Enero 2008


Años de hierro y años de tocino

31 de Enero de 2008 - 10:03:56 - Pío Moa

– ¿Fueron muy duros los años 40? ¿Por eso ha titulado usted su libro "Años de hierro"?

– Fueron duros, a la sociedad española se le presentaron retos extremadamente arduos, pero en general los superó muy bien, en conjunto fue una generación excelente, de la que podemos estar orgullosos.

– ¿Qué retos?

– Tres, sobre todo: la reconstrucción del país, la guerra mundial y la posibilidad de una nueva guerra civil. El primero fue resuelto a medias y con bastantes errores, pero se trataba de unas circunstancias dificilísimas, por la necesidad de asimilar la economía desorganizada del Frente Popular (recuerde lo que ha costado a Alemania Occidental asimilar a la Oriental, en circunstancias mucho mejores), por la ausencia de reservas financieras y por el semibloqueo británico, que mantenía la economía española bajo mínimos. Aun así, a partir de 1943 el hambre bajó a los niveles de la república, que ya eran altos, para repuntar en 1946, con el aislamiento internacional.

– ¿Los otros dos retos?

– Se afrontaron con absoluta brillantez pese a su enorme peligro: España se salvó de la guerra mundial, que habría multiplicado víctimas y daños de la guerra civil y ocasionado una catástrofe a los Aliados; y se salvó de una nueva guerra civil, pese a las asechanzas e insensateces de los mismos Aliados, que tanto debían a la neutralidad o no beligerancia española.

– Sin embargo la impresión actual sobre la época es muy triste

– La actual generación española no tiene ningún mérito particular, es pancista, desmemoriada, impregnada de ideología CFC, ahíta de telebasura y pornopolítica... Lógicamente desprecia el esfuerzo, el valor, el sacrificio, aprovecha sin escrúpulo las ventajas legadas por sus mayores y escupe sobre ellos. Como cuando esos mediocrísimos intelectuales hablan con suficiencia del "páramo cultural del franquismo". El páramo son ellos.

– ¿Balance positivo del franquismo, entonces?

– Ciertamente.

– ¿Y la represión?

– Hablaremos más de ella

– ¿Y la democracia?

– Para que haya democracia tiene que haber demócratas, y en España no quedaban tras la desastrosa experiencia republicana. La oposición al franquismo no era democrática, y los pocos demócratas, tipo Marañón o Besteiro, aceptaban el franquismo, con todos sus defectos, pues solo él pudo librar a España de la revolución. Y de la guerra mundial y de una nueva guerra civil, como digo.

Quienes hablan de democracia para aquellos tiempos son charlatanes o algo peor: precisamente son un peligro para la democracia actual que, como usted sabe, procede del franquismo, no del antifranquismo. Mientras no reconozcamos estas evidencias, nuestra política seguirá enferma.
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El patio de Monipodio

Carmen Chacó, miembra destacada del partido más corrupto de la historia de España y aliado con otros del mismo estilo quiere una "Cataluña libre del PP". Una Cataluña monipodiesca, excluyente de quienes no compartan la "ética" de esas bandas. Porque del PP se pueden decir muchas cosas, pero su grado de corrupción es muy inferior al de estos fulanos. De paso, una Cataluña "libre" de democracia.

Otra de esas menganas, ministra de Educación, afirma que la inmersión lingüística en Cataluña, radicalmente antidemocrática y anticonstitucional, que condena al fracaso escolar a un porcentaje elevadísimo de castellanohablantes, es "un pilar sólido de convivencia". El lenguaje orwelliano de Monipodio: La guerra es la paz. La esclavitud es la libertad. La ignorancia es la fuerza.

Dice Zapo que los españoles de ahora no se dejan engañar: el argumento del timador.

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Hoy, en "El economista":

VOLVIENDO CON LA ENSEÑANZA

Pocas claves de la campaña electoral más indicativas que el mínimo interés de los políticos por la enseñanza. Y no porque podamos estar satisfechos de la que actualmente se imparte en España. Al contrario, el nivel general es bajo, el fracaso escolar elevado, en varias regiones se promueve una cultura antiespañola, la universidad está en gran medida copada por gremios demasiado parecidos a mafias, ávidos de dinero público y prebendas, faltos de espíritu intelectual o democrático. En suma, padecemos un auténtico páramo cultural. En la ciencia, España no pesa casi nada, y en los demás terrenos de la cultura superior pasa algo similar. De hecho apenas puede hablarse hoy de cultura hispana, porque está siendo fagocitada o satelizada a grandes pasos por la anglosajona. Ni siquiera la "educación para la ciudadanía" inspirada por el nunca regenerado partido de Filesa y el GAL, del saqueo de Rumasa o el entierro de Montesquieu, ha dado lugar al debate en profundidad propio de cualquier sociedad democrática un poco viva. En realidad, el desinterés de los políticos por estas cuestiones decisivas constituye una manifestación más de esta miseria... ¡y con el mayor desparpajo se permiten estos vulgarísimos personajes despreciar al "páramo franquista", cuya abundante vegetación expuso Julián Marías y recojo en Años de hierro!

Y Rajoy –que se dice patriota a pesar de seguir al PSOE, empezando por los estatutos balcanizantes– ha dado, parece ser, con la panacea: obligar a todos los niños a aprender inglés. El futuro está en el inglés porque, evidentemente, del español, de la cultura española, no puede esperarse nada interesante. Implica el patriota.

Una enseñanza de calidad es la mayor riqueza de un país, lección olvidada en España desde el siglo XVII. Nuestros desdichados políticos no lo entienden. Productos de una mala enseñanza, la perpetúan y empeoran.

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Unas observaciones a Blasco Ibáñez

29 de Enero de 2008 - 10:35:57 - Pío Moa

 
He releído, a trozos, La vuelta al mundo de un novelista, de Vicente Blasco Ibáñez. El libro sigue teniendo interés, aumentado por la fecha del viaje, 1923. He aquí su final cuando, después de medio año, el autor  desembarca en Montecarlo:
 
“Estos sedentarios del juego han permanecido aquí seis meses, colocándose todos los días ante una enorme mesa verde para mirar las mismas caras. Mientras yo corría el mundo, los únicos episodios de la existencia de estas señoras han sido estrenar dos o tres vestidos y otros tantos sombreros, perder mucho dinero y recobrar un poco de él, celebrando dicho éxito engañoso con una vanidad infantil.
 
La gente sigue entrando en el Casino.
 
Una de las damas insiste en preguntar cuál es la idea resumen de mi viaje, la enseñanza concreta que me ha proporcionado ver tantos pueblos distintos, tantas creencias religiosas, tantas organizaciones sociales.
 
– Lo que he aprendido, amigas mías, no es alegre ni tranquilizador. Creo que existe ahora en el mundo más gente que nunca. Los adelantos de la higiene y la facilidad de los transportes han evitado una gran parte de las matanzas, las epidemias y las hambres que formaron siempre nuestra pobre historia humana. Somos cada vez más numerosos sobre la corteza de nuestro planeta y esto resulta inquietante, pues los alimentos no se multiplican con la misma rapidez. Podría hacer un resumen brutal diciendo que más de la mitad de los hombres viven sufriendo hambre. Nosotros los blancos llevamos la mejor parte hasta ahora; pero ¿y si algún día centenares de millones de asiáticos encuentran un jefe y un ideal común?... Este viaje ha servido para hacerme ver que aún está lejos de morirse el demonio de la guerra. He visto futuros campos de batalla: en el Pacífico, la China, la India, ¡quién sabe si Egipto y sus antiguos territorios ecuatoriales! Estos choques futuros puede ser que aún los presenciemos nosotros, y si nos libramos de tal angustia, los verán seguramente las próximas generaciones… ¡Tantas cosas que podrían evitar los hombres si dedicasen a ello una buena voluntad!
 
Me parece inútil seguir entreteniendo a unas personas que después se meterán en el Casino pensando en las excelencias de un número (…) Pero la dama curiosa parece esperar algo más, y antes de marcharme añado como resumen:
 
– Todos los hombres son lo mismo, y nuestros progresos puramente exteriores, mecánicos y materiales. Aún no ha llegado la gran revolución, la interior, la que inició el cristianismo, sin éxito alguno, pues ningún cristiano practica sus enseñanzas. Lo que he aprendido es que debemos crearnos un alma nueva, y entonces todo será fácil. Necesitamos matar el egoísmo; y así, la abnegación y la tolerancia, que ahora solo conocen unos cuantos espíritus privilegiados, llegarán a ser virtudes comunes a todos los hombres”.
 
Una notable colección de vaciedades supuestamente virtuosas y bienintencionadas. Blasco escribe cinco años después de la I Guerra mundial, trece antes de la guerra de España y dieciséis de la II Guerra mundial. Todas ellas tuvieron lugar en la privilegiada Europa (también España era un país realmente privilegiado por comparación con los visitados por Blasco) y desde allí arrastraron al resto del mundo, no a la inversa: la gente no se vuelve pacífica y buena si come, como suponía este progresista escritor. ¿Y qué diría de la población actual, cinco veces mayor que la de entonces, y de la producción de alimentos? India y China han superado sus masivas hambres ancestrales, cuando vivía en ellas una fracción (un cuarto en 1923) de los habitantes de hoy.
 
En fin, lección máxima: “crearse un alma nueva, abnegada y sin egoísmo". ¿Un alma como la de Blasco? ¿Sería él un cristiano auténtico aun sin creer en Dios? El escritor dejó a las jugadoras del Casino y marchó a disfrutar de su lujosa mansión y jardines, ganados con su éxitos literarios en todo el mundo, hoy casi olvidados; mientras seguía su curso "la pobre historia humana" (¿comparada con cuál?). Abnegación, la justa.
 
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La  Guerra de la independencia y la nación española:

"De la lucha de un pueblo solidario y bien consciente de los motivos de su resistencia surgieron muchas cosas. Una de las más importantes sin duda fue la construcción del modelo de convivencia que instalara  al viejo país en el mismo horizonte histórico de los de su entorno, parteros como él de la moderna civilización. Pero el sistema constitucional, la "nación de ciudadanos" distaron de ser actos genesíacos que concedieran, adánicamente, a los españoles flamantes e inéditas patentes del verdadero sentimiento patriótico, al margen del "etnicista" de las épocas precedentes. No hubo tal. El nacimiento de España no se inscribió en los registros notariales de las Cortes de Cádiz, sino en los de los escribanos medievales. La "revolución" –sit venia verbo, en términos absolutos– no poseyó tal poder creativo, ni acaso tampoco tuvo tal propósito" (José Manuel Cuenca Toribio: La Guerra de la Independencia: un conflicto decisivo).
 
Sorprendente que a estas alturas sea preciso defender estas evidencias, lo cual indica donde estamos. 

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Menuda tropa

28 de Enero de 2008 - 14:17:12 - Pío Moa

Rajoy se declara patriota, "le aseguro que mi prioridad será ocuparme del futuro y no del pasado de España". ¿Qué ocurre, que el pasado no vale ni tiene que ver con el futuro? ¿Que su patriotismo consiste en romper con el pasado o sepultarlo en el olvido? ¿Que la patria gira en torno a su visión del futuro, como creía Azaña? Dice también que tiene un objetivo claro y la seguridad de alcanzarlo. ¿Cuál será ese objetivo,  cuál será? ¡Que todos los niños hablen inglés! Debe de ser un patriota useño.“Hubo una época en la vida española en la que mucha gente no tenía la oportunidad de aprender inglés”. ¿Se figuran ustedes horror semejante? ¡No tenían la oportunidad! Rajoy mismo no la tuvo y, claro, así se ha quedado el pobre. Asegura, en fin, que es una persona fiable y seria.

Bien, esta es la alternativa a Zapo y estos políticos tenemos, no me extraña que Albiac los ponga a caer de un burro. ¡Menuda tropa!

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Miseria de Rajoy

27 de Enero de 2008 - 12:36:35 - Pío Moa

 
El problema de Rajoy es que carece de política propia, excepto su jactancia, perfectamente gratuita hoy por hoy, de que con él no habrá crisis económica. No es posible saber qué ideas tiene, si es que tiene alguna. Sus votantes creen que defiende la unidad de España y eso no está claro ni mucho menos a raíz de sus estatutos autonómicos (los cuales implican aceptar los negocios del PSOE con los terroristas, ya que aquellos estatutos han sido precisamente la sustancia de dichos negocios); creen los votantes del PP que Rajoy se opone al aborto y al “matrimonio” homosexual, o que defiende a la familia, y ello, desde luego está sumamente oscuro; sus reacciones a numerosas políticas demagógicas del PSOE han sido prometer todavía más bazofia; la penúltima ha sido declarar que el derrocamiento de Sadam Husein fue “un evidente error”, pasándose con armas y bagajes a la posición del PSOE, traicionando a Aznar y olvidando que el error consistió en la total incapacidad de los jefes del PP para defender y explicar su postura de entonces, error hijo de una cobardía moral  escandalosa y no rectificada. Creen muchos, en fin, que Rajoy defiende, en general, a España, y ahí lo tenemos equiparando el idioma inglés al español en nuestro propio país.
 
Si denunciamos las fechorías lingüísticas de los separatistas no se debe a que representen un peligro real para el español común, sino a que vulneran los derechos más elementales de los ciudadanos y utilizan los idiomas regionales para falsear la historia y crear divisiones y odios. Pero difícilmente lograrán su objetivo de erradicar el español, ya que éste es tan idioma propio de esas comunidades como las lenguas regionales.
 
El peligro real para nuestro idioma y cultura proviene de la actitud pasiva, papanatas y servil ante el inglés, de la que Rajoy da un perfecto ejemplo. Insensible pero rápidamente, el inglés está desplazando al español de la cultura superior y de otras muchas actividades en nuestro propio país, sin que políticos ni intelectuales opongan resistencia: al contrario, colaboran en el proceso, e incluso lo invocan como signo de modernidad y de diferencia con el “provincianismo” de los separatistas.
 
Hace años solían emplear los políticos este seudoargumento frente a los manejos del PNV: “cuando el mundo marcha hacia una mayor unidad, ellos crean más divisiones”. Es decir: ¿para qué se oponen ustedes a España si a España la vamos a diluir y eliminar de otra manera más “moderna”?
 
 
¿Expulsar nuestro idioma de la ciencia?
Pío Moa
 
Un caso del que puedo dar fe: en nuestras universidades, y con pretensiones científicas, se ha enseñado y se enseña que el Frente Popular, compuesto por los partidos que destrozaron la legalidad republicana, representaba a la república. Y que representaba a la democracia aquel frente compuesto de estalinistas, marxistas radicales, anarquistas, racistas y golpistas. Sobre este absoluto disparate se ha querido construir, y últimamente oficializar, la historia de España desde los años 30, enseñada en la mayoría de las universidades sin apenas contradicción. Una ciencia a la lisenka. La resistencia a poner en cuestión, simplemente a poner en cuestión, un dislate tan evidente y fenomenal ha sido y sigue siendo fanática, con decisión de ignorar cualquier tesis que lo discuta y hasta de dar "un escarmiento" a los disidentes. Y así estamos.
No creo que sea un caso aislado. En general, el nivel técnico en España es bastante aceptable, pero no así el científico, que, con muy contadas excepciones, oscila entre la mediocridad y la práctica nulidad. Se trata de un fallo en la misma concepción de la enseñanza, fallo sin duda remediable aunque no fácilmente, pues su posible remedio choca con la desesperada resistencia de una universidad deforme, repleta de intereses creados y con mentalidad a tono. Muy propio de esa mentalidad son las soluciones simplonas. Por ejemplo, renunciar al idioma español y "hacer la ciencia" en inglés. No hay duda de que la ciencia que hagan en inglés será de tan baja calidad como la que hacen en español, probablemente peor todavía, pues es de suponer que estos señores se expresarán en su idioma materno con mayor soltura que en uno extranjero.
Así, uno de esos medianos científicos patrios, Javier López Facal, ha escrito un artículo en El País defendiendo que en España se obligue a emplear el inglés en las universidades y en los centros de investigación, empezando por el CSIC. Nadie le impide emplearlo a él, si le da por ahí, pero el hombre tiene mucha más ambición y, muy propio, apela de inmediato a la imposición burocrática:
"Al fin y al cabo, ya la Ley 30/1980 de medidas para la reforma de la función pública y el más reciente Estatuto básico del empleado público de 29 de marzo de 2007 reconocen que los profesores universitarios y los científicos podrán dotarse de normas específicas debido a sus peculiaridades laborales. Pues bien, señor legislador, una de esas peculiaridades es, precisamente, que deben realizar su trabajo en inglés, por lo que habría que desactivar ya todas las triquiñuelas administrativas que hacen del español la única lengua reconocida por la Administración".
Obsérvese: "Deben realizar su trabajo en inglés". El Estado español, la administración española, sostenida con el dinero de todos los ciudadanos para fomentar o facilitar la cultura española, debe tomar medidas a fin de liquidar nuestro idioma como idioma científico y suplantarlo por un idioma extranjero. Paso clave para eliminar el español como idioma de cultura superior, tanto por la importancia creciente de la ciencia como porque la argucia usada al respecto –la comodidad de usar una sola lengua– vale para cualquier otra cosa, sea la literatura, la economía, el pensamiento o el arte. En fin, una estafa gigantesca a la ciudadanía, pero en nombre de la ciencia, no se equivoquen.
Obviamente este argumento no hace mella en nuestros facales, pues lo consideran expresión de un patriotismo español que ellos tienen muy superado y del que se burlan con arrogante frivolidad: para realizar su designio, dice el articulista, "hay que proceder con mucha cautela, porque las lenguas comparten con algunas otras invenciones humanas, como Dios, la Patria o la Revolución, la capacidad de generar unas intensidades emocionales que pueden llegar a conducir a la gente, en especial a los varones, a dejarse matar o, preferentemente, a dar muerte a sus prójimos". Buenas tonterías y lugares comunes para un científico. El señor Facal, va de suyo, también supone que la religión cristiana obstruye la ciencia. ¿Deberán nuestros facales su mediocridad a la Iglesia? ¿Se convertirían en grandes científicos si la Iglesia desapareciera? Vaya usted a saber.
Que se burle del patriotismo español no quiere decir que el señor Facal no sea patriota: lo es, algo así como un oficioso e innecesario patriota de USA, con los correspondientes anhelos de imposición. La hegemonía del inglés en la ciencia y en otras cosas no ha caído del cielo, se la han ganado a pulso USA e Inglaterra dedicándole grandes empeños e inversiones, productos de un espíritu definido y una voluntad tenaz. Ese envidiable espíritu, audacia y visión a largo plazo son por completo ajenas a nuestros facales, cuyo espíritu romo y aldeano toman por cosmopolitismo y lo exhiben con satisfecha prepotencia. Pues su visión apenas va más allá de su pedestre interés particular, de su plato de lentejas, sentido, eso sí, con la mayor intensidad emocional. Los anglosajones saben defender muy bien sus intereses sin precisar la oficiosidad de nuestros mediocres, pero tampoco van a desdeñar su ayuda. Los facales son más peligrosos que los separatistas, a quienes complementan muy bien en su aversión a cuanto suene a español (se estremecen, como diría el Corruto).
Dejemos de lado la otra argucia de que a los científicos les interesa que los lean, y si no escriben en inglés no les leerán. Como sabemos desde hace muchos siglos, los idiomas no son tan estancos entre sí que impidan la traducción, y un trabajo en español puede ser vertido al inglés y viceversa con esfuerzo escaso, sobre todo en la época de Internet. Por otra parte, nuestro idioma no es insignificante: lo hablan cerca de 400 millones de personas, según se dice, y cabe suponer que entre tanta gente pueda tomar forma un mundillo científico relevante si se aplica una política adecuada y orientada a largo plazo. Quiero decir que, entre otras cosas, la enseñanza y el trabajo científico debieran plantearse en relación con todo ese enorme ámbito, y no restringirse a España.
En el terreno científico la presencia del mundo hispánico es muy poco significativa, lo cual nos plantea un reto de gran envergadura: o procedemos a liquidar nuestra propia cultura a plazos cortos, como pretenden los facales, o imitamos a los useños, que, según expresión propia, suelen reaccionar a las patadas en el trasero que reciben de la realidad con esfuerzos redoblados por ponerse a la altura. El ámbito cultural hispánico procede de la iniciativa y el esfuerzo de nuestros antepasados; quizá no estemos a la altura de ellos, como los griegos actuales no lo están de la Grecia clásica, pero en todo caso constituye nuestra herencia y responsabilidad histórica. Renunciar a nuestro idioma y a nuestra cultura por algunos platos de lentejas no nos va a salvar de nada, al contrario. Claro que, volviendo al principio, si se hubiera escrito en inglés toda esa historia de chiste que enseñan en nuestras facultades, por ejemplo, tampoco se habría perdido gran cosa.
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Las asociaciones cívicas AGLI (Asociación Gallega para la Libertad de Idioma), Vigueses por la Libertad y Coruña Liberal presentan el próximo miércoles 30 de enero en el Centro de Estudios de Caixa Galicia en Ronda de Nelle 31 (La Coruña) a las ocho de la tarde a D. Augusto Bruyel, que pronunciará una conferencia bajo el título "Algo así: otra forma de luchar contra la imposición lingüística", basada en su libro Algo así,una obra que combina la ficción y el ensayo, inspirada o urgida por una honda preocupación por la evolución política de España en el último cuarto de siglo, y la
previsible en el próximo, con el precedente de los conflictos balcánicos y sus secuelas como guión nada improbable.

Título: Algo así. Género: Novela-ensayo. 371 págs. Autoedición. Prólogo de Ernesto Ladrón de Guevara, autor de Educación y nacionalismo: historia de un modelo.


El autor: Augusto Bruyel, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la
Universidad de Santiago de Compostela, licenciado en Psicología y en Filología hispánica por la Universidad Central de Barcelona, profesor de lengua y literatura Españolas, orientador y director de instituto de enseñanza media en el que imparte docencia, en Santiago de Compostela.

Además de publicaciones de su campo profesional, en el terrreno literario es autor de unos Cuentos nacionalistas
recogidos en un volumen prologado por Aleix Vidal Quadras.

Agradeciendo la atención y la difusión que puedan dar a este acto,
atentamente,

Pilar Pato Alonso, presidente de la asociación cívica Coruña Liberal.

Teléfonos de contacto:

El autor, D. Augusto Bruyel: 625 760 591

Coruña Liberal 679 587 482

AGLI 696 107 063
Vigueses por la Libertad 675 815 658

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¿Es la vice lesbiana militante?

25 de Enero de 2008 - 07:42:43 - Pío Moa

 
Leo en Internet que la vice del gobierno es lesbiana, y me extraña que prácticamente no hable de ello una televisión y una prensa basura tan dadas a hurgar en los asuntos sexuales de tantos personajes públicos. Pues, paradójicamente, la afición a la basura suele detenerse ante los políticos, en particular de izquierda, que son precisamente quienes impulsaron en su momento ese tipo de periodismo. Empezando por Guerra y Calviño.
 
En mi opinión, la sexualidad de cada cual debiera pertenecer a su ámbito privado, salvo conductas delictivas, pero admito que es una opinión algo extravagante en un ambiente de puterío generalizado (televisión, publicidad callejera, videos de cantantes en los bares…) que habría parecido inconcebible no hace tantos años. 
 
Sí interesa al ciudadano, en cambio, saber si un líder partidista es homosexual militante, dadas sus evidentes repercusiones políticas. El homosexual corriente conoce su limitación, no guarda resentimiento a la familia y se desenvuelve como cualquier otro ciudadano. Pero el militante intenta hacer de su limitación un motivo de imposición y orgullo, detesta a la familia, al menos a la familia cristiana, y trata de socavarla. Su penúltima hazaña ha sido su grotesco “matrimonio”.

Naturalmente los electores tienen el interés y el derecho de saber si esta señora se considera lesbiana (caso de serlo) militante. Además de pertenecer a un gobierno colaborador de la ETA y el separatismo.
 
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La justicia de los delincuentes.
 
Rajoy ha acusado al gobierno de “usar la ley a su antojo”. Muy cierto, pero, como de costumbre, se queda a medias. ¿Cómo se llama eso de que el ejecutivo use la ley a su antojo mediante personajes como Garzón, Bermejo o Pumpido? Se llama tiranía y es la forma más peligrosa de delincuencia. Es poner la justicia al servicio de la delincuencia. ¿Por qué no lo dice así Rajoy? 
 
Pasa como con sus denuncias a los negocios del gobierno con la ETA: gracias a ellos la organización asesina ha revivido y se ha fortalecido, y el gobierno sigue sin duda negociando y preparando una nueva tanda de concesiones a costa del estado de derecho, de la Constitución y de las víctimas más directas. Eso se llama colaboración, y es el grado de colaboración más elevado, mucho peor que la del chivato o proveedor económico de la banda.
 
Pero Rajoy no se atreve a emplear las palabras justas y veraces, y por ello se perderá.
 
Dice también Rajoy que quiere para Cataluña una educación que permita a los jóvenes dominar el castellano, el catalán… y el inglés. Todo al mismo nivel. El miserable.
 
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El padre Arrupe y otros de su cuerda llegaron a la brillante conclusión de que el siglo XX reunía condiciones muy distintas del XVI, cuando se fundó la orden: había que actualizarse. Y para ello nada mejor que combinar el Evangelio con el marxismo, el cual parecía marchar viento en popa e imponerse progresivamente en el mundo. Con su majadería y pretensiones seudointelectuales, y muy influyentes sobre el resto de la Iglesia, causaron a esta un daño enorme. Juan Pablo II empezó a meterlos en vereda, pero ahí siguen, y Kolvenbach ha tirado la toalla: acaban de elegir jefe de la orden a un arrupiano. La SER, El periódico y otros amigos de la Iglesia, tan contentos.  

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¿Independencia?

24 de Enero de 2008 - 12:06:06 - Pío Moa

 
Independencia, como soberanía o autodeterminación, son palabras de connotación muy positiva: a nadie le gusta ser dependiente. Por esa razón las emplean los separatistas a troche y moche, dando a entender que sus respectivas regiones viven bajo el yugo de "España". Pero lo cierto es que durante toda su historia  esas regiones han sido parte de España y como tales son independientes,  participan de la independencia española. Y no ha sido una unión impuesta al modo como lo fue la del Reino Unido con respecto a Irlanda o Gales,  incluso Escocia , sino que sus habitantes se consideraron españoles desde el reino visigodo y durante la Reconquista, primero de modo cultural y luego político. Cuando Mas dice no ser español está diciendo que tampoco tiene que ver con los catalanes de siempre. Propiamente es catalufo, valga el término un poco despectivo, justificado por las inmensas falsificaciones históricas en que apoya su ideología.
 
Por lo tanto el vocablo correcto para definir las aspiraciones de esta gente es el de secesión, es decir, disgregación de una unidad de siglos. Pero nuestra singularmente estúpida derecha no pierde ocasión de caer en todas las trampas semánticas y usar el pervertido lenguaje separatista.
 
En cuanto al PSOE, es ambiguo en esta cuestión, y una parte de él colabora en el designio secesionista, como colabora con las pretensiones de Marruecos sobre ciudades españolas o con las de los terroristas. Nos enteramos así de que el ministro de sanidad y consumo pertenece a una asociación partidaria de segregar de España lo que llaman "països catalans". Nada de extrañar en la cuadrilla de traidores que gobierna el país.   
 
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Me ha sorprendido bastante la euforia de mucha gente por el nombramiento de Pizarro, que tiene carácter fundamentalmente económico, y de quien no sabemos qué dará de sí, aunque frente a la maniobra  de Zapo en Endesa se portara como un hombre, algo rarísimo en nuestros políticos.
 
Otro detalle: de no ser por UPD y el riesgo de perder votos en esa dirección, Rajoy no habría adoptado algunas actitudes de apariencia más racional en torno a la crisis política creada por el gobierno. Para la directiva del PP daba igual lo que pensara el grueso de sus electores, pues creía que estos, "por la cuenta que les trae", le votarían aunque los estuviera engañando clamorosamente con su llamado centrismo. Ahora que percibe un riesgo, la dirección del PP se ve obligada a tener más en cuenta a sus votantes. Pero no lo suficiente.
 
Tal como van las cosas, el dilema está en si decidirán el desempate los separatistas o UPD, ni más ni menos. Y con la banca y los medios empeñados, suicidamente, en dejar a este partido en la estacada.
 
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Hoy, en "El Economista":
 
PRIETO Y EL ASESINATO DE CALVO SOTELO
 
G. Ranzato, historiador italiano que pasa por especialista en España se escandaliza de que yo emplee "acusaciones exageradas y argumentos panfletarios –Prieto como inductor del asesinato de Calvo Sotelo, por ejemplo– de ascendencia franquista". El señor Ranzato tiene derecho a pensar como quiera, pero está claro que en el segundo punto se equivoca. Gran parte de los franquistas, en especial los falangistas, miraron a Prieto con aprecio, poniendo algunas declaraciones palabreras suyas, de apariencia bondadosa, por encima de sus hechos, mucho más reveladores, a mi juicio. No sé que algún franquista o no franquista, aparte de mí, haya supuesto a Prieto detrás del crimen que desató la segunda fase de la guerra.
 
Yerra también Ranzato al calificar de panfletario mi argumento. El asesinato de Calvo fue realizado por el guardaespaldas más cualificado de Prieto (Cuenca) y dirigido por un hombre de Prieto (Condés), quien a continuación fue a rendir cuentas a Prieto, el cual, a su vez, lo encubrió y protegió de la justicia. Las palabras de Prieto en la Diputación permanente de las Cortes son sospechosas, por lo menos; y poco después el sumario fue robado a mano armada por… hombres de Prieto. Siempre nuestro hombre al fondo. Había además un móvil poderoso: Prieto había manifestado preferir una contienda en regla al desgaste revolucionario de aquellos meses, sin objetivo aparente, y el asesinato de Calvo equivalía a una declaración de guerra. Estos hechos, y otros menos directos, no son pruebas concluyentes, pero sí indicios muy fuertes.
 
Ranzato está también en su derecho al pasar por alto tales datos. Ello le permitirá jactarse de bienintencionado y antifranquista, pero no de sagaz, desde luego. Y cuando, amén de ostentar su escasa perspicacia, intenta descalificar a quien señala las evidencias, ya entra en la categoría de historiador insolvente.

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UPD o los secesionistas

19 de Enero de 2008 - 09:16:14 - Pío Moa

Una reflexión táctica: creo que si en estos años Rajoy hubiera tomado la iniciativa y puesto a la defensiva al PSOE, para lo cual tenía todas las posibilidades, pero no la voluntad, el PP podría ganar unas elecciones por amplia mayoría y llevar a cabo reformas esenciales. Al limitarse a intentar conservar su electorado, ampliándolo ligeramente por lo que llaman el centro y tratando de no alarmar a la izquierda para evitar la movilización de su voto, lo más probable es que el actual empate técnico entre los dos grandes partidos permanezca hasta las elecciones. Entonces los grupos separatistas podrán decidir el desempate, a un precio demoledor.

Salvo que UPD surja con fuerza suficiente para sustituir a esos grupos: un argumento de peso para plantearse votar al partido de Díez y Buesa, pese a sus notorias deficiencias. Algunos opinan que ello es peligroso, porque este partido arrancará votos al PP. Algunos les arrancará, cierto (aunque también está obligando a Rajoy a definirse un poco más), pero también los arrancará a la izquierda. Pensar lo contrario es mantener la superstición de que todos los votantes de izquierda son antiespañoles como los líderes del PSOE. 

Una clave electoral fácil de entender para todo el mundo: el PSOE liquidó el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, sustituyéndolo por el Pacto con el Terrorismo y el Separatismo contra las Libertades. Se trata de volver a ese pacto, tan temido por los secesionistas. Lo cual solo puede asegurarlo un triunfo relativo de UPD, que arrastraría, con toda probabilidad, la caída de la pandilla de Zapo en el propio PSOE.  

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Espléndido artículo de Pablo Molina, hoy, en el suplemento de fin de semana de LD.

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El indomable Prol continúa la polémica sobre ciencia y religión en http://radikaleslibres.blogspot.com/2008/01/po-moa-insiste-vueltas-con-el-inefable.html. Cree él que no se puede meter en el mismo saco a Stalin, a Pinker y a Dawkins, y, ciertamente, no se les puede meter en la medida en que Pinker y Dawkins no han cometido los crímenes de Stalin, como los muchos grupillos y personas más o menos neonazis tampoco han cometido los crímenes de la Gestapo; pero no hay inconveniente alguno en señalar que unos y otros coinciden en ciertas concepciones básicas, aunque unos puedan o quieran aplicarlas y otros no. Stalin, Dawkins y Pinker tienen la misma fe ciencista, niegan la existencia de Dios y aspiran a liquidar la creencia religiosa sobre la base de que esta es un absurdo extremadamente perjudicial para la sociedad. Tales concepciones han tenido consecuencias históricamente comprobables y que deben examinarse, por mucho que disguste a algunos, y de las que no cabe escapar con la argucia de que no se es ateo al 100%, como posiblemente lo fuera Stalin, sino sólo al 99%, un refinamiento inane. En cuanto a la explicación de Moshe Lewin sobre el stalinismo, resulta tan evidentemente idiota que ahí volvemos al terreno de la creencia: Prol cree válida esa explicación; pues nada, no hay más que hablar.
 
Se pregunta Prol en qué difiere mi incredulidad de la de Dawkins y Pinker. Pues justamente en esto: en que yo me pregunto sobre todas esas cosas y esos señores parecen haber llegado ya a conclusiones precisas: ellos son bastante más que escépticos hacia la fe religiosa y mucho menos que escépticos hacia la fe ciencista. Y en que parte de mi cuestionamiento se refiere a la experiencia histórica del ateísmo, que esos señores despachan con retórica y demasiada alegría, por decir algo.
 
La fe en la ciencia supone la contradicción de creer que ésta, que excluye de su método la cuestión del sentido, puede dar un sentido al mundo y la vida. Prol cree (es también una creencia) que la ciencia nunca llegará, probablemente, a una explicación completa del mundo, y olvida sacar de ello algunas conclusiones. Entonces se revuelve contra los creyentes con un sofisma: “Lo que es seguro es que abundan las personas en este mundo que pretenden, ya desde hace milenios, tener una respuesta para ese supuesto "sentido" por otras vías y que, según parece, no debería ser sometida a demasiados escrutinios y requerimientos sobre su pretendida validez. Que la respuesta dada por esas personas tenga, ella misma, algún sentido útil más allá de una satisfacción psicológica o anímica es otro cantar. En cualquier caso, puesto que dichas personas, desde supuestos religiosos o trascendentalistas, son las que pretenden tener una respuesta para tan ambiciosa pregunta, de su lado está la carga de la prueba. La cual brilla por su ausencia. Pero claro, ellos no la necesitan. Para eso tienen la fe”.
 
La religión ofrece, en principio, una satisfacción psicológica, un efecto consolador o calmante de la angustia elemental humana sobre el sentido de la existencia. Y ese sentido no se puede buscar por “otras vías”, porque esas otras vías, es decir, la ciencia, excluyen la noción misma de sentido, como debemos insistir. El consuelo religioso no es, claro está, una prueba de su verdad, aunque sí un indicio de que la fe pudiera ir bien encaminada. Por otra parte, la fe ciencista no puede alcanzar ese consuelo: en realidad exacerba la angustia al prescindir del sentido, contra una exigencia básica de nuestra psique; y el totalitarismo está muy ligado, probablemente, a esa angustia mal resuelta. Además, la religión ha creado las culturas, el arte, probablemente la escritura y las primeras observaciones científicas y medicativas, un bagaje enorme, demasiado para poder despacharlo con un bárbaro “todo mentira”, con el que se quemaron tantas bibliotecas, obras de arte, trabajos científicos, y se liquidó a tantas personas en España. La contemplación de la influencia religiosa en todas las facetas de la cultura superior y la popular, y el examen de ciertos resultados del ateísmo, debieran hacernos más cautos en toda esta cuestión.
 
Al llegar aquí, los ciencistas dejan de lado la primera exigencia de la ciencia, que consiste en ocuparse de su objeto tal cual, sin deformarlo con prejuicios. La fe no es lo que dice Prol. El creyente, por lo menos el cristiano, no sustituye la razón o la ciencia por la fe. Considera la fe necesaria porque el mundo y la vida contienen un elemento misterioso e impenetrable para la razón, ya que Dios sería un “factor” superior y externo al mundo; pero puesto que el mundo es una “creación” de ese factor, debe ser asequible de algún modo –aun si insuficiente– a la razón. No debe haber contradicción entre razón y fe, aun si esta última va más allá que la primera. Por mi parte aprecio elementos de conflicto, pero también de acuerdo, entre razón y fe, y no tengo al respecto una idea tan definida como el creyente (en la ciencia) Prol. En definitiva el creyente religioso puede pensar: “puesto que mi fe me produce consuelo y me incita a ser moralmente mejor, debe contener alguna base real, alguna verdad”. Lo que los ciencistas nunca podrán decir es que su fe en la ciencia les produce consuelo y les incita a ser moralmente mejores, sin caer en una contradicción absoluta.
 
Y la cita de Weinberg: "La única forma de proceder en cualquier tipo de ciencia es suponer que no hay intervención divina y ver hasta dónde puede uno llegar con esta hipótesis". Otro aserto para creyentes, como el de Lewin. La ciencia se ha desarrollado a partir de la religión y luego de la filosofía, muchos de sus cultivadores fueron y siguen siendo religiosos, y no supone que no exista intervención divina, simplemente no se la plantea, salvo en segundo término (el conocimiento científico como una manifestación de la “chispa” divina en la mente o el alma humana). Por otra parte Laplace dijo que no precisaba la hipótesis de Dios para explicar el mundo, pero la explicación (determinista) que daba con tanta arrogancia era muchísimo menos satisfactoria de lo que él podía imaginar entonces; y, según Prol, no es probable que la ciencia llegue nunca a una explicación total. Muy bien, pues entonces un poco más de escepticismo, de prudencia, de estudio, de atención a la experiencia histórica; y menos afirmaciones terminantes, sarcasmos vacíos y argumentos de autoridad, que tanto gustan en este país. Y pregúntese quién es, en realidad, el “caballero negro”.
 
Y por ahora dejo el asunto, en espera de mejor ocasión.

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A vueltas con la fe y la ciencia

18 de Enero de 2008 - 10:27:19 - Pío Moa

 
Hace meses sostuve una polémica sobre el ateísmo ciencista con el señor Robredo, de Bilbaopundit, a quien apoyaba ardorosamente mi amigo Miguel Prol, que me dedicó un largo y acre comentario en el blog Radicales libres. No llegué a enterarme de él entonces porque, visto cuán difícil resulta centrar el tema y debatir sin perderse en alusiones personales, afirmaciones enfáticas y argumentos de autoridad, decidí ocuparme más directamente de los propios Dawkins y Pinker. Algo hice, mucho menos de lo que quería, pues el tiempo es limitado y no puede uno atender a todos los frentes. Y ahora vuelve Prol a recordarme lo que entonces escribió, así que insistiré en un par de puntos.
 
Ya he dicho que no me planteo la cuestión desde el punto de vista de si hay Dios o no lo hay (no si “existe”). A mi entender la creencia religiosa radica en la intuición y el sentimiento de que el mundo y la vida no se explican ni adquieren sentido por sí mismos, lo que exige algún factor, por así llamarlo, superior y externo. A partir de los éxitos de la ciencia, ¿podemos esperar de ella, algún día, una completa explicación del mundo que excluya ese “factor externo”, o está la ciencia  autolimitada para llegar tan lejos? Esta es una cuestión interesante, pero no la que me ocupa ahora. Trato más bien de las consecuencias sociales del ateísmo.
 
A este respecto no tiene sentido, según Prol, que yo critique a Dawkins o a Pinker con el argumento de que los ateos comunistas construyeron un régimen totalitario y genocida, porque, a) los autores citados no se declaran ateos en el mismo sentido que los comunistas; y b) las acciones comunistas no derivan de su ateísmo, al menos no derivan necesariamente.
 
Ya observa Gustavo Bueno que hay muchas clases de ateos, y es verdad. Así que, por concretar, llamo ateos a quienes niegan a Dios a efectos prácticos, consideran la religión –en especial la cristiana, con mayor atención a su rama católica– una fuente de errores y maldades, y abogan por una sociedad atea, consígase la misma por las malas, como Stalin o el Frente Popular español, o por medio de una propaganda insistente, estatal o no. Valga esto también como respuesta al reproche que me hace de que confundo laicismo con ateísmo: el laicismo simplemente separa el estado de la religión; el ateísmo ataca directamente a la religión (con todo derecho, siempre que no utilice el poder estatal para sus fines). Otros ateos limitan su convicción a una opinión personal sin mayor trascendencia social o política, pero a ellos, naturalmente no me refiero.
 
En cuanto a Dawkins, señala Prol que su ateísmo es relativo y no una creencia dogmática, como podía ser la de Stalin, pues “mantener una actitud 100% atea supone ir más allá de las evidencias y la razón. Supone tener fe”. Con ello desvirtúa el concepto de fe, que admite, al igual que el ateísmo, muchos grados y modalidades, como demuestra la práctica. Dawkins piensa que la existencia de Dios (valga la contradicción) tiene “muy pocas posibilidades, pero más que cero”. Esta concesión le parece a él (y a Prol) que le salva del dogmatismo. Sin embargo se trata de una pequeña argucia sin interés para esta discusión: “Ateo de facto. «No estoy totalmente seguro, mas pienso que es muy improbable que Dios exista y vivo mi vida en la suposición de que Él no está ahí”. (Por esa vía entra lo de la tetera de Russell y banalidades por el estilo). En suma, el creyente tiene una probabilidad abrumadora de estar en un error, y el ateo de estar acertado, y a cualquier efecto práctico da lo mismo que haya Dios o no, pues Dawkins, y con él todo el mundo, si lo desea, vive su vida  como si no lo hubiera. Y la vive mejor, obviamente, que los creyentes, sumidos en la superstición.
 
Podríamos dar algún valor a esa  declaración antidogmática si Dawkins pasara a hacer un análisis serio de la experiencia de otros ateos prácticos como los stalinistas. Pero no lo hace, y piensa que basta su declaración o declamación antidogmática para evitarle entrar en ese escabroso terreno. Más aún, acusando de dogmático a Stalin lo convierte a su vez en un “creyente religioso” sui generis.  
 
Esto no pasa de ser otra argucia retórica. El hecho real es que Stalin era tan ateo como Dawkins, consistiendo la única diferencia práctica en que el primero pudo dedicarse a extirpar el error religioso desde el poder y con métodos drásticos, mientras que Dawkins carece de ese poder y, aunque comparte con Stalin la opinión de que la religión es enormemente perjudicial para la sociedad, propugna eliminarla por métodos menos rápidos y violentos, también menos consecuentes.
 
Prol replica, citando a nuestro buen Robredo: “Es muy reseñable que, entre las causas del terror estalinista analizadas por Lewin, prácticamente ni se mencione al "ateísmo" o al "ciencismo". Si el estalinismo logró arraigar en la Unión Soviética, ello se debió ante todo al anhelo que el pueblo ruso sentía de un nuevo vohzd (guía) histórico, un patriarca-terrateniente (joziain) “cuyo comportamiento severo se aceptaba, siempre que fuera justo” y que arraigaba en la tradición rusa de autarquía, ortodoxia religiosa y patriarcalismo agrario”. Lo cual no pasa de ser una opinión de Lewin que no demuestra nada, excepto su propia confusión, por no decir sandez: el stalinismo vendría a ser un régimen algo severo, desde luego, pero justo y anhelado por el pueblo ruso, continuación del zarismo y del cristianismo ortodoxo… Esto sí es ciencia y agudeza crítica.
 
E insiste Prol: “¿Tú crees que todos los que murieron directamente por culpa del nazismo o el comunismo en cámaras de gas, fusilados o como fuera, pensaban que eran sacrificados por creer en Dios? ¿Que su muerte era debido al ateísmo? ¿Que sus asesinos o torturadores tenían en mente el ateísmo para algo? (Hablando en general, se entiende.)”. 

Desde luego, bastantes fueron asesinados directamente por su religión, pero probablemente una minoría. Como ya expliqué, el problema está en otra parte: el ciencismo ateo –o la fe en la ciencia, si se prefiere–, destruye la noción de sentido en la vida, y con ella otros conceptos asimilados, como la libertad o la dignidad humana. Eliminados esos conceptos, o declarados irrelevantes, la matanza de los considerados enemigos políticos, incluso si comparten las convicciones ateas, se vuelve una actitud normal. No obligatoria, pero sí normal y lógica, al menos  en determinadas circunstancias. De hecho, el punto de vista de Dawkins no sirve para criticar a Stalin, y la preferencia del inglés por métodos más suaves para extirpar el error religioso no pasa de ser una inconsecuencia o quizá un influjo inconfesado o inconsciente de la moral cristiana. Parece que hay, pues, una relación bastante clara entre ateísmo ciencista y totalitarismo a la staliniana. El sentido general del mundo, que el religioso deposita en la fe en Dios, el totalitario lo transfiere a su propio proyecto político, y el ciencista a la ciencia, la cual, paradójicamente, excluye de su método cualquier noción de sentido.

Creo que esto debería bastar para centrar la cuestión, de la que escurren el bulto una y otra vez nuestros aguerridos ciencistas. No tengo una concepción muy elaborada sobre la relación entre ateísmo ciencista y totalitarismo, solo planteo el asunto y avanzo algunas ideas, que espero desarrollar con el tiempo. Pero mientras los ateos ciencistas no acepten siquiera que hay ahí un problema, el debate no llevará lejos.

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El próximo lunes, día 21, a las 20 horas, en el Club de Prensa de La Nueva España, de Oviedo, pronunciará una conferencia D. Jaime Mayor Oreja, sobre el tema “Los desafíos de España”.  

El acto está organizado por el Ateneo de Oviedo y será presentado por D.Silvino Lantero Vallina.

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¿Golpe de timón?

17 de Enero de 2008 - 08:44:58 - Pío Moa

Gallardón era, es, el hombre de PRISA en el PP. Demasiado próximo al PSOE, donde, en rigor, podría militar a cualquier efecto práctico: no es de extrañar que su derrota la hayan visto como propia los socialistas y sus portavoces, lo cual ya indica lo oportuno de la medida. Junto con la salida de Piqué, el PP mejora su imagen ante la mayoría de sus electores. Sin embargo falta mucho para que Rajoy pueda considerarse una alternativa real a Zapatero. Le falta reivindicar con claridad la democracia denunciando los desmanes de los separatistas y de la izquierda contra las libertades y la Constitución. Y le falta defender con energía y denunciar con argumentos claros e inteligibles la política de disgregación de España, en lugar de colaborar con ella. Para golpe de timón resulta algo tardío.

Rajoy puede ganar por poca diferencia, y entonces habrá de negociar con los separatistas el proceso de balcanización en marcha (muchos derechistas son capaces de aceptarlo, con tal de que no se haga bajo dirección del PSOE), y salvo que UPD logre votos suficientes para configurarse como partido de apoyo. Y puede ganar por mayoría absoluta (no imposible si las cosas siguen poniéndose feas para Zapo y los suyos), y entonces se verá sometido a una presión brutal del nuevo Frente Popular, que no hay motivos para creer que sepa resistir. Las perspectivas, por tanto, tienden a un empeoramiento en el proceso destructivo abierto por el PSOE.

¿Y si pierde Rajoy? Es difícil decir si, en tal caso, el proceso se acelerará o no. Sea como fuere, estamos inmersos en él, y no se le vislumbra salida, de momento.

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Rajoy: "Me importan mucho más los autónomos que las naciones o los derechos de las hectáreas".
 
Este hombre desbarra, carece totalmente de criterio. Así se entienden sus estatutos de autonomía y tantas otras cosas. Una desgracia.
 
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Imaginemos que, así como hay innumerables asociaciones para la “memoria” histórica, se hubieran formado localmente unas cuantas para la verdad histórica. Entonces habría habido en muchas localidades campañas de discusión y difusión del manifiesto, y colectas para publicarlo en la prensa local. El efecto habría sido inmensamente mayor. ¿Por qué no parece esto posible? Por una extendida tendencia a la pasividad. ¿Por qué los falsificadores de la historia se mueven tanto, en cambio? Puede decirse que porque están subvencionados, pero eso solo es parte de la verdad. Se mueven porque entienden claramente la trascendencia política actual y futura de sus campañas, algo que los futuristas, por ejemplo, están resueltos a no ver.

Hay algo especialmente deleznable en ese futurismo derechista: coincide más de lo que parece con la izquierda. Renuncian a la verdad, a clarificar el pasado, so pretexto de que ello genera crispación. Y con ello enturbian el futuro.

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Zapo respondió a la pregunta de Pedro J. sobre si era cristiano: “Sí, me han bautizado. Me amparo en mi derecho constitucional a no responderle”. En realidad ya había respondido, tal como Garaicoechea a la pregunta de si se sentía español: “tengo pasaporte español”. Ningún cristiano respondería como Zapo ni ningún español como Garaicoechea.

Pero vivimos en un país libre, y el presidente está en su derecho a declararse ateo, musulmán, agnóstico o lo que le plazca. ¿Por qué invoca el derecho constitucional? La Constitución dice que a nadie podrá obligarse a declarar sobre su ideología, religión o creencias, pero la invocación a la ley no viene al caso porque, por un lado, él no cesa de ostentar su ideología y otro tipo de creencias, en general anticristianas; y por otro nadie le obligaba, era solo una pregunta muy natural, y más a un político. Pues si él tiene perfecto derecho a creer en lo que le parezca, desde los extraterrestres al marxismo leninismo o el islamismo, los votantes tienen también derecho a saberlo, si juzgan el dato relevante para hacer su elección, que lo es.

Acaso Zapo calcula que declararse ateo, por ejemplo, puede restarle votos. En tal caso –y no se entiende otro–, revela falta de firmeza en sus convicciones y a la vez deseo de engañar a los electores, cosas ambas poco respetables política y éticamente.

Comenta Arcadi Espada, al hilo de la entrevista de El mundo: “Con mayor o menor cordialidad las personas religiosas no pierden ocasión de recordar la superioridad de sus trascendentales creencias sobre todas las demás”. Yo he notado esa actitud más bien en los ateos. Y sigue: “En la discusión sobre estos asuntos suele darse un momento álgido en que el creyente que acaba de afrontar una ironía, incluso suave, sobre su creencia, endurece el gesto y replica con talante perdido: Haga el favor de ser respetuoso”. Pero la cuestión no reside en ironías ni respetos, sino en hechos como las persecuciones religiosas del siglo XX y otras consecuencias aparentes del ateísmo, que los ateos se niegan rotundamente a tomar siquiera en consideración, como si nada hubiera pasado. O en hechos como que no son los obispos quienes intentan silenciar a los políticos ultralaicistas, sino a la inversa. E intentan silenciar también a los no católicos de la COPE, como Jiménez Losantos y César Vidal, o meter en la cárcel a quienes rebatimos su “memoria histórica”. He aquí unos puntos del mayor interés, que podía haberle planteado Pedro J. al individuo del derecho constitucional. 

Prosigue Espada: “La misma reacción, idéntica, se produce en la discusión patriótica, que es la siguiente estafa”. ¿Estafa? Ya hablaremos de ello.

Y termina citando de D. Dennet: “La ignorancia no es algo vergonzoso; lo que es vergonzoso es imponer ignorancia”. Cierto. Y muy peligroso imponer como verdades opiniones harto discutibles, intentando silenciar las contrarias.

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Hoy, en "El Economista":

ARANDA CONTRA FRANCO 

Uno de los hechos más interesantes de los años 40 fueron las continuas conspiraciones de diversos generales y políticos monárquicos contra Franco. Por alguna razón difícil de discernir, creían que la rápida restauración de una monarquía autoritaria –no democrática, en realidad no existía ningún grupo democrático algo solvente en España o en el exilio– iba a curar los males del país y garantizar su estabilidad.

El más activo entre los militares antifranquistas fue seguramente Aranda. El propio Gil-Robles lo miraba con recelo, percibiendo en él un ambicioso rival político. Según documentos del Foreign Office, Aranda y varios militares más habrían sido sobornados por los ingleses, a través de Juan March, para mantener la neutralidad de España (y de paso derrocar a Franco y traer la monarquía, sueño dorado del embajador inglés Hoare). A estos sobornos habría dedicado Londres grandes sumas (dos millones de dólares solo para Aranda), dato muy apreciable por cuanto Inglaterra estaba en práctica bancarrota.

No está del todo confirmado el asunto, pero en cualquier caso Aranda engañó tanto a los alemanes, que no le creían adverso, como a los ingleses, a quienes ofrecía informes fantásticos y proponía planes golpistas por el estilo. Podría creerse que, de todas formas, él y sus compañeros jugaron un papel importante para mantener al país fuera de la inmensa contienda, pero, como he expuesto en Años de hierro, el carácter irrealista –a veces hasta lo pintoresco– de sus proyectos reunía todas las condiciones para provocar, justamente, el efecto contrario: una invasión alemana o la ocupación inglesa de las Canarias. Realmente la neutralidad española tuvo algo de milagro.

Algunos historiadores otorgan a aquellas conspiraciones un carácter democrático y antibelicista, pero los hechos indican lo contrario: ni querían ser democráticas ni podían asegurar la neutralidad. 

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Paradojas de monárquicos y republicanos

15 de Enero de 2008 - 08:09:20 - Pío Moa

"Io no capisco niente. Siamo in una gabbia de pazzi” (Yo no entiendo nada, esto es una jaula de locos), dijo el pobre Amadeo de Saboya ante los políticos que pronto traerían la demencial I República.

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La II República no llegó por unas elecciones, sino por un golpe de estado: el que dieron los políticos monárquicos, Romanones en cabeza, contra la monarquía.

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Aquel golpe, a pesar de sus enormes consecuencias, tuvo todos los rasgos de una opereta bufa. O viceversa.

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Aunque la república tomó enseguida aires izquierdistas, fue organizada y traída por políticos de derechas, Alcalá-Zamora y Miguel Maura ante todo

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El nuevo régimen se inauguró con grandes quemas de conventos, bibliotecas y centros de enseñanza. Lo más decisivo: las izquierdas identificaron a los autores, y se identificaron con ellos, como "el pueblo". El pueblo como bandas de criminales, base  de la soberanía.

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Las izquierdas declararon al rey perjuro por haber traicionado en 1923 la Constitución canovista: la Constitución que las izquierdas nunca habían aceptado y contra la que se habían rebelado violentamente.

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El PSOE condenó al rey por haber amparado la dictadura de Primo de Rivera, una dictadura con la que habían colaborado los socialistas.

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El PSOE se convirtió en árbitro de la república al llegar a ella como único partido con una potente y disciplinada organización de masas... gracias a su previa colaboración con la dictadura.

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La Constitución impuesta por las izquierdas no fue laica, sino anticatólica. Y solo parcialmente democrática, porque reducía a ciudadanos de segunda a los religiosos y, en menor medida, a los militares; de hecho, también a las masas de población católica, el valor de cuyo voto nunca reconocerían las izquierdas.

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El golpe de Sanjurjo no tuvo carácter monárquico. De hecho el general había contribuido más que Azaña o cualquier político izquierdista al "advenimiento" de la república.

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Los monárquicos, antaño liberales, reaccionaron a la república que ellos mismos habían alumbrado, evolucionando a un autoritarismo parafascista. Pero no pasaron de ser  una minoría en la derecha.

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Volviendo al primer punto, solo Franco hizo posible la vuelta de la monarquía. Nada más natural que con ello se ganase la animadversión de tantos monárquicos.

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¿Obedeció Zapo al Sinn Fein? Para creerlo hace falta mucha ingenuidad, por decirlo suavemente. Obedeció a sus propias convicciónes: ni la Constitución ni la nación española tienen importancia. Tales son sus convicciones de fondo, en ellas coincide con la ETA y de ellas procede su continuada colaboración con los asesinos.

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El origen del poder

14 de Enero de 2008 - 12:41:04 - Pío Moa

El ser humano solo puede vivir y desarrollarse en grupo. La forma propia del grupo humano, lo que lo diferencia de los grupos animales, es lo que solemos llamar cultura, algo muy alejado de las relaciones instintivas y en general estereotipadas propias de las agrupaciones animales. Todo hombre vive, o al menos nace, en una cultura, y sin ella no sobreviviría.

En todas las culturas está presente el poder, desde las formas más primitivas del jefe de la tribu y sus hombres de apoyo, a los más complicados estados modernos. Lo vemos también en asociaciones de tipo cultural, deportivo, etc. Por consiguiente hemos de suponer que el poder es consustancial a todas las sociedades humanas y, aunque en cierto sentido pueda oponerse a ellas –es decir, traerles malas consecuencias de diverso tipo o llevarlas al desastre–, en un sentido más amplio y profundo el poder emana de forma natural de la propia sociedad. Cabe señalar que el poder se manifiesta también en los grupos animales, o en muchos de ellos, si bien guarda con el poder en las culturas humanas una relación parecida a la del rugido con el habla articulada.

Asimismo constatamos que el poder humano aparece con formas muy variadas según las culturas, y variables asimismo en el tiempo dentro de una misma cultura. Pero ello no afecta por ahora a la cuestión a tratar: ¿de dónde puede nacer ese rasgo general de los grupos humanos?  

Podemos concebir, y se han concebido, sociedades sin poder político, y no han faltado experimentos al respecto en los siglos XIX y XX, bien sea en un plano restringido (las “comunas”, por ejemplo) bien como regímenes extendidos sobre países enteros. Pero las comunas no han funcionado y menos aún se han convertido en núcleos de una nueva cultura; y en los regímenes constituidos con esa esperanza, el poder político ha tomado, paradójicamente, un carácter mucho más absoluto que en las sociedades que pretendía superar. Estos resultados de la experiencia refuerzan el aserto del primer párrafo: las sociedades humanas “producen” el poder de modo natural. Por lo tanto podemos suponer que las ideas sobre sociedades ácratas o comunistas enfocan de modo equivocado el carácter de la relación grupal humana.

A primera vista, el hombre está poco dotado para vivir en grupo, es decir, en cultura, y ese tipo de vida se le presenta, con más o menos agudeza, como una carga. El “malestar en la cultura” se extiende incluso a la célula familiar, donde no faltan los roces y aun los choques a pesar de la comunidad elemental de intereses y del trato íntimo y, en principio, amoroso. Cuando llegamos al ámbito directamente político, el del poder en su expresión más elevada y nunca muy amorosa, los choques adquieren a menudo una violencia extrema y sangrienta. Por otra parte en todas las culturas existen individuos que no se adaptan y se marginan, por elección o por rechazo del resto del grupo; y otros individuos que rechazan las reglas grupales o las quebrantan (delinquen), frecuentemente con efectos traumáticos  para ellos mismos o para la sociedad.

Estos problemas cabe atribuirlos a la extrema individuación de los humanos, manifiesta en su gran diversidad de caracteres, intereses, dotes, sentimientos, etc.; individuación acompañada de un intenso sentimiento, muy susceptible de exaltarse, de la propia importancia, del propio valor del individuo. Ello dificulta la relación social, que no se establece de modo instintivo, sino siguiendo normas inventadas por el propio ser humano, normas que al mismo tiempo provocan pesadumbre por cuanto contradicen la tendencia de cada cual a imponer o satisfacer sus deseos sin más consideraciones. El cumplimiento de las normas exige, por tanto, un poder que las garantice. Solo una sociedad cuyos miembros tuviesen todos los mismos intereses, sentimientos y dotes, podría manejarse –quizá– sin ningún poder, pero esto no ocurre ni siquiera en las sociedades más primitivas. Por ello resulta menos paradójico que el intento de crear sociedades sin poder, comunistas, haya derivado a una expansión absoluta del poder a fin de forjar "hombres nuevos" con identidad de sentimientos e intereses, es decir, desindividualizados.

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Acebes: "Zapatero ha quedado invalidado" como presidente al "mentir a los españoles"

Hombre, Zapo no ha hecho otra cosa que mentir durante estos cuatro años, y ya antes, cuando hablaba del Pacto Antiterrorista. Pero Rajoy se ha empeñado en creerle un "ingenuo" y en ofrecerle su "ayuda". Y bien que le ha ayudado, solo hay que ver los estatutos.

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Estado de bajeza

13 de Enero de 2008 - 09:50:14 - Pío Moa

Escribe Juan Manuel de Prada: 

¨Desde luego, el pueblo español se merece que los socialistas sigan gobernándolo otros cuatro años. Que ahora, en vísperas de las elecciones, la crisis económica se convierta en la única esperanza de su fracaso nos confirma este aserto. Un pueblo capaz de vender su primogenitura por un plato de lentejas merece quedarse sin primogenitura y sin plato de lentejas. Y el pueblo español ha transigido con todo, con tal de seguir metiendo la cuchara en el plato de lentejas de la prosperidad económica; ha transigido con la descomposición del tejido nacional, ha transigido con la ignominia de la negociación con una banda de criminales, ha transigido con responsabilidad de unos gobernantes empeñados en resucitar los fantasmas del cainismo. Un pueblo capaz de transigir con tanta podredumbre es un pueblo despojado de fibra moral, reducido a pura animalidad invertebrada; y ya se sabe que a los animales basta con aprovisionarles el pesebre para tenerlos satisfechos”. 

Un par de observaciones: la crisis económica se convierte en la única esperanza de fracaso del PSOE… para un PP que cumple exactamente las normas de bajeza que Prada achaca al pueblo español. Y no creo que sea la prosperidad económica la causa, sino, precisamente, esa sucia manera de ver dicha prosperidad como el objetivo central de la vida, la ideología CFC (comer, follar y cagar) con que el pueblo ha sido bombardeado año tras año por casi todos y desde casi todos los medios, con ataque directo a cualquier valor moral superior, tachado de tontería reaccionaria. Combinada esa ideología con las connivencias de los políticos con el separatismo y el terrorismo, más el solapado, pero permanente, ataque a nuestra propia cultura.

Que sigue habiendo una masa popular considerable afecta a otros valores lo demuestran las movilizaciones repetidas una y otra vez a lo largo de estos años. Demuestran asimismo su ausencia de dirección política.

Y, por cierto, una incoherencia: Prada se unía recientemente al coro de quienes aspiran a silenciar a Jiménez Losantos, a silenciar precisamente una voz, quizá la más potente, contra esa marea de bajeza. En lugar de denunciar a los silenciadores.

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Veo en la calle Serrano, de Madrid: “Zara Home”. En pleno centro del centro de España y por una empresa que se supone española. Los ejemplos podrían multiplicarse: otro índice del pantano de bajeza en que chapotea el país. Y de inorganicidad social que tiende al rebaño. Estas cosas, como determinada publicidad puteril –suelen ir juntas–, no se mantendrían si surgieran asociaciones que canalizasen la protesta e hiciesen sentir a las empresas los malos efectos de su “modernidad”.

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¿Qué relevancia tiene la homogeneidad étnica hispana, de que habábamos ayer? Para autores como Sánchez Albornoz, la tendría muy considerable, ya que habría conformado una “herencia temperamental” o anímica, manifestada en muchas actitudes y comportamientos variables, pero identificables a lo largo de los siglos. No se trata del Volksgeist, del “espíritu popular” –se le parece algo–, pues el historiador rechaza cualquier carácter estático y demasiado permanente de esa herencia. Ciertamente algo de verdad hay en el supuesto del historiador, y basta viajar por cualquier país europeo para percibir sus peculiaridades de estilo o espíritu, a veces muy acusado, probablemente originado en su composición étnica y moldeado por su particular historia. Cabría sostener que los numerosos episodios bélicos y aventureros de la historia de España han forjado un carácter peculiar, y hasta que la gran tradición pictórica española se manifiesta ya de algún modo en las magníficas pinturas de Altamira, etc.; pero, sin negar su posibilidad, se trata de rasgos difíciles de captar con alguna precisión, demasiado vagos y propicios a la especulación imaginativa como para sentar sobre él teorías sólidas. Un ejemplo : Sánchez Albornoz y otros han insistido en los rasgos temperamentales comunes entre la población andalusí y la cristiana. Quizá sea así, pero esos rasgos fueron matizándose y cambiando bajo la impronta política y cultural musulmana. De haberse impuesto Al Ándalus, habría hecho de España lo mismo que de las sociedades cristianas del norte de África o de Oriente Próximo: poco más que arqueología. Vale la pena señalar esa esencial continuidad étnica y la intensa mezcla interna a lo largo de veintidós siglos, pero de tal evidencia es difícil extraer conclusiones muy precisas.

Por otra parte, si los aportes foráneos en estos dos mil años han tenido peso menor desde un punto de vista demográfico, no cabe decir lo mismo de la importancia política o cultural de varios de ellos, así la ocupación romana o la visigótica; en cuanto a la musulmana, estuvo muy cerca de cambiar radicalmente la historia de la península; y la invasión napoleónica tuvo también profundos efectos políticos.

De todos ellos, no hay duda de que la trascendencia mayor fue la de los romanos. Si observamos la sociedad actual percibimos de inmediato el origen latino de sus rasgos definitorios. El castellano, idioma común español, es un latín transformado, y también lo son algunos otros idiomas regionales, muy próximos al castellano, aunque persiste en parte de dos regiones un idioma pre indoeuropeo, el vascuence. La impronta latina no se limita al idioma, abarca también el derecho, costumbres, el arte etc. O, de modo algo más indirecto, la religión, un rasgo clave, históricamente, en la configuración de las sociedades, y todavía en nuestra época. La gran mayoría de la población sigue declarándose católica como a lo largo de más de quince siglos, aun si hoy su índice de práctica es bajo. Esta religión también llegó a la península y se propagó por ella en tiempos de Roma.

El catolicismo no es un fenómeno anecdótico, pues ha desempeñado un papel cultural y político esencial en la historia del país, y muchos que se declaran ateos o incluso anti católicos no dejan de estar impregnados de esa cultura que, entre otras mil cosas, se manifiesta en la multitud de iglesias que son los edificios centrales y a menudo los más bellos, de los pueblos. El catolicismo baña por así decir, a la sociedad, como se muestra en sus monumentos, creencias y expresiones populares, arte y actitudes, de modo semejante a como numerosos judíos de Israel no son religiosos o se proclaman ateos, pero siguen siendo culturalmente judíos. Incluso el odio apasionado profesado al catolicismo por un número considerable de españoles, que ha desembocado en tiempos recientes en una de las persecuciones religiosas más sangrientas de la historia, expresa de modo negativo ese hecho histórico. Aunque, obviamente, el catolicismo predominante en la sociedad, la cultura y la historia del país no significa que todos los habitantes lo compartan ni que deban compartirlo para considerarse españoles. 

Por todo ello no hay exageración en decir que, de no ser por Roma,  España no habría llegado a existir y la historia de los habitantes de la península habría sido radicalmente distinta. De la fortaleza de esas raíces da idea el dato decisivo de que permitieron el proceso llamado Reconquista, tras la completa invasión musulmana de la península. Un caso realmente excepcional, pues raramente una nación invadida por el Islam ha retornado a su cultura anterior. La Reconquista reintegró la península al ámbito latino y europeo, apartándolo del afroasiático al que durante largo tiempo pareció abocada o sin que se supiera hacia dónde caería la balanza.

Por consiguiente, una historia de España ha de empezar de modo necesario por la latinización. Antes de ella no solo las noticias son comparativamente muy vagas, sino que el territorio estaba poblado por grupos humanos posiblemente muy parecidos en cuanto a "herencia temperamental", pero muy diferentes en idioma y cultura, y a menudo enfrentados entre sí.  

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Los nacionalistas son de última hora:

http://es.youtube.com/watch?v=rkuOwecK7Fg

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Alfonso Merlos presenta en Bilbao su último libro

Alfonso Merlos, director de LA MAÑANA en COPE fin de semana presentará su último libro este martes, 15 de Enero a las 20:00 h en el Hotel Ercilla de Bilbao.

En el acto, también participarán: Regina Otaola, alcaldesa de Lizarza. Antonio Basagoiti, Presidente del Partido Popular de Vizcaya. Adolfo Careaga, ex-diputado y presidente de Foro Moyúa. Yolanda Morín, presidenta de Plataforma España y Libertad / Organiza: Plataforma España y Libertad / Colaboran: Foro Moyúa. Movimiento Social Vizcaíno. Editorial ÁLTERA.

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Actualidad de la "memoria histórica"

12 de Enero de 2008 - 11:09:58 - Pío Moa

La Ley de memoria histórica tiene cuatro rasgos principales: a) Falsea radicalmente la historia al presentar como legítimo y democrático al Frente Popular. b) Lleva la falsedad al punto de glorificar a los chequistas y poner a su nivel a las víctimas inocentes. c) Intenta establecer por ley, totalitariamente, una versión de nuestro pasado, y precisamente la versión antedicha. d) Constituye la base ideológica de la izquierda actual, una vez perdida oficialmente la referencia marxista: la base, en particular, de su política de alianza con el separatismo y el terrorismo, que de varios modos vuelve, precisamente, a aquel Frente Popular que destruyó a la república y con el que se identifican todos esos políticastros, vergüenza de la democracia.

Dicha Ley, que podría denominarse con justicia Ley de la Checa, tiene, por tanto, consecuencias actuales y trascendencia para nuestro futuro más que suficientes para justificar un amplio y profundo debate a fin de clarificar un panorama cada vez más complicado para el país. Sin embargo ha pasado casi inadvertida en el mísero paisaje, en el páramo  intelectual y político español actual, con el Futurista Solemne llamando a pensar en otras cosas y en medio del deliberado silencio de la mayoría de los historiadores, intelectuales y periodistas. La Ley de la Checa define perfectamente a sus autores, sus métodos y sus objetivos. Como tal debe ser reconocida en la sociedad, si esta quiere defenderse.

En tal situación, y siguiendo la recomendación de Julián Marías, “por mí, que no quede”, unos pocos hemos hecho lo que estaba a nuestro alcance, y seguiremos haciéndolo. Toda campaña de este género tiene dos aspectos: su elaboración intelectual y su difusión para crear opinión pública. Además de en "Libertad Digital", "El Manifiesto" y y otros medios digitales, el Manifiesto por la Verdad histórica ha podido salir en dos periódicos de papel de considerable difusión, "El Economista" y "El Mundo", gracias a las aportaciones de entre 5 y 600 euros por parte de  varios centenares de lectores. Así se ha ampliado grandemente su audiencia. Cada uno puede hacer mucho, y por esa vía debemos seguir. 

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Tiene gracia , por decir algo, que los promotores de la Ley de la Checa y colaboradores políticos de la ETA acusen a Fraga de tener las manos manchadas de sangre. Pero ahí estamos.

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Y tiene gracia, también por decir algo, que Elorriaga, personificación del oportunismo del grupo de Rajoy, denuncie "el oportunismo despreciable" del gobierno por buscar  "la fecha que más le conviene" para la ilegalización de ANV y PCTV. Ya ve el señor Elorriaga, a listillo puede que le gane Rubalcaba.

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Según una idea profundamente asentada entre los jefecillos y programadores del PP, el único punto que realmente importa a la gente es su bolsillo. Pues ahí lo tienen crudo, porque la economía es el único campo en que el PSOE lo ha hecho bastante bien. Los números cantan, y aunque el horizonte actual se va oscureciendo, Rajoy tendrá grandes problemas para demostrar que él lo haría mejor. En todo lo demás (Constitución, justicia, familia, etc.) el Futurista y su equipo solo siguen la línea de Zapo, con algunos matices.

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Étnicamente, la población española guarda una notable homogeneidad. Se trata de un pueblo fundamentalmente mediterráneo, con una pequeña aportación céltica y germánica. Al despuntar la historia, los pobladores de la península se distribuían, según la tradición, en “íberos, celtas y celtíberos”. Los primeros, de lengua no indoeuropea, se extendían desde el Ródano hasta el sur de Portugal; en el resto de la península las lenguas parecen ser indoeuropeas, pero muy posiblemente se trataba del resultado de una aculturación de una población anterior sometida por tribus celtas, que conformarían las oligarquías, algo que acaso ocurriera también con los íberos. Se trataba de etnias muy fragmentadas en tribus diversas. En todo caso es esta población anterior a la llegada de Roma la que sigue configurando la base étnica española, pues las variadas aportaciones externas posteriores probablemente no llegaron en ningún caso al 5% de la población local, aunque la matizaran notablemente.

Así vinieron semitas fenicios y cartagineses, griegos, contingentes bastante más significativos de romanos y, con ellos, grupos de judíos, sirios o galos. Otra aportación considerable llegaría de las invasiones germánicas que destruyeron el imperio romano y de la posterior invasión de beréberes y árabes; también llegó un número de eslavos, generalmente en condiciones de esclavitud, sobre todo a Al Ándalus. A lo largo de la Reconquista entraron contingentes de franceses y de otros lugares de Europa, y posteriormente los gitanos. Desde el siglo XVII no se producen más entradas importantes de grupos étnicos distintos hasta finales del siglo XX y principios del actual. Cabe señalar que todos esos grupos humanos se disolvieron cultural y étnicamente en la masa originaria hispánica, con la excepción de los judíos, los gitanos y los moriscos, que siempre permanecieron como comunidades aparte, habiendo sido expulsados en gran parte los judíos y los moriscos, a finales del siglo XV y principios del XVII respectivamente. Hoy el país recibe una nutrida inmigración de Hispanoamérica, el Magreb, Europa oriental y el África negra, y también, en otras condiciones, de Europa occidental, sin poder predecirse su grado de permanencia e influencia demográfica y cultural.  

Harto mayor relevancia han tenido otros movimientos migratorios internos que han borrado los límites de la época prerromana, uniformizando profundamente la población. Sin duda un intenso proceso de mezcla y cambio demogeográfico ocurrió durante los seis siglos largos de dominio latino, a través del comercio, la milicia y otras interrelaciones facilitadas por la vasta red de calzadas construidas por Roma, disolviéndose con ello la vieja división de íberos, celtas y celtíberos. Durante la Reconquista, se produjo una considerable emigración de sur a norte (mozárabes) y otra mucho más prolongada e intensa de norte a sur, con la repoblación de las dos Castillas y Andalucía, Canarias, en menor medida Levante y las Baleares, por gentes de la cornisa cantábrica y subpirenaica, también algunos del norte de los Pirineos. Estos movimientos y fusiones continuaron de modo menos espectacular, pero permanente y continuo, durante la Edad Moderna, hasta que a finales de los siglos XIX y durante el XX se producen nuevos y masivos desplazamientos del campo a la ciudad y de unas regiones a otras, que aumentan la homogeneidad predominante heredada del pasado.

El aspecto físico de los españoles es muy similar en todas sus regiones, y entre los antecesores de cualquier persona de cualquier lugar de España encontraremos casi siempre a individuos llegados de los más variados puntos del país. El caso de un “íbero” un “celta” o un “vascón”, cuyos antepasados hayan permanecido todos sin mezcla y en la misma región o provincia desde tiempos prerromanos debe de ser excepcional, si acaso existe alguno. Una idea de este proceso, algo tosca pero indicativa, puede dárnosla el hecho de que los apellidos predominantes en todas las provincias españolas, sin excepción, son los mismos: García en primer lugar, seguido de López, Martínez, Rodríguez, González, Fernández, Sánchez, Pérez, etc., en uno u otro orden. Los apellidos terminados en –ez parecen tener, curiosamente, origen visigodo, significando “hijo de”: la gran mayoría de esas terminaciones se añaden, en efecto, a nombres germánicos. Según otras teorías, el sufijo tendría origen prerromano.

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Algunos rasgos de España

11 de Enero de 2008 - 09:00:03 - Pío Moa

(Hoy, en "El Economista", a toda página (p. 33), el Manifiesto por la verdad histórica. No dejen de recomendarlo)

España se nos presenta como un país de Europa tanto en sentido físico (una de sus tres grandes penínsulas del sur) como cultural. Los movimientos políticos, intelectuales, espirituales y artísticos que han configurado lo europeo han moldeado también a España: el imperio romano, el cristianismo, los reinos germánicos, el románico, el gótico, el renacimiento, el barroco, la ilustración, el liberalismo, los movimientos utópicos… Cierto que esos elementos comunes coinciden con una recia diferenciación entre las naciones del continente, y dentro de ellas España es una de las más peculiares, posiblemente por haber sido la única –con Rusia, en menor proporción– que se ha forjado nacionalmente en una larga pugna con una cultura y religión extraeuropeas. Ese proceso no pasó sin dejar huellas notables de la cultura derrotada, si bien cabría considerarlas escasas para un contacto tan prolongado. Otra decisiva peculiaridad hispana ha sido su expansión ultramarina, mundial, en los siglos XVI-XVIII, un fenómeno que solo Portugal e Inglaterra han compartido en proporción similar. Por otra parte encontramos curiosas afinidades con Polonia e Irlanda en cuanto a países católicos de frontera. O con la misma Rusia, al otro extremo del continente, por cuanto ambas sufrieron una invasión musulmana, emprendieron su expansión imperial por la misma época y tuvieron una ilustración y un liberalismo débiles si los comparamos con la Europa centrooccidental, así como una impronta comparativamente fuerte de las ideologías utópicas en los siglos XIX-XX. No obstante, las diferencias con Rusia parecen más profundas que las semejanzas. Francia es el país europeo del que ha recibido España mayor influencia desde la Edad media hasta la segunda mitad del siglo XX. Desde entonces el influjo anglosajón viene prevaleciendo, y cada vez más.    

Dentro de Europa percibimos enseguida tres grandes ámbitos culturales, el germánico, el eslavo y el latino, y en ellos también hegemonías más o menos acentuadas de las distintas iglesias cristianas: protestantes en los países germánicos (excepto Austria y la mitad de Alemania); ortodoxa griega en los eslavos (excepto algunas católicas, como Polonia o Croacia); católica en los países latinos (salvo la ortodoxa Rumania). España se inserta en un ámbito latino bien definido, con Portugal, Francia, Italia y Rumania. Las afinidades idiomáticas del español con el italiano y el portugués son muy fuertes, haciendo fácil el aprendizaje mutuo; bastante menos con el francés o el rumano. Unos 850 millones de personas en todo el mundo hablan hoy lenguas derivadas del latín, uno de cada ocho habitantes del planeta, herencia directa del Imperio romano. Cerca de la mitad de ellos corresponden al español, la lengua latina más extendida y la segunda más hablada del mundo occidental.

España ha sido, a su vez, una de las pocas naciones europeas –con Portugal, Inglaterra, Rusia y Francia– que han creado un espacio cultural propio de gran amplitud y duración; en el caso español, sobre todo en América, con enclaves o restos en África, Asia y Oceanía.   

Físicamente, España es el país más extenso de Europa occidental, después de Francia, y el cuarto incluyendo Rusia y Ucrania. También, probablemente, el más variado, y  uno de los más variados del mundo. En él es posible andar casi mil kilómetros entre montañas, bosques y verdor, desde el cabo de Creus al de Finisterre, o cientos de kilómetros por tierras llanas, poco arboladas y bastante secas, en las dos grandes mesetas centrales; asimismo sus climas y su flora cambian extraordinariamente de norte a sur, desde la verde Galicia a la semidesértica Almería. Sus archipiélagos canario y balear encierran a su vez notable diversidad entre unas islas y otras.

Dentro de su variedad, España es un conjunto geográfico unitario y diferenciado, quizá el más unitario y diferenciado después de las Islas Británicas. De hecho, la Península Ibérica forma casi una isla, con un istmo comparativamente estrecho y formado por una abrupta cordillera que estorba la comunicación no menos que un brazo de mar. Junto con las otras dos grandes penínsulas europeas del Mediterráneo –la itálica y la griega (más bien que los imprecisos Balcanes)–, compone un ámbito geofísico muy diferente de la gran llanura húmeda, cruzada por anchos ríos navegables, que configura la mayor parte del continente desde los Pirineos hasta los Urales: las penínsulas ofrecen territorios más montañosos, de clima más cálido y seco. De las tres penínsulas, la Ibérica es la mayor, la menos lluviosa y la más claramente definida.

Estos rasgos físicos han tenido influencia cierta en la historia de España, dificultando las comunicaciones o la producción agraria por comparación con los países más al norte, aunque al mismo tiempo hicieran la vida más llevadera en otros aspectos, por el clima en general más templado y amable, y sus frutos más variados. 

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Si la situación de empate técnico entre PSOE y PP puede alterarse por los debates televisados entre Zapo y Rajoy. Ustedes recordarán cómo en los debates Aznar-González, Aznar ganó netamente el primero gracias, precisamente, a hablar con claridad y "perfil alto", moviendo una masa de votos... los cuales perdió en gran medida en el segundo debate, precisamente por adoptar un "perfil bajo". Rajoy, enredado cada vez más en la demagogia que llama centrismo, puede perfectamente perder los dos debates: si los centra en el terreno económico, siguiendo a los elaboradores de su programa, el balance del PSOE resulta bastante bueno aunque las perspectivas estén empeorando; y en ningún momento ha sido Rajoy capaz de escapar al ataque socialista que le acusa de radicalización y crispación por defender, aun si muy tímidamente, la Constitución y la integridad de España. Sus argumentos en este sentido perderán peso ante la evidencia de los estatutos balcanizantes admitidos o impuestos a su vez por el PP. A lo mejor hasta vuelve a ofrecerle ayuda a Zapo... Muy inspirado tendrá que estar el líder del PP y muy en baja forma su contrincante para  evitar un mal resultado; lo mejor que cabe esperar, en estas condiciones, es el mantenimiento del empate técnico actual. Ahora bien, en tal caso el gobierno que salga dependerá en muy alto grado de los separatistas.

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Especulaciones

Una paradoja de la ciencia radica en que su fundamento metodológico prescinde de la noción de sentido, de finalidad en el mundo, y sin embargo ha cosechado un éxito explicativo sin precedentes y en constante auge. Desde luego, la ciencia no se pronuncia sobre el sentido del mundo, pero su éxito espectacular lleva a dudar de si la exigencia de sentido no será algo superfluo, una ilusión engañosa de nuestra mente, y de si los productos de esa exigencia (la religión en primer lugar y, en general, lo que llamamos el mundo del espíritu (arte, filosofía, etc.) no constituirán algo similar a un conjunto de alucinaciones, de fantasmagorías contradictorias. 

El retroceso de las posiciones, digamos, espiritualistas ha sido muy grande. Durante largo tiempo se pensó que la actitud científica (identificada como "materialista") no tenía aplicación a la vida, donde la intención, la finalidad, parecen ofrecer una evidencia aplastante: las patas están diseñadas para andar, los ojos para ver, etc.; aunque sí valdría para el mundo inanimado. Esta concesión ya suponía una retirada que, además, dejaba en oposición al mundo animado y al inanimado. Pero desde hace algo más de  medio siglo los avances en el dominio de la genética han sido tales que, aparentemente, permitirían explicar la vida y su evolución sin recurrir a finalidad alguna: los cambios producidos al azar en el material genético, cuyo éxito vendría condicionado por la presión del medio ambiente, bastarían como explicación.

Tal versión suscita algunas críticas, pues la vida aparece como una lotería en la que los números acertantes serían muchos más que los erróneos o, dicho de otro modo, es difícil imaginar cómo el ciego azar puede acertar lo bastante a menudo como para sostener la vida en lugar de producir una infinidad de monstruos inviables. Pero esa objeción, valga lo que valiere, no interesa aquí. Lo que nos importa es lo siguiente: dados los avances científicos, cada vez más rápidos y amplios, ¿podemos esperar seriamente que la ciencia llegará a explicarlo todo, o existe en el mismo método de la ciencia, y en las matemáticas, su lenguaje característico, algún límite consustancial que le impida tal logro? Sobre esto se discute en ámbitos científicos y filosóficos.

Y algo más: supuesta una auténtica “teoría del todo” científica, ¿incluiría ella finalmente el sentido, o lo excluiría definitivamente? ¿Llegaría a demostrar la ciencia, de modo inapelable, que el mundo, la vida en general y la del ser humano en particular, carecen de cualquier finalidad? ¿Cómo podría  sostenerse en tal caso la vida humana? Obsérvese que esa es la postura, un tanto oportunista, de algunas posiciones religiosas: mejor creer en el sentido, lo haya en realidad o no, porque esa creencia aporta cierta felicidad, mientras que la admisión del sinsentido resultaría desconsoladora en grados insoportables. 

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Guerra de la Independencia e hispanofobia

10 de Enero de 2008 - 10:29:57 - Pío Moa

“En una interesada o, en cualquier caso, rechazable ceremonia de confusión intelectual, se llega en ciertos cenáculos de gran proyección mediática a desmedular a la guerra de la Independencia de sus señas de identidad más características. La reacción antifrancesa fue tan vigorosa como unánime, sin que los sentimientos locales y regionales, tan subrayados en un país tan diverso y plural por su geografía, historia y tradiciones, determinaran otra cosa que imprimir alguna nota peculiar a un conjunto en el que quedaron casi difuminados los matices de toda índole. Religión y patria, creencias y legítima defensa del ámbito doméstico y general se revelaron como los motores decisivos a la hora de expresar y articular la lucha a muerte contra un invasor alevoso y despiadado. De la lucha de un pueblo solidario y bien consciente de los motivos de su resistencia surgieron muchas cosas. Una de las más importantes fue sin duda la construcción del modelo de convivencia que instalara al viejo país en el mismo horizonte histórico de los de su entorno, parteros como él de la moderna civilización”

(J. M. Cuenca Toribio, La Guerra de la Independencia: un conflicto decisivo, p. 10)

En efecto, con motivo del bicentenario de aquella guerra estamos ante una amplia campaña paralela a la totalitaria de la “memoria histórica” y con las mismas pintorescas pretensiones “científicas”, encaminada a desmedular el pasado y la cultura españoles. Constante tradición hispanófoba, bien visible también en un manualillo de “historia de España” editado por Raymond Carr, del que ya hablaré.

Algo sorprendente, sin embargo, esta anotación de Cuenca Toribio: “Escrito cuando una nueva y quizás algo artificial revisión del drama de 1936 –¿desembocadura postrera del de 1808?– se erige en el centro de la vida cultural del país…” La revisión impulsada desde el poder por una ley claramente chequista no es en modo alguno artificial, o lo es en el sentido en que lo es siempre la actividad cultural y política. Por lo demás, plantea un desafío intelectual de primer orden, pero ¿qué debate en profundidad ha suscitado esa revisión? No conozco ninguna respuesta algo sistemática a ella como no sea la empeñada desde este blog y LD. Si tal es la "vida cultural" del país...

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Mañana saldrá en El Economista  el Manifiesto por la verdad histórica, en media página, como en El Mundo. Con ello agotamos el total de 8.933,97 euros recogidos en la campaña. Un éxito, no enorme, desde luego, pero un éxito, que ya analizaremos, y parte de una tarea más amplia, que podría ligarse con la referida a la Guerra de la Indepencencia.

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Hoy, en "El economista":

LA ENSEÑANZA: LA CLAVE OLVIDADA

Señala Stanley Payne: “De ser tal vez el país de mayor densidad de escuelas latinas e instituciones de enseñanza superior de Europa en 1600, España había descendido en menos de un siglo a un nivel de abandono educativo, y a mediados del siglo XIX tenía, junto con Portugal, la población más analfabeta de Europa Occidental". Este dato explica mejor que la infinidad de especulaciones habituales, por lo común vacuas, tanto la decadencia de España como su previo encumbramiento a primera potencia planetaria, con su siglo de oro cultural, la empresa de América y el Pacífico, la comunicación de todos los continentes, por primera vez en la historia humana...

La despreocupación por la enseñanza de la población marca la actitud de las capas dirigentes hispanas hasta bien entrado el siglo XX. Incluso la Restauración, con sus muchas virtudes, falló desdichadamente en la instrucción pública, a la que apenas dedicó recursos. La dictadura de Primo de Rivera hizo algo más por superar el atraso, pero solo la república se planteó un vasto plan educativo: esta fue, en principio, su mayor virtud. Por desgracia los éxitos no la acompañaron, debido a un sectarismo que pretendía destruir lo ya conseguido, en lugar de construir sobre ello, y a la colosal ineptitud de los republicanos, tan bien descrita por Azaña. Es solo en la (estúpidamente) denostada era de Franco cuando la intención y el logro van juntos: el analfabetismo bajó a niveles marginales, la enseñanza se diversificó, se especializaron millones de peones y la universidad empezó a masificarse. Los planes de estudio, a partir del célebre de Sainz Rodríguez, sin ser brillantes,  garantizaban una calidad mediana.

En la democracia se ha dado la contradicción entre una expansión sin precedentes de la enseñanza superior y un declive en la calidad educativa, fenómeno de decadencia. Remediable, cabe esperar.

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¿Qué hará Rajoy en el poder?

9 de Enero de 2008 - 10:42:51 - Pío Moa

Breves

La reforma de la Constitución: he aquí un asunto decisivo, cuyo camino pasa por la opinión pública antes que por los partidos. Venimos hablando de ello hace tiempo, algún grupo la ha planteado, diversos políticos, empezando por Vidal Quadras la han puesto sobre  el tapete. Y Rajoy, por arañar votos, dice que la reformará a su vez. No explica en qué ni cómo lo hará, ni una palabra sobre sus dificultades.

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Muy bien se están poniendo las cosas a Rajoy con las malas perspectivas económicas y la actitud de la ETA: si las cosas siguen así, hasta podría ganar por mayoría absoluta. Pero, en fin, ¿cuál será su política en el poder? La misma que en la oposición. O peor, pues tendrá que afrontar presiones mucho mayores.

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Los ingenuos creen que Rajoy hace un discurso flojo, de “bajo perfil”, con el fin de ganar electores indecisos, pero que una vez en el gobierno seguirá una política más enérgica. En otras palabras, suponen que Rajoy está embaucando a  esos electores supuestamente “de centro”. Yerran: a quienes embauca es a los votantes tradicionales del PP.

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Un precedente: muchos pensaban que el PNV utilizaba el doble discurso, en Madrid y en Vascongadas, para engañar a su electorado separatista, pero que en realidad era un partido razonable. Craso error, donde engañaba era en Madrid; en Vascongadas trataba de extender y estimular el separatismo.

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Rajoy: "El mayor error de Zapatero ha sido poner en cuestión a su propio país". En cambio Rajoy no lo ha hecho, como demuestran los estatutos autonómicos del PP. “El PP dice que Zapatero no brinda por España "porque no le sale". En cambio a Rajoy le sale… por los estatutos.

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Los asustados claman: se trata, por encima de todo, de expulsar a Zapo del poder. Ese modo de pensar caracteriza a los países bananeros,  a sus bandazos y convulsiones.

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Se pregunta Pepiño “el corruto” si el Papa "entiende por familia que la mujer se quede en casa" . Lo que entendemos los demócratas es que eso debe decidirlo cada mujer con su familia y no unos políticos más o menos corruptos y pro terroristas –más bien más que menos– enemigos de la familia y tan deseosos de “proteger” a las mujeres.

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Dicen muchos historiadores y políticos que la guerra civil se debió a que la derecha no aceptó al Frente Popular. En parte, solo en parte, aciertan. Ellos, en cambio aceptan el Frente Popular, se identifican con él. Tienen derecho. Pero no a mentir presentándolo (presentándose) como democrático.

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Especulaciones

El sentido del mundo y de la vida es, como decía, la exigencia fundamental de nuestra psique, y parece razonable pensar que esa exigencia refleja la realidad del universo, pues resulta difícil concebir que nuestra necesidad psíquica esté en discordancia con el marco natural en que se inscribe. En otras palabras, si el mundo careciese de sentido, ¿de dónde podría venir esa perentoria urgencia humana, sin la cual no podría vivir el hombre? De ahí, a través del espíritu analógico, las elaboraciones religiosas a través de la historia.

Ahora bien,  por razonable que parezca, esa concordancia deseable y esperable entre nuestra necesidad psíquica y la realidad del mundo no se presenta como una experiencia clara y evidente, a menudo ocurre lo contrario: el mundo y la vida se nos presentan como un absurdo, un poco como en la célebre imprecación de Macbeth o, con brío algo distinto, en la de Segismundo. 

De ahí que la religiosidad se funde en la fe, y ello en un doble sentido: a) las fuerzas exteriores a las que atribuimos un sentido son infinitamente más poderosas que las propias del ser humano, y sus intenciones sobrepasan necesariamente las de este, en gran medida se manifiestan indiscernibles y hasta inconcebibles para el hombre; b) la observación de la naturaleza y de la propia vida humana puede llevarnos a la desesperación, por cuanto nos da tan a menudo la impresión de un sinsentido. Por ejemplo, tenemos una fuerte  sensación de injusticia en la sociedad humana, notamos con gran frecuencia el triunfo de lo que consideramos el mal. El propio fenómeno de la muerte, al igualar definitivamente a buenos y malos, parece certificar que nuestra exigencia de sentido no pasa de vana ilusión. Por ello, también, la idea de que ha de haber una justicia –manifestación del sentido– en un más allá que contrapese la injusticia, el sinsentido que percibimos en la vida sobre esta tierra. Pero esto, no hay que insisitr en ello, resulta muy poco satisfactorio para la razón.

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Correo:

Queridos amigos: 

Siguen insultando a nuestro amigo Gómez Fouz en el programa El Avispero. Nosotros vamos a defenderlo. Para ello podemos enviar un e-mail a avispero@copeasturias.com

el próximo día 9, miércoles, que es cuando se emite este programa.

 Antes de nada, permitidme daros una URL:

http://www.helicon.es/dig/499/fouz08.pdf

Esta dirección es el capítulo nº 8 de su libro “Clandestinos”, intitulado “Asalto a la comisaría de Mieres y a la Casa Sindical de Sama”. Después de leerlo (es corto y ameno), cada uno puede enviar el e-mail con lo que le parezca.

Creo que podríamos decir algo así como: dar gracias al señor Mallada por habernos permitido conocer los libros del Gómez Fouz “Clandestinos “ y “La brigadilla”. La lectura de “Clandestinos” nos ha aclarado muchas mentiras que se dijeron en su día en la editorial Ruedo Ibérico.

Otra cosa que podíamos decir: señor Mallada, ¿dónde estaban los socialistas en aquellos años? ¿Estaban ustedes recogiendo las nueces mientras otros meneaban el árbol? No olvidemos que los que iban a la cárcel eran los comunistas Gerardo Iglesias, Inguanzo, Otones, etc ,etc.

En fin, amigos, creo que esto es más o menos lo que podemos decir a esta pandilla de sinvergüenzas.

Un saludo cordial para todos.

Luis David Bernaldo de Quirós 

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En "Chesterton"

7 de Enero de 2008 - 19:17:04 - Pío Moa

Escribe Ricardo de la Cierva en  la revista Chesterton:

“Si en sus demás títulos Pío Moa se nos muestra como un gran historiador, en este (“Años de hierro”) se revela ante todo como un gran escritor. Habla de las cosas más atroces y a veces las dice con una serenidad imperturbable, casi flema británica. No pierde la compostura ni la ecuanimidad ni por un momento. Y consigue con ello un estilo narrativo que me recuerda al de mi maestro Tucídides; aunque no es monocorde ni lineal sino pletórico de sentido y de armonía. Es un libro que se lee solo, y que no debe empezarse por la noche porque te quedas sin dormir (…) Se trata de un tomaco de 726 páginas apretadas que naturalmente he leído como historiador. Y les doy a ustedes mi palabra de historiador que en tantas páginas sobre una de las épocas más conflictivas de la historia de España, una época que yo viví de niño, de adolescente y de estudiante perenne, no he encontrado en el libro ni un error, ni una discrepancia seria, ni una tesis equivocada. Desafío a todos y a cada uno de los monstruos “rojoides” a que me indiquen un fallo, para contestarles cumplidamente”.

Bien, un elogio muy de agradecer por venir de quien viene. Ricardo de la Cierva ha sido seguramente el historiador más ninguneado y atacado no solo por la izquierda, sino también por buena parte de la derecha, empezando por aquel admirador del marxista Tuñón de Lara que fue Javier Tusell. Por supuesto, todos ellos están en su derecho de criticar a De la Cierva  (o a un servidor) en los términos intelectuales más duros que puedan ocurrírseles. Pero ocurre que no es eso lo que han hecho, sino que han pretendido “erradicarlo de la universidad”, como decía una profesora más o menos progre. Lo mismo que Tusell, Espinosa y otros han pedido para mí la censura y últimamente algunos discípulos suyos piden ahora la cárcel. Esto refleja un talante no precisamente democrático, ni siquiera intelectual o académico, sino inquisitorial o, más apropiadamente, chequista. Ocurre también que los libros de De la Cierva se acercan mucho más a la verdad histórica que los de sus enemigos, que no críticos, afectados de lisenkismo agudo, como explicaba en La quiebra de la historia progresista.

No soy yo tan optimista como don Ricardo sobre la ausencia de errores en mi libro, pero apruebo totalmente sus últimas palabras: que estos erradicadores y censores renuncien a sus malas mañas y se dediquen a exponerlos, quiero decir, acepten un debate como es debido en una sociedad democrática y civilizada.

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"Hasta los contados españoles que viven aquí resultan más interesantes y más ricos que los de otros lugares del Extremo Oriente. El cónsul español, Julio Palencia y Tubau, hijo de un eminente comediógrafo y de una de las mejores actrices que tuvo nuestro teatro, está casado con una hermosa dama, nacida en Grecia, hija de un célebre político de dicho país. Este matrimonio de gustos artísticos, refinadamente intelectual, me invita a comer en su casa (una "villa" de frondoso jardín, cerca de la Concesión Francesa) con los principales individuos de la pequeña y prestigiosa colonia española, y escucho lo que me cuentan con verdadero interés, pues todos ellos, por su estado social, conocen a fondo el país.

"Uno de ellos, llamado Lafuente, es un arquitecto nacido en Madrid, que ha construido el Gran Hotel de Shanghai; otro, apellidado Ramos, es dueño de las mejores salas de cinematógrafo que existen en esta capital del placer; y Cohen (el millonario de la colonia) posee casi todas las ricshas circulantes en la ciudad, que ascienden a varios miles, lo que le proporciona un ingreso diario enorme, uniendo a tal industria otras de no menos consideración. Este es el elemento civil que tiene España en Shanghai. El religioso resulta aún más interesante.

Estoy sentado a la mesa frente a dos frailes que son al mismo tiempo dos hombres de acción, el padre Castrillo y el padre Cuevas, superiores de las misiones Agustiniana y Recoletana, existentes en China.

El padre Castrillo, con su barbilla gris en punta y su frente voluminosa de hombre de tenaces voluntades, me hace recordar a los héroes de la conquista americana en el siglo XVI. En Shanghai lo respetan como si fuese uno de los fundadores de la moderna ciudad, admirándole además por sus dotes de organizador y financiero. Adivinó el porvenir de este puerto antes que los ingleses, norteamericanos y todos los que explotan hoy sus negocios. Empleó los dineros de su comunidad (la de los agustinos del Escorial) en comprar terrenos alrededor del viejo Shanghai, en la peor de las épocas, cuando eran frecuentes las revoluciones y la sangre de enormes matanzas humanas corría por las riberas del río Azul.

Hoy la ciudad se ha ensanchado considerablemente y muchos de sus edificios principales son propiedad de la orden representada por el padre Castrillo. Éste goza de tal prestigio financiero y conoce tan a fondo a la población europea que vio formarse desde su primer núcleo, que los banqueros más importantes, ingleses, y norteamericanos, le piden informes y consejos en momentos de duda; y el fraile castellano, con su barbilla cervantesca, su sotana de simple clérigo y el sombrero de teja echado atrás sobre su  cabeza voluminosa, va bonachonamente de un lado a otro, mirándolo todo con sus ojos que parecen distraídos y no pierden detalle. Basta cruzar con él unas palabras para convencerse enseguida de que es "alguien".

La conversación con estos dos representantes de la propaganda católica resulta de gran interés geográfico. El padre Cuevas, misionero de evangélica bondad y español entusiasta, me cuenta cómo envían todos los años el dinero y los objetos necesarios a las misiones establecidas en el interior de China. La palabra "interior" hay que apreciarla después de haber hecho memoria de la enormidad de esta nación, casi tan grande como Europa. Me hablan los dos religiosos de un amigo suyo que es obispo en no recuerdo qué ciudad situada junto a unas cataratas que sólo muy contados viajeros conocen. Para llegar a ellas hay que hacer un viaje por el río Azul y sus afluentes, que dura sesenta días. Ahora, con los decretos de la República, que favorecen el traje a la europea y permiten a los chinos la ablación de la trenza tradicional, pueden los misioneros católicos recobrar un poco de su aspecto religioso. En tiempo de los emperadores, iban vestidos de chinos y usaban coleta como los del país (...) Julio Palencia recuerda una visita que recibió hace algunos años en este mismo consulado, cuando era simple vicecónsul. Vio entrar una mañana en su oficina a un mandarín que le hizo varias reverencias al estilo del país y empezó a balbucear en español, con gran dificultad.

– Soy el padre Ibáñez, obispo de...

Y avergonzado por no encontrar palabras en su propio idioma para seguir expresándose, se le llenaron los ojos de lágrimas y dijo humildemente:

– Perdóneme, señor cónsul. Hace más de treinta años que no he tenido ocasión de hablar mi lengua.

(...) Esta ciudad bulliciosa y rica, que gobierna una junta de cónsules y todos llaman por su puerto y su negocios el "Londres del Extremo Oriente", guarda a un mismo tiempo los directores de la propaganda moral cristiana y los lugares de corrupción más ruidosos de Asia. He estado poco tiempo en Shanghai y siento el deseo de volver a ella, con preferencia a otras ciudades conocidas en mi viaje. Tengo el presentimiento de que estudiándola puede escribirse una de las novelas más interesantes y originales de la época moderna".

(Vicente Blasco Ibáñez, La vuelta al mundo de un novelista, en el año 1923).

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En breve

6 de Enero de 2008 - 13:02:52 - Pío Moa

Con las excepciones de rigor, republicano y majadero vienen a ser sinónimos en España.

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La revolución del 34, al fracasar, pudo quedar en hecho aislado. Su prolongación tras las elecciones del Frente Popular la convirtió en el comienzo de la guerra civil.

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La guerra civil no destruyó la democracia. Al revés, la destrucción de la democracia por las izquierdas y los separatismos, causó la guerra civil.

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Una "historia chocante", la de los nacionalismos vasco y catalán. Y, más aún, sórdida.

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La dictadura franquista no tuvo oposición democrática. Su oposición fue más totalitaria que el franquismo.

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El antifranquismo glorifica como víctimas a los asesinos de las checas. Inevitablemente.

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Los antifranquistas retrospectivos se enredan en su propia biografía.

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El antifranquismo actual o es barbarie o es camelo; también un bárbaro camelo.

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Especulaciones 

El hombre siempre ha percibido o presentido las fuerzas naturales gigantescas, abrumadoras que le rodean y determinan su destino, fuerzas que inciden en su vida desde fuera y se manifiestan en su mismo interior, en su cuerpo y en su alma, al margen de su voluntad (frases como “disponer del propio cuerpo” o “ser dueño del propio destino” apenas pueden tomarse en serio). Divinizar esas fuerzas (politeísmo, panteísmo), significa atribuirles un sentido, es decir, una voluntad y una finalidad; y lo mismo concebir un ser por encima de ellas, creador de ellas (monoteísmo).

Una antigua objeción ingeniosa, pero banal, cree desmontar la religión afirmando que el hombre construye con sus propios deseos a los dioses, fraude más o menos consciente. Pero, en primer lugar, no parece tan insensato suponer que las fuerzas manifiestas en nuestro interior como deseos o de otros modos sean esencialmente distintas de las fuerzas externas de la naturaleza: suena más razonable concebir esas fuerzas interiores como una manifestación especial de las exteriores, y por tanto no sería absurda la analogía entre nuestros deseos y los “dioses”. Por otra parte la objeción sugiere implícitamente que el hombre conoce y controla su interior, su propia psique, y el fraude consistiría en proyectar sus rasgos, ilegítimamente, sobre el exterior, sobre la naturaleza. Pero con nuestro interior ocurre algo semejante a con el exterior: solo muy parcialmente lo conocemos y controlamos. En nuestra psique y en nuestro cuerpo existen impulsos y automatismos que escapan a nuestra voluntad, lo que viene a manifestar de nuevo el carácter colosal, abrumador, de esas fuerzas que nos configuran, a menudo por encima y en contra de nuestros deseos e intereses. Las peripecias de los héroes mitológicos griegos y las tragedias derivadas lo expresan con especial sensibilidad poética. El sentido de las cosas, de la vida, solo lo percibimos vagamente, nos escapa en gran medida aunque sin él no podríamos vivir, al menos no podríamos vivir como seres humanos; de ahí la necesidad de la fe.

Esta concepción del sentido se expone a una especulación muy extendida en los últimos dos siglos: la religiosidad expresaría la impotencia del hombre, por ignorancia básicamente, ante las fuerzas de la naturaleza. Pero conforme la ciencia nos permite entender éstas y dominarlas, poniéndolas a nuestro servicio, la religión retrocede, y seguirá retrocediendo hasta desvanecerse como recuerdo de un pasado de debilidad intelectual y material. Ello me parece muy dudoso.

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"– Metido ya en la conspiración, y de confidente del ministro, por un lado, y del infante don Francisco por otro, me convino hacerme masón y entré en la masonería.

– ¿Y qué es la masonería ahora? –preguntó Aviraneta–. Yo hace mucho tiempo que estoy durmiente.

– Pues ahora, la masonería es una sociedad que cuenta con algunos ilusos y fanáticos, pero donde abundan los cucos y los chanchulleros que buscan la manera de quedarse con algo.

– ¿Y está permitida en la práctica?

– Está permitida a medias. El 26 de abril de 1834 dio en Aranjuez el ministro don Nicolás María Garelly un real decreto acerca de las sociedades secretas. Decía en el preámbulo que eran notorios los males que éstas producían, y daba las disposiciones siguientes: 1º. Amnistía a todos los que hubieran pertenecido a ellas. 2º. Se consideraban fenecidos todos los juicios instaurados por tal delito. 3º. Los que después del decreto siguieran perteneciendo a estas sociedades, si eran empleados, serían privados de empleo y sueldo.

– Claro que esto no se llevaría a la práctica.

– Naturalmente que no.

– Garelly era de los moderados –dijo Aviraneta–; no sé lo que es de él, le he perdido la pista.

– Y yo tampoco. No sé  de él más que esa disposición que dio sobre las sociedades secretas, a pesar de pertenecer a la masonería (...)

– ¿Y así que la masonería ahora no es más que una sociedad de cucos?

– Nada más. De cucos y de ilusos. Entre los ilusos, uno de los más ilustres que  conocí fue un señor canario, un tal don Saturnino de Luna (Espartaco). Luna (Espartaco) vivía en una casita de la calle de la Estrella. Todos los amigos le llamaban don Saturno. Don Saturno había estado en Londres a vender frutas y de allí había venido nada menos que de caballero Rosa-Cruz. Tenía un libro que me dejó para ilustrarme acerca de esta secta masónica, libro titulado "La Reforma universal del mundo entero con la Fama Fraternitatis de la orden respetable de la Rosa Cruz". Era aquello un galimatías difícil de entender y yo no me tomé el trabajo de desentrañarlo.

Había grandes farsas en aquellas cuestiones masónicas de iniciación (...) Una vez a un recipiendario a quien la logia quería asustar y dar una sensación terrorífica le dijeron que le iban a mostrar la cabeza de un traidor a quien acababan de cortársela con un hacha. Ante el recipiendario espantado, estremecido, abrieron unas cortinas y en una mesa sobre un plato vio una cabeza llena de sangre. La cabeza estaba pintada con pintura roja y el cuerpo en vez de separado se hallaba escondido por unas telas y unos espejos. El neófito se asustó al principio, pero después reconoció al supuesto muerto y dijo: "Toma, si es don Saturno". "¡Calla, profano! –le amonestó éste con voz cavernosa–. Hay que tener más respeto".

(Pío Baroja Los confidentes audaces, de Memorias de un hombre de acción).

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Hace un año y medio, en este blog

3 de Enero de 2008 - 09:23:38 - Pío Moa

6 de Junio de 2006 - 08:18:56 - Pío Moa

María Emilia Casas, preguntada sobre el concepto de nación:

"Son denominaciones que, aparte de su carga emotiva, arrastran un debate científico y político muy arduo a través de los años sobre lo que es Estado y lo que es nación. Creo que la formulación que hace la Constitución en su artículo 2 [el derecho a la autonomía de las "nacionalidades y regiones"] se puede mantener o sustituir por algo similar, dicho de otra manera. El problema es que términos como ’nación’ llevan demasiada carga emocional, sin atender al debate riguroso, del que se han ocupado con rigor los politólogos. Habría que descargar esos t