"Recuerdo que había inquietud de que a última hora prohibieran el recital de Raimon. Muchos daban por sentado que así sería, pues su carácter político y contra el régimen estaba clarísimo (corrían rumores entre los enterados de que Raimon cedería la recaudación para CCOO). Y París –entonces una referencia incomparablemente más próxima que ahora– daba saltos de fiebre revolucionaria (...) Sin embargo la autorización oficial se mantuvo. Y así, aquella tarde de 18 de mayo fue aglomerándose en la facultad (de Económicas) un gentío pocas veces visto en un acto antifranquista. Quizá tres o cuatro mil personas (¿hasta cinco mil?). No solo estudiantes: por la calle que baja a la facultad venía una comitiva con una pancarta de acera a acera: "Los obreros estamos con los estudiantes contra la dictadura", o algo similar. Firmaba Comisiones Obreras, o Comisiones Juveniles.
La policía no daba señales de vida, ni siquiera para controlar. Conforme se acercaba la hora menudeaban los grupos, las pancartas, banderas rojas, retratos de Che Guevara, alguno de Ho Chi-min. Guevara, uno de los grandes ídolos del momento en todo el mundo, hoy casi olvidado por la juventud, según las encuestas [resucitado un poco por el movimiento antiglobalización].
Asistía seguramente la casi totalidad de los estudiantes radicales, revolucionarios, izquierdistas y también otros muchos, harto más tibios frente a la dictadura o las "injusticias sociales", y que venía simplemente a oír el recital. La mayoría de los rojos, que también llamaremos radicales aunque entonces no se usaba esa palabra, eran comunistas, sobre todo de la fracción carrillista, o sea "revisionista" o "revi". A cierta distancia en cuanto a fuerza numérica venían los maoístas, divididos en numerosos grupos (...) un FELIPE marxista harto diferente del fundado por Julio Cerón años antes; muy pocos trotskistas; todavía menos anarquistas. Socialistas, puede que alguno, de las escuálidas juventudes del grupo de Tierno Galván.
Por fin llegó Raimon y el ambiente en aquel gran vestíbulo se caldeó hasta lo indecible. No me acuerdo bien, pero creo que empezó con Al vent, canción bastante inspirada aunque suave para el revolucionarismo general, que tantas cosas había superado: ¡aquello de "buscant a Deu" o incluso "buscant la pau"! Pero, en fin, no venía al caso protestar entonces por esas desviaciones pequeño burguesas. Cantó La nit, interpretada como una referencia al franquismo, aunque el autor ha declarado, me parece, que no tenía esa intención; Diguem no, y D´un temps, d´un pais, más directamente políticas. Raimon anunció que dedicaba una canción a Che Guevara, aquella, creo, donde afirmaba que "a veces la paz no es más que miedo". Eso gustó mucho a los asistentes, poco creyentes en el pacifismo. Otra, Tots el colors del vert, era dedicada al País Vasco, apoyando en realidad a la ETA, que ya empezaba a hacerse conocida.
Y así otras. Los gritos del público acompañaban, coreaban o interrumpían al cantante. No los recuerdo con precisión, pero serían los habituales: "Obreros y estudiantes, contra la dictadura", "Franco asesino", "La solución, la revolución", "Democracia sí, dictadura no", "Franco no, socialismo sí"; se cantaría el No nos moverán, una canción sindicalista useña con ritmo africano perdido en la versión española; o lo de "Y si a Franco no le gusta la bandera tricolor, le impondremos una roja con el martillo y la hoz" (...)
Cantó, pues, Raimon, en el gran vestíbulo de Económicas (hoy Filosofía B), rebosante de un público enfervorizado. Terminó el recital y muchos estábamos medio afónicos, y los ánimos enardecidos. La policía seguía ausente, y de manera espontánea la gente fue congregándose en manifestación.
Y allí se constató la primera deserción, la primera decepción y la realidad de la situación. ¿Cuántos se manifestaban, invadiendo la calzada? Unos mil, no más de un tercio de los asistentes. Los demás ahuecaban el ala o se esparcían por las aceras y descampados que subían a Filosofía (hoy Filosofía A): se disponían, con la mayor desvergüenza, a contemplar a prudente distancia las esperables cargas de la policía, ¡y sin pagar un duro por el espectáculo! Los de la calzada empezamos a abuchearles: "¡Mirones no! ¡Mirones no!", pero los aludidos, como si nada.
Éramos de todas formas una multitud si la comparamos con las manifestaciones habituales, y la marcha prosiguió entre lemas y cánticos, a menudo chabacanos, propios de tales ocasiones. Increíblemente llegamos a la avenida Complutense sin que los grises se dignaran aparecer. Continuamos hacia los comedores llamados "del SEU", el sindicato falangista universitario, que había sido desmantelado creo que aquel mismo curso. En aquellos amplios locales se comía muy barato y estaban frente a Medicina; hoy son oficinas de no sé qué.
De pronto se produjo la desbandada. Algunos daban saltos para ver, por encima de las cabezas, qué sucedía. Y he aquí lo que sucedía: un solitario jeep de los pequeños, con dotación de cuatro grises, avanzaba cautelosamente. ¡Y ello había bastado para disolver una concentración de mil personas enardecidas, sin contar los mirones, que cívicamente la flanqueaban por las aceras! Claro, los huidores tomaban a los cuatro policías por la vanguardia de una legión, aunque esta tardó bastante en aparecer. Y en una muchedumbre, ya se sabe, si unos pocos de delante echan a correr, los de atrás les imitarán con apasionamiento. Al cabo de un rato llegaron más vehículos, y la impetuosa marcha se deshizo como una pompa de jabón. Diez o quince nos sostuvimos un cuarto de hora, a inútiles pedradas, en la esquina de Geológicas, entonces en construcción, y cuando nos cansamos rodeamos la Ciudad Universitaria y fuimos a Moncloa.
En Moncloa y Argüelles había un buen despliegue policial. También pululaban unos pocos cientos de supervivientes de la reciente catástrofe. Con más valor que antes, unos grupos saltaron repetidamente a la calle Princesa, gritando y protestando, casi en medio de los grises.
Tengo entendido que Raimon dedicó otra canción a aquella particular jornada".
(en La sociedad homosexual y otros ensayos)
Y así fue, mayormente, el mayo del 68 español. Regino García Badell, que también estuvo en la ocasión, me ha recordado que quienes bajamos hacia la Moncloa cortamos el tráfico con una gran farola, de hormigón, a la altura del colegio mayor San Juan Evangelista. Así fue. Según bajábamos, gritando, volví la cabeza y vi cómo del colegio salían unos estudiantes para echar la farola de nuevo a la acera y liberar el tráfico, por lo demás muy escaso en aquellos momentos.
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Querellas y normalidad
La querella de Gallardón contra Jiménez Losantos sería un suceso normal, y el resultado podríamos considerarlo normal desde el principio, si viviéramos en una situación normal.
Pero no hay nada de ello: la acción judicial se produce en medio de una campaña generalizada para, en una repetición agravada del antenicidio, privar de voz a Jiménez Losantos –y por tanto a sus millones de oyentes–; y para privarnos a todos de la libertad de expresión, al modo como ya ocurre en Cataluña. Es una acción que entra de lleno en esa campaña liberticida.
Y la institución judicial es una de las que merecen menos crédito a los ciudadanos, corroída como se halla por los enterradores de Montesquieu, desde el Tribunal Constitucional para abajo. Y ahí tienen a un juez como Garzón echando leña al fuego, a dúo con Zapo, como presión indirecta al tribunal del caso Gallardón. La degradación de la justicia y la involución política. Con motivo de la denuncia que sufrí a raíz de Años de hierro me comentó, como ya dije, Aquilino Duque: "Simplemente has tenido suerte. En España hay cada vez menos seguridad jurídica".
Esto es lo que pasa y lo que impide considerar la querella como una acción normal que los tribunales solventarían normalmente en una sociedad democrática normal.
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En el blog de César Vidal, no lo pasen por alto:
"Y, finalmente, llegó la vista oral en la que Gallardón derramó unas lagrimitas y todos supimos –o corroboramos –que lo más ofensivo para él no ha sido, por ejemplo, cuando la izquierda lo llamó asesino como al resto de sus compañeros de partido sino cuando Federico censuró que valorara más su carrera que saber la verdad sobre el 11-M".
A los dirigentes del PP las izquierdas les llamaron reiteradamente asesinos, atribuyéndoles la matanza del 11-m. Gallardón nunca se inmutó lo más mínimo, ni pensó en querellarse: estaba seguro de que a él no le incluían.
Zapo, el mayor colaborador que ha tenido la ETA en su historia --y ha tenido muchísimos, desde el gobierno francés al argelino o al sueco, desde una masa de clérigos, incluso obispos hasta la oposición antifranquista...--, se vuelca en elogios a Garzón, el juez que sabe interpretar sus deseos y utilizar la ley según convenga. Nada más lógico, son tal para cual. Decir esto, ¿es una injuria o es la constatación de la realidad más evidente? Hagan memoria.
Gallardón afirma que negar su sensibilidad hacia las víctimas del 11-m es injuriarle. Veamos: él mostró su sensibilidad hacia la comunidad musulmana de Madrid, presionó a su partido para que "obviase" el 11-m, mostró su acuerdo con una sentencia inverosímil, e instó a "mirar hacia el futuro". Las víctimas, para él, son, obviamente, el pasado. ¿Cabe mayor desprecio a ellas?
Dicen que Federico insulta. Si fuera por eso no se preocuparían, pues la carrera de las injurias siempre la han ganado ellos, los enemigos de Federico, los del secuestro y tiro en la pierna, los del antenicidio, los que ahora vuelcan sus fuerzas para amordazarlo. Lo que realmente les preocupa es que no pueden rebatirle, porque siempre trata de decir la verdad, y casi siempre acierta.
Me preguntan cómo es posible que una ligera mayoría de los ciudadanos haya apoyado la política antiespañola y liberticida del gobierno. Respondo: "mirad a la llamada oposición, al PP".
En fin, en la España de hoy, en plena involución antidemocrática, el poder intenta silenciar a la oposición (que no es el PP sino unos pocos medios, la COPE en primera línea). Los políticos, los lamentables politicastros que nos desgobiernan, quieren aplastar a la crítica."Con el nuevo embajador, Churchill mataba dos pájaros de un tiro: impresionaba favorablemente a Madrid y alejaba a un político proclive a la paz con Berlín, y por tanto molesto para su línea de resistencia. Cadogan, alto funcionario del Foreign Office, expresó su cálida esperanza de que los alemanes o los italianos asesinasen a Hoare en España. El embajador tenía práctica de espionaje y acciones clandestinas. Durante la I Guerra mundial había usado fondos secretos para sufragar el periódico de Mussolini Il popolo d´Italia, ayudando así, inopinadamente, al surgimiento del fascismo. En 1935, como secretario del Foreign Office, había maniobrado en secreto con Francia (Pacto Hoare-Laval), para ceder a Italia la mayor parte de Abisinia, debiendo dimitir al salir a la luz el hecho. Ya en Madrid, Hoare aceptó un plan de su agregado naval, Hillgarth, para sobornar a treinta altos mandos españoles y usarlos contra el sector belicista. La operación correría a través del financiero Juan March y de una cuenta en la Swiss Bank Corporation. Los sobornos vendrían, supuestamente, de empresarios españoles ansiosos de paz, para no dar a los militares la impresión de servir a un país extranjero (20).
March, negociante sin muchos escrúpulos, conocido como "el último pirata del Mediterráneo", ya en la I Guerra Mundial había tratado indistintamente con ingleses y alemanes, no dudando, según parece, en estafar a ambos para aumentar su ganancia. Al comenzar la II Guerra, ideó aprovechar los mercantes alemanes retenidos en puertos españoles para ponerlos bajo bandera neutral y traficar con América. Ello beneficiaría al comercio español, al inglés y al alemán, pues ofreció a cada uno de ellos, con ignorancia del contrario, transportarle mercancías de tapadillo. Y beneficiaría sobre todo a Juan March. El negocio no llegó a cuajar, pero ilustra las destrezas del financiero. Los ingleses desconfiaban de él, pero utilizaron sus servicios bajo la impresión de que no podían permitirse desperdiciar ninguna oportunidad. Entre los generales sobornados estarían Varela, Kindelán, Orgaz, Ponte, Vigón, Solchaga, Tella, Barrón, Espinosa, Yagüe... Algún nombre chirría, como el de del muy germanófilo Yagüe. El principal de todos ellos habría sido Aranda, héroe de la resistencia de Oviedo en 1936. (21)
Londres gastaría la muy alta suma de trece millones de dólares en esta empresa, a la que llamó Caballería de San Jorge, por la imagen del santo en las monedas de oro, usadas en otras ocasiones para fines semejantes. Dos millones de dólares, cifra fabulosa, habrían ido a los bolsillos de Aranda. Es difícil decir hasta qué punto sirvieron aquellos militares a los británicos, pues varios de ellos mostraron notable germanofilia o prepararon planes de entrada en guerra al tiempo que informaban al gobierno de la incapacidad española para hacerlo en aquellos días (22).*
(...) Mientras tanto, Vegas Latapie y Sainz Rodríguez contactaron con los servicios secretos useño y británico (OSS y MI-6), los cuales, a su vez, trabajaban con exiliados y comunistas, como los de la Brigada Lincoln, que habían luchado en España; o preparaban revueltas en Marruecos contra el protectorado español, proyectando incluso raptar a Abd el-Krim de la isla Reunión, donde se hallaba recluido, para que encabezase la revuelta. Por otra parte, en Londres no faltaban los escépticos sobre la utilidad de los cuantiosos fondos para los sobornos a Aranda, Orgaz, etc.; "Esa gente con la que tratamos, o parte de ella, es venal y por tanto capaz de vendernos [a los alemanes]". Eden, sucesor de Halifax desde diciembre del año anterior (1940), compartía esas vacilaciones. Antes había expresado: "Deseo calurosamente la salida de Serrano Súñer, incluso la de Franco"
(En Años de hierro)
* No hay pruebas terminantes de tales pagos. Por otra parte, Aranda vivió con modestia hasta su muerte en 1979. Ángel Maestro me ha enviado esta nota: "Conocí al General Aranda, ya muy anciano y enfermo, viviendo con estrechez. Su actividad conspiratoria se limitaba a un ente, poco más que fantasmal, denominado "Reales Tercios de San Juan Bautista". Se conferían grados militares, y sus actividades se limitaban a poco más que una misa mensual en la Iglesia de la Paloma. Su ineficacia era pareja a la del grupo en que yo militaba: el Frente monárquico. Varias organizaciones parecidas éramos la oposición monárquica al franquismo. Recuerdo al pobre General Aranda, casi sin poder andar, presidiendo la Misa en zapatillas. Nos limitábamos a señalar las maldades de Franco y augurar la próxima caída del dictador. Creo que los Reales Tercios eran un buen exponente de las pretendidas riquezas del General Aranda". Indicio, no prueba, de que no habría sobornos.
Gallardón, Garzón, Enric Sopena, Zapo, Cebrián, Alfonso Alonso, Pepiño Blanco... Todos cargando contra la libertad de expresión, todos cargando contra Jiménez Losantos. ¿Quién falta? ¿Tal vez De Juana Chaos? Tampoco: los suyos tienen a Federico en el punto de mira. El sindicato.
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El derecho a insultar
Garzón, el juez a quien veíamos hace poco interpretando la ley a conveniencia del ejecutivo e insultando a Jiménez Losantos en algún libro, entre otros detalles que alargarían este comentario, asegura, con perfecta falsedad, que el director de la mañana no informa ni opina, solo insulta. Y ha querido aclararnos: "la libertad de insulto no está prevista en ningún texto legal". Argumentos usados, casualmente, por los islamistas exaltados contra la libertad de expresión occidental.
Cierto, la ley no prevé el derecho al insulto, pero este se ha convertido en la práctica, sobre todo por obra de la izquierda y los separatistas, y desde hace ya muchos años, en un rasgo de nuestra cultura o incultura política. Así es desde mucho antes de que Cebrián llamara "sindicato del crimen" a los periodistas que defendían la libertad de expresión, y sobre todo la verdad, frente a las fechorías de Felipe González. Me viene a la cabeza un comentario extremadamente injurioso de Martín Prieto contra Ruiz Mateos, en la época en que el brillante articulista comulgaba, como tantos, con aquello de los "cien años de honradez". El juez dio la razón al injuriante, arguyendo que en democracia la libertad de opinión y de crítica está por encima de otras consideraciones, o algo por el estilo. Un caso entre tantísimos. ¿Y el insultón Mienmano o el Rubianes? No acabaríamos.
La libertad de insulto, digo, ha sido constante por parte de la izquierda y los separatistas, y yo, desde luego, puedo dar amplio testimonio, pues la he sufrido y sufro todos los días. Pero de vez en cuando los insultones reciben una ración de su propia medicina, y eso ya no les gusta un pelo. Aunque lo que les subleva no es eso, pues saben que en tal competición siempre saldrán ganando, dada su amplia experiencia y falta de escrúpulos. Lo que realmente les pone fuera de sí es que se diga la verdad sobre ellos. Pues Jiménez Losantos casi siempre acierta, mientras que ellos casi siempre mienten.
Y ahí tienen a Alfonso Alonso sumándose a la campaña: "Cuando a un alcalde se le acusa de no tener ninguna sensibilidad cuando han asesinado a 200 personas en su ciudad, entiendo que eso duele, que es un ataque personal muy duro y entiendo perfectamente la reacción de Alberto pidiendo amparo y protección". Es la misma sensibilidad que él está demostrando hacia los recogenueces del PNV y contra María San Gil y las víctimas de la ETA. Tras la matanza, Gallardón mostró su sensibilidad hacia la comunidad islámica de Madrid, como si hubiera sido la agredida, luego su sensibilidad ha coincidido con la fiscal Valeyá, con la postura de El País y del PSOE, con un juez muy politizado, cuya mujer da toda la impresión de haber querido explotar económicamente el sensacional asunto, saltándose algunas otras sensibilidades jurídicas. Gallardón ha sido sin duda sensible y solidario con una sentencia increíble, que deja sin explicar las motivaciones ni los autores intelectuales del atentado y prescinde de pistas evidentes.
Gallardón ha demostrado, en fin, su sensibilidad para con el futuro, lo que él considera el futuro. Y las víctimas, salta a la vista, pertenecen al pasado, a uno de esos pasados de los que el PP rajoyano quiere huir como de una pesadilla.
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Este sábado estaba previsto que firmase Años de hierro en la feria del libro de Madrid. Por desgracia no podrá ser, al llevar la caseta nombre en inglés. El domingo por la mañana sí estaré, aunque todavía no sé donde.
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En Montenegro todavía enseñan el "castillo de los españoles"
"En 1538 Carlos I creyó llegado el momento de una gran cruzada contra los turcos y formó una Santa Liga con Venecia, Roma y Viena. Una poderosa armada al mando de Andrea Doria acorraló en Prevesa, al suroeste de los Balcanes, a la flota de Barbarroja. Pero este eludió diestramente el bloqueo y persiguió, a su vez, a los cristianos, que no osaron hacerle frente. La única ganancia cristiana fue Castelnuovo o Herceg Novi, lugar de difícil defensa en la costa de Montenegro, junto a Cátaro (Kotor), no legos de Ragusa (Dubrovnik). Venecia reclamó la plaza, pero quedó allí una guarnición de 3.000 españoles al mando de Francisco Sarmiento, como base para futuras ofensivas. Sin embargo la Liga Santa se deshizo enseguida. Venecia pactó con Constantinopla en condiciones de inferioridad y se desinteresó de Castelnuovo, mientras Francia advertía que no toloeraría ataques a los otomanos. Castelnuovo quedó aislado por completo. En verano de 1539, Barbarroja acudió con 130 galeras y 20.000 soldados, a los que se sumaron 30.000 llegados por tierra. Ofrecieron a la guarnición una rendición honrosa y devolverlos a Italia, paro los sitiados prefirieron resistir y contestaron estoicamente a los turcos que "viniesen cuando quisiesen". Fracasado los primeros asaltos, Barbarroja empleó a fondo su potente artillería, arrasando el fuerte. Los últimos 600 defensores cayeron luchando espalda contra espalda. Solo 200 fueron hechos prisioneros, 25 de los cuales lograron fugarse de Constantinopla seis años después, capturando para ello una galeota, con la cual llegaron a Mesina. La gesta de Castelnuovo, cuyo recuerdo ha rescatado el historiador Fernández Álvarez, conmovió a toda Europa e hizo ver a muchos descontentos italianos cómo su defensa dependía de España y podían confiar en ella. Inspiró algunos sonetos de Gutierre de Cetina y del italiano Luigi Tansillo a los huesos de los soldados blanqueando entre las ruinas".
(De Bravuconadas de los españoles)
Rajoy ha descubierto, con el natural asombro, que ¡el mundo cambia, y la sociedad española también! Hombre generoso, quiere hacernos partícipes de su hallazgo intelectual, y debemos reconocer que nos ha convencido por completo. Sobre el sentido del cambio y de los que propone para adaptarnos ya no resulta tan preciso, aunque se le entiende; y lo que se le entiende ya no resulta tan convincente.
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Esperan Rajoy y sus amigos ganar elecciones incidiendo por un lado sobre la crisis económica y por otro compitiendo en la carrera por complacer a los separatistas. Pero Zapo, afortunado sujeto, les lleva ventaja: la crisis económica empieza a notarse al comienzo de su mandato y en cuatro años podría irse superando, con lo cual estaría en mejor posición que nunca ante las siguientes elecciones. Además siempre aventajará (es de esperar) a los Rajoy y demás señoritos en capacidad de claudicación ante los secesionistas. ¡Y estos tíos van de estrategas políticos por la vida! Claro que en el proceso aprenderán inglés y relegarán el español a la esfera doméstica. Quizá no aspiren a otra cosa, en el fondo: la nena angloparlante en el corazón y en el cerebro.
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De hecho la política de los Rajoy, Costa, Elorriaga, Gallardón, etc., puede ser mucho más letal para España que la de Zapo: no solo quieren aventajar a este en simpatías hacia los separatistas (y al fondo los terroristas), también intentan reducir nuestra cultura a un apéndice de la anglosajona.
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Comenta Edurne Uriarte que la derrota del PP ha sido muy lucida y no justifica su crisis actual. Pero no se trata de la derrota electoral, sino de una línea rajoyana pro golpista (aceptando el golpe de régimen de Zapo) y pro separatista, ya visible antes pero que la derrota ha dejado plenamente a la luz.
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Asegura Esperanza Aguirre que el PP no puede dedicarse a caer simpático a quienes le han marginado. Mal enfoque. En política hay que hacer esas cosas a menudo. El problema no está en la marginación del PP, sino en la marginación, llamémosla así, de España y la democracia. Por eso, solo por eso, no debiera el PP esforzarse por caer simpático a los marginadores.
También dice Esperanza que "no hay que hacer cambios radicales que nadie entendería".
¿Nadie entendería los cambios de Rajoy y su gente? ¿Por eso no habría que aceptarlos? No se preocupe al respecto doña Esparanza: los del golpe de partido tienen ahora a su disposición a PRISA o La Vanguardia para manipular y hacerse entender a su manera. El problema está en el carácter de esos cambios, que ella no osa exponer ni clarificar.
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"Con frecuencia se presenta la II Guerra mundial resuelta por la economía, en cierto modo como una competencia por la producción de material de guerra. Desde esa óptica, la derrota del Eje estaría sentenciada desde el principio, y finalmente por la bomba atómica, habiendo sido la capacidad económica useña el elemento clave. Por supuesto, la producción de medios de lucha es indispensable, pero su abundancia en manos de soldados poco motivados o de mandos mediocres hace solo más voluminosas las derrotas. Sin entrar en las causas, el hecho es que el soldado y el mando alemanes mostraron una superioridad permanente, visible en sus numerosas victorias obtenidas con medios inferiores, mientras que sus enemigos –con la excepción de la batalla de Inglaterra, en equilibrio de fuerzas– precisaron casi siempre una abrumadora superioridad numérica para ganar (...)
Las democracias gozaron de una ventaja material completa durante la campaña de Polonia y considerable durante la campaña de Francia; lo mismo los italianos en las primeras campañas de África, o la URSS al comenzar Barbarroja, etc. En todos los casos, sobre todo en el soviético, la victoria dependió, más que del material disponible, de la organización militar y la calidad de los mandos. En un momento dado, probablemente después de la batalla de Kursk, la superioridad material aliada se volvió incontrastable, pero no tanto por sí misma como a causa de la destreza adquirida por sus generales. Abunda en la misma dirección el dato de que Alemania lograra sostenerse tanto tiempo pese a su penuria de tropas, combustible y materias primas (y lograse, en año tan avanzado como 1944, sus cifras más altas de producción de material bélico, en medio de bombardeos y derrotas).
La Wehrmacht pudo haber ganado la guerra en su primera fase (de septiembre de 1939 a finales de 1941). La paz con Inglaterra estuvo en el filo de la navaja en 1940, y luego estuvo a su alcance ocupar el noroeste de África, el Oriente Medio –con su petróleo, y obteniendo de paso una posición decisiva frente a la URSS, al sur del Cáucaso– y posiblemente las islas portuguesas del Atlántico. Con ello, Usa se habría sentido poco estimulada a intervenir, y le habría sido muy difícil hacer algo práctico en cualquier caso, mientras que Inglaterra se habría encontrado realmente aislada. En ese período Hitler cometió tres errores graves: la atención insuficiente al arma submarina cuando sus efectos pudieron ser más decisivos; la misma insuficiencia en relación con la lucha en el norte de África; y la renuncia a apoderarse de Gibraltar. Haberse vuelto contra la URSS sin dejar concluida la lucha en el oeste no fue, en principio, la equivocación que demostraría ser: de haber vencido a los soviéticos antes del invierno, habría podido volverse luego para resolver de una vez el problema británico.
El error capital de Hitler consistió, pues, en subestimar el patriotismo y espíritu de lucha rusos o, si se prefiere, la capacidad del sistema soviético para movilizar con la máxima intensidad todos sus recursos sociales. Los anglosajones buscaron, con acierto, una absoluta supremacía aérea y naval, así como en material terrestre, pero fue Rusia quien selló el destino del nacionalsocialismo al consumir el grueso de sus fuerzas. Reino Unido y Usa, que tantas dificultades tuvieron ante ejércitos germanos muy inferiores materialmente, no habrían tenido ninguna oportunidad en Europa o África si el Reich hubiera podido emplear allí las fuerzas absorbidas por el frente oriental. Tendrían que haber esperado a la bomba atómica, que los alemanes habían dado por inviable demasiado pronto; pero entre tanto habrían cambiado muchas cosas (...) De ahí puede deducirse que todo dependió de la lucha en la URSS (...) Sería la resistencia rusa la que salvase a los aliados occidentales. Lo hizo con cuantiosa ayuda de estos, pero la ayuda recíproca tuvo indiscutiblemente mayor trascendencia. Por lo demás, la colaboración entre los Aliados benefició a todos ellos, lo que no cabe decir de la colaboración de Mussolini con Hitler".
(Años de hierro)
El respaldo del rey a Zapo y el plan de Rajoy, Elorriaga, Costa y demás señoritos de integrar al PP en el régimen golpista que trata de imponer la dirección del PSOE, deja la impresión de un diseño al más alto nivel, de pactos, negocios y enredos a espaldas de los ciudadanos. Se sienten muy cerca de conseguir su objetivo y recuerdan un poco a lo ocurrido en torno a 1808: ¡no por nada se llaman afrancesados los actuales gobernantes, el primero de los cuales fue Fernando VII! Los políticos, como las demás personas, se convierten en delincuentes cuando saltan por encima de la ley, y un problema que plantean es si prevalecerá la ley, como en las democracias serias, o los delincuentes, como en las democracias bananeras. Pero el problema va más allá, porque se está poniendo en cuestión la propia unidad nacional de España, un punto sobre el que, si queremos convivir en paz y en libertad, no debe haber discusión –salvo, si se quiere, en los terrenos de la especulación teórica.
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Parece que Vidal Quadras y otros van dando, por fin, pasos al frente. Bien está sentar con claridad algunas bases políticas, pero ahora es imprescindible resolver quiénes se encargarán de hacerlas realidad.
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CÓMO DESTRUYÓ EL PSOE LA II REPÚBLICA
(I)
Cuando el dictador Primo de Rivera dejó voluntariamente en poder, en enero de 1930, solo existía en España un partido organizado, disciplinado y con fuerza de masas, el PSOE-UGT, el cual se convertía, por tanto, en el árbitro de la nueva situación. Para entender por qué fue así, debemos retrotraernos a unos años antes.
Durante la etapa previa a la dictadura, es decir, durante el régimen liberal de la Restauración, el PSOE se había distinguido por una oposición ensañada al sistema de libertades y había contribuido a hundirlo con frecuentes movimientos subversivos, muy notoriamente la cruenta intentona revolucionaria de 1917, en conjunto con los terroristas ácratas, los republicanos, los separatistas y un esperado golpe militar de las Juntas de Defensa. El golpe había fracasado y la represión había sido muy escasa (varios de los jefes golpistas se encontraban al año siguiente en las Cortes), y no había desanimado a los socialistas en sus intentos subversivos.
Posteriormente el PSOE había explotado con la demagogia más descarada el desastre de Annual para llevar al régimen a la crisis, actuando en conjunto con un terrorismo anarquista cada vez más insoportable y con los separatismos catalán, vasco y gallego, que en 1923 concertaron sus fuerzas como fase previa para lanzarse a la acción armada. Aquella crisis de abocamiento revolucionario, acentuada por la descomposición e ineptitud de los partidos monárquicos, se había solventado con el golpe de estado de Primo de Rivera, auspiciado con el mayor entusiasmo por el nacionalismo catalán moderado –que a continuación le negó su colaboración--, seguramente también por el rey, y aplaudido por la mayor parte de la opinión pública. A continuación el PSOE, que había saboteado el anterior régimen de libertades, decidió colaborar con el dictador (Largo Caballero fue nombrado consejero de Estado), en parte para desbancar a su rival sindical la CNT, declarada ilegal. Primo había pensado en un nuevo sistema político donde la derecha estuviera representada por su partido Unión Patriótica y contrapesado por una izquierda socialista, pero el PSOE había disfrutado de las ventajas de la colaboración sin llegar tan lejos.
De ahí la pujanza del PSOE en 1930. Por contraste, los demás partidos, tanto monárquicos como separatistas, la CNT anarquista o los republicanos, debían partir casi de la nada, viéndose obligados a reorganizarse a toda prisa ante el retorno al régimen constitucional que auspiciaba el monarca. Sin embargo la reorganización de las izquierdas no era fácil, debido a las rivalidades entre sus políticos y a la incertidumbre sobre la vía a seguir. Flaqueza no menor sufría el ámbito monárquico, pues el rey se vio abandonado por muchos de sus propios políticos, algunos de los cuales se volvieron súbitamente republicanos. Contendían dos grandes debilidades, por decirlo así.
La debilidad de los republicanos y nacionalistas disminuyó cuando dos políticos ex monárquicos, Alcalá-Zamora y Miguel Maura, consiguieron vencer sus recelos mutuos para llegar entre todos a un plan conjunto de acción, acordado, de palabra, en el Pacto de San Sebastián, de agosto de 1930. El acuerdo pasaba, según la tradición izquierdista, por un golpe militar, y a prepararlo se pusieron de inmediato.
Pero republicanos y separatistas, conscientes de su insignificancia, sabían muy bien que no tendrían posibilidad de éxito si no contaban con los socialistas, única fuerza realmente seria. Y entonces encontraron que los principales líderes del PSOE, Besteiro y Largo Caballero, rechazaban sus acercamientos. Una razón del rechazo era la profunda desconfianza hacia los republicanos después de la experiencia de 1917, en la que los socialistas se habían sentido utilizados y abandonados por ellos. Además, Largo consideraba ridículas las conspiraciones republicanas, "dignas de representarse en un espectáculo de revista". Aun así, no todo estaba perdido: Prieto sí era favorable a la colaboración y al golpe militar para imponer el nuevo régimen.
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Cuando lamentamos el anestesiamiento de gran parte de la opinión pública española, olvidamos la larga pasividad culpable en que ha caído la gran mayoría de quienes defienden una España unida y democrática, con una dosis de ética suficiente. Ya en tiempos de Franco la izquierda (entonces el PCE) diseñó una operación para hacerse con la intelectualidad y con los instrumentos de creación de opinión de masas, empezando por la universidad y la prensa, frente a la inhibición de la derecha. El problema, hoy por hoy, consiste en ganar a la opinión pública, y para ello es preciso actuar en los mismos medios y en dirección opuesta.
Apenas cabe imaginar un discurso más repulsivo en su hojarasca palabrera que el de Elorriaga. Constata el hombre que Rajoy está quedando para el arrastre, y propone "un liderazgo renovado, sólido e integrador", con "ambición de pelear y ganar cada uno de los próximos procesos electorales". Cuando oímos ese tipo de charlatanería podemos estar seguros de que están intentando estafarnos. ¿Qué oculta Elorriaga? Que él, precisamente, ha sido uno de los inspiradores de la orientación de Rajoy. Ante la mala situación de éste, él y los suyos ponen en marcha un repuesto, un "Plan B" en la misma línea, naturalmente. La alternativa "renovada, sólida e integradora" sería, al parecer... ¡Juan Costa!, alguien peor que Rajoy, si ello es posible.
He aquí la tenacidad, la audacia y la codicia de poder de unos personajes, y la pusilanimidad, el lloriqueante "no me resigno pero me aguanto" de quienes, representando lo mejor, no saben defenderlo.
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Los autoproclamados herederos del Frente Popular llevan mucho años pretendiendo que la Iglesia pida perdón a sus torturadores y asesinos y reniegue de quienes la salvaron en aquel trance mortal. Y casi lo consiguieron durante unos años, vamos, en realidad lo lograron poco antes de la muerte de Franco.
Ustedes recordarán que cuando unos periodistas demócratas sacaron a la luz una parte del abismo de corrupción y terrorismo en que el PSOE amenazaba hundir la democracia, El País llamó "el sindicato del crimen" a quienes exponían la verdad, y no vaciló en apoyar las más rufianescas maniobras contra ellos. No podía haberse definido mejor. Ahora, el sindicato del crimen PRISA-PSOE informa de que "los obispos radicales imponen la hostilidad al gobierno": así definen estos manipuladores fascistoides la legítima defensa de la Iglesia ante el continuo acoso que esta sufre por parte de Zapo el Rojo, autoproclamado heredero de la Cheka, y del sindicato. Ante una ofensiva no laicista, sino antirreligiosa y contraria a las libertades democráticas.
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"No obstante, dada la escasa envergadura de la oposición, las mayores preocupaciones para el régimen siguieron viniendo de la Iglesia, directamente o a través de su apoyo al antifranquismo. En septiembre de 1971 una magna y bien preparada asamblea de obispos y sacerdotes rechazaba el concordato de 1953 y cuestionaba el apoyo a Franco durante la guerra. Esta disociación tan tardía suponía un respaldo implícito a quienes decían heredar al bando perdedor de la guerra, y se anudaba con una interpretación de la realidad y de la historia poco alejada de la lucha de clases, muy difundida en ciertos medios clericales. Cada vez más católicos identificaban la causa perdedora en la contienda con "el pueblo", y simpatizaban con ella. El cardenal Tarancón, propulsor del viraje, apoyó la preparación de la asamblea en el dirigente jesuita Martín Patino, de tendencia pretenciosamente progresista".
"Ese mismo año (1969) asistía Tarancón a un simposio de obispos europeos en Suiza, y en él "me di cuenta de que el fenómeno contestatario que se había iniciado en España no era más que un eco y muy débil, por cierto de la corriente contestataria que de manera impetuosa irrumpía sobre Europa (...) En Europa se defendía la tesis de que los sacerdotes debían comprometerse en el cambio de las estructuras políticas y sociales en nombre del Evangelio y aun por procedimientos violentos, porque eran injustas. se hablaba ya abiertamente de la teología de la violencia y de la teología de la revolución".
Sin duda los democráticos líderes comunistas tenían bastantes razones para estar contentos de evolución semejante".
(De Una historia chocante. Los nacionalismos vasco y catalán en la España contemporánea)
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En Época
LOS CÓMPLICES DE LA ETA
Pío Moa
En un programa de Sánchez Dragó tuve ocasión de discutir con Fernando Jáuregui, autor de una disparatada Crónica del antifranquismo en la que los comunistas eran los demócratas. Comentaba Fernando que la oposición antifranquista había errado al apoyar a la ETA, por no entender la verdadera condición de ese grupo terrorista. "Ningún error –le contesté–: la ETA recibió ese apoyo en cuanto empezó a asesinar, no antes, y precisamente porque asesinaba". Debía haber añadido: "Y por su carácter separatista. La consigna era apoyar a los patriotas vascos". Ningún equívoco, por tanto.
Así fue la oposición antifranquista, sobre la que tanto habrá que hablar. Los "patriotas vascos" suscitaban admiración precisamente porque hacían lo que el resto de la oposición habría deseado hacer, pero no se atrevía. Solo hay que ver los colores radicalmente sombríos con que pintaba al franquismo, justificación implícita o explícita de cualquier acción violenta contra él. Pero la oposición, en lo fundamental los comunistas (ayudados a su vez por quienes giraban en torno a ellos en montajes tipo CCOO, Sindicato Democrático, Asamblea de Cataluña, Pacto para las Libertades, etc.), había intentado antaño los mismos métodos de la ETA, mediante el maquis y había sufrido una completa derrota.
La experiencia del maquis tiene pleno interés actual porque desde hace unos años, como respondiendo a una batuta oculta, presenciamos una campaña para enaltecer a sus protagonistas como luchadores por la libertad. De pronto empezaron a salir decenas de libros, miles de artículos, comentarios y declaraciones, congresos universitarios, intervenciones televisivas, "investigaciones" subvencionadas, actuaciones en las Cortes y, finalmente, el reconocimiento oficial de mártires de la democracia por la Ley de la Falsificación Histórica: la típica campaña, ya vista en los casos de las Brigadas Internacionales, el 18 de julio, Azaña y otras más. Pero en realidad el maquis fue un intento, dirigido por los comunistas, de reiniciar la guerra civil: a los jefes del siempre democrático PCE les pareció que esta vez podrían ganarla, dadas las inmejorables condiciones al terminar la guerra mundial, como he expuesto en Años de hierro. El maquis fue una ETA de envergadura mucho mayor, que terminó en total fracaso. Lo señalo porque su glorificación –glorificación implícita de la guerra civil– demuestra que nuestra izquierda, por desgracia, ni se ha democratizado ni se ha civilizado, pese a su abandono del marxismo. La glorificación del maquis por el actual gobierno rojo es también la glorificación de la ETA, y la ley mencionada así lo establece.
No hubo, pues, error alguno de la oposición antifranquista con respecto a la ETA, como no lo ha habido en el "proceso de paz", nombre grotesco para un programa de asalto conjunto etarra-gubernamental a la Constitución. Estos apoyos, simpatías y maniobras políticas nacen de una afinidad profunda, como ya señalé en otro artículo, y solo pueden entenderse a partir de ella. La cual no impide, claro, riñas entre los socios, como las afinidades entre los partidos del Frente Popular no impidieron los asesinatos a mansalva y dos guerras civiles entre ellos.
Pero no solo la oposición antifranquista respaldó a la ETA en cuanto empezó a practicar el tiro en la nuca. También lo hicieron gran parte del clero vasco y no vasco, de la prensa –sí, en el franquismo– y, sobre todo, algunos gobiernos extranjeros, el francés ante todo, que brindó a los pistoleros refugio seguro y justificaciones. Nunca unos cuantos asesinatos rindieron tanta renta política a sus autores. Desde la transición, ya con cientos de muertes, la complicidad con la ETA tomó la forma de la "solución política", las concesiones a los pistoleros a costa del estado de derecho. Para que luego digan que el crimen no paga: difícilmente podía pagar más, en este caso.
¿Su canción era chabacana? Bueno, pero con un alto sentido simbólico y sociológico: refleja a la perfección una España muy real, la España de Zapo y su banda. ¿Y su proyección europea? La mayoría de las otras canciones, empezando por la rusa, no eran menos chabacanas, y la de Chikilicuatre tenía la ventaja, al menos, de no pretender otra cosa. Fíjense también en la actuación de muchos cantantes y acompañamiento, unos pegando elegantes brincos cuadrumanescos por el escenario, otros con lúdicos contoneos aéreofornicatorios; luego, durante las votaciones, con chillidos y retorcimientos infantiles (qué liberación de los sentimientos, qué espontaneidad). Servidor acababa de ver en youtube la sobria actuación de Mitsias mencionada el otro día, y no podía menos de comparar... Anticuada la de Mitsias. Además, el Chiki-chiki concentra la herencia, en España al menos, del mayo del 68, ahora tan conmemorado, con su imaginación, su poder, su playa, sus bragas en la mano y todo lo que ustedes quieran.
¿Qué le falló a Chikilicuatre? Muy sencillo, y estoy seguro de que el patriota Rajoy lo habrá visto desde el primer momento, entre lectura de Marca y meditación sobre la nena, la crisis económica y el futuro: "¡Tenía que haber cantado en inglés, coño, todo en inglés! ¡Por ese detalle ha perdido España un triunfo crucial en el terreno del arte y la comunicación, tan importante hoy en día! Mira que se lo dije a mi simpático amigo Zapo, ¡el plan B, Zapo, el plan B! No me hizo caso, pero estoy seguro de que aprenderá de la experiencia, es hombre muy razonable e inteligente, casi como yo, no me duelen prendas reconocerlo".
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En el número último de Época, una interesante entrevista de Dávila con Sabino Fernández Campo, y un reportaje sobre un muy posible hostigamiento del CNI y, desde luego, de El País (el "sindicato del crimen", ¿recuerdan?) contra el juez García-Calvo, cuyo oportuno fallecimiento parece decidir la aprobación del golpismo por un Tribunal Constitucional presidido por una personaje feminista, afín al PSOE y también al separatismo sabiniano, contraria a la igualdad ante la ley y que no cree en la nación española. A estos extremos llegamos, de absoluta degradación del poder.
Enviado por e-pesimo el día 22 de Enero de 2007 a las 17:42
Personalmente nunca he tenido mucha confianza en el Tribunal Constitucional. El TC no es un tribunal técnico, por eso siempre me ha merecido más confianza el Tribunal Superior.
Mi desconfianza hacia el TC aumentó con motivo de la última renovación de su Presidencia. Repasemos los antecedentes:
En junio del 2.0004, es decir, tres meses después del golpe terrorista del 11M y dos meses después de la toma de posesión del Gobierno surgido a los tres días de dicho golpe terrorista, el Tribunal Constitucional fue, por imperativo legal, renovado parcialmente. A propuesta del nuevo Gobierno se incorporaron dos Magistrados y a propuesta del CGPJ se incorporaron otros dos.
En esa misma fecha se procedía a la renovación de la Presidencia de dicho Tribunal, pues uno de los Magistrados renovados era su anterior Presidente, Jiménez de Parga.
Lo previsto, descontado y acordado era que fuera nombrado Presidente a Don Vicente Conde Martín de Hijas, que era el magistrado de mayor edad, y como Vicepresidenta a Doña Mª Emilia Casas Baamonde.
La norma procedimental del TC establece que, en caso de empate, resuelve el voto de calidad del Magistrado que ejerce la presidencia.
Se realizó la votación y tal como estaba previsto surge el empate entre las dos candidaturas, luego, al aplicar la norma y por el voto de calidad, la Presidencia recaía en Vicente Martín de Hijas. Pero hete aquí que se solicita realizar una nueva votación y... ¡Oh, sorpresa!.. Por otra CASUALIDAD inexplicable más, uno de los Magistrados cambia de forma imprevista el sentido de su voto y se rompe el empate a favor de Mª Emilia Casas.
¿Y qué se sabe de Doña Mª Emilia Casas Baamonde, además de que proceda de la rama de los Tribunales de ‘lo Social’, motivo por el que se la consideraba la menos idónea para el cargo de Presidenta?
Pues tal como informó en su día la prensa, información que archivé a la espera de acontecimientos, "María Emilia Casas fue uno de los cuatro magistrados que en 1999 votó a favor del amparo de la denominada Mesa Nacional de Herri Batasuna contra la sentencia del Supremo que dictó su encarcelamiento. El 20 de marzo de 2004, el TC votó en contra de la impugnación del Plan Ibarretxe interpuesta por el anterior Gobierno. Casas fue una de las magistradas que lo favoreció junto al voto de Tomás Vives, Javier Delgado, Vicente Conde, Elisa Pérez Vera, Eugenio Gay y Pablo García Manzano. Los votos a favor partieron del entonces presidente, Manuel Jiménez de Parga, Pablo Cachón, Jorge Rodríguez Zapata, Guillermo Jiménez y Roberto García Calvo.
María Emilia Casas está casada con Jesús Leguina Villa, consejero del Banco de España y ex magistrado del Constitucional también a propuesta del PSOE en 1986. Fue asesor del PNV y del PSOE y realizó por encargo del Gobierno Vasco un dictamen jurídico en contra de la Ley de Armonización del Proceso Autonómico."
En marzo del 2.006, Mª Emilia Casas pronunció una frase que me causó alarma. Textualmente dijo: "Hay que despojar de emotividad el término nación".
Y hoy El Mundo publica unas revelaciones sobre otro Magistrado del Constitucional que hace que se acrecienten mis desconfianzas. ¿Cómo puede ser "juez imparcial" el Magistrado que mantiene negocios, relación y es retribuido por una de las partes. Máxime cuando se trata precisamente de "la parte" que no esconde públicamente que quiere desbordar el régimen autonómico y constitucional.
El Mundo.es, 2-5-08:
"Casi un año y medio después de que se admitiera a trámite el recurso presentado por el Partido Popular contra el Estatut de Cataluña, el Pleno del Tribunal Constitucional ha abierto en su seno un debate sobre la cuestión y, aunque aún no ha alcanzado un fallo definitivo, ya hay un borrador de sentencia. En él se acepta que el Preámbulo se refiera a Cataluña como una 'nación', al entender que esta definición no conlleva ningún efecto jurídico en el conjunto de España".
Si no conlleva efectos jurídicos, ¿por qué se empeñan tanto los separatistas en el término? Porque la nación es la base de la soberanía.
Pero vean: "Es una garantía absoluta de nuestra justicia en la lucha contra el terrorismo y en la defensa del Estado de Derecho", aseguró María Emilia Casas (refiriéndose a su tribunal), para añadir a continuación que los jueces y los tribunales españoles son "independientes" y que "la esencia de la democracia es la sumisión a la ley y a la Constitución", por lo que, --indicó-- "no es mano ancha o menos ancha, sino aplicación de la norma".
¿Qué les parece la buena señora? La cara está hoy barata.
Rajoy ha dado un golpe de partido y, luchador ventajista, reta ahora a sus oponentes a que presenten una alternativa, sabiendo, como ha dicho Vidal Quadras, que "reunir 600 avales a estas alturas es físicamente imposible".
Pero Rajoy tiene su parte de razón. Lo cierto es que sus contrarios no han sido capaces de verle venir ni, por tanto, de reaccionar a tiempo, cuando tan claros estaban los síntomas de la deriva del Futurista. Y elaborar una alternativa creíble no puede supeditarse al proceso burocrático de reunir avales: los opuestos a la banda de los cuatro tampoco han sabido presentar, hasta ahora, una alternativa sencilla y bien razonada que pueda convencer a la gente. De poco sirve dar la vara con lo del "debate político profundo" cuando es preciso tomar decisiones claras y rápidas, y cuando la cuestión de fondo es tan simple: integrarse en el golpe de régimen zapotesco, u oponerse a él; y si se trata de oponerse debe articularse una crítica y unos puntos precisos. Al no obrar así, los adversarios del Futurista tendrán que limitarse al pataleo y quizá, posteriormente, a integrarse en su política o dedicarse a las intrigas dentro del partido.
A esa oposición le ocurre lo que al hombre de la Nena angloparlante con Zapo: falto de ideas el primero, termina por someterse a las de su rival. Dentro del PP, Rajoy es Zapo y sus oponentes Rajoy
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"No fue, pues, en los frentes europeos y mediterráneos donde se suscitó con verdadera crudeza –salvo para algunos intelectuales– la cuestión de la justicia de la guerra, sino en relación con otro teatro bélico: la conquista de América. Aquí saltaba a la vista que los indios no eran los ofensores y que habían quedado expuestos a los abusos y crueldades de algunos conquistadores. La protesta por las tropelías de los ocupantes no se hizo esperar y convenció a las autoridades en España, las cuales se apresuraron a dictar, en defensa de sus nuevos e inesperados súbditos de Indias, medidas que solo pueden suscitar elogios, aunque su aplicación fuera penosa y parcial. Tomaron incluso el acuerdo, poco liberal, de prohibir la difusión de los escritos que justificaban a los conquistadores.
El problema de la guerra injusta torturó a muchos intelectuales y políticos españoles y nunca dejó lo bastante clarificado el caso de América. Pero dio lugar a un pensamiento de primera magnitud en el plano jurídico y de la dignidad humana, así como a una gigantesca empresa de evangelización, demostrativa de que, para la mentalidad hispana de la época, los indios eran más que simples factores económicos. Tales actitudes son también contrarias a la rodomontada, y prestan su mejor matiz a las gestas de la época.
(...)
Estas consideraciones vienen a cuento porque, caso muy raro en la literatura ultrapirenaica de aquel siglo, Brantôme expresa sincera admiración por las proezas hispanas, sin menoscabo de su evidente patriotismo francés. Destaquemos lo de "sincero" porque el sentimiento de Brantôme era seguramente muy compartido, aunque lo enturbiaran el odio, la envidia o la rivalidad, que se expresaban con mucha más fuerza, como suele suceder.
Pues en el siglo XVI es cuando nace la propaganda política moderna y nace, en buena medida, como propaganda antiespañola. La masiva difusión de acusaciones compensaba algo los reveses sufridos a manos de los españoles; y estos apenas recurrieron a la propaganda porque sus éxitos en la acción se lo hacían creer innecesario. Craso error, porque la propaganda se reveló ya entonces un arma formidable".
(Del prólogo a Bravuconadas de los españoles)
La señora Manjón, insisto, es comunista. Por una enfermedad moral de nuestra sociedad, ser nazi la incapacitaría, pero ser comunista no, cuando ambas cosas vienen a ser lo mismo, histórica y prácticamente: la tiranía y el genocidio.
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"Los hechos de aquellos hombres bien pueden suscitar cierto asombro. Desde Transilvania hasta Laos, desde Manila hasta Sajonia y desde la actual California hasta el canal de Magallanes, grupos de unos cientos o unos pocos miles de españoles llevaron a cabo hazañas muy dignas de mención contra otros hombres armados y contra los elementos, obstáculos naturales y distancias aparentemente insalvables para la técnica de la época. Podrían considerarse tales proezas, hoy tan olvidadas y menospreciadas por los torpes, como simples leyendas, porque en verdad no resultan fácilmente creíbles y, como hacía notar Pericles de otras gestas, "quien las ignora puede, por envidia, creer exagerada la exposición, al oír cosas que superan sus propias capacidades". Pero quedan de aquellos esfuerzos ciclópeos huellas bien tangibles, pese a otros grandes esfuerzos empeñados por borrarlas.
Aún resultan más notables dichas acciones si –ciñéndonos a Europa– pensamos que cada uno de los principales rivales de España no le era inferior en poder material, y mucho menos cuando concertaban sus fuerzas, como solían. España sumaba menos de la mitad de la población francesa, quizá menos aún en riqueza. Lo mismo, pero más acentuado, ocurría con respecto al Imperio Otomano, el único que durante los dos primeros tercios del siglo XVI infligió a España reveses muy dolorosos. Cierto que Carlos I y Felipe II extraían recursos humanos de Alemania y Países Bajos y Flandes, y también económicos de Italia. Pero los dos primeros países se convirtieron también en trampas para España, e Italia no dejó de suministrar a Francia buenas tropas y mejores generales. En conjunto, y como señala Lucien Febvre en su prólogo a Seville et l´Atlantique, citando a P. Chaunu, la escasez de hombres obligaba a España a suplir "con una asombrosa movilidad una no menos asombrosa inferioridad numérica", con lo cual los hispanos "estaban por todas partes". (Del prólogo a Bravuconadas de los españoles, de Brantôme, Ediciones Altera)
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Ayer, presentación de Sofismas de la izquierda, silencios de la derecha, en el CEU. Muy pocos estudiantes entre el público: "Es que no se ha puesto ningún cartel, ninguna publicidad en los centros, ni en este mismo local –me aclara uno de ellos–, y así estamos vencidos desde el principio". Un fallo, qué se le va a hacer, que la izquierda nunca habría tenido, pero hay que aprender de la experiencia. Por lo demás, muy bien, a pesar del fútbol.
Da alegría ver cómo mucha gente va perdiendo el miedo o el complejo, porque decir algunas verdades como las que expusieron José Luis Orella, Raúl Mayoral o Alex Rosal (o invitarme a actos académicos) se estaba convirtiendo en un tabú en esta España con tanto déficits democráticos. El libro vendió en tres semanas los quince mil ejemplares de la primera edición, y está agotando ya la segunda. Parece mucho, pero si pensamos en un país de cuarenta millones de habitantes sometidos en su mayoría al machaqueo embrutecedor de los medios progres, resulta una insignificancia. Hay mucho que hacer. Varias intervenciones incidieron en la urgencia de crear asociaciones, entre ellas una por la verdad histórica, que preconizo desde hace algún tiempo.
Otra intervención: "He visto que en ABC y en La razón le han dado mucho espacio y comentario al último libro de Preston, y en cambio a Años de hierro ni lo mencionan. Parece lógico que esto lo haga El País, pero en la prensa conservadora... ¿A qué puede deberse esto?" "No lo sé, pero el hecho es que estoy tan censurado allí como en El País". Una explicación: "Conozco el caso de La Razón: su equipo de Cultura es prácticamente de ultraizquierda. La derecha siempre deja la cultura a la izquierda".
Otro caso: la AVT, acosada por los dialogantes pro etarras, deseosos también de silenciarla (en eso consiste el "diálogo" zapotesco). El inquisidor Peces Barba en primer lugar. En penúltimo: la denuncia contra el ex presidente de la AVT, por decir simplemente la verdad. Tanto la AVT como Alcaraz, abandonados también por el PP y por la mayoría de la prensa.
Mi propio caso: Años de hierro se ha indigestado a algunos, que lo acusan de decir mentiras. Hasta aquí, normal y con todo derecho. El paso siguiente sería que explicasen dónde y en qué miento, pero hasta ahí ya no llegan. Su paso ha ido en otra dirección, la propia de los chekistas: meterme en la cárcel. Lo normal...en quienes se identifican con el Frente Popular. Anótese: a) el silencio es el mejor auxiliar de los actos tiránicos y la publicidad su mayor enemigo; la inmensa mayoría de los medios silenciaron el atentado a la libertad de expresión, convirtiéndose en cómplices de él. b) Me dice Aquilino Duque: "Has tenido suerte con el juez. Porque ha sido cuestión de suerte, no de seguridad jurídica. Un juez progre puede interpretar la ley de forma contraria a los principios más elementales del estado de derecho".
Y así estamos, en plena involución política. Pero el derecho a defenderse contra el despotismo es la base misma del sistema de libertades.
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Carta de Voltaire a la Academia francesa:
"La verdad, que ante Vds. No puede disfrazarse, me obliga a confesaros que este Shakespeare tan salvaje, tan bajo, tan desenfrenado y absurdo, tenía chispas de genio. Sí, señores, en ese caos oscuro, compuesto de crímenes y bufonerías, de heroísmo y de torpeza, de charlatanería de mercado y de grandes intereses, se encuentran rasgos naturales y chocantes. Era así, más o menos, como se trataba la tragedia en la España de Felipe II, en vida de Shakespeare. Vds. Saben bien que por entonces el espíritu de España dominaba en Europa, e incluso en Italia. Lope de Vega es el gran ejemplo. Fue precisamente lo mismo que Shakespeare en Inglaterra: una combinación de grandeza y extravagancia, algunas veces digno modelo para Corneille, algunas veces trabajando para las pequeñas empresas teatrales y abandonándose a la locura más brutal, sabiéndolo muy bien y confesándolo públicamente en los versos que nos ha dejado y que quizá hayan llegado hasta Vds. Sus contemporáneos, y aun más sus predecesores, hicieron de la escena española un monstruo que gustase al populacho. Ese monstruo fue paseado por los teatros de Milán y Nápoles, y era imposible que el contagio no infectase a Inglaterra".
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La resignada Aguirre responde al Tiranosaurio: "Ya me dirás qué problemas causo yo al partido". Pues su deber es causárselos, señora Aguirre, su deber es no dejar en paz a los tiranosaurios centristas.
Ha hecho muy bien Aznar en salir al ruedo. Rajoy fue una de sus equivocaciones, y ahora tiene la oportunidad y la obligación de rectificar.
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Hoy, en El Economista:
LA REVOLUCIÓN DEL CAPRICHO
Leo en Alfa y omega: "Uno de esos jóvenes fue Killian Fritsch, autor de la conocida frase que sirvió de lema a la revuelta: Bajo los adoquines, la playa. En 1969, apenas un año después de la revolución, fundó un club de motoristas –nunca se sacó el permiso– y se metió de lleno en las drogas. Un día entró en la estación del Metro Gaité y allí, varios metros debajo de los adoquines, se lanzó al primer tren que pasaba".
¿Fue así, realmente? En tal caso nada simbolizaría mejor, o incluso definiría, aquella peculiar revolución, la revolución del capricho. Se la ha presentado como una revuelta de la juventud contra una sociedad represiva y restrictiva. Solo en parte es así. Ni se trataba de toda la juventud, ni sus mentores eran jóvenes, ni la sociedad era tan restrictiva ni mucho menos, tampoco en España. Y sobre todo a ella, al sistema llamado capitalista, democrático, al esfuerzo de sus padres, debían aquellos jóvenes su muy envidiable posición, sus muchas comodidades y oportunidades, sus muchas libertades. Pero allí estaban los niñatos rebelándose, glorificando cosas de las que en rigor no sabían nada, como la Revolución Cultural maoísta, el Vietcong, pidiendo un Gulag más duro... y preconizando al mismo tiempo la droga, el sexo como mera distracción, la abolición de la responsabilidad, de la disciplina, del sentido de la decencia. "Burgués, nuestros sueños son tus pesadillas"; sueños inducidos por la droga. Muy digno de estudio el fenómeno, una tentación humana ancestral, nada nueva.
Los chicos, bien lo sabían, no iban a sufrir mucho maltrato, no habría una segunda represión de la Commune, y todo transcurrió así como una fiesta excitante. Eso sí, dejó demasiados platos rotos y largas secuelas. En cambio, oímos decir, sin aquella revolución hoy no estarían Obama y Hillary contendiendo hacia la Casa Blanca. Quizá no, ¿y qué? ¿Tan horrible sería?
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Mañana, 21, a las ocho de la tarde, en CEU, Julián Romea 23, presentación de "Falacias de la izquierda, silencios de la derecha".
"La familia Cáceres en todo momento han intentado ofrecer un entorno que desarrolle plenamente la formación integral de su hijo, tanto en los aspectos más formales y académicos, como en los aspectos emocionales, psicológicos y morales, tal y como avala el informe realizado por el Doctor en Pedagogía Francisco González, del que destacamos: “Los padres de Olmo demuestran un extraordinario compromiso con el bienestar y desarrollo integral de su hijo, incluyendo la dimensión educativa y académica. […] Olmo cuenta con un bagaje afectivo, psico-sociológico y cultural adecuado para desarrollar satisfactoriamente todas las competencias y conocimientos relacionados con el curso correspondiente a su edad”. “Olmo es un niño despierto, muy natural y sociable, que se divierte jugando con sus amigos y aprendiendo a su propio ritmo, disfrutando del acompañamiento respetuoso, sereno y eficiente de sus padres en todo su proceso instructivo”.El niño disfruta de una óptima integración en su municipio, donde además de ir a las clases particulares con otros niños y a sus clases de guitarra, juega cada tarde con una pandilla de amigos del vecindario que ronda la veintena de niños de diversas edades. Los padres, también se preocupan por acudir a encuentros de familias que optan por educaciones alternativas a la convencional, y por procurarle una rica vida social."