Menú

Bienvenida, Irene Lozano, a lo que a nadie importa

Ayer se supo que el ministro de Cultura y Deporte, que es un señor que se llama José Manuel Rodríguez Uribes, cesó por teléfono, al no ser posible al parecer una reunión presencial, a la presidenta del Consejo Superior de Deportes con rango de secretaria de Estado para el Deporte, la señora María José Rienda. Rienda ha sido una de las esquiadoras más fantásticas que ha dado España y una secretaria de Estado más bien prescindible; lo mejor que puede decirse del paso de María José por el Consejo Superior de Deportes es que ha sido relativamente breve y no, por ejemplo, como el de Miguel Cardenal, actual empleado de Mediapro, que duró cuatro interminables años y se convirtió en un eslalon supergigante. A Rienda, que es una mujer maravillosa y muy amable y divertida, hay que desearla lo mejor en el futuro pero, insisto, su paso por la jefatura del deporte español ha sido mejorable.

Leer más...

Y volverán a llamar negro a Williams...

El sábado pasado, en el transcurso del partido que jugaron el Español y el Athletic Club de Bilbao, Iñaki Williams recibió insultos racistas desde la grada. Sí, insultos racistas, sí, puesto que, por mucho que el color de la piel de Williams sea el negro, que a un jugador de fútbol le llamen negro es a todas luces un insulto, y digo esto porque Bertrand Ndongo, con quien suelo estar muchas veces de acuerdo, ha estado esta vez francamente desafortunado al afearle a Williams el haberse quejado a su capitán, Iker Muniain, y por haber mostrado su tristeza al final del partido después de haber sido el objeto de la ira, la frustración y la mala educación, cuando no directamente de la psicopatía, de un grupo de individuos a los que seguramente no guste el fútbol ni siquiera sean seguidores del Español. Como decía, el sábado Williams recibió insultos racistas y éste se lo comunicó a su capitán, quien, una vez informado, puso en conocimiento del árbitro lo que había pasado pero, al no haber oído el colegiado esos insultos, ni reflejó los mismos en el acta ni, por supuesto, suspendió el partido, como sí sucedió sin embargo en el partido de Segunda División que jugaron Rayo Vallecano y Albacete, cuestión ésta que fue motivo suficiente para que Paco Jémez mostrase el otro día su ira (justificada a mi modo de ver) y sintiese que al Rayo se le trata de un modo distinto.

Leer más...

Y mil tres pases después el Barcelona de Setién está donde lo dejó Valverde

El Barcelona jugará mejor de lo que lo hizo ayer ante el Ibiza en Copa del Rey o el otro día ante el Granada en Liga, pero no lo hará como lo hacía el Barcelona de Johan Cruyff o el de Pep Guardiola simple y llanamente porque no tiene los mismos futbolistas. El Barcelona de Quique Setién jugará al fútbol mejor que en sus dos primeros partidos porque, francamente, es difícil hacerlo peor, pero no lo hará como el de Cruyff porque no tiene a Koeman, Laudrup o Stoichkov, ni tampoco lo hará como el de Guardiola porque no tiene a Xavi, Iniesta o Puyol. Decía el otro día Setién, que lleva opositando al banquillo culé desde que dirigía al Lugo, que sus equipos habrán podido ganar o perder pero que siempre han jugado bien al fútbol, pero, ¿qué es exactamente jugar bien al fútbol? Yo recuerdo partidos infumables del Betis y encuentros soporíferos de Las Palmas, y para recordar lo que pasó ayer tampoco hay que correr demasiado.

Leer más...

Monchi: gana la tribu, pierde el sentido común

Setenta y dos horas después, Monchi sigue sin pedir perdón. En una maravillosa escena de una película excepcional, El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, Pablo Sandoval le dice a Benjamín Espósito, a quien da vida en la gran pantalla Ricardo Darín, que un tipo puede cambiar de todo, de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero que hay una cosa que no puede cambiar, de pasión. El director deportivo del Sevilla se escuda en su pasión, que es su equipo, para justificar una frase que de ningún modo tiene justificación; entonces el presidente del Sevilla blinda a su director deportivo escondiendo su falacia porque ambos comparten la misma pasión y, por último, los sevillistas reverencian a Monchi y lo elevan a los altares de la nueva religión porque todos comparten eso, idéntica pasión. No puedo afirmarlo pero creo que hoy, y con motivo del partido de Copa contra el Levante, la afición tenía previsto tributar un homenaje a su director deportivo porque el sábado dijo una mamarrachada y por haberse ratificado en ella veinticuatro horas después... en nombre de eso mismo, de una pasión, de su pasión por el Sevilla. Así que si de algo no estamos hablando es de fútbol ni de reglamentos ni de si estuvo bien o mal anulado el primero o si debió subir al marcador el segundo o de la actuación arbitral sino de puro y duro fanatismo.

Leer más...

Por qué debe pedir perdón Monchi...

¿Por qué tiene que pedir perdón Monchi? Pues el director deportivo del Sevilla tiene que pedir perdón porque, diciéndole lo que le dijo a una periodista al final del partido celebrado en el estadio Santiago Bernabéu, eso de que si no le hubieran concedido el segundo gol de De Jong hubiera retirado al equipo del campo, da toda la impresión de que al Sevilla le atracan cada vez que viene a Madrid, y eso no es así. Desde 2009, y en Liga, el equipo andaluz ha perdido en el Bernabéu por 3-2, 1-0, 2-0, 3-0, 4-1, 7-3, 2-1, 4-0, 3-0, 4-1, 5-0, 2-0 el año pasado y, hace 48 horas, 2-1. Así que quien se lo tiene que hacer mirar es Monchi, que lidera deportivamente hablando a un equipo que lleva una década sin rascar bola en el Bernabéu, y no el Real Madrid. Monchi tiene que pedir perdón porque el sábado no fue Monchi, o sea no fue un hombre tranquilo, cerebral y sosegado, y porque ha originado un debate más falso que una moneda de cinco euros. Y porque, de tener alguien que protestar por algo, quien debería haber alzado la voz es el Real Madrid, claramente perjudicado por los árbitros a lo largo de esta temporada.

Leer más...

Arabia Saudí y el "efectillo Rubiales"

Ayer el jefe de los árbitros, Carlos Velasco Carballo, hizo una nueva exhibición de power point para decirnos a los periodistas que si el ochenta por ciento de aquí, el setenta y cuatro por ciento de allá y el noventa y siete por ciento de acullá... Eso sí, no descendió ni a una sola jugada concreta, ni a una. Ni, por supuesto, los generosísimos y pacientísimos colegas a los que aún no se les han pasado las ganas de que les tomen el pelo estadístico tuvieron la ocasión de preguntarle por esta o aquella jugada. De todos es conocido que no hay mejor forma de esconder algo que hacerlo a la vista de todo el mundo, y esta federación presume de una transparencia de la que, en el fondo, carece absolutamente. Velasco no descendió, como decía, al terreno de lo concreto, que habría sido en realidad mucho más ilustrativo para todos; no explicó, por ejemplo, por qué la mano de Piqué en el partido de Supercopa contra el Atleti no fue mano y sí lo fue sin embargo la de Ramos contra el Valencia, pero sí dijo que los árbitros españoles eran, junto a Nadal y a Alonso, el orgullo de España, y aprovechó para glosar la figura del que no me cabe la menor duda será próximo premio Nobel de la Paz, o sea su jefe, el que le eligió para sustituir a Victoriano Sánchez Arminio: sin él, decía Velasco, esta Supercopa habría sido imposible. Y tú, Carlos, no tendrías ese trabajo.

Leer más...

Valverde, el nuevo Santamaría

Recuerda hoy con acierto y oportunidad Jaime Candil en el diario As que una jugada muy similar a la que se produjo el domingo pasado entre Álvaro Morata y Federico Valverde sucedió hace 40 años en Inglaterra y que, a raíz de aquella entrada y del posterior debate que se originó a su alrededor, se alumbró la decisión de expulsar del terreno de juego al jugador que cometiera la falta. En aquella ocasión el título en juego era la FA Cup, los rivales eran el Arsenal y el West Ham United, y los protagonistas Paul Allen, que sería nuestro Morata, y Willie Young, el defensa central del Arsenal, que sería nuestro Valverde. Cuando se produjo la acción el equipo de Paul Allen ya iba ganando por un gol a cero pero el delantero del West Ham encaró solo a Patt Jennings y, cuando estaba a punto de marcar, Young lo barrió. El árbitro observó la jugada, sacó tarjeta amarilla a Young, el West Ham ganó la FA Cup gracias a un solitario gol de Trevor Brooking y, al día siguiente, no se pudo evitar que Allen y Young, Young y Allen, se convirtieran en los protagonistas de una jugada que, como decía, propició un debate inteligente y constructivo que llegó a la conclusión de que jugadas similares a aquellas debían acabar con la expulsión del futbolista que cometía la falta.

Leer más...

El único estilo que se le va a demandar a Setién es ganar la Copa de Europa

El Fútbol Club Barcelona ha sido maleducado con Ernesto Valverde hasta el minuto final, justo hasta el instante mismo en el que Eric Abidal ha dicho que ha visto cambios durante el entrenamiento de hoy sin que Quique Setién haya hecho nada. Porque el fútbol requiere eso precisamente, cambios. Requiere cambios... salvo en la directiva, que esa lleva siendo la misma desde hace un montón de tiempo. A Bill Shankly le preguntaron en una ocasión qué pensaba sobre los directivos y dijo lo siguiente: "La directiva ideal está compuesta por cuatro hombres, tres muertos y un agonizante". Porque ya me dirá Abidal qué tienen que ver Xavi, que fue el primero con el que se contactó para sustituir a Valverde, con Koeman, que fue el segundo, o Pochettino, que fue el tercero. De Setién, que fue el cuarto, o sea que ni siquiera sería el postre de este desaguisado sino como mucho el café o el puro, lo que gusta es la filosofía, la filosofía de Cruyff pero sin Koeman, sin Romario, sin Laudrup y sin Stoichkov, o la filosofía de Guardiola pero sin Xavi, sin Iniesta y sin Puyol... pero con Messi.

Leer más...

Una noche en la ópera del Camp Nou

En una película de los hermanos Marx que se llama Una noche en la ópera, se produce una de las escenas más hilarantes de la historia del cine universal, que es la famosísima que transcurre en un camarote. Primero llegan dos señoritas a arreglar la habitación y Groucho les dice que tienen que darse prisa y que acaben en diez minutos. Al poco llega el plomero, que viene a arreglar la calefacción: ya son sies en el camarote, Groucho, Harpo, Chico, las dos señoritas de la limpieza y el plomero. Al poco se presenta la manicura, a quien no ha llamado nadie pero que entra igualmente en el camarote; la manicura le pregunta a Groucho si prefiere las uñas largas o cortas y éste responde: "Déjemelas cortas porque aquí ya va faltando sitio". Al poco llega el ayudante del plomero y Groucho le dice "tenía el presentimiento de que iba usted a venir", y ya son ocho: Groucho, Chico, Harpo, las dos señoritas de la limpieza, el plomero, su ayudante y la manicura. Al poco entra una señorita preguntando por su tía: "¿Está aquí mi tía Micaela?"... A lo que Groucho responde: "Pase, pase y trate de buscarla entre esta multitud". Al poco llega una señora a barrer el camarote, y ya son diez: Groucho, Harpo, Chico, las dos señoritas de la limpieza, el plomero y su ayudante, la manicura, la sobrina de Micaela y la señora que va a limpiar. Y al poco entran cuatro camareros con la cena, y ya son catorce: Groucho, Harpo, Chico, las dos señoritas de la limpieza, el plomero, el ayudante del plomero, la manicura, la sobrina de Micaela, la señora que va a limpiar y los cuatro camareros. Cuando la visita de Groucho abre la puerta, salen todos despedidos a presión.

Leer más...

Isco, la luz especial de Zidane

Si hay alguien que se maneja bien en ese tobogán perpetuo de incertidumbres que es el Real Madrid, que un día es el mejor y al siguiente, y sin solución de continuidad, es el peor de la historia, ese es Zinedine Zidane. Cuando Zidane llegó al Real Madrid quien más y quien menos esperaba atento a saber cómo reaccionaría el francés cuando le fueran mal dadas, lo que pasa es que, al menos en su primera etapa, casi nunca le fueron mal dadas: tres Copas de Europa seguidas y una racha increíble que nos hizo preguntarnos en voz alta si este equipo era comparable a aquel otro que liderara Di Stéfano. Y, de un modo sorprendente, Zidane no esperó hasta tener que arrugar el entrecejo por los malos resultados para tomar una decisión drástica que, precisamente por lo inesperado de la misma, desestabilizó al club; el francés se fue y el Madrid tuvo que buscar deprisa y corriendo un sustituto que creyó encontrar en la persona de Julen Lopetegui. No fue así, cayó Julen, le sustituyó Solari, cayó Santi y, de un modo tan sorprendente como al irse, Zidane volvió. Y pareció que Zizou había perdido la magia, eso que se conoce vulgarmente como la flor, porque el equipo jugó con él incluso peor al fútbol que con sus dos antecesores en el cargo.

Leer más...

Herramientas