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Enviado a las 06/05/2008 23:55:49
Cenizas de poemas que un tiempo fueron rosas.

 

Abro esta noche las hojas de tu libro. Miro

que no estás en el fondo de la fosa;

que ha muerto la frescura de aquel único sueño

en el que tú creías, aun sabiendo

que la verdad solamente anida en muchos;

que ha escapado la imagen – hecha de barro y rosas

que te habías impuesto – a la cárcel del tiempo;

que mucha gente ignora tus poemas

- muros de amor, de sed, de alejandrino o  sombra -

que aún no te reconoces

en el espejo de los días pasados

que sigues sin tocar aún tantas cosas...

que sólo prisionero de ti mismo,

convaleces en cada recaída,

en aguas no estancadas, siempre viejas,

tan débiles y antiguas como el mundo y los hombres;

que ya no ves el barro como materia pura;

que no adoras la luz, aunque ignore en su ser toda esperanza;

que sigues acechando la firmeza de Pedro y crees sustentarte

como Pablo de Tarso, en la ceguera. Aunque exceso

de ironía recelas se sustenta entre las letras

de tu nombre. Lamentas la escasez

de horas de soledad, que te confinan

a no ser buen poeta.

 

Pero ya no hay remedio y fueron demasiados

quienes antes que tú ya habían dicho

que de la mano de un muchacho que ríe,viene dulce la muerte.

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Enviado a las 06/05/2008 21:45:27
Esa estela dejada por Leonardo...

Guardo en el corazón y la memoria

iluminando el paso por mi sangre,

ocultas en tu nombre y los rincones

cándidos de tus libros apenas navegados;

oliendo a mar, perdidas en la sombra,

nunca jamás dejadas entre vientos

deseosos de ausencia y de naufragios;

atentas a los ecos de páginas ya escritas;

 

batiéndose feroces en cercados

estériles de dolor, de silencio o de frío;

letales unas veces, deslumbrantes

llenas de vida siempre;

inmensas en nostalgia: tus palabras.

 

(Extraña paradoja que circunda

la estela de alegría de tu nombre)

 

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Enviado a las 05/05/2008 22:20:46
A Salvador, un poeta de quien los nopales se reían...

 

Salvador, yo te añoro;

te expreso esta otra carta:

 

Madrid sigue siendo una ciudad enorme, plena

de cadáveres (como afirmaba Dámaso).

Nos levantamos temprano

(nos ocupa la misma tarea que a Napoleón

aquel niño tan tuyo,

que te envió un mensaje parecido

al que hoy te llega al cielo)

para ir al instituto (un antiguo edificio

que sueña vanamente en ser aquel castillo

que acogió a don Quijote). No te mando

retrato alguno, pues si lo imaginas

será real entonces, sólo entonces;

algunas veces hablamos alemán

(esta mañana, por ejemplo).

 

Nunca hemos robado dulces

de las alacenas, juntos tú y yo; tampoco

nos hemos ahogado a medias

en el río plateado, únicamente hemos

leído tantos versos juntos...

 

Este año me he presentado, nueva, casi recién

salida de una caverna angosta. Por primera vez

tengo ambiciones, uso trajes nuevos (quizá demasiados).

 

Pero estos hijos prestados

por los hombres y Dios, no se dejan

enseñar casi nada y siendo perezosos

no han aprendido tampoco a ser felices

y jamás serán médicos.

(Díselo así a tu amigo: que sus padres

y sus abuelos nunca le engañaron

llevándolo a la escuela, a su pesar...)

 

 

Y escribo. Escribo siempre, aunque las manos

(que no me pertenecen) no quieran responder, que muchos días

obligan a escapar a las palabras

allí crucificadas.

 

 

 

 

 

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Enviado a las 29/04/2008 22:01:48
Importuna nostalgia.

 

 

Muy dentro de ti misma,

aguardabas instantes que no llegaban;

rozando el ámbito silencioso de tu alma

iba a tu encuentro el serbal

(nunca suficientemente invocado)

al que deseabas hallar en el camino.

 

Tenías razón cumplida:

son ajenas las casas, los hombres, la alegría;

veías en la alameda los árboles iguales,

entretejidos en absurdos abrazos;

todos habían perdido

aquel aroma antiguo,

insensibles al paso de la edad,

estólidos y ruines.

Venció la vaciedad, te dio todo lo mismo

a ti, que estabas fuera de los siglos.

 

 

Y te fue indiferente en qué lenguaje

serías comprendida por el hombre.

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Enviado a las 29/04/2008 18:56:08
Palabras debidas.

 

Jamás se borrarán de mi memoria

aquellas tardes oscuras, en el viejo

instituto, donde tu voz aterciopelada, algo

melancólica, dulce, a unas chicas del preu, idas

en sueños de gacela, enseñaba Literatura.

 

Gustabas de leernos poemas, pausadamente

(¿ignorando que en tercera persona

los bellos sentimientos son historias peligrosas?).

 

Dejabas olvidadas las tediosas

explicaciones teóricas. Leías, leías, sentíamos. Vivíamos.

 

Brotaban, amontonándose, las rosas de Ronsard,

Idomeneo nos mostraba la alegría de vivir

en versos de Catulo; don Francisco, profundo,

decía lo del polvo enamorado...

(mientras sonreíamos a escondidas, pensando

a quién lo repetiríamos a la salida, como si fuera nuestro).

 

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Enviado a las 28/04/2008 21:47:43
Un río es lágrimas, un hombre acaso sea alma de ceniza

 

No sabías si el río se llamaba Dámaso,

contemplando el fluir de sus aguas

hacia la tristeza,

aunque venían de ella.

Lo llamaban Carlos

y veías en el gris de su espejo

la soledad del mundo reflejada.

 

Hubieras querido conocer de dónde

acudían las lágrimas de esas aguas.

Entonces, volviste tu mirada tu mirada al hombre

moderno, que no podía expresar la verdad de su angustia

como – por ejemplo – el árbol.

Ese hombre, atrapado en costoso bienestar

o en estrechas ideas bajo sonoros nombres

- comunismo, democracia -

mal entendidos, nunca conocidos

jamás utilizados rectamente.

 

Lloraste.

(Ya el río Carlos te había permitido

conocer el secreto y la esencia

que hacen fluir en el mundo sólo la tristeza).

 

Lloraste. Preguntaste a Dios si mostraría

alguna vez al verdadero hombre

en la verdad: la desnudez más pura de su imagen,

como espejo de Aquél.

                                    Nunca nos revelaste

con qué palabras Dios te respondió.

 

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Enviado a las 27/04/2008 20:32:06
A orillas de José.

 

Un día nos llevaste a tu casa:

recuerdo bien la luz del sol

iluminando la sala (era el atardecer

y luego fue de noche, pero la claridad

seguía allí, no se quitaba nunca).

 

En el ambiente, se sentía el encantamiento

marcado por la sombra del Caballero

Andante; poblado parecía,

pleno de palabras (aquellas que tú

invocabas para que llorasen

de pena, de felicidad, de desesperanza,

al fin, todo es lo mismo...

 

Los ojos del perro – negro, peludo enorme,

tendido entre tus pies

como una cariñosa alfombra, marcando

la frontera con los nuestros, protegiéndote – eran

dos azabaches que, atentos escuchaban,

con ingenua y antigua pureza,

tu voz que desgranaba versos,

en hojas invisibles del aire y habitadas,

que es el vivir.

 

Todo, todo se detuvo

en plenitud de estar;

hasta Manuel del Río – natural

de España – posó, por fin en paz, un eterno minuto

más acá del cristal entreabierto

de la enorme ventana.

 

Y nunca volví a verte.

Sólo esta tarde en un papel blanquísimo

similar a aquel otro adonde tú

llevabas tus palabras a dar vida.

 

 

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Enviado a las 26/04/2008 23:09:34
“Lleno hasta el mismo borde de los ojos...”

En un dolor sin límites, entraste a la Poesía.

(Mirando cómo nace el temblor de una estrella)

Ignoraste las huellas amargas del silencio.

Luz siempre, la palabra iluminó tu vida.

Incendiaba tu alma de ritmos y de sueños.

Olvidaste la oscura complacencia del miedo.

 

Perseguiste las alas brillantes de la gloria.

Rara vez conseguiste compartir tu secreto.

Acogías  en tus brazos los sueños, como son.

Desnudo como un ciego, entregabas tus manos.

Ofrecías tu casa al sombrío deleite del recuerdo.

Sólo la incertidumbre te llevó a la certeza.

 

Trémulo, transparente – como un vaso

de agua, o un ángel en el vidrio – te quedaste en el viento.

 

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Enviado a las 25/04/2008 22:30:47
A un caballero portugués, soñador de imposibles...

Soñabas ser un caballero andante,

creías ver a una ideal figura,

mal cubierta de armas en la oscura

noche, con su escudero yendo errante.

Fascinado callaste, aunque añorabas

hablar a aquellas melancólica pintura,

tocar manos tan nobles, la armadura

vuelta de tantas lides, deslustrada.

Pero quedaste inmóvil, gritar claro

querías: "¡Desheredado voy

también, del mundo, yo busco anhelante

en los altos palacios de la luna,

la verdad del poeta...¿son los versos

un apremio hecho a Dios para que hable?"

 

 

 

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Enviado a las 24/04/2008 22:26:04
...y un hermoso adorno de piel de Lidia, sus pies cubría...

 

Si soñando veías acercarse

A la sagrada Hera, la de hermoso

Flequillo, que asomaba de su manto

Ornado en plata,

 

después creías escuchar su voz:

enumeraba, sin cólera, el número

Logrado de hijos, con Zeus padre

Escogido

 

Sobre todos, por Rea la nodriza

Bondadosa de fieras y leones,

Ofrecía para ti una suerte

Semejante. 

 

Te complacía. Tú lo has explicado.

 

¿Por qué sentiste gran temor, entonces

cuando te hablaba con palabras dulces

aquel hombre, sentado junto a ti

en la tarde?

 

(...y un hermoso adorno de piel de Lidia

sus pies cubría...)

 

Los siglos te crearon la leyenda

oscura, bajo la que solicitan

equívocas pasiones, falseando

la fama de la isla en que vivías,

en ardores oscuros, ostentosos,

(sugerencias tal vez, que no certezas:

los fragmentos no miden una vida).

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