¿A quién quitará votos Rosa Díez? No parece la forma adecuada de plantear la cuestión. ¿El PP es la única alternativa al PSOE? Solo de manera formal, en realidad no es alternativa. Para saber lo que hará solo hay que ver lo que ha hecho en la oposición.
El terrorismo nacionalista vasco (TNV) ha sido la piedra de toque de los partidos y los políticos desde la transición, y, salvo, en parte, el PP de Aznar, todos han demostrado su escasa valía, que actualmente ha llegado a la ruina. PP y PSOE han naufragado ideológica y políticamente, como la DC y el PCI en Italia. ¿Entonces? Harían falta otros partidos, que empezaran por sacar la experiencia histórica de estos treinta años y no solo expresasen descontento por lo que pasa y ansias de llenar algún hueco electoral. ¿Van a surgir? No parece probable. Tanto Ciudadanos como Basta Ya reflejan esa necesidad de relevar a los viejos partidos, y, desde luego, sería magnífico que salieran adelante como depuración y regeneración de la izquierda, pero no se les aprecia suficiente impulso ni claridad. Y en la derecha no se ve nada, sencillamente.
Con la subida de Zapo y su pandilla al poder hemos asistido a un proceso de sustitución del espíritu democrático de la transición por los viejos mitos guerracivilistas; un proceso de auge de los partidos separatistas y de recuperación política (no solo política) del terrorismo. La putrefacción del país y de la democracia continuará, por tanto, lo mismo con el PSOE que con el PP. Muchos países, España desde luego, han padecido largos procesos de ese tipo.
En “Una historia chocante” he intentado extraer la experiencia de estos años. Se trata de un simple esbozo, discutible por demás. Pero, obsérvese: nadie parece sentir necesidad de discutir sobre ello.
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Rosa Regás grita porque el nuevo ministro la ha acusado de “no haber hecho nada”. Probablemente es uno de tantos cuentos como fabula esta no muy buena señora, pero de ser real la acusación, tendría toda la razón de lamentarse. En la tradición de la izquierda cañí, doña Rosa ha considerado patrimonio propio “su” Biblioteca Nacional, la ha utilizado como altavoz sectario de sus necias y simplonas ideas, y pretendía ocultar a la opinión pública el robo de algún material valioso, mientras de vez en cuando nos soltaba el parte de las ofensas que sufría por ser catalana y el miedo que pasaba en este Madrit todavía tan franquista. No se ha tumbado a la bartola, no, aunque acaso mejor fuera.
La mitómana ha tenido su gracia diciendo que la atacan por ser mujer, y que con un hombre no se atreverían. Esta clase de lumbreras nos gobiernan. Nos mangonean.
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La iniciativa ciudadana tangallegocomoelgallego llama a los padres a unirse al recurso que ha promovido contra el Decreto del falso 50 %
La iniciativa ciudadana Tangallegocomoelgallego ha recibido numerosas llamadas y correos en los meses de verano, instándoles a continuar con la labor del pasado curso escolar, en el que iniciaron la protesta contra el polémico decreto que, por razones ajenas a las necesidades pedagógicas de los niños, establece un reparto arbitrario y absurdo de las materias escolares entre las dos lenguas oficiales, ocultando bajo la mentira del 50 % un proceso de imposición y substitución de una por la otra.
Muchas de estas llamadas son de padres y madres alarmados ante la realidad que se encuentran al recoger los libros de texto para el curso entrante, pues están todos ellos, o la inmensa mayoría, en gallego (excepto español e inglés). Lo cierto es que, de esta manera, muchos niños tendrán que estudiar y realizar todo su aprendizaje individual con un libro que no está en su idioma, y con padres a los que les resulta así más difícil ayudarles. Se han atendido casos de todos los cursos de todas las etapas educativas, desde niños de 3 años que no tienen ninguno de sus 4 libritos en español, hasta 2º de Bachillerato en los que se da exactamente el mismo caso.
Desde la iniciativa Tangallegocomoelgallego se defiende algo tan básico como que cada alumno pueda tener sus libros de texto en su idioma materno, sea este el español o el gallego. Que no se permita algo tan elemental como que los niños puedan tener sus libros en español o en gallego, según su preferencia, no responde a ningún fin pedagógico sino a fines políticos y económicos.
El decreto es manifiestamente ilegal en la imposición de la lengua de uso a los niños, tanto en las clases como en los libros, excepto los del idioma correspondiente. Esta iniciativa ha promovido un proceso judicial contra el decreto e invita a los padres a apoyar el recurso, para lo que estudia la manera menos gravosa de personación. Quienes deseen respaldarlo pueden dar sus datos en el correo electrónico o en el teléfono de la iniciativa, y se contactará con ellos en el momento procesal oportuno.
e-mail: info@tangallegocomoelgallego.es
Hoy, columna en El Economista:
Dos problemas del gallego (y del vascuence y del catalán)
El terco intento de los separatistas por oponer sus idiomas regionales al español común o castellano, e imponerlos a toda costa, además de ser antidemocrático y antihistórico, y de hacerse como un robo, es decir, con el dinero de todos los ciudadanos aunque no compartan ese designio, choca con dos obstáculos importantes. En primer lugar, el ámbito exclusivamente regional de esos idiomas, unido a su falta de valor utilitario, por cuanto cualquier persona puede desenvolverse allí en la lengua general de España, que todos hablan junto con la regional y como lengua también propia. Pero, por supuesto, en la conservación de un idioma no pesan solo argumentos de tipo utilitario, sino también otros de índole emocional y cultural que deben ser tenidos en cuenta.
Culturalmente, los tres idiomas ofrecen al forastero un interés poco acentuado, porque los gallegos y los catalanes han preferido elaborar lo más y mejor de sus literaturas en el español común. No digamos los vascos, cuya preferencia literaria por el castellano es casi absoluta, no en vano se les conocía y se reconocían ellos mismos como castellanos, en otros tiempos. Ello no quita para que las literaturas en vascuence, más en gallego y más aún en catalán, tengan un mérito considerable y atraigan bastante atención.
Sin embargo ese mérito decrece desde hace tiempo, ya que dichas literaturas regionales vienen deteriorándose por el influjo del nacionalismo. Nadie en su sano juicio aprendería los idiomas regionales para tragarse esa verborrea menos que mediocre, y a menudo francamente pestífera. Julián Marías recordaba cómo llegó a sentir cierta inquina al alemán cuando los nazis lo utilizaron para su demagogia. Triste destino tendrían esas leguas si hubieran de limitarse a servir de vehículo a las torpezas y barbaridades separatistas.
A Fraga, el amigo de Fidel Castro (¿precursor de la alianza de civilizaciones?), el hombre que luchaba contra el franquismo desde dentro, suelen recordarle los progres que firmó no sé cuántas sentencias de muerte (en realidad no firmó ninguna, pues las firmaban los jueces y el gobierno daba el enterado o conmutaba, según prefiriese). Como ocurre con tantos derechistas, en el castigo no se crece. Al contrario, se revuelve contra su propia biografía. Ahí lo tenemos de nuevo.
Creía yo que la polémica entre nacionalistas periféricos se había terminado por natural consunción, pero me comunica mi atenta corresponsal de Reus que no ha sido así, ni mucho menos. Lo que hicieron fue ponerse de acuerdo para no utilizar mi blog, por tacharlo de españolista, y la discusión ha seguido por medio de cartas que difunden entre ellos. A mi corresponsal, que prefiere razonablemente guardar el anonimato, le llegan. Y me indica, creo que con razón, que al haber debatido en “Presente y Pasado”, los nacionalistas, y haber interrumpido la discusión tan poco educadamente, habrán dejado en ascuas a muchos asiduos del blog, por saber cómo termina la apasionante polémica. Recordarán ustedes, además, que el profesor Bofarull i Bofarull se había despedido del blog lanzando recias amenazas contra Moh Ul-sih y contra mí mismo, si me ponía farruco.
Desgraciadamente no me es posible reproducir todas las comunicaciones que me hace llegar mi corresponsal, por falta de tiempo y de espacio, pero procuraré exponer aquí las que parezcan más significativas. Esta, por ejemplo, la dirige Jaume Ripollet i Bohigas, joven estudiante de historia de la Universidad Rovira i Virgili, a don Francesc Bofarull i Bofarull, de la universidad Pompeu Fabra y ex detective. La corresponsal me la ha traducido al castellano porque “aunque el catalán escrito lo entiende fácilmente un castellano hablante, debido a la gran afinidad de ambos idiomas (a pesar de los esfuerzos del loquillo Pompeu Fabra por embrollar todo lo que pudo) siempre hay algunas palabras sueltas que entorpecen la comprensión”. El texto dice así:
Querido y admirado profesor
No habiendo tenido la dicha de ser alumno suyo, no obstante me he sentido profundamente concernido por las ejemplares estocadas con que ha hecho usted prevalecer las razones y el talante carolingio que nos distingue sobre las expresiones, sin duda bien intencionadas, no digo que no, pero inevitablemente burdas, de los tales Carballeira O´Flanaghan, Aixa Modrejón Cogolludo y otros personajes por el estilo, que rezuman envidia malsana a Cataluña, aun si debemos apreciar su común y buen deseo de emanciparse de la repulsiva España. Yo, señor Bofarull i Bofarull, hago país, como usted, allí donde voy, y defiendo las esencias catalanas como nos recomendaba uno de los padres del nacionalismo catalán: “El nacionalismo catalán tiene por Dios a la Patria”. No más, pero tampoco menos, y lo digo declarándome ateo como lo es hoy día cualquier persona con dos dedos de frente.
Se lo digo porque en un viaje a Grecia que he hecho este verano he podido comprobar la profunda impronta de nuestro idioma y cultura en aquel alejado país del Mediterráneo, tal como el año pasado lo comprobé viajando por Suecia y Noruega. En dos palabras, señor Bofarull, nos conocen y nos admiran, tanto por nuestra cultura humanista y científica como por nuestra lucha heroica y ancestral por liberarnos del africano opresor españoleitor. Se lo comunico así, estimado señor Bofarull, porque es la verdad y porque entre nosotros, nacionalistas catalanes, no tenemos por qué disimular con falsas modestias lo que por otra parte es una evidencia.
Cómo olvidar la visita a Delfos, donde, con la habitual desfachatez o falta de tacto, nos incluyeron a varios catalanes con un grupo de españoles, como si fuéramos unos españoles más… Yo, se lo digo tal cual, no crucé una sola palabra con los españoleitors, y si me decían algo les contestaba en catalán bien cerrado, o me inventaba palabras para que no me entendieran, pues considero que hay que darles en las narices a nuestros opresores, mantener la lucha contra ellos en todos los niveles y en todas las ocasiones, sin darles un minuto de tregua. Pues, como le decía, el guía se empeñaba en hablarnos en castellano y yo, ya cabreado, me fui a él y le dije: “Oye, tío, que aquí algunos no somos españoles y queremos que nos hablen en catalán”. Se lo dije primero en inglés, pero al parecer no me entendía o no quería entenderme, así que no tuve más remedio que repetírselo en el jodido lenguaje de nuestros opresores. Bueno, pues no se lo podrá usted creer, pero el tío va y me dice: “¡Pues haberlo dicho antes, cojones! Aquí en Grecia queremos mucho a los catalanes desde que vinieron hace siglos los almogávares a liberarnos, y siempre nos hemos sentido fascinados por vuestras grandes hazañas intelectuales y de todo. ¡Con deciros que a Jacinto Verdaguer y a Rovira y Virgili se les estudia cada vez más en nuestra enseñanza secundaria…” Pues a partir de ese momento el guía, Yorgos, explicaba las cosas primero en catalán, para nosotros, y después en castellano, para los charnegos y toda aquella gente.
Por cierto, venían también algunos vascos, y les sugerí que protestaran como yo, y que le exigiesen al guía que les diera las explicaciones en euskera, tuve que explicárselo también en el puñetero idioma español porque tampoco entendían el inglés. Y van los muy cabrones descastados y se me ríen en las narices. Me di cuenta de que hay todavía mucho vasco absurdo y atrasado, desde luego están más atrasados que nosotros, lamentablemente: mucho tiro y mucha bomba, pero luego, nada. Entre ellos seguían hablando español como si tal cosa, solo soltaban de vez en cuando unas palabras en euskera, que a mí me sabían a gloria, aunque no las entendiera, pero por mucho que les decía que siguieran, volvían enseguida al castellano. Bastante atrasados, créame, y hasta sospecho que los muy cabrones se cachondeaban de mí, y a través de mí, de los catalanes. Claro que también debemos comprenderlos, pues no tienen una cultura humanista y científica de nuestro nivel.
Pues, como le iba diciendo, nunca podré olvidar la estancia en Delfos, con las preciosas explicaciones que nos dio Yorgos a los catalanes (no faltaban algunos botiflers, pero a esos, ni caso, ya puede usted imaginarse). Enseguida congeniamos, y nos enseñó cosas que normalmente no se explican a los turistas, como el olivo del cual se ahorcó Alejandro Magno después de una borrachera monumental, o la roca desde la que se tiró un filósofo cantamañanas llamado Aristóteles, porque le deprimía el paisaje de Delfos, o la higuera de la cual hizo Julio César su bastón de mando, con el que mató a palos no recuerdo bien si a Sócrates o a Homero, por un asunto de cuernos, parece ser. Y así otras muchas cosas sumamente instructivas, en que no me extiendo porque lógicamente usted las conocerá mucho mejor que yo.
Le hice observar a Yorgos que aquellas gentes tenían unas costumbres algo bárbaras, y que seguramente les habría hecho mucho bien un mayor contacto con nuestro talante carolingio, pero, claro, en aquellos tiempos no era como ahora, que en un par de horas o menos sales de Barcelona y te colocas en Atenas. Viajar era más difícil y más arriesgado, además eran más pobres, y pocos podían pagarse un billete de Delfos a Cataluña. A mí me extrañó lo de Aristóteles, porque no veía yo cómo el paisaje de Delfos podía deprimir a nadie en su sano juicio. Seguramente al tío se le había reblandecido algo la mollera, de tanto filosofar. Era un paisaje bastante imponente, lo admito, no tanto como el de Montserrat, pero que no estaba mal tampoco, así que le dije a Yorgos, y le hizo mucha gracia, que si Aristóteles llega a venir a Montserrat, ya es que no se tira de una roca, es que se muere de un infarto con solo verlo. Por cierto que aproveché para hablarle largo y tendido de Montserrat, y Yorgos prometió que el año próximo se acercaría por allí. Porque si nosotros vamos a Grecia a soltar nuestros euros, que vengan ellos a Cataluña a soltar los suyos, vamos, digo yo. Ya ve usted cómo no desperdicio ocasión de hacer país.
Y aquí corto, admirado profesor, porque me doy cuenta de que me alargo demasiado y no quiero aburrirle. Me gustaría que hiciera usted circular este pequeño testimonio de patriotismo y de apoyo en su noble campaña de clarificación que podríamos titular “¡todos juntos contra el imperialismo español, pero no revueltos!”. Necesitamos auténticos líderes intelectuales como usted” .
Terminado de escribir por fin el libro, que espero salga este otoño, Años de hierro. España, 1939-1945, puedo por fin dedicarme a leer otros. Empiezo por el de Pedro Schwartz, En busca de Montesquieu. La democracia en peligro, que, ya de entrada, no puede resultar más prometedor. Schwartz se plantea un trabajo muy ambicioso: “Para levantar el asedio al que los socialistas de todos los partidos han sometido al liberalismo, no basta, pues, con recordar las lecciones de la historia. También es necesario resolver tres viejos problemas de la filosofía liberal planteados por 1) La dialéctica individuo-comunidad; 2) la posible conexión entre libertad y riqueza; y 3) la tensión entre el respeto a la libertad individual y la eficacia de las decisiones colectivas. Son tres cuestiones éstas que han sido abordadas separadamente y con desigual fortuna por numerosos autores, pero que en este ensayo, sistematizando ideas mías y de mis maestros, pretendo resolver juntas y de una vez por todas”.
Digo que es un gran libro, sin haberlo leído todavía –ya hablaremos más de él, en lo que mis luces den de sí—porque en España hay gran número de personas que saben mucho, pero son incapaces de plantearse problemas y pensar por su cuenta. El que un autor español se enfrente a su tarea al modo de Schwartz ya por sí solo produce satisfacción.
Y por otra razón también: no es que no haya en España gente capaz de pensar por sí misma. De hecho abunda, pero no entre los que saben mucho, por expresarlo de este modo simple. De ahí la escasez de pensamiento sólido y la sobreabundancia de charlatanería o capricho intelectual. Pedro Schwartz, precisamente, sabe muy bien de qué habla, así que, ya de entrada, uno siente la excitación de quien, al leerlo, se mete en una aventura estimulante.
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Dice la señora Cospedal, del PP, que el gobierno comparte con el franquismo "el poco amor a la libertad". ¡Vaya, mujer! Y los líderes del PP que prosperaron bajo el franquismo, ¿sentían un amor apacionado por la libertad? Pues lo mismo que los sociatas que entonces hicieron su agosto y no oposición real.
La realidad histórica es que la democracia viene del franquismo, y que ponerse en plan antifranquista a estas alturas convierte la política en una farsa estúpida. Peor todavía, pone en peligro el sistema de libertades. Aparte de atontar a la gente, una cosa va con la otra. Pues casualmente no hay nadie más antifranquista que los terroristas, los corruptos, los separatistas y los enterradores de Montesquieu, siempre revueltos auque a veces peleados. Ahora parecen querer unírsele los pitonisos. Avanzamos.
La condena a los atentados terroristas es uno de los deportes más inútiles, estúpidos, cansinos y a la vez más reveladores del jaez de nuestros politicastros. ¿Es que creen que, si no los condenan en cada ocasión, los ciudadanos vamos a pensar que están de acuerdo con ellos o los aplauden o quieren sacarles partido? Pues sí, algo de cierto hay en eso: podemos pensar algo parecido. Desde la Transición, los politicastros españoles decidieron que la ETA no era una organización de asesinos, sino de luchadores o algo así, a quienes había que ofrecer una "salida política", corrompiendo la esencia misma del estado de derecho. Durante todo este tiempo, excepto en la época de Aznar, los gobernantes han privilegiado a la ETA en la práctica, mientras, para engañar a los ciudadanos, la llamaban de todo y negaban cualquier contacto con sus pistoleros. Para engañar a los ciudadanos, repito, exacta y precisamente: ha sido siempre la ETA quien han revelado esos tratos y negociaciones mafiosos que los mandantes mangantes de turno trataban de ocultar al público.
Esta ha sido una de las muchas corrupciones básicas que ha arrastrado nuestra democracia, y que se basa, como casi todas, en una falsificación más de la historia: los asesinos etarras se habrían ganado ese trato privilegiado porque, en definitiva, les debemos la democracia: ¿no fueron ellos los que lucharon con las armas contra el franquismo, cuando todos los demás implicaban esa lucha con sus radicales discursos, pero no se atrevían a ella? ¿No fueron ellos los que mataron a Carrero, el dique que se oponía a las libertades? Esta idea la han expresado desde el PNV hasta Cebrián y su banda fascistoide (¡cuántas afinidades de fondo!) de PRISA. Nunca lo han dicho de forma explícita, pero sí con claridad suficiente para que se les entienda, y, desde luego esa es la motivación oculta, o semioculta, de su permanente colaboración con la ETA. Junto con la esperanza de saquear, ellos también, algunas nueces del árbol constitucional.
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Escribe Arcadi Espada:
"Mi pederasta se distinguía nítidamente de los asesinos, de los violadores y de los psicópatas. Todo ello, te lo repito, sin que dejara nunca de saber quién era: un hombre que no podía amar a los adultos."
¡Coño! ¿No podía amar a su mamá? ¿Y a sus hermanos o hermanas, o a sus amigos? ¿Y en cambio amaba a niños a quienes apenas conocía? Aquí hay algo raro. Un concepto del amor muy raro, vamos.
Mientras que los partidarios de la libertad de idioma defendemos el derecho de los que se sientan a esa Mesa o piensan como ellos a “vivir y aprender” en el idioma oficial de su elección, ellos pretenden convertir su derecho en obligación de todos y para todo. La asimetría de los dos proyectos es evidente, y la injusticia de uno es manifiesta.
La normalización lingüística, en cuanto rebasa el establecimiento de la cooficialidad en régimen de libertad e igualdad, es un proyecto de ingeniería social totalitario, sin fundamento lógico, ético o jurídico alguno, más que la pura voluntad de sus impulsores, que quieren ahormar a toda la sociedad conforme a una concepción unánime y excluyente.
El manifesto es otra muestra más de retórica tramposa y de desprecio por la libertad. Para quienes sostienen el discurso de la normalización lingüística, hay que normalizar a los ciudadanos que somos anormales, convirtiéndonos así en objeto de su fobiapor nuestros hábitos lingüísticos, que pretenden modificar mediante el ejercicio del poder público, es decir, mediante la discriminación, la imposición, la coacción y, eventualmente, la represión de las conductas rebeldes.
La Mesa repite el mantra fundacional de la normalización: “a lingua propia do noso país: o galego”. Si los comensales quieren vivir en ese país monolingüe de ficción, no hay ningún inconveniente por nuestra parte, siempre que nos dejen vivir a nosotros en el nuestro, es decir, siempre que no pretendan el monopolio de un sistema educativo que pagamos todos, y del privado -salvo la partes que paguen ellos-, para ahormarnos a todos conforme a su capricho. En nuestro país, en el que pagamos impuestos como los de la Mesa, hay una lengua franca o común a todos los ciudadanos que nadie está obligado a usar, y en nuestra región, que es Galicia, hay también otra lengua de ámbito regional. Ambas son cooficiales en el territorio de la comunidad autónoma, y no hay más regla justa de convivencia que la plena libertad e igualdad de los usuarios de cualquiera de ellas, o de ambas. Hay dos asignaturas obligatorias que dan cuenta de cada una, y, fuera de eso, después de la primera enseñanza y de la adquisición de la lectoescritura, en que debe primar, sin excepción, la lengua materna, ninguna obligación de uso puede imponerse a ningún ciudadano, y menos abusando de que sea menor e indefenso, caso de los alumnos, o dependa de una nómina, caso de los profesores.
Es una crueldad contraproducente, como todas, abusar de niños para obligarles a estudiar en una lengua que no es la suya en aplicación del dogma de que es “la propia”; es una malversación -además de algo bastante más grave- imponer a los profesores el uso de una lengua distinta a la de su preferencia, con la consiguiente pérdida de calidad de la docencia; y es una estupidez sostener que tales abusos mejoran esa calidad.
La Mesa pretende abusar también de la ignorancia que supone en los demás, invistiéndose de prestigio internacional y pasando de la mitología a la superchería: ni la Declaración Universal de Derechos Lingüísticos ni la Carta Europea de Lenguas Regionales o Minoritarias dan cobertura a ningún proyecto totalitario de “normalización lingüística” como el que se pretende ejecutar con el decreto aprobado el 28 de junio.
Baste pensar que la República Francesa también ha ratificado, y cumple, la famosa Carta, y no reconoce más lengua oficial que el francés, en un país en el que hay varias lenguas regionales minoritarias. El Reino de España aventaja a cualquier otro estado europeo en el nivel de adhesión -la Carta prevé varios-. En ningún otro se ha llegado a las situaciones absurdas que padecemos aquí por la invención de “derechos de disfrute forzoso”.
Ni siquiera el Plan Xeral de Normalización da Lingua Galega, engendro unánime de nuestro parlamento, da cobertura al Decreto 124/07. Su incorporación parcial al sistema de fuentes del derecho como mero anexo pone de manifiesto la contradicción evidente entre “se fomentará que se impartan en (gallego) materias troncales”; “se tenderá a que ...” con la dicción del Decreto, que no fomenta ni recomienda. Impone.
Nosotros también hacemos un llamamiento al conjunto de la comunidad educativa, y aún lo extendemos a toda la sociedad, para que se resista a la imposición lingüística, para que deje que la libertad se adueñe de las aulas, para que facilite a los alumnos los libros y material escrito en el idioma que prefieran, para que a los profesores no les esté prohibido usar la lengua en la que mejor den las clases a nuestros hijos, para que desafíen y dejen en ridículo a la espesa maquinaria burocrática de imposición. Recuerden la ocurrencia de las programaciones.
De momento, hay un reglamento ilegal impugnado ante el poder judicial y un gobierno regional con todos sus terminales y apéndices, Mesas y sillas presos de cierto nerviosismo productor de manifiestos serviles y liberticidas. Eso es todo.Puesto que sobre la historia reciente de España existen posiciones tan opuestas, y dada la repercusión de ellas sobre el destino de nuestra democracia y sobre la concepción misma de la democracia, es evidente la necesidad de un debate público, amplio y popular (en el sentido de que llegue ampliamente a la población). Pero, dada la mentalidad totalitario-policíaca de nuestra izquierda, de la que no parece haber modo de rescatarla, sus políticos e intelectuales responden a la necesidad de un debate libre con una ley que debe imponer (eso desean todos, y los más tontos hasta se lo creen) su forma de ver la historia. Con el cuento de los pobrecitos nietos que no duermen ni pueden vivir tranquilos porque a sus abuelos no se les ha hecho justicia, nos quieren hacer creer que las víctimas del franquismo defendían la democracia y la libertad, y que nunca se mataron entre ellas mismas.
Y, lo que es el temperamento castizo, pues eso también existe, como se demuestra a cada paso. A la necesidad de un debate, que vengo planteando desde hace ocho años, estos tipos han replicado al modo del típico señorito de la Españeta, diríamos del señorito andaluz, si no fuera porque el señorito vasco o el catalán cumplen el estereotipo del señorito andaluz mejor aún que este. La respuesta, digo, repito, ha sido el ataque personal, la exigencia inquisitorial de censura y la pose chulesca del rico que desprecia al pobre pedigüeño imaginado por ellos: cuántas veces han repetido estos lumbreras que ellos, tan increíblemente importantes, no iban a rebajarse a discutir con un seudo-historiador como yo, que les mendigaba un debate a fin de prestigiarse y vender algunos libros. Increíble, ¿verdad? El debate debiera girar sobre los hechos y figuras históricos y sobre su trascendencia actual, realmente decisiva. Nunca sobre cuestiones personales, y menos a un nivel tan grotesco, pero ahí están los señoritos españetos, revelando su nivel, que no hay más remedio que poner en evidencia después de entrar en harina. Porque, ¡hay que fastidiarse!, esa actitud chulesca y señoritil es también un hecho histórico.
Pero, ¿y la derecha? Qué bien se ha revelado, a su vez. Nada de mirar al pasado: “al futuro, al futuro!”. Nunca se ha visto un escapismo más vergonzoso y desvergonzado a un tiempo. Ni una palabra en defensa no ya de la verdad histórica o de sus propios padres y abuelos, cuyo recuerdo tanto temen que perjudique sus poltronas. Ni siquiera eso. Pero se trataba, se trata, de defender las mínimas normas de la decencia intelectual y democrática que exigen un debate allí donde hay una cuestión que debe ser dilucidada, por pura higiene social. Ahí está retratada la derecha pesetera, medrosa y oportunista, con la vista puesta en sus cargos presentes y futuros, desinteresada de lo demás, aunque la unidad de España y las libertades estén sufriendo, falsificación del pasado mediante, tan graves heridas.
En fin, las cosas como son. Hace poco tuve en El Catoblepas una pequeña trifulca, más que debate, con un intelectual derechista que, algo menos miope que los políticos, se ofrece al PP para asegurarle su permanencia en el poder. Y, temeroso de la competencia, arremete contra César Vidal y contra mí. Esta es otra diferencia. A él le preocupa el PP y su poder, y a mí la democracia -- cada cual con sus luces, eso es otro asunto--. Y por eso resulta tan difícil entenderse.
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LA ÉTICA SAVATERIANA
Nos enseña Savater: " debo comprender la valía ética -estrictamente ética- de las normas instituidas que permiten el pluralismo de convicciones y actitudes dentro de un marco común de respeto a las personas. Y eso delimita una frontera entre lo que puede y no puede aceptarse también a nivel personal: tengo derecho a considerar vicio nefando la homosexualidad pero no a hostilizar o proscribir las parejas homosexuales. Puedo tener personalmente por importantísimas las raíces cristianas de Europa, pero no puedo considerar mal europeo a quien no sea cristiano ni mal español a quien no sea católico. Y puedo tener la íntima convicción de que muchos malvados merecen la pena de muerte, pero no debo ocultar a los jóvenes que la sociedad democrática en que vivimos ha adoptado como norma la abolición del castigo capital por sus implicaciones deshumanizadoras".
¡Mal, muy mal! Debería decir: "Tengo derecho a pensar que la homosexualidad es tan valiosa como la sexualidad normal, e incluso superior, un motivo de orgullo, pero si voy pregonándolo agresivamente, organizando desfiles públicos, etc., debo admitir que quienes lo consideran una tara, o un vicio, etc., hagan lo mismo, sin intentar tacharlos de homófobos, impedir su expresión y propugnar diversos modos de persecución contra ellos, imponiéndoles en sus empresas, sociedades o comportamientos particulares el modo de pensar de los homófilos, etc".
O bien: "Puedo detestar personalmente las raíces cristianas de Europa, pero no puedo considerar retrógrado, reaccionario y en último extremo digno de exterminio, como ha ocurrido en varias ocasiones, a los que piensan lo contrario. Ni tampoco propugnar la destrucción abierta o disimulada de dichas raíces, leyes y comportamientos lesivos para esas raíces y quienes las defienden".
O bien: puedo estar incondicionalmente contra la pena de muerte, pero no puedo tildar de antihumanos o bárbaros a quienes piensan lo contrario en relación con ciertos crímenes, o intentan cambiar las leyes actuales.
Esto sería mucho más realista y adecuado a lo que ocurre que las hipocresías de Savater. Se le ve mucho el plumero.
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Los jueves, en "El economista"
POLÍTICOS CUMPLIDORES
Pío Moa
Lo que me gusta del actual presidente es que es un político cumplidor. Quizá muestra alguna confusión al valorar los objetivos, y llama proceso de paz o alianza de civilizaciones o mejora de la enseñanza o educación para la ciudadanía, etc., a cosas que no tienen la menor relación con tales enunciados, por no decir que se oponen directamente a ellos; pero lo que es cumplir, el hombre cumple.
Y con rapidez. Al PP, recordarán ustedes, le costó casi ocho años sacar una ley para reformar la caótica enseñanza heredada del período González; pues bien, llega el hacedor de zapatos, y nada, en un plis-plas manda a paseo la ley del PP y empeora a conciencia el desastre felipista. Prometió recompensar a sus ayudantes electorales (espontáneos y no pactados, creemos), retirando las tropas españolas que ayudaban a los iraquíes a librarse del mismo tipo de gente que presuntamente atentó en España el 11-M, y dicho y hecho. Quiso satisfacer a su amigo el civilizado Mohamed VI a costa de los saharauis, y probablemente en otros asuntos que nos tocan mucho más de cerca, y a ello se aplica infatigable. Se propuso liquidar la Constitución en comandita con la ETA y los separatistas, y, bueno, la cosa no le ha salido tan rápido ni tan bien como él esperaba, pero no ha sido por falta de empeño, y sin menospreciar los éxitos alcanzados en el proceso: la Constitución está, si no liquidada, dañada muy seriamente. Y así.
Me viene esto a la cabeza con motivo del fresco verano de este año, que los ignaros no acaban de explicarse, dado el conocido calentamiento global que se nos venía encima. Olvidan que el presi anunció que frenarlo sería su máxima preocupación. Evidentemente ha tomado sus medidas, y como la purga de Benito: anoche, en pleno agosto, hacía frío en España.
Ya podía tomar ejemplo el PP, tan lento de reacciones. Lo que nos íbamos a divertir.
POR LA BOCA MUERE EL PEZ...
Por Teresa Vargas
Es maravilloso el espíritu humano, el hombre mismo, para dejarnos de circunloquios. ¿Quiénes somos? ¿Qué pensamos? ¿Qué pretendemos? Es difícil la respuesta en general y, aún incluso en particular: ¿quién es este hombre, qué piensa, qué quiere? Tan ardua tarea es difícil en sí misma y además tiene un problema añadido: el hombre puede mentir (o se miente a sí mismo, ¡cuidado!). Para quedarnos con la verdad, hacen mucho servicio unas nociones básicas de psicología, o más llanamente...de sentido común.
El intérprete, el que quiere llegar a conocer al hombre y su verdad, tendrá que ir fijándose en lo que el analizado dice libremente y también en lo que no dice. El dibujo que un niño hace de su familia puede ser revelador por contener dos, tres veces repetida a su madre, indicando una fijación, algún tipo de obsesión que hace que sobrevalore el papel de ésta; indica una falta de objetividad. También podría ser curioso que falte alguien en ese retrato familiar, ¿por qué no pinta al hermano? ¿Es que lo odia? ¿Qué conflicto esconde esa ausencia? La posición de los figurantes puede ser importante: imaginemos que aparecen el niño enfrentado a uno de los parientes: indicaría que percibe un conflicto (que puede surgir de su imaginación y hacerse real). No digamos lo que pone al terapeuta en alerta: ver dibujado en la escena familiar a un personaje extraño en posición homicida: disponiendo de la cabeza de uno de ellos, por ejemplo. ¿Qué siente el niño ante tal asesino: se identifica con él (empieza el trabajo del psiquiatra) o siente un natural horror?
Leo de nuevo la entrevista hecha al Sr. Quintana (El País, 29/07/07): nos recomienda hacer turismo en... (adivinen) en Galicia. Lectura de verano... (adivinen)... el compañero del BNG, Beiras, y en literatura... (seguro que ya no es difícil para ustedes)... Manolo Rivas. ¿Cuántas veces aparece mamá? Bueno, para ser cosmopolita nos recomienda también un libro de Duran i Lleida "Entre una España y la otra". Caramba, ¿quiénes son entonces los de las dos españas?
Si salimos de Galicia nos recomienda... ¿Extremadura? No. ¿Londres? Tampoco. ¿Costa sur de España?, algo típico por eso de buscar el calorcillo.... ¡qué va! Nada más lejos: nada de País vasco, directamente a Euskadi y norte de Navarra, o Portugal. ¿Se dan cuenta de qué es lo que no aparece en el mapa? ¿Se dan cuenta también de quienes son sus familiares ideológicos? Pero llegamos a la parte más dura...la parte donde el terapeuta piensa..."no sé, quizá tenga un caso clínico",... y vamos a la prueba de fuego. Lugar por excelencia para veranear, después de Galicia y antes que los mencionados enclaves es....el camino portugués hasta llegar al destino Santiago de Cáçem.... ¿por qué es esa la guinda vacacional? Pues porque es allí donde podremos visitar el famosísimo, superturístico y estudiado "Santiago mataespanhois". ¿Qué ha fabulado ahora el chavalote Quintana? ¿Hemos eliminado el políticamente incorrecto Santiago matamoros por el ahora políticamente correcto Santiago mataespanhois? La mente ha desvariado e inventado un personaje-héroe que es la elección, la recomendación y la grafía propia de Vicepresidencia. Pues ya ven ustedes cómo es considerada España por el Sr Quintana: o hablando de las dos Españas o recomendando que se visite al "mataespanhois" ¡Ah! Que diga Espanha en lugar de España, es algo que ya ni nos inmuta, pero no olvidemos que es otra más de lo mismo. Pero ¡cuidado, que estos se crispan, eh!
Bueno, no cabe duda...los psiquiátricos tienen trabajo para años, y los intérpretes con sentidiño común también.
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"El PP promete conseguir que Cataluña vuelva a ser "el motor de la economía española"
¿Está en manos del PP conseguir tal cosa? Si es así, ¿por qué no busca otra región cualquiera para convertirla en "motor"? ¿Valencia, por ejemplo? ¿O Castilla-León? ¿Quiere quitarle el puesto a Madrid? No hace tanto, este partido criticaba la desviación, claramente excesiva, de las inversiones estatales en favor de Cataluña, obtenida por la presión separatista... Y ahora ofrece más todavía. Su "política" consiste en ofrecer más, cada vez que la demagogia de Zapo bate una nueva marca, ya vimos algo de eso durante la campaña electoral de Rajoy en 2004. Los cerebros pitonisos han sacado la gran lección: Zapo ha vencido gracias a la demagogia, así que hay que imitarlos con entusiasmo: ¡las poltronas bien lo valen!
No sabe uno si estos tipos son así de idiotas o nos creen idiotas a los ciudadanos. Ciertamente me abstendré antes de votar a semejantes... pongan ustedes lo que quieran. De votarles, me sentiría aún más estúpido que ellos. Alguno dirá que qué nos queda entonces. Pues hoy por hoy no nos queda nada, en cuanto a partidos, porque el PP es eso, nada con sifón, y tampoco se percibe ninguna alternativa. Conviene mirar de frente la realidad.
Queda, eso sí, el movimiento ciudadano. O quedaba, pues hoy parece un tanto desactivado.
Navarra, nuevo paso balcanizante: un gobierno regional totalmente condicionado por la alianza sociata-separatista, que por el momento prefiere no manifestarse a cara descubierta. Primera condición: ponerle una zancadilla al PP. Y dice Rajoy que Sanz es completamente españolista: tanto como el Partido Pitoniso. En la práctica, casi nada.
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Hace tiempo me refería a un aspecto de la jugada general de Zapo. Aznar había puesto a la ETA contra las cuerdas, la policía la tenía seguramente muy infiltrada y frustraba una y otra vez sus intentos de asesinato. En estas circunstancias de acoso y debilidad, Zapo creyó que podía ofrecer a los asesinos una salida: algunas compensaciones a cambio del abandono de las pistolas. De esta forma él sacaría el fruto del trabajo ajeno y quedaría como el político que había acabado con la pesadilla, mientras descalificaba la política de Aznar, el "asesino" como le llamaban las huestes sociatas. La ETA, a su vez, explotó la vanidad pueril del niñato ("¡El premio Nobel, tío, te van a dar el premio Nobel de la paz!").
Una jugada típica, en su oportunismo desvergonzado (cien años o más de honradez os contemplan); pero en principio aceptable en democracia. El problema surgía de las compensaciones o concesiones, que en realidad no eran tales. Eran una auténtica colaboración en un sentido querido tanto por los asesinos como por los "gorrinos": la liquidación de la Constitución y el establecimiento de una alianza estratégica entre socialistas, terroristas y separatistas (todos salían muy beneficiados). Con el pretexto de conseguir "la paz", estaban (están) reduciendo España a un conglomerado de "naciones" al nivel mafioso de sus promotores.
El éxito de la maniobra ha sido enorme, gracias, en gran medida, al PP, que se ha sumado a ella solapadamente: la Constitución está en crisis, por lo menos, como lo está la unidad de España y la misma democracia. El PP ha desactivado el movimiento espontáneo de resistencia ciudadana poniéndose en apariencia en cabeza de él y pretendiendo que todo se reduce a que el PP gane las elecciones gracias a los desaciertos de la Infame Alianza.
Zapo tiene suerte hasta en eso. La labor de Aznar sigue rindiendo beneficios ahora que, como suele ocurrir en los chanchullos entre mafiosos, han pasado a pelearse la ETA y el gobierno. Con la mayor naturalidad, después de su política pro terrorista, ha tomado la iniciativa en la política "anti terrrorista", ante un PP que nunca ha cesado de ofrecerle su colaboración. Colaboración muy efectiva, insisto: véanse los estatutos, clave de toda la maniobra y expresión de lo que puede esperarse de esa gente.
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Fraga, el hombre que luchó contra el franquismo desde dentro, sigue luchando contra el franquismo desde dentro.
Con típica y radical deshonestidad, (“cien años de honradez”) Gibson y compañía no paran de hablar de los “nietos” de los fusilados. Se diría que hay un movimiento espontáneo de nietos (de izquierda, por supuesto) por todo el país, a quienes de repente les ha dado por desenterrar a sus abuelos, todos ellos inocentes defensores de la libertad y la democracia asesinados y enterrados a millares “como perros” por los "fascistas". Ellos, los políticos e historiadores lisenkianos, lo único que hacen es servir, dándole voz, a ese movimiento nietista, tan razonable, digno y democrático. Pero ocurre exactamente lo contrario: esos políticos y lisenkos de la historiografía se dedican a falsificar la historia para crear un movimiento de intereses políticos muy actuales y concretos, explotando el cuento de los nietos.
Ocurre exactamente como con el terror izquierdista durante la guerra. Según estos individuos, fue “el pueblo”, sin duda harto de “la explotación capitalista y de los señorones”, el que se libró a venganzas y excesos, lamentables pero perfectamente comprensibles. De este modo encubren la realidad, justamente contraria: fueron gentes como las de la “memoria histórica” las que sembraron la propaganda fratricida y organizaron las checas y los asesinatos, que achacan luego, justificándolas y encubriéndose de paso, “al pueblo”,; así eluden su responsabilidad particular y justifican de paso el crimen, pues el pueblo, ya se sabe, en definitiva siempre tiene razón. La misma jugada ahora con "los nietos", a quienes achacan su memoria falsaria. En cuanto se entiende el truco, el timo se viene abajo.
La hipocresía sin límites de los gibsons y compañía sabe poner a la defensiva a los pitonisos: una derecha “moderada”, unas personas “cristianas” tienen que comprender, cómo no, este anhelo irresistible de los nietos por “la dignidad” y esas cosas. De otro modo serían "extremistas", la "extrema derecha", como dice el fascistoide Cebrián.
Y ahí tenemos al pitoniso Cosidó replicando que el gobierno, con estas historias “reabre heridas” y comete un “error”, porque centra la atención del público “sobre una de las páginas más negras de nuestra historia”. Vamos a ver, señor Cosidó, centrar la atención en una página negra de nuestra historia no es nada malo, no todo va a ser cánticos de gloria. El terror, tanto de las izquierdas como de las derechas, existió y no hay por qué apartar la vista de él para “mirar al futuro” como recomienda Rajoy. Y no es un error, en todo caso no es un error de los sociatas, que saben que por estos medios ponen al Partido Pitoniso a la defensiva con tanta facilidad y eficacia como se está demostrando, y lo desacreditan como “extremista” ante millones de personas. El error, si acaso, es el de ustedes.
La cuestión, señor Cosidó, es la que ustedes rehúyen sistemáticamente: la aclaración de la historia frente a su desvirtuación sistemática. Y la verdad podrían explicarla ustedes de manera sencilla y convincente para todos los públicos, si no les temblaran las piernas cada vez que surge el tema: En España, como en toda Europa y en todo el mundo, se cometen atrocidades cuando la ley es conculcada sistemáticamente y cae por tierra, y esto afectó a izquierdas y derechas. Pero quienes destruyeron la ley republicana y todo lo que tenía de democrática –que era bastante-- quienes quisieron y organizaron la guerra civil, según prueban sus propios documentos, fueron las izquierdas y los separatistas en conjunción. Tal como vuelven a conjuntarse ahora, vueltas a su viejo extremismo, para liquidar la Constitución… Por cierto que con la ayuda del PP.
Ocurre que la izquierda tiene una política con respecto a la historia, y los pitonisos --como su propio nombre indica--, no la tienen. Como no la tienen sobre casi nada, excepto sobre el futuro (hacer promesas no cuesta nada, y ustedes recordarán la sorprendente campaña electoral de Rajoy). Los pitonisos creen que la historia no importa: están comprobando que sí importa, pero creen que quien comete “un error” son las izquierdas. Creen también que, como tienen asegurados millones de votos negativos contra la izquierda, siempre conseguirán las poltronas necesarias. Que es de lo que se trata.
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Ayer en "El economista":
¿QUIÉNES SON LOS PERDEDORES, DON IAN?
Pio Moa
Dice Ian Gibson, atacándome de paso, que el PP debe ser “magnánimo con los perdedores de la guerra civil”, con los cuales el franquismo se portó “muy cruelmente”. Cabe preguntar, ¿quiénes son esos perdedores? ¿Serán, por ejemplo, los anarquistas y poumistas masacrados por los comunistas en Barcelona, en mayo de 1937? ¿Serán los campesinos de Aragón fusilados, según afirman los comunistas, por negarse a entrar en sus comunas? ¿Serán los numerosos fusilados por los comunistas, y luego los comunistas fusilados o entregados a Franco por los autores de la rebelión de marzo de 1939? Estos sí son auténticos perdedores, los auténticos olvidados en este carnaval de “memoria” montado por, entre otros, tantos personajes que hicieron su agosto durante la dictadura.
Como el señor Gibson ignora puntos básicos de nuestra historia, ni más ni menos que otros historiadores progres, le daré tres pistas:
a) Hubo un terror en los dos bandos durante la guerra, causado por el derrumbe de la legalidad republicana; y esa legalidad la destruyeron las izquierdas y los separatistas, no Franco.
b) Los vencedores juzgaron y fusilaron a numerosos enemigos suyos al terminar la guerra. Con certeza cayeron inocentes, pero también muchos asesinos realmente sádicos. ¿Cuáles de ellos fueron las víctimas para usted? ¿O lo fueron todos?
c) La represión franquista no fue más cruel, sino bastante menos, que la practicada por los comunistas en cualquier sitio donde hayan triunfado. Menos, incluso, que la aplicada en Francia o Italia al acabar la guerra mundial, puesto que allí se resolvió casi siempre mediante asesinatos, sin juicio. ¿Fueron los juicios franquistas poco garantistas? Depende. Comparados con los actuales, sí, pero comparados con los de los “tribunales populares” fueron un verdadero avance.
Tres pistas para que mediten los adrede desmemoriados de la “memoria”.
"Si yo tuviera un abuelo enterrado como un perro en una cuneta, buscaría a mi abuelo. Todos los cristianos deben entender que el ser humano necesita enterrar a sus muertos", dice Gibson.
Verá este sembrador de cizaña: los cristianos puede que “necesiten” eso, pero él, Gibson, al igual que la mayoría de la izquierda y de los componentes del Frente Popular, no son cristianos; son, precisamente, anticristianos, son los que quemaron, o se identifican con los que quemaron, templos, monasterios, bibliotecas y centros de enseñanza por el mero hecho de su carácter cristiano y asesinaron a miles de clérigos y laicos por la misma “razón”. Si Gibson no fuera un redomado hipócrita no invocaría un cristianismo en el que no cree, e invocaría en cambio sus propias creencias.
Los suyos, señor Gibson, expresaron perfectamente su punto de vista en las frases de la Pasionaria incitando a usar los cuerpos de los enemigos como abono de los campos. Esta actitud, señor Gibson, es perfectamente coherente con su interpretación digamos materialista. Se puede enterrar los cadáveres simplemente por razones higiénicas, pero no cabe duda de que es mucho más “racional” y productivo darles esa utilidad como fertilizante. Después de todo ya no son más que un amontonamiento de células en descomposición, ¿no? Esa es la lógica de su pensamiento, sean ustedes consecuentes y déjense de trucos baratos con el cristianismo.
En cuanto a los cristianos, le bastará visitar Paracuellos o el Valle de los Caídos para comprobar que allí se mantienen los restos, en anonimato impuesto por las circunstancias, de miles de personas inidentificables, como ocurre en las fosas que todavía guardan a cientos cientos (no 40.000, desde luego) de fusilados de uno u otro lado. Son muchos los cristianos que han renunciado a encontrar los restos de sus deudos y que no se dedican a buscar subvenciones ni menos a hurgar en viejas heridas con ese pretexto, como hacen ustedes. En el Valle de los Caídos hay también numerosos restos de combatientes izquierdistas o separatistas (que no demócratas, señor Gibson), en pro de una reconciliación que ustedes no sienten en lo más mínimo y que nunca aceptarán, y menos bajo la cruz del monumento; lo que no obsta para que, de repente, les dé a ustedes por recurrir al cristianismo, con su tradicional falta de escrúpulos.
Dice también este sembrador de odios que "hasta que los perdedores no busquen a sus asesinados y les den un entierro digno, este país no está en paz". Señor Gibson, España está en paz y vive en paz desde 1939. Una paz que ustedes pretenden perturbar ahora con esa “memoria” falsa de la raíz a la copa.
Y un consejo, señor Gibson y compañía: dejen en paz a los muertos, porque al final los muertos van a revolverse contra ustedes, van a poner en evidencia toda la vileza de quienes intentan utilizarlos de munición política y contra una paz que, le repito, dura ya en España casi setenta años.
Compruebo que las infamias de Gibson han sido reproducidas por numerosos periódicos en toda España y supongo que también por otros muchos medios de comunicación. Eso lo saben hacer muy bien estos caballeros. Tienen derecho a ello, nada que objetar ...salvo que los puntos de vista contrarios, como los aquí expresados chocan con la censura (inquisitorial o chequista, como se prefiera), exceptuando unos pocos medios. Obstáculo que debiera salvarse con la actividad difusora de las personas que sienten la paz y la democracia. Lástima que esa actividad sea tan poco activa, tan por debajo de lo que exige el momento.
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"No menos indicativo fue un suceso que levantó densa polvareda a finales del verano de 2003: el hallazgo, en un barranco de Órgiva, Granada, de un osario durante la construcción de unas obras del ministerio de Fomento. De inmediato empezó a hablarse de una enorme fosa común "perfectamente documentada", de "fusilamientos masivos", de "exterminio de compatriotas por motivos ideológicos". Un catedrático de Economía de la universidad de Granada caracterizó el barranco como "lugar de crímenes y de muertes" por donde "había corrido un río de sangre". Supuestos testigos recordaban la llegada de camiones cargados de "hombres, mujeres y niños", a quienes bajaban, mataban a tiros y hacían caer rodando a la zanja, echándoles luego cal viva, "y así un día y otro". El catedrático calculó en 5.000 las víctimas, si bien la Asociación por la Memoria, algo menos sanguinaria, las rebajaba a la mitad. Se aumentó el dramatismo poniendo en la picota la "indiferencia" del gobierno Aznar, o hablando del "miedo" de los obreros a perder el trabajo si hablaban de los huesos hallados. Los de la "memoria" señalaban piadosamente que sólo buscaban "el respeto a las familias" de los fusilados, como si alguien les faltara a ese respeto.
El ayuntamiento resolvió homenajear a las víctimas y erigir un gran monumento recordatorio en medio de un parque a crear ex profeso. El dinero vendría aprovechando una orden oficial que subvencionaba a los ayuntamientos para "coordinar actuaciones de recuperación de la memoria histórica". Se exigió la paralización de los trabajos de Fomento, y que los gastos de excavación entrasen en los presupuestos de la obra. En muchos periódicos, y en Internet corrían las noticias y comentarios.
Aquello venía a ser el Paracuellos de la izquierda, después de años de excavar y lanzar insinuaciones, pero sin encontrar más que algunos restos dispersos, de origen no siempre claro. El diario El País dedicó al acontecimiento una página el 1 de septiembre, ofreciendo además de lo ya reseñado, la siguiente información, como si la fuente mereciera alguna confianza: "Según datos de los socialistas, más de 500.000 personas sufrieron prisión y otras 150.000 murieron fusiladas". Y para hincar más el aguijón en el gobierno de Aznar sugería el carácter fascistoide de éste al mencionar que había gastado 13.000 euros en recuperar cadáveres de la División Azul y honrar su memoria mediante un pequeño monumento (en realidad el gobierno recuperó restos de españoles de los dos bandos caídos en Rusia, y hubo otro pequeño monumento para los comunistas españoles muertos allí, que fueron muchos menos).
Se anunciaba, evidentemente, una ofensiva mediática de gran estilo. Pero el 2 de septiembre El País informaba, no a toda plana, sino en el lugar menos visible de una página muy interior: "Los restos óseos hallados el pasado sábado son, según los forenses, de origen animal". De cabras y perros, en concreto. Así se vino abajo la operación. La derecha, prácticamente la pasó por alto, pero puede imaginarse la oleada de sarcasmos, insultos y comentarios moralmente aniquiladores si hubiera sido ella la autora del montaje. Durante muchos años seguiríamos oyéndolos.
Cito el caso no como prueba de que la derecha no cometiera atrocidades, pues ciertamente las cometió, sino como muestra de la explotación cínica de los sentimientos ligados a las víctimas del pasado para sacar tajada política actual. Un hecho muy desgraciado de los últimos años ha sido precisamente la sistemática recuperación de los rencores, que no de la memoria, por los partidos de la izquierda y separatistas. Y como insisten en esa vía y por desgracia logran hacer creer a mucha gente su propaganda, no queda más remedio que hacer un esfuerzo, aun si penoso, por restablecer la verdad histórica, único modo de combatir los odios.
La experiencia prueba que el afán de mentira es en los socialistas como el afán de fondos públicos: connatural e inevitable. Y casi siempre las dos cosas van mezcladas en ellos. Por ejemplo, dice Gibson que hay 40.000 personas enterradas “como perros” en fosas, y que solo en Granada los nacionales mataron a 8.000 personas. Son cifras completamente inventadas, pero de lo que se trata es de hacerlas correr y repetirlas incansablemente, como ocurrió con los 1.600 o 3.000 de Guernica, los 2.000 a 4.000 toreados y fusilados en la Plaza de toros de Badajoz, etc., etc.
¿Por qué ese empeño en el embuste? Porque, por una parte, el cuento se traduce en fondos públicos (subvenciones, sueldos, congresos, la misma presencia de Gibson en la universidad veraniega de Santander, etc.) Y por otra se traduce en poder, es decir, en votos, bien sea positivos para los que se dicen herederos políticos de aquellas víctimas, bien negativos para el Partido Pitoniso (siempre mirando el futuro, brava gente), “heredero del franquismo”, pues mucha gente, solo por eso, no le votará jamás. ¿Es el PP heredero del franquismo? Ciertamente, lo mismo que el PSOE, y no solo en el sentido de que muchos de sus políticos e inspiradores salen directamente de él, sino en el de que ambos actúan en una democracia que proviene, precisamente, del franquismo.
Por esa razón es imprescindible, como vengo diciendo, salir al paso a esta gente una y otra vez. Las trolas de Gibson han sido reproducidas en numerosos periódicos y medios diversos, han llegado a millones de personas y han puesto al PP a la defensiva, como “poco magnánimo”. De un modo u otro, se trata de la lucha por la opinión pública, y ellos saben muy bien que no importa nada que una afirmación sea falsa, si es conveniente y se la traga mucha gente. Como viene ocurriendo, con el colaborador silencio de los pitonisos, esa colaboración a la que ellos llaman “centrismo”.
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Un artículo de un servidor en "El Economista", uno de estos jueves:
Con típica golfería dice Ian Gibson sobre la memoria histórica: "La ley va bien encaminada pese a la crispación que produce el Partido Popular, por ejemplo diciendo que somos unos revanchistas. Yo viajo mucho por España y no veo sed de venganza, sino sed de justicia de restitución y derechos, es una cuestión de decencia humana".
En parte es cierto. A pesar de todo el veneno y el rencor involucrado en las campañas de los carroñeros, la gente en España, la gran mayoría, no tiene sed de venganza. Pero habría que preguntarse qué derechos, qué restitución y qué decencia. Toda la campaña se basa en la presunción de que los muertos izquierdistas y separatistas luchaban "por la libertad", "por la democracia" y "por la república", cuando fueron ellos, indiscutiblemente, quienes arruinaron la legalidad republicana y lo que ella tenía de democrática, y combatieron bajo la protección y la dirección de Stalin, el adalid de las libertades. Hoy no cabe la menor duda al respecto para cualquier persona medianamente documentada. ¿Y qué decir de las masacres entre los propios izquierdistas, qué decir de esos "perdedores" de los que nunca quieren acordarse?
Lo que hay que restituir, los derechos que hay que defender, la decencia que hay que imponer, son los de la verdad histórica, tan maltratada por los gibsons, los prestons, los juliás, los viñas y tutti quanti. Es una cuestión de salud social, nada menos.
La izquierda tiene una clara conciencia de la importancia del pasado como condicionante del presente, y lo explota de forma masiva, falseándolo sin escrúpulos. En cambio la derecha quiere "mirar al futuro", como insiste el patético, y ojalá fuera solamente patético, PP de Rajoy. ¡Qué verá, el hombre, en el futuro, quizá una gigantesca poltrona!
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Se queja Gibson de que mis libros "hacen mucho daño". Cierto, les hacen mucho daño a ellos. Pero no a la verdad. A menos que puedan demostrar que mis tesis son falsas. A ver si de una vez se ponen a la tarea, en lugar de destilar su habitual veneno inquisitorial o chequista.


