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No quieren que le vaya bien a Kepa, quieren que le vaya mal al Madrid

Hay quien desea que a Kepa le vaya muy bien primero en el Athletic y luego, quién sabe si en el Chelsea, el United o el PSG y, por supuesto en la selección nacional, para demostrar que Zinedine Zidane se equivocó con el chaval. Hay prisa por confirmar cuanto antes que el vigente campeón español, europeo y mundial y supercampeón nacional y continental (con Keylor Navas bajo los tres palos) erró al no traer a Kepa, a quien Santi Segurola, tenaz, llama Arrizabalaga, obligando al personal a acudir a Google para saber si se trata del mismo portero, el del Athletic que pudo venir al Madrid, o es otro nuevo surgido de la cantera. Por eso, y después de una extraordinaria actuación del guardameta de Ondárroa el otro día en el estadio Santiago Bernabéu, se abalanzaron sobre el entrenador madridista: "¿Se arrepiente de algo?", "¿Se ha equivocado?", "¿Aún hay tiempo para que venga?"... Faltó una: "¿Quiere usted pedir perdón?"

Si el Real Madrid tuviera que fichar a un portero cada vez que éste se consagrara en el estadio Santiago Bernabéu, no habría presupuesto para tanto guardameta. El caso de Kepa era, por supuesto, distinto puesto que el chico tenía el precio adecuado y la edad y la proyección justas para venir al equipo merengue, pero una "disfunción temporal" de poco menos de 6 meses acabó abortando la operación. No es que Kepa no le parezca un gran portero a Zidane, como se intenta vender erróneamente por ahí, no; a Zidane le gustaba Kepa... pero le gustaba en junio, una vez acabada la temporada y en pleno rearme de la plantilla. Kepa no quiso aguantar esos 6 meses y se apresuró a estampar su firma con el Athletic, imposibilitando así definitivamente su llegada al Madrid. Definitivamente, sí, definitivamente.

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No vaya a la final de Copa, Majestad, no vaya

El otro día decía que en este asunto de la final de Copa, el golpismo secesionista y la inaudita postura que la directiva del Barça ha adoptado con respecto al partido del sábado, al que pretende utilizar como altavoz de sus ideas, la inmensa mayoría del periodismo deportivo español se había puesto de lado. Pero no, es aún peor que eso. Al menos dos de los cuatro programas deportivos nocturnos han justificado la bochornosa rueda de prensa del miércoles de Bartomeu, dando a entender que el club catalán no podía hacer otra cosa. Pero eso es mentira, y ahí está, sin ir más lejos, el Espanyol. El Barça podía haberse alineado del lado de la legalidad constitucional, podía haberse posicionado con el Estado de derecho, podía simplemente haberse callado o podía haber dicho eso que suelen decir siempre los políticos sobre que ellos respetan las decisiones judiciales, pero no: entre España y los golpistas, el Barça de Bartomeu eligió a estos últimos.

Y, como decía, ya sea por sincera creencia o ya sea porque el Barça los tiene agarrados de las gónadas, al menos dos de los cuatro programa deportivos nocturnos, los que hablaron con Josep Vives, no hicieron otra cosa que ofrecer coartadas a la junta directiva de un club de fútbol que está diciendo que pretende aprovechar el altavoz de la final de la Copa del Rey para que se sepa en todo el mundo que nuestra democracia es de pandereta y que aquí las libertades individuales brillan por su ausencia. Y yo digo que no. Digo que España no es un país en el que no se respete la libertad de expresión. Digo que en España no hay presos políticos sino políticos que se han saltado las leyes. Y digo también que la directiva de Bartomeu, la protagonista de la primera condena judicial de un club con bastantes más de 100 años de historia, no puede decir que sus aficionados quieren tal o cual cosa porque no todos los socios o seguidores culés son independentistas, no todos quieren insultarnos a los españoles, no todos pretenden ir el sábado al Metropolitano a pitar el himno nacional e insultar al Rey.

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Bartomeu, sea usted valiente y renuncie a la Copa de una nación en la que no cree

Acerca de la libertad de expresión, que es un concepto muy manoseado, habría que decir que ésta no es ilimitada. No existe una libertad de expresión infinita, no se puede opinar cualquier cosa, también existen límites a la libertad de expresión, límites que están regulados por la ley. Si todos tuviéramos libertad para decir lo que nos diera la gana sobre cualquier asunto, esto se convertiría en una zapatiesta importante. Por eso no se puede acusar a alguien de haber robado sin aportar pruebas. Por eso no se puede acusar a alguien de haber cometido un asesinato. En Alemania, por ejemplo, la libertad de expresión no llega hasta el punto de que alguien pueda exhibir por la calle una cruz gamada o el símbolo nazi. Lo mismo sucede en los países de nuestro entorno, en Francia, en Italia, en Portugal. La libertad de expresión limita al norte con aquellas cuestiones que puedan ser interpretadas como violencia sobre los demás.

En el fútbol, gracias a Dios, también se van incorporando poco a poco estos comportamientos. Recuerdo que hace años, siendo entrenador del Valencia, Guus Hiddink amenazó con no empezar un partido si no se retiraba una esvástica de la grada. Se castigan los cánticos racistas, se condenan los insultos violentos, trata de cortarse de raíz cualquier iniciativa tendente a ofender, provocar o directamente amenazar a un individuo o a un colectivo. Hemos visto cómo, ante insultos racistas, futbolistas negros han amenazado con retirarse del campo. Hoy es reprobable de un modo generalizado que se insulte a una mujer que está arbitrando, jugando o dirigiendo desde el banquillo un partido y, en líneas generales y salvo los cuatro palurdos que hay en todos sitios, se rechazan ese tipo de insultos. ¿Hemos sufrido un retroceso en nuestras libertades? En absoluto. Bien al contrario, hemos progresado y, aunque aún hay vestigios violentos que controlar, quienes van a un campo de fútbol a incomodar o a utilizar el deporte como viagra de sus frustraciones sociales, económicas, sexuales o políticas, son mirados con recelo y, ojo, castigados.

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Final de Copa y el artículo 1,55

Estoy de acuerdo con Josep Vives, el portavoz de la junta directiva del Barça, cuando dice que el sábado se jugará en el Metropolitano una final de Copa en una situación política y social excepcional. Estoy de acuerdo con Vives en el "qué", esa situación de excepcionalidad, pero no en el "por qué". Si este sábado se va a vivir una situación de excepcionalidad en la final entre Sevilla y Barça es por el sencillo motivo de que mientras se esté jugando ese partido se seguirá perpetrando un golpe de Estado en nuestro país. Y digo que se "seguirá" perpetrando un golpe de Estado porque, lejos de desaparecer con el artículo 155, el entramado golpista sigue campando a sus anchas por culpa del PPSOE y, en gran parte también, por responsabilidad de Ciudadanos. No en vano, hace menos de una semana, el canal público TV3, que pagamos todos con nuestros impuestos, tuvo el cuajo de enviar un equipo de periodistas y cámaras hasta Alemania para entrevistar al ex presidente de la Generalitat Carles Puigdemont, hoy fugado de la justicia española y con causas aún pendientes en nuestro país.

Mientras se esté jugando esa final copera, el presidente del Parlamento de Cataluña, Roger Torrent, continuará bloqueando la labor institucional y democrática de dicho organismo, seguirá generando división en la sociedad catalana y provocando que la economía autonómica y nacional continúen colapsadas. Así que Vives tiene razón en el "qué" pero no en el "por qué". Porque el meollo de la cuestión está en la siguiente pregunta: ¿Por quiénes creen los directivos del Barça que están en prisión Junqueras y compañía y fugados de España Puigdemont y cía?Si Vives, en nombre de la directiva que preside Bartomeu, sugiere que llevarán a cabo alguna iniciativa de la que sabremos algo en el futuro es porque están en la línea de los secesionistas y piensan que en España hay presos políticos. Y lo que yo de verdad no puedo entender es cómo es posible que el resto de clubes de Primera y Segunda División, los integrantes de la Liga de Fútbol Profesional, la federación española de fútbol, el Consejo Superior de Deportes y me atrevería a decir que incluso el Comité Olímpico Español, pueden mirar hacia otro lado mientras desde un club como el Barça se sugiere que España no es un país democrático y de derecho y se mete a la gente en la cárcel por sus ideas políticas.

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Retirar la otra mejilla

La portada de Marca de hoy iba en la dirección que yo os anuncié el pasado jueves: en el vestuario del Real Madrid se temen que la campaña del penalti les pase factura en las semifinales contra el Bayern. Ya lo veremos dentro de unos días y luego el 1 de mayo pero tengo para mí que, desafortunadamente para el equipo blanco, el trabajo sucio ya está hecho, ha calado la idea de que el Madrid está siendo muy beneficiado y que, efectivamente, los jugadores deberán estar con las orejas muy tiesas durante los 180 minutos contra el equipo alemán y luego, si tienen la fortuna de disputar su cuarta final de los últimos cinco años, doblemente pendientes.

Pero conviene insistir en que el antimadridismo al que se refieren Zidane y Lucas o Ramos no es el de los aficionados. Es normal que un seguidor culé sea antimadridista. Es lógico que un colchonero o un valencianista sean antimadridistas. Es razonable que un sevillista sea antimadridista. Pero quienes transmiten la idea mentirosa de que el Madrid robó a la Juve el otro día y atracó al Bayern la temporada anterior son los medios de comunicación que publican encuestas en ese sentido... para luego retirarlas inmediatamente. Y también habría que insistir en que el Real Madrid es, en gran medida, culpable de esta situación. Puesto que ese antimadridismo editorial no va a cambiar, puesto que ese odio estructural va a seguir siendo el mismo ya esté en el banquillo el malo-malísimo de Mourinho o ese caballero sin espada llamado Zinedine Zidane, el club debería contemplar la posibilidad de dejar de poner la otra mejilla en algún momento determinado a lo largo de los próximos 25 años.

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Tuits, retuits, encuestas, campañas y deontología profesional

Últimamente están pasando cosas muy extrañas. El otro día, sin ir más lejos, lo que para el corresponsal de Mundo Deportivo en Madrid era un penalti claro de Benatia sobre Lucas Vázquez a una hora determinada de la noche, dejó de serlo por arte de birlibirloque a otra hora concreta de la madrugada. Lo del penalti es discutible en el sentido estricto del término, o sea que se puede discutir porque de todo se puede opinar, pero el ocultamiento casi generalizado al que se ha venido sometiendo en España a una jugada tanto o más trascendente que esa, y me refiero al gol mal anulado a Isco en el minuto 17 de partido, nos indica que en algunos juicios existe una intención clara, y que en este caso la intención no puede ser otra que la de hacerle daño al Real Madrid porque sí, porque él lo vale.

Y no lo entiendo: el Madrid gana para nosotros (a los medios de comunicación me refiero) oyentes, lectores y telespectadores. Gracias al Real Madrid, que lleva clasificándose 8 años seguidos para las semifinales de la Copa de Europa, trabajamos más y mejor, y viajamos por el viejo continente, y cobramos dietas. Es cierto que los jugadores del Real Madrid conceden cada día que pasa menos entrevistas personalizadas pero, aún así, medios de comunicación abiertamente hostiles tienen el privilegio de contar de vez en cuando con algún futbolista de la primera plantilla en directo y en el estudio: ¿Cuándo fué la última vez que eso pasó con un jugador, por ejemplo, del Barça? El futbolista franquicia del Real Madrid, que es Cristiano, habla de vez en cuando, mientras que el futbolista franquicia del Barça, que es Messi, no habla nunca para medios españoles, a los que maltrata con su silencio una y otra vez. Por no pedir, los aficionados madridistas ni siquiera piden la independencia de la Comunidad de Madrid, ni apoyan un proceso ilegal e inconstitucional, ni se ponen del lado de unos golpistas. Pese a todo, y como denunció el sábado Zidane, una ola de antimadridismo recorre España. Y, ojo, no me refiero al antimadridismo de aficionados, no, me refiero al antimadridismo que está incrustado en la esencia misma de algunos medios de comunicación. ¿Vende más eso?... Puede que sí.

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Pobre federación si gana Larrea

El otro día, debido al anuncio de Torres de que dejaba el Atlético de Madrid al final de temporada, pasó desapercibida la noticia de la decisión de fijar las elecciones a la presidencia de la federación española de fútbol para el próximo 17 de mayo. Aunque puede que el verbo "fijar", o sea "asegurar", "adherir", "clavar" o "sujetar", no esté del todo bien aplicado al caso que nos ocupa puesto que no hay nada más suelto, disperso, desparramado o esparcido que todo lo que tenga que ver con la federación española de fútbol. Sí nos dio tiempo a comentar que la decisión de establecer las elecciones para el próximo 17 de mayo se produjo tras una ajustadísima votación, y que el presidente de AFE, David Aganzo, mostró su desacuerdo puesto que la nueva fecha producía un evidente trastorno entre aquellos asambleístas que, debido a los partidos que se disputan por esos días, volverán a no poder ejercer su derecho, el de votar en unas elecciones libres, un derecho que, por cierto, anda al parecer recogido en nuestra Constitución pero que es aún ajeno, y en pleno siglo XXI, al día a día de nuestra federación: esa es otra de las cosas que hay que cambiar.

Que no se me enfade Luis Rubiales por esto que voy a decir pero si yo apuesto por él no es por otra cosa que porque Rubiales supone, según mi leal saber y entender, un soplo de aire fresco en una federación viejuna, triste, lóbrega y carcomida. Con esto quiero decir que si Rubiales no se presentara y lo hiciera, por poner un ejemplo descabellado, el presentador y actor teatral Carlos Sobera, yo apostaría por Sobera. Si Rubiales gana y, en mi opinión, lo hace mal, lo diré aquí, y él lo sabe. Y también lo diré si lo hace bien. Pero, según yo lo veo, es complicado hacerlo peor que Larrea. Y, a pesar de que él no ha sido presidente, digo que va a ser difícil hacerlo peor que Larrea porque contra lo que sí voy a luchar es contra la idea de que Larrea no es Villar. Larrea es Villar. Y Padrón. Y Gorka Villar. Del mismo modo que Jorge Pérez, que gracias a Dios acabó entrando en razón y desistió de su idea de presentarse a las elecciones, era Villar. Y era Padrón. Y era Larrea. Todos son lo mismo. Ellos conforman el núcleo duro del Villarato, y lo que se juzgará próximamente por parte de la asamblea de la federación no es la gestión de Rubiales al frente de la AFE sino la de Villar, Padrón, el hijo de Villar y Larrea al frente de la federación durante estos últimos 30 años, que se dice pronto. Y ésa será otra de las cosas que habrá que solucionar, y que estoy seguro de que Rubiales lo hará más pronto que tarde: el tiempo máximo que un presidente pueda estar al frente de la federación.

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Penalti que lo era a las once, penalti más que polémico a la una

El otro día un periobarcelonista se enfadó conmigo por llamarle periobarcelonista y me respondió vía Twitter que él no sabía como definirme a mí. Luego, en ese mismo perfil, aparecía fotografiado al lado de una señorita que decía algo así como "aquí estoy, con un culé", y no pareció tan molesto en ese momento: es posible que a ella tampoco supiera cómo definirla, pero a mí se me ocurre un adjetivo: certera. La señorita en cuestión fue eso, fue muy certera al definir a este periobarcelonista como lo que es, o sea un periodista del Barça. Al instante, y para defender al de su gremio, salieron a defenderle otros periobarcelonistas, uno que colabora con el canal internacional de Real Madrid TV, otro de la Agencia Europa Press, otro de Cuatro, y el de siempre, el de Onda Cero. Ya no recuerdo exactamente lo que decían pero iba, más o menos, en esta dirección: "No te rebajes", "No merece la pena", "Tú tienes mucha más clase que él"... pero ninguno añadió "porque todos sabemos que tú no eres del Barça". Ninguno. Lo correcto habría sido decir "No te rebajes, no merece la pena, tienes más clase y todos sabemos que tú no eres del Barça", pero no lo dijo ni uno. No lo dijo nadie... ¡porque es del Barça!

Este periobarcelonista trabaja en Mundo Deportivo. Y, a propósito del penalti que ayer pitó mister Oliver en el minuto 93 a favor del Real Madrid, ayer se produjo en ese templo de la objetividad periodística, ese auténtico santuario de la deontología profesional, esa capilla de la información, esa catedral de la equidad, una circunstancia realmente extraña y de la que ninguno de los que me saltaron a mí a la yugular por llamar periobarcelonista a un periodista del Barça se hace eco hoy. El corresponsal de esta colegiata de las libertades, el compañero Manuel Bruña, decía a las 23:08 lo siguiente acerca del penalti de Benatia sobre Lucas Vázquez: "Un penalti que lo era porque Benatia arrolló a Lucas Vázquez en la última acción del partido". A la 1:46 minutos de la madrugada, en el artículo del corresponsal de Mundo Deportivo podía leerse sin embargo lo siguiente: "Un penalti más que polémico de Benatia sobre Lucas Vázquez en la última acción del partido"... ¿Qué pasó entre las 23:08 y la 1:46 para que de "un penalti que lo era" se pasase a "un penalti más que polémico?"...

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Por cierto: penalti y expulsión de Benatia

Insisto una vez más en lo que dije anoche en El Chiringuito: después de todo, después de un partido desastroso que metió incomprensiblemente el miedo en el cuerpo a los jugadores del Real Madrid al encajar el primer gol en el minuto 2 de partido; después de noventa minutos sin sentido en los que nadie, salvo Isco, Cristiano y Modric, quiso el balón; después de que el Bernabéu pensase en serio que la Juve sería capaz de remontar el 0-3 de la ida, lo relevante es que la bolita del equipo blanco estará mañana en el sorteo de las semifinales de la Champions... ¡por octava vez consecutiva! Será, por cierto, como casi siempre, la única bolita que, debajo del nombre, llevará escrito lo de "Spain", así que no acierto a comprender cómo es posible que el objetivísimo periobarcelonismo, perioatletismo, periovalencianismo y todos los "perios" de España estén tan tristes: el campeón de Europa nos seguirá representando.

Lo que más oí ayer es eso de que "hay que sacar conclusiones". Claro que hay que sacarlas, evidentemente que hay que sacarlas. Otra cosa es que, si los jugadores vuelven a verse en una situación similar, no vayan a salir al campo otra vez como lo hicieron ayer, pensando en qué rival les tocará en semifinales. No entendí la puesta en escena madridista, no comprendí la endeblez defensiva ni la ansiedad, que debería haber sido para el otro... pero se pasó, que es lo importante. Porque el dolor de lo presenciado anoche durará 24 horas, no más, y el trago pasará con el sorteo de mañana a mediodía. Y si el Real Madrid gana La Decimotercera, que a la vista de lo ocurrido en la eliminatoria contra la Juve no es misión sencilla, absolutamente ningún madridista se acordará del 1-3 y de que el equipo estuvo en un tris de protagonizar una de sus noches más trágicas.

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El Cholo y su entornazo aburren al Niño Torres

393 partidos y 126 goles después con el Atlético de Madrid, su equipo de toda la vida, Fernando José Torres Sanz ha anunciado que lo deja, que se va, que no vale para estar sabiendo perfectamente que no jugará haga lo que haga. Ojo, Torres deja el Atleti, no el fútbol; ni tampoco creo que debamos hablar de Torres en pasado, ni mucho menos que esto parezca un velatorio porque el Niño, que ya no es tan niño, no está enfermo, bien al contrario goza de tan buena salud que quiere aprovecharla apurando sus últimos años de futbolista profesional, y quiere hacerlo jugando. Porque el Atleti le había dicho que podía seguir, sí, pero como Simeone también lo va a hacer y el Cholo ya advirtió hace un par de meses que no movería ni un solo dedo para que Fernando continuase... el Niño prefiere jubilarse en otro sitio. Antes decía que no debemos hablar de Torres en pasado como si ya no estuviera entre nosotros porque Fernando es pasado glorioso del Atleti y de la selección, es presente rabioso y va a ser, y de esto que digo estoy seguro, también futuro directivo del equipo rojiblanco... si él quiere.

393 partidos y 126 goles después Fernando Torres ha anunciado que, como quiere seguir jugando y en su Atleti del alma no lo va a lograr "haga lo que haga", volverá a irse. Su anuncio se ha producido fuera de las instalaciones del estadio Metropolitano, en mitad de un acto publicitario en el que, al parecer, el objeto a la venta era un aparato de televisión y sin conocimiento previo del máximo responsable del club, Enrique Cerezo, a quien el anuncio ha pillado en una junta directiva de la federación española en la que, por cierto, se ha decidido otra vez el día de las elecciones a la presidencia. Podría haber sido peor. Torres podría haber anunciado que se va del Atleti, por ejemplo, en un bar de carretera, de noche; o podría no haberlo anunciado, podría haber desaparecido de repente, podría haberse esfumado y, cuando arrancara la próxima temporada y todos nos preguntáramos dónde estaba el Niño, el Niño estuviera ya en la Premier, en la Bundesliga o en el fútbol chino. ¿En serio no había otro modo de anunciar el adiós al Atleti que hacerlo fuera del estadio y en mitad de un acto publicitario?

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