Ahora que se acerca la entrega de los premios más importantes del cine mundial, a mi me gustaría saber cuál va a ser el comportamiento de los cada día más habituales artistas españoles que son invitados a la fastuosa gala. Este año el turno le toca como nominado a Javier Bardem, hijo de Pilar Bardem -¡cómo viste el apellido materno!-. Tengo la esperanza de que podamos verlo lucir un espectacular esmoquin –estas prendas siempre son espectaculares, salvo excepciones que rozan lo indecoroso- mientras recoge una estatuilla dorada. Pero he de confesar que he perdido la esperanza de verlo pasear por la alfombra roja con una pegatina pegada en el pecho que diga “NO A LA GUERRA”. Y me encuentro desconsolado. No creo que lo haga porque probablemente allí, en los Estados Unidos, en donde los intelectuales que dirigen o actúan tienen en cuenta que viven del público que va a ver sus películas. Y, en caso de que Javier Bardem apareciese con una de esas pegatinas, no lo volverían a contratar ni para limpiar los platós. En España es otra cosa. Aquí, a los que llevaron la pegatina en la patética gala de la alfombra verde con marca de güisqui, luego los compensaron con suculentas subvenciones. La taquilla es lo de menos. El cine es un arte y, por tanto, hay que mantenerlo a toda costa. Para los que no tengan muy claro el concepto de “subvención” en esto del cine les comento que no sólo el Ministerio de Cultura las otorga. El ingente déficit de RTVE se encarga de ayudar mucho. Acuérdense de mi cada vez que vean el logotipo del ente público en un cartel de una película o en los créditos finales. Claro que realizar este análisis desde el punto de vista de las subvenciones sería un error. En España el público respalda este tipo de iniciativas/protestas. Ni que decir los compañeros de profesión, tan solidarios ellos. Cuando Alberto San Juan pidió el cierre de la Conferencia Episcopal –cosa que tampoco haría al recoger el oscar, mayormente porque a este si lo invitan algún día será para que barra el suelo después de la gala-, sus compañeros de profesión, esto es, los recaudadores de subvenciones, lo aplaudieron mucho. No son sólo los depredadores del presupuesto del Estado los que se sienten reconfortados con la pegatina de turno y con las proclamas anti-eclesiásticas, por otra parte tan manidas desde lo de la Mala Educación. Miles de españoles de a pie sonrieron al escuchar al actorcillo. Porque en España lo progre sigue vendiendo, y mucho. Ser anti-clerical confiere a muchos de mis paisanos una actitud rebelde, transgresora, decididamente izquierdista. Ser de izquierdas y religioso es casi un pecado mortal en la lógica guerracivilista de los parásitos fiscales que van a estas galas. Tan sobrados ellos. Lo que se lleva es el ateísmo practicante, elevado a los cielos de lo políticamente correcto. Pero esta izquierda mediática, tan de pose, tan de rebaño de seguidores ciegos, tan de odios preconstitucionales, a la hora de lucir palmito no escatima en gastos. Desde los trajes de Dior a los esmóquines de Armani. Viajan en primera clase y sólo beben Vega Sicilia y Dom Pérignon. Por eso todos estos, cuando van a la Meca del Cine, se vuelven muy políticamente correctos, es decir, que ni por casualidad se les ocurre hablar de política. Es que allí lo que manda es la taquilla no las subvenciones. Bardem en España sacaba pecho anti-bélico porque sabía que no lo iban a dejar de contratar. Al contrario. Ganó adeptos entre la adocenada masa de la izquierda moderna. Esa que no vivió la Guerra Civil, pero que la extraña mucho. El candidato a la estatuilla en España luce anti-americanismo en santa compaña de su madre, líder espiritual del movimiento y, a la sazón, actriz secundaria en una serie de TVE. Ese mismo anti-americanismo que se tiene que tragar ahora cada vez que se pasea por las alfombras “imperialistas”, que diría Fidel Castro, a la sazón dictador retirado de Cuba. Ojalá que le den el premio y que tenga los arrestos de gritar contra el propio Bush. Yo me espero lo primero, pero no me creo lo segundo.
Conocidos los resultados de las elecciones municipales y autonómicas me atrevo a realizar un análisis a vuelapié de los mismos. Seguramente que estos primeros comentarios se verán corregidos y mejorados por las aportaciones de los que leen esta líneas, amén de por las alianzas que se formalizarán en las próximas horas, o días.
El PP ha ganado las elecciones. Ha sido una victoria mínima, pero la primera de la era Rajoy, con lo cual el presidente del Partido Popular agarra un poco de oxigeno ante un panorama previo bastante sombrío y en el que su liderazgo estaba más que cuestionado. Así los populares se mostraban exultantes en la noche electoral, si bien creo que mañana con más sosiego, deberán empezar a trabajar para mantener algunos ayuntamientos, amén de Navarra y Baleares. Ni que decir tiene que además Rajoy deberá analizar lo sucedido en referencia a los liderazgos internos.
Hoy Rodríguez ni siquiera ha salido a dar la cara, todo un síntoma del tipo de liderazgo que representa: siempre para las maduras, nunca para las duras. Ha mandado a Fernández de la Vega con el mensaje claro de que “esto no tiene nada que ver con el Gobierno”. Nadie se lo cree y menos aún cuando victoria popular ha sido arrolladora en los puntos en los que el PSOE, y más concretamente Rodríguez, había puesto más empeño. Me refiero a Madrid y Marbella, en donde el PP ha “arrasado” literalmente a los candidatos de Rodríguez. Lo de Sebastián ha sido la crónica de una muerte anunciada. Aviso en toda regla, por tanto, para el PSOE que ha decidido mirar para otro lado y ya piensan en amarrar las alianzas que vienen y con quien haga falta, como viene siendo habitual.
En los medios oficiales y oficialistas no han parado de insistir en los retrocesos del PP en algunas capitales de provincia y autonomías. Incluso han llegado a insinuar que el PSOE ha sido el ganador de los comicios, cuando uno de los locutores de la cadena de televisión que pagamos entre todos ha afirmado que “el PP se ha autoproclamado vencedor de las elecciones”. Por supuesto los medios del otro lado han minimizado las pérdidas populares.
ETA entra con fuerza en los ayuntamientos
De lo que no han dicho absolutamente nada en los medios progubernamentales ha sido de los excelentes resultados logrados por el partido sucesor de Batasuna al que Rodríguez ha permitido presentarse a las elecciones, ANV. Los representantes políticos de ETA han logrado un buen número de concejales y ocho alcaldías por mayoría absoluta, seguro que alguna más “cae” en sus manos en los próximos días. Toda una alegría para Otegui que ha confirmado que la izquierda proetarra ha logrado "records históricos jamás alcanzados".
Se consuma la desvergüenza con el visto bueno generalizado de la izquierda nominal española. Para mayor insidia los terroristas sin antecedentes penales hoy han abucheado en los colegios electorales a los líderes de los partidos democráticos vascos, incluidos a los que les prestan su apoyo de forma tácita o expresa. Sinceramente, me he alegrado al ver las imágenes de Patxi López escoltado ante los insultos de sus “interlocutores”.
Hace unos días tuve la oportunidad de compartir una interesante sobremesa con una de las personas que más conocen del funcionamiento de la educación pública en Costa Rica. Se trata de don Fernando Durán, que fue rector de la Universidad de Costa Rica (UCR) y ha continuado vinculado a la formación desde que dejó de fungir como rector. Durán señaló como uno de los grandes problemas que ha generado el declive actual que sufre la educación básica en el país la imposibilidad de muchas familias para adquirir los libros de texto a sus hijos en edad escolar. Pero esta grave deficiencia no es un mal endémico del sistema educativo costarricense.
Hace algunos años, cuenta el ex rector, con el apoyo de una institución de ayuda internacional a la educación, se formó un equipo de profesionales para la creación de libros de texto públicos bajo el amparo de la UCR. Así se publicaron los textos para todos los cursos de educación primaria, los cuales eran prácticamente gratuitos. Esta iniciativa supuso un duro varapalo para la editorial privada que hasta el momento, en régimen de cuasi monopolio, dominaba el mercado y tenía asegurados unos ingresos casi fijos.
La editorial no se quedó de brazos cruzados y emprendió su particular cruzada para recuperar el mercado perdido. Primero con los propios maestros en los colegios a los que empezó a pagar comisiones por imponer sus textos y frente a los oficiales a sus alumnos. Pero no dio demasiado resultado, así que continuó con el pago a funcionarios del Ministerio de Educación Pública (MEP), además de a los maestros, para que se quejasen de la mala calidad de los textos gratuitos. La estrategia fue dando sus frutos y las autoridades, ya corrompidas por el dinero de la editorial, terminaron por retirar los textos públicos del mercado y dejar que los maestros recomendasen otros previamente supervisados por el MEP.
Así se llegó a la situación actual en la cual se estima que en torno a un 40 por ciento de los alumnos de educación primaria no tiene libros de texto. Costa Rica es el país de América Latina con mayor índice de alfabetización, alrededor del 97 por ciento, pero saber leer y escribir no basta en un país que pretende asomarse al desarrollo económico. Con esta perspectiva el nuevo gobierno costarricense decidió rescatar los viejos textos, revisarlos y colgarlos en Internet para que pequeños impresores pudiesen descargarlos, imprimirlos y venderlos a un precio limitado. De esta forma la Red permitiría que más niños accediesen a los libros de texto. Esa iniciativa se puso en marcha hace cerca de un año, pero ya se pueden imaginar que no han cesado de salir trabas en los despachos del MEP responsables. Por supuesto, la editorial ha hecho su trabajo antes de que el fuego se extendiese.
No sé si algunos lectores habrán adivinado que la editorial a la que se refería don Federico era a la cabecera educativa del todopoderoso Grupo Prisa, Santillana, la cual se expandió por toda Latinoamérica gracias a los fondos de ayuda al desarrollo del Estado español en tiempos de Felipe González. Ahí es donde agarró pulmón financiero el grupo del señor Jesús (de) Polanco, el gran valedor de la izquierda española, ese que no tiene empacho en erigirse como abanderado de la democracia y la independencia. Ese mecenas de la intelectualidad izquierdista patria cuyo ejemplo de bajeza seguramente no es más que unode los desmanes ejecuta en los diferentes mercados en los que opera su “empresa educativa”.
Tiene gracia que los que se ponen la camiseta de la igualdad, de la solidaridad, de la pluralidad, no sean más que vasallos de un imperio forjado a base de sustraer, por medio de la corrupción más vergonzosa, los recursos de los más débiles. Resulta paradójico que se nos presenten con el más mínimo grado de autoridad moral aquellos que se sirven de la pobreza en Latinoamérica para enriquecerse, aquellos que han amasado una fortuna por medio de los más viles instrumentos y soslayando cualquier principio moral básico. Me parece patético que los que se nutren de la propaganda disfrazada de información que sale de los medios de comunicación de este grupo asentado en la vileza quieran venir a darnos lecciones de ética.
Desde aquella fatídica noche para la democracia española en la que se violó de forma vergonzosa la sagrada “jornada de reflexión”, el PSOE ha enarbolado la bandera del gobierno/oposición, señal de que aún pretender rentabilizar el latiguillo que tanto éxito les dio el 14 de marzo de 2004, acusando continuamente al PP de mentir. Si atendemos a las comparecencias de los portavoces habituales del partido en el poder, básicamente María Teresa Fernández de la Vega, José Blanco y Diego López Garrido, la palabra “mentira” es la que más emplean para referirse al principal partido de la oposición.
Según los portavoces socialistas el PP siempre miente. Miente cuando habla del estatuto catalán, miente cuando habla de terrorismo y hasta miente en el precio del café matutino con el que los españoles compartimos opiniones en el intermedio laboral. Es el argumento más convincente que podemos escuchar a la vicepresidenta cuando se le pregunta por las críticas de la oposición al hilo de cualquier asunto. En el tremendo lío de la CNMV el partido de Mariano Rajoy también mentía, así que tuvieron que convertir en mentiroso a Manuel Conthe. Todos mienten. Recuerden que según Rubalcaba “los españoles quieren un gobierno que no les mienta”, frase lapidaria que retumbó la noche de reflexión previa al ascenso al poder de Rodríguez Zapatero.
Todo este asunto de la presentación de candidaturas de partidos de la izquierda radical vasca ha vuelto a permitir al PSOE utilizar la palabra mágica en su discurso. Pero el tiro le está saliendo por la culata y parece que la mentira ha cambiado de bando.
En primer lugar, desde hace varios meses el Gobierno insiste en que las decisiones tomadas por diversos fiscales de no actuar contra dirigentes del entramado político-terrorista de ETA, nada tienen que ver con presiones o instrucciones desde el Poder Ejecutivo. Sin embargo, en un reciente mitin, el propio Rodríguez señaló que pondría a trabajar a “fiscales y abogacía del Estado” para que se cumpliese la Ley de Partidos. En definitivas cuentas, el presidente admitió la injerencia de su Gabinete en las decisiones de la fiscalía.
A continuación tenemos el caso concreto de los recursos presentados por fiscales y abogados del Estado contra determinadas listas de los partidos Abertzale Sozialisten (AS) y Acción Nacionalista Vasca (ANV). Como el propio Rodríguez afirmó se impugnaron una serie de listas de estos partidos, los cuales no sólo presentan en casi todas sus candidaturas a miembros de la ilegalizada Batasuna, sino que en el caso concreto es un partido que lleva más de veinte años inactivo y ahora tiene capacidad, de la noche a la mañana, para presentar más de 200 con cerca de 2.000 personas en total. Pero no se intentó frenar la postulación de ambos partidos.
El Tribunal Supremo (TS) ha dictado auto en el cual, efectivamente ilegaliza las listas que el Gobierno, por medio de sus fiscales y abogados, solicitó. Con esa lista Rodríguez nos hizo creer que se estaba haciendo todo lo posible para que los socios políticos de ETA no concurriesen a las elecciones del próximo 27 de mayo. Sin embargo el TS en su auto de impugnación de las candidaturas de AS y ANV dice lo siguiente: "Ante la hipótesis de que un partido político presentara candidaturas con el ánimo de defraudar los efectos de la ilegalización de otro partido (...), quebrantando la sentencia de ilegalización, el cauce que el ordenamiento jurídico ofrece para salvaguardar la eficacia de la sentencia el de la solicitud de ilegalización del nuevo partido -o del que, sin ser de nueva creación, sea aprovechado con el mismo designio elusivo-".
Caben pocas interpretaciones al texto literal del auto. Efectivamente el TS ha dado la razón al Gobierno impugnando las listas solicitadas, pero ¿por qué el Gobierno no solicitó la retirada de la totalidad de las candidaturas de AS y ANV como el propio TS señala en su sentencia?. Pues a pesar de todo, José Blanco dice que el PP miente y el presidente insiste en que el TS ha respaldado su actuación. Nada más lejos de la realidad, por mucho que lo diga el Ministro de Justicia o lo intenten maquillar los medios oficiales y oficialistas. En este asunto alguien ha mentido y creo que ahora se intenta poner el ventilador para confundir a la opinión pública.
El tercer asunto va vinculado a éste de las listas. Porque el tema de las listas no es cuestión baladí. Hay mucho dinero en juego en estas elecciones y ETA anda corta de efectivo. Rodríguez viene negando el avance de las negociaciones con la banda terrorista desde que ésta hiciese saltar por los aires el “proceso” –y el aparcamiento D de la T4 de Barajas- en diciembre. Pero todas las señales indican precisamente lo contrario. Desde la libertad “de facto” de Iñaki de Juana, hasta la velada luz verde a la concurrencia de Batasuna a las urnas en las próximas municipales y autonómicas. Nuevamente parece que alguien miente y parece que estamos muy cerca de saber quién es.
http://pakithor.blogspot.com
El sábado pasado se celebró el LXXIV aniversario de la proclamación de la II República Española. Como cada año surge, además del folclórico desfile de banderas tricolores -tan políticamente correctas, estas-, el debate sobre la oportunidad, legitimidad o necesidad de instaurar de nuevo el sistema republicano en España.
Ya en este mismo blog hubo un acercamiento al tema (http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=32) desde el plano de la continuación de la monarquía en España. El tiempo transcurre inexorable y las ideas se mantienen o evolucionan sobre un mismo eje. Efectivamente, continúo pensando que la monarquía española ha dejado de tener sentido. La familia real, en general, se ha convertido en un fetiche de seguimiento mediático rosa, para lo cual ya no necesitan de la financiación pública. Existen decenas de grandes compañías que se pelearían por incorporar a Felipe de Borbón -o a Letizia Ortiz que además da puntos para eso de la igualdad- en su consejo de administración, como ya lo han hecho con Jaime Marichalar y con el ex jugador de balonmano Iñaki Urdangarín. El sustento y la vida de vino y rosas los tienen garantizados, yo diría que por varias generaciones.
Creo que en esta idea sobre el fin da la monarquía sólo tiene como escollo el reconocimiento a la labor de representación internacional de nuestro país que realiza el Rey, siempre impecable y por encima del politiqueo propio de la idiosincrasia patria. Pero coincido con Bernat Vidal (http://bernatvidal.blogspot.com) en que sería mucho más democrático que el máximo representante del Estado sea elegido por medio del sufragio.
Si observamos muchos de los comentarios y artículos dedicados estos días al asunto por los más fervientes defensores del sistema republicano, no es en este aspecto en el que se centran sus análisis y críticas. El sector republicano español es mayoritariamente -abrumadoramente, diría yo- izquierdista y de ahí vienen sus desvelos. Esto de la monarquía se asocia irremediablemente a la derecha, a lo "facha", por eso que los republicanos enardecen ante la posibilidad de acabar con este vestigio del pasado, como si la república fuese el futuro, lo nuevo, lo progresista y no un sistema político democrático tan válido como el que nos cobija.
La república y el PSOE
En España la gran mayoría de los que se declaran republicanos son votantes del PSOE, incluso algunos no tienen reparo en afirmar que es el único partido que defiende sus ideales, como hemos tenido ocasión de leer en estos días. Claro que la realidad es testaruda. El PSOE no es un partido republicano y a los hechos me remito. El mandato de Felipe González lo dejó muy claro. Si bien a él puede disculpársele su cercanía con la transición democrática, no podemos olvidar la idílica relación entre monarquía y gobierno en los días del denominado “felipismo”. Nada que ver con la tensa relación entre la Casa Real y Aznar durante los ocho años de gobierno de éste.
Esta segunda etapa de gobierno socialista ya está mucho más distante de la época transitoria. Un gobierno como el de Rodríguez que no cesa de prometer más libertades, más democracia y más participación, amén de dedicarse a acaparar los ideales de la progresía patria, no anda muy lejos de la posición mantenida por su predecesor en el cargo. Abundando más en el asunto, el único cambio en cuanto al sistema actual del que nos habla el gobierno socialista es de la eliminación de la ley sálica, en su continúo guiño para acercarse y ganarse la simpatía de los Borbón.
Por fortuna para el partido en el poder sus seguidores republicanos no quieren ver este panorama. Ellos continúan con su discurso, clamando por un cambio que no llegará en el corto plazo, ni en el medio, porque a los partidos en liza no les interesa abrir un debate de tanto calado. ¿Tanto?. Realmente no es tanto el cambio, por mucho que se empeñen los que vociferan por un sistema republicano. Porque, seamos sinceros, la república no es la panacea, ni el bálsamo de fierabrás que sana todas las heridas de nuestra sociedad, como parecen intentar algunos –románticos- señalar. La república, tal y cómo se plantea hoy por hoy, no sería más que la sustitución de la monarquía por un sistema presidencial, similar al de Francia, Alemania o Italia. Claro que a lo mejor en el imaginario progresista-republicano lo que representa el cambio es la garantía ad infinitum de un gobierno de izquierdas, ¿será eso?.
El sábado pasado se celebró el LXXIV aniversario de la proclamación de la II República Española. Como cada año surge, además del folclórico desfile de banderas tricolores -tan políticamente correctas, estas-, el debate sobre la oportunidad, legitimidad o necesidad de instaurar de nuevo el sistema republicano en España.
Ya en este mismo blog hubo un acercamiento al tema (http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=32) desde el plano de la continuación de la monarquía en España. El tiempo transcurre inexorable y las ideas se mantienen o evolucionan sobre un mismo eje. Efectivamente, continúo pensando que la monarquía española ha dejado de tener sentido. La familia real, en general, se ha convertido en un fetiche de seguimiento mediático rosa, para lo cual ya no necesitan de la financiación pública. Existen decenas de grandes compañías que se pelearían por incorporar a Felipe de Borbón -o a Letizia Ortiz que además da puntos para eso de la igualdad- en su consejo de administración, como ya lo han hecho con Jaime Marichalar y con el ex jugador de balonmano Iñaki Urdangarín. El sustento y la vida de vino y rosas los tienen garantizados, yo diría que por varias generaciones.
Creo que en esta idea sobre el fin da la monarquía sólo tiene como escollo el reconocimiento a la labor de representación internacional de nuestro país que realiza el Rey, siempre impecable y por encima del politiqueo propio de la idiosincrasia patria. Pero coincido con Bernat Vidal (http://bernatvidal.blogspot.com) en que sería mucho más democrático que el máximo representante del Estado sea elegido por medio del sufragio.
Si observamos muchos de los comentarios y artículos dedicados estos días al asunto por los más fervientes defensores del sistema republicano, no es en este aspecto en el que se centran sus análisis y críticas. El sector republicano español es mayoritariamente -abrumadoramente, diría yo- izquierdista y de ahí vienen sus desvelos. Esto de la monarquía se asocia irremediablemente a la derecha, a lo "facha", por eso que los republicanos enardecen ante la posibilidad de acabar con este vestigio del pasado, como si la república fuese el futuro, lo nuevo, lo progresista y no un sistema político democrático tan válido como el que nos cobija.
La república y el PSOE
En España la gran mayoría de los que se declaran republicanos son votantes del PSOE, incluso algunos no tienen reparo en afirmar que es el único partido que defiende sus ideales, como hemos tenido ocasión de leer en estos días. Claro que la realidad es testaruda. El PSOE no es un partido republicano y a los hechos me remito. El mandato de Felipe González lo dejó muy claro. Si bien a él puede disculpársele su cercanía con la transición democrática, no podemos olvidar la idílica relación entre monarquía y gobierno en los días del denominado “felipismo”. Nada que ver con la tensa relación entre la Casa Real y Aznar durante los ocho años de gobierno de éste.
Esta segunda etapa de gobierno socialista ya está mucho más distante de la época transitoria. Un gobierno como el de Rodríguez que no cesa de prometer más libertades, más democracia y más participación, amén de dedicarse a acaparar los ideales de la progresía patria, no anda muy lejos de la posición mantenida por su predecesor en el cargo. Abundando más en el asunto, el único cambio en cuanto al sistema actual del que nos habla el gobierno socialista es de la eliminación de la ley sálica, en su continúo guiño para acercarse y ganarse la simpatía de los Borbón.
Por fortuna para el partido en el poder sus seguidores republicanos no quieren ver este panorama. Ellos continúan con su discurso, clamando por un cambio que no llegará en el corto plazo, ni en el medio, porque a los partidos en liza no les interesa abrir un debate de tanto calado. ¿Tanto?. Realmente no es tanto el cambio, por mucho que se empeñen los que vociferan por un sistema republicano. Porque, seamos sinceros, la república no es la panacea, ni el bálsamo de fierabrás que sana todas las heridas de nuestra sociedad, como parecen intentar algunos –románticos- señalar. La república, tal y cómo se plantea hoy por hoy, no sería más que la sustitución de la monarquía por un sistema presidencial, similar al de Francia, Alemania o Italia. Claro que a lo mejor en el imaginario progresista-republicano lo que representa el cambio es la garantía ad infinitum de un gobierno de izquierdas, ¿será eso?.
El sábado pasado se celebró el LXXIV aniversario de la proclamación de la II República Española. Como cada año surge, además del folclórico desfile de banderas tricolores -tan políticamente correctas, estas-, el debate sobre la oportunidad, legitimidad o necesidad de instaurar de nuevo el sistema republicano en España.
Ya en este mismo blog hubo un acercamiento al tema (http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=32) desde el plano de la continuación de la monarquía en España. El tiempo transcurre inexorable y las ideas se mantienen o evolucionan sobre un mismo eje. Efectivamente, continúo pensando que la monarquía española ha dejado de tener sentido. La familia real, en general, se ha convertido en un fetiche de seguimiento mediático rosa, para lo cual ya no necesitan de la financiación pública. Existen decenas de grandes compañías que se pelearían por incorporar a Felipe de Borbón -o a Letizia Ortiz que además da puntos para eso de la igualdad- en su consejo de administración, como ya lo han hecho con Jaime Marichalar y con el ex jugador de balonmano Iñaki Urdangarín. El sustento y la vida de vino y rosas los tienen garantizados, yo diría que por varias generaciones.
Creo que en esta idea sobre el fin da la monarquía sólo tiene como escollo el reconocimiento a la labor de representación internacional de nuestro país que realiza el Rey, siempre impecable y por encima del politiqueo propio de la idiosincrasia patria. Pero coincido con Bernat Vidal (http://bernatvidal.blogspot.com) en que sería mucho más democrático que el máximo representante del Estado sea elegido por medio del sufragio.
Si observamos muchos de los comentarios y artículos dedicados estos días al asunto por los más fervientes defensores del sistema republicano, no es en este aspecto en el que se centran sus análisis y críticas. El sector republicano español es mayoritariamente -abrumadoramente, diría yo- izquierdista y de ahí vienen sus desvelos. Esto de la monarquía se asocia irremediablemente a la derecha, a lo "facha", por eso que los republicanos enardecen ante la posibilidad de acabar con este vestigio del pasado, como si la república fuese el futuro, lo nuevo, lo progresista y no un sistema político democrático tan válido como el que nos cobija.
La república y el PSOE
En España la gran mayoría de los que se declaran republicanos son votantes del PSOE, incluso algunos no tienen reparo en afirmar que es el único partido que defiende sus ideales, como hemos tenido ocasión de leer en estos días. Claro que la realidad es testaruda. El PSOE no es un partido republicano y a los hechos me remito. El mandato de Felipe González lo dejó muy claro. Si bien a él puede disculpársele su cercanía con la transición democrática, no podemos olvidar la idílica relación entre monarquía y gobierno en los días del denominado “felipismo”. Nada que ver con la tensa relación entre la Casa Real y Aznar durante los ocho años de gobierno de éste.
Esta segunda etapa de gobierno socialista ya está mucho más distante de la época transitoria. Un gobierno como el de Rodríguez que no cesa de prometer más libertades, más democracia y más participación, amén de dedicarse a acaparar los ideales de la progresía patria, no anda muy lejos de la posición mantenida por su predecesor en el cargo. Abundando más en el asunto, el único cambio en cuanto al sistema actual del que nos habla el gobierno socialista es de la eliminación de la ley sálica, en su continúo guiño para acercarse y ganarse la simpatía de los Borbón.
Por fortuna para el partido en el poder sus seguidores republicanos no quieren ver este panorama. Ellos continúan con su discurso, clamando por un cambio que no llegará en el corto plazo, ni en el medio, porque a los partidos en liza no les interesa abrir un debate de tanto calado. ¿Tanto?. Realmente no es tanto el cambio, por mucho que se empeñen los que vociferan por un sistema republicano. Porque, seamos sinceros, la república no es la panacea, ni el bálsamo de fierabrás que sana todas las heridas de nuestra sociedad, como parecen intentar algunos –románticos- señalar. La república, tal y cómo se plantea hoy por hoy, no sería más que la sustitución de la monarquía por un sistema presidencial, similar al de Francia, Alemania o Italia. Claro que a lo mejor en el imaginario progresista-republicano lo que representa el cambio es la garantía ad infinitum de un gobierno de izquierdas, ¿será eso?.
El sábado pasado se celebró el LXXIV aniversario de la proclamación de la II República Española. Como cada año surge, además del folclórico desfile de banderas tricolores -tan políticamente correctas, estas-, el debate sobre la oportunidad, legitimidad o necesidad de instaurar de nuevo el sistema republicano en España.
Ya en este mismo blog hubo un acercamiento al tema (http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=32) desde el plano de la continuación de la monarquía en España. El tiempo transcurre inexorable y las ideas se mantienen o evolucionan sobre un mismo eje. Efectivamente, continúo pensando que la monarquía española ha dejado de tener sentido. La familia real, en general, se ha convertido en un fetiche de seguimiento mediático rosa, para lo cual ya no necesitan de la financiación pública. Existen decenas de grandes compañías que se pelearían por incorporar a Felipe de Borbón -o a Letizia Ortiz que además da puntos para eso de la igualdad- en su consejo de administración, como ya lo han hecho con Jaime Marichalar y con el ex jugador de balonmano Iñaki Urdangarín. El sustento y la vida de vino y rosas los tienen garantizados, yo diría que por varias generaciones.
Creo que en esta idea sobre el fin da la monarquía sólo tiene como escollo el reconocimiento a la labor de representación internacional de nuestro país que realiza el Rey, siempre impecable y por encima del politiqueo propio de la idiosincrasia patria. Pero coincido con Bernat Vidal (http://bernatvidal.blogspot.com) en que sería mucho más democrático que el máximo representante del Estado sea elegido por medio del sufragio.
Si observamos muchos de los comentarios y artículos dedicados estos días al asunto por los más fervientes defensores del sistema republicano, no es en este aspecto en el que se centran sus análisis y críticas. El sector republicano español es mayoritariamente -abrumadoramente, diría yo- izquierdista y de ahí vienen sus desvelos. Esto de la monarquía se asocia irremediablemente a la derecha, a lo "facha", por eso que los republicanos enardecen ante la posibilidad de acabar con este vestigio del pasado, como si la república fuese el futuro, lo nuevo, lo progresista y no un sistema político democrático tan válido como el que nos cobija.
La república y el PSOE
En España la gran mayoría de los que se declaran republicanos son votantes del PSOE, incluso algunos no tienen reparo en afirmar que es el único partido que defiende sus ideales, como hemos tenido ocasión de leer en estos días. Claro que la realidad es testaruda. El PSOE no es un partido republicano y a los hechos me remito. El mandato de Felipe González lo dejó muy claro. Si bien a él puede disculpársele su cercanía con la transición democrática, no podemos olvidar la idílica relación entre monarquía y gobierno en los días del denominado “felipismo”. Nada que ver con la tensa relación entre la Casa Real y Aznar durante los ocho años de gobierno de éste.
Esta segunda etapa de gobierno socialista ya está mucho más distante de la época transitoria. Un gobierno como el de Rodríguez que no cesa de prometer más libertades, más democracia y más participación, amén de dedicarse a acaparar los ideales de la progresía patria, no anda muy lejos de la posición mantenida por su predecesor en el cargo. Abundando más en el asunto, el único cambio en cuanto al sistema actual del que nos habla el gobierno socialista es de la eliminación de la ley sálica, en su continúo guiño para acercarse y ganarse la simpatía de los Borbón.
Por fortuna para el partido en el poder sus seguidores republicanos no quieren ver este panorama. Ellos continúan con su discurso, clamando por un cambio que no llegará en el corto plazo, ni en el medio, porque a los partidos en liza no les interesa abrir un debate de tanto calado. ¿Tanto?. Realmente no es tanto el cambio, por mucho que se empeñen los que vociferan por un sistema republicano. Porque, seamos sinceros, la república no es la panacea, ni el bálsamo de fierabrás que sana todas las heridas de nuestra sociedad, como parecen intentar algunos –románticos- señalar. La república, tal y cómo se plantea hoy por hoy, no sería más que la sustitución de la monarquía por un sistema presidencial, similar al de Francia, Alemania o Italia. Claro que a lo mejor en el imaginario progresista-republicano lo que representa el cambio es la garantía ad infinitum de un gobierno de izquierdas, ¿será eso?.
El sábado pasado se celebró el LXXIV aniversario de la proclamación de la II República Española. Como cada año surge, además del folclórico desfile de banderas tricolores -tan políticamente correctas, estas-, el debate sobre la oportunidad, legitimidad o necesidad de instaurar de nuevo el sistema republicano en España.
Ya en este mismo blog hubo un acercamiento al tema (http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=32) desde el plano de la continuación de la monarquía en España. El tiempo transcurre inexorable y las ideas se mantienen o evolucionan sobre un mismo eje. Efectivamente, continúo pensando que la monarquía española ha dejado de tener sentido. La familia real, en general, se ha convertido en un fetiche de seguimiento mediático rosa, para lo cual ya no necesitan de la financiación pública. Existen decenas de grandes compañías que se pelearían por incorporar a Felipe de Borbón -o a Letizia Ortiz que además da puntos para eso de la igualdad- en su consejo de administración, como ya lo han hecho con Jaime Marichalar y con el ex jugador de balonmano Iñaki Urdangarín. El sustento y la vida de vino y rosas los tienen garantizados, yo diría que por varias generaciones.
Creo que en esta idea sobre el fin da la monarquía sólo tiene como escollo el reconocimiento a la labor de representación internacional de nuestro país que realiza el Rey, siempre impecable y por encima del politiqueo propio de la idiosincrasia patria. Pero coincido con Bernat Vidal (http://bernatvidal.blogspot.com) en que sería mucho más democrático que el máximo representante del Estado sea elegido por medio del sufragio.
Si observamos muchos de los comentarios y artículos dedicados estos días al asunto por los más fervientes defensores del sistema republicano, no es en este aspecto en el que se centran sus análisis y críticas. El sector republicano español es mayoritariamente -abrumadoramente, diría yo- izquierdista y de ahí vienen sus desvelos. Esto de la monarquía se asocia irremediablemente a la derecha, a lo "facha", por eso que los republicanos enardecen ante la posibilidad de acabar con este vestigio del pasado, como si la república fuese el futuro, lo nuevo, lo progresista y no un sistema político democrático tan válido como el que nos cobija.
La república y el PSOE
En España la gran mayoría de los que se declaran republicanos son votantes del PSOE, incluso algunos no tienen reparo en afirmar que es el único partido que defiende sus ideales, como hemos tenido ocasión de leer en estos días. Claro que la realidad es testaruda. El PSOE no es un partido republicano y a los hechos me remito. El mandato de Felipe González lo dejó muy claro. Si bien a él puede disculpársele su cercanía con la transición democrática, no podemos olvidar la idílica relación entre monarquía y gobierno en los días del denominado “felipismo”. Nada que ver con la tensa relación entre la Casa Real y Aznar durante los ocho años de gobierno de éste.
Esta segunda etapa de gobierno socialista ya está mucho más distante de la época transitoria. Un gobierno como el de Rodríguez que no cesa de prometer más libertades, más democracia y más participación, amén de dedicarse a acaparar los ideales de la progresía patria, no anda muy lejos de la posición mantenida por su predecesor en el cargo. Abundando más en el asunto, el único cambio en cuanto al sistema actual del que nos habla el gobierno socialista es de la eliminación de la ley sálica, en su continúo guiño para acercarse y ganarse la simpatía de los Borbón.
Por fortuna para el partido en el poder sus seguidores republicanos no quieren ver este panorama. Ellos continúan con su discurso, clamando por un cambio que no llegará en el corto plazo, ni en el medio, porque a los partidos en liza no les interesa abrir un debate de tanto calado. ¿Tanto?. Realmente no es tanto el cambio, por mucho que se empeñen los que vociferan por un sistema republicano. Porque, seamos sinceros, la república no es la panacea, ni el bálsamo de fierabrás que sana todas las heridas de nuestra sociedad, como parecen intentar algunos –románticos- señalar. La república, tal y cómo se plantea hoy por hoy, no sería más que la sustitución de la monarquía por un sistema presidencial, similar al de Francia, Alemania o Italia. Claro que a lo mejor en el imaginario progresista-republicano lo que representa el cambio es la garantía ad infinitum de un gobierno de izquierdas, ¿será eso?.
El sábado pasado se celebró el LXXIV aniversario de la proclamación de la II República Española. Como cada año surge, además del folclórico desfile de banderas tricolores -tan políticamente correctas, estas-, el debate sobre la oportunidad, legitimidad o necesidad de instaurar de nuevo el sistema republicano en España.
Ya en este mismo blog hubo un acercamiento al tema (http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=32) desde el plano de la continuación de la monarquía en España. El tiempo transcurre inexorable y las ideas se mantienen o evolucionan sobre un mismo eje. Efectivamente, continúo pensando que la monarquía española ha dejado de tener sentido. La familia real, en general, se ha convertido en un fetiche de seguimiento mediático rosa, para lo cual ya no necesitan de la financiación pública. Existen decenas de grandes compañías que se pelearían por incorporar a Felipe de Borbón -o a Letizia Ortiz que además da puntos para eso de la igualdad- en su consejo de administración, como ya lo han hecho con Jaime Marichalar y con el ex jugador de balonmano Iñaki Urdangarín. El sustento y la vida de vino y rosas los tienen garantizados, yo diría que por varias generaciones.
Creo que en esta idea sobre el fin da la monarquía sólo tiene como escollo el reconocimiento a la labor de representación internacional de nuestro país que realiza el Rey, siempre impecable y por encima del politiqueo propio de la idiosincrasia patria. Pero coincido con Bernat Vidal (http://bernatvidal.blogspot.com) en que sería mucho más democrático que el máximo representante del Estado sea elegido por medio del sufragio.
Si observamos muchos de los comentarios y artículos dedicados estos días al asunto por los más fervientes defensores del sistema republicano, no es en este aspecto en el que se centran sus análisis y críticas. El sector republicano español es mayoritariamente -abrumadoramente, diría yo- izquierdista y de ahí vienen sus desvelos. Esto de la monarquía se asocia irremediablemente a la derecha, a lo "facha", por eso que los republicanos enardecen ante la posibilidad de acabar con este vestigio del pasado, como si la república fuese el futuro, lo nuevo, lo progresista y no un sistema político democrático tan válido como el que nos cobija.
La república y el PSOE
En España la gran mayoría de los que se declaran republicanos son votantes del PSOE, incluso algunos no tienen reparo en afirmar que es el único partido que defiende sus ideales, como hemos tenido ocasión de leer en estos días. Claro que la realidad es testaruda. El PSOE no es un partido republicano y a los hechos me remito. El mandato de Felipe González lo dejó muy claro. Si bien a él puede disculpársele su cercanía con la transición democrática, no podemos olvidar la idílica relación entre monarquía y gobierno en los días del denominado “felipismo”. Nada que ver con la tensa relación entre la Casa Real y Aznar durante los ocho años de gobierno de éste.
Esta segunda etapa de gobierno socialista ya está mucho más distante de la época transitoria. Un gobierno como el de Rodríguez que no cesa de prometer más libertades, más democracia y más participación, amén de dedicarse a acaparar los ideales de la progresía patria, no anda muy lejos de la posición mantenida por su predecesor en el cargo. Abundando más en el asunto, el único cambio en cuanto al sistema actual del que nos habla el gobierno socialista es de la eliminación de la ley sálica, en su continúo guiño para acercarse y ganarse la simpatía de los Borbón.
Por fortuna para el partido en el poder sus seguidores republicanos no quieren ver este panorama. Ellos continúan con su discurso, clamando por un cambio que no llegará en el corto plazo, ni en el medio, porque a los partidos en liza no les interesa abrir un debate de tanto calado. ¿Tanto?. Realmente no es tanto el cambio, por mucho que se empeñen los que vociferan por un sistema republicano. Porque, seamos sinceros, la república no es la panacea, ni el bálsamo de fierabrás que sana todas las heridas de nuestra sociedad, como parecen intentar algunos –románticos- señalar. La república, tal y cómo se plantea hoy por hoy, no sería más que la sustitución de la monarquía por un sistema presidencial, similar al de Francia, Alemania o Italia. Claro que a lo mejor en el imaginario progresista-republicano lo que representa el cambio es la garantía ad infinitum de un gobierno de izquierdas, ¿será eso?.