El penúltimo raulista vivo
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A Del Bosque se le pasó el arroz

- Juan Manuel Rodríguez - 69 comentarios

Del Bosque afirmó ayer que él solía pisar el freno de las alabanzas cuando se ponía "el acento" en lo bien que jugaba la selección... pero yo no lo recuerdo. No recuerdo que Vicente dijera que el elogio era excesivo ni recuerdo tampoco que echara un rapapolvo a tal o cual periodista por decir que España jugaba al fútbol de maravilla. Puede que lo hiciera, no lo niego, pero yo sinceramente ahora mismo no lo recuerdo. Sin embargo sí recuerdo los justos homenajes, los merecidos fastos, los nombramientos reales, los premios y las calles y los pabellones rebautizados con los nombres de los jugadores y del entrenador. Nadie dijo "no, no, por favor, yo no lo merezco", nadie dijo "apartad de mí este amargo cáliz", nadie dijo "me he limitado a cumplir con mi obligación", y si nadie lo dijo fue seguramente porque sí lo merecieran: entre 2008 y 2012 estos deportistas pasearon por todo el mundo el nombre de España y eso no tiene precio.

El deporte es un fantástico canalizador de ilusiones y, ya metidos en una harina más material, también supone un estupendo generador de recursos económicos. De ambas, de la ilusión y de la economía, nos beneficiamos, y además en un momento muy complicado, los españoles, de ahí los homenajes, fastos, nombramientos y alabanzas con los que agasajamos a los héroes cuando regresaron a casa. Estoy convencido de que, de no haber estado demodé, a alguien se le habría ocurrido colocarle a Vicente del Bosque una corona de laurel. Todo nos sabía a poco cuando de los campeones mundiales se trataba. Pero aquello pasó y la selección campeona de Sudáfrica se estrelló directamente contra los riscos del Mundial de Brasil. Hubo quien, como fue mi caso, advirtió a Del Bosque de las consecuencias que podría acarrear su nefasta gestión de un pasado ciertamente triunfal, pero Vicente hizo oídos sordos.

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¿Qué haces tú, Vicente, qué haces tú?

- Juan Manuel Rodríguez - 69 comentarios

¿Revancha?... ¿Qué revancha?... Hacen mal nuestros internacionales en referirse al partido de mañana como revancha, venganza o desquite porque eso quiere decir que siguen instalados en el 13 de junio de 2014, el día del 5-1, y para eso no existe revancha posible. Supongo que, visto todo desde el lado holandés, aquel partido de Brasil-2014 tampoco curó las heridas de la final jugada cuatro años antes. Es como si mañana, de repente, Foreman se levantase de la cama pidiéndole a Ali la revancha de un combate que se disputó hace más de cuarenta años: no existe un desquite para aquello; simplemente sucedió que, después de hacerle mobbing al mejor púgil de toda la historia, George besó la lona en el octavo asalto de una pelea que creía tener bajo control, rodó por los suelos como un inerme saco de patatas, cedió ante un golpe genial.

No nos engañemos, el partido de mañana no le interesa a nadie. ¿Prestigio decís?... El prestigio se conquista en un Mundial o en una Eurocopa y no en un partido sin relevancia, un encuentro amistoso que constituye un enorme grano en el culo de los clubes propietarios de los futbolistas. España perdió mucho prestigio por aquel inesperado (más por unos que por otros) y lamentable 5-1, el que abrió la grieta por la cual acabaría colándose ante Chile la selección. También puede perderse el prestigio en un insípido e incoloro 1-0 ante Ucrania. Por supuesto que Ancelotti, Simeone y Luis Enrique seguirán atentamente el Holanda-España por la tele pero únicamente para comprobar que Ramos, Koke e Iniesta regresan sanos y salvos y pueden contar con ellos de cara al tramo final de la temporada.

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Salvar al Barça de Bartomeu

- Juan Manuel Rodríguez - 102 comentarios

Seguro que, de no haber cámaras por medio o carecer del sonido de la declaración que prestó el presidente del Barça ante el juez Ruz, alguien responsabilizaría al palco del estadio Bernabéu o a Florentino Pérez por haber llamado a José María Aznar para que éste, a su vez, se pusiera en contacto con Ruiz Gallardón y el ministro exigiese al fiscal que sacara a colación el nombre de Tito Vilanova. Así y todo, con la grabación de la imagen y de la voz de José María Bartomeu, hay quien sigue viendo fantasmas donde únicamente hay incompetencia y falta de tacto o simple mala fe. Por supuesto que Bartomeu no implicó a Vilanova en la organización del entramado para fichar a Neymar pero sí le responsabilizó de pedir que el brasileño viniera un año antes de lo estipulado y habló de un sobrecoste de 42 millones.

La culpa siempre es de otro y, en último extremo, de la Comunidad de Madrid en general, de la ciudad de Madrid en particular, del Real Madrid Club de Fútbol en concreto y, exactamente, de su presidente, Florentino Pérez, que siempre se encuentra en el centro de la conspiración. Como en su día Alfonso Guerra, Bartomeu tenía que ser una especie de vicepresidente oyente porque cuando no le funciona Madrit como concepto se dedica a responsabilizar a Rosell de las negociaciones con el padre de Neymar y a Vilanova de pedir que el fichaje se adelantara un año. Si a estas alturas de la película hay que explicarle a todo un presidente del Barça por qué estuvo mal y fue muy feo y muy sucio sacar a colación el nombre de Tito Vilanova en su comparecencia del 13 de febrero ante el juez... es que hay que salvar al Barcelona de sus garras.

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Del Bosque, Villa, sentido y sensibilidad

- Juan Manuel Rodríguez - 96 comentarios

Está claro que Del Bosque no capta las indirectas. A este seleccionador o le dices "no me lleve usted a jugar más, don Vicente, por favor, se lo suplico, que a la hora del partido tengo que llevar a mi nietecito al colegio" o él te sigue convocando. Y eso es lo que ha sucedido precisamente con David Villa, que, aunque no le dijo claramente a la cara a Del Bosque que le dejara tranquilito de una vez, que no volviera a contar con él, que no le persiguiera, sí le mandó sin embargo una indirecta bastante clara yéndose muy lejos, a una Liga de chicle como la estadounidense. A nuestro máximo goleador histórico, que está tan ricamente y sin meterse con nadie en New York, New York, le ha rescatado para nuestro recuerdo, que es francamente bueno, un nuevo gesto del renovador por la base Del Bosque. Tres partidos de nada le quedan a David para alcanzar las cien internacionalidades, tres, y a Vicente se le ha ocurrido la genial idea de que hay que llegar como sea a esa cifra para hacer "partida"... a costa del equipo nacional.

Ahora comprendo por qué Raúl González, que está jugando por cierto puerta con puerta con Villa, no regresó a la selección tampoco con Del Bosque. Él heredó la decisión de Luis Aragonés de no llevar al madridista, que al dejar el Real siguió demostrando que estaba en perfectas condiciones de jugar con España. Luis jamás explicó claramente qué le pasó de repente con Raúl para que éste no fuera más veces internacional pero en el aire flotaba la idea de que todo se debía a una cuestión personal. A Del Bosque le pregunté muchas veces por qué motivos no convocaba al 7 y él nunca, jamás, ofreció ningún argumento deportivo serio limitándose a repetir como un loro de Salamanca que era "seleccionable". Claro, tan seleccionable como yo. Ahora se descubre por qué Vicente del Bosque no volvió a llamar a Raúl: porque superó por tres las cien veces como internacional y con él no había por qué ser sensible.

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Las campanas del Santiago Bernabéu

- Juan Manuel Rodríguez - 183 comentarios

Empiezo a escribir este artículo a las diez y al parecer la federación tiene previsto hacer público "por la tarde" el nombre del campo en el que se jugará la final de la Copa del Rey de España que, si nadie lo impide, volverá a ser insultado por aficionados de ambos equipos. Desconozco dónde se jugará el Barça-Athletic pero sí sé dónde no se jugará: en el estadio Santiago Bernabéu. Y viene aquí a colación aquella anécdota tan graciosa, que a lo mejor ya he contado, del general de Napoleón Bonaparte que pidió hablar con el alcalde de un pueblo de Zaragoza: "El Emperador pasará mañana por aquí y es deseo expreso de Su Excelencia que a su paso toquen a vuelo las campanas". Al día siguiente, y tal y como estaba previsto, Napoleón I Bonaparte, Emperador de los franceses, Copríncipe de Andorra, Rey de Italia y Protector de la Confederación del Rin, el hombre más poderoso sobre la faz de la Tierra, cruzó por el pueblo, sí, pero en silencio. Indignado y temiéndose que su carrera militar sería breve, el general hizo llamar al alcalde: "¿Acaso no le quedó a usted suficientemente claro que al paso de Su Excelencia debían tocar a vuelo las campanas?", preguntó; a lo que el alcalde respondió lo siguiente: "Sí señor, lo dijo usted y me quedó muy claro. Y yo podría darle a usía cien motivos por los que las campanas no han sonado, empezando porque nuestra Iglesia no tiene campanario".

Como le sucedía al maravilloso alcalde del pueblo de Zaragoza, el Real Madrid Club de Fútbol, que pese al interés que Barça y Athletic están poniendo nuevamente para convertirle a la fuerza en un actor protagonista no deja de ser en toda esta historia un simple convidado de piedra, podría ofrecer cien motivos distintos por los que no pueden tocar al vuelo las campanas del estadio Santiago Bernabéu cuando pase por él Leo Messi, que hasta por la estatura bien podría ser Napoleón, pero es que en el Bernabéu... sigue sin haber campanas. Quiero decir que hace ya bastante tiempo que Florentino Pérez le dijo al honrado y trabajador Ángel María Villar que, hasta nueva orden e independientemente del nombre y apellidos de los equipos que la jugasen, el Real Madrid no quería que su campo volviera a acoger una final copera. Florentino, como digo, se lo comunicó a Villar en su día, hay testigos que confirman que, al parecer, Villar lo comprendió, la federación no ha recibido del Real Madrid desde entonces ninguna contraorden y, puesto que en el Santiago Bernabéu sigue sin hacer campanario, uno no acierta a comprender a santo de qué el presidente de la federación continúa dándole aire a una historia que está condenada desde el principio al más absoluto de los fracasos.

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La gran mentira de la derrota triunfal

- Juan Manuel Rodríguez - 115 comentarios

En su artículo de hoy en el diario Marca, mi amigo Paco García Caridad se refiere a un "nuevo lema" que, según él, se usa "en ciertos sectores del madridismo": la "derrota triunfal". Y una de dos, o bien Paco sale muy poco a la calle, cosa que no creo, o bien se relaciona con unos madridistas ciertamente muy extraños y con poca conversación. Y es curioso porque ayer mismo otro amigo periodista (no desvelaré aquí su nombre ya que se trataba de una conversación privada pero sí puedo decir sin embargo que le priva el Atleti) me habló, en un tono que yo interpreté como jocoso, de "rearme" tras el 2-1 del Camp Nou. ¿Derrota triunfal? ¿Rearme?... Supongo que tanto PGC como el señor X son conscientes de que, refiriéndose así a un club cuya esencia fundacional no es otra que la victoria, están dándole un golpe bajo al madridismo, que no se puede defender de semejante oprobio, una afrenta querellable sin duda.

Pues yo niego aquí la mayor: jamás habrá para el Real Madrid eso que PGC atribuye alegremente a unos madridistas desconocidos y que bautiza como "derrota triunfal". Es más, yo he visto cómo el estadio Santiago Bernabéu pitaba a su equipo con una ventaja clara en el marcador, yo he visto cómo la tomaba con sus ídolos por un pase hacia atrás, yo he visto caer a más de un intocable tras interpretar la grada conformismo a la hora de jugar. La fama de la afición del Madrid, que es de todo menos pactista, va justo en la dirección contraria: inconformismo incluso en la victoria. Una derrota ante el Barça no rearma, una derrota ante el Barça no sabe a nada que no sea a hiel, una derrota ante el Barça siempre duele, y más aún cuando, por ocasiones y fútbol, pudo traducirse fácilmente en otra victoria... más.

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Destruyendo a Bale

- Juan Manuel Rodríguez - 185 comentarios

Vayan a YouTube y busquen "Gareth Bale". El galés es un futbolista desequilibrante, un potro de Cardiff, un jugador que comenzó como lateral y acabó como delantero total, uno de los mejores del mundo por cierto. Resulta emocionante ver jugar a Bale del mismo modo que lo era ver en acción a Le Tissier, ambos tocan la fibra del espectador. Y por eso le fichó el Madrid, para eso le trajo Florentino Pérez. De hecho, cuando el equipo ha corrido, Bale ha sido el futbolista del Tottenham que ganaba partidos él solito. Por lo demás, conviene recordar que Bale es zurdo y que, nada más llegar aquí y en vista de que Cristiano ocupaba esa banda, se le colocó sin anestesia en la derecha para que se fuera habituando a nuestra Liga: "Welcome to Spain". Ahora resulta cada vez más habitual eso de colocar a jugadores diestros por la izquierda; habitual sí, ideal no, de lo contrario no diríamos que un futbolista juega "a pie cambiado" cuando lo hace en una banda que no es la suya. A los mejores no les causa un problema grave, y Bale es uno de los mejores, pero en el horizonte merengue más cercano va cobrando poco a poco fuerza la idea de que Cristiano termine jugando como delantero centro y Bale pueda, al fin, ocupar la banda que le hizo mundialmente famoso.

Por la derecha, siendo como es un futbolista zurdo, y ocupado de interpretar a Stajánov para mayor gloria del tan cacareado "equilibrio" y del incomparable 4-4-2, que guía de repente nuestras vidas, Gareth Bale es otro futbolista distinto; no diré que, obligado a llevar todos esos pesados fardos en la espalda, Bale sea un mal jugador, nada de eso, simplemente certificaré que bajo esas circunstancias no puede ser el diamante que compró el Madrid. Aún así, y como repito que es uno de los mejores del mundo, el galés marca goles, asiste y gana partidos él solo. Pero hay que reconocer que es un auténtico milagro que un jugador al que se lastra tanto siga convirtiendo de vez en cuando el agua en vino y continúe multiplicando por tres los panes y los peces. Bale no es Pepe, ni tampoco Ramos. Bale no es Lucas Silva. Bale no es Illarramendi. Para que nos entendamos, Bale no es un Sorolla sino un Pollock, lo suyo nunca ha sido equilibrar sino justamente todo lo contrario, desequilibrar... al rival, hacerle añicos remando por la banda, romper los partidos, fulminarlos, acabar con ellos.

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El Real Madrid amagó, el Barça mató

- Juan Manuel Rodríguez - 121 comentarios

Al Real Madrid le falló el instinto asesino. Cuando tuvo el partido en su mano simplemente lo dejó escapar, y el Barça lo aprovechó. En ausencia de Leo Messi, que no apareció, el artista fue indiscutiblemente Benzema; el francés jugó por dentro, por fuera, remató, dio asistencias de todos los colores y, en especial, una que se recordará durante mucho tiempo: el taconazo a Cristiano que valió el gol del empate. Antes, en otro despiste defensivo, el equipo de Ancelotti había encajado el primero de la noche, obra de Mathieu tras un remate de cabeza a pase medido de Messi. Marcó primero el Barça y Neymar, que fue un desastre, tuvo el 2-0 solo ante Casillas, y justo entonces empezó a carburar el Madrid. Gol de Cristiano, disparo de Modric desde fuera del área, nuevo jugadón de Benzema, otra ocasión de Cristiano, gol bien anulado a Bale... Una tras otra se acumulaban las jugadas, el Barça acabó pidiendo la hora y el descanso le llegó al Madrid en el momento más inoportuno.

No había transcurrido ni un minuto de la segunda mitad cuando de nuevo el Benzema dejó constancia de que el partido era suyo y que pensaba seguir manejándolo a su antojo: pase filtrado a Bale y, justo dos minutos después, nueva ocasión ante Bravo. El Madrid jugaba, tocaba, disfrutaba sobre el campo... pero llegó nuevamente el col culé, en esta ocasión de Luis Suárez, en otro fallo defensivo notable. Y, entonces sí, desapareció el Madrid, que veía cómo se le agotaba el tiempo y, acuciado por el reloj, empezaba a transparentarse en defensa. De nuevo empezó a llegar con peligro el Barça, y Neymar y Messi tuvieron sus ocasiones porque el Madrid se descosió en el centro del campo. Desde entonces y hasta el final, y más aún desde la significativa entrada de Xavi al campo, con el viento a favor y los cuatro puntos de distancia en el horizonte, el Barça se sintió mucho más cómodo.

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Otra vez el Cholo, de nuevo el dolor

- Juan Manuel Rodríguez - 264 comentarios

Seguro que, en cuanto Karl Heinz-Riedle, aquel obrero del gol que hizo fortuna en Werder Bremen, Lazio y Liverpool, sacó la bolita del Real Madrid, todo el mundo pensó instintivamente en que el Atleti lleva metiéndole mano bastante tiempo al equipo blanco. Pero, en el fútbol, las últimas referencias no sirven para nada. Y además son manipulables. Por ejemplo: la última referencia que tenemos del Atleti no es su brillante Champions de la temporada anterior sino el partido horroroso que jugó contra el Bayer Leverkusen. Es cierto que el Madrid del mes de marzo no es el mismo que el de noviembre, también lo es que el actual Atleti ha perdido brillo y fuelle y últimamente le cuesta bastante marcar gol. En la nada del último partido europeo, que fue un dolor de muelas, se movieron mejor los del Cholo, pero a nadie habría extrañado tampoco que el cuartofinalista hubiera sido el equipo alemán.

Otra vez el Cholo, de nuevo el dolor, regreso a las barricadas. El gran Amancio Amaro Varela, a quien admiro, convocó ayer a las meigas en Fútbol esRadio, hizo su conjuro y removió el futuro, que estaba más o menos tranquilito, para que al Madrid le tocara el Atleti. Siento discrepar amigablemente con él. Yo a este Atleti guerrillero, pesado hasta decir basta, intenso y algo más, excesivo y argentino en la más pura y dura versión de Bilardo habría preferido no encontrármelo hasta la final, y aún entonces me habría ocasionado un gran dolor de cabeza. Pero yo soy un cobardica, es cierto, lo reconozco, mientras que Amancio es un brujo y, por si su arte y su habilidad para predecir lo que pasará más adelante no fueran suficientes, sobrevivió además a la cornada de Fernández en Los Cármenes de Granada, una criminal entrada de la que ningún futbolista del mundo habría podido recuperarse... salvo él.

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¡Chsss, silencio, que nadie despierte a Pellegrini!

- Juan Manuel Rodríguez - 126 comentarios

Con todo el trinirotolueno que tiene arriba el Manchester City, y pese a lo que diga su entrenador, la eliminación del equipo inglés otra vez en los octavos de final de la Champions, que es casi una ronda para benjamines, sí suena a rotundo y redondo fracaso, un desastre sin paliativos, una vergüenza. Uno habría esperado de los Agüero, Jovetic, Bony, Dzeko, Navas, Silva, Nasri o Yaya Touré un pelín de acción, algo más de movimiento, un amago al menos. Pero al igual que los perros se parecen a sus dueños, el City de Manuel Pellegrini ha ido adquiriendo poco a poco, muy despacito al principio, a mayor velocidad después, ese aire indolente, abstraído, cansino, buenista y, por qué no decirlo, un tanto bobalicón del técnico chileno. Nadie con dos dedos de frente podría echarle nada en cara a Pellegrini después de haber contemplado cómo su equipo moría en la orilla, de lo que se acusa precisamente al City es de no haber desembarcado siquiera, de dejar la arena de Omaha tal y como la encontró y de haberse dado media vuelta nada más atisbar la playa.

Anoche, tras encajar el City el único gol del partido de vuelta, escuché una curiosa reflexión que captó mi atención por estrafalaria: "Los planes de Pellegrini no tienen por qué verse alterados puesto que sigue obligado a marcar dos goles para igualar la eliminatoria"... ¡Equilicuá!... El caso es que los planes de Pellegrini, sean estos cuales sean, no se vean nunca alterados. Tampoco habrían variado demasiado de haber encajado un segundo gol o un tercero puesto que seguiría necesitando meter tres o cuatro para superar la eliminatoria y eliminar al Barça de la competición. Maravilloso. Fantástico. Pero, a la espera de que se materialice algún día ese oculto plan de su entrenador, los goles del City no llegan, la reacción jamás se produce, nadie toca nunca a rebato en un equipo plagado de hipotensas estrellas que pasean su calidad por el campo de un modo que recuerda mucho al del chófer Hoke Colburn dando vueltecitas a la señora Daisy en su viejo Chrysler.

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