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Luis del Pino no tiene vergüenza

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Complejos, quiero decir.

Y tras el cebo, la chicha: el audio de la entrevista que le hice el otro día y, lo prometido es deuda, el texto del primer editorial de Sin Complejos:

Muy buenos días. Hoy es sábado 12 de septiembre y están ustedes escuchando Es Fin de Semana [sí, antes de ponerle el nombre que mejor le casa se llamó así], el programa de esRadio para las mañanas de los sábados y los domingos.

Puesto que hoy es la primera edición del programa, quizá sea bueno empezar con una declaración de intenciones.

Permítanme que les aclare de entrada que Es Fin de Semana va a ser un programa fundamentalmente político. Porque yo no creo en el periodismo como simple descripción de la realidad. No creo en el periodismo como simple crónica de lo que acontece. No creo en el periodismo como una mera reseña de todo lo malo que sucede en el mundo.

Yo creo en el periodismo –permítanme la expresión– militante. Creo que el periodista tiene el deber no sólo de describir la realidad, sino de tratar de mejorarla. Creo que el periodista está obligado no sólo a hacer la crónica del ejercicio del poder, sino a denunciar sus abusos. Creo que el periodista no debe limitarse sólo a reseñar las desgracias cotidianas, sino que tiene también que contribuir a evitarlas.

Cuando miro a mi alrededor, lo que percibo es que las libertades están en retroceso, que nuestra Constitución está siendo violentada de manera sistemática, que los derechos individuales son pisoteados de forma cotidiana. Lo que veo es que no existe, hace ya mucho tiempo, ningún tipo de freno contra los abusos del poder. La separación de poderes ha colapsado y quien tenía la obligación de denunciar ese colapso –es decir, la clase periodística– ha ido renunciado poco a poco a su papel de contrapeso del poder.

Y como periodista, creo que mi obligación es contribuir a solucionar los problemas. Y estoy convencido de que, entre todos, podemos cambiar las cosas.

Porque España está llena de buena gente, de todos los colores políticos, que quiere a su país tanto como yo lo quiero. Que está tan preocupada por el presente y por el futuro como yo lo estoy. Que se angustia por la crisis económica, por la crisis institucional, por los ataques a las libertades, tanto como yo me angustio.

Y todavía no hemos perdido la condición de ciudadanos, ni hemos renunciado a nuestra capacidad de crítica. Y somos muchos, muchísimos. En España hay gente buena suficiente como para que quienes nos gobiernan escuchen el mensaje, por muy sordos que estén. Tan sólo hace falta que aunemos nuestras voces. Y espero que este programa ayude a que esas voces se oigan.

En este programa tendrán voz todos aquellos que aspiran a que en España se respeten la democracia y las leyes. Todos aquellos que trabajan día a día por que los derechos individuales recogidos en nuestra Constitución no sean violentados. Todos aquellos que defienden el derecho de los españoles a conocer de todos los asuntos públicos, incluida la verdad del 11-M. Todos aquellos que piensan que es el individuo, y no el estado, el que debe primar para que una sociedad prospere económica y culturalmente.

Quería comenzar este programa aclarando qué es lo que pueden ustedes esperar de él. Déjenme que lo sintetice en una sola frase: éste va a ser un programa de debate político para todos aquellos de ustedes que quieran contribuir a que las cosas cambien. Nada más, pero nada menos.

Ni su voz ni la mía pueden, por si solas, querido oyente, cambiar las cosas. Pero no hay injusticia que aguante el estruendo combinado de millones de voces.

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El audio del programa entero tampoco está mal, para qué nos vamos a engañar: cante marilynero, risas, lo mismo si tienes el día llanto...

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Mundo, dolor, tierra, madre, hombres, desierto, honor, miseria, verano, mar,

citó Camus cuando le pidieron sus diez palabras preferidas. La Tropa Feisbuquera, ahora, está enlistando las más bellas.

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La entrevista, el próximo sábado, será con Javier Rubio, para que hable de 10 cosas que no se pueden decir en España

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comentarios
1 Justivir, día

Creo que la prosa victoriana del último programa está pidiendo a gritos que nos enzarcemos aquí, no con el ánimo de imponer nuestra opinión -la mía, advierto, presenta muchas dudas e inconcreciones- sino con el de acabar volviendo a la pregunta primitiva, a saber: ”¿debe prohibirse algún libro?” Por resumir. Tras escuchar su esmerada reflexión varias veces (lo juro), creo que lo que Víctor sostiene es que la blasfemia no debe prohibirse cuando ésta se vierte en un libro, pero que distinta decisión merece si se profiere en un medio de comunicación que se disfruta por concesión administrativa. Del mismo modo que en dicho medio no se admitiría la ficción de unas ministras ejerciendo en un burdel, tampoco debería aceptarse que un pijoprogre de libro ejerciese de Arguiñano sacrílego. En todo caso, lo que Krahe ejercería cuando nos ofende no sería su libertad, sino un aparente derecho a no ser sancionado al amparo de una reglamentación materialista. Espero no haber sido tan torpe interpretando la tesis de Víctor como desmenuzando las instrucciones para mandar una audiorreseña. En cualquier caso, a veces la torpeza no es tal, sino ganas de buscarse una buena salida argumental. Dicho lo cual, ¿serían admisibles (jurídicamente, quiero decir) sus agresiones si se hicieran en un medio tan libre como pueda serlo ahora la publicación de libros en lugar de en uno sujeto a concesión pública como son las televisiones?

2 Goyo, día

La entrevista estuvo muy bien. Sólo se echó en falta que profundizárais un poco más en el tema de Rusia. Enhorabuena a Sin complejos y a LD Libros.

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