Junio 2006


El terrible señor Rajoy

30 de Junio de 2006 - 08:10:46 - Pío Moa

El señor Rajoy vuelve a tomar el pelo a los ciudadanos:

“Y, por tanto, mientras las condiciones no cambien y mientras no se den esas garantías a las que antes he hecho referencia, nosotros no podemos apoyar al Gobierno, sobre la base de que para el Partido Popular será siempre un objetivo nacional la recuperación de la libertad y derrotar a la organización terrorista ETA”.

Terrible lenguaje. El gobierno, la ETA y los demás separatistas, empeñados en un proceso acelerado de destrucción de la Constitución, ¡y resulta que el señor Rajoy no los va a apoyar! ¡Qué miedo, qué desolación sentirán la ETA y el gobierno, privados de ese imprescindible apoyo! ¡Qué tremendo este Rajoy!

Ese “no apoyo” en lugar de la denuncia y el ataque a fondo a los liberticidas es sólo una forma de colaboración con el proceso. ¿En qué se manifestará esa colaboración? En lo que se viene manifestando: la desmovilización y desmoralización de los ciudadanos. Tal es el papel de Rajoy.

La desobediencia civil: el problema consiste en articularla. Hay que planteárselo ya, de manera práctica.

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Tres nacionalismos españoles

29 de Junio de 2006 - 10:27:03 - Pío Moa

Tanto el nacionalismo vasco como el catalán son invenciones –en el sentido más literal del término–, de muy contados personajes que se sintieron “fundadores”, iluminados por una supuesta verdad, y elaboraron una historia mítica como fundamento de sus aspiraciones de poder.

No existe en el mismo sentido un nacionalismo español, con su fundador o fundadores e invención histórica, pero sí tres corrientes nacionalistas: la “regeneracionista”, la tradicionalista y la liberal. Cada una de ellas merece un examen particular.

La falta de análisis al respecto ha lastrado gravemente la comprensión del problema, y por tanto la acción política para resolverlo.

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El caso Grande-Marlasca…

28 de Junio de 2006 - 07:57:44 - Pío Moa

O los golpistas contra Montesquieu, enésima ofensiva, ésta a la luz del día, tras las largas maniobras ocultas para apoderarse de los órganos del poder judicial. El contenido de la paz: la destrucción de la Constitución, del estado de derecho: la ley al servicio de los gángsters. La paz de los asesinos y los corruptos. Y la reacción democrática contra ese despliegue triunfante de canallería: muy insuficiente aún. En la medida en que resista a los gángsters de la política, el juez representa a todos los demócratas. No debemos ser tan viles de dejarle solo ante el peligro.

Arzallus chantajea: podría no acatar la Constitución. ¿Cuándo la acató, el bellaco?

Una interpretación sugestiva de la Revolución francesa: 

LA COSMOVISIÓN MÁGICA DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

            Adriana I. Pena

Quizás uno de los mayores misterios de la Historia sea la razon porqué la Dra. Margaret Murray no incluyó a Robespierre en sus teorías.  

Las teorías de la Dra. Murray están desacreditadas –hoy en día los únicos que las citan, (y pretenden creer en ellas) son autores de novelas fantásticas y de terror, buscando un dejo de verosimilitud a sus ficciones (1). Para los que desconocen estas teorías, basta decir que ella postuló que la religiones paganas se siguieron practicando, más o menos abiertamente, en la Europa medieval– muchas veces protegida por los reyes, quienes eran también practicantes. La caza de brujas fue el intento del Cristianismo de aniquilar a sus rivales. Lo que interesa a los autores de ficciones de sus teorías es la aseveración que parte de los ritos paganos era el sacrificio ritual del rey para conseguir la fertilidad –sacrificio del rey o del sustituto elegido para este propósito. Según la Dra. Murray, Guillermo “el rojo” (hijo de Guillermo el Conquistador) fue víctima de un sacrificio ritual disfrazado de accidente de caza, mientras que Thomas Beckett, Juana de Arco, y Gilles de Rais fueron sacrificados como sustitutos. (2). Unas teorías, evidentemente, muy al gusto de lectores de obras como El Código de Da Vinci, donde se explica la historia echando mano a conspiraciones y sociedades secretas.

La Dra. Murray no llegó mas allá de las últimas persecuciones de brujas, creyendo que el fin de las persecuciones significaba el fin del culto subterráneo. Evidentemente no consideró que el culto hubiese entrado en hibernación, y que resurgiese cuando el poder de la Iglesia se hubiese debilitado. Si lo hubiese hecho, habría encontrado muchos indicios de que ello en la Revolución Francesa.

Tomemos, por ejemplo, la marcha a Versalles. Una turba de mujeres enfurecidas marchó a Versalles, y obligó a la familia real a trasladarse a París. Históricamente, su importancia fue poner al rey en poder de los revolucionarios. Pero desde la óptica murrayista lo que es importante es que en esa jornada se llevó a cabo un rito milenario: la búsqueda y recobro del espíritu de la vegetación (o de la primavera), para poner fin a la de la escasez causada por el invierno. Cómo, si no, interpretar los gritos alrededor de la carroza real, flanqueada por bolsas de harina, “No habrá más hambre porque traemos al panadero, a la panadera, y al panaderito”? (3). ¿No es un calco de los ritos descritos por Frazier, donde se “expulsa al invierno y trae a la primavera”? (4). Si se llama “panadero” al rey, ¿no muestra eso que se cree, como en tiempos milenarios, que el jefe de la tribu es la fuente de la fertilidad de los campos, que él puede hacer llover y traer buenas cosechas? (5).

Nunca se la reconoció oficialmente así, pero la marcha a Versalles fue el primer festival revolucionario. El que se reconoce oficialmente es la Fiesta de la Federación, cuya descripción nos ha brindado Maria Santillana en su interesante artículo (6). Este festival mostraba una versión domesticada, agradable de la Revolución, pero sin ocultar los elementos de un culto a la fertilidad (debió de ser un curioso espectáculo cuando los representantes del pueblo, con gran solemnidad, bebieron el agua que brotaba de los pechos desnudos de la estatua de la diosa). Otras fiestas, cuya liturgia sería de inmensa importancia para los revolucionarios seguirían a ésta.

Los revolucionarios daban enorme importancia a estas celebraciones paganas. Según Carr (7), el Comite de Salvación Pública decretó 19 de éstas en sólo un año. Lo hicieron cuando al mismo tiempo afrontaban la invasión de los ejércitos europeos, la guerra civil en la Vendea, y el colapso económico. Que dieran esa prioridad a festivales en semejantes condiciones indica que, o estaban completamente deschavetados (una hipótesis perfectamente sostenible), o que estos festivales tenían para ellos un valor intrínseco mucho mas allá de una distracción pasajera –que los festivales eran parte integral de su programa político. Pierre Chaunu, citando a Mona Ozouf (8), considera las fiestas cívicas como un elemento básico de la revolución, aunque Chaunu comete el error de no considerar la marcha a Versalles cuando llama a la Fiesta de la Federación la primera de estas celebraciones, la Celebración Cero.

Es importante recordar que el primer festival es precisamente la Marcha sobre Versalles. La Fiesta de la Federación mostraba la fachada amable, la que aparentaba ser. Todo en ella era una exhibición de paganismo domesticado –”rosa” por así decirlo. Flores y sentimientos bondadosos. Nada que mostrase la brutalidad intrínseca y el prosaico sanguinarismo de un genuino culto de la fertilidad. Estos sí estaban en evidencia en la Marcha sobre Versalles; la carroza real volvió rodeada por las cabezas de los guardias suizos en las puntas de las picas. Allí sí se mostró que se creía en la efectividad de los sacrificios humanos, mientras que la Fiesta de la Federación aparentaba creer que los buenos resultados se consiguen con discursos de sentimientos humanitarios.

Cualquiera que conozca el pensamiento mágico sabe que un fertilizante imprescindible para las cosechas –o para cualquier cosa que se quiera obtener– son los despojos humanos y la sangre vertida violentamente. Esta verdad se conocía en la Revolución. Es así que parte integral de la liturgia revolucionaria era el culto de los “árboles de la libertad”. Estos robles, plantados con gran ceremonia y decorados con símbolos republicanos, se suponía que eran fertilizados con las cenizas de patriotas y regados con la sangre de los  traidores (9). Precisamente como llevaban a cabo los ritos del culto a los árboles los pueblos primitivos estudiados por Frazer (10).

Miremos ahora a Robespierre a través del prisma de Murray. Robespierre dijo en el juicio del rey: “Luis debe morir para que la patria viva” (11). Evidentemente, él no sólo creía en la eficacia del sacrificio humano sino también en el poder de la sangre real para devolver la fertilidad a la tierra. (Los asistentes a la ejecución del Luis XVI también creían en ello, ya que empaparon pañuelos en la sangre, y se llevaron mechones de pelo, o pedazos de su gabán –y es posible que hubiesen intentado devorarlo si se lo hubiesen permitido– en la creencia que así recibirían una porción del poder mágico que es propiedad del jefe de la tribu).

Más datos sobre Robespierre: estuvo en el poder exactamente un año (el cambio de calendario esconde que 9 Termidor –fecha de su caída– corresponde al 27 de junio – fecha en que entra al Comité de Salvación Pública). Previo a su caída, Robespierre participó en otro festival revolucionario, la Fiesta del Ser Supremo. Allí, llevando un ramillete de flores, desfiló junto a los frutos de la cosecha. Puso la tea a la estatua del ateísmo, y vio como de sus cenizas resurgió la estatua de la sabiduría (12) –obviamente un rito de muerte y resurrección, de esperar en una celebración de la cosecha. De allí marchó a una montaña artificial para depositar su ramillete de flores a los pies de un “árbol de la libertad”.

Casi inmediatamente después de este festival, Robespierre hizo aprobar las leyes de Pradial, que aumentaron notablemente el número de ejecuciones –o sacrificios humanos. Luego entra en reclusión, de la que sale el 8 Termidor, las vísperas del aniversario de su llegada al poder, y desencadena su propio sacrificio. Si creemos a Carlyle (13), tenía puesto el mismo gabán azul que usó en la Fiesta del Ser Supremo.

Con semejantes indicios, es sorprendente que nadie lo haya acusado de ser un sacerdote pagano –el “Rey del bosque” del que habla Frazer. 

Pero estas lucubraciones novelescas no son realmente necesarias. No hay que creer en ritos milenarios ni en sociedades secretas que se dediquen a conservarlos, ni dar demasiada importancia a lo que parecen extrañas coincidencias. Como queda claro en el trabajo de Frazer, hay creencias que son comunes a grupos dispares que no tienen medio de comunicarse entre sí. La razón de que las creencias sean comunes es porque son básicas –parten de razonamientos imperfectos y toscos, que elaboran lo aparentemente obvio. Como símil, consideremos que los niños de corta edad, cuando dibujan, no cierran las curvas y dejan así los círculos incompletos. No se ponen de acuerdo entre sí para hacerlo ni tienen una aversión innata a las curvas cerradas. Todo lo que sucede es que no han adquirido todavía la destreza manual necesaria para traer la curva al punto de partida.

Es así con los pueblos primitivos. Su pensamiento no ha adquirido la destreza mental necesaria para imaginar que las cosas puedan ser diferentes de como aparentan ser. Creen que la tierra es plana, porque así la ven. Creen que el sol gira alrededor de la tierra. Creen que la luna es del mismo tamaño que el sol. Creen que las estrellas son farolitos que cuelgan de los árboles. No se preguntan si las apariencias pueden engañarlos. Vale citar aquí la desconstrucción que Lía hace en El Péndulo de Foucault, cuando hace notar que la razón que los ritos se hacen en círculo es porque si lo hiciesen de otra manera, cuando terminasen necesitarían una caminata para regresar (13).

La creencia en la magia es también parte de esa cosmovisión básica de los grupos primitivos. Después de todo, la magia –como explica Frazer– es solamente ciencia imperfecta. Como la ciencia cree en la relación entre causa y efecto: las mismas causas traen siempre los mismos efectos. Lo que la diferencia de la ciencia es la falta de un método de comprobar si esa relación existe realmente (la religión, según Frazer, por el contrario, parte de una tentativa de anular esa relación buscando la mediación de entidades poderosas). La magia así cree que si dos objetos se parecen, una causa aplicada a uno de ellos traerá efectos al otro (magia por analogía), y que si dos objetos han estado en contacto la causa aplicada a uno producirá un efecto al otro (magia por contacto), y lo cree porque no ha encontrado pruebas de que esas creencias sean falsas. Sin una manera de descubrir cuales procedimientos son efectivos y cuales no, el conocimiento no puede avanzar y se repiten los mismos ritos, por inservibles que sean.

Además la magia parece tener efecto en la mayoría de los casos, ya que se la usa para obtener aquello que puede ocurrir por sí mismo –un enfermo muchas veces mejora si descansa lo bastante, tarde o temprano llueve, las primavera vuelve todos los años, las plantas brotan, los frutos maduran, y el sol sale todos los días. Exactamente como sucedería aún sin ritos mágicos.

La falta de un límite de tiempo ayuda a la confusión. Si se lleva a cabo un rito para atraer la lluvia y esta no cae, el rito se repite al día siguiente, y el siguiente, hasta que por fin llueve. Esta lluvia se atribuye entonces al rito que se ha llevado a cabo hasta entonces.

En las palabras de Frazer: “Lógicamente es un truismo, casi una tautología, decir que la magia es falsa y estéril; porque si alguna vez se hiciese verdadera y fructífera, ya no seria magia sino ciencia” (14).

La magia descansa en el axioma de la propia omnipotencia. Un practicante de ella cree que sin él y sus ritos el sol no saldría a la mañana, el invierno duraría eternamente, la plantas no brotarían, y así muchos más sucesos ajenos a su voluntad. Todo es posible, si se usan los ritos apropiados. Esta creencia, enternecedora en su ingenuidad, trae resultados siniestros. Cómo en su cosmovisión no cabe la idea de que haya algo imposible, cuando los ritos aparentemente fallan, el practicante de la magia reacciona como Don Quijote, quien cada vez que se topaba con la realidad echaba la culpa al mago Frestón, y busca al enemigo oculto cuyos ritos adversos le hicieron fracasar. Frazer relata que en ciertos pueblos, si a un cazador se le escapa la presa, éste imagina que la culpa es de un adulterio de su mujer, y cuando vuelve le da una paliza o la mata (15). Los chivos emisarios son la consecuencia lógica de no comprender que no todo es posible de conseguir.

Otra consecuencia lógica es la creencia en la efectividad del sacrificio humano. Se llega a él de esta manera: La creencia en la propia omnipotencia lleva a creer que la primavera puede no volver o la vegetación no reverdecerá a menos que se celebren los ritos adecuados para ello. Estos ritos se llevarán a cabo mediante magia por analogía –ya que es un poco difícil hacer magia por contacto con entes abstractos como es la primavera– y la analogía que se usa es esta: la vegetación muere en el otoño y renace en la primavera. Hay que imitar ese proceso de muerte y resurrección para alentar a la naturaleza en ese ciclo. Esta imitación se consigue con una personificación de la vegetación. Un representante humano se ocupa de encarnar el espíritu de la vegetación y se le rinden honores divinos. En otoño, con la cosecha, se imita la muerte de la vegetación matando al representante y arrojando sus despojos sobre los campos para fertilizarlo, de la misma manera que la paja y otros restos no comestibles de las plantas se incorporan al suelo. En la primavera, para imitar la resurrección, se elige otro representante, y su presencia indica que el espíritu de la vegetación ha retornado. Así con ese rito simbólico (nada simbólico para el sacrificado) se aseguran las buenas cosechas. Con el tiempo ese rito se suavizó, para sacrificar a un sustituto (un animal, un pan o torta cocinados con una receta específica, o un muñeco) –pero aún así se mantuvo la lógica de que la sangre humana es buena moneda de cambio para conseguir lo que se desea.

Lo interesante es como esta creencia en la eficacia del sacrifico humano interactúa con la organización política. Si el practicante de la magia se cree omnipotente, también cree que el rey o jefe de la tribu es mas omnipotente todavía. Este jefe tiene toda clase de poderes mágicos (de los cuales quedó el resabio de la creencia en el toque de los reyes que podía curar la escrófula, “el mal del rey”). Si no tuviese esos poderes, no sería jefe. Del jefe depende, al fin y al cabo, que la caza sea exitosas y la cosecha abundante –él puede hacer llover y salir el sol. El practicante de la magia creerá en ello férreamente– mientras la caza y la cosecha sean abundantes. Pero llega un día en que hay malas cosechas, cacerías sin resultados, o lluvias tardías. Llega un día en que parece que los poderes han abandonado al jefe. O el jefe ha envejecido y no proyecta la imagen vigorosa que da confianza a sus seguidores. Un jefe débil es siempre una tentación para cualquier guerrero ambicioso, quien tarde o temprano lo depone y mata, para hacerse jefe. Este proceso habitual de sucesión política encaja demasiado bien con la creencia de la muerte y resurrección de la vegetación y la lógica del sacrificio humano. El viejo jefe muere, como las plantas después de dar fruto, y aparece un nuevo jefe, joven y vigoroso, como aparecen los nuevos brotes en la primavera. Así el jefe de la tribu se convierte en la encarnación del espíritu de la vegetación, adorado cuando hay abundancia, y sacrificado cuando llega la escasez.

Así, después de descartar teorías novelescas sobre conspiraciones siniestras o supervivencias de ritos milenarios, encontramos que en la Revolución Francesa se han dado aquellos elementos que caracterizan una política dominada por el pensamiento mágico: creencia en la propia omnipotencia, atribución de poderes y virtudes sobrehumanas a meros dirigentes políticos, búsqueda de chivos expiatorios para explicar los fracasos, y la aseveración de que el verter sangre humana trae buenos resultados para todos. Esto, y una afición a ritos teatrales a quienes atribuían virtudes más allá del simple adoctrinamiento y diversión.

Los revolucionarios eran hombres que en su mayoría no tenían experiencia alguna de gobierno –sólo de debates en clubes (16). Esa ignorancia no les impedía –más bien los alentaba a ello– hacer planes grandiosos para regenerar la humanidad (nada menos...). Dados los elementos básicos de ignorancia supina y creencia en su propia omnipotencia, es lógico que desembocasen en los mismos hábitos mentales y errores de los pueblos primitivos (aunque los pueblos primitivos son más modestos en su pretensiones –sólo quieren buenas cosechas). Los revolucionarios esperaban todo de sus dirigentes, y cuando éstos mostraron su imperfección los destruyeron con ensañamiento. El fracaso de sus empeños no los llevó a meditar sobre la dificultad intrínseca de sus proyectos, sino a imaginar enemigos que empleaban toda clase de malas artes. Esta tendencia a culpar a otros de sus errores, y la creencia de que verter sangre produce buenos resultados, llevó a matanzas masivas, como contrapunto al estado de guerra permanente y la catástrofe económica.

Con semejantes antecedentes, no es de extrañar que los resultados de la Revolución hayan sido desastrosos (17). Lo que es de extrañar es la supervivencia del mito de Revolución Francesa en la civilización occidental. El conocimiento de sus resultados no impide que sea el referente obligado de la democracia parlamentaria en Europa, y que se crea que oponerse a ella es lo mismo que estar a favor de la tiranía y el absolutismo más atroz (18). Personas de gran discernimiento mantienen ese mito, aún conociendo el verdadero balance. Por medio de ciertos malabarismos mentales consiguen creer al mismo tiempo que la Revolución produjo daños innumerables, y que trajo grandes beneficios a la humanidad. Malabarismos que serían divertidos si no fuese por sus consecuencias.

Un malabarismo de una imbecilidad sublime. La demostrada por el historiador francés Aulard cuando fue informado de los pormenores del terror bolchevique sobre la población rusa. Su comentario fue que eso mostraba que la revolución iba por el buen camino(19). Este malabarismo mantiene que la única manera correcta de hacer política es la usada en la Revolución y que se debe copiarla lo más posible. Es como si en un curso de capacitación técnica el filme educacional usado para ilustrar técnicas fuese reemplazado por un cortometraje de los Tres Chiflados, y los ingenuos alumnos saliesen convencidos que deben imitar los comportamientos de Curly, Larry y Moe para tener éxito en su futura vida profesional.

La vida política ha estado plagada desde entonces de ingenuos alumnos de este tipo. Hombres y mujeres que creen a pie juntillas que la mejor manera de construir es destruirlo todo y empezar de cero –ya que es muy fácil hacerlo. Que hay una serie de recetas teóricas que producirán la felicidad general cuando se apliquen, y que aquellos que se opongan al empeño son malvados y deben ser destruidos. También creen, por supuesto, que las causas más diversas se benefician cuando se vierte sangre humana por ellas. Es así que en medios intelectuales ha habido debates interminables sobre el tema de cuándo se está justificado en matar por un bien a obtener, sin que las discusiones provoquen la pregunta porqué se cree que el derramar sangre es un método efectivo para conseguir lo que se quiere (20). Con toda su cultura y sofisticación, sus mentes siguen atrapadas en la cosmovisión de tribus primitivas.

El segundo malabarismo es aparentemente más inocuo. Se reconocen los grandes daños causados por la Revolución, pero se atribuyen sólo a la fase posterior de ella, cuando los jacobinos toman el poder. Antes de esta fase hubo otra Revolución, llevada a cabo por revolucionarios moderados, y esta sí trajo beneficios sin fin. Por desgracia esta fase terminó con el triunfo de los pérfidos y sanguinarios jacobinos (21). Una teoría seductora, cierto, aunque falsa.

En esa teoría los jacobinos aparecen sospechosamente en el papel de chivos expiatorios –sin explicar cómo una revolución tan benéfica pudo haber caído en manos de semejante gente. El hecho es que las medidas más catastróficas –la expoliación de los bienes de la Iglesia y el experimento económico del “asignado”– se tomaron en los primeros días de la Asamblea General, cuando Robespierre era sólo un diputado oscuro a quien casi nadie prestaba atención. Los revolucionarios originales –“moderados” se los llama ahora– tampoco le hicieron asco a la violencia para conseguir sus fines políticos. Véase a Barnave comentar sobre el asesinato del Gobernador de la Bastilla, cuando la turba paseaba su cabeza en la punta de una pica,  “¿es que su sangre era inocente, acaso?”(22). Cuando los jacobinos llegan al poder, el daño está hecho (23): invasión extranjera, rebeliones, guerra civil en la Vendée, persecución religiosa, y colapso económico. Los jacobinos, que no eran más competentes que los revolucionarios anteriores, van a golpes y porrazos. Aún así, la diferencia entre ellos es de grado, no de sustancia.

Eso sí, la llegada de los jacobinos al poder significó el fin del liberalismo económico que se practicaba en la fase “moderada” de la Revolución (24). Los proponentes de este liberalismo confunden éste con el liberalismo político, un error que se puede demostrar fácilmente. Las medidas de liberalización de esta primera etapa se llevaron a cabo de forma autoritaria y prepotente. El despojo de los bienes de la Iglesia fue un acto tiránico, y sus consecuencias, mediante el “asignado”, serían catastróficas. La famosa ley Le Chapelier negaba el derecho de asociación –según Furet (25), los proponentes se oponían a cualquier organización que se interpusiese entre el individuo y el Estado. El individuo debería enfrentarse al Estado desnudo, sin protección alguna. La liberalización del comercio y la economía se llevó a cabo prepotentemente, aboliendo de un plumazo legislación local, y usos y costumbres inmemoriales –usos y costumbres que el rey tradicionalmente respetaba– que se comprometía por su juramento a respetar. También se abolieron gremios y corporaciones, asociaciones libres, formadas por la voluntad de los participantes. La liberalización económica fue un acto de prepotencia, centralismo político y fe en la ingeniería social –predicada por la Ilustración (26).

Es inquietante que muchos de quienes practican este malabarismo no tengan apego a Burke –que llegan a incluirlo entre los enemigos de la libertad por su ataque a la Revolución (27)–. Esto puede ser sólo ignorancia de lo que realmente escribió Burke, pero puede mostrar un apego a ejecutar teorías económicas de manera prepotente, porque, según razonan, si se trae la libertad económica, aún tiránicamente, el resultado será, infaliblemente, la libertad en todos los rubros.  

Esto fue precisamente lo que denunció Burke. Él atacó el pensamiento mágico de quienes creían que podían arreglar el mundo con veinte decretos o menos, sin pensar que podría ser algo difícil.

En tonos desgarradores, habló del triste sino de quienes caían en las manos de aquellos cuyas únicas calificaciones para gobernar eran un corazón endurecido y una confianza ilimitada en sus propias capacidades (28).

Rechazar a Burke sin meditar en sus palabras es mostrar apego al pensamiento mágico. Cuando los proponentes del liberalismo económico a ultranza no meditan sobre Burke, y sueñan con abolir instituciones, usos, y costumbres sin preguntarse cuáles serían los efectos de hacerlo, muestran que su mente no se ha liberado de la superstición. Si difieren de los proponentes del primer malabarismo, es que prefieren un diferente rito: sacrificarán cabras en vez de ovejas, al crepúsculo en vez de al alba, y girando en el sentido de las agujas del reloj en vez del sentido contrario. Y cómo éste es el rito correcto, todo va a funcionar...

Es cierto que la Revolución Francesa fue un hito importantísimo en la evolución de la civilización occidental. Pero su efecto ha sido negativo. Las conquistas liberales que se le atribuyen, y los avances que se consiguieron gracias a ella pesan mucho menos en la balanza que los negativos. Creó escuela de una política supersticiosa, y de gusto por la sangre humana (29). Propagó la falacia de que no hay nada imposible, que hay una receta mágica que lo soluciona todo, y que si hay contratiempos es por la acción de enemigos que hay que destruir sin contemplaciones. Que el jefe lo sabe todo, y lo puede todo, y debe ser adorado como un dios.

Desde 1789 el mundo ha sido convulso por aquellos que se creen eso a pies juntillas, y aplican la receta, con los resultados de esperar. Resultados que no cambiarán hasta que se abandone de una vez el pensamiento mágico y se lamente la Revolucion Francesa como el desastre y pésimo ejemplo que fue.

Notas

1) Katherine Kurtz, Lammas Night, 1983, Ballantine Books. Una buena demostración, que más allá de que si es cierta o no, la tesis de Murray es muy útil para novelistas.

 2) Margaret Alice Murray, The Witch Cult in Western Europe, 1971 (orig. 1921), Oxford at the Clarendon Press, Oxford. A diferencia de El Código de da Vinci, por un tiempo esta obra gozó de buen prestigio académico, y la Dra. Murray llegó a escribir un artículo sobre el tema para la Enciclopedia Británica.

3) Oliver Bernier, Words of Fire, Deeds of Blood: the Mob, the Monarchy, and the French Revolution, 1989, Little Brown and Company, Boston, pp. 72-73, donde cita los testimonios de Mme. Campan, y Mme. De Tourzel.  Este libro detalla la incompetencia política de los protagonistas, tanto de la monarquía como de los revolucionarios. Tal vez la versión definitiva de la Revolución Fracesa debió ser escrita por Laurence J. Peter, el inventor del “principio”.

4) Sir James George Frazer, The Golden Bough: A study in magic and religion, 1951, edicion resumida, The Macmillan company, New York, Ch. XXVIII, pp. 344-376. En este libro, referencia obligada para quienes estudian estos temas, se encuentran descripciones detalladas de este tipo de rito.

5) Frazer, ob. cit., capitulo VI, pp. 96-105.

6) María Santillana Acosta, La revolución antifrancesa de Brumario de 214, El Catoblepas, 45, http://www.nodulo.org/ec/2005/n045p10.htm

7) John Laurence Carr, Robespierre, the force of circumstances, 1972, St Martin’s Press, New York, p. 110. Este autor dedica todo un capítulo a elucidar si Robespierre podría ser masón y hasta qué punto la liturgia masónica se encuentra en la liturgia revolucionaria.

8) Pierre Chaunu, Le Grand declassement: A propos d’une commemoration, 1989, Editions Robert Lafont, Paris, pág. 18. Chaunu usa datos demográficos para ilustrar su tesis de que la Revolución en vez de celebrarse debería lamentarse como una catástrofe.

9) James H. Billington, Fire in the Minds of Men: Origins of the Revolutionary faith, 1980, Basic Books Inc. Publishers, New York, pág. 46. Ésta es una obra de referencia obligada para las figuras y credos revolucionarios a partir del final del siglo dieciocho.

10) Frazer, ob. cit. Ch. IX and X pp. 126-156.

11) Maximilien de Robespierre, Oeuvres Completes, Discours, Vol IX, 1958, Ed: Boiloseau, Lefebvre and Soboul, París, págs. 123-24 y 130. Citado en Carr, ob. cit.

12) Thomas Carlyle, The French Revolution, a history, 2002, the Modern Library, New York, p. 743. Un viejo clásico, lleno de pasión.

13) Umberto Eco, Foucault’s pendulum, 1989. Helen and Kurt Wolff book, Harcourth, Brace, Jovanovich Pub., San Diego, New York, pág. 360-365. Esta novela es un buen antídoto para libros como el Código de da Vinci.

14) Frazer, ob. cit., pág. 57.

15) Frazer, ob. cit., pág. 26.

16) He aquí una buena descripción de la mentalidad de los revolucionarios, y la medida de su ignorancia, hecha por un historiador que los ve con simpatía.

“Los intelectuales no sólo no estaban a gusto en el mundo en que vivían; muchos de ellos estaban ligados emocionalmente a un mundo imaginario. Miraban a América, y veían trece pequeñas repúblicas de modales sencillos y virtudes ejemplares. Recordaban su historia antigua, o mejor dicho, los episodios edificantes que creían que era la historia, y veían todavía más repúblicas idealizadas, los ciudadanos cultivados de Atenas, los patriotas severos de Esparta, los héroes incorruptibles de la antigua Roma. No pensaban realmente duplicar esas sociedades en Francia. Ni siquiera tenían mucha fe en la practicabilidad de una república. Pero su concepto de manejar el Estado se basaba en sus sueños. El estadista ideal no era un táctico, ni alguien que supiese cuándo transigir, no era un organizador hábil que pudiese mantener conformes varias facciones y grupos de presión. No, el estadista ideal era un hombre de altos principios, que sabía que tenía razón, una torre de integridad en un mundo de calumnias y malentendidos, un hombre que no tendría trato alguno con los partidarios del error, y que, como Bruto, estaría dispuesto a sacrificar sus propios hijos para que triunfase un principio”. 

Robert R. Palmer, Twelve who ruled; the year of the Terror in the French Revolution, 1969, Atheneum, New York, pág. 19.

17) “En diez años, la Revolución había engañado todos los cálculos y decepcionado todas las esperanzas. Se esperaba un gobierno regular y estable, buenas finanzas, leyes sabias, paz con el extranjero y la tranquilidad interna. Se había conseguido la anarquía, la guerra, el comunismo, el Terror, el fracaso, la hambruna, y dos o tres bancarrotas...”

Pierre Gaxotte, La Revolutión Française, Nouvelle edition by Jean Toulard, 1988, Editions Complexe, Historiques, pág. 422-423.

Se podría descontar la descripcion de Gaxotte debido a sus tendencias políticas, pero el cuadro que el pinta es similar al de Robert R. Palmer, cuyas simpatías están con los revolucionarios.

“Anarquia interior, invasión del extranjero. Un país rompiéndose por la presión, desintegrándose. Revolución en su punto más alto. Guerra. Inflación. Hambre. Miedo. Odio. Sabotaje. Esperanzas desmedidas, Idealismo desmesurado...”

Palmer, ob. cit. Pág. 5.

Véase al respecto el trabajo de Chaunu, con sus cifras.

18) Stanley Payne comenta, para afirmar que no es cierto, la creencia generalizada de que el fascismo se opone a los valores de la Ilustración y la Revolución Francesa (Stanley G. Payne, Fascism, comparison and definition, 1980, University of Wisconsin Press, Madison, WI).

19) Jean-François Revel, The Flight from truth: the reign of Deceit in the Age of Information, 1991, Random House, New York, pág. 216.

20) Vale la pena, en ese sentido, ver la película Bullets over broadway (1994), de Woody Allen. Los amigos intelectuales del protagonista dedican bastante tiempo a filosofar sobre si es permisible matar a alguien por “el bien del arte”. Estas discusiones quedan para ellos en nivel teórico, hasta que un gangster que había descubierto sus dotes de escritor, mata a una actriz, amante del jefe de los gangsters, porque al actuar mal, arruinaba la obra de teatro rescrita por él.

21) Un buen ejemplo de este malabarismo se encuentra el artículo de Fernando Díaz Villanueva, para la Revista de Libertad Digital, llamado “Revolución Francesa: detrás del mito” (http://revista.libertaddigital.com/articulo.php/1276229458).

22) Gaxotte, ob cit, pág. 116. Burke incorpora esas palabras en su diatriba contra la Revolución.

23) “Por mucho tiempo existió la tendencia, especialmente en el mundo anglo-parlante, de pensar que los cambios significativos y perdurables que trajo la Revolución Francesa se llevaron a cabo entre 1789 y 1791, y que en los años posteriores, 1793 y 1794, los revolucionarios fueron ‘demasiado lejos’, cayendo en espasmos salvajes de radicalismo deplorable. Sin embargo fueron los ‘moderados’ de 1789 los que destruyeron las instituciones de las que vivía Francia, y los ‘fanáticos’ del Terror, especialmente el Comité de Salvación Pública, quienes triunfaron sobre el caos que siguió a esto, creando lo que Bonaparte llamó el único gobierno serio de los años revolucionarios”.

Palmer, ob. cit., pág. 386.

24) “La democracia, en escueto, en la temprana fecha de 1794, se disoció de la teoría del liberalismo puro y el ‘laissez faire’”.

Palmer, ob. cit., pág. 311.

25) “El odio a la sociedad aristocrática había llevado a los hombres de la Revolución Francesa a eliminar asociaciones, en nombre de un individualismo radical...   pero con la prohibición que impusieron más allá de la cuestión del privilegio sobre todas las asociaciones entre individuos privados, ellos excluyeron de la formación de la soberanía, aquellos intereses en que los individuos asociados pudiesen tener en común en la sociedad civil y quisiesen que se garantizasen o defendiesen en el Estado. Si, en orden a tener una existencia legítima, la esfera pública debería sufrir semejante negación radical de los intereses en juego en la sociedad, eso no haría el problema de su constitución y su autoridad más manejable, precisamente:¿ como se resolvería la divergencia entre el individuo social y el ciudadano?”.

François Furet, Revolutionary France: 1770-1880, 1992, Blackwell Editions, Oxford, UK & Cambridge USA, pág. 72-73.

26) “Nunca ha habido una época con más fe en el planeamiento social” comenta R. R. Palmer (ob. cit., pag. 18). Es bueno recordar que la forma de gobierno favorita de la Ilustración era el despotismo ilustrado, o sea un gobierno que impusiese las reformas que ellos predicaban sin permitir oposición. De allí sus simpatías con Federico II, y con Catalina II, y su desprecio por Luis XV por no actuar despóticamente.

27) Revel, ob. cit., pág. 209. Burke allí está junto a Joseph de Maistre y Charles Maurras como “contrarrevolutionary doctrinal”.

28) He aquí las palabras de Burke: “Si la circunspección y la caución son una porción de la sabiduría cuando trabajamos sobre mera materia inanimada, cuanto más se debe usar, cuando la materia de nuestra demolición y construcción no son ladrillos y madera, sino seres inteligentes, ya que, al cambiar su estado, condición y hábitos, multitudes de seres humanos pueden volverse desgraciados. Pero parece que la opinión de París es que un corazón duro y una confianza en sí mismo sin límites son los únicos prerrequisitos de un legislador perfecto”. 

Edmund Burke Reflections on the Revolution in France/ Thomas Paine The Rigths of Man Doubleday Anchor Press, 1973, pág. 184.

29) “La Revolución trajo a luz otro mundo, el mundo en el que hoy vivimos, con sus muchos elementos positivos - igualdad ante la ley, libertad de imprenta, de asamblea (cuando no lo negaba, véase comentario de Furet N.T.), de religión y con muchos elementos negativos la dictadura del Estado en caso de crisis con su suspensión de todas las libertades, la idea de que hay gente que merece morir por ser quienes son, no por haber hecho algo....” Bernier, op.cit. pág. 424.

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Nacionalismos

27 de Junio de 2006 - 08:46:13 - Pío Moa

La crisis española actual puede presentarse como una pugna entre nacionalismos: el nacionalismo español y los nacionalismos periféricos. Siendo el nacionalismo un mal, según diversas doctrinas, la salida resultaría siempre insatisfactoria.

Aunque las naciones, propiamente hablando, se formen en Europa y como resultado de la caída del imperio romano, y vayan adquiriendo forma precisa en la edad moderna, podemos definir el nacionalismo en dos sentidos. En primer lugar como el sentimiento natural de patria, de identificación con un grupo social amplio y su territorio --sentimiento que puede ser incluso más fuerte que el de identificación con la propia familia, el grupo más elemental—. Y en segundo lugar como el concepto de que la soberanía reside en la nación (el "pueblo"), y no en el rey u otra autoridad no elegida directamente por la nación, idea mucho más moderna, con poco más de dos siglos de existencia.

No es difícil ver por qué la unión de ese sentimiento y ese concepto ha permitido extender el nacionalismo por todo el mundo en el último siglo, a grupos humanos que nunca habían sido naciones, excepto en el sentido primitivo usado por los romanos.

Sin embargo no todos los nacionalismos son lo mismo, como no son lo mismo todos los estados (excepto para los anarquistas) o todas las formas de hacer negocio. Para empezar, hay naciones con profundas raíces históricas y culturales, y las hay que son más bien invención de oligarquías locales ambiciosas de poder; y hay nacionalismos ligados a la democracia y los hay ligados a la tiranía.

En los últimos treinta años hemos tenido en España una experiencia impagable de unos y de otros.

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Reto y respuesta

26 de Junio de 2006 - 12:19:29 - Pío Moa

Las civilizaciones, observó Toynbee, fructifican o perecen según respondan a los retos que les presenta la historia. Aserto aplicable a cualquier sociedad y al propio individuo en sus planes vitales. Puede sonar a perogrullada, pero no tanto si tenemos en cuenta que una sociedad, como un individuo, puede no percibir el reto con claridad, y por tanto ser incapaz de responder a él; e, incluso siendo consciente del mismo, puede carecer del talento, del valor o de la fuerza material para afrontarlo. Las crisis históricas conducen así a la quiebra o al rejuvenecimiento de una sociedad, según ésta sepa reaccionar.

En los años 30, la sociedad española hubo de afrontar el reto de la revolución (el totalitarismo de izquierda), complicado secundariamente con las amenazas separatistas. Hoy, el reto se presenta como fundamentalmente separatista, complicado secundariamente con tendencias totalitarias. En cierto modo viene a ser el episodio final de la gran crisis moral y política abierta con el “desastre” del 98, y todavía no resuelta por completo.

La crisis puede plantearse así: ¿saldrá adelante y se fortalecerá la España democrática, o, por el contrario, nos hallamos ante el finis Hispaniae a manos de sus enemigos separatistas, terroristas y demagogos?

Ante la traición de unos partidos a la democracia española, y la abrumadora ineptitud de otros para defenderla, son los ciudadanos conscientes quienes han de dar la respuesta, organizándose al efecto. De hecho, el fenómeno ya está ocurriendo, pero ha de alcanzar mayor impulso. De todos nosotros depende.

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Modelos humanos

25 de Junio de 2006 - 07:49:45 - Pío Moa

José Antonio propugnaba el ideal heroico de las órdenes militares: “mitad monje, mitad soldado”. Ideal inviable, pero no sin sentido en una época de profunda crisis de civilización, en particular de la democracia liberal, que a diestra y siniestra daban casi todos por periclitada. El error: considerar el liberalismo como un elemento accesorio y prescindible en la historia de Occidente.

El modelo socialista podría describirse como “mitad burócrata, mitad policía”. Burocracia y policía son necesarias, pero la doctrina los elevaba a modelos dominantes: el empresario innovador, creador de riqueza, quedaba rebajado a explotador, asimilado al delincuente, y debía ser sustituido por el burócrata distribuidor de la riqueza… una riqueza que él no crea. Y solo una policía omnipresente podría convencer a la población de las bondades de tal sistema, una vez pasada la euforia de la primera redistribución.

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Lo increíble

24 de Junio de 2006 - 10:03:32 - Pío Moa

¿Entre unos locuelos corrompidos y unos profesionales del tiro en la nuca van a acabar con España y con la Constitución? ¿Será posible? 

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Nunca entro en bares o locales con nombres en inglés. Nunca compro artículos que se anuncian en inglés. Nunca compro ropas o artículos con grafismos en inglés. Creo que va siendo hora de protestar y boicotear esas cosas.

No se debe a que deteste la cultura anglosajona, admiro muchos aspectos de ella. Se debe a que esa cultura sabe defenderse muy bien, y no precisa mi ayuda. En cambio la cultura hispana se defiende muy mal, y no deberíamos ahorrar esfuerzos por cambiar tal situación. Sufrimos una auténtica colonización cultural, cuyos principales agentes son españoles. Incluidos los más gritones antiuseños.

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Nacionalismos: circunstancias y líderes

23 de Junio de 2006 - 11:46:20 - Pío Moa

Me perdonarán, espero, que reproduzca un viejo artículo mío:

Los nacionalismos vasco y catalán fueron incubándose bajo la Restauración, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando todavía nacionalismo y liberalismo parecían marchar unidos, salvo en Alemania. Sin embargo, en España tardaron mucho los regionalismos románticos en convertirse en nacionalismos, no ocurriendo ello hasta la última década del siglo, tardíamente con respecto a otros nacionalismos europeos, y con un tinte antiliberal.

Tanto en la población vasca como en la catalana había tenido mucha aceptación el carlismo. Sin embargo fueron sus regiones las más beneficiadas por el triunfo liberal, pues en ellas –en Barcelona y Bilbao– surgieron las minorías emprendedoras que mejor aprovecharon la estabilidad y el mercado nacional abierto por la Restauración. Por tanto cabía esperar que sus burguesías y la gente común hubieran reforzado sus sentimientos unitarios, y simpatizado con el liberalismo. En parte así ocurrió, desde luego, pero la prosperidad incluyó un fenómeno más alarmante: atrajo a Bilbao y a Barcelona a decenas de miles de trabajadores de otras regiones, mano de obra en su mayoría analfabeta, poco religiosa, a menudo desarraigada, explotada y proclive a actitudes revolucionarias. Ello despertaba en las crecientes clases medias autóctonas una sensación de peligro y desorden, mezclada, a menudo, con la añoranza por un idealizado ayer de tranquilidad y armonía.

El descontento con algunos efectos del liberalismo anclaba también en la tradición carlista, una de cuyas reivindicaciones había sido los fueros regionales o provinciales, leyes particulares de origen medieval que, entre otras cosas, fragmentaban el mercado único. Los fueros de Cataluña habían sido abolidos en 1716, tras la guerra de Sucesión, por haber apoyado la mayoría de los catalanes a la dinastía austriaca, en lugar de a la triunfante borbónica; y los vascos en 1876, después de la última guerra carlista.

Por otra parte el dinamismo de Bilbao y Barcelona provocaba roces con una administración madrileña plagada de viejas rutinas semirrurales y oligárquicas, deploradas por las pujantes capas industriales y comerciales. Se extendió la idea en medios populares y menos populares de que “catalanes y vascos” eran los únicos que trabajaban, viviendo las demás  a su costa. Por supuesto, la situación podía presentarse también al revés: Cataluña y Vasconia no sólo se beneficiaban del mercado nacional (más el colonial), sino que prácticamente lo tenían cautivo merced a unos aranceles muy altos, impuestos por Madrid para proteger, precisamente, sus industrias, las industrias españolas, en definitiva. Y quienes trabajaban allí eran, en gran parte, gentes de otras regiones.

Los nacionalismos iban a crecer, pues, en ese ambiente, explotando el orgullo por la prosperidad económica, el descontento con la pesada administración central, la inseguridad introducida por la inmigración, el miedo a los brotes revolucionarios, la aversión tradicional al liberalismo, y la nostalgia por un pasado ideal concretado en los fueros, en cuya abolición veían o querían ver el fin de la “libertad” catalana y vasca.

Sentimientos un tanto contradictorios, porque el progreso material se asentaba, precisamente, en la mano de obra barata llegada del resto del país y en la eliminación de los fueros, que, al ampliar los mercados, había dado alas a la industria textil catalana y la metalúrgica vizcaína. Volver a los fueros habría traído la ruina económica, por lo que su invocación funcionaba más bien como una querencia sentimental del pasado, justificadora del disgusto con las dificultades del presente. Y los defectos de la administración central podían verse como productos irremediables de una institución a destruir, o como males transitorios, superables mediante reformas.

Peculiaridad importante de estos nacionalismos fue la impronta clerical en su gestación. El nacionalismo catalán tuvo una raíz fundamental en medios de la Iglesia, aunque al principio no pasara en ellos de regionalismo. En Vascongadas se trató más bien de un acogimiento eclesiástico de las doctrinas, de matiz teocrático, elaboradas por Sabino Arana. En ambas regiones diversos seminarios, monasterios y parroquias llegaron a convertirse en focos de separatismo. Y mucho más tarde, por los años 60 del siglo XX, bajo el régimen de Franco, el clero iba a desempeñar de nuevo un papel crucial en el resurgimiento de los nacionalismos, aunque en un contexto muy diferente y por causas también diferentes.

Choca a primera vista el nacionalismo clerical, pues España había desempeñado durante siglos el papel de adalid del catolicismo en Europa y en medio mundo. ¿Cómo, de pronto, unos católicos fervientes desvalorizaban esa tradición y pugnaban por romper la vieja unidad hispana? Una explicación reside en las quiebras sociales y políticas del siglo XIX, y en el triunfo final del liberalismo. Esta ideología había llegado con la invasión napoleónica, inspirándose en la revolución francesa y con un componente antirreligioso y violento muy pronunciado, alzando contra ella un frontal rechazo en los ambientes más católicos, que por reacción se anclaron en una ortodoxia anquilosada. Al triunfar el liberalismo, diversos clérigos pensaron salvar lo salvable en sus propias regiones, donde tan fuerte había sido la influencia carlista. No insinúo una continuidad entre carlismo y nacionalismo. Por el contrario, el carlismo había defendido firmemente la unidad española, aun si la concebía al modo descentralizado del antiguo régimen; por lo tanto el nacionalismo suponía una ruptura con él. La relación es más bien indirecta y producto del ambiente. Las repetidas derrotas carlistas dejaban a finales del siglo poca esperanza de volver al antiguo régimen, y el nacionalismo clerical, considerando a Cataluña y Vasconia regiones privilegiadamente católicas, quería salvarlas de la general degradación. Hasta cierto punto los nacionalismos vasco y catalán nacieron como reacción regional contra el liberalismo triunfante en el conjunto del país.

Esta explicación resulta, no obstante, insuficiente, por cuanto la Restauración había creado un sistema moderado, ajeno a las antiguas exaltaciones, pronunciamientos militares y ataques a la religión, haciendo posible una convivencia espinosa, pero aceptable, entre la Iglesia y el estado. Pero fue precisamente entonces cuando tomaron cuerpo los movimientos anarquistas y marxistas, confirmando en apariencia la vieja crítica al liberalismo como puerta abierta a esas ideologías, que irrumpían prometiendo textualmente la sangrienta abolición de la religión, la propiedad privada y la familia.

El paso del regionalismo al nacionalismo entrañaba otro cambio radical. Como en todos los países, había existido siempre una rivalidad entre las regiones. El “contrario”, en Cataluña y, en menor medida en el País Vasco, había sido Castilla. Sin embargo la decadencia castellana en el siglo XIX era manifiesta, y su hegemonía en la política y la cultura se había desvanecido de mucho tiempo atrás. Los nacionalistas vascos y catalanes mostraban animadversión hacia Castilla, cuya historia y hegemonía pasadas zaherían y menospreciaban, pero considerarla una “nación opresora” sonaba por lo menos exagerado. Aunque la unidad española bajo los Reyes Católicos había mantenido una considerable diferenciación entre los reinos, especialmente el de Castilla y el del Aragón, esa diferencia se había ido diluyendo desde el siglo XVIII, como también la antigua preeminencia demográfica y económica castellana. Aun así, los nacionalismos vasco y catalán exacerbaron las quejas y diferencias, y dieron el paso de la tensión con Castilla a la oposición a España.

De todas formas, durante el último decenio del siglo XIX, ambos nacionalismos atraían a muy poca gente. Quedaban en cosa de algunos intelectuales y clérigos y, sobre todo en Cataluña, se confundía con el mero regionalismo cultural. Pero a finales de esa década, en 1898, ocurrió uno de los sucesos psicológica y políticamente más determinantes de la historia contemporánea española: la derrota frente a Usa, y la pérdida de las últimas colonias. Como se ha resaltado a menudo, el “desastre” no lo fue en el terreno económico –resultó incluso beneficioso desde ese punto de vista– pero sí en el orden moral: quebró la confianza y la seguridad de España en mayor grado todavía que las de Francia por su derrota frente a Alemania en 1870. Inundó el país una marea de autodesprecio y fueron puestas en cuestión la historia y la cultura españolas, y el valor mismo de su unidad. Ese momento psicológico marca el auge y consolidación de los nacionalismos catalán y vasco.

Siendo así, cabe preguntarse por qué cobró impulso el nacionalismo en esas dos regiones, y no en otras tan diferenciadas como Valencia, Baleares, Navarra, Galicia o Andalucía. Algunos encuentran la causa en la industrialización, la “burguesía”. Quizá, pero ambos nacionalismos tuvieron mucho de reacción a la industrialización, o más bien a uno de sus efectos principales: la llegada de una masa de inmigrantes. Y ambos enraizaron más bien en capas medias y campesinas que en el medio empresarial, sobre todo en el caso vasco. Además el progreso industrial fue previo al nacionalismo y no debió nada a éste, del cual sólo podía esperar peligros, al implicar una fuerte restricción del mercado para las empresas regionales.

A mi juicio, no basta con la existencia de condiciones generales u “objetivas” más o menos favorables para que una idea política cuaje. Hace falta un liderazgo lo bastante hábil y empeñado para explotar esas condiciones y superar los obstáculos. Y la presencia de líderes inspirados, enérgicos y tenaces no es algo previsible o automático en unas circunstancias económicas, sociales o culturales dadas. Es un producto azaroso de mil circunstancias, muchas de ellas estrictamente personales e impronosticables. Ese liderazgo no surgió en la mayoría de las regiones, pero sí en Vasconia con Sabino Arana, y en Cataluña con Prat de la Riba y Cambó. Los dos primeros elaboraron sendas teorizaciones sobre sus respectivas regiones, así como, más o menos explícitamente, sobre España. Y, no menos importante, combinaban con su dedicación teórica una completa devoción a la causa y la verdad que creyeron descubrir. El cambio real de regionalismo a nacionalismo se produce ya a finales del siglo XIX, y muy ligado a la obra de Arana y de Prat de la Riba, y por ello le daré en este ensayo mayor relieve que a disquisiciones eruditas sobre los antecedentes, inspiraciones o variantes de sus doctrinas.

No porque tales disquisiciones y estudios sean vanos, ni mucho menos. Al contrario, a menudo –aunque no siempre– clarifican las cosas, pero por no ser indispensables al objeto de este libro, me extenderé poco sobre ellas. Así, apenas trataré temas como la actual polémica dentro del nacionalismo catalán sobre la importancia relativa de Almirall y de Prat, o las implicaciones demo-orgánicas de las Bases de Manresa, o las raíces del mesianismo vasquista “limpiador de la tierra” desde Larramendi, estudiadas por M. Azurmendi, etc. Dicho en otros términos, parto del supuesto, a mi juicio evidente, de que fueron las ideas y fuertes personalidades de Arana y Prat, enfrentadas a un medio poco propicio, las fundadoras e impulsoras de ambos nacionalismos; y de que atendiendo a ellas podemos entender suficientemente –no exhaustivamente, claro, si eso fuera posible– los rasgos de cada uno y muchas claves de su desarrollo y repercusiones a lo largo del siglo XX.

Los dos personajes fueron prácticamente coetáneos, con diferencia de cinco años. Los dos murieron prematuramente, Arana con 38 años, en 1903, y Prat con 46, en 1917. Había entre ellos otras muchas semejanzas. Si, desde el punto de vista intelectual, nadie podría considerarlos brillantes, suplían esa deficiencia con el instinto, por así llamarlo, de los fundadores; con la convicción sin fisuras en sus ideas, cuya verdad redentora para sus pueblos tenían por irrefutable; y con una tenacidad extraordinaria, nacida de esa convicción. Ambos poseían dotes de organización y propaganda muy notables, y, considerando la unidad española perjudicial para vascos y catalanes, retrotraían a tiempos pasados, a veces un tanto brumosos, el ideal de plenitud nacional, para cuya recuperación habría sonado la hora. Eran, además, muy católicos.

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Miseria del separatismo

22 de Junio de 2006 - 12:37:04 - Pío Moa

La miseria de los nacionalismos periféricos consiste en que no son vasquistas, o catalanistas, o galleguistas, o andalucistas, etc., sino antiespañoles. El antiespañolismo es su seña de identidad esencial, la inspiración de sus lucubraciones y obsesiones. Todo su programa puede concentrarse en un solo punto: convencer a sus paisanos, contra sus sentimientos reales y contra la evidencia histórica, de que ellos no son españoles ni lo han sido nunca.

El balance de esos nacionalismos no puede ser más desdichado: parasitando las libertades, contribuyeron a hundirlas por dos veces, en 1923 y en 1934-36. Bajo las dictaduras mostraron su total impotencia o, cuando hicieron algo, fue en forma de asesinatos por la espalda. Parasitando de nuevo las libertades en la democracia actual, han reducido las libertades a casi nada en las Vascongadas, y las están mutilando cada vez más en Cataluña. Siempre en connivencia con cierta izquierda. Siempre en connivencia con el terrorismo.

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Memoria histórica

21 de Junio de 2006 - 12:38:26 - Pío Moa

Presentación del estremecedor libro de Félix Schlayer  Matanzas en el Madrid “republicano”, en el CEU. Homenaje a las embajadas que tantas vidas salvaron. Gran afluencia de público (hubo que cambiar el acto, sobre la marcha, al Aula Magna), muy poca prensa, sólo un representante de las embajadas, de la turca. Las embajadas saben que recordar aquella inmensa labor humanitaria no hace gracia a Zapo, el nietecito.

Memoria histórica: ya el término es un fraude, como ha explicado Gustavo Bueno. Un fraude compuesto de otros muchos:

– La Transición se basó en el olvido o silenciamiento de la guerra. Falso. Nunca se ha escrito más sobre ella que en estos años. Se basó en el acuerdo de no usar el pasado para envenenar el presente. Acuerdo nunca cumplido por la izquierda y los secesionistas.

Durante 40 años se ha exaltado a las víctimas de un bando. Ahora corresponde a los de otro, para hacer justicia. Sandez. Durante cinco siglos han llevado la voz cantante los cristianos, ¿ahora corresponde a los musulmanes, para “hacer justicia”? Además: el libro de Schlayer nunca se tradujo hasta ahora; la Causa General no volvió a editarse desde los años 40. Son las izquierdas y los secesionistas quienes empapan aquellos hechos de visceralidad y emotividad emponzoñada.

Las víctimas del franquismo defendían la democracia. Sí. La democracia de Stalin y otras por el estilo.

El franquismo causó miles de víctimas entre las izquierdas. Cierto, también al revés. Y también las izquierdas se asesinaron entre sí con entusiasmo. Siempre se olvida.

El franquismo causó miles de víctimas después de la guerra. Pero en una alta proporción eran chequistas y otros asesinos sádicos. Otros eran inocentes. Para estos señores son todos lo mismo, “víctimas”.

El franquismo se cebó en sus enemigos. Se cebó sobre todo en los chequistas que habían sido abandonados completamente por sus jefes. Sus jefes. Que sólo se preocuparon de ponerse a salvo con inmensos tesoros expoliados.

La guerra acabó con la democracia. Al revés: la destrucción de la democracia ocasionó la guerra y la dictadura posterior. Y fue el Frente Popular quien la destruyó, quien destruyó la ley.

Los españoles somos muy cainitas. Como cualquier otro pueblo cuando la ley cae por tierra. La ley nos permite convivir en paz y en libertad, y su arrasamiento trae las atrocidades. Una lección mal aprendida, según vemos.

Las embajadas salvaron miles de vidas. Recuerdo ingrato. Schlayer salvó cientos de vidas, arriesgando la suya. Otro recuerdo ingrato. Los políticos de Torrelodones, donde vivió Schlayer, se han opuesto a dedicar una calle o un modesto monumento a aquel campeón humanitario. Lo normal.

Ah, la memoria. La memoria “histórica”.

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Una cuestión de fuerza

20 de Junio de 2006 - 10:56:55 - Pío Moa

Dice Piqué que los resultados del referéndum no se deslegitiman “desde el punto de vista jurídico (a espera de lo que diga el tribunal constitucional), pero sí político”.

Es más bien al revés. El Estatuto es anticonstitucional y el referéndum ilegal. Por lo tanto carecen de legitimidad. Son actos despóticos, golpistas, aunque los disfracen con algún ropaje seudolegal. Y el tribunal constitucional está manipulado por los enterradores de Montesquieu. Al ocultar estas evidencias, Piqué colabora con el golpismo y con la quiebra de su propio partido –de momento en Cataluña–, programada por los nacionalistas.

Un acto golpista es un acto de fuerza, y su efectividad se mide por ella. Dado desde el poder, y con apoyo casi unánime de los medios de masas, su fuerza es evidente. No obstante precisa también un remedo de legitimidad, una fuerza moral, porque la fuerza desnuda no se admite hoy en ninguna sociedad civilizada. Ese remedo vendría del apoyo popular. Y eso es lo que no ha logrado la Infame Alianza, pese a haber puesto en juego tales recursos e intimidación. La mayoría de los catalanes se ha desentendido del fraude. Ahí está el talón de Aquiles de los liquidadores de la ley. Su apoyo popular es escaso, su fuerza mucho menor de la aparente, y la resistencia a ellos crece.

La gran mayoría de los españoles quiere una España unida y democrática. Un fuerte partido constitucionalista volcado en explicar la situación al pueblo habría acorralado a los golpistas hace tiempo. En cambio los actuales líderes del PP han preferido entrar en el juego, eso sí, haciendo mohínes y gestecillos de protesta. Con ello engañan y defraudan a una gran masa de su electorado, y someten a su propio partido a unas tensiones que difícilmente podrá soportar.

Todo dependerá ahora de la capacidad de los demócratas, en Cataluña y el resto de España, para articular un movimiento en defensa de la Constitución. Esa es la tarea del momento.

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Una excelente noticia y dos ventosidades

19 de Junio de 2006 - 07:46:31 - Pío Moa

Observaciones:

1.-  ¿Recuerdan aquello de que los promotores del estatuto secesionista representaban “al 90% de los catalanes”? Como tantas otras veces, el pueblo español  ha mostrado mucha más sensatez que su clase política, impolítica, hablando con propiedad.

2.- Controladas las mesas del referéndum catalán por los secesionistas, partidos tan corruptos como el PSOE, debe darse por descontado un porcentaje de fraude, por lo que las cifras de votos han de ser todavía inferiores, al menos en los síes.

3.- ¡El PP al lado de ERC, y no por casualidad! Siendo inconstitucional el estatuto e ilegal el referéndum, tanto las llamadas al SÍ como al NO eran a su vez inconstitucionales e ilegales. Si los jefes del PP tuvieran una mínima coherencia, habrían llamado a la abstención y explicado masivamente por qué. Habrían logrado así una gran victoria política. Como la habrían obtenido con un NO a la Constitución europea, por poner otra ocasión clamorosa. Su cobardía, su indecencia ante su electorado, cuya voz usurpan y tergiversan, les lleva a la ignominia. Ni siquiera pueden atribuirse la mayoría de los noes.

4.- Creo que tanto Piqué como Rajoy debieran dimitir y abrir paso a políticos más resueltos, claros y respetuosos con la Constitución y con sus electores. Pienso en políticos como Mayor Oreja o Vidal Quadras. Sería una demostración de honradez. De Maragall y compañía no cabe siquiera imaginar tal paso.

5.- Los resultados deben abrir camino a una rápida y eficaz resistencia frente a una Generalitat contraria a las libertades, antiespañola, por ello anticatalana. Adelante.

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Leído en LD: “los populares se enteran por la prensa de los planes del gobierno. El PP insta a Zapatero a rectificar su hoja de ruta con ETA o que "no cuente absolutamente para nada" con Rajoy”.

Es difícil expresar mayor abyección en tan pocas palabras. ¿Quién no cuenta con quién? ¿No había roto ya Rajoy con un gobierno compinchado con los terroristas? El otro día me preguntaba si detrás de aquel ruido de la ruptura habría algunas nueces. Ni una. Ha sido sólo un ruido de viento, una ventosidad seguida de otra peor.   

¿Con tales líderes se  defiende la unidad de España y la democracia? ¿No sabrán las bases del PP presionar a favor de una regeneración del partido, como intentan, con mucho más en su contra, las valerosas militantes vascas del PSOE?

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El modelo anglosajón

18 de Junio de 2006 - 09:45:29 - Pío Moa

El enorme éxito del mundo anglosajón. De él, en especial de Usa –desde luego–, pero también de Gran Bretaña, Australia o Canadá, procede hoy, con gran diferencia, lo que llamamos cultura occidental. Y también su voluntad de resistencia, traicionada de forma vergonzosa por una Europa continental resentida e inepta, intelectualmente mellada desde la II Guerra Mundial. Por supuesto, también sale de allí mucha basura, es inevitable, pero el balance no ofrece dudas: la ciencia, el pensamiento, el arte o las manifestaciones de cultura popular, o vienen directamente de Anglosajonia o están muy influidas y condicionadas por sus tendencias. El inglés se ha convertido en un verdadero idioma mundial.

Podemos compararlo con el mundo hispánico, un ámbito muy extenso y el segundo idioma de occidente. Sin embargo su productividad cultural es muy baja, su capacidad para cooperar a un fin común más baja todavía, y su habilidad política para asentar una convivencia social fructífera, casi nula. Con la Transición, España pareció invertir esa tendencia, en un proceso juzgado modélico en todo el mundo, que influyó en otros muchos procesos parecidos. Además España es uno de los pocos países europeos que debe su democracia y su prosperidad a sí mismo, no a la intervención armada y la ayuda económica de las potencias anglosajonas. Pero ahora, treinta años después de aquella proeza, todo lo conseguido está siendo arrasado por la alianza entre un gobierno traidor a España y a la democracia, una banda de asesinos profesionales y unos corrompidos políticos secesionistas. Esta es la realidad, y si no somos capaces de verla de frente, jamás sabremos corregirla.

También los países “latinoamericanos” sufren una y otra vez la misma calamidad: lo que construye una generación, la siguiente lo echa abajo. Parece cosa del destino. Pero seguramente no lo es. Quizá debiéramos aprender del modelo anglosajón: pocos principios, pero firmes; en particular el de la libertad, barrera contra las plagas utópicas que han convulsionado a la Europa continental o al mundo hispánico. Y una prudente habilidad para apoyarse en la propia experiencia, y sobre ella corregir errores sin grandes sobresaltos. De estas cualidades, junto a un básico respeto a la obra de sus antecesores, ha nacido esa capacidad para acumular y diversificar, en contraste con nuestro vicio de despreciar lo mejor de nuestra historia y seguir a cualquier demagogo barato que promete la redención de todos los males.

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Un referéndum ilegal para un estatuto inconstitucional

17 de Junio de 2006 - 09:01:00 - Pío Moa

Un grupo de parlamentarios corruptos, alegando que “representa” al 90% del electorado catalán, y con la cobertura explícita del rojo Zapo, elaboró un estatuto dirigido contra la línea de flotación de la Constitución. Su concepto de la democracia es el de Hitler o el Frente Popular: “con los votos en la mano puedo echar abajo la ley democrática”. En realidad sólo se colocan fuera de la ley. Ellos y su estatuto.

Esta vulneración sustancial tenía que ser seguida por otra de forma: el referéndum consiguiente vulnera las normas legales, como ha expuesto el catedrático de derecho constitucional Carlos Ruiz Miguel, en un texto cuyo título he tomado prestado.

Si un golpe de estado consiste en la asunción, por algún órgano del mismo, de facultades que no le corresponden, y su imposición al conjunto de la nación, entonces estamos ante un golpe de estado en toda regla. Si tales cosas se aceptan, queda abierto el campo a la arbitrariedad del poder, al despotismo. Hay sociedades que lo han aceptado. La nuestra no debe hacerlo, si desea realmente la paz y la libertad.

Por desgracia, los partidos opuestos han caído en la trampa: piden el NO, y con ello entran en el juego. Tendrían que haber pedido la abstención, y lanzar una magna campaña explicativa, dentro y fuera de Cataluña, de las razones que vuelven el estatuto ilegal, golpista y antidemocrático. Han perdido, ¡otra vez!, una gran ocasión de parar el golpe y de hacer, al mismo tiempo, pedagogía democrática, cada día más necesaria ante la perversión de los conceptos hoy en boga.

Dos observaciones más: el estatuto anticatalán, por antiespañol, ha servido, además, de prenda y garantía ante la ETA. Era el plan alternativo al de Ibarreche-Ternera. Apenas aprobado por un parlamento envilecido, los asesinos se dignaron declarar una “tregua”, y sus colaboradores de la Moncloa lanzaron al vuelo todas sus campanas mediáticas para aturdir al pueblo español e impedirle percibir la evidencia. Nos traen la paz de los corruptos y los asesinos, la destrucción de la ley por la alianza entre ellos.

Y de nada valdrá recurrir a un Tribunal Constitucional presidido por una señora que comparte las tesis del PNV, un partido que nunca aceptó la Constitución. A ese extremo de degradación hemos llegado.

No lo aceptamos de ningún modo. La ciudadanía tiene que rechazar la gigantesca estafa. La Infame Alianza parece muy fuerte y se jacta triunfalmente del éxito de sus maniobras ante una oposición de guardería infantil, minada además por sus agentes. Pero es un gigante con pies de barro. La historia lo ha demostrado ya muchas veces.

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Procesos de guerra civil

16 de Junio de 2006 - 07:44:04 - Pío Moa

Puesto que la ley asegura la convivencia en paz, un proceso de destrucción de la ley es un proceso de guerra civil. Lo cual no significa necesariamente que termine en guerra. Puede ocurrir que una de las facciones en pugna por o contra la ley, sea desbaratada o reducida a la impotencia antes de que pueda rebelarse. O que carezca de redaños para defender su postura. Y no toda paz es aceptable. También hay leyes despóticas, cuya destrucción resulta necesaria aun a costa de la violencia, baste pensar en la Constitución soviética.

Dos casos de libro. El Frente Popular demolió desde febrero de 1936 la Constitución republicana, emprendiendo un proceso revolucionario. Las izquierdas y los secesionistas estaban seguros de imponerse a una derecha asustada, o de aplastarla con facilidad si osaba rebelarse. Hitler, una vez logrado el poder legalmente, manipuló la legalidad para destruirla con rapidez, aplicando el poder del estado para desarticular cualquier conato de réplica. Logró la paz interna a costa de la libertad.

El proceso actual emprendido por socialistas, terroristas y separatistas en unión, no planea derogar una ley despótica, sino liquidar la Constitución más democrática y consensuada que haya tenido nunca el país. Liquidarla mediante el fraude y el hecho consumado. Por su propia naturaleza, esa alianza tiende a la guerra civil, convencida de que doblegará con facilidad cualquier resistencia, como lo creía su modelo, el Frente Popular de 1936. Cuenta con el poder del estado y con una potencia mediática que le permite mantener en la inopia a la mitad de la población mientras le habla de “paz”, al modo como Hitler empleaba sin cesar esa palabra.

Pero sus cálculos triunfalistas tienen pocas probabilidades de cumplirse. Incluso si lograran de momento su objetivo de disgregar la nación, anular su soberanía, silenciar a la oposición y dominar a los jueces, su triunfo acarreraía inevitablemente la descomposición social y política, y violencias crecientes.

La apuesta, hoy, consiste en frenar ese proceso demente, que recibe en todos los países del mundo el nombre de traición: a la patria y a la democracia. Todo ciudadano que realmente lo sea debe reaccionar. Estamos en la lucha por la opinión pública y contra sus poderosos medios de desinformación, y cada cual tiene en ella su tarea.

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Banderas “republicanas”

15 de Junio de 2006 - 08:49:05 - Pío Moa

En cada acto de los príncipes proliferan cada vez más las banderas “republicanas”. Algunas observaciones:

1.- Se trata de una campaña inspirada, desleal y anticonstitucionalmente, por el gobierno y sus terminales, acompañada de conferencias, manifiestos y promoción del “ideal republicano” y sus “valores”.

2.- Aun contando con el mediocre balance de la monarquía, las repúblicas en España han resultado mucho peores. La primera condujo a una rápida desmembración de la nación entre una oleada de demagogia chabacana; la segunda, a un proceso revolucionario acompañado de separatismos; la tercera está programada por la alianza de un gobierno anticonstitucional con los separatistas y los terroristas.

3.- No por azar las manifestaciones desestabilizadoras organizadas por el PSOE, cuando estaba en la oposición, se hacían bajo banderas “republicanas” y rojas, las banderas del revanchismo y del GULAG, las dos banderas de Zapo el Rojo.

4.- La bandera “republicana” concentra en sí misma los dos rasgos con que definió Marañón, tan amarga y justamente, a aquellos partidos: estupidez y canallería. La estupidez de un absurdo color morado, que pretende ser el del pendón de Castilla; la canallería de aspirar a borrar la historia real de España.

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Por qué perdieron la guerra

14 de Junio de 2006 - 12:38:03 - Pío Moa

Azaña: “Lo que me ha dado un hachazo terrible, en lo más profundo de mi intimidad, es, con motivo de la guerra, haber descubierto la falta de solidaridad nacional. A muy pocos nos importa la idea nacional, pero a qué pocos. Ni aun el peligro de la guerra ha servido de soldador. Al contrario: se ha aprovechado para que cada cual tire por su lado”.

Besteiro: “La verdad real: estamos derrotados por nuestras propias culpas. Estamos derrotados nacionalmente por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos. La política internacional rusa, en manos de Stalin y tal vez como reacción contra un estado de fracaso interior, se ha convertido en un crimen monstruoso que supera en mucho las más macabras concepciones de Dostoievski y de Tolstoi. La reacción contra ese error de la República de dejarse arrastrar a la línea bolchevique la representan genuinamente, sean los que quieran sus defectos, los nacionalistas que se han batido en la gran cruzada anticomintern”.

Marañón: “Tendremos que estar maldiciendo varios años la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado (a los nacionales)?”

El gobierno protegiendo a la ETA y hostigando a la AVT: vuelven la estupidez y la canallería. 

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Claves de dos nacionalismos sucios

13 de Junio de 2006 - 10:11:00 - Pío Moa

Prat de la Riba: “Son grandes, totales, irreductibles las diferencias que separan Castilla y Cataluña, Cataluña y Galicia, Andalucía y Vasconia. Las separa, por no buscar más, lo que más separa, lo que hace a los hombres extranjeros unos de otros, lo que según decía San Agustín en los tiempos de la gran unidad romana, nos hace preferir a la compañía de un extranjero la de nuestro perro, que al fin y al cabo, más o menos nos entiende: les separa la lengua”.

Sabino Arana: “Ni parece que haya maketos y bizcaitarras, sino que todos somos hermanos”; “El euskeriano y el maketo, ¿forman dos bandos contrarios? ¡Cá! Amigos son, se aman como hermanos, sin que haya quien pueda explicar esta unión de dos caracteres tan opuestos, de dos razas tan antagónicas”; “El bizkaíno tiene por suyas las glorias patrias de los españoles, por decadencia patria la de España, ríe y se regocija con el español, y con él se entristece, piensa y obra como el español. Lo estamos viendo todos los días”. Por lo tanto, “debemos desterrar de nuestra mente y nuestro pecho toda idea y todo afecto españolista”, sentir que “pesaría sobre nosotros como la mayor de las desdichas el que España prosperara y se engrandeciera”.

Tarea difícil, pero quizá no del  todo imposible… con la pasividad o la colaboración de Madrid. Y aún.  

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Posibilidades de regeneración

12 de Junio de 2006 - 11:10:40 - Pío Moa

¿Tiene posibilidad de regenerarse el PSOE? No muchas, aunque tampoco nulas. Tantos años de “honradez” hacen mella. El grupo vasco que, con grandes sacrificios, está tratando de salvar el honor del partido, puede tener éxito, si sabe trabajar con empeño y habilidad; o quedar en un gesto testimonial como el de Besteiro, admirable, pero inútil.

¿Tiene posibilidades el PP?  Mayores, seguramente, si es capaz de reaccionar a la altura de la crisis histórica que vivimos. Lo cual, de momento, no se percibe. Rajoy carece visiblemente de estrategia, siempre se queda a medias y sigue una línea en general claudicante, sin confianza en la ciudadanía ni capacidad para llegar a ella, con arranques momentáneos seguidos de mayores retrocesos.

El PP dispone, con todo, de líderes de otra madera, como Vidal Quadras o Mayor Oreja. Hace años Mayor Oreja ofreció la estrategia adecuada, que sus compañeros desatendieron: una ofensiva democrática para purificar al país de muchos “malos usos” basados en el incumplimiento de la ley, especialmente en Vascongadas y Cataluña.  Ahora habría que modificar algunos aspectos, pero la orientación general es evidente: o se reafirma la democracia y la unidad de España, o el país degenera en un amasijo de “naciones” y cacicatos, abierto a toda convulsión.

Lo que desea la inmensa mayoría de los españoles está claro. Faltan todavía los líderes y organizaciones capaces de explicarles la situación y contrarrestar el influjo de los medios de masas dominados por la Alianza de los Infames. Todavía no es tarde.

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La culpa no es de los useños

11 de Junio de 2006 - 07:41:21 - Pío Moa

La culpa, claro está, no es de los useños, que saben defender muy bien sus intereses, sino de los españoles, capaces de desdeñar nuestras raíces y nuestra gran cultura, de desarrollarlas.

"La tendencia disgregadora se completa con otra no menos, sino probablemente más poderosa, a desplazar la cultura española, no ya en el País Vasco o Cataluña, sino en todo el territorio: a disolverla y convertirla en un satélite de la cultura «global» anglosajona. A nuestro alrededor se multiplican sus manifestaciones, sin que aparentemente nadie les oponga reparos, no digamos resistencia. Muchos incluso lo apoyan como signo de modernidad y cosmopolitismo, en contraste con el espíritu de campanario achacado al PNV y a CiU. Así, el inglés se va imponiendo directamente como la lengua de la actividad académica, expulsando o debilitando a nuestro propio idioma. La misma palabra España es sustituida crecientemente por «Spain» en esos medios. Un ejemplo entre muchos: la página de internet dedicada al cine español se titula Cine Spain. En la universidad, diversas publicaciones científicas (pagadas con el dinero público español) tienen títulos como «Spanish Journal of Psychology». Etc. Esto es mucho más profundo y decisivo que la ocultación de España bajo el término «Estado español», caro a los nacionalistas. Junto con ello, empresas españolas prestan servicios con denominaciones en inglés («Open bank», «Repshop»…) e incluso lo hacen inventos y mercancías españolas. Se introducen, sobre todo en las zonas turísticas, topónimos ingleses en urbanizaciones. En la vía pública vemos con creciente frecuencia anuncios en inglés, algunos de ellos de empresas españolas. Desde la enseñanza primaria el inglés aparece por todas partes, en los juguetes, las ropas, los instrumentos de estudio, etc. Una campaña masiva y obsesiva intenta convencer a la gente, en especial a los jóvenes, de que su futuro profesional, o simplemente su futuro, en la propia España, está ligado de forma esencial a su capacidad para hablar inglés.

Ahora no se trata de un enriquecimiento de la cultura española, como ha habido otros a lo largo de la historia. Por el contrario se trata de una auténtica relegación de nuestra cultura, satelizada y fundamentalmente empobrecida, en progresión sumamente rápida."

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El verdugo y su ayudante

10 de Junio de 2006 - 08:27:33 - Pío Moa

La vicetiple critica a Rajoy por ir a una “manifestación  contra el terrorismo cuando no hay terrorismo”. La ETA está acercándose a sus objetivos y dictando las normas y condiciones de la “paz”,  y esta voceras dice que no hay terrorismo.

Miente doblemente, pues la manifestación no es contra el verdugo, sino contra "el ayudante del verdugo, más despreciable que aquel": contra un gobierno colaborador político de los terroristas. Y por la aclaración del 11-M, marca de origen de ese gobierno.

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"¿Quiénes son las víctimas delterrorismo?

La Asociación Víctimas  del Terrorismo se constituyó en 1981 para socorrer a los afectados más directos por esta barbarie, ante el abandono y marginación a que las relegaban tanto el Estado como muchos sectores de la sociedad española. Hoy suena increíble que una sociedad y un Estado que se proclaman democráticos hayan podido despreciar a lasvíctimas directas del terror totalitario, y otorgar simétricamente un plus de crédito y prestigio a bandas de asesinos cuyo propósito declarado, nada oculto, consiste en destruir la democracia y la unidad de España. Sin embargo así ha sido. Durante muchos años la Asociación de Víctimas ha sufrido un talante oficial de sospecha, mirada desde determinados poderes públicos con abierto desagrado, y hasta privada de ayudas concedidas en cambio a asociaciones pintorescas, por no decir más.

El trabajo tenaz de la Asociación ha logrado ir cambiando tal estado de cosas. Ha impulsado medidas políticas, sociales y judiciales que han permitido mejorar la situación de las víctimas inmediatas, y con ello la calidad democrática de nuestra sociedad. Denunciando los crímenes ha conseguido diluir la demagogia que presentaba y aún presenta a los terroristas como luchadores por algún fin noble, mostrando su verdadera naturaleza de barbarie fanática y delincuente. Ha contribuido a probar, al compás de una larga experiencia, que las llamadas "soluciones políticas" eran en realidad soluciones mafiosas que no hacían otra cosa que legalizar el crimen y premiar a los criminales, a costa del estado de derecho y de la libertad y seguridad de los ciudadanos. Cuantos amamos la libertad tenemos una deuda contraída con esta Asociación.

Pero en la actualidad asistimos a un grave retroceso hacia el ambiente turbio que hizo necesario crear la Asociación. Desde diversos poderes y medios de masas los terroristas vuelven a ser presentados como interesados en la paz y en una causa política digna de reconocimiento; mientras, paralelamente, menudean las maniobras para dividir a las víctimas o negarles la condición de tales, o para desacreditarlas identificándolas con la "extrema derecha", o para culparlas indirectamente de la pervivencia del terrorismo por exigir la más elemental justicia y defender las libertades.

Por esta razón, y por la deuda que todos tenemos contraída con ellos, todos debemos movilizarnos y manifestar nuestro firme apoyo a esta Asociación, a la democracia y al Estado de derecho, y nuestro enérgico rechazo a todas las maniobras de supuesta pacificación a costa de la libertad y de la unidad de España. Porque la víctima del terrorismo, en definitiva, es toda la sociedad... con la excepción de los recogenueces: los Zapatero, Ibarreche, Carod y sus partidos. Las cosas están llegando demasiado lejos, y sería un error mantener las supercherías. O entre todos detenemos esta deriva o todo lo adelantado desde la Transición se hundirá, por obra de demagogos irresponsables, volviendo al país a la inestabilidad, la involución democrática y propiciando con ello la violencia, so pretexto de conseguir lo que, con típica perversión del lenguaje, llaman "la paz".

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La oscura claridad

9 de Junio de 2006 - 09:23:16 - Pío Moa

Ruiz Gallardón, aunque mucho más inteligente que Bono, comparte con éste la capacidad farsante  para colaborar en las maniobras del PSOE contra la AVT y para exhibirse al mismo tiempo en una manifestación por las víctimas del terrorismo.

Su consejo a la dirección del PP pidiéndole “moderación”, “no mirar atrás” y  evitar el “revisionismo radical” (¿?)ataca de frontalmente a la AVT y le alinea, incluso en la corrupción del lenguaje, con el PSOE.  La alianza del gobierno con los asesinos y el proceso de liquidación de la Constitución y de la unidad de España, políticas “moderadas” do las haya, debe tener, según este político, una respuesta a su vez “moderada”. Colaboracionista, para emplear un lenguaje normal.

Nada de revisar el 11-M. Mirar hacia delante. Pero, ¿cómo mirar hacia delante sin aclarar este pasado tan reciente y oscuro, esa matanza que  ha determinado el presente y el futuro de España por una etapa? De un solo golpe, los autores intelectuales del crimen lograron cambiar radicalmente la política interior y exterior de una potencia occidental media como España, un caso con pocos precedentes. Lograron cambiar, a través de Zapo, el Pacto Antiterrorista en Pacto Proterrorista, y la alineación con las democracias en alineación con las dictaduras (“civilizaciones”).

Tal es la evidente y trascendental consecuencia del crimen. Pero están también sus orígenes, cada vez más claramente oscuros, digámoslo así. Como en el caso del GAL o de la marea de corrupción socialista de hace unos años, no ha sido la justicia, sino algunos periodistas demócratas, quienes han venido abriendo las pistas hacia la autoría del delito. Y, como entonces,  son el PSOE, PRISA y una parte del mismo aparato de la justicia quienes niegan las evidencias crecientes  de un oscuro montaje, tratan de desacreditar a los investigadores (¿recuerdan aquello del “sindicato del crimen”, que decían estos moderados?), e intentan dar por cerrado el asunto de cualquier modo.

¿A quién interesan los consejos de Gallardón?  De nuevo se ha acreditado el hombre como el  agente de PRISA en el PP. "Quiero decir que estaré el sábado (en la manifestación), que estaré con las víctimas”. La política como farsa. Estará en la manifestación, eso es todo.   

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¿La gota que colma el vaso?

8 de Junio de 2006 - 08:42:56 - Pío Moa

Buen resumen ( Lois):

“Precisamente por donde puede caerse todo ese montaje es por la decisión de la ETA de dejar claro quién es el que gana y quién dicta las condiciones, en lugar de disimular un poco, como le implora encarecidamente la banda de Zapo. Es curioso.

Fijaos que el plan estaba muy bien concertado: llevan cinco años de chanchullos con la ETA, al mismo tiempo que firmaban el Pacto Antiterrorista. Poco a poco van descubriendo sus cartas ("El iluminado de la Moncloa y otras plagas” sigue el proceso paso a paso). Llega el extrañísimo, cada vez más oscuro atentado del 11-M. Inmediatamente ponen en marcha el mecanismo de control del Tribunal Constitucional (esto es un paso absolutamente necesario) y va acelerándose el punto clave: unos estatutos secesionistas de hecho. 

El Plan Ibarreche-Ternera. La ETA lo apoya, claro, pero aparentemente es rechazado en las Cortes. En las conversaciones clandestinas se aplaca a los etarras: hay un "plan B", promovido por los Carod, amigo de la ETA, y Maragall, que va por el mismo rumbo. Un estatuto que va a romper la Constitución.

Mientras tanto, la ETA advierte constantemente a Zapo, poniendo bombas cuando le da la gana y donde le da la gana, causando grandes daños materiales y ayudando a que las Olimpíadas no vayan a Madrid. Cada bomba es una advertencia a Zapo: ¡Ojo, que en cualquier momento te hundimos, como no cumplas!

Finalmente el estatuto catalán, abiertamente anticonstitucional, es aprobado por unos parlamentos embellacados por políticos corruptos y trapaceros, y por un partido-GAL, un partido-Filesa que nunca se ha regenerado.

La ETA, satisfecha, declara la "tregua". Pero, ojo, no está satisfecha. Percibe claramente la debilidad de Zapo y la de Rajoy, y da más pasos al frente: negociación de tú a tú, y ya no a escondidas, entre los asesinos y los corruptos. Reconocimiento de Batasuna, que lo del PCPV no dejaba de ser un subterfugio. Poner sobre la mesa a Navarra, el reagrupamiento de los presos como paso previo a su puesta en libertad...

A lo mejor son estas propinillas y estas prisas de la ETA lo que resulta definitivamente intragable para el PP, y lo que hace despertar a una población anestesiada por la mafia de Polanco. Así están las cosas ahora mismo".

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Bastante ruido… ¿habrá nueces?

7 de Junio de 2006 - 09:44:37 - Pío Moa

"Hasta ahora, todos los gobiernos democráticos enfrentados a situaciones semejantes, le han explicado a ETA que debe abandonar las armas, que no recibirá ninguna contrapartida a cambio de dicho abandono, y que ninguna de sus reclamaciones políticas será atendida por ningún gobierno español”. No solo eso, señor Rajoy,   tampoco hubo nunca negociaciones con la ETA. Al menos, así se lo han explicado todos los gobiernos a los ciudadanos, mientras SÍ negociaban con los asesinos. ¿De qué negociarían?  No quiera tomarnos el pelo, señor Rajoy. Sólo Aznar cambió esa tónica, que tanto y tan bien ha alimentado a los terroristas. 

“Los españoles llevamos treinta y ocho años demostrando que no estamos dispuestos a conceder una sola de las exigencias de los asesinos”. Los españoles, tal vez, pero ¿y los políticos? El plan de nuevos estatutos, ¿no es una inmensa concesión a las exigencias de los asesinos? Sigue usted tomándonos el pelo, señor Rajoy.

En este contexto, señorías, el pasado 22 de marzo, ETA anunció un alto el fuego permanente. La respuesta del Partido Popular se podía dar por descontada: ofrecimos todo nuestro apoyo al gobierno para intentar confirmar esa buena noticia.” ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué había que confirmar, si  la ETA había declarado el alto el fuego (siempre el perverso lenguaje  de los terroristas y sus compinches. No son un ejército, sino una banda de asesinos)? Además, la razón del alto el fuego no fue otra que los nuevos estatutos prácticamente secesionistas. ¿Qué significó, entonces, el apoyo del PP al gobierno?

“El Partido Popular, desde el primer momento, ha prestado un apoyo leal al Gobierno en los términos que establece el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, es decir, un apoyo para lograr la disolución de la banda armada sin que mediara ninguna clase de contrapartida. En este sentido, el señor Rodríguez Zapatero manifestó públicamente su conformidad asegurando que no se pagaría ningún precio político por el cese de la violencia.” No se sabe quién ha sido más desvergonzado, si Zapatero engañando al PP o el PP haciendo como que no se enteraba.

“Hemos guardado un silencio prudente para dar la oportunidad al Gobierno de explorar lo único que importa. Yo, personalmente, he sufrido numerosas críticas por ello. Pese a todo, señorías, he mantenido mi apoyo porque pensaba que estaba sirviendo a un bien superior, que así entendía yo la posibilidad de que ETA dejara las armas”. ¿Es un “bien superior” el abandono de las armas (siempre la perversión del lenguaje) a cambio de los estatutos?  ¿Es prudencia hacer como que se cree en el inmenso chanchullo que todo el mundo veía, pero sobre el cual el PP no alertaba a la población ni planteaba alternativa?  Rajoy ha sufrido críticas por cooperar, de hecho,  al engaño, y ha sido la presión popular, en todo caso, lo que le ha hecho cambiar de postura. Y está por ver hasta qué punto.  

“¿A qué llamamos contrapartidas políticas? En estos tiempos que corren, conviene señorías que precisemos el alcance de todos los términos. Llamamos contrapartida a cualquier cosa que solicite ETA: desde la pasividad del fiscal hasta la independencia. Como regla, se puede señalar que toda exigencia de ETA-Batasuna es infundada y no debe ser atendida. La única mesa que ETA necesita es aquella en la que vaya a depositar sus armas.”   Nuevamente: ¿Y los estatutos? ¿No son contrapartidas políticas? ¿No los solicitó la ETA con el Plan Ibarreche-Ternera, y se le han concedido en el estatuto catalán y los que se anuncian? O  no se ha enterado el PP, como de tantas otras cosas?

“De manera concreta, en nuestra propuesta se rechazan dos cosas: la autodeterminación, (sigue con el falso  lenguaje: se trata de la secesión), sea como fuere que la disfracen, porque no tiene cabida en nuestro ordenamiento jurídico (pero un ordenamiento jurídico puede cambiarse),  y cualquier pretensión sobre Navarra. El futuro de los navarros no tiene nada que ver con la existencia o la desaparición de ETA”.    No se rechazan, pues, unos estatutos anticonstitucionales, que, al parecer, no tienen nada que ver con la ETA o con el alto el fuego  de los gudaris. Y el futuro, como el presente de los navarros, sí puede tener mucho que ver con la política de los gobiernos respecto de la ETA.

“No me gusta esa insidia de proceso de paz porque desfigura la realidad a favor de los terroristas y juega sucio con los deseos de los españoles.” ¡Menos mal, ya era hora! Pero se queda corto, como suele: no existe tal proceso de paz, sino de destrucción de la Constitución. Y no por parte de la ETA, sino del gobierno. Tampoco acaba de percatarse de ello Rajoy

“Todos deseamos vivir en paz, pero no a cualquier precio (…) Lo que los españoles no aceptan ni aceptarán, es que se premie a los verdugos, que se les dé la razón, que se les sacrifiquen las víctimas, que se les entregue la libertad de los habitantes del País Vasco, que se pongan a su servicio las instituciones de la democracia. ¡Eso, señorías, jamás!”  Ya vivimos en paz, señor Rajoy, sigue usted cayendo en las trampas de estos golfos.  Y volvemos a lo mismo: los estatutos anticonstitucionales y secesionistas ¿entran en lo aceptable?

Pese a todas las fechorías de los actuales mandamases, ha sido el PP quien se ha venido desgastando en estos dos años. Ahora,  ruptura de relaciones con el gobierno. Parece, por fin, algo serio, suena bien, pero ya veremos en qué se concreta. Si se concreta en algo. 

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Lo significativo en la agresión a Arcadi Espada no fue la actuación de los  comunistoides y proterroristas de ERC, sino la de la policía de la Generalitat, colaborando con ellos. Las conclusiones las puede extraer cualquiera.

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El ataque a Montesquieu

6 de Junio de 2006 - 08:18:56 - Pío Moa

María Emilia Casas, preguntada sobre el concepto de nación:

"Son denominaciones que, aparte de su carga emotiva, arrastran un debate científico y político muy arduo a través de los años sobre lo que es Estado y lo que es nación. Creo que la formulación que hace la Constitución en su artículo 2 [el derecho a la autonomía de las "nacionalidades y regiones"] se puede mantener o sustituir por algo similar, dicho de otra manera. El problema es que términos como 'nación' llevan demasiada carga emocional, sin atender al debate riguroso, del que se han ocupado con rigor los politólogos. Habría que descargar esos términos de su contenido emocional"

Esta señora, que pretende ignorar que nación, en términos prácticos, es la base de la soberanía, y trata de desviar la cuestión hacia el imperio de Bizancio, preside el Tribunal Constitucional.

Más datos de interés: doña Emilia votó en 1999 a favor del amparo a la Mesa Nacional (descárguenla de "contenido emocional") del grupo terrorista Herri Batasuna. Y en marzo de 2004 votó contra la impugnación del Plan Ibarreche, de inconstitucionalidad tan evidente como la del estatuto de los nacionalistas catalanes. Su marido, Jesús Leguina Villa, también ex magistrado del Constitucional, fue asesor del PNV y del PSOE.

Nombrada presidenta del Constitucional, en 2004, apenas llegado el PSOE al poder, por siete votos contra cinco, el secretario de estado de justicia, Luis López Guerra, declaró: "es una gran noticia y una suerte para todos". ¡Quiénes serán esos "todos"!

Como ven, las maniobras en curso contra la Constitución y la unidad de España no son improvisadas. ¿Entienden ustedes a los jefes sociatas cuando invitan a que el Tribunal Constitucional resuelva el problema?

Ningún Besteiro en el horizonte. Cierta resistencia, menos mal, en algunos (más bien algunas)socialistas vascos.

E indicios de claudicación en Rajoy

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En el blog de Arcadi Espada:

"Ayer, en la puerta de un edificio de Gerona, se apostó un grupo nacionalista, dispuesto a impedir el acceso a las personas que querían participar en un acto político. Cuando los hombres se atrevían a pasar los golpeaban. A las mujeres las pellizcaban, preferentemente en el culo".

Mi solidaridad con Arcadi y con todos los que hacen frente a la barbarie de la Alianza contra la Constitución.

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Los cálculos del loquillo

5 de Junio de 2006 - 09:31:23 - Pío Moa

Dicen algunos, haciéndose los asombrados, que cómo va el gobierno a querer disgregar España, si con ello su partido perdería el poder. En realidad el gobierno no "quiere" disgregar España, y menos aún perder el poder, tal como Hitler no "quería" llevar a Alemania a la ruina, ni Alcalá-Zamora deseaba la destrucción de la república cuando expulsó del gobierno, ilegítimamente, a la CEDA.

Por supuesto, quien está alucinado por la perversión del lenguaje y llama "proceso de paz" a la liquidación de la Constitución, o "alianza de civilizaciones" a sus contubernios con las dictaduras, tampoco llamará desmembramiento de España a la conversión de ésta en un amasijo de seudonaciones. La llamará "consolidación de la España real", o algo así. Pero su ilegal proyecto es, por principio, inestable y con una dinámica conflictiva, aparte de venir inspirado y condicionado por el terrorismo.

El cálculo del iluminado es muy simple: él espera que persista una unidad mínima, superficial, y mantenerse indefinidamente el poder mediante la alianza con los partidos separatistas frente a una derecha nacional condenada al ostracismo en varias de esas naciones, e impotente en el resto. Un proyecto que exige, además, el definitivo entierro de Montesquieu, de la independencia judicial, anunciado de larga data, cambiando la democracia a un régimen similar al del PRI mejicano, siempre tan admirado por nuestros republicanos.

Con la Declaración de Barcelona, de 1998, los partidos separatistas anunciaron su decisión de liquidar la ley e ir a una "segunda Transición" desmembradora de la nación española. Amenaza irrisoria por cuanto los dos grandes partidos nacionales parecían tener las ideas claras al respecto, según dio a entender el Pacto Antiterrorista y por las Libertades. Hoy sabemos que ya cuando proponía ese pacto, el PSOE lo estaba traicionando, entendiéndose con los asesinos. Y hoy estamos ante un Pacto Proterrorista y contra las Libertades, empeñado en cumplir la Declaración de Barcelona. Un episodio de traición claro, espeluznante y brutal, comparable a los tratos con Napoleón o a la entrega del Frente Popular a Stalin.

Inspiradores intelectuales del crimen: al parecer, un antiguo colaborador de Arias Navarro y un premio Sabino Arana procedente de la dictadura.

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Deseducación

4 de Junio de 2006 - 09:48:02 - Pío Moa

Educar, etimológicamente "conducir fuera" o "sacar fuera". La sabiduría del lenguaje combina en la palabra dos sentidos complementarios. La sociedad, el mundo exterior, es duro y complicado, y la educación conduce, enseña a adaptarse y desenvolverse en él… a costa de la propia personalidad, cuando la educación se vuelve rígida. Pero se trata al mismo tiempo de "sacar fuera" los dones y cualidades que los dioses han tenido a bien otorgar a cada uno. Dones tan misteriosamente variados y desiguales ¡Tan injustamente desiguales, llegamos a pensar con amargura! La personalidad se afirma en el despliegue de esos dones, no en el vacío, sino en una sociedad con bastantes e inevitables rasgos de jungla.

El catecismo nos enseñaba cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, propias del hombre realmente educado. Hoy, las tendencias deseducativas privilegian "lo díver", lo "lúdico", el capricho, la desestima del mérito y del esfuerzo. Nada de ello tiene ya importancia porque – lo previó Tocqueville y debemos volver una y otra vez sobre ello, para entender lo que pasa--, existe "un poder inmenso y tutelar", el estado, que "se encarga de que los ciudadanos sean felices y de velar por su suerte"; poder que "se asemejaría a la autoridad paterna si, como ella, tuviera por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, por el contrario, no persigue más objeto que fijarlos irrevocablemente en la infancia".

Tal es el lenguaje, con escasas excepciones, de los políticos, de los intelectuales, de la publicidad comercial…: la sociedad como un inmenso jardín de infancia tutelado por "los que saben". Lema esencial: "Tú te lo mereces". Desde un viaje a las playas de las Maldivas hasta el proceso de "paz".

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Una derecha marxista

3 de Junio de 2006 - 08:40:47 - Pío Moa

Oí decir a Iñaki Ezquerra que la derecha española es marxista, en el sentido más trivial de que sólo le importa la economía.  Tiene bastante razón. La vida y el pensamiento de gran parte de sus dirigentes parece girar en torno a su bolsillo, y no conciben algo diferente en los demás. Si la economía va bien, todo va bien, viene a ser el núcleo de su llamémosle pensamiento. Antaño se criticaba al marxismo porque su concepción “materialista” anulaba el espíritu. Nuestra ramplona derecha no lo anula, simplemente lo desprecia. De ahí la facilidad con que ha abandonado el terreno de la enseñanza, la cultura  y  la lucha por las ideas.

Otra manifestación de ese marxismo: el desprecio al pasado. “Del pasado hay que hacer añicos”, cantaba un verso de “La Internacional”.  Y ahí tenemos a Rajoy “mirando siempre al futuro”, disputando deslealmente su trabajo a las pitonisas.

Han recibido una dura lección, y no parecen haberla asimilado. ¿La FAES? Muy dudoso.

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Terrorismo y antifranquismo

1 de Junio de 2006 - 08:28:56 - Pío Moa

De vez en cuando es inevitable alguna explicación personal. Mucha gente afecta a un partido como el PSOE, de muy largo y abundante historial terrorista desde 1917 al menos, insiste en motejarme a mí de terrorista o, más benévolamente, de ex terrorista, afirmando incluso la imposibilidad de que un "ex" pueda llegar a "regenerarse". Naturalmente, no llaman ex terroristas a los dirigentes políticos de los GAL, que ahora nos gobiernan, ni dudan de la "regeneración" de varios antiguos etarras (Mario Onaindía, ejemplo típico, pero hay bastantes más: muchos de ellos se integraron en el PSOE).

Algunas personas, en esta bitácora y otras, han salido en mi defensa señalando tres diferencias entre el caso de los jefes del PSOE y el mío: a) En mi caso se trató de acciones antiguas, hace treinta y más años, y contra una dictadura; en el caso del PSOE se han producido mucho más recientemente, en plena democracia, desprestigiando al estado frente a la ETA. b) En mi caso me jugaba conscientemente la vida; los jefes del PSOE daban por supuesta su impunidad. c) En mi caso estoy radicalmente en contra del terrorismo y de ningún modo justifico mis acciones juveniles; los jefes del PSOE jamás se ha retractado, y han procurado venganzas mafiosas contra quienes, como Pedro J., sacaron a la luz sus delitos.

Ello es bastante justo, pero quisiera añadir un par de consideraciones.

No soy pacifista, y considero legítima la violencia frente a una tiranía intolerable. Desde ese punto de vista podría justificarme con facilidad, máxime cuando los durísimos antifranquistas de después de Franco nos pintan a éste como un dictador singularmente brutal y abyecto. Cebrián, Carrillo y muchísimos más han justificado así, expresamente, los crímenes de la ETA de entonces. El mismo Savater ha creído recordar que se trataba de un régimen asesino y que la ETA luchaba contra su represión.

La verdad me parece hoy muy otra. El franquismo fue una dictadura, pero estaba echando las bases reales de una convivencia democrática estable. Y nosotros no luchábamos contra la represión, sino que la exacerbábamos, de forma muy deliberada en el caso de la ETA, mediante la mecánica "acción-reacción-más acción": golpeando y ocultándonos a fin de atraer la represión sobre la gente común y provocar así su radicalización política. Y aunque hablábamos constantemente de democracia y libertades, nadie ha sido más enemigo de ellas que los comunistas, que entonces constituíamos o vertebrábamos toda la (reducida) oposición real.

No es fácil reconocer estas cosas, y menos para quienes obramos de aquel modo. Pero la convivencia democrática debe asentarse sobre la verdad. Los falsos mitos sólo pueden traer la discordia y la violencia, por muy queridos que resulten para quienes, sin haber luchado entonces, o habiendo colaborado incluso con la dictadura, se han vuelto a destiempo tan "antifranquistas".

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Falacias de la izquierda, silencios de la derecha

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