Con motivo de la reivindicación de Negrín por el PSOE –un paso más en su ley de la Cheka, alias de memoria histórica– tuve intención de escribir una serie de artículos sobre la visión que intenta transmitir gente como Ángel Viñas, pero creo que basta con los dos publicados en LD, más otros anteriores sobre el mismo tema. He dejado de lado a otros historiadores lisenkianos de menor enjundia, aunque de la misma línea, como Santos Juliá o Moradiellos, a quienes ABC ha dedicado un amplio espacio. ABC, como La razón, como la derecha rajoyana, colabora activamente en la difusión de la falsificación histórica, sin importar a sus promotores escupir sobre la tumba de sus padres y abuelos. A tal grado de ignominia han llegado estos botarates, bastante más despreciables que los socialistas.
La falsedad de estos engendros historiográficos salta a la vista en cuanto se profundiza críticamente en ellos, y a estas alturas solo se sostienen a base de gritería, insultos a los críticos y abuso de su posición todavía dominante en la universidad y los medios de masas, conseguida en muchos años de intrigas, manejos desde el poder y bajeza habitual de nuestra lamentable derecha. Pero importa más percibir la idea clave que genera las absurdas historias en curso. Criticando a Viñas y a otros, he señalado que "La piedra angular de toda la historiografía lisenkiana sobre la España reciente consiste en el dogma de que el Frente Popular representó la legitimidad democrática. A partir de ese grotesco disparate solo puede construirse un cúmulo de despropósitos y pasar de la historiografía seria a la propaganda stalinista". Nadie más interesado que los stalinistas, desde luego, en mantener el disfraz que les permite pasar, a su vez, por demócratas. No quiero decir que Viñas, Juliá o Moradiellos sean consciente y deliberadamente stalinistas: de eso, como de nazi, ya casi nadie presume hoy. Pero, desde luego, no son más demócratas que Negrín, y su versión encaja perfectamente con la de los comunistas. Mejor que encajar: la reproduce y abunda en ella.
No se trata de escandalizarse por una situación que dura ya demasiado, sino de examinar las claves de todo el enorme, estéril y peligroso invento. ¿Por qué mantienen tales versiones esos historiadores, políticos e intelectuales, a sabiendas –hoy necesariamente a sabiendas– de su falsedad? ¿Por qué las enseñan y difunden a jóvenes y no jóvenes, y tratan de aplicar la censura a las versiones contrarias? Existen, por supuesto, razones profesionales, personales o de prestigio: se trata de personajes que durante treinta años han llevado la voz cantante en la universidad y los medios, que han cimentado sus carreras sobre tales desvirtuaciones. Por eso, y salvo excepciones de honestidad poco común, no cabe esperar que admitan los hechos bien probados y documentados, sino que pelearán (pelean) con uñas y dientes por mantener las posiciones antes ganadas.
Este interés personal y profesional en torno a intereses creados resulta bien comprensible, pero sigue siendo insuficiente para lo que realmente importa aquí: el fondo intelectual del fraude.
-----------
A ver si cunde:
http://www.nacionespanola.org/esp.php?seccion22
-----------
De Una historia chocante:
"Las naciones y los nacionalismos tienen peso primordial en la historia, pero esa evidencia, como ocurre con otras tipo la naturaleza humana, no ha impedido interminables discusiones sobre su definición. El enfoque del problema ha dado un giro en los últimos treinta años, como observa Álvarez Junco en Mater Dolorosa. Antes pasaba la nación por un hecho natural, objetivo, constituido por rasgos como el idioma, el territorio, tradiciones, creencias, etc., del cual derivaba una subjetiva voluntad de autogobierno: el nacionalismo sería la consecuencia política de la nación. Pero el caso de los vascos y los catalanes indica que no tiene por qué ser así, pues esos nacionalismos surgen en tiempos muy recientes, mientras que datan de muy atrás las particularidades en que se apoyan o dicen apoyarse. A partir de hechos como estos, hoy muchos tratadistas invierten la relación: es el elemento político subjetivo, el nacionalismo, el creador de la nación, la cual se convierte también en subjetiva. Diversas élites, utilizado la propaganda, la enseñanza o la acción política, inventarían los elementos "nacionales": creencias sobre el pasado, tradiciones, costumbres, etc.
En alguna medida este enfoque venía prefigurado en el marxismo, para el cual los nacionalismos obedecían a necesidades de las burguesías de asegurarse unos mercados, y constituían una ideología en el mismo sentido que pudiera serlo la religión: una seudoexplicación del mundo movida subterráneamente por intereses económicos. El historiador marxista británico Hobsbawm considera las naciones puros inventos de las clases explotadoras para compensar y desviar el malestar de las clases populares. Esta visión, con matices diversos, ha cundido mucho en ámbitos intelectuales no marxistas, aunque ya casi nadie contraponga al nacionalismo el "internacionalismo proletario".
Sin embargo la explicación no convence. Se hace difícil creer, por ejemplo, que el dominio de la enseñanza y de la propaganda estatal desde Londres lograra persuadir a los escoceses de ser ingleses o, por poner un caso menos especulativo, esa teoría no explica el brusco resurgir de los nacionalismos de la Europa del este, tras varias generaciones de férreo adoctrinamiento en el "internacionalismo proletario". Podríamos ver a Cataluña y Vasconia como pura invención de ciertos burgueses de finales del siglo XIX, destinada a crear un sentir popular favorable a sus intereses, y ya hemos visto que en parte así fue; pero difícilmente habrían tenido éxito esos burgueses si no se apoyaran en realidades históricas y sociales preexistentes.
Desde el punto de vista presuntamente racional, han sido fuertemente criticados los sentimientos de identidad comunitaria, como el nacionalismo. Esos sentimientos suelen ser, además, muy intensos, de los pocos capaces de arrastrar a los hombres, en ciertos momentos, a dar la vida o a quitarla a otros. Pues bien, pese a su intensidad, se trataría de ilusiones arbitrarias, autoengaños guiados, en última instancia, por el ansia de "ser" más de lo que realmente se es: "Al ser humano le resulta difícil resistir la tentación de anclar su pobre y finita vida en una identidad que la trascienda", señala Álvarez Junco, para citar de G. Jusdanis cómo el nacionalismo permite a los individuos "olvidar su contingencia, olvidar que son parte del flujo de la historia, que su vida personal es sólo una entre muchas, y ciertamente no la más grandiosa, y que su cultura, la más intrínseca experiencia de sí mismos como seres sociales, no es natural, sino inventada".
Expresiones confusas y menos racionales de lo supuesto. Anclar la "pobre y finita vida" en una trascendencia es quizá una tentación, pero también una evidencia primaria. La vida de cada individuo trasciende largamente en el pasado por la serie interminable de sus ancestros, y en el futuro por la de su descendencia, tanto biológica como culturalmente. Nadie nace por propia elección, ni decide sobre el tiempo o lugar de su vida, la cual será para siempre inseparable de esos datos. El individuo absorbe desde la cuna un bagaje cultural variadísimo –lengua, utensilios, creencias, costumbres, arte, actitudes...–, tan esencial para su supervivencia como la misma leche materna. Esa cultura, creada alegre o penosamente a lo largo de generaciones, no le debe nada cuando es niño, y le deberá muy poco cuando crezca; él, en cambio, le debe casi todo. No son difíciles de entender racionalmente los profundos afectos que, de modo más o menos consciente y elaborado, suscita el entorno sociocultural en las personas: el entorno que Iparraguirre proyecta poéticamente sobre el paisaje.
Si evitamos el error de considerar la vida individual como un todo autosuficiente y aislado, salta a la vista la racionalidad del sentimiento patriótico. Los elementos culturales, tanto como los naturales, conforman el medio de la vida humana. Suele decirse que ellos nos condicionan o moldean, como si se tratase de algo externo, pero en rigor forman parte constitucional, íntima, de nuestra vida personal. El individuo puede renegar de su cultura –y también de su propia vida–, pues sus efectos son a menudo contradictorios y dolorosos, pero más comúnmente se identificará con ella, con su patria, como se identifica con sus padres, que le trascienden en el pasado, y con sus hijos, que lo hacen en el futuro y en quienes siente una básica continuidad histórica, cultural y biológica cuya perduración normalmente desea –aun a través de cambios si los ve como mejoras dentro de la misma cultura– y cuya posible ruina percibe como un trauma, a menudo como un trauma insufrible.
Así, en general nos sentiremos más identificados con los afines por lengua, creencias, costumbres, etc., y valoraremos éstas cobre las ajenas. Y aunque ese sentimiento, como todos, puede volverse enfermizo, cursi, arrogante o criminal, tacharlo de "irracional" es tan absurdo como exigir a un niño que ame por igual a su madre y a las de sus amigos, invocando la "razón" de que todas, "objetivamente", son madres".
La campaña judicial en marcha desde la izquierda, y sobre todo desde la derecha, contra Jiménez Losantos –parte de una campaña más amplia de intrigas, presiones y chantajes gangsteriles para silenciarlo– es una prueba palpable de la ilegitimidad del gobierno. Porque no se trata de un caso aislado, sino de una estrategia de degradación del poder judicial para privarlo de independencia y utilizarlo contra los derechos democráticos (como también hizo el Frente Popular, por cierto). La persecución a Jiménez Losantos no puede desvincularse de hechos como la puesta en evidencia, por el Tribunal de Estrasburgo, de la fragilidad, llamémosla así, del Tribunal Supremo y del Constitucional en relación con el caso Gómez de Liaño; ni de las desvergonzadas maniobras en el Tribunal Constitucional, politizado al máximo, para asegurarse la "legalidad" de la colaboración con la ETA por parte del gobierno y de los separatistas –al final también del PP de Rajoy: esas actitudes siempre se traducen en persecuciones a las víctimas–, colaboración materializada en los nuevos estatutos autonómicos; ni del sistemático incumplimiento de la ley en las comunidades regidas por los separatistas. Y en tantos otros hechos demostrativos, que se han vuelto "normales".
Aunque un gobierno haya sido elegido legalmente, su legitimidad desaparece cuando, entre otras cosas, atenta sistemáticamente contra la dignidad e independencia de la justicia e intenta ponerla al servicio de un partido. Me permito insistir en el punto: tanto el gobierno de Hitler como el del Frente Popular fueron ilegítimos también por esto.
------------
Con motivo del anterior ataque a Federico y a las libertades por parte de Gallardón, escribí este artículo en LD (no tuvo el menor eco, por cierto, otra lección sobre cómo estamos):
Desde sus comienzos, la democracia española ha sufrido y sigue sufriendo graves amenazas: terrorismo separatista, negocios de diversos políticos y partidos con los terroristas a costa del Estado de Derecho, auténticas oleadas de corrupción, propósito confesado por algún partido de "enterrar a Montesquieu" y las acciones correspondientes, ataques desde el poder a la igualdad ante la ley, tensiones disgregadoras del país, intentos de recuperar los odios que destruyeron la república, etc.
Entre quienes han combatido estos peligros destaca por méritos propios Federico Jiménez Losantos. Por esa causa ha sufrido secuestro y tiroteo de los terroristas, intentos reiterados de aislarlo y de silenciar su voz desde potentes medios económicos aliados con el poder, injurias y agresiones verbales permanentes, acoso utilizando fraudulentamente medios judiciales, etc. Si alguien ha luchado y padecido por la libertad de todos, desafiando tanto a los terroristas como a grandes poderes proclives a la involución política, ha sido él.
Ante estos hechos, los abajo firmantes manifestamos nuestra solidaridad con el periodista e intelectual perseguido, convencidos de que al defenderle defendemos la libertad de todos y el futuro democrático de la nación española. Y de que la abstención frente la ofensiva liberticida solo daría alas a esta y comprometería la convivencia libre que todavía disfrutamos.
Propongo este texto, con los cambios formales que se vean oportunos, como un manifiesto que recoja firmas en todos los ámbitos, sobre todo de la prensa e intelectuales, dentro y fuera de España, y se difunda masivamente, sin excluir otras movilizaciones.
------------
Una chica que ha hecho un entusiasta reportaje gráfico sobre Vigo, justifica así su nacimiento en la ciudad: "Hecho que yo llamo "accidente", ya que pudo suceder en cualquier otro lugar. Por tanto me considero ciudadana del Mundo".
Me temo que se equivoca por completo. No se trata de ningún accidente, pues si hubiera nacido en otro lugar, como si hubiera nacido de otra familia, en otro tiempo, etc., ya no sería ella, sino una persona muy distinta. Cada uno está irremediablemente fijado a unas circunstancias y definido en gran medida por ellas. El deseo de haber nacido en otro país, o en una familia más rica, o de unos padres distintos, no deja de ser un deseo autoaniquilador, aunque se disfrace pretendiendo que nacer aquí o allá, etc., es indiferente. ¡Nada puede ser menos indiferente para cada individuo!
Y, por supuesto, no es ciudadana del mundo, no existe tal cosa, una simple cursilería progre. Ella no se sentiría tan cómoda en Somalia o en Cuba, en Noruega o Japón, como en el país cuyo idioma habla naturalmente, entre otras muchas cosas que la identifican. Ella quiere decir, con la mayor probabilidad, que desprecia la ciudadanía española. Aunque no deje de aprovechar sus ventajas, sin duda.
------------
Dado el interés del PP rajoyano por la Nena Angloparlante y su celo por la expansión del dulce idioma gibraltareño, creo que deberíamos pronunciar a la inglesa las iniciales de dicho partido.
La reivindicación del Frente Popular y de Negrín por el partido y el gobierno de Zapo, no es, pues, un hecho sin mayor significación: retrata un carácter y unos objetivos. Podría tratarse de una reivindicación sin mayor trascendencia retórica, como a veces ocurre, pero las similitudes entre una situación histórica y la otra resultan más que llamativas.
Como el Frente Popular, Zapo llegó al poder después de una campaña de creciente demagogia y violencia en las calles, bajo banderas anticonstitucionales y del Gulag, culminada en la matanza del 11-m, de inducción y autoría intelectual hoy por hoy desconocidas. Ello dio a las votaciones un carácter anómalo, por su tinte emocional y demagógico, inédito desde la transición. Cuando digo "culminada" no quiero decir que el PSOE estuviera implicado en la matanza –eso sigue sin saberse, porque realmente no se sabe casi nada de ella– sino que ese partido y los medios de masas afines la utilizaron deslealmente y sin reparar en embustes para aumentar al máximo aquella emocionalidad y beneficiarse de ella. El PSOE apareció entonces como lo que solo muy transitoriamente dejó de ser: un partido de extrema izquierda y un peligro para la convivencia en libertad.
Desde entonces no hubo corrección, sino acentuación de las características "rojas" de ese partido. La democracia española es tan frágil y deficitaria que precisó, ¡veintitrés años después de inaugurada!, un pacto entre los dos principales partidos para asegurar dos puntos básicos que en cualquier régimen estable se dan por supuestos: las libertades y la lucha contra el terrorismo, eliminando de esta última la llamada solución política, auténtica justificación del asesinato como modo de hacer política.
Pues bien, la política de Zapo ha consistido, desde entonces, en la destrucción del pacto democrático y su sustitución por otro con los terroristas y los separatistas, pacto de signo contrario, directamente contra la democracia. Esa política se ha completado con otra exterior de aliento al terrorismo islámico y de apoyo a regímenes y líderes populistas, amenaza permanente a las libertades en los países hispanoamericanos y musulmanes, y en algunos casos a España misma. Estos hechos, complicados con el socavamiento del poder judicial, acciones contrarias a la igualdad ante la ley, etc., definen la política de Zapo como contraria a los principios constitucionales, a la democracia. La definen como involucionista, como un golpe de estado desde el poder, al modo del Frente Popular y de Hitler, aun si más lento y con menos violencia explícita (y cuya progresión ha sido posible por carecer de oposición real, ya que la del PP de Rajoy en ningún momento lo ha sido).
-------------
http://foros.diariovasco.com/read.php?v=t&f=260&i=525124&t=525124
------------
Sobre la formación de España:
Con Leovigildo la historia del reino godo iba a experimentar un giro drástico. Muerto Liuva en 572, quedó aquel como rey único, e iba a revelarse el líder más capaz y mejor político de los godos, hasta entonces o después. Los reyes anteriores, con excepciones relativas, habían aplicado políticas mediocres, sin horizonte más amplio que la conservación del poder y el ten-con-ten hacia el episcopado y la aristocracia hispanorromana, aun dentro de una hostilidad mutua. Pero Leovigildo concibió a Hispania como un todo no solo cultural, sino también político, y se empeñó en una tenaz y enérgica acción para convertirla en un reino unido. Había empezado en 570 expulsando a los bizantinos de casi toda la costa atlántica del sur; dos años después los alejaba del valle del Betis, ante todo de la rica y gloriosa Córdoba, reduciéndolos a una estrecha cinta costera desde el estrecho de Gibraltar a Alicante, más las Baleares. A continuación se aseguró la sumisión de bolsas rebeldes o independientes entre las actuales Cáceres y Zamora, y derrotó a las bagaudas de Asturias y Cantabria, a quienes arrebató en 574 la estratégica fortaleza de Amaya, su capital. Dos años después atacaba el reino suevo de Miro, aunque la acción terminó en pacto y no en conquista. Los suevos habían realizado campañas de expansión por la península, hasta el Tajo y adentrándose profundamente en la meseta. Pero su escasa población (suele estimársela en 30.000 individuos) les impedía sostener sus aspiraciones. Al año siguiente, Leovigildo venció una rebelión interna en la zona del nacimiento del Betis (Oróspeda) entre la Bética y la Cartaginense, y casi inmediatamente una sublevación campesina en el mismo lugar, quizá de carácter bagáudico. A partir de ahí estableció una línea de plazas fuertes en torno a la remanente franja bizantina.
Aún mayor alcance que estas campañas fueron las reformas institucionales. El designio unitarista implicaba romper con normas y tradiciones germanas, y así lo hizo el rey resueltamente. Por primera vez usó corona y manto, emitió moneda con su efigie (hasta entonces se usaba en la moneda la ficción de los emperadores bizantinos), impuso una mayor racionalidad en el manejo de las finanzas y acabó definitivamente con cualquier supeditación a los ostrogodos de Italia. Buscó con empeño el acrecentamiento de su poder, solo posible a costa de la nobleza. No sabemos cuántos individuos componían el elemento aristocrático visigodo, probablemente escasos centenares, pero disponían de séquitos armados, del poder territorial y de grandes privilegios y derechos asentados en la tradición, y sus querellas mantenían al estado en una inestabilidad casi permanente. Para superar tal situación, Leovigildo rodeó la función real de una pompa y simbología ajenas a la tradición germana, trató de institucionalizar la monarquía hereditaria, y persiguió e hizo ejecutar a los nobles más rebeldes, acrecentando el tesoro real con sus bienes. Asimismo asentó de forma definitiva la capital en Toledo. Esto también lo alejaba de la costumbre germana, un tanto nómada en cuanto a la capitalidad, y de los demás reinos bárbaros de la época. A fin de realzar la nueva sede, emprendió en ella edificaciones de prestigio, como una vasta residencia y una basílica para el obispo arriano, algo también muy por encima de cuanto estaba al alcance de los demás estados germánicos. El modelo de estas reformas era Constantinopla, sin que ello significase –bien al contrario– una renuncia a expulsar su presencia de España.
Otra decisión significativa fue la construcción, en 578, de una ciudad nueva, a la que llamó Recópolis, en honor de su hijo Recaredo. La ciudad se hallaba en la provincia actual de Guadalajara, unos cien kilómetros al este de Madrid, y manifestaba la decisión de robustecer el prestigio de la corona, pues la construcción de ciudades era un antiguo privilegio de los emperadores romanos. Como en el caso de los edificios toledanos, superaba las capacidades de las demás monarquías eurooccidentales: Recópolis fue casi la única ciudad fundada como tal en la Europa de aquellos siglos; una segunda la fundaría también Leovigildo, en la actual Álava. Tiene interés igualmente el nombre de la ciudad, única creada en España con el sufijo griego -polis, nuevo signo del modelo romano-bizantino y de alejamiento de la tradición goda.
La orientación del nuevo monarca se manifestó de modo especial en el Codex Revisus, el nuevo código legal que, entre otras cosas, abolía la prohibición de los matrimonios mixtos. La medida constituía una auténtica revolución a medio plazo, pues solo podía traer, como quedó indicado, la disolución del pueblo visigodo en el más numeroso y culto pueblo hispanorromano, incluso, más a la larga, de la nobleza, aunque esta mantuviese con más empeño el orgullo de su herencia de sangre (...)
El alzamiento de Hermenegildo entrañaba para su padre el máximo peligro, pues el catolicismo del rebelde podía atraerle a los hispanorromanos; y también podían simpatizar con él los oligarcas arrianos descontentos del fortalecimiento real a su costa. Si la rebelión se consolidaba podía venirse abajo toda la construcción política precedente. Pero no se produjo la polarización entre católicos y arrianos, Hermenegildo mostró poca actividad, y su padre reaccionó con suma prudencia tratando de acercar las posiciones de arrianos y católicos. Convocó un concilio arriano con el fin de suavizar las discrepancias, reconociendo, por ejemplo, la divinidad del Hijo, aunque no la del Espíritu Santo. Mientras contemporizaba, se dirigió contra las incursiones bagáudicas de los vascones. Tras vencerlos, fundó en 581 la ciudad de Vitoria, que pervive actualmente como capital de Álava y de la región vasca.
Solo tras solucionar este problema tomó el rey la iniciativa en el sur. En 582 tomó Mérida y sucesivamente las ciudades del Betis: Itálica, Sevilla y Córdoba. Hermenegildo, apresado en 583, fue enviado a prisión en Tarragona, donde murió decapitado, por negarse a comulgar con la fe arriana, según la leyenda. Diez siglos después sería canonizado en Roma, a instancias de Felipe II, como ejemplo y patrono de conversos. Su esposa Ingunda trató de huir a Constantinopla y pereció en el camino, habiendo dejado un niño lactante, cuyo rastro se perdió en la capital bizantina.
Salvada la difícil prueba, Leovigildo pudo ocuparse del problema suevo. Según parece, el rey suevo, Miro, había aprovechado la guerra entre padre e hijo para debilitar el poder godo, ayudando al rebelde; pero había sido vencido en Mérida y obligado a sumarse al vencedor. El malestar entre ambos aumentó tras la muerte de Miro en 582 u 83, situación que, sumada a una ofensiva franca sobre Septimania, obligaba a los godos pelear en dos frentes. Leovigildo se encargó en persona del reino suevo y envió a su hijo Recaredo a Septimania. La doble campaña finalizó con la victoria tanto sobre los francos como sobre los suevos. El reino de estos había durado 176 años, sin integrarse nunca en la población local, pese a su conversión al catolicismo, y finalmente quedaba anexionado al de Toledo que así se extendía sobre toda Hispania, exceptuando la franja bizantina al sureste y la franja cantábrico-vascona al norte.
------------
Hoy, en El economista:
NEGRÍN
Negrín participó en el asalto al poder republicano en octubre de 1934, organizado por el PSOE, textualmente, como una guerra civil. Después, con el Frente Popular, contribuyó a la destrucción de la legalidad republicana que causó la reanudación de la guerra civil en julio del 36. Ya en plena contienda fue ministro de Hacienda en el gobierno de Largo Caballero, principal impulsor de la guerra civil en 1934 y posteriormente. Como ministro, creó ilegalmente un ejército particular de carabineros, pero sus decisiones más graves fueron el envío del grueso del oro español a la URSS, un sistema sin la menor garantía diplomática ni financiera, perdiendo el gobierno de Madrid el control sobre sus reservas financieras y autonomía en la compra de armas. Otra decisión no menos delictiva fue el descerrajamiento de las cajas de seguridad de los bancos y montes de piedad, el robo de divisas y joyas a los particulares y la organización sistemática del expolio del tesoro artístico e histórico de la nación. De todo ello hay abundante prueba documental, que he resumido en Los mitos de la guerra civil.
En 1937, defenestrado Largo, Negrín ascendió a la jefatura del gobierno. Acogido al principio con simpatía por sus aliados, pronto estos, empezando por Azaña, empezaron a recelar de su excesiva identificación con la línea de Stalin. Y pronto, también, empezaron a temer que una victoria en tales circunstancias sería para ellos una desgracia mayor que el triunfo de Franco. Como es sabido, estos temores culminaron en una guerra civil entre las propias izquierdas, con la que terminó la contienda general.
Para redondear esta nota, recordemos que Negrín trató de prolongar la lucha para enlazarla con la guerra mundial, lo que habría multiplicado víctimas y pérdidas. Y que los suministros de armas estuvieron plagados por una inmensa corrupción.
Ahora el PSOE ha reivindicado a Negrín, se ha identificado con su figura. Qué menos.
San Isidoro, obispo católico de Sevilla, expresó en su célebre Laus Spaniae el nuevo espíritu que acompañó a la formación de la nación: "De todas las tierras que se extienden desde el mar de Occidente hasta la India, tú eres la más hermosa, ¡oh sacra y siempre venturosa España, madre de príncipes y de pueblos!". España aparecía netamente como nación, un país nuevo e independiente surgido entre grandes esperanzas, al cual presenta Isidoro, metafóricamente, como el matrimonio del pueblo godo, figurado como el elemento masculino por su prestigio guerrero, con la sociedad hispanorromana.
La novedad de esta alabanza de España se percibe al compararla con laudes anteriores, como la del galorromano Pacato, en honor de Teodosio: "Ella (Hispania) trajo al mundo los soldados más duros , los generales más hábiles, los oradores más expertos, los poetas más ilustres; ella es madre de gobernadores, madre de príncipes, ella dio al Imperio al insigne Trajano y luego a Adriano, a ella le debe el Imperio tu persona" ; o la referencia, del año 398, del poeta egipcio Claudiano a Hispania, "fecunda en buenos emperadores" y en "muchas princesas" (A Claudiano, uno de los mejores poetas de su tiempo se debe también un testimonio de la exhuberancia del Levante español, tierra "de rosas y de flores", gracias a sus regadíos). Ya hemos visto asimismo cómo diversos autores hispanorromanos expresaron el orgullo por su origen, por los personajes famosos nacidos en la península o, en contradicción aparente, por hechos heroicos antirromanos como los de Numancia; pero todo ello dentro de un espíritu de integración en el mundo imperial. Ese espíritu cambia de raíz en la alabanza y concepción general de Isidoro: no solo atribuía a los tervingios, los primeros debeladores de Roma, un papel clave en la nueva nación, sino que remitía el Imperio al pasado y rechazaba los intentos de reconstruirlo, desde Constantinopla o de cualquier otro modo. Precisamente la familia de Isidoro, de la nobleza hispanorromana, había huido de la ocupación bizantina de Cartagena para instalarse en Sevilla, el mayor centro cultural y económico del reino. Era el momento de Hispania, de España.
¿Recogía Isidoro un patriotismo más extendido, o un sentimiento aislado del clero y algunas familias pudientes? No podemos saberlo con certeza, pero el episcopado, una red política paralela a la de la oligarquía goda, gobernaba a los hispanorromanos, de hecho y de forma más inmediata que el estado oficial. Y su influencia se extendía a los propios godos, los cuales incluso en el período arriano prefirieron mantener un trato aceptable con los jefes del catolicismo, para ceder finalmente a su influjo en el III Concilio. Los obispos eran entonces los líderes de opinión de la gente común, y los sentimientos patrióticos de esta, no debe olvidarse, suelen sobrepasar a los de sus dirigentes. Lo hemos visto con claridad en el siglo XX, cuando, según frase ideológica, "los trabajadores no tienen patria". Parece razonable, por ello, suponer que el patriotismo expuestos en el Laus Spaniae no se limitaba ni mucho menos a unos pocos.
No solo Isidoro, también tres de sus cuatro hermanos, Leandro, Fulgencio y Florentina, desempeñarían un papel cultural y político de vasto alcance. A Leandro e Isidoro se debe ante todo la atracción de los godos al credo de Nicea. Leandro, el mayor de los hermanos, había convencido a Hermenegildo y tomado partido por él en su rebelión, lo que le costó el destierro a Constantinopla (donde conoció al futuro papa Gregorio Magno, entonces enviado de Roma, origen de una duradera amistad entre ambos). Vuelto a España, tuvo también parte en la conversión de Recaredo.
El éxito político de Leandro se acompañó de otro cultural de la mayor trascendencia: preocupado por la instrucción de los clérigos, creó una nutrida biblioteca, quizá la más importante de Occidente, para la que acopió cuantos manuscritos pudo de Hispania, y muchos otros de Roma, Constantinopla o África, conseguidos de su propia actividad o de refugiados y viajeros. La biblioteca contenía, como advertía la entrada de la misma, tanto obras cristianas como profanas, y convirtió a Sevilla en un centro intelectual de primer orden en la Europa occidental de entonces, quizá el de mayor importancia. Isidoro, formado en ese espíritu, continuó la obra de su hermano cuando, a la muerte de este, fue elegido a su vez obispo de la ciudad. Creó escuelas episcopales y un numeroso equipo de copistas mediante los cuales aumentó constantemente la biblioteca. Por indicación suya, el IV Concilio de Toledo, en 633, exigió a todos los obispos hispanos la creación de escuelas episcopales y seminarios, según el modelo de Sevilla, en las cuales debía enseñarse griego, hebreo, artes liberales, derecho y medicina.
Tanto Leandro como Isidoro fueron autores, asimismo, de obra escrita, aunque del primero solo se conserva su homilía, leída triunfalmente al final del III Concilio, sobre la conversión de los godos, y unas normas para la vida monástica femenina, elogio de la virginidad y el desprecio del mundo. La regla fue redactada para su hermana Florentina, fundadora, según la tradición, de hasta cuarenta monasterios, con un millar de monjas en total. De su otra hermana, Teodosia, prácticamente no se sabe nada.
Es de Isidoro de quien se conserva el mayor número de obras. Su Laus Spaniae se encuentra en el prólogo a su Historia de los godos, los suevos y los vándalos, una obra desigual, en realidad un panegírico de la monarquía tervingia, con mezcla de elementos legendarios y reales, pero que aporta datos valiosos sobre la época. Isidoro es solo el más notable de un considerable número de clérigos interesados en salvar el legado clásico y elevar el nivel intelectual de la sociedad. Así, dedicó su vida al estudio y la escritura de obras teológicas o filosóficas (como De la naturaleza de las cosas, libro de astronomía, astrología e historia natural, que testimonia los grandes retrocesos operados ya durante la época romana con respecto a Grecia, pero también la permanencia del interés por tales cuestiones. El libro, dedicado al rey Sisebuto, sugiere también el deseo de elevar el nivel cultural de, por lo menos, los altos dirigentes visigodos), etc.
Pero su trabajo de mayor repercusión, extraordinariamente ambicioso para su época, fue Etimologías. La escribió ya en la senectud, cerca de los setenta años, con muchos problemas de salud y a petición, hecho también indicativo, de otro obispo muy preocupado por la cultura, Braulio de Zaragoza. La obra intentaba compilar el legado clásico y el cristiano, recogiendo a menudo directamente a autores que de otro modo habrían quedado desconocidos para la posteridad (no debe olvidarse que casi todos los documentos de que hoy disponemos sobre Roma y Grecia provienen de las copias realizadas en la llamada Edad Media), o reproduciendo a autores como Boecio. El libro engloba y amplía el sistema del trivium y el quadrivium, ideado por un autor africano de los siglos IV-V, Marciano Capella. Este sistema fundaría la educación medieval y sus desarrollos posteriores en Europa, hasta nuestros días. El trivium (gramática, lógica o dialéctica, y retórica) enseñaba las reglas del pensamiento y la expresión; el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía --Isidoro describió la tierra como redonda-- y música) enseñaba conocimientos generales científicos o prácticos. El libro de Isidoro incluía teología y otros temas eclesiásticos, historia natural, agricultura, derecho, literatura, medicina y otras muchas materias, y reintroducía a Aristóteles en la cultura occidental. Aunque sus versiones etimológicas caen en lo pintoresco, sus grandes méritos resaltan mucho más: se trata, en rigor, de la primera enciclopedia de la Europa occidental, labor posible, dentro de sus limitaciones, gracias a la biblioteca, magnífica para su tiempo, acumulada por Leandro; conserva un amplio acervo de conocimientos y autores que probablemente se habrían perdido; y su método preestablece los índices y la clasificación alfabética, de tanta difusión y utilidad posterior. Escrito en lenguaje conciso y sencillo, defendía los puntos de vista de Cicerón y Quintiliano en pro de un latín puro y elegante, no necesariamente arcaico, frente a la progresiva evolución del idioma hacia el romance más tarde conocido por mozárabe. Por todo ello Las etimologías se convertiría durante diez siglos en el libro de texto más usado en Europa, encontrándose unos diez mil ejemplares distribuidos por el continente.
El pensamiento político de Isidoro subraya la independencia de la Iglesia, si bien dentro de una estrecha simbiosis con el poder real, cuya autoridad atribuye a Dios. Esta simbiosis debía resolver los tradicionales problemas de la conversión del poder en tiranía, de las revueltas populares y las intrigas oligárquicas. La Iglesia aseguraría la paz pública con su predicación e influencia, manteniéndose leal al monarca. A su vez, el rey debía obrar con justicia y piedad, pues de otro modo se convertiría en tirano y podría ser excomulgado y legítimamente derrocado. Este pacto entre la Iglesia y los monarcas garantizaba, idealmente, la estabilidad del poder y la evitación de la tiranía. La realidad distaría a menudo del ideal.
También admitía Isidoro, y por lo demás el episcopado español, su subordinación al obispo de Roma, aun manteniendo hacia él cierta independencia de criterio, como revela el episodio de Braulio y el papa Honorio I. Este escribió en 637 a los prelados españoles urgiéndoles a demostrar mayor celo contra los judíos. Braulio, en nombre del clero hispano, contestó que la lentitud de las conversiones de judíos se debía a la necesidad de convencerlos mediante una constante predicación; y que ninguna persona, por grande que fuera su delito, podía recibir tales penas como las propuestas por el papa. Que debían de ser realmente crueles, porque la legislación visigoda contra los judíos ya era de por sí muy dura. Braulio incluso corregía algún error doctrinal del papa, que, por cierto, sería condenado posteriormente como hereje, debido a otras razones.
A Isidoro se debe asimismo la primera afirmación escrita conocida de la predicación de Santiago del Mayor en España. El hecho de que lo comentase meramente de pasada en una obra sobre los Apóstoles da a entender que se trataba de una tradición corriente y no discutida, cuyo origen desconocemos. Como ya quedó señalado, la predicación jacobea en España ha sido puesta en duda, básicamente por falta de documentación. Falta que no constituye una prueba, habiendo desaparecido infinidad de documentos cristianos, ya bajo el Imperio romano; y máxime para épocas en que los sucesos se transmitían sobre todo oralmente. No es posible dilucidar la veracidad de la tradición, pero en cualquier caso, ella iba a tener la mayor trascendencia religioso-política en los siglos posteriores.
En el orden intelectual, Isidoro fue ciertamente una de las figuras más relevantes de su tiempo en toda Europa. Braulio, su amigo y obispo de Zaragoza, lo consideró un hombre elegido por Dios para salvar a Hispania de la marea de barbarie tras la caída de Roma, y el aprecio que suscitaría, sin duda muy justificado, se mantendría en lo sucesivo (Aún hoy se le ha propuesto como patrón de la informática, precisamente por su concepción de las Etimologías).
-----------
"Blanco exige a Rajoy que se arrepienta públicamente de la guerra de Irak"
¡Pero si ya lo ha hecho! Ya ha traicionado a Aznar públicamente, ¿qué más le piden al pobre hombre? Realmente despiadados, estos sociatas.
No es casual ni producto de la ignorancia que el gobierno Zapo se identifique como "rojo" y con el Frente Popular de 1936. Una línea los une, efectivamente, y el propio Zapo lo reconocía en su último congreso: "Siempre nos hemos reunido bajo las mismas siglas, siempre bajo los mismos valores, siempre con la misma voluntad". Y así es, no han cambiado en nada esencial desde que se proclamaban abiertamente marxistas y trataban de imponer su dictadura y organizar la guerra civil. Solo los ciegos voluntarios (pero hay muchos) pueden dejar de verlo. Cuando los nazis explicaban con la mayor claridad su doctrina y objetivos, gran número de necios desarmaba a la opinión pública afirmando que "ya se amansarían", que "no era para tanto", incluso que, dándoles el poder, "el furtivo (Hitler) se convertiría en guardabosque". Por lo que conviene volver a explicar el Frente Popular, precedente e inspirador de la política de Zapo y tan ignorado por la inmensa mayoría.
En octubre de 1934 el PSOE y la Esquerra de Companys declararon la guerra civil, con participación de comunistas (entonces un partido menor) y de un sector anarquista, más el apoyo del partido de Azaña y demás republicanos de izquierda (también del zascandil Miguel Maura), y cierta complicidad del PNV. Ante el fracaso de aquella insurrección gran parte de sus promotores (Largo Caballero, Carrillo...) se dedicaron a preparar otra guerra mejor organizada. En cambio otro sector izquierdista, con Prieto y Azaña a la cabeza, optaron por un cambio de estrategia: crear un frente para ganar las elecciones y entonces, dueños de los resortes del poder, imponer sus objetivos cambiando la naturaleza del régimen. Un golpe de estado, en fin, con apariencias de legalidad. Seguían, consciente o inconscientemente, la estrategia nazi, que también había intentado imponerse mediante un putsch para rectificar a continuación y explotar fraudulentamente las facilidades de la democracia liberal. Curiosamente la misma evolución siguieron los comunistas, desde la táctica insurreccional de "clase contra clase" a la de Frente Popular, aunque los comienzos de este frente, en España, vendrían de Azaña y Prieto, como quedó indicado, y no del PCE.
La primera hazaña de la nueva estrategia fue la intriga mafiosa del straperlo, con la que los dos líderes frentistas aniquilarían al moderado partido de Lerroux, que amortiguaba los golpes entre derechas e izquierdas. Y poco después, favorecidos por la demagogia y el resentimiento de Alcalá-Zamora, pudieron presentarse a las elecciones de febrero de 1936, que pasarían a la historia, precisamente, como "las elecciones del Frente Popular", y cambiarían la historia de España.
Aunque se ha presentado el programa electoral del Frente Popular como moderado, no lo fue en absoluto: se trataba de cambiar puntos esenciales de la legalidad republicana de tal modo que la oposición derechista quedase reducida a la impotencia y abiertas las puertas a la imposición de la izquierda sin los frenos propios de la democracia. Pues la república, pese a sus muchas deficiencias, había nacido como una democracia, demostrada en el hecho de que la derecha pudiese ganar las elecciones de 1933. Tal cosa parecía totalmente inaceptable para una izquierda convencida de que el régimen republicano solo valía si gobernaba ella (en términos muy parecidos se había expresado Azaña). Para el PSOE, Azaña y demás izquierdistas, la victoria de la derecha no debía repetirse en absoluto, para lo cual la república debía transformarse en algo semejante al PRI mejicano. El modo como en febrero del 36 "ganó las elecciones" el Frente Popular, en un proceso repleto de irregularidades y violencias, ya tuvo mucho de golpe de estado, y así la política seguida a continuación.
No viene ahora al caso narrar los sucesos de aquellos meses, hoy bien conocidos o al alcance de cualquier persona interesada. Sí resumir este punto: la izquierda, tras asaltar el poder en 1934, o colaborar en el asalto, optó por la vía del Frente Popular, de apariencia legalista, para ganar las elecciones del modo que fuera y desde el poder transformar el régimen y anular progresivamente la democracia. Una estrategia con la que, implícitamente, se ha identificado el gobierno actual.
--------------
Veo en un local del Corte Inglés el libro Falacias de la izquierda y silencios de la derecha en el tercer puesto de los más vendidos. Se trata, como saben los lectores, de una recopilación bastante sistematizada de artículos de LD y de este blog. Su difusión no deja de ser un varapalo a la degradación política que hoy vivimos. Permítanme expresar esta pequeña alegría dentro de un panorama bastante sombrío.
--------------
"Nolla y Girauta dejan la FAES catalana por sus discrepancias con Sánchez-Camacho".
Son noticias que hay que divulgar al máximo. Quien colabora con la indecencia, se pringa.
Basta que Zapo detenga a unos cuantos etarras para que el Futurista Solemne y sus señoritos expresen su satisfacción, olvidando los inmensos premios políticos (la liquidación de la Constitución y la dislocación de España) otorgados a los asesinos por el gobierno, el mayor colaborador que la ETA ha tenido en su historia. Realmente sorprende que la ETA no se haya dado por satisfecha, porque jamás había conseguido tanto y tan barato, cuando, con Aznar, se hallaba en situación crítica. Imagino que dentro de la banda etarra habrá en estos momentos muchas dudas sobre si seguir pegando tiros o contentarse, al menos de momento, con tan cuantioso botín.
La colaboración de los "gorrinos" con los asesinos tenía, tiene, sólidos fundamentos en una serie de antivalores compartidos: la aversión a la Constitución, a España, a la democracia liberal, una versión totalmente ficticia de la guerra y del franquismo... No se trató en ningún momento de "rendición" a la ETA, como decía el Solemne, sino de pacto con ella para fines comunes.
Que estos pactos se hayan estropeado un tanto no debe borrar la evidencia de lo mucho que ya han avanzado, de lo mucho que ya han destruido; al "olvidarlo", el Solemne apoya la obra gobierno-ETA. Ni debe borrar el hecho de que una ulterior colaboración sigue abierta, como se ha asegurado Zapo en el Congreso. No es lo mismo detener a un etarra con la perspectiva de una larga condena cumplida íntegramente, como empezaba a vislumbrarse con Aznar, que en la perspectiva de una "solución política" y liberación relativamente próxima de los pistoleros, convertidos en héroes populares. También el Solemne "olvida" este dato.
Colaboración, pues, de los "gorrinos" con los asesinos. Y, a su vez, colaboración con los gorrinos por parte de los señoritos-as de la Nena Angloparlante, ansiosos de poltronas y de hacerse simpáticos a los liquidadores de la ley democrática. La vuelta a "lo de siempre". La competencia de miserables. La chusma, que no clase, política.
-----------
De De un tiempo y de un país
"(Después de la liberación de Oriol y Villaescusa y las caídas correspondientes) En diversos comités los militantes se disfrazaban estrafalariamente y, por evitar llamar la atención, conseguían lo contrario. Cualquier conocido que los tropezase en la calle no dejaba de identificarlos, boquiabierto ante las curiosas vestimentas, teñidos de pelo y aparatosas gafas de sol en pleno febrero, del supuesto irreconocible. A algunos no les llegaba la ropa al cuerpo. Un comité entero se refugió en un piso y apenas se atrevía a salir de él. En una habitación de una residencia universitaria permaneció varios días un círculo estudiantil, acrecentado con otros perseguidos y algún miembro del Grapo. Cubrir los puestos de responsabilidad se hacía complicado, pues casi nadie los aceptaba, y a veces quien aceptaba un día dimitía o desertaba al siguiente. Los detenidos y fichados sumaban una mayoría de las células de base y comités locales.
No obstante, fueron comparativamente pocos los que perdieron los nervios. Aun descorazonados, cumplían con disciplina, una vez se les convencía discutiendo con ellos. Pronto conseguimos restablecer el mínimo de conexiones indispensables. Para poner remedios de urgencia nos movíamos lo imprescindible, que inevitablemente era mucho, sin saber por dónde recibiríamos el próximo mazazo, con la inquietud de vernos asaltados por una manada de perseguidores en el punto de contacto. Teníamos que hablar con militantes y responsables, alentarlos, recuperar o cortar hilos, mantener la alerta frente a incidentes, recabar medios económicos, pisos...
Pérez se había resguardado junto con Montse en una vivienda de las afueras, de la que prácticamente no salía. Allí se reunía con la comisión política. Cuál no fue mi desagrado cuando, a los dos días de admitir mi responsabilidad en la reorganización del partido, Pérez intentaba vetarme: él mismo se haría cargo. Me brotó un sudor frío. A medias rabioso y desesperado, le hice ver que yo tenía más experiencia y que no tenía pies ni cabeza enmendar en tales momentos lo acordado. Le ofrecí carta blanca para revisar cada medida que yo tomase. Brotons me secundó con firmeza y el secretario, haciéndose el demócrata, acató por fin la decisión. No volvió a echar un vistazo a mi trabajo, lo que le sirvió posteriormente para encizañar a los militantes con la historia de que yo disponía las medidas por mi exclusiva cuenta.
No acabaron ahí las trabas. Presenté un plan de reorganización que incluía cometidos para las diversas ramas del partido y la puesta a salvo de la comisión política. Pérez advirtió que a su juicio no se destacaba lo suficiente este último punto, el decisivo. Él proponía que emigrásemos a Argelia. Lo tenía meditado.
– ¿A Argelia? ¡Allí estaríamos coartados! Tendríamos que vivir bajo la protección de los servicios secretos, porque ellos no iban a consentir otra cosa, y además, de no ser así, nos expondríamos a que nos liquidase fácilmente quien quisiera. ¿Y cómo vamos a dirigir desde allá la labor en España? En el extranjero pierdes la perspectiva.
– Lo importante es situarnos fuera del alcance de la bofia. Yo no veo qué tiene de malo que nos protejan los servicios secretos. Seguramente son el sector políticamente más avanzado de Argelia. Y no vamos a llevar la vida típica del exiliado, subvencionados, en hoteles y demás. Les pediremos trabajo en la construcción o donde sea. Así seguimos en contacto con el pueblo y pagamos el favor que nos hacen, ayudamos al país. Los argelinos han sido los únicos que se han portado bien con nosotros, ¿verdad? No hay razones para desconfiar.
Un año después, Pérez y los suyos acusarían frenéticamente a los servicios secretos argelinos de haber vendido a la policía española el comité central del PCE(r). Como se sabe, dicho comité en pleno fue arrestado en Benidorm en octubre del 77. ¿Hasta tal punto se habían entregado a los argelinos que estos se hallaban en condiciones de vender la dirección del partido a Conesa? Increíble.
Bien, cuando se anunció el proyecto migratorio me opuse a él, señalando que no dispondríamos de cobertura más indicada que la aglomeración de Madrid o, mejor todavía, Barcelona. Cuanto más cavilaba, menos me resolvía al destierro. La permanencia en España y el encargarme de la reorganización eran las dos condiciones de mi permanencia en el partido, si bien no las exponía abiertamente –mientras no se cerraran la puertas– para evitar la impresión de ultimátum.
Como alternativa intermedia se sugirió refugiarnos en una ciudad donde nunca hubiera actuado el partido, y que fuese lo bastante grande y tranquila. Pensamos en Alicante... podría discutirse.
Sonó el timbre. Enmudecimos. Nuevos timbrazos. Pérez llamó en voz baja a Montse y le susurró que atisbara por la mirilla. En el rellano esperaban dos mujeres, una con un niño. Al no abrírseles, llamaron a la puerta de enfrente y preguntaron por un piso para alquilar.
– ¡Sí, sí! ¡Un piso para alquilar! ¡Esas andan detrás de otra cosa!
– Igual son mujeres de polis, que se ganan un sobresueldo husmeando de acá para allá
– Seguro. Esos cabrones tratan de rematarnos. Es natural.
– La madre que los parió. Como nos pesquen ahora, no nos reponemos en quién sabe cuánto. ¿Veis como lo mejor es largarnos a Argelia?
Y dale (...)
A la semana, aproximadamente, de la liberación de Oriol y Villaescusa, volvía a funcionar, si bien en precario, la dirección. Se conocía el alcance del desastre. En cada comité local, excepto el de Vizcaya, nos quedaba un número de militantes inferior a la docena, incluso a la media docena, y no todos firmes..."
-----------
"Motivación y democracia", de Sebastián Urbina:
http://documentos.fundacionfaes.info/es/documents/show/00069-05
-----------
De Años de hierro
“Más bajo no puede llegarse (…). No tenemos nada nuestro: nos han quitado la ropa, los zapatos, hasta los cabellos (…) Nos quitarán hasta el nombre (…) Pensad cuánto valor, cuánto significado se encierra aún en la más pequeña de nuestras costumbres cotidianas, en los cien objetos nuestros que el más humilde mendigo posee: un pañuelo, una carta vieja, la foto de una persona querida. Estas cosas son parte de nosotros, casi como miembros de nuestro cuerpo, y es impensable que nos veamos privados de ellas. (…) Imaginaos ahora a un hombre a quien, además de a sus personas amadas, se le quiten también la casa, las costumbres, la ropa, todo, literalmente todo lo que posee: será un hombre vacío, reducido al sufrimiento y a la necesidad, falto de dignidad y de juicio, porque a quien lo ha perdido todo fácilmente le sucede perderse a sí mismo; hasta tal punto que se podrá decidir sin remordimiento su vida o su muerte prescindiendo de cualquier sentimiento de afinidad humana; en el caso más afortunado, apoyándose meramente en la valoración de su utilidad”.
Esto recuerda las condiciones del ancestral tráfico de esclavos si no fuera porque el objetivo era el exterminio, bien directo, bien por una combinación de hambre, frío y trabajo extenuante. Pero había “los hundidos y los salvados”. Los primeros, a quienes, por algún capricho, llamaban “musulmanes”, no resistían la presión y vivían poco tiempo: “Su número es desmesurado (…) la masa anónima, continuamente renovada y siempre idéntica, de no hombres que marchan y trabajan en silencio, apagada en ellos la llama divina (…). Se duda en llamarlos vivos (…). Si pudiese encerrar todo el mal de nuestro tiempo en una imagen, escogería esta imagen que me resulta familiar: un hombre demacrado, con la cabeza inclinada y las espaldas encorvadas, en cuya cara y en cuyos ojos no se puede leer ni una huella de pensamiento”*.
Otros, más voluntariosos o capaces, sobrevivían, a menudo a costa de otras miserias: “Las vías de la salvación son, en cambio, muchas, ásperas e impensadas”, empezando por la accesión al funcionariado del campo (kapos, enfermeros, encargados de barracas, letrinas, duchas, y hasta jovencillos homosexuales). “Típico producto de la estructura del Lager alemán: ofrézcase a algunos individuos en estado de esclavitud una posición privilegiada, cierta comodidad y una buena probabilidad de sobrevivir, exigiéndoles a cambio la traición a la solidaridad natural de sus compañeros, y seguro que habrá quien acepte (…) Cuando le sea confiado el mando de una cuadrilla de desgraciados, con derecho de vida y muerte sobre ellos, será cruel y tiránico porque entenderá que si no lo fuese lo bastante, otro (…) ocuparía su puesto. Sucederá además que su capacidad de odiar, que se mantenía viva en dirección a sus opresores, se volverá, irracionalmente, contra los oprimidos”. “Muchísimos son los caminos imaginados y seguidos por nosotros para no morir (…) Todos suponen una lucha extenuante de cada uno contra todos, y muchos, una suma no pequeña de aberraciones y compromisos. Sobrevivir sin renunciar a nada del mundo moral propio (…) no ha sido concedido más que a poquísimos individuos superiores, de la madera de los mártires y los santos”.
“Todo esto está lejos del cuadro que suele imaginarse de los oprimidos que se unen, si no para resistir, al menos para sobrellevar algo. No excluyo que así puede ser cuando la opresión no supera un determinado límite, o cuando el opresor, por inexperiencia o por magnanimidad, lo tolera o lo estimula. Pero advierto que en nuestros días, en todos los países en lo que un pueblo ha puesto su pie de invasor, se ha establecido una situación análoga de rivalidad y de odio entre los sometidos; y esto, como otros muchos hechos humanos, se ha podido comprobar en los Lager con particular y cruel evidencia”. La extrema degradación de lo que solemos entender por humanidad, abarcaba, desde luego, a los SS, convertidos en una especie de perros de presa. Ellos supervisaban los campos de muerte, dejando la organización y trabajo práctico a los esclavos privilegiados, sobre quienes ejercían un poder absoluto.
¿Conocía estas cosas el pueblo alemán? Sin duda las ignoraba en sus detalles, y muchos las considerarían imposibles en una población satisfecha, y no sin razones, de de su avanzada cultura. Pero aunque ignorase los detalles conocía a bulto, pero muy bien, el hecho de la persecución, y la mayoría estaba de acuerdo o se desinteresaba de ella, por considerar a los judíos los enemigos peores y más íntimos de Alemania. La mayoría debía de pensar, más que en un exterminio, en una concentración cruel, pero merecida, para obligarles a trabajar en interés del asediado Reich. Dentro del propio Auschwitz, grupos de prisioneros, como los ingleses, que vivían relativamente aislados y en las condiciones exigidas por la legalidad internacional, tuvieron seguramente una información insuficiente sobre lo que pasaba a su alrededor con los polacos, rusos o gitanos, y sobre todo con los judíos.
El mismo nivel de información, todavía más restringido, lo tenían el gobierno y la población españolas. Conocían la existencia de una persecución brutal, pero en su imaginación el sistema nacionalsocialista era caballeroso, o al menos lo bastante caballeroso como para no llegar a tales extremos. Las informaciones más espeluznantes resultaban poco creíbles y tendían a interpretarse como propaganda.
* La descripción es muy similar a la del GULAG soviético: “Los árboles hacían invisibles las estrechas entradas, (…) que conducían a enormes talleres subterráneos, donde miles de forzados y obreros libres llenaban granadas, bombas, minas (…) Toda la zona estaba vigilada por hombres armados del NKVD, que en su mayoría llevaban fieros perrazos adiestrados (…) Caía una fina lluvia. Poco después de las seis vi que un contingente de unos cuatrocientos hombres y mujeres, de diez en fondo, marchaban escoltados por guardias armados hacia los talleres subterráneos. En los años de mi vida había podido contemplar a muchos desgraciados esclavos sometidos a toda clase de privaciones. Nunca supuse que estaba destinado a ver criaturas aún más trágicas (…) Aquellas caras de color amarillo, enfermizo y exangüe, eran espantables mascarillas. Eran cadáveres que andaban, envenenados por las emanaciones de los productos químicos (…) Andaban con silenciosa melancolía, como autómatas, sin mirar a derecha ni izquierda (…) Una mujer se desmayó. Dos guardianes se la llevaron de allí, y ningún preso prestó la menor atención. Habían perdido la noción de la simpatía y las reacciones humanas”.
En El economista, ayer:
Podría hacerse una encuesta sobre algunas realidades actuales:
¿Quieres un país donde los ciudadanos tengan distintos derechos según las regiones?
¿Un país donde tengas problemas burocráticos para tu atención médica, según en qué región vivas? ¿Un país repleto de funcionarios generales y autonómicos, en su mayor parte innecesarios pero que debes pagar con tus impuestos?
¿Un país donde unos políticos, con frecuencia corruptos, se entrometen en tu vida privada, te indican lo que debes y no debes pensar acerca de mil problemas que no les incumben, y dicen hacerlo por tu bien? ¿Donde una televisión-basura y unos funcionarios sin escrúpulos pretenden "educar" a tus hijos según sus "valores"? ¿Donde los políticos atacan sistemáticamente la familia y los valores que han dado consistencia a nuestra cultura? ¿Donde, por eso, cientos de miles de familias se deshacen, con toda la carga asociada de dolor e infelicidad, de frecuente violencia, y con cientos de miles de niños criados sin verdadero hogar, sin padre o sin madre? ¿Donde la droga y el alcoholismo causan tantos estragos sobre todo entre los jóvenes, con cientos de muertes y taras silenciadas habitualmente? ¿Donde los políticos suprimen la igualdad ante la ley en nombre de igualdades inexistentes? ¿Dónde se ataca la libertad de expresión? ¿Donde, en algunas regiones, se impida a los niños estudiar en el idioma español común? ¿Donde se agrede constantemente la idea y los símbolos de España? ¿Donde se pretende imponer por ley una historia del país radicalmente falsa, que exalta a los destructores de la legalidad republicana, a los chekistas y a los etarras, y socava las bases de la democracia?
¿Un país donde el asesinato se convierte en forma de hacer política y es premiado por los políticos a costa de las víctimas directas, de la constitución y del estado de derecho?
¿Quieres esta España? ¿Crees que no hay otra posible?
---------------
***ESTRASBURGO SENTENCIA QUE NO TUVO UN JUICIO JUSTO
Gómez de Liaño: "En España aún existen jueces parciales y violaciones de la Ley".
¡Coño! ¿Aún? ¿En qué país vive este hombre? Y añade que es "preocupante" que las dos máximas instancias jurídicas del país reciban esta reprobación. ¡Preocupante! Habla como Rajoy. No es en absoluto preocupante, es revelador. Revelador del estado putrefacto de la justicia bajo los González y los Zapo. Calificarlo de "preocupante", como tantas cosillas más de la política, es renunciar a luchar contra tal estado de cosas. "Un importante tirón de orejas", califica la decisión de Estrasburgo la EPM. Con semejante cantamañanismo, los enemigos de la democracia entienden perfectamente que solo tienen que seguir avanzando.
*** "CUATRO Y LA SER MARGINAN LA RESOLUCIÓN DE ESTRASBURGO
El País relega el caso Liaño a la página 32, junto a la NASA y un fármaco contra el cáncer".
Lo de siempre, de nuevo: la trola, el choriceo y el puterío.
*** "FIRMÓ EL MANIFIESTO POR LA LENGUA COMÚN
La mujer de Óscar Pereiro: "Te hablo en gallego, lo prefiero, porque nos están acribillando".
Increíble. ¿Y por qué no acribillan ellos a los acribilladores, en lugar de retroceder lloriqueando, gallináceamente? ¿Es que no tienen razones y argumentos suficientes para poner al descubierto la mezcla de estupidez y canallería, como decía Marañón, de sociatas y separatistas? ¿Es que no juzgan oportuno defender los derechos democráticos contra la caterva de la trola, el choriceo y el puterío? Entonces solo merecerán perderlos.
*** "El juez imputa a Rubianes y Om Ferrer delitos de "incitación al odio" y "ultrajes a España".
Un juez antidemócrata, evidentemente, que se mete en un terreno que en las democracias es ajeno a los jueces. Rubianes no solo tiene derecho a expresar su modo de pensar y sentir, sino que debemos estarle agradecidos por haberlo hecho con tanta claridad, y ojalá otros muchos siguieran su ejemplo. Afortunadamente, en su caso hubo una reacción donde y como tiene que haberla: en la opinión pública. Pero los papanatas ansiosos de dictadura siempre preferirán la persecución legal.
---------------
De De un tiempo y de un país:
"En junio de 1975 la Organización de Marxistas Leninistas Españoles (OMLE) celebró un congreso, y en él decidió cambiar sus siglas por las de PCE(r), Partido Comunista de España (reconstituido). Al terminar las sesiones, un dirigente, Ares por nombre de guerra, expuso: "Por si para algunos camaradas no está claro, es importante señalar que la OMLE nace fuera de España, en la emigración. Nosotros consideramos que fue en el desarrollo de la lucha de clases en Francia, en mayo del 68, donde los españoles constatamos la falta del Partido. Nosotros éramos un pequeño grupo que nos dedicábamos a hacer trabajos de difusión de la lucha del pueblo vietnamita. Este grupo se encontró en mayo del 68 con una facción de Mundo Obrero Revolucionario, compuesto por obreros que la práctica demostró que había degenerado, pues allí abundaban los viajes, entrenamientos... Se llega a la reunión en que se fundó la OMLE, en Bruselas, con 25 miembros. La idea central era que hacía falta el Partido en España. El caso es que la organización nace y en una semana aquello se transforma en una pelea de lobos por los puestos. Aquello se deshace, el trabajo no se cumple y los camaradas que queremos trabajar nos quedamos descolgados. Un poco más tarde se ve la necesidad de traer camaradas a España para empezar el trabajo" (...)
Así pensaba la OMLE. Sorteadas las trampas de la emigración, la tarea inmediata consistía en cruzar los Pirineos. Ares, defensor de esta orientación, quedaba a la altura de 1975 como el único militante que había participado en las nebulosas actividades del exilio, siete años atrás, y por ello el único autorizado para testimoniar de las mismas. Los demás habían desertado o sido expulsados con el tiempo. Ares se identificó con cada uno de los virajes, a veces muy bruscos, de la OMLE-PCE(r) en su borrascosa trayectoria. Sin embargo su influencia directa sobre la marcha de la organización se hizo marginal a partir del momento en que ésta se implantó en España.
Ares se llamaba en realidad Francisco Javier Martínez Eizaguirre (Martínez o Martín), vizcaíno, hombretón afable y abierto, de buena fe hasta la ingenuidad, entusiasta y algo aprensivo. Residió en Francia largos años, sin venir a España más que esporádicamente, y supo eludir los morbos del destierro. Admiraba con calor a quienes en el país se arrriesgaban a la tortura, la cárcel o incluso la muerte. No obstante, la muerte violenta le alcanzó a él entre los primeros. Un día de junio de 1979, cuando se disponía a comer en un restaurante chino de París, dos pistoleros fueron a su encuentro y abrieron fuego a bocajarro. La prensa francesa se refirió con innecesaria agudeza a la pinta meridional de los homicidas, por lo que podemos imaginar que serían franceses en colaboración con la policía española.
Esa misma tarde caía un ex militante del PCE(r), en la misma ciudad. Yo lo había conocido cuando, al poco tiempo de la primera redada en serie contra la OMLE, en Andalucía, había exigido con malos modos ser pasado a Francia. Una vez allí reconsideró su postura y volvió a militar. Pero quizá terminó dándose cuenta de que el partido no iba a llegar muy lejos, o fue atraído por la vida hogareña junto a su mujer y sus dos hijos, gemelos de precaria salud. Dejó el partido. No le salvaría eso de morir joven.
Martínez Eizaguirre pertenecía al comité central y se ocupaba de las relaciones exteriores del PCE(r). Meses antes de su asesinato, la revista Blanco y Negro había publicado un disparatado informe que lo presentaba como principal cabeza del Grapo. El informe también citaba al autor de este libro y al escritor y periodista Eliseo Bayo, entre otros, como destinados a ser "ejecutados" por el Grapo "a la máxima urgencia". Semejantes "noticias" solo podían interpretarse como una especie de pantalla para la liquidación de los implicados por la policía.
Alarmado, Martínez Eizaguirre escribió a diversas publicaciones denunciando el agorero infundio. Pero la falta de hábito de la clandestinidad, o las dificultades para ocultarse, convaleciente como se hallaba de una caída al querer escapar de la policía, sellaron su suerte".
---------------
"KELME ME HA GANADO COMO CLIENTE
Supongo estáis enterados de las declaraciones de Oleguer, jugador del F.C. Barcelona, defendiendo la puesta en libertad del miembro de ETA José Ignacio de Juana Chaos y despreciando una sentencia dentro de un estado de derecho (estado que por lo visto él también desprecia).
Por este motivo, la marca que patrocinaba a este jugador (KELME) ha rescindido el contrato con dicho jugador.
Esto ha ocasionado un boicot por parte de grupos independentistas a la empresa KELME, en aras de la libertad de expresión mandando un mensaje bajo el titulo 'Kelme me ha perdido como cliente'.
Te propongo mandar un mensaje con el texto: KELME ME HA GANADO COMO CLIENTE, por suspender el patrocinio a Oleguer, por sus declaraciones apoyando al ASESINO José Ignacio de Juana Chaos.
Envíalo a todos tus contactos para solidarizarnos con una empresa que ha tenido los cojones suficientes para quitar públicamente el patrocinio a un individuo que apoya a los ASESINOS.
Si opinas como yo, reenvía el mensaje a los contactos que creas interesados para que KELME se vea apoyada en su correcta y valiente decisión".
---------------
http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/187136/la/alegria/progre.html
Tanto Hitler como Stalin tuvieron una incidencia del mayor relieve en la guerra civil española. Ambos representaban poderes totalitarios y terroristas, pero por entonces el nacional socialismo todavía no había practicado los crímenes masivos que le distinguirían más tarde, mientras que los rojos soviéticos acumulaban ya montañas de cadáveres. Es decir, el Hitler que apoyó a Franco no era aún el genocida, aunque apuntaba maneras, mientras que el Stalin que respaldó al Frente Popular había demostrado ya, muy sobradamente, su carácter de asesino en masa. La diferencia tiene el máximo valor moral y político, aunque la olviden sistemáticamente los historiadores a la lisenka.
No quedan ahí las diferencias. Stalin satelizó al Frente Popular. Gracias al oro enviado a Moscú, se hizo el amo del suministro de armas y con ello del destino de sus protegidos, a quienes dominó también por otros medios. Sus asesores militares tuvieron una influencia desmedida, imponiendo algunas operaciones y frustrando otras (como la ofensiva por Extremadura), contribuyendo a la maniobra política que acabó con Largo Caballero. Lo mismo cabe decir de la policía política rusa, que no solo operaba en España con sus propios centros de detención secretos y al margen del gobierno reolucionario, sino que dirigió y modeló la constitución del SIM, la policía política de Negrín y Prieto, conocida por su carácter terrorista.
Jamás llegó a tanto, ni muy de lejos, la influencia de los alemanes e italianos y Franco mantuvo en todo momento su independencia, hasta el punto de declarar, en la crisis de Munich de 1938, su neutralidad en caso de guerra europea, para frustración de Roma y Berlín.
Suelen afirmar los lisenkos que la ayuda hitleriana tuvo carácter decisivo, pues permitió a los nacionales pasar el ejército de África a la península, el hecho que convirtió en guerra civil el frustrado golpe militar de Mola. También aquí yerran, como he mostrado en Los mitos de la guerra civil. El puente aéreo sobre el Estrecho, primero de la historia, fue planeado y comenzado con aviones españoles. Y para cuando intervinieron en número suficiente los aviones alemanes e italianos, ya había alcanzado sus principales objetivos estratégicos al estabilizar a Queipo de Llano en Andalucía, pasar municiones a un Mola desesperadamente falto de ellas y acercarse a la unión de las dos zonas nacionales por Extremadura.
La intervención soviética sí tuvo alcance decisivo en la batalla de Madrid, de noviembre del 36. Entonces las izquierdas pudieron acabar con el ejército de África y en algunos momentos estuvieron cerca de ello. No lo consiguieron, pero en cambio su resistencia, determinada por la ayuda y los métodos soviéticos, determinó el alargamiento, por más de dos años, de una guerra que de otro modo habría concluido en cinco o seis meses, con el aumento consiguiente de las víctimas y destrozos. ¡Y menos mal que Negrín no logró enlazarla con la guerra mundial, como pretendía, en contra del designio de Franco expuesto en la citada crisis de Munich!
------------------
Dice Durán y Lérida que el catalán corre peligro. ¡Cómo! Aguantó casi cuarenta años sin cooficialidad ni enseñanza oficial, durante los cuales produjo además una buena literatura, y…¡está en peligro en plena democracia, cuando es cooficial y lengua de enseñanza! ¿Cómo es posible?
Pero no deja de tener alguna razón el señor Durán: algo perjudica seriamente al catalán, y son las patochadas que dicen y escriben en él los separatistas. Pueden consolarse pensando que con el castellano pasa algo semejante, convirtiéndose cada vez más en la lengua de la telebasura, los titiriteros, los lisenkos y los centenarios de la honradez. Mal de muchos…
-----------------
En El economista, la semana pasada:
LENGUAS REGIONALES
En España, además del español común (castellano de origen, reelaborado durante siglos por aportaciones de todas las regiones), se hablan varios idiomas regionales; todos, salvo el vascuence muy próximos al primero. Estos idiomas tienen escasa utilidad práctica porque todos podemos desenvolvernos en la lengua común, y porque la literatura y la vida cultural en ellos, sin ser desdeñable ni mucho menos, sobre todo en Valencia y Cataluña, no puede comprarse con las aportaciones en la lengua común dentro de cada una de esas regiones. Así, la literatura gallega en castellano supera evidentemente, en cantidad y calidad, a la misma en gallego; otro tanto cabe decir de los casos catalán o valenciano. En cuanto a los vascos, durante su historia han preferido desarrollar su actividad cultural en castellano hasta el punto de que la literatura en vascuence apenas existe. Y digo "han preferido", porque nada ha obligado a los intelectuales de esas regiones a expresarse en el español común, excepto el sentimiento de pertenecer a una misma nación, por encima de diferencias locales.
Los nacionalistas/separatistas justifican sus políticas contrarias a la historia real y a la democracia agitando el fantasma de una próxima desaparición de las lenguas regionales si no se las "protege", en rigor si no se margina al idioma común. Pero esas lenguas han sobrevivido durante siglos y han superado pruebas como su exclusión de la administración y la enseñanza oficial durante 36 años. Más aún, bajo el franquismo experimentaron un renacer literario. ¿Por qué iban a desaparecer bajo la democracia, cuando sirven libremente de vehículo –aunque no exclusivo, como se pretende– de la vida administrativa y de la enseñanza?
Con todo, es cierto que se enfrentan a un difícil reto: la lamentable literatura separatista aumenta, hincha más bien, la publicación en esas lenguas, pero las degrada con su farfolla.
------------------
Pequeñas historias a recuperar:
"Viví unos meses en una pensión de Bilbao, donde se alojaban también dos chicas, novias de policías o empleadas en dependencia policiales, lo que me oblogaba a esmerar las precauciones. Después me mudé a casa de un compañerpo que me ofreció habitación y comida a precio razonable. Era un portugués ya mayor, y vivía con su mujer, de la misma nacionalidad, en un caserón decrépito saliendo de Baracaldo hacia sestao. El edificio, de fachada terrosa y tres o cuatro pisos, se levantaba junto a un puente. Al lado se pudrían vetustas instalaciones de Altos Hornos. Frente al portal pasaba la carretera, de tráfico denso. Cuando circulaban camiones pesados, y lo hacían constantemente, trepidaban los pisos de la casa: supe que estaba en vías de ser declarada en ruina. Mi ventana daba al sucio riacho, y en el balconcillo guardaba la patrona unas cajas donde criaba tres o cuatro gallinas.
La mujer, madura de edad y carácter, atendía la casa y la mantenía muy limpia. Trabajaba aún más fuera, de asistenta. Con una pierna hinchada por la flebitis, la dura necesidad le imponía doblarse y arrodillarse muchas horas al día, fregando y limpiando. El marido, rezongón, socarrón y bienhumorado, estuvo en paro largas semanas. Entonces las estrecheces introducían hosquedad en el ambiente; por más que el humor y la discreción de ambos salvaban las riñas.
Hospedaban a un segundo realquilado, paisano mío, no anciano pero sí envejecido. Antaño había trabajado en Madrid, donde vivía con su familia. Un día comprobó que su mujer le era infiel y abandonó el domicilio sin querer dar ni pedir explicaciones. Nunca se refería a su desventura personal. Atormentado e incierto de su porvenir, se había aficionado al alcohol. Cuando llegaba un poco bebido, se ponía pesado, y la mujer del portugués no lo soportaba bien: "Ya sé que no tiene culpa, que es muy boa persona, pero é que non poso, non poso aguantalo", se excusaba al regañarlo, mezclando portugués y castellano.
Me despertaba con el tiempo justo para llegar al trabajo, recogía las dos marmitas que me dejaba la patrona llenas de comida, a menudo bacalao, como es de rigor, y salía hacia el tren. La carretera no tenía aceras, sino una estrecha cinta lateral sin pavimento, respetada más o menos por los vehículos. Corría por ella, pegado a las casas semiabandonadas, a los talleres ruinosos, sintiendo el empuje del aire despedido por los camiones al pasar a pocos centímetros; sorteaba el rosario de charcos, bajo las grandes tuberías que cruzaban a varios metros por encima de la carretera. En la estación de Baracaldo esperaba a un tren antiguo, verde, de chapas remachadas y plataformas abiertas. Los obreros se abalanzaban a él con más brío aún que el derrochado en el metro madrileño a las horas punta. Una vez llenos, a presión, los vagones, me colgaba de la plataforma, reviviendo tiempos lejanos de los tranvías de Vigo, cuando iba al colegio de la misma forma, saltando en marcha al venir el cobrador, por no pagar billete y por gusto.
En la estación de Olaveaga el tren perdía sus viajeros. La masa humana bajaba hacia la ría, por caminuchos embarrados, entre talleres, edificaciones viejas y huertecillos. Aún no amanecía, y por aquellos recovecos oscuros, aprovechando algún muro mal iluminado por un farol solitario, pegábamos de cuando en cuando carteles contra el franquismo. Los hombres que venían del ferrocarril se apiñaban un momento en torno a ellos y seguían su camino en silencio, o haciendo comentarios confusos; o hablando de otros asuntos.
Llegados al muelle, quedaba todavía un buen trecho que andar, en dirección a Bilbao. Subía un intenso olor a alquitrán, a gasoil, a breas, a agua putrefacta, a salitre si soplaba viento del mar. Las luces de los barcos y las fábricas se miraban quietas en la ría titilando imperceptiblemente, y contra el cielo que clareaba poco a poco se erguía el bosque de hierros, las estructuras metálicas de grúas y buques. A la derecha del muelle, espaciadas, dos tabernas donde se detenían muchos a largarse un copazo antes de iniciar la jornada. Después, a ponerse la ropa de trabajo y acudir por la herramienta y las instrucciones de los encargados..."
(De De un tiempo y de un país)
En contraste con los genocidios nazis, los realizados por los rojos han sido vistos por la izquierda con indiferencia cuando no con simpatía mal disimulada. Así desde las hambrunas provocadas por las medidas económicas soviéticas o el Holodomor ucraniano de 1932-33, que causó quizá hasta diez millones de muertos, y un mínimo de cuatro, hasta las matanzas de China y Camboya, que marcaron nuevos hitos en tal dirección. Los crímenes masivos de Lenin y Stalin eran bien conocidos en occidente, al menos en sus rasgos generales ya durante los años 20 y 30, y sin embargo la opinión socialdemócrata procuraba ocultarlos o justificarlos. Unas veces los negaba como "propaganda burguesa", otras los explicaba por necesidades históricas: se estaba creando una sociedad nueva, que implicaba tales sacrificios, como indicaba, por ejemplo, Jiménez de Asúa. En definitiva, las revoluciones se hacen con terror, y, como concluían algunos "republicanos" españoles, la revolución española habría fracasado por no haber aplicado suficiente terror, como venía a decir Margarita Nelken. En países más ricos se encontraban muy justificables los genocidios en sociedades como la rusa, la española u otras "atrasadas", aunque no los deseasen para sus propios países. Después de todo, compartían objetivos semejantes.
Aun hoy los informes sobre la espeluznante criminalidad roja despiertan una hipócrita incomodidad en nuestras sociedades, y se procura desviar la atención o emitir condenas puramente verbalistas e inconsecuentes. Para ello ha habido una razón política y otra moral. Políticamente, la URSS luchó contra el nazismo, aun si al principio se alió con él, y esto llevaba a muchos, también en la derecha, a dejar en segundo término sus sangrientas y casi inconcebibles fechorías.
En el aspecto moral, los genocidios rojos parecían más excusables que los nazis, al haber sido realizados en nombre de un alto ideal de la emancipación, del amor a la humanidad, a los explotados, etc., mientras que los nacional socialistas habían actuado en nombre de una superioridad racial doblemente ofensiva para la mayoría. Lo expresó con superficialidad, pero agudeza, Drieu La Rochelle en sus conocidas frases: "Los nazis son los cínicos, porque reconocen abiertamente su violencia, su tiranía. Y los comunistas son los hipócritas, porque niegan desvergonzadamente las suyas".
No suele repararse en que si los resultados fueron tan semejantes las razones fundamentales también debían serlo: en mi opinión, el utopismo ciencista.
----------
Todos contra la Constitución
Obsérvese la escalada nacionalista del PSC, consecuencia natural de la política de Zapo. Obsérvese la actitud de Rajoy y los suyos. Políticos delincuentes.
Al respecto: nunca dejará de sorprenderme la facilidad con que los elementos aznaristas, los demócratas, se han dejado birlar el PP por una banda de señoritos (y señoritas, conste; a Rajoy le gustan las mujeres, tome nota Mienmano) impregnados de las mismas ideas, o falta de ellas, que Zapo
----------
En Época
CÓMO DESTRUYÓ EL PSOE LA REPÚBLICA
El PSOE, gracias a su colaboración con la dictadura de Primo de Rivera, llegó a la república como el partido más fuerte, mientras que los demás, a izquierda y derecha, hubieron de improvisarse en pocos meses. En el PSOE había tres tendencias, representadas por Besteiro, Largo Caballero y Prieto. Besteiro era el más próxima a la democracia, Largo entendía la república "burguesa" solo como una palanca para imponer la dictadura del partido (del "proletariado"), y Prieto oscilaba.
Los dos primeros años republicanos gobernó la coalición azañista-socialista, y tuvo que sufrir varias insurrecciones anarquistas y el insignificante golpe de Sanjurjo, mientras sus reformas naufragaban por su sectarismo y chapucería según expone Azaña. Ello reforzó la tendencia de Largo Caballero. En enero de 1933, la matanza de campesinos en Casas Viejas por la republicana Guardia de Asalto, acabó de desacreditar al gobierno, y el PSOE, a lo largo del verano, decidió romper radicalmente con el régimen y preparar una revolución socialista.
Besteiro se opuso a tal proceso, denunciando: "Estáis envenenando la conciencia de los trabajadores con una propaganda falsa, que solo puede llevar a un baño de sangre y luego a luchas entre las propias izquierdas". Una advertencia profética. Pero Prieto se alió con Largo y, tras la amplia victoria electoral de la derecha en noviembre de 1933, marginaron a Besteiro y prepararon, textualmente, la guerra civil. En Los orígenes de la guerra civil he detallado el proceso, incluyendo los documentos secretos que se encontraban en el archivo de Largo Caballero, conservado en la Fundación Pablo Iglesias. La preparación incluía la infiltración en el ejército, acciones terroristas in crescendo y una propaganda exacerbada dirigida a las masas, con incitaciones a la guerra (textual, una vez más). A raíz de la victoria derechista en las urnas también los nacionalistas catalanes de Companys se habían declarado "en pie de guerra", Azaña intentaba golpes de estado y el PNV organizaba campañas desestabilizadoras. La situación se puso al rojo vivo.
La izquierda utilizaba como pretexto para tales movimientos un supuesto carácter fascista de la derecha. Besteiro lo negaba y, como he documentado, los jefes revolucionarios eran conscientes de la falsedad de sus acusaciones, pero las empleaban para movilizar a las masas.
El movimiento guerracivilista, desatado en octubre de 1934 en combinación con la Esquerra, fracasó dejando 1.400 muertos en 26 provincias (no solo en Asturias). El gobierno derechista y Franco defendieron la legalidad republicana, desmintiendo en los hechos las acusaciones de ser fascistas. No importó: las acusaciones siguieron con mayor furia. Para justificarlas, el PSOE organizó una gigantesca campaña, falsa en su mayor parte, sobre una presunta represión salvaje del gobierno Asturias por medio de asesinatos, violaciones y torturas. La campaña tuvo la mayor trascendencia: la insurrección de octubre había fracasado porque no había hallado ambiente entre la población. Ahora, en cambio, se creó un ambiente de odio como nunca antes.
En febrero de 1936, la izquierda volvió al poder en unas elecciones anómalas, y procedió a destruir la legalidad en un doble movimiento, desde el gobierno y desde la calle y los campos. Se trataba de un golpe de régimen desde el poder --similar al de Hitler tres años antes--, en medio de una marea de asesinatos, incendios y asaltos, que culminaron con el asesinato de Calvo Sotelo por policías y milicianos afectos a Prieto. La derecha, desoídas sus exigencias de frenar aquella marcha demencial, intentó un golpe militar, con Mola, contra un gobierno carente de legitimidad y contra la revolución. El golpe, fracasado, pudo concluir en una masacre general de derechistas, pero se desarrolló en guerra civil. Comenzada, en rigor, por los socialistas en 1934.
Conversación de sobremesa: "No deja de ser una ironía que los campos de exterminio se hayan convertido en una atracción turística". Ironía extraña, y no por voluntad o cálculo de alguien. "Sorprende hasta qué punto la guerra mundial sigue presente en Alemania". Una respuesta: "¡Y el jugo que le sacan!". Observación inapropiada: para los alemanes solo puede constituir un tormento moral subyacente. Porque la mayoría de ellos estuvieron con Hitler. Comenta una guía (alemana): "Al día siguiente de la derrota, nadie había sido nazi ni conocido a nadie que lo hubiera sido". Es duro hablar así de los propios padres, y la culpa, constantemente recordada, debe de resultar muy difícil de digerir. También podrían considerar los alemanes que ya han pagado suficientemente por aquellos hechos, y que quiénes son los demás para ponerse en plan de fiscales perpetuos e incorruptibles...
"Ha pasado y puede repetirse", indicó, con razón, Primo Levi. Pero ¿qué ha pasado? Los genocidios han sido parte de la historia humana. La conquista de la Tierra Prometida por los judíos tuvo bastante de guerra de exterminio, según relata la Biblia, y antes y después ha habido muchos sucesos parecidos. Hasta el siglo XX los crímenes masivos han surgido más de una situación de conflicto extremo (caso también de los bombardeos aliados sobre la población civil alemana y japonesa) o de una cierta instintividad, que de una teorización científica. Lo que convierte el Holocausto en un caso especial es precisamente ese carácter teorizado, frío y científico, donde el odio desempeña un papel accesorio (había más bien desprecio por los "infrahombres"). Von Luck, en sus memorias (traducción absolutamente infame, deliberadamente infame, pues cuesta creer tanta ignorancia e ineptitud) cita a algún jefe de campo de concentración convencido de estar cumpliendo un deber igual que un jefe militar en el frente, una labor no menos importante para la victoria, a desarrollar de forma concienzuda y con eficacia técnica, al modo de una operación quirúrgica.
Caso especial el Holocausto, pero no único. El mismo principio, las mismas pretensiones científicas rigen para los genocidios comunistas: los denominados burgueses –explotadores y obstáculos al progreso en la etapa histórica actual– pueden, y en muchos casos deben, sufrir exterminio, por el bien de una humanidad emancipada, pacífica, amorosa, y productiva.
------------------
** Toda historia de la España reciente que parta de considerar al Frente Popular un gobierno o un régimen legítimo solo puede ser, por eso mismo, una acumulación de desvirtuaciones.
** Quienes pintan a Franco con los rasgos de un mediocre algo estúpido y sediento de sangre no retratan a Franco, sino a sí mismos. Con la excepción, acaso, del tercer rasgo, en ocasiones.
----------------
"Sr. Moa, su caso me recuerda el chiste del que conduce por una autopista y oye por la radio: "¡Atención, un loco va por la autopista en dirección contraria!". "¡Cómo que un loco! –murmura el conductor– ¡Decenas, cientos, miles de locos!" Así usted contra los historiadores profesionales.
M. B. C."
------------------
El martes pasado, en El economista
UN ERROR DEL MANIFIESTO
El manifiesto por la lengua común afirma: "nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por el chino y el inglés".
Tal vez, si solo pensamos en el número de hablantes, pero nada más. Ignoro el caso del chino, pero el inglés nos supera de forma absoluta y creciente en todos los campos de la creación cultural superior, media e inferior, desde la biología hasta las más trivial música popular. Y nos supera hasta el punto de que la cultura en español, aparte de muy poco creativa hoy, y acosada en la misma España por los secesionismos, se ha convertido en un satélite de escasa enjundia de la cultura anglosajona.
Pongamos el caso de la ciencia, cuya relevancia cultural no solo es ya clave, sino que no deja de crecer. Los cuatrocientos millones de hispanohablantes componen todo un mundo, en el cual la ciencia debiera tener un papel relevante, si quiere subsistir como una verdadera cultura y no limitar su lengua al plano doméstico y la canción chabacana. Pues bien, no hay una sola revista científica prestigiosa hispana. Ni aun de divulgación científica. Curiosamente, en España se hace cada vez más ciencia, pero el español está cada vez más vedado en ella. Me explicaba el matemático Alberto Pérez de Vargas: "Los escritos de matemáticas enviados en español son directamente tirados a la papelera ¡en las publicaciones españolas! ¡Hasta la filología hispánica se escribe cada vez más en inglés, por estudiosos españoles! He aquí un dato sintomático: nos reunimos científicos españoles e hispanoamericanos en la Universidad de la Rábida y... ¡nos comunicamos en inglés!".
No, nuestro idioma dista de gozar de pujanza alguna, pues cada vez es menos expresión de cultura superior o de cultura a secas, y cada vez más de simple basura. Pocas cosas de interés se publican en español. No es una batalla perdida, pero afrontarla exige admitir los hechos.
El memorial del Holocausto en Berlín ofrece una amplia información sobre la persecución nazi contra los judíos, bajo la razonable advertencia de Primo Levi: "Ocurrió una vez, puede ocurrir de nuevo". Sin embargo, algo nos deja insatisfechos: se nos muestra el cómo, pero no el porqué. Insistir incansablemente en el cómo a modo de vacuna contra una repetición del crimen, podría tener efectos finalmente contrarios. En definitiva da la impresión de que los nacional socialistas se volvieron, por así decir, locos de maldad, y decidieron realizar un acto que parece a casi todo el mundo un crimen terrible, probablemente porque la mayoría, creyentes y no creyentes, estamos impregnados de moral religiosa. Y además de terrible, sin sentido alguno.
¿Por qué, en definitiva, decidieron los hitlerianos exterminar a los judíos? Eso no suele quedar claro, a menudo se alude a su irracionalismo, pero eso no pasa de ser una seudoexplicación. El ser humano vive, le guste o no en el reino de la razón, e incluso las tendencias llamadas irracionalistas necesitan justificarse mediante razones, para no quedar en simples disparates. Los nazis, por supuesto, tenían sus razones. Dos de ellas, al menos, eran inmediatas: a) en la historia ha habido muchos genocidios, y pronto quedan en el olvido, o en todo caso no tienen vuelta atrás. Hitler mencionó alguna vez el de los indios de Norteamérica y el más reciente de los armenios. Por lo tanto, ninguna convención moral debía oponerse a razones de conveniencia histórica más profundas; b) aunque la posibilidad de un exterminio de los judíos estuvo siempre presente en la doctrina nazi, durante años el régimen pensó más bien en forzarlos a emigrar, o hubo planes para deportarlos a Madagascar, ya comenzada la guerra. La "solución final" surge ya avanzada la guerra, y posiblemente como represalia por la persistencia de Inglaterra en mantener la lucha. Para los nazis, los culpables de la continuación de la guerra eran la plutocracia judaica en particular y el pueblo hebreo en general (no solo ellos hacían esta acusación). Por consiguiente, los judíos debían pagar su culpa, y ganara quien ganase, resultar los grandes perdedores. La guerra misma ofrecía la mejor posibilidad de llevar a cabo tal programa. Si Alemania vencía, los hechos quedarían justificados u olvidados; y si perdía, el enemigo judío no iba a poder alegrarse, de todas formas.
Esta es una razón de tipo paranoico, parecida a la de quienes ven a la masonería, o a la CIA o a cualquier particular mano negra detrás de todos los males que afligen al hombre; pero, desde luego, no es pura irracionalidad.
A mi juicio subyace en el Holocausto otra razón más profunda: la concepción científica de que el hombre es, en definitiva, un animal, con ciertos rasgos especiales pero ninguna relación con lo que suele llamarse divinidad. No se trata solo de la lucha por la vida o la selección natural: el hombre, según su interés, impone a los animales procesos artificiales de selección, y a tal fin elimina sin escrúpulos morales a los animales considerados perjudiciales o inferiores. La idea, experimentada desde tiempo inmemorial, puede –debe, según esa concepción– aplicarse al propio ser humano: las razas e individuos humanos considerados inferiores pueden ser eliminados, si ello conviene por una u otra razón (un destino parecido reservaban a los polacos y rusos). ¿Qué podría oponerse a ello? ¿La justicia divina? ¿El castigo en el otro mundo? Los nazis, al menos los más consecuentes, sabían que tales cosas no existen, y que, por tanto, el exterminio solo debe considerarse un crimen si perjudica a las razas superiores; un criterio por cierto más real, más racional y más científico que las paparruchas de los curas.
El núcleo de esta concepción resurge hoy con fuerza, pero sus sostenedores afirman no pensar en tales formas de selección, sino que desean el amor, la tolerancia, la solidaridad y la amistad entre todos los humanos. Estos mensajes, sin embargo, introducen de contrabando conceptos más o menos religiosos, nada científicos, por una parte, y ajenos a la idea de libertad por otra; y de una gratuidad ridícula.
No digo que todo esto justifique o demuestre la creencia religiosa, pero como mínimo nos obliga a tratar estas cuestiones con precaución y a no frivolizar sobre ellas.
------------
Leo en ABC un comentario de Tulio Demicheli sobre Negrín, para el que me pidió mi opinión. La cita es correcta, pero empieza el hombre:
"Al polemista y gran divulgador histórico Pío Moa no le extraña que a Negrín...". ¿Divulgador? ¿Qué es lo que divulgo? Hay algo más lamentable que la desvergüenza de nuestros lisenkos, y es la miseria intelectual y la cobardía moral de nuestra derecha.
Y contrapone: "Más moderadas resultan las valoraciones de los historiadores universitarios. Así, para el norteamericano Stanley G. Payne...". En historia no se trata de "moderación", sino de veracidad y documentación, y el señor Demicheli debería saber que hay cientos de historiadores "universitarios" con opiniones totalmente opuestas a las de Payne o las mías, básicamente iguales. Y que la mayoría de esos historiadores "universitarios" simplemente desacreditan la universidad, una vergüenza de nuestro tiempo.
-------------
La semana pasada, en Época
LA HISTORIA Y SUS INTÉRPRETES
En su célebre conversación aludida la semana pasada, observa Cebrián a González: "Ya decía Ortega que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla". La frase pertenece a Santayana, creo, pero da igual aquí. Lo grave es que quienes pretenden ilustrar a los españoles sobre su historia demuestren tener tan poca idea de ella. Ya comenté aquella majadería de la guerra de ricos y pobres: cualquier persona con algo de criterio sabe que no es lo mismo hacer demagogia con los problemas de la gente que darles una solución razonable: el Frente Popular supuso mucha más miseria y tiranía para los "pobres", a quienes decía representar.
Sigue Cebrián interpretando: "Es mejor referirse a un golpe de Estado que a una guerra civil, aunque había mucha gente que quería la guerra, por horrible que parezca". Y aclara González: "Empezando por Franco y muchos de sus acólitos". ¿Pueden ignorar a día de hoy quiénes, realmente, querían la guerra civil "por horrible que parezca"? Los demás lo sabemos porque está documentado con abundancia: en primer lugar, el PSOE. Basten estos botones de muestra de la propaganda socialista, en 1934: "¡¡Estamos en pie de guerra!! ¡Por la insurrección armada! ¡Todo el poder a los socialistas!"; "La guerra civil está ya a punto de estallar sin que nada pueda ya detenerla!; "Uniformados, alineados en firma formación militar, en alto los puños, impacientes por apretar el fusil. Un poso de odio imposible de borrar sin una violencia ejemplar y decidida, sin una operación quirúrgica"; "El proletariado marcha a la guerra civil con ánimo firme"... Y tantos más. Las instrucciones secretas para la insurrección lo explicaban: se trataba de una guerra civil. Solo Besteiro se opuso, en vano, a aquel "envenenamiento de las mentes de los obreros" y al "baño de sangre" en preparación.
La Esquerra de Companys, compañera de insurrección del PSOE en octubre del 34 también se había proclamado "en pie de guerra" tan pronto la derecha ganó las elecciones de noviembre de 1933. Los comunistas, asimismo, deseaban abiertamente la guerra, y la CNT organizaba constantes insurrecciones. Pero hay una diferencia: el PCE y la Esquerra carecían de fuerza, y los anarquistas de disciplina, para organizar a fondo la contienda. El PSOE, en cambio era el partido mayor, más organizado y disciplinado. Su decisión marcaba el destino de la república, y su decisión fue la guerra. Fracasada su intentona del 34 (con 1.400 muertos), acabó de destrozar la legalidad republicana entre febrero y julio de 1936, provocando el levantamiento de quienes no estaban dispuestos a sufrir una revolución izquierdista.
¿Qué decir de Franco? Tres cosas: defendió la república en 1934, fue el último en sublevarse, después de haberlo hecho anarquistas, Sanjurjo, socialistas, nacionalistas catalanes, comunistas y republicanos; y lo hizo cuando las izquierdas habían arruinado la legalidad y tenían en marcha un proceso revolucionario.
Estos datos, insisto, no han sido refutados y me parecen irrebatibles ante la abrumadora documentación existente y puesta a la luz por mis estudios, entre otros. La pregunta es: ¿conocen los hechos González y Cebrián? Si los ignoran, ¿qué historia van a enseñar? A primera vista no entra en la cabeza tal exhibición de ignorancia por parte de ¡un ex presidente del gobierno y un académico de la lengua y ex director de El País! No mejoran, en verdad, una conversación de taberna, y ese es su nivel.
Pero en realidad los dos conocen los hechos y, al revés que la mayoría, no se identifican con el Frente Popular por ignorancia, sino a sabiendas. ¿Cómo explicar, si no, su activo esfuerzo por ocultar los datos y eludir el debate, recurriendo a censura y presiones inquisitoriales? No siguen, ciertamente, a Besteiro, que con tanta lucidez señaló la falsedad propagandística y previó el baño de sangre resultante.
----------
http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=2505
Vidal Quadras ha resultado un político de mantequilla. Gracioso su análisis del pre congreso de Valencia: las críticas externas habían abierto una brecha en la muralla de Rajoy, pero luego la caballería no se lanzó al ataque por la brecha y el peligro pasó. Buen análisis: ¡precisamente él debía haber sido uno de los jefes de la caballería! Pero el peligro no pasó, Vidal, y lo de menos es el peligro para el PP.
Cospedal: "Aunque les pese a algunos somos un partido moderno y renovador"
Como el de Zapo. Hasta imitando su lengua de madera.
"España y Baleares". Como "España y Cataluña", o "España y Euskadi". Les traiciona el subconsciente: las "naciones".
¿Quién es peor, Nebrera o Sánchez? Pésimas perspectivas para el PP en Cataluña.
-----------------
Zapo: "Treinta y siete veces en ciento veintinueve años nos hemos reunido en un congreso ordinario. Trece veces hasta el final de la República, trece veces en el exilio, y con esta, once veces en democracia. Siempre nos hemos reunido bajo las mismas siglas, siempre bajo los mismos valores, siempre con la misma voluntad".
Cierto, los valores de la Trola, el Choriceo y el Puterío, tan bien representados en su modelo Negrín. La voluntad que llevó a ese partido a organizar, textualmente, la guerra civil. Nada que rectificar.
-----------------
Boicot a la recogida de firmas
Nacionalistas catalanes cuelgan en una web una foto de Rosa Díez con un tiro en la frente"
Síntomas. Los síntomas de la cheka y de la ETA, del proceso de paz y la memoria histórica. Todo llegará, si no se les para a tiempo.
Esta semana en Época
¿POBRES CONTRA RICOS?
Lamento no haber leído en su día el libro de Felipe González y Juan Luis Cebrián El futuro no es lo que era, por suponerle un valor intelectual nulo.