Agosto 2008


Un socialista ejemplar

31 de Agosto de 2008 - 11:04:50 - Pío Moa

  
  En 1946, por aquellas peleas sectarias dentro del PSOE, cuya raíz estaba en el doble y enorme robo del tesoro del Vita , el sector prietista del partido expulsó a Negrín y a otros socialistas históricos, entre ellos Ramón González Peña. Ahora Zapo, Mienmano y compañía han reparado aquella injusticia y el eminente historiador Ángel Viñas se ha congratulado, cómo no.  De Negrín y el entusiasmo de Viñas por él ya he explicado algo. El caso de González Peña me trae a la cabeza la campaña de la izquierda en su favor, después de la insurrección del 34. Campaña  modélica en su estilo, por reunir  todos los ingredientes y técnicas propagandísticas de lo que he llamado aquí, con expresión popular, la trola y el choriceo socialistas.

   Reproduzco de un viejo artículo:
"González  había sido reconocido como el máximo líder de los insurrectos asturianos -a veces se le aplicaba el título de "generalísimo" de ellos-, aunque en el curso de la revuelta había tenido constantes roces con muchos de sus teóricos subordinados, que le obedecían muy a medias y finalmente hicieron caso omiso de sus instrucciones de parar la lucha* tras el asalto a la caja fuerte del Banco de España y a otros bancos en Oviedo.

(* Ver primera parte de Los orígenes de la guerra civil española)

   De entre los detenidos por la insurrección de octubre González era, quizás, la figura principal, tras Largo Caballero y Companys, pero su proceso superaba incluso en interés a los de éstos, como símbolo de la lucha revolucionaria más peligrosa para la república, y la más sangrienta.

   González resultó, así, el héroe revolucionario por excelencia, en cuya exaltación se volcó la propaganda. Vidarte cuenta de él: "Había dicho que mientras quedase un minero luchando en las montañas con un fusil, él estaría a su lado, y fueron inútiles todas las gestiones de los otros directivos de la revolución para hacerle desistir de tan noble y heroico propósito". Doval, el endurecido comandante de la Guardia Civil, obsesionado con capturar al dirigente, habría torturado sin piedad, y también en balde, a los presos: " Aquellos bravos mineros se dejaban arrancar las uñas de los pies y de las manos -uno de los placeres favoritos de Doval-, quemar los ojos o los testículos, o soportaban que les colgasen de éstos pesas de varios kilos, hasta dilatárselos monstruosamente, antes que delatar a su jefe". Estos fracasos habrían inspirado al coronel Aranda "una idea genial, ¡monstruosa! Mandó detener a centenares de mujeres -esposas e hijas de mineros- e hizo correr la voz, por la cuenca minera, de que si no se presentaban los guerrilleros, sobre todo González Peña, todas ellas serían entregadas a los legionarios y a los moros. Al enterarse de esto, Peña se presentó a los guardias de asalto, en la aldea de Ablaña, el día 3 de diciembre. Llevaba (...) luchando en las montañas más de cincuenta días".

   Nuevamente la realidad difiere de la historia de Vidarte, según se desprende de las declaraciones del propio detenido ante el tribunal y ante la comisión de suplicatorios del Parlamento. González había sido uno de los primeros en proponer la huida, ya el 10 de octubre*, bastantes días antes de la capitulación real, y no es creíble que a última hora se tornara tan absurdamente belicoso.

(*Ver capítulo 9 de Los orígenes de la guerra civil española)

   Al día siguiente de su propuesta de rendición, González estaba, junto con otros, "entre las diez y las once de la noche en el cruce de carreteras de Langreo y Mieres, en San Esteban de las Cruces, Oviedo (...) Llegó en un coche el compañero Bahíllo (...) el cual era portador de un saco conteniendo dinero", procedente del asalto al Banco de España. El dinero fue repartido, sin contarlo, entre los presentes, para facilitarles la fuga. Según la declaración del propio González al Congreso, él y otros trataron de escapar en dirección a Portugal, pero se lo impidió el hostigamiento de sus correligionarios, que les averiaron un coche a tiros. Se dispersaron y "quedó solo el declarante con Cornelio Fernández, el que me aconsejó no diese la vuelta, pues había oído decir poco antes, en Trubia, que por haber abandonado el movimiento habían dado orden de perseguirme los mismos compañeros y podía peligrar mi vida". La realidad de este peligro pudo comprobarla cuando, cerca de Grado le arrebataron "1.600 pts, junto con el reloj y una pluma estilográfica,(...) unos individuos que decían ser revolucionarios, que no sólo me quitaron esa cantidad, sino que me han dicho que he tenido gran suerte en caer en manos de ellos, pues de lo contrario me fusilarían, ya que estaba considerado como traidor, por haberles abandonado". Vagó por los montes de Quirós y de Teverga, durmiendo en casas de amigos y recaló por fin en la de una viuda muy religiosa, amiga de su familia, en el pueblo de Ablaña. Allí fue prendido, que no se entregó, y por guardias civiles, no de asalto. Su caso fue de mala suerte, porque tenía ya a punto su fuga por mar. El gobierno posiblemente lo hubiera preferido en el extranjero, y no sintió alborozo por su detención, que le auguraba nuevas campañas de descrédito.

El resto del informe de Vidarte tiene la misma traza de fabricación propagandística. Desde luego "los mineros", en general, ignoraban el paradero de su ex jefe, y Doval tenía que percatarse de ello y de la inutilidad de torturarlos en masa; además no podía saber si el perseguido había huido ya de Asturias, como hicieron la mayoría de los líderes. El gobierno tampoco hervía en deseos de capturarlo, y de hecho premió a Doval por su éxito destituyéndolo de su puesto. La treta de Aranda suena poco verosímil, por decirlo suavemente, tanto por lo anterior como porque la pacificación de Asturias la había dado por cumplida López Ochoa ya a principios de noviembre, y la prensa informaba el 16 de ese mes del reembarque de las tropas enviadas en octubre. Entonces López había sido sustituido por Aranda, con fuerzas muy reducidas (7.000 hombres entre Asturias y León), y resulta absurdo que nadie quisiera soliviantar los espíritus cuando ya no había la menor necesidad.

La mitificación del caudillo insurrecto alcanzó cotas muy elevadas. En un libro colectivo sobre él, Araquistáin ponderaba su heroísmo y su clara inteligencia como "técnico, si así puede decirse, de la guerra civil". González era "el hombre simbólico de la revolución, cuya cabeza pide a gritos una burguesía aterrada y vengadora (...) Desde los tiempos de la Inquisición, jamás el fanatismo católico, doblado esta vez de sevicia capitalista, había dado en España un espectáculo tan repulsivo de barbarie sanguinaria". Prieto destacaba su entereza, contagiada también a su mujer e hijas. Un llamado José Vidosa se tenía a sí mismo por "el hombre más bueno del mundo", pero reconocía que "la bondad de Peña es algo sencillamente sublime, imposible de superar (...) Con razón dicen sus íntimos que es (...) el genio que conducirá a la clase trabajadora a la total emancipación".

En el mismo libro Álvarez del Vayo da noticia de la solidaridad internacional en su favor: "Fue un movimiento de inusitadas proporciones, sostenido durante semanas y semanas en la primera página de los diarios obreros, y que incluso logró retener la atención de la gran Prensa liberal extranjera más allá de lo ordinario (...) El nombre de González Peña quería decir para el proletariado mundial "Octubre", y octubre era, a la vez, para la opinión antifascista de fuera, sin distinción de partido, gesta popular española contra el enemigo común (...) "Salvad a Peña" devino la consigna fija en los manifiestos más diversos, en las conclusiones de las asambleas, en los editoriales y pasquines. Era un grito unánime, reproducido sin desmayo (...) Fue, además, particularmente en Francia, una poderosa manifestación de frente único. Socialistas y comunistas lucharon con idéntico empeño".

Pero la declaración del caudillo asturiano ante el tribunal demuestra que había perdido (momentáneamente) la ilusión por la revuelta y por su protagonismo en ella: "Aunque no soy católico (...) no se postró ninguno de esos católicos ante su confesor con la sinceridad con que yo lo hago ante vosotros", dijo a los jueces. Observó que la Guardia Civil había cumplido con su deber, y admitió atrocidades de los revolucionarios, al alegar que él, en persona, había impedido el asesinato de cien prisioneros. Su papel de jefe lo atribuyó a las circunstancias, y afirmó: "la labor principal de los dirigentes (...) no fue obligar a participar en el movimiento, sino contenerlo". Tampoco denunció torturas ni malos tratos, ni la supuesta redada de mujeres de mineros para ser violadas por los soldados de África.

La actitud de González Peña enfureció a Largo Caballero: "avergüenza e indigna leer las manifestaciones transcritas; no se ve en ella ningún rasgo de virilidad ni de grandeza; todo es pequeño y bajo: delaciones, cobardía, indisciplina, prurito de pasar por humano y colocar a los trabajadores combatientes en situación antipática por sanguinarios y anárquicos". En otro lugar comenta con sarcasmo: "Es muy amargo verse en vísperas de ser fusilado o de ser condenado a presidio para el resto de la vida. ¿Para qué -dirán algunos- exponer lo más apreciado, que es la vida, si se puede colaborar sin esos peligros y hasta pasar a la inmortalidad como hombres sensatos y de buen juicio?". Pero Largo quizá hubiera visto el caso con más benevolencia si no fuera porque Prieto, después de escapar a Francia, le atacaba empleando como munición la figura de González. Comenzó así una ruptura entre los líderes socialistas que iba a acarrear largas consecuencias."
   
No es de extrañar que Zapo, Mienmano y tutti quanti  se identifiquen con Negrín,  González Peña y compañía. ¿Con quiénes iban a hacerlo, si no?  Realmente, ¡qué pintaría Besteiro entre aquella tropa!  Se entienden así muchas cosas.

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"Zapatero, sobre la negociación: "No me ha dejado heridas, salvo el dolor de las víctimas"

En verdad, ¿qué insulto puede corresponder a la infamia del fulano? Solo ha olvidado agradecer su ausencia de heridas a Rajoy, el emplasto.

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Tesis sobre el terror durante la república

30 de Agosto de 2008 - 09:59:31 - Pío Moa


 
1.- El terror no comenzó con la guerra civil, como a menudo se piensa, sino que acompañó a la república durante todos sus cinco años, a causa de la debilidad de la ley. Lo comenzaron los anarquistas  asesinando a sus  adversarios sindicales con la complicidad de las autoridades nacionalistas catalanas. Siguió la “quema de conventos”  (y bibliotecas y centros de enseñanza), que por su carácter violento, criminal e intimidatorio cabe  calificar de terroristas. Menudearon además los asaltos y actos de intimidación contra sedes y personas de derecha, clérigos, etc.  La práctica totalidad de estos actos provino de las izquierdas, aunque no siempre contra las derechas, pues desde muy pronto las rivalidades entre las izquierdas mismas causaron muertos.

 

2.- La respuesta del gobierno de Azaña a las insurrecciones anarquistas llegaba a límites por lo menos cercanos al terror, así cuando dio instrucciones para fusilar sobre la marcha a los apresados con armas. Esta actitud culminaría en la matanza de Casas Viejas.

 

3.- Las violencias subieron de punto cuando el PSOE, lanzado por el camino de la guerra civil, comenzó a matar a miembros de la CEDA y de la Falange, a partir de 1933. Ello exacerbó los ánimos de la derecha. Ante la serie de asesinatos sufridos a manos de los socialistas y la escasa protección del gobierno (entonces de centro derecha: siempre la debilidad de la ley),  la Falange replicó a su vez  con varios atentados. Tratándose de un partido muy pequeño, sus acciones no tenían consecuencias decisivas.  La poderosa  CEDA, en cambio,  se contuvo.
 
4.- La contención de la CEDA estimuló realmente a los socialistas, convencidos de que la gran derecha  era cobarde y sería fácilmente vencida. No podemos saber si una política más enérgica  por parte de la CEDA --no necesariamente contestando en el mismo terreno--  habría parado a tiempo a una izquierda que marchaba conscientemente a la guerra civil. Era un dilema sumamente  difícil.  Por lo común,  los agresores se ven estimulados y ayudados  por quienes “condenan la violencia venga de donde venga”, desarmando la legítima defensa. Según su punto de vista, y el de la izquierda, las derechas no tenían derecho a defenderse. 
 

4.- Aparte de la insurrección de octubre del 34, fue a partir de las elecciones de febrero de 1936 cuando  el terror tomó un carácter más sistemático. En cinco meses cayeron unas 300 personas, probablemente más, bastantes en disturbios callejeros pero la mayor parte por atentados, organizados  en su gran mayoría por las izquierdas (quizá unos 200 muertos). El dato más grave fue la colaboración del gobierno con los asesinos, que nunca eran eficazmente perseguidos por la policía y sí lo eran, en cambio, las derechas, fueran víctimas o culpables. La anterior debilidad de la ley dio paso a la destrucción de esta. La política izquierdista  de terror culminó en el asesinato de Calvo Sotelo, verdadera declaración de guerra y demostración, exhibición más bien,  de la completa ilegalidad del gobierno. Desde ese momento, el terror cundió masivamente,  preparado a fondo  por la propaganda y lo organismos ad hoc (chekas). 

 

6.- En general, las versiones izquierdistas sobre el terror parten de dos ideas centrales: a)  las izquierdas representaban “a los pobres y al progreso” y las derechas “a los explotadores y la reacción”; b) el gobierno del Frente Popular representaba a la república con toda legalidad. Por ello el terror de las derechas cargaría con todos los agravantes, y el de la izquierda con todos los atenuantes.

     Pero basta poner en cuestión esas ideas para que todo el edificio construido sobre ellas se desplome como un castillo de naipes. En la realidad -- hoy perfectamente documentada--, las izquierdas, aparte de asesinarse a menudo entre ellas, representaban ideas totalitarias, antidemocráticas y contrarias también, desde luego, a los derechos y el progreso de los trabajadores. Por eso fueron ellas quienes  primero desestabilizaron la legalidad republicana (desde los mismos comienzos del régimen), luego la asaltaron (en 1934)  y finalmente la demolieron en un proceso revolucionario desde la calle y desde el poder, a partir de las anormales elecciones del 36. Las consecuencias debieran hacernos reflexionar a todos. Por desgracia la obcecación izquierdista persiste hoy, en la línea de los Prieto o Negrín. Nunca de Besteiro.

 

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De El derrumbe de la república

 

   “Los rebeldes, sin duda, iniciaron las atrocidades. Aspiraron a imponer su propia legalidad y lo consiguieron en numerosos pueblos, por unos días o unas horas, tiempo suficiente para aplicar una dosis del “terror plebeyo” que horrorizaba a Besteiro. En Cataluña cometieron tres asesinatos, en Vasconia otros tres, y cinco más en verias provincias. En Asturias, donde el poder revolucionario duró dos semanas, las víctimas fueron al menos 43 guardias civiles y de asalto, 34 religiosos y seminaristas, varios vecinos y un estudiante “fascistas”, técnicos de la industria, un magistrado jubilado del Supremo, etc. El total asciende a un mínimo de 85 y un máximo de 115. Los guardias sacrificados habrían aumentado en un centenar, de no haberlos salvado González Peña, si hemos de creer su testimonio.

   Alguna prensa de derechas difundió relatos macabros de sacerdotes quemados vivos y otros semejantes que demostraron ser patrañas, aunque, en general, las informaciones sobre los asesinatos cometidos eran correctas. El sol, el 27 de octubre, decía: “Los episodios revolucionarios han sido, en general, terribles (…) Pero de eso al plus de sadismo  que (…) quieren dar por cierto los incondicionales de la antirrepública, media una enorme distancia. No es lícito (…) el juego a que se vienen entregando (…) los periódicos monárquicos”. El debate  criticaba a su vez, el día 28: “Algunos periódicos de izquierda se resistieron primero a informar (…) Ahora todo su empeño consiste en desvirtuar lo ocurrido, en restarle importancia. Se apoyan para ello en que algunas versiones circuladas al principio por Madrid  eran falsas; pero ¿es que las comprobadas después con tiempo y medios no son bastante horrorosas?

   Con todo, las exageraciones de la derecha y de la izquierda no son equiparables. La mayor parte de la derecha renunció a las falsedades, una vez se comprobaron, y El debate, por ejemplo, expuso en sus reportajes rasgos simpáticos de los rebeldes, como su idealismo o su rechazo mayoritario del robo, su conducta humanitaria en ocasiones, facilitando auxilios a guardias heridos. También reiteró cómo la población  civil había sido, en general, respetada por los rebeldes, así como las monjas y las mujeres, y alertaba contra las noticias exageradas. Nada de eso se percibe en la campaña de la izquierda, que adoptó una actitud maciza, sin resquicio para la rectificación, no digamos para la simpatía. De hecho, hoy conservan algunos el mismo tono”.

 

NOTA: El terror desplegado por los revolucionarios fue más notable por cuanto en las dos semanas que duró su dominación sobre parte de Asturias debieron concentrar su atención en la propia lucha, lo que no  les impidió dedicarse también a  estas actividades, según programaban las instrucciones del PSOE para la guerra civil (reproducidas en lo fundamental en Los orígenes de la guerra civil). El terror se aplicaba sobre todo en retaguardia, y cuando la guerra se reanudó, en 1936, ya no encontró freno ni en cantidad ni en calidad (crueldad).

     Siempre llamó la atención el hecho de que personas tenidas  previamente por moderadas y pacíficas, contrarias a toda violencia, se desatasen con una crueldad espeluznante al caer la ley. Ello se debe a que en condiciones normales las declamaciones virtuosas no cuestan nada y a menudo esconden una notable agresividad y fanatismo acusatorio. El  ser humano lleva encima mucha trastienda, de la que a menudo no es del todo consciente, y la conducta aparentemente virtuosa de esas personas  se vuelve impredecible en condiciones extremas, cuando la ley no rige.

 
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Señala Aznar que el PNV busca la derrota de España valiéndose de la ETA. Muy cierto, aunque a él le costó mucho tiempo descubrirlo, debido a la ignorancia histórica de la derecha. Pero se queda a medias: también el PSOE  busca los mismo: la derrota de España y de la constitución utilizando para ello a la ETA. Y Rajoy se le ha sumado en los hechos.
   Ahí está Feijoo diciendo que negociará con el BNG poniendo sobre la mesa  la constitución y los principios. Será para arrancar sus páginas y limpiarse con ellas el trasero cada vez que vayan al  retrete, puesto que las negociaciones --chanchullos, propiamente--  podrían ser largas.

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El artículo de ayer "Un error, creo, de Julián Marías" iba acompañado en el título de otro error, pues decía "de Javier Marías", el snob e ignaro hijo novelista  del filósofo. Pero en el texto quedaba claro, afortunadamente.

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De los Diarios de Arcadi Espada:

Por poco que hayas visto, oído y leído te habrá bastado para saber que el accidente de Barajas ha reunido todo lo que sabemos sobre el funcionamiento del periodismo moderno. Incluso de lo que no es periodismo, caso de la televisión. No la veo jamás, pero las noticias sobre su conducta entre los muertos son inquietantes. El profesor Antonio Juárez, español pero alemán desde hace muchos años, me escribía este párrafo después de haber visto la información de la cadena pública: «La falta de preparación técnica, profesional, psicológica, y de pudor de las muchachitas que la redacción de los informativos mandó al frente es tan obviamente indecente que ninguna televisión regional de Alemania o de Francia, en mi opinión ni siquiera de Italia, las contrataría, ni como estudiantes en prácticas para programas de televentas. La vestimenta primero, indecorosa para la situación; parecían quinceañeras recién salidas de la playa… Las preguntas: como me dijo una amiga alemana, que habla bien español, en quince minutos de programa especial de la TV alemana
(de las 20.15 a las 20.30) aprendió más sobre el accidente, las razones, la compañía Spanair, el avión, etc. que en dos horas de propaganda escatológica de los informativos en directo de TVE.» Juárez me parece un hombre razonable y su opinión coincide con la de muchos otros. También con lo que yo sé sobre la preparación técnica, psicológica y moral de las muchachitas. Creo que, en efecto, las televentas ibéricas no tienen parangón en Europa.

 

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Tesis sobre el terror en la guerra civil (y II)

29 de Agosto de 2008 - 10:55:24 - Pío Moa


5.- Otra diferencia importante entre  el terror de los nacionales y el de las izquierdas fue el grado de crueldad empleado. Actos como quemar vivas a familias enteras, con los niños, o los que acompañaron el asesinato de sacerdotes, realizado a menudo con un sadismo salvaje, no llegaron a darse en el bando nacional. Este sadismo vino preparado por una larga propaganda, aparte de la campaña sobre la represión en Asturias.

 

6. - Una  cuarta diferencia  de interés fue la aplicación del terror entre las propias izquierdas: ya durante la república se produjeron numerosos asesinatos entre socialistas y anarquistas especialmente, y durante los meses siguientes al 18 de julio hubo entre unos y otros ajustes de cuentas en la oscuridad del momento. Pero fue sobre todo con Negrín cuando menudearon las denuncias de anarquistas y socialistas por los asesinatos, torturas y detenciones ilegales que sufrían a manos de sus “aliados” comunistas. El caso Andrés Nin fue solo uno más entre ellos.

 

7.- El terror izquierdista no fue en absoluto “popular y espontáneo” como suele presentarlo una historiografía  nada seria. Tuvo dos aspectos: el de masas, por así llamarle, y el sistemático desde el poder. En los dos casos fue previsto,  promovido y organizado por los poderes y partidos del Frente Popular ya desde antes de la reanudación de la guerra en julio del 36.  También en el bando nacional el terror fue organizado desde el poder, con la salvedad ya vista de que quienes iniciaron la carrera de atentados fueron las izquierdas.

 

8.- El terror  del Frente Popular se acompañó de saqueos y robos sistemáticos, y de una extraordinaria corrupción organizados desde el gobierno y la dirección de los partidos, en especial el socialista. Como he expuesto en Los mitos de la guerra civil, nada parecido ocurrió en el bando opuesto, sino más bien al revés: hubo una política de restitución de bienes y recobro del patrimonio artístico e histórico español.

9.- Tiene gran importancia destacar qué bando fue el primero en emplear el terror, ya que no puede exigirse un comportamiento exquisito a quien se ve agredido y con la vida en peligro. Solo una profunda hipocresía puede poner en el mismo plano los actos de agresores y agredidos. El terror no es justificable en principio pero, como en todo, hay grados, atenuantes, agravantes, etc..

 

10.-  El comportamiento moral y civilizado no depende solo de las convicciones de los individuos, sino sobre todo del imperio de una ley aceptable. Cuando la ley cae por tierra, se producen automáticamente hechos como los aquí aludidos. Es más, la ley tiende a ser sustituida por el terror. Por consiguiente sobran las declamaciones seudomoralistas y las condenas fáciles a diestra y siniestra. La cuestión clave es aquí cómo y  quiénes  destruyeron la legalidad republicana. Al respecto no puede caber hoy la menor duda a nadie medianamente informado.

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  De Años de hierro:

 
Los Aliados sometieron a los jefes nacionalsocialistas a los  juicios de Núremberg, los cuales han recibido críticas de parcialidad, por su  tono de venganza y por la inclusión de figuras nuevas de delito aplicadas ilegítimamente con retroactividad. Las figuras empleadas fueron: crímenes contra la paz, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y conspiración para realizar cualquiera de los anteriores.  Desde luego, los  líderes nazis y cientos o miles de sus seguidores podían ser acusados de esos delitos, y  sin embargo el castigo fue chocantemente benévolo por comparación con los hechos: once condenas a muerte, tres a prisión perpetua y algunas otras menores.

    En España las acusaciones de Núremberg fueron acogidas con grados diversos de incredulidad, y el juicio entendido como una revancha. El monárquico ABC  reproducía el cuadro de Velázquez  La Rendición de Breda, para contrastar la generosidad hacia  el vencido con el rencor de los Aliados.  No obstante, Fernández de la Mora, llamado a ser uno de los teóricos más conspicuos del régimen,  publicó en el mismo ABC un enfoque distinto: “Si el Derecho ha de ser algo serio, forzoso es admitir que los Estados, lejos de poder determinar inapelablemente qué es lo justo y lo injusto, están sujetos a una Justicia superior y trascendente (Derecho natural) (…) Si los jefes alemanes  prepararon y declararon una guerra injusta, violaron tratados y preceptos bélicos y cometieron asesinatos en masa,  esos delitos deben ser castigados inexorablemente. Porque lo contrario sería (…) reconocer el absurdo de  de que los mayores crímenes, cuando se cometen en  ejercicio de la soberanía, deben quedar impunes. Es además inexacto que tales delitos sean una  invención actual. Ahí está la doctrina del tiranicidio entumecida de puro vieja, y  la perenne obra de  Vitoria,  Molina, Suárez y toda una escuela de juristas y teólogos españoles”. El tribunal competencia del tribunal, señalaba el articulista, debía representar a la humanidad y no a estados parciales,  pero “es preciso no olvidar que  la pena impuesta por un Tribunal incompetente puede ser justamente merecida”. Justificaba el juicio argumentando sobre el Derecho natural, mientras que los jueces seguían un Derecho positivo estricto, menos adecuado a su objeto.

   Restaban otros problemas espinosos. Los soviéticos podían ser acusados de la mayoría de las acciones achacadas a los nazis: asesinatos y deportaciones en masa, guerra injusta contra Finlandia y agresiones a los países bálticos o Rumania,  matanza de militares e intelectuales polacos, conspiración contra la paz en colusión con Hitler mismo y reparto de Polonia con él.  Y uno de  los crímenes de guerra más feroces fue, desde luego, el bombardeo de la población civil, en el cual destacaron con diferencia los países anglosajones… por lo que no fue juzgado. Las acusaciones a Dönitz por diversas acciones navales fueron retiradas cuando quedó de relieve que los submarinos useños hacían lo mismo contra Japón, lo cual sugería que un acto constituía o dejaba de constituir delito según quién lo realizase. Y la conducta en marcha con los vencidos (deportaciones, muertes por hambre y miseria en los campos de prisioneros, trabajos forzados,  etc.) no dejaba de recordar las conductas juzgadas como criminales. Los anglosajones -- no los soviéticos--  solo estaban en condiciones de acusar al nazismo de haber planeado y desatado la guerra; así como del Holocausto, un crimen excepcional por sus características, aunque ellos tampoco hubieran hecho gran cosa por impedirlo.   

   Sorprende un poco la idea misma de crímenes contra la humanidad, por cuanto los nazis formaban parte de la humanidad,  y el concepto implicaba que otra parte de ella se arrogaba la representación del conjunto. Las aporías jurídico-morales podían extenderse a los “crímenes contra la paz”, ya que todos los contendientes perseguían una paz en sus propios términos; y suena excesivo considerar eterno e inalterable  el orden previo a la guerra, y criminal su alteración. Finalmente, un tribunal de la humanidad y no solo de las potencias vencedoras,  como sugería Fernández de la Mora, puede sostenerse sobre “las leyes eternas e inmutables de los dioses”, de Antígona,  no fáciles de especificar, pero no tanto sobre los decretos soberanos y debidamente promulgados, de Creonte. Conflicto de interpretaciones que no ha cesado ni probablemente cese.

   La justificación de los juicios guarda relación con la declaración de San Francisco: el propósito de eliminar para lo sucesivo las guerras. Los causantes de la pasada (la parte vencida) debían recibir ejemplar castigo y exposición permanente al horror y vergüenza, a fin de evitar  la repetición de actos semejantes. Designio cuya desmesura utópica,  humanista en el mal sentido,  la expresó Harold  Laski cuando advirtió que democracia y totalitarismo no podrían convivir: apuntaba falsamente a España, pero tenía razón en un sentido distinto. El totalitarismo se expandió con rapidez y la preconizada paz definitiva  se transformó en “guerra fría”. La cual no llegó a hacerse globalmente caliente debido a la conciencia de que acarrearía la mutua destrucción, pero condujo a numerosas contiendas menores y de crueldad extrema, manifiesta en la proporción creciente de víctimas civiles, en nuevas deportaciones y genocidios.

 

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Tesis sobre el terror en la guerra civil (I)

28 de Agosto de 2008 - 17:49:19 - Pío Moa


   La izquierda ha entendido muy bien el papel emocional y el valor político actual de las acusaciones de represión aplicadas a la derecha durante la guerra, y no ceja por ello en su fraudulenta propaganda a todos los niveles (la última, la del juzgador solitario). Lo hace con el silencio cómplice de los políticos rajoyanos, tan propensos a escupir sobre la tumba de sus padres y abuelos, por creer que así ganan votos. Por ello conviene insistir cuanto haga falta en unas cuantas verdades.


1.- El terror se plantea de dos formas: como un modo de paralizar la reacción del contrario (véanse las instrucciones del PSOE para la guerra civil, o las de Mola para el golpe militar) o como una “limpieza” a fondo de enemigos (véase a Araquistáin: “no va a quedar un fascista ni para un remedio”). En el primer caso, se busca abreviar la lucha y por tanto las víctimas, aunque en la práctica tienda a convertirse en un fin en sí mismo.


2.- Según los estudios más fiables, los de Ramón Salas Larrazábal corregidos por A. D. Martín Rubio, el número de víctimas del terror entre 1936 y 1939 fue ligeramente superior por parte de los nacionales, aunque proporcionalmente algo menor, al haberse aplicado sobre una población más amplia (el Frente Popular solo pudo hacerlo sobre algo más de la mitad del país). Los estudios de Salas y de  Martín son a priori mucho más fiables que los descaradamente politizados  y subvencionados por el poder socialista, tan abundantes estos años.

 

3.- La práctica igualdad cuantitativa entre los dos terrores no significa igualdad  cualitativa. Por el contrario, existen profundas diferencias a considerar: ante todo, fueron las izquierdas, y no los nacionales, quienes empezaron a aplicar ese método ya en 1933-34, con el asesinato de numerosos derechistas,  asaltos a locales de la CEDA, etc. Durante la insurrección de octubre del 34, el terror fue aplicado ampliamente allí donde la revuelta triunfó por algún tiempo, Asturias sobre todo (en torno a un centenar de asesinatos). Luego, tras las elecciones de febrero de 1936,  las izquierdas volvieron a aplicar un terror sistemático, con más de 200 asesinatos en solo cinco meses, amparados  por  el gobierno. Este terror previo elevó más y más la exasperación de la derecha y constituyó uno de los factores de su réplica posterior, a menudo feroz.

 

4.- Una derivación política de la actitud izquierdista fue la gran campaña internacional sobre la represión derechista de Asturias, fundada en falsedades y exageraciones, pero aceptada por numerosos historiadores hasta hace poco. Baste decir que, una vez ganadas –anormalmente—las elecciones de 1936, entre otras cosas con la promesa de investigar dicha represión, el Frente Popular  olvidó sus promesas y rechazó dichas investigaciones, demandadas por la CEDA. Sin embargo la campaña creó en la izquierda un clima de  revancha  muy proclive a aplicar el terror contra una derecha tan "criminal"; y en la derecha una indignación impotente, muy peligrosa en caso de explotar. Este factor -- la incidencia social de esta campaña--, nunca había sido debidamente analizada ni tomada en cuenta por los historiadores.

 
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Historia contra memoria
 

 Cartas al director:

Campo de concentración de Castuera N
***Angel David Martín Rubio
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Durante el mes de julio pasado, historiógrafos y políticos han fantaseado en Castuera (Badajoz) sobre el campo de concentración que existió en esa localidad durante los primeros meses de la posguerra y al que paradójicamente se calificaba de "un campo en la retaguardia", calificativo que pierde su sentido cuando no existían los frentes y que oculta lo que en realidad fue: un centro provisional para la clasificación de los miles de prisioneros de guerra que provocó el final de la guerra, habilitado por poco tiempo con el régimen jurídico de una Prisión Central.
En las reseñas de prensa se alude a prisioneros y muertos, todo con la misma vaguedad que favorece la creación y difusión del mito pero... Hay otros muchos muertos y presos de los que nadie habla y también eran de Castuera o murieron allí. Me refiero a  los asesinados por las milicias frentepopulistas en El Arenal, los quemados vivos en el apeadero de El Quintillo, los fusilados en el Cementerio, los presos en el Depósito municipal, los presos en la Ermita de los Mártires, los presos en los Campos de Trabajo establecidos por el Gobierno de la República mucho antes de la creación del Campo de Castuera, como ocurrió en Monterrubio, los centenares de soldados y voluntarios caídos en el frente de La Serena.
Por favor, que nos dejen a los historiadores estudiar nuestro pasado, que los políticos se dediquen a las gestiones que les corresponden y, por si puede servirnos la lección, que los españoles no olvidemos lo que ocurrió en 1936 cuando las izquierdas, con el Partido Socialista a la cabeza, dinamitaron el Estado de Derecho.
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=392787
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MEMORIA HISTORICA
Las fosas de Mérida
Angel David Martín Rubio
Mérida
La unilateral recuperación de la memoria histórica que se está llevando a cabo por la izquierda española ha vuelto a poner de actualidad unos enterramientos en el entorno del cementerio de Mérida que no eran ningún secreto para la historiografía que se ha ocupado de la Guerra Civil en Extremadura. Un informe del Ayuntamiento de Mérida fechado en la década de los cuarenta y publicado en mi libro Paz, piedad, perdón... y verdad afirma con toda claridad que "al ser liberada la ciudad por el Glorioso Ejército y con posterioridad a esto fueron sancionados por la autoridad aquellos que hicieron fuego contra las armas nacionales y cuyos cadáveres según noticias adquiridas por esta alcaldía fueron dados sepultura en las inmediaciones del cementerio". Si a ellos añadimos las ejecuciones de las sentencias dictadas por Consejos de Guerra, el total de muertes registradas en Mérida se sitúa algo por encima de las quinientas personas como se documentó en una memoria de licenciatura presentada por María del Mar Alvarez Román en la Uex (1989). Todo ello hace inexplicable el baile de cifras, a cual más disparatado, que se ha visto y leído en los medios regionales en los últimos días: unas veces eran mil, otras dos mil, otras cuatro mil...
Pero no son estas las únicas tumbas existentes en el cementerio de Mérida. Cuando las tropas nacionales entraron en la ciudad emeritense pusieron fin a los asesinatos que, por orden del comité frentepopulista habían comenzado el 7 de agosto y continuaron en los días siguientes.
Personalmente preferiría que se dejara reposar a todos los muertos de la Guerra Civil bajo una cruz que fuera símbolo de reconciliación, unidad y verdad pero si otros prefieren seguir manipulando la historia y emplearla como arma al servicio de su demoledor proyecto político, habrá que recordarles que fueron los ahora llamados --republicanos-- quiénes comenzaron a derramar la sangre de sus enemigos sobre Extremadura.
 
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=392203

*** "que nos dejen a los historiadores estudiar nuestro pasado", exhorta Martín Rubio. Pero a la mayoría de los historiadores no hay por dónde cogerlos, tanto se ha degradado la profesión en estos años. Son peores que los políticos. 

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¿Es el hombre un animal?

27 de Agosto de 2008 - 18:32:27 - Pío Moa

    Los estudios con pretensiones científicas suele catalogar al hombre como un animal. Por supuesto, tiene muchas afinidades con los animales, como estos las tienen con las plantas  y todos con la naturaleza inerte (todos los elementos químicos presentes en  los seres vivos lo están previamente en el mundo mineral). Pero, pese a los aspectos comunes, la diferencia entre el hombre y el animal no es menor que la existente  entre  los animales de las plantas. Se argüirá que muchos animales son también sociales, o que los genes humanos  y los del chimpancé, por ejemplo,  difieren muy poco. Pero esa pequeña diferencia es totalmente decisiva;  y la sociedad humana y las animales tienen muy poco en común. La sociedad humana  es cultura e historia, algo ajeno a las sociedades animales.

    Considerar al hombre como animal tiene muchas implicaciones. El comportamiento animal, aunque muy complejo, es bastante accesible a la observación y básicamente estereotipado. Una seudo ciencia, o ciencia vaga (de vagancia)  querría estudiar al ser humano  como puede hacerse con el perro, pero, entre otras cosas, la conducta humana no solo resulta mucho más compleja, sino que absorbe los conocimientos sobre ella, de tal modo que esos mismos conocimientos  transforman la conducta, a menudo de forma imprevisible, volviendo el esfuerzo científico una tarea sin fin.

   Por otra parte limitar la diferencia entre animal y hombre a la mayor complejidad del segundo carece de cualquier connotación moral, y la moral constituye otro rasgo profundamente distintivo del ser humano. El  psicólogo  B. F. Skinner, en su tiempo el más influyente de Usa, escribió un libro clásico: Más allá de la libertad y la dignidad, creyendo haber dado con las bases de la conducta humana que marginaban por “precientíficos” esos conceptos -- libertad y dignidad-- tan enfadosos e inmanejables para determinadas concepciones de la ciencia. Y por ahí insisten muchos otros, en busca de su poco santo grial.

    Políticamente, esta consideración tiene serias consecuencias: el ser humano puede ser tratado (por los amos de la ciencia) como cualquier otro “animal”. Los comunistas y los nazis, por ejemplo, se veían a sí mismos en esa científica posición. Sus sucesores los critican y dicen ser mucho mejores chicos, afirmación moral poco coherente con sus premisas.

 

 

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Problema de lingüística

Dice Pujol que el español no está perseguido en Cataluña. Declarar  el español "idioma no propio", excluirlo de la vida oficial, reducirlo y acosarlo en la enseñanza, todo en medio de un incesante flujo de ofensas a España y a cuanto nos es común,  de agresiones a la libertad de expresión, a la bandera de España, de expresiones pro terroristas y anulación del pluralismo en la prensa respecto de estas cuestiones, todo eso no es persecución, según nuestro prohombre. Quizá ha olvidado el significado de las palabras, en castellano y en catalán.
   Prosigue nuestra gloria política que "hay un desapego de Cataluña, y en el conjunto de España hay una actitud hostil hacia nosotros". Nuevamente un problema de lenguaje: con su concepción totalitaria, Pujol cree que Cataluña es Catalufia, es decir, el sector catalán antiespañol; Y que la hostilidad hacia los catalufos, sentimiento creciente después de tantos años de injurias, desprecios y provocaciones contra el resto de España, es hostilidad a los catalanes. 
   Todavía aumenta el problema del lenguaje cuando el líder catalufo asegura:  "Hemos sido siempre de una lealtad absoluta. No creo que nadie pueda acusar de desleal a Cataluña".  ¿Qué entenderá por lealtad este caballero? Nadie acusará de desleal a Cataluña, por supuesto, pero a Pujol y los suyos...¡vamos, hombre!
   Cuando el lenguaje político se distorsiona a tal punto, recuerda al farfullar de los borrachos.

 

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 La vicesecretaria general del PP vasco dice que Zapo "ha aprendido de su error en la lucha contra ETA" 

 El sector proetarra del PP lavando la cara al principal colaborador de los terroristas  (Ver blog de   9 de junio y 15 de agosto)

   Como en la confusión organizada en que vivimos hay que explicar muchísimo las evidencias, insistamos en que no se trata de una boutade. Quien colabora con el colaborador colabora con el colaborado. ¿De qué manera lo hacen Rajoy y sus amigos?
a) Participando en la carrera de los estatutos autonómicos, clave de toda la política involucionista y proetarra de Zapo

b) Disimulando el hecho

c) Contribuyendo, con el silencio o con maniobras por un reparto de poder,  a los ataques de Zapo a la libertad de expresión y a la independencia judicial, otros aspectos de la política socialista.

   Quien ha "aprendido de su error" es el PP. Del "error" de haber defendido oacasionalmente la constitución y las normas democráticas. En lo esencial, Rajoy ha optado por la misma política que Zapo.

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Ayer, en
El Economista :

EL CAMBIO CLIMÁTICO

 

   El clima varía, y casi todos los años provoca catástrofes locales. Sin embargo, en todo el tiempo del que el hombre guardaba memoria se han mantenido unas constantes que nos hacían confiar en un clima básicamente estable.

    La actitud ha cambiado desde que  han pasado al saber popular  las enormes oscilaciones climáticas de la Tierra, la corta duración de los períodos interglaciales en comparación con las épocas frías;  el posible fin próximo de nuestro feliz  período  interglacial (Holoceno), al que nos hemos adaptado desde hace doce mil años, la posibilidad de un cambio lo bastante abrupto como para causar cataclismos casi impensables.  Este conocimiento causa en la gente una sensación de inseguridad y angustia, consciente o subconsciente, que la hace propensa a las estafas políticas.

    ¿Vamos hacia un calentamiento global, hacia una nueva glaciación, o persistirá el clima actual miles de años más?  Si vienen cambios, ¿lo harán lentamente o con tal rapidez que impidan una adaptación tranquila? ¿Qué incidencia real tiene la industria en el clima? La emisión de gases industriales, ¿perjudicará a la humanidad o  la beneficiará al retrasar el enfriamiento del planeta?  De perjudicarla, ¿en qué grado y ritmo deberían reducirse las emisiones, y  cómo hacerlo sin provocar la miseria y el hambre para cientos de millones de personas?

   Hoy por hoy los científicos no tienen respuesta a estas cuestiones,  sobre las que exponen análisis y pronósticos contradictorios. Quizá dentro de unos años o decenios logren ofrecer resultados claros. Ello no impide que, entre tanto,  muchos políticos y negociantes sepan bien qué va a ocurrir y fomenten modas: la del calentamiento global está cediendo ahora  a la del enfriamiento glacial. Quizá yerren con el clima, pero aciertan de otro modo. Creen que explotar la angustia popular puede rendirles pingües ganancias en poder o en dinero. Y así suele ocurrir.

 

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Ricos contra pobres

19 de Agosto de 2008 - 09:59:29 - Pío Moa

Hoy, en El Economista:

RICOS CONTRA POBRES

 

   En unas conversaciones entre Juan Luis Cebrián, ex director de El País, y Felipe González, ex presidente de España, ambos coinciden en definir la guerra civil como enfrentamiento entre pobres y ricos, ganada por los ricos, a quienes ellos muestran nulo aprecio. Se trata de una simpleza inframarxista que insulta la inteligencia: fue el bando supuestamente enemigo de los pobres, el que creó condiciones para que el país superase su pobreza ancestral; y las ideas del Frente Popular, pretendido amigo de los obreros, habrían desembocado en una situación pareja a la de Cuba, generalizando la pobreza excepto para una nomenklatura  dueña de todo. La lección histórica al respecto no puede ser más tajante. Que dos personajes tan influyentes demuestren un nivel intelectual tan ínfimo  hace temblar, realmente.

     Aun choca más  la posición de ambos si recordamos que pertenecen al grupo de “los ricos”, a los riquísimos, o se mueven en el entorno de las oligarquías más adineradas de España y hasta del planeta. ¿Cómo es que se insolidarizan con su “clase”, sin por ello renunciar –muy al contrario—a sus privilegios?   Los griegos tenían un concepto para la saludable vergüenza del rico ante el pobre, derivada del sentimiento de que ni la riqueza del uno ni la pobreza  del otro son del todo merecidas. Cabría preguntarse por qué la gente no es uniformemente rica (o pobre), hecho algo misterioso, como tampoco es uniforme la distribución de la inteligencia, la fuerza, la salud, la sensibilidad, la suerte  o cualquier otra cosa, ajenas en principio -- aunque no siempre inaccesibles-- al mérito personal.

    Tal vez Cebrián y González expresan esa vergüenza o pudor, pero algo  nos hace dudarlo: los dos han llegado a saber que “defender a los pobres” puede convertirse en un buen negocio. Ellos, precisamente, lo han demostrado. Los pobres probablemente no mejoren mucho, pero  a ellos no hay más que verlos.

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Recuperando de la revista
Chesterton

ANTIFRANQUISMO Y DEMOCRACIA

 

   La tergiversación de la  transición, y con ella de la  democracia, parte del aserto de que antifranquismo y democratismo son términos equivalentes. En apariencia  así debiera ser, puesto que el franquismo fue una dictadura, pero el observador cuidadoso percibe inmediatamente algunas incongruencias. Por ejemplo,  en el libro de Antón Saavedra El secuestro del socialismo, leemos sobre el PSOE de mediados de los años 70: “La justificación de los dineros que fluían a raudales desde Alemania se basaba, según el portavoz del SPD alemán, Bruno Fruedelrich, en declaraciones realizadas a los medios de comunicación, en febrero de 1976, en que Son muchos los socialistas españoles que han sido apresados o encarcelados, y hay que pagar a los abogados o mantener a familias que se han visto privadas de su cabeza. Cuando el PSOE sea legal en España, se podrá convertir en un partido económicamente independiente. Ni que decir tiene que en los últimos años del franquismo no fue procesado un solo dirigente socialista en España... No existía represión generalizada contra los socialistas españoles, y si la hubo fue muy puntual y episódica, nunca de la manera sistemática y continuada como la que recibieron algunos comunistas. Por consiguiente no había familias a las que ayudar... Pero el dinero existía y no sólo de dinero alemán vive el PSOE. Dinero mexicano, venezolano, judío, sueco, austríaco y (no podía faltar) dinero de la CIA norteamericana a través de sus brazos sindicales de la AFL-CIO... Pero la consigna era sólo para las familias de los detenidos".

    El libro de Saavedra contiene algunos pintoresquismos, pero está escrito por alguien que conoce bien los entresijos del Partido Socialista.  No había prácticamente, pues,  socialistas en las cárceles de Franco, suponiendo de momento que aquel PSOE inspirado por el marxismo fuera democrático. ¿Había otros demócratas en las mazmorras de la dictadura? Podemos hacernos una idea por el libro del magistrado Juan José del Águila, prologado por Peces Barba, sobre el Tribunal de Orden Público (TOP) del régimen franquista. Del Águila, calcula en unas 9.000 las condenas producidas por el TOP en sus trece años de existencia, en las cuales impuso 10.146 años de prisión a 11.261 procesados, lo que supone menos de un año por persona.  Puesto que las penas inferiores a un año no se cumplen en prisión,  está claro que una gran mayoría de los procesados no  cumplió condena, aparte de que las penas superiores tampoco se cumplían íntegras, ni mucho menos. Incluso en los años 40 la inmensa mayoría de las sentencias a prisión perpetua no duraban más de seis años. Estos datos no desmienten la represión de la dictadura, ni la oleada de penas de muerte en sus primeros años, pero conviene tenerlos  en cuenta al atender a la marea de emocionalidad con que la “desmemoria histórica” rodea estos sucesos, mientras pretende olvidar otros  más graves del Frente Popular, de las izquierdas entre ellas mismas,  y de los regímenes con que los desmemoriados han simpatizado siempre.

    No obstante, la cuestión que aquí interesa es la cualitativa. El señor Del Águila titula su libro La represión de la libertad, dando a entender que las víctimas del TOP eran demócratas. Para ello oculta o vela cuidadosamente que la inmensa mayoría de los condenados en los años 60 eran comunistas, y, a partir de 1969, terroristas, sobre todo de la ETA, que casi siempre se proclamaban también comunistas. Advirtiendo que el propio señor Del Águila es comunista, su historia se entiende mejor.  ¿Podemos considerar demócratas a los militantes de estos grupos?  Según un mito muy difundido, ellos no querían otra cosa que abrir paso a las libertades,  particularmente en la etapa final del franquismo. Entender la cuestión requiere un repaso  de la historia y de la doctrina. Como es sabido, desde finales de la guerra mundial  el PCE intentó  organizar en España una  lucha de guerrillas (el maquis) a fin de resucitar la guerra civil, esperando resultar esta vez vencedores. El PCE intentaba arrastrar a otros partidos  para dar un aire democrático a la intentona, pero encontró el vacío, porque estaba muy fresco todavía el recuerdo de los métodos y el lenguaje stalinistas, así como de la guerra civil entre las propias izquierdas.  

   Sin importar la contradicción, quienes presentan al maquis como una lucha por la libertad afirman también que su fracaso indujo a los comunistas a rectificar en un sentido democrático (¿aún más?). De ese modo se  habría producido una evolución hasta la adopción del eurocomunismo. Por lo tanto no debería entenderse al PCE como un partido stalinista, sino básicamente defensor de las libertades.  

    Me temo, sin embargo, que se trata de una mala interpretación, por decirlo de forma suave. Quienes sostienen esa tesis,  es decir, los patrocinadores de la desmemoria  organizada,  son también los sostenedores del fraude radical y evidente de que la democracia durante la guerra civil estuvo representada por el Frente Popular, hegemonizado por un PCE inequívocamente stalinista. Por lo tanto los comunistas habrían sido los grandes luchadores por la libertad en España, de forma ininterrumpida con Stalin y después de Stalin. Da igual su pistolerismo inicial, o su frontal ataque a la república apenas instaurada como democracia liberal, , o  su participación en la insurrección guerracivilista del 34, que siempre reivindicaron como una gloria, o sus intentos, apenas pasadas las anómalas elecciones del Frente Popular,  de liquidar la democracia  mediante la disolución de todo los partidos de derecha (“fascistas”, en su lengua de palo), o su actuación durante la guerra como agentes directos y orgullosos de Moscú que, entre otras cosas, masacraron a otros izquierdistas (POUM y anarquistas sobre todo), o su empeño en  prolongar una guerra perdida para enlazarla con la mundial, multiplicando así las víctimas y los daños, o  su designio de resucitar la guerra civil después de la mundial,  o su carácter permanente de propagandistas y defensores del imperio del GULAG... Al parecer, ¡todo lo hacían por la libertad!

   Entre los difusores de tales  sinsentidos se han encontrado siempre los  militantes del marxismo-leninismo --la escuela de Tuñón de Lara en historiografía--; y también muchos historiadores, intelectuales y políticos ajenos a la doctrina, pero ignorantes de ella y  sugestionados por los elaborados sofismas de la propaganda marxista leninista. Este último hecho ya ocurrió con gran amplitud cuando Stalin cambió la línea general orientándola a los frentes populares. Como escribía Jan Valtin, “Ahora la consigna era democracia contra fascismo. En apariencia la  Comintern se había hecho respetable en el sentido liberal; tan decente que  una amplia capa de intelectuales, escritores, artistas, profesores y mujeres adineradas manifestaban sin problemas su simpatía por la Internacional Comunista y la Unión Soviética como símbolos de verdadera libertad. Llegó a ponerse de moda participar en empresas comunistas”.

     La última pirueta en tal sentido fue el “eurocomunismo” patrocinado por el italiano Berlinguer y el francés Marchais, y adoptado por Carrillo ya en plena Transición. La aparente novedad del eurocomunismo consistía en aceptar el pluralismo político  para los países europeos, más alguna crítica superficial al modelo soviético. En realidad no había casi nada de ello, y en la medida en que lo hubo, acarreó la descomposición de esos partidos, como las reformas de Gorbachof acarrearían la de la propia URSS.  El PCE siguió siendo marxista-leninista –doctrina elaborada por Stalin-- hasta el final del franquismo. Y continuó manteniendo su marxismo, perfectamente antidemocrático. Su desvinculación de la URSS fue en gran parte aparente, y no significó una condena de la experiencia soviética, que continuó como alfa y omega moral e ideológica del partido. Carrillo mantuvo hasta el final una estrecha amistad con los dictadores tan siniestros como los de Rumania, Corea del norte o Alemania oriental.  El propio nombre “eurocomunismo” describe bien la realidad: en gran parte del mundo las matanzas, las represiones masivas, los campos de concentración, la ausencia total de libertades, estaban perfectamente justificadas, pero se daba la desdichada circunstancia de que en Europa había que adaptarse en alguna medida, tácticamente, a los sistemas democráticos para conquistar el poder. Y siempre con el objetivo fundamental, constitutivo de los partidos comunistas, de subvertir el sistema por una vía u otra. Y una de  esas vías, por cierto, siempre fue la falsificación sistemática del pasado. Ya examinaremos el comportamiento del PCE durante la transición, tácticamente moderada sin que ello lo convirtiese, ni de lejos, en partido de libertades, como se pretende.

    El PCE, desde luego, fue y  es mucho más antidemocrático que el franquismo. Pero también fue el único partido  que se opuso a Franco. Arrostrando mil riesgos y sacrificios, eso también es cierto: el único que luchó desde el principio hasta el final, desde 1939 hasta 1976, al revés que los demás componentes del Frente Popular. Y cuando, en las dos amnistías de la Transición, salieron a la calle los presos políticos (entre trescientos y cuatrocientos para un país de 36 millones de habitantes), en su gran mayoría eran comunistas o miembros de grupos terroristas, o ambas cosas. Nadie con una mínima honestidad intelectual o conocimiento de causa  puede considerarlos demócratas. Con toda evidencia, ninguna ideología del siglo XX ha sido más liberticida (y genocida, en competencia con la nacionalsocialista) que la de Marx y Lenin.

   ¿Significa ello que no hubo oposición democrática al régimen? Por sorprendente que suene el aserto, apenas la hubo, y, en la pequeña  medida en que existió, fue tratada con notable moderación por la dictadura, pues pocas veces mereció de ésta el honor de hacerla encarcelar: algunos chispazos ocasionales aquí  y allá, el más notorio el congreso de Munich, de 1962, integrado por 118 delegados de  grupos monárquicos, democristianos, socialistas, separatistas vascos y nacionalistas catalanes, muchos de ellos procedentes del régimen, que exigieron la democratización de España según las normas del Mercado Común. El congreso se celebró bajo la doble y errónea impresión de que el régimen estaba próximo a su fin y de que los comunistas – marginados de la reunión--  estaban ganando mucho terreno y era preciso tomarles la delantera (se les atribuían las recientes huelgas de la minería asturiana). Sin  embargo los de Munich carecían de  representatividad, influencia o prestigio en el país, mientras que los comunistas sí habían ganado, con enorme esfuerzo y sacrificio, alguna incidencia popular,  aunque pequeña. De los personajes reunidos en la capital bávara, los más destacados fueron Gil-Robles y Salvador de Madariaga,  ambos ya figuras del pasado, sin proyección política en España. En realidad, el congreso habría pasado sin mayor eco si el propio régimen, irritado por la oposición de los congresistas a sus gestiones respecto al Mercado Común,  no hubiera magnificado el “contubernio de Munich” al desatar contra él una gran campaña de propaganda y confinar en las Canarias a algunos de los asistentes. Don Juan declaró no tener nada que ver con el congreso.

    Y no cabe conceder un crédito  excesivo al democratismo de los partidarios de Don Juan. Se trató de una oposición en todo caso muy tenue y minoritaria dentro de los propios monárquicos, los cuales en su mayoría permanecieron siempre en el ámbito del franquismo. El puntal del antifranquismo juanista durante largos años, Sainz Rodríguez,  fue un conspirador nato que había procurado sin tregua derribar la república mediante un golpe militar, mientras abogaba por la “democracia orgánica” bajo un trono autoritario. Tras la guerra civil había vuelto a conspirar, ahora contra Franco, pero sin abandonar la pretensión de establecer una régimen autoritario, y convencido de que la victoria de los Aliados en la guerra  mundial traería necesariamente la caída del régimen. La política de  aquellos juanistas rondaba por entonces la traición al país, si no caía de lleno en ella, y sus posibilidades se esfumaron cuando Franco, que había previsto la ruptura de la alianza entre las democracias y Stalin,  se mantuvo en el poder contra todo pronóstico. Don Juan dio algunos pasos apresurados y su alternativa se esfumó. Andando el tiempo, la restauración o re instauración monárquica se produciría, por voluntad del dictador, en la persona de Juan Carlos.

    También una parte de la Iglesia propició, tras el  concilio Vaticano II, acciones contrarias a la dictadura, pero lo hizo dentro de una considerable confusión. Muchos de esos sectores religiosos, influidos por la Teología de la liberación e ideologías similares, eran a su vez muy dudosamente democráticos, y entre sus actividades se contó un activo respaldo práctico al terrorismo y a los grupos comunistas. No hay duda de que la ETA,  por ejemplo, debe mucho a esos apoyos, y asimismo organizaciones dirigidas por  el PCE, como Comisiones Obreras. Aunque luego los beneficiados hayan despreciado u olvidado aquellos favores eclesiásticos.  

   Otros grupos no comunistas y más o menos democráticos mostraron alguna oposición, ya muy al final del régimen  pero lo hicieron generalmente  dentro de organismos dirigidos por los comunistas. El más exitoso y modélico de ellos, la Asamblea de Cataluña, nació  en época tan tardía como finales de 1971, y agrupaba a un conglomerado de grupos, desde cristianos de izquierdas a  terroristas o pro terroristas, separatistas abiertos y menos abiertos, personajes con ambiciones políticas, etc.  Pero el núcleo y eje de la Asamblea era el PSUC, precisamente la sección más stalinista del PCE, la más reacia a abandonar el marxismo-leninismo.

     Un rasgo importante de casi toda aquella oposición consistió en su simpatía por la ETA, actitud que había de tener muy largas y amplias proyecciones en la democracia, hasta hoy mismo. Por lo común, la oposición  retrataba al franquismo como una dictadura totalitaria asesina, horripilante y absolutamente injusta. La consecuencia natural sería luchar contra ella por todos los medios, y de ahí la admiración suscitada por los terroristas cuando empezaron a asesinar, en 1968 (aparte de un bebé destrozado por una bomba unos años antes). Me permitiré citar de mi libro Una historia chocante. Los nacionalismos vasco y catalán en la España contemporánea:   “El verdadero nacimiento de la ETA como fuerza importante en España data de aquel período de 1968 a 1970, y está ligado a tres asesinatos, los cuales no le impidieron recibir todas las bendiciones posibles. La rodearon de afecto y comprensión, aun si con reticencias de escaso relieve práctico, los comunistas,  los demás nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, parte considerable del clero vasco y otra menor, pero notable, del resto de España. El conjunto de la oposición, en suma. Y, no menos decisivo, diversos gobiernos europeos, en especial el francés. Francia iba a convertirse por muchos años en el refugio y santuario de la ETA, el lugar seguro  sonde la organización planeaba sus atentados y adonde podía retirarse oportunamente, garantizándose un alto margen de impunidad. A la oposición española le pareció bien, creyendo que esa política de París duraría lo que el régimen franquista. Volvía a equivocarse”.

   Tal fue la oposición a la dictadura, cuya verdadera historia está tan por escribir.

 

 

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¡Viva el talante dialogante!

18 de Agosto de 2008 - 10:30:25 - Pío Moa

 

“QUIERE "RECUPERAR LA CAPACIDAD DE DIÁLOGO"

Barreda aboga, como Rajoy, por hablar con el BNG tras las elecciones gallegas”

    Hacen bien estos sectarios  y golfos  franquistas del PP. El BNG, como HB, la ETA y demás separatistas, también los socialistas, por supuesto, han apostado siempre por el diálogo,  la paz y la libertad,  han democratizado a fondo aquellas naciones y hechos nacionales donde gobiernan y han demostrado una y otra vez la mejor disposición para  ayudar a modernizarse y democratizarse a los habitantes del estado español. Claro, el PP nunca ha tenido esa disposición, sobre todo con Aznar, y ha saboteado todas las vías para un  entendimiento racional, modernizador y  beneficioso para la mayoría. De ahí han venido los problemas. Pero ahora, ¡por fin! los peperos empiezan a dejar de ser franquistas,  represores y reaccionarios, y se vuelven muy anglosajones aficionados: probablemente todos aceptarán su oferta de aprender inglés. Falta por ver si Rajoy y los suyos tendrán el valor y la lucidez de corresponder  a la comprensión anglofonófila de los demás, y llevar hasta el final tan prometedoras negociaciones. En cualquier caso, felicitémonos todos: una seudodemocracia salida del franquismo no podía funcionar, y  la justa línea etarra se va imponiendo, como esperaban y deseaban todas las personas de espíritu progresista. ¡Adelante el diálogo! ¡Adelante los procesos de paz! ¡Viva la democracia!; y hasta ¡viva Rajoy, el angloaficionado!

Fraga cree que el PP de Galicia y el BNG "podrían entenderse hasta cierto punto"

¡Pero si ya se han entendido hace mucho!  Fraga ha dejado la enseñanza y la cultura, o gran parte de ellas, en manos de los separatistas, ¿qué mejor base de entendimiento? Ahora hay que seguir, claro, pues estancarse es morir, y ya lo dice Rajoy: “¡Quien no cambia permanece igual!"

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 "Luis:
Me parece muy bien la importancia que das a la lengua, las matemáticas
y la historia. Y también el enfoque que aportas. Pero me parece
oportuno recordar aquí unas palabras de Engels refiriéndose a los que
desprecian a la filosofía (no es tu caso): 'Quienes más insultan a la
filosofía son esclavos, precisamente, de las peores reliquias,
vulgarizadas de las peores filosofías'. Si es cierto que la filosofía
debe dedicarse a la clarificación del pensamiento, como decía
Wittgenstein,(y estoy de acuerdo) ésta no debe ser su única tarea. Me
parece de la mayor importancia que las jóvenes generaciones piensen
sobre lo pensado; que reflexionen acerca de los fundamentos; que
cuestionen el conocimiento de sentido común, sin despreciarlo; que se
acostumbren a justificar lo que afirman;que conozcan lo que las mentes
más lúcidas han pensado de la vida y de la muerte, del derecho y la
moral, de la teoría y de la práctica, etcétera. En fin, qué sentido
tiene la vida, qué valores merecen ser perseguidos y otras cosas
aparentemente inútiles en un mundo en el que prima 'lo útil' y se
desprecia 'lo inútil'. Distinción, por cierto, de interés filosófico.
Todo ello, teniendo en cuenta los conocimientos empíricos existentes
para no especular absurdamente.
Un abrazo.
Sebastián Urbina".

***

  La filosofía, aunque existe de diversos modos en otras culturas, es propia sobre todo de la occidental. Nunca alcanza sus objetivos y en ese sentido resulta inútil, pero de su empeño han derivado muchos efectos valiosos, desde la doctrina democrática al pensamiento científico. Pero no puede ser enseñada, en la primaria y la secundaria, al nivel de otras asignaturas, creo.  Por otra parte la enseñanza de la lengua puede incluir desde el principio ejercicios con textos de contenido filosófico adaptados a la edad del alumno.

***  Opino que una de las cosas que más daño han hecho a la enseñanza española han sido las prédicas de los pedagogos partidarios de dejar que los niños se expresen como quieran e incluso hagan lo que quieran. Han vendido muy bien su mercancía, pero los mismos profesores reciben a menudo la penitencia con el pecado: no cesa de aumentar la proporción de ellos víctimas de trastornos emocionales y psicológicos, necesitados de tratamiento. Y entre los alumnos sometidos a la enseñanza progresista, han progresado el desinterés, el analfabetismo funcional y  la  falta de respeto hacia el esfuerzo intelectual y la cultura del propio país; por contra, observemos el auge de la “cultura” del botellón, del ruido o de la droga.
Una cultura de algún nivel no se adquiere sin esfuerzo, atención y  disciplina, y estos rasgos constituyen parte de la cultura misma. Una cosa es la brutalidad de “la letra con sangre entra” y otra la pérdida del rigor y del impulso de superación, brutalidad no menor. 
 

 

 

 

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La enseñanza de la lengua

17 de Agosto de 2008 - 12:08:16 - Pío Moa

 Creo que la lengua, las matemáticas y la historia deberían ser las asignaturas clave en la enseñanza primaria y media. Es más, a partir de ellas se podrían aprender en gran medida  casi todas las demás, y a ese fin  debieran enfocarse sus ejercicios.

   Por lo que respecta a la lengua, en mi opinión debiera tener por objetivo esencial enseñar a expresarse oralmente y por escrito, y a organizar el pensamiento. Una enseñanza  eminentemente práctica. Esos no parecen los objetivos actuales, a juzgar por los resultados, pues existe una queja generalizada sobre el nivel de expresión de los estudiantes universitarios. No es lo mismo enseñar CÓMO se hace una cosa que enseñar A hacerla.

   Para ello, la gramática sirve como auxiliar, importante, pero secundario. Lo fundamental  son todo tipo de ejercicios que permitan al alumno expresarse con claridad, corrección y eficacia: análisis de textos, redacciones, dictados, exposiciones y debates orales,  cuadros sinópticos, etc.

    Así, los libros de texto consistirían sobre  todo en ejercicios sobre temas relacionados con otras asignaturas -- lo que aportaría un apoyo mutuo entre ellas--,  reglas de expresión, avisos sobre los errores frecuentes en el idioma hablado y escrito (la prensa, la radio y la televisión proporcionan un caudal inagotable), gramática, etc. 

   Sin duda hay una relación estrecha entre la semiesterilidad cultural de España y el mundo hispánico, y la expresión ramplona, simple y a menudo soez hoy predominante en ese ámbito.

 

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“Ultrajemos a España”, dicen los separatistas. Qué novedad. ¿Han hecho otra cosa desde la transición?

 
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Recuperando de la revista Chesterton

 

LA TRANSICIÓN USURPADA

 

   Los sucesos más próximos al presente son a menudo los más difíciles de historiar, precisamente porque su proceso no está concluido e influyen con fuerza en la actualidad: podemos describirlos, pero sus efectos no han terminado, y es a través de esos efectos como  generalmente podemos entenderlos. En cierto modo ocurre como con un tipo de novelas policíacas: el lector ve  una sucesión de hechos y tiende a interpretarlos del modo que cree más lógico hasta que, finalmente, el autor le descubre su verdadero sentido, muy distinto del imaginado por aquel. Claro que el efecto proviene en la novela de un artificio, y la historia real no depende de ningún novelista o similar. Sin embargo,  los intereses  políticos juegan a veces un papel muy parecido. Los políticos e intelectuales no pueden inventar los hechos pasados, pero sí tratar de  imprimirles retrospectivamente  un sentido acorde con sus intereses, prejuicios  y proyectos. Como tantas veces se ha dicho, ello es inevitable, y a veces se deduce de ahí la imposibilidad de una historia  objetiva;  pero  la falsificación de la historia puede  demostrarse con frecuencia, bien mediante el examen cuidadoso de los datos, o aplicando simplemente la lógica. Así,  la lógica nos impide creer, sin más averiguaciones, que, durante la guerra,  un Frente Popular  compuesto por partidos totalitarios,  golpistas y racistas pudiera haber defendido la democracia. Tal idea es simplemente grotesca…¡y sin embargo la siguen manteniendo muchos interesados, con la pretensión añadida de oficializarla por ley!

    Por otra parte, la visión del pasado condiciona la acción presente, y así, del modo como interpretemos la transición de hace treinta años depende en buena medida nuestra actitud ante los problemas  actuales. De ahí lo que podríamos llamar “lucha por el pasado” entre los diversos partidos, con sus interpretaciones diversas u opuestas, cada una con su particular coherencia.  Pero también aquí pueden afirmarse algunas certezas. Como las que exponía Carlos Bustelo,  ex ministro de UCD,  en ABC el 3 de junio del año 2000, en una tercera titulada “La transición democrática: una historia tergiversada”. El artículo empezaba: “Las últimas intervenciones del ex presidente González atribuyéndose el mérito de la transición española a la democracia no son nada nuevo; la desvergonzada apropiación de la transición comenzó al día siguiente de su gran victoria electoral de octubre de 1982 y no ha cesado desde entonces. Ello fue posible gracias a la irresponsable autodestrucción de UCD y a la no menos irresponsable actitud pasiva y hasta regocijada de Alianza Popular, donde no se levantó una sola voz para protestar ante tal impostura histórica. Se permitió así que arraigara en la sociedad española la creencia de que había que elegir entre demócratas progresistas y franquistas reaccionarios, lo que, de no haber sido por los graves errores de los Gobiernos socialistas, podía haberles mantenido en el poder veinte años más”.

   Cualquiera  con edad  y memoria suficiente puede dar fe de los asertos de Bustelo. Un rey designado por Franco impulsó el proceso,  lo diseñó un intelectual y político del franquismo, Torcuato Fernández Miranda, lo aprobaron las Cortes franquistas, lo pilotó un alto cargo del partido único del régimen anterior, Adolfo Suárez, le dio sustancia la UCD… No hay la menor duda al respecto, y las pretensiones del PSOE, entonces un pequeño partido sin apenas organización, resultan ridículamente falsas. Bustelo terminaba, con excesivo optimismo: “Es claro que en el PSOE  empiezan a darse cuenta de que los felices años ochenta se han ido para siempre y que las elecciones no se podrán ganar al rebufo de un antifranquismo inventado y de una transición democrática falseada”.  Ha ocurrido lo opuesto. El PSOE no ha cejado un instante en su lucha por apropiarse la historia; al contrario, la ha incrementado, muy consciente de su poderosa virtud legitimadora, mayor todavía cuando las viejas legitimaciones ideológicas (marxistas) se han desmoronado. De modo que una amplia masa de población sigue persuadida de que la transición y las libertades se deben, ante todo, al PSOE, a Santiago Carrillo y la izquierda en general. Incluida la ETA, que habría abierto el proceso con el asesinato de Carrero Blanco. Esta falsa convicción, tan extendida, ha sido una clave de la política socialista, de su éxito y de la actual involución  política.

    Aunque, como digo, quienes vivieron aquellos años  pueden dar fe de  la falsedad de tales atribuciones,  el vasto sector  de población  entre los dieciocho y los cuarenta y ocho años  no está en las mismas condiciones, y una propaganda machacona y bien orquestada le influye fuertemente. Y ocurre otro fenómeno más sorprendente: muchos jóvenes o adultos en aquella época llegan a creer lo contrario de lo que vivieron. Cuando hay un cambio político profundo, miles de personas se apresuran a inventarse un currículo de oposición a la situación anterior.  No  solo se trata de los políticos, por obvias razones de interés, sino también de gentes sin interés práctico alguno que falsifican los hechos simplemente por identificarse con lo nuevo, con lo que triunfa. ¿Quién no ha conocido a personas ajenas u hostiles al movimiento estudiantil antifranquista -- muy minoritario--, y que, años después,  “recordaban”  cómo participaban en asambleas y corrían delante de los grises, por poner un ejemplo típico?  Si tantos antifranquistas hubiera habido entonces, el régimen se habría tambaleado ya en los años 60. Según me ha parecido leer, hasta Fraga Iribarne confesaba modestamente, hace poco, haber luchado contra el franquismo “desde dentro”.

   A esa distorsión de la memoria contribuye una lógica aparente: ¿cómo iba a venir la democracia del franquismo siendo éste  una dictadura, y hasta una dictadura horrorosa y brutal, que hasta el final estuvo matando a sus enemigos? Mucho más creíble suena la tesis de que las libertades provinieron de los partidos antifranquistas, demócratas por definición, o al menos por implicación.  En este esquema cabe admitir, si acaso,  la participación de algunos políticos del régimen anterior,  movidos, probablemente, por  miedo ante el potente movimiento contra la dictadura, o  por el deseo de adaptarse y salvar algunos muebles. Pero el verdadero mérito solo podía corresponder a los enemigos del régimen. Lo explicaba años después la revista teórica socialista Sistema: la transición se hizo  “con el concurso, precisamente, del rector reformista proveniente del régimen anterior”.  Con el concurso. Pero no con el protagonismo, como cae de su peso. Aquí la lógica -- cierta lógica--,  ganaba la partida frente a los hechos.

     Una lógica  bien apoyada, a su vez, en la de la guerra civil. El franquismo, nadie debiera dudarlo,  había destruido a sangre y fuego  la libertad republicana, y el movimiento antifranquista se proclamaba  heredero de aquellas fuerzas democráticas unidas en el Frente Popular, que hicieron frente heroicamente al fascismo durante tres años. En verdad, esos demócratas habrían demostrado en la transición una generosidad sin límites y un altísimo sentimiento de civilidad y reconciliación,  al aceptar la participación de los  herederos de la  feroz  dictadura.  Se sobreentiende, claro,  que no solo entraba ahí la generosidad, sino la visión política, ya lo puso de relieve Alfonso Guerra: también pesaba la relación de fuerzas, que impidió por entonces hacer el “proceso político” a Franco y su régimen.  Pero hoy, treinta años después, habría llegado el momento de cumplir esa tarea pendiente  y dejar sentada,  por fin,  la “memoria histórica”,  obligatoria por ley, a ser posible.

    Este falseamiento ha calado en gran parte de los españoles,  debido no solo a la contribución de poderosos medios de masas, sino, más aún,  a la inhibición sistemática de la casi toda la derecha. Ésta incluso ha  condenado o marginado agresivamente a los pocos que, como Ricardo de la Cierva, intentaban poner diques a la marea de distorsiones que hemos presenciado en estos años.  El PP prefiere “no mirar atrás”, ni a la guerra civil ni al pasado reciente. Asegura que tal ejercicio es contraproducente,  y propugna, por tanto, “mirar al futuro”. Todavía no sabemos qué habrá visto en el futuro,  exponiéndose de paso a alguna demanda del honorable gremio de las pitonisas, por intrusismo profesional.  Pero al desertar de la “lucha por la historia”, por la verdad histórica, la derecha  confirmaba indirectamente a los ciudadanos la versión de la izquierda sobre su historial sórdido y terrible, del cual, ¡por algo!, prefiere el PP apartar la mirada. Razón de más para que el PSOE insista en él y lo “clarifique”, por pura responsabilidad cívica,  pues, ¿qué futuro cabe esperar de partidos y políticos con tan inconfesable pasado?

   Al revés que la derecha,  el PSOE entendió muy bien, desde el primer momento, el valor de la lucha por el pasado, pues, guste o no al PP, el presente, y por tanto el futuro, están indisolublemente unidos a él, y España es España y nosotros somos lo que somos, hablamos el idioma que hablamos y estamos inmersos en una cultura particular,  como producto de sucesos  anteriores, incluso remotos. Por eso, una temprana operación de propaganda del PSOE en el poder consistió en  una serie documental, de máxima audiencia, sobre la guerra civil, bajo el asesoramiento de Manuel Tuñón de Lara y otros de su séquito. Este historiador comunista supo formar una verdadera escuela de intelectuales y profesores que  terminó predominando durante  muchos años en la universidad y la enseñanza media españolas.  Según su versión, la guerra había consistido en un enfrentamiento entre los ricos y los pobres, entre los reaccionarios aferrados a sus privilegios y los demócratas, etc.  Las derechas actuales, no hacía falta decirlo, procedían del sector fascista o reaccionario, culpable de desatar una represión criminal sobre los progresistas republicanos.

   Y de nada valía al PP señalar su nacimiento posterior a la dictadura,  pues nadie ignora sus vinculaciones personales, familiares  y políticas con el régimen anterior. El PP, le guste o no, continúa la tradición conservadora que en la historia dio lugar al franquismo entre otras cosas.  Negarlo es fomentar una confusión llevada últimamente a extremos cómicos. Y sin embargo bastaría señalar que, a  excepción del PCE,  los líderes de los demás partidos vienen igualmente del franquismo, por familia o actuación; o que, como recordaba Bustelo, su antifranquismo no pasa de invención.

   En el terreno así abandonado, el PSOE pudo lograr victorias psicológicas y políticas como la de sus “cien años de honradez”, un lema tan perfectamente falso como rentable, no solo por la graciosa autoatribución de la virtud,  sino por la negación implícita de ella a la derecha. Si algo distinguía a la derecha, se daba por sentado, era la corrupción, además de la violencia y un ciego afán represivo, apenas dominado hoy,  gracias al estado de derecho,  pero con tendencia a resurgir a cada paso. En contraste con la integridad moral a toda prueba de los socialistas, defensores naturales  de los trabajadores y los desheredados del  injusto sistema capitalista.

    Estas versiones retroceden hoy  a grandes pasos, como revela, entre otras cosas, la exasperación con que reaccionan sus mantenedores y beneficiarios  frente a versiones más racionales,  veraces y cada vez más divulgadas. Pero debe reconocerse que han cuajado en muy amplias capas de la población y no son fáciles de erradicar.

   Lo mismo que de la democracia en la guerra civil, la izquierda fue apropiándose de la transición basándose en su pretendido antifranquismo, una cosa llevaba a la otra. Fue un proceso lento, al principio. Al morir Franco, la  mayoría de los españoles no valoraba la oposición antifranquista como factor de legitimación política, y por ello ganó UCD las elecciones; al propio PSOE nadie lo relacionaba en serio con el movimiento contra la dictadura, y sus radicalismos verbales eran considerados más bien como retórica oportunista  o estridencias pasajeras debidas a la inexperiencia de sus líderes.  Todo el mundo sabía, porque estaba absolutamente reciente, que la única oposición significativa al régimen  había sido  la de los comunistas y,