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Rosell, Gaspart y cómo tocar fondo

Resulta hasta cierto punto lógico que, entre tanto veneno político, la inmundicia deportiva pase inadvertida, pero conviene reseñar que entre ayer y hoy se han producido las declaraciones de dos ex presidentes del Fútbol Club Barcelona que avergüenzan a cualquier persona que esté en su sano juicio y no haya perdido sus cabales, con la única salvedad de que ni Sandro Rosell ni Joan Gaspart, que es a los dos ex presidentes culés a los que me refiero, son vicepresidentes del Gobierno y, por lo tanto, la estricnina de sus palabras tiene una dimensión menor y el daño que provocan está más controlado. Mire, Rosell, mire, usted, como tantas otras personas, ha sido víctima de un sistema judicial que es imperfecto. Permaneció usted 604 días en prisión preventiva para, al final, ser absuelto de los cargos que se le imputaban.

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Se equivocó el halcón Cristiano, se equivocó

Además de un fantástico jugador de fútbol, sin lugar a dudas uno de los mejores del último cuarto de siglo y también un goleador sin igual, Cristiano Ronaldo es un extraordinario dominador de la escena, un actor fantásico. Si en lugar de Elijah Wood, que tiene cara de asustado todo el tiempo, la saga del Señor de los Anillos, de la que muchos ya conocen mi opinión, la hubiera interpretado Cristiano, ésta habría sido más digerible, menos pesada por las noches. Digo todo esto a propósito de una escena que dio varias veces la vuelta al mundo y que se produjo nada más acabar la final de la Champions de 2018, de la que hoy precisamente se cumplen dos años. El periodista le preguntaba a Cristiano por la dificultad del partido ante el Liverpool, después por si su chilena ante la Juventus fue más o menos bonita que la de Bale que valió La Decimotercera y, ya al final, le preguntaba a CR7 por el futuro proyecto madridista y si volvería a estar encabezado por él, y el máximo goleador histórico del Madrid respondía: "Ahora a disfrutar del momento y en los próximos días sí, en los próximos días daré una respuesta a los aficionados, que esos sí han estado siempre de mi lado y... fue muy bonito, fue muy bonito estar en el..." En ese momento, y justo antes de soltar la bomba, Cristiano se toma un respiro, bebe agua y acaba: "En el Real Madrid". Eso es lo que, con paradiña incluída, dijo Cristiano aquel día: "Fue muy bonito estar... en el Real Madrid".

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La Séptima por todo

Dani Blanco escribía ayer en Libertad Digital acerca de la final de la Champions de 2012 entre el Bayern de Múnich y el Chelsea que, de forma y manera sorprendente, acabaría ganando el equipo inglés en la tanda de penaltis tras llegar al tiempo reglamentario ,y también después de una prórroga, con empate a uno en el marcador. Y, añadía Dani en Twitter lo siguiente: esa final la ganó "el menos esperado". La ganó, efectivamente, el menos esperado entre otras cosas porque el Chelsea tenía peor equipo que el Bayern, porque la final se disputó en Múnich y porque Thomas Müller adelantaba en el marcador a los locales y favoritos en todas las quinielas en el minuto 83 de partido, cuando agonizaba el partido. Luego, y a dos para el final, empataría Didier Drogba.

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¿Pretende el Barcelona pagar a Lautaro y Neymar con nuestro dinero?

Nos vemos irremisiblemente abocados a un fútbol profesional distinto. Aquella burbuja que especulábamos que tarde o temprano estallaría en mil pedazos y que algunos, como Florentino Pérez, previeron (de ahí justamente que adaptara su nueva política de fichajes a los nuevos tiempos que intuyó que se avecinaban) que llegaría, la pinchó la crisis económica, sí, pero por un elemento con el que absolutamente nadie contó, una pandemia provocada por un virus hasta ahora desconocido por la humanidad. De forma que, como en otras muchas parcelas de nuestra vida cotidiana, lo que ha hecho el Covid-19 ha sido acelerar la descomposición de lo que, al menos durante algún tiempo, podremos llamar perfectamente el "viejo fútbol", dando paso a uno nuevo en el que, de repente, cobrará de nuevo protagonismo una práctica tan vieja como la misma humanidad, la del trueque, el canje, o sea el puro y duro intercambio: no tengo dinero para pagarte el jugador que me interesa pero, a cambio, te ofrezco este otro futbolista que sí podría interesarte a ti.

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Clattenburg perjudicó al Real Madrid

¿Por qué decimos que un jugador dice tal o cual cosa cuando en realidad ha dicho otra bien distinta? Supongo que un amateur de la información puede permitirse el lujo de hacerlo porque da igual pero, hombre, que lo haga un periodista profesional no está bien. No está bien que alguien que se dedica profesionalmente al periodismo insista en que Courtois ha dicho que el Real Madrid merece la Liga porque ganó un partido y empató otro ante el Barcelona, más que nada porque el portero del Madrid no dijo algo ni remotamente parecido a eso. Si, además, la productora de ese periodista es la misma que la de Real Madrid TV... la cosa empeora. ¿Y por qué amputamos unas declaraciones y las dejamos incompletas? En una discusión de barra de bar no tiene importancia pero, hombre, tratándose de periodistas... no está bien, no señor, no lo está.

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A propósito de Gareth Bale...

Hace ya seis meses aproximadamente que Gareth Bale apareció con aquella tristemente famosa pancarta de "Gales, golf y Madrid, en ese orden", y creo que aún hoy hay madridistas que no entendieron mis críticas de entonces hacia el galés, que fueron dobles por aquella manía suya de insistir en marcharse diez minutos antes del campo cuando aún estaba jugando el equipo. Si hay madridistas que no comprendieron mis críticas hacia Bale puede ser por dos motivos: uno, que haya quienes no quieran entenderlas o, dos, que yo no me haya explicado bien. Es a los segundos a los que yo me dirijo puesto que nada hay que hacer, ni tampoco merece la pena perder el tiempo, si alguien no quiere entenderte.

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Habla Nadal y salta la rana podemita

Los enemigos de España, muchos de ellos nacidos para nuestro infortunio en territorio nacional español, perciben desde hace algunos años que Rafael Nadal Parera se ha convertido de un tiempo a esta parte en un rival a tener en cuenta, uno a quien conviene seguir de cerca por si hay que hacerle algún escrache. Sucede también con otros deportistas, como por ejemplo Fernando Alonso, pero de un modo especial ocurre con Nadal porque Rafa reúne todas y cada una de las condiciones necesarias imprescindibles para descabalgarles en su intento calculado de destrucción de la nación española: Nadal es probablemente el mejor deportista español de todos los tiempos, es un hombre siempre elegante tanto dentro como fuera de las pistas, no se le conoce una salida de tono y, como los vinos, resulta que según ha ido cumpliendo años la dimensión de Rafa ha ido agigantándose, ha ido creciendo del mismo modo que creció hasta sobrepasar el aspecto estrictamente deportivo la de aquellos que han sido considerados los mejores deportistas de todos los tiempos. Ali boxeaba, sí, pero no era sólo un boxeador sino que se acabó convirtiendo en un líder, de modo que cuando Ali hablaba la gente le prestaba atención y eso es precisamente lo que odian los mediocres, los huraños, los insulos, en definitiva las malas personas.

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Illa y el protocolo fantasma

El protocolo suscrito este pasado jueves, hace de eso cuatro días como quien dice, entre el Consejo Superior de Deportes, la Liga de Fútbol Profesional y la federación española de fútbol, ese protocolo del que todos teníamos que sentirnos satisfechísimos y por el cual íbamos a ser señalados como ejemplo a seguir, como referencia a imitar, ese protocolo, sí, el protocolo... ha muerto. Viva, pues, el protocolo. Juanfe Sanz lo explicaba anoche magníficamente bien en su perfil de Twitter. El caso es que el ministerio de Sanidad dio el visto bueno al protocolo emplazando a la utilización del test con la vista puesta en el Real Decreto del 13 de abril, esto es bajo estricta prescripción médica y siguiendo las instrucciones y criterios acordados por la autoridad... sanitaria, por supuesto. Hasta el 13 de abril cualquiera podía hacerse de forma privada el test, cualquiera, pero desde el 13 de abril, y hasta nueva orden, la realización del test se tiene que hacer en teoría porque así lo decida un médico, otra cosa distinta es la práctica de lo que esté suciendo ahora mismo.

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¿Seré del Cenizo Fútbol Club?

Todos queremos recuperar cuanto antes la normalidad, todos. No la nueva normalidad, que es un término muy orweliano, no. Sólo Dios sabe a qué se refiere exactamente Grande Marlaska con lo de la nueva normalidad, da escalofríos de pensarlo. Lo que queremos es recuperar la normalidad de nuestras vidas, así, a secas; lo que queremos es poder entrar, salir, subir, bajar, abrazar y besar cuánto, cuándo, cómo y dónde decidamos nosotros sin tener que dar explicaciones a papá Estado de nuestros movimientos. Y esa normalidad que absolutamente todos queremos recuperar incluye, por supuesto, el fútbol... a aquellos a quienes nos gusta el fútbol. Así que no hay debate ni sobre una cosa ni sobre la otra: "¿Quieren ustedes recuperar la normalidad?" Por supuesto que queremos. "¿Y quieren además que vuelva el fútbol?" Naturalmente. No hay debate, todos estamos de acuerdo. Lo que, ante un regreso precipitado de nuestra Liga, advertimos aquellos a quienes Felipe del Campo define tan brillantemente como el Cenizos Fútbol Club, es que llama la atención que hoy, después de aprobarlos para luego anularlos, el Gobierno de Pedro Sánchez haya dado el banderazo de salida para los test de los futbolistas y haya aprobado también el calendario de reincorporación gradual a los entrenamientos mientras que Francia u Holanda, por ejemplo, ya han decidido suspender el campeonato e Italia y Reino Unido se lo piensan.

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Aquella fantástica noche de los aspersores...

Hay personas que tienen aficiones muy raras. Respetables, sí, pero raras, poco comunes. Poca gente sabrá que, ahí donde lo véis, con esa pinta de matahombres que tiene, Mike Tyson es un amante de las palomas, y lo es desde crío. Angelina Jolie, por ejemplo, colecciona cuchillos mientras que Johnny Depp es un fanático de la muñeca Barbie. Paris Hilton adora cazar ranas y Rod Stewart tiene un montón de maquetas de tren. A Jay Leno, más vulgar, le dio en su día por los coches, y a David Arquette le relaja el punto. A mí, sin ir más lejos, me chifla coleccionar figuritas del Capitán América, que andan por ahí todas revueltas por la habitación a la busca y captura de Cráneo Rojo. Xavi Hernández adora sermonear, colecciona sermones. Son sermones que dividen entre el bien, que representa por supuesto él, y el mal, que representan aquellos que defienden otra cosa o, simplemente, tienen una opinión o un gusto diferentes al suyo. Hace tiempo, en un programa de televisión en el que participaba, uno de los tertulianos se autodefinió como "amante del buen fútbol", y a mí, que defendía a Mourinho a muerte, no me quedó entonces otra que catalogarme como amante del mal fútbol. Aquel colega, con el que me llevaba y aún me llevo muy bien, estaba cortado por el mismo patrón que Xavi y sabía qué era el buen fútbol y qué aspecto tenía el malo. En realidad la fórmula era muy elemental puesto que el buen fútbol era aquel que les gustaba a ellos y el malo era el que nos gustaba a los demás. Sencillo.

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