31 de Enero de 2007 - 15:31:04 - Juan Manuel Rodríguez - 10 comentarios
Hay que ver a qué velocidad envejece todo en el mundo del fútbol. Si nos pusiéramos a releer ahora mismo Los Ángeles Blancos, de John Carlin, seguro que tendríamos la impresión de encontrarnos ante una de esas novelas góticas del siglo XVIII, El Castillo de Otranto o Los Misterios de Udolfo. Y lo que se nos cuenta allí es en realidad algo muy actual: cómo Florentino Pérez accedió a la presidencia del Real Madrid y tuvo el sueño de contratar a los mejores futbolistas del mundo, los más experimentados y también los más mediáticos, y cómo fue adquiriéndolos, uno a uno, en un lento goteo que sorprendió y admiró a toda la gente del fútbol. Esos "ángeles blancos" son, por cierto, los mal llamados "galácticos". Ninguno de esos jugadores empleó nunca el adjetivo para referirse a sí mismos, y no recuerdo tampoco que nadie del club hablara nunca de galaxias futbolísticas ni de chorradas similares. Jamás una sola palabra le hizo tanto daño a un equipo de fútbol.
Fue bonito mientras duró. Con la salida efectiva de Ronaldo y la práctica desintegración de Beckham, aparcado en el banquillo y con la mente ocupada por los Galaxy, concluye una etapa en el Real Madrid. Me atrevo a predecir que, si realizáramos una encuesta entre todos los aficionados merengues, Zinedine Zidane ocuparía, destacado, la primera posición de ese improvisado ranking de ángeles futbolísticos. Inmediatamente detrás suyo aparecería Luis Figo, buque insignia del florentinato; el fichaje del portugués, sorprendente por el jugador de que se trataba y el equipo al que pertenecía, convenció a todo el mundo de que Florentino Pérez era una especie de superman, un hombre a quien no se podría detener nunca.
Luego vendría Ronaldo. El brasileño tuvo un año y medio bueno mientras que el resto del tiempo se lo pasó sesteando y dando más que hablar en la prensa del corazón que sobre el campo. Por último, Beckham. El inglés, que es un pedazo de futbolista se mire por donde se mire, no ha podido convencer a la gente de que él no vino al Madrid sólo para vender camisetas. El problema que tiene Beckham es que es demasiado guapo, tiene demasiados coches y su mujer es demasiado pija. Estornuda Beckham y se acatarran la UEFA, la FIFA y la Champions League. Demasiada responsabilidad para un sólo hombre. Con todo y con eso, tengo la sensación de que, transcurridos los años, al final añoraremos aquellos días de vino y rosas en los que el FIFA World Player pasaba en profundidad al Balón de Oro, éste veía rápidamente el desmarque del Balón de Plata, quien, instintivamente le daba un pase de la muerte al Bota de Oro y campeón mundial. Dentro de diez años volvemos a hablar.
30 de Enero de 2007 - 11:22:59 - Juan Manuel Rodríguez - 9 comentarios
Les contaré un secreto. No sé cómo lo harán los grandes, pero yo, para escribir un artículo de opinión diario, antes que nada tengo que tener una idea a la que poder agarrarme. En realidad lo más difícil es eso precisamente, encontrar la idea; luego, escribir el artículo resulta más o menos sencillo, es sólo cuestión de oficio. Puedo escribir un artículo festivo o, por el contrario, puedo escribir una necrológica sobre alguien, pero esos no son los artículos que más me divierten. Y yo, les contar otro pequeño secreto, escribo porque me divierto un montón. También puedo limitarme a escribir un artículo sobre un evento deportivo que esté sucediendo en ese momento. Por ejemplo, puedo ponerme a recoger datos sobre la selección española de balonmano, tirar de la estadística, darle un repaso al equipo que se ha llevado hasta Alemania Juan Carlos Pastor y hablar de Francia, Croacia o Alemania, nuestros rivales más duros. Pero eso, hoy en día, lo puede hacer cualquier chaval de quince años que tenga Internet en su casa. Es decir, lo puede hacer cualquier chaval. Insisto en que yo, para escribir un artículo, necesito tener antes una idea, cualquier idea. Aunque sea una mala idea.
A veces las ideas surgen de una frase. El otro día, por ejemplo, leí una frase de Jesús López Ricondo que me llamó mucho la atención y que me facilitó de paso la idea que estaba necesitando para escribir algo medianamente original sobre nuestro balonmano: "Los miembros de los Premios Príncipe de Asturias cometieron una gran injusticia cuando en el año 2005 premiaron a Fernando Alonso y no a la selección española de balonmano que había logrado el campeonato en Túnez". Y el caso es que López Ricondo tenía toda la razón del mundo y del Mundial. El año pasado se premió a la selección española de baloncesto por su éxito de Japón, y el anterior, sin embargo, se ninguneó ampliamente a la de balonmano. Les recuerdo que la trayectoria de España en aquel campeonato fue increíble, ganando a Croacia, que había sido precisamente el único equipo contra el que habíamos perdido en la primera fase, en la gran final. El equipo de Juan Carlos Pastor aprendió de los errores cometidos, sorprendiendo a los croatas en un partido épico. ¿Cabe mayor superación que ésa?
Me parece que Ricondo, que es muy listo, no se quejaba tanto del trato discriminatorio con respecto a Alonso, que cuando ganó el Príncipe de Asturias todavía no era campeón mundial, sino de la sempiterna comparación con el baloncesto de la que nuestro balonmano no suele salir nunca bien parado. Al final todo se limita a una simple cuestión de cuotas de mercado y la competencia, incluso aquí dentro, resulta rabiosa. El balonmano, que es muy generoso, lleva firmándonos cheques en blanco desde que, allá por 1980, alcanzara la quinta plaza de los Juegos de Moscú. Mejor, imposible. Es un deporte de muchísima tradición en España y, a pesar de todo ello, suele ser injustamente tratado. De ahí que me surgiera la idea –¡y ya van dos!– de reclamar para nuestra selección de balonmano el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes correspondiente al año 2007, independientemente de lo que hiciera en los cuartos de final ante Alemania. Parece que Pagoaga, Goyo, Alonso, Milián, Rico, Sagarribay, Melo, Cabanas, Luisón, Papitu, Serrano, De la Fuente o Novoa, por poner sólo algunos ilustres ejemplos, se lo han ganado con creces. Con creces y, por cierto, también con muchos cheques en blanco.
29 de Enero de 2007 - 16:44:45 - Juan Manuel Rodríguez - 54 comentarios
Ronaldo no está gordo, nunca ha estado gordo, ni nunca lo estará, es sólo una leyenda. Como la del indomable. O como la del monstruo del Lago Ness. Dicen que sus aguas son tan inquietantemente tranquilas, tan apabullantemente pacíficas, tan espectralmente negras, que cualquier objeto que choque contra ellas, aunque sea el más insignificante, provoca al instante una ondulación característica que desata, a su vez, la excitación de los turistas desplazados hasta Escocia con el único objetivo de fotografiar al fósil viviente. La foto más famosa de Nessie data del año 1934, aunque, poco antes de morir, la persona que la hizo confesó que era un simple truco de prestidigitador.
Según Carlo Ancelotti, su nuevo entrenador, la gordura del "99" (ése podría ser su nuevo dorsal según parece) es únicamente una leyenda, de ahí que, tras pesarle, los médicos del Milan lo primero que hayan hecho ha sido recomendar que el jugador pierda cuanto antes otros seis kilos más: pesó 92 por la mañana y, pese a que pueda parecer mentira, volvió a pesarlos por la tarde, y ahora pretenden que baje hasta los 86, cuatro kilos más de los que tenía cuando jugaba en el Fútbol Club Barcelona y nueve menos de los que llegó a pesar cuando jugaba aquí. Porque aquí –y cuando digo "aquí", perdónenme, me estoy refiriendo al Real Madrid– llegó a pesar 95, o sea 19 kilos más de los que pesaba en el Cruceiro y 15 más de los que solía dar en la báscula cuando deleitaba con su fútbol en el PSV holandés. Cuando se fue del Inter de Milán pesaba esos 86 kilos que pretenden ahora igualar en el Milan. Nada importante en realidad puesto que, como todo el mundo sabe perfectamente, la gordura de Ronaldo es una simple leyenda y lo que le pasa a este chico, según Ancelotti, es que "tiene los músculos muy grandes y al no jugar perdió la motivación".
Esa es, por cierto, otra de las innumerables diferencias que existen entre un futbolista del tipo de Ronaldo y otro como Raúl. Raúl podrá estar bien, mal, regular, excelente o catastrófico, pero nunca perderá la motivación. Y eso que sus músculos son más endebles que los del brasileño. La calidad técnica de uno y otro jugador es incomparable a favor del brasileño, pero mientras que Ronaldo va a su bola, Raúl no tiene ningún inconveniente en dejarse la piel por su club en un sitio que todo el mundo sabe que no es precisamente el suyo. Ronaldo pasará a la historia del fútbol, Raúl lo hará a la historia del Madrid. No sé dónde acabará el "7", si seguirá en el Real o si se irá antes de que finalice su contrato. Pero no me hace falta esperar para tener la certeza absoluta de que Raúl González Blanco jamás dirá que el Real Madrid es un infierno por mucho que lo haya podido pasar mal. Y es que los músculos de la cara de Ronaldo son también más grandes que los de Raúl. Y el masetero, en concreto, lo tiene el brasileño más duro que el mármol Negro Marquina surgido de las canteras de Vizcaya. ¿Ven ustedes cómo, a poquito que me ponga, van surgiendo las diferencias?
27 de Enero de 2007 - 11:44:10 - Juan Manuel Rodríguez - 19 comentarios
26 de Enero de 2007 - 10:22:56 - Juan Manuel Rodríguez - 13 comentarios
Pues a mí, qué quieren que les diga, lo de Ronaldo me parece un negociazo. Al fin y al cabo se trata de una apuesta: Capello y el Real Madrid apuestan a que ya no se le puede sacar más jugo al jugador, y Galliani –que no Ancelotti, que no le quiere– y el Milan apuestan a que pueden volver a hacer de él un jugador de fútbol en el plazo de un año y medio. Si, además de ahorrarse su ficha y su presencia, muy dañina para algunos de sus compañeros, el Madrid se embolsa diez millones de euros, a mí lo de Ronaldo me parece un auténtico negociazo. El Milan, eso sí, parte con la ventaja añadida de la motivación extra que tendrá el "9" brasileño por dejar en mal lugar a su antiguo club. Sin embargo, si yo tuviera que apostar por alguien, lo haría claramente por Fabio Capello. El Real Madrid, como decía el otro día Mijatovic, no puede seguir esperando a este jugador. Parece que el Milan sí.
Anoche estuvo con nosotros en El Tirachinas Vicente del Bosque. El ex entrenador del Real Madrid, el primero que tuvo Ronaldo a su llegada a la "casa blanca", dijo que a él le parecía un lujo innecesario prescindir de un futbolista de esa talla. Cabe reseñar aquí, sin embargo, que el Ronaldo que conoció Del Bosque y con el que tuvo que trabajar todos los días, es un Ronaldo diferente al que se ha encontrado Capello. Para empezar, el Ronaldo de Vicente tenía cuatro años y seis kilos menos. La situación del club, con los mejores Figo y Zidane, era también muy distinta. La motivación del brasileño, recién fugado del Inter, notablemente superior. Aquel Ronaldo conservaba todavía aspiraciones futbolísticas, éste carece totalmente de ellas. Si el Milan le motiva me alegraré mucho por él.
Por otro lado, Del Bosque y Capello representan la noche y el día de los entrenadores. Nunca oí a Del Bosque decir en público nada malo de un futbolista suyo, más bien al contrario. Capello, que también ha cambiado mucho en los últimos diez años, ha llegado a un equipo derribado y en crisis. El mismo parece estar sufriendo claros síntomas de aluminosis deportiva. Ronaldo es un jugador especial que requiere un trato especial, un cuidado y unos mimos que nadie está dispuesto a dispensarle ahora mismo en el estadio Santiago Bernabéu. Sólo puedo añadir que le deseo a Ronaldo que se lleve a Italia tanta paz como descanso deja en España. Esperaba mucho más de él. Echando la vista atrás, y teniendo en cuenta el futbolista de que se trata, habrá que calificar su segunda etapa en el fútbol español como mediocre. Si Carlo Ancelotti es capaz de resucitarle, yo le haré la ola. En Milán, de entrada, hay menos garitos y más niebla que en Madrid. Es otro dato a tener en cuenta.25 de Enero de 2007 - 15:23:45 - Juan Manuel Rodríguez - 5 comentarios
Beckham y Victoria acaban de aterrizar en Estados Unidos. Han viajado, eso sí, convertidos en figuras de cera. Se trata sólo de una cesión del Museo Madame Tussauds de Londres a su filial neoyorquina puesto que, como todo el mundo sabe bien, el traspaso definitivo se producirá a los Galaxy, el equipo de Los Angeles. Tuve la idea de transformar en figuras de cera a Malo, Malejo, Peor, Fatal y Regular –los cinco candidatos que se presentaron a las elecciones del 2 de julio– al certificar que, a diferencia de la de carne y hueso, la pija de cera no molesta, ni se mueve, ni incomoda, ni tiene la desfachatez de desfilar, ni comete tampoco la osadía de sacar discos a la venta y le da igual ocho que ochenta. La pija del Museo Tussauds se limita a reposar la cabecita en el hombro de su chico, inmóvil como ella, protegidos ambos por la bandera de los Estados Unidos y bajo la atentísima mirada de un George Bush de cera también.
Una de las ventajas que tienen las figuras de cera con respecto a los directivos de fútbol es su mudez. Juan Miguel Villar Mir dice en el As que sólo él defiende al Madrid en los juzgados, cuando al Real Madrid, que yo sepa, no le hace falta defensa alguna, y mucho menos legal. Al Real Madrid le defiende un gol que Benito le marcó en el último minuto al Oporto en unas semifinales de la Copa de Europa. Y otro que Di Stéfano le hizo al Sevilla de tacón. Al Madrid le defienden un regate de Raúl a Juanma López y una chilena de Hugo en un partido de Liga ante el Logroñés. El Real Madrid no necesita contratar abogados defensores teniendo a Santiago Bernabéu, Juanito, Puskas, Delibasic o Fernando Martín en la memoria. Al Madrid le defiende su gloriosa historia, en los juzgados sólo se le ataca.
Si Ramón Calderón hubiera sido una figura de cera del Museo de Madame Tussauds nunca podría haber dicho lo que dijo el otro día en el Centro de Estudios Universitarios Villanueva, y nosotros no nos habríamos tenido que llevar las manos a la cabeza. Si Juan Palacios, hoy missing, y el resto de candidatos, algunos de ellos todavía activos, hubieran sido figuras de cera no habrían podido presentarse nunca a las elecciones y ahora el Madrid no estaría como está. Si Joan Laporta, en fin, fuera una figura de cera, el presidente del Barça no habría podido afirmar jamás que lo que le pasó a Calderón le supo a traición; las figuras de cera tampoco tienen el sentido del gusto. Otra ventaja más con respecto a los directivos de fútbol.
24 de Enero de 2007 - 15:21:27 - Juan Manuel Rodríguez - 6 comentarios
La noche que conocí a Gregorio Manzano acabamos hablando de lo divino, de lo humano y, al final, inevitablemente, terminamos haciéndolo también de Ryszard Kapuscinski, que era un periodista divino y, según cuentan aquellos que tuvieron la suerte de conocerle bien, definitivamente una buena persona. Me parece recordar que a Manzano, que también es un buen tipo, se las estaba haciendo pasar canutas algún colega de la prensa deportiva. Seguramente le diría que tuviera un poco de paciencia y, como el jiennense es más listo que los ratones colorados, salió con éxito deportivo de aquel trance. Del otro trance, del personal, no lo tengo tan claro porque imagino que al final nadie acabaría dando su brazo a torcer.
Una de las últimas veces que Goyo estuvo con nosotros en El Tirachinas y, después de hablarle tanto de aquel reportero polaco que me había llevado de la mano a la Etiopía de Haile Selassie y con quien había tenido la ocasión de viajar en high class hasta el Irán desquiciado del sha Reza Palhlevi, no pude por menos que regalarle Los cínicos no sirven para este oficio, una reflexión sincera sobre el oficio de periodista. El librito, de cien páginas escasas, me había llamado la atención por muchas cosas, pero, sobre todo, por una revolucionaria idea que Kapuscinski, maestro de reporteros, se había atrevido a decir en voz alta: "Para ser un buen periodista hay que ser una buena persona". La verdad es que los periodistas –¡y los deportivos ni les cuento!– no solemos salir demasiado bien parados cuando nos retratan desde fuera, de ahí que me impactara aquella idea tan simple y tan cierta a la vez: para ser un buen periodista, efectivamente, uno tiene que ser una buena persona. Me apropié de aquella idea de Kapuscinski.
Hace un mes, con motivo de mi cumpleaños, unos amigos me regalaron La guerra del fútbol, una serie de reportajes que tienen como protagonista al tercer mundo y que debe su título a la guerra que, con motivo de un partido clasificatorio para el Mundial de Méjico de 1970, estalló entre Honduras y El Salvador un año antes. No he terminado de leerlo, entre otras cosas porque me he vuelto un vago de mucho cuidado, pero prometo dar buena cuenta de él. Ayer murió Kapuscinski. Desconocía que estuviera tan enfermo. Me dio tanta pena enterarme de su fallecimiento como alegría tuve el día que le concedieron el premio Príncipe de Asturias de la Comunicación. Otro amigo, al conocer la noticia de su muerte, me mandó el siguiente SMS: "Ha muerto tu ídolo". Ha muerto uno de ellos, sí, lo reconozco. Tengo que llamar a Gregorio Manzano para contárselo.
23 de Enero de 2007 - 21:15:45 - Juan Manuel Rodríguez - 5 comentarios
Entrevisté una vez a Juan Román Riquelme antes de que fichara por el Barcelona, cuando aún jugaba en Boca Juniors. No les aburriré con la intrahistoria de aquella entrevista, sólo les diré que la lista de cuestiones por las que no podía preguntarle era aún más extensa que la de los Reyes Godos. Riquelme me pareció siempre un hombre triste y de mirada melancólica, un futbolista que Joan Gaspart quería exhibir con el único objeto de quitarse cuanto antes de en medio la presión de la crisis. Riquelme no triunfó en aquel Barça porque, en la situación por la que atravesaba entonces el club, no habría podido triunfar ni el mismísimo Johan Cruyff. A Juan Román, otro de los infinitos "delfines" que eligió Diego Armando Maradona para sucederse a sí mismo, le pudo aquella situación, tal y como habían advertido poco antes los "barcelonólogos".
En Villarreal, Riquelme siguió siendo el mismo hombre triste de siempre, pero su fútbol se convirtió de repente en una fiesta entorno a la cual comenzó a girar un equipo al completo. Viéndole jugar, observando cómo se deslizaba por el césped con aquella aparente indolencia, como si nada de lo que sucediera allí abajo pareciera preocuparle lo más mínimo, me vino a la memoria aquella historia que cuentan del famoso compositor Gioacchino Rossini, creador de la ópera Otello e inventor de los canelones. Dicen que Rossini componía tirado en la cama y que, cuando se le caía una partitura al suelo, prefería reescribirla antes que agacharse para recogerla, tal era su genialidad. Siempre tuve la impresión de que Riquelme, salvando las evidentes distancias, era un poco Rossini sobre el campo, un jugador con tanto fútbol en sus botas que no tenía reparos en arrojarlo de vez en cuando por la borda.
Pero el penalti errado ante Jens Lehman, cuando una ciudad y una afición al completo tocaban el cielo de la Champions, desinfló al futbolista, devolviéndole al cuarto oscuro de la depresión. Más tarde renunciaría a jugar con Argentina poniendo como frágil excusa el sufrimiento de su madre cuando le criticaban los periodistas. Hoy Riquelme ve los partidos de su equipo desde la grada y aquel Villarreal que estuvo en un tris de jugar la final europea contra el Barça anda clasificado por la mitad de la tabla, en esa tierra de nadie que a nadie importa un bledo tampoco. Roig es el mismo. Llaneza es el mismo. Pellegrini también. La melancolía de Juan Román Riquelme parece ser el único palo que entorpece el normal funcionamiento de la rueda del Villarreal. Lo empeñaron todo en un futbolista sin tener previsto un plan B. Ahora el C se llama Matías Fernández, pero parece que llega demasiado tarde para salvar a tiempo la temporada. Nadie contó con la tristeza contagiosa de Riquelme.
22 de Enero de 2007 - 13:04:11 - Juan Manuel Rodríguez - 49 comentarios
Con Ramón Calderón sucede más o menos lo mismo que con Helen Mirren, que todo el mundo sabe que ganará el Oscar antes incluso de que se conozcan las nominaciones. Si en la Liga española se concediera un premio al presidente más charlatán, Calderón ganaría de calle. A nosotros, en la Cadena Cope, nos han instalado un sistema de seguridad que nos avisa cada vez que Calderón va a ofrecer una conferencia. Hoy, sin ir más lejos, dará otra en Mallorca, pero como el título sigue siendo El otro Madrid, supongo que repetirá lo mismo que dijo en el Centro de Estudios Villanueva, eso de que Florentino torpedeó el fichaje de Kaká y que la afición no anima como lo hacen en Inglaterra o Italia. Saca tanto a pasear la húmeda don Ramón que la alarma ha perdido sensibilidad y ya no salta con cualquier cosa. Supongo que el pilotito rojo volverá a encenderse el día que ataque a don Santiago Bernabéu.
Para Meryl Streep, por ejemplo, debe suponer una tranquilidad tener ahí a la Mirren porque, de esa forma, puede acudir a la ceremonia de los Oscar con la certeza absoluta de que no se lo darán a ella, evitando así los nervios. La Helen Mirren de José María del Nido es Ramón Calderón. Por mucho que él diga o haga, por muchas veces que meta la pata, el presidente del Sevilla debe ser consciente de que nunca aventajará a su colega del Real Madrid. Ahí están, sin ir más lejos, las declaraciones realizadas hace poco por Del Nido. En el mejor momento del equipo andaluz a lo largo y ancho de sus últimos cien años de historia, con la Copa de la UEFA y la Supercopa de Europa aún calentitas, después de haber sido designado como mejor equipo del mundo, a Del Nido no se le ocurre otra cosa que decir que el Sevilla sacó a Juande Ramos del paro para brindarle la posibilidad de ser bicampeón europeo. ¿Alguien lo entiende? Juande ya ha contestado a su presidente diciendo que llevaba cuatro años de presidente y más de veinte de directivo y había tenido que esperarle a él para ganar algo. Demasiado diplomático.
Ni me imagino lo que podría decir Calderón si el Real Madrid acabara ganando la Liga o la Champions. Lo de Joan Gaspart, otro al que aquello le vino grande, y su baño en el Támesis se quedaría pequeño. La ventaja que tienen todos los presidentes de Primera es que, digan lo que digan, hagan lo que hagan, nunca podrán alcanzar el nivel lenguaraz de Ramón Calderón. La metedura de pata de Del Nido (lo lleva en la sangre) ha pasado inadvertida ante el tsunami verbal que todo lo arrasa. Sería bonito verles a los dos, mano a mano, en la misma conferencia. Alien contra Depredador. Gane quien gane, pierden sus clubes.
20 de Enero de 2007 - 20:53:25 - Juan Manuel Rodríguez - 11 comentarios
Ronaldo, dicen sus allegados, está enfadadísimo con el Real Madrid. Así, enfadadísimo, acabado en "ísimo". Empate a uno. Ronaldo, aseguran, se siente engañado por el club. Empate a dos. Y que conste que, en lo que al marcador de desagravios se refiere, el ex fenómeno siempre ha empezado poniéndose por delante.
No sé quién ha tomado la decisión –si Calderón, Mijatovic, Capello, o los tres a la vez– porque nadie acierta tampoco a aclarar dicho extremo, pero lo cierto es que al jugador debieron meterle en la "nevera" en el preciso instante en que criticó con dureza a la afición madridista. No entiendo cómo, si no se sentía a gusto entonces, no hizo todo lo posible para que el Madrid facilitara su salida en junio. Tampoco comprendo por qué el club no aceptó la oferta del Milan. Ahora, cuando Capello se ha encargado de gritar a los cuatro vientos que no le quiere más en su equipo, va a ser más difícil venderle.
En cualquiera de los casos, llegados a esta situación, la verdad es que hacer negocio con este chico sería una misión imposible para cualquiera porque Ronaldo no juega y, cuando lo hace, no marca. Es la pescadilla que se muerde la cola. El está enfadado con el Real Madrid, y el Real Madrid está enfadado con él. Empatados de nuevo. En lo tocante a Ronaldo llevo siendo políticamente incorrecto durante mucho tiempo, tanto que ya ni me acuerdo. Cualquiera que le viera jugar al fútbol hace sólo tres o cuatro años se daría perfecta cuenta de que era uno de los cinco mejores goleadores del mundo. Cualquiera. No hace falta ser periodista deportivo para darse cuenta de eso.
Pero aquellos tiempos gloriosos sencillamente se esfumaron. El problema del Ronaldo de 2007 es que continúa teniendo exactamente la misma actitud indolente del Ronaldo de 2003, con la única diferencia de que hace cuatro años marcaba goles y ahora ya no. Hace un año se convirtió en un problema, hoy no sabría cómo definirlo.
Me gustaría mucho que se cerrara la operación con el Milan. Tengo la malsana curiosidad de saber qué haría Ronaldo en su segunda etapa en el calcio. Allí, como aquí, continúa teniendo sus incondicionales. Yo también soy fan de Ronaldo, pero de aquel Ronaldo explosivo de quien Jorge Valdano afirmara una vez que no atacaba como un futbolista sino como una manada. Sinceramente creo, y así lo llevo afirmando desde hace mucho tiempo, que Ronaldo ya está para pocos trotes, quizá para los del Al Ittihad. Los árabes pagan bien, exigen poco y sólo quieren ver alguna cara famosa de vez en cuando. Luis Figo, que siempre se tomó esto mucho más en serio que él, acabará jugando allí. Aún está a tiempo de visitar Hydrópolis, el primer hotel submarino del mundo. A mí, sinceramente, no me parece un plan tan malo. Pero puede que Ronaldo pretenda demostrar que el Madrid se equivocó con él. Acepto apuestas.
19 de Enero de 2007 - 10:57:27 - Juan Manuel Rodríguez - 13 comentarios
18 de Enero de 2007 - 13:38:58 - Juan Manuel Rodríguez - 6 comentarios
Fabio Capello se levantó el sábado cedro y el miércoles se acostó caña, pasando así de la rigidez del berilio a la elasticidad felina que solía exhibir en las paralelas la inigualable Nadia Comaneci. Ese fue justamente el adjetivo que empleó el italiano para referirse a su relación con el medio actor David Beckham: "elástico". Pero, como ocurre en las eliminatorias a doble partido, Capello perdió la suya por goleada en la ida cuando, de forma y manera absolutamente sorprendente, condenó al inglés a permanecer durante seis meses en el limbo del banquillo, a la izquierda de Bravo y a la derecha de López, el portero de los trescientos mil euros al año.
Me dio por pensar entonces si la metamorfosis de Capello habría tenido algo que ver con lo sucedido durante la reunión mantenida entre la plantilla y el presidente Ramón Calderón. Creo que Beckham estuvo realmente sembrado en su papel de estrella herida. Hubo un momento, incluso, en que a sus compañeros, literalmente rotos por la emoción, se les pasó por la cabeza pedirle un "bis" al marido de la pija, sobre todo cuando éste, dirigiéndose directamente a Calderón y Mijatovic, les dijo eso de que ya no les respetaba. Recordó mucho a aquella otra escena de Vivien Leigh en Lo que el viento se llevó, cuando la dueña de Tara, clamando al cielo, dijo aquello tan emotivo de "¡A Dios pongo por testigo que nunca volveré a pasar hambre!". Ahí corroboró Beckham que no era sólo un medio actor sino un actor completo y con tablas. Cruise, toma nota.
Hay a quien le van los palos más que a un tonto un lapicero. A Luis Aragonés le sucede, por ejemplo, que si le tratas con excesiva cortesía termina faltándote al respeto. Lo tengo comprobado. A lo mejor resulta que Capello está encuadrado en ese grupo de gente ligeramente masoquista y, tras observar cómo se manejaba Becks en el albero con los trastos de matar, decidió que acababa de encontrar un hombre para una crisis. O igual nada tuvo que ver con nada y Capello dijo aquello porque sí. En este "proyecto zigzag" cualquier cosa es posible, incluso que el entrenador siente en el banquillo a un cojo con tal de no tirar de Beckham. Claro que eso aconteció el domingo, día en el que Capello era todavía cedro y no había completado aún su transformación definitiva en la elástica Nadia Comaneci.
17 de Enero de 2007 - 15:23:46 - Juan Manuel Rodríguez - 18 comentarios
Yo comparo a Ramón Calderón con una bomba de racimo humana. Ya saben que, una vez lanzada una de esas bombas de racimo, de su interior se desprenden otras doscientas bombas secundarias; cada una de esas doscientas bombas más pequeñitas destruye todo aquello que se encuentre en un radio de cuatrocientos metros, y algunas de ellas no estallan, quedando enterradas en la tierra y pudiendo explotar en cualquier momento. Según la BBC este tipo de bombas son "tontas", lo que quiere decir que, al no contar con mecanismos de guía precisos, pueden errar el blanco. Ramón Calderón, en su ejercicio como presidente del Real Madrid, se comporta como una bomba de racimo humana. De su explosión sólo se salvó ayer Uli Stielike, y eso es porque vive en Alemania.
Para justificar lo injustificable, Calderón nos acusa de haber sacado de contexto su mascletá. No es cierto. Desde primera hora de la mañana situamos perfectamente el contexto en el cual se habían producido dichas manifestaciones: Centro de Estudios Universitarios Villanueva, ante cerca de cien estudiantes de Derecho y Empresariales. Lo que probablemente quiera decir Calderón es que nosotros editamos, manipulamos, cortamos o pegamos sus declaraciones. Miente. Dijo lo que dijo. Para mí que Calderón (ahí están sus acusaciones hacia Florentino Pérez) sigue creyéndose en la oposición, y no es así. Anoche tuvimos con nosotros a tres de los alumnos que asistieron a la conferencia de Ramón Calderón y que dieron buena fe de que las declaraciones eran, como no podía ser de otra forma, exactamente las mismas que emitimos a lo largo de todo el día en la Cadena Cope.
La metodología fue asombrosamente simple. Tuvimos conocimiento de que se iba a celebrar ese coloquio y Santiago Duque se presentó allí con su grabadora. Entró por la puerta principal, grabó, salió por la puerta principal, se vino para la radio y emitimos lo grabado. Punto. No pienso perder ni un sólo segundo en ese debate falsario, provocado esencialmente por aquellos que se comieron la noticia con patatas fritas, sobre la legalidad o la ilegalidad de lo que hicimos. El periodismo es un negocio para gente despierta y de Valdebebas sólo se pueden sacar quince minutos de grabación (de los cuales me sobran quince) y algún que otro parte médico. Y a veces, ni siquiera eso.
Sí quiero, sin embargo, acordarme aquí de José Ramón de la Morena, director de El Larguero de la Cadena Ser. La información ofrecida ayer por la Cadena Cope fue recogida por todos y cada uno de los medios de comunicación. Todos, claro, citaron su procedencia, incluidos As, El País y Cuatro, empresas pertenecientes al Grupo Prisa. Todos citaron salvo De la Morena. Y, como le ocurrió a Calderón, lo estropeó más cuando quiso arreglarlo. De la Morena les contó a sus oyentes que un estudiante llamó a Francisco José Delgado para ofrecerle el sonido, otro a Manolo Lama, otro más contactó con Alfredo Relaño y otro telefoneó a Enrique Ortego.
Debe ser que, de los cien estudiantes que asistieron estupefactos a la charla-coloquio, al menos noventa y nueve se pusieron en contacto con la Cadena Ser, pero, en unos casos porque el sonido era muy malo y en otros porque pedían mucho dinero a cambio, no quisieron o supieron emitirlo. El único sonido Dolby Surround 5.1 fue, curiosamente, el obtenido por mi compañero Santi Duque, que estaba situado en la cuarta fila del salón de actos y a una distancia aproximada de seis metros del presidente del Real Madrid. A otro perro con ese hueso.
16 de Enero de 2007 - 15:44:49 - Juan Manuel Rodríguez - 20 comentarios
Ya dije que, si me daban a elegir, yo prefería la actitud de David Beckham, que ha advertido en enero que él no seguirá en julio, antes que la de Fabio Capello. Hace diez años, Capello firmó por tres temporadas con el Real Madrid, pero luego sólo acabó cumpliendo una de ellas. Lo que yo no recordaba es que, siete semanas antes de que finalizara la Liga, Capello ya anunció públicamente que se iba. Fue, en concreto, el 29 de abril de 1997. Por eso, el efecto inmediato que produjo en el técnico italiano la pregunta realizada por mi compañero Miguel Angel Muñoz resultó tan letal como si, en lugar de haberle hecho una simple pregunta, le hubiera preparado un cóctel de toxina botulínica, ántrax, estricnina y cianuro a partes iguales: "¿Qué diferencia hay entre el caso de Beckham y el suyo propio?"...
Capello, que tiene más conchas que un galápago, aún tuvo tiempo suficiente para fabricar sobre la marcha una respuesta más o menos rápida: la diferencia era que el equipo de Beckham empieza su Liga en abril mientras que el suyo, que a la postre acabó siendo el Milan, lo hizo varios meses más tarde. Pero no es cierto. Puede que Los Angeles Galaxy empiecen a jugar en el mes de abril, pero Beckham nunca se incorporaría a su nuevo equipo antes del próximo 30 de junio, que es cuando concluye su contrato con el Real. El fondo de la cuestión es que Capello desconfía de la profesionalidad de Beckham, pero esa duda también podría habérsele aplicado en su día al entrenador. Y en su caso, si cabe, con mayor motivo puesto que Capello se fue a un rival directo del Madrid en la Champions League, mientras que Beckham emigra a una Liga de chicle, un campeonato que no importa a nadie, ni siquiera a los propios estadounidenses.
Ramón Calderón aseguró ayer que no quería echar más leña al fuego, pero al final acabó diciendo que el jugador les había toreado. Vamos, como lo hicieron Kaká, Cesc y Robben. Mientras el Real Madrid contrata un director de comunicación, el club sigue más perdido que una vaca lechera en el laberinto de la M-30. Calderón dice que la decisión de prescindir de Beckham ha sido de Capello, y Capello dice que la decisión la ha tomado el club. El caso es que el Real Madrid, ya sea por decisión de Fabio Capello, de Ramón Calderón o del alcalde de Tarilonte de la Peña, provincia de Palencia, acaba de tirar a la basura un montón de dinero y, de paso, se ha debilitado deportivamente a sí mismo. Y que conste que he dicho Tarilonte de la Peña al azar, no vaya a ser que al final, efectivamente, alguien quiera echarle la culpa al señor alcalde.
Beckham, por cierto, se marcha en absoluto silencio, sin decir una palabra más alta que otra y evitando criticar al Madrid por esperar hasta el último instante para intentar renovarle. El inglés sólo intervino en una videoconferencia después de que el club merengue, a través de su página web, confirmara que no habían alcanzado un acuerdo. Anoche oí de nuevo las intervenciones de Capello y Lorenzo Sanz de hace diez años en el programa "Super García" de la Cadena Cope. Lo cierto es que el italiano no dejó títere con cabeza y eso, naturalmente, provocó la intervención posterior del presidente. La marcha de Capello resultó traumática aunque el Real Madrid acabara ganando ese mismo año la Liga y luego, ya sin él sentado en el banquillo, la séptima Copa de Europa, la del histórico gol de Pedja Mijatovic. Beckham se va por la puerta grande, Capello lo hizo por la de atrás. Aunque ahora, una década después, parezca dispuesto por fin a cumplir íntegro su contrato.
15 de Enero de 2007 - 13:05:23 - Juan Manuel Rodríguez - 56 comentarios
Parece que, tras el anuncio de Fabio Capello de que no volvería a dejar desempeñar su trabajo al empleado cualificado David Beckham, los asesores del inglés barajaban, antes del partido contra el Zaragoza, una amplia gama de posibilidades entre las cuales se encontraba la de denunciar al club por mobbing. Sí, sí, han oído bien, mobbing, o lo que es lo mismo, acoso moral y psicológico en el trabajo. Y digo que los asesores barajaban esa posibilidad, así, utilizando el tiempo pasado del verbo "barajar", porque, tras observar detenidamente las evoluciones de Becks en su palco privado del estadio Santiago Bernabéu, he llegado a la conclusión de que este chico podrá estar fácilmente entre las diez personas con menos estrés de toda la Unión Europea. Además, los asesores del Real podrían alegar en defensa propia el conocido "precedente Helguera", futbolista a quien pretendían dejar sin dorsal hace un par de meses y que ayer, sin embargo, fue capitán del Madrid. Sorpresas te da la vida.
Habrá quien, provisto sin duda de la mejor voluntad aunque probablemente dueño de una "mente relajada" (consultar Rocky II), piense que, tras la victoria ante el Zaragoza y las derrotas de Sevilla y Barça, todo está en su sitio. A esos me gustaría recordarles que, en las últimas cinco Ligas disputadas, el Real Madrid acabó una vez cuarto, otra tercero, segundo en dos ocasiones y campeón en otra más, la temporada 2002-2003. De concluir así la Liga, el Madrid de Capello sería sólo mejor que el de la temporada 2003-2004. La única diferencia, claro, entre las cinco Ligas anteriores y ésta es que la actual todavía no ha bajado definitivamente el telón. Por otro lado soy de los que creen firmemente que si el Real Madrid saltara al campo sólo con un portero, un defensa central, dos extremos rapiditos y un delantero centro goleador, acabaría de todas formas clasificado entre los cuatro primeros. Ahí está el Madrid de los García para dar testimonio de ello.
En una de las Ligas más baratas que se recuerdan, el Real Madrid ganador y práctico de Capello anda tercero, con los mismos puntos que el Barça al que todavía le queda un partido por jugar. Al Zaragoza debieron contarle que los merengues estaban muertos y enterrados, de ahí que en la primera parte salieran dispuestos a bailar a once zombies. Se equivocaron. Luego, cuando quisieron apretar en la segunda, ya fue demasiado tarde. Para mobbing del bueno, el que a diario practica Capello con los aficionados merengues. Pero hoy no quiero hablar de cosas tristes porque ayer, por fin, se acabó la crisis. El Real Madrid ya es tercero, con los mismos puntos que el Barcelona y a sólo dos del Sevilla. Las cosas vuelven a estar en su sitio. Que vayan acordonando la Cibeles. ¡Viva Calderón! ¡Viva Mijatovic! ¡Viva Capello! ¡Abajo el voto por correo!
13 de Enero de 2007 - 19:35:27 - Juan Manuel Rodríguez - 16 comentarios
12 de Enero de 2007 - 17:49:03 - Juan Manuel Rodríguez - 16 comentarios
Recibido. Cuando Mijatovic afirmó el otro día que por fin habían detectado el verdadero problema del Real Madrid, lo que en realidad estaba queriendo transmitirnos a todos era que el problema del Real Madrid y, por supuestísimo, del actual Real Madrid, se venía arrastrando desde la etapa de Florentino Pérez, y que ellos, los "nuevos", estaban dispuestos a solucionarlo todo metiendo la tuneladora hasta el fondo del vestuario galáctico. El problema no es Emerson sino Beckham. Al fin y al cabo Emerson no se mete con nadie, mientras que Beckham tiene la fea costumbre de ir por el mundo vendiendo camisetas. Recibido.
Es como la historia de la carta. El máximo responsable de la CIA recibe en su despacho al que va a ser su sustituto. El novato le pide un consejo a su antecesor en el cargo y éste, a cambio, sólo le entrega dos cartas. "Cuando tenga usted muchos problemas y ya no sepa cómo solucionarlos, abra la primera carta. Cuando los problemas regresen, que regresarán, abra la segunda carta". El nuevo responsable de la CIA empieza su mandato pero, tal y como le advirtiera su antecesor, llega un momento en el que los problemas le obligan a echar mano de la primera de las dos cartas. En ella puede leerse lo siguiente: "Écheme a mí la culpa de todo". Eso funciona durante un tiempo aunque, al final, los problemas se recrudecen y al director de la CIA no le queda más remedio que abrir la segunda carta. En ella puede leerse lo siguiente: "Escriba usted otras dos cartas".
Ramón Calderón acaba de abrir la primera de las dos cartas, aunque no creo que se la haya entregado Florentino precisamente. La nueva versión de los acontecimientos, redactada deprisa y corriendo no vaya a ser que la jueza decida antes de tiempo, consiste en que, tras incorporar a la primera plantilla a Emerson, Diarra, Cannavaro, Marcelo, Van Nistelrooy, Gago, Higuaín y Reyes, y colocar además a Fabio Capello al frente del equipo, siguen detectándose todavía algunos ligeros restos galácticos que hay que eliminar como sea.
Habrá quien diga que Beckham es un futbolista mediocre que nunca debió fichar por el Madrid. Habrá quien afirme todo lo contrario. Habrá también quien opine que a Beckham sólo se le da bien la autopromoción. Habrá, incluso, quien le encuentre feo. Es bien conocido que de fútbol y de medicina todo el mundo opina. Sin embargo existen dos cosas incuestionables. La primera es que, al conseguir que Beckham cediera el cincuenta por ciento de sus derechos de imagen al club, Florentino Pérez hizo el negocio del siglo. La segunda tiene que ver con Calderón quien, hace sólo cuatro días, volvió a insistir en que el inglés se jubilaría aquí. Otra promesa incumplida. Otra carta por abrir.
11 de Enero de 2007 - 16:35:15 - Juan Manuel Rodríguez - 14 comentarios
Leo en la portada del diario Marca que Capello tiene la orden "del club" de no volver a convocar a Ronaldo, el primero de la lista negra. Pero el club, así, en abstracto, son muchas cosas. El club son sus jugadores, sus directivos, su historia, sus ex jugadores, sus ex directivos, sus aficionados... No veo a Roberto Carlos, por ejemplo, ordenándole a Capello que no vuelva a convocar a Ronaldo; ni tampoco a Di Stéfano o Amancio, o a un aficionado. Probablemente fuera más correcto decir que alguien del club le ha ordenado al entrenador que no vuelva a contar más con Ronaldo. Pero, ¿quién? ¿Quién podría haberle ordenado al italiano que dejara fuera a Ronaldo? A Beenhakker se le ocurrió hacer eso mismo con Emilio Butragueño y Ramón Mendoza le llamó a capítulo y le dijo que estaba jugando con el patrimonio del Madrid. El "buitre", desde entonces, no faltó a un sólo partido con Leo.
Sólo veo dos personas que estén en condiciones de decirle a Capello lo que tiene que hacer: Ramón Calderón y Pedja Mijatovic. Y aquí nos encontramos con un pequeño problema porque, el pasado 3 de julio, cuando el presidente del Real Madrid todavía hablaba con la Cadena Cope, Ramón Calderón nos dijo que él nunca se entrometería en la parcela deportiva. De forma que, si Calderón no miente (aunque todo es posible en esta vida), el proceso habrá sido el siguiente: Mijatovic ordena a Capello que no vuelva a convocar a Ronaldo, y luego el director deportivo del Madrid informa de su decisión al presidente, quien, naturalmente, dice a todo "amén".
Imaginemos esta otra: Valdano le ordena a Del Bosque que no vuelva a convocar jamás a Mc Manaman... ¿Qué estaríamos diciendo ahora mismo de Florentino Pérez? ¿Y de Valdano? ¿Y de Del Bosque? De Valdano y de Del Bosque estaríamos diciendo que son dos pelotas de Florentino. Pero, según esta información, Capello no obedece a Calderón sino a Mijatovic. ¿Hay alguien que piense de verdad que Capello va a admitir que Mijatovic cruce la línea roja del vestuario y que le diga a él lo que tiene que hacer? Sería mejor que llamáramos al pan, pan, y al vino, vino: Capello llegó aquí pensando que él iba a ser el hombre capaz de recuperar para la causa a Ronaldo. Pero Ronaldo es i-rre-cu-pe-ra-ble. Por otro lado, Ronaldo siempre ha sido así. Quien pensara que Capello y Ronaldo no iban a terminar chocando, o bien no conocía a Capello, o no tenía ni idea de quién era Ronaldo. O sea, o Calderón o su mano derecha deportiva no conocían a Capello o no tenían ni idea de quién era Ronaldo.
Resumiendo, que es gerundio; Calderón y Mijatovic, que ya están absolutamente quemados a ojos de la afición, pretenden salvar lo que todavía queda de Capello, que en realidad nunca ha contado con Ronaldo porque, tal y como dejó meridianamente claro este miércoles, el jugador sólo entrena "regular". Tranquilos porque, al final, la culpa de todo la tendrá, como casi siempre en estos casos, Florentino Pérez. Debe ser que el ex presidente continúa haciendo las alineaciones en la sombra.
10 de Enero de 2007 - 15:23:29 - Juan Manuel Rodríguez - 15 comentarios
Se ha producido un tremendo alboroto entre los periodistas deportivos tras la decisión que ha adoptado Capello de impedirnos presenciar los entrenamientos. Confieso que, nada más conocer la medida, lancé un entusiasmado "¡¡¡Al fin!!!!". Era tan entusiasmado ese "¡¡¡Al fin!!!" al que me refiero que, como habrán podido ustedes observar, va acompañado incluso de tres exclamaciones. Repito, "¡¡¡Al fin!!!". Ya puestos, ¿no podría impedírsenos presenciar también los partidos? ¿O dosificársenos al menos? A mí, que he visto todos los de este año (y pagando, cuestión ésta que debe aparecer tipificada como delito en alguna parte del Código Penal), se me hace cada vez más cuesta arriba. Quizá, y que conste que sólo estoy pensando en voz alta, si Capello me engañara o jugara un poquito conmigo, de forma parecida a esos papás que juegan al avioncito con sus hijitos para que se coman la papilla ("ésta por mamá, ésta por la abuelita, ésta por tito Fabio"), la cosa se me haría más digerible.
Ponerse a ver así, de sopetón, sin engaños, ni juegos, ni transiciones, un partido completo del Madrid de Capello puede resultar tóxico. Sé de un socio madridista a quien, tras ver completo el Real Madrid-Recreativo de Huelva, luego tuvieron que hacerle un lavado de estómago. Por eso me permito el lujo de recomendarle desde aquí al señor Capello que no nos deje ver nada, que nos ciegue del todo, porque ese cuarto de hora, esos novecientos segundos que parecen insignificantes, pueden acabar siendo letales. Por otro lado, entiendo como razonable el hecho de que Fabio tenga que hacer sus cosas y que quiera hacerlas en absoluta intimidad. Seis millones de euros al año dan para mucho, y deben ser también muchas las maletas que se pueden hacer con tanto dinero acumulado.
A mí, mientras Capello trata de descubrir el fuego, lo que me preocupan son otras cuestiones. Por ejemplo, la alarmante ausencia de carácter de un vestuario que el lunes, tras la derrota ante el Depor, mandó al pobre Marceliño para que diera su experta opinión sobre lo acontecido en Riazor, y que el martes, después del aluvión de palos del héroe de la séptima, colocó por delante al bueno de Diego para que sirviera como escudo humano. Carne de cañón. Nueve meses después de que Fernando Martín, a quien Calderón untó con brea para luego emplumarle, afirmara con severidad que nadie podría seguir jugando en el Real Madrid dejándose guiar por la ley del mínimo esfuerzo, Mijatovic ha llegado a la conclusión de que sobran seis, ocho, diez, dieciséis futbolistas, y que hay que deshacerse de ellos como sea. Juguemos a las combinaciones. Se reúnen Capello, Mijatovic y los jugadores. ¿Culpable? Calderón. Otra más: se reúnen Calderón, Mijatovic y los jugadores. ¿Culpable? Sí señor, Capello. ¿Quieren otra? Se reúnen Calderón, Capello y los jugadores. ¿Quién tiene la culpa? Efectivamente, Mijatovic. Pero todo el mundo sabe que la culpa fue del cha-cha-chá. Ya lo dice la canción.
9 de Enero de 2007 - 15:43:27 - Juan Manuel Rodríguez - 14 comentarios
Naturalmente que, como aventuraba ayer Mijatovic tras su urgentísima e inaplazable (tanto que el técnico tuvo que ausentarse del entrenamiento) reunión con Calderón y Capello, los problemas del Real Madrid están "detectados". Yo, sin ir más lejos, los localicé hace más de medio año, y eso que no me dedico a la quiromancia, ni soy curandero, ni tampoco leo el futuro en una bola de cristal. Coincido, pues, con Pedja en que los problemas están detectados, como él dice, aunque tengo la ligera impresión de que los suyos y los míos no coinciden; para saberlo habría que aplicarle al montenegrino la prueba del polígrafo.
El primer problema, detectado allá por el mes de mayo, fue el innecesario proceso electoral al que unos cuantos socios quisieron abocar al club y, de forma muy destacada y principal, el actual presidente. Es cierto que Fernando Martín lo hizo muy mal, sí señor, eso es cierto, nadie con dos dedos de frente podría negarlo, pero, transcurridos algunos meses desde que a Martín le "fueron" de la presidencia, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Ramón Calderón ha dejado en mantillas a su antecesor en el cargo. El segundo problema, detectado en la misma noche del 2 de julio, fue la victoria en sí de la candidatura encabezada por Calderón, y cómo se produjo ésta, de penalti injusto (tan injusto que ahora, medio año más tarde, deberá resolverlo la jueza) y en el último minuto.
El tercer problema, advertido poco tiempo después, fue el grave incumplimiento de la palabra dada por el susodicho Calderón a sus socios, prometiendo unas cosas y haciendo justo las contrarias. Otro problema, que sería el cuarto si no me fallan las matemáticas, lo constituyó la persona a la cual entregó Calderón su proyecto deportivo. Y es que, definitivamente, Capello ya no está para estos trotes, ni representó nunca, por mucho que se empeñaran sus juglares en vendernos una moto averiada, el estilo de fútbol que ha hecho grande al Real a lo largo de su centenaria historia. El quinto problema es el propio Calderón, el presidente de Kaká, el presidente que iba a ir dos o tres veces a La Cibeles, el presidente del voto por correo, el presidente a quien le dimiten los directivos a las primeras de cambio, el presidente de la NBA, el presidente del mejor contrato televisivo de la historia del deporte mundial, el presidente que desveló una conversación privada con Raúl, el presidente que había renovado de por vida a Beckham...
Y el sexto problema es la pobre calidad de algunos de los jugadores fichados y, por qué no decirlo, la edad de los mismos: Diarra, Cassano, Reyes o Emerson, por poner sólo algunos ejemplos, serían si acaso suplentes en el equipo que Capello hizo campeón hace diez años. Pero, como dije al principio, interpreto que mi lectura no debe coincidir con la que hicieron presidente, director deportivo y entrenador este lunes en Valdebebas. El proyecto se les quedó en "pro". Era necesaria mucha generosidad, pero nadie la tuvo. Ahora habrá que esperar a que la justicia decida qué hacer y, después de tanto desatino acumulado, los madridistas deberán rezar mucho y hacerlo lo más deprisa que puedan. Y, de ser cierto eso que dice el refrán de que para aprender a rezar no hay como viajar por el mar, ya veo a Florentino alquilando el "Pitina II" por horas. Se va a volver a forrar.
8 de Enero de 2007 - 10:15:24 - Juan Manuel Rodríguez - 39 comentarios
En La Coruña, Fabio Capello tomó un montón de decisiones chocantes, como si, tras dejar atrás las vacaciones, el año nuevo y la reanudación de la Liga le hubieran sobresaltado. La primera sorpresa la dio al dejar a Robinho en la grada; definitivamente el brasileño no es Pelé, aunque ha sido de los poquitos que han aportado algo. Si inesperada resultó la ausencia de Robinho, más aún lo fue la presencia de Cassano, líder de la Quinta del Donut, futbolista problemático donde los haya y que tiene los dos pies fuera del Real Madrid. Cassano, que hace bien poco llamó sinvergüenza al entrenador, estuvo a puntito de saltar al césped de Riazor. En su lugar, al final, lo hizo David Beckham. Puede que del inglés también se esperara más cuando llegó, pero al menos Beckham es un profesional, un gentleman, y se deja el alma en el campo.
Para complicarlo todo aún más, Capello colocó a Sergio Ramos como lateral izquierdo en sustitución del lesionado Roberto Carlos. A Marcelo, que ha jugado siempre en esa posición y que ha llegado precisamente para facilitarle la transición a su compatriota, le dejó en el banquillo, mientras que Raúl Bravo, que no es santo de mi devoción pero que siempre ha jugado como "3", ni siquiera viajó a Galicia. En vista de que Diarra continúa pagando los efectos colaterales provocados por la cámara indiscreta, el italiano tuvo que echar mano del recién llegado Gago, y al argentino, con Guti fuera, le pudo el partido. El caso es que si todas esas decisiones, a cual más enrevesada, las hubiera adoptado, por poner un caso, Carlos Queiroz, todo el mundo estaría pidiendo ahora mismo su fulminante destitución.
Capello, a quien habrá que reconocerle al menos que ya no vaya por ahí creyéndose la reencarnación de Beniamino Gigli, dijo, tras el 0-3 ante el Recre, que no sabía qué había podido suceder y que preguntaría a los jugadores. Han transcurrido veinte días desde entonces y sigue sin saberlo. Ayer sólo acertó a farfullar que a Cannavaro le sale todo mal y que algunos hombres no están, que debe ser el título de la continuación de Algunos hombres buenos sólo que, en esta ocasión, sin la presencia de Tom Cruise. Michel se soltó la lengua tras el varapalo del último partido de 2006 y afirmó tajantemente que había mucha gente que ya estaba pensando en las vacaciones de Navidad. ¿En qué estarían pensando ayer? No lo hago para desanimarles pero, según salió publicado en el BOE del pasado 10 de noviembre, sólo hay nueve festivos comunes a toda España, y para el próximo, que será el viernes santo, hay que esperar todavía hasta el 6 de abril. Quedan, pues, tres largos, insufribles e inacabables meses por delante. ¿Qué tal si los pasamos en un Dunkin Donuts? Creo que han sacado un bollo nuevo con almendras que está riquísimo.
6 de Enero de 2007 - 12:12:57 - Juan Manuel Rodríguez - 11 comentarios
5 de Enero de 2007 - 13:47:16 - Juan Manuel Rodríguez - 9 comentarios
Es curioso porque, tan sólo veinticuatro horas antes de que se celebraran las elecciones a la presidencia del Real Madrid del pasado 2 de julio, Lorenzo Sanz, uno de los cinco candidatos, anunció que había llegado a un acuerdo con el Olympique de Marsella para contratar al jugador francés Franck Ribéry, la auténtica sensación del Mundial de Alemania. Cuando los periodistas preguntábamos a los otros candidatos sobre los fichajes anunciados por Ramón Calderón, todos ellos, pero de forma muy especial el ex presidente Sanz, afirmaban contundentemente que era imposible que vinieran al equipo. Lorenzo tenía, y mantiene aún, muchos contactos internacionales de su etapa de presidente, y debe ser que cuando preguntaba por Kaká se encendían todos los pilotitos rojos. Decía al principio que es curioso, pero no añadía por qué lo es. Es curioso que Sanz anunciara un acuerdo con el Olympique el 1 de julio de 2006 y ahora, en enero de 2007, cuando ya ha pasado medio año, a Pedja Mijatovic se le ocurra que lo mejor para el Real Madrid es fichar a Ribéry.
Sanz, que fue de todos los candidatos el más modesto a la hora de anunciar grandes incorporaciones, dijo tener también atados a Emerson, Michael Carrick, Khalid Boulahrouz, Gianluca Zambrotta y... ¡Fernando Gago! Sí, sí, ese Gago, el mismo Gago que ahora acaba de comprarle Calderón a Boca Juniors por veinte millones de euros, un precio tirado según Diego Maradona, enemigo mortal, todo sea dicho de paso, del presidente Mauricio Macri. Yo creo que Sanz estaba tan seguro de que no vendría Kaká como de que él no tenía la más mínima posibilidad de ganar las elecciones, pero me gustará preguntarle algún día si él iba a pagar más o menos de esos veinte millones de euros por el jovencísimo medio centro argentino. Será interesante saberlo.
Emerson también vino al Madrid, mientras que Zambrotta ya es imposible que lo haga puesto que fichó por el Barcelona, pero en el futuro habría que estar atento a las incorporaciones que cierre Mijatovic que, si no me equivoco, serán Carrick y Boulahrouz. El primero dejó el Tottehman para irse al Manchester, mientras que el "animal" llegó al Chelsea procedente del Hamburgo; ambos cambiaron de equipo, por cierto, un mes después de que concluyeran las elecciones del Madrid. Tras las incorporaciones del inglés y el holandés, que ahora serán notablemente más caras, Mijatovic cesará a Capello, tras la correspondiente indemnización, y le ofrecerá el puesto de entrenador a Vicente del Bosque. Por último, dimitirá él mismo tras pedirle por favor a Monchi que se haga cargo de la dirección deportiva madridista, cuestión ésta que será rápidamente interpretada por Del Nido como una declaración de guerra en toda regla. Tiene poco tiempo Pedja para dejarlo todo atado y bien atado, en concreto veinticuatro días, porque el 29 de enero se celebrará el tristemente famoso juicio sobre el voto por correo, y entonces probablemente salte de ahí incluso el propio Calderón. Lo de que Sanz acepte la presidencia sólo por tres semanas lo tiene sin duda más complicado el montenegrino. Si lo logra habrá calcado, por fin, el proyecto deportivo de Lorenzo, regresando así al futuro.
4 de Enero de 2007 - 17:19:51 - Juan Manuel Rodríguez - 3 comentarios
Está contentísimo Del Nido con eso de que le hayan elegido como uno de los hombres más odiados por la afición culé. Me imagino que la medalla de oro habrá sido, otra vez, para Figo, sempiterno campeón mundial de esa curiosa clasificación. Lo último que dijo el portugués, refiriéndose a la ciudad de Barcelona, es que ya no vuelve por allí porque tiene mucho miedo a que le salga cualquier loco por la calle. Lo siento Luis, pero te veo ahí, en lo más alto del podio, por los siglos de los siglos. En lo que tiene razón, sin embargo, Del Nido es en que su irrupción en la lista de los más odiados responde al miedo que produce el Sevilla entre los barcelonistas. Friedrich Nietzsche decía que no se odia más que al igual o al superior y es verdad que, cuando preguntas en Barcelona qué equipo ven este año como su máximo rival, la mayoría apuesta por el Sevilla en detrimento del Real Madrid.
El top ten del odio culé ha estado tradicionalmente ocupado por madridistas y, en lo que a directivos se refiere, por presidentes del Real Madrid: Mendoza y Sanz fueron bastante odiados, más el primero que el segundo, aunque el más antipático de todos fue, de largo, Florentino Pérez. Pérez, que es un tío listo, nunca alcanzó un grado de atontolinamiento tal como para salir públicamente afirmando que él estaba encantado de que le odiaran en Barcelona, pero estoy seguro de que, en la intimidad, disfrutaba un montón sabiendo que nadie le tragaba en la ciudad condal. Del Nido dice que si el Sevilla estuviera clasificado en la decimoctava posición de la tabla nadie le prestaría atención, pero yo creo que Del Nido tiene recursos suficientes como para caer mal siendo primero, quinto, duodécimo o farolillo rojo. Hay quien nace con el duende del baile, y el presidente del Sevilla nació con el duende de caer mal a la gente, qué le vamos a hacer...
Aunque sólo fuera por curiosidad me gustaría saber qué lugar ocupa en la clasificación don Ramón Calderón. Si es cierto que ya no está entre los cinco primeros habrá que apuntarle en el "haber" el cumplimiento de otra de sus promesas electorales. Estaba muy preocupado el presidente del Madrid con eso de que el Real no cayera bien fuera de la capital, como si lo del lanzamiento de pelotas, piedras o huevos en Barcelona, Pamplona o Sevilla arrancara desde el año 2000. Que les pregunten a Hugo o a Stielike cómo caían ellos en el viejo Sadar o en San Sebastián. Fatal, caían fatal. Como caía fatal en el Santiago Bernabéu Hristo Stoichkov. O Figo y Luis Enrique cuando jugaban con la camiseta del Barça. Su obligación consistía en caer mal cuando jugaban fuera de casa, y cuanto peor caían, mucho mejor le iba a su equipo. Seguro que si Calderón no consigue ningún título este año pasará directamente de la lista de los más odiados a la de los más admirados. Y de ahí a la indiferencia hay sólo un paso.
3 de Enero de 2007 - 17:40:59 - Juan Manuel Rodríguez - 9 comentarios
En el fútbol, como en los toros, lo más inmediato casi siempre sale victorioso, y eso es así porque, al contrario de lo que sucede en otras disciplinas artísticas como el cine, la literatura o la música, no existe registro, en este caso visual, de algunos de los mejores jugadores y toreros de la historia. Y, en caso de existir, o está muy dañado o es muy difícil conseguirlo. Uno puede ver repetida cuantas veces quiera La fiera de mi niña o Arsénico por compasión y llegar a la conclusión, inevitable desde mi punto de vista, de que Cary Grant, que lleva muerto veinte años, es el mejor actor de toda la historia e infinitamente mejor actor de lo que pueda serlo jamás, por poner sólo un caso, Jack Nicholson. Otra cosa distinta es que si, ahora mismo, en este preciso instante, saliéramos a la calle e hiciéramos una encuesta sobre quién ha sido el mejor actor de la historia, Nicholson sacaría mucha ventaja a Grant. Pero eso no tendría tanto que ver con la inmediatez como con el buen gusto.
El otro día me sorprendió mucho ver cómo un veterano aficionado madridista felicitaba a Zinedine Zidane porque había sido el mejor futbolista que él había visto en el estadio Santiago Bernabéu. No sé cuántos años tendría, setenta, puede que setenta y cinco. La edad suficiente, en cualquiera de los casos, como para haber visto en acción a los Di Stéfano, Puskas, Gento o Rial de los que habla sin cesar todo el mundo. Sin embargo la actitud de este aficionado es perdonable por dos motivos: el primero es que Zidane ha sido, tal y como él afirmaba, un extraordinario futbolista, un jugador único; el segundo motivo, más sentimental, es que, justo ese día, el francés se despedía como futbolista profesional. Pepe, Luis, Antonio o Juan, como quiera que se llamara ese viejo madridista, perseguía homenajear a Zizou y cargó la mano. El suyo es un pecado venial.
Seguro que, entre los aficionados más jóvenes, Zidane tiene ventaja sobre Puskas o Di Stéfano del mismo modo que la tendrá, imagino, el Juli sobre el Viti. A mi modo de ver sólo existiría una forma de resolver la hipotética disputa entre uno y otro maestros del toreo, y sería pudiendo verles a ambos en acción, repetidamente, y así apreciar con detalle sus mejores y sus peores corridas, porque cuando uno es muy bueno, muy bueno, muy bueno, lo es incluso cuando tiene una mala tarde. Para esa encuesta perfecta no valdrían un pase de pecho por aquí o una gaonera por allá, igual que no valdrían tampoco un taconazo o un pase de la muerte sueltos. Habría que verlo todo. Y habría que verlo muchas veces.
El Mundo Deportivo acaba de realizar una encuesta entre todos sus lectores para saber el once ideal de la historia del Barça. El más votado ha sido Puyol. Más que Ramallets. Más que Kubala. Más que Luis Suárez. Más que Asensi. Más que el mismísimo Johan Cruyff. Más que Maradona. Más, por supuesto, que los apestados Figo o Ronaldo. Más incluso que Ronaldinho. Más que Simonsen. Más que Koeman. Más que Samitier. Más que Guardiola. Puyol ha sido más votado que ninguno de ellos. Vuelve a ganar la inmediatez. Y de nuevo pierde Cary Grant.
2 de Enero de 2007 - 17:38:18 - Juan Manuel Rodríguez - 6 comentarios
Más de tres décadas después de que se estrenara la mítica Rocky y dieciséis años más tarde de que, tras la aparición de la quinta secuela, todos diéramos erróneamente por sentado que Sylvester Stallone cerraría definitivamente la serie, aparece la sexta y sorprendente entrega de la vida y milagros del entrañable "potro italiano" y también de Paulie, su cuñado, que es el único que le aguanta el tren. En Rocky Balboa, que no Rocky VI, el ex campeón mundial de los pesos pesados, viudo de Adrianna Pennino, dueño de un restaurante que lleva precisamente el nombre de su mujer y padre de un hijo con problemas, vuelve a subirse a un cuadrilátero para enfrentarse a Mason "La Línea" Dixon, actual campeón mundial, interpretado por Antonio Tarver, boxeador en la vida real.
Dicen que Stallone, probablemente aburrido y seguramente podrido de dinero hasta las cejas, dará también vida próximamente a su otra gran creación, el veterano de la guerra de Vietnam John J. Rambo, en la que sería la cuarta y nunca sabremos si definitiva secuela de la serie. Veré, claro, Rocky Balboa. De las cinco anteriores sólo tengo que decir que fueron de más a menos. La mejor, sin duda alguna, fue la primera, "Rocky", y luego, a medida que fueron añadiéndole números romanos al apodo boxístico de Balboa, todo fue decayendo. Dicen que la sexta, y sólo probablemente definitiva entrega, es mejor que sus cuatro antecesoras. El 12 de enero podremos dar fe de todo ello.
Como supongo que les pasará a ustedes, a mí tampoco para de darme vueltas a la cabeza la edad de Sylvester Stallone. Dando por hecho que Rocky Balboa nació, como su padre cinematográfico, en el año 1946, el ex campeón mundial estaría subiéndose a un ring para enfrentarse a un boxeador que es veintidós años más joven que él. Eso, naturalmente, si volvemos a dar por hecho que la edad de "La Línea" es la misma que la de "Magic Man", apodo por el que conocen al verdadero Tarver. ¿Podría un hombre de sesenta años vencer a otro de treinta y ocho? Lo dudo. El de sesenta tendría que ser demasiado bueno y el de treinta y ocho un auténtico "paquete", en ningún caso el vigente campeón mundial. En junio, Tarver se enfrentó a Bernard Hopkins, un púgil de cuarenta y un años, con el campeonato mundial del peso semipesado en juego; entonces perdió a los puntos el más joven, pero la diferencia de edad entre ambos era sólo de tres años y Hopkins es infinitamente mejor boxeador de lo que pueda serlo nunca Tarver.
Por ejemplo George Foreman, uno de los mejores pesos pesados de toda la historia, ostenta el récord de senectud a la hora de proclamarse campeón mundial: lo consiguió con 45 añazos. Evander Holyfield, otro púgil extraordinario, acaba de regresar a los cuadriláteros con cuarenta y cuatro, y en noviembre consiguió vencer a Fres Oquendo, que tiene treinta y tres. Roberto Durán, campeón en cuatro divisiones distintas, intentó infructuosamente el asalto a la corona de William Joppy con cuarenta y siete años, los mismos que tenía Archie Moore cuando defendió la suya ante Giulio Rinaldi. Foreman, que tiene ahora cincuenta y siete años, dijo hace dos que volvería a pelear si conseguía encontrar un rival que estuviera a su altura. Pues ya sabe, que pregunte por Sylvester Stallone: la dirección de la agencia que le representa aparece en la red. Es sólo por dar una idea.
1 de Enero de 2007 - 12:41:22 - Juan Manuel Rodríguez - 3 comentarios
Del neorrealista "Juicio al 2006" con el que los geniales Cruz y Raya despidieron el año viejo en Televisión Española, yo, por evidente deformación profesional, me quedo con el sketch de la rueda de prensa ofrecida por Ángel María Villar para realizar un pormenorizado balance de la participación española en el Mundial. Y elijo ese sketch porque Villar es así, tal y como le interpretó José Sánchez Mota, muy contenido por cierto en su papel de presidente federativo: kafkiano en sus respuestas, con un toque lunático en la actitud que suele mantener hacia los medios de comunicación, esquivo por agotamiento ("No es que yo no me quiera mojar, no, que yo me mojaría, pero el médico me ha dicho que es malo, no sólo para mí sino en general") y, en definitiva, montypythoniano, aunque la palabra suene fatal.
En un momento determinado, especialmente brillante, al Villar de Cruz y Raya le preguntan cuándo piensa él que España estará en condiciones de ganar un Mundial, y Villar responde, sin titubear, lo siguiente: "En 2007". El periodista le explica que 2007 no es año de Mundial, y Villar sentencia: "Ni falta que nos hace, sabemos dónde guardan la Copa los italianos". A la hora de dar una alineación tipo, creo recordar que Villar coloca a veintitrés jugadores sobre el campo. Otro periodista trata de razonar con él y le explica que el árbitro se dará cuenta, y Villar vuelve a noquearnos a todos con su bobaliconería: "Imposible, el árbitro no se dará cuenta porque la mitad de nuestros jugadores irán vestidos con la camiseta del equipo rival". Villar, más crecido y seguro de sí mismo que nunca, anticipa que España disputará la final del próximo campeonato del mundo. "¿Por qué está usted tan convencido?", le pregunta otro periodista, y Villar responde: "Porque la final del Mundial se jugará en el primer partido del campeonato". Y así hasta el final.
Si, en lugar de los ya tradicionales lavados de pies a los que someten, supongo que en contra de su férrea voluntad, al presidente en el Pravda federativo, un día alguien decidiera arriesgarse y publicar, una por una, todas las respuestas y cada una de las propuestas de José Sánchez Mota, el moreno de Cruz y Raya, en lugar de las habituales contestaciones de Ángel María Villar, no creo que nadie notara la diferencia ni se quejara tampoco. En otro momento de esa rueda de prensa le preguntan al Villar de Cruz y Raya qué estilo cree él que definirá a nuestra selección en los próximos años, y Villar responde: "Al igual que la seña de identificación de Brasil es el jogo bonito, la nuestra será el cobro bonito". No hay más preguntas.