Pío Moa

Marzo 2009


La unión de Aragón y Castilla

31 de Marzo de 2009 - 10:54:21 - Pío Moa - 125 comentarios

El triunfo de los reyes que serían llamados Católicos cambiaba la situación en España. Pese a que los dos reinos mantenían sus leyes particulares, fue una unidad política muy real, con proyección sobre Europa, en particular Francia y el Mediterráneo. Fernando quedó como rey de Castilla en igualdad con Isabel, aunque el Tanto monta no valdría para Aragón, en apariencia porque la reina no se interesó, aunque en 1475 y 1480 aportaría tropas para el socorro de Perpiñán, en cuyo recobro mostrarían escaso interés las Cortes catalanas; y en 1480 envió una escuadra a Sicilia, posesión aragonesa, más específicamente catalana, para afrontar la amenaza turca sobre la isla. Por otra parte los dos monarcas demostrarían una talla política nada común.

Sin embargo no dejaba de ser una unión muy desigual. Castilla se extendía sobre dos tercios de España con acaso cuatro millones de habitantes, y parece haberse repuesto mejor que otras regiones de las calamidades de los siglos XIV y XV. Aragón ocupaba en torno a un quinto de la península, y su población, unas 800.000 personas, había descendido mucho con respecto a la de un siglo y medio antes, debido a las pestes, las hambres y las guerras civiles. Económicamente, Castilla también había resistido mejor los desórdenes del siglo XV, y su producción cerealista y ovina, sus talleres textiles (de paños menos refinados que los noreuropeos), su comercio con el norte de Europa y el Mediterráneo, más los beneficios de las peregrinaciones a Santiago, convirtieron al conjunto de sus ciudades de la meseta norte, más Toledo y algunas del Cantábrico, en la región más próspera y poblada de la península. Ello ocurría por primera vez en la historia, pues durante dos milenios la parte más rica y populosa había sido el valle del Guadalquivir y aledaños, excepto en la época de gloria de Cataluña y Mallorca, entre los siglos XIII y XIV. La corona aragonesa en la península vivía tiempos difíciles, excepto Valencia, que había sustituido a Cataluña como el reino más culto, próspero y dinámico. La ciudad de Valencia quizá llegó a los 70.000 habitantes, mientras que Barcelona había caído desde 50.000 a poco más de la mitad, cifra que alcanzaban Toledo, Valladolid o Córdoba, mientras Sevilla, la mayor de la corona castellana, llegaba a 45.000. Castilla, en suma, era una potencia en auge, mientras que Aragón decaía desde hacía un siglo. 

"Castilla" abarcaba los reinos de Galicia, León, Toledo Murcia, Sevilla, Córdoba y Jaén, el señorío de Vizcaya y el principado de Asturias, además de Castilla propia, la Castilla Vieja; pero la unidad estaba bien consolidada, como indica el hecho de que apenas se registraran impulsos secesionistas durante las continuas guerras civiles y desórdenes o las contiendas con portugueses y aragoneses durante el siglo XV. La corona de Aragón había logrado mantener una sorprendente unidad básica, pese a sufrir mayores desavenencias internas.

Estas diferencias se ampliaban al propio concepto de la monarquía y la legalidad. Se ha insistido en la diferencia entre la tendencia "absolutista" de la monarquía castellana y la "pactista" de Aragón. Por absolutismo no se entiende, desde luego, algo como el absolutismo del siglo XVIII y menos aún al totalitarismo del XX, sino la clara preeminencia del monarca, como legislador y ejecutor, sobre la oligarquía y las demás instituciones; el pactismo aragonés, por el contrario, consideraba al rey solo un primus inter pares, según la célebre fórmula de ofrecimiento al monarca: "Nos, que somos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos principal entre los iguales con tal de que guardéis nuestros fueros y libertades, y si no, no". De ahí la frase de Alfonso IV de Aragón a su esposa Leonor de Castilla: "Nuestro pueblo es libre y no está sojuzgado como el pueblo de Castilla, porque ellos me tienen a mí como a Señor y nosotros a ellos como buenos vasallos y amigos". Frases que no deben llamar a engaño: el "pueblo" de Alfonso era la oligarquía nobiliaria y burguesa, que, como hemos visto, exprimía y oprimía a la población campesina, artesana y menestral con bastante más rigor que en Castilla. Eiximenis, teorizador privilegiado del pactismo, exponía bien clara esa actitud. Por otra parte, como hemos visto, la idea de un rey absoluto en Castilla aparecía como un ideal para aplacar los desórdenes, pero ese ideal "absoluto" apenas se cumplía.

La historia de Europa hasta entonces y, por supuesto, la hispana ya desde los godos, cabe describirla en gran parte como una lucha irresuelta entre el principio monárquico y el oligárquico o pactista. El rey no podía prescindir de las oligarquías, en las que todo poder se asienta forzosamente, pero intentaba escapar a su tutela. A ese fin solía aliarse con las ciudades y las capas medianas e incluso bajas de la sociedad, aunque no podía descansar de verdad en ellas. Las Cortes, un principio real de democracia, habían ampliado la base del poder, pero sus presiones solían girar en torno a privilegios para cada grupo social representado, e impuestos que pagarían "los de abajo". El problema radicaba en organizar el gobierno de tal modo que el monarca no pudiera ejercer un poder despótico ni los partidos oligárquicos llevar el país al caos. Para solventarlo se había sustituido el principio electivo por el hereditario, ya en los concilios de Toledo, sin resultado muy satisfactorio. Pero la contradicción de intereses y la inestabilidad correspondiente, vistas en conjunto, habían permitido asentar una civilización muy vivaz y evolutiva, con un balance general positivo. 

De los demás reinos, la pequeña Navarra cispirenaica tenía unos 10.000 kilómetros cuadrados y en torno a cien mil habitantes. Una parte esencial de su economía giraba en torno al Camino de Santiago y al comercio por los puertos guipuzcoanos. En la mitad norte predominaba el vascuence y en el resto un romance muy próximo al castellano, y aunque la lengua de la corte era el francés y fuerte la influencia del país vecino, existía un partido no menos fuerte, favorable a Castilla. Pamplona y Tudela eran sus ciudades mayores, aunque pequeñas, de cinco o seis mil habitantes cada una.

Portugal, con unos 90.000 kilómetros cuadrados y un millón de habitantes, vivía un gran momento. En 1415 había conquistado Ceuta e iniciado su expansión por el Atlántico. Al año siguiente el infante Enrique el Navegante fundó en Sagres, el extremo suroeste de Portugal, una escuela de navegación y confección de mapas. En 1427, los portugueses descubrieron las Azores, se lanzaron a explorar la costa africana y en 1488 Bartolomé Díaz llegó al extremo sur, el Cabo de las Tormentas, rebautizado luego De Buena Esperanza. Estas empresas daban comienzo a la aquí llamada Edad de Expansión europea. Con ellas y la privilegiada situación de Lisboa, Portugal prosperaba y se convertía en una verdadera potencia en Europa.

Castilla, Aragón, Cataluña y Portugal son productos tardíos de una reconquista emprendida por Oviedo y León, algo más tarde por Navarra, fundada histórica, jurídica y políticamente en el reino hispanogodo. La formación de estos reinos hacía muy improbable, según hemos observado, la reunificación, que nunca llegaría a completarse, pero cumplida en lo principal bajo los Reyes Católicos: en definitiva, las tendencias centrípetas terminaron predominando sobre los poderosos impulsos centrífugos existentes en todas las sociedades, y surgía una nueva etapa histórica, expresada a su manera en la crónica de Muntaner: «si aquest quatre reis (...) d'Espanya, qui son una carn e una sang, se tenguessen ensems, poc dubtaren e prearen tot l'altre poder del mon»("Si los cuatro reyes de España, que son una carne y una sangre, se mantuvieran unidos, poco temerían y en poco tendrían al poder del resto del mundo").

Aunque los Reyes Católicos fueron reconocidos como de España dentro y fuera del país, no se llamaron así oficialmente, debido a la protesta de Portugal (del rey Alfonso V) que se seguiría considerando español durante unos siglos; y a la esperanza de redondear la unidad algún día. Como observa L. González Antón, no es cierto el dicho orteguiano de que "Castilla hizo España", aunque a partir del siglo XII o XIII Castilla cobrase el mayor ascendiente en la península. España era una realidad política anterior a la invasión mora, sin la cual muy difícilmente habría ocurrido la Reconquista. Y esta, a su vez, no había sido iniciada por Castilla, ni culminada por una absorción, sino por una unión. Además, Castilla incluía para entonces varios reinos distintos de la Castilla original. Con todo, la potencia cultural, política y económica castellana haría disminuir la heterogeneidad regional creada por las circunstancias bélicas de los siglos anteriores. La lengua castellana absorbería a los romances leonés, aragonés y navarro, y su uso como lengua culta y política se extendería por Valencia, Cataluña, las Vascongadas, Galicia e incluso Portugal, hasta conformarse como idioma común, el español por antonomasia, sin eliminar por ello el uso del catalán, el vascuence o el gallego en las zonas respectivas.

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En El economista:

FRANCO HOY

¿De dónde viene la democracia actual, del franquismo o del antifranquismo? ¿De dónde vienen las amenazas mayores a nuestro sistema de libertades? ¿Puede un régimen subsistir largo tiempo si corta sus propias raíces? Planteo estas y otras preguntas en Franco para antifranquistas.

Si la democracia viniera de la oposición a la dictadura, habría que condenar esta y buscar la raíz de aquella, resueltamente, en la situación anterior a Franco, es decir, en el Frente Popular o la república. Sin embargo sabemos hoy que la república fue solo a medias democrática y funcionó muy mal, mientras que el Frente Popular reunió a comunistas, marxistas, anarquistas, golpistas y racistas, cuyo mayor éxito inicial consistió en destruir la legalidad republicana. Y si nos fijamos en la oposición a la dictadura, vemos enseguida que se compuso de totalitarios comunistas y de terroristas, una evidencia en la que casi nunca se repara: antifranquismo no equivalió en lo más mínimo a democratismo. Los demócratas apenas molestaron a Franco, ni a la inversa.

Evidencia corroborada por esta otra: las amenazas más persistentes al sistema de libertades han sido y son el terrorismo, la corrupción, los separatismos y el ataque a la separación de poderes. Todas ellas proceden de sectores que se declaran antifranquistas, aunque la dictadura de Franco haya desaparecido.

Siendo así, debemos admitir que el régimen actual solo ha podido salir del corazón del franquismo, otra evidencia desatendida: ¿de dónde vinieron, si no, el rey, Suárez, Fernández Miranda y tantos otros? La raíz de nuestra democracia se halla en el franquismo, una paradoja que necesita ser explicada, pero que apenas ha sido planteada siguiera. Ahora bien, mientras subsista la confusión al respecto y el empeño de muchos por cortar esa raíz, la democracia continuará en serio peligro. De ahí la actualidad de la cuestión de Franco. 

Las 36 preguntas

30 de Marzo de 2009 - 08:54:49 - Pío Moa - 288 comentarios

I parte: FRANCO, LA DEMOCRACIA Y LA REPÚBLICA

  1. ¿Conspiró Franco contra la democracia?
  2. ¿Qué actitud tomó Franco ante la reforma militar de Azaña?
  3. La hostilidad de Franco a la masonería, ¿se debió a haber sido rechazada su petición de ingreso en ella?
  4. ¿Fue la república un régimen democrático?
  5. ¿Qué actitud tomó Franco ante la rebelión de Sanjurjo?
  6. ¿Cómo se produjo la caída de Azaña y la radicalización del PSOE?
  7. ¿Cómo prepararon las izquierdas la revolución de octubre de 1934?
  8. ¿Cómo actuó Franco ante la insurrección izquierdista?
  9. ¿Fue la insurrección de octubre del 34 el comienzo de la guerra civil?
  10. ¿Cómo reaccionó Franco ante la llegada del Frente Popular?
  11. ¿Crearon un proceso revolucionario las elecciones de febrero de 1936, o contra qué se rebeló Franco?

 II parte: GUERRA CIVIL Y TRANSFORMACIÓN POLÍTICA

  1. ¿En qué condiciones se reanudó la Guerra Civil?
  2. ¿Cómo accedió Franco a la jefatura del estado?
  3. ¿Pudo terminar la guerra en cinco meses?
  4. ¿Cuáles fueron las fases de la guerra?
  5. ¿En qué difieren las intervenciones germano-italiana y soviética?
  6. ¿Qué juicio cabe formar de la capacidad militar de Franco?
  7. ¿Qué bando llevó a cabo una represión más intensa?

III parte: ¿AÑOR PERDIDOS? GUERRA MUNDIAL, MAQUIS, AISLAMIENTO

  1. ¿Qué rasgos tuvo la represión de postguerra?
  2. ¿Hubo reconciliación después de la guerra?
  3. ¿Quién impidió la entrada de España en la II Guerra Mundial?
  4. ¿Qué consecuencias habría tenido la entrada de España en la Guerra Mundial?
  5. ¿Solo hambre y penurias en los años 40?
  6. ¿Por qué no derrocaron a Franco los vencedores de Hitler?
  7. ¿Fue posible la democracia después de la Guerra Mundial?
  8. ¿Cuándo superó España el aislamiento internacional?
  9. ¿Fueron los años 40 y 50 un "páramo cultural"?
  10.  ¿Fueron "años perdidos" los 40 y los 50?

IV parte: DESARROLLO Y ÚLTIMO PERÍODO FRANQUISTA

  1. ¿Qué fue el desarrollismo?
  2. ¿Hubo una corrupción excepcional en el franquismo?
  3. ¿Oprimió el franquismo de modo especial a la mujer?
  4. ¿Reprimió Franco con especial dureza el catalán, el vascuence y el gallego?
  5. ¿Dictadura totalitaria o dictadura autoritaria?
  6. ¿Fue democrática la oposición antifranquista?
  7. ¿De dónde viene la democracia actual?
  8. ¿A qué se debe la animadversión hoy tan extendida a Franco y su régimen?

Anexos:

1. Carta de Franco a su hermano (1930)
2. Informe del capitán de fragata Carrero Blanco al ministro de Marina y al Generalísimo
3. Franco y los judíos
4. Testamento de Franco
5. Discurso de Juan Carlos I después de ser proclamado rey de España
6. El entierro de Franco en el Valle de los Caídos, decisión personal del rey Juan Carlos
7 Las listas de la memoria histórica en Extremadura: ¿fraude o incompetencia?
8. La gran fosa de Órgiva, Granada
9. El poder de la mentira
10. ¿Condena usted el franquismo?
10. Víctor Manuel canta a Franco
11. Algunas tesis sobre la España contemporánea
12. Opiniones pro y contra Franco

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**** La promoción del aborto condensa toda la ideología feminista y su rebeldía: ¿cómo es que paren las mujeres y no los hombres? ¿No es esto una desigualdad y por tanto una injusticia absoluta? Pero ya que no se puede evitar, se puede ejercer una pequeña venganza: el padre no tiene nada que ver con el caso, "nosotras parimos, nosotras decidimos". Que sigue con esta otra: "la mujer es dueña de su cuerpo"; y otra más: el feto no es más que una especie de tumor en el cuerpo femenino, del que la madre puede deshacerse si le parece bien, faltaría más. A los feministas les parece muy bien el aborto y muy mal los hijos, porque subrayan esa intolerable desigualdad, y sus efectos desigualadores no se limitan al parto. Vean ustedes la evolución práctica de la canallería feminista y sus argumentaciones,  entre siniestras y pueriles. ¿Que hay feministas contrarios al aborto? Como había comunistas partidarios de la libertad, la cuadratura del círculo.

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Diálogos pastoriles

MAURICIO. ¡Salicio, deja de tocar la zambomba, cretino! ¿No ves que por oírte el rebaño se olvida de pacer y las ovejas se están quedando en los huesos?

SALICIO. ¡Qué palabras se te escaparon del cerco de los dientes, Mauricio! ¿Ignoras, acaso, que Eros ha clavado en mi corazón un fatal dardo?

FELICIO. ¿Y quién es la afortunada...O, por mejor decir, la que te hace afortunado, excelente Salicio?

SALICIO: ¿Afortunado? ¡Es Amartilis! Ella ha robado mi corazón, y se muestra tan variable, ora esquiva, ora deleitable y complaciente,  que me está volviendo loco. Si no fuera por la zambomba, tiempo ha que al manicomio habrían ido a dar mis huesos.

MAURICIO. ¡Por vida de...! ¡Amartilis! Jamás había visto marimacho tal. A menudo he sospechado que la tal Amartilis es en realidad el leñador Burricio, el de la Esquerra, que se maquilla y se disfraza de pastora al atardecer, cuando termina su faena.

SALICIO. ¡Brutal Mauricio! ¡No toleraré que hables así de mi Amartilis! Y en cuanto a las ovejas, ellas son muy libres de pacer o de escuchar los dulces sones de mi zambomba. Si optan por lo último será porque les gusta y les conviene, y tú no tienes por qué interferir en sus decisiones. ¿Acaso las fuerzo yo a escuchar mis melodías, aun sabiendo que, por efecto de mi desesperación, ellas me salen melancólicas?

FELICIO. Injusto eres, Mauricio, ¿qué entenderás tú del amor, si has confesado que solo una vez en tu vida lo hiciste, y  te avergüenza el haberlo hecho? Recuerda las sabias palabras de nuestro Arcipreste: el amor ennoblece a los amantes. Por feos, deformes, tontos y  de baja cuna que sean, ellos se verán siempre, uno al otro, como dioses.

MAURICIO. A lo primero ya te contesté hace días, atontado Felicio: me precio de animal racional, distinto de vosotros, más bien animales bestiajos, que os dejáis llevar por vuestros instintos sin haceros siquiera la elemental pregunta de a qué obedecen, cuál es la razón de vuestros irracionales y sucios anhelos. En cuanto a lo segundo, nuestro Arcipreste también aclaró algo que deliberadamente olvidas: siempre el amor fabla mintroso.

FELICIO. ¡Ah, Mauricio, Mauricio! Ahí falló nuestro Arcipreste. ¿Dónde hay más verdad y sublimidad que en el amor? Y la buena música, prosaico y feroz Mauricio, también alimenta. Habrás de reconocer que Salicio domina el arte zambómbico como ningún otro zagal en leguas a la redonda. ¡Son tan tristes sus notas que me hacen llorar!... ¡Y bellas, sin embargo! ¿A quién extrañará que el rebaño se olvide de pacer?

(Filiberto)

El odio a Franco

26 de Marzo de 2009 - 07:57:50 - Pío Moa - 864 comentarios

http://www.elmanifiesto.com/_franco_para_antifranquistas.asp

No todo el mundo detestaba o detesta a Franco, claro está, pero quienes lo han detestado lo han hecho con una intensidad nada común, y en ese sentido puede considerársele uno de los personajes más odiados del siglo XX.

Cuando murió, el 20 de noviembre de 1975, el Partido Comunista de España (reconstituido), que pronto crearía el GRAPO, difundió por todas las ciudades donde tenía militantes (Madrid, Barcelona, Cádiz, Sevilla, Vigo, Córdoba, Bilbao y algunas otras), muchas decenas de miles de hojas con el célebre poema de Pablo Neruda El general Franco en los infiernos. Recuerdo haberlo tirado en el metro de Madrid, regando los andenes desde la última puerta del convoy en marcha, mantenida entreabierta. Uno o dos camaradas se situaban de modo que la gente dentro del vagón no se percatara de la maniobra, y quienes volvían a llenar los andenes recogían los papeles. Los dirigentes no debíamos hacer aquellas cosas, pero a algunos nos proporcionaba una peculiar satisfacción, también por su cuota de riesgo.

Las maldiciones de Neruda a Franco eran tan retumbantes que causaban perplejidad, y mucha gente se llevaba la hoja, seguramente para enseñarla a otros. Ningún panfleto agitativo de los muchísimos que tiramos a lo largo de años tuvo tanta difusión, si bien, sospecho, más por curiosidad que por aquiescencia de la mayoría de sus lectores. Empieza así:

Desventurado, ni el fuego ni el vinagre caliente
en un nido de brujas volcánicas, ni el hielo devorante,
ni la tortuga pútrida que ladrando y llorando con voz de mujer muerta
te escarbe la barriga...

Le llama "estiércol de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo, cifra de traición que la sangre no borra"; evoca "la santa leche de las madres de España" pisoteada, con sus senos, por los aullantes legionarios; alude a "los niños descuartizados", a la salud, la "paz de herrerías", la vida destrozada por el general; y tras una larga serie de improperios y consideraciones sobre su infernal destino, concluye el vate:

Solo y maldito seas,
solo y despierto seas entre todos los muertos,
y que la sangre caiga en ti como la lluvia,
y que un agonizante río de ojos cortados
te resbale y recorra mirándote sin término.
 

Los versos de Neruda respiran y quieren desperatar en el lector un odio absoluto, telúrico, por así llamarlo, que da sentido a las figuras empleadas, a veces extravagantes. Odio cultivado también por muchos intelectuales durante decenios, tano en expresiones literarias como políticas. Muy conocido y recitado ha sido también el poema de León Felipe sobre las dos Españas, que empieza:

Franco, tuya es la hacienda,
la casa, 
el caballo
y la pistola...

El general había dejado a su adversario, dice Felipe, "desnudo y errante por el mundo". Pero la España derrotada se llevaba consigo la canción, "la voz antigua de la tierra", y dejaba a Franco, por ello, incapaz para "recoger el trigo o alimentar el fuego". Describe el poeta un poder tiránico impuesto por la pura violencia, productor de tristeza y miseria, en versos de belleza y vigor poético no muy frecuentes en la poesía política. Su veracidad histórica ya es harina de otro costal.

Mencionaré, entre otros muchos ejemplos, el soneto de Antonio Machado donde, sin nombrarlo, pide para él la horca, quizá por suicidio:

Que trepe a un pino en la alta cima
y en él, ahorcado, que su crimen vea
y el horror de su crimen le redima.

En su misma muerte le acompañaron tales denuestos. Creo que los resumen perfectamente los versos que su óbito inspiró al conocido psiquiatra comunista o ex comunista Castilla del Pino, según anota en sus memorias:

Pene no tuvo, ¿te cabe alguna duda?
Pellejo vano entre sus ingles cuelga
Que usó para mear certeramente
Encima de sus muertos y sus tumbas
Millonario en muertes...

 Y termina:

Nunca fue muerte por tantos tan deseada.
Nunca fue muerte por tantos bendecida.

Castilla del Pino hizo pocos años ha unas declaraciones interesantes: "Gracias al odio, la humanidad ha progresado"; "Yo odio a Pinochet, y a Franco lo he odiado durante cuarenta años". Significativamente, no mencionó entre sus odiados a Stalin, Pol Pot o Fidel Castro.

En fin, las imprecaciones más hirientes y cargadas de aborrecimiento han acompañado toda la carrera del Caudillo desde la guerra civil. Y le siguen acompañando, con sorprendente vitalidad, treinta años después de su muerte, en forma de biografías, ensayos o alusiones de intención ultrajante; o de numerosos libros sobre la represión franquista, represión de crueldad sólo comparable con el terror nazi, si hemos de dar crédito a esos escritos: se le aplica incluso el término Holocausto.

Su victoria militar está en el origen de todo ello, y las diatribas contra él transmiten la impresión de que esa victoria constituye un crimen gigantesco, inexpiable, contra el pueblo español, contra la libertad, la paz y el progreso, contra la Historia. Ahora bien, ¿a quién venció Franco, realmente? ¿a la democracia o a una revolución multiforme, aunque principalmente comunista? De esto trataremos más adelante, pero evidentemente fue, en parte muy importante al menos, una victoria sobre los comunistas, defendieran éstos la democracia o su revolución peculiar, como muchos discuten. Por ello no extraña que entre los imprecadores contra Franco destaquen especialmente las izquierdas marxistas y los políticos o intelectuales próximos a ellas. A este respecto los versos de Neruda impresionan sobre los de cualquier otro, pero entenderlos bien exige leerlos al lado de otro poema suyo no menos célebre, la Oda a Stalin, donde declara:

Stalinianos. Llevamos este nombre con orgullo.
Stalinianos. Es esta la jerarquía de nuestro tiempo.

Stalin, predicaba Neruda, encarnaba los ideales de paz y progreso humanos, la esperanza de los oprimidos del mundo. Y por ello, al leer los dos poemas juntos, salta a la vista la perfecta insensibilidad de poeta con respecto a las víctimas, especialmente los niños, cuyas imágenes usa para elevar al paroxismo la indignación moral contra la figura del general. Pues si realmente le indignaran a él tanto como sugiere, mucho más le habrían indignado las víctimas de todas las edades causadas por el stalinismo, en cantidad incomparablemente superior a las atribuibles a Franco. Pero las de Stalin no merecían a Neruda una simple alusión compasiva. Y no porque ignorase su existencia, pues sólo la ignoraba quien cerrase deliberadamente los ojos. Cuando, tres años después de la oda, Jrúschof, sucesor de Stalin, admitió en su célebre informe una parte de los crímenes del déspota, no pillaba a nadie de nuevas, y menos todavía a los comunistas, que tanto habían imitado, donde habían podido, los métodos del "padre de los pueblos". Jrúschof reconocía simplemente algo de lo archisabido, y la trascendencia de su informe radica sólo en el carácter oficial del reconocimiento.

No. Para Neruda las muertes hechas por los franquistas constituían asesinatos imperdonables porque afectaban a personas de ideas "avanzadas", comunistas muchas de ellas, aspirantes a una sociedad perfecta, sin explotación, sin injusticia social, sin opresión. Por el contrario Stalin mataba precisamente al tipo de criminales representados en el mismo Franco, escoria irrecuperable de la humanidad, defensores de los horrores del capitalismo tanto en su forma de democracias burguesas como de regímenes autoritarios o bien fascistas, destinados todos ellos al "basurero de la historia". Stalin hizo fusilar, entre otros, a más comunistas que nadie, muchos más que el Caudillo; pero cualquier orgulloso staliniano como Neruda sabía que se trataba de falsos comunistas, agentes del imperialismo, fascistas disfrazados.

De ahí el valor simbólico, al margen de su relación con los hechos, de la recurrente imagen de los niños destrozados. No sólo busca exaltar la indignación, sino también identificar a los comunistas y progresistas en general, sobre todo a los primeros, personas de ideales puros, luchadores por un porvenir resplandeciente para la humanidad bajo regímenes como el del preclaro Stalin: a ellos, como a los niños, estaba reservado el futuro. Franco asesinaba a los niños y pisoteaba a las parturientas, es decir, intentaba asesinar el porvenir en un intento criminalmente enloquecido y vano –apenas precisa decirlo–, de frenar la marcha ineluctable de la historia. Neruda, el "staliniano que lleva este nombre con orgullo", lo expresaba con destreza poética.

La historia ha circulado por otras vías y quienes se atribuían la posesión del futuro han fracasado desastrosamente, pero nadie debería caer en una euforia precipitada y forzosamente banal. Poco adelantaríamos sin una comprensión de los esquemas mentales que llevan al stalinismo o al nazismo, y ya saldrán otros poseedores del futuro, porque está en la naturaleza humana la tentación de pensar y actuar de ese modo.   

En todo caso encontramos una primera evidencia: Stalin y Franco representaban formas mentales, morales y políticas opuestas: el primero el porvenir radiante, el segundo el pasado oprobioso. Mirándola en su conjunto, Stalin tuvo una carrera verdaderamente triunfal. A la hora de su muerte dirigía un inmenso imperio extendido por más de media Europa y cerca de la mitad de Asia, y era el venerado líder moral de al menos un tercio de la humanidad donde existían regímenes socialistas, así como de millones de otras personas que luchaban por ese ideal en el seno de sociedades todavía burguesas. Y de tantos otros que sin luchar lo apoyaban o respetaban, aun si en su fuero interno sintieran poco entusiasmo por vivir en un sistema soviético, y prefirieran desarrollar sus carreras en las atroces sociedades capitalistas. 

Pero no todo habían sido éxitos y Franco encarnaba, precisamente, uno de los pocos fracasos graves de Stalin. Fracaso en un país quizá poco importante en los órdenes demográfico o económico, aunque bastante más en el orden estratégico, en el cultural e histórico; y, sobre todo en el simbólico. Por algo la bibliografía de la guerra civil española –una derrota de Stalin, entre otras cosas– ha sido tan enorme y sigue hoy en pleno auge. Reflejo a su vez de las pasiones que la acompañaron, más fuertes que las asociadas a otros sucesos del siglo XX de mayores consecuencias materiales.

Evidentemente Stalin no tomó a la ligera la guerra de España, pese a las difíciles condiciones materiales para su intervención en ella. Mandó bastantes de sus mejores armas, y él en persona se ocupó de orientar políticamente a las izquierdas españolas; e hizo cumplir sus instrucciones a través del Partido Comunista español, cuyos jefes ponían a la URSS –patria del proletariado por encima de la propia España, y sentían orgullo en obrar como agentes del Kremlin. Stalin no debió de encajar con buen ánimo su fracaso después de tanto esfuerzo, y muchos de los asesores enviados por él a España sirvieron de chivo expiatorio, fusilados o desaparecidos oscuramente en el terror de la época. Los supervivientes (Malinofski, Vóronof, etc.), demostrarían pocos años después, luchando contra la Alemania nazi, que Stalin no había mandado a España personal de segunda categoría, sino a muchos de sus mejores elementos militares y policíacos. Inútil decir que los fusilados, en su mayoría, no lo fueron por baja calidad profesional, sino por "desviaciones" ideológicas" más o menos inventadas.

Sería exagerado imaginar un Stalin obsesionado por la victoria de Franco, pues los inmensos triunfos de su carrera le compensaban ampliamente de aquel revés. Con todo, seguía siendo una mancha negra en su expediente, y el aplastamiento final de Alemania le ofreció una segunda oportunidad para destruir a un adversario detestado, a quien su propaganda había logrado identificar con Hitler y Mussolini. Fuera de España muy pocos, si alguno, dudó entonces de la pronta liquidación de Franco y no pocos aspiraban a verle seguir la suerte de Mussolini; dentro del país, la perspectiva agrietó considerablemente al régimen. Aunque España no entraba en la esfera de influencia soviética aceptada por Churchill y Roosevelt, seguía teniendo un gran interés para Stalin, y éste hizo cuanto pudo por aislar al franquismo, declarándolo apestado internacionalmente, como primer paso para su derrocamiento. El segundo paso consistió en el maquis, la guerrilla organizada por los comunistas a fin de reanudar la guerra civil, provocar una intervención de las democracias e implantar un régimen, si no socialista, por lo menos muy avanzado. Y sin embargo, asombrosamente, también fracasó en esta intentona, segunda humillación que no pudo hacerle una gracia excesiva, aun contando con sus éxitos arrolladores en otros ámbitos.

Pasada la dura prueba, Franco, dictador a quien habían auxiliado Hitler y Mussolini, iba a mantenerse en el poder, a contracorriente no sólo de los comunistas sino de los regímenes democráticos anglosajones y europeos, los cuales, si bien renuentes a intervenir en España, casi nunca le obsequiaron con sentimientos mínimamente cordiales y ampararon diversas oposiciones a él. Y así continuaría hasta 1975, año de su muerte por causas naturales tras una penosa agonía muy celebrada por muchos de sus enemigos, y bastante similar a la de otro dictador característico de la época, Tito, el comunista yugoslavo disidente de Moscú.

Las mencionadas expresiones de odio tienen un toque peculiar viniendo, por lo común, de personas ateas. El tema rebasa los límites de este ensayo, pero vale la pena reparar en cómo Neruda sitúa a Franco en un infierno de eternos e indecibles tormentos en el cual, como buen stalinano, no podía creer. Según su doctrina, Franco, hiciera lo que hiciese, como el propio Stalin, como Hitler o él mismo, estaban destinados a convertirse en carroña exactamente igual que todo el mundo, sin ninguna reparación o justicia ulteriores, y por tanto sin ningún significado. Aun si cabía esperar que las generaciones venideras compartieran el odio de Neruda, nada de ese odio podría afectar ya al Caudillo, vencedor hasta el fin, por mucho que le deseasen el imposible infierno.

Por el contrario, Franco era creyente católico, al parecer bastante fervoroso y convencido de la existencia de un cielo y un infierno. En alguna ocasión señaló que la vida sería absurda sin la consideración de un más allá. Pero en general no cultivó ni alentó expresiones de odio tan furiosas como las despertadas por él en sus contrarios, y su testamento político se expresa en términos ponderados, acaso por encontrarse ya a las puertas de la muerte.

Estaría muy lejos de la realidad pretender que toda la literatura antifranquista viene del marxismo. La hay del más variado carácter y de enorme dureza, desde la socialdemócrata a alguna democristiana o monárquica. Pero sí cabe señalar que la más persistente, apasionada y dura ha sido la procedente del comunismo y sus aledaños. Como fue comunista la oposición realmente sostenida y seria contra el régimen de Franco.

La atención despertada por el personaje se revela en la ya abultada colección de biografías y ensayos de diverso tipo, sin excluir los psicoanalíticos, a él dedicada. Bastantes aparecieron ya en tiempos de Franco, como las biografías escritas por J. Arrarás, M. Aznar, C. Martín, B. Crozier, L. Ramírez, G. Hills, de J.W.D. Trythall, H. G. Dahms o R. de la Cierva, en general favorables y algunas laudatorias, exceptuando la de L. Ramírez. Pero puede decirse que todas ellas han quedado poco menos que eclipsadas por el impacto de la publicada en 1994 por P. Preston. La biografía escrita por este autor inglés marcó época, tanto por su extrema hostilidad al biografiado como por haberla promovido en España poderosos medios de comunicación de la derecha, en especial monárquicos, por razones fáciles de entender. El libro no dejó de suscitar réplicas. R. de la Cierva lo criticó duramente y publicó a su vez una nueva y amplia biografía en 2000. El general R. Casas de la Vega y el coronel C. Blanco Escolá han escrito sendos libros sobre la capacidad militar de Franco, con enfoques opuestos, y C. de Meer ha escrito un ensayo laudatorio. En línea similar a la de Preston se encuentran diversos estudios de J. Tusell, S. Juliá o el libro de E. Moradiellos subtitulado Crónica de un caudillo casi olvidado, idea extraña, pues todo indica lo contrario: no cesa de crecer la bibliografía sobre él. Siguieron ensayos biográficos más ponderados, como los de B. Bennasar, S. Payne, A. Bachoud, F. Torres, A. Vaca de Osma o J. P. Fusi, éste anterior al de Preston. En los últimos años vienen apareciendo los gruesos tomos de L. Suárez, refundición ampliada y corregida de otra biografía anterior en ocho volúmenes. Por su abundante documentación de primera mano constituye actualmente la obra fundamental al respecto, de obligada consulta para quien desee aproximarse al tema.

En general, hoy la actitud académica prevalente hacia el viejo Caudillo oscila entre la tradicional aversión, muy reavivada en los últimos años, y la consideración del personaje como un dictador de segundo orden, cruel, vulgar y mediocre. A mi juicio, lo último no puede sostenerse. La profundidad del odio que le ha sido tributado, merecido o no, indica algo muy distinto de la mediocridad, y lo mismo el hecho de que a lo largo de cuarenta años derrotara, militar y políticamente, a todos sus enemigos, nada desdeñables muchos de ellos, sorteando peligros realmente letales. Esto no hace su trayectoria histórica positiva, pero excluye para ella el calificativo de mediocre. Dejo aparte la manía actual de retratarlo como un imbécil o poco menos. Azaña solía quejarse de la poca afición de su gente a usar el cerebro, y quizá repetiría hoy la crítica a quienes así "razonan".  

Carrillo, Walters y otros, sobre Franco:

25 de Marzo de 2009 - 08:31:25 - Pío Moa - 322 comentarios

(En Franco para antifranquistas

** "Quienes estaban más obligados a defender la memoria de Franco no lo han hecho; o peor aún, han emprendido para ello caminos equivocados, en política y en acción cultural, que han perjudicado la figura de Franco tanto o más que las actuaciones y tergiversaciones enemigas"

(Ricardo de la Cierva, historiador)

** "El general Franco será procesado como criminal de guerra. A aquellos que, fuera de España, siguen coqueteando con la idea de una restauración monárquica, les deberá tocar una parte de la responsabilidad moral que pueda nacer de una nueva guerra civil en España".

(Novikov, embajador de Stalin en Washington, en 1945, según Gil-Robles en La monarquía por la que yo luché)

** "Brille la luz del agradecimiento por el inmenso legado de realizaciones positivas que nos deja este hombre excepcional, esa gratitud que le está expresando el pueblo y que le debemos todos, la sociedad civil y la Iglesia, la juventud y los adultos, la justicia social y la cultura, extendida a todos los sectores. Recordar y agradecer no será nunca inmovilismo rechazable, sino fidelidad estimulante".

(Marcelo González Martín, cardenal primado de España)

** "Estoy entre los españoles que piensan que ver morir a Franco en su lecho sería una injusticia histórica. Existen pocos pueblos en Europa que hayan luchado tanto por la libertad como nosotros y no nos merecemos verle morir con la ilusión de que su tiranía sea indestructible. No debe tener esa satisfacción. Debe ver con los ojos abiertos el fin de su tiranía... Yo no he esperado nunca que Franco muriese y he hecho todo lo posible para echarle antes. Todavía cuento con realizarlo antes de que muera... La condena de muerte de Franco la firmaría".

(Santiago Carrillo, líder histórico del Partido Comunista de España)

** "El general Franco se levantó para indicar que la reunión había terminado (...) [Me aseguró que] no habría una segunda guerra civil (...) Al irme me estrechó la mano y me dijo, casi en un susurro: "Mi verdadero monumento no será la cruz del Guadarrama. Mi verdadero monumento será lo que no encontré cuando me encargué del Gobierno de España, la clase media española" (...) Fue la última vez que vi a Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España y Generalísimo de los Ejércitos. Según volvía a Madrid en coche me preguntaba cuántos estadistas serían capaces de discutir sobre su propia muerte de modo tan desapasionado como él. Su carácter no correspondía al del español excitable y gárrulo imaginado por tantos noreuropeos y norteamericanos".

(Vernon Walters, embajador especial y consejero con Eisenhower y Nixon)

** http://www.youtube.com/watch?v=whRSfM0ZiVg

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**** Sobre la matanza de Badajoz:

http://franciscopilo.blogspot.com/

**** El PP pide que explique por qué sabía la sentencia de EPC: "¿Es la ministra Cabrera la pitonisa del Gobierno?"

¡Gran enigma, pardiez! La Cabrera es tan pitonisa como el propio PP, siempre atisbando el futuro. Podría decir mejor esa falsa oposición: "Las declaraciones de la Cabrera delatan algo bien sabido: la práctica ausencia de división de poderes exigible en una democracia, y por ello la involución política rampante. Involución que nosotros, el PP, apoyamos porque nos interesa. Por lo demás, la sentencia misma sobre EPC es un bodrio que demuestra muy bien la extrema degradación a la que entre todos hemos llevado al poder judicial, y tan a gusto". Así dirían los futuristas si fueran un poco menos hipócritas.

**** El CGPJ sólo aprecia una falta leve en una juez ebria que intentó saltarse un control

¡Cómo, leve! Levísima, por lo menos en una juez. No olviden la durísima vida que llevan, luchando heroicamente por la independencia del poder judicial. Eso, claro, lleva a más de una al alcohol. La falta es más bien la de los policías, que no han sabido distinguir.

**** La dirección del PP deja sola a Aguirre en el primer mitin de las europeas

Que esa panda de golfos deje sola a Aguirre es un honor para esta, aunque no entiendo por qué se involucra tanto en la farsa de las europeas. A menos que lo utilice para apoyar ciertos principios y no al indecente PP. Por ejemplo, los principios de la plataforma Libertas contra los manejos antidemocráticos del Charlamento europeo. No hace falta ni que cite a Libertas: basta con que defienda esos principios, es decir, los de la democracia frente a las pandillas que mangonean el Charlamento y están arruinando con manejos oscuros la soberanía de las naciones europeas, entre otras cosas.

**** "Si no votas, no te quejes". Al contrario: "Votarás, y tendrás más motivos para quejarte", a menos que apoyes a Libertas. Las elecciones "europeas" apenas pueden calificarse de farsa.

**** Soraya, sobre Bárcenas: "Yo no pregunto a los demás cuánto cobran"

Por supuesto, entre politicastros deben taparse... económicamente, claro. Los destapes van en otra dirección. Por cierto, han pasado ya muchos días y no hemos visto a Rajoy desmentir en los hechos su condición de machista.

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Viene del pasado lunes:

Querido/a amigo/a: 

Hoy comenzamos la Semana de la Vida... y sólo quedan 6 días para la Marcha por la Vida.

Espero que estés dándole el máximo de difusión entre tus conocidos para que, entre todos, lancemos un mensaje contundente a la Ministra de la Igualdad y al Presidente del Gobierno. Esperamos llegar a los 100.000 manifestantes, para que la voz de los que no tienen voz –los no nacidos– sea escuchada. Creemos que 100.000 personas en los alrededores del Ministerio de la Igualdad y del Congreso de los Diputados no pueden ser ignoradas. Pero para alcanzar ese número de manifestantes, te necesitamos. Necesitamos que nos ayudes a difundir la convocatoria:

· Reenviando este mensaje a tus amigos y familiares... y animándoles a que acudan

· Apuntándote al evento en Facebook: http://www.facebook.com/event.php?eid=70083364765

· Escribiendo cartas al director sobre la Marcha: http://www.hazteoir.org/node/7434

· Hablando de la Marcha por la Vida en blogs y foros en Internet

· Imprimiendo y difundiendo los carteles de la Marcha:

http://www.hazteoir.org/files/cartel_dav_semana_vda_v1.pdf


Si puedes ayudarnos, como voluntario, en la organización de la Marcha de la Vida, escríbenos un mensaje:

· Escribe un email a José Castro a jcastro@hazteoir.org para ofrecerte como voluntario del Servicio de Orden. El Servicio de Orden se encargará de guardar el orden, de resolver las dudas de los que participen en la concentración y de repartir materiales. Cualquier duda que tengas, José te responderá.

· Si puedes llevar a la Marcha tu cámara de fotos o de vídeo, escribe un mensaje a Javier Jiménez a jjimenez@hazteoir.org que está organizando el equipo multimedia.

Toda la información - actualizada - de la Marcha de la Vida la encontrarás en:

http://www.hazteoir.org/node/18509

Además de la Marcha de la Vida, en Madrid... voluntarios de Derecho a Vivir y otros grupos provida han organizado, frente a los Ayuntamientos de toda España, ¡87 concentraciones por el derecho a vivir y contra el aborto! En todas las provincias, excepto en 5, se han organizado toda clase de eventos con ocasión de la Semana de la Vida: http://www.hazteoir.org/eventosprov/

Por último, a la hora de acudir a la Marcha (o a cualquiera de las 87 concentraciones), ten en cuenta las siguientes consideraciones:

· No te olvides de venir a las movilizaciones vestido de rojo, el color de Derecho a Vivir. Queremos que una gran marea roja circule por las calles del centro de Madrid (y de las ciudades de toda España)... y rodee el Congreso de los Diputados.

· Compra en la Tienda HO materiales de Derecho a Vivir (balconeras, pegatinas, carteles) para llevar a la manifestación (te llegarán por MRW en dos días): http://tiendaho.hazteoir.org (también puedes llamar al 902 50 80 10) - las nuevas camisetas y los globos esperamos que lleguen el martes.

· Bájate e imprime tu pancarta de mano para llevar a la Marcha o a tu concentración: http://derechoavivir.org/pancartas/pancarta1.pdf (puedes imprimirla en tu propia impresora doméstica y fotocopiarla en formato DIN A3 para llevarla a la manifestación - si haces unas cuantas fotocopias y las repartes entre los familiares y amigos que vayan contigo a las movilizaciones nos ayudarás a que nuestro mensaje llegue a más gente).

· La Marcha por la Vida y las concentraciones por el Derecho a Vivir son movilizaciones de la sociedad civil. Somos apolíticos. Por tanto, no queremos que ningún partido político figure como convocante ni aproveche la manifestación para hacer propaganda. Si ves a alguno de los manifestantes que no cumpla esta norma, por favor avisa a alguno de los miembros del Servicio de Orden o de la Policía.

· Las fotos y vídeos que hagas, pásaselos por favor a Miguel Vidal a mvidal@hazteoir.org.

Ya sólo quedan 6 días para el 29-M, el día en que un grupo de aguerridos españoles lograron tumbar la ley del aborto... Los niños y las niñas que nazcan gracias a tu movilización, y a la de cientos de miles de ciudadanos conscientes, nos lo agradecerán.

¡Muchas gracias!

Un abrazo,

Ignacio Arsuaga y todo el equipo de Derecho a Vivir La Semana de la Vida en tu provincia (pincha a continuación)

Albacete
Alicante

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Un hombre contracorriente / Franco y las mujeres

24 de Marzo de 2009 - 09:54:04 - Pío Moa - 218 comentarios

Sobre Carlos Semprún Maura, "a orillas del Sena un español", un español con ciertos rasgos característicos del exilio en Francia (Antonio López Campillo o Fernando Arrabal son otros buenos ejemplos), tengo poco que decir que no digan muchos otros que lo conocieron mejor. Si mal no recuerdo, lo traté brevemente, hará quince años, en el Ateneo de Madrid, donde fue a presentar su desmitificador libro sobre Sartre; y largo tiempo después tuve una comida con él y con Javier Rubio. Saqué la misma impresión que de sus libros y de sus artículos: un hombre valeroso, libre y bienhumorado, que "no se casaba con nadie" y que, por reflexión sobre la experiencia propia y general, sabía distinguir entre ruedas de molino y otras especies más comulgables; cualidad en extremo valiosa por lo rara, un bien realmente escaso. Como es natural, no tuvo mucho éxito en España, donde el mundillo de la cultura quedó desde la transición dominado, groseramente dominado, por el negocio de PRISA, capaz de acomplejar a sus enemigos de ABC y de generar multitud de imitadores aún más insignificantes. Negocio de origen muy próximo a los ministerios franquistas, en el que se han desenvuelto como pez en el agua tantísimos intelectuales progres y procomunistas más o menos disimulados, esa mezcla de idiotas, cínicos y aprovechados (a ciertas alturas la candidez ya no era posible) que Carlos Semprún supo retratar muy bien en su obra literaria. "Lo peor del franquismo fue el antifranquismo", ha resumido. Y peor aún es que el antifranquismo continúa, y cada vez con más furia, quizá porque necesita llenar con algo su vacío moral.

Frente a todo ello se alzan figuras como la de Carlos Semprún, un ejemplo con no muchos seguidores. Por ello más valioso, nuevamente.

http://laquimera.typepad.com/laquimera/2009/03/sin-carlos-sempr%C3%BAn.html 

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Hoy, en El economista

FRANCO Y LAS MUJERES

Critica a Franco Andrée Bachoud, profesora de París: "No tuvo amantes, ni parece haber sentido jamás el deseo de tenerlas (...) y su cultura fue escasa". Normal, un tío de cultura elevada ha de poner los cuernos a su mujer, como Mitterrand o Giscard d´Estaing (quizá también el marido de doña Andrée, si lo tiene, a menos que sea un patán). Cambian los valores: lo que antaño se juzgaría una conducta ejemplar, propia de persona educada, resulta ahora denigrante. La esposa de P. Preston va más lejos: "La política de Franco hacia las mujeres, a través de la Sección Femenina, denota una actitud vengativa". ¡Y tanto! La Sección Femenina impulsó entre otras cosas el acceso masivo de la mujer a la enseñanza en todos los niveles, aunque al mismo tiempo no tenía nada de feminista.

Una señora de aquella época comentaba unas frases de otra señora francesa, según la cual, en España la mujer era esclava del hombre: "¡Pero qué dice esa idiota!". En fin, es cuestión abordable solo a partir de los datos, como expongo en Franco para antifranquistas. Veamos algunos de los años 40: la enseñanza primaria llegó a integrar a más chicas que chicos (quizá porque los últimos eran puestos a trabajar antes). En enseñanza media las chicas pasaron de 34.000 en el mejor año de la república, a 57.000 en 1941 (el más duro del franquismo), y a 75.000 al final de la década (a mucho más de medio millón en 1973). La progresión en la universidad siguió un ritmo parejo, siempre más rápido que el de varones. Frente a una pretensión habitual, la violencia doméstica (producto de la descomposición familiar) era muy inferior a la actual. También los abortos, porque no se consideraba este un derecho de la mujer: se consideraba al feto un comienzo de vida humana y no una mera acumulación de células en el cuerpo femenino. Dejemos aquí estos datos, por si dan que pensar a algún antifranquista retrospectivo.

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**** Contra todas las crónicas y datos conocidos, dice un tal Olagüe que la invasión musulmana de España no pudo haber ocurrido porque era imposible a los árabes llevar un ejército de caballería a través del norte de África, y no digamos transportarlo a través del estrecho. Con Olagüe, desde luego, la invasión no se habría producido; lástima que no estuviera él al mando de aquellos árabes y bereberes: ¡nunca habrían salido de sus tierras! Lamentablemente los jefes árabes y demás veían solo problemas resolubles donde el buen Olagüe ve imposibles. Un pequeño dato: ya en época de Roma las tribus montañesas del Atlas asolaban a veces la parte romanizada del Magreb y lanzaban incursiones devastadoras por el sur de Hispania.

**** Antonio Basagoiti: "Espero que el noviazgo siga avanzando y podamos anunciar matrimonio"

Matrimonio homosexual, obviamente, en el que Pachiló ejerce de marido, como ya ha aclarado el mismo Basagoiti.

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Opiniones sobre Franco (de Franco para antifranquistas)

** "No dejo que me hablen mal de Franco, porque entiendo que él me hizo rey".
(Juan Carlos I).

** "Sin dejar de reprimir las libertades democráticas, negando los derechos sindicales, unificando la fe y el rito, encarcelando a políticos e intelectuales, liquidando disidentes de todos los colores, Franco, no obstante, tuvo la satisfacción de recibir el espaldarazo de los grandes del planeta y las bendiciones concordatarias del Vaticano, que lo consagraban como aliado bajo palio y le concedían el derecho a vetar obispos a cambio del monopolio religioso y el control moral"

(Fernando García de Cortázar, historiador jesuita postconciliar).

**"Es una figura excepcional por sus cualidades, por su biografía y por su obra. Creo que es uno de los estadistas más importantes que España ha tenido a lo largo de su Historia. Era un hombre sagaz y cauteloso, idealista y pragmático, con gran dominio de sí mismo e inagotable paciencia, y gran respeto al Derecho. Era un arquetipo de soldado (...) Ha sido un gran honor para mí colaborar modestamente en su obra de reconstruir material y culturalmente a España".

(Laureano López Rodó, ministro de Franco, director de los Planes de Desarrollo Económico y Social de los años 60, miembro del Opus Dei)

** "No tiene amantes, ni parece haber sentido jamás el deseo de tenerlas; carece de vicios y de pasiones, y su cultura es escasa; ni siquiera le atraen los pequeños placeres; no bebe, no fuma, no parece apreciar la buena mesa ni el placer de la conversación, excepto tal vez en su primera juventud cuando asiste a las tertulias. Tampoco destaca por sus cualidades".

(Andrée Bachoud, profesora universitaria en París)    

Cambios de opinión en España

21 de Marzo de 2009 - 18:40:03 - Pío Moa - 305 comentarios

LOS CAMBIOS DE OPINIÓN EN ESPAÑA

En estos tiempos de incertidumbre por los rumbos que pueda seguir la crisis económica y política, tiempos propicios a tentaciones totalitarias, conviene reflexionar sobre el pasado reciente. Pues el pasado trae lecciones para el presente; en definitiva, no nacimos de la nada y debemos al ayer casi todas nuestras posibilidades. El libro Franco para antifranquistas quiere ayudar a esa reflexión.

La cuestión de Franco pesa sobre la actualidad como un problema crucial no resuelto, que puede plantearse muy resumidamente así: la democracia actual ¿deriva del franquismo o, por el contrario, enlaza con el Frente popular? La cuestión no tiene solo calado histórico, incide agudamente sobre nuestro presente y futuro: de la respuesta que se dé a esa pregunta derivarán orientaciones y políticas determinantes. Lo vemos cada día, aunque a menudo no nos percatemos de ello: baste considerar, por ejemplo, de dónde vienen los mayores peligros para la democracia, para hacernos una idea de la importancia de la cuestión.

Pero aquí voy a ocuparme de otro aspecto, secundario pero muy indicativo: el cambio de opinión, ¡y de memoria!, de millones de personas en los últimos decenios, sobre la etapa histórica que va de la república a la transición. Quienes luchamos contra el franquismo, ciertamente pocos, recordamos cómo por entonces la opinión antifranquista era escasa, y de ahí que Franco muriese en la cama y la transición democrática se realizase por reforma de aquel régimen, y no por ruptura, como quería la oposición. Sin embargo hoy la opinión antifranquista domina en la izquierda y también en la derecha. Y constatamos cómo mucha gente "recuerda" cosas que en realidad nunca pasaron.

Tal fenómeno merece un estudio, que aquí esbozaré. El cambio en el público tiene poco misterio: durante estos años han predominado de forma abrumadora los libros, propaganda, películas, novelas, series de televisión, etc., de carácter antifranquista, frente a una réplica escasa o dubitativa. Ello explica suficientemente la tendencia común. El ciudadano corriente, ocupado en sus trabajos cotidianos, no tiene tiempo para aclarar a fondo los mensajes que recibe de los medios, y da por bueno lo que escucha una y otra vez, a menudo con el marchamo de personajes de prestigio. Además, la mayoría de la población actual no vivió el franquismo o no de forma consciente, y por tanto no puede contrastar las opiniones que recibe con su propia experiencia.

Mayor interés tiene la acción de los intelectuales, políticos, historiadores y periodistas que han conformado esa opinión. Pensaríamos que todos ellos provienen de la oposición a Franco, pero, sorprendentemente, que no es así en la mayoría de los casos, y tampoco en los de mayor intensidad antifranquista. Muy pocos formadores de opinión actuaron contra aquella dictadura con intensidad remotamente comparable a la de su antifranquismo actual. Más aún, muchos de ellos proceden de familias franquistas, o fueron ellos mismos franquistas o privilegiados de la dictadura. Así, creo que podemos distinguir tres tipos de formadores de opinión: una minoría que luchó contra aquel régimen; un grupo más numeroso e influyente que procede de él, y un tercero que, sin haber simpatizado con el franquismo, nunca movió un dedo en contra.

El primer grupo merece mayor respeto en un sentido, y menor en otro. Mayor, por cuanto la lucha contra Franco implicaba sacrificios y riesgos, muy serios cuando la oposición se hacía violenta, es decir, terrorista. Menor porque aquella oposición suele fingirse democrática cuando, en general, nunca lo fue. He mencionado a menudo el dato revelador de que, entre los pocos centenares de presos políticos liberados en las dos amnistías de la transición, no había demócratas ni liberales, sino casi exclusivamente comunistas de varios partidos, y terroristas. Como advierto en el libro, un partido, uno solo, luchó contra el franquismo desde el principio al final, y fue el PCE. Conocemos hoy bien la táctica marxista de enmascararse con una supuesta defensa de las libertades y de la democracia, cuando históricamente los comunistas han sido los más peligrosos enemigos de ambas. Hoy, una vez fracasado el comunismo, la reflexión debiera llevar a esas personas a prescindir de esas viejas tácticas, auténticas estafas a los ciudadanos.

En cuanto al segundo grupo, su ejemplo más destacable podría ser el grupo PRISA, la máquina de formar opinión pública más potente, con mucho, en los pasados decenios, visceralmente antifranquista y capaz de conceder a discreción títulos de demócrata o antidemócrata. Pero las personas medianamente enteradas –que tampoco son muchas– conocen algo de los orígenes de este grupo, el cual nada tiene que ver con la oposición a Franco, pues procede, precisamente, de personas y empresas muy ligadas a la dictadura. El creador de PRISA, Jesús Polanco, fue uno de los hombres más ricos del mundo según la revista Forbes, y una criatura típica del franquismo, formado en el Frente de Juventudes y que construyó su imperio con información privilegiada. Otro prohombre de la empresa, Juan Luis Cebrián, largos años director de El País, tiene un historial muy similar: de familia falangista (su padre dirigió el órgano de la Falange Arriba), subió con rapidez en la prensa y obtuvo cargos políticos de la mayor relevancia en el principal aparato de propaganda del régimen, la televisión. Luis María Ansón le ha acusado de que sus grabaciones sobre reuniones del exilio se entregaban a la policía para identificar a los "subversivos". Casos semejantes abundan. El propio Ansón desempeñó cargos políticos en el régimen que, según él, le persiguió con saña. Por no extenderme, citaré a Pascual Maragall, ex presidente de la Generalidad, beneficiario de una carrera privilegiada al lado del alcalde franquista de Barcelona, José María Porcioles.

Estos cambios de actitud han sido realmente drásticos. Desde luego, todo el mundo tiene derecho a cambiar y nadie deja de hacerlo, porque la vida misma lo impone. Pero sería exigible a los políticos y formadores de opinión que explicaran el cómo y por qué de sus cambios. ¿Proceden ellos de densas meditaciones o solo de una adaptación al medio, por así llamarle, a fin de sacar el mejor partido personal de las circunstancias, como acaso hacían también bajo el franquismo? Hasta ahora no hemos tenido la satisfacción de conocer la causa de sus transformaciones ideológicas, aun si cabe sospecharla por el empeño, no infrecuente en ellos, de falsear su biografía y hasta la de su familia. Así Maragall, en un libro muy complaciente hacia él, hizo quitar párrafos algo inconvenientes para su reciente carrera. O María Teresa Fernández de la Vega ha presentado a su padre, un jerarca de la dictadura, como represaliado de la misma... No me extenderé en el anecdotario, que se haría interminable.

Cabe mencionar, por contraste, a personas que han cambiado desde la izquierda y extrema izquierda hacia posiciones liberal-conservadoras y que sí han explicado su evolución y motivos. Hace poco Javier Somalo y Mario Noya publicaron Por qué dejé de ser de izquierdas, donde algunos aclaramos estas cosas. En mi caso ha sido una evolución muy lenta y reflexiva, que he expuesto también en De un tiempo y de un país. Falta un libro que aclare "Por qué y cuándo dejé de ser franquista". Sería una obra muy instructiva, y que el público merece.

Tenemos, por fin, a los formadores de opinión ajenos a la dictadura pero cuya oposición a ella fue mínima o inexistente, lo que no ha impedido a muchos de ellos condenarla luego con suma dureza. Destacan entre ellos los jefes socialistas (muchos de ellos provenientes también de familias de la dictadura) y otros a menudo llamados, con matiz despectivo, "progres". Los socialistas no solo no hicieron oposición reseñable a Franco, sino que fueron favorecidos en los años finales del régimen, el cual les facilitó, como a los nacionalistas catalanes y vascos, una reorganización no consentida al PCE. El PSOE y PRISA han sido, con sus poderosos medios, los grandes promotores de una militancia antifranquista algo innecesaria cuando ya no existen Franco ni su régimen. Cabe achacarles cierta ingratitud a la dictadura, que no les persiguió ni perturbó sus carreras, a menudo provechosas y ocasionalmente brillantes.

Dejo aparte a los militantes antifranquistas que, por relativamente jóvenes, no han conocido o apenas aquel régimen y en general se limitan a repetir, a veces con espíritu muy combativo, lo que han oído a los anteriores.

Común a casi todos estos formadores de opinión es el intento de saltar hacia atrás, por encima de la era franquista, hasta el Frente Popular, al que de forma indebida identifican con la república y la democracia; y sobre el que la mayoría tampoco sabe otra cosa que unos cuantos datos por lo menos dudosos y a menudo contradictorios, pues las campañas de la llamada "memoria histórica" recuerdan demasiado a las clásicas falsificaciones estilo Gran Hermano, propias de regímenes totalitarios, y que constituyen otro factor de preocupación y amenaza para nuestra democracia.

En el lado contrario, muy poco influyente hoy, encontramos a veces a personas que creen poder resucitar el franquismo y otro Franco, y cuya concepción de aquella dictadura parece un tanto ahistórica e ilusoria. 

Con Franco para antifranquistas, he querido sintetizar y poner al alcance del público general una información indispensable, que contribuya a aclarar la confusión sobre nuestro pasado que, como decía, repercute del modo más negativo sobre nuestro presente y perspectivas. Espero, una vez más, que el libro suscite el saludable y necesario debate, hasta ahora rehuido en nombre de unos cuantos tópicos insustanciales.

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Opiniones sobre Franco

** "Pregunté al Caudillo si podía contemplar con serenidad la preponderancia que había
adquirido la Alemania nazi sobre el continente con su fanático racismo y su paganismo anticristiano. Admitió que era una perspectiva que no tenía nada de agradable para España ni para él, pero confiaba en que no se materializaría. Juzgaba que Alemania haría concesiones en el caso de hacerlas también los aliados, restableciéndose así una especie de equilibrio en Europa. Insistió en que el peligro para España y para Europa no era tan grande por parte de Alemania como por parte de la Rusia comunista. España no deseaba una victoria del Eje, aunque ansiaba una derrota de Rusia".

"Pronto me di cuenta de que ningún parecido guardaba el general con las caricaturas que de él corrían en la prensa izquierdista de los Estados Unidos. (...) Me pareció no tener nada de torpe ni ser tan poseído de su persona, antes se me reveló como dotado de una inteligencia clara y despierta y de un notable poder de decisión y cautela, así como de un vivo y espontáneo sentido del humor. Rió fácil y naturalmente, como no puedo imaginarme que lo hiciesen Hitler o Mussolini más que en la intimidad".(Carlton Hayes, embajador useño en España (1942.1944)


** "La verdad es queFranco ansiaba vivir en una Europa dominada por Hitler, como vice-Führer del Imperio Azul".

(Herbert R. Southworth, polemista useño)

** "Me llamó la atención por su inteligencia concreta y exacta más que original y deslumbrante, así como su tendencia natural a pensar en términos de espíritu público sin ostentación de hacerlo".

(Salvador de Madariaga, intelectual y político liberal, adversario de Franco)

** "Un hombre mediocre y cutre, pero astuto"

"Cabreado porque nadie le hacía caso a él, que había cumplido con la misión divina de salvar a España y tenía que soportar a su familia peléandose para repartirse la herencia política y temporal"

"Los españoles no han sabido nada sobre los horrores de la represión que siguió al final de la guerra hasta que Franco estuvo físicamente muerto (...) Fue un dictador frío, que nunca negó la existencia de la represión porque siempre pensó que hacía bien".

"La guerra civil duró 40 años".

"No creo que hiciera nada positivo que se le deba agradecer"

"Yo soy un hijo del régimen casado con la hija de un comunista"

(Juan Luis Cebrián, periodista privilegiado del franquismo y ex director de El País)

(En Franco para antifranquistas

Más sobre Franco

19 de Marzo de 2009 - 07:33:43 - Pío Moa - 329 comentarios

**** De Franco para antifranquistas: Quizá un poco "publicitario" para mi gusto. Pero es muy breve y no está mal. Se ruega difusión

http://www.youtube.com/watch?v=whRSfM0ZiVg

**** Parece muy probable que el señor González Duro y las señoras Ashford Hodges y Alice Miller hayan sido brutalmente maltratados de niños. Lo cual explica muy bien sus modos de reaccionar y analizar: proyectan sobre otros sus frustraciones, fenómeno típico y perfectamente aclarado por todos los psicólogos científicos, sin exceptuarlos a ellos mismos, naturalmente.

**** Bajo el imperio de los chorizos:

El PP denuncia "adjudicaciones masivas" de la Xunta en funciones

El Tripartito adoctrinará a los niños como "miembros de la nación catalana"

**** Rajoy, preocupado: Rajoy advierte a Zapatero que "nadie le cree y nadie quiere estar con usted"

¡Está llegando el gran momento del futurista! ¿Recuerdan cuando, en plena euforia de colaboración con la ETA, prometía a Zapo que cuando todos le abandonaran él, el futurista, seguiría a su lado? ¡El amor puede con ideologías y fronteras.

En honor del de la nena angloparlante: http://www.youtube.com/watch?v=ySI-VZJP0gs

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Franco:

**** "No amaba el poder, despreciaba profundamente la politiquería y solo hacía uso de su autoridad cuando era absolutamente necesario. Resolvía después de escuchar diferentes opiniones y de sopesarlas. Era pragmático, objetivo y más bien lento en la toma de decisiones, pero muy seguro (...) Le gustaba delegar y que cada uno se responsabilizara de su propia jurisdicción (...) Si psicología era muy compleja; pero básicamente me pareció un sentimental, más bien tímido, regido por una voluntad de hierro, una razón muy respetuosa con los datos y un coraje sobrehumano. Cuando estaba relajado, que era casi siempre, gustaba de la chanza y la ironía, características de su tierra galaica (...) Aunque ello haya sido malo para España, Franco tuvo la fortuna coyuntural de estar emparedado entre Negrín y Suárez, lo cual ha contribuido, si cabe, a agigantar, por contraste, su alta talla histórica". "No era un dogmático, ni siquiera un doctrinario, sino un hombre de principios éticos y patrióticos que se plegaba a la realidad como el soldado al terreno. Rectificaba cuando se equivocaba, se adaptaba con mesura a las cambiantes circunstancias y evolucionaba; pero siempre sin caer en el oportunismo, sin abdicar de sus creencias esenciales, la principal el catolicismo".

(Gonzalo Fernández de la Mora, intelectual, ensayista y ex ministro de Franco).

** "A Franco lo he odiado durante cuarenta años"."Gracias al odio, la humanidad ha progresado" "Francisco Franco Bahamonde ha sido el personaje más nefasto de la historia de España desde el neolítico".

(Carlos Castilla del Pino, psiquiatra, comunista o ex comunista).

** "Capacidad de trabajo (...) Clara inteligencia (...) comprensión y cultura (...) De sus virtudes, la más alta es la ponderación al examinar, analizar, inquirir y desarrollar los problemas (...) Es exigente a la vez que comprensivo, tranquilo y decidido (...) Uno de los pocos hombres de cuantos conozco que no divaga jamás (...) Nunca lo vi jubiloso ni deprimido".

(Diego Hidalgo, intelectual y político republicano del Partido Radical, ministro de la Guerra en 1934).

** "Vi lo suficiente en él [Franco] (...) para comprender que lo único que nos unía era nuestro común deseo de mantener a España fuera de la guerra. A partir de este punto nuestras opiniones divergían".


"Su inconsciencia era desconcertante. Este hombre que tenía ante mí era, sin embargo, el dictador de España, a seiscientos kilómetros de su capital en plena crisis europea; sentado en la calma de su confortable salón, tan dispuesto a hablar de la próxima cosecha, del tiempo que hacía o de las perspectivas de la estación para los cazadores, como de los tremendos acontecimientos que tenían lugar en el mundo cada día (...) Y las duras verdades que yo a propósito le dirigía, lejos de provocarle reacción alguna, morían entre algodones" [con ocasión de plantearle casi un ultimátum, en el pazo de Meirás, poco después de la caída de Mussolini].

"Mis palabras (...) no causaron el menor efecto en el vanidoso jefe del Estado, ni tampoco en su ministro de Asuntos Exteriores. Uno y otro daban la impresión de estar totalmente confiados en que Gran Bretaña necesitaba a España más que España a Gran Bretaña. Los dos me prodigaron una despedida sumamente afable, y mi rechazo cortés a aceptar una alta condecoración española pareció sorprenderles un poco. Me fui con la sensación de que (...) la influencia que yo había ejercido sobre la psicología del Caudillo (...) era insignificante".

(Samuel Hoare, embajador británico en España (1940-1944)

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Berzosa pro terrorista

Ante las continuas muestras de complicidad con los radicales por parte del Rector de la Universidad Complutense de Madrid, D. Carlos Berzosa, del Decano y de los Vicedecanos de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, quiero denunciar públicamente, siendo la voz de decenas de estudiantes silenciados, lo que viene ocurriendo en dicha Facultad.

Hace unos meses lo denuncié como Coordinador de Jóvenes Españoles de la Fundación Denaes, y ahora quiero hacerlo a nivel particular, ofreciendo a los medios de comunicación los motivos, argumentos y fotografías de lo que supone un continuo atentado contra las libertades y, a menudo, una nítida apología del terrorismo y de la violencia ante la inacción y la complicidad de profesores y otros miembros de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense.

Los hechos son los siguientes:

1) El 19 febrero de 2008 aparecía publicada la noticia de que Rosa Díez era agredida por radicales de extrema izquierda en dicha Facultad. El Rector no sólo no abrió ninguna investigación, sino que días más tarde apareció publicada una segunda noticia en la que éste trató de impedir la celebración de una nueva conferencia de Rosa Díez, esta vez en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.

2) El 3 de diciembre de 2008, meses más tarde, aparecía publicada una nueva noticia en la que Josep Piqué fue entonces el blanco de las iras violentas de estos jóvenes en la misma Facultad de Ciencias Políticas.

3) El 9 de diciembre de 2009, yo mismo denuncié a través de la Fundación Denaes los movimientos proetarras que se estaban dando en esta Facultad, en la que se exhibían pancartas y pintadas amenazadoras a lo largo y ancho de los pasillos, con lemas en vasco que hacían clara alusión a la amistad con las conductas terroristas que en el País Vasco tienen lugar. El Decano emitió públicamente una respuesta en la que reconocía los movimientos radicales pero negaba tajantemente las conductas cercanas al terrorismo vasco. Yo mismo, en un correo electrónico dirigido a él ese mismo día, le adjunté las imágenes que adjunto también en este correo electrónico, en el que pueden verse lemas como JO TA KE que es un conocido lema utilizado por los proetarras en canciones y pintadas.

4) En una instancia presentada ayer en la Facultad, denuncié la colocación de una pancarta que pedía en vasco la liberación de los presos y hacía especial mención a un anarquista, militante de Terra Llure. Resulta vergonzoso que todavía continúe la pancarta en laa Facultad, sin que nadie haya hecho nada para retirarla. La fotografía se la adjunto también.

5) Son continuas las fiestas, los botellones, los destrozos, los robos y las intimidaciones a profesores y alumnos por parte de estos radicales, que muchos de ellos no son de la Facultad. En la última fiesta que tuvo lugar, los daños materiales ascendieron, según palabras de un miembro de la Universidad, a 30.000 euros. En aquella ocasión, parece ser que se planteó un debate en el seno de Decanato sobre si debían o no avisar a la Policía. Finalmente, teniendo en cuenta que el Rector y varios Vicedecanos se negaron, no se avisó a la Policía y nuevamente tomaron por completo la Universidad. Es más, los radicales tienen tomada una sala de la planta de abajo en la que organizan todas sus pancartas con el beneplácito de la Administración de la Facultad. Se adjunta también fotografías.

6) Ante los continuos silencios de Rectorado y Decanato, me veo en la obligación de denunciar públicamente lo que se ha continuado haciendo en las instalaciones de la Facultad, mediante el envío de estas fotografías que demuestran lo que en este último año se ha exhibido en esta Facultad.

Reciban un saludo.

Ignacio de Saavedra Lage

Robo de arte por los "republicanos". Más sobre Franco

18 de Marzo de 2009 - 09:17:18 - Pío Moa - 466 comentarios

Me escribe un amigo:

Como sé que el tema te interesa, te cuento lo siguiente. Por casualidad, buscando otra cosa, me topé el otro día en internet con una referencia a ciertas ventas de pinturas españolas hechas por un marchante inglés, Thomas Harris, amigo o medio socio de Anthony Blunt, en 1937, en Londres. El negocio debió de tomar bastante volumen porque , al parecer, creó una cosa llamada "Spanish Art Gallery", que no sé si era una galería especializada dentro de sus negocios, o llamó así a su galería general. Sea como sea, a comienzo de los 2000, en relación con el ruido organizado en torno al robo por los nazis en todo Europa de obras de arte y su recuperación, se publicaron algunos artículos (National Post, December 14 2000, Art in America, Feb. 2001, y supongo que hay más) donde explícitamente se indica que el tal Harris, con la asesoría técnica de Blunt, se dedicó a vender en Londres obras de arte robadas en España en la zona "republicana", derivando una parte de los beneficios a los servicios de la NKVD o algo así. Por supuesto, hay pocas dudas de que Harris, que era agente del MI 6 británico, era también compinche de Blunt como espía soviético. Es curioso que en España nadie se haya interesado por el asunto. En el Online Archive of California, que creo que dependen del Getty Museum, se guardan los archivos de los Durlacher Brothers, que fueron importantes marchantes de arte en Londres y Nueva York en los siglos XIX y XX y en ese archivo hay nada menos que 65 documentos relativos a sus tratos con el Sr. Harris, al parecer, con pinturas españolas. Pero lo más increíble viene ahora: en un artículo publicado en 1998 en el boletín trimestral de la Asociación de Bibliotecarios y Archiveros españoles, ANABAD, XLVIII, num. 1, firmado por Ana Isabel Alvarez Casado, se recogen las noticias publicadas en la prensa "republicana" que atribuían esas ventas en Londres a la actuación criminal de los fascistas, etc. ¡Toma del frasco! No me dirás que no es un tema bonito y que daría para una interesante investigación si se pudiera acceder a los archivos de Thomas Harris. Que lo paséis bien rememorando la derrota de la morisma!

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"Franco tiene toda la razón, porque ama a su patria, Franco defiende, además, a Europa del peligro comunista, si se quiere plantear la cuestión en éstos términos. Pero yo, que soy inglés, prefiero el triunfo de la mala causa. Prefiero el triunfo de los otros [los rojos] porque Franco puede ser un trastorno o una amenaza para los intereses británicos, y los otros no" (en 1938).

"Varias veces he recordado a mis lectores que Franco era un general republicano que previno plenamente al Gobierno español contra la anarquía política hacia la cual derivaba éste. Ahora tiene la ocasión de convertirse en un gran español, del que pueda escribirse de aquí a cien años: "Unió su país y reconstruyó su grandeza. Además de ello, reconcilió el pasado con el presente y mejoró la vida de la clase trabajadora mientras conservaba la fe y la estructura de la nación española. Tal realización lo alistaría en la Historia junto a la obra de Fernando e Isabel y las glorias de Carlos V" (Al terminar la guerra civil).  

"Hay que elogiar la decisión española de mantenerse fuera de la guerra. Habían sufrido bastante guerra propia y querían quedarse fuera de ella. (...) Debo decir que yo considero que entonces España rindió un servicio no sólo al Reino Unido, al imperio británico y a la Commonwealth, sino a la causa de las Naciones Unidas. Por ello no simpatizo con quienes creen inteligente, e incluso gracioso, insultar y ofender al gobierno de España en cualquier ocasión". (Al terminar la guerra mundial).

(Winston Churchill, primer ministro británico durante la II Guerra mundial)

"Franco fue el producto de una niñez represiva e infeliz. Su padre, pese a sus ideas liberales, era autoritario y represivo; y la madre es muy difícil que fuera una madre perfecta, debió de ser muy religiosa y muy fría. La política de Franco hacia las mujeres, a través de la Sección Femenina, denota una actitud vengativa".

"A pesar de la difícil relación que mantuvieron, Franco interiorizó la violencia y el estilo autoritario de su padre y asumió esa dureza en su relación con los más débiles que él; por ejemplo, los soldados a los que mandaba. Más tarde, como jefe de Estado, mantuvo una actitud represiva contra todo el pueblo español".

(G. Ashford Hodges, psicóloga freudiana, esposa de P. Preston)

"Es verdaderamente lamentable que la figura de Franco haya sufrido en los últimos tiempos una serie de ataques, sin duda irresponsables, por parte de quienes no supieron o no quisieron comprender toda su grandeza. (...) No dudaré, en absoluto, en poner en evidencia cuantas limitaciones y errores hayan podido existir y cometerse, pero situándolos siempre en el plano de grandeza que sin duda conviene a esta figura histórica (...) Como persona era bueno, sencillo, humilde. Se pueden contar anécdotas a centenares que dejarían atónitos a los que tienen formado de él un juicio congruente con su aspecto político (...) Franco no era precisamente un intelectual. Jamás presumió de serlo ni de procurarlo. Su doctrina política estaba compuesta de una pocas ideas, elementales, claras y fecundas.

(Mariano Navarro Rubio (economista, ministro de Hacienda con Franco y uno de los principales impulsores del desarrollismo de los años 60)

"Si quiere que le describa el rasgo principal del carácter de Franco, le diría que era desconfiado hasta de sus zapatos. No sé si por eso se mantuvo en el poder. El se mantuvo en el mando por azar. Es sabido que un jinete no se mantiene siempre en el caballo por sus propias cualidades, sino por las cualidades del caballo. Hay que aceptar que el pueblo español fue un caballo bastante dócil. Pero yo no le echaría la culpa. No ha habido una auténtica oposición política que cuestionara el régimen de Franco. Ha habido, simplemente, fisuras en el mismo ámbito".

(Pedro Sainz Rodríguez, ministro de Instrucción Pública de Franco y conspirador monárquico contra él)

(En Franco para antifranquistas)

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**** "Chapote y Amaia, asesinos de Blanco, juntos en la cárcel"
Zapo y su cuadrilla de delincuentes, colaborando una vez más con los asesinos, pisoteando todos juntos a las víctimas. ¿Podría estar más claro?


**** "Aído, junto a Barden y Gabilondo en un vídeo musical contra la violencia doméstica". Buen sarcasmo: esos son los grandes promotores de esa violencia. Como siempre, la trola, el choriceo y el puterío.


**** El pago de la "deuda histórica" a Andalucía levanta ampollas
"Deuda histórica" le llaman al choriceo histórico del PSOE, que debe ser recompensado. El lenguaje de la chusma política.



**** "Díez defiende la libertad lingüística entre insultos de los nacionalistas, en un Congreso casi vacío"
Ojalá fueran solo una panda de vagos. Pero si no fueron a las Cortes por esta cuestión se debe a otra cosa. La chusma política, una y otra vez.


**** El PP pierde otra votación por la ausencia de Rajoy y cinco diputados más
Naturalmente, el paripé de oposición es solo para la galería. Bien identificados y compinchados están los futuristas con el gobierno. El futurista de la nena angloparlante y la economía lo es todo.


**** Multado con 150 euros el separatista que amenazó de muerte a Fernández Díaz
¡Caramba! No se le ocurra amenazar de muerte según a quien, porque le puede traer la ruina. Si pasa a mayores quizá le metan un paquete de hasta 1.000 euros de multa, ¿se imaginan? La ruina. Por cierto, así empezó el Frente Popular.  

Más opiniones sobre Franco

17 de Marzo de 2009 - 08:58:21 - Pío Moa - 183 comentarios

"Hombre equilibrado y sencillo, intelectual del arte de la guerra, nervioso pero con dominio de los nervios, con una memoria prodigiosa y una voluntad tenaz. Se dejaba influir muy poco y, como gallego, era entusiasta, emotivo y afectivo, pero se dominaba con gran disciplina interior (...) Ponderación, sensatez y aplomo".

(J. Vicens Vives, historiador, según el libro Historia de España para jóvenes, de J. A. Vaca de Osma. No he podido hablar con el autor, y la cita parece dudosa, pues se refiere a Franco en pasado, y Vicens murió antes que el dictador).



"Apunta en tu diario que hoy, 29 de agosto [de 1938] profetizo la derrota de Franco".

(Mussolini a su yerno, el conde Ciano).



"Le he visto pelear en Africa, y para mí, el general Franco (...) llega a la fórmula suprema del valor, es hombre sereno en la lucha".

(Indalecio Prieto, dirigente socialista)



"Franco estuvo evasivo, divagatorio y todavía cauteloso. Habló largamente; poco de la situación de España, de la suya y de la disposición del Ejército, y mucho de anécdotas y circunstancias del comandante y el teniente coronel tal, [...] José Antonio quedó muy decepcionado y apenas cerrada la puerta del piso tras la salida de Franco (habíamos tomado la precaución de que entraran y salieran por separado) se deshizo en sarcasmos (...). "Mi padre –comento José Antonio– con todos sus defectos, con su desorientación política era otra cosa. Tenía humanidad, decisión y nobleza. Pero estas gentes..."

(Ramón Serrano Súñer, jefe del Movimiento y ministro de Asuntos Exteriores de Franco en los primeros años 40. Se trata de una entrevista con José Antonio con vistas a un alzamiento contra el Frente Popular).

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Castilla en la Guerra de los cien años durante el siglo XIV

En la segunda mitad del siglo, Castilla se convirtió en teatro de la Guerra de los cien años. En los primeros decenios de esta, los ingleses derrotaron a la flota y al ejército francés, y sus cabalgadas arrasaron buena parte de Francia. Después de que el heredero de la corona inglesa, conocido por El Príncipe negro, capturase al rey francés, Juan II, los vencedores impusieron la paz de Bretigny, en 1360, por la que el rey inglés, Eduardo III, renunciaba al trono de Francia quedándose a cambio con un tercio de su territorio. La paz no fue respetada, y los franceses imitaron las cabalgadas inglesas sobre la Francia dominada por Inglaterra. Las cuales arruinaban aún más el país, pero forzaron a los ingleses a retroceder en pésimas condiciones.

Entonces el escenario bélico se extendió a España. Al morir de peste Alfonso XI de Castilla-León en 1350, mientras sitiaba Gibraltar, se desató una pugna entre el heredero legal, Pedro I, y su hermanastro Enrique de Trastámara, hijo bastardo de su padre. Para asegurarse el trono, Pedro hizo matar a diversos miembros de familias rivales, entre ellos la madre de Enrique, Leonor de Guzmán. Por estas y otras muchas represiones sería apodado El Cruel. A su vez, el rey francés Juan II necesitaba aliados contra Inglaterra, y a tal fin pactó el matrimonio de su sobrina Blanca de Borbón (de catorce años) con Pedro de Castilla (de diecinueve), a cuyo efecto prometió una dote cuantiosa, que no podía satisfacer. En 1353 se efectuó la boda, pero a los tres días Pedro, que tenía una amante llamada María de Padilla, repudió a su esposa, quizá por el engaño en la dote, y ordenó encarcelarla (moriría en 1361, con 22 años, probablemente envenenada). 

De ahí vino la ruptura con Francia y la rebelión de varias ciudades. Su hermanastro Enrique ya se había sublevado sin éxito en Asturias y volvió a hacerlo, pero perdió de nuevo, huyó a Francia y se puso al servicio de Pedro IV el Ceremonioso de Aragón en la guerra contra Pedro de Castilla. Vencido en Nájera, en 1360, volvió a Francia y acordó ayudar de nuevo a los aragoneses a cambio de apoyo para derrocar a Pedro. En 1366, a la cabeza de tropas castellanas, aragonesas y mercenarios franceses acaudillados por Bertrand du Guesclin o Duguesclin, derrotó a Pedro el Cruel, que se refugió en la Francia sometida a los ingleses, aliados suyos. En 1366, Enrique se proclamó rey, aunque tuvo que conceder grandes premios a sus aliados, y de ahí su apodo El de las Mercedes.  Pedro reunió un fuerte ejército en gran parte inglés, incluyendo escuadrones de los temibles arqueros, dirigido por Eduardo de Woodstock, el Príncipe Negro, y venció a Enrique en una segunda batalla de Nájera, en 1367. Pero no pagó debidamente al inglés, que se retiró y entró en graves apuros económicos. Enrique reunió de nuevo un ejército en Francia y lo confió a Duguesclin, mientras Pedro reclutaba a castellanos y portugueses, aliados también de Inglaterra. La batalla de Montiel concluyó con la caída de Pedro. Duguesclín lo llevó con engaños a presencia de Enrique y los dos hermanastros intentaron matar uno al otro. Cuando Pedro parecía ganar, Duguesclín ("No quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor"), auxilió a Enrique, que pudo apuñalar hasta la muerte a su enemigo.

Durante la guerra civil, Enrique había perseguido sañudamente a los judíos y mudéjares, que apoyaban a Pedro, pero después les mostró mayor tolerancia. También entró, junto a Francia, en lucha sobre todo naval con Inglaterra. La flota castellana, compuesta por naves de Guipúzcoa, Vizcaya, Santander y otras, y mandada por Ambrosio Bocanegra, genovés instalado en Andalucía, hundió en 1371 una escuadra portuguesa en la boca del Guadalquivir, y al año siguiente atacó a la marina inglesa en La Rochela, destruyó todos sus barcos y apresó a su almirante, el conde de Pembroke, a 8.000 soldados y a 400 caballeros, 70 de los cuales fueron enviados a Castilla. Las consecuencias fueron decisivas: el mar de la zona había quedado en manos inglesas después de haber aplastado años antes a la flota francesa, pero ahora quedó libre el canal de la Mancha, Inglaterra debió abandonar a Portugal, que pasó a apoyar a Castilla; facilitó los avances franceses por tierra, auxiliados por castellanos; y dejó a Castilla como principal fuerza naval atlántica. Muerto Bocanegra en 1374, le sucedió Fernán Sánchez de Tovar, que, junto con algunas naves del almirante francés Vienne, desembarcó en varias ciudades del sur de Inglaterra y la isla de Wight, reproduciendo por vía marítima las célebres cabalgadas, y capturó o hundió numerosos barcos, forzando a los ingleses a aceptar una tregua en 1375. Vueltas las hostilidades en 1377, Tovar atacó y saqueó numerosas poblaciones de la isla, en 1379 infligió nuevas derrotas a la armada inglesa, y en 1380 subió por el Támesis hasta las inmediaciones de Londres, incendiando Gravesend y otros objetivos. Algunas ciudades costeras pagaban tributo a los invasores para mantener su seguridad. Al año siguiente, vuelto Portugal a la alianza inglesa, Tovar desbarató una escuadra portuguesa frente a Huelva y después bloqueó Lisboa: el corte de dinero y suministros para las tropas inglesas allí desplegadas, hizo que estas saqueasen a los portugueses. Portugal volvió a la paz con Castilla, y Tovar transportó a los ingleses a su país. En 1385 el almirante murió de peste mientras asediaba nuevamente Lisboa.

Los triunfos militares de la marina castellana tuvieron un decisivo efecto económico, al asegurar el libre tránsito entre España, Flandes, Francia y también Inglaterra, adonde iban la lana, vinos, hierro, aceite de oliva, jabón, frutas, mercurio, etc. de Castilla. Los marineros y mercaderes castellanos obtuvieron ventajas fiscales en los puertos franceses y en Brujas, y este tráfico se convirtió en eje esencial, durante siglos, para la economía castellana, que, en contraste con la de Aragón, salió de aquellos conflictos con fuerte impulso, e hizo de Burgos un centro comercial de primer orden. 

La implicación hispana en la Guerra de los cien años tuvo otra derivación. En 1383 murió Fernando I de Portugal, y su hija Beatriz, cortejada por príncipes franceses e ingleses, prefirió a Juan I de Castilla, hijo del ya fallecido Enrique el de las Mercedes. Juan reclamó el trono portugués, pero parte de la nobleza lusa eligió a otro Juan, el maestre de la orden de Avís, ocupó Lisboa y otras ciudades y dio origen a una guerra civil. El castellano sitió Lisboa, y el de Avís buscó la ayuda inglesa. La peste hizo estragos entre los sitiadores, forzándoles a levantar el asedio, y el de Avís pudo someter a las ciudades partidarias del Juan castellano. A principios de 1385 llegó un pequeño contingente de veteranos ingleses, sobre todo arqueros; en abril Juan de Avís fue proclamado rey y doblegó el norte de Portugal, poco afecto a él.. Entonces Juan de Castilla mandó un poderoso ejército de unos 30.000 hombres, incluyendo un nutrido escuadrón de la prestigiosa caballería pesada francesa.. La desproporción contra los de Avís (30.000 a 6.000) parecía asegurar el éxito, pero ocurrió lo contrario: ambos chocaron en Aljubarrota.La caballería pesada fue frenada por los hoyos cavados en tierra, una táctica inglesa, y los arqueros ingleses, atacando desde los flancos, masacraron a los caballeros y a las tropas castellanas de modo similar a como habían hecho con las francesas en Crécy y Poitiers. El desastre aseguró la victoria definitiva del de Avís, que inauguró una nueva dinastía y firmó una alianza entre Inglaterra y Portugal, vigente hasta hoy. 

El conflicto castellano-portugués se complicó todavía por el intento de Juan de Gante, duque de Lancaster, de hacerse con el trono de Castilla, pues se había casado con Constanza, hija mayor de Pedro el Cruel. Para ello había emprendido tratos con Portugal, Navarra y Aragón para cercar a Enrique II. En 1381 había intentado una invasión desde Portugal, pero fracasó. Cuatro añlos más tarde, la batalla de Aljubarrota había suscitado en Castilla cierto movimiento en su favor, por lo que en 1386 desembarcó en La Coruña y sus tropas inglesas, unidas a las portuguesas, invadieron León. Pero fracasó nuevamente, por lo que negoció el matrimonio de su hija con el heredero de la corona castellana y renunció a sus pretensiones sobre Castilla a cambio de una indemnización que no le sacó de apuros financieros. 

Algunas opiniones sobre Franco

16 de Marzo de 2009 - 08:11:49 - Pío Moa - 182 comentarios

"Durante la mayor parte de su larga carrera Franco fue plenamente consciente del papel que le habían asignado como ogro por excelencia de la Europa occidental. Resulta instructivo comparar a este respecto las actitudes hacia Franco con las actitudes hacia Tito a partir de 1945. Tito, como Franco, se había hecho con el poder en una guerra civil en la que –a pesar de la propaganda en sentido contrario– dedicó más energía a luchar contra otros yugoslavos que contra los alemanes e italianos. El baño de sangre que sufrió Yugoslavia en 1945 fue comparativamente mucho mayor que el ocurrido en España en 1939, y la nueva dictadura mucho más dura y represiva (...) Hasta el final mismo de la vida de Tito el régimen yugoslavo siguió siendo más exhaustivamente controlado y represivo que el de España (...) y no consiguió el progreso económico, social y cultural logrado por el régimen español. Tras la muerte de Tito no se produjo una democratización, sino una forma colegiada de dictadura. Sin embargo, Tito es aclamado con frecuencia (...) como un gran reformador e innovador, una especie de hito del logro progresista y, debido a circunstancias internacionales concretas, obtuvo más ayuda occidental y en una época más temprana".

(Stanley Payne, historiador e hispanista useño)

"Franco carecía de calor humano; helaba a su interlocutor no con la majestad de Felipe II, sino con su frialdad de pescado. No fue un asceta; con frecuencia abandonaba su mesa de despacho atiborrada de papeles para dedicarse a la caza o a la pesca; su verdadera pasión era el poder, y lo satisfizo más allá de toda expectativa".

(Antonio Domínguez Ortiz, historiador)

"Franco se domina a sí mismo y domina las cosas. Para él lo sustantivo es la persona y lo adventicio el hecho. Entre lo inextricable y peligroso, el Caudillo se mueve con increíble facilidad"

(Azorín, escritor de la Generación del 98)

"Muchas creencias populares respecto a Franco son falsas. No fue el general más joven de Europa después de Napoleón. No fue el valiente artífice de la neutralidad española en la Segunda Guerra Mundial. No fue el arquitecto del crecimiento español en los años sesenta

"Sus armas fueron una astucia instintiva, una despiadada sangre fría con la cual dirigió las rivalidades entre las diversas fuerzas del régimen y con las que derrotaba todos los retos que pudiera presentarle cualquiera –desde Serrano Suñer hasta Don Juan [de Borbón]– que fuese superior a él en inteligencia e integridad moral. Las victorias de Franco no fueron las de un gran benefactor nacional, sino las de un hábil manipulador del poder que velaba sobre todo por sus intereses".

"Era conmovedora, de tan ingenua, su fe en los trucos mágicos".

(Paul Preston, historiador inglés)

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**** Ibarretxe: "Queremos a este país más que a nuestra vida, lo es todo" 
Lo quieren como los parásitos al huésped. Nadie ha envilecido más la sociedad vasca que el PNV. Sin él, la ETA sería hoy solo un mal recuerdo.


**** Basagoiti, sobre Patxi López: "Quizá lo nuestro sea más sexo que amor"
El Montilla vasco del PP está sembrao, qué lenguaje. Recuerdo un breve diálogo entre dos prostitutas, una joven y otra de cierta edad. "¿Qué haces, Juanita?" "¡Pues qué voy a hacer! ¡A ver si se folla, hija, a ver si se folla!" "¡Por Dios, qué forma de hablar, qué asco!" se escandalizó la mayor, una señora con cara de buena persona. Basagoiti, como la joven. Se le nota la talla de estadista. Como a Rajoy, Soraya, Cospedal y compañía.


**** Oyarzábal: "Un Gobierno del PSE no tiene por qué ser mejor que uno nacionalista"
Por supuesto. Puede ser aún peor. ¿Y uno de los montillas futuristas?


**** Los futuristas de la Nena Angloparlante llevan tiempo acusando de "machismo" a diestra y siniestra. Muy bien, pero hay que predicar con el ejemplo. Soraya ya lo ha hecho un poco. Ahora falta Rajoy en tanga. ¿Para cuándo, Mariano?

**** Salvo algunos privilegiados lectores, la mayoría me parece que solo tiene unas ideas vagas de los textos de historia que aquí vengo exponiendo. Se trata de textos problemáticos cuya discusión sería interesante, como ya indiqué hace unos días en relación con los dominicos y franciscanos. Pero varios de los privilegiados no logran entender su aspecto problemático y no perciben que los mismos van directamente contra sus ideas y contra la cultura o cultureta tipo El país. Pues bueno.

Auge y declive de Barcelona

15 de Marzo de 2009 - 09:42:03 - Pío Moa - 68 comentarios

En las primeras décadas del siglo XIV, la corona de Aragón llegó a su mayor gloria. Disponía de la universidad de Lérida y otros focos de cultura, dominaba las grandes islas del Mediterráneo occidental y partes de Grecia, y contaba con una población relativamente numerosa, y Barcelona controlaba el Mediterráneo occidental en rivalidad con las ciudades italianas. Pero desde 1333 su posición empeoró con un año de hambre que mató a mucha gente, agravado por el bloqueo impuesto por la flota genovesa; y en la década siguiente fue azotada con enorme virulencia por la Peste negra. Estos desastres causaron un fuerte retroceso económico y demográfico, y Cataluña entró en un período de estancamiento, con creciente tensión social. Además, el sistema confederal impuesto por Jaime I al consolidar como reinos a Valencia y Mallorca, produjo discordias y guerras. Mallorca, forzada al vasallaje del rey aragonés, buscó a menudo separarse y volvió a hacerlo en 1295, hasta que en 1343 Pedro IV el Ceremonioso invadió de nuevo la isla y el Rosellón. Hubo otro intento separatista en 1349, y solo en 1375 volvió Mallorca definitivamente a la corona. El Ceremonioso también desbarató en una guerra civil entre 1347 y 48, una revuelta de aragoneses y valencianos.

Luego, en 1351, el rey guerreó contra Génova, sofocó dos revueltas en Cerdeña (una de ellas duró cuatro años desde 1364); e instaló una colonia de catalanes en la ciudad sarda de Alghero. Pero su contienda más prolongada la mantuvo con Pedro I el Cruel de Castilla, en disputa por zonas fronterizas: empezó en 1356 y duraría casi 20 años, complicados con plagas de langosta, peste y hambres. Desde 1366 intervino en la guerra civil que asolaba Castilla respaldando a Enrique de Trastámara contra Pedro I, un reflejo de la Guerra de los cien años. La paz llegó en 1375, casándose la hija del rey aragonés, Leonor, con Juan, heredero del trono castellano, boda que tendría efectos políticos de largo alcance. Aunque la lucha acabó sin vencedores ni vencidos los dos reinos, más el de Aragón, terminaron casi exhaustos, y los enormes gastos obligaron al Ceremonioso a admitir la inspección de las cuentas reales por las Cortes, a través de la Diputación del General ("general" se llamaba a los tributos reales, y la diputación provenía de las Cortes celebradas Monzón en 1289), de la que derivaría la Generalidad.

Tratando de aumentar el poder regio,  El Ceremonioso también entró en conflicto con el Inquisidor general, Nicolau Aymerich. Este era muy propenso a usar la tortura, llegó a prohibir las obras de Raimundo Lulio, se enfrentó al predicador Vicente Ferrer, estableció las normas inquisitoriales (que se aplicarían también en Castilla al extenderse a ella la Inquisición, un siglo más tarde), y fomentó una revuelta contra el rey en Tarragona. Como el monarca, defendía a Aviñón sobre Roma.

Se considera a Pedro IV el Ceremonioso autor o impulsor de la Crónica de San Juan de la Peña, primera historia general de Aragón, que comienza, siguiendo la tradición, llamando a Túbal, hijo de Jafet, el primer poblador de España. Posiblemente quería competir con la Estoria de España de Alfonso X el Sabio. También compuso u ordenó componer una crónica de su reinado, en tono autobiográfico como el Llibre dels fets de Jaime I. Estas dos crónicas más de la de Bernat Desclot y la de Muntaner constituyen un conjunto de grandes crónicas catalanas, uno de los mejores conjuntos historiográficos europeos de la época Edad de Asentamiento.

A pesar de sus esfuerzos, con Pedro IV terminó la época gloriosa de Barcelona, tanto por las pestes, hambres y dispendios de la guerra con Castilla como por el éxito creciente de sus rivales genoveses, aliados de Castilla y Portugal; y sobre todo porque, una vez despejado el estrecho de Gibraltar de la amenaza musulmana, las rutas comerciales entre el Mediterráneo y el Atlántico se alejaron de su puerto. La ciudad reaccionó a su declive con acciones bélicas y piratería, que a la larga la perjudicaron.

El siglo XIV se señala en la corona de Aragón por una lucha encarnizada entre el rey y los nobles por la hegemonía. Aunque las Cortes se originaron en León, como quedó dicho, fue en Aragón, y especialmente en Cataluña, donde adquirieron mayor fuerza, no solo de España sino de toda Europa. La resistencia monárquica no logró evitar que las Cortes se eligiesen al margen de los reyes, controlasen los tributos y el gasto, y ejerciesen funciones legislativas. Por tanto, los reyes hubieron de doblegarse una y otra vez a un pactismo cuyo mayor defensor doctrinal fue el influyente franciscano Francesc Eiximenis, que escribió en latín y más en catalán, y dedicó atención a la teoría política. Sorprendentemente para un franciscano, elogió la riqueza y, aunque desconfiado de los nobles, ensalzó con fervor a los mercaderes, a quienes el poder político debía favorecer sobre todos porque "son la vida de la tierra donde están, son el tesoro de la cosa pública". Sin ellos, "las comunidades decaen, los príncipes se vuelven tiranos, los jóvenes se pierden y los pobres lloran". "Nuestro Señor Dios les hace misericordia especial en muerte y en vida".

Eiximenis sostuvo a la vez la procedencia divina del poder político y su origen en un pacto de la sociedad civil, pues "nunca las comunidades dieron poder absoluto a nadie sobre ellas, sino con ciertos pactos"; pactos que debían beneficiar a la comunidad por encima del príncipe, otra cosa sería despotismo. Al limitar el poder regio, el pactismo tenía un tinte democrático, pero fortalecía a las oligarquías nobiliarias y mercantiles sobre los campesinos y el pueblo bajo, que en Cataluña sufrían mayor opresión que en el resto de España (salvo, quizá, Galicia), por haberse hecho la repoblación bajo estricto control señorial: el poder monárquico, más alejado, resultaba mucho menos opresivo que el de los nobles y grandes comerciantes, siempre más inmediato.

El propio Eiximenis expresa muy bien esa mentalidad, también inesperada en un franciscano. Al revés que el dominico Vicente Ferrer, abogado del "pueblo menudo", denigró a este con frases difíciles de encontrar en otros lugares: gente "bestial, rústica, desprovista de razón, maliciosa", apenas mejor que las bestias y a quien debía tratarse con "golpes, hambre y castigos duros y terribles". Quizá este aborrecimiento tuviera relación con las revueltas campesinas y del "pueblo menudo" en Europa, como las de Flandes en los años veinte y otras relacionadas con la Guerra de los cien años, tales la Jacquerie francesa de 1358, de los campesinos oprimidos por impuestos derivados de la guerra, y que fue ahogada en sangre por los nobles; o la inglesa de 1381 por la abolición de otro impuesto parecido y de la servidumbre, e igualmente aplastada. En la propia Cataluña crecía la protesta de los payeses contra los "malos usos" causa de luchas sociales prolongadas.

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****El cine español, ya saben ustedes. Un cine técnicamente aceptable, pero –con las excepciones de rigor– con un contenido de ideologizado y cutre puterío, al mismo tiempo pretencioso y de sal muy gorda cuando pretende tener sal, del que Almodóvar constituye la muestra más completa. Y sostenido a base de subvenciones. ¿Qué pasa si se hunde? Pues que desaparecerá toda esa porquería y los ciudadanos dejaremos de pagar unas basurillas que nunca iremos a ver. Titiriteros, decidle a Chávez, a Castro, a Ahmadineyad que os subvencionen, que os paguen así vuestra admiración y los servicios que les prestáis. ¿No sería lo más justo?  

**** El PSOE, sobre Aguirre: "No se puede poner a la zorra a cuidar del gallinero"

¡Si entenderán los sociatas de zorras y de gallinas! ¡No entienden de otra cosa! Por eso creen que todo es igual. Viene a ser la barbarie de la especialización, que denunciaba Ortega.

**** "El PSE me quiere para la noche de bodas pero no sé si al día siguiente se va a ir con otra", dice Basagoiti, el Montilla del PP. No está mal la comparación, salvo que no hay boda sino solo un polvo con una prostituta. Polvo muy barato, porque ¿qué fue de aquellas consejerías que Basa iba a exigir a Pachiló por su "noche"? Con quienes siempre se han casado los pachilós es con los separatistas, incluyendo a la ETA. Los basas solo les sirven para diversiones ocasionales. En el fondo, Basagoiti lo sabe.

**** Pons advierte que los votos del PP no serán "gratis total"

Bueno, gratis total, total... pues quizá no. Pero casi. Dudo que los futuristas cambien, incluso con las continuas humillaciones públicas a que los somete el PSOE.

**** Miles de policías vuelven a exigir en la calle la dimisión de Rubalcaba

De Rubalcaba, el portavoz de la corrupción, del GAL, de la colaboración con la ETA...

Dos naciones, dos mundos

14 de Marzo de 2009 - 08:16:16 - Pío Moa - 88 comentarios

La yidsia,  impuesto especial sobre cristianos y judíos, tenía un doble efecto: mermaba el afán proselitista del poder árabe, pues de ese impuesto obtenía sustanciosos ingresos, pero animaba las conversiones al Islam, reforzadas por el impacto psicológico de la caída del reino de Toledo y el triunfo árabe por medio mundo. Los conversos al islam o muladíes, fueron adoptando la lengua árabe y demostrarían un espíritu díscolo hacia sus autoridades, pues los clanes árabes, aunque en continua reyerta entre ellos, retenían celosamente el monopolio del poder. No por ello dejaban los muladíes de conformar una nueva realidad histórica, culturalmente semítica, que invertía la victoria de Roma sobre Cartago. Los muladíes terminaron abrazando el islam con el espíritu rigorista de los malikíes, y miraron siempre con aversión y desprecio la corrupción y laxitud religiosa de las oligarquías árabes. Con todo ello, el islam en la península pasó de una pequeña minoría extranjera a constituir una amplia franja social y una verdadera nación: Al Ándalus. Pese a ello, la oligarquía dominante siempre fue foránea, es decir, árabe y muy consciente de su arabidad, mientras que los muladíes, los mahometanos autóctonos estuvieron subordinados y sin acceder más que en casos contados, incluso castrados, a posiciones de poder. Hasta cuando el califato estalló en taifas, éstas fueron dominadas por oligarquías árabes, bereberes o eslavas, muy rara vez muladíes.

De los árabes, grupos apenas civilizados salidos del desierto, no sorprende menos su impulso conquistador que su capacidad para asimilar culturalmente a los pueblos conquistados, a quienes impusieron su religión, sus concepciones del mundo y de la vida, su derecho, su idioma y su escritura. Pero también mostraron receptividad a las culturas vencidas, remodelándolas. Al ocupar tierras del Imperio bizantino recogieron parte de la cultura griega; en Irán, tras la inicial marea destructiva, salvaron lo aún salvable, y los propios persas, islamizados pero orgullosos de su tradición, mantuvieron su idioma y produjeron una época dorada –literaria, artística, filosófica– para el islam. Los árabes también supieron acoger aportes chinos, como el papel, o indios, como las notaciones matemáticas y los números hoy conocidos como arábigos, de tanto efecto para el desarrollo científico.

En España asumieron algo de la fuerza cultural acumulada en siglos pasados, la transformaron de raíz y trajeron conocimientos de Oriente. Pero aquí fue más lenta la islamización y, sobre todo, surgió una resistencia cristiana que enlazaba cultural y políticamente con el derrocado reino de Toledo. La invasión no aniquiló por completo a España, que resurgió y al terminar el siglo VIII se expandía pese a las continuas embestidas andalusíes. Y así, a lo largo del siglo IX se consolidarán dos naciones en radical conflicto: el triunfo de una significaba necesariamente la ruina de la otra.

Durante largo tiempo, las posibilidades de España frente a Al Ándalus fueron casi nulas. Las tierras del norte eran las más atrasadas de la península, de poca extensión y población, y las más pobres, debido a la aspereza del suelo y el alejamiento de las vías de comercio. Ello había ayudado a sus naturales a resistir a los godos y amparado sus incursiones depredatorias de corto radio. Si de pronto supieron crear una estructura política con un vasto designio y desplegar un incipiente arte y literatura propias, solo pudo deberse al aflujo de clérigos, mozárabes y godos huidos del sur. El común rechazo al islam impulsó la completa cristianización de los pueblos del Cantábrico y su identificación con el ideal de reconquista. La Crónica mozárabe, escrita en territorio andalusí tan pronto como 754, habla ya de "pérdida de España" y "reconquista", y con seguridad recogía ideas extendidas. Ese ideal permitiría al núcleo asturiano resistir en tan arduas condiciones. La pronta incorporación de Galicia más el traslado al norte de las gentes del valle del Duero, aumentarían la población y con ella el vigor defensivo, aunque planteasen serios retos económicos, resueltos progresivamente con la posterior repoblación del semiabandonado valle del Duero y otras comarcas.

Al comenzar el siglo IX había que añadir al reino asturiano los comienzos de la Marca Hispánica, conquistada por los francos a lo largo de los Pirineos, y poco activa durante unos siglos. Había, por así decir, la España del Cantábrico, bastante homogénea políticamente, y la de los Pirineos, más diversa. En total ocuparían en torno a un quinto de la península.

Al Ándalus y la España en recuperación eran dos mundos muy distintos, aunque no faltasen préstamos mutuos. El cristianismo entrañaba mayor diferenciación entre religión y política, una libertad personal que daría lugar a gobiernos más representativos, extensión mucho menor de la esclavitud, ideas muy diferentes del derecho, mayor autonomía de la mujer, monogamia estricta, bautismo y no circuncisión, arte figurativo... Su lengua era un latín en rápido cambio, y su culinaria la del cerdo y el vino, prohibidos por el islam, aunque Al Ándalus heredara cierta afición etílica.

La cultura andalusí, entonces naciente, era islámica, y el árabe su idioma cada vez más popularizado, lo que aumentaba la incomunicación con la española: poquísimas personas del norte sabían árabe y muchas del sur apenas hablarían romance, reduciendo la posibilidad de entendimiento mutuo. Al Ándalus gozaba de aportes culturales y técnicos en circulación por el islam desde India o China, países remotos, desconocidos en Europa, y desde Bizancio; disponía de tierra y recursos demográficos y materiales muy superiores a los de la renaciente España. Sobre esas bases desplegaría, desde Abderramán II, formas de vida refinadas en las capas altas de la sociedad. Si bien el esplendor cultural andalusí se estancó hacia el siglo XIV, mientras el español no dejó de progresar, y en ese siglo superaría en todos los terrenos al islámico.

No difería menos la composición étnica. En Al Ándalus abundaban, aun lejos de ser mayoría, los magrebíes, los judíos y una amplia masa esclava traída del África negra y de Europa del este (eslavos), más una dominante minoría árabe. La población autóctona se dividía entre cristianos o mozárabes, e islamizados o muladíes. Los mozárabes pasaron gradualmente de formar la inmensa mayoría a convertirse en minoría ante los muladíes dos o tres siglos después de Guadalete. Todos los musulmanes compartirían el incorrecto apelativo de "moros" (mauri o beréberes).

Tan variada composición social, cultural y religiosa, volvió casi permanente la guerra civil, que impidió a Al Ándalus sacar pleno fruto de su enorme superioridad material. La inestabilidad interna tuvo otro efecto decisivo: los gobernantes cordobeses, recelosos de sus súbditos, crearían ejércitos compuestos por esclavos y mercenarios extranjeros, separados de una población hostil a ellos y leales solo al emir y luego al califa.

En contraste, el reino de Oviedo y los demás núcleos cristianos del norte disfrutaban de mayor homogeneidad étnica y religiosa, y por tanto de mayor cohesión (no sin querellas internas, desde luego). Por ello podían sacar mejor partido de su poder político y militar, pese a su debilidad material. Quizá quedasen en la cornisa cantábrica restos de los idiomas ancestrales, que pronto desaparecieron, salvo el vascuence; pero conforme los vascos se civilizaban harían del latín y el romance sus lenguas de cultura.

Se ha discutido sobre la diversa actitud política implicada en los conceptos de España y Al Ándalus. La derivación lógica de la idea de España sería la reconquista del reino anterior a la invasión, mientras que Al-Ándalus tendría un contenido más pasivo, limitado a la parte islámica en cada momento. No parece ello muy probable. Los musulmanes ocuparon al principio toda la península y parte de Francia, y si poco a poco renunciaron a mantener y ampliar sus posesiones solo se debió a su impotencia ante la lucha tenaz de los reinos hispanos y a su propia inestabilidad interna.

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**** Obviamente, decir que los andalusíes eran españoles es un atentado a la lógica. Los franceses o los italianos, los mismos germanos, tenían mucho más que ver con los españoles , a menos que demos al término "españoles" un carácter ahistórico y acultural, de metafísica pedestre (ahí el gran Sánchez Albornoz patinaba a gusto). Los descendientes y herederos de Al Ándalus no somos los españoles, que precisamente derrotamos y acabamos con aquella nación, sino los magrebíes, pues al Magreb emigraron o fueron expulsados la gran mayoría de los andalusíes, y sobre el Magren ejercieron su mayor influencia.

**** Los grandes admiradores de Al Ándalus destacan la riqueza y el avance cultural que durante algunos siglos consiguieron sus capas dominantes, y "olvidan" el extremado despotismo, el muy extendido esclavismo, la guerra civil casi constante o la permanente imposición de oligarquías foráneas (pues los clanes árabes que monopolizaban el poder se enorgullecían siempre de su arabidad como fuente de superioridad racial y de su derecho privilegiado al poder). Al mismo tiempo desprecian el espíritu mucho más libre de los españoles, durante unos siglos más pobres y con menos logros intelectuales. En el fondo lo que admiran es precisamente el despotismo, y nos están diciendo: la riqueza es preferible a la libertad. En su aversión a la libertad "olvidan" que el esplendor andalusí se estancó irremediablemente entre los siglos XIII y XIV mientras los mucho más libres españoles no dejaban de progresar. La tiranía siempre ha contado con muchos adeptos, véase si no lo sucedido en el siglo XX.

**** Me temo que García Cárcel no es un historiador demasiado serio. Tiene todos los tics y simplezas antiespañoles de la progresía (habría sido un perfecto traidor afrancesado: lo que gustaba a los afrancesados no era la libertad, como pretendían, y que por entonces caía más bien del lado de Inglaterra, sino el despotismo ilustrado. Eran también unos perfectos oportunistas que creían a Napoleón invencible y deseaban servirle contra su propio pueblo... y sus cálculos pedestremente "realistas" fallaron). Decepcionado el historiador por el número relativamente pequeño de ejecuciones que propició la Inquisición, busca aumentarlo valiéndose de la falta de documentación en algunas épocas. Reconoce que sobre la Inquisición se han forjado muchos mitos pero, en definitiva, la culpa, siguiendo una amplia tradición, del relativo atraso cultural de España... cuando la época de mayor actividad inquisitorial coincidió con la de mayor brillantez intelectual y cultural de España o se establecieron unas líneas de pensamiento pre liberales y pre democráticas muy influyentes en Europa, especialmente la de la escuela de Salamanca. La relación que establecen entre Inquisición y declive intelectual es tan simple y arbitraria  que se vuelve contra ellos: cuando la Inquisición empezó a debilitarse o suavizarse, el auge cultural español se vino abajo. De ser consecuentes tendrían que sacar esta conclusión, no menos simple. Por lo demás, uno creería que, libre de la Inquisición, todos estos señores nos deslumbrarían con su talento liberado. Y no estoy muy convencido de que así sea. 

**** Entrevistada en la SER, Cospedal espera de "todo corazón" que Pachi López sea lehendakari. La Cospedal tiene el corazón entregado a Pachiló. La SER, parte del Sindicato del Crimen, que tanto ayudó a echar abajo el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, tanto apoyó a la ETA, tanto mintió sobre el 11-m...¡hay que ver la cancha que les da a los futuristas! ¡Y la que le dan, en justa recompensa, los futuristas! Corazones sin fronteras.

**** Aznar acusa a Zapatero de tratar igual "a un líder democrático que a un dictador"

¿Igual? Trata mucho mejor a los dictadores. Zapo sabe quiénes son los suyos.

**** Rajoy no tiene "claro" si conoce a Correa y a Ana Mato no le "consta" que su marido tuviera un Jaguar

No me digan que no son graciosos estos futuristas. En el acoso a Esperanza Aguirre el tiro les está saliendo por la culata a los rajoyes y los zapos. Por contra, en estos otros terrenos la cosa está mucho menos clara.

**** "Ha pasado ya mucho tiempo desde que las mujeres son independientes de sus maridos", dice Cospedal sobre Ana Mato. Pues claro, y los maridos de las mujeres, sobre todo si se trata de políticos. Por eso ninguno tiene ni idea de lo que hace el otro. Quizá sea mejor así, tratándose de quienes se trata.

****Blog, manuelp: ¿Se puede hablar en estas condiciones de que la república tenia medios de resistir? Para mí, sólo cabe hacerlo desde una posición fuera de la realidad".

No era la república, sino el Frente Popular. Y claro que tenía medios, lo que no tenía era voluntad, salvo los comunistas y Negrín, que no pudieron imponer la resistencia porque por dentro se había producido la división, que llegaría a guerra civil entre ellos. Tenían medios para llegar, probablemente, al comienzo de la guerra europea. Cierto que de poco les habría valido cuando Stalin había pactado con Hitler, pero eso no podían preverlo. El ejemplo de Paulus en Stalingrado es lo contrario: si aquí hubieran resistido la cuarta parte que él (sin apenas comida, ni gasolina, escasos de munición, completamente rodeados en un territorio muy reducido, y sometidos a un fuego demoledor... En fin. En el Frente Popular hubo una enorme hambre, pero no para el ejército y la policía, que estuvieron bastante bien abastecidos de comida casi hasta el final). Y la resistencia de Stalingrado no fue del todo inútil para los alemanes: permitió salvar al ejército desplegado hacia el Cáucaso, que pudo haber quedado destruido también, con lo que la catástrofe habría sido definitiva. Desde luego el Frente Popular nunca tuvo el espíritu de las Termópilas. Afortunadamente. 

Hubo o no hubo Reconquista

13 de Marzo de 2009 - 07:25:10 - Pío Moa - 346 comentarios

Con cierta frivolidad, Ortega y Gasset negó que un proceso tan largo pudiera llamarse reconquista, pero no justificó su aserto. El hecho es que el objetivo de la empresa, marcado desde el principio y contra toda probabilidad, se cumplió: devolver la península al cristianismo y, con la excepción portuguesa, a la unidad política bajo la inspiración del reino de Toledo. Cuestión relacionada es la de la continuidad hispanogoda, pues a menudo se alude al "neogoticismo" de la Reconquista como una invención sin relación real con la España preislámica. Pero la continuidad, aunque complicada con nuevos fenómenos sociales y culturales, nunca se rompió, permaneció en la religión y mentalidad mozárabe, y los pocos años intermedios entre la invasión musulmana y la primera resistencia asturiana no suponen una ruptura. Desde muy pronto, quizá desde el primer momento, los resistentes de Asturias se sintieron continuadores de Toledo. En cuanto a la Marca Hispánica se llamó así por algo, y sus pobladores no se sintieron francos, sino hispani o gothi, que venía a ser lo mismo, y nunca vieron con gusto la subordinación a Francia. La legislación romanogótica (Liber iudiciorum) perduró en todos los reinos, incluso entre los mozárabes, así como la lengua latina, cuya descomposición originó lenguas romances mucho más próximas entre sí que con las derivaciones italiana o francesa. Y está, por supuesto, el catolicismo.

Por tanto, bajo las obvias modificaciones y cambios históricos encontramos una continuidad esencial, y por ello una reconquista, hablando estrictamente. La lentitud de su proceso se explica por sus orígenes dispersos, por la necesidad de repoblar territorios y por la enorme inferioridad material y demográfica de los españoles frente a los andalusíes durante siglos. También se contrasta con frecuencia el esplendor andalusí con la pobreza o tosquedad española, pintando la Reconquista como una empresa bárbara. Pero, como quedó explicado, no solo cuentan la riqueza y los logros intelectuales de Al Ándalus, sino el mucho menor despotismo y mucha mayor libertad personal en los reinos hispanos, la consideración de la mujer, la extensión de la esclavitud, etc. Por otra parte, en España se observa una progresión intelectual constante, manifiesta en los siglos XIII- XIV en las catedrales góticas, las universidades, la literatura...mientras que Al Ándalus y el islam en conjunto entran en un estancamiento cultural del que no se han repuesto hasta hoy.

La lentitud dio mayor consistencia al proceso. Curiosamente, su culminación disparó hacia el exterior unas energías acumuladas en la larga lucha. Aragón –sobre todo Cataluña– se proyectó hacia el Mediterráneo imponiéndose en Córcega, Cerdeña y reino de Sicilia, incluso en regiones griegas, contra las poderosas ciudades italianas y la gran potencia francesa apoyada por el Papado; y Barcelona rivalizó con Pisa, Génova o Venecia. Seguiría Portugal con su período de descubrimientos y expansión ultramarina; y finalmente Castilla, ya unida a Aragón, creó el primer imperio mundial.

No obstante, tras la batalla del Salado parece consolidarse una España de cuatro reinos: Aragón vive el apogeo de su expansión mediterránea; Navarra cae en la órbita de Francia aun manteniendo características propias; Castilla se confirma como el reino más extenso, poblado y poderoso de España, pero iba a verse envuelta en guerras civiles; y Portugal se fortaleció con las reformas económicas de Dionisio I, que también fundó la universidad en Coimbra y una potente flota. La Reconquista parecía culminar así en la dispersión política. El ideal reunificador persistía, expuesto en la común autoconsideración como españoles, o en las políticas matrimoniales, pero parecía debilitarse conforme se afianzaban unos reinos fuertes, con intereses particulares, rivalidades entre ellos y a menudo alianzas internacionales opuestas. Así como lo más probable, aun siglos después de la invasión islámica, había sido el fracaso de la Reconquista, ahora lo más probable resultaba la configuración de la península de modo similar a como ocurriría mucho más tarde en los Balcanes. De hecho, el predominio castellano fue retado pronto por Portugal y Aragón. Portugal invadió Castilla en 1335, y mantuvo la guerra durante cuatro años, hasta volver a la alianza frente a la invasión benimerín; y posteriormente se concertó con Aragón para nuevos ataques a Castilla, enfrentamiento que duraría trece años por parte aragonesa, a partir de 1356. Pero al final predominaría, aun si no por completo, la tendencia unitaria.

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**** Es obvio que los mayores criminales del siglo XX han sido los comunistas, más aún que los nazis, unos y otros enemigos de la Iglesia Católica. Los comunistas, muy bien "comprendidos", disculpados o encubiertos por los socialdemócratas. La cifra de sus víctimas en solo un siglo supera muy ampliamente, desde luego, la causada por motivos religiosos a lo largo de la historia. Sin embargo una especialidad de esa gente es la constante acusación a la Iglesia por sus "horrendos crímenes" del pasado. La policía política de cualquier régimen "progresista" del siglo XX ha sido capaz de hacer en cuestión de semanas más víctimas que todas las de la Inquisición, que oscilan en torno al millar (con posibilidad de algunos cientos más no documentados) en tres siglos.

**** Lassalle lamenta que el cine español esté en crisis "pese a su calidad"

Calidad Lassalle.

**** Blog: "La democracia moderna es obra de la masonería". Si así fuera, habría que aplaudir a la masonería... sociedad secreta-discreta y por tanto no democrática. Aunque ya sabemos que la masonería no solo creó la democracia, sino también el comunismo, el nazismo, el estado de Israel y todo lo que a ustedes se les ocurra.

Algunos creen tener un derecho privilegiado al poder, derivado de su privilegiado acceso a los designios de Dios; y siendo así, para qué la democracia.

http://revista.libertaddigital.com/dos-criticas-a-la-democracia-1276236357.html

**** La excusa del PSOE: "Estuvimos en todos los actos de la asociación de Pilar Manjón"

Por supuesto. Manjón es comunista (nada mejor que nazi). Cada oveja con su pareja.

**** "Lo que le faltó fue grandeza". El PP tacha de "mezquina" la actitud del PSOE en el homenaje del 11-M". La grandeza que le sobra a los señoritos futuristas: grandes hipócritas. Grandes farsantes. Grandes colaboradores de los "mezquinos". ¿Qué defienden los futuristas? Sus grandes poltronas. Estos pendejos creen que lo del 11-m no les da muchos votos, por lo que se contentan con un poco de paripé. Sus grandezas.

**** Dicho de otro modo: la caída del Frente Popular en marzo de 1939 no se produjo porque no tuviera medios de resistir, que los tenía, por supuesto, sino porque una parte de él no aceptaba ya la hegemonía de Negrín y el PCE, y prefería rendirse a Franco, y eso fue precisamente lo que hizo imposible la resistencia. Por supuesto, en estos casos siempre se invoca la "imposibilidad material" y razones legales como el ambiguo golpe de estado de Negrín. Recuerdo haber leído la anécdota de un general useño que explicaba con pelos y señales por qué no había realizado una operación determinada. Después de oírle atentamente, otro general le observó: "No ha dicho usted una razón muy importante". "¿Cuál?". "Que usted no se sintió capaz de intentarlo". Si todo se redujese a una relación material de potencia, nunca habría ganado una batalla un ejército peor dotado de trropas y material, pero tal cosa ha ocurrido innumerables veces; la Reconquista habría sido aplastada en embrión; el Alcázar de Toledo, el cuartel de Simancas o Teruel se habrían rendido el primer día. Una de las cosas más estúpidas que se han escrito, y que refleja muy bien ese realismo pedestre tan difundido hoy en España es aquello de "Vinieron los sarracenos y nos molieron a palos..." Cuando vinieron, los sarracenos eran muy pocos, y terminaron vencidos a pesar de haber logrado una superioridad numérica y material apabullante.

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Hoy, en Época:

EL FINAL DE LA GUERRA CIVIL

Las discusiones sobre la guerra civil podrían centrarse, por economía de esfuerzo, en su etapa final después de que el Frente Popular perdiera Cataluña, pues en esa etapa afloran con plena fuerza lo que los comunistas solían llamar "contradicciones internas". Los detalles han sido perfectamente estudiados por Ricardo de la Cierva, y ahora salen estudios de Ángel Viñas y otros historiadores empeñados en negar evidencias bien documentadas.

Todas las tesis de Viñas y tantos otros dependen de una: la pretensión de que el Frente Popular y, dentro de él, Negrín, los comunistas y los socialistas más extremistas, representaban la democracia bajo la protección de Stalin. La idea ya resulta bastante grotesca para cualquiera con un conocimiento básico de la doctrina, la estrategia y las tácticas marxistas, pero también lo es en relación con los elementos no marxistas del Frente, tipo Azaña, Companys, Aguirre y demás a quienes algunos persisten en llamar demócratas. Muy al contrario, Aguirre dirigía un partido extremadamente racista, no muy alejado en ello de los nazis; Companys había participado en la corta guerra civil desatada en 1934 por los socialistas; y Azaña se había revelado como un perfecto golpista cuando perdió las elecciones de 1933, y luego, después de las elecciones de 1936, al destituir ilegalmente a Alcalá-Zamora y amparar un sangriento proceso revolucionario que provocaría en julio de ese año la reanudación de la guerra civil, solo aplazada en 1934 por la rápida derrota del PSOE y la Esquerra. Con tales totalitarios, golpistas y racistas, se formó aquella alianza que llevó el país al despeñadero.

Pues bien, hace setenta años por esta fechas el Frente Popular se hallaba en las últimas. No porque le faltaran medios para resistir, pues contaba con una gran extensión territorial, más de medio millón de hombres sobre las armas, gran parte de la costa mediterránea, con buenos puertos y una escuadra potente. No bastaban para ganar la guerra, desde luego, pero sí para resistir aún largos meses, dando tiempo a que comenzase la guerra europea que ya había estado a punto de estallar cinco meses antes y que lo haría efectivamente solo cinco después del fin de la guerra española. En esta expectativa basaban Negrín, los comunistas y otros su decisión de seguir luchando.

Pero otros sectores del Frente Popular, encabezados por el coronel Casado, por el socialista Besteiro y el anarquista Mera, querían acabar de una vez. Y no era solo por no aumentar los sufrimientos de la población, que se multiplicarían si la guerra civil enlazaba con la mundial, sino, sobre todo, porque no soportaban más el yugo comunista-negrinista. Desde que el PCE se había hecho hegemónico y el régimen había pasado a depender en tan gran medida de Stalin, estos sectores habían aceptado mil abusos y no pocos episodios de terror comunista, por la esperanza de ganar la contienda y por temor a Franco. Pero cuando la esperanza de vencer se evaporó y la perspectiva de la guerra europea parecía incierta, resolvieron rebelarse. La elección era, en definitiva, entre la opresión comunista y la rendición incondicional a un Franco que prometía muy poca clemencia. Cómo estarían de hartos, que prefirieron a Franco. El desenlace incluyó una breve pero sangrienta guerra civil entre las propias izquierdas (ya habían tenido otra en mayo del 37).

Se ha acusado a Franco de falta de piedad con los vencidos, pero lo cierto es que ocupó la zona enemiga con bastante parsimonia, dando tiempo sobrado a que las personas más comprometidas en el terror rojo y otras actividades huyesen del país. Sin embargo muy pocos pudieron hacerlo: los jefes se preocuparon de su propia salvación, llevándose cuantiosos tesoros expoliados al país, pero dejaron a merced de Franco a sus propios seguidores, a menudo sicarios. Un retrato perfecto de lo que fue el Frente Popular.   

El feminista

12 de Marzo de 2009 - 07:38:06 - Pío Moa - 246 comentarios

Rodríguez ha explicado a Time: "Lo que despierta mi vena rebelde son 20 siglos de un sexo dominando a otro. Hablamos de esclavitud, feudalismo, explotación, pero la dominación más injusta es la de una mitad de la raza humana sobre la otra mitad". Se comprende que el buen Rodríguez esté afligido y furioso por tanta injusticia de las generaciones anteriores durante veinte siglos. ¿Y quién no? Así que vamos a darle una mala noticia primero, y una buena noticia final que quizá calmen su atribulado ánimo, tan rebelde que da miedo.

Cuando él habla de 20 siglos se refiere, claro está, al cristianismo. En el catecismo progre, el cristianismo tiene la culpa casi todos los males. Pues he aquí la mala noticia: lo que él considera desigualdad y opresión de la mujer por el hombre no ha durado veinte siglos, sino, probablemente, toda la historia humana. Incluso cabría decir sin injusticia que el cristianismo ha ayudado poderosamente a suavizar las relaciones entre ambos sexos: desde el "todos (y todas, claro) somos hijos de Dios" al "compañera te doy y no sierva", pasando, en el catolicismo, por la relevancia de la Virgen y de una multitud de santas, puede decirse que, en cuanto a esas opresiones, el cristianismo ha sido mucho más positivo que, por ejemplo, el islamismo, cuyas virtudes y necesidad de ser comprendido y apreciado por los malos cristianos no cesa Rodríguez de encomiar. Y sólo tiene que consultar Rodríguez los más antiguos documentos históricos (puede empezar por La Ilíada en relación con nuestra civilización) para ver que en las relaciones humanas, comprendidas las existentes entre mujeres y varones, siempre ha existido una veta muy dura y dolorosa.

En este sentido puede Rodríguez revolverse, y quizá deprimirse todavía más: "¡Progreso mío!, así que ahora resulta que la opresión de la mujer dura ya mucho más de veinte siglos. ¡Oh, no sé si tendré fuerzas para corregir tan extendido y duradero mal! ¡Acude a mí, Progreso, confórtame y ayúdame!". Pero puede también experimentar un cierto alivio: "Por lo menos algo se ha progresado en veinte siglos. ¿Y gracias al cristianismo, por lo menos en parte? Increíble, realmente. Tendré que consultar de nuevo el manual. Bueno, eso permite albergar alguna esperanza, de todas formas".

Y la buena noticia. A pesar de esa veta dura y dolorosa, veta inmensamente ancha y profunda en ocasiones, en general han predominado en la historia aspectos más soportables, incluso agradables, pues de otro modo la humanidad habría desaparecido mucho tiempo ha. Es más, y aquí viene la gran noticia que liberará a Rodríguez de sus cuitas y rebeldías, tan perturbadoras para la serenidad que siempre buscan las personas equilibradas: ¡nunca ha existido esa opresión de la mujer por el hombre! Asombroso, ¿verdad? Pero indudable. A lo largo de los siglos, y ahora mismo, muchas mujeres (y muchos hombres) han sufrido y sufren opresión. Hasta podemos afirmar que todos sufrimos opresión de algún tipo, en mayor o menor grado y en unos u otros momentos. La vida de la inmensa mayoría de los hombres y mujeres ha sido muy similar: oscura (muy pocas personas han "pasado a la historia", y así será siempre, por lógica, aunque, para un cristiano, todas estén presentes ante Dios), trabajosa, sometida a ignorancias y aciertos, a costumbres mejores o peores, a mil azares... y, dentro de ello, todos y todas han experimentado alegrías y sinsabores en mezcla muy desigual según las personas. Esto es importante: según las personas, no según las clases ni según los sexos.

Naturalmente, entre varones y mujeres siempre ha habido y siempre habrá diferencias físicas y anímicas muy considerables. Esto puede parecer muy triste a personajes de mentalidad mesiánica y estereotipada, pero la vida resultaría invivible sin esas diferencias. En todas las sociedades ha existido una especie de división del trabajo basada en esas diferencias naturales. Por ejemplo, el cuidado del hogar y la educación de los niños suele ser tarea fundamental, aunque no exclusivamente, femenina (la raíz del feminismo está en la aversión a esa tarea, tan opresiva en comparación con las divertidas y gratificantes actividades de que, según parece, siempre ha disfrutado el varón). Otras diferencias tienen rasgos más crudamente naturales. Otro ejemplo: mientras se ignoraron algunas normas de higiene y la existencia de los microbios, el parto fue un riesgo muy grave, además de doloroso, y el tiempo medio de vida era menor en las mujeres. Los avances en el conocimiento y la técnica, debidos a la actividad del varón –no siempre ha sido éste tan malvado con sus pobres compañeras–, ha cambiado bastante las cosas, y hoy en casi todas partes las mujeres viven más que los hombres.

La mesiánica ideología feminista no cesa de ponderar la superioridad de la mujer actual sobre sus humilladas predecesoras, tanto más despreciables cuanto que no solían mostrar descontento con su intolerable posición; ni cesa de ensalzar la "conquista de actividades y puestos sociales antes reservados al varón" y otros logros parecidos. Con ello pasan por alto dos cosas: en primer lugar, que en la historia real esas actividades y puestos sociales han sido el fruto, no siempre agradable, de la actividad masculina dentro del reparto tradicional de papeles. Es decir, han sido creaciones masculinas, y no, como sobreentiende la ideología, acaparamiento masculino de algo previamente existente (ocurre lo que con ciertas teorías de la explotación tercermundista: dan por supuesto que la riqueza cae del cielo, pero que unos cuantos sinvergüenzas se la apropian, despojando a los demás). La entrada masiva de la mujer en ese mundo masculino ha tenido muchas causas, entre ellas las propia exigencias del desarrollo económico; o las guerras mundiales que obligaron a una movilización masiva de los hombres y a su sustitución por mujeres en el aparato productivo.

Y la otra cosa que ignoran alegremente esas ideologías es el precio de esa "conquista". La parte femenina aunque menos ostentosa que la masculina, daba estabilidad y continuidad cultural a la sociedad, y permitía encajar los conflictos creados por la mayor agresividad del macho. Todo eso peligra ahora. La incorporación de las mujeres a ese mundo creado por el varón tiene aspectos atractivos, pero sólo los tontos creen que todo el monte es orégano. Los mesiánicos siempre creen haber descubierto la fuente del mal (la opresión de la mujer, viene a decir Rodríguez) y, queriendo secarla, han provocado, por lo común, inundaciones.

Así que si nuestro buen presidente repasa la historia en general y la de las ideologías mesiánicas en particular, acaso termine viendo las cosas de otra manera. En resumen: las mujeres no tienen la menor necesidad de la hiperactividad salvífica de nuestro presidente. Esto quizá desilusione un poco a Rodríguez, dada su natural tendencia a las misiones esforzadas, pero tiene la ventaja de que le permitirá descansar. Y, algo casi tan importante, también dejará descansar un poco a la atribulada sociedad española.

(Publicado en septiembre de 2004)

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**** Corrección: el libro Franco para antifranquistas no estará en librerías hasta el martes próximo, y no este fin de semana.

****Contra lo que creen algunos, a las asambleas de Atenas asistía una pequeña parte de los ciudadanos libres. Solo en ocasiones muy especiales ocurría de otro modo. Ello se debe a que, contra lo que suponía Pericles, los asuntos políticos interesan de modo permanente solo a una pequeña minoría. La experiencia del Ateneo de Madrid, que en mis tiempos era algo parecido a una democracia asamblearia, lo confirma: de seis mil socios que tenía entonces la casa, iban a las asambleas entre veinte y sesenta, muy raramente llegaban o pasaban de cien. Y ese ínsignificante porcentaje pretendía decidir por todo el Ateneo sobre las cuestiones más variadas ("si los demás no asisten, allá ellos"). Además, el espacio de reunión de las asambleas no admitía ni a doscientos, y nunca se llenó en los años que yo estuve allí. Como ya expliqué en otros artículos, la democracia asamblearia, que parece el más directo y completo "poder del pueblo", no puede funcionar, y además no es realmente democrática, porque "el pueblo" nunca puede ejercer el poder, por definición.

En cuanto a las ideas democráticas europeas, aunque tienen raíces indudablemente muy lejanas en la Antigüedad y, llevadas al extremo, pueden considerarse producto de una aspiración oscura de toda la humanidad, la democracia ateniense tiene poco que ver con la democracia liberal y representativa desarrollada después en Europa Occidental. No había un concepto claro de libertad política del individuo, que en Atenas estaba supeditada a la ley colectiva de la polis, inaplicable al Imperio romano.

Las ideas democráticas europeas van desarrollándose en la práctica, y muy lentamente, a partir del pensamiento contra la tiranía, el habeas corpus, los consejos municipales, etc., ya en época visigoda –aunque de forma embrionaria y a partir de las prédicas eclesiásticas (San Isidoro, Concilios de Toledo, etc.)–. Adquirirán un mayor empuje en la Edad de Asentamiento europea, a partir del siglo XI y su mayor desarrollo, tal como hoy lo conocemos, solo llegará desde finales del siglo XVIII. Por supuesto, el democratismo europeo invoca ilustres precedentes lejanos, pero histórica y políticamente es bastante nuevo. Quizá lo que introduce un factor de confusión sea la propia palabra democracia, perfectamente inadecuada como ya he explicado otras veces, pero que seguimos usándola porque nos sirve más o menos (muy más o menos, como prueba la experiencia) para entendernos.

**** Una noticia algo antigua:

Condenan a una profesora por llamar a sus alumnos "analfabetos", "deficientes" y "gilipollas"

Y han hecho muy bien en condenarla, porque los analfabetos, etc., son precisamente los políticos responsables de la enseñanza, y muchísimos profesores también. Pero, ¡qué paradoja! Quienes condenan a la profesora son precisamente esos políticos y profesores. La vida moderna no hay quien la entienda.

**** Los recursos que le quedaban al Frente Popular a principio de 1939 no eran sobre el papel, eran completamente reales. No bastaban para ganar, obviamente, pero sí para resistir unos meses más, en espera de la guerra europea... si hubieran tenido voluntad de hacerlo (una vez más, el factor espiritual). Y no tenían esa voluntad porque estaban ya completamente divididos y porque una parte de ellos prefería a Franco antes que a los comunistas. Los nacionales se desenvolvieron muchas veces en condiciones bastante peores. O piénsese en los rusos cuando los alemanes estaban acercándose a Moscú, después de haberles destruido enormes ejércitos y conquistado la parte más poblada, industrializada y rica del país. De haber tenido una dirección dividida y desmoralizada como la de Frente Popular, se habrían hundido entonces por completo.

**** "El País defiende a ultranza a Garzón". Dicho de otro modo: el sindicato del crimen defiende a ultranza a Garzón. Lo que son las cosas.

El voto femenino en la II República

11 de Marzo de 2009 - 08:27:02 - Pío Moa - 248 comentarios

El voto como ejercicio de democracia es un fenómeno históricamente muy reciente, pues las democracias mismas no empiezan a existir hasta muy a finales del siglo XVIII y no llegan a imponerse en todo el XIX. No debe confundirse el voto con otras formas de decisión popular ancestrales, ni tampoco con el practicado en la democracia ateniense: en ésta el pueblo (en realidad una pequeña parte de los ciudadanos libres) intervenía constantemente en la toma de decisiones, mientras que el voto en nuestras democracias se efectúa para elegir a aquellos representantes en quienes se delega la toma de decisiones, excepto en referéndums puntuales. El voto, tal como lo practicamos en el mundo actual, procede de un fenómeno social y otro ideológico: por una parte las sociedades se han vuelto mucho más pobladas y complejas en los siglos XIX y XX (ya no sería posible una democracia a la ateniense, por ejemplo); y por otra se han expandido extraordinariamente las ideas democráticas, cuya raíz se encuentra en las concepciones cristianas sobre la igualdad esencial y la dignidad del ser humano y la consiguiente limitación del poder sobre él por parte de las instituciones (en la Revolución francesa, al contrario que en la tradición anglosajona, las ideas democráticas tomaron un tinte abiertamente anticristiano, y originaron los totalitarismos del siglo XX; pero esa es otra cuestión).

Tampoco el voto como hoy lo conocemos se impuso desde el principio. A España, por ejemplo, el sufragio universal no llegó hasta 1890, es decir, hace poco más de un siglo, y no debe olvidarse que fue uno de los primeros países europeos en adoptarlo, después de Suiza, Francia y Grecia. Aquellas elecciones en España solían ser muy amañadas, un mal muy criticado pero prácticamente inevitable en las sociedades agrarias y poco alfabetizadas. Hasta entonces el voto se restringía casi siempre en función de los ingresos o del nivel educativo de los votantes. Y, por supuesto, lo ejercía exclusivamente el varón, debido al hecho de que la política siempre fue una actividad fundamentalmente masculina, a causa de la ancestral división del trabajo basada en circunstancias naturales (el hombre cazador y guerrero, la mujer recolectora y volcada en la crianza, etc.). Las ideas generales de igualdad generaron pronto la propuesta de extender el voto a las mujeres, pero éstas tardaron en interesarse en ello, apenas hubo movimientos en tal sentido y había el temor a que el ejercicio de tal derecho politizase y dividiese los hogares. En Suiza, el país más democrático del mundo en muchos aspectos, el voto femenino no ha acabado de ser admitido hasta 1990. 

Sin embargo la extensión del voto a la mujer en los países democráticos era sólo cuestión de tiempo. A lo largo del siglo XIX una proporción creciente de mujeres se incorporó al trabajo fuera de casa, y el proceso se aceleró bruscamente con motivo de la I Guerra Mundial, cuando millones de mujeres hubieron de sustituir en los puestos de trabajo a los hombres que marchaban al frente. Ello, así como la fuerza creciente de la idea de igualdad política para todas las personas, presionaba a favor del voto y demás derechos ciudadanos para la mujer. En Gran Bretaña y Usa surgieron movimientos sufragistas femeninos, que terminaron por conseguir su objetivo (en 1917 y 1920 respectivamente), aunque antes lo habían adoptado otros países sin tales movimientos: Nueva Zelanda (1893) Australia (1902), y los países escandinavos, salvo Suecia, entre 1906 y 1915. Hacia el final de la I Guerra Mundial el voto femenino llegó a Holanda y la URSS, y después a otros países europeos: Polonia, Austria, Checoslovaquia, Suecia o Francia en 1918-19. 

Conviene señalar este proceso porque una versión demagógica, pero muy extendida, contempla el voto y las libertades ciudadanas en general, y en particular las de la mujer, no como un proceso evolutivo, de acuerdo con el desarrollo de determinadas sociedades, sino como una especie de derecho absoluto y existente desde el principio de los tiempos, pero impedido durante milenios o siglos por intereses "retrógrados" o similares.

En España, la dictadura de Primo de Rivera, de 1923 a 1930, fue un período de muy rápida transformación social y económica, y las mujeres pudieron presentarse por primera vez a cargos públicos (hubo varias de ellas en la Asamblea Nacional), pero no votar todavía. Esto iba a ocurrir en 1931, con la república y como conclusión natural de la evolución anterior.

Debido a una imagen propagandística, la república ha quedado en la mente de la mayoría como un régimen traído por las izquierdas, pero lo cierto es que fue organizado e impulsado sobre todo por los políticos derechistas Alcalá-Zamora y Maura, con el propósito de implantar una democracia liberal normal. Un propósito que iba a torcerse desde muy pronto, primero por la oleada de incendios de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza católicos por parte de las izquierdas, y luego con la promulgación de una Constitución sectaria y no laica, sino antirreligiosa, que restringía las libertades de conciencia, asociación, etc., para el clero, limitándolo a una ciudadanía de segunda. A continuación la Ley de Defensa de la República limitó mucho más, en la práctica, las libertades reconocidas en la Constitución a los ciudadanos. Las nuevas autoridades de izquierda emprendieron, no obstante, algunas reformas de importancia, aunque no muy bien gestionadas en su mayoría. Una de esas reformas fue la concesión del sufragio a la mujer, aunque apenas existía presión popular, masculina o femenina, en ese sentido. 

Dentro de cada partido había posiciones contradictorias al respecto. La derecha católica lo veía con reticencia, por temer efectos dañinos sobre las familias, pero por otra parte le interesaba, pues esperaba que las mujeres, por lo común de tendencias más conservadoras y pacíficas, apoyaran a las derechas. A su vez las izquierdas deseaban el voto femenino, pero siempre que les viniera bien electoralmente, de lo cual desconfiaban mucho. Al final, por unas razones u otras, la mayoría apoyó la medida. No obstante, el grueso del centrista Partido Radical, dirigido por Lerroux y único partido republicano con tradición histórica relativamente larga, y con fuerza de masas, rechazaba la propuesta, al igual que ocurría con el Partido Radical Socialista, republicano de izquierdas.

Tiene el mayor interés el proceso de tramitación de la ley. La defensa y el ataque de la misma corrió a cargo especialmente de tres diputadas. Una, la lerrouxista Clara Campoamor, peroró ardorosamente a favor del sufragio femenino, pese al poco entusiasmo de su partido; y en cambio la izquierdista Victoria Kent, así como la exaltada socialista Margarita Nelken, se opusieron. Según estas últimas, la Iglesia influiría sobre el voto femenino y ellas no admitían otra influencia que la de las ideologías afines a ellas. Azaña comenta, con cierto sarcasmo: "La Campoamor es más lista y más elocuente que la Kent, pero también más antipática. La Kent habla para su canesú y acciona con la diestra sacudiendo el aire con giros violentos y cerrando el puño como si cazara moscas al vuelo. Yo creo que es una atrocidad negar el voto a las mujeres por la sospecha de que no votarían a favor de la República". Sin embargo tampoco Azaña se mostró muy partidario, y a la hora de la votación se abstuvo, retirándose oportunamente del hemiciclo. Lo mismo hizo el líder socialista Prieto.

Desde luego Prieto, un político maniobrero y poco responsable, estaba en contra. Dos años más tarde, cuando la derecha ganó por fuerte mayoría las elecciones, muchos políticos creyeron encontrar la causa de este giro político en el voto de la mujer, y el también socialista Vidarte reproduce en sus memorias este expresivo diálogo entre Prieto y Largo Caballero:

"–Si me hubierais hecho caso dejando en suspenso el voto de la mujer para otras elecciones, no tendríamos ahora problema alguno.
–Pero habríamos ido contra nuestros acuerdos y principios –le replicó Caballero.
–Nadie se hubiera dado la menor cuenta. Bastaba con decirles a unos cuantos diputados, que lo estaban deseando, que se quedaran en el café o no entraran en el salón". Era lo que él había hecho.

En sus memorias Martínez Barrio, jefe del ala izquierda del Partido Radical y masón del más alto rango, criticará amargamente a su correligionaria Clara Campoamor, acusándola también de coquetear –unilateralmente– con el régimen de Franco: "El servicio ofrecido a la República por la señorita Campoamor y los 157 diputados que la acompañaron en su desenfadada y alegre aventura, se tradujo en los bandazos electorales de 1933 y 1936. Con el voto femenino y la ley electoral del todo o nada, la República salió de Escila para entrar en Caribdis". 

¿Tuvieron fundamento esos enfoques? En apariencia sí, pues en las elecciones de 1931, sin voto femenino, la izquierda había alcanzado una mayoría aplastante. Sin embargo la apariencia queda más bien en tal, y se ha usado como argumento para ocultar hechos de mayor calado. No cabe duda de que en 1931 las izquierdas se beneficiaron de la desorganización y fragmentación de las derechas así como del impulso de las esperanzas, las ilusiones populares y la radicalización inicial de la república, mientras que en 1933 la población había experimentado los efectos de dos años de gobierno de la izquierda, y el balance distaba mucho de parecer satisfactorio a la mayoría. Además los anarquistas habían votado en 1931 a la izquierda, y se habían abstenido en 1933. El peso de sus votos fue menor del que han sostenido bastantes historiadores, pero en todo caso no dejó de ejercer una influencia. Para los anarquistas, que habían organizado varias insurrecciones reprimidas sangrientamente por Azaña, el balance del período no podía ser más nefasto: hambre, miseria, terror, deportaciones y torturas, "dos años que nunca olvidaremos" etc. Exageraban algo, pero era indudable que las violencias, el paro y el hambre habían crecido espectacularmente, mientras la reforma agraria había resultado un fracaso, la del ejército creaba tensiones innecesarias, y el estatuto catalán provocaba división de opiniones. Y contra todo ello votó en 1933 la mayoría de la población, incluyendo, por supuesto, a las mujeres.

En cuanto a las elecciones de 1936, confirman la misma idea. No conocemos los datos precisos de los comicios, porque nunca fueron publicados, pero la impresión hoy día más generalizada entre los historiadores es que derechas e izquierdas empataron prácticamente en votos. Lo cual implica que el electorado femenino también se dividió considerablemente. No hubo, por tanto, un bandazo propiamente hablando. La causa del retroceso relativo de las derechas con respecto a 1933 puede encontrarse en que su balance no fue brillante, aunque sí más positivo que en de las izquierdas del primer bienio; y también en la influencia emocional de una enorme campaña desatada por las izquierdas contra las atrocidades atribuidas a las derechas en la represión del movimiento revolucionario de octubre del 34 en Asturias. La campaña se basó fundamentalmente en simples embustes y exageraciones sin tasa, pero su persistencia y masividad, también en el extranjero, no cabe duda de que arrastraron a muchas personas a votar de nuevo a las izquierdas. Es seguro que entre esas personas hubo gran número de mujeres, acaso por el propio carácter de las denuncias sobre el supuesto terror derechista, que apelaban a la fibra más sensible de las gentes. 

Cabe decir, en conclusión, que la concesión del sufragio femenino en los años 30 era sólo cuestión de tiempo, seguramente no mucho, a causa del desarrollo social y económico anterior; y que fue obra tanto de la izquierda como de la derecha, con mayores y más efectivas reticencias en la primera. Es probable que la mayoría de las nuevas votantes apoyaran a la derecha, pero la desproporción debió de ser poco acentuada. Con seguridad las izquierdas exageraban en sus temores, y cosecharon también una elevada proporción de votos femeninos. Las prevenciones sobre la politización y desunión familiar no parecen haberse cumplido, y la conducta más frecuente sería el voto al mismo partido por parte de ambos cónyuges. Aunque no existen estudios precisos al respecto, suena razonable la idea, opuesta a la de Martínez Barrio, de que el voto femenino contribuyó, aunque de modo insuficiente, a la estabilidad del régimen, más bien que a sus bandazos

(publicado en Iberia Vieja)

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**** La investigación, el mejor homenaje

Nunca mejor dicho. Por las evidentes falsedades en este turbísimo asunto, llegaremos a saber la verdad del atentado que –junto con la campaña electoral del ya futurista– abrió paso al poder de un grotesco niñato colaborador del terrorismo y de una pandilla a tono –mientras el futurista transformaba la oposición en colaboración con aquellos, no se olvide.

**** Un blog siempre agudo e interesante: http://vinamarina.blogspot.com/. Ver en particular la entrada del día 4, Franco y la persecución de los judíos.

**** Y este, no menos: http://sebastianurbina.blogspot.com/

**** Este fin de semana estará Franco para antifranquistas, en 36 preguntas clave en las librerías de El Corte Inglés y La casa del libro, y creo que pronto también en otros sitios.

**** Los textos de historia que vengo publicando son muy problemáticos, como indicaba al comienzo del de antier. La tendencia que llamaremos progre (aunque incluye a muchos conservadores) da por sentado que Occam (y algunos predecesores suyos de Oxford) marcan el comienzo del pensamiento científico sistemático, así como de las tendencias liberales, incluso democráticas, y del secularismo. ¿Significa ello que el tomismo representa lo contrario, o que puede abandonarse por innecesario? Así opinan muchos, aunque me parece excesivo. Las tendencias democráticas, por ejemplo, van creciendo en Europa desde las Cortes de León de 1188 (el primer Parlamento inglés elegido sería el de Simón de Montfort, de 1265, y la primera asamblea parecida a los Estados Generales de Francia data de 1302). Cabe argüir que la ciencia se desarrollaría luego más en los países germánicos ("occamistas") que en los latinos ("tomistas"), pero ¿hasta qué punto proviene ello de esa diferencia filosófica? ¿O quizá se produce solo una mayor aceleración de la ciencia en los países "occamistas"? O bien, ¿en qué grado están conectados los despliegues intelectuales y científicos latinos y germánicos con las respectivas opciones filosóficas? 

Por otra parte, las consecuencias de cualquier proposición general nunca siguen una dirección clara, impuesta por la lógica, y casi siempre podrían seguir otras que las realmente seguidas. Lo vemos por ejemplo en relación con el problema de los universales, cuya realidad viene a ser rechazada por la tendencia franciscana pese a su platonismo, y aceptada por la dominica pese a su aristotelismo. O en la ley natural, un concepto muy platónico defendido por los aristotélicos dominicos y rechazado por los platónicos franciscanos. 

Está también el problema de la razón, cuya utilidad en cuanto a la investigación científica ya había puesto en entredicho Ibn Hazm.

En cuanto a la Peste de mediados del siglo XIV, es curioso que en muchas síntesis de historia apenas se la mencione como un dato crucial en la historia de España. Otros autores en cambio, la consideran la clave de los desarrollos posteriores europeos, pero no es claro hasta qué punto lo último pueda ser cierto. Realmente sus consecuencias políticas no están claras, pues los procesos anteriores ya estaban en marcha antes, y en cuanto a las actitudes humanista y renacentista, pudieron muy bien haberse desarrollado sin la peste. Son algunes ejemplos que se me ocurren.

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En El economista, el martes pasado:

CÓMO TERMINÓ LA GUERRA

Hace 70 años por ahora, al Frente Popular le quedaba todavía un tercio del país, con buenos puertos y más de medio millón de soldados. Negrín, el PCE y parte de los socialistas juzgaban posible resistir, esperando que la guerra europea, que se adivinaba muy próxima (empezaría solo cinco meses después), invirtiera la situación bélica en España. Pero a otros jefes militares y políticos (el republicano Casado, el socialista Besteiro, el anarquista Mera...) les parecía una monstruosidad aumentar las víctimas y los sacrificios (la guerra europea los habría multiplicado), y detestaban el yugo comunista. En consecuencia negociaron la rendición con Franco. Este les advirtió claramente que solo aceptaba la rendición incondicional y cierta clemencia, menos para los culpables de crímenes.

Casado y los suyos se rebelaron contra Negrín, y hubo una corta pero muy sangrienta guerra civil entre ellos y los comunistas. Poco después se derrumbaron los frentes y los nacionales ocuparon la "zona roja" sin oposición. Aquí importa señalar un detalle: los franquistas no se dieron prisa en ocupar el territorio, pues tardaron cuatro días en llegar a Alicante, donde una multitud de izquierdistas esperaba en vano la evacuación. De hecho la evacuación pudo producirse desde varios días antes, y por lo tanto Franco les concedió tácitamente tiempo de sobra para prepararla. Pero los jefes se habían desentendido de su gente, entre ella mucho autores de crímenes que los franquistas iban a castigar (caerían también bastantes inocentes). Muy pocos miles lograron huir a la desesperada.

Los dirigentes sí se salvaron, prácticamente todos. Y si no mostraron diligencia en salvar a los suyos sí lo hicieron con el gigantesco tesoro que habían expoliado a fondo casi desde el comienzo de la guerra. Este final, hoy bien documentado, resume perfectamente lo que fue el Frente Popular. 

Aspectos del siglo XIV

10 de Marzo de 2009 - 08:30:37 - Pío Moa - 183 comentarios

**** "La salvación del PNV es que el PP y el PSE se lleven mal", dice Basagoiti. ¡Verdaderamente! Qué forma tan vergonzosa de entregarse al gran colaborador de la ETA. Por mucho que el PNV ha hecho a favor de los asesinos, el gobierno, Pachiló y compañía han hecho mucho más. Y el futurista Basa se tira a los pies de Pachi, ofreciéndose para lo que este quiera. La chusma política. "Me importa lo vasco y mucho menos lo de la calle Ferraz y Génova", añade el politicastro pepero, el aspirante a Montilla rajoyano. ¿No acabará esta farsa infame?

**** "Hay rumores de que los socialistas están recomponiendo puentes con Batasuna", dice Urcullu. Batasuna y el PSOE son socialistas, antiespañoles, feministas etc. Etc. Solo les separa del PNV el hecho de ser este derechista, y por poco. Hace tiempo que Arzallus afirmó que había sido siempre un partido de izquierda. Solo les separa a todos ellos el afán de mando y dineros públicos ¿Por qué no se juntan de una vez en lugar de estafar a los ciudadanos? Porque no hay poltronas para todos.

**** Blog: Algunos dicen que la profesora de matemáticas de ayer "escribe mal". ¡Cuánta chulería! Me pregunto si releerán ellos lo que escriben habitualmente.

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De nuevo para que los especialistas pongan los puntos sobre las íes respecto a algunos párrafos confusos:

El siglo XIV comenzó con una grave crisis de la Iglesia, cuando, después de un período de graves choques con el monarca francés, el papa Clemente V trasladó su sede a Aviñón, en 1309, traslado que duraría más de setenta años, llamado en Italia "Segunda cautividad de Babilonia". Junto con otros sucesos, debilitaría la autoridad del Papado, acusado de corrupción y sumisión a Francia. Continuaron las disputas entre dominicos y franciscanos, y entre el Papado y el sector franciscano llamado espiritual. Este quería sustituir la Iglesia jerárquica por la Iglesia espiritual, centrada en un concepto radical de la pobreza que ni el papado ni los dominicos admitían: el clero, imitando a Cristo y los apóstoles, debía renunciar a los bienes materiales, considerados corruptores, y vivir de limosna (pero solo era posible la limosna si alguien podía darla, lo que implicaba admitir donativos un tanto impuros). Era un problema de la Iglesia, siempre dividida entre la tendencia a la riqueza y la contraria, causa de sucesivas reformas y conflictos internos. La imitación de Cristo en el sentido propuesto por los espirituales hundiría con la mayor probabilidad la influencia cristiana y estimularía las sectas; pero la doctrina de Jesús parecía apuntar en la dirección espiritual, y la conciliación no era fácil.

Franciscanos y tomistas admitían la división entre el conocimiento accesible a las facultades humanas y el obtenido necesariamente por revelación divina; pero a partir de ahí divergían. Sería el franciscano inglés Guillermo de Occam (Ockham) quien llevara más lejos la discrepancia. Defendió a los espirituales hasta acusar al papa Juan XXII de herejía. Huyendo de este, buscó la protección del emperador Luis IV de Baviera, también en querella con el pontífice, y fue excomulgado. Murió en Munich en 1349, víctima de la Peste negra, y unos años después la Iglesia lo rehabilitó.

Según la versión tomista, gran parte de la realidad divina era accesible a la razón, y la ética se basaba en el libre albedrío. Occam afirmaba que la omnipotencia y libertad divina podían haber hecho el mundo de modo completamente distinto, y por eso Dios resultaba inaccesible a la razón humana: solo la voluntad guiada por la fe servía al espíritu humano. Ello tenía consecuencias del mayor alcance: el hombre no podía saber si sus actos le hacían merecedor de la vida eterna, al ser inconcebible la voluntad de Dios; las enseñanzas de la Iglesia y del Papado no pasaban de opiniones sin autoridad definitiva; la revelación estaba en la Biblia y cada cual debía leerla e interpretarla por su cuenta (la Iglesia consideraba que el vulgo no sabría dar el sentido justo a la Biblia, de ahí el magisterio y la tradición.); la fe, no el libre albedrío, cimentaba la ética...

Además, el mundo, aunque creado por Dios, era accesible a los sentidos y podía ser estudiado empíricamente y al margen de la teología, la cual quedaba así disociada de la ciencia o filosofía de la naturaleza. Al respecto expuso el principio metódico conocido desde el siglo XIX como navaja de Occam: "No debe proponerse innecesariamente la pluralidad (de causas)", es decir, debe buscarse la economía explicativa y entre las explicaciones de un fenómeno válidas en principio, debe preferirse la más simple, por ser probablemente la más acertada. Idea presente en el dicho latino "la sencillez es la marca de la verdad", y expuesta también por Tomás de Aquino, Maimónides y otros. Bertrand Russell la ha definido como evitación de una entidad hipotética si un fenómeno puede explicarse sin recurrir a ella. Llevada a sus últimas consecuencias (a las que Occam no llegó, pues consideraba –por fe– a Dios la única entidad realmente necesaria), la "navaja" permite concluir, como Laplace siglos después, que "el mundo puede explicarse sin la hipótesis de Dios". O bien, al separar de tal modo razón y fe, puede convertir a esta en simple fanatismo.

En el plano político desaparecía la ley natural, imposible emanación de una voluntad divina incognoscible. Como los universales no existen fuera de la mente, la esencia humana no puede distinguirse, ni derivarse derechos de ella: solo existen los individuos, y los derechos y leyes concretas no manifestarían la ley natural ni podían valorarse por relación a esta, sino que consistirían en convenciones entre los individuos. Así, el poder secular se apartaba a su vez del eclesiástico, ya que si en teología la Iglesia solo tenía opiniones discutibles, más aún en política. De hecho, el emperador superaba al papa, por ser su poder sobre almas y cuerpos más completo que el papal, limitado a las almas. De ahí la soberanía indiscutible de quien tuviera la potestad de elaborar las leyes. Occam prefería la monarquía, pero proponía limitar su poder y hacer partícipe de él a los parlamentos o Cortes para tratar los asuntos concernientes a todos. La idea reflejaba una tendencia que venía extendiéndose por Europa desde las Cortes de León, y causaría pugnas entre reyes y parlamentos por decidir quién ostentaba la soberanía efectiva.

La concepción se aplicaba asimismo a la Iglesia, en torno a la cual Occam defendía el conciliarismo: la autoridad máxima no sería el papa, sino los concilios y sus decisiones mayoritarias. Como la mayoría puede no tener la verdad, Occam recomendaba cautela y procurar que el sector decisorio fuese "el mejor y más sano"; aunque todos los sectores tienden a considerarse los mejores y más sanos.

Estas doctrinas, aunque admitidas por la Iglesia, chocaban en casi todos los puntos con el tomismo predominante en ella, y tuvieron un peculiar desarrollo etno-cultural: el occamismo, centrado en la voluntad y la fe, predominó en el mundo germánico, y el tomismo, que concedía mucho valor a la razón, en el latino, donde pronto iba a crecer el humanismo. En España predominó el tomismo o las ideas de Ramón Llull, que negaban cualquier contradicción entre razón y fe. 

Suele considerarse que Occam abrió una ancha vía al desarrollo científico y al pensamiento liberal, aunque estas consecuencias no eran las únicas posibles desde sus posiciones, ni las posiciones tomistas chocaban necesariamente con la ciencia y las libertades políticas, como indica el desarrollo de las Cortes en los reinos hispanos.

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El siglo XIV resultó calamitoso para toda Europa. Durante los tres primeros siglos de la Edad de Asentamiento europea, desde el XI, prosperaron como nunca antes en Occidente el arte, la producción agraria y en general económica, la actividad intelectual, las ciudades, la población, las vías de comunicación..., aunque en las últimas décadas la economía parecía estancarse. Inglaterra pasó de uno a entre cuatro y siete millones de habitantes, Francia había llegado a unos dieciocho y España pudo haber alcanzado los seis. Además, a mediados del siglo XIII el centro-oeste continental se había librado por azar de la amenaza mongol. Por contraste, el siglo XIV trajo desastres apocalípticos: la Gran Hambruna y la Gran Peste, o Peste Negra mermaron brutalmente la población, que en general no se recobró hasta el siglo XVII, hasta en XIX en algunas regiones.

Las malas cosechas y la consiguiente miseria y mortandad eran viejas conocidas de todos los países europeos, pero nada comparable a los tres años de 1315 a 1317, cuando el clima pareció cambiar desde la mitad de Francia al norte. Lluvias incesantes en primavera y verano, y temperaturas bajas, arruinaron las cosechas y el pienso de los animales, los precios de los alimentos subieron en vertical y cundió un hambre atroz. Se extendió el abandono de niños, el infanticidio, el canibalismo, el bandidaje y el crimen, y murieron millones de personas, un mínimo del 10% de la población de las Islas británicas, Francia, Alemania, Escandinavia y Polonia. Luego la situación mejoró, pero hasta ocho años después no volvió la normalidad. La ruda experiencia parece haber endurecido las conductas sociales y las guerras, y trajo cierto descrédito a la Iglesia, así como a los poderes seculares, por su ineficacia.

El desastre apenas afectó a la Europa mediterránea, pero España sufría el hambre con cierta asiduidad, quizá más que otros países, por la sequedad del clima y pobreza de suelos. El año 1333, según la Crónica Conimbricense, morían tantos que no había sitio en las iglesias para enterrarlos.

Apenas se recobraba Europa cuando, en 1347, comenzó la Peste Negra, mucho más mortífera todavía, pues abarcó a todo el continente (y a gran parte de Asia y África del norte). Las pestes visitaban con cierta frecuencia a la humanidad, pero rara vez habían alcanzado tal virulencia, aun con precedentes como la "Peste antonina" de 166, que tanto debilitó al Imperio romano, o la "Plaga de Justiniano", de 542. La del siglo XIV parece originada en Asia central o el norte de India, y fue extendida por las pulgas de ratas infectadas a través de las invasiones mongólicas y de las relaciones comerciales (algunos barcos perdían a toda su tripulación antes de alcanzar su destino). Se propagó desde Italia y mató, calculan los especialistas, a más de 25 millones de personas, entre un tercio y la mitad de los europeos. Regiones enteras quedaron casi despobladas y algunos historiadores calculan para España, Italia y sur de Francia la pérdida de hasta tres cuartas partes de la población, lo que suena harto exagerado (China también sufrió crudamente, porque la peste se unió a las hambres causadas por la perturbación de la agricultura y el comercio debida a la invasión mongólica: los habitantes habrían bajado de unos 120 millones a la mitad). Todas estas cifras son obviamente algo especulativas, pero no hay duda de una mortandad sin precedentes.

Desconociendo su origen y tratamiento, muchos consideraron la peste un castigo divino. Se hicieron rogativas y penitencias, miles de flagelantes recorrían ciudades y campos, todo en vano, incluso al contrario, pues la acumulación de gente en las iglesias, si bien proporcionaba alivio psicológico, ayudaba a expandir un mal que parecía anunciar el Apocalipsis. Otros se daban a todas las inmoralidades. El pueblo culpaba a los leprosos, mendigos, extranjeros o judíos. Los leprosos fueron casi exterminados en Europa occidental, y los judíos, acusados de envenenar los pozos, sufrieron cientos de pogroms, concluyendo un período abierto por el IV Concilio de Letrán, de 1215, que se había declarado opuesto a la convivencia de judíos y cristianos, y recomendaba que los primeros vivieran en barrios separados y la ropa los identificara. En 1296 habían sido despojados de sus bienes y expulsados de Inglaterra, y en 1308 de Francia. Aun así, el papa Clemente VI intentó poner a los hebreos bajo la protección del clero durante la peste. El clero y los médicos, sufrían aún más la plaga, por cuidar a los enfermos. La peste se reproduciría en los siglos siguientes en diversos países, con efectos terribles pero sin alcanzar una virulencia y amplitud tan extremas como en aquellos cuatro años fatídicos. Como decía una crónica italiana, "parecía el fin del mundo".

Una calamidad tan exterminadora hubo de tener profundos efectos económicos, ideológicos y psicológicos. Aún más acentuadamente que cuando la Gran Hambruna, creció la desconfianza hacia los poderes seculares y hacia el Papado, incapaz este de explicar la razón de aquel atroz castigo; aumentaron los movimientos heréticos, místicos y reformistas, se popularizaron figuraciones tipo danza macabra o danza de la muerte. Miles de propiedades, hasta pueblos enteros, quedaron abandonados, y sin dueño incontables edificios y extensiones de tierra, para beneficio de muchos supervivientes. Se hizo más fácil la promoción social y la dramática reducción de la mano de obra obligó a introducir innovaciones técnicas; también en la guerra, con el uso creciente de armas de fuego. Algunos historiadores suponen que los marcos políticos y culturales se rompieron, causando una reestructuracion social y cultural, preludio del humanismo y hasta del Renacimiento. Los cambios, sin embargo, no deben exagerarse. Todas las instituciones, desde la Iglesia a los reinos y las relaciones señoriales, aunque algo quebrantados, resistieron, y Europa siguió siendo el continente católico.

Tampoco cesaron las guerras, que se hicieron más amplias y violentas. Así entre las ricas ciudades de la Liga Hanseática y Dinamarca, entre eslavos y germanos de la Orden teutónica, o de franceses y otros contra los turcos, que ya habían puesto pie en los Balcanes y Bulgaria, dejando a Constantinopla encerrada en su entorno próximo. La más dura y larga de todas ellas fue la Guerra de los cien años entre Francia e Inglaterra con intervención de Castilla en una fase avanzada.

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La crisis de la Iglesia abocó en 1378 al Cisma de Occidente, que se arrastraría hasta 1417. La corte papal de Aviñón era acusada de corrupta, y Gregorio XI volvió la sede nuevamente a Roma, en 1378, poco antes de morir. Entonces la plebe romana impuso a los cardenales, con amenaza de matarlos, la elección de un pontífice italiano, Urbano VI, y no un francés como Gregorio. Los cardenales franceses achacaron a Urbano despotismo e ilegitimidad, por haber sido nombrado bajo presión de las turbas, y eligieron otro papa, Clemente VII, que se trasladó nuevamente a Aviñón. Tan anómalo desenlace alzó protestas de intelectuales, clérigos y políticos, dividió a Europa occidental y causó conflictos diplomáticos y militares. La mayoría de los alemanes, italianos del norte, ingleses, polacos y escandinavos reconocieron al papa de Roma, mientras que Francia, Escocia y Nápoles optaron por el de Aviñón; los españoles permanecieron expectantes, hasta 1381, en que tomaron partido por Clemente. Portugal apoyó alternativamente a Roma y a Aviñón. El cisma pudo resolverse a la muerte de Urbano, en 1389, pero los romanos eligieron a Bonifacio IX, y cuando murió Clemente en 1394, sus partidarios nombraron al español Benedicto XIII (el papa Luna), que obtuvo el apoyo de Portugal, Castilla, Aragón, Escocia, y al principio de Francia. Pero los franceses pronto se despegaron de él, por ser aragonés y poco influenciable. En 1398 los obispos franceses acordaron retirarle los beneficios e impuestos eclesiásticos y pasárselos a su rey, convirtiendo a este, de hecho, en la cabeza de una iglesia nacional. No consiguieron con ello doblegar a Benedicto, que quedó sitiado en Aviñón. El cisma iba a prolongarse hasta 1429 y debilitaría la autoridad del Papado, dando alas a las exigencias de reforma de la Iglesia expuestas desde muchos sectores de la cristiandad. 

Una noticia agradable

9 de Marzo de 2009 - 08:03:24 - Pío Moa - 257 comentarios

Agradable para mí, ustedes perdonen. Da gusto que haya personas tan sensibles e inteligentes como esta lectora, ¿no les parece? Yo, por lo menos, estoy encantado:

Sr. director de la editorial Libros Libres:

El pasado enero me regalaron un libro editado por Uds., con cuya lectura he disfrutado de una manera especial por tratarse de un libro de viajes fácil de leer, muy ameno, muy bien escrito que contribuye desde mi punto de vista a un mejor conocimiento de nuestro país, nuestra cultura y nuestra sociedad por lo que pienso que podría ser un buen libro de lectura recomendada para nuestros jóvenes de últimos cursos de E.S.O. o de Primer curso de Bachillerato. Me estoy refiriendo a "Viaje por la Vía de la Plata" de Pío Moa.

Tengo que confesar que fue una sorpresa pues yo creía que este señor sólo escribía libros de historia contemporánea y un libro de viajes no me parecía que pudiera salirle como el que me encontré.

Paso a exponerle unas cuantas razones por las que supongo que podría ser leído con gusto por muchos jóvenes (y no pocos adultos).

1º Ofrece la gran originalidad de no seguir un relato continuo ni en el tiempo ni en el espacio que le da un toque de realismo y le imprime una característica personal del autor: viaja cuando puede, como puede y a veces se sale de la ruta para conocer lugares próximos que de alguna manera están relacionados con ella y donde se han producido sucesos extraordinarios en la historia de España (Ej.: Provincia de Huelva, civilización Tartesios, descubrimiento de América...).

2º Continua reflexión sobre la vida en general y sobre cada lugar como pudo haber sido allí la sociedad hace miles de años.

3º Un gran sentido poético subyace en muchas estampas sin necesidad de describirlas, expresándolas únicamente como impresiones o reflexiones del caminante. (Con lo que no se hace nada pesado).

4º La descripción al hilo del viaje de la Sociedad española de los años 80 y el contraste de generaciones en ese tiempo en la España rural.

5º Un fino sentido del humor que se plasma no sólo en sus pensamientos sino también en las conversaciones que sostiene con las personas con las que coincide en el camino (memorable la conversación con el viajante de maquinaria agrícola en Mérida o el episodio de los mosquitos en una fonda).

6º Nos describe paisajes y monumentos de una manera sobria, clara y concisa sin menguar en nada su belleza original.

7º Él mismo se presenta como una persona de gran resistencia física, autoexigente, muy austero, algo aprensivo, amante de la soledad pero capaz de conectar con cualquiera de las personas con las que coincide en su viaje. 

8º Admirable uso del español, magnifica redacción y léxico desenvuelto: de una pincelada te describe la tragedia de la inmigración, el vendedor de alfombras en el ardiente verano de Extremadura al grito de "Barato, barato". Y la utilización de las formas dialectales cuando hablan los personajes andaluces o extremeños da gran viveza al relato.

9º Algunas etapas del camino suponen auténticas aventuras por el hecho de caminar en solitario, a veces perder el rumbo o vencer obstáculos orográficos como el pasaje de La ruta del Cares con el peligro de despeñamiento cerniéndose sobre él...

10º La propuesta de senderismo o viajes a pie considero una baza importante para la formación de los jóvenes al mismo tiempo que puede proporcionarles una diversión sana incluso mejor si se realiza en grupo.

Por todas estas razones me atrevo a recomendarles la difusión de este libro en Centros de estudio y otros ámbitos que Uds. consideren adecuados.

Agradeciendo su atención le saluda atentamente,

Isabel Hernández Sánchez, profesora de matemáticas.

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**** Dice Cristina Losada, con razón, que en la derrota electoral del grotesco y siniestro bipartito gallego ha tenido mucho que ver la protesta civil en la que ella misma ha tenido un papel de la mayor relevancia. Al revés que en las Vascongadas, donde esa protesta apenas existió durante muchos años, permitiendo a los liberticidas avanzar extraordinariamente, o en Cataluña, donde fue suprimida en sus inicios por una combinación de terrorismo y acción gubernamental, la protesta gallega ha venido muy a tiempo, cuando la imposición y el ataque los derechos civiles por parte de socialistas y separatistas se mostraba desembozadamente. Porque Fraga, como quien no quiere la cosa, había sembrado ya las semillas del bipartito. El movimiento cívico ha advertido a los políticos que la sociedad no está tan muerta como a veces parece. Núñez Feijoo ha tomado nota... a medias, y ya está dando una de cal y otra de arena. Si el movimiento cívico cae en la tentación de seguirle, puede ocurrir como con las masivas protestas de años pasados en Madrid, a cuyo frente terminó poniéndose el Futurista... para llevarlas a la nada.


**** "Aquí hay una gran trama policial", afirma González Pons. Pues muy probablemente. Como seguramente la hay en el 11-m. Pero esto último les importa un bledo a los futuristas, pues creen que no pueden utilizarlo para su economía particular, cargos y demás, que para ellos lo es todo, como sabemos. Aunque si los denodados esfuerzos de Luis del Pino y otros cambian el cariz de la cosa, no nos extrañará ver a esos señoritos de tan agudo instinto parasitario intentar aprovecharlo también políticamente.


**** Según la tiorrilla ministra de igualdades improbables, si una chica de dieciséis años puede casarse y tener hijos, ¿por qué no va a tener derecho a abortar sin permiso paterno? En realidad lo de casarse y tener hijos le da igual, siempre es así de hipócrita esa gente. A lo que se refiere es a otra cosa, que algunas, incluso bastantes chicas empiezan a practicar a los trece años, ilustradas por la televisión y por los politicastros. ¿Por qué no iban a abortar "libremente"a los trece años, entonces? Pero la cuestión de fondo es otra: el feto, ¿es el comienzo de una vida humana o algo así como un tumor en el cuerpo de la madre? Las tiorrillas creen que se trata de lo segundo y, claro, ¿cómo no va a ser un derecho de las mujeres librarse de ese tumor, si les molesta? Un derecho elementalísimo.

**** Manjón carga contra la COPE y Losantos en una entrevista en TV3
La señora Manjón es comunista, y el comunismo no es nada mejor que el nazismo. ¿Una prueba? Manjón ha querido desviar sobre Aznar la culpa de los asesinos del 11-m. Y ahora quiere silenciar a Jiménez Losantos, animada sin duda por el ejemplo del PP. La política hace extraños compañeros de cama, cuentan.


**** De la Vega: "Hay que respetar al juez Garzón como a los demás jueces".
¡Toma!, y a los bacigalupos, y a los demás jueces contra la democracia. Y a la propia vicevogue, y al gobierno en pleno. ¿Puede concebirse algo más respetable?


**** Cospedal insiste en que Garzón quiere causar "un grave daño" al PP
Un lince, esta chica es un lince, no se le escapa una.

España en la historia

8 de Marzo de 2009 - 08:38:35 - Pío Moa - 92 comentarios

De entrada, España se nos presenta como un país de Europa tanto en sentido físico (una de sus tres grandes penínsulas del sur) como cultural. Los movimientos políticos, intelectuales, espirituales y artísticos que han configurado lo europeo han moldeado también a España: el imperio romano, el cristianismo, los reinos germánicos, el románico, el gótico, el renacimiento, el barroco, la ilustración, el liberalismo, los movimientos utópicos... Cierto que esos elementos europeos comunes coinciden con una recia diferenciación entre las naciones del continente, y dentro de ellas España es una de las más peculiares, posiblemente por haber sido el único pueblo –con el ruso, en menor grado, y algunos balcánicos– que se ha forjado nacionalmente en una larga pugna con una cultura y religión extraeuropeas. Ese proceso no pasó sin dejar huellas notables de la cultura árabe derrotada, si bien cabría considerarlas escasas para un contacto tan prolongado. Otra decisiva peculiaridad hispana ha sido su expansión ultramarina, mundial, en los siglos XVI-XVIII, un fenómeno que solo Portugal e Inglaterra han compartido en proporción similar. Por otra parte encontramos curiosas afinidades con Polonia e Irlanda como países católicos de frontera. O con la misma Rusia, al otro extremo del continente, por cuanto ambas sufrieron una invasión musulmana, emprendieron su expansión imperial por la misma época y tuvieron una ilustración y un liberalismo débiles si los comparamos con la Europa centrooccidental, así como una impronta comparativamente fuerte de las ideologías utópicas en los siglos XIX-XX. No obstante, las diferencias con Rusia parecen más profundas que las semejanzas. Francia es el país europeo del que ha recibido España mayor influencia desde la Edad media hasta la segunda mitad del siglo XX. Desde entonces el influjo anglosajón viene prevaleciendo, y cada vez más.     

Dentro de Europa percibimos enseguida tres grandes ámbitos culturales, el germánico, el eslavo y el latino, y en ellos también hegemonías de las distintas iglesias cristianas: protestantes en los países germánicos (excepto Austria y la mitad de Alemania); ortodoxa griega en los eslavos (menos algunas católicas, como Polonia o Croacia); católica en los latinos (salvo la ortodoxa Rumania). España se inserta en un ámbito latino bien definido, con Portugal, Francia, Italia y Rumania. Las afinidades idiomáticas del español con el italiano y el portugués son muy fuertes, haciendo fácil el aprendizaje mutuo; bastante menos con el francés o el rumano. Unos 850 millones de personas en todo el mundo hablan hoy lenguas derivadas del latín: uno de cada ocho habitantes del planeta, herencia directa de Roma. Cerca de la mitad de ellos corresponden al español, la lengua latina más extendida y la segunda más hablada del mundo occidental. 

España es también una de las pocas naciones europeas –con Portugal, Inglaterra, Rusia y Francia– que han creado un vasto y duradero espacio cultural propio; en el caso español, sobre todo en América, con enclaves o restos en África, Asia y Oceanía.   

Físicamente, España es el país más extenso de Europa occidental, después de Francia, y el cuarto incluyendo Rusia y Ucrania; y probablemente, el más variado, y uno de los más variados del mundo. En él es posible andar casi mil kilómetros entre montañas, bosques y verdor, desde el cabo de Creus al de Finisterre, o cientos de kilómetros por tierras llanas, poco arboladas y bastante secas, en las dos grandes mesetas centrales; asimismo sus climas y su flora cambian extraordinariamente de norte a sur, desde la verde Galicia a la semidesértica Almería. Sus archipiélagos canario y balear encierran a su vez notable diversidad entre unas islas y otras. 

Aun con su variedad, España es un conjunto geográfico unitario y diferenciado, quizá el más unitario y diferenciado después de las Islas británicas. De hecho, la Península ibérica forma casi una isla, con un istmo comparativamente estrecho y formado por una abrupta cordillera que estorba la comunicación casi tanto como un brazo de mar. Junto con las otras dos grandes penínsulas europeas del Mediterráneo –la itálica y la griega (más bien que los imprecisos Balcanes)–, compone un ámbito geofísico muy diferente de la gran llanura húmeda, cruzada por anchos ríos navegables, que configura la mayor parte del continente desde los Pirineos hasta los Urales: las penínsulas ofrecen tierras más montañosas, de clima más cálido y seco. De las tres mediterráneas, la Ibérica es la mayor, la menos lluviosa y la más claramente definida.

Cabría esperar que, por estas causas, las convulsiones y choques militares, políticos y culturales habrían sido continuos. Y no han faltado, en efecto, pero, sorprendentemente, España ha sido en muchos aspectos uno de los países más estables de Europa. Su mismo nombre, muy antiguo, ha persistido a través de más de dos milenios desde la Antigüedad clásica, caso –junto con los de Italia y grecia– muy raro tanto en Europa como en el norte de África. Los nombres de Francia, Alemania, Inglaterra y los del norte, este y centro de Europa, corresponden a épocas bastante posteriores, y se relacionan con la expansión post tomana de los pueblos germánicos y eslavos. La permanencia del nombre Hispania-España no es un mero azar, encierra una opción político-cultural frente a intensas presiones históricas opuestas: pudo haber sido sustituido por Gotia, como la Galia pasó a ser Francia; o, más decisivamente, por Al Ándalus.

Por otra parte, si los aportes foráneos en estos dos mil años han tenido peso menor desde un punto de vista demográfico, no cabe decir lo mismo de la relevancia política o cultural de varios de ellos, así los romanos o los visigodos; en cuanto a los árabes y berberiscos, estuvieron muy cerca de cambiar radicalmente la historia de la península; y la más reciente invasión napoleónica tuvo también profundos efectos políticos, aunque demográficamente muy escasos.

De todos ellos, no hay duda de que la trascendencia mayor fue la de los romanos. Si observamos la sociedad actual percibimos de inmediato el origen latino de sus rasgos definitorios. El castellano, idioma común español, es un latín transformado, y también lo son los demás idiomas regionales, con la excepción del vascuence, idioma pre indoeuropeo. La impronta latina no se limita al idioma, abarca también el derecho, costumbres, el arte, la urbanización y las comunicaciones creadas entonces, etc. Incluye asimismo, de modo algo más indirecto, la religión, un rasgo clave, históricamente, en la configuración de las sociedades, y todavía en nuestra época. La gran mayoría de la población sigue declarándose católica como a lo largo de más de quince siglos, aun si hoy su índice de práctica es bajo. Esta religión también llegó a la península y se propagó por ella en tiempos de Roma.

El catolicismo no es un fenómeno anecdótico, pues ha desempeñado un papel cultural y político esencial en la historia del país, y muchos que se declaran ateos o incluso anti católicos no dejan de estar impregnados de esa cultura, al modo como numerosos judíos de Israel no son religiosos o se proclaman ateos, pero permanecen culturalmente en el judaísmo. El catolicismo, entre otras mil cosas, se manifiesta en la multitud de iglesias que son los edificios centrales y a menudo los más bellos, de los pueblos: baña, por así decir, a la sociedad, como se muestra en sus monumentos, creencias y expresiones populares, arte y actitudes. Incluso el odio apasionado profesado al catolicismo por un número considerable de españoles, que ha desembocado en tiempos recientes en una de las persecuciones religiosas más sangrientas de la historia, expresa de modo negativo ese hecho histórico. Aunque, obviamente, el catolicismo predominante en la sociedad, la cultura y la historia del país no significa que todos los habitantes lo compartan ni que deban compartirlo para considerarse españoles. 

Por todo ello no hay exageración en decir que, de no ser por Roma, España no habría llegado a existir y la historia de los habitantes de la península habría sido radicalmente distinta. De la fortaleza de esas raíces da idea el proceso llamado Reconquista, tras la completa invasión musulmana de la península, caso excepcional, pues raramente una nación invadida por el Islam ha retornado a su cultura anterior. La Reconquista reintegró la península al ámbito latino y europeo, apartándolo del afroasiático al que durante dos siglos pareció abocada y durante dos más con la balanza indecisa.

Por consiguiente, una historia de España ha de empezar de modo necesario por la latinización. Antes de ella no solo las noticias son comparativamente muy vagas, sino que el territorio estaba poblado por grupos humanos muy diferentes en idioma y cultura, y poco amigos entre sí, aun si compartieran parecida "herencia temperamental".  

Estos rasgos físicos han tenido influencia cierta en la historia de España, dificultando las comunicaciones o la producción agraria por comparación con los países más al norte, aunque al mismo tiempo hicieran la vida más llevadera en otros aspectos, por el clima en general más templado y amable, y sus frutos más variados.

Comparada con las otras dos penínsulas europeas del Mediterráneo, la Ibérica se caracteriza por una posición geoestratégica de especial relevancia, abierta al mismo tiempo al Atlántico y al Mediterráneo, los dos mares de mayor tráfico cultural, comercial y político de la historia –al menos hasta hace muy poco–, y casi tan cerca de África como Grecia de Asia. Esta señalada posición geopolítica ha influido de modo decisivo en los avatares históricos del país. En él han repercutido con fuerza los procesos históricos mediterráneos y atlánticos, haciendo de España al mismo tiempo un puente y una barrera, lugar de afluencia natural, bélica o pacífica, de poblaciones desde el norte, el sur y el este. De hecho la península pudo haber pasado del ámbito cultural europeo al afroasiático en dos ocasiones decisivas, y en buena parte así ocurrió durante varios siglos de la llamada Edad Media. Si ha predominado la cultura europea se debe a una esforzada decisión colectiva, cuyo éxito no estaba en modo alguno predeterminado.

Hispania fue el nombre con que conocieron a la península los romanos, y se supone –sin certidumbre– derivado de una palabra fenicia de significado inseguro, pues los especialistas lo han traducido de modo tan diverso como "Tierra de conejos", "Tierra (o costa) del norte" o "Tierra de los metales". A su vez, los griegos llamaron Iberia a la península, sobre todo a su parte mediterránea, nombre que se conserva asimismo. También se ignora el significado de la palabra, aunque pudiera tener relación con la usada por los naturales para llamar a los ríos (conservada en el río Ebro). Curiosamente, Iberia llamaron también los griegos a una región del istmo caucásico aislada del mar y sin la menor relación aparente con nuestra península. Iberia quedaría como denominación solo geográfica, mientras que Hispania adquiriría andando el tiempo una significación cultural y política de extraordinaria densidad.

Algo similar, aunque en mucha menor medida, ocurre con las fronteras. A lo largo de la Edad Media, España sufrió una inestabilidad crónica y la inseguridad de si terminaría, política y culturalmente, como país oriental-norteafricano o europeo. Pero llegada la Edad moderna, sus fronteras han resultado mucho más firmes que las de casi todo el resto de Europa. En su forma actual proceden de mediados del siglo XVII, con la mutilación de algunas zonas más allá de los Pirineos, pero conserva básicamente las establecidas al final de la Reconquista con la incorporación de las Canarias, a finales del siglo XV, y la reincorporación de Navarra a principios del XVI. La frontera con Portugal también permanece estable en lo esencial desde que el vecino país se separó del reino de Castilla y León a principios del siglo XII y continuó desde entonces independiente, salvo por una breve interrupción de 60 años en los siglos XVI-XVII. Por contraste, las fronteras de Italia, Bélgica, Holanda, etc., datan del siglo XIX, las de Suecia y Noruega de principios del siglo XX, de 1922 las del Reino Unido, de 1945 las de Alemania, Polonia, Hungría o Rumania, e incluso Francia experimentó rectificaciones significativas en el siglo pasado; y aún son más recientes las de naciones creadas o reconstruidas hace pocos decenios, como Chequia, Eslovaquia, Ucrania, Bielorrusia, Croacia, Serbia, etc. La prolongada estabilidad de las fronteras españolas constituye igualmente un caso excepcional en Europa. España no sufrió más que una invasión real en los últimos cinco siglos, mientras que solo en siglo XX muchos otros países del continente han sufrido al menos dos.

Étnicamente, la población española guarda una notable homogeneidad: pueblo mediterráneo con una pequeña aportación céltica y germánica. Al despuntar la historia, los pobladores de la península se distribuían, según la tradición, en "íberos y celtas". Los primeros, de lengua no indoeuropea, se extendían desde el Ródano hasta el sur de Portugal; en el resto de la península, salvo algunas zonas cantábricas y pirenaicas, las lenguas parecen ser indoeuropeas, resultado de la aculturación de una población anterior sometida por tribus celtas, algo que acaso ocurriera también con los íberos. Se trataba de etnias muy fragmentadas en tribus diversas y con frecuencia hostiles entre sí. Es esta población anterior a la llegada de Roma la que sigue configurando hasta el día de hoy la base étnica española, pues las variadas aportaciones externas posteriores no llegaron en ningún caso al 10% de la población local, aunque la matizaran notablemente.

Así vinieron semitas fenicios y cartagineses, griegos, contingentes bastante más significativos de latinos y, con ellos, grupos de judíos, sirios o galos. Otra aportación considerable llegaría de las invasiones germánicas a la caída de Roma; y de la posterior invasión de beréberes y árabes; también llegó un número de eslavos, generalmente en condiciones de esclavitud, sobre todo a Al Ándalus. A lo largo de la Reconquista entraron contingentes de franceses y de otros lugares de Europa, y posteriormente los gitanos. Desde el siglo XVII no se producen más entradas importantes de grupos étnicos distintos hasta finales del siglo XX y principios del actual. Cabe señalar que todos esos grupos humanos se disolvieron cultural y étnicamente en la masa originaria hispánica, con la excepción de los judíos, los gitanos y los moriscos, los cuales siempre permanecieron como comunidades aparte, habiendo sido expulsados en gran parte los judíos y los moriscos, a finales del siglo XV y principios del XVII respectivamente. Hoy el país recibe una nutrida inmigración de Hispanoamérica, el Magreb, Europa oriental y el África negra, y también, en condiciones distintas, de Europa occidental, sin poder predecirse su grado de permanencia e influencia demográfica y cultural.  

Harto mayor relevancia han tenido otros movimientos migratorios internos que han borrado los límites de la época prerromana, uniformizando profundamente la población. Sin duda ocurrió un intenso proceso de mezcla y cambio demogeográfico durante los seis siglos largos de dominio latino, a través del comercio, la milicia y otras interrelaciones facilitadas por la red de calzadas construidas por Roma, disolviéndose con ello la vieja división de íberos y celtas. Durante la Reconquista se produjo una considerable emigración de sur a norte (mozárabes) y otra mucho más prolongada e intensa de norte a sur, con la repoblación de las dos Castillas y Andalucía, Canarias, en menor medida Levante y las Baleares, por gentes de la cornisa cantábrica y subpirenaica, también algunos del norte de los Pirineos. Lo mismo cabe decir de las islas Canarias. Estos movimientos y fusiones continuaron de modo menos espectacular, pero permanente y continuo, durante la Edad Moderna, hasta que a finales de los siglos XIX y durante el XX se producen nuevos y masivos desplazamientos del campo a la ciudad y de unas regiones a otras, que aumentan la homogeneidad predominante heredada del pasado.

El aspecto físico de los españoles es muy similar en todas sus regiones, y entre los antecesores de cualquier persona de cualquier lugar de España encontraremos casi siempre a individuos llegados de los más variados puntos del país. El caso de un "íbero" un "celta" o un "vascón", cuyos antepasados hayan permanecido todos sin mezcla y en la misma región o provincia desde tiempos prerromanos debe de ser excepcional, si acaso existe alguno. Una idea de este proceso, algo tosca pero indicativa, puede dárnosla el hecho de que los apellidos predominantes en todas las provincias españolas, sin excepción, son los mismos: García en primer lugar, seguido de López, Martínez, Rodríguez, González, Fernández, Sánchez, Pérez, etc., en uno u otro orden. Los apellidos terminados en –ez parecen tener, curiosamente, origen visigodo, significando "hijo de": la gran mayoría de esas terminaciones se añade, en efecto, a nombres germánicos. Según otras teorías, el sufijo tendría origen prerromano.

¿Qué relevancia tiene esta homogeneidad étnica hispana? Para autores como Sánchez Albornoz, la tendría muy considerable, ya que habría conformado una "herencia temperamental" o anímica, manifestada en muchas actitudes y comportamientos variables, pero identificables a lo largo de los siglos. No se trata del Volksgeist, del "espíritu popular" –algo se le parece–, pues el historiador rechaza cualquier carácter estático y demasiado permanente de esa herencia. Ciertamente hay un fondo de verdad en el supuesto de Sánchez Albornoz, y basta viajar por cualquier país europeo para percibir sus peculiaridades de estilo o espíritu, a veces muy acusadas, probablemente originadas en su composición étnica y moldeadas por su particular historia. Cabría sostener que los numerosos episodios bélicos y aventureros de la historia de España han forjado un carácter peculiar, y hasta que la gran tradición pictórica española se manifiesta ya de algún modo en las magníficas pinturas de Altamira, etc.; pero, sin negar su posibilidad, se trata de rasgos difíciles de captar con alguna precisión, demasiado vagos y propicios a la especulación imaginativa como para sentar sobre ellos teorías sólidas. Un ejemplo: Sánchez Albornoz y otros han insistido en los rasgos temperamentales comunes entre la población andalusí y la cristiana. Quizá sea así, pero esos rasgos fueron matizándose y cambiando bajo la impronta política y cultural musulmana. De haberse impuesto Al Ándalus, habría hecho de España lo mismo que de las sociedades cristianas y latinizadas o helenizadas del norte de África o de Oriente Próximo: poco más que arqueología. Vale la pena señalar esa esencial continuidad étnica y la intensa mezcla interna a lo largo de veintidós siglos, pero de tal evidencia es difícil extraer conclusiones muy precisas.

La guerra del destino

7 de Marzo de 2009 - 12:35:42 - Pío Moa - 23 comentarios

Conforme nos acercamos desde Oriente al Mediterráneo, observamos pueblos o naciones más o menos civilizados, unos independientes y la mayoría sometidos a tal o cual imperio. De esos pueblos, hoy desaparecidos casi todos como entidades culturales junto con sus idiomas, destacan dos, el hebreo, judío o israelita, y el griego o heleno. Ambos eran poco numerosos y vivían en territorios reducidos (muy reducido el hebreo), más bien pobres y secos, pese a lo cual su influjo sobre la cultura y destino de Europa, desde luego sobre España y, más indirectamente, sobre el resto del mundo, sería insuperado a lo largo de los siglos. Los griegos se habían asentado, en sucesivas invasiones, sobre el sur de la Península balcánica, las islas en torno y la costa mediterránea de Anatolia, y pronto habían destacado por sus logros culturales, primero con la brillante civilización micénica, destruida en el siglo XII a. C., quizá por nuevas invasiones de pueblos grecoparlantes más atrasados; y después en el período clásico (siglos V y IV a.C.). Según Heródoto, "El pueblo heleno se distinguía de los bárbaros por un espíritu más sagaz y libre de necedades". Desde luego, sus innovaciones no admiten parangón: el teatro, el pensamiento científico, una filosofía sistemática y en fructífera competencia de escuelas, la geometría y las matemáticas abstractas, la historia racional, el pensamiento político, la democracia... Los griegos poseían un agudo sentimiento de su identidad nacional (sangre, lengua y religión), pero vivían separados en ciudades estado, en las que ensayaron formas de organización social y poder y desarrollaron una magnífica literatura y artes diversas. Su potencia creativa en el período clásico puede decirse que nunca fue igualado antes o después en el mundo.

En fechas no alejadas de la caída de la cultura micénica, aunque con un amplio margen de error, los hebreos habrían salido de Egipto. Eran entonces tribus seminómadas emparentadas con los beduinos, de economía elemental, uno de tantos pueblos que migraban por los aledaños de las civilizadas Mesopotamia, Egipto o Canaán. De economía elemental y poco versados o interesados en cuestiones técnicas, los hebreos profesaban una devoción absorbente a un Dios único que les separaba de los demás pueblos, politeístas todos ellos. Tras salir de Egipto, al parecer, y vagar un tiempo por el Sinaí, los hebreos habían decidido asentarse en Canaán, la "tierra prometida" por Dios, según sus tradiciones, para construir allí el país de Israel: "Cuando entres en la tierra que te dará el Señor tu Dios, no imites las abominaciones de esos pueblos. No haya entre los tuyos quien queme a sus hijos o hijas, ni vaticinadores, ni astrólogos, ni agoreros, ni hechiceros, ni encantadores, ni espiritistas, ni adivinos, ni nigromantes. Porque el que practica eso es abominable para el Señor". Por una combinación de infiltraciones y cruentas campañas, a veces de exterminio, los judíos ocuparon la tierra de los cananeos, pueblos ya en plena edad del hierro, material y técnicamente superiores y más civilizados que sus conquistadores.

Tanto los griegos como los judíos tenían una aguda conciencia de sus peculiaridades, y también diferían entre sí en casi todo. Pese a su proximidad geográfica, entre ellos había habido poca relación comercial y cultural hasta las conquistas de Alejandro, y muy escasa
simpatía desde entonces. Los judíos, semitas emparentados con árabes y fenicios, eran monoteístas aislados en un mar politeísta. Los helenos, indoeuropeos por lengua y origen, eran politeístas, con corrientes minoritarias escépticas, incluso ateas, y una cultura muy variada y vivaz.; aunque también en Grecia la elaboración filosófica había depurado el politeísmo, al menos entre las capas más cultivadas, aproximándose a concepciones monoteístas sobre sus sugestivos mitos, de gran belleza trágica a menudo, pero considerados de moral ambigua o un tanto grosera.

La religiosidad hebrea, nacida de la universal inquietud del hombre por su destino y el del mundo, suponía una abstracción y elevación sobre las concepciones religiosas de otros pueblos. Con los Diez Mandamientos habían logrado sintetizar unos principios morales de gran sencillez y eficacia (si bien complicados con una normas intrincadas y de aspecto algo obsesivo). Por supuesto, tales principios no eran ajenos a los demás pueblos, pero en estos se encontraban más diluidos y menos explícitos, por ello menos operantes. La religión constituía el eje estricto del modo de vivir hebreo, también de su política, articulada en torno a una clase sacerdotal y al Libro, la Biblia, conjunto de tradiciones míticas, históricas, éticas, jurídicas, poéticas, profeciales, que consideraban inspiradas por la divinidad. Su historia es la de una apasionada adhesión, plagada al mismo tiempo de traiciones, al concepto de un Dios único, y por ello los israelitas se veían a sí mismos como el pueblo elegido por Dios. Estas concepciones les otorgaban un espíritu exclusivista y vigoroso en extremo, que les había permitido afrontar a enemigos materialmente superiores y resistir a conquistas, persecuciones, destierros y avatares en los que tantas otras naciones habían desaparecido o perdido su cultura.

Después de muchas y dramáticas alternativas a lo largo de diez siglos, por la época de que tratamos, ambos pueblos se hallaban, como quedó indicado, bajo dominio de los descendientes del imperio macedónico de Alejandro Magno. En el siglo III a. C, Grecia y todo el Mediterráneo oriental vivían el llamado período helenístico, habiendo dejado atrás la época clásica de los siglos V y IV. El helenismo había perdido gran parte de la originalidad e ímpetu creativo anterior. Para entonces también los ideales democráticos se daban por fracasados como fomentadores de la demagogia y la guerra civil, y la gente que contaba, las capas más cultas y pudientes, preferían algún tipo de tirano, hombre fuerte pero aceptablemente benévolo o no demasiado brutal, algo así como un déspota ilustrado que al menos garantizase el orden social. Con todo, el helenismo, mejor organizado, mucho más extenso y pudiente que los tiempos clásicos, desarrollaba muchos de los logros de estos. Los mismos israelitas vivían un proceso de helenización, mal aceptado por la mayoría, que daría lugar, ya en el siglo II, a la rebelión general de los Macabeos. Fuera de Israel, grupos judíos se establecían como prósperas minorías en diversas ciudades, especialmente en Alejandría, siempre en discordia con los helenos.

En el noreste de África, la ya antiquísima civilización egipcia persistía, agotada y diluida, bajo el poder helenístico de la dinastía ptolemaica. De hecho, Alejandría se convirtió en el nuevo centro irradiante de la cultura helénica, sucediendo a la Atenas clásica. Pero, indirectamente, Grecia, pese a su desunión interna y sumisión a Macedonia, constituía la potencia cultural dominante en todo el Mediterráneo oriental, lo mismo en su parte europea que en la africana o la asiática.    

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Dejando aparte el mar Negro, dentro del ámbito mediterráneo cabe distinguir, geográfica y culturalmente, dos grandes cuencas, separadas por la Península itálica, Sicilia y la actual Túnez. La cuenca occidental queda configurada por la costa oeste de Italia y la levantina de Iberia, el sur de las Galias y el actual Magreb (Mauritania y Numidia). Físicamente difiere notablemente de la cuenca oriental, con menos islas, aunque bastante más grandes, y alguna mayor dificultad para la navegación, que por entonces procuraba no alejarse de las costas. La diferencia cultural era mucho mayor que la física. La cuenca oriental constituía el epicentro de la cultura helenista, una zona muy poblada y urbanizada desde antiguo, mientras que la occidental formaba un conjunto mucho menos civilizado, poblado y urbanizado, con etnias nómadas o trashumantes, sobre todo en Mauritania y en menor medida en Iberia. A esa cuenca alcanzaba la influencia griega, muy profunda en el sur de Italia y Sicilia, mucho más atenuada en el resto, en forma de pequeños enclaves comerciales (alguno importante, como Marsella), y también la más antigua huella fenicia, mantenida por Cartago.

Descontando el sur de Italia y Sicilia, en decadencia política desde hacía tiempo, esta cuenca contaba en el siglo III antes de Cristo con pocas ciudades de relieve, pero entre ellas destacaban dos: Roma, en el Lacio, hacia la mitad occidental de la península itálica; y Cartago, en el extremo noreste de la Numidia, la actual Túnez. La primera vivía en régimen republicano después de haber abandonado la monarquía tres siglos antes. De su sistema político dirá el historiador griego Polibio: "Las tres clases de gobierno citadas dominaban la Constitución y las tres se ordenaban, administraban y repartían tan equitativamente, con tal acierto, que nadie, ni los nativos, habrían podido decir con certeza si el régimen era del todo aristocrático, democrático o monárquico. Cosa natural, pues atendiendo a la potestad consular se asemejaba a una constitución plenamente monárquica, tomando en consideración la del Senado, aristocrática, y considerando la del pueblo, creeríamos hallarnos por completo en una democracia".

Cartago también era una república, con otra poderosa oligarquía representada en un senado; pero en casi todo lo demás las dos ciudades diferían profundamente. Roma, ciudad interior aunque cercana a la costa, de economía fundamentalmente agraria y lengua indoeuropea, ostentaba la hegemonía sobre todo el centro de la península, con un ejército de ciudadanos y, al principio, escasa capacidad marinera. Cartago, ciudad marítima, de cultura semita y comercial, con una poderosa armada, un ejército mercenario y un área de influencia extendida por el norte de África, gran parte de Iberia y las grandes islas de la zona, Sicilia, Cerdeña, Córcega y las Baleares, de donde casi había desplazado el poder político y comercial griego. Aquella cuenca mediterránea parecía destinada a convertirse en un mar púnico.

Cerrando casi por completo la cuenca occidental se encontraba Hispania o Iberia, habitada por un mosaico de pueblos. Desde el punto de vista socieconómico han solido distinguirse en la península tres amplias zonas bastante definidas, de mayor a menor complejidad o civilización: la mediterránea (extendida desde los Pirineos hasta el sur de Portugal, ya en el Atlántico), la centro occidental y la norteña.

La primera se ha identificado tradicionalmente con los pueblos íberos o iberos, así llamados por ser la parte de Iberia más próxima y conocida para los griegos. El origen de estos pueblos es incierto, y probablemente fueron identificados por hablar dialectos parecidos y compartir creencias religiosas, si bien se hallaban políticamente dispersos en varios grupos y tribus. Los restos arqueológicos indican un considerable desarrollo artístico (damas de Elche o de Baza, monumento funerario de Pozo Moro, por ejemplo) y económico, articulado en torno a ciudades pequeñas con un comercio bastante activo, escritura propia –se conservan unas 2.000 inscripciones en alfabeto no indoeuropeo, indescifrado hasta hoy– y, a partir de los enclaves comerciales costeros, notables influencias helénicas y fenicias. Disfrutaban de un considerable desarrollo técnico, manifiesto, por ejemplo, en la confección de las célebres falcatas o espadas ibéricas, muy apreciadas por los romanos. Por el extremo suroccidental de este ámbito, en el bajo Guadalquivir y desde Cádiz a Huelva y el Algarbe, había florecido varios siglos antes la notable civilización tartésica, probablemente la más antigua del Atlántico. Gádir, la actual Cádiz, fundada posiblemente antes del año 1000 por los fenicios, es también la primera ciudad existente en todas las costas del Atlántico.

La segunda zona se extendía por las poco fértiles mesetas y sierras del interior de la península, hasta Portugal. Allí vivían tribus célticas (las que habían adoptado el alfabeto ibérico se llamaban celtíberas), provenientes del centro de Europa, que terminaron fundiéndose con indígenas anteriores, a quienes impusieron su idioma y otros rasgos. Eran más ganaderos y menos agrarios y comerciantes que la población mediterránea, han dejado restos arqueológicos también más pobres, y, como los íberos, debían de hablar dialectos indoeuropeos emparentados y compartir creencias y folklore. La vasta zona céltica mantenía una población menos numerosa y urbanizada, con una economía más elemental que la ibérica; dentro de ella subsistirían poblaciones no celtizadas o solo muy parcialmente.

En la tercera zona, por la cornisa cantábrica y la actual Galicia, se diseminaban diversos pueblos sobre un territorio de bosques y abruptas montañas, de arduas comunicaciones, carentes de núcleos importantes de población, y con modos de vida bastante más lejanos de la civilización que el resto. Parte de esta zona, especialmente Galicia, conservaría largo tiempo la cultura castreña, de carácter étnico discutido. En la actual Navarra y Pirineos aledaños se hablaba vascuence, lengua, como la ibérica, no indoeuropea (aunque no ha podido demostrarse su parentesco), mientras que las tribus de las actuales Vascongadas parecen haber sido bastante celtizadas.

Habida cuenta de las circunstancias políticas y económicas, los habitantes de la península no debían de superar los dos millones, aunque se hace imposible un cálculo algo preciso.

La distribución cultural y económica de Europa se parece a la de Iberia por aquellas fechas: una cuenca mediterránea bastante o muy civilizada, al norte de ella, desde Irlanda y Galicia hasta Anatolia, una amplia franja de pueblos semicivilizados, celtas o celtizados, producto de una expansión de siglos, dejando entre medias amplios islotes de pueblos distintos. Y al norte y este de esa franja otra comparable a la del norte peninsular, donde vivían los pueblos germánicos y eslavos, de cultura más primitiva.

Entre los numerosos pueblos peninsulares debían de menudear las luchas y reyertas, como atestiguan los restos arqueológicos y los testimonios romanos, que los tenían por belicosos y aprovecharon su desunión para sus propios fines. Pero de sus historias, empresas, caudillos, modos de vida, formas políticas y religiosidad sabemos muy poco. Algunos autores, como Martín Almagro Gorbea han supuesto cierta tendencia unitaria, pero los datos son inconcluyentes. La unificación solo podría venir de alguna tribu o ciudad con ambición y potencia para imponerse al resto, y no hay noticia de que tal proceso estuviera en marcha. Acaso Tartesos hubiera podido cumplir ese papel progresivamente, ya que su influencia cultural y comercial llegó a extenderse hacia el norte, por Extremadura hasta León, y hacia el este, por el valle del Guadalquivir... Sin embargo esa civilización había desaparecido bruscamente en el siglo VI, tres antes de la época que tratamos, debido a una crisis comercial en su relación con Fenicia o, más probablemente, aplastada por Cartago. Después de Tartesos no se aprecia ningún poder destacado capaz de imponerse o con designio de hacerlo, ni en el ámbito ibérico ni en el celta o celtibérico, sino que cada uno de ellos se hallaba a su vez dividido en tribus a menudo hostiles entre sí. No hubo, pues, un proceso comparable al que iniciarían Roma en Italia o Cartago en las costas del Mediterráneo occidental africano e ibérico. En todo caso, cualquier posible proceso peninsular de esta índole iba a verse impedido antes de nacer por la intervención exteriores: precisamente de Cartago y de Roma. 

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Y fue en el Mediterráneo occidental donde, hacia la segunda mitad del siglo III, iban a producirse hechos decisivos para la historia posterior del mundo civilizado. Ellos iban a determinar de inmediato el destino del Mediterráneo y, por cierto, de Hispania.

Hacia el año 264, las dos poderosas y expansivas ciudades-estado púnica y latina chocaron en Sicilia de forma en parte accidental, a través de un conflicto interior entre ciudades de la isla. La guerra, con diversas alternativas, duró 23 años y terminó con una difícil victoria de Roma, quedando Sicilia bajo hegemonía romana y perdiendo Cartago la hegemonía naval. Poco después una rebelión de los mercenarios de Cartago permitió a los romanos expulsar a sus contrarios de Córcega y Cerdeña. Esta guerra no decidió, sin embargo, la situación, y solo aplazó la rivalidad entre ambas potencias por controlar el Mediterráneo occidental. La derrotada potencia africana concentró su energía en rehacer su poder económico y militar, afianzándose en el actual Magreb y sobre todo extendiendo su influencia por la Península ibérica. Con ese objeto el general Amílcar Barca fundó la "Ciudad Nueva", actual Cartagena, en 227, planteada con grandes ambiciones como base de su expansión por Hispania y para empresas más vastas. El intento de someter a los pueblos de Iberia no resultaría fácil a los púnicos, y los dos jefes de la familia Barca, Amílcar y Asdrúbal, lo pagarían con la vida.

Aníbal, hijo de Amílcar, emprendió con todo empeño la conquista de Iberia, llevando sus campañas por el interior hasta la actual Zamora. Era un jefe de excepcionales dotes y amplia visión, muy estimado por sus tropas, dedicado a preaprar el desquite con Roma y llevar la guerra con ella hasta el final, venciéndola en la misma Italia. la primera etapa de su plan consistió en organizar, adiestrar, armar y pagar un ejército, tarea difícil y de gran envergadura, a fin de imponerse en la Península ibérica, fuente de todo tipo de pertrechos, minerales, entre ellos oro y plata, y soldados de excelente reputación. Hacia el año 220 casi dos tercios de la península se hallaban más o menos bajo dominio púnico, desigualmente afianzado.

La ofensiva contra Roma comenzó en 219 con el ataque a Sagunto, próspera ciudad comercial ibérica helenizada. Sagunto estaba dentro del área de influencia cartaginesa, extendida hasta el Ebro, por los acuerdos de la anterior Guerra púnica, y por ello atacarla no debía suponer conflicto con Roma. Pero los saguntinos habían entrado por su cuenta en alianza con los romanos, y Aníbal sabía que al atacarles atacaba a su verdadero enemigo. Habría luego fuerte polémica justificativa entre romanos y púnicos sobre quiénes habían roto los pactos: parece claro que lo hicieron en esta ocasión los cartagineses, pero los romanos los habían roto antes al adueñarse de Córcega y Cerdeña.

Esperaba Aníbal que Sagunto cayera sin excesiva dificultad, pero encontró una resistencia enconada y agresiva, en la que el propio Aníbal recibió heridas graves. Los sitiados esperaron refuerzos de Roma, pero, al no llegar estos, se vieron poco a poco acorralados. El jefe cartaginés, furioso, ofrecía a sus soldados la ciudad como botín, y a quienes se rindieran condiciones apenas mejores que la esclavitud. Ante ello, un número de saguntinos optó por hacer una gran pira y arrojar a ella sus riquezas y a sí mismos, y otros se lanzaron a morir combatiendo a la desesperada. El heroísmo y el trágico fin de la ciudad conmocionó a toda la península.

Así comenzó la segunda Guerra púnica. Embajadores romanos hicieron un esfuerzo por atraerse a las tribus ibéricas más o menos sometidas o aliadas de Cartago, pero recibieron una fría respuesta: "Id a buscar aliados donde no se conozca el desastre de Sagunto; para los pueblos de Hispania, las ruinas de Sagunto serán un ejemplo tan siniestro como señalado para que nadie confíe en la lealtad o la alianza romana".   

Aníbal, al no poder cruzar a Italia por mar, dominado por la escuadra enemiga, avanzó por tierra con un ejército de en torno a cien mil hombres, cartagineses, númidas, hispanos y galos. Cruzó los Pirineos, el sureste de la Galia y los Alpes en una de las marchas más célebres de la historia y extraordinariamente penosa, en la que perdió, se dice, la mitad de sus tropas. Pero una vez en Italia se atrajo a pueblos celtas y venció a los romanos en Tesino (218), y sobre todo en Trebia (finales de 218) y Trasimeno (217). Roma sufrió pérdidas muy dolorosas, pero no desmayó. Con un esfuerzo ímprobo reclutó otro gran ejército, estimado en casi 90.000 soldados, para atacar a los 50.000 mal abastecidos de Aníbal. Habida cuenta de la desproporción de fuerzas y la eficacia combativa de las legiones romanas, los cartagineses estaban destinados a la catástrofe final, pero ocurrió lo contrario. Trabado el combate en Cannas, en agosto de 216, la magistral táctica de Aníbal consiguió envolver a sus enemigos y aplastarlos en una de las batallas más sangrientas de la historia en un solo día: murieron 70.000 romanos, según Polibio, y 6.000 púnicos.

El sorprendente desenlace pudo haber sellado el destino de Roma. La ciudad conservaba sus recias murallas, pero no el ejército capaz de defenderlas. Cuando llegaron allí las noticias, "jamás fue tan acusado el pánico y la confusión", dice Livio; las mujeres llenaban las calles con clamores por sus muertos, corrían mil rumores y se realizaron sacrificios humanos para aplacar a los dioses, una práctica ya desusada en la tradición latina (en Cartago persistía la costumbre de arrojar a niños al fuego en honor de su dios principal, Baal-Hammon). No obstante, el Senado conservó la calma y, dándose cuenta de que todo dependía de las decisiones de Aníbal, aplacó los tumultos, obligó a cada cual a permanecer en su casa y trató de informarse, por medio de espías y de los supervivientes. Las noticias le tranquilizaron, pues le permitían ganar tiempo: "El cartaginés estaba asentado en Cannas traficando con el precio de los prisioneros y del resto del botín, sin la moral del vencedor ni el comportamiento de un gran general".

Y así era. En el momento decisivo, Aníbal, tan audaz hasta aquel momento, había vacilado: sus hombres estaban agotados, no había recibido refuerzos de Cartago debido a las intrigas de sus rivales en el Senado cartaginés, y las murallas de Roma le imponían respeto. Maharbal, jefe de la caballería, más lúcido, le propuso avanzar al instante sobre la urbe latina, "para que antes se enteren de que hemos llegado que de que vamos a llegar". Ante las dudas de su general dictó la célebre sentencia: "Los dioses no conceden todos sus dones a una misma persona: sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovechar la victoria". El caudillo púnico llevó su indecisión hasta proclamar intenciones conciliatorias hacia su mortal enemiga, a la que intentaría asaltar años más tarde, ya en condiciones mucho peores, y en vano.

La batalla de Cannas resultó así la decisiva de aquella guerra: pudo haber abocado a la aniquilación de Roma y en cambio no impidió su supervivencia y recuperación, que Cartago había de pagar muy caras. Claro que para ello hizo falta la energía, la voluntad y la unanimidad del Senado romano, un talante muy distinto del mostrado por el Senado cartaginés. Así, la ciudad latina concentró sus últimas fuerzas en levantar un nuevo ejército recurriendo a los pocos miles de supervivientes de Cannas, a soldados muy jóvenes y a esclavos a quienes se prometió la libertad; al mismo tiempo desplegó una activa diplomacia para retener a sus aliados, muchos de los cuales la abandonaban.

Aníbal se retiró al sur de Italia y adoptó una estrategia de largo plazo, buscando aislar a su enemiga cortando su abastecimiento, devastando sus tierras y privándola de aliados por la diplomacia o la fuerza. Una apuesta peligrosa, debido a su propia dependencia de suministros lejanos y al sabotaje de sus adversarios en Cartago, donde su gran rival Hannón respondía con una envenenada argucia a sus peticiones de auxilios: "Si Aníbal es vencedor, no los necesita; si es vencido, no los merece". Desde el asedio de Sagunto hasta Cannas habían pasado tres años cuajados de victorias, pero ahora la contienda iba a volverse lenta y pesada frente a un enemigo resuelto que a su vez buscaba tenazmente aislarle a él. En difícil situación los dos bandos, se agotaban en una pugna interminable.  

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Consciente del valor de Iberia como base cartaginesa, el Senado romano había enviado allí en 218 a los hermanos Publio y Cneo Cornelio Escipión con importantes fuerzas, a fin de cortar los refuerzos a Aníbal. Los romanos habían infligido reveses a los púnicos, pero en 211, a los ocho años de comenzada la contienda y a los cinco de Cannas, fueron vencidos y muertos por Asdrúbal, hermano de Aníbal. Y en este punto entraría en escena un joven general de la talla de Aníbal, Publio Cornelio Escipión, hijo y sobrino de los derrotados en Hispania y que acudió a Tarragona para enderezar el curso bélico. Pues en Hispania, no en Italia, donde la lucha se alargaba sin vencedor claro, iba a dirimirse la magna contienda.

El joven Escipión desembarcó en Tarragona y dedicó los meses siguientes a dar moral y reorganizar a sus tropas, y a informarse minuciosamente sobre las posiciones e intenciones de sus enemigos. Averiguó que estos disponían de tres ejércitos muy separados territorialmente, aunque susceptibles de concentrar sus fuerzas en poco tiempo, y que sus jefes rivalizaban entre sí y disgustaban a los pueblos hispanos con sus exigencias. Entonces concibió el osado plan de tomar la lejana Cartago Nova, principal base cartaginesa, arsenal, almacén del tesoro y centro de la relación marítima con la metrópoli púnica. La plaza estaba bien amurallada pero entonces mal guarnecida, pues nadie imaginaba una empresa tan audaz. A marchas forzadas, Escipión llegó a la ciudad y la tomó con ardides ingeniosos antes de que los ejércitos enemigos pudieran ayudarla. Al mismo tiempo se atrajo a varios pueblos celtíberos, entre ellos a la populosa tribu ilergete mandada por los caudillos Indíbil y Mandonio, antes aliados de Cartago.

La caída de Cartago Nova, en 209, dio un vuelco a la situación en Hispania, pero los tres ejércitos cartagineses seguían incólumes. Al año siguiente, Escipión marchó sobre la Bética para atacar a Asdrúbal, sin dar tiempo a que se reunieran con él los otros generales púnicos, y lo derrotó en Bécula, en la primavera del 208 quedando dueño de gran parte del sur de la península. En cambio no pudo impedir la huida de Asdrúbal, el cual, con el grueso de sus tropas, subió rápidamente hacia las actuales Navarra y Guipúzcoa y, reclutando de paso a numerosos vascones, marchó hacia Italia por el sur de las Galias. Su reunión con Aníbal, aportando tan cuantiosos refuerzos, habría exacerbado de nuevo el peligro para Roma, pero esta consiguió impedirlo al vencer a Asdrúbal ya en Italia, junto al río Metauro. La cabeza cortada del jefe púnico fue lanzada al campamento de su hermano Aníbal, para desmoralizar a sus tropas.

Continuaban en Hispania dos ejércitos cartagineses con refuerzos llegados de África, pero Escipión los desbarató el año 206, esta vez en Ilipa, quizá cerca de la actual Carmona: Hispania dejó de ser una fuente de abastecimiento para Aníbal o Cartago, y toda la parte mediterránea o ibérica, más algunas tierras celtíberas, quedaban bajo el control de Roma. Escipión fundó a Tarragona como ciudad y también a Itálica, cerca de la actual Sevilla, poblándola con veteranos de las legiones.

Faltaba el golpe de gracia al imperio cartaginés. Escipión pudo haberlo intentado en Italia, pero prefirió hacerlo en la misma África, desembarcando osadamente cerca de Cartago. Con ello obligaba a Aníbal a volver a África, librando a Roma de su peligrosa presión, aunque se arriesgaba a sufrir él mismo una derrota fatal. Por fin venció también al gran cartaginés el año 202, en Zama y se ganó el apodo de El Africano.

Terminaba así la Segunda guerra púnica, tras diecisiete años de empeñadísima pugna, que "tuvo tantas alternativas y su resultado fue tan incierto que corrieron mayor peligro los que vencieron", señala Tito Livio. Roma quedaba dueña del Mediterráneo occidental y, continuando su impulso, proyectó enseguida su poderío sobre el Mediterráneo oriental, imponiéndose a Macedonia y a Siria. En esta última campaña El Africano volvería a desempeñar un papel clave.

Esta guerra, dice Tito Livio fue "la más memorable de cuantas se llevaron jamás a cabo", y no exagera: veintiséis años después de haber estado a punto de perecer en Cannas, la ciudad del Lacio ostentaba la hegemonía en todo el Mediterráneo, cuyas orillas llegaría a dominar por completo, situación política y estratégica nunca antes conocida y que jamás se repetiría. Pero la proyección de esa guerra alcanza mucho más de lo que pudieron imaginar Livio o sus contemporáneos. Si el gran designio de Aníbal hubiera tenido éxito –y muy cerca de él estuvo–, el imperio romano nunca habría llegado a existir, con todo lo que ello ha supuesto para la historia de Occidente. Muy distinta habría sido la evolución cultural y política europea, y quizá Europa no habría llegado a conformarse, muchos siglos después, como centro o eje de la evolución mundial. Por lo que nos atañe, la segunda mitad del siglo III antes de Cristo no es una época más en la historia. En cierto modo nació entonces la civilización comúnmente llamada occidental y su acta de nacimiento fue precisamente aquella guerra.   

La derrota de Cartago orientó la historia posterior de Hispania. Si alguna guerra ha habido decisiva, una auténtica guerra del destino, para España y para Europa, ha sido esta, cuyos efectos llegan con plena fuerza hasta hoy. Sin ella Hispania habría entrado en la órbita afro-oriental, no tendríamos la cultura que tenemos ni el idioma que hablamos, el cristianismo habría sido erradicado por la posterior invasión musulmana, como en el norte de África, y no habrían sido posibles procesos como la Reconquista. España, propiamente hablando, no habría llegado a existir, y la historia de Iberia se habría parecido más, con toda probabilidad, a la de los Balcanes.

Dificultades de la ley

6 de Marzo de 2009 - 08:45:57 - Pío Moa - 178 comentarios

El concepto de leyes de la naturaleza viene a ser una analogía de las leyes políticas: la naturaleza "obedece" a unas "disposiciones" que le permiten funcionar sin hundirse en la nada. Se trata de una analogía, claro está. Pero esa analogía hace que nos perdamos al volver a la sociedad: hay en ella tal disparidad de leyes en el tiempo y en el espacio, que se diría que la sociedad puede sobrevivir y funcionar prácticamente con las leyes más diversas. ¿Es posible reducir el espíritu de todas esas leyes dispares a una ley básica? 

"Ley es la ordenación de la razón encaminada al bien común y promulgada por aquel que tiene el encargo de cuidar la comunidad", decía Tomás de Aquino. Pero en una especie tan individualizada como la humana, con tal diversidad y oposición de intereses, etc., ¿existe solo una razón o muchas razones? ¿Y qué debe entenderse por bien común en tales circunstancias? ¿Y de dónde viene la legitimidad, es decir, el "encargo" de cuidar la comunidad?

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**** Ángel Viñas: ¿de dónde viene su capacidad, y la de tantos otros, para distorsionar hasta tal punto los hechos históricos (http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/los-mitos-de-angel-vinas-48082/)? De una concepción de base evidentemente errónea: considera al Frente Popular, alianza de totalitarios, golpistas, racistas y simples delincuentes, como representante de la república del 14 de abril y de la democracia. De esa idea solo pueden salir monstruosidades, cada mentira debe apuntalarse en otras mentiras, en una red de cadenas sin fin. Su método es fácil, porque en la historia se encuentra de todo. Basta olvidar los hechos clave y centrarse en citas y datos secundarios para crear una "historia" de aparente coherencia. Y sustituir la argumentación contra los contrarios por cuatro etiquetas descalificadoras: franquista o neofranquista, conservador, etc.: con eso basta.

**** Dice Rafael López-Diéguez que coincidimos en muchos asuntos (http://www.alternativaespanola.com/blog1/?p=39) No estoy muy seguro. Coincidimos en el respeto a bastantes cosas, pero, en general, lo que para él son certezas para mí son problemas. Él es un político y debe actuar sobre certezas más o menos fundadas, lo cual no es mi caso.

**** Por redacción imprecisa, parecía que los comentarios de ayer sobre Brassens eran de García Domínguez. Eran míos. Brassens estaba orgulloso de sus simplezas, pero orgullosísimo, y criticaba el orgullo ajeno.

**** Aido y su pandilla de miembras igualitarias deberían proponer que los hombres también pudieran abortar desde los dieciséis años sin permiso paterno-materno. ¿Por qué no van a poder abortar los varones? ¡Eso sí que es una desigualdad intolerable! ¿Acaso no sabemos, desde Simona de Bellover, que las mujeres (como los hombres) no nacen, sino que se hacen, las hacen los prejuicios sociales, en concreto? Y a ver cuándo los del gobierno salen en la tele echando unos casquetes, para liberar y desprejuiciar al personal; y Mariano en tanga, para demostrar su progresismo. No son consecuentes, sino hipócritas. ¿Para cuándo una recogida de firmas exigiéndoselo de forma razonada?

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Tres Europas al terminar el primer milenio

Por el oeste la energía expansiva musulmana se había agotado hacia el año 1000, precisamente en España. Desde las invasiones islámicas, el cristianismo se replegó a Europa, habiendo perdido la ribera meridional y oriental del Mediterráneo, salvo partes de Anatolia. El retroceso se compensó con una expansión hacia el norte y el este que abarcó, en el espacio de seis siglos, a todo el continente europeo. Los pueblos de la actual Alemania fueron bautizándose, y a fines del siglo X comenzaba la cristianización de los vikingos. El proceso alcanzó a varios pueblos eslavos, empezando por los búlgaros. La mayoría eslava pudo haberse islamizado, hasta que Vladimiro, monarca de los rusos de Kíef, optó por el bautismo a finales del siglo X, y el cristianismo se extendió rápidamente mediante una mezcla de prestigio político, predicación pacífica y a veces brutales represiones sobre los paganos persistentes, como había ocurrido también con los germanos y ocurriría con los vikingos. La conversión impulsó un rápido proceso civilizador, y Kíef rivalizó pronto con Constantinopla en prosperidad y monumentos. La forma de cristianismo adoptada por rusos y pueblos afines fue la bizantina, no la latina de los germanos y algunos eslavos (polacos, croatas etc.). Ello tendría la mayor relevancia histórica, debido a las considerables diferencias entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla.

Desde muy pronto Roma aspiró, como sede de San Pedro, a presidir la cristiandad, pero en el siglo VI Justiniano creó cinco sedes máximas o patriarcados, iguales entre sí (pentarquía): Jerusalén, Antioquia, Alejandría, Constantinopla y Roma. Solución inestable, resuelta en parte por las invasiones árabes, que conquistaron Alejandría y Jerusalén, y neutralizaron Antioquía. Creció luego una rivalidad soterrada entre Roma y Constantinopla, agravada por el poder que se atribuían los emperadores bizantinos ("Igual a los Apóstoles" era uno de sus títulos) sobre obispos y patriarcas, a quienes nombraban y podían revocar, ejerciendo lo que se ha dado en llamar cesaropapismo. El patriarca de Constantinopla aceptaba la autoridad imperial, pero esta incomodaba a Roma. Desde el año 727 el malestar creció, al imponer los emperadores la iconoclastia. Al final ganaron los partidarios de las imágenes, pero entre tanto el papa Zacarías (741-51) había roto la costumbre de someter su nombramiento al refrendo de Constantinopla, y había buscado el apoyo del rey franco Pipino el Breve. Así se forjó una estrecha alianza entre el papado y los reyes francos, que con Carlomagno llegó a una intimidad similar a la de Bizancio. Hacia 778 los papas habían empezado a invocar la "Donación de Constantino", un documento falsificado según el cual este emperador romano había cedido a la Iglesia la propiedad de Italia y de los países occidentales. La protección franca convirtió al papado en un estado que ocupaba la Italia central, mientras Francia era distinguida como "hija primogénita de la Iglesia", por ello y por ser el primer reino bárbaro convertido al catolicismo.

Entre mediados del siglo IX y mediados del XI había transcurrido la "edad de hierro" del papado – con poca repercusión en España, concentrada en otras luchas–. Con intermitencias, el papado había degenerado en juguete de las facciones oligárquicas romanas, que nombraban, destituían o asesinaba a papas, siendo varios de estos no mucho más que rufianes. Esa larga etapa coincidió con la crisis abierta en toda Europa por las invasiones vikingas y magiares, las ataques árabes por y desde Sicilia (en 846 una flota musulmana saqueó la propia Roma) y por la fragmentación y feudalización del poder político. La combinación de esta crisis y la del papado pudo haber destruido la cristiandad latina, pero esta resistió, en gran medida gracias a la red de monasterios extendida por el continente, con su irradiación religiosa, también cultural, política y económica. Y no se interrumpió el proceso de conquista espiritual sobre los conquistadores bárbaros, propulsado fundamentalmente desde Roma.

Esta época oscura terminó con la elección del papa León IX, en 1054. Pero entonces la discrepancia con Constantinopla llegó al cisma –casi había ocurrido ya en el siglo IX–, y la Iglesia bizantina, regida por el patriarca Miguel Cerulario, rechazó la autoridad de Roma y trató de hereje al papa. El choque provino de la introducción del término Filioque ("y del Hijo"), por el cual el Espíritu Santo procedería del Padre y del Hijo, y no directamente del Padre, tesis originada en España e impuesta por los francos, pero negada por Constantinopla; la cual reclamaba, además, igualdad con el papado, considerándose la segunda Roma, continuadora del Imperio y residencia de los emperadores, mientras que la decaída primera Roma solo presidía un mundo caótico y empobrecido. También diferían en el idioma: Roma había estatuido al latín como la lengua eclesiástica, convirtiéndola en factor de unidad cultural en los ámbitos latino y germánico sobre las intensas discordias étnicas y políticas. Bizancio, a su vez, privilegiaba el griego, aunque aceptó adaptar su liturgia a las leguas eslavas y crearon el alfabeto eslavón o cirílico (por San Cirilo), hoy el de Rusia y varios países eslavos. Asimismo difería algo la liturgia, más pomposa la bizantina, más sobria la latina. Otro rasgo relevante era la escasa difusión de la esclavitud en la Europa occidental.

A efectos políticos e históricos, la diferencia mayor consistió en la relación entre el poder espiritual y el temporal. En Bizancio ambos estaban casi tan identificados como en el islam o entre los judíos, y de hecho el patriarca se subordinaba al emperador. Su historia y posteriormente la de Rusia, estaría marcada por esa identificación. En Europa occidental existió, salvo el período carolingio, dualidad y a menudo oposición entre ambos poderes, muy diversificado el político y de tendencia universalista el espiritual. El papa trataba de afirmar su supremacía, mientras que el emperador hacía valer su legitimidad como heredero del Imperio romano y usaba su poder material para controlar al estamento eclesiástico e influir en la definición dogmática y la vida religiosa, como en Constantinopla. De ahí una tensión permanente, nueva en la historia, con difícil armonía y frecuentes conflictos, sin que ninguno de los dos poderes llegara a imponerse del todo. Esa tensión iba a facilitar la libertad espiritual y política y a obrar como fuente de individualismo en un grado que no parece haberse dado en ninguna cultura o civilización anterior

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Encontramos, pues, dos Europas cristianas, separadas por diferencias quizá de matiz, pero de grandes efectos históricos. En Occidente, y por encima de la diversidad casi caótica de poderes políticos, surgió en el siglo XI un movimiento de unidad cultural que se llamaría más tarde románico. Como arte, fue tomando forma simultáneamente en el norte de Italia, en la España de las futuras Cataluña y Aragón, en Alemania y en Francia. Pero solo se normalizaría a partir de esta última, de la abadía benedictina de Cluny, en Borgoña, convirtiéndose durante más de dos siglos, incluyendo la fase de la reforma cisterciense –por el monasterio de Citeaux, Cistercium– en el siglo XII, que defendía el rigor benedictino, la pobreza y el trabajo manual frente al lujo de Cluny, en un fenómeno de vasto alcance desde Escandinavia a Sicilia y desde Polonia a Irlanda o a la Galicia del reino de Oviedo, que se llenarían de monasterios, ermitas, iglesias, catedrales y palacios de un nuevo y vigoroso estilo. En un sentido amplio, el románico abarcaba la liturgia y la teología, la moral, el pensamiento y todas las artes, superando enormemente al precedente carolingio, mucho más limitado en el espacio, más restringido socialmente y de envergadura cultural muy inferior. La cultura de Europa occidental fue fundada en gran medida por los benedictinos.

Cluny y el Císter dependían directamente del papado, sirviendo a este de instrumento contra la presión imperial. Cuando el papa alemán León IX dejó atrás la época de hierro, planeó reformas como la prohibición de compraventa de cargos eclesiásticos (simonía), la reafirmación del celibato sacerdotal y de la autoridad papal en la elección de dichos cargos, frente a la pretensión de los emperadores de "investir" ellos a obispos, abades y otros. Esta línea de independencia de la Iglesia culminaría con Gregorio VII, papa italiano de origen humilde y ex monje de Cluny, que proclamó la superioridad papal sobre cualquier otro poder, incluido el emperador. A ello siguió la "Querella de las investiduras", comenzada en 1073, entre los papas y los emperadores germánicos, y terminada, tras medio siglo de invasiones de Roma, excomuniones y revueltas, con un compromiso (el concordato de Worms, de 1122). La reforma gregoriana buscaba liberar a la Iglesia de las normas feudales, de efecto corruptor sobre ella.

La época del románico, con una Europa occidental ya a salvo de sus enemigos de siglos pasados, fue de auge demográfico y económico, amplia difusión del arte y del comercio y mayor interrelación de todo tipo. Terminaba una edad azarosa de seis siglos, de monasterios y recobro de elementos de la cultura grecolatina, de conquista de los conquistadores bárbaros por el cristianismo, de tormentas históricas en las que se había forjado, a veces al borde del naufragio, la nueva civilización eurooccidental.

Pero los factores unitarios en la Europa occidental, harto distinta de la bizantino-eslava, no impedían una diferenciación, de gran repercusión histórica, entre la parte central del continente, políticamente homogénea dentro de su feudalización, y las regiones más al oeste y al norte, donde surgían nuevos estados, naciones e idiomas.

Durante el siglo X la dinastía carolingia, dispersa en varios estados que habían disuelto el imperio, dio paso a reyes no carolingios y a una situación política confusa, hasta que en 962 –cuando Alhakén II sucedía a Abderramán III en Al Ándalus y los reinos españoles entraban en un período de discordias internas– nació una nuevo imperio en la parte más germánica e italiana del antiguo dominio de Carlomagno. La nueva entidad, bendecida por el papa, se proclamó heredera del Imperio Romano de Occidente, fundando el que sería llamado Sacro Imperio Romano-Germánico, desde el centro de Italia a Dinamarca, y desde Bélgica y el este de la Francia actual hasta las Polonia y Chequia de hoy. El poder imperial era electivo y bastante difuso, pues dependía de los señores regionales, muchos de ellos obispos-nobles, muy autónomos; pero fue lo bastante efectivo para impedir la formación de estados nuevos en su ámbito. Pese a su precaria unidad, el imperio iba a mantenerse hasta el siglo XVI y, ya en crisis permanente, hasta finales del XVIII, determinando la historia del centro de Europa.

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Un proceso distinto se abría en el extremo oeste y norte del continente, donde se conformaba una Europa diferente de la eslava, pero también de la imperial. En esas regiones tomaban o retomaban forma varias naciones llamadas a ejercer profundo influjo en los destinos de Occidente y del resto del mundo: Francia, Inglaterra y España. Los reinos escandinavos siguieron una historia hasta cierto punto marginal del conjunto.

Francia, bajo la dinastía de los Capetos, se hallaba dividida en poderes regionales cuya fuerza superaba a veces a la del propio monarca. Este estaba nominalmente por encima de todos, pero la obediencia a él era exigua. No obstante, el poder real iría afianzándose en constante pugna con los poderosos nobles, y pronto rechazaría la pretensión englobadora del Imperio Romano-Germánico. Su territorio incluía parte de Bélgica pero por el este se estrechaba con relación a la Francia actual. Un cuerpo algo extraño dentro de él era la Normandía, creación de los normandos o vikingos que allí se habían asentado a principios del siglo X, con vasallaje formal al rey francés.

Inglaterra, repartida en varios reinos rivales desde la conquista anglosajona, había sido sometida en gran parte por vikingos daneses, en el siglo IX. Los anglosajones, antes cristianizados y civilizados por monjes irlandeses y misioneros de Roma, habían hecho a su vez una gran labor cristianizadora en el continente y la harían después en Escandinavia. En el último tercio del siglo IX, los daneses habían sido frenados por Alfredo el Grande, un rey guerrero y culto, que fundó escuelas y tradujo él mismo obras del latín para facilitar su comprensión a la gente común. Unido el país en la primera mitad del siglo X, se había rehecho la cultura monástica, casi arrasada por los daneses, y acogido amplias influencias culturales de Francia y Alemania. Tributario de los vikingos, y tras una matanza de estos ordenada por un rey inglés, los daneses volvieron a dominar el país, hasta que en 1042 volvió a Inglaterra una dinastía sajona. Situación pasajera, pues catorce años más tarde los normandos del norte de Francia, mandados por Guillermo el Conquistador, invadieron la isla, la reorganizaron según el modelo normando-francés, cambiaron las leyes y desplazaron a la nobleza local. Los tres siglos siguientes dominaría el país una pequeña aristocracia normanda de lengua francesa, que aportaría al inglés gran número de palabras latinas. La etapa normanda reforzó el poder del monarca sobre el de la oligarquía nobiliaria, como ocurriría en Francia, apoyándose en principios en parte originales de Isidoro de Sevilla. Y aseguró la unidad estable del país (con pretensiones sobre Gales y Escocia); en este sentido puede considerarse a los normandos franceses los auténticos fundadores de Inglaterra.

Caso especial es el de Italia, dividida entre un norte incluido en el Imperio Romano Germánico; en el centro los estados pontificios; y en el sur, ducados y principados independientes, zonas vueltas a Bizancio, más Sicilia, islámica desde dos siglos antes. A mediados del siglo XI, los normandos se instalaron a su vez en la isla, se impusieron en la Italia meridional y hostigaron al papado hasta ser reconocidos por este. Los italianos constituían un pueblo cultural e idiomáticamente bastante homogéneo, pero no lograrían unificarse en una sola nación política hasta ocho siglos más tarde.

Por lo que hace a España, su evolución difería considerablemente de las demás, aun siguiéndola en líneas generales. Primer país europeo en alcanzar una unidad cultural y política, perdida con la invasión islámica, trataba de recobrarla en circunstancias que propiciaban más bien la división de la península en varios estados y naciones.

Así, sobre una base religiosa común, había tres Europas en torno al año 1000: la eslavo-rusa al este, la del Imperio en el centro y, más al oeste y en Escandinavia, la que podríamos llamar de las naciones. En rigor, empezaba en Europa una edad nueva, cuya divisoria podría establecerse en 1054, con el fin de la época oscura del papado y el cisma de la Iglesia bizantina, y con la implosión del califato de Córdoba en España. En torno a esa fecha cobran forma otros fenómenos decisivos, como la expansión del románico, la evangelización de los vikingos y de Rusia, o la formación de naciones occidentales. Superados los extremos peligros anteriores, la nueva edad, del románico y después el gótico, pasaría de la cultura de los monasterios a la de las ciudades y universidades, a una elaboración filosófica y religiosa más problemática y refinada, a técnicas superiores y relaciones internacionales más complejas. Las dos edades suelen distinguirse como Alta y Baja Edad Media, pero ya el nombre de Edad Media resulta poco satisfactorio. Llamaremos a la primera, provisionalmente, Edad de Formación (de Europa), y Edad de Asentamiento a la segunda, que durará unos cinco siglos.

Dominicos y franciscanos

5 de Marzo de 2009 - 07:10:24 - Pío Moa - 106 comentarios

A ver si algún experto pone los puntos sobre las íes a este texto:

"Marcaron este siglo (el XIII) asimismo las órdenes mendicantes, ante todo la dominica y la franciscana. Las dos seguían la indicación de Jesús de un total desprendimiento y pobreza, reaccionando –sin herejía– contra la opulencia y ostentación en que había caído buena parte de la jerarquía eclesiástica, la cual despertaba sentimientos anticlericales, sátiras y actos violentos. La orden franciscana fue fundada por el italiano Francisco de Asís en 1208, y la dominica por el español Domingo de Guzmán siete años más tarde, y las dos habían crecido con rapidez por toda Europa occidental.

Las dos órdenes propiciaron el mayor desarrollo intelectual de Europa, llevaron al apogeo la Escolástica y echaron las bases del pensamiento científico. Suele considerarse aristotélicos a los dominicos, y platónico-agustinianos a los franciscanos, pero unos y otros combinaron las dos tradiciones filosóficas, si bien de distinto modo. Como figuras cumbre entre los dominicos destacaron Alberto Magno, alemán, y su discípulo Tomás de Aquino, italiano, ambos canonizados por la Iglesia. Ambos buscaron conciliar la fe con la razón y la ciencia. Alberto poseía un saber amplísimo y bien fundado para su tiempo, tanto en teología y filosofía como en ciencias particulares, desde la astronomía a la química, la zoología o la física, las cuales se englobaban por entonces en la misma filosofía. Estudioso de la naturaleza, afirmó que el método no consistía en ratificar las conclusiones de otros sabios, sino en investigar los fenómenos directamente. La filosofía debía supeditarse a la teología, la ciencia máxima, distinguiendo entre verdades conocibles y misterios, solo accesibles por revelación. Fue el principal comentarista de Aristóteles después de Averroes, y contra este defendió el libre albedrío y la responsabilidad humana como fundamentos de la ética, y evitó el racionalismo o el panteísmo presente en ellos para hacerlo coherente con la doctrina cristiana.

Tomás redondeó y perfeccionó la línea de Alberto en una magna síntesis, la Summa teologica,  siguiendo igualmente más a Aristóteles que a Platón.Reconoce la razón como un potente medio para acceder a la verdad, aunque no plenamente, pues la verdad en sus grados más alto exige la revelación; así, la existencia de Dios puede demostrarse racionalmente a través de sus célebres cinco vías, aunque su mayor comprensión exige la fe. El fin de la vida en la tierra es alcanzar el máximo de felicidad mediante el espíritu pacífico, la caridad y la santidad, alcanzándose la felicidad completa con la visión beatífica de Dios, tras la muerte. Para el gobierno de los hombres existe la ley natural, impresa en la naturaleza humana, universalmente válida, cimiento de las leyes concretas y piedra de toque para juzgar estas (contra, por ejemplo, las leyes tiránicas). La teoría de la ley natural, aunque negada por tratadistas muy posteriores, ha influido en casi todos los textos legales europeos, y una derivación de ella ha sido la concepción de los derechos humanos como naturales. Dicha ley viene a ser una manifestación de la ley eterna de Dios que rige el universo, e incluye principios básicos como hacer el bien o el derecho a vivir y procrear. El ordenado y formidable sistema de Tomás de Aquino fundamentó en adelante la orientación principal de la filosofía y la teología cristianas.

Los franciscanos, rivales de los dominicos, teorizaron sobre todo desde la Escuela de Oxford, fundada por el inglés Robert Grosseteste, que distinguió las matemáticas como ciencia principal y clave de las demás, y esperaba explicar el mundo por medio de la geometría, un enfoque platónico. Su mayor contribución fue la clara concepción del método aristotélico: inducción a partir de hechos particulares para llegar a conclusiones generales, y el complementario de hacer predicciones particulares a partir de dichas conclusiones, para confirmar la validez de ellas. Doble vía de llegar a la verdad, que debía basarse en la experimentación. Con ello dio un gran paso hacia la sistematización del método científico. De la misma escuela, el también franciscano Roger Bacon fundamentó más a fondo, teórica y prácticamente, el método experimental.

El escocés Duns Scoto separó en mayor medida la filosofía de la teología, consideró reales los universales, en la tradición agustiniana, y negó la distinción entre esencia y existencia, que Tomás de Aquino había recogido del islámico Avicena. Al revés que Tomás de Aquino, y contra el hilemorfismo de Aristóteles, consideró la existencia de una materia primera sin forma, y de sustancias espirituales sin materia, o que una misma sustancia puede tener más de una forma. Destacó la individuación, que distingue lo propio del individuo de lo que le es común con los demás, como opuesta a la comunidad: solo existe lo individual y solo con ello se entiende la realidad. Recalcó la voluntad no condicionada de Dios y el libre albedrío humano (voluntarismo). Para él, algunos predicados pueden aplicarse por igual a Dios y a las criaturas, mientras que Tomás de Aquino consideraba que lo que se predica de las criaturas no puede aplicarse a Dios más que por analogía. En cuanto a la existencia de Dios, arguyó que la totalidad de las cosas causadas debe ser ella misma causada por algo ajeno a esa totalidad; de otro modo caeríamos en el sinsentido de adjudicar a la totalidad causa de sí misma.

En realidad, la cuestión de la razón y la fe no es solo el gran tema de la Escolástica, sino de toda la filosofía occidental, planteada desde diversas perspectivas: ¿existe Dios? ¿Existen los universales? ¿Tiene el mundo fundamento en sí mismo o exige un factor externo a él? ¿Es primero la materia o el espíritu? ¿El verbo o la acción? ¿La esencia o la existencia? ¿De qué se puede hablar y de qué no? ¿Podemos conocer el mundo?.. Y otras derivadas, como el origen y justificación de la moral o del poder. Al no haberse respondido nunca a estas cuestiones de modo concluyente, cabría pensar que el titánico esfuerzo filosófico ha sido baldío. Pero, pese a no haber alcanzado nunca su finalidad, ha alumbrado o profundizado hechos como el pensamiento científico o el democrático. Tales cuestiones derivan con mayor o menor agudeza de la propia condición humana, pero su desarrollo exige esa tensión entre poder político y religioso típico de Europa occidental y cierta estabilidad y desahogo con respecto a enemigos exteriores".

(Arístides)

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–Por decirlo vulgarmente, solo he echado un polvo en mi vida, y me avergüenzo profundamente.
–¿Te avergüenzas de haberlo hecho solo una vez?
–No, sino de aquella única vez que lo hice.
–¡En la vida había oído algo así! ¿Tan mal te fue? No lo entiendo.
–No entiendes porque eres un necio apenas racional, es decir, apenas hombre. ¿No es el hombre un ser racional? Pues lo que distingue al animal racional del animal sin más es que no obra sin ton ni son, sino que sabe, o aspira a saber, el por qué y el para qué de lo que hace.¡No volveré a hacerlo sin saber el por qué y el para qué!
–¡Hombre, tío, todo el mundo sabe que eso da mucho placer! Debiera ser un por qué y un para qué suficiente.
–Lo será para ti, pero no para cualquier ser medianamente racional. Produce placer, sí, pero ¿por qué lo produce? ¿Por qué va el placer asociado al acto? En otras palabras, ¿cuál es el por qué y el para qué de ello? No volveré a fornicar si antes no sé por qué lo hago.
–Pero todos sabemos que, en fin, la reproducción viene de ahí.
–No basta, ni aun dando por sentado que la reproducción vale la pena, que habría mucho que objetar a eso, poniéndonos en plan racional. La enorme mayoría de los actos sexuales no va encaminada a la reproducción.
–Bueno, pues va encaminada al placer.
–¡Y dale! No va encaminada a ningún placer, sino que el placer va asociado al acto, como va asociado a tomar drogas o emborracharse, a algunos les causa placer matar o hacer daño... En fin, te repito, ¿por qué causa placer ese acto?
–Pues te vas a pasar la vida con esa sola vez, porque, por lo que yo sé, nadie ha dado una explicación.
–¡Ah, qué duro es ser un animal racional...! Pero o lo somos o no lo somos. Hay que ser consecuente.

(Filiberto)

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Lo tomo de García Domínguez, en Heterodoxias.net

Cantaba Brassens

Es cierto que son bonitos todos esos pequeños pueblos,
todas esas villas, esas regiones, esos países, esas ciudades.
Con sus castillos, sus iglesias, sus playas...
Sólo tienen un punto flaco: Estar habitados.
Estar habitados por gentes que miran
con desprecio a los demás, desde lo alto de sus murallas.
La raza de los patriotas, los portadores de banderas.
Los imbéciles orgullosos de haber nacido en alguna parte.

Malditos sean esos hijos de su madre patria (...),


¡Dios mío qué feliz sería la Tierra
si en ella no habitase esta raza incongruente,
esta raza inoportuna y que abunda por todas partes!
La raza de la gente de su tierra y su tradición.
¡Qué hermosa sería la vida, Señor,
si no hubieses creado de la nada a esos bobos!
Es la prueba, quizás definitiva, de tu inexistencia:
Los imbéciles orgullosos de haber nacido en alguna parte
.

¡El pobre Brassens! Pero ¿serían bonitos esos pueblos, ciudades... si sus habitantes no estuvieran orgullosos de ser de allí? Serían seguramente un amontonamiento lúgubre de casas más pobres o más opulentas... Aunque, es cierto, nadie se sentiría orgulloso de ellas, para alivio de nuestro cantante. Por lo demás, Brassens se queda a medias:

"¡Qué buena y bella es la gente –podría haber dicho,
si no fuera porque habla! Ahí está, tan agradable,
empieza a hablar, y solo suelta chorradas.
Todo se echa a perder. ¡Qué hermosa sería la vida, Señor
Si no hubieras dado lengua a esos bobos,
Los imbéciles orgullosos de su inútil e insignificante lengua!"
Brassens, cretino, ¿por qué coño hablabas, y además con música?

"Un Brassens por ahí fuera nos vale lo que una división panzer", que dijo Hitler. O pudo decirlo perfectamente de haber vivido un poco más. ¡Gran poeta el tal Brassens!     

La ingenuidad de Elvira Lindo

4 de Marzo de 2009 - 08:27:39 - Pío Moa - 188 comentarios

Nos dice la conocida escritora:

Me cuenta una profesora de Historia de un colegio concertado cómo, apremiada por la insistencia de los padres en discutir si había que aceptar o no la Educación para la Ciudadanía, una de las religiosas que dirigen el centro, contestó: "No es un asunto urgente pero quiero que tengan claro que cuando la asignatura tenga que darse, se dará". La religiosa no se sumaba a la rebelión a la que algunos sectores defensores de las esencias católicas animan. Probablemente, sobre sus manos caerán asuntos como la homosexualidad, la inmigración o la violencia y los manejará sin el más mínimo problema, haciendo compatibles sus creencias con los principios que definen nuestra democracia. No es tan difícil.

¿Dónde está la trampa? En lo siguiente: la homosexualidad, la inmigración o la violencia y tantos otros problemas son asuntos políticos y sociales sobre los que hay gran diversidad de opiniones en nuestra democracia –que por eso es democracia–, y que se solventan precisamente en la sociedad por medio de la discusión política, estudios, votaciones, disputas a veces muy agrias, etc. ¿Debe trasladarse a las aulas el debate político, a menudo muy enconado y sembrado de pasiones? Esto podría sonar a instrucción para la democracia, pero con toda probabilidad es una majadería que degradaría aún más el ambiente escolar... o se resolvería según la tendencia política del profesor.

Pero, por supuesto, ni de esa democracia esperpéntica se trata. Lo que pretenden los autores del plan es meter en la cabeza de los niños determinadas opiniones y mentalidades, es decir, adoctrinarlos, engañándolos además al presentar tales versiones como "las democráticas". No puede ser de otro modo, y menos teniendo en cuenta el partido que impulsa esa seudoeducación, el nunca regenerado partido del GAL y de Filesa, de los enterradores de Montesquieu y de los pactos contra la Constitución, o de la ley que pretende oficializar una versión radicalmente falsa de la guerra civil. Sería chocante que la señora Lindo ignorase estos detalles y, sin embargo, los pasa por alto, como si nada significasen. ¿Por ingenuidad? Pero esa Educación para la Ciudadanía solo puede ser acorde con sus promotores, aparte de una imposición totalitaria.

La religiosa de la señora Lindo puede que no se sumase a la protesta contra este intolerable abuso por dos razones. La primera es que la enseñanza concertada depende en gran medida no del estado sino del gobierno que toque, y en España pervive la pésima costumbre de que los políticos de turno utilicen fraudulentamente los fondos públicos a favor de su ideología. Esos colegios están sometidos al chantaje de esos políticos, a la amenaza permanente de represalias; algo obvio que Elvira Lindo no toma en cuenta no se entiende bien por qué. Suena de nuevo a un exceso de ingenuidad.

Una segunda posible razón: algunas religiosas desentonan y son tan progres como pueda serlo Zapo. Lo mismo que en la izquierda desentonan algunos políticos y pueden ser tan demócratas como Gotzone Mora o Rosa Díez. Ese tipo de religiosas seguro que no encontrará difícil "hacer compatibles sus creencias con los principios del PSOE" con los que implícitamente se identifica doña Elvira y que son, por mucho que ella los disfrace, muy diferentes de los principios que debieran definir nuestra democracia. Hay religiosas que nunca han aprendido lo más elemental de dichos principios, como, aparentemente, tampoco nuestra literata.

(Artículo publicado en 2007)

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http://sebastianurbina.blogspot.com/

**** Conocía, desde luego, bastante sobre la infiltración del marxismo y tendencias derivadas en la Iglesia a través, sobre todo, de los jesuitas. Pero el libro de Ricardo de la Cierva La infiltración arroja una gran cantidad de datos concretos demostrativos del alcance que había llegado a tener esa política, que ha estado pudriendo la Iglesia por dentro desde hace decenios. Impresionante, de verdad.

**** Un amigo ha hecho un seguimiento de las elecciones vascas desde la transición, y ha encontrado una tendencia sostenida al declive de la proporción de voto nacionalista, que en los años 80 llegó a ser de más de dos a uno en relación con el no nacionalista. Un proceso que habría sido mucho más acentuado si los políticos no hubieran seguido el proceso inverso, volviéndose, los del PSOE y los del PP, más y más afectos al separatismo. Y si la mezcla de fracaso y colaboración de esos políticos con los asesinos no se hubiera manifestado en la huida de muchos miles de personas (y votos) de la región, como si esta se hubiera transformado en una segunda Cuba castrista.

**** La tendencia totalitaria en el PP: Olazábal cree que los votos que ha ganado UPD defendiendo la unidad del país y la igualdad de derechos le correspondían al PP, que sigue exactamente la línea contraria. ¡Estos politicastros...! Demasiada, muy demasiada suerte han tenido con el carácter bovino de sus votantes.

**** Sobre un comunicado de AES: 

"Para AES los electores han dicho un claro y rotundo No al nacionalismo y al pacto con los nacionalistas". Ni claro ni rotundo, me temo. Y solo una parte de los electores, como por lo demás siempre ocurre. Es común en los políticos en general tomar la parte que les conviene por el todo, indicio de su poca sensibilidad democrática.

"AES espera que, cuando se constituyan los nuevos gobiernos autonómicos y se elija al nuevo presidente de la Comunidad, éste se comprometa en su discurso de investidura, como gesto inicial, a poner fin a los procesos de normalización lingüística, a cambiar la política educativa y cultural en su Comunidad, a paralizar los procesos de reforma de los estatutos... De lo contrario volveríamos a la política de cesión a las tesis nacionalistas que las urnas han rechazado". Creo que AES puede agenciarse un cómodo sillón y esperar sentado. Su comunicado no encierra un análisis político, sino una expresión de esperanzas arbitrarias, lo que los ingleses llaman wishful thinking. Por esa vía no va a convertirse en alternativa, me temo.

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"Sería Jaime I  el Conquistador, hijo de Pedro II de Aragón y de su preterida esposa María de Montpellier –la cual, para concebirlo, engañó a Pedro haciéndose pasar en la oscuridad por una amante suya–, quien encauzase resueltamente a Aragón contra el islam, abandonando la aventura occitana. Sometió a los revoltosos nobles aragoneses y conquistó Mallorca en 1229, donde los musulmanes fueron exterminados, esclavizados o huyeron; pero debieron de quedar bastantes mozárabes, y un corto número de catalanes repobló la isla. Mallorca se ganó sobre todo con la flota catalana, pese a lo cual fue considerada reino, mientras Cataluña seguía oficialmente como conjunto condal. Luego, entre 1232 y 1245, Jaime reconquistó Valencia y también la convirtió en reino, contra el deseo de los nobles aragoneses. En 1244 acordó con Castilla (tratado de Almizra), el reparto de las zonas de expansión, pasando Murcia a la de Castilla.

Otro paso fundamental fue el tratado de Corbeil, en 1258, con Luis IX de Francia (primo hermano de Fernando III de Castilla, ambos apodados después el Santo): Jaime I renunció a sus derechos en Occitania, salvo Montpellier, y Luis IX renunció a sus pretensiones de soberanía de soberanía sobre Aragón y Cataluña derivadas de la antigua Marca Hispánica. Una soberanía sin la menor efectividad práctica desde siglos antes.

La política de Jaime I ha suscitado polémicas sobre la "catalanidad" del rey y sus empresas. El término "catalanes" empezó a usarse en el siglo XII y lo popularizaron los trovadores del XIII. El propio Jaime no era catalán, sino medio aragonés medio occitano, casó con una princesa castellana, Leonor, y después con la húngara Violante, y nunca hizo reino a Cataluña como lo hizo a Mallorca y a Valencia, dejando a los condados en un rango inferior. Sin embargo sus empresas en Mallorca y Valencia fueron más que nada catalanas, debido al peso de Barcelona, donde se instalaron la Corte y la Cancillería. La relevancia de la ciudad, seguramente la más rica y dinámica de España, aumentaba porque, al culminar la reconquista de Levante, el Mediterráneo se abría a la expansión de la corona. El comercio de Aragón, barcelonés sobre todo, abarcaba desde la sal, el oro o las especias, hasta los esclavos y llegaba hasta el norte de África, Bizancio y Palestina. De él nacieron sociedades mercantiles "consulados del mar", y el Llibre del Consolat del Mar de Barcelona, probablemente el primer código de leyes y reglamentos de ese tipo, aunque Marsella y Pisa le disputan la primacía.

Problema derivado es el del idioma. En España y entre los propios mozárabes de Al Ándalus se hablaban lenguas romances bastante inteligibles entre sí. Hoy, en la ancha franja central de España, del Cantábrico al sur, y con pocas excepciones, el castellano ha desplazado a los romances aragonés, navarro, leonés y mozárabe, y se ha convertido en lengua común de todo el país; no obstante en la franja occidental y en la oriental se hablan también otras lenguas muy emparentadas: gallego y portugués en una, catalán, valenciano y mallorquín en la otra. ¿Es el portugués dialecto del gallego, o ambos vienen de un romance anterior común? ¿Y el valenciano, el mallorquín y el catalán? Hay argumentos a favor de ambas tesis, problema filológico politizado por nacionalistas deseosos de invertir la historia y volver a la Edad Media, pero negando el hecho bien documentado de que los catalanes, como los demás cristianos de la península, se consideraban españoles.

En 1264, el reino musulmán de Murcia, tributario de Castilla, se sublevó contra esta, respaldado por Granada y los magrebíes, por lo que la reina castellana Violante, esposa de Alfonso X el Sabio e hija de Jaime, pidió auxilio a este, que conquistó Murcia para Castilla. En 1269 Jaime intentó una cruzada a Tierra Santa, pero las tormentas dispersaron su flota, y en 1274 volvió a intentarlo, para lo cual se reunió un concilio en Lyon. Pero ante las vacilaciones de los demás poderes implicados, se retiró con la célebre frase: "Por lo menos hemos dejado bien alto el honor de España". Al parecer dictó su propia biografía, el Llibre dels fets, primera crónica regia escrita en catalán. Al revés de lo que ocurriría en Castilla y León, no reforzó la unidad de la corona, sino que a su muerte, en 1276, distribuyó los reinos y condados entre sus hijos, dejando solo un ligero velo de unidad entre ellos. Las normas jurídicas diferían de un territorio a otro, cada uno con sus propias Cortes (salvo Mallorca), en lugar de las anteriores unitarias.

La ley natural

3 de Marzo de 2009 - 06:45:15 - Pío Moa - 209 comentarios

Por ley natural se entienden unos principios impresos en la naturaleza humana, universalmente válidos y con arreglo a los cuales pueden juzgarse las leyes concretas. En su favor cabe decir que, si no hubiera esa ley o algo parecido, las normas tiránicas serían tan apropiadas y respetables como las contrarias, ya que no habría forma de comparar unas y otras. De hecho, la idea de la ley natural ha influido profundamente en todas las legislaciones occidentales, y una derivación de ella son los derechos humanos, que a su vez se consideran naturales.

La idea suele separarse de la de justicia natural, pero las dos cosas deben ir juntas, pues sin una justicia, la ley quedaría en nada. Quiero decir que la vulneración de la ley natural tendría su castigo, también de forma natural. De otro modo no sería una verdadera ley. A eso alude el dicho "en el pecado lleva la penitencia".

Una dificultad de esta concepción es que en la vida práctica y común vemos frecuentemente como se impone la injusticia, y cómo los injustos gozan a menudo de mejor suerte en este mundo que aquellos a quienes reconocemos más justos. Y si a veces tenemos también la impresión de que la justicia (o la verdad) termina imponiéndose, no es una impresión muy consoladora, porque significa que gran parte del tiempo triunfan la mentira y el abuso –el mal– ¡y precisamente el tiempo es lo que cuenta en la vida! Aparte de que lo que llamamos el triunfo final del bien nunca es final, solo da paso a nuevos males.

Las religiones suelen asumir que, aun en el mejor de los casos, la justicia nunca se cumple del todo, o se cumple muy poco, en este "valle de lágrimas", lo que suele ser un argumento para creer en otro mundo que compensaría la injusticia de este, restableciendo un equilibrio necesario para el funcionamiento del mundo y para su comprensión.

Sin embargo cabe observar que este mismo mundo en que vivimos no podría sostenerse si en él predominase la injusticia. De un modo u otro, aunque a veces sea difícil de percibir, la ley natural ha de restablecer constantemente el equilibrio, imponiendo, por ejemplo, un premio y un castigo también naturales, pues de otro modo el mundo –la sociedad– se derrumbaría. Pero esto es muy difícil de entender, pues tenemos constantemente la impresión de lo contrario, de que triunfa demasiado a menudo la "ley antinatural", vamos a llamarla así. No obstante, esa impresión nace a menudo del puro subjetivismo y de la propia injusticia en nuestro interior. Siempre hay algo que se nos escapa, como le pasaba a Job.

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****Al hilo del tema de ayer: "Cochero, no apresures los caballos" (Yamshchik, nie goni lashadiei)

http://www.youtube.com/watch?v=bMcB_u5uCAI

http://www.youtube.com/watch?v=6u76xjv42W8&feature=related

**** "Vuelco histórico en el País Vasco", nos cuenta El mundo. Como si Pachiló no fueran tan separatista y abyecto ante los asesinos como Ibarreche. Como si el PP no hubiera cambiado en la misma dirección. Hoy escribo en LD sobre la II Restauración: creo que Jorge Vilches nos ha dado una clave del cambio de la política pepera: hacia una confederación "unida" por la corona. Todos sus movimientos de los últimos años van, efectivamente, en esa dirección. Vuelco histórico, desde luego. 

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–Podríamos hablar, creo yo, del carácter bovino de la masa votante del PP.
–Y del carácter caprino de la del PSOE.
–Podría hacerse todo un análisis político sobre esos conceptos.
–Quizá, pero no dejan de ser conceptos algo toscos.
–No más que el de halcones y palomas.
–Pero solo nos acusarán de insultar a los votantes de uno y otro.
–Es curioso, probablemente en ningún país se insulta tanto como en España. Y en ninguno hay mayor susceptibilidad ante el insulto: cualquier cosa se considera tal.

Pero en un plano general, sociológico como suele decirse, y dejando aparte los individuos concretos, esa caracterización tiene bastante interés, diría yo. Bueno, lo digo.

**** Platón es una base fundamental de la filosofía de Occidente, del cristianismo y del pensamiento científico. Pero sus soluciones políticas, aunque explicables por el desastre a que abocó la democracia ateniense, son muy poco recomendables.  Sería un prodigio que acertase en todo.

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Hoy, en El economista:

MUSEO DE LOS HORRORES

Una señora exige que el Valle de los Caídos se convierta en Museo de los Horrores de la Guerra Civil. La cosa parece un poco desorbitada, porque el monumento lo es a la reconciliación... cierto que bajo la cruz, algo muy ofensivo para los herederos directos de quienes perpetraron la más sangrienta y sádica persecución religiosa que se recuerda desde la antigua Roma.

Pero la idea, dejando aparte el Valle de los Caídos, es bastante buena y la secundo. Podría hacerse un museo que recordase cómo planificó el PSOE la guerra civil, o el terrorismo organizado por este partido, o cómo ocurrieron las nada democráticas elecciones del Frente Popular y la oleada de asesinatos, incendios y robos que siguió, hasta que "media España que no se resignaba a morir" se levantó contra los revolucionarios. Pues fue exactamente así.

El museo recordaría, desde luego, las matanzas de los dos bandos, explicando bien el detalle clave de quiénes empezaron y empujaron al precipicio destruyendo la legalidad. Y el sadismo de aquellos ilustrados frentepopulistas, no igualado por sus contrarios. Y cómo se asesinaron también entre ellos y desataron dos guerras civiles en su propio campo, dentro de la guerra general. Recordaría los miles de iglesias y edificios quemados por aquellos "demócratas", las bibliotecas arrasadas, los museos y obras de arte destrozadas. Recordaría la inmensa corrupción en la compra de armas, o el gigantesco saqueo del patrimonio histórico y artístico del país organizado a conciencia por los socialistas; y las peleas entre ellos por el botín una vez perdieron la guerra. ¡Tantos horrores ejemplares podría rememorar ese museo!

La señora en cuestión, una tal Josefina Cuesta, es catedrática, de esas que han destruido el crédito de la universidad como sus antecesores liquidaron la legalidad republicana. Pero su idea no es mala, repito. La historia debe recordarse.

Educación "para" la ciudadanía y totalitarismo

2 de Marzo de 2009 - 07:10:46 - Pío Moa - 257 comentarios

De ningún modo puede ser pasado por alto el hecho de que la llamada Educación para la ciudadanía sea promovida por un partido de muy documentado historial mafioso, causante principal de la guerra civil, enemigo de Montesquieu y marxista, es decir, totalitario, hasta hace bien poco, sin que haya cambiado su marxismo por ninguna otra cosa. Y "orgulloso de su historia".

Este hecho crucial lo olvidan, sin embargo, bastantes intelectuales. No les importa, según parece, ponerse al servicio de un poder corrompido hasta el tuétano. En cuanto reciben la oferta de la mafia gobernante hacen agua sus pretensiones éticas. ¿Qué importa quien pague, si paga? Debe reconocerse que la tentación no es fácil de resistir. Y no me refiero solo al dinero, pues el pago incluye también, y aún más, vanidad satisfecha, influencia social, sensación de poder o la impresión de estar modelando a su gusto a las nuevas generaciones. Tiene mil formas.

La disposición de muchos intelectuales a servir a poderes totalitarios tiene tradición larguísima, desde que Platón diseñó la monstruosidad de La República, antecedente teórico de los totalitarismos del siglo XX, todos ellos bien surtidos de intelectuales afectos. Lógico: su idea clave es que existe una ciencia del comportamiento humano, que deben aplicar los doctos en ella. La ciencia del bien y del mal, por fin alcanzada.

Savater lo explica así: "Los padres tienen derecho a formar religiosa y moralmente a sus hijos, pero el Estado tiene la obligación de garantizar una educación que desarrolle la personalidad y enseñe a respetar los principios de la convivencia democrática, etc. ¿Acaso esta tarea puede llevarse a cabo sin transmitir una reflexión ética, válida para todos sean cuales fueren las creencias morales de la familia?".

Naturalmente, la "reflexión ética válida para todos" es la de Savater, Marina y otros servidores del poder. Reflexión, por lo demás, directamente enfrentada –no lo disimulan– a la educación moral y religiosa a la que tendrían derecho los padres. ¿Cuál debe prevalecer? Por supuesto, ha de prevalecer la "reflexión" de esos intelectuales, respaldados por el poder del Estado. Pero eso del Estado resulta algo vago, así que seamos más concretos: respaldados por el poder del Gobierno de turno. Más concretos aún: del Gobierno mafioso en el poder.

¿Están seguros Savater, Marina, etc. de que sus "reflexiones éticas" tienen el enorme valor que ellos les atribuyen? ¿Están seguros de que son realmente democráticas, teniendo en cuenta la amplísima experiencia histórica de atrocidades cometidas en nombre, cómo no, de la libertad, la ciencia y el progreso? Ningún intelectual, ninguna persona sensata, puede estar seguro de ese valor, y la soberbia de Savater y de Marina a este respecto llama realmente la atención. Un valor, además, negado desde el momento en que ellos mismos, con toda su supuesta lucidez, "olvidan" el carácter del Gobierno al que sirven. Pero la posibilidad de ejercer el poder les nubla la vista ante los hechos más crudos.

Tocqueville previó esta tendencia a crear un "poder tutelar que se asemejaría a la autoridad paterna si, como ella, tuviera por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, por el contrario, no persigue otra cosa que fijarlos irrevocablemente en la infancia". Una infancia permanente, tutelada por los que "saben".

Cabe preguntarse si un poder acreditadamente democrático y virtuoso no podría imponer una auténtica educación para la ciudadanía. En el momento en que se propusiera tal cosa, sospecho, dejaría de ser democrático y virtuoso.

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**** De unos "recuerdos sueltos": http://findesemana.libertaddigital.com/bublichki-1276231494.html

Dos versiones de Búblichki. La segunda, incompleta, de Ivan Rebroff, alias de un alemán.
http://www.youtube.com/watch?v=8ge8VRcd9SY
http://www.youtube.com/watch?v=QvkTzemSkYI

**** Un nuevo periódico digital: www.elheraldodelhenares.es

**** Una propuesta a algún periodista bien informado y con criterio: un libro preelectoral, Esos personajes que piden su voto. Una radiografía política y personal de los principales candidatos. Podría ser una gran cosa si se hiciera con criterio realmente imparcial y no quedándose en la superficie. Naturalmente, el riesgo de hacer propaganda barata es muy alto. Por cierto, menudos personajillos los triunfadores. Y los derrotados. En "Uskadi" dicen, han perdido los nazionatas. ¡Enorme error! Han ganado los nazionatas, también en Galicia. No ha pasado nada, salvo que en Galicia calentarán las poltronas unos traseros diferentes y a Pachiló quizá le den un buen carguillo. Algunos llaman constitucionalistas al PSOE y al PP, buena broma. ¡Ah, y los bovinos votantes peperos...! Y la degradada sociedad vasca, ¡tantos votos al PSOE! Ninguna oportunidad histórica, lamento discrepar ahora –deseando equivocarme– del inteligente editorialista de LD.

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"Chacón aclara que no es "superwoman". Menos mal, nos tenía inquietos a todos. ¿Cómo la definiría Unamuno? Probablemente como miembra de un gobierno de supertiorrillas. Y supertiorrillos, claro.

**** Blog: Se quejan algunos de que ataco a AES y defiendo a UPyD o Cs. Nada más lejos de la realidad. Hago unas críticas que creo necesarias, y es evidente que no le puedo quitar votos a AES, pues ya tiene muy pocos. Por otra parte soy contrario a sepultar en el silencio a opciones potencialmente beneficiosas para las libertades. Más bien trato a los dos partidos como posibles alternativas de izquierda y derecha democráticas... Ojalá lleguen a serlo. 

Sobre algunas verdades eternas

1 de Marzo de 2009 - 07:47:57 - Pío Moa - 225 comentarios


Argumenta el señor López Diéguez que hay verdades eternas aplicables "en todos los órdenes de la vida (la familia, la empresa....). Debemos pues compartir que sólo desde principios éticos incontestables (verdades), "que no se pueden negar racionalmente (Diccionario de la Real Academia)" arraigados en la naturaleza misma del ser humano, soportados en una moral objetiva universal y por ello incuestionables e inmutables en el tiempo, es decir, que las verdades "tienen la propiedad de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna (Diccionario de la Real Academia)" por lo tanto eternos, cual son, entre otros, la libertad, la dignidad, el derecho a la vida, el derecho a educar a nuestros hijos, la propiedad privada, el bien común".

Si están arraigadas en la misma naturaleza del ser humano, si no se pueden negar racionalmente y si el hombre es un ser racional, ¿cómo se explica que tantos seres humanos nieguen según qué "verdades" y argumenten su negativa con bastante racionalidad para convencer a millones de personas? ¿Y cómo es que tales verdades han sido tan negadas en la teoría y más aún en la práctica? ¿No son hombres quienes lo hacen? Y, a la inversa, nadie o casi nadie (salvo los evolucionistas) negaría su adhesión a la "libertad", la "justicia" la "dignidad", etc.; pero las interpretaciones de esas ideas tan generales son muy variadas, y aún más su aplicación práctica. En mi opinión, la libertad, por ejemplo, no es propiamente una verdad, sino una característica del ser humano –que no es eterno, pues ha tenido un principio y previsiblemente tendrá un fin–, en cuanto se rige por algo más que el instinto; y las libertades políticas –pues de ellas hablamos en realidad–, aunque proceden de esa idea muy general de la libertad, son una adquisición cultural históricamente muy tardía, es decir, todavía más alejada de la eternidad. Lo mismo cabe decir de la dignidad o el derecho a la vida, a educar a nuestros hijos, a la propiedad privada o al bien común: todos ellos son ideas y valores que se han desarrollado históricamente en tiempos recientes. Desde luego, cuando apoyo las libertades, la propiedad privada, etc., no lo hago en cuanto a verdades eternas, sino como exigencias actuales y en peligro, y argumento contra quienes defienden lo contrario, cosa que ellos hacen, también, invocando ideas sui generis de justicia, libertad y demás.

Aquí entramos en niveles un tanto filosóficos por los que podríamos perdernos fácilmente, pues hay discursos para todos los gustos, y ese no es el tema real que tratamos. Yendo a un nivel más terrestre, podría pensarse que la diferencia es nimia, si en la práctica estamos de acuerdo en defender esos principios, sean eternos o no. Pero hay una diferencia importante, que ya expuse antes: ¿qué haría AES si llegara al poder convencida de estar en posesión de esas verdades eternas y firmemente arraigadas en las personas? Porque he sido comunista y recuerdo que no obrábamos por simple maldad, sino convencidos de poseer nuestras propias "verdades eternas" (las categorías de su pensamiento), asentar las cuales en la sociedad exigía establecer nuestra sólida dictadura, pues, lamentablemente, los burgueses, cegados por sus intereses de clase, rechazaban nuestras evidencias. Diré aún más, ya que son ustedes confesionalmente católicos: algunas de esas "verdades" comunistas tienen el suficiente parecido con algunas otras cristianas como para que hayan surgido cosas como la teología de la liberación, y una cooperación muy amplia, durante años, de gran parte de la Iglesia con los comunistas. Una experiencia muy lamentable que aún hoy solo se ha rectificado parcialmente.

Señala López-Diéguez: "Es por ello que construir una sociedad libre y democrática sin el respeto a estas verdades eternas, soportadas en la ética natural y válidas en todo tiempo, es un objetivo que termina por ser imposible". ¿Lo es, realmente? Aquí volvemos a la filosofía y a terrenos algo nebulosos. Más modestamente, yo me centraría en las cuestiones prácticas y las verdades más asequibles, ya sabemos que parciales y siempre algo insatisfactorias, pero así es la política. Por ejemplo, la cuestión del aborto: en política no podemos atacarlo desde ninguna verdad eterna, sino desde un planteamiento más a ras de tierra: ¿es el feto el comienzo de una vida humana, o una simple acumulación de células de las que la madre podría deshacerse como quien se opera de un tumor? ¿Y qué consecuencias psicológicas, emocionales y sociales en general, tiene? Este planteamiento haría la cuestión inteligible, creo, incluso a muchos que no piensan como ustedes.

Me permitiré hacerles una observación: sus continuos ataques a UPyD son, me parece, un error político, conveniente para el PP y al PSOE, los verdaderos peligros para la democracia y la integridad de España que ustedes dicen defender en nombre de unas verdades eternas que, como el antifranquismo, lo mismo pueden valer para un roto que para un descosido.

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**** La familia de Emilio Gutiérrez: "Ningún acto de violencia está justificado"
Qué desgracia tener una familia tan necia y servil. Todo gobierno se basa en la violencia, y asumimos que su violencia es legítima porque defiende la ley y protege al ciudadano. Pero pierde su legitimidad cuando en realidad justifica, premia y protege a las mafias asesinas, e intenta servirse de ellas para atacar la ley (la Constitución) y el más elemental sentido del estado de derecho, como hacen el gobierno regional del PNV, el general del PSOE y la oposición futurista. El señor Gutiérrez solo ha ejercido el derecho a la legítima defensa, aunque haya sido a un nivel muy elemental.

Quizá esa familia se crea demócrata por decir tal sandez, que no es más que una justificación de la tiranía. Los políticos han insistido mucho en ello ¡y por algo, ya que les exime de su responsabilidad y les facilita sus "negocios" con los terroristas! Como la idea popularizada de que la democracia consiste simplemente en las elecciones (por lo que, con tal "legitimidad", los políticos ganadores puedan robar y conculcar la ley a su gusto). O la de que antifranquismo equivale a democracia. Con ideúchas tales hemos llegado a la involución política actual. 


**** No había visto el video de Gallardón encantándose con el uaiomin. Me lo enseña un amigo:–Gallardón parece un poco bebido, ¿verdad?
–Un poco rarillo, sí.
–Y se le nota algo así como bastante pluma, ¿no? Fíjate en sus gestecitos y entonaciones.
–Un poco rarillo, sí.
– El alcalde de Madrid.
–El PP futurista, su futuro lo ejemplifica uaiomin.  


**** Me sugiere este amigo: "¿Por qué Luis del Pino no hace una buena película sobre el 11-m? El asunto supera cualquier historia de novela negra, incluido el extrañísimo juicio y la mujer del juez  intentando sacar jugo económico a la cosa".


**** Los objetores a EpC pedirán la retirada de los libros que adoctrinen
Todos ellos adoctrinan, y otros muchos que no son de EpC. Adoctrinan en la ideología de la Trola, el Choriceo y el Puterío, como no podía ser de otro modo teniendo en cuenta quiénes patrocinan el invento. Sospecho que esos objetores ya empiezan a doblar el lomo, como de costumbre.


**** El PP y el PSOE, separados por un punto en Andalucía
El punto del cambio: de la nada a la completa miseria. De la realidad nacional corrupta a la corrupta realidad nacional.


**** Arenas: "Existe una gravísima responsabilidad política en Chaves"
Y en Arenas. ¿O le parece una nimiedad lo de la realidad nacional?


**** "Todos somos Marta". Espero que no. 


**** El Parlamento canario, el que más descansa con cuatro meses de vacaciones. El catalán, el que menos
No se sabe cuál es peor.


**** Veo una página en español bajo el título Catholic net. Tenía entendido que la mayor parte de los católicos del mundo hablan español y proceden de la labor misionera de España durante siglos. Y estos catholic piden apoyo. Que se lo dé Obama.

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