Las elecciones municipales de 1931 tuvieron dos fases: la celebrada sin necesidad de votación, según el artículo 29, porque solo se presentaba una candidatura, y la de aquellos ayuntamientos en que había rivalidad. En los dos casos ganaron las candidaturas monárquicas por gran mayoría. De todas formas aquellos comicios no tuvieron validez democrática, porque el nuevo régimen no publicó los resultados hasta más tarde, evidentemente manipulados (los resultados de las elecciones de 1936, que "ganó" el Frente Popular, nunca fueron publicados, por lo que fueron menos democráticas, si cabe, y ello vuelve inútiles las discusiones sobre el "verdadero" ganador). Pero en todo caso, los datos electorales no jugaron el más mínimo papel en el cambio de régimen porque, desde la misma jornada electoral, los monárquicos estuvieron resueltos a entregar el poder, casi "como fuera", según dejó claro Maura, principal organizador del movimiento republicano. Los monárquicos fueron los primeros en despreciar a sus propios votantes, un vicio persistente en la derecha, quizá debido a cierto ancestral carácter señoritil.
Dos mitos elaborados a posteriori por los monárquicos para negar legitimidad a la república son que las elecciones fueron solo municipales y que la cesión del poder provino de una presión insoportable en las calles, que haría correr ríos de sangre si se reprimiera. En realidad quienes dieron carácter plebiscitario a las municipales fueron los monárquicos Romanones, Berenguer y Aznar. De este último ha dicho el profesor Lavandeira que no pronunció la frase que se le atribuye sobre la España acostada monárquica y levantada republicana. Es posible, pero en todo caso la frase circuló inmediatamente, no fue desmentida y todo el mundo la aceptó como veraz. Quienes no pensaban tal cosa los días 12 y 13 fueron los republicanos y socialistas, según explica Maura. Ya antes de comenzar la agitación callejera, los monárquicos estaban decididos a entregar el poder.
Luego, ya a media tarde del día 13, "Las masas se manifestaban, considerándose con derecho de imponer una victoria parcial (en las capitales de provincia) como victoria total en el país, animadas sin duda por las declaraciones de los jefes monárquicos, que se habían declarado de antemano vencidos (...) Las manifestaciones fueron menos espontáneas de lo que se ha supuesto, si hemos de creer a un "excelente periodista anónimo", que cita Martínez Barrio "por su imparcialidad y veracidad". A media tarde se concentraron en el Ateneo y la Casa del Pueblo grupos de "ateneístas, estudiantes de la FUE y obreros" que "se esparcieron poco después por Madrid y, como obedeciendo a una consigna, fueron gritando por las calles, con machacona insistencia: "¡Ya se fue! ¡Ya se fue!", haciendo creer que el rey se había marchado. Hay pocas dudas de que no actuaron como obedeciendo una consigna, sino obedeciéndola. "Este grito (...) causó el efecto que quienes lo lanzaron pretendían. La gente, extrañada, empezó a afluir a la plaza de Oriente y a la Puerta del Sol". Se trató, desde luego, de una maniobra maestra cuyos autores han permanecido incógnitos, pero que no parecen haber sido los miembros del titubeante "gobierno provisional".
Las multitudes impusieron a continuación el ritmo de los sucesos, ante el temor de unos y otros a que el jolgorio degenerase en violencia. También impusieron la bandera tricolor y el himno de Riego "sin que nadie pudiese decir cómo". La bandera nació, al parecer, de un equívoco. Los colores tradicionales, rojo y amarillo, coincidían con los de la bandera de Aragón y Cataluña, y la franja morada que se les añadía quería representar el pendón de Castilla, enarbolado por los comuneros en el siglo XVI. Había sido la bandera del Partido Federalista, aunque no de la I República. Según los estudios más fiables, el dicho pendón era rojo carmesí, que en algunas banderas había desteñido a morado con el paso del tiempo, y de ahí el error. El "gobierno provisional republicano" había acordado "que no se cambiaría la bandera para evitar innumerables complicaciones que esta clase de pleitos lleva siempre consigo". El himno, tenido comúnmente por ramplón, también a los dirigentes republicanos les sonaba, "creo que con sobrada razón, malísimo e impropio. Habíamos acordado abrir un concurso para dotar al régimen de un himno razonable. Las gentes, en plena orgía, pacífica pero estrepitosa, entonaban a gritos aquel viejo sonsonete del antiguo canto republicano. No iba a ser fácil rectificar..."
Al atardecer, "En el Ateneo apareció un empleado de telégrafos que tremolaba un papelito azul. Todos los ateneístas le rodearon. Desde el primer rellano de la escalera que conduce a la biblioteca leyó el texto de aquel telegrama, que decía: "El rey Alfonso y su ministro general Berenguer han abandonado precipitadamente Madrid. Se espera de un momento a otro que crucen la frontera. Vienen hacia París. El rey ha declinado los poderes en Melquíades Álvarez, último presidente de las Cortes". El entusiasmo que este telegrama produjo fue enorme y docenas de ateneístas salieron a esparcir la noticia por todo Madrid. El telegrama era falso y muchos de los ateneístas lo sabían, pero hizo el efecto en la opinión pública que quienes lo lanzaron querían". Así lo cuenta Vidarte, y cuesta trabajo creer que él no estuviera en la intriga, siendo uno de los más destacados agitadores masones del Ateneo (...)
En la Puerta del Sol, los guardias civiles eran ovacionados al grito de "¡Viva la guardia republicana!". Un grupo de guardias adoptó una actitud pasiva mientras la muchedumbre los envolvía aplaudiéndoles y vitoreándoles. Una muchacha, vestida de tojo (...) agitando una bandera, le echó los brazos al sargento de la Guardia Civil y le besó, en medio de una clamorosa ovación (...) Los guardias permanecían inermes y silenciosos". (Por supuesto, aquellas masas no eran "el pueblo", como suele repetirse, sino solo una parte de él, que ocupaba de aquel modo las calles).
Ya hacia las once de la mañana del día 14 había resuelto Sanjurjo definitivamente la situación. Se presentó en casa de Miguel Maura, ante el cual "se cuadró (...) y saludando militarmente, me dijo: A las órdenes de usted, señor ministro. Me quedé de una pieza". La última línea de defensa del régimen se desvanecía, si es que, con Sanjurjo en el cargo, había tenido solidez en algún momento. Los motivos de la actitud de este general, de espíritu conservador, no han sido dilucidados. Hay quien los atribuye a la conducta del rey con Primo de Rivera.
El conde de Romanones fue a casa de Gregorio Marañón a entenderse con Niceto Alcalá-Zamora, presidente del "gobierno provisional", y recuerda: "He pasado en mi vida malos ratos. Parecido a aquél, ninguno (...) Le dije que el gobierno no quería hacer uso de la fuerza" (...) Niceto le replicó: "No queda otro camino que la inmediata salida del Rey renunciando al trono (...) Es preciso que esta misma tarde, antes de ponerse el sol, emprenda viaje" Fingía no rendirse el conde, y don Niceto le explicó la visita de Sanjurjo. "Al oírle me demudé. Ya no hablé más. La batalla estaba perdida irremisiblemente". El comentario, con su pretendido dramatismo, resulta algo irrisorio, pues el mismo día 12 por la noche había decidido el conde que "todo estaba perdido". Don Niceto es probablemente más veraz cuando observa: "La capitulación de la corona en casa de Marañón fue ofrecida por aquella sin darnos tiempo a exigirla (...) Reflejose de ese modo, hasta en los últimos trámites, la honda verdad de que todo régimen muere por el suicidio en que remata y expía sus culpas. Húndense las monarquías por los reyes y sus cortesanos, como hacen perecer las repúblicas sus partidarios más fanáticos".
Lerroux y Azaña debieron incorporarse al gobierno ya avanzado el día 14. Azaña "no nos había dado la menor señal de vida el día 13, a pesar de los sucesos", dice Maura, que fue encargado de buscarle, tarea "no fácil". Dio con él en la casa de su cuñado Cipriano Rivas. "Allí estaba, pálido, con palidez marmórea, sin duda por haber permanecido en aquellas habitaciones más de cuatro meses (...) Le hice presente el objeto de mi visita y le conminé para que me acompañase (...) Se negó rotundamente, alegando que nosotros habíamos sido ya juzgados y prácticamente absueltos, pero que él seguía en rebeldía [y cobrando su sueldo de funcionario todo el tiempo], y cualquiera, un simple guardia, podía detenerle y encarcelarle. ¡No salía yo de mi asombro!(...) Ya me disponía a dejarle encerrado, cuando apareció su cuñado, que regresaba de la calle en un estado de excitación y entusiasmo (...) Por fin Azaña, de muy mala gana, se decidió a seguirme. Durante el trayecto en mi coche hasta mi casa fue mascullando no sé qué cosas, de un humor de perros".
[Luego vendría la "toma" del ministerio de Gobernación en la Puerta del Sol y los hechos más conocidos]. Rivas Cherif cuenta con fruición cómo Azaña, repentino ministro de la Guerra y ya repuesto de su susto, humilló a un general: "Azaña llevaba un cuarto de hora con el Capitán General de Madrid, Federico Berenguer, que en posición firme ante él, no obtenía la venia de su nuevo jefe superior para ponerse cómodamente en su lugar (...) Sus recentísimos ayudantes y secretarios contemplaban regocijados la escena con los circunstantes, a quienes se iban uniendo los curiosos que (...) penetraban hasta el mismísimo despacho del ministro". (Los personajes de la república vistos por ellos mismos).
La república llegó de un modo un tanto esperpéntico, pero más por parte de la monarquía que de los republicanos. La legitimidad del nuevo régimen no procede en absoluto de las elecciones, sino de los monárquicos que, insiste Maura, regalaron el poder a sus enemigos, y lo hicieron en un acto de suicidio, como expone acertadamente Don Niceto. A Franco la república no le gustaba, pero se atuvo a ella consecuentemente, pues, como haría observar en otra ocasión, había sido aceptada por el rey. Más que aceptada, entregada. Franco la defendió en 1934, y solo se rebeló cuando el Frente Popular la había reducido a cenizas (Franco para antifranquistas).
Así pues, la monarquía traspasó su legitimidad a la república, se la regaló sin la menor resistencia, ni siquiera a cambio del proverbial plato de lentejas. Claro que en aquel concurso de botaratadas, los beneficiarios se apresuraron a procesar en ausencia a su benefactor, al rey ...¡por haber traicionado la constitución! ¡Una constitución que ellos nunca habían reconocido y contra la que se habían rebelado violentamente en 1917! El casi siempre inteligente Marañón tendría amplia oportunidad de percatarse de la estupidez y canallería de aquellos políticos en los que él había confiado... algo estúpidamente a su vez.
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El martes, en El economista :
TRIBUNAL... ¿CONSTITUCIONAL?
La inconstitucionalidad del estatuto catalán es flagrante, no solo porque establece una nueva nación, es decir, un nuevo principio de soberanía, sino porque, aun si hubiera disimulado esa tropelía de derecho, la habría cometido de hecho al dejar en residual la unidad de España, como vino a decir Maragall en su célebre y veraz frase. Otra prueba de su inconstitucionalidad son los tres años que el llamado tribunal constitucional lleva tratando el asunto. Porque, obviamente, no se trata de decidir si el estatuto es constitucional o no, sino de cómo hacerlo "tragar" a la opinión pública. Ese estatuto, no lo olvidemos, constituye la base de los negocios del gobierno con la ETA, la oferta a los terroristas, de momento fracasada: dejar en "residual" la unidad de España también en las Vascongadas.
En esos tres años ha ocurrido algo más: la quiebra de la oposición, del PP, a manos de Rajoy y los suyos. El PP recurrió el estatuto ante el tribunal, y a continuación lo copió básicamente en varias de sus autonomías. España ha dejado así de ser una democracia propiamente dicha, al desaparecer la oposición que controla y frena los impulsos totalitarios del poder.
Otro dato en esa involución antidemocrática: unos políticos amenazan con no tolerar el menor cambio en el estatuto, otros se adelantan a los jueces anunciando una sentencia muy satisfactoria para "Cataluña" (así llaman a los partidos separatistas). En España, pues, no existe justicia independiente. Pero ¿y el propio tribunal? Está en manos de de políticos. La presidenta es pro separatista, y los jueces del PP están hoy interesados en la aprobación del engendro, con más o menos maquillaje. Esos jueces de partido acaban de aprobar, de nuevo, la legalización de las terminales de la ETA. Más claro, agua. No me toca decir qué hacer ante esta situación de ilegalidad rampante, pero como ciudadano la señalo.
"Por creer cantada la victoria o por otras razones, en vísperas de los comicios Romanones dio a estos un alcance plebiscitario: "Se ventila (...) el porvenir de España y su forma de Gobierno" Las izquierdas acogieron calurosamente la idea.
El 12, pues, se hicieron las votaciones, en las que, según opinión generalizada, apenas hubo fraude. Resultó una victoria aplastante para los monárquico: 22.150 concejales frente a 5.875 republicanos. Pero ocurrió que los republicanos triunfaron en casi todas las capitales de provincia, lo que tuvo un fuerte impacto psicológico. Ello no podía ser decisivo, a menos que se otorgara una superioridad cualitativa a los votos urbanos. Mas el primero en admitir que sí había votos de primera, segunda y tercera, fue el gobierno, dirigido de hecho por el mismo Romanones. (...) El gobierno fue aún más allá. Se apresuró a dar a unas elecciones municipales carácter plebiscitario, que todavía no le concedían sus contrarios. Aquellos ministros que tan a desgana habían asumido el poder mostraron entonces auténtica voluntad de reconocer la "victoria" republicana.
Romanones hizo una declaración entreguista: "Hay hasta ahora 35 capitales perdidas por nosotros, y no se debe la derrota a la impericia de los gobernadores" Derrota, pues. Y al día siguiente, reseña Cambó, el almirante Aznar, "el primer obligado a quitar importancia (...) dijo simplemente esta frase: ¿Les parece a ustedes poco lo que ha ocurrido ayer, que España que se habían acostado monárquica se levantó republicana? La frase se extendió por Madrid como un reguero de pólvora. Los socialistas y republicanos empezaron a enderezar las orejas". La declaración era de hecho una invitación a los republicanos a tomar la calle.
Por supuesto, la votación no dejaba de ser un éxito relativo muy reconfortante para los republicanos, y en la madrugada del día 12 al 13 sus jefes salían contentos de la Casa del Pueblo, donde habían seguido la jornada. Maura caminaba con Largo y De los Ríos, el cual dijo que el triunfo les daba esperanzas para las elecciones generales de octubre, y entonces el éxito, si es como el de hoy, puede traernos la República. Maura miró a Largo y "con asombro, vi que asentía (...) Recuerdo la vehemencia con que les hice ver el error en que estaban, anunciándoles que antes de cuarenta y ocho horas estaríamos gobernando, y advirtiéndoles del riesgo que podían correr muchas cosas vitales para todos si no era así, por timidez o vacilación nuestra. Me llamaron iluso y nos despedimos" (...) Al día siguiente, Maura pensaba en cómo hacerse con el poder, pero "era inútil intentar dialogar sobre estos temas con mis compañeros. Cuando los iniciaba, me miraban como a un pobre iluso o a un demente que soñaba despierto. Puedo afirmar que durante todo el día 13, el único del Comité que creyó y obró seguro de la victoria definitiva, fui yo, a pesar de los rumores y las alarmantes noticias, en su totalidad falsas, que los correligionarios despistados nos traían sobre la inminente reacción del rey y del Ejército contra nosotros".
En realidad, el gobierno estaba resuelto a no tolerar las indecisiones de sus adversarios. A medianoche del 12 al 13 los ministros se reunieron informalmente en Gobernación con el general Sanjurjo, jefe de la Guardia Civil y simpatizante de la república, según Lerroux. Romanones le preguntó si podría responder de sus fuerzas para controlar posibles desórdenes (la propia pregunta ya era derrotista). Sanjurjo respondió: "Hasta ayer por la noche podía contarse con ella". "Todo estaba perdido", asegura el conde. Berenguer, ministro de la Guerra, faltó a la reunión, pero no mostró menos resolución que los otros a favor de los republicanos. Sin consultar a sus colegas, envió un telegrama a las autoridades militares de provincias, haciéndoles notar "la derrota de las candidaturas monárquicas en las principales circunscripciones" y pidiéndoles "la mayor serenidad (...) con el corazón puesto en los sagrados intereses de la Patria", cuyos destinos "han de seguir, sin trastornos que la dañen intensamente, el curso lógico que les impone la suprema voluntad nacional". Voluntad expresada, al parecer, "en las principales circunscripciones". El telegrama, pronto difundido por la prensa, llenó de euforia a los republicanos. En suma, antes de que amaneciera, Romanones, Sanjurjo y Berenguer, llevados de un vehemente deseo de acatar la "voluntad nacional", habían desahuciado por su cuenta y riesgo al régimen que teóricamente defendían.
Al amanecer el día 13, el conde acudía a palacio. "Yo no acertaba con la fórmula de afirmar que todo estaba perdido, que no quedaba ya ni la más remota esperanza y, sin embargo, hablé con claridad suficiente, interrumpiéndome el rey con la frase: "Yo no seré obstáculo en el camino que haya que tomar, pero creo que aún hay varios caminos". Y observa Maura con justeza: "Ya en la mañana del 13, antes de que el Gobierno hubiese deliberado reunido y antes de que la calle hubiese mostrado síntomas de efervescencia, el conde estaba decidido a forzar las etapas para que el monarca abandonase la lucha".
A media tarde del día 13 "dio comienzo el espectáculo de la calle", con manifestaciones a cada hora más nutridas y ruidosas en Madrid y otras ciudades. Entre tanto se celebró consejo de ministros, que empezó por aprobar el telegrama de Berenguer con la única protesta de La Cierva. (...) Romanones asegura que "la derrota era ya tan evidente, que ante ella sólo existían dos caminos: someterse o emplear la violencia, único medio, aunque inseguro, de sostener la Corona que se tambaleaba". Salvo algún choque aislado, con heridos, y la dispersión de una manifestación, las fuerzas de orden público estuvieron paralizadas desde el primer momento, por falta de instrucciones o por instrucciones de no actuar (...)
El día 14 sería el decisivo (...) Romanones enviaba al rey esta nota: "Los sucesos de esta madrugada hacen temer a los Ministros que la actitud de los republicanos pueda encontrar adhesiones en elementos del Ejército y fuerza pública (...)" El aviso del conde tenía cierto aire de maniobra intimidatoria y, en fin, el servidor del monarca indicaba a éste la puerta. Anota Maura: "Los sucesos de la madrugada...¡No sé cuáles pudieron ser, porque ninguno digno de ser recordado había surgido en el curso de la noche! Pero era lógico que había que apoyar en algo extraordinario el argumento que motivaba la nota (de Romanones). No era fácil decir al rey, por vez primera, que tenía que abandonar el campo y salir de España".
A las nueve, el conde fue a palacio. "Don Alfonso abordó inmediatamente el tema electoral subrayando la derrota (...)" El conde arregló una cita con Alcalá-Zamora en el domicilio de Marañón. Luego pasó a la cámara real el ministro opuesto al abandono, La Cierva, quien aconsejó resistir. El monarca, irritado, le acusó de no ver más allá de sus narices y de olvidar el largo plazo: "No puedo consentir que con actos de fuerza para defenderme se derrame sangre, y por eso me aparto de este país". El ministro replicó: "El rey se equivoca si piensa que su alejamiento y pérdida de la corona evitarán que se viertan lágrimas y sangre en España. Es lo contrario, señor". Fue, sin duda, una de las pocas escenas realmente dramáticas de aquellos días, que tienen más bien un aire bufo". (Los personajes de la república vistos por ellos mismos).
Doce años después, cuando ya se veía claramente la derrota de Alemania en la guerra mundial, Don Juan escribía a Franco advirtiéndole de que su régimen estaba acabado y debía dejar paso inmediatamente a la monarquía, con alusiones insultantes para el Caudillo, al recordarle que Alfonso XIII había salido de España por no mancharse de sangre. Franco replicaba: "Tal ejemplo no puede constituir escuela a seguir por nuestros príncipes, porque sus nobles palabras y su desinterés, apreciables como hombre, no le elevan en cambio como rey. Mucha fue la sangre que se vertió luego como consecuencia de aquel acto" (en Años de hierro)
La vida política, y en general la social, está plagada de conspiraciones, tanto de un signo como de otro. Como todas las obras humanas, estas conspiraciones triunfan unas veces, y otras, probablemente la gran mayoría, fracasan u obtienen solo éxitos parciales. Decir esto es solo reconocer una obviedad. Pero los conspiranoicos van más allá: elevan la conspiración a principio rector de la historia, concentrando los miles de ellas que existen y existirán en un designio monstruoso y diabólico por parte del enemigo, como si no hubiera constantes conspiraciones, a su vez, de orientación contraria. Nos encontramos, así, con una superconspiración responsable de todos los males... ¡y de los bienes!, como la democracia. Si la democracia procede de una conspiración masónica, como dicen algunos –ignorando la tradición de la Escuela de Salamanca, entre otras cosas–, habría que felicitar a los masones. ¿O tendríamos que resignarnos a que los conspiranoicos nos impusieran a todos su modo de pensar, sin libertad de réplica, de expresión, etc., porque ellos se atribuyen en exclusiva "la verdad" y la voluntad de Dios y tenemos la obligación de creerlos y someternos a ellos? Esto sí que sería una superconspiración.
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**** La Asamblea General de la ONU, con su declaración sobre Honduras, defiende el principio de la liquidación de la democracia a través de votaciones. Defiende el principio de Hitler. No olvidemos que la mayoría de los países de la ONU son dictaduras. Pero, ¿y los que no lo son? Por lo visto padecen de impulsos suicidas. La democracia no consiste en simples elecciones: exige la separación de poderes y el respeto a la Constitución y a las leyes que afirman las libertades. Un gobierno que no obra así –como ocurre con el de Zapo– es un gobierno ilegal. El problema, planteado en Honduras, radica en cómo deshacerse de un gobierno delincuente. Es el eterno problema de cómo librarse del tirano, tan claramente planteado por nuestros juristas del Siglo de oro.
Detrás de estos manejos a lo Chaves o Zelaya en Hispanoamérica está una pandilla de "juristas" españoles de izquierdas, según parece: han aprendido la jurisprudencia hitleriana.
**** Por cierto, el caso de Onda Ocho, de Málaga: no puede dejarse en el silencio la felonía del cacicato socialista andaluz contra las libertades. De ello hemos hablado estos días, y habrá que seguir.
**** Ante la retirada de honores a Franco por parte del ayuntamiento de Madrid, Intereconomía ha tenido la idea de pedir la retirada, a su vez, de los concedidos a Largo Caballero y la Pasionaria. La idea es buena si se trata de informar ampliamente al público de quiénes fueron estos dos personajes. Pero es mala, creo, si queda en el trasfondo la equiparación entre uno y otros. Los dos últimos fueron verdaderos obsesos de la guerra civil y de la destrucción de la república "burguesa", y presidieron, como Companys y tantos más, una multitud de crímenes, sin que en su balance político pueda apreciarse otra cosa que el intento de crear en España un régimen parecido al de Stalin. Por el contrario, Franco es, haciendo balance de sus bienes y sus males, el dirigente más positivo y con mayores realizaciones que ha tenido este país en al menos dos o tres siglos, incluido Cánovas: todavía estamos viviendo de su obra, que intentan destrozar los antifranquistas de después de Franco, los antifranquistas de salón. Me ratifico en que "una sociedad que no sepa reconocer y apreciar los méritos de quien la ha beneficiado está condenada a seguir a demagogos (...) Está condenada, muy posiblemente, a perder la libertad" (Franco para antifranquistas).
No, no se puede equiparar a Franco con Largo y la Pasionaria. Si el ayuntamiento ha retirado los honores al primero, hay que exigir que los mantenga e incremente a los otros. Así se retrata mejor su calaña no ya de antifranquistas, sino de antidemócratas, de adeptos a la Ley de la Checa.
**** Antifranquistas de salón. Salón de burdel, vale decir.
**** Basagoiti: "El PNV podía haber hecho más en la lucha contra ETA"
Si llega a hacer un poco más "contra" la ETA, hoy tendríamos un régimen socialista independiente en las Vascongadas y Navarra. Pero no se preocupen, el propio Basa, traidor a María San Gil, está contribuyendo con entusiasmo a esa labor "contra" la ETA. Observen la legalización de su terminal política II, con apoyo del PP.
**** Gabilondo: "Aznar tenía razón y yo no. La solución de ETA está en la Policía"
¿Será posible? ¿Habrá reflexionado? Ojalá. Pero lo dice cuando el gobierno de Zapo, colaborador con banda armada, está enfadado con sus socios en la tarea de desmantelar la democracia española. Aunque sigue la colaboración no lo olvidemos: II. ¡Ah, y cuántos muertos han causado los "errores" del grupo PRISA y de los gobernantes de la "solución política"! Cualquier día pedirán disculpas, supongo, aunque lo mejor sería que se fueran a casa de una vez por todas.
**** Estrasburgo dice que la ilegalización de Batasuna era una "necesidad social"
Tenemos tal desconfianza –en general justificada– en nuestros políticos, que nos vemos obligados a recurrir al exterior. Y de todas formas nuestros trileros políticos, artistas del fraude, ya han encontrado la solución: legalizar a II, un nuevo disfraz de la ETA.
****El patetismo de lo obscenamente trivial: Michael Jackson.
Ayer, con motivo de la retirada de reconocimientos a Franco en el Ayuntamiento de Madrid, tuve ocasión de decir en El gato al agua unas cuantas cosas que actualmente no pueden decirse en casi ninguna parte, buena señal de que estamos en una democracia enferma. Hoy, en España, se puede exaltar en los grandes medios a los separatistas, socialistas, comunistas o anarquistas que llevaron a España a la guerra civil, pero no a Franco, que los derrotó; se puede exaltar al maquis que intentó reanudar la misma guerra unos años más tarde, pero no defender a quien lo venció y libró a España de un nuevo y grave desastre; se puede hasta exaltar a Hitler, que según Preston y algunos chiflados fue quien impidió la entrada de España en la guerra mundial, pero no a quien verdaderamente salvó al país de una calamidad que habría multiplicado los sufrimientos de la guerra civil; se puede simpatizar abiertamente con dictaduras totalitarias o con personajes como Che Guevara, y en cambio se ataca con dureza obsesiva y mil falsedades a una dictadura autoritaria en un tiempo en que no existían prácticamente demócratas --no hay muchos tampoco ahora--, y cuyo balance es inmensamente positivo, el más positivo de cualquier régimen español en varios siglos; se puede exaltar a los antifranquistas como si ellos hubieran (hubiéramos) sido demócratas y liberales, y en cambio no se puede reconocer que la democracia actual, o lo que queda de ella, viene justamente del franquismo... Y así sucesivamente.
Pero de vez en cuando se abren pequeños oasis, como el de anoche, en este desierto de la farsa política. Estaba yo allí un poco fastidiado porque se iba el tiempo y se repetían demasiados tópicos que no sería posible rebatir adecuadamente; tópicos nacidos de la ignorancia o de la excesiva comodidad intelectual que afectan hoy a casi toda la población, culta e inculta. Por algo he escrito Franco para antifranquistas en un texto inteligible hasta para los menos enterados, y por algo ha sido sometido ese libro poco menos que a la ley del silencio excepto en muy contados medios. Habría sido necesaria una hora más, como mínimo, para aclarar algunos de esos tópicos falsos que circulan como verdades inconcusas. Y estoy seguro de que, incluso desde el más crudo interés comercial, habría atraído mucha audiencia. Pero no priva ni el interés por la verdad ni el interés comercial cuando llegamos a estos asuntos. Asuntos que, a pesar del repulsivo PP actual, sí interesan a los ciudadanos: son unos políticos de casi nulo espíritu democrático, quienes intentan vedar a los ciudadanos el conocimiento de los hechos. Como tuve ocasión de decir, la izquierda falsifica sistemáticamente la historia, y el PP contribuye diciendo que el pasado "no interesa". Repulsivo e hipócrita PP, intentando decidir lo que interesa y no interesa a los ciudadanos, en la peor tradición censora de todas las dictaduras; peor aún que el PSOE que en eso, por lo menos, no es hipócrita. Al llegar comenté a Javier Nart el hecho de que la fechoría del ayuntamiento de Madrid por parte de unos políticos tan despreciables no era un ultraje, sino un homenaje a Franco.
También se observó cómodamente que mis palabras eran opiniones, y otros historiadores tenían otras. No tal. Sostener, como lo hice, que los reconocimientos a Franco debían mantenerse, es una opinión. Pero que Franco derrotó a una revolución y no a una democracia, que libró al país de la guerra mundial, que derrotó al maquis, que dejó una España próspera y reconciliada, gracias a lo cual fue posible un tránsito poco traumático de la dictadura a la democracia, que estableció el período de paz más prolongado que ha disfrutado España en varios siglos y que continúa aún hoy, pese a los esfuerzos de la caterva política, eso no son opiniones: son hechos muy constatables. Aunque existe un empeño suicida por no constatarlos. Un pueblo que ignora o falsea su historia puede muy bien repetir lo peor de ella, y casi diríamos que lo merece.
Otro punto de los muchos tocados: alguien afirmó que de los crímenes de la guerra civil fueron responsables quienes los cometieron, fueran de derechas o de izquierdas. Ello es cierto en el plano directo y personal, pero no en un plano más amplio. La propensión al crimen deriva de la enorme disparidad de intereses y aspiraciones propios de la sociedad humana, y es la ley la que impide que la sociedad degenere rápidamente en una lucha violenta por tales intereses. Por consiguiente, quienes destruyen la ley tienen una responsabilidad multiplicada, y hoy está bien claro que quienes destruyeron la legalidad republicana --que, aun siendo mediocre o mala, permitía convivir y podía reformarse-- fueron las izquierdas; y que ningún político la respetó, ni de lejos, más que Franco, el cual solo se sublevó cuando los excesos había ido ya demasiado lejos. Como observé a algunos instalados en la comodidad, existió un proceso revolucionario y alguien tuvo el mérito de alzarse contra él y vencerlo, un proceso que jamás habrían vencido, ni siquiera se habrían opuesto a él, gente con pretensiones tan moralmente exquisitas como vacuas, al estilo del PP futurista. Este habría contribuido al proceso revolucionario, como ahora contribuye a la "memoria histórica", es decir, a la Ley de la Cheka, y pretende decidir lo que debe interesar o no a los ciudadanos.
En fin, mi agradecimiento a Antonio Jiménez por este programa excepcional que ha permitido decir unas cuantas verdades, aunque temo que no se repita. También mi agradecimiento a los contertulios, que no pensaban como yo, legítimamente, pero que permitieron aclarar tres o cuatro cuestiones.
Con típico estilo chekista, manifiesto una y mil veces, la extrema izquierda, es decir, la izquierda en general, que en España siempre fue extrema, está atacando a juez Adolfo Prego por admitir a trámite una querella contra el juez político Garzón. Le "acusan", como si fuera una acusación y no un mérito, de haber firmado el "Manifiesto por la verdad histórica", cuyas tesis, por supuesto, nunca han podido refutar. Por eso es cuestión de volver a difundirlo al máximo.
Creo que la llamada Ley de Memoria Histórica tiene la suficiente gravedad como para emprender acciones resueltas contra ella, extendiendo al máximo la información sobre algunas cuestiones clave de nuestro pasado. Es una labor de vasto alcance, en la que debemos participar todos los españoles amantes de la libertad:
Diversos políticos y partidos propugnan una determinada visión de nuestro pasado mediante la llamada Ley de Memoria Histórica. Este acto, por sí mismo, constituye un ataque a las libertades públicas y a la cultura.
De modo implícito, pero inequívoco, la ley atribuye carácter democrático al Frente Popular. Hoy está plenamente documentado lo contrario. Dicho Frente se compuso, de hecho o de derecho, de agrupaciones marxistas radicales, estalinistas, anarquistas, racistas sabinianas, golpistas republicanas y nacionalistas catalanas, todas ellas ajenas a cualquier programa de libertad.
También está acreditado suficientemente que, ya antes de constituirse en Frente, los citados partidos organizaron o colaboraron en el asalto a la república en octubre de 1934, con propósito textual de guerra civil, fracasando tras causar 1.400 muertos en 26 provincias; y que, tras las anómalas elecciones de febrero de 1936, demolieron la legalidad, la separación de poderes y el derecho a la propiedad y a la vida, proceso revolucionario culminado en el intento de asesinar a líderes de la oposición, cumplido en uno de ellos. Esa destrucción de los elementos democráticos de la legalidad republicana hundió las bases de la convivencia nacional y causó la guerra y las conocidas atrocidades en los dos bandos y entre las propias izquierdas.
La Ley de Memoria Histórica alcanza extremos de perversión ética y legal al igualar como "víctimas de la dictadura", a inocentes, cuyo paradigma podría ser Besteiro, y a asesinos y ladrones de las checas, cuyo modelo sería García Atadell. Así, la ley denigra a los inocentes y pretende que la sociedad recuerde y venere como mártires de la libertad a muchos de los peores criminales que ensombrecen nuestra historia. También erige en campeones de la libertad a las Brigadas Internacionales orientadas por Stalin, a los comunistas que en los años 40 intentaron reavivar la guerra civil o a los etarras que emprendieron en 1968 su carrera de asesinatos. ¿Cabe concebir mayor agravio a la moral, la memoria y la dignidad de nuestra democracia?
La falsificación del pasado corrompe y envenena el presente. Nos hallamos ante una clara adulteración de nuestra historia agravada por la pretensión de imponerla por ley, un abuso de poder acaso compatible con aquel Frente Popular, pero no con una democracia moderna. La sociedad no puede aceptarlo sin envilecerse: los pueblos que olvidan su historia se condenan a repetir lo peor de ella. Que el silencio no nos condene.
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**** Acuse de recibo: acaban de llegarme varios vídeos de tema histórico de Mi tierra Televisión, y los libros Los consulados del más allá, de Aquilino Duque, "una sátira sumamente divertida y provocativa" (The Times Literary Supplement), y dos de Enrique Baltanás, de cuya interpretación de La Celestina se habló en este blog los días 8 y 9 de mayo pasado: Los Machado. Una familia, dos siglos de cultura española, con prólogo de Jon Juaristi, y La materia de Andalucía. El ciclo andaluz en las letras de los siglos XIX y XX. Libros recomendables de entrada. Habrá que hablar de todo eso.
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Garcilaso de la Vega, nacido hacia 1501 en Toledo, "la más felice tierra de España", tuvo, como Pescara, una vida corta, de treinta y cinco años, pero muy viajera, bélica, literaria y amorosa (...). Con apenas 20 años tuvo un hijo ilegítimo de su amante Guiomar Carrillo, y ese mismo año y el siguiente participó con las tropas de Carlos contra la rebelión comunera, resultando herido. En 1522 se embarcó en una expedición no fructífera para socorrer a la isla de Rodas atacada por Solimán. De vuelta, por su buen comportamiento bélico fue admitido en la orden de Santiago y en 1524 luchó contra los franceses en Salvatierra y Fuenterrabía (...). En 1529 marchó a Bolonia, donde trabó estrecha relación con escritores, artistas y humanistas italianos y luchó contra los franceses en Florencia. En 1531 participó en la boda de un pariente suyo, ex comunero, lo cual desagradó al emperador, que lo desterró a una isla del Danubio próxima a Viena donde estuvo "preso y forzado y solo en tierra ajena" por el tiempo de un ataque de Solimán a la ciudad.
Poco después volvió al favor del rey y a Nápoles, a la corte del virrey Pedro de Toledo. Allí frecuentó la Academia Pontaniana, foro intelectual de la ciudad creado el siglo anterior por el rey aragonés Alfonso el Magnánimo, y siguió su estrecho contacto con artistas italianos y españoles, y debió de tener algún amorío. En 1533 volvió a Barcelona, donde encontró a Juan Boscán, viejo amigo suyo. De nuevo en Italia, fue nombrado alcaide del castillo de Reggio, frente a Sicilia, y en 1535 fue herido de gravedad en la toma de Túnez y La Goleta. Su competencia le valió el cargo de jefe (maestre de campo) de uno de los tercios para la desafortunada campaña de Provenza, al año siguiente, donde, en el asalto a una torre, fue herido de muerte.
Garcilaso fue, en efecto, uno de los mayores poetas en lengua española y suele considerársele, a él y al barcelonés Boscán, gran amigo suyo, los introductores definitivos de la los estilos renacentistas en España. Boscán traspasó también a Garcilaso la estima por la poesía de Ausías March. Las relaciones y amistad entre escritores fue un rasgo del Renacimiento. A su vez, el barcelonés fue amigo del veneciano Andrea Navagero, embajador en España y clasicista (humanista) latinizante, de quien se dice que quemó ejemplares de obras de Marcial, por considerarlo demasiado grosero. Boscán, paseando con él por los jardines del Generalife, se adhirió sin reservas a los nuevos estilos italianos, adoptó al endecasílabo en lugar del octosílabo habitual en España, y a su vez transmitió su entusiasmo a Garcilaso y a otros. El italianismo no era cosa nueva en España (el marqués de Santillana, entre otros, lo había cultivado), aunque su impulso aumentó. Los temas y estrofas tradicionales permanecieron al lado de los nuevos, y no faltaron quienes pusieron en solfa la nueva moda.
Boscán debió de conocer a Garcilaso durante la expedición a Rodas, y participó también en la lucha contra los turcos en Viena, en 1532. Fue a su vez un poeta sobresaliente, autor de composiciones en estilo petrarquista, introductor en España de nuevas estrofas y del tema mitológico. Su asunto principal y casi único fue el amor: "Todo muere d'amor o d'amor mata; / sin amor no veréyes ni una pisada; / d'amores se negocia y se barata; / toda la tierra en esto es ocupada; / si veys bullir d'un árbol una hoja, / diréys que amor aquello se os antoja". A su amigo Garcilaso dedicó un soneto: Garcilaso, que al bien siempre aspiraste / y siempre con tal fuerza le seguiste...
El hecho de que Boscán y otros escritores catalanes escribieran en castellano indica el prestigio creciente de este idioma. Dentro de la corona aragonesa, Cataluña había tenido una literatura propia notable, sobre todo en la crónica histórica, pensamiento (aunque el mayor representante, Ramón Llull, fue balear), legislación, y no tanto en la literatura propiamente dicha, en la que había sido Valencia el mayor foco cultural. Pero el castellano estaba desplegando una brillantez literaria inusitada, y acompañaba a las espectaculares empresas y éxitos españoles por medio mundo. Incluso en la corte portuguesa se hablaba a menudo el castellano, y Gil Vicente, el mayor escritor luso de su tiempo, escribió tanto en su idioma como en el de Castilla.
(...) Pese a su inspiración clásica, Garcilaso siguió las indicaciones de su también amigo, el conquense Juan de Valdés, expresándose en un lenguaje sencillo y natural, sin rebuscamientos latinizantes.
Garcilaso trató a Juan de Valdés en la Academia Pontaniana. Las ideas de Valdés en Diálogo de la doctrina cristiana, recordaban algo al luteranismo: el cristianismo sería una experiencia de rasgos gnósticos, pues exigía una iniciación solo al alcance de algunos, y los ritos externos como la misa o las peregrinaciones perdían valor. Inquieto por la Inquisición, se trasladó a Italia en 1530, donde vivió sus últimos diez años, casi siempre en Nápoles. Allí escribió una obra importante para el desarrollo del castellano, Diálogo de la lengua, parece que por enseñar español a los napolitanos. En ella se distancia del latinismo de Nebrija, pone el castellano al nivel del latín y del italiano y propugna un lenguaje sencillo y preciso, lo más próximo a la expresión oral, hace observaciones de tipo gramático y retórico o sobre los refranes, tan utilizados desde antes en La Celestina y otras obras, y más tarde en El Quijote.
A su vez, Boscán conoció a Baldasare Castiglione, de quien tradujo Il libro del cortegiano. Castiglione vivía en España desde 1524 como nuncio pontificio (moriría en Toledo, en 1529). Su libro El cortesano, discurre sobre la naturaleza del amor, la nobleza, la mujer distinguida etc. y marca pautas de conducta para el gentilhombre, experto en las armas y en las letras, fuerte por el ejercicio físico, gentil y educado con las damas, de mente fría, buen conversador. Ese ideal de vida se popularizó por diversas cortes europeas, tuvo alcance más amplio que el cortesano y despertó el fervor de Garcilaso. Boscán, a su turno, escribiría sobre el ideal estoico del caballero sabio.
El papa Clemente VII reprochó a Castiglione que, siendo su legado en España, no le hubiera prevenido del "saco de Roma". Castiglione supo convencerle de lo contrario, y criticó ferozmente a Alfonso de Valdés, hermano de Juan y secretario del emperador, que en el Diálogo de las cosas acaecidas en Roma justificó el saqueo arguyendo que se trataba de un castigo de Dios por la conducta escandalosa de la curia romana. Alfonso, como su hermano, fue corresponsal, defensor y divulgador de Erasmo, y compuso el Diálogo de Mercurio y Carón, irreverente hacia el clero.
La filóloga Rosa Navarro ha dado razones para creer que Alfonso de Valdés sea el autor de La vida del Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, una de las obras más significativas de la literatura española, anónima y sobre cuya autoría se ha especulado mucho. Alfonso murió en 1532, en Viena, y las ediciones del libro más antiguas que se conocen datan de 1554, pero pudo haber ediciones anteriores, y era bastante común que las obras circulasen manuscritas en círculos restringidos, antes de ser publicadas (o quizá sin llegar a serlo). El Lazarillo relata las desventuras de un personaje de ínfimo origen, desde su infancia hasta que adquiere un status social como pregonero por los buenos oficios de un arcipreste, que le ofrece casarse con una criada suya, con quien el clérigo estaba y seguirá estando amancebado: pero la carrera de Lázaro ha consistido en servir a amos casi siempre malos y pasando hambre, por lo cual sacrifica la honra y prefiere el peso de los cuernos a la ligereza del estómago.
No hay en Lázaro el ansia de aventuras o esperanza de rango y riqueza ni una religiosidad sentida, que movían por entonces a tantos españoles. Su bajo nivel social lo es también moral: acomodaticio, de corto ánimo, de ambiciones y horizonte mental reducidos. Pero no es un simple, tiene buen don de la observación y su aprendizaje de la vida le lleva de la ingenuidad infantil a una actitud desengañada y algo cínica, si bien de un cinismo sin saña o malos sentimientos, ni excesiva amargura, templado por la ironía y el humor. Sus truhanerías se justifican por la necesidad o como revancha justiciera por las agresiones y vejaciones que sufre. En cambio sus amos, de clase baja o media o media alta, comparten la estrechez mental y moral de Lázaro, pero en su mayoría son malas personas: un ciego mendicante y retorcido, un clérigo avaro y falto de compasión; un hidalgo arruinado más noble y simpático, obsesionado por aparentar y capaz de pasar hambre antes que trabajar, por un peculiar concepto del honor, y a quien ha de socorrer el propio criado; un fraile mercedario bribón y relajado, como si la reforma del clero no hubiera surtido efecto alguno; un buldero estafador, un capellán, un artesano de panderos, y un alguacil, para terminar con un arcipreste. Contra lo que suponía Boscán, el amor no juega ningún papel en ese mundo, y la mujer solo aparece al principio y al final, en un contexto sórdido: la madre de Lázaro, viuda de un molinero bellaco y amancebada con un negro que será colgado por ladrón; y su propia esposa, a quien se ha unido también por necesidad, y que le es infiel.
Las aventuras del Lazarillo sirven al autor, más caricaturista que crítico, para dibujar un panorama social sombrío y sin salida. La sátira se ceba sobre todo con los clérigos (el cura bribón es un tópico casi siempre eficaz, por el contraste entre sus exigencias morales y sus hechos), a cual más hipócrita y moralmente turbio, y esta es una de las razones por las que se le ha visto un fondo erasmista, fondo real si su autor fue Alfonso de Valdés. El libro también parodia las novelas de caballerías, tan apreciadas daquella por toda Europa: las aventuras ruines contrapuntean burlescamente a las quiméricas y sobrehumanas de los caballeros andantes, ya desde el nacimiento de Lázaro en el río Tormes, por Salamanca, alusión al nacimiento de Amadís de Gaula, abandonado en una barca fluvial. El Amadís fue, junto con Tirant lo Blanc, la novela de caballerías española más exitosa en el país y en Europa, traducida al italiano, al francés y al alemán, leída también en Inglaterra, y con numerosas imitaciones y continuaciones. Cervantes la estimará mucho, al contrario que a la mayoría de las novelas de su género, y su popularidad contribuyó a fomentar el espíritu heroico y aventurero de la época.
El Lazarillo, así, representa un espíritu antiheroico, ajeno a sentimientos elevados, al amor y a tantos otros rasgos de la literatura entonces en boga, que quedan como falsos o hipócritas. No obstante, y aunque sufrió censura de la Inquisición, gozó de difusión muy amplia, dentro y fuera de España, en paralelo con la caballeresca, la de Garcilaso o el ideal de El Cortesano. Lázaro entra así en la galería de truhanes y antihéroes presentes en el Arcipreste de Hita o La Celestina, con las que comparte una denuncia ambivalente de los vicios atribuidos al clero, alguna afición a lo grotesco y la vívida descripción del lado menos edificante de la vida. La gran originalidad y fuerza sugestiva de la obra inaugura la literatura picaresca, aunque no volverá a publicarse un libro de este género hasta muy al final del siglo y con un tono diferente, más amargo y menos humorístico.
Convencionalmente se califica de realista al Lazarillo, y lo es por comparación con las fantásticas narraciones de caballerías; pero no tanto si se lo contrasta con la literatura de Garcilaso o de Boscán, suponiendo que el Lazarillo describiría la realidad y los otros un mundo ideal e inexistente. Tan real es el mundo de Garcilaso como el del pícaro, tan reales los sentimientos expresados en uno como en el otro, tan parte de la vida el ambiente de los escritores, los cortesanos, los soldados o los campesinos (de quienes proceden gran parte del acervo literario) como la de los mendigos y vagabundos. Suele sobreentenderse, de modo absurdo, que obras como el Lazarillo reflejan la "auténtica realidad" del país y la época. Pero seguramente la vida del autor de la novela distaba mucho de la de su personaje. La sociedad seguía en plena expansión y tensión creadora, y su diversidad literaria lo prueba, precisamente. La parodia no destruye forzosamente su objeto, sino que puede complementarlo, como la Batracomiomaquia a la Ilíada.
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**** Aquilino Duque, comentarios, siempre interesantes como suyos, sobre Argentina: http://vinamarina.blogspot.com/
**** Sebastián Urbina, quizá el mejor blog sobre separatismos y similares: http://sebastianurbina.blogspot.com/
**** Muchas gracias a los amigos: http://www.facebook.com/group.php?gid=37681493590&...
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**** Dice el Futurista eximio: "No me importa que digan que soy de derechas, a veces yo lo digo". Como si dicen que es de izquierda, de centro, de arriba o de abajo. Su nulidad intelectual e ideológica le permite esas proezas.
**** Sinde defiende su cargo: "Es bueno que una voz defienda la Cultura"
Su cargo y su sueldo. La cultura titiritera está tan estragada que ciertamente necesita una voz, o unas cuantas, que la disfracen/defiendan. Como las mujeres, tan inhumanamente oprimidas: ¿qué podrían hacer las pobres sin la protección –y los sueldos correspondientes– de Zapo o de la Aido
**** De la Iglesia: "El cine español no es un favor, es un negocio"
Sin duda alguna. Para los titiriteros. A costa del erario
**** PP vasco y PSE, ante las amenazas de Sastre: "Lo podría haber escrito Josu Ternera o cualquier jefe de los terroristas". Claro que sí. O Zapo, o Rubalcaba o Pachi hace solo unos meses, con Basagoiti traicionando a las víctimas. Y podrían volver a decirlo en cualquier momento.
**** "Los políticos llevan más de treinta años intentando acabar con ETA. Digo en su mayoría". Discrepo por esta vez de Pablo Molina. Llevan treinta años, con la excepción parcial de Aznar, haciendo el caldo gordo a los terroristas con el cuento de la solución política.
En Época
DOS ROBOS DE MEMORIAS
En 1998 se publicaron con gran pompa los diarios de Azaña de 1932-33, ampliamente comentados por Santos Juliá, quien, con su peculiar sentido de la moral, los subtituló "Los cuadernos robados", dando peculiar énfasis al hurto de los mismos en Ginebra, en 1937 como si se tratase de un vulgar delito común. En realidad se trató de un legítimo acto de guerra realizado con ingenio, como la captura de documentos enemigos mediante el espionaje o similares.
Aquellos diarios fueron muy ponderados y publicitados por todo el aparato mediático izquierdista, y muy vendidos; pero tengo la impresión de que, en cambio, pocos los leyeron. Cosa en verdad lastimosa porque nadie mejor que Azaña, ni el mismo Arrarás, ha explicado desde dentro qué fue aquella república y la clase de sujetos que la sirvieron, la monopolizaron y finalmente la destrozaron. A menudo se ha acusado a Azaña de soberbia y desprecio por sus propios colaboradores, compañeros y rivales políticos en la izquierda, pero sospecho, más que sospecho, que los retratos que de ellos traza Azaña son muy lúcidos, aun si la lucidez le abandonara un tanto cuando se trataba de exponer sus propias motivaciones y actos. En lo último, Azaña mentía cuando le parecía bien, o simplemente ocultaba los hechos, como he expuesto en Los personajes de la República vistos por ellos mismos.
Mas no por eso dejan de ser sus diarios un documento invalorable para entender la época. Y para entender conclusiones tan amargas como las de Marañón, que a menudo he citado y conviene recordar, porque no proceden de un indocumentado o un necio: "¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura y estupidez". Azaña mismo había dictaminado mucho antes sobre la política de aquellas izquierdas: "tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta"... pese a lo cual siguió al lado de ellos casi hasta el último momento. Cabe decir en su honor que no participó en el latrocinio generalizado y que al final, "por no pasar a la historia como salteador de los bienes de la Nación", rehusó firmar un decreto de Negrín por el que los bienes muebles e inmuebles del estado español en el extranjero pasaban a una sociedad anónima creada por el mismo Negrín. Creada por el personaje a quien ahora exaltan como gran estadista gentes que se sienten herederas, y con razón, de aquellas descritas por Marañón y por Azaña.
Otro robo famoso fue perpetrado con absoluta alevosía y prepotencia, sin el menor ingenio y desde el poder, por el gobierno del Frente Popular, bajo las órdenes concretas de Negrín. No cabe duda de que este era hombre previsor, y no esperó a que la guerra se aproximase a su final para saquear a particulares, a trabajadores, a la Iglesia, a museos y en general al patrimonio histórico y artístico de la nación: organizó el expolio de forma masiva y desde el primer momento. Parte del plan consistió en descerrajar las cajas de seguridad de los bancos para robar los bienes, documentos, etc., allí guardados. Una de esas cajas pertenecía a Alcalá-Zamora, que como presidente de la república había facilitado demencialmente el poder a las izquierdas, quienes le pagaron destituyéndole de forma ilegal (a Juliá esto le parecía una política lógico). En la caja estaban sus memorias, junto con joyas y otras pertenencias de las que se apropiaron donosamente el gran estadista y los suyos. De la existencia de las memorias se sabía porque un periódico izquierdista publicó trozos de ellas, y Azaña las comenta en sus diarios de guerra.
Como se recordará, los documentos de Alcalá-Zamora fueron recuperados hace seis meses, sin que haya vuelto a saberse de ellos. Mejor dicho, se sabe algo: pasaron al control del gobierno actual. Un gobierno "rojo" que se identifica, precisamente con Negrín y sus acciones, con aquellos personajes que con tanta precisión describieron, entre otros, Marañón y el propio Azaña.
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****Obsérvese el nulo coste del "proceso de paz" (paz a los asesinos, guerra a la democracia y la unidad de España) para los políticos. Han ido a burlarse, pues en definitiva es una burla, al funeral del policía asesinado, y ni los familiares ni la gente les han vuelto la espalda. Por lo menos volverles la espalda. A la chusma política le basta decir A donde antes decía Z, para volver a decir Z cuando le convenga, y todos tan contentos: tiene ese privilegio. En gran medida se debe a la labor de unos grandes medios de masas corruptos hasta el tuétano, y no me refiero solo al aspecto económico. Pero también a una sociedad que se ha convertido en sociedad de juláis, que diría Sulpicio.
**** "Euskadi puede estar en España", se ha dicho en relación con el reciente asesinato de la ETA. Pues no. Euskadi nunca podrá estar en España La rendición a la terminología alucinada de Sabino Arana es total. Se les sigue la corriente en todo. Si llaman soberanismo o independentismo a lo que solo es separatismo, se emplea su terminología, Etc. La nulidad intelectual de la derecha y de la izquierda.
**** Basagoiti: López "ha estado a la altura". A la altura de la farsa. Como el mismo Basagoiti.
**** Dice Cospedal: "Hace tiempo que todos en el PP reman en la misma dirección, afortunadamente". En la misma dirección que Zapo, no sé por qué olvida ese pequeño detalle.
**** Detienen por robo al Rafita, uno de los asesinos de Sandra Palo
Si por el asesinato no le ha pasado casi nada, por el robo hay que suponer que le darán un premio. La justicia española, una vez más. Las leyes parecen hechas por delincuentes. Perdón: son hechas por delincuentes.
**** Saiz ocultó a Chacón la dimisión de la cúpula antiterrorista del CNI
¿Y qué más da? Tal para cual, en una degradación de conjunto. En la involución políitca.
A ver qué parece esto a los expertos:
Si Francisco Javier podría personificar el espíritu misionero en la primera mitad del siglo XVI, una de las mejores representantes de la religiosidad interna en España durante la segunda mitad del siglo sería Teresa Sánchez Cepeda, nacida en Ávila en 1515 y llamada más tarde Teresa de Jesús. Aunque se ha insistido, algo ociosamente como en otros casos, en los antecedentes conversos por el lado paterno de su familia, su carácter plenamente cristiano no ofrece duda. Con siete u ocho años, ella y un hermano suyo, influidos por las leyendas cantadas en romances y por el ambiente religioso, se fueron de casa con intención de marchar a "tierra de infieles" y conseguir allí el martirio. Devueltos a casa por un tío suyo, decidieron hacerse ermitaños. A los doce años se aficionó a los libros de caballerías y a sus "vanidades" y finalmente, tras una grave enfermedad, decidió meterse monja. Ante la rotunda oposición de su padre, dejó la casa familiar e ingresó en un convento, con dieciocho años. Su salud empeoró, y aunque su padre la llevó a otra localidad para que se recuperase, llegó a quedar paralítica durante dos años. Según escribiría, en 1542 tuvo una visión de Jesucristo y fue influida por algunos dominicos y jesuitas; a partir de 1558 habría tenido nuevas visiones místicas y contacto con la divinidad. Al mismo tiempo se propuso una reforma rigorista de la orden del Carmen donde había profesado, la cual se había relajado notablemente, a su juicio. Proponía una estricta pobreza, clausura y ejercicios ascéticos para mortificar la carne. Después de diversos obstáculos, fue autorizada a proseguir con su reforma y fundar monasterios. Pese a su mala salud que le ocasionaba fuertes dolores, desde 1562 hasta su muerte veinte años más tarde, recorrería gran parte de España, fundando hasta dieciséis conventos carmelitas, en Ávila, Toledo, Pastrana, Alcalá de Henares, Salamanca, Medina del Campo, Segovia, Sevilla, etc.; que, por lo demás, componían un conjunto de ciudades bastante ricas, objeto de abundante literatura. Promovió una derivación de la orden, los Carmelitas descalzos, que encontraría fuerte oposición entre los calzados, reacios a sus reformas.
Las experiencias místicas y aspiraciones reformistas despertaron los recelos, interesados o no, de muchas personas, y en 1574 y otras ocasiones posteriores Teresa fue denunciada a la Inquisición, por expresiones presuntamente heréticas en sus libros y por la semejanza de sus éxtasis con los alumbrados. Pues desde principios del siglo habían ido formándose en algunas ciudades círculos religiosos llamados alumbrados o iluministas, una derivación extrema de las ideas erasmianas de religiosidad "recogida", oración interior y aprecio no muy alto por el clero. Lo cual llevaba a los alumbrados al "dejamiento" o abandono personal a la gracia divina, que produciría una comunicación directa con Dios mediante éxtasis místicos, dejando de lado los ritos externos, la jerarquía eclesiástica o la idea del infierno. Entre los "dejamientos" y la práctica sexual había más que semejanzas, pues sus penitencias podían consistir en ayuntamientos carnales entre los sacerdotes y sus seguidoras, que por este medio sacarían almas del purgatorio o hasta engendrarían algún mesías. Los alumbrados, y también Teresa, fueron tachados de tener comunicación con el diablo, no con Dios, y fueron castigados con penas menores.
Varias ideas alumbradas recordaban al protestantismo, que a mediados de siglo preocupaba a la Inquisición y a la autoridad política como fuente de posibles desórdenes y guerras civiles al estilo de los del centro de Europa. Máxime cuando las querellas religiosas internas amenazaban ya a Francia y la corona inglesa, asimilada al protestantismo y en colaboración con él, patrocinaba ya como negocio la piratería contra barcos españoles en el Mar del Norte y Canal de la Mancha. En 1558 y 1562 se incoaron procesos contra núcleos protestantes detectados en Valladolid y en Sevilla, los cuales fueron extirpados drásticamente, con ejecución de un centenar de personas. Después, los brotes luteranos serían mucho menores y con escasas ejecuciones. Se dice que Teresa tuvo la visión de la tortura y asesinato del jesuita padre Acevedo y otros treinta y nueve misioneros que iban a Brasil, por el pirata hugonote Jacques Sores, que en 1555 había asaltado y quemado La Habana.
Teresa de Jesús superó, sin embargo, las suspicacias y molestias inquisitoriales. Contó con el apoyo de religiosos que serían canonizados, como el cacereño Pedro de Alcántara o el valenciano Francisco de Borja, tercer director general de los jesuitas, después de Ignacio de Loyola y del padre Laínez. Sus confesores y protectores le incitaron a escribir su autobiografía y sus experiencias, a lo que ella accedió, aun no creyéndose buena literata. Fue muy importante su relación con Juan de Yepes, conocido para la posteridad como San Juan de la Cruz, uno de los mayores poetas españoles y el mayor poeta místico, de gran influencia posterior dentro y fuera de España. Al revés que Teresa, procedía de familia "pobre de solemnidad", de un pueblo de Ávila, y recibió en calidad de tal instrucción sumaria en un colegio religioso, y más tarde enseñanza superior con los jesuitas de Medina del Campo. Adquiriría una cultura humanística y teológica muy elevada. En 1567 conoció a Teresa, que le convenció de unirse a la orden del Carmen reformada, fundó algunos monasterios para varones y ayudó a aquella en sus otras fundaciones. Las trifulcas dentro de la orden carmelita se cebaron especialmente en él, pues en 1577 fue apresado durante nueve meses, en Toledo, por carmelitas "calzados", que lo sometieron a latigazos y humillaciones hasta que consiguió huir. En prisión escribió parte de su Cántico espiritual, inspirado en el Cantar de los cantares bíblico. Sus otras dos obras más conocidas son Noche oscura del alma y cuyo tema es el encuentro del alma con Dios, su separación del cuerpo y los obstáculos mundanos y penalidades a vencer en el proceso. Para explicar su simbolismo escribiría un trabajo en prosa con el mismo título. El tema es esencialmente el mismo en Subida al monte Carmelo o en Llama de amor viva. Los poemas están influidos por la Biblia, en especial el Cantar de los cantares, por Petrarca y, como fue típico en España, donde las formas del Renacimiento no impidieron la continuidad de la poesía popular y su combinación con las primera, por el romancero. Escribió también obras de teología. Lo esencial es el proceso de unión con Dios, que exige el silencio de las potencias del alma, memoria, entendimiento y voluntad, y su transformación completa en las virtudes teologales, esperanza, fe y caridad.
Tienen gran semejanza las poesías y obras místicas de Santa Teresa, que propone en su autobiografía cuatro pasos para la máxima elevación espiritual: la oración mental concentrada en la pasión de Cristo y la penitencia; la disolución de la voluntad personal en la divina; un estado de éxtasis sobrenatural en que la razón, la imaginación y la memoria son absorbidas por el sentimiento de Dios, y por último el rapto completo en que desaparece la consciencia de estar en el cuerpo y todas las facultades humanas se absorben en la divinidad, llegando a una sensación de levitar.
Así como Juan de la Cruz emplea el amor humano como metáfora de la experiencia mística, la descripción de algunas visiones por Teresa sugieren el acto sexual, que ha permitido una fácil explicación freudiana como derivación histérica de la sexualidad. Ello parece más apropiado para el fenómeno de los alumbrados, pero en la vidas de ella nada permite suponer histeria, todo lo contrario, pues siempre parece haber mantenido la serenidad. Su célebre poema Nada te turbe (...) la paciencia todo lo alcanza (...) sólo Dios basta...refleja evidentemente su actitud. Y no hay constancia alguna de una derivación sexual en su mística, más bien al contrario. En algunos poemas y en obras como Camino de perfección o El castillo interior o Las Moradas se revela como una de las más destacadas escritoras o escritores místicos que haya habido, y su penetración introspectiva le permite explicar con claridad sus experiencias, en un lenguaje sencillo y de notable calidad literaria. Por otra parte, su misticismo no estorbaba un talento organizador y práctico del mayor nivel, expuesto en su obra fundadora y en sus libros de orientaciones para la dirección de los conventos.
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**** Ante el asesinato del policía, Zapatero habla de "firmeza inquebrantable" y Rajoy de "cercanía y colaboración". Firmeza inquebrantable, dice el mayor colaborador que la ETA ha tenido en su historia. Por supuesto, el futurista, al mismo negocio. Sacrificándose y aguantando el "coñazo", hay que suponer. La política, en plena involución antidemocrática, convertida en una farsa sangrienta. Es difícil contener el vómito. Y los simples, a concentrarse "contra la ETA".
**** "Unos 7.000 policías locales de toda España se manifestaron este miércoles en Madrid. La anécdota estuvo en la presencia de dos strippers caracterizados como policías con muy poca ropa. La organización pidió un speaker y por un malentendido se contrató a estos dos bailarines ligeritos de ropa".
Los cretinos jefecillos no pidieron portavoces u oradores, sino "speakers". Saben mucho inglés los bobalicones. ¿A quiénes se lo pedirían? Pero la errata mejoró el original, que decía Campmany. Y les dio una idea: la próxima manifestación, estos polis tan avanzados irán en pelota, como otra "mani" hace unos días. Hay que ponerse a tono con los tiempos zapotescos.



