Marzo 2008
31 de Marzo de 2008 - 21:56:37 - Pío Moa
No creo que Rajoy y los suyos tengan complejos, en modo alguno. Así como Zapo, cuando colabora con el terrorismo, lo hace por convicciones fundamentales y no por ingenuidad o por táctica, también Rajoy y los suyos han colaborado y seguirán colaborando con Zapo (ha sido la mejor oposición que este hubiera podido soñar) porque sus objetivos difieren mucho de los que se empeña en suponerles una gran masa de sus votantes. Su objetivo es la nena angloparlante y con el bolsillo lleno, porque la economía lo es todo, y eso le convierte prácticamente en un PSOE bis. Su discurso no ha sido el de un hombre de estado, ni siquiera el de un político de nivel medio, sino el de un farragoso burócrata charlatán (algunos de sus párrafos harían feliz a Perogrullo), ansioso de poltronas y ciego a los verdaderos problemas y desafíos del país. Obsérvese una de sus frases clave: "impedir que los socialistas vuelvan a ser el refugio de los recelos que todavía provoca hoy nuestro partido para algunos ciudadanos y en algunos territorios". Traducido del politiqués al idioma normal: rebajar todavía más el perfil.
En fin, Rajoy ha vuelto a dar su talla política de “perfil bajo”, bajísimo. Por supuesto, eso no excluye una representatividad real, porque hay un votante de derecha que piensa como él, pero esa representatividad está muy inflada con otro tipo de votante a quien repele esa bajeza, pero que le ha apoyado por aquello del voto supuestamente útil. Está empezando a pasar en el conjunto de España lo que en Cataluña: una gran masa de población carece de representación real, un déficit, uno más, de nuestra democracia en proceso involutivo. Las movilizaciones de los años pasados prueban que existen millones de españoles bastante consciente de lo que nos jugamos, pero faltos de organización y de liderazgo. Y dentro del partido, políticos como Mayor Oreja o Vidal Quadras, la misma Esperanza Aguirre, quedan marginados y reducidos a la impotencia, y aceptan su relegación por el bien de la disciplina y unidad del partido, un valor máximo, a su entender, superior a los valores que ellos han representado en algunos momentos. El PP se convierte así en un partido a la búlgara, por su estilo interno y por su “materialismo político”.
Me parece imprescindible un movimiento de regeneración democrática tomando como punto de partida el impulso con que llegó Aznar al poder, el impulso que defendió Mayor Oreja y traicionó en gran medida el propio Aznar. Se trataría de recuperar una actitud resuelta y entusiasta por España y la democracia, que empiece por dos medidas básicas: un debate de ideas y su extensión a la población. Un elemento paralizante en esta labor ha sido la extendida creencia en que solo el PP podría realizarla. O mucho me equivoco o la orientación de Rajoy está definitivamente tomada, y las esperanzas de un cambio se han esfumado.
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Hoy, en "El economista":
AÑOS 40, UN DEBATE NECESARIO
En España hay muchos temas a debatir y muy poco debate. En torno a la guerra civil y la república, me sorprendió la virulencia con que tantos intelectuales, historiadores y políticos rechazaban en redondo la polémica intelectual para sustituirla por un grotesco campeonato de ataques personales. Esto me sorprendió al principio, pero, bien mirado, ¿de qué otro modo podían responder unos señores que han montado una historia basada en que Stalin, los comunistas españoles, los marxistas del PSOE, los golpistas republicanos y separatistas catalanes, los racistas del PNV, etc., defendían la democracia? La cuestión a debate puede darse hoy por zanjada en lo esencial, aunque mucha gente siga creyendo auténticas fábulas.
Ahora han salido, inopinadamente, varios libros en torno a la política de Franco durante la guerra mundial: Hitler y Franco, de X. Moreno Juliá, La gran tentación, de M. Ros Agudo, Los años del miedo (título de mera propaganda), de J. Eslava Galán, Franco y Hitler, de Stanley Payne, y el mío mismo Años de hierro. Años tan trascendentales como la guerra civil misma, pues en esa época quedó resuelta la supervivencia del franquismo, un hecho sumamente improbable y con el que casi nadie contaba, pero que determinó la historia posterior de España hasta hoy mismo, en una continuidad esencial. Pues la transición democrática se hizo “de la ley a la ley”, contra los programas de ruptura exigidos por la oposición antifranquista para enlazar con aquel Frente Popular convulso y antidemocrático. En definitiva, España lleva ya casi setenta años de paz, el período más prolongado y fructífero desde la Guerra de la Independencia. Aunque haya muchos empeñados en tirar por la borda, una vez más, sus logros. Por lo que me toca, me propongo escribir en Libertadigital.com una serie de artículos al respecto. ¿Será posible esta vez un debate civilizado?
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30 de Marzo de 2008 - 14:25:24 - Pío Moa
Jlh recuperaba anteayer en la bitácora un documento del mayor interés para entender los aspectos siniestros de una transición en conjunto muy positiva: un editorial de El País, poco antes de las elecciones del 77, titulado "Alianza Popular: las cenizas del franquismo", y que el mismo jlh apostilla con inteligencia.
El autor de los editoriales suele ser el director, casi con total seguridad Juan Luis Cebrián en este caso, dada su trascendencia política. El editorial dice, entre otras cosas: "El lanzamiento de Alianza Popular se hizo en torno a personalidades representativas y responsables de la última época de la dictadura". "Raya en lo increíble que el presidente del Gobierno que dio el «enterado» a los últimos cinco fusilamientos del franquismo [se refiere a Arias], en un lúgubre recordatorio de la represión de postguerra a la que contribuyó personalmente como fiscal en Málaga, gobernador en León y director general de Seguridad, que el ministro de la Gobernación que fue incapaz de impedir el asesinato del almirante Carrero Blanco, sea invitado por los siete magníficos [Los "siete" eran Fraga, López Rodó, Fernández de la Mora, Silva Muñoz, Martínez Esteruelas, Thomas de Carranza y Licinio de la Fuente]. Arias... enconó el problema vasco". "Sus líderes no aportan nada nuevo, pero evocan los rencores de los españoles que encarcelaron durante años por defender la misma democracia a la que ahora tan abusivamente se apuntan. La sombra de la sangre que desde el poder vertieron es todavía demasiado extensa e insultante para un país joven y moderno, que no puede creer en la capacidad de unos gobernantes acostumbrados a responder a la violencia con violencia, y a la muerte con la muerte".
Observaciones:
- Personalidades representativas del franquismo se encontraban igualmente en la UCD e incluso en la oposición, y podían estar más ligados a etapas del régimen más duras que, precisamente, su última y más liberalizante época. Y varios de los que terminaron dirigiendo la transición, como Suárez o Martín Villa, procedían del sector del régimen más próximo al fascismo.
- Los cinco últimos fusilados del franquismo lo fueron por asesinar a policías, para quienes Cebrián no tiene una palabra de recuerdo. Al relacionarlos con la represión de posguerra, Cebrián acusa/ensalza a los fusilados de entonces como equivalentes a los terroristas de la ETA y el FRAP. Toda una confesión freudiana.
- ¿Enconó Arias el problema "vasco", es decir, del separatismo sabiniano y terrorista, o lo enconaron quienes ya entonces querían hacer todo tipo de concesiones a los pistoleros etarras... a quienes admiraba Cebrián, como él mismo deja claro hablando, ¡precisamente! del asesinato de Carrero Blanco? ¿No ha enconado el problema terrorista-separatista la llamada "solución política", que el admirativo Cebrián abanderó desde el primer momento, y por la cual ha atacado la Constitución democrática?
- ¿Encarceló el franquismo a quienes defendían la democracia? ¿Mandó Arias a Cebrián a la cárcel, o bien lo protegió y encumbró a puestos de la mayor relevancia en el aparato de información (o desinformación, si se quiere) de la dictadura? La realidad es que no hubo prácticamente demócratas en las cárceles, sino terroristas y comunistas. Que Cebrián, privilegiado de la dictadura, los presente como demócratas, ya retrata al personaje.
- Cierto, el régimen franquista respondió a la violencia con la violencia... como hacen todos los regímenes del mundo, democráticos y no democráticos, pues de otro modo se hundirían. El ultrahumanitarismo sensiblero de Cebrián suena tan falso como todo este tipo de poses buenistas. Cuando salió a luz el terrorismo del PSOE por medio del GAL, el humanitarísimo Cebrián, con ejemplar hipocresía, no tachó de "sindicato del crimen" al gobierno, sino a los periodistas que denunciaban sus violencias y muertes. Nótese, además: los últimos fusilados del franquismo lo fueron tras sus respectivos juicios, mientras que los muertos del GAL cayeron sin juicio alguno. Tradición, por cierto también, muy marxista.
- En las frases de El País constatamos el lado siniestro de la transición: la mentira demagógica, desenvuelta y chabacana. La democracia vino del franquismo, no de sus contrarios, y llegó precisamente tras vencer un intento de huelga general (revolucionaria por definición) y el boicot de la oposición al referéndum de la reforma. Así triunfó la opción "de la ley a la ley", es decir, de la dictadura autoritaria (no totalitaria) a la democracia, en lugar de la ruptura preconizada por los antifranquistas, saltando sobre la ley para enlazar con el Frente Popular. Pero una vez logrado ese éxito trascendental, la derecha dejó de lado la batalla por la historia y por las ideas, es más, colaboró en la falsificación de ambas. Cebrián fue un adelantado al respecto. Pues él, ciertamente, procedía del sector de la dictadura más asimilable al fascismo, por familia, por carrera y por medro, y había gozado de la protección de aquel "presidente de Gobierno que dio el «enterado» a los últimos cinco fusilamientos del franquismo, en un lúgubre recordatorio de la represión de postguerra a la que contribuyó personalmente como fiscal en Málaga, gobernador en León y director general de Seguridad, el ministro de la Gobernación que fue incapaz de impedir el asesinato del almirante Carrero Blanco". La confusión como estrategia, y todo una autodiagnóstico. Ya, entonces, la España Chikiliquatre.
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29 de Marzo de 2008 - 10:28:05 - Pío Moa
La eminencia y abundancia de autores de origen hispano en la Edad de plata romana ha nutrido diversas polémicas sobre la posible españolidad de aquellos. Américo Castro, resuelto a comenzar España en la Edad Media y en relación con musulmanes y judíos, decidió que antes de la invasión árabe apenas existía nada parecido a una “forma de vida española”. Al igual que otros muchos estudiosos, Castro entiende que Marcial, Séneca, etc., pertenecen en exclusiva a la cultura romana, sin relación real de alguna densidad con lo que hemos llegado a conocer como España. Esa idea ha sido rebatida por Sánchez Albornoz con buenos argumentos, pero el debate se ha centrado en conceptos tales como “formas de vida”, “vividura”, “herencia temperamental”, “contextura vital”, etc., un tanto difíciles de asir. Albornoz acepta algunos rasgos distinguidos por Castro en la forma de ser de los españoles “auténticos”: el carácter personalista, visible también en sus escritores y artistas, “el estar inmerso y presente de continuo en su obra y con todo su ser. La vida y el mundo son en ella inseparables del proceso de vivirlos, como dice Castro”. Pero, al revés que este, Albornoz encuentra esas notas, una de ellas el gusto por lo soez o indecente, en los hispanorromanos de la Edad de plata. Así, “Séneca escribía en primera persona, refería obscenidades y porquerías y hablaba de sí mismo”; “Ningún filósofo romano sintió tan clara inclinación como Séneca hacia los relatos sucios y hasta malolientes, y Marcial superó en gusto por lo rahez a los otros líricos romanos de la época augustea y del primer siglo del Imperio; notas todas que caracterizaron luego a los peninsulares”.
Pero esos rasgos –junto con otros, incluida una mayor delicadeza– se encuentran también muy claramente definidos en los romanos, y las expresiones y relatos “sucios y hasta malolientes” aparecen en el mismo Horacio, por no hablar de Catulo, Petronio, etc… y es difícil decidir si son más o menos raheces. En conjunto, las características del espíritu romano, pragmático y combativo, con mucho genio para la normativa y escaso para la especulación y la metafísica, fueron acogidas con gran facilidad en la cultura hispana posterior, y seguramente también en la de entonces, debido acaso a afinidades preexistentes. Otros historiadores, como Brenan, distinguen entre el carácter español de Marcial o Quintiliano y el netamente latino de Séneca o Lucano.
Pisamos terreno más firme, a mi juicio, si dejamos la consideración, no creo que falsa pero sí nebulosa, sobre el carácter nacional y buscamos otras evidencias. Todos ellos sienten el orgullo de Roma, bien expreso en Séneca, por ejemplo: “Has prestado un inmenso servicio a la ciencia romana (…); inmenso a la posteridad, a la que la verdad de los hechos, que tan cara costó a su autor, llegará incontaminada; inmenso él mismo, cuyo recuerdo se mantiene y se mantendrá mientras se valore el conocimiento de lo romano, mientras haya quien quiera (…) saber qué es un varón romano, insumiso cuando todas las cabezas estaban rendidas al yugo (…), qué es un hombre independiente por su forma de ser, por sus ideas, por sus obras”, dice a la hija de Aulo Cremucio Cordo, de memoria hoy perdida. En Marcial observamos la reivindicación de su cuna hispana (sin dejar de sentirse inmerso en la cultura latina): “Varón digno de no ser silenciado por los pueblos de la Celtiberia y gloria de nuestra Hispania, verás, Liciniano, la alta Bílbilis, famosa por sus caballos y sus armas, y el viejo Cayo con sus nieves y el sagrado Vadaverón con sus agrestes cimas y el agradable bosque del delicioso Boterdo que la fecunda Pomona ama (…) Pero cuando el blanco diciembre y el invierno destemplado rujan con el soplo del ronco Aquilón, volverás a las soleadas costas de Tarragona y a tu Laletania (Barcelona)…”. “Lucio, gloria de tu tiempo, que no consientes que el cano Cayo y nuestro Tajo cedan ante el elocuente Arpino, deja al poeta nacido en Grecia cantar a Tebas o Micenas o al puro cielo de Rodas o a los desvergonzados gimnasios de Lacedemonia, amada por Leda: nosotros, nacidos de celtas y de íberos, no nos avergonzamos de introducir en nuestros versos los nombres algo duros de nuestra tierra”. “Gloriándote tú, Carmenio, de haber nacido en Corinto –y nadie te lo niega– ¿por qué me llamas hermano si desciendo de los íberos y de los celtas y soy ciudadano del Tajo? ¿Será que nos parecemos? Pero tú paseas tus ondulados cabellos llenos de perfume mientras que los míos de hispano son hirsutos; tienes los miembros lisos por depilarlos cada día; yo, en cambio, tengo piernas y rodillas llenos de pelos; tu lengua balbucea y no tiene vigor: mi vientre, si fuera preciso, hablaría con voz más viril; no hay tanta diferencia entre la paloma y el águila ni entre la tímida gacela y el rudo león. Deja, pues, de llamarme hermano, Carmenio, o tendré que llamarte yo hermana”.
Estas efusiones no las encontramos en la obra conocida de los demás autores, pero es muy probable que las gentes de origen hispano formasen en Roma un grupo de afinidad y solidaridad mutua, como suele ocurrir en las grandes metrópolis y lo formaban los judíos, y seguramente también los griegos, los galos, los egipcios y tantos otros. Los hispanos eran reconocidos como tales por lo demás, incluso por su forma de hablar el latín. Cuando Marcial llegó a Roma buscó la protección de los hispanos Séneca y Lucano, y después del trágico fin de estos se dirigió a Quintiliano (así como a Plinio el Joven). Pese a la insistencia de Marcial en íberos y celtas, estos y sus viejas diferencias se iban diluyendo no ya en la cultura romana general, sino en la misma Hispania, donde, recuerda Julián Marías, existían centros como Tarragona, sedes comerciales y artísticas de gran parte de la península por encima de las antiguas divisiones tribales.
La tesis de Américo Castro resulta en extremo llamativa si tenemos en cuenta la evidencia de que el latín llegó a ser el español, y que la cultura y la religión transmitidas por Roma se convirtieron en la base misma de la cultura española posterior. Sin ellas, precisamente no podría entenderse cómo llegaría a existir una confrontación entre cristianos y musulmanes en la península ibérica. Podría discutirse interminablemente sobre la “contextura vital” española de Averroes o Maimónides (como la de Séneca o Quintiliano) olvidando la clarísima verdad de que los dos primeros ni se expresaron en una lengua latina ni pertenecieron en absoluto a la cultura española conocida por la historia, sino, precisamente, a aquella que aspiraba a destruirla y reemplazarla por otra de carácter oriental.
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Dice J. A. Marina que la Iglesia se refugia en la objeción de conciencia a la "educación para la ciudadanía" porque está en declive (la Iglesia, claro). Argumento de alta calidad moral. Él, en cambio, se siente en auge, protegido por la banda de Filesa, el GAL, la colaboración con la ETA o la utilización de la justicia a conveniencia del poder (Garzón o Bermúdez, por caso). La moral y la educación para la "ciudadanía" en autorretrato.
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28 de Marzo de 2008 - 09:31:38 - Pío Moa
(texto de la conferencia de Zaragoza, ligeramente retocado)
Les leeré un manifiesto publicado hace semanas en algunos medios:
“Diversos políticos y partidos propugnan una determinada visión de nuestro pasado mediante la llamada Ley de Memoria Histórica. Esta ley, por sí misma, constituye un ataque a las libertades públicas y a la cultura.
De modo implícito, pero inequívoco, la ley atribuye carácter democrático al Frente Popular. Hoy está plenamente documentado lo contrario. Dicho Frente se compuso, de hecho o de derecho, de agrupaciones marxistas radicales, stalinistas, anarquistas, racistas sabinianas, golpistas republicanas y nacionalistas catalanas, todas ellas ajenas a cualquier programa de libertad.
También está acreditado suficientemente que, ya antes de constituirse en Frente, los citados partidos organizaron o colaboraron en el asalto a la república en octubre de 1934, con propósito textual de guerra civil, fracasando tras causar 1.400 muertos en 26 provincias; y que, tras las anómalas elecciones de febrero de 1936, demolieron la legalidad, la separación de poderes y el derecho a la propiedad y a la vida, proceso revolucionario culminado en el intento de asesinar a líderes de la oposición, cumplido en uno de ellos. Esa destrucción de los elementos democráticos de la legalidad republicana hundió las bases de la convivencia nacional y causó la guerra y las conocidas atrocidades en los dos bandos y entre las propias izquierdas.
La Ley de Memoria Histórica alcanza extremos de perversión ética y legal al igualar como “víctimas de la dictadura” a inocentes, cuyo paradigma podría ser Besteiro, y a asesinos y ladrones de las checas, cuyo modelo sería García Atadell. Así, la ley denigra a los inocentes y pretende que la sociedad recuerde y venere como mártires de la libertad a muchos de los peores criminales que ensombrecen nuestra historia. También erige en campeones de la libertad a las Brigadas Internacionales orientadas por Stalin, a los comunistas que en los años 40 intentaron reavivar la guerra civil o a los etarras que emprendieron en 1968 su carrera de asesinatos. ¿Cabe concebir mayor agravio a la moral, la memoria y la dignidad de nuestra democracia?
La falsificación del pasado corrompe y envenena el presente. Nos hallamos ante una adulteración de nuestra historia agravada por la pretensión de imponerla por ley, un abuso de poder acaso compatible con aquel Frente Popular, pero no con una democracia moderna. La sociedad no puede aceptarlo sin envilecerse: los pueblos que olvidan su historia se condenan a repetir lo peor de ella. Que el silencio no nos condene”.
El manifiesto está firmado por César Alonso de los Ríos (ensayista), Federico Jiménez Losantos (ensayista y periodista), José María Marco (historiador), Adolfo Prego (magistrado del Tribunal Supremo), Milagrosa Romero Samper (historiadora), Pedro Schwartz (catedrático Universidad), José Luis Orella (historiador), Ricardo de la Cierva (historiador), Jesús Palacios (historiador), Juan Carlos Girauta (ensayista), Sebastián Urbina (profesor de Filosofía del Derecho), César Vidal (historiador), Eugenio Togores (historiador), José Vilas Nogueira (catedrático Universidad ), y 7.640 firmas más, entre ellas la mía, que fui el redactor del documento.
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Paso a ampliar el contenido del manifiesto. La versión izquierdista-separatista sobre la república y la guerra puede resumirse así: la república llegó democráticamente en abril de 1931 y desde el principio se vio acosada por conjuras de la derecha reaccionaria, que temía perder sus injustos privilegios. Sanjurjo encabezó el primer golpe contra el nuevo régimen, pero fue vencido. Luego surge un hecho inexplicable para esta versión, y es que, tras dos años de experiencias liberadoras y presuntamente favorables al pueblo, este vota muy mayoritariamente al centro derecha, en 1933. Pero en cualquier caso, el nuevo gobierno implanta una opresión y explotación tales que empujan a los catalanes y a los mineros asturianos a una rebelión, aplastada de forma brutal por el poder reaccionario. No obstante, en febrero del 36 ganan las elecciones las izquierdas, agrupadas en el Frente Popular, y a partir de ahí la conspiración militar y fascista se refuerza hasta desatar la guerra civil. El bando reaccionario, mandado por Franco, gana la guerra gracias al apoyo de las potencias fascistas, Alemania e Italia, e implanta una feroz dictadura durante casi cuarenta años. Luego, la transición democrática respetó en exceso al franquismo, etapa vergonzosa que debemos condenar sin paliativos y saltar sobre ella para enlazar nuestra democracia con el Frente Popular.
El punto de vista franquista puede resumirse, a su vez, de este modo: llegó la república mediante un golpe de estado y desde el principio se despeñó en una serie de convulsiones, de ataques a la religión y a la unidad de España. Esa deriva pudo haberse corregido durante el segundo bienio, de derecha, pero la violencia izquierdista y separatista, en lugar de ceder, se incrementó hasta asaltar sangrientamente el poder en octubre del 34. Aunque el ataque fracasó, en febrero de 1936 volvieron al poder en unas elecciones signadas por una radicalización extrema, y enseguida abrieron un proceso de comunistización en el que, como admitía el antifranquista Madariaga, ni la propiedad ni la vida estaban seguras. Por ello se alzó un sector del ejército con vasto apoyo popular, fracasando a medias y dando origen a la guerra civil. Ganaron las fuerzas patrióticas y de orden, y crearon un régimen de democracia orgánica mucho más acorde con la idiosincrasia española, como prueba su duración y la escasa oposición que tuvo. Por desgracia, la transición posterior a la muerte de Franco se realizó traicionando el legado del franquismo y, aunque el peligro comunista ha pasado a la historia, nos hallamos ante una gravísima amenaza separatista que nos empuja a una nueva crisis de convivencia nacional.
Las dos versiones tienen algo de verdad, pero parten, a mi juicio, de visiones en gran medida adulteradas de la historia reciente. La más peligrosa es la versión izquierdista, porque intenta imponerse desde el poder y fundamenta otras medidas antidemocráticas en curso, mientras que no parece haber riesgo de una vuelta al régimen anterior.
Analicemos, pues, la versión izquierdista y separatista. La base de su historiografía, de una multitud de iniciativas políticas actuales, de la llamada ley de memoria histórica y de movimientos emocionales diversos, consiste en la identificación del Frente Popular con la república, y la afirmación de que dicho Frente formó un gobierno legítimo y democrático. Dense cuenta de que esta cuestión constituye la clave del juicio sobre nuestra época: si la tesis mencionada corresponde a la realidad, entonces el franquismo ha de ser rechazado inapelablemente, y lo mismo la monarquía y la democracia que han derivado de ese régimen. De hecho, esta concepción se encuentra en la base de las maniobras actuales contra la Constitución. Sin embargo las cosas no son tan sencillas, como veremos.
La república llegó mediante un golpe de estado, es cierto, pero sus autores fueron los monárquicos, no los republicanos. Tras ganar unas elecciones municipales y despreciar a sus propios votantes y programa, los monárquicos entregaron el poder a sus contrarios. Golpe de estado contra sí mismos explicable solo por una quiebra moral muy profunda y casi sin precedentes. La república nació así con legitimidad suficiente y como un proyecto de democracia liberal. Pero ese proyecto sufrió un primero y salvaje desbordamiento en las jornadas de quemas de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza, apenas inaugurado el nuevo régimen. Lo más grave no fueron los hechos mismos, con ser gravísimos, sino la pretensión, por parte de la izquierda, de que las bandas de delincuentes incendiarios representaban al pueblo, más aún eran el mismo pueblo, con el cual se identificaban, claro está, las izquierdas y parte del mismo gobierno. Ello abrió una profunda brecha en la sociedad española y generó las primeras conspiraciones derechistas, que no surgieron al instaurarse el nuevo régimen, como se dice, sino a partir de actos como los mencionados. La brecha social se amplió con una Constitución no laica, sino anticatólica, contraria al sentimiento religioso mayoritario y a derechos elementales, reduciendo a los religiosos a ciudadanos de segunda y a la indigencia. Aun así, las conspiraciones derechistas contra la república no pasaron de marginales, como probó el golpe de Sanjurjo, falto de respaldo de la gran mayoría de la derecha y saldado con 10 muertos, casi todos rebeldes.
En solo dos años la experiencia de izquierdas, republicano-socialista, dirigida por Azaña quedó desprestigiada. Y no por la acción de las derechas, sino por el fallo de sus reformas, como la agraria, cuya ineptitud lamentaba Azaña; o la del ejército, reforma razonable pero aplicada con tal torpeza que multiplicó las tensiones, como admitió también el propio Azaña; o el estatuto catalán, que para el gobierno era la solución al problema y para los nacionalistas solo el primer paso de una escalada reivindicativa; asimismo el plan de extender la enseñanza quedó neutralizado por la persecución contra la educación religiosa. Finalmente, Azaña no recibió el golpe decisivo de las derechas, sino de las insurrecciones anarquistas, quince veces más mortíferas que el golpe de Sanjurjo, en particular de la represión gubernamental de Casas Viejas.
Las violencias y desbarajustes de la etapa republicano-socialista motivaron la amplia victoria electoral del centro derecha en noviembre de 1933. Y entonces se produjo la quiebra --aunque todavía oculta-- de la república, al rechazar las izquierdas la votación popular. Azaña y sus correligionarios intentaron golpes de estado para impedir gobernar a los ganadores de las elecciones; los líderes del PSOE, el partido más masivo, apartaron al moderado Besteiro y se volcaron en la preparación de una insurrección, concebida como guerra civil, para liquidar la república e imponer un régimen de tipo soviético; los nacionalistas catalanes y vascos emprendieron movimientos de rebeldía. Estas acciones llevaron a la insurrección de octubre del 34, que en Asturias, durante dos semanas, cuajó en guerra civil como había planificado el PSOE; pero en el resto del país la población no siguió a los revolucionarios ni a los nacionalistas catalanes. Ante la derrota, los jefes rebeldes pretendieron que el levantamiento había sido espontáneo, pero hoy sabemos con certeza que mentían. Y tampoco rectificaron sus actitudes. Lejos de ello, lanzaron una enorme campaña nacional e internacional contra la represión gubernamental en Asturias. Esa campaña utilizó la mentira de forma masiva y envenenó el ambiente popular, como había advertido Besteiro.
Podemos considerar aquella insurrección el comienzo de la guerra civil justamente por eso, porque sus promotores no cambiaron nada esencial de las ideas que les habían llevado a sublevarse, y siguieron fomentando el clima de odio necesario para un enfrentamiento definitivo. Si entonces subsistió la república se debió solo a que las derechas, Franco incluido, no replicaron con un contragolpe y defendieron la legalidad.
De todas formas la derrota izquierdista pudo haber estabilizado una democracia liberal, según el sentido inicial del régimen, pero los derrotados formaron pronto el llamado luego Frente Popular, irreconciliable con las derechas. En cuanto a estas, tras su victoria sufrieron divisiones y los manejos del presidente conservador Alcalá-Zamora, el cual terminó expulsando a la derecha del poder de modo a duras penas legal. La crisis abocó a las elecciones de febrero del 36, que no pueden llamarse democráticas, tanto por las violencias, la huida de las autoridades y las irregularidades en los recuentos, también mencionadas por Azaña, como porque las votaciones reales nunca se publicaron. Durante años, los cálculos de los historiadores variaban en más de un millón de votos, hasta que las investigaciones de Javier Tusell, ya en 1971, proporcionaron cifras más fiables, con un empate aproximado entre derechas e izquierdas.
Así, el triunfo del Frente Popular no procedió de unas elecciones normales y no puede considerarse legítimo. Y su ilegitimidad de origen empeoró al momento con un doble proceso revolucionario. Desde la calle, las masas y partidos izquierdistas imponían su ley en una serie de liberaciones de presos, asesinatos, incendios, ocupaciones de tierras y mil desmanes más, no perseguidos por el gobierno, que en cambio se cebaba contra las débiles réplicas de los grupúsculos falangistas. Y desde el poder, el gobierno mismo procedió a demoler la legalidad republicana para sustituirla por un sistema al estilo del PRI mejicano, reduciendo a la derecha a una oposición impotente, pero que mantuviese una fachada de pluralismo democrático bajo el dominio real e irreversible de las izquierdas. A ese fin despojó arbitrariamente de escaños a las derechas, destituyó ilegalmente a Alcalá-Zamora y suprimió los restos de independencia judicial, sometiendo a los jueces al control de sindicatos y partidos revolucionarios; entre otros atentados a la legalidad. Las reiteradas peticiones de los líderes derechistas en las Cortes para que se cumpliera e hiciera cumplir la ley, una obligación sin la cual todo gobierno se vuelve una tiranía, fueron contestadas con burlas y amenazas de muerte. El asesinato del jefe de la oposición Calvo Sotelo, realizado por fuerzas combinadas de seguridad del estado y milicianos socialistas, culminó el proceso y constituyó un diagnóstico preciso de la situación. De hecho, el proyecto de democracia liberal había dejado de existir tras las elecciones de febrero.
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Podemos observar, en resumen, tres fases en la demolición de la república: una primera fase de desbordamiento del régimen durante el bienio republicano-socialista; una segunda fase de asalto armado de las izquierdas al poder durante el bienio de centro derecha; y una tercera de proceso revolucionario abierto y eliminación de la legalidad desde un gobierno salido de unas elecciones no democráticas. El Frente Popular, por tanto, no era ya la república, aunque por motivos propagandísticos usurpara su nombre durante la guerra civil y así se le siga identificando comunmente. Era, de manera precisa, lo contrario de la república, el embrión de un nuevo régimen. Solo una persistente propaganda, el “Himalaya de embustes” denunciado por Besteiro, impide aún a mucha gente percibir estos hechos, hoy perfectamente documentados.
Pero reitero que ni siquiera hace falta saber mucha historia para percatarse de la realidad, basta recurrir a un elemental sentido de la lógica. Figúrense, insisto, a los stalinistas, marxistas del PSOE, racistas del PNV, anarquistas, golpistas de Companys y de Azaña… ¡defendiendo la democracia todos juntos (y matándose de paso entre ellos)! La falsedad es tan chocante, tan estridente como si se pretendiera hacer de Hitler un protector de los judíos. Y sin embargo este formidable engaño se ha impuesto en gran parte de nuestra sociedad, generando a su vez falsedades en cadena, desenfocando de raíz la visión de nuestro pasado y orientando peligrosamente el porvenir.
Muchos creen esas fábulas por ignorancia pero, en mi opinión, sus promotores conocen bastante bien la realidad. No puede ser de otro modo, por cuanto algunos historiadores nos hemos aplicado en los últimos años a poner en claro los datos, su lógica y los documentos que demuestran inapelablemente el fraude histórico. Puesto que nuestras tesis contradicen de frente las más divulgadas hasta hace poco, debiera haberse suscitado un debate intelectual, pero, por cuanto a mí respecta, he topado con una cerrazón tal que ha llevado a Stanley Payne a preguntarse si realmente la democracia ha calado en la universidad española. Este cerrilismo ha cundido mucho más allá de la universidad por medio de ataques personales, hasta la incitación al asesinato o el intento de meterme en la cárcel para “reeducarme”, a raíz de la publicación de Años de hierro. Otra postura defendía el conocido locutor Iñaqui Gabilondo en entrevista a un historiador stalinista llamado Espinosa, el cual, consecuente con su ideología, pedía la censura oficial de mis libros; el locutor, en apariencia más moderado, prefería que la sociedad misma los rechazara, sin prohibiciones expresas. Desde luego, la forma mejor y más honrada de obtener ese rechazo sería precisamente un debate en profundidad, que dejara al desnudo mis supuestas falacias, pero no buscaba nada parecido nuestro buen Gabilondo: su método para alcanzar el deseado rechazo social consistía en combinar el ataque personal con el silenciamiento de mis tesis. El diario El País fue el primero en aplicar la censura y negarme el derecho de réplica, ejemplo seguido por la mayoría de los medios de masas. Podría extenderme, pero lo dicho permite entender cómo la promoción de la falsedad histórica no obedece a ignorancia ni hay en ella la menor inocencia.
Entre las causas de esas posturas cabe percibir una comprensible debilidad humana: muchos intelectuales, políticos, periodistas e historiadores han seguido durante años, sin mayor crítica, una corriente que parecía defender la libertad y facilitaba éxitos profesionales. Dar marcha atrás se vuelve difícil, por más que lo exija la honestidad intelectual. Con todo, es perceptible un cambio de la marea, que seguramente irá en ascenso en los años próximos, pues no se puede tapar el sol con una mano.
Más allá de implicaciones personales, la agresiva persistencia en errores patentes se explica por la crisis ideológica de la izquierda, la cual ha debido abandonar el marxismo, ha asistido a la caída del muro de Berlín, ha puesto de relieve la sustancia de los famosos cien años de honradez, ha practicado el terrorismo desde el poder, etc. Estos graves tropiezos la han obligado a buscar otra fuente de legitimidad y la han encontrado en la historia: al identificarse con un Frente Popular pretendidamente democrático, las izquierdas buscan ganar una legitimidad inmensamente superior a la de las derechas, las cuales descenderían del franquismo, supuesto asesino de aquella libertad. Se comprende bien la importancia de defender el mito.
Y se comprende asimismo que en esa defensa empleen métodos como los del Frente Popular e intenten imponer por ley una versión de la historia, como en los países totalitarios. Esa ley se presenta con el objetivo, en apariencia muy humano, de reivindicar la dignidad de las víctimas del franquismo, pero queda en evidencia al insultar a las víctimas inocentes y prestigiar a los criminales de las chekas o a los terroristas de la ETA. Ello no es una casualidad, sino consecuencia lógica de la gran mentira de base. Se ignora, además, que si bien la represión franquista de posguerra fue brutal, no lo fue más que las de tantas otras posguerras en Europa y el resto del mundo, con la diferencia de que en España casi toda se realizó por medios legales y no por simples asesinatos sin juicio, y que muchos de los ajusticiados habían cometido crímenes sádicos durante la guerra, para verse luego abandonados por sus jefes, que huyeron al exterior sin preocuparse en lo más mínimo de ellos. En esta ley tampoco hallamos ignorancia o inocencia, sino una mezcla de hipocresía y de exhibición triunfante de querencias tiránicas, asentadas en el abuso del poder.
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Por lo tanto, y contra una masa de historiografía surgida en los últimos cuarenta años, la sublevación derechista de julio del 36 no combatió a un gobierno legítimo y democrático, sino a un proceso revolucionario. No destruyó ninguna democracia, sino que surgió a causa de la previa destrucción de la democracia por las izquierdas. Esta conclusión terminará imponiéndose sin duda, a pesar de todas las resistencias intelectuales y políticas, porque corresponde claramente a los hechos, y determina una visión radicalmente distinta de nuestra historia posterior.
Si el Frente Popular, lejos de continuar la república, asaltó en 1934 su legalidad, base de la convivencia social entonces, y la hundió en 1936, causando así la guerra civil, ¿cuál podía ser el resultado? La mayoría de la derecha había desconfiado de la república, pero la había aceptado y hasta la había defendido en octubre de 34. Solo tras las elecciones de febrero del 36 llegó a creer que la democracia liberal nunca funcionaría en España. Y, desde luego, ningún régimen de libertades puede funcionar si uno o varios de los principales partidos rechazan sus reglas del juego, como ocurrió entonces. Por consiguiente, el radical enfrentamiento de unos y otros solo podía dar paso a una dictadura. La lucha se planteó entre una opción totalitaria de izquierdas y una autoritaria de derechas. Ganó la autoritaria, que se mantuvo por 36 años, y quienes menos derecho tienen a quejarse de ella son aquellos que la hicieron inevitable y habrían traído una tiranía mucho peor, si hubieran triunfado.
Importa mucho la diferencia entre autoritarismo y totalitarismo. El pensador polaco Leszek Kolakowski, antiguo stalinista, la exponía con bastante claridad cuando, para ilustrar a unos recalcitrantes laboristas ingleses, les hacía notar que él, tras conocer la España de Franco, había constatado en ella mucha más libertad que en los regímenes marxistas. Además, señalaba, Los españoles tienen las fronteras abiertas (…) y ningún régimen totalitario puede funcionar con las fronteras abiertas”. Observaciones parejas haría Solzhenitsin, despertando la ira extrema del mundillo autodenominado progresista. Julián Marías, en sus memorias, observa la misma diferencia: el franquismo no impedía mil actividades independientes de él, e incluso contrarias a él dentro de ciertos límites. Un profesor polaco me indicaba hace tiempo cómo en Polonia el disidente se veía expuesto, además de a la represión, a una total indigencia, pues quedaba excluido de cualquier empleo, al estar toda la economía en manos del estado, es decir, del partido. Nunca ocurrió algo así bajo el franquismo, el cual tampoco desarrolló, ni de lejos, los aparatos de control y vigilancia de la población propios de los totalitarismos. En realidad había mucha menos policía y varias veces menos presos incluso que en la democracia actual. Y tanto Besteiro como los llamados padres espirituales de la república, Ortega, Marañón y Pérez de Ayala y otros liberales, al paso que maldecían en los más indignados términos a las izquierdas por haber traído la catástrofe, aceptaron el franquismo como un mal menor, justificado por el servicio históricamente trascendental de haber librado al país de la revolución.
Les ruego reparen en este punto: si el franquismo derrotó a un proceso revolucionario, como efectivamente ocurrió, y no a la democracia, toda nuestra perspectiva sobre la historia y el presente derivado de ella debe cambiar. Por lo demás, no fue el único servicio. Franco también frustró el plan izquierdista de enlazar la guerra española con la europea y luego mantuvo a España fuera de la beligerancia, un hecho de consecuencias incalculablemente beneficiosas tanto para España, al librarla de invasiones y destrucciones que habrían dejado empequeñecidas las de la guerra civil, como para los Aliados, según supo apreciar Churchill. También derrotó el franquismo los intentos de volver a una nueva contienda entre españoles al terminar la mundial. Como he intentado exponer en el libro Años de hierro, se trató de servicios de valor inestimable para un país sometido durante tantas décadas a convulsiones causadas por sus políticos, tan a menudo demagogos y utopistas. Finalmente el país prosperó como nunca antes y los viejos odios de la república se diluyeron casi por completo.
Es muy necesario mencionar estos datos porque sin ellos no se explica la evolución posterior de España. Guste o no, el franquismo careció de oposición democrática significativa. Al llegar la transición los pocos centenares de presos políticos en las cárceles eran casi todos comunistas o terroristas, o las dos cosas. Por lo tanto, una evolución política hacia las libertades solo podía venir (o no venir) del propio régimen. Dentro de este cabe distinguir dos tendencias básicas: una entendía el franquismo, llamado democracia orgánica, como la superación tanto del comunismo como de la democracia liberal, y destinado por ello a perpetuarse; otra lo entendía como una respuesta excepcional a una crisis histórica excepcional, una dictadura en el sentido romano, que antes o después debía dejar paso a una situación más acorde con el entorno del oeste europeo. En realidad, pese a no existir alternativa democrática viable mientras vivió Franco, los propios éxitos de la dictadura la encauzaban a una liberalización creciente. Y así, una vez agotado el régimen, y desde él, pudo hacerse la transición. De él salieron Juan Carlos, Adolfo Suárez, Torcuato Fernández Miranda, los procuradores en Cortes que votaron la reforma democrática, etc. Fue la derecha procedente del franquismo, no la oposición rupturista, quien organizó la evolución política. Lo cual significa que, contra un tópico extendido, pero vacuo, fue posible pasar con normalidad desde una dictadura autoritaria a un sistema de libertades. En cuanto al antifranquismo, agrupaba a comunistas, socialistas, separatistas, partidarios y practicantes del terrorismo, algunos democristianos, pacifistas, carlistas, etc., enjambre variopinto pero coincidente en un plan llamado de “ruptura democrática”, para pasar por encima de cuarenta años de historia y retomar el legado del Frente Popular. Los rupturistas perdieron entonces, por amplia votación popular, frente a la reforma “de la ley a la ley”, pero vuelven hoy a la carga , treinta años después.
Otro efecto de esta distorsión de la historia ha sido el surgimiento de miles y miles de antifranquistas retrospectivos. Durante la dictadura los antifranquistas algo activos éramos muy pocos, además de totalitarios; ahora se han multiplicado y tratan de vencer a Franco, cuando no es posible ni hace falta. Pero si no pueden derrotarle, pueden en cambio destruir nuestro actual sistema de libertades. Si observamos los peligros sufridos por la democracia, veremos que provienen casi siempre de esos antifranquistas. De ellos ha surgido la corrupción rampante, el terrorismo y las connivencias y “diálogos” con él, el terrorismo desde el poder, el separatismo, las intrigas para enterrar a Montesquieu, es decir, para acabar con la separación de poderes, los ataques crecientes a la libertad de expresión, empezando por la libertad de las víctimas más directas del terror, los asaltos a sedes de partidos contrarios, manifestaciones tumultuosas y otros fenómenos parecidos, sin olvidar ciertas complicidades en el 23-F. Josu Ternera, Ibarreche, Carod Rovira, Rodríguez Zapatero, Juan Luis Cebrián, Carrillo, Alfonso Guerra, Roldán, Mas, De Juana Chaos, Rubalcaba y un largo etcétera, comparten ese sentimiento político mal meditado de aversión incondicional al régimen anterior. Comparten una visión negativa de la historia de España, como señalaba Julián Marías de los socialistas, y positiva del Frente Popular, durante el cual, tampoco debe olvidarse, el grito de “Viva España” llegó a considerarse subversivo. En fin, ni ahora ni antes fueron sinónimos antifranquismo y democratismo, y tiene la mayor importancia disolver también ese equívoco interesado. El antifranquismo ha funcionado, además, como una bula para mentir sin inhibiciones y para conductas en otro caso inadmisibles.
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¿Cómo ha sido posible una falsificación tan sistemática, y a menudo tan grotesca, de nuestro pasado? No lo entenderíamos sin tomar en cuenta la inhibición intelectual de la derecha. Esta –al igual que gran parte de la izquierda--, procede del franquismo y, tras cosechar un gran éxito al organizar la transición frente a los partidarios de la ruptura, pasó a eludir la batalla de las ideas, juzgó que a los españoles no les interesaba su historia, sino su bolsillo y “mirar al futuro”. Ideas, o más bien falta de ellas, expuestas recientemente por Rajoy, junto con un entusiasmo oficioso o servil por el idioma inglés. “Mirar al futuro” es una expresión demagógica, una de esas frases biensonantes que no significan nada. Por desgracia o por suerte, el futuro permanece oscuro y las pitonisas fallan más de lo aceptable, aunque cobren caro. Con tal actitud, la derecha ha atacado también a algunos intelectuales independientes que recordaban los hechos y ha reducido la política a niveles pedestres.
Pero, por supuesto, a los españoles nos interesa mucho conocer nuestro pasado, aunque solo fuera por el dicho de Cicerón: “si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño”. Y, por cierto, percibimos un auténtico programa de infantilización de la sociedad, desde el enorme aparato del estado y desde la oposición derechista, como el que profetizaba Tocqueville:“Un poder inmenso y tutelar que se asemejaría a la autoridad paterna si, como ella, tuviera por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, por el contrario, solo persigue fijarlos irrevocablemente en la infancia”. Pienso ahora en la nena angloparlante de Rajoy. Si la izquierda vive con una visión distorsionada de la historia de España, la derecha, poco lectora, ignora cada vez más el pasado.
Esa mentalidad derechista recuerda, por paradoja, a un marxismo en extremo vulgar, más tosco aún de lo que fue siempre el marxismo español. En plan revolucionario, Rajoy pretende que la gestión económica lo determina todo y que el pasado carece de relevancia actual. Se ha contagiado de la aversión izquierdista-separatista hacia la historia de España y aspira a una ciudadanía sin raíces, futurista, interesada exclusiva o muy preponderantemente en llenarse el bolsillo y aprender inglés. Pero cuando el PP rehúsa clarificar la historia reciente está cavando su propia fosa, pues por un lado deja libre a sus adversarios ese terreno crucial, y por otro demuestra cuánto teme ver confirmadas las horripilantes acusaciones que le hace la izquierda. De nada le sirve al PP afirmar que no existía como partido durante la dictadura, pues sin duda viene del franquismo, sociológica y a menudo personalmente. Así, pues, ¿qué futuro cabe esperar de un partido con un pasado tan negro como el que se le achaca? Es natural que el PP no quiera ni acordarse de él, y no menos natural que sus contrarios se lo recuerden, no vaya a repetir en el futuro sus criminales inclinaciones fascistas. El pasado importa, vaya si importa, incluso más que algún punto de crecimiento económico, aunque no logren entenderlo los expertos del PP, extraños marxistas ultravulgares.
Pero no nos interesa tanto el destino del PP como el de la sociedad española, expuesta nuevamente a ser víctima de sus políticos. La renuncia de la derecha, ya con la UCD, a lo que los marxistas llamaban la lucha ideológica, centrada en amplia medida en la clarificación histórica, ha causado enormes males a la democracia. Consideremos, por ejemplo, el terrorismo de la ETA, auténtico motor de la radicalización separatista, de los odios a España y otras muchas demagogias. El terrorismo, no lo olvidemos, ha tenido aquí durante el siglo XX un papel de mayor relevancia que en cualquier otro país europeo. Él socavó el sistema liberal de la Restauración hasta llevarlo a la crisis, luego convulsionó a la república, y ahora a la democracia. Pues bien, la ETA se ha beneficiado desde la transición de la llamada “solución política”, consistente en negociaciones al margen de la ley, al margen del estado de derecho y con la perspectiva de dar a los pistoleros partes sustanciales de sus exigencias, convirtiendo el asesinato en un modo privilegiado de hacer política. Y este tratamiento privilegiado se debió en gran medida al prestigio de los atentados de la ETA contra el régimen anterior. La gran mayoría de las izquierdas y sus prohombres no habiendo luchado realmente contra Franco o incluso habiendo colaborado con él, arrastraban un sentimiento de reverencia y de inferioridad moral hacia quienes sí habían luchado de verdad: ¡el historial etarra les merecía mucho respeto!
Solo en tiempos de Aznar, y por influencia de Mayor Oreja, empezó el gobierno a obrar conforme a la ley, aplicándola a los asesinos cada vez con menos vacilaciones. La nueva orientación rindió los mejores frutos, reforzó las libertades y sembró la alarma en los partidos dedicados a recoger las consabidas nueces. En un momento dado, el PSOE pareció sumarse a esa línea al proponer y firmar el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, una excelente noticia para toda España. Hoy sabemos que muy pronto los jefes socialistas comenzaron a traicionar lo firmado, hasta transformarlo literalmente en su inverso una vez llegados al poder: un Pacto con los terroristas y los separatistas contra las libertades y la Constitución. Pacto justificado implícitamente en la presunción de que la convivencia establecida en la transición carecería de legitimidad al proceder del franquismo, siendo la legitimidad real la procedente del Frente Popular. Tal inversión, y la involución política correspondiente, resumen la historia de estos últimos años, con sus estatutos enfocados a sustituir la nación española, base de la soberanía, por un conglomerado de pequeñas naciones al gusto de los demagogos regionales, con el acoso al poder judicial, a la Iglesia, a las víctimas del terrorismo, a la libertad de expresión, etc. Y, no en último lugar, con las campañas de adulteración de la historia, campañas nunca abandonadas desde la transición y reforzadas ahora. Esas campañas han creado el ambiente propicio a las demás maniobras involucionistas. La ley que justamente podemos llamar de la adulteración histórica es al mismo tiempo una carga de profundidad contra la monarquía y la democracia actuales, deslegitimadas por su origen. Hoy los partidos frentepopulistas se sienten cerca de la victoria, con un presidente que no reconoce a España como su patria ni la considera nación, y se define como “rojo”, con toda su carga simbólica y política de intención totalitaria.
Estamos ante un problema realmente serio. ¿De dónde nacen estos comportamientos? Echando la vista atrás constatamos que nunca existió aquí una izquierda democrática e identificada con su propio país, y de ahí las convulsiones y desventuras del siglo XX. Bajo la liberal Restauración --régimen con muchos defectos, pero también con grandes virtudes, ante todo sus amplias libertades, una cultura brillante y un progreso económico acumulativo-- las izquierdas practicaron el pistolerismo o lo apoyaron; sabotearon, en combinación o en concomitancia con los separatismos, al sistema que les permitía actuar y agitar libremente; organizaron revueltas y golpes hasta provocar la crisis que desembocó en la dictadura de Primo de Rivera. Las izquierdas solo se moderaron bajo la dictadura, bien colaborando con ella, como el PSOE, bien cejando en sus violencias, como los anarquistas o los separatistas. Pero todas volvieron a radicalizarse durante la república, hasta destruirla en el proceso antes descrito.
Al llegar la transición, los principales partidos de izquierda, el PCE y el PSOE, parecieron civilizarse al renunciar ambos a la doctrina que los había guiado a lo largo de su historia, el marxismo en diversas variantes. El marxismo ha sido, justamente, la ideología más totalitaria del siglo XX, y su abandono implicaba un reconocimiento de sus consecuencias nefastas. Sin embargo ese abandono ni nació ni se acompañó de un análisis en profundidad de la doctrina y de las conductas políticas a que había dado lugar. Fue un cambio dictado por la mera esperanza de acceder al poder, un cambio superficial, sin sustituir los principios anteriores por otros de mediana solvencia intelectual; y los viejos tópicos de la guerra y el franquismo permanecieron.
El PCE, sometido a campañas de denuncia de su pasado desde la derecha y la izquierda, no pudo cosechar los frutos de su prestigio como único partido de oposición permanente al régimen de Franco, y por ello sufrió un declive acelerado. Por el contrario el PSOE, visto como una izquierda más aceptable, recibió ayudas morales, políticas y económicas hasta de la UCD y la extrema derecha alemana, y pudo presentarse como el partido de los “cien años de honradez”, patraña del mismo calibre que la democracia del Frente Popular, pero muy eficaz publicitariamente. Como marxista, el PSOE había sido un partido totalitario y esa idea le había llevado a organizar la insurrección de 1917 o, con plena deliberación, la guerra civil en los años 30, amén de incontables actos terroristas, chekas y expolios, o la supeditación del Frente Popular a Stalin mediante la entrega de las reservas financieras españolas. Pero, al revés de lo ocurrido con el PCE, nadie se preocupó de traer a colación ese pasado sombrío, y mucho menos de analizarlo. Prevaleció, dentro y fuera del partido, la imagen autocomplaciente de los cien años famosos, que afianzó a los socialistas en la opinión pública. Y la vieja legitimación ideológica, ya inaceptable, se trasladó a una legitimación histórica sobre la base de la gigantesca falsificación ya examinada. En consecuencia, el PSOE continúa sin ser un partido democrático, y sí un muy grave peligro para la libertad y la unidad de España, como constatamos a cada paso.
Con ello no niego que haya izquierdistas demócratas. Siempre los ha habido, y su paradigma podría ser Julián Besteiro, posible modelo para una regeneración de la izquierda. Besteiro denunció en su día el tenaz “envenenamiento de la mente de los trabajadores” practicado por los otros líderes del PSOE, Largo Caballero y Prieto, y anunció proféticamente el baño de sangre al final de aquel camino. No obstante, la historia de Besteiro es también la de un fracaso: los otros líderes, mucho menos escrupulosos y mucho menos respetuosos con las reglas del juego, lograron marginarlo. Hoy asistimos a un proceso semejante, de especial incidencia, y no por casualidad, en las Vascongadas, con Gotzone Mora, Redondo Terreros, Rosa Díez y otros. Pocos, por desgracia, para lo que exige la situación, y sin apenas ejemplos en otras regiones, prueba del efecto avasallador de un aparato partidista atento en exclusiva a las ventajas del poder y del dinero público, a manejos “sin ninguna idea alta”, como decía Azaña de sus correligionarios. Y sin embargo, o más bien por eso mismo, es absolutamente urgente la formación de una izquierda democrática e identificada con España y no con fantasmas siniestros y utopías extravagantes. Mientras ello no ocurra, nuestra libre convivencia seguirá en vilo.
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Ahora les sugiero considerar qué pasaría si todos abandonásemos la asombrosa pretensión de que el Frente Popular o el antifranquismo representaron la libertad. En tal caso podríamos valorar debidamente el hecho crucial de que el resultado de la guerra civil abrió el período de paz más largo, con diferencia, disfrutado por España en los dos siglos pasados y lo que va de este; una paz en lo esencial muy fructífera, pues ha convertido a España en un país reconciliado, próspero y relativamente potente, y por fin ha asentado una convivencia en libertad mucho más firme que cualquier etapa anterior, abriendo perspectivas excelentes para el porvenir. Consideremos asimismo que casi toda Europa occidental debe su democracia y su prosperidad ante todo a Usa, mientras que nosotros nos las debemos ante todo a nosotros mismos, motivo de satisfacción y confianza. La perfección no existe en los negocios humanos y no vamos a ignorar los rasgos negativos del período, pero los positivos pesan más, mucho más, y el balance difícilmente podría ser más favorable.
Y, por el contrario, la persistencia de aquellos mitos infundados nos lleva a mirar con pesadumbre nuestros logros, favorece las utopías baratas y las tendencias disgregadoras y contrarias a las libertades, fomenta entre nosotros conflictos innecesarios que nos hacen perder absurdamente nuestras energías, nos debilitan en todos los sentidos y ensombrecen nuestro porvenir. Los períodos de crecimiento acumulativo de nuestra sociedad se han visto rotos en varias ocasiones por tales fenómenos, y sería una locura despreciar la experiencia para repetir los errores. El falseamiento del ayer envenena el hoy y el mañana, sin duda alguna, y un pueblo que olvida el pasado o lo distorsiona, se expone a repetir lo peor de él, en palabras de Santayana, a caer “en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil”, como expresó Menéndez Pelayo.
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27 de Marzo de 2008 - 14:02:40 - Pío Moa
Stanley Payne ha escrito:"El asunto principal aquí no es que Moa sea correcto en todos los temas que aborda. Esto no puede predicarse de ningún historiador y, por lo que a mí respecta, discrepo en varias de sus tesis. Lo fundamental es más bien que su obra es crítica, innovadora e introduce un chorro de aire fresco en una zona vital de la historiografía contemporánea española anquilosada, desde hace mucho tiempo, por angostas monografías formulistas, vetustos estereotipos y una corrección política dominante desde hace mucho tiempo. Quienes discrepen de Moa deben enfrentarse a su obra seriamente y, si discrepan, demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales".
Lo asombroso es que Payne haya sido casi el único en defender tan elemental sentido común, lo cual vuelve a demostrar que este es el menos común de los sentidos. Recientemente el historiador useño ha expresado su decepción porque un debate tan prometedor haya quedado al nivel del insulto personal. Sin embargo ello demuestra que, en cierto modo, el debate se volvía imposible por falta de argumentos de una parte. La cuestión giraba, en definitiva, en torno a si Franco derrotó a la democracia o a un proceso revolucionario. Conforme se adopte una u otra posición, todo el enfoque de la historia posterior, e incluso anterior, cambia de modo radical. Pues bien, yo he sostenido la segunda tesis: Franco derrotó a la revolución. Así lo vieron también Besteiro, Marañón, Ortega, Pérez de Ayala y tantos otros. La réplica a base de ataques personales extremadamente ruines y exigencias de censura inquisitorial prueba a su vez dos cosas: la imposibilidad de refutar mis tesis por parte de los historiadores y políticos contrarios, y el carácter antidemocrático de estos, muy coherente con sus adhesiones al Frente Popular. Desde el punto de vista intelectual la cuestión puede darse por zanjada, y la versión izquierdista-separatista, aunque siga predominando en los medios de masas y la universidad, se encuentra en claro retroceso.
Alude Payne a discrepancias conmigo, que giran, creo, en torno a la valoración de Franco y se muestran en nuestros dos últimos libros, Franco y Hitler y Años de hierro, referidos a la época de la guerra mundial. Casualmente –pues no se trata de ningún aniversario redondo– han salido algunas otras obras sobre esta época, como Hitler y Franco, de X. Moreno Juliá, La gran tentación, de M. Ros Agudo, o Los años del miedo, de J. Eslava Galán, cuyo título ya anuncia un grado de seriedad poco esperanzador.
Esta curiosa coincidencia creo que bien merece un debate, incluso una buena polémica. Se trata de una época mucho menos estudiada, pero no menos importante que la guerra civil, pues determinó algo tan improbable como la supervivencia del franquismo. ¿Será posible ahora un debate civilizado? Con ese objetivo me propongo publicar en Libertad Digital una serie de artículos que espero den pie a los discrepantes a replicar con algo más de sentido que hasta ahora.
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Un autorretrato perfecto
"GRITOS DE "GORA ETA" EN SU ESTRENO EN MADRID
En su estreno en el
Festival de Cine Lésbico y Gay de Madrid, un sector del público aplaudió en escenas en que se gritaba vivas a ETA y en las que los terroristas descerrajan a agentes, según
describió Luis Margol en su crónica para
LD. La película cuenta con subvenciones de la Junta de Andalucía, la Junta de Castilla-La Mancha y la Diputación de Málaga, todas con gobiernos socialistas".
"Esto" es la homosexualidad militante y "esto" es el socialismo, un autorretrato perfecto de los cien años de honradez y de la colaboración con la ETA. Como el "Torrente" de Segura. Obligando –gangsterilmente– a los ciudadanos a pagar su degeneración. Es decir, a compartirla.
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UNA VENTANA DE PAZ EN EUSKADI, SU TÍTULO
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Curiosidades
Entre los libreros no faltan los idealistas que prefieren renunciar a unos euros antes que vender algún libro mío. Entre otras muchas anécdotas, una amiga fue a comprar a la librería progre de Bellas Artes Los orígenes de la guerra civil, y el encargado se empeñaba en disuadirla y ofrecerle no recuerdo cuál otro de Preston, "mucho más serio". También depende de los jefes de planta en las grandes superficies. Hace algún tiempo estaban en el Corte Inglés de Sol el Anti Moa –se ha vendido mucho menos de lo que merecía, pues es muy chistoso– y el mío La quiebra de la historia progresista, que probablemente se ha vendido bastante más. Pero el primero estaba bien visible en el estante de entrada y el mío semioculto detrás, por donde apenas pasa gente. Hice un experimento: tomé dos ejemplares del mío, los coloqué al lado del Anti Moa, y quedé a la expectativa. No habían pasado diez minutos cuando una encargada volvía a relegar los míos a su rincón. Con Años de hierro ha pasado algo similar. Llegó en pilas considerables, junto con otros títulos de mucha venta, pero se colocaron en un lugar poco visible.
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26 de Marzo de 2008 - 11:44:22 - Pío Moa
Ayer, conferencia (ya la publicaré en el blog) “La falsificación del pasado envenena el futuro”, en el salón grande de Ibercaja de Zaragoza, prácticamente completo (cerca de 400 personas). Ausencia total de los medios de masas (ni una entrevista), seguramente tenían mil cosas más importantes en que entretenerse.
También escasez de jóvenes, como en otras ocasiones: no llegaban al 10% de los asistentes, lo cual revela a su vez una situación. Que sería preciso remediar. ¿O prefieren los jóvenes despreocuparse de su historia y cultura y dedicarse al dinero y a aprender inglés, como quiere Rajoy? Espero que no. Entre los jóvenes, “El_criti”, a quien tuve el gusto de saludar y cuyas observaciones suelen enriquecer el blog.
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Una digresión en la conferencia: “Guarda alguna relación con lo dicho. Con motivo del segundo centenario de la invasión francesa presenciamos una tendencia a ensalzar a los afrancesados. Es ya vieja, y certera, la constatación de que los afrancesados constituían una élite quizá no muy brillante, pero sí preparada y capaz, cuya contribución a la reconstrucción de España habría sido muy deseable. Menos aceptable resulta pintarlos como los españoles más ilustrados y lúcidos, víctimas del fanatismo y la incomprensión. Si de algo fueron víctimas fue de sí mismos.
Los afrancesados, recuerda Cuenca Toribio, optaron por apoyar un régimen impuesto por las bayonetas de los invasores, aceptando, aun si a regañadientes, la desmembración del país en beneficio de Francia. No lo hacían por nada, claro está, sino por dos razones esenciales: creían en la invencibilidad de los ejércitos napoleónicos, lo cual haría inútil la resistencia; y esperaban, lógicamente, que aquellos presuntos triunfadores les pagasen sus servicios otorgándoles posición, riqueza y poder sobre los demás españoles. De otro modo, claro está, no habrían colaborado con el invasor. Practicaban lo que en todos los idiomas se llama traición.
Bastante a menudo tiene su recompensa la cínica lucidez de este tipo de gente, pero en este caso, como sabemos, se pasaron de listos. España se convirtió en un infierno para Napoleón, cuyas tropas terminaron batidas por las fuerzas combinadas del resto de Europa. En consecuencia, los colaboracionistas españoles encontraron, en lugar de las recompensas que esperaban, el destierro y la persecución: el destino reservado a los patriotas si hubieran ganado los afrancesados y sus patronos.
Paralelamente se denigra la resistencia del pueblo atribuyendo a los ingleses el papel estelar. Pero cuando Napoleón o Talleyrand mencionaban el grave error de haber entrado en España no se referían ante todo a los ingleses, sino a la lucha popular española, la que había convertido el país en un “infierno” para sus tropas, única resistencia realmente popular que encontraron en Europa, aparte de la rusa, y que inspiró a los alemanes y otras naciones.
La invasión francesa truncó la evolución normal de la sociedad española, introdujo el mito, también nefasto, de que España debía imitar a la revolución francesa para modernizarse (la famosa “revolución burguesa” clave de tantas seudoexplicaciones históricas y justificadora de tantas brutalidades). Y debilitó el desarrollo del liberalismo, tan engarzado en la tradición intelectual española desde el siglo XVI, al quedar confusamente identificado, para grandes masas de la población, con los ejércitos foráneos que de tal modo habían pisoteado sus sentimientos religiosos y patrióticos, y dejado un reguero de saqueos, matanzas y destrucciones.
Napoleón, desde luego, cometió un error que le sería funesto, pero la inestabilidad española del siglo XIX debe mucho a ese error.
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La extrema derecha reniega de la democracia. No se da cuenta de que este sistema le permite expresarse y organizarse, con lo que sus quejas revelan su ineptitud para una cosa y la otra. Y algo peor: deja la bandera de la libertad en manos de quienes enarbolan las del Gulag y la banderilla de la república. Magnífico servicio les hace a esas izquierdas. Ninguno de esos dos bandos desea las libertades políticas, pero la izquierda y los separatistas saben fingir lo contrario y saben acusar y asustar al conjunto de la derecha de perfil bajo. Por eso van ganando, no por la democracia.
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Un adelantado a su tiempo
El separatista catalán Fontserè, cuyas interesantes memorias, Un exiliado de tercera, comentaré en más ocasiones, tenía una mentalidad avanzada, sin duda:
“Fue una relación sin promesas ni compromisos, basada en el placer del día a día (…) Los pocos amigos catalanes que en el azar de un encuentro conocieron a Josette quedaron impresionados por su discreta simpatía. Un día ella me confesó que era prostituta. Ángelo ya lo había imaginado. La amiga morena y sexy que alguna vez la había acompañado a Le Chianti también lo era. Las dos trabajaban en un prostíbulo –en el 13 rue Saint Augustin– próximo al Palacio de la Bolsa. Josette lamentó que me hubiera enterado por medio de otro, aunque yo preferí que fuera prostituta, es decir, mujer libre y libre de prejuicios, antes que empleada en un establecimiento comercial cualquiera”.
Muy acertado el buen Fontserè, qué padre no desearía esa libertad y superación de prejuicios para una hija suya. Qué padre progresista.
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18 de Marzo de 2008 - 10:04:47 - Pío Moa
Hoy, en "El economista":
"A muchos políticos e intelectuales de izquierda les ha dado por sentenciar que las creencias religiosas deben reservarse para la intimidad y que la Iglesia no debe tener opiniones políticas, y mucho menos expresarlas. Estos señores ignoran principios básicos de la democracia, algo nada nuevo en la historia de nuestra deplorable izquierda. La Iglesia se puede entender de dos modos: como conjunto de los creyentes católicos o como la jerarquía eclesiástica. Tanto los creyentes como sus jerarquías tienen pleno derecho a expresar públicamente sus ideas y sus preferencias políticas: exactamente el mismo derecho que los aludidos políticos e intelectuales, que los sindicalistas o los miembros y directivos de cualquier otra asociación.
De hecho hay obispos y sacerdotes filoetarras y filoseparatistas y hasta, ¡todavía!, filocomunistas, al lado de una mayoría (afortunadamente) más sensata, y no está nada mal que unos y otros se expresen, para que los demás sepamos a qué atenernos. Si la mayoría de los obispos elude las declaraciones políticas concretas no es porque no tenga derecho a hacerlas, sino por considerar que no les conviene, sea por creer que su misión no es esa o porque en su grey existen diversas tendencias. Pero esa autorrestricción es asunto estrictamente suyo, conviene insistir.
Aunque los obispos se ciñan al terreno moral, está clara la proyección indirecta de este sobre la política. Y ello vuelve más oportuna y necesaria la expresión de la Iglesia, porque los valores morales que defiende parecen bastante más sólidos, bastante más elevados, que los defendidos por los políticos de los cien años de honradez, el GAL, los zerolos, los dialogantes con la ETA y acosadores de la AVT, los empeñados en suprimir la libertad de expresión de la COPE, etc. Solo faltaría que la sociedad tuviera que limitarse a escuchar las letanías de esta gente".
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Cristina Losada en el blog "Heterodoxias":
Identificando al enemigo
Nacho Uriarte, presidente de las Nuevas Generaciones del Partido Popular, vertía el sábado pasado el análisis de los resultados electorales realizado por dicha organización. La valoración se ciñó, particularmente, a lo que llaman el "voto joven", pero hubo lugar para esta reflexión, que recogía
la nota de Europa Press:
Además, desde NNGG del PP destacaron que el PSOE "ha quitado votos a Izquierda Unida y a Esquerra Republicana", a los que instó a que se den cuenta de que en este momento "su enemigo político no es el PP sino el PSOE, que les ha usurpado su discurso, sus ideas".
Si el PP no es "enemigo político" de ERC ni de IU, ¿qué será suyo?, ¿amigo?, ¿colega?, ¿dama de compañía?
283 comentarios
17 de Marzo de 2008 - 18:11:32 - Pío Moa
La llamada por los cursiprogres o cursiregres "violencia de género" es solo la punta del iceberg, la manifestación más brutal, de un cúmulo de sufrimientos semiocultos generados por el fracaso matrimonial y familiar, con graves repercusiones sobre los hijos, muchos de los cuales quedan deformados psíquicamente por vida.
A su vez los tremendos índices de ese fracaso, del que los progres, dominantes en los medios, quieren apartar la atención, nacen en gran medida y precisamente de las políticas de ingeniería social, pretendidamente liberadora, que ellos mismos vienen aplicando desde hace decenios. Cuando "denuncian" la violencia de género atribuyéndola al "machismo" y similares, obran como los bomberos pirómanos o pirómanos bomberos, un deporte en que son campeonas esas personas.
Sorprendentemente, apenas hay, o apenas llegan al gran público, estudios y reportajes sobre esa plaga de nuestro tiempo: el fracaso cada vez más masivo en las relaciones entre hombres y mujeres, un fenómeno cada vez más extendido en Europa, y uno de cuyos subproductos es el número también creciente de abortos. Parece una sociedad sin interés por su propia supervivencia.
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"En español se expresó Carlos I (o V) ante el papa y los embajadores franceses, uno de ello obispo. Al pedirle los embajadores que hablase en una lengua más inteligible, volvió la espalda a uno y contestó: "Señor obispo, entiéndame si quiere; y no espere de mí otras palabras que de mi lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda la gente cristiana". La célebre anécdota la cuenta Brantôme en su Bravuconadas de los españoles, publicada por la editorial Áltera, de Javier Ruiz Portella".
52 comentarios
16 de Marzo de 2008 - 17:29:23 - Pío Moa
Recordaba el otro día Stanley Payne el historial negro, realmente negrísimo, del PSOE, sus asaltos armados al poder, su terrorismo y connivencia con el terrorismo, las checas, etc. A lo que habría que añadir una corrupción sin igual en ningún otro partido español del siglo XX, y ya es decir. Pues bien, que Zapo y su cuadrilla estén liquidando la Constitución de forma delictiva, aliándose con los separatistas y en negocios con la ETA, enredándose con las tiranías tercermundistas etc., y que encima pretenda hacer creer que es el centro de la democracia, todos esos desmanes y desvergüenzas son solo lo normal, la estrategia de Monipodio, lo acorde con el historial socialista, vamos, lo que puede esperar cualquiera que conozca realmente la trayectoria de este partido y sus siniestros personajes. Cierto que pocos la conocen realmente, pero no porque no esté escrita, ampliamente escrita, gracias a las riñas entre ellos y al testimonio de numerosos socialistas conocedores del percal, de Besteiro para acá. Si los hechos no son conocidos con amplitud se debe a que, al revés que los comunistas, los fulanos de los "cien años de honradez" nunca han sido desenmascarados a fondo, gracias a que el PP ha preferido "pasar página", "mirar al futuro", ofrecer un "perfil bajo" y seguir las iniciativas sociatas, atenuándolas un poco, para posar de "centrista" y que no le llamen "facha", insulto ante el cual se mete bajo la cama. Uno de los grandes éxitos propagandísticos de Monipodio ha sido definir a ese pobre PP como extrema derecha, obligándole una y otra vez a aceptar lo inaceptable para no pasar por tal.
Que el PSOE actúe así es lo lógico. Lo anormal es que la oposición obre como lo viene haciendo. No dudo de que con ello representa a un sector de la opinión pública absolutamente resuelta a aceptar cualquier cosa si su plato de lentejas queda a salvo. Pero a otro sector de la opinión no lo representa, sino que lo engaña pura y simplemente, haciéndole creer que defiende lo que en realidad no defiende y creando con ello una peligrosa anormalidad democrática. Y en función de una supuesta conveniencia de la unidad de la derecha queda neutralizada, una y otra vez, cualquier oposición real. En fin, ahí tenemos a quienes insistían en que "la prioridad era echar a Zapo", y a ella debía supeditarse cualquier crítica.
Tal vez la sociedad esté tan echada a perder después de tantos años de mentira sistemática sobre su realidad e historia, que solo queden esos grupos patéticos que no se sabe si quieren volver al franquismo o crear un estado teocrático, o más propiamente clerocrático.
Un síntoma esperanzador ha sido la iniciativa ciudadana que estos años ha movilizado a cientos de miles de personas en las calles, iniciativa explotada –con renuencia– por el PP de Rajoy. Movimiento, empero, inorganizado y sin objetivos claros. Habría que trazar un programa de regeneración democrática con unos puntos precisos, con una denuncia precisa de la situación, y desde él tratar de ganar a la opinión pública. Se observa mucha inquietud y mucha gente que da vueltas de acá para allá, deseosa de hacer algo pero dispersa y sin efectividad práctica. Mientras así continúe la situación, Zapo Chikilicuatre y los suyos tendrán la sartén por el mango.
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El PP recuerda a Zapatero que las víctimas fueron "las grandes olvidadas" de su gobierno
Pues no, señores, Zapo no se ha olvidado un momento de las víctimas directas (¿o es que el conjunto de la sociedad no es víctima a su vez de los terroristas y de la connivencia del gobierno con ellos?). Zapo no ha cesado de hostigarlas, dividirlas e intentar silenciarlas. Quien se ha olvidado de esas víctimas, quien solo ocasionalmente las ha defendido y aun así con "bajo perfil", ha sido, ¡precisamente! el PP.
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¿Una sociedad asesina?
Cultura de la vida
Ramón Pí
Conoze.comLa semana pasada ocurrió algo importante en EEUU: la Cámara de Representantes aprobó, por holgada mayoría, la prohibición del llamado aborto por nacimiento parcial, modalidad de aborto de segundo y, sobre todo, de tercer trimestre, que consiste en dilatar el cuello del útero de la madre, manipular al feto para que nazca de pie y, cuando sólo queda la cabeza por salir al exterior, hundirle un punzón en la nuca, e introducir en el agujero una cánula conectada a una aspiradora que le succiona el cerebro. El Senado ya había aprobado la prohibición de esta práctica salvaje, aunque con expresión de su apoyo a la sentencia del Tribunal Supremo en el caso Roe vs. Wade, que en 1973 declaró constitucional cualquier tipo de aborto en cualquier circunstancia.
Ahora se reunirá una comisión para armonizar los términos en que la prohibición del aborto por nacimiento parcial se ha llevado a cabo en cada una de las dos Cámaras. Los patrocinadores de la nueva ley confían en que se suprima esta manifestación senatorial de apoyo a la sentencia de 1973. El presidente Bush ya ha anunciado que, una vez la ley lista, la firmará. Este anuncio tiene sentido, porque en la segunda legislatura de Clinton también Senado y Cámara de Representantes aprobaron la prohibición, pero el presidente dijo que ejercería su prerrogativa de veto si las dos Cámaras no la aprobaban por dos tercios de votos favorables. La Cámara Baja lo logró, pero en el Senado faltaron tres votos para los dos tercios, y Clinton, efectivamente, la vetó.
La cuestión del aborto provocado nunca ha sido pacífica en EEUU. Desde la célebre sentencia mencionada, el debate ha sido siempre, día tras día, vivo, activo, apasionado. Los pro-life y los pro-choice han protagonizado un enfrentamiento permanente. Hace pocos años la tensión alcanzó las cotas más altas cuando se tuvo conocimiento público de que algunos médicos practicaban el aborto por nacimiento parcial. El escándalo fue enorme, y el médico acusado se defendió diciendo que no comprendía por qué tanto ruido si llevaba años haciendo lo mismo y si, al fin y al cabo, no hay diferencia conceptual entre unos abortos y otros. El médico tenía razón, pero el conocimiento de un método tan brutalmente agresivo para la sensibilidad común, en una época en que todo se mueve por estímulos sentimentales, no hizo sino aumentar el escándalo y el espanto colectivo que sacudió a los americanos, que se preguntaban qué clase de sociedad homicida estaban construyendo.
Cuando la ley prohibitiva de esta modalidad de aborto entre en vigor será cuando, de verdad, empiece la batalla por la vida en EE UU. Las organizaciones abortistas saben que, en efecto, no hay diferencia conceptual entre los abortos, y que unas formas más carniceras que otras no son sino cuestiones periféricas, que no van al núcleo de la cuestión. Por eso ya han anunciado toda clase de recursos y de iniciativas legales para neutralizar la nueva ley, con la que Bush quiere "construir una cultura de la vida en América".
69 comentarios
14 de Marzo de 2008 - 17:39:19 - Pío Moa
Después de golpes tan rudos como la quiebra del marxismo y la caída del Muro de Berlín, la evidencia de la tremenda corrupción de los centenarios de la honradez, el terrorismo desde el poder, etc., lo lógico sería que nuestra izquierda se encontrase desconcertada y a la deriva. Pero, asombrosamente, es la derecha la que se halla en tal situación. Chikilicuatre Zapo ha logrado el milagro y no solo domina la escena, tan campante, sino que dicta a un Chikilicuatre PP cómo debe comportarse, le marca la senda del porvenir y le riñe y se burla de él por seguirla renqueando y con mal estilo.
La izquierda ha superado su crisis ideológica gracias en parte a la inanidad de la derecha, pero también a que ha sabido desviar la cuestión hacia la legitimidad histórica. En definitiva, "seremos tan golfos como digan ustedes, pero fueron los nuestros quienes defendieron la libertad en la guerra civil, y las derechas quienes la asesinaron; por lo tanto siempre conservaremos un plus de legitimidad por encima del PP".
En la derecha hallamos tres tendencias: la de Rajoy, muy próxima a los Gallardón, Soraya, Elorriaga y compañía, la derecha del centrismo y el futurismo, un satélite intelectual y político de la izquierda; la representada antes por Vidal Quadras y Mayor Oreja –que parecen definitivamente amortizados– y ahora, con mucha menos sustancia, por Esperanza Aguirre, una derecha capaz, en principio, de unir los ideales de democracia y España; y la derecha patriótica, pero antidemocrática que, por eso mismo, facilita mucho las cosas a los socialistas y separatistas, los cuales pueden enarbolar impune y falsamente la bandera de la libertad frente a ellos y oponerla a la idea de España. Y saben hacerlo: si al pobre futurista anglomaníaco lo identifican con la “extrema derecha” era solo porque esa imagen, apoyada en la falsificación de la historia, les ahorra cualquier argumento y les sirve de látigo para obligar al PP a portarse como conviene.
La derecha patriótica pero antidemocrática entiende que la democracia es un factor accesorio y no la forma que puede y debe revestir el patriotismo en las presentes condiciones históricas, si se trata de salvar la unidad del país y no hundirla. Solo entiende la democracia con arreglo a la experiencia de la II República y no va más allá en su pensamiento. Se cree con un derecho especial a hablar y mandar por encima de los demás y tiende a confundir la importancia del catolicismo en la historia y la cultura de España con las formas políticas hoy posibles y deseables. Si los descendientes de Azaña siguen jactándose de que España ya no es católica, ellos creen que el país debe ser católico no socialmente (por mayoría hoy en retroceso), sino políticamente. Creen que el catolicismo es una ideología política, interpretable según sus intereses partidistas.
Estas tres tendencias coexisten en el PP, bajo la hegemonía de la primera. El fetiche de la unidad del partido por encima de su representatividad real lo permite.
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Las estúpidas triquiñuelas de la derecha:
¿Por qué no en árabe?
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157 comentarios
13 de Marzo de 2008 - 12:21:11 - Pío Moa
En mi opinión, y bien la lamento, el PP no tiene remedio. Su alegría por el fracaso es sincera: en el fondo la mayoría de sus líderes, llamémosles así, no querían lidiar el toro de la crisis política y económica sabiéndose, además, sin arrestos para volver atrás las iniciativas anticonstitucionales de Zapo. En cambio, dando a su electorado la impresión de ser otra cosa que lo que realmente son, conservan gran número de poltronas por toda la geografía española, incluso han ganado algunas nuevas, y eso les deja satisfechos. No fingen, están realmente contentos. El gran mérito de Rajoy no ha sido solo mantener tal situación, sino también el partido unido: con eso, los cargos y empleos de todos quedan seguros, de momento, y la mayoría quiere seguir por esa vía, incluso rebajando el perfil. Todos de acuerdo, al parecer, en un partido a la búlgara que, para más inri cree que la economía lo es todo (y el inglés, por supuesto).
Vivimos una situación no democrática, en la que una masa de la población cree estar representada y no lo está. Pero, por desgracia, ni dentro del PP surge una alternativa a Rajoy ni fuera de él aparecen más que grupos un tanto fundamentalistas, cuya aversión a la democracia resalta en cuanto se los rasca un poco.
Decía que, al margen de los partidos, sería preciso un movimiento de regeneración democrática, el propuesto en su día por Mayor Oreja. Seguro que todavía estamos a tiempo.
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“Rosa Díez dice que confiará en Zapatero cuando firme un pacto de Estado contra ETA”.
Error, inmenso error. Zapo es perfectamente capaz de firmar cualquier pacto aprovechando la nueva situación, mientras lo traiciona desde la misma firma, como ya hizo con el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. Y el PP es perfectamente capaz, a su vez, de seguirle la corriente en la farsa, como ya hizo en relación con el estatuto catalán, pieza clave, precisamente, de la colaboración de Zapo con terroristas y separatistas. Mientras el Tribunal Constitucional ahonda en su descrédito con los habituales manejos zapotescos. A esto hemos llegado.
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Obviamente el hecho de que los homosexuales tengan los mismos derechos que cualquier otro ciudadano, no supone aceptar que los homosexuales militantes marquen la educación de nuestros hijos. A eso se le solía llamar corrupción de menores, y tengo idea de que estaba penado por la ley. No sé si con Zapo estará premiado, en cambio, como lo está el terrorismo.
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Tusell y la neutralidad española en la guerra mundial
En general, la buena historiografía española es minuciosa y veraz en la descripción de los hechos, pero suele fallar en el análisis, a menudo relaciona con poca lógica los datos y extrae conclusiones pobres o pedestres, y hasta incoherentes o contrarias a los datos examinados (en esta última arte Preston es un campeón). Así ocurre, por ejemplo, con Javier Tusell, acerca del cual discrepé brevemente en alguna ocasión con Stanley Payne. Desde luego, al margen de su acreditada pedantería y, peor aún, de sus tendencias inquisitoriales y ventajistas, Tusell fue un historiador cuidadoso que investigó archivos y aportó a veces materiales de gran interés, en torno a la política española durante la guerra mundial, entre otros temas. Pero, señalé en Años de hierro, “Véanse conclusiones como la de Tusell, minucioso en los detalles y mediocre analista: España no entró en la guerra mundial, pero no fue por falta de ganas de muchos de sus dirigentes, sino porque la realidad se impuso. Sin embargo la realidad nunca se impone tal cual, sino a través de las percepciones de los individuos, de otro modo Mussolini habría permanecido al margen o Hitler no habría invadido la URSS, por ejemplo. Franco y otros cuantos líderes demostraron un perspicaz sentido de la realidad, mientras bastantes otros –monárquicos, generales, falangistas, exiliados–habrían metido al país en la contienda, deliberadamente o por falta de ese sentido” (p. 667).
La neutralidad de España durante la guerra mundial fue un hecho casi milagroso, cuya enorme improbabilidad casi nunca ha sido apreciada debidamente. Como tampoco sus inmensos beneficios para España y, en lo esencial, para la causa de los Aliados (Churchill sí lo entendió en parte). Franco fue, indiscutiblemente, el artífice de aquella neutralidad. Neutralidad de valor imposible de exagerar pero que, con apreciaciones como las de Tusell, queda hundida a un nivel puramente trivial. La trivialidad del propio historiador.
81 comentarios
12 de Marzo de 2008 - 19:57:13 - Pío Moa
El político más valioso del PP, el de ideas más claras, con diferencia, ha sido Mayor Oreja. Él fue quien planteó en el momento justo la necesidad de llevar adelante una ofensiva democrática que habría frenado a los separatistas y a la izquierda cuando unos y otros se hallaban en horas bajas, y también defendió, contra los arriolas y compañía, la política de aplicar la ley a la ETA en lugar de las negociaciones y juegos “políticos”. Aznar no le hizo caso en su primera propuesta, aunque sí en la segunda, y este fue, probablemente, el mayor activo de sus ocho años al frente del gobierno, un activo que Rajoy ha dejado escapar como agua entre los dedos con su irrisoria orientación o más bien falta de ella. Lástima que a Mayor Oreja no le acompañen el ímpetu, la ambición y la facilidad comunicativa que en cambio distinguen a tantos oportunistas sin escrúpulos ni cerebro.
** ¿Cambiará el Ilumineta tras la experiencia, o cambiará el Futurista? Me parece que la gente cambia muy a duras penas. Zapo, ante un peaje demasiado alto que le exijan los separatistas, quizá juegue a una mayor conciliación con el PP, conciliación probablemente tramposa, es decir, a cambio de concesiones abusivas. Y Rajoy puede que aproveche la experiencia, pero sospecho que persistirá en la misma línea que hasta ahora, creyendo que ella le ha atraído 400.000 votos nuevos, cuando sus votos se han debido mucho menos a su actuación que al horror causado en millones de personas por los desmanes zapotescos. Pronto lo veremos.
** Dos canciones definitorias. El año pasado España presentó a Eurovisión la canción "I love you, vida mía", no sé si compuesta por el anglofílico Rajoy, en todo caso por uno de los suyos. No sacó los votos precisos, según creo. Este año, en cambio, va Chikilicuatre (chiquilicuatro: mequetrefe, zascandil), una descripción perfecta del tío que nos gobierna, zascandil poderoso, en verdad poderoso. No me extrañaría que ganase el festival.
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Artículo publicado el 9 de marzo de 2004, dos días antes del atentado:
Lo increíble
Pío Moa
Por asombroso que resulte, el PSOE da la impresión de estar a la ofensiva, y el PP a la defensiva. Y creo que este absurdo viene en gran medida de la renuncia al debate cara a cara. ZP cometió el inmenso error de pedir ese debate, y Rajoy le ha superado negándose a él. La endeblez argumentadora y la vacua parlanchinería de ZP son tales que cualquier persona con una mediana habilidad dialéctica, y más apoyándose en el cúmulo de logros notables del período de Aznar, habría hecho trizas su demagogia. Tres debates en televisión, y el PP se habría ahorrado, y nos habría ahorrado, casi toda la campaña: máximo de eficacia con el mínimo de gasto. Pero se ve que los expertos en esas cosas del marketing (mejor sería decir mercadeo) electoral, o como se llame, han decidido que el debate beneficiaba al candidato socialista. Unos águilas. Y así, gracias a ese error, ZP puede ir por ahí pavoneándose –y con razón– de que su contrincante teme enfrentarse a él, de que no está seguro de sus argumentos, le rehúye y no es demócrata, sino “autoritario”, etcétera. Todo lo cual quizá no convenza a muchos de que ZP es bueno, pero convence a bastantes de que Rajoy no lo es tanto como debiera. Mal comienzo, si gana.
Deseo fervientemente la victoria del PP, no tanto por identificarme con él como por los serios riesgos que correrán la democracia y la integridad del país si gana la caterva contraria. Pero no estoy nada seguro de que logre la necesaria mayoría absoluta, la cual debería ser realmente muy absoluta, dadas las enormes ventajas de principio con que ha salido al ruedo, y que ha explotado muy mediocremente. Incluso no descarto un triunfo del PSOE. En la historia han ocurrido hechos así más de una vez.
Una de las cosas más perturbadoras de la democracia es la demagogia rampante de numerosos políticos, y su éxito no infrecuente. De ahí se han extraído argumentos contra la democracia misma. Pero no hay tal. En cualquier régimen proliferan los insensatos y los extremistas, y la democracia simplemente ofrece un terreno más abierto y claro para que los sensatos y moderados puedan defender sus programas. Lo malo es cuando no saben hacerlo bien, pero de eso no cabe culpar al sistema.
Ojalá esta vez no nos llevemos una sorpresa desagradable.
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http://vinamarina.blogspot.com/2008/03/el-zaratrusta-de-burguete.html
40 comentarios
11 de Marzo de 2008 - 22:44:46 - Pío Moa
Comentario en el blog, hace cerca de un año y medio:
16 de Octubre de 2006 - 14:47:48 - Pio Moa
El capital político acumulado por Aznar –excluyendo su pésima explicación de la guerra de Iraq y su nefasta política de medios–, más el descrédito del PSOE, debieran haber dado a Rajoy una gran mayoría absoluta en 2004. Pero él prescindió de aquel capital y de la crítica a fondo a las majaderías de Zapo. Se dedicó a hacer promesas como si saliera de la oposición sin un pasado reciente que las respaldara; y permitió al PSOE presentar mil ofertas como si no las invalidase su pasado también muy reciente y nunca corregido. Zapo estuvo a la ofensiva y Rajoy a la defensiva. Solo las rentas de la gestión de Aznar, a las que él no añadía nada, daban a Rajoy una victoria mínima y probablemente insuficiente para gobernar. Y al final todo lo decidió una jugada oscura y sangrienta.
Desde entonces no es que le hayan faltado a Rajoy buenas ocasiones. Por ejemplo, la nefasta Constitución europea fabricada por el corrupto etarrófilo Giscard d'Estaing. Por supuesto, Rajoy la criticó severamente… para apoyarla al fin. En lugar de una gran victoria política compartió el fracaso de Zapo, y en la ridícula posición de peón de este.
Vino la mayor traición perpetrada por Zapo hasta ahora, el mayor precio político pagado a la ETA y el separatismo: el estatuto de Cataluña. Rajoy demostró la ilegalidad del engendro, pero aceptó discutirlo en las Cortes y a continuación lo imitó en Valencia y Baleares… de momento. ¡Y poco después se ofreció al gobierno para ayudarle a evitar un "precio político" en los chanchullos con la ETA!
Acabamos de ver la misma táctica con respecto al envío de tropas al Líbano: tras una crítica feroz... Rajoy apoya a Zapo. En torno a la investigación del 11-M, la misma llamémosle táctica: "No pero sí, o sí pero no".
En algún momento, ya no recuerdo por qué, Rajoy rompió estrepitosamente la relación con el gobierno... y tres días después le estaba mendigando una reunión y quejándose de enterarse por la prensa de las decisiones gubernamentales. Difícil un mayor esperpento. Y encima soportando el regodeo de Zapo y su aparato mediático: "PP, extrema derecha". En fin, para qué seguir. ¿Qué confianza puede dar esta conducta al electorado?
Y sin embargo Rajoy no es un Piqué o un Gallardón, dispuestos a traicionar cualquier principio y a colaborar con la Infame Alianza. Él ve la realidad, parece sentir la democracia y la unidad de España, seguramente supera a Zapo en inteligencia. Pero no es capaz de diseñar una estrategia acorde con los hechos y con sus sentimientos, y ahí reside la diferencia. Zapo obra con una estrategia, la haya elaborado él u otros, y Rajoy no. Su mensaje, contradictorio y desalentador hasta el patetismo, cabe resumirlo así: "El gobierno realiza una política horrorosa, anticonstitucional y antiespañola, pero nosotros estamos dispuestos a colaborar con él, para evitar males mayores".
¿Qué males mayores? Obviamente, la pérdida de poltronas, obsesión de los Arriolas y tantos otros. Penúltimas encuestas: el PSOE aventaja en varios puntos al PP. ¡Y eso viviendo todavía el PP de las rentas de Aznar, porque nada nuevo o mejor se le ha ocurrido desde entonces! Parodiando a Churchill, cabría advertirles: "Aceptáis el deshonor por conservar las poltronas, y perderéis las poltronas con deshonor". ¿Sabrá Rajoy aprender de la experiencia?
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La batalla de la propaganda (III)
"Hoy está más claro que hace cinco años que la demolición del legado de Aznar (empezando por el PP) y la liquidación de España y sus libertades ciudadanas no podrían haberse acometido sin la colaboración de una aplastante mayoría de los medios de comunicación, especialmente audiovisuales, con el PRISOE y los nacionalistas. Hoy, ese bloque de poder político, mediático y económico, anticonstitucional a fuer de antinacional, tiene a su servicio cinco y media de las seis grandes cadenas de televisión; prácticamente todas las productoras de televisión privadas; el EGM y las centrales de medios que canalizan la publicidad; la gran mayoría de las emisoras de radio, con la milagrosa excepción de la COPE y algunos programas de Onda Cero; y una parte sustancial de los grandes periódicos de papel, empezando por El País, siguiendo por su cómplice ABC en Madrid y Sevilla, y terminando por La Vanguardia y El Periódico en Barcelona. Además, por supuesto, los medios audiovisuales de titularidad pública (nacionales, autonómico y locales) que el PSOE tiene en su poder, que son la mayoría, y de toda su publicidad institucional, que es combustible para quemar un imperio".
(F. Jiménez Losantos, De la noche a la mañana, p. 189)
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(Hace un año)
TOMAR LA INICIATIVA
Pío Moa
Asombrosamente, después de mil fechorías en cadena que debieran haberle enajenado la opinión pública, el PSOE consigue poner una y otra vez a la defensiva a la oposición. Ello se debe a su predominio en los medios de comunicación (cortesía del PP, en buena medida) y a una oposición inconvincente, incapaz de explicar la realidad a los ciudadanos, que habla con un tono entre chillón y medroso, muy alejado de la serena contundencia necesaria a la situación.
Y ahí siguen los promotores de la Infame Alianza retomando la iniciativa una y otra vez. Ahora, encabezados por la tiorra afusilaora, un grupo de la estéril intelectualidad lisénkica próxima al PSOE ha publicado en el Círculo de Bellas Artes –subvencionado por la derecha y dominado por una izquierda que se siente hija de aquel Frente Popular que convirtió el Círculo en checa– un manifiesto bajo el título: "Por la convivencia, frente a la crispación". Como siempre, la más brutal distorsión del lenguaje. Su sentido real es: "Por la connivencia (con el terrorismo), frente a la Constitución". Pero, guste o no, el mensaje cala, satisface a la gente embrollada por la demagogia progre, atemoriza al PP y refuerza en él al sector partidario de colaborador con los liquidadores de la Constitución.
Si el PP no ha perdido por completo el espíritu, podría movilizar a su vez a algunos intelectuales serios con otro manifiesto: "Por la Constitución, contra la connivencia con el terrorismo". Me permito ofrecerles el texto siguiente, como posible inspiración:
El respeto a la Constitución y su defensa cuando es vulnerada son la clave del sistema que nos permite convivir civilizada y pacíficamente. Marcan también la diferencia entre los pueblos libres y los que no lo son.
En 1978, España se dotó de la Constitución más democrática y consensuada de su historia, basada en tres valores clave: la unidad de la nación, las libertades y la reconciliación final y oficial entre los vencedores y los vencidos de la guerra civil, ya lograda en la sociedad muchos años antes. Ninguna otra ley obtendría hoy tal consenso y, por ello, tanto valor para nuestra convivencia. Como toda obra humana, tiene defectos, y puede y debe ser reformada. Pero sus virtudes han traído al pueblo español una larga época de paz, libertad y prosperidad, que sería una locura poner en riesgo.
Algunos partidos y políticos rechazaron la Constitución, abierta o solapadamente. Sus métodos los definen: el asesinato, en sus formas más cobardes, de cientos de personas, o la connivencia política con los asesinos; el ataque a los derechos ciudadanos, sobre todo en Vascongadas y Cataluña; el recurso a los antiguos odios mediante una propaganda de revancha, casi siempre falsaria, sobre la guerra civil; la terca corrosión de la unidad de España cultivando el agravio y el narcisismo regional, vieja técnica totalitaria.
Esos partidos estuvieron siempre muy lejos de sus objetivos. Pero hoy el Gobierno, en alianza de hecho o de derecho con ellos, procura con actos consumados y fraudulentos la quiebra de la Constitución, sacrificándola a una "paz" con los asesinos tan imaginaria como la "guerra" que vendría a detener. Mientras, nuevos fenómenos como el terrorismo islámico aumentan la incertidumbre.
Tal alianza ha transformado en su contrario el Acuerdo contra el Terrorismo y por las Libertades y pretende reducir España a un inviable conglomerado de naciones inventadas, sin apenas lazos políticos o sentimentales entre ellas, mutuamente resentidas, irrisorias en el plano internacional y peones de los intereses de otras potencias. El plan se combina con una alianza internacional de dictaduras, llamadas pomposamente "civilizaciones", entre ellas algunas muy agresivas hacia España. Esta involución antidemocrática divide cada día más profundamente a la sociedad española, abocándola a una crisis de imprevisibles consecuencias.
Frente a la involución, nosotros, españoles dispuestos a defender nuestra libertad, alzamos la bandera de una España unida y democrática, garantía de la única paz y estabilidad admisibles. Y llamamos a los ciudadanos y a sus asociaciones a impulsar un movimiento por la Constitución, que alerte a la totalidad de la población y restablezca el imperio de la ley. En las manos de todos está impedir un nuevo fracaso histórico de nuestra convivencia.
No tiene por qué ser necesariamente este texto, pero sí algo parecido.
(Por supuesto, Rajoy simplemente no hizo nada. Miraba al futuro).
112 comentarios
10 de Marzo de 2008 - 08:18:30 - Pío Moa
La gente aplaudiendo y sacando adelante una canción deliberadamente chabacana, estúpida y obscena, cantada por un personaje deliberadamente grotesco, para que represente a España en Eurovisión: he ahí la imagen fidedigna del país actual.
En fin, Chikilicuatre Zapo ha ganado. No lo habría logrado sin ese PP que usufructúa el voto de la España seria, pero falta de liderazgo, sin los chikilicuatres del perfil bajo y la nena futurista que habla inglés. Pero, en definitiva, qué más da, ahí están las Nuevas Degeneraciones peperas: "¡Da unos botes, Mariano! ¡Da unos botes, que hemos perdido pero a chikilicuatres no nos ganan los sociatas, no nos ganan los titiriteros!".
No toda la sociedad es así, claro, pero así son sus líderes y comparsas. Y la España chikilicuatre, la España del botellón, la telebasura y la pornopolítica, va ganando por goleada. De momento. Cualquier análisis en detalle de las elecciones debe partir de esta evidencia.
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Por desgracia, UPD no aparece hoy como el comienzo de una izquierda democrática influyente, por lo que los separatistas quedan árbitros de la situación y se harán pagar muy caros sus favores. La línea donjulianesca y liberticida de Zapo puede ir a más, pero el coste y las tensiones de sus chanchullos con terroristas y secesionistas, así como la inquietud internacional que susciten, podrían empujar a Zapo a una mayor conciliación con el PP.
Y en el PP puede acentuarse el perfil bajo –Gallardón– o puede surgir algo diferente. Mayor Oreja, Vidal Quadras, Esperanza Aguirre, tienen de nuevo su oportunidad, si bien su flojera durante la pasada legislatura no autoriza grandes optimismos.
Señalaba Arcadi Espada la ausencia de la política exterior en la campaña electoral chikilicuatre que hemos sufrido. Cierto, es otro dato clave de la situación: España carece de política internacional. También ha estado ausente la cuestión judicial, otra de las más graves y amenazantes para democracia española. Chikilicuatria.
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Dice Rajoy que seguirá defendiendo los intereses de España. No, Mariano, por favor.
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En pro del aborto y asín, "Miles de mujeres se manifiestan en Barcelona en plena jornada de reflexión"
¿Mujeres? ¿No serían feministas, más bien?
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Señor Moa,
hace algún tiempo hice en su blog la pregunta de por qué los planetas no caen hacia el sol, como sería más lógico de acuerdo con la ley de la gravedad, sino que se contentan con dar vueltas en torno a él. Las respuestas solo me han aclarado un poco vagamente la cuestión: deduzco que otros impulsos contrarrestan la tendencia a la caída. ¿De dónde vienen esos impulsos? Parece que de las condiciones originales en que se formó el sistema solar. ¿Es así?
Ahora quiero hacer otras dos preguntas a los blogueros con conocimientos de Física: las representaciones del sistema solar colocan a los planetas girando siempre en el mismo plano. ¿Giran en el mismo plano, o es una imagen convencional? Y si giran en el mismo plano, ¿por qué? ¿No sería más natural que lo hicieran en planos perpendiculares o en todo caso diferentes?
La segunda pregunta es: ¿tienen los planetas la misma composición aproximada? Y si no es así, ¿a qué se debe?
Supongo que los expertos tienen estas cosas archisabidas, pero he preguntado a mucha gente bastante culta, y no han sabido responderme. Agradeciéndoles las aclaraciones, reciban un cordial saludo.
Benjamín Núñez Sel
237 comentarios
8 de Marzo de 2008 - 14:14:36 - Pío Moa
La ETA apenas ha realizado atentados mortales en los últimos tiempos. Quizá ello tenga que ver con su obvia conveniencia de facilitar a Zapo la victoria electoral y responda incluso a algún acuerdo entre ella y el gobierno. Pero, en fin, ha asestado el golpe como advertencia a los socialistas, a fin de que continúe el proceso “de paz” en cuanto gane las elecciones, como desean todos. Recordemos que durante todo el proceso de liquidación de la Constitución, la ETA no ha dejado de golpear en momentos oportunos, con o sin víctimas, como “recordatorios” al gobierno. Para los etarras, el PSOE es un grupo de “gorrinos”, y como tal los ha tratado, con notable éxito.
Y nuevamente la gallinácea (PP) o porcina (PSOE) “clase política” ha respondido de la mejor manera que la ETA hubiera podido desear. Zapo y Rajoy se han apresurado a dar el máximo eco al atentado, como si fuera el primero y no uno más de los cientos de asesinatos cometidos por la banda; han suspendido, alborotadísimos, la campaña electoral, y han repetido las mismas sandeces, la misma letanía vacua que llevan repitiendo como orates desde hace cosa de treinta años, la prueba más palpable de su incapacidad política: “La ETA va contra la democracia” (qué novedad: también el PSOE, eso lo olvidan siempre, recuérdense sus continuos negocios con los asesinos, complicados con la corrupción y el GAL); pero “está derrotada”, “dando coletazos”, “cada vez más débil”, “merece la condena de todos”, “venceremos” y todo el indecente bla-bla-bla acostumbrado.
¡Ah, y “todos unidos”! Derrotar a una banda de facinerosos exige que todo el pueblo español, todos los políticos y todos los partidos se unan como una piña. No que se aplique la ley a los delincuentes, sino que toda la sociedad española “se una”, aseguran los mismos políticos que no han cesado de dar oxígeno a la ETA con sus negocios conjuntos, y los que, diciendo que se oponen a esa política, les ayudan. Qué sensación de triunfo debe de invadir a los etarras: ¡tienen a España en un puño!
El Futurista ha vuelto a