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Enviado a las 02/12/2011 11:46:56
GOLD RETRIEVER

 

Por fin se marchaba. Le había sido concedida una de esas jubilaciones doradas que dejan completa la nómina. Y C. no lo había pensado ni diez minutos: se iba. El día uno del mes corriente había llegado y con él, la libertad. P. había deseado que ocurriera esto con todas sus fuerzas, desde hacía cinco eternos años. Se le hacía insostenible soportar a C.: su mal carácter, la aspereza de su voz, su rudeza rayana en la crueldad, su franqueza innecesaria, su equivocado afán de decir esas verdades que nadie pide porque duelen, su constante mal humor, su egoísmo, su tono de marquesa venida a menos, su…

Por la mañana en el momento del aperitivo, P. la había acompañado, en buena medida por haberse visto obligada a ello (trabajaba en el ordenador del rincón en ese preciso moemento). No había sido necesario exhibir la sonrisa giocondesca que graduaba la rutina de su escasa vida social (en el trabajo, claro): era una funcionaria descatalogada de las actuaciones tópicas de esta especie (no fumaba ni bebía; no usaba el teléfono ni el chat; recordaba todos los recados y tareas puntualmente sin necesidad de apuntarlos; observaba una estricta puntualidad y no daba por finalizado su trabajo cinco minutos antes de la salida; no prestaba atención a la promiscuidad de enfermedades leves que acosan al sufrido trabajador de un ministerio...

A P. ni siquiera le habían resultado costosas las escasas frases intercambiadas con una C. inusitadamente reidora y alegre (pensó que por primera vez en esos cinco años, la estaba viendo así).

- ¿Qué tal?, ¿qué tal?, ¿qué tal?, ¿qué tal?, ¿qué tal?, ¿qué tal?, ¿qué tal?, ¿qué tal?... – le había asestado C. nada más verla. Enseñando toda su dentadura de perro de presa. Y sin esperar respuesta alguna, había añadido, sibilante: - ¿No vasss a tomar alguna de esssstas cossitassss? Claro, tú como sssiemprre  abssstemia  total, total.

Esto iba por el caso omiso de P. al cutre aperitivo preparado por la misma C. para solemnizar la despedida de sus compañeros, en la sala de uso común, un sitio alegre y soleado, frente a las oficinas; sobre la mesa había colocado unas cuantas bombonas de refrescos (más baratos que los envases individuales), cartones de vino barato (id.id.), bolsas de patatas fritas de ínfima calidad, una tortilla – mazacote fría y gelatinosa, un par de bandejas de cartón de dulces ambiguos, hechos de masa congelada, mal horneados, de esos que se reciclan en ladrillos, pasadas unas horas…

Pero todos se mostraban alegres atacando el improvisado banquete, como si nunca hubieran comido, festejando a C. a quien odiaban cordialmente. En un momento, un joven ordenanza, recién incorporado al departamento de contabilidad, leyó un poema que le acababa de componer a la homenajeada; los versos querían constituir un soneto, pero cojeaban en la cuestión métrica, aun así, su efecto era enternecedor. P. escuchaba la lectura con cierto sentido crítico  y una inconfesada envidia por no ser ella el objeto de la inspiración del joven poeta aficionado…

C. un poco sofocada, con los ojos llenos de lágrimas, tomó la hoja del poema y, sin que se notara, sólo observada por P. desde su rincón, volvió la espalda a los demás un instante y apretó brevemente la hoja de papel contra su pecho, como abrazándola. Pero enseguida se volvió al corrillo y tomó un vaso de algo, mientras hablaba con los demás, del eterno tema de la crisis y la suerte de poder jubilarse a su edad, con el sueldo íntegro (no sin dejar claro a los otros, que ellos ya no contarían con esa baza y que el nuevo Gobierno recién elegido les rebajaría el sueldo bastante más: bassstante  mássss…).

Sin embargo, algo en ese gesto, había hecho que P. se estremeciera un poco. ¿Era en su corazón donde habitaba aquella irreal tristeza o bien  había impregnado el aire ligero de la sala sin ser vista? P. no habría sabido decirlo. Pero ahí estaban todos, fingiendo o no, apresando un átomo de ese no-futuro cerniéndose sobre la mujer que se despedía de su, hasta entonces, vida rutinaria para encaminarse dando zancadas a esa tierra de nadie, donde ninguna de las quimeras deseadas a lo largo de los años, se puede realizar…

 

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Enviado a las 29/06/2011 13:53:19
Cardenio número cero

Hola, amigos: esto es una invitación en toda regla a que colabore quien quiera en el próximo número 1 de esta nueva revista - patrocinada, léase pagada - por Santillana... la edita el Departamento de Lengua y Literatura del IB Cervantes de Madrid... os envío la "declaración de principios" del número cero, que ve la luz hoy:

no es cordura/ querer curar la pasión…

(Cardenio)

 

 

L

ector curioso: Tienes en tus manos el número cero de “Cardenio”, heredero carnal de aquel que enloqueció de amor en las entrañas de Sierra Morena y fue rescatado para el mundo por otro loco divino, don Quijote. Y mira bien no me interrumpas, mientras trato de explicar en qué consiste el mundo de palabras de estas hojas de papel, o en ese mismo punto y hora perderé el hilo de mi discurso y con él, la vida de la razón (que no la razón de mi vida), universo donde la palabra no es símbolo, sino materia, “cosas” que legitiman al ser en su heterogeneidad. Te pido pues, permanezcas atento y así no te llamarás a engaño.

Músico, poeta, amante desdeñado y caballero penitente, Cardenio proyecta para don Quijote todas las capacidades del modelo ideal, guía en su intento por alcanzar la perfección: don Quijote se reconoce en él, como en un espejo. Según  esta perspectiva, lo advertirá como el mayor modelo imitativo, clave en la causa que le ha traído a esos parajes de la sierra, según una síntesis de la naturaleza dual Amadís/Orlando: ¿Ya no te he dicho -respondió don Quijote- que quiero imitar a Amadís, haciendo aquí del desesperado, del sandio y del furioso, por imitar juntamente al valiente don Roldán, cuando halló en una fuente las señales de que Angélica la Bella había cometido vileza con Medoro, de cuya pesadumbre se volvió loco, y arrancó los árboles, enturbió las aguas de las claras fuentes, mató pastores, destruyó ganados, abrasó chozas, derribó casas, arrastró yeguas y hizo otras cien mil insolencias dignas de eterno nombre y escritura? (I, 25).

La historia de Cardenio es una de las «novelas interpuestas» del Quijote, de gran tensión dramática y aflora en la primera parte del libro. El destino pone a Cardenio en acción mediante un encuentro con Don Quijote y Sancho Panza; después, con el cura y el barbero; en un reencuentro con Dorotea y Fernando y Luscinda… su gran amor, marcado por el sufrimiento, que halla al fin la promesa de la felicidad (el afecto puede conducir al ser humano a la conquista de la verdad) y aparece a lo largo de seis capítulos. Shakespeare, que conoció esta obra, apenas dos años después de su publicación en España, tal vez pudo componer un drama (compartiendo la pluma con Fletcher) sobre esta cuestión. Se trata (la cervantina) de una historia de delirio y amores cruzados, contada desde distintos puntos de vista, absolutamente moderna, de ahora, de siempre.

Pero Cardenio ha perdido la razón. Aun sabiéndolo, don Quijote lo busca necesariamente: “…porque te hago saber que no solo me trae por estas partes el deseo de hallar al loco, cuanto el que tengo de hacer en ellas una hazaña con que he de ganar perpetuo nombre y fama en todo lo descubierto de la tierra; y será tal, que he de echar con ella el sello a todo aquello que puede hacer perfecto y famoso a un andante caballero (I, 25).

III

Cuando está siendo “el Roto” (porque rota anda su mente) Cardenio explica el porqué de sus desvaríos, ganándose la comprensión y aun el afecto de sus interlocutores, incluso tras haberles brumado las costillas, muy a su sabor.

 

En la “rara aventura” de Sierra Morena, nuestro enajenado doncel ha dejado abandonada una maletilla “podrida” en el bosque. A ella han acudido Sancho y don Quijote y han visto ropa fina y limpia, oro y un librito impreso que, en cierto modo, reflejan un  testimonio de la vida o las marcas de identidad del dueño: un hombre limpio, alto de origen, desprendido y poeta. La aparición fugaz del personaje, con un contraste dramático entre su aspecto degradado (signo del desplome anímico) y su mente preclara, tan propio de la mentalidad del Barroco, revela hasta dónde conduce la tiranía de la pasión amorosa. Poco después, el Caballero de la Triste Figura se dispone a escuchar al joven Roto: antes de comenzar la exposición, éste exige no se le interrumpa, pues en ese mismo momento, quedará obstruido el cauce del relato, sin ser posible alcanzar su final. Don Quijote se acuerda de la noche de los batanes, cuando Sancho hace lo mismo con el cuento de la pastora Torralba: las dos visiones (burlesca esta, aquella trágica) manifiestan intensamente cómo el misterio mágico de narrar (inventar, ha dicho hace poco Ana Mª Matute) se incardina en la vida. Modestamente, así sentimos quienes tenemos la dosis de locura suficiente como para ofrecer una revista más, en este presente que vivimos agitado, confuso, poliédrico, con sus desmesuradas dosis de relativismo. 

Don Quijote se deja llevar por su particular pasión con la palabra e interrumpe a Cardenio, quien después de propinar a todos una paliza y abandonarlos “rendidos y molidos, los dejó y se fue, con gentil sosiego, a emboscarse en la montaña” [I, 24]. Cardenio regresa más adelante al relato, como un hombre que sufre; puede continuar su historia desde el punto en que quedó interceptada: vemos que su locura se ha desprendido de la consecuencia de tomar en vano y superficialmente las palabras (aunque puedan encubrir traición, porque don Quijote leía convirtiéndolas en vida). Y desde ese momento (y una vez más la palabra es panacea) sana Cardenio y se revela como hombre discreto, quedando  resuelta su historia, por fin, en el capítulo XXXVI. La importancia de ésta no es solamente argumental, sino, sobre todo, ideológica; manifiesta una compleja y quebrada filosofía de la identidad, síntoma revelador de que la identidad entrará en conflicto con la realidad.

El loco (aunque su juicio discurra por caminos paralelos a los del sentir común) es libre siempre, en la acción, en la palabra. Por eso don Quijote, defiende la libre opinión de Pasamonte, que está cuerdo: Alzó la vara en alto el comisario para dar a Pasamonte en respuesta de sus amenazas, mas don Quijote se puso en medio y le rogó que no le maltratase, pues no era mucho que quien llevaba tan atadas las manos tuviese algún tanto suelta la lengua [I, 22]. De ahí que Dostoievski afirme: “tengo el proyecto de volverme loco”.

IV

Y tú, lector, pues eres avisado toma ejemplo, que a buen entendedor… y aunque lo verás si leyeres, te advertimos de lo que aquí se contiene, anticipando algunos elementos para el futuro:

Una parte de nuestra revista se dedicará a la crítica y comentario: sobre literatura, pensamiento, arte, historia, cine, música…todo aquello, en fin, tradicionalmente cubierto bajo el manto de las humanidades.  Aquí, hoy la iniciamos rindiendo un mínimo homenaje a las tres figuras, cuya sombra nos acompaña siempre en nuestro deambular por los corredores de este castillo decimonónico, que no venta, perdido en el tráfico y las brumas de Embajadores: Antonio Machado, Pedro Salinas, María Zambrano.

Nunca segundas partes…apuntaba Sancho[II,4], pero nosotros, biznietastros díscolos y respondones de don Miguel, nietos del ingenioso y dulce don Quijote, también acogemos una segunda (no concluyente o admonitoria), más amplia que la anterior, donde la creación literaria se hace presente con las colaboraciones aportadas por diestros en la literatura o avezados en la docencia y jóvenes aprendices de escritor; todos sueñan también en la misma fantasía, andan por similares caminos y se ejercitan en la custodia de futuras bibliotecas de Babel.

Finalmente, y termino mi cuento que ya va siendo algo importuno, pido, lector, también tu comprensión, como discreto que eres. Invocamos una vez más al padre Cervantes y trasladamos aquí, haciendo nuestro su ruego, a Cide Hamete: El cual autor no pide a los que la leyeren, en premio del inmenso trabajo que le costó inquerir y buscar todos los archivos manchegos, por sacarla a luz, sino que le den el mesmo crédito que suelen dar los discretos a los libros de caballerías, que tan validos andan en el mundo; que con esto se tendrá por bien pagado y satisfecho [I, 52]. Vale, vive et …gaudeas.

 

  Un abrazo.

Podéis enviar microrrelatos, poemas o crítica (cine, literatura...) a:

pachirless@yahoo.es...  ¡Animaos! el número uno, para enero de 2012...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Enviado a las 28/01/2011 18:57:17
no hay: relato inconcluso (in medias res)

Se aburría mortalmente en aquella sesión interminable que se alargaba varias semanas, aunque el reloj sólo marcaba media hora de diferencia con relación al momento preciso en el que ella entró sin hacer ruido, un poco avergonzada de que la evidencia de su impuntualidad obedecía a razones secretas suyas de todos conocidas. Supuso las odiosas caras fijas en ella sin verlas. Había rencor en todos los pares de ojos puntiagudos que alcanzó a mirar de soslayo.

Nietzsche dijo una vez que hay ciertas clases de personas que no pueden mejorar su propio lugar en el mundo y dedican todas sus energías a hacer pedazos a los demás. Las llamó “las tarántulas”. Y como tal se reconocía ella ante la conciencia de quien hablaba de cuentas, presupuestos y porcentajes en ese preciso momento, proyectando gráficos ininteligibles sobre la pared; sólo resultaba atractiva la lujuria desplegada de sus  múltiples barras y líneas de colores.

Se dio cuenta de que su vecino miraba el cuaderno que ella abrió, intentando en vano descifrar su caligrafía. Ella – creyendo imposible que él comprendiera sus patas de mosca torcidas, a dos tintas y mil tachaduras – le tendió las páginas, mostrándole un espacio en blanco. Él escribió: “la autora de estas palabras era tan pérfida, mal pensada y malvada que pasaba por simpática, alegre y jovial”. Y le devolvió el cuaderno. Lo miró bruscamente, sonriendo afable – esa sonrisa estereotipada que le salía tan convincente y asintió. Pero cerró el cuaderno, mandándole íntimamente al infierno, porque en el fondo de su corazón de ave de presa, intuía que aquel colega estaba convencido de la veracidad de lo que acababa de escribir y su mejor golpe de efecto era hacerlo pasar por un breve rasgo de humor afortunado.

Decidió vengarse. Sabía cómo proceder (continuará… cuando la autora sepa cómo o algún alma caritativa del blog la termine por ella... bacci à tutti)

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Enviado a las 23/01/2011 12:20:30
(María Zambrano) y II

Ese mundo, que une contrarios, sustenta sus apariencias mediante la palabra que es la conciencia fiel, el espejo de las contradicciones humanas. La palabra poética penetra en la oscuridad de lo inexpresable y lo convierte en llama que ilumina el camino:

“Asistida por mi alma antigua, por mi alma primera al fin recobrada, y por tanto tiempo perdida. Ella, la perdidiza, al fin volvió por mí. Y entonces comprendí que ella había sido la enamorada. Y yo había pasado por la vida tan sólo de paso, lejana de mí misma .Y de ella venían las palabras sin dueño que todos bebían sin dejarme apenas nada a cambio. Yo era la voz de esa antigua alma. Y ella, a medida que consumaba su amor, allá, donde yo no podía verla; me iba iniciando a través del dolor del abandono. Por eso nadie podía amarme mientras yo iba sabiendo del amor. Y yo misma tampoco amaba. Sólo una noche hasta el alba…”

La imagen de Juan de la Cruz se hace presente aquí, un claro en el bosque donde la escritora se irá adentrando, sin llegar a desentrañarlo, porque formará parte de la aventura de su propia vida. Ejemplificará en carne propia esa experiencia integral, vía estética intuida como la más excelente para ir hacia la plenitud del conocimiento racional. Así, la palabra poética deviene acto de fe, no implica tanto comunicación, cuanto comunión con el ser, palabra perdida equivalente al nombre de Dios. Es palabra absoluta, fuera de todo tiempo:

“Geografía de la aurora

Y las piedras preciosas, esas grutas de esmeraldas que nacen en sueños y al soñante acogen tan de verdad que éste conserva en la vigilia las huella del tacto, a veces hecho memoria tanto o más que un lugar simplemente natural; y el color que sin nombre sostiene la retina por años, por duraciones sin fin, ese color visto tan sólo en sueños y ese felicísimo estar en la gruta, y aun el poder volver a ella encontrándola en tierras lejanas bañadas por otra luz. ¿Cómo suceden, cómo están ahí asequibles aunque no enteramente, y sin sombra alguna de terror, cosa tan extraña a toda gruta desconocida, por insignificante que sea? Este no tener, y no esperar, este estar sin esfuerzo alguno, esta patria perdida o esperada, donde se ha entrado sin saber cómo ni por qué, sin esperanza ni temor. Y ese vivir sin anhelar, ni apetecer, sin añorar sin soñar, duerme al fin en su gruta sin soñar señor alguno, que le haya herido y sin soñarse él a sí mismo, olvidado de toda herida.El ciervo reposa sin herida, apoyada su cabeza sobre una piedra, flor azul.”

La palabra poética es tendencia hacia la Idea, cuya sustancia constituye “el principio del Verbo”. Revelación, poesía, metafísica: tres vértices de un triángulo; el resultado, en palabras de Octavio Paz define la poesía como “manifestación verbal, la encarnación en palabras, de la mitología, de ahí que la función mítica sea indistinguible de la función poética”. La palabra poética transcurre desde el mundo sensible, pasando por los lugares más profundos del sentir humano, hasta alcanzar el concepto:

El agua ensimismadapiensa o sueña?El árbol que se inclina buscando sus raíces,el horizonte,ese fuego intocado,¿se piensan o se sueñan?El mármol fue ave alguna vez;el oro, llama;el cristal, aire o lágrima.¿Lloran su perdido aliento?¿Acaso son memoria de sí mismosy detenidos se contemplan ya para siempre?Si tú te miras, ¿qué queda?

La visión simbólica del agua, del árbol, del fuego… la transmutación de elementos o seres: el mármol que fue ave; el cristal que rompe sus límites volviéndose aire o que se encierra en sí mismo hasta la lágrima se integran en un todo con el “tú” poético, se absorben en una misteriosa autocontemplación. Ronda el peligro de la inanidad de los seres aniquilados por el tiempo. Las cosas demuestran un poder absoluto, frente al ser humano, atrapado en esa realidad, demasiado débil ante ella. Es algo con lo que nos encontramos cuando nacemos. ¿qué hay en el fondo último de la realidad que nos aprisiona?¿es el espíritu de los dioses? ¿Es el arjé de los griegos, donde todo arranca de ahí y ahí retorna?¿es la nada y nada que no sea vacío habita en ella?

 Delirio del incrédulo   Bajo la flor, la rama;sobre la flor, la estrella;bajo la estrella, el viento.¿Y más allá?Más allá, ¿no recuerdas? , sólo la nada.La nada, óyelo bien, mi alma:duérmete, aduérmete en la nada.[Si pudiera, pero hundirme... ]   Ceniza de aquel fuego, oquedad,agua espesa y amarga:el llanto hecho sudor;la sangre que, en su huida, se lleva la palabra.Y la carga vacía de un corazón sin marcha.¿De verdad es que no hay nada? Hay la nada.Y que no lo recuerdes. [Era tu gloria.]   Más allá del recuerdo, en el olvido, escuchaen el soplo de tu aliento.Mira en tu pupila misma dentro,en ese fuego que te abrasa, luz y agua.   Mas no puedo.Ojos y oídos son ventanas.Perdido entre mí mismo, no puedo buscar nada;no llego hasta la nada.

Versos para captar la esencia de lo real, el transcurso del hombre, la materia divina. La vocación de autenticidad los conducen, como a los de su maestro, Antonio Machado cuya presencia sigue viva y constante entre nosotros. En ellos, lo misterioso deviene algo metafísico – existencial. No se trata de usarlo retóricamente o de mencionarlo simplemente, al modo de Bécquer. Porque el poeta llega a captar el ser, la verdad, pero un ser y una verdad, que le han sido dadas, graciosamente otorgados. El poeta está lleno de ese don, poseído por él, y no puede menos que entregar su palabra, esta palabra suya a través de la cual la totalidad de las apariencias se salva. María Zambrano lo expresa una y otra vez en sus versos, en sus libros de prosa poética, lo vive: La poesía es la conciencia más fiel de las contradicciones humanas (...) El poeta vive según la carne y más aún dentro de ella. Pero, la penetra poco a poco; va entrando en su interior, y va haciéndose dueño de sus secretos y al hacerla transparente, la espiritualiza. La conquista para el hombre, porque la ensimisma, la hace dejar de ser extraña.”

 (Homenaje a María Zambrano, del I. Cervantes, en su centenario)

 

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Enviado a las 22/01/2011 19:31:50
Luz y agua: el fuego que abrasa. (I)

(Apuntes sobre los poemas de María Zambrano)

Aranguren lo dijo:“Si María Zambrano se hubiera callado, algo profundo y esencial habría faltado, quizá para siempre, a la palabra española”(Aranguren, Revista de Occidente, 1966). Y la voz de la mujer, desde el día lejano en que invocó a la palabra poética, hasta hoy, no ha dejado de interpelarnos. La mayoría de las veces, mostrando la poesía como instrumento para el acceso a la reflexión filosófica; unas pocas, intentando captar la belleza en el todo construido por cada una de las cosas, sin abstracción ni renuncia alguna, plasmando lo que podría ser el estado poético del alma, a partir de la polisemia del texto. Y brota el poema en prosa o en versos libres, subrayando el vitalismo interno mediante la polimetría, inmersos en un como panteísmo terrenal – que explica a Dios en la niebla – con cierto regusto aleixandrino, con actitud mística de perfil unamuniano…María se nos revela entonces como “la pensadora del aura”:

     Nacer sin pasado, sin nada previo a que referirse, y poder entonces verlo todo, sentirlo, como deben sentir la aurora las hojas que reciben el rocío; abrir los ojos a la luz sonriendo; bendecir la mañana, el alma, la vida recibida, la vida ¡qué hermosura! No siendo nada o apenas nada por qué no sonreír al universo, al día que avanza, aceptar el tiempo como un regalo espléndido, un regalo de un Dios que nos sabe, que nuestro secreto, nuestra inanidad y no le importa, que no nos guarda rencor por no ser...)

Son palabras simbólicas las que llenan esta voz. Nos hacen transcurrir, en una experiencia única, desde el sondeo de las profundidades del propio yo, porque “toda palabra es (…)una liberación de quien la dice” a la aprehensión de lo primigenio, convocando al otro, a los otros, a un mundo habitado en común, un todo donde nada pierde su particularidad.

 (cont.)

 

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Enviado a las 31/12/2010 17:10:04
A toda la familia del blog
Feliz 2011 (con o sin permiso de Z & secuaces)
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Enviado a las 24/12/2010 14:33:04
FELIZ
Feliz Navidad a toda la familia del blog No s nada de nada, as que no puedo poner ni fotos, ni msicas ni n... Un beso a todos
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Enviado a las 13/12/2010 18:24:25
¿Me dejas que te piense?...

Es una habitación que está encantada:

Mío Cid, Elicia, Urganda la desconocida, el Maestre

de Calatrava – don Rodrigo, siempre amigo

de sus amigos, tan honrado, tan valiente –

te asisten, te permiten volver tuyas

que no usurpar, palabras – mundo que dan vida

o te la imponen; tú allí te descubres

con una visión nueva, satisfecha,

que hace mil pedazos universos gastados

y que tú reverdeces (poesía de troqueos, sin ruido,

tiranía de lo inerte, de lo frágil); todo sirve

para expresar amor, para sentirlo.

Es una mañana sin destino, con ausencia.

Renuncias a la hoja de papel emborronada.

Te levantas. Gruñe la mesa resentida

cuando  la empujas yendo a la ventana,

miras lo que hay detrás. Silencio en verde.

En la repisa, el gato observa cauteloso; lentamente

se extingue entre sus oros y sus grises.

Silencio todo ahora. Son las doce

en un reloj amigo: esas que nunca quedan.

La luz palpa con tiento

las agujas eternas de los pinos

del jardín.

Pero tú no las ves; piensas ahora

en cómo atravesar las geografías,

los meridianos, el azul del océano, los mapas,

los catálogos, precios, telegramas:

pues un amor que no es, sí te ha llamado.

 

 

 

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Enviado a las 11/12/2010 17:09:05
29 de enero de 1939

 

 

Toda la noche cabe en una lágrima.

 

Mientras el tren resopla soñoliento

tú te abandonas a las sensaciones

evocadas apenas

en un breve papel de tu bolsillo

(esos días días azules

y ese sol de la infancia,

tan lejos, tan remotos… imposible resulta

que tuvieran lugar alguna vez).

 

Hay veces en que el día dura tanto

como un año. Pero hay otras

en que un año resbala, tan fugaz como un eco,

por pendientes de olvido.

 

Respiras mal, te inunda

aquella densa oscuridad atisbada

en las ranuras hostiles del vagón que te acoge

hecho más al ganado que no al tiempo

de tu palabra.

(Mala señal, es cierto, cuando vemos

que la noche se cierne en derredor

ahogando todo rastro de horizonte)

pero, ahí fuera sigue aún la nada – campo

que te empeñas en vano en recrear. El viento

va lijando seguro e incansable

los muros de madera que te envuelven.

Tú no te arredras, piensas otra vez

en aquellas palabras que tus dedos repasan

(estos días azules…), no sabes continuarlas.

Tampoco echas de ver cómo transcurre

el hilo de tu vida, desde ahora.

Una gran hoja blanca(…este sol de la infancia…).

 

Silencio solo. Sigilo de agonía

o de musas perdidas.

No imaginas siquiera que dos versos

tantos ríos de tinta harán correr.

 

No muy lejos, el mar indiferente,

punteando unas olas rutinarias,

insiste en cobijar tus pensamientos.

 

 

 

Pero tú no lo oyes.

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Enviado a las 05/08/2010 12:08:17
Notas perdidas del diario de Kathleen Bowden Murray
8 de enero. sta, posiblemente, sea mi peor entrada porque escribe por m una mano extraa que no me pertenece. Yo he perdido la fuerza. Las palabras nacen sin pensar, los dedos van solos, sin el brazo, sin el resto del cuerpo. Desde el otro lado de la ventana la lluvia, tantas veces impulsora de las ideas, hoy tambin dirige sus hilos oblicuos hacia este cuaderno que va sellando mi intimidad hoy, prcticamente sin presente ni futuro. Ya hace das, no s cuntos, que no me he levantado de la cama. Desde un diecinueve de febrero de hace cinco aos, no pude esconderme ms de mi declive que acechaba incle-mente en golpes de tos roja. Imparable. Perverso. Siempre he querido pensar que se trataba de mi corazn: la palabra tuberculosis me asustaba demasiado: la senta unida indisolublemente al adjetivo galopante. Implacablemente. La verdad es que yo tema ms que al dolor nunca pude imaginar lo que era o a la muerte, a que sta llegara en un tiempo tan breve que no me permitiera terminar mi obra escrita, la que todava puebla mi imaginacin, ms real que mi propia vida. Qu quedara de m? Slo restos, fragmentos, sin que nadie pueda disfrutar de la nobleza de mis historias que slo yo conozco. Pero he sido terriblemente irregular en estos aos: me senta exhausta slo con el peso del lpiz. Me prestaba al reposo de horas y horas, porque crea luego poder compensar esta obligada latencia con un trabajo constante de algunos meses: imaginar un relato me lleva algunas horas que quito al sueo, transformarlo en palabras apenas dos. Pero no soy constante, pierdo el tiempo. Y mi esperanza se ha estrellado contra las paredes de la gran caverna (la que ha trasladado el laberinto de una feroz Aracne a mi pulmn izquierdo). En realidad, creo que he sabido desde hace tiempo que la vida haba terminado para m, pero nunca me di cuenta de ello ni lo reconoc hasta la muerte de mi hermano. S, aunque l yace en el medio de un bosquecito de Francia y yo an, contra natura, he escrito y he vivido. O he malgastado mi vida, como pensara mi madre, a quien siempre he estorbado desde que nac. Por otro lado, pese a la distancia fsica, ella tambin ha puesto una barrera invisible a mi libertad, me ha impedido conocer la tranquilidad absoluta, me ha lanzado a ser presa de remordimientos que nunca habra sentido si mi madre hubiese sido, por ejemplo, mi abuela queridsima. Incluso fue necesario que mam muriera para que yo tomase conciencia de que era preciso luchar contra la tuberculosis, a la que me haba resignado, como ante un castigo merecido por mi libertinaje. Fue entonces, tras la visita de mi padre, cuando me lanc en cuerpo y alma a curarme de cualquier modo. Por ejemplo, ayudando a la medicina con los servicios oscuros de los curanderos primero en Italia, despus en Suiza, ahora en este balneario de Pars. He retomado mi buena relacin con M. Lleg un momento en que M. me reprochaba por parecerle que yo converta en enferme-dad mi estado de nimo, para dominarle con mi debilidad, aunque yo siempre he abjurado de la condicin de dbil mujercita florecilla campestre, por juzgar insufrible esta conducta en las dems, pasando por el crisol materno, claro est. No pude soportar esta actitud de M. y le ped se marchase para siempre y me dejase sola, en paz. No me doli. Estaba demasiado furiosa contra l. Ay, este horror de la enfermedad. Y el aadido de tener que explicrsela a los dems y depender de sus juicios. Aunque en esos dems entre la cocinera. Y lo peor an, someter nuestra secreta o jams vista anatoma y nuestra fisiologa privada a los ojos fros del taxidermista comnmente conocido como doctor y el estpido de turno que me acosa los mircoles. Menos mal que los otros das de la semana no me puedo quejar, en la consulta, K. es impecable, correcto y bueno. Sobre todo, esa bondad que traspasa mis paredes, la losa de mi espalda. Hoy me ha sonredo por encima del estetoscopio y me he sentido renacer. Menos mal. Por fin, he conseguido terminar con el orden de mis papeles. He roto mucho, mucho. Sin piedad alguna. Maana, 9 de enero de 1923, M. vendr aqu a verme. Anoto la fecha para que quede constancia, no porque se me olvide, porque sta marca tambin el principio de una mejora, segn parece: hoy me levantar a comer y pasar todo el tiempo que pueda tras la cristalera del corredor de oriente, mirando el jardn. A ver si los pjaros de mi ventana me siguen hasta all. He desarrollado un verdadero talento para comunicarme con los pjaros, hasta ahora impensado. Desconocido. Todos los mediodas vienen a la ventana de mi cuarto, les pongo migas de pan y fruta, comen, me hablan un rato y se van. Son cinco gorriones. No temen nada: uno, ltimamente, picotea mi dedo meique, hacindome cosquillas. Los dems miran, como si este descarado fuese su portavoz. Me agrada esta visita ritual de todos. Soyez comme loiseau, pench pour un instant sur des rameaux trop frles qui sent plier la branche et qui chante pourtant sachant quil a des ailes dijo no s quin. Demasiado romntico, aunque tan sencillo que pierde toda la posible estupidez roscea que parece rondar. 9 de enero, 1923. Termino estas notas yo, J. Murray. Algn da las publicar, siguiendo su deseo: Cuando llegu, Kathleen se hallaba en cama. A medioda, despus de comer, de golpe, un dolor terrible le haba punzado el pecho. Decidimos que descansara un poco. Me sent a su lado, aunque no le tom la mano porque la fatigaba mantenerla en esa postura un poco forzada. Durante una hora no se movi. Yo la miraba y dormitaba tambin, aunque procur no adormecerme del todo. De pronto, se movi bruscamente a un lado, mostrndome por seas que el dolor la corroa. Trat de hablar y le acudi un golpe de tos. Sangr mucho: nunca la haba visto as. Se ahogaba. En vano, la incorpor a medias: se volvi a tender de lado, entre convulsiones. Mir fijamente a su alrededor, pero not que se mareaba. No me atrev a dejarla sola para pedir ayuda. Con los ojos cerrados y dedos temblorosos seal la ventana. La abr a pesar del fro, y pareci aliviarse un poco. Despus de una maana lluviosa, haba escampado y el sol pugnaba por brillar. Un gorrin lanzaba alegres trinos. Ella siempre se haba llevado muy bien con gatos y pjaros: animales amantes de la libertad, nada serviles. El animal permaneca posado en el alfizar con una desenvoltura absoluta, mirando hacia dentro, como llamndola a una obligada cita. Pero ella ya no pudo orlo.
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