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Recuerdos de La Catedral

René Higuita acudía a visitar asiduamente a La Catedral a Pablo Escobar, fundador y líder del cártel de Medellín. Escobar se había entregado poco antes al presidente Gaviria a cambio de que éste no le extraditara a los Estados Unidos, y esta prisión, ubicada en Envigado, en la provincia de Antioquía, fue la que ambos negociaron para que el narcotraficante cumpliera su condena. Más tarde se supo que La Catedral no era en realidad una cárcel sino más bien un resort que incluía salas de billar, cuadros, muebles de importación, una cascada de agua natural y, por supuesto, varias canchas de fútbol. Entre partido y partido también había tiempo al parecer para organizar alguna que otra orgía, de modo que el recinto pasó de Cárcel de Máxima Seguridad a Cárcel de Máxima Comodidad.

Higuita no fue el único en ir a visitar a Escobar y por La Catedral pasaron Óscar Pareja, que era el capitán del Independiente de Medellín, o Carlos Valderrama y también un tal Diego Armando Maradona. Escobar se fugó de La Catedral en 1992 y hoy se encuentra habitada por miembros de la comunidad Benedictina Fraternidad Monástica Santa Gertrudis. Ya no hay cuadros, tampoco muebles; hace tiempo que dejó de correr el agua de la cascada y ninguno de los sacerdotes pueden jugar al billar porque no tienen tiempo y ya no hay mesas; lo único que permanece son las canchas de fútbol del resort que Gaviria pactó con el mayor narcotraficante de la historia de Colombia. Según un reciente estudio de la Fiscalía colombiana, las FARC obtuvieron más de 20 millones de dólares del narcotráfico entre los años 1995 y 2014.

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John Carlin, valiente memo

Si algo queda claro del artículo de John Carlin en El País es que él está a favor del acuerdo suscrito entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, que han causado doscientos mil muertos y cerca de cincuenta mil desparecidos, y que no respeta la opinión de quienes no lo están. Esto último, lo de la falta de respeto, incluso personal, por parte de Carlin a quienes no siguen sus directrices ideológicas, gastronómicas o deportivas, tampoco es nuevo; sus artículos, también los futbolísticos, destilan siempre un sectarismo que tira de espaldas, y todo ello recubierto de un tufillo de demagogia barata y cierta reminiscencia del cura que quizás quisiera ser una vez. Porque Carlin no opina, Carlin absuelve o condena a las llamas del infierno, siempre convenientemente escondido, eso sí, detrás del púlpito del teclado de su iPad de última generación.

Los colombianos irán el 2 de octubre a las urnas para refrendar o echar abajo el pacto Santos-FARC, y la verdad es que la cosa no está nada clara. Si los colombianos dicen el domingo que no, de nada valdrá el espectáculo de la pasada madrugada y, en ese nuevo e hipotético escenario, sería incluso probable que el presidente tuviera que presentar la dimisión. Tengo entendido que a eso, a que la gente vote lo que le parezca más oportuno sin que nadie le ponga una pistola en la cabeza, se le suele llamar "democracia". El resultado está tan ajustado que, con el fin de conseguir un arreón de popularidad final, unos y otros están tirando de colombianos ilustres como Shakira, Silvestre, Nairo Quintana o James Rodríguez.

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El antimadridismo vende ahora su alma... a José Mourinho

Para el antimadridismo Mourinho únicamente es creíble cuando se dice que ha criticado al Real Madrid o a su presidente, Florentino Pérez. La figura de Pérez une sin fisuras a todo el antimadridismo puesto que se le considera un mal superior al del ex entrenador portugués, que ya no está y no puede hacerles más daño. Cuando estaba aquí Mourinho al Real Madrid se le odiaba por él, y ahora que Mourinho no está se le odia por Florentino Pérez, que es malo-malísimo y se encuentra además detrás de todos y cada uno de los complots universales. Así que entre creer lo que un periodista que viene de trabajar en varios diarios sensacionalistas dice (en una biografía no autorizada de Mourinho) que le contó en su día el técnico portugués o creer al Real Madrid, el antimadridismo cree a su Satanás particular, que es Mourinho. Es lo que se denomina "vender el alma al diablo".

Vía Twitter, el antimadridismo (y también una parte del madridismo antimourinhista y probablemente antiflorentinista) me ha inquirido con insistencia acerca de lo que Beasley dice que le dijo Mourinho en una biografía no autorizada... sobre el propio Mourinho. Y como me estoy desintoxicando de redes sociales, respondo por aquí, que es donde corresponde. No me lo creo, no me creo que Florentino Pérez llamara a Mourinho antes de fichar a Benítez; tampoco me creo que el presidente del Real Madrid se pusiera en contacto con él para hacer una "limpia"; no me creo que Mou le haya contado eso a un periodista ni me creo tampoco que el entrenador portugués tenga que esconderse para decir lo que quiere decir. Mi respuesta es: no me creo lo que Beasley dice que le dijo Mourinho.

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También pasarán los pucheros de Cristiano

Desde el punto de vista de su entrenador debe resultar muy difícil sustituir a Cristiano. Si está bien es por supuesto más complicado, pero incluso estando mal, como es el caso, el caos emocional que puede provocar la mera presencia física de un delantero de esas dimensiones entre los defensas rivales debe ser únicamente comparable a la que genera Messi. Por lo demás, siempre existe la posibilidad de que te resuelva un partido en el minuto 90 sin haber jugado nada bien los 89 minutos anteriores tal y como sucedió, por ejemplo, contra el Sporting de Lisboa. Si, incluso no estando bien, como repito que es el caso, quitas a Cristiano para meter a otro jugador y las cosas no mejoran, supongo que siempre te quedará la duda eterna de si un mal Cristiano habría sido capaz de resolver el partido. Futbol ficción en cualquier caso.

El partido de anoche de Cristiano contra la Unión Deportiva Las Palmas fue decepcionante desde el primer hasta el último minuto, que Zinedine Zidane decidió que fuera el 72. El otro día le preguntaron al entrenador del Real Madrid si el Barça era menos equipo sin Messi y él respondió la verdad, que sí lo era; el Real Madrid también es menos equipo sin Cristiano y esto se está notando en el arranque de Liga, que es bueno en líneas generales si aparcamos en doble fila los matices y malo sin paliativos si nos referimos exclusivamente a CR7. Aún recuerdo la que se lió (o, por mejor decir, la que liaron adrede) cuando, allá por 2013, Aitor Karanka defendió la suplencia de Casillas alegando que tenía el alta médica pero no el alta competitiva; Cristiano tiene el alta médica y Zidane está dosificando su alta competitiva, pensando por ejemplo en el partido de Champions del próximo martes, que va a ser de órdago a la grande.

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El Balón de Oro que a nadie interesa pero que todo el mundo quiere ganar

Para no importarle a nadie, absolutamente todo el mundo se ha puesto a remar con furia para que su jugador preferido gane el próximo Balón de Oro. Todo el mundo, claro, menos quien lo va a ganar, que va a ser Cristiano Ronaldo. El último en prohijar a un futbolista ha sido el emblemático L'Equipe, que apuesta (la duda ofende) por el delantero francés Antoine Griezmann: "Votez Griezmann", ordenaba el otro día desde su portada el poderosísimo diario deportivo galo. También salió Simeone, otro al que no le importa el Balón de Oro, que es una pesadez, reclamando honestidad para la candidatura de su jugador: "Ustedes, los periodistas, van a tener ocasión de hacer justicia". Votez a Griezmann, sí, pero... ¿por qué? Bale, que tampoco lo va a ganar, ha hecho más méritos que Antoine para alzarse con el premio, aunque no es lo mismo que te apoye L'Equipe a que lo haga el Western Mail, ¿no?

Ojo, que nadie se confunda o malinterprete mis palabras; a mí Griezmann me parece un jugador fantástico, un goleador que ha crecido muchísimo y que probablemente gane algún día el Balón de Oro que a nadie le importa pero que todo el mundo reclama para sí, pero justificar el premio para un futbolista que no ha ganado ningún título a lo largo de 2016 va a resultar una misión imposible incluso para un portaaviones como L'Equipe. Si Antoine hubiera conquistado al menos la Eurocopa con Francia podría colarse su candidatura con calzador, pero es que hasta eso lo ganó Cristiano con Portugal, y por primera vez en su historia. Si, tal y como reclama el Cholo, el periodismo hace justicia, CR7logrará en enero su cuarto galardón. Eso es lo justo.

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Neymar, el eterno burlón

Lo de Neymar no es de ahora. Quiero decir que las críticas hacia su forma malabarista de interpretar el fútbol no han surgido de repente aquí, en España, ni son fruto de la rivalidad (también mediática) entre el Real Madrid y el Barça. Las críticas no proceden del fondo de la "caverna" de Laporta sino que le persiguen desde Brasil, que es precisamente la cuna del malabarismo. Los mejores gambeteadores de la historia de este deporte salieron de allí y sin embargo no recuerdo que a ninguno de ellos se le afeara su forma de jugar, de esconder el balón, de pisarlo, de amagar... El regate es un recurso más del juego pero lo que se le critica a Neymar no es su exceso sino su oportunidad y la practicidad del mismo. Desde ese punto de vista, y sólo desde ese, lo dicho por Michael Laudrup durante la transmisión del partido Leganés-Barcelona, es oportunísimo y tiene todo el sentido del mundo.

Michael Laudrup, que jugaba mirando literalmente a la grada, dijo que no le gustaba un regate en concreto de Neymar por dos cuestiones distintas: porque el marcador estaba ya abultadamente decantado del lado culé, el Lega estaba indefenso y no existía ninguna posibilidad de remontada, y también porque la jugada en sí no sirvió para nada salvo para el adorno estrictamente personal, como si Neymar estuviera disfrutando al abusar de un rival caído sobre la lona. Es posible que Neymar siempre juegue así, no lo sé. Es posible que siempre trate de adornarse, incluso cuando la ocasión no lo requiere, ya sea con empate en el marcador o con 5-1 a favor como el otro día. A él le dará igual porque puede permitirse el lujo de que todo le dé lo mismo pero el caso es que sus maniobras sobre el terreno de juego, algunas de ellas espectaculares, a veces son percibidas por el rival como una burla, una chanza de mal gusto.

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El coro de Zinedine Zidane

Con Zinedine Zidane en el banquillo, el Real Madrid es un equipo verdaderamente coral. El técnico francés dijo que iba a contar con los veinticuatro jugadores que tenía a su disposición y, hasta la fecha, está cumpliendo con su palabra. También ha dicho que "si la BBC está bien, la idea es que jueguen", y lo cierto y verdad es que, por unas cosas o por otras, Benzema no acaba de arrancar y Cristiano no termina de romper; las ausencias prolongadas en el tiempo tanto del francés como del portugués están dando minutos a futbolistas de la segunda unidad que, cuando ellos vuelvan, jugarán menos... pero seguro que jugarán. Sirva el dato de que el Real Madrid distribuye sus doce goles a favor entre once jugadores mientras que, por ejemplo, los trece del Barça los han conseguido entre siete y los diez del Atlético de Madrid entre cinco.

Bajo este reparto de minutos de Zidane subyace la preocupación porque el equipo (todos, los veinticuatro) llegue a tope a los meses de abril y mayo, que es cuando se pierden o se ganan las competiciones. Ayer, después de un mal partido contra el Espanyol, el Real Madrid igualó el record de victorias consecutivas en Liga (16) que tenía Pep Guardiola; la ventaja que tiene Zizou es que él ya vivió desde dentro, y como ayudante de Ancelotti, una experiencia muy similar, con vino y rosas por doquier. Como entonces, el Madrid tiene que disputar un Mundial en diciembre y el cuerpo técnico no quiere que se repita aquel desplome en Liga después de conquistar el título en Marruecos cuando nada hacía presagiar que el equipo fuera a hundirse de aquella manera tan estrepitosa.

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El Balón de Oro y la realidad paralela

Hay quien ha descubierto de repente que el Balón de Oro premia el individualismo en un deporte de equipo y pretende hacer una enmienda a la totalidad de unos premios muy entretenidos y cuyo único objetivo consiste en promocionar el fútbol. Acabáramos. Pero el Balón de Oro lleva concediéndose desde que Televisión Española emitiera por primera vez desde el Paseo de La Habana, desde el Año de Nuestro Señor de 1956, y nadie o casi nadie ha resaltado hasta ahora como un aspecto negativo que el susodicho premio se entregue a un individuo y no a un equipo. El Balón de Oro de un equipo es la Copa de Europa mientras que el Balón de Oro de un jugador es, como su propio nombre indica, el Balón de Oro, y yo no logro adivinar dónde radica el problema de que a un jugador se le conceda un premio del mismo modo que no comprendo qué hay de malo en que todos los años se entreguen los Oscar de Hollywood, los Laureus o los Nobel.

Claro que no hay más que leer un poquito más para llegar a la conclusión de que quienes han montado de repente tan estrafalario argumentario le tienen una tirria de padre y muy señor mío a Cristiano Ronaldo y que, como Neymar, consideran además que a Leo Messi tendrían que fabricarle un Balón de Oro para él solito. El único jugador del mundo que ha osado ir de frente contra esa realidad paralela, hasta el punto de torcerla, ha sido el portugués del Real Madrid. Así, el Balón de Oro es un premio individualista cuando se lo entregan a Cristiano Ronaldo, que sueña obsesivamente con él, pero se convierte por arte de birlibirloque en el reconocimiento al mejor futbolista de la historia cuando se lo conceden a Lionel Messi, que pasa olímpicamente de estas distinciones porque de todos es conocido que su reino no es de este mundo. De nuevo la doble (o triple, dependiendo de la ocasión y del caso) vara de medir.

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El milagro cotidiano

Es muy difícil (y más aún después de un partido tan extraño como el de ayer) no volver a recordar la frase que, justo después de haber perdido por 2-0 ante el Inter en Milán, le soltó en un macarrónico pero práctico italiano el retador Juanito a un futbolista cualquiera del Inter, adivirtiéndole de antemano de la que se le venía encima: "Noventa minuti en el Bernabéu son molto longos". Con el tiempo, la frase de los "noventa minuti" de Juan se ha ido convirtiendo poco a poco en algo muy parecido al "Cuidado con el perro" o el "Peligro, alto voltaje" que suelen poner a la entrada de las fincas. Así, advertido de antemano, el rival del Real Madrid se adentra en el estadio Santiago Bernabéu totalmente informado de las consecuencias de sus actos y bajo su absoluta responsabilidad. Así, si al final hay heridos, no se podrá acusar de nada al propietario del recinto. Por cierto, el Inter cayó en el partido de vuelta por 3-0; los "noventa minuti" fueron efectivamente "molto longos" para los italianos.

Lo que, más allá de sus títulos y sus triunfos, define al Real Madrid es que el club blanco ha convertido en cotidiano el milagro y en habitual lo imposible. No hay nada imposible para el Real Madrid, nada; tampoco escapa de su alcance ningún hecho milagroso. Es cierto que ayer, cuando el partido iba 0-1 en el minuto 85, hablé con tres madridistas y los tres me dijeron "vamos a ganar". Ojo, no me dijeron "el Madrid empata" sino "vamos a ganar". El partido fue perfecto para el Madrid porque se ganó milagrosamente jugando especialmente mal al fútbol ante un buen equipo y porque a este nuevo milagro contribuyeron notablemente tres jugadores de la segunda unidad, a saber: Lucas, Morata y James, cuestión ésta que habla también muy bien del entrenador, que los tiene enchufados para el momento oportuno.

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Debuta el Madrid, empieza la Copa de Europa

A mí me pasa que hasta que no debuta el Real Madrid es como si no hubiera empezado aún la Copa de Europa. Me gusta llamarla así, Copa de Europa, aunque desde 1992, y por el vil metal, la UEFA pasara a denominarla Champions League, lo que, traducido al español, significa Liga de Campeones. Es, en realidad, una mentirijilla puesto que, aunque pueda parecer paradójico, la auténtica Liga de Campeones fue la competición que, hasta hace un cuarto de siglo, disputaban única y exclusivamente los ganadores de sus respectivos campeonatos. Todas valen lo mismo, claro, y si te vas al Museo del Bernabéu contarás once, una detrás de otra, pero las seis primeras se consiguieron contra los mejores. No me quejaré, por supuesto, puesto que esta nueva modalidad, menos pura, ha posibilitado que el Real Madrid ganara Copas de Europa sin haber acabado primero en la Liga.

Ya sea durante la dictadura o en plena democracia, en blanco y negro o en color, con Franco, Suárez, González, Aznar, Zapatero o Rajoy, en DVD o CD, al Real Madrid siempre la ha ido muy bien en la Copa de Europa, que es, de largo, el título más prestigioso que un club puede ganar en el mundo del fúbol. La Copa de Europa es el Real Madrid y el Real Madrid es la Copa de Europa, y eso ha levantado ampollas... en España, que es el país más cainita del globo terráqueo. En vez de presumir de las once Copas de Europa de un club de fútbol que pasea la bandera de España por el mundo, aquí se trata de reescribir la historia reduciendo las once a siete, las siete a cuatro, las cuatro a dos y las dos a ninguna en aras de ridículas tretas más propias de Pierre Nodoyuna que de alguien serio. Esto, por supuesto, sólo pasa aquí, en ningún sitio más. Pero, tal y como dijo hace muchísimos años don Santiago Bernabéu, el Real Madrid es el más grande precisamente por cosas como esas.

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