Espero sus aceradas observaciones críticas:
Se ha solido fechar el comienzo de la transición, y yo mismo lo he hecho, en 1973, después del asesinato de Carrero Blanco, pero parece más adecuado hacerlo en 1969, cuando se decide la sucesión en Juan Carlos y dentro del régimen se acentúan las divisiones entre los llamados evolucionistas e inmovilistas, entre el sector azul y el tecnocrático, y
Aunque en 1969 Franco era ya anciano y parece haber contraído entonces el mal de Parkinson, lenta enfermedad degenerativa del sistema nervioso, se conservaba bien, mental y físicamente, y, procediendo de familia longeva, podría durar aún muchos años en el poder, acaso hasta edad comparable a la del alemán Adenauer. Pero dentro y fuera de España crecía la preocupación por el destino del país una vez falleciera. Una advertencia de calado provino del Vaticano. El 23 de junio, el papa Pablo VI, en una alocución al Colegio Cardenalicio, expresó su “inquietud” por España, propugnando “un ordenado y pacífico progreso” en que “no falte una inteligente valentía en la promoción de la justicia social”. Dado que el régimen se jactaba precisamente de su justicia social y de su ordenado y pacífico progreso, las palabras del papa encerraban un ataque. El ministro del Plan de Desarrollo, Laureano López Rodó, comentó a Franco: “Esto nos hace ver que en los ambientes vaticanos se considera al Régimen en sus postrimerías. (…) Pienso que lo mejor sería (…) designar sucesor al Príncipe Don Juan Carlos, de 31 años, que va a garantizar la continuidad, va a darnos otros treinta años de paz y que cuenta, si es preciso, con el respaldo de las Fuerzas Armadas. La designación del sucesor aseguraría una perfecta soldadura del presente con el futuro”.
Desde 1946, España había quedado definida como reino, reafirmado por referéndum al año siguiente, pero sin monarca mientras viviese el Caudillo. La sucesión en Juan Carlos debió de tenerla decidida Franco desde su entrevista con Don Juan en 1948, en la cual se acordó que el infante, entonces con diez años, se trasladase a España para cursar sus estudios y formación militar. Pero, con lentitud característica y previendo diversas contingencias, no se decidió al nombramiento oficial hasta 1969. El 21 de julio expuso a sus ministros: “Los años pasan (…) voy a cumplir 77 (…) He querido enfrentarme a esta realidad. No debo dejar sin resolver la incógnita del sucesor porque (…) el riesgo es grande de que, en la crisis que habría de provocar mi desaparición de la escena, los grupos y grupitos de intrigantes renacieran y se produjera una situación confusa. (…) La persona que voy a proponer es el Príncipe Don Juan Carlos, que es un hombre de magníficas cualidades y pertenece a
Aparte del príncipe Juan Carlos, otros personajes se consideraban con derechos, en particular el carlista Carlos Hugo, que iba derivando hacia posturas comunistoides, algo en verdad sorprendente en aquel partido, y había habido alguna especulación con Alfonso de Borbón Dampierre, primo del príncipe. Pero el mayor escollo legitimista provenía de Don Juan, hijo de Alfonso XIII y padre de Juan Carlos, que invocaba su derecho como heredero legítimo de la corona y se veía así postergado por su hijo. Otros intentaban que no hubiese rey, sino regente.
Don Juan había quedado descartado hacia el final de la guerra mundial cuando, creyendo al régimen a punto de caer por la intervención de los Aliados, había apoyado las presiones exteriores. A los ojos de Franco, ello le había descalificado como persona oportunista y poco entera, que no había extraído lecciones de
Poco antes había hablado con su padre: “Si, como yo creo, se me invita a aceptar, ¿qué harás tú? ¿Es que hay otra solución posible distinta de la que Franco decida? ¿Eres capaz tú de traer la monarquía?”. La irritación de Don Juan fue manifiesta y, guiado por sus consejeros Areilza, Sainz Rodríguez y García Trevijano, declaró ante la prensa internacional que la decisión de Franco contrariaba “la tradición histórica de España”, denunciando que no se había consultado con él “ni con la voluntad libremente expresada del pueblo español”, y reiterando su deseo de ser “Rey de todos los españoles” como “poder arbitral por encima y al margen de los grupos”, dentro de una “representación auténtica popular”, “garantía integral de las libertades colectivas e individuales” e integración en el marco político de
Otra oposición a Juan Carlos provenía de sectores falangistas antimonárquicos, que propugnaban un “regencialismo” a desempeñar por algún militar o personalidad política, arguyendo que tanto Don Juan como su hijo, “fueran cuales fuesen sus declaraciones y juramentos, demolerían el Estado del 18 de julio”.
A principios de año, y ante la aproximación del suceso, varios ministros lograron declarar un estado de excepción en el país so pretexto de algunos disturbios universitarios en Madrid y Barcelona. La medida parecía muy excesiva para la magnitud del desorden, y sus promotores intentaron prolongarla, quizá para retrasar la decisión sucesoria, pero López Rodó consiguió cortarla a los tres meses. Los políticos contrarios al príncipe demandaron en vano la ausencia de Franco en la votación de las Cortes, a fin de evitar su influjo. Los procuradores recibieron cartas llamándoles a votar NO la designación de Juan Carlos, arguyendo que “todos sabemos que este paso no garantiza el futuro de
El día 22, en las Cortes, 491 procuradores votaron a favor, 19 en contra y 9 se abstuvieron. Juan Carlos, dio un fuerte abrazo a López Rodó, que tanto había trabajado a su favor, y le comentó, “con pena”, cómo la gente suele uncirse al carro del vencedor: su padre solo había recibido “cincuenta telegramas y ochenta y tres llamadas telefónicas; en cambio a él le habían llegado las felicitaciones por millares”
En realidad, como señala con bastante justeza el ex ministro Licinio de
Con la incertidumbre de si finalmente Juan Carlos llegaría a ser aceptado por la mayoría de la población y de los grupos políticos, y de lo que haría llegado al trono, el régimen pareció culminar así su trayectoria y asegurar con firmeza su continuidad, con cambios, sin duda, pero sin afectar al marco de sus leyes. Aquel año se cumplían 30 desde el final de la guerra civil, tres décadas en las que el franquismo había desafiado y sorteado los mayores peligros, desde una entrada muy difícil de evitar en la contienda mundial al aislamiento y el maquis, había mostrado flexibilidad suficiente para cambiar la línea económica y presidir el “milagro español”, que llevaría al país al mayor acercamiento en siglos a la renta per capita de los países ricos europeos, y que tardaría muchos años en recuperarse después del franquismo; Franco había mantenido la unidad suficiente entre las tendencias interiores de su régimen, un logro bien difícil, y había triunfado una y otra vez sobre todos sus enemigos internos y externos. Sin embargo, aquel año el régimen entraba también en crisis.
****Los políticos ensalzan a un novelista para siempre que huyó de los homenajes. Como buitres, a sacar tajada del cadáver. La chusma
Creo que son interesantes estos matices.
Miguel Platón escribe:
Yo incluiría algunas modificaciones en el manifiesto:
Punto 3.- La expresión "izquierdistas acusados de crímenes" puede volverse contra el texto, debido a que hay constancia de que al menos algunos de los que estuvieron allí -el hijo de Sánchez Albornoz, por ejemplo- no habían cometido otro crimen que una pintada. En cualquier caso, actos que no pueden ser considerados crímenes, aunque entonces fueran delitos.
Punto 3.- Aunque la decisión final de enterrar a Franco allí fue del Rey, que desde luego podía haberse opuesto, era conocida y patente la voluntad de Franco de que le sepultaran detrás del altar mayor. Así me lo explicó a mí el guía la primera vez que visité el Valle, en 1965 ó 66. Juan Carlos podía haber dicho "no", pero no fue una decisión original o personal suya.
Punto 5.- Yo reduciría el elogio artístico del conjunto -que también puede generar una polémica para distraer de la verdadera finalidad-, en beneficio de la voluntad de amparar bajo el signo de la cruz a los caídos de ambos bandos. Este propósito, en efecto, puede ser discutido, pero sin duda era expresión de la voluntad de un proceso de reconciliación. Este proceso puede ser criticado como demasiado lento y nunca definitivo en vida de Franco, pero existió. Los deudos de funcionarios militares y civiles fusilados por el bando nacional, por ejemplo, recibieron ya una pensión a partir de 1940, incluidos los atrasos desde el día en que su familiar hubiera muerto. En definitiva, no respetar el Valle de los Caídos significa no respetar las creencias, los sentimientos y los valores de la mitad de España, y aunque sólo fuera por esto merece que le respete. Podría argumentarse que los valores actuales de la sociedad han cambiado, pero también debemos respeto a la historia, que no puede estar cuestionándose de manera permanente en función de mayorías coyunturales. Nadie puede argumentar que la basílica y la cruz puedan haberse construido para ofender a nadie, sino más bien para tender puentes.
Contestación del autor:
Tienes razón en lo que se refiere los crímenes. Lo cambiaremos por "delitos", aunque muchos podrían considerarse efectivamente crímenes. Sobre el entierro de Franco, no hay documento alguno, que yo sepa, que hable de esa decisión de ser enterrado allí. Juan Blanco considera que nunca pensó tal cosa, aunque corriera el rumor. En cuanto al valor artístico, es cuestión muy subjetiva, claro, y nunca han faltado quienes consideraran al Quijote o a las catredrales góticas cosas de mal gusto. Es muy importante la cuestión artística, porque afecta a todos, y el gobierno y otros pueden negarle todo valor en ese sentido y decir que el entierro de combatientes de los dos bandos es pura y simple demagogia que no hay por qué reconocer. Se puede decir que el monumento es una oferta de reconciliación, sea aceptada o no, y en cualquier caso una gran obra artística, y por tanto un valioso patrimonio de todos.
Respuesta de Miguel Platón:
Sobre la previsión de que Franco fuera enterrado allí, me parece que hay un dato incontestable, como es la existencia de la tumba. Esta última no fue construida ex novo en noviembre de 1975, sino que ya estaba dispuesta. ¿Para quién podía ser esa tumba? La respuesta es obvia: no podía haber sido construida para nadie, sino para alguien. Y el alguien era evidente.
Admito, desde luego, el valor artístico del Valle, aunque como suele ocurrir en arte pueda haber quien discrepe. Probablemente sabes que Juan de Ávalos no era un escultor precisamente franquista, y que el autor del gran crucifijo que hay en el interior, sobre el altar mayor, fue un nacionalista vasco.
En definitiva -y me parece que en esto también estamos de acuerdo-, la actuación de ZP contra el Valle no es tanto una actuación cobarde contra Franco -"a moro muerto gran lanzada"-, por parte de quien se benefició de su régimen y al que no pudo combatir por razones de edad, sino contra la media España que formó el bando vencedor de la guerra civil. Esto es lo preocupante. Como sabes muy bien, porque somos de la misma edad, al menos desde los años 60 los jóvenes periodistas y en general universitarios, evitábamos una descalificación global de la media España derrotada, tanto por razones políticas como morales. Y es curioso que la propia Dictadura y sus proyectos culturales tendiesen a lo mismo. Ejemplos: películas como La fiel Infantería (dedicada en sus títulos a todos los combatientes de la guerra de España) o Posición Avanzada (en la que no hay buenos y malos); colecciones como la Crónica de la Guerra auspiciada por el ministerio de Información y Turismo (Fraga-De la Cierva), "no apta para irreconciliables"; la publicación íntegra o parcial de obras escritas por los derrotados, algunas tan duras como la de Guzmán El año de la victoria, etc.
La misma indignidad que habría sido en los años 60 la descalificación de un bando, por haber perdido, lo constituye ahora la descalificación del otro, por haber ganado. Ahora incluso me parece peor, por dos motivos: el primero es que ahora España es una democracia desde hace más de treinta años; el segundo es que en la España de los últimos años de Franco era patente un esfuerzo general por equilibrar la historia, con obras como El Ejército Popular de la República de Ramón Salas o la Historia Política de las dos Españas de José María García Escudero, publicadas ambas por la Editora Nacional. Lo que ahora se está publicando en nombre de la "memoria histórica" es, con frecuencia, basura. No sólo es es que no equilibre, ni que tampoco aporte nada, sino que muchas veces deforma. Es un retroceso historiográfico, que en realidad se sale del campo de la historia para entrar en el de la propaganda sectaria, de modo similar a las obras que se publicaban en España en los años 40 y 50. Las declaraciones parlamentarias que interpretan la historia son igualmente penosas: algo así como un Ministerio de la Verdad, sujeto a mayorías y minorías.
Siempre que alguien azuce a media España contra la otra se equivoca, en todos los órdenes. Por esa razón no debe atentarse contra realidades que, como el Valle de los Caídos, tuvieron entre sus finalidades un propósito de curar heridas y tender puentes. Es además un empeño antidemocrático. Nunca debería olvidarse que la actual democracia se basó en el propósito mayoritario, recogido por los constituyentes, de superar la dialéctica entre las dos Españas. Un propósito que además fue sincero y que estuvo coronado por el éxito, capaz de neutralizar sin daños irreparables una coyuntura tan peligrosa como la del 23-F. Tirar eso por la borda es una frivolidad propia de mediocres.
Sobre la tumba de Franco
Juan Blanco, en un detallado capítulo de su libro sobre el Valle de los Caídos, en que analiza tanto los rumores como las declaraciones de Diego Méndez, segundo constructor del monumento, concluye: "Afirmo, sin duda alguna, que Franco no ordenó la construcción de su tumba en la Basílica (...) La sepultura fue excavada y preparada en noviembre de 1975. Y que fueron Don Juan Carlos en su calidad de Jefe del Estado y el presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, quienes acordaron y ordenaron que los restos mortales de Franco fueran sepultados en el Valle de los Caídos". Todo indica que Franco pensaba ser enterrado en el cementerio de El Pardo, junto con su esposa y cerca de los modestos enterramientos de varios de sus leales, como Carrero, Nieto Antúnez y otros. Si así fue, Miguel Platón estaría equivocado, lo que se explica fácilmente por una serie de coincidencias, que a menudo confunden al investigador más concienzudo.
Realmente, la cuestión es puramente secundaria, aunque muy propio de la extrema ruindad de los de la Memoria histórica convertirla en piedra de escándalo. La decisión de enterrar a Franco en el Valle de los Caídos, mientras no se aporte documentación más consistente en contrario, fue tomada por otras personas, probablemente de manera acertada, por su significación histórica.
El libro de Juan Blanco, aunque incluye algún juicio muy injusto sobre Stanley Payne, tiene el mayor interés, y desbarata la mayoría de las leyendas forjadas por una historiografía revanchista que pasa del simple embuste para convertirse en estafa.
4.- El gobierno y las asociaciones que, financiadas con dinero público, han divulgado versiones como las arriba citadas, tienen la obligación de probarlas, y los españoles el derecho de conocer sus pruebas. De otro modo cabría concluir que estamos ante el enésimo episodio del "Himalaya de mentiras" con que socialistas moderados como Besteiro o liberales como Marañón, denunciaron unas propagandas que creíamos ya superadas y que en todo caso no deben volver.
5.- El monumento es probablemente, en su género, el más grandioso, armónico y artísticamente logrado que se haya construido en el mundo en el siglo XX, y como tal es patrimonio de todos los españoles, no de ningún gobierno o partido. Cualquier atentado o intento de transformar su carácter solo puede recordar las actitudes de los talibanes afganos... o los vandalismos y saqueos de un bando en la guerra civil. Su intencionalidad al principio fue conmemorar una victoria sobre lo que se consideraba totalitarismo marxista, para transformarse pronto en símbolo de reconciliación, con el entierro de restos de soldados de los dos bandos de la guerra civil. Naturalmente, esta reconciliación puede ser rechazada, y de hecho lo es por muchos; pero ese rechazo no puede servir de pretexto para desvirtuar o incluso destruir el monumento, y la opinión pública debe conocer los hechos al respecto.
**** Parece que la Cruz Roja se ha apuntado al puterío. Lenguaje típicamente celestinesco o alcahueteril. Conozco a gente que se ha borrado de socio de esa asociación. Debería tener un bajón de socios muy amplio, para que los putos y las putas sepan que pueden dedicarse a lo suyo en privado, pero sin contaminar con sus cosas el espacio público ni aprovecharse del dinero ajeno. El pretexto del "juego" es "informar" sobre enfermedades de transmisión sexual, fomentándolas al mismo tiempo con todo impudor. ¿En qué manos ha caído una organización tan respetable y con historial tan meritorio?
**** Margarita Robles niega las alegaciones de Garzón para apartarla de su caso... Pero se aparta de él.
Ha habido una campaña pidiendo a Juan Carlos que no firmase la ley. Obviamente, el monarca no es responsable de su elaboración y legalmente está obligado a firmarla. Podía imitar al rey Balduino y dimitir por un breve espacio para evitarse la firma, pero lo que funcionó en Bélgica probablemente no funcionaría aquí, donde se crearía un grave problema constitucional. Quizá el rey podría o debería arrostrar el riesgo de crear ese conflicto, pero carece de talla para tal cosa. Firmó la ley de “memoria histórica”, que directamente le deslegitima como rey procedente del franquismo, nombrado por Franco saltándose la llamada legitimidad dinástica, de modo que la cosa no tiene remedio. Su actitud ante Zapo recuerda algo a la de Fernando VII ante Napoleón, con la diferencia de que Napoleón era algo así como un genio, mientras que Zapo no pasa de ser un locuelo con poder.
La campaña contra la firma de Juan Carlos estaba condenada al fracaso de antemano si esperaba que la presión le obligara a no firmar. En cambio habría sido un éxito si se hubiese utilizado a fondo para explicar a la opinión pública, confundida por unos medios de masas manipuladores, el carácter delictivo de esa ley. Creo que no se ha hecho bien en este sentido. Mucha gente no acaba de entender que esta cuestión, como las demás cuestiones políticas, se juega en el terreno de la opinión pública, y que no basta hablar y repetir letanías para los ya convencidos.
En fin, animo a mis lectores a asistir a las manifestaciones contra las decisiones de la chusma política.
****Dice
(En Época)
OTRA MIRADA SOBRE
El historiador Miguel Ángel García Olmo ha escrito Las razones de
La relevancia de la tesis consiste en que desplaza la culpabilidad inquisitorial desde
Netanyahu elaboró sus tesis aprovechando por primera vez –un mérito innegable— fuentes hebreas que consideraban a los conversos renegados efectivos del judaísmo. Esas fuentes, señala su descubridor, están impregnadas de “espíritu de sinceridad y convicción profunda (…), valiente compromiso con la verdad”. Pero, ¿y los concienzudos testimonios de la propia Inquisición? Netanyahu les niega todo valor, pues solo responderían a la radical impostura del tribunal. Como observa García Olmo, con tales prejuicios de entrada puede construirse cualquier historia a la carta.
Es harto improbable que, aun si una buena mayoría de los conversos a la fuerza terminase –como así fue— sinceramente cristianizada, una minoría no judaizara en secreto, máxime tratándose de una religión tan “intensa”. No parece que
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**** La reconciliación (respuesta a un amigo):
Hay aquí dos aspectos: la reconciliación ofrecida y la reconciliación aceptada o negada. La reconciliación en el Valle se hizo con los combatientes, los de izquierda engañados, en su mayoría, por el “Himalaya de mentiras” orquestado por los “jugadores de la política”. No con los irreconciliables dirigentes que habían querido, planificado y provocado la guerra civil. No se trata de comparar los crímenes de uno u otro bando, pues, para empezar, no es lo mismo la agresión que la respuesta a ella. Y en cualquier sentido, por supuesto, mucho más criminal que la española fue la guerra mundial por parte de soviéticos, nazis y japoneses, pero también de los ingleses, los useños, los yugoslavos, los franceses o los italianos. El hecho real es que la reconciliación no fue solo ofrecida, sino lograda después de la guerra civil. Hay que insistir en que el Valle es un monumento a la reconciliación, rechazada hoy por los que se consideran herederos de los jefecillos del Frente Popular. Que estos consigan invertir el clima de reconciliación de la posguerra es posible, dado los medios de propaganda de que disponen. Pero salta a la vista que solo pueden hacerlo apoyándose en mentiras gigantescas, y también que es posible denunciarlas para evitar su triunfo, y convencer a la opinión publica, si nos movemos para ello.
Dice alguno que para que fuera realmente de “reconciliación” tendría que haber sido invitado a participar en el monumento “lo mejor de
http://historia.libertaddigital.com/por-que-fue-facil-la-reconcilacion-nacional-1276237460.html
**** Hace unos días me entrevistó la ONG “Sol” sobre el Valle de los Caídos. Intentaban hacer un reportaje con tomas del monumento. Se lo impidieron las “autoridades”. Autoridades sin la menor autoridad moral, simples déspotas.
****Jon Juaristi termina así un excelente artículo sobre las matanzas de presos realizadas por las izquierdas en Bilbao durante la guerra: “Los datos que he resumido no proceden de
****Blog. Hace años tuvimos en el blog a un perturbado que ahora ha sido condenado judicialmente. En realidad hemos tenido a bastantes dedicados a enredar las discusiones con insolencias, insultos, amenazas o simples sandeces para apartar de los temas tratados; y a otros que, so pretexto de condenar la censura, les respaldaban. En algunos blogs la entrada es libre y este tipo de problemas se da, aunque creo que en ninguno con la furia con que se dio en este. Durante un tiempo mantuve esos comentarios porque ofrecían un inapreciable testimonio de vileza, y con la esperanza de que sus autores terminaran cansándose. Pero la estupidez, pues no es otra cosa en el fondo, no descansa, por lo que fue preciso limitar el acceso al blog. Aun así hemos tenido a unos cuantos, y sigue alguno, enredando, o repitiendo datos ya refutados o reproduciendo la más grosera propaganda izquierdista (los socialistas tienen equipos de intervención en los blogs), por lo que ha sido preciso irlos excluyendo, una vez comprobados su estilo y tácticas y dejado el testimonio de sí mismos. Antaño las intervenciones diarias eran de centenares, lo que daba al blog un falso aspecto de viveza, que en realidad era en gran medida un verdadero festival de vaciedades, algo que se comprueba en muchos otros blogs. En fin, en estas estamos.
("La involución permanente", en el programa de Luis del Pino en Es Radio, será mañana, domingo)
Anglómanos
Es ciertamente admirable el tesón, la habilidad y el esfuerzo que dedican los anglosajones a extender su idioma y su cultura. Por lo mismo no es nada admirable, más bien lo contrario, la torpeza, el servilismo y la necedad de los anglómanos hispanos que, sin cobrar un duro por ello, se convierten en servidores de aquellos para desplazar y desacreditar el español. Pues esto es justamente lo que hacen. Es obvio que con su actitud se creen un poquito ingleses o partícipes de su cultura que, abierta u ocultamente, consideran superior. Pero por eso mismo es difícil imaginar nada más alejado de un inglés que estos cantamañanas. De su grave necedad da idea clara el hecho de que a denunciar la situación y defender nuestra cultura lo llamen “anglofobia”.
Antifranquistas
El antifranquismo es hoy solo una cobertura para atacar a España, a la democracia, a la Constitución, y para difundir la triple corrupción intelectual, económica y sexual, en términos más populares, la cultura de la trola, el choriceo y el puterío. Los antifranquistas son muchos, desde De Juana Chaos a Zapo, desde Carrillo a Rubalcaba, desde los que acaban de agredir a Rosa Díez hasta Rajoy, desde Cebrián a los “rojos” de Público… Hay muchísimos, en vivo contraste con lo que ocurría cuando vivía Franco.
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****Blog, Criti : el caso de Nacho Uriarte es realmente anecdótico, dentro de la creciente corrupción de los señoritos del PP. Muy significativo, pero anecdótico, pues la cosa tiene mucho más fondo. El individuo cultiva, si os fijáis un parecido con el Che Guevara, que ya es indicativa de una indudable niñatería. Ha recomendado a los jóvenes no conducir bebidos. Este es el PP del futurista, la nena angloparlanete y la economía lo es todo. La economía de Gürtel, posiblemente.
****Un amigo me ha enviado otra propuesta de manifiesto sobre el Valle de los Caídos:
1) Es falso que, como viene repitiendo cierta propaganda, el Valle de los Caídos fuera construído por “20.000 presos políticos” en condiciones de esclavitud o trabajos forzados. A lo largo de los años 40 –es decir, durante la primera mitad de los casi veinte años que duró la construcción-, en turnos de nunca más de
2) Es cierto que, originalmente, el monumento fue concebido por Franco como recuerdo y homenaje sólo a los muertos del bando “nacional”. Pero con el paso del tiempo eso fue cambiando, para convertirlo en un símbolo de reconciliación y paz. Esto es lo que indican diferentes testimonios, el depósito de los restos de muertos de ambos bandos y las decisiones que se adoptaron sobre la decoración de la basílica, en la que se evitaron, con el acuerdo expreso de Franco, los motivos o símbolos políticos y militares referidos a la guerra civil. Esto sólo quieren ignorarlo aquellos que, utilizando lo que Julián Besteiro llamó un “Himalaya de mentiras”, fomentan el odio entre españoles y se dedican a crear indignaciones impostadas y a preparar el terreno para cualquier tropelía.
3) Hoy, setenta años después del fin de la guerra civil, cincuenta años después de su inauguración y treinta y cinco años después de la muerte de Franco (hemos vivido ya igual tiempo en democracia que el que duró la dictadura de Franco), la inmensa mayoría de los españoles no ven en el Valle de los Caídos una conmemoración o un símbolo del triunfo del bando franquista en la guerra civil, o del régimen político franquista. Ven, más bien, usando las famosas palabras de Azaña en 1938, un impresionante memorial dedicado a la paz, al perdón y a la reconciliación entre los españoles. El falseamiento de la historia de su construcción, unido al deseo de darle un significado que, en todo caso, es obvio que ya no tiene, sólo puede entenderse como parte de una desdichada tradición de barbarie, de ataques y destrucciones de carácter sectario contra el patrimonio artístico, al estilo de los cometidos durante los años de la II República y de la guerra civil.
4) Como tantos otros testimonios de nuestra historia, como el cercano monasterio de El Escorial, el Valle de los Caídos es patrimonio de todos los españoles. Es uno de los monumentos más grandiosos, armónicos y mejor integrados en su entorno natural que se hayan construido en el siglo XX en Europa y, posiblemente, en cualquier país del mundo.
5) Los abajo firmantes queremos alertar a la sociedad española ante lo que podría ser un nuevo y muy grave atentado contra nuestra historia y nuestro patrimonio común. Hoy, el significado político y moral del Valle de los Caídos es el que la mayoría de los españoles le dan, no el que algunos quieren imponernos en sus delirios sectarios. Pedimos a S.M. el Rey, a las altas instituciones del Estado, a las instituciones académicas, a los partidos políticos y a las organizaciones de la sociedad civil que hagan llegar al gobierno su exigencia de que el conjunto monumental del Valle de los Caídos se mantenga y proteja con el mayor cuidado, como lo que es y lo que debe seguir siendo: un impresionante memorial en defensa de la paz y el respeto entre los españoles.
(Mañana en La involución permanente, entre 8,30 y 9,00, Luis del Pino y yo, sobre el 11.m, lo que ignoramos y lo que sabemos)
Afirma Guillermo Dupuy en réplica a Cristina Losada sobre la normalización lingüística, que "la dictadura prohibió a millones de españoles estudiar en su lengua materna y los sometió a una coactiva inmersión lingüística como han hecho los nacionalistas de ahora con los catalanes o los gallegos. Para aquel régimen, que también era nacionalista, que hubiera españoles que tuvieran y consideraran como lengua propia al gallego, el euskera o el valenciano era una "anomalía" tan incómoda y erradicable como lo es para los nacionalistas de ahora que haya catalanes, vascos o gallegos que tengan y sientan como lengua propia el castellano", y lo fue "la mayor parte de su vida", aunque a última hora reblandeciera su "nacionalismo español" (en http://www.heterodoxias.net/ aparece el texto del decreto franquista de 1975)
Ya he explicado en otras ocasiones la enorme diferencia entre el llamado "nacionalismo español" – exceptuando el de Ortega y los regeneracionistas–, y los nacionalismos regionales. Las dos cosas no se dejan igualar por el simple término "nacionalismo". Por lo que se refiere al problema, véase la pregunta 32 de mi libro Franco para antifranquistas en 36 preguntas clave:
¿REPRIMIÓ FRANCO CON ESPECIAL DUREZA EL CATALÁN, EL VASCUENCE Y EL GALLEGO?
He aquí uno más de los tópicos más insistentes, con una enorme carga mítica. Leemos con frecuencia que los tres idiomas fueron prohibidos fuera de la intimidad familiar, incluso que el castigo por hablarlos en público llegaba a la ¡pena de muerte!; que Guipúzcoa y Vizcaya fueron declaradas "provincias traidoras", la guerra del 36 fue "contra Cataluña", y un muy largo etcétera de puras y simples invenciones.
El franquismo venció bajo el lema de España Una, Grande y Libre y, como explicó Franco: "España se organiza en un amplio concepto totalitario, por medio de instituciones nacionales que aseguren su totalidad, su unidad y continuidad. El carácter de cada región será respetado, pero sin perjuicio para la unidad nacional, que la queremos absoluta, con una sola lengua, el castellano, y una sola personalidad, la española" (de lo que entendía Franco por "totalitario" ya hablaremos). Parte de los vencedores persiguieron los idiomas regionales: Dionisio Ridruejo cuenta cómo, al llegar a Barcelona, la Falange tenía dispuesta propaganda en catalán, pero la autoridad militar le impidió distribuirla. Hubo en los primeros tiempos llamadas a emplear "la lengua del imperio" y multas ocasionales a quienes hablaban catalán en lugares públicos (no así en Galicia, y muy raramente en las Vascongadas, aunque el vascuence era desde antes poco usado). Fueron prohibidos los nombres de persona inventados recientemente por los nacionalistas vascos. Y así otras medidas parecidas (79).
No faltaban otras actitudes, como la del entonces poderoso Serrano Súñer: "¿El lenguaje catalán? ¿Por qué no? Si el catalán es un vehículo del separatismo, lo combatiremos. Imagínese que el castellano –aunque esto no pueda suceder– llegara alguna vez a ser alguna vez un factor contrario a la grandeza de España. ¿No estaríamos obligados a combatirlo? Si el catalán es un elemento de la grandeza de España, ¿por qué no respetarlo?". Ni faltaban loas a los idiomas regionales como una riqueza propia de España, según los definía el alcalde franquista de Barcelona, Mateu i Pla, en 1939: "Sanos y nobles apegos a tradiciones sagradas y a usos y costumbres que fueron siempre la esencia misma del patriotismo español" (80).
Datos significativos fueron también la gran popularidad de Franco en Cataluña, Vascongadas y Galicia, especialmente en la primera, como prueban los documentales. O la práctica ausencia de oposición nacionalista o separatista al régimen en dichas regiones (salvo la tardía de la ETA, que veremos en la próxima cuestión).
Para valorar estas contradicciones debemos apreciar la situación de aquellos idiomas antes del franquismo. El gallego, muy hablado en Galicia, tenía poco cultivo literario; mucho menos hablado y cultivado era el vascuence, en el que no se expresaba más de una docena de escritores, muchos de ellos clérigos: los propios separatistas, en su mayoría, solo hablaban castellano. Ni el gallego ni el vasco disponían de cátedras ni de gramática, ortografía y vocabulario normalizados. El vascófilo inglés Rodney Gallop, ya en tiempos de Franco, veía el principal obstáculo al aprendizaje del vascuence, no en alguna forma de persecución, sino en "la falta de buenos diccionarios y gramáticas sencillas", y sobre todo en "la asombrosa diversidad de dialectos (...) La verdad es que el idioma varía según los pueblos, según las casas, y casi debiera uno decir, según los individuos". Antes y durante la mayor parte del franquismo, la mayoría de vascos y gallegos encontraba poca utilidad a los idiomas regionales, o los consideraba un obstáculo a una comunicación y cultura de cierta amplitud, como ya lamentaba Sabino Arana, fundador del PNV. En 1952 escribía el líder separatista Irujo: "El idioma, la literatura, la poesía y la cultura vascos encuentran pocos corazones emocionados y menos voluntades puestas a su servicio. Esto es muy lamentable y muy desconsolador; pero es la pura realidad" (81).
Caso algo distinto era el del catalán: en 1918 Pompeu Fabra había escrito una gramática de ese idioma, en castellano, y en 1932 un Diccionari General de la Llengua Catalana, procurando separar lo más posible el vocabulario catalán del castellano, lenguas en realidad muy semejantes. Al revés que en vascuence o en gallego, desde principios del siglo XX se publicaba en catalán bastante prensa y libros, que alcanzaron un ápice con la dictadura de Primo de Rivera: de siete diarios se pasó a diez, y el número de libros superó los trescientos. Bajo la república, la progresión se acentuó, llegando los periódicos a 25 (aunque la prensa catalana en castellano siguió siendo siempre la más leída y prestigiosa), y el número de libros, de pequeña tirada, llegó a los 865 en 1936 (si bien, nuevamente, los más leídos estaban en castellano) (82). Barcelona era desde siglos atrás uno de los principales centros de edición en español común, y la casi totalidad de la población era bilingüe. Además Cataluña fue la única región que recibió un estatuto de autonomía y cooficialidad del idioma regional. El franquismo abolió el estatuto y la cooficialidad, así como el estatuto vasco, concedido en plena guerra (y conculcado sin tregua por el PNV). No llegó a aplicarse el estatuto gallego, aprobado en 1936 mediante un pucherazo (también la votación del catalán había registrado numerosas irregularidades).
La inicial persecución a los idiomas regionales se fundó en su utilización por los nacionalistas como instrumento de fragmentación del país y de una literatura injuriosa y despectiva hacia España. La represión fue inspirada y aplicada en gran medida por catalanes y vascos que habían experimentado las dudosas delicias de la revolución y el terror bajo la Generalitaty la autonomía vasca, y habían llegado a asociar los idiomas particulares con las causas y desastres de la guerra. Entre los vencedores abundaban los catalanes, desde alguna de las unidades militares más condecoradas a los artistas e intelectuales más relevantes de la región, como Josep Pla, Salvador Dalí, Eugenio d´Ors, José María Sert, Fernando Valls, Martín de Riquer, etc. Y lo mismo vale para vascos y gallegos. No hubo, por cierto, nada similar a una "guerra contra Cataluña", sino contra la revolución y el separatismo; y, como quedó dicho, las tropas nacionales habían gozado de una acogida masiva y entusiasta en Barcelona, mientras otra masa de izquierdistas se exiliaba en Francia, retornando pronto más de dos tercios de ella.
Así, el franquismo desarrolló la vida oficial y la enseñanza pública exclusivamente en el español común. Pero bien pronto autorizó la predicación religiosa en catalán y en vasco, luego la publicación de libros en los idiomas vernáculos, y desde 1945 el funcionamiento de las academias de las lenguas vasca y gallega. Entre 1956 y 1959, época aún bastante dura del régimen, se reunió la Academia Vasca para unificar el vascuence, largo proceso culminado en 1968 con el euskera-batua, que muchos puristas desdeñaron como un falso vascuence (83).
En 1957 nació la primera ikastola, y más de ciento treinta desde 1965. El escritor Iñaki Ezquerra ha escrito que en su colegio de los Hermanos La Salle de Bilbao, se impartió clase en eusquera, desde 1965, con carácter voluntario. Solo tres de ochenta alumnos se apuntaron: él, su hermano y un tercero. Apoyadas a menudo por organismos oficiales o cajas de ahorros, no solo impartían enseñanza en vascuence sino que, como diría descarnadamente el político navarro Jaime Ignacio del Burgo, "enseñaban a odiar a España", al menos aquellas donde se habían infiltrado profesores nacionalistas. Como observa J. R. Lodares en El paraíso políglota, libro antifranquista pero desmitificador, que uso aquí de preferencia por ofrecer una buena síntesis del problema, en los años 60 había ferias del libro y del disco en vascuence y más niños educados en ese idioma que en toda la historia anterior de las Vascongadas; y también muchos más escritores: casi seis veces más que durante la república.
Durante los últimos veinte años del franquismo, el gallego y el vasco fueron más cultivados literariamente que nunca antes, se establecieron premios a obras en esos idiomas, etc. Desde 1948 la revista Egan, con patrocinio oficial, estimulaba el cultivo literario del vasco, y si entre 1934 y 1935 se publicaron 19 libros en ese idioma, entre 1962 y 1963 subieron a 42. También en gallego se publicaron pocos libros, periódicos o revistas antes del franquismo, pero en 1951 se fundó en Vigo la editorial Galaxia, para libros en gallego, un hecho sin precedentes. Y en 1952 aparece la primera editorial para libros en eusquera (pronto llegarían a diez), así como la primera cátedra de ese idioma, porque "Es deber inexcusable del Estado español atender (...) el estudio, investigación y cuidado científico de este rico aspecto de nuestro común patrimonio cultural". También se crearon cátedras de gallego (84).
Ya en 1944 se hizo obligatorio por ley que las Facultades con Filología románica incluyeran la asignatura de Filología catalana. En 1945 el académico soriano V. García de Diego escribió la primera gramática histórica catalana, no publicada por desidia del editor barcelonés, y en 1951 y 52 se publican dos gramáticas históricas por autores catalanes. El poeta Salvador Espríu empieza a publicar en ese idioma en 1946. Resume Lodares "También se encuadraría el proyecto de un gran centro de estudios occitanos, algún otro de estudios mediterráneos, todo ello en Barcelona (...) La Diputación de Guipúzcoa financiaba una revista para nuevos escritores nacionalistas; la de Navarra facilitaba clases de eusquera para niños; se reeditaban las poesías de Rosalía de Castro [y otros libros en gallego] (...) Entiendo que esto no era la Atenas de Pericles, por supuesto. Pero tampoco lo había sido antes". Ni después, cabe añadir (85).
Hubo, pues, cierta persecución, muy poco sistemática, de las lenguas regionales en los primeros años del régimen; y después no solo tolerancia sino estímulo a ellas, aunque se mantuvieran apartadas de la oficialidad. Los actuales nacionalistas y separatistas, muy poco activos en el franquismo, han exagerado sin tasa la represión y, ya en una democracia que no llegó por sus esfuerzos, han tratado de marginar el español común y de crear un ambiente social de rencor, mediante aquella mezcla de narcisismo y victimismo expuesta por el dramaturgo Albert Boadella en clave humorística (en El mundo, 10-III-2005): "Estas sonrisitas, ahora triunfantes, pueden encontrarse hoy al por mayor, y muy bien remuneradas, en las tertulias de la tele Autonómica. Aunque tampoco hay que mitificar sus contenidos. Acceder al código está al alcance de todos, es algo así como: «Je, je, queda claro que no tenemos nada que ver con ellos, je, je, nosotros somos dialogantes, pacifistas y, naturalmente, más cultos, je, je, je, más sensatos, más honrados, más higiénicos, más modernos, je, je, je, que esos españoles».
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**** Pequeña discusión con Cristina Losada, Maite Nolla y José García Domínguez sobre el video del "reino de Oregón") Según Maite y un servidor, se trata de una broma, quizá algo zafia pero con bastante gracia. Además recuerda un hecho histórico desvirtuado sistemáticamente por los nacionalistas catalanes (que no por los catalanes). Como indiqué en el blog hace unos días, el único problema, difícil de arreglar en una cosa así, está en la distinción entre catalanes y nacionalistas catalanes, llamados a veces catalufos. Para Cristina y Pepe, el vídeo entra en el terreno de la demagogia catalanista, y la alimenta. Yo creo que exageran. Desde luego hay mucha gente cabreada por la constante ofensa y burla de los "catalufos" hacia las demás regiones y hacia España entera y que, por ese cabreo, reaccionan sin distinguir entre unos y otros. En fin, ustedes juzgarán:
http://www.youtube.com/watch?v=AYrFf9KYMpc
**** Natalia recuperará sus sobresalientes perdidos por utilizar el castellano
Y los sinvergüenzas profesores que han vulnerado la ley, ¿se van a ir de rositas?
----------------------------------------------1. Nos parece que debe ser sometido a estudio y, en su caso, a debate lo que viene afirmándose sobre el origen del Valle de los Caídos y la procedencia de destruirlo o de cambiar su finalidad. Como historiadores, lo hemos estudiado y hemos llegado a las conclusiones siguientes.
1.1 La afirmación de que el monumento fue construido por 20.000 presos políticos en condiciones de esclavitud o trabajos forzados y pésimas condiciones de trabajo no se corresponde con lo que han llegado a concluir quienes han investigado ese hecho sobre los documentos que hay disponibles hasta este momento.
1.2 Según la documentación disponible, la mayoría estaba formada por trabajadores libres, claro es que asalariados. El número de reclusos que tomaron parte en la construcción debió oscilar entre 2.000 y 2.500 personas durante seis de los dieciocho años de la construcción. Todos ellos, comunes y procedentes del Frente Popular, estaban condenados por delitos graves.
1.3 Los presos cobraban el salario normal como los libres, y redimían penas a razón de varios días de condena (hasta 6 a veces) por cada día trabajado, y lo hacían lógicamente, de modo voluntario. El número de muertos por accidentes (catorce) fue muy reducido para una obra de esa envergadura. La vigilancia era escasa pero casi ningún preso escapó.
1.4 Si las afirmaciones que se han hecho en otro sentido –como lo referido a que fueron 20.000 los presos "políticos" en condiciones de esclavitud–, proceden de documentación fehaciente, todos los españoles tenemos derecho a conocerla.
2. Teniendo en cuenta el sinnúmero de monumentos artísticos que hay en todo el mundo en los que sí consta de forma fehaciente que trabajaron esclavos y cuya demolición no se le pasa a nadie por la cabeza, sean las pirámides de Egipto o la Gran Muralla, no cabe obviar la naturaleza precisamente artística y monumental del Valle de los Caídos, ni el hecho –enormemente significativo– de que sea uno de los lugares más visitados de España. Destruir monumentos de esa envergadura –es una señal de barbarie.
3. Los impulsores de la construcción del Valle de los Caídos, lo presentaron como un símbolo de victoria, y después de reconciliación, razón por la cual dieron sepultura en él a soldados de ambos bandos, y allí siguen sus restos. Lo que procede, por tanto, es hacer que sea real esa reconciliación y que el Valle de los Caídos sirva aún más para ello. Su carácter mortuorio es el más apropiado, a nuestro juicio, para un monumento destinado a la reconciliación que sigue a una guerra civil. Es desde luego justo que, a los familiares de los enterrados en el Valle de los Caídos, se les mantenga lo que ya tienen, que es el derecho a trasladar los restos a otro lugar, si es que lo desean, y que se dé asimismo la posibilidad inversa a quienes quieran, claro es que sin que lo uno o lo otro suponga dispendio económico. No hay constancia de que Franco hubiera decidido ser enterrado allí, decisión que correspondió en su momento al rey Juan Carlos.
4. No queremos ocultar que nuestra primera impresión –evidentemente, provisional– ante las asociaciones concretas que han hecho mayor eco a aquella otra versión de lo sucedido –la de los 20.000 presos "políticos" forzados– es que se trata de grupos financiados con cargo a los presupuestos del estado y, concretamente, de lo previsto en la ley de la denominada Memoria Histórica. Tienen doble obligación, por lo tanto, de probar lo que dicen. Viven a costa de todos los españoles. Y, en todo caso, deben ser consecuentes con lo que los españoles necesitamos en este momento, que es conseguir que tengan trabajo los millones de personas que no lo tienen, en parte porque el dinero se destina a otras cosas bastante menos urgentes y, en ocasiones, menos dignas.
5. En último término, se trata de que se callen de una vez aquellos a quienes el socialista Zugazagotia (fusilado por los nacionales en 1940) llamó "jugadores de la política", que suelen impulsar odios en la sociedad por medio de lo que otro socialista eminente, Julián Besteiro –que murió ese mismo año en la cárcel– llamó "Himalayas de mentiras". Que lo dijeran dos personas que iban a morir precisamente en la represión que siguió a la guerra no quita fuerza a sus palabras, sino todo lo contrario: invita a empeñarse en acabar con cualquier dialéctica de revancha y mentira.



