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Judíos en Arabia, por obra y gracia de un palestino

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"Una historia de amor y oscuridad, primera novela israelí que se publica en Arabia Saudí", donde no puede poner un pie un judío.

La traducción ha sido financiada por un palestino, Elías Khoury, que perdió a su padre: Daoud, y a su hijo: George, en sendos ataques terroristas. A George lo confundieron con un judío.

Este libro cuenta la historia del renacimiento del pueblo judío. Tenemos mucho que aprender de cómo el pueblo judío emergió de la tragedia del Holocausto y fue capaz de reorganizarse, erigir su país y alcanzar su independencia. Si no lo hacemos, no podremos hacer nada por nuestra independencia.

Una historia de amor y oscuridad es la historia de Amos Oz, israelí de Jerusalén del año 39:

Quizá pueda hablar al lector de las conciencias de Israel, quizá pueda hablar a los hombres y las mujeres de las conciencias de otras generaciones, culturas e idiomas. Éste es el extraordinario milagro de la literatura.

Hay amor y oscuridad. Y amargura:

El Mundoentero estaba lejos, era atractivo y enigmático, pero muy peligroso y hostil para nosotros: no quieren a los judíos porque son perspicaces, astutos y sobresalientes pero también escandalosos y jactanciosos. No les gusta lo que hacemos aquí, en Eretz Israel, porque nos envidian hasta por un trozo de tierra cenagosa, pedregosa y desértica. Allí, en el mundo, todas las paredes estaban cubiertas de frases difamatorias, "Judío, vete a Palestina", y nos fuimos a Palestina, y ahora el mundo nos grita: "Judío, sal de Palestina".

También humor, la mirada estupefacta de un niño:

(...) la Jerusalén del Mandato Británico (...) era una ciudad culturalmente fascinante; había grandes comerciantes, músicos, intelectuales y escritores (...) A veces, cuando pasábamos por la calle Ben Yehuda o por la avenida Ben Maimón, mi padre me susurraba: "Mira, por ahí va un intelectual de renombre". Yo no sabía a qué se refería. Creía que el renombre tenía que ver con una enfermedad de las piernas, pues muchas veces se trataba de un anciano, cuyo bastión le precedía tanteando la calle y cuyas piernas vacilaban ligeramente, vestido incluso en verano con un grueso traje de lana. 

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