Julio 2006


Penúltima agresión a Gotzone Mora

31 de Julio de 2006 - 16:22:05 - Pío Moa

Si hay algún referente moral absolutamente admirable en el PSOE es precisamente Gotzone Mora. Son personas como ella las que mantienen la esperanza de regeneración de un partido que pareció democratizarse al abandonar el marxismo, pero lo hizo muy a medias, pues su vieja ideología totalitaria solo bajó unos pocos grados, asimilándose a la del PRI mejicano: corrupción desatada, violencia ilegal mal encubierta, ataque a Montesquieu, es decir, a la independencia judicial.

Gotzone Mora está en la línea de Besteiro, el hombre que, de haber triunfado en el PSOE, habría evitado el asalto de su partido a la legalidad republicana, habría evitado  la guerra civil.

Gotzone, con un valor cívico gigantesco, y más en las condiciones de acoso por parte de los terroristas, los secesionistas… ¡y su propio partido!, mantiene en alto la bandera de la libertad contra viento y marea, teniendo que “oír la verdad que has hablado, retorcida por los bellacos para engañar a los necios”, y soportándolo;  y aún más, soportando sin ceder terreno la agresión, la amenaza, la triunfante bravuconería de los asesinos y sus cómplices.

¡Cuánta gente como ella hace falta! O, al menos, cuántos capaces de apoyarla y sacar la cara por ella, en lugar de bajar la cabeza y retirarse como si la cosa no fuera con ellos. Como si la defensa de la libertad y la unidad de España no fuera con ellos…

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Un extraño triunfo de Freud

30 de Julio de 2006 - 10:32:56 - Pío Moa

Cuando vemos el descrédito actual de Freud debemos preguntarnos por qué, entonces, tuvo tan enorme éxito e influencia en la cultura occidental. O por qué renació con tal virulencia en los años 60, en alianza con el marxismo. ¿Acaso era aquella gente menos inteligente, para tragarse tales supercherías?

Con las doctrinas no sometidas a una crítica intelectual a fondo sucede lo que con las modas: cobran auge una temporada, se olvidan y reaparecen con algunos cambios menores. Nunca son realmente superadas. En realidad, basta observar sin prejuicios nuestro entorno para percatarnos del triunfo apabullante de Freud en la publicidad, las modas, la política, la industria de la diversión (o entretenimiento) que tan enorme parte ocupa en la vida actual, etc. Triunfo de uno de los contenidos posibles del freudismo, aunque seguramente no el deseado por su creador: la absoluta trivialización de la sexualidad.

Hecho tanto más llamativo por su inconsciencia, por producirse en aquel ámbito de la conducta humana que él intentó explorar –extraviándose en él, probablemente–. Así, en medio de ese triunfo, ya casi nadie cree en el psicoanálisis, fuera de la Argentina.

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"The Economist" no ama a España

29 de Julio de 2006 - 11:20:34 - Pío Moa

Zapo y su gobierno se han aliado con los separatistas y los terroristas y han tratado de aislar al PP. Se han aliado con aquellos con el fin evidente de liquidar la Constitución española, y ese hecho vuelve ilegítimo al gobierno. Han premiado a los terroristas islámicos –si fueron ellos quienes organizaron el atentado del 11-M, cosa cada vez más dudosa–. Están destruyendo la independencia del poder judicial y creándose una especie de guardia pretoriana, así como un cuerpo de comisarios políticos en la enseñanza. Han organizado el hostigamiento a los órganos de expresión discrepantes. Promueven una alianza con diversas dictaduras del Tercer Mundo, incluyendo algunas de las más perjudiciales para España, como la marroquí o la cubana. Falsifican la historia de forma provocadora, en el espíritu del Frente Popular. Cuando estaban en la oposición, sus violentas manifestaciones transcurrían bajo banderas totalitarias y anticonstitucionales. El mismo Zapo se ha identificado con la ideología más totalitaria y genocida del siglo XX; y nunca ha querido identificarse, en cambio, como español. Y así sucesivamente.

Es difícil imaginar a un Zapo inglés en el 10 de Downing Street. Y, sin embargo, ninguna de sus fechorías preocupa en absoluto a The Economist, que pretende pasar por órgano privilegiado del liberalismo no sólo en Gran Bretaña, sino en el mundo. La masonizada revista felicita a Zapo en un artículo titulado expresivamente “Viva Zapatero”, y en su entusiasmo amonesta al PP por su oposición “vitriólica y desordenada” (desordenada lo es, ciertamente). En plan de activo propagandista del PSOE, llega a amenazar a la derecha con que, de ese modo, perderá “el centro”. Una de las debilidades de The Economist  ha sido siempre dar lecciones a diestra y siniestra.

La razón de estas posiciones no es difícil de detectar para quien conozca un poco su trasfondo: el prejuicio antiespañol, fuertemente arraigado en sectores bastante amplios de la Gran Bretaña, influidos por la leyenda negra (“Formidable vitalidad de la sombra de Felipe II”, ya observaba el anglófilo liberal Madariaga). Zapo, en efecto, personifica el mayor peligro que haya sufrido la democracia española desde 1978.

En pocas palabras: “¡Viva Zapatero, abajo España!”.

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La ciudadanía hace oposición

28 de Julio de 2006 - 12:46:08 - Pío Moa

El "proceso de paz" es en realidad un proceso de demolición de la Constitución, impulsado a trío por los terroristas etarras, por los separatismos que nunca han negado su odio a España, y por un gobierno que por ese solo hecho ha perdido toda su legitimidad.

En realidad, lo esencial de la política de ese gobierno se resume en un punto: colaboración política, moral e intelectual con el terrorismo, el etarra y el ismámico, así como con las corruptas y agresivas dictaduras del Tercer Mundo. Es la evidencia misma.

Pero ese gobierno ilegítimo bautiza sus fechorías como "paz" y "alianza de civilizaciones", auxiliado por un poderoso despliegue mediático que parece desconcertar a  una oposición de la señorita Pepis.

Mientras la oposición no sea capaz de decir claramente lo que en realidad ocurre, no será capaz de ganar la iniciativa frente a los liberticidas. Ni siquiera  está claro que quiera ganar la iniciativa. Como en otras ocasiones de la historia de España, es la ciudadanía, el pueblo, quien está reaccionando. Una reacción lejos todavía de ser suficiente, pero en rápido crecimiento. No deben ahorrarse esfuerzos en ese sentido.

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¡Ah, la mala memoria...!

27 de Julio de 2006 - 10:14:25 - Pío Moa

Memoria y amnistía
 
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS
 
Realmente los socialistas necesitan recuperar la memoria. No ya todos los españoles, sino ellos y sus compañeros de la izquierda comunista y republicana. Los seguidores de Zapatero y Carod Rovira deberían recordar las grandes manifestaciones por la amnistía, esto es, por el "olvido", que es lo que significa el término "amnistía". Y, ¿a qué olvido se referían las pancartas y los manifiestos de los intelectuales en aquellos días previos a la legalización de los partidos? Al del "pasado". A la cura definitiva de las profundísimas heridas abiertas por la II República y la guerra civil.
 
Fue la izquierda, que ahora pide leyes de memoria histórica, la que pidió borrón y cuenta nueva. A comienzos de los setenta reclamó perdón para abrir las sedes de los partidos y ahora quiere utilizar selectivamente el recuerdo para justificar la persecución del partido al que considera sucesor de los que le concedieron la amnistía.
Amnistía para la izquierda en la primera transición; memoria histórica para tapar la legalización de ETA en esta segunda fase.
 
El caso español es el único cambio de régimen en que unos partidos clandestinos piden perdón y olvido al poder constituido. Al solicitar la amnistía, la izquierda estaba reconociendo no sólo una relación de fuerzas desigual y, por tanto, su incapacidad para resolver el problema de la transición mediante la confrontación, sino la legitimidad del régimen para hacer una concesión tan trascendental como la amnistía. Además, la oposición venía a reconocer con ello su "culpa" histórica. La que le había llevado a seguir en la oposición durante cuatro décadas. Para levantarse necesitaba obtener la "gracia" del poder existente: en esos momentos ya la Monarquía.
 
Nunca nadie ha reflexionado sobre el significado político que tuvo la reclamación de la amnistía por parte de los partidos españoles de la oposición al franquismo. Los socialistas han comparado Pinochet a Franco, pero ¿acaso los partidarios de Ricardo Lagos o Clodomiro Almeida recorrieron las grandes avenidas de Santiago de Chile para pedirle a Pinochet la amnistía?
 
Yo también reclamo la recuperación de la memoria histórica. Recomiendo, por eso, como lecturas de verano, los libros de Schlayer y Baroja sobre la guerra civil... Un retorno aconsejable a unas miserias por las que la izquierda tuvo que pedir amnistía para levantar la cabeza.

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Éxito y fracaso

26 de Julio de 2006 - 09:08:05 - Pío Moa

¿Hasta qué punto es científico el darwinismo? Digamos que hasta ahora ha superado bastante bien las críticas, aun si subsisten serias dudas.

Donde no hay muchas dudas es en cuanto a su aplicación a la esfera de la conducta o, más ampliamente, de la psique humana: casi todas las barbaries con pretensiones científicas, del siglo XX y ahora, se apoyan en el darwinismo. Ello no es casual. En definitiva se trata de la sustitución de los conceptos no científicos de Bien y Mal por los aparentemente más racionales y manejables de Éxito y Fracaso. Se trata de la destrucción de la moral, de la atormentadora esfera de la moral.

Lo cantó Walt Whitman: "Podría irme a vivir con los animales, tan plácidos y satisfechos de sí mismos... No sudan ni gimen por su condición, no yacen despiertos en la oscuridad ni lloran sus pecados". Pero, ¡ay!, la vuelta a la plácida y satisfecha condición animal tiene el precio del crimen. Y, al final, se salda con el Fracaso.

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Un ejército contra la democracia

25 de Julio de 2006 - 09:47:42 - Pío Moa

Está pasando inadvertido el alcance del proyecto de reestructuración del ejército. El criterio básico descarta "una agresión en gran escala contra el territorio nacional", lo cual implica, entre otras cosas, la decisión de entregar Ceuta y Melilla, en plazo previsiblemente no lejano, al civilizado aliado del ilegal gobierno español, Mohamed VI. De hecho, el criterio elimina las razones de ser del propio ejército, encubriéndolo con un abundante bla-bla-bla de despiste sobre despliegues, capacidades operativas, tecnología, profesionalización, etc.

La clave está en la creación, por lo menos aconstitucional, de una unidad militar peculiar, "de emergencia", a la cual se supeditaría el resto de las fuerzas armadas, y "que tiene como misión la intervención en cualquier lugar del territorio nacional cuando lo decida el Presidente del Gobierno". Cuando lo decida Zapo el "rojo". El pretexto es una vaga referencia a amenazas terroristas y a la ayuda "a la seguridad y bienestar" de los ciudadanos.

Sólo los ciegos voluntarios (hay muchos) pueden dejar de ver el designio. El ejército preocupa al ilegal gobierno, debido a su función constitucional de defensa de la democracia e integridad nacional de España. Se trata, por tanto, de reducirlo a la impotencia, sustituyéndolo por unas fuerzas mínimas a las órdenes del iluminado de la Moncloa. Obviamente, su objetivo no pueden ser unos terroristas, ya sean la ETA o los islámicos, a quienes tanto ha beneficiado el gobierno, y de quienes éste ha demostrado ser el mejor aliado. Su objetivo consiste en impedir, precisamente, cualquier posibilidad de resistencia a esa política. Consiste en transformar el ejército de la democracia en un ejército contra los demócratas, contra los ciudadanos. Un paso más en la traición generalizada a España.

Y el PP, en "bajo perfil". Rajoy, para variar, con sus alfilerazos inanes.

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Insistiendo:

A la dirección del PP.

El que suscribe votante (o militante) del PP, constata que nos hallamos ante una ofensiva general para destruir la Constitución española en beneficio del extremismo separatista y terrorista. La ofensiva, perversamente encubierta como "proceso de paz", ataca la ley que nos permite vivir en paz y en libertad, ataca los fundamentos mismos de nuestra convivencia: la unidad de España y la democracia. Legitima el asesinato y solo puede traer más violencia y descomposición social.

La unidad nacional, las libertades, el respeto a la ley, no son valores de derecha ni izquierda, sino un interés general y básico, y sobre ellos no debiera haber cuestión entre los grandes partidos nacionales. Por desgracia uno de éstos, el PSOE, bajo su actual dirección, es, precisamente, el director de esa ofensiva contra la ley.

Ello deja al PP, en principio, como único defensor de tales valores, cuyo vigor desea la inmensa mayoría de los españoles, como ha venido a reconocer el señor Rajoy. Por lo tanto, la denuncia clara e inteligente de la ofensiva anticonstitucional y la firme defensa de la ley y las libertades debieran permitir al PP ganar la iniciativa política y la voluntad de casi todo el país frente a los extremistas.

Sin embargo constatamos también que el PP practica una política confusa, vacilante y contradictoria, a remolque de las iniciativas anti constitucionales. Finge ignorar que los nuevos estatutos secesionistas son el principal pago político a los asesinos; critica el ilegal estatuto catalán y luego elabora otros semejantes; se somete en Cataluña a los políticos secesionistas, reduciéndose a la irrelevancia en esa región; admite que un alto cargo del partido intente desacreditar, en sintonía con el gobierno, a las víctimas más directas del terrorismo, o que otro presida una "boda" homosexual; rompe estrepitosamente las relaciones con el gobierno para, a continuación, mendigar un encuentro con éste. Y así podríamos seguir largamente.

El PP es hoy la asociación más poderosa capaz de oponerse a los designios antidemocráticos de la alianza entre el gobierno, los separatistas y los terroristas. Por ello la imagen de incoherencia e impotencia que transmite en una situación tan crítica, resulta desmoralizadora para los españoles demócratas. Ese partido no se debe sólo a sí mismo, sino a la sociedad, y más en la situación extrema actual, por lo que se impone en él una clarificación que lo regenere y le permita ganar la necesaria confianza de la gran mayoría. De otro modo perderá incluso la confianza de sus votantes, no superará sus disensiones internas, y contribuirá, aun si involuntariamente, al siniestro proceso demoledor de todo lo construido desde la Transición.

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Hombres y mujeres de paz

24 de Julio de 2006 - 08:33:03 - Pío Moa

Otegui, Zapo, Chapote, Carod, Pachiló, la Vicetiple… Hombres y mujeres de paz.

 Lo insoportable: ver cómo el gobierno Zapo hunde a  la sociedad española en la indecencia, al nivel del mismo gobierno. Con el PP en “perfil bajo”. La necedad y la cobardía haciendo oposición a la infamia y el crimen. Oposición o colaboración,  para el caso…

  Habla un personaje que dice ser secretario de comunicación del PP o algo así. Verborrea burocrática, lengua de madera. Nada comunica. Al servicio del PSOE no lo haría de otro modo.

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Odiseus

  He estado unos días de vacaciones en Valencia. Tuve la sorpresa de encontrar ejemplares del manifiesto en el hostal donde me hospedaba, dejados entre los periódicos por alguien a quien no llegué a conocer, y me dije que yo podía haber hecho lo mismo. Parece que con el verano todo se para, pero es también la ocasión de hacer trabajo útil. He aquí cosas que todos podemos hacer, que  debemos hacer, si tenemos conciencia de la situación:

--Imprimir o fotocopiar ejemplares del manifiesto y llevarlas al lugar de vacaciones y repartirlas de un modo u otro.

--Imprimir o fotocopiar cartas a la dirección del PP (las dos cosas las colocaré inmediatamente en los comentarios del blog).

-- Discutir la situación con personas más sensibles a la situación de España. Hay mucha gente que quisiera hacer algo, pero no sabe qué, o  se encuentra aislada.

--  Difundir materiales diversos de Libertaddigital y dar a conocer este periódico, tan bien dirigido por Javier Rubio. LD es sin duda el periódico más interesante del país en la actualidad, y es lástima que muchas personas ni siquiera lo conozcan o les suene sólo de forma vaga,  o a través del ruido deformador del enorme aparato de desinformación progre.

   Cada lector debe convertirse en un activista que lo dé a conocer por todas partes.

     Es absolutamente necesario salir de la pasividad, y las vacaciones ofrecen muchas posibilidades. Es nuestro deber.

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Objeción y desobediencia

23 de Julio de 2006 - 13:11:17 - Pío Moa

«OBJECIÓN PEDAGÓGICA»

José Luis Hernández Huerta

Una buena parte de los profesores de todos los grados y niveles mejor preparados y con dilatada experiencia docente intuyeron lo que acarrearía la reforma del sistema estatal de enseñanza de 1990. Sin embargo, a ojos de los Padrinos de la Gran Reforma, aquéllos nada tenían que aportar, sus criterios no eran válidos por haber sido fraguados en una escuela tradicional, rancia y autoritaria, motivo por el cual sus voces fueron acalladas. Y los primeros informes internacionales sobre educación provenientes de los países donde desde hacía años se practicaba la nueva educación fueron simplemente ignorados, pues ponían en tela de juicio la idoneidad de ésta. Al tiempo, se puso en marcha una intensa labor propagandística a favor de la Gran Reforma; por la justicia social y el progreso fue la gran consigna lanzada. Sin duda, los Padrinos contaban con amigos y con recursos. Así, la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) nació con enorme alboroto y publicidad en medio del mutismo profesional o crítico más absoluto.

Dieciséis años después se ha demostrado que el esnobismo pedagógico no es un buen guía para acometer las reformas del sistema estatal de enseñanza, que las innovaciones educativas introducidas por la Gran Reforma son absurdas y que ésta no ha hecho otra cosa que extender la red de clientelas y afianzar las ya existentes.

La lógica y la razón llevan a pensar que los desafíos lanzados a la realidad tienen un límite, sobrepasado el cual ésta se clarifica, aparece en todo su esplendor, acabando por imponerse. Sin embargo, por alguna extraña razón, la actualidad de la educación española invita a pensar, si no lo radicalmente opuesto, sí que dicho límite aún no se conoce, ni siquiera se intuye.

La recientemente promulgada Ley Orgánica de Educación (LOE) es claro ejemplo de esto último, en la cual, una vez más, como en otras cuestiones de Estado, han primado, por encima de cualquier otra cosa, el populismo, la demagogia, el clientelismo y los intereses de partido o «tendencia». Parece ser que las alarmantes cifras, reveladoras de la miseria intelectual y espiritual en la que progresivamente se está sumiendo a las jóvenes generaciones, ofrecidas por los últimos informes que hacen referencia al estado del sistema estatal de enseñanza, son poca cosa para la secta pedagógica. La nueva Ley, lejos de solventar los problemas que la han motivado y, hasta cierto punto, legitimado, reincide en los errores de la Gran Reforma, potencia los destrozos que ésta ha provocado e introduce nuevos elementos que la convierten, posiblemente, en el mayor fraude de los últimos tiempos.

Asentadas desde hace tiempo en Europa las democracias liberales, y perdido el impulso inicial de las mismas, era preciso que los gobiernos de los estados miembros tomasen medidas encaminadas a perpetuarlas y refinarlas. Así lo han hecho saber las diferentes comisiones y organismos encargados de dirigir el proceso de unificación de Europa. Tal empeño es loable y necesario, ya que ningún sistema se sostiene por sí mismo, y menos aún el democrático, porque, debido a las amplias posibilidades de libertad que ofrece, requiere de una mayor y mejor preparación de los ciudadanos y de un más alto grado de civilización. En estos planes se ha otorgado a la escuela un papel protagonista, pues las autoridades son conscientes de que, en buena medida, al ser ésta el principal medio de socialización sistemática, el futuro de aquéllas se juega en las aulas. Por ello, para conseguir este objetivo parece apropiado proporcionar una formación sólida en materias de peso a las jóvenes generaciones y fomentar en éstas la responsabilidad, la disciplina y el esfuerzo, que son los pilares sobre los que se sustenta cualquier intento de convivir democráticamente, sin los cuales todo ensayo de libertad está abocado al fracaso.

El actual gobierno español se ha hecho eco de estas recomendaciones, y se ha tomado el asunto muy en serio, convirtiéndolo casi en una cuestión personal. Y decididamente ha adoptado medidas drásticas para garantizar la perdurabilidad del pacto constitucional de 1978. Desafortunadamente, el rumbo tomado ha sido el radicalmente opuesto. Así lo pone de manifiesto la LOE. Algunas de las disciplinas fundamentales han sido relegadas a un segundo plano, y las que aún disfrutan de tal status se han visto reducidas considerablemente, en beneficio de materias de escaso o nulo valor formativo real y de menor trascendencia. Las Humanidades han sido las más afectadas en las nuevas rebajas académicas, a pesar de su relevancia en el porvenir. Quizás la razón para cometer tal imprudencia haya sido que éstas carecen de visible aplicación práctica, que sólo responden a los intereses de una minoría. Nada más alejado de la realidad. Las Humanidades son la quintaesencia del Hombre, lo genuinamente humano, sin las cuales cualquier técnica o avance científico o tecnológico pierde su razón de ser, pues los medios se convierten en fines y éstos en nada; son las herramientas que los individuos requieren para generar pensamiento, para explorar los confines de la libertad, descubrir los límites efectivos de ésta y hacer un uso responsable de la misma; son el abono indispensable para que brote la tan ansiada creatividad y regrese la extrañada genialidad; son la lente de aumento necesaria para mantener una actitud crítica ante la realidad —discernir la verdad de la mentira— y valorar las cosas en su justa medida —estimar la bondad o maldad de algo—; son, en definitiva, el trampolín que permite a los individuos atreverse a utilizar su propia inteligencia. Pero el mayor valor de la Humanidades reside en que son las únicas que posibilitan que el individuo tome conciencia de dónde viene, entienda el presente, se proyecte hacia el futuro y se atreva con éste. Y erradicarlas de los planes de estudio significa ceder ante la comodidad proporcionada por el suicidio asistido.

Para hacer frente a las lagunas formativas generadas por el extrañamiento de las Humanidades en la formación de los muchachos, el gobierno, consciente de los riesgos que entraña tal vacío, ha decidido, a instancias de los adalides de lo politically correct, introducir en los currículos, bajo diversas denominaciones, la materia educación para la ciudadanía, que permitirá, según reza el Preámbulo de la LOE, profundizar en algunos aspectos relativos a nuestra vida en común, contribuyendo a formar a los nuevos ciudadanos. Esta materia se impartirá en la enseñanza primaria y en los dos grados de la media, con la finalidad de ofrecer a todos los estudiantes un espacio de reflexión, análisis y estudio acerca de las características fundamentales y funcionamiento de un régimen democrático, de los principios y derechos establecidos en la Constitución española y en los tratados y las declaraciones universales de los derechos humanos, así como de los valores comunes que constituyen el sustrato de la ciudadanía democrática en un contexto global (Ibid.), prestándose especial atención a la igualdad entre hombres y mujeres (Idem., arts. 18.3, 24.3, 25.4, 33.c).

Obviamente, a primera vista, nadie puede no adherirse a este conglomerado de consignas y dudar de la inocencia con que se ha planteado esta propuesta y de las buenas intenciones que la han alumbrado. Pero la cosa cambia sobremanera cuando se reflexiona someramente sobre el asunto. Esta innovación educativa, además de ser un sutil insulto a los tres mil años de cultura occidental y a la inteligencia de los individuos, representa una seria amenaza para las generaciones futuras, pues se las precipitará, como consecuencia de la suplantación de la filosofía por la educación para la ciudadanía, en un estado de hemiplejía moral y ética seguramente irreversible, ya que básicamente los únicos referentes de que dispondrán, para enjuiciar la bondad o maldad de las cosas, serán la Carta Magna, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros documentos de tipo similar que puedan ir apareciendo. Pero así no es posible comprender el funcionamiento de la Democracia, aprehender lo que ésta verdaderamente significa y estimar su valor real, muy por encima de constituciones, tratados y declaraciones, por muy universales que sean. Y es que estos documentos, a pesar de su inestimable valor y necesidad, son sencillamente la materialización del humanismo griego, del derecho romano, del derecho consuetudinario, de la filosofía del derecho moderna y del pensamiento político contemporáneo, adaptados a las circunstancias del momento; ¿cómo es posible, sin el más mínimo aditamento de estos ingredientes, que una persona juzgue algo si carece de cualquier referente con el que establecer comparación alguna o si desconoce las raíces éticas, cívicas y morales sobre las que se sustenta Occidente y, por ende, España? Tal concepción materialista de la democracia impide siquiera atisbar en la lejanía la utopía perseguida, sobre todo, por la filosofía del derecho moderna, que encierra un pensamiento mucho más rico, más variado, de horizontes más amplios y posibilidades casi infinitas. Una vez más, al perderse esto, los medios se convierten en fines y éstos en nada, y la nada terminará por demoler la civilización, lograda tras largos siglos de encuentros y encontronazos.

Asimismo, conviene recordar, de nuevo, algunos peligros que encierra tal propuesta. En primer lugar, existe la posibilidad de oficializar la idea de democracia, pues las directrices que guiarán la nueva área estarán dictadas por el propio gobierno, por el partido en el poder. En segundo término, se corre el riesgo de propiciar la aparición de dos categorías de ciudadano: de primera clase, que sería la que comulga, defiende y extiende la idea de democracia transmitida en la escuela, y de segunda, que englobaría al resto, que no la comparte. Estas ideas no resultan en absoluto descabelladas si se echa un vistazo a la Historia reciente: recuérdese que tanto en las dictaduras personales como en las denominadas democracias de nuevo cuño –léase repúblicas democráticas socialistas- del siglo XX la formación de nuevos ciudadanos ocupaba un lugar preeminente en los planes revolucionarios y de modernización del territorio geográfico y espiritual bajo su dominio. Quizás pronto se vean en quioscos y librerías, especializadas o no, un nuevo libro rojo, adaptado a nuestras circunstancias, que bien podría titularse Manual básico del buen ciudadano demócrata español del siglo XXI.

Esta medida se complementa con otra genial ocurrencia, que evidencia, entre otras cosas, que aún se confunde, interesadamente, educar para la democracia con educar democráticamente, cuando son cosas diametralmente opuestas. La primera significa preparar a los muchachos para la futura participación social como ciudadanos de pleno derecho y responsables para con los deberes que tendrán. La segunda implica trasplantar el mecanismo social de la democracia a las aulas; así, como sostiene Mercedes Ruiz Paz, el colegio deja de ser una institución que capacita a los chicos para participar en el futuro en una sociedad democrática, y pasa a ser una «democracia en sí misma». Recóndito en la Ley, quizás por vergüenza, el punto número cinco de la Disposición final primera establece que: (…) En los términos que establezcan las Administraciones educativas, las decisiones colectivas que adopten los alumnos, a partir del tercer curso de la educación secundaria obligatoria, con respecto a la asistencia a clase no tendrán la consideración de faltas de conducta ni serán objeto de sanción, cuando éstas hayan sido resultado del ejercicio de reunión y sean comunicadas previamente a la dirección del centro. De este modo, la educación obligatoria se convierte, en buena medida, en algo optativo, siempre y cuando una mayoría que aún no está preparada para ejercer la libertad sin tutelaje decrete que así deba ser, sin más incomodidades que un simple trámite burocrático. De seguir así el asunto, quizás los muchachos gocen en breve del derecho de sindicación y de los privilegios que otorga el ejercicio de liberado sindical, o que como contraprestación a los servicios prestados a la comunidad escolar se les concedan exenciones académicas aún mayores de las que ya disfrutan de por sí.

Tales medidas no han de producir absoluta extrañeza si se atiende al proceso seguido para poner en marcha esta particular y sigilosa Revolución Cultural y Educativa, reflejo de la robusta idea de democracia que se maneja en España. Al igual que durante la Gran Reforma, han prevalecido el sectarismo y la censura por omisión. Recién formado el actual gobierno, se indujo a la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) a un estado de coma irreversible mediante un procedimiento cuanto menos poco apropiado. Todo hacía pensar que la secta pedagógica tenía una nueva y clara idea de lo que debía ser el sistema estatal de enseñanza. Y así se ha demostrado, aunque con dos años de retraso. Muy pronto, el gobierno, guiado por un encomiable afán de diálogo y consenso, abrió un período de debate, durante el cual los diferentes grupos parlamentarios y de presión podrían manifestar su parecer para de este modo enriquecer la propuesta del primero. Para tal fin, los expertos contratados por el Ministerio de Educación y Ciencia se aprestaron para recabar información, y establecieron los cauces e instrumentos necesarios para que todas las voces, sin exclusión, fuesen oídas. Sin embargo, como otras tantas cosas, sin exclusión fue sometido a los procesos del relativismo, y, por ejemplo, algunas facultades de Pedagogía, pertenecientes al sector privado, no fueron invitadas a participar en dicho proceso, quizás debido a que la tarjeta de invitación se extravió por el camino. Fue el primer indicio de que el gobierno sólo estaba dispuesto a entablar diálogo y a negociar con su álter ego y con los grupos parlamentarios que se sentían solidarios con su causa. Los indicios pronto se convirtieron en certezas. Bajo el cínico y populista título Una educación de calidad para todos y entre todos. Propuestas para el debate, apareció el documento base para la reforma, para cuya redacción resultó que se habían omitido en gran medida las propuestas de un sector de la población en absoluto desdeñable. El diálogo se convirtió en monólogo, y el consenso en un pacto al estilo orwelliano. Los argumentos aducidos por las voces discrepantes de los postulados de la pedagogía liberticida fueron demolidos mediante una inteligente y brillante maniobra mediática, en la cual las descalificaciones fueron las sustitutas de las razones y las ocurrencias las de los criterios. Todo lo cual se ha podido ir comprobando fácilmente a través de la prensa, la radio y la televisión y de los sucesivos documentos y borradores de la LOE que han ido apareciendo. Parejo a esto se produjo un consciente apagón mediático generalizado acerca de las cuestiones sustantivas de la educación: en momento alguno la tribuna pública desvió su atención hacia los fundamentos, principios y fines de aquélla, es decir, se eludió la ardua y comprometida, pero imprescindible, tarea de dar razón de ser a la educación. Finalmente, la LOE, en sentido inverso al seguido con la Gran Reforma, ha sido aprobada el pasado 3 de mayo de 2006 con absoluto mutismo en medio de la algarabía montada por la reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña y de la embriaguez debida a la euforia provocada por el alto el fuego permanente anunciado por la banda terrorista ETA.

Sin duda, las prácticas aquí reseñadas son sumamente beneficiosas para los grupos políticos y sociales que pugnan por dejar su impronta en las nuevas generaciones. Y es que, mediante este proceder, la propaganda, la demagogia, el populismo y el proselitismo dogmático, sean del signo que fueren y respondan a las clientelas que respondan, hallan el terreno perfectamente dispuesto para colarse en el imaginario colectivo y realizar su función tranquila y pacientemente. En este caso, la secta pedagógica ha sido, una vez más, la gran beneficiaria de lo lucrativo de este asunto.

Ante tal cúmulo de despropósitos, quizás fuese conveniente retomar el ejemplo proporcionado por Lorenzo Milani en su famosa Carta a los jueces. Quizás, en definitiva, sea menester practicar responsable y consecuentemente la objeción pedagógica y la desobediencia educativa.

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De nuevo el ayudante del verdugo

21 de Julio de 2006 - 16:22:45 - Pío Moa

Durante largos años el PNV fue el mejor auxiliar de la ETA.  Su táctica fue muy simple: "condenaba" los asesinatos etarras, pero condenaba también la respuesta de las víctimas y las actuaciones de las fuerzas de seguridad del estado que han preservado en las Vascongadas lo poco que queda allí de libertades democráticas.  El PNV ponía en el mismo plano a víctimas y verdugos y, con insondable hipocresía, trataba de paralizar la persecución y respuesta a estos últimos. Después de todo, ETA y PNV comparten muchos objetivos e ideas básicas.

Ahora la ETA tiene un auxiliar mucho más efectivo: el gobierno español. La ETA y el terrorismo islámico, y los enloquecidos ayatolas.  En Oriente Próximo, los ayatolas tratan de convertir a Irán en potencia nuclear con el objetivo explícito --entre otros-- de borrar del mapa a Israel. Tras sus  últimos avances, han lanzado una cortina de humo mediante agresiones de su brazo armado Hesbolá  contra los hebreos, a las que éstas han replicado contundentemente, conscientes de que cualquier debilidad puede resultarles fatal.

En esta coyuntura, el partido-GAL, el partido-Filesa, nunca regenerado y otra vez  mangoneante   en España, se pone al lado de Hesbolá y de los ayatolas, de las  "civillizaciones", en suma, condenando  retóricamente a los agresores para paralizar en la práctica la respuesta de la agredida democracia.  Lógico e inevitable. Comparten demasiadas cosas.

Siempre viene al caso una frase de Marx joven: "Hay alguien más despreciable que el verdugo: el ayudante del verdugo"

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Un problema intelectual y un problema burocrático

20 de Julio de 2006 - 08:55:21 - Pío Moa

Conferencia en la universidad de Almería: "La alternancia política en la II República". Surge el problema de si alguien puede ser historiador sin titulación académica. Un problema no intelectual, sino burocrático, muy típico de la degradada universidad española, y planteado precisamente por quienes más la han degradado, profesores-propagandistas de medio pelo.

El argumento tendría peso en el caso de carreras como la medicina o carreras técnicas, pues es muy difícil adquirir fuera de ellas los conocimientos necesarios. Pero no en el caso de las humanidades y letras en general. Para ser político no es preciso haber estudiado Ciencias Políticas, para ser periodista no hace falta pasar por las (horrendas) facultades de Ciencias de la Información, para ser novelista o poeta no es preciso pasar por las facultades de Filología, y, desde luego, para ser historiador no hace falta, incluso no conviene, pasar por una facultades de historia dedicadas en buena medida a falsear el recuerdo del pasado.

No es lo mismo, en suma, ser historiador, o escritor, o periodista, etc., que ser licenciado o doctor en las respectivas carreras universitarias. A veces llega a ser lo contrario.

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En vísperas del 18 de julio

17 de Julio de 2006 - 19:03:41 - Pío Moa

Carta abierta al Consejo de Europa
Quieren ustedes hacer del 18 de julio de 2006 día internacional de repulsa al franquismo, erigir monumentos en memoria de sus víctimas y recordar que el Valle de los Caídos fue construido por presos republicanos. Inmediatamente se vienen a la cabeza las frases del gran filósofo español Ortega y Gasset dirigidas a Einstein y otros intelectuales, favorables al Frente Popular español: "Einstein se ha creído con derecho a opinar sobre la guerra civil española y tomar posición ante ella. Ahora bien, Albert Einstein usufructúa una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre. El espíritu que le lleva a esta insolente intervención es el mismo que desde hace mucho tiempo viene causando el desprestigio universal del hombre intelectual, el cual, a su vez, hace que hoy vaya el mundo a la deriva, falto de pouvoir spirituel".

Me temo que la información que ustedes manejan sobre el 18 de julio proviene del gobierno español, liderado por un autoproclamado "rojo", el señor Zapatero. Se trata básicamente de la propaganda elaborada por la Comintern comunista, reproducida desde los años 60 por historiadores de la misma ideología, como Tuñón de Lara o Gabriel Jackson. Acerca de ella expresaba su indignación otro de los más distinguidos intelectuales liberales españoles del siglo XX, el doctor Gregorio Marañón: "Esa constante mentira comunista es lo más irritante de los rojos. Por no someterme a esa servidumbre estúpida de la credulidad, es por lo que estoy contento de mi actitud". El reconocido historiador británico Paul Johnson ha señalado la guerra de España como uno de los episodios del siglo XX sobre los que más se ha mentido. Creo que ustedes debieran imitar a Ortega y a Marañón, y precaverse contra esa "constante mentira comunista", hoy nuevamente tan en boga.

Según esa propaganda, la guerra de España enfrentó a la democracia y al fascismo. Pero si ustedes prestan atención a los integrantes del Frente Popular y sus aliados, verán cuán imposible es tal pretensión. Ni los anarquistas ni los comunistas ni los socialistas de entonces, en muchos aspectos más radicalizados que los comunistas, tenían nada de demócratas. Tampoco el racista Partido Nacionalista Vasco, ni los republicanos de izquierdas y nacionalistas catalanes, que habían intentado golpes de estado nada más perder las elecciones democráticas del 1933. Y, en fin, como no pueden ignorar ustedes, aquel Frente Popular estuvo dirigido, más que protegido, por Stalin, a quien, supongo, nadie calificará en serio de demócrata.

En la guerra de España la democracia no jugó ningún papel, pues la relativa democracia republicana había sido destruida previamente en dos golpes sucesivos. El primero fue el movimiento revolucionario de octubre de 1934, contra un gobierno de derecha plenamente legítimo y respetuoso con la ley. La revolución fue organizada, textualmente como guerra civil, por el PSOE con el fin explícito de imponer un régimen de tipo soviético; y por los nacionalistas catalanes, con fines separatistas. La apoyaron los comunistas, los anarquistas (en parte) y los republicanos de izquierda. El ataque a la legalidad fracasó en dos semanas, pero dejó 1.400 muertos y cuantiosas destrucciones.

El segundo golpe a la democracia fue el proceso revolucionario desatado tras las elecciones de febrero de 1936. Elecciones irregulares por sus violencias y sus fraudes, reconocidos por Azaña, el republicano de izquierda que pasó a gobernar entonces. Las izquierdas, agrupadas en el Frente Popular, ganaron en escaños, aunque empataron en votos, y de inmediato comenzó a imponerse la ley desde la calle, mientras el gobierno destituía ilegítimamente al presidente de la República, Alcalá-Zamora, arrebataba despóticamente escaños parlamentarios a la derecha, depuraba el alto funcionariado, liquidaba la independencia del poder judicial y amparaba unas violencias callejeras que en sólo cinco meses causaron 300 muertos, centenares de incendios de iglesias, centros culturales y políticos de la derecha, periódicos, etc. Las izquierdas respondían con amenazas de muerte, en pleno Parlamento, a los líderes derechistas, el moderado Gil-Robles y el más extremista Calvo Sotelo, cuando éstos pedían al gobierno, simplemente, que cumpliese e hiciese cumplir la ley.

Al negarse a cumplir la ley y anularla activamente por medio de actos consumados, el gobierno del Frente Popular perdió una legitimidad ya dudosa de origen. El arrasamiento de la legalidad democrática por las izquierdas y la total descomposición del estado quedaron de relieve cuando una fuerza mixta de policías y milicianos socialistas secuestró en su casa y asesinó a Calvo Sotelo, después de haber fallado en el intento de hacer lo mismo con Gil-Robles. Aquel crimen colmó el vaso y empujó a la rebelión a una parte del ejército, que venía preparándose para ella ante el cariz de los sucesos, pero era muy renuente a emprenderla, entre otras cosas por la gran probabilidad de ser vencidos. Probabilidad que estuvo a punto de materializarse.

Y, cuando la ley cae por tierra, en todos los países vienen las atrocidades y las venganzas, cometidas en España por los dos bandos. Pero el gran responsable de haber llegado a ese extremo fue el Frente Popular, al cual una propaganda grotesca pretende identificar con la democracia. Contra la "irritante mentira roja", el alzamiento derechista y la guerra no destruyeron la democracia, sino al revés: la destrucción de la democracia por aquellas radicalizadas izquierdas ocasionó la guerra. La cual no fue una pugna entre demócratas y fascistas, sino entre totalitarios de izquierda y autoritarios de derechas: la dictadura de Franco jamás llegó al absolutismo de las comunistas ensayadas en España e impuestas a la mitad de Europa después de 1945.

Cabe recordar, además, las numerosas atrocidades, con torturas y asesinatos, entre unos y otros partidos de izquierda. Y la represión franquista de posguerra no debe oscurecer el hecho de que los jefes del Frente Popular huyeron todos, sin la menor preocupación por el salvamento de miles de seguidores suyos comprometidos en el terror contra las derechas. Estos últimos, culpables de crímenes espeluznantes, fueron juzgados y ejecutados por el franquismo al lado de bastantes inocentes. Pero es un insulto a los inocentes equipararlos a todos bajo el título de "víctimas del franquismo". En cuanto al Valle de los Caídos, también precisan ustedes información más fidedigna. Sólo un pequeño número de los trabajadores en esa obra, alrededor de una décima parte, fueron presos. Y trabajaron en régimen de "redención de penas por el trabajo", a razón de cinco días de pena conmutados por cada uno trabajado. Nada parecido a los campos soviéticos o nazis.

Probablemente el gobierno del "rojo" Zapatero quiera hacerles creer a ustedes que lo aquí expuesto es una interpretación franquista. Para que se hagan una idea al respecto, añadiré a las citas de Ortega y de Marañón, el comentario de uno de los mayores novelistas españoles de la época, el liberal Pérez de Ayala, sobre el Frente Popular: "Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a sus pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco. Nunca pude concebir que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza". Marañón observó que "todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez". Y las citas podrían alargarse mucho.

Pues bien, estos tres intelectuales, Ortega, Marañón y Pérez de Ayala, habían sido declarados "padres espirituales de la República", por sus esfuerzos para traer a España una democracia liberal. La misma que fue echada abajo por las violencias revolucionarias. "Mi respeto y mi amor por la verdad me obligan a reconocer que la República española ha sido un fracaso trágico", constató Marañón amargamente. Termino con una cita del propio Azaña, líder de las izquierdas burguesas, sobre la calidad de aquellos republicanos: "política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta".

Nada, pues de versiones franquistas. Ustedes han sido víctimas de la "irritante mentira roja" difundida masivamente por el actual gobierno español, que les ha manipulado para convertirles en portavoces de ella, desacreditando una institución consagrada a la defensa de la democracia y los derechos parlamentarios. Un gobierno que está hundiendo la Constitución española mediante hechos consumados y en connivencia con el terrorismo etarra. No sé qué dirían de él los "padres espirituales de la República", pero no me cuesta mucho imaginarlo.

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Un comentario de hace cuatro años

16 de Julio de 2006 - 12:30:48 - Pío Moa

Resulta llamativo el extremado antifranquismo que, muy a destiempo, prolifera en los medios de masas, incluidos los presuntamente dominados por el PP, como TVE; o en libros de títulos truculentos, como Los esclavos de Franco, Los esclavos españoles de Hitler y similares; en actividades como las de "Recuperar la memoria histórica", que la falsifican descaradamente y tratan de crear un ambiente de odio. Enorme eco ha tenido, dentro y fuera de España, la exposición sobre el exilio, uno de los sucesos más vergonzosos para los "republicanos", convertido por la propaganda en motivo de orgullo y de reivindicación contra los "exiliadores": sus promotores enredaron al rey en su campaña, y a periodistas ignorantes y llenas de prejuicios de The New York Times, o The Economist. Desde el punto de vista historiográfico, toda esa producción es simple basura, pero ello no le impide, ante la ausencia de réplica, un efecto político del mayor calado. La campaña persigue sentar definitivamente una versión (completamente tergiversada) de la historia, y acosar al PP como heredero de un régimen supuestamente criminal al estilo del de Hitler.

¿Por qué ocurre todo esto ahora? Una respuesta fácil es que se trata de un punto débil del PP, tanto más débil cuanto que este mismo partido, de mentalidad pesetera, contribuye a la campaña, convencido de que basta con unos resultados económicos pasables para que todo le vaya bien, y de que la falsificación de la historia no tiene repercusión política actual. Pues indudablemente el PP es heredero, en muchos sentidos, del franquismo, como lo es el rey, y como lo es la democracia actual, que sin el legado económico y social de aquel régimen difícilmente habría soportado los ataques del terrorismo, la corrupción, las tendencias balcanizantes de los nacionalismos vasco y catalán, la degradación del poder judicial y otras fechorías de quienes se presentan como monopolizadores de la democracia.

Pero hay algo más que la explotación de ese punto débil con fines electorales. No creo que esa enorme campaña sea ajena a otra también en marcha, que persigue desacreditar los 25 años de democracia y volver a partir de cero. Precisamente ése es el mensaje transmitido al periódico neoyorkino por sus interlocutores en España. Y el punto clave de la refundación presuntamente democrática sería cambiar la Constitución de tal modo que permita la secesión práctica de las Vascongadas y Cataluña. En esta operación marchan juntos el PNV, CiU, amplios sectores del PSOE, y probablemente alguno del PP (no me cuesta trabajo creer que se apuntaran a ella Gallardón, o incluso un senil Fraga), con el respaldo de muy poderosos y conocidos medios de masas. Hoy por hoy tienen en contra a la vasta mayoría de la opinión pública, pero sólo un tonto tomaría a broma la amenaza. La opinión pública puede ser confundida y manipulada con bastante facilidad si a los manipuladores no se les opone una política clara y firme.

La relación entre las dos campañas es doble: por una parte se trata de paralizar, tildándola de "franquista", la oposición al proyecto "generoso", dicen, de una "España más plural", e incluso "más democrática", diseñado por quienes más han perjudicado la convivencia y la democracia en España en estos veinticinco años. Y por otra parte es una especie de revancha histórica por el fracaso del rupturismo al comenzar la transición. Como sabemos, entonces se impuso la reforma "de las leyes a las leyes", es decir, del franquismo a la democracia, sin vacíos de poder que hubieran podido resultar catastróficos y abocar a una nueva experiencia similar a la de la II República. Eso no lo han perdonado nunca los antiguos rupturistas.

Hay algo de locura en esos designios. Decía Julio Cerón, el famoso fundador del "Felipe", que lo propio de España era la política alucinada, exaltada y delirante, y criticaba (en broma, supongo) el tono básicamente amable y razonable como se hizo la transición. Ahora nos quieren hacer volver a aquella política que parecía enterrada. Pues no es difícil ver adónde conducen los delirios de esta gente: a conflictos civiles sumamente peligrosos, o al hundimiento de España en una impotencia adormecida y suicida.

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El problema

15 de Julio de 2006 - 19:36:46 - Pío Moa

El problema consiste en qué hacer ante un gobierno que colabora con la delincuencia etarra, ataca la Constitución y corrompe la ley.

Un problema teórico y práctico.

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Odiseus:

No olvidéis que si no nos organizamos no pasaremos de ser una enorme rebaño quejumbroso e impotente, y que la crisis actual exige que cada uno se convierta en un activista. Ya tenemos la página para coordinarnos contra la Alianza anti Constitución. Es la siguiente:

http://es.geocities.com/foroelroble

No es una página para exponer opiniones generales, sino para coordinarse espontáneamente, exponer experiencias, discutir problemas prácticos, lanzar iniciativas, etc. ¡Adelante!

(Para entrar en el foro, si no podéis directamente desde aquí, copiadlo y colocadlo en la barra de dirección)

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Violencia legítima

7 de Julio de 2006 - 09:12:15 - Pío Moa

Al estado –al gobierno, en la práctica– se le reconoce el monopolio de la violencia legítima, esto es, en defensa de la ley, de la libertad y la seguridad de los ciudadanos. Con esa condición implícita, las víctimas de los atentados terroristas han reprimido su ira y su venganza, han renunciado a la legítima defensa, pensando en que ésta la ejercería el estado, haciendo justicia.

Pero, ¿qué sucede cuando el gobierno se convierte en auxiliar de los delincuentes, cuando los defiende, cede a sus exigencias a costa del estado de derecho, manipula la justicia a favor de los asesinos, trata de acallar y desacreditar a las víctimas? ¿Qué sucede cuando corona el crimen sangriento con la burla sangrienta llamada "proceso de paz"?

Pues sucede que el gobierno pierde su legitimidad para el empleo de la violencia, la cual pasa a ser despótica; y queda legitimada, en cambio la resistencia y la desobediencia de los ciudadanos. Que los ciudadanos usen o no métodos violentos en legítima defensa contra el despotismo deja de ser una cuestión de principio y pasa a ser sólo una cuestión de conveniencia.

Hoy, los esfuerzos deben concentrarse en ganar a esa opinión pública desconcertada y desmoralizada por políticos envilecidos, y organizarla contra la Alianza de los Infames. Sólo así evitaremos que la desesperación o el cálculo deriven a una violencia generalizada, causada por un gobierno que ha perdido toda legitimidad.

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Desde un punto de vista racional puede justificarse perfectamente a la asesina de ancianas. Por una parte eliminaba a personas "inútiles", a "cargas para la sociedad", y por otra desviaba sus recursos económicos hacia sí misma, esto es, hacia una persona más joven, más fuerte, más apta para disfrutar de ellos. El argumento de Raskólnikof en "Crimen y castigo" venía a ser éste, algo más dramatizado.

No hace falta tampoco seguir los muy racionales –desde un punto de vista darwiniano–dicterios de Nietzsche contra la piedad o la compasión, contra los valores cristianos "corruptos", "decadentes", mantenedores de lo vitalmente inferior, etc. La idea es muy vieja, y ya la vemos claramente expresada en el Gorgias de Platón: la ley, influida por la moral, es irracional, defiende lo inferior, lo peor, en perjuicio de los mejor dotados. La asesina de ancianas no sabe nada de esto, seguramente, pero se ha comportado como si lo supiera. Puede ser cosa de los genes.

Moral y razón tienen, por tanto raíces muy diferentes. Sin duda se influyen, seguramente no son opuestas por principio, pero pueden llegar a oponerse. Muchos intentos ha habido de establecer una moral racional y científica, libre de las supersticiones religiosas. Todos esos intentos han dado lugar a la justificación y extensión masiva del crimen, y por sí mismos constituyen, probablemente, una superstición. Al menos, así ha sido hasta ahora, y no es fácil explicar por qué.

Al parecer, cuando la razón ha intentado fundamentar la moral, se ha salido de sus atribuciones y ha creado monstruos. Tendemos a definir al hombre como un animal racional. Creo que, ante todo, es un animal moral. No en el sentido del libro de R. Wright, un libro básicamente antimoral.

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Hacia el PRI

6 de Julio de 2006 - 09:22:57 - Pío Moa

En un nuevo avance golpista, los asesinos y los "gorrinos" (en opinión de aquellos), van a reunirse abiertamente para planificar ulteriores avances en el derrumbe de la Constitución y del estado de derecho. Unos jueces, si así queremos llamarlos, amparan el ataque a la ley , "dadas las circunstancias". Una justicia de circunstancias. Una justicia contra la democracia y a favor de golpistas y asesinos. Una justicia tipo PRI mejicano.

Por cierto, Garzón es masón, y de Zapo lo ha dicho algún dirigente masón useño. El corruptísimo y despótico modelo PRI estaba dirigido por la masonería. Coincidencias.

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Mesa redonda, anteayer, en la Universidad Rey Juan Carlos: Stanley Payne, Enrique Ucelay-Da Cal, Joan Villarroya, José Luis Rodríguez, y un servidor. Villarroya, extremista de la "memoria histórica" (no sé si habrá evolucionado a mejor, algunos lo han hecho) no vino. José Luis Rodríguez, antifranquista no muy bien enfocado, en mi opinión, habló sobre la evolución política de Franco, y Ucelay se preguntó por la razón del interés por la guerra en una sociedad tan distinta de aquella como la actual. Yo hablé de las causas del terror de posguerra.

Comentarios de un grupito de estudiantes progres: "Eso, ahora va a resultar que los fachas eran los buenos"; "Que se lo digan a mi abuelo" (eso del abuelo ha cundido mucho); "Yo tengo testimonios familiares"; "Los republicanos no podían atender a las fábricas porque se habían ido todos de milicianos"; "Los republicanos estaban en completa inferioridad de medios" Etc. Estudiantes universitarios, repito. El nivel de la enseñanza progre.

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Odiseus:

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Españolismo liberal

5 de Julio de 2006 - 09:48:52 - Pío Moa

Si consideramos el nacionalismo como la combinación del sentimiento patriótico con el concepto de la soberanía de la nación (o del pueblo), entonces el nacionalismo parece una doctrina esencialmente democrática. Sin embargo no lo es necesariamente. La idea de nación puede adquirir tanto un sentido liberal como un sentido totalitario o al menos despótico. Caso, este último, bien visible en los nacionalismos vasco, gallego, catalán, o en el nacionalismo regeneracionista español, así como en gran parte de los nacionalismos hoy en boga (los nacionalismos islámicos, etc.).

No es lo mismo, se dice, democracia que liberalismo, y la mayoría de los regímenes liberales del siglo XIX no eran democráticos. Cierto, pero sólo si se añade que un concepto no liberal de la democracia lleva directamente a la tiranía: "democracias" proletarias, orgánicas, populares, la del Frente Popular… La democracia liberal, aunque históricamente reciente, no nace de la nada, entronca con la larga tradición cristiana del derecho natural y de los derechos de la persona frente a las imposiciones del poder o las presiones de la colectividad.

En España, se dice asimismo, el nacionalismo liberal ha sido débil. También tiene algo de cierto. El liberalismo español tuvo dos fuentes de debilidad. En primer lugar, la brillante tradición de pensamiento pre liberal y pre democrático de los siglos XVI y mitad del XVII quedó lamentablemente interrumpida, aunque las Cortes de Cádiz quisieron enlazar con ella. En segundo lugar, y pese a dichas Cortes, el liberalismo quedó asociado popularmente a la invasión francesa, es decir, a una imposición foránea que pretendía satelizar y dividir el país, ejercida además con extrema brutalidad contra la población y contra el casi unánime catolicismo de la sociedad.

Estos dos lastres, procedente el segundo de la Revolución francesa, madre de las ideas totalitarias de nación, de clase, etc., ha perturbado la aplicación del liberalismo en España. Una parte de él (el exaltado, luego progresista, finalmente republicano), giró en torno al espejismo de aquella revolución, reducido por fin a la obsesión simple de eliminar a la Iglesia, incluso físicamente.

Pero, aun con estas debilidades, el otro liberalismo –el conservador–, ha generado los más largos períodos de paz en libertad de estos dos siglos, y ha sido la práctica de sus ideas, aun si parcial, la que ha impulsado el mayor progreso económico. Más arraigado de lo que parece, ha influido también, de forma subterránea, pero clara, en las dos dictaduras del siglo XX, la de Primo de Rivera y la de Franco: las ha suavizado y ha terminado llevando a la segunda a desembocar en la actual democracia, la época más larga y en muchos aspectos más fructífera de paz en libertad que haya vivido España en dos siglos. Una paz de nuevo en peligro por las viejas tradiciones liberticidas y separatistas, que nos llevan a una crisis cuya superación exigirá de los ciudadanos el máximo esfuerzo.

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El bergante se ha inventado una guerra que nunca fue más que un problema de orden público –mal llevado, hasta los gobiernos de Aznar–, para disfrazar de "paz" la destrucción de la ley y del estado de derecho. La paz de los asesinos y de los "gorrinos", en el lenguaje de los primeros. La Estupidez y la Canallería, diría Marañón.

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Odiseus:

No olvidéis que si no nos organizamos no pasaremos de ser una enorme rebaño quejumbroso e impotente, y que la crisis actual exige que cada uno se convierta en un activista. Ya tenemos la página para coordinarnos contra la Alianza anti Constitución. Es la siguiente:

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Nacionalismo español tradicionalista

4 de Julio de 2006 - 09:29:21 - Pío Moa

Ninguno de los nacionalismos españolistas produjo una elaboración histórica y doctrinal sistemática como la intentada por Arana y Prat de la Riba. La razón es que la existencia de España y su trayectoria histórica se daban por hechos obvios, y, aparte de algunos episodios legendarios, no había nada que demostrar, ni eran precisas construcciones mentales aparatosas al estilo de las de los separatistas.

Así, el nacionalismo regeneracionista simplemente invirtió la valoración de la historia de España: los hechos antes considerados gloriosos pasaban a convertirse en deleznables. Menéndez Pelayo denunció con palabras célebres el ambiente de desprecio o de odio a España que cundió tras el 98: “presenciamos el lento suicidio de un pueblo que, engañado por gárrulos sofistas, emplea en destrozarse las pocas fuerzas que le restan, hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada momento las sombras de sus progenitores, huye de todo contacto con su pensamiento, reniega de cuanto en la Historia hizo de grande, arroja a los cuatro vientos su riqueza artística y contempla con ojos estúpidos la destrucción de la única España que el mundo conoce, la única cuyo recuerdo tiene virtud bastante para retardar nuestra agonía. Un pueblo viejo no puede renunciar a su cultura sin extinguir la parte más noble de su vida y caer en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil”.

La elaboración, bastante sumaria, del nacionalismo tradicionalista español fue, con todo, mucho más templada que la de los separatismos u otros nacionalismos modernos. Defendía la nación española, pero denunciaba la idea de endiosarla y rechazaba el propio término “nacionalismo”, por ver en él la fuente de abusos y guerras, particularmente la I Guerra mundial.

En cambio compartía con regeneracionistas y separatistas la aversión al liberalismo. Su identificación de España con el catolicismo y la monarquía tradicional, por estar ambos ligados a las horas más gloriosas de nuestra historia, no resistía la evidente crítica de que también estaban ligados a las horas más bajas de la decadencia. Y su crítica al liberalismo como supuesto destructor de las sociedades “naturales”, fallaba ante el hecho evidente de la multiplicación de todo tipo de sociedades en el régimen liberal.

Este que llamaremos nacionalismo, pese a sus deseos, sería la base ideológica de la dictadura de Franco. Y si, ciertamente, salvaguardaba el principio de la unidad nacional, le daba también un tinte anacrónico. Por una especie de fatalidad, la traición de los intelectuales al liberalismo y a la tradición española desde principios del siglo XX, produjo esta escisión: quienes se proclamaban modernizadores tendían a destruir la base misma de la sociedad que querían modernizar, como terminó ocurriendo dramáticamente en la república. Y quienes defendían esa base –la nación española–, tendían al anacronismo en su concepción de ella.

He aquí una clave de las convulsiones españolas de los primeros cuarenta años del siglo XX. Cosas del pasado, al parecer, pero cuyo fantasma resurge en el horizonte, conjurado por los “botarates y loquinarios” de siempre, que diría hoy un Azaña más lúcido.

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El bergante ha ido a La India a parlotear de paz. España estaba en paz, y no gracias a él, precisamente. Ahora, entre él y los asesinos están amenazando la paz y la libertad de todos.

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Nacionalismo regeneracionista

3 de Julio de 2006 - 08:12:26 - Pío Moa

Quizá no se ha examinado aún en profundidad la trascendencia del “desastre del 98”. Un desastre sobre todo interno, moral, que pone sobre el estrado las fuerzas que determinarán el siglo XX español. En torno al 98 cobran vigor los nacionalismos vasco y catalán, los internacionalismos socialista y anarquista, y el españolismo regeneracionista; y ese vigor constituye el verdadero desastre. La derrota exterior da impulso a un ataque general contra el liberalismo de la Restauración y contra la idea misma de España.

Quizá el daño más grave esté en el regeneracionismo de Costa, de Ortega, de Azaña y tantos otros intelectuales. Cumplía acabar con la Restauración, que presidía un régimen de libertades y un mediocre, pero continuado auge económico y mejora política tras las epilepsias de los tres primeros cuartos del siglo XIX. Había que acabar con aquella historia lamentable, “anormal”, “errática” que había caracterizado a España desde, por lo menos, los Comuneros.

En ello coincidía el regeneracionismo con los nacionalismos vasco y catalán: la España real, histórica, constituía un desastre, culminado en el 98 –especialmente abyecta la actitud de los vascos y catalanes reales, históricos, que se habían sentido y se sentían españoles–. También coincidían los tres nacionalismos en su desprecio por las libertades de la Restauración, tan aprovechadas por ellos. Pero, más incoherentes que los Arana y los Prat de la Riba, los regeneracionistas proponían un nacionalismo español… asentado sobre la nada. Peor que sobre la nada: sobre unas cuantas aspiraciones bienintencionadas, pero vagas, milagreras y un tanto histéricas.

Al revés que los nacionalismos vasco y catalán, el regeneracionismo no cuajó en un partido preciso, pero formó un estado de opinión extendidísimo, todavía actuante y fácilmente reconocible en políticos e intelectuales. Vista en esa perspectiva, la actual Alianza anti Constitución no resulta tan sorprendente.

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Nietos ineptos

2 de Julio de 2006 - 09:18:25 - Pío Moa

Se ha dicho que los españoles de hoy son como los nietos ineptos de un abuelo ilustre, a quien se permiten despreciar y cuya herencia dilapidan. Lo mismo los hispanoamericanos; “latinoamericanos”, para el caso.

No cambia ese paisaje el hecho de que vivamos materialmente mejor que nunca. Las cosas que permiten ese bienestar material, desde los ordenadores a los métodos de organización económica, nada deben a nuestra inventiva o a nuestra iniciativa. Moralmente, el botellón, la telebasura y la corrupción en todas sus facetas ocupan un inmenso espacio, y la resistencia a ellos se mira como algo vergonzoso. El ambiente intelectual combina una tradicional pobreza de análisis, de crítica y de imaginación, con un snobismo acre y sin ingenio, consolándose en vano con referencias al imaginario “páramo cultural” franquista, otra afrenta a la memoria.

Existe un inmenso ámbito de cultura hispana, legado por nuestros antepasados, pero no sabemos qué hacer con él. El franquismo cultivó una política bien orientada, aun si lastrada por su carácter dictatorial, de atraer a nuestras universidades a gran número de estudiantes hispanoamericanos, que fortalecerían los lazos entre las élites políticas y culturales a ambos lados del Atlántico. Los nuevos mandarines decretaron que aquello era “pura retórica”, y hoy el antiespañolismo cunde con nueva fuerza en América, realimentado por una presencia empresarial española que las ideologías al uso llaman explotadora e imperialista…

Feo panorama pues. Pero, naturalmente, no desesperado.   

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Proyecto de carta al PP

1 de Julio de 2006 - 09:41:16 - Pío Moa

Ayer, en el blog, Natal proponía enviar cartas a la dirección del PP exigiéndole una política firme y clara ante los retos actuales. He aquí una propuesta:

A la dirección del PP.

El  que suscribe, votante (o afiliado) del PP, constata que nos hallamos ante una ofensiva general para destruir la Constitución española en beneficio del extremismo separatista y terrorista. La ofensiva, perversamente encubierta como “proceso de paz”, ataca la ley que nos permite vivir en paz y en libertad, ataca los fundamentos mismos de nuestra convivencia: la unidad de España y la democracia. Legitima el asesinato y solo puede traer más violencia y descomposición social.

La unidad nacional, las libertades, el respeto a la ley, no son valores de derecha ni izquierda, sino un interés general y básico, y sobre ellos no debiera haber cuestión entre los grandes partidos nacionales. Por desgracia uno de éstos, el PSOE, bajo su actual dirección, es, precisamente, el director de esa ofensiva contra la ley.

Ello deja al PP, en principio, como único defensor de tales valores, cuyo vigor desea la inmensa mayoría de los españoles, como ha venido a reconocer el señor Rajoy. Por lo tanto, la denuncia clara e inteligente de la ofensiva anticonstitucional y la firme defensa de la ley y las libertades debieran permitir al PP ganar la iniciativa política y la voluntad de casi todo el país frente a los extremistas.

Sin embargo constatamos también que el PP practica una política confusa, vacilante y contradictoria, a remolque de las iniciativas anti constitucionales. Finge ignorar que los nuevos estatutos secesionistas son el principal pago político a los asesinos; critica el ilegal estatuto catalán y luego elabora otros semejantes; se somete en Cataluña a los políticos secesionistas, reduciéndose a la irrelevancia en esa región; admite que un alto cargo del partido intente desacreditar, en sintonía con el gobierno, a las víctimas más directas del terrorismo, o que otro presida una “boda” homosexual; rompe estrepitosamente las relaciones con el gobierno para, a continuación, mendigar un encuentro con éste. Y así podríamos seguir largamente.

El PP es hoy la asociación más poderosa capaz de oponerse a los designios antidemocráticos de la alianza entre el gobierno, los separatistas y los terroristas. Por ello la imagen de incoherencia e impotencia que transmite en una situación tan crítica, resulta desmoralizante para los españoles demócratas. Ese partido no se debe sólo a sí mismo, sino a la sociedad, y más en la situación actual, por lo que se impone en él una clarificación que lo regenere y le permita ganar la necesaria confianza de la gran mayoría. De otro modo perderá incluso la confianza de sus votantes, no superará sus disensiones internas, y contribuirá, aun si involuntariamente, al siniestro proceso demoledor de todo lo construido desde la Transición.

Someto este proyecto de carta a la consideración de ustedes.

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Viaje por la vía de la plata

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