Acebes acusa a Zapatero de "no mover ni un dedo" para impedir que ETA esté presente en las elecciones.
Patético Acebes, con su terrible acusación. ¿Y por qué había de moverlo, si lo que busca es justamente lo contrario? Zapo ha movido todos los dedos, las manos y hasta los pies para asegurar que sus amigos etarras estén presentes en las elecciones. Es parte del "proceso de paz", del proceso de colaboración con los pistoleros y contra el estado de derecho, que el PP ha sido totalmente incapaz de desenmascarar ante los ciudadanos. Cuando no ha colaborado con él, véanse los estatutos.
La ETA sabe tratar a los gorrinos: a golpes, empujones y amenazas. Y los gorrinos saben tratar, con la punta del pie, los ladriditos de caniche de la oposición: "¡extrema derecha", "¡crispadores!".
Unos jueces ligados al poder que burlan desvergonzadamente la ley para favorecer a los asesinos; unos policías ligados al poder que actúan como chivatos de los terroristas; un partido en el poder que no se ha regenerado de su inmensa corrupción y su terrorismo; al contrario, ha empeorado. Un gobierno que colabora con el terrorismo interno e islámico, y con las dictaduras más peligrosas para España. Un gobierno ilegítimo, por todo ello.
Como en la república, el PSOE se ha constituido en la extrema izquierda: asalta las instituciones y rompe las reglas del juego democrático, en alianza con los separatistas y los terroristas. No en vano se siente heredero del Frente Popular. Ante nuestros ojos, la democracia se está desmoronando.
Hace unos días comentaba Álvaro Delgado-Gal la posibilidad de un tercer partido frente a una situación que otorga "un protagonismo desmesurado de los nacionalistas, aceptado por el PSOE; no impedido suficientemente por el PP". Notable eufemismo. El problema va mucho más allá del protagonismo separatista; y el PSOE no lo "acepta", colabora con él y con el terrorismo, para reducir a simulacro la unidad de España y la democracia.
Es evidente que el sistema está en crisis. Pero, a juicio de Delgado-Gal, no hay otra solución que no pase a través del PSOE y del PP: concretamente, se trata de que "reflexionen en serio, y solo después de haberlo hecho es dable que las aguas retornen a su cauce". En otras palabras: no hay solución, pues no hay el menor indicio de que esos políticos vayan a reflexionar, en serio ni en broma. Además, el porvenir de la democracia no puede depender de que unos politicastros "reflexionen", sino de que se imponga el respeto a la ley frente a quienes tienen interés en echarla por tierra. No existe un discurso renovador, sino una profundización en la miseria política.
La degradación de la democracia se manifiesta también en que grandes masas de la población están cada vez menos representadas por los grandes partidos. Algunos consideran una catástrofe el surgimiento de una nueva formación que disputara el terreno al PP, porque "dividiría el voto" de derechas. No le veo el peligro, si se trata de una formación consecuentemente liberal, democrática y partidaria de la unidad de España. La izquierda ya está dividida entre el PSOE e IU, y quizá "Ciudadanos", y ello no le impide ponerse de acuerdo para gobernar. Una gran cantidad de ciudadanos no se siente representada en el PP, y se abstiene de votar por falta de un partido acorde con sus ideas. La efectiva representación de esos ciudadanos robustecería la democracia. El hecho de que las alternativas que están surgiendo al PP sean confusas o de extrema derecha no anula tal necesidad, la vuelve más acuciante.
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Sigamos con nuestra analogía sobre literatura, ciencia y religión. Un científico que se acerca a la literatura, a la música, al arte en general, no puede hacerlo desde los criterios de las ciencias naturales. No solo se impediría disfrutar de todo ello, sino que, simplemente, no entendería nada. En las ciencias físicas se da por supuesta la ausencia de finalismo de los procesos, mientras que el arte, como la actividad humana en general –incluyendo la práctica de la ciencia–, está empapada de finalismo, de intención, desde el principio al final. La intención constituye, precisamente, el elemento clave de la actividad humana.
No obstante, también es posible ver el arte como una emanación, por así decir, de algunas zonas del cerebro, una especie de automatismo creado por la evolución, sin finalidad real, aunque otra cosa parezca a nuestra falsa conciencia. La gente creería obrar con alguna intención, cuando en realidad lo haría gobernada por procesos bioquímicos automáticos y sin finalidad alguna.
Idea sugestiva, desde luego. Claro que también la ciencia, o cualquier otra actividad humana, sería una de esas emanaciones cerebrales sin objeto. La discusión entre ateos y creyentes, podríamos concluir, no es más que el producto de ligeras diferencias en el funcionamiento cerebral de unos y otros, diferencias causadas por los azares genéticos y sin sentido alguno. Por supuesto, sin el menor atisbo de solución: "cada uno es como es", tiene el cerebro como lo tiene, y nadie convencerá a nadie. Aunque los ateos ciencistas podrían esperar que, con el tiempo, sería posible modificar el cerebro de los creyentes, para que funcionase como es debido. Pero, ¿debido para qué?
Esta carta de Rosa Díez debiera ser difundida masivamente. E insistentemente, una y otra vez. Pues todo pasa con tanta rapidez que se olvida de un día para otro:
¿NO CREÉIS QUE YA HA LLEGADO LA HORA?
Me dirijo a mis compañeros y compañeras del Partido Socialista; a todos los cargos públicos, dirigentes provinciales o regionales, miembros del Congreso o del Senado, Alcaldes, "barones" o "ex-barones" que dicen estar esperando "la hora"; me dirijo también a aquellos de los que se dice están esperando "su hora".
Me dirijo a todos mis compañeros que en privado dicen no poder aguantar más esta situación; me dirijo a todos aquellos que me llaman o me escriben para darme ánimos; que me dicen que ellos no se atreven a hablar, que temen el vacío interno, que temen que les acusen del "ser del PP", que temen hacerle daño electoral al PSOE..., pero que están de acuerdo conmigo; o que no están totalmente de acuerdo conmigo, pero que están completamente en contra y asustados por la deriva que lleva la política dirigida por José Luis Rodríguez Zapatero.
Me dirijo a todos aquellos que, con muchas dudas, le dieron una oportunidad al Gobierno cuando decidió romper el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo para iniciar un proceso de diálogo con ETA apoyándose para ello en las fuerzas nacionalistas y en Izquierda Unida.
Me dirijo a todos aquellos que una vez fracasada esa opción dicen por activa y por pasiva, siempre en privado o en semi-público, que hay que desandar el camino, que hay que rectificar, que hay que volver al plan B, que el plan B no puede ser otro que recuperar la política de firmeza contra ETA y volver a revitalizar el Pacto con el Partido Popular.
Me dirijo a todos aquellos que desde dentro de las filas del Partido Socialista se sintieron abrumados cuando el Gobierno decidió ceder al chantaje de Ignacio de Juana Chaos; me dirijo a todos aquellos que se sintieron abochornados, aunque callaron, cuando el Gobierno empezó a dar explicaciones contradictorias y titubeantes para enmascarar la cesión.
Me dirijo a todos aquellos militantes socialistas que se sintieron humillados cuando la Fiscalía retiró la acusación contra Otegi, permitiéndole volver a su casa después de haber sido conducido ante el Tribunal de la Audiencia Nacional en un avión de las Fuerzas Armadas.
Me dirijo a todos aquellos militantes socialistas que han sentido vergüenza ajena cuando han sabido que el terrorista de Juana Chaos sale del hospital con su novia, pasea, va al homeópata, va de compras, pasea sin esposas por el recinto hospitalario. A todos aquellos que han escuchado estupefactos al Ministro de Justicia explicar que es bueno que el terrorista ingresado en un hospital "salga a curarse".
Me dirijo a todos aquellos militantes y dirigentes socialistas que siempre se sintieron orgullosos de lo que supuso la Transición Española; me dirijo a todos aquellos socialistas que no quieren mirar hacia atrás, a todos aquellos que defienden que el Partido Socialista ha de seguir siendo un partido que vertebra España, un partido nacional, que no renuncie a serlo, que no se conforme –como ahora– con ser un partido que consigue mayorías sumando con los nacionalistas y con los partidos marginales.
Me dirijo a todos los militantes socialistas que quieren que el modelo de Estado no dependa de los votos de quienes nunca creyeron en la Nación española, de quienes aspiran a constituir una nación independiente, de quienes mercadean con sus votos para vaciar de competencias al Estado Español y convertirlo en algo residual. Me dirijo a todos los socialistas que saben que por ese camino emprendido llegaremos a un Estado inviable, en el que la desigualdad de derechos entre españoles hará estallar el sistema.
Me dirijo a todos los militantes y dirigentes socialistas que observan con preocupación y estupor toda esta ceremonia de confusión alrededor de las candidaturas de ETA a las elecciones locales y forales del País Vasco y Navarra. Me dirijo a todos aquellos que no quieren pensar, que prefieren quedarse con el "mantra" repetido por el Gobierno y por el PSOE de que "se cumplirá la ley"; pero que no pueden evitar comprobar que se repite la historia de las elecciones al Parlamento Vasco, cuando surgió la candidatura del partido Comunista de las Tierras Vascas y el Gobierno la dejó pasar.
Me dirijo a los socialistas que preferirían engañarse, que preferirían pensar que es verdad que el Gobierno va a hacer cumplir la ley, que preferirían, incluso, pensar que no pasa nada porque ETA vuelva a las instituciones, disfrazada ahora de ANV. Me dirijo a los que se sienten incómodos cuando se les interpela con esta realidad, a los que tienen conciencia, a los que mirarían para otra parte para no tener que pronunciarse, pero temen no poder hacerlo si les llega nuestra voz.
A todos ellos les pregunto que si no creen que ya ha llegado la hora de hablar. A todos ellos les digo que tienen responsabilidad en lo que está pasando. ¿A qué esperáis? ¿Sois conscientes de que han detenido a un terrorista, miembro del Comando Donosti, que estaba a sueldo del Partido Comunista de las Tierras Vascas? ¿Sois conscientes de que el Fiscal General del Estado se ha negado a iniciar un proceso de ilegalización de ese partido que subvenciona a los terroristas? ¿Sois conscientes de que el PSOE y el Gobierno han rechazado en el Congreso de los Diputados iniciar el proceso de ilegalización? ¿Sois conscientes de que quienes han permitido que se le presta apoyo logístico y económico serían responsables políticos si ese terrorista detenido por la Guardia Civil hubiera cumplido con su objetivo criminal? ¿Sois conscientes de que quienes calláis sois cómplices de aquellos que no cumplen con su deber de proteger a los ciudadanos?
A todos os quiero decir que lo que se está preparando es lo más grave de toda nuestra reciente historia democrática. A todos os digo que lo vais a tener muy complicado para mirar para otra parte. A todos os digo que vamos a hacer lo posible para que no podáis lavar vuestra conciencia. Porque si ETA vuelve a las instituciones, vestida de los que sea, será porque el Gobierno se lo ha permitido. Si el Gobierno permite que las candidaturas de ANV, trufadas de Batasuna, continuadoras de Batasuna, sustitutas de ETA, se cuelen en los ayuntamientos y diputaciones vascos y navarros, el gobierno estará consintiendo que ETA obtenga subvención, infraestructura y logística para preparar con mayor comodidad sus crímenes. Es así de duro y así de claro. Desde los ayuntamientos y desde el Parlamento Vasco ETA preparó en el pasado sus crímenes; desde los ayuntamientos vascos –como se ha sabido después, una vez detenidos algunos de los terroristas que ejercían como concejales– daban información de las horas y las rutas utilizadas por concejales socialistas y populares. Desde los ayuntamientos vascos, con dinero público, organizaron la persecución y el asesinato de algunos de nuestros compañeros.
¿Vais a seguir callando si esto ocurre? ¿No vais a hablar para evitar que ocurra? ¿Vais a esperar a que haya un nuevo atentado, a que declare en la Audiencia Nacional el criminal, a que explique cómo seguía a su víctima desde el cómodo cargo de concejal? ¿Podréis seguir durmiendo bien por las noches? Yo creo que ya ha llegado la hora de hablar. Os pido que lo hagáis antes de que sea demasiado tarde.
"A fin de cuentas, lo que importa de la leyenda de las Termópilas es otra lección, que tiene poco que ver con la Esparta histórica y con el Jerjes mejor documentado. Es un ejemplo moral: el de que la libertad de los muchos, perezosos o seducidos por la tiranía, se salva casi siempre por la determinación indomable de unos pocos que pelean contra lo que parece irremediable, contra lo verosímil predicado por los acomodaticios, contra lo que la prudencia sobornada por el dominio aconseja como más recomendable. Hay muchas Termópilas: tantas como ocasiones en que los derechos de las personas deben ser deben ser defendidos contra los pueblos unánimes y las masas aborregadas de los obedientes por naturaleza. Y la nobleza de estas empresas no depende de su éxito final, sino del empeño con que son acometidas. Lo dijo mejor que nadie Kavafis en sus versos conmemorativos:
"Honor a aquellos que en su vida
fijaron y defendieron unas Termópilas...
Y más honor aún se les debe
Cuando prevén (y muchos son los que prevén)
Que al fin llegará Efialtes
Y los medos por fin pasarán..."
¡Que nos lo digan a quienes en el País Vasco pusimos nuestras Termópilas en la defensa de la legalidad constitucional y de España como estado de derecho de todos y para todos!"
Fernando Savater
Hay, sin embargo, algo profundamente grotesco en la situación actual: no se trata del ataque de una fuerza inmensa contra trescientos héroes –que tampoco aparecen por ninguna parte, al menos en tal número– sino de unas cuantas pandillas de pistoleros chequistas protegidas por una turba de Efialtes encabezados por un niñato ilumineta. Eso basta para hacer temblar y llevar a la crisis a un país en principio democrático, de cuarenta millones de habitantes. La enfermedad de España.
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El significado de la literatura
El señor Robredo (http://bilbaopundit.blogsome.com/), no solo está demostrando ser un bizantino indómito, capaz de mezclar todos los temas y de aclarar en dos patadas los más complicados asuntos, sino que además, como ocurre con tantos otros en España, está convencido de hablar en nombre de la ciencia, lo que vuelve mucho más temibles sus dardos contra la experiencia histórica más elemental. Su mérito tiene. Las murallas de Bizancio se consideraban inasaltables, y aunque terminaron cayendo no fue a base de sutilezas, sino de la fuerza más elemental, más física, algo que no está en mi mano ni en mi intención.
De la última tirada del señor Robredo destacaría esta cita, sobre el nazismo: "ciencia que es una especie de imitación de la ciencia, filosofía que es una especie de imitación de la filosofía" (M.A. Rozov)". Exactamente: eso es el ciencismo nazi, como el comunista o el de Dawkins, Weinberg y tutti quanti. En eso se parecen como un huevo a otro. Y sus conclusiones siempre llevan sospechosamente hacia el totalitarismo. Lo cual no les impide hacer ciencia real, cuando se ponen a ello y se olvidan de sus "imitaciones": Weinberg es un físico de primera fila, y los nazis y los soviéticos consiguieron avances científicos y técnicos muy dignos de consideración.
No hay forma, además, de centrar la cuestión, porque, nos asegura nuestro bizantino honorario, "no se trata de cuestionar la crítica legítima del "cientificismo" (Gustavo Bueno, por ejemplo), sino los presupuestos irracionalistas y espiritualistas de una versión particular del anticiencismo". Muy bien, eso es lo que el señor Robredo quiere tratar. Pero esos presupuestos llevan siglos cuestionándose, en realidad ni nuestro pundit ni sus autoridades citables dicen nada nuevo al respecto; pero, por desgracia, la salida atea de esos cuestionamientos ha abocado una y otra vez a la barbarie. Esa es la cuestión que yo he planteado y de la que el señor Robredo huye como alma que lleva el diablo.
Pero, en fin, el fondo de la cuestión ha quedado suficientemente claro en las últimas intervenciones, de modo que prosigamos nuestra indagación alegremente, si bien procurando hacerlo con método, a ver adónde nos lleva.
Nos preguntábamos si la crítica ciencista de la religión, en especial del cristianismo, es correcta o comete un abuso que conduce en la práctica en las muy lamentables experiencias totalitarias. Tengo la impresión de que por ahí van los tiros: los ciencistas abordarían la religión con la incomprensión básica, perfectamente anticientífica de entrada, de aquel profesor de física cuando hablaba de la literatura y que expuse hace tiempo en un artículo, un poco en broma (dejaré ahí el asunto, por hoy):
"El significado de la Literatura"
Con los atascos de tráfico por la lluvia, la profesora de lengua y literatura avisó al instituto, por el móvil, de que llegaría tarde. El director encontró al profesor de física, que holgazaneaba en la sala de profesores, y le encargó sustituir un rato a la de literatura, para que los chicos no alborotasen.
El de física, muy contento, entró en el aula sonriendo lobunamente. Miró a los alumnos y entonó: "¿Nunca habéis pensado en que la literatura es una sarta de trolas? Si no, vamos a ver, el Quijote, una de las novelas mejores, y hasta la mejor, dicen muchos. Por ejemplo, ¿quién, con un mínimo de criterio científico, puede tragarse que después de los estacazos que recibía el hombre, no le hubieran roto un montón de huesos? Con la medicina de entonces, habría quedado baldado por meses, o para el resto de su vida Pero en la novela, ¡hay que joderse!, a los cuatro días ya lo tenemos tan campante, en busca de nuevas palizas. ¡Y todo lo demás es lo mismo! Así que, si esa novela es de las mejores, ya podéis imaginar las restantes. Y mira que hacen esfuerzos los autores modernos por darles aire de realidad. ¡Venga hombre, hasta el más tonto se da cuenta del truco, si se fija un poco! ¡Puro cuento! ¡Embustes que insultan a la razón y a la experiencia! Los jetas de los autores nos toman por feacios... ya sabéis, los de Ulises, que les contó no sé cuántos rollos de cíclopes, sirenas, magas y qué sé yo, y se lo tragaron todo. ¡Nos toman por feacios, así, literalmente! ¡Es indignante, tíos y tías! ¡Pero si todo son clarísimas invenciones, falseamientos de la realidad! La literatura se parece mucho a la religión, un montón de disparates y rollos tártaros. ¡Coño, como que viene de ella! ¿De dónde viene la literatura, sino de los mitos? ¡De ahí viene todo el camelo! Los mitos aquellos, que como dice... ¿cómo se llama? ¡Maldita memoria!, sí hombre, el de los genes... ¡Dawkins, eso es!... Los mitos son una cosa pobrísima, dice, extravagante, al lado de la ciencia, tíos ... y tías. Esto tiene que cambiar, porque ya lo dijo el sabio... Bueno, el del Jarama creo, que ya dejó aquel timo de la novela. Pues dijo: mientras los dioses no cambien, nada habrá cambiado. Y si desaparecieran todos los dioses de una tacada, digo yo, pues tanto mejor. El mundo sería más como es debido, y habría menos caraduras viviendo del cuento y tomándonos el pelo.
"Por eso, ahora que estáis formando vuestro intelecto, yo os haría un llamamiento ¡No os dejéis tratar como feacios! ¡Coged esas pretendidas obras maestras, engendros de la superstición y del engaño, y tiradlas a la basura!..."
No pudo decir más. Al final, la profesora había salido del atasco y llegado casi a tiempo. Desde el pasillo oyó buena parte de la perorata del de física, y entró en el aula blandiendo amenazadora el paraguas, salpicando copiosamente de agua al sorprendido orador. Éste, entre cuyas virtudes no se contaba un valor excepcional, esquivó a la furia y salió corriendo por la puerta.
"¡No te jode el tío cabrito! ¡Quiere dejarme sin trabajo! ¡Mandar al paro a miles de modestas y honradas profesoras y profesores de literatura! ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¡Ni puto caso, ¿eh chavalas y chavales?! ¡Ni puto caso!"
Cosas así pueden ocurrir en cualquier momento. Y aún peores"
Vamos a suponer que hay una semejanza considerable entre la literatura y la religión (después de todo parece bastante claro que la literatura viene de la religión). Bien, recuerden el caso del profesor de física. ¿Puede la ciencia tratar la literatura? Sin duda puede, en principio, aunque hasta la fecha no haya dicho nada relevante al respecto. Pero ¿puede hacerlo con los criterios de la física? Suena ridículo: la única conclusión que podría sacar esa "ciencia" es que la literatura consiste en una sarta de disparates, frecuentemente contrarios a las más elementales leyes físicas.
¿Votar al PSOE es votar a De Juana Chaos? Evidentemente.
¿Votar al PSOE es votar contra el estado de derecho? Lo vemos cada día
¿Votar al PSOE es votar la corrupción? Cierto. Se trata del partido más corrupto de la historia contemporánea de España, y no se ha regenerado de sus últimos episodios.
¿Votar al PSOE es votar la mentira sobre nuestra historia reciente y la recuperación de los viejos odios? Exactamente.
¿Votar al PSOE es votar a la ETA? Nunca le fue mejor a la ETA que con Zapo.
¿Votar al PSOE es votar al terrorismo de estado? En cualquier caso nunca se arrepintieron ni se regeneraron de él.
Odiseus:
La lucha es por la opinión pública. Si no conseguimos explicar claramente nuestras posiciones a la gente incomprometida o que no piensa como nosotros, no podremos luchar contra la influencia abrumadora de la mayoría de los medios de masas. Cada uno tiene su responsabilidad en su círculo de conocimientos y de influencia, y debe ejercerla. Lo que cada cual puede hacer es mucho más de lo que parece a primera vista, y un gramo de acción vale más que muchos kilos de lamentaciones.
Cada lector del blog debe difundir sus contenidos y otros contenidos interesantes a sus conocidos. Es lo mínimo.
Para coordinarse, únete a "Ciudadanosporlaconstitución":
http://es.groups.yahoo.com/group/ciudadanosporlaconstitucion/
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“El reto planteado a la sociedad española por el TNV es serio, y sin embargo cabe preguntarse: ¿cómo es posible que unas cuadrillas de pistoleros repetidamente desarticuladas y menos de doscientas mil personas fanatizadas tengan en vilo a un país de cuarenta millones de habitante? Varias causas lo hacen posible, y una de ellas se puede definir así: el nacionalismo presuntamente moderado, es decir, el PNV, comparte las ideas básicas del TNV, salvo en lo referente al socialismo, y obra en consecuencia.
Pues toda la ideología del partido de Arana parte de las amargas quejas de su fundador contra una realidad: “El euskeriano y el maketo, ¿forman dos bandos contrarios? ¡Ca! Amigos son, se aman como hermanos, sin que haya quien pueda explicar esta unión de dos razas tan antagónicas”. Este lamento compendia toda la política separatista: arrasar la amistad y hermandad, hijas de largos siglos de estrechas relaciones, mezclas y empresas comunes, y sustituirlas por la fantasía envenenada de constituir una raza superior, no menos imaginariamente humillada por unos maketos apenas mejores que los gorilas, en palabras del “Maestro” del nacionalismo. Sería un error tomar por simples chifladuras tan torpes y vanidosos ideales y los seudomitos derivados de ellos, pues ejercen una seducción muy poderosa. Se ha comprobado con el nacional-socialismo, que llegó a enturbiar la conciencia del pueblo quizá más culto del mundo por entonces, pervirtiéndolo. Tras el desastre alemán, el racismo apenas es invocado por el PNV, pero rezuma en toda su propaganda, y su efecto no desaparecerá por sí solo. Ha inficionado la sociedad vasca de fanatismo y terror, y ha provocado fracturas sociales de difícil soldadura”.
(De "Contra la balcanización de España", 2005)
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Rosa Díez: una persona honrada en un medio podrido.
¿NO CREÉIS QUE YA HA LLEGADO LA HORA?
Me dirijo a mis compañeros y compañeras del Partido Socialista; a todos los cargos públicos, dirigentes provinciales o regionales, miembros del Congreso o del Senado, Alcaldes, "barones" o "ex-barones" que dicen estar esperando "la hora"; me dirijo también a aquellos de los que se dice están esperando "su hora".
Me dirijo a todos mis compañeros que en privado dicen no poder aguantar más esta situación; me dirijo a todos aquellos que me llaman o me escriben para darme ánimos; que me dicen que ellos no se atreven a hablar, que temen el vacío interno, que temen que les acusen del "ser del PP", que temen hacerle daño electoral al PSOE..., pero que están de acuerdo conmigo; o que no están totalmente de acuerdo conmigo, pero que están completamente en contra y asustados por la deriva que lleva la política dirigida por José Luis Rodríguez Zapatero.
Me dirijo a todos aquellos que, con muchas dudas, le dieron una oportunidad al Gobierno cuando decidió romper el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo para iniciar un proceso de diálogo con ETA apoyándose para ello en las fuerzas nacionalistas y en Izquierda Unida.
Me dirijo a todos aquellos que una vez fracasada esa opción dicen por activa y por pasiva, siempre en privado o en semi-público, que hay que desandar el camino, que hay que rectificar, que hay que volver al plan B, que el plan B no puede ser otro que recuperar la política de firmeza contra ETA y volver a revitalizar el Pacto con el Partido Popular.
Me dirijo a todos aquellos que desde dentro de las filas del Partido Socialista se sintieron abrumados cuando el Gobierno decidió ceder al chantaje de Ignacio de Juana Chaos; me dirijo a todos aquellos que se sintieron abochornados, aunque callaron, cuando el Gobierno empezó a dar explicaciones contradictorias y titubeantes para enmascarar la cesión.
Me dirijo a todos aquellos militantes socialistas que se sintieron humillados cuando la Fiscalía retiró la acusación contra Otegi, permitiéndole volver a su casa después de haber sido conducido ante el Tribunal de la Audiencia Nacional en un avión de las Fuerzas Armadas.
Me dirijo a todos aquellos militantes socialistas que han sentido vergüenza ajena cuando han sabido que el terrorista de Juana Chaos sale del hospital con su novia, pasea, va al homeópata, va de compras, pasea sin esposas por el recinto hospitalario. A todos aquellos que han escuchado estupefactos al Ministro de Justicia explicar que es bueno que el terrorista ingresado en un hospital "salga a curarse".
Me dirijo a todos aquellos militantes y dirigentes socialistas que siempre se sintieron orgullosos de lo que supuso la Transición Española; me dirijo a todos aquellos socialistas que no quieren mirar hacia atrás, a todos aquellos que defienden que el Partido Socialista ha de seguir siendo un partido que vertebra España, un partido nacional, que no renuncie a serlo, que no se conforme --como ahora-- con ser un partido que consigue mayorías sumando con los nacionalistas y con los partidos marginales.
Me dirijo a todos los militantes socialistas que quieren que el modelo de Estado no dependa de los votos de quienes nunca creyeron en la Nación española, de quienes aspiran a constituir una nación independiente, de quienes mercadean con sus votos para vaciar de competencias al Estado Español y convertirlo en algo residual. Me dirijo a todos los socialistas que saben que por ese camino emprendido llegaremos a un Estado inviable, en el que la desigualdad de derechos entre españoles hará estallar el sistema.
Me dirijo a todos los militantes y dirigentes socialistas que observan con preocupación y estupor toda esta ceremonia de confusión alrededor de las candidaturas de ETA a las elecciones locales y forales del País Vasco y Navarra. Me dirijo a todos aquellos que no quieren pensar, que prefieren quedarse con el "mantra" repetido por el Gobierno y por el PSOE de que "se cumplirá la ley"; pero que no pueden evitar comprobar que se repite la historia de las elecciones al Parlamento Vasco, cuando surgió la candidatura del partido Comunista de las Tierras Vascas y el Gobierno la dejó pasar.
Me dirijo a los socialistas que preferirían engañarse, que preferirían pensar que es verdad que el Gobierno va a hacer cumplir la ley, que preferirían, incluso, pensar que no pasa nada porque ETA vuelva a las instituciones, disfrazada ahora de ANV. Me dirijo a los que se sienten incómodos cuando se les interpela con esta realidad, a los que tienen conciencia, a los que mirarían para otra parte para no tener que pronunciarse, pero temen no poder hacerlo si les llega nuestra voz.
A todos ellos les pregunto que si no creen que ya ha llegado la hora de hablar. A todos ellos les digo que tienen responsabilidad en lo que está pasando. ¿A qué esperáis? ¿Sois conscientes de que han detenido a un terrorista, miembro del Comando Donosti, que estaba a sueldo del Partido Comunista de las Tierras Vascas? ¿Sois conscientes de que el Fiscal General del Estado se ha negado a iniciar un proceso de ilegalización de ese partido que subvenciona a los terroristas? ¿Sois conscientes de que el PSOE y el Gobierno han rechazado en el Congreso de los Diputados iniciar el proceso de ilegalización? ¿Sois conscientes de que quienes han permitido que se le presta apoyo logístico y económico serían responsables políticos si ese terrorista detenido por la Guardia Civil hubiera cumplido con su objetivo criminal? ¿Sois conscientes de que quienes calláis sois cómplices de aquellos que no cumplen con su deber de proteger a los ciudadanos?
A todos os quiero decir que lo que se está preparando es lo más grave de toda nuestra reciente historia democrática. A todos os digo que lo vais a tener muy complicado para mirar para otra parte. A todos os digo que vamos a hacer lo posible para que no podáis lavar vuestra conciencia. Porque si ETA vuelve a las instituciones, vestida de los que sea, será porque el Gobierno se lo ha permitido. Si el Gobierno permite que las candidaturas de ANV, trufadas de Batasuna, continuadoras de Batasuna, sustitutas de ETA, se cuelen en los ayuntamientos y diputaciones vascos y navarros, el gobierno estará consintiendo que ETA obtenga subvención, infraestructura y logística para preparar con mayor comodidad sus crímenes. Es así de duro y así de claro. Desde los ayuntamientos y desde el Parlamento Vasco ETA preparó en el pasado sus crímenes; desde los ayuntamientos vascos –como se ha sabido después, una vez detenidos algunos de los terroristas que ejercían como concejales– daban información de las horas y las rutas utilizadas por concejales socialistas y populares. Desde los ayuntamientos vascos, con dinero público, organizaron la persecución y el asesinato de algunos de nuestros compañeros.
¿Vais a seguir callando si esto ocurre? ¿No vais a hablar para evitar que ocurra? ¿Vais a esperar a que haya un nuevo atentado, a que declare en la Audiencia Nacional el criminal, a que explique cómo seguía a su víctima desde el cómodo cargo de concejal? ¿Podréis seguir durmiendo bien por las noches? Yo creo que ya ha llegado la hora de hablar. Os pido que lo hagáis antes de que sea demasiado tarde.
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Ateísmo ciencista: el fondo de la cuestión
Parece que por fin va quedando claro el fondo de la cuestión, con la valiosa contribución negativa del señor Robredo. Paso a exponerlo de otro modo: si atendemos a las explicaciones de ateos y religiosos, todos nos cuentan maravillas de sus respectivas creencias, y en esas discusiones es muy fácil terminar con la cabeza caliente. De modo que, como personas algo escépticas y de espíritu en principio científico, empezamos por plantearnos: “Muy bien, comencemos por ver la experiencia histórica de unas y otras creencias, ya que ello puede servirnos de hilo conductor”. Un comienzo que, sorprendentemente, parece horrorizar a los ateos ciencistas.
Sobre los males históricos que los ateos ciencistas achacan a la religión –especialmente a la cristiana, el verdadero enemigo, por razones obvias– existe una copiosa literatura, si bien a menudo dudosa, por referirse a épocas sobre las que la información es deficiente, o bien demasiado opinable, como cuando atribuye al Vaticano complicidad con el Holocausto de los judíos.
En cambio tenemos muy amplia y reciente información sobre las relaciones entre ateísmo ciencista y totalitarismo. Esa relación debe plantear a cualquier persona racional, incluyendo los ateos serios, algunas cuestiones, entre las cuales sugiero estas dos:
a) ¿Existe relación necesaria entre ateísmo ciencista y totalitarismo?
b) ¿Es correcta, desde el punto de vista racional y científico, la crítica a la religión (o específicamente al cristianismo) practicada por los ateos? Es decir, la crítica ciencista, ¿es científica, como pretende?
Sobre la primera cuestión he dado algunos argumentos de cierta enjundia, a mi modesto juicio. No creo haber demostrado plenamente que haya una relación necesaria entre ateísmo ciencista y totalitarismo, y habrá que volver sobre el tema más tarde; pero creo haber probado que esa relación es algo más que una simple coincidencia.
Y dejando ahí la cosa por ahora, entraremos próximamente en el segundo punto, algo más enrevesado.
"Pues la oposición entre la Constitución española y el TNV (Terrorismo Nacionalista Vasco) radica en eso. La primera garantiza la libertad y los métodos pacíficos de acción política normales en la democracia; el segundo ha querido desde el primer momento dinamitar esos marcos y métodos, "agotarlos". Y se siente próximo a alcanzar su objetivo.
El punto clave de la tortuosa autojustificación etarra (y peneuvista) radica en el "derecho a la autodeterminación", es decir, a la secesión: por qué rechaza "Madrid" la secesión de Vascongadas si el "pueblo vasco" la desea? ¿No demuestra este solo supuesto hecho el carácter opresor y antidemocrático del estado español? Nuevamente debemos hacer el esfuerzo de entender el significado de las palabras en boca de los fanáticos.
Al reclamar ese derecho, los nacionalistas sugieren que el pueblo vasco no está autodeterminado, que está en España por alguna oposición contra su voluntad. Desde luego, no es así. Nunca conquistó España las Vascongadas, y desde tiempo muy lejano se sintieron los vascos parte de la nación española, y estuvieron presentes en todos sus avatares históricos, desde la Reconquista, la conquista y colonización de América, hasta las luchas internas de los siglos XIX y XX, en las cuales la sociedas vasca, como la española en general, estuvo dividida. Algo similar ha ocurrido con las demás regiones, ninguna de las cuales estaría "autodeterminada", si hubiéramos de creer esa demagogia.
Solo cuando al orate Sabino Arana se le ocurrió, a fines del siglo XIX, que los vascos constituían una raza superior, "la más altiva del mundo", "la más noble del mundo entero", sometida inicuamente a la despreciable raza de los "maketos", solo entonces empezaron algunos vascos, muy pocos durante largo tiempo, a cultivar una abominable mezcla de narcisismo y victimismo, siguiendo unas ideas repulsivas para cualquier conciencia libre.
Los vascos están autodeterminados tanto por su secular unión al resto del país como, ahora mismo, por un estatuto de autonomía y una democracia queridos por la mayoría pacífica. Democracia y autonomía que los nacionalistas aspiran a derrumbar con el ariete del crimen organizado y la bandera de una "autodeterminación" opuesta a la autodeterminación histórica y real. Con la bandera de la secesión y el totalitarismo.
Algunos ingenuos creen que el problema se solventaría con un referendum. En absoluto. Los separatistas solo lo aceptarían en condiciones elegidas por ellos y con votación favorable. Si no, persistirían sin descanso, como hasta ahora. Nunca perderían nada, nunca reconocerían un referendum desfavorable, pero el mero hecho de convocarlo sería para ellos una victoria, pues, aparte de impulsar iniciativas parejas para cualquier otra región, someterían la unidad y la democracia a inestabilidad permanente, y la violencia seguiría recordando la "autodeterminación" como meta a alcanzar".
(De "Contra la balcanización de España")
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PSOE Y PRISA ACUSARON A LOS POPULARES DE INTENTO DE "PUCHERAZO"
TRAS ABSOLVER LA AUDIENCIA A LOS 18 ACUSADOS POR GARZÓN
La tradición corrupta del PSOE es seguramente la más acreditada entre los partidos españoles, y su lema “Cien años de honradez” viene a ser una culminación intelectual de la misma. O su reivindicación del “estadista Negrín”, uno de sus ases en el oficio de Monipodio. Empezaríamos con sus hazañas y no terminaríamos. Aznar cometió un muy grueso error al “pasar página”, esperando que tal vez la mala experiencia habría regenerado a los socialistas (hablo siempre del grupo hegemónico de ellos, no olvido que hubo un Besteiro o hay una Gotzone Mora o una Rosa Díez, pongamos por caso). Esperanza infundada para quien conozca la historia. Tiene algo de extraño esa inclinación tan absorbente y prolongada al robo, y merecería un análisis. Por desgracia apenas existe ya aquel brillante periodismo de investigación que en la etapa final de Felipe González sacó a la luz una parte significativa de los latrocinios de esta gente.
Pues bien, es propio de tales bandas de cacos denunciar constantemente supuestas corrupciones en los demás, y rodear a los más honrados de un aura de sospecha, como el carterista que, sorprendido in fraganti, se pone a gritar “¡Al ladrón, al ladrón!”. Con ello se protegen, siembran recelos en la opinión pública y ponen a la defensiva a los contrarios. Una parte de las campañas electorales del PSOE consiste precisamente en inventar acusaciones de corrupción contra el PP. Y es propio del PP ponerse a dar explicaciones y pedir a los cacos que se disculpen, en lugar de exponerlos clara y contundentemente ante la opinión pública. Creen que con ello muestran centrismo. Por el contrario, dejan a los ciudadanos inermes ante el partido más corrupto, repitámoslo, de la historia contemporánea española.
Dicho de otro modo: la tendencia de los partidos a convertirse en mafias es general, aunque en unos más acentuada que en otros. El poder tiende a emborrachar a quienes lo poseen, y el manejo de enormes fondos públicos crea tentaciones no fáciles de resistir. Como decía una de las tiorras del actual gobierno, ese dinero “no es de nadie”. De ahí muchas falsas críticas a la democracia. Pero esa tendencia no quiere decir que los partidos sean un mal; en realidad los partidos existen en todos los regímenes, bajo ese nombre o el de camarillas o el de “familias”. Una de las ventajas de la democracia consiste en que la publicidad, la prensa libre y la competencia entre partidos frena esa tendencia, mientras que en las dictaduras el control ciudadano se vuelve imposible. Y en España está fallando ese control, en gran parte porque la prensa, en conjunto, ha descendido mucho de nivel, y porque la oposición no cumple su tarea, debido a un “centrismo” que, en definitiva, consiste en un interés corporativo por taparse mutuamente las feas desnudeces. En fin de cuentas, todos son políticos profesionales y, pese a la lucha por el poder, siempre hay un fondo de solidaridad entre ellos. El colmo es cuando presentan ese conchabamiento como un interés de la democracia.
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Una pequeña aclaración
Vamos a ver si aclaramos algunos puntos al camarada Robredo, (http://bilbaopundit.blogsome.com/), que parece algo duro de entendederas y no acaba de ceñirse al tema, como se desprende de sus últimas observaciones.
1) Pío Moa no ha hecho el más mínimo esfuerzo por justificar su tesis de que los regímenes nazi socialistas eran, objetivamente (y no sólo siguiendo el enfoque ideológico), civilizaciones basadas en la ciencia. No he hecho ningún esfuerzo, porque nunca he dicho tal cosa. Lea con atención. Aparte de que ninguna sociedad se basa en la ciencia. Esto es lo que importa e interesa al debate, y no el dichoso "ciencismo ateo". Pues no: lo que estoy tratando es el ciencismo ateo y sus consecuencias prácticas, y la otra cuestión no puedo tratarla, porque solo existe en la imaginación de nuestro amigo. Que también confunde “infringir” con “infligir” (se infringe una ley y se inflige una derrota, por ejemplo).
2) Pío Moa no ha explicado, significativamente, por qué el principal programa autoritario y "totalitario" del presente no procede precisamente del "ateísmo ciencista", sino del irracionalismo islamista contrario a la actitud científica y al régimen liberal. Pues porque, como ya he indicado, aunque el tema es interesante, no es el que estamos tratando y del que nuestro amable contradictor se escapa constantemente, de rama en rama. Quizá lo tratemos entre los dos, más adelante, cuando quede bien sentado y entendido el asunto actual. Conviene proceder con un poco de método.
3) Pío Moa nunca ha argumentado con un mínimo de poder convictivo por qué los ateos liberales iba a preferir el autoritarismo al régimen liberal (es decir, por qué iban a sentir como "necesidad absoluta" la idea del ciencismo totalitario) que es de hecho el único compatible con el desarrollo de la ciencia, tal como argumentaba Bazhanov. Sí lo he argumentado, aunque Robredo, parapetado tras los espesos muros de Bizancio, no lo encuentre convincente: el ateísmo ciencista liberal es, a mi juicio, poco consecuente con sus presupuestos. Y mejor convincente que convictivo, que rima demasiado con “confesivo”.
4) Pío Moa no ha comprendido la auténtica diferencia entre el "ciencismo" y su muñeco de la imaginación. Lo que aquí se ha criticado es el ciencismo como excusa; es decir, la ridícula idea de que la ciencia debe excluir de antemano los temas religiosos, la libertad, la moralidad, etc, dejando estos asuntos al monopolio exclusivo de los humanistas. Yo no he dicho nada de eso, es increíble la capacidad de nuestro ilustrado pundit para buscar cinco pies al gato. Por supuesto que la ciencia puede abordar prácticamente todos los temas, la cuestión es que, sospecho, el ciencismo no los trata bien, y por eso resulta lo que resulta.
5) Pío Moa ha establecido, como un dogma a seguir, que la "ciencia demuestra que la religión es un conjunto de supercherías". Pero con esta caricatura, necesaria para formar su muñeco de la imaginación, sólo demuestra ignorancia de la amplia literatura científica, antigua y moderna, sobre la religión. Yo no digo que la ciencia demuestre tal cosa, sino que los ciencistas suponen que la demuestra. Claro que decirlo así es simplificar un poco, pero en definitiva esa es la idea que se hacen los ateos ciencistas, y la base de sus actitudes. El problema es, repito, y a ver si el camarada acaba de entenderlo y centrarse en él, que a su vez el ateísmo ciencista no ha superado los males atribuidos a la religión, salvo en el sentido de que los ha hecho mayores.
Observo en el señor Robredo un noble deseo de argumentar, aunque se extravíe un tanto. Por eso, si quiere aceptar mi consejo, no debiera aceptar el apoyo moral de ateos carpetovetónicos, cuya capacidad de pensar nunca ha superado el nivel de la chocarrería. Como decía alguien por ahí, recuerdan a aquel personaje, creo que de “Angelina o el honor de un brigadier”, de Jardiel Poncela: “Y soy un poquito ateo/ porque veraneo en Francia/ que, como deben saber/ es la patria de Volter”.
Y mañana, si hay tiempo, seguiremos con el asunto, que las delicias de Bizancio terminan mareando un poco.
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El PP de Rajoy no es el PP de Aznar. En la campaña de 2004, Aznar incitaba a su partido a conquistar la opinión pública y ganar por amplia mayoría, mientras Rajoy y su equipo diseñaban una estrategia para, simplemente, asegurarse las rentas electorales de los éxitos de Aznar. Por así decirlo, Aznar era un empresario y Rajoy un rentista. Rajoy debiera haber ganado por una buena mayoría absoluta, dado el historial y la demagogia barata del partido de Zapo; pero la pobreza de su campaña electoral y su miedo antidemocrático al debate lo situaron en un asombroso empate técnico ¡antes del 11-M! El PP pagó allí, también, otros errores derivados del ansia de algunos de sus líderes por hacer carrera congraciándose con el Imperio Polanco, y de su repulsiva cobardía moral frente a los defensores de Sadam Husein.
Estas debilidades de los populares han empeorado desde entonces. Las asombrosas fechorías del niñato ilumineta de la Moncloa no han supuesto casi ningún coste electoral para él, a juzgar por las encuestas, y no lo han supuesto gracias, en gran medida, a la política inconsecuente, floja y rentista de unos líderes más preocupados por sus cargos y carreras que por los gravísimos problemas que afronta nuestra sociedad. Sus cálculos se basan en que mucha gente les votará, aunque solo sea por no votar al PSOE. No aspiran a convencer, sino a retener.
Como resultado, una gran masa de población que, con un liderazgo efectivo, podría ser mayoritaria, se halla sin representación, fenómeno muy peligroso para un sistema democrático. El modelo de Rajoy es el modelo catalán. El que ha seguido en Valencia, Baleares y Andalucía, de momento, y se apresta a seguir en Galicia. No es una cuestión de simple táctica política, afecta realmente al porvenir de la democracia española. Urge reconsiderar la cuestión.
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La máquina y la Naturaleza
El fervor por la ciencia no convierte a nadie en científico. El pundit de Bilbao, (http://bilbaopundit.blogsome.com/), por ejemplo, manifiesta a cada paso su entusiasmo por la ciencia, pero su método de análisis dista mucho de su ideal. En gran medida consiste en acumular citas de personajes prestigiosos que avalen sus prejuicios, acompañándolas de alguna glosa o comentario elogioso, que demuestra a) lo mucho que ha leído; b) su inteligencia al estar de acuerdo con gente tan prestigiosa c) al mismo tiempo, el favor que hace al prestigioso, al mostrarse de acuerdo con él. Este “método” no tiene nada de científico, pero está extendidísimo en España, donde la mayoría de los intelectuales no intenta aclarar nada, sino exhibir su sapiencia o sus elevados sentimientos. Vanidad infantil muy relacionada con el bajo nivel general de nuestra cultura hoy día.
No es que las citas sobren, pero deben contrastarse con otras y tener clara relación con el problema. Y el problema lo expondré de nuevo, a ver si va entrando en la mollera del señor Robredo:
a) La ciencia demuestra –según los ateos ciencistas– que la creencia religiosa es un conjunto de supercherías, en especial la creencia cristiana, pues, por predominar en nuestra sociedad, es el verdadero enemigo a batir. Por tanto la religión sería responsable de una gran proporción de los males sociales que registra la historia o la crónica actual. En cambio el ateísmo ciencista debiera ayudar a salir de esos males.
b) Sin embargo la aplicación del ateísmo ciencista ha multiplicado los males y creado regímenes totalitarios, sin libertad, etc. ¿Cómo es posible esto? ¿Quizá la crítica ciencista a la religión está mal enfocada? ¿Quizá el ciencismo ateo implica el totalitarismo?
Este problema es descartado por nuestros poco científicos ciencistas arguyendo que el marxismo no es ateísmo “genuino”, ni tampoco ciencia. Lo segundo sobra. Ciertamente no es ciencia, pero sí es ateísmo que, como el del señor Robredo, pretende basarse en la ciencia.
Me permitiré hacer una observación al señor Robredo sobre el ciencismo, que él parece confundir con la ciencia. Son dos cosas distintas. El ciencismo consiste en sacar conclusiones excesivas de la ciencia, sobre todo en relación con la creencia religiosa. Esto no solo lo hacían Marx, Nietzsche o La Mettrie, sino Dawkins, Pinker, Weinberg y tantos otros. Iré abordando el asunto poco a poco, a ver qué sale.
Y ahora, un punto más sobre la relación entre ateísmo ciencista y totalitarismo. Decía que la clave del ciencismo ateo estaba en la consideración del hombre como una máquina. Por supuesto, se trata de una analogía, pues nadie sabe qué es realmente el ser humano, pero una analogía muy reveladora. Al considerar una máquina al ser humano llegamos enseguida a la conclusión de que si alguien no se comporta “como conviene”, solo puede obedecer a alguna avería o perturbación en el mecanismo (lo cual ocurre a veces, pero no tratamos aquí de eso). La moral se convierte así en un problema técnico de regulación del aparato, y por esa vía marchamos nuevamente de cabeza al totalitarismo: los poseedores de la ciencia determinarían cuál es el funcionamiento correcto, es decir, la moral correcta, y, a medida que el avance técnico vaya permitiéndolo, someterán a los disconformes a la manipulación de su “máquina” para que funcione “como la ciencia manda”.
Por otra parte, una máquina es un artilugio más o menos complicado, creado por el hombre con algún fin. El hombre, a su vez, estaría creado como una máquina por…¿quién? ¿Por Dios? ¿Por la Naturaleza? ¿Y con qué fin? Para el ciencista, la respuesta es obvia: por doña Naturaleza, y sin ningún fin en absoluto. Lo cual no deja de ser una perogrullada, pues la ciencia prescinde del finalismo. No lo niega, solo prescinde de él, por método. El científico se limita a esta observación, pero el ciencista va más allá, y concluye que la ausencia de finalidad no es una exigencia metodológica de la investigación, sino una característica esencial de la propia naturaleza. Quizá sea así, aunque no se ha demostrado y probablemente resulte indemostrable; en todo caso conviene, por prudencia científica, no sacar conclusiones precipitadas. Sin olvidar que, si bien la investigación prescinde del finalismo en su método, está plenamente cargada de él en otro sentido: la sociedad no fomenta la ciencia simplemente porque sí, sin fin alguno, sino porque espera obtener de ella beneficios materiales, o los más espirituales de la simple ampliación del conocimiento.
Si fueran consecuentes, los ateos ciencistas podrían decir que sus teorías son simplemente productos de su máquina cerebral, programada por la naturaleza para decir lo que dicen, sin finalidad alguna.
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Instituto de Estudios Galegos Padre Sarmiento
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Ciclo de conferencias e exposición sobre
o Estatuto Galego de Autonomía de 1936
Circular
Santiago de Compostela. 1 de marzo do 2007
Queridos amigos:
O ciclo de conferencias que organizaramos no Instituto de Estudios Galegos con motivo do 75º da "Asemblea de municipios pro Estatuto de Autonomía de Galicia" pretendía un equilibrio académico, aberto a diferentes posturas historiográficas. Moitos de vós comprendéstelo así e aceptastes rapidamente a nosa invitación ou declinastes asistir por motivos persoais, sempre respectables.
Lamentablemente, non obstante, algúns dos convidados manifestaron a súa negativa a participar alegando motivos alleos ao debate académico –case diría que opostos ao que é a discusión científica–, o que fai inviable o ciclo tal como o proxectaramos e aconsellan o seu aprazamento.
Agradecémosvos de novo a vosa dispoñibilidade aos que aceptastes a nosa proposta e confiamos en contar coas vosas interesantes achegas para dentro duns meses."
Los “motivos ajenos al debate académico y opuestos a la discusión científica”, consistían en mi inclusión como uno de los conferenciantes. Menuda tropa. ¿Qué enseñarán semejantes profesionales? ¿Profesionales de qué?
Un gobierno que desde que se formó, gracias al peor atentado de la historia de España, no ha cesado de atacar al estado de derecho, a la Constitución, de colaborar con el terrorismo y el separatismo y de socavar la independencia judicial, genera forzosamente crispación. Por lo menos crispación. No puede ser de otro modo, a menos que la sociedad esté muerta, predispuesta a la descomposición y a cualquier tiranía.
Pero los liberticidas, con descaro equiparable al de los nazis para negar la evidencia, acusan de crispadores a quienes denuncian sus felonías. Y el PP, cómo no, se pone a dar explicaciones. Atenúa su denuncia y sale Rajoy diciendo que él no está crispado, en absoluto, que él, fresco como una rosa, relajado, normal, en plena normalidad. ¡Qué tío!
El otro día, en el programa montado por el aparato del PSOE en su televisión –pagada por todos–, una señora de Baleares le preguntó angustiada por el acoso separatista a la enseñanza en español. Pregunta embarazosa, porque en Baleares gobierna el PP, como en Valencia o largo tiempo en Galicia, aplicando una política lingüística muy parecida a la de los separatistas. Y unos estatutos muy parecidos a los separatistas. Y el hombre relajado, no crispado, “normal”, se escabulló con una defensa de la enseñanza del inglés. Algo así hizo Feijoo hace unos días, se ve que es una consigna: ¡olvidémonos de esos problemillas y vayamos al inglés! Parejo al “miremos al futuro y olvidemos el pasado”.
Ciertamente Usa o Gran Bretaña tienen la suficiente habilidad y potencia para promover su idioma y su cultura sin necesidad de bobos solemnes, serviles y oficiosos que les hagan el trabajo gratis. Pero en España esa clase de sujetos prolifera hoy masivamente. Es, en definitiva, el odio o el desprecio a España, tradicional en la izquierda, no digamos en los separatismos, y cada vez más extendido en la derecha, quiero decir en sus políticos.
Excepto en las Vascongadas, el PP se aparta cada vez más de una gran masa de opinión española, y está propiciando el mismo fenómeno anómalo y antidemocrático que en Cataluña: una gran masa de la población carece de representación política, porque ningún partido defiende sus intereses ni sus sentimientos. Que son, casualmente, los intereses y sentimientos que definen a una sociedad viva: la unidad de la nación y la democracia.
En la izquierda ha surgido la alternativa de “Ciudadanos”, algo confusa, pero que podría jugar un papel regenerador. Quizá sea necesario algo parecido en la derecha. La voz del rebaño bala: “Pero sin el PP, ¿qué nos queda?”. Vamos, señores, se supone que somos ciudadanos, no meros súbditos.
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Totalitarismo y ateísmo
Creo que en estas cosas conviene proceder por tanteos y midiendo los pasos, incluso retrocediendo de vez en cuando, y no abordar muchas cuestiones al mismo tiempo, como parece gustarle al amable señor Robredo http://bilbaopundit.blogsome.com/. Así, hemos establecido, me parece que de modo suficientemente claro, que el ateísmo ciencista no es incompatible con el totalitarismo. Creo que es un paso fundamental. Dejamos de lado, por ahora, si hay totalitarismos no ateos, si María concibió o no a Jesús siendo virgen y otros problemas de gran interés, pero de momento menos relevantes.
Si el ateísmo, o algunas formas de ateísmo, han producido esos efectos, debemos plantearnos si es por casualidad o no. Decíamos que los ateos liberales son en alguna medida inconsecuentes, porque su punto de vista básico hace de la creencia religiosa algo parecido a la esclavitud (en realidad bastante peor que la esclavitud, porque sus desvaríos afectarían a esclavos y no esclavos), pero no predican, al revés que los marxistas, un tratamiento parecido al que ha recibido la esclavitud en los últimos siglos, dejando la cuestión en el terreno del allá cada cual con su conciencia, o algo por el estilo.
Sin embargo la actitud atea marxista hacia la religión, sin duda consecuente, ha dado unos frutos muy diferentes, incluso opuestos, a los de la abolición de la esclavitud, ha dado pie al totalitarismo, o a una forma del mismo. Eso me lleva a preguntarme dos cosas: ¿es correcto el enfoque de la religión por parte del ateísmo ciencista? ¿Es un enfoque realmente científico? Y, por otra parte, ¿no empujará el ateísmo liberal en la misma dirección que el marxista, es decir, no conducirá al totalitarismo, aunque por unas u otras causas se autorreprima y se detenga a mitad del camino? Sostengo como hipótesis que las convicciones liberales chocan con las ateas, y que es ello lo que impide a los ateos liberales llevar su ateísmo hasta sus conclusiones lógicas, como hacen los marxistas.
Al respecto comentaba hace unos días un artículo de S. Pinker, uno de los pensadores más influyentes en lo que va del siglo XXI. La base del pensamiento de Pinker es ya muy antigua, es la misma que la de La Mettrie, que ya creía basarse en la ciencia para concluir que no hay nada parecido al alma humana, pues el ser humano es, en definitiva, una máquina. Lo nuevo de Pinker es que él cree que, ahora sí, por fin, la ciencia habría resuelto la cuestión definitivamente. El cerebro, sede de la personalidad y capacidades humanas, es una máquina, asegura Pinker.
Expresión ciertamente curiosa: una máquina es un instrumento complejo creado por el hombre con algún fin. ¿Quién o qué crea la máquina humana, y con qué fin? Ya trataremos el asunto. Pero ahora constatemos que en el concepto de máquina no entra el de libertad. La concepción del hombre-máquina es la misma que la del marxismo. Destruir máquinas, incluso grandes masas de ellas por ejemplo, no resulta demasiado grave o demasiado importante, sobre todo si se hace con vistas a conseguir una maquinaria social más evolucionada. En el fondo se trata de un simple problema económico: vale la pena destruir maquinaria humana en masa si se obtiene un beneficio para los fines propuestos, y no vale la pena si resulta una pérdida. Ningún juez superior a la máquina humana va a decidir al respecto, sino la racionalidad encaminada al objetivo.
Pinker, sin embargo, se refrena ahí, y de pronto, no sabemos por qué, se pone en plan sentimental y humanitario. Él, por supuesto, tiene elevados sentimientos de solidaridad no solo con los demás humanos, sino también con los perros y (hay que suponerlo) con los demás animales, puesto que, nos informa, todos sufren cuando les agreden o fastidian, y en definitiva son tan máquinas como nosotros. Él decide –porque le da la gana, no con método científico– que la base de la moral es la solidaridad, una especie de solidaridad universal, que recuerda al mandamiento cristiano del amor, si bien trivializado. Pero, ¿por qué no decide lo contrario? ¿Por qué, puesto que la muerte y el sufrimiento están ligados a la vida, no habría que cultivar más bien un agresivo egoísmo? ¿Acaso no es un hecho objetivo, constatable científicamente, que los animales tienen la mala costumbre de comerse entre ellos y causarse otros males, y que algo análogo sucede a menudo en la sociedad humana? De pronto las aparatosas consideraciones pretendidamente científicas desembocan en una beatería sentimental, como podían desembocar exactamente en lo contrario. ¡Y a eso le llaman pensamiento, y hasta pensamiento científico! Es evidente que esa beatería no le viene a Pinker de ningún ateísmo ciencista, sino del pensamiento liberal o cristiano. Quiero decir, de una forma superficial y degradada de estos.
"Los ataques que sufrimos hoy tienen el máximo peligro: están corroyendo la unidad nacional y amenazan muy seriamente nuestra paz y nuestra libertad. Las circunstancia ofrecen muchas semejanzas con las de 1923, aquel año de la Triple Alianza. No por casualidad los secesionistas vascos, catalanes y gallegos se reunieron en Barcelona en 1998 –fecha simbólica, centenario del “Desastre” que permitió a los nacionalismos regionales pasar de círculos aislados y poco apreciados a movimientos considerables– y emitieron la Declaración de Barcelona, donde reivindicaban aquella alianza como “inspiradora” de su ofensiva actual. Por supuesto, hay diferencias entre 1923 y ahora: la sociedad española es más sólida y fuerte. Pero también hay semejanzas llenas de sentido: unos separatismos convencidos de haber llegado su gran oportunidad, un doble terrorismo, una incidencia musulmana acompañada de presión marroquí y un gobierno sin firmeza, cargado de prejuicios ideológicos.
De este modo el éxito de los atentados del 11-M ha sido también un gran éxito para el TNV (Terrorismo Nacionalista Vasco) y para los separatismos. Pues también con respecto a estos ha cambiado drásticamente la política de Madrid. De ahí la escalada ofensiva de los Ibarreche, Ternera, Carod y Maragall.
Por mi parte tengo fe en que esta vez no ocurrirá como aquel año, y que la democracia española superará la prueba y saldrá más fortalecida. Pero eso solo ocurrirá si los ciudadanos se hacen conscientes de la amenaza y reaccionan con la energía precisa. No es hora de preguntarse “qué va a pasar” sino “qué puedo hacer”. Y ante todo debemos percibir con claridad el alcance del reto, desmontar la demagogia supuestamente progresista y no admitir ya el menor retroceso en la unidad de España y las libertades democráticas. Han sido demasiadas las claudicaciones, y si permitimos que el proceso avance, la convivencia construida en al último cuarto de siglo se agrietará y caerá pronto por tierra. Muchos esperan que España se deje llevar mansa y obtusamente a la ruina como un buey al matadero. Eso no debe ocurrir, y no ocurrirá si todos ponemos nuestras fuerzas a contribución”.
(“Contra la balcanización de España”, 2005)
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A mi juicio, una de las causas de la semiesterilidad teórica y científica en España es la ineptitud que parece afligir a la mayoría de los intelectuales para plantearse problemas. Ni siquiera los ven. Solo entienden de creencias, y eso le pasa a nuestro buen pundit (http://bilbaopundit.blogsome.com/). Aunque no todo se ha perdido: poco a poco va entendiendo algo de la cuestión, y así dice en la última entrega: “La línea argumental que ha escogido don Pío Moa para criticar lo que llama "ciencismo ateo" parece ser, más o menos, como sigue: el ateísmo es plenamente consistente con el "totalitarismo", es decir, con la negación de la libertad (religiosa, política, económica y, de "conciencia"), mientras que sólo se encuentra inconsistentemente relacionado con el liberalismo. Los "ateos liberales", si existen, lo hacen sólo a título de meras anécdotas o accidentes históricos flotando sobre la verdadera substancia pía de la sociedad liberal”.
No es del todo lo que yo sostengo, pero se va aproximando. Ahora bien, Robredo recurre para rebatirme al argumento de la autoridad (y del número): “De suerte que los Richard Dawkins, Wafa Sultan, Fernando Savater, Christopher Hitchens, Gonzalo Puente Ojea, Gustavo Bueno, Sam Harris, Ayan Hirsi Ali, Steven Pinker, Steven Weinberg, David Deutsch, Daniel Dennett, Salman Rushdie &c, por citar algunos ateos, agnósticos y descreídos ilustres que viven hoy bajo régimenes liberales, deben ser declarados automáticamente "ateos irreales", fenómenos o apariencias. Tal vez, "fundamentalistas ilustrados" o extraños naturalistas soportando el peso de su falsa conciencia”.
Este párrafo en realidad no prueba nada, y Robredo debería recordar el lema de la Royal Society al respecto. Así que vamos a ver si clarificamos un poco más la cuestión.
La coherencia del ateísmo con el totalitarismo no es asunto de opinión, sino un hecho perfectamente constatable por la experiencia histórica. La esencia del ateísmo consiste en la consideración de la creencia religiosa como un conjunto de engaños, absolutamente nefastos para la sociedad, como no podría ser de otro modo. Esa concepción atea ha producido en la historia innumerables matanzas, destrucciones masivas de arte y cultura, y regímenes totalitarios. Es algo evidente porque, además, se ha producido en época muy reciente y sobre la que subsiste una documentación impresionante. Nadie puede dudarlo seriamente.
Ahora bien, subsiste el problema de en qué medida se da esa coherencia entre ateísmo y totalitarismo, y si la misma implica una identificación necesaria entre ambos. Desde luego, ateísmo y totalitarismo no son incompatibles, pero ¿se implican entre sí necesariamente? Pudiera ser, pero no está muy claro, de momento. Ciertamente podría tratarse de una coherencia parcial y no definitoria. Pero Robredo empieza por negar el hecho histórico, y arguye que no solo existen ateos liberales (cierto) sino que estos son los “verdaderos” ateos, los genuinos. Ya expliqué por qué ese argumento no es convincente. Y no digo que esos liberales no sean realmente ateos en sus conciencias y opiniones particulares, sino que, en todo caso, no son consecuentes, a menos que consideren la creencia religiosa (o su propio ateísmo) como algo meramente opinable y sin trascendencia práctica, política en concreto. Pero esto situaría el problema en otro plano, que no es el que aquí interesa.
Quienes quitan importancia a lo que ocurre ante nuestros ojos suelen presentarse como personas de ideas abiertas, progresistas, partidarias de la paz y la concordia. Pero no resultan muy convincentes el progreso, la paz o la concordia que nos proponen. Esas personas rara vez muestran verdadera preocupación por la ruina de las libertasdes en las Vascongadas, provocada con imposiciones y crímenes; o por el acoso a los derechos de los castellanohablantes en Cataluña; también sorprenden sus destemplados ataques a la Iglesia en nombre del progreso, en contraste con su simpatía o despreocupación ante la expansión del islam, considerando simples diferencias culturales prácticas como la poligamia, el burka, el velo facial para las mujeres y hasta la ablación del clítoris o la lapidación; o la falta de libertades en los países musulmanes, todos ellos regímenes policíacos extremadamente corruptos, a menudo pro terroristas, con la muy relativa excepción de Turquía, semidemocracia tutelada por los militares.
Haciendo memoria encontramos poca novedad en tales actitudes. Durante la Guerra fría las democracias occidentales hicieron frente al Imperio del Gulag, hasta la quiebra de este gracias a la resolución de los líderes occidentales más clarividentes, como Ronald Reagan o el Papa. También entonces un vasto movimiento "progresista" empleaba argumentos parejos a los que ahora oímos: condenaba sin apelación, como "agresivas" o "contrarias a la paz" las medidas de defensa ante el expansionismo comunista, que en solo medio siglo llegó a imponerse sobre un tercio de la humanidad y amenazar al resto. Los supuestos pacifistas tildaban de paranoia imperialista los informes sobre el carácter tiránico y agresor de los regímenes del "socialismo real", disimulaban hechos tan patentes y probatorios como el muro de Berlín, los campos de concentración, la conversión de países enteros, desde Cuba a Vietnam, en auténticas cárceles para sus habitantes, los genocidios de Camboya y China, etc. O titulaban "progresistas" a feroces dictaduras del Tercer Mundo, si estas ostentaban un ropaje "anticapitalista" y "antiimperialista". También utilizaban banderas de paz y de progreso los que, en los años 30, abogaban por la claudicación ante el nazismo.
Esos movimientos cumplieron entonces una función desmovilizadora, auxiliando así a lo agresivos enemigos de la libertad. Unos la cumplían con deliberación, integrando el aparato de provocación y propaganda de la URSS, y otros con inconsciencia, sugestionados por las bellas palabras de una agitación incansable y alborotadora. Así, más o menos, vuelve a ocurrir ahora con respecto a los problemas de España.
("Contra la balcanización de España")
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Veo que nuestro amigo Robredo (http://bilbaopundit.blogsome.com/) no hace mucho caso de mis recomendaciones y persiste en atrincherarse tras lo muros de Bizancio. Bien, está en su pleno derecho, no tiene ninguna obligación de hacerme caso, pero me resulta demasiado fatigoso alejarme constantemente del tema y tampoco tengo tiempo para ello; así que seguiré con mis comentarios, según me sea posible.
Bien, prosigamos con nuestros problemas. Ante la existencia de ateos liberales, no totalitarios por tanto, debemos considerar dos hechos: en primer lugar, no son los únicos ateos, pues los hay, y en mayor número, abiertamente totalitarios; en segundo lugar no son los únicos liberales, pues hay muchos liberales, seguramente también en mayor número, que no son ateos, sino creyentes o agnósticos (lo cual no se sabe bien si es una forma de ateísmo o de creencia). Por consiguiente, hablar de liberalismo ateo no es una redundancia, como sí lo es hablar de marxismo ateo.
Ahora bien, ¿de dónde les viene el liberalismo a esos ateos? ¿Les viene de su ateísmo? Esto suena muy improbable. Si el ateísmo, insistamos, afirma que la creencia religiosa es un mal, y un mal terrible (un cúmulo de falsedades que aliena y confunde al ser humano, una fuente de crímenes y servidumbre), no puede adoptar una postura de “cada cual que piense lo que quiera al respecto, todos con igual derecho”; tiene que adoptar más bien la misma postura que ante la esclavitud: ningún liberal dice que la esclavitud es cuestión de opiniones y que allá cada cual: la ley y el estado deben intervenir. Máxime si, como se pretende, la ciencia está a favor del ateísmo. Hay una contradicción en considerarse liberal ateo y no adoptar ante la religión el mismo punto de vista que los marxistas. A menos, claro está, que se tenga la creencia religiosa por una serie de falsedades inocentes y sin consecuencias prácticas, lo cual me parece que no ocurre.
Visto de otro modo: el marxismo es consecuente, y el liberalismo ateo no. Sin embargo es cierto que la abolición de la esclavitud no ha llevado a ningún totalitarismo, más bien al contrario, mientras que los intentos de abolir la religión por parte de los regímenes ateos-ciencistas, sí.
¿Es esto una paradoja? ¿Acaso el ciencismo ateo, al oponerse a la religión, se opone también a la libertad? Cabe sospecharlo. El otro día hacía un comentario sobre Pinker. A ver si encuentro tiempo y lo amplío un poco más, mañana u otro día próximo.
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"Hay otro punto clave en el islamismo radical, compartido por buen número de musulmanes en principio pacíficos y de inmigrantes en nuestro suelo: la idea de que España, o gran parte de ella, corresponde en realidad a Al Ándalus, que su “pérdida” fue una tragedia y que, si Alá lo quiere (¿y por qué no habría de quererlo?), Al Ándalus podría volver a imponerse sobre España, pues hoy vuelve a haber condiciones favorables para invertir la historia de los últimos quinientos años. Una de esas condiciones, y de las más esperanzadoras para ellos, consiste en la tensión disgregadora causada por los secesionismos internos.
Al Ándalus, a veces se olvida, no es solo Andalucía, sino la parte de la península donde llegó a asentarse el Islam. También debemos recordar que los nacionalistas andaluces heredan las teorías de Blas Infante, el promotor, ya en los años veinte del pasado siglo, de una especie de reislamización de Andalucía. Su bandera “andaluza”, hoy oficializada, recoge los colores de los omeyas y los almohades, como declaraba con desafiante orgullo el orate: “Le hemos quitado el negro como duelo después de las batallas y el rojo como el carmín de nuestros sables y todavía se inquietan”. Cabe alegar que el “nacionalismo andaluz” apenas tiene fuerza como tal. Pero sí existe como opinión difusa en diversos partidos no abiertamente nacionalistas, y como una serie de tópicos falsos, popularizados por ellos, sobre la historia y rasgos de Andalucía. Baste indicar que Infante fue declarado Padre de la Patria Andaluza en 1979 en el Parlamento regional, sin protesta de ningún partido. Con tales seudomitos se tejen las tragedias.
Junto con todo lo visto, nuestro vecino Marruecos tiene aspiraciones próximas sobre Ceuta y Melilla, y más lejanas, pero no tanto, sobre las islas Canarias y el territorio del antiguo Imperio almohade, es decir, sobre buena parte de la península. Tales aspiraciones podían parecer hasta hace poco simples ensueños, pero hoy muchos marroquíes empiezan a verlas como empresas factibles en un futuro ya no tan remoto, y en dirección a ella van dando pasos".
(de "Contra la balcanización de España") Y "nacionalismo andaluz" compartido por el desastroso PP, como acabamos de ver.
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El señor Robredo titula su última entrega, modestamente, “Ciencia, moral y religión”. Nada menos. Cuántos libros contradictorios y especulaciones se habrán escrito sobe esos temas, bibliotecas enteras. Y sin embargo él, ya lo ven, despacha el asunto en un artículo relativamente breve. Se ve que tiene las ideas muy claras, dichoso él. No hay como ser experto.
Como ya le dije al principio, yo no pretendo sentar cátedra, y ni siquiera tengo mucho tiempo para dedicarlo a estas cuestiones, que sin embargo me interesan en alto grado. Menos experto que él, y sin ser creyente, después de haber sido ateo, trato de abordar la cuestión partiendo de la experiencia histórica del ateísmo y las conclusiones que pudieran extraerse de ella. Pero el señor Robredo no encuentra ahí ningún problema: el nazismo no tiene nada que ver con el ateísmo, y el comunismo solo en apariencia. No hay más ateísmo real que el suyo, ateísmo que él considera liberal y apoyado sólidamente en la ciencia. Esta es la manera de resolver los problemas propia de los creyentes, y no hay duda de la devota creencia del señor Robredo en la ciencia y el ateísmo, o lo que él toma por tales. Quizá le sorprenda que un marxista podría considerarlo a él, a su vez, un ateo de pacotilla, y no dejaría de emplear argumentos de cierto peso al respecto. Y que los marxistas empleaban un estilo de discusión, partiendo de certezas incomovibles, muy parecido al suyo. Es más, ese tipo de creyentes considera siempre que sus propios cofrades se convierten en falsarios y traidores si no comulgan, de la A a la Z, con su doctrina.
Sin embargo me permitiré volver a recordar este problemilla de la experiencia histórica, ya que el señor Robredo y otros, acostumbrados a discusiones un tanto retóricas, no acaban de entender su importancia: porque cuando la discusión se va por las ramas es imprescindible volver una y otra vez a la raíz, por fastidioso que resulte. Y porque es una aproximación al asunto mucho más científica que las interminables discusiones (siglos, milenios, ya) sobre la existencia o no existencia de Dios y similares. “Por sus frutos los conoceréis”, dice el Evangelio, actitud perfectamente racional y científica, con permiso del señor Robredo, así que detengámonos a observar los frutos del ateísmo en lugar de apartarlos de la vista para seguir enzarzados en lo de siempre.
El marxismo es ateo, el liberalismo no, aunque haya bastantes liberales ateos. Pero estos no tienen derecho a identificar su ateísmo con el liberalismo, como sí tienen derecho los marxistas con su doctrina. Eso sería una actitud muy poco liberal, próxima al totalitarismo, pues usurparía la opinión y las convicciones de muchos otros liberales.
Pero un ateo liberal se ve obligado, además, a relativizar mucho la presunción de que la religión no pasa de ser un montón de falsedades e ilusiones que habrían llevado a la humanidad, durante milenios, por caminos de perdición, del que ahora vendrían a sacar a la sociedad humana aquellos que han visto la luz presuntamente científica. Pues si ese ateo liberal cree realmente tal cosa, tendrá que adoptar el punto de vista del marxista. Estas opciones teóricas se transforman automáticamente en políticas prácticas. Un liberal se conforma con la separación de la Iglesia y el estado. Un marxista considera que el estado ha de utilizarse contra la plaga religiosa, si no queremos vivir indefinidamente en la superchería con todas sus desastrosas consecuencias prácticas.
Queda, pues, planteado nuevamente el problema, y a ver si el señor Robredo va entendiéndolo y a partir de ahí podemos construir algo, poco a poco.
A fin de que la discusión sea más fructífera, también aconsejaría a mi amable contradictor que no cambiara mis palabras. Yo no he dicho, por ejemplo, que “los esoterismos florezcan hoy más en los naciones liberales que en las comunistas o ex-comunistas”. Tampoco es cierto que “Moa considera de suyo "autoritario y dogmático" el mero hecho de que la ciencia aborde temas tradicionalmente sustraídos a su examen”. Eso son solo figuraciones suyas, quizá porque su fervor le lleva a fijarse poco o a no entender lo que yo digo.
También le sugiero que se plantee como problema lo que él da por evidencia, apoyándose en la autoridad. Dice, por ejemplo: “Una civilización basada en la ciencia, como explicó F.A. Hayek, no puede avanzar allí donde la libre iniciativa individual es sistemáticamente perseguida o donde la reverencia por la tradición es sustituída por un nuevo sistema de dogmas secularizados; como en cierto modo representaban el materialismo histórico o el diamat. La ciencia, como explicó Ortega, es algo más que técnica o ciencia aplicada experimental, es ante todo una forma total de civilización que presupone amplios grados de libertad”.
¿Es verdad esto? Como siempre, conviene atender a la realidad empírica, que no siempre avala declaraciones tan generalizadoras y pomposas. También se ha dicho que la literatura solo florece en regímenes de libertad, y sin embargo la gran literatura rusa se desarrolló bajo la autocracia zarista, la gran literatura española creció al lado de la Inquisición, y Shakespeare no perteneció a una sociedad precisamente liberal, aparte de ser él mismo muy nacionalista y mostrar actitudes que los nazis estimaban. Y diría también que la literatura bajo el franquismo fue bastante más importante que la escrita bajo la democracia.
De ser cierto lo que dicen Ortega o Hayek de la ciencia, ni en la URSS ni en la Alemania nazi podía haberse desarrollado ciencia en absoluto. Pero, repito, la ciencia y la técnica avanzaron notablemente en los regímenes nazi y comunista, y está avanzando hoy con rapidez en China. Ni siquiera puede decirse que Usa haya superado en ciencia a la Alemania nazi, porque esta no tuvo tiempo de desarrollarse plenamente, pero lo que logró en pocos años da para plantearse algunas cuestiones.
Hay, además, otro problema: la ciencia tiene la característica, me permito insistir, de que excluye conceptos propios del “alma” humana como la libertad. La libertad puede ser conveniente, aunque no imprescindible, para el desarrollo científico, pero la ciencia entendida al modo ciencista, como negación por principio de la creencia religiosa, puede conducir muy bien a la anulación de la libertad. Este es un problema muy serio, en mi opinión, que no puede ventilarse con cuatro tópicos devotos o fervorosos.
TRIBUNA LIBRE
La Segunda República española fue proclamada, en medio de una gran esperanza y expectación, el 14 de abril de 1931. El poeta Antonio Machado describió cómo él y un grupo de allegados ondearon la bandera republicana en el Ayuntamiento de Segovia: "Con las primeras hojas de los chopos y las últimas flores de los almendros, la primavera traía a nuestra República de la mano. La naturaleza y la Historia parecían fundirse en una clara leyenda anticipada o en un romance infantil". Pero muy pronto, sólo dos años después de proclamarse, la República comenzó a desmoronarse. ¿De quién era la culpa?
Hoy, tanto tiempo después, resulta trágico constatar que la manipulación y distorsión de la historia de la Segunda República que se empezó a hacer bajo el régimen de Franco todavía continúa. El pasado año, con mucha propaganda, el Ministerio de Cultura fue anfitrión de una serie de congresos en los que eruditos extranjeros y españoles presentaron sus puntos de vista sobre aquel periodo. Sin embargo –como a menudo ocurre cuando los intereses políticos dictan la Historia–, no hubo acuerdo sobre lo que verdaderamente sucedió entonces.
El principal intento de manipulación estuvo en las palabras de José Luis Rodríguez Zapatero al afirmar que su Gobierno es el heredero directo de la Segunda República. Ésta fue una afirmación maravillosamente romántica, pero simplemente descubría el hecho de que el presidente había leído poco sobre la República. ¿Trataba de decir que el actual régimen democrático de España es heredero de la República burguesa de 1931 o de la República centrista de tres años después o de la República revolucionaria de 1936? ¿Trataba de decir que el Partido socialista de hoy es el heredero directo del Partido socialista de 1934, que se las arregló más que cualquier otro grupo político en la Cortes para minar y destruir la República? Se analice como se analice esta afirmación, uno se asombra de que alguien pueda hacer tal paralelismo.
La afirmación de continuidad con la República descansa, por supuesto, en la presunción de que ésta era una buena cosa, una niña bonita que no erraba y preservaba todas las reglas de la democracia, pero que posteriormente fue violada y asesinada por una derecha brutal que todavía está activa en España y ha adoptado la forma de la oposición democrática oficial. Muchos otros han proclamado la afirmación de continuidad, como el dueño del grupo capitalista Prisa, quien ha afirmado que esta misma derecha está incitando al "guerracivilismo". Así las cosas, la proximidad de las elecciones municipales del próximo mayo hace inevitables las comparaciones con aquellas elecciones que hicieron posible el nacimiento de la República en la primavera de 1931.
Acabo de leer algunos estudios sobre los orígenes de la Guerra Civil española y me ha parecido extraño que en los últimos 30 años los historiadores españoles hayan evitado en general estudiar la República. En cambio, han concentrado su atención en el régimen de Franco y lo que hizo para destruir España. Ha habido, según un reconocido historiador español socialista, "un desplazamiento de interés en las nuevas generaciones de historiadores desde la búsqueda de las causas del fracaso de la República, que tanto intrigó a los mayores, hacia la naturaleza, el funcionamiento y la larga duración de la dictadura, que ha permitido abordar con un rigor hasta ahora desconocido la magnitud de la violencia y represión sobre las que se edificó el régimen de Franco".
Es fácil adivinar las consecuencias de este énfasis. En la última generación, a todos se les ha hablado de los crímenes de Franco, como si antes del caudillo no se hubiesen cometido crímenes. Franco es representado como la bestia que destruyó la felicidad y la democracia que había florecido en España antes del 18 de julio de 1936. La República, según esta interpretación, era un paraíso de democracia, una víctima inocente de fascistas que aún hoy –en 2007– están planeando destruir el régimen progresista de España.
¿Es posible que los investigadores progresistas de los últimos años hayan evitado estudiar la República para no descubrir que fue el Partido Socialista el que la destruyó, mucho antes de que Franco lo hiciera? Las conclusiones del último estudio de un eminente historiador norteamericano, hechas públicas en 2006, manifiestan inequívocamente que, como resultado de las elecciones de 1933, en la República, "la izquierda se burló sistemáticamente de la legalidad, reduciendo finalmente el orden legal al caos y preparando el escenario para una guerra civil". Efectivamente, desde aquella fecha, las dos mitades de la izquierda minaron la República con el objetivo de alcanzar una "conquista de poder", como ellos lo llamaban. La izquierda moderada buscaba subvertir el orden legal mediante la manipulación política, mientras que la izquierda revolucionaria atacaba al Estado con violencia e incendios.
En junio de 1933, el líder socialista Largo Caballero afirmaba que "en España, afortunadamente, no existe peligro de fascismo". Pero el empleo de la violencia de la izquierda revolucionaria contra los falangistas en realidad aceleró su crecimiento. Los líderes fascistas fueron a Italia en busca de apoyo, de la misma manera que los comunistas irían mas tarde a la Unión Soviética con el mismo propósito. La mayor contribución a la socavación de la República fue el Octubre Rojo, en 1934, que preparó el camino a la futura violencia y demostró al ejército que podría desempeñar un papel represivo. Como ha concluido el destacado historiador norteamericano Malefakis, "la revolución de octubre es el origen inmediato de la Guerra Civil". Hubo una polarización total, en la que desempeñaron un papel crucial los socialistas, quienes se dedicaron a apoderarse del control de la República, con medios antidemocráticos si era necesario.
¿Y qué hay de los errores de la República? Una nueva y excelente tesis sobre la represión de Franco en el área de Madrid de un estudioso británico, Julius Ruiz, ofrece copiosos hechos y análisis sobre la represión militar que ejerció el nuevo régimen de Franco después de 1939. Al mismo tiempo, el autor lamenta que no pueda dar detalles sobre lo que pasó antes de ese periodo, porque "la represión republicana todavía aguarda a su historiador". ¿Por qué los eruditos españoles (con la única excepción de un escritor que no es profesor universitario y que ha sido deliberadamente marginado por los historiadores del establishment) no han estudiado la represión? ¿Hay alguna barrera ideológica que les prohíbe hacerlo?
El hecho de que la represión franquista fuera sangrienta, y la opresión larga, nos ha alentado a olvidar que hubo otros españoles que sufrieron bajo la República, y que miles murieron a manos suyas porque no consiguió controlar la situación en España. Nos hemos acostumbrado a las terribles cifras de asesinatos por el terrorismo de ETA –casi un millar de muertos desde 1975–, que representan una espantosa tragedia extendida a lo largo de los 30 años de la democracia española. No obstante, la cifra es realmente pequeña si la comparamos con lo que sucedió bajo la Segunda República, en especial después de 1934. En total, hubo más de 2.400 muertos en los cinco años de aquel régimen, una cifra que excede el número de víctimas de cualquier otro país europeo en esa etapa en que la democracia estaba luchando para sobrevivir en todas partes del continente.
Mientras rememoramos los prometedores años del nacimiento de la Segunda República, también vale la pena que recordemos que tenemos el deber de estudiarla y analizarla sin los prejuicios ideológicos que todavía persisten en la historiografía oficial en España. Fue un gran experimento que se colapsó, y el colapso vino provocado no sólo por el Alzamiento del 18 de julio, sino también –bastante antes de esta fecha– por los intereses políticos que nunca aceptaron las reglas de la democracia.
Hace algunas semanas, un consejero de la Generalitat de Cataluña anunció la provisión de fondos para la identificación y nuevo enterramiento de todas las personas que fueron asesinadas por las fuerzas franquistas durante la Guerra. Sin embargo, no está previsto que se haga lo mismo para el igualmente gran número de personas asesinadas por la izquierda y los elementos anarquistas. Su explicación fue que las víctimas de Franco tenían una posición moral y ética, mientras que los asesinados bajo la República eran "rebeldes" y no tenían categoría ética.
El ejemplo demuestra que lo que aparece ahora en la superficie sobre el debate de la Guerra Civil es una franca polarización de ideología, que sigue siendo igual de corrosiva que en la generación anterior. Y la polarización surge a causa de una deliberada negativa a estudiar con imparcialidad los acontecimientos de las primeras décadas del siglo XX.
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¿Qué es eso de "que se prepare el buen señor"? ¿Qué clase de oposición de cretinos borregos es esa? ¿No debiera defender como es debido a alguien que ha expresado su opinión con todo derecho? ¿No debiera ser Zapo y su banda los que "se preparasen" ante la denuncia del PP? Pues no. Menudos bobitos solemnes.
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Perdone el señor Robredo mi olvido de su enlace, es cosa de despiste y presión por la falta de tiempo. Pero ahí va:
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El señor Robredo insiste en que le sigamos de rama en rama con dirección a Bizancio. Yo he dicho que tanto los nazis como los soviéticos desarrollaron una ciencia muy notable. Esto no es discutible, es un hecho, que, simplemente, se conoce o no. Pero el señor Robredo, tras intentar negarlo en vano, salta a otra rama: al hecho de que la ciencia en Usa haya superado a la soviética y a la nazi (en el caso nazi es más difícil de probar, porque ese régimen no tuvo tiempo de desarrollar plenamente su ciencia, como la URSS, y porque no fue vencido por la ciencia useña, sino por los esfuerzos conjuntados, científicos y no científicos, de Usa, la URSS y el Imperio Británico, entre otros). Pero no es esa la cuestión. Podrían esos regímenes no haber desarrollado ninguna ciencia, y sin embargo seguirían siendo ciencistas y ateos, tal como la admiración del señor Robredo por la ciencia no garantiza que él llegue a aportar algo significativo a la misma. Son cosas distintas. La comparación sobra, además, porque Usa no es un régimen ateo ni nada que se le parezca. Y la sociedad useña es mucho más creyente que la europea –cuya contribución científica, y en general cultural, ha bajado mucho, en proporción, a lo que fue antes de la guerra mundial, cuando era mucho más creyente–. No digo que a más creencia religiosa más ciencia, pero da la impresión de que no son incompatibles.
Tampoco se trata de discutir sobre las evidentes raíces cristianas de la cultura occidental ni sobre las ramificaciones y las raíces, a su vez, del cristianismo. No porque no sean temas interesantes, sino porque la cuestión aquí es otra, y si nos dispersamos terminaremos como suelen terminar las discusiones en España: en un galimatías.
Volvamos al asunto: la experiencia del siglo XX indica una relación entre regímenes ciencistas-ateos y totalitarismo. Esa relación evidente, innegable, ¿es forzosa o es fortuita? El hecho de que muchos ateos ciencistas se proclamen antitotalitarios, ¿demuestra que esa relación es casual y no necesaria?
A mi juicio, la existencia de ciencistas no totalitarios no demuestra nada, porque ellos, en sociedades liberales, no tienen la posibilidad de establecer un régimen ateo. Por consiguiente su ateísmo queda como simple opinión particular de más o menos personas, más o menos combativas, pero sin ninguna otra consecuencia social y política. Además, es evidente que estas personas viven en una cultura repleta de tradiciones, imágenes y valores cristianos, y muy posiblemente su rechazo del totalitarismo se deba a eso, a que adopten tales valores sin darse mucha cuenta, y no a sus convicciones ateas.
Digámoslo de otro modo: la parte fundamental de la crítica atea se basa en la noción de que la creencia religiosa es un cúmulo de falsedades y de que, por lo tanto, ha de tener efectos sumamente perniciosos. El ateísmo no puede ser entonces, simplemente un juego de opiniones, sino una necesidad absoluta, un programa para liberar a la humanidad de tales errores y horrores. Así piensa un ateo consecuente, así pensaban (y piensan) los marxistas. Se trata de construir sociedades basadas en la ciencia y la razón, excluyendo la creencia religiosa, porque en ello nos iría la subsistencia.
Pero he aquí el problema, que expresa de modo algo confuso el señor Robredo: “Si los regímenes nazi-socialistas de masas degeneraron en tiranías cruentas no fué, desde luego, debido a un exceso, sino a un defecto de "racionalismo"; no por mucho "ciencismo" sino por demasiado autoritarismo y dogmatismo”. Craso error:
– Esos regímenes no “degeneraron”, eran así desde su concepción.
– Esos regímenes eran perfectamente racionales y consecuentes desde sus propios presupuestos; menos racionales y consecuentes son quienes comparten sus presupuestos antirreligiosos pero no los aplican.
– La ciencia es, a su modo, autoritaria y dogmática en métodos y conclusiones: no permite que, so capa de tolerancia y antidogmatismo se cuelen en ella las supercherías tan habituales en la sociedad.
– Dogmática, en el mal sentido, no en el sentido del rigor científico, es la pretensión de que ciencia y creencia religiosa son incompatibles. Eso no se ha demostrado, al menos hoy por hoy.
La base del problema está en que la ciencia excluye nociones como las de libertad o dignidad. Un científico no se preocupa de ello, porque no es su asunto (en cuanto científico; lo es en cuanto persona y ciudadano); pero un ciencista sí. Para el ciencista el ser humano es, en definitiva, una máquina. Lo cual está muy lejos de estar demostrado por la ciencia, supuesto que la ciencia tuviera entre sus objetivos el demostrar tal cosa.
Tengo la impresión de que el ateísmo ciencista es tan solo una nueva manifestación del utopismo, tendencia tan arraigada en eso que suele llamarse “el alma humana”. Y el utopismo nunca ha dejado de ser la cara (pretendidamente) humana de la tiranía.
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Odiseus:
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MANIFIESTO EN APOYO DEL FORO ERMUA
Ermua es una referencia de valor cívico y compromiso democrático para todos los españoles. De Ermua era el concejal Miguel Ángel Blanco, asesinado por ETA. "Espíritu de Ermua" se llamó al compromiso de los españoles por la libertad y contra el terrorismo. Foro de Ermua se llama una de las asociaciones civiles que más ha trabajado por una paz y una libertad reales en el País Vasco y en toda España.
Ahora el Ayuntamiento de Ermua se ha adherido a la iniciativa de una agrupación juvenil –apoyada por sólo 3.477 firmas de un total de 17.000 habitantes– que insta al Foro Ermua a que deje de utilizar el nombre de la localidad "porque la unidad política generada tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco está rota y las relaciones entre los demócratas son un auténtico sufrimiento", y acusa al Foro de "criminalizar el diálogo y la pluralidad que caracteriza a este pueblo".
Desde su nacimiento, el Foro Ermua ha sido un referente de movimiento cívico surgido espontáneamente, un ejemplo para muchas otras iniciativas cívicas que canalizan la inquietud de millares de ciudadanos preocupados por los principios que en su día nos dimos los españoles: "La Justicia, la Libertad, la Seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su Soberanía…" (Preámbulo de la Constitución Española).
Muchas asociaciones cívicas han surgido en los últimos tiempos en busca de un norte que la clase política ya ha dejado de proporcionar. El Foro Ermua ha sabido canalizar ese movimiento surgido desde el tristísimo 13 de Julio de 1997, mediante la difusión de artículos, estudios, movilizaciones…
Las asociaciones firmantes creemos que el acuerdo del Ayuntamiento de Ermua no es más que una maniobra política. Se busca deslegitimar a la asociación que más ha hecho por denunciar la negociación con la banda terrorista ETA, por defender a sus víctimas y por propiciar el entendimiento político entre los partidos constitucionalistas.
Por ello damos nuestro APOYO al Foro Ermua y nuestra solidaridad, especialmente a sus dirigentes, e INVITAMOS a las demás asociaciones, plataformas cívicas y en general a todos los españoles a que se adhieran para mantener vivo el Espíritu de Ermua. Aquel Espíritu dignificó a una ciudadanía hasta entonces silenciosa. Algunos pretenden imponer de nuevo el silencio. Pero la voz del movimiento cívico ya no se puede parar. Hoy el Foro Ermua somos todos.
Barcelona, Madrid a 16 de abril de 2007.
Solicitamos máxima difusión del Manifiesto.
Entidades firmantes:
Coruña Liberal
Hazteoir
Foro España Hoy
Fundación para la Defensa de la Nación Española
Rosas Blancas
Enviar adhesiones : apoyoaforoermua@foroespanahoy.
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“Además de la aniquilación de estos tres elementos, Al Qaida asestó un golpe durísimo a la moral de los useños ya que, como ha señalado un estratega occidental, la mejor manera de alcanzar una victoria psicológica es atacar al enemigo en un lugar donde se sienta seguro. Esto es exactamente lo que sucedió en Nueva York. Por lo tanto, los desequilibrios existentes entre los Combatientes del Islam y Usa a los que se refieren los clérigos son exactamente los que se necesitan para enfrentarse con la maquinaria occidental, en particular la de Usa. Esta nación se halla desconcertada por las operaciones militares de cuarta generación, especialmente cuando los pueblos islámicos han vuelto a abrazar la yihad y no tienen nada que perder (…) Ha llegado el momento de que los movimientos islámicos que se enfrentan con las ofensivas de los cruzados incorporen los criterios propios de las guerras de cuarta generación (…)
Recemos para que Alá acalle los llamamientos de los cobardes y para que haga surgir una nueva generación de clérigos capaz de enfrentarse a los retos que presentan las operaciones militares de cuarta generación”.
No podemos dudar del fanatismo de esta gente, pero tampoco de su inteligencia y voluntad de vencer, ni de la efectividad de muchos de sus golpes. Sus análisis han discernido a España como un enemigo especialmente débil entre las democracias. En diciembre de 2003, en un informe sobre la situación general en relación con Irak, grupos extremistas musulmanes señalaban la endeblez política de nuestra sociedad: “Para obligar a las fuerzas españolas a retirarse de Irak, la resistencia debería unir fuerzas para lanzar ataques dañosos contra sus tropas. Estos ataques se verán acompañados por una campaña de propaganda que debe exponer la realidad en Irak. Y es una obligación el explotar las siguientes elecciones generales que tendrán lugar en España en marzo de 2004. Creemos que el Gobierno español no podrá resistir más de dos o tres ataques como mucho, después de los cuales se verá obligado a retirarse, como resultado de la presión popular. Si sus tropas permanecieran en Irak después de los ataques, la victoria del Partido Socialista está casi asegurada, y la retirada de las fuerzas españolas figura en su programa electoral. La retirada de las fuerzas españolas o italianas de Irak produciría una presión tremenda en la presencia británica, una presión que Tony Blair no sería capaz de contrarrestar. Y, en consecuencia, las fichas del dominó caerían con rapidez. Por lo tanto, el problema básico que permanece es cómo tumbar la primera ficha”.
El documento no alude a ataques como los realizados poco después en Madrid, pero eso importa poco. Lo esencial es su clara apreciación de la flaqueza moral y psicológica española, y su decisión de explotarla para provocar un cambio radical en la política de nuestro país.
Hoy sabemos lo que ha pasado. La mayoría de las fichas de dominó resistieron, pero no así la primera: el PP perdió las elecciones, dando paso a un gobierno socialista. Y la primera medida del nuevo gabinete consistió en premiar al terrorismo islámico retirando de Irak las tropas que protegían al pueblo irakí de desalmados como los autores de la carnicería de Madrid. De paso abría una brecha en el frente de las democracias que aspiran a estabilizar, y en lo posible a liberalizar, una zona de la máxima importancia para Occidente, en especial para Europa
(Contra la balcanización de España)
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No sabía que Bilbaopundit corresponde a don Eduardo Robredo, porque sus escritos me los habían enviado algunos amigos y no había visitado su blog. Creía que se trataba de un colectivo. Bueno, ahora lo sé, siento no haberlo visto antes.
Quien haya leído su respuesta a mi comentario de ayer habrá percibido la enorme facilidad con que la discusión puede perderse por el más frondoso ramaje. Por ejemplo, yo señalaba que los regímenes comunista y el nazi habían desarrollado una ciencia notable. Esto es evidente para cualquier persona medianamente enterada, y no puede ser objeto de discusión, aunque pueda detallarse y matizarse. Pero el señor Robredo me reta a que lo demuestre, y comenta que esas ciencias notables “No pudieron resistir el empuje de la ciencia y la tecnología desarrollada en las naciones occidentales (…). Por ejemplo, el desarrollo de la bomba atómica no tuvo lugar precisamente en la Alemania nazi, sino en el laboratorio nacional de los Alamos y en el laboratorio nacional de Oak Ridge, Tennessee, EE.UU. Y la "notable" ciencia soviética asombrosamente no pudo impedir que el lysenkismo infectara las aulas comunistas durante más de ¡30 años!”. Etc.
La Alemania nazi solo pudo ser vencida por la fuerza combinada de la URSS, Usa y el Imperio Británico, más otros países menores, más las resistencias yugoslava y otras, más la ayuda de Mussolini, tan desastrosa para Hitler. Y aun con todo eso no estuvo nada claro durante gran parte de la guerra quién ganaría. Puede creer el amigo Eduardo que ello no se debió a las invocaciones esotéricas de Himmler ni al vegetarianismo de Hitler, sino, en gran medida, a la muy notable ciencia y tecnología del régimen nazi, que, entre otras cosas, desarrolló los proyectiles dirigidos y no estuvo lejos de conseguir la bomba atómica (el argumento de que estaban trabajando en ello fue decisivo para que los useños se volcaran en la tarea). Seguramente el señor Robredo habrá oído hablar de la carrera entre useños y soviéticos por adueñarse de los científicos alemanes, y se dice, quizá sin mucha exageración, que solo con las patentes capturadas por los useños al invadir Alemania, se habían resarcido de sus gastos de guerra. En cuanto a la URSS, puso el primer satélite y el primer hombre en el espacio, entre otras muchas cosas. También es cierto que la economía soviética siempre marchó mal, pero la nazi cosechó éxitos espectaculares en muy poco tiempo. Quizá esos éxitos eran la antesala del fracaso, pero no hubo ocasión de comprobarlo. En todo caso, su potencia bélica debió mucho, también a su potencia económica, además de la científica y otros factores.
Señalemos, por otra parte, que los esoterismos y demás florecen también notablemente en los países occidentales de hoy, que no son nazis ni comunistas.
Discutir sobre esto es emigrar a Bizancio. Pero, además, la cuestión a debate es otra: los soviéticos, como los nazis, depositaban su fe en la ciencia, como don Eduardo, contraponiéndola a la fe religiosa. Por supuesto, el hecho de que todos ellos admiren y crean tanto en la ciencia no implica que contribuyan a ella. Puede que sí y puede que no, pero, desde luego, no es lo mismo ser científico que ser ciencista, ni femenina que feminista, ni obrero que obrerista, etc. Cabe sospechar incluso que a veces son cosas contrarias.
Lo mismo en torno a las raíces cristianas de Europa. Es un hecho indiscutible, pero no para el señor Robredo, que divaga sobre las raíces latinas o griegas y sobre las calzadas romanas. La herencia griega y latina se injertó en Europa a través, principalmente, del cristianismo, y los valores que conforman la cultura europea son creación o adaptación cristiana. Pero tampoco la cuestión es esa, sino la de si esos ateos que rechazan el totalitarismo lo rechazan por ser inconsecuentes con su propia doctrina o por estar empapados, inconscientemente, de la cultura cristiana.
Vamos a ver si no divagamos y centramos el asunto. Tanto la creencia religiosa como el ateísmo, si son de algún modo relevantes, deben tener consecuencias, y esas consecuencias deben permitirnos juzgar al respecto. Este es un enfoque aproximadamente científico. Pues bien, una crítica básica por parte de los ateos ha sido ponderar los, a su juicio, pésimos efectos históricos de la creencia religiosa (Inquisición, guerras religiosas, cruzadas…). Lo cual tiene generalmente varios defectos: suele exagerar los datos y opinar con demasiada alegría sobre sucesos de los que no hay a menudo suficiente información. En cambio sobre los efectos del ateísmo en el siglo XX sí tenemos una información muy amplia y no muy reconfortante para los ateos.
Eso no es, de momento, una prueba de que exista una relación forzosa entre ateísmo y totalitarismo, pero es un indicio muy fuerte, que plantea un claro problema a los defensores del ateísmo. Pero muchos de ellos, con fe de carbonero, no quieren ni ver el problema. O se remiten a una discusión sobre la existencia de Dios que lleva siglos sin abocar a ninguna conclusión clara, por lo que probablemente está mal planteada. O se pierden por las ramas, sencillamente.
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Mis amables contradictores de Bilbaopundit opinan que mis comentarios sobre la relación entre ateísmo ciencista y totalitarismo van descaminadas. Tal vez. Pero ellos adoptan un tono algo dogmático, impropio de un escéptico (son escépticos, menos en sus creencias particulares) y, en definitiva, recurren, como es habitual en Carpetovetonia, al argumento de autoridad.
Por mi parte no pienso sentar cátedra, sino que me limito a exponer algunos problemas y buscar alguna posible solución. He tratado de explicar la relación entre el ateísmo ciencista y el totalitarismo. Pudiera estar descaminado, pero eso hay que demostrarlo. Para Bilbaopundit, esa relación se derrumba porque a) existen muchos ateos que no son totalitarios, sino demócratas; b) Los nazis no eran ateos, y los comunistas eran lisenkianos (lamarckianos), no darwinistas; c) hay por ahí un islámico que dice, al parecer, cosas parecidas a las que yo sostengo.
a) Ya he tratado la cuestión. Es cierto que existen muchos ateos no totalitarios, pero, por resumir, ¿se debe ello a que son consecuentes con su ateísmo o, por el contrario, a que se hallan inmersos en una cultura de origen cristiano, cuyos valores y concepciones se les “cuelan” inconscientemente? Tengo la fuerte sospecha de que esto último es lo que ocurre.
b) Marx fue un gran admirador de Darwin (no a la inversa) y el comunismo, en general, seguía esa orientación, aunque la tentación, ya se sabe, le llevó a veces a buscar otros caminos. Por lo demás, la URSS desarrolló una ciencia francamente notable. Como el nazismo, aunque muchos quieran negarlo. En cuanto al nazismo, he dicho que fue implícitamente ateo, ya que sus teorías estaban en plena oposición a cualquier concepto religioso tradicional. Que algunos cayeran en el vegetarianismo o el esoterismo no niega nada de eso. Al contrario, una de las consecuencias del ateísmo parece ser la proliferación de esas historias, como ya indicaba Chesterton: dejas de creer en Dios y pasas a creer en cualquier cosa.
c) No conozco a ese islámico pero, diga lo que diga, sigue en pie la relación entre totalitarismo y ateísmo. Entiéndase bien: yo no planteo esa relación como una certeza, sino como un problema y una probabilidad digna de mayor estudio. Así que menos dogmatismo y más estudio.
Dicen los de Bilbaopundit que el tema ya es cansino. En absoluto, es uno de los temas de mayor enjundia, de mayor interés que quepa imaginar. La experiencia del ateísmo en el siglo XX constituye un problema teórico de primer orden. Pero muchos, ateos con la fe del carbonero, se obstinan en negar que haya ahí problema alguno.
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"¡Ojalá los cobardes, incluido algunos clérigos musulmanes, supieran que ya han tenido lugar algunas guerras de cuarta generación y que ya ha quedado de manifiesto la superioridad del bando teóricamente más débil! En multitud de ocasiones los estados-nación han sido derrotados por naciones sin territorio. La nación islámica ha obtenido numerosas victorias en un periodo de tiempo muy breve. En cierta medida puede decirse que han sido más frecuentes en los últimos años que desde la época del Imperio otomano. Estas victorias se han logrado combatiendo contra los mejores ejércitos (...) En Afganistán, los Combatientes del Islam triunfaron sobre el segundo mejor ejército de la época (...) De manera similar, una sola tribu somalí humilló a Usa forzándola a retirar sus fuerzas de Somalia. Poco después, los Combatientes del Islam de Chechenia humillaron y vencieron a las fuerzas rusas. Posteriormente Hisbalá expulsó al ejército sionista del sur del Líbano. Es verdad que no todas las victorias del pasado dieron lugar a un gobierno de los vencedores, pero no es esa la cuestión que deseo examinar ahora.
"El presente artículo está dedicado al análisis de la confrontación puramente militar y motivado por las afirmaciones recientes en relación con el desequilibrio existente entre Usa y los Combatientes del Islam, lo que tendría por consecuencia, según los expertos, que la yihad y la victoria fueran imposibles (...) Durante las dos últimas décadas existen precedentes de que unidades reducidas de Combatientes del Islam hayan vencido a fuerzas mundiales y naciones poderosas a pesar de las enormes diferencias existentes entre ambas partes.
"Algunos objetarán a este análisis que todas estas guerras implican choques entre naciones homogéneas y ejércitos invasores y que, por tanto, no pueden servir de ejemplo a Al Qaida, que combate fuera de su territorio y a veces en medios hostiles. Respondo (...) que Al Qaida se enorgullece de que el 11 de septiembre aniquiló los elementos de defensa estratégica de Usa, cosa que ninguna otra nación había logrado. Estos elementos son la advertencia temprana, el ataque preventivo y el principio de disuasión. Advertencia temprana: con los ataques del 11-S, Al Qaida entró en los anales de los ataques sorpresa con éxito, escasos históricamente, como, por ejemplo, el ataque japonés a Pearl Harbor en 1941, el llevado a cabo por los nazis contra la URSS, la invasión de Checoslovaquia en 1968 o la perforación de la línea sionista Bar-Lev en 1973. Con el sufrimiento que causó Al Qaida superó a todos estos ataques por sorpresa, ya que ocasionó que todos y cada uno de los useños se vieran sometidos a un estado de alerta constante. Esto supone un coste económico y psicoló