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Iniesta, se te olvidó el "¡Viva España!"...

Julen Lopetegui hizo pública ayer la lista de 23 jugadores seleccionados para el próximo Mundial de Rusia. A diferencia de la lista de Del Bosque para el Mundial de Brasil, que fue esencialmente bienqueda y que rendía aún homenaje a una generación única de jugadores que ganó Eurocopas y Mundial, la de Lopetegui me parece una lista justa. Yo creo, por ejemplo, que Marcos Alonso se habría merecido estar, pero a cambio entra Monreal, que conoce mejor el grupo. Y, al final, son habas contadas; quiero decir con esto que en España hay tantos futbolistas de calidad que podría haberse confeccionado una lista de 50 y, si te pones a repasarla, 21 de los 23 jugadores los habríamos puesto cualquiera de nosotros. Yo no habría llevado a Piqué pero por motivos exclusivamente extradeportivos, pero entiendo que Lopetegui le convoque porque, más allá del fútbol, al seleccionador nacional español no le parece demasiado relevante lo que ocurra en su país, sólo le importa su Mundial.

Así que de la lista de Lopetegui no llama en realidad la atención ninguna presencia pero sí nos hemos centrado todos mucho en una ausencia, la ausencia de Álvaro Morata, que no estará en la cita mundialista. Y nos hemos centrado en la ausencia de Álvaro no porque sea injusta, que no lo es, sino porque Morata tomó una decisión en su día y eligió irse del Real Madrid fundamentalmente por dos motivos: el primero de ellos, que quería jugar más minutos; y el segundo, conectado con el primero, que, con más minutos, Morata pensaba que sería el 9 indiscutible de España. En algunos comentarios la gente se ha regodeado por la ausencia de Morata, algo así como un "¡te jo... robas, que no vas al Mundial por haberte ido del Madrid". No es mi caso. O espero que no sea mi caso. Pero si Morata se fue del Madrid porque quería jugar más y, gracias a ello, convertirse en el delantero centro titular de España, es un hecho que no logró lo primero y que lo segundo ha acabado trágicamente.

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De la Décima a la Decimotercera. De Belgrado a Kiev

Espero que ahora, con La Décima en el bolsillo, Paul Tenorio no se enfade conmigo si desvelo una conversación que mantuvo el otro día con Pablo Laso, el entrenador del Real Madrid de baloncesto, en la sede del canal oficial de televisión del club blanco. Resulta que ambos coincidieron en una tertulia previa a la Final Four de Belgrado y, ya fuera, Paul quiso agradecerle a Laso todo el esfuerzo de un año que ha sido (está siendo) extraordinariamente duro, plagado de lesiones de jugadores importantes y en momentos muy complicados. Le dio las gracias y le transmitió el pensamiento compartido por la inmensa mayoría de madridistas: que el simple hecho de estar ahí después de una temporada tan complicada, luchando entre los cuatro mejores, ya era un premio, y que la semifinal y la final importaban... pero menos. Laso se le quedó mirando a los ojos y le respondió: "No es suficiente. Vamos allí a ganar".

El afán de ganar y esa increíble adaptación al medio que han demostrado desde Pablo Laso hasta el último de sus jugadores han obrado el milagro y el Real Madrid de baloncesto ya tiene en sus vitrinas las diez Copas de Europa, una proeza imaginable sólo para un club deportivo en todo el mundo. También la agilidad de la dirección deportiva al ir moviendo ficha a medida que iban apareciendo los problemas: primero Kuzmic, más tarde Llull, luego Randolph, después Ayón, por último Campazzo... Kuzmic venía para ser un jugador esencial y se rompió nada más llegar y Herreros y Sánchez se sacaron un conejo caboverdiano de la chistera, Walter Tavares, que ha salido triunfante después de haber tenido a su vez una temporada particular de adaptación dentro de la temporada global de sufrimiento del equipo.

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¡Viva el vino Minuto 116 tinto y blanco!

Estamos en plena fiesta nacional de despedida a Andrés Iniesta, uno de los pocos futbolistas que, al menos en nuestro país, que es bastante cainita, congrega el respeto casi unánime de todos los aficionados, independientemente del equipo en el que militen. Y digo "casi" porque a Iniesta, y ya se lo afeé por aquí, le faltó dar ese pequeño paso para él pero que habría sido enorme para España si, en unos momentos especialmente delicados para la nación, se hubiera posicionado del lado de la legalidad, la Constitución y el estado de Derecho. Bien al contrario, Andrés se puso de perfil y, adaptándolo, hizo suyo el grito rajoyesco y dijo eso de "¡Viva mi vino!"... Nos contentaremos con pensar que nadie es perfecto, tampoco el pluscuamperfecto Iniesta, y que no hay más que echarle un rápido vistazo a las películas de la tele del sábado por la tarde para llegar a la conclusión de que uno nunca debe fiarse de alguien que lo hace todo bien.

Emilio Butragueño, que es otro Andrés Iniesta, no tuvo una despedida ni siquiera similar a la que está teniendo el fuentealbillano, y es posible que eso tenga que ver con el gol que el futbolista del Barça marcó en la final del Mundial de Sudáfrica. Todo el mundo, y también el director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, se queda con ese gol, un gol que supuso un campeonato del mundo de selecciones, de ahí el consenso casi absoluto que concita la figura de Iniesta. Además, el Buitre dijo que Iniesta siempre había sido respetuoso con el Real Madrid, cuestión ésta que, en los tiempos que corren, es un indudable punto a su favor puesto que cualquier sansirolé se levanta por la mañana creyéndose con el derecho de arremeter contra el mejor club deportivo de la historia por cualquier cosa, ya sea la gestión deportiva de Zidane, la ejecutiva de Florentino, el rendimiento de tal o cual jugador... o todo junto.

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Rubiales entierra el Villarato

Ahora sí que puede decirse que el Villarato está muerto y enterrado. Con la victoria de Luis Rubiales y el descabezamiento del "comando Sánchez Arminio", que será destituido por el nuevo presidente, concluye una de las etapas directivas más negras de la reciente historia del fútbol español, una era plagada de nepotismo y oscurantismo dignos de otros tiempos. Se han resistido casi hasta el final, Villar ha querido permanecer a través de Larrea, para quien ha "pedido" el voto a los árbitros quien ha sido su jefe hasta ahora, el ínclito Arminio, pero al final se ha impuesto la democracia y, aunque a empellones, acabarán abriéndose puertas y ventanas en la federación. Rubiales representa la modernidad, un soplo de aire fresco, la inevitable adecuación a los tiempos que corren, el imprescindible oxígeno; no en vano, y como ejercicio simbólico de lo que pretende que sea su presidencia, auditará hasta el último euro, cuestión ésta que a buen seguro le valdrá nuevos enemigos.

Porque aunque Rubiales ha ganado, si no está listo a la hora de sepultar hasta el más mínimo vestigio de Villarato... éste volverá como Terminator. Sé que el nuevo presidente de la federación es un amante del diálogo, un hombre nacido en democracia y que aboga siempre por tender puentes, pero con estos elementos no hay ni diálogo posible ni puentes edificables, y él lo sabe mejor que nadie. Como ya he dicho en otras ocasiones, en la Ciudad del Fútbol no puede quedar ni un boli, ni una goma, ni un sujetapapeles que recuerden al Villarato. Rubiales tiene dos años por delante para afianzarse y, aunque parece mucho tiempo, es poco en realidad. Del acierto de sus decisiones con respecto al futuro y del tino de sus movimientos mirando por el retrovisor dependerá su presidencia, que es objetivamente buena para el fútbol español.

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Una bendición llamada Gerard Piqué

Hoy, y por los motivos opuestos a los que ayer dije por qué sí me sentía representado por nuestros dos pilotos de Fórmula Uno, debo explicar por qué no me siento representado por La Roja, que es esa selección de jugadores de fútbol de la Liga Profesional que va a jugar el Mundial de Rusia. Julen Lopetegui estuvo el lunes en El Chiringuito dándole un repaso a la actualidad de esta selección de estrellas de la LFP conocida como La Roja. Puesto que lo ha repetido varias veces y su discurso es predecible, ya no me extrañó demasiado que, preguntado por Piqué, dijera que él prioriza el tema deportivo, como si la nación española fuera una especie de isla, un país imaginario, como si lo único real en España fueran el fútbol y los futbolistas, como si el seleccionador nacional de fútbol de España no tuviera ninguna conexión sentimental con el país, como si La Roja fuera independiente y jugara y peleara los partidos por los jugadores y por las familias de los jugadores y no por 45 millones de españoles. No me extrañó lo más mínimo escuchar a Lopetegui reconociendo indirectamente que a él le importa una higa lo que pase en España mientras a La Roja le vaya bien en el Mundial, pero sí pegué un respingo cuando, cargando aún más la mano, Julen dijo que Piqué era una bendición.

De modo que el seleccionador de fútbol no sólo no echó la bronca a Piqué cuando debió echársela sino que de sus palabras se deduce que animó al defensa del Barça a que siguiera la misma línea, la línea que provocó, por ejemplo, que algunos compañeros suyos, y significadamente el capitán, Sergio Ramos, le pidieran por favor que parara de una vez... por el bien de La Roja. Imagino que Ramos, que se siente profundamente español, actuaría a espaldas de Lopetegui, quien, conocido el historial de Piqué, no sólo no le criticó este lunes sino que, como decía, le considera una bendición para el grupo. ¿Para qué grupo es una bendición Piqué, para el de 30 ó a lo sumo 40 expedicionarios que acudirán al Mundial o para el grupo de 45 millones de personas conocido internacionalmente como Reino de España? Y si el lunes se refería Lopetegui al primer grupo y no al segundo, que es mucho más amplio, ¿por qué ha sido una bendición Piqué para ese reducidísimo grupo de trabajadores federativos? ¿Fue una bendición para ese grupo que Piqué se presentara a votar en un referéndum ilegal e inconstitucional? ¿fue una bendición para ese grupo, que definitivamente no es el mío, el que desde dentro de la concentración de La Roja Piqué enviara dos tuits criticando la actuación de la policía nacional española? ¿Te enteraste, Lopetegui, de que Sergio Ramos tuvo que hablar con Piqué o acaso te pilló echándote la siesta? ¿O estás al margen del ruido que se pueda originar en esa entelequia llamada España?

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Desheredados del Barça

Decía Robert Louis Stevenson que él odiaba el cinismo más que al mismísimo diablo... y añadía: "A menos que ambos sean la misma cosa". Les presento a un cínico. Se llama Josep y se apellida Vives. Es directivo y portavoz de la junta directiva del Fútbol Club Barcelona, probablemente el club deportivo más cínico del mundo. Y, a propósito del nombramiento del supremacista Quim Torra, se ha felicitado por su nombramiento y ha dicho estar convencido de que, con él, llegará el "diálogo". Porque hay que dialogar, dialogar mucho. Sentémonos todos a dialogar, aunque Torra sea tan dialogante como Otegi es un hombre de paz. ¿Diálogo?... Mira, Vives: el 19 de diciembre de 2012, el nuevo y dialogante presidente de la Generalitat escribía esto: "Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana que destilan odio. Están aquí, entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su ADN".

No pienso aburrir a los lectores con el resto de artículos de Torra, unos contra el PSC, otros dirigidos contra la ex delegada del Gobierno en Cataluña, otros directamente contra los inmigrantes que han ayudado a hacer grande a Cataluña, todos profundamente supremacistas, racistas, xenófobos... y en absoluto dialogantes, Josep Vives. Cero dialogantes, de hecho. Otro ejemplo del diálogo que cabe esperar del nuevo presidente de la Generalitat, que en realidad es el viejo, que está huído de la Justicia en Alemania, es la toma de sus primeras decisiones, todas encaminadas al diálogo. Por ejemplo su intención de dialogar nombrando consejeros a compañeros suyos de partido que se encuentran actualmente en prisión; o ese rumor, cada vez más insistente, de que piensa dialogar eligiendo de nuevo como director de los Mossos d'Esquadra a José Luis Trapero, que está imputado por un delito de sedición. Si la directiva del Barça cree sinceramente que Torra es un ejemplo de diálogo, ahora comprendo que crea también que Neymar costó 57,1 millones de euros.

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El honor perdido del PSG

Aquí de lo único que se trata es de salvar el honor herido de los propietarios del Paris Saint Germain. Por lo demás, todo el mundo sabe que el destino de Neymar será finalmente el Real Madrid; lo mejor para el chico, que ya ha perdido un año, es que se produzca cuanto antes el desembarco, pero esa opción dejaría en evidencia a los máximos responsables de un club que tiene el dinero por castigo. Como decía la semana pasada, ese complejo entramado no lo va a solucionar la amistad personal, que es cierta, entre Al-Khelaifi y Florentino Pérez, de ahí precisamente que deba recurrirse a agentes externos a la negociación, que será ardua y que, desde el punto de vista del club francés, tendrá que aparentar mucha dificultad, de ahí precisamente lo de que Neymar seguirá en el PSG al dos mil por cien.

Pero mientras Neymar llega o no llega (porque también cabe la posibilidad de que le empareden en Paris) yo la estoy gozando con la actitud del periobarcelonismo hacia el futbolista brasileño. Estamos asistiendo, otra vez, a una campaña de desprestigio que no es nueva puesto que ya se puso en marcha cuando se supo que el Real Madrid iba a por él. Recapitulemos: el Barça se entrometió en su fichaje, a Rosell no le quedó otra que enterrar en dinero al padre de Neymar para convencerlo de que su mejor opción era el Camp Nou, el ex presidente del club catalán mintió descaradamente a sus socios y, junto a su vicepresidente, ocultó las cifras reales de la contratación y ahora Rosell lleva casi un año en la cárcel. Si ahora el Madrid cierra el fichaje lo hará con luz y taquígrafos, como le gusta a Florentino Pérez, y no al estilo Barça.

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Todas las pistas del Cluedo apuntan a Neymar de blanco

Como en el Cluedo, todas las pistas apuntan a que Neymar será futbolista del Real Madrid la próxima temporada.

Pista número uno: a expensas de lo que suceda en el Mundial, Neymar ha perdido el año futbolístico porque ganarlo para él no es conquistar una Liga de chicle como la francesa sino competir por la Champions, que es la que podría llevarle directamente a ganar el Balón de Oro. Cuando Florentino Pérez dijo eso, todo el mundo lo interpretó como un guiño y un desaire; un guiño a Neymar y un desaire a Cristiano. Pero el presidente del Real Madrid no hizo ninguna declaración revolucionaria, no sorprendió al mundo con sus palabras sino que dijo una verdad como un templo: si Neymar, o cualquier otro jugador, quiere ganar el Balón de Oro, viniendo al Madrid lo tendrá más fácil.

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Barça: pío, pío, que yo sí he sido

La filosofía de esta (y otras) juntas directivas del Barça es la del "pío, pío, que yo no he sido". En el caso del fichaje de Neymar, que de costar primero 57 pasó luego a 85 y más tarde a 19. En el caso de la condena por fraude a Messi, promocionada, según sus palmeros, por el Estado español, llegando a implicar a un ex presidente del Gobierno, un ministro de Justicia y hasta a la Fiscalía. En el caso de la sanción de la FIFA por los fichajes de menores de edad. En el caso de la utilización del club como plataforma política. En el caso más reciente de la insistente y bobalicona petición del Bernabéu como sede de la final de Copa, acusando al Real Madrid, que es el club que, de largo, más veces ha prestado su estadio, de no ser deportivo. Incluso en el caso del pasillo, que no hizo el Barça al Madrid y que, desde Barcelona, se insiste machaconamente a la hora de repetir que quien rompió la cadena del fair play fue el Real. Y, lo último, el pío-pío en el caso de Griezmann, que incluso ha hecho estallar de indignación a Miguel Ángel Gil, que todos pensábamos que era un holograma.

Ayer As publica en su portada que el Real Madrid negocia con Neymar. El lunes Eduardo Inda comentaba en El Chiringuito que no sólo negociaba sino que su incorporación ya estaba hecha. El martes, en El Primer Palo, Látigo Serrano decía que el fichaje se cerró en diciembre. Pero la diferencia entre estas informaciones u otras que afecten a fichajes de futuro es que ni Relaño, ni Inda, ni Miguel Serrano son portavoces autorizados del Real Madrid ni trabajan para el club. Sus informaciones serán ciertas, no lo dudo, y seguro que Neymar llega al Madrid en junio o en julio o se anuncia su contratación antes del Mundial, pero la diferencia entre el "caso Griezmann" y cualquier otro es que Guillermo Amor sí es un portavoz cualificado del Barça y Bartomeu es, de hecho, su portavoz más cualificado, aunque probablemente no el más competente, puesto que es su presidente.

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Griezmann: despedirse a la francesa

El lunes sorprendió que, a pregunta de un periodista de Rac 1, José María Bartomeu reconociese que, efectivamente, el Fútbol Club Barcelona había hablado con el representante de Antoine Griezmann. Sorprendió porque, aunque es una práctica habitual en el mundo del fútbol que los clubes planifiquen su futuro deportivo y hablen con los representantes de jugadores de otros equipos, no lo es tanto que lo reconozcan. En diciembre ya sucedió que Guillermo Amor metió la pata hasta el corvejón y reconoció contactos con el entorno de Griezmann, pero Amor es "sólo" director de relaciones institucionales del Barça, el número 7 u 8 del club como mucho, mientras que Bartomeu es el número uno. Aquellas manifestaciones de Amor, por cierto, provocaron una denuncia por lo bajinis del Atleti ante la FIFA, una denuncia que acabaría en la papelera de reciclaje.

Pero volvamos a lo del lunes. Hace 48 horas Bartomeu confirmó lo dicho por Amor en diciembre y, preguntado otra vez por si tienen contactos con el representante del delantero estrella del Atlético de Madrid, dijo que ellos "hablan con todos": este sí que es un pasillo del presidente del Barça a Griezmann en las mismísimas narices de la afición colchonera. Desde un punto de vista neutral, lo de Bartomeu es de una desfachatez que tira de espaldas. Desde el punto de vista de alguien con mando en plaza en el Atleti, y estoy pensando, por ejemplo, en Enrique Cerezo, es otro ataque a la línea de flotación: G4, hundido. Y pareciera como si el club colchonero fuera siempre por detrás del Barça en este asunto, como si el Barça le marcara los tiempos al propietario del delantero. Amor habló públicamente en diciembre y, precisamente a raíz de su metedura de pata, el Atleti denunció ante la FIFA... pero no me puedo creer que Cerezo no supiera que el Barça estaba coqueteando con el jugador.

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