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Zidane o el secreto de tener contentos a los once suplentes

Efectivamente, lo único que tiene garantizado esta temporada Zinedine Zidane es un permanente dolor de cabeza a la hora de confeccionar el equipo titular. Anoche, en Anoeta, un campo muy complicado, el Real Madrid se deshizo de la Real Sociedad con una suficiencia insultante, sobrado, marcando las distancias desde el primer minuto de juego; y, de un modo muy similar a como ocurriera en la Supercopa de Europa, lo hizo sin cuatro jugadores aparentemente titulares y uno indudablemente fijo: Keylor, Pepe, Modric, Benzema y Cristiano, que es el intocable. Hace un año habría hablado sin titubear de cinco jugadores titulares pero el entrenador madridista se ha encargado de demostrarnos a todos con hechos que no es así, que para él es esencial el trabajo de la semana y que tiene veintitrés futbolistas titulares, o sea todos, lo que le provoca, lógicamente, el pertinente dolor de cabeza anteriormente referido.

De Casilla hay poco que decir pero la culpa no es de Kiko, que pasó inadvertido. De haber jugado Keylor tampoco habría mucho que decir de él. Si por algo estaba especialmente satisfecho ayer Zidane era del trabajo colectivo y defensivo de su equipo, plagado de extraordinarias individualidades, sí, pero solidario, compacto, sin fisuras. El Real Madrid hizo 3 goles y pudo haber marcado 6, pero la Real Sociedad simplemente no dio señales de vida. Varane estuvo en su línea, sobrio, siempre bien colocado. Kovacic es una de las grandes sorpresas en este arranque de temporada puesto que todo el mundo daba por hecho que Zidane no contaba con él, y ahí está después de haberle torcido el brazo al entrenador; Zizou, que no es muy dado a individualizar, se refirió en tres ocasiones a Mateo: ese es el camino que tiene que seguir James. Poco más se puede decir de Asensio, sencillamente genial tanto en el desmarque del 2-0 como en la finalización. Y Morata estuvo revoltoso, luchador, implicado; sus goles llegarán tarde o temprano.

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El que venga detrás del Real Madrid que arree

No es cierto que el gran objetivo del Real Madrid sea este año la Liga porque el gran objetivo del Real Madrid es ganarlo todo siempre. El último objetivo del Real Madrid fue la Supercopa de Europa y el próximo será el Mundial de diciembre, y luego la Copa, la Liga, la Champions... y vuelta a empezar la próxima temporada. También resulta inexacta la comparativa permanente con el Barcelona, más que nada porque no hay comparación posible, aunque entiendo que los antimadridistas escojan el período de tiempo que les interesa a ellos para desacreditar al club de sus odios. Si llegamos a la conclusión de que la etapa dorada del Barça empezó con Cruyff y en 1992, que fue el año de la primera Copa de Europa culé, el dato es el siguiente: en esos 25 años, la distancia de Copas de Europa entre uno y otro ha crecido (6-1 en 1992, 11-5 en 2016) a favor del equipo blanco mientras que la distancia de Ligas (25-11 en 1993, 32-24) ha menguado.

A mí me parece que los enemigos del Real Madrid interpretan que, puesto que el equipo blanco "sólo" ha ganado 7 Ligas desde 1992 mientras que el Barça ha sumado casi el doble, en concreto 13 más, la gran obsesión blanca es conquistar la Liga por una especie de malsana ansiedad, pero eso es no conocer en absoluto la idiosincrasia merengue: si el Real Madrid tuviera 40 Ligas y el Barcelona no hubiera ganado jamás ninguna, el gran objetivo madridista sería sin lugar a dudas ganar la próxima Liga, además de las próximas Copa de Europa, Copa, Supercopa de España, Supercopa de Europa y el Mundial, todo. Con esto quiero decir que no hay equipo en el mundo capaz de meterle más presión al Real Madrid de la que se mete él mismo, y que es ahí precisamente donde radica el secreto del éxito que, según parece, resulta tan complicado comprender para algunos.

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La Bomba, el carro y el periodismo de bufanda durante los Juegos

Tras la exhibición de la selección española de baloncesto ante Francia que mete (nuevamente) a los de Sergio Scariolo en la lucha por las medallas olímpicas, Juan Carlos Navarro dio las gracias a todo el mundo y, especialmente, a aquellos que, después de la victoria, iban a subirse de nuevo al carro. No creo que la alusión a ese metafórico carro tuviera demasiado que ver con la afición, que si se queja no trasciende, así que lo que en el fondo, y también en la forma, estaba haciendo en realidad La Bomba no era otra cosa que reclamar un trato informativo de favor hacia la selección nacional por parte de los periodistas deportivos españoles, o sea un "periodismo de bufanda". La pregunta del millón es la siguiente: ¿Tiene derecho Navarro a pedir que se apoye a la selección nacional de baloncesto desde los medios de comunicación?... Dicho de otro modo: ¿Tienen derecho los jugadores de la selección nacional de baloncesto a que se les conceda un cheque en blanco?... Mi respuesta es "sí".

Trataré de explicarme. Lo que, desde el punto de vista meramente informativo, estamos observando en estos Juegos de Brasil, y que no difiere demasiado de los anteriores, es una muestra del más descarado, descarnado y pasional periodismo de bufanda. Y es normal. Es normal que un periodista deportivo español festeje como propios los éxitos de Mireia Belmonte, Marcus Cooper Walz, Maialen Chourraut o Rafa Nadal; lo anormal, tanto por sentimiento patriótico como por puro interés comercial, sería que un periodista de Úbeda que trabaja para una radio de Betanzos celebrara más los triunfos de Wayde van Niekerk que de Carolina Marín, que es natural de Huelva. Si un aficionado español se pone delante del televisor a las cuatro de la mañana para ver un partido de bádminton, que no es precisamente el deporte más popular en España, es por la sencilla razón de que esa chica que está poniendo en jaque al imperio oriental y que va a jugarse el oro contra una china que se apellida Li habla nuestro idioma, nació entre nosotros, comparte nuestras tradiciones y, si gana, sonará nuestro himno nacional y ondeará nuestra bandera; en definitiva, Carolina es "nuestra", y cuando juega ella... jugamos todos nosotros.

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De La Primera a La Undécima y tiro porque me toca

Este 2016 se han cumplido sesenta años desde la primera final de la Copa de Europa, que fue también La Primera del Real Madrid, que hace menos de tres meses consiguió La Undécima. Aquel 13 de junio de 1956, el día en que, utilizando la jerigonza de Piqué, bien podría decirse que "empezó todo", el conjunto blanco comenzó a cimentar su fama de equipo mítico y campeonísimo, un equipo que luchaba hasta el último minuto y que era capaz de superar todas y cada una de las adversidades que iban surgiendo a su paso; mucho tiempo después, el añorado Juan Gómez Juanito acuñaría aquella idea tan fantástica de que noventa minuti eran molto longo en el Bernabéu, pero el tiempo reglamentario ya se le hizo inacabable al Stade de Reims hace más de medio siglo, y en el Parque de los Príncipes además, puesto que asistió a la remontada merengue, primero de un 2-0 y después de un 3-2 hasta el 4-3 definitivo que dio paso a... La Primera.

Ya sea por ignorancia, por envidida o por pura maldad (y yo apuesto decididamente por esto último puesto que, hoy en día, el conocimiento se encuentra a un sencillo golpe de ratón) el antimadridismo suele quitarle mérito a las primeras Copas de Europa del Real (aunque, y a las pruebas de lo sucedido con la última ganada en el pasado mayo, eso no haya cambiado demasiado) achacándolas más a la debilidad de los rivales que al corazón y calidad de los jugadores blancos. Es cierto que el Stade de Reims que salte esta noche al Bernabéu para conmemorar la primera final de la Copa de Europa será un equipo casi desaparecido del mapa internacional pero, allá por 1956, acababa de ganar la Liga francesa, competición que volvería a conquistar otras tres veces más en los años inmediatamente posteriores; aquel equipo estaba liderado ni más ni menos que por el inigualable Raymond Kopa, que luego ficharía por el Madrid y contribuiría a ganar otras tres Copas de Europa vistiendo la camiseta blanca.

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Alcácer, ¿de Paco a Cesc?

De un tiempo a esta parte, el Fútbol Club Barcelona tiene al Valencia por una especie de satélite futbolístico. Esta relación paterno filial no es achacable sólo al Barça, que pesca donde puede como todo el mundo, sino al propio Valencia, encantado de la vida de facilitarle las cosas a un equipo que, en teoría, tendría que ser rival encarnizado y no amigo para siempre. La lista de favores es interminable y, si Lay Hoon no lo remedia, podría engordar con un nombre sorprendente, el de Paco Alcácer. La presidenta singapuresa del Valencia ha repetido varias veces en las últimas horas que Alcácer no se vende y ha pedido tranquilidad a la afición ché, así que todo hace indicar que Paco pasará a ser Cesc en breve. Buen negocio para Lim, sin duda, porque el Valencia está con el agua económica al cuello; mal negocio para Alcácer, que dejará de ser un referente para convertirse en el actor secundario Bob.

De todos modos, como decía, Lim y Hoon, Hoon y Lim, no harán nada que no hayah hecho antes que ellos valencianistas de cuna de toda la vida como los señores Amadeo Salvo, Manuel Llorente, Vicente Soriano o Juan Soler. Así, los singapureses imitarán a sus antecesores a la hora de emplear al Valencia como si de una suerte de filial culé se tratara. No dudo que el negocio económico será redondo pero el deportivo será ruinoso y dejará a Ayestarán muy tocado y en una posición de indefensión total. Alcácer tiene algo que decir, por supuesto, pero el oropel culé es muy atractivo aunque su nombre no haya sido ni el primero ni el quinto en aparecer en las quinielas de posibles meritorios de Messi, Neymar y Suárez.

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Real Madrid, el peor club de fútbol del mundo

Hay que ver qué desastrosamente hace las cosas el Real Madrid, menos mal que el periodismo deportivo (y fundamentalmente el antimadridista, eso que yo he dado en llamar periobarcelonismo o perioatletismo) siempre está ahí, vigilante, acechante, presto a advertir del error y atento a enderezar la nave blanca, que, como la de Federico Fellini, va... pero mal. Del nefasto camino emprendido por el Real Madrid ofrecen perfecto y cristalino testimonio sus veinte títulos internacionales (veintidós si añadimos las dos pequeñas Copas del Mundo, veintitrés si sumamos el trofeo de la FIFA al mejor club del siglo XX), de los cuales once, justo la mitad si contamos los últimos dos títulos referidos o casi la mitad si no los contamos, resulta que son Copas de Europa. Y es más que probable que en el mes de diciembre del año en curso el Real Madrid añada a su palmarés otra Copa Mundial de Clubes, que sería la segunda... o  la quinta puesto que esta competición sustituyó a la Copa Intercontinental, y de esas el Real Madrid tiene tres en sus vitrinas, las conquistadas en los años negros de 1960, 1998 y 2002. El lector podrá apreciar lo complejo que empieza a resultar seguir el rastro de tanto título internacional, de un modo muy similar a lo dificultoso que puede resultarle a uno seguir al principio la serie Juego de Tronos, con tanto Stark, tanto Baratheon, tanto Lannister y tanto Targaryen.

A esta mala racha madridista, que dura desde el Año de Nuestro Señor de 1902, el de su fundación precisamente, se suma ahora otra nueva desgracia, y es que el club, ya de por sí gafe y torcido, está dirigido por Florentino Pérez, un mal gestor, un manipulador, un hombre que hace y deshace a su antojo sin encomendarse a nada ni a nadie, un presidente que siempre intenta colarle sus jugadores preferidos al entrenador de turno y que si no hace las alineaciones, con esquema táctico y todo, poco le falta. Por si esto no fuera suficiente, Pérez es un presidente eminentemente perdedor puesto que de los veinte títulos internacionales cosechados (o veintidós o veintitrés, aunque en el de la FIFA el Real Madrid compitiera consigo mismo) desde hace 114 años sólo ha logrado la menudencia de ocho, a saber: tres Copas de Europa, una Copa Mundial de Clubes, una Copa Intercontinental y tres Supercopas de Europa.

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La Supercopa es pasado, ahora... ¡a por el Mundial!

El otro día leía a un afamado periodista antimadridista, y por lo tanto objetivísimo, que Asensio era el "fracaso de Florentino" y que, aunque al entrenador le entusiasmase su fútbol, Marco no entraba "en el negocio del presidente". Es curioso porque fue precisamente Pérez quien trajo al chico hace dos años (¿estará conspirando  Florentino contra sí mismo?) antes de que Zidane llegara al puesto de primer entrenador, y ayer, en la Supercopa ante el Sevilla, me pareció ver en el once titular a un lindo gatito muy parecido al balear: un metro y ochenta centímetros, moreno, buen manejo de balón, gran pase... Es más: si no fuera porque tengo en alta estima las opiniones del susodicho colega de la prensa, juraría que fue Asensio quien abrió el marcador con un soberbio golazo. Así que Marco Asensio, que le costó 3,7 millones de euros al Real Madrid, jugó en lugar de James Rodríguez, cuyo precio rondó los 80 millones y que, según el mismo periodista, vino aquí para engrasar los negocios de ACS en Colombia. Todo encaja.

Sin la BBC, sin Pepe, Kroos, Modric y Keylor, con una alineación con siete españoles por primera vez desde la conquista de La Octava (3-0 ante el Valencia, que en 2000 partía como claro favorito... como todos) y después de ver cómo el árbitro pitaba un penalti dudosísimo y le anulaba injustamente a Ramos un gol absolutamente legal, contra todo y contra todos... el Real Madrid volvió a resucitar. Lo hizo, por cierto, con un golpe de autoridad con tintes temerarios de Zinedine Zidane, alineando como decía a Asensio por delante de James, dejando de salida en el banquillo a Benzema, que se notó que aún no anda bien, y a Modric o aparcando directamente en su casa a Bale, tras conversación con el propio jugador. Zizou tomó más decisiones y asumió más riesgos en un sólo partido, y de enjundia además, con un título europeo en juego, que muchos de los entrenadores que han pasado por el equipo blanco a lo largo de la historia. Lo que anoche demostró Zidane es que se ha hecho definitivamente con las riendas.

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Silenzio stampa español ante la "orgía Pogba"

Verde y con asas: la Juve autorizó ayer a Paul Pogba a pasar reconocimiento médico con el United. Esto significa que en breve se anunciará oficialmente que el todocampista francés regresa por la puerta económica grande al club del que salió por la puerta deportiva pequeña. Puede que en la decisión final de Pogba, además de la negativa del Real Madrid a pagar 120 millones de euros por el chico y la doble negativa a abonarle al estrafalario Raiola todas y cada una de sus suculentas e inacabables "mordidas", haya pesado también lo suyo el ánimo personal de revancha, el deseo de no volver a defraudar como ocurrió la primera vez: Pogba se fue del United siendo un crío y regresa a Manchester en loor de multitudes y convertido en una de las estrellas indiscutibles del fútbol mundial.

Así, Pogba se convierte en el futbolista más caro de la historia de este deporte. Aunque los socios culés jamás sabrán qué costó Neymar exactamente, un cálculo aproximado establece su coste en 101 millones de euros; el Real Madrid pagó 96 por Cristiano y 91 por Bale, la Juve acaba de abonarle al Nápoles 90 por Higuaín, el Barça pagó 81 por Suárez y, aunque ya nadie quiera acordarse de ello, el United pagó 75 millones por Di María, un jugador que, gracias al mal ojo de Mourinho, le costó 35 al equipo blanco en 2010. Pese a ello, aunque el United ha pagado por Pogba ni más ni menos que 20 millones de euros más de los que pagó el Barça por Neymar y 24 más de los que pagó el Real Madrid por Cristiano, no se oye ni una crítica, ni una sola; afinando mucho el oído, concentrándose mucho, pero mucho, mucho, si acaso podemos escuchar por allí el lejano canto del herrerillo, por allá la dulce melodía del pinzón, por acullá a la oropéndola de fondo; y, eso sí, por las noches al grillo: "¡crii, crii, crii!"... Poco más.

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Día libre para Messi

Llama mucho la atención la presencia de Griezmann en la terna de jugadores elegidos por la UEFA como candidatos al galardón de mejor futbolista de Europa de 2016. Ojo, su elección es justísima y no responde a otra cosa que a los méritos contraídos por un delantero portentoso, que ha crecido muchísimo en el Atlético de Madrid y que, en ausencia de Benzema, se ha erigido en el auténtico líder de Francia (a la que condujo lo más lejos que pudo, a la final) durante la Eurocopa. Cristiano, Bale y Griezmann (y, además, por ese mismo orden) son, en mi opinión, los tres mejores futbolistas del año en Europa y en el mundo, y creo que, si la FIFA y France Football son tan valientes como la UEFA, también ganarán Balón de Oro, Plata y Bronce respectivamente en la gala del próximo mes de enero.

¿Por qué hablo de valentía de la UEFA?... No es noticia que un perro muerda a un niño pero sí lo es que un niño le pegue un mordisco a un perro; no es noticiable que Cristiano esté entre los candidatos a conquistar todos los títulos individuales del año porque es un cañón de jugador, sin embargo sí lo es que no esté Messi, que es tan fantástico futbolista como potente y engrasada máquina tanto de marketing como de hacer lobby. Ha sido valiente la UEFA, y también un pelín suicida, porque ahora lloverán los palos desde Barcelona, al apartar a Leo de la lucha al mejor jugador del año, y aún más lo ha sido no designando para dicha carrera a ningún futbolista culé, a ninguno. Liga y Copa bastaron para que Messi y Suárez entraran entre los diez primeros pero el podio... es para la Champions.

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Con la M de Mariano

Es muy posible que el martes que viene, en la Supercopa de Europa ante el Sevilla, el Real Madrid juegue sin Bale, Benzema y Cristiano; que el Real Madrid se juegue su primer título importante del año sin la BBC es algo así como ver un remake de Romeo y Julieta protagonizado por Jason Statham, una rareza. Así que, de confirmarse la ausencia de sus tres atacantes, el martes que viene estaremos asistiendo a una auténtica excentricidad del tipo de la nieve de color rosa, el bebé sapo o el hombre azul. No lo digo yo, lo dijo en su día Zidane, y sin medias tintas además: "Si están bien, jugarán siempre ellos". De modo que, salvo lesión, será muy difícil ver a la BBC sin la primera B, casi imposible no ver en acción a la C y extremadamente complicado que falte la segunda B; que se caigan los tres de golpe, como decía, y en un partido fundamental como el del martes que viene, no volverá a suceder nunca jamás en la vida.

Y en esa situación extraordinariamente anómala, el Real Madrid necesita imperiosamente que se reivindiquen algunos jugadores, y de modo muy especial Morata. Álvaro ha protagonizado una temporada muy irregular y aún no ha dado el paso hacia adelante que todo el mundo espera de él. A mí me parece harto significativo que el goleador del equipo blanco en ausencia de la BBC se haya marchado de Estados Unidos sin ver puerta. Ya sé que los delanteros son jugadores de rachas y comprendo que Zidane diga públicamente que no le preocupa que Morata marque goles, que ya llegarán, y que él firma ganar todos los partidos y que Álvaro se vaya de vacío; a Zizou no le queda otra que decir eso, está en su papel tranquilizador, pero Morata tiene el 9-A una ocasión pintiparada para demostrar con hechos que el Real Madrid hizo una buena operación pagando por él 30 millones de euros y otra aún mejor no vendiéndolo por más del doble de esa cantidad.

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