29 de Noviembre de 2007 - 16:26:19 - Juan Manuel Rodríguez - 100 comentarios
Soy un mar de dudas. Por un lado, Ramón Calderón dijo anoche en su adosado radiofónico (o sea, El Larguero) que "el periodista" (aclaro: Roberto Gómez) sabía que se había inventado que fueran a vender seis jugadores en diciembre. A mí, ya lo dejé escrito aquí mismo ayer, me sorprendió mucho la información del diario Marca, pero basta que Calderón, el hombre que iba a traer a Kaká y que definió a Beckham como un "medio actor", diga que algo es mentira, para que yo piense que es verdad. También es cierto que, después de salir con la noticia en portada, R.G. firmó al día siguiente una columna de opinión que yo me atrevería a definir como "inquietante": reafirmaba, como no podía ser menos, lo expuesto sólo veinticuatro horas antes, pero concluía con un "argumento" que me produjo cierta desazón; coma arriba, punto abajo, Roberto explicaba que sólo la aparición de la información por él adelantada podría provocar que Calderón y su junta se echaran para atrás.
¿Cómo comprobar entonces lo acertado o equivocado de la información?... Es absolutamente imposible hacerlo: si en diciembre no salen del equipo Diarra, Drenthe, Soldado, Saviola, Dudek y Baptista, que era lo anunciado, el periodista aducirá en su defensa que fue porque la noticia asustó a Calderón. Roberto Gómez nos pide que tengamos fe en él, y aunque sólo sea por las cosas tan bonitas e inmerecidas que ha dicho de mí y porque soy lector del Marca desde que tenía catorce años, mantendré esa llamita, que agoniza, encendida. Quiero, eso sí, que conste en acta que soy un hombre de una generosidad extraordinaria puesto que, desde hace un año aproximadamente, asisto como privilegiado espectador al frustrante ritual de comprobar cómo todas y cada una de las gravísimas denuncias realizadas en absoluta soledad por José Antonio Abellán cada noche en El Tirachinas caen en saco roto, cuando no son simplemente silenciadas por el resto de medios de comunicación.
Por supuesto que no soy quién para dar consejos a nadie, pero, aunque sólo fuera por el crochet de derecha que le soltó ayer en su adosado de la Ser el señor Calderón, Roberto tendría que revisar algunas comparaciones que hizo en el pasado y que a mí me siguen pareciendo un pelín, sólo un pelín, exageradas. Estoy pensando, por ejemplo, en aquel día en que llegó a comparar a Ramón Calderón con John Fitzgerald Kennedy. No hay más que echarle una ojeada por encima a la biografía que del presidente de los Estados Unidos de América escribió Robert Dallek, para darse perfecta cuenta de que a Calderón le falta todavía un poco para alcanzar ese nivel. Sólo porque llevo grabada en la memoria la frase de Publio Siro cuando afirmaba que quien pierde su fe ya no puede perder más, creeré a Roberto. Porque, adelantándome a los acontecimientos, doy por hecho que en diciembre no saldrán ni seis, ni cinco, ni cuatro, ni tres, ni dos. O a lo mejor sí, quién sabe.
28 de Noviembre de 2007 - 16:38:46 - Juan Manuel Rodríguez - 74 comentarios
Sólo faltaría que viniera yo aquí a dudar ahora de la información que publica otro periodista en el diario Marca, nada más lejos de mi intención. Imagino que Roberto Gómez tendrá sus "fuentes informativas" y habrá contrastado y recontrastado la noticia que publicaba ayer en su portada el diario deportivo. Por otro lado, esto es tan sencillo como esperar hasta mediados de enero y comprobar si, tal y como asegura Roberto, se confirma o no la salida de Diarra, Dudek, Saviola, Drenthe, Baptista y Soldado en el "mercado de invierno". De ser así, el scoop del Marca será de los que hacen época, y al informador habrá que felicitarle por un notición que el martes nos quitó a todos el hipo. No recuerdo que un club de fútbol de la categoría del Real Madrid dejara salir a seis futbolistas, así, de golpe y porrazo, a mitad de la temporada, pero todo es posible en un mundillo tan alocado como el futbolístico. En cualquiera de los casos, como decía antes, esto es tan sencillo como sentarse a esperar y comprobar si se cumple o no se cumple la "noticia bomba".
José Antonio Abellán nos preguntó anoche en El Tirachinas si la información nos sorprendía, y a mí, qué quieren ustedes que yo les diga, no es que me sorprendiera esa portada sino que me dejó simplemente atónito. ¿Seis futbolistas fuera? ¿En el mes de enero? ¿Con el Real Madrid en la primera posición de la Liga y clasificado para octavos de final de la Champions League? Con Ramón Calderón todo es posible, pero la parcela deportiva corre a cargo de Bernd Schuster y no creo que el alemán sea tan tonto como para desestabilizarse a sí mismo. Se podrán buscar mil vericuetos para justificar la salida de un futbolista (el extraordinario Ronaldinho está a punto de irse del Barcelona y el magnífico Riquelme ni siquiera tiene ficha en el Villarreal), pero prescindir de golpe y porrazo de seis jugadores, y que ellos acepten irse, se me antoja una misión imposible de llevar a cabo.
¿Que Dudek está muy cómodo a la sombra de Casillas?... Salvo que Schuster quiera tener sólo a un portero en la plantilla, no veo cómo podremos arreglar eso. Dudek sabía a lo que venía aquí; es más, cualquier portero del mundo que fichara ahora mismo por el Madrid, cualquiera, tendría meridianamente claro que llegaba para ser suplente de Iker. ¿Que quieren a Saviola en Italia y a Baptista en Inglaterra?... Naturalmente; y a Sergio Ramos, Cannavaro, Robinho, Raúl, Guti, Van Nistelrooy... Todos y cada uno de los jugadores del Madrid son apetecibles por el resto de clubes del mundo, desde el primero hasta el último. Pero, salvo que la UEFA y la FIFA acepten que el Real Madrid -por eso de que fue elegido "mejor club del siglo XX"- salga al campo con dieciséis en vez de hacerlo con once, en la plantilla tendrá que seguir habiendo algunos suplentes, aunque sean pocos. Pongamos que se van los seis, ¿a quién traes en su lugar? ¿Asciendes a seis chavalitos del Castilla? ¿Hay por ahí otra Quinta del buitre y no nos hemos enterado? Tiempo al tiempo, que todo acabará comprobándose. En enero hablamos.
27 de Noviembre de 2007 - 12:31:06 - Juan Manuel Rodríguez - 74 comentarios
Y ahora regreso otra vez al principio: no hay nada que pueda justificar la actitud de Guti, nada. El lo sabe y creo que ya ha pedido las oportunas disculpas. Dicho lo cual, sí detecto sin embargo una suerte de exhibicionismo impúdico por parte de los equipos que juegan contra el Real Madrid a la hora de declarar abiertamente y sin ambages su intención de frenar al centrocampista merengue al precio que sea. El árbitro está para impartir justicia sobre el campo y no para cantarle una nana a tal o cual jugador, por muy bueno que sea, pero es que, limitándose a aplicar el reglamento, se acabaría rápidamente con esta clase de actitudes. Y, refiriéndome al caso de Guti, lo hago por extensión a Messi, Agüero, Ronaldinho, Robinho y todos aquellos futbolistas que están en condiciones de hacer del fútbol un arte.
Si el árbitro no hace bien su trabajo y la reiteración en las faltas no castigadas tienen al madridista más veces "comiendo hierba", como diría Fernando Redondo, que con el balón en los pies, estalla una incontenible tormenta dentro de la cabeza de Guti. Y es curioso porque los rivales del Madrid también saben de la fragilidad mental del jugador en cuestión y sólo tienen que poner el crono en marcha y esperar a desquiciarle para jugar contra un equipo con diez. Pero, para conseguir eso, han de contar con la inoperancia o, lo que es peor, la anuencia del juez de la contienda, que no es capaz de frenar al agresor. Repetiré lo mismo por tercera vez: no hay excusas para Guti, del mismo modo que tampoco las hay para el futbolista que, de forma reiterada y malintencionada, persigue que su rival no juegue al fútbol, o para un árbitro que, cobrando noventa mil euros al año sólo por dirigir partidos, no se conoce el reglamento o no sabe cuándo o cómo aplicarlo. Ellos tampoco tienen excusa.
26 de Noviembre de 2007 - 16:15:08 - Juan Manuel Rodríguez - 26 comentarios
25 de Noviembre de 2007 - 16:05:45 - Juan Manuel Rodríguez - 22 comentarios
Es verdad que en cuanto vi a Steve McClaren, jugándose además todo lo que se estaba jugando Inglaterra ante Croacia, con un paraguas feísimo, dándose paseitos por la banda del mítico estadio de Wembley, protegiéndose el cutis blancuzo y el tupé rojizo de un inofensivo chirimiri (también llamado calabobos), pensé que estaba haciendo auto stop en lugar de dirigir a una selección que el próximo viernes cumplirá ciento treinta y cinco años de historia. Al día siguiente de la eliminación, la prensa inglesa le llamó sinvergüenza, le dijo que se fuera, jugó con el apellido para definir su labor al frente de la selección como un "trabajo basura" y, para acabar de redondear el pastel, The Mail le bautizó como un "tonto con paraguas". McClaren, que tenía tres millones y medio de razones para no presentar su dimisión irrevocable un minuto después de la derrota inglesa, todavía sacó fuerzas de flaqueza para decir que había aprendido mucho durante todo ese tiempo. Ese no es mi negociado, pero está muy claro que Steve McClaren no es el ejemplo a seguir.
El otro día leí por aquí y por allá que, después de la victoria ante Irlanda, los jugadores mantearon a nuestro seleccionador al grito de "¡Luis renovación, Luis renovación!" Yo no estaba allí y, por lo tanto, no puedo dar fe de ello, aunque, lamentablemente, me lo creo. Es terrible que un grupo de futbolistas de primera línea que representan internacionalmente a España manteen a su entrenador después de haber conseguido colarse entre las dieciséis mejores selecciones de Europa. ¿Es que acaso España no era una de las dieciséis mejores? Supongo que el manteo se produciría en contra de su voluntad puesto que Luis ha sido el primero en ponernos a todos los pies en el suelo, pero la escenita de marras es como para llevarse las manos a la cabeza. Porque, si los jugadores mantean a Luis después de haber acabado primeros en un grupo de chicha y nabo, ¿qué debemos hacer con el resto de seleccionadores nacionales españoles? He aquí sólo tres propuestas que se me han ocurrido sobre la marcha:
Posdata: En su debut oficial como seleccionador nacional de fútbol sala, José Venancio López acaba de ganar el campeonato de Europa. ¿Le nombramos Vizconde de la Calzada?
23 de Noviembre de 2007 - 17:54:41 - Juan Manuel Rodríguez - 22 comentarios
Contra Clemente vivíamos mucho mejor, dónde va a parar. Al menos los clementistas sólo te acusaban de ser un antiespañol cuando se te ocurría criticar al Gran Hermano, pero no recuerdo que ningún miembro del núcleo duro de Javier tuviera el mal gusto de ir por ahí con la monserga sensiblera de la falta de respeto, mirándonos a todos las uñas y por detrás de las orejas para ver si estábamos lo suficientemente limpios como para ascender con ellos al reino de los cielos del fútbol europeo. De momento, que yo sepa, todos, luisistas y críticos, estamos metidos en el mismo bombo, el de la letra C, que, si no es el infierno, se le parece bastante. Si Luis Aragonés considera que se le ha faltado gravemente al respeto (estoy pensando, por ejemplo, cuando le llamaron "despojo humano" en una emisora de radio), lo que debe hacer el seleccionador es demandárselo al interesado, a los demás que nos deje en paz. Porque yo, para llorar, alquilo La fuerza del cariño.
En lo que a mí respecta, y espero que nadie interprete estas líneas como una justificación porque me fastidiaría mucho, cuando me ha gustado cómo ha jugado España lo he dicho y cuando no me ha gustado también lo he dicho. Con Luis, con Clemente, con Camacho y con Sáez, con todos. Con Sáez me llevé razonablemente bien hasta que, la misma noche en la que nos sacaron por la puerta de atrás de la Eurocopa de Portugal, le exigí en antena que cumpliera su palabra y dejara que otro le sustituyera. Con Camacho, uno de los mitos de mi infancia, también fui realmente generoso, pero un día perdió el oremus y dejó empantanada a la selección. A Clemente nunca le entendí, y aún hoy sigo sin entenderle. Y de Luis sólo puedo repetir sus propias palabras, las que él mismo pronunció no hace demasiado tiempo, a saber: "no conseguiréis que no lleve a Raúl" y "dimitiré si España no llega a semifinales". Ya no lleva a Raúl y él sigue a pesar del batacazo que nos dimos en Alemania. ¿Alguien lo entiende?
Si recordarle a Luis sus promesas y exigirle que aclare el asunto de Raúl es faltarle al respeto, yo le he faltado más que nadie. Y, por cierto, no me retracto ni de una sola de mis críticas hacia su gestión. Estoy seguro de que, en la intimidad, Luis es un tío encantador, un fenomenal conversador y una persona con un gran corazón, pero yo no he venido aquí para hablar del chaval que estudió en el colegio de los jesuitas de Chamartín sino para analizar las decisiones del actual seleccionador nacional de fútbol. Ojalá ganemos con él la próxima Eurocopa, pero si los luisistas nos están mirando a todos por detrás de las orejas ahora que hemos logrado la clasificación en el grupo de Lichichí, prefiero ni imaginarme siquiera qué nos pedirán si acabamos primeros en Austria. Yo, por si acaso, voy a ir haciéndome los análisis de sangre para que no me pillen por sorpresa.
22 de Noviembre de 2007 - 18:03:31 - Juan Manuel Rodríguez - 25 comentarios
Hace un rato pasé por delante de un cartel del famoso Circo Americano. Como actuación estelar anunciaban la de John Taylor, más conocido como el hombre bala. La fotografía de Taylor nos muestra a un caballero feliz y dichoso, seguro de sí mismo, munición humana entrenada para divertir a niños que no quieren ver la tele. Cuando el hombre bala sale disparado hacia el cielo, todos, pequeños y grandes, miran hacia arriba con la intención de comprobar dónde aterriza y si, cuando toca el suelo, está en condiciones de ponerse nuevamente en pie. Pero Taylor es un profesional muy concienzudo que sabe bien lo que se trae entre manos. Lleva tanto tiempo siendo disparado que lo suyo ha acabado por convertirse en una pura rutina: le lanzan, cae ileso, saluda, se cambia en el vestuario y luego recoge a la mujer barbuda para irse por ahí a cenar cuando acabe la función. Mañana será otro día.
En Barcelona está pasando más o menos lo mismo con Edmilson: todos miran hacia arriba para ver dónde aterriza. Hay quien le ha visto sobrevolando la zona de Sant Cugat del Vallés, pero la mayoría insiste en que caerá por Ripollet. Mataró se paga dos a uno en las apuestas. Edmilson, que debe tener ahora mismo dentro de ese vestuario un peso parecido al de un paragüero, ha dicho que en el Barcelona hay ovejas negras, negándose a continuación a facilitar nombre, apellidos, dirección o razón social de los teóricos muflones, salvo en el caso de Ronaldinho, convertido en los últimos meses en objeto de mofa y escarnio por parte del propio barcelonismo. Esta nueva crisis ha pillado otra vez desprevenido a Joan Laporta, concentrado en potenciar a los Países Catalanes y obsesionado con crear una República Independiente del Fútbol Club Barcelona.
Ha empezado a circular la teoría de que Edmilson, que es un largón de los que hacen época, podría estar siendo manejado desde la sombra cual guiñol para airear en representación de otros la ropa sucia del vestuario. ¿Para quién? ¿Quizás para algún futuro candidato a la presidencia del club? Esta teoría de la conspiración cobra más fuerza aún si tenemos en cuenta que todo el mundo dice conocer qué pasa ahí dentro, pero sin embargo nadie parece querer solucionarlo. Edmilson, que está lesionado y que es perfectamente prescindible, sería empleado así como tonto útil por un sector de la directiva que pretende dejar en evidencia a Laporta: habría empezado la campaña electoral. Mientras tanto, en el vestuario han repartido cien papeletas para jugar al hombre bala, y Edmilson tiene ciento una. Pero éste no es como Johny Taylor y dudo mucho que vuelva a levantarse después de la patada voladora. Puede que incluso la mujer barbuda le deje compuesto y sin novia.
21 de Noviembre de 2007 - 13:33:28 - Juan Manuel Rodríguez - 44 comentarios
No parece que el debate sobre Raúl vaya a finalizar muy pronto, y todo ello a pesar del enorme empeño y el denodado esfuerzo que todos los raulistas estamos poniendo para que sólo se hable del éxito de Luis Aragonés. Pero no hay nada que hacer, no nos dejan. Te lías, te lías y te lías y el tema surge, así, como quien no quiere la cosa. Empiezas hablando del último Perú-Brasil y Raúl asoma la cabecita. Te pones a analizar el extraño caso del doctor Juan Román y Mister Riquelme y, de repente, Raúl llama a la puerta. Pongamos por caso El Tirachinas del lunes; estábamos hablando tan ricamente del partido entre los amigos de Zidane y los amigos de Ronaldo y volvió a salir Raúl. ¿Por qué? No tengo ni la más remota idea. Porque el lunes, después de hablar sobre Raúl en La noche de Abellán, volvimos a hacerlo en El Tirachinas. Y ayer, cómo no, volvió a salir a colación el capitán del Real Madrid.
Parece que existe cierto consenso, incluso entre los propios luisistas, a la hora de afirmar que el buen juego de los últimos partidos fue en buena parte fruto de la casualidad. Luis tuvo que improvisar, dejó arriba a un sólo delantero y reforzó el centro del campo con otro jugón. Pero Miguel Ángel Muñoz aportó anoche otro dato más, una circunstancia que había pasado inadvertida y que me llamó mucho la atención. Según la teoría aportada por Miguel Ángel, que sabe muy bien lo que se cuece ahí porque lleva un montón de tiempo siguiendo a España, los seleccionados presentes se picaron tanto con el hecho de que los periodistas sólo habláramos del 7 ausente, que se produjo una especie de conjuro para sacar como fuera los partidos adelante. Es el más difícil todavía, un triple salto mortal con tirabuzón y sin red: Raúl gana los partidos a distancia y sin jugar. No estuvo en el partido contra la pobreza, pero salió su nombre. No jugó contra Suecia, pero la goleada fue, en gran medida, fruto de la motivación provocada por el chico que vive arriba y se entrena abajo.
Porque, para acabar de fastidiarlo todo, Raúl se ha comprado la habitación de Michael Jackson y gracias a una cosa que se llama hipoxia ha conseguido convertirse otra vez en el centro de atención. Fernando Hierro nos decía que el debate sobre Raúl no se va a cerrar, pero no será porque los raulistas no estemos por la labor, que lo estamos, sino porque quien no está por la labor es el propio Raúl. El fútbol es la gran obsesión de este jugador del Real Madrid. Todo le vale si consigue estar mejor: controla escrupulosamente las comidas, duerme cuando debe, emplea el agua a punto de congelarse como una parte integral de la terapia y ahora utiliza la altitud como herramienta de trabajo. Quienes le rodean dicen que es la persona más tozuda con la que se han encontrado jamás, y ahora parece que se ha propuesto echarle un pulso al mundo. Siete mil millones contra uno. ¿Quién ganará?
20 de Noviembre de 2007 - 14:25:37 - Juan Manuel Rodríguez - 65 comentarios
Creo que en el vuelo de ida a Las Palmas fue muy comentada la Operación Cambio de chaqueta. Y lo entiendo. No sé de quién partiría la idea, pero, en el caso de que el autor intelectual de los chascarrilos hubiera sido el propio Luis Aragonés, reconozco que tendría toda la razón del mundo a la hora de tomarse a chanza lo dicho por la prensa deportiva tras el partido contra Suecia. Para algunos, Luis ha saltado directamente de la UVI a competir por el primer premio del Concurso de bailes regionales de Laviana, y eso, por mucho que nos esforcemos entre todos, no resulta nada creíble. Ante tamaña excitación, con la prensa trempante y yendo ya a celebrar la Eurocopa de 2008, hubo algunos internacionales que se vieron en la obligación moral de salir a la palestra para decir eso tan castizo de "ni tanto ni tan calvo".
Lo normal es que España esté entre las dieciséis mejores selecciones de Europa. Cuando nos tocó el Grupo de "Lichichí" todos dimos un salto de alegría: "¡yupiii, ya estamos clasificados!" Lo anormal era comprobar cómo un equipo con la tradición del español las pasaba realmente canutas para desembarazarse de Suecia, Irlanda o Letonia. Yo creo que invitar a todo el mundo a Moët Chandon por haber conseguido lo normal, además de ser una horterada de padre y muy señor mío, forma parte del reconocimiento inconsciente de que España es una selección de Segunda, y me resisto a que eso sea así. Brindando porque España no haya tenido que sufrir la humillación de la repesca, como sí sucedió en Portugal-2004 y Alemania-2006, estamos diciéndole a todo el mundo que la Eurocopa del 64 fue un milagro y la final del 84 una casualidad, y que lo nuestro es pegarnos el batacazo como en el Mundial del 82.
Luis acierta cuando deja que sean los demás quienes saquen pecho por él. Es listo el condenado. Acertaría también si volviera a normalizar sus relaciones con la prensa, y me parece que eso sucederá en un tiempo más o menos prudencial. Ahora, además, no habrá mayor problema porque el entrenador del coeficiente de triunfos del 65,11% cuenta con el rendido e incondicional apoyo del 97,35% de la prensa deportiva. Yo repito exactamente lo mismo que dije ayer: brindaré con sidra El Gaitero el día que España se clasifique para los cuartos de final de la Eurocopa. Y lo pongo tan barato porque me gusta mucho la sidra y porque prefiero ir más despacito que el resto. Y porque todavía tengo fresca en la memoria la imagen de unos inocentes jubilados franceses, unos amables y entrañables viejecitos que nos sacaron violentamente del Mundial por la puerta de atrás.
19 de Noviembre de 2007 - 11:09:57 - Juan Manuel Rodríguez - 46 comentarios
Para elevar definitivamente a los altares a Luis Aragonés, yo, si no es demasiada molestia, prefiero esperar a que España gane la Eurocopa del año que viene. Porque eso es lo que va a pasar, ¿no?... Vamos a ganar la Eurocopa del mismo modo que antes ganamos el último Mundial y, antes del último Mundial, ganamos también la última Eurocopa. Tenemos al mejor seleccionador de 2007, con un coeficiente de triunfos del 65,11 por ciento, de forma que no veo cómo puedan pararnos italianos, alemanes o franceses. Lo hemos hecho todo tan bien que incluso nos ha sobrado un partido para lograr la clasificación matemática, y ahora juegan los jugones, y tocan y tocan el balón, y pasamos por la piedra a Dinamarca y Suecia. Ya lo dijo alguien antes que yo: somos la Brasil de Europa. Pero, si no es demasiada molestia, yo, como decía al principio, prefiero esperar a que España gane la Eurocopa para lavarle los pies con agua de rosas a Luis Aragonés.
No nos vendrían nada mal unas pequeñas dosis de realismo. Luis, como él mismo dijo, tiene fecha de caducidad como la leche, pero nuestra soberbia nunca caduca. Las hemos pasado realmente canutas para clasificarnos en un Grupo mediocre y ahora resulta que lo hemos hecho todo muy bien. Supongo que sería tan injusto decir que estuvimos al borde del K.O. por Luis como afirmar ahora, por ejemplo, que nos hemos clasificado sin Raúl. Sin Luis y sin Raúl, con los dos al mismo tiempo, sin ninguno de ellos o sólo con uno, como finalmente ha sucedido, España era futbolísticamente muy superior a sus rivales y al final, como no podía ser de otra forma, se tenía que clasificar; lo contrario habría supuesto una debacle, una catástrofe, un desastre. Fue en entonces, con la selección con el agua al cuello, cuando se habló de adelantarle a Luis su fecha de caducidad y ponerle de patitas en la calle si España, por primera vez en muchos años, faltaba a la cita con la máxima competición continental de selecciones.
Ojalá seamos capaces de cerrar todos y cada uno de los debates que nos han tenido enfrentados hasta que concluya la próxima Eurocopa, aunque soy bastante pesimista al respecto. Por lo que detecto, al igual que sucediera en etapas anteriores con otros seleccionadores, el "luisismo" militante pretende que vayamos todos en procesión a Hortaleza para adorar al seleccionador del coeficiente de victorias del 65,11, pero es que justamente ese día yo tengo cita con el dentista y no sé si voy a poder acudir a la cita. En cualquier caso, prefiero esperar a que ganemos la Eurocopa con este fútbol tan arrollador que hemos puesto en práctica ante daneses y suecos para elevar a los altares a Luis. De momento, que yo sepa, no ha hecho nada que no hicieran antes que él otros siete seleccionadores más. Aunque no seré yo quien le niegue al "sabio" el pan y la sal: si pasamos de cuartos de final, y lo estoy poniendo muy facilito, seré el primero en gritar "¡oa, oa, oa, Aragonés a La Moncloa!"
17 de Noviembre de 2007 - 18:57:51 - Juan Manuel Rodríguez - 24 comentarios
Cuentan que, durante el partido de homenaje a José Martínez "Pirri" celebrado en el estadio Santiago Bernabéu entre la selección española y el equipo merengue, la gente no paraba de gritar continuamente "¡Hala Madrid, hala Madrid, hala Madrid!". Narrada así, de forma aislada, aquella anécdota podría ser interpretada como una absoluta falta de respeto hacia el equipo nacional, pero es que el jugador ceutí regaló tantas muestras de coraje y pundonor a lo largo de sus dieciséis años vistiendo aquella camiseta (llegó a jugar una final de la Recopa con el brazo en cabestrillo debido a una fractura de clavícula y después disputaría una final de la Copa con la mandíbula rota), que los aficionados olvidaron por un instante que aquel día, enfrente del equipo de sus amores, estaba el equipo de los amores de todos los españoles, también de ellos, y sólo acertaron a gritar "¡Hala Madrid!" Pero Pirri también fue internacional en cuarenta y una ocasiones, dándolo todo por España, aunque, desafortunadamente, sin ganar ningún título importante. Es curioso porque, revisando el historial de aquel gran capitán del Real Madrid, he caído en la cuenta de que su último partido con España fue precisamente contra Suecia en el Mundial de Argentina del 78.
Faltan todavía tres horas largas para que empiece el partido contra los suecos y me dispongo a escribir este artículo. No sé, por lo tanto, qué pasará ni cómo quedará el marcador, aunque doy por hecho que todos estamos en la próxima Eurocopa, también nuestros rivales de esta noche. Hasta Luis Aragonés, capaz de encontrarle alguna pequeña dificultad futbolística incluso a la selección de Liechtenstein, no ha tenido ningún empacho en dar por hecha nuestra clasificación. Pero el España-Suecia que se va a disputar hoy en Madrid no es un partido homenaje a ningún futbolista, y mucho menos a Pirri, que colgó las botas hace la friolera de veinticinco años. Y si el homenaje no es para un jugador de 62 años, mucho menos aún puede serlo para otro que tiene 30 y que, a buen seguro, volverá a ponerse tarde o temprano esa camiseta. Supongo que la gente tendrá derecho a patalear durante un minuto y que luego, en el transcurso de los otros ochenta y nueve, sólo se oirá el grito de "¡España, España, España!" Eso espero.
Bien pensado, estos dos próximos partidos de la selección sí pueden ser un homenaje para alguien: la afición española. Tanto en Portugal-2004 como en Alemania-2006 he podido comprobar en vivo y en directo que España tiene una afición a prueba de bombas y de disgutos. Ese es, parafraseando al propio Luis Aragonés, el auténtico y verdadero "pasillo de seguridad" del equipo nacional. Me parece que no soy dudoso al respecto y tengo la impresión de que me he ganado una merecida fama de "raulista" convencido, pero Luis no dará jamás su brazo a torcer y los demás, incluyendo al propio Raúl, no podemos tirarnos los próximos ocho meses mirando hacia el cielo a ver si por fin llueve café en el campo. Ojalá gane España por goleada. Espero que Villa marque tres golazos y Güiza otros tres. Y el miércoles que viene, también. Y deseo que nos vaya fenomenal en la Eurocopa y que la ganemos. El partido homenaje llegará, pero no será esta noche, ni tampoco la próxima, ni la otra. Hoy juega España y lo demás sobra.
16 de Noviembre de 2007 - 12:05:17 - Juan Manuel Rodríguez - 56 comentarios
Seguro que habrá quien diga que el enésimo desplante de Luis Aragonés (la víctima fue, en este caso, una conocidísima marca de ropa deportiva) es otro capítulo glorioso más perteneciente a eso que algunos han dado en llamar, con demasiado bombo para mi gusto, la "personalidad del seleccionador". Podría haber demostrado su personalidad cumpliendo su palabra y abandonando el cargo tras el Mundial de Alemania, pero ahí prefirió seguir. También podría haber sacado a relucir su fortísima personalidad para explicarnos a todos por qué no lleva al mejor Raúl, pero en ese caso optó por el camino más fácil (para él) y decidió que fueran sus "satélites" quienes dejaran caer por aquí, por allá y por acullá, supongo que con absoluta complacencia por su parte, la información, parcial en cualquier caso puesto que sólo ha intoxicado una de las dos partes, de que el capitán del Real Madrid se había rebelado y que eso no podía consentirlo de ninguna manera un hombre con tantísima personalidad.
Esto de la personalidad es realmente curioso. Imaginemos por un momento que el señor Alain Brouhard, presidente de Adidas, que era la conocidísima marca de ropa deportiva a la que me estaba refiriendo antes, fuera también un hombre de una personalidad arrolladora (a esos puestos no se llega siendo un "mingafría", desde luego), hubiera contemplado por casualidad la escenita protagonizada por el seleccionador español de fútbol y, enfurruñado, tomara en ese preciso instante la decisión de no vincular jamás su marca, que supongo que querrá que transmita mucha felicidad y alegría a todo el mundo, con el equipo español. ¿Cómo se le quedaría el cuerpo a Ángel Villar? Supongamos que Raúl, poseedor al igual que Aragonés y Brouhard de un carácter indómito y temible, decidiera ofrecer una rueda de prensa para contar su versión de los hechos acaecidos durante el Mundial justo una semana antes de empezar la Eurocopa. ¿Cómo se le quedaría el cuerpo al presidente de la Federación?
Lo único que quiero decir con todo lo anteriormente expuesto es que Villar, que no debe tener la personalidad de Luis, Brouhard y Raúl puesto que sigue ofreciendo la callada por respuesta, debería aplicarse en la tarea de atar corto a su entrenador. De todos es sabido que le quedan dos telediarios en el puesto, pero, dependiendo de quien los presente, dos telediarios pueden resultar livianos o ciertamente insoportables. Yo creo que el objetivo del seleccionador consiste en seguir engordando su fama de Shrek futbolístico, cuando todos, o casi todos, tenemos muy claro a estas alturas de la película que el suyo es un carácter intermitente: con aquel sí se enciende, con aquel otro no, con aquel sí, con aquel no... Imagino que, después de haber quedado mal con Adidas y tras haber plantado al pobre Nacho Aranda y a todos los que asistían al acto, ganaremos la próxima Eurocopa. Como el pasado Mundial. Y es que ese entrenamiento no podía esperar ni siquiera un cuarto de hora... ¡Había tantas cosas que preparar!
15 de Noviembre de 2007 - 17:15:49 - Juan Manuel Rodríguez - 48 comentarios
Desconfíen de todo aquel periodista deportivo que les diga que él no tiene colores: o miente, o es un mineral al que le da lo mismo ocho que ochenta, o acabó dedicándose al periodismo porque en lo suyo no había hueco, o simplemente tiene un enorme e indisimulable complejo de inferioridad. ¿Cómo no va a tener colores un periodista deportivo si los tiene absolutamente todo el mundo? Habitualmente, al menos en España, uno accede al periodismo deportivo porque de pequeñito era seguidor de un determinado equipo de fútbol, iba al campo todos los domingos por la tarde con su papá y puede incluso que fuera socio. ¿Cómo se corta eso? ¿Con un lavado de cerebro? ¿Se quita un chip y se pone otro?
Imagínense la película: "sí, sí, yo iba todos los domingos con mi padre al estadio Santiago Bernabéu, no nos perdíamos ni un sólo partido, tenía mi habitación repleta de pósters y banderines del Real Madrid y en el colegio me conocían como el Uli en honor a Stielike, pero ahora ya no tengo colores, no puedo tenerlos... ¡Ahora soy periodista deportivo!" A otro perro con ese hueso, amiguito. Otra cosa bien distinta es que vayas con el tambor y la cara pintada a la radio, pero no conozco a ningún periodista deportivo relevante (que no se haya transformado en una malaquita o un corindón) que no tenga colores. Cuando oigo esa auténtica martingala de que el periodismo deportivo ha ido a peor porque antes los informadores no tenían colores, me echo a reír. Pedirle a un periodista deportivo que no tenga colores es tanto como pretender que no tenga sentimientos y que no se implique. Quien quiera una mascota mecánica que se vaya a Japón a comprársela porque tengo entendido que allí las bordan.
Me parece que hay algunos periodistas deportivos que dicen que no tienen colores por miedo al qué dirán y a que los demás piensen que eso va a acabar con su objetividad, pero una cosa no tiene absolutamente nada que ver con la otra. En óptica se llama objetivo al "prisma de poco ángulo y mucho diámetro, que se coloca delante del objetivo de un anteojo para observar muchos espectros a la vez". Yo creo que un periodista deportivo tiene que ser honrado, justo consigo mismo y con sus lectores u oyentes, objetivo (en el sentido óptico de la palabra) y, naturalmente, debe tener colores. Lo que no debe hacer nunca un periodista deportivo, ni ningún otro periodista que se precie de serlo, es mentir. Y, salvo que uno sea un mineral, la primera mentira es ir por ahí diciendo que uno no tiene colores. Hasta los sulfuros los tienen.
14 de Noviembre de 2007 - 15:33:27 - Juan Manuel Rodríguez - 76 comentarios
Tengo delante mío el extensísimo historial deportivo de Francisco Javier Castillejo Rodríguez y necesitaría unas cuantas horas y demasiada paciencia para leerlo completo. Puesto que Castillejo ha nacido en Madrid, provincia de Madrid, y debido a que es mundialmente conocido con el apelativo deportivo del "lince de Parla", felino, el primero, caracterizado por sus fuertes patas y sus largas orejas, y municipio madrileño, el segundo, situado precisamente en la zona sur de la Comunidad de Madrid, y teniendo en cuenta además que Madrid continúa siendo a estas horas de la tarde, a pesar de Pepe Carod, capital de España, deduzco que podremos darle a Castillejo el tratamiento de deportista, puesto que es boxeador, y de español, por todo lo anteriormente expuesto, sin miedo a que podamos cometer una equivocación.
Digo todo esto porque, a pesar de los datos abrumadores que acreditan sin lugar a dudas su españolía, Castillejo tiene desde hace mucho tiempo la extraña sensación de que en su propio país le tratan como si hubiera nacido en la lejana Barnako, capital de Malí, cuestión ésta que provoca una enorme confusión en nuestro campeonísimo puesto que él se acuesta por las noches y, cuando se levanta a la mañana siguiente, sigue hablando español y no francés, bambara o senufo, que son los tres idiomas oficiales de Malí. Aún así, pese a ser tratado como ciudadano malí aunque bastante peor que Mahamadou Diarrá, medio centro defensivo del Real Madrid, Castillejo, que anoche subió de nuevo a un ring a sus 39 años y volvió a noquear a un púgil doce o catorce años más joven que él, se envolvió nuevamente en la bandera de España para brindar con todos por su enésima gesta deportiva.
Castillejo ha sido seis veces campeón de Europa y ocho del mundo, y antes de junio podría lograr ante Felix Sturm su noveno entorchado mundial. El alemán es sólo once años más joven que él, pecata minuta teniendo en cuenta que Javi es el lince de España. Si no fuera porque los premios Príncipe de Asturias del Deporte están tan desacreditados, pediría que le dieran dos o tres de golpe, pero, hoy en día, boxear en España está tipificado como falta en el Código Penal. Si en lugar de llamarse Javier y apellidarse Castillejo, el lince hubiera nacido en Wichita, Kansas, y se llamara James Lynx, hoy sería un héroe nacional, estaría en el Hall of Fame y George Bush ya le habría recibido a estas alturas en el despacho oval de la Casa Blanca, pero estoy seguro de que, pese a todo, aunque le traten como a un ciudadano malí, Javi no cambia Parla por nada. Es guerrero. Y es español. Y es boxeador. Lo tiene todo.
13 de Noviembre de 2007 - 18:35:26 - Juan Manuel Rodríguez - 51 comentarios
José Antonio Abellán desveló anoche en El Tirachinas que Ramón Calderón le había ofrecido a Sergio Ramos la capitanía del primer equipo, y que éste podría incluso llegar a aceptarla. Creo que, nada más conocer la noticia, Miguel Ángel Portugal, que sabe un poquito de vestuarios y algo conoce también acerca de la historia reciente del Real Madrid, se llevó ipso facto las manos a la cabeza. Sin embargo, la información, confirmada por directivo y medio, coincide absolutamente con el retrato robot que del actual presidente del club tenemos todos, un hombre a un problema pegado, una bomba de racimo humana que amenaza con explotar al menor descuido. ¿Qué cable corto, el verde o el rojo?
Con Calderón y los problemas artificiales me pasa más o menos lo mismo que con David Copperfield y los trucos de magia, que cuando ya ha hecho desaparecer a una manada entera de elefantes africanos, treinta yates de setenta metros de eslora cada uno y el castillo medieval de Disneyworld, y ya te estás levantando del asiento porque piensas que por fin acabó el truco, resulta que hace desaparecer un Airbus A-380 con pasajeros dentro. Este Calderón es un insaciable y un acaparador y nunca parece tener suficiente. Mientras Abellán contaba la noticia, con todos los que le rodeábamos con los ojos de Bitelchús, Luis Ángel Duque me mandaba un SMS: "Eso no lo puede decidir nunca el club sino el vestuario". Es una de las máximas del fútbol: jamás funcionaron los capitanes por contrato y ahí está el caso de Julen Guerrero para dar testimonio de ello.
Tengo verdadero interés por saber cómo acabará toda esta historia. Raúl al margen, puesto que él seguirá siendo el capitán hasta que se retire o tenga alguna lesión, quiero saber cómo reaccionarán Guti y especialmente Iker Casillas cuando comprueben cómo cambia de brazo el brazalete porque lo ordenan desde arriba. No creo que nadie dudara que, tarde o temprano, por edad y por instinto, por coraje y por corazón de león, Sergio Ramos acabaría siendo capitán del Madrid junto a Casillas, pero forzar esa situación y plantear ahora mismo un problema que el equipo no tiene es sólo achacable al inacabable afán de protagonismo de un presidente que tiene demasiado tiempo libre y pocas ganas de emplearlo en dedicarse al jogging o al noble arte del cultivo del bonsai. El simple ofrecimiento es de locos; ahora sólo queda por saber si Ramos acepta o, por el contrario, es un chico listo también fuera de los terrenos de juego. Si yo fuera él, haría con ese aspecto concreto del contrato lo que en su día advirtió Alfio Basile que haría con el contrato entero.12 de Noviembre de 2007 - 17:02:30 - Juan Manuel Rodríguez - 80 comentarios
Estaba claro que, en cuanto un árbitro beneficiara al Real Madrid, alguien le preguntaría a Bernd Schuster si había influido en algo el lugar de nacimiento del colegiado. Ese tipo de cosas, como la idiotez de la comparación con Roger Federer o aquella soplagaitez de la celebración de las cucarachas, sientan mal al personal y siempre acaban pasándole a uno factura. Ayer le tocó a Javier Matallanas arrimarse al toro rubio y convertirse en el cobrador del frac. Estaba convencido de que Schuster le soltaría a mi compañero la frase popularizada este fin de semana por el Rey Juan Carlos, pero qué va, nada más lejos de la realidad.
El alemán escuchó serio y en silencio, y al final se limitó a responder que ante el Mallorca no había tenido ese tipo de duda. Naturalmente que no la tuvo: primero porque el almeriense Fernández Borbalán no señaló un claro penalti por mano de Heinze y dio validez al segundo gol de Robinho, logrado en fuera de juego; y segundo y fundamental porque el Real Madrid terminó ganando por 4-3 el partido. Y es que, en realidad, el problema de Schuster en Sevilla nunca fue el lamentable Álvarez Izquierdo sino que su equipo perdió. Tan malo o peor incluso que el catalán es el andaluz, pero Borbalán benefició claramente al Madrid. Es como en la lotería: unas veces te toca la pedrea y otras el gordo. Lo que le pasa a Schuster, acostumbrado como está a que le toque siempre el gordo, es que cuando se tiene que conformar con la pedrea monta en cólera y si es necesario acaba denunciando por incumplimiento de contrato a La Bruja de Oro que vive en Sort.
Yo creo que Schuster lo sigue teniendo todo a favor, salvo él mismo, para acabar triunfando en el Real Madrid, incluyendo como una de las partes fundamentales de ese todo a un Fútbol Club Barcelona que está irreconocible y que, según la experta opinión del capitán culé Puyol, se ha convertido en un equipo insolidario. La distancia matemática entre ambos resulta nimia, tan sólo 4 puntos, pero se agiganta en cuanto observas el nulo poder de reacción de un equipo que cuenta arriba con Ronaldinho, Henry y Messi, tres de los diez mejores futbolistas de ataque del mundo, siendo el cuarto Eto'o, también culé, pero que ahora está lesionado. La diferencia entre Schuster y Rijkaard es que, mientras el entrenador del Real Madrid se fabrica sus propios problemas, los del técnico del Barcelona, que podría pasar perfectamente por ser el agregado cultural de la embajada de Holanda en España, no están en su cabecita sino que parecen reales. Tendría que tener cuidado porque la prensa barcelonista ha salido de caza y el conejo tiene la cara de Rijkaard. Con rovelló y media copa de coñac está riquísimo.
11 de Noviembre de 2007 - 19:32:23 - Juan Manuel Rodríguez - 36 comentarios
Dentro de dieciocho días hará veintiún años que murió Cary Grant. Dicen que, nada más verle, la come hombres Mae West exclamó lo siguiente: "si además sabe hablar, le contrato". Me caía muy bien Cary Grant porque, hasta que se convirtió en el indiscutible rey de la comedia romántica, hubo un tiempo en el que hubo de luchar a brazo partido contra su mala fama de actor guapo. Porque no hay peor cosa en el cine que ser guapo. Hoy por hoy, un actor que quiera ganar un Oscar tiene que afearse lo máximo posible, de lo contrario no hay tutía. O eso, o tienes una enfermedad incurable, o estás rematadamente loco. Ahí están, para dar fe de ello, Charlize Theron o Nicole Kidman que, de no haberse afeado adrede, jamás habrían conseguido un premio de la Academia. A Cary Grant, candidato en dos ocasiones, no tuvieron más remedio que entregarle un Oscar honorífico en el año 1970, cuando ya llevaba cuatro retirado.
Les voy a explicar por qué, al conocer la noticia de la muerte de Norman Mailer, me ha venido instantáneamente a la memoria la figura de Cary Grant. Tengo una particular teoría al respecto, y es que creo que la belleza debe ser al cine lo que el deporte al periodismo. Grant tenía que haber ganado el Oscar por La fiera de mi niña, o si no por Historias de Filadelfia, Sospecha, Encadenados, Arsénico por compasión, Tú y yo, Con la muerte en los talones o Charada. En cualquiera de ellas estaba realmente insuperable, y sin embargo tuvo que aguantar que le dieran de extranjis un premio honorífico a toda su carrera: yo no habría ido a recogerlo. En 1998, por ejemplo, se lo dieron a un saltimbanqui italiano y se quedaron tan frescos. Indignante.
Tengo la sensación de que con Mailer, autor de algunos de los mejores textos americanos del último medio siglo, sucedió algo parecido que con Grant. Y sinceramente pienso que si los suecos no le dieron el Nobel de literatura fue sólo porque hubo un tiempo en el que fue guapo y escribió sobre boxeo, y porque fue un provocador durante toda su vida, y porque en Suecia se han vuelto demasiado políticamente correctos y premian al peso y por continentes. Se ha muerto, pero ahí ha dejado una bomba de relojería en forma de novela: El castillo en el bosque. Hoy no haré referencia a El gran combate sino a un texto muy corto, La muerte de Benny Paret, que forma parte de un artículo publicado en Esquire en 1963 y titulado Diez mil palabras por minuto.
El cubano Benny "Kid" Paret no era un boxeador excepcional (su estilo, según Mailer, "consistía en encajar tres golpes en la cabeza a fin de devolver dos"), pero disfrutó de la fortuna que otros con más clase que él no tuvieron: una serie de casualidades obraron un pequeño milagro y se proclamó campeón mundial del peso welter. El 24 de marzo de 1962, Paret tuvo que defender su título ante un "boxeador de verdad", Emile Griffith. Griffith, que hoy tiene setenta años y que se proclamó hasta seis veces campeón mundial a lo largo de toda su carrera profesional, se decidió a declarar públicamente su homosexualidad hace tan sólo cuatro meses en una entrevista publicada en el New York Times. Sin embargo, hace 45 años Paret hizo alarde de ello, utilizando la condición sexual de su rival como un reclamo publicitario, llegando incluso a tocarle las nalgas durante el pesaje y proclamando a los cuatro vientos que odiaba a Griffith porque no parecía un hombre.
El caso es que Griffith se calló pero fue acumulando una rabia que luego explotó de golpe sobre el ring. Mailer lo cuenta así: "Nunca había visto a un hombre golpear a otro con tanta fuerza y tantas veces. En el rostro del árbitro asomó una expresión de dolor, como si un espasmo lo hubiese atravesado, y luego saltó sobre Griffith para apartarlo. Fue el acto de un hombre valiente. Griffith estaba fuera de control (...) Paret murió de pie. Mientras él recibía aquellos dieciocho golpes, algo ocurrió en todos los que vivimos aquel espectáculo. A todos nos llegó un poco la muerte de Paret. Se la percibía revoloteando en el aire. Cuando se hallaba todavía de pie contra las cuerdas, atrapado tal como había quedado, esbozó una semisonrisa de pesar, como queriendo decir: no sabía que moriría tan pronto."
Fueron unos días terribles para el boxeo, y Mailer habla acerca de ello: "Supe entonces que había algo en el boxeo que para mí sería ya irremisiblemente espurio, que a partir de ahora, al presenciar una pelea experimentaría el temor análogo al que se siente por un novillero cuando tiene un mal día, el toro es peligroso y la multitud es amenazante (...) Algo se había echado a perder en el boxeo. Pero no el principio, no el derecho de un hombre a intentar dejar a otro inconsciente en el ring. Tal vez no se tratara de una actividad civilizada, pero pertenecía a la tradición del humanista. En efecto, era una actividad humana, mostraba una parte de lo que era el hombre en realidad, pertenecía a su capacidad para crear arte y un gesto hábil al borde mismo de la muerte, del sufrimiento, del peligro o del ataque, y tenía mucho que decir en relación con las sutilezas del estilo humano." Es cierto que Norman Mailer, eterno candidato al Nobel, escribía diez mil maravillosas palabras por minuto.
9 de Noviembre de 2007 - 11:56:08 - Juan Manuel Rodríguez - 91 comentarios
La explicación de que Luis Aragonés siga ahí, aguantando carros, carretas y Hierros, desprestigiándose a sí mismo y arrastrando por el suelo la imagen que la inmensa mayoría tenía de él, puede ser doble: por necesidad o porque le va la marcha más que a un tonto un caramelo. Cualquiera de esos dos motivos es muy respetable, más aún si cabe el segundo que el primero, pero lo que no pueden pretender sus satélites es zanjar de una vez por todas el debate sobre el seleccionador, que no sobre Raúl González Blanco, en aras de una jubilación reposada y tranquila para el hombre que ha de sentarse en el banquillo del equipo nacional, mi equipo, el equipo de todos los españoles, durante la próxima Eurocopa de 2008.
Si quieren darle un partido homenaje que se lo den de una vez, ¿dónde hay que firmar? Si quieren entregarle las llaves de un coqueto pisito en Marina d'Or que se las entreguen, ¿cuánto hay que poner? Pero mientras permanezca ahí, agarrado como Ahab al lomo de Moby Dick, empeñado en montar a Trueno igual que Gregory Peck en Horizontes de grandeza, tendrá que encajar las críticas como hicieron todos y cada uno de sus prestigiosos antecesores en el cargo. Y con más razón incluso porque, que yo recuerde, ni Kubala, ni Santamaría, ni Muñoz, ni Miera, ni Suárez, ni Clemente, ni Camacho ni tampoco Sáez prometieron nunca, jamás, que se irían, y luego se pasaron la promesa por el arco del triunfo. El último, Sáez, amagó, pero luego se lo pensó mejor. Aragonés también se lo pensó mejor y ahí sigue, buscando pasar a la historia a nuestra costa.
Les confesaré algo: verdaderamente me importa una higa que Luis lleve o deje de llevar a Raúl. Decía Jacinto Benavente que una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo el cerebro. Tengo la impresión de que el sistema límbico, el hipocampo, el tálamo y el hipotálamo deportivos de nuestro seleccionador nacional de fútbol rebosan de la idea fija de no volver a contar nunca más con el capitán del Real Madrid, y que no le convocará única y exclusivamente por un motivo personal. Pero si sus satélites desean para él un retiro tranquilo y quién sabe si incluso un triunfo histórico (la vida te da sorpresas) dentro de ocho meses, deberán sugerirle que explique como es debido por qué el peor de los Luises sigue sin convocar al mejor de los Raúles. Ahí habrá acabado toda la polémica y podremos irnos tranquilitos por fin a la cama. Entretanto habrá debate, ¡vaya que si lo habrá! Y tendrá que esperar la Ciudad de Vacaciones.
8 de Noviembre de 2007 - 16:25:59 - Juan Manuel Rodríguez - 75 comentarios
La verdad es que no sé muy bien qué responder cuando alguien me pregunta si al final es cierta o no la noticia de que los hermanos Zucker están empeñados en dirigir Aterriza como puedas III, y que para ello piensan sustituir el avión del vuelo 209 de la Trans American por el mb-83, una auténtica cafetera con alas, que el Real Madrid acaba de comprar para llevar de un sitio para otro a sus jugadores y directivos, y que alguien tuvo el dudoso gusto de bautizar como "La Saeta", presumiblemente en honor del futbolista más grande de la historia y, por ende, del club de Chamartín. Alfredo di Stéfano se merecía el Air Force One por lo menos y resulta que le han puesto su nombre al primer prototipo de los hermanos Wright.
En una de las escenas de la película original, la del año 1980, que supuso un auténtico impacto mundial, puede verse al mítico pívot de Los Angeles Lakers Kareem Abdul-Jabbar haciendo las veces de copiloto. Jabbar pretende pasar desapercibido, aunque vaya en pantalones cortos y lleve zapatillas, y sólo salta y se descubre cuando un niño francamente pesado le suelta en la cara que su papá comenta siempre en casa que su mayor defecto es que no sabe defender. Digo yo que, ya puestos, Ramón Calderón podría poner a García Coll a pilotar "La Saeta", aunque ningún niño pesado podría acusarle de no defender porque hay que reconocer que eso lo bordaba el base apodado "el rata".
El nuevo plan de viaje de Schuster, obligando a los jugadores a dormir fuera de sus casas después de los partidos bajo la excusa de que así descansan mucho mejor, coincide casi exactamente en el tiempo con los problemas del ruido que emite "La Saeta", cuestión ésta que impediría al avión merengue sobrevolar determinadas ciudades por la noche. Dice el presidente del Madrid que su equipo da miedo en Europa, cuando lo que realmente da pavor a los Raúl, Van Nistelrooy, Robinho y compañía es montarse en un avión que Di Stéfano, que tiene más de ochenta años pero que de tonto no tiene ni un pelo, definió el día de su estreno como un "veterano avión". Si no fuera porque la historia resulta graciosa sería como para echarse a llorar. Si el Madrid, que maneja un presupuesto de 306 millones de euros anuales, se ve obligado a cambiar ahora sus planes de viaje por el ruido que emiten los motores del avión que acaban de comprar, ya sólo me quedaría por ver que el piloto automático fuera un muñeco hinchable. Todo se andará.
7 de Noviembre de 2007 - 18:03:59 - Juan Manuel Rodríguez - 41 comentarios
Este Valencia tiene varios problemas. Uno de ellos es que, desde el primer día en que accedió a la presidencia del club, Juan Soler se impuso como una de sus obligaciones la de tratar con justicia y equidad a todos y cada uno de los medios de comunicación. Seguro que a José Ramón de la Morena le habría encantado extender sus dominios también hasta Mestalla, pero Soler marcó una clara línea roja y allí, informativamente hablando, gana el más listo o el más hábil. De ahí, por ejemplo, que la Cadena Cope fuera la única emisora que pudiera hablar el viernes con Ronald Koeman tras su presentación como nuevo entrenador en sustitución de Quique Sánchez Flores. Y es que, sin las cartas marcadas, jugando todos con el mismo número de ases, el equipo de deportes que encabeza Vicente Ordaz es, de largo, el más competente de Valencia.
Acostumbrado a mangonear a su antojo, puesto de repente en la tesitura de tener que competir con los demás en igualdad de condiciones, De la Morena se ha quedado rezagado en una plaza estratégica desde el punto de vista informativo, de ahí que Juan Soler, que al principio era un empresario serio y solvente, alguien capaz de pacificar a las diferentes sensibilidades del club, haya pasado ahora, sin solución de continuidad, a convertirse en el gordito del bigote, como si el director de El Larguero, que en un concurso de feos de España habría dejado a la altura del betún al mismísimo zapatero granadino Picio, fuera ahora, de repente, el hermano guapo de Tyron Power.
El problema extradeportivo podría solucionarlo perfectamente Soler pasando por el trágala del Mister Universo de la SER; de él depende seguir siendo independiente o convertirse en otra marioneta. El otro, ese que tiene al borde del K.O. europeo a una de las tres o cuatro mejores plantillas de la Liga española, está visto que no se soluciona echando a la calle al entrenador y que tiene que ser un poquitín más complicado que la falta de ambición de Quique denunciada por el oportunista Carboni. Si Soler hubiera pensado sólo en sí mismo, probablemente lo más atinado habría sido aguantar al entrenador hasta el partido contra el Rosenborg, quemándole a continuación cual si de un ninot se tratara. Ayer, en Mestalla, la gente ya no sabía de quién pedir la dimisión, si del consejo de administración o de la plantilla en pleno. Con Cañizares fuera y con Quique más fuera aún que Cañizares, Tintín se queda sólo ante el peligro. Que le pregunte a Tornasol cómo salir del embrollo.
6 de Noviembre de 2007 - 16:30:34 - Juan Manuel Rodríguez - 64 comentarios
Entendería perfectamente que el Comité Técnico de Árbitros de Cataluña diera la cara por uno de sus asociados, en este caso el ínclito Alfonso Javier Álvarez Izquierdo (AJAI), si, por la misma regla de tres, la Liga de Fútbol Profesional pudiera defender a los suyos, o sea a los clubes, de todas y cada una de las tropelías que cometen, domingo tras domingo, los colegiados de Primera División, independientemente del sitio donde hayan nacido. Porque ahí yo no hago distingos: tan malo es AJAI, que actúa en representación del colegio catalán, como Bernardino González Vázquez, que nació en Francfort, César Muñiz Fernández, que lo hizo en Bruselas, o Julián Rodríguez Santiago, que es de Valladolid. La incompetencia de nuestros colegiados es universal y cruza fronteras, no importando si uno es de Andoain, como Pérez Lasa, o de Santander, como Teixeira Vitienes. Lo cierto es que, toque quien toque, los clubes estarán siempre expuestos a la lotería arbitral.
Incluso comprendería, tal es mi amplitud de miras, que el Comité de Árbitros catalán saliera en defensa de AJAI aunque el resto de implicados en el espectáculo del fútbol no pudiera defenderse de él. Lo que no entiendo de ninguna de las maneras es que dicho Comité aproveche la melonada de Schuster para erigirse en garante de la unidad nacional, por ahí sí que no paso. Dice el CTAC que las palabras del entrenador del Real Madrid pueden "incitar al odio entre los diferentes territorios de España". Y me pregunto yo: ¿dónde estaban estos caballeros el día que Joan Laporta promocionó la lengua catalana en Aragón antes de un Barcelona-Osasuna en el Camp Nou? ¿Por qué no dijeron nada cuando Laporta consintió que colgaran en el estadio una bandera gigantesca en la que se incluía, en contra de su voluntad, por supuesto, a la Comunidad Valenciana como parte de Cataluña? ¿No les pareció entonces a los árbitros catalanes que aquello incitaba al odio entre los diferentes territorios de España? ¿Entonces no y ahora sí? Tururú.
Es público y notorio que Schuster ha dicho una auténtica gansada y parece aconsejable que alguien de su club le llame rápidamente la atención, pero vamos a estar muy entretenidos en la Liga española si cada vez que alguien diga una tontería como esa se va a exigir a continuación la intervención del Comité Técnico de Árbitros, la Comisión Antiviolencia, el Comité de Competición y el Séptimo de Caballería. Flórez, como decía ayer, no dará abasto. Y, por cierto, hablando del odio entre los diferentes territorios de España, me gustaría saber por dónde andaba César Ochoa el día que José Carod pidió públicamente el boicot para Madrid 2012. Si los árbitros catalanes se creen en la obligación de tener que salir en defensa del terrorífico AJAI que lo hagan, pero que no se metan en camisa de once varas. Yo no lo haré, y por lo tanto no diré nunca, aunque lo piense, que Ochoa –o sea, Jordi Roche, el "cerebro gris" del Cataluña-Estados Unidos– está tratando de sacar otra vez ventaja política de lo que es una simple metedura de pata. ¡Anda, lo he dicho! Pero ha sido sin querer.
5 de Noviembre de 2007 - 17:00:54 - Juan Manuel Rodríguez - 74 comentarios
Una cosa es que Bernd Schuster se queje injustificadamente de la actuación del nefasto Alfonso Javier Álvarez Izquierdo, y otra bien distinta es que la directiva del Sevilla lleve mucho tiempo, demasiado en mi opinión, sin enterarse de nada de lo que sucede en el palco de su propio estadio, el Sánchez Pizjuán. Yo no me puedo creer que alguien en sus cabales se vaya a inventar porque sí, porque le apetece y le da la real gana, que personas relacionadas con el club andaluz insultaran a los directivos merengues al grito de "madridistas, hijos de puta". Eso no se lo inventa nadie a menos que haya sucedido.
Entiendo que la trifulca entre Pedja Mijatovic y un tal Bayram Tutumlu, que al parecer es el representante de Poulsen, es posterior a lo que sucedió en el palco y fruto por lo tanto de la tensión que allí debió vivirse. Una cosa es lo que suceda abajo, sobre el césped (no creo que ningún futbolista de la primera plantilla del Real Madrid vaya a asustarse por lo que le digan desde la grada), y otra cosa bien distinta es lo que suceda arriba, en el palco. Hace muchos años que, desgraciadamente, el Madrid tiene que salir de los campos con las lunas de sus autobuses rotas sin que nadie mueva un dedo. Hasta a eso se han acostumbrado los jugadores, entrenadores y directivos que viajan en representación del Madrid. Pero una cosa es que te humillen abajo y luego te apedreen a la salida o a la llegada, y otra bien distinta es que te insulten arriba porque allí el equipo local sí que es responsable de lo que suceda.
Conozco la versión que han filtrado los directivos del Madrid, pero hasta la fecha no se ha producido, que yo sepa, un comunicado oficial por parte del Sevilla. Y una de tres, o Del Nido está recabando (muy despacito, por cierto) los datos de lo que allí pasó porque él no se enteró de nada, o se enteró de todo y da por bueno lo que allí pasó, o no pasó nada y resulta que los madridistas tienen más imaginación que Julio Verne y Edgar Allan Poe juntos. Conociendo un poquito a Del Nido, si hubiera sucedido esto último ya habría salido a la palestra.
Posdata: A propósito de la melonada de Schuster, Txiki Begiristain ha dejado caer que alguien tendría que investigar lo manifestado por el entrenador alemán. Pero si el Comité de Competición tuviera que analizar de oficio todas y cada una de las mamarrachadas que en el fútbol español han sido, el pobre Flórez no daría abasto. Sólo con lo que dijeron en su día Núñez y Gaspart tendrían material suficiente hasta 2015.
4 de Noviembre de 2007 - 21:07:26 - Juan Manuel Rodríguez - 39 comentarios
Bernd Schuster va de melonada en melonada y tira porque le toca. Si ya me parece de mediocres echarle la culpa de la derrota de su equipo (que hasta hace nada jugaba como Roger Federer) ante el Sevilla (que debe hacerlo como David Nalbandian) a la actuación del árbitro, el hecho de revolver en su cartera para cotejar el DNI y así poder justificar después que, puesto que Alfonso Javier Álvarez Izquierdo es catalán, le tiene ojeriza al Real Madrid, resulta pueril, por un lado, y absolutamente dramático por el otro. Y como no tengo el cuerpo para muchas jotas, bailaré sólo una, aquella que me pilla cronológicamente más cerca, la que dice "en que suena una rondalla yo recobro la memoria; me acuerdo que ande hi nacido es una cuna que de gloria".
El 16 de septiembre, de esto hace tan sólo cuarenta y nueve días con sus respectivas cuarenta y nueve noches, los futbolistas del Almería, club humilde y recién ascendido a Primera División, se fueron del estadio Santiago Bernabéu echando las muelas contra la actuación de un árbitro que, según ellos, les había perjudicado notablemente en sus intereses deportivos. Algo de eso hubo, la verdad sea dicha, porque el colegiado le anuló por fuera de juego un gol absolutamente legal a Uche cuando el marcador era de 1-0, y luego expulsó a Crusat en una jugada muy polémica. Por cierto que el árbitro de aquel partido, que concluyó con la victoria del equipo de Schuster por 3 goles a 1, no era otro que el catalán Alfonso Javier Álvarez Izquierdo, a quien a partir de ahora, y para abreviar, llamaremos por sus siglas: AJAI.
El problema de AJAI no es el lugar en el que nació, no, sino que es un árbitro muy malo. Aprovechando el cuento chino de las cuotas, este Izquierdo promocionó el día que Moreno Delgado, también del Colegio Catalán por si quiere saberlo Schuster, bajó a Segunda porque también era muy malo. En menos de dos años, AJAI ya ha reunido un nutrido historial de anécdotas, como aquella vez que expulsó con roja directa a Kapo por decirle "¡uo!": "En el minuto 77 el jugador Olivier Kapo fue expulsado por el siguiente motivo: por dirigirse a mí gritando de viva voz y con los brazos en alto, de forma despectiva y reiterada, UO"; así aparece reflejado, de su puño y letra, en el acta del partido. O, más recientemente, en el transcurso de un Betis-Racing, cuando pitó un penalti a favor del equipo de Santander mientras todo el mundo pudo apreciar clarísimamente que la falta de Juanito sobre Smolarek fue cometida al menos un metro fuera del área.
AJAI es malo, muy malo, y un día perjudica a unos y otro día hunde a otros, así es la lotería de la vida en el fútbol español. Ese es el problema de este árbitro en concreto. Pero el de Schuster, a quien llamaré Pepito hasta el día en que recobre el juicio, es que todavía no ha extirpado de su cerebelo el chip de entrenador de equipo pequeño. Sigo creyendo que es un gran entrenador y creo que con el tiempo hará jugar muy bien al fútbol a este equipo, pero tiene que elegir: el banquillo del Real Madrid o el club de la comedia. Hasta que se decida, para mí será sólo Pepito Schuster.
3 de Noviembre de 2007 - 23:15:27 - Juan Manuel Rodríguez - 17 comentarios
2 de Noviembre de 2007 - 11:28:43 - Juan Manuel Rodríguez - 21 comentarios
París. Diez y media de la mañana. Hotel Ritz. El mismo hotel Ritz del que salieron por última vez lady Diana y Dodi hacia el túnel d'Alma. El mejor tenista de todos los tiempos desayuna tranquilamente en Le Petit Jardin, frente al Grill. Huevos revueltos, zumo de naranja recién exprimida, café y unas galletitas de esas que llevan incrustadas virutas de chocolate blanco. Lynette, su madre, siempre le insistió en que debía desayunar contundentemente antes de salir hacia el trabajo. Miroslava no le quita la vista de encima mientras hojea distraídamente la prensa deportiva. Ha dormido bien. Llegó cansado y cayó rendido en una de esas inmensas y mullidas camas de cobre con almohadas de plumas de ganso.
David Nabaldian, que olfatea su rastro desde Madrid, acaba de apearle también del Masters Series francés, aunque él sabe que aquello es algo circunstancial, algo pasajero. Lleva siendo el número uno del ranking mundial desde febrero de 2004, continúa batiendo todos los records habidos y por haber, ha ganado cinco veces seguidas en Wimbledon, cuatro en Estados Unidos y tres alternas en Australia y, aunque tiene asumido que llegará la hora en que esa situación cambie, intuye, porque se conoce mejor que nadie, que ese día está aún lejano en el calendario. Que le aproveche a David; para lo que se estila en el circuito, la verdad es que el argentino no es un mal tipo. Él tiene otros objetivos. Por ejemplo, pasar a la historia como el jugador de tenis con mayor número de victorias en el Grand Slam. Quiere dejar el listón muy alto para que el siguiente tarde mucho tiempo en superarle, cuarenta años, cincuenta, un siglo, quién sabe, cuanto más tiempo mejor. De París sólo le obsesiona Roland Garros y cómo meterle mano a Nadal.
Suena el teléfono de la habitación. Contesta Miroslava:
– ¿Sí?
– Tiene usted una llamada desde España. Un diario deportivo.
– Pásemela, por favor.
– ¿Señor Federer?
– ¿Quién pregunta por él?
– ¿Miroslava? Soy Fulanito. Ayer hablé con usted para ver si Roger podía atenderme un minuto.
– Lo recuerdo. Espere.
– ¿Hola? – dice Roger Federer, atendiendo la llamada – ¿Hola?
– ¿Señor Federer?
– Soy yo.
– Quería preguntarle qué le parece que Bernd Schuster haya comparado al Real Madrid con usted.
En el hotel Ritz de París se han visto cosas muy raras. Al atardecer, un multimillonario, borracho como una cuba, preguntaba al portero cuándo bajaría Napoleón de la columna Vendôme para que pudiera charlar con él. Un perro chow chow cenaba vestido de esmoquin al lado de su dueño. La boa de la marquesa de Cassati exigía conejos vivos para alimentarse. El halcón propiedad de lady McLean esperaba que se le sirviese un pichón. James Gordon Bennet, dueño del Herald, tenía auténtica pasión por el striptease. Al poeta Cocteau le gustaba asustar a la clientela con sus payasadas. Antes de ocupar su habitación, Proust ordenaba que cerraran todas las puertas y ventanas, tal era su aversión hacia las corrientes de aire.
– Me alegra mucho que mi juego inspire a Schuster – responde Roger Federer. Luego cuelga, se dirige a Miroslava, encoge los hombros y dice – Estos españoles están locos. ¿Tú sabes lo que me han preguntado?
Juego, set y partido para el nuevo periodismo deportivo.
Posdata: Todos los datos aquí reflejados acerca el hotel Ritz de París están recogidos en el extraordinario y divertidísimo libro titulado Hotel Nirvana, de Manuel Leguineche. Gracias, maestro.1 de Noviembre de 2007 - 15:00:00 - Juan Manuel Rodríguez - 32 comentarios
El problema que le veo yo a la fatuidad de Bernardo Schuster al comparar el otro día a su equipo con el tenis que practica Roger Federer –"ahora te dejo que te acerques, ahora no, juego contigo un poquito y luego te remato cuando me da la gana"– es exactamente el mismo que detecté en su momento con la memez de los famosos "galácticos", y es que, al final, una comparación tan odiosa como esa puede acabar convirtiéndose en un boomerang contra el propio Real Madrid. Existe, sin embargo, una diferencia entre una y otra puesto que, al fin y al cabo, la sandez galáctica era ajena al club mientras que la idiotez tenística viene rubricada por el mismísimo entrenador de la primera plantilla merengue.
Hay que reconocer que la mentecatez de Alfredo Relaño caló entre aficionados propios y ajenos al Madrid, y aquella infeliz comparación produjo un pernicioso "efecto llamada" bastante similar al que supongo generaría entre los pistoleros más rápidos del Far West el anuncio de la inminente llegada al pueblo de turno del mítico William Cody: la proeza ya no consistía sólo en derrotar al todopoderoso Real Madrid sino en tumbar también al equipo de los famosísimos galácticos y, tras semejante proeza, hacerse una foto con ellos y pedirles luego un autógrafo, como si de una cacería de bisontes se tratara. Mucho me temo que la idiotez de Schuster es imparable: ayer, a la finalización del partido en Mestalla, un propio le acercó la "alcachofa" a Raúl y le dijo: "¡Casi conseguís un set! ¿Eh, eh, eh?" La cara del capitán del Real Madrid era un poema.
Me parece bien que Schuster se haya dado cuenta, o le "hayan" dado cuenta, de que metió la pata hasta el fondo con Manolo Jiménez, y luego haya tratado de sacarla llamándole por teléfono para pedirle perdón, aunque debería disculparse también en público. Y es que en la misma rueda de prensa del otro día, el alemán tuvo tiempo más que suficiente para descalificar al periodismo deportivo al completo, dejar caer que su equipo vacilaba al resto de clubes de Primera y concluir diciendo que el Sevilla lo podía entrenar cualquiera. Por otro lado, alguien del club debería exigirle al entrenador que rectificara cuanto antes el ejemplito de Federer. No sé cuántos partidos de tenis habrá visto en su vida Schuster, pero si por algo se caracteriza el suizo no es precisamente por hacer la goma con sus rivales. Yo creo que, si hubiera un reglamento que lo posibilitara, los remataría en el vestuario mientras se atan las zapatillas.