Maniobras convergentes:
El objetivo clave es destruir la Constitución, la soberanía nacional y las libertades cívicas. Por ello el gobierno que promueve tales maniobras se sitúa por completo fuera de la ley. Así debe ser entendido y declarado por los ciudadanos que amen una convivencia civilizada, en paz y en libertad.
Algunos se plantean antes de tiempo: "Y después de declarar tal cosa, ¿qué?". Después habrá que articular la protesta y una estrategia para volver al imperio de la ley, con la Constitución debidamente reformada y reforzada.
Pero antes, y sobre todo, es preciso establecer claramente el principio de que el gobierno actual es ilegítimo, anticonstitucional; que, con las diferencias de rigor, está haciendo lo mismo que Hitler: utilizar fraudulentamente un poder en principio legal, para abolir la ley mediante hechos consumados.
La clave está en dejar bien sentado este principio, pues él orientará la actividad posterior. Si no lo dejáramos bien sentado, sólo podríamos actuar como apéndices de los liberticidas, incapacitándonos de entrada para denunciar y para hacer frente a sus manejos.
Desde La Habana a Madrid reivindican las izquierdas "la República", como llaman no al proyecto de democracia liberal de entonces, sino al Frente Popular, autor, justamente, de la ruina de ese proyecto. Los comunistas de IU, secundados por las mafias anticonstitucionales que hoy degradan las Cortes, llaman a ese fraude "recuperación de la memoria histórica", y han impuesto que el año 2006 se dedique a tales menesteres.
Y, mira por dónde, nada mejor podía habérseles ocurrido, pues su mezcla de chifladura e ignorancia les lleva a caer en su propia trampa: si hay algo peligroso para ellos es el recuerdo de aquella época. Y, sobre todo, SI HAY ALGO CONVENIENTE PARA AFIANZAR LA DEMOCRACIA Y LA CONSTITUCIÓN, es el conocimiento de un pasado cuyos errores y horrores se empeñan en repetir las mafias políticas. Hagamos caso a Santayana. Sin embargo los del PP, con su habitual falta de flexibilidad y de capacidad política, se han opuesto. Siguen empeñados en "mirar al futuro", los muchachos (y muchachas).
"La izquierda tiene razón cuando llama al PP Partido de los Pijos. Son pijos, gentecilla sin carácter, que nunca han pasado apuros, que lo hacen bastante bien en economía, pero ignoran la historia y muchas otras cosas, y tiemblan cada vez que los llaman franquistas". Condenso muchas opiniones parecidas, bastante realistas, según comprobamos una y otra vez.
Bien, por si les sirve para no temblar tanto, enterarse un poco del pasado y dejar de jugar a las pitonisas, me permito ofrecerles algunos juicios sobre la república y los republicanos, que no vienen del franquismo, sino de quienes intentaron una democracia liberal. De los llamados "padres espirituales de la República", Ortega, Marañón y Pérez de Ayala.
Marañón: "Mi respeto y mi amor por la verdad me obligan a reconocer que la República española ha sido un fracaso trágico" (Compárese con el respeto y amor al embuste de los grupos anti Constitución). "Esa constante mentira comunista es lo más irritante de los rojos. Por no someterme a esa servidumbre estúpida de la credulidad, es por lo que estoy contento de mi actitud". "¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura y estupidez. Han hecho, hasta el final, una revolución en nombre de Caco y de caca". "Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?". "Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos y por haber creído en ellos".
Pérez de Ayala: "Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a sus pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco". "Lo que nunca pude concebir es que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza"
Ortega, personalizando en Einstein la mezcla de frivolidad y sectarismo de muchos intelectuales pro republicanos: "usufructúa una ignorancia radical sobre lo que ha pasado en España ahora, hace siglos y siempre. El espíritu que le lleva a esta insolente intervención es el mismo que desde hace mucho tiempo viene causando el desprestigio universal del hombre intelectual, el cual, a su vez, hace que hoy vaya el mundo a la deriva, falto de pouvoir spirituel".
Podrían citarse infinidad de opiniones y testimonios más, cuya amargura testimonia la inmensa tragedia y el carácter de quienes, pisoteando la legalidad –como ahora mismo-- empujaron a España al desastre. Aquellos que Alcalá Zamora situaba "en la zona mixta de la locura y la delincuencia". Aquellos que el propio Azaña, buen conocedor del paño y uno de ellos en el fondo, aunque con mayor altura intelectual, describe constantemente en sus diarios como "imbéciles", "loquinarios", "de poca chaveta": "Me entristezco casi hasta las lágrimas por mi país, por el corto entendimiento de sus directores y por la corrupción de los caracteres". "¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?". ¡Qué pintura tan actual!.
En el PP tiene que haber algo más que pijos. Tiene que haber gente con valor y conciencia clara de la magnitud del envite. Y con la inteligencia suficiente para volver contra ellos los manejos de estos arrogantes "loquinarios sin ninguna idea alta". En todo caso, la sociedad española no debe permitir, y espero que no permitirá, una repetición de la "república" invocada desde La Habana a Madrid.
La coincidencia del atentado del 11-M con el fin de la campaña electoral sugiere fuertemente la intención de provocar un vuelco en las votaciones. Si no, habríamos de pensar en una casualidad, cosa difícil de creer. Contra esta idea se alza una objeción de peso: ¿Cómo podían saber los autores que iba a provocar tal vuelco, y en tal dirección? ¿No debiera haber provocado, por el contrario, un reagrupamiento de la población en torno al gobierno y su candidato?
Hagamos memoria: en un primer momento “todo el mundo” pareció creer en la autoría de la ETA y en la victoria del gobierno. Pero casi de inmediato surgió la versión del terrorismo islámico. El gobierno no sólo insistió al principio en la autoría etarra, sino que, presa de pánico, acusó a quienes la negaran y dio a sus funcionarios la instrucción de mantener la tesis etarra contra viento y marea. ¿Por qué tal pánico? Porque si había sido la ETA, el electorado se agruparía, casi seguramente, en torno a Rajoy, mientras que en otro caso...
Los especialistas que mangonearon la necia campaña electoral de Rajoy (y ahí continúan; cualquier empresa de mediana solvencia habría prescindido de sus servicios), siguieron brillando en esos días de crisis. Simplemente, todo se les escapó de las manos. La autoría islámica enseguida se hizo muy clara (sospechosamente muy clara, por lo que vamos sabiendo), y los campeones de la corrupción y la mentira se permitieron acusar al PP, con increíble escándalo, de "mentiroso".
Tanto el terrorismo islámico como la ETA persiguen el mismo objetivo: destruir la unidad y la democracia españolas. A este respecto no hay diferencia básica entre ellos. La diferencia estaba en un PP que pagaba su cobardía ente la campaña izquierdo-separatista contra el derrocamiento del genocida Sadam Husein. Esa mezcla de cobardía y oportunismo barato a la que llaman "centrismo", no se sabe bien por qué. Tal flojera del PP, bien conocida, permitía a los asesinos calcular --aun si siempre con riesgo-- la dirección del vuelco. Considérese también la presteza y la habilidad realmente extraordinarias (¿y sospechosas?) con que el PSOE explotó la situación aquellos días.
Cuando la ley es pisoteada por algunos individuos u organizaciones, no se pone la ley fuera de lugar, se pone fuera de la ley a esos individuos y organizaciones. Hoy, grupos políticos convertidos en mafias intentan liquidar la Constitución, y muchos la dan por liquidada. El precio de aceptar tal vileza serán nuevas convulsiones y la pérdida de la libertad. “Por evitar la guerra habéis perdido el honor. Tendréis deshonor y guerra”. Proféticas palabras de Churchill.
Dicho de otro modo: la ley es lo que permite la convivencia civilizada, la convivencia en paz y en libertad. Si, por miseria moral, no la defendemos, incluso al riesgo del enfrentamiento, tendremos mucho más enfrentamiento, además de miseria moral. Si los ciudadanos renuncian a serlo, se convertirán en carne de cañón de los manejos mafiosos.
Dos de los tres valores más promovidos por el ilegal gobierno que padecemos, pero no queremos ni debemos sufrir, son la tolerancia y la solidaridad. Las predica como panaceas de aplicación general, cuando, en realidad, no es así. Si usted es solidario con Mohamed VI, contribuye en igual medida a la agresividad del déspota hacia los saharauis y los españoles de Ceuta y Melilla. Si usted es tolerante con el "matrimonio" de homosexuales, no lo es con la institución familiar. Si usted cultiva la tolerancia y la solidaridad con la tiranía castrista, está por ello mismo atacando a los demócratas cubanos. Si usted aplica esas virtudes a los separatistas, está atacando la unidad y la estabilidad de España. Si usted se solidariza con las dictaduras del Tercer Mundo, las ayuda a oprimir a sus pueblos. Etc. Y puede no haber mala intención de principio, pero es que no puede ocurrir de otra manera. Esa concepción abstracta de la solidaridad y la tolerancia encubre casi siempre alguna felonía contra la libertad y la justicia.
Así, el ilegal gobierno manifiesta una notable tolerancia y solidaridad con la ETA, al lado de la cual, afirma, va a traernos "la paz". Por la misma razón intenta dividir y desprestigiar a sus víctimas más inmediatas, valiéndose de fanáticos disfrazados, como Peces Barba, o sin disfraces, como Pilar Manjón. Y, con el mayor cinismo, acusan de intolerantes y fachas a quienes denuncian sus maniobras. Forma parte del juego. en realidad, todos somos solidarios, unos con la tiranía, otros con la democracia; y tolerantes, unos con el crimen, otros con la ley.
El marxismo ha sido sin duda la ideología más elaborada y sistemáticamente totalitaria de los siglos XIX y XX. Y ha sido también la ideología oficial del PSOE hasta bien entrada la Transición. Durante la mayor parte de su existencia el PSOE ha sido, pues, radicalmente antidemocrático, como prueba con plenitud su historia. Y también huero de pensamiento: su marxismo apenas rebasó nunca el nivel de la consigna y el panfleto. No por ello menos peligroso.
Fue muy propio de un partido intelectualmente vacuo el motivo para abandonar aquella ideología: con ella, le advirtieron, no podría gobernar en la Europa actual. Las discusiones sobre el cambio de ideas quedaron en parodia, incluyendo, típica hazaña de Guerra, encerrar en un ascensor a Tierno Galván para que no diese la var; o la calculada de dimisión del líder. Ni atisbo de debate serio, ni el menor examen de las consecuencias del marxismo en la política tradicional del partido, ni rastro de crítica del pasado. Al contrario, “Cien años de honradez”. Con el mismo fraude podrían haber elegido el lema “Cien años de apego a la libertad”. Tampoco la caída del muro de Berlín dio ocasión a una democratización real. ¿Cómo iban a hacerla aquellos charlatanes y demagogos?
Por supuesto, los viejos tópicos marxistas siguieron operando, ahora en forma de una falta radical de escrúpulos hacia la ley, en la pelea por el poder y en el uso de éste. La vieja aspiración a “emancipar a la clase obrera”, dio paso -- con mucha mayor sinceridad, eso sí -- a un “ansia infinita de poder y dinero público”, en medio de “un océano de embuste” sobre el pasado y sobre el presente.
El pasado no determina el presente, pero lo condiciona de forma indiscutible, y más aún cuando se lo mantiene deliberadamente ignorado o falseado. La frase más conocida de Santayana.
Dos años de ataque sistemático a la Constitución desde el gobierno. Ningún Besteiro a la vista. Por cierto, Besteiro se decía también marxista, pero su marxismo era muy raro: respetaba la ley.
Quien haya visto El doctor Zhivago recordará la escena en que Katia comenta la “instrucción cívica” recibida en la escuela. Típico de todos los sistemas totalitarios o en marcha hacia el totalitarismo: el adoctrinamiento de los niños con el fin de perpetuar la tiranía. Como intenta ahora el locuelo de la Moncloa y su tropa corrompida por la misma visión sobre la que alertaba el genio de Tocqueville.
En Rusia, la “instrucción cívica” llegó acompañada del amor libre, que fue derivando al puritanismo no por razones morales, sino por sus graves inconvenientes para la administración del estado. Hoy domina la trivialización de la sexualidad, cada vez más privada de la intimidad y el pudor, tachados de reaccionarios. En un artículo de hace cuatro años observé: “En mis tiempos, los curas imponían fastidiosas restricciones, mientras teníamos el ejemplo contrario en los barrios de prostitución, y esas tensiones nos procuraban lamentables problemas morales”. Pero ahora imponen su criterio las putas y los macarras –dicho en plan técnico, descriptivo--, así como los profesionales de la homosexualidad, que inundan con imágenes de burdel el espacio público (la televisión, la publicidad en la calle, en la prensa…). Sólo faltaba un paso: que esas concepciones prostibularias pasaran a convertirse en materia de enseñanza obligada en las escuelas. Y el paso se está dando.
Socialismo es corrupción, desgraciadamente, y en todos los órdenes. Podemos recordar el papel del PSOE, en la Transición, como auténtico relaciones públicas del narcotráfico entre la juventud. Y siempre sus fechorías pasando impunes bajo el marbete de “progresismo”. El PSOE nace de una doctrina totalitaria, el marxismo, nunca superada en ese partido: la destrucción de la familia, la moral cristiana y la propiedad privada como necesarios para la “emancipación humana”. Actualmente los socialistas no sólo han renunciado a destruir la propiedad, sino que se han aficionado a ella con fervor exaltado; pero en lo demás persisten con tenacidad fanática.
“Un poder inmenso y tutelar que se asemejaría a la autoridad paterna si, como ella, tuviera por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, por el contrario, no persigue otra cosa que fijarlos irrevocablemente en la infancia”. Y una reacción, hasta ahora, irrisoria comparada con la magnitud de la amenaza.
Y no sólo en cuestiones de dinero. La oleada de robos y abusos del erario que caracterizó su etapa anterior fue suficientemente grave, pero más todavía lo fue su ofensiva mediática, a través de Prisa, para intimidar al “sindicato del crimen”, como llamaban a los periodistas que denunciaban los hechos. Y peor todavía su intento de blindar la corrupción mediante normas protectoras como la Ley Anti Difamación. De haber prosperado el plan, la democracia española habría degenerado en una podrida seudodemocracia modelada sobre la mejicana del PRI.
Se trata de una corrupción radical, intelectual, que pretende hacer a los ciudadanos felices a costa de la fastidiosa libertad. Tocqueville la describió proféticamente: “Un poder inmenso y tutelar que se asemejaría a la autoridad paterna si, como ella, tuviera por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, por el contrario, no persigue otra cosa que fijarlos irrevocablemente en la infancia. Este poder quiere que los ciudadanos gocen, con tal de que no piensen sino en gozar; se esfuerza con gusto en hacerlos felices, pero en esa tarea quiere ser el único agente y juez exclusivo…” “Siempre he pensado que esta clase de servidumbre, reglamentada, benigna y apacible, podría combinarse mejor de lo que se piensa comúnmente con algunas formas exteriores de la libertad”. “Si semejante gobierno llegara a implantarse, no sólo oprimiría a los hombres, sino que a la larga los despojaría de los principales atributos de la humanidad”.
No entenderemos bien los desmanes de Zapo y su ilegal gobierno si no los referimos a las raíces profundas de su pensamiento: un despotismo manipulador, con pretensiones de ilustrado.
Democracia, es decir, imperio de la ley que garantiza las libertades políticas, la separación de poderes y elecciones libres. Nunca se dan plenamente las tres cosas, pero la medida en que se dan distingue la democracia del despotismo, y la tendencia.
Apenas aprobada la Constitución más democrática de nuestra historia, los secesionistas catalanes y vascos se apresuraron a socavarla, a destruir en sus regiones la reconciliación, base del proceso democratizador, y a acosar a los discrepantes. Siempre con la presión directa o indirecta del terrorismo, el asesinato como forma de hacer política. Los sucesivos gobiernos cerraron los ojos. La fuerza de los hechos, "pensaban", volvería pronto las aguas a su cauce.
Los hechos han sido los contrarios, y, finalmente, la democracia no se ha expandido a Cataluña y Vascongadas, sino que el despotismo se extiende desde ambas regiones al resto de España, gracias al gobierno ilegal del iluminado.
El factor clave en la corrosión de la ley no han sido los separatistas, demasiado débiles. Ha sido un partido "nacional", el de "los cien años de honradez", cuya verdadera historia sigue ignorada para la gran mayoría, incluidos sus militantes.
Federico Jiménez Losantos o César Vidal no podrían expresarse en las Vascongadas o en Cataluña. En Vascongadas soportarían el permanente acoso de las bandas de asesinos y sus cómplices, y en Cataluña chocarían con un muro de silencio. Estas evidencias suponen otra: no existe en esas regiones la democracia según se la entiende en una sociedad moderna. No toda España vive en libertad.
Es en Cataluña donde más éxito momentáneo han tenido los liberticidas: mediante una mezcla de corrupción, chantaje e invocación hipócrita de principios pisoteados en la práctica, los separatistas han privado de voz y representación a un alto porcentaje de los catalanes, y sometido al resto a un lavado de cerebro de cariz totalitario. Tal es el regalo envenenado de los Pujol y compañía a la sociedad catalana.
El gobierno en Madrid está copiando el modelo catalán. Su objetivo clave consiste en aplastar por todos los medios, por medios mafiosos, a la COPE, desde donde se defienden las libertades y se da voz a millones de españoles.
La multitud de oyentes de la COPE debe tomar conciencia del peligro, y reaccionar como ciudadanos activos, no como súbditos quejosos. A través de ellos la voz de la libertad debe alcanzar a toda la sociedad española, rompiendo el cerco tendido por la Alianza contra la Ley. De ese modo los valores de las libertades y la unidad de España subsistirán. No es hora de lamentaciones, sino de acción.
Del hecho de que la nación española sea anterior a la democracia deducen algunos el carácter accesorio de esta última: lo esencial y permanente sería la nación, y la democracia poco más que una cuestión de moda, poco relevante en cualquier caso. Pero también es anterior nuestra nación al nacionalismo, al liberalismo, al despotismo ilustrado, a la monarquía autoritaria de los Austrias… Un país sólo puede subsistir si adopta eso que suele llamarse "espíritu de los tiempos". Hoy España no podría mantenerse unida sin un firme espíritu democrático.
Hecho de máxima significación: los enemigos de España lo son también de las libertades. El PSOE, organizador de la guerra civil y partido marxista hasta hace poco, nunca se democratizó realmente, como prueban su corrupción, su terrorismo de gobierno, su aspiración a liquidar a Montesquieu, su ausencia de Besteiros entre los líderes. Los partidos separatistas han hundido o debilitado las libertades en Vascongadas y Cataluña. Y para qué hablar del islamismo, y no sólo el terrorista.
Como en la última etapa de la república, está en marcha una acelerada destrucción de la legalidad democrática a cargo de una alianza de fuerzas también muy parecida a la de entonces, aunque los métodos difieran. Muchos creen esa destrucción preferible a cualquier enfrentamiento, o calculan que no tendrá consecuencias si el pueblo está debidamente anestesiado. Se equivocan. La ley nos permite vivir en libertad y en paz. Sustituirla por chanchullos ilegales entre partidos mafiosos sólo puede acarrear la descomposición social. De ahí la importancia de defender la Constitución. Y de reformarla en sentido opuesto al deseado por la delincuencia política.Si el nacionalismo prescribe el traspaso de la soberanía a la nación, apartándola de cualquier otro soberano, cae de su peso que la nación precede al nacionalismo, aunque con esa doctrina se hayan reconstruido luego, e incluso inventado, buen número de naciones nuevas.
Podemos llamar nación a una colectividad político-cultural con fuerte sentimiento de serlo, y en Europa encontramos varias de ellas preexistentes al nacionalismo, como Inglaterra, Francia, Suecia, Rusia, Holanda, Portugal y algunas más. También España, y de las más antiguas.
La existencia nacional de España puede remontarse a Leovigildo, pues él dio fin a la fase del reino godo como simple imposición de un grupo dominante, no identificado con el pueblo sobre el que dominaba. Con Leovigildo empieza la unidad política y consciente de España sobre la base cultural creada por Roma; y empieza también el sentimiento patriótico español, claramente expresado por Isidoro de Sevilla. Si antes existió ese sentimiento, no lo sabemos ni parece muy probable.
Sin ese precedente no hubiera sido posible la Reconquista, que llevó a rehacer una nación de cultura cristiana y latina después de verse anegada por la invasión musulmana, y convertida al islamismo y al arabismo gran parte de su población. Sin esa previa nación hispanogótica hoy no existiría España, sino Al Ándalus, o bien un conglomerado de pueblos y estados diversos, tipo los Balcanes. La reconstrucción de la unidad española a partir de la invasión islámica fue un proceso extremadamente improbable, y en parte frustrado, pues dio lugar a dos naciones, Portugal y España. Pero exitoso en lo fundamental.
Las naciones aparecen y desaparecen en la historia. La cuestión, el reto actual, es si nos resignaremos a la sustitución de España por un conglomerado balcanizante de “naciones” inventadas recientemente por unos cuantos iluminados triviales. Por desgracia son poco conocidas del gran público las ideas y doctrinas de Arana, Prat de la Riba, Blas Infante, Risco y otros cuantos mesías provincianos. Tendría el mayor interés la divulgación de sus ideas para hacer comprender a todos la trascendencia de la opción entre una España unida y democrática y las propuestas de tales charlatanes. Porque la charlatanería prospera en la ignorancia.
Las confusiones y disputas a que han dado lugar los términos nación y nacionalismos son interminables, así que conviene explicar en qué sentido los toma cada cual. Aquí entendemos que las naciones –algunas naciones-- son, desde luego, anteriores a los nacionalismos. Éstos surgen básicamente en el siglo XIX, con la idea de que la nación, el pueblo, asume y ejerce la soberanía, excluyendo a cualquier otro soberano. Doctrina democrática en principio, aunque susceptible de tornarse en lo contrario.
Armados con esa doctrina, numerosas minorías políticas e intelectuales han reconstruido, o incluso inventado, naciones antes inexistentes, a fin de alcanzar un poder que de otro modo no tendrían. Las naciones vasca o catalana son un invento tardío de los nacionalismos de finales del siglo XIX. Fundados ambos, sobre todo el vasco, en sorprendentes exaltaciones racistas, en idealizaciones típicamente románticas del feudalismo medieval, y en la pretensión de que España o no existía o era enemiga de los vascos y los catalanes –que tanto habían ayudado a formar la nación española--. En buena medida constituyen una reacción al éxito creciente del liberalismo en España.
El balance histórico de ambos movimientos en su siglo largo de existencia no puede ser más revelador: contribuyeron, junto a otros grupos mesiánicos, revolucionarios y terroristas, a hundir los sistemas de libertades de la Restauración y la República; y cayeron en una nada honrosa pasividad durante las dos dictaduras. Con una sola excepción real, ya a última hora del franquismo, la ETA: un grupo declaradamente totalitario, con el asesinato por la espalda como marca de fábrica.
Y desde la Transición, la complicidad política entre los secesionismos y el terrorismo ha sido el factor principal de corrosión del sistema de democrático, aniquilando casi las libertades en las Vascongadas y socavándolas en Cataluña. Asombrosamente, a última hora se les ha unido el gobierno del PSOE. O quizá no tan asombrosamente. Se trata del partido más corrupto de la historia reciente de España, adverso a Montesquieu, con su propio historial terrorista nunca autocriticado y sin ningún Besteiro entre sus líderes. Así ha nacido la Alianza contra la Constitución, esto es, contra la unidad y la democracia españolas. Con este toro hemos de lidiar los ciudadanos.
Como dice Lector, la alternativa hoy no es monarquía o república, sino democracia o despotismo demagógico. Nuestra monarquía, como las escandinavas, la inglesa, la holandesa o la belga, es democrática, mientras que la mayoría de las repúblicas del mundo son corruptas dictaduras.
Y, mirando a Europa, han sido las citadas monarquías las que mayor resistencia han opuesto a aberraciones como el comunismo o el nazismo, siendo la Europa republicana la más dada a convulsiones y tiranías. La propia República francesa, tan idealizada por muchos, generó las ideologías totalitarias, las guerras napoleónicas, de brutalidad desconocida hasta entonces; sangrientas convulsiones revolucionarias en Francia y en media Europa, rivalidades bélicas con Alemania, etc. En el siglo XX propició el “apaciguamiento” al nazismo, al cual apenas supo oponer resistencia; tras la guerra mundial, su proceso descolonizador derivó en conflictos y derrotas sanguinarios en extremo. Y si vamos a las repúblicas latinoamericanas, el historial de casi todas pone los pelos de punta
Seguramente todo ello es casualidad. Pero también tenemos nuestras dos experiencias republicanas, realmente demenciales, y no es casualidad, en cambio, que quienes las homenajean y desean imitarlas sean los mismos que se han situado fuera de la ley y al lado de los terroristas.
A mi juicio, la monarquía constitucional no quita nada a la democracia, y en cambio le añade algunas ventajas. En primer lugar, su valor simbólico (y sólo los tontos desprecian los símbolos): encarna, por así decir, la unidad del país y el lazo entre el presente y la historia. Por ello ejerce una presión moral equilibradora sobre nuestros políticos, tan incultos en su mayoría, tan dados a mesianismos y a creer que el mundo empieza con ellos. En segundo lugar, y por la misma razón, puede servir como lazo de acercamiento y democratización con respecto a los países de origen y cultura hispanos.
El rey se está portando bastante mal en la actual crisis, y de ahí podrían venir graves daños para la corona, y sobre todo para el país. Pero quienes cargan las tintas al respecto, esperando del rey la solución del problema, manifiestan sólo su propia ineptitud e irresponsabilidad. Son los ciudadanos quienes deben reaccionar, sin esperar el remedio de ningún salvador o mesías.
Conforme a su tradición golpista, los republicanos intentaron imponerse, en 1930, mediante un pronunciamiento militar (suele olvidarse). A continuación, la monarquía les permitió presentarse a las elecciones, primero a unas municipales. Esas elecciones no implicaban cambio de régimen; los republicanos las perdieron por gran diferencia, y sin embargo dos días más tarde estaban en el poder.
¿Fue un golpe de estado? Sin duda. Pero, ¿quién lo dio? No los republicanos, sino los monárquicos que, despreciando su propia legalidad y a sus votantes, entregaron el estado a sus enemigos. “Nos regalaron el poder”, reconoce Miguel Maura, verdadero artífice de la operación junto con Romanones en el bando del rey. Con ello la monarquía se declaraba a sí misma ilegítima y legitimaba la república.
Un caso con pocos precedentes en la historia, bien revelador de que las convulsiones en la historia de España no han venido sólo de grupos mesiánicos y/o terroristas, sino de la flojera irresponsable y el oportunismo de quienes defienden, supuestamente, la estabilidad social y las libertades. Sólo Juan de la Cierva acertó. “El rey se equivoca si piensa que su alejamiento y pérdida de la Corona evitarán que se viertan lágrimas y sangre en España. Es lo contrario, señor”.
Por consiguiente, la II República nació como un régimen legítimo. Otra cosa es que luego lo hundieran unas izquierdas formadas a partes iguales por iluminados, ineptos y saqueadores del erario, como venía a decir Azaña. Excepciones: Besteiro y pocos más.
Hoy, una Alianza contra la Constitución formada por un corrupto PSOE, los mesiánicos separatistas y la ETA, ataca a la España democrática por procedimientos ilegales, esto es, golpistas. La oposición, entre la flojera, el desconcierto y la colaboración. Por eso es la hora de los ciudadanos.
Espléndida combinación de hipocresía y necedad. ¿Cree en Dios Zapo?: “Considero que este tipo de convicciones pertenece a la esfera privada, y yo siento un gran pudor en manifestarlas públicamente. Un gobernante debe tener en cuenta sólo el interés general y respetar las creencias religiosas de todos, aunque no sean las propias.”
¿Cuestión de pudor? ¿El de las bodas homosexuales? Normal: en la España de la telebasura, promovida por el PSOE desde la época de Guerra y Calviño, se exhibe a todas horas y por todas partes la sexualidad, transformada en puterío desfachatado. El pudor, la “esfera privada”, debe reservarse entonces para cosas como la creencia o no creencia en Dios.
¿Cuestión de “interés general”? Lo dice el promotor golpista de la Alianza contra la Constitución, de la alianza con los Otegui, Carod, Maragall, Ibarreche y compañía.
¿Cuestión de respeto a las creencias de todos? Le ha traicionado el subconsciente. En una democracia no existe el menor problema en declarar las propias creencias, sin que ello suponga en principio falta de respeto a las ajenas. Pero Zapo el Rojo va en otra dirección, y necesita enmascarar sus intenciones.
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Palabras de Azaña sobre "su" república, la que derivaría en Frente Popular: “Me entristezco casi hasta las lágrimas por mi país, por el corto entendimiento de sus directores y por la corrupción de los caracteres. ¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?”
Parece que no hubiera pasado el tiempo.
Titular de La Razón hace unos días: “La ETA no se rinde ni entrega las armas”. Muy cierto. Y muy agudo. ¿Por qué había de rendirse si, gracias al gobierno actual, está en pleno triunfo después de verse acorralada por Aznar? ¿Por qué había de entregar sus armas si con ellas, con unas cuantas pistolas y bombas, más la complicidad política del gobierno, se siente a cuatro pasos de la victoria? ¿Si ahora mismo está marcando el rumbo y la agenda de toda la política española? Pocas veces la sandez pura y simple había alcanzado tales niveles.
Por cierto, corre el rumor –sólo rumor, por ahora—de que el gobierno está financiando a la ETA como parte del plan de encauzamiento de los asesinos hacia “la paz”.
La AVT se suma a la tesis del PP: no admitirá un “pago político” a la ETA. ¿Les parece poco pago político el ilegal estatuto catalán, palanca para la disgregación del país y el hundimiento de la democracia? No acaban de darse cuenta de la maniobra del supuesto “bobo solemne”. Vaya por Dios.
Zapatero no defiende la república, sino el Frente Popular. Este frente fue la alianza de los mismos que se habían levantado en 1934 contra un gobierno legítimo, o colaborado en el golpe. El FP llegó al poder en febrero del 36, tras unas elecciones violentas y anómalas. A partir de ahí destruyó la legalidad republicana desde la calle y desde el gobierno, en un proceso revolucionario. No fue la guerra la que destruyó la democracia republicana, sino la destrucción de la democracia republicana por el FP la que causó la guerra. Zapatero intenta hoy destruir la legalidad, la Constitución, en alianza de hecho con los separatistas y con la ETA. Por eso dice inspirarse en la república, confundiéndola fraudulentamente con el Frente Popular. Y por eso es tan necesario restablecer la verdad, contra la demagogia de los políticos y de la mayoría de los medios de masas.
La doble trama del 11-M. a) La coincidencia de intereses entre el PSOE y la ETA, por un lado, y el Terrorismo Islámico por otro. A los islámicos les interesaba la retirada de tropas españolas de Irak, prometida por el PSOE, y al PSOE y a la ETA les interesaba sobremanera la caída del PP. El atentado masivo de Madrid benefició a todos por igual. Coincidencia de intereses y ganancias no implica complicidad de hecho, que pudiera haberla, pero tendría que probarse. Desde luego, los tratos directos o indirectos del PSOE con la ETA, al margen de la ley, ya existían antes de las elecciones, y ese dato es muy relevante. Pero, con complicidad directa o sin ella, sí puede afirmarse con fundamento la existencia, ya entonces, repito, de esa comunidad de intereses entre el PSOE –o la corriente dominante en él--, la ETA y el Terrorismo Islámico. Y debe destacarse, porque es el factor clave, el que ha llevado a España a una división interna y a una crisis política sin precedentes desde la Transición.
La otra cara del 11-M, más de detalle, pero de enorme trascendencia: un golpe perpetrado entre islamistas, chorizos y confidentes policiales, y sin terroristas suicidas, contra lo que la SER “informó” en su momento. Se entiende que el gobierno y sus terminales mediáticas estén como locos tratando de dar por cerrado el caso, que apunta, de momento sólo apunta, a oscuras intrigas.
He propuesto esta primera campaña de aclaración: la república llegó como un intento de democracia liberal, pronto destruido por la demagogia despótico-revolucionaria, culminada en el Frente Popular. No fue la guerra la que destruyó la democracia, sino la destrucción de la democracia por el Frente Popular la que causó la guerra. No es una curiosidad histórica, pues explica inmejorablemente la actualidad, la política de la Infame Alianza. Pero de nada vale tal aclaración sin un esfuerzo denodado por hacerla llegar a la opinión pública, y cada cual debe entender su obligación.
Finis Hispaniae? ¿Las intrigas de unas mafias políticas van a echar abajo la España democrática?
Zapo, si fuese sincero: "Con la autoridad moral que da a mi partido el haber organizado la guerra civil, haber hundido la legalidad republicana (un pasado del que nos sentimos orgullosos), haber iniciado, recientemente, la mayor ola de corrupción en la España contemporánea e intentado enterrar a Montesquieu, empeño en el que seguimos, declaro obligatoria la "Educación ciudadana y en Derehos Humanos". Nadie más apropiado.
Contra la pasividad. La crisis no obedece tanto a la fuerza de los enemigos de España y la democracia como a la pasividad ciudadana. Si la mitad del tiempo y energía derrochada en quejas vanas y agüeros derrotistas se empleara en iniciativas prácticas, todo iría mejor.
Recordando el pasado, a pesar del PP. Uno entiende que odien al franquismo sus víctimas, pero ¿lo han sido quienes más predican el odio contra él? En su mayoría fueron beneficiarios y colaboradores de la dictadura: Juan Luis Cebrián, Polanco, Sampedro, Ángel Viñas, Juliá, Maragall… O la plana mayor del PSOE y de los nacionalistas catalanes y vascos. Conocemos la “lucha antifranquista” del PSOE y esos nacionalistas: se reorganizaron con permiso de la Guardia Civil y con amplias ayudas económicas de oscura procedencia, especialmente el PSOE, bajo la impresión general de que constituirían una alternativa a los verdaderos enemigos de Franco: los comunistas y la ETA. Farsa y pose esenciales de ese antifranquismo de pega, de después de Franco.
En rigor todos vienen del franquismo, salvo los comunistas y los terroristas. Las dos amnistías de la Transición liberaron a los presos políticos, a las víctimas, si así queremos llamarlas, de aquel régimen: en torno a cuatrocientos, comunistas y terroristas en su casi totalidad. Esas víctimas y sus partidos jamás hubieran traído la democracia, por más que no apearan la palabra de sus labios, como hacía Stalin, o como Hitler hablaba de paz todos los días.
La democracia vino del franquismo, concretamente de su sector reformista, desde el rey hasta las Cortes, y sólo podía venir de él. Y de él vino la Constitución más generosa y consensuada de la historia de España, en torno a la cual se agrupó una clase política de distintos partidos, no brillante, pero sí sensata. Hoy, sin embargo, por una perversión repetida en la España del siglo XX, se ha producido un nuevo reagrupamiento: los corruptos enterradores de Montesquieu, los comunistas residuales, los separatistas y los terroristas, unidos en el delirante empeño de derrotar a Franco. Pero no nos dejemos engañar: el delirio es pura comedia. A quien quieren derrotar es a la Constitución, a la convivencia en paz y en libertad tan difícilmente conseguidas después de tantas convulsiones.
Quien recuerde sus orígenes, lo entenderá: lo marxistas siempre fueron los peores enemigos de la democracia, y para qué hablar de los asesinos etarras. En cuanto al franquismo, no dejó de ser una dictadura, y es lo peor de ella, la parte más falsaria y enemiga de las libertades, la que ahora se ha aliado con aquellos. Menos extraño de lo que parece.
Más sobre el pasado. Tan falso como antifranquismo de la Vil alianza es su reivindicación de la república. Hubo, en realidad, tres repúblicas: la demócrata-liberal, la despótico-revolucionaria y la de quienes no simpatizaban con ella, pero aceptaban su legalidad y en último extremo la defendieron frente al asalto de los revolucionarios. Zapo no se identifica con la república liberal, sino con la corriente mesiánica que en sólo cinco años logró hundir su Constitución. Sintiéndose herederos de ella, hoy intentan repetir la hazaña.
De la sistemática y masiva falsificación del pasado mana la demagogia presente. Por eso debemos empeñarnos con todas nuestras fuerzas en la clarificación. Con todas nuestras fuerzas. Algunos en el blog pedían un manifiesto sobre la república como eje de la campaña contra los mixtificadores. En el suplemento de fin de semana de Libertad Digital tienen uno. Espero que sirva.
Vocento se suma a la campaña del gobierno, de los separatismos y de Prisa, para silenciar a la COPE y dejar sin voz a millones de españoles. El invierno mediático propiciado por el PP contra sí mismo, ya lo denunció Federico, y contra la sociedad, ha de hacerse aún más gélido. Anestesiar a los ciudadanos no es tan fácil, se necesita acabar con la libertad de expresión, y a ello se aplican fervorosamente los anestesistas. Pero quizá encuentren más resistencia de la esperada.
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Un nuevo avance liberticida: la Ley de Deseducación. No bastan los altos índices de fracaso escolar y desmotivación, con la derivada de las drogas, el alcoholismo juvenil y otros deportes en los que España destaca en Europa, donde tampoco el panorama es brillante. Enseñanza “progre”, degradante, antiespañola sin rebozo en muchas autonomías. Novedad mayor de la nueva ley del ilegal gobierno sociata: la introducción de comisarios políticos so capa de “Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos”. Miles de puestos de trabajo parasitarios para individuos afectos al partido, nunca regenerado, de Filesa y el GAL. Educación suministrada por instructores políticos imbuidos de ideas totalitarias, al modo como los stalinistas defendían, también, la “democracia”. Y el PP, como siempre, en Babia, tan incapaz de argumentar cuando le llaman franquista, o asesino, o delincuente político, como cuando los liquidadores de la Constitución invocan los “derechos humanos” para cometer alguna nueva fechoría contra la libertad.
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Qué hacer. Contra lo que cree el PP, y como sabe bien la Alianza contra las Libertades, el pasado cuenta. “Si ignoras lo que sucedió antes de que nacieras, siempre serás un niño”, decía Cicerón, y son muchos los empeñados en infantilizar a la sociedad.
La campaña en torno a la república puede ser el primer paso para impulsar un movimiento ciudadano por la Constitución. Esta noche, en el suplemento de Fin de Semana de LD, publicaré un manifiesto en torno a este asunto, que propongo difundir, con el mayor empeño y masividad posible, a quienes sientan la gravedad del momento. No es hora de lamentos, sino de acción, y el tiempo apremia.
Alfonso Guerra, uno de los necios más descollantes de la política española, explicó un día a los rusos el secreto de la Transición: ¡el bikini! Ahora compara la maniobra de la Alianza contra la Ley, con la desintegración de la URSS. La liquidación de un imperio totalitario con el intento de destruir una nación democrática. Intento en que colabora, el hipócrita.
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El libro-reportaje de Alfredo Semprún El crimen que desató la guerra civil ofrece una pintura curiosamente actual. Tras el asesinato de Calvo Sotelo, la policía del Frente Popular, degenerada en grupo terrorista, organiza la burla sistemática de las investigaciones judiciales. Sigan las pesquisas de Luis del Pino.
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La base ideológica de la Alianza contra la Ley, en especial la del gobierno ilegal de Zapo, se basa en la vieja premisa de todos los despotismos: anular la libertad para procurar la felicidad. La “autorrealización”, dicen ellos. Pero ya lo aclaró Azaña, “La libertad no hace al hombre feliz, lo hace, sencillamente, hombre”. Lástima que él mismo no hubiera sido consecuente.
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Qué hacer. "Lois dijo, el día 4 de abril: Propongo un movimiento que podría llamarse Ciudadanos por la Constitución. La Constitución significa la unidad de España y las libertades, por eso la atacan los liberticidas. Venga, a preparar un manifiesto y a recoger firmas". La Constitución es reformable, pero si aceptamos que terminen de echarla abajo los liberticidas, el desastre estará asegurado. Un movimiento de Ciudadanos por la Constitución podría ser una buena iniciativa, y el nombre está bastante bien. Vale la pena pensarlo.
Un primer paso para empezar a movilizarse y a establecer contactos podría ser la campaña en torno a la II República, propuesta ayer.
La crisis. Balcanización y libanización. En Contra la balcanización de España, preguntaba: “¿Puede balcanizarse España? ¿Dividirse en estados pequeños, cargados de resentimiento mutuo, insignificantes en el contexto internacional y objeto de intrigas y disputas de otras potencias?” Bien, el proceso está en marcha, y avanzando a todo trapo. Una serie de políticos, partidos y terroristas lo están llevando a cabo ante nuestros ojos, con el PP advirtiendo, cómicamente, contra la “posibilidad” de que tal proceso ocurra. Los balcanizadores han tenido que situarse abiertamente fuera de la ley y contra ella, sin que exista, todavía, una reacción al nivel de su desafío.
Unimos la idea de la balcanización con la de la guerra civil. Desde luego, los Balcanes han vivido muchas guerras, y las presiones balcanizantes fueron un ingrediente muy importante de la nuestra. Hoy las leyes están siendo vulneradas masivamente por partidos delincuentes, y eso tiene siempre consecuencias graves. Pero difícilmente habrá una guerra civil en la España de hoy. Es más probable un proceso de descomposición y violencias parecido al que experimentó el Líbano. Si la reacción ciudadana no frena a tiempo tal deriva.
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Qué hacer. No es de extrañar que los fuera de la ley se inspiren en la II República, es decir, lo más siniestro de aquel régimen. Proponía ayer una campaña de dos semanas en torno a esa cuestión con un doble objetivo: aclarar al mayor número de personas la realidad histórica y su relación con la actualidad, y entrar en contacto con los más afines para ir formando grupos de propaganda. Insisto en la idea. Es sólo cuestión de recoger algunos materiales al respecto, accesibles en internet, y difundirlos en nuestro entorno, comentando de paso la urgencia de emprender un trabajo organizado y de grupo. Quejarse de que la gente esté anestesiada es una estupidez, o algo peor, si contribuimos a ello con nuestra pasividad.
Quiroga: "Alianza contra la Ley", "Sórdida Alianza". También, "Alianza contra la Constitución", "Gobierno ilegal". Un problema político importante es la casi ausencia de un lenguaje condensado que exprese los hechos y pueda repetirse sin esfuerzo. El esfuerzo está en elaborarlo. Uno de los mayores éxitos del conglomerado ETA-PNV ha sido imponer su lenguaje trucado a los demás: "Euskadi", "soberanismo", "autodeterminación", "MLNV"... O ahora el PSOE con el "proceso de paz" y similares.
Contra la perversión del lenguaje es preciso acuñar conceptos y consignas que con la máxima economía verbal descubran lo que pretende ocultarse.
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Piqué se inclina por una campaña "suave y pedagógica" contra el estatuto. Muy de acuerdo. Las estridencias sobran, y después de tantos años de lavado de cerebro separatista, hace falta una pedagogía contraria algo elaborada. Pero, naturalmente, además de "suave y pedagógica" ha de ser "clara e intensa", y sospecho que Piqué no va por ahí.
Una campaña que deje bien claro que Cataluña siempre ha sido y sigue siendo parte de España; que el estatuto es ilegal, va contra la paz y la libertad de todos los españoles, y no puede ser aceptado; que por ello es perjudicial, en primer grado, para los catalanes, y no sólo ni principalmente en términos de euros, como tiende a exponer este desdichado PP; o que la experiencia histórica tiene importancia: la destrucción de la ley trajo una guerra civil, y hoy sólo puede traer serias perturbaciones, por lo menos. Explicar, en fin, la catadura de los demagogos que, a base de narcisismo y victimismo, como los nazis, llevan a Cataluña a la corrupción y el desastre. De forma suave y pedagógica, pero bien clara y muy intensa. Y sabiendo que el mal de muchos años de claudicaciones no va a curarse de la noche a la mañana. Pero alguna vez habrá que empezar. O, mejor dicho, reanudar lo que empezó Vidal Quadras.
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Qué hacer. Si es la hora de los ciudadanos y no de los partidos, se debe a que lo que hoy está en crisis afecta a casi toda la ciudadanía, y no sólo a tales o cuales partidos. Por tanto se trata de crear asociacionesdestinadas a afrontar la crisis, explicando la situación y movilizando a la gente, no de formar nuevos partidos, aunque esto tampoco puede prohibirse a nadie, desde luego.
Para funcionar adecuadamente, una asociación precisa un firme acuerdo en los principios clave (la unidad nacional y la democracia, en nuestro caso), y un plan claro de actividades. Las asociaciones funcionan mal o se paralizan por los personalismos y peleas de camarillas, y éstas nacen, a su vez, de la falta de compenetración en unas ideas básicas, o de la falta de actividad precisa.
Las asociaciones, juntas o como quieran llamarse, deberían formarse en pueblos, barrios, centros de trabajo o facultades universitarias, pero ahora apenas están naciendo. Sí existe, en cambio, una profunda inquietud de muchas personas que no encuentra cauce de acción.
Y como el movimiento se demuestra andando, propongo una pequeña campaña en torno al aniversario de la república, para contrarrestar la que está montando la Infame Alianza. Pues la izquierda entiende muy bien el valor del pasado, mientras que el PP supone que España surgió de la nada, a mediados de los años 70.
La campaña consistiría en que, durante un par de semanas, cada uno difundiera en su entorno, en fotocopias y por internet, artículos y material aclaratorio sobre lo que fue la república y por qué se vino abajo, que enviara cartas a la prensa y se expresara por cualquier otro medio a su alcance. El mero hecho de hacerlo facilitará los contactos y acuerdos para asociarse en una labor más persistente.
La crisis: se jacta Otegui de haber destruido la Transición.
La Transición trajo la reconciliación y la democracia, la convivencia en libertad. Y se debió no tanto a la prosperidad legada por el franquismo, aunque también, sino, sobre todo, a la moderación política dejada igualmente por aquel régimen: los odios y las pasiones ideológicas de los años 30 habían desaparecido. Desaparecido, pero no muerto, según vamos comprobando: se han ido recomponiendo lenta y tenazmente. Y hoy tenemos un nuevo Frente Popular, la Vil Alianza de socialistas, terroristas y separatistas, empeñada en echar abajo la ley, como hizo el otro Frente Popular apenas ganadas las elecciones del 36.
Puede jactarse Otegui, pues la ETA ha tenido un papel clave en este proceso. Un papel decisivamente corruptor de la política y de los políticos, que merecería un estudio en profundidad. Y hoy el espíritu que hizo posible la Transición, el espíritu de la libertad y la concordia, ya apenas existe en los partidos.
Ahora bien, ¿ha desaparecido ese espíritu entre la gente normal? Sin duda ha retrocedido, pero persiste en la mayoría. A esa mayoría debemos recurrir y movilizar contra los enemigos de la democracia.
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Qué hacer. Para recurrir a la mayoría deseosa de paz y libertad es preciso llegar a ella, y la evidente dificultad reside en que casi todos los medios de masas están en poder de la Siniestra Alianza. Pero un problema no es una imposibilidad, salvo que elijamos la pasividad y la renuncia a pensar. Ayer comentaba algo de lo que puede hacer cada uno, por su cuenta, en su ámbito particular, sin mucho esfuerzo y con solo un poco de empeño y paciencia. Miles y decenas de miles de personas activas pueden disminuir enormemente el efecto embrutecedor de los medios de masas y desprestigiarlos.
La actuación a este nivel individual y disperso es imprescindible, pero no suficiente. Muchos la preferirán y de hecho ya la vendrán realizando por su cuenta. Otros, en cambio, desean trabajar en asociaciones, que, cuando funcionan bien, multiplican la eficacia. Hoy están surgiendo espontáneamente numerosas asociaciones, pero tiene que haber muchas más. En cada población, barrio o facultad debieran irse formando, aunque al principio se compusieran de muy pocas personas. No obstante, los grupos pueden resultar frustrantes y entorpecedores cuando no se observan algunas reglas elementales. De esto también hay que hablar.
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Leído en un foro de internet: “¿Qué le debe el PP a Federico Jiménez Losantos? Mucho, muchísimo. ¿Qué le debe Federico al PP? Muy poco. Y bastantes disgustos también”. Ponderado.
La defensa de la COPE contra quienes quieren destruir la libertad de expresión ha dejado, deja mucho que desear. Tanto la feroz campaña contra la COPE como la débil defensa de quienes debieran movilizarse definen la situación. Por el momento.
Hay dos principios irrenunciables sin los cuales no puede concebirse una convivencia razonable en España: la unidad de la nación y la democracia. Ambos están siendo atacados en sus cimientos por la alianza de hecho, la Siniestra Alianza, de socialistas, terroristas y separatistas. Sólo tales sujetos podían plantearse una labor tan vil. Es preciso percibir y comprender bien esta amenaza inminente, que a menudo se pierde de vista entre la aturdidora palabrería de unos y de otros.
Y por eso, porque la convivencia en paz y en libertad está en muy serio peligro, los ciudadanos españoles que queremos seguir siéndolo tenemos el derecho, y aún más el deber, de oponernos con todas nuestras fuerzas al proceso actual. Sin derrotismos y sin justificar nuestra pasividad en la supuesta pasividad de los demás, de “los españoles”. Sólo faltaría que permitiéramos a unas bandas de liberticidas acabar con nuestras libertades y con España. Que les consintiéramos retrotraernos a las demagogias y convulsiones del pasado, demoliendo impunemente lo que tanto esfuerzo y sacrificio ha costado edificar desde hace treinta años, en rigor desde hace dos siglos.
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Qué hacer. Primero, lo que puede hacer cada uno. Se trata de la lucha por la opinión pública, contra el alud de embustes y charlatanería anestesiante difundidos por la mayoría de los medios de masas. Hace meses, Rajoy prometió mover a todos los militantes de su partido para explicar a la gente la gravedad de la situación. Los trescientos mil afiliados del PP dedicados a difundir y discutir un pequeño manifiesto aclaratorio de los hechos y llamando a la movilización, contrarrestarían en gran medida a los medios de masas, pues cada afiliado puede influir en el círculo de sus amistades y familiares, compañeros de trabajo, etc. La Siniestra Alianza vio el peligro y se echó encima de Rajoy. Por supuesto, la cosa quedó en agua de borrajas.
Pero cada uno se nosotros puede hacer lo que no harán los militantes del PP, al menos siguiendo las órdenes de su partido. Un ejemplo: cada día salen en determinados periódicos, en Libertad Digital especialmente, artículos clarificatorios de diversos autores. Mientras la difusión de ellos sea restringida, no podrá competir con las televisiones o la mayoría de las radios y periódicos, y por eso la Vil Alianza no siente excesiva preocupación. Pero si miles de personas amplían su difusión a través de internet, de fotocopias o comentarios en sus círculos de conocidos, el panorama cambiará mucho. Este es un trabajo muy simple, que cada cual puede hacer por su cuenta. Y muy eficaz, aunque no debemos esperar un cambio radical, de la noche a la mañana, en una gente sometida durante largos años a la propaganda liberticida.
Y de lo que se puede hacer en asociación trataremos también.
Mariano Rajoy asusta a la gente. Sobre la “posibilidad” de que la ETA reciba un pago político por dejar las armas, ha tronado: “Quien ose mercadear con el Estado de derecho se comporta como un enemigo de la UE” ¡Qué barbaridad! ¿Podrán dormir los de la ETA, ERC, PSOE y tutti quanti sabiéndose enemigos de la UE? ¿Podrán dormir los españoles pensando que tan inconcebible horror suceda en su solar patrio? Menos catastrofismo, don Mariano, todos tenemos derecho a dormir tranquilos.
No ha llegado tan lejos, pero casi, en otra frase: “Si alguien tuviese la tentación de ignorar ese principio (la ley) estaríamos iniciando el principio del fin de la democracia”, cosa que “el PP no va a aceptar”. El “bobo solemne” se estará partiendo de risa. ¿Qué es eso de “iniciar el principio del fin”? ¿Se le ha contagiado el talante, señor Rajoy, y ya no sabe usted hablar español? Pues fíjese, la ETA, el PNV, CiU, ERC, etc., han tenido mucho más que “la tentación” desde hace treinta años, y no han “iniciado el principio del fin” de nada… hasta ahora. Usted quiere hablar del PSOE, pero no osa. Y nada de tentaciones, hombre, nada de tentaciones.
Y como usted demuestra vivir en Babia, señor Rajoy, me permitiré, ciudadano corriente que sufre una realidad ingrata, darle un par de malas noticias, a ver si baja usted de las nubes.
Primera: no hay tentación. Hay una estrategia clara y explícita, y una multitud de actos consumados para anular la Transición y la Constitución, desde que el Pacto Antiterrorista se transformó en Pacto Proterrorista.
Segunda: no hay tal posibilidad de pago político a los asesinos a costa del estado de derecho. Hay la realidad evidentísima de ese pago. ¿Qué cree usted que ha sido el estatuto catalán, pronto extensible a las Vascongadas y otras regiones? ¿No se enteró usted de que la ETA apoyó el plan secesionista Ibarreche-Ternera, y de que el estatuto catalán es simplemente otra versión del mismo? ¿De veras no se ha enterado, o pretende usted que los españoles no se enteren y queden a la expectativa, como bobos, de un hecho que ya se ha producido?
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Otegui lo aclara infinitamente mejor: “La fortaleza de la izquierda abertzale está en haber derrotado la transición política española”. Él no teme llamar a las cosas por su nombre. Su claridad demuestra también más respeto por los ciudadanos. Como cuando ponía en conocimiento público los tratos –chanchullos—de los sucesivos gobiernos con la pandilla de criminales; chanchullos reales, pero negados por los gobiernos que así engañaban a la gente. La ETA no engaña: siempre quiso liquidar la Constitución del consenso e impulsar la balcanización de España; y se considera ya victoriosa.
Claro que Otegui yerra en un par de cosas: la “izquierda abertzale”, los asesinos de la ETA y sus secuaces, han sido el motor de un proceso que nunca habría avanzado tanto si no hubiera gozado de tantas complicidades. La última y principal, la del partido más corrupto y demagógico, más pródigo en felonías de la historia española durante el siglo XX y lo que va de éste.
Y comete otro error: han alcanzado una gran victoria, pero no “la” victoria. No, mientras haya españoles dispuestos a defender la democracia y la unidad de España. La ETA y sus cómplices han liquidado, ciertamente, el espíritu de consenso, reconciliación y pacificación que nos ha permitido vivir en paz y en libertad estos últimos treinta años. Pero con ello se han situado fuera de la ley, y como tales habrán de ser tratados.
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El 20 de noviembre de 1931, la Cortes republicanas aprobaron con entusiasmo un dictamen contra Alfonso XIII por “alta traición”: el ex rey, “ejercitando los Poderes de su Magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico de su país”. En consecuencia le declaraba “privado de la paz pública, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetra en el territorio nacional”; lo despojaba “de todas las dignidades, honores y títulos”, y “de todos los bienes, acciones y derechos de su propiedad que se encuentren en territorio nacional se incautará en su beneficio el Estado”.
Para la izquierda, Alfonso XIII pasó a convertirse en “el rey perjuro”, por haber traicionado la Constitución al admitir la dictadura de Primo de Rivera. Lo chusco del caso es que quienes tan celosos se mostraban, repentinamente, de aquella Constitución, habían sido quienes más violentamente la habían desprestigiado y atacado con disturbios, intentos golpistas y la huelga insurreccional de 1917. Ellos habían causado la dictadura de Primo, única salida no revolucionaria a la crisis creada por la alianza de hecho –ya ven, nada nuevo— entre separatistas, terroristas, y socialistas.
La salida dictatorial también testimoniaba de un país escaso en ciudadanos. Hoy no cabe pensar siquiera en algo parecido. Oigo a mucha gente excusar su propia pasividad y falta de espíritu achacando a los demás esas faltas. Hace un año, por estas fechas, oíamos la misma letanía: “La derecha no sale a la calle”. “No habrá ninguna resistencia”. “No habrá movilización, la cosa no tiene vuelta atrás”. “A la gente las libertades no le importan, mientras tenga el estómago lleno”. “No existe un espíritu cívico, ni un espíritu patriótico” Etc. Y de pronto, frente a todos estos noes, muchos cientos de miles de personas, de derechas y de izquierdas sí salieron a la calle, sí se movilizaron, sí alzaron la bandera española.
¿Cuál es el problema? La falta de liderazgo, por el momento. Y la insuficiencia de organización, aunque surgen un poco por todas partes nuevas iniciativas: AVT, Foro de Ermua, Ciudadanos por Cataluña, grupos estudiantiles… Y va a ir a más, sin duda. Por eso los enemigos de la democracia y de España no han ganado, ni ganarán, la victoria. Y terminarán dando cuenta de sus responsabilidades.


