2.- La respuesta del gobierno de Azaña a las insurrecciones anarquistas llegaba a límites por lo menos cercanos al terror, así cuando dio instrucciones para fusilar sobre la marcha a los apresados con armas. Esta actitud culminaría en la matanza de Casas Viejas.
3.- Las violencias subieron de punto cuando el PSOE, lanzado por el camino de la guerra civil, comenzó a matar a miembros de
4.- La contención de la CEDA estimuló realmente a los socialistas, convencidos de que la gran derecha era cobarde y sería fácilmente vencida. No podemos saber si una política más enérgica por parte de
4.- Aparte de la insurrección de octubre del 34, fue a partir de las elecciones de febrero de 1936 cuando el terror tomó un carácter más sistemático. En cinco meses cayeron unas 300 personas, probablemente más, bastantes en disturbios callejeros pero la mayor parte por atentados, organizados en su gran mayoría por las izquierdas (quizá unos 200 muertos). El dato más grave fue la colaboración del gobierno con los asesinos, que nunca eran eficazmente perseguidos por la policía y sí lo eran, en cambio, las derechas, fueran víctimas o culpables. La anterior debilidad de la ley dio paso a la destrucción de esta. La política izquierdista de terror culminó en el asesinato de Calvo Sotelo, verdadera declaración de guerra y demostración, exhibición más bien, de la completa ilegalidad del gobierno. Desde ese momento, el terror cundió masivamente, preparado a fondo por la propaganda y lo organismos ad hoc (chekas).
Pero basta poner en cuestión esas ideas para que todo el edificio construido sobre ellas se desplome como un castillo de naipes. En la realidad -- hoy perfectamente documentada--, las izquierdas, aparte de asesinarse a menudo entre ellas, representaban ideas totalitarias, antidemocráticas y contrarias también, desde luego, a los derechos y el progreso de los trabajadores. Por eso fueron ellas quienes primero desestabilizaron la legalidad republicana (desde los mismos comienzos del régimen), luego la asaltaron (en 1934) y finalmente la demolieron en un proceso revolucionario desde la calle y desde el poder, a partir de las anormales elecciones del 36. Las consecuencias debieran hacernos reflexionar a todos. Por desgracia la obcecación izquierdista persiste hoy, en la línea de los Prieto o Negrín. Nunca de Besteiro.
De El derrumbe de la república
“Los rebeldes, sin duda, iniciaron las atrocidades. Aspiraron a imponer su propia legalidad y lo consiguieron en numerosos pueblos, por unos días o unas horas, tiempo suficiente para aplicar una dosis del “terror plebeyo” que horrorizaba a Besteiro. En Cataluña cometieron tres asesinatos, en Vasconia otros tres, y cinco más en verias provincias. En Asturias, donde el poder revolucionario duró dos semanas, las víctimas fueron al menos 43 guardias civiles y de asalto, 34 religiosos y seminaristas, varios vecinos y un estudiante “fascistas”, técnicos de la industria, un magistrado jubilado del Supremo, etc. El total asciende a un mínimo de 85 y un máximo de 115. Los guardias sacrificados habrían aumentado en un centenar, de no haberlos salvado González Peña, si hemos de creer su testimonio.
Alguna prensa de derechas difundió relatos macabros de sacerdotes quemados vivos y otros semejantes que demostraron ser patrañas, aunque, en general, las informaciones sobre los asesinatos cometidos eran correctas. El sol, el 27 de octubre, decía: “Los episodios revolucionarios han sido, en general, terribles (…) Pero de eso al plus de sadismo que (…) quieren dar por cierto los incondicionales de la antirrepública, media una enorme distancia. No es lícito (…) el juego a que se vienen entregando (…) los periódicos monárquicos”. El debate criticaba a su vez, el día 28: “Algunos periódicos de izquierda se resistieron primero a informar (…) Ahora todo su empeño consiste en desvirtuar lo ocurrido, en restarle importancia. Se apoyan para ello en que algunas versiones circuladas al principio por Madrid eran falsas; pero ¿es que las comprobadas después con tiempo y medios no son bastante horrorosas?
Con todo, las exageraciones de la derecha y de la izquierda no son equiparables. La mayor parte de la derecha renunció a las falsedades, una vez se comprobaron, y El debate, por ejemplo, expuso en sus reportajes rasgos simpáticos de los rebeldes, como su idealismo o su rechazo mayoritario del robo, su conducta humanitaria en ocasiones, facilitando auxilios a guardias heridos. También reiteró cómo la población civil había sido, en general, respetada por los rebeldes, así como las monjas y las mujeres, y alertaba contra las noticias exageradas. Nada de eso se percibe en la campaña de la izquierda, que adoptó una actitud maciza, sin resquicio para la rectificación, no digamos para la simpatía. De hecho, hoy conservan algunos el mismo tono”.
NOTA: El terror desplegado por los revolucionarios fue más notable por cuanto en las dos semanas que duró su dominación sobre parte de Asturias debieron concentrar su atención en la propia lucha, lo que no les impidió dedicarse también a estas actividades, según programaban las instrucciones del PSOE para la guerra civil (reproducidas en lo fundamental en Los orígenes de la guerra civil). El terror se aplicaba sobre todo en retaguardia, y cuando la guerra se reanudó, en 1936, ya no encontró freno ni en cantidad ni en calidad (crueldad).
Siempre llamó la atención el hecho de que personas tenidas previamente por moderadas y pacíficas, contrarias a toda violencia, se desatasen con una crueldad espeluznante al caer la ley. Ello se debe a que en condiciones normales las declamaciones virtuosas no cuestan nada y a menudo esconden una notable agresividad y fanatismo acusatorio. El ser humano lleva encima mucha trastienda, de la que a menudo no es del todo consciente, y la conducta aparentemente virtuosa de esas personas se vuelve impredecible en condiciones extremas, cuando la ley no rige.
-------------
Señala Aznar que el PNV busca la derrota de España valiéndose de la ETA. Muy cierto, aunque a él le costó mucho tiempo descubrirlo, debido a la ignorancia histórica de la derecha. Pero se queda a medias: también el PSOE busca los mismo: la derrota de España y de la constitución utilizando para ello a la ETA. Y Rajoy se le ha sumado en los hechos.
Ahí está Feijoo diciendo que negociará con el BNG poniendo sobre la mesa la constitución y los principios. Será para arrancar sus páginas y limpiarse con ellas el trasero cada vez que vayan al retrete, puesto que las negociaciones --chanchullos, propiamente-- podrían ser largas.
------------
El artículo de ayer "Un error, creo, de Julián Marías" iba acompañado en el título de otro error, pues decía "de Javier Marías", el snob e ignaro hijo novelista del filósofo. Pero en el texto quedaba claro, afortunadamente.
-------------
De los Diarios de Arcadi Espada:
Por poco que hayas visto, oído y leído te habrá bastado para saber que el accidente de Barajas ha reunido todo lo que sabemos sobre el funcionamiento del periodismo moderno. Incluso de lo que no es periodismo, caso de la televisión. No la veo jamás, pero las noticias sobre su conducta entre los muertos son inquietantes. El profesor Antonio Juárez, español pero alemán desde hace muchos años, me escribía este párrafo después de haber visto la información de la cadena pública: «La falta de preparación técnica, profesional, psicológica, y de pudor de las muchachitas que la redacción de los informativos mandó al frente es tan obviamente indecente que ninguna televisión regional de Alemania o de Francia, en mi opinión ni siquiera de Italia, las contrataría, ni como estudiantes en prácticas para programas de televentas. La vestimenta primero, indecorosa para la situación; parecían quinceañeras recién salidas de la playa… Las preguntas: como me dijo una amiga alemana, que habla bien español, en quince minutos de programa especial de la TV alemana (de las 20.15 a las 20.30) aprendió más sobre el accidente, las razones, la compañía Spanair, el avión, etc. que en dos horas de propaganda escatológica de los informativos en directo de TVE.» Juárez me parece un hombre razonable y su opinión coincide con la de muchos otros. También con lo que yo sé sobre la preparación técnica, psicológica y moral de las muchachitas. Creo que, en efecto, las televentas ibéricas no tienen parangón en Europa.
5.- Otra diferencia importante entre el terror de los nacionales y el de las izquierdas fue el grado de crueldad empleado. Actos como quemar vivas a familias enteras, con los niños, o los que acompañaron el asesinato de sacerdotes, realizado a menudo con un sadismo salvaje, no llegaron a darse en el bando nacional. Este sadismo vino preparado por una larga propaganda, aparte de la campaña sobre la represión en Asturias.
6. - Una cuarta diferencia de interés fue la aplicación del terror entre las propias izquierdas: ya durante la república se produjeron numerosos asesinatos entre socialistas y anarquistas especialmente, y durante los meses siguientes al 18 de julio hubo entre unos y otros ajustes de cuentas en la oscuridad del momento. Pero fue sobre todo con Negrín cuando menudearon las denuncias de anarquistas y socialistas por los asesinatos, torturas y detenciones ilegales que sufrían a manos de sus “aliados” comunistas. El caso Andrés Nin fue solo uno más entre ellos.
7.- El terror izquierdista no fue en absoluto “popular y espontáneo” como suele presentarlo una historiografía nada seria. Tuvo dos aspectos: el de masas, por así llamarle, y el sistemático desde el poder. En los dos casos fue previsto, promovido y organizado por los poderes y partidos del Frente Popular ya desde antes de la reanudación de la guerra en julio del 36. También en el bando nacional el terror fue organizado desde el poder, con la salvedad ya vista de que quienes iniciaron la carrera de atentados fueron las izquierdas.
8.- El terror del Frente Popular se acompañó de saqueos y robos sistemáticos, y de una extraordinaria corrupción organizados desde el gobierno y la dirección de los partidos, en especial el socialista. Como he expuesto en Los mitos de la guerra civil, nada parecido ocurrió en el bando opuesto, sino más bien al revés: hubo una política de restitución de bienes y recobro del patrimonio artístico e histórico español.
9.- Tiene gran importancia destacar qué bando fue el primero en emplear el terror, ya que no puede exigirse un comportamiento exquisito a quien se ve agredido y con la vida en peligro. Solo una profunda hipocresía puede poner en el mismo plano los actos de agresores y agredidos. El terror no es justificable en principio pero, como en todo, hay grados, atenuantes, agravantes, etc..
10.- El comportamiento moral y civilizado no depende solo de las convicciones de los individuos, sino sobre todo del imperio de una ley aceptable. Cuando la ley cae por tierra, se producen automáticamente hechos como los aquí aludidos. Es más, la ley tiende a ser sustituida por el terror. Por consiguiente sobran las declamaciones seudomoralistas y las condenas fáciles a diestra y siniestra. La cuestión clave es aquí cómo y quiénes destruyeron la legalidad republicana. Al respecto no puede caber hoy la menor duda a nadie medianamente informado.
---------------
De Años de hierro:
Los Aliados sometieron a los jefes nacionalsocialistas a los juicios de Núremberg, los cuales han recibido críticas de parcialidad, por su tono de venganza y por la inclusión de figuras nuevas de delito aplicadas ilegítimamente con retroactividad. Las figuras empleadas fueron: crímenes contra la paz, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y conspiración para realizar cualquiera de los anteriores. Desde luego, los líderes nazis y cientos o miles de sus seguidores podían ser acusados de esos delitos, y sin embargo el castigo fue chocantemente benévolo por comparación con los hechos: once condenas a muerte, tres a prisión perpetua y algunas otras menores.
En España las acusaciones de Núremberg fueron acogidas con grados diversos de incredulidad, y el juicio entendido como una revancha. El monárquico ABC reproducía el cuadro de Velázquez
Restaban otros problemas espinosos. Los soviéticos podían ser acusados de la mayoría de las acciones achacadas a los nazis: asesinatos y deportaciones en masa, guerra injusta contra Finlandia y agresiones a los países bálticos o Rumania, matanza de militares e intelectuales polacos, conspiración contra la paz en colusión con Hitler mismo y reparto de Polonia con él. Y uno de los crímenes de guerra más feroces fue, desde luego, el bombardeo de la población civil, en el cual destacaron con diferencia los países anglosajones… por lo que no fue juzgado. Las acusaciones a Dönitz por diversas acciones navales fueron retiradas cuando quedó de relieve que los submarinos useños hacían lo mismo contra Japón, lo cual sugería que un acto constituía o dejaba de constituir delito según quién lo realizase. Y la conducta en marcha con los vencidos (deportaciones, muertes por hambre y miseria en los campos de prisioneros, trabajos forzados, etc.) no dejaba de recordar las conductas juzgadas como criminales. Los anglosajones -- no los soviéticos-- solo estaban en condiciones de acusar al nazismo de haber planeado y desatado la guerra; así como del Holocausto, un crimen excepcional por sus características, aunque ellos tampoco hubieran hecho gran cosa por impedirlo.
Sorprende un poco la idea misma de crímenes contra la humanidad, por cuanto los nazis formaban parte de la humanidad, y el concepto implicaba que otra parte de ella se arrogaba la representación del conjunto. Las aporías jurídico-morales podían extenderse a los “crímenes contra la paz”, ya que todos los contendientes perseguían una paz en sus propios términos; y suena excesivo considerar eterno e inalterable el orden previo a la guerra, y criminal su alteración. Finalmente, un tribunal de la humanidad y no solo de las potencias vencedoras, como sugería Fernández de
La justificación de los juicios guarda relación con la declaración de San Francisco: el propósito de eliminar para lo sucesivo las guerras. Los causantes de la pasada (la parte vencida) debían recibir ejemplar castigo y exposición permanente al horror y vergüenza, a fin de evitar la repetición de actos semejantes. Designio cuya desmesura utópica, humanista en el mal sentido, la expresó Harold Laski cuando advirtió que democracia y totalitarismo no podrían convivir: apuntaba falsamente a España, pero tenía razón en un sentido distinto. El totalitarismo se expandió con rapidez y la preconizada paz definitiva se transformó en “guerra fría”. La cual no llegó a hacerse globalmente caliente debido a la conciencia de que acarrearía la mutua destrucción, pero condujo a numerosas contiendas menores y de crueldad extrema, manifiesta en la proporción creciente de víctimas civiles, en nuevas deportaciones y genocidios.
La izquierda ha entendido muy bien el papel emocional y el valor político actual de las acusaciones de represión aplicadas a la derecha durante la guerra, y no ceja por ello en su fraudulenta propaganda a todos los niveles (la última, la del juzgador solitario). Lo hace con el silencio cómplice de los políticos rajoyanos, tan propensos a escupir sobre la tumba de sus padres y abuelos, por creer que así ganan votos. Por ello conviene insistir cuanto haga falta en unas cuantas verdades.
1.- El terror se plantea de dos formas: como un modo de paralizar la reacción del contrario (véanse las instrucciones del PSOE para la guerra civil, o las de Mola para el golpe militar) o como una “limpieza” a fondo de enemigos (véase a Araquistáin: “no va a quedar un fascista ni para un remedio”). En el primer caso, se busca abreviar la lucha y por tanto las víctimas, aunque en la práctica tienda a convertirse en un fin en sí mismo.
2.- Según los estudios más fiables, los de Ramón Salas Larrazábal corregidos por A. D. Martín Rubio, el número de víctimas del terror entre 1936 y 1939 fue ligeramente superior por parte de los nacionales, aunque proporcionalmente algo menor, al haberse aplicado sobre una población más amplia (el Frente Popular solo pudo hacerlo sobre algo más de la mitad del país). Los estudios de Salas y de Martín son a priori mucho más fiables que los descaradamente politizados y subvencionados por el poder socialista, tan abundantes estos años.
3.- La práctica igualdad cuantitativa entre los dos terrores no significa igualdad cualitativa. Por el contrario, existen profundas diferencias a considerar: ante todo, fueron las izquierdas, y no los nacionales, quienes empezaron a aplicar ese método ya en 1933-34, con el asesinato de numerosos derechistas, asaltos a locales de
4.- Una derivación política de la actitud izquierdista fue la gran campaña internacional sobre la represión derechista de Asturias, fundada en falsedades y exageraciones, pero aceptada por numerosos historiadores hasta hace poco. Baste decir que, una vez ganadas –anormalmente—las elecciones de 1936, entre otras cosas con la promesa de investigar dicha represión, el Frente Popular olvidó sus promesas y rechazó dichas investigaciones, demandadas por la CEDA. Sin embargo la campaña creó en la izquierda un clima de revancha muy proclive a aplicar el terror contra una derecha tan "criminal"; y en la derecha una indignación impotente, muy peligrosa en caso de explotar. Este factor -- la incidencia social de esta campaña--, nunca había sido debidamente analizada ni tomada en cuenta por los historiadores.
--------------
Historia contra memoria
Cartas al director:
Campo de concentración de Castuera N
***Angel David Martín Rubio
***
Durante el mes de julio pasado, historiógrafos y políticos han fantaseado en Castuera (Badajoz) sobre el campo de concentración que existió en esa localidad durante los primeros meses de la posguerra y al que paradójicamente se calificaba de "un campo en la retaguardia", calificativo que pierde su sentido cuando no existían los frentes y que oculta lo que en realidad fue: un centro provisional para la clasificación de los miles de prisioneros de guerra que provocó el final de la guerra, habilitado por poco tiempo con el régimen jurídico de una Prisión Central.
En las reseñas de prensa se alude a prisioneros y muertos, todo con la misma vaguedad que favorece la creación y difusión del mito pero... Hay otros muchos muertos y presos de los que nadie habla y también eran de Castuera o murieron allí. Me refiero a los asesinados por las milicias frentepopulistas en El Arenal, los quemados vivos en el apeadero de El Quintillo, los fusilados en el Cementerio, los presos en el Depósito municipal, los presos en la Ermita de los Mártires, los presos en los Campos de Trabajo establecidos por el Gobierno de la República mucho antes de la creación del Campo de Castuera, como ocurrió en Monterrubio, los centenares de soldados y voluntarios caídos en el frente de La Serena.
Por favor, que nos dejen a los historiadores estudiar nuestro pasado, que los políticos se dediquen a las gestiones que les corresponden y, por si puede servirnos la lección, que los españoles no olvidemos lo que ocurrió en 1936 cuando las izquierdas, con el Partido Socialista a la cabeza, dinamitaron el Estado de Derecho.
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=392787
----------------------------------------------------------------------------------------
Considerar al hombre como animal tiene muchas implicaciones. El comportamiento animal, aunque muy complejo, es bastante accesible a la observación y básicamente estereotipado. Una seudo ciencia, o ciencia vaga (de vagancia) querría estudiar al ser humano como puede hacerse con el perro, pero, entre otras cosas, la conducta humana no solo resulta mucho más compleja, sino que absorbe los conocimientos sobre ella, de tal modo que esos mismos conocimientos transforman la conducta, a menudo de forma imprevisible, volviendo el esfuerzo científico una tarea sin fin.
Por otra parte limitar la diferencia entre animal y hombre a la mayor complejidad del segundo carece de cualquier connotación moral, y la moral constituye otro rasgo profundamente distintivo del ser humano. El psicólogo B. F. Skinner, en su tiempo el más influyente de Usa, escribió un libro clásico: Más allá de la libertad y la dignidad, creyendo haber dado con las bases de la conducta humana que marginaban por “precientíficos” esos conceptos -- libertad y dignidad-- tan enfadosos e inmanejables para determinadas concepciones de la ciencia. Y por ahí insisten muchos otros, en busca de su poco santo grial.
Políticamente, esta consideración tiene serias consecuencias: el ser humano puede ser tratado (por los amos de la ciencia) como cualquier otro “animal”. Los comunistas y los nazis, por ejemplo, se veían a sí mismos en esa científica posición. Sus sucesores los critican y dicen ser mucho mejores chicos, afirmación moral poco coherente con sus premisas.
-----------
Problema de lingüística
Dice Pujol que el español no está perseguido en Cataluña. Declarar el español "idioma no propio", excluirlo de la vida oficial, reducirlo y acosarlo en la enseñanza, todo en medio de un incesante flujo de ofensas a España y a cuanto nos es común, de agresiones a la libertad de expresión, a la bandera de España, de expresiones pro terroristas y anulación del pluralismo en la prensa respecto de estas cuestiones, todo eso no es persecución, según nuestro prohombre. Quizá ha olvidado el significado de las palabras, en castellano y en catalán.
Prosigue nuestra gloria política que "hay un desapego de Cataluña, y en el conjunto de España hay una actitud hostil hacia nosotros". Nuevamente un problema de lenguaje: con su concepción totalitaria, Pujol cree que Cataluña es Catalufia, es decir, el sector catalán antiespañol; Y que la hostilidad hacia los catalufos, sentimiento creciente después de tantos años de injurias, desprecios y provocaciones contra el resto de España, es hostilidad a los catalanes.
Todavía aumenta el problema del lenguaje cuando el líder catalufo asegura: "Hemos sido siempre de una lealtad absoluta. No creo que nadie pueda acusar de desleal a Cataluña". ¿Qué entenderá por lealtad este caballero? Nadie acusará de desleal a Cataluña, por supuesto, pero a Pujol y los suyos...¡vamos, hombre!
Cuando el lenguaje político se distorsiona a tal punto, recuerda al farfullar de los borrachos.
Como en la confusión organizada en que vivimos hay que explicar muchísimo las evidencias, insistamos en que no se trata de una boutade. Quien colabora con el colaborador colabora con el colaborado. ¿De qué manera lo hacen Rajoy y sus amigos?
a) Participando en la carrera de los estatutos autonómicos, clave de toda la política involucionista y proetarra de Zapo
b) Disimulando el hecho
Quien ha "aprendido de su error" es el PP. Del "error" de haber defendido oacasionalmente la constitución y las normas democráticas. En lo esencial, Rajoy ha optado por la misma política que Zapo.
-----------
Ayer, en El Economista :
EL CAMBIO CLIMÁTICO
El clima varía, y casi todos los años provoca catástrofes locales. Sin embargo, en todo el tiempo del que el hombre guardaba memoria se han mantenido unas constantes que nos hacían confiar en un clima básicamente estable.
La actitud ha cambiado desde que han pasado al saber popular las enormes oscilaciones climáticas de
¿Vamos hacia un calentamiento global, hacia una nueva glaciación, o persistirá el clima actual miles de años más? Si vienen cambios, ¿lo harán lentamente o con tal rapidez que impidan una adaptación tranquila? ¿Qué incidencia real tiene la industria en el clima? La emisión de gases industriales, ¿perjudicará a la humanidad o la beneficiará al retrasar el enfriamiento del planeta? De perjudicarla, ¿en qué grado y ritmo deberían reducirse las emisiones, y cómo hacerlo sin provocar la miseria y el hambre para cientos de millones de personas?
Hoy por hoy los científicos no tienen respuesta a estas cuestiones, sobre las que exponen análisis y pronósticos contradictorios. Quizá dentro de unos años o decenios logren ofrecer resultados claros. Ello no impide que, entre tanto, muchos políticos y negociantes sepan bien qué va a ocurrir y fomenten modas: la del calentamiento global está cediendo ahora a la del enfriamiento glacial. Quizá yerren con el clima, pero aciertan de otro modo. Creen que explotar la angustia popular puede rendirles pingües ganancias en poder o en dinero. Y así suele ocurrir.
Hoy, en El Economista:
RICOS CONTRA POBRES
En unas conversaciones entre Juan Luis Cebrián, ex director de El País, y Felipe González, ex presidente de España, ambos coinciden en definir la guerra civil como enfrentamiento entre pobres y ricos, ganada por los ricos, a quienes ellos muestran nulo aprecio. Se trata de una simpleza inframarxista que insulta la inteligencia: fue el bando supuestamente enemigo de los pobres, el que creó condiciones para que el país superase su pobreza ancestral; y las ideas del Frente Popular, pretendido amigo de los obreros, habrían desembocado en una situación pareja a la de Cuba, generalizando la pobreza excepto para una nomenklatura dueña de todo. La lección histórica al respecto no puede ser más tajante. Que dos personajes tan influyentes demuestren un nivel intelectual tan ínfimo hace temblar, realmente.
Aun choca más la posición de ambos si recordamos que pertenecen al grupo de “los ricos”, a los riquísimos, o se mueven en el entorno de las oligarquías más adineradas de España y hasta del planeta. ¿Cómo es que se insolidarizan con su “clase”, sin por ello renunciar –muy al contrario—a sus privilegios? Los griegos tenían un concepto para la saludable vergüenza del rico ante el pobre, derivada del sentimiento de que ni la riqueza del uno ni la pobreza del otro son del todo merecidas. Cabría preguntarse por qué la gente no es uniformemente rica (o pobre), hecho algo misterioso, como tampoco es uniforme la distribución de la inteligencia, la fuerza, la salud, la sensibilidad, la suerte o cualquier otra cosa, ajenas en principio -- aunque no siempre inaccesibles-- al mérito personal.
Tal vez Cebrián y González expresan esa vergüenza o pudor, pero algo nos hace dudarlo: los dos han llegado a saber que “defender a los pobres” puede convertirse en un buen negocio. Ellos, precisamente, lo han demostrado. Los pobres probablemente no mejoren mucho, pero a ellos no hay más que verlos.
---------------
Recuperando de la revista Chesterton
ANTIFRANQUISMO Y DEMOCRACIA
La tergiversación de la transición, y con ella de la democracia, parte del aserto de que antifranquismo y democratismo son términos equivalentes. En apariencia así debiera ser, puesto que el franquismo fue una dictadura, pero el observador cuidadoso percibe inmediatamente algunas incongruencias. Por ejemplo, en el libro de Antón Saavedra El secuestro del socialismo, leemos sobre el PSOE de mediados de los años 70: “La justificación de los dineros que fluían a raudales desde Alemania se basaba, según el portavoz del SPD alemán, Bruno Fruedelrich, en declaraciones realizadas a los medios de comunicación, en febrero de 1976, en que Son muchos los socialistas españoles que han sido apresados o encarcelados, y hay que pagar a los abogados o mantener a familias que se han visto privadas de su cabeza. Cuando el PSOE sea legal en España, se podrá convertir en un partido económicamente independiente. Ni que decir tiene que en los últimos años del franquismo no fue procesado un solo dirigente socialista en España... No existía represión generalizada contra los socialistas españoles, y si la hubo fue muy puntual y episódica, nunca de la manera sistemática y continuada como la que recibieron algunos comunistas. Por consiguiente no había familias a las que ayudar... Pero el dinero existía y no sólo de dinero alemán vive el PSOE. Dinero mexicano, venezolano, judío, sueco, austríaco y (no podía faltar) dinero de
El libro de Saavedra contiene algunos pintoresquismos, pero está escrito por alguien que conoce bien los entresijos del Partido Socialista. No había prácticamente, pues, socialistas en las cárceles de Franco, suponiendo de momento que aquel PSOE inspirado por el marxismo fuera democrático. ¿Había otros demócratas en las mazmorras de la dictadura? Podemos hacernos una idea por el libro del magistrado Juan José del Águila, prologado por Peces Barba, sobre el Tribunal de Orden Público (TOP) del régimen franquista. Del Águila, calcula en unas 9.000 las condenas producidas por el TOP en sus trece años de existencia, en las cuales impuso 10.146 años de prisión a 11.261 procesados, lo que supone menos de un año por persona. Puesto que las penas inferiores a un año no se cumplen en prisión, está claro que una gran mayoría de los procesados no cumplió condena, aparte de que las penas superiores tampoco se cumplían íntegras, ni mucho menos. Incluso en los años 40 la inmensa mayoría de las sentencias a prisión perpetua no duraban más de seis años. Estos datos no desmienten la represión de la dictadura, ni la oleada de penas de muerte en sus primeros años, pero conviene tenerlos en cuenta al atender a la marea de emocionalidad con que la “desmemoria histórica” rodea estos sucesos, mientras pretende olvidar otros más graves del Frente Popular, de las izquierdas entre ellas mismas, y de los regímenes con que los desmemoriados han simpatizado siempre.
No obstante, la cuestión que aquí interesa es la cualitativa. El señor Del Águila titula su libro La represión de la libertad, dando a entender que las víctimas del TOP eran demócratas. Para ello oculta o vela cuidadosamente que la inmensa mayoría de los condenados en los años 60 eran comunistas, y, a partir de 1969, terroristas, sobre todo de
Sin importar la contradicción, quienes presentan al maquis como una lucha por la libertad afirman también que su fracaso indujo a los comunistas a rectificar en un sentido democrático (¿aún más?). De ese modo se habría producido una evolución hasta la adopción del eurocomunismo. Por lo tanto no debería entenderse al PCE como un partido stalinista, sino básicamente defensor de las libertades.
Me temo, sin embargo, que se trata de una mala interpretación, por decirlo de forma suave. Quienes sostienen esa tesis, es decir, los patrocinadores de la desmemoria organizada, son también los sostenedores del fraude radical y evidente de que la democracia durante la guerra civil estuvo representada por el Frente Popular, hegemonizado por un PCE inequívocamente stalinista. Por lo tanto los comunistas habrían sido los grandes luchadores por la libertad en España, de forma ininterrumpida con Stalin y después de Stalin. Da igual su pistolerismo inicial, o su frontal ataque a la república apenas instaurada como democracia liberal, , o su participación en la insurrección guerracivilista del 34, que siempre reivindicaron como una gloria, o sus intentos, apenas pasadas las anómalas elecciones del Frente Popular, de liquidar la democracia mediante la disolución de todo los partidos de derecha (“fascistas”, en su lengua de palo), o su actuación durante la guerra como agentes directos y orgullosos de Moscú que, entre otras cosas, masacraron a otros izquierdistas (POUM y anarquistas sobre todo), o su empeño en prolongar una guerra perdida para enlazarla con la mundial, multiplicando así las víctimas y los daños, o su designio de resucitar la guerra civil después de la mundial, o su carácter permanente de propagandistas y defensores del imperio del GULAG... Al parecer, ¡todo lo hacían por la libertad!
Entre los difusores de tales sinsentidos se han encontrado siempre los militantes del marxismo-leninismo --la escuela de Tuñón de Lara en historiografía--; y también muchos historiadores, intelectuales y políticos ajenos a la doctrina, pero ignorantes de ella y sugestionados por los elaborados sofismas de la propaganda marxista leninista. Este último hecho ya ocurrió con gran amplitud cuando Stalin cambió la línea general orientándola a los frentes populares. Como escribía Jan Valtin, “Ahora la consigna era democracia contra fascismo. En apariencia
La última pirueta en tal sentido fue el “eurocomunismo” patrocinado por el italiano Berlinguer y el francés Marchais, y adoptado por Carrillo ya en plena Transición. La aparente novedad del eurocomunismo consistía en aceptar el pluralismo político para los países europeos, más alguna crítica superficial al modelo soviético. En realidad no había casi nada de ello, y en la medida en que lo hubo, acarreó la descomposición de esos partidos, como las reformas de Gorbachof acarrearían la de la propia URSS. El PCE siguió siendo marxista-leninista –doctrina elaborada por Stalin-- hasta el final del franquismo. Y continuó manteniendo su marxismo, perfectamente antidemocrático. Su desvinculación de
El PCE, desde luego, fue y es mucho más antidemocrático que el franquismo. Pero también fue el único partido que se opuso a Franco. Arrostrando mil riesgos y sacrificios, eso también es cierto: el único que luchó desde el principio hasta el final, desde 1939 hasta 1976, al revés que los demás componentes del Frente Popular. Y cuando, en las dos amnistías de
¿Significa ello que no hubo oposición democrática al régimen? Por sorprendente que suene el aserto, apenas la hubo, y, en la pequeña medida en que existió, fue tratada con notable moderación por la dictadura, pues pocas veces mereció de ésta el honor de hacerla encarcelar: algunos chispazos ocasionales aquí y allá, el más notorio el congreso de Munich, de 1962, integrado por 118 delegados de grupos monárquicos, democristianos, socialistas, separatistas vascos y nacionalistas catalanes, muchos de ellos procedentes del régimen, que exigieron la democratización de España según las normas del Mercado Común. El congreso se celebró bajo la doble y errónea impresión de que el régimen estaba próximo a su fin y de que los comunistas – marginados de la reunión-- estaban ganando mucho terreno y era preciso tomarles la delantera (se les atribuían las recientes huelgas de la minería asturiana). Sin embargo los de Munich carecían de representatividad, influencia o prestigio en el país, mientras que los comunistas sí habían ganado, con enorme esfuerzo y sacrificio, alguna incidencia popular, aunque pequeña. De los personajes reunidos en la capital bávara, los más destacados fueron Gil-Robles y Salvador de Madariaga, ambos ya figuras del pasado, sin proyección política en España. En realidad, el congreso habría pasado sin mayor eco si el propio régimen, irritado por la oposición de los congresistas a sus gestiones respecto al Mercado Común, no hubiera magnificado el “contubernio de Munich” al desatar contra él una gran campaña de propaganda y confinar en las Canarias a algunos de los asistentes. Don Juan declaró no tener nada que ver con el congreso.
Y no cabe conceder un crédito excesivo al democratismo de los partidarios de Don Juan. Se trató de una oposición en todo caso muy tenue y minoritaria dentro de los propios monárquicos, los cuales en su mayoría permanecieron siempre en el ámbito del franquismo. El puntal del antifranquismo juanista durante largos años, Sainz Rodríguez, fue un conspirador nato que había procurado sin tregua derribar la república mediante un golpe militar, mientras abogaba por la “democracia orgánica” bajo un trono autoritario. Tras la guerra civil había vuelto a conspirar, ahora contra Franco, pero sin abandonar la pretensión de establecer una régimen autoritario, y convencido de que la victoria de los Aliados en la guerra mundial traería necesariamente la caída del régimen. La política de aquellos juanistas rondaba por entonces la traición al país, si no caía de lleno en ella, y sus posibilidades se esfumaron cuando Franco, que había previsto la ruptura de la alianza entre las democracias y Stalin, se mantuvo en el poder contra todo pronóstico. Don Juan dio algunos pasos apresurados y su alternativa se esfumó. Andando el tiempo, la restauración o re instauración monárquica se produciría, por voluntad del dictador, en la persona de Juan Carlos.
También una parte de
Otros grupos no comunistas y más o menos democráticos mostraron alguna oposición, ya muy al final del régimen pero lo hicieron generalmente dentro de organismos dirigidos por los comunistas. El más exitoso y modélico de ellos,
Un rasgo importante de casi toda aquella oposición consistió en su simpatía por
Tal fue la oposición a la dictadura, cuya verdadera historia está tan por escribir.
“QUIERE "RECUPERAR
Barreda aboga, como Rajoy, por hablar con el BNG tras las elecciones gallegas”
Hacen bien estos sectarios y golfos franquistas del PP. El BNG, como HB,
“Fraga cree que el PP de Galicia y el BNG "podrían entenderse hasta cierto punto"
¡Pero si ya se han entendido hace mucho! Fraga ha dejado la enseñanza y la cultura, o gran parte de ellas, en manos de los separatistas, ¿qué mejor base de entendimiento? Ahora hay que seguir, claro, pues estancarse es morir, y ya lo dice Rajoy: “¡Quien no cambia permanece igual!"
"Luis:
Me parece muy bien la importancia que das a la lengua, las matemáticas
y la historia. Y también el enfoque que aportas. Pero me parece
oportuno recordar aquí unas palabras de Engels refiriéndose a los que
desprecian a la filosofía (no es tu caso): 'Quienes más insultan a la
filosofía son esclavos, precisamente, de las peores reliquias,
vulgarizadas de las peores filosofías'. Si es cierto que la filosofía
debe dedicarse a la clarificación del pensamiento, como decía
Wittgenstein,(y estoy de acuerdo) ésta no debe ser su única tarea. Me
parece de la mayor importancia que las jóvenes generaciones piensen
sobre lo pensado; que reflexionen acerca de los fundamentos; que
cuestionen el conocimiento de sentido común, sin despreciarlo; que se
acostumbren a justificar lo que afirman;que conozcan lo que las mentes
más lúcidas han pensado de la vida y de la muerte, del derecho y la
moral, de la teoría y de la práctica, etcétera. En fin, qué sentido
tiene la vida, qué valores merecen ser perseguidos y otras cosas
aparentemente inútiles en un mundo en el que prima 'lo útil' y se
desprecia 'lo inútil'. Distinción, por cierto, de interés filosófico.
Todo ello, teniendo en cuenta los conocimientos empíricos existentes
para no especular absurdamente.
Un abrazo.
Sebastián Urbina".
***
La filosofía, aunque existe de diversos modos en otras culturas, es propia sobre todo de la occidental. Nunca alcanza sus objetivos y en ese sentido resulta inútil, pero de su empeño han derivado muchos efectos valiosos, desde la doctrina democrática al pensamiento científico. Pero no puede ser enseñada, en la primaria y la secundaria, al nivel de otras asignaturas, creo. Por otra parte la enseñanza de la lengua puede incluir desde el principio ejercicios con textos de contenido filosófico adaptados a la edad del alumno.
*** Opino que una de las cosas que más daño han hecho a la enseñanza española han sido las prédicas de los pedagogos partidarios de dejar que los niños se expresen como quieran e incluso hagan lo que quieran. Han vendido muy bien su mercancía, pero los mismos profesores reciben a menudo la penitencia con el pecado: no cesa de aumentar la proporción de ellos víctimas de trastornos emocionales y psicológicos, necesitados de tratamiento. Y entre los alumnos sometidos a la enseñanza progresista, han progresado el desinterés, el analfabetismo funcional y la falta de respeto hacia el esfuerzo intelectual y la cultura del propio país; por contra, observemos el auge de la “cultura” del botellón, del ruido o de la droga.
Una cultura de algún nivel no se adquiere sin esfuerzo, atención y disciplina, y estos rasgos constituyen parte de la cultura misma. Una cosa es la brutalidad de “la letra con sangre entra” y otra la pérdida del rigor y del impulso de superación, brutalidad no menor.
Por lo que respecta a la lengua, en mi opinión debiera tener por objetivo esencial enseñar a expresarse oralmente y por escrito, y a organizar el pensamiento. Una enseñanza eminentemente práctica. Esos no parecen los objetivos actuales, a juzgar por los resultados, pues existe una queja generalizada sobre el nivel de expresión de los estudiantes universitarios. No es lo mismo enseñar CÓMO se hace una cosa que enseñar A hacerla.
Para ello, la gramática sirve como auxiliar, importante, pero secundario. Lo fundamental son todo tipo de ejercicios que permitan al alumno expresarse con claridad, corrección y eficacia: análisis de textos, redacciones, dictados, exposiciones y debates orales, cuadros sinópticos, etc.
Así, los libros de texto consistirían sobre todo en ejercicios sobre temas relacionados con otras asignaturas -- lo que aportaría un apoyo mutuo entre ellas--, reglas de expresión, avisos sobre los errores frecuentes en el idioma hablado y escrito (la prensa, la radio y la televisión proporcionan un caudal inagotable), gramática, etc.
Sin duda hay una relación estrecha entre la semiesterilidad cultural de España y el mundo hispánico, y la expresión ramplona, simple y a menudo soez hoy predominante en ese ámbito.
“Ultrajemos a España”, dicen los separatistas. Qué novedad. ¿Han hecho otra cosa desde la transición?
--------------
Recuperando de la revista Chesterton
Los sucesos más próximos al presente son a menudo los más difíciles de historiar, precisamente porque su proceso no está concluido e influyen con fuerza en la actualidad: podemos describirlos, pero sus efectos no han terminado, y es a través de esos efectos como generalmente podemos entenderlos. En cierto modo ocurre como con un tipo de novelas policíacas: el lector ve una sucesión de hechos y tiende a interpretarlos del modo que cree más lógico hasta que, finalmente, el autor le descubre su verdadero sentido, muy distinto del imaginado por aquel. Claro que el efecto proviene en la novela de un artificio, y la historia real no depende de ningún novelista o similar. Sin embargo, los intereses políticos juegan a veces un papel muy parecido. Los políticos e intelectuales no pueden inventar los hechos pasados, pero sí tratar de imprimirles retrospectivamente un sentido acorde con sus intereses, prejuicios y proyectos. Como tantas veces se ha dicho, ello es inevitable, y a veces se deduce de ahí la imposibilidad de una historia objetiva; pero la falsificación de la historia puede demostrarse con frecuencia, bien mediante el examen cuidadoso de los datos, o aplicando simplemente la lógica. Así, la lógica nos impide creer, sin más averiguaciones, que, durante la guerra, un Frente Popular compuesto por partidos totalitarios, golpistas y racistas pudiera haber defendido la democracia. Tal idea es simplemente grotesca…¡y sin embargo la siguen manteniendo muchos interesados, con la pretensión añadida de oficializarla por ley!
Por otra parte, la visión del pasado condiciona la acción presente, y así, del modo como interpretemos la transición de hace treinta años depende en buena medida nuestra actitud ante los problemas actuales. De ahí lo que podríamos llamar “lucha por el pasado” entre los diversos partidos, con sus interpretaciones diversas u opuestas, cada una con su particular coherencia. Pero también aquí pueden afirmarse algunas certezas. Como las que exponía Carlos Bustelo, ex ministro de UCD, en ABC el 3 de junio del año 2000, en una tercera titulada “La transición democrática: una historia tergiversada”. El artículo empezaba: “Las últimas intervenciones del ex presidente González atribuyéndose el mérito de la transición española a la democracia no son nada nuevo; la desvergonzada apropiación de la transición comenzó al día siguiente de su gran victoria electoral de octubre de 1982 y no ha cesado desde entonces. Ello fue posible gracias a la irresponsable autodestrucción de UCD y a la no menos irresponsable actitud pasiva y hasta regocijada de Alianza Popular, donde no se levantó una sola voz para protestar ante tal impostura histórica. Se permitió así que arraigara en la sociedad española la creencia de que había que elegir entre demócratas progresistas y franquistas reaccionarios, lo que, de no haber sido por los graves errores de los Gobiernos socialistas, podía haberles mantenido en el poder veinte años más”.
Cualquiera con edad y memoria suficiente puede dar fe de los asertos de Bustelo. Un rey designado por Franco impulsó el proceso, lo diseñó un intelectual y político del franquismo, Torcuato Fernández Miranda, lo aprobaron las Cortes franquistas, lo pilotó un alto cargo del partido único del régimen anterior, Adolfo Suárez, le dio sustancia
Aunque, como digo, quienes vivieron aquellos años pueden dar fe de la falsedad de tales atribuciones, el vasto sector de población entre los dieciocho y los cuarenta y ocho años no está en las mismas condiciones, y una propaganda machacona y bien orquestada le influye fuertemente. Y ocurre otro fenómeno más sorprendente: muchos jóvenes o adultos en aquella época llegan a creer lo contrario de lo que vivieron. Cuando hay un cambio político profundo, miles de personas se apresuran a inventarse un currículo de oposición a la situación anterior. No solo se trata de los políticos, por obvias razones de interés, sino también de gentes sin interés práctico alguno que falsifican los hechos simplemente por identificarse con lo nuevo, con lo que triunfa. ¿Quién no ha conocido a personas ajenas u hostiles al movimiento estudiantil antifranquista -- muy minoritario--, y que, años después, “recordaban” cómo participaban en asambleas y corrían delante de los grises, por poner un ejemplo típico? Si tantos antifranquistas hubiera habido entonces, el régimen se habría tambaleado ya en los años 60. Según me ha parecido leer, hasta Fraga Iribarne confesaba modestamente, hace poco, haber luchado contra el franquismo “desde dentro”.
A esa distorsión de la memoria contribuye una lógica aparente: ¿cómo iba a venir la democracia del franquismo siendo éste una dictadura, y hasta una dictadura horrorosa y brutal, que hasta el final estuvo matando a sus enemigos? Mucho más creíble suena la tesis de que las libertades provinieron de los partidos antifranquistas, demócratas por definición, o al menos por implicación. En este esquema cabe admitir, si acaso, la participación de algunos políticos del régimen anterior, movidos, probablemente, por miedo ante el potente movimiento contra la dictadura, o por el deseo de adaptarse y salvar algunos muebles. Pero el verdadero mérito solo podía corresponder a los enemigos del régimen. Lo explicaba años después la revista teórica socialista Sistema: la transición se hizo “con el concurso, precisamente, del rector reformista proveniente del régimen anterior”. Con el concurso. Pero no con el protagonismo, como cae de su peso. Aquí la lógica -- cierta lógica--, ganaba la partida frente a los hechos.
Una lógica bien apoyada, a su vez, en la de la guerra civil. El franquismo, nadie debiera dudarlo, había destruido a sangre y fuego la libertad republicana, y el movimiento antifranquista se proclamaba heredero de aquellas fuerzas democráticas unidas en el Frente Popular, que hicieron frente heroicamente al fascismo durante tres años. En verdad, esos demócratas habrían demostrado en la transición una generosidad sin límites y un altísimo sentimiento de civilidad y reconciliación, al aceptar la participación de los herederos de la feroz dictadura. Se sobreentiende, claro, que no solo entraba ahí la generosidad, sino la visión política, ya lo puso de relieve Alfonso Guerra: también pesaba la relación de fuerzas, que impidió por entonces hacer el “proceso político” a Franco y su régimen. Pero hoy, treinta años después, habría llegado el momento de cumplir esa tarea pendiente y dejar sentada, por fin, la “memoria histórica”, obligatoria por ley, a ser posible.
Este falseamiento ha calado en gran parte de los españoles, debido no solo a la contribución de poderosos medios de masas, sino, más aún, a la inhibición sistemática de la casi toda la derecha. Ésta incluso ha condenado o marginado agresivamente a los pocos que, como Ricardo de
Al revés que la derecha, el PSOE entendió muy bien, desde el primer momento, el valor de la lucha por el pasado, pues, guste o no al PP, el presente, y por tanto el futuro, están indisolublemente unidos a él, y España es España y nosotros somos lo que somos, hablamos el idioma que hablamos y estamos inmersos en una cultura particular, como producto de sucesos anteriores, incluso remotos. Por eso, una temprana operación de propaganda del PSOE en el poder consistió en una serie documental, de máxima audiencia, sobre la guerra civil, bajo el asesoramiento de Manuel Tuñón de Lara y otros de su séquito. Este historiador comunista supo formar una verdadera escuela de intelectuales y profesores que terminó predominando durante muchos años en la universidad y la enseñanza media españolas. Según su versión, la guerra había consistido en un enfrentamiento entre los ricos y los pobres, entre los reaccionarios aferrados a sus privilegios y los demócratas, etc. Las derechas actuales, no hacía falta decirlo, procedían del sector fascista o reaccionario, culpable de desatar una represión criminal sobre los progresistas republicanos.
Y de nada valía al PP señalar su nacimiento posterior a la dictadura, pues nadie ignora sus vinculaciones personales, familiares y políticas con el régimen anterior. El PP, le guste o no, continúa la tradición conservadora que en la historia dio lugar al franquismo entre otras cosas. Negarlo es fomentar una confusión llevada últimamente a extremos cómicos. Y sin embargo bastaría señalar que, a excepción del PCE, los líderes de los demás partidos vienen igualmente del franquismo, por familia o actuación; o que, como recordaba Bustelo, su antifranquismo no pasa de invención.
En el terreno así abandonado, el PSOE pudo lograr victorias psicológicas y políticas como la de sus “cien años de honradez”, un lema tan perfectamente falso como rentable, no solo por la graciosa autoatribución de la virtud, sino por la negación implícita de ella a la derecha. Si algo distinguía a la derecha, se daba por sentado, era la corrupción, además de la violencia y un ciego afán represivo, apenas dominado hoy, gracias al estado de derecho, pero con tendencia a resurgir a cada paso. En contraste con la integridad moral a toda prueba de los socialistas, defensores naturales de los trabajadores y los desheredados del injusto sistema capitalista.
Estas versiones retroceden hoy a grandes pasos, como revela, entre otras cosas, la exasperación con que reaccionan sus mantenedores y beneficiarios frente a versiones más racionales, veraces y cada vez más divulgadas. Pero debe reconocerse que han cuajado en muy amplias capas de la población y no son fáciles de erradicar.
Lo mismo que de la democracia en la guerra civil, la izquierda fue apropiándose de la transición basándose en su pretendido antifranquismo, una cosa llevaba a la otra. Fue un proceso lento, al principio. Al morir Franco, la mayoría de los españoles no valoraba la oposición antifranquista como factor de legitimación política, y por ello ganó UCD las elecciones; al propio PSOE nadie lo relacionaba en serio con el movimiento contra la dictadura, y sus radicalismos verbales eran considerados más bien como retórica oportunista o estridencias pasajeras debidas a la inexperiencia de sus líderes. Todo el mundo sabía, porque estaba absolutamente reciente, que la única oposición significativa al régimen había sido la de los comunistas y,