31 de Julio de 2007 - 17:39:58 - Juan Manuel Rodríguez
En la semana previa al combate, las apuestas pasaron de estar 6 a 1 a favor de Hagler a sólo 3 a 1. Sugar Ray empezó a ganar la pelea en el transcurso de la rueda de prensa que ambos púgiles ofrecieron en Baltimore. Hagler, que de los dos era sin duda el que más había cedido para que se celebrase el combate, creyó sinceramente que la conferencia estaba ideada para presentar definitivamente la pelea, pero Sugar Ray aprovechó la presencia de los medios de comunicación para anunciar su retirada definitiva del boxeo, dejando a Hagler en un segundo plano. Enfurruñado, el campeón decidió no asistir a las ruedas de prensa de Detroit y Chicago, pensando quizás que no acudiría nadie, pero Sugar Ray, que volvía a brillar como una verdadera estrella, las aprovechó para, tras interpelar teatralmente a una silla vacía, descargar toda su furia verbal contra Hagler.
Sugar Ray decidió que sorprendería a Hagler atacándole. Si aquello hubiera salido bien, probablemente habría cambiado la historia del boxeo, pero resulta que, cuando faltaba menos de una semana para la pelea, Quincy Taylor, uno de los sparring de Sugar Ray, le golpeó tan duro que le hizo doblar las rodillas y éste cayo de culo sobre la lona. Todo el mundo creía que aquello sería una masacre. Hagler no era sólo más fuerte y más joven que Sugar Ray sino que, además, estaba realmente furioso. Entonces Angelo Dundee llegó a Las Vegas y cambió la tendencia: "Hagler era un buen diestro que se había vuelto zurdo. Lanzaba buenos directos pero para ello tenía que dar un paso hacia su contrincante. Pasito y directo, pasito y directo, pasito y directo. La clave era moverse continuamente para romper aquella dinámica".
Pasados los años, más de veinte, la sensación generalizada es que mientras Hagler trató de impresionar a Sugar Ray, éste intentó impresionar a los jueces. Charlie Brotman, uno de los asesores de Sugar Ray, reconoce que poco antes del combate le comentó lo siguiente: "No será vistoso, pero voy a ganarle". Y así fue. ¿O no? Parte del plan consistía en que Ray atacara como un vendaval al final de cada asalto porque los jueces se quedarían con esa imagen grabada en sus cabezas. Hagler atacaba, pero rara vez consiguió atrapar a Sugar Ray. En opinión de Ollie Dunlop, uno de los hombres de confianza de Sugar Ray y testigo presencial, junto al actor Michael J. Fox, de cómo se originó la historia de este combate, "hubo un momento en que los jueces dejaron de mirar la pelea y centraron definitivamente su vista en Sugar Ray".
Lo demás está en los libros de historia. El juez Lou Filippo expresó su valoración de 115-113 a favor de Hagler; David Moretti leyó idéntica valoración pero justo al revés. El juez mejicano Jo Jo Guerra leyó su trajeta: 118-110 para Sugar Ray, dando a entender que Hagler sólo había ganado dos asaltos. Marvin Hagler lo tiene claro: "Sugar Ray sabe lo que me dijo cuando acabó la pelea. Me dijo que yo había ganado, pero cuando levantó los brazos cambió su versión". Sugar Ray, sin embargo, desmiente a Hagler: "Sigue diciendo que yo le comenté que me había ganado. ¡Fanfarronadas! Incluso en el caso de que lo hubiera pensado, nunca lo habría dicho. Los boxeadores no nos decimos esas cosas. Sólo le dije que era un campeón, nada más". La investigación de Boxing Monthly no dio sus frutos. "¿Que quién ganó al final? – se pregunta Marvin Maravilloso Hagler riéndose a carcajadas – Nadie ha logrado machacar a Marvin Hagler, nadie, nunca, jamás."
30 de Julio de 2007 - 19:02:41 - Juan Manuel Rodríguez
Aunque, si la memoria no me falla, la tradición indica que lo más correcto suele ser que los obsequios vayan dirigidos a los novios y no al revés, al regreso de su luna de miel por la ciudad de Nueva York, mi buen amigo Lartaun me dijo lo siguiente: "Juanma, te he traido un regalito de Estados Unidos". Hemos hablado tanto de deporte, y significadamente de boxeo, que probablemente no pudo resistirse a la tentación de comprarme la revista Boxing Monthly en cuanto la vio, calentita y recién salida de la imprenta, expuesta en uno de los innumerables kioscos de la Gran Manzana.
En la portada se ve a Sugar Ray Leonard, de frente y con calzón blanco, y al maravilloso Marvin Hagler, de espaldas –¡y qué espaldas, dan miedo!– y con calzón oscuro, en una extraordinaria fotografía realizada en el transcurso de la polémica pelea que ambos púgiles protagonizaron hace ya más de veinte años, en concreto el día 6 de abril del año 1987, en el mítico hotel Casino Caesar Palace de Las Vegas. El objetivo de la "investigación" no es otro que el de dilucidar quién fue el auténtico vencedor de aquel combate, y queda meridianamente claro desde el principio que los editores de Boxing Monthly han convertido el reportaje de aquella pelea en el plato fuerte de su número del mes de mayo, el que yo tengo el privilegio de ojear ahora mismo entre mis manos.
Sugar Ray, que llevaba cinco largos años retirado de los cuadriláteros, confiesa que fue precisamente durante la pelea entre Hagler y John Mugabi, a la que él asistía como privilegiado espectador, cuando cayó en la cuenta de que él podría vencer al campeón del mundo. Finalizado el combate, llamó por teléfono a su representante, Mike Trainer, y éste, nada más conocer sus intenciones, le preguntó cuántas cervezas se había tomado: "Unas cuantas, pero aún así siento que puedo vencer a Hagler". Entonces se iniciaron varios meses de largas negociaciones en las que se discutieron hasta los más mínimos detalles. Aquel combate supondría la retirada definitiva de Sugar Ray, y a la postre también la de Marvin Hagler quien, para evitar que alguien pensara que tenía miedo de Leonard, quedó atrapado en la elaboradísima red de exigencias de su rival, desde el tamaño de los guantes, hasta el número de asaltos, (de 15 a 12) pasando por las dimensiones del cuadrilátero (20 pies más grande). Hagler, que admite que aún continúa sin poder ver la pelea y que ya lleva tres televisiones arrojadas por la ventana de su casa, pensó que tumbando a Leonard pondría el mejor colofón posible a su carrera deportiva. Se equivocó.
29 de Julio de 2007 - 19:17:26 - Juan Manuel Rodríguez
Doce años después, a falta de que otorguen al fin el maillot amarillo del Tour del año pasado a su auténtico dueño, que no es otro que Oscar Pereiro, volvió a sonar el himno nacional español en París. El jovencísimo (tan sólo veinticuatro años) ciclista madrileño Alberto Contador es un ganador con todas las de la ley. Lo pienso yo y a buen seguro que lo suscribirán la gran mayoría de aficionados españoles, pero sin embargo esas mismas palabras –"es un ganador con todas las de la ley"– he tardado demasiado tiempo en oírselas decir con tanta rotundidad al secretario de lo que nos queda de Estado para lo que nos queda de Deporte. Jaime Lissavetzky, que está puesto ahí sólo para eso, pero ha esperado casi al último kilómetro de los Campos Elíseos para aclarar que hasta Contador no llega el chapapote de la Operación Puerto.
Contador, eso sí, se ha impuesto en un Tour rarísimo, desagradable por momentos, y con un montón de incidencias extradeportivas, no siendo la menor de ellas que los organizadores de la carrera presionaran tanto al equipo del líder que al final éste no tuviera más remedio que dejar colgado de la percha su maillot amarillo. Rasmussen va diciendo por ahí que le han robado el Tour, pero lo que tendría que hacer el danés es preguntarle a su federación por qué le eliminó del Mundial y de los Juegos de una sola tacada. El eco de las denuncias de Rasmussen se irá difuminando poco a poco. Es cierto que su carrera deportiva está herida de muerte, pero el único culpable de que la situación haya degenerado tanto es él.
Hace tres años, Alberto Contador estaba en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid. En el transcurso de la primera etapa de la Vuelta a Asturias se cayó y se trabó la lengua. Posteriormente, las pruebas demostraron que tenía un cavernoma en el cerebro. Tras ser sometido por los médicos a una delicadísima intervención quirúrgica, Alberto, que en ese momento no sabía si podría volver a competir al máximo nivel, le dijo a su madre eso de que "querer es poder". Quiso y pudo. Contador no es sólo el futuro del Tour, como aseguró su director deportivo cuando el ciclista no contaba para nadie en las quinielas, sino su presente más rabioso. Su forma de afrontar las carreras, siempre atacando, dando lo mejor de sí mismo y con un estilo muy espectacular y que recuerda mucho al de Perico Delgado, puede salvar al ciclismo de su lenta agonía. Una cara nueva y feliz, un chaval definitivamente limpio, alguien del que no se puede dudar, un campeón con todas las de la ley. Ya pueden estar orgullosos en Pinto y en el Real Veloclub Portillo porque de allí salió un vencedor del Tour de Francia.
27 de Julio de 2007 - 13:56:35 - Juan Manuel Rodríguez
Ya he dicho antes que el negocio del fútbol es tan sui géneris que cuando un futbolista pierde, gana, y cuando gana, gana más todavía. Y cuando un club se topa con un jeta, un fresco, lo que se conoce vulgarmente en el foro como un morro, resulta que se encuentra absolutamente indefenso. El jugador rompe el contrato cuando le viene en gana o, en el caso de que el club no quiera rescindírselo, presiona de mil formas distintas para que le echen y así poder firmar por otro equipo. O manda por delante al representante. Pero cuando el club, bien porque el jugador en cuestión no ha rendido lo que de él se esperaba o simplemente porque no encaje en los planes de un nuevo entrenador, quiere deshacerse del futbolista, éste exige hasta el último euro, la última prima, el último billete gratis de avión. Hubo quien, incluso, llegó a demandar a su club por mobbing después de que le quitaran la plaza de garaje. Demasié.
Si existe un ejemplo de inversión ruinosa para el Real Madrid Club de Fútbol a lo largo de sus ciento cinco años de historia, este es sin lugar a dudas el de Antonio Cassano, alias Talentino. No recuerdo un futbolista más indolente, menos implicado, más dejado, menos esforzado o que bostece más, trabaje menos y coma más panchitos, que el susodicho Cassano. Cómo será la cosa que Bernd Schuster, que acaba de llegar al club, ha decidido no llevárselo a la concentración de Austria. Este auténtico vendemotos, vicepresidente y fundador de la Quinta del Donut que dirigía Ronaldo, lleva los últimos dieciocho meses tocándose ese pie tan prodigioso que su representante dice que tiene escondido no se sabe bien por dónde. Lo más gracioso del caso es que, según parece, Cassano medita ahora la posibilidad de demandar al club blanco por supuesto acoso laboral.
El Madrid perdió una ocasión pintiparada para deshacerse del paquete sospechoso el mismo día que éste llamó sinvergüenza a Fabio Capello, pero el Real fue entonces con el lirio en la mano y consintió que Cassano regresase al equipo después de haber escrito cien veces en la pizarra "No se llama sinvergüenza al jefe". Y ahora resulta que este individuo, un tío que cobra más de cinco millones de euros por temporada, un deportista profesional que llegó a pesar 90 kilos cuando mide 1 metro y 75 centímetros, el mayor experto mundial en nueces, anacardos, castañas, ciruelas pasas, higos secos, almendras, pistachos y orejones, el Talentino de los frutos secos, quiere denunciar al Real Madrid por mobbing, cuando el mobbing se lo ha hecho él al club, los aficionados, sus compañeros y el entrenador. A picar a las minas de Riotinto llevaba yo al tal Cassano. Bostece menos, caballero, y trabaje más.
26 de Julio de 2007 - 15:31:45 - Juan Manuel Rodríguez
Decíamos ayer... De verdad que me gustaría poder creer que el Rabobank decidió expulsar ayer a Rasmussen, su maillot amarillo, después de que éste certificara su victoria en París tras imponerse en la etapa reina del Aubisque, y que lo hizo sólo porque el veterano ciclista les dijo que estaba de vacaciones con su mujer en México cuando en realidad se encontraba de incógnito en Italia, en la zona de los Dolomitas, muy cerquita del despacho del doctor Ferrari. Según eso, la mentira de Rasmussen habría conducido directamente a la sospecha del patrocinador del equipo y éste, tras una conversación con el manager, Theo De Rooy, habría exigido el abandono del nuevo ganador de la ronda gala. Me gustaría creer que eso fue así, pero, muerta y enterrada la inocencia, no puedo. No me creo nada, así de simple.
Me inclino por pensar que la organización del Tour, y en concreto su director Christian Prudhomme, se la tenía jurada a Rasmussen, y por extensión a todo el equipo Rabobank y me atrevería a decir incluso que a media Dinamarca, desde el preciso instante en que la Federación danesa, que conocía desde finales de junio que su ciclista se había saltado cuatro controles sin ofrecer ninguna explicación coherente, esperó hasta que ya hubiera empezado la carrera para dejar caer la bomba de que Michael no iba a ser convocado para los Campeonatos del Mundo de Stuttgart y los Juegos Olímpicos de Pekín. Por si fuera poco, Jesper Worre, en tono muy solemne, hizo el anuncio a través de la televisión pública de su país. Imagino que el tema no habría ido a mayores si, en lugar de ir primero, Rasmussen no hubiera pasado del puesto cincuenta de la clasificación general, pero es que encima al danés, que tiene 33 años y que hasta la fecha sólo había ganado algunas etapas sueltas en la Vuelta al País Vasco y la Dauphiné Libéré, le dio por reeditar los sorprendentes éxitos obtenidos por su compatriota Bjarne Riis en 1996.
Así que Prudhomme, ovacionado por los aficionados en la salida de la etapa de ayer, se hizo a sí mismo la gran pregunta: "¿vamos a consentir que alguien que ha sido excluido por su propia federación del Mundial y de los Juegos llegue a París enfundado en el maillot amarillo?". Y su respuesta fue que no, que no lo iban a consentir. Por detrás del sospechoso Rasmussen iba un chaval de 24 años, una cara nueva, alguien de cuyo comportamiento nadie podría dudar. Para el Tour era una cuestión de honor presionar a Rabobank hasta que éste dijera basta. Y lo dijo, dijo basta. Y anoche le pidió a Rasmussen que abandonara la carrera. Imagino que el positivo de Vinokourov y sus delirantes declaraciones posteriores fueron la gota que colmó el vaso de la paciencia del Tour.
De forma que no fue la sospecha del Rabobank la que dejó sin maillot amarillo a Rasmussen sino la de los organizadores del Tour. En realidad, si se dan cuenta, al Tour sólo le queda eso, preservar la decencia que aún tenga una prenda que se ha convertido en uno de los símbolos del deporte mundial. Hoy Alberto Contador saldrá sin su maillot amarillo y, un año después, Oscar Pereiro continuará esperando a que le entreguen el suyo después de que Floyd Landis diera positivo, según él, por tomar una cerveza y un whisky la noche anterior. Prudhomme dejará que Rabobank se lleve la gloria pública, y él, a cambio, conservará un trocito de la dignidad del maillot amarillo, impidiendo que encima un tramposo dé la vuelta de honor a los Campos Elíseos.25 de Julio de 2007 - 16:41:50 - Juan Manuel Rodríguez
En el ciclismo abundan los casos de dopaje y sobran las hipótesis. Todo el mundo tiene una hipótesis. Alexandre Vinokourov, sin ir más lejos, tiene la suya propia, su particular hipótesis sobre por qué dio positivo en el control que le hicieron tras la contrarreloj de Albi. La hipótesis de Vinokourov, por cierto, me recuerda un montón a las hipótesis que los asesinos le daban siempre a Colombo; hipótesis que, independientemente del episodio que se tratara, se iban enredando más y más a medida que el detective, que era un auténtico tormento, iba cercándoles.
La hipótesis de Vinokourov consiste en que la caída que sufrió el otro día desequilibró su organismo y un coágulo de sangre pudo convertir en positivo el análisis. Stephen King ya tiene una idea para su próximo libro. Podría titularlo "Coágulos": la historia de unos coágulos llegados desde un misterioso planeta que invaden la tierra con la misión de apropiarse de los organismos del pelotón ciclista. Porque Vinokourov, naturalmente, nunca, jamás a lo largo de toda su vida se ha dopado ni ha pensado siquiera en hacerlo. O sea, absolutamente como todos a excepción de Bjarne Riis quien confesó su delito porque habían transcurrido mil años desde que hizo trampas y ya le importaba una higa lo que dijeran de él y los títulos que pudieran quitarle. Hay que reconocer que el kazajo tiene una imaginación portentosa y, por cierto, un sentido del humor excepcional: "He escuchado en la radio que me había inyectado sangre de mi padre. Es absurdo, puedo decir que con su sangre habría dado positivo por vodka". A eso le llamo yo lealtad filial, sí señor.
Pero, absurdas hipótesis al margen, lo cierto y verdad es que el ciclismo agoniza lenta e inexorablemente, y que la cura para el mal que adolece no vendrá desde luego de la infantil sentada de seis equipos franceses y dos alemanes en la salida de la decimosexta etapa del Tour. Muerta y enterrada la inocencia, la solución al problema del ciclismo tendrá que venir de los propios ciclistas –de su rebelión íntima y personal cuando llegue el momento en que les ofrezcan pincharse, de la espartana defensa de su dignidad de seres humanos– o simplemente no vendrá. La hipótesis de Floyd Landis tras su positivo del año pasado por altos niveles de testosterona consistió en decir que había consumido whisky y cerveza la noche anterior. Más hipótesis. Y más ideas gratis para Stephen King.24 de Julio de 2007 - 16:00:34 - Juan Manuel Rodríguez
Dice Norman Mailer que jamás pensó que añoraría a Richard Nixon. Cuando han pasado más de treinta años desde de su presidencia y trece desde su fallecimiento, Mailer, eterno candidato al premio Nobel de Literatura y hombre de lengua y pluma afiladísimas, echa de menos al trigesimoséptimo presidente de los Estados Unidos de América, un político del que lleva renegando con inusitada dureza las tres últimas décadas. Conociendo cómo se las gasta Mailer, ácido hasta cuando duerme, es posible que su añoranza hacia la figura de Nixon sólo sea fingida y se limite a encubrir otra crítica aún mayor a sus sucesores en el cargo. Pero la frase del genial autor de La canción del verdugo –"nunca creí que añoraríamos a Nixon"– me ha hecho reflexionar acerca del efecto que el transcurrir del tiempo pueda ejercer sobre las opiniones que tengamos sobre los demás en algún momento de nuestras vidas.
Me viene a la cabeza, por ejemplo, el caso del entrenador italiano Fabio Capello, mi Richard Nixon particular. ¿Variará mi opinión acerca del trabajo de Capello en el Real Madrid cuando hayan pasado, pongamos por caso, diez años? ¿Llegaré a añorar a Capello? Ha pasado una década desde la obtención de su primera Liga y, transcurrido ese tiempo, sigo pensando más o menos lo mismo: Capello es un auténtico y verdadero amarrategui; juega con un balón porque la FIFA le impide eliminarlo. Aunque, bien mirado, cuando Florentino Pérez contrató al elegantísimo y educadísimo Carlos Queiroz, el hombre que mejor se hacía el nudo Windsor en la corbata, podría haber dicho eso de "nunca creí que añoraríamos a Fabio Capello".
Desde la paradisíaca (supongo) isla de Pantelleria en la que descansa tras un año realmente agotador, Capello ha asegurado que el público quería que siguiera y que "los sondeos revelaban que el 70% de los aficionados del Madrid querían mi permanencia". Pero todo el mundo sabe que los sondeos los carga el diablo. Por ejemplo, ¿alguien recuerda cuando se les preguntaba a los socios madridistas por José Antonio Camacho? Camacho, simplemente, arrasaba en las encuestas. Y luego pasó lo que pasó, y Camacho, que arrasaba en los sondeos, dejó tirado por segunda vez al Real Madrid y puso a sus jugadores a los pies de los caballos. No sé si llegará el día en que diga que nunca creí que añoraría a Capello. Mientras tanto, Fabio, relájate, disfruta del detallito millonario que tuvo contigo el club y observa, en silencio si ello fuera posible, cómo trata el balón el nuevo Madrid de Schuster. Y si, por esas cosas que tiene jugar bien al fútbol, el Real ganara la décima Champions, por favor no te apuntes el tanto como hiciste con la séptima de Jupp Heynckes. Aquel detalle fue feo, muy feo.
23 de Julio de 2007 - 15:41:12 - Juan Manuel Rodríguez
Parece que, tras la disputa del apasionante Gran Premio de Europa y la gran victoria de Fernando Alonso en Nürburgring, surgen dos nuevos temas para la polémica. En esta ocasión no han sido los neumáticos, ni la increíble habilidad de Lewis Hamilton, alias "el clon", para copiar todos y cada uno de los movimientos del campeón mundial, ni tampoco la aparición del safety car, ni la conspiración de los mecánicos, ni la doble vara de medir de la FIA sino la irrupción de una grúa (dicen que salvadora para el inglés) y la posterior maniobra de Felipe Massa. Esta última generó una agria polémica al final de la carrera –discusión que ya ha dado varias veces la vuelta al mundo– tras la cual el piloto brasileño de Ferrari mandó "a cagar" –así, textualmente, "a cagar"– a Alonso.
Oigo a Joan Villadelprat dando su opinión acerca de estos dos asuntos en Radio Nacional de España. El currículum de Villadelprat es de los que quitan el hipo: treinta años en la Fórmula Uno, jefe de mecánicos de Ferrari, Mc Laren y Benetton, corresponsable de las victorias en cinco campeonatos del mundo de pilotos (dos de Schumacher, otros dos de Prost y uno de Lauda) y de otros tres campeonatos del mundo de constructores. Algo sabrá, digo yo, Villadelprat de la famosa telemetría que inquieta tanto al personal. Como decía, oigo a este oráculo, este profesor de la Fórmula Uno, este auténtico doctor del automovilismo mundial, dando su experta (creo que sobre eso no cabrán dudas) opinión acerca del tema de la grúa y la maniobra de Massa.
Sobre lo primero, la polémica (cuando se desconoce el reglamento) irrupción de la grúa que ayuda a Lewis Hamilton, el clon, a volver al circuito, Villadelprat se muestra tajante y no deja lugar a la duda: es legal. "El reglamento indica claramente que siempre y cuando el motor esté en marcha –dice este auténtico preceptor de la Fórmula Uno – el piloto puede recibir ayuda externa para regresar a la carrera. Otra cosa distinta habría sido que el motor del monoplaza de Hamilton estuviera apagado, pero él fue lo suficientemente hábil para mantenerlo encendido". En cuanto a la maniobra de Massa, la que originó que éste mandara "a cagar" a nuestro campeón, Villadelprat añade: "A mí tampoco me gustó lo que hizo Felipe, pero esto es la Fórmula Uno. La reacción de Alonso me pareció exagerada".
Alonso estuvo sencillamente soberbio en Alemania. Hay quien dice, incluso, que su forma de pilotar recordó mucho a la del mítico Ayrton Senna. El motivo por el cual yo no podré considerarle nunca un gran campeón –opinión compartida, por cierto, por Bernie Ecclestone, entre otros– es su carácter. Ya llora incluso cuando gana. Ayer, tras perder dramáticamente el Open Británico de golf en el último hoyo, Sergio García salió del campo como un campeón. En el Tour, después de haber sido traicionado por Rasmussen en plena carrera, Alberto Contador supo sobreponerse y salió como un campeón. Lo mismo que Pedrosa. Igual que Nadal. Alonso, que es el mejor, ganó y volvió a montarla. A Joan Villadelprat le pareció exagerada su reacción. No seré yo quien quite una sola coma de lo dicho por este experto mundial.
22 de Julio de 2007 - 19:36:29 - Juan Manuel Rodríguez
Acaba de estrenarse en los cines de España el documental Once in a lifetime: the extraordinary story of the New York Cosmos, (Una vez en la vida: la increíble historia de los New York Cosmos) dirigido por John Dower y Paul Crowder. El estreno del film, coincidente en el tiempo con el debut de David Beckham con Los Ángeles Galaxy, no puede resultar más oportuno (o sea, más rentable) para los exhibidores. La lesión de tobillo que viene arrastrando desde hace tiempo no le dejó al inglés pasear el palmito por el césped del Home Depot Center más allá de quince minutos, aunque ese cuartito de hora arrastró hasta allí a gente que, como Jennifer Love Hewitt o John Hurt, jamás habían ido anteriormente a un campo de fútbol para presenciar un partido en directo. Todo muy americano.
El debut de Beckham, decía, hará más rentable la exhibición del documental en España porque tengo la impresión de que estuviéramos asistiendo a dos partes de la misma película: la primera, la que ya está grabada, en la que se nos narra la importancia de dos hombres (el futbolista Pelé y Steve Ross, presidente de la Warner en los años setenta) en el auge del Cosmos y la posterior creación de la Liga Estadounidense de Fútbol, la NASL; y la segunda, que podemos vivir ahora mismo en vivo y en directo, con el desembarco de los Beckham –porque la pija también ha desembarcado, vaya que si ha desembarcado– y lo que la presencia del matrimonio más famoso del planeta puede suponer para el fútbol norteamericano. Sinceramente pienso que la estancia de Beckham en Estados Unidos es un auténtico desperdicio deportivo, un derroche del que no puede acusarse sólo al Real Madrid, que le dejó marchar, sino al propio futbolista, que se quiso ir. O, por mejor decir, a Victoria, que acabó arrastrando a su marido a un lugar que no le oliera tanto a ajo.
Me aseguran que en Una vez en la vida veremos colaborar más bien poco a Pelé. El brasileño, que vive desde hace más de tres décadas de ser él mismo, pidió –¡cómo no!– más dinero por participar en el film. Aún así, Pelé es uno de los indudables héroes de la película, por la que van desfilando además jugadores míticos como Johan Cruyff, Giorgio Chinaglia, Carlos Alberto y Franz Beckenbauer, entre otros. "Goles, codicia y mujeres" es, por cierto, la frase que acompaña al documental. Beckham arrastró hasta el campo a Katie Holmes, Ray Winstone, Tony Parker, Eva Longoria, Kevin Garnett y el mismísimo Arnold Schwarzenegger. Goles, codicia, mujeres y glamour, mucho glamour. Demasiado ruido para tan pocas nueces. Y es que, transcurridos treinta años desde la creación de aquel increíble Cosmos del rey Pelé, yo creo que a los estadounidenses sigue sin interesarles demasiado el juego y sólo compran de vez en cuando algún europeo para que les haga unas cuantas monerías.
20 de Julio de 2007 - 15:41:24 - Juan Manuel Rodríguez
Hay que ver lo preocupado que está Ramón Calderón con llevarse bien con el Fútbol Club Barcelona. Con que hubiera estado sólo la mitad de preocupado a la hora de cumplir sus promesas electorales –ya saben, lo de Kaká, Cesc y Robben– seguro que los tres estarían vestidos de blanco desde hace meses. Pero no. A Calderón le preocupa sobre todas las cosas no pisarle ningún callo a Joan Laporta, a quien suele pedir perdón por anticipado. Ayer, tras la información del diario Marca acerca de que el Madrid estaba dispuesto a pagar los sesenta millones de euros que vale Iniesta, el club se apresuró a emitir uno de sus famosos comunicados oficiales. Y el final del mismo no tiene desperdicio: "la junta directiva reitera, además, su voluntad de seguir manteniendo las excelentes relaciones existentes entre ambos clubes, anteponiéndolas a cualquier otro interés o circunstancia". No vaya a ser, añado yo, que se enfade el coco culé.
¿"Anteponiéndolas a cualquier otro interés o circunstancia"? ¿Se imaginan que Santiago Bernabéu hubiera antepuesto sus excelentes relaciones con el Barcelona al fichaje de Alfredo di Stéfano? Puede que hoy fuera el club catalán y no el Real quien tuviera las nueve Copas de Europa en sus vitrinas. Seguro que a Florentino Pérez, por aquel entonces candidato a la presidencia del Real Madrid, le habría supuesto una mayor tranquilidad personal e incluso profesional el hecho de no fijarse como objetivo la contratación del portugués Luis Figo, (¡ni más ni menos que Figo!) y quitárselo al Barça, pero imagino que Pérez pensaría que el interés deportivo de su club estaba por encima de cualquier otro "interés o circunstancia" y, desde luego, muy por encima del juramento de venganza eterna que realizó tan teatralmente su amigo Joan Gaspart.
La pregunta que debe hacerse cualquier presidente del Real Madrid que se precie no es "¿Cómo le sentará al Barcelona que le quite a este jugador?" sino "¿Nos interesa este jugador?" ¿Le interesaría Iniesta al Real Madrid? Hoy mismo, Bernd Schuster reconocía que espera a Robben, Drenthe... y a un organizador. Si, según la experta opinión de su entrenador, el Madrid necesita un organizador, ¿qué mejor que fijarse en Iniesta? Cesc vuelve a ser imposible y Xavi parece más arraigado en el Barça. En España, tal y como yo lo veo, sólo quedaría Iván de la Peña. La de Lo Pelat nunca me pareció una mala opción, pero ya sería trágico que el Real renunciara a un fichaje por miedo al coco culé. La obligación del Madrid es llevarse mal con el Barcelona, y al revés. Así ha sido históricamente, así sigue siendo y así será en el futuro. Ambos clubes quieren exactamente lo mismo, pero sólo hay sitio para uno en la primera posición. Lo peligroso es que, después de todo lo que ha llovido, sea precisamente el presidente del club quien no lo tenga claro.
19 de Julio de 2007 - 16:17:20 - Juan Manuel Rodríguez
Patrick Sinkewitz, corredor del T-Mobile, dio positivo por testosterona en un control realizado el 8 de junio por la propia federación de su país. Hasta ahí todo normal. Para desgracia del ciclismo, la anormalidad del doping, el escándalo de las detenciones, los vampiros borrachos de eritropoyetina y las delaciones entre los propios corredores se ha convertido en una moneda de curso legal en el seno del pelotón ciclista internacional. Una noche nos acostamos pendientes de las gestas de los esforzados de la ruta y a la mañana siguiente nos despertamos sobresaltados por la sirena del furgón policial. Y en esas estamos.
Lo novedoso del caso Sinkewitz es que, tras su positivo, ZDF y ARD, las dos cadenas de televisión alemanas que transmitían hasta ahora el Tour, han decidido dejar de ofrecer la ronda gala a sus televidentes hasta que no se conozcan los resultados del contraanálisis. Hartos de tanta sinvergonzonería, los canales públicos de televisión optan por dejar de colaborar indirectamente con el circo de mentiras en que se ha convertido uno de los deportes más bellos que existen. Muerto el perro, habrán pensado, se acabó la rabia. O, por lo menos, impedirán que la rabia sea vista en vivo y en directo con cargo al erario público. Al final pagarán justos por pecadores, como siempre.
Por supuesto que es original la iniciativa puesta en marcha por las principales teles alemanas de negarse a transmitir la mentira. Si ZDF y ARD acabaran exportando algún día su apagón a España, no podríamos seguir ni una sola de las comparecencias que ofreciera el actual presidente del Real Madrid en sus viajes por todo el mundo. Ramón Calderón empeñó su palabra en que ficharía a Kaká, Cesc y Robben, y sólo el último de ellos, y más de un año después, podría acabar vistiendo la camiseta del Real. Si se fijan bien, Arjen representaría sólo una tercera parte de verdad, quedarían aún dos tercios de mentira. Y yendo un poquito más allá, a TVE se le plantearía un auténtico dilema con los partidos de la selección de fútbol. Si recuerdan, Luis Aragonés juró que se iría de su puesto si España no alcanzaba las semifinales del Mundial. Ahí sigue Luis, avalando con su presencia que la mentira sale gratis. A lo mejor, sin él saberlo y probablemente muy a su pesar, el pobre Sinkewitz acaba de destapar la revolución de la verdad tras la mentira de la EPO. Quién sabe.
18 de Julio de 2007 - 15:24:31 - Juan Manuel Rodríguez
Pueden llamarme chovinista si ustedes quieren pero, para mí, al Tour de Francia le dieron el pistoletazo de salida ayer por la tarde, así de claro. Patrice Clerc, que es el presidente de ASO, la empresa organizadora de la carrera, podrá decir misa cantada si le place, pero está claro que el Tour no empezó el 7 de julio en Londres como van contando por ahí los maledicientes sino diez días después, el 17 en Briançon, la etapa reina de los Alpes. Porque, para mí, las competiciones deportivas no empiezan hasta que no calientan los españoles. Con Induráin era distinto. El navarro nació más caliente que el cenicero de un bingo y, como lo ganaba todo desde el primer día, el Tour empezaba a su hora y terminaba tal y como estaba previsto, en les Champs-Élysées, con Miguelón vestido otra vez de amarillo, acurrucando de nuevo al león de peluche y con el ministro o la ministra del ramo haciendo pie en el podio para salir a su lado en la foto.
Pongamos por caso el Mundial de motociclismo. Si usted, amable lector, se tomara ahora mismo la molestia de verificar el calendario de eso que, para resumir y de forma coloquial, solemos conocer como "las motos" ("¿han empezado las motos?"... "¿cómo han quedado las motos?"... "¿cómo van las motos?"), se daría cuenta de que el campeonato de GP, los 500 centímetros cúbicos de toda la vida, arrancó, nunca mejor dicho, el 10 de marzo. Pues no señor, está mal el calendario. Para mí, el Mundial de MotoGP empezó el 15 de julio en Alemania, cuando el niño Pedrosa ganó la carrera de Sachsenring. Dani es uno de esos rarísimos héroes modernos que suelen desafiar todas las leyes de la física que surgen a su paso. Uno de los grandes misterios de la humanidad reside en saber cómo un chiquirritín de ciento cincuenta y ocho centímetros de altura y 51 kilos de peso puede galopar un caballo de acero que pesa al menos tres veces más que él.
Llámenme chovinista si ustedes quieren que yo, humildemente, lo aceptaré de buen grado. Pero para mí, el Tour de Francia empezó ayer, cuando el sol tostaba en el col más importante. Empezó con Valverde. Con Contador. Con Mayo. Con Sastre. Con Astarloza. El Tour de verdad empezó en el Télégraphe y luego subió hasta el mítico Galibier. Comenzó en los Alpes y concluirá, por cierto, el día en que los organizadores decidan de una vez por todas que ya va siendo hora de darle a Oscar Pereiro lo que es suyo, lo que ganó en buena lid, imponiéndose en la carretera a un tramposo con nombre de grupo inglés de música rock y apellido de director de Desmadre a la americana. Porque para auténtico desmadre, pero a la francesa, el hecho de que, más de trescientos días después, Oscar siga sin tener colgado del salón de su casa en Mos, provincia de Pontevedra, el maillot amarillo que hace poco tuvieron que arrancarle del garaje a Bjarne Riis, el hombre que ganó a Induráin, tras confesar que se dopó durante más de cinco años.
17 de Julio de 2007 - 16:30:35 - Juan Manuel Rodríguez
Decía Groucho Marx que no era la política la que creaba extraños compañeros de cama, sino el matrimonio. Y, aunque no lo dijera Groucho, habría que añadir también al fútbol. Vean, si no, la fotografía que se han hecho esta mañana Ángel Torres y Michael Laudrup. El danés fue siempre la elegancia personificada dentro y fuera del terreno de juego, un futbolista modélico, un gentleman. No me habría extrañado nada que hoy hubiera aparecido vestido con esmoquin en la sala de prensa. Laudrup es un caballero, la imagen perfecta para una campaña publicitaria de Christian Dior o para Valentino, ahora que el modisto cumple cuarenta y cinco años en la alta costura. Laudrup no jugaba al fútbol, flotaba.
No existen testimonios orales, escritos o fotográficos de que el señor Michael Laudrup gritara nunca sobre un terreno de juego, ni dijera una palabra más alta que otra, ni fuera grosero, ni soez, ni se alterara jamás. En definitiva, le sobraba todo aquello que no fuera el simple y puro goce estético del juego del fútbol. Así, abstrayéndose, emergiendo sobre el campo, el bailarín danés impedía que nada ni nadie pudieran desviarle de lo que realmente le importaba, que no era otra cosa que la exactitud milimétrica de aquellos pases imposibles que daba mirando de soslayo al tendido 7.
No hay más que echarles un rápido vistazo al señor Laudrup y al otro para darse cuenta de que son dos extrañísimos compañeros de cama, la noche y el día, Jeckyll y Hyde, Ludwig van Beethoven y el Koala, el Conde de Montecristo y el Código Da Vinci. Ayer Nacho Villa tuvo la brillantísima idea de habilitar un número de teléfono para todos aquellos oyentes de la Cadena Cope que, ofendidos por el bodriospot del Demóstenes de Getafe, quisieran evidenciar su malestar. Han sido, y siguen siendo, muchas las personas que se han sentido heridas en lo más profundo de su corazón. Hay también quien opina, y es respetable, que no se puede denunciar la actitud impresentable y soez del presidente del Getafe y luego informar de la actualidad deportiva del equipo como si nada hubiera sucedido. Pero una cosa es el tal Torres y otra bien distinta el club, la ciudad y, por supuesto, sus socios y aficionados. En definitiva, el Getafe Club de Fútbol no tiene la culpa de estar presidido por este personaje, la antítesis del señor Laudrup.
16 de Julio de 2007 - 19:08:32 - Juan Manuel Rodríguez
En Beyond Center Court: My Story, Tracy Austin se refiere así al accidente de tráfico que supuso su traumática retirada del tenis: "Acepté enseguida que no podía hacer nada al respecto". Austin, rubia y con coletitas, fue la jugadora más joven en ganar el Abierto de los Estados Unidos, y la única que consiguió rivalizar en serio con Chris Evert y Martina Navratilova. En 1989, Austin iba de camino al Centro Nacional de Tenis de Flushing Meadows cuando de repente recibió el golpe de una furgoneta que le partió la pierna. Tracy, que se había convertido en un auténtico icono del deporte estadounidense, tuvo aquel día la peor suerte que yo creo que puede tener jamás un deportista profesional, y un accidente acabó para siempre con su brillante carrera deportiva.
Posiblemente fuera sincera cuando dijo aquello de que había aceptado al instante su mala suerte porque, casi veinte años después, Tracy Austin, una mujer ya cuarentona, se mantiene francamente bien, no han pasado los años por ella. Ya no tiene coletitas, pero conserva exactamente la misma sonrisa franca de aquella niña prodigio que jugaba maravillosamente bien al tenis. La imprudencia de un conductor de furgoneta decidió la retirada de Austin, y ella lo asumió. Así de simple. De lo contrario, es muy posible que hoy tuviéramos que ir a visitarla al psiquiátrico. En la carrera de un deportista profesional no hay nada sencillo, pero si algo debe ser realmente complicado es elegir el momento de la retirada. Ayer vi en la televisión a Pete Sampras, el mejor tenista de la historia. No es el mismo caso de Tracy Austin. Yo creo que Sampras está envejeciendo mal porque, en el fondo, lo que él querría es seguir jugando para siempre al tenis. Lo ganó casi todo, pero quería más, quería la perfección. ¿Qué retiene a Roger Federer si no es la ambición de seguir compitiendo y ganando?
Hoy ha anunciado su retirada Severiano Ballesteros. Nada más conocer la noticia, alguien me ha preguntado si Seve todavía seguía jugando al golf. Pues sí, seguía jugando. De hecho, en 1988 Balleteros ya había logrado ganar tres veces el Open Británico y dos el Masters de Estados Unidos. Si fuera por éxitos deportivos, Seve podría haber colgado perfectamente los palos hace veinte años, pero no lo hizo. La de la retirada ha sido, según sus propias palabras, la decisión más difícil que ha tenido que tomar en toda su vida. No sé por qué, pero, viéndole la cara, dudo que vaya a asimilar su propia decisión con tanta deportividad como Tracy Austin. Me parece que la cabeza le dice "déjalo" mientras que el corazón le grita que siga. Hoy ganó la cabeza, mañana...
14 de Julio de 2007 - 21:08:18 - Juan Manuel Rodríguez
Anda Fernando Torres estos días muy atareado tratando de ganarse a su nueva familia –a la otra, a la que iba entre un par de comillas, la dejó aquí colgada– adaptándose al clima del país, las costumbres y la comida inglesa, que es realmente dura. De ahí que haya concedido una extensísima entrevista al prestigioso diario The Times –a fe mía que no es un mal comienzo– en la que cuenta alguno de los entresijos de su fichaje por el Liverpool. Es la "entrevista de la iluminación", por así decirlo, ya que el niño reparó en que tenía que marcharse del Atlético de Madrid justo después de aquel bochornoso 0-6 del Barcelona. Tal y como él mismo desvela en la citada entrevista, ese día se dio cuenta de que debía soltar lastre (eso lo digo yo) y seguir adelante (eso lo dice él).
Me parece que aquel partido se jugó a mediados de mayo y creo que Torres fue presentado a primeros de julio como nuevo jugador red, de forma que queda demostrado que fue el futbolista, y no el club como ha querido hacer creer a todos los aficionados colchoneros el entorno profesional y mediático del niño, quien decidió un mes y medio antes que se quería largar con viento fresco. Que conste que me alegro un montón por Torres ya que, según cuentan sus agradaores, está feliz como una perdiz y ya ha olvidado la tortura que supuso para él pertenecer a la primera plantilla del Atlético de Madrid, el tercer grande de España, cobrando cerca de seis millones de euros al año. Es fácil imaginar lo malísimamente mal que ha debido pasarlo Torres en España, siempre siendo el buque insignia, siempre tirando de un equipo que le ingresaba mil millones de pesetas a cambio de casi nada.
Torres iba paseando a sus bulldogs (eso lo dice él) reflexionando sobre la dura vida del jugador-franquicia (esto lo digo yo) y entonces recibió una llamada desde un número desconocido. Era Rafa Benítez, que estaba de vacaciones y ya reestructuraba el equipo. "Estaba sorprendido, pero no me di cuenta de la dimensión de lo que había escuchado hasta que colgamos. Luego pensé: ¡guau!, un club que puede conseguir a quien quiera en el mundo me ha llamado a mí, me quieren". Esta otra confesión del delantero ratifica lo que, probablemente en un descuido, nos confesó uno de los representantes de Torres en El Tirachinas, desmontando así aquella otra fantasía mañanera de que media Premier y media Liga italiana habían llamado a las puertas del estadio Vicente Calderón para llevarse al jugador. La del Liverpool fue la primera oferta en serio. Torres estaba deseando irse –"¡guau!"– y se fue.
Otra cosa bien distinta es la situación del Atlético de Madrid. Está claro que sus actuales gestores, que son los mismos desde hace veinte años, no lo están haciendo bien. Y salta a la vista que al club le vendría de maravilla un cambio radical. De ahí a tratar de echarles a Cerezo y los Gil la culpa del adiós de Torres media un enorme abismo. Torres, por muchas cortinas de humo que quieran extender a nuestro paso los "Lewinsky", se fue porque quiso irse. Por supuesto que había algo por encima de los sentimientos, y ese "algo" no era otra cosa que un club ganador, con un proyecto consolidado y un entrenador serio. ¿Y la familia? La familia bien, gracias.
13 de Julio de 2007 - 17:25:26 - Juan Manuel Rodríguez
Empiezo a pensar que la polémica surgida alrededor del fichaje de Kléper Laveran Lima de Ferreira, a quien llaman Pepe sólo para ahorrar saliva y algún disgusto a los narradores, tiene más que ver con su apodo que con los treinta millonazos que el Real Madrid acaba de pagarle al Oporto por él. Soy de los que creen que los futbolistas valen más cuanto más arriba juegan, pero no podremos saber si el famoso Pepe fue caro o resultó barato hasta que hayan transcurrido al menos los cinco años del contrato que acaba de firmar. ¿Cuánto vale un jugador? Pues, aunque a alguien pueda parecerle de Perogrullo, un jugador vale exactamente lo que pagan por él.
Pongamos por caso a Gaizca Mendieta. En 2001, después de protagonizar una temporada bárbara con el Valencia, el Lazio pagó cerca de cuarenta y dos millones de euros por Mendieta. No recuerdo que entonces se montara ningún escándalo a propósito del dinero abonado por los italianos. En aquel instante Mendieta era el oscuro objeto de deseo de todos los clubes potentes del fútbol europeo. ¿Resultó un fichaje caro el de Mendieta? Vayan y pregunten en Roma.
El Betis pagó treinta y un millones de euros por Denilson. No oí a nadie decir entonces que Lopera estuviera inflando el mercado, más bien todo lo contrario. Lopera, el más listo entre los listos, había contratado al nuevo Pelé, la nueva perla do Brasil, adelantándose además a todos los grandes del fútbol mundial. ¿Y qué me dicen de Nicolás Anelka? El Madrid pagó por él cerca de treinta y cuatro millones de euros, el fichaje más caro de la historia del club hasta ese momento. ¿Fue caro Anelka? Yo diría que sí, visto el nulo rendimiento que ofreció. En 2002, por cierto, el Leeds traspasó a Rio Ferdinand, otro defensa, al Manchester United por cuarenta y un millones de euros. ¿Caro o barato? Transcurridos cinco años desde aquel fichaje, nadie se sorprendería si dijéramos que Ferdinand fue un jugador carísimo.
¿Infló el mercado Florentino Pérez cuando pagó en 2001 setenta y seis millones de euros por Zinedine Zidane? Zizou continúa siendo el futbolista por el cual se ha pagado más dinero, pero, seis años después de su espectacular fichaje, no creo que nadie se atreviera a decir que resultó caro. Joan Laporta dice que el Madrid está inflando el mercado porque acaba de pagar treinta millones por un tío que se llama Pepe, pero el Barça abonó veinticuatro por Henry y acaba de pagarle veinte al Zaragoza por Milito, un futbolista que estuvo a punto de jugar en el Santiago Bernabéu por seis. Puede que el pecado no esté tanto en los treinta millones que se han pagado por un defensa central, circunstancia que no resulta novedosa, sino en el hecho de que al jugador en cuestión le conozcan como Pepe. Pues que le llamen José.
12 de Julio de 2007 - 18:40:16 - Juan Manuel Rodríguez
Ayer, a propósito del bodriospot del Getafe, me surgió la siguiente pregunta: ¿habló de ello o me pongo a silbar El puente sobre el río Kwai como si no hubiera pasado nada? Era razonable que me plantease esa duda ya que tenía, y aún tengo, el convencimiento total y absoluto de que la agencia publicitaria, y el propio Ángel Torres, nos estaban ofendiendo a todos los católicos con la única finalidad de que, al mostrar nuestra justa indignación, se hablara aún más de la agencia, la campaña y el propio Getafe. Era esta, si se dan ustedes cuenta, una pescadilla que se mordía inevitablemente la cola: el bodriospot, un video casero sin calidad ni originalidad, buscaba protagonismo a nuestra costa. ¿Qué hacer? E hice en este caso lo que, por otro lado, he hecho siempre que se me planteó una duda similar a la de ahora: entré al trapo.
Quien ya haya tenido ocasión de ver el bodriospot sabrá por qué los católicos echamos humo. Aunque tampoco hace falta ser católico para llegar a esa conclusión, sólo es necesaria una mínima empatía para darse cuenta de que ese anuncio resulta ofensivo y es realmente soez. Eso lo vería cualquiera, desde un budista hasta un sintoísta pasando por un rastafari, me da exactamente igual. Y, por supuesto, lo vería también un agnóstico con dos dedos de frente. Eso lo tuvieron que ver, por supuesto, los autores del montaje y también el presidente del Getafe. No estamos hablando de religión, no, sino de buen gusto. Por la tarde, escuchando en la Cadena Ser a una de las personas que perpetró el bodriospot, me quedé de piedra: "quien diga que este anuncio es ofensivo para la religión católica es que ha hecho poco el amor últimamente". Es lo que hay.
Ingenuo de mí, pensé que Torres retiraría hoy mismo el bodriospot. Error. Cito textualmente sus declaraciones: "No tengo nada que retirar. Es un anuncio respetuoso con todo el mundo. Creo que dentro de unos días ya se hablará más de fútbol y menos de esas cosas. Hay mucha gente pasando hambre, entonces nadie tiene la posesión de nada. Cada uno tiene su ideal y sus costumbres". ¿Es o no es para echarse a temblar? Por cierto, ¿a qué esperará Mercedes Rico, que creo que a estas horas sigue siendo la directora general de Asuntos Religiosos, para dar la cara por aquellos que profesamos en España la religión católica? ¿O le parecen pocos 35 millones de personas? ¿O es mejor hablar menos de "esas cosas", como dice el tal Torres, y más de fútbol?
11 de Julio de 2007 - 16:36:17 - Juan Manuel Rodríguez
Lo primero que convendría decir del spot publicitario de captación de socios puesto en marcha por el Getafe Fútbol Club es que es realmente malo, visualmente muy mediocre, en absoluto original y, en lo que atañe a la "interpretación" de los cinco o seis colegas del barrio reclutados para salir en pantalla, probablemente denunciable ante el Actors Studio. La agencia, cuyo nombre se me ha olvidado, sigue una senda, peligrosa desde mi punto de vista, cuyo fin último consiste en provocar porque sí, levantando una polémica inexistente y dejando en segundo plano el objeto publicitado. ¿Logrará más socios el Getafe tras esta campaña? Lo dudo. Es más, después de semejante bodrio, lo más probable es que del Getafe se descuelguen muchos socios que hayan podido sentirse ofendidos en sus creencias más profundas.
Por otro lado, la realidad que nos presenta este spot es tristísima. "Primero por mi equipo" es la absurda frase con la que finaliza el anuncio. Debe ser que el equipo tiene que estar por encima de todo, por encima de Dios, de la familia, de los amigos... En este futuro orwelliano, bastante similar por cierto al desalentador panorama descrito en 1984, el Gran Hermano es sustituido por el equipo de fútbol y supongo que el directivo te vigilará constantemente con la única misión de que pagues el abono, compres la camiseta del último crack, veas los partidos por pay per view y animes a tus ídolos como un niño bueno. En suma, un mundo de auténticos desgraciados.
Supongo que Ángel Torres, a quien le gusta aparecer en el bautizo disfrazado de niño, vestirse de novio cuando asiste a una boda, pintarse de muerto en el entierro y disfrazarse de mosca cojonera en el fichaje de Bernd Schuster, habrá dado el visto bueno a la emisión del spot. Ya lo decía Oscar Wilde, un tonto nunca se repone de un éxito. Prefiero pensar, ingenuo de mí, que a Torres le han estafado. Si la finalidad de la campaña era ofendernos a los católicos, lo ha conseguido. Al menos en mi caso. Enhorabuena. Y, según los últimos datos del CIS, en España somos 35 millones de católicos, aproximadamente un 80% de la población. Al equipo del Getafe ya le publicitaron sobradamente Abbondanzieri con sus paradas, Güiza con sus goles, Alexis con su contundencia y Casquero con su inteligencia. Si Torres fuera inteligente, retiraría el anuncio. Y si los dueños de la agencia fueran listos, contratarían a un par o tres de creativos. Porque el Geta, después de sus gestas deportivas, no se merece que le desprestigien en sólo treinta segundos.
10 de Julio de 2007 - 15:27:12 - Juan Manuel Rodríguez
Una pregunta: ¿será verdad que da igual cómo se juegue al fútbol, bien, mal o regular, si al final se ganan títulos? En lo que al Real Madrid se refiere, supongo que Fabio Capello podrá ir presumiendo por ahí a título particular de que a él le trajeron dos veces a España y ganó dos Ligas. ¿Será verdad eso de que el fin no justifica los medios? A mí, sin embargo, sí me interesa la intrahistoria. Pongamos por caso a uno de esos cazadores, un poco horteras, que cuelgan en el salón de su casa las cabezas de los animales a los que un día dieron caza. ¿Dará igual cómo abatió al león nuestro anónimo cazador? ¿Dará lo mismo si lo narcotizaron previamente y el cazador sólo tuvo que apretar el gatillo para abatir a un animal indefenso? Yo creo que no. Dependiendo de los escrúpulos que tenga, es posible que el cazador vaya presumiendo por ahí y diciéndoles a sus amigos que fue una batalla legal, la lucha del hombre contra la fiera. Pero los guías del safari conocerán la verdadera historia.
Pues yo creo que no da lo mismo jugar bien, mal o regular al fútbol. Y, en el caso concreto del Real Madrid, menos aún. El mayor problema que existe en el estadio Santiago Bernabéu es de espacio: no caben más Ligas, Copas de Europa, Intercontinentales y Copas del Rey en su sala de trofeos. Para los servicios de limpieza supone una verdadera heroicidad introducir el plumero entre título y título. De forma que el club, harto de acumular éxitos deportivos, elegido mejor club del siglo XX, tiene que marcarse otras metas, objetivos diferentes al resto. Es el peso de la púrpura. Capello irá presumiendo por ahí, pero yo creo que el Madrid no podrá hacerlo del todo. De ahí el cambio de entrenador.
Otra pregunta: ¿quién puede asegurar que el Madrid de Bernd Schuster jugará bien y ganará títulos? Nadie, no puede asegurarlo absolutamente nadie. Pero la directiva del Real Madrid Club de Fútbol tiene el mandato de sus socios, y me atrevería incluso a añadir que la exigencia que le impone su historia, de lograr la excelencia. Y, al fin, la tercera pregunta, la que atosiga y no deja dormir al capelismo militante: ¿qué pasará si, con Schuster al frente, el Madrid juega tan mal como lo hizo con Capello (o sea, muy mal, rematadamente mal) y, además, no gana nada? Pasarán dos cosas. Una, que aquí se dirá. Y dos, que a buen seguro Schuster acabará con las maletas en la calle Padre Damián. Como acaba de suceder, por cierto, con Fabio Capello.
9 de Julio de 2007 - 15:44:18 - Juan Manuel Rodríguez
A pesar de ser sobradamente conocido por todos, Ramón Calderón no ha querido camuflar el motivo de la destitución de Fabio Capello y la elección de Bernd Schuster como nuevo entrenador madridista. Echando al italiano y trayendo a este técnico en concreto, un hombre que apuesta claramente por un fútbol vistoso y de ataque, lo que pretende la directiva es "que todo el mundo esté orgulloso del juego del equipo". Porque en ocasiones olvidamos el sentido lúdico del fútbol. El fin último del juego es divertir y hacer más felices a los espectadores. De los diez meses que duró la temporada, el Madrid con Capello jugó rematadamente mal al menos en ocho. Un desastroso bagaje.
Alguien podrá añadir que, al menos en lo que se refiere al fútbol de alta competición, la otra finalidad es la de ganar, ganar, ganar y ganar. Ahí se encuentra la clave de que sea tan endiabladamente complicado encontrar un entrenador que sea capaz de dirigir a un equipo como el Real Madrid por el que ya han pasado los mejores futbolistas del mundo y que ya lo ha ganado absolutamente todo varias veces. Capello ganó otra Liga, la número treinta, pero eso no fue suficiente porque su fútbol aburrió mortalmente a la parroquia madridista, sumiéndola en un larguísimo letargo. La titulitis no puede suponer una traba para que el Real Madrid logre la excelencia, que no es otra que ganar el mayor número posible de partidos jugando lo mejor posible al fútbol.
Schuster, que como futbolista fue un puro espectáculo y que ahora está haciéndose como entrenador, ha querido darle las gracias a Capello, que fue un jugador del montón y es uno de los técnicos del mundo que más títulos ha ganado. Con la sorprendente obtención de la Liga, el italiano acabó con la ansiedad que generaba en el club el hecho de llevar cuatro años sin ganar nada. Ahora Schuster, con más tranquilidad, se pondrá manos a la obra para volver a hacer del estadio Santiago Bernabéu el escenario de las ilusiones de los trescientos millones de madridistas repartidos por todo el mundo. Si Schuster fue capaz de hacer jugar bien al Levante o al Getafe, no hay motivo para pensar que no sea capaz de lograrlo también con la plantilla del mejor club de fútbol del siglo XXI. Y ahora, como solía decir Primitivo Rojas en El Precio Justo: "¡A jugar!" Y añado: por fin.
8 de Julio de 2007 - 21:10:13 - Juan Manuel Rodríguez
La pista central del All England Lawn Tennis and Croquet Club es conocida sarcásticamente desde hace algún tiempo como el jardincito de Roger. Hace cinco años que el suizo plantó allí unos cuantos árboles, hizo un huertito, puso rosas y trepadoras, un estanque, unas rocallas, iluminó la zona, plantó siete enanitos de escayola e instaló una barbacoa para invitar a sus amigos los fines de semana. Más que a las tradicionales fresas con nata, la central de Wimbledon huele a las chuletas, chorizo y salchichas que Roger y Miroslava, su novia, preparan al lado de la piscina, construida en lo que antiguamente dio en llamarse la "Colina de Henman". Bjorn Borg, sin duda el tenista más completo de la historia, afirmó el otro día que Federer es técnicamente el mejor jugador de todos los tiempos. Y es cierto. A nadie en su sano juicio se le habría ocurrido jamás acercarse a la valla electrificada que protegía el jardincito de Roger, más pendiente de igualar el record de Borg que de otra cosa. A nadie, naturalmente, salvo a Rafa Nadal.
Nadal, que anda a su vez construyéndose un chalé de tres pisos en la central de Roland Garros, nunca quiso entender eso de que la hierba fuera para las vacas. Rafa, un jugador en permanente progresión, se negó a admitir la existencia de una traba genética que impidiera jugar (y ganar) a los españoles sobre la hierba. El año pasado llamó con educación a la puerta del jardincito de Roger y éste le despidió con cajas destempladas. No eran aquellas horas para ir de visita, y mucho menos sin avisar con antelación. Federer ya estaba en pijama y Miroslava tenía puesto el picardías. Funcionaba el aspersor y la nevera estaba vacía. Supongo que Nadal llegaría entonces a la conclusión de que si quería el jardincito de Roger tendría que asaltarlo por la fuerza.
Si yo hubiera sido uno de los privilegiados asistentes a la final de Wimbledon de 2007 conservaría para siempre el ticket del partido. Porque el 8 de julio de 2007 fue el día elegido por Nadal para asaltar el jardincito de Roger. Probablemente Federer siga siendo técnicamente el mejor tenista de la historia, pero ahora ya conoce que Nadal aprende rápido y que ha limado tanto las diferencias existentes entre ambos que para detectarlas hay que mirarlas a través del microscopio. Rafa se ha aprendido de memoria las reglas de Wimbledon: agresividad, saque y volea. Ha llegado a la hierba para quedarse. Vistas por el microscopio, como decía, las diferencias entre Roger y Rafa quedaron reducidas al sexto juego del quinto set. Por lo demás, Nadal advierte: el jardincito tiene un nuevo vecino.
6 de Julio de 2007 - 17:49:03 - Juan Manuel Rodríguez
Leí una vez a Maruja Torres, creo, decir que para ella era mucho mejor no conocer en persona a aquellos individuos de los que luego tenía que escribir. Es cierto. Yo, por ejemplo, preferiría no haber conocido nunca a Gregorio Manzano. O, para ser exacto, preferiría haberle conocido en otras circunstancias diferentes. No me hubiera importado conocerle siendo él maestro de escuela y yo camarero del Café Gijón, o él bombero y yo astronauta. Afortunadamente Manzano anda lejos de Madrid, pero tengo que reconocer que, cuando entrenaba al Atleti, no era demasiado objetivo. Sigo creyendo que lo hizo bien, aunque la amistad –o, por mejor decir, la complicidad– mina el imprescindible espíritu crítico.
Por eso comprendo que haya periodistas que defiendan a Fernando Torres caiga quien caiga y diga lo que diga. ¡Cómo no habría de comprenderlo! Son amigos suyos y ejercen como tales. Pero, en honor a la verdad, el niño, por mucho que traten ahora de protegerle, ha estado francamente desafortunado a la hora de decir adiós –según él, hasta luego– a su familia. No es que Torres se despidiera a la francesa, no, sino que en Liverpool afirmó, entre otras cosas, que llegaba a "un club de campeones". ¿Qué son, salvo unos auténticos campeones, Gárate, Pereira, Luis, Adelardo, Leivinha, Calleja, Griffa, Ayala, etcétera, etcétera, etcétera?
Otro buen periodista, José Damián González, me dijo también hace mucho tiempo lo siguiente: "Juanma, no podemos ser amigos de los futbolistas". Y es cierto. Un periodista sólo puede ser amigo de un ex futbolista. Aunque, y es una opinión muy personal, un futbolista no deje nunca de serlo por mucho que cuelgue las botas y deje de cobrar por jugar. Que haya ahora quien, dándole torticeramente la vuelta a una historia que está meridianamente clara, pretenda convencer a los atléticos de que Torres se va por la imprevisión de Enrique Cerezo o la dejadez de Miguel Ángel Gil, supone sólo la ratificación, punto por punto, de aquella frase que me dijo Damián y que entonces no entendí pero que ahora comprendo perfectamente.
Los amigos de Torres le defienden por eso, porque son sus amigos. Es, por supuesto, una admirable prueba de lealtad personal. Truman Capote decía que el periodismo implica traición, aunque no creo que Capote, que escribía como los mismísimos ángeles, estuviera demasiado bien de la chaveta. Pero, puestos a traicionar, lo último que puedes hacer es traicionarte a ti mismo porque, haciéndolo, traicionas de paso a tus lectores u oyentes. Torres se fue porque quiso. Hizo por el Atleti, por cierto, bastante menos de lo que el Atleti hizo por él. Aunque no desayuné nunca con el niño chocolate con picatostes, siempre me pareció un chaval serio y con la cabeza bien amueblada. Pero esta última semana la sensatez ha estado de mudanza. Echarle encima el muerto al club supone tanto como desviar adrede el punto de mira.
5 de Julio de 2007 - 16:46:00 - Juan Manuel Rodríguez
El joven Joey Chestnut acaba de arrebatarle a Takeru Kobayashi el récord mundial de ingestión rápida de perritos calientes. Sesenta y seis perritos en doce minutos. Kobayashi, que era el gran campeón nipón, sólo pudo llegar a los sesenta y tres perritos. Chestnut había prometido que arrebataría el título a Kobayashi justo el Día de la Independencia, y así fue. En Coney Island, ante más de cincuenta mil espectadores, Chestnut restituía el honor americano y pasaba a convertirse en algo así como el Charles Lindberg de los hot dogs, un nuevo héroe nacional del colesterol y los triglicéridos.
La cosa habría sido distinta si de sapos se hubiera tratado. Chestnut lo habría tenido más difícil si, en lugar de perritos con ketchup, se hubiera tratado de pequeños anfibios verdosos. Y cuando digo Chestnut digo también Kobayashi. Porque aquí, en España, está el gran campeón de ingestión de sapos. Se trata de Pedja Mijatovic, conocido como Mister Tragaderas. El solito se comió el sapo de Fabio Capello, y esta mañana se ha tragado el sapo de Miguel Ángel Portugal, nombrado secretario técnico para las cuatro próximas temporadas. Y ojo porque a Mijatovic le queda todavía otro sapo por comerse, el tercero y más gordo, el sapo de Bernd Schuster.
A Mijatovic le salen los sapos por las orejas. Dicen quienes le conocen, entre ellos Quique Guasch, que si Mister Tragaderas está aguantando tanto no será por dinero. Yo tengo la explicación. Y es la misma que, en su día, apliqué a Benito Floro. El día que Mendoza llamó a Floro para ofrecerle entrenar al Real Madrid –¡y no al filial sino a la primera plantilla!–, Benito, que venía del Albacete, creyó que le estaban gastando una broma. El día que Calderón llamó a Pedja para ofrecerle la dirección deportiva del Real Madrid si él alcanzaba la presidencia, Mijatovic, que venía de su casa, pensó que le estaban gastando la misma broma que le gastaron a Floro.
Pero en ambos casos la broma no se la estaban gastando a ellos sino al club. Lo que está haciendo Mijatovic con el Madrid es lo mismo que hacen los becarios en verano, engordar curriculum, con la única diferencia de que el becario del Madrid tiene sueldo de ejecutivo de primer nivel mundial. Pero el Real lo aguantará todo. Sobrevivió a Floro y ahora superará el trance de Mister Tragaderas, el hombre que no está ahí por dinero sino para emular al gran Joey Chestnut, el héroe de los hot dogs. Sólo que él con sapos.
4 de Julio de 2007 - 16:01:47 - Juan Manuel Rodríguez
De las declaraciones de Enrique Cerezo en la rueda de prensa de despedida del niño deduzco que a Fernando Torres deberán diseñarle un Atlético de Madrid a medida para que retorne alguna vez con su familia. Siempre entendí la historia al revés y, tonto de mí, me he mantenido hasta hoy en la creencia de que eran los buenos jugadores, con sus goles y con su fútbol, quienes convertían en grandes a los clubes que no lo eran, y en más grandes todavía a aquellos clubes que, como sucede con el Atlético de Madrid, tienen a sus espaldas una historia centenaria y plagada de éxitos. Ahora no, ahora uno tiene que confeccionar un equipo para una estrella. Hoy no me acostaré sin saber una cosa más.
Hay tres aspectos que me gustaría resaltar de la marcha de Torres. El primero de ellos es que la decisión ha sido totalmente suya. El segundo fue mencionado, aunque de pasada, por Antonio Sanz, uno de los hombres de confianza del futbolista, anoche en El Tirachinas: el Liverpool es el primer equipo que se interesa de verdad por Torres. Y el tercero lo ha dicho hoy mismo el propio interesado: "Espero volver algún día, cuando el club esté a la altura que se merece". Y me pregunto yo, ¿la altura que se merece el Atlético de Madrid o la altura que se merece Fernando Torres? Si, como confesó ayer uno de sus representantes, el Liverpool es el primer club que viene en serio a por el niño, la resistencia del futbolista a dejar colgada a su familia ha sido minúscula, insignificante, inapreciable. Oscar Wilde decía que la mejor forma de evitar la tentación era cayendo en ella. Según los datos aportados, Torres cayó a la primera.
Si Fernando no hubiera dicho nunca, por ejemplo, que no existe nada que esté por encima de los sentimientos, no vería mayor problema en que abandonara el Atlético de Madrid. Pero el caso es que Torres insiste en hacer declaraciones en ese sentido y, tal y como yo lo veo, el interés y el amor son incompatibles. Hoy mismo ha reiterado que su corazón siempre va a ser rojiblanco, pero al fútbol se juega con las piernas y esas estarán en Anfield Road, a miles de kilómetros del estadio Vicente Calderón. Hay atléticos que están felicísimos con que les amputen a Torres. Porque hay que dejarle volar, hay que dejarle crecer, hay que dejarle ganar. El Atlético le comprende, según su presidente, y le deja partir. Ojalá que cuando regrese con su familia, allá por el año 2013, el club esté a la altura que se merece. Aunque para entonces ya no tenga ningún mérito volver. El mérito de Torres era quedarse.
3 de Julio de 2007 - 16:02:06 - Juan Manuel Rodríguez
Me decepciona la escasa resistencia ofrecida por la afición atlética ante la marcha de Fernando Torres al Liverpool. No sé si podrían haber hecho mucho o poco, quizá no, pero me sorprende no encontrarme con atléticos enfadados sino con atléticos resignados, y eso es también claramente definitorio de la situación del club. Porque el Atlético de Madrid, uno de los tres grandes de España y uno de los clubes más importantes de Europa, puede provocar cualquier cosa menos resignación. Y eso es lo que parecen, atléticos resignados a perder a su jugador-franquicia, probablemente el futbolista más importante del club desde que se retirara José Eulogio Gárate.
Ante la marcha de Torres, la mayoría de aficionados colchoneros que me he ido encontrando por el camino coinciden en que será bueno para el club y también para el futbolista. Y esa, sinceramente, no me parece una explicación plausible. Se produjo mayor resistencia, por ejemplo, cuando se fue Hugo Sánchez, aunque seguro que en aquella ocasión influyó decisivamente el hecho de que el mejicano se fuera al Real Madrid, el eterno rival. Existe cierto paternalismo de la afición atlética con respecto a Torres. Dicen que hay que dejarle volar. ¿Y por qué? ¿Por qué tiene que volar Torres del Atlético de Madrid? ¿Por qué ha de aprovecharse el Liverpool de los mejores años de la vida deportiva de un futbolista que dijo, por activa y por pasiva, que para él no existía nada por encima de los sentimientos? ¿Ha de volar porque Benítez le quiera? ¿O por los millones de Hicks? No me convence.
El Atleti vende a su futbolista más importante por treinta y seis millones de euros, veinticinco de los cuales se irán en contratar a Diego Forlán y Luis García, dos jugadores más. Es cierto que en el fútbol profesional bailan todos, pero tampoco lo es menos que Torres, con su actitud y sus opiniones, quedó definido como la quintaesencia del sentimiento atlético. Tal y como dice José Miguélez, mi atleticólogo de cabecera, el mérito de Torres era quedarse; yéndose, lo pierde todo. El club es treinta y seis millones de euros más rico, pero la fuga del niño le empobrece deportiva e institucionalmente. Torres cayó en la tentación. Mordió la manzana. Podrá conquistar la Champions con el Liverpool y seguir creciendo junto al río Mersey, aunque el auténtico mérito habría consistido en seguir tirando de su Atleti hacia Europa y continuar madurando a la vera del Manzanares fetén y castizo.
2 de Julio de 2007 - 16:39:18 - Juan Manuel Rodríguez
El diario Marca ha puesto en marcha una encuesta con objeto de ponerle nota a Ramón Calderón justo cuando cumple trescientos sesenta y cinco días como presidente del Real Madrid. El se puso a sí mismo un 5, un aprobado pelado, pero la afición es bastante más severa con su gestión y la mayoría de las personas entrevistadas (un 27,56%) le daban un 1 a las doce del mediodía. El número total de votos superaba en ese instante los 44.000, de forma que no resulta en absoluto baladí el porcentaje de socios, aficionados o simples paseantes que mandan a Calderón literalmente a escardar cebollinos a pesar de las dos Ligas y la Copa Uleb.
Puesto que no existía la posibilidad de votar a Calderón con un 0, convendremos todos que esos resultados demuestran que la afición piensa que el éxito deportivo va por un lado mientras que la gestión directiva va por el otro. O, para ser más exactos, que las victorias deportivas se han conseguido a pesar de Ramón Calderón y compañía. Habría sido ciertamente esclarecedor que los compañeros del Marca hubieran pedido además puntuación para Fabio Capello y para sus jugadores. Un año después, Calderón es suspendido con saña, noqueado con tirria. Seguro que si hoy mismo convocara elecciones las perdería. Por eso no las convocará. Y por eso le acaba de cortar la cabeza a Capello. Panem et circenses. Pan y circo. De hecho, el Comité de Peñas piensa rendirle un homenaje al presidente por lo bien que lo ha hecho.
El Real Madrid es tan grande que sobrevivirá a Calderón. Ya sobrevivió en su día a Ramón Mendoza, y a fe mía que no fue aquella una tarea sencilla. En otra entrevista, Calderón confiesa lo que venimos repitiendo desde hace ya seis meses, que en febrero se dio cuenta de que Capello no era el entrenador que necesitaban. Y, después de afirmar que hay cosas que no se pueden contar por discreción, deja al italiano con el trasero al aire, aunque con los riñones calentitos, al asegurar que Mijatovic le decía que "seguía obsesionado con reforzar la línea defensiva". Pan y fútbol. Es tan viejo como el poeta Juvenal. No habrá elecciones. Le estamos cogiendo el gustillo.1 de Julio de 2007 - 17:16:20 - Juan Manuel Rodríguez
Supongo que a Lewis Hamilton no le sentarán nada bien las declaraciones realizadas por Fernando Alonso nada más finalizar el Gran Premio de Francia. Tras haber concluido séptimo en Magny Cours, casi al mismo tiempo que el inglesito subía de nuevo al podio (ocho de ocho), el campeón del mundo deseaba que "otras veces sea él –en referencia a Hamilton– quien tenga mala suerte, a quien se le rompa la caja de cambios o le salga el safety, para poder recortar puntos". Esto se le está yendo de las manos a Ron Dennis y, por mucho que pretendan ponerle paños calientes a la rivalidad entre sus dos pilotos, a medida que avanza el campeonato está cada vez más claro que en McLaren-Mercedes tienen un problemón. Claro que Alonso no es el único que está haciéndole vudú a Hamilton. En una emisora de radio escucho lo mismo, y en Tele 5, ya terminada la carrera, oigo al narrador exclamando más o menos lo siguiente: "¡A ver si vamos a llegar así a Brasil y no va a tener un día de mala suerte!" Porque todo queda reducido a la suerte, claro. La mala de Alonso y la buena que tiene el inglesito, puesto ahí, como todo el mundo sabe, por el Ayuntamiento de Tewin.
Ni siquiera tienen imaginación. Ojalá Hamilton vaya a pasar unos cuantos días a su casita de Aspen y caiga una nevada tan descomunal que no le quede más remedio que permanecer allí encerrado durante dos semanas. Ojalá el mecánico de Hamilton llegue borracho el día de la carrera y, en lugar de gasolina, le ponga whisky de malta. Ojalá Hamilton visite el Parque de Atracciones de Madrid y se quede enganchado en una de las barcas de la atracción conocida como "La Turbina", de tal forma que, cuando baje, tenga un mareo de tales dimensiones que sea incapaz de subirse a un monoplaza. Ojalá el papá de Hamilton le pida a su hijo el piloto que le cuelgue un cuadro, éste se golpee con el martillo en un dedo de la mano derecha y los médicos recomienden que conduzca sólo con la izquierda.
Ya verán como al final va a ser el piloto del safety car quien acabe ganando el Mundial para Hamilton, si es que lo gana. El chico ha hecho ocho podios en otras tantas carreras. Y en el año de su debut en la Fórmula Uno. Se le ve, por cierto, más tranquilo que un ocho, valga la redundancia. Si el éxito que tiene queda reducido a la buena suerte propia y la mala suerte de sus rivales, hay que reconocer que Lewis Hamilton es el deportista de élite con más suerte del mundo. En un deporte con tantas banderas, a cuadros, verdes, a rayas, rojas, amarillas, azules, partidas, negras y blancas, sólo echo de menos una bandera, la del fair play. Porque la del vudú ya la han sacado a la pista.