La penosa sensación de inadecuación y blandenguería producida por la política de Rajoy, hace que en muchos sectores del PP redoblen campanas por la vuelta de Rato, una personalidad mucho más resolutiva, menos roma y con más pegada dialéctica.
Esta ansiedad por un verdadero liderazgo ciega a muchos sobre la verdadera cuestión: ¿hacia dónde lideraría Rato al PP? Tenemos suficiente experiencia de su gestión anterior para hacernos una idea bastante clara y, desde luego, nada tranquilizadora. Rato no es un político de principios o, si los tiene, se parecen mucho más a los de PRISA o a los del propio Zapo, que a los que muchos miembros del PP creen, algo ingenuamente, que debiera defender su partido. Representa también esa especie de marxismo vulgar tan extendido en el PP: la economía lo es prácticamente todo.
En ese sentido, un liderazgo de Rato podría empeorar al de Rajoy.
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Corrupción judicial
Una sala de un tribunal supremo propio de un país donde Montesquieu sufre acoso permanente, ha certificado que los polizontes politizados pueden detener arbitrariamente a los ciudadanos. Un hecho realmente muy grave, un paso más hacia la tiranía de los colaboradores del terrorismo.
Inmediatamente el embustero y bocazas Bono, y otros cuantos como él, se han tirado al cuello del PP. Reacción del PP, a través de Acebes: en el PSOE están “nerviosos” y utilizan el caso Bono “para tratar otros asuntos muy graves”. La sandez al poder, o, en este caso, a la oposición.
No hay tal caso Bono, sino caso tribunal supremo. La decisión de esa sala, señor Acebes, certifica el amplio descrédito popular de que “goza” el poder judicial sometido a las exigencias de un poder corrupto. Por ese camino vamos hacia Latinoamérica. ¿No tiene usted, no tiene el PP, nada que decir a todo ello? Pues van a aquedar ustedes como los mediatizadores del poder judicial, y no los enterradores de Montesquieu. Aunque, en fin, eso es secundario y en el fondo se lo merecen ustedes, políticos de calderilla, por no saber defender lo que realmente importa.
Rato, que hace poco decía estar feliz y no echar de menos tiempos anteriores, vuelve a España cuando empiezan a calentarse los motores para las elecciones generales. Afirma no tener intención de volver a la política: palabra de político. Como primera medida concede una entrevista a El País, periódico fascistoide y no solo por el origen de su principal inspirador. A ese periódico y a su empresa otorgó Rato, en sus tiempos de ministro, grandes favores, muy perjudiciales para su propio partido, aunque, se supone, a cambio de algo. ¿De qué?
Se venía rumoreando un tandem Rajoy-Gallardón para las próximas elecciones, pero Gallardón sufre un rechazo considerable dentro del partido y la maniobra resultaba arriesgada. Con Rato, otro hombre de PRISA en el PP, la oposición sería menor. Como dice Esperanza Aguirre “lo hará muy bien allá donde vaya”. Lo hizo bien en economía, y en política también… en beneficio de PRISA, al punto de que a él se debe, sobre todo, el invierno mediático que sufre el PP y del que se quejaba Rajoy hace unos días. Para Polanco, Cebrián y demás, Rato es el hombre de confianza, el repuesto ante la quiebra cada vez más evidente de Zapo, y no se molestan en disimularlo: “El PP podría ganar con Rajoy y con Rato”. Viene a ser el Plan B, o el PSOE B. Con la ventaja de tener asegurados los votos pastueños de quienes votan al PP solo por no hacerlo al PSOE. La maniobra perfecta.
¿Será así? Una especulación, de acuerdo, pero no inverosímil. Ya veremos.
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Objeciones a la “Educación contra la ciudadanía”.
1. Resulta chocante, ya a primera vista, que la llamada Educación para la ciudadanía venga impulsada ¡precisamente! por el partido más demostradamente corrupto de la historia contemporánea española, un partido totalitario de forma declarada (marxista) hasta hace relativamente poco tiempo, que no ha revisado en lo más mínimo su historia (principal responsable de la guerra civil, entre otras hazañas propias de su marxismo), de la que dice estar orgulloso, que hasta ayer mismo estaba practicando el terrorismo (GAL). Un partido que se considera heredero del Frente Popular y que intenta a toda costa y con dinero público falsear la historia y resucitar las pasiones y rencores de la guerra civil; que ahora mismo colabora sin ningún reparo con buen número de tiranías del Tercer Mundo, apoya a Fidel Castro contra sus víctimas, apoya a los separatismos y diversos terrorismos actuantes en España, cuyas acciones ha premiado espléndidamente, pisoteando a las víctimas y al estado de derecho. Un partido que desprecia a España y siempre ha ahogado en su seno las protestas de los elementos más honrados y demócratas, desde Besteiro a Rosa Díez; y que ostenta la marca del embuste descarado a los ciudadanos…
Estos son hechos clave, fundamentales, y no pueden pasarse por alto porque significan todo lo contrario de cuanto entendemos por ciudadanía. ¿Cómo pueden orientar tal educación tales políticos? Un ingenuo podría aducir, no obstante, que algo harán bien. Sin duda algunas cosas habrán hecho bien, pues el mal absoluto no existe o no se encarna en nadie. Los nazis y los comunistas también hicieron algunas cosas buenas, por excepción. Y una de ellas podría ser esta ley, cuyos contenidos estarían encomendados a intelectuales “de reconocido prestigio”. Pues tampoco, ya lo iremos viendo.
Acotaciones al discurso de Rajoy:
"El 29 de octubre del año 2004 decía ante esta Cámara el Sr. Rodríguez Zapatero: “España va a ser el primer país en ratificar la Constitución Europea, por lo que nuestro voto tendrá una dimensión continental e influirá en la opinión pública de los otros veinticinco Estados”. Hemos de admitir que como profeta no tiene usted precio, Sr. Rodríguez Zapatero”. Y fue profeta a medias, señor Rajoy, pues entre él y usted, con una propaganda típicamente totalitaria, consiguieron que España aprobase el proyecto constitucional de Giscard d'Estaing, tan perjudicial para España. Usted apoyó, como siempre, a Zapo, lo apoyó con reticencias, como suele, y sin la menor capacidad de iniciativa, al estilo caniche. ¿Tanto confía usted en nuestra desmemoria?
“Cedió usted entonces, a cambio de unas palmaditas en la espalda”. ¿Y a cambio de qué cedió usted, señor Rajoy? Ni siquiera a cambio de unas palmaditas de Chirac y Schroeder. Usted cedió por una mezcla de falta de carácter y de convicciones, renunciando, igual que Zapo, al Tratado de Niza, más favorable a España, y al que ahora loa usted con desvergüenza típicamente zapista.
“Usted aplaude lo mismo una cosa que otra. Comenzó diciendo Niza no / Constitución sí, y ahora pregona con la misma fuerza Constitución no / Niza sí, etc.” Lo mismo que usted, Rajoy. Almas gemelas.
“Usted no ha tenido que apearse de sus convicciones, porque en ésta, como en otras cuestiones, no las tiene. Ni buenas, ni malas. Simplemente, no las tiene". ¡Pero qué barbaridad, quién fue a hablar!
Sigue luego este genio de la estrategia con una insulsa divagación sobre planes A y planes B. ¡Ya se lo había advertido él al señor Zapatero, a quien siempre está aconsejando por su bien, sin recibir la atención debida! ¡El Plan B, señor Zapatero, el plan B! ¡Pero nada! A Zapo no le da la gana de hacer un plan B, hay que fastidiarse. Y recuerda el estratega sus propias palabras: “quizá valdría más que algunos que están preocupados por lo que pueda pasar en el referéndum de Francia se preocuparan por lo que ha pasado en Euskadi o por lo que pueda pasar en Galicia”. ¿En “Euskadi”, señor Rajoy? ¿Sabe usted lo que es eso, conoce usted algo de la historia de su propio país? ¿Sus convicciones no le dan siquiera para emplear el término correcto, en lugar de la invención separatista? ¿Y qué nos dice de Galicia, donde ya sabemos qué ha pasado, con la oposición caniche del PP?
“Y yo le pregunto hoy (…) ¿Dónde ha quedado ese impulso español de los amigos de la constitución (europea) dispuestos a defender la voluntad de los ciudadanos? Claro que, cuando los liquidados en el nuevo Tratado son los propios ciudadanos...” ¡Pero qué nos cuenta! ¿La constitución de Giscard defendía la voluntad de los ciudadanos? ¿No era el Tratado de Niza?
“Pero, Señorías, el hecho incontrovertible es que el pueblo español manifestó su libre voluntad en un referéndum en febrero de 2005 y aprobó un texto cuya defunción ha certificado el Consejo Europeo”. ¿El pueblo español apoyó una constitución contraria a los intereses, la soberanía y el peso de España en Europa? ¡Sorprendente! ¿Con qué votación? ¿Y con qué argumentos que no fueran las engañifas y ocultaciones manifiestas de Zapo y de usted juntos, señor Rajoy, en aquella propaganda fraudulenta?
“Usted les debe a los ciudadanos una explicación. Al menos, a los que votaron SI en aquel Referéndum. Pero después de escuchar sus palabras, es evidente que prefiere seguir practicando el dudoso arte de la ocultación”. Increíble, ¿verdad? El hombre de convicciones.
“A ver ahora cómo explica que, después de denostar el Tratado de Niza, se muestra eufórico con la prórroga diez años más del peso que consiguió para España el Gobierno de José María Aznar precisamente con ese Tratado. Tendremos que agradecer a los antipáticos polacos la prórroga de lo que obtuvo el antipático Aznar”. Pues usted, señor Rajoy, tiene que explicar lo mismo, y no tomar por imbéciles a los ciudadanos. Si el Tratado de Niza era bueno para España (lo era), ¿por qué pidió usted el SÍ a la constitución antiespañola, la de Giscard, el corrupto protector de la ETA entre otras cosas? La capacidad de este hombre para contradecirse solo tiene par en la de Zapo: poco después nos suelta: “Por decirlo gráficamente, con respecto a la Constitución (europea) hemos retrocedido cien pasos”. Sí, los que hemos avanzado, gracias a Polonia, en la defensa de nuestros intereses.
“El resultado de esta Cumbre nos deja un sabor agridulce, porque si bien es cierto que se ha podido sortear una grave crisis institucional, no lo es menos que ha sido a costa de renunciar a una gran ambición”. Cierto, a la ambición de Giscard, Zapo y de Rajoy mismo, a la ambición de limitar a casi nada la soberanía de las naciones europeas y el peso de España en particular, de reforzar el eje París-Berlín y de reducir, en general, la democracia.
“Cierto es que para poder fijarse unos objetivos es preciso tener una visión de Europa y una visión de España en Europa y que no resulta sencillo tener una visión de Europa cuando la noción que se tiene de su propio país es discutida y discutible y está plagada de contradicciones”. Una vez más, ¡quién fue a hablar! “Sin una visión de Europa que guíe su actuación política, sr. Rodríguez Zapatero, España está abocada a permanecer en la política del zigzagueo y la contradicción”. Como en los estatutos de autonomía, sin ir más lejos.
En fin, “Señor Presidente, usted y yo podemos tener visiones diferentes sobre muchas cosas, pero debería coincidir conmigo en que los españoles son ciudadanos maduros que no nos perdonarán que se les oculte la realidad de lo ocurrido”. Ojalá, señor Rajoy, los ciudadanos lleguen a exigir las debidas responsabilidades a Zapo y a usted. Mientras tanto, si en algo coinciden ustedes dos, obviamente, es en la esperanza de que eso no llegue a ocurrir.
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EL TERROR ROJO
José Javier Esparza presentárá su libro El Terror rojo en España (2ª edic.) el jueves 28 a las 19:00 horas en el Centro Cultural de Moncloa (Madrid).
Dirección: Plaza de Moncloa, 1
Metro: Moncloa.
Autobuses: 1, 44, 82, 83, 132, 133, 46, 160, A, G, C y 144.
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La Fundación DENAES celebrará este jueves, día 28, a las 20h. el Observatorio de la Nación. Tres cuartos de hora antes, estaremos reunidos para que os avance el estado en que está el estudio que tenemos entre manos sobre el concepto de España en los libros de texto.
El Observatorio de la Nación se celebra a la vez en diferentes puntos de España y tratamos un texto de actualidad con una reflexión de fondo. Hasta ahora las reuniones habidas han sido muy fructíferas y las ideas vertidas por los participante, muy interesantes.
La iniciativa ciudadana Tan gallego como el gallego acude el viernes 29 de junio a las 12:30 horas al registro general de San Caetano para entregar las más de 18.000 firmas recogidas contra el proyecto de decreto de galleguización de la enseñanza. Sus promotores aseguran que hubieran deseado aprovechar la entrega para explicar su postura a la consellería de educación, pero su petición de entrevista no ha merecido respuesta alguna por parte de las autoridades educativas hasta el momento.
A pesar de eso, los promotores de la iniciativa están enormemente satisfechos de la respuesta de la ciudadanía: "Estas más de 18.000 firmas prueban la insatisfacción de muchos gallegos con el proyecto de decreto. Quienes han firmado pertenecen a todos los ámbitos de la sociedad y a todos los puntos de la geografía gallega. Sólo la falta de tiempo y de información ha impedido que el número de firmas se multiplique".
Sin embargo, Tan gallego como el gallego reconoce "con dolor" haber recibido numerosos insultos y amenazas durante la recogida de firmas. Su página web ha sido objeto de ataques informáticos de carácter delictivo, por los que han presentado la correspondiente denuncia. Han sido constantes las campañas de intoxicación, en las que se les atribuían acciones e ideas contra la lengua gallega
Los representantes de la iniciativa han repetido hasta la saciedad que no tienen nada en contra del gallego. "Simplemente, no creemos –dicen– que la única forma de asegurar su futuro sea la coacción y el intervencionismo burocrático". Los promotores de Tan gallego como el gallego creen que la libertad de profesores y alumnos en el uso de la lengua oficial de su preferencia es la única regla justa, la única que garantiza el respeto máximo a los derechos de todos, y la óptima para que el proceso educativo rinda sus mejores frutos.
Tan gallego como el gallego recuerda que la entrega de firmas del viernes 29 es sólo el primer paso. "El éxito de la iniciativa nos anima a continuar con el proyecto. Muchísimas personas se han sentido identificadas con lo que defendemos y nos han animado a seguir. Es gente que hasta ahora no ha encontrado a nadie que la defienda. Personas normales que no quieren que la Xunta las normalice".
Portavoces de la iniciativa:
En La Coruña:
– Teresa Vargas, 653 954 399.
– Concha Pedrido, 659 538 328.
En Vigo:
– Gloria Lago, 630 278 989.
– José Manuel Pousada, 609 863 218.
Lo más peculiar de la transición española es que fue realizada con y por partidos y políticos de nulo historial democrático. Quienes la emprendieron venían del régimen franquista o eran beneficiarios de él, y la oposición que, a regañadientes, terminó por cooperar, venía de una tradición mucho más antidemocrática todavía: el PCE, aunque intentase disimularlo, nunca había dejado de ser stalinista (marxista-leninista), y el PSOE marxista, es decir, totalitario. El PNV mantenía, mal oculto, su fondo racista, y los nacionalistas catalanes formaban un conglomerado variopinto, entre los pujos terroristas y su tradición esperpéntica y golpista. Salvo el PCE, ninguno se había opuesto realmente a la dictadura, y en cambio todos habían apoyado al terrorismo etarra, pensando beneficiarse de él.
Por tanto, estos partidos solo iniciaban un proceso de democratización, ahora en clara involución desde el 11-M. La frágil realidad de nuestra democracia quedó patente con el asunto Rumasa, gigantesca estafa perpetrada por el PSOE apenas alcanzado el poder: una expropiación demagógica con todos los rasgos del choriceo de alto nivel – tan tradicional en el PSOE–, acompañada de un ataque en regla a la independencia judicial. Ya se aplicaban a “enterrar a Montesquieu”, es decir, a la democracia. El Tribunal Constitucional no llegó a recuperarse de su descrédito, y comenzó una marea de corrupción nunca vista desde tiempos de Negrín –tan loado ahora por algunos profesionales de… la historia, o eso dicen.
Quedó igualmente en claro la confusión de gran parte del pueblo con respecto a los principios democráticos y el valor de la ley. Ver a un gran empresario aplastado por la maquinaria del estado en manos de unos corruptos que prometían el reparto “pa'l pueblo”, satisfizo a muchísima gente, tanto de izquierda como de derecha, con mentalidad más de lumpenproletariado que de ciudadanos. Asimismo salió a la luz la flojera de la derecha en la defensa de la ley y, sobre todo, en el esclarecimiento de algunos principios elementales a la población. Si bien en aquel momento, debe admitirse, resultaba muy difícil desenmascarar al partido que con sus “cien años de honradez” acababa de barrer en las elecciones. Pero tampoco la derecha había sido capaz de explicar a la gente en qué consistía la famosa honradez que siempre ha acompañado al PSOE: la falsificación de la historia genera pesadillas.
Ruiz Mateos, un empresario atípico en España por su ambición y capacidad, vueltas a demostrar después de haber recibido un golpe que habría hundido para los restos a casi cualquier otra persona, se vio acosado ferozmente por los demagogos que supieron poner la ley a su servicio, y abandonado por quienes debieran haberle defendido, a él y a la legalidad democrática. Aquella combinación de osadía por parte de quienes se revelarían consumados chorizos, y de flojera de la oposición, nunca corregida, fue el origen de innumerables males y peligros.
Ahora resulta que esa gente consigue meter de nuevo en la cárcel al indomable Ruiz Mateos. En lugar de ser ella la procesada.
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La ley contra la justicia
Ley no es lo mismo que justicia, pero en condiciones normales se aproxima siempre a ella. También puede alejarse, y ello depende a menudo de quiénes la hagan. No entenderemos los defectos de la Constitución sin recordar que entre sus padres se cuentan el almirante Peces Barba o Herrero de Miñón. Y no es del todo falsa, aunque sí bastante exagerada, la interpretación del taxista de tiempos de Felipe González: “Usted cree que todas esas leyes favorables a los delincuentes las hacen los diputados por humanitarismo y esas cosas, pero ni de coña: las hacen por solidaridad con los delincuentes, porque esos diputados son también delincuentes. Vamos a ver, no digo que todos estén robando, pero todos saben que sus partidos roban para financiarse, ¿es así o no? Por lo menos son cómplices. Así, por si a ellos les toca ir al trullo, procuran suavizar el castigo todo lo que pueden”. Interpretación anarquista y como tal exagerada, ya digo, pero digna de atención. La democracia no puede funcionar sobre la corrupción, ante todo sobre la corrupción intelectual.
En relación con el caso de Sandra Palo.
Todos los ataques a la democracia y la unidad de España tienen en la base una falsificación esencial de la historia.
Por eso el conocimiento del pasado es algo más que una simple ilustración: es un instrumento fundamental para orientarse en el presente, para analizarlo. Sin él, la política gira en el vacío.
"En la historia se encuentra de todo", se dice a menudo, y es cierto. En apariencia los hechos pueden interpretarse de las maneras más diversas y contrarias, y así suele ocurrir. Pero no todas las interpretaciones valen lo mismo. Es lo que he intentado establecer en "La quiebra de la historia progresista": por qué hay versiones insostenibles, una vez examinamos sus criterios. No se trata solo de que omitan gran número de hechos o desvirtúen probadamente otros, o citas, etc. Es su propia lógica interna la que falla, y aboca a mil contradicciones.
Cuando nos percatamos de ello entendemos la mecánica de la degradación de la universidad y la vida intelectual españolas en estos años: el cultivo de la falsedad (Lisenko) como tarea sistemática y agresiva.
El centro de los delitos de la banda de Zapo consiste en la liquidación de la Constitución, y precisamente de sus pilares fundamentales: la unidad de España, las libertades, la separación de poderes. La estrategia del PSOE para ocupar el poder se apoya en la alianza con los separatistas y los terroristas, es decir, con quienes tienen el designio, confesado y explícito, de disgregar la nación; y, más hipócritamente encubierto, de eliminar o desvirtuar las libertades (ya tan mutiladas en las Vascongadas y Cataluña) y la separación de poderes.
Los estropicios han sido ya enormes. Creen muchos que el remedio está en la victoria electoral del PP. Me temo que se trata de una ilusión, a estas alturas. Este partido ha claudicado ostensiblemente en la defensa de la Constitución, esto es, de la democracia española. De hecho se ha sumado al delictivo proceso de su arruinamiento. En cierto modo le interesa: la Constitución no deja de ser una barrera a los chanchullos de políticos y partidos, a su tendencia natural a formar mafias para repartirse cargos y prebendas y eludir el control ciudadano. La democracia no se basa en la palabrería halagüeña ni en los supuestos buenos sentimientos de los políticos, sino, precisamente, en esas barreras a unas tendencias sobradamente atestiguadas por la historia.
Cierto que la Constitución tiene serios defectos y debe ser reformada. Pero esa es otra cuestión y otro plazo. Se trata, como ha acertado a recordar el Rey, de la ley común con mayor consenso de la historia de España, y ha facilitado estos treinta años de convivencia en libertad, con muchas aristas y frustraciones, pero de balance claramente satisfactorio. Los políticos, cada vez más inmersos en sus inclinaciones mafiosas, de ninguna manera destacan este balance, de ninguna manera lo defienden, como si no tuviera importancia.
Pero no hay el menor vislumbre de un consenso parecido para una nueva Constitución, ni más alternativa que sustituir la ley por la mezcla de peleas y negociejos entre partidos… ya, hoy, colmo de la abyección, bajo la vigilancia de los terroristas. Nada nuevo en nuestra historia: algo parecido ocurrió en la fase final de la Restauración y en la República. La lección no se ha aprendido. Muchos, siguiendo la torpe y antidemocrática versión marxista, degradada todavía al nivel del tópico más pedestre, creen que el verdadero problema de aquellas épocas consistía en la pobreza, y que no pasará nada, o lo que pase no tendrá mayores consecuencias si la gente tiene bien llena la panza: el rebajamiento de la convivencia humana, libre, al nivel de los animales de granja; la utopía, en suma. Nunca ha funcionado, pero si llegase a funcionar sería la mayor pesadilla.
Y nada de "no pasarán", frase de mal agüero:
En "El Manifiesto":
¿Es que no tenéis sangre en las venas? (Reproche para católicos)
José Javier Esparza
Es por lo de la Educación para la Ciudadanía, claro. ¿Por qué iba a ser, si no? Es el mayor atentado que se ha tramado en decenios contra la autonomía moral de la gente. Es la mayor intromisión imaginable en la libertad de verdad, que es la libertad interior. Y sin embargo, aquí apenas se mueven cuatro gatos. La prensa disidente hace circular titulares de impacto: “Ya hay 3.500 objetores en el mes de junio”. Gran cosa, ¿eh? Tres mil quinientos en todo el país. En un vagón del Metro caben doscientas personas. Echad la cuenta. Es verdad que en las Termópilas bastaron trescientos. Pero esto es otra cosa. Esto es peor.
¿Dónde os habéis metido? ¿Debajo de las piedras? ¿Es que nadie os ha explicado lo que os estáis jugando? ¿O es que no lo queréis ver –para no fatigaros, tal vez, o para no meteros “en líos”?
A vuestros hijos van a enseñarles que nada es verdad ni mentira, sino que todo depende del color con que se mira –y que ese color, mayormente, tira a bermellón. Van a enseñarles que no existe una forma recta de ser y de estar, sino que todas valen lo mismo –es decir que lo malo es bueno, porque lo bueno no es tal. Van a enseñarles que ETA es un grupo vasco armado que fue torturado alevosamente por la democracia española. Van a enseñarles que la guerra civil no ha terminado y que la reconciliación fue un error, porque no hizo justicia. Van a enseñarles que papá y mamá son conceptos vacíos e intercambiables por otros. Van a enseñarles todo eso, no con materiales teóricos mínimamente contrastables, sino con una buena porción de bazofia que, por otro lado, jamás fue escrita para educar a nadie, sino, deliberadamente, para todo lo contrario. Y lo más importante: os están diciendo, no a vuestros hijos, sino a vosotros, que la formación moral de los críos ya no es cosa vuestra, sino que ahora el Estado se hace cargo. Y vosotros, a descansar. Mamá-Estado se ocupa. Qué bien.
Aquí hay dos cosas atroces. Una: que el Estado invada la competencia de la familia en el ámbito moral, extirpe la libertad de educar conforme a los propios principios e imponga a las personas una determinada concepción de las cosas. Esto es algo que sólo cabe en una democracia corrompida, cuando una clase política aupada al poder se atribuye una potestad que nadie le ha concedido. Es también curioso que el Estado venga a clavarnos esta zarpa justo cuando más debilitado está: el Estado ya apenas nos protege, ha dejado de dominar su propia moneda, ha subordinado la Defensa a grandes organizaciones internacionales, las empresas han de recurrir a guardias privados porque la policía no basta, los ciudadanos han de pagarse la sanidad por su cuenta si quieren ser bien atendidos, hemos de suscribir planes de pensiones con los bancos porque la jubilación no nos llegará… Y es este Estado, decrépito e impotente, el que se permite ahora secuestrar la soberanía moral de las personas singulares. Repito: no de la Iglesia, ni de la Conferencia Episcopal ni del PP, sino la soberanía moral de las personas singulares, de la gente de la calle, tu soberanía y la mía.
La segunda cosa atroz es esta otra: la invasión del espacio moral viene bajo las banderas de una visión absolutamente sectaria de las cosas, una visión que se ha construido en el último cuarto de siglo bajo los escombros de dogmas ideológicos derrumbados, una visión expresamente contraria a la cultura mayoritaria de la sociedad, a los fundamentos tradicionales de nuestra civilización, a los principios objetivos de lo que centenares de generaciones de europeos han considerado natural. No estamos ante un movimiento de “progreso”; estamos ante un movimiento de simple inversión. El propósito de los invasores no es otro que darle la vuelta a todo. ¿Y pueden hacerlo? Moralmente, no. Pero si nadie se opone, ¿por qué no? Y aquí es donde se echa de menos un poco más de nervio ciudadano.
Por ahí, en la plaza, uno oye de todo. Que si no llegará la sangre al río. Que si ya lo arreglarán las comunidades autónomas. Que si no será tan fiero el león como lo pintan. Que si, después de todo, sólo es una asignatura, que dejará tan poca huella en los alumnos como las demás (¿?). Que, al fin y al cabo, eso que se enseña en Educación para la Ciudadanía es lo que se ve en la calle, y que los niños tienen que ir haciéndose a esas cosas. Excusas de mal pagador. Sobre todo, excusas ciegas, expedientes para escurrir el bulto y no querer afrontar lo esencial, a saber: que no se trata de que se enseñe tal o cual cosa, sino de que pretenden robarnos una porción importantísima de libertad personal.
Es la libertad
Veréis: uno puede tolerar que el mundo sea una cueva de ladrones, que la televisión se haya convertido en territorio canalla, que los políticos abusen de las esperanzas de la gente (y los banqueros, de sus ilusiones), que los periódicos y la publicidad impongan una forma de ser y pensar decididamente absurda… Uno puede soportar todo eso porque, al fin y al cabo, ante la avalancha siempre es posible clavarse en la puerta de casa, coger el hacha y gritar “no pasarán”. Pero lo que uno no puede tolerar es que cojan a tus hijos y les laven el coco al progresista modo. Por ahí no se puede pasar. Porque se trata de vuestros hijos. Y sin embargo, hermanos, lo estáis tolerando. ¿Qué os pasa? ¿Es que no tenéis sangre en las venas?
A los medios de la derecha religiosa, que admiran el ejemplo norteamericano, les gusta entregarse a ensoñaciones de regeneración, incluso de cruzada. Sueño vano. ¿Sabéis por qué en las sociedades con mayoría católica es impensable, hoy por hoy, un proceso semejante al norteamericano? Porque en los Estados Unidos la mayoría religiosa avanza sobre la base de asociaciones civiles, grupos de ciudadanos, comunidades con una voluntad de presencia política y social; pero aquí, en la Europa cristiana, y más especialmente católica, sólo una minoría exigua de ciudadanos actúa en la sociedad como creyente, el tejido asociativo civil es mínimo o inexistente, su capacidad de presencia social y política es reducidísima, muchos creyentes tienen alergia a la política o carecen de formación, la inmensa mayoría de los ciudadanos opta por la pasividad pública y prefiere delegarlo todo –en parte por tradición, en parte por pereza- en las espaldas de la jerarquía. “Los obispos sabrán qué hay que hacer” es una frase extraordinariamente socorrida. Y los obispos lo saben, claro que sí, pero el problema es que no son ellos quienes pueden hacer, sino los ciudadanos, las personas, y para eso hace falta un grado de compromiso que se diría completamente inalcanzable.
Por supuesto: este reproche va dirigido a unos católicos que parecen haber perdido por completo el sentido de la libertad personal, pero al menos aquí, entre la grey de los fieles, ha habido voces dispuestas a jugarse el pecho. Mucho peor es la situación ahí fuera, en la llamada “sociedad”, donde una muchedumbre infinita de almas grises se muestra dispuesta a tragarlo todo con tal de no someter a agitación su adiposa conciencia. La reacción de los católicos ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía es tibia hasta la depresión, pero la actitud general de la sociedad es indiferente hasta la náusea. Hemos llegado a un punto tal de sumisión –al sistema, al dinero, a la comodidad burguesa, a lo “políticamente correcto”- que cuesta un mundo hacer ver a la gente que lo que está en juego es su libertad. Esa es la imagen del tirano de nuestro tiempo: ya no un déspota que te roba la cartera mientras te amenaza con la porra, sino un simpático cacicón que, mientras te rasca la barriga, te roba el alma. Y tú aún vas y te ríes.
Hay que presentar la objeción de conciencia contra esta asignatura. Es vital. Habría que hacerlo incluso si uno estuviera de acuerdo con los planteamientos doctrinales del Gobierno, porque ni siquiera en ese caso estaría justificado que el Estado se arrogue el derecho a imponerlos por ley. Jünger decía en alguna parte que la verdadera libertad es la que reside en el propio pecho. Esta gente nos quiere abrir el pecho y sacarnos la libertad como se sacaba el corazón en los viejos sacrificios humanos. No. No pasarán. Objeta. Mañana. Ya.
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El almirante Peces Barba, premiado por su labor en el intento (fallido hasta ahora) de hundir a la AVT. Pero méritos ha hecho.
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"HAY MUCHAS NOTICIAS QUE GENERAN DESAZÓN"
La izquierda en España es, en su gran mayoría, antidemocrática. Siempre lo fue el PCE, la ETA, ERC, y casi siempre el PSOE, que ha vuelto a tirar al monte. Los elementos moderados y decentes, como Rosa Díez, Gotzone Mora o Redondo, quedan marginados.
Más o menos al revés ocurre en la derecha: el sector abiertamente contrario a las libertades está constituido, hoy por hoy, por personas y grupos sueltos sin empuje, combatividad ni liderazgo, más murmuradores que otra cosa, aunque forman una opinión difusa relativamente extensa. El grueso de la derecha solo en alguna época ha sido antidemocrática, debido a la conmoción de la guerra civil; en general ha sido más bien a-democrática: dispuesta a aceptar a las libertades, aunque sin entusiasmo.
A diferencia del PSOE, el PP sigue siendo un partido democrático, pero sin energía ni verdadera convicción, de ahí su enorme flojera y su proclividad a doblegarse ante los desafueros cometidos por el PSOE, separatistas y terroristas, hasta colaborar con ellos, entre quejas irrisorias. Al entreguismo, en suma. Rajoy, Rato, Gallardón, Piqué, Arenas, etc., son los prototipos. Hace años propuso Mayor Oreja, en el momento justo, una verdadera regeneración y ofensiva democrática. Su partido le respondió marginándolo. Lo significativo.
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Volviendo al importante discurso del rey: los partidos y los medios se las han ingeniado para hacerlo pasar inadvertido. Lo significativo.
El pensamiento más extendido en la derecha antidemocrática española se resume en tres posiciones:
a) El catolicismo es una doctrina política, o, al menos, las doctrinas políticas sobran teniendo los diez mandamientos y algunas encíclicas.
b) Solo quienes piensan como ellos tienen derecho al poder, precisamente porque ellos representan la verdad religiosa y su manifestación política.
c) La culpa de los males la tiene la democracia.
A efectos prácticos, estas derechas forman el complemento perfecto de la izquierda: la tradición y sustancia de España sería antidemocrática. Dado que una gran masa de la población, católica y no católica, no está dispuesta a aceptar que manden estos supuestos inspirados por Dios, el resultado está claro: un progresivo descrédito de la idea misma de España.
“El Gobierno y los partidos de los pactos del Tinell –para excluir al PP de la vida política– y Perpiñán –con ETA, para que atentase en cualquier parte de España, menos en Cataluña– celebran este martes el veinte aniversario del atentado de Hipercor, con 21 muertos”.
CELEBRAN, exactamente, esa es la palabra. Los cómplices de los asesinos se regodean, en un festival de hipocresía que revolvería las tripas a una sociedad un poco menos anestesiada. ¿Y nadie va a la celebración a cantarles cuatro verdades a esos canallas?
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Si en un atentado los implicados son confidentes o personas controladas por la policía, está claro que a quienes hay que investigar es a los policías. Puede haber habido negligencia… o algo más. Si no se sigue esa evidente línea de investigación ha de ser por una causa: la misma por la que los implicados son confidentes y controlados.
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“El PP avisa a Zapatero de que su política con ANV y NaBai no combate a ETA”
Linces, estos del PP, y risa la de Zapo. El PP empieza por ofrecer su colaboración “contra el terrorismo” al colaborador de la ETA… para luego declararse defraudado. Mientras tanto, el daño queda hecho. Demasiada estupidez para creerla tal. Porque el PP no engaña a Zapo. Engaña justamente a los ciudadanos. Los despista con palabras aparentemente buenas, mientras la fechoría se consuma. La consuman entre todos.
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“El 93 por ciento de los cines cierra en protesta por la obligación de proyectar películas españolas”
Por fin, un acto de resistencia a la pandilla corrupta. Lástima que sea tan parcial y solo por causa económica, pero a ver si aprenden otros. Algo hay que decir de los tiorros y las tiorras y sus leyes: no tienen el más remoto sentido patriótico. Se trata de obligarnos a pagar entre todos a sus repulsivos titiriteros, proetarras y admiradores de las tiranías. No les basta con subvencionarlos a costa del erario. Socialismo es corrupción, siempre lo fue. Especialmente en España.
Me escribe Miguel Prol:
"¿Desde el punto de vista del escéptico? Entonces como nosotros, incluidos Dawkins, Pinker, Robredo... Por favor, lee el documento que te acabo de enviar y no hables únicamente basándote en tus pre-juicios (juicios previos, elaborados con anterioridad).[El documento es "La miseria del agnosticismo", de Dawkins, un extracto de su libro "El espejismo de Dios". Ya me ocuparé de comentarlo]
No sé quienes son esos ciencistas. Ni acabo de entender muy bien la utilidad de la palabra puesto que la ya existente "científico" es perfectamente aplicable tanto al bueno como al malo. No es necesario intentar preserva la palabra ’científico’ de las malas artes. Cualquier científico es una persona de carne y hueso, como el resto. Pero en fin, no me molesta.
Si realmente ya has aportado en alguno de tus comentarios alguna evidencia de que el ateísmo ha dado lugar a grandes catástrofes en el mundo te agradecería mucho que me indicaras donde, o me hicieras un resumen.
Ya sabes que no se trata simplemente de buscar una vaga correlación, como si se tratara de mostrar que existen muchos asesinos rubios.
¿Tú crees que todos los que murieron directamente por culpa del nazismo o el comunismo en cámaras de gas, fusilados o como fuera, pensaban que eran sacrificados por creer en Dios? ¿Que su muerte era debido al ateísmo? ¿Que sus asesinos o torturadores tenían en mente el ateísmo para algo? (Hablando en general, se entiende.)
¿Podrías indicar tus fuentes bibliográficas que respalden tal hipótesis, la de que el ateísmo era una fuerza dominante en esas (o en cualquier otra) ideología totalitaria?
El ateísmo (en el sentido limitado, no dogmático, expuesto por Dawkins, por ejemplo) no es una fuerza en sí misma, como la creencia en Dios. Es, simplemente una ausencia de fe, y muy concretamente en la cuestión de la existencia de Dios. Eso no ha influido en ninguna de esas atrocidades.
[Eso dejando aparte que el artículo 24 del partido nazi se declaraba a favor del “cristianismo positivo”, su antisemitismo recalcitrante (de origen judeocristiano, como sabrás) y que incluso en las hebillas de los cinturones nazis estaba grabado 'Gott mit uns' (Dios está con Nosotros). Pero bueno, incluso aceptando pulpo como animal de compañía.]
Quien no se enfrenta a su manifiesta falta de solvencia expositiva eres tú, Luis.
Que no quieras seguir "prestándole más atención" a Robredo también lo entiendo. Mejor encerrarse en uno mismo y "seguir desarrollando"... Pero que digas que él distorsiona tus puntos de vista..! Eso ya es echarle valor. Si eres tú el que no ha parado de distorsionar a científicos como Dawkins y Pinker, intentando crear con sus nombres unos hombres de paja a los que zurrar con un argumentario ya precocinado. Y sin leer prácticamente nada de ellos. Basta con poner de ejemplo ese artículo de Pinker ("un largo y confuso artículo"(?)) al que has estado refiriéndote durante varios meses... sin pasar de ahí porque nada más te curraste. Pero hombre, ¿tú crees que nadie se da cuenta?
Y con Eduardo Robredo... a ti te parece normal esa maldad que demostraste con lo de los "codazos de compadres"? Y un poco más adelante: "a las primeras de cambio se le ve la sonrisilla y el codazo cómplice: ¡Si es que aquellos jodidos curas eran tan intolerantes…! ¡Se lo merecieron, qué coño!"
Podrás decir que ahí no te referías a Eduardo pero en una persona tan versada en el agit-prop como tú, no pienses que va a colar fácilmente. Entenderás que es normal que yo te haga responsable de lo que escribes. Para lo bueno y para lo malo.
Lo dicho, si tienes las evidencias que te reclamo, por favor, házmelas llegar (o bien las indicaciones para encontrarlas)".
Una respuesta:
Porque la falsedad de Robredo sobre la "intolerancia" de la Iglesia en la república va precisamente por ahí. Estas ideas tienen siempre sus consecuencias prácticas, de las que vosotros os desentendéis, pero que a mí me interesan de modo especial, como señalé al principio, a fin de aproximarme con alguna solidez a la argumentación puramente teórica. Empiezo por la práctica verificable para abordar la construcción intelectual. Y si pretendes que el ateísmo no tiene consecuencias prácticas, (no es una "fuerza") entonces lo reduces a una convicción puramente personal, privada e inane. Sin interés, al menos para mí.
Lo de Navarra, en fin...Que España dista de ser una democracia consolidada, y se encuentra, además, en una clara vía involucionista, lo prueba el hecho de que Zapo y su pandilla no estén destituidos y procesados por vulneración de la Constitución, colaboración con bandas armadas y traición al país. Simplemente el hecho de que, en lugar de estar procesados, sigan mangoneando y enterrando a Montesquieu, indica la vía venezolana en marcha.
Con la colaboración, a su vez, de Rajoy, un politicastro oportunista al estilo de los malos de la Restauración, sin valor ni convicciones, la clase de político perfectamente inadecuado para una situación difícil como la que se ha ido creando en España en estos años. Ha tenido un día bueno y cuatro malos. Él tenía la responsabilidad de denunciar con claridad lo que está ocurriendo, ganar a la opinión pública (¿no dice que tiene 300.000 afiliados? Movilizados con un discurso claro, podrían superar fácilmente el invierno mediático que los ratos y rajoyes del propio PP se han fabricado). Por el contrario, Rajoy ha contribuido a confundir y desmovilizar a la gente. A que Zapo siga mandando. No denuncia, solo se queja… para ofrecerse al gobierno colaborador del terrorismo y de la disgregación de España. De hecho colabora con él. Lo que parece preocuparle es lo “mal” que trata el gobierno al PP, que prefiera a Batasuna, que no le cuente lo que piensa hacer, etc. No recuerdo un recital semejante de estupidez, narcisismo y abyección.
¿Por qué colabora Zapo con los terroristas y los separatistas? Es fácil entenderlo, basta abrir los ojos: porque tiene con ellos mucho en común (el socialismo, en el caso de la ETA, la desvalorización de España, la aversión a la Constitución y a la separación de poderes en todos los casos) mientras que con la derecha solo comparte un carácter democrático puramente retórico y nunca confirmado en el caso del PSOE.
¿Y por qué colabora el PP con Zapo? ¿Por qué ayuda al traidor? Esto resulta más difícil de explicar. Quizá porque el PP es un conglomerado de “sensibilidades” que se neutralizan entre sí, impidiendo una política clara y dejando fuera de juego a los líderes mejores: Vidal Quadras, Mayor Oreja, ya veremos si a Esperanza Aguirre.
Parece que el rey empieza a reaccionar contra los desafueros golpistas de Zapo y su banda. Buena noticia. Su discurso de ayer se orientó precisamente contra toda la política del la Infame Alianza: defensa de la Constitución, esto es, de la nación española, de la democracia y el espíritu de convivencia de la transición, derrota del terrorismo.
Coincido con Girauta, que expresó, ayer en La Linterna, de César Vidal, juicios muy críticos sobre las graves taras de la transición y la Constitución. Sin duda tenemos una Constitución con serios defectos –pensando que elementos como Peces-Barba o Herrero de Miñón están entre sus padres, ya se entienden muchas cosas–; pero ha facilitado el más amplio consenso legal de la historia de España, y el balance, haciendo pesar los aspectos positivos, es muy favorable. Por eso no puede tirarse por la borda, ya que, entre otras cosas, una nueva Constitución sería inevitablemente de partido, y por tanto traería mayor inestabilidad; y la más elemental prudencia política debe inclinarnos a construir sobre lo ya adelantado, en lugar de tirarlo todo abajo simplemente porque unos políticos delincuentes han decidido pasar por encima de la ley. Ello crearía un precedente peligrosísimo, típico de las "democracias" bananeras.
Pero, como dicen los conculcadores de la ley, los que la vienen socavando y destruyendo por la vía de los hechos, la Constitución no es un documento intocable y sagrado. Así es. La Constitución admite reformas, y estas deben ser planteadas y emprendidas, pero exactamente en la dirección opuesta a la propuesta por ellos: una unidad del país más sólida, y mayor democracia. A la vista está que donde esa gente tiene algún poder, sufren gravemente tanto la nación como la libertad ciudadana.
Rajoy y su partido llevan tiempo olvidando la Constitución y contribuyendo a su socavamiento por medio de sus estatutos anticonstitucionales, en el espíritu o en la letra. Una vez oí a un dirigente medio del partido justificarlo en el supuesto hecho de que la gente está muy apática y no se interesa por el asunto. Ocurre más bien que el PP rajoyano nunca supo explicar la importancia de la ley, nunca supo defenderla. Con su mentalidad de rentistas, se ha dedicado a especular sobre cómo rebañar algunos votos traicionando a la masa de sus electores, que los señoritos de carrera creen tener asegurada aunque solo sea por no votar al PSOE. Esa gente se merecería un buen susto, por lo menos.
FUEGO, HOCES Y MARTILLOS
La otra historia del campo de concentración de Castuera que no quieren contarnos
Ángel David Martín Rubio
Universidad San Pablo-CEU (Madrid)
1. El mito del campo de concentración de Castuera
Algunos años antes de su último descalabro electoral, Izquierda Unida de Extremadura anunciaba el comienzo de un proceso constituyente que habría de llevar a la III República Federal, así como la celebración de una serie de actos que fueran caldeando el ambiente mediante la conmemoración de la II República. Desde entonces se viene celebrando en el mes de abril una marcha al lugar en que estuvo ubicado un campo de concentración en las inmediaciones de Castuera (Badajoz)[1].
No es la primera vez que los comunistas convierten a la comarca de La Serena, lo que antaño ellos mismos denominaron la Extremadura Roja, en escenario de una serie de actividades reivindicativas en las que cuentan con el respaldo de otros partidos políticos, una red de asociaciones que se mueven en torno a la llamada recuperación de la memoria histórica, la Universidad de Extremadura y una fabulosa provisión de fondos públicos. La declaración de intenciones no puede ser más explícita: estamos ante el inicio de una campaña de objetivos puramente políticos al servicio de los cuales se utiliza del pasado al margen de cualquier consideración de naturaleza científica.
Difundida ampliamente la leyenda de las matanzas de la Plaza de Toros de Badajoz, a pesar de haber sido refutada por la historiografía más seria, estamos en vísperas del lanzamiento a gran escala de un nuevo mito: el de la existencia de un campo de exterminio en Castuera. Y empleamos el concepto de mito en el sentido de una formulación con cierto fundamento en una realidad que resulta intencionadamente deformada y que sirve para sostener un determinado sentimiento o conducta, en este caso un proyecto político radical de extrema izquierda. Si hay que hablar de genocidio para definir lo ocurrido en la zona nacional y en la posguerra, resulta necesario hacer creer que en la España de Franco existieron campos de exterminio y se ha encontrado en el caso de Castuera un formidable baluarte propagandístico.
Fue Justo Vila Izquierdo el primer en poner por escrito la leyenda de este campo en dos libritos (verdadero vademécum de la historiografía de extrema izquierda sobre la guerra civil en Extremadura) en los que sostenía que el campo de Castuera fue "posiblemente la mayor aberración de la posguerra, donde se ensayaron métodos de exterminio masivo, utilizados después por los nazis en sus campos de muerte durante la segunda guerra mundial" y en esto consistían dichos métodos:
Al principio, los muertos eran enterrados en zanjas abiertas al efecto, sin embargo, dada la gran cantidad de presos condenados diariamente, deciden poco después enterrar a los mismos en bocas de minas abandonadas. Más tarde, el refinamiento, la crueldad y la barbarie de los ejecutores llegó hasta extremos difícilmente imaginables: los condenados eran atados con sogas por la cintura, unos a otros en interminables filas y empujados a culatazos a las bocas de la mina, en medio de terribles sufrimientos, los presos recibían desde lo alto, bombas de mano y ráfagas de metralla que acaban con sus vidas. [2]
Para sostener esta peregrina escenografía, Vila cita –siempre de manera fragmentaria– testimonios como los de Esteban López Ramos, Valentín Jiménez Gallardo y José Hernández Mulero. Afortunadamente, pocos años después, en una publicación de dos profesores de la Universidad de Extremadura se recogían en su integridad los datos proporcionados por éste último y se podía comprobar el fraude: Hernández Mulero llegó al campo de concentración de Castuera el 24 de octubre y lo abandonó el 6 de diciembre, fechas en las que no se registra ninguna muerte, y él mismo reconoce que la historia de la cuerda india era un simple rumor del que oyó hablar después:
Cerca del campo había unas bocaminas y algunas noches sentíamos vibrar el terreno, como si hubiera explosiones cerca. Nosotros creíamos que era el maquis que venía. Pero luego nos dijeron que allí hacían la cuerda india, con prisioneros amarrados unos con otros, que tiraban a la mina, vivos, y unos arrastraban a otros, y dentro de la bocamina les tiraban bombas de mano para matarlos. [3]
Naturalmente, Vila Izquierdo a quien han seguido otros, no había tenido la decencia profesional de hacernos conocer esta importante precisión cronológica. Por su parte, Javier Rodrigo al hablar del campo de Castuera se limita a airear algunos tópicos y alude a una "importante investigación local" [4] cuyos resultados suponemos deben encontrarse en los artículos de Antonio D. López [5] y José Ramón González [6] con una curiosa reiteración de documentación y argumentos a pesar de tratarse de autores distintos y que no publican en colaboración. Ahora se anuncia la presentación de un libro de Antonio López Rodríguez con un título no menos propagandístico y pretencioso: Cruz, Bandera y Caudillo: el Campo de concentración de Castuera.
En el artículo citado, López Rodríguez sostenía que el campo de concentración de Castuera era un 'ente' "donde se encerraba a los vecinos 'sospechosos' de la comarca, y donde se hacía desaparecer a cualquier individuo que hubiera tenido cualquier tipo de relación directa y activa con la recién derrotada República" [7]. Su lista provisional de desaparecidos consta de apenas algunos nombres, la mayoría documentados a través de otras fuentes que en ocasiones difieren en cuanto a la fecha y lugar de muerte. En la mayoría de los casos, todas estas víctimas pueden ser identificadas documentalmente por su participación en las detenciones, fusilamientos y demás excesos cometidos en la retaguardia, tanto en Castuera como en otros pueblos de la comarca. Si consideramos que fueron varios miles de personas los que tuvieron relación con la República en la comarca y si a cualquiera de ellos se les “hizo desaparecer”, nos encontramos en la línea argumental de Vila: el campo de Castuera como un lugar de exterminio masivo, pero los resultados que él mismo ofrece después de su propia investigación no avalan tal afirmación y reducen a unos mínimos las expectativas que aspiraban a convertir a Castuera en el Auschwitz extremeño del franquismo
Como ya se había publicado en otros lugares –aunque López no haga alusión a ellos en sus breves apuntes historiográficos– Castuera fue escenario, al igual que otros lugares de la provincia de Badajoz, de varias decenas de ejecuciones irregulares durante los meses de abril y mayo de 1939; aunque algunas de ellas se hubieran llevado a cabo entre presos sacados directamente del campo (cosa que hasta ahora no ha podido demostrarse documentalmente) se trataría de hechos aislados que no vuelven a repetirse y menos aún en las fechas en que, siempre basándose en dudosos testimonios orales, se pretenden situar las muertes llevadas a cabo en el campo. [8]
2. La necesaria y eludida explicación historiográfica
Por otro lado, y sin querer restar dramatismo a ninguno de estos sucesos, menos legítimo aun resulta silenciar el contexto de las violencias llevadas a cabo con anterioridad por los revolucionarios para convertir unas cuantas represalias en un exterminio sistemático de enemigos sociales o políticos que no existió porque la inmensa mayoría de los que habían apoyado al Frente Popular rehicieron sus vidas en los años.
Las cifras posteriores al cierre de la Bolsa de la Serena en el verano de 1938 no pueden ser más elocuentes y lo ocurrido ahora se repetirá al terminar la guerra: de un total de unos seis mil prisioneros, un 42,13% son considerados por la comisión clasificatoria afectos al Movimiento Nacional con toda seguridad y un 33,66% con dudas, mientras que únicamente al 24,08% (1.512 presos) se le atribuyen responsabilidades penales por sus comportamientos durante el período revolucionario y serían objeto de posterior investigación para formar causa o diligencias previas si los elementos de juicio eran muy poco precisos. Como ocurrirá en 1939, el hecho de haber sido llamado a filas no determinó en modo alguno el procesamiento de nadie ni fue motivo de acusación y ante los tribunales no comparecieron más que los que fueron procesados, que fueron muchos porque muchos eran los delitos, pero no todos, ni siquiera la mayoría de los prisioneros del Ejército Popular.
Cualquier análisis que ignore lo que ocurrió en los años anteriores, carece de rigor para explicar lo sucedido a partir de 1939. Resulta, por eso, muy significativo recordar que en un mitin celebrado en la plaza de toros de Badajoz el 18 de mayo de 1936, el diputado comunista por Sevilla Antonio Mije pronunció unas palabras en las que aparecen reflejados con toda claridad cuáles eran los objetivos revolucionarios del Frente Popular y cuáles eran los medios de que los partidos y sindicatos integrados en dicha coalición iban a servirse para alcanzar ese fin:
Yo supongo que el corazón de la burguesía de Badajoz no palpitará normalmente desde esta mañana al ver cómo desfilan por las calles con el puño en alto las Milicias uniformadas; al ver cómo desfilaban esta mañana millares y millares de jóvenes obreros y campesinos, que son los hombres del futuro ejército rojo obrero y campesino de España [...] Este acto es una demostración de fuerza, es una demostración de energía, es una demostración de disciplina de las masas obreras y campesinas encuadradas en los partidos marxistas, que se preparan para muy pronto terminar con esa gente que todavía sigue en España dominando de forma cruel y explotadora a lo mejor y más honrado y más laborioso del pueblo español. [9]
Desde que en julio de 1936 aquellas “masas obreras y campesinas” –que habían recibido armas del Gobierno de la República al margen de cualquier consideración legal– aprovecharon para desencadenar la anunciada revolución en aquellos lugares en que los militares y paisanos sublevados no lograron imponerse, se había cumplido literalmente esta advertencia del diputado comunista: aquel Ejército Rojo se formó para acabar con lo que él llamaba la “burguesía”, es decir, todos aquellos que, con independencia de su situación social, no querían someterse al Frente Popular. El terror sembrado en toda la retaguardia sometida a su control iba a mantenerse durante los casi tres años de guerra y las parcas victorias que obtuvieron las armas al servicio del Partido Comunista siempre fueron acompañadas –como ocurrió en Belchite y Teruel a finales de 1937 y comienzos de 1938– de asesinatos indiscriminados y selectivos, saqueos, destrucciones y persecución religiosa, igual que había ocurrido en el verano de 1936.
La provincia de Badajoz no fue ninguna excepción al panorama que venimos describiendo y, desde el primer momento, sufrió el terror que era la lógica consecuencia de cómo concebía el proceso revolucionario su auténtico protagonista en la retaguardia pacense: el Partido Socialista, responsable de una política que acabó al servicio de los designios pro-sovieticos del Partido Comunista marginando así –con el empleo incluso de la sangre– a los anarquistas como antes lo habían sido los republicanos motejados de “burgueses”. Varios centenares de personas perdieron la vida en las matanzas con las que socialistas y comunistas regaron de abundante sangre las comarcas de La Serena y Los Montes; miles de vecinos de estos pueblos pasaron por las cárceles o dejaron en ellas la vida y la salud; durante meses milicianos y dirigentes políticos se convirtieron en dueños de la vida y hacienda de muchas de personas cuya vida podía depender del capricho de uno de aquellos flamantes revolucionarios, algunos de los cuales se habían de convertir años después en locuaces testigos orales hábilmente interrogados por ciertos historiógrafos para conmovernos con sus lamentos por las incomodidades que tuvieron que sufrir en la posguerra.
Solo por citar uno de los casos ocurrido precisamente con vecinos de Castuera, en la mañana del 22 de agosto, veinticuatro detenidos fueron montados en el tren y, al llegar a las inmediaciones del apeadero de El Quintillo, les obligaron a bajar, les hicieron varios disparos en las piernas, al caer al suelo les echaron encima leña y los rociaron con gasolina, prendiéndole seguidamente fuego y quemándolos cuando aún estaban con vida. La lista de los asesinados había sido seleccionada la noche antes en una reunión del Comité que tuvo lugar en el Ayuntamiento. Entre ellos figuraban el Párroco, Andrés Helguera Muñoz, y el primer alcalde que tuvo la República en esta población: Camilo Salamanca Jiménez.
Si a las “sacas colectivas” añadimos otras muertes que se produjeron en forma aislada (las últimas en 1938) en total fueron asesinadas en Castuera ochenta y seis personas; si nos referimos a todos los vecinos de este pueblo, incluyendo a los fusilados en otros lugares, el número total de víctimas de la represión frentepopulista se sitúa en ciento nueve, una de las cifras más altas de la provincia. Por lo que a su origen socio-profesional se refiere, predomina un grupo de modestos empleados y obreros de distintos oficios, en su mayoría vinculados a Falange Española, organización que ya había sufrido en esta localidad un atentado contra el jefe provincial Arcadio Carrasco (marzo-1936) y el asesinato de uno de sus militantes, Leopoldo Sánchez Hidalgo, pocos días antes de comenzar la guerra. En su inmensa mayoría (82,5%) son el resultado de extracciones de grupos numerosos de detenidos procedentes de los lugares habilitados como prisión mientras que solo algunos casos fueron muertes aisladas. Teniendo en cuenta que las “sacas” se llevaban a cabo con un gran despliegue de medios, en la inmensa mayoría de estos crímenes puede hablarse de la participación de las autoridades locales así como de un contingente de milicias y guardias de asalto a las órdenes de sus respectivos mandos. El mito de la espontaneidad en la violencia revolucionaria resulta así insostenible y únicamente se puede hablar de asesinatos irregulares por carecer de toda norma jurídica no por haberse llevado a cabo sin la anuencia de los dirigentes.
Aún no habían pasado tres años desde que el diputado Mije anunciara en Badajoz la formación del "futuro ejército rojo obrero y campesino" cuando el Generalísimo Franco anunciaba en el último parte de guerra la derrota de aquel Ejército Rojo que, aunque cautivo y desarmado, venía a plantear un serio problema de orden público al Nuevo Estado constituido durante los años de la guerra ya que debido a su composición no podía ser reintegrado automáticamente a la vida civil.
3. Conclusión
A lo largo de estas páginas, hemos tenido ocasión de comprobar que –al margen de mitos y leyendas– hay varios centenares de muertos y presos de los que nadie habla y también eran de Castuera o murieron allí: los asesinados por las milicias frentepopulistas en El Arenal; los quemados vivos en El Quintillo; los fusilados en el Cementerio; los detenidos en el Depósito municipal y la Ermita de los Mártires; los presos en los Campos de Trabajo establecidos por el Gobierno de la República mucho antes de la creación del Campo de Castuera; los soldados y voluntarios caídos en el frente de La Serena para liberar a esta comarca del horror y sufrimiento de dos años de revolución...
¿Qué Republica era aquella en la que ocurrían sucesos como los aludidos? Francisco Largo Caballero dirigente socialista condenado a cadena perpetua por un tribunal del Estado Constitucional en 1917, colaborador con el Dictador Primo de Rivera, más tarde ministro y golpista en 1934, lo había advertido con toda claridad en 1931: si, como debía hacerse en lógica democrática, las Cortes Constituyentes eran disueltas una vez terminada su función: "ese intento sólo sería la señal para que el Partido Socialista y la Unión General de Trabajadores lo considerase como una nueva provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar tal posibilidad que sería un reto al partido y nos obligaría a ir a una guerra civil" [10]. No hacía falta ser un profeta para vaticinar el futuro de España, como lo hacía un periódico republicano, en los siguientes términos: "¿qué clase de república y qué clase de democracia es ésta?... Nadie podrá llamarse ya a engaño ante lo que se avecina y menos que nadie los mismos republicanos a quienes el sr.Largo Caballero reserva en su República un porvenir tan poco halagüeño". [11]
Cualquiera que se asome a los medios de comunicación podrá comprobar los efectos de la siembra de odio que se está llevando cabo mientras se forjan y difunden mitos como el del campo de concentración de Castuera. Sería preferible que se dejara reposar a todos los muertos de la Guerra Civil bajo una cruz que fuera símbolo de reconciliación, unidad y verdad pero si otros prefieren seguir manipulando la historia y emplearla como arma al servicio de su demoledor proyecto político, habrá que recordarles que fueron los ahora llamados “republicanos” quiénes comenzaron a derramar la sangre de sus enemigos sobre las tierras extremeñas y a todos nos convendría no olvidar lo que ocurrió en 1936 cuando las izquierdas, con el Partido Socialista a la cabeza, dinamitaron el Estado de Derecho.
[1] Consultado en http://www.nodo50.org/foroporlamemoria/noticias/2005/merida_06042005.htm (10-junio-2007)
[2] Vila Izquierdo, Justo, La guerrilla antifranquista en Extremadura, Universitas, Badajoz, 1986, pp.69-70. En términos semejantes cfr. Extremadura: la Guerra Civil, Universitas, Badajoz, 1984, pp. 163-164.
[3] García Pérez, Juan - Sánchez Marroyo, Fernando, La guerra civil en Extremadura, Hoy, Badajoz, 1986, p. 98.
[4] Cfr. Rodrigo, Javier: Cautivos. Campos de concentración en la España franquista, 1936-1947, Crítica, Barcelona, 2005, pp. 199-200.
[5] López Rodríguez, Antonio D., "El campo de concentración de prisioneros de Castuera", en Chaves Palacios, Julián (coord.), Memoria Histórica y Guerra Civil: Represión en Extremadura, Diputación de Badajoz, Badajoz, 2004, pp. 193-215.
[6] González Cortés, José Ramón, “Origen y desarrollo de los campos de concentración franquistas en Extremadura”, Revista de Estudios Extremeños 1(2006), consultado en http://www.dip-badajoz.es/publicaciones/reex/index.php (12 de septiembre de 2006), y “Prisioneros del miedo y control social: El campo de concentración de Castuera”, consultado en http://hispanianova.rediris.es/6/dossier/6d004.pdf (12 de septiembre de 2006).
[7] López Rodríguez, Antonio D.: ob.cit., p. 206.
[8] Dichos testimonios son, por otra parte, contradictorios. Así, José Luis Gutiérrez Casalá recoge los de Máximo Morales González, que formó parte del cuerpo de vigilancia, y Fernando Carvajal Dorado, prisionero, ambos durante la época de mando del Capitán Navarrete quienes coinciden en decir "que no vieron ni tuvieron conocimiento de que dentro del campo se fusilara a algún prisionero" (Gutiérrez Casalá, José Luis: La Guerra Civil en la provincia de Badajoz. Represión republicano-franquista, Universitas Editorial, Badajoz, 2003, pp. 719-720).
[9] Claridad, Madrid, 19 de mayo de 1936.
[10] Informaciones, Madrid, 23 de noviembre de 1931.
[11] Ibíd.
(Cortesía de J. L. J.)
Zapo, con lágrimas en los ojos.- ¿No son ingratos estos etarras, Ruba? Les di mi amor, mi comprensión, mi ternura, olvidé lo que han hecho desde hace tantos años, qué digo, les he premiado todos, todos sus trágicos accidentes, he pateado a las víctimas… Pero no tienen pizca de comprensión ni de paciencia, lo quieren todo ya, de un golpe, aquí te pillo, aquí te mato… Como si uno pudiera entregarse así, por completo, a la vista de todo el mundo, como si no tuviera una honra que defender y no anduviera por ahí el memo de los discursitos dando la vara… Pero retírate un momento, que aquí llega ese tipo.
Rajoy.- Veo que has llorado, Zapito.
Zapo.- Ha sido una mota de polvo…
Rajoy.- A mí no me engañas, Zapo. Tú sufres. Sufres por la faena que te han hecho tus malas amistades. Y mira que te lo advertí: ese idilio no podía funcionar. ¡Te abandonarán! ¡Te abandonarán a las primeras de cambio! Recuerda que te lo dije. Pero también te dije que cuando eso ocurriera, cuando llegara tu hora mala, había de ser mi pañuelo el que te secase la cara. (Saca un pañuelo del bolsillo, lo mira y se lo vuelve a meter. Rebusca en otro bolsillo y saca otro más limpio, con un corazón bordado en una esquina). Este, este pañuelo, Zapo, prenda de mi ternura y mi lealtad. Yo no te fallaré… (Acerca el pañuelo a los ojos de Zapo).
Zapo.- ¡Quita de ahí, tío plasta! ¡Mira que llamo a la vicepresi!
Rajoy.- Eres duro y cruel, Zapo. Me desdeñas a pesar de todas las faenas que te han hecho tus… amigos, los de la ETA. ¿Por qué eres así, Zapo? ¿Qué loca pasión han encendido De Juana, Otegui y Ternera en tu víscera cordial…?
Zapo.- ¡Pero si acabo de meter en el trullo a dos de esos…!
Rajoy.- Por puro despecho, Zapo, se te nota demasiado. En el fondo les sigues queriendo. Si no, demuéstramelo. Di, en mi presencia y bien alto: ¡Odio a ETA y a todos sus hombres!... Y mujeres, puedes añadir, no hay inconveniente.
Zapo.- (Para sí) Pero, ¿qué he hecho yo para tener que aguantar a este tío? ¿Qué puedo hacer para que se largue de una vez y me deje en paz? (En voz alta): ¡Pues claro que sí, Mariano, claro que detesto a la ETA, y hasta sus trágicos accidentes y sus fulanos y fulanas tan equivocados, que quizá se enmienden, nunca hay que desesperar...! Pero ¿qué digo? ¡Los odio, los odio, los odio! ¡Si me han dejado sin el premio Nobel, no te digo más, Mariano…! Mariano, en serio, a partir de ahora, los dos juntos contra esos tipos. ¡Sin piedad!
Rajoy.- (Exultante) ¡Ah, mi Zapo, ya sabía yo que los buenos sentimientos terminarían entrando en ese corazón tan duro!
Zapo.- ¡No, no, el pañuelo no!
Rajoy.- No te preocupes, Zapo, ya no hace falta. Lo sacaba para sonarme, porque ahora soy yo quien no puede contener las lágrimas.
Zapo.- ¡Pues hale, hale! Ya hemos llegado a un acuerdo productivo, y puede decirse que ahora el país irá como una seda. Tú procura no fastidiarme demasiado en las Cortes, ¿eh?, que a veces no hay quien te aguante.(Le despide con unas palmaditas en los hombros)
Rajoy. - (Sale cantando) "Yo te seré siempre fiel, pues para mí quiero en flor, ese clavel..."
Zapo.- (Desde la puerta) ¡No, no, Mariano, por lo que más quieras, no, que tengo a los niños durmiendo! (Mariano no deja de cantar y su voz se aleja. Sale Rubalcaba del interior).
Zapo.- ¿Has oído, Ruba? ¿Has conocido en toda tu vida a un solemne parecido?
Ruba.- Sí, uno. Pero de eso hace ya muchos años...
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Ciencia, ciencismo y franquismo
Algunos ateos ciencistas afirman que los mejores índices de moralidad corresponden a las sociedades más ateas y los de mayor inmoralidad a las más religiosas. Buena simpleza. También podrían pretender que corresponden a las sociedades de piel más blanca y de piel más oscura, respectivamente, ¿por qué no se atreven a decir esta otra simpleza? Un nazi ciencista lo haría notar enseguida. En fin...
A partir de la I Guerra Mundial ocurrió en Europa occidental un fuerte proceso de descristianización, impulsado desde diversos frentes: marxismo, psicoanálisis, socialdemocracia, nazismo, y algunos –no todos, desde luego– sectores liberales. Es difícil decir en qué grado influyó ello en la crisis de los sistemas liberales y en los sucesos que culminaron en la II Guerra Mundial. Pero probablemente influyó algo.
Después de dicha guerra hubo un cierto retorno a los principios religiosos y a la moral tradicional, hasta que, en los años 60, tomó cuerpo una nueva oleada en sentido contrario, oleada en plena expansión todavía hoy. Una excepción fue el franquismo, el cual estuvo profundamente influido por el catolicismo tradicional hasta su mismo fin, a pesar de las corrientes “modernizadoras” en auge. Y debe reconocerse que, en bastantes aspectos morales o relacionados con la moral, sus logros fueron notables. El nivel de delincuencia era proporcionalmente el más bajo, o uno de los más bajos, de Europa, y también el de gente encarcelada o el de suicidios. Había un problema de alcoholismo, pero poco acentuado, y escaso entre los jóvenes. El consumo de droga, extendido espectacularmente por Europa y Usa desde los años 60, apenas cuajó aquí entonces. Las cifras de violaciones, de asesinatos domésticos, de embarazos de adolescentes, eran ciertamente reducidas en proporción con el resto de Europa y con lo que ha llegado a pasar después en la misma España. No había policías privadas, ni existían los enormes negocios actuales de seguridad y protección de las propiedades… España pasó de ser uno de los países europeos con mayor mortalidad infantil durante la república a estar prácticamente en cabeza en su disminución; la esperanza de vida se puso al nivel de los más avanzados, solo por debajo de Suecia, Japón y quizá alguno más.
Comparados con la actualidad o con otros países europeos también eran muy bajos los índices de fracaso matrimonial y familiar, y de los duros y desequilibradores efectos que esos fracasos suelen tener en los hijos y en los propios cónyuges. No existía el divorcio, pero sí la separación, con índices asimismo pequeños. Para establecer el divorcio, sus partidarios argüían que había muchos cientos de miles matrimonios esperando ansiosamente la ley, pero cuando la ley se estableció la aprovecharon solo una pocas decenas de miles (esto no es un argumento contra la ley del divorcio, sí contra los embustes con que la defienden los “progresistas” –muy frecuentemente ateos–, como si la abundancia de divorcios fuese algo excelente, un síntoma de modernidad). Poco a poco al principio, aceleradamente luego, el fracaso matrimonial ha aumentado hasta hacerse masivo, conforme la sociedad se ha ido descristianizando; como también han crecido la droga, el alcoholismo, los embarazos de adolescentes, la delincuencia en general, el asesinato de mujeres a manos de sus parejas o cónyuges, o el número de presos (que se ha triplicado y aun sería mucho más abundante si las leyes no fueran tan comprensivas con los delincuentes y a menudo injustas con las víctimas).
Hubo otros logros a considerar para hacer comparaciones objetivas: el analfabetismo quedó prácticamente erradicado, la enseñanza superior comenzó a hacerse masiva, la creatividad cultural era seguramente superior a la de hoy (baste comparar a los principales escritores de entonces con los actuales, por decir algo), la enseñanza, aun si mediocre, no había alcanzado la degradación actual. Si por calidad de vida entendemos algo más que índices de consumo, la de España era bastante alta (Franco, un balance histórico). Faltaban las libertades políticas, pero, como observó Julián Marías y puede recordar cualquier persona desprejuiciada, había una gran libertad personal, algunos de cuyos aspectos mencionó Solzhenitsin para inmensa irritación de los progres de entonces.
Estos hechos, pues lo son, no constituyen un argumento en pro de un estado católico o de la vuelta al franquismo, desde el momento en que no son exclusivos de ellos. Pero sí conforman un argumento que impone la cautela, por lo menos, ante las alegrías ateoides y demagógicas tan en boga. Un estado laico y democrático, único concebible hoy, no debe echar por tierra los logros del pasado, sino reconocerlos y construir sobre ellos. No debiera repetirse el error de la república, la cual, como he explicado en La quiebra de la historia progresista, se empeñó en negar y destruir los muchos avances del país durante la dictadura de Primo de Rivera, convirtiéndose en un régimen retardatario bajo las consignas de una supuesta democracia anticatólica.
Sin duda estas son cuestiones cruciales para enfocar nuestro presente y nuestro futuro. Y para abordarlas correctamente deberemos superar bastante tópicos. Los tópicos creados y divulgados masivamente por los héroes de los cien años de honradez y los del tiro en la nuca y sus cómplices, por los seguidores de las banderas del GULAG y de la tricolor. Lo cual debiera servirnos de advertencia previa a la hora de prestarles atención.
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Una clave para interpretar lo que pasa
Para los demócratas, la ETA es una banda de asesinos, sin que importen sus pretextos, que debe ser erradicada aplicando la ley.
Pero la ETA es separatista y socialista. Por ello se beneficia de la comprensión y una complicidad básica del PNV y del PSOE. Uno y otro la ven como una organización con muchas afinidades, aun si "equivocada". Y consideran que de los crímenes etarras pueden extraerse algunas rentas políticas muy dignas de tomarse en consideración. Tal es la esencia del "diálogo", de la "negociación".
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Los factores ocultos:
– Ha habido reuniones con el PSOE, y con el Partido Socialista francés también. Se está haciendo un curro de la hostia –le explica la dirigente batasuna.
– Miedo me dan a mí estas decisiones.
– ¡No, joder! Hay que tantear por todos los lados –y ríe–. Para el PSOE es la hostia, que estén ellos gobernando y solucionar uno de los mayores conflictos que tiene el Estado español. Hay que planteárselo así al señor ZP, o sea: "tú vas a solucionar el conflicto mayor que ha tenido el Estado español. Pasas a la historia, tío, premio Nobel de la paz, te dan el premio Nobel de la paz".
Ayer se dio el premio Antón Losada a Manuel Rivas, ilustre charlatán con facilidad para escribir, cuyas obras reflejan bastante bien la profunda degradación de la literatura oficial u oficiosa de la época, no mejor que la literatura de kiosco de tiempos de Franco. En su discurso aprovechó, cómo no, para dar vueltas a las víctimas del franquismo, los muertos por la “represión fascista”, etc. Antón Losada fue un fundador del regionalismo gallego, era hombre católico y conservador y, por supuesto, se sentía español.
Llamativa la persistencia de la izquierda en sus temas, aunque se trate de distorsiones y embustes tan manifiestos como la “memoria histórica”: decenas de asociaciones se dedican a propalar el cuento, a encauzar subvenciones y fondos públicos o privados, a organizar exposiciones, conferencias, promover películas, documentales, novelas, intervenir en la prensa, organizar manifestaciones cuando viene al caso y magnificarlas en los medios; personajes y personajillos expertos en el rasgado de vestiduras exhiben sus indignaciones “éticas”, etc.
La derecha carece por completo de ese dinamismo. En la medida en que mantiene posiciones más veraces o más sensatas, las defiende muy mal. Durante años ha estado callada “como puta” ante la ofensiva ideológica izquierdista, y cuando en la sociedad surgía una reacción, se ha beneficiado de ella sin dar nada a cambio. No me refiero al PP, o solo al PP, sino a una tendencia muy extendida, que ya motivaba la irritación de Julián Marías: “Se exponen unas ideas, la gente asiente, satisfecha; y ahí queda todo. No surge ninguna acción, ninguna iniciativa”. Lo decía con otras palabras, no las recuerdo con precisión, pero ese era su sentido.
Y es que, si la izquierda española ha sido siempre antidemocrática, la derecha no ha sido democrática: esa pasividad peculiar suya esconde un desprecio de fondo hacia la opinión pública; no es capaz de influir en ella, ni siquiera lo desea. Sabe que ella, la derecha, constituye una fuerza difusa, pero considerable, vive de la inercia y de las rentas, y espera que si las cosas vienen mal dadas ya surgirá algún caudillo salvador, militar o no. Entonces su pasividad se convierte fácilmente en revancha y odio criminal. Les recuerdo el escrito, repugnante más allá de los expresable, de aquel asesino de García Lorca, que reproduje hace unos días.
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"Rajoy exigirá a Zapatero que demuestre "con hechos" su "coraje" ante ETA"
Zapo hace lo suyo, señor Rajoy, y a estas alturas incluso un bobo solemne debería estar bien al tanto de qué es "lo suyo": la colaboración con la ETA y el separatismo, y contra la Constitución. Es usted quien debería demostrar con hechos su coraje en defensa de la democracia y la unidad de España. Pero sus hechos, precisamente, demuestran lo contrario.
"Lo más importante es que podamos creer al presidente", afirma Rajoy. Lo más importante. ¿Y a Rajoy? ¿Es importante que podamos creer a Rajoy?
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¿Una sociedad con ansias de muerte?
Me escribe Fernández Barbadillo sobre Otegui, el "hombre de paz", que iba a traérnosla en conjunción con Zapo y los suyos:
¡Hasta el mismo Mayor Oreja! "Los ataques confirman el odio del Gobierno hacia el PP". Encima de que el PP no hace otra cosa que ofrecerse para la lucha "antiterrorista", los estatutos... ¿No es ingrato este gobierno? Como la ETA, que responde a todos los regalos recibidos de los gorrinos con una patada en la boca. En fin, el país entero angustiado por el odio de los sociatas al PP; no hay nada que preocupe más a la ciudadanía. ¿Cómo acabará el culebrón?
Imaginen ustedes que en la época de la Gran Corrupción felipista o del GAL (destapados por la prensa independiente, no por el PP), Aznar se hubiera dedicado a ofrecerse a Felipe González para ayudarle a solucionar aquellos enojosos asuntillos financieros y pequeñas muertes al margen de la ley. Afortunadamente no fue así, pero con Rajoy hubiera sido perfectamente concebible. Todo por evitar la "crispación", el dicterio de "extrema derecha", por llegar al "centro" y desmarcarse de aquellos periodistas tan alborotadores. Y sin embargo las fechorías de Zapo son mucho peores que las de González. Rajoy, el hombre relajado.
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En tales circunstancias, la llegada del gobierno actual ha sido la mejor noticia que haya tenido la ETA en su historia: tras verse al borde del abismo, ha podido recomponer sus aparatos y sus finanzas, se ha rearmado, ha probado que podía golpear donde y cuando quería, y ha logrado una parte muy sustancial de sus proclamados objetivos: liquidar la Constitución y abrir un proceso constituyente, o más bien desconstituyente, hacia la desintegración de España y de la democracia, que destruya todo lo construido desde la Transición. No es probable que se conforme con lo ya obtenido, pero ya ha adelantado un enorme trecho.
Los terroristas y los separatistas jamás habrían logrado acercarse tanto a sus objetivos con sus solas fuerzas. Precisaban la colaboración de una fuerza nacional, y en los penúltimos tiempos de Aznar eso parecía imposible. El PSOE había optado por una política rara en él, renunciando a la mezcla de claudicación y terrorismo (GAL), para adherirse a la línea legalista de Aznar, en el Pacto Antiterrorista y por las Libertades. Ello cegaba las salidas a los pistoleros y a los demás separatistas, y establecía la base obvia de cualquier estado que aspire a sostenerse: una plataforma de principios inatacables (democracia y unidad nacional), sobre los que hacer política, e impidiendo hacer política contra ellos. Sin embargo, esa actitud socialista duró muy poco, y las mismas fuerzas que presionaban por la "solución política", provocaron un cambio radical de postura: determinaron como enemigo fundamental al PP, no a los asesinos y secesionistas, y buscaron la alianza o complicidad de estos últimos para atacar directamente la Constitución. Una inversión completa del anterior pacto. Todos juntos organizaron grandes campañas desestabilizadoras.
La maniobra, no sé si elaborada con detalle, se ha producido del siguiente modo. En primer lugar, el Plan Ibarreche-Ternera, plan separatista aunque conservase una ficción de unidad, útil para mantener a las Vascongadas en la Unión Europea. El plan fracasó aparentemente en el Parlamento, aunque sólo llevarlo a él ya pisoteaba la Constitución. Entonces entró el juego el plan B, de los separatistas catalanes, equivalente al anterior. La aprobación del estatuto secesionista catalán traería consigo, inevitablemente, la del plan Ibarreche-Ternera y un proceso de disgregación del país. Así, por una vía ligeramente indirecta, la alianza del PSOE con los secesionistas y los terroristas está destruyendo aceleradamente la Constitución.
No es casual que la ETA declare su tregua cuando unas Cortes envilecidas, a impulsos de un gobierno anticonstitucional, aprueban la disgregación de España en pseudonaciones. La tregua anterior se dio en una situación de debilidad de la banda, y como un modo de ganar tiempo para rehacerse. La actual es toda una declaración de triunfo: la ETA se siente muy próxima a ganar la partida. Durante dos años ha advertido al gobierno de Zapatero: "tienes que ir hasta el final, o atente a las consecuencias". Y Zapatero y los suyos van cumpliendo, como hicieron después del 14-M con los islámicos. La ETA se siente más cerca que nunca de sus objetivos. Sus largos años de crímenes parecen tener por fin recompensa, y ésta sólo podía dárselo un gobierno enemigo y conculcador de la Constitución, es decir, de las libertades y de la unidad de España; es decir, un gobierno ilegal, porque lo es todo aquel que no guarda y hace guardar la ley, aunque haya salido de unas elecciones.
Algunos ingenuos se preguntan cómo es posible esta colaboración. Muy simple: el "rojo" Zapatero y la ETA tienen la misma concepción de base: la idea de que las democracias –identificadas con "la derecha" o "el imperialismo"– crean un "océano de injusticia y de pobreza". Discrepan en los métodos para combatir la "injusticia", pero se trata de una diferencia menor. En lo fundamental, en atacar a los causantes, según su trastornado juicio, de ese "océano", están de acuerdo.
Y el pobre Rajoy diciendo que apoyará al gobierno para que no pague un precio político a los terroristas. Y luego llama bobo a Zapatero... El precio político está ya pagado en gran parte, señor lince, a costa de la ley; otra cosa es que la ETA quiera más todavía. Siga usted "mirando al futuro", a ver si nos aclara algún día qué es lo que ve."Soy Manuel Luna, de los Luna de Antequera. Yo le conocí en Granada cuando era V. de las Juventudes Católicas. He vivido todo el glorioso movimiento primero en Granada, luego en Zaragoza y algún tiempo en Oviedo, después de la llegada de la columna de socorro gallega. En Granada me he distinguido bastante. Fui de los que asistieron, en una mañana de agosto, al fusilamiento, en el cementerio, ante las fosas abiertas, de setenta rojos, todos ellos bandidos, asesinos, criminales, violadores, incendiarios… Y gocé mucho, muchísimo, porque se lo merecían. Entre ellos estaban el presidente de la Diputación roja Virgilio Castilla, el ex gobernador rojo de Alicante Vicente Almagro, el alcalde rojo de Granada Montesinos (un médico), el ingeniero de caminos y ex diputado constituyente Santacruz, el ex alcalde de Granada Fajardo, el diputado Corro y otros más, médicos, catedráticos, abogados, ingenieros, procuradores, etc. Hicimos una buena limpia. Algunos días después cogimos al gran canalla de García Lorca –el peor de todos– y lo fusilamos en la Vega, junto a una acequia. ¡Qué cara ponía! Abrazaba los brazos al cielo. Pedía clemencia. ¡Cómo nos reíamos viendo sus gestos y sus muecas! Pertenecí a la ronda depuradora de Ruiz Alonso. Pero como le digo tuve que irme por asuntos particulares a Zaragoza y después a Oviedo. En ambas poblaciones ayudé también a la depuración. En Oviedo pasé un rato muy agradable viendo fusilar al miserable de Leopoldo Alas Argüelles, el hijo del repugnante Clarín."
Cosas como estas ocurrieron en los dos bandos durante la guerra, baste recordar los numerosos intelectuales asesinados por el Frente Popular o los llamamientos de La Pasionaria a matar a los enemigos y utilizar sus cuerpos para abono de los campos. Sin embargo llama la atención, en un señor que se dice católico, la saña feroz y enloquecida bajo la cual hay seguramente más intereses particulares que ideales de cualquier género. Cuando la ley cae por tierra, salen a flote todos los demonios.
Por eso la cuestión clave en torno a la guerra civil fue cómo se vino abajo la legalidad republicana que, aun con sus graves imperfecciones, susceptibles en principio de corrección, pudo haber permitido una convivencia razonable. Hoy la cuestión está suficientemente clara: fueron las izquierdas y el nacionalismo catalán quienes subvirtieron, asaltaron y finalmente arruinaron la legalidad. ¡Una legalidad creada por ellos mismos!
Y hoy asistimos a un proceso de destrucción de la ley, menos obvio y violento, por medio de actos consumados y bajo el chantaje de las pistolas, pero no menos peligroso. Una parte de ese proceso es este tipo de "memoria histórica" dedicada a resucitar los viejos odios, que no la verdad de lo ocurrido.
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Cuestión de trato
Se queja el PP de que Zapo le trata peor que a la ETA. Por supuesto, la ETA ha sido hasta ahora el amigo, protegido y aliado de Zapo, y todavía espera este que vuelvan a ponerse de acuerdo contra el PP, lo cual tiene muy poca importancia, si no fuera porque la víctima es la democracia.
El PP, en cambio, trata muy bien a Zapo. Con lo que trata muy bien, indirectamente, a la ETA, solo hay que pensar en los estatutos de autonomía. Debe de ser la solidaridad entre políticos profesionales (y contra los ciudadanos). Normal que se sienta atribulado Rajoy, tan dispuesto a ayudar a Zapo y tratado por éste a patadas. La última faena del líder lacayo ha sido ceder a una entrevista con el colaborador del crimen. Y hasta en eso ha recibido un nuevo puntapié el lacayo.
De todo lo cual se extrae un doble hecho: la ETA sabe tratar a los gorrinos. Y los gorrinos saben tratar al PP.
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"Mikel, ve tranquilo a casa, ETA se va a entregar, tiene una voluntad clara de integrarse al juego democrático", me asegura el Delegado del gobierno en el País Vasco unos meses antes de la tregua. (Mikel Azurmendi)
Eran el delegado del gobierno y el PSOE quienes tenían voluntad clara de desintegrar el juego democrático. Pero no hay peor ciego que quieno no quiere ver.
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El domingo por la mañana firmaré libros en la Feria, en la caseta de Encuentro.