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Con Bale, verlas venir, dejarlas pasar y, si te mea encima, decir que llueve

Ayer, escuchando una tertulia de Radio Marca, escuché a mi amigo Gonzalo Miró muy quejoso porque el Real Madrid no adoptaba con Gareth Bale una severísima decisión y ponía de una vez por todas al jugador en su sitio, que en su opinión es el paredón. Mi opinión sobre este último y desvariado Bale ya es sobradamente conocida por todos: al futbolista se le ha ido lo que vulgarmente conocemos como la pinza o la olla y el club que le paga está en una situación complicada puesto que cobra muchísimo dinero, probablemente es el jugador franquicia del equipo, le queda algún año más de contrato y si el Madrid tensa con él la cuerda perderá a un futbolista que, cuando está en forma, aunque eso suceda cada vez más de cuando en cuando, resulta que es fantástico, quizás el mejor de la plantilla. Puedes hacer lo que el soldado que, para fastidiar al sargento, no se come el rancho, o puedes ser inteligente y frío, sacarle partido al jugador durante el tiempo que le quede en el club, que probablemente sea hasta junio, y en el mercado de verano desembarazarte de él y traer a otro que juegue arriba con Benzema y con Hazard.

Pero cuando oí a Gonzalo, que es más atlético que Vicente Calderón, que en paz descanse, reclamándole al Real Madrid mano dura con Bale me vino a la memoria (aunque la verdad es que tampoco tuve que recordar demasiado porque el episodio es bastante reciente) uno de los capítulos más escabrosos y tristes del fútbol español, el de Antoine Griezmann y Gerard Piqué Asociados. La productora del jugador del Fútbol Club Barcelona Gerard Piqué grabó, a espaldas de su equipo, un docudrama titulado La Decisión cuyo protagonista era el futbolista del Atlético de Madrid Antoine Griezmann. Ambos, productor y actor improvisado, estuvieron mofándose de sus respectivas aficiones: Piqué de la del Barcelona porque de todos era sabido que el club catalán pretendía al delantero colchonero y, sobre todo, Griezmann de la afición del Atleti puesto que, aún teniendo contrato en vigor, jugó al despiste y únicamente en el último instante desveló que se quedaba, aunque un año más tarde confirmara que se iba y, aún más, que había vuelto a negociar con el Barcelona a mitad de la temporada, cuestión ésta por la cual el Atleti denunció de aquella manera y sin creérselo demasiado al equipo azulgrana.

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Bale: inoportuno, desagradecido y provocador, in that order

Inoportuno, desagradecido y provocador, in that order. Eso es lo que a mí me pareció el hecho de que Gareth Bale apareciera con una bandera en la que podía leerse Gales, golf, Madrid, en ese orden. Inoportuno, sí, profundamente inoportuno puesto que el gesto de Bale llega en un momento de muchísima tensión, con el club tratando de desembarazarse de él a toda costa y, a lo que se ve, sin demasiado éxito. Desagradecido, sí, muy desagradecido puesto que, encierre o no encierre un mensaje oculto, Bale aviva la llama de un incendio que sólo un ciego o alguien que no quiere darse cuenta de la verdad de lo que pasa puede justificar o eludir. Y, por supuesto, provocador, tanto como para que ya pensemos directamente que todo corresponde a una burda maniobra del representante del futbolista que trata de forzar al Madrid a quitarse de encima a su representado a coste cero.

Yo no era de Cristiano, yo era del Cristiano que jugaba en el Real Madrid porque yo soy madridista. Cuando Cristiano dejó de jugar en el Madrid yo dejé de ser de Cristiano y pasé a ser de Jovic. Pero incluso estando en el Madrid y llevando la camiseta de mi equipo, a mí hubo algunos momentos protagonizados por Cristiano que me parecieron francamente desafortunados por su parte, y así lo dije. Mi agradecimiento a Cristiano será eterno pero metió la pata muchas veces, del mismo modo que la ha metido Sergio Ramos, que es el primer capitán de mi equipo. Hay madridistas que no tienen empacho en criticar a Cristiano, que ya no está, y en sacudir a Ramos, que sigue aquí, pero que, por afinidad o gusto estrictamente personal, están dispuestos a transigir por ejemplo con Bale hasta límites insospechados. No es mi caso, no tragué con Cristiano, antes que él no tragué con Casillas, después de él no tragué con Ramos y ahora no trago con Bale. Y no trago porque no tengo tragaderas.

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Niños cogiendo fruta

Por una vez y sin que sirva de precedente estoy de acuerdo con Iker Casillas: somos un país de chirigota... también en lo futbolístico. En el sainete que bajó ayer el telón, a Robert Moreno le ha tocado el papel de tonto útil. Esta expresión, la de tonto útil, era empleada para describir a los simpatizantes que la Unión Soviética tenía en los países occidentales; la expresión coloquial venía a decir que mientras que el simpatizante estaba implicadísimo en la defensa de la URSS y se sentía pieza esencial del engranaje comunista en Europa, los rusos le trataban en el fondo con displicencia, con arrogancia y faltándole al respeto. O sea, un tonto que era útil para una causa desconocida por él mismo.

Por supuesto que cuando a Robert Moreno se le ofreció dirigir a España desde el banquillo de la selección dijo "sí, quiero". Y por un doble motivo: porque el ofrecimiento era consecuencia de la tragedia personal de su amigo Luis Enrique y porque, no nos engañemos, a Moreno jamás le habría llegado esa oportunidad de no haber sido por esa macabra jugarreta del destino. Moreno dijo sí y nosotros, aquí, dijimos que no entendíamos la decisión y hablamos siempre de un entrenador tutelado, de un técnico sin experiencia que, al menos en los primeros minutos del partido, miraba a su alrededor buscando la figura del primer entrenador, que en espíritu seguía siendo su amigo Luis Enrique. Hubo, sin embargo, quien avaló la decisión de colocar ahí a Robert Moreno de quien, de repente, empezó a filtrarse que era un entrenador avanzadísimo, un técnico de primer nivel mundial que nos iba a sorprender a todos y con quien los jugadores estaban contentísimos. Y como, además, los resultados avalaban el trabajo de Robert, Robert creció, Robert se lo creyó y, poco a poco, Robert empezó a olvidarse de Luis Enrique y a pensar en la Eurocopa del año que viene.

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Y recordad que San Luis Rubiales defiende la democracia llevándose la Supercopa a una dictadura

Lo de Luis Rubiales del otro día, defendiendo la celebración de la Supercopa de España en Arabia Saudí, que es un país que no respeta los más elementales derechos humanos individuales o colectivos, es un triple salto mortal con tirabuzón y cinismo, mucho cinismo. Porque uno ha de ser un cínico de tomo y lomo para sostener ante un personal mayor de edad y con dos dedos de frente que, ante la discriminación, la federación española sólo puede actuar de dos formas, bien bloqueando la apertura que, según parece, le ha prometido a Rubiales el príncipe Bin Faisal, a la sazón ministro de Deportes, o bien participando de ella. Uno tiene que ser un mentiroso profesional o un optimista congénito, y yo prefiero pensar que el presidente de la federación, por quien tengo cierto cariño, es lo segundo y no lo primero, para pensar que la presencia de cuatro equipos españoles durante un fin de semana va a transformar una dictadura de años en una moderna democracia. Eso tampoco lo piensa Televisión Española, que no es precisamente el canal de televisión que más piensa últimamente y que se ha negado a transmitir los partidos, ni tampoco el resto de canales que se han alejado de dicha competición como si de un apestado se tratara.

El problema, tal y como yo lo veo, es que la Supercopa no es del señor Rubiales, ni siquiera de la federación del señor Rubiales, aunque sea ella la que lo organice, sino de España. Enfrenta a cuatro clubes españoles de fútbol y lleva el apellido de España, que es la avanzadilla mundial de los derechos humanos y del respeto por las libertades individuales. Yéndose a Arabia Saudita, que pisotea a las mujeres y que denigra a los homosexuales, siempre puede haber alguien que crea que el Reino de España está a favor o que mira hacia otro lado por el parné, o sea por la pasta gansa. Pero es que, y aquí está el meollo de la gran tomadura de pelo, según San Luis, el asunto no es ni tan siquiera crematístico porque la Federación podría haber ingresado los cuarenta millones de euros en cualquier otro sitio, por ejemplo Dinamarca o Australia, de modo que lo que, en el fondo, pretende hacernos ver este hombre santo, este auténtico chamán, es que la federación que preside se ha llevado nuestra Supercopa (porque es nuestra, de todos) hasta Arabia para defender la democracia, cuestión ésta que constituye, como dije al principio, un ejercicio de funambulismo a la altura del mismísimo Nik Wallenda cuya última proeza consistió en recorrer sobre la cuerda floja una distancia de 549 metros a una altura de 35.

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Con Piqué... ni a la esquina de la Davis

Anoche se produjo en El Chiringuito una discusión acerca de las palabras del secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, en la presentación de la Copa Davis en la Caja Mágica de Madrid. A Ortega le preguntaron si iba a saludar a Gerard Piqué, y éste respondió que a él no le gustaba nada un jugador que había despreciado a España y a los españoles y que había abogado por la división, y que si venía a saludarle lo haría pero que no iba a ir detrás suyo a darle la mano. Mi compañera (y amiga) Carme Barceló dijo en el programa que Ortega Smith mentía y que Piqué jamás había despreciado a España y que, bien al contrario, lo había dado todo por la selección y que, por lo tanto, el secretario general de Vox mentía. O sea, Carme dijo que Piqué no, no y no, y yo traté de hacerle ver que Piqué sí, sí y sí. Gerard Piqué sí promocionó con su presencia y avaló públicamente un referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional, un referéndum en el que se consultaba ficticiamente por la independencia unilateral de una parte de la nación española, en este caso Cataluña. Gerard Piqué sí dijo que en España había presos políticos, alimentando la teoría conspiranoica de que aquí se encierra en la cárcel a la gente por sus ideas y no por saltarse la ley, la Constitución y el estado de de Derecho a la torera; aquí no hay presos políticos, no, hay políticos a los que encerraron en la cárcel por delinquir, del mismo modo que entraron en la cárcel políticos del PSOE o del PP por el mismo motivo.

Piqué sí tuiteó desde dentro de la concentración de la selección nacional contra los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y lo hizo también contra la persona que por aquel entonces ocupaba la vicepresidencia política del Gobierno, Soraya Sáenz de Santantamaría. Si a Santamaría podía responsabilizársele de algo algo era justamente de haberse mostrado excesivamente laxa, demasiado floja con los independentistas. Todo esto que sí hizo Piqué, y por lo que el secretario general de Vox le dijo a mi compañero Marcos Benito que no iría corriendo a darle la mano, y que Carme decía que no había hecho, lo hizo, por cierto, al mismo tiempo que defendía la camiseta de la selección nacional, porque no es en absoluto incompatible ser un buen profesional del ramo futbolístico y mostrarse equidistante entre quienes defienden la ley y quienes pretenden sortearla.

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Morata y el amor verdadero

El otro día le pedía a Gareth Bale que fingiera interés por lo que le pasa al Real Madrid pero da toda la impresión de que el futbolista galés no quiere fingir. O, si lo hace, muestra en público una alegría desorbitada cuando, como ahora, se encuentra con su selección, la de Gales. Ayer veíamos unas imágenes suyas que contrastan con ese futbolista mustio y un poco melancólico que, de un tiempo a esta parte, podemos observar en el mejor club deportivo de la historia; las imágenes de Bale saludando y mirando a cámara, feliz y radiante, bromista con sus compañeros, especialmente sonriente, tiene toda la pinta de ser un ardid para evidenciar más aún si cabe que mientras que en su club es un hombre desgraciado con su selección, que es la de Gales no es así. Puede ser, como apuntaba el otro día Petón en Fútbol EsRadio, que todo sea una charada organizada por Jonathan Barnett para forzar de una vez por todas la salida de Bale. O, aunque lo dudo, puede ser que efectivamente Gareth sea profunda e irremediablemente infeliz cobrando 12 millones de euros netos al año en el trece veces campeón de Europa e incontrolablemente feliz por estar en una selección de medio pelo cuya mayor gesta histórica ha sido alcanzar, y gracias fundamentalmente a él, unas semifinales de la Eurocopa.

Bale no quiere fingir y, por lo que se ve, Alvarito Morata no sabe hacerlo. No es cierto, como repiten de vez en cuando Dieter Brandau y Juan Pablo Polvorinos, que yo haya pensado jamás que Morata es un mal futbolista, nada más lejos de la realidad. Siempre creí que Alvaro era, y es, un buen delantero y que, en el caso concreto del Real Madrid, servía para completar una plantilla. A Morata le hizo un daño terrible una comparación con Karim Benzema que su fútbol no podía resistir, más que nada porque el francés es un genio mientras que Alvarito es un buen jugador. Ayer Morata estuvo en la Cadena Cope y, de nuevo, otra vez más, se dirigió al Real Madrid en un tono despectivo cuando, para referirse a las dos tarjetas amarillas que le mostró el árbitro canario Hernández Hernández por encararse con Xisco y con Salva Sevilla y que le impidieron por cierto jugar el derbi precisamente contra el Madrid en el Metropolitano, afirmó que esa misma acción "seguramente hubiera sido diferente con la camiseta del Real Madrid".

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Haber dicho desde el principio que te vendías por un plato de lentejas, Luis Rubiales

Haber dicho que era por dinero, Luis. Haberlo dicho. Mira qué fácil: "Vamos a jugar la Supercopa de España a Arabia Saudita por dinero. Nos pagan 40 millones de euros por cada una, 120 por tres años". Haberlo dicho. Pero, querido Luis, lo de que llevarte hasta Arabia Saudita la Supercopa de España va a servir para visibilizar los crímenes que se cometen allí a diario no te lo compro, eso no te lo compramos. Te llevas la Supercopa a Arabia Saudita exactamente por los mismos motivos que tu enemigo íntimo Javier Tebas quería llevarse el Girona-Barcelona a Miami, por dinero. La única diferencia entre tú y él es que en Miami se respetan los derechos universales del hombre y de la mujer mientras que en Arabia Saudita se pisotean. En definitiva, Luis, tú estás blanqueando una dictadura que maltrata a las personas, un país que incluye el castigo físico entre sus penalidades legales, que incluye crímenes como el adulterio o lo que allí se considera desviación sexual y que azota a la gente; el número de azotes no está delimitado por la ley y varía de acuerdo al criterio de los jueces, que por supuesto no son libres, y puede oscilar entre decenas y varios cientos de latigazos. Varios cientos. O sea, por encima de cien.

Ayer pedías respeto para la decisión de la Federación Española de Fútbol de llevar por dinero la Supercopa de España a Arabia Saudita, y yo, Luis Rubiales, no puedo respetar en absoluto tu decisión. No la puedo respetar porque es profundamente cínica y porque tratas de convencernos de que el hecho de que allí jueguen el Real Madrid, el Barcelona, el Atleti y el Valencia va a servir para defender los derechos humanos durante esos días, cuando no es cierto. En Arabia Saudí, Luis Rubiales, se ejecuta a la gente por decapitación. Te pueden cortar la cabeza por una amplia gama de delitos, que van desde el asesinato hasta la violación, pasando por la apostasía, el uso reiterado de drogas, el adulterio y la brujería. La brujería, sí, Luis Rubiales, en el país al que tú vas a llevar la Supercopa de España te pueden cortar la cabeza con una espada por hechicero.

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Benzema os quiere

Pues no, el cliente no siempre tiene la razón, y en el fútbol menos aún. Ese era un lema comercial, el anuncio de unos grandes almacenes, pero el cliente se equivoca como se equivoca todo hijo de vecino, otra cosa es que el vendedor le dé la razón como a un loco. Por ejemplo: el cliente se equivocó lamentablemente con Karim Benzema, que ahora limpia su buen nombre con goles y se reivindica con un protagonismo del que siempre careció, más que nada porque le tocó cohabitar con uno de los futbolistas más protagonistas del fútbol mundial del último medio siglo, con Cristiano Ronaldo. De Benzema se han dicho auténticas barbaridades, que si no se implicaba, que si era frío, que si era indolente, que si no le importaba lo que pasaba en el Real Madrid, que si iba a su aire... Si hiciéramos el ejercicio de recopilar todos y cada uno de los adjetivos que se aplicaron al mejor y más talentoso futbolista francés desde Raymond Kopa llegaríamos a la conclusión de que son bastante similares a los que hoy se utilizan con Gareth Bale. Pero el cliente madridista no tenía razón y yo, por mucho que quiera a esa afición, no pienso darle la razón como a un loco. El socio y aficionado madridista se equivocó lamentablemente con Benzema, que quedó desguarnecido en muchísimas ocasiones y que tuvo que mendigar el poquísimo cariño que se le dio.

Hace cuatro años que Karim no va convocado con Francia y eso es algo que también hay que agradecerle a Didier Deschamps. Benzema no ha vuelto a ir con su selección por el famosísimo "caso Valbuena", ¿recordáis?... Lo último que hemos sabido de la acusación de chantaje que pesa sobre el delantero del Real Madrid data de junio de este mismo año, y es que el caso llegaba al Tribunal Supremo francés. Si ves una fotografía de Benzema de 2016 y otra del actual te das cuenta de lo extraordinariamente bien que le ha venido al bribonazo no volver con Francia. Karim es otro, más joven, infinitamente más fino, pareciera que se hubiera hecho un lifting, ha rejuvenecido el tío. Pero en aquellos días terribles hubo quien, y desde la propia trinchera además, fusiló al alba al delantero y lo hizo sin un juicio previo y pretendió además que se le apartara del equipo porque manchaba la imagen del trece veces campeón de Europa. El club se portó con él muchísimo mejor que Francia y Benzema aprendió que su patria no era otra que el Real Madrid y que la capital de ese reino imaginario se encontraba situada en el estadio Santiago Bernabéu.

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La pelota está en vuestro tejado... marcianos

Ayer, y al ser preguntado por la marcha de Gareth Bale del campo antes de la finalización del partido, Toni Kroos, que ha recuperado el tono de su mejor fútbol y que no sabe lo que es irse antes porque siempre va convocado, casi siempre juega y casi nunca se lesiona, apeló a la norma que permite hacer mutis por el foro del campo veinte minutos antes de que acabe el partido a aquellos jugadores que no están convocados o se encuentran lesionados. Y así es, al parecer existe efectivamente dicha norma que rubricaron en su día el presidente, el entrenador y todos y cada uno de los futbolistas a la hora de estampar su firma en el contrato que les une al mejor club deportivo de la historia. Pero, querido Kroos, el Real Madrid es lo que es hoy porque una generación entera de directivos y de futbolistas, encabezados los primeros por don Santiago Bernabéu y los segundos por don Alfredo di Stéfano, se saltaron a la torera las normas. Dani Carvajal, que si Dios quiere acabará siendo más pronto que tarde el primer capitán del equipo, dijo que él, llegado el caso, se ajustaría también a la norma y, como le pasa a Bale, se iría del campo en una situación similar porque así se lo permite la norma. La norma, otra vez la norma. La maldita norma. Y yo os digo lo siguiente: no faltéis más al respeto al mejor y más grande futbolista que ha habido y habrá, no faltéis más al respeto a Alfredo di Stéfano porque a él, por mucha norma escrita y mucho niño muerto, jamás se le ocurriría irse del campo sin saber el resultado final del partido que están jugando sus compañeros de equipo. De su equipo.

Ya lo sé: ayer, y antes o después de que lo hiciera Bale, también se fueron Nacho, Mariano u Odriozola. Y si James se quedó hasta el final, como por cierto hizo también Vinicius, fue por el simple hecho de que llegó al Bernabéu casi con el control cerrado y compensó su tardanza al principio aguantando hasta más tarde. Pero el compromiso de Nacho no está en cuestión ni nadie está esperando con una cámara al hombro a Nacho para captar su salida. Ni importa tampoco lo que haga Mariano. Y si Odrizola se va una hora antes en vez de hacerlo esos veinte minutos que le permite la norma, nadie le va a echar desafortunadamente de menos. No es que no sea importante, que lo es, es que pasará desapercibido. Si yo tuviera 23 años y llevara toda mi vida soñando con vestir la camiseta del Real Madrid y el Real Madrid me fichara con 21 de la Real Sociedad no sólo no me iría del campo veinte minutos antes sino que me quedaría todos los partidos dos horas más y luego besaría el cesped, pero yo no soy Odriozola. Vaya usted a saber lo que pasará por esa cabecita.

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Bale y un debate por cinco minutos

Lo que hemos sabido hoy acerca de la relación entre Zinedine Zidane y Gareth Bale es que se dan los buenos días. O sea que llega el jugador por la mañana y luego el entrenador, o al revés, y cuando se cruzan se saludan: "buenos días". Zidane ha tirado de profesionalidad para defender al que sigue siendo su jugador y ha dicho que él también se iba antes de tiempo de los partidos y nos ha pedido a los periodistas que no repitamos, por favor, que Bale se va. Pero si Bale o Zidane o el Real Madrid quisieran que los periodistas no dijéramos que Bale se va de los partidos antes de que éstos acaben, lo tendrían muy fácil con impedírselo. Si a Zidane le preocupara verdaderamente que los periodistas dijéramos que Bale se iba antes de los partidos lo que tendría que hacer es hablar con él para explicarle que aquí, en Madrid, en el Real Madrid, en el club de las trece Copas de Europa, uno se queda quietecito en su asiento hasta que acaba el partido. O, llegado el caso, el Real Madrid debería impedírselo. Otra cosa bien distinta es que los periodistas mintiésemos y dijésemos una cosa por otra, dijésemos por ejemplo que Gareth Bale se va de los partidos antes de tiempo cuando en realidad no es así. Pero ahí están las imagenes de televisión que recogen, efectivamente, las salidas de Bale antes de tiempo del Bernabéu.

¿Qué pasa?... Pues pasa que estas cosas tan sencillas, tan simples, incomodan a la afición, que no comprende cómo un futbolista que está cobrando 12 millones de euros netos al año no es capaz de aguantar hasta el final de un partido en su asiento. Pero Zinedine Zidane no tiene que pedirnos a los periodistas que hagamos su trabajo, Zidane tiene que hacer su trabajo y, si considera que esa actitud está afectando al grupo, pedirle al futbolista que sea la última vez que se va del campo antes de que acabe el partido. Yo, que soy de Bale a muerte, no puedo acompañar en esto al jugador porque de verdad pienso que no le cuesta nada fingir interés, no le cuesta nada quedarse sentadito e irse, como todo el mundo, cuando el árbitro pita el final. A Gareth Bale le han cogido gato desde el primer día, le han pillado manía injustamente y se le ha criticado sin motivo pero... ¿cinco minutos? ¿En serio? ¿Estamos hablando de cinco puñeteros minutos? ¿No te puedes quedar sentadito en tu asiento cinco minutitos? ¿Tanto te cuesta? ¿No puedes fingir que te interesa lo que le pase a tu equipo durante cinco minutos?

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