...Cuando despertó, el canon se había tragado al dinosaurio
La famosa máxima de Gracián (lo bueno si breve...) ha cobrado nueva vida en microrrelatos, microcuentos, minicuentos, cuentos en minúscula, cuentos brevísimos, cuentículos, cuentos en miniatura, minificción...denominaciones para un género narrativo breve, de máximo predicamento en la actualidad, al menos en lo tocante a su difusión y recepción, por más que Monterroso afirme "Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujeción al punto y coma, al punto".Quizá este modo literario, conformado como antología necesariamente, intenta convertirse en escritura canónica de máxima difusión: su extensión lo adapta perfectamente a la Red y amplía sus relaciones con el público lector en cercanía y cantidad, al menos. En esta línea, Andrés Cáceres explica que “Los grandes temas como el amor, el deseo y la muerte, ahora se asocian al enanismo escritural, es decir, el hilo narrativo se recoge y se enrosca en su propia naturaleza enigmática. Por tanto, el placer se encuentra en otra escritura, que transgrede el canon oficial. Una escritura elíptica que engendra el goce en el límite de lo acotado y concentrado. Este placer, que proviene de la escritura, hace posible la emergencia del objeto del deseo, que es asumir la diferencia y penetrar en el juego gozoso de aquello quela actualiza: la imagen de lo conciso en la figura del pigmeo y el enriquecimiento en cada relectura”.
Es difícil precisar qué es exactamente un microrrelato (en la misma medida que lo pueda ser el cuento). Todos los estudiosos parten de su marca de identidad más evidente: la brevedad, aunque esta circunstancia es dudosa y ha dado lugar a no pocos análisis y clasificaciones. Entre éstas, destacamos la de Lauro Zavala, quien considera “cuento corto” al que consta de mil palabras hasta un máximo de dos mil; cuentos muy cortos, de doscientas a mil palabras; cuentos ultracortos, de una a doscientas.Se sustenta este género en anécdotas, chistes, tradición, acervo cultural, ciencia, literatura, historia...de ahí la etiqueta que ostenta de “saprófito”:"...saprófita, es la vida que se nutre de la descomposición orgánica; así también este tipo de escritura prospera a expensas del légamo residual de la cultura..."
Ocupa poco espacio, pero proyecta al infinito el valor de sus palabras: es necesario contar con el acervo cultural del lector; por la obligatoriedad de condensar su contenido, el silencio del minicuento es absolutamente elocuente.
Dolores M. Koch, considera que, además de la corta extensión “un micro-relato ha de tener algunas de las siguientes características: hibridez genérica, desenlace ambivalente o elíptico, alusiones literarias (o bíblicas, míticas, históricas, etc.), rescate de fórmulas de escritura antigua (como fábulas o bestiarios) y la inserción de formatos nuevos, no literarios, de la tecnología y de los medios modernos de comunicación”.
Ella ha sido la gran impulsora de los estudios sobre este género (en los que han destacado LauroZavala, David Lagmanovich, Caqui Noguerol, Violeta Rojo, Ana Mª Shua etc.), que está más anclado en la tradición de lo que las apariencias ofrecen y en el que nombres como Kafka, Gómez de la Serna, Max Aub, Ana Mª Matute, Arreola, Monterroso, Borges, Cortázar, Anderson – Imbert, Peri Rossi, Galeano, García Márquez, Denevi, Torri, Luisa Valenzuela, Alfredo Armas, Avilés Fabila, Hernán Lavín, Luis Mateo Díez, José María Merino, Millás, Fernández Molina... (y faltan muchos en esta lista)todos constituyen referentes obligados. En estos textos caben desde grandes temas, como el amor o la muerte, hasta sucesos anecdóticos; todos se adaptan elípticamente a una brevedad que obliga a concentrar la expresión, midiendo el valor de las palabras, proyectándolas en escarceos retóricos hacia lo inesperado, novedoso, sorprendente, ilógico, irónico, ambiguo, misterioso, absurdo, humorístico, abjurando de la linealidad tradicional, potenciando la perplejidad del lector...permitiendo, su enriquecimiento con la relectura. David Lagmanovich caracteriza la minificción narrativa, con la situación de partida, el conflicto que cambia la premisa de la que se partía, y, un final cerrado o abierto. Llama la atención sobre las aportaciones vanguardistas en la invención del lenguaje y el uso peculiar de las normas de escritura. Para Ana Mª Shua, “cuando se trabaja en un espacio tan breve, cada palabra tiene un peso enorme. En ese sentido, las minirreflexiones se parecen a la poesía. Cada palabra encaja en su lugar exacto como un pequeño rompecabezas. No puede haber el más mínimo roce, la menor incomodidad. Tiene que calzar perfectamente una con otra.”