Tesis sobre el terror en la guerra civil (I)

28 de Agosto de 2008 - 17:49:19 - Pío Moa


   La izquierda ha entendido muy bien el papel emocional y el valor político actual de las acusaciones de represión aplicadas a la derecha durante la guerra, y no ceja por ello en su fraudulenta propaganda a todos los niveles (la última, la del juzgador solitario). Lo hace con el silencio cómplice de los políticos rajoyanos, tan propensos a escupir sobre la tumba de sus padres y abuelos, por creer que así ganan votos. Por ello conviene insistir cuanto haga falta en unas cuantas verdades.


1.- El terror se plantea de dos formas: como un modo de paralizar la reacción del contrario (véanse las instrucciones del PSOE para la guerra civil, o las de Mola para el golpe militar) o como una “limpieza” a fondo de enemigos (véase a Araquistáin: “no va a quedar un fascista ni para un remedio”). En el primer caso, se busca abreviar la lucha y por tanto las víctimas, aunque en la práctica tienda a convertirse en un fin en sí mismo.


2.- Según los estudios más fiables, los de Ramón Salas Larrazábal corregidos por A. D. Martín Rubio, el número de víctimas del terror entre 1936 y 1939 fue ligeramente superior por parte de los nacionales, aunque proporcionalmente algo menor, al haberse aplicado sobre una población más amplia (el Frente Popular solo pudo hacerlo sobre algo más de la mitad del país). Los estudios de Salas y de  Martín son a priori mucho más fiables que los descaradamente politizados  y subvencionados por el poder socialista, tan abundantes estos años.

 

3.- La práctica igualdad cuantitativa entre los dos terrores no significa igualdad  cualitativa. Por el contrario, existen profundas diferencias a considerar: ante todo, fueron las izquierdas, y no los nacionales, quienes empezaron a aplicar ese método ya en 1933-34, con el asesinato de numerosos derechistas,  asaltos a locales de la CEDA, etc. Durante la insurrección de octubre del 34, el terror fue aplicado ampliamente allí donde la revuelta triunfó por algún tiempo, Asturias sobre todo (en torno a un centenar de asesinatos). Luego, tras las elecciones de febrero de 1936,  las izquierdas volvieron a aplicar un terror sistemático, con más de 200 asesinatos en solo cinco meses, amparados  por  el gobierno. Este terror previo elevó más y más la exasperación de la derecha y constituyó uno de los factores de su réplica posterior, a menudo feroz.

 

4.- Una derivación política de la actitud izquierdista fue la gran campaña internacional sobre la represión derechista de Asturias, fundada en falsedades y exageraciones, pero aceptada por numerosos historiadores hasta hace poco. Baste decir que, una vez ganadas –anormalmente—las elecciones de 1936, entre otras cosas con la promesa de investigar dicha represión, el Frente Popular  olvidó sus promesas y rechazó dichas investigaciones, demandadas por la CEDA. Sin embargo la campaña creó en la izquierda un clima de  revancha  muy proclive a aplicar el terror contra una derecha tan "criminal"; y en la derecha una indignación impotente, muy peligrosa en caso de explotar. Este factor -- la incidencia social de esta campaña--, nunca había sido debidamente analizada ni tomada en cuenta por los historiadores.

 
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Historia contra memoria
 

 Cartas al director:

Campo de concentración de Castuera N
***Angel David Martín Rubio
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Durante el mes de julio pasado, historiógrafos y políticos han fantaseado en Castuera (Badajoz) sobre el campo de concentración que existió en esa localidad durante los primeros meses de la posguerra y al que paradójicamente se calificaba de "un campo en la retaguardia", calificativo que pierde su sentido cuando no existían los frentes y que oculta lo que en realidad fue: un centro provisional para la clasificación de los miles de prisioneros de guerra que provocó el final de la guerra, habilitado por poco tiempo con el régimen jurídico de una Prisión Central.
En las reseñas de prensa se alude a prisioneros y muertos, todo con la misma vaguedad que favorece la creación y difusión del mito pero... Hay otros muchos muertos y presos de los que nadie habla y también eran de Castuera o murieron allí. Me refiero a  los asesinados por las milicias frentepopulistas en El Arenal, los quemados vivos en el apeadero de El Quintillo, los fusilados en el Cementerio, los presos en el Depósito municipal, los presos en la Ermita de los Mártires, los presos en los Campos de Trabajo establecidos por el Gobierno de la República mucho antes de la creación del Campo de Castuera, como ocurrió en Monterrubio, los centenares de soldados y voluntarios caídos en el frente de La Serena.
Por favor, que nos dejen a los historiadores estudiar nuestro pasado, que los políticos se dediquen a las gestiones que les corresponden y, por si puede servirnos la lección, que los españoles no olvidemos lo que ocurrió en 1936 cuando las izquierdas, con el Partido Socialista a la cabeza, dinamitaron el Estado de Derecho.
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=392787
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MEMORIA HISTORICA
Las fosas de Mérida
Angel David Martín Rubio
Mérida
La unilateral recuperación de la memoria histórica que se está llevando a cabo por la izquierda española ha vuelto a poner de actualidad unos enterramientos en el entorno del cementerio de Mérida que no eran ningún secreto para la historiografía que se ha ocupado de la Guerra Civil en Extremadura. Un informe del Ayuntamiento de Mérida fechado en la década de los cuarenta y publicado en mi libro Paz, piedad, perdón... y verdad afirma con toda claridad que "al ser liberada la ciudad por el Glorioso Ejército y con posterioridad a esto fueron sancionados por la autoridad aquellos que hicieron fuego contra las armas nacionales y cuyos cadáveres según noticias adquiridas por esta alcaldía fueron dados sepultura en las inmediaciones del cementerio". Si a ellos añadimos las ejecuciones de las sentencias dictadas por Consejos de Guerra, el total de muertes registradas en Mérida se sitúa algo por encima de las quinientas personas como se documentó en una memoria de licenciatura presentada por María del Mar Alvarez Román en la Uex (1989). Todo ello hace inexplicable el baile de cifras, a cual más disparatado, que se ha visto y leído en los medios regionales en los últimos días: unas veces eran mil, otras dos mil, otras cuatro mil...
Pero no son estas las únicas tumbas existentes en el cementerio de Mérida. Cuando las tropas nacionales entraron en la ciudad emeritense pusieron fin a los asesinatos que, por orden del comité frentepopulista habían comenzado el 7 de agosto y continuaron en los días siguientes.
Personalmente preferiría que se dejara reposar a todos los muertos de la Guerra Civil bajo una cruz que fuera símbolo de reconciliación, unidad y verdad pero si otros prefieren seguir manipulando la historia y emplearla como arma al servicio de su demoledor proyecto político, habrá que recordarles que fueron los ahora llamados --republicanos-- quiénes comenzaron a derramar la sangre de sus enemigos sobre Extremadura.
 
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=392203

*** "que nos dejen a los historiadores estudiar nuestro pasado", exhorta Martín Rubio. Pero a la mayoría de los historiadores no hay por dónde cogerlos, tanto se ha degradado la profesión en estos años. Son peores que los políticos. 

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¿Es el hombre un animal?

27 de Agosto de 2008 - 18:32:27 - Pío Moa

    Los estudios con pretensiones científicas suele catalogar al hombre como un animal. Por supuesto, tiene muchas afinidades con los animales, como estos las tienen con las plantas  y todos con la naturaleza inerte (todos los elementos químicos presentes en  los seres vivos lo están previamente en el mundo mineral). Pero, pese a los aspectos comunes, la diferencia entre el hombre y el animal no es menor que la existente  entre  los animales de las plantas. Se argüirá que muchos animales son también sociales, o que los genes humanos  y los del chimpancé, por ejemplo,  difieren muy poco. Pero esa pequeña diferencia es totalmente decisiva;  y la sociedad humana y las animales tienen muy poco en común. La sociedad humana  es cultura e historia, algo ajeno a las sociedades animales.

    Considerar al hombre como animal tiene muchas implicaciones. El comportamiento animal, aunque muy complejo, es bastante accesible a la observación y básicamente estereotipado. Una seudo ciencia, o ciencia vaga (de vagancia)  querría estudiar al ser humano  como puede hacerse con el perro, pero, entre otras cosas, la conducta humana no solo resulta mucho más compleja, sino que absorbe los conocimientos sobre ella, de tal modo que esos mismos conocimientos  transforman la conducta, a menudo de forma imprevisible, volviendo el esfuerzo científico una tarea sin fin.

   Por otra parte limitar la diferencia entre animal y hombre a la mayor complejidad del segundo carece de cualquier connotación moral, y la moral constituye otro rasgo profundamente distintivo del ser humano. El  psicólogo  B. F. Skinner, en su tiempo el más influyente de Usa, escribió un libro clásico: Más allá de la libertad y la dignidad, creyendo haber dado con las bases de la conducta humana que marginaban por “precientíficos” esos conceptos -- libertad y dignidad-- tan enfadosos e inmanejables para determinadas concepciones de la ciencia. Y por ahí insisten muchos otros, en busca de su poco santo grial.

    Políticamente, esta consideración tiene serias consecuencias: el ser humano puede ser tratado (por los amos de la ciencia) como cualquier otro “animal”. Los comunistas y los nazis, por ejemplo, se veían a sí mismos en esa científica posición. Sus sucesores los critican y dicen ser mucho mejores chicos, afirmación moral poco coherente con sus premisas.

 

 

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Problema de lingüística

Dice Pujol que el español no está perseguido en Cataluña. Declarar  el español "idioma no propio", excluirlo de la vida oficial, reducirlo y acosarlo en la enseñanza, todo en medio de un incesante flujo de ofensas a España y a cuanto nos es común,  de agresiones a la libertad de expresión, a la bandera de España, de expresiones pro terroristas y anulación del pluralismo en la prensa respecto de estas cuestiones, todo eso no es persecución, según nuestro prohombre. Quizá ha olvidado el significado de las palabras, en castellano y en catalán.
   Prosigue nuestra gloria política que "hay un desapego de Cataluña, y en el conjunto de España hay una actitud hostil hacia nosotros". Nuevamente un problema de lenguaje: con su concepción totalitaria, Pujol cree que Cataluña es Catalufia, es decir, el sector catalán antiespañol; Y que la hostilidad hacia los catalufos, sentimiento creciente después de tantos años de injurias, desprecios y provocaciones contra el resto de España, es hostilidad a los catalanes. 
   Todavía aumenta el problema del lenguaje cuando el líder catalufo asegura:  "Hemos sido siempre de una lealtad absoluta. No creo que nadie pueda acusar de desleal a Cataluña".  ¿Qué entenderá por lealtad este caballero? Nadie acusará de desleal a Cataluña, por supuesto, pero a Pujol y los suyos...¡vamos, hombre!
   Cuando el lenguaje político se distorsiona a tal punto, recuerda al farfullar de los borrachos.

 

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 La vicesecretaria general del PP vasco dice que Zapo "ha aprendido de su error en la lucha contra ETA" 

 El sector proetarra del PP lavando la cara al principal colaborador de los terroristas  (Ver blog de   9 de junio y 15 de agosto)

   Como en la confusión organizada en que vivimos hay que explicar muchísimo las evidencias, insistamos en que no se trata de una boutade. Quien colabora con el colaborador colabora con el colaborado. ¿De qué manera lo hacen Rajoy y sus amigos?
a) Participando en la carrera de los estatutos autonómicos, clave de toda la política involucionista y proetarra de Zapo

b) Disimulando el hecho

c) Contribuyendo, con el silencio o con maniobras por un reparto de poder,  a los ataques de Zapo a la libertad de expresión y a la independencia judicial, otros aspectos de la política socialista.

   Quien ha "aprendido de su error" es el PP. Del "error" de haber defendido oacasionalmente la constitución y las normas democráticas. En lo esencial, Rajoy ha optado por la misma política que Zapo.

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Ayer, en
El Economista :

EL CAMBIO CLIMÁTICO

 

   El clima varía, y casi todos los años provoca catástrofes locales. Sin embargo, en todo el tiempo del que el hombre guardaba memoria se han mantenido unas constantes que nos hacían confiar en un clima básicamente estable.

    La actitud ha cambiado desde que  han pasado al saber popular  las enormes oscilaciones climáticas de la Tierra, la corta duración de los períodos interglaciales en comparación con las épocas frías;  el posible fin próximo de nuestro feliz  período  interglacial (Holoceno), al que nos hemos adaptado desde hace doce mil años, la posibilidad de un cambio lo bastante abrupto como para causar cataclismos casi impensables.  Este conocimiento causa en la gente una sensación de inseguridad y angustia, consciente o subconsciente, que la hace propensa a las estafas políticas.

    ¿Vamos hacia un calentamiento global, hacia una nueva glaciación, o persistirá el clima actual miles de años más?  Si vienen cambios, ¿lo harán lentamente o con tal rapidez que impidan una adaptación tranquila? ¿Qué incidencia real tiene la industria en el clima? La emisión de gases industriales, ¿perjudicará a la humanidad o  la beneficiará al retrasar el enfriamiento del planeta?  De perjudicarla, ¿en qué grado y ritmo deberían reducirse las emisiones, y  cómo hacerlo sin provocar la miseria y el hambre para cientos de millones de personas?

   Hoy por hoy los científicos no tienen respuesta a estas cuestiones,  sobre las que exponen análisis y pronósticos contradictorios. Quizá dentro de unos años o decenios logren ofrecer resultados claros. Ello no impide que, entre tanto,  muchos políticos y negociantes sepan bien qué va a ocurrir y fomenten modas: la del calentamiento global está cediendo ahora  a la del enfriamiento glacial. Quizá yerren con el clima, pero aciertan de otro modo. Creen que explotar la angustia popular puede rendirles pingües ganancias en poder o en dinero. Y así suele ocurrir.

 

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Ricos contra pobres

19 de Agosto de 2008 - 09:59:29 - Pío Moa

Hoy, en El Economista:

RICOS CONTRA POBRES

 

   En unas conversaciones entre Juan Luis Cebrián, ex director de El País, y Felipe González, ex presidente de España, ambos coinciden en definir la guerra civil como enfrentamiento entre pobres y ricos, ganada por los ricos, a quienes ellos muestran nulo aprecio. Se trata de una simpleza inframarxista que insulta la inteligencia: fue el bando supuestamente enemigo de los pobres, el que creó condiciones para que el país superase su pobreza ancestral; y las ideas del Frente Popular, pretendido amigo de los obreros, habrían desembocado en una situación pareja a la de Cuba, generalizando la pobreza excepto para una nomenklatura  dueña de todo. La lección histórica al respecto no puede ser más tajante. Que dos personajes tan influyentes demuestren un nivel intelectual tan ínfimo  hace temblar, realmente.

     Aun choca más  la posición de ambos si recordamos que pertenecen al grupo de “los ricos”, a los riquísimos, o se mueven en el entorno de las oligarquías más adineradas de España y hasta del planeta. ¿Cómo es que se insolidarizan con su “clase”, sin por ello renunciar –muy al contrario—a sus privilegios?   Los griegos tenían un concepto para la saludable vergüenza del rico ante el pobre, derivada del sentimiento de que ni la riqueza del uno ni la pobreza  del otro son del todo merecidas. Cabría preguntarse por qué la gente no es uniformemente rica (o pobre), hecho algo misterioso, como tampoco es uniforme la distribución de la inteligencia, la fuerza, la salud, la sensibilidad, la suerte  o cualquier otra cosa, ajenas en principio -- aunque no siempre inaccesibles-- al mérito personal.

    Tal vez Cebrián y González expresan esa vergüenza o pudor, pero algo  nos hace dudarlo: los dos han llegado a saber que “defender a los pobres” puede convertirse en un buen negocio. Ellos, precisamente, lo han demostrado. Los pobres probablemente no mejoren mucho, pero  a ellos no hay más que verlos.

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Recuperando de la revista
Chesterton

ANTIFRANQUISMO Y DEMOCRACIA

 

   La tergiversación de la  transición, y con ella de la  democracia, parte del aserto de que antifranquismo y democratismo son términos equivalentes. En apariencia  así debiera ser, puesto que el franquismo fue una dictadura, pero el observador cuidadoso percibe inmediatamente algunas incongruencias. Por ejemplo,  en el libro de Antón Saavedra El secuestro del socialismo, leemos sobre el PSOE de mediados de los años 70: “La justificación de los dineros que fluían a raudales desde Alemania se basaba, según el portavoz del SPD alemán, Bruno Fruedelrich, en declaraciones realizadas a los medios de comunicación, en febrero de 1976, en que Son muchos los socialistas españoles que han sido apresados o encarcelados, y hay que pagar a los abogados o mantener a familias que se han visto privadas de su cabeza. Cuando el PSOE sea legal en España, se podrá convertir en un partido económicamente independiente. Ni que decir tiene que en los últimos años del franquismo no fue procesado un solo dirigente socialista en España... No existía represión generalizada contra los socialistas españoles, y si la hubo fue muy puntual y episódica, nunca de la manera sistemática y continuada como la que recibieron algunos comunistas. Por consiguiente no había familias a las que ayudar... Pero el dinero existía y no sólo de dinero alemán vive el PSOE. Dinero mexicano, venezolano, judío, sueco, austríaco y (no podía faltar) dinero de la CIA norteamericana a través de sus brazos sindicales de la AFL-CIO... Pero la consigna era sólo para las familias de los detenidos".

    El libro de Saavedra contiene algunos pintoresquismos, pero está escrito por alguien que conoce bien los entresijos del Partido Socialista.  No había prácticamente, pues,  socialistas en las cárceles de Franco, suponiendo de momento que aquel PSOE inspirado por el marxismo fuera democrático. ¿Había otros demócratas en las mazmorras de la dictadura? Podemos hacernos una idea por el libro del magistrado Juan José del Águila, prologado por Peces Barba, sobre el Tribunal de Orden Público (TOP) del régimen franquista. Del Águila, calcula en unas 9.000 las condenas producidas por el TOP en sus trece años de existencia, en las cuales impuso 10.146 años de prisión a 11.261 procesados, lo que supone menos de un año por persona.  Puesto que las penas inferiores a un año no se cumplen en prisión,  está claro que una gran mayoría de los procesados no  cumplió condena, aparte de que las penas superiores tampoco se cumplían íntegras, ni mucho menos. Incluso en los años 40 la inmensa mayoría de las sentencias a prisión perpetua no duraban más de seis años. Estos datos no desmienten la represión de la dictadura, ni la oleada de penas de muerte en sus primeros años, pero conviene tenerlos  en cuenta al atender a la marea de emocionalidad con que la “desmemoria histórica” rodea estos sucesos, mientras pretende olvidar otros  más graves del Frente Popular, de las izquierdas entre ellas mismas,  y de los regímenes con que los desmemoriados han simpatizado siempre.

    No obstante, la cuestión que aquí interesa es la cualitativa. El señor Del Águila titula su libro La represión de la libertad, dando a entender que las víctimas del TOP eran demócratas. Para ello oculta o vela cuidadosamente que la inmensa mayoría de los condenados en los años 60 eran comunistas, y, a partir de 1969, terroristas, sobre todo de la ETA, que casi siempre se proclamaban también comunistas. Advirtiendo que el propio señor Del Águila es comunista, su historia se entiende mejor.  ¿Podemos considerar demócratas a los militantes de estos grupos?  Según un mito muy difundido, ellos no querían otra cosa que abrir paso a las libertades,  particularmente en la etapa final del franquismo. Entender la cuestión requiere un repaso  de la historia y de la doctrina. Como es sabido, desde finales de la guerra mundial  el PCE intentó  organizar en España una  lucha de guerrillas (el maquis) a fin de resucitar la guerra civil, esperando resultar esta vez vencedores. El PCE intentaba arrastrar a otros partidos  para dar un aire democrático a la intentona, pero encontró el vacío, porque estaba muy fresco todavía el recuerdo de los métodos y el lenguaje stalinistas, así como de la guerra civil entre las propias izquierdas.  

   Sin importar la contradicción, quienes presentan al maquis como una lucha por la libertad afirman también que su fracaso indujo a los comunistas a rectificar en un sentido democrático (¿aún más?). De ese modo se  habría producido una evolución hasta la adopción del eurocomunismo. Por lo tanto no debería entenderse al PCE como un partido stalinista, sino básicamente defensor de las libertades.  

    Me temo, sin embargo, que se trata de una mala interpretación, por decirlo de forma suave. Quienes sostienen esa tesis,  es decir, los patrocinadores de la desmemoria  organizada,  son también los sostenedores del fraude radical y evidente de que la democracia durante la guerra civil estuvo representada por el Frente Popular, hegemonizado por un PCE inequívocamente stalinista. Por lo tanto los comunistas habrían sido los grandes luchadores por la libertad en España, de forma ininterrumpida con Stalin y después de Stalin. Da igual su pistolerismo inicial, o su frontal ataque a la república apenas instaurada como democracia liberal, , o  su participación en la insurrección guerracivilista del 34, que siempre reivindicaron como una gloria, o sus intentos, apenas pasadas las anómalas elecciones del Frente Popular,  de liquidar la democracia  mediante la disolución de todo los partidos de derecha (“fascistas”, en su lengua de palo), o su actuación durante la guerra como agentes directos y orgullosos de Moscú que, entre otras cosas, masacraron a otros izquierdistas (POUM y anarquistas sobre todo), o su empeño en  prolongar una guerra perdida para enlazarla con la mundial, multiplicando así las víctimas y los daños, o  su designio de resucitar la guerra civil después de la mundial,  o su carácter permanente de propagandistas y defensores del imperio del GULAG... Al parecer, ¡todo lo hacían por la libertad!

   Entre los difusores de tales  sinsentidos se han encontrado siempre los  militantes del marxismo-leninismo --la escuela de Tuñón de Lara en historiografía--; y también muchos historiadores, intelectuales y políticos ajenos a la doctrina, pero ignorantes de ella y  sugestionados por los elaborados sofismas de la propaganda marxista leninista. Este último hecho ya ocurrió con gran amplitud cuando Stalin cambió la línea general orientándola a los frentes populares. Como escribía Jan Valtin, “Ahora la consigna era democracia contra fascismo. En apariencia la  Comintern se había hecho respetable en el sentido liberal; tan decente que  una amplia capa de intelectuales, escritores, artistas, profesores y mujeres adineradas manifestaban sin problemas su simpatía por la Internacional Comunista y la Unión Soviética como símbolos de verdadera libertad. Llegó a ponerse de moda participar en empresas comunistas”.

     La última pirueta en tal sentido fue el “eurocomunismo” patrocinado por el italiano Berlinguer y el francés Marchais, y adoptado por Carrillo ya en plena Transición. La aparente novedad del eurocomunismo consistía en aceptar el pluralismo político  para los países europeos, más alguna crítica superficial al modelo soviético. En realidad no había casi nada de ello, y en la medida en que lo hubo, acarreó la descomposición de esos partidos, como las reformas de Gorbachof acarrearían la de la propia URSS.  El PCE siguió siendo marxista-leninista –doctrina elaborada por Stalin-- hasta el final del franquismo. Y continuó manteniendo su marxismo, perfectamente antidemocrático. Su desvinculación de la URSS fue en gran parte aparente, y no significó una condena de la experiencia soviética, que continuó como alfa y omega moral e ideológica del partido. Carrillo mantuvo hasta el final una estrecha amistad con los dictadores tan siniestros como los de Rumania, Corea del norte o Alemania oriental.  El propio nombre “eurocomunismo” describe bien la realidad: en gran parte del mundo las matanzas, las represiones masivas, los campos de concentración, la ausencia total de libertades, estaban perfectamente justificadas, pero se daba la desdichada circunstancia de que en Europa había que adaptarse en alguna medida, tácticamente, a los sistemas democráticos para conquistar el poder. Y siempre con el objetivo fundamental, constitutivo de los partidos comunistas, de subvertir el sistema por una vía u otra. Y una de  esas vías, por cierto, siempre fue la falsificación sistemática del pasado. Ya examinaremos el comportamiento del PCE durante la transición, tácticamente moderada sin que ello lo convirtiese, ni de lejos, en partido de libertades, como se pretende.

    El PCE, desde luego, fue y  es mucho más antidemocrático que el franquismo. Pero también fue el único partido  que se opuso a Franco. Arrostrando mil riesgos y sacrificios, eso también es cierto: el único que luchó desde el principio hasta el final, desde 1939 hasta 1976, al revés que los demás componentes del Frente Popular. Y cuando, en las dos amnistías de la Transición, salieron a la calle los presos políticos (entre trescientos y cuatrocientos para un país de 36 millones de habitantes), en su gran mayoría eran comunistas o miembros de grupos terroristas, o ambas cosas. Nadie con una mínima honestidad intelectual o conocimiento de causa  puede considerarlos demócratas. Con toda evidencia, ninguna ideología del siglo XX ha sido más liberticida (y genocida, en competencia con la nacionalsocialista) que la de Marx y Lenin.

   ¿Significa ello que no hubo oposición democrática al régimen? Por sorprendente que suene el aserto, apenas la hubo, y, en la pequeña  medida en que existió, fue tratada con notable moderación por la dictadura, pues pocas veces mereció de ésta el honor de hacerla encarcelar: algunos chispazos ocasionales aquí  y allá, el más notorio el congreso de Munich, de 1962, integrado por 118 delegados de  grupos monárquicos, democristianos, socialistas, separatistas vascos y nacionalistas catalanes, muchos de ellos procedentes del régimen, que exigieron la democratización de España según las normas del Mercado Común. El congreso se celebró bajo la doble y errónea impresión de que el régimen estaba próximo a su fin y de que los comunistas – marginados de la reunión--  estaban ganando mucho terreno y era preciso tomarles la delantera (se les atribuían las recientes huelgas de la minería asturiana). Sin  embargo los de Munich carecían de  representatividad, influencia o prestigio en el país, mientras que los comunistas sí habían ganado, con enorme esfuerzo y sacrificio, alguna incidencia popular,  aunque pequeña. De los personajes reunidos en la capital bávara, los más destacados fueron Gil-Robles y Salvador de Madariaga,  ambos ya figuras del pasado, sin proyección política en España. En realidad, el congreso habría pasado sin mayor eco si el propio régimen, irritado por la oposición de los congresistas a sus gestiones respecto al Mercado Común,  no hubiera magnificado el “contubernio de Munich” al desatar contra él una gran campaña de propaganda y confinar en las Canarias a algunos de los asistentes. Don Juan declaró no tener nada que ver con el congreso.

    Y no cabe conceder un crédito  excesivo al democratismo de los partidarios de Don Juan. Se trató de una oposición en todo caso muy tenue y minoritaria dentro de los propios monárquicos, los cuales en su mayoría permanecieron siempre en el ámbito del franquismo. El puntal del antifranquismo juanista durante largos años, Sainz Rodríguez,  fue un conspirador nato que había procurado sin tregua derribar la república mediante un golpe militar, mientras abogaba por la “democracia orgánica” bajo un trono autoritario. Tras la guerra civil había vuelto a conspirar, ahora contra Franco, pero sin abandonar la pretensión de establecer una régimen autoritario, y convencido de que la victoria de los Aliados en la guerra  mundial traería necesariamente la caída del régimen. La política de  aquellos juanistas rondaba por entonces la traición al país, si no caía de lleno en ella, y sus posibilidades se esfumaron cuando Franco, que había previsto la ruptura de la alianza entre las democracias y Stalin,  se mantuvo en el poder contra todo pronóstico. Don Juan dio algunos pasos apresurados y su alternativa se esfumó. Andando el tiempo, la restauración o re instauración monárquica se produciría, por voluntad del dictador, en la persona de Juan Carlos.

    También una parte de la Iglesia propició, tras el  concilio Vaticano II, acciones contrarias a la dictadura, pero lo hizo dentro de una considerable confusión. Muchos de esos sectores religiosos, influidos por la Teología de la liberación e ideologías similares, eran a su vez muy dudosamente democráticos, y entre sus actividades se contó un activo respaldo práctico al terrorismo y a los grupos comunistas. No hay duda de que la ETA,  por ejemplo, debe mucho a esos apoyos, y asimismo organizaciones dirigidas por  el PCE, como Comisiones Obreras. Aunque luego los beneficiados hayan despreciado u olvidado aquellos favores eclesiásticos.  

   Otros grupos no comunistas y más o menos democráticos mostraron alguna oposición, ya muy al final del régimen  pero lo hicieron generalmente  dentro de organismos dirigidos por los comunistas. El más exitoso y modélico de ellos, la Asamblea de Cataluña, nació  en época tan tardía como finales de 1971, y agrupaba a un conglomerado de grupos, desde cristianos de izquierdas a  terroristas o pro terroristas, separatistas abiertos y menos abiertos, personajes con ambiciones políticas, etc.  Pero el núcleo y eje de la Asamblea era el PSUC, precisamente la sección más stalinista del PCE, la más reacia a abandonar el marxismo-leninismo.

     Un rasgo importante de casi toda aquella oposición consistió en su simpatía por la ETA, actitud que había de tener muy largas y amplias proyecciones en la democracia, hasta hoy mismo. Por lo común, la oposición  retrataba al franquismo como una dictadura totalitaria asesina, horripilante y absolutamente injusta. La consecuencia natural sería luchar contra ella por todos los medios, y de ahí la admiración suscitada por los terroristas cuando empezaron a asesinar, en 1968 (aparte de un bebé destrozado por una bomba unos años antes). Me permitiré citar de mi libro Una historia chocante. Los nacionalismos vasco y catalán en la España contemporánea:   “El verdadero nacimiento de la ETA como fuerza importante en España data de aquel período de 1968 a 1970, y está ligado a tres asesinatos, los cuales no le impidieron recibir todas las bendiciones posibles. La rodearon de afecto y comprensión, aun si con reticencias de escaso relieve práctico, los comunistas,  los demás nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, parte considerable del clero vasco y otra menor, pero notable, del resto de España. El conjunto de la oposición, en suma. Y, no menos decisivo, diversos gobiernos europeos, en especial el francés. Francia iba a convertirse por muchos años en el refugio y santuario de la ETA, el lugar seguro  sonde la organización planeaba sus atentados y adonde podía retirarse oportunamente, garantizándose un alto margen de impunidad. A la oposición española le pareció bien, creyendo que esa política de París duraría lo que el régimen franquista. Volvía a equivocarse”.

   Tal fue la oposición a la dictadura, cuya verdadera historia está tan por escribir.

 

 

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¡Viva el talante dialogante!

18 de Agosto de 2008 - 10:30:25 - Pío Moa

 

“QUIERE "RECUPERAR LA CAPACIDAD DE DIÁLOGO"

Barreda aboga, como Rajoy, por hablar con el BNG tras las elecciones gallegas”

    Hacen bien estos sectarios  y golfos  franquistas del PP. El BNG, como HB, la ETA y demás separatistas, también los socialistas, por supuesto, han apostado siempre por el diálogo,  la paz y la libertad,  han democratizado a fondo aquellas naciones y hechos nacionales donde gobiernan y han demostrado una y otra vez la mejor disposición para  ayudar a modernizarse y democratizarse a los habitantes del estado español. Claro, el PP nunca ha tenido esa disposición, sobre todo con Aznar, y ha saboteado todas las vías para un  entendimiento racional, modernizador y  beneficioso para la mayoría. De ahí han venido los problemas. Pero ahora, ¡por fin! los peperos empiezan a dejar de ser franquistas,  represores y reaccionarios, y se vuelven muy anglosajones aficionados: probablemente todos aceptarán su oferta de aprender inglés. Falta por ver si Rajoy y los suyos tendrán el valor y la lucidez de corresponder  a la comprensión anglofonófila de los demás, y llevar hasta el final tan prometedoras negociaciones. En cualquier caso, felicitémonos todos: una seudodemocracia salida del franquismo no podía funcionar, y  la justa línea etarra se va imponiendo, como esperaban y deseaban todas las personas de espíritu progresista. ¡Adelante el diálogo! ¡Adelante los procesos de paz! ¡Viva la democracia!; y hasta ¡viva Rajoy, el angloaficionado!

Fraga cree que el PP de Galicia y el BNG "podrían entenderse hasta cierto punto"

¡Pero si ya se han entendido hace mucho!  Fraga ha dejado la enseñanza y la cultura, o gran parte de ellas, en manos de los separatistas, ¿qué mejor base de entendimiento? Ahora hay que seguir, claro, pues estancarse es morir, y ya lo dice Rajoy: “¡Quien no cambia permanece igual!"

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 "Luis:
Me parece muy bien la importancia que das a la lengua, las matemáticas
y la historia. Y también el enfoque que aportas. Pero me parece
oportuno recordar aquí unas palabras de Engels refiriéndose a los que
desprecian a la filosofía (no es tu caso): 'Quienes más insultan a la
filosofía son esclavos, precisamente, de las peores reliquias,
vulgarizadas de las peores filosofías'. Si es cierto que la filosofía
debe dedicarse a la clarificación del pensamiento, como decía
Wittgenstein,(y estoy de acuerdo) ésta no debe ser su única tarea. Me
parece de la mayor importancia que las jóvenes generaciones piensen
sobre lo pensado; que reflexionen acerca de los fundamentos; que
cuestionen el conocimiento de sentido común, sin despreciarlo; que se
acostumbren a justificar lo que afirman;que conozcan lo que las mentes
más lúcidas han pensado de la vida y de la muerte, del derecho y la
moral, de la teoría y de la práctica, etcétera. En fin, qué sentido
tiene la vida, qué valores merecen ser perseguidos y otras cosas
aparentemente inútiles en un mundo en el que prima 'lo útil' y se
desprecia 'lo inútil'. Distinción, por cierto, de interés filosófico.
Todo ello, teniendo en cuenta los conocimientos empíricos existentes
para no especular absurdamente.
Un abrazo.
Sebastián Urbina".

***

  La filosofía, aunque existe de diversos modos en otras culturas, es propia sobre todo de la occidental. Nunca alcanza sus objetivos y en ese sentido resulta inútil, pero de su empeño han derivado muchos efectos valiosos, desde la doctrina democrática al pensamiento científico. Pero no puede ser enseñada, en la primaria y la secundaria, al nivel de otras asignaturas, creo.  Por otra parte la enseñanza de la lengua puede incluir desde el principio ejercicios con textos de contenido filosófico adaptados a la edad del alumno.

***  Opino que una de las cosas que más daño han hecho a la enseñanza española han sido las prédicas de los pedagogos partidarios de dejar que los niños se expresen como quieran e incluso hagan lo que quieran. Han vendido muy bien su mercancía, pero los mismos profesores reciben a menudo la penitencia con el pecado: no cesa de aumentar la proporción de ellos víctimas de trastornos emocionales y psicológicos, necesitados de tratamiento. Y entre los alumnos sometidos a la enseñanza progresista, han progresado el desinterés, el analfabetismo funcional y  la  falta de respeto hacia el esfuerzo intelectual y la cultura del propio país; por contra, observemos el auge de la “cultura” del botellón, del ruido o de la droga.
Una cultura de algún nivel no se adquiere sin esfuerzo, atención y  disciplina, y estos rasgos constituyen parte de la cultura misma. Una cosa es la brutalidad de “la letra con sangre entra” y otra la pérdida del rigor y del impulso de superación, brutalidad no menor. 
 

 

 

 

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La enseñanza de la lengua

17 de Agosto de 2008 - 12:08:16 - Pío Moa

 Creo que la lengua, las matemáticas y la historia deberían ser las asignaturas clave en la enseñanza primaria y media. Es más, a partir de ellas se podrían aprender en gran medida  casi todas las demás, y a ese fin  debieran enfocarse sus ejercicios.

   Por lo que respecta a la lengua, en mi opinión debiera tener por objetivo esencial enseñar a expresarse oralmente y por escrito, y a organizar el pensamiento. Una enseñanza  eminentemente práctica. Esos no parecen los objetivos actuales, a juzgar por los resultados, pues existe una queja generalizada sobre el nivel de expresión de los estudiantes universitarios. No es lo mismo enseñar CÓMO se hace una cosa que enseñar A hacerla.

   Para ello, la gramática sirve como auxiliar, importante, pero secundario. Lo fundamental  son todo tipo de ejercicios que permitan al alumno expresarse con claridad, corrección y eficacia: análisis de textos, redacciones, dictados, exposiciones y debates orales,  cuadros sinópticos, etc.

    Así, los libros de texto consistirían sobre  todo en ejercicios sobre temas relacionados con otras asignaturas -- lo que aportaría un apoyo mutuo entre ellas--,  reglas de expresión, avisos sobre los errores frecuentes en el idioma hablado y escrito (la prensa, la radio y la televisión proporcionan un caudal inagotable), gramática, etc. 

   Sin duda hay una relación estrecha entre la semiesterilidad cultural de España y el mundo hispánico, y la expresión ramplona, simple y a menudo soez hoy predominante en ese ámbito.

 

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“Ultrajemos a España”, dicen los separatistas. Qué novedad. ¿Han hecho otra cosa desde la transición?

 
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Recuperando de la revista Chesterton

 

LA TRANSICIÓN USURPADA

 

   Los sucesos más próximos al presente son a menudo los más difíciles de historiar, precisamente porque su proceso no está concluido e influyen con fuerza en la actualidad: podemos describirlos, pero sus efectos no han terminado, y es a través de esos efectos como  generalmente podemos entenderlos. En cierto modo ocurre como con un tipo de novelas policíacas: el lector ve  una sucesión de hechos y tiende a interpretarlos del modo que cree más lógico hasta que, finalmente, el autor le descubre su verdadero sentido, muy distinto del imaginado por aquel. Claro que el efecto proviene en la novela de un artificio, y la historia real no depende de ningún novelista o similar. Sin embargo,  los intereses  políticos juegan a veces un papel muy parecido. Los políticos e intelectuales no pueden inventar los hechos pasados, pero sí tratar de  imprimirles retrospectivamente  un sentido acorde con sus intereses, prejuicios  y proyectos. Como tantas veces se ha dicho, ello es inevitable, y a veces se deduce de ahí la imposibilidad de una historia  objetiva;  pero  la falsificación de la historia puede  demostrarse con frecuencia, bien mediante el examen cuidadoso de los datos, o aplicando simplemente la lógica. Así,  la lógica nos impide creer, sin más averiguaciones, que, durante la guerra,  un Frente Popular  compuesto por partidos totalitarios,  golpistas y racistas pudiera haber defendido la democracia. Tal idea es simplemente grotesca…¡y sin embargo la siguen manteniendo muchos interesados, con la pretensión añadida de oficializarla por ley!

    Por otra parte, la visión del pasado condiciona la acción presente, y así, del modo como interpretemos la transición de hace treinta años depende en buena medida nuestra actitud ante los problemas  actuales. De ahí lo que podríamos llamar “lucha por el pasado” entre los diversos partidos, con sus interpretaciones diversas u opuestas, cada una con su particular coherencia.  Pero también aquí pueden afirmarse algunas certezas. Como las que exponía Carlos Bustelo,  ex ministro de UCD,  en ABC el 3 de junio del año 2000, en una tercera titulada “La transición democrática: una historia tergiversada”. El artículo empezaba: “Las últimas intervenciones del ex presidente González atribuyéndose el mérito de la transición española a la democracia no son nada nuevo; la desvergonzada apropiación de la transición comenzó al día siguiente de su gran victoria electoral de octubre de 1982 y no ha cesado desde entonces. Ello fue posible gracias a la irresponsable autodestrucción de UCD y a la no menos irresponsable actitud pasiva y hasta regocijada de Alianza Popular, donde no se levantó una sola voz para protestar ante tal impostura histórica. Se permitió así que arraigara en la sociedad española la creencia de que había que elegir entre demócratas progresistas y franquistas reaccionarios, lo que, de no haber sido por los graves errores de los Gobiernos socialistas, podía haberles mantenido en el poder veinte años más”.

   Cualquiera  con edad  y memoria suficiente puede dar fe de los asertos de Bustelo. Un rey designado por Franco impulsó el proceso,  lo diseñó un intelectual y político del franquismo, Torcuato Fernández Miranda, lo aprobaron las Cortes franquistas, lo pilotó un alto cargo del partido único del régimen anterior, Adolfo Suárez, le dio sustancia la UCD… No hay la menor duda al respecto, y las pretensiones del PSOE, entonces un pequeño partido sin apenas organización, resultan ridículamente falsas. Bustelo terminaba, con excesivo optimismo: “Es claro que en el PSOE  empiezan a darse cuenta de que los felices años ochenta se han ido para siempre y que las elecciones no se podrán ganar al rebufo de un antifranquismo inventado y de una transición democrática falseada”.  Ha ocurrido lo opuesto. El PSOE no ha cejado un instante en su lucha por apropiarse la historia; al contrario, la ha incrementado, muy consciente de su poderosa virtud legitimadora, mayor todavía cuando las viejas legitimaciones ideológicas (marxistas) se han desmoronado. De modo que una amplia masa de población sigue persuadida de que la transición y las libertades se deben, ante todo, al PSOE, a Santiago Carrillo y la izquierda en general. Incluida la ETA, que habría abierto el proceso con el asesinato de Carrero Blanco. Esta falsa convicción, tan extendida, ha sido una clave de la política socialista, de su éxito y de la actual involución  política.

    Aunque, como digo, quienes vivieron aquellos años  pueden dar fe de  la falsedad de tales atribuciones,  el vasto sector  de población  entre los dieciocho y los cuarenta y ocho años  no está en las mismas condiciones, y una propaganda machacona y bien orquestada le influye fuertemente. Y ocurre otro fenómeno más sorprendente: muchos jóvenes o adultos en aquella época llegan a creer lo contrario de lo que vivieron. Cuando hay un cambio político profundo, miles de personas se apresuran a inventarse un currículo de oposición a la situación anterior.  No  solo se trata de los políticos, por obvias razones de interés, sino también de gentes sin interés práctico alguno que falsifican los hechos simplemente por identificarse con lo nuevo, con lo que triunfa. ¿Quién no ha conocido a personas ajenas u hostiles al movimiento estudiantil antifranquista -- muy minoritario--, y que, años después,  “recordaban”  cómo participaban en asambleas y corrían delante de los grises, por poner un ejemplo típico?  Si tantos antifranquistas hubiera habido entonces, el régimen se habría tambaleado ya en los años 60. Según me ha parecido leer, hasta Fraga Iribarne confesaba modestamente, hace poco, haber luchado contra el franquismo “desde dentro”.

   A esa distorsión de la memoria contribuye una lógica aparente: ¿cómo iba a venir la democracia del franquismo siendo éste  una dictadura, y hasta una dictadura horrorosa y brutal, que hasta el final estuvo matando a sus enemigos? Mucho más creíble suena la tesis de que las libertades provinieron de los partidos antifranquistas, demócratas por definición, o al menos por implicación.  En este esquema cabe admitir, si acaso,  la participación de algunos políticos del régimen anterior,  movidos, probablemente, por  miedo ante el potente movimiento contra la dictadura, o  por el deseo de adaptarse y salvar algunos muebles. Pero el verdadero mérito solo podía corresponder a los enemigos del régimen. Lo explicaba años después la revista teórica socialista Sistema: la transición se hizo  “con el concurso, precisamente, del rector reformista proveniente del régimen anterior”.  Con el concurso. Pero no con el protagonismo, como cae de su peso. Aquí la lógica -- cierta lógica--,  ganaba la partida frente a los hechos.

     Una lógica  bien apoyada, a su vez, en la de la guerra civil. El franquismo, nadie debiera dudarlo,  había destruido a sangre y fuego  la libertad republicana, y el movimiento antifranquista se proclamaba  heredero de aquellas fuerzas democráticas unidas en el Frente Popular, que hicieron frente heroicamente al fascismo durante tres años. En verdad, esos demócratas habrían demostrado en la transición una generosidad sin límites y un altísimo sentimiento de civilidad y reconciliación,  al aceptar la participación de los  herederos de la  feroz  dictadura.  Se sobreentiende, claro,  que no solo entraba ahí la generosidad, sino la visión política, ya lo puso de relieve Alfonso Guerra: también pesaba la relación de fuerzas, que impidió por entonces hacer el “proceso político” a Franco y su régimen.  Pero hoy, treinta años después, habría llegado el momento de cumplir esa tarea pendiente  y dejar sentada,  por fin,  la “memoria histórica”,  obligatoria por ley, a ser posible.

    Este falseamiento ha calado en gran parte de los españoles,  debido no solo a la contribución de poderosos medios de masas, sino, más aún,  a la inhibición sistemática de la casi toda la derecha. Ésta incluso ha  condenado o marginado agresivamente a los pocos que, como Ricardo de la Cierva, intentaban poner diques a la marea de distorsiones que hemos presenciado en estos años.  El PP prefiere “no mirar atrás”, ni a la guerra civil ni al pasado reciente. Asegura que tal ejercicio es contraproducente,  y propugna, por tanto, “mirar al futuro”. Todavía no sabemos qué habrá visto en el futuro,  exponiéndose de paso a alguna demanda del honorable gremio de las pitonisas, por intrusismo profesional.  Pero al desertar de la “lucha por la historia”, por la verdad histórica, la derecha  confirmaba indirectamente a los ciudadanos la versión de la izquierda sobre su historial sórdido y terrible, del cual, ¡por algo!, prefiere el PP apartar la mirada. Razón de más para que el PSOE insista en él y lo “clarifique”, por pura responsabilidad cívica,  pues, ¿qué futuro cabe esperar de partidos y políticos con tan inconfesable pasado?

   Al revés que la derecha,  el PSOE entendió muy bien, desde el primer momento, el valor de la lucha por el pasado, pues, guste o no al PP, el presente, y por tanto el futuro, están indisolublemente unidos a él, y España es España y nosotros somos lo que somos, hablamos el idioma que hablamos y estamos inmersos en una cultura particular,  como producto de sucesos  anteriores, incluso remotos. Por eso, una temprana operación de propaganda del PSOE en el poder consistió en  una serie documental, de máxima audiencia, sobre la guerra civil, bajo el asesoramiento de Manuel Tuñón de Lara y otros de su séquito. Este historiador comunista supo formar una verdadera escuela de intelectuales y profesores que  terminó predominando durante  muchos años en la universidad y la enseñanza media españolas.  Según su versión, la guerra había consistido en un enfrentamiento entre los ricos y los pobres, entre los reaccionarios aferrados a sus privilegios y los demócratas, etc.  Las derechas actuales, no hacía falta decirlo, procedían del sector fascista o reaccionario, culpable de desatar una represión criminal sobre los progresistas republicanos.

   Y de nada valía al PP señalar su nacimiento posterior a la dictadura,  pues nadie ignora sus vinculaciones personales, familiares  y políticas con el régimen anterior. El PP, le guste o no, continúa la tradición conservadora que en la historia dio lugar al franquismo entre otras cosas.  Negarlo es fomentar una confusión llevada últimamente a extremos cómicos. Y sin embargo bastaría señalar que, a  excepción del PCE,  los líderes de los demás partidos vienen igualmente del franquismo, por familia o actuación; o que, como recordaba Bustelo, su antifranquismo no pasa de invención.

   En el terreno así abandonado, el PSOE pudo lograr victorias psicológicas y políticas como la de sus “cien años de honradez”, un lema tan perfectamente falso como rentable, no solo por la graciosa autoatribución de la virtud,  sino por la negación implícita de ella a la derecha. Si algo distinguía a la derecha, se daba por sentado, era la corrupción, además de la violencia y un ciego afán represivo, apenas dominado hoy,  gracias al estado de derecho,  pero con tendencia a resurgir a cada paso. En contraste con la integridad moral a toda prueba de los socialistas, defensores naturales  de los trabajadores y los desheredados del  injusto sistema capitalista.

    Estas versiones retroceden hoy  a grandes pasos, como revela, entre otras cosas, la exasperación con que reaccionan sus mantenedores y beneficiarios  frente a versiones más racionales,  veraces y cada vez más divulgadas. Pero debe reconocerse que han cuajado en muy amplias capas de la población y no son fáciles de erradicar.

   Lo mismo que de la democracia en la guerra civil, la izquierda fue apropiándose de la transición basándose en su pretendido antifranquismo, una cosa llevaba a la otra. Fue un proceso lento, al principio. Al morir Franco, la  mayoría de los españoles no valoraba la oposición antifranquista como factor de legitimación política, y por ello ganó UCD las elecciones; al propio PSOE nadie lo relacionaba en serio con el movimiento contra la dictadura, y sus radicalismos verbales eran considerados más bien como retórica oportunista  o estridencias pasajeras debidas a la inexperiencia de sus líderes.  Todo el mundo sabía, porque estaba absolutamente reciente, que la única oposición significativa al régimen  había sido  la de los comunistas y,  ya a partir de 1968, es decir, muy a última hora, la de los terroristas, en especial la ETA. En las cárceles prácticamente no había demócratas; y  no demasiados, tampoco,  fuera de ellas, como demostró, ya en 1976, el episodio Solzhenitsin. Lo he comentado en Franco, un balance histórico: la denuncia de la tiranía soviética por el gran escritor desató en la España predemocrática un alud de injurias  contra él, contra uno de los grandes testigos y acusadores del totalitarismo del siglo XX.  La oposición emergente, incluida la  moderada y ajena al comunismo, respetaba demasiado al sistema soviético, por no decir que simpatizaba con él, para tolerar semejante ultraje de un reaccionario  como el premio Nobel ruso.  Hubo hasta recomendaciones de hacer más riguroso el GULAG por parte de Juan Benet, un escritor no comunista aunque, desde luego, muy progresista.     

      La apropiación  indebida de la transición ha tenido formulaciones pintorescas, como la de Alfonso Guerra cuando, en visita a  Moscú,  dejó pasmados a sus huéspedes al mostrarles el secreto del cambio político español: ¡el bikini! Idea grandiosa jaleada  y ampliada  por Luis Carandell en el diario El Sol: “la explosión laica de los cuerpos en las playas”,  la minifalda,  El último tango en París,  los curas obreros, las antiguas congregantes de María recicladas,  un “famoso strip tease barcelonés”,  y así sucesivamente (y,  es cierto, la oposición de  numerosas personas en los últimos años del régimen consistió en viajar a Perpiñán o a Bayona a ver películas pornográficas,  para negocio de los indígenas).  Con lo cual quedaban claras dos cosas: el escaso  papel de la oposición política y su nivel intelectual, no menos precario,  como, por lo demás,  nunca se han cansado de demostrar. Esta palabrería ha sido, precisamente,  uno de los déficits más dañinos de la transición, porque  si el falseamiento del pasado envenena el presente, su  trivialización desmoraliza a los ciudadanos.     

    En el falseamiento y trivialización ha destacado la cadena de medios PRISA, sobre todo El País, convertido pronto en el diario más influyente de la nación y el más  conocido fuera de España, al punto de que sus directivos otorgaban o denegaban  credenciales de demócrata y  pudieron creer que hacían o deshacían políticos, ministros y hasta gobiernos, con sus editoriales.  El caso de este periódico y, en particular, de su director entonces e inspirador siempre, Juan Luis Cebrián, tiene el mayor interés político. Como es sabido,  Cebrián proviene de una destacada  familia falangista y medró gracias a ello en la prensa del Movimiento. Con Arias Navarro llegó a director de informativos de la televisión única. Hasta aquí todo concuerda con el hecho de que la transición fuera diseñada y organizada por el sector hegemónico del franquismo, y el propio diario El País respondiera a una iniciativa de Fraga. Lo llamativo es  la evolución del periódico y su director hacia un antifranquismo tan visceral como  ya innecesario, adoptando las versiones izquierdistas sobre la república, la guerra ¡y la propia transición!, sin excluir una simpatía soterrada hacia la ETA... En fin, un tema apasionante, como iremos comprobando.    

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Importancia de la constitución

16 de Agosto de 2008 - 10:16:09 - Pío Moa

 

Esta constitución, con todos sus defectos, es la de mayor consenso en la historia de España y resulta casi imposible otra de mayor consenso. Por ello debemos acatarla (también reformarla, aunque  la constelación de fuerzas lo haga imposible por ahora) y denunciar como delincuentes  a quienes la echan abajo,  si no queremos volver a la dinámica de inestabilidad política que caracterizó al país desde la invasión napoleónica. O se impone la ley o se imponen los delincuentes, y uno de los datos más graves del panorama actual es la escasa sensibilidad en torno a esta cuestión.

    Pocos grupos se opusieron a la constitución, pero algunos sí, muy particularmente la ETA. La posición de los terroristas era que la transición y su resultado constitucional no podían aceptarse, argumentando (argumento veraz) su procedencia del franquismo. Y el franquismo, a su juicio ilegítimo por haber aplastado al democrático Frente Popular, contaminaba cuanto saliera de él.

    Casi todo el resto de  la izquierda, que había tenido que renunciar a la ruptura, sostenía el mismo argumento, aunque no la misma posición, pues la nueva situación les beneficiaba. Esta incoherencia introducía en la  política española un factor de debilidad argumental frente al terrorismo y de incertidumbre en el desarrollo legal,  algo parecido a la debilidad del PSOE ante el anarquismo durante la república: si ambos compartían principios básicos y análisis similares con respecto a la burguesía, ¿por qué colaboraban con ella los socialistas? La presión anarquista incidió considerablemente en la radicalización del PSOE que llevó a la guerra civil.

   Lo normal habría sido que en el proceso histórico desde la transición los argumentos de estilo etarra hubieran sido clarificados y descartados, pero ha ocurrido lo contrario: se han fortalecido progresivamente. La ETA nunca fue combatida coherentemente, y la "solución política" le ha dado balones de oxígeno todos estos años. Los socialistas, que nunca dejaron de compartir el fondo de la argumentación etarra, han terminado por compartir también su posición: no otro es el secreto del “proceso de paz” y de los nuevos estatutos, así como de la ley de “memoria histórica”, fundamento de todo ello.  Así, siendo un grupo insignificante, la ETA  ha obtenido victorias decisivas.

    Mientras tanto,  la derecha ha procurado olvidar el pasado y aceptar su falsificación por la izquierda, los separatistas y los terroristas, facilitando con ello la degradación de nuestra democracia. Con Rajoy ha dado un paso más: se ha integrado en el diseño etarra-socialista de liquidación “indolora” de la constitución mediante hechos consumados, renunciando incluso a la débil e inconsecuente oposición anterior. En ese sentido cabe llamar pro etarras a sus dirigentes.  Y es que la falsificación del pasado envenena el presente.    

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www.nacionespanola.org/esp.php?seccion22

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Por qué es ilegítimo el gobierno actual (y VI)

15 de Agosto de 2008 - 10:47:56 - Pío Moa

 

Contra una simplificación muy difundida, la legitimidad democrática no depende solo de las elecciones. De otro modo sería legítimo que, tras ganarlas,   un demagogo  atentase contra otros pilares de de la democracia, como la separación de poderes, las libertades o los límites a la acción del estado. Lo cual ha pasado en otras ocasiones en Europa, con mucha frecuencia en  las repúblicas bananeras,  y ocurre hoy en España.

   Un gobierno ilegítimo es una tiranía, y el derecho  (incluso el deber) de rebelarse contra la tiranía está en la base de la democracia. Otra cuestión es la del grado de tiranía a afrontar y cómo afrontarla. Hoy, en España, la batalla se libra en el terreno de la opinión pública.

   Ganar la opinión pública exige, por una parte,  una crítica incisiva y veraz del poder ilegítimo, y por otra una alternativa capaz de atraer a la mayoría. Esto último lo han manejado mucho mejor los demagogos, pintando de brillantes colores sus aberraciones: la colaboración con los terroristas era “proceso de paz”, “diálogo”; la colaboración con las dictaduras del llamado tercer mundo, “alianza de civilizaciones”;  el proceso de balcanización del país, “pluralismo”; el matrimonio homosexual y el ataque a la familia, “ampliación de derechos”. Y así sucesivamente.

   La  crítica del PP  nunca tuvo la  energía necesaria, nunca estuvo a la altura de las tropelías zapotescas, no logró desenmascararlas ante la opinión pública ni defendió adecuadamente a sus víctimas. Y su alternativa (¡la nena angloparlante!...) carecía de la menor capacidad de atracción sobre la gente.  De hecho su alternativa consistía en que gobernasen  Rajoy y los suyos en vez de los socialistas, sin dejar claro qué harían aquellos en el poder. Finalmente el PP ha aceptado el golpismo del PSOE, ha caído de lleno en el terreno político de este,  como un matiz de él: ni crítica ni alternativa.

    Cualquier resistencia contra el PSOE y sus  comparsas del PP debe tener en cuenta los dos aspectos. La crítica es indispensable, extender la negativa a colaborar con los demagogos es necesario; pero no llevarán muy lejos o terminarán en caos si no se completan con un programa sugestivo y convincente para la mayoría.  

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Basagoiti, el pro etarra y pro separatista  por un carguillo (sí, hombre, sí,  olviden la palabrería del elemento; en los hechos,  Pachi López  hace negocios con la ETA, y Basa colabora con Pachi López, es el Pachi López de la derecha) recomienda olvidar a María San Gil, "dejarla en paz". Recuerdo las palabras de Gotzone Mora de sus correligionarios: "no entiendo cómo políticos que decían una cosa ayer pasan a decir  hoy la contraria, solo porque se lo ordenan por las alturas"). No solo los sociatas son así. 
   En fin, no habría que dejar en paz a Basa.

 

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¿Es Zapo un ex terrorista?

14 de Agosto de 2008 - 09:11:14 - Pío Moa

 Como indiqué en otra ocasión, cuando  las publicaciones afectas al PSOE mencionan mi nombre añaden la graciosa coletilla “ex terrorista”. Se trata sin duda de una consigna. Sorprendentemente,  no la emplean en plan laudatorio, sino con intención evidente de desacreditarme. No la usan, por ejemplo, con Mario Onaindía o  los etarras polis-milis que se integraron en el PSOE. Tampoco en relación con los jefes de su propio partido. ¿Es Zapo, pongamos por caso,  ex terrorista?  La pregunta parecerá a los bobos habituales una boutade o una provocación, pero tiene tan poco de  boutade como preguntarse por la relación de Prieto con el asesinato de Calvo Sotelo: relación obvia y que sin embargo a nadie se le había ocurrido.

    El PSOE tiene un extraordinario historial de terrorismo. No solo Pablo Iglesias justificó el atentado contra Maura y su partido colaboró políticamente con el anarquismo pistoleril,  sino que  practicó por su cuenta las artes del terror,  por ejemplo en la intentona revolucionaria del 17, cuando causó numerosos muertos saboteando un tren en Bilbao. Luego, bajo la república, los socialistas perpetraron numerosos atentados  en 1933 y 1934,  muchos más que los escasos de la Falange; y volvieron a la labor, con  mayor saña, tras las elecciones de 1936, cuando se sentían respaldados por el gobierno (lo estaban). La racha culminó con el secuestro y asesinato de Calvo Sotelo por policías y milicianos afectos a Prieto, una  auténtica declaración de guerra. A continuación, durante la contienda, el terror socialista tomó la forma de las chekas y el SIM, en alianza con comunistas, anarquistas y otros. Acompañado, siempre,  de una prodigiosa corrupción.

   Puesto que el PSOE no se opuso prácticamente al franquismo, tampoco cultivó entonces a los atentados, pero Zapo ha subrayado en su último congreso: “Siempre nos hemos reunido bajo las mismas siglas, siempre bajo los mismos valores, siempre con la misma voluntad”. Ciertamente. En la democracia, a poco de  llegar de nuevo al gobierno, su partido no tardó en practicar el terrorismo desde el estado (en general, los socialistas han procurado actuar con pocos riesgos, apoyándose en el poder) mientras, por otra parte, insistía en la “solución política”, tan extraordinariamente  beneficiosa para la ETA. Y la política de Zapo, a partir de la matanza del 11-M, incluso antes, ha consistido en la colaboración con la ETA (grupo también socialista, no debe olvidarse) para demoler  la constitución y la democracia construida a partir del franquismo.   

    Existe una evidente continuidad en todo ello, como muy bien señaló el jefe del gobierno. Tendemos a considerar terrorista solo a quien aprieta el gatillo, pero no lo es menos el cargo alto y medio del partido que dirige y organiza a los pistoleros. Y también el político que colabora activamente con ellos, ¿o no son organizaciones terroristas Herri Batasuna y quienes la han vuelto a legalizar con otros nombres?  En ese sentido podemos contestar a la pregunta del principio: ¿es Zapo ex terrorista? ¿Lo es su gobierno? Pues parece que no.

   

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¿Cuestión de dinero?

"faq11m dijo el día 4 de Agosto de 2008 a las 10:10:

El motor que necesitamos es el dinero. Así de claro y así de duro. Con dinero podríamos pagar a individuos muy capacitados para que trabajaran con dedicación exclusiva en defensa de unos valores. Sólo con 12 personas a jornada completa con su buen salario y con SS, los resultados serían espectaculares, se lo aseguro.
Una minoría organizada tiene la capacidad de controlar a grandes masas desorganizadas.
Usted quiere montar un movimiento sin dinero, aprovechando los ratos de ocio de los simpatizantes y la pequeña disponibilidad de gente no profesional.
Tal movimiento fracasará.  Si dispusiéramos de 600.000 euros anuales la cosa sería muy distinta.
Aunque suene duro, don Pío, consigamos financiación y luego construyamos. Si lo hacemos al revés acabaremos decepcionados y con una úlcera de estómago".

  
El dinero es necesario, claro, pero si fuera la cuestión decisiva estaríamos en desventaja con quienes tienen más, por lo que fracasaríamos y encima habríamos perdido grandes sumas. Existen organizaciones fuertes y acaudaladas que no siempre tienen éxito, y organizaciones difusas y pobres que influyen en la opinión pública y no siempre se van a pique.   

 Ciudadanos por la Constitución no fracasó por falta de dinero, sino porque el número de los dispuestos a trabajar resultó escasísimo, y los más activos tendían a dar por "superada" la constitución. La falta de ideas claras, objetivos y métodos nunca es subsanada por la abundancia de medios.
   Existe un ambiente social de creciente inquietud y descontento,  pero confuso, descoordinado y sin liderazgo político. Los líderes que parecían suscitar alguna esperanza han resultado de mantequilla. Cabe esperar que la situación mejore, y mientras tanto no cerremos los ojos ni la boca.

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Los baloncestistas españoles  han hecho un gesto de simpatía hacia los chinos, y la prensa inglesa lo ha interpretado como  racismo. Está claro, esos bergantes periodistas creen que los ojos rasgados de los chinos son un signo de inferioridad, al que, hipócritamente, no debe hacerse alusión. El racismo de los ingleses siempre ha sido mucho más fuerte que el de los españoles, y aquí ha vuelto a quedar en evidencia. 
 

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Tesis sobre el origen del separatismo (y II)

13 de Agosto de 2008 - 09:22:14 - Pío Moa

 

(extraíbles de Una historia chocante)

  1. La crisis del 98 abrió, por tanto, la gran ocasión para los separatismos. Además, en el caso vasco y catalán, disponían de  líderes extraordinariamente tenaces y entregados, verdaderos  iluminados como Sabino Arana, Prat de la Riba o el mismo Cambó. Cierta historia no da  importancia de los líderes, pero estos son a menudo decisivos: allí donde no surgieron o tuvieron menos talla o decisión, como en Andalucía, Galicia, Valencia, Canarias, etc., el movimiento resultó  muy débil o no llegó a existir. Arana, Prat y Cambó desplegaron una propaganda incesante con dos rasgos  siempre efectivos: el narcisismo (razas o pueblos superiores) y el victimismo (“nuestros problemas vienen siempre de Madrid”; o de Castilla, o de España)
  2. Otro elemento muy favorable a los separatismos fue la ausencia de una labor algo sistemática de aclaración política e histórica por parte de sus contrarios. Esta  escasa oposición intelectual procede, por una parte, del abandono del liberalismo por una gran parte de la intelectualidad;  y por otra de la mayor debilidad del liberalismo español: su escasa atención a la instrucción pública y al mundo de la cultura.
  3. Los separatismos  lo eran no sólo espacialmente (con respecto al resto de España) sino históricamente, con respecto a los propios vascos y catalanes que durante siglos  se habían considerado españoles y a quienes implícita o explícitamente consideraban  traidores, serviles o estúpidos. De modo similar, el  nacionalismo español regeneracionista, salido o fortalecido también tras el 98, condenaba  la historia de España, estigmatizada de mil modos por Costa, Ortega, Azaña, etc.
  4. Estas circunstancia favorables permitieron que,  en un cuarto de siglo, los separatismos  llegaran a ser una fuerza  considerable. En 1923 los separatistas vascos, catalanes y gallegos se unieron para exigir la secesión y preparar la insurrección armada, en alianza, o al menos concomitancia, con el terrorismo anarquista, la rebelión de Abd El-Krim y la campaña demagógica de Prieto y compañía en torno a la derrota de Annual. Fue la crisis revolucionaria que acabó con la Restauración, superada provisionalmente por la dictadura de Primo de Rivera, con la que pasaron a colaborar los  socialistas.  De este modo, los separatismos resultaron uno de los elementos decisivos en la ruina del régimen liberal, el más libre y de mayor prosperidad acumulativa  alcanzado por España desde la invasión napoleónica.
  5. Estas tesis difieren  de, o contradicen, casi toda la bibliografía existente sobre los  citados nacionalismos, sea de izquierdas o de derechas.

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***M.Mar Blanco:
"Zapatero no dice de forma seria y contundente que no va a volver a negociar con ETA"

 

¿Tiene eso verdadera importancia después de todos los estragos cometidos contra la ley y la libertad, de los que no piensan dar marcha atrás  el gobierno ni el PP? Y no es negociar, es colaborar. No caigamos en su lenguaje mafioso.

 

***Plan Pons, vileza en siete días.

 "PIDE AL GOBIERNO QUE NO CAIGA EN LA TRAMPA DE OTEGI

Pons: "Hay que vigilar a los que dijeron a los asesinos dónde estaba la nuca a la que había que apuntar".

El rebuscado engañabobos. A los que hay que  vigilar y denunciar es a quienes vienen destruyendo el estado de derecho en compinchamiento con los asesinos. Y a quienes, como Pons, ayudan al programa.

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Recortes

 

“--¿Obviedad? ¿Pregunta idiota? ¡Si no sois capaces de interpretar lo que tenéis delante de las narices! El cuerpo femenino está diseñado alrededor del sexo, que es interno y es como si ordenase el  resto. ¿Habrá que entrar en detalles? Y el masculino está articulado para el trabajo y la lucha, el sexo es externo y ocupa un espacio pequeño…

--Cualquiera diría que a los tíos apenas  les importa el sexo, y en realidad no piensan en otra cosa –le cortó el cura.

Se armó un pequeño guirigay

--¡Por eso lo propio de la mujer es la gracia y la delicadeza…! –gritó  Nibelungo

--¡No me digas!

--¿Es que las tías solo piensan  en follar?

 Navegante siguió con lo suyo, imponiendo su vozarrón.

--Se nota muy bien en el modo de vestir: el vestido de la mujer va a lo mismo, a enseñar y ocultar o sugerir,  el atuendo de los tíos es de otro tipo

--Quitando los maricas…

  Qué tendrán estas cosas, que excitan tanto a la gente. Todos querían hablar, se interrumpían unos a otros, y  casi ninguno decía nada que valiese la pena. Dejé de escucharles. A pesar de las voces oía, lejano, el tronar del cañón…”  

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Ayer, en El economista:

SOLZHENITSIN Y ESPAÑA

 

   En Franco, un balance histórico, recordé el suceso, ya olvidado entonces, de la visita de Solzhenitsin a España, a poco de morir Franco. El escritor ruso, uno de los más lúcidos denunciadores de la barbarie del socialismo real, dijo algunas verdades sobre la URSS y España. Verdades muy mal acogidas, furiosamente acogidas por el elemento antifranquista, tan identificado con el Frente Popular al que Stalin había protegido y encauzado: nada más inoportuno cuando de lo que se trataba era de soltar mentiras sobre el régimen de Franco y el historial de sus adversarios, tan escasamente glorioso. No es de extrañar que el mismo Cela y diversos personajes de derecha, ansiosos de lavar su pasado, arrimasen el hombro a la campaña contra Solzhenitsin.

     He insistido después en el suceso porque revela más que largos tratados teóricos. No fue una salida de tono de la que sus autores se hayan arrepentido –como nunca se han arrepentido, por ejemplo,  de la persecución religiosa, auténtico holocausto de personas, arte y patrimonio histórico--. No, se trató de una auténtico autorretrato, en la forma y en el fondo, de unos partidos y personajes empeñados en saltar sobre cuarenta años de historia, falseándola a conciencia, para enlazar con aquel Frente Popular al que, en un retorcimiento de la falsificación, identificaban con la república, destruida precisamente por aquel Frente. Por eso la democracia solo pudo venir del franquismo, como así fue.

     ¡Y la forma! Solzhenitin “debía seguir en el GULAG”, era  “una vergüenza”, un “paranoico clínicamente puro”, “cómico de pueblo”, “Nobel por nada”, “embustero”, “multimillonario a costa de  los sufrimientos de sus compatriotas”, “pájaro de mal agüero”;  “chorizo”, “mendigo desvergonzado”, “bandido” “hipócrita”, “siervo”…  Todo, repito, por decir algunas verdades de cajón. Por desgracia, esta gente no ha cambiado, en la forma ni en el fondo.

 

262 comentarios

Por qué es ilegítimo el gobierno actual (V)

12 de Agosto de 2008 - 09:59:54 - Pío Moa

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El gobierno de Zapo el Rojo se ha identificado con el ilegítimo Frente Popular, destructor de la democracia republicana, se ha identificado con las chekas, el maquis y la ETA, a quienes reivindica en su ley de "memoria histórica" (también la llaman "memoria democrática", para más inri). Datos enormemente relevantes, que no pueden pasarse por alto al analizar la situación, pero insuficientes para tildar de ilegítimo a un gobierno: podría ocurrir que no pasasen de retórica provocadora, tan típica de la niñatería política, de su ínfimo nivel cultural, entre otra bajezas; pero sin llegar a más.

Sin embargo no se trata de simple retórica. La clave de toda la política del gobierno ha sido, volvamos a ello, la ilegitimación del franquismo, y por tanto de la democracia, salida de él, en colaboración con los mayores enemigos de las libertades, con el terrorismo etarra y los separatistas, que ya han logrado eliminar prácticamente la democracia en las Vascongadas y la restringen continuamente en Cataluña. Resulta cansino repetir la evidencia frente al fraude político generalizado, pero esa colaboración rompe las reglas más elementales del estado de derecho, legitima y premia políticamente el asesinato terrorista, ataca la constitución y, para imponerse, socava la independencia judicial y corrompe los órganos máximos de ese poder. Todo ello aliñado con la pretensión de modelar a la sociedad de acuerdo con sus sandeces ideológicas "rojas", mediante la "educación para la ciudadanía" y la increíble degradación de los medios de masas.

El examen más superficial, como el más profundo, de la trayectoria del gobierno actual, revela un verdadero golpe de estado desde el poder, a cuyo lado quedan casi en nimiedades el GAL o las oleadas de corrupción felipistas. Se trata, pues, de algo más decisivo. Un gobierno de este género es necesariamente ilegítimo.

Este golpe contra la legalidad y la democracia ha podido realizarse por no haber tenido una oposición política real, ya que la del PP de Rajoy --incluyendo la de Zaplana y Acebes, bienintencionada pero insuficiente y torpe-- nunca lo fue. La única oposición ha proveni