Julio 2007


Recetas

29 de Julio de 2007 - 14:58:45 - Pío Moa

Oigo en la COPE a una señora que ha escrito un libro sobre cómo recomponer la familia, y repite, con el mayor entusiasmo, todas las recetas de los sociatas. Para este viaje... La chica tiene una empresa de asesoría a empresas en general para indicarles cómo tienen que hacer las cosas para beneficiar a las familias. El negocio. Se parece al aumento de la delincuencia, que se convierte en un negocio gigantesco de asesores,  expertos, policías privadas, constructores de cárceles, etc. Y cuanta más delincuencia, más negocio.

La semana pasada era el director de otra revista dedicada a los padres y sus problemas con los hijos, y que en gran parte es un puro disparate. ¿Esto defiende la Iglesia?

646 comentarios

El error de los votantes del PP

27 de Julio de 2007 - 11:53:26 - Pío Moa

Sirera parece una gran mejora con respecto a Piqué, pero no ha empezado bien al declarar que su objetivo es situar a Rajoy en la Moncloa. Menudo objetivo. ¿Y qué hará Rajoy en la Moncloa? Eso es lo que cuenta. Como Sirera no lo tiene claro, se lo ha aclarado el componedor del programa de Rajoy: el PP se prepara para pactar con los separatistas, es decir, para hacerles más concesiones, posiblemente, que el propio PSOE. Partiendo, por supuesto, del mantenimiento de los estatutos balcanizantes y anticonstitucionales. ¿Qué hará Sirera?

Los votantes del PP tienen una percepción bastante errónea del partido de su preferencia. Creen que Rajoy y los suyos defienden determinadas ideas (la democracia, la unidad de España, por ejemplo). Y no es así. Defienden, pura y simplemente, la consecución de las poltronas del poder. Por supuesto, a ese fin han de fingir y halagar en parte a sus votantes, pero al mismo tiempo siguen la línea del PSOE, compiten en ella. El bobo solemne, en la misma línea palabrera de Zapo, anuncia un programa “de ruptura” o como lo diga. ¿Y con qué rompe? Rompe, precisamente, con lo que desean la mayoría de sus ingenuos, pasivos y rebañiles votantes.  

-----

Epitafio algo tardío:

“Colaboró y se enriqueció con la dictadura. Desaparecida la dictadura, supo hacer de la oposición a ella un gigantesco negocio”.

Pasmo y admiración de los innumerables pequeños pícaros de la política y la empresa.

163 comentarios

Igualdad contra el "género", y contra la igualdad ante la ley

26 de Julio de 2007 - 13:13:01 - Pío Moa

Los jueves publico una breve columna en "El Economista". La de este jueves:

VALOR Y PRECIO. UN EJEMPLO

Cada dos por tres, como obedeciendo a una consigna, nos cuentan los medios que las mujeres “ganan tropecientos millones de euros menos que los hombres” en tal o cual profesión. El lector apresurado y manipulable se queda con la idea de que las mujeres cobran menos por el mismo trabajo, algo que ni siquiera es legal. Pero no hay nada de ello. Se trata, por lo común, de que las mujeres procuran hacer jornadas más cortas a fin de atender algo a sus hijos o a su hogar. El necio, que confunde valor y precio, lo considera un atraso intolerable. Para él, el valor de todas las cosas consiste en su precio, y por tanto ganar dinero se convierte en el valor máximo, al que deben servir por igual hombres y mujeres. Pues la “igualdad de género” –no la igualdad ante la ley– es otra de sus melopeas obsesivas.

Mensaje implícito: “Tía, despreocúpate de la educación de tus hijos, que para eso están la televisión y un montón de funcionarios bien adoctrinados. Despreocúpate del hogar: si ganas dinero puedes emplear a una inmigrante, y si no, que tu maromo comparta las tareas al cincuenta por cien, a ver por qué no. Y cuantos menos hijos, o ninguno, mejor: más calidad de vida”. 

Exponía Doris Lessing un caso típico: “El banco Natwest tenía un proyecto para promocionar a las mujeres dentro del propio banco y descubrió que solo interesaba a una parte muy pequeña de las empleadas. Les brindaron cursillos especiales y cosas por el estilo, pero en general las mujeres no querían competir. En cambio lo que sí deseaban, pese a tanto movimiento feminista, era casarse y tener una familia, a excepción de una minoría. Y no veo por qué no. No es justo que reciban críticas por pensar así”.

Pero las críticas, abiertas o indirectas, constituyen un verdadero lavado de cerebro por todos los medios, desde todos los medios y con muchísimos medios. Cuando un necio sigue una linde…

66 comentarios

Recordando el gangsterismo de siempre

25 de Julio de 2007 - 08:45:36 - Pío Moa

"Mas el delictivo encuentro salió a la luz antes de lo previsto, colmando la indignación de las fuerzas democráticas. Viéndose descubierto, Carod presentó la cosas a su modo: la ETA le habría pedido la reunión, y él, movido por excelsos propósitos, habría aceptado a título personal, sin informar a Maragall y sin establecer ningún acuerdo con los pistoleros. Ante el Parlament admitió "con humildad" haber errado en la forma, pero no en el fondo, pues, ¿qué empresa más noble que intentar disminuir los sufrimientos? "Habría sido una irresponsabilidad mía no haber considerado la posibilidad, si con ella contribuía, modestamente, a encontrar una salida al fenómeno de la violencia y a salvar una sola vida humana".

Esa explicación sólo convencería a los resueltos a creerla. ¿Por qué iban los jefes de la ETA-Batasuna a solicitar una entrevista personal sin valor político y con riesgo serio para su seguridad? El hecho sabido es que Carod buscaba desde hacía tiempo ese contacto, y muy tentadora hubo de parecer la oferta a los dos jefes máximos de ETA-Batasuna para que la acogiesen. ¿Y por qué la Asociación de Víctimas del Terrorismo iba a reaccionar con frustración y rabia a un encuentro destinado, según el dialogante, a salvar vidas humanas? Visiblemente, Carod trataba de engañar a la opinión pública. De creerle, su único pecado habría sido no haber calculado, en su ingenuidad, la reacción sectaria y agresiva del PP: ahí estaba el mal, y no en su conciliábulo con Ternera.

Ridao, portavoz de la Esquerra, denunció una "ofensiva brutal y despiadada del PP" contra "el Gobierno de Cataluña en cuanto paradigma de democracia y de bienestar, en cuanto a principal referente de la posibilidad de un cambio de hegemonía en la política española, en manos hasta ahora de los responsables de la peor deriva autoritaria y centralista contemporánea. Por eso el PP y su caterva nos hacen ver el mundo al revés y los adversarios políticos de ERC y de Carod-Rovira se encarnizan con él miserablemente (...) Basta de linchamientos. Basta de descalificaciones".

El escándalo se complicaba porque afectaba también al PSOE de Zapatero, que al menos de cara a la galería defendía la postura democrática de repudio al chantaje terrorista. Supuestamente, Carod había obrado a espaldas de Maragall, por lo que Zapatero calificó la reunión famosa de "acto de deslealtad intolerable". Pero Maragall, también supuestamente perjudicado por la deslealtad, se lo tomó con filosofía, por no decir socarronería, y rehusó aceptar la dimisión del salvador de vidas humanas pedida por el líder del PSOE. Por unos días pareció establecerse un pulso entre los dos jefes socialistas. Pero el feo asunto podía perjudicar a Zapatero en las elecciones generales próximas (nota actual: Zapo ya estaba entonces en "diálogo" con los asesinos, a espaldas y contra el Pacto antiterrorista), con malos efecto para el propio Maragall, por lo que este terminó cediendo en apariencia. Carod perdió su flamante conselleria en cap ... si bien siguió en el gobierno regional y sin perder un ápice de su arbitral poder. Exigió un nuevo conseller en cap de su partido, y lo fue Bargalló, fiel carodiano, antiguo comunista evolucionado hacia el separatismo pro terrorista del PSAN, y luego hacia la Esquerra, una evolución no muy profunda, similar a la de Carod.

Tal arreglo no dejaba de constituir una burla a Zapatero... si realmente este exigía algo más que una farsa justificativa. En cuanto a Maragall, aclaró su postura el 30 de enero ante el parlamento catalán. Calificó de "bienintencionado e ingenuo" el "gesto" de Carod. El "error" no había consistido en haber atacado los principios democráticos y el estado de derecho, sino en haber dado a Aznar, entonces presidente del país, "la posibilidad de traer al centro del escenario político su visión patética, corta y miserable de las Españas". El desenvuelto Maragall comparó la ingenuidad de Carod con la achacada otrora al filósofo Hume, nada menos: "Pero ¿saben qué les digo? Que prefiero las buenas intenciones de Carod a la pasividad de estos ocho años pasados". Él, insistió, prefería la "ingenuidad" y la "buena intención" de Carod, porque había mostrado al "pueblo de Cataluña" cómo los dos nacionalismos conservadores (el de CiU y el del PP) "nos están negando el final de ETA y la paz", pues quieren "mantener a ETA viva como un espantajo para justificar el inmovilismo político".

Hace falta toda la canallesca indecencia de un politicastro tercermundista para acusar al PP de "pasividad" y de "mantener a ETA viva", cuando, entre otras cosas, el gobierno de Aznar había empujado a la ETA a la peor situación de su historia. El sentido de la infamia es el mismo de Ibarreche: la manera de acabar con el grupo asesino es acceder a su chantaje, ceder a sus exigencias... en las cuales coinciden todos. Así se lograría "la paz".

(De "Contra la balcanización de España")

77 comentarios

¿Contra qué se sublevó Franco?

18 de Julio de 2007 - 17:18:47 - Pío Moa

Aunque recordarlo no guste a muchos, en especial de derechas, el 18 de julio de 1936 marca una de las fechas decisivas en la historia de España, un antes y un después. Entonces concluyó el ciclo histórico comenzado con la Restauración y proseguido por los episodios epigonales de la dictadura de Primo de Rivera y la república; y comenzó la dictadura que, paradójicamente, ha dado lugar a la única democracia real, prolongada y estable que ha tenido España hasta ahora. Democracia puesta hoy en grave peligro por quienes se sienten herederos del Frente Popular.

Una versión absolutamente disparatada, pero propagada por una universidad, unos políticos y unos historiadores ridículos intelectualmente, pero temibles por su poder, pretende que el golpe del 18 de julio y la guerra subsiguiente destruyeron la democracia republicana. Fue exactamente al revés: la destrucción de la democracia republicana ocasionó la guerra, y quienes la destruyeron fueron, precisamente, las izquierdas y los separatistas. Esto puede darse hoy por firme y documentalmente establecido.

En un bandazo poco meditado, algunos autores niegan hoy legitimidad o carácter democrático a aquella república, pero es indudable que, aunque con serios defectos, fue legítima y democrática. Cierto que su legitimidad no provino de unas elecciones municipales que perdieron los republicanos, sino de la entrega del poder por parte de unos monárquicos plenamente abyectos. El mayor delito en aquel caso no corresponde a unos republicanos que explotaron una situación histórica favorable, sino a unas derechas dispuestas a menospreciar y traicionar a sus propios electores. Los monárquicos fueron los mayores delincuentes, porque se trató de un enorme delito –envuelto en pretensiones irrisoriamentre humanitarias– contra la libertad y la estabilidad de España.

Y si bien durante la república imperó casi siempre la censura y el estado de excepción, y la Constitución no era laica, sino anticatólica, se trató básicamente de una democracia. Como supo ver correctamente la CEDA, la Constitución permitía, pese a todo, las libertades y la alternancia pacífica en el poder, y sus graves defectos podían subsanarse mediante el ejercicio de la democracia. Claro que las izquierdas llegaban con una visión mesiánica de la política según la cual la república no era tal si no mandaban ellos, y las leyes podían vulnerarse y alterarse si ellas lo consideraban ventajoso. De ahí la insurrección de octubre de 1934.

Pero la derecha pudo ganar las elecciones de 1933 y derrotar en 1934 la insurrección izquierdista-separatista sin destruir, al contrario, defendiendo la legalidad republicana. Y la ruina final del sistema fue causada, no por las derrotadas izquierdas, sino por un presidente de derechas ansioso de pasar por progresista y congraciarse con los vencidos guerracivilistas, repitiendo en cierto modo la entrega del poder por los monárquicos en 1931: sin las maniobras de Alcalá-Zamora, las izquierdas no habrían vuelto al poder en 1936. 

Conviene releer el comunicado de Franco justificando su rebelión: la Constitución era sistemáticamente pisoteada, no había ley y sí un proceso revolucionario abierto. Esto no era una justificación, sino la pura y evidente realidad. Él, que había admitido la democratización dentro del orden, y que había defendido la república en 1934, se sublevaba ahora con la idea, errónea pero comprensible, de que en España la democracia no funcionaba. Y no podía funcionar con tales "demócratas".

La democracia quedó así fuera de cuestión, tanto para las izquierdas totalitarias como  para las derechas autoritarias. Franco fue el último en rebelarse contra la república, después de que lo hubieran hecho los anarquistas, Sanjurjo, Azaña, los socialistas, los nacionalistas catalanes, los comunistas y en alguna medida Gil-Robles. Fue también el único en triunfar, no sobre la democracia, ya inexistente, sino sobre un proceso revolucionario que no había ya demócratas capaces de parar. Él lo hizo.

Luego organizó una dictadura autoritaria –no totalitaria, afortunadamente–, pero esa es otra historia.  

388 comentarios

Mayor Oreja

12 de Julio de 2007 - 08:42:16 - Pío Moa

Mayor Oreja siempre me pareció, salvo por cierta tendencia a la reiteración cansina, la mejor cabeza política del PP. Cuando este partido llegó al poder, parece haber sido el único en comprender la necesidad de un impulso de reafirmación y renovación democrática después de los estragos del felipismo. En lugar de ello se produjo el simple acoplamiento a “la realidad”, el “pasar página”, y el "centrismo", como, muy erróneamente, propugnó Aznar, ansioso de demostrar la falsedad de las acusaciones de “derechona” que le hacían los corruptos, los terroristas de estado, los separatistas cómplices de la ETA o los enterradores de Montesquieu. Con esa debilidad el PP perdió la iniciativa y defraudó a gran parte de sus votantes. Quizá porque Aznar pensó, con generosidad temeraria, que socialistas y separatistas habrían aprendido la lección de la experiencia anterior y estaban dispuestos a regenerarse. No solo no pensaron nunca en regenerarse, sino que la pérdida del poder o la amenaza de perderlo en algunas regiones, redobló su furia no solo contra el PP, que sería lo de menos, sino contra el sistema democrático español.

Mayor Oreja fue desoído en el PP y finalmente marginado –por su propio partido, insisto, no por los socialistas, como también ocurrió con Vidal Quadras–. En su lugar han ido ascendiendo y marcando la orientación los Rajoy, los Piqué, los Gallardón, los Arenas, los Elorriaga, los Rato… Todos ellos caracterizados por su concepción marrullera de la política, por su carrerismo y falta de principios, por su decisión de aprovechar los votos que creen asegurados para traicionarlos y acoplarse, en definitiva, a  la política anticonstitucional de los liberticidas.

Ayer publicó Mayor Oreja en Libertad Digital un artículo merecedor de la más amplia reflexión. Invito a los lectores del blog a difundirlo tan masiva y persistentemente como puedan. La lucha, una vez más, es por la opinión pública.

----------------- 

Foro de Educación

Estimados compañeros, colaboradores y amigos;

Tengo el placer de comunicaros que la Web de Foro de Educación ya está a pleno rendimiento.

Recientemente, se ha actualizado y remodelado la Web de Foro de Educación, donde se pueden encontrar, entre otras cosas, un jugoso elenco de recursos electrónicos útiles referidos a temas educativos y de investigación, el contenido íntegro de la publicación y el acceso al Foro virtual de pensamiento, educación y sociedad, donde esperamos su participación, con la finalidad de dar pie a una constante reflexión y comunicación sobre temas de actualidad. Merece, y merecerá especial atención la edición electrónica de la revista, pues será nuestro portal internacional, eliminando, así, las barreras que imponen las distancias: Es nuestra apuesta decidida por el pensamiento universal, la comunicación y la colaboración.

Ruego que, por favor, se máxima difusión a este mensaje, si se considera oportuno.

Atentamente,

José Luis Hernández Huerta,

Director de Foro de Educación.

319 comentarios

El mito de Guernica se resiste a morir

7 de Julio de 2007 - 19:49:50 - Pío Moa

Ibarreche ha exigido por enésima vez que el gobierno español (lo trata como extranjero) pida perdón por el bombardeo de Guernica, y –atento siempre al negocio– que el cuadro de Picasso vaya a “Euskadi”, cualquier cosa que eso sea, aunque ya sabemos a qué se refiere.

El mito de Guernica ha resultado enormemente productivo para toda la golfería progre mundial, y particularmente para el secesionismo sabiniano. Ha permitido a este último presentarse como representante del pueblo vasco y como víctima de uno de los crímenes de guerra más característicos de la guerra mundial, aunque los mismos fueran cometidos sobre todo por los anglosajones, precisamente los creadores del mito.

Hoy, después de estudios como los de Vicente Talón, César Vidal y, sobre todo, el muy pormenorizado de Jesús Salas, conocemos los aspectos clave del bombardeo:

a) Fue ordenado por el jefe de la Legión Cóndor Von Richthofen, sin permiso de Franco ni de Mola. Franco, que ya había dado órdenes de no atacar la población civil, las reiteró a continuación. Los bombardeos sobre la población civil fueron iniciados por el Frente Popular.

b) La acción obedeció al intento de Richthofen de que la ofensiva de Mola avanzase sobre Guernica para copar a una importante masa del ejército contrario. Habría sido una decisión militarmente acertada, pero Mola, que no congeniaba con el alemán, mantuvo el plan primitivo de avanzar sobre Durango, por lo que el efecto militar inmediato del bombardeo se perdió

c) Sin embargo tuvo un efecto militar aplazado del máximo alcance: Aguirre, jefe del gobierno autonómico, hizo un llamamiento a los suyos a luchar con la máxima energía, pero ocultamente intensificó sus contactos con los fascistas, con vistas a traicionar al Frente Popular mediante una rendición por separado. El primer resultado de estos tratos fue la toma de la industria bilbaína intacta por las tropas de Franco, y el segundo la primera gran victoria  masiva de los franquistas, en Santander.

d) Los muertos fueron, como máximo, 126, cifra muy alejada de los 1.600 que predominaban en la propaganda (oscilaban entre los 800 y los 3.000). No obstante muchos se resisten todavía y hablan de 200 o 300 muertos, sin fundamento alguno

e) La destrucción por los incendios fue espectacular. Afectó inicialmente a cincuenta edificios, extendiéndose luego hasta a doscientos (70% de la villa). Los bomberos de Bilbao, a escasa distancia, tardaron dos horas en llegar y se retiraron a medianoche, sin apagar los fuegos, que continuaron extendiéndose hasta el día siguiente.

f) La Casa de Juntas y el árbol de Guernica, contra lo que quiere la leyenda, no fueron atacados. Los alemanes ignoraban por completo aquellos símbolos. Tampoco es cierto que Guernica fuera una "capital cultural" o "histórica" de las Vascongadas y que allí jurasen los reyes "los fueros vascos". En realidad no había tales fueros vascos, pues cada provincia tenía el suyo propio, y a menudo presionaba ante la corona para obtener privilegios a costa de los de las otras provincias.

g) El mito lo crearon sobre todo unos periodistas ingleses, de los que Steer fue el más destacado, con vistas a alertar a los ingleses, por entonces sometidos a la propaganda pacifista del laborismo, sobre los peligros que se venían encima desde Alemania. Irónicamente, serían los ingleses quienes desarrollasen al máximo los ataques aéreos de terror sobre la población civil.

Como indiqué, el separatismo sabiniano y la izquierda en general han utilizado de forma masiva el mito, haciéndolo creer a innumerables personas y beneficiándose de las correspondientes rentas políticas. Razón de más para que todos hagamos el máximo esfuerzo por dar a conocer la verdad con la mayor amplitud posible. Cada uno tiene ahí una tarea, si quiere salir de la pasividad.

En la base de todas las amenazas a la democracia se encuentra una falsificación del pasado.

199 comentarios

Un error de apreciación

5 de Julio de 2007 - 11:27:59 - Pío Moa

He creído que Rajoy había cometido un serio error en las pasadas elecciones generales al no aceptar un debate con Zapo, que habría evitado dos terceras partes del gasto electoral. El error era mío. Yo tenía la impresión de que Rajoy simplemente se merendaría al “rojo” heredero del Frente Popular y a su demagogia contradictoria y ultrabarata, pero estaba equivocado. Rajoy obró muy razonablemente al negarse al debate entonces. Porque, desde luego, lo habría perdido y, con toda probabilidad, también habría perdido las elecciones sin necesidad del atentado del 11-M.

Es así, lo hemos visto en los debates que no ha tenido más remedio que entablar como jefe de la oposición, y lo acabamos de ver ahora. Este político, cuando habló de algún “bobo solemne” se estaba definiendo perfectamente a sí mismo: es solemne en su bobería, siempre a rastras de la iniciativa contraria, incapaz de rebatir las más ultrajantes mentiras y desvirtuaciones de su oponente, y capaz, en cambio, de ofrecerse a él para “ayudarle” cuando los demás “le dejen solo”. Capaz de decirle que lamenta ser tan “duro” con él… Rajoy quiere conquistar la simpatía del público dando imagen de honrado y sincero, y parece que lo consigue, aunque solo con sus incondicionales. Inepto, sí, pero “sincero”, eso lo aprecian mucho algunas personas.

Sin embargo solo son trucos. Ni es honrado ni es sincero. Ya en aquellas elecciones se afanaba en obtener las rentas de la gestión de Aznar sin citar los logros de este, dando a entender que él significaba una política nueva, la cual tampoco explicitaba.  Y el colmo de la deshonestidad es fingir atacar una política para cooperar en la práctica con ella. A Zapo le basta preguntarle por el estatuto catalán para dejar al descubierto toda su marrullería, la boba marrullería de Rajoy.

204 comentarios

Perspectivas

4 de Julio de 2007 - 15:09:14 - Pío Moa

Supongamos que ganara Rajoy las elecciones. Si no lograse la mayoría absoluta, tendría que pactar con algún grupo separatista, probablemente CiU, que le vendería extremadamente caros sus favores.

Y si lograse la mayoría absoluta, se vería sometido a un “chapapote” tras otro, como decía no sé quién. Incluso con Aznar, el PP fue incapaz de reaccionar adecuadamente a aquellas campañas; y un político de la escasa talla y abundante blandenguería de Rajoy, para qué hablar.

¿Sería capaz Rajoy de anular las leyes anticonstitucionales que sistemáticamente ha hecho aprobar Zapo? ¿La Constitución catalana? ¿La del “matrimonio” homosexual? ¿La de igualdad?... Uno no puede ni imaginarlo. ¿Y va Rajoy a “derrotar” a la ETA? Hace falta mucha ingenuidad para creerlo.

Rajoy no ha defendido la Constitución, solo ha hecho amagos pasajeros de defenderla, para colaborar en la práctica con la labor demoledora de Zapo. No es oposición, es matización.  

Consideran muchos a Rajoy un excelente parlamentario. Quizá al estilo de los torneos palabreros de antaño. Otros destacan su honradez. Pero un político que no defiende la ley, que ni siquiera ha sido capaz de basar su política en los logros de Aznar, a los que casi nunca se refirió ya desde su campaña electoral; un político que acusa a Zapo de lo que él mismo hizo, por ejemplo con la Constitución europea... no es honrado. Ni siquiera serio, a pesar de su aparente buena educación, solemnería más bien. 

116 comentarios

Algo más sobre Kamen

3 de Julio de 2007 - 15:54:51 - Pío Moa

La oreja de Jenkins y un mal método historiográfico
 
Recuerdo un reportaje en El País, hace ya bastantes años, sobre la historia del Museo del Prado, cuya autora, en el estilo, tan común en estos años, de desvalorizar lo español, se explayaba sobre el cúmulo de desidias, errores burocráticos y desastre organizativo en la formación de las colecciones y del propio museo. La conclusión sería que, si con tan calamitosa actuación teníamos uno de los mejores museos de pintura del mundo, el mejor según algunos, ¡qué habríamos logrado de haber trabajado un poco mejor!

Probablemente había bastante verdad en las observaciones de la hipercrítica escritora, pero su método historiográfico era pésimo: tendría que haber contrastado los fallos con los aciertos, sin duda muy superiores, teniendo en cuenta el resultado.

Me viene el caso a la memoria en relación con el libro de Kamen sobre el imperio español, y en concreto sobre cómo explica “la guerra de la oreja de Jenkins”, surgida del contrabando practicado por ingleses, holandeses y otros en América. Los guardacostas españoles perseguían ese contrabando, pero, según sus enemigos, muchos guardacostas practicaban la piratería, y un empleado de la Compañía del Mar del Sur los califica como “los más abominables ladrones de la humanidad”. Si hubo opiniones distintas, Kamen las omite. Los guardacostas habrían “confiscado ilegalmente, o robado”, entre 1813 y 1731, y según queja del gobierno británico, más de 180 mercantes ingleses, muy probablemente contrabandistas. “El caso más célebre fue el del capitán Jenkins, que en 1738 declaró en la Cámara de los Comunes que siete años antes su barco había sido víctima del pillaje de los españoles en América. A él le habían atado a un mástil y le habían cortado una oreja”.

El gobierno inglés exigió compensaciones a Madrid, sin llegar a un acuerdo, y, en plena indignación patriótica declaró la guerra a España, con la oposición del primer ministro, Walpole, el cual explicó, en palabras de Kamen, que “a Gran Bretaña le interesaba proteger a España”, por los beneficios que extraía del comercio con su imperio. Walpole dimitió, tras calificar la guerra de “injusta y deshonrosa”.

En consecuencia, y después de varias incidencias, en enero de 1741, “Vernon reunió en Port Royal lo que algunos llamaron la más formidable armada que jamás se vio en el Caribe”, con treinta buques de guerra y cien transportes con más de once mil soldados. “Pero perro ladrador, poco mordedor”, comenta absurdamente Kamen. “La flota puso sitio a Cartagena (de Indias) en la primavera de 1741, pero se retiró ante el temor de que llegaran refuerzos para socorrer la ciudad. A continuación se lanzó sobre la bahía de Guantánamo, en Cuba, capturándola, pero fue incapaz de sacar provecho de esta captura. Por último trató de apoderarse de Panamá, pero también en esto fracasó (…) Fue una campaña naval con objetivos confusos (…) Se trataba simplemente (…) de humillar al imperio”.

Otra flota menor, de ocho barcos y 1.500 soldados, fue enviada al mando del almirante Anson para atacar las posesiones españolas por el Pacífico, y coger en tenaza, con Vernon, el istmo de Panamá. La expedición fracasó, y, con tres barcos restantes, Anson intentó capturar el galeón de Manila, lo que logró finalmente, ya en mayo de 1743, perdiendo, señala Kamen, un marinero, por setenta los españoles.

Naturalmente, el hecho de esta guerra contradice un tanto su visión del imperio español como una especie de cobertura bajo la que actuaban en realidad los ingleses, holandeses, franceses, judíos, alemanes e italianos, y en la que los propios españoles representaban un papel menor. Este absurdo ya lo traté en otro artículo, y aquí se manifiesta en el hecho de que quienes impusieron la guerra fueron, precisamente, los comerciantes ingleses a quienes, en principio, más interesaba “proteger” a España, por emplear la expresión de Kamen. Por otra parte, las observaciones de Walpole valen casi en cualquier ocasión. Así, en los años 20 y 30 del siglo pasado, Alemania y la URSS sostuvieron fructíferas relaciones, hasta la invasión de la URSS por Hitler. Aunque en Alemania no podían exponerse opiniones contrarias, no faltarían quienes, al menos en su fuero interno se hiciesen reflexiones parecidas a las de Walpole.

El hecho de que los principales beneficiarios del imperio español, según Kamen, lanzasen la guerra contra él, encaja mal en sus teorías. Quizá los comerciantes ingleses esperaban sacar más provecho dominando directamente aquel imperio, que limitándose a comerciar con él, como debió de pensar Hitler con respecto a Rusia. Pues tampoco acaba de encajar la pretensión de que Londres sólo aspiraba a “humillar” a España. Para tan limitado objetivo no parece racional aprestar una flota gigantesca, la mayor conocida hasta entonces, cifrada por otras fuentes en 186 barcos y 23.600 combatientes entre soldados, marineros y macheteros negros esclavos, aparte de los llevados por Anson. Y la operación se dirigió a un centro neurálgico, Cartagena de Indias, donde confluía el comercio imperial hacia Europa. Los españoles solían interpretar que se trató de una gran ofensiva para quebrar su imperio, y no suena irrazonable el supuesto.

En la versión española de la guerra, un capitán de guardacostas, Juan Fandiño, que quizá tenía una opinión de su trabajo distinta de la de sus enemigos, capturó el barco de Jenkins y cortó a éste la oreja, advirtiéndole: “Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve”. De ahí derivó “la guerra de la oreja de Jenkins”, como se la conoce en Inglaterra.

La clave de la contienda fue el asalto a Cartagena de Indias. La ciudad, defendida por 3.600 hombres, 600 de ellos indios, debía caer forzosamente ante una escuadra tan extraordinaria. Sin embargo no cayó. Kamen empieza su libro con una cita de Brecht desvalorizando el mando de un ejército, pero lo que desbarató el intento británico fue precisamente la previsión y la acción de uno de esos mandos, Blas de Lezo, hombre del estilo del capitán Contreras y otros que hicieron o defendieron el imperio español, y que ya había batido a Vernon en alguna otra ocasión.

No parece que Vernon se retirara de Cartagena por temor a refuerzos hispanos. Desde mediados de marzo estuvo bombardeando la ciudad y sus fuertes, y desembarcó luego para tomar algunos de ellos, lográndolo a costa de grandes bajas. El 19 y el 20 de abril ocurrió la acción decisiva, y en ella sus tropas fueron diezmadas ante el fuerte principal, y rematadas en una impetuosa salida. Los británicos tuvieron que retirarse a los barcos, desde los cuales siguieron un mes más cañoneando en vano la ciudad, mientras las enfermedades hacían presa en ellos, obligándoles a incendiar varios buques por falta de tripulación. El fracaso ante Cartagena resultó tan humillante que el rey Jorge II prohibió escribir sobre él. La consecuencia fue que el imperio español se mantuvo en pie casi un siglo más, sin que los ingleses volvieran a amenazarlo seriamente.

El punto de vista español sobre la guerra “de la oreja de Jenkins” parece mejor fundado que el inglés, y, en todo caso un historiador serio debe tenerlo en cuenta necesariamente, cosa que Kamen no hace.

Kamen culmina su libro con una reflexión sobre “el fracaso de España a la hora de crear un discurso imperial, esto es, de crear un entendimiento entre los pueblos basado en una comunicación, una lengua y unos intereses compartidos”. El imperio español duró tres siglos, notablemente pacíficos en el interior, es decir, prácticamente tanto tiempo como el imperio británico y más que el francés u otros europeos. En cuanto a la comunicación y la lengua, veinte naciones y cerca de 400 millones de personas hablan hoy español. Sobre los intereses compartidos cabría observar que debían de ser bastante estrechos, por cuanto las guerras de independencia resultaron muy largas y empeñadas, debido a su componente de guerras civiles, más que a la intervención de una España exhausta por las contiendas napoleónicas. No parece tanto fracaso, en definitiva.

Al enfocar la historia con tanta unilateralidad, Kamen llega inevitablemente a conclusiones en verdad peculiares. Como dicen los críos, “¡así, cualquiera!”.
 
---------
 
Ausencia de oposición
 
Aburre, ciertamente, insistir en la misma evidencia: Rajoy carece de pegada dialéctica. Con una oposición así, un majadero radical como Zapo puede siempre salir airoso, por muchos errores y fechorías que cometa.
 
La clave está en la ausencia de política propia por parte del PP. Todo lo que ha hecho este partido, desde la pérdida de las elecciones, ha sido ir a rastras de las iniciativas de Zapo y su banda, eso sí, en medio de quejas y protestas pueriles, totalmente incapaz de tomar a su vez la iniciativa. La indignante inanidad ante la crisis. Nada mejor podría haber deseado Zapo para llevar adelante su programa de balcanización de la democracia española.

106 comentarios

"Evidencias" y dislates

2 de Julio de 2007 - 12:08:29 - Pío Moa

Dice Henry Kamen que "quienes se oponen a las tesis de Pío Moa tienen mucha razón". No se molesta en explicar por qué, aunque admite que "estaría dispuesto a aceptar varias de sus afirmaciones (de Moa) sobre los fallos de la II República, los cuales se han tendido a ocultar por los historiadores antifranquistas". ¡Qué remedio!   El grueso de la historiografía de los últimos treinta años sobre la república, la guerra civil y el franquismo encierra enormes y sistemáticas ocultaciones, que, desde luego, hoy ya no pueden sostenerse. Se intenta matar al mensajero, pero el mensaje no puede ser desatendido, y el propio Kamen ha escrito algún trabajo bastante en la línea de los míos, aunque sin citarme.

Más interés tiene  otra afirmación suya: "Los puntos de vista no tienen importancia. Lo que importa es si los escritos se basan en evidencias" (pruebas). La cuestión no es tan simple. En realidad los puntos de vista tienen importancia decisiva. Un punto de vista marxista o marxistoide, como el que ha predominado en estos años, solo puede producir una historiografía al estilo Lisenko, y siempre encontrará las "evidencias" oportunas, como he tratado de exponer en "La quiebra de la historiografía progresista". Sin embargo esas pruebas o evidencias terminan chocando de tal modo con la realidad conocida que han de ser revisadas y, en general, rechazadas.

Un experto en esa historiografía de "evidencias" que conducen a una historia disparatada es Preston: de creerle, Franco "tenía que" haber perdido la guerra, por su ineptitud; "tenía que" haber metido a España en la guerra mundial, pues no deseaba otra cosa; "tenía que" haber dejado una España hundida en la más espantosa miseria, porque aparte de no entender nada de economía, solo deseaba aplastar a los trabajadores; "tenía que" haber fomentado el analfabetismo y la ignorancia masivas;  etc. El resultado es un completo dislate... para el cual, faltaría más, encuentra siempre las "evidencias" oportunas.  

Kamen es en ello  más desigual que Preston. Ha escrito algunos libros de mérito sobre la Inquisición o Felipe II, pero su "punto de vista" sobre la historia de España, al parecer influido por las pintorescas lucubraciones del nacionalismo catalán, resulta plenamente prestoniana:

DIGRESIONES HISTÓRICAS
 
Pero Grullo y varios enigmas históricos
 
Por Pío Moa
 
Henry Kamen termina su libro Imperio con la siguiente reflexión: “Fue, más allá de toda duda, una inmensa y gloriosa epopeya para muchos, pero para muchos otros estuvo teñida de una irreparable desolación”. Pero Grullo podría haberse sentido orgulloso de tal corolario. Incluso podría haberlo ampliado al conjunto de los empeños humanos, pues, por ejemplo, ¿no fue el final de la guerra mundial una irreparable desolación para millones de nazis? Y la ciencia, ¿no ha facilitado los peores crímenes? La misma medicina, que ha permitido rebajar la mortalidad infantil en muchos países pobres, ¿no ha multiplicado una población condenada, al parecer, a la miseria extrema? Y así sucesivamente. Uno se pregunta si para llegar ahí habrán hecho falta casi 600 páginas.

Tampoco es muy alentador el comienzo del libro, con una cita de las Preguntas de un obrero que lee, de Bertholt Brecht: “El joven Alejandro conquistó la India. ¿Él solo? César venció a los galos. ¿No tenía siquiera un cocinero con él?” Tales reflexiones, nuevamente, son perogrulladas, y en lo que dejan de serlo, sandeces. Cien mil cocineros no habrían vencido a los galos o conquistado la India, y un Ejército mal mandado habría probablemente perecido en la empresa, como tantas veces ha pasado. Y no son preguntas de ningún obrero, claro, sino del propio Brecht, que, como buen marxista, toma a los obreros por tontos y les instruye en tales “profundidades”. Pero Kamen parece impresionado por Bertoldo, uno de los falsarios intelectuales más distinguidos del siglo XX. Supongo que quiere indicar que al Imperio español contribuyeron muchas más personas que los hispanos normalmente citados en primer plano.

Esto es bien sabido. Aquel imperio atrajo a todo tipo de extranjeros, buenos y malos, como ahora mismo ocurre con USA, si bien no conviene llevar la analogía demasiado lejos. Lo nuevo es el énfasis puesto en ese hecho, al cual considera Kamen definitorio: “El imperio español era una empresa internacional en la que participaban muchos pueblos”, y no fue “la creación de un pueblo, sino la relación entre muchos pueblos, el producto final de muchas contingencias históricas entre las cuales la contribución española no siempre fue la más significativa”.

¿No siempre? Aquí es Kamen inconsecuente consigo mismo, pues tendría que haber dicho “nunca”. Para empezar, “la expansión europea (…) estaba en función de las mejoras tecnológicas (…) Y por lo general la tecnología era, como sabemos, más europea que española”. Aun así, España podría haber sido un país rico, pero tampoco. Critica Kamen, no sin un fondo de razón, las jeremiadas tópicas de cierta historiografía hispana sobre el “despilfarro de la riqueza y el potencial humano” español durante los siglos XVI y XVII: “España tenía muy poco de ambas cosas, y habría sido difícil despilfarrar ese poco que tenía”. Pero su salida no es menos sorprendente: “En realidad, España era un país pobre que dio el salto a la condición imperial porque a cada paso recibió la ayuda del capital, la experiencia, los conocimientos y la mano de obra de otros pueblos asociados”. ¿La ayuda? Fue algo más, según aclara en otras páginas, pues siempre hubo en los hispanos dura resistencia a salir de su tierra, y el imperio “no fue consecuencia de la voluntad de poder deliberada por parte de los españoles, que fueron –con gran sorpresa por su parte– presionados a desempeñar el papel de hacedores del imperio”. Peor aún, “Los castellanos se mostraron más que satisfechos de dejar que otros construyeran el imperio por ellos”.

Al parecer hubo una especie de acuerdo internacional para obligar a los españoles a moverse, o para sustituirlos incluso, en la construcción imperial ¿Quiénes presionaron así a los españoles? “Las grandes familias de banqueros –los Fugger, los Welser, los Spinola– se ocuparon de asegurarse de que su inversión se administraba con eficacia”. “Las riquezas y el poder humano pertenecían en gran medida a aquellos que no eran españoles”. Los mismos ingleses y holandeses habrían estado interesados, salvo en algunos momentos de histeria, en mantener el imperio español. Fue una empresa general europea, y todos “invertían ambas cosas [capital y hombres] en el negocio en curso del imperio y recogían la recompensa correspondiente. Los españoles (…) aportaron su propia y singular contribución y gozaron del honor de ser los gestores de la empresa. Pero la empresa pertenecía a todos”. ¿A todos? Aquí Kamen vuelve a mostrarse inconsecuente, pues debiera haber dicho “a otros”.

Así pues, España apenas aportó capitales, ni tecnología, ni hombres –y mucho menos hombres preparados o cultos–, y ni siquiera voluntad, para colmo. Pero entonces, ¿cómo habría podido ser ella la “gestora” de aquella descomunal empresa? ¿Y por qué, con generosidad difícil de entender, todos se han mostrado de acuerdo en llamar “imperio español” a la magna obra común? Resulta arduo de explicar, y Kamen no lo consigue ni, en rigor, lo intenta. Además, ¿cómo fue posible durante tanto tiempo mantener tan diversos y contrapuestos intereses operando armónicamente, como dirigidos por una batuta, en torno a España? ¿Quizá aquellos españoles, tan pocos, tan pobres, tan atrasados y desganados, poseían en cambio un auténtico genio político y diplomático, capaz de hacer que los demás sirvieran así a sus intereses? Por desgracia, tampoco encuentra el historiador británico rastro de tal cosa: el talento político hispano rondaba la nulidad.

Una muestra: los españoles creían universal su lengua, pero, nos informa Kamen, se trataba de una vanidosa ilusión. Así, “para los españoles, el problema era cómo comunicarse con fluidez con las naciones políglotas que deseaban dominar. Durante la gran época del imperio, a la elite castellana le resultó difícil afrontar el problema del lenguaje. Esto afectó profundamente a su relación con todos los pueblos que iba encontrando. Durante el siglo largo en que la política castellana dictó la vida política y militar de los Países Bajos, era raro encontrar un noble castellano con nociones de holandés”. Lo mismo ocurría con el árabe o con las lenguas americanas. En conclusión, “dominadores y dominados se movían en universos separados que no se comprendían entre sí; los gobernantes se apartaban del pueblo al que gobernaban”. Nuevo enigma, porque si España no podía despilfarrar riquezas y hombres que no tenía, ¿cómo pudo resultar “dominadora” o “dictar la vida” de otros? Menos aún podría haber durado aquel extraño imperio nada menos que tres siglos, por lo demás comparativamente muy pacíficos fuera de Europa. ¿Y cómo explicar que tantos países de América hablen español, queden restos de él en Filipinas y otras islas del Pacífico, y topónimos españoles se encuentren todavía por medio mundo, desde Australia a algunos lugares de África? Kamen no cree importantes estas dificultades y contradicciones, pero al dejarlas de lado sólo encontramos otro éxito de Pero Grullo. El problema del lenguaje lo han tenido todos los imperios, y por lo común lo han resuelto utilizando el idioma de la metrópoli. Así llegó a hablarse latín en España o el inglés se ha hecho el idioma de comunicación en la India, por poner dos casos típicos.

Y de este modo progresa Kamen, entre perogrulladas y enigmas históricos que dejan pequeños al de Sánchez Albornoz. En realidad, su línea recoge una interpretación de la historia como desarrollo tecnológico, para la cual lo que no entra en sus esquemas simplemente no existe. En rigor, no pudo existir imperio español porque la misma España no habría existido, propiamente hablando, aunque nos valgamos del término por costumbre o comodidad. Por eso incluye a los catalanes entre las naciones sometidas al imperio, o nos explica cómo, en su libro, “los ciudadanos de los reinos peninsulares son identificados a menudo por su lugar de origen, a fin de no sembrar confusión mediante el uso impreciso del adjetivo español”. Esto ayuda a entender por qué todo el mundo ha llamado siempre español a aquel imperio. Se trata, simplemente, de una “imprecisión”, a corregir en lo sucesivo. Una fuente de esta visión es el nacionalismo catalán, cuya influencia en el buen Kamen salta a la vista. “Bien mirados los hechos –decía Prat de la Riba–, no hay pueblos emigrados, ni bárbaros conquistadores, ni unidad católica, ni España, ni nada”. El autor británico determina que, “bien mirados los hechos”, lógicamente, tampoco pudo haber imperio “español”.

El método de Imperio es simple. En la historia, se ha dicho, encontramos de todo, por lo que siempre se pueden buscar citas o datos en apoyo de cualquier tesis, por disparatada que sea. Para pasarla por buena basta omitir los datos contradictorios y el análisis crítico de ellos. Como he venido mostrando, es el método privilegiado de muchos historiadores-propagandista hoy día en relación con nuestra guerra civil. Parece haber una decadencia en la historiografía británica, al menos en la referida a España, porque encontramos en varios autores muy publicitados, como Preston o Carr, las mismas incoherencias, contradicciones y desdén por abordar los problemas que sus mismas interpretaciones crean.

Pero el libro de Kamen no deja de tener interés como un reto a la historiografía española, algo pesada y a ras de suelo –no siempre, pero sí a menudo–, con escasa visión de conjunto y tendencia a la lamentación. Lo cierto es que la España de entonces, un país efectivamente pobre y no muy poblado, extendió su poder por mundos hasta entonces desconocidos en Europa, contuvo la expansión del Islam y del protestantismo, y creó al mismo tiempo una gran cultura. No es nada fácil explicar un hecho tan inusitado, sobre todo a la vista de su decadencia posterior, a veces abyecta. La dificultad de explicarlo hace que algunos prefieran negarlo, pero la realidad sigue ahí, desafiando a los historiadores.

89 comentarios

Libertad sexual

1 de Julio de 2007 - 11:27:34 - Pío Moa

Una de las tiorras del gobierno, da lo mismo cual –forman una tropilla donde es difícil distinguir individualidades–, ha hecho una aportación teórica de primer orden, para que luego digan: la principal libertad es la libertad sexual. Cabe, sin embargo, la duda desde la propia óptica sociata: ¿no será más importante todavía la libertad económica, entendiendo por tal la libertad de saquear los fondos públicos, que, como ha analizado  en profundidad otra de las tiorras, o quizá la misma, “no son de nadie”? ¿Qué se puede hacer sin la pasta, empezando por follar? Algún purista objetará que esta gente confunde libertad con corrupción, pero no hay por qué darle demasiadas vueltas. Todos sabemos lo que significa en su vocabulario “proceso de paz”, “lucha antiterrorista”, “alianza de civilizaciones”, “educación para la ciudadanía”, etc. Y, lógicamente, “libertades”. Basta con tenerlo en cuenta.

Obviamente, nadie se mete con las costumbres sexuales de las tiorras y los tiorros del gobierno y asimilados, se lo monten con tríos, cuartetos, animales o entre personas del mismo sexo, cobren o paguen por el asunto. Estas cosas siempre existieron y siempre existirán, y la represión contra ellas nunca ha surtido efectos decisivos. En realidad, a ver quién tira la primera piedra. Son osas que pertenecen a la intimidad personal, y ahí debieran quedarse.

El problema  surge cuando salen de la intimidad y pretenden dominar el espacio público. Cuando pretenden equiparar, incluso por ley, formas de sexualidad evidentemente taradas con las formas normales, más aún, exponiendo las primeras como ejemplo y motivo de orgullo, con amplio gasto de fondos públicos (¿ven la importancia de la “libertad económica”?). Y, peor todavía, cuando esas personas se empeñan en dictar las normas morales y “educar” a nuestros hijos según sus “libertades”.  

No es este un tema menor, ni muchísimo menos. Pero a menudo la gente corriente, que ve estas grotescas manifestaciones y aportes teóricos como una ofensa intolerable, se queda paralizada ante la osadía y la desvergüenza de los putos y las putas, tan orgullosos de serlo y tan dueños de los medios de masas. Por eso es necesario un discurso claro y convincente de réplica, y las acciones correlativas, que frenen esta invasión de la basura.

----------

En "El economista":

VALOR Y PRECIO

“Confunde el necio valor y precio”, sentenció Antonio Machado. El precio define un tipo de valor, el económico, pero ese precio no decide siempre el valor, en general, aunque haya un precio para todo o casi todo, incluso para bienes “no económicos”, como el aire o el sol, pues pagamos por salir de una zona contaminada o por veranear en las playas. Un anillo puede tener un pequeño precio y un valor enorme para su dueño. El agua cuesta menos que el champán,  pero tiene mucho más valor. Nadie querría (¿o sí?) derribar la catedral de Burgos para edificar unos laboratorios farmacéuticos o unos rentables apartamentos. Las empresas de seguros aseguran cualquier órgano,  y sin embargo muy pocos cambiarían sus ojos (aunque quizá sí su casa) por su “valor de mercado”. También una vida humana puede medirse en dinero, lo que permitiría calcular la ventaja o desventaja económica de liquidar a tanta o cuanta gente. La prensa nos informa de “lo que cuesta un hijo” en ropas, alimentación, enseñanza, etc. lo cual hará concluir a más de uno en que los hijos resultan un atraso, por antieconómicos.

La libertad, cuya medida en dinero provoca repulsión, también entra en el mercado. Hay quienes no cambiarían su libertad por ningún precio, pero sospecho que no demasiados. Muchos renuncian a parcelas importantes de su libertad por un precio no muy alto, como, generalizando en exceso, solía decirse de los periodistas: “más vendidos que comprados”. Y los políticos intentan comprar nuestra libertad a cambio de protección económica o similar,  véase la “ley de igualdad”, aludida aquí hace poco.

Muchos bienes de gran valor resultan gratis, al menos de forma inmediata: una noche estrellada, un paisaje,  la tibieza del sol, un baño en el mar, una caminata entre bosques. También el amor, hasta cierto punto. El mero sexo, en cambio, se ha convertido en un gigantesco negocio. Valor y precio.

----------

Un buen detalle de los "maricones" al exigir el pregón en español. Dentro de todo, y del servilismo general hacia la invasión cultural anglosajona, no deja de tener gracia.

67 comentarios

Falacias de la izquierda, silencios de la derecha

En formato RSS© Copyright Libertad Digital SA. Juan Esplandiu 13, 28007 Madrid.