Octubre 2008


Poder y violencia

31 de Octubre de 2008 - 09:58:31 - Pío Moa

En la presentación de Por qué dejé la izquierda, indiqué, más o menos: "Habíamos llegado a la conclusión –certera– de que España era ya un país capitalista desarrollado, y por tanto el siguiente paso histórico debía ser la sociedad socialista. Y esta se alcanza como siempre, por las armas, pues "la violencia es la partera de ls historia", dijo Marx. Pero no eran las armas lo malo, realmente, sino el objetivo de una sociedad ideal que en la práctica siempre ha resultado una pesadilla". Debí haber indicado que la violencia es connatural a todos los regímenes. La razón de ello es la misma por la que existe el poder: como consecuencia de la extrema individuación humana, esto eso, por los intereses, sentimientos, creencias y aspiraciones tan distintos dentro de la sociedad, que llevarían a la disgregación y a la lucha de todos contra todos. Y puesto que la mera razón no basta para unir a los hombres, debido entre otras cosas a lo limitado de la razón humana y su variable interpretación en la práctica, el poder no puede sostenerse sin incluir la violencia, implícita o explícita, aceptada o repudiada.

Surge aquí el problema, por tanto, de la distintción entre poder –y por tanto violencia– legítimo e ilegítimo. Sin entrar a fondo en el tema, me permitiré una pequeña digresión: a menudo la forma de la violencia ya indica la naturaleza del poder ejercido o ansiado. Así la violencia totalitaria o las acciones de la ETA, de inconcebible sordidez y falta absoluta de ética y de épica –aunque las encuentren justificables (y premiables) personajes tipo Cebrián o Zapo–, no expresan sino la sordidez, la maldad de su proyecto social. Son terrorismo, porque su objetivo es asegurarse un poder mediante el terror.

Al hilo, me viene a la cabeza, por el comentario del otro día, la cuestión de si el Irgún fue un grupo terrorista. Su ideología no era totalitaria, muy al contrario. Pero se le recuerda por la voladura del hotel Rey David, donde se albergaban, al lado de los huéspedes, el cuartel general del ejército y el gobierno civil británico, según recuerda Beguin, y contra ellos iba la acción. Según el citado autor, el Irgún avisó con antelación, pero los británicos impidieron la evacuación del edificio, pensando que se trataba de un falso aviso para humillarles. Si Beguin no miente, parte del hotel era un objetivo militar, y los británicos quizá no debieran tener en él tales organismos.

Algunas acciones del Irgún pueden considerarse terroristas, pero en conjunto tuvieron un carácter militar, tipo comando o guerrilla, adecuado a una situación de completa inferioridad material. Varias de sus operaciones demostraron un valor y un ingenio excepcionales, inducidos por la convicción política y el recuerdo de los campos de exterminio. En qué medida determinaron la expulsión de los ingleses en comparación con la acción política-militar del sionismo oficial, es materia discutible.

En fin, seguiremos hablando del problema del poder y sus relaciones.

**** El miedo.

Por extraño que parezca, existe hoy más miedo a expresarse, en muchos terrenos, que bajo el franquismo. La reina dijo algo tan evidentísimo como que el "matrimonio" homosexual solo puede ser una parodia, lo mismo que el "orgullo" gay. ¡Cómo tuvo tal osadía! "Colectivos homosexuales", que se arrogan fraudulentamente la representación de los homosexuales, exigen que la reina rectifique. Aquí se puede ofender y calumniar del modo más salvaje a la Iglesia, se pueden quemar banderas de España y retratos de los reyes, pero no expresar una opinión no solo legítima, sino veraz, a mi juicio, sobre la homosexualidad militante.
 
Por supuesto, la Casa Real, amedrentada, se ha apresurado a recular: las opiniones regias, "tal y como se reproducen, no reflejan la profunda actitud de respeto de Su Majestad la Reina hacia todas las personas, su cercanía hacia quienes sufren, son perseguidos o discriminados". ¿Qué tiene que ver la persecución con el "matrimonio" homosexual y las opiniones sobre el mismo? Los discriminados y marginados aquí somos cuantos pensamos que lo del "matrimonio" y el "orgullo" solo expresan un ataque a la familia, y son nuestras opiniones y sentimientos los que resultan pisoteados por unos políticos demostradamente corruptos y embusteros. Esta gente siempre sigue la misma táctica: hacerse la víctima para agredir con más ferocidad.
 
Pero no solo en la familia real ni solo en Vascongadas o Cataluña hay miedo a expresarse con libertad. Miles de españoles normales tiemblan y callan ante la mera posibilidad de ser tachados de "homófobos", "reaccionarios", "fachas" o cualquiera de los insultos habituales en la izquierda. Izquierda, por lo demás, siempre "dialogante" con los terroristas y perseguidora de sus víctimas. Ahora, el portavoz del GAL y la corrupción rampante de la época felipista, acaba de retirar la escolta a Alcaraz, después de haberle sometido, a través de sus terminales, a juicio por decir cuatro verdades obvias. 

O, por poner otro caso, ¿no acaba de inaugurar pomposamente el rey una escuela en Baleares donde se discrimina y persigue la enseñanza en el español común? ¿Cerca de quién está el rey?

-----------------------

****Elorza, el genocidiómano

Uno de los genocidiómanos más destacados de la marea en curso es el historiador Antonio Elorza, no tan lisenkiano como otros, pero aquí también. Me dicen que el otro día, en un debate en Telemadrid, afirmó tener un documento que, aseguraba, exponía intenciones genocidas en Franco. Pero un genocida –aun en el sentido desfigurado como aplican estos el concepto– no es un señor que amenaza con terribles medidas o represalias, sino quien las realiza, aunque no las anuncie o incluso disimule sus intenciones y actos con palabrería seudohumanística, como hacían Stalin o Mao, los mayores genocidas de nuestra época. Y en otros casos debemos mirar quién recoge las palabras, porque si se trata de agentes de propaganda como Jay Allen, hay que tomarlas con la punta de los dedos.

No conozco expresiones de Franco que impliquen nada parecido al genocidio, ni sus actos tienen tal calificación: unos fueron dictados por necesidades militares de asegurar la retaguardia, otros por represalias frente a los crímenes enemigos, y otros por un durísimo castigo de posguerra, en el que había que distinguir entre los asesinos y los inocentes ajusticiados, cosa que no hacen los genocidiómanos (¡y por algo!) Queipo de Llano, en cambio, profirió amenazas sin cuento como un arma psicológica de guerra, pero ¿las cumplió? Ya he dicho que su represión fue la desgraciadamente normal en los dos bandos. 

Para esta gente, los asesinatos realizados por quienes llaman "republicanos" no deben juzgarse porque ya lo fueron en el franquismo, aunque al mismo tiempo declaran nulos tales juicios (se pilla pronto a estos mentirosos). En cambio fusilar a otros tantos del Frente Popular constituye un genocidio que jamás prescribe. ¡Qué cuadrilla, una vez más, la estupidez y la canallería! Tales crímenes ocurren cuando la ley se viene abajo, y quienes echaron abajo la ley y empezaron la marea de asesinatos, desde las mismas elecciones del 36, fueron los componentes del Frente Popular.

-----------------------

(De Chesterton

LA IGLESIA ANTE LA TRANSICIÓN (II)

Los obispos españoles, de tendencia fuertemente conservadora en su mayoría, y muy respetuosos o claramente afines al franquismo, se vieron sorprendidos por la evolución del Concilio Vaticano II. Ni sus experiencias ni el martirologio de la guerra civil recibieron mayor atención, y de la magna junta de obispos salía un creciente distanciamiento, por no decir hostilidad, hacia el régimen español; compensada por cierta comprensión, rayana a veces en la simpatía, hacia los regímenes comunistas. Tan pronto se fueron concretando las tendencias, el concilio trajo malos vientos para el franquismo, cuya legitimación descansaba en muy gran medida, precisamente, en su lucha contra el comunismo.

Hasta entonces la única oposición eclesiástica al régimen había partido de reducidos círculos nacionalistas catalanes y vascos, y de adherentes a los grupos sindicales de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) y la JOC (Juventud Obrera Católica). Algunos sindicalistas católicos proponían políticas tipo lucha de clases, y entre el clero vasco había tenido bastante éxito la ideología de Sabino Arana, mezcla de un exacerbado racismo y de una religiosidad sui generis, según la cual los vascos eran católicos casi por naturaleza, en contraste con los demás españoles, que siempre lo habían sido por imposición y sin sentimiento genuino. Este sector del clero recordaba los doce sacerdotes fusilados durante la guerra por los nacionales, a causa de sus actividades políticas, y olvidaba los treinta y cinco asesinados en Vizcaya por el mero hecho de ser sacerdotes. En cuanto a Cataluña, Companys había procurado salvar de la matanza al clero nacionalista, buena parte del cual, encabezado por el cardenal Vidal i Barraquer, se había refugiado en Roma, donde hacía activa propaganda contra el bando nacional, junto con los sacerdotes próximos al PNV y con los obispos franceses, temerosos del influjo alemán en España.

Al terminar la guerra habían vuelto bastantes clérigos nacionalistas o separatistas, y también nacionalistas laicos, que, encontrando un mal ambiente para sus ideas debido a la aún reciente experiencia histórica y a las trabas que les imponía la dictadura, se habían adaptado e integrado en la situación, o bien habían formado pequeños grupos para mantener el fuego sagrado y una oposición sorda, pero de escasa proyección. De hecho la oposición nacionalista, clerical o política, no pasó de testimonial durante más de veinticinco años. Pero con el concilio, el ambiente cambió con notable rapidez, en todos los sentidos y en todo el país. No es que el grueso de la Iglesia lo hiciese, pero las minorías disconformes se volvieron más poderosas e incontrolables, al sentirse amparadas por las directrices vaticanas. A finales de 1963 tuvieron gran eco internacional las declaraciones del abad Escarré, de Montserrat, calificando al régimen de "subversivo", resaltando el carácter "nacional" de Cataluña y afirmando que el país había vivido "25 años de victoria, no de paz". Tales opiniones eran notables, porque Escarré, muy afín al Opus Dei, había mostrado actitudes claramente franquistas hasta poco antes. El vuelco se extendería a bastantes más.

La tendencia cobró mayor amplitud desde 1967, cuando monseñor Dadaglio fue nombrado nuncio con la misión de impulsar el distanciamiento del régimen. Como explicará el cardenal Tarancón, alma de la nueva política vaticana desde finales de los 60, el papa "no veía con agrado la vinculación que la Iglesia española tenía con el régimen. Temía que cuando se produjese el cambio tuviese que pagar la Iglesia una factura muy cara". En otras palabras, el Vaticano consideraba al comunismo una corriente con mucho futuro, a la que quizá hubiera que adaptarse, y en cambio veía, con mayor realismo, que el régimen español no duraría ya demasiado. Por ello deseaba congraciarse con la oposición para evitar represalias posteriores, y a ese fin promovió a los obispos más despegados u opuestos a Franco. Algunas órdenes religiosas, los jesuitas en primera fila, que habían sido restablecidos en España por el régimen, se convertirían en punta de lanza de actitudes a menudo abiertamente subversivas no solo contra el franquismo, sino contra la democracia liberal.

Estas nuevas tendencias se concretaron enseguida en la cobertura religiosa a las actividades antifranquistas, es decir, comunistas en su inmensa mayoría. Por entonces incluso los nacionalismos regionales eran promovidos en gran medida por los comunistas, dada la escasa combatividad de los nacionalistas propiamente dichos. Las Comisiones Obreras, pronto infiltradas y dominadas por el PCE, debieron buena parte de su consolidación a los locales y otras facilidades que les ofrecía un amplio sector del clero. En esos locales, unas veces parroquiales, otras colegios, y bajo la mirada benévola de aquellos sacerdotes, se fundaron grupos sindicales o se planificaron huelgas y manifestaciones, o se daban seminarios de formación política en un sentido inequívocamente marxista, esto es, antidemocrático. La policía tenía gran dificultad para controlar o reprimir aquel movimiento, pues ello entrañaba el choque con parte de la Iglesia. En locales de los capuchinos se fundaría también, en 1966, el Sindicato Democrático de Estudiantes de Barcelona, otra organización que se presentaba como apartidista pero estaba dirigida por los comunistas. Poco después se producía la célebre "capuchinada": unos 130 sacerdotes y religiosos se manifestaban en la vía pública por los malos tratos de la policía a un estudiante. Un alboroto de sotanas resultaba un espectáculo realmente insólito, y provocó los más variados comentarios. También en un local eclesiástico se fundaría, a finales de 1971, la asamblea de Cataluña, asimismo orquestada por la sección catalana del PCE.

Entre tanto crecía en las Vascongadas un nuevo movimiento, la ETA, mezcla de ideas de Sabino Arana y de Lenin, con pretensiones de desempeñar, mediante el terrorismo, el papel del FLN en la guerra de independencia argelina o el de Castro en Cuba. Durante bastantes años no se sintieron capaces de cometer asesinatos, aunque considerasen que los funcionarios públicos debían ser atacados "sin otro sentimiento que el que se posee frente a las plagas que hay que exterminar", como indicaba uno de sus ideólogos, Krutwig. En 1965, la ETA comenzó su IV asamblea en la casa de ejercicios espirituales de los jesuitas en Azpeitia, y emprendió una campaña de atracos a bancos. Su labor de captación fue muy estimulada por una red de "escuelas sociales", llamadas también "universidades populares", montada por el clero "progresista" para difundir ideas "avanzadas", esto es, un adoctrinamiento político marxista-secesionista.     

Sin embargo el verdadero salto adelante lo dio la ETA en junio de 1968, asesinando al guardia civil José Antonio Pardines. Lo narra uno de los participantes, Sarasqueta: "El guardia civil nos daba la espalda, de cuclillas mirando el motor por la parte de detrás. Sin volverse, empezó a hablar: "Esto no coincide..." Txabi sacó la pistola y le disparó en aquel momento. Cayó boca arriba. Txabi volvió a dispararle tres o cuatro tiros más, en el pecho. Había tomado centraminas y quizá eso influyó. Era un guardia civil anónimo, un pobre chaval". Y comenta Juaristi: " No fue un enfrentamiento, no fue la heroica lucha de un guerrillero contra un enemigo prevenido, sino un asesinato, como el del nazi que dispara sobre el judío arrodillado junto a una zanja en los bosques de Lituania". Un crimen gratuito, sórdido y sin asomo de épica, realizado por un estudiante semidrogado. Poco después el asesino y su acompañante serían sorprendidos por la Guardia Civil, que mató al primero al intentar este sacar su pistola. La ETA, el PNV, la oposición antifranquista y significadamente el clero sabiniano, transformaron este doble episodio de muerte en un relato, entre heroico y martirial, de lucha por la libertad y venganza represiva. A partir de entonces se multiplicarían en Vizcaya y Guipúzcoa las misas y las homilías más o menos abiertamente a favor de la ETA.

Luego, ante el "Juicio de Burgos" en que desembocarían aquellos episodios, los obispos de Bilbao y San Sebastián, Cirarda y Argaya, hicieron leer en todas las iglesias de sus diócesis una pastoral atacando el procedimiento judicial y condenando las violencias "estructurales, la subversivas y las represivas". En tales circunstancias, el documento beneficiaba a la ETA, a favor de la cual, como víctima, movía a la opinión. A su vez, el nuevo abad de Montserrat, Cassià Just, rechazaba en Le Monde el compromiso de la Iglesia con un régimen que condenaba "al pueblo" por el único crimen de oponerse a Franco. Así, los terroristas no estaban presos y enjuiciados, al parecer, por los asesinatos cometidos, sino por ser pueblo y oponerse a Franco, y por su "patriotismo vasco".

El despego de la jerarquía eclesiástica con respecto al régimen  se acentuó en 1969 cuando el papa Pablo VI reconvino públicamente a los obispos españoles y al franquismo, tomando partido por el clero progresista. La advertencia papal despertó auténtica indignación en los criticados, y un obispo llegó a acusar al papa de apoyar al terrorismo, según relata el cardenal Tarancón. Los nuevos aires soplaron con más fuerza en septiembre de 1971, cuando Tarancón y el jesuita Martín Patino impulsaron una gran asamblea de obispos y sacerdotes para rechazar el concordato de 1953 y cuestionar el respaldo a Franco durante la guerra, apoyando confusamente al Frente Popular y la versión de la historia tipo lucha de clases. No dejaba de tener una finura peculiar ese rechazo hacia quienes habían salvado a la Iglesia del exterminio, hacia quienes los obispos habían estado apoyando casi unánimemente hasta tan poco antes.

Sería largo detallar las homilías, préstamo de iglesias para concentraciones políticas, encierros y protestas casi siempre de signo comunista más o menos claro, que se sucedieron a lo largo de esos años. Otro encontronazo espectacular ocurrió en febrero de 1974, tan solo tres meses después del asesinato de Carrero Blanco. El nuevo obispo de Bilbao, Añoveros, mandó leer en sus parroquias una homilía de ribetes sabinianos, asemejando la salvación cristiana a las concepciones separatistas sobre los vascos. La homilía fue difundida ampliamente en fotocopias, dentro y fuera de España. El régimen acusó la bofetada, y trató de expulsar a Añoveros, pero el resto del episcopado hizo causa común con él, y Tarancón tenía prevista la excomunión contra la autoridad que intentase su expulsión. El gobierno tuvo que tragar quina y pasar por el aro.

Los eclesiásticos progresistas solían agitar la bandera de los derechos humanos, lo cual no resultaba del todo convincente al considerar su talante abierto y comprensivo con respecto a partidos tan dudosamente democráticos como los comunistas, también hacia sus regímenes e incluso hacia los terroristas de izquierda, y, desde luego, los secesionistas, a quienes beneficiaban claramente. Marchaban hombro con hombro al lado de sus antiguos enemigos y perseguidores. Los comunistas llegaron a hablar de imponer su régimen "con la hoz y el martillo en una mano, y la cruz en la otra". Si bien ni ellos ni las demás izquierdas o los terroristas guardarían gratitud alguna por la colaboración de aquellos sorprendentes compañeros de viaje.

La palabra clave era el "diálogo", y en esa perspectiva apareció la revista católica Cuadernos para el Diálogo, una publicación de circulación no masiva, pero muy influyente en sectores intelectuales y universitarios, fundada por Joaquín Ruiz Giménez, antiguo ministro de Franco. El radicalismo dialogante quedaría de relieve unos meses después de la muerte de Franco, cuando Solzhenitsin visitó España e hizo su célebre denuncia del régimen soviético. La oposición prácticamente en pleno replicó con una oleada de ataques extremadamente insultantes contra uno de los grandes testigos de la barbarie del siglo XX, pero fue probablemente en la citada Cuadernos donde se publicaron las diatribas más descalificatorias, defendiendo incluso la utilidad del GULAG para personajes como el premio Nobel de literatura.

Aunque no es fácil establecer la relación de causa y efecto, parece razonable la idea de que estos drásticos cambios de actitud tuvieron alguna relación con otro fenómeno de la época: la rápida baja de la práctica religiosa y de la asistencia a misa, el hundimiento de las vocaciones sacerdotales y el "cuelgue de hábitos" por parte de muchos clérigos y monjas, particularmente entre los de ideas progresistas.

Pero sería un error creer que toda la Iglesia marchaba en la misma dirección. En ella podían distinguirse tres corrientes. Una, minoritaria y representada por el obispo Guerra Campos, permanecía leal al régimen; otra, posiblemente mayoritaria, trataba de preparar un relevo no traumático del franquismo sin romper del todo con él, línea defendida por Tarancón; una tercera se comprometía abiertamente con los extremismos de izquierda o los separatismos. 

Como balance general, cabe señalar que la Iglesia desempeñó un papel muy relevante en la formación de un ambiente social propicio a las libertades y a un cambio político moderado, así como al desarrollo, dentro del propio franquismo, de los sectores reformistas que harían la transición democrática. Pero el saldo negativo es también muy importante: su contribución al renacimiento de viejos odios, y su impulso al marxismo y a movimientos terroristas y secesionistas que se convertirían en verdaderos azotes de la democracia, y que probablemente no habrían llegado a cuajar o a cobrar tanta fuerza sin el amparo recibido de los medios eclesiásticos de ideas pretendidamente avanzadas.

319 comentarios

El historiador y el moralista

30 de Octubre de 2008 - 08:27:59 - Pío Moa

La moral del historiador consiste en aproximarse lo más posible a la verdad de los hechos, labor sumamente trabajosa aunque gratificante. Debe exponer los hechos con sobriedad y explicarlos con la mayor lógica posible, matizando sus conclusiones y sin ejercer de juez de la historia ni dedicarse a condenas o disculpas simplistas, suponiéndose a sí mismo mejor de lo que es: él debe saber que los crímenes más repugnantes son parte de la naturaleza humana; que se han cometido y cometen a menudo invocando esa moralina fácil divulgada por quienes se sienten puerilmente superiores a base de condenas a diestra y siniestra; y no sabe cómo reaccionaría él mismo en circunstancias extremas.  
 
Una facilona seudoética constituye una plaga de nuestra historiografía, tan alejada de la sobriedad y precisión de los mejores estudios anglosajones. Diríase que a muchos de nuestros autores les interesa mucho menos la verdad que exhibir su imaginariamente elevada calidad moral y excelentes sentimientos. Quien pretende que la historia debe escribirse como "historia criminal", por ejemplo, solo exhibe una soberbia extrema y un odio mal camuflado a la humanidad. Actitud frecuente, en diversos grados, entre autores y lectores a quienes no importa si un libro es veraz o no, sino si es pro esto o pro lo otro, filofranquista o filoizquierdista. 

En otro plano, no se pueden equiparar las violencias de quien agrede y de quien es agredido so pretexto de que todo son violencias. Hasta hace poco las atrocidades del Frente Popular se justificaban –en principio con razón– por el hecho de ser una respuesta brutal, pero comprensible, a la agresión de los sublevados contra el régimen legal y democrático de la república. Siendo así, no cabe duda de que, sin dejar de ser crímenes, gozaban de muchos atenuantes, mientras que los contrarios cargaban con todos los agravantes.

Hoy sabemos bien que ninguna de las fuerzas del Frente Popular era democrática, que entre todas desbordaron primero la legalidad republicana, luego la asaltaron y finalmente la dejaron en ruinas, provocando así la guerra civil. Por consiguiente, son sus atrocidades las que cargan con los agravantes y las contrarias tienen los atenuantes. Digamos, además, que el torrente de sangre atribuible a los crímenes franquistas es muchísimo menos caudaloso no ya que el de los nacionalsocialistas y comunistas, sino que el causado por Churchill, Roosevelt o Truman. Crímenes en todos los casos, pero que no pueden juzgarse al nivel de los cometidos por los provocadores de la contienda.

Lo expusieron con bastante claridad personajes como Besteiro ("La reacción contra ese error de la República de dejarse arrastrar a la línea bolchevique la representan genuinamente, sean cuales sean sus defectos, los nacionalistas [los nacionales] que se han batido en la gran cruzada antikomintern"), o Marañón ("Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?"). Ambos tenían conciencia de que, con todos su "peros" y "defectos", atenuables pero imposibles de evitar en una guerra, los nacionales estaban salvando a España de una auténtica pesadilla.

Por supuesto, tales moralistas gratuitos jamás habrían impedido la revolución en España ni el triunfo nazi en Europa, ni jamás agradecerán su esfuerzo a quienes lo impidieron y gracias al cual pueden ellos parlotear en libertad. Más probablemente habrían colaborado con una u otra tiranía, por amor al propio pellejo o a la propia carrera. Las campanudas moralidades, generalmente "pacifistas", de ese jaez resultan vanidosas en el mejor de los casos, y una falsedad y excelente ayuda a los agresores en el peor.

--------------------

**** Siempre fue Galicia, en gallego y para los gallegos. "Galiza" es un palabro malsonante, inventado, al estilo de "Euzkadi", por unos cretinos nazionalistas. Y los diputadillos del PP, en lugar de plantar cara a los gilipollas --que lo son, y también matones totalitarios--  se retiraron del Charlamento autonómico. Así van cediendo espacios a los cretinos.

**** Ayer, en la presentación de Por qué dejé de ser de izquierdas, de Somalo y Noya,
animé a Juan Luis Cebrián a que escribiera sus memorias, explicando como pasó de ser un personaje del franquismo a la extrema izquierda simpatizante de la ETA y de los separatismos. En este país todo el mundo ha cambiado mucho, enormemente, y muy pocos hemos explicado por qué. Intuyo que las memorias de Cebrián, por la enorme influencia del personaje, serían de las más interesantes que pudieran publicarse en España. Porque incluso cuando se encubren o falsean muchas cosas, voluntariamente o por fallas de la memoria, el autor siempre dice mucho más de lo que imagina. Reitero mi invitación.

--------------------

Un artículo publicado en la desaparecida revista Chesterton

LA IGLESIA ANTE LA TRANSICIÓN (I)

Un factor importante en la transición fue el cambio de actitud de la Iglesia ante la dictadura. El franquismo no solo había salvado a la Iglesia de un exterminio realmente feroz por parte de las izquierdas –exterminio que constituye una de las mayores atrocidades de la historia de España– sino que había procurado adaptar gran parte de su legislación a las exigencias eclesiásticas. Por ello, pese a sus roces con otras familias del régimen, en particular con la Falange en los años 40, la Iglesia fue sin duda un puntal del régimen, y su distanciamiento de este en los años 60 tenía que hacer crujir todo el andamiaje del sistema. De ahí que este cambio, aunque menos ruidoso que otros, tuvo una influencia mayor, superior, desde luego, a la de la actividad opositora abierta. Pero, a pesar de su importancia, no ha sido estudiado a fondo en sus entresijos y consecuencias políticas, aunque existen aportaciones cruciales de Ricardo de la Cierva y otros trabajos más dispersos o parciales.

El cambio de orientación ocurrió de modo paulatino, si bien acelerado, a partir del Concilio Vaticano II, y no en una dirección predominantemente democrática, sino, aunque suene paradójico, influida por una especie de comprensión hacia el totalitarismo marxista. El concilio originó diversas tendencias, y quizá resultara la más chocante la del llamado diálogo con el marxismo, propugnada sobre todo por obispos de Francia, Alemania y Holanda, muy preocupados por acercar la Iglesia al mundo moderno, que parecía darle la espalda. Comprensivos hacia el marxismo, también solían propugnar un cambio de orientación en la moral sexual.

Este cambio no se dio sin resistencias, suspicacias y maniobras. En el concilio pugnaron dos grupos, la progresista Alianza Europea, luego Mundial, y el conservador Grupo Internacional de Padres. En relación con esta pugna resulta muy informativo el libro del sacerdote Ralph M. Witgen El Rin desemboca en el Tíber. Historia del Concilio Vaticano II. Las diferencias giraron en torno a la moción sobre ateísmo y comunismo, y muy pronto demostraron los progresistas mayor cohesión y destreza política. Bastantes obispos, empezando por el brasileño Gilberto Sigaud, pidieron, ya en 1963, que "se expusiese la doctrina social católica con gran claridad y se refutasen los errores del marxismo, el socialismo y el comunismo con fundamentos filosóficos, sociológicos y económicos". No hubo respuesta por parte de la comisión correspondiente, dominada por los progresistas,  que parecían dispuestos a impulsar el diálogo con el ateísmo, pero no a identificar al comunismo como enemigo claro y preciso. Pablo VI propugnó a su vez el diálogo en la encíclica Ecclesiam suam, sin citar al comunismo.

El año siguiente el obispo chino Yu Pin y otros más insistieron en definir al comunismo como "uno de los mayores, más evidentes y más desgraciados fenómenos modernos", que obligaba a tanta gente a "soportar injustamente sufrimientos indescriptibles". El sector progresista volvió a dar la callada por respuesta. Por entonces un periódico checoslovaco, bajo régimen soviético, se jactaba de que en todas las comisiones del concilio se habían infiltrado los comunistas. Se trataba en parte de una intoxicación, pero era bien conocida esa labor de infiltración desde poco después de la guerra mundial, por medio, sobre todo, del movimiento Pax, de origen polaco y  manejado por el NKVD, la policía política de la URSS.

En abril de 1965, un esquema propuesto oficialmente al debate volvía a evitar la mención del comunismo. Veinticinco obispos protestaron por este silencio en una carta, y advirtieron que a Pío XII se le había reprochado injustamente haber callado sobre la persecución contra los judíos, pero en cambio podría reprocharse al Concilio, y esta vez con justicia, el silencio ante la opresión marxista, lo cual se interpretaría como "cobardía o connivencia". Hasta 450 obispos se adhirieron a la carta, la cual proponía reafirmar la doctrina tradicional sobre el comunismo.

Presionados por la tenacidad de los conservadores, la comisión arguyó no haber recibido la carta. Al demostrarse lo contrario, afirmó que le había llegado fuera de plazo, lo cual se demostró igualmente falso. Como principal obstructor de los conservadores salió a la luz el obispo francés Achille Glorieux. Solo después de varios episodios semejantes lograron los conservadores la inclusión de algunas frases sobre el comunismo, pero sin mucho efecto porque, como observó el obispo Sigaud, "existe una diferencia entre llevar el sombrero en el bolsillo y llevarlo en la cabeza", aludiendo a la manera vergonzante de tratar la cuestión. Fracasó el intento de una moción más tradicional. El episodio no tiene nada de anecdótico, pues revela el poder adquirido en la más alta jerarquía eclesiástica por los grupos propensos a entenderse con los seguidores de Marx y a atenuar, por lo menos, el viejo antagonismo.

En realidad era poco viable el entendimiento con una fuerza resuelta a liquidar, incluso físicamente, a la religión y sus defensores, como había demostrado reiteradamente. Sin embargo el sector progresista tendía a interpretarlo como una "incomprensión", superable mediante el "diálogo", y creyó hallar puntos de contacto: ¿no defendía el cristianismo a los humildes y denunciaba las injusticias de los poderosos? ¿No predicaba el despego de las riquezas? Y la opulencia occidental, ¿no contrastaba insultantemente con la pobreza de muchos países? Los comunistas afirmaban haber traído trabajo para todos y eliminado la miseria, y muchos querían creerlo. Frente a tal avance, ¿qué contaban las libertades y derechos "burgueses", incapaces de impedir hirientes desigualdades? Y si los comunistas propugnaban un materialismo agresivamente ateo, ¿no exhibían los occidentales un materialismo práctico, haciendo del consumo el eje de su vida? Así enfocado el problema, podía concebirse hasta una confluencia entre cristianismo y marxismo, y los cristianos debían plantearse si no habrían pecado de soberbia en sus condenas a un sistema que tan arrollador avanzaba por el mundo y tanta esperanza despertaba en las masas y en miles de intelectuales.    

Pesaban en la nueva orientación pensadores como J. Maritain, que durante la guerra de España había desprestigiado al bando nacional ante el Vaticano y apoyado al PNV, con el cual identificaba sin más al pueblo vasco. La doctrina de Maritain era por una parte democrática (propició la democracia cristiana), favorable a la libertad de conciencia y la separación de la Iglesia y el estado; pero por otra parte introducía ideas de tinte marxistoide sobre las "clases dominantes" y los "oprimidos", acusando a la Iglesia, de modo más o menos explícito, de haber apoyado muchas veces a las primeras contra los últimos. Esta concepción abría un vasto flanco al ataque de las izquierdas en general, y del marxismo-leninismo en particular. Si el cristianismo tenía que adaptarse al progreso, era evidente que el progreso podía continuar sin necesidad de la Iglesia. Y si la Iglesia reconocía –tan tardíamente– su culpable connivencia con los opresores, solo podía deberse a la presión y avances de las izquierdas, lo cual debía interpretarse como el comienzo de la definitiva bancarrota religiosa.

Desde luego, los marxistas no pensaban renunciar en lo más mínimo a sus posturas, por lo que el diálogo suponía grandes concesiones de entrada por parte de los católicos, sin contrapartida. Los cristianos debían difuminar su doctrina, según la cual el comunismo solo podía producir frutos venenosos, al negar de raíz la libertad y la dignidad humana. Los marxistas, avezados a la "lucha ideológica", desarrollaron tácticas de infiltración y utilización de esos talantes eclesiásticos. Nunca llegó a haber un verdadero diálogo, y los contactos nunca atrajeron a los comunistas a la Iglesia, pero sí a bastantes cristianos al comunismo o al abandono de su religión.

Una cruda manifestación de la consiguiente crisis de conciencia eclesiástica, sobre todo en Iberoamérica y con fuertes ecos en España, ya en los años 70, fue la llamada "Teología de la liberación", entendida la liberación en términos socioeconómicos próximos a los propagados desde Moscú y Pekín. La prosperidad de los países ricos constituiría una brutal injusticia, un producto de la explotación de los países y las masas pobres, o más propiamente empobrecidos por la rapiña burguesa. En tal esquema la riqueza occidental no guardaba relación con los sistemas políticos que aseguraban el respeto a la vida, la propiedad y los derechos individuales, favoreciendo la iniciativa privada y dificultando la instalación de un poder tiránico. Lo "liberacionistas" coincidían con los marxistas en considerar todo ello una fachada irrelevante, tras la cual el sistema de explotación capitalista sumía en la miseria a la mayoría de la humanidad: la abundancia occidental hundía sus raíces en las penurias del resto del mundo. De acuerdo con ese enfoque, numerosos católicos defendieron dictaduras izquierdistas del llamado tercer mundo, o la subversión y las guerras lanzadas por los partidos revolucionarios para instaurar dictaduras superadoras –decían ellos– de las embaucadoras y declinantes democracia imperialistas.

Creo que no se puede entender este cambio en muchos sectores de la Iglesia sin prestar atención al fenómeno, hoy casi olvidado, de la arrolladora expansión del comunismo durante décadas. La guerra mundial había terminado en el sometimiento de los países de Europa central y oriental a dictaduras de tipo soviético, en Grecia había estado a punto de ocurrir lo mismo, y en Francia e Italia los partidos comunistas constituían fuerzas poderosas. La década de los 40 terminaba, apenas cuatro años después, con un nuevo y gigantesco éxito del comunismo, en cuyas manos caía la inmensa China. En solo 32 años desde la revolución soviética de 1917, un tercio de la humanidad vivía en regímenes marxistas, mientras en otros muchos países los partidos de esa orientación conspiraban sin tregua para derrocar los sistemas existentes. En los años 50 Corea del Norte desafiaba bélicamente a la propia Usa, terminando la prueba sin un claro vencedor, mientras el imperio francés doblaba las rodillas en Indochina. El final de esa década alumbraba el triunfo de Fidel Castro, que pronto impondría un nuevo régimen marxista en las mismas barbas del Tío Sam, haciendo de Cuba un foco de inestabilidad general y guerrillas por América. Además, los comunistas influían, cuando no dirigían, muchos de los movimientos anticoloniales que echaban a las potencias europeas de sus inmensas colonias de África y Asia.

Esa expansión asombrosa, sin precedentes históricos de ninguna ideología, religión o sistema político, no llevaba trazas de detenerse en los años 60, cuando la guerra de Vietnam empantanó a la superpotencia useña, que conocería allí su primera derrota bélica. Y todo ello bajo la sombría amenaza de la guerra atómica. Hoy esos hechos parecen lejanos, pero sin recordarlos no lograremos comprender muchos movimientos de la época, entre ellos los ocurridos en España. Los sistemas democráticos europeos habían logrado controlar pasablemente a sus revolucionarios, debido, en muy alta medida, al apoyo de Usa, que había contrarrestado a los partidos comunistas y estimulado la prosperidad de aquellos mediante el Plan Marshall, pero, en conjunto, el comunismo aparecía como poder apabullante y a la ofensiva, frente al cual retrocedían las democracias burguesas con todos sus éxitos económicos y su potencia militar.

Los avances comunistas despertaban oposición, pero también una mezcla de sumisión, simpatía y colaboracionismo. Y no porque alguien pudiera ignorar las matanzas masivas de opositores en los regímenes marxistas, la aniquilación de las libertades, no solo políticas sino también personales, la erección de sistemas policíacos asfixiantes sin paralelo en la historia, y de una economía carcelaria. Sin duda la propaganda comunista, extendida por todo el mundo, negaba o justificaba tales hechos, pero nadie podía llamarse a engaño al respecto. Bastaba a los europeos contemplar el muro levantado por la Alemania soviética en 1961, no para evitar la invasión del país, sino la fuga de sus desesperados súbditos.

El filomarxismo cundía en muy diversos ámbitos, lo mismo entre intelectuales y artistas conocedores, sin embargo, de que el comunismo les privaría de libertad creativa, que entre obreros cuyo nivel económico y derechos ciudadanos superaban de muy lejos a los de los países sovietizados. Sin duda el poder fascina, y muchos se rendían psicológicamente ante la exhibición comunista de fuerza, seguridad, disciplina y fe fanática en un porvenir utópico, justificador de todas las miserias, sacrificios y crímenes del presente. Necesita todavía un estudio el fenómeno de la colaboración con regímenes tales por parte de gentes distantes y hasta opuestas, por sus más obvios intereses, a la ideología de Marx. La Iglesia, desde luego, no escapó a esa inclinación, después de haber contribuido tanto a frenar los impulsos revolucionarios de posguerra mediante las democracias cristianas, sobre todo en Italia y Alemania.

Con motivo de un simposio de obispos europeos en Suiza, el cardenal Tarancón comentará en sus memorias: "En Europa se defendía la tesis de que los sacerdotes debían comprometerse en el cambio de las estructuras políticas y sociales en nombre del Evangelio y aun por procedimiento violentos, porque eran injustas. Se hablaba ya abiertamente de la  teología de la violencia,  de la teología de la revolución".  Sin duda los marxistas tenían razones para estar contentos de esta evolución, que también se produciría más o menos acentuadamente en España, como veremos.  

268 comentarios

Del destino de Israel

29 de Octubre de 2008 - 10:15:00 - Pío Moa

Estoy releyendo un libro que me interesó hace muchos años: las memorias de Menájem Beguin sobre la época del Irgún, (La rebelión) reeditadas hace poco. Mantienen su interés, también para los empeñados en la "conspiración sionista" mundial y, como señala Jiménez Losantos, por "la pérdida o desvanecimiento de los valores fundacionales" de Israel, según las novelas de Batya Gur (no las he leído aún). Expondré algunos trozos:

"Sería un grave error deducir de lo que he escrito que la fuente principal de la fuerza y de la resistencia de los rebeldes eran sus emociones. Suponer que la rebelión fue simplemente la "aventura heroica" de una gente "desesperada", que solo por casualidad no terminó en fracaso o desastre sería más que un error: sería una tontería. Sin embargo ésta fue la presunción de Lord Samuel, que había sido Alto Comisario en Palestina. En un debate en la Cámara de los lores, en 1946, invitó a sus colegas a comparar lo que estaba ocurriendo en Israel en el siglo XX, bajo el régimen británico, con lo que había ocurrido en el siglo I, cuando los romanos gobernaban allí. Ahora, dijo, había un cuerpo llamado Irgún Zvai Leumí. Muchos siglos atrás, había habido un grupo llamado "los zelotes", que dio muestras de gran heroísmo y de sacrificio en su valiente resistencia al poderío romano. Pero, preguntó Lord Samuel, ¿cuál había sido el resultado? Los zelotes habían muerto hasta el último hombre. En el histórico sitio de Masada, los últimos supervivientes mataron a sus esposas y a sus hijos y después se dieron muerte unos a otros, para que ninguno cayese vivo en manos de los romanos, al entrar estos en la fortaleza. Este había sido un golpe mortal para el pueblo judío, que había sido desterrado de su país y dispersado a los cuatro vientos. Con aquel acto de heroísmo, recordó a los otros lores, no habían conseguido nada; y el pueblo judío debía tener mucho cuidado en no seguir el mismo camino.

Todos sabemos que los sucesos ulteriores demostraron que Su Señoría de Carmel estaba equivocado. El heroísmo del Irgún no fue inútil, sino que logró "algo". La rebelión contra los ingleses no terminó como había finalizado el levantamiento contra los romanos. No es Masada, sino Modin, lo que simboliza la rebelión hebrea de nuestros tiempos. La razón es sencilla. La reciente rebelión no fue solo producto de emociones naturales, sino que se dejó guiar por el sentido común y por la lógica política. La emoción dio origen al heroísmo; la lógica trajo consigo su estrategia, y la buena estrategia aseguró la victoria.

Ya en las primeras fases de la rebelión logramos un importante objetivo estratégico: conseguimos anular el factor árabe local. Durante veinte años, los árabes habían ostentado la iniciativa militar y política. Para ser más exacto, la Administración británica había obligado a los árabes a llevar la iniciativa. De una parte, esto había dado un pretexto para impedir que demasiados judíos entrasen en el país, y de otra, confirmaba que las fuerzas británicas tenían que permanecer en Eretz Israel para proteger a los judíos. Los hechos históricos de los ataques árabes son bien conocidos (...) Las consecuencias psicológicas de estos ataques unilaterales fueron tan desastrosas como sus secuelas políticas. Los árabes (...) empezaron a considerar seriamente al judío como un walad-al-mawt, un hijo de la muerte, y a prever el gran festival del tbah el-yahud, la matanza general. En todo el mundo empezó a arraigar la creencia de que los judíos de Israel, como los de todas partes, no eran más que una carga para las fuerzas de seguridad de los gentiles. ¿Desgraciados? Cierto. ¿Cargados de razón? Posiblemente. Pero ¡ay del justo que puede ser asesinado por el cuchillo de un hijo del desierto!

La rebelión hebrea puso fin a esta vergonzosa y peligrosa fase. Los ingleses, atacados por los rebeldes, pudieron argumentar a duras penas que estaban en Palestina para proteger a los judíos. Los árabes olvidaron pronto al "hijo de la muerte" y empezaron a respetar, incluso a admirar, al yedah judío (...) Por fin, un oficial británico, el general D´Arcy, inventó una nueva teoría sobre la misión de Inglaterra. Dijo al Comité de Investigación angloamericano que, si se marchaban los ingleses, los judíos se apoderarían de todo el país. En otras palabras, los ingleses tenían que proteger ahora a los árabes de los judíos"

----------------------

**** Carrillo: "A Garzón le puede salir el tiro por la culata".

¡Si lo sabrá él!

También se pregunta Carrillo "si a los republicanos hay que juzgarlos y condenarlos dos veces". Pero ¿no habíais declarado nulos los juicios del franquismo? Pues entonces habrá que "juzgarlos" ahora correctamente, faltaría más, aunque la cosa sería ridícula: basta con una información pública y veraz al respecto. Promete ser interesante.

Ah, y nada de republicanos: fueron  precisamente esos "republicanos" los que hundieron la república, a ver si se va acabando de una vez la farsa.

----------------------

De Años de hierro:

Comenzaba ese mismo mes la edad de oro de la copla, al formar Concha Piquer, actriz y cantante valenciana ya célebre y de voz extraordinaria, su "Compañía de Arte Folklórico Andaluz". Piquer pertenecía a la nutrida serie de artistas pro nacionales que iban a crear un arte popular con fuerte sabor de época. Su compañía recorría el país divulgando canciones viejas y nuevas: la omnipresente Ojos verdes, Tatuaje, A la lima y al limón,  No te mires en el río, A la sombra de aquel limonero, La bien pagá, etc. Serían, con los pasodobles y boleros, la música de fondo de la época. Sus temas rezumaban un sentimentalismo exacerbado, a veces fácilmente parodiable, y una densa emocionalidad femenina, pese a estar compuestas generalmente por hombres. Los compositores más renombrados, trío Quintero, León y Quiroga, un comediógrafo, un poeta y un músico andaluces, firmarían, se dice, unas 5.000 canciones. El letrista Rafael de León, adinerado y de familia nobiliaria, había frecuentado desde joven el ambiente de los cabarets, cafés cantantes y juergas flamencas, donde había conocido a sus compañeros. Las dotes musicales de Manuel Quiroga, de origen artesano, le orientaron muy pronto a la canción. Antonio Quintero creador de sainetes y obras ligeras, coordinaba las canciones en los espectáculos teatrales. Los temas solían ser poco ortodoxos moralmente: las heroínas de Ojos verdes o Tatuaje, por ejemplo, eran prostitutas, la de La otra, una mantenida quejosa de su posición y de su amante, que la utiliza como un mero objeto sexual:

Yo soy la otra, la otra,
Y a nada tengo derecho
Porque no tengo un anillo
Con una fecha por dentro...
Con tal que vivas tranquilo
Qué importa que yo me muera...

Ojos verdes, poética y de denso contenido erótico, empezaba:

Apoyá en el quicio de la mancebía
Miraba encenderse la noche de mayo
Pasaban los hombres, y yo sonreía...

La censura cambió "mancebía" por "casa mía", con total ineficacia, pues el relato ofrecía pocas dudas.

Despuntaban figuras como Estrellita Castro, Juanito Valderrama o Celia Gámez, esta nacida en Argentina y reina de la revista musical desde antes de la guerra, con su espectáculo Las Leandras. Con Yola alcanzó un éxito permanente. Lograría adaptar el género, hasta cierto punto y sin perder gracia, a las exigencias moralistas de la época: "La revista es ahora espuma y sonrisa, vicetiples que levantan las piernas al compás, vedettes de trajes vaporosos, decoraciones, bailarines, diálogos ligeros, salpicados de chistes y frases ingeniosas. Lo demás, lo grosero, lo inmoral, lo sucio, en una palabra, se ha suprimido", aseguraban algunos críticos.

Distinto fue el caso de Valderrama. Campesino andaluz, se había iniciado como cantante en 1934, con 18 años. La guerra le cogió en las izquierdas, donde formó un grupo de cante para animar a la tropa y los heridos. Alcanzaría su mayor popularidad en los años 50, pero grabó su primer disco en septiembre de 1939, emprendiendo su carrera de flamenco heterodoxo. Al revés que otras, sus coplas tenían un sustrato moral edificante e ingenuo, muy aceptado por "el alma popular".*



* Los tres compositores citados murieron en Madrid, en 1977 Quintero, en 1982 León y en 1988 Quiroga, olvidados y a menudo despreciados porque el progresismo entonces imperante identificaba su música con el franquismo. Lo cual tenía poco de falso. La experiencia republicana de Valderrama sería muy valorada después de la muerte de Franco. Él mismo cedió al nuevo ambiente y pretendió que su celebérrima canción El emigrante (1949) aludía a los exiliados. Graciosa, en verdad, la imagen de los comecuras del exilio haciéndose rosarios e invocando a la Virgen de San Gil, como reza la canción.

----------------------

UNA FALACIA PRO CHEKISTA

Hace unos años, los de la "memoria histórica" pretendían revisar los juicios del franquismo, pero la más superficial ojeada sobre los mismos sacaba a la luz crímenes horripilantes cometidos por el Frente Popular. ¿Qué hacer? Pues nada, para cubrir aquellos crímenes hubo que olvidar la revisión y declarar los juicios nulos, en bloque, porque, afirman "carecían de las garantías exigidas hoy en los países democráticos". Argumento típicamente anti jurídico porque, sobre esa base, habría que anular casi todos los juicios en todo el mundo anteriores a las garantías propias de nuestra época... tampoco cumplidas del todo, según reflejan casos como el de Gómez de Liaño.

Por supuesto, los juicios de postguerra tuvieron pocas garantías comparados con los de ahora. Pero con los que deben ser comparados es con los realizados en esa época por la parte contraria, es decir, por los llamados "tribunales populares". Y ahí sí que no había garantías de ningún tipo: el "tribunal" condenaba sin más pruebas que las acusaciones de la izquierda y hacía cumplir la condena de inmediato. Por participar en aquellas farsas fue condenado a muerte el padre de Peces Barba. Luego le fue conmutada la sentencia por cadena perpetua, que duró cosa de seis años trabajando (y cobrando) en la oficina del Valle de los Caídos. En comparación con los tribunales "populares", los del franquismo supusieron un progreso enorme.

La base de todo este manejo de la "memoria" fraudulenta y de la garzonada consiste en la exaltación de los asesinos de las chekas y la denigración de los inocentes, pues sin duda los hubo, por la dureza legal: igualan a todos ellos bajo el membrete de "víctimas del franquismo", lo que constituye un insulto a la justicia más elemental. Y una identificación de los promotores de la farsa, precisamente, con los criminales. Y con los etarras, también beneficiarios de esa ley contra la justicia.

230 comentarios

En cuanto al puterío (III)

28 de Octubre de 2008 - 09:26:26 - Pío Moa

Según la definición habitual, puta o prostituta es la mujer que entrega su cuerpo (eufemismo) por dinero, o que hace negocio de ese "cuerpo". En la acepción popular, puta es también la que no controla sus instintos y se insinúa o se acuesta "con cualquiera", hasta pagando ella. También se emplea como sinónimo de mujer "mala", es decir, de malas intenciones y actos, no necesariamente sexuales. Puto, en cambio, solía emplearse para los homosexuales dedicados al mismo comercio, aunque en la actualidad la profesión se ha extendido a muchos heterosexuales.

La sexualidad humana va unida generalmente al afecto duradero (al menos en la intención), y el puterío consiste en separarla de este afecto  para ligarla al dinero. Cierto que ni aun así la separación se completa, y en un burdel no es raro encontrar símbolos y títulos amorosos: corazones enlazados, "Tú y yo", y cosas por el estilo, entre lo grotesco y lo cómico. Por otra parte en esos mundillos no están ausentes los celos, y hasta los crímenes pasionales. Un amigo de adolescencia, de Vigo, que a los dieciséis años ya se había hecho chulo de una  puta, me ilustraba: "La gente se cree que una puta, como va con tantos tíos, no se enamora. Pues se enamoran más que las mujeres normales". En fin... Sería ridículo que me pusiera en plan de juez de nadie por dedicarse a estas u otras actividades por el estilo, cada cual tiene sus condicionantes y su biografía ("¿Quién no es mejor que su propia biografía?" dijo alguien. Las frases ingeniosas suelen ser  graciosas, pero falsas; esta, en cambio, me parece extraordinariamente profunda en su ironía). Pero ello no impide reconocer la realidad de que se trata de un oficio vil, que explota la degradación del deseo en necesidad.

La prostitución ha existido siempre y probablemente siempre existirá, como uno de esos males inevitables, que deben asumirse pero mantenerse marginales (aparte su mal propio, el mundo de la prostitución suele ir asociado a diversas formas de delincuencia, difusión de la droga y el alcoholismo, de enfermedades, etc.). Pero lo que llamo puterío es otra cosa. Por ejemplo, ayer aludía a El Mundo como un periódico especialmente putero. En parte me refería a los anuncios de prostitución que cubren varias de sus páginas, pero lo mismo hace el resto de la prensa, de derechas o de izquierdas (creo que el pionero fue El país, aunque no estoy seguro). Esos anuncios significan que esos periódicos están metidos directamente en el negocio de la prostitución, comparten sus ganancias y utilizan su difusión para expandirlo, aunque, hipócritamente, incluyan a veces reportajes sobre los horrores del mismo. Pero me refiero más a los amplios espacios dedicados a los avatares de los putos y las putas famosos, a la pornografía más o menos explícita de gran parte de su publicidad, etc. Creo que decía el Ciudadano Kane, uno de los creadores de la prensa amarilla, que al público le interesan sobre todo historias de sexo y de delito, y tenía bastante razón. Pero lo importante es el tratamiento de esos asuntos. Una especialidad compartida por El mundo y por El país  consiste en  el tono general de promoción de la actitud putera, expuesta indirectamente en reportajes que presentan la sexualidad-negocio o la sexualidad inafectiva como algo "normal", propio de una actitud moderna y progresista, "sin hipocresía".

Hoy, el puterío se ha convertido en un negocio gigantesco, que lo llena todo, desde los anuncios que nos saltan a la vista en cuanto salimos a la calle, a los de televisión, las modas, la publicidad, el cine, etc. Esos periódicos y medios, y muchos partidos políticos, aspiran a crear una sociedad-burdel. Y lo van consiguiendo, mérito suyo.

---------------------

**** Tuvo que ser un espectáculo el de los jefecillos del PP en "Euskadi" dar brincos al ritmo de Pignoise. Nada más apropiado: desde hace tiempo el partido de la Nena Angloparlante no hace otra cosa que emitir ruidos porcinos. Y de paso hace patria porque Pignoise es un grupo español (más o menos), con nombre inglés, signo de modernidad. Dice Basagoiti que su PP debe ofrecer imagen "distinta y más moderna". Y la ofrece, la ofrece. Eso de la defensa de España, la Constitución y las libertades queda como anticuado, como ya muy visto, aburre. Ahora se trata de "romper esquemas". Tengo para mí que a Basa, Oyarzábal y compañía les ha llegado el inspirado discurso de Matty Crevillente, también conocido por Crevy, y han decidido adelantarse al colectivo Zapo: el día menos pensado los vemos salir en un mitin vestidos de payasos y haciendo a continuación un estritís: ¿Cabe pensar algo más lúdico, moderno, hedonista y rompeesquemas? A mí, por lo menos, me cuesta imaginarlo. ¡Animo, valientes, la de poltronas que os esperan! Y olvidaos de María San Gil, tan plasta, tan casposamente digna y anticuada. Ruido porcino, ahí está el futuro que Rajoy contempla con arrobo.  

**** Tipo afortunado este Zapo: la crisis no se ha hecho evidente hasta después de las elecciones, y ahora tiene cuatro años por delante, durante los cuales es de esperar que la cosa vaya remitiendo. El Futurista Indomable lo tiene crudo, aunque con Pignoise, quién sabe. Zapo debía subvencionarle, nunca se vio una oposición tan complaciente y "solemne". De paso devolvía la subvención que dio la UCD al PSOE cuando la transición. 

**** "Según el presidente de las cámaras de comercio
"Hay que convencer a los sindicatos de que su papel no es proteger a los vagos"

Este hombre delira: ¿cómo van a dejar de protegerse a sí mismos?

**** Pedro Schwartz ha ganado muy merecidamente el premio Ortega y Gasset con su libro En busca de Montesquieu. La democracia en peligro.  Enhorabuena, porque es un libro importante e ilustrativo. Merece, ya lo he dicho, amplio comentario, que por mi parte prometí y no he cumplido. Falta de tiempo, espero que solucionable pronto.

222 comentarios

Juzgar a Garzón, en El Mundo

27 de Octubre de 2008 - 08:27:40 - Pío Moa

El mundo es un periódico curioso: basura muy parecida a la de El país quizá en un sesenta por cien y acaso el más putero de los de papel con pretensiones de seriedad. Le salva, hasta cierto punto, el resto, algunas columnas y el periodismo de investigación que de vez en cuanto practica.

Dentro de su oposición a la garzonada (por suerte, pues uno sospecha que lo mismo podría haber salido por cualquier otro registro), publicaba ayer opiniones de 70 historiadores, nada menos, en dos páginas, bajo el título de "los historiadores juzgan a Garzón". La idea era buena, pero su formato impedía argumentar, y el juicio se quedaba en galimatías. Me llamó Julio Martín Alarcón pidiéndome un resumen de entre 100 y 150 palabras. Le mandé uno de 139, que me redujeron por las buenas a 22, privándoles de gran parte de su sentido (al pro chekista Gibson le correspondieron 78). Un fallo informativo y periodístico, porque, además, faltan historiadores importantes, y de otros solo los especialistas saben qué han podido escribir.

En otro plano tiene interés comprobar hasta qué punto gran parte de las opiniones refleja una sangrante  mezcla de ignorancia y sectarismo, de desprecio a los hechos y de ausencia de análisis, ¡en tantos historiadores! O cómo muchos de derechas se salen por la tangente. Están bien Kamen, Stanley Payne, Rafael Abella y unos pocos más. Algunos los iré comentando en el blog. En cuanto a mi respuesta sobre la garzonada, mutilada por el periódico,  fue la siguiente:

"Es parte de la actual involución política, como la colaboración del gobierno con la ETA o el ataque a la independencia judicial. Degrada a los inocentes igualándolos a los asesinos de las chekas: todos "víctimas". Aplica los principios de los tribunales "populares", atendiendo solo a una parte: una parte basada en propaganda, con cifras inventadas y falsos representantes de los familiares. Presenta a los caídos de izquierdas como defensores de la libertad, cuando fue el Frente Popular quien destruyó la legalidad republicana y causó la guerra, hechos hoy probados. Da crédito a Jay Allen, que no era informador, sino agente de propaganda del Frente Popular. El sumario es históricamente falso, judicialmente inspirado en el modelo chekista. No hubo genocidio, sino grados de terror en los dos bandos. Descubrir el fraude ayudará a la verdad, tan importante para la democracia"

Por supuesto, El mundo no ayuda en absoluto a la verdad, y el problema no se limita ni puede centrarse en el aspecto judicialmente disparatado del negocio garzonesco.  La clave está en los hechos históricos, rehuidos o embrollados por el periódico.

----------------------

**** "Hablan los ancianos acusados de "crímenes contra la humanidad"
"Si me llama Garzón, iré. Y le diré que esto es un disparate"

¿Ahora a las canalladas se les llama disparates? He ahí la destrucción del lenguaje, el instrumento que debiera servir para entendernos.

**** La permanencia de Garzón como juez, y su auto pro chekista, es un insulto a la justicia y a toda la judicatura, que lo consiente.

**** Cuando se señala la participación alemana e italiana a favor de Franco y se menciona también la soviética, suele olvidarse esto: Stalin era ya por entonces un genocida con gigantescas matanzas a su espalda, y un completo totalitario, mientras que Hitler solo había empezado a cometer sus fechorías; y Mussolini, ni entonces ni después cometió genocidio alguno, ni desmanes comparables a los otros dos, ni de lejos. Estos puntos son también muy importantes para juzgar la actiud de los dos bandos de la guerra civil

**** Obsérvese la lógica de Elvira Lindo en su vomitivo artículo de ayer en –naturalmente– El País:

"Un numerario del Opus asistió al estreno. El único comentario que hizo a la salida se refería a una escena en la que se ve a miembros del Opus sentarse a comer: "Un numerario nunca se sentaría a una mesa sin mantel". ¿Hay que pensar entonces que todo lo demás es cierto?".

Lógica de estilo progre.   ¿Hay que pensar que Lindo miente, en lo del numerario, lo del mantel y en todo lo demás? Este pensamiento parece mucho más razonable.

**** "SUPRIME SECCIONES DEL DIARIO DE SU PADRE EN LA GUERRA CIVIL
Ernest Maragall consigue que una editorial censure un libro sobre su familia"

¡Ah, la memoria, las izquierdas y sus turbias memorias! Tan conscientes de lo ocurrido y tan resueltos a censurarlo, tan vivo siempre su instinto inquisitorial. Solo admite Maragall, el hombre del "estado central residual", la biografía complaciente de Ester Tusquets y Mercedes Vilanova.  No cambian. No hay modo.

**** A Ingrid Betancourt le dieron el premio Nobel en Estocolmo. Nada más apropiado.

----------------------

"El reforzamiento del franquismo en 1943, tan deplorado por Gil-Robles y por Hoare, no era un simple producto de la represión. Esta seguía cerrándose implacable sobre los comunistas, pero la inmensa mayoría de los antiguos izquierdistas o separatistas se habían adaptado a la situación. Ello permitió también la liberación de los presos condenados hasta veinte años, con lo que el número total de reclusos descendió hasta 74.000 al terminar el año, incluyendo los presos comunes. También dejaron de dictarse penas de muerte por el delito –tan interpretable– de rebelión militar. En diciembre se disolvieron las milicias de la Falange, ya desarmadas desde hacía tiempo.

Hay otros datos a considerar. Las cosechas seguían siendo flojas, por la disminución de terreno cultivado, las sequías intermitentes y la escasez de fertilizantes y equipo agrícola moderno; pero en conjunto el suministro había mejorado de modo notable, o quizá se repartía mejor, de modo que el número de muertes directas por hambre, 315, había descendido al nivel de la república. Y había mejorado la higiene, no produciéndose ninguna sobremortalidad apreciable por enfermedades: al contrario, el número total de fallecimientos registrados, 349.000 había descendido con respecto a los 384.000 de 1935. La mortalidad infantil bajaba de forma acelerada: de 17,10 por cada cien nacidos vivos en 1935, a 13,67. Los  207.000 niños huérfanos o de familias indigentes eran alimentados en 2.026 comedores. También fue un éxito el retorno de los niños enviados fuera del país por el Frente Popular: de 35.000 se habían repatriado más de 28.000; quedaban 5.000 en la URSS y unos centenares en Méjico y otros países. (2)

Indicativa de una cierta evolución fue la apertura de los primeros grandes almacenes, llamados Galerías Preciados, el  5 de abril en Madrid, por iniciativa del célebre empresario asturiano Pepín Fernández. Empezaron a popularizarse las cafeterías de estilo useño, donde se despachaban "perritos calientes", sándwiches, batidos, tortas con nata, platos combinados y otras novedades, servidos a menudo por camareras, y con numerosa clientela femenina. Comenzaba la decadencia de los tradicionales cafés, de carácter más masculino, sedes de tertulias variadas, desde literarias a taurinas. Otras modas useñas, como el jazz o el consumo de whisky, adquirieron difusión en círculos estrechos. El cine useño siguió cosechando éxitos.

En otro orden de cosas, se inauguraron diecisiete nuevos teatros por distintas ciudades. Los avances en la enseñanza también eran evidentes, aun dentro de las restricciones económicas. El número de universitarios había pasado de 32.000 el último año de la república, a cerca de 42.000; los 99 institutos de segunda enseñanza, con 124.000 alumnos, de 1935, eran ya 118 institutos con 180.000 alumnos, con un aumento mucho más rápido del alumnado femenino: de 37.000 a 63.000. Existían 52.000 escuelas primarias (aproximadamente 19.000 para niños, casi otras tantas para niñas, y 14.000 mixtas), con 1,240.000 alumnos y 1,264.000 alumnas. El 12 de octubre de aquel 1943 se inauguró la Ciudad Universitaria de Madrid, nacida en 1927 bajo la dictadura de Primo de Rivera, por especial iniciativa del rey Alfonso XIII, como recordó Franco en la ocasión, y destruida durante los combates de noviembre de 1936. La universidad debía dar una formación científica y católica, siguiendo la tradición universitaria española del siglo XVI. El modelo venía a ser, vagamente, los campus useños (fue, al parecer, la primera universidad europea inspirada en ellos), con arquitectura modernista, amplios espacios verdes, etc. La reconstrucción de algunos edificios se hizo en un estilo más "imperial".

El ministro de Educación, Ibáñez Martín, promovió la Ley de Ordenación de las Universidades, que, por primera vez, definió la labor universitaria como de investigación y no solo de docencia, y trataba de establecer un vínculo estrecho con el CSIC. Con propósito de fomentar un ambiente intelectual intenso e interdisciplinar, se restablecieron los colegios mayores, una institución del siglo XVI. Debían concentrar a alumnos y medios adecuados, y disfrutarían de autonomía, pero tendieron a quedarse en simples residencias de estudiantes con algunas actividades culturales. También las universidades tendrían autonomía: la policía no podía entrar en sus recintos, salvo autorización del rector; y sus publicaciones, como las del CSIC, estarían exentas de censura. Dado el carácter católico de la enseñanza oficial, se impusieron restricciones a las universidades de la Iglesia, de las que solo existían tres (Deusto, Comillas y pontificia de Salamanca), supeditadas a las oficiales en la concesión de títulos.

(De Años de hierro)

249 comentarios

El sufrimiento de la vejez

26 de Octubre de 2008 - 10:25:02 - Pío Moa

Un sufrimiento característico es el derivado de la vejez, tanto sentida como vista. El espectáculo de la decrepitud en una residencia de ancianos impresiona a la persona aún sana y joven más que el de un hospital, pues en éste el sufrimiento proviene de accidentes o enfermedades, que pueden tocarle a uno o no, mientras que en el asilo nace de la propia naturaleza (llamémosla así, confianzudamente, como si supiéramos qué o quién es esa señora), y es un destino ineluctable, salvo que otras causas acorten la vida. Se nos hace difícil imaginar a aquellos ancianos como fueron hace unos años, acaso fuertes, ágiles y en plenas facultades mentales; o en su niñez, y cuáles habrán sido sus biografías. Ciertamente no todas las personas envejecen igual, pero la impotencia creciente es su rasgo inevitable. Frente a las personas que allí vemos juntas, unidas por la vejez, a menudo por la soledad, pues muchos apenas hablan entre sí –por tedio o por simple impedimento físico–, reaccionamos o bien evitando pensar, o haciendo un esfuerzo mental de aceptación nunca del todo convincente. 

La sensación aumenta cuando es la propia vejez la que llega. Los romanos estimaban su llegada en torno a los sesenta años, y en realidad así es. Aun si uno mantiene la salud, a esa edad toma conciencia de que, en el mejor de los casos y como media, no le quedan más de veinte, con suerte treinta años de vida, y con salud decreciente. Bien lo expresaba  el segundo Eugenio de Toledo, uno de aquellos brillantes obispos de época visigótica, en su Lamento por la llegada de mi vejez: "Los tiempos felices huyen y los malos se imponen / males de todas clases se acercan y los bienes huyen volando / Llora, mísero Eugenio: la detestable enfermedad se apresura / La vida pasa, el fin viene presto, la ira del cielo se cierne / y he ahí, llamando a la puerta para entrar, al mensajero de la muerte".

Se entienden reacciones como las de los vikingos, que preferían la muerte en combate, en plenitud de fuerzas, a "la muerte de buey", de pura ancianidad. Elección harto cruda, en todo caso.

Parece no quedar otra opción que compensar esa consciencia fijando el ánimo a cosas más alegres. Como también escribía Eugenio: "Tu voz, ruiseñor, anima a hacer canciones / por eso mi pobre lengua entona tus alabanzas (...) / Tu voz se eleva con admirables notas sobre el viento sonoro / Tu voz, ruiseñor, aleja la semilla de la preocupación / aligera el angustiado corazón con suaves sonidos...

Pero queda la imploración a lo imposible: "Prolonga el convite de dulce música a los oídos atentos / no quiero que calles, no quiero que calles".

(Digamos de pasada que los versos de Eugenio y otros fueron muy apreciados e imitados en la Europa carolingia y en la Inglaterra de Alcuino)

------------------------

"El PSOE de Meliana se abstuvo en la votación del homenaje a la pequeña Silvia",

niña asesinada por la ETA.

Normal, una vez más, bajo este anormal e ilegal gobierno. El PSOE es afín a la ETA y a las chekas, no a sus víctimas. Para aquellas el diálogo, el dinero, la ley amañada y la tolerancia. Para estas la humillación y el silencio. Siempre fue así, para los que no hayan perdido la memoria ni la facultad de ver lo que pasa ante sus narices.

**** La grotesca mendicidad internacional de Zapo. Pero, como hacía decir a Sherlock Holmes su autor, lo grotesco suele acompañar a lo trágico.

**** "Plataformas por la libertad lingüística denuncian las cesiones de PP y PSOE"

No cesiones: complicidad de los hedonistas o hediondistas ¿Qué ha hecho el PP en Galicia o en Valencia y Baleares? Cualquier día veremos a Arenas, ese gran homenajeador de Blas Infante, promoviendo el "andalú" en las escuelas. 

**** "Desde el primer asentamiento de los europeos en el Nuevo Mundo, Estados Unidos se convirtió en un imán para las personas que iban en busca de aventuras, huían de la tiranía o, simplemente, intentaban conseguir una vida mejor para sí y para sus hijos".

La realidad no fue tan sencilla y bonita. Durante mucho tiempo gran número de inmigantes llegaron con contratos leoninos o engañosos que les sometían a una auténtica esclavitud. Me refiero a los blancos, no a los negros. No pasemos de una beatería a otra.

**** Dice Rajoy que no es el momento de pasar factura por los errores de Zapo. ¿Cómo va a pasar factura el individuo de la nena angloparlante, falso opositor y copartícipe en las fechorías del "errado"? Ni ahora ni nunca.

------------------------

"Don Juan, pensando que la agresión a España estaba próxima, acababa de romper con el Caudillo dos días antes: "V. E. es uno de los contados españoles que creen en la estabilidad del régimen nacional-sindicalista; en la identificación del pueblo con tal régimen, en que nuestra Nación, todavía no reconciliada, tendrá fuerzas sobradas para resistir los embates de los extremistas al término de la guerra mundial y que V. E. logrará por medio de rectificaciones y concesiones el respeto de aquellas Naciones que pudieran haber visto con disgusto la política seguida (...) Estoy convencido de que V. E. y el régimen que encarna no podrá subsistir al término de la guerra, y que, de no restaurarse antes la Monarquía, serán derribados por los vencidos en la guerra civil". A continuación se contradecía: "Para impedir tan trágico futuro, es preciso (...) algo que no sea ni el totalitarismo de V. E. ni la vuelta de una República democrática, antesala del extremismo anarquista; y esa solución la constituye solamente la Monarquía Católica Tradicionalista". Solución querida, a su entender, por la mayoría de los alzados en julio del 36. Con nueva contradicción calificaba al régimen de "incompatible con la esencia misma de la Monarquía, que ha de ser genuina y absolutamente nacional y para todos los españoles". Se veía obligado, en fin, a "dar a conocer a España y al mundo la total insolidaridad de la Monarquía con él [régimen]".

El día 28, hablando a La Prensa de Buenos Aires, iba más allá: "Siempre quise que el cambio imprescindible y anhelado por la inmensa mayoría de los españoles se efectuara sin violencia", pese a lo cual, "No se puede suprimir el peligro cierto que para el pacífico futuro de España representa la perduración de un régimen cuya esencia misma no puede ser cambiada". Estas frases sugerían aceptación y aun apoyo a la invasión, y afligieron a muchos monárquicos. El propio Don Juan quiso aguar un vino tan fuerte en un nuevo telegrama a Franco. El cual respondió: "Vuestras declaraciones con vistas a agradar al exterior han causado por el contrario en España penosísima impresión (...) España no está dispuesta a consentir que con motivo de la general contienda puedan desvirtuarse los frutos de la victoriosa Cruzada y defenderá por todos los medios, sin contar los días ni los años, nuestra soberanía hasta el último hombre".

Poco después remitía al pretendiente una carta más cortante: "Si el 18 de julio, sin apenas medios, preferimos tantos españoles la loca aventura de lanzarse a la muerte para salvar a España, aun a costa de sensible sangre española, imaginaos lo que haríamos hoy para impedir que por ambiciones personales o por imposiciones o intrigas extranjeras se intentara poner en peligro lo que tanto ha costado"; y apuntaba a "lo poco arraigado de vuestras convicciones", al elegir un camino que "solo os podría conducir, en un eventual momento de desgracia de España, que Dios y los españoles no han de permitir, a llegar a ser un rey efímero de una monarquía estilo griego (...). Nada tema Vuestra Alteza de los vencidos de ayer. No los temimos cuando eran la legalidad, tenían todo el oro, los medios nacionales y el apoyo extranjero (...) ¿Cómo los vamos a temer hoy cuando el Ejército entero (...) la Falange con más de un millón de militantes, los católicos y todos los poderosos medios de un Estado están leales y firmes en nuestra manos, e incluso los que ayer les seguían forman cada día en mayor número en las filas de los convencidos?". La ruptura quedaba firmada. 

¿Hubo realmente peligro de invasión? Ni Hoare ni Hayes dicen palabra al respecto, y tampoco ha aparecido documentación aliada en tal sentido. Pero los temores españoles tenían lógica. Londres y Washington rompían las solemnes garantías de seguridad y no injerencia dadas un año antes, y el volframio, como el telegrama a Laurel, sonaba a pretexto. El comercio del mineral entraba en los derechos de los neutrales. Portugal, que lo exportaba al Reich en mayor cantidad, no recibió amenazas semejantes; ni Suecia o Suiza, cuyos servicios al esfuerzo bélico alemán eran incomparablemente más valiosos. En cuanto al embargo de petróleo, tenía, además del demoledor efecto económico, otro de obvio alcance estratégico, pues un ejército a duras penas funcionaría sin gasolina, de la que quedaban a España reservas para pocos meses, racionándola al máximo. Sin esa perspectiva, Don Juan difícilmente hubiera osado aquella ruptura.

Con todo, la invasión no ocurrió. La explicación de Suárez, La Cierva, Platón o Ansón es que Stalin rechazó de plano el proyecto. El soviético deseaba cuanto antes el ataque por el norte de Francia, decidido en Teherán; y después del empantanamiento de la ofensiva aliada en Italia, una nueva aventura por una España probablemente difícil de someter, solo habría acarreado nuevos retrasos. Que Stalin hubiera evitado a España una prueba semejante constituiría una nueva paradoja de esta guerra, tan pródiga en ellas. Sin embargo no parece haber existido un plan real de invasión useña



* El historiador Miguel Platón escribe: "Ante el freno de la progresión aliada en Monte Cassino, el general norteamericano George Strong suscribió un plan que proponía establecer un nuevo frente desde la península Ibérica. La sugerencia había partido de su jefe de inteligencia, el coronel William J. Donovan, un amigo del presidente Roosevelt". La batalla de Montecasino había comenzado el 4 de enero, pero los avisos de Mountbatten venían de antes. Sobre el plan de invasión y su rechazo por Moscú, Franco leería en 1949 dos telegramas secretos del Foreign Office y del Kremlin, pero su lenguaje extravagante en términos diplomáticos los hace poco creíbles.

(De Años de hierro).

158 comentarios

Paradojas y un punto de la Falange

25 de Octubre de 2008 - 13:03:40 - Pío Moa

Una política del franquismo consistió en convertir a la mayoría de los españoles en propietarios de su casa. Con ello perseguía desarrollar una mentalidad contraria a la del "no tenemos nada que perder", tan explotada por los líderes revolucionarios (que no eran precisamente pobres). España era así un país anómalo en Europa y Usa, donde la mayoría de la gente vivía de alquiler, y esa anomalía solía presentarse como un signo de atraso o de "desentono". Pero en los últimos años otros países han seguido el mismo sistema, en particular Inglaterra, Usa e Irlanda, mientras que en España la propiedad se convertía en un bien especulativo que, aparentemente, se revalorizaría sin fin. Al parecer, el franquismo llevó adelante su política de forma más saneada y medida, pues no se produjo el fenómeno que ahora vemos, y que afecta al propio sistema financiero.

La crisis está conduciendo, paradójicamente, a una política que el franquismo rechazó con buenas razones, aunque figuraba entre los objetivos de la Falange: la nacionalización de la banca. Si bien no es del todo cierto que la banca se nacionalice ahora, sino que el estado acude en su socorro con el dinero de los ciudadanos. Se ha creado una crisis de confianza, base del sistema que llaman capitalismo, y está por ver si el estado será capaz de cubrir las deudas y generar esa confianza o, por el contrario, hará la depresión todavía más catastrófica y duradera, como ocurrió con el New Deal. Cuando oímos a los tiorrillos y tiorrras del colectivo Zapo exhibiendo optimismo, tenemos todas las razones para desconfiar más y más.

------------------------------

**** UGT pide a Garzón poder presentarse como acusación en su causa contra el franquismo

Lo normal en la anormal España de la involución: la corrupta mafia ugetista, que tanto pesó en la preparación de la guerra civil y en las chekas, siempre atenta a su negocio. La canallería y la estupidez. Como siempre.

------------------------------

"Seguro de sí, Franco escribió a Don Juan, el mismo 6 de enero (de 1944), en relación con su carta a Fontanar, remarcándole algunos hechos reales: la monarquía había cedido el poder a la república; el alzamiento de 1936 no había tenido fines monárquicos, sino patrióticos y religiosos; entre el millón de combatientes, pocos habían pensado en restaurar el trono. "Por lo tanto, ni el régimen derrocó a la monarquía ni estaba obligado a su restablecimiento". Y menos por presiones foráneas: el pueblo español "es demasiado viril y sensible para que se doblegue jamás a imposiciones exteriores. Nuestra guerra de la independencia es harto elocuente". La monarquía llegaría a su tiempo, pero actitudes como las de Don Juan podían impedirlo: "Mi deber leal es el de preveniros, que no podáis decir jamás que no os lo haya anunciado en la forma más clara"; "No os desliguéis de nuestra cruzada, en la que quisisteis combatir (...) No hagáis caso de lo que del extranjero puedan insinuaros; las promesas a Polonia, al rey Pedro de Yugoslavia, al de Grecia, a Víctor Manuel, a Giraud y a tantos otros se esfumaron ante las realidades". Giraud había perdido, a favor de De Gaulle, la copresidencia del movimiento francés antialemán. Víctor Manuel, tras haber derrocado a Mussolini, estaba siendo relegado, y lo mismo los otros monarcas aludidos. 

Pero Don Juan y sus consejeros tenían la convicción de que Franco en ningún caso lograría contener a useños y británicos, y que serían estos quienes decidiesen el futuro del país. Mientras los alemanes habían llevado las de ganar o podían quedar en tablas, habían especulado hasta con una monarquía afecta a Berlín, pero ya no cabían más vacilaciones. Hacia el 20 de enero, la probabilidad de agresión aumentaba: Usa cortó bruscamente el petróleo, incluso el ya contratado y pagado, sin plantear ultimátum ni dar explicación. La economía española, en permanente semiasfixia por la penuria de carburantes, podía venirse abajo en poco tiempo. Años después, Franco calificaría aquellos meses como los más difíciles para él. Más incluso que los del invierno de 1940- 1941, cuando las divisiones de Hitler estuvieron cerca de cruzar los Pirineos.

En este clima, Hoare visitó al Caudillo el día 27 para exponerle "con la mayor nitidez las razones concretas del descontento que provocaba en nosotros", y "enfatizar la excepcional gravedad de los tres principales problemas que le causan [a Londres] una preocupación más viva: el volframio, la Legión Azul y el espionaje y sabotaje practicados por agentes alemanes en España". De no doblegarse Franco, Inglaterra dejaría de mantener "la política seguida actualmente en relación con España. Solicita, por consiguiente, del General Franco que reflexione no solamente sobre las ventajas inmediatas que encontraría al satisfacer nuestras demandas, sino también al tener presente el porvenir de las relaciones de España con las potencias aliadas".

Franco volvió a irritar al embajador al hablarle "con la voz suave y tranquila de un médico de familia que desea tranquilizar a un paciente excitado". Pero tuvieron que impresionarle los datos que Hoare conocía a través del espionaje. Prometió una vez más tomar medidas contra las acciones alemanas y suspender las ventas de volframio durante las negociaciones al respecto con los Aliados. Hoare afirma que el corte del petróleo le sorprendió y contrarió, pero Hayes, que se atribuye la iniciativa del embargo, dice que el inglés conocía la decisión y la había aprobado, tras alguna reticencia inicial. 

(De Años de hierro)

------------------------------

Carlos Sanchez, reproducido en Heterodoxias:

"Es simplemente falso afirmar que España es la octava economía del planeta. Según los últimos datos publicados por el Banco Mundial -en términos de paridad de poder de compra, lo que permite hacer comparaciones- diez países son más grandes que España. En concreto, y por este orden, EEUU, China, Japón, Alemania, India, Reino Unido, Francia, Rusia, Italia y Brasil. Por detrás, y prácticamente con el mismo tamaño, se encuentran México y Canadá. Los datos se refieren al año 2005, y ponen de manifiesto que España representa el 2,15% de la economía mundial.

Es seguro que en los últimos años la posición relativa de España no ha mejorado respecto de sus antecesores en la lista. La economía española, según el Banco Mundial, equivale a 1,18 billones de unidades de poder de compra, muy lejos de Brasil: 1,58 billones o Italia: 1,62 billones.

Este argumento -exclusivamente numérico- sería suficiente para excluir a España del top ten, pero sería sin lugar a dudas injusto si no se tuvieran en cuenta otros determinantes. Por ejemplo, el peso de España en los organismos económicos internacionales, en este caso es el FMI, que es el relevante en este asunto. Pues bien, teniendo en cuenta el nuevo reparto de cuotas decidido en el Fondo Monetario Internacional, España ocupa el puesto 15 en derechos de voto, que se corresponden milimétricamente con sus aportaciones financieras. En concreto, después de la última reforma, representa el 1,63% del FMI, por debajo, incluso, de su peso en la economía mundial.

Nuevamente, EEUU está a la cabeza (con el 16,73% de los derechos de voto), y por delante de España se sitúan Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, China, Italia, Arabia Saudí, Canadá, Rusia, India, Holanda, Bélgica y Brasil. Es decir, que tampoco por esta vía España reuniría los requisitos para entrar en el santa santorum de la economía mundial.

Algunos podrán argumentar que la renta per cápita de los españoles (27.270 unidades de poder de compra) está entre la más elevadas del mundo. Pero de nuevo, España ha pinchado en hueso. Según los datos del Banco Mundial (y siempre en términos de poder adquisitivo real) hay hasta 25 países cuyos ciudadanos disfrutan de una renta superior a la española. A la cabeza de ellos, Luxemburgo, con sus 70.014 unidades de poder de compra.

Un cuarto argumento se puede dar para explicar la necesidad de que España se incorpore a la élite mundial: su población. Pero entonces surge otro problema, como ayer mismo reconoció Sarkozy, otro país europeo, Polonia, tiene casi tantos habitantes como España (38 millones frente a 44 millones), por lo que en caso de España fuera invitada a participar en un G-7 ampliado, Varsovia podría reclamar su derecho a participar en la reunión.

133 comentarios

Vuelta a los "tribunales populares"

24 de Octubre de 2008 - 08:50:55 - Pío Moa

Hoy, en Época:

GARZÓN VUELVE A LOS JUICIOS "POPULARES"

Garzón se ha convertido en el juez vedette por excelencia. Su ansia de titulares en los medios parece insaciable, y de nuevo lo está consiguiendo. No es forzosamente ilegítimo: hay juicios sensacionales por sí mismos, que propulsan al juez a primer plano, como ocurrió con el juicio del 11-m (cuya repercusión, digamos de paso, intentó explotar económicamente la esposa del juez, con la colaboración de este. Cosas de esta España de la involución, ¡y no pasa nada!).

Pero lo de Garzón es diferente. Él ha encontrado un filón publicitario en la falsificación de la historia impulsada por el "rojo" Zapatero, y ahí está de nuevo, hecho un brazo de mar. Afirma que el franquismo cometió "crímenes contra la humanidad", o "genocidio", cosa absolutamente incierta: el único genocidio, o algo aproximado, fue la persecución religiosa, con intento deliberado y en gran parte cumplido, de exterminar a la Iglesia. Lo demás no fue otra cosa que un terror mutuo entre los nacionales y la izquierda, y otro terror entre las izquierdas mismas. ¿Sabe esto el señor Garzón? Por supuesto lo sabe, pero los datos no convienen a sus objetivos, así que simplemente lo pasa por alto, en un ejemplo de lo que es la justicia para él.

¿Por qué se llegó a aquel triple terror? Porque durante la república la izquierda, especialmente el PSOE, quiso la guerra civil, la planificó y la llevó a efecto, fracasando en 1934. Y reemprendió desde febrero del 36 un nuevo proceso revolucionario, mientras el gobierno del Frente Popular destruía concienzudamente la legalidad republicana. Esto está hoy probado documentalmente sin sombra de duda: el Frente Popular destruyó la democracia, pero para el actual gobierno –colaborador de la ETA–, ¡la representaba! Y el señor Garzón también lo sabe, pero, otra vez, su conveniencia no coincide con la verdad.

Después de la guerra los vencedores, como suele pasar, ajustaron cuentas a los asesinos del bando contrario. Pudieron capturar a muchos, porque sus jefes solo se preocuparon de sí mismos, huyendo con ingentes tesoros saqueados a ricos y a pobres, y al patrimonio de la nación. ¿No lo sabe el señor Garzón? Pues lo sabe cualquier persona que honestamente quiera enterarse.

No puede decirse, desde luego, que el castigo impuesto por los vencedores cumpliera estrictas normas de justicia. Hubo mucho de venganza, y al lado de los chekistas y sicarios cayeron muchos inocentes o gentes con responsabilidades mínimas. Ahora bien, y aquí encontramos la confesión implícita de Garzón y el gobierno sobre sus auténticas motivaciones: ambos igualan a los asesinos con los inocentes en calidad de "víctimas". Es decir, denigran a los inocentes y exaltan a los criminales. Se trata, repito, de una verdadera confesión: se mire por donde se mire, el gobierno y el juez no se identifican con los inocentes, sino con los chekistas. Conclusión lógica que en vano intentan disimular con verborrea seudo jurídica y seudo humanitaria.

Gobierno y juez pro chekistas, por tanto. Al principio hablaron de revisar los juicios franquistas, pero pronto vieron que con ello saldrían a la luz historias espeluznantes, muy inconvenientes. Y así optaron por declarar nulos tales juicios, por no reunir las garantías hoy normales en los países democráticos. Pero sobre esa base casi todos los juicios del mundo hasta hace poco podrían declararse nulos. Y aun muchos de ahora, ¡recuérdese el caso Liaño! No, la comparación ha de hacerse entre los juicios franquistas y los "juicios populares" de las izquierdas de entonces: los franquistas ofrecían cien veces más garantías.

Y eso, un "juicio popular" es lo que pretende Garzón. Léase la bibliografía y testimonios que inspiran su auto, absolutamente parciales, no contrastados con los contrarios, casi todos propaganda indigna de crédito. A esa basura reducen la justicia el gobierno y sus jueces.

-------------------------

http://www.mdirector.com/campania/GetAlternativePHPCreative?cam_id=6224&con_id=410266&con_email=jesuslainz@gmail.com

**** "El PP culpa a zapatero por su "falta de respeto"
Los empresarios españoles dicen que les "echan a gorrazos" de Argentina"

Por falta de respeto... dice la puta respetuosa.


**** "El PP se desmarca de Aznar y reitera su "compromiso firme contra el cambio climático"
Aquí la puta se muestra menos respetuosa.


**** He recibido un correo de no-reply@hazteoir.org. "No reply", la cretinada. A qué inconsciencia de la propia cultura estamos llegando. Y dicen ser españoles. Son cien veces más perjudiciales que los catalufos y naciovascos o neciovascos; estos por lo menos siguen siendo españoles, aun a su pesar. 


**** No es cierto que España sea la octava potencia ni la octava economía del mundo, en ningún sentido. Y para colmo está regida por un niñato iluminado. Desgracia sobre desgracia.

---------------------------

"A lo largo de enero y febrero (de 1944), la presión de Londres y Washington sobre Madrid se convirtió en abierta injerencia amenazante, a pretexto de las ventas de volframio al Reich. España se beneficiaba de ellas doblemente, pues los Aliados, que no precisaban el mineral español, lo compraban para disminuir el abastecimiento enemigo, lo cual elevaba los precios. De cortarse la exportación a Alemania, los Aliados ahorrarían el gasto, pero esa era solo una razón accesoria: daban importancia a la guerra económica, tratando de privar a sus enemigos de minerales estratégicos, petróleo, etc. El 3 de enero, Hayes exigió en tono de ultimátum el fin del negocio, y las campañas de prensa en Reino Unido y Usa retomaron el impulso de cuando el incidente Laurel. 

Para entonces Franco había obtenido, a través de sus servicios secretos o quizá del intelectual opusdeísta Calvo Serer, próximo a Don Juan, una carta de este a su hombre de confianza el conde de Fontanar, escrita el 28 de diciembre. La carta daba cuenta de que Lord Mountbatten, influyente militar y político muy próximo a Churchill, había avisado a Don Juan de que Gran Bretaña había resuelto expulsar a Franco, con probable invasión, e imponer al rey, bajo compromiso de celebrar elecciones. El pretendiente, aconsejado por Vegas, López Oliván y otros, se alineaba por ello de hoz y coz con los Aliados. Por esos días, escribe el escritor juanista Luis María Ansón, "Allen Dulles telefonea a Don Juan y le informa que los aliados derribarán inmediatamente a Franco, que se estudia la invasión de España y que puede ser inminente. Es el plan que algunos llaman Imoff, proyectado por el propio Eisenhower". Con estas indicaciones de useños e ingleses, Don Juan decidió romper de una vez con el régimen español.

Franco no se arredró. El 6 de enero consiguió que los generales cerrasen filas a su lado, incluso los renuentes Orgaz y Kindelán y los demás firmantes de la carta anterior en que le pedían la renuncia. Respondiendo a su adhesión, el Caudillo aludió a la Guerra de Independencia, cuando tantos españoles habían osado afrontar el poder abrumador de Napoleón, y a "los guerrilleros yugoslavos, que después de tres años de difícil lucha son respetados e incluso reconocidos". Comparó las masivas rendiciones de unos y otros contendientes en la guerra mundial con "el hecho de que ni una sola unidad se haya rendido en nuestra Cruzada". Reclamó unidad y firmeza, y aseguró: "Un pueblo es invencible cuando tiene corazón y decidida voluntad de lucha". Los militares le ovacionaron. A continuación ordenó reforzar el despliegue por las costas atlántica y mediterránea, dejando en los Pirineos fuerzas móviles, más que contra los alemanes, contra los exiliados españoles, cada mes más activos en el sur de Francia.

No sabemos cómo transformó Franco, al menos provisionalmente, las intrigas adversas de los meses anteriores en tal aparente unanimidad, máxime en horas tan críticas; pero lo logró, y sin emplear una represión siempre peligrosa. Además tenía a su lado a una Falange rehecha a su medida, la Iglesia no le ponía reparos, y la subversión interna, desarticulada una y otra vez, no conseguía afianzarse. Con tales bazas, el Generalísimo se sintió con ánimo para afrontar cualquier contingencia. Y, a la inversa, cualquier agresor debía contar con una resistencia enconada, quizá como la que atormentaba a los alemanes en Yugoslavia y en su retaguardia de Rusia.

(De Años de hierro)

303 comentarios

Clases de sufrimiento

23 de Octubre de 2008 - 08:56:56 - Pío Moa


A simple vista distinguimos un sufrimiento corporal y otro espiritual o psíquico.
En cuanto al primero, proviene de, al menos, dos fuentes: el mundo exterior nos acoge y al mismo tiempo nos es hostil. Hostilidad manifiesta en accidentes pero, sobre todo, en el continuo acecho de otras formas de vida que toman nuestros cuerpos como alimento del suyo propio, desde animales peligrosos a la mucho más peligrosa la vida invisible, microbiana, en constante acoso, que obliga al cuerpo a una permanente alerta, de la que, curiosamente, el ser vivo no tiene consciencia, creando anticuerpos e inmunidades nunca definitivas. Vivir es defenderse, en un sentido muy real. Y atacar: cada cuerpo exige una cantidad de energía procedente del exterior, precisamente de otra materia viva, causa de sufrimiento para otros seres. A la imposición de alimentarse dedica cada organismo un esfuerzo enorme, en muchos casos el esfuerzo principal a lo largo de su vida. El fracaso en ese esfuerzo causa dolor, y el éxito  causa placer, pero menos placer que el sufrimiento infligido a las víctimas. Por ello provoca también culpa en el ser humano. No es de extrañar que en la Biblia, por ejemplo, sea Dios quien libera al hombre de esa culpa al autorizarle a matar animales y nutrirse de ellos. Solemos creer también que las plantas no sufren, pero es solo una suposición.

Otra fuente de dolor físico brota de los desarreglos internos debidos a la misma complejidad inimaginable del organismo vivo, en particular de los animales superiores, desarreglos de los equilibrios casi milagrosos, de la infinidad de reacciones químicas constantes que permiten funcionar y mantenerse como una unidad, en lugar de desarrollarse como un monstruo incapaz de sobrevivir. Los cánceres parecen ser una manifestación de esa dificultad inmensa, y sin embargo vencida por lo común, para mantener la armonía orgánica.

En cuanto al sufrimiento espiritual, tiene una gama enorme, desde el proveniente de las relaciones con los demás, causa de placer pero siempre unida a peligros, choques y roces que llegan a ser muy dolorosos; hasta el procedente de nuestro propio funcionamiento psíquico, con su capacidad imaginativa para crear monstruos. Añadamos la consciencia de la muerte, por lo común apagada pero nunca ausente. Esa consciencia tiene efectos muy complejos, desde el deseo de sublimar el tiempo de vida que se nos ha concedido, de elevar su dignidad, hasta la sensación de futilidad general de nuestros esfuerzos, de absurdo de la vida.

-------------------

***** Ramoneda: "El PP es un partido bajo sospecha"

¡Cómo, bajo sospecha! Escupe y orina todos los días sobre las tumbas de sus padres y abuelos, al igual que tantas tiorras y tiorrillos del PSOE... ¡Ah, claro, le falta cagar, pública y diariamente!

**** El País aplaude la "desenvuelta e ingeniosa articulación jurídica" del auto de Garzón

Por supuesto. Nadie ha dicho que los pro chekistas y pro etarras no fueran desenvueltos e ingeniosos. Comparados con el PP, al menos. Ingeniosos pro chekistas y pro etarras El país, Zapo
y Garzón. 

-------------------

"La batalla de Kursk influyó en sentido más amplio sobre la política franquista. Antes, el Caudillo había pensado entrar en el nuevo orden europeo después de una guerra corta o en el último momento de una larga. La guerra corta se había esfumado, y su prolongación volvía incierta la victoria del Eje y, por tanto, el nuevo orden. Tras Ciudadela,  el desembarco aliado en Sicilia y la caída de Mussolini, todo se volvía contra el Reich. Además, la presencia de la Wehrmacht en los Pirineos perdía peso, mientras lo ganaba la presencia aliada en Marruecos y en los mares próximos a la península. A Franco le interesaba cada vez menos el compromiso con Hitler, en pro del cual solo quedaba la gratitud por la ayuda en la guerra civil y una cada vez más borrosa afinidad ideológica. Él había hablado de socorrer a Berlín con un millón de hombres en caso necesario, pero se trataba de una baladronada imposible de cumplir. Como había aclarado a Don Juan, "las naciones se guían por su propio interés y no por sentimentalismos, pesan las realidades y no las ficciones". Aun así, no pensaba traicionar a sus amigos.   

El 28 de julio, Hayes imponía condiciones: España solo sería considerada neutral si retiraba la División Azul, cortaba la propaganda pro Eje, y retiraba la no beligerancia. Arguyó que la retirada de los voluntarios permitiría a los anglosajones obstruir las represalias que sin duda exigiría Stalin contra España. Franco le reiteró amigablemente sus conocidos argumentos.

El 20 de agosto, explotando el efecto psicológico de la conquista de Sicilia y la caída de Mussolini, y bajo "una ola de tremendo calor que no tenía precedentes en Madrid desde hacía cincuenta años", Hoare viajó al pazo de Meirás, donde el Caudillo veraneaba. Iba a plantearle, en "los límites extremos de la más extremada franqueza", tres puntos capitales: la Falange, la no-beligerancia y la División Azul. Franco, una vez más, se mostró poco impresionado, y Hoare comenta, con cierta involuntaria comicidad: "Su inconsciencia era desconcertante. Este hombre que tenía ante mí era, sin embargo, el dictador de España, separado por 600 kilómetros de su capital en plena crisis europea; sentado en la calma de su confortable salón, tan dispuesto a hablar de la próxima cosecha, del tiempo que hacía o de las perspectivas de la estación para los cazadores, como de los tremendos acontecimientos que tenían lugar en el mundo cada día (...) Y las duras verdades que yo a propósito le dirigí, lejos de provocarle reacción alguna, morían entre algodones". 

(De Años de hierro)

**** http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/zapo-y-garzon-3360/ (Sobre la "caballería de San Jorge")

**** http://www.populartv.net/index.php/PopularTV/ver-programa/la_noche_de_isabel_san_sebastian_22_10_2008/
 

86 comentarios

Sufrimiento y religiones

22 de Octubre de 2008 - 09:01:34 - Pío Moa

 
 El  misterio del sufrimiento no se refiere al hecho de que sea relativamente manejable, pudiendo aliviarse (con medicinas, por ejemplo), o aumentarse (mediante  la tortura); pero ese relativo  manejo  no explica su existencia y su íntima relación con la vida.

    
Las religiones (y las fantasías artísticas y las condideraciones filosóficas) tratan el problema de formas muy diversas. Siendo
el sufrimiento connatural a la vida,  solo la muerte nos libraría de él.  Para el cristianismo, los justos disfrutarán en el cielo de  un estado espiritual plenamente placentero y sin sufrimiento alguno; el paraíso de los musulmanes resulta bastante más físico, pero mantiene la eliminación del sufrimiento. Al parecer no ocurría lo mismo con el paganismo grecorromano, que contempla el mundo de los muertos de forma ambigua, bien como unos Campos Elíseos o como un mundo lóbrego, sin sufrimiento definido, pero horripilante,  según  aclara en el Hades  Aquiles  a Odiseo:  “No intentes consolarme de la muerte. Preferiría servir como  jornalero a un hombre pobre que reinar sobre los muertos”.  Tampoco reconforta  la imagen ofrecida por Adriano en su célebre poema  presintiendo la muerte, Animula vagula blandula : "Almilla vagabunda y tiernecilla / huésped y compañera del cuerpo / ¿dónde habitarás ahora? / en lugares lívidos, yertos, desnudos / y ya no me divertirás como solías". (Obsérvese que se dirige al alma como diferente de su yo).

   
En las religiones nórticas, la bondad consiste en el heroísmo, y  el Walhalla ofrece a los héroes diversiones sin cuento, quizá algo reiterativas,  pero con un final definitivo y catastrófico, del cual solo queda su valor como un rastro evanescente…

   
En fin, mis conocimientos al respecto,  aunque parcos, permiten, creo, hacernos una idea de lo que quiero exponer. En unos casos podría ser superado el sufrimiento  en un más allá ideal, a condición de haber sabido mantenerse justos y buenos sobre esta tierra (pues de otro modo el sufrimiento se multiplicaría). En otros casos solo espera una lúgubre semivida, sin sufrimiento pero nada satisfactoria. Otra posibilidad, en algunas religiones orientales, consiste en la total disolución del yo, que acabaría con el ciclo de reencarnaciones perpetuadoras del dolor. Acaso todas ellas tengan un fondo común y vengan a significar lo mismo.

----------------------------

****"
Rajoy, al presidente: "Le falta grandeza y sinceridad para reconocer sus errores"

Afortunadamente a Rajoy le sobran grandeza y sinceridad. O le sobran la grandeza y la sinceridad.

****
"Trinidad Jiménez explica que los "cambios" en Cuba justifican el viaje de Zapatero"

Gran colaborador y admirador de los hermanos Castro, este Zapo. Como de la ETA; tendrá que ir a dialogar con ellos, ¿cómo podría reprimir sus ansias infinitas de paz?

 

-----------------------------
 

L a extraña pareja

 

   En  Años de hierro  menciono, a partir de unas informaciones de Ansón, a quien debemos considerar bien enterado de primera mano, ciertos sucesos inmediatamente posteriores a la conferencia de Yalta: “Churchill felicitó a Don Juan: pronto sería rey, por decisión de los Tres Grandes (Stalin, Roosevelt y el mismo Churchill). Sainz Rodríguez se apresuró a negociar con el PSOE de Prieto. Fue aún más allá y solicitó a Gil-Robles un duro sacrificio: la renuncia a presidir el gobierno provisional  en perspectiva, cediéndolo a Prieto. Este cebo debía atraer al veterano jefe socialista a la monarquía. Luego vendrían las elecciones. La idea suena a un maquiavelismo vulgar, harto iluso conociendo la trayectoria del propuesto jefe del gobierno, a quien ofrecía la ocasión de organizar desde  el poder las elecciones, seguramente no a favor de la corona. Sainz creía haber sido “muy generoso”, pues “la verdad es que Prieto, hay que joderse, se  habría conformado solo con la convocatoria de elecciones libres”. El líder socialista gozaba de notable prestigio entre algunas derechas, en parte por su talante anticomunista, en parte –cabe suponerlo— por su demostrada y compartida falta de escrúpulos en la política: con él podían entenderse unos monárquicos capaces de aceptar una invasión británica de las Canarias o una provocación como la de Dulles. Según Ansón, “Gil-Robles acoge muy bien el mensaje de Sainz Rodríguez (…) y comienza a negociar con los socialistas”.

  
 
¿Quiénes eran aquellos dos personajes que se aprestaban a mandar de nuevo en España en nombre de la democracia?  Prieto fue un individuo extremadamente corrupto e irresponsable, quizá el demagogo más típico de la época, promotor de la guerra civil en 1934, cuando, al lado de Largo Caballero, aisló a Besteiro y  planeó acciones como dejar a Madrid sin agua  o imitar el “putsch” nazi contra Dollfuss; fue uno de los principales organizadores de la campaña sobre la “represión de Asturias” que envenenó de odio a la mitad de la población;  estuvo muy  relacionado (por lo menos)  con el asesinato de Calvo Sotelo; montó el siniestro SIM, policía política a imitación y sugerencia del NKVD; robó a Negrín el tesoro del Vita, robado a su vez  por Negrín  a los españoles… Ya he hablado en otras ocasiones de este político, admirado hasta por los falangistas, y aquí basta.


 
Pues con este gran hombre contaban Don Juan y Sainz Rodríguez para volver a imponerse en España. ¿Y qué trayectoria tenía Don Juan? Cuando, exiliado Alfonso XIII en Roma, querían hacerle abdicar en su hijo, se resistía arguyendo: “No ha recibido la educación necesaria para regir una nación  (…) Además, aunque, gracias a Dios, ya es físicamente todo un hombre, en lo demás sigue siendo un niño”. Don Juan había querido combatir en la guerra civil al lado de Franco, pero primero se lo había impedido Mola con crudas amenazas, y después el mismo Franco, que probablemente le salvó la vida, pues quería ir destinado al crucero Baleares. Durante la guerra mundial había estado atento a quiénes llevasen las de ganar,  inclinándose por unos u otros según marchara la contienda. Había aceptado, como  varios de sus consejeros, una posible ocupación británica de las Canarias y, luego, un plan de provocaciones de los servicios secretos useños para, utilizando al maquis, meter en  España los tanques useños, invadir un país que no había participado en la guerra muncial y al que, por eso, debían tantísimo los anglosajones.

  
Cierto, las cosas no salieron así, y Don Juan, mal de su grado al principio, se volvería más razonable –no así Sainz Rodríguez, intrigante vocacional y  mucho menos listo de lo que él se creía --. Pero uno no puede dejar de pensar qué habrían hecho del país tales “patriotas” y demócratas de oportunidad, y en qué líos habrían embarcado a la difícil  reconstrucción de Europa  occidental. Viene inevitablemente a la cabeza la frase de Marañón: “Horroriza pensar que  esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España”. 

     

****  “Pocos se consideraban vencidos, pues pocos seguían fieles al Frente Popular. La gente del bando izquierdista había presenciado el terror, los saqueos, la destrucción gratuita; los obreros y campesinos habían desoído las  llamadas a  producir más en defensa de una causa en la que habían perdido interés;  1938 había traído a  la zona izquierdista  un hambre atroz,  peor que la de los siguientes años 40”

 

    “Lo más corrosivo para las izquierdas no había sido la derrota bélica misma, sino el modo como había caído el Frente Popular y la huida de sus jefes. En el exilio, tras dimitir Azaña  a finales de febrero, la presidencia de la república correspondía interinamente a Martínez Barrio,  que debía asumirla en el plazo de 38 días, pero dejó pasarlos  y renunció ante la fantasmagórica diputación permanente de las Cortes, en Méjico; y esta decidió  a finales de julio la inexistencia de un gobierno republicano. La gente común perdió las  viejas ilusiones, como indica Marías, y  pocos seguían dispuestos a luchar por ellas en el interior. La inmensa mayoría de los ex combatientes antifranquistas trató de adaptarse a las circunstancias y  volver a una vida normal, y en general lo consiguió. No pocos se congraciaron con la situación e incluso medraron en ella, ocultando mejor o peor su pasado político. Una minoría activa organizaba redes de asistencia a  los presos y sus familias, a veces fugas de prisioneros, o sabotajes esporádicos.  Los anarquistas formaron grupos de asistencia, también los socialistas, sobre todo en Asturias, en cuyas montañas se habían refugiado militantes suyos. Los masones “abatieron columnas”, entrando en hibernación, por así decir, y la mayoría de los líderes del exilio, aunque dispuestos a organizar grupos armados si Francia lo favorecía, de momento  pensaban en subsistir más bien que en seguir la pelea…

    
Con la excepción de los comunistas. Éstos, conviene reiterarlo, habían vertebrado y prolongado la guerra,  dotando al Frente Popular de la disciplina, el ideal  y el ejército precisos,  y habían dispuesto de  un elemento ausente en sus aliados: una visión estratégica tanto militar como política. Lógicamente, atribuían la derrota a la traición de los Casado, Besteiro, Mera, etc., a quienes acusaban, además, de haber dejado entre rejas a varios dirigentes medios y militantes del PCE, como ofrenda a los nacionales (y así había ocurrido, fuera por intención o por el desorden de aquellas jornadas). Los comunistas sólo se sentían vencidos provisionalmente, y estaban dispuestos a  volver a la lucha: “donde hay un comunista, allí está el partido”,  rezaba un dicho interno,  no del todo falso.  Poseían una mística y una disciplina especiales, muy superiores a las del resto de las izquierdas e incluso a las de sus archienemigos falangistas. (De Años de hierro)

 

-----------------------------

A menudo la discusión fracasa  porque se parte de valores diferentes. Así, de nada servirá señalar la increíble corrupción de Negrín, sus ilegalidades,  el terror contra muchos de su propio bando o el expolio<