Anoche, en la tertulia que formamos después de la cena, porque el ruído de la nochevieja estudiantil no nos dejaba pegar ojo, repasamos la indecente ansia de recaudación de políticos, banqueros, compañias telefónicas, gas y otros tantos bandoleros amparados por leyes confiscatorias y abusivas. Entre impuestos, tasas, cobros revertidos, "errores", comisiones y otras hierbas, llegamos a la conclusión de que nos exprimen de manera incalificable y tendríamos que plantarnos.
Nos contó un amigo adjunto a una oficina de la Junta de Castilla y León que un alto cargo de esa autonomía, estando de visita en Segovia o por ahí, -no me acuerdo bien si era esa la ciudad- tenía que desplazarse a comer a unos pocos kilómetros de la ciudad. Al buen señor no se le ocurrió otra cosa que llamar a Valladolid para pedir un coche oficial para que fuera desde Valladolid a Segovia a recogerle y llevarle al lugar del refrigerio. O sea, que el dignatario autonómico consideró que su rango y especial donosura merecía el despilfarro del desplazamiento de cientos de kilómetros de un coche -que seguro es de alta gama- más las dietas o sueldo del conductor, porque ese señor también comería fuera de su casa, y digo yo que no se lo pagaría de su bolsillo. En fin, un despropósito porque bien podía haber cogido un taxi aunque luego pasara la factura, que más barato nos saldría el capricho. Lo digo porque tal y como estamos hay que ahorrar, y también sería sensato hacerlo así aunque nos sobraran los duros por encima de las tejas, porque es dinero público.
A ese político autonómico, que no sé quién es pero alguno podría explicarnos con pelos y señales su identidad, servidora le pondría de patitas en la calle, le imputaría por malversación de fondos públicos y le hundiría en la sima de los impresentables a cualquier cargo público. A ese y a bastantes más.
Otro tertuliano nos informaba como su grupo de teatro aficionado que hace representaciones sin cobrar un duro, tiene que abonar la correspondiente tasa de derechos a autor a la SGAE por representar una obra de Lope de Vega. Y nos preguntábamos todos que quién cobraba ese dinero, puesto que será difícil que nadie ostente la propiedad de las obras del laureado autor. Nos resultó fácil deducir quién o quiénes se quedan con ese dinero, que no debería ser recaudado dado que los derechos de autor han caducado. Nos desahogamos a gusto contra ese conjunto de sinvergüenzas que, amparados por leyes injustas y arbitrarias, exprimen a la sociedad para enriquecerse de la manera más ignominiosa sin que podamos defendernos más que pataleando en el aire.
Enardecidos por el vinillo de Porto y las injusticias que oprimen al sufrido pueblo español, repasamos los desmanes sufridos u observados en cuentas bancarias, facturas telefónicas, tiques de supermercados que con sospechosa frecuencia comenten pequeños errores de facturación, siempre a su favor, por supuesto. La conclusión a la que llegamos es que sufrimos empresas y políticos que forman un conjunto de facinerosos que dejan pequeños a los rufianes de Sierra Morena.
También comentamos los precios exageradamente elevados de restaurantes, peluquerías, diseñadores varios y cualquier comerciante pinturero que abre local en cualquier calle de postín de la, cada día menos, madre patria. Porque hay que ver lo que cobran por tontadas. Así viven con ese lujo y ostentan la propiedad de fincas, coches y mansiones de valor más que considerable. Es decir, que han abusado y reído de los tontos que se pliegan a pagar sus desproporcionados emolumentos.
Para rematar la noche, a una amiga se le ocurrió preguntarme que qué pensaba del caso Urdangarín. ¡Uy! me cogió de sorpresa y me dio donde más me dolía. Como un basilisco contesté que ese señor ya tenía que estar en la cárcel como poco. Él y los que como él viven "distrayendo" la riqueza que genera el trabajo de los ciudadanos. Y hoy me lo tengo que tragar en la felicitación real.
Buenos "reales" nos cuestan unos y nos "limpian" otros. Vaya pandilla de saqueadores y los pagadores sin decir hasta aquí hemos llegao.
Hemos cambiado de color pero no de políticos, así que novedades pocas. En los últimos años con una corrupción galopante y despropósitos sin número, no he escuchado al nuevo presidente una denuncia rotunda ni un discurso convencido en defensa de la decencia y la honradez, sólo ambigüedades y medias tintas. Por eso no le he votado, ni a él ni a nadie. No tenía yo el cuerpo para aguantar demagogias.
En realidad no han ganado, en realidad son los otros quienes han perdido estrepitosamente por lo rematadamente sinvergüenzas, ambiciosos de poder, chupópteros de fondos públicos y mangoneo descarado. La realidad es que la ciudadanía estaba cansada de palabras huecas, sonrisas bobaliconas y la amenaza general de quiebra, por eso se ha buscado el cambio, no porque el discurso de la derecha haya convencido de manera tan espectacular. Se ha buscado un salvavidas cambiando el voto porque quienes estaban antes en el poder sólo miraban para sí y no para la ciudadanía.
Si creemos que habrá un cambio radical es que somos tan ciegos como los que siguen votando al psoe a pesar de las circunstancias. Porque hay que ser malvado para aceptar la política de engaño, las mentiras a la ciudadanía y la carencia de gestión correcta en todo orden de cosas del gobierno comandado por Zapatero y Rubalcaba; o tener las entendederas del revés para no darse cuenta de lo defectuosa y trastabillada que ha sido la política del gobierno que acaba de terminar. Lo que no entra en mi modesta y peregrina sesera es que todavía les haya votado unos cuantos millones de españoles, porque a tanto votante no han podido enriquecer con sus enchufes y prebendas, luego todavía hay sectores convencidos u obnubilados por esa ideología y rechazan atenerse a los hechos. En fin, España y los españoles somos así.
Ahora estaremos expectantes para ver cómo intentan enderezar el país, aunque con enderezar la economía ya tienen trabajo. Eso si les dejan los que no han sabido hacerlo, porque ya avisan de que tomarán la calle. Debemos estar sobre aviso y prepararnos para aguantar lo que se avecina. Todo lo que no han protestado con las medidas y errores del psoe, lo van a utilizar para desestabilizar al pp. Y españolitos de a pie a sufrir las molestias. Y lo digo con conocimiento porque vivo cerca de una sede autonómica donde las huestes sindicalistas montan la manifestación y me impiden el paso a mi domicilio una vez por semana como poco. Y no vale que le demuestres al policía de turno que vives a la vuelta de la esquina y que tienes prisa por llegar a casa, que no te gustan los servicios higiénicos de la hostelería, nada, te planta la mano en el hombro y te hace dar media vuelta, claro que sin puntapié en salva sea la parte como en tiempos de Maricastaña.
Cada vez que veo los grupitos con las banderas rojas gritando sandeces a veinte metros de mi casa impidiéndome el acceso a mi confortable inodoro -no sé por qué tengo el muelle tan flojo- me acuerdo de los grises de mi juventud y añoro aquellos tiempos en que la policía no respetaba el derecho de alborotadores ni de los de nadie, que se te acercaban y desaparecían las necesidades fisiológicas con sólo verles el careto y te ponías a cubierto por si se perdía algún zurriagazo. Eran otros tiempos y tenías otros alicientes, ahora la protesta indiscriminada y la alteración de la calle es un método muy bien considerado por ciertos sectores ideológicos que no son molestados por las fuerzas del orden a pesar de que alteren el orden, y a mí me da por pensar entonces para qué queremos fuerzas del orden. Será que yo no empatizo con los comandos de sindicalistas gritones; o que lo que añoro son los años de juventud; o que siempre me los encuentro cuando tengo ganas de ir a baño.
Concluyendo:
No espero cambios demasiado significativos y sí una labor de zapa de los derrotados.
Por lo mal que me caen los izquierdosos demagogos y la poca simpatía que siento últimamente por los otros, debo ser genéticamente inconformista e impertinente como yo sola.
Y que tengo que hacer ejercicios de refuerzo del suelo pélvico para evitar problemas, que ni la edad ni los impertérritos policías que custodian las manifestaciones perdonan.
A pesar de llamarme María no me atrevo a medir la inteligencia de nadie. Primero porque si digo que uno es inteligente, o no lo es, puedo meter la pata hasta el corvejón y quedar como un merluzo; segundo, porque medir la inteligencia a ojo de buen cubero es más difícil que escribir cuatro cosillas bien hilvanadas, sobre todo porque la inteligencia se manifiesta con tantos matices y variables que los parámetros al uso nos resultan escasos.
No es lo mismo ser inteligente que listo. Eso lo digo yo que me llamo María.
Los hay avispados que saben ver la oportunidad de vivir a costa del ingenuo ciudadano que piensa que lo que le prometen va a misa y consiguen mantenerse años en su poltrona. Esos son los listos, los que a pesar de quedar en evidencia con sus manejos, extorsiones, comisiones, demagogias y engaños, consiguen que la gente siga apoyando su gestión aunque con ello se autocondenen a pagar con recortes e impuestos los desmanes. Conseguir eso es de listos y vamos a dejar la inteligencia para otras cuestiones.
Un inteligente se aislaría del mundillo político y escaparía de codearse con tanta golfería. Ahora, si lo que quiere es comer del mismo abrevadero que los políticos listos, entonces deberá aprender otras mañas porque quien se mete en el lodazal de la política española necesita disimular la ambición, a la vez que manejar sin escrúpulos la demagogia y el populismo. Desde mi rudimentaria capacidad para distinguir políticos inteligentes, me atrevo a sugerir que busquemos otras varas de medir. Por ejemplo la honradez, aunque sea difícil encontrar la aguja en el pajar.
En nuestra casta política y en cuestiones de honra puede que unos no la tengan demasiado impoluta por eso del gurtelazo, aunque los otros entre las galtelazo, el 11M y los chanchullos, escándalos y despilfarros de todos ya cada uno de sus excelentísimos, la honradez la enterraron hace más de cien años, si es que alguna vez la conocieron. Lo mismo puede aplicarse a los escribidores y no miro para no señalar.
Con el cambio de los tiempos, unos pocos años después de la transición pseudodemocrática que le dio la vuelta a este país, yo me presentaba como soltera sin hijos, porque las había con más de uno, cosas del cambio y emancipación femenina. Un tiempo después los años se me fueron montando encima, maldita sea su estampa, y tuve que admitir que era solterona y así lo reconocía. Luego, pasé a definirme como solterona con madre, que también era un estatus muy reconocido y abundante en mi generación.
Ahora soy de nuevo sólo solterona añosa y ya no me queda más opción que la de vestir santos y en eso estoy. Por cierto, bastante cotizada, aunque decirlo sea una falta de modestia. Se me reclama por más de una parroquia, hecho que me ocasiona un serio dilema porque no puedo dividirme cuando coinciden los horarios.
Lo de vestir santos es una buena ocupación y se la recomiendo a todo vegestorio que se aburra y dilapide su horas de ocio en actividades absurdas o contemplación de necedades audiovisuales. Los curas suelen ser mayores o están sobrecargados de actividades, así que dejan en manos de seglares muchas iniciativas. Acabo de empezar, pero en cuanto me den mando en plaza cambio hasta la composición de la curia. Dios mío, cuánta "telaraña" hay por esas sacristías y no me refiero sólo a las de los ácaros. Creo que se me entiende.
Seré prudente y tendré paciencia, pero el temperamento me arrastra a intentar cambiar lo que veo desfasado, ineficaz u obsoleto y es que en la religiosidad nos hemos acomodado a unas ideas trasnochadas, unos métodos aburridos y unas actitudes que chocan de frente con las enseñanzas evangélicas. Sí, lo sé, también me arrastra la soberbia, la vanidad y le prepotencia, como a todo bicho de mi calaña. Por eso digo que intentaré moderarme y ser humilde, aunque la impaciencia me corroe por dentro.
Andando entre cirios, imágenes y rezos me olvido de los malos tiempos que me ha tocado vivir. Ahora ya puedo marcharme lejos y buscar el risco apartado huyendo de la bancarrota moral y cívica de mi país, pero me falla el ánimo y el afán de aventura, así que me aislo en mi busbuja de rezos, actividades solidarias y experimentos culinarios.
Hoy por hoy ni idea de lo que dice Rajoy, menos todavía de lo que dice Rubalcaba, ningún interés en la campaña electoral que se avecina y pasotismo absoluto ante los posibles resultados. Eso sí, oraciones por un cambio positivo no faltan, pero en honor a la verdad, no sé quién puede traer esa renovación y ni si se podrá conseguir por medio de la urnas.
Y así pasan los días, estudiando las posibilidades de modernizar el fondo de armario de los santos, rogando por los que pasan necesidad debido a la dichosa crisis y buscando serenidad personal en la nueva andadura vital.
No crean que lo de vestir santos una vida fácil y cómoda. Hay muchas cosas que hacer y la necesidad de coordinarse con equipos y responsables, algo nada fácil en esta sociedad provinciana y monolítica donde nadie escucha ni admite sugerencias que cambien costumbres ancestrales. Creo que voy a curtirme en debates y trabajos al estilo de la política. Con un poco de tiempo puede que me presente a alcaldesa o lo que se tercie. Que se preparen los "diseñadores" de las rotondas.
Ni idea de por dónde empezar. Me incorporo al mundo y no encuentro más que alarmas, casi me dan ganas de volver al enclaustramiento anterior y eliminar antenas y redes. Hacía tiempo que no me enteraba de lo que acontecía por esos mundos de Dios y hete aquí que todo anda pastas arriba o a mí me lo parece.
Pensaba escribir únicamente sobre la primera experiencia de excusión después de muchos años pero tengo más cosas que dando vueltas por la mente y tengo ganas de soltarlas.
Empezaré por contar mi viaje, corto, casi a la puerta de casa y por caminos conocidos, aún así he de admitir que me perdí. A la vuelta, en lugar del tren a mi ciudad cogí uno equivocado. Bien es verdad que el día 15 la estación de Ávila estaba de bote en bote, que había mucho ruido ambiental y mi tren y aquel en el que me subí salían de la misma vía y con cinco minutos de diferencia, pero mi falta de entrenamiento hizo que leyera en el panel la hora y la vía del tren de mi destino y no escuché la información ni me percaté de que había otro tren que llegaba y salía unos pocos minutos antes por ese mismo andén, así que servidora se empuntó para Medina del Campo cual novicia inexperta. Gracias al amable revisor del tren que, sin burlarse del despiste, me aleccionó de cómo podía enlazar con otro tren que me trajo al destino primigenio. Dado mi estado de ánimo debilitado emocionalmente por la pérdida de la abuela, al verme perdida por las vías ferroviarias me hubiera hinchado a llorar por "pardilla", pero el fáctor de Medina me consoló informándome que era la cuarta vez en el día que solucionaba despistes similares. Un aprendizaje más para mi nueva vida.
Y una vez mencionado el episodio sobre mi impericia, paso a despotricar del mundo y sus fantoches, que es lo que me parecen políticos, peliculeros y demás parentela que pulula por las noticias de todo colorido y contenido.
Me acabo de enterar de que han matado a Gadafi, válgame el cielo, en cuando le han encontrado se lo han "cargado" por si le daba por volver a las andadas. Que Dios le juzgue y permita que Libia pueda encontrar el camino hacia la paz lo antes posible. Lo que nos queda ahora es escuchar a los comentaristas y analizar los hechos. Hace menos de un año era un personaje más o menos admitido y tolerado, todo por tener en sus manos importantes fuentes energéticas, y ahora será considerado un sátrapa cuya imagen al lado de gobernantes en activo será una mácula en bastantes curriculum. En fin, no quiero opinar más sobre muertes, que me engurruño.
Para espabilar la melancolía que me invade cuando pienso lo que significa el final de la vida, me voy a lanzar de cabeza a decir lo que pienso de los sinvergüenzas que han protagonizado la pantomima de conferencia de paz. Esos miserables se han permitido hacer declaraciones aconsejando soluciones para problemas serios que ignoraron durante años a pesar de la violencia y el sufrimiento que generaron terroristas y nacionalismos, y ahora, recibiendo considerables estipendios, vienen a hacer el caldo gordo a los chantajistas y malévolos políticos que quieren usarlos como medio demagógico para hacernos creer que están intentando seriamente acabar con la violencia de forma pacífica cuando, en realidad, lo que han hecho ha sido venderse al violento, ceder a su chantaje y pisotear la dignidad de quienes durante años murieron asesinados brutalmente. Repugna enterarse de las cantidades que han recibido por su asistencia y declaraciones.
Y como estoy en plan saltamontes, voy a otra cosa. Ahora me acuerdo haber leído que Gallardón tiene un mayordomo pagado por el Ayuntamiento. Si no lo leo no lo creo, miren ustedes. ¿Y a ése lo han puesto en las listas? Su partido ya puede esperar mi voto si no me paga religiosamente lo que me cuesta la señora que viene a casa a hacerme la limpieza.
Para rematar el día escucho la noticia de que los encapuchados vascos quieren hacernos creer que buscan la paz. Hasta declaraciones y fotos veo por ahí. Se me ocurre una frase de mi infancia que no voy a escribir porque es una ordinariez, sólo decir que esa notica yo la pincharía en un palo. Y es que periodistas y políticos de este país no están considerando idiotas continuamente y tragamos lo que nos echen. La tergiversación de las palabras, el uso demagógico de vocablos, la ambigüedad y argucia de discursos para convencernos de hechos que no son verdad, de que la mentira no existe o de que lo blanco es negro está sobrepasando extremos insoportables. Tengo muy claro que los terroristas han vencido, que han conseguido sus fines y de que tienen la garantía de un partido político determinado de conseguir una independencia total subvencionada por los españoles, porque lo que llaman el "país vasco" -(que no lo ha sido nunca)- no puede subsistir por sí mismo, por la sencilla razón de que es poco más que una finca grande, sin materias primas ni recursos, dependiente de la inversión y consumo español, por lo tanto querrán decidir sobre lo suyo rechanzando la españolidad pero conservando la inversión y consumo españoles, naturalmente sin "Made in" para que no les salga sarpullido. Y media España votando a los bellacos que han negociado y nos han vendido a los rufianes.
Porque nunca podría renunciar a mi tierra y mis raíces, pero tentaciones tengo de hacerme portuguesa.
Un poco largo y deslavazado me ha salido el dircurso pero qué se le va a hacer.
Quiero agradecer a todos los que de una manera u otra me habéis acompañado en el dolor por el fallecimiento de la abuela. No tengo ánimo para contestar a cada uno de los que me habéis comentado en el adiós que puse en el blog. No sabría qué decir y me provocaría llanto y pena , así que lo hago de forma general con la seguridad de que sabréis entenderme.
Me resulta doloroso ver su foto en el blog, tal y como era un mes antes de morir con casi 95 años, por eso eliminaré ese post y se eliminarán los comentarios. Los guardaré en mis archivos personales y con ellos el cariño de quienes se acercaron a nosotras.
Mi conviverncia con ella, sobre todo los tres últimos años, han sido de tal intensidad y dedicación que su desaparición me ha dejado un vacío enorme con el que tengo que aprender a vivir.
Dentro de unos días volveré a intentar escribir sobre los temas de siempre.
¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudieras oir el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos!
¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso!
¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo, la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!
¡Cómo! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?
Creedme: cuando la muerte venga a romper las ligaduras, como ha roto las que a mí me encadenaban, y cuando un día, que Dios ha fijado y conoce, tu alma venga a este Cielo en que te ha precedido la mía, ese día volverás a ver a aquella que te amaba y que siempre te ama, y encontrarás tu corazón con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme, pero transfigurada, extática y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando contigo, que me llevarás de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.
Enjuga tu llanto y no llores si me amas.
(San Agustín)
La abuela, mi madre, se ha ido al Cielo. Gracias por rezar por ella.
He sido madrugadora, ya me he gastado la extra de diciembre. Puro capricho, pero necesario para mantener mi ansiedad en niveles tolerables.
Sólo dándole aire a la tarjeta de crédito se me ha pasado un poco la desazón por lo mal que está el mundo en general y el país es particular. He cerrado los ojos y me he dicho que si la cosa se va tan mal que esto se hunde, a mí que me quiten los bailao. No quiero echar cuentas de lo que he comprado, no sea que haya amortiguado la ansiedad por un lado y por otro me vaya a dar un patatús al ver el estado de mi cuenta bancaria. Ahora empieza la angustia de si podré pagar el mes próximo la residencia de la abuela. No, no quiero mirar los números, malo ha de ser.
Con tanta noticia de crisis, malos tiempos, pésimos políticos, empresarios y banqueros codiciosos buscando beneficios en las aguas revueltas, ya no sabe una qué hacer, qué pensar ni qué esperar. Por eso, me he permitido soñar que vivía en un mundo ideal y sin problemas y me he ido de compras. Sueño corto que perdurará mientras estreno del pantalón, blusa y jersey que me he comprado. Luego vendrá el remordimiento por gastar más de la cuenta, pero ya lidiaré ese toro.
A pesar de la abstinencia autoimpuesta de medios de comunicación, algo llega a mi conocimiento de lo que ocurre en el mundo y nunca para bien. Siempre me entero de cosas que alteran el merecido descanso de mis años otoñales. No hay tu tía, no puedo llevar una vida apacible y relajada como me las prometía cuando me jubilé.
Necesitaba expansionarme y airear mis entretelas malhumoradas y ansiosas. Hacía un tiempo que rumiaba que la vida se me había torcido demasiado, y claro está, inmediatamente surgió el descontento y los lamentos.
Soñaba con disfrutar de mi paguita permitiéndome algún viaje y algún capricho antes de solicitar plaza en cómoda y bien atendida residencia de mayores. Ahora, por cuestiones que quienes me leen con frecuencia sabrán, no puedo disfrutar ni de un día libre ni de una escapada como pensionista sin cargas. Por otra parte, en un futuro más o menos próximo y en caso de que pueda acceder a alguna plaza en un aparcadero de improductivos, me tocará sufrir el despotismo, malos modos y nula profesionalidad de pérfidos cuidadores.
Soñaba con vivir en un país democrático, en el que se respetaran los derechos humanos, se cuidara la convivencia ciudadana. Soñaba con unas leyes firmes e inviolables, una justicia barata y fiable, unas fuerzas del orden respetables y cumplidoras de sus lógicas funciones. Desgraciadamente cada día constato con estupor y congoja que no me puedo fiar de jueces ni agentes del orden, que los políticos me engañan y arruinan para enriquecerse ellos, que las leyes se cambian con absoluta arbitrariedad en función de intereses privados de los que ostentan el poder, que la convivencia consiste en una lucha constante para que no te quiten lo más elemental para vivir.
No sé si lo que yo percibo es verdad o, por esas cuestiones de edad e impuesto aislamiento, estoy fuera de la realidad, pero yo lo que veo es una degradación de la sociedad tan brutal y veloz que no sé a dónde vamos a parar.
Observo a la gente que vive en un constante frenesí, que rodean sus vidas de ficción sin reflexionar sobre el verdadero sentido de la vida. Creo que soportan lo que tenemos porque hay poca esperanza de un cambio a mejor. Yo no, y como no lo soporto, necesitaba soñar, soñar que todo iba como esperaba hace unos pocos años y podía concederme algún capricho sin miedo a los números rojos.
El duende de mis sueños me recomendaba espabilar el mal humor comprándome cosas. Terapia femenina muy eficaz.
Yo soñaba, bendita ilusión...... y mis sueños, sueños son hasta que el banquero de turno me dé un toque de atención.
Como decía ayer, no asisto a la JMJ por razones varias, una de ellas la de no sentirme agusto entre multitudes por el agobio de los empujones y no poder ver nada. Con poco más de ciento cincuenta centímetros de estatura, lo único que veo en cualquier evento multitudinario son cogotes y farolas.
He decidido escoger el mejor sitio para enterarme bien de todo, el mismo lugar que ocupa las cámaras de televisión, que suelen ponerse allí donde no se pierde detalle. Es verdad, las cámaras te enseñan todo tipo de planos y, si se tercia, cazan momentos indiscretos o te enseñan el detalle de la horquilla de Dª Sofía o la bota del rey, que por cierto, le veo más delgado, mejor dicho, menos abotargado. Y hablando de todo un poco, la abuela, que también ha estado atenta al recibimiento en Barajas, después de verlos andar por la alfombra roja me ha comentado: "Éstos están todos como yo, más p'allá que p’acá" Y servidora ha pensado que tenía razón, qué mayores estamos todos ya.
A pesar de mi tendencia a la crítica he de destacar la elegancia de Papa al afrontar los temas más serios. Con su voz aparentemente frágil ha abordadodesde el primer momento los puntos más delicados y los posibles problemas que ha de afrontar la Jornada, los jóvenes, los cristianos y sociedad en general. Lo ha dicho con sutileza y sencillez pero lo ha dicho, ha enumerado lo que nos aturde y hace infelices, la superficialidad con que interpretamos todo, el consumismo, el hedonismo, la insolidaridad y la corrupción.
He de confesar que me cuenta aceptar esa habilidad y sutileza vaticana. Como soy de origen mesetario, es decir, un temperamento pulido con granito y cardo, amante de la franqueza y autenticidad por encima de todo, lo de la diplomacia no me va mucho, prefiero escuchar las verdades sin adornos, sin eufemismos y si hay que decirlo que pensamos y opinamos con energía, mejor que mejor. Por eso la delicadeza a veces me parece debilidado exceso de prudencia. No obstante, admito que el primer discurso del Papa ha estado muy bien y no pienso perderme ninguno a ver si se me pule un poco esa costra de rudeza y desazón que me impregna desde nos invadió la perversión del lenguaje, la demagogia, la manipulación y la intransigencia.
Ya veremos, porque según la abuela tengo un punto de montaraz con el que no hay quien pueda.
Tenía que estar en las fiestas de Guijuelo, que hoy torea Perico, pero la abuela dice que sin mí no es nadie y se siente morir y yo, que soy una santa, me he quedado a pasar el día con ella y morirnos juntas un poquito, como cada día.
Tampoco me ha supuesto un gran sacrificio, después de casi dos décadas trabajando la santidad al lado de la abuela una se acostumbra al silencio, la tranquilidad y no echa de menos los festejos. Además, ya no tengo yo el cuerpo para jotas, así que me conformo con la novena, los hojaldres, el anís y pare usted de contar.
Lo que sí me gustaría es estar en primera línea de los festejos de la JMJ, pero como ni soy joven ni pertenezco a orden religiosa que me permitiera acceder a un lugar desde que pudiera ver al Papa sin necesidad de prismáticos, no me muevo de casa.
Total, que, como tampoco tengo vacaciones en la tarea de cuidar la ansiedad de la abuela, pues a santificarse tocan y sin dejarse llevar por la tentación de elevar protesta alguna, que si a una le han puesto este servicio desde lo alto por algo será.
Como es natural, la carga pesa y las ganas de sacar los pies del tiesto, decir que no hay derecho o algo así suelen aparecer de vez en cuando, sobre todo en fechas como las actuales, en que el sol invita a disfrutar de la vida. Cuando llegan esos momentos hay que tener un temple especial y desviar con oraciones y aguas benditas los "miasmas" del mal genio. Ahora, eso sí, tragármelos no me los trago, que no dejo de encontrar facinerosos, desvergonzados y bribones merecedores de mis desahogos.
Por donde quiera que mires hay gentuza encaramada a un cargo donde pueda aprovecharse de la estupidez del pueblo. No importa el color ni las siglas, todos cojean del mismo mal.
Tengo a tiro a suficientes miserables y empecatados, como esos que han dejado llegar a terroristas al poder, o los que exigen especial atención a las palabras de un líder religioso para protestar por su mensaje negándole la más elemental libertad de expresión, que por otra parte exigen y usan sin control alguno. No me faltan dianas en las que verter mi mal genio, disgustos, aburrimiento y cansancio. Uso mis dardos contra todos esos bellacos de mentalidad depravada que se llevan una buena ristra de calificativos y malos deseos que me ayudan a vaciar el saco de mi inquina. Puede que alguno de ustedes piense que debería compensar mejor y de manera más beneficiosa los "perrenques" que me agarro por cualquier bobada, pero cuento con la comprensión de algún ángel que, conocedor de las maquinaciones e intrigas del maligno en las almas de quienes nos hacen pasar por estas tribulaciones, tenga la bondad de colarme en el cielo, aunque me tenga que quedar junto el quicio de la puerta.
Y es que creo que de vez en cuando, a los que sufrimos lo que servidora lleva a cuestas, el cielo nos envía alguna compensación. Anoche contemplando por las calles de mi ciudad la riada de jóvenes entusiasmados con las jornadas que viven en torno a la figura del Papa, me contagiaron de su energía, me aportaron suficiente esperanza para seguir en la lucha. Y a los que no les guste vernos cantar, rezar, amar y perdonar que con su pan se lo coman