Pío Moa

Agosto 2008


Un socialista ejemplar

31 de Agosto de 2008 - 11:04:50 - Pío Moa - 136 comentarios

  
  En 1946, por aquellas peleas sectarias dentro del PSOE, cuya raíz estaba en el doble y enorme robo del tesoro del Vita , el sector prietista del partido expulsó a Negrín y a otros socialistas históricos, entre ellos Ramón González Peña. Ahora Zapo, Mienmano y compañía han reparado aquella injusticia y el eminente historiador Ángel Viñas se ha congratulado, cómo no.  De Negrín y el entusiasmo de Viñas por él ya he explicado algo. El caso de González Peña me trae a la cabeza la campaña de la izquierda en su favor, después de la insurrección del 34. Campaña  modélica en su estilo, por reunir  todos los ingredientes y técnicas propagandísticas de lo que he llamado aquí, con expresión popular, la trola y el choriceo socialistas.

   Reproduzco de un viejo artículo:
"González  había sido reconocido como el máximo líder de los insurrectos asturianos -a veces se le aplicaba el título de "generalísimo" de ellos-, aunque en el curso de la revuelta había tenido constantes roces con muchos de sus teóricos subordinados, que le obedecían muy a medias y finalmente hicieron caso omiso de sus instrucciones de parar la lucha* tras el asalto a la caja fuerte del Banco de España y a otros bancos en Oviedo.

(* Ver primera parte de Los orígenes de la guerra civil española)

   De entre los detenidos por la insurrección de octubre González era, quizás, la figura principal, tras Largo Caballero y Companys, pero su proceso superaba incluso en interés a los de éstos, como símbolo de la lucha revolucionaria más peligrosa para la república, y la más sangrienta.

   González resultó, así, el héroe revolucionario por excelencia, en cuya exaltación se volcó la propaganda. Vidarte cuenta de él: "Había dicho que mientras quedase un minero luchando en las montañas con un fusil, él estaría a su lado, y fueron inútiles todas las gestiones de los otros directivos de la revolución para hacerle desistir de tan noble y heroico propósito". Doval, el endurecido comandante de la Guardia Civil, obsesionado con capturar al dirigente, habría torturado sin piedad, y también en balde, a los presos: " Aquellos bravos mineros se dejaban arrancar las uñas de los pies y de las manos -uno de los placeres favoritos de Doval-, quemar los ojos o los testículos, o soportaban que les colgasen de éstos pesas de varios kilos, hasta dilatárselos monstruosamente, antes que delatar a su jefe". Estos fracasos habrían inspirado al coronel Aranda "una idea genial, ¡monstruosa! Mandó detener a centenares de mujeres -esposas e hijas de mineros- e hizo correr la voz, por la cuenca minera, de que si no se presentaban los guerrilleros, sobre todo González Peña, todas ellas serían entregadas a los legionarios y a los moros. Al enterarse de esto, Peña se presentó a los guardias de asalto, en la aldea de Ablaña, el día 3 de diciembre. Llevaba (...) luchando en las montañas más de cincuenta días".

   Nuevamente la realidad difiere de la historia de Vidarte, según se desprende de las declaraciones del propio detenido ante el tribunal y ante la comisión de suplicatorios del Parlamento. González había sido uno de los primeros en proponer la huida, ya el 10 de octubre*, bastantes días antes de la capitulación real, y no es creíble que a última hora se tornara tan absurdamente belicoso.

(*Ver capítulo 9 de Los orígenes de la guerra civil española)

   Al día siguiente de su propuesta de rendición, González estaba, junto con otros, "entre las diez y las once de la noche en el cruce de carreteras de Langreo y Mieres, en San Esteban de las Cruces, Oviedo (...) Llegó en un coche el compañero Bahíllo (...) el cual era portador de un saco conteniendo dinero", procedente del asalto al Banco de España. El dinero fue repartido, sin contarlo, entre los presentes, para facilitarles la fuga. Según la declaración del propio González al Congreso, él y otros trataron de escapar en dirección a Portugal, pero se lo impidió el hostigamiento de sus correligionarios, que les averiaron un coche a tiros. Se dispersaron y "quedó solo el declarante con Cornelio Fernández, el que me aconsejó no diese la vuelta, pues había oído decir poco antes, en Trubia, que por haber abandonado el movimiento habían dado orden de perseguirme los mismos compañeros y podía peligrar mi vida". La realidad de este peligro pudo comprobarla cuando, cerca de Grado le arrebataron "1.600 pts, junto con el reloj y una pluma estilográfica,(...) unos individuos que decían ser revolucionarios, que no sólo me quitaron esa cantidad, sino que me han dicho que he tenido gran suerte en caer en manos de ellos, pues de lo contrario me fusilarían, ya que estaba considerado como traidor, por haberles abandonado". Vagó por los montes de Quirós y de Teverga, durmiendo en casas de amigos y recaló por fin en la de una viuda muy religiosa, amiga de su familia, en el pueblo de Ablaña. Allí fue prendido, que no se entregó, y por guardias civiles, no de asalto. Su caso fue de mala suerte, porque tenía ya a punto su fuga por mar. El gobierno posiblemente lo hubiera preferido en el extranjero, y no sintió alborozo por su detención, que le auguraba nuevas campañas de descrédito.

El resto del informe de Vidarte tiene la misma traza de fabricación propagandística. Desde luego "los mineros", en general, ignoraban el paradero de su ex jefe, y Doval tenía que percatarse de ello y de la inutilidad de torturarlos en masa; además no podía saber si el perseguido había huido ya de Asturias, como hicieron la mayoría de los líderes. El gobierno tampoco hervía en deseos de capturarlo, y de hecho premió a Doval por su éxito destituyéndolo de su puesto. La treta de Aranda suena poco verosímil, por decirlo suavemente, tanto por lo anterior como porque la pacificación de Asturias la había dado por cumplida López Ochoa ya a principios de noviembre, y la prensa informaba el 16 de ese mes del reembarque de las tropas enviadas en octubre. Entonces López había sido sustituido por Aranda, con fuerzas muy reducidas (7.000 hombres entre Asturias y León), y resulta absurdo que nadie quisiera soliviantar los espíritus cuando ya no había la menor necesidad.

La mitificación del caudillo insurrecto alcanzó cotas muy elevadas. En un libro colectivo sobre él, Araquistáin ponderaba su heroísmo y su clara inteligencia como "técnico, si así puede decirse, de la guerra civil". González era "el hombre simbólico de la revolución, cuya cabeza pide a gritos una burguesía aterrada y vengadora (...) Desde los tiempos de la Inquisición, jamás el fanatismo católico, doblado esta vez de sevicia capitalista, había dado en España un espectáculo tan repulsivo de barbarie sanguinaria". Prieto destacaba su entereza, contagiada también a su mujer e hijas. Un llamado José Vidosa se tenía a sí mismo por "el hombre más bueno del mundo", pero reconocía que "la bondad de Peña es algo sencillamente sublime, imposible de superar (...) Con razón dicen sus íntimos que es (...) el genio que conducirá a la clase trabajadora a la total emancipación".

En el mismo libro Álvarez del Vayo da noticia de la solidaridad internacional en su favor: "Fue un movimiento de inusitadas proporciones, sostenido durante semanas y semanas en la primera página de los diarios obreros, y que incluso logró retener la atención de la gran Prensa liberal extranjera más allá de lo ordinario (...) El nombre de González Peña quería decir para el proletariado mundial "Octubre", y octubre era, a la vez, para la opinión antifascista de fuera, sin distinción de partido, gesta popular española contra el enemigo común (...) "Salvad a Peña" devino la consigna fija en los manifiestos más diversos, en las conclusiones de las asambleas, en los editoriales y pasquines. Era un grito unánime, reproducido sin desmayo (...) Fue, además, particularmente en Francia, una poderosa manifestación de frente único. Socialistas y comunistas lucharon con idéntico empeño".

Pero la declaración del caudillo asturiano ante el tribunal demuestra que había perdido (momentáneamente) la ilusión por la revuelta y por su protagonismo en ella: "Aunque no soy católico (...) no se postró ninguno de esos católicos ante su confesor con la sinceridad con que yo lo hago ante vosotros", dijo a los jueces. Observó que la Guardia Civil había cumplido con su deber, y admitió atrocidades de los revolucionarios, al alegar que él, en persona, había impedido el asesinato de cien prisioneros. Su papel de jefe lo atribuyó a las circunstancias, y afirmó: "la labor principal de los dirigentes (...) no fue obligar a participar en el movimiento, sino contenerlo". Tampoco denunció torturas ni malos tratos, ni la supuesta redada de mujeres de mineros para ser violadas por los soldados de África.

La actitud de González Peña enfureció a Largo Caballero: "avergüenza e indigna leer las manifestaciones transcritas; no se ve en ella ningún rasgo de virilidad ni de grandeza; todo es pequeño y bajo: delaciones, cobardía, indisciplina, prurito de pasar por humano y colocar a los trabajadores combatientes en situación antipática por sanguinarios y anárquicos". En otro lugar comenta con sarcasmo: "Es muy amargo verse en vísperas de ser fusilado o de ser condenado a presidio para el resto de la vida. ¿Para qué -dirán algunos- exponer lo más apreciado, que es la vida, si se puede colaborar sin esos peligros y hasta pasar a la inmortalidad como hombres sensatos y de buen juicio?". Pero Largo quizá hubiera visto el caso con más benevolencia si no fuera porque Prieto, después de escapar a Francia, le atacaba empleando como munición la figura de González. Comenzó así una ruptura entre los líderes socialistas que iba a acarrear largas consecuencias."
   
No es de extrañar que Zapo, Mienmano y tutti quanti  se identifiquen con Negrín,  González Peña y compañía. ¿Con quiénes iban a hacerlo, si no?  Realmente, ¡qué pintaría Besteiro entre aquella tropa!  Se entienden así muchas cosas.

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"Zapatero, sobre la negociación: "No me ha dejado heridas, salvo el dolor de las víctimas"

En verdad, ¿qué insulto puede corresponder a la infamia del fulano? Solo ha olvidado agradecer su ausencia de heridas a Rajoy, el emplasto.

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Tesis sobre el terror durante la república

30 de Agosto de 2008 - 09:59:31 - Pío Moa - 57 comentarios


 
1.- El terror no comenzó con la guerra civil, como a menudo se piensa, sino que acompañó a la república durante todos sus cinco años, a causa de la debilidad de la ley. Lo comenzaron los anarquistas  asesinando a sus  adversarios sindicales con la complicidad de las autoridades nacionalistas catalanas. Siguió la “quema de conventos”  (y bibliotecas y centros de enseñanza), que por su carácter violento, criminal e intimidatorio cabe  calificar de terroristas. Menudearon además los asaltos y actos de intimidación contra sedes y personas de derecha, clérigos, etc.  La práctica totalidad de estos actos provino de las izquierdas, aunque no siempre contra las derechas, pues desde muy pronto las rivalidades entre las izquierdas mismas causaron muertos.

 

2.- La respuesta del gobierno de Azaña a las insurrecciones anarquistas llegaba a límites por lo menos cercanos al terror, así cuando dio instrucciones para fusilar sobre la marcha a los apresados con armas. Esta actitud culminaría en la matanza de Casas Viejas.

 

3.- Las violencias subieron de punto cuando el PSOE, lanzado por el camino de la guerra civil, comenzó a matar a miembros de la CEDA y de la Falange, a partir de 1933. Ello exacerbó los ánimos de la derecha. Ante la serie de asesinatos sufridos a manos de los socialistas y la escasa protección del gobierno (entonces de centro derecha: siempre la debilidad de la ley),  la Falange replicó a su vez  con varios atentados. Tratándose de un partido muy pequeño, sus acciones no tenían consecuencias decisivas.  La poderosa  CEDA, en cambio,  se contuvo.
 
4.- La contención de la CEDA estimuló realmente a los socialistas, convencidos de que la gran derecha  era cobarde y sería fácilmente vencida. No podemos saber si una política más enérgica  por parte de la CEDA --no necesariamente contestando en el mismo terreno--  habría parado a tiempo a una izquierda que marchaba conscientemente a la guerra civil. Era un dilema sumamente  difícil.  Por lo común,  los agresores se ven estimulados y ayudados  por quienes “condenan la violencia venga de donde venga”, desarmando la legítima defensa. Según su punto de vista, y el de la izquierda, las derechas no tenían derecho a defenderse. 
 

4.- Aparte de la insurrección de octubre del 34, fue a partir de las elecciones de febrero de 1936 cuando  el terror tomó un carácter más sistemático. En cinco meses cayeron unas 300 personas, probablemente más, bastantes en disturbios callejeros pero la mayor parte por atentados, organizados  en su gran mayoría por las izquierdas (quizá unos 200 muertos). El dato más grave fue la colaboración del gobierno con los asesinos, que nunca eran eficazmente perseguidos por la policía y sí lo eran, en cambio, las derechas, fueran víctimas o culpables. La anterior debilidad de la ley dio paso a la destrucción de esta. La política izquierdista  de terror culminó en el asesinato de Calvo Sotelo, verdadera declaración de guerra y demostración, exhibición más bien,  de la completa ilegalidad del gobierno. Desde ese momento, el terror cundió masivamente,  preparado a fondo  por la propaganda y lo organismos ad hoc (chekas). 

 

6.- En general, las versiones izquierdistas sobre el terror parten de dos ideas centrales: a)  las izquierdas representaban “a los pobres y al progreso” y las derechas “a los explotadores y la reacción”; b) el gobierno del Frente Popular representaba a la república con toda legalidad. Por ello el terror de las derechas cargaría con todos los agravantes, y el de la izquierda con todos los atenuantes.

     Pero basta poner en cuestión esas ideas para que todo el edificio construido sobre ellas se desplome como un castillo de naipes. En la realidad -- hoy perfectamente documentada--, las izquierdas, aparte de asesinarse a menudo entre ellas, representaban ideas totalitarias, antidemocráticas y contrarias también, desde luego, a los derechos y el progreso de los trabajadores. Por eso fueron ellas quienes  primero desestabilizaron la legalidad republicana (desde los mismos comienzos del régimen), luego la asaltaron (en 1934)  y finalmente la demolieron en un proceso revolucionario desde la calle y desde el poder, a partir de las anormales elecciones del 36. Las consecuencias debieran hacernos reflexionar a todos. Por desgracia la obcecación izquierdista persiste hoy, en la línea de los Prieto o Negrín. Nunca de Besteiro.

 

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De El derrumbe de la república

 

   “Los rebeldes, sin duda, iniciaron las atrocidades. Aspiraron a imponer su propia legalidad y lo consiguieron en numerosos pueblos, por unos días o unas horas, tiempo suficiente para aplicar una dosis del “terror plebeyo” que horrorizaba a Besteiro. En Cataluña cometieron tres asesinatos, en Vasconia otros tres, y cinco más en verias provincias. En Asturias, donde el poder revolucionario duró dos semanas, las víctimas fueron al menos 43 guardias civiles y de asalto, 34 religiosos y seminaristas, varios vecinos y un estudiante “fascistas”, técnicos de la industria, un magistrado jubilado del Supremo, etc. El total asciende a un mínimo de 85 y un máximo de 115. Los guardias sacrificados habrían aumentado en un centenar, de no haberlos salvado González Peña, si hemos de creer su testimonio.

   Alguna prensa de derechas difundió relatos macabros de sacerdotes quemados vivos y otros semejantes que demostraron ser patrañas, aunque, en general, las informaciones sobre los asesinatos cometidos eran correctas. El sol, el 27 de octubre, decía: “Los episodios revolucionarios han sido, en general, terribles (…) Pero de eso al plus de sadismo  que (…) quieren dar por cierto los incondicionales de la antirrepública, media una enorme distancia. No es lícito (…) el juego a que se vienen entregando (…) los periódicos monárquicos”. El debate  criticaba a su vez, el día 28: “Algunos periódicos de izquierda se resistieron primero a informar (…) Ahora todo su empeño consiste en desvirtuar lo ocurrido, en restarle importancia. Se apoyan para ello en que algunas versiones circuladas al principio por Madrid  eran falsas; pero ¿es que las comprobadas después con tiempo y medios no son bastante horrorosas?

   Con todo, las exageraciones de la derecha y de la izquierda no son equiparables. La mayor parte de la derecha renunció a las falsedades, una vez se comprobaron, y El debate, por ejemplo, expuso en sus reportajes rasgos simpáticos de los rebeldes, como su idealismo o su rechazo mayoritario del robo, su conducta humanitaria en ocasiones, facilitando auxilios a guardias heridos. También reiteró cómo la población  civil había sido, en general, respetada por los rebeldes, así como las monjas y las mujeres, y alertaba contra las noticias exageradas. Nada de eso se percibe en la campaña de la izquierda, que adoptó una actitud maciza, sin resquicio para la rectificación, no digamos para la simpatía. De hecho, hoy conservan algunos el mismo tono”.

 

NOTA: El terror desplegado por los revolucionarios fue más notable por cuanto en las dos semanas que duró su dominación sobre parte de Asturias debieron concentrar su atención en la propia lucha, lo que no  les impidió dedicarse también a  estas actividades, según programaban las instrucciones del PSOE para la guerra civil (reproducidas en lo fundamental en Los orígenes de la guerra civil). El terror se aplicaba sobre todo en retaguardia, y cuando la guerra se reanudó, en 1936, ya no encontró freno ni en cantidad ni en calidad (crueldad).

     Siempre llamó la atención el hecho de que personas tenidas  previamente por moderadas y pacíficas, contrarias a toda violencia, se desatasen con una crueldad espeluznante al caer la ley. Ello se debe a que en condiciones normales las declamaciones virtuosas no cuestan nada y a menudo esconden una notable agresividad y fanatismo acusatorio. El  ser humano lleva encima mucha trastienda, de la que a menudo no es del todo consciente, y la conducta aparentemente virtuosa de esas personas  se vuelve impredecible en condiciones extremas, cuando la ley no rige.

 
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Señala Aznar que el PNV busca la derrota de España valiéndose de la ETA. Muy cierto, aunque a él le costó mucho tiempo descubrirlo, debido a la ignorancia histórica de la derecha. Pero se queda a medias: también el PSOE  busca los mismo: la derrota de España y de la constitución utilizando para ello a la ETA. Y Rajoy se le ha sumado en los hechos.
   Ahí está Feijoo diciendo que negociará con el BNG poniendo sobre la mesa  la constitución y los principios. Será para arrancar sus páginas y limpiarse con ellas el trasero cada vez que vayan al  retrete, puesto que las negociaciones --chanchullos, propiamente--  podrían ser largas.

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El artículo de ayer "Un error, creo, de Julián Marías" iba acompañado en el título de otro error, pues decía "de Javier Marías", el snob e ignaro hijo novelista  del filósofo. Pero en el texto quedaba claro, afortunadamente.

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De los Diarios de Arcadi Espada:

Por poco que hayas visto, oído y leído te habrá bastado para saber que el accidente de Barajas ha reunido todo lo que sabemos sobre el funcionamiento del periodismo moderno. Incluso de lo que no es periodismo, caso de la televisión. No la veo jamás, pero las noticias sobre su conducta entre los muertos son inquietantes. El profesor Antonio Juárez, español pero alemán desde hace muchos años, me escribía este párrafo después de haber visto la información de la cadena pública: «La falta de preparación técnica, profesional, psicológica, y de pudor de las muchachitas que la redacción de los informativos mandó al frente es tan obviamente indecente que ninguna televisión regional de Alemania o de Francia, en mi opinión ni siquiera de Italia, las contrataría, ni como estudiantes en prácticas para programas de televentas. La vestimenta primero, indecorosa para la situación; parecían quinceañeras recién salidas de la playa… Las preguntas: como me dijo una amiga alemana, que habla bien español, en quince minutos de programa especial de la TV alemana
(de las 20.15 a las 20.30) aprendió más sobre el accidente, las razones, la compañía Spanair, el avión, etc. que en dos horas de propaganda escatológica de los informativos en directo de TVE.» Juárez me parece un hombre razonable y su opinión coincide con la de muchos otros. También con lo que yo sé sobre la preparación técnica, psicológica y moral de las muchachitas. Creo que, en efecto, las televentas ibéricas no tienen parangón en Europa.

 

Tesis sobre el terror en la guerra civil (y II)

29 de Agosto de 2008 - 10:55:24 - Pío Moa - 231 comentarios


5.- Otra diferencia importante entre  el terror de los nacionales y el de las izquierdas fue el grado de crueldad empleado. Actos como quemar vivas a familias enteras, con los niños, o los que acompañaron el asesinato de sacerdotes, realizado a menudo con un sadismo salvaje, no llegaron a darse en el bando nacional. Este sadismo vino preparado por una larga propaganda, aparte de la campaña sobre la represión en Asturias.

 

6. - Una  cuarta diferencia  de interés fue la aplicación del terror entre las propias izquierdas: ya durante la república se produjeron numerosos asesinatos entre socialistas y anarquistas especialmente, y durante los meses siguientes al 18 de julio hubo entre unos y otros ajustes de cuentas en la oscuridad del momento. Pero fue sobre todo con Negrín cuando menudearon las denuncias de anarquistas y socialistas por los asesinatos, torturas y detenciones ilegales que sufrían a manos de sus “aliados” comunistas. El caso Andrés Nin fue solo uno más entre ellos.

 

7.- El terror izquierdista no fue en absoluto “popular y espontáneo” como suele presentarlo una historiografía  nada seria. Tuvo dos aspectos: el de masas, por así llamarle, y el sistemático desde el poder. En los dos casos fue previsto,  promovido y organizado por los poderes y partidos del Frente Popular ya desde antes de la reanudación de la guerra en julio del 36.  También en el bando nacional el terror fue organizado desde el poder, con la salvedad ya vista de que quienes iniciaron la carrera de atentados fueron las izquierdas.

 

8.- El terror  del Frente Popular se acompañó de saqueos y robos sistemáticos, y de una extraordinaria corrupción organizados desde el gobierno y la dirección de los partidos, en especial el socialista. Como he expuesto en Los mitos de la guerra civil, nada parecido ocurrió en el bando opuesto, sino más bien al revés: hubo una política de restitución de bienes y recobro del patrimonio artístico e histórico español.

9.- Tiene gran importancia destacar qué bando fue el primero en emplear el terror, ya que no puede exigirse un comportamiento exquisito a quien se ve agredido y con la vida en peligro. Solo una profunda hipocresía puede poner en el mismo plano los actos de agresores y agredidos. El terror no es justificable en principio pero, como en todo, hay grados, atenuantes, agravantes, etc..

 

10.-  El comportamiento moral y civilizado no depende solo de las convicciones de los individuos, sino sobre todo del imperio de una ley aceptable. Cuando la ley cae por tierra, se producen automáticamente hechos como los aquí aludidos. Es más, la ley tiende a ser sustituida por el terror. Por consiguiente sobran las declamaciones seudomoralistas y las condenas fáciles a diestra y siniestra. La cuestión clave es aquí cómo y  quiénes  destruyeron la legalidad republicana. Al respecto no puede caber hoy la menor duda a nadie medianamente informado.

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  De Años de hierro:

 
Los Aliados sometieron a los jefes nacionalsocialistas a los  juicios de Núremberg, los cuales han recibido críticas de parcialidad, por su  tono de venganza y por la inclusión de figuras nuevas de delito aplicadas ilegítimamente con retroactividad. Las figuras empleadas fueron: crímenes contra la paz, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y conspiración para realizar cualquiera de los anteriores.  Desde luego, los  líderes nazis y cientos o miles de sus seguidores podían ser acusados de esos delitos, y  sin embargo el castigo fue chocantemente benévolo por comparación con los hechos: once condenas a muerte, tres a prisión perpetua y algunas otras menores.

    En España las acusaciones de Núremberg fueron acogidas con grados diversos de incredulidad, y el juicio entendido como una revancha. El monárquico ABC  reproducía el cuadro de Velázquez  La Rendición de Breda, para contrastar la generosidad hacia  el vencido con el rencor de los Aliados.  No obstante, Fernández de la Mora, llamado a ser uno de los teóricos más conspicuos del régimen,  publicó en el mismo ABC un enfoque distinto: “Si el Derecho ha de ser algo serio, forzoso es admitir que los Estados, lejos de poder determinar inapelablemente qué es lo justo y lo injusto, están sujetos a una Justicia superior y trascendente (Derecho natural) (…) Si los jefes alemanes  prepararon y declararon una guerra injusta, violaron tratados y preceptos bélicos y cometieron asesinatos en masa,  esos delitos deben ser castigados inexorablemente. Porque lo contrario sería (…) reconocer el absurdo de  de que los mayores crímenes, cuando se cometen en  ejercicio de la soberanía, deben quedar impunes. Es además inexacto que tales delitos sean una  invención actual. Ahí está la doctrina del tiranicidio entumecida de puro vieja, y  la perenne obra de  Vitoria,  Molina, Suárez y toda una escuela de juristas y teólogos españoles”. El tribunal competencia del tribunal, señalaba el articulista, debía representar a la humanidad y no a estados parciales,  pero “es preciso no olvidar que  la pena impuesta por un Tribunal incompetente puede ser justamente merecida”. Justificaba el juicio argumentando sobre el Derecho natural, mientras que los jueces seguían un Derecho positivo estricto, menos adecuado a su objeto.

   Restaban otros problemas espinosos. Los soviéticos podían ser acusados de la mayoría de las acciones achacadas a los nazis: asesinatos y deportaciones en masa, guerra injusta contra Finlandia y agresiones a los países bálticos o Rumania,  matanza de militares e intelectuales polacos, conspiración contra la paz en colusión con Hitler mismo y reparto de Polonia con él.  Y uno de  los crímenes de guerra más feroces fue, desde luego, el bombardeo de la población civil, en el cual destacaron con diferencia los países anglosajones… por lo que no fue juzgado. Las acusaciones a Dönitz por diversas acciones navales fueron retiradas cuando quedó de relieve que los submarinos useños hacían lo mismo contra Japón, lo cual sugería que un acto constituía o dejaba de constituir delito según quién lo realizase. Y la conducta en marcha con los vencidos (deportaciones, muertes por hambre y miseria en los campos de prisioneros, trabajos forzados,  etc.) no dejaba de recordar las conductas juzgadas como criminales. Los anglosajones -- no los soviéticos--  solo estaban en condiciones de acusar al nazismo de haber planeado y desatado la guerra; así como del Holocausto, un crimen excepcional por sus características, aunque ellos tampoco hubieran hecho gran cosa por impedirlo.   

   Sorprende un poco la idea misma de crímenes contra la humanidad, por cuanto los nazis formaban parte de la humanidad,  y el concepto implicaba que otra parte de ella se arrogaba la representación del conjunto. Las aporías jurídico-morales podían extenderse a los “crímenes contra la paz”, ya que todos los contendientes perseguían una paz en sus propios términos; y suena excesivo considerar eterno e inalterable  el orden previo a la guerra, y criminal su alteración. Finalmente, un tribunal de la humanidad y no solo de las potencias vencedoras,  como sugería Fernández de la Mora, puede sostenerse sobre “las leyes eternas e inmutables de los dioses”, de Antígona,  no fáciles de especificar, pero no tanto sobre los decretos soberanos y debidamente promulgados, de Creonte. Conflicto de interpretaciones que no ha cesado ni probablemente cese.

   La justificación de los juicios guarda relación con la declaración de San Francisco: el propósito de eliminar para lo sucesivo las guerras. Los causantes de la pasada (la parte vencida) debían recibir ejemplar castigo y exposición permanente al horror y vergüenza, a fin de evitar  la repetición de actos semejantes. Designio cuya desmesura utópica,  humanista en el mal sentido,  la expresó Harold  Laski cuando advirtió que democracia y totalitarismo no podrían convivir: apuntaba falsamente a España, pero tenía razón en un sentido distinto. El totalitarismo se expandió con rapidez y la preconizada paz definitiva  se transformó en “guerra fría”. La cual no llegó a hacerse globalmente caliente debido a la conciencia de que acarrearía la mutua destrucción, pero condujo a numerosas contiendas menores y de crueldad extrema, manifiesta en la proporción creciente de víctimas civiles, en nuevas deportaciones y genocidios.

 

Tesis sobre el terror en la guerra civil (I)

28 de Agosto de 2008 - 17:49:19 - Pío Moa - 64 comentarios


   La izquierda ha entendido muy bien el papel emocional y el valor político actual de las acusaciones de represión aplicadas a la derecha durante la guerra, y no ceja por ello en su fraudulenta propaganda a todos los niveles (la última, la del juzgador solitario). Lo hace con el silencio cómplice de los políticos rajoyanos, tan propensos a escupir sobre la tumba de sus padres y abuelos, por creer que así ganan votos. Por ello conviene insistir cuanto haga falta en unas cuantas verdades.


1.- El terror se plantea de dos formas: como un modo de paralizar la reacción del contrario (véanse las instrucciones del PSOE para la guerra civil, o las de Mola para el golpe militar) o como una “limpieza” a fondo de enemigos (véase a Araquistáin: “no va a quedar un fascista ni para un remedio”). En el primer caso, se busca abreviar la lucha y por tanto las víctimas, aunque en la práctica tienda a convertirse en un fin en sí mismo.


2.- Según los estudios más fiables, los de Ramón Salas Larrazábal corregidos por A. D. Martín Rubio, el número de víctimas del terror entre 1936 y 1939 fue ligeramente superior por parte de los nacionales, aunque proporcionalmente algo menor, al haberse aplicado sobre una población más amplia (el Frente Popular solo pudo hacerlo sobre algo más de la mitad del país). Los estudios de Salas y de  Martín son a priori mucho más fiables que los descaradamente politizados  y subvencionados por el poder socialista, tan abundantes estos años.

 

3.- La práctica igualdad cuantitativa entre los dos terrores no significa igualdad  cualitativa. Por el contrario, existen profundas diferencias a considerar: ante todo, fueron las izquierdas, y no los nacionales, quienes empezaron a aplicar ese método ya en 1933-34, con el asesinato de numerosos derechistas,  asaltos a locales de la CEDA, etc. Durante la insurrección de octubre del 34, el terror fue aplicado ampliamente allí donde la revuelta triunfó por algún tiempo, Asturias sobre todo (en torno a un centenar de asesinatos). Luego, tras las elecciones de febrero de 1936,  las izquierdas volvieron a aplicar un terror sistemático, con más de 200 asesinatos en solo cinco meses, amparados  por  el gobierno. Este terror previo elevó más y más la exasperación de la derecha y constituyó uno de los factores de su réplica posterior, a menudo feroz.

 

4.- Una derivación política de la actitud izquierdista fue la gran campaña internacional sobre la represión derechista de Asturias, fundada en falsedades y exageraciones, pero aceptada por numerosos historiadores hasta hace poco. Baste decir que, una vez ganadas –anormalmente—las elecciones de 1936, entre otras cosas con la promesa de investigar dicha represión, el Frente Popular  olvidó sus promesas y rechazó dichas investigaciones, demandadas por la CEDA. Sin embargo la campaña creó en la izquierda un clima de  revancha  muy proclive a aplicar el terror contra una derecha tan "criminal"; y en la derecha una indignación impotente, muy peligrosa en caso de explotar. Este factor -- la incidencia social de esta campaña--, nunca había sido debidamente analizada ni tomada en cuenta por los historiadores.

 
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Historia contra memoria
 

 Cartas al director:

Campo de concentración de Castuera N
***Angel David Martín Rubio
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Durante el mes de julio pasado, historiógrafos y políticos han fantaseado en Castuera (Badajoz) sobre el campo de concentración que existió en esa localidad durante los primeros meses de la posguerra y al que paradójicamente se calificaba de "un campo en la retaguardia", calificativo que pierde su sentido cuando no existían los frentes y que oculta lo que en realidad fue: un centro provisional para la clasificación de los miles de prisioneros de guerra que provocó el final de la guerra, habilitado por poco tiempo con el régimen jurídico de una Prisión Central.
En las reseñas de prensa se alude a prisioneros y muertos, todo con la misma vaguedad que favorece la creación y difusión del mito pero... Hay otros muchos muertos y presos de los que nadie habla y también eran de Castuera o murieron allí. Me refiero a  los asesinados por las milicias frentepopulistas en El Arenal, los quemados vivos en el apeadero de El Quintillo, los fusilados en el Cementerio, los presos en el Depósito municipal, los presos en la Ermita de los Mártires, los presos en los Campos de Trabajo establecidos por el Gobierno de la República mucho antes de la creación del Campo de Castuera, como ocurrió en Monterrubio, los centenares de soldados y voluntarios caídos en el frente de La Serena.
Por favor, que nos dejen a los historiadores estudiar nuestro pasado, que los políticos se dediquen a las gestiones que les corresponden y, por si puede servirnos la lección, que los españoles no olvidemos lo que ocurrió en 1936 cuando las izquierdas, con el Partido Socialista a la cabeza, dinamitaron el Estado de Derecho.
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=392787
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MEMORIA HISTORICA
Las fosas de Mérida
Angel David Martín Rubio
Mérida
La unilateral recuperación de la memoria histórica que se está llevando a cabo por la izquierda española ha vuelto a poner de actualidad unos enterramientos en el entorno del cementerio de Mérida que no eran ningún secreto para la historiografía que se ha ocupado de la Guerra Civil en Extremadura. Un informe del Ayuntamiento de Mérida fechado en la década de los cuarenta y publicado en mi libro Paz, piedad, perdón... y verdad afirma con toda claridad que "al ser liberada la ciudad por el Glorioso Ejército y con posterioridad a esto fueron sancionados por la autoridad aquellos que hicieron fuego contra las armas nacionales y cuyos cadáveres según noticias adquiridas por esta alcaldía fueron dados sepultura en las inmediaciones del cementerio". Si a ellos añadimos las ejecuciones de las sentencias dictadas por Consejos de Guerra, el total de muertes registradas en Mérida se sitúa algo por encima de las quinientas personas como se documentó en una memoria de licenciatura presentada por María del Mar Alvarez Román en la Uex (1989). Todo ello hace inexplicable el baile de cifras, a cual más disparatado, que se ha visto y leído en los medios regionales en los últimos días: unas veces eran mil, otras dos mil, otras cuatro mil...
Pero no son estas las únicas tumbas existentes en el cementerio de Mérida. Cuando las tropas nacionales entraron en la ciudad emeritense pusieron fin a los asesinatos que, por orden del comité frentepopulista habían comenzado el 7 de agosto y continuaron en los días siguientes.
Personalmente preferiría que se dejara reposar a todos los muertos de la Guerra Civil bajo una cruz que fuera símbolo de reconciliación, unidad y verdad pero si otros prefieren seguir manipulando la historia y emplearla como arma al servicio de su demoledor proyecto político, habrá que recordarles que fueron los ahora llamados --republicanos-- quiénes comenzaron a derramar la sangre de sus enemigos sobre Extremadura.
 
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=392203

*** "que nos dejen a los historiadores estudiar nuestro pasado", exhorta Martín Rubio. Pero a la mayoría de los historiadores no hay por dónde cogerlos, tanto se ha degradado la profesión en estos años. Son peores que los políticos. 

¿Es el hombre un animal?

27 de Agosto de 2008 - 18:32:27 - Pío Moa - 190 comentarios

    Los estudios con pretensiones científicas suele catalogar al hombre como un animal. Por supuesto, tiene muchas afinidades con los animales, como estos las tienen con las plantas  y todos con la naturaleza inerte (todos los elementos químicos presentes en  los seres vivos lo están previamente en el mundo mineral). Pero, pese a los aspectos comunes, la diferencia entre el hombre y el animal no es menor que la existente  entre  los animales de las plantas. Se argüirá que muchos animales son también sociales, o que los genes humanos  y los del chimpancé, por ejemplo,  difieren muy poco. Pero esa pequeña diferencia es totalmente decisiva;  y la sociedad humana y las animales tienen muy poco en común. La sociedad humana  es cultura e historia, algo ajeno a las sociedades animales.

    Considerar al hombre como animal tiene muchas implicaciones. El comportamiento animal, aunque muy complejo, es bastante accesible a la observación y básicamente estereotipado. Una seudo ciencia, o ciencia vaga (de vagancia)  querría estudiar al ser humano  como puede hacerse con el perro, pero, entre otras cosas, la conducta humana no solo resulta mucho más compleja, sino que absorbe los conocimientos sobre ella, de tal modo que esos mismos conocimientos  transforman la conducta, a menudo de forma imprevisible, volviendo el esfuerzo científico una tarea sin fin.

   Por otra parte limitar la diferencia entre animal y hombre a la mayor complejidad del segundo carece de cualquier connotación moral, y la moral constituye otro rasgo profundamente distintivo del ser humano. El  psicólogo  B. F. Skinner, en su tiempo el más influyente de Usa, escribió un libro clásico: Más allá de la libertad y la dignidad, creyendo haber dado con las bases de la conducta humana que marginaban por “precientíficos” esos conceptos -- libertad y dignidad-- tan enfadosos e inmanejables para determinadas concepciones de la ciencia. Y por ahí insisten muchos otros, en busca de su poco santo grial.

    Políticamente, esta consideración tiene serias consecuencias: el ser humano puede ser tratado (por los amos de la ciencia) como cualquier otro “animal”. Los comunistas y los nazis, por ejemplo, se veían a sí mismos en esa científica posición. Sus sucesores los critican y dicen ser mucho mejores chicos, afirmación moral poco coherente con sus premisas.

 

 

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Problema de lingüística

Dice Pujol que el español no está perseguido en Cataluña. Declarar  el español "idioma no propio", excluirlo de la vida oficial, reducirlo y acosarlo en la enseñanza, todo en medio de un incesante flujo de ofensas a España y a cuanto nos es común,  de agresiones a la libertad de expresión, a la bandera de España, de expresiones pro terroristas y anulación del pluralismo en la prensa respecto de estas cuestiones, todo eso no es persecución, según nuestro prohombre. Quizá ha olvidado el significado de las palabras, en castellano y en catalán.
   Prosigue nuestra gloria política que "hay un desapego de Cataluña, y en el conjunto de España hay una actitud hostil hacia nosotros". Nuevamente un problema de lenguaje: con su concepción totalitaria, Pujol cree que Cataluña es Catalufia, es decir, el sector catalán antiespañol; Y que la hostilidad hacia los catalufos, sentimiento creciente después de tantos años de injurias, desprecios y provocaciones contra el resto de España, es hostilidad a los catalanes. 
   Todavía aumenta el problema del lenguaje cuando el líder catalufo asegura:  "Hemos sido siempre de una lealtad absoluta. No creo que nadie pueda acusar de desleal a Cataluña".  ¿Qué entenderá por lealtad este caballero? Nadie acusará de desleal a Cataluña, por supuesto, pero a Pujol y los suyos...¡vamos, hombre!
   Cuando el lenguaje político se distorsiona a tal punto, recuerda al farfullar de los borrachos.

 

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 La vicesecretaria general del PP vasco dice que Zapo "ha aprendido de su error en la lucha contra ETA" 

 El sector proetarra del PP lavando la cara al principal colaborador de los terroristas  (Ver blog de   9 de junio y 15 de agosto)

   Como en la confusión organizada en que vivimos hay que explicar muchísimo las evidencias, insistamos en que no se trata de una boutade. Quien colabora con el colaborador colabora con el colaborado. ¿De qué manera lo hacen Rajoy y sus amigos?
a) Participando en la carrera de los estatutos autonómicos, clave de toda la política involucionista y proetarra de Zapo

b) Disimulando el hecho

c) Contribuyendo, con el silencio o con maniobras por un reparto de poder,  a los ataques de Zapo a la libertad de expresión y a la independencia judicial, otros aspectos de la política socialista.

   Quien ha "aprendido de su error" es el PP. Del "error" de haber defendido oacasionalmente la constitución y las normas democráticas. En lo esencial, Rajoy ha optado por la misma política que Zapo.

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Ayer, en
El Economista :

EL CAMBIO CLIMÁTICO

 

   El clima varía, y casi todos los años provoca catástrofes locales. Sin embargo, en todo el tiempo del que el hombre guardaba memoria se han mantenido unas constantes que nos hacían confiar en un clima básicamente estable.

    La actitud ha cambiado desde que  han pasado al saber popular  las enormes oscilaciones climáticas de la Tierra, la corta duración de los períodos interglaciales en comparación con las épocas frías;  el posible fin próximo de nuestro feliz  período  interglacial (Holoceno), al que nos hemos adaptado desde hace doce mil años, la posibilidad de un cambio lo bastante abrupto como para causar cataclismos casi impensables.  Este conocimiento causa en la gente una sensación de inseguridad y angustia, consciente o subconsciente, que la hace propensa a las estafas políticas.

    ¿Vamos hacia un calentamiento global, hacia una nueva glaciación, o persistirá el clima actual miles de años más?  Si vienen cambios, ¿lo harán lentamente o con tal rapidez que impidan una adaptación tranquila? ¿Qué incidencia real tiene la industria en el clima? La emisión de gases industriales, ¿perjudicará a la humanidad o  la beneficiará al retrasar el enfriamiento del planeta?  De perjudicarla, ¿en qué grado y ritmo deberían reducirse las emisiones, y  cómo hacerlo sin provocar la miseria y el hambre para cientos de millones de personas?

   Hoy por hoy los científicos no tienen respuesta a estas cuestiones,  sobre las que exponen análisis y pronósticos contradictorios. Quizá dentro de unos años o decenios logren ofrecer resultados claros. Ello no impide que, entre tanto,  muchos políticos y negociantes sepan bien qué va a ocurrir y fomenten modas: la del calentamiento global está cediendo ahora  a la del enfriamiento glacial. Quizá yerren con el clima, pero aciertan de otro modo. Creen que explotar la angustia popular puede rendirles pingües ganancias en poder o en dinero. Y así suele ocurrir.

 

Ricos contra pobres

19 de Agosto de 2008 - 09:59:29 - Pío Moa - 732 comentarios

Hoy, en El Economista:

RICOS CONTRA POBRES

 

   En unas conversaciones entre Juan Luis Cebrián, ex director de El País, y Felipe González, ex presidente de España, ambos coinciden en definir la guerra civil como enfrentamiento entre pobres y ricos, ganada por los ricos, a quienes ellos muestran nulo aprecio. Se trata de una simpleza inframarxista que insulta la inteligencia: fue el bando supuestamente enemigo de los pobres, el que creó condiciones para que el país superase su pobreza ancestral; y las ideas del Frente Popular, pretendido amigo de los obreros, habrían desembocado en una situación pareja a la de Cuba, generalizando la pobreza excepto para una nomenklatura  dueña de todo. La lección histórica al respecto no puede ser más tajante. Que dos personajes tan influyentes demuestren un nivel intelectual tan ínfimo  hace temblar, realmente.

     Aun choca más  la posición de ambos si recordamos que pertenecen al grupo de “los ricos”, a los riquísimos, o se mueven en el entorno de las oligarquías más adineradas de España y hasta del planeta. ¿Cómo es que se insolidarizan con su “clase”, sin por ello renunciar –muy al contrario—a sus privilegios?   Los griegos tenían un concepto para la saludable vergüenza del rico ante el pobre, derivada del sentimiento de que ni la riqueza del uno ni la pobreza  del otro son del todo merecidas. Cabría preguntarse por qué la gente no es uniformemente rica (o pobre), hecho algo misterioso, como tampoco es uniforme la distribución de la inteligencia, la fuerza, la salud, la sensibilidad, la suerte  o cualquier otra cosa, ajenas en principio -- aunque no siempre inaccesibles-- al mérito personal.

    Tal vez Cebrián y González expresan esa vergüenza o pudor, pero algo  nos hace dudarlo: los dos han llegado a saber que “defender a los pobres” puede convertirse en un buen negocio. Ellos, precisamente, lo han demostrado. Los pobres probablemente no mejoren mucho, pero  a ellos no hay más que verlos.

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Recuperando de la revista
Chesterton

ANTIFRANQUISMO Y DEMOCRACIA

 

   La tergiversación de la  transición, y con ella de la  democracia, parte del aserto de que antifranquismo y democratismo son términos equivalentes. En apariencia  así debiera ser, puesto que el franquismo fue una dictadura, pero el observador cuidadoso percibe inmediatamente algunas incongruencias. Por ejemplo,  en el libro de Antón Saavedra El secuestro del socialismo, leemos sobre el PSOE de mediados de los años 70: “La justificación de los dineros que fluían a raudales desde Alemania se basaba, según el portavoz del SPD alemán, Bruno Fruedelrich, en declaraciones realizadas a los medios de comunicación, en febrero de 1976, en que Son muchos los socialistas españoles que han sido apresados o encarcelados, y hay que pagar a los abogados o mantener a familias que se han visto privadas de su cabeza. Cuando el PSOE sea legal en España, se podrá convertir en un partido económicamente independiente. Ni que decir tiene que en los últimos años del franquismo no fue procesado un solo dirigente socialista en España... No existía represión generalizada contra los socialistas españoles, y si la hubo fue muy puntual y episódica, nunca de la manera sistemática y continuada como la que recibieron algunos comunistas. Por consiguiente no había familias a las que ayudar... Pero el dinero existía y no sólo de dinero alemán vive el PSOE. Dinero mexicano, venezolano, judío, sueco, austríaco y (no podía faltar) dinero de la CIA norteamericana a través de sus brazos sindicales de la AFL-CIO... Pero la consigna era sólo para las familias de los detenidos".

    El libro de Saavedra contiene algunos pintoresquismos, pero está escrito por alguien que conoce bien los entresijos del Partido Socialista.  No había prácticamente, pues,  socialistas en las cárceles de Franco, suponiendo de momento que aquel PSOE inspirado por el marxismo fuera democrático. ¿Había otros demócratas en las mazmorras de la dictadura? Podemos hacernos una idea por el libro del magistrado Juan José del Águila, prologado por Peces Barba, sobre el Tribunal de Orden Público (TOP) del régimen franquista. Del Águila, calcula en unas 9.000 las condenas producidas por el TOP en sus trece años de existencia, en las cuales impuso 10.146 años de prisión a 11.261 procesados, lo que supone menos de un año por persona.  Puesto que las penas inferiores a un año no se cumplen en prisión,  está claro que una gran mayoría de los procesados no  cumplió condena, aparte de que las penas superiores tampoco se cumplían íntegras, ni mucho menos. Incluso en los años 40 la inmensa mayoría de las sentencias a prisión perpetua no duraban más de seis años. Estos datos no desmienten la represión de la dictadura, ni la oleada de penas de muerte en sus primeros años, pero conviene tenerlos  en cuenta al atender a la marea de emocionalidad con que la “desmemoria histórica” rodea estos sucesos, mientras pretende olvidar otros  más graves del Frente Popular, de las izquierdas entre ellas mismas,  y de los regímenes con que los desmemoriados han simpatizado siempre.

    No obstante, la cuestión que aquí interesa es la cualitativa. El señor Del Águila titula su libro La represión de la libertad, dando a entender que las víctimas del TOP eran demócratas. Para ello oculta o vela cuidadosamente que la inmensa mayoría de los condenados en los años 60 eran comunistas, y, a partir de 1969, terroristas, sobre todo de la ETA, que casi siempre se proclamaban también comunistas. Advirtiendo que el propio señor Del Águila es comunista, su historia se entiende mejor.  ¿Podemos considerar demócratas a los militantes de estos grupos?  Según un mito muy difundido, ellos no querían otra cosa que abrir paso a las libertades,  particularmente en la etapa final del franquismo. Entender la cuestión requiere un repaso  de la historia y de la doctrina. Como es sabido, desde finales de la guerra mundial  el PCE intentó  organizar en España una  lucha de guerrillas (el maquis) a fin de resucitar la guerra civil, esperando resultar esta vez vencedores. El PCE intentaba arrastrar a otros partidos  para dar un aire democrático a la intentona, pero encontró el vacío, porque estaba muy fresco todavía el recuerdo de los métodos y el lenguaje stalinistas, así como de la guerra civil entre las propias izquierdas.  

   Sin importar la contradicción, quienes presentan al maquis como una lucha por la libertad afirman también que su fracaso indujo a los comunistas a rectificar en un sentido democrático (¿aún más?). De ese modo se  habría producido una evolución hasta la adopción del eurocomunismo. Por lo tanto no debería entenderse al PCE como un partido stalinista, sino básicamente defensor de las libertades.  

    Me temo, sin embargo, que se trata de una mala interpretación, por decirlo de forma suave. Quienes sostienen esa tesis,  es decir, los patrocinadores de la desmemoria  organizada,  son también los sostenedores del fraude radical y evidente de que la democracia durante la guerra civil estuvo representada por el Frente Popular, hegemonizado por un PCE inequívocamente stalinista. Por lo tanto los comunistas habrían sido los grandes luchadores por la libertad en España, de forma ininterrumpida con Stalin y después de Stalin. Da igual su pistolerismo inicial, o su frontal ataque a la república apenas instaurada como democracia liberal, , o  su participación en la insurrección guerracivilista del 34, que siempre reivindicaron como una gloria, o sus intentos, apenas pasadas las anómalas elecciones del Frente Popular,  de liquidar la democracia  mediante la disolución de todo los partidos de derecha (“fascistas”, en su lengua de palo), o su actuación durante la guerra como agentes directos y orgullosos de Moscú que, entre otras cosas, masacraron a otros izquierdistas (POUM y anarquistas sobre todo), o su empeño en  prolongar una guerra perdida para enlazarla con la mundial, multiplicando así las víctimas y los daños, o  su designio de resucitar la guerra civil después de la mundial,  o su carácter permanente de propagandistas y defensores del imperio del GULAG... Al parecer, ¡todo lo hacían por la libertad!

   Entre los difusores de tales  sinsentidos se han encontrado siempre los  militantes del marxismo-leninismo --la escuela de Tuñón de Lara en historiografía--; y también muchos historiadores, intelectuales y políticos ajenos a la doctrina, pero ignorantes de ella y  sugestionados por los elaborados sofismas de la propaganda marxista leninista. Este último hecho ya ocurrió con gran amplitud cuando Stalin cambió la línea general orientándola a los frentes populares. Como escribía Jan Valtin, “Ahora la consigna era democracia contra fascismo. En apariencia la  Comintern se había hecho respetable en el sentido liberal; tan decente que  una amplia capa de intelectuales, escritores, artistas, profesores y mujeres adineradas manifestaban sin problemas su simpatía por la Internacional Comunista y la Unión Soviética como símbolos de verdadera libertad. Llegó a ponerse de moda participar en empresas comunistas”.

     La última pirueta en tal sentido fue el “eurocomunismo” patrocinado por el italiano Berlinguer y el francés Marchais, y adoptado por Carrillo ya en plena Transición. La aparente novedad del eurocomunismo consistía en aceptar el pluralismo político  para los países europeos, más alguna crítica superficial al modelo soviético. En realidad no había casi nada de ello, y en la medida en que lo hubo, acarreó la descomposición de esos partidos, como las reformas de Gorbachof acarrearían la de la propia URSS.  El PCE siguió siendo marxista-leninista –doctrina elaborada por Stalin-- hasta el final del franquismo. Y continuó manteniendo su marxismo, perfectamente antidemocrático. Su desvinculación de la URSS fue en gran parte aparente, y no significó una condena de la experiencia soviética, que continuó como alfa y omega moral e ideológica del partido. Carrillo mantuvo hasta el final una estrecha amistad con los dictadores tan siniestros como los de Rumania, Corea del norte o Alemania oriental.  El propio nombre “eurocomunismo” describe bien la realidad: en gran parte del mundo las matanzas, las represiones masivas, los campos de concentración, la ausencia total de libertades, estaban perfectamente justificadas, pero se daba la desdichada circunstancia de que en Europa había que adaptarse en alguna medida, tácticamente, a los sistemas democráticos para conquistar el poder. Y siempre con el objetivo fundamental, constitutivo de los partidos comunistas, de subvertir el sistema por una vía u otra. Y una de  esas vías, por cierto, siempre fue la falsificación sistemática del pasado. Ya examinaremos el comportamiento del PCE durante la transición, tácticamente moderada sin que ello lo convirtiese, ni de lejos, en partido de libertades, como se pretende.

    El PCE, desde luego, fue y  es mucho más antidemocrático que el franquismo. Pero también fue el único partido  que se opuso a Franco. Arrostrando mil riesgos y sacrificios, eso también es cierto: el único que luchó desde el principio hasta el final, desde 1939 hasta 1976, al revés que los demás componentes del Frente Popular. Y cuando, en las dos amnistías de la Transición, salieron a la calle los presos políticos (entre trescientos y cuatrocientos para un país de 36 millones de habitantes), en su gran mayoría eran comunistas o miembros de grupos terroristas, o ambas cosas. Nadie con una mínima honestidad intelectual o conocimiento de causa  puede considerarlos demócratas. Con toda evidencia, ninguna ideología del siglo XX ha sido más liberticida (y genocida, en competencia con la nacionalsocialista) que la de Marx y Lenin.

   ¿Significa ello que no hubo oposición democrática al régimen? Por sorprendente que suene el aserto, apenas la hubo, y, en la pequeña  medida en que existió, fue tratada con notable moderación por la dictadura, pues pocas veces mereció de ésta el honor de hacerla encarcelar: algunos chispazos ocasionales aquí  y allá, el más notorio el congreso de Munich, de 1962, integrado por 118 delegados de  grupos monárquicos, democristianos, socialistas, separatistas vascos y nacionalistas catalanes, muchos de ellos procedentes del régimen, que exigieron la democratización de España según las normas del Mercado Común. El congreso se celebró bajo la doble y errónea impresión de que el régimen estaba próximo a su fin y de que los comunistas – marginados de la reunión--  estaban ganando mucho terreno y era preciso tomarles la delantera (se les atribuían las recientes huelgas de la minería asturiana). Sin  embargo los de Munich carecían de  representatividad, influencia o prestigio en el país, mientras que los comunistas sí habían ganado, con enorme esfuerzo y sacrificio, alguna incidencia popular,  aunque pequeña. De los personajes reunidos en la capital bávara, los más destacados fueron Gil-Robles y Salvador de Madariaga,  ambos ya figuras del pasado, sin proyección política en España. En realidad, el congreso habría pasado sin mayor eco si el propio régimen, irritado por la oposición de los congresistas a sus gestiones respecto al Mercado Común,  no hubiera magnificado el “contubernio de Munich” al desatar contra él una gran campaña de propaganda y confinar en las Canarias a algunos de los asistentes. Don Juan declaró no tener nada que ver con el congreso.

    Y no cabe conceder un crédito  excesivo al democratismo de los partidarios de Don Juan. Se trató de una oposición en todo caso muy tenue y minoritaria dentro de los propios monárquicos, los cuales en su mayoría permanecieron siempre en el ámbito del franquismo. El puntal del antifranquismo juanista durante largos años, Sainz Rodríguez,  fue un conspirador nato que había procurado sin tregua derribar la república mediante un golpe militar, mientras abogaba por la “democracia orgánica” bajo un trono autoritario. Tras la guerra civil había vuelto a conspirar, ahora contra Franco, pero sin abandonar la pretensión de establecer una régimen autoritario, y convencido de que la victoria de los Aliados en la guerra  mundial traería necesariamente la caída del régimen. La política de  aquellos juanistas rondaba por entonces la traición al país, si no caía de lleno en ella, y sus posibilidades se esfumaron cuando Franco, que había previsto la ruptura de la alianza entre las democracias y Stalin,  se mantuvo en el poder contra todo pronóstico. Don Juan dio algunos pasos apresurados y su alternativa se esfumó. Andando el tiempo, la restauración o re instauración monárquica se produciría, por voluntad del dictador, en la persona de Juan Carlos.

    También una parte de la Iglesia propició, tras el  concilio Vaticano II, acciones contrarias a la dictadura, pero lo hizo dentro de una considerable confusión. Muchos de esos sectores religiosos, influidos por la Teología de la liberación e ideologías similares, eran a su vez muy dudosamente democráticos, y entre sus actividades se contó un activo respaldo práctico al terrorismo y a los grupos comunistas. No hay duda de que la ETA,  por ejemplo, debe mucho a esos apoyos, y asimismo organizaciones dirigidas por  el PCE, como Comisiones Obreras. Aunque luego los beneficiados hayan despreciado u olvidado aquellos favores eclesiásticos.  

   Otros grupos no comunistas y más o menos democráticos mostraron alguna oposición, ya muy al final del régimen  pero lo hicieron generalmente  dentro de organismos dirigidos por los comunistas. El más exitoso y modélico de ellos, la Asamblea de Cataluña, nació  en época tan tardía como finales de 1971, y agrupaba a un conglomerado de grupos, desde cristianos de izquierdas a  terroristas o pro terroristas, separatistas abiertos y menos abiertos, personajes con ambiciones políticas, etc.  Pero el núcleo y eje de la Asamblea era el PSUC, precisamente la sección más stalinista del PCE, la más reacia a abandonar el marxismo-leninismo.

     Un rasgo importante de casi toda aquella oposición consistió en su simpatía por la ETA, actitud que había de tener muy largas y amplias proyecciones en la democracia, hasta hoy mismo. Por lo común, la oposición  retrataba al franquismo como una dictadura totalitaria asesina, horripilante y absolutamente injusta. La consecuencia natural sería luchar contra ella por todos los medios, y de ahí la admiración suscitada por los terroristas cuando empezaron a asesinar, en 1968 (aparte de un bebé destrozado por una bomba unos años antes). Me permitiré citar de mi libro Una historia chocante. Los nacionalismos vasco y catalán en la España contemporánea:   “El verdadero nacimiento de la ETA como fuerza importante en España data de aquel período de 1968 a 1970, y está ligado a tres asesinatos, los cuales no le impidieron recibir todas las bendiciones posibles. La rodearon de afecto y comprensión, aun si con reticencias de escaso relieve práctico, los comunistas,  los demás nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, parte considerable del clero vasco y otra menor, pero notable, del resto de España. El conjunto de la oposición, en suma. Y, no menos decisivo, diversos gobiernos europeos, en especial el francés. Francia iba a convertirse por muchos años en el refugio y santuario de la ETA, el lugar seguro  sonde la organización planeaba sus atentados y adonde podía retirarse oportunamente, garantizándose un alto margen de impunidad. A la oposición española le pareció bien, creyendo que esa política de París duraría lo que el régimen franquista. Volvía a equivocarse”.

   Tal fue la oposición a la dictadura, cuya verdadera historia está tan por escribir.

 

 

¡Viva el talante dialogante!

18 de Agosto de 2008 - 10:30:25 - Pío Moa - 128 comentarios

 

“QUIERE "RECUPERAR LA CAPACIDAD DE DIÁLOGO"

Barreda aboga, como Rajoy, por hablar con el BNG tras las elecciones gallegas”

    Hacen bien estos sectarios  y golfos  franquistas del PP. El BNG, como HB, la ETA y demás separatistas, también los socialistas, por supuesto, han apostado siempre por el diálogo,  la paz y la libertad,  han democratizado a fondo aquellas naciones y hechos nacionales donde gobiernan y han demostrado una y otra vez la mejor disposición para  ayudar a modernizarse y democratizarse a los habitantes del estado español. Claro, el PP nunca ha tenido esa disposición, sobre todo con Aznar, y ha saboteado todas las vías para un  entendimiento racional, modernizador y  beneficioso para la mayoría. De ahí han venido los problemas. Pero ahora, ¡por fin! los peperos empiezan a dejar de ser franquistas,  represores y reaccionarios, y se vuelven muy anglosajones aficionados: probablemente todos aceptarán su oferta de aprender inglés. Falta por ver si Rajoy y los suyos tendrán el valor y la lucidez de corresponder  a la comprensión anglofonófila de los demás, y llevar hasta el final tan prometedoras negociaciones. En cualquier caso, felicitémonos todos: una seudodemocracia salida del franquismo no podía funcionar, y  la justa línea etarra se va imponiendo, como esperaban y deseaban todas las personas de espíritu progresista. ¡Adelante el diálogo! ¡Adelante los procesos de paz! ¡Viva la democracia!; y hasta ¡viva Rajoy, el angloaficionado!

Fraga cree que el PP de Galicia y el BNG "podrían entenderse hasta cierto punto"

¡Pero si ya se han entendido hace mucho!  Fraga ha dejado la enseñanza y la cultura, o gran parte de ellas, en manos de los separatistas, ¿qué mejor base de entendimiento? Ahora hay que seguir, claro, pues estancarse es morir, y ya lo dice Rajoy: “¡Quien no cambia permanece igual!"

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 "Luis:
Me parece muy bien la importancia que das a la lengua, las matemáticas
y la historia. Y también el enfoque que aportas. Pero me parece
oportuno recordar aquí unas palabras de Engels refiriéndose a los que
desprecian a la filosofía (no es tu caso): 'Quienes más insultan a la
filosofía son esclavos, precisamente, de las peores reliquias,
vulgarizadas de las peores filosofías'. Si es cierto que la filosofía
debe dedicarse a la clarificación del pensamiento, como decía
Wittgenstein,(y estoy de acuerdo) ésta no debe ser su única tarea. Me
parece de la mayor importancia que las jóvenes generaciones piensen
sobre lo pensado; que reflexionen acerca de los fundamentos; que
cuestionen el conocimiento de sentido común, sin despreciarlo; que se
acostumbren a justificar lo que afirman;que conozcan lo que las mentes
más lúcidas han pensado de la vida y de la muerte, del derecho y la
moral, de la teoría y de la práctica, etcétera. En fin, qué sentido
tiene la vida, qué valores merecen ser perseguidos y otras cosas
aparentemente inútiles en un mundo en el que prima 'lo útil' y se
desprecia 'lo inútil'. Distinción, por cierto, de interés filosófico.
Todo ello, teniendo en cuenta los conocimientos empíricos existentes
para no especular absurdamente.
Un abrazo.
Sebastián Urbina".

***

  La filosofía, aunque existe de diversos modos en otras culturas, es propia sobre todo de la occidental. Nunca alcanza sus objetivos y en ese sentido resulta inútil, pero de su empeño han derivado muchos efectos valiosos, desde la doctrina democrática al pensamiento científico. Pero no puede ser enseñada, en la primaria y la secundaria, al nivel de otras asignaturas, creo.  Por otra parte la enseñanza de la lengua puede incluir desde el principio ejercicios con textos de contenido filosófico adaptados a la edad del alumno.

***  Opino que una de las cosas que más daño han hecho a la enseñanza española han sido las prédicas de los pedagogos partidarios de dejar que los niños se expresen como quieran e incluso hagan lo que quieran. Han vendido muy bien su mercancía, pero los mismos profesores reciben a menudo la penitencia con el pecado: no cesa de aumentar la proporción de ellos víctimas de trastornos emocionales y psicológicos, necesitados de tratamiento. Y entre los alumnos sometidos a la enseñanza progresista, han progresado el desinterés, el analfabetismo funcional y  la  falta de respeto hacia el esfuerzo intelectual y la cultura del propio país; por contra, observemos el auge de la “cultura” del botellón, del ruido o de la droga.
Una cultura de algún nivel no se adquiere sin esfuerzo, atención y  disciplina, y estos rasgos constituyen parte de la cultura misma. Una cosa es la brutalidad de “la letra con sangre entra” y otra la pérdida del rigor y del impulso de superación, brutalidad no menor. 
 

 

 

 

La enseñanza de la lengua

17 de Agosto de 2008 - 12:08:16 - Pío Moa - 35 comentarios

 Creo que la lengua, las matemáticas y la historia deberían ser las asignaturas clave en la enseñanza primaria y media. Es más, a partir de ellas se podrían aprender en gran medida  casi todas las demás, y a ese fin  debieran enfocarse sus ejercicios.

   Por lo que respecta a la lengua, en mi opinión debiera tener por objetivo esencial enseñar a expresarse oralmente y por escrito, y a organizar el pensamiento. Una enseñanza  eminentemente práctica. Esos no parecen los objetivos actuales, a juzgar por los resultados, pues existe una queja generalizada sobre el nivel de expresión de los estudiantes universitarios. No es lo mismo enseñar CÓMO se hace una cosa que enseñar A hacerla.

   Para ello, la gramática sirve como auxiliar, importante, pero secundario. Lo fundamental  son todo tipo de ejercicios que permitan al alumno expresarse con claridad, corrección y eficacia: análisis de textos, redacciones, dictados, exposiciones y debates orales,  cuadros sinópticos, etc.

    Así, los libros de texto consistirían sobre  todo en ejercicios sobre temas relacionados con otras asignaturas -- lo que aportaría un apoyo mutuo entre ellas--,  reglas de expresión, avisos sobre los errores frecuentes en el idioma hablado y escrito (la prensa, la radio y la televisión proporcionan un caudal inagotable), gramática, etc. 

   Sin duda hay una relación estrecha entre la semiesterilidad cultural de España y el mundo hispánico, y la expresión ramplona, simple y a menudo soez hoy predominante en ese ámbito.

 

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“Ultrajemos a España”, dicen los separatistas. Qué novedad. ¿Han hecho otra cosa desde la transición?

 
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Recuperando de la revista Chesterton

 

LA TRANSICIÓN USURPADA

 

   Los sucesos más próximos al presente son a menudo los más difíciles de historiar, precisamente porque su proceso no está concluido e influyen con fuerza en la actualidad: podemos describirlos, pero sus efectos no han terminado, y es a través de esos efectos como  generalmente podemos entenderlos. En cierto modo ocurre como con un tipo de novelas policíacas: el lector ve  una sucesión de hechos y tiende a interpretarlos del modo que cree más lógico hasta que, finalmente, el autor le descubre su verdadero sentido, muy distinto del imaginado por aquel. Claro que el efecto proviene en la novela de un artificio, y la historia real no depende de ningún novelista o similar. Sin embargo,  los intereses  políticos juegan a veces un papel muy parecido. Los políticos e intelectuales no pueden inventar los hechos pasados, pero sí tratar de  imprimirles retrospectivamente  un sentido acorde con sus intereses, prejuicios  y proyectos. Como tantas veces se ha dicho, ello es inevitable, y a veces se deduce de ahí la imposibilidad de una historia  objetiva;  pero  la falsificación de la historia puede  demostrarse con frecuencia, bien mediante el examen cuidadoso de los datos, o aplicando simplemente la lógica. Así,  la lógica nos impide creer, sin más averiguaciones, que, durante la guerra,  un Frente Popular  compuesto por partidos totalitarios,  golpistas y racistas pudiera haber defendido la democracia. Tal idea es simplemente grotesca…¡y sin embargo la siguen manteniendo muchos interesados, con la pretensión añadida de oficializarla por ley!

    Por otra parte, la visión del pasado condiciona la acción presente, y así, del modo como interpretemos la transición de hace treinta años depende en buena medida nuestra actitud ante los problemas  actuales. De ahí lo que podríamos llamar “lucha por el pasado” entre los diversos partidos, con sus interpretaciones diversas u opuestas, cada una con su particular coherencia.  Pero también aquí pueden afirmarse algunas certezas. Como las que exponía Carlos Bustelo,  ex ministro de UCD,  en ABC el 3 de junio del año 2000, en una tercera titulada “La transición democrática: una historia tergiversada”. El artículo empezaba: “Las últimas intervenciones del ex presidente González atribuyéndose el mérito de la transición española a la democracia no son nada nuevo; la desvergonzada apropiación de la transición comenzó al día siguiente de su gran victoria electoral de octubre de 1982 y no ha cesado desde entonces. Ello fue posible gracias a la irresponsable autodestrucción de UCD y a la no menos irresponsable actitud pasiva y hasta regocijada de Alianza Popular, donde no se levantó una sola voz para protestar ante tal impostura histórica. Se permitió así que arraigara en la sociedad española la creencia de que había que elegir entre demócratas progresistas y franquistas reaccionarios, lo que, de no haber sido por los graves errores de los Gobiernos socialistas, podía haberles mantenido en el poder veinte años más”.

   Cualquiera  con edad  y memoria suficiente puede dar fe de los asertos de Bustelo. Un rey designado por Franco impulsó el proceso,  lo diseñó un intelectual y político del franquismo, Torcuato Fernández Miranda, lo aprobaron las Cortes franquistas, lo pilotó un alto cargo del partido único del régimen anterior, Adolfo Suárez, le dio sustancia la UCD… No hay la menor duda al respecto, y las pretensiones del PSOE, entonces un pequeño partido sin apenas organización, resultan ridículamente falsas. Bustelo terminaba, con excesivo optimismo: “Es claro que en el PSOE  empiezan a darse cuenta de que los felices años ochenta se han ido para siempre y que las elecciones no se podrán ganar al rebufo de un antifranquismo inventado y de una transición democrática falseada”.  Ha ocurrido lo opuesto. El PSOE no ha cejado un instante en su lucha por apropiarse la historia; al contrario, la ha incrementado, muy consciente de su poderosa virtud legitimadora, mayor todavía cuando las viejas legitimaciones ideológicas (marxistas) se han desmoronado. De modo que una amplia masa de población sigue persuadida de que la transición y las libertades se deben, ante todo, al PSOE, a Santiago Carrillo y la izquierda en general. Incluida la ETA, que habría abierto el proceso con el asesinato de Carrero Blanco. Esta falsa convicción, tan extendida, ha sido una clave de la política socialista, de su éxito y de la actual involución  política.

    Aunque, como digo, quienes vivieron aquellos años  pueden dar fe de  la falsedad de tales atribuciones,  el vasto sector  de población  entre los dieciocho y los cuarenta y ocho años  no está en las mismas condiciones, y una propaganda machacona y bien orquestada le influye fuertemente. Y ocurre otro fenómeno más sorprendente: muchos jóvenes o adultos en aquella época llegan a creer lo contrario de lo que vivieron. Cuando hay un cambio político profundo, miles de personas se apresuran a inventarse un currículo de oposición a la situación anterior.  No  solo se trata de los políticos, por obvias razones de interés, sino también de gentes sin interés práctico alguno que falsifican los hechos simplemente por identificarse con lo nuevo, con lo que triunfa. ¿Quién no ha conocido a personas ajenas u hostiles al movimiento estudiantil antifranquista -- muy minoritario--, y que, años después,  “recordaban”  cómo participaban en asambleas y corrían delante de los grises, por poner un ejemplo típico?  Si tantos antifranquistas hubiera habido entonces, el régimen se habría tambaleado ya en los años 60. Según me ha parecido leer, hasta Fraga Iribarne confesaba modestamente, hace poco, haber luchado contra el franquismo “desde dentro”.

   A esa distorsión de la memoria contribuye una lógica aparente: ¿cómo iba a venir la democracia del franquismo siendo éste  una dictadura, y hasta una dictadura horrorosa y brutal, que hasta el final estuvo matando a sus enemigos? Mucho más creíble suena la tesis de que las libertades provinieron de los partidos antifranquistas, demócratas por definición, o al menos por implicación.  En este esquema cabe admitir, si acaso,  la participación de algunos políticos del régimen anterior,  movidos, probablemente, por  miedo ante el potente movimiento contra la dictadura, o  por el deseo de adaptarse y salvar algunos muebles. Pero el verdadero mérito solo podía corresponder a los enemigos del régimen. Lo explicaba años después la revista teórica socialista Sistema: la transición se hizo  “con el concurso, precisamente, del rector reformista proveniente del régimen anterior”.  Con el concurso. Pero no con el protagonismo, como cae de su peso. Aquí la lógica -- cierta lógica--,  ganaba la partida frente a los hechos.

     Una lógica  bien apoyada, a su vez, en la de la guerra civil. El franquismo, nadie debiera dudarlo,  había destruido a sangre y fuego  la libertad republicana, y el movimiento antifranquista se proclamaba  heredero de aquellas fuerzas democráticas unidas en el Frente Popular, que hicieron frente heroicamente al fascismo durante tres años. En verdad, esos demócratas habrían demostrado en la transición una generosidad sin límites y un altísimo sentimiento de civilidad y reconciliación,  al aceptar la participación de los  herederos de la  feroz  dictadura.  Se sobreentiende, claro,  que no solo entraba ahí la generosidad, sino la visión política, ya lo puso de relieve Alfonso Guerra: también pesaba la relación de fuerzas, que impidió por entonces hacer el “proceso político” a Franco y su régimen.  Pero hoy, treinta años después, habría llegado el momento de cumplir esa tarea pendiente  y dejar sentada,  por fin,  la “memoria histórica”,  obligatoria por ley, a ser posible.

    Este falseamiento ha calado en gran parte de los españoles,  debido no solo a la contribución de poderosos medios de masas, sino, más aún,  a la inhibición sistemática de la casi toda la derecha. Ésta incluso ha  condenado o marginado agresivamente a los pocos que, como Ricardo de la Cierva, intentaban poner diques a la marea de distorsiones que hemos presenciado en estos años.  El PP prefiere “no mirar atrás”, ni a la guerra civil ni al pasado reciente. Asegura que tal ejercicio es contraproducente,  y propugna, por tanto, “mirar al futuro”. Todavía no sabemos qué habrá visto en el futuro,  exponiéndose de paso a alguna demanda del honorable gremio de las pitonisas, por intrusismo profesional.  Pero al desertar de la “lucha por la historia”, por la verdad histórica, la derecha  confirmaba indirectamente a los ciudadanos la versión de la izquierda sobre su historial sórdido y terrible, del cual, ¡por algo!, prefiere el PP apartar la mirada. Razón de más para que el PSOE insista en él y lo “clarifique”, por pura responsabilidad cívica,  pues, ¿qué futuro cabe esperar de partidos y políticos con tan inconfesable pasado?

   Al revés que la derecha,  el PSOE entendió muy bien, desde el primer momento, el valor de la lucha por el pasado, pues, guste o no al PP, el presente, y por tanto el futuro, están indisolublemente unidos a él, y España es España y nosotros somos lo que somos, hablamos el idioma que hablamos y estamos inmersos en una cultura particular,  como producto de sucesos  anteriores, incluso remotos. Por eso, una temprana operación de propaganda del PSOE en el poder consistió en  una serie documental, de máxima audiencia, sobre la guerra civil, bajo el asesoramiento de Manuel Tuñón de Lara y otros de su séquito. Este historiador comunista supo formar una verdadera escuela de intelectuales y profesores que  terminó predominando durante  muchos años en la universidad y la enseñanza media españolas.  Según su versión, la guerra había consistido en un enfrentamiento entre los ricos y los pobres, entre los reaccionarios aferrados a sus privilegios y los demócratas, etc.  Las derechas actuales, no hacía falta decirlo, procedían del sector fascista o reaccionario, culpable de desatar una represión criminal sobre los progresistas republicanos.

   Y de nada valía al PP señalar su nacimiento posterior a la dictadura,  pues nadie ignora sus vinculaciones personales, familiares  y políticas con el régimen anterior. El PP, le guste o no, continúa la tradición conservadora que en la historia dio lugar al franquismo entre otras cosas.  Negarlo es fomentar una confusión llevada últimamente a extremos cómicos. Y sin embargo bastaría señalar que, a  excepción del PCE,  los líderes de los demás partidos vienen igualmente del franquismo, por familia o actuación; o que, como recordaba Bustelo, su antifranquismo no pasa de invención.

   En el terreno así abandonado, el PSOE pudo lograr victorias psicológicas y políticas como la de sus “cien años de honradez”, un lema tan perfectamente falso como rentable, no solo por la graciosa autoatribución de la virtud,  sino por la negación implícita de ella a la derecha. Si algo distinguía a la derecha, se daba por sentado, era la corrupción, además de la violencia y un ciego afán represivo, apenas dominado hoy,  gracias al estado de derecho,  pero con tendencia a resurgir a cada paso. En contraste con la integridad moral a toda prueba de los socialistas, defensores naturales  de los trabajadores y los desheredados del  injusto sistema capitalista.

    Estas versiones retroceden hoy  a grandes pasos, como revela, entre otras cosas, la exasperación con que reaccionan sus mantenedores y beneficiarios  frente a versiones más racionales,  veraces y cada vez más divulgadas. Pero debe reconocerse que han cuajado en muy amplias capas de la población y no son fáciles de erradicar.

   Lo mismo que de la democracia en la guerra civil, la izquierda fue apropiándose de la transición basándose en su pretendido antifranquismo, una cosa llevaba a la otra. Fue un proceso lento, al principio. Al morir Franco, la  mayoría de los españoles no valoraba la oposición antifranquista como factor de legitimación política, y por ello ganó UCD las elecciones; al propio PSOE nadie lo relacionaba en serio con el movimiento contra la dictadura, y sus radicalismos verbales eran considerados más bien como retórica oportunista  o estridencias pasajeras debidas a la inexperiencia de sus líderes.  Todo el mundo sabía, porque estaba absolutamente reciente, que la única oposición significativa al régimen  había sido  la de los comunistas y,  ya a partir de 1968, es decir, muy a última hora, la de los terroristas, en especial la ETA. En las cárceles prácticamente no había demócratas; y  no demasiados, tampoco,  fuera de ellas, como demostró, ya en 1976, el episodio Solzhenitsin. Lo he comentado en Franco, un balance histórico: la denuncia de la tiranía soviética por el gran escritor desató en la España predemocrática un alud de injurias  contra él, contra uno de los grandes testigos y acusadores del totalitarismo del siglo XX.  La oposición emergente, incluida la  moderada y ajena al comunismo, respetaba demasiado al sistema soviético, por no decir que simpatizaba con él, para tolerar semejante ultraje de un reaccionario  como el premio Nobel ruso.  Hubo hasta recomendaciones de hacer más riguroso el GULAG por parte de Juan Benet, un escritor no comunista aunque, desde luego, muy progresista.     

      La apropiación  indebida de la transición ha tenido formulaciones pintorescas, como la de Alfonso Guerra cuando, en visita a  Moscú,  dejó pasmados a sus huéspedes al mostrarles el secreto del cambio político español: ¡el bikini! Idea grandiosa jaleada  y ampliada  por Luis Carandell en el diario El Sol: “la explosión laica de los cuerpos en las playas”,  la minifalda,  El último tango en París,  los curas obreros, las antiguas congregantes de María recicladas,  un “famoso strip tease barcelonés”,  y así sucesivamente (y,  es cierto, la oposición de  numerosas personas en los últimos años del régimen consistió en viajar a Perpiñán o a Bayona a ver películas pornográficas,  para negocio de los indígenas).  Con lo cual quedaban claras dos cosas: el escaso  papel de la oposición política y su nivel intelectual, no menos precario,  como, por lo demás,  nunca se han cansado de demostrar. Esta palabrería ha sido, precisamente,  uno de los déficits más dañinos de la transición, porque  si el falseamiento del pasado envenena el presente, su  trivialización desmoraliza a los ciudadanos.     

    En el falseamiento y trivialización ha destacado la cadena de medios PRISA, sobre todo El País, convertido pronto en el diario más influyente de la nación y el más  conocido fuera de España, al punto de que sus directivos otorgaban o denegaban  credenciales de demócrata y  pudieron creer que hacían o deshacían políticos, ministros y hasta gobiernos, con sus editoriales.  El caso de este periódico y, en particular, de su director entonces e inspirador siempre, Juan Luis Cebrián, tiene el mayor interés político. Como es sabido,  Cebrián proviene de una destacada  familia falangista y medró gracias a ello en la prensa del Movimiento. Con Arias Navarro llegó a director de informativos de la televisión única. Hasta aquí todo concuerda con el hecho de que la transición fuera diseñada y organizada por el sector hegemónico del franquismo, y el propio diario El País respondiera a una iniciativa de Fraga. Lo llamativo es  la evolución del periódico y su director hacia un antifranquismo tan visceral como  ya innecesario, adoptando las versiones izquierdistas sobre la república, la guerra ¡y la propia transición!, sin excluir una simpatía soterrada hacia la ETA... En fin, un tema apasionante, como iremos comprobando.    

Importancia de la constitución

16 de Agosto de 2008 - 10:16:09 - Pío Moa - 51 comentarios

 

Esta constitución, con todos sus defectos, es la de mayor consenso en la historia de España y resulta casi imposible otra de mayor consenso. Por ello debemos acatarla (también reformarla, aunque  la constelación de fuerzas lo haga imposible por ahora) y denunciar como delincuentes  a quienes la echan abajo,  si no queremos volver a la dinámica de inestabilidad política que caracterizó al país desde la invasión napoleónica. O se impone la ley o se imponen los delincuentes, y uno de los datos más graves del panorama actual es la escasa sensibilidad en torno a esta cuestión.

    Pocos grupos se opusieron a la constitución, pero algunos sí, muy particularmente la ETA. La posición de los terroristas era que la transición y su resultado constitucional no podían aceptarse, argumentando (argumento veraz) su procedencia del franquismo. Y el franquismo, a su juicio ilegítimo por haber aplastado al democrático Frente Popular, contaminaba cuanto saliera de él.

    Casi todo el resto de  la izquierda, que había tenido que renunciar a la ruptura, sostenía el mismo argumento, aunque no la misma posición, pues la nueva situación les beneficiaba. Esta incoherencia introducía en la  política española un factor de debilidad argumental frente al terrorismo y de incertidumbre en el desarrollo legal,  algo parecido a la debilidad del PSOE ante el anarquismo durante la república: si ambos compartían principios básicos y análisis similares con respecto a la burguesía, ¿por qué colaboraban con ella los socialistas? La presión anarquista incidió considerablemente en la radicalización del PSOE que llevó a la guerra civil.

   Lo normal habría sido que en el proceso histórico desde la transición los argumentos de estilo etarra hubieran sido clarificados y descartados, pero ha ocurrido lo contrario: se han fortalecido progresivamente. La ETA nunca fue combatida coherentemente, y la "solución política" le ha dado balones de oxígeno todos estos años. Los socialistas, que nunca dejaron de compartir el fondo de la argumentación etarra, han terminado por compartir también su posición: no otro es el secreto del “proceso de paz” y de los nuevos estatutos, así como de la ley de “memoria histórica”, fundamento de todo ello.  Así, siendo un grupo insignificante, la ETA  ha obtenido victorias decisivas.

    Mientras tanto,  la derecha ha procurado olvidar el pasado y aceptar su falsificación por la izquierda, los separatistas y los terroristas, facilitando con ello la degradación de nuestra democracia. Con Rajoy ha dado un paso más: se ha integrado en el diseño etarra-socialista de liquidación “indolora” de la constitución mediante hechos consumados, renunciando incluso a la débil e inconsecuente oposición anterior. En ese sentido cabe llamar pro etarras a sus dirigentes.  Y es que la falsificación del pasado envenena el presente.    

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www.nacionespanola.org/esp.php?seccion22

Por qué es ilegítimo el gobierno actual (y VI)

15 de Agosto de 2008 - 10:47:56 - Pío Moa - 49 comentarios

 

Contra una simplificación muy difundida, la legitimidad democrática no depende solo de las elecciones. De otro modo sería legítimo que, tras ganarlas,   un demagogo  atentase contra otros pilares de de la democracia, como la separación de poderes, las libertades o los límites a la acción del estado. Lo cual ha pasado en otras ocasiones en Europa, con mucha frecuencia en  las repúblicas bananeras,  y ocurre hoy en España.

   Un gobierno ilegítimo es una tiranía, y el derecho  (incluso el deber) de rebelarse contra la tiranía está en la base de la democracia. Otra cuestión es la del grado de tiranía a afrontar y cómo afrontarla. Hoy, en España, la batalla se libra en el terreno de la opinión pública.

   Ganar la opinión pública exige, por una parte,  una crítica incisiva y veraz del poder ilegítimo, y por otra una alternativa capaz de atraer a la mayoría. Esto último lo han manejado mucho mejor los demagogos, pintando de brillantes colores sus aberraciones: la colaboración con los terroristas era “proceso de paz”, “diálogo”; la colaboración con las dictaduras del llamado tercer mundo, “alianza de civilizaciones”;  el proceso de balcanización del país, “pluralismo”; el matrimonio homosexual y el ataque a la familia, “ampliación de derechos”. Y así sucesivamente.

   La  crítica del PP  nunca tuvo la  energía necesaria, nunca estuvo a la altura de las tropelías zapotescas, no logró desenmascararlas ante la opinión pública ni defendió adecuadamente a sus víctimas. Y su alternativa (¡la nena angloparlante!...) carecía de la menor capacidad de atracción sobre la gente.  De hecho su alternativa consistía en que gobernasen  Rajoy y los suyos en vez de los socialistas, sin dejar claro qué harían aquellos en el poder. Finalmente el PP ha aceptado el golpismo del PSOE, ha caído de lleno en el terreno político de este,  como un matiz de él: ni crítica ni alternativa.

    Cualquier resistencia contra el PSOE y sus  comparsas del PP debe tener en cuenta los dos aspectos. La crítica es indispensable, extender la negativa a colaborar con los demagogos es necesario; pero no llevarán muy lejos o terminarán en caos si no se completan con un programa sugestivo y convincente para la mayoría.  

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Basagoiti, el pro etarra y pro separatista  por un carguillo (sí, hombre, sí,  olviden la palabrería del elemento; en los hechos,  Pachi López  hace negocios con la ETA, y Basa colabora con Pachi López, es el Pachi López de la derecha) recomienda olvidar a María San Gil, "dejarla en paz". Recuerdo las palabras de Gotzone Mora de sus correligionarios: "no entiendo cómo políticos que decían una cosa ayer pasan a decir  hoy la contraria, solo porque se lo ordenan por las alturas"). No solo los sociatas son así. 
   En fin, no habría que dejar en paz a Basa.

 

¿Es Zapo un ex terrorista?

14 de Agosto de 2008 - 09:11:14 - Pío Moa - 209 comentarios

 Como indiqué en otra ocasión, cuando  las publicaciones afectas al PSOE mencionan mi nombre añaden la graciosa coletilla “ex terrorista”. Se trata sin duda de una consigna. Sorprendentemente,  no la emplean en plan laudatorio, sino con intención evidente de desacreditarme. No la usan, por ejemplo, con Mario Onaindía o  los etarras polis-milis que se integraron en el PSOE. Tampoco en relación con los jefes de su propio partido. ¿Es Zapo, pongamos por caso,  ex terrorista?  La pregunta parecerá a los bobos habituales una boutade o una provocación, pero tiene tan poco de  boutade como preguntarse por la relación de Prieto con el asesinato de Calvo Sotelo: relación obvia y que sin embargo a nadie se le había ocurrido.

    El PSOE tiene un extraordinario historial de terrorismo. No solo Pablo Iglesias justificó el atentado contra Maura y su partido colaboró políticamente con el anarquismo pistoleril,  sino que  practicó por su cuenta las artes del terror,  por ejemplo en la intentona revolucionaria del 17, cuando causó numerosos muertos saboteando un tren en Bilbao. Luego, bajo la república, los socialistas perpetraron numerosos atentados  en 1933 y 1934,  muchos más que los escasos de la Falange; y volvieron a la labor, con  mayor saña, tras las elecciones de 1936, cuando se sentían respaldados por el gobierno (lo estaban). La racha culminó con el secuestro y asesinato de Calvo Sotelo por policías y milicianos afectos a Prieto, una  auténtica declaración de guerra. A continuación, durante la contienda, el terror socialista tomó la forma de las chekas y el SIM, en alianza con comunistas, anarquistas y otros. Acompañado, siempre,  de una prodigiosa corrupción.

   Puesto que el PSOE no se opuso prácticamente al franquismo, tampoco cultivó entonces a los atentados, pero Zapo ha subrayado en su último congreso: “Siempre nos hemos reunido bajo las mismas siglas, siempre bajo los mismos valores, siempre con la misma voluntad”. Ciertamente. En la democracia, a poco de  llegar de nuevo al gobierno, su partido no tardó en practicar el terrorismo desde el estado (en general, los socialistas han procurado actuar con pocos riesgos, apoyándose en el poder) mientras, por otra parte, insistía en la “solución política”, tan extraordinariamente  beneficiosa para la ETA. Y la política de Zapo, a partir de la matanza del 11-M, incluso antes, ha consistido en la colaboración con la ETA (grupo también socialista, no debe olvidarse) para demoler  la constitución y la democracia construida a partir del franquismo.   

    Existe una evidente continuidad en todo ello, como muy bien señaló el jefe del gobierno. Tendemos a considerar terrorista solo a quien aprieta el gatillo, pero no lo es menos el cargo alto y medio del partido que dirige y organiza a los pistoleros. Y también el político que colabora activamente con ellos, ¿o no son organizaciones terroristas Herri Batasuna y quienes la han vuelto a legalizar con otros nombres?  En ese sentido podemos contestar a la pregunta del principio: ¿es Zapo ex terrorista? ¿Lo es su gobierno? Pues parece que no.

   

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¿Cuestión de dinero?

"faq11m dijo el día 4 de Agosto de 2008 a las 10:10:

El motor que necesitamos es el dinero. Así de claro y así de duro. Con dinero podríamos pagar a individuos muy capacitados para que trabajaran con dedicación exclusiva en defensa de unos valores. Sólo con 12 personas a jornada completa con su buen salario y con SS, los resultados serían espectaculares, se lo aseguro.
Una minoría organizada tiene la capacidad de controlar a grandes masas desorganizadas.
Usted quiere montar un movimiento sin dinero, aprovechando los ratos de ocio de los simpatizantes y la pequeña disponibilidad de gente no profesional.
Tal movimiento fracasará.  Si dispusiéramos de 600.000 euros anuales la cosa sería muy distinta.
Aunque suene duro, don Pío, consigamos financiación y luego construyamos. Si lo hacemos al revés acabaremos decepcionados y con una úlcera de estómago".

  
El dinero es necesario, claro, pero si fuera la cuestión decisiva estaríamos en desventaja con quienes tienen más, por lo que fracasaríamos y encima habríamos perdido grandes sumas. Existen organizaciones fuertes y acaudaladas que no siempre tienen éxito, y organizaciones difusas y pobres que influyen en la opinión pública y no siempre se van a pique.   

 Ciudadanos por la Constitución no fracasó por falta de dinero, sino porque el número de los dispuestos a trabajar resultó escasísimo, y los más activos tendían a dar por "superada" la constitución. La falta de ideas claras, objetivos y métodos nunca es subsanada por la abundancia de medios.
   Existe un ambiente social de creciente inquietud y descontento,  pero confuso, descoordinado y sin liderazgo político. Los líderes que parecían suscitar alguna esperanza han resultado de mantequilla. Cabe esperar que la situación mejore, y mientras tanto no cerremos los ojos ni la boca.

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Los baloncestistas españoles  han hecho un gesto de simpatía hacia los chinos, y la prensa inglesa lo ha interpretado como  racismo. Está claro, esos bergantes periodistas creen que los ojos rasgados de los chinos son un signo de inferioridad, al que, hipócritamente, no debe hacerse alusión. El racismo de los ingleses siempre ha sido mucho más fuerte que el de los españoles, y aquí ha vuelto a quedar en evidencia. 
 

Tesis sobre el origen del separatismo (y II)

13 de Agosto de 2008 - 09:22:14 - Pío Moa - 262 comentarios

 

(extraíbles de Una historia chocante)

  1. La crisis del 98 abrió, por tanto, la gran ocasión para los separatismos. Además, en el caso vasco y catalán, disponían de  líderes extraordinariamente tenaces y entregados, verdaderos  iluminados como Sabino Arana, Prat de la Riba o el mismo Cambó. Cierta historia no da  importancia de los líderes, pero estos son a menudo decisivos: allí donde no surgieron o tuvieron menos talla o decisión, como en Andalucía, Galicia, Valencia, Canarias, etc., el movimiento resultó  muy débil o no llegó a existir. Arana, Prat y Cambó desplegaron una propaganda incesante con dos rasgos  siempre efectivos: el narcisismo (razas o pueblos superiores) y el victimismo (“nuestros problemas vienen siempre de Madrid”; o de Castilla, o de España)
  2. Otro elemento muy favorable a los separatismos fue la ausencia de una labor algo sistemática de aclaración política e histórica por parte de sus contrarios. Esta  escasa oposición intelectual procede, por una parte, del abandono del liberalismo por una gran parte de la intelectualidad;  y por otra de la mayor debilidad del liberalismo español: su escasa atención a la instrucción pública y al mundo de la cultura.
  3. Los separatismos  lo eran no sólo espacialmente (con respecto al resto de España) sino históricamente, con respecto a los propios vascos y catalanes que durante siglos  se habían considerado españoles y a quienes implícita o explícitamente consideraban  traidores, serviles o estúpidos. De modo similar, el  nacionalismo español regeneracionista, salido o fortalecido también tras el 98, condenaba  la historia de España, estigmatizada de mil modos por Costa, Ortega, Azaña, etc.
  4. Estas circunstancia favorables permitieron que,  en un cuarto de siglo, los separatismos  llegaran a ser una fuerza  considerable. En 1923 los separatistas vascos, catalanes y gallegos se unieron para exigir la secesión y preparar la insurrección armada, en alianza, o al menos concomitancia, con el terrorismo anarquista, la rebelión de Abd El-Krim y la campaña demagógica de Prieto y compañía en torno a la derrota de Annual. Fue la crisis revolucionaria que acabó con la Restauración, superada provisionalmente por la dictadura de Primo de Rivera, con la que pasaron a colaborar los  socialistas.  De este modo, los separatismos resultaron uno de los elementos decisivos en la ruina del régimen liberal, el más libre y de mayor prosperidad acumulativa  alcanzado por España desde la invasión napoleónica.
  5. Estas tesis difieren  de, o contradicen, casi toda la bibliografía existente sobre los  citados nacionalismos, sea de izquierdas o de derechas.

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***M.Mar Blanco:
"Zapatero no dice de forma seria y contundente que no va a volver a negociar con ETA"

 

¿Tiene eso verdadera importancia después de todos los estragos cometidos contra la ley y la libertad, de los que no piensan dar marcha atrás  el gobierno ni el PP? Y no es negociar, es colaborar. No caigamos en su lenguaje mafioso.

 

***Plan Pons, vileza en siete días.

 "PIDE AL GOBIERNO QUE NO CAIGA EN LA TRAMPA DE OTEGI

Pons: "Hay que vigilar a los que dijeron a los asesinos dónde estaba la nuca a la que había que apuntar".

El rebuscado engañabobos. A los que hay que  vigilar y denunciar es a quienes vienen destruyendo el estado de derecho en compinchamiento con los asesinos. Y a quienes, como Pons, ayudan al programa.

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Recortes

 

“--¿Obviedad? ¿Pregunta idiota? ¡Si no sois capaces de interpretar lo que tenéis delante de las narices! El cuerpo femenino está diseñado alrededor del sexo, que es interno y es como si ordenase el  resto. ¿Habrá que entrar en detalles? Y el masculino está articulado para el trabajo y la lucha, el sexo es externo y ocupa un espacio pequeño…

--Cualquiera diría que a los tíos apenas  les importa el sexo, y en realidad no piensan en otra cosa –le cortó el cura.

Se armó un pequeño guirigay

--¡Por eso lo propio de la mujer es la gracia y la delicadeza…! –gritó  Nibelungo

--¡No me digas!

--¿Es que las tías solo piensan  en follar?

 Navegante siguió con lo suyo, imponiendo su vozarrón.

--Se nota muy bien en el modo de vestir: el vestido de la mujer va a lo mismo, a enseñar y ocultar o sugerir,  el atuendo de los tíos es de otro tipo

--Quitando los maricas…

  Qué tendrán estas cosas, que excitan tanto a la gente. Todos querían hablar, se interrumpían unos a otros, y  casi ninguno decía nada que valiese la pena. Dejé de escucharles. A pesar de las voces oía, lejano, el tronar del cañón…”  

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Ayer, en El economista:

SOLZHENITSIN Y ESPAÑA

 

   En Franco, un balance histórico, recordé el suceso, ya olvidado entonces, de la visita de Solzhenitsin a España, a poco de morir Franco. El escritor ruso, uno de los más lúcidos denunciadores de la barbarie del socialismo real, dijo algunas verdades sobre la URSS y España. Verdades muy mal acogidas, furiosamente acogidas por el elemento antifranquista, tan identificado con el Frente Popular al que Stalin había protegido y encauzado: nada más inoportuno cuando de lo que se trataba era de soltar mentiras sobre el régimen de Franco y el historial de sus adversarios, tan escasamente glorioso. No es de extrañar que el mismo Cela y diversos personajes de derecha, ansiosos de lavar su pasado, arrimasen el hombro a la campaña contra Solzhenitsin.

     He insistido después en el suceso porque revela más que largos tratados teóricos. No fue una salida de tono de la que sus autores se hayan arrepentido –como nunca se han arrepentido, por ejemplo,  de la persecución religiosa, auténtico holocausto de personas, arte y patrimonio histórico--. No, se trató de una auténtico autorretrato, en la forma y en el fondo, de unos partidos y personajes empeñados en saltar sobre cuarenta años de historia, falseándola a conciencia, para enlazar con aquel Frente Popular al que, en un retorcimiento de la falsificación, identificaban con la república, destruida precisamente por aquel Frente. Por eso la democracia solo pudo venir del franquismo, como así fue.

     ¡Y la forma! Solzhenitin “debía seguir en el GULAG”, era  “una vergüenza”, un “paranoico clínicamente puro”, “cómico de pueblo”, “Nobel por nada”, “embustero”, “multimillonario a costa de  los sufrimientos de sus compatriotas”, “pájaro de mal agüero”;  “chorizo”, “mendigo desvergonzado”, “bandido” “hipócrita”, “siervo”…  Todo, repito, por decir algunas verdades de cajón. Por desgracia, esta gente no ha cambiado, en la forma ni en el fondo.

 

Por qué es ilegítimo el gobierno actual (V)

12 de Agosto de 2008 - 09:59:54 - Pío Moa - 157 comentarios

Anteriores: 26, 29 y 30 de julio, y 1 de agosto

El gobierno de Zapo el Rojo se ha identificado con el ilegítimo Frente Popular, destructor de la democracia republicana, se ha identificado con las chekas, el maquis y la ETA, a quienes reivindica en su ley de "memoria histórica" (también la llaman "memoria democrática", para más inri). Datos enormemente relevantes, que no pueden pasarse por alto al analizar la situación, pero insuficientes para tildar de ilegítimo a un gobierno: podría ocurrir que no pasasen de retórica provocadora, tan típica de la niñatería política, de su ínfimo nivel cultural, entre otra bajezas; pero sin llegar a más.

Sin embargo no se trata de simple retórica. La clave de toda la política del gobierno ha sido, volvamos a ello, la ilegitimación del franquismo, y por tanto de la democracia, salida de él, en colaboración con los mayores enemigos de las libertades, con el terrorismo etarra y los separatistas, que ya han logrado eliminar prácticamente la democracia en las Vascongadas y la restringen continuamente en Cataluña. Resulta cansino repetir la evidencia frente al fraude político generalizado, pero esa colaboración rompe las reglas más elementales del estado de derecho, legitima y premia políticamente el asesinato terrorista, ataca la constitución y, para imponerse, socava la independencia judicial y corrompe los órganos máximos de ese poder. Todo ello aliñado con la pretensión de modelar a la sociedad de acuerdo con sus sandeces ideológicas "rojas", mediante la "educación para la ciudadanía" y la increíble degradación de los medios de masas.

El examen más superficial, como el más profundo, de la trayectoria del gobierno actual, revela un verdadero golpe de estado desde el poder, a cuyo lado quedan casi en nimiedades el GAL o las oleadas de corrupción felipistas. Se trata, pues, de algo más decisivo. Un gobierno de este género es necesariamente ilegítimo.

Este golpe contra la legalidad y la democracia ha podido realizarse por no haber tenido una oposición política real, ya que la del PP de Rajoy --incluyendo la de Zaplana y Acebes, bienintencionada pero insuficiente y torpe-- nunca lo fue. La única oposición ha provenido de la sociedad, de sectores de la Iglesia, de la AVT, de la gran empresa organizada por Jiménez Losantos y Javier Rubio, y de numerosas iniciativas dispersas. Esta oposición espontánea no ha encontrado un cauce político porque confiaba en un PP que, o no estaba a la altura o ha traicionado simplemente a gran parte de sus votantes para sumarse al diseño golpista gubernamental.

¿Irá diluyéndose esa oposición social, ahora saboteada sistemáticamente por Rajoy y los suyos, o irá encontrando otra salida? De eso va a depender el futuro de este país y sus libertades.

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Otegui tiene razón

Dice que hay que cambiar la "brocha gorda" de las bombas por el "pincel" de la negociación. Pues claro. Jamás había logrado tanto la ETA, ni remotamente, como con la buena disposición del gobierno (¡tienen tantas cosas en común una y otro!). El asesinato ha sido premiado al máximo, y la constitución y las normas democráticas han quedado desbaratadas, las víctimas humilladas e injuriadas, y la libertad de expresión atacada sistemáticamente. ¿Qué gobierno ha demostrado mayor comprensión, mayor identificación con los asesinos? Hay algunas discrepancias entre ellos, cierto, pero estas se dan hasta en las mejores familias, y seguramente la ETA podrá alcanzar aún mayores ventajas mediante tratos amistosos, dejando las pistolas solo como última opción.

Desde luego, estos negocios y diálogos entre mafias terminan fácilmente a tortas (véase el Frente Popular). Pero, dentro de su lógica, Otegui no deja de tener razón.

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El respeto de Arenas a los andaluces

Resulta que Chaves no se ha presentado al homenaje anual al botarate Blas Infante, declarado "padre de la patria andaluza" por la chusma política regional, de izquierda y de derecha. Y Arenas, que podía haberle imitado para ir desactivando esa permanente estafa a los andaluces, se ha puesto en plan oposición, ha criticado al mandamás socialista por considerarse "más importante" que el homenajeado, habrase visto. "Ningún presidente autonómico debía faltar a un acto de respeto y reconocimiento a los símbolos de la autonomía", ha concluido Arenas. Ese respeto significa una absoluta falta de él a los andaluces, a la historia y a España, por parte de Arenas.

Y añadió el prohombre del PP, el del "hecho nacional" andaluz: "Dijimos por activa y por pasiva que el Estatuto de Cataluña no era constitucional". Cierto. Y después de decirlo, han tirado a la basura las firmas recogidas y han copiado el espíritu y en parte la letra del estatuto catalán. Sin decir jamás que se trataba del núcleo de la colaboración con la ETA y los separatistas.

No nos equivoquemos: esa es la oposición del PP rajoyano (pronúnciese a la gibraltareña). Para quien no quiera cerrar los ojos.

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"Sr. Moa: de vez en cuando miro su blog, y constato, una vez más, que los españoles no sabemos discutir. Ni de izquierdas ni de derechas, casi nadie consigue ceñirse a un tema y mantener la cuestión centrada. Casi siempre alguien se pone a mear fuera del tiesto con algún asunto secundario o nada más que anecdótico, casi siempre en tono pontificador, y todos le siguen por ahí, a favor o en contra, lo mismo da. Tienen ustedes un especialista en esa técnica, uno que firma mescalero, aunque ese actúa de mala fe, se le nota enseguida, pero en otros pasa igual, con buena fe o con mala fe. Hoy he visto su comentario sobre el embrutecimiento de las mujeres en España, coincido en que este es un fenómeno social muy interesante. Y he podido reírme un poco cuando le discusión se ha centrado en las lavadoras. A unos les parecen muy bien las lavadoras porque liberan a las mujeres, a otros les parecen mal porque la consecuencia es convertir a las mujeres en "hombres con vagina", unos que las mujeres tienen más problemas sexuales, otros que menos. Surrealista, realmente surrealista. Pero no es solo aquí. Uno va a cualquier foro de internet y pasa lo mismo. Lo considero un vicio nacional, que viene de una mala, muy mala educación

Un saludo cordial".

A. C. L.

Tesis sobre el origen de los separatismos (I)

11 de Agosto de 2008 - 11:13:44 - Pío Moa - 237 comentarios

(Extraíbles de Una historia chocante)
  1. El nacionalismo es la doctrina según la cual la soberanía reside en la nación ("el pueblo"). Por tanto, toda nación tiene derecho a su gobierno independiente. De ahí que los nacionalismos vasco y catalán, al declarar naciones a dichas regiones (pues eran regiones españolas en la mentalidad de la casi totalidad de los vascos y catalanes, y desde muchos siglos atrás), sean por su propia naturaleza separatistas. Este carácter básico debe distinguirse de plazos, tácticas o arreglos estratégicos que se impongan en uno u otro momento
  2. Los nacionalismos vasco y catalán, muy tardíos, no proceden de las dinámicas burguesías de Barcelona y Bilbao, como suele afirmarse siguiendo la doctrina marxianoide más al uso, también en la derecha. Estas burguesías tenían tradición españolista, como el resto de las poblaciones regionales. Además, dichas burguesías eran muy conscientes de su estrecha relación con el conjunto del mercado español.
  3. Por el contrario, esos nacionalismos empiezan a cobrar forma en círculos tradicionalistas y clericales, también románticos, disgustados por la industrialización, que destruye muchas formas de existencia tradicionales, y por el liberalismo que parece triunfar definitivamente en España tras la última guerra carlista y con la Restauración.
  4. Es un error, no obstante, identificar a esos nacionalismos con el carlismo: este se mantuvo siempre resueltamente españolista. Y una rama del separatismo catalán cobró pronto una tendencia anticlerical y democratista (no democrática).
  5. El destino más probable de estos movimientos pareció durante años no superar el nivel de tertulias de algunos grupos inofensivos y algo extravagantes, como los retrata Cambó. ¿Por qué terminaron convirtiéndose en movimientos de masas considerables? Debido al impacto psicológico del "Desastre del 98", la guerra con Usa. No fue un desastre económico ni político (en un primer momento), pero sí una quiebra moral que creó un ambiente favorable para todo tipo de prédicas subversivas: el socialismo, el anarquismo, el republicanismo radical, el españolismo antiespañol (valga la paradoja) del regeneracionismo; y, por supuesto, también los separatismos.
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Recortes:

– Fíjate en la calle principal... ¿No te das cuenta? ¡Ni una flor en las ventanas!

– Bueno, eso pasa cada vez en más pueblos y ciudades, no solo aquí en Extremadura 

– Pero antes, las mujeres ponían tiestos con flores en los balcones y ventanas. He estado hace poco en Suiza: allí las ponen por todas partes.

– Es curioso, aquí es que ya ni te fijas.

– Va junto con otros fenómenos sociológicos curiosos. Por ejemplo, antes las mujeres cantaban mucho, ahora ya no, y suelen hablar a gritos y palabrotas, como camioneros. Te estoy hablando de las amas de casa, no de esas que llaman liberadas, que por supuesto... Escucha a esa de la mesa vecina con qué lenguaje regaña al crío... Y fumando, la tipa.

– Con la transición el fumar se extendió muchísimo entre las chicas y las mayores, también el beber alcohol, claro, era una señal de emancipación, ¿entiendes? De modernidad.  

– Bien, datos sociológicos de cierto interés.


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Escribe Horacio Vázquez Rial: "Estoy dispuesto a sentarme a discutir con monseñor Rouco Varela y con el mismísimo Papa, si se terciara, sobre la cuestión del preservativo en África, aunque sé perfectamente que son muchos los sacerdotes que, gracias a Dios, los distribuyen cuando pueden porque no ignoran la realidad de que el 67% de los infectados con el virus del SIDA se encuentra en ese continente, y que la enfermedad es padecida por el 90% de los niños africanos".

Bien, pero habría que empezar por preguntar: ¿hay mayor expansión del sida en las zonas de influencia católica, donde no se aconseja el preservativo, o en las zonas de influencia anticatólica, donde sí se aconseja?

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Sobre mi comentario de ayer, escribe Emilio Campmany (comentario 29) que no se refería al intento democrático del 31, sino al régimen salido de las elecciones de 1936. En verdad, la historia ha sido tan desfigurada que confundir uno y otro, al asesino (Frente Popular) con la víctima (la república), sigue siendo absolutamente lo más común, entre la izquierda y la derecha. Rarísimo es, aún hoy, lo contrario.

Pero el error, incluso en quienes perciben la diferencia, tiene resultados nefastos. Si Franco derrotó el proceso revolucionario del 34 y sobre todo del 36, CUANDO NADIE MÁS PODÍA HACERLO, CUANDO DE LA DEMOCRACIA SOLO QUEDABAN JIRONES, ese mérito debe reconocérsele. Mérito enorme, como vieron Marañón o Besteiro, entre tantos otros. Por consiguiente no puede equipararse a Franco con Largo Caballero o Prieto. Fueron estos últimos quienes acabaron con la democracia republicana, y Franco quien les paró los pies. No puede reprochársele que no instaurase una democracia cuando, en rigor, no quedaban demócratas.

Y, repito, su dictadura no fue totalitaria, sino autoritaria: por ello creó las condiciones para una nueva democracia y finalmente la trajo, a pesar del rupturismo. 

Así, cuando oímos fáciles condenas a Franco desde la derecha, cuando oímos al Futurista Solemne vanagloriarse de no tener ni un franquista en su familia (ya es raro), convendría preguntar: ¿habrían sido los señoritos del PP (pronúnciese a la gibraltareña) capaces de derrotar a la revolución? ¿Habrían traído ellos las libertades?

La república sí fue una democracia

10 de Agosto de 2008 - 18:00:08 - Pío Moa - 160 comentarios

La potencia de la interpretación izquierdista de la historia reciente de España solo guarda relación con lo disparatado de ella y con la inanidad intelectual de la derecha (excepciones de rigor: los hermanos Salas, Martínez Bande, Ricardo de la Cierva y algunos otros), por eso no es de extrañar que las interpretaciones disparatadas de origen izquierdista sigan cundiendo en la derecha, hasta ahora mismo. Así en el artículo de Emilio Campmany, generalmente agudo analista, "¿Somos franquistas?".

Sentencia el señor Campmany que "A lo que se resiste la derecha no es a renegar del franquismo, sino a reconocer a la Segunda República, que el franquismo derrotó, como la democracia que no fue". Nada más lejos de la verdad. La república llegó como un régimen legítimo, al serle entregado el poder por una monarquía en total bancarrota intelectual y moral --recuerda algo al PP rajoyano--, y como una democracia. He oído a algún historiador cantamañanas de derecha insistir en que nunca fue una democracia, pero sí lo fue. Con serias deficiencias (también la actual las tiene, y aparentemente incorregibles), pero democracia: básicamente era un régimen de libertades, con aceptable separación de poderes y con elecciones libres (por lo menos las de 1931 y de 1933) que permitieron la alternancia de poderes.

Esa democracia, como creo haber demostrado, fue primero desbordada por las izquierdas (quema de conventos, constitución anticatólica -- no laica--, insurrecciones anarquistas); después asaltada de frente por los marxistas y separatistas, con apoyo del resto de la izquierda (octubre de 1934); y finalmente quedó arruinada desde el poder y desde la calle a partir de la anómalas elecciones de 1936. Quien destruyó la república como proyecto y realidad democrática fueron las iquierdas y los separatistas, de ningún modo Franco y los suyos. Cuando este se sublevó no quedaba nada de la constitución del 31 ni de las normas e ideales democráticos. Franco no se sublevó contra una democracia, sino contra un proceso revolucionario abierto.

Con el disparatado descaro habitual en nuestra izquierda (tantos negrines o prietos y tan pocos besteiros), los revolucionarios se pretendieron entonces "republicanos" y "demócratas", sin engañar, desde luego, a los gobierno democráticos europeos; pero fueron justamente quienes destruyeron aquel régimen. A los políticos e historiadores franquistas la usurpación de sus enemigos nunca les importó, pues daban por imposible una democracia en España y trataban de implantar un régimen dictatorial. Pero mantener el fraude significa identificarse ideológicamente con el franquismo o con el Frente Popular, ambos interesados en mantenerlo y ambos antidemócratas.

Este error de base genera otros más en el artículo de Campmany. Por ejemplo, dice, "aquella república tenía tan poco de democrática como el régimen de Franco". Según: si se refiere a la república del 31, fue una democracia, insisto, y el franquismo era una dictadura. Y si se refiere al Frente Popular, era mucho menos democrático que el franquismo. Dicho de otro modo, el Frente Popular tendía a una dictadura totalitaria, mientras que el franquismo iba hacia una dictadura autoritaria. Diferencia absolutamente crucial, y sólo una lamentable pobreza o pereza de pensamiento político puede llevar a identificarlos.

Hay otros problemas de política actual ligados a estos errores básicos. Ya los mencionaré. Pero advirtamos nuevamente, de entrada: la desvirtuación del pasado envenena el presente.

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¿Por qué cierta derecha detesta la democracia? Porque no se siente capaz de defender sus ideas e intereses en  igualdad de condiciones con sus adversarios. Por ello anhela al líder carismático o a la fuerza militar que le saque las castañas del fuego y coloque a los discrepantes "en su sitio". Otra derecha se dice democrática y entiende por tal doblegarse los ataques a la ley por parte de la izquierda, e integrarse en la situación resultante. Así estamos, hoy por hoy.

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Los Juegos Olímpicos eran fiestas religiosas exclusivamente griegas en las que competían los atletas y los poetas, y los filósofos peroraban. ¿Qué dirían aquellos griegos de los "juegos olímpicos" actuales? ¿Por qué han de llamarse olímpicos si nada tienen en común con aquellos, excepto unas competiciones deportivas, y aun estas con espíritu bien diferente del antiguo?  

Lo increíble y lo normal

7 de Agosto de 2008 - 13:23:44 - Pío Moa - 739 comentarios

La libertad de De Juana Chaos, que no sólo ha cometido 25 asesinatos, sino que se jacta de ellos, se burla de las víctimas y se ha convertido en un héroe de la banda criminal, es un ultraje realmente increíble al estado de derecho. Increíble, se entiende, en un país democrático. No tanto en el país de la telebasura y el botellón, de la trola, el choriceo y el puterío, regido por un gobierno que vuelve a demostrar su ilegitimidad en actos como este. En una sociedad tal, "latinoamericanizada", la libertad de De Juana entra más bien en la normalidad, como tantos otros desafueros. Porque el ultraje no lo inflige De Juana, lo inflige el gobierno. El gobierno del "proceso de paz", la "salida negociada", otros tantos nombres para la colaboración con los pistoleros. También sería increíble en un país democrático que los culpables del ultraje invocaran a su favor el cumplimiento de la ley. Aquí se ha vuelto normal: "cumplimiento" de la ley a favor del criminal y satisfacción del gobierno del "diálogo". Colmo de la degradación.

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Del "obrero concienciado" a la "mujer liberada"

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Una parte de la derecha coincide con la izquierda en oponer España y democracia. La izquierda, de tan triste historia, finge que ello hace triste la historia de España, mientras que aquella derecha se alegra de esa estúpida oposición. Entre sí se llaman casposa y halitósica. Y las dos tienen razón. En sus insultos, se entiende. 

De "Franco, un balance histórico"

6 de Agosto de 2008 - 08:21:01 - Pío Moa - 528 comentarios

Me atrevo a sospechar que, de no haber recordado en ese ensayo el episodio de Solzhenitsin en España, y haber insistido sobre él en LD, hoy casi nadie lo habría sacado a colación, pues la memoria se pierde con facilidad. Y sin embargo no pudo ser un suceso más significativo, histórica e ideológicamente. Mi punto de vista puede resumirse en estas tesis:

  1. No se trató de una simple salida de tono, sino de una, digamos, explosión de sinceridad por parte de la izquierda.
  2. En esa explosión quedó claro el carácter antidemocrático y la simpatía ideológica y afinidad de fondo de la oposición antifranquista con el régimen del GULAG. Después de todo, su plan de "ruptura política" pretendía enlazar políticamente con el Frente Popular, tan próximo a Stalin y protegido por él.
  3. Esa afinidad demostró la ausencia, incluso en esa etapa tan avanzada, de una alternativa democrática al franquismo, por lo que la democracia solo podía venir, como así fue, del régimen de Franco.

"En la prensa progresista se multiplicaron las acusaciones a la televisión por haber organizado "un escándalo". Aquello era "una vergüenza": "¿Quién habrá pagado el spot de don Alexandr?" El premio Nobel ruso quedó cubierto de improperios canallescos: "paranoico clínicamente puro", "Es un Nobel por nada (...) Miente a cada instante"; "Habrían debido hacer de manera que Solyenitsin contase todo esto al estilo de music-hall, rodeado de lindas muchachas del ballet Set 69. Este caballero tiene pasta de showman"; "La barba de Solzhenitsin parece la de un cómico de pueblo (...) El escritor ruso hace reír al gallinero"; "Multimillonario a costa de los sufrimientos de sus compatriotas"; "Solzhenitsin está contra toda Europa (...) Pájaro de mal agüero"; "enclenque", "chorizo", "mendigo desvergonzado", "bandido" "hipócrita", "siervo"... En el indecente torneo de ultrajes contra quien osaba decir simplemente la verdad, andaban mezclados muchos de los más conspicuos intelectuales de la progresía y otros bastante más a la derecha.

No fue una anécdota trivial: Solzhenitsin atacó a un totalitarismo muy querido o respetado por aquella oposición, y eso no podía consentirse. Con tal campaña aquella gente se retrató indeleblemente. Y se retrató, de modo involuntario, con las mismas tintas que usaron Gregorio Marañón, Pérez de Ayala u Ortega y Gasset para describir a los "republicanos" de otro tiempo.

Aquella oposición seguía sin ser, desde luego, una alternativa al franquismo. Uno sólo puede preguntarse qué habría ocurrido si ella hubiera dirigido la transición a la democracia mediante su "ruptura".

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La cuestión tiene importancia decisiva también para el presente y el futuro de España. Volvamos a plantearla así: ¿por qué la mayor parte de los escritos sobre la historia reciente de España consisten en una acumulación de enredos y tonterías? Porque descansan en una falsedad básica: que el Frente Popular era un régimen legal y democrático. Aparten ustedes este estúpido embuste propagandístico y todas las deformes construcciones elevadas sobre él caerán por su propio peso.

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La justa crítica a la basura de los titiriteros obliga a hacernos otra pregunta: ¿por qué es tan exigua la producción, o la creación, de los contrarios a ellos? ¿Acaso la alternativa está entre la bazofia y la nada?

Benet no tenía mala conciencia

5 de Agosto de 2008 - 09:20:12 - Pío Moa - 273 comentarios

Nótese el estilo tan elpaís, trivialón y como si no pasara nada, simpaticote, vamos, hacia el guarda vocacional del GULAG:

"Me ratifico en lo que dije sobre Solzhenitsyn" Juan Benet

ANGEL S. HARGUINDEY 05/05/1976, El País

"Juan Benet ha conseguido lo que casi nadie podría imaginarse: escandalizar. Unas opiniones sobre Alexander Solzhenitsyn adquirieron, a tenor de las airadas reacciones, connotaciones apocalípticas.Juan Benet, ingeniero de caminos y escritor, apenas si pudo leer los comentarios que despertaron sus opiniones, y lamentos, sobre los fallos de seguridad en los campos de concentración soviéticos: partió, invitado por el Gobierno, a la República Popular de China. Tras un mes de estancia en aquel país regresaron el pasado 4 de mayo.

"Bueno, la verdad es que creía que ya estaban solventadas las cosas -declaró a EL PAIS Juan Benet-, y me sorprende el que se escribiera sobre el asunto con tanta reiteración.Mi impresión, muy gruesa, sobre las reacciones del artículo de Cuadernos es que se podía detectar una mala conciencia en todos ellos. Aducir un movimiento de piedad hacia un tipo que no nos toca en nada, cuando no se han producido manifestaciones democráticas sobre nuestros problemas, denota una mala conciencia. Me ratifico absolutamente, no sólo me ratifico en lo dicho, sino que, a «la vista de las reacciones, creo que fui tímido".

El gobierno de la "República Popular China solo invitaba a intelectuales que consideraba útiles y "comprensivos". ¿Nombararía a Benet vigilante honorario de uno de sus muchos campos de concentración o de reeducación? Ningún problema, en todo caso. Nuestra izquierda, una vez más.

  **** Nótese también a Muñoz Molina, que no acaba de ver las cosas claras:

"Y no me olvido de la rechifla general con que recibimos las personas progresistas en los años setenta la visita a España de Alexandr Solzenitsyn, que ya mostraba síntomas de delirio religioso o místico, pero que había levantado a solas, durante muchos años, uno de los mayores y más rigurosos testimonios contra los crímenes del totalitarismo. Lo que en toda Europa estaba siendo el comienzo de un debate imprescindible sobre la responsabilidad política del intelectual, aquí se resolvió con unos cuantos chistes, con las habituales excomuniones o muecas de desdén. Hasta alguien tan lúcido como Juan Benet no se resistió a hacer la broma de que el peor delito
del régimen soviético era haber dejado en libertad a Solzenitsyn. Así nos va."

"Rechifla", "delirio", "chistes", "bromas". ¡Esto, Muñoz Molina, que parecía evolucionar desde el mundo de la trola, y distanciarse de los más sectarios! Tal despliegue de hipocresía solo sugiere un desanimado comentario: "siguen igual de miserables".

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De insultos

Hay, de entrada, dos clases de insultos, los que sustituyen a la argumentación y el dato, y los que vienen a ser la consecuencia natural del argumento. El caso de Solzhenitsin muestra un caso claro de la primera clase, como los incontables insultos que reciben a diario Jiménez Losantos, César Vidal o, más modestamente, yo mismo.

Para verlo con más claridad: cuando El País llamaba "sindicato del crimen" a los periodistas demócratas que descubrían la corrupción y otras fechorías del felipismo, practicaba un insulto de la primera clase. Cuando el mismo insulto se vuelve contra el grupo prisaico, se trata de un insulto de la segunda clase.

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PACIFISMO Y DROGA

Hacia mediados de los años 60 pasé unas semanas en Copenhague, y para ganarme la vida pintaba en el suelo, con tizas, la famosa sirenita. La calle estaba llena de jóvenes que hacían lo mismo, o tocaban algún instrumento, o cantaban. Muchos eran beatnicks, y con no recuerdo qué motivo, quizá contra la guerra de Vietnam, montaron una protesta pacifista, entonaron el cansino himno We shall overcome y se dedicaron a fumar porros. Los había aficionados a las drogas duras, y a mí, llegado de una España en que la repugnancia hacia las drogas aún predominaba entre la juventud, me parecía un despropósito. ¿Qué querían? ¿Un mundo de drogatas como alternativa al "sistema"?

Luego vendrían los hippies, más drogatas todavía. Ya en el PCE, aquella gente me parecía progresista, en el sentido preciso de tontos útiles: atacaban al "imperialismo", se mostraban indiferentes o comprensivos hacia los países socialistas, protestaban constantemente contra el enemigo común y, con sus drogas y costumbres, descomponían la sociedad capitalista. Por lo demás los considerábamos unos perfectos memos.

Posteriormente la droga se difundiría en España cuando los "progres" y socialistas empezaron a hacerla simpática y ponerla de moda, denigrando a los "casposos" contrarios. Una moda que ha mandado al cementerio a miles de jóvenes y a otros más los ha dejado con el cerebro dañado o incapacitados: asunto por estudiar, y por el que nadie ha pedido responsabilidades, al menos morales, a los inductores ideológicos. Desde hace años, muchos de esos mismos inductores lanzan costosas campañas contra la droga, dicen.

Ya expresé en otro artículo mi opinión de que los términos pacifismo y paz tienen significados muy diferentes, cuando no opuestos. Expondré ahora un hecho evidente: el movimiento pacifista, la masa de él, siempre ha estado ligado al consumo de drogas. No por casualidad, me parece.

Foro de Ermua

4 de Agosto de 2008 - 08:59:40 - Pío Moa - 347 comentarios

Comencé el blog como un intento de aglutinar un movimiento en torno a la defensa de la constitución. El intento fracasó, como ya he explicado: existe un ambiente de alarma y protesta ante las fechorías del gobierno, pero no acaba de transformarse en un movimiento porque a) está constantemente diluido y desviado por el PP de Rajoy; b) ni siquiera tiene un claro sentimiento de autodefensa: véase la débil y mal coordinada respuesta ante la persecución a la AVT, a Jiménez Losantos y a la COPE, por ejemplo; c) muchos de quienes están contra el gobierno comparten con este la aversión a la democracia, contentísimos en el fondo de que la constitución esté siendo demolida y esperando que cuanto peor, mejor; no faltando quienes aguardan el milagro de la vuelta de un régimen parecido al de Franco; e) se trata de un ambiente mucho más dado al compadreo, a la queja inane, a la charlatanería, que a la acción, y con muy escaso sentido asociativo.

Todo esto puede cambiar, va cambiando, pero de momento es así. Por ello, y por el fracaso mencionado, me parecen tan admirables iniciativas como el Foro de Ermua, con un historial tan excelente, que ha conseguido revolver muchas conciencias y poner a la defensiva a tantos antidemócratas. No comparto la opinión de Jon Juaristi de que la política debe encauzarse exclusivamente por los partidos, y menos en tiempos de una crisis caracterizada, precisamente, por la traición de esos partidos a los principios democráticos y su disposición a liquidar la convivencia construida en la transición. Tienen que surgir iniciativas desde la sociedad para contrarrestar tal deriva, de hecho están surgiendo, y el Foro de Ermua es una muy emblemática.

Ahora, para alegría de todos los corruptos colaboradores del terrorismo, el Foro de Ermua está sufriendo una seria crisis interna. Ojalá sepan superarla, pues ello le fortalecería.

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Manifiesto por la Constitución

El respeto a la Constitución, y su defensa cuando es vulnerada, son la clave del sistema que nos permite convivir civilizada y pacíficamente. Marcan también la diferencia entre los pueblos libres y los que no lo son.

En 1978, España se dotó de la Constitución más democrática y consensuada de su historia, basada en tres valores clave: la unidad de la nación, las libertades y la reconciliación final y oficial entre los vencedores y los vencidos de la guerra civil, ya lograda en la sociedad muchos años antes. Ninguna otra ley obtendría hoy tal consenso, y por ello tal valor para nuestra convivencia. Como toda obra humana, tiene defectos, y puede y debe ser reformada. Pero sus virtudes han traído al pueblo español una larga época de paz, libertad y prosperidad, que sería una locura poner en riesgo.

Algunos partidos y políticos rechazaron la Constitución, abierta o solapadamente. Sus métodos los definen: el asesinato, en sus formas más cobardes, de cientos de personas, o la connivencia política con los asesinos; el ataque a los derechos ciudadanos, sobre todo en Vascongadas y Cataluña; el recurso a los antiguos odios mediante una propaganda de revancha, casi siempre falsaria, sobre la guerra civil; la terca corrosión de la unidad de España cultivando el agravio y el narcisismo regional, vieja técnica totalitaria.

Esos partidos estuvieron siempre muy lejos de sus objetivos. Pero hoy el gobierno, en alianza de hecho o de derecho con ellos, procura con actos consumados y fraudulentos la quiebra de la Constitución, sacrificándola a una "paz" con los asesinos tan imaginaria como la "guerra" que vendría a detener. Mientras nuevos fenómenos, como el terrorismo islámico, aumentan la incertidumbre.

Tal alianza ha transformado en su contrario el Pacto Antiterrorista y por las Libertades, y pretende reducir España a un inviable conglomerado de naciones inventadas, sin apenas lazos políticos o sentimentales entre ellas, mutuamente resentidas, irrisorias en el plano internacional y peones de los intereses de otras potencias. El plan se combina con una alianza internacional de dictaduras, llamadas pomposamente "civilizaciones", entre ellas algunas muy agresivas hacia España. Esta involución antidemocrática divide cada día más profundamente a la sociedad española, abocándola a una crisis de imprevisibles consecuencias.

Frente a la involución, nosotros, españoles dispuestos a defender nuestra libertad, alzamos la bandera de una España unida y democrática, garantía de la única paz y estabilidad admisibles. Y llamamos a los ciudadanos y a sus asociaciones a impulsar un movimiento por la Constitución, que alerte a la totalidad de la población y restablezca el imperio de la ley. En las manos de todos está impedir un nuevo fracaso histórico de nuestra convivencia.

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La libertad de De Juana constituye un fracaso del estado de derecho y un importante éxito de la ETA. Un fracaso y un éxito que no proceden de los pistoleros, como es obvio.

De Juana como revelador

3 de Agosto de 2008 - 10:17:07 - Pío Moa - 156 comentarios

*** "MARIANO RAJOY, EN ABC

"Convoqué la marcha contra De Juana y me llamaron fascista; hoy el Gobierno rectifica"

Este tío, ¿nos toma a todos por imbéciles, o lo es él? ¡La marcha contra De Juana, como si el mismo De Juana se hubiese liberado! ¿No era contra el gobierno amigo de De Juana, de su libertad y del "diálogo"? El problema nunca fue De Juana, sino sus colaboradores en nombre de la paz. Ellos le han puesto en libertad. Y quien ha rectificado, del modo más repulsivo, es el fulano de la Nena Angloparlante.


*** Cospedal: "Las leyes, para ser buenas, deben responder a la sensibilidad de los ciudadanos, a la dignidad y a la justicia". ¿Va a cambiar las leyes de la noche a la mañana, para impedir la tropelía? Y vaya un criterio, por la boca muere el pez. Pues mire usted, demagoga, entre los ciudadanos hay muchas sensibilidades y opiniones, y cuando se ven manipulados a diario por embusteros como ustedes y sus amigos del PSOE, llegan a aceptar por mayoría leyes antidemocráticas e inmorales. Inmorales como ustedes mismos. Y para dignidad y justicia, la que revela el PP todos los días, haciendo el trabajo sucio del PSOE en relación con Jiménez Losantos, por ejemplo. O haciendo como que protesta por lo de De Juana.

*** Basagoiti: "De Juana ha tomado el pelo a la democracia". Miseria del individuo. Quien toma el pelo a la democracia es el gobierno. Y el PP. Y Basagoiti, el traidor a María San Gil, por un carguillo.

*** "Ana Mato reivindica en Menorca un PP "unido, fuerte y sin luchas internas".
Unido en torno al Solemne y su troupe. Nadie proteste, o las poltronas correrán peligro, he ahí la moraleja. He ahí al PP de Rajoy, más repulsivo, repito, que el PSOE, más engañabobos.

*** LES INSTA A SEGUIR EL GIRO DE RAJOY

El País: "¿Seguirán los obispos la línea de oposición radical al Gobierno?"

¿Seguirá el prisaico sindicato del crimen manipulando a la opinión y chantajeando a los obispos? Por supuesto.

*** "De Juana me genera desprecio, pero hay que respetar la ley", dice Zapo, el individuo que un día sí y otro también pisotea la Constitución. De Juana no está en la calle por ninguna ley, está por el "proceso de paz". Se trata de un desafío más del gobierno del diálogo con los asesinos, aprovechando el verano; una prueba a ver cómo reaccionan la sociedad y la indecente oposición de la Nena Angloparlante. Reacción plenamente satisfactoria esta última, para los amigos de De Juana. La política como estafa permanente al ciudadano. Una democracia podrida, en plena involución.

Si esto ha de seguir así, al menos no cerremos los ojos. Ni la boca.

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La tarea del historiador (II)

No importa tanto, pues, la motivación personal o profesional de nuestros lisenkos como la base intelectual e ideológica de sus construcciones historiográficas. Sus trayectorias nos dan una pista al respecto: como expuse en La quiebra de la historia progresista,  gran parte de ellos procede, directa o indirectamente, de la escuela del intelectual stalinista Tuñón de Lara, que, junto con el PCE, desplegó ya durante el franquismo una labor a largo plazo para "apoderarse de la historia" –un arma ideológica de máxima importancia– en la universidad y los medios de masas. Esa labor ha dado copiosos frutos a sus promotores, aunque la cosecha se la hayan apropiado el PSOE y los separatistas, mientras los comunistas se hundían. La causa de ese éxito ha sido, en muy amplia medida, la fraudulenta identificación del marxismo con la democracia. Ante ese fraude, la intelectualidad franquista quedaba a la defensiva, mientras que la meramente conservadora o la liberal, por su escaso nivel y timoratería en aquellos años, estaba desarmada. No ya en la democracia, sino en la última etapa del franquismo, eran las versiones de Tuñón o de Jackson las que se imponían en las facultades universitarias, a través de profesores marxistas o, sobre todo, de los llamados tradicionalmente "compañeros de viaje o "tontos útiles", cristianos "dialogantes" y muchos otros.

Este fenómeno fue bastante general en Europa y América. Curiosamente, según el marxismo se hundía políticamente desde comienzos de los años sesenta, se expandía como una moda irresistible en los centros de ciencias sociales de las universidades euroamericanas, y sus consecuencias distan de haber sido superadas todavía. La crítica del marxismo y sus variantes sigue incompleta.

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Suele impresionarnos la brutalidad del exterminio en los campos de concentración. Pero imaginemos ahora un Auschwitz sin brutalidades, torturas ni humillaciones, higiénico, con trato "humano" y hasta amistoso, donde los destinados al exterminio sufrieran su suerte sin sufrimientos innecesarios, prácticamente sin darse cuenta... ¿Mejor o peor la pesadilla?

La libertad de De Juana Chaos

2 de Agosto de 2008 - 10:44:45 - Pío Moa - 255 comentarios

Zapo, como buen progre, cree "muy triste" la historia de España, no se siente español, y cuando le preguntan al respecto afirma que su patria es "la libertad". ¿La libertad de quién? De De Juana Chaos, por supuesto, sujeto y símbolo del diálogo con los asesinos. Muchas cosas unen a Zapo y a De Juana: los dos son antifranquistas irreductibles, los dos creen que la constitución, por su origen franquista, debe ser conculcada de un modo u otro; los dos hablan de "Euskadi" (bueno, más Zapo y los suyos; los etarras son conscientes del ridículo palabro y lo emplean cada vez menos); los dos creen que los crímenes de la ETA deben tener una enorme recompensa política, aunque De Juana exige un poquito más que Zapo; los dos creen en el socialismo; los dos creen, con un nombre u otro, en la alianza de civilizaciones, es decir, de los regímenes "progresistas"; los dos comparten la opinión sobre la "tristeza" de la historia de España (¡cómo no iba a ser triste, si ellos aún no habían nacido!); los dos ofenden a las víctimas directas del terrorismo e intentan silenciarlas; los dos están muy satisfechos, sin duda, con la persecución judicial a Jiménez Losantos.... Hay muchos más puntos de coincidencia. Muchos más que de antagonismo. Y sin embargo, ahora parecen enfadados entre ellos. Y es que los diálogos entre esta gente siempre resultaron difíciles: en el Frente Popular incluso terminaron a tiros.  

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"La Junta se querellará contra Lluís Suñé por "difamar la imagen de Extremadura"

Lo de Luis Suñé, aunque revelador de la prepotencia catalufa, tenía gracia y algo de verdad: la tendencia de algunas comunidades regidas por sociatas a parasitar al resto del país. No difama nada ni a nadie, solo pone en el brete a la Junta. En realidad, quienes perjudican la imagen de Extremadura son los que ahora pretenden querellarse. Esperemos que no salga alguna jueza o juez como las que le han caído a Federico.

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"El viajero da a la charla otro giro.

– Usted cree que era una civilización superior porque tiene un criterio eurocéntrico. Pero no es un criterio objetivo. Seguramente, ellos pensarán que los bárbaros eran los nuestros y con la misma razón. Creo que el Parlamento mexicano tiene pensado instituir de nuevo los sacrificios humanos, para recuperar las auténticas raíces del país.

El otro mira al viajero algo perplejo, pero reacciona bien.

– Sí, eso está muy en razón: o se hacen las cosas bien y a fondo, o no se hacen. Una persona seria debe despreciar los prejuicios, y más los que vienen impuestos por la barbarie de los conquistadores. Tengo entendido que la carne humana es más tierna y sabrosa que las que comemos habitualmente. No lo he probado, eso lo reconozco, mis prejuicios me tienen atenazado. Además, claro está, de las leyes que tenemos, leyes absurdas que no entienden al "otro", que no admiten la diferencia... Además he oído que se están recuperando –o reinventando, en su caso– las lenguas indígenas, para declararlas oficiales y publicar todos los documentos en todas ellas. Tengo idea de que son varios cientos de lenguas.

– Hombre, eso es una enorme riqueza cultural que no se puede dejar perder. Además, imagínese el gran número de puestos de trabajo que se crearían, entre traductores, fabricantes de papel, impresores... El paro se acabaría, probablemente. Podría ser una buena vía para salir definitivamente del subdesarrollo.

– ¿Y qué me dice de recuperar las religiones aquellas? El catolicismo, ya sabemos que fue nefasto. Quiero decir, que es nefasto.

– Además sería bueno que les devolviéramos el oro que les robamos.

– Eso está muy puesto en razón. No sé por dónde andará hoy día ese oro, pero estoy seguro de que si se lo busca, con lo avanzadas que están las técnicas detectivescas, seguro que se lo encuentra.

– Pero eso no puede hacerse de forma unilateral. Me parece que sería una injusticia. Quiero decir que nosotros también tenemos cuentas que saldar con los romanos, que vinieron a llevarse el oro que había en la península, dejándola esquilmada.

– Ah, pues sí... Pero ahí no estoy yo muy seguro, porque el estado italiano actual podría no declararse heredero de la Roma antigua, ¿comprende?

– No había caído yo en eso. Pero, ahora que recuerdo, andan por ahí muchas teorías que afirman que España no existía como nación hasta hace muy poco, no sé si hasta los Borbones, o la invasión francesa, o más tarde todavía. Así que, en definitiva, no les deberíamos nada a los americanos. Incluso podríamos sostener que los que fueron allí ni siquiera eran españoles.

– Mire usted, me asombra su sutileza. Pero podemos ir más allá. He oído a intelectuales y políticos de mucho peso que España en realidad no existe, que sólo hay un estado español; por lo tanto, los españoles, en rigor no existimos, excepto, ya me entiende usted, como nombres en los registros del estado, pero exclusivamente para eso y pare usted de contar...

La conversación sigue así un rato, con casi perfecta seriedad.

Al viajero, su interlocutor le cae bien.

– No será usted profesor o algo así.

– No, no... Soy vendedor. Vendo maquinaria agrícola.

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En Época. Como estamos en agosto...

EL GATO RODOLFO

Es curiosa la afición de muchos niños a los animales. El hijo de mi amigo Carlos Pla no admite la menor broma con ellos, y a la mía, cuando era pequeña y la llevaba al parque, los gatos le despertaban una admiración sin límites; incluso cuando ya era bastante mayor, de diez años. Aquel verano fuimos unos días a la Gomera, y nada le llamaba más la atención que los felinos.

– ¡Mira, un gato!

– Sí, hija, hay muchos.

¡Mira, mira! ¡Tres gatos!

A mí no me gustaba tener animales en casa, que por otra parte era muy pequeña. Al parecer no había sido siempre así, pues mi tía Esperanza dice que cuando yo era pequeño, en Vigo, llevaba al piso, ya humanamente superpoblado, todos los gatos o perros que encontraba sueltos por la calle, y que generalmente eran rechazados. Uno de ellos, una bonita gata, a la cual llamábamos "la Bulerca", no sé de dónde pudo venir un nombre tan raro, tuvo un fin lamentable. Un domingo de verano fuimos a la playa, y a la vuelta no la encontrábamos por ningún lado. Al fin dimos con ella, muerta, dentro del horno de la cocina, una de aquellas cocinas de hierro de la época. La pobre se habría metido allí a dormir la siesta y alguien, inadvertidamente, cerró el horno, con lo que murió asfixiada. Recuerdo que el suceso me impresionó mucho.

Mi hija se empeñaba en tener algún animal, y finalmente le compramos una conejilla blanca, a la que llamamos Servanda. Bicho gracioso y un tanto agresivo, roía papeles y cables por toda la casa, y había que vigilarla. Unos días que nos ausentamos la dejamos a una familia amiga –suiza la madre– con varios niños que también tenían una conejilla. Entonces recibimos la sorpresa de que Servanda era en realidad Servando, como demostró dejando abundante prole. ¡El veterinario nos había asegurado que era hembra! Pero a los tres años Servando murió, para desesperación de la niña. Entonces trajimos otro conejo enano blanco, barbudo, al que pusimos de nombre Gandalf. Al poco tiempo nos cambiamos a una casa más espaciosa y trajimos también una cría de gato, a quien llamamos Rodolfo.

La historia de Rodolfo tenía su pequeño o gran drama. Venía del aeropuerto de Barajas, donde la madre había muerto, atropellada en la carretera y dejando una camada a la que alimentaban los taxistas. Uno de estos, pariente lejano nuestro, cogió a la única cría que se dejó pillar, por su debilidad, y nos la trajo. Temíamos que, al crecer, hiciera daño a Gandalf, pero se aceptaron razonablemente. Tenemos una foto curiosa en la que los dos se están oliendo y parecen besarse. Rodolfo perseguía a Gandalf, que huía presa de pánico, pero al poco ya estaba provocando al felino. Por desgracia, Gandalf cogió una enfermedad frecuente en su especie y ningún esfuerzo lo salvó. No más conejos, decidimos. Durante unas semanas, Rodolfo miraba por los lugares donde Gandalf solía estar, y elevaba la cabeza hacia mi mujer o hacia mí, como preguntando por él con algún maullido ligero.

Rodolfo se considera evidentemente uno más en la casa, con sus derechos. Al principio, en cuanto nos sentábamos a comer se subía a la mesa a olisquear los platos. Tuvimos que quitarle la costumbre bajándolo cogido por las axilas, y él se retiraba lentamente con ademán de dignidad ofendida. Por las mañanas viene a despertarme maullando discretamente, como no queriendo despertar a mi mujer, a fin de que le eche la comida y le pase por el lomo una manopla con pinchos de goma. Su piel es una fábrica de pelos, que nos pega a las perneras, y la manopla sale repleta de ellos. A continuación se pone a comer, y entiende que mi obligación es permanecer a su lado. En cuando nota mis pasos alejándome deja de masticar y vuelve la cabeza hacia mí, como diciendo: "¿Adónde coño va este tío ahora?". Estoy seguro de que si me pusiese a comer con él en el plato sentiría que yo no haría sino demostrar la educación más elemental.

Por qué es ilegítimo el gobierno actual (IV)

1 de Agosto de 2008 - 10:18:02 - Pío Moa - 206 comentarios

Suele hablarse de una legitimidad de origen y una legitimidad de ejercicio. Para el PSOE, la ETA, los separatistas y el gobierno actual, la democracia surgida de la transición está viciada de origen, no es legítima porque nace de un régimen que no lo fue. Ya trataré el aspecto crucial de la legitimidad o no del franquismo, pero de momento quiero mostrar el alcance político de tal idea como base de la colaboración entre el PSOE, la ETA y los separatistas, clave de toda la política del gobierno en la pasada legislatura, aunque momentáneamente pase por cierta crisis, como ocurrió –siempre el paralelismo– con los partidos integrantes del Frente Popular.

Como es sabido, la transición se hizo desde el franquismo, "de las leyes a las leyes". La oposición en pleno quería lo contrario, la "ruptura", para enlazar con un Frente Popular supuestamente legítimo. No obstante, en 1975-77, cuando unos y otros jugaron sus cartas, la oposición demostró ser demasiado débil, y la reforma ganó a la ruptura, permitiendo un paso a la democracia sin excesivos traumas. Importa señalar este punto: el franquismo quedó desmantelado en el proceso, pero al mismo tiempo legitimado: tal es el sentido de la reforma de las leyes (franquistas) a las leyes (democráticas).

Por aquella debilidad, la mayoría de la oposición hubo de aceptar la reforma, a regañadientes, si bien recibió a cambio unas concesiones probablemente excesivas. Concesiones manifiestas en una constitución sumamente mediocre, aunque a cambio la de mayor consenso de las muchas elaboradas en España hasta la fecha. La transición y la constitución, no debe olvidarse, fueron hechas por políticos de trayectoria no democrática, ni en la izquierda ni en la derecha, y poco brillantes, "de vuelo corraleño", que diría Cuenca Toribio. 

Pero otra parte de la izquierda y algunos separatistas rechazaron desde el primer momento la reforma, la transición y la democracia actual: así la ETA, el GRAPO, el PNV y otros. Aunque marginales todos ellos, el terrorismo daba gran resonancia a su postura, y la mezcla de complicidad en algunos políticos y de debilidad en otros, les facilitó una influencia desproporcionada, especialmente a la ETA. Estos grupos han jugado un papel parecido al de los anarquistas en la república, cuando ponían en evidencia a los socialistas por su colaboración inicial con "la burguesía explotadora". Ahora, el PSOE colaboraba con un régimen procedente del "fascismo", como había colaborado en tiempos con la dictadura de Primo de Rivera, por puro oportunismo.

El PSOE y los separatistas que aceptaron la reforma, nunca lo hicieron con sinceridad, y finalmente ha venido a dar la razón a la ETA. Como han explicado Felipe González, Cebrián o Guerra, era preciso esperar a mejor ocasión para hacer el "juicio político del franquismo", dada su debilidad por entonces. Y la ocasión llegó, o así lo creen, con el actual gobierno. Este, en consecuencia, ha recurrido a medidas políticas que destrozaban la constitución, y a una llamada ley de memoria histórica para deslegitimar el régimen de Franco y con él, implícitamente (por ahora), a su producto último, la democracia y la monarquía. El gobierno ha llevado adelante el primer paso del plan de ilegitimación mediante campañas de recuperación de odios, de exaltación de Frente Popular y la ley llamada de memoria histórica, una verdadera bomba de relojería contra el sistema democrático actual. Como intentaré demostrar, quien se ha ilegitimado es el gobierno. Y no solo por la calidad de sus socios.

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www.elinfiernovasco.com

http://blogs.periodistadigital.com/bokabulario.php/2008/07/31/en-2010-expana-superara-a-alemania-en-re-1

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"Conviene aclarar el sentido en que hablamos aquí de nación, dadas las diversas definiciones y contenidos emotivos derivados de su teorización en el nacionalismo contemporáneo. Los romanos llamaban naciones a las muy abundantes y diversas sociedades que encontraban por todas partes, a veces simples tribus con costumbres más o menos peculiares, y que actuaban como un todo bajo jefes comunes. Estas naciones defendían su independencia y formas de vida, o trataban de imponerse a otras en una lucha frecuente, fuera por tierras mejores u otras razones. Roma fue quizá la primera, al menos en su ámbito, que justificó su derecho a expandirse en la superioridad de su civilización y de sus leyes y la necesidad de establecer la paz. El imperio romano supuso así la eliminación de un sinfín de esas naciones. Su caída, por el contrario, provocó un caos del que surgirían nuevas naciones, pero de unas características muy diferentes, pues brotaban de un suelo civilizado latino-cristiano, fuertemente remodelado por los pueblos germánicos.    

Nación sería aquí una sociedad civilizada, no una tribu o conjunto de ellas, cuyos individuos aspiran mayoritariamente a la independencia política o disponen de ella, basada en una autopercepción cultural. Esa independencia puede adquirir formas varias: los griegos, pese a no haber logrado unirse en un estado, constituían una nación fuertemente autoidentificada e identificada por los extranjeros, y capaz de unirse frente a estos en ocasiones cruciales. Algo parecido cabe decir del pueblo judío, el más rebelde e inasimilable para los romanos, que aun habiendo perdido no solo su libertad sino también su tierra, permanecería hasta el día de hoy con sus rasgos peculiares y sus aspiraciones políticas, un caso realmente singular.

La nación hispana creada por combinación del poder político godo con la civilización cristiano-latina fue acaso la primera de occidente. Podría habérsele anticipado Francia en casi un siglo si consideramos la conversión del merovingio Clodoveo como inicio de la nación francesa. Sin embargo la dinámica de la dinastía merovingia fue más bien la división del territorio y disgregación del poder, apenas estatal: justo la dinámica contraria del reino visigodo, tenazmente empeñado en la mayor unidad geográfica, política y cultural. Por ello parece más adecuado retrasar la fundación de Francia hasta la dinastía carolingia, uno dos siglos posterior a Leovigildo. Por algo Francia empezaría entonces a llamarse así, en vez de Galias. Por la época del III Concilio, Inglaterra estaba dividida en siete pequeños reinos anglos y sajones, en pugna entre sí y con los celtas británicos e irlandeses. En Italia, los bizantinos habían roto la unidad implantada por los ostrogodos y habían ocupado casi toda la península a mediados del siglo VI, para ser a su vez expulsados de la mayor parte del territorio por los lombardos a partir de 568. Pero ni bizantinos ni lombardos pensaron en nada parecido a un estado o nación italianos. En cuanto a la futura Alemania, corazón de la Germania, su situación era especialmente oscura, dividida entre diversas tribus y reinos apenas cristianizados, enfrentados entre sí o sometidos a los francos. 

Esta precocidad hispana se debe probablemente en que las invasiones bárbaras fueron menos destructivas que en la Galia, donde la economía, las comunicaciones, los reputados núcleos de artesanos galorromanos y la propia demografía sufrieron un retroceso espectacular. Tampoco tuvo España que soportar una guerra tan asoladora como la que padeció Italia, durante más de veinte años, entre bizantinos y ostrogodos. Por comparación con el resto de Europa occidental, el reino de Toledo mantuvo una estabilidad envidiable, y aunque el comercio, las comunicaciones y el urbanismo retrocedieron en relación con la época romana, mantuvieron un nivel considerable, como muestran acciones tan desusadas para la época como la fundación de ciudades, la construcción de edificios de cierto fuste o el desarrollo de centros culturales de bastante entidad, particularmente, una vez más, en el valle del Betis.

La trascendencia de las acciones de Leovigildo, Recaredo y el episcopado católico para el futuro de España es inmensa: sin ellas, como ha señalado uno de los máximos especialistas en la época, Luis A. García Moreno, no puede concebirse la evolución del país tras la invasión musulmana; la cual, en otro caso, habría absorbido a España como lo hizo con África del norte y otros países anteriormente cristianizados y romanizados.

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