultura literaria y en parte científica, heredada de árabes y persas. Era el imperio más poblado del mundo después del chino, con inmensos recursos y eficientemente organizado y administrado. Una fuente nada desdeñable de sus ingresos provenía de una sistemática caza y tráfico de cautivos y esclavos cristianos, de los que quizá llegó a tener un millón. Estado muy centralizado, toda la riqueza pertenecía, en principio, al sultán, con cierta similitud con el sistema de Moscovia. Del sultán dependía el nombramiento de los cargos de pachá (gobernador) y otros, evitando depender de las tribus o de los señores territoriales.

Los sultanes crearon un ejército profesionalizado, cuya base eran los jenízaros, reclutados entre niños arrebatados a sus familias cristianas, islamizados y entrenados desde pequeños en una estricta disciplina y manejo de todas las armas de la época. Consagrados por vida la milicia, se les prohibía tener relaciones sexuales con mujeres, y su número oscilaba entre cien y doscientos mil, una masa que ningún estado cristiano podía mantener permanentemente, y disponía de una artillería justamente famosa. A ello se añadía una marina que dominaba desde el Golfo pérsico hasta el Mediterráneo oriental, y pronto se haría hegemónica en el occidental, en combinación con los magrebíes o berberiscos. Por todo ello, la Sublime Puerta constituía la verdadera superpotencia de la época desde el occidente europeo hasta India y China. En Europa solo el Sacro Imperio podía competir en riqueza con él, pero estaba lastrado por su escasa centralización y por las guerras y conflictos internos, sobre todo a partir de las predicaciones de Lutero (la amenaza turca, al distraer fuerzas y atención del Imperio, facilitó grandemente el asentamiento protestante). España empezaba a recibir considerables recursos de América, pero al lado del coloso otomano seguía teniendo poco peso material, no digamos demográfico, pues la población de este podía ser cinco o más veces superior a la española. No obstante, España se convertiría en la punta de lanza de la cristiandad contra Constantinopla (el nombre Estambul no se adoptaría oficialmente hasta el siglo XX). 

Adversarios de España (I) Francia y Turquía, cuatro siglos ha

25 de Mayo de 2009 - 08:11:29 - Pío Moa - 153 comentarios

La confrontación hispana con la también católica Francia no tendría el carácter religioso-político de la pugna con las ligas protestantes, Países Bajos, Inglaterra y los turcos... salvo porque el rey francés iba a aliarse con turcos y protestantes contra España y el Sacro Imperio. La rivalidad nació en Italia, pues los franceses ambicionaban no solo Nápoles, la mayor ciudad cristiana del Mediterráneo, sino también el norte del país, una de las regiones más ricas, cultas y creativas de Europa, que de paso les permitiría cortar la comunicación por tierra entre España y el Sacro imperio. 

Francisco I, sucesor de Luis XII desde 1515 –un año antes de la muerte de Fernando el Católico–, dirigía un país muy fuerte, aun si había sufrido descalabros en Nápoles. Comenzó, ese mismo año, por marchar sobre Milán asesorado por el hidalgo aventurero e ingeniero español Pedro Navarro, que después de realizar grandes hazañas al servicio de España, se había pasado a los franceses al caer prisionero en 1512, en la batalla de Rávena, y no pagar Fernando el Católico el rescate exigido por los franceses.

El ejército francés, aliado con Génova y Venecia, arrolló a sus adversarios, que contaban sobre todo con tropas suizas a las que venció en Marignano y se apoderó de toda Lombardía. En 1519, Francisco fracasó en su aspiración a coronarse emperador del Sacro Imperio, revés que marcó un punto de viraje en su política. Desde entonces redoblaría sus ataques al Imperio y a España, y el mismo año 1519 emprendió tratos con los moriscos españoles alentándolos a sublevarse, aunque sin éxito.

En 1521, cuando Solimán debelaba Belgrado, los franceses fueron expulsados de Milán por los hispanoimperiales. Francisco respondió con una magna ofensiva en tres frentes, sobre Italia, España y Flandes. Un fuerte ejército francés, con algunos navarros, entró en España por Navarra y Guipúzcoa, apenas guarnecidas a causa de la rebelión comunera en Castilla, por lo que tomó fácilmente Fuenterrabía y Pamplona, ocupó la Rioja y sitió Logroño. Las aspiraciones de Francisco sobre la península eran muy vastas, pues alentaba a los comuneros, entre quienes tenía agentes (dos de ellos jugarían un papel histórico de primer orden a miles de kilómetros de allí). Pero la derrota comunera en Villalar permitió a las tropas españolas enfrentarse a la invasión y, tras obligar a los franceses a levantar el sitio de Logroño, los destrozaron en Noáin, donde murieron seis mil de ellos y fue capturado su jefe, Lesparre.

Al año siguiente, Francisco intentó debilitar al Imperio provocando ataques contra él desde Polonia y Hungría. A tal efecto envió a dos agentes secretos suyos, comuneros españoles llamados Rincón y Tranquilo (probablemente un apodo), con abundante oro y promesas matrimoniales para el rey polaco Segismundo. Los dos agentes fueron a Buda, Cracovia y Vilna, pero pese a su tenacidad durante dos años, no persuadieron a los polacos, más interesados en cooperar con los imperiales contra la amenaza turca. Más suerte tuvieron con Juan Zapolya, ambicioso voivoda de Transilvania, que ya había contribuido a la caída de Belgrado, al no enviar allí refuerzos. El soborno de Zapolya fue un gran éxito de Rincón y Tranquilo, pues el voivoda detestaba a los imperiales y facilitó grandemente el desastre húngaro de Mohacs, en 1526, acto que Solimán le premió nombrándole rey vasallo de Hungría, como quedó dicho.

Mientras tanto, en Italia los imperiales, gracias sobre todo a las tropas españolas, vencieron a los franceses en Bicocca, en 1522. La batalla, muy sangrienta para los suizos pro franceses, haría perder a estos, en lo sucesivo, la acometividad que les había distinguido, y la palabra "bicoca" entró en el vocabulario español como algo importante ganado a poco coste. El suceso tuvo vastos efectos, pues los hispanoimperiales tomaron enseguida Génova; al año siguiente los venecianos abandonaron la causa gala; e Inglaterra aprovechó para invadir y saquear el norte de Francia, a punto de tomar París. Francia estuvo al borde del derrumbe, pero los ingleses se volvieron atrás, irritados porque Carlos abandonó una débil ofensiva que había comenzado desde Fuenterrabía. Francisco se rehízo y a finales de 1523 volvió sobre Milán, pero la primavera siguiente volvió a sufrir una gran derrota en Sesia. Así quedaba abierta la invasión de Francia hacia Lyon, pero Carlos prefirió atacar por Provenza, que tomó con la excepción de Marsella. Al prolongarse el asedio de esta ciudad, Francisco pudo avanzar hacia el sur con un nuevo ejército, obligando a sus enemigos a retirarse. De paso envió a agentes suyos a Túnez para incitar a los islámicos a atacar el reino de Nápoles. Poco después, Francisco volvió a entrar en Milán, pero este éxito sería el prólogo a su mayor desastre. En febrero de 1525, en Pavía, a poca distancia al sur de Milán, los hispanoimperiales, en número algo inferior, y con mucha menos artillería, destruyeron por completo el ejército francés, causándole entre doce y catorce mil bajas, contra solo quinientas propias. Allí pereció o fue capturada buena parte de la nobleza gala y el mismo Francisco. "Todo se ha perdido menos el honor y la vida", escribió a su madre.

Carlos tuvo entonces la oportunidad de conquistar una Francia privada de rey y de ejército, y a ello le apremió el rey inglés, deseoso de repartirse el país con el emperador. También le insistió el virrey de Nápoles, el flamenco Lannoy: "Dios envía a todo hombre, en el curso de su vida, un buen otoño. Si entonces no cosecha, pierde la ocasión". Pero Carlos rehusó, arguyendo que así "verían todos que no era mi fin conquistar ni tomar lo ajeno, sino solo conservar y recobrar lo propio", y prohibió festejar la victoria. El rey francés fue llevado a Madrid, donde hubo de firmar el tratado de dicho nombre, por el que renunciaba a Flandes, Artois, Borgoña y a los territorios de Italia, después de lo cual fue liberado, al año de su prisión.

Sin embargo no tenía la menor intención de cumplir el tratado, y durante su misma estancia como prisionero se las ingenió para enviar a Solimán a un agente croata pro turco llamado Francopan o Frangipani, que aprovechó bien la labor previa de Rincón. Francisco proponía a Solimán atacar por Hungría mientras él lo haría, cuando pudiera, desde el oeste. Frankopan trató de obtener del sultán una expedición para liberar al rey francés, pues si no, Carlos se convertiría en "el amo del mundo". Solimán contestó a Francisco: "Esta súplica tuya al pie de mi trono, refugio del mundo, ha ganado mi comprensión imperial en todos sus detalles (...) Nuestros gloriosos antecesores –Dios ilumine sus tumbas– no han cesado nunca en la guerra para rechazar al enemigo y conquistar países. Nos seguimos su huella". No hubo expedición, realmente imposible, para liberar a Francisco, pero sí la invasión que aplastó a Hungría.

También el papa Clemente VII, mal dispuesto hacia el poder de Carlos, intrigó con Francisco y Enrique, animando al primero a incumplir el tratado de Madrid, y a ambos a aliarse con el Papado, Venecia, Florencia y Milán, contra el emperador Carlos. El resultado fue la Liga de Cognac, en la que el inglés no entró al principio, y otra guerra, cuyo episodio más famoso fue El saco de Roma,  en mayo de 1527, por parte de los imperiales indignados con el papa, a quien encarcelaron después de masacrar a su guardia: uno de los muchos saqueos sufridos por la ciudad desde los últimos tiempos del Imperio romano. Protagonizaron la acción los lansquenetes alemanes, muchos de ellos protestantes, y los españoles mandados por el Condestable de Borbón, noble francés pasado al servicio de Carlos. Clemente no volvió a conspirar contra Carlos.

Inglaterra había entrado poco antes en la Liga de Cognac y los franceses, sin cuidado a retaguardia, avanzaron hasta Nápoles solo para sufrir una nueva derrota. En 1529, cuando Solimán marchaba sobre Viena, se concluyó la paz de Cambrai, favorable a Carlos. Y los negocios de Francisco con Solimán continuaron, hasta el punto de que en 1534 Jairedín Barbarroja marchó sobre Génova para entregarla a Francia, arrasando de paso numerosas poblaciones costeras y haciendo cautivos. No alcanzó su objetivo por mala coordinación con Francisco. Al año siguiente España, Portugal, el papa y los caballeros de Malta organizaron una magna operación naval para capturar Túnez y acabar con la hegemonía de Jairedín. Enterado Francisco por el propio Carlos, le faltó tiempo para alertar al almirante otomano. Aún así, la empresa, bien dirigida, contó con la rebelión de los veinte mil cautivos cristianos de la ciudad, y triunfó.

Agradecido por la lealtad de Francisco, Solimán aceptó firmar con él una alianza en toda regla. En respuesta a la operación de Túnez, Jairedín arrasó la región calabresa de Italia, con presencia del embajador francés Monluc, un obispo pasado al protestantismo, que, como otros, permanecía en su cargo eclesiástico para dañas más al papismo. En 1536 una flota turcofrancesa devastó en el Adriático posesiones venecianas, saqueó diversas ciudades y asedió Otranto, mientras Francia invadía de nuevo Italia con vistas a apoderarse de Milán, lo que no logró, aunque sí Turín. Carlos replicó invadiendo la Provenza, sin mayores consecuencias. En 1537 la alianza francoturca culminó en un plan que pudo haber cambiado la historia: Solimán invadiría Italia desde Albania mientras Francisco lo hacía por el norte de Italia. El turco se presentó en Valona con 150.000 soldados, al grito de "¡A Roma, a Roma!", un viejo objetivo otomano; pero, por razones oscuras, quizá por pensar que estaba llevando el juego demasiado lejos, Francisco no cumplió su parte en el trato, y Solimán, despechado, abandonó a su vez la empresa. Un año después, en Preveza, en la costa jónica griega, la flota turca de Jairedín Barbarroja aplastó a la hispano-veneciana mandada por el genovés Andrea Doria, que había servido a los franceses y luego a los españoles.

En 1540 las diferencias entre Carlos y Francisco estuvieron a punto de resolverse: Francia recibiría Holanda (es decir, los Países Bajos) y renunciaría al Milanesado. El intercambio habría tenido repercusiones muy positivas para España, pero no llegó a término. Dos años después, Francisco volvía a la guerra. Buscó alianza con los protestantes alemanes, pero la diplomacia de Carlos lo impidió; en cambio fue más fructífero su trato con Solimán, aunque su agente o embajador Rincón fue muerto cerca de Milán por tropas de Carlos, lo que Francisco invocó como un ultraje intolerable, y aprovechó también un gran desastre español en Argel para volver a la guerra. En 1543 Solimán puso a su disposición la flota de Jairedín Barbarroja, que llegó a Marsella después de devastar la costa italiana. La primera operación naval turcofrancesa fue la destrucción y saqueo de Niza, retirándose ante la llegada de la flota española del marqués del Vasto. Francisco ofreció a Barbarroja la base de Tolón, de la que expulsó a gran parte de los habitantes, y desde la que los turcos pudieron razziar las costas españolas. La indignación en Europa alarmó a Francisco, que compró la retirada turca por la enorme suma de 800.000 escudos. Barbarroja se retiró en 1544, acompañado de barcos franceses, asolando de nuevo las costas italianas, saqueó la isla de Elba y masacró a Lípari. Pero su alianza con los otomanos no iba a disolverse por eso. Estas acciones levantaron la indignación incluso de protestantes e ingleses, pese a que les beneficiaban indirectamente; no obstante, Francisco persistió en la alianza con los musulmanes, y durante el siglo XVI, franceses, protestantes y turcos tratarían de coordinarse a menudo contra España y el Imperio.

Aparte de sus empresas militares, Francisco I fue un rey sumamente disoluto en su vida sexual, más autoritario que los reyes Católicos o que Carlos, y típico príncipe renacentista al estilo de Maquiavelo, aunque no le salieran bien las cuentas. Prohijó expediciones al norte de América, que descubrieron Quebec, protegió con entusiasmo las artes y las letras, e hizo levantar edificios suntuosos (los "castillos" del Loira, la reconstrucción a su gusto del magno palacio de Fontainebleau, entre otros), fue amigo de Leonardo da Vinci y extendió por Francia la cultura italiana. Su país era por sí solo una gran potencia militar, económica y demográfica, el más poblado de Europa, unos dieciséis-dieciocho millones de habitantes, casi tres veces la de España, lo que le permitía levantar nuevos ejércitos, una y otra vez.

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La chusma política: este pequeño apartado del blog aspira a dejar constancia breve de la extrema degradación de la política española bajo el gobierno actual y la seudooposición futurista.

**** De la Vega espeta a Rajoy que "se acabó la moral por decreto"

La proabortista, colaboradora de los asesinos de la ETA, reñidora de la presidenta del TC, entre tantas otras virtudes, tiene bastante razón, aunque se la ha olvidado una coma o un punto: "Se acabó la moral. Por decreto".

**** El ayuntamiento de Navarrés (PSOE) se niega a dedicar una placa a una víctima de ETA

Esta gente siempre ha tenido claro quiénes son los suyos. Después del acoso a la AVT para silenciarla, dividirla y desacreditarla, cualquier gesto de apoyo y solidaridad a las víctimas solo puede interpretarse como hipocresía. Y aun esta les cuesta mucho.

****"Mar Blanco ve "indignante" la decisión del TC de no ilegalizar la lista de Sastre". Y tan indignante. ¿Acaso no sabe el TC que II es una máscara política de la ETA? Lo sabe perfectamente. ¿No lo sabe el gobierno, que domina el TC y se permite regañar a su presidenta, una señora, además, pro separatista? Exactamente igual. Pero se trata de mantener la colaboración con los asesinos. ¡Tienen tanta ideología en común!

**** "De la Vega dice que no "bajarán la guardia" tras la decisión del TC sobre la lista de Sastre".

Nunca han bajado la guardia: siguen dispuestos a colaborar con los terroristas.

**** Mayor exige al Gobierno actuar contra las listas de II

A ver si se entera Mayor: el gobierno e II van de la mano. Es un paso más en la colaboración con la ETA.

**** "Los torquemadas del siglo XXI se van a llevar un gran berrinche el 7-J", dice del Futurista ¿Se puede ser más infantil? Y luego niegan el voto a los niños de seis años.

**** Los políticos con idiomas, una rara avis

El problema no es que no sepan idiomas: son políticos españoles y en España todavía no es oficial el inglés, aunque va camino de serlo en todas las actividades culturales superiores, y en muchas otras. Además, hay muy buenos traductores. El problema es más bien que solo dominan el español cuando mienten.

**** Una diputada socialista dice ahora que el PP "no es homófobo ni racista"

¡Cómo que no! ¿Cuántos negros tiene en su dirección? ¿Y cuántos homosexuales manifiestos y orgullosos? Aún le falta un poco para llegar a progresista.

Sobre la Reforma luterana

23 de Mayo de 2009 - 09:57:22 - Pío Moa - 225 comentarios

 

 

(A ver si otros más expertos  que yo lo corrigen o explican mejor):

 

 

  Las tendencias reformistas abocaron a la Reforma protestante, que en realidad no fue una reforma sino una revolución religiosa y política a partir de Alemania. El proceso comenzó con las famosas 95 tesis expuestas en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg por  el monje agustino Martín Lutero, en 1517 (cuando en España gobernaba Cisneros, tras la muerte de Fernando el Católico). No se trataba de un desafío ni nada parecido, sino de una propuesta de debate, como había habido muchos en la Iglesia, con el tema principal, pero teológicamente secundario, de las indulgencias, el comercio de las cuales causaba escándalo en Alemania.

  

 Las indulgencias eran aplicadas a las penas con que las almas se purificaban en el purgatorio antes de entrar en el cielo. Los creyentes podían atenuar o evitar las penas, para ellos o sus deudos fallecidos, mediante actos piadosos como rezos,  limosnas,  peregrinaciones, mortificaciones o ayudas en metálico para la construcción de edificios religiosos. La idea misma del purgatorio, aunque implícita desde el principio la doctrina cristiana, se había explicitado desde el siglo XI y, al suponer una gradación en la culpa, excluía la elección drástica entre salvación y condenación. Según el historiador francés  J. Le Goff, la idea del purgatorio redundó en mayor tolerancia hacia los pecadores, al superar el  maniqueísmo del bien y el mal absolutos y  humanizar las penas. El purgatorio era como el infierno, pero no eterno, y al cielo solo accedían directamente los santos. La idea se combinaba con la confesión particular y secreta de los pecados,  instituida por el IV Concilio de Letrán a principios del siglo XIII, y con el concepto del “tesoro de méritos” acumulado por los santos y personas virtuosas, del que podían beneficiarse los menos virtuosos cumpliendo ciertos requisitos.

 

  Por entonces el papa León X, de la familia Medici --espléndido mecenas y hombre tachado a menudo de corrupto, debido, quizá,  más a la suntuosidad y despilfarro de la corte papal que a su conducta privada-- estaba empeñado en la construcción de la magna basílica de San Pedro, que absorbía sumas ingentes de dinero,  inafrontables para su exhausto tesoro, por lo que recurrió a la masiva venta de indulgencias. Esa venta, juzgaban Lutero y muchos más, explotaba la credulidad y angustia de la gente común, haciendo con ellas un negocio fraudulento y en definitiva sacrílego: solo Dios podía justificar a los pecadores, y el arrepentimiento real excusaba las indulgencias. Además, parte del dinero recaudado solía  pegarse a los dedos de los agentes, y muchos obispos y la misma curia romana sufragaban con él su lujoso tren de vida. En la irritación de Lutero subyacía un sentimiento nacionalista alemán que aflora en otras ocasiones: “¡No hay nación más despreciada que la alemana! Italia nos llama bestias, Francia e Inglaterra se burlan de nosotros; todos los demás también”; “Los italianos se creen los únicos seres humanos”. O denunciaba que los alemanes daban a Roma 300.000 florines anuales  para alimentar a los criados del papa, a su pueblo e incluso a sus bribones y mercaderes; o, como llegaría a clamar en 1520, “¿Por qué no atacamos (…) a toda la horda de la Sodoma romana con todas las armas de que disponemos y nos lavamos las manos en su sangre?”. Sin embargo la cuestión no era un simple pretexto nacionalista, sino que tenía enjundia teológica por sí misma, y Lutero solo buscaba entonces debatir.

 

   No hubo debate. Muchos eclesiásticos y políticos, temiendo por sus intereses, cerraron filas en torno a las indulgencias y amenazaron declarar hereje al agustino. El papa consultó con el cardenal dominico Cayetano, que no vio herejía en las tesis de Wittenberg,  pero otros dominicos le persuadieron a presionar a los agustinos para forzar a Lutero a retractarse so pena de procesarle por herejía. Lutero disponía de poderosos apoyos en la  nobleza, en algunos eclesiásticos, y en parte de la población. Afirmó estar dispuesto a retractarse si se le demostraba su error mediante las Escrituras; pero las Escrituras solían admitir más de una interpretación, y el arreglo fue imposible. A partir de ahí las acciones y reacciones se encadenaron. El emperador Carlos V (y I de España) advirtió en 1521, en la Dieta de Worms: “Este hermano aislado yerra con seguridad al alzarse contra el pensamiento de toda la cristiandad, pues si él tuviera razón, la cristiandad habría andado errada desde hace más de mil años”.  Lutero fue excomulgado y pasó a establecer una nueva teología que rompía en puntos clave con la elaborada por la Iglesia en los siglos precedentes, iniciándose una sucesión de tumultos y luchas entre ciudades y países.

 

  Así, Lutero no solo rechazó las indulgencias, sino el mismo purgatorio, atacó la autoridad del pontífice, tratándole de Anticristo,  y llevó más allá la línea conciliarista,  popular en Alemania, que concedía mayor autoridad a los concilios que al papa: ahora los concilios tampoco significaban nada, porque la relación entre Dios y el cristiano se establecía  de modo individual, a través de la libre y personal interpretación de las Escrituras y por medio de la fe, anulando el magisterio de la Iglesia. Solo la fe, don de gracia divina, salvaba al hombre. Como vimos, algunas de estas ideas estaban esbozadas por  nominalistas como  Occam o Marsilio de Papua en las disputas escolásticas. Para Lutero, el hombre es por naturaleza pecador y corrompido, no puede siquiera apreciar el valor de sus obras piadosas, pues su razón y voluntad están a su vez corrompidas y en cualquier caso no puede penetrar el designio de Dios, solo atenerse a las Escrituras.   

 

 ¿Cómo puede el hombre saber de su salvación? El tomismo predominante en la Iglesia establecía que junto con la gracia, la razón era un potente medio de comprensión de la voluntad divina y una guía en la práctica religiosa, y que  las obras deben acompañar a la fe. Para Lutero, la razón “es la ramera del diablo, que solo calumnia y perjudica las obras de Dios (…) Debería ser pisoteada y destruida, ella y su sabiduría (…) Es y debe ser ahogada en el bautismo”;  aunque, de modo contradictorio, sus controversias son un ejercicio agónico de razonamiento. La fe salvadora se manifestaría en el sentimiento personal de unión con Dios, de ser amado por Dios. Contra  Erasmo decía: “¿Quién creerá,  preguntas,  que Dios le ama? Te respondo: ningún hombre lo creerá ni podrá creerlo [por la razón]; los elegidos empero lo creerán, los demás perecerán sin creer, entre reproches y blasfemias, como haces tú aquí”; “Nuestra salvación está fuera del alcance de nuestras propias fuerzas e intenciones y  depende de la obra de Dios exclusivamente. ¿No sigue de ahí claramente que, cuando Dios no está presente en nosotros con su obra, todo lo que hacemos es malo y necesariamente sin ningún provecho para nuestra salvación?”; “Si Dios obra en nosotros, entonces nuestra voluntad, cambiada y suavemente tocada por el hálito del Espíritu de Dios, nuevamente quiere y obra [el bien] por pura disposición, propensión, y en forma espontánea”. Las obras humanas, por tanto, no tenían utilidad para la salvación.

 

   En ese contexto cobran sentido frases como "El cristianismo consiste en un continuo ejercicio en el sentimiento de no estar en pecado, aunque peques, porque tus pecados recaen sobre Cristo”. O bien: “Peca y peca fuertemente, pero confíate a Cristo y  goza en él con mayor intensidad, porque Él vence  al pecado y  la muerte. Mientras estemos en la tierra tendremos que pecar, porque en esta vida no habita la justicia,  pero esperamos, como dice Pedro, unos cielos y una tierra nuevos donde more la justicia. Basta con reconocer al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, y de Él no nos apartará el pecado, aun si fornicamos y asesinamos miles de veces en un solo día”.

 

  Esta posición destruía el libre albedrío, un punto crucial, sobre todo desde santo Tomás de Aquino, en la doctrina católica,  como base de la ética y la responsabilidad personal. Para Lutero, solo Dios sabía y decidía desde la eternidad quiénes iban a salvarse o a condenarse. El individuo era libre de interpretar a su gusto las Escrituras pero, paradójicamente, estaba determinado y nada podía hacer contra ese hecho. Esa posición le enfrentó a Erasmo, el cual había sido su amigo y, en parte, inspirador, pero que no quería romper con Roma, sino arbitrar entre las dos posiciones y conciliarlas, pero iba a encontrarse sentado entre dos sillas, acusado de incoherencia desde las dos partes. Contra las tesis de Lutero escribió el tratado De libero arbitrio: si, según Lutero, el hombre  no precisa la Iglesia ni órganos intermedios entre él y Dios, y puede interpretar la Biblia como único sacerdote de sí mismo, ¿cómo se concilia esta supuesta libertad con su total incapacidad de elección moral? Para Erasmo, el hombre puede superar realmente las consecuencias del pecado original ayudado por la gracia, la voluntad y la razón: todas ellas concuerdan al mismo objetivo. La libre voluntad no queda impedida por el hecho de que los designios de Dios sean en gran parte oscuros para la mente humana. Si Jesús llora por una Jerusalén que le rechaza, e invita a los judíos a seguirle, es porque reconoce el libre arbitrio; y si al hombre, según Lutero, no le es posible aceptar ni rechazar la gracia divina, ¿qué sentido tiene hablar de recompensa, castigo  y obediencia, como hacen continuamente las Escrituras?

 

 A esto replicó Lutero con De servo arbitrio  (“Sobre el arbitrio esclavo”): la presciencia de Dios no deja lugar a la contingencia: “Todo cuanto hacemos, todo cuanto sucede, aunque nos parezca ocurrir mutablemente y que podría ocurrir también de otra forma, de hecho ocurre por necesidad, sin alternativa e inmutablemente, si nos referimos a la voluntad de Dios. Pues la voluntad de Dios es eficaz, y no puede ser impedida”. “El destino puede más que todos los esfuerzos humanos”. “Si esto se pasa por alto, no puede haber fe ni ningún culto a Dios”. “El hombre no posee un libre albedrío, sino que es un cautivo, un sometido y siervo ya sea de la voluntad de Dios, o la de Satanás”. “El libre albedrío  es nada”. Y si el hombre no es libre, no es responsable de sus obras, que nada valen ni cuentan para su salvación a los ojos de Dios. Lo que cuenta es la gracia manifiesta en el sentimiento personal de la fe. Posición contraria también a la convicción clasicista o humanista del hombre como artífice de su destino.

   

El movimiento luterano, comienzo del protestantismo, excluyó la idea de los santos, las imágenes y  la preeminencia  de la Virgen María como intercesora, tradicional en el catolicismo, suprimió los sacramentos a excepción del bautismo y la eucaristía, y los votos monásticos (Lutero se exclaustró y se casó con una ex monja) y el celibato eclesiástico: el sacerdocio tradicional era sustituido por “pastores” elegidos por las comunidades y con limitada capacidad orientativa. Para  dar impulso a su movimiento, Lutero tradujo la Biblia al alemán, lo que, gracias a la imprenta, le dio la mayor difusión, y con el  mismo fin estableció la misa en dicho idioma.

  

 Comparado con el cisma que había originado la Iglesia u ortodoxa a comienzos de la Edad de Asentamiento, el cisma protestante era mucho más radical. Aunque se presentaba como reforma,  era una ruptura revolucionaria con respecto a cuestiones esenciales, dogmáticas, litúrgicas, y de procedimiento. Podría considerarse una  nueva religión, salvo por  la común inspiración en Cristo y los Evangelios. 

 

   En el pasado, otras rebeliones dogmáticas habían sido disueltas o aplastadas con bastante facilidad por el poder del Papado y el de los reyes, pero en esta ocasión no fue así. Lutero fue protegido por diversos príncipes alemanes (según los católicos, lo hacían para apoderarse impunemente de los bienes eclesiásticos), y llegaría a formarse una poderosa alianza de ellos (la Liga de Smalkalda, de 1532) para afrontar por las armas a los católicos; el emperador Carlos no pudo dedicar todo su esfuerzo a la lucha contra los protestantes, por tener que atender a las guerras con Francia y al peligro turco;  la nueva doctrina llegaba a muchas personas por  la libertad que otorgaba para interpretar la Biblia y para prescindir de las imposiciones de un clero en buena parte corrompido y escandaloso; además daba pie a un sentimiento nacional alemán opuesto al poder latino de Roma. Por su impacto espiritual y material, el protestantismo se convertiría en unos años en una realidad social expansiva por todo el norte de Europa. 

 

    Por ello Lutero fue acusado de propiciar el motín y la disgregación de la cristiandad, como le decía Erasmo. Lo cual no le arredraba, pues invocaba en su defensa los Evangelios: “No he venido a traer la paz, sino la espada”; “He venido a echar fuego en la tierra”;Lee en los Hechos de los Apóstoles los efectos en el mundo de la palabra de Pablo (por no hablar de los demás apóstoles), cómo él solo excita a gentiles y judíos o, como decían entonces sus mismos enemigos, "trastorna el mundo entero”.El mundo y su dios no pueden ni quieren tolerar la palabra del Dios verdadero, y el Dios verdadero no quiere ni puede callar. Y si estos dos Dioses están en guerra el uno con el otro, ¿qué otra cosa puede producirse en el mundo entero sino tumulto? Querer aplacar estos tumultos no es otra cosa que querer  abolir la palabra de Dios e impedir su predicación”.  Esta actitud contrariaba el anhelo de paz entre cristianos,  sentido por Erasmo, Vives y tantos otros, a quienes advertía “No ves que  estos tumultos y facciones infestan el mundo de acuerdo con el plan y  la obra de Dios, y temes que el cielo se venga abajo; en cambio yo, a Dios gracias, entiendo las cosas correctamente, porque preveo tumultos mayores en el futuro, comparados con los cuales los de ahora semejan el susurro de una ligera brisa o el quedo murmullo del agua”. El emperador Carlos  había declarado: “Me arrepiento de haber tardado tanto en adoptar medidas contra él”.

 

  Esta resolución no dejó de flaquear en ocasiones, dados ciertos efectos indeseados de sus doctrinas: “Cuanto más se avanza, peor se torna el mundo (…). Bastante se ve cómo el pueblo es ahora más avaro, más cruel, más impúdico, más desvergonzado y peor de lo que era bajo el papismo”. No obstante, su determinación persistía: “¿Quién se habría puesto a predicar, si hubiéramos previsto que de ello resultarían tantos males, sediciones, escándalos, blasfemias, ingratitudes y perversidades? Pero ya que estamos en ello, hay que tener buen ánimo contra la mala fortuna”.

 

  Uno de los problemas fue, en 1524-5,  la revuelta de los campesinos oprimidos por los magnates y que exigían mejoras políticas y económicas, y que encontraron un líder visionario en Thomas Münzer, pastor luterano con ideas propias.  Münzer acusó a su maestro de excesiva connivencia con los poderes civiles y propugnaba la destrucción de las jerarquías sociales (“Todos somos hermanos. ¿De dónde vienen entonces la riqueza y la pobreza?”). El movimiento se hizo masivo,  mayor que otras revueltas campesinas típicas de los siglos anteriores, y sus reivindicaciones iban desde la  abolición de los trabajos no pagados y de la servidumbre a la abolición de la propiedad privada.

 

  Lutero se vio en un dilema, porque muchos campesinos eran seguidores suyos, pero él dependía de la protección de los nobles. Vaciló, pero finalmente lanzó terribles maldiciones contra los rebeldes cuando ya se vislumbraba su derrota. Los campesinos realizaban una “obra diabólica”, traicionaban el juramente de fidelidad y obediencia a sus señores, “matan y saquean y pretenden justificar con el Evangelio tan horrendos crímenes”. “El bautismo no hace libres a los hombres en el cuerpo y la propiedad, sino en el alma, y el Evangelio no manda poner los bienes en común (…)  No debe de quedar un demonio en el infierno, sino que todos han entrado en los campesinos”. Por tanto,  “deben ser aniquilados, estrangulados, apuñalados en secreto o públicamente, por quien quiera que pueda hacerlo, como se mata a los perros rabiosos, pues nada puede haber más venenoso, dañino y diabólico que un rebelde (…) Quien vacile en hacerlo, peca (…) Por tanto, apreciables señores, matad cuantos campesinos podáis”, “Un príncipe puede ganar el cielo derramando sangre mejor que otros rezando”. El aplastamiento de la rebelión costó un baño de sangre, quizá  hasta cien mil muertos.

  

También consideraba la brujería como una realidad eficaz y promovía la persecución y  quema de brujas. Sus diatribas antihebraicas no eran menos radicales en su libro Contra las mentiras de los judíos, y vale la pena exponerlas con alguna extensión, como muestra de un discurso que llegaría hasta hoy. Los judíos, “blasfemos desvergonzados”,  injuriaban a Jesús y  trataban de prostituta a su madre, “tienen creencias falsas y están poseídos de todos los demonios”, “se vanaglorian de ser los más nobles”, el pueblo elegido por Dios, cuando Dios les ha dado sobradas muestras de su desagrado y castigo: “No han aprendido ninguna lección de sus terribles desdichas durante más de 1.400 años de exilio”. Ello probaba su contumacia, de modo que “No me propongo convertir a los judíos, porque eso es imposible”,  son “engendros de víboras, hijos del demonio, el cristiano no tiene enemigo más enconado y mortificante que el judío”. “Se quejan de estar cautivos entre nosotros, pero nadie los retiene, pueden irse cuando quieran. Ellos, archiladrones,  nos tienen cautivos con su usura”.  “Si tuvieran el poder de hacernos lo que nosotros podemos hacerles a ellos, ninguno de nosotros viviría más de una hora”. Por lo tanto proponía quemar sus sinagogas, quitarles todos sus libros religiosos, prohibirles bajo pena de muerte alabar a Dios o invocar su nombre, pues en sus labios es blasfemia: “Nadie sea piadoso y amable en lo que a esto respecta, pues está en juego el honor de Dios y la salvación de todos nosotros, incluyendo la salvación de los judíos”.

  

Pero, ¿qué sucedería si se aplicasen estos castigos? Que los hebreos seguirían en las mismas, secretamente, de modo que el obstáculo debía salvarse así: “Si queremos lavarnos las manos de la blasfemia judía y no vernos alcanzados por su culpa, debemos alejarlos, expulsarlos de nuestro país. Pero como se resisten a marchar, negarán todo descaradamente y ofrecerán dinero al gobierno (…) un dinero maldito, que nos fue robado terriblemente por medio de la usura”. Lutero creía en las historias de secuestro y tortura de niños y envenenamiento de pozos por los judíos, crímenes merecedores de la hoguera. “Aconsejo que se les prohíba la usura y  se les quiete todo el dinero y las riquezas en plata y oro”. “Sometedlos a trabajo forzado, tratadlos con rigor, como hizo Moisés  en el desierto matando a tres mil de ellos para que no pereciera el pueblo entero (…) Si esto no basta, tendremos que expulsarlos como perros rabiosos”.

 

 Las cuestiones planteadas por  Lutero giran en torno a la salvación, expresión, a su vez, de una ansiedad propia de la psique humana desde la noche de los tiempos, expuesta de forma peculiar en el cristianismo. El mundo, lleno de placeres y de  penalidades que fácilmente se transforman  los unos en los otros,  parece arbitrario e injusto,  falto de sentido, “un laberinto de errores” como decía Pleberio, y el bien y el mal se confunden. Una posibilidad racional sería considerar el mundo radicalmente injusto, por lo que el restablecimiento de la justicia exigiría otro mundo en el cual los malvados tendrían el castigo, y los buenos  la recompensa que el mundo les negaba. Dado el conjunto de sus puntos de vista, la salvación o condena estaba predestinada y solo Dios podía saber quiénes se salvarían. Un punto de vista arduo de conciliar con la necesidad de predicar el Evangelio, y radicalmente angustioso.  Calvino, discípulo de Lutero, encontró cierta salida al señalar unos indicios que permitían al individuo creer en su pertenencia al grupo de los justos: una vida austera y piadosa, y el éxito en las empresas económicas u otras, permitirían intuir en esta vida  la salvación en la otra. El calvinismo ofrecía así un consuelo que le ganó gran popularidad y expansión por varios países europeos, en disidencia con el luteranismo puro.

   

   Una dificultad de la nueva doctrina la expuso el propio Lutero con sarcasmo: de pronto resultaba que nobles, ciudadanos y campesinos “entienden el Evangelio mejor que yo o San Pablo; ahora son sabios…”. “Algunos enseñan que Cristo no es Dios, otros enseñan esto y aquellos lo otro (…) Ningún patán es tan rudo como cuando tiene sueños y fantasías, cree haber sido inspirado por el Espíritu Santo y ser un profeta”.

Pero, llevada la teoría  a sus consecuencias lógicas, las interpretaciones bíblicas de cualquier patán  valían tanto como las del mismo Lutero, pues bastaba que fueran sentidas con sinceridad, y ¿quién podría decidir si lo eran o no? Por eso las tendencias disgregadoras en el protestantismo fueron siempre muy potentes, y de ahí las polémicas en las que el esfuerzo de la denostada razón jugaba  el papel determinante; y de ahí los organismos e inquisiciones contra los disidentes, para evitar la disolución general.

 

   Pero había más: sobre esas bases, la interpretación de las Escrituras por la Iglesia católica debía ser reconocida tan buena como cualquier otra. Y aunque podía argüirse que muchos la aceptaban  no por convicción ni con sinceridad, sino por temor a ser considerado hereje y castigado, lo cierto es que otros muchos lo hacían con plena convicción y un sentimiento de identificación con Dios no menos intenso que  el que pudieran exhibir Lutero, Calvino u otros dirigentes protestantes.

 

 

 

¿Montilla como Companys?

22 de Mayo de 2009 - 07:40:38 - Pío Moa - 231 comentarios

Me dicen que Montilla y su gente han advertido bajo cuerda a la gente de la Moncloa que no admitirán el menor cambio en el estatuto ilegal de Cataluña, aquel que convierte a esta región en una especie de estado libre asociado y en una nación con la correspondiente soberanía. Si es así, y muy probablemente lo es, estamos ante una repetición de las provocaciones de Companys en el verano de 1934, que desembocaron en el golpe de los separatistas el 6 de octubre. No es sino la evolución natural de la colaboración de Zapo y los suyos con los asesinos de la ETA: el estatuto catalán era precisamente la clave de la oferta a los criminales: deshacer la unidad nacional dejando solo un ligero barniz de "cohesión".

En 1934, el equivalente del actual Tribunal Constitucional dictaminó, a raíz de una denuncia de Cambó, la ilegalidad de algunas medidas sobre contratos de cultivo, no muy importantes, tomadas por la Generalidad, y Companys replicó con un movimiento desestabilizador y subversivo que había quedado casi olvidado por la gran mayoría de los historiadores y que he detallado en Los orígenes de la guerra civil, del que se cumplen ahora diez años, y en 1934: comienza la guerra civil.  Ahora la provocación de los separatistas es mucho más brutal: no unas leyes particulares, sino la liquidación completa de la Constitución. Como la historia no se repite, lo que pase actualmente será, con la mayor probabilidad, que el Tribunal Constitucional, un tribunal de crédito muy limitado, pase por el aro y busque el modo de cumplir con aparente legalidad las exigencias de los separatistas. En lugar del golpe armado del 6 de octubre tendremos –de hecho hemos tenido ya– un golpe de estado sin escamots, pactado entre los politicastros de Madrid y los de Barcelona, por los mismos que tienen la obligación legal de cumplir y hacer cumplir la ley. Con el apoyo, no lo duden de los futuristas de "la economía lo es todo".

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La chusma política 

**** Las elecciones europeas carecen del menor interés real, excepto para revalidar más o menos al Futurista colaborador de Zapo. Son elecciones a un organismo burocrático, corrupto y derrochador, que estafa a los ciudadanos haciendo constantes leyes contra la soberanía de las naciones a espaldas de la población. Con razón Suiza y Noruega pasan de ese invento, y con razón Reino Unido va con pies de plomo y no se ha integrado en el euro. A falta de otra cosa, lo mejor sería boicotearlas, para quitarles todo pretexto de representatividad. Pero entre Zapo y el Futurista parecen haber conseguido crear una tensión por ese seudo voto.

**** En el CNI creen "un signo de debilidad" la retirada de un equipo de Cuba. Más que debilidad, colaboración del gobierno zapesco: con la tiranía cubana y con la ETA.

**** El número dos del Ejército con Trillo le pide que "aclare los interrogantes" 

Trillo fue muy mal ministro de Defensa, pero tiene gracia que la Carmen Chacó, que lo es mucho peor, vaya por ahí acusándole.

**** "Filali Uali, uno de los principales implicados en la red que ayudó a huir de España a varios supuestos autores del 11-M, fue detenido y condenado en Inglaterra en julio de 2004. Al cumplir condena, las autoridades británicas ofrecieron devolverlo a España. La Policía pidió su entrega a Marruecos". ¿Es que la policía cree que en Marruecos hay mejor justicia que en España, con todo lo mala que la marroquí sea? Todo podría ser.

****(Blog, sorel: "Como contrapartida al video de agitprop de la canalla socialista, propongo, al hilo de la idea del señor Moa, uno en el que Sorayita realicé un bailecito 'picantón' explicando a los espectadores el programa del PP". Exactamente, y con participación de Rajoy, ya saben, en plan antimachista).

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**** "Nuestra servidumbre a Dios no es entendida por su egocentrismo laico". Se entiende bastante bien su pretensión de poner a Dios al servicio de sus deseos económicos y políticos. Su "servidumbre" es al revés. Pero no les verán hacer nada práctico, aparte de expresar su fastidio, por así decirlo, y esperar que Dios venga a servirles.

**** No creo que el catolicismo consista en recetas de sacristía para la economía y la política. Pero muchos fanáticos integristas lo creen así, y confunden las cosas, desacreditando al primero.

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En Época 

INVOLUCIÓN Y PARO

Los políticos están preocupados con el paro, consecuencia de la crisis económica. No es que teman quedarse ellos sin empleo o sin dinero, pero les asusta la pérdida de votos o la protesta social. El reciente seudodebate sobre el estado de la nación ha demostrado dos cosas: que el PSOE y el PP intentan dar impresión de que se ocupan del problema, y que no tienen la menor idea de cómo solucionarlo. Rajoy, en particular, está convencido de que "la economía lo es todo", pero esa idea, tan simplonamente clara, no se traduce en recetas prácticas creíbles. Uno tiende a creer que, en realidad, está muy a gusto en la oposición, criticando esto o lo otro sin la menor pegada. Sabe que si él gobernara, las mafias sindicales empujadas por socialistas y comunistas le harían la vida imposible, como intentan hacerlo a Esperanza Aguirre, y frustrarían sus medidas, fueran acertadas o, más probablemente, erróneas.

La prosperidad de estos últimos años ha sido en gran medida ficticia, apoyado en un crédito que resulta muy difícil devolver, y a decir verdad, nadie parece tener idea precisa de qué hacer, ni del alcance real de la crisis. Tiene razón el gobierno cuando señala que la crisis empezó con el gobierno de Aznar; pero entonces era mucho más manejable y corregible, mientras que la demagogia de Solbes y la ineptitud de Rodríguez la han llevado al extremo. Aunque no sabemos si Rajoy hubiera hecho cosa distinta, de haber gobernado él. Muy probablemente no, dada su debilidad intelectual y de carácter –que no excluye apego al poder–: cuando las cosas parecen marchar bien, incluso personas mucho más sagaces tienen a seguir la corriente.

Pero si el seudodebate en las Cortes expuso la inepcia de los políticos en relación con la economía, mucho más preocupante resulta su nula atención a otro problema no menor, sino realmente más grave: la acelerada involución política del país desde la matanza del 11-m. En estos artículos he insistido en que la política de Rodríguez no es un simple cambio de orientación aceptable en un régimen democrático, sino un constante socavamiento de este, con medidas que hacen a su gobierno ilegal. Ha sido el partido que después de firmar el Pacto por las libertades y contra el terrorismo se apresuró a traicionarlo iniciando tratos clandestinos con la ETA, para oficializarlos una vez llegado al poder. Esos negocios con los asesinos suponían pisotear el estado de derecho, atacar, dividir e intentar acallar a las víctimas directas del terrorismo, dar a los pistoleros dinero público, proyección internacional y, sobre todo, satisfacer la mayor parte de sus exigencias políticas, dejando solo un barniz de unidad de España. Si ha fracasado el negocio –de momento– ha sido por la ETA, no por un gobierno que tanta ideología comparte con ella.

El proceso llamado desvergonzadamente "de paz", ha venido subrayado por la acelerada perversión del poder judicial (el entierro de Montesquieu) que hace de la justicia una de las instituciones más desprestigiadas y utilizadas contra las libertades (acabamos de tener otro ejemplo en las querellas contra el director de esta revista por parte de la grotesca vicepresidenta y del jefe de una AVT servil al gobierno (¿o a Rajoy?), tan diferente de la de Alcaraz). Por no hablar de la basurización de los medios de masas (esto, como la crisis, también venía de antes de Rodríguez, pero se ha acentuado en extremo), de una enseñanza pública degradada, etc.

El movimiento de protesta contra la involución política socialista fue conducido a la nada por Rajoy, la oposición ha desaparecido a efectos prácticos y el estropicio moral es tan grande que la población parece incapaz de reaccionar. En estas circunstancias la crisis económica, en lugar de servir de revulsivo democrático puede muy bien conducir a una mayor descomposición social y a soluciones contrarias a la libertad. Hay precedentes.

En cuanto a la prostitución

21 de Mayo de 2009 - 09:49:40 - Pío Moa - 106 comentarios

Ana Botella, el PSOE, la Comunidad de Madrid y quién sabe cuántos más, se han sentido de pronto moralistas y han emprendido una cruzada contra la prostitución. Dicen que se trata de una "explotación de la mujer", cosa por la que ellos no pasan, faltaría más, aunque no cesen de explotarla de muchos modos y sean ellos, precisamente, los menos indicados para dar lecciones de moral a nadie. Es como la "educación para la ciudadanía" propugnada por los políticos más corruptos y antidemocráticos que se recuerden en muchos años. O como la repentina fiebre por la "industria cultural" que ha acometido a una serie de políticos semianalfabetos.

Ante el "plan contra la trata (sexual) de seres humanos" emprendida por el gobierno, los propietarios de burdeles han denunciado: "el plan se basa en que el 90 por ciento de las prostitutas están obligadas, cuando en realidad la experiencia dice que el porcentaje de las que lo hacen por obligación estaría mucho más cerca del diez por ciento". Y han amenazado con cerrar un mes para llenar las calles de prostitutas. Esto último da algo de razón al gobierno, pues esos burdelarios parecen considerarse los dueños de sus prostitutas, y las echan como ganado si les parece conveniente. Pero, en fin, es absurdo decir que la mayor parte de estas hacen su trabajo forzadas (o forzados, pues hay cada vez más prostitución masculina). Y contra ese forzamiento no hace falta ningún plan especial: basta con aplicar la ley que prohíbe tales cosas. Pero de aplicar la ley no entienden estos politicastros. De lo que entienden es de enredar, crear puestos burocráticos y los intereses correspondientes, y, corruptos como son, de "crearse imagen" de hombres (y mujeres) de altas prendas morales y humanas.

Ciertamente la prostitución es degradante, el tipo de oficio que nadie querría para su hija, su madre o su mujer. ¿Nadie? Bueno, vamos a dejarlo. Hay padres, hijos y maridos a quienes parece bien la prostitución de sus deudos si comparten la ganancia. Y otros, asépticamente, nos comunican que se trata de un trabajo como cualquier otro, un simple servicio voluntario y pagado, como el de enfermera o el de ingeniero. Y ningún problema. Cabe suponer que esas mismas personas no tendrían mayor reparo en dedicarse ellas mismas a la prostitución, si les resultara más rentable que el oficio que desempeñan. "La economía lo es todo", ya lo dijo el pensador.

La experiencia indica que la prostitución es inerradicable, como lo son las separaciones matrimoniales, la delincuencia, la corrupción y tantos otros males. De algún modo, cumplen un papel social (piénsese en el paro que generaría la desaparición de la delincuencia, perdonen la broma). El problema está en su extensión. Una sociedad en la que la prostitución está muy extendida, en la que son masivos los abortos, divorcios, corrupción o delincuencia, es una sociedad con pésima salud, y la española actual lo es sin lugar a dudas. Por lo que se refiere a los tres primeros apartados, provienen ante todo de la corrosión de la familia por parte de políticos, medios de comunicación, espectáculos, etc., imbuidos de una determinada ideología: la feminista. De la que tan intensamente participan Ana Botella, el gobierno, la Comunidad de Madrid y los futuristas en general. Fingen combatir los mismos males que generan, y hacen de ese "combate" un negocio político y económico. Así funciona la cosa.

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**** "El infierno vasco", ya a la venta

La chusma política

**** CCOO y UGT piden a Zapatero más impuestos y que nacionalice la banca

Las mafias sindicales quieren aumentar el paro, porque aumentar los impuestos significa disminuir la inversión y la iniciativa empresarial. La cabra tira al monte, y estos necios aspiran a funcionarizar por completo la sociedad, como ocurría bajo el socialismo real. La nacionalización de la banca era también una reivindicación de Falange, y en parte está ya nacionalizada a través de los bancos centrales. "Nacionalización", qué chiste: significa que el partido en el poder mangonee la banca a su servicio y beneficio. Lo han venido haciendo con las Cajas de Ahorros, y los resultados están a la vista. El parasitismo sindical, paradigma de la corrupción, aspira a extender esta de modo absoluto.

**** El Rey apuesta por la "industria cultural" para estimular la economía, junto a González-Sinde y Montilla. Muy bueno, sí señor, ¿y cuál será el más culto de los tres? El país de las maravillas.

**** Los futuristas argumentan a menudo que no se puede criticar ya al gobierno en relación con la ETA, porque ha cambiado de postura. Es como decir que a un reconocido estafador no se le debe perseguir porque dice que no estafará más. Ello implica compincharse con él, claro. Los delincuentes políticos, siempre tapándose unos a otros.

**** Aído dice en la SER que un feto de 13 semanas no es un ser humano

Debe de ser cierto: cuando ella contaba con trece semanas de vida era una rana, y así ha salido.

**** Gabilondo: "Necesitaría un buen rato para definir qué es un ser humano"

Me temo que esta lumbrera necesitaría mucho más que un buen rato, pues en realidad nadie ha conseguido hacerlo hasta hoy. Pero el ser humano está ahí, y lo que hay que definir es si el feto en una mujer es una vida humana en gestación, una vida indefinida que lo mismo puede salir una rana o un búfalo, o una simple excrecencia celular asimilable a un tumor que puede ser conveniente extirpar. Gabi duda, o mejor, no tiene la menor duda, como Zapo, El País  y otros colaboradores del terrorismo: están seguros de que se trata de una excrecencia celular, y que debe reservarse a la señora afectada el "derecho" sobre ese tumorcillo. Lo tienen clarísimo. Tanto como tenían lo del suicida lleno de calzoncillos el 11-M, o lo de la goma2 eco. Ellos son así, no hay quien los cambie.

**** El Niñato Grotesco: "Tenemos que preservar el derecho a este acto (el aborto) tan difícil". ¿Difícil? Para una mujer zapesca es lo más fácil del mundo. Decenas de miles de mujeres zapescas, en España, liquidan cada año a sus hijos en gestación, y al parecer se quedan tan anchas y tan progresistas. ¿Dónde está la dificultad? Una "opción de confianza en las mujeres", dice el colaborador de la ETA.

**** Propaganda antisemita en el periódico fascistoide El País.  Más exactamente: propaganda genocida.

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Pensamiento zote

**** Ciertos fanáticos creen que el catolicismo es un sistema político y, además, económico: la economía y la política como recetas de sacristía. Puesto que, según se ha demostrado, esas recetas conducen a la pobreza de la masa de la población, concluyen que la pobreza está bien, la gente no tiene por qué consumir tanto. Aunque, desde luego, no piensan en sí mismos al decir eso. Ellos pretenden decidir cuánto y qué cosas deben consumir los demás. En el fondo ese cristianismo se aproxima mucho al comunismo.

Dicen también que el marxismo, el fascismo y el liberalismo tienen el mismo origen en la Ilustración. No deja de tener algo de verdad... aunque han dado lugar a sistemas políticos y económicos totalmente distintos. Por lo demás, también es cierto que la Ilustración nace del tronco cristiano, y su crítica a la Iglesia parte de valores cristianos implícitos o explícitos.

Montalbano

19 de Mayo de 2009 - 08:33:53 - Pío Moa - 202 comentarios

Me estoy haciendo un poco adicto a la serie del comisario Montalbano en la tv de Libertaddigital, los viernes por la noche. Está bastante llena de tics progres, como el toque anticlerical, un comisario bastante pendejo y otra gente a la que sus "libertades" sexuales no les causan ningún problema y son felices así, o momentos graciosos como cuando el comisario aclara que "si es comunista es solo asunto particular suyo"; las tramas suelen ser algo inverosímiles y a veces involuntariamente cómicas, los culpables muestran una tendencia a suicidarse que no por repetida deja de sorprender al comisario, etc. Si lo comparamos con las series anglosajonas, estas resultan mejor elaboradas, con más acción y tramas más complejas. Sin embargo la serie tiene un encanto especial que proviene de una básica ingenuidad y un costumbrismo no cutre (en España costumbrismo y cutrerío suelen ir juntos), los paisajes de Sicilia y una mayor proximidad a lo que conocemos. Las series anglosajonas, con toda su buena técnica, terminan resultando como de plástico o de cartón piedra, con personajes más tópicos y falsos que un duro de madera. Ver las películas de Montalbano proporciona –a mí al menos– un indefinible consuelo.

**** Por cierto, acabo de enterarme de que Margarita Margaró de Teodorakis o Zeodorakis, que puse ayer, tiene una versión española de Manolo Escobar. Me gusta más en griego, quizá porque no entiendo la letra, pero ahí va:

http://www.youtube.com/watch?v=XsL0LC8qUQQ

Otra canción de Zeodorakis (¿o Ceodorakis?) tuvo también una versión española titulada "La luna de miel", aquí en la espléndida voz de Gloria Lasso:

http://www.youtube.com/watch?v=Uxura-pIyTM

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La chusma política

**** Rosa Díez, vetada por la Facultad de Políticas de la Complutense

Universidad basura. De no ser así, tanto los dirigentes de UPyD como los de AES, por poner un ejemplo, tendrían derecho a explicarse allí. Pero se explica Carrillo, le dan un doctorado horroris causa y casi todo el mundo lo encuentra pefectamente natural: ¡ha hecho tanto por la democracia

**** Tengo idea de que Feijoo proponía una enseñanza dividida a partes iguales entre los idiomas gallego, castellano e inglés. Es decir, equipara el idioma común nacional con el regional, por una parte, y con otro ajeno a nuestra cultura e historia, por otra. Por un lado o por otros, estos politicastros tratan de socavar, desvalorizar y hundir todo lo que significa España.

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Hoy, en El economista:

DOS CRISIS

España está sufriendo dos crisis, en parte interrelacionadas: la económica y la política. La primera es la única que preocupa a la gente, empezando por los grandes partidos, como ha revelado el absurdo "debate sobre el estado de la nación". Preocupa a estos por los efectos que pudiera tener sobre los votos y la disciplina no democrática de los propios partidos, pero no por eso ofrecen soluciones. Alberto Recarte lo ha sintetizado a la perfección: las recetas económicas del PSOE son malas, y las del PP horrorosas. Políticos de ínfimo perfil, unos y otros evitan hablar con claridad y juegan a ilusionar a los votantes con baratijas.

Pero por difícil que sea la crisis económica, mayor gravedad reviste la política, que casi nadie quiere abordar. Esta puede definirse como un proceso involutivo desde el Pacto por las libertades y contra el terrorismo de tiempos de Aznar, convertido primero en Pacto del PSOE con la ETA y contra las libertades, y luego en un proceso de descomposición moral y política de la sociedad, gracias a la liquidación de la oposición por el grupo de Rajoy.

La ausencia de oposición hizo que durante el primer mandato de Rodríguez mucha gente creyese que mientras la economía pareciera marchar bien, con más coches, pisos y gambas, carecía de importancia la colaboración del gobierno con el terrorismo y los separatistas, el apoyo a las dictaduras del tercer mundo, el ataque a las libertades, la creciente degradación del poder judicial, de la enseñanza, una información manipulada y prensa basura, entre tantas otras nimiedades. Han llegado las vacas flacas, pero el previo estropicio político, y sobre todo moral, ha sido de tal envergadura que apenas existe ya en España sensibilidad democrática. Lo cual quiere decir que una deriva fácil de la crisis económica puede ser hacia soluciones contrarias a la libertad y próximas al totalitarismo, siguiendo la tendencia actual. 

Sobre la masturbación

18 de Mayo de 2009 - 07:30:39 - Pío Moa - 52 comentarios

(Diálogos pastoriles. Anterior, 11-V)

PATRICIO.- ¡Venga. Sulpicio, que está de broma el animal racional!

MAURICIO.- De broma nada, Patricio. La masturbación tiene una ventaja de entrada que incluso Sulpicio está en condiciones de entender: no compromete a nadie. Si tú te lías con una señora o señorita, siempre resultará que surgen discrepancias, diferencia de caracteres, formas de ser que chocan, etc., etc., y es inevitable que la fastidies o te fastidie ella. Fíjate en Salicio, cómo sufre el pobre desgraciado por su horrible Amartilis...Eso no ocurre con la masturbación, y si la naturaleza nos ha dado esa posibilidad es porque la naturaleza es sabia, que diría Moh Ul-sih. Tampoco tienes posibilidad de ocasionar embarazos no deseados ni de cargar con críos que, por mucho que los quieras, o te creas que los quieres, pueden ser un verdadero peñazo, y si no, fíjate en Castilla del Pino, que si se deja llevar por el sentimentalismo le estropean la carrera. O imagina los líos en que te puedes meter si te da por la opción sexual de la pederastia... La cosa no puede ser más conveniente, y sobre todo más racional...

PATRICIO.- Pero reconocerás, Mauricio, que es mucho menos satisfactoria.

MAURICIO.- Para nada, chaval, para nada. Con ayuda de la fantasía no resulta menos, y de paso desarrolla una facultad mental tan imprescindible como la imaginación. ¿Qué haríamos en la vida sin la imaginación?

PICIO.- Y de Mauricio en apoyo, aunque, la verdad, nada de lo que diciendo viene un pelo me gusta, hay que tener las muñecas inflables en cuenta. Hoy, con lo avanzada que está la ciencia, hacerse pueden muñecas con todas las ventajas de una mujer y ninguno de sus inconvenientes. En Internés lo vi tiempo ha.

FELICIO.- ¡Y a la inversa, Picio, muñecos inflables para ellas, o para los que practican con orgullo la opción homosexual! No seamos machistas...

SULPICIO.- Vamos a ver, mendrugo racional, ¿no te das cuenta de que así se acabaría la humanidad? ¿Te parece bien eso, tío loco?

MAURICIO.- Sostengo, arcaico sujeto, que con un poco más, muy poco más de tiempo y ciencia, los críos se harán en máquinas ad hoc, y nadie tendrá que cargar con ellos, bien sea que se ocupe el estado u oenegés de la tarea. Pero, objetarás, ante de que llegara ese feliz momento la humanidad se habría acabado. A lo cual yo y Bertrand Russell, que en paz descanse, replicamos: ¿y qué?, ¿qué nos puede importar? La tierra se ha pasado miles de millones de años sin seres humanos que la fastidiasen, y ha estado tan a gusto con sus virus, bacterias o diplodocus, o sin nada, así que dime, ¿qué falta hacía el hombre?, ¿no dicen los ecologistas que lo único que hacemos es fornicar el equilibrio natural? Además, antes o después se acabará la tierra, como han explicado los cosmólogos, de modo que, ¿importa mucho si es un poco antes o un poco después? En términos cosmológicos, eso no es nada. Las cosas hay que mirarlas sub specie aeternitatis, como hacemos los filósofos racionales.

FELICIO.- Voto a tal, que me horroriza lo que oigo. En otro tiempo la Inquisición te habría llevado directamente a la hoguera.

SALICIO.- Has de saber, absurdo Mauricio, que yo soy muy feliz con mis sufrimientos por Amartilis, y que no los cambiaría por todas tus satisfacciones en el paraíso de Onán.

MAURICIO.- ¡He ahí, Salicio, que has dado en el clavo sin quererlo! Sufres, pero te gusta, te muestras orgulloso de tus penas y nos las pasas por las narices, como diciendo: "Vosotros no conocéis este dulce tormento, esta deleitable servidumbre, no sabéis nada de la vida..." Esa es una de las razones por las que yo no soporto esas cosas: ¿a qué vienen?, ¿qué objeto tienen? Ni sabemos el por qué de ese impulso casi incontrolable por la supervivencia humana (menos incontrolable para quienes somos realmente racionales), ni tampoco por qué la supervivencia tiene que realizarse mediante esos actos sexuales, o por qué ellos van acompañados de placer. Y sin preocuparnos siquiera de aclarar esas cuestiones elementales para un ser racional, nos revolcamos en el fango de la irracionalidad. ¿Os parece lógico? ¿Os parece razonable? ¿O acaso vosotros sabéis el porqué de esas cosas y no me lo queréis contar?

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**** Vi un rato lo de la eurokkvisión. Recuerdo otras eurovisiones hace años: cada representante cantaba en su idioma, generalmente con actitud y gesticulación bastante sobria y digna. Hoy casi todos cantan en inglés retorciéndose como monos, con acompañantes epilépticos y música convulsiva, atuendos y gestos prostibularios, colorines, puerilidad de efectos especiales... Quedé encantado de que la estúpida canción "española" quedara en último lugar, aunque había algo de injusticia en ello: casi todas eran muy parecidas y lo merecían también, lo malo es que no había otras que pudieran ir por delante: Europa, el continente del que ha huido el espíritu.
Ya lo puse otra vez, pero observen otro modo de cantar:

http://www.youtube.com/watch?v=dVU1BAoq8uk&feature=PlayList&p=ABC3026890F06D36&index=0&playnext=1

**** Veo en un bar que el puteril (uso la palabra en sentido descriptivo) diario El mundo publica "100 españoles y el sexo. Cien personajes comentan sin tapujos sus experiencias". Sin tapujos. El valor que dan a su intimidad esos héroes: nulo. Quizá hayan cobrado por sus "revelaciones". ¿Qué diferencia hay, entonces, entre que uno largue sus rollos de boquilla y que le graben en acción, sin su consentimiento? Hay una: que la grabación resulta más veraz. Por lo demás, el consentimiento tiene poca importancia cuando uno concede tan poco valor al asunto. Un célebre putón verbenero, Aleksandra Kollontai, creo recordar, decía que eso del sexo es como beber un vaso de agua cuanto tienes ganas. Que a alguien le graben bebiendo un vaso de agua sin su permiso está mal, desde luego, pero no puede ser tan grave, después de todo, para quien ve así la vida.

**** Algunas abortistas dicen que si se quedaran embarazadas, no abortarían. Pues hacen mal. Ese caso debería entrar en los motivos justificados de aborto. Incluso podría ser obligatorio para ellas. Inmagínense el pobre hijo...

**** Zapo: "La derecha quiere imponer su moral" en lo del aborto. Miente: la derecha, si se refiere al PP, no tiene la menor moral al respecto. Es Zapo, secundado con algunas protestitas formales de los futuristas, quien impone a la sociedad su moral. La moral del asesinato –como en su colaboración con el terrorismo–, si consideramos el feto como una vida humana en gestación; la moral como una broma si consideramos el feto como una excrecencia más o menos molesta en el cuerpo de la mujer.

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Algo mejor: el Instituto Juan de Mariana. Contra la ideología choricesca de Zapo. Poco conocido, dice alguno de esos sujetillos. Pues hay que darlo a conocer.

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La mentalidad que llevó a la expulsión de los judíos tenía que ver seguramente con la euforia del final de la reconquista. Mas, paradójicamente, no se adoptaron en un primer momento medidas similares contra los mudéjares o moros que permanecían en Granada, sino que se les reconocieron derechos considerables, incluso privilegios como el de no pagar más impuestos que antes, conservar armas blancas, destitución de gobernantes cristianos sobre los que tuvieran queja. Podían mantener su religión y propiedades, su propio sistema legal, su sistema de instrucción, llevar la ropa que quisieran, no las capas que identificaban a los judíos, retener sin trabas a los cristianos islamizados... Estas normas iban más allá de las de Valladolid con respecto a los judíos, y creaban casi un estado dentro del estado, lo que chocaba con el impulso racionalizador de la monarquía autoritaria. Curiosamente, el odio hacia los mudéjares era mucho menor que hacia los judíos, lo que acaso se explique por las posiciones de poder y riqueza adquiridas por algunos de estos, en contraste con la pobreza casi generalizada de los moros, que vivían en condiciones similares o peores que los cristianos de clase baja.

No obstante, los mudéjares no dejaban de constituir otro cuerpo extraño a la homogeneidad religiosa querida por los reyes, tanto más cuanto que constituían una potencial quinta columna de los poderes musulmanes de África, solo separados por el estrecho de Gibraltar y el breve mar de Alborán, y que mantenían una piratería permanente, aparte de sus grandes invasiones del pasado (no parecía entonces peligro inminente la presencia turca en el Mediterráneo, todavía alejada de las costas españolas). Simétricamente, el África musulmana daba esperanzas de un eventual cambio de tornas a los moros peninsulares. Por consiguiente la política hacia ellos cambió pronto. Las predicaciones para convertirlos apenas dieron resultado, y en 1499 se adoptó una postura más drástica, con presiones económicas y a veces físicas para que los jefes musulmanes se bautizasen y arrastrasen a los demás; y se confiscaron y quemaron los libros religiosos, mientras los científicos fueron enviados a la universidad de Alcalá de Henares. Miles de mudéjares se convirtieron pero otros más se rebelaron en Granada y las Alpujarras, en 1500. Vencida la rebelión, la política de los reyes se endureció, y en 1502 se les aplicó la misma alternativa que a los judíos: convertirse o marcharse. La gran masa de ellos aceptó el bautismo, pero mantuvo sus tradiciones, costumbres, vestimenta y, ocultamente, su religión, recibiendo el nombre de moriscos. Así, el problema no desapareció, sino que se haría más alarmante conforme aumentaba la piratería magrebí y la amenaza turca se aproximaba a España durante el siglo XVI.

De la chusma política

17 de Mayo de 2009 - 07:54:37 - Pío Moa - 49 comentarios

Aznar: "España necesita hombres de gran talla, no artistas de la triquiñuela"

Muy cierto, los necesita. Pero no los produce. Con las debidas, aunque poco brillantes, excepciones, la sociedad española solo produce niñatos y zampabollos, pendejos y tiorras o tiorrillas; y no solo en política. El pueblo español, hablando en general y con las excepciones de rigor, ha adoptado en estos últimos decenios la mentalidad snob, hortera y vacua del nuevo rico, se ha apuntado con la mayor naturalidad a la "cultura" de la trola, el choriceo y el puterío, ha comulgado con todas las ruedas de molino que le han echado, y ahora que llega la crisis económica (y no solo económica), y hay que pagar las deudas, se queda con la boca abierta, estólido, esperando que algún pendejo o tiorrilla les diga que no es verdad lo que pasa. En cuanto a las excepciones, su especialidad es quejarse, apocados; parte de ellos sin otro programa que la superstición que convierte la religión en doctrina política: todos los males vienen de la masonería y el sionismo, ¡si lo sabrán ellos, que Dios les ha iluminado con tanta predilección...!

**** Feijóo continuará la "labor galleguizadora" de otros gobiernos del PP

"Galleguizadora" quiere decir separatista porque, por desgracia, los separatistas y antidemócratas se han apoderado del gallego para estropearlo con sus basurillas, como en las Vascongadas o en Cataluña. La creciente radicalización separatista en Galicia tiene mucho que ver con la política de Fraga, imitada de la de Pujol. Estos necios creen que siguiendo a los separatistas les quitarán bazas y votos, y es todo lo contrario. El PP futurista, sin política propia, carente de la menor fuerza intelectual.

**** Rubalcaba, tras la decisión del TS: "O se está con los votos o con las bombas"

¿Quién es más golfo? ¿El tribunal o Rubalcaba? La justicia al servicio de la "oportunidad" de los pendejos y tiorrillas de la política.

**** Gingrich: "La UE podría degenerar en una dictadura burocrática" 

No solo podría. Ya ha avanzado mucho hacia ese objetivo.

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En Época

EL INGLÉS DESPLAZA AL ESPAÑOL

Causan justificada alarma los atentados de los separatistas vascos, catalanes y gallegos no al idioma español común, sino a los derechos democráticos. Esto es normal, porque el separatismo en España siempre ha odiado las libertades tanto como odia la historia y cultura real de catalanes, gallegos y vascos, que pretende sustituir por esa lúgubre retórica "nacionalista". Pero difícilmente impedirán que el español siga desarrollándose en esas regiones y deje de ser la lengua común del país, al menos por bastante tiempo.

Ninguna alarma causa, en cambio, otro proceso acelerado que sí constituye un grave peligro para la pervivencia del español como idioma de cultura a plazo no muy largo. Suele exhibirse una complacencia beata por el número de hablantes de nuestro idioma, y un rechazo a ver cualquier problema al respecto. La bobaliconería ambiente replica con que "el inglés es útil", o que "la gente lo demanda", o que "la ciencia se hace hoy en inglés", y simplezas por el estilo. Naturalmente que el inglés es muy útil en muchos casos, pero también lo es la geografía, y nadie nos somete a una campaña permanente, casi como un lavado de cerebro, para que la estudiemos. Un lavado de cerebro que convence a los más simples de que sin el inglés no pueden vivir, aunque en la mayoría de los casos gastarán mucho tiempo y dinero solo para llegar a chapurrearlo, sin que apenas les sirva más que para estropear su propio idioma, cuya enseñanza es muy mala (solo hay que ver los índices de fracaso escolar y de analfabetismo funcional).

El argumento de la ciencia no puede resultar más significativo: lo que importa a los científicos, se dice, es que sus trabajos se divulguen lo más ampliamente posible, y ya sabemos qué idioma está mejor situado para ello. Pero la receta vale para casi cualquier cosa: el artista, el cantante, el escritor, el economista, etc. tienen el mismo interés en ser conocidos, y por tanto deberían renunciar poco a poco, o mucho a mucho, a nuestra lengua en todos los terrenos de la cultura superior. De hecho así ocurre cada vez más. Un matemático me comentaba que en una reunión con colegas hispanoamericanos en la universidad ¡de La Rábida!.. decidieron expresarse en inglés, y que en las publicaciones universitarias tiran directamente a la papelera los estudios que les llegan en español. Revistas universitarias, pagadas con fondos públicos, tienen sus títulos directamente en inglés, y hasta la filología española se escribe cada vez más en ese idioma. Lo mismo ocurre, me explicó un economista, con los estudios y papeles internos que circulan en el Banco de España. En el ejército, los serviles mandos superiores pueden obligar a los oficiales a dar las órdenes o explicaciones alternativamente en inglés y en español. Es cada vez más frecuente que empresas españolas anglisicen sus nombres o los de sus productos, en los aeropuertos españoles la empresa comercial, Aldeasa, expone nombres e indicaciones de preferencia en inglés. Explosivos Ríotinto ha "internacionalizado" su nombre. Un amigo me llamaba la atención sobre el contraste entre Ikea, multinacional sueca cuyas tiendas están repletas de colores, palabras y referencias a su país, y multinacionales españolas como Zara, con tiendas en muchas ciudades del mundo pero faltas de la menor alusión a su país de origen. En algunas calles del centro de Madrid los nombres de los establecimientos son mayoritariamente ingleses. Los ejemplos podrían multiplicarse, y alguien debería hacer un estudio sistemático del fenómeno.

La importancia de un idioma no depende principalmente, del número de sus hablantes, sino de su creatividad cultural. Y el ámbito hispanohablante, hoy, produce mucha basura y es muy poco creativo; y para lo poco que es, tiende a abandonar su propia lengua, convirtiendo la cultura hispana en un subproducto de escasa calidad de la cultura anglosajona. 

¿Está Suiza en Europa?

15 de Mayo de 2009 - 09:03:46 - Pío Moa - 222 comentarios

(art. de 2003)

Los suizos siempre han tenido fama de aficionados a las armas, hasta el punto de que solían alistarse en otros ejércitos como mercenarios; a veces en ejércitos enemigos entre sí, y, según cuentan, en las treguas se reunían suizos de uno y otro bando a beber y comentar los incidentes de los combates. Todavía observamos ese carácter en la seriedad con que se toman la preparación militar. Pero, como país, es el que ha disfrutado de más larga paz en Europa, permaneciendo neutral en todos los conflictos que han devastado el continente en los últimos dos siglos.

Esa neutralidad ha tenido algunos costes, y en la última guerra mundial el comportamiento suizo en relación con, por ejemplo, los judíos, distó de ser modélico —mucho mejor fue el de Franco, por poner un caso—. Pero el balance de conjunto es inmensamente positivo, y no sólo para la propia Suiza, país elegido como sede de la Sociedad de Naciones, donde nació la Cruz Roja, y donde numerosos estados contendientes han firmado o negociado el fin de sus querellas. Suiza es, además, una de las más antiguas y prestigiosas democracias del mundo. Es una considerable potencia industrial y también científica —superior a España, por cierto— y artística; la célebre opinión reflejada en "El tercer hombre" simplemente no pasa de tontería. Y es quizá el país más sólidamente rico de Europa.

Suiza ha seguido, en general, el camino de apoyarse en sus propias fuerzas y en su propia experiencia, evitando mimetismos y sin aislarse, no obstante, del exterior. Pese a las fuertes presiones para que se sume a la corriente, ha declinado entrar en la Unión Europea. Obviamente, no muestra el menor complejo por ello, ni a ningún político se le ocurre presentarla como ajena a Europa. Al contrario, los suizos tienen la impresión de ser en muchas cosas más bien un modelo para el resto del continente. Que un país tan pequeño muestre tal confianza en sí mismo es un hecho destacable, pero mucho más el que esa confianza se haya demostrado tan justificada.

Nuestro caso es casi justamente el contrario. Parece que estuviéramos siempre dispuestos a olvidar o menospreciar nuestra propia experiencia, a no darnos a nosotros mismos un margen de confianza, a buscar fuera, con espíritu milagrero, algún bálsamo de Fierabrás a nuestras heridas. Cuando oigo referencias al "orgullo español", por parte de franceses o ingleses, me quedo perplejo. No sé si habrá ahora mismo en Europa un pueblo más servil y falto de confianza en sí mismo. Autodesconfianza tan justificada como la confianza suiza, pues, en círculo vicioso, engendra sus propios males.

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**** Feijóo cede la política lingüística a un defensor de la imposición del gallego

¿Cuándo se convencerá la gente de que el PP es "asín", y que solo finge una política española y democrática para retener los votos de muchos electores ansiosos de creer tal cosa? No es cuestión de complejos, como pudo serlo en otro tiempo. Es una evolución política consistente y que solo los muy ingenuos pueden dejar de ver: el PP se compone de diversas corrientes unidas por el común afán de disfrutar de poder; y con la misma ideología final —solo un poco aguada— que Zapo y su gobierno ilegal e ilegítimo. El actual PP no es ninguna solución, agrava el problema.

**** Las víctimas del 11-M califican de "vergüenza" que Zapatero "frivolice" la matanza

¿Vergüenza? Mucho peor. Zapo nunca ha estado con las víctimas, sino con los terroristas. Ha sido el mayor colaborador que los asesinos han tenido en España. Secundado por los futuristas. Pero a la gente le gusta creer fantasías.

****  AVT se querella contra Carlos Dávila

Época ha dicho que la directiva actual de la AVT se ha puesto en manos del gobierno pro terrorista. Podría haber sido una opinión equivocada, y Dávila tendría pleno derecho a expresarla. Pero en el fondo no es equivocada en absoluto. Quizá esté más en manos de los futuristas rajoyanos que del gobierno, pero en la práctica es exactamente lo mismo. Con su querella, los jefes de la AVT demuestran que, además de haber renunciado al papel que la AVT ha cumplido muchos años, están en contra de las libertades democráticas y tratan de utilizar la justicia contra ellas, como ocurre cada vez más a menudo bajo este gobierno y su seudo opocisión. Es de esperar que las víctimas expulsen a esa directiva. Hace tres años escribí una nota, que ahora mismo no tendría validez:

¿QUIÉNES SON LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO?

La Asociación Víctimas del Terrorismo se constituyó en 1981 para socorrer a los afectados más directos por esta barbarie, ante el abandono y marginación a que las relegaban tanto el estado [debí haber dicho "los políticos"] como muchos sectores de la sociedad española. Hoy suena increíble que una sociedad y un estado que se proclaman democráticos hayan podido despreciar a las víctimas directas del terror totalitario, y otorgar simétricamente un plus de crédito y prestigio a bandas de asesinos cuyo propósito declarado, nada oculto, consiste en destruir la democracia y la unidad de España. Sin embargo así ha sido. Durante muchos años la Asociación de Víctimas ha sufrido un talante oficial de sospecha, mirada desde determinados poderes públicos con abierto desagrado, y hasta privada de ayudas concedidas en cambio a asociaciones pintorescas, por no decir más.

El trabajo tenaz de la Asociación ha logrado ir cambiando tal estado de cosas. Ha impulsado medidas políticas, sociales y judiciales que han permitido mejorar la situación de las víctimas inmediatas, y con ello la calidad democrática de nuestra sociedad. Denunciando los crímenes ha conseguido diluir la demagogia que presentaba y aún presenta a los terroristas como luchadores por algún fin noble, mostrando su verdadera naturaleza de barbarie fanática y delincuente. Ha contribuido a probar, al compás de una larga experiencia, que las llamadas "soluciones políticas" eran en realidad soluciones mafiosas que no hacían otra cosa que legalizar el crimen y premiar a los criminales, a costa del estado de derecho y de la libertad y seguridad de los ciudadanos. Cuantos amamos la libertad tenemos una deuda contraída con esta Asociación.

Pero en la actualidad asistimos a un grave retroceso hacia el ambiente turbio que hizo necesario crear la Asociación. Desde diversos poderes y medios de masas los terroristas vuelven a ser presentados como interesados en la paz y en una causa política digna de reconocimiento; mientras, paralelamente, menudean las maniobras para dividir a las víctimas o negarles la condición de tales, o para desacreditarlas identificándolas con la "extrema derecha", o para culparlas indirectamente de la pervivencia del terrorismo por exigir la más elemental justicia y defender las libertades.

Por esta razón, y por la deuda que todos tenemos contraída con ellos, todos debemos movilizarnos y manifestar nuestro firme apoyo a esta Asociación, a la democracia y al Estado de derecho, y nuestro enérgico rechazo a todas las maniobras de supuesta pacificación a costa de la libertad y de la unidad de España. Porque la víctima del terrorismo, en definitiva, es toda la sociedad... con la excepción de los recogenueces: los Zapatero, Ibarreche, Carod y sus partidos. Las cosas están llegando demasiado lejos, y sería un error mantener las supercherías. O entre todos detenemos esta deriva o todo lo adelantado desde la Transición se hundirá, por obra de demagogos irresponsables, volviendo al país a la inestabilidad, la involución democrática y propiciando con ello la violencia, so pretexto de conseguir lo que, con típica perversión del lenguaje, llaman "la paz".

Azaña y la tradición jacobina

14 de Mayo de 2009 - 09:34:44 - Pío Moa - 233 comentarios



Algo indica el hecho de que este movimiento naciera con el golpe militar de 1820, o que volviera al poder, en 1836, con otro golpe, el de los sargentos de La Granja, organizado por Mendizábal a base de crudos sobornos. Fueron los jacobinos quienes crearon y cultivaron la tradición del golpismo militar, los pronunciamientos, causa y resultado a la vez de la inestabilidad política en la España del siglo XIX. Ya antes de triunfar con el de Riego lo habían intentado cuatro veces, y la casi totalidad de los 35 pronunciamientos a lo largo de ese siglo tuvieron (salvo cinco) carácter exaltado, progresista o republicano. Cuando en 1930 los conspiradores se reúnan en San Sebastián para traer la II República, lo primero en que pensarán será en un golpe militar*.

*Por esta razón, el político e intelectual pro franquista G. Fernández de la Mora, en una reseña del libro de M. Alonso Baquer El modelo español de pronunciamiento, concluye, comentando la observación de S. Payne sobre el carácter "monárquico, católico y conservador" del país: "Y para hacerlo republicano, agnóstico y revolucionario había que recurrir a la fuerza y torcer su voluntad" (1)

Ciertamente los jacobinos españoles no llegaron a usar el terror masivo de sus modelos franceses o sus homólogos suramericanos*, y su violencia resultó inconclusiva. Pero quizá se debió más a su debilidad que a otra razón.

*Bolívar, por ejemplo, decretó la "guerra a muerte" para "destruir en Venezuela la raza maldita de los españoles (...) Ni uno solo debe quedar vivo". Trataba de abrir un foso entre éstos y los hispanoamericanos, muy renuentes a seguirle en su lucha independentista. El decreto consiguió su objetivo (aunque de forma parcial: a menudo los bolivarianos obtenían sus "voluntarios" por la pura coerción, encarcelando y llevando atados a los jóvenes. De ahí que emplearan también a mercenarios ingleses, norteamericanos y otros). Panegiristas de Bolívar siguen tomando esa guerra de exterminio por "su mayor timbre de gloria". Pero el coste fue terrible: las matanzas de prisioneros y civiles nacidos en España se multiplicaron, y, con las represalias españolas, dieron a la lucha un carácter terrorista que marcaría la política de aquellos países mucho después de la independencia. Explicaba el libertador a un corresponsal inglés: "El objeto de España es aniquilar al Nuevo Mundo y hacer desaparecer a sus habitantes, para que no quede ningún vestigio de civilización (…) y Europa solo encuentre aquí un desierto. (…) Perversas miras de una nación inhumana y decrépita". El propio Bolívar, cada vez más adusto y sombrío, escribirá: "No confío en el sentido moral de mis compatriotas", y confesará a Santander: "Amigo, no es sangre lo que fluye por nuestras venas, sino vicio mezclado con miedo y horror"; aunque la desmoralización se debía mucho a los modos de la guerra por él desatada (Santander había ordenado, entre otras, una matanza de 36 oficiales españoles prisioneros, previamente perdonados por Bolívar. "Me complace particularmente matar a todos los godos", dijo otra vez. Un presente que le recordó el indulto, fue también fusilado sobre el terreno).

Aunque españoles de origen, los independentistas se proclamaron extraños herederos de la América precolonial, cuya tradición decían defender contra España. Los indios, desde luego, apenas se llamaron a engaño y en aquellas guerras permanecieron pasivos o respaldaron a Madrid, siendo por ello masacrados en varias ocasiones. Ya independientes, los indios mejicanos fueron despojados de su tierras, poseídas colectivamente, y peor pasó en Argentina. Sarmiento, educador de este país según opinión extendida, hablaba con sinceridad cuando trataba a los mapuches de "indios asquerosos, a quienes habríamos hecho colgar y mandaríamos colgar ahora" (no era menos claro con los gauchos: "No trate de economizar sangre de gauchos —recomendaba al general Mitre—. Este es un abono que es preciso hacer útil al país"). Al igual que en USA, los indios argentinos fueron acosados y exterminados.

Bolívar pensó en un protectorado británico sobre los nuevos países —rehusado por Londres—, y auguró que le sucedería "un tropel de tiranos" y nuevas guerras civiles. Al otro extremo de Suramérica, Sarmiento comentaba treinta años después de la independencia: "Vése tanta inconsciencia en las instituciones de los nuevos Estados, tanto desorden, tan poca seguridad individual, tan limitado en unos y tan nulo en otros el progreso intelectual, material o moral de los pueblos, que los europeos (...) miran a la raza española condenada a consumirse en guerras intestinas, a mancharse con todo género de delitos y a ofrecer un país despoblado y exhausto como fácil presa a una nueva colonización europea". El precursor de los libertadores, Francisco de Miranda, al ser entregado por Bolívar a los españoles, a cambio de un pasaporte, había hecho su célebre frase: "Bochinche, bochinche. Esta gente no es capaz sino de bochinche". Miranda, hombre muy notable y culto, oficial del ejército español y del revolucionario francés, viajero por Estados Unidos, Francia, Rusia, etc., había sido también agente pagado por Londres (con 1.000 libras anuales) para socavar el imperio español. El liberalismo conservador tenía más afinidad con la tradición inglesa que el jacobino, pero éste convenía a los intereses del imperio británico(2).



Esta agresividad republicana coexistía con una exaltada sentimentalidad humanista y culturalista, personalizada en figuras como Salmerón, presidente de la I República, que dimitió, según se dice, por no firmar una pena de muerte. Aunque en unos grupos predominaba la violencia y en otros el sentimentalismo, las dos actitudes suelen ser complementarias en todas las ideologías, y convivir o alternarse en el tiempo en un mismo grupo. Cuanto más ardientes por el ideal, mayor la recriminación y el recurso a la fuerza contra los adversarios. El ardor escondía algunas veces un fondo de incredulidad y desprecio por las propias ideas*.

*Cuenta Pío Baroja del novelista Blasco Ibáñez: "había hablado (...) en un mitin republicano, haciendo líricamente la apología de la República, y por la noche nos dijo con sorna que la República sería el régimen de los taberneros, de los zapateros de viejo y, sobre todo, de los maestros de escuela. Según él, afortunadamente, no vendría nunca a España" (3)

Otro azote para los programas jacobinos era un personalismo exacerbado. En cualquier partido las motivaciones ideológicas, las aspiraciones al bien común y las ambiciones personales van mezcladas inextricablemente, pero en los republicanos españoles el tercer elemento solía producir odios aniquiladores. Ya el buen rey Amadeo, traído por el progresismo, se desesperaba ante las rivalidades e intrigas: ”Io non capisco niente; siamo in una gabbia de pazzi” (“No entiendo nada; estamos en una jaula de locos"). Figueras, que siendo presidente de la I República huyó un buen día a Francia sin despedirse, tacha a sus correligionarios de "infames, díscolos, ambiciosos, envidiosos". Éstos le retribuyeron llamándole loco. Lerroux, quien más que nadie había revitalizado el republicanismo a principios de siglo, ponderaba las numerosas ocasiones en que su conmilitón Rodrigo Soriano había incitado a asesinarle, o se queja, citando: "Lerroux conspiraba contra la monarquía, y los republicanos conspiraban contra Lerroux". En la II República, la aversión y el desprecio entre los dirigentes tuvieron un indudable efecto demoledor para el régimen y para ellos mismos, como creo haber mostrado en personajes de la república vistos por ellos mismos.(4)

El repaso de los hechos y de los testimonios de los mismos jacobinos permite concluir que el estilo turbulento, impaciente y convulso de éstos dista de ser una invención de sus enemigos. Con seguridad esas conductas hicieron un flaco servicio a sus propios ideales, al provocar una fuerte aprensión social incluso ante las medidas razonables por ellos propugnadas, y con ello un retraso histórico en su aplicación.

Siguiendo el modelo francés, que había decretado la maldad de la historia anterior de Francia, los jacobinos hispanos hacían lo propio con la de España, si acaso con mayor radicalidad, y exceptuando solo algunas situaciones, instituciones o personajes en los que, más o menos arbitrariamente, veían antecedentes o precursores de sí mismos. A partir del siglo XVI el pasado español constituía un amasijo de tiranía, atraso, inquisición, torturas y oscurantismo. La condena podía extenderse hasta el reino visigodo de Recaredo, cuando se consolida la hegemonía católica. En cuanto a la Edad Media, sentían una oscura preferencia por los moros, cuya dominación idealizaban frente a la "brutalidad" cristiana. No todos los republicanos pensaban así, evidentemente, sólo hay que pensar en el historiador Claudio Sánchez Albornoz, pero era la tendencia dominante y popular entre ellos*.

*Se hace más comprensiva esta actitud comparándola con la de los jacobinos latinoamericanos. El antiespañolismo en América tuvo rasgos paroxísticos, como en Campo Elías, lugarteniente de Bolívar y nacido en España que rugía: "La raza maldita de los españoles debe desaparecer; después de matarlos a todos, me degollaría yo mismo, para no dejar vestigio de esa raza en Venezuela". Algo parecido expresan, en definitiva, Sarmiento o Alberdi cuando lamentan que Argentina no hubiera sido colonizada por los daneses o los belgas, con lo cual los mismos Alberdi o Sarmiento —Argentina—, no habrían llegado a existir. Para Olmedo, el Homero americano, los españoles —es decir, los progenitores del Olmedo— eran "estúpidos, viciosos, feroces, y por fin supersticiosos".

Francisco Bilbao concluía en El Evangelio americano —libro de texto escolar llegó a ser—, que el progreso de América del sur "consiste en desespañolizarse". Nada más razonable, pues según Bolívar, el imperio español constituía "la tiranía más cruel jamás infligida a la humanidad", había convertido "la región más hermosa del mundo en un vasto y odioso imperio de crueldad y saqueo". Etc. (Aunque el mismo Bolívar, en un momento de debilidad, asumiría que, con la guerra de independencia,  la época española, los "tres siglos de cultura, de saber y de industria han desaparecido"). Por lo demás, los republicanos españoles no iban a la zaga a los americanos. Para Pi y Margall, "nuestras pretendidas glorias no fueron sino una interminable serie de hechos que nos deshonran", y Castelar, con mayor lirismo, declamaba: "No hay nada más espantoso, más abominable, que aquel gran imperio español que era un sudario que se extendía sobre el planeta". Un analítico economista latinoamericano, J. Cecilio del Valle profetizó alegremente la defunción del idioma español: "Cada Estado americano tendrá su dialecto: se multiplicarán los idiomas y cada idioma será un nuevo método de análisis".

Caso de desespañolización fue la adopción del término "Latinoamérica", en sustitución del de Hispanoamérica, con el argumento de que los nuevos países no sólo tenían influencia española, pues se declaraban hijos espirituales de Francia, es decir, de la revolución francesa. Claro que entonces "Anglolatinoamérica", hubiera quedado mejor, ya que la influencia useña, quizá no muy espiritual pero sí muy práctica, supera de lejos a la francesa. Y acaso la española sea algo más que una influencia.

La política desespañolizante parece haber encontrado a veces obstáculos inesperados, como en Méjico, cuyos líderes, observaba Tocqueville, "tomaron por modelo y copiaron casi enteramente la constitución federal angloamericana. Pero al trasladar a su patria la letra de la ley, no pudieron transportar al mismo tiempo el espíritu que la vivifica". Resultado: el país "se ve constantemente arrastrado de la anarquía al despotismo militar y del despotismo militar a la anarquía". Hay, en efecto, una enorme distancia entre la tradición anglosajona de apoyarse sólidamente en su propia experiencia y estudiar con cuidado los cambios a introducir, y el obtuso espíritu imitativo y autodenigratorio tan extendido en América Latina y en España. Posiblemente tenga que ver con ese espíritu la impresión que deja la historia contemporánea latinoamericana —y, en buena medida, la española—, de un exceso de retórica, un exceso de violencia, un exceso de incompetencia y un exceso de corrupción (6).



Todo ello se relacionaba, seguramente, con la carencia de un pensamiento propio, o al menos de análisis solvente de la realidad del país, que les permitiesen adaptar las ideas recibidas de fuera. Los esfuerzos de Pi y Margall —a quien apreciaban los anarquistas casi como uno de los suyos—, Azaña y algún otro, tuvieron corto vuelo, y puede considerarse nula la originalidad teórica del jacobinismo español. Tal deficiencia resalta, por ejemplo, en una de sus actitudes más definitorias, si no la más definitoria, el anticlericalismo. Este sentimiento resulta en más de un extremo comprensible, pero el carácter ciegamente exacerbado, incendiario y sanguinario (en una palabra, fanático... en nombre de la lucha contra el fanatismo) que adoptó en España, evidencia una incapacidad o desgana intelectual realmente fuera de lo común.

Esa pobreza intelectual no frenaba una producción panfletaria copiosísima e increíblemente exitosa. Sirva como botón de muestra este hecho: la república nació quemando bibliotecas y centros de enseñanza y cerró innecesariamente escuelas, colegios y facultades universitarias sólo por su carácter religioso. Y ya sus antecesores habían ocasionado otra catástrofe cultural con la forma como realizaron la desamortización en 1836. Por ninguno de éstos y otros hechos sintieron nunca la menor necesidad de justificarse. Pese a ello, la imagen de los republicanos como excepcionales valedores de la cultura y del intelecto sigue siendo casi generalmente aceptada.



A la inspiración de la Iglesia sobre la mayor parte del conservadurismo español correspondía, en cierto modo, la de la masonería sobre el jacobinismo. Fueron masones los iniciadores de la cadena de golpes militares: Espoz y Mina, Porlier, Lacy, Vidal, Riego, Torrijos etc., y puede decirse que la técnica del pronunciamiento nace, precisamente, de conspiraciones de las sociedades secretas (hoy, en cambio, la opinión corriente identifica la tradición del golpismo militar con la derecha. Otro éxito, sin duda de la propaganda republicana). También pertenecieron a la masonería la mayoría de los políticos de esa tendencia durante los siglos XIX y XX.

El tratadista Ferrer Benimeli estima que en 1931 eran masones el 62 por ciento de los diputados —es decir, dirigentes—, de Acción Republicana (azañista), el 62 por ciento en el Partido Radical Socialista, 38 por ciento en la Esquerra y 33 por ciento en los galleguistas (también el 53 por ciento en el Partido Radical, y el 38 por ciento en el PSOE). El estudioso J. Avilés Farré rebaja estas cifras al 46 por ciento o más en el grupo de Azaña y al 41 por ciento en el radical socialista. Otros datos repetidos cifran en 150 el número de masones en las primeras Cortes republicanas. Y cinco de los siete jefes de gobierno del régimen contaban entre los hijos de la luz . Como la masonería no agrupaba en el país a más de 4.500 personas, su influencia política puede calificarse de asombrosa, y sólo puede entenderse por la solidaridad entre los miembros de la orden y el carácter secreto de su actividad, que les permitía situarse en puestos decisivos de la administración, los partidos y el ejército.

Las logias no formaban un ejército disciplinado en la sombra, como algunos lo presentan, sino que en su seno bullían tendencias diversas, querellas y odios personales. Pero aun con eso, era fortísimo su poder en cuanto a crear estados de opinión y combatir al enemigo común —la Iglesia católica, de manera predilecta—. De hecho constituían un substrato ideológico y en buena medida orgánico, vertebrador de los partidos jacobinos.

NOTAS

1.- En Razón española, nº 8, diciembre de 1984, reseña de El modelo español de pronunciamiento, de M. Alonso Baquer, Madrid, Rialp. 1983

2.- P. Jonson, El nacimiento del mundo moderno, Barcelona, Javier Vergara, 2000, p. 640, 649, 665-6, 645.

L. Díaz-Trechuel, Bolívar, Miranda, O´Higgins, San Martín. Cuatro vidas cruzadas. Madrid, Encuentro, 1999, p. 82, 77, 223.

En R. de Maeztu, Defensa de la Hispanidad, Madrid, Rialp, 1998, p. 222, 232-3

3.- P. Baroja, Desde la última vuelta… IV, p. 179

4.- En F. Soldevilla, Síntesis de historia de Cataluña, Barcelona, Destino, 1978, p. 192.

En J. L. Fernández Rúa, 1873, la Primera República, Madrid, Tebas, 1975, p. 328

5.- I. Liévano, España y las luchas sociales del Nuevo Mundo, Madrid, Editora Nacional, 1972, p. 329-30.

R. Barón Calvo, Españolismo y antiespañolismo en la América Hispana, Madrid, Atlas, 1945, p. 25, 31, 35-6 y 26.

P. Jonson, El nacimiento… p. 647-8.

S. de Madariaga, Bolívar, cit. en P. Jonson, El nacimiento…, p. 650.

R. de Maeztu, Defensa…, p. 88.

A. de Tocqueville, La democracia en América, I, Madrid, Alianza, 1980, p. 154.

6.- En J. Avilés Farré, La izquierda burguesa en la II República, Madrid, Espasa Calpe, 1985, p. 86

Niñato Grotesco contra Futurista Zampabollos

13 de Mayo de 2009 - 08:30:03 - Pío Moa - 115 comentarios

He aquí a dos grandes hombres de estado en el debate sobre el ídem de la nación, que por lo visto se limita a la crisis económica, dejando de lado la crisis de involución política (¿qué importancia tiene eso?) y otras cosas: http://www.libertaddigital.com/nacional/los-silencios-clamorosos-de-rajoy-y-zapatero-1276359052/

Natural, ya nos ilustró Futurista Zampabollos con su profundo pensamiento: “La economía lo es todo”. Uno esperaría que tan expertos ecónomos tendrían alguna idea clara sobre la salida de la crisis:  la realidad la ha expresado concisa y perfectamente Alberto Recarte: “Las recetas del gobierno son malas, y las del PP, horrorosas por lo incoherentes”. Pero eso es lo de menos. De lo que se trata es de hablar de la crisis económica, no vayan a creer los ciudadanos que los políticos se desentiende porque a ellos no les afecte. 

Pues esto es lo que hay, señores, unos insignes dirigentes del país  que no desentonarían del todo en el  progresista Zimbabue mugabeño, régimen ideal para la Alianza de Civilizaciones. Como Mugabe, Grotesco quiere cambiar el modelo económico por ley, y Zampabollos, no lo duden, le secundará.

Y sin embargo los dos tienen su mano una solución que apuntaba Arturito Tinajas, según el brillante informe del infortunado Moh Ul-sih en El erótico crimen del Ateneo de Madrid, y que ya ha empezado a poner en práctica, por más que tímidamente, doña Soraya. ¿Imaginan ustedes lo que sacaría el PP en euros y sobre todo en votos, con un calendario lujoso, bien editado, con posados de alto erotismo de Rajoy, Cospedal, Soraya (por supuesto, ella ha marcado el camino y debe reconocérsele), Pons, la líder del PP en Cataluña, y tantos otros y otras jefes y jefas del PP? ¿No sería una apuesta por el futuro? ¿Y vídeos, etc.? Pero recordemos la inmortal intervención de Tinajas:

"Qué pasaría si los señores excelentísimos ministros, dejándose de remilgos de señoritas beatas, salieran en la televisión a explicar sus experiencias sexuales, ¡con audacia, insisto! ¡Sin falsos pudores! A explicar cómo gracias a la tecnología del condón, se han librado del sida, la blenorragia, los picores... ¡Fuera mojigaterías, excelentísimos señores, señoras, ministros, ministras! Y si ustedes entrasen en acción ante la cámara, lúdicamente (…) ¿Se dan ustedes cuenta de lo que supondría su ejemplo vivo y actuante? ¿Lo que supondría para salvar vidas y emancipar a las masas? ¡Qué altura moral! ¡Qué consecuencia en la actitud! ¡Qué ética! ¡Qué donosura y despiporre y qué belleza de formas! ¿No superaríamos así, de una tacada, siglos de atraso? ¿No nos haríamos más europeos? Considérenlo, se lo ruego, porque lo avanzado siempre choca al principio, pero después se vuelve natural. ¡La Utopía debe guiarnos, como siempre! Además, el primer país cuyos dirigentes pusieran en práctica la idea que desde esta histórica tribuna, desde este foro del pensamiento brindo, ese país iba a ingresar unos royalties de órdago. Piensen en la venta de vídeos, de películas por todo el mundo ¡Quién iba a dejar de adquirir esos documentos únicos! Porque el primero en abrir brecha será el ganador. Otros gobiernos seguirían el ejemplo, pero las imitaciones tendrán después interés escaso. Un filón (...)" 

No digo yo que con eso se resolviera del todo la crisis, tampoco conviene exagerar. Pero que la aliviaría bastante, eso es seguro, y de paso divertiría al personal, que bien lo necesita en tiempos duros. Y  nuestros líderes harían una demostración de su talla de estadistas.

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**** http://www.elmanifiesto.com/_franco_para_antifranquistas_altera.asp

Vía de la Plata:     

 **** “SR. Moa (…) su libro de viajes me ha recordado mucho al “Viaje a la Alcarria” de Cela, aunque más bien por contraste que por paralelismo (…) Por supuesto, los dos tienen muchos puntos en común, podría señalar la destreza narrativa o la imitación que usted hace del estilo de Cela con lo de “el viajero” hace y dice tal y cual. Pero el libro de Cela es mucho más impersonal y aunque es una obra maestra, como dice usted, adolece de cierta superficialidad moral, un defecto que se encuentra en casi todos los libros de este autor. El de usted es mucho más personal, como advierte al principio, con esos frecuentes recuerdos autobiográficos que le son sugeridos por tales o cuales paisajes, por algunos encuentros.... Pienso, por poner un ejemplo, en su alusión, cuando llega a Mérida, a otro viaje muy anterior para hacer contactos clandestinos en Sevilla y recoger el botín de un atraco, en relación con la divertida noche de mosquitos en una pensión lúgubre de la ciudad (…) El libro me parece sobresaliente, y me asombra, o mejor dicho, no me asombra nada conociendo lo que hay, que no haya salido ni una reseña en la prensa de papel o en los suplementos literarios. Comprendo que le hagan el boicot a sus libros de historia, porque van contracorriente lo mismo de la izquierda que de la derecha, pero este es un relato simplemente de viajes, literario, lleno de observaciones curiosas y que no es nada habitual en nuestro panorama literario tan reiterativo y mediocre, de modo que aunque solo fuera por su excepcionalidad tendría que ser comentado. Pero vivimos en el sectarismo (…) A.S.A, profesor de literatura”.

**** Por cierto, he encontrado entre mis algo caóticos papeles las Crónicas extravagantes, de Aquilino Duque. Ya les haré un comentario. 

**** Sr. Moa, uso aquí su blog para preguntar a todos si hay personas próximas a Zaragoza interesadas en formar un grupo de senderismo. Hace un tiempo que Vd. intentó movilizarnos con esa iniciativa, así que vaya aquí un correo que he abierto para ello:

LDN@libertaddigital.net

Es muy posible que ya haya alguna iniciativa en marcha en mi región. Por eso, ruego a las personas sabedoras que me ilustren.

Propuesta de nueva periodización histórica

12 de Mayo de 2009 - 09:03:58 - Pío Moa - 150 comentarios

Desde la división de Cristóbal Cellarius, estamos acostumbrados en Occidente a hablar de tres, luego de cuatro edades: Antigua, Media, Moderna y Contemporánea incluso a aplicarlas vagamente a la historia mundial. Esta clasificación solo podía valer para Europa, no para las civilizaciones preexistentes, englobadas por las buenas como "Antigüedad", y tampoco para las culturas contemporáneas de la europea. El nombre de la cuarta edad, "Contemporánea", llega al absurdo. Pero tampoco resulta útil la división de Cellarius aplicada a Europa, por cuanto implica un finalismo que priva de sustancia a las épocas anteriores al Renacimiento y las reduce a una oscura y defectuosa preparación para lo que, con término ideológico, se ha dado en llamar "modernidad". Esta, a su vez, ha solido entenderse como ruptura o alejamiento de las raíces religiosas de Europa. El exceso de compendiar mil años de historia europea como una "Edad Media" ha forzado a distinguir en ella, algo sumariamente, un período "alto" y otro "bajo", que no mejora mucho el original.

Propongo aquí una división de la historia europea –y por tanto de la española– en cinco edades a las que provisionalmente llamaré Grecorromana, de Formación, de Asentamiento, de Expansión e Industrial. En la primera se forma el sustrato religioso y cultural de Europa o, más adecuadamente, el sustrato que la civilización europea haría suyo, pues ni Grecia ni Roma son propiamente europeas, ni el cristianismo nace en Europa. Seguiría la Edad de Formación de la cultura europea, extendida por cinco siglos entre la caída de Roma y aproximadamente el año mil; también podría llamársela Edad de las Invasiones, o de los Monasterios, o de otros modos que definieran factores clave de aquellos siglos en los que la constitución de Europa estuvo casi todo el tiempo en serio peligro. La tercera edad, la de Asentamiento (o Afianzamiento, o Consolidación, marca un firme desarrollo (románico, gótico, primer renacimiento) una vez superadas las mayores amenazas externas y los rasgos más primitivos de la difícil edad anterior. La consolidación se manifiesta, por ejemplo, en la capacidad para superar catástrofes tan terribles como la Peste Negra, aunque sufrió crisis como la destrucción del Imperio bizantino por los turcos, que invadieron buena parte de la Europa suroriental.

Una cuarta edad sería la de Expansión, marcada por el descubrimiento de América, del Pacífico y de nuevas rutas a grandes regiones de las que hasta entonces solo se tenía en Europa vagas nociones o ninguna en absoluto: la historia empieza a hacerse mundial en cierto modo. En esta edad, de finales del siglo XV a finales del XVIII, la civilización europea descubre y concibe el mundo como un todo, y se expande por él con una potencia nunca antes vista en la historia humana (también podría llamársele Edad de la Imprenta, etc.). Desde luego, la expansión continuó, intensificada, durante los siglos XIX y XX, pero parece conveniente distinguir entre estos y los anteriores. Hasta finales del XVIII, la potencia material de Europa, pese a su ambición, audacia y logros, no superaba materialmente a otras civilizaciones como la china o la islámica; a partir de esas fechas la ventaja del poder europeo sobre cualesquiera otros se hace incontrastable, y el factor clave en esa diferencia es la industrialización. Por eso podría hablarse de una Edad Industrial, que terminaría cuando la II Guerra Mundial pone fin a la hegemonía de Europa, aunque a manos de dos potencias de origen cultural europeo. Desde entonces la historia termina de mundializarse, con lazos entre culturas, civilizaciones y continentes mucho más intensas, directas y rápidas, rivalidades de carácter global, con posibilidad de destrucción de la humanidad, y aceleración nunca antes imaginable del crecimiento técnico y científico. Es difícil definir esta nueva edad, apenas comenzada en términos históricos, pero podríamos llamarle la Edad Informática, pues esta, cuyos primeros pasos firmes vienen de los años 40, marca una diferenciación histórica casi tan fuerte como la causada por el mayor invento humano, la escritura. 

Desde luego, la historia contiene tal número de tendencias y sucesos simultáneos que privilegiar alguno sobre los demás para definir con él las épocas, implica siempre un grado muy alto de arbitrariedad. En esta propuesta hay además un ligero cambio de criterio entre la denominación de las primeras edades, muy general y en cierto modo externa, y las dos últimas, que definen más un factor interno como motor del conjunto, cosa aventurada. La división puede hacerse igualmente desde puntos de vista económicos, religiosos, artísticos y otros, que cambiarían las fechas y ritmos. Cabría describir la historia europea, por ejemplo, atendiendo al cristianismo, como una Edad de Consolidación, coincidente con la llamada Edad Media; una Edad de Crisis, correspondiente a la Edad Moderna; y una edad de Retroceso (pero no liquidación: al mismo tiempo el cristianismo no ha cesado de expandirse por varios continentes), la Edad Contemporánea. Sería un enfoque muy interesante y apropiado desde el punto de vista, que aquí sostengo como hipótesis: que la religión, y no el potencial técnico y económico, es el núcleo de la cultura; pero he preferido combinar los aspectos político, económico y religioso, pues su grado inevitable de arbitrariedad resulta, me parece, menor que el de Cellarius, y más útil.

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**** El viaje por la Vía de la Plata ha sido el más largo que he hecho a pie. Este otro es un breve relato de un viaje por Numancia.

http://findesemana.libertaddigital.com/y-la-dos-1276231359.html

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Hoy, en El economista:

PARTIDOS, SINDICATOS Y MAFIAS

Una pandilla de mafiosos, secundada por políticos de IU y el PSOE, ha intentado acosar a Esperanza Aguirre y le ha anunciado que "la próxima visita será con dinamita". La consigna vuelve a revelar la fuerte afinidad de nuestra izquierda con el terrorismo.

Hay dos cosas sobre las que nuestras izquierdas nunca han recapacitado: sus ideas básicas y su historial político. Históricamente los partidos marxistas han provocado las mayores convulsiones de la historia de España en el siglo XX: contra una impresión difundida, han sido los socialistas y no tanto los comunistas, los responsables del proceso que abocó a nuestra guerra civil. Lo he documentado ampliamente en Los orígenes de la guerra civil, de cuya publicación se cumplen ahora diez años y con cuyo motivo saldrá una nueva edición ampliada para esta Feria del libro. Y he insistido recientemente en Franco para antifranquistas: nuestra izquierda nunca ha sido democrática, siempre ha tenido inclinación terrorista y totalitaria, y la sigue demostrando, siendo su penúltima manifestación el "proceso de paz". 

El PSOE e IU se han formado en las supersticiones marxistas, que ellos han vulgarizado al nivel de su propia y escasa enjundia intelectual. Los socialistas renunciaron al marxismo ya entrada la transición, pero no lo hicieron mediante un análisis mínimamente serio de esa doctrina, sino por el más ramplón oportunismo, por temor a perder votos. Y no la sustituyeron por algo distinto, pues todo quedó en una especie de marxismo difuso y aún más degradado. Los comunistas, ni eso: caído el muro de Berlín siguen con los mismos tics, añorando un poder totalitario para acabar, dicen, con la explotación. Y en lo mismo siguen UGT y CCOO. El resultado de esta total ausencia de análisis y de sustancia intelectual solo puede ser el que vemos: la tendencia de partidos y sindicatos a volverse mafias.

Dos odas a la economía. El caso Rumasa

11 de Mayo de 2009 - 07:23:47 - Pío Moa - 107 comentarios

(Diálogos pastoriles. Anterior, 7 de mayo)

MAURICIO.- Lo siento si os aburre a algunos, chicos, pero el tío no se me escapa vivo. Aquí llega un argumento decisivo contra Fabricio, que tomo de un señor del blog ese del tal Moa: "Cuando una nación adquiere el gusto por viajar, afortunadamente no puede tener la más mínima confianza en la capacidad en que las vías de tren aparezcan espontáneamente en el suelo, pero si desea construirlas con sus propios recursos debe haber ahorrado previamente las sumas necesarias de sus ingresos, y si no la ha hecho, debe llamar en su ayuda a los ahorros de otras naciones; así, sin los ahorros de ingleses y franceses, Egipto no hubiera construido jamás el Canal de Suez".

FABRICIO.- ¡Buena falacia, ilustre animal racional! Lo que no tenía Egipto era capacidad técnica para construir el canal. Y los ingleses y franceses, que sí la tenían, la emplearon cobrando bien por ella. Y como no se fiaban de que los egipcios pudieran pagar, se quedaron con la propiedad del canal, para extraerle beneficios. ¿Dónde está el ahorro? Se construyó con crédito, es decir, sobre las expectativas de beneficio futuro, no sobre ningún ahorro sacrificado. Y cuando los egipcios nacionalizaron el canal lo hicieron porque querían quedarse con esos beneficios, cuando seguramente ingleses y franceses ya habían ganado mucho más dinero del que habían gastado en la construcción. ¡El crédito, la sistematización del crédito es la base de eso que llaman capitalismo, y no se apoya en el sacrificio y el ahorro previo, sino en la expectativa del beneficio! Claro, el beneficio no siempre sale, pero ese es otro cuento. Lo que se invierte, en definitiva, no es ahorro, sino una parte del beneficio anterior. Los tipos que se asociaban para mandar un barco a por especias no eran unos pobres ahorradores, sino unos ricos que ya tenían mucho dinero y querían conseguir más...Pero ese es otro tema, y lo dejaré por hoy, que estoy cansado.

MAURICIO.- Mira, Fabricio, también a mí me estás mareando con esa cháchara. Según tú, las crisis serían imposibles. Lo que querríamos todos que nos aclarases es cómo se explican y se superan las crisis de acuerdo con tu punto de vista.

FABRICIO.- ¡Oh, amigos! No tengo la menor idea.¡Me haría rico si la tuviera! Eso es cosa de pensar más detenidamente. Lo que digo es lo que he dicho.

FELICIO.- Sí, yo creo que ya está bien de estos temas tediosos, por entero faltos de sentimiento e imaginación. Y ya que tenemos aquí un par de poetas, ¿Por qué no nos recitan algo? Venga, Patricio, ¿no te inspira la musa en esta noche lluviosa y ventosa de Porriño, mientras el furioso Éolo ulula entre las copas de pinos y de robles, y nosotros estamos aquí recogidos, cabe el fuego, entregados a amena conversación? Tiempo apropiado para hablar de la Santa Compaña y semejantes misterios aterradores, mejor que de las trivialidades en que nos ocupamos. Mas somos hombres, qué digo, pastores modernos, ¡qué le vamos a hacer!

PATRICIO.- Yo la inspiración, como otra parte de mi ser algo más arriba de las rodillas, la tengo siempre a punto, haga frío o calor, nubes o claros. Mi estro no para. No fallaré, pues, a tu invitación:

¡Oh economía! Si por ti no fuera
colgaríamos todos de una higuera
¡Qué bien explicas cómo hacerse rico
y nos empujas sin tregua a tanta dicha!
Cada vez que me zampo una salchicha,
tu nombre invoco, y leo algún librico
para ilustrarme aún más en tu gran ciencia
y acostumbrarme a tener aún más paciencia
pues el afán de riquezas me da vida,
y aunque pobre, me da tal esperanza,
que bailo, pues me sale de la panza.
¡Vida sin tal afán, vida es perdida!

SALICIO.- ¡Plas, plas plas! ¡Qué bella oda! A fe mía, Patricio, que eres gran poeta, y que solo falta la música a tan lograda composición. ¡Cómo lamento ahora haberme doblegado a la amenaza de Mauricio y no haber traído mi zambomba! Habría dado con ella el acompañamiento adecuado a tu inspirada musa... Pero ¿cómo eres capaz de improvisar, así por las buenas, un poema tan perfecto? En verdad me dejas por todo extremo admirado.

PICIO.- ¡Bah, bah! Puro tradicionalismo. ¡Rimada poesía! Eso muy desfasado está, que no entendéis las nuevas modas, eso bien se ve. Aguzad ahora vuestras orejas:

¿Por qué, adónde fuiste, economía?
Peras.
Castañas.
Tristeza al caminar ¿bajo la luna?
¿Escampará alguna vez la inversión subvencionada?        
El bauprés amenaza al cielo.
Bajo el tendejón, la caries,
y en la rotonda, dos viejas ratas conversan...

FELICIO.- No sigas, Picio, por favor, que no se puede aguantar tanta profundidad, ¡no lograremos volver a la superficie y nos ahogaremos sin remisión!

PICIO.- En la edad media viviendo seguís, eso es lo que os pasa; de poesía moderna ni puñetera no tenéis idea.

MAURICIO.- ¡Si es que no se entiende nada!

PATRICIO.- Y menos mal que Picio no se ha dedicado a ensartar esos palabros que inventa...Pero en esto tiene razón: un poema no es para entenderlo. Un poema es para sentirlo. Y si no lo sientes, si no tienes sensibilidad poética, si perteneces al gremio del vulgo municipal y espeso, no hay nada que hacer. Picio no tiene la culpa de esa deficiencia del público.

MAURICIO.- Siempre lo he dicho: no sois animales racionales, sino brutos, y aún diría innobles brutos.

SULPICIO.- ¿No somos racionales? ¿Y es racional lo tuyo, que no te acuestas con una tía porque dices que no entiendes a qué viene eso? ¿Es mejor escardar los pajares?

MAURICIO.- La masturbación, cantamañanesco sujeto, es muy superior a eso que llamáis los cursis hacer el amor. Mucho más racional, para empezar.

SULPICIO.- ¡Voto a tal, Mauricio, eso sí que requiere una buena explicación, o te anuncio que mi cayado hará fiesta en tus costillas!

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**** Con una alusión a un viaje a pie: http://findesemana.libertaddigital.com/flan-con-nata-1276231117.html

**** http://www.youtube.com/watch?v=whRSfM0ZiVg

**** El caso Rumasa

Vidal Quadras: "Estaremos en permanente conflicto mientras el TC no decida sobre el Estatuto"

¿Y si decide a favor del estatuto? Porque este es el TC de Rumasa y de otras "hazañas". Un tribunal sin credibilidad para cualquier persona con espíritu democrático. Así va esto, cada vez más degradado. Ah, y de conflicto, nada: el PP ha imitado ese estatuto en Valencia, Baleares o Andalucía y, de hecho, en Galicia. No hay tal conflicto. Ni siquiera oposición.

La primera magna fechoría que cometió el PSOE apenas llegó al poder en 1982 fue el gigantesco robo perpetrado contra Rumasa, origen o "madre de todas las corrupciones", como dijo no recuerdo si Anguita. Y lo peor de todo, la destrucción del crédito del Tribunal Constitucional –y de paso del pobre García Pelayo, jurista meritorio pero débil, que cedió al chantaje del PSOE--. El Tribunal no se repuso desde entonces, tan a menudo a merced de las presiones-chantajes de los separatistas y los socialistas. El penúltimo episodio vergonzoso ha sido el de María Emilia Casas, sobre el que hemos hablado en este blog. Lo mismo ha ocurrido con el PSOE, el partido de Filesa, el Gal, la muerte de Montesquieu, la colaboración con los pistoleros, etc. etc. Son cosas que deben recordarse porque esta gente no ha cambiado y si lo ha hecho es a peor.

Por cierto, hará unos quice años hice una entrevista a Ruiz-Mateos, que intenté publicar, vanamente, en varios periódicos. Debe de estar aún entre mis papeles. Lo mismo me ocurrió con otra entrevista a Verlarde Fuertes.

**** El PSOE recupera Irak y las Azores para acusar al PP de "antieuropeo" 

Y hace muy bien en recuperarlo. La exhibición de cobardía y oportunismo del PP en aquella ocasión, su incapacidad para defender su postura ante la demagogia, merecen un recuerdo permanente. Ahí se retrató ese partido, ya entonces muy inclinado al "futurismo". Sus políticos no son personas con convicciones que sepan proponer y defender ante la población. Son solo oportunistas ansiosos de disfrutar de poder, diciendo y haciendo lo que creen que mejor puede engañar a la gente. Para ellos, como para el gobierno, la democracia es el arte del engaño.

**** NNGG de Valladolid retira una campaña con el lema "Dale una colleja a Zapatero"

Qué duros estos chiquitos, ¿eh? Verdaderamente se han pasado.

**** Por "madurez democrática", las Juventudes Socialistas quieren que se pueda votar a los 16 años. Las Juventudes Socialistas se quedan cortas. La madurez democrática demostrada por el cuerpo electoral español la tiene perfectamente un niño de diez años, incluso menos. La madurez de una gente "educada" en la televisión basura. Y en tantas otras basuras.

Una vieja carta abierta

10 de Mayo de 2009 - 08:13:04 - Pío Moa - 277 comentarios

Carta abierta a un bellaco

Señor Ibarreche:

En su reciente discurso ante las Cortes, usted terminaba: "Estoy orgulloso del pueblo vasco, de nuestra historia milenaria, de nuestra lengua, el euskera, una de las lenguas más antiguas de Europa, pero estoy aún más orgulloso de nuestros hombres y mujeres, de todos los vascos y vascas que hoy vivimos y trabajamos en Euskadi, como antes decía, hayamos nacido donde hayamos nacido y votemos al partido político que votemos. Es fundamentalmente a vosotros a quien quiero dirigirme para deciros que el futuro nos pertenece y que lo escribiremos nosotros, pactando con los demás, pero lo escribiremos nosotros de nuestro propio puño y letra".

Para empezar, habla usted con un tono impropio de un demócrata, un tono revelador del desprecio profundo que, bajo sus grotescos halagos, le inspiran los vascos. Usted se siente "orgulloso del pueblo", dice con soberbia de demagogo tercermundista. Un poco de humildad, señor Ibarreche. ¿No debiera ser al revés? ¿No debiera ser el pueblo vasco el que se sintiera orgulloso, si fuera posible, de usted? Usted invierte los papeles hablando como el maestro que expresa su satisfacción por la aplicación de sus niños. Me parece que los vascos con criterio propio jamás aceptarán verse tratados así, ni podrán estar orgullosos de quien lo pretenda.

Y menos podrán estar orgullosos de alguien capaz de concentrar tantas mentiras y tonterías en tan pocas líneas. Menciona usted "nuestra lengua, el euskera". Pero, señor Ibarreche, el vascuence no es la única lengua de los vascos, no es la lengua de la mayoría ni tampoco la de usted mismo. La lengua de usted, su lengua materna, es el castellano, y su vascuence, aprendido a matacaballo, no es fluido ni usted se expresa en él con naturalidad. No es su idioma, o por lo menos no es su idioma principal, en el que pueda usted razonar con alguna soltura. Renegar de la lengua materna, sentirse avergonzado de ella, de la cultura de sus padres, tiene mucho de bellaquería, una de esas que ya califican a la persona. Si hubiéramos de hacerle caso, usted mismo no sería vasco, o sería un vasco deficiente, un vasco averiado. No me extrañaría que así se considerase íntimamente y que, por una típica reacción psicológica, quisiera compensar esa sensación de inferioridad exagerando la nota contraria.

Pero eso es asunto particular suyo. La cosa cambia, y revela nuevamente un espíritu antidemocrático, cuando quiere dar por sentado que todos los vascos, por las buenas o por las malas, deben acompañarle en esa bellaquería, si quieren ser vascos "auténticos". Cuando trata de definirlos por ese idioma, como hacen usted y su partido. Usted emplea ilegítimamente los resortes del poder para proyectar sobre la sociedad unas ambiciones tiránicas y envenenarla con sus propios sentimientos de insuficiencia. Esto es también profundamente antivasco, pues equivale a mutilar la cultura regional de la mayor y seguramente mejor parte de su cultura, que siempre se ha expresado en castellano. Usted quiere reducir a muy poco la tradición vasca, de modo similar a como los sicarios de la Revolución Cultural destrozaban la cultura china en aras de utopías "populares". ¿Ve usted cómo bajo sus beatos elogios a unos vascos ideales y futuros se descubre fácilmente el desprecio y la agresividad contra los vascos reales e históricos?

Aunque ustedes suelen etiquetar de nacionalistas españoles a quienes les llevan la contraria, fíjese usted, señor Ibarreche, que a mí, como "nacionalista español", no me molesta la existencia del vascuence, o que en ese idioma se escriba más y, sobre todo, mejor. Las leyes autonómicas, derivadas de una Constitución que ustedes quieren destruir, admiten el vascuence como idioma cooficial en las Vascongadas, y a ningún "nacionalista español" se nos ocurre pretender que el castellano defina en exclusiva a los vascos, pese a ser la lengua materna de la gran mayoría de ellos, pese a haberse expresado en este idioma, repito, casi toda la cultura vasca, sin excluir la misma literatura, si así queremos llamarla, del PNV.

Y, a propósito, fue Sabino Arana, fundador de su partido, y a quien ustedes suelen o solían llamar "Maestro", con mayúscula, y de quien quizá ha heredado usted sus ínfulas, fue él quien, aparte de escribir casi toda su obra en castellano, expresaba una verdad pretendiendo ocultarla: "Aun en aquella fecha en que estas provincias vascas eran estados independientes, su lengua oficial era la española. Ni entonces los vascos amaban su independencia". ¿Cómo iban a amar una independencia que sólo existía en la mente perturbada de Arana? Los vascos se habían integrado voluntariamente en Navarra, y después en Castilla, ambos reinos españoles, y en castellano redactaron sus fueros, no un "fuero vasco", sino uno para cada provincia. ¿Qué país independiente negocia sus propias leyes con una autoridad extranjera y en el idioma extranjero?

Lo que demuestra este hecho, como tantos otros, es que ya en aquellos lejanos tiempos medievales los vascos no veían como extranjeros a los españoles ni al idioma predominante entre ellos. He aquí la historia real. Y los vascos reales, que se han sentido españoles durante siglos, prácticamente desde que existe España, no podrían estar orgullosos de quien, como usted, falsifica los hechos con tal descaro.

Precisamente por haber sido así la historia y sentimientos de los vascos, toda la doctrina, todo el empeño, toda la injuriosa prédica nacionalista queda sintetizada en las frecuentes lamentaciones de Arana, el "Maestro" de usted, señor Ibarreche, cuando clamaba furioso: "Ni parece que haya maketos y bizkaitarras, sino que todos somos hermanos", o bien: "El euskeriano y el maketo, ¿forman dos bandos contrarios? ¡Ca! Amigos son, se aman como hermanos, sin que haya quien pueda explicar esta unión de dos caracteres tan opuestos, de dos razas tan antagónicas". A crear ese antagonismo, a destruir la fraternidad entre "euskerianos y maketos" dedicó su vida aquel orate y han dedicado sus mayores esfuerzos sus seguidores, con tenacidad digna de mejor causa. Esa triste historia de fomento del odio es la única de la que gente como usted puede sentirse orgullosa.

Hoy Arana y sus seguidores, usted mismo, han alcanzado bastante éxito. Han convencido a muchos vascos –insuficientes para su designio, pero demasiados para la tranquilidad y la libertad de España– de constituir "una nación tan distinta de la española como de la china o de la zulú", una "raza singular por sus bellas cualidades, pero más singular aún por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española, ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo". Porque esto hay en el fondo de todas sus prédicas. Han fomentado sin tregua el agravio, la aversión, el sentimiento de una pretendida superioridad, y para ello han convertido ilegítimamente la enseñanza y los medios oficiales de masas en aparato de propaganda de su partido, costeado por todos los ciudadanos.

Su desprecio por los vascos reales, por la historia vasca real, se descubre igualmente, señor Ibarreche, en su plan de secesión. Con falsía de pícaro, usted ha declamado ante las Cortes: "La violencia de ETA es dañina, inhumana y, además, hace un daño inmenso, por supuesto, a las personas y a las familias contra las que se cometen atentados, y también a la imagen del pueblo vasco. Y nada ha hecho más daño, nada hace más daño a la imagen de un pueblo pacífico y trabajador como es el vasco que la violencia de ETA". Naturalmente, señor pícaro. Y por eso usted ha sacado adelante su plan en el Parlamento Vasco con el apoyo de la ETA, explicitado por uno de sus asesinos más sanguinarios, hoy prófugo de la Justicia, en carta leída en ese Parlamento cuya dignidad ustedes han pisoteado una vez más. Por eso ustedes apoyaron en su momento a dicho asesino para la Comisión de Derechos Humanos de su humillado Parlamento. Por eso la policía que usted manipula casi nunca ha perseguido a la ETA, ni a la kale borroka. Por eso ustedes desafían la ley en beneficio del sector político del terrorismo, y mantienen subvenciones, bajo uno u otro disfraz, a la banda asesina y a sus programas de adoctrinamiento. Y por eso tantas otras cosas más.

Entre la violencia etarra y la complacencia o connivencia de usted y su partido con ella, han llevado a la ruina la democracia en esa comunidad autónoma, donde cientos de personas han sido asesinadas, miles tienen que vivir con escolta policial, decenas de miles han debido huir de allí; donde sufren hostigamiento constante, no pocas veces mortal, los partidos no nacionalistas (excepto el comunista, y ya significa algo el dato). Mientras tanto ustedes afirman que "en Euskadi se vive muy bien". Y se come y se bebe muy bien, todo el mundo lo sabe, pero vivir significa algo más que eso. El PNV y la ETA, se ha dicho con justicia, han arrebatado a la mitad de los vascos su libertad y a la otra mitad su dignidad, sobornándola con eso de la "buena vida" o la "calidad de vida". Una "buena vida" muy similar a la proporcionada por los nazis mientras imponían su tiranía y su violencia en Alemania. Ese es el bien que han traído los nacionalistas a la sociedad vasca, de la que dice sentirse usted tan orgulloso. Si es verdad lo que usted afirma de la ETA, señor Ibarreche, usted es su primer cómplice político y moral, usted comparte el carácter dañino e inhumano del Terrorismo Nacionalista Vasco, usted es un enemigo del pueblo vasco, como han sido enemigos de sus pueblos tantos tiranos que no paraban de adularlos impúdicamente.

Termina usted con una majadería muy propia: "El futuro nos pertenece y lo escribiremos...". El futuro no pertenece a nadie, ni nadie puede escribirlo. Simplemente usted, con el apoyo terrorista, intenta llevar a su término el plan de Arana de romper definitivamente la fraternidad de los vascos y los demás españoles. Y con arrogancia de chiflado afirma que tendrá éxito en ello, adobando esa agresión a la libertad y la estabilidad común con fraseología hipócrita de "diálogo, mano tendida, amistad". Qué locura. Bellacos como usted han causado las desgracias en que tan pródiga ha sido la historia del siglo XX, en España y en Europa.

(La Ilustración Liberal, 8-II-05)

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La chusma política

**** Los nuevos consejeros del Gobierno vasco prometen lealtad a la Constitución

Por prometer que no quede. No cuesta nada y esa amontillada gente ha demostrado sobradamente su respeto a la ley. De momento juran sin presencia de la bandera española, solo del ikurriñesco engendro del racista Sabino Arana. Y recuerden a Basa, el traidor a María San Gil, diciendo que a él le importaba más lo de “Euskadi” que lo de Madrid. Un cambio histórico, dicen los interesados. Y les creen los simples.

**** Trinidad Jiménez dice que el aborto "es un derecho" y tiene que "garantizarlo"

Concibe a la mujer como asesina, igual que su gobierno y, qué menos, quiere garantizar el derecho a asesinar por capricho. Porque los abortos, en su inmensa mayoría, no tienen que ver con ningún peligro para la madre o grave deformación del hijo, sino que se hacen por simple conveniencia ocasional. Es normal que haya cada vez más abortos, porque la relación de pareja es cada vez más inestable, la irresponsabilidad más grande y la concepción de la sexualidad más "zoológica", en expresión de Julián Marías.

Un gobierno asesino e ilegal, ya lo demostró con su "proceso de paz". Y nadie lleva a esta gentuza ante los tribunales. ¡Aunque con tales tribunales...!

**** Lo que no perdona Zapo a la ETA es que le haya dejado sin el premio Nobel de la "paz"... Pero son peleas entre amantes, y la puerta a la alcoba siempre sigue abierta.

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**** http://www.youtube.com/watch?v=whRSfM0ZiVg

**** Por un error, atribuí ayer a perieimi la interpretación de Baltanás, que había traído idea. 

La explicación de Baltanás

9 de Mayo de 2009 - 09:47:20 - Pío Moa - 174 comentarios

No conocía el argumento de Enrique Baltanás, traído ayer al blog por perieimi sobre la razón de que Calisto y Melibea no se casen.  Me parece el más adecuado, y nuevamente nos hace conscientes de la sutileza inigualable de Rojas, el cual sugiere a través de la misma acción, y no por aclaraciones explícitas; lo que exige a su vez sutileza y reflexión del lector. Solo una incoherencia, a mi juicio, en Baltanás: si Melibea se deja arrastrar no es por la honra perdida, ya que el daño tendría fácil remedio en el matrimonio, al no haber perdido la honra más que con su amante. Así ocurría muy a menudo entonces y después, incluso ahora. Tampoco la joven se pierde por ser una “mujer encerrada y novelera”, explicación que suena a psicologismo de buen tendero progresista por lo de encerrada y tradicional por lo de novelera. Estos argumentos psico-sociológicos estropean la lógica artística y solo exponen prejuicios “modernos”. La causa del desastre parece más bien la percepción, por parte de Melibea, de que Calisto no buscaba casarse, sino más bien cazar y no ser cazado. Pero ella ya ha ido muy lejos para retroceder y prefiere ser “buena amiga” que “mala casada”, confesión de que las uvas están verdes, por lo que su pasión la lleva a contentarse y someterse al chisgarabís obsesionado  por la caza de  una presa tan espléndida,  y  también él apasionado, aunque de otra forma. En la sumisión de una Melibea por otra parte orgullosa hay quizá la esperanza de un cambio en la actitud de su amante. Como fuere, la acción llega a su fin demasiado pronto para hacer posible la enmienda, y Calisto muere “sin confesión” y ella esperando un improbable perdón divino.

El análisis de Baltanás me parece definitivo, dentro de lo que pueden serlo estas explicaciones. Muy superior al de Maravall, este mucho más sociologista, con tópicos como el de la “enajenación” social o del “mal que sufren los hombres en la época”. O cuando afirma que tal amor no tiene más salida que la muerte. Esto último es evidentemente falso y lo anterior carece de interés. Y el libro de Rojas no es moralizador, sino moral.  

http://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista5/Calisto/Baltanas.htm

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La chusma política

**** El Gobierno pide "respeto" ante la ley que prohíbe estudiar en castellano, por boca de la inenarrable vice arpía. Claro. Y respeto a la ETA, a los déspotas tercermundistas, a la sentencia del 11-m (si usted no cree que a unos cuantos delincuentes musulmanes y a un minero trastornado les dio un buen día por cometer  el mayor atentado de la historia de España, está claro que es usted un conspiranoico), etc. Y falta de respeto a la democracia, a las víctimas del terrorismo, a los derechos de los españoles y a España. Cada cual sus respetos.

**** Lanzar piedras y amenazar con dinamita es "pacífico" según los sindicatos 

Naturalmente. Y hacérselo a ellos, más pacífico todavía.


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A partir de Franco para antifranquistas, he pensado sobre aspectos como este: 

En Época

OBSERVATORIO DE LA SALUD SOCIAL

Existen hoy muchos “observatorios” internacionales,  sobre los derechos humanos y demás, casi todos en inglés y con una mentalidad anglosajona. Sería interesante organizar en España un “observatorio de la salud social”, del país y del mundo, comparando a unos países con otros.

¿En qué consiste la salud social?  No es fácil identificarla de manera positiva, pero ya indiqué en otra ocasión el modo de medirla, de forma negativa, a partir de indicadores de situaciones o actitudes que generalmente identificamos como perjudiciales: el consumo de drogas, el alcoholismo, el suicidio, el maltrato doméstico, el fracaso escolar, la prostitución, el aborto, la pornografía pública (en la publicidad, por ejemplo), las familias monoparentales, las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos de adolescentes, el juego, los desarreglos mentales, la delincuencia, el número de presos, la corrupción, el terrorismo y otros diversos índices que por sí mismos nos dan sobre las sociedades una información diferente, pero no menos crucial, que los datos económicos o meramente políticos. Pues estamos cayendo en la barbarie de entender el estado y valor de una sociedad casi exclusivamente a partir de su nivel de ingresos o de ciertas actitudes públicas.

Naturalmente, aquí solo expongo un esbozo de los fundamentos de ese observatorio, que podrían refinarse mucho. El maltrato doméstico, por ejemplo, es difícilmente cuantificable, porque generalmente se produce en la intimidad familiar, pero puede construirse una aproximación a partir de la “punta del iceberg”, es decir, del indisimulable número de muertes, sobre todo de mujeres y de niños; o del abuso sexual contra estos, que de vez en cuando asoma a la prensa, pero que requeriría investigaciones más sistemáticas. El fracaso familiar queda bastante bien expresado por el número de divorcios, de abortos y de embarazo de adolescentes. Más complicado resulta cuantificar la corrupción, ya que normalmente su conocimiento viene de investigaciones de la prensa y de los procesos judiciales, pero un país en que la corrupción está muy extendida y “aceptada”, o donde la oposición apenas se preocupa de ella, por su propio interés, puede arrojar superficialmente unos índices bajos. Sobre la pornografía pública, es decir, la invasión del espacio público por la pornografía más o menos clara, en la calle y en los medios de masas, tampoco existen, que yo sepa, estudios. Resulta a veces muy difícil definir y distinguir la pornografía,  pero en líneas generales la etimología de la palabra nos da una pista: prostitución exhibida –más bien que descrita–. La pornografía pública es un aspecto de la prostitución inmediata, la oferta mercantil de sexo.

Estos fenómenos se dan en todas las sociedades, y la pretensión de acabar radicalmente con ellos es utópica y contraproducente, porque conduce a destruir la libertad. Pero también pueden enfermar y destruir una sociedad. Suiza sufre, sin duda, corrupción, pero harto menos que España, donde también hay mucha más ahora, con toda probabilidad, que en tiempos de Aznar. Aquí todos los índices de “mala salud” han experimentado un auge espectacular a lo largo de los últimos decenios, y quizá pueda establecerse una concomitancia significativa entre ellos y determinadas actitudes políticas. Un observatorio de salud social podría tener suma utilidad para entender diversas situaciones y cambios.

Invito a personas interesadas a poner en práctica la idea, superando la tradicional inercia española. Se quejó una vez Julián Marías de que sus explicaciones y propuestas solían encontrar aceptación, incluso calurosa, entre  mucha gente… pero ahí quedaba todo, sin dar pie a iniciativas prácticas. Esto es muy decepcionante, pero me temo que caracteriza a la mentalidad española de derecha: por lo común, las izquierdas son más activas en defender y expandir sus cosas.

Libros de viajes

8 de Mayo de 2009 - 08:49:22 - Pío Moa - 164 comentarios

A mi juicio, el Viaje a la Alcarria es una pequeña obra maestra, el mejor libro de viajes que se haya escrito en los últimos siglos en España, donde no es un tipo de literatura muy frecuentado. Comprenderán que me alegre de que alguien compare con él mi Viaje por la Vía de la Plata, aunque se trata de dos libros de concepción muy diferente, excepto por el hecho de que son viajes a pie. Los otros libros de viajes del propio Cela quedan muy por debajo del de la Alcarria. Del Miño al Bidasoa llegó a aburrirme, y el del Pirineo de Lérida no conseguí terminarlo. Me han dicho que está muy bien Judíos, moros y cristianos, pero no he podido leerlo aún. Tuve un tiempo intención de andar las riberas mediterráneas desde Cádiz hasta el Peloponeso, un proyecto que no llegaron a permitirme las perras ni la salud (pocos años después del de la Vía de la Plata tuve que operarme de dos hernias discales). Los viajes a pie tienen un carácter muy distinto de los demás, como confirmarán quienes hayan hecho el camino de Santiago, que ha vuelto a ponerse de moda. Es la forma más primitivamente humana de viajar, y apenas puesto en marcha uno percibe cómo cambian la sensación del tiempo y tantas sensaciones más, propias de la vida corriente. Ello no ocurre en tal grado cuando uno viaja en compañía, por lo que es preferible andar en solitario, si puede soportarse (mucha gente no lo soporta, como tantos no soportan comer solos; cosa curiosa, porque mi gato Rodolfo también se empeña en ser acompañado mientras come). Cuando anduve (mejor que anduve) por la Vía de la Plata nadie lo hacía; ahora he podido comprobar que lo sigue mucha gente. Eso tiene sus ventajas, pero en cierto modo le quita aliciente.

Otro viaje:

http://findesemana.libertaddigital.com/en-las-mestas-1276232262.html
http://findesemana.libertaddigital.com/camino-de-nunomoral-1276232299.html
http://findesemana.libertaddigital.com/en-asegur-1276232373.html
http://findesemana.libertaddigital.com/el-senor-eusebio-1276232407.html
http://findesemana.libertaddigital.com/antes-era-mas-duro-1276232440.html
http://findesemana.libertaddigital.com/articulo.php/1276232472
http://findesemana.libertaddigital.com/la-senora-isabel-1276232506.html
http://findesemana.libertaddigital.com/a-san-blas-abogado-de-la-garganta-1276232536.html
http://findesemana.libertaddigital.com/adios-1276232571.html

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**** "La próxima visita será con dinamita", gritaban los mafiosos de sindicatos, de IU y del PSOE a Esperanza Aguirre. La nostalgia del terrorismo, ¡tienen tanto en común con él! La política hoy en España, cuando no es farsa, es actividad mafiosa.

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LA CELESTINA EN SU ÉPOCA

De 1499 data la primera edición conocida de La Celestina, o Tragicomedia de Calisto y Melibea y de la puta vieja Celestina, una cumbre de la literatura, no solo de la española. Quizá tuvo dos autores, pues el más conocido, Fernando de Rojas, dice haber ampliado una obra anterior que encontró en Salamanca, escrita con "agradable y dulce estilo" (lo cual suena a ironía, pues de dulce tiene muy poco) y la convirtió en primer acto de la Comedia de Calisto y Melibea, ampliándola luego y rebautizándola Tragicomedia.

El argumento viene a ser: Calisto encuentra por casualidad a Melibea y se enamora perdidamente de ella. Ambos son nobles, bellos e ingeniosos, pero ella le rechaza con duras frases. El mancebo parece volverse loco y amenaza matarse, pero su criado Sempronio le propone seducir a Melibea mediante los servicios de una vieja alcahueta llamada Celestina, antigua prostituta y hechicera que tiene en su casa un pequeño burdel con una ramera joven, Elicia, amiga de Sempronio. Este quiere compartir con Celestina las ganancias que extraerán a Calisto por la seducción de Melibea. A partir de ahí los hechos siguen una lógica marcada por las pasiones y caracteres de los protagonistas. Otro criado de Calisto, Pármeno, joven leal al señor, a quien previene en vano contra tales maquinaciones, es corrompido por Celestina, que le ofrece trato sexual con otra prostituta llamada Areúsa, y termina entrando en el negocio. Mediante tretas y magia, Celestina parece conseguir que Melibea se enamore de Calisto con la misma intensidad que este de ella, aunque en realidad la joven ya había mudado de actitud y aprovecha la ocasión que le brinda la alcahueta. A esta, aunque muy sagaz, la codicia le pierde. Los dos criados van de madrugada a su casa a reclamar su parte en la ganancia, y al negársela ella, la asesinan. Los gritos y estruendo llaman la atención de los guardias y, por huir, Pármeno y Sempronio saltan de una ventana y se descalabran, siendo capturados y decapitados por la mañana. Calisto ve su honor arruinado, pero ha quedado en acudir al huerto de Melibea la noche siguiente, y allí va con otros dos criados. En la Comediatras el encuentro se mata al caer de la escala con que había subido al muro del huerto; la Tragicomedia alarga y complica la trama suponiendo un mes de citas clandestinas, e introduce un intento de venganza de Elicia y Areúsa por la muerte de sus amantes Sempronio y Pármeno: las mozas encargan al rufián Centurio que mate a Calisto cuando este vaya a ver a Melibea. Centurio piensa engañarlas, concertando con unos amigos que alboroten y den pie a huir al noble enamorado y sus criados; pero el resultado será distinto. Calisto, creyendo que sus dos criados son atacados, deja a Melibea para socorrerles y con las prisas y la oscuridad cae de cabeza de lo alto del muro y se mata. Melibea, desesperada, sube a una torre de la casa y se tira de ella. La obra termina con la lamentación Pleberio, padre de Melibea, mientras la madre de esta, Alisa, parece que muere de la impresión.

En una obra literaria o más en general artística, hallamos al menos tres planos: el estético-moral, el social-histórico y el técnico. Los dos últimos, más concretables, suelen servir al análisis: la técnica artística, en este caso el género (tiene algo de novela y de obra teatral, sin ser una ni otra), los recursos literarios, las influencias, etc.; y el reflejo de los conflictos y peculiaridades de la sociedad en ese momento, enfoque muy en boga a partir del marxismo. Pero el valor real de una obra no depende ante todo de sus habilidades expresivas, pues quedaría en puro artificio, ni de su relación con la sociedad del momento, pues entonces apenas podría ser apreciada o entendida en otra sociedad o época. La Celestina, como gran obra literaria, traspasa las épocas y las sociedades. Rojas, consciente de ello, la considera un libro "jamás en nuestra castellana lengua visto ni oído", poniéndolo implícitamente por encima de los italianos al señalar que no procede de "las grandes herrerías de Milán", sino de "los claros ingenios de doctos varones castellanos". Y declara ufano cómo la sutileza y brillantez del trabajo da lugar a muchas interpretaciones, otro rasgo de una obra lograda.

La ética y la estética mantienen entre sí relaciones oscuras pero ciertas, no muy desemejantes de las existentes entre ética y religión. Los mitos, la propia Biblia con sus relatos de apariencia ambigua, congenian difícilmente con una exposición ordenada y precisa de reglas morales, y por algo la Iglesia no insistía en ponerla al alcance de todo el mundo, aunque divulgase sus relatos centrales. Los mismos Evangelios, de tan arduo cumplimiento incluso para quienes, generación tras generación, han tomado a su cargo predicarlos, dan pie, entre otras cosas, a la sátira anticlerical, presente asimismo en La Celestina.  El ser humano vive en el ámbito moral como el pez en el agua, pero ese ámbito desborda su capacidad intelectiva: la promesa del demonio a Adán y Eva de conocer la ciencia del bien y el mal y ser como Dios, resultó vana, y el libro de Job avisa de esa limitación, a veces trágica. Ni el hombre más racional logra prever todas las consecuencias de sus actos, que al mismo tiempo se complican de modo inextricable con los actos y consecuencias ajenos. El autor presenta a La Celestina en tono convencional aludiendo a sus "muchas sentencias filosofales" y a su trama como edificación de mancebos, para mostrarles "los engaños que están encerrados en sirvientes y alcahuetas"; o, más concretamente, la da por "compuesta en reprehensión de los locos enamorados que, vencidos de su desordenado apetito, a sus amigas llaman y dicen ser su dios". De ahí pudo salir una colección de ejemplos moralistas más o menos tópicos o entretenidos. Pero el libro va mucho más allá, es una de las más profundas y complejas exposiciones literarias de la condición humana.

Parte del valor de La Celestina se encuentra en los caracteres de los personajes, tan individualizados y tratados con extraordinaria penetración psicológica; o en episodios como las últimas palabras de Melibea a su padre y la desesperación de este, en términos realmente conmovedores, aun si para el gusto actual puedan sonar algo retóricas. Otra escena de extraordinaria fuerza es la del último encuentro de los amantes. Melibea viene cantando quedamente en la oscuridad, y en ella el ansia de placer y el sentimiento poético van juntos: "Mira la luna, cuán clara se nos muestra. Mira las nubes cómo huyen. Oye la corriente de esta fuentecilla cuánto más suave murmullo lleva por entre las frescas hierbas. Escucha los altos cipreses cómo se dan paz unos ramos con otros por intercesión de un templadico viento que los menea. Mira sus quietas sombras, cuán oscuras están, y aparejadas para encubrir nuestro deleite". Su observación encierra un augurio que ella no puede imaginar, pues los cipreses suelen simbolizar la muerte, y a ella saludan cuando se "dan paz". La elevación poética parece truncarse con la reprensión a su criada Lucrecia, que, ayudando a quitar la armadura a Calisto, se arrima a él en demasía: "¿Tórnaste loca de placer? Déjamele, no me le despedaces". Y aún más cuando advierte a Calisto, mientras se rinde a él: "Tus honestas burlas me dan placer, tus deshonestas manos me fatigan cuando pasan de la razón. Deja estar mis ropas en su lugar", para obtener la zafia respuesta: "Quien quiere comer el ave, quita primero las plumas". Quizá hay ahí una parodia del amor cortés, pero zafiedad y elevación se complementan para crear un clima al mismo tiempo chocante y natural.  

El relato roza a veces la pornografía, sin llegar a chabacano. La alternancia constante de lo trágico y lo cómico, lo poético y lo vulgar, la parodia y la reflexión moral, el lenguaje elevado y el soez, funciona de tal modo que ningún elemento destruye al otro, manteniendo un peculiar equilibrio. La mezcla de pasión física y nobleza de espíritu lleva a Melibea a apreciar en Calisto cualidades ilusorias, pero no por ello queda la joven por necia. Calisto parece más bien un apuesto chisgarabís encaprichado y de cierta bajeza (su recurso a Celestina lo define); su muerte, accidental y debida a un error de percepción o quizá a un hastío momentáneo tras satisfacer su deseo con Melibea, carece de tono heroico o romántico, en contraste con el final trágico de su amante.

Todos los personajes, salvo Melibea (y su familia, en principio) conciben el amor como un ansia egoísta de goce. "Todas las cosas son creadas a manera de contienda o batalla", explica Rojas en la el prólogo, y el ambiente de esa contienda es aquí sórdido, plagado de rivalidades, pendencias y engaños entre quienes se pretenden amigos o benefactores. Pero varios de los personajes, destacadamente Celestina, son ingeniosos, saben penetrar en la psique ajena, en sus puntos flacos, en los intereses verdaderos bajo la retórica; saben razonar y defender su propia causa y supuesta dignidad, invocando incluso la religión, y así invierten los valores en una constante ironía grotesca y cómica que construye un mundo al revés. Tiene en ello algo de común con la tragedia griega, cuyos protagonistas explican y justifican racionalmente sus motivos que, sin embargo, les llevan al desastre.

Pero aquí el desastre procede, excepto en Melibea, de la insinceridad esencial de sus discursos: viven una farsa, y la argucia ingeniosa no les saca de una existencia mísera en cualquier sentido. Celestina, el gran modelo, lo aclara al seducir a Pármeno con la promesa de los favores de Areúsa. La finada madre de Pármeno, amiga y maestra de Celestina en sus artes, le había abandonado de niño y él se había criado un tiempo en casa de la misma Celestina; pero había conservado una inteligencia y honradez esencial. La alcahueta le cuenta hazañas de picaresca y brujería de su madre que disgustan al muchacho, el cual pregunta si las dos eran cómplices cuando la justicia había prendido a Celestina: "Juntas lo hicimos, juntas nos sintieron, juntas nos prendieron y acusaron, juntas nos dieron la pena esa vez". Algo sin importancia, indica Celestina, porque "cosas son que pasan por el mundo. Cada día verás quien peque y pague, si sales a ese mercado". "Verdad es –replica el mozo–; pero del pecado lo peor es la perseverancia; que así como el primer movimiento no está en la mano del hombre, así el primer yerro; donde dicen que "quien yerra y se enmienda...", etc.". La respuesta de Celestina da una clave de toda la obra. Dice para sí: "Lastimásteme, don loquillo. ¿A las verdades nos andamos? Pues ahora espera, que yo te tocaré donde te duela"; y, en voz alta, insiste: "Hijo, digo que sin aquella prendieron cuatro veces a tu madre, que Dios haya, sola. Y aun la una le levantaron que era bruja (...) Y mira en qué tan poco lo tuvo por su buen seso, que ni por eso dejó en delante de usar mejor su oficio. Esto ha venido por lo que decías del perseverar en lo que una vez se yerra. En todo tenía gracia; que en Dios y en mi conciencia...". La parodia es realmente magnífica. Nada más inconveniente en la vida que "andarse a las verdades". Como lamentará Pleberio ante el cadáver de su hija, el mundo parece "un laberinto de errores".

El valor de La Celestina es sin duda intemporal, como prueba la infinidad de glosas y explicaciones a ella dedicadas. Pero aquí interesa más bien lo temporal, es decir, su relación con la sociedad de su tiempo. Describir una sociedad, dadas sus mil variables manifestaciones, es prácticamente imposible salvo a muy gruesas pinceladas. En nuestro tiempo ha estado en boga, y aun no ha desaparecido, la interpretación a partir de la lucha de clases, y así se ha interpretado la hostilidad de Areúsa y Elicia a Melibea y Calisto, las trampas de Sempronio a su amo, etc.; pero existe una hostilidad de fondo entre casi todos los personajes, como parte del micromundo descrito. Por otra parte, suele ser peligroso describir una sociedad por su literatura, ya que esta tiende a tomar por asunto situaciones extremas o infrecuentes. Nada sería más erróneo que ver en La Celestina una descripción del ambiente general del país, extender a la vida social aquel egoísmo y resentimientos, o al conjunto del clero la afición a celestinas; como no era común que la pasión amorosa llevara a tales conductas. La literatura extrae de los extremos implicaciones psicológicas y morales en que todos pueden reconocerse, aun si llevan una vida real más calma. Precisamente en este punto resalta la mayor falla de verosimilitud de la Tragicomedia –hasta las obras de ficción más cuidadosas contienen elementos inverosímiles–: Calisto y Melibea pertenecían a la misma clase social, sus familias se conocían y no aparecen obstáculos a que sus amores se encauzasen al matrimonio, como normalmente ocurría, evitándose así la tragedia. Que ella afirme preferir ser "buena amiga que mala casada" no cambia nada en aquel contexto. Quizá sirva aquí el enigmático, acaso burlón, comentario de Helena en Troya: "Zeus nos dio mala suerte, a fin de que sirvamos a los hombres venideros de tema para sus relatos".

Por lo demás, el libro está escrito cuando Colón realizaba su tercer viajes a las Indias, estaba en marcha una reforma para elevar el nivel cultural y moral del clero, el final de la Reconquista desencadenaba la expulsión de los judíos y nuevos problemas internos (conversos y moriscos), y externos por la implicación en Italia, herencia asumida de Cataluña y comienzo de la larga serie de conflictos con Francia, la gran potencia europea del momento; nada de lo cual, como de otros muchos sucesos, refleja la obra. La vitalista sociedad española de la época estaba generando gran número de personajes extraordinarios en la política, las armas, las letras, el pensamiento, la navegación, el arte, etc. El propio autor de La Celestina y su obra entran plenamente en ese espíritu del tiempo: su supuesto pesimismo moral, más bien realismo, no revela una actitud desfalleciente, sino un vigor creativo fuera de lo común. En rigor, inaugura con la máxima brillantez el que será llamado Siglo de Oro, en realidad dos siglos entre finales del XV y finales del XVII. No parecen acertadas dos equiparaciones que hacen muchos críticos al interpretar la obra: a) el pensamiento de los personajes es el del autor –cosa más fácil de creer si tal pensamiento no concluyera tan mal–; b) el microcosmos de la trama reproduce a la sociedad en conjunto, un supuesto arbitrario, aunque muy difundido en el siglo XX.

La vida de Fernando de Rojas, en lo poco que sabemos de ella, proporciona indicios sobre el espíritu de su tiempo. Nació en la Puebla de Montalbán, en torno a 1474, y hacia los quince años de edad fue a estudiar a la universidad de Salamanca, que debía de contar con unos cinco o seis mil estudiantes. Allí pasaría una primera etapa obligatoria de tres años en la Facultad de Artes, con estudios de Aristóteles y sus comentaristas, de latín y retórica, y probablemente de escritores griegos y romanos (La Celestina, como otras obras de la época está repleta de referencias y erudición clásica, no menos que refranes populares). Después hubo de inscribirse en la prestigiada facultad de Derecho, otros seis años preceptivos de duros estudios, después de los cuales debía ocuparse un año o dos más como ayudante en la enseñanza dentro de la facultad. Así, habría recibido el título de bachiller no mucho antes de 1500, época en la que debió de entrar en aquella universidad otro personaje destacado de la época, Hernán Cortés. Sería en Salamanca, durante la última década del siglo, cuando conociera el primer acto de la Comedia, si realmente la escribió algún otro autor y no es un artificio para difuminar su propia autoría. No mucho más tarde se instaló en Talavera de la Reina, donde vivió hasta su muerte, en 1541. Parece haber disfrutado de una posición de hidalgo, próspera y sin problemas, llegó a alcalde de la ciudad, perteneció a una destacada cofradía mariana y en su testamento ordenó ser enterrado con hábito de San Francisco, en el convento de la Madre de Dios.

Lo que sabemos de él no autoriza versiones difundidas que atribuyen su supuesto nihilismo a no menos supuestas aflicciones ocultas de converso. No fue converso porque nunca fue judío, sino cristiano de tres generaciones atrás. Se casó con la hija de un converso, y su suegro sí tuvo algunos problemas con la Inquisición, pero no Rojas, como observa Peter E. Russell, al punto de que el suegro alegó a los inquisidores su parentesco con el autor de la Tragicomedia, dato indicativo de que este gozaba de prestigio ante la Inquisición. La idea de que los conversos estaban entonces muy inquietos generaliza en exceso: la mayoría, probablemente, se habían cristianizado en serio, y no faltaban entre ellos los partidarios de mano dura contra conversos judaizantes.

Por otra parte, el éxito de La Celestina fue inmediato y sin igual en la literatura española de esos siglos. Hasta mediados del siglo XVII hubo al menos 109 ediciones en castellano, algunas de ellas publicadas en Italia, Países Bajos o Francia; también 24 ediciones en francés, 19 en italiano, cinco en flamenco, dos en alemán, y otras. Ello plantea un problema: ¿cómo pudo ocurrir tal cosa en una sociedad descrita a menudo como rígida y de espíritu estrecho, máxime con un libro tan expuesto a interpretaciones contradictorias? Pues, en efecto, bastantes clérigos y laicos lo tacharon de inmoral, y esa impresión persiste en la crítica de hoy: el texto sería nihilista, materialista y ateoide, ajeno al cristianismo y a la noción de pecado. Todo lo cual, deducen, revelaría una cristianización social muy deficiente o inexistente en amplios ámbitos; o bien los verdaderos sentimientos de Rojas. Pero en tal caso la Inquisición se habría ocupado de censurar la obra, cuando lo cierto es que ni siquiera la incluyó en ningún índice de libros prohibidos hasta finales del siglo XVIII. Es obvio que la mayoría de sus lectores, aun si sorprendidos o algo escandalizados por la crudeza moral y los agudos discursos justificativos de los personajes, los entendían en relación con su catastrófico final. O, como lo calificaría Cervantes: "libro divino si encubriera más lo humano".

La obra expone asimismo la amplia difusión de la cultura humanista en los ámbitos cultos, y de rebote en los populares: debe mucho a autores latinos e italianos, especialmente a Terencio y a Petrarca. También se encuentra en ella familiaridad con la tradición española representada por el Arcipreste de Hita, particularmente en la alegre desvergüenza y moralidad ambigua de muchos trozos; salvo que el Arcipreste nunca abandona el tono festivo, mientras que Rojas conduce la farsa a la tragedia.

La banca y la zambomba

7 de Mayo de 2009 - 09:44:19 - Pío Moa - 202 comentarios

(Diálogos pastoriles. Anterior, el 4 de mayo)

FABRICIO.- Del derecho, los nacionalismos y los conflictos hablaremos, Mauricio, pero te explicaré una vez más, hombre duro de mollera, lo que venimos discutiendo hace un rato. Supón que Porriño produce bienes al año, por valor, digamos, de cien, –lerus millones de lerus o lo que quieras–. De esos cien, a una parte la llamáis consumo, pero bien puede considerarse inversión en las personas: comida, vestidos, cosas del hogar, medicinas, lujos, chorraditas varias. Digamos que ahí van 50. Y la otra mitad de la producción son los bienes que llamáis de inversión, pero que son igualmente consumo en cosas no directamente personales, como máquinas, materias primas, combustibles, etc. Tanto unos bienes como otros deben ser consumidos, al menos deben ser consumidos en su mayor parte para no provocar la ruina de nosotros, los pastores, de los taberneros o los fabricantes de esas máquinas, suministradores de energía, etc. 

PATRICIO.- Pero hombre, eres peor que la zambomba de Salicio, ¿No puedes dejar de dar la vara con eso?

MAURICIO.- No, no, déjalo que siga, después de todo él va a solucionar la crisis económica que tanto nos preocupa... Zapo tiene que conocerle. Y ese que llaman el Ilustre Futurista, también.

FABRICIO.- ¡Venga chicos, ánimo! Según dicen, el sacrificio que supone el ahorro se transforma en inversión, vía los bancos. Pero ya dije que era falso, y no solo por lo que dije, es decir, porque lo que ahorran unos deben desahorrarlo otros, sino porque los bancos prestan muchísimo más que el ahorro que reciben, "apalancan", creo que le llaman, o algo así. Por lo tanto, la llamada inversión –que es también consumo– no puede venir y no viene del ahorro. El ahorro viene a ser como un lejano seguro para conseguir la confianza del público en los bancos, digamos que el cimiento de la casa, pero no la casa. La cosa no funcionaría si los que fabrican bienes de inversión, de capital o como se llamen, no vendieran sus productos, por lo cual estamos en lo de siempre: el ahorro no es lo que se suele pensar, ni la inversión ni el consumo. Analizar sobre esos conceptos lleva a embrollos sucesivos, tal es mi modesta impresión, que, si yerro, no me habéis rebatido. Además: se dice que la llamada inversión aumenta la productividad, pero no es cierto, me parece a mí. El aumento de la productividad viene de cosas poco tangibles, como que a un inventor se le ocurra una máquina nueva o más eficaz, de que alguien organice mejor a los obreros para obtener más rendimiento con menos, o consiga gastar menos electricidad, etc.

PICIO.- Quieres decir que una proporción entre tales cosas ha de haber, y que si la proporción se rompe, el follón se arma. Muy bien en la taberna lo veo yo. Si en luz ahorro por comprar más comida para el cliente, no funciona el frigorífico y se pierde la comida, se cabrea el cliente y... Bueno, algo así, supongo.

FELICIO.- Diría yo, si me permitís una delicada intervención, que es más bien como el Robinsón ese. Si dedica todo su tiempo a tirar piedras a los pájaros, porque suponemos que tiene buena puntería, cazará muchos, pero más de los que puede comer, los cuales se estropearán. Y si dedica todo su tiempo a hacer arcos y trampas, se morirá de hambre...

PATRICIO.- ¡Salicio, desdichado, ponte a tocar la zambomba! Y deja algo para los demás, que comes a dos carrillos y a dos manos, y aún no me extrañaría de que emplearas los pies cuando no te miramos.

PICIO.- Déjale, déjale colega de versos, versátil, que mucho gusto da su buen apetito contemplar.

SALICIO.- No he traído la zambomba, amigo Patricio, porque Mauricio amenazome violentamente si lo hacía, pero ni el beber ni el comer me impiden seguir atentamente tan deleitosa conversación, que hasta hace que me olvide por unos momentos de mis cuitas: tenemos entre nosotros dos verdaderos filósofos, Mauricio y Fabricio, dos poetas, tú y Picio, un músico, es decir, yo mismo, y varias personas de delicados y altos sentimientos. De no ser por las penas de amor que Eros, despiadado, me envía, sentiríame en el mejor de los mundos posibles, que diría... quien lo haya dicho.

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**** Rubalcaba defiende ahora a Garzón por su instrucción en el caso Gürtel

Como defendía a la ETA, al GAL, a Filesa y todo lo que se le pusiera por delante. "El Estado de derecho funciona", ha rematado. Cierto, bajo los sociatas funciona... así. El imperio del Choriceo, la Trola y el Puterío.

**** De la Vega utiliza la Abogacía del Estado para amedrentar a dos periodistas

Lo mismo. Por cierto, ¿han visto la foto de la Vice y la Bardem? ¡Qué reveladora!

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Aunque algunas personas de gusto delicado y exquisito, como nuestro buen mescalero, opinan lo que opinan sobre mi Viaje por la Vía de la Plata, hay otras opiniones, sin duda mucho menos refinadas pero que como estamos en un país libre, según dicen, pueden también exponerse:

**** "Estimado Sr. Moa, con algún recelo he leído su Viaje por la Vía de la Plata, por el prejuicio de que quien escribe bien de una cosa no puede hacerlo de otra, un prejuicio que en la mayor parte de los casos acierta, todo hay que decirlo. Pero en esta ocasión la lectura de su libro me ha dejado asombrado, y si no lastima su modestia le diré que no me parece inferior a otro clásico que siempre sirve de referencia, el Viaje a la Alcarria de su paisano Cela. Creo que no le es inferior en casi nada, pero en cambio le supera en introspección psicológica y supongo que también en veracidad, porque Cela no hizo el viaje en solitario, o eso me han dicho personas bien enteradas, sino acompañado, mientras que usted parece que lo hizo solo. Algunos pasajes de su libro me parece que no son reales, es solo una impresión, pero el conjunto da una impresión de veracidad y penetración singulares (...). A.M-V."

La verdad es que no lastima demasiado mi modestia, cada cual puede opinar como prefiera. Sobre el viaje de Cela, acompañado o en solitario, no me pronuncio. Quizá haya en el blog gente más enterada al respecto. Añado otro comentario que ya expuse días atrás:

"El pasado enero me regalaron un libro editado por Uds., con cuya lectura he disfrutado de una manera especial por tratarse de un libro de viajes fácil de leer, muy ameno, muy bien escrito que contribuye desde mi punto de vista a un mejor conocimiento de nuestro país, nuestra cultura y nuestra sociedad por lo que pienso que podría ser un buen libro de lectura recomendada para nuestros jóvenes de últimos cursos de E.S.O. o de Primer curso de Bachillerato. Me estoy refiriendo a "Viaje por la Vía de la Plata" de Pío Moa.

Tengo que confesar que fue una sorpresa pues yo creía que este señor sólo escribía libros de historia contemporánea y un libro de viajes no me parecía que pudiera salirle como el que me encontré.

Paso a exponerle unas cuantas razones por las que supongo que podría ser leído con gusto por muchos jóvenes (y no pocos adultos).

1º Ofrece la gran originalidad de no seguir un relato continuo ni en el tiempo ni en el espacio que le da un toque de realismo y le imprime una característica personal del autor: viaja cuando puede, como puede y a veces se sale de la ruta para conocer lugares próximos que de alguna manera están relacionados con ella y donde se han producido sucesos extraordinarios en la historia de España (Ej.: Provincia de Huelva, civilización Tartesios, descubrimiento de América...).

2º Continua reflexión sobre la vida en general y sobre cada lugar como pudo haber sido allí la sociedad hace miles de años.

3º Un gran sentido poético subyace en muchas estampas sin necesidad de describirlas, expresándolas únicamente como impresiones o reflexiones del caminante. (Con lo que no se hace nada pesado).

4º La descripción al hilo del viaje de la Sociedad española de los años 80 y el contraste de generaciones en ese tiempo en la España rural.

5º Un fino sentido del humor que se plasma no sólo en sus pensamientos sino también en las conversaciones que sostiene con las personas con las que coincide en el camino (memorable la conversación con el viajante de maquinaria agrícola en Mérida o el episodio de los mosquitos en una fonda).

6º Nos describe paisajes y monumentos de una manera sobria, clara y concisa sin menguar en nada su belleza original.

7º Él mismo se presenta como una persona de gran resistencia física, autoexigente, muy austero, algo aprensivo, amante de la soledad pero capaz de conectar con cualquiera de las personas con las que coincide en su viaje. 

8º Admirable uso del español, magnifica redacción y léxico desenvuelto: de una pincelada te describe la tragedia de la inmigración, el vendedor de alfombras en el ardiente verano de Extremadura al grito de "Barato, barato". Y la utilización de las formas dialectales cuando hablan los personajes andaluces o extremeños da gran viveza al relato.

9º Algunas etapas del camino suponen auténticas aventuras por el hecho de caminar en solitario, a veces perder el rumbo o vencer obstáculos orográficos como el pasaje de La ruta del Cares con el peligro de despeñamiento cerniéndose sobre él...

10º La propuesta de senderismo o viajes a pie considero una baza importante para la formación de los jóvenes al mismo tiempo que puede proporcionarles una diversión sana incluso mejor si se realiza en grupo.

Por todas estas razones me atrevo a recomendarles la difusión de este libro en Centros de estudio y otros ámbitos que Uds. consideren adecuados.

Isabel Hernández Sánchez, profesora de matemáticas". 

Más sobre la Inquisición. El moralismo español

6 de Mayo de 2009 - 08:59:11 - Pío Moa - 122 comentarios

La Inquisición, principal valedora de la expulsión de judíos y moriscos, solo podía actuar contra cristianos, por lo que se centró sobre todo en los conversos. Los inquisidores eran clérigos, juristas universitarios. Su procedimiento consistía en pregonar el Edicto de gracia, explicando en qué consistían las herejías y animando a quienes hubieran caído en ellas a presentarse y denunciar también a sus cómplices. Quienes lo hicieran de grado se reconciliarían con la Iglesia sin mayor problema. A continuación venían las denuncias, mantenidas en el anonimato, lo que daba pie a muchos abusos. La denuncia era examinada por los "calificadores" que, si la hallaban fundada, ordenaban detener al acusado, cuyos bienes eran confiscados preventivamente para pagar los gastos del proceso, lo cual causaba nuevos abusos, que se combatieron desde mediados del siglo XVI. Por otra parte, la Inquisición se financiaba sobre todo con los bienes de los condenados, lo que, en principio, constituía un incentivo para extremar la severidad.

El proceso podía alargarse largo tiempo sin que el detenido conociese la acusación. Luego eran interrogados los denunciantes y el denunciado. Este recibía un abogado defensor cuya misión consistía en animarle a decir la verdad, y debía buscar testigos favorables o demostrar la falsedad de la acusación, a cuyo fin se le pedía que citara los nombres de quienes podían tener interés en perjudicarle, por si coincidían con los denunciantes. Si el proceso seguía, podía usarse la tortura, a condición de no poner en peligro la vida ni causar mutilaciones, y la confesión así obtenida debía ser luego ratificada libremente. Las penas más habituales eran multas, la obligación de portar un sambenito, o la "prisión perpetua" que en la práctica no solía pasar de tres años, pero podían llegar a la "relajación al brazo secular", es decir, a la justicia laica. Seguía un auto de fe, ceremonia pública o privada para solemnizar la reconciliación de los arrepentidos y la ratificación de los no arrepentidos, que serían entregados para su ejecución. Popularmente se ha identificado el auto de fe con la ejecución, pero esta se cumplía al margen y después. Si el condenado se arrepentía en el último momento era ahorcado o decapitado; en caso contrario, quemado vivo en la hoguera.

Entre los perseguidos por la Inquisición, los principales fueron los conversos judíos y moriscos, y más tarde los protestantes, de los que siempre hubo muy pocos en España. Suele considerarse que su período de actuación más intensa transcurrió entre su fundación y el año 1530, relajándose después durante más de un siglo, salvo algún pequeño rebrote; en los dos decenios de 1640 a 1660 se recrudeció de nuevo, y a partir de esa fecha su actividad decayó fuertemente hasta su disolución.

Los métodos de la Inquisición han sido muy criticados, en particular la denuncia anónima y el uso de la tortura. Pero hoy se admite comúnmente que la tortura fue poco empleada para las costumbres de la época (o de la actualidad en muchos lugares). Las condiciones carcelarias eran también bastante mejores que las de las prisiones comunes, en ellas podían recibir visitas de familiares y practicar su oficio; en muchos casos los denunciados no iban a la cárcel, sino que sufrían una especie de arresto domiciliario. En cuando al anonimato de los denunciantes se explicaba en parte por las venganzas que seguirían contra ellos por parte de las familias de los denunciados, muchas de ellas poderosas. La Inquisición, por lo demás, tenía mucho más en cuenta que la justicia corriente los falsos testimonios: "Los inquisidores –explican las instrucciones de Torquemada– deben observar y examinar con atención a los testigos, obrar de suerte que sepan quiénes son, si deponen por odio o enemistad o por otra corrupción. Deben interrogarlos con mucha diligencia e informarse en otras personas sobre el crédito que se les pueda otorgar, sobre su valor moral. Remitiendo todo a las conciencias de los inquisidores".

Tres siglos y medio duraría la Inquisición, concebida como un tribunal para asegurar la estabilidad social frente a la herejía. Las descripciones generales tienden a dar la impresión de un clima generalizado de denuncias y temor, pero los datos reales ofrecen un panorama distinto. El número total de procesos a lo largo de sus tres siglos y medio de existencia es de un máximo de 150.000, quizá menos de 100.000, pues se conservan las actas de los 50.000 ocurridos entre 1560 y 1700, casi un siglo y medio: dado que los procesos posteriores a 1700 fueron pocos, resulta difícil creer que los correspondientes a los ochenta años anteriores a 1560 casi duplicaran los posteriores. Aún aceptando la cifra mayor, da un promedio máximo de 420 procesos por año (la cifra real es probablemente bastante inferior), exigua en todo caso para una población que varió entre cinco y doce millones de habitantes –aunque hubo temporadas de actividad escasa y otras más intensa–. El uso de la tortura, como quedó indicado, fue mucho más moderado que en los tribunales corrientes: de los 7.000 procesos en Valencia solo se usó la tortura en un 2% de los casos, nunca más de quince minutos, y nadie fue torturado dos veces, según la investigación de S. Haliczer.

Sobre las víctimas mortales se ha exagerado de modo increíble, por razones de propaganda ideológica. El clérigo Juan Antonio Llorente, colaboracionista de Napoleón en España, hablaba de 32.000 ejecuciones, y atribuyó a la Inquisición haber causado en gran parte "la despoblación de España". Leyendas así han circulado ampliamente. Hoy se conoce con mucha aproximación el número de ajusticiados, un millar aproximadamente, entre 1540 y 1834, año de su abolición. Hay pocos datos fehacientes de los sesenta años anteriores, por lo que la especulación es muy libre, calculándolos los estudiosos a menudo según su inclinación ideológica. Se los tiene por años de intensa actividad, y algunos hablan de 2.000 y hasta 4.000 ejecuciones, aunque pudieran ser muchas menos, teniendo en cuenta la exageración de las cifras anteriores y el sesgo ideológico de los investigadores que tal sostienen. Como se ha observado, las policías políticas de ciertos países en la actualidad pueden hacer muchas más víctimas en un tiempo enormemente menor, y por las mismas fechas de la Inquisición las represiones contra disidentes religioso-políticos en diversos países europeos causaron probablemente más muertes. Los estudios recientes ponen en un marco más preciso la entidad del tribunal, objeto preferente, durante siglos, de mitos y leyendas.

Otro dato de importancia al respecto es que, tras algunas persecuciones puntuales contra las brujas, como las de Zugarramurdi, la Inquisición descartó la "caza de brujas", considerando a estas como un mero fenómeno supersticioso. Por el contrario, en Alemania, Suiza, Francia, Inglaterra (donde existían "cazadores de brujas" por dinero), Escocia, Escandinavia y otros países, la quema de brujas se hizo obsesiva durante los siglos XVI y XVII , calculándose entre 60.000 y 100.000 víctimas (59 en España).

Se ha acusado a la Inquisición de haber paralizado el desarrollo intelectual de España, con su actividad y sus índices de libros prohibidos; pero estos, aún más rigurosos, estaban en boga por gran parte de Europa. De hecho, los siglos XVI y XVII fueron los de mayor florecimiento artístico, intelectual y, en general cultural de España, apreciándose un claro descenso de nivel a partir del siglo XVIII, cuando la Inquisición funcionó mucho más débilmente. Lo cual indica la ausencia de una relación de causa a efecto entre ambos fenómenos.

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**** La Audiencia investigará ahora la postura de Franco ante los crímenes nazis

Estos caballeros demuestran una completa ignorancia de la historia, pero eso no les detiene en su afán de embarullarla y falsificarla, pues no hay otra cosa bajo sus pretensiones de fondo totalitario, ¡menudos jueces tenemos! Podrían investigar, ya puestos a eso, la postura de los antifranquistas ante los crímenes de Stalin, ante sus propios crímenes durante la guerra civil, acerca de los cuales no han parado de mentir y de justificar; más aún, podían investigar la postura de los antifranquistas ante los crímenes de la ETA, ante los crímenes de Al Qaida, la colaboración con banda armada por parte del actual gobierno... Hay tantas cosas, sobre todo las últimas, tan actuales y tan propias de los jueces... ¿Por qué se dedican entonces algunos jueces a juzgar supuestos hechos tan pasados? Porque ellos mismos son de esos antifranquistas, tan "ignorantes" de ciertos crímenes pasado y actuales, tan complacientes y satisfechos con ellos. Jueces politizados en el sentido más rastrero del término, que deshonran su profesión. El imperio de lo grotesco. Según diversas encuestas, el poder judicial es una de las instituciones más desprestigiadas ante la opinión pública. Y estos se obstinan en ahondar en su desprestigio. Y, lo que es peor, en echar paletadas de tierra sobre la tumba de Montesquieu, en enterrar la democracia.

**** Se va Ibarreche y sube Pachiló a lendaka. Los dos, colaboradores de la ETA. ¿Cambiará algo ahora? La experiencia indica que no: estos políticos son siempre los mismos y lo mismo, aunque nunca dejará de haber incautos  que crean sus embustes, sobre todo si aquellos disponen de amplios medios de (manipulación) de masas.  Véase a Montilla, la "alternativa" a los catalufos. El gran problema político de España es que no hay alternativa a estos y a Zapo. El futurista de la economía lo es todo y la nena angloparlante se ha encargado de liquidarla.

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EL MORALISMO ESPAÑOL

(Artículo de 2003)

José María Pemán, uno de los teorizadores de la dictadura de Primo de Rivera, señalaba como rasgo característico de los españoles una acusada exigencia moral. Esto no sólo lo decía él, pues cita de Keyserling: "En lo ético, España se encuentra a la cabeza de la actual humanidad europea". Y lo han apreciado otros muchos observadores, como se trasluce en la manera como Brenan analiza el anarquismo hispano (podría sostenerse que el anarquismo arraigó en España ante todo por su moralismo). Es también cierto que en la propaganda de las izquierdas –en menor medida, quizá, de las derechas– la apelación moral surge con extraordinaria fuerza a cada instante. Como señala Pemán, "en otros países de Europa existe una mayor frialdad para separar lo utilizable de cada persona (su talento, su habilidad), de su fondo moral"; en España, "ni el talento ni la elocuencia, ni el acierto político bastaron nunca, al cabo, para hacer olvidar las claudicaciones éticas". Aquí, por ejemplo, un tanto fundamental en la apreciación de los líderes políticos era la de su austeridad y limpieza moral.

En apariencia esto es buena cosa, si consideramos que el ser humano es ante todo un animal moral, antes que intelectual. Pero ya Ortega señaló cómo la popularidad de algunos políticos y teorizadores republicanos, creo que se refería a Pi y Margall, se asentaba en el prestigio de su personal sobriedad, y no, desde luego, en el fundamento de sus ideas, mediocres cuando no disparatadas. Así como innumerables estupideces ideológicas han colado en todas partes gracias a venir presentadas en un envoltorio de cursilería, en España el envoltorio preferido de la necedad ha sido la pretensión moral.

Ello, insisto, se ha dado de manera preferente en la izquierda, incluso en la comunista, para la cual, al revés que para la anarquista, la ética no pasaba de ser un aspecto accesorio, convencional, una espuma de la sociedad de clases. Pero su propaganda radicaba en la maldad, le bellaquería, la bajeza moral, en definitiva, atribuida al enemigo, más bien que en el análisis de la "explotación" o de las relaciones sociales.

Podríamos ver ahí una especie de superioridad moral de la izquierda. De hecho, en la mala conciencia y los complejos que muestra habitualmente la derecha se percibe el influjo de esa permanente acusación moral desde la izquierda, ante la que los acusados no han sabido replicar muchas veces, o se han batido a la defensiva. La ideología y política derechistas, coincidían incluso algunos conservadores, sólo expresaban los intereses de los "ricos", y los ricos, en general, disfrutaban de unos bienes ganados indebidamente, por medio de la explotación y el expolio de los pobres. Las derechas resultan, por definición, ladronas y corruptas, y quienes, no siendo ricos, las apoyan, sólo revelan imbecilidad y abyecto servilismo ante la injusticia, o deseos de participar en el botín.

Pero si esos rasgos podían predicarse de las derechas en todo el mundo, cuando llegábamos a España empeoraban hasta los indecible. Los "ricos" españoles, y quienes les apoyaban ("los militares y los curas", en cabeza) eran los más miserables, crueles, oscurantistas y chulos de todo el mundo, o por lo menos de toda Europa. Esta concepción arcaica sigue vigente en muchos ámbitos populares, y sus ecos resuenan con fuerza en episodios como la propaganda de Simancas en el reciente rifirrafe por la Comunidad de Madrid. Pero no sólo se "piensa" así en ambientes populares sino también, y aun diría que de preferencia, en los intelectuales. Así sigue siendo la línea hegemónica en la historiografía "profesional" y "académica" sobre la guerra civil, espoleada desde fuera por los Preston, Jackson y compañía.

Por cierto, la conducta de los potentados rara vez es ejemplar, y si no se le pusieran trabas legales tendería en general al abuso; también las observaciones de Cambó sobre la ruindad y ostentación vanidosa de los catalanes adinerados –extensibles al resto de España– tienen una gran parte de verdad. Pero eso no hace menos absurdos los juicios absolutos típicos de la izquierda, ni vuelve virtuosos a quienes los emiten.

Si miramos más de cerca ese moralismo español, enseguida le vemos unas cuantas fallas. Empieza por ser fundamentalmente negativo. Las diatribas feroces contra el enemigo carecen del equilibrio y de los matices que caracterizan un auténtico juicio moral. Los acusadores están predicando de sí mismos, implícitamente y por contraste, virtudes tan excelsas como viles serían los vicios denunciados, pero a menudo eso es secundario. El papel de esas diatribas suele ser más bien el de encubrir un deseo de agresión y una avidez extrema de esos bienes poseídos por otros con supuesta ilegitimidad. Durante la guerra civil, o en tiempos más recientes, pudo comprobarse cómo el comportamiento de aquellos virtuosos denunciadores de la maldad ajena imitaba, precisamente, los peores actos atribuidos –no siempre sin razón pero muchas veces sin ella–, a "los ricos".

Por otra parte ese moralismo se extiende porque halaga la vanidad de cada individuo de sentirse el juez de los demás, especialmente de quienes, en el plano material o en otros, se encuentran por encima de él. Esta especie de envidia, ya se exprese positivamente como espíritu de superación, o negativamente como impulso destructivo hacia el prójimo más favorecido, o de simple pasividad rencorosa, parece constitucional en el ser humano, y será siempre una fuente de motivación para sus actos. Tengo la impresión de que el moralismo español, sobre todo en la izquierda, ha tendido más bien a despertar actitudes negativas.

No estoy muy seguro de que el impulso ético español sea más fuerte que el de otros pueblos –actualmente parece más bien lo contrario, basta mirar la televisión, por poner un ejemplo–, pero en todo caso sólo tendrá valor si pierde algo de la rudeza y negatividad que lo han acompañado, al menos en el siglo XX y ahora mismo.

El caso de los moriscos

5 de Mayo de 2009 - 08:28:44 - Pío Moa - 126 comentarios

La mentalidad que llevó a la expulsión de los judíos tenía que ver seguramente con la euforia del final de la reconquista. Mas, paradójicamente, no se adoptaron en un primer momento medidas similares contra los mudéjares o moros que permanecían en España, sino que se les reconocieron derechos considerables, incluso privilegios como el de no pagar más impuestos que antes, conservar armas blancas, destitución de gobernantes cristianos sobre los que tuvieran queja. Podían mantener su religión y propiedades, su propio sistema legal, su sistema de instrucción, llevar la ropa que quisieran, no las capas que identificaban a los judíos, retener sin trabas a los cristianos islamizados... Estas normas iban más allá de las de Valladolid con respecto a los judíos, y creaban casi un estado dentro del estado, lo que chocaba con el impulso racionalizador de la monarquía autoritaria. Curiosamente, el odio hacia los mudéjares era mucho menor que hacia los judíos, lo que acaso se explique por las posiciones de poder y riqueza adquiridas por algunos de estos, en contraste con la pobreza casi generalizada de los moros, que vivían en condiciones similares o peores que los cristianos de clase baja.

No obstante, los mudéjares no dejaban de constituir otro cuerpo extraño a la homogeneidad religiosa querida por los reyes, tanto más cuanto que constituían una potencial quinta columna de los poderes musulmanes de África, solo separados por el estrecho de Gibraltar y el breve mar de Alborán, y que mantenían una piratería permanente, aparte de sus grandes invasiones del pasado (no parecía entonces peligro inminente la presencia turca en el Mediterráneo, todavía alejada de las costas españolas). Simétricamente, el África musulmana daba a los moros peninsulares esperanzas de un eventual cambio de tornas .

Por consiguiente la política hacia ellos cambió pronto. Las predicaciones para convertirlos apenas dieron resultado, y en 1499 se adoptó una postura más drástica, con presiones económicas y a veces físicas para que los jefes musulmanes se bautizasen y arrastrasen a los demás; y se confiscaron y quemaron sus libros religiosos, mientras los científicos fueron enviados a la universidad de Alcalá de Henares. Miles de mudéjares se convirtieron pero otros más se rebelaron en Granada y las Alpujarras, en 1500. Vencida la rebelión, la política de los Reyes Católicos se endureció, y en 1502 se les aplicó la misma alternativa que a los judíos: convertirse o marcharse. La gran masa de ellos aceptó el bautismo, pero mantuvo sus tradiciones, costumbres, vestimenta y, ocultamente, su religión, recibiendo el nombre de moriscos. Así, el problema no desapareció, sino que se iba haciendo más alarmante conforme aumentaba la piratería magrebí y la amenaza turca se aproximaba a España durante el siglo XVI. 

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**** El portavoz del ministerio israelí de Exteriores, Igal Palmor, considera que "ha quedado claro" que la causa abierta por el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu "es una maniobra política" y lamenta que se emplee la justicia española para "una causa antiisraelí".

La justicia española, dice. Qué contradicción en los términos, qué burrada. Al menos hoy por hoy.

**** "Esto no se puede tolerar y si continúan así, habrá una rebelión", asegura Arzallus, el besugo furioso, protector de la ETA y similares. Jamás ha estado el PNV en las instituciones como no fuera para socavarlas y desacreditarlas. Pues nada, que se rebelen él y su pandilla de "demócratas" sabinianos. Que pacten con Al Qaida como antaño lo hicieron con los fascistas italianos. A ver qué pasa.

**** Andalucía, la comunidad con más violencia doméstica. También la más sociata, casualmente.

**** Berlusconi exige a su mujer que se disculpe en público tras anunciar el divorcio

Berlusconi es un chiste ambulante. Mucho peor es Zapo, el niñato grotesco e iluminado, que sin embargo va creando escuela: Rajoy le imita, el costosísimo y corrupto Charlamento europeo le imita, Obama compite con él. Nunca un politicastro español influyó tanto en el mundo, creo. Berlusconi, como saben, se metió de lleno en política cuando la Democracia Cristiana se hundió en la corrupción y parecía llegado el momento de los comunistas; pero el chiste ambulante sacó un montón de votos en los barrios obreros. En la televisión preguntaban a algunos currantes cómo había sido eso: "Es que los comunistas ya no defienden a los obreros, sino a los maricones y los marginales, así que...".

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Hoy, en El economista:

AYUDAR A LA IGLESIA

Cuando la izquierda intenta, como suele, someter a la Iglesia amenazándola con retirarle el dinero que los ciudadanos quieren darle en los presupuestos públicos, no faltan quienes están de acuerdo, aunque advirtiendo: "y también a los partidos y sindicatos: que vivan de sus afiliados". Me parece muy razonable que partidos y sindicatos vivan de sus afiliados, ya que defienden intereses particulares o sectoriales, y además son entidades especialmente proclives a la corrupción. Pero creo que el caso de la Iglesia difiere bastante, por tres razones: no se trata de un partido, pues a ella pertenecen gentes de todas las orientaciones políticas; su papel constituyente en la historia y la sociedad españolas es de primera magnitud; y, con más o menos práctica, la gran mayoría de la población continúa sintiéndose católica, y culturalmente lo es, sin duda alguna, por lo que no puede ponerse al nivel de otras religiones, ni de partidos.

Además, el dinero destinado a la Iglesia resulta un gran ahorro para la sociedad por comparación con el que gastaría el gobierno: la enseñanza concertada sale mucho más barata y con mejores resultados escolares que la llamada pública, y lo mismo puede decirse de la labor asistencial. Sin contar su enorme tarea como protectora y conservadora del patrimonio artístico y cultural del país, la cual contrasta con el espíritu de demolición mostrado hacia ese patrimonio, herencia de siglos, por nuestros desdichados y autodenominados "progresistas". Pues estos han sido los autores de las tres terribles oleadas de destrucción y saqueo de bienes nacionales e históricos: la invasión napoleónica, la desamortización de Mendizábal y el Frente Popular en la guerra civil. Aparte de otros muchos episodios menores.

Me parece que no hace falta ser creyente para apreciar estas cosas. Basta ser demócrata y conocer la historia para aprender algo de ella.

¿Keynes como Mises?

4 de Mayo de 2009 - 07:39:02 - Pío Moa - 144 comentarios

(Diálogos pastoriles, por Filiberto. Anteriores: 5 y 30 de marzo, 1, 5, 17, 23, 24, 27, 28 y 29 de abril, y 2 de mayo)

FABRICIO.- Te diré, hombre nada excepcional, lo que hace Salicio: consume, como es obvio; al mismo tiempo invierte, porque aunque coma y beba sin necesidad, así se siente mejor, invierte, digamos, en su propia felicidad, que le permite o ayuda luego a producir, tal como el aceite y la gasolina permiten producir a una máquina. Decís que el consumo es un fin en sí mismo y la inversión no, pero no hay ningún fin en sí mismo, como acabamos de ver. Y también ahorra Salicio, si bien indirectamente, porque lo que él se zampa ya no se lo podrán zampar otros, ya dijo Sulpicio que nos está dejando sin nada que comer ni beber mientras nosotros charlamos amigablemente. Así que, considerada la situación en su conjunto, está ahorrando, consumiendo e invirtiendo, todo a un tiempo.

PICIO.- ¡Eh, eh, que más raciones serviros puedo, mis amigos queridos!

SULPICIO.- ¡Claro que puedes! Y nosotros a pagar.

PICIO.- El negocio hundirme no querréis, digo yo, ¿adónde ibais a reuniros entonces? Tabernas como esta no hay, vosotros mismos habeislo reconocido.

MAURICIO.- No puedes negar, Fabricio, que manuelp el del blog te está hundiendo en la miseria.

FABRICIO.- Lo cree él, porque no acaba de ver el problema. Mises y Keynes operan con los mismos conceptos, ahorro, inversión, consumo... aunque les dan valores y sentidos diferentes, y lo que yo digo es que esos conceptos son por lo menos confusos, y eso explica por qué, entre otras cosas, no se ponen de acuerdo sobre las crisis y sobre tantas otras cosas.

MAURICIO.- ¡Pero el keynesianismo ha fracasado!

FABRICIO.- ¿Ha fracasado? Durante años y años antes y después de la guerra mundial, todo el mundo se volvió keynesiano, la economía funcionaba, no se hundía y los economistas, bueno, la mayoría de ellos, decían que las crisis eran cosa del pasado, que ya podían dominarse gracias a las recetas de Keynes. Sí, podrás decir que a la larga han fracasado, pero ¿por qué no fracasaron mucho antes? Además, todo en la vida se desarrolla en el tiempo, y todos fracasamos cuando morimos, pero entre tanto... ¿eh? Eso es lo que importa, el tiempo: todo dura y todo se acaba. ¿Por qué la posguerra mundial, al menos desde principios de los 50, vio la mayor expansión económica de la historia? ¿Por el keynesianismo o a pesar de él? Es lo que os decía: una teoría de la crisis tiene que explicar también la prosperidad precedente. Si no, cojea.

SULPICIO.- ¿Entonces vale tanto lo del Keynes como lo del Mises? ¡Mauricio, saca la cayada y vamos a darle su merecido a este enreda jorobeta y tartaja, que yo le atizaré con el zurrón, que me lo he traído porque no pasé antes por casa! ¡A ver si le hacemos entrar en razones!

PATRICIO.- No te exaltes, Sulpicio, no te exaltes. Eres hombre de certezas y te molestan los problemas, te comprendo bien... Pero yo diría, caros amigos, que deberíamos imitar a Salicio consumiendo, invirtiendo y ahorrando todo a una, no vaya a ser que no nos quede ni una rodaja de chorizo ni una gota de vino, que este Picio es amistoso, pero pesetero como buen poeta.

MAURICIO.- ¡Ah, y otra cosa, Fabricio, no creas que olvido tu aserto, tan ridículo como los demás, de que los conflictos internacionales no los causa el nacionalismo, sino el Derecho. Que me lleve el diablo si he oído en mi vida majadería semejante.

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**** http://www.elmanifiesto.com/_franco_para_antifranquistas_altera.asp

**** Manía muy típica de nuestros progres es sentirse cultos, tolerantes, razonables  y de mente abierta porque critican a los castizos, siempre tan cerriles. En realidad los progres han causado las mayores destrucciones culturales, de bibliotecas, obras de arte, etc., que ha padecido España, así como la degradación de la enseñanza. Antaño admiraban beatamente lo francés –pero eso no les hacía más inteligentes, tolerantes, cultos ni franceses– y hoy lo inglés, también sin llegar a tener nada de ingleses o useños: siguen presos de los defectos clásicos hispanos, más uno nuevo: el servilismo. Los castizos encierran y anquilosan la cultura española en cuatro tópicos; los progres tratan de destruirla, sin más. Se complementan, estériles y esterilizantes.

****La cruz de Sant Jordi: http://sebastianurbina.blogspot.com/2009/05/alianza-de-civilizaciones_03.html

****El PSOE acusa a Aznar de actuar de forma "poco respetuosa con el país". "El país" es el PSOE. En cambio el futurista sí es respetuoso, o respetuosa, que diría Sartre.

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En Época:

UN TEMA TABÚ

Fui recientemente a Cáceres, a un pequeño congreso sobre aspectos del franquismo organizado por A. D. Martín Rubio, uno de los mejores, o el mejor, investigador actual sobre las represiones y el terror de los dos bandos durante la guerra civil. Una iniciativa muy conveniente porque, en plena democracia, la cuestión de Franco se ha convertido en tema tabú, como no sea para denigrar al personaje, y a pesar de que la propia democracia viene del autoritario franquismo y no de sus totalitarios enemigos.

Hasta qué punto es tabú el asunto lo revela el siguiente hecho: por mucho que se empeñaron los organizadores, ningún periódico ni radio locales, no digamos la televisión extremeña, publicó la convocatoria del congreso, ni hizo las entrevistas habituales en estos casos. En cambio cualquiera puede ver en esos periódicos planas enteras dedicadas a las insignificantes declaraciones de alguna vedette de lo que sea, o a sucesos de alcance ínfimo, que serán olvidados antes del mismo día; por no hablar de las televisiones y las radios. Estas conductas y preferencias revelan sin duda un envilecimiento de la prensa y un retroceso de la libertad: no solo se ignora nuestro pasado, es que no se quiere saber nada de él por parte de la mayoría abrumadora de los medios, que aplican una verdadera censura. Un indicio más de mala salud social.

Ello vuelve a demostrar que el antifranquismo nunca fue una alternativa democrática al franquismo, sino todo lo contrario, y que sigue sin serlo, porque ahora hay, misteriosamente, muchos más antifranquistas que en tiempos de Franco, el gobierno se identifica con el Frente Popular derrotado por los nacionales... y siempre la cabra tira al monte. En el citado congreso recordé cómo, durante mis tiempos en el PCE, notificábamos a la prensa cualquier pequeño incidente que organizábamos en la universidad, o manifestación relámpago de unas decenas de personas cortando el tráfico, y la prensa lo solía publicar con un espacio desmedido para la importancia del asunto. Ahora, la asfixia en los grandes medios de masas es mucho más completa y eficaz.

Recuerdo lo ocurrido cuando Carlos Dávila me invitó a un programa de televisión para hablar de los mitos de la guerra civil. Contra Dávila lanzaron una campaña intimidatoria de estilo proetarra las mafias sindicales de UGT y CCOO, que en vez de defender a los trabajadores se dedicaban a controlar la línea ideológica del "ente", al estilo comunista. Y aun fueron a las Cortes a exigir medidas contra la ruptura del tabú. No fueron solo las izquierdas, hubo una derecha "progre", que se ha impuesto ahora en el PP y representada entonces intelectualmente por Javier Tusell, que exigió asimismo la censura. Y otra derecha intelectual, en lugar de defender la libertad de expresión e investigación frente a aquellas agresiones, guardó un silencio otorgante. Fueron muy pocos los profesores e intelectuales de esa derecha que osaron decir algo al respecto. Casi la única reacción honrada y clara fue la de Stanley Payne, quien advirtió que tales conductas estaban cerca de la Italia de Mussolini o la Rusia de Stalin, y no correspondían a un país democrático como se suponía a España. Ni él mismo se libró de algunas "críticas" amenazantes de los mandarines antifranquistas.

El tabú completa y protege "esa irritante mentira de los rojos, como la llamaba Marañón, o el "Himalaya de mentiras", de que hablaba Besteiro, que hoy vuelven a levantar quienes adoran puerilmente al Frente Popular, empleando los fondos públicos manejados por un gobierno autoidentificado como "rojo". Nótese, por ejemplo, cómo mi libro Franco para antifranquistas  ha sido recibido con un silencio sepulcral en los grandes medios: ¿Lo hacen porque el libro no plantea ningún análisis contrario al habitual, o porque carece de datos y argumentos? No. Lo hacen precisamente por lo contrario. El tabú debe continuar.   

La expulsión de los judíos

3 de Mayo de 2009 - 07:58:43 - Pío Moa - 157 comentarios

El año 1492 no marcó solo el final de la Reconquista y el Descubrimiento, hitos históricos relacionados, sino el de la expulsión de los judíos. La historia de los judíos en Europa, y desde luego en España, alternó entre la tolerancia (en el sentido estricto de ser tolerados, no queridos), la persecución y la expulsión. Francia, Inglaterra y Austria los habían expulsado en distintos momentos. En España los progroms habían sido recurrentes, como en el resto del continente, en especial el muy sangriento de 1391. Por lo común, los judíos habían sido protegidos por los reyes y los nobles y, de modo ambivalente, por el Papado; y odiados por el pueblo llano (con las excepciones de rigor). Ya hemos aludido a las razones de esa aversión, básicamente su consideración de "pueblo deicida", su carácter inasimilable, pues en toda Europa, como en Al Ándalus, siempre fueron vistos como un cuerpo social extraño, y peligroso por el efecto corrosivo atribuido a su religión; en España la antipatía se extendía a la memoria de su colaboración con la invasión islámica. Precisados a protegerse entre sí en un ambiente por lo general hostil, los judíos desarrollaron formas de solidaridad que a los ojos de los gentiles les asemejaban a una sociedad opaca, dedicada a secretas intrigas para socavar y destruir el cristianismo, acusación ya presente entre los visigodos. No menos inquina causaba la dedicación de la élite judaica a negocios como la recogida de impuestos y la usura, o la ostentación, por algunos, de su riqueza. Aunque los judíos ricos eran pocos, se creaba el estereotipo del "judío" enriquecido explotando las necesidades de los cristianos y dueño de un poder ganado por vías oscuras, más ultrajante por venir de una minoría ajena al país y su cultura. Pero esa capacidad para hacer y recaudar dinero era precisamente la razón de su protección por los reyes y los grandes... así como los impuestos a las aljamas o juderías, mayores que los que gravaban a los cristianos.

Se han dado diversas explicaciones de la habilidad comercial y financiera de los judíos –en realidad solo de la capa superior de ellos–, pero una causa parece probable: la hostilidad y persecuciones sufridas les impulsaba a buscar bienes por así decir intangibles o fáciles de transportar si era preciso huir, creándose así un círculo vicioso: sus actividades generaban odio, pero eran al mismo tiempo su salvaguardia en caso de necesidad. La misma causa, posiblemente, tenía el interés de muchos de ellos por conseguir una preparación profesional que les permitiera valerse en cualesquiera circunstancias. Ese interés por la instrucción formó una élite culta, profesionalmente experta y de notable capacidad intelectual, que intervino destacadamente en la Escuela de Traductores de Toledo y otras empresas culturales cristianas como las de Alfonso X el Sabio; y una cultura propia, en hebreo, árabe o idiomas españoles, de los que Maimónides es el ejemplo más elevado.

Maimónides, precisamente, había inaugurado, hacia las Escrituras, una tendencia racionalista que muchos otros judíos rechazaban como una herejía. En dirección contraria se desarrolló la Cabalá (Tradición), predominante en la Península ibérica, donde, en Castilla, en la segunda mitad del siglo XIII, se escribió el Sefer ha-Zohar (Libro del esplendor), obra central de la corriente cabalística. La Cabalá trataba de aclarar el significado profundo de la Biblia por métodos como el valor numérico de las letras, descomposición de las palabras en sus letras para formar con ellas nuevas palabras, o la obtención de significados alterando el orden de las letras de las palabras.  

Debido a la presión ambiente, violenta y no violenta, las juderías o aljamas sufrían una constante corrosión, y los bautismos fueron una corriente más o menos continua, aunque siempre lejos de ser definitiva. Que el pueblo hebreo no se desintegrase pese a vivir siglo tras siglo bajo tal inseguridad y acoso, es sin duda uno de los hechos más sorprendentes de la historia. Sin duda la noción de ser el pueblo elegido por Dios le daba una capacidad de resistencia excepcional, máxime al carecer de territorio propio y hallarse siempre, por tanto, en inferioridad. A ello se unía la esperanza, nunca perdida, de un mesías y la vuelta a Jerusalén; esperanza exacerbada a mediados del siglo XIV por las profecías, basadas en cálculos matemáticos, de Abraham bar Hiyá, dos siglos anterior (su Tratado de geometría fue por siglos texto en las escuelas cristianas). La religión se mantenía por medio del estudio, repetición y comentario de la Torá o Pentateuco. Los comentarios habían dado lugar a la Misná o Mishná, base a su vez del Talmud, compilación de historias, consideraciones y preceptos sobre el trabajo, el derecho civil y comercial, el matrimonio, la purificación, etc. La vida política y social se identificaba con la religión de modo absorbente, y la repetición y comentario de los textos sagrados, generación tras generación, daba a las comunidades el fuerte sentido de pertenencia que les permitía mantenerse, pese a no estar en condiciones de defenderse o atacar por las armas, como habían hecho hasta sus repetidas expulsiones de Israel por los romanos. Para los cristianos, el Talmud era otro motivo de sospecha, puesto que ya no se trataba de la Biblia común a las dos religiones.

Esta unidad no impedía diferencias en la interpretación religiosa que desgarraban a veces las comunidades y que, en condiciones de libertad, habrían podido generar a conflictos violentos como había ocurrido en tiempos de Roma, atenuados luego por la falta de poder político y militar. Las disputas guardaban notable paralelo con las cristianas desde la introducción de Aristóteles, y giraban en torno al racionalismo de Maimónides, el problema del bien y el mal, etc. Algunas tendencias consideraban el mal como un principio activo y poderoso (el tomismo lo entendía, de modo más pasivo, como ausencia de bien) y se orientaban al gnosticismo. También brotaron en las aljamas ideas similares a las de los franciscanos, con exigencia de pobreza total, esperanza de un mesías próximo y feroces diatribas contra los judíos acaudalados.

En el siglo XIII las juderías de España vivieron una época de considerable esplendor, también intelectual. Las de Cataluña eran las más importantes de España, también las de Aragón, y la de la ciudad de Valencia, con 250 familias quizá se convirtió en la mayor de la península. Se les concedían privilegios (relativos) para atraerlos como fuente de ingresos para los reyes y oligarquías. A principios del siglo XIV, el antisemitismo en Alemania y Francia, así como en Mallorca y zonas pirenaicas, provocó la emigración de bastantes de ellos a Aragón y sobre todo a Castilla. Pero pronto iba a recrudecerse a su vez el antisemitismo en la península, empezando por Navarra, muy influida por Francia. A mediados de siglo, con motivo de la Peste Negra circularon las habituales calumnias sobre el envenenamiento de pozos, que dieron lugar a matanzas en Cataluña y Aragón, pese a que las aljamas sufrían la peste no menos que las ciudades cristianas, quizá más, por tratarse de barrios estrechos. La hostilidad persistió hasta que, a finales de siglo, en 1391, estalló en grandes matanzas extendidas desde Andalucía por Castilla, Valencia y Cataluña, provocando también numerosos bautizos forzados.

La política oficial osciló entre intentos de conversión mediante la predicación, y el uso de la fuerza, es decir, restricciones legales. Muestra de lo último, las leyes de Ayllón, en 1412, imponían en Castilla una rigurosa separación de los judíos en barrios cerrados, vestimenta etc., y se les prohibían todos los oficios provechosos o prestigiosos. En Aragón, la Inquisición presionaba en pro de medidas resolutivas, por las buenas o las malas. Un converso, Jerónimo de Santa Fe, presentó al papa Benedicto XIII una interpretación de los textos bíblicos que justificaban a Jesús como el Mesías verdadero. Benedicto ordenó a los rabinos de la corona de Aragón se presentasen en Tortosa, a partir de enero de 1413, para instruirse, preguntar y objetar al respecto. Los rabinos señalaron que aun si el mesías había venido, lo que importa es el cumplimiento de la ley sagrada, es decir, del Talmud. El argumento se refinó arguyendo que el mesías debía restaurar Jerusalén, es decir, obrar como un líder político, pero las almas no precisaban de él para salvarse, pues bastaba para ello el cumplimiento de la Ley, aunque el mesías no llegase hasta el final de los tiempos.

Como entre los judíos comunes y los rabinos hubo algunas discrepancias, se abrió paso la acusación de que los jefes religiosos engañaban y tiranizaban a su pueblo. A su vez, los rabinos acusaron a Jerónimo de Santa Fe de utilizar textos inseguros, y reafirmaron su opinión de que la Ley expuesta en la Torá es eterna e incambiable: el mesías solo podía cumplirla, no transformarla, devolviendo a su pueblo Jerusalén y toda la tierra que Dios les había otorgado. Los sufrimientos que comportaba la lealtad a la doctrina debían entenderse como pruebas que Dios recompensaría. Pero hubo bastantes conversiones, lo cual confirmaba a los jefes religiosos el peligro del contacto con los cristianos, y a la vez demostraba que el aumento de la herejía era necesaria para que resplandeciera la virtud de los justos. El contacto con los cristianos se producía ante todo entre las capas altas y adineradas: eran aquellos banqueros y usureros quienes con su codicia despertaban la cólera de los gentiles, y eran ellos los primeros en abandonar la fe a la hora de la prueba, según denunciaba el líder religioso Salomón Alami. Las discusiones de Tortosa duraron varios meses y, en definitiva la mayoría de los judíos persistió en su religión. Santa Fe los consideró herejes contumaces, y recomendó a Benedicto obrar en consecuencia. Por ello, muchos judíos de la corona de Aragón emigraron a Castilla, a pesar de las leyes de Ayllón, que dejaron pronto de cumplirse.

Como quedó dicho, Enrique II de Trastámara explotó contra Pedro I el Cruel, el odio popular antihebreo, pero cambió de actitud al ganar el trono. En 1432 el jefe religioso Abraham Bienveniste, protegido por Álvaro de Luna, convocó una asamblea de rabinos para redactar los Estatutos (takanoz) de Valladolid, de aplicación en Castilla. Las normas daban a los judíos una extraordinaria autonomía judicial, con sus propios jueces y prohibición de acudir a jueces cristianos, incluso trataba de establecer la pena de muerte para los delitos de delación y calumnia, aunque no tenía medios de hacerla efectiva salvo que la aprobase el Consejo real. Las aljamas funcionarían con una libertad que levantaba críticas en otros países europeos, y en el propio Papado, pues ella anularía el esfuerzo de convertirlos. Los estatutos obligaban también a todas las familias a pagar un impuesto especial para sostener casas de oración y maestros que enseñasen a los niños la Torá y el Talmud. Esta atención a enseñanza religiosa, extendida a la instrucción práctica, fue un rasgo muy difundido entre los judíos, y les daba una ventaja cultural sobre la población común cristiana.

Gracias a la actividad de rabinos como Bienveniste o Abraham Seneor, las aljamas fueron rehaciéndose lentamente de la aguda crisis de los decenios anteriores, pero aun así su población había decaído grandemente, debido a las pestes, a los progroms y a las conversiones. También había decaído en productividad intelectual, y en riqueza, pues la participación de judíos en los oficios más lucrativos había descendido mucho, teniendo la inmensa mayoría de ellos oficios de escaso lucimiento como pequeños artesanos, tenderos, etc.

En cualquier caso, la aversión popular a los judíos no dejó de crecer: eran acusados de crímenes rituales como el asesinato del Niño de La Guardia, de profanar las sagradas formas, de mantener preceptos anticristianos y blasfemos en el Talmud, etc. El odio alcanzaba igualmente a los conversos. Muchos de estos se habían cristianizado por convicción, a menudo abrazando un intenso nacionalismo hispano, pero otros muchos lo habían hecho de modo forzado, por temor a ser muertos en los progroms o a perder ventajas materiales. Algunos de los primeros mostraron un especial celo antijudaico, y los últimos, los insinceros, quedaban en posición equívoca, rechazados por sus antiguos correligionarios y sospechosos ante los cristianos, que los acusaban de judaizar en secreto. La mentalidad popular tendía a identificar a sinceros e insinceros, incluso a muchos que habían nacido cristianos, pues provenían de familias conversas de generaciones atrás.

Con todo, los Reyes Católicos adoptaron una política más bien favorable al pueblo de Israel: "Los judíos son tolerados y sufridos y nos los mandamos tolerar y sufrir y que vivan en nuestros reinos como nuestros súbditos y vasallos"; y los protegieron en diversas ocasiones, anulando, por ejemplo, las normas de Bilbao, que obligaban a los comerciantes hebreos a pernoctar fuera de la ciudad, con riesgo de ser saqueados por los bandoleros, y otras restricciones impuestas por diversos municipios. Reaparecieron algunos judíos en la corte, como Abraham Seneor, que llegó a administrador de las rentas del reino y a tesorero de la Hermandad.

Pero la situación empeoró cuando la Inquisición se extendió de Aragón a Castilla, en 1478, con el nombre de Inquisición Española y dos novedades: no dependía de los obispos como la Inquisición anterior, sino de la corona (aunque el papa estaba, en principio, por encima, y hubo algunos roces entre la corona y el Papado), y mostró mayor actividad desde el principio contra los conversos. Hubo resistencias a ella en Aragón, no muy significativas excepto en Nápoles, donde provocó verdaderas revueltas. La nueva actitud tomó impulso a partir de 1483, cuando Tomás de Torquemada fue nombrado Inquisidor general. A este se le atribuye algún antecesor converso, en todo caso muy secundario. Torquemada ha sido objeto de juicios contradictorios, presentándoselo a menudo como paradigma del más brutal fanatismo o bien, a juicio del cronista Sebastián de Olmedo, como "el martillo de los herejes, la luz de España, el salvador de su país". Defendió la tortura pero la hizo usar bastante menos que en los tribunales corrientes europeos, organizó cárceles más habitables que las ordinarias y aseguró la buena alimentación de los presos (diversos presos comunes trataban de ser transferidos a tribunales eclesiásticos), y combatió la corrupción judicial y las acusaciones falsas, acordando que quien acusase falsamente a otro recibiría la pena prevista para su víctima. Al mismo tiempo fue inflexible en la persecución de la herejía, sin reparo en llamar ante el tribunal a nobles u obispos. Se le consideraba incorruptible y procuraba la reconciliación de los acusados en la medida de lo posible. Suele considerarse que su período al frente de la Inquisición fue especialmente activo y duro, aunque no hay datos muy fehacientes de ello, lo que permite un amplio margen a la especulación, según la tendencia ideológica del estudioso.

Como fuere, no hay duda de que fue él quien presionó más fuertemente en pro de la expulsión de los judíos, considerando que la misma eliminaría el problema de los conversos judaizantes, pues estos persistían ocultamente en su fe a causa de la presencia de comunidades judías. La expulsión se estableció por decreto real tres meses después de la toma de Granada y poco antes de la orden que llevaría al descubrimiento de América. El decreto daba a los judíos que persistiesen en su fe cuatro meses para liquidar sus bienes y salir de España. Los fundamentos de la orden no aludían a las acusaciones populares de sacrilegios y asesinatos rituales (que probablemente no creían las personas ilustradas), y tampoco a la usura, excepto en una versión firmada por el rey Fernando: "Hallamos los dichos judíos, por medio de grandísimas e insoportables usuras, devorar y absorber las haciendas y sustancias de los cristianos, ejerciendo inicuamente y sin piedad la pravedad usuraria contra los dichos cristianos públicamente y manifiesta como contra enemigos y reputándolos idólatras, de lo cual graves querellas de nuestros súbditos y naturales a nuestras orejas han prevenido". Esto suena a pretexto, porque tales prácticas se habían restringido mucho. El motivo invocado era religioso, en particular el peligro de contagio y herejía sobre los cristianos. La expulsión valió a los reyes enhorabuenas en toda Europa, también de la Universidad de La Sorbona.

Es probable que los Reyes Católicos esperasen que la comunidad judía, al verse en tal aprieto, se diluyera mediante la conversión, y se prodigaron las exhortaciones, incluso promesas de privilegios económicos y jurídicos a los que se bautizasen. El prestigioso líder judío Abraham Seneor se convirtió al catolicismo e hizo campaña entre los suyos para que siguieran su ejemplo. Pero la mayoría se mantuvo firme, en contraste con las oleadas de conversiones más o menos forzadas de finales del siglo anterior y principios del XV: los rabinos habían logrado rehacer moralmente a su comunidad.

¿Cuántos emigraron? No es fácil hacer un cálculo, y las estimaciones varían entre los 200.000 y los 50.000. Pero teniendo en cuenta el número de aljamas, la población judía no podía ser alta después de los períodos de pestes, matanzas y conversiones que habían sufrido. Su número en Cataluña, antes tan alto, había bajado drásticamente. En Aragón quedaban 19 juderías, con un máximo de 1.900 familias, es decir, en torno a 10.000 personas, probablemente muchas menos; y solo ellas significaban el 85% de todas las de la corona, pues entre Cataluña y Valencia se distribuían el restante 15%. Castilla contaba con 224 aljamas, lo que calculando cien familias por cada una supondrían 22.400 familias y unas cien mil personas, pero seguramente no llegaban a la mitad, ya que una aljama de 200 familias podía considerarse muy numerosa; pocas tenían más de 50 familias y muchas no pasaban de 20 ó 30. Por ello, la cifra real de judíos no debía superar los 60.000, y de ella habría que deducir varios millares bautizados in extremis.

La suerte de los expulsados fue muy varia, y a menudo trágica. Aunque se tomaron algunas medidas para evitar abusos contra ellos, la compraventa de sus bienes se hizo a menudo en condiciones de estafa. En largas filas menesterosas marcharon hacia el destierro, sostenidos en su fe por los rabinos que les exhortaban y hacían que las mujeres y muchachos cantaran y tañeran instrumentos musicales para elevar el ánimo. El Imperio otomano los acogió bien, asombrándose de que España prescindiera de gente tan hábil en hacer dinero, y en Portugal solo pudieron mantenerse por breve tiempo. Otros marcharon a Italia o a Flandes. Padecieron más los que recalaron en el norte de África, donde bastantes de ellos fueron reducidos a la esclavitud.

Los estudiosos han ofrecido diversos motivos para esta expulsión, desde el afán de los reyes y otros por enriquecerse con los bienes de los expulsados, hasta el racismo o la "lucha de clases". Joseph Pérez y Luis Suárez, principalmente, han deshecho la mayor parte de esas supuestas causas. Los reyes eran conscientes de que la medida sería económicamente perjudicial –aunque no desastrosa, porque la economía española se hallaba por entonces en pleno auge y, contra una idea extendida, el peso de los judíos en ella era pequeño–. Las razones expuestas en el decreto son exclusivamente religiosas, como quedó indicado, lo cual tenía a su vez una dimensión política. La herejía siempre había sido vista como un grave peligro de descomposición social y discordias civiles, razón de que las reacciones ante ella hubieran sido siempre muy duras. Pero además, en la estela de la racionalización del estado, pesaba más que antes la tendencia a la homogeneidad y la norma de que la religión del príncipe debía ser la del pueblo (cuius regio eius religio, que aplicarían también los protestantes). El judaísmo, mirado siempre como un cuerpo extraño, debía disolverse por conversión o de otro modo.

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**** "Dirigentes de IU, convencidos de que la rectificación de Aguilar era un "peaje". ¡Cómo, un peaje! ¿Pero es que hay quien dude a estas alturas de que Felipe González nunca tuvo nada que ver con el GAL? Pero nada de nada. Rosa Aguilar lo afirma por convicción, no por "peaje". Lo mismo que a estas alturas nadie puede dudar de la versión oficial sobre el 11-m: fueron cuatro delincuentes comunes musulmanes y un ex minero asturiano medio loco, a quienes un día les dio por ahí, no se sabe bien por qué, ni falta que hace, y ya ven... ¿Cómo se puede dudar de una cosa así? Rosa Aguilar, mujer de principios, tampoco lo duda. Es la política actual en España. 

**** Esperanza Aguirre, en un inglés fluido: "Quiero que los madrileños sean bilingües"

Ella quiere. La despotilla quiere. La maestrilla de escuela quiere. La servil quiere. Para entender las órdenes a la primera y sin traducción, como en el actual ejército. "Como responsable de la educación de todos los madrileños", dice la totalitaria. ¿Quién le ha dado esa responsabilidad? Miseria. ¿Por qué tendrán tanto odio, desprecio o falta de respeto a España? Con el dinero de los españoles. Tienen más peligro que los separatistas.

**** En la wikipedia, en internet en general, se encuentra gran cantidad de artículos redactados en spanglish, con una sintaxis realmente bárbara, es decir, pésimamente traducidos del inglés por algunos-as bilingües  de los que gustan a Aguirre.  Un pequeño ejemplo, y no de los más graves: http://es.wikipedia.org/wiki/N%C3%B3vgorod

La divagación, el amor y la práctica

2 de Mayo de 2009 - 08:32:19 - Pío Moa - 154 comentarios

Diálogos pastoriles (anterior, 29-IV)

FABRICIO.- He aquí un buen problema, amigo Sulpicio, pero afortunadamente de solución no muy complicada. Mises dice dos cosas que no veo por ninguna parte: que el ahorro es un sacrificio voluntario y que gracias al sacrificio de generaciones pasadas pueden vivir mejor las siguientes, debido a que ese ahorro se canaliza a la inversión de bienes de capital. Ahora, piensa un poco: tú ahorras de tus ganancias una cantidad y la metes en el banco. Pero en realidad no sacrificas nada. Ahorras lo que te parece superfluo, no les quitas el pan a tus hijos para ahorrar. Claro que ese ahorro significa una posibilidad de consumo de bienes que ya existen en el mercado y que tú no compras, pues si no existieran esos bienes del llamado consumo, ¿qué mérito tendría el ahorrar su compra? ¿Qué pasa con esos bienes? Pues que se echan a perder, en su mayoría. Y al año siguiente igual, etc., y nuevos bienes perdidos.

MAURICIO.- O sea, gran hombre, que el ahorro perjudica la economía.

FABRICIO.- La perjudicaría, magnífico Mauricio, si todo el mundo ahorrase. Pero es preciso que esos bienes se consuman, es decir, que se paguen, para que no haya quiebras en cadena. Y ya te expliqué cómo ocurre en realidad: lo que los ahorradores dejan de consumir, otros desahorradores lo consumen a crédito. Porque es una falacia que el dinero ahorrado se transforme exclusivamente en los llamados bienes de inversión. Muchas empresas no recurren al crédito, o solo parcialmente, sino que reinvierten sus beneficios. Y una parte importante del crédito se va a bienes de los llamados de consumo. Una casa ¿qué es? ¿Inversión o consumo? ¿Y un coche? ¿Y el que pide un crédito para llegar a fin de mes? ¡Hasta el que roba aumenta el consumo, porque obliga a otros a consumir más de lo que tenían previsto!

MAURICIO.- Pe...pe...pero, ¡qué burradas hay que oír!

FABRICIO.- Venga, Mauri, que es lo de Robinsón elevado a nivel social: Robinsón dedica tiempo a cazar pajaritos a pedradas, pero le queda tiempo de sobra para construir también un arco y cazar con más eficacia. En la sociedad, unos cazan los pajaritos, por así decir, y otros hacen los arcos, y dedican el tiempo libre a distraerse. Y, por cierto, todos comen. Por eso te digo que el análisis basado en el ahorro, el consumo y la inversión juega con conceptos equivocados y no puede tener buen resultado. Ni hay sacrificio en el ahorro ni una generación vive del sacrificio de la precedente. Por cierto, eso de sacrificar a una generación era lo que decía Stalin. Recuerda cómo empezó la discusión: muy pocos economistas la vieron venir, y casi ninguno en toda su amplitud, por tanto hay que plantearse si el análisis está bien fundado. Y recuerda también que han dado el premio Nobel a economistas que sostenían una teoría y a otros que sostenían la contraria.

SULPICIO.- ¡Y tú vas a solucionar ese problema, pastor ensoberbecido y cojitranco!

PATRICIO.- Hola, camaradas, ¡salud pública! Está cayendo tal chaparrón que no habría venido si no estuviera seguro de encontraros aquí, pase lo que pase. Vengo oyéndoos desde la puerta y, si queréis que os diga la verdad, Salicio tiene una cabeza bien amueblada, siempre lo he dicho y aquí vuelvo a comprobarlo: mientras vosotros parloteáis, divagáis sobre abstrusos misterios, él se dedica a las cosas prácticas. ¡Tres veces ha vaciado el vaso en su gaznate mientras yo caminaba despacio desde la puerta, observándoos!

SULPICIO.- ¡Salud, Patricio, bravo zapatero remendón y poeta!..

FELICIO.- ¡Claro, Salicio está a lo suyo y por eso no dice esta boca es mía! El tío bebe para olvidar los desdenes de su Amartilis. Está enamorado, qué le vamos a hacer.

SULPICIO.- Y como es hombre práctico, aprovecha para comer a dos carrillos, ¡nos está dejando sin nada!

FABRICIO.- Es que es un filósofo y sabe muy bien que las penas con pan son menos.

SALICIO.- Con vuestras chorradas me limpio lo que yo sé.

PATRICIO.- ¿También te has vuelto zerolo, Salicio? ¡Por las musas, que me espanta modernidad tanta!

MAURICIO.- Qué suerte, tener aquí a nuestros dos poetas, Picio el tabernero y Patricio el remendón. Ya nos soltaréis algunas de vuestras inspiradas composiciones, vates... Pero explícanos, Fabricio, ¿qué está haciendo ahora Salicio? ¿Consume? ¿Invierte? ¿Ahorra? ¿O ninguna de esas cosas? Porque según tú son conceptos equivocados...

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**** Los sociatas son afrancesados, es decir, partidarios de liquidar España, eso sí, a base de modernizarla... en el espíritu de la trola, el choriceo y el puterío. Y Esperanza Aguirre es patriota useña. Y ahí están unos y otros a la greña, ¡por el 2 de mayo!

**** Nunca fueron tan mafias los sindicatos. Sobornados por el gobierno, defienden el paro con uñas y dientes. Tiene su lógica: sus liberados no dan golpe. Aunque cobran.

**** ¡Qué mezquinos resultan los que se creen inspirados por Dios, y con tanta seguridad identifican el origen de todos los males!

Algunas curiosidades de la historia

1 de Mayo de 2009 - 08:17:21 - Pío Moa - 124 comentarios

 ****"Ah, Franco, Franco...Tantos años contándonos a nosotros mismos lo estúpido y dañino tiranuelo que fue, que no hacía una a derechas –con perdón–, apestado de todo el mundo, una miseria de hombre... Hasta inventándonos historias de oposición al dictador... Tantos años sintiéndonos virtuosamente indignados, sintiéndonos demócratas, europeos, modernos, cosmopolitas, gente refinada y homologable... ¡Tan a gusto con nosotros mismos, en suma, tan satisfechos! ¡Y ahora viene alguien por ahí demostrándonos que todo eso son bobaditas propias de snobs y parlanchines, o cosa peor! ¡Sin el menor respeto por nuestros sentimientos! ¡Haciendo que nos sintamos mal!... ¿Hay derecho? Gente así no hace más que fastidiar, no debiera permitírsele abrir la boca en una democracia mínimamente avanzada".

**** De "Años de hierro". (Por cierto, los franceses se sintieron traicionados por los ingleses, que se retiraron de Dunquerque sin consultarles, y no volcaron su potencial aéreo en la batalla de Francia prefiriendo reservarlo para la isla. Probablemente tenían razón en lo segundo los ingleses, pero para sus aliados fue, por lo menos, una gran decepción. Y otra vez se sintieron traicionados en Mazalquivir).

"Otros tres días después Churchill viajaba a París para reanimar a los franceses, con efectos contrarios: "Dijo a Reynaud que aunque Francia fuera invadida y vencida, Inglaterra continuaría la lucha (...) Hasta la una de la madrugada les estuvo presentando una apocalíptica visión (...) Se veía a sí mismo en el corazón del Canadá dirigiendo la campaña sobre una Inglaterra arrasada y sobre una Francia cuyas ruinas se habían ya enfriado. La guerra aérea del Nuevo Mundo contra el viejo dominado por los alemanes entraría en pleno vigor". 

A los reveses aliados se agregaba el riesgo de un ataque italiano por la retaguardia. El día 16, un ex jefe de gobierno francés y el ex ministro también francés Ybarnegaray, pedían a Lequerica la presión de Franco para disuadir a Mussolini de tal paso. Dos días después, Ybarnegaray sugirió viajar a Madrid para dar forma a un arreglo con Italia. Pero Franco, habiendo sido desestimadas sus anteriores gestiones en pro de un acuerdo, consideró tardía la propuesta. Además, el viaje del político francés sugeriría un intento de aislar a Hitler, inaceptable para este y para Mussolini. Por tanto, Franco solo accedió a alguna gestión discreta. Y al día siguiente tuvo confirmación oficiosa de que el Duce había resuelto entrar en acción. Como ocurriría el 10 de julio, veintidós días después.

La mala posición gala nacía tanto de los aciertos alemanes como de la escasa moral de combate mostrada, salvo algunos casos, por los franceses. Esa flaqueza reflejaba, probablemente, las acres divisiones políticas del país, que en años anteriores lo habían llevado muy cerca de la guerra civil. Los socialistas y la izquierda en general habían sostenido un pacifismo que no facilitaba una reacción enérgica de la población y las tropas, y, a partir del Pacto germano-soviético, el partido comunista hacía sabotajes y propaganda derrotista. El general Gamelin, menospreciado por los políticos, mostró escasa iniciativa, pero señaló: "Los hombres movilizados hoy no han recibido durante el período entre las dos guerras la educación patriótica y moral que les hubiese preparado para el drama que resolvería el destino de la nación".

El día 19, con el desastre ya encima, el gobierno sustituyó a Gamelin por Weygand y Pétain, embajador en Madrid. Franco quiso disuadirle: "Que los que perdieron la guerra la liquiden y firmen el armisticio. Usted es el vencedor de Verdún, la máxima gloria viva de Francia. Usted es el símbolo de la Francia victoriosa y poderosa. No vaya, mariscal. No una su nombre a lo que otros perdieron". Pétain, con 84 años, acudió a la llamada.

Los nuevos jefes franceses tampoco lograron parar a los alemanes, que una semana después acorralaban a los británicos en Dunquerque. Los ejércitos holandés, belga, francés e inglés quedaban desbaratados con la misma rapidez que el polaco. Era simplemente increíble. El ejército francés, si bien tenía puntos débiles, pasaba por ser el más formidable de Europa, los ingleses comprometieron 300.000 soldados, y los alemanes, si bien superiores en el aire, estaban en igualdad o inferioridad en casi todo lo demás, incluyendo los tanques.

Según unas versiones, Hitler fue incapaz de impedir el reembarque del grueso de ejército inglés en Dunquerque, según otras paralizó el ataque final, por creer que la Luftwaffe se bastaría, o por otra razón: Blumentritt, jefe de operaciones de Rundstedt, citaría una visita del Führer por entonces: "Nos dio a entender que la guerra terminaría en seis semanas. Después haría una paz razonable con Francia y quedaría el camino libre para un acuerdo con Inglaterra. A continuación nos sorprendió al hablar con admiración del Imperio británico, de la necesidad de su existencia y de la civilización que Gran Bretaña había aportado al mundo (...) Concluyó manifestando que aspiraba a hacer la paz con Gran Bretaña sobre una base compatible con su honor".

Por lo que fuere, los británicos lograron trasladar 225.000 compatriotas y 120.000 franceses y otros, dejando atrás todo el material. Londres decidió la retirada sin consultar a sus aliados, y Weygand y Pétain se consideraron traicionados. En Dunquerque se distinguieron unos miles de izquierdistas españoles, resistiendo durante 24 horas a fuerzas alemanas diez veces superiores, gesta celebrada por la prensa franquista. 2.000 de ellos se habían salvado con los ingleses, pero parece que Londres los devolvió a Francia, juzgándolos indeseables por su fama de revolucionarios.

Culminada la retirada, el 4 de junio Churchill pronunciaba otro histórico discurso: "Defenderemos nuestra isla por alto que sea el coste. Lucharemos en las playas, lucharemos donde pongan pie, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas. Nunca nos rendiremos, y aun si esta isla (...) fuera subyugada y reducida al hambre, cosa que no creo, nuestro Imperio, más allá de los mares armados y guardados por la Armada británica, continuaría la lucha hasta que, cuando Dios quiera, el nuevo mundo avance con todo su poderío para rescatar y liberar al viejo".

Aún quedaba a Francia la mayor parte de su territorio y tropas numerosas. Pero, pese a algunas resistencias encarnizadas, los alemanes, ya con total superioridad de medios, arrollaron a sus enemigos. El 14 de junio desfilaban por París, y el gobierno francés marchaba a Burdeos, en medio del éxodo caótico de millones de civiles asustados por los rumores de atrocidades alemanas, por lo demás inexistentes. En los días siguientes los invasores ocuparon la mayor parte del país. Y el día 18, descartada la idea de proseguir la resistencia desde el norte de África, Reynaud dimitió.

Le sustituyó Pétain, una de cuyas primeras medidas fue pedir la mediación de Franco. Madrid le comunicó que Alemania no pensaba en la paz, sino solo en un armisticio, y al día siguiente pudo informar a Berlín de la aceptación francesa. Franco no aprovechó la ocasión para humillar o atacar a los vencidos, como haría Mussolini, pese a habérsele creado una oportunidad excepcional en Marruecos. Lo recordaría en 1947 el ministro francés de Asuntos Exteriores, Georges Bonnet: España había seguido suministrando todo tipo de materias a los franceses, y "el Marruecos francés pudo dejarse enteramente indefenso sin el menor peligro, y los hombres, con su material, fueron enviados al combate donde se les necesitaba de forma acuciante".   

Un impresionado Lequerica escribía a Madrid: "Para quien ha conocido a Francia en el apogeo de su poder, el contraste es propicio para meditar sobre lo efímeras que son las grandezas. La primera potencia militar de Europa pide un armisticio a través de una nación [España] en la que ha fomentado guerras civiles para servir su política insensata. Pero no es tiempo de recriminaciones, antes al contrario, es preciso sacar las enseñanzas de tales errores y proceder con generosidad y nobleza a la construcción final de un orden y equilibrio europeos". La palabra equilibrio traslucía prevención ante el tremendo poder germano: una Francia anonadada distaba de ser una bendición para España. El gobierno francés, por su parte, extremó sus muestras de reconocimiento a Franco, también por el cálculo –errado– de que éste ejercía influencia en Berlín.

Y el coronel De Gaulle entraba en la historia huyendo a Londres para formar el Comité de la Francia Libre, tras intentar, en vano, que Churchill lanzase al combate toda su aviación y medios. De Gaulle había defendido tácticas parejas a la blitzkrieg alemana: rápido movimiento, basado en los carros y la aviación. Su doctrina había tenido eco, pero no el favor de sus superiores, apegados a viejas ideas. Ahora se dirigía a sus compatriotas desde Inglaterra: "¡Francia ha perdido una batalla, pero no la guerra! Gobernantes sin peso han capitulado cediendo al pánico, olvidando el honor, librando el país a la esclavitud. ¡Sin embargo, nada está perdido! Nada está perdido porque esta guerra es una guerra mundial. En el universo libre, fuerzas inmensas aún no han entrado en juego. Un día esas fuerzas aplastarán al enemigo. Francia deberá estar presente en la victoria, y entonces recobrará la libertad y la grandeza (...) Invito a todos los franceses, dondequiera se hallen, a unirse a mí en la acción, el sacrificio y la esperanza. Nuestra patria está en peligro de muerte. ¡Luchemos por salvarla!".

Las negociaciones de Pétain empezaron el día 21, en el mismo vagón de tren donde, casi veintidós años antes, se había firmado la rendición de Alemania tras la I Guerra mundial. Estaban presentes Hitler y otros jefes alemanes, y jefes franceses de los tres ejércitos. El general Keitel, máxima autoridad militar de los vencedores, leyó: "Francia ha sido vencida después de una resistencia heroica; por lo tanto, Alemania no tiene intención de dar a las condiciones de armisticio el carácter de un insulto" (El traductor alemán Paul Schmidt describe: "No quería dejar de manifestarle –dijo Keitel al general francés Huntziger– mi profundo pesar, como soldado, por el momento difícil que usted acaba de pasar como francés. Esta situación dolorosa se halla atenuada por la conciencia de que las tropas francesas han luchado con valentía, cosa que yo anhelaba confirmarle expresamente". Los jefes francés y alemán estaban frente a frente. En los ojos de ambos brillaban las lágrimas"). El 22 se firmaba un armisticio relativamente generoso. A la espera del tratado de paz al final del conflicto, permanecería una Francia independiente en el centro-sureste del país, con capital en Vichy y un ejército de cien mil hombres y otros ciento veinticinco mil en las colonias, más la flota, muy poderosa, cuya posible huida a Inglaterra temía Hitler. El norte y oeste del país quedaba en poder de Alemania mientras durase la lucha contra Inglaterra. Solo las provincias de Alsacia y Lorena fueron incorporadas al III Reich.

La Wehrmacht dio prueba de sobresaliente valor, pericia técnica y capacidad del mando. Pequeños grupos de paracaidistas habían asestado golpes decisivos, como la toma de la impresionante fortaleza de Eben Emael, en Bélgica; los bombarderos en picado llamados Stuka colaboraron eficazmente con los carros. También comenzó allí la fulgurante carrera de las Waffen SS en el campo de batalla: "soldados políticos", originados en un cuerpo de protección de los jerarcas nazis y fanatizados en tal ideología. La campaña hizo famosos a muchos jefes alemanes: Guderian, Rommel, Rundstedt, Leeb, Bock, Reinhardt, Student, Hoth, Kleist, etc. Salvo el bombardeo de Rotterdam (1.000 muertos) se portaron civilizadamente, al revés que en Polonia.

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**** Blog: Selma: No esparable de Ud., Don Pío, tanta falta de rigor. Se trataba de una admisión (obligada por lo demás) que no prejuzgaba ningún tipo de pronunciamiento sobre el fondo del asunto. ¿Que el Parlamento no debe estar para ese tipo de pronunciamientos? Totalmente de acuerdo, pero ese es otro debate, y en todo caso de ello no tiene la culpa Ana Pastor. Creo que debe Ud. una rectificación. No van a ser siempre los otros los que rectifiquen". 

No recuerdo que los otros hayan rectificado mucho, a no ser para empeorar. La verdad es que me gustaría mucho tener que rectificar todo lo que he dicho sobre el PP y sobre el PSOE. Y también me ha sorprendido la actitud de Ana Pastor, pero lea usted el blog de Luis del Pino. En un contexto como el actual del PP, de absoluta decadencia moral e intelectual, cuando uno oye decir cosas tan extrañas al mismo Mayor Oreja, otrora el político más lúcido de ese partido... 

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