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Bien por Iker, mal por sus groupies de la prensa

Ayer, a través de su perfil oficial de Twitter, Iker Casillas, portero del Oporto, sugirió que el Sporting de Portugal gozaba del beneficio arbitral. A mí me pareció curioso que Iker, que cuando aquí pintaban bastos con el Barça se negó en redondo a dar medio paso hacia adelante cuando se le pidió, se le rogó, se le imploró casi por parte del equipo técnico que lo hiciera, pusiera un tuit así yendo mucho más allá en dos años de lo que jamás había ido en veinte en el Real Madrid. Como me pareció curioso lo dije, dije que me parecía curioso, y Casillas me contestó que eso era una bobada que probablemente me estaba escribiendo alguien, no sé si apuntando a José Mourinho, a Florentino Pérez o a otros. Bien por Iker, que no rehúye la pelea... ahora puesto que, como ya digo, aquí la esquivó cuando silbaban las balas. Arrepentidos los quiere Dios.

Volveré a repetir lo que ya he dicho y escrito otras veces y que, de nuevo, probablemente caiga en el olvido. Admiré a Casillas, le consideré el mejor portero del mundo, le estoy infinitamente agradecido por todo lo que le dio a mi equipo, que es el Real Madrid, y certifiqué que, llegado un momento determinado, se le pasó el arroz para competir al máximo nivel, dejó de ser el mejor y hubo un entrenador que tuvo el coraje y la gallardía de enfrentarse con todos sus groupies periodísticos, con los que al final perdió la batalla. Dije, y aún lo mantengo, que Casillas no iba a ser un buen suplente, circunstancia que sufrió en sus propias carnes un buen amigo suyo, Vicente del Bosque, con quien se las tuvo tiesas por no alinearle. En definitiva: Iker fue el mejor portero del Real Madrid y un capitán horroroso.

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Canta, Marta, canta. Canta por España

Independientemente de la letra (porque la música ya la tenemos) la iniciativa de Marta Sánchez de cerrar el concierto conmemorativo por sus 30 años como cantante profesional en el Teatro de la Zarzuela con el himno nacional es buena per se. Es tan buena la idea de Marta, tan reconfortante y tan patriótica, tan rejuvenecedora y tan estimulante, tan chispeante, que inmediatamente ha despertado las suspicacias de los de siempre, fundamentalmente Podemos y sus satélites mediáticos; el PSOE tampoco es que haya reaccionado con excesiva alegría y, por ejemplo, Carmen Calvo, la del famoso, y trágico a la vez, "Pixi y Dixi", hacía referencia a la maldición bíblica que, al parecer, cayó sobre nuestras cabezas hace más de 500 años: "Yo os maldigo y jamás tendréis letra en vuestro himno". Tampoco tuvimos antes, señora ex ministra de Cultura, Comunidades Autónomas... y ahora las tenemos. Y eso sí que supone de veras una maldición.

Ni siquiera el PP ha reaccionado demasiado bien. Zoido, el ministro del Interior, ha lanzado un suspirito, mientras que el presidente del Gobierno, Rajoy, ha publicado un tuit, que es como el plasma de las redes sociales. Sólo Esteban González Pons, que anda desterrado por las Europas, se ha atrevido a proponer algo verdaderamente inaudito, revolucionario y kamikaze: "Me gustaría que Marta Sánchez cantara con su letra el himno nacional español en la próxima final de la Copa del Rey". Puede que, por cosas tan atrevidas como esas, González Pons esté allí y no aquí. Centrar el debate en la letra, como probablemente sucedió anoche en El Primer Palo, es un error de calado y supone desviar radicalmente el tiro. Tratar de poner de acuerdo sobre algo, lo que sea, a 50 millones de españoles es imposible.

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Pues a mí "no me gusta", Peruga, "no me gusta"

La jornada arbitral en España, y no me refiero sólo al fútbol, ha sido para echarse a temblar este fin de semana. En el Eibar-Barcelona, el colegiado Hernández Hernández dejaba de pitar un claro penalti cometido por Busquets sobre Kike García cuando el marcador aún reflejaba el 0-0 en el marcador; no contento con eso, el árbitro canario ajustició al equipo local mostrándole la segunda cartulina amarilla a Orellana por desplazar el balón y luego dejó sin castigo una acción similar del uruguayo Luis Suárez, que, de haber sido amonestado, habría podido continuar sobre el terreno de juego. En el Málaga-Valencia, Trujillo González anulaba un gol legal del equipo local, que en ese momento suponía el 2-0, tras inventarse una falta de Diego González que sólo vio él puesto que el juez de línea ni abrió el pico ni levantó el banderín.

En el partido que enfrentó a la Unión Deportiva Las Palmas y el Sevilla, Iglesias Villanueva anulaba un gol legal del equipo local que habría supuesto el empate a dos, puesto que la jugada se produjo en el último minuto de partido. Ni Barça ni Valencia, que venía de ser también ampliamente beneficiado en su partido contra el Levante de la jornada anterior, ni tampoco Sevilla deberían haber sumado los 3 puntos... pero los sumaron pese a todo por una o varias decisiones arbitrales erróneas. En baloncesto la cosa ha sido aún peor, y no precisamente por el fallo garrafal de Carlos Peruga en la última jugada de la final de Copa entre el Real Madrid y el Barça, que acabó ganando éste último, sino por algo lamentable que ha sucedido después.

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Algo huele a podrido en París

Unai Emery quiere un árbitro como Rocchi para la vuelta y es probable que Al Khelaifi prefiriera también en estos momentos un entrenador un pelín más atrevido que el vasco para el decisivo 6-M. ¿A qué se refería Emery cuando dijo que llevaban un año (desde el Aytekinazo que pegó el Barça) preparando "este partido"? Está claro que la preparación futbolística brilló por su ausencia; dicen que los perros acaban pareciéndose a sus dueños, ¿o es al revés?... El caso es que a Emery le han entregado un Pit Bull que va pavoneándose por la Liga francesa, intimidando a los cachorillos con los que se cruza por la calle, ladrando muy alto para que todo el mundo le escuche, pero que en el Bernabéu se comportó como un caniche... por decisión de su entrenador. Emery siempre tuvo fama de cagoncete pero lo del otro día en Madrid llamó la atención.

Si Emery no llevaba un año preparando futbolísticamente un partido como el del miércoles, ¿a qué ha dedicado entonces su tiempo libre el entrenador del PSG desde el 6-1 del Camp Nou?... Su declaración de intenciones estuvo muy clara desde el principio: Thiago y Di María al banquillo y, en cuanto pudo, Cavani por Meunier. Entonces, ¿qué estuvo preparando Emery?... Emery lleva un año preparando la presión arbitral, el acoso, el mobbing para la vuelta. Por lo que se ve, con Mbappé y Neymar, Emery renuncia a ganarle al Madrid sobre el terreno de juego y prefiere que el colegiado le haga el trabajo sucio. Era la ocasión perfecta para que el PSG demostrase en qué se había gastado 400 millones. Era el gran momento para exhibir a sus estrellas, para gritarle al mundo "¡aquí estoy yo!", para reinvindicar su candidatura a la Champions, pero el PSG se arrugó como una pasa en cuanto Raviot hizo lo más difícil.

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Real Madrid: los muertos que vos matáis gozan de buena salud

La clave del Paris Saint-Germain de Emery (¿jugaría igual este equipo con Klopp, por ejemplo?) que vimos anoche en el Bernabéu se la dio al entrenador guipuzcoano uno de sus propios jugadores, Rabiot, precisamente el autor del gol del equipo francés: "Es fácil marcarle ocho goles al Dijon". En la víspera del partido el entrenador vasco dijo que llevaba un año preparando el encuentro de ayer. Un año para dejar a Di María en el banquillo. Un año para sentar a Thiago Silva. Un año para sustituir a Cavani, el máximo goleador histórico del PSG, y sustituirlo por Meunier. En definitiva, un año tirado a la basura en noventa minutos. Yo creo que mientras Emery justificaba en la sala de prensa la derrota de su equipo por la actuación del colegiado, que estuvo correcto en casi todas sus decisiones, pensaba al mismo tiempo que si en el avión de vuelta a París viajaban 30 pasajeros pero sólo había 29 paracaídas, el jeque lo tenía claro.

Es curioso que Emery, a quien le huele definitivamente la cabeza a pólvora, callase en su día después del atraco al furgón blindado del Camp Nou y salte precisamente ahora a la palestra por una actuación arbitral que, repasada jugada a jugada, a lo mejor perjudicó más al Madrid que al PSG. Emery lo tiene en chino y no porque Al Khelaifi esté empezando a hartarse de él ni tampoco porque sus propios jugadores dejen entrever que la táctica no fue la más correcta; si Emery está en la picota no es por lo que digan o dejen de decir los medios franceses, no, qué va, sino porque las mujeres de sus futbolistas empiezan a criticarle abiertamente: así empezó a tambalearse el Imperio Romano.

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La Decimotercera: tan lejos, tan cerca...

Anoche visitaron El Primer Palo tres corresponsales de medios franceses acreditados en Madrid y los tres no dudaron a la hora de afirmar que el Real pasaría a cuartos de final de la Champions. En España se le suele faltar mucho al respeto al doce veces campeón de Europa, históricamente siempre lo hemos hecho con los nuestros, pero fuera de España sucede justo todo lo contrario y al Madrid se le tiene en muy alta estima y se le teme y se le admira a partes iguales. Cuando nos llevamos las manos a la cabeza en su día cuando al Real le tocó el PSG en el sorteo de octavos de final no caímos en la cuenta de que la reacción en París fue mucho peor: ¿O sea que hacemos los deberes, nos clasificamos como primeros de nuestro Grupo y el "premio" es que nos toque con el campeón de Europa?

Los corresponsales franceses que viven en Madrid saben, como lo sabemos nosotros, que vivimos aquí, el actual estado de forma del equipo de Zidane pero también conocen que el Real se hace fuerte ante las adversidades y que su historia está plagada de gestas que parecían imposibles. La Juve era claramente favorita cuando se ganó La Séptima, el Valencia iba a masacrar al Madrid cuando se conquistó La Octava y, más recientemente, el Atleti partía como favorito tanto en La Décima como La Undécima y, de nuevo la Juve, que venía de bailar al Barça, iba a poner en su sitio al Madrid en La Duodécima. El Real siempre resurge de sus cenizas, siempre, y eso es lo que lo convierte precisamente en mucho más que un equipo de fútbol.

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Luis Suárez: una barra libre muy peligrosa

Cuando no muerde a alguien, como en la Premier, finge que le han tocado dentro del área y cae desmayado como partido por un rayo o deja los tacos por si hay por medio carne para picar, Luis Suárez insulta a todo bicho viviente, y además lo hace con cajas destempladas, gustándose en cada "hijo de puta", que pronuncia con todas las letras, en cada "la concha de tu madre", gesticulando mucho, salivando como ante un buen solomillo con patatas, haciéndose notar. El 9 del Barça es, para que nos entendamos, un Capitán Haddock pero sin ninguna gracia y, por supuesto, sin el punto entrañable que tiene el inseparable compañero de Tintín. Los insultos de Haddock son muy simpáticos: "¡Anacoluto, mameluco, Mussolini de carnaval, chafalotodo, sietemesino con salsa tártara!"; los de Suárez, sin embargo, son repugnantes.

Si yo tuviera un hijo en edad escolar le prohibiría ver los partidos del Barça o, como mucho, les quitaría el sonido. Pero ya digo que incluso en silencio, Suárez se recrea en cada vejación, ya sea al juez de línea, al árbitro o a un rival, y es muy complicado no imaginar lo que en realidad está diciendo porque, además, el tipo interpreta. Llegados a este punto habrá que convenir que la terapia a la que sometieron a este chico no funcionó o, por mejor decir, derivó hacia otro tipo de explosividad barriobajera. Es cierto que ya no muerde a sus adversarios, pero ahora se ha convertido en una especie de intratable demonio de Tasmania, un ogro verde que va por los campos de España arrastrando la imagen del Barça por el fango. Ver a Suárez en una campaña a favor del juego limpio es un oxímoron total y absoluto.

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Santiago Bernabéu, 36 - Camp Nou, 4

El caso es que cuando Florentino Pérez dijo en su día que la final de Copa no podía celebrarse en el estadio Santiago Bernabéu no estaba mintiendo, era cierto que había obras en el campo propiedad del Real Madrid Club de Fútbol. Conviene recordar esto, conviene recordar que el propietario del Bernabéu es el Real Madrid, los dueños del estadio son los socios del Real Madrid, y que es el representante de los propietarios del Real Madrid quien decide si se cede o no se cede el campo para que se juegue una final de Copa, para que se celebre un concierto de los Rolling o para que se organice un picnic. Parece de Perogrullo, sí, lo sé, pero conviene recordarlo de tanto en tanto.

Este concepto, me refiero al concepto de propiedad privada, lleva a mal traer, por ejemplo, al director del diario Sport, que el otro día no acertaba a comprender cómo era posible que los socios del Real Madrid decidieran qué pasaba con la Copa. No, Ernest, no: lo que pasa con la Copa lo decide la federación, y a la vista está (aún no hay sede elegida y ni siquiera una fecha consensuada) que no lo hace bien; lo que deciden los socios del Real Madrid es qué se hace con su campo, del mismo modo que tú, y no, por ejemplo, Santiago Nolla, decides la portada del periódico que diriges. La Federación decide qué se hace con la Copa, los socios del Real Madrid eligen qué se hace con su campo y los socios del Barça piden la independencia de Cataluña en el minuto 17 de cada partido y pitan el himno nacional e insultan al Rey cuando llegan a una final de Copa.

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Unos cuernos, señor Tebas, son unos cuernos aquí y en La Chingada

La Liga de Fútbol Profesional remitió ayer al Comité de Competición y a la Comisión Antiviolencia su habitual escrito de denuncia. En este último recoge lo sucedido en los partidos Español-Barcelona y Atlético de Madrid-Valencia de la Liga Santander y en el Oviedo-Sporting de Gijón de la Liga 1,2,3; del segundo partido, del Atlético-Valencia, se dice que cuando el jugador visitante dorsal número 10, Parejo, iba a realizar un saque de esquina desde el córner más cercano al fondo sur, unos 2.000 aficionados entonaron en forma coral y coordinada el cántico "Parejo es un borracho oh oh oh"; del tercer partido, la Liga hace referencia a que, en el momento en que el portero local iba a realizar un saque de meta, unos 600 aficionados visitantes, ubicados en la Tribuna Áramo, entonaron de forma coral y coordinada el grito "Puta Oviedo, puta Capital". El pan nuestro de cada día.

En el caso de Parejo, que fue insultado al grito de borracho, no se recoge ningún gesto ni ninguna respuesta por parte del jugador, o sea que a Parejo le llamaron borracho y, aunque pueda parecer imposible, siguió jugando y no se dirigió a la afición del Atleti con ningún gesto obsceno o provocativo. En el caso del Carlos Tartiere, la Liga añade que, tras los insultos, dicho cántico recibió una sonora y generalizada pitada a modo de desaprobación, pero nada se dice del portero del Oviedo, Alfonso Herrero, y eso es así porque, como en el caso de Parejo, Herrero siguió jugando y obviando los insultos que le llegaron desde la grada. Porque, desafortunadamente, los insultos son habituales en los campos de fútbol desde tiempos inmemoriales: se insulta al jugador y el jugador sigue jugando.

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Tebas sí quiere ponerle el cascabel a Piqué

Bien por Javier Tebas, sí señor. Muy bien por el presidente de la Liga de Fútbol Profesional, que no mira hacia otro lado. Si, como sucede por ejemplo en la NBA, no queremos que se hable de los árbitros, la LFP deberá adoptar medidas similares a las americanas para impedirlo; si, como sucede por ejemplo en la NBA, no queremos que se produzcan gestos o actitudes por parte de los profesionales que enciendan la mecha de la violencia, deberemos importar medidas similares a las del deporte estadounidense. Si no queremos que el juego limpio no sea un concepto hueco, un mantra sin sentido, un latiguillo que repetimos como papagayos para quedar bien, deberemos trabajar día a día para que no sea así. Día a día. Como no van a cambiar las cosas es mirando hacia otro lado.

Si no queremos que las aficiones de Barça y Athletic Club de Bilbao conviertan la final de Copa en un akelarre independentista, piten el himno nacional y vejen al Rey de España, deberemos hacer algo para impedirlo; como no se impide que piten el himno nacional en una final de Copa es haciendo el Don Tancredo en el palco, se evita, por ejemplo, suspendiendo el partido. Si queremos que Piqué no le haga la peineta al himno nacional español, deberemos impedirle que lo haga. Si no queremos que Piqué le ponga los cuernos a la afición del Español, deberemos emplear instrumentos que se lo impidan. Como no impediremos que Piqué vuelva a provocar mañana o pasado mañana a otra afición es haciendo lo que, por ejemplo, hace Julen Lopetegui, que es mirar permanentemente hacia otro lado. Por eso no puedo por menos que aplaudir la actitud de Javier Tebas, que, consciente de que van a ir a por él, no tiene miedo de proponer ante Competición una sanción para Piqué.

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