« Sobran las otras noventa y nueve | Principal | Ser o no ser... Kaká, Cesc y Robben »
27 de Diciembre de 2006 - 19:21:41 - Juan Manuel Rodríguez
Estoy seguro de que esta etapa del Betis será recordada en el futuro por la necesidad imperiosa que tuvo el propietario del club por llamar la atención a cualquier precio, ya fuera fichando a Denilson, persiguiendo a los jugadores en plena fiesta de Halloween, diciendo que no volvería jamás al palco o amenazando a voz en grito al primer periodista que le llevara la contraria. Lopera, que ya lo ha conseguido todo en la vida, necesita como el aire que respira ser el niño en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro, de ahí que, como le oía decir hoy mismo a Jabo Irureta en una televisión, trate de sojuzgar a todo el mundo en el club, recordando cien, mil o diez mil veces al día, las que fueran necesarias, que el Betis es suyo, de su propiedad, y que él puede hacer lo que le dé la real gana con el club. Sin embargo, Lopera, que hay que reconocer que supuso una cierta novedad (poco interesante, pero novedad al fin y al cabo) en la Liga española hace diez años, hoy ya no conseguiría llamar la atención ni aunque se vistiera de Batman y se lanzara al vacío desde el punto más alto de la Torre del Oro: nos hemos acostumbrado a él.
La que ha montado para encontrarle un sustituto al mejor entrenador que podría tener ese equipo, que era sin duda Irureta, no tiene una explicación lógica salvo que lo analicemos todo bajo ese prisma de la necesidad que tiene de convertirse en el centro de atención. Imagino que en un momento como el actual, con el Betis deportivamente muy abajo y el Sevilla muy arriba, esa necesidad se multiplicará por tres, y anhelará ser tres niños en tres bautizos, tres novios en tres bodas y tres finados en otros tantos entierros. Pues lo ha conseguido. Parece que, como en sus mejores tiempos, ha vuelto a tener a todos los periodistas deportivos de Sevilla detrás suyo, Jabugo arriba, Jabugo abajo, pendientes de las quinielas, de la entrada en su domicilio de cualquier coche con las lunas tintadas, del movimiento de las persianas, de una tos, del chirrido de una silla en el parqué, de una llamada telefónica... Lopera ha vuelto a ser la estrella, lo ha conseguido otra vez.
A la hora de escribir estas líneas aún no se sabe quién sustituirá al bueno de Irureta en el banquillo, aunque parece que el francés Luis "Machote" Fernández ha sacado dos cuerpos de ventaja a sus inmediatos perseguidores. Con objeto de hacer el mayor ruido en el menor tiempo posible, Lopera se ha insinuado también a Santini, Hadzibegic y Murcia, éste último con el consiguiente enfado del Jerez, que es el club con el que tiene contrato en la actualidad. Probablemente al final sea Luis Fernández el elegido, aunque el dato del nombre y apellidos de la persona que ocupe temporalmente ese banquillo no sea el factor esencial de toda esta historia. Lo realmente importante es que, aunque haya sido sólo durante 48 horas, Manuel Ruiz de Lopera habrá vuelto a concitar otra vez alrededor suyo toda la atención, dejando compuesto y sin los focos y las luces de neón a José María del Nido, el presidente de la Copa de la UEFA y de la Supercopa de Europa.